#12 La reacción

Sinopsis:
A Rachel le están pasando cosas muy raras. Se transforma sin querer y es incapaz de controlar el proceso.

Estaba haciendo los deberes cuando, sin previo aviso se convierte en cocodrilo.

De repente, sin recuperar primero su aspecto humano, toma forma de elefante.

¿Qué está ocurriendo? No lo saben, pero Rachel y sus compañeros deben averiguarlo, y rápido. Nadie puede sorprender a Rachel en una de sus inesperadas transformaciones, o los animorphs serían descubiertos…
Datos del libro:
El libro tiene 152 páginas.
En este libro, no conoceremos ningún nuevo personaje relevante. Pero se nos presentará al idolatrado Jeremy Jason McCole y a los presentadores y realizadores del show de Barry y Cindy Live.
Lo narra Rachel, una cabecita loca que anda siempre buscando riesgos y es capaz de seguir adelante en situaciones en las que cualquiera se echaría atrás. Por eso, en ocasiones se pone en peligro a si misma y mintiendo a sus amigos no hace sino acrecentar el problema.
Como nuevas palabras, encontraremos dos: El Hereth Illint que es la forma “galante” que tienen los andalitas para explicar como alguien “expulsa” una forma. Y Limpios y Aseados, que es lo que les dice Cassie a sus padres para que la dejen ir a un concierto.
Las Nuevas transformaciones son:
Rachel adquiere un cocodrilo(20) pero luego lo expulsa. Ax y Jake no adquieren nuevas formas en este libro. Cassie se ve obligada a adquirir a Rachel(21) para encubrirla ante los controladores. Marco adquiere una llama(20) para tratar de pasar desapercibido en el programa de Barry y Cindy Live. Y finalmente, Tobias sigue sin poder cambiar de forma.
[b]Capítulo 1:[/b] Mi nombre es Rachel. No les diré mi apellido ni el lugar donde vivo. Lo único que puedo contarles de mí es lo siguiente: soy demasiado alta para mi edad, o tal vez para cualquier edad; tengo pelo rubio; me gusta hacer gimnasia, salir de compras y darles una buena paliza a los malos, aunque no necesariamente en ese orden. Todos dicen que soy linda, y supongo que es cierto. También piensan que tengo una gran confianza en mí misma y sé que eso es verdad. Según mis amigos, no le tengo miedo a nada, pero están equivocados: la gente que no siente miedo no esta bien de la cabeza. El miedo es una sensación bastante frecuenten mi vida. Hay días en el que me muero de miedo desde que me despierto hasta que me acuesto y tengo mi última pesadilla. Pero lo peor que se puede hacer es tenerle miedo al miedo mismo. Esto que digo parece un tanto confuso, pero lo que quiero decir es que uno debe darse permiso para sentirse atemorizado en algunas situaciones. El miedo es como un perverso gusano que vive dentro de nosotros y nos come vivos. Hay que luchar contra él; saber que está allí y aceptar que nunca nos dejará en paz, pero combatirlo de todos modos. Ser valiente no es sentir miedo; es no darse por vencido aunque uno tiemble entero del susto. Eso es lo que hacemos nosotros, los animorphs: tratamos de no darnos por vencidos. Y en medio de todo eso, en medio del peligro, la traición y el miedo, tambien tratamos de ferrarnos a las cosas buenas y normales. Tenemos que hacer la tarea y prepararnos por si la maestra se le ocurre tomar un examen sorpresa. No podemos olvidarnos de escuchar música, mirar televisión y, a lo mejor, ir al cine a ver una película. Ustedes me entienden, ¿no? Cuando se vive en un mundo desquiciado, lo mejor que uno puede hacer es aferrarse a las pequeñas cosas. Somos seis: cinco humanos y uno que no lo es tanto. Está Jake, mi primo, el más responsable de todos; Marco, que siempre hace lo imposible por molestarme; Cassie, mi amiga de toda la vida; Tobías, la primera victima del grupo, pues quedó atrapado para siempre dentro del cuerote un halcón; Ax, el único andalita que sobrevivió de la misión andalita en la Tierra, y yo. Todo comenzó con una inocente caminata nocturna por una obre en construcción. Los cinco –todos menos Ax- volvíamos a casa del centro comercial, cada cual abstraído en sus pensamientos. A ninguno se le ocurrió proponer: ¿Por qué no nos metemos en medio de una guerra interestelar? Lo único que yo quería era llegar a casa, hacer las cosas normales que uno hace todos los días, mirar un poco de televisión, navegar un rato por Internet tal vez, escuchar mi cd favorito, hacer la tarea de la escuela… Cosas así; normales. Pero la nave andalita averiada aterrizó justo frente a nosotros y, desde ese momento, nada volvió a ser normal. Los seres humanos no estamos solos en el Universo. Existen millones y millones de estrellas y planetas diferentes. Y en algunos de esos planetas surgió la vida, tal y como sucedió en nuestra vieja y querida Tierra. Y así como en nuestro planeta se desarrolló el homo sapiens, es decir, el ser humano, en otros lugares aparecieron formas de vida sumamente inteligentes. En estrellas remotas existen razas como la de los elimistas, tan avanzadas que, en comparación, los humanos parecemos la especie más tonta que existe. Tambien hay otras razas, como los andalitas, más evolucionadas que la nuestra, pero en la misma zona de realidad. En este caso, la diferencia sería la misma que existe entre un chico de secundaria y uno de primaria. Y hay razas como los hork-bajir, maquinas asesinas en forma de cuchillas que, según se dice, solían ser bastante amigables. Y los taxxonitas… ¿qué podría decirse de ellos? Gigantescos ciempiés caníbales. No precisamente los chicos buenos y simpáticos de la galaxia. Por último están los yeerks, la especie que esclavizó a los hork-bajir e hizo un diabólico trato con los taxxonitas. La raza que se propagó como un virus por toda la galaxia, atacando a una civilización tras otra, esclavizando y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Los yeerks son parásitos. En realidad, no son más que unas babosas de color gris. En su estado natural uno podría aplastarlos de un solo pisotón. Lo que sucede es que los yeerks tienen la capacidad de infectar a otras especies, de arrastrarse, deslizarse y retorcerse dentro de una cabeza ajena. Achatan sus cuerpos y se enrollan en el cerebro, penetrando dentro de cada una de las hendiduras. Se anudan al cerebro, toman el control y esclavizan a la pobre criatura, convirtiéndola en un controlador. Lo hicieron con los hork-bajires, los gedds y los taxxonitas. Ahora todos los miembros de esas especies son controladores. Incluso hicieron lo mismo con un andalita. Por suerte, sólo con uno. Y lo están haciendo con los seres humanos, con cientos, miles, tal vez millones de miembros de nuestra especie. Algunos controladores son dominados contra su voluntad. Otros, aunque parezca mentira, se convierten en controladores voluntariamente. Eso es lo que siempre me hizo hervir la sangre. Cualquiera puede perder una batalla. Pero hay que estar chiflado para elegir rendirse y convertirse en traidor. Los yeerks tienen una organización ficticia llamada La Alianza. Se supone que es una especie de Niños Exploradores o algo así, salvo que también aceptan chicas y adultos. En apariencias, esta organización es como una gran familia: todos salen de picnic, van a pasear en bote y forman parte de una hermosa y pacífica comunidad. Pero, en realidad, La Alianza es dirigida por los yeerks, que la usan para aprender acerca de la sociedad humana, disimular sus reuniones y reclutar nuevos miembros. Siempre me pregunté qué mentiras inventaban para convencer a las personas de que se conviertan en controladores. Ahora lo sé, o al menos, sé cómo lograron que cierta persona traicionara al planeta entero. Creo que, en cierto sentido, también me traicionó personalmente. No es que me conociera: es probable que hubiera un millón de chicas como yo que se derretían al verlo. Ya sé lo que estarán pensando. ¿Rachel derritiéndose por alguien? ¿Justamente ella, la chica que Marco llama “Xena, la princesa guerrera”? ¿Qué puedo decir? La belleza es una fuerza muy poderosa. Y él era el más lindote todos los chicos lindos que hay sobre la Tierra. Fue una pena que yo tuviera que hacerle lo que le hice. A mí me dolió tanto como a él… Bueno, tal vez no tanto. Pero dejaré ese tema espantoso para más adelante, y empezaré por el principio. Aunque parezca extraño, todo comenzó en el zoológico. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 2:[/b] “Día de excursión”: una de las mejores frases de nuestro idioma. Nuestro grado salía de excursión al zoológico de la ciudad. Por supuesto, yo ya había visitado el zoológico. Además, la mamá de Cassie es la jefa de veterinarios, así que yo podía entrar cuando quisiera. ¿Pero eso a quién le importaba? Cualquier excursión era mejor que estar sentada en el banco del aula, mirando fijamente el pizarrón, ¿no? Por ejemplo, cuando yo era más chica, la maestra nos llevó a una fábrica de pan y galletitas. Ni siquiera nos convidaron con una galletita, pero a mí eso no me importó en absoluto porque salir, recorrer un lugar y ver cosas nuevas siempre es mejor que estar sentada como una estatua en un banco de madera. Cassie no pensaba lo mismo. -Mi mamá va a darnos una pequeña charla sobre las especies en peligro de extinción –anunció mi amiga mientras salíamos lentamente del aula con el resto de nuestros compañeros-. ¿Te das cuenta? ¡Una charla! Estábamos en una gran galería cerrada. Era como una enorme cúpula de vidrio que cubría los diferentes hábitats de los animales. Caminábamos por un sendero sinuoso, de un suave declive, entre leopardos, tortugas, lagartos y pitones; todos los animales que no podían ser expuestos a bajas temperaturas. Yo disfrutaba de la excursión. Tomaba unos sorbos de jugo y, de paso, echaba alguna miradita a algún chico que me gustaba. -No entiendo por qué tienen en exhibición a las pitones, si ni siquiera se mueven. Esa serpiente podría tranquilamente ser falsa. Nadie notaría si es de plástico. En cambio, no puede decirse lo mismo de los leopardos, que andan de acá para allá y te miran con ganas de comerte. ¡Nada que ver con las serpientes! -Ella piensa que tiene que ser entretenida-dijo Cassie, que seguía preocupada con la charla que iba a dar su mamá-. Cuando mamá trata de ser entretenida, es un peligro viviente. Hasta cree que tiene que hablar como nosotras. Va a empezar a nombrar a los “Bad Street Boys”, “Ricky Martin” o los “Nueve Inocentes Niños”. Me dio tanta risa que casi me vuelco todo el jugo encima. -A los “Bad Street Boys” y “Ricky Martin” los conozco, pero ¿quiénes son los “Nueve Inocentes Niños”? Cassie pareció avergonzada. -NIN. Los “Nine Inch Nails”, ese grupo de rock pesado. Quería comprarme el último CD pero no tenía ni un centavo, así que le dije a mamá que NIN significaba “Nueve Inocentes Niños”. Tomé a mi amiga del brazo y la miré a los ojos. -¡No puedo creer que hiciste eso! Parece una idea típica de Marco. Cassie bajó la vista con rapidez. Después, rompió a reír. -Es cierto, fue idea de él. Me dijo: “¿Qué padre puede resistirse a un grupo de rock llamado ‘Nueve Inocentes Niños’?” Marco quería que yo me comprara el CD así él podía grabárselo… Bueno, al final, funcionó. -Ay, Cassie, Cassie… Si empezaste a seguir los concejos de Marco, quiere decir que se acerca el fin del mundo. Y otra cosa, ¿realmente te gusta “Nine Inch Nails”? ¡Nunca lo hubiera pensado! Ella hizo una mueca. -En realidad, son un poco deprimentes, tétricos y ruidosos para mi gusto, aunque serían perfectos para el humor que tengo hoy. Mi amiga sacudió la cabeza, preocupada. – Estoy segura de que va a sacar el tema. Va a decir algo así como: “Salvar a las especies en extinción es genial, igual que escuchar a los ‘Nueve Inocentes Niños’”. No tendré más remedio que cambiarme de escuela. Mudarme a otra ciudad. Después, me arrebató el jugo y tomó un sorbo. -¿Por qué, Rachel? ¿Por qué, habiendo tantos lugares adonde podríamos ir de excursión, tenemos que venir al trabajo de mi mamá? Nos reclinamos sobre la baranda que cercaba el foso de los cocodrilos. La mitad de nuestros compañeros caminaba más adelante, y la otra mitad, venía atrás. De pronto quedamos en medio de un grupo de nenes de jardín de infantes que gritaban y lloriqueaba a voz de cuello. Todos llevaban una etiqueta con su nombre. -Es cierto… -le dije a Cassie-. Tienes tanta mala suerte que… -Ante mis propios ojos, a menos de un metro de distancia, un niñito travieso se trepaba en ese momento a la baranda.- ¡Eh! ¡Bájate ya mismo de ahí o…! Pocos segundos después, desapareció. Se había caído. Adentro del foso de los cocodrilos. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 3:[/b] -¡Ihhhhhhhh! El chico pegó un alarido, y de pronto se hizo un silencio total. Un momento después, empezamos todos a gritar: Cassie, yo, la gente grande, los maestros y los padres que habían venido con los nenes de jardín. -¡Socorro! ¡Socorro! -¡Se cayó! ¡Se cayó! -¡No pude agarrarlo! -¡Ni siquiera lo vi! -¡Tyler! ¡Tyler! ¿Estás bien? Cassie me tomó del brazo para que yo le prestara atención. Me miro a los ojos, porque quería asegurarse de que yo la oyera. -Ya vuelvo; voy a buscar ayuda –me dijo-. ¡Por favor, no hagas ninguna tontería, Rachel! –Salió corriendo. Me incliné lo más que pude sobre la baranda. La gente avanzaba a los empujones para tratar de ver a Tyler, pero nadie lo veía por ningún lado. Se había caído en el fondo del pozo; después rodó y quedó bajo una especie de saliente que había en la base de la pared. En medio del hábitat habían construido una especie de isla. Alrededor de esa isla había un foso, un arroyo o como quieran llamarlo. Abajo, en la base de la pared, había una zona seca. Me imaginé que ése sériale sitio adonde iban los cocodrilos cuando no que rían que la gente los mirara. En el pozo había seis cocodrilos, todos recostados apaciblemente en la isla central, rodeados por el agua. Durante todo el tiempo que había transcurrido, estuvieron dormidos, quietos y aburridos como la serpiente pitón. Pero ahora uno de ellos había abierto un ojo. Era un gran ojo marrón, con una línea negra como pupila y una mirada astuta, despiadada. Si esos animales se acercaban al nene, todo habría terminado mucho antes de que llegara la ayuda. En ese preciso momento, otro cocodrilo abrió loas ojos y giró la cabeza hacia Tyler. – Ay, Dios mío –gemí, y respiré hondo. No podría transformarme en ningún animal capaz de luchar contra un cocodrilo de semejante tamaño. El oso gris no funcionaría. El elefante, probablemente tampoco. Y aunque fuera para salvar una vida, no podía utilizar mi capacidad de metamorfosis en público. Por lo tanto, quedaban dos opciones: no hacer nada, y dejar que el cocodrilo atacara al nene, o bien hacer algo realmente tonto. Me decidí por la segunda posibilidad. -¡Miren! ¡Ahí! –grité con todas mis fuerzas, señalando con desesperación. Todo el mundo giró la cabeza. Aprovechando el momento, salté sobre la baranda, hice equilibrio como una excelente gimnasta (que lo soy) y me arrojé en dirección a la rama de un árbol artificial que colgaba sobre el pozo. Me aferré a la rama como si estuviera haciendo una pirueta en las barras paralelas, salvo que en este caso me raspé las manos. Me balanceé y luego me dejé caer sobre una rama más baja. Noté que me salía sangre de un raspón en el brazo derecho, pero igual me sujeté de la rama para perder envión y caí hasta el fondo del pozo de los cocodrilos. -¡Ay, Dios mío! ¡Ahora se cayó una chica! -¡No, está tratando de salvar al niño! -¡No seas tonta! –me gritó alguien. Demasiado tarde, pensé con desconsuelo. Estaba parada sobre arena. El nene estaba atrás, fuera de la vista de la gente. Varios metros de agua nos separaban de los seis cocodrilos, que ya se habían despertado y miraban la escena con interés, aunque no muy decididos a cruzar el foso y comernos vivos. En ese momento, me di cuenta de por qué no estaban decididos. Lo que sucedía era que no había seis cocodrilos en el pozo, sino siete. El séptimo estaba a unos pocos centímetros. Y era enorme. Tan enorme que los demás no querían enfurecerlo tratando de arrebatarle una presa que él no estaba dispuesto a compartir. Realmente era un monstruo gigantesco. Yo jamás había visto un cocodrilo tan grande. -Qué lindo animalito- murmuré. Me miro con unos ojos de color marrón amarillento que parecían sonreírme. Claro que estaba sonriendo: ¡creía que tenía un solo humano para masticar, y resulta que tenía dos! Entonces, vino a la carga. Nunca me habría imaginado que un animal de semejante tamaño, con esas patas regordetas, pudiera moverse tan rápido, pero se abalanzó sobre nosotros como un rayo. ¡Venía directo hacia mí! Pegué un salto en el aire en el preciso instante en que esa horrenda boca alcanzaba el lugar donde había estado parada. Aterricé sobre su lomo, caí y luego trate por los medios de volver a encaramarme sobre él. Su cola azotaba el suelo como si fuera un látigo. Comenzó a retorcerse como loco, tratando de hacerme caer. Sus inmensas mandíbulas procuraban alcanzarme, anticipándome lo que sucedería si me acercaba a esos dientes filosos, desiguales y prominentes. Sólo tenía una pequeña esperanza. Una sola. Me abracé a su cuerpo áspero y pinchudo, presioné mis palmas contra él, y me concentré recurriendo a toda mi fuerza de voluntad. Comencé a adquirir el adn del cocodrilo. Antes de que él me “adquiriera” a mí. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 4:[/b] Para los animorphs, “adquirir” es absorber el adn de un animal. Adquirí el adndel cocodrilo, absorbiéndolo y haciéndolo ingresar en mi propio organismo, convirtiéndolo en una parte de mí. Tal como sucede siempre que adquirimos un animal, el cocodrilo se quedó tranquilo como una seda. Dejó de agitar la cola y ya no se retorcía para tratar de tirarme al suelo. De todos modos, se dio vuelta y me miró furioso. Yo sabía que la paz no iba a durar mucho. Pero al mismo tiempo ocurría algo más. Por primera vez desde que soy un animorphs, mientras adquiría al cocodrilo se me revolvió el estómago, como si hubiera tomado leche en mal estado algo así. Y a la vez sentí una picazón tremenda en todo el cuerpo. Pero los nervios y el estómago revuelto eran problemas insignificantes comparados con lo que me esperaba. Me bajé del lomo del cocodrilo y rodé hasta llegar al sitio donde estaba Tyler. Vi que le salía sangre de la frente y estaba inconciente, pero comenzaba a moverse y a gemir. Unos momentos más, y desaparecería la calma producida por la adquisición, y volvería la bestia enorme. Sus dientes estaban a pocos centímetros del chico. Desde arriba me llegaban cada vez más gritos. Alguna personas tratando de ayudarnos, pero no llegarían a tiempo. Ni siquiera podían vernos allá abajo. -Muy bien, Rachel. Concéntrate. ¡Rápido! Sentí que los cambios comenzaban casi de inmediato, y también los vi. Vi cómo la piel de mis brazos adquiría primero un color verde amarillento y luego más oscuro, casi negro. Y que empezaba a resquebrajarse. ¿Vieron alguna vez cómo queda el fondo de un lago al secarse, cuando la tierra comienza a agrietarse y forma figuras grandes e irregulares? Así estaba mi piel. Grandes grietas atravesaban mis brazos y me bajaban por la espalda. La piel de la espalda se me fue endureciendo. En la parte delantera de mi cuerpo era más suave, aunque igual era rígida. No me dolía –la metamorfosis nunca duele demasiado-, pero de todos modos, algo sentía. Sentía, por ejemplo, que la piel se me volvía más gruesa y dura, y se me agrietaba. También sentía que la columna se me alargaba cada vez más, como si fuera una cuerda estirada al máximo, y que los brazos y las piernas se me acortaban. Pronto las piernas me quedaron tan cortas que ya no pude sostenerme en pie. Me fui para adelante y caí de boca contra la arena. El cocodrilo grande se olvidó del nene y empezó a mirarme a mí en cambio. Tyler estaba recuperando la conciencia. Pestañeó, y movió los brazos y las piernas. Al percibir esos movimientos, el cocodrilo volvió a clavar los ojos en él, su presa. Luego la cara fue haciéndoseme más voluminosa. Me crecía como si fuera un horrible grano. Los dientes y las encías me ardían como nunca mientras me aparecían dientes nuevos, y los viejos se me hacían cada vez más largos. Muy pronto pude ver hacia delante mi propia boca verde y escamosa. Era increíblemente larga. Ya comenzaba a sentir la terrible fuerza de esas mandíbulas. Muy bien, Rachel. ¡Prepárate! Sabía que iba a venir. Cuando se completaran los cambios físicos, surgirían en mí los instintos del cocodrilo. Eso forma parte de la metamorfosis. La mente y los instintos del animal se suman a la mente y los pensamientos humanos. A veces, pueden ser extremadamente difíciles de dominar. Y a veces, el control es casi imposible. La mente del cocodrilo no surgió súbitamente. No hacía nada rápido. Era muy, pero muy lenta. Pero su lentitud era la misma que podría tener un enorme acorazado, que de todos modos era imposible de detener. Me envolvió con una total simplicidad. No tenía ningún pensamiento complejo, ninguna duda. Hambre, nada más. Sólo hambre. Esa sensación estallo dentro de mi cabeza, como si fuera la erupción de un volcán en cámara lenta. ¡Resiste! Pero la mente del cocodrilo se había desarrollado millones de años antes de que los primeros monos se treparan a los árboles. Había sobrevivido, intacta, mientras se extinguían los dinosaurios y volaban los primeros pájaros. Era antigua. Antigua, simple y clara, y brotó dentro de mí, arrasando mis frágiles pensamientos humanos. El cocodrilo sabía dos cosas: que tenía una presa –en niño- y también un enemigo, el otro enorme cocodrilo. Mis ojos se ubicaban a los costados de la cabeza. Tenía una buena vista, no muy diferentes de la humana. Veía casi todo lo que me rodeaba en un solo instante. Atrás, a mi izquierda, había que gemía y se movía. Prácticamente podía saborear la sangre que corría por sus venas. Sentía su calor. Frente a mí había un enorme cocodrilo macho. Era igual que yo, y acechaba a la misma presa. Se trataba de una ecuación simple: dos cocodrilos de igual tamaño queriendo apoderarse de la misma presa. Yo podía luchar con mi rival, abalanzarme sobre la presa antes de que el otro pudiera actuar, o bien retroceder. Giré hacia mi izquierda, rápido como una flecha. Abrí la boca tan grande que mis propias mandíbulas ocultaron parte de la presa. En unos segundos, mis mandíbulas se tragarían a ese nene que no hacía más que gemir y retorcerse… ¡De pronto, un movimiento repentino! ¡Me atacaban! El enorme cocodrilo se abalanzó sobre mí a una velocidad increíble. Agité mi cola y lo enfrenté. El impulso me llevó desde el banco de arana hasta el agua. ¡Genial! ¡Ahora sí que podríamos movernos! Mi enemigo se sumergió; trataba de ubicarse debajo de mí para poder despanzurrarme. Me retorcí y giré. Una cola azotó el agua turbia del foso. Abrí la boca. ¡Sí! Mis mandíbulas apresaron algo y se cerraron con fuerza. De pronto, sentí una terrible punzada de dolor en una de mis patas traseras. El agua se tiñó de rojo. El otro cocodrilo me había mordido la pata. Yo tenía su cola. El agua se agitaba, espumosa, mientras nosotros nos retorcíamos y mordíamos cada vez con más fuerza. Lenta, muy lentamente, como si estuviera saliendo de un pozo profundo, sentí que volvía a surgir mi propia mente, la mente de Rachel. Me sentía tan aturdida y exhausta que no era capaz de luchar contra la habilidad del cocodrilo. Él tenía el poder que brinda la concentración total, la simplicidad pura. Mataba y comía, y eso era lo único que le importaba. Nos agitamos violentamente sobre el agua poco profunda del foso. Éramos dos cocodrilos genéticamente idénticos luchando por la dominación, peleando para decidir cuál de los dos cerraría sus poderosas fauces sobre la presa humana. Mis ojos alcanzaban a ver las caras horrorizadas de la gente y la imagen del nene que retrocedía, asustado. También veía a los otros cocodrilos, que se deslizaban hacia el agua con la intención de atrapar a la presa aprovechando que los más grandes estaban ocupados peleándose. Yo necesitaba ganar esta batalla para seguir con vida. Y tenía que ser rápido si quería salvar al niño de las garras de los cocodrilos. Por eso, hice algo que el cocodrilo no sabía hacer muy bien: pensé, usé mi inteligencia. Solté la cola de mi rival y, al mismo tiempo, empujé mi pata hacia delante con todas mis fuerzas. Eso produjo un efecto similar al de una honda. El otro cocodrilo salió volando panza arriba hacia atrás, y le di un buen golpe. Se alejó, vencido. Yo giré hacia la derecha, interceptando a los cocodrilos que iban directamente hacia Tyler. Después corrí hacia la arena y fui rápidamente hasta el refugio del nene, que retrocedió, aterrorizado. No me quedaba más remedio que arriesgarme. Le hablé al nene en lenguaje telepático: Por suerte, era tan pequeño que no se asombró de que un cocodrilo le hablara. Se subió a mi lomo como si yo fuera un pony. Me deslicé dentro del agua y lo llevé hasta la pila de rocas artificiales. Desde allí podría trepar hasta ponerse a salvo. Los cocodrilos pueden hacer muchas cosas, pero no pueden trepar rocas. Volví rápidamente a la cueva y me transformé en ser humano en el preciso instante en que entraba en escena un grupo de veterinarios armados con redes y esos rifles que lanzan cartuchos de sedantes. El chico estaba a salvo, y yo también. Al cocodrilo grande hubo que hacerle una pequeña operación, pero felizmente quedó bien. Así que, al final, resultó una excursión bastante divertida. Y nos salvamos de tener que escuchar el discurso de la madre de Cassie. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 5:[/b] -Ah, ya veo- dijo Jake-. Así que, según tu opinión, lo que hiciste no fue nada del otro mundo. Saltaste en el pozo de los caimanes; después… -Eran cocodrilos, no caimanes –lo corrigió Cassie. Jake arqueó una ceja, y mi amiga se calló la boca. -Saltaste al pozo de los cocodrilos, te transformaste en uno de ellos, comenzaste una batalla para decidir quién se iba a comer al nene, terminaste cargando al nene sobre tu lomo, ¿y lo único que se te ocurre decir es que fue una experiencia bastante divertida? Me encogí de hombros y miré a Cassie, buscando ayuda. -Bueno, al fin y al cabo, salvó al nene de los cocodrilos, ¿no? –señaló ella. -Sí, pero también estuvo a punto de revelarle al mundo entero lo que ella verdaderamente es –observó Jake, con la voz suave y apagada que pone cuando está muy enojado. Después de que salvé al chico, cualquiera habría pensado que mis amigos me recibirían como a una heroína, ¿no? Craso error. La escena es la siguiente: Cassie, Jake, Marco, Tobías, Ax y yo estábamos en el granero de Cassie, que también funciona como la Clínica para la Rehabilitación de la Fauna Silvestre. Así que imagínense un montón de jaulas por todos lados, ocupadas con todas clases de animales salvajes, murciélagos, zorrinos, zorros, águilas y ciervos. Jake caminaba de aquí para allá, algo que tambien suele hacer cuando se enoja. No es la clase de persona que empieza a los gritos. Lo que hace es apretar los dientes, caminar de un lado a otro y hablar con voz suave y apagada. Jake es el jefe, o algo así. Nadie lo eligió, pero si alguna vez tuviéramos que someter el tema a votación, seguramente él se llevaría todos los votos, salvo el suyo. Nunca tuvimos ninguna duda sobre quién iba a ser nuestro jefe. Tal vez, porque todos sabemos que no es de esas personas que realmente desean serlo. Él dirige porque alguien lo tiene que hacer, no porque lo haga sentir importante. Si Jake no fuera mi primo, seguramente pensaría que es un chico atractivo. Cassie dice que es perfecto. Entre ellos pasa algo, aunque, por supuesto, ninguno de los dos lo reconoce. Y nunca hablan del tema entre sí. Creen que nadie se lo imagina. Pero yo estoy segura de que entre ellos pasa algo. Recostado sobre un gran fardo de heno estaba Marco, el mejor amigo de Jake. Él no tiene aptitudes de líder. Es muy inteligente, pero por desgracia usa todas sus neuronas para hacer chistes tontos. Bueno, todas sus neuronas no. Si las usara todas, seguramente haría mejores chistes. Marco es atractivo, pero no tanto como él se cree. Imposible ser tan lindo como él se cree. Ese chico tiene un ego grande como una casa. Encarnado en uno de los tirantes del techo estaba Tobías, arreglándose cuidadosamente las plumas con el pico. Tobías es lo que los andalitas llaman un nothlit, es decir, una persona atrapada en una metamorfosis. La metamorfosis tiene un límite de dos horas. Si alguien supera ese límite, queda atrapado para siempre dentro del cuerpo del animal. Antes, era un chico un poco raro, de pelo rubio y revuelto, y expresión soñadora. Ahora es un ratonero de cola roja. La expresión soñadora la perdió hace mucho tiempo, y fue reemplazada por la mirada penetrante de un ave de rapiña. Tobías tuvo que aceptar el hecho de que ya no es humano del todo. Mentalmente sigue siendo el mismo de siempre. Pero, como también es un halcón, vive en el bosque y caza para comer, y eso lo hizo cambiar. Después está Cassie. Cassie es mi mejor amiga aunque no nos parecemos en lo más mínimo. Probablemente, sea la persona más capaz, responsable y sorprendente que conoceré en toda mi vida. Cumple con la escuela, trabaja casi todo el día ayudando a su papá en la clínica de animales y además participa en todas las misiones que debemos emprender como animorphs. ¿Qué otra persona podría mantener un promedio de nueve cincuenta mientras rescata animales salvajes y libra una guerra contra el imperio yeerk? Por último está Ax, el más raro del grupo. Su nombre completo es Aximili-Esgarrouth-Isthill; precisamente por eso le decimos “Ax”. Por lo general, no viene a nuestras reuniones porque para viajar debe transformarse en humano: piensa que cambiar solamente con dos patas es peligroso. Como no corríamos peligro dentro del granero, Ax en ese momento estaba con su propio cuerpo, una extraña aunque divertida mezcla de torso de ciervo, brazos y hombros humanos y cabeza de extraterrestre, todo en tonos azulados. No tiene boca. Además, tiene dos ojos grandes, casi normales, en su cara, y dos ojos adicionales ubicados en el extremo de un par de antenas que le crecen de la cabeza. Y cómo olvidarse de su cola, semejante a la de un escorpión, muy veloz, y mortal en una pelea. Generalmente, cuando nos reunimos en el granero, Cassie está ocupada limpiando las jaulas, medicando a algún lagarto enfermo o algo así. Supongo que esta vez le parecía que debía ayudarme; por eso estaba ahí parada, con cara de arrepentimiento, aunque no había hecho nada malo. -¿Qué querías que hiciera? –le pregunté a Jake-. ¿Qué me quedara cruzada de brazos mientras los cocodrilos se tragaban al nenito? -¡Sí! –gritó Marco-. Los animorphs luchamos para salvar el mundo, no a un nenito. Y tú pusiste en peligro nuestra misión tratando de parecerte a la hija de Xena y Superman. dijo Tobías en lenguaje telepático, aunque todos lo oímos. Yo le sonreí. Claro que él no pudo devolverme la sonrisa. Después, a un susurro que sólo yo pude oír, agregó: Me hice la disimulada para que nadie se diera cuenta de que Tobías me había susurrado algo. -Jake, si piensas que lo que hice estuvo tan mal, ¿por qué no me dices qué habrías hecho tú en mi lugar? Jake dejó de dar vueltas. -Lo que quiero que entiendas es que mantener nuestro secreto es absolutamente vital. -Pero, ¿qué habrías hecho tú en mi lugar? –repetí. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 6:[/b] Jake se rascó la oreja, y sonrió avergonzado. -Que yo hubiera hecho lo mismo no quiere decir que esté bien. -Creo que lo que hizo Rachel fue un acto de verdadero heroísmo –afirmó Cassie. opinó Ax. Marco revoleó los ojos. -Gracias por tu sabiduría, Obi Wan Kenobi. Por supuesto que fue valiente; Rachel siempre lo es. No puede dejar de ser una heroína todo el tiempo. Ser estúpidamente valiente es como un tic nervioso que no puede vencer. Pero, ¿qué pasa si su metamorfosis quedó grabada en alguna cámara? Esa pregunta me borró la sonrisa de la cara. Aunque Marco me hiciera enojar con sus comentarios, esta vez tenía razón. Alguien podría haberme grabado… Los yeerks están por todos partes. Si llegaban a encontrar algún indicio de que yo me había transformado en cocodrilo, descubrirían quién soy un ser humano. Los yeerks creen que somos un grupo de guerreros andalitas altamente entrenados. Si alguna vez descubrieran que somos apenas un puñado de chicos humanos… nos harían desaparecer en menos de lo que canta un gallo. -Fuiste muy valiente, Rachel; es cierto. Y también tuviste suerte. Los noticieros comentan que te “caíste” en el pozo tratando de ver al chico. Todo el mundo está asombrado de que un nene haya podido montar un caimán… quiero decir, un cocodrilo. El chiquito va a aparecer en cinco programas de televisión distintos. -Genial. Él se convierte en héroe y yo quedé como la idiota que se “cayo” al pozo. -Agradece que todo terminara así –dijo Jake. En ese momento me pregunté si debía contarle que durante la metamorfosis se me había revuelto el estómago, pero decidí que no. No quería darle otro motivo de preocupación. Cassie levantó la mano. -¿Ya terminamos de gritarle a Rachel? Tengo cosas que hacer. Jake lanzó una carcajada. -Yo no grito. No soy el padre de nadie. -¿Cómo que no? ¡Y yo que creía que eras mi papá! –dijo Marco. Todos rompimos a reír y la tensión desapareció, al menos durante unos segundos, hasta que Jake dijo: -Ah, me olvidaba. Tom me contó que La Alianza va a contratar como vocero a ese chico que trabaja en la novela de la tarde. -¿Ah, sí? Qué raro –comentó Marco-. Bueno, tengo un montón de tarea para hacer, y además me compré el último Nintendo, ése en el que… De pronto dejó de hablar y se quedó mirándonos a Cassie y a mí. Probablemente porque las dos nos habíamos quedado como petrificadas. -¿Y a éstas qué les pasa? –le preguntó Marco a Jake. Jake parecía intrigado. -¿Se puede saber qué les pasa? -¿Jeremy Jason McCole va a unirse a La Alianza? –le pregunté con voz temblorosa. -¿Estás seguro de que es él? –dijo Cassie, con expresión de asombro. Jake se encogió de hombros. -Sí, es una lástima, pero no tiene demasiada importancia. No es más que un actor de telenovelas. No es lo mismo que si se trata de Michael Jordan… -…o Pete Sampras –agregó Marco. aportó Tobías. quiso saber Ax. -…o cualquier persona importante –prosiguió Jake-. Es un actor, nada más. Bah, es un ganso. se burló Tobías. -A mí me encanta –dijo Cassie. -Además, es más bajo que yo –observó Marco. -La diferencia es que él es lindo –señalé. -Es más que lindo –agregó Cassie-. Es el chico más hermoso del planeta. -Está en la tapa de todas las revistas. -Sí, es tan importante que aparece en todas las estúpidas revistas para chicas –dijo Marco. Después, él y Jake chocaron los cinco. Yo me hice la sorda, recurso que utilizo casi siempre cuando habla Marco. En cambio, me aseguré de que Jake me oyera y le dije: -No entiendes. Casi la mitad de las chicas de la escuela tienen una foto de Jeremy Jason McCole pegada en la pared de su cuarto o en su casillero. Es el chico más lindo de todo el país. Hay cerca de veinte sitios en Internet sobre él. Si se convierte en miembro de La Alianza, sería como sí…-Miré a mi amiga para que me ayudara. -Como si todo el elenco femenino de Baywatch apoyara a alguna organización –aportó ella. -Exacto. La sonrisa de Jake se esfumó. -¿Me están diciendo que ese actorcito tiene esa clase de influencia? -¿Tanto poder como las chicas de Baywatch?-preguntó Marco. repitió Tobías. preguntó Ax. -Si Jeremy Jason McCole se convierte en vocero de La Alianza, miles de chicas van a querer entrar en la organización –afirmé. -Entonces, es grave –dijo Jake. -Sí, muy grave. Tenemos que evitarlo a toda costa. Cassie me miró por el rabillo del ojo, con expresión cómplice. -Por supuesto…a lo mejor tenemos que conocer personalmente a Jeremy para poder salvarlo. -Sí, hay que cumplir con el deber –dije-. Por empezar, tendríamos que averiguar si ya se convirtió en controlador. -Y para eso hace falta que lo conozcamos. -Que nos acerquemos a él… -Tendríamos que verlo de muy cerca… -Claro… -Mmm… -Ufa, ¿escuchaste eso, Marco? Son todas iguales –se quejó jake. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 7:[/b] Todas las tardes a las siete, después de las noticias, pasaban la novela donde actúa Jermy. Yo la miraba con Sara y Jordan, mis dos hermanas menores. Sara no tenía edad para andar fijándose en los chicos, pero Jordan era un poco más grande. -¿Jeremy Jason McCole te parece lindo? –le pregunté un día. -En escala del uno al diez, tendría como… mil. Asentí con la cabeza. -Sí, la verdad que es lindo. -Hasta es más lindo que ese chico, Marco. ¿Lo conoces? El mejor amigo de nuestro primo Jake. -Sí, lo conozco –dije con cautela, y me estremecí-. ¿En serio te gusta Marco? -Claro. -Jordan, yo y el mundo entero te agradeceríamos si prometes no decírselo nunca. -¡Cómo se lo voy a decir! ¿Estás loca? -Pero no es tan lindo como Jeremy, ¿no? -Por supuesto que no. Jeremy Jason es famoso. -Ah. Quiero hacerte una pregunta: si te enteraras de que hay un club donde puedes inscribirte para conocer a Jeremy Ja… Mi hermana pegó un salto. -¿Un club? ¿Cuál? ¿Dónde está ese club? Su reacción no dejaba lugar a dudas. No era ninguna tontería preocuparse por lo que pudiera pasar si Jeremy Jason MaCole apoyaba a La Alianza. Más bien, era un deber. Si utilizar a ese actor funcionaba como estrategia para sumar chicas a La Alianza, ¿con qué se vendrían después los yeerks? Saber lo que sabía sobre una de las estrellas de la novela me hizo mirarla desde una perspectiva totalmente nueva. ¿Sería posible que alguien como Jeremy Jason McCole pudiera ser un controlador? No, no podía creer semejante cosa. ¿Y si me las ingeniaba para rescatarlo en el preciso instante en que estaba por caer en las garras de los yeerks? Ahí sí que… Después de la cena y la novela, subí a mi cuarto a terminar la tarea atrasada. Al día siguiente tenía que entregar un trabajo de por lo menos cinco carillas. Ya había escrito cuatro, así que empecé a cambiar los márgenes y el tamaño de la letra hasta que las cuatro carillas se convirtieron en cinco. Después, seleccioné “Imprimir” y rogué que la maestra no descubriera mi truco. -¡Rachel! Voy a hacer unas compras – me gritó mamá desde el pie de la escalera-. Te dejo a cargo de la casa. Salí del procesador de texto y entré en Internet. Abrí la ventana de la habitación porque hacía calor, y a veces, cuando caía el solventa Tobías a visitarme. Después empecé a entrar en los distintos sitios que había sobre Jeremy Jason. -Conoce a tu enemigo –murmuré, aunque en realidad no podía pensar en Jeremy como mi enemigo. Para entrar en su página oficial, tuve que esperar bastante porque la línea daba ocupado constantemente. Después, en la pantalla, apareció una foto del actor. -Es demasiado lindo para ser un controlador. Me desplacé hacia abajo y encontré un botón para entrar en su biografía. Era un texto de dos páginas. Las imprimí, y después entré en la página que enumeraba sus presentaciones. Estaba n poco desactualizada… Bajé un poco más. Entonces… -¡No puedo creerlo! Me detuve y volví atrás. ¡Ahí estaba! La número 24: Jeremy había sido invitado a un programa de televisión, el “Show de Barry y Cindy Sue”, ¡y esa semana el programa se grabaría en nuestra ciudad! ¡Faltan apenas dos días! ¡Va a venir acá! ¡No puedo creerlo! Tomé el teléfono inalámbrico y marqué el número de Cassie. -¡Viene para acá! -¿Qué? ¿Quién? -Jeremy Jason. ¡Está invitado al “Show de Barry y Cindy Sue”, que se va grabar en nuestra ciudad! -¡No puede ser! -Sí, estoy segura. –Colgué el teléfono y entré en otro sitio de Internet para confirmar la información. Sentía que se me cortaba la respiración. Estaba increíblemente excitada. Sé que no es muy inteligente volverse loca por un actor de televisión, pero había estado enamorada de Jeremy desde los diez años. Respiré hondo para tratar de tranquilizarme. Pero no pude. Tenía la respiración entrecortada, jadeante, como si alguien me estuviera apretando. Sentía un hormigueo por toda la piel y una terrible sensación de calor. Esto no tenía nada que ver con Jeremy Jason. Algo andaba mal. ¡No podía respirar! Tomé aire y me alejé como pude de la computadora. En es momento, me vi la mano derecha: estaba verde; un verde oscuro, veteado, como el de un reptil. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 8:[/b] -¡Qué diablos… Levanté la mano izquierda y descubrí que también estaba verde. Cada segundo que pasaba se ponía más verde y más áspera. Cambiaba a una velocidad increíble. ¡Me estaba transformando! Las escamas trepaban por mis brazos y me cubrían la piel. Salté de la silla y corrí a mirarme al espejo. Mi cara comenzaba a alargarse hacia delante. Pronto formaría una boca larguísima de color verde oscuro. Les aseguro que ésa es una visión que no puede olvidarse jamás. -¡Ahhhh! La horrible protuberancia se abrió y reveló una fila de dientes largos y amarillentos. -¡Crrrr! –Quise hablar, pero mi boca ya no era capaz de emitir sonidos humanos. Observé con impotencia cómo se me desinflaban las piernas, y me caía hacia delante. Después empezó a crecerme la gigantesca cola del cocodrilo. La columna se me iba estirando. ¡No podía ser! ¡Yo no había decidido iniciar una metamorfosis! ¡Sin embargo, la metamorfosis ocurría, y a una velocidad supersónica! Estaba en el piso de mi cuarto, convirtiéndome en un enorme cocodrilo asesino. ¡Tengo que detener esto! ¡Ya mismo! Pero la metamorfosis continuaba. ¡Y yo casi no entraba en mi cuarto! Mi boca quedó aplastada en un rincón, y mi cola se estiró debajo de la cama y se enrolló contra la otra pared. ¿Qué me sucedía? Si Jordan, Sara o mamá entraban en ese momento, descubrirían mi secreto. Y lo peor es que yo no sabía si podría dominar al cocodrilo. ¡Ese animal tenía mucha hambre! ¡Por favor, Rachel, concéntrate! ¡Debes transformarte en ser humano antes de que sea demasiado tarde! Pero no me transformé en ser humano, sino en otra cosa… Mi cuerpo comenzó a experimentar un cambio totalmente distinto. Se estaba estrechando en dos lugares, como si me estuviera apretando un cinturón. Finalmente, quedó dividido en tres secciones diferentes: la cabeza, el abdomen y el tórax. ¡Me estaba transformando en insecto! En ese momento me invadió el pánico. Se supone que es imposible pasar directamente de una metamorfosis a otra. Pero eso era precisamente lo que me ocurría. Seguía siendo un inmenso cocodrilo, pero ahora lo que unía mi enorme cabeza con el cuerpo era un cuello angosto y pequeño. Y la unión entre mi cuerpo gordinflón y mi gruesa cola de cocodrilo se había estrechado tanto que tenía el tamaño de la muñeca de un brazo humano. Pero miles de veces había tenido pesadillas espantosas sobre la metamorfosis y todas estaban lejos de parecerse a esto. Oía el borboteo que producían mis huesos al licuarse y desaparecer. Las escamas verdes de cocodrilo se volvieron de un tono marrón oscuro, casi negro, a medida que el exoesqueleto de un insecto me cubría el cuerpo como una armadura. Unos enormes pelos pinchudos brotaron como dagas en mi espalda. Mis enormes dientes se fundieron, se solidificaron y ennegrecieron hasta convertirse en un tuvo largo de aspecto repugnante. De mis costados crecieron dos nuevas patas puntiagudas y con múltiples articulaciones. Yo conocía todos esos cambios: era una metamorfosis que ya había hecho. ¡Pero nunca de esa forma! Estaba a punto de convertirme en mosca. Como las metamorfosis no tienen lógica, era una mosca gigantesca. Aún no había tenido oportunidad de en cogerme. Un momento después, mi cuerpo comenzó a reducirse y caí en picada hacia el piso. ¡Un cocodrilo que ocupaba toda la habitación se convertía en una diminuta mosca que media menos de un centímetro! Me moría de ganas de gritar, pero ¿quién iba a ayudarme? ¡Nadie, absolutamente nadie! De pronto mis ojos de reptil se inflaron y estallaron como globos. El mundo que me rodeaba se fragmentó en miles de pequeñas imágenes. ¡Ahora tenía los ojos compuestos de una mosca! La cabeza estaba a punto de explotarme. ¡Eso no era posible! ¡Seguramente se trataba de una horrible pesadilla! Me encogía tan rápido que las paredes de la habitación parecían alejarse cada vez más. Las fibras de la madera me resultaban enormes, oscuras y nítidas. Las grietas que separaban los paneles crecían hasta semejar enormes zanjas. Después sentí una sacudida que me revolvió el estómago, y me di cuenta de que había dejado de encogerme. Estaba creciendo de nuevo. Las fibras de la madera se achicaron, al igual que las grietas. Crecía cada vez más. ¡No podía parar! Mis patas adicionales desaparecieron. Ahora tenía nada más que cuatro. ¡Cuatro patas que engordaban y se alargaban a máxima velocidad! Los resortes del colchón saltaron, aplastados por el peso de mi cuerpo. Yo era demasiado grande para ese dormitorio, más grande incluso que el cocodrilo. Los estantes se cayeron al suelo, y el escritorio se estampó contra la pared. La computadora comenzó a lanzar chispas y el monitor se apagó. ¡Ya no entraba en el cuarto! Mi peso ya no se medía en kilos, sino en toneladas. Aunque parezca mentira, me estaba transformando en un elefante africano adulto dentro de mi minúscula habitación. ¡Craaaaac! susurré. Sentí que el piso literalmente se hundía bajo mi increíble peso. Mi cabeza se estrelló contra el techo. ¡Crrrraaaac! Con un estrépito de astillas partidas, el piso cedió. Caí como un peso muerto y… ¡buuuum! Muy pronto estaba en la cocina. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 9:[/b] ¡Paf! ¡pum! Me tambaleé y caí entre los escombros de mi cuarto y el desparramo aún mayor que era la cocina. ¡Mi casa era un verdadero caos! No se entendía nada. El horno estaba patas para arribaron un palo enorme que atravesaba su puerta de vidrio. La heladera estaba abierta y toda la comida se había desparramado. La leche se había volcado y corría por el piso. ¿Y mis hermanas? ¿Habría estado en la cocina? ¿Y mamá? ¡Ay, Dios! ¿Habrían muerto aplastadas debajo de ese infierno? -¡Rachel! ¡Rachel! Era la voz de Jordan. Parecía asustada pero estaba viva. Y mis oídos de elefante me indicaban que no estaba con migo en la habitación, sino en el pasillo. Con todos los escombros no podía verme. Yo no podía responderle porque no tenía boca ni garganta humanas. Tenía que tratar de transformarme en ser humano de nuevo. Fijé la mente en mi cuerpo humano y, lentamente primero, después más rápido, comencé a achicarme. De pronto, sentí que las tablas y los escalones ya no me aprisionaban como antes. Desde el pasillo me llegó la voz de Jordan: -¿Hola? ¿Policía? ¡Tenemos una emergencia! ¡Se vino abajo nuestra casa! Habría lanzado una carcajada… de haber tenido la certeza de que Sara y mamá estaban a salvo. Después me acordé: mamá había salido. Sólo faltaba Sara. Mientras tanto, observé el espectáculo más extraordinario del mundo: la piel humana comenzaba a surgir de la gruesa piel gris del elefante. Todavía estaba sobre esas cuatro patas enormes, pero ya veía que los dedos empezaban a crecerme. -¡Rachel! ¡Rachel! ¿Dónde estás? Esta vez era la voz de Sara. Respiré aliviada. -¡Sí, por favor, vengan rápido! ¡Creo que mi hermana se quedó atrapada! La trompa de elefante se me hundió y fue reemplazada por mi pequeña nariz humana. Me aclaré la garganta. ¿Ya podría hablar? -¿Jordan?-¡Sí! Era mi voz. ¡Mi voz humana! -¿Rachel? ¿Eres tú? -¿Y quién más podría ser? –No tenía intención de ser sarcástica. Lo que pasa es que estaba muerta de miedo, y yo cuando me asusto contesto mal. -Sí, no hay duda de que es Rachel –dijo Sara.- ¿Estás bien? -Sí, llena de moretones, pero creo que sobreviviré. Si cuando cayó el piso hubiera sido humana, seguramente no habría contado el cuento o habría ido a parar al hospital por unos cuantos meses. Por otra parte, si hubiera sido humana, mi habitación no se habría venido abajo y nada de esto habría pasado. ¿Qué me ocurría? ¿Por qué me habría transformado así? Tenía unos minutos para pensar en ese tema antes de que desaparecieran los médicos, los bomberos, la policía, mi mamá y todos los vecinos del barrio. Pero no encontré absolutamente ninguna explicación. Me había transformado sin haber tomado la decisión. Los bomberos me sacaron del medio de los escombros. Me repetían una y otra vez que no me preocupara. ¿Qué sabían ellos? ¿Alguna vez se habían convertido en un cocodrilo de golpe? ¿Alguna vez habían iniciado una metamorfosis descontrolada? Cuando me rescataron de los escombros, mamá ya había vuelto a casa. No dejaba de gritar, chillar, llorar y abrazarme, todo al mismo tiempo. Me llevaron en ambulancia hasta el hospital para hacerme un control. Durante un rato me sentí la protagonista de la serie E.R Emergencias. Le decía a todo el mundo que estaba bien, pero nadie mecería. Nadie podía creer que una chica saliera ilesa del derrumbe de una casa. Después, los canales de televisión descubrieron que yo era la misma chica que se había “caído” al pozo de los cocodrilos, así que durante casi una hora tuve que responder preguntas realmente tontas de periodistas que me apuntaban con sus cámaras y sus reflectores. Estaba sentada en la cama del hospital, vestida con la malla negra que uso para las metamorfosis, totalmente rodeada de micrófonos que no me dejaban ni respirar. Lo único que pensaba era: Dios mío, seguro que tengo el pelo hecho un desastre. – Primero te caíste al pozo de los cocodrilos; después se te cayó la casa encima. ¿Cómo te sientes? – Y, muy lindo no es… -¿No piensas que eres una chica con mucha suerte? -No. Si tuviera suerte, no me viviría cayendo, ¿no le parece? – Pero ninguna de las dos veces te lastimaste. -Creo que si tuviera suerte ganaría la lotería. No me parece muy afortunado que la casa se me venga encima. Detrás de las cámaras, vi una cara conocida: era Cassie. Nuestras miradas se cruzaron. Lo único que pude hacer fue encogerme de hombros. -¿Tienes algún consejo para otros chicos como tú? -Mmm, sí. Mi consejo es que no se caigan en un pozo de cocodrilos ni queden atrapados bajo su propia casa. Después de recibir esa respuesta, los periodistas llegaron a la conclusión de que mis palabras eran un tanto irónicas, y decidieron que ya habían oído lo suficiente. Me pareció genial, porque yo también había oído más que suficiente. -Querida, ¿estás bien? –me preguntó mamá por millonésima vez cuando los periodistas se fueron las cámaras. Cassie estaba junto ella. -Sí, ¿cómo te sientes? –dijo, tratando de que su voz sonara lo más neutra posible. Yo me encogí de hombros. -Estoy bien. Me sentiría mucho mejor si mi vida no se hubiera convertido de golpe en “La increíble historia de la chica que se vive cayendo”. –Por desgracia, mamá no era una persona con la que pudiera hablar abiertamente de lo que había pasado. Cassie sí. Pero para hablar con ella tendría que esperar hasta que estuviéramos solas. Mamá se río y me arregló el pelo. -Eres increíble, Rachel. Es un milagro que te hayas salvado. Creo que todos debemos sentirnos agradecidos. -¿Agradecidos? La casa se me cayó encima y quedó totalmente destruida. -Estaba asegurada –me respondió ella. Después, sonrió. –Ademas tenemos todas las causas para hacer un juicio. Es decir, se supone que las casas no deberían venirse debajo de esa forma. Podemos demandar al constructor, los contratistas y subcontratistas, los inspectores de edificios, los dueños anteriores, los… Siguió hablando así durante un rato. Como es evidente, mi mamá es abogada. -¿Ya nos podemos ir? -Los médicos dicen que estás bien. Pero la pregunta es: ¿adónde nos vamos? No podemos volver a casa y… -¡Papi! Vi aparecer su figura detrás de Cassie. Mis padres están divorciados. Ahora papá vive en otra ciudad, pero nos vemos una vez por mes…o casi. -Hola, Dan –lo saludó mamá, con el tono falso que usa siempre para dirigirse a él. -Hola, Naomi –respondió él en el mismo tono. Después, con su verdadera voz, dijo: -¿Cómo está mi nena? Me encogí de hombros. -Todo tranquilo, papá. Un día como cualquiera: un poco de buceo con los cocodrilos a la mañana; después la casa que se me cae encima… Él lanzó una carcajada. Papá es muy inteligente. Él tambien es periodista, pero no como los que me habían vuelto loca con los micrófonos. Papá hace noticieros serios, ésos en los que los conductores hablan bien y nunca se ríen. En realidad es serio solamente en la televisión. En la vida diaria es una persona muy distinta. -Vi por la tele qué te pasó en el zoológico y me tomé el primer avión para acá. Nunca me imaginé que ibas a dar otro espectáculo insólito el mismo día. -Sí pero creo que ya basta por esta semana. Me parece que ya causé bastante sensación. Papá se rió y mamá revoleó los ojos. Ella piensa que lo quiero más a él, pero está equivocada. No es cierto lo que pasa es que ella siempre está con migo, y papá no. -¿Dónde piensan quedarse? –preguntó papá. – Supongo que en lo de mamá – contestó ella y despues agregó, en voz baja: -Hasta que mi querida madre me vuelva completamente loca. Papá asintió, comprensivo. -Mira, yo pienso quedarme unos días, así puedo ayudar a Rachel, protegerla de la prensa. -Parece que los periodistas ya perdieron interés en su historia –dijo mamá, no muy convencida. Papá sacudió la cabeza. -No te hagas ilusiones. Hoy tenían prisa por cubrir las últimas noticias del día. Ésta es una buena historia de interés humano. Pero como colega talvez pueda sacarme a alguno de encima. -Rachel puede quedarse conmigo –propuso Cassie-. Estoy segura de que mamá y papá no tendrán ningún problema. Papá le guiñó un ojo. -Gracias, Cassie. –Después me miró. -Rachel, tengo una suite en el hotel FairView. ¿No quieres quedarte conmigo hasta que pase la tormenta? Tendrías servicio de camareros, gimnasio gratis… -¡Qué bueno! ¿No te molesta, no, mami? Me pareció notarla malhumorada. -Bueno, suena bastante lógico… En ese preciso instante me di cuenta de que se me presentaba una oportunidad única, maravillosa, perfecta. -¿Papi? Dijiste que todos los programas de televisión iban a querer entrevistarme. ¿No sería mejor ir nada más que a uno? Entonces los otros me dejarían tranquila, ¿no te parece? Él asintió con la cabeza. -Sí, pero mi amor, no tienes necesidad de ir a ningún programa. Te puedo sacar a todos los periodistas de encima. -Podría ir a uno… ¿Qué te parece si voy al “Show de Barry y Cindy Sue”? Me dijeron que estaban por venir a la ciudad. Mis padres parecían confundidos, pero en los ojos de Cassie vi que ella había adivinado mi intención. -¿Barry y Cindy Sue? –repitió mi mamá. -Rachel, ¿se puede saber por qué quieres ir a ese programa? Cassie me miraba con la boca abierta, como si no pudiera creer que yo pensara en Jeremy Jason en un momento como ése. -Bueno, papi…, lo que pasa es que hay un actor… Un actor bastante lindo que… [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 10:[/b] Del hospital fui directamente al hotel de papá. Todo el mundo había decidido que yo necesitaba descansar, pero lo que en realidad me hacía falta era una explicación. ¿Qué me sucedía? La habitación del hotel estaba en el vigésimo segundo piso. Me imaginé lo que pasaría si de pronto comenzaba a transformarme en elefante de nuevo. Caería veintidós pisos en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué diablos me pasaba? No podía dejar de mirarme las manos y los pies para comprobar si seguía siendo totalmente humana. Necesitaba hablar con alguien que me entendiera, alguien a quien poder contarle toda la verdad. Estar con papá era genial, pero él no dejaba de repetir que mi dormitorio nunca debería haberse derrumbado. Después de todo, la casa tenía apenas diez años. Y a los que manejaban el zoológico, ¿no se les había ocurrido construir barandas más altas para que la gente no se cayera al pozo de los cocodrilos? Yo no me había caído al pozo de los cocodrilos. Y mi dormitorio no se había venido abajo por casualidad. Me había transformado en un animal que pesaba varias toneladas. Las casas no están pensadas para resistir el peso de un elefante. Me moría de ganas de llamar a Cassie y contarle todo, pero había una regla estricta sobre las conversaciones telefónicas que los animorphs debíamos respetar. Uno nunca sabe quién puede estar escuchando. No me quedaba más remedio que esperar. Entonces, llame al servicio del hotel. -¿Me pueden traer una ensalada con aderezo? Y…eh…una hamburguesa con queso y papas. Ah, y una porción de tarta de frutillas. Mejor anule la ensalada. No quería saber nada con la comida sana. No me importaba la gordura. Tenía hambre; había sido un día largo y terrible, y me merecía algo de grasa y azúcar para variar. -Una pregunta: ¿hacen licuados de chocolate? Busqué los canales codificados con el control remoto. Lo único que había eran películas de artes marciales, de suspenso, de acción y aventuras…Pero necesitaba algo más romántico, tranquilo. Con la acción y las aventuras que había en mi vida me bastaba. Sonó el teléfono. Supuse que era la gente del hotel para confirmar el pedido. -¿Sí? -¿Estás sola? –Era la voz de Cassie. Me embargó una increíble sensación de alivio. Ni siquiera me había dado cuenta de lo tensa que estaba. -¡Qué suerte que llamaste! Sí, papá salió; al menos por unas horas. -¿Tu ventana abre? Me levanté y fui a revisar. La ventana se abrió con facilidad. -Sí. ¿Vienes para acá? -Dama cinco minutos. ¿Puedes prender y apagar las luces unas cuantas veces para que ubique tu ventana? Usé los cinco minutos para llamar y pedir de nuevo la ensalada y otra porción de tarta para Cassie. La estaba esperando, pero de todos modos me sorprendí un poco cuando una gran lechuza entró volando por la ventana. preguntó mi amiga, ansiosa. -No. Pero transfórmate rápido porque están por traer la comida. Ver una metamorfosis nunca es demasiado agradable. En realidad, puede ser el espectáculo más horripilante que existe. Si a uno lo toma por sorpresa y es la primera vez que ve algo así, sale corriendo a los gritos. Especialmente en algunos casos. Por ejemplo, ver a una persona transformarse en mosca o araña es realmente espeluznante. Uno puede creer que vio cosas horribles en la televisión o en las películas de terror hasta que ve a su amigo convertirse en un insecto. Con eso ya tienes para varias semanas de pesadillas. Pero si hay alguien que puede lograr que la metamorfosis no parezca tan asquerosa, es Cassie. Mi amiga tiene un talento natural para transformarse. Una capacidad innata. Su aspecto era casi normal mientras las plumas se le hundían en la piel y desaparecían. Ni siquiera resultó extraño que sus piernas humanas crecieran cuan largas y enormes son desde las garras mortales aunque cortas de la lechuza. Su cabeza fue lo último que cambió. Cassie tiene esa habilidad: puede controlar el orden en que se transforman las partes de su cuerpo. Yo no puedo ni siquiera intentarlo. Ni Ax lo puede hacer. Por último, los grandes ojos del ave se convirtieron en los ojos profundos y oscuros de mi amiga. En ese momento golpearon la puerta. Levanté una mano para tranquilizar a Cassie. -Es el camarero, no más. Te gusta la tarta de frutilla, ¿no? El muchacho entró con una pequeña mesa rodante, cargada con mi hamburguesa, la ensalada de Cassie, dos porciones de tarta y el licuado. Firmé la cuenta y le di una propina. No era la primera vez que visitaba a papá en un hotel, así que conocía bastante bien todos los procedimientos. Una vez que el muchacho se marchó, Cassie lanzó una carcajada. -Cuando crezcas, no va a quedarte más remedio que ser rica. Todo esto te resulta natural. Te adaptas perfectamente. Sonreí. -¿Qué quieres que te diga? Tengo un talento innato para gastar dinero. Ésa es mi cruz. Mi amiga se puso seria. -Bueno, ahora soy toda oídos. ¿Qué te pasó? -Ah, ¿entonces no crees que el piso de mi cuarto se haya venido abajo solo, no más? Sacudió la cabeza. -No. Le di un gran mordisco a la hamburguesa, mastiqué un poco y tragué. -Creo que me quedé dormida. Estaba navegando en Internet… y de pronto empecé a transformarme en ese enorme cocodrilo que vimos hoy en el zoológico. –Me encogí de hombros y comí otro bocado de hamburguesa. -¿Cómo, empezaste a transformarte de golpe? -Sí. Bah, no sé… yo pensaba que estaba despierta, pero seguro que fue un sueño. -No me parece… Yo sueño todo el tiempo pero nunca me transformé mientras dormía. No quería descartar la posibilidad de que mi metamorfosis se hubiera iniciado en un sueño. La otra alternativa era que yo hubiera perdido el control, y resultaba bastante más aterradora. -¿Vas a comer esa ensalada o no? Me costó una fortuna. -Todos tenemos pesadillas, pero nunca nos pasó eso de iniciar una metamorfosis de golpe. –Cassie se dispuso a comer la ensalada pero no dejaba de mirarme todo el tiempo. Yo me dediqué a la hamburguesa. -¿Qué quieres que te diga? Eso fue lo que pasó. Seguro que fue una pesadilla. -¿Te transformaste en cocodrilo y por eso se derrumbó tu casa? Me acomodé en la silla, nerviosa. -Bueno, en realidad fue cuando me transforme en elefante… Me parece que lo que soñé fue la parte del cocodrilo. Después pasé directamente a otra metamorfosis y…cuando me desperté… era un elefante. Mi amiga miró fijamente el plato, como si se sintiera incómoda. -Rachel, soy yo, Cassie, tu mejor amiga. Te conozco y me doy cuenta cuando no dices toda la verdad. Eso me sacó las ganas de seguir comiendo. Dejé la hamburguesa en el plato. -Bueno, en realidad, no tengo ni idea de lo que pasó. Estaba conectada a Internet. Ya sabes: mirar la pantalla de la computadora me da un poco de sueño. Y de pronto empecé a transformarme en cocodrilo. -Tenemos que contarle todo a Ax. Él es andalita. A lo mejor es algo normal, que puede pasar de vez en cuando. -Mejor que no sea algo normal. Podría haber matado a Jordan y a Sara. Fue un milagro que estuvieran en el living y no en la cocina. -Es cierto. Bueno, tenemos que habar con Ax. Estiré el brazo y le tomé la mano. -Pero por favor, no se lo contemos a Jake. Se va a preocupar muchísimo, y no me va a dejar hacer nada. Seguro que me dice que me quede en casa. -Eso es lo que deberías hacer. -No. –Sacudí la cabeza enérgicamente. –Necesito concentrarme, nada más. Cuanto más concentrada esté, menos posibilidades hay de que me vuelva a pasar lo mismo. No voy a permitir que me pase de nuevo. –Rogaba que eso fuera verdad. Levanté la hamburguesa del plato. Cassie me miró y volvió a su ensalada. -De acuerdo –dijo-. Pero hablemos con Ax. -Trato hecho. -Ah, me olvidaba. ¿Sabes que Jeremy Jason ya está en la ciudad? -¿Qué? Ella asintió con la cabeza. Después sonrió. -Lo vi por televisión. Parece que está en el yate de un productor de cine. Seguramente, en algún lugar de la bahía. -Todavía no averiguamos si ya lo convirtieron en controlador. Le pregunté a Jordan qué haría si hay una forma de acercarse a él. Me dio a entender que con tal de verlo sería capaz de cualquier cosa. -No me sorprende. Hace un año yo habría respondido lo mismo. –Cassie sonrió con malicia. –El amor es una fuerza muy poderosa. Volví a atacar mi hamburguesa. -Entonces, ¿qué hacemos? ¿Vamos al yate a verlo? Ese productor de cine podría ser un controlador. -Eso es lo que hablamos con Jake, Marco, Tobías y Ax. Se nos ocurrió que mañana, después de la escuela, podríamos ir a echar un vistazo. -Jake, Marco… ¿Ellos también van? -No sé por qué, pero me parece que no confían mucho en lo que podamos hacer nosotras a solas con Jeremy Jason. -¿En un yate, eh? Seguro que está tomando sol en traje de baño… -Qué bueno… -¡Sí! [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 11:[/b] Esa noche me desperté como cincuenta veces para asegurarme de que seguía siendo humana. Además, tuve sueños muy raros. En uno de ellos me transformaba en Jeremy Jason, pero con ojos de mosca. No dormí muy bien que digamos. Papá entro en mi dormitorio como a las cuatro de la mañana para decirme que mis gritos lo habían despertado: -“¡Cocodrilos, no caimanes!”, decías en sueños. Por suerte se imaginó que todo era producto del día de locos que yo había tenido. Era cierto. Pero él no estaba enterado ni de la mitad… Fui del hotel a la escuela en taxi. Decididamente, era mejor que tomar el ómnibus. A lo mejor Cassie tenía razón: cuando fuera grande, yo tendría que ser rica. Durante las primeras horas de clase tuve que soportar que los chicos me dijeran cosas brillantes como: “¡Ahí viene Cocodrilo Dundee!” o “Ni te me acerques. Vas a provocar un derrumbe en la escuela”. Después estaban los que realmente parecían envidiarme: -Seguro que te crees una estrella sólo porque estuviste a punto de morir dos veces en un mismo día -me dijo una chica. -Es cierto –le contesté-. Dentro de un rato, para demostrar que soy una estrella, pienso tirarme a un precipicio. A la hora del almuerzo, la mayoría de mis compañeros habían captado el mensaje de que yo no tenía muchas ganas de hablar del tema. Más tarde, me llamaron de la dirección. El vicedirector quería hablar conmigo. ¡El vicedirector, es decir, Chapman! Les explico: Chapman es uno de ellos, un controlador de alto rango. Además, uno de los dirigentes de La Alianza. Una vez estuvo a punto de matarme, aunque en realidad él no sabía que era yo. De todos modos, le guardo cierto rencor. Caminé por el pasillo preguntándome cómo iba a hacer para escaparme si Chapman me esperaba con un grupo de guerreros hork-bajires. -Pasa, Rachel. Por favor, toma asiento. Chapman parece un hombre totalmente normal. Es un poco calvo, pero cualquiera diría que es un tipo común y corriente. Ése es el problema: los controladores tienen el mismo aspecto que nosotros. -¿Me llamaba para algo, señor Chapman? –le pregunté nerviosa. Estaba representando el papel de cualquier chico normal al que llaman a la dirección. No me resultaba difícil fingir que estaba nerviosa. Él hizo un gesto tranquilizador. -No, solamente quería charlar un rato con la chica más famosa de la escuela. Me senté, aunque permanecí alerta, lista para entrar en acción cuando fuera necesario. ¿Acaso Chapman sospechaba algo? ¿Sabría que no fue por casualidad que me caí al pozo de los cocodrilos? ¿Habría descubierto que yo era el cocodrilo que había rescatado al nene? Si era así, no me quedaba escapatoria. Los yeerks creen que somos un grupo de bandidos andalitas. Saben que son atacados por seres que tienen la capacidad de metamorfosis, pero ni se les ocurre pensar que los seres humanos podrían transformarse. Si descubrieran la verdad… Bueno, ésa es una buena razón por la cual seguimos ocultando la verdad. -Entonces… -¿Sí? -Me imagino que ayer fue un día inolvidable. -Exacto. -Te salvaste de milagro dos veces. Eres una chica con suerte. -Bueno, según cómo se lo mire. Para mí, tuve una mala suerte terrible. Él asintió como si yo hubiera dicho algo muy profundo. -¿Ni un raspón? Sacudí la cabeza. -No. -Es increíble. –Me miró fijamente con los ojos entrecerrados. –Rachel, este último semestre tus notas bajaron un poco. No es grave, pero las maestras dicen que no estás tan aplicada como antes. -Sigo teniendo un promedio alto –señale. -Sí, a duras penas. Me acomodé en el asiento, nerviosa. Eso era una locura. No sabía si estaba siendo interrogada por un peligroso controlador que sospechaba mi verdadera identidad o si simplemente se trataba de un vicedirector que me daba un pequeño sermón sobre mis notas. -¿Hubo algún cambio en tu vida últimamente? Casi pego un salto en mi silla. ¿Algún cambio? ¿Algo así como, por ejemplo, recibir la capacidad de metamorfosis de un extraterrestre moribundo y terminar resistiendo la invasión de la invasión de la Tierra organizada por un ejército de babosas parásitas del espacio exterior? -Eh… no, la verdad es que no hubo grandes cambios. Chapman me sonrió, comprensivo. -Tus padres se divorciaron, ¿no es cierto? Y tu papá se mudó a otra ciudad… Traté de no parecer demasiado aliviada, pero no pude evitar un suspiro. -Ah, sí, claro…Sí, a lo mejor es por eso que bajé un poco las notas. Seguro. Usted sabe, el trauma y todo lo demás. Sentí un ardor en los pies. Era extraño tener esa sensación en ese preciso momento, cuando Chapman me clavaba la vista como si tratara penetrar un misterio insondable. Pero lo cierto era que me ardían y mucho. Además, me sentía acalorada, sofocada… -Bueno, no sé si estás enterada, Rachel, pero yo soy el director local de un grupo maravilloso llamado La Alianza. En ese momento, se me corto la respiración. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 12:[/b] El corazón dejó de latirme unos segundos; después empezó a funcionar a mil por hora. “Aja,” respondí, tratando de conservar la calma pese a que se me pusieron los nervios de punta. Prepárate, me dije a mí misma. Prepárate. “Nos encanta ayudar a los chicos que atravie­san una etapa difícil de su vida. La verdad es que nos divertimos como locos. Organizamos campa­mentos, fogatas en la playa… Hace un mes o algo así practicamos esquí acuático en un lago de mon­taña.” Yo podría haberle dicho: “Sí, ya sé. Nosotros también fuimos, aunque no precisamente con cuer­pos humanos.” En lugar de eso, respondí: “Parece divertido.” “Es muy divertido,” dijo Chapman con total sinceridad. “Y muchos de nuestros miembros son ricos que vienen de hogares en crisis, con proble­mas. Pero al mismo tiempo aspiran a una vida me­jor, tienen esperanza, son optimistas. Anoche, cuando vi lo bien que te manejabas con los periodistas, pen­sé que debía ofrecerte esta gran oportunidad. Par­ticipar en nuestra organización te ayudaría muchí­simo. “¿Qué tal estuve en la tele?” “Se te vio muy serena, muy atractiva y muy madura.” “Qué bien.” “Aunque…” suspiró, “al mismo tiempo estoy preocupado porque creo que tu vida no marcha muy bien. Todos dicen que te caíste en el pozo­ de los cocodrilos, pero…” Contuve la respiración. ¡Aquí venía! ¡Sospechaba algo! “…yo no creo en los accidentes. Me pregunto si tus problemas no te llevaron a… digamos… a tene­r ese descuido.” No pude evitar largar una risita. ¡Chapman creía que yo tenía pensamientos suicidas! ¿Creería tam­bien que yo había cortado con un serrucho el piso de mi habita­ción? ¡Dios mío! Por eso trataba de convencerme de que ingresara diciendo que estaba ­deprimida o algo así. En ese estado, era un miembro ideal para su maravillosa organización de controladores. Me iba a convencer y todo. ¿Dónde firmo, señor Chapman? ¿No hay un descuento especial para los animorphs? Sacudí la cabeza “No, en realidad, soy bastante feliz.” Una vez más, sentí un caluroso hormigueo por todo el cuerpo. Moví los pies. La sensación me re­sultaba conocida… ¡Ay, no! ¡Mis pies! Bajé la vista, y tuve que recurrir a toda mi fuer­za de voluntad para evitar que mi cara reflejara el horror que sentía. Los pies se me estaban hinchando y empezaban a cubrirse de un pelaje grueso y enmarañado. Mis zapatos estaban a punto de explotar. Los cordones estaban tan tirantes que me dolía. “Aunque tú digas que todo anda bien, Rachel, yo sé…” ¡Pop! Chapman frunció el entrecejo. “¿Qué ha sido eso?” ¡COP! “Nada,” le respondí con voz temblorosa. “He oído un ruidito.” Los cordones de mis zapatos no habían soportado la presión. Sacudí la cabeza. “Yo no he oído nada.” “Entonces, lo que te decía era que… ¿Rachel? ¿Me escuchas?” No, no lo escuchaba. Estaba ocupada tratando de averiguar si el pelaje del oso gris había cubierto alguna otra parte de mi cuerpo. Porque yo ya había visto esas patas antes; y no había duda de que eran las patas del oso. “¿Eh? ¡Sí, sí! Lo escucho con mucha atención.” ¡Ay, por favor! ¡Eso no podía pasarme precisa­mente ahí, en la oficina de Chapman! Me concen­tré. Fijé la mente en una sola cosa: detener la me­tamorfosis. Chapman seguía con su perorata mientras mis zapatos se convirtían en tiras y de rodillas para abajo mis piernas se cubrían de un pelaje marrón, largo y desgreñado. También me crecieron unas uñas durísimas. De pronto, Chapman miró su reloj. “Bueno, mejor dejo de hablar porque tú tienes que volver a clase.” “¿Qué?” pregunté, desesperada. “Piensa en lo que te dije, Rachel. Ahora, dere­cha al aula. No te entretengas por el camino.” Tragué saliva. ¿Qué podía hacer? Me agaché y guardé rápidamente los despojos de mis zapatos en la mochila. Mis pies parecían dos enormes botas de piel. En realidad… Me levanté y fui hacia la puerta. Me detuve con la mano en el picaporte, di vuelta la cabeza y vi que Chapman tenía la vista clavada en mis pies. “Ah, ¿le gustan las botas que me compré?” Él sonrió. “¡Las cosas que se ponen los chicos!” “Ja, ja. Sí, creo que soy una víctima de la moda.” Salí de ahí lo más rápido que pude. Cuando lle­gué al baño de mujeres, mis pies ya habían vuelto a la normalidad. Caminé descalza hasta el gimna­sio y busqué mis zapatillas. Temblaba como una hoja, más que cuando me había metido en el pozo de los cocodrilos el día an­terior. Al fin y al cabo, lo único que puede hacer un cocodrilo es matarte. Chapman es un yeerk. Y los yeerks son capaces de hacer cosas tan espantosas que, en comparación, la muerte se transforma en un juego de niños. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2006 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 13:[/b] Tal como le había prometido a Cassie, quería preguntarle a Ax sobre mi pequeño problema. Pero después de la escuela teníamos que iniciar la misión. Y si hubiera sacado el tema en ese momento, mis amigos me habrían obligado a quedarme en casa. Tal vez eso habría sido lo más indicado. Pero pensé que las metamorfosis repentinas habían ocurrido sólo dos veces. La primera había sido una catástrofe, pero en la segunda lo único que se habían transformado eran mis pies. No sabía qué me pasaba pero era evidente que, fuese lo que fuere, estaba mejorando. Probablemente no volvería a pasarme nunca más. Probablemente… Cuando salí de la escuela, llamé a mi padre a su móvil. “¿Hola, papá? ¿Estás en una reunión o algo así?” “No, mi amor, estoy en un juzgado esperando al hombre que tengo que entrevistar. ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?” “Sí, no me he caído en ningún sitio ni he derrumbado ningún edificio, al menos por ahora. Quería avisarte de que voy a salir con Cassie. Tal vez vayamos al centro comercial o a la biblioteca, no sé…” “No hay problema, pero quiero que estés de vuelta a las seis, ¿de acuerdo? Así cenamos juntos. Cógete un taxi. ¿Tienes dinero suficiente?” “Sí. Nos vemos después.” En seguida llamé a mi madre al trabajo, y le dejé el mismo mensaje en el contestador automático. Desgraciadamente, mentir ya era una costum­bre para mí y me resultaba más que fácil. Supongo que muchos chicos les mienten a los padres de vez en cuando, pero yo tengo que hacerlo casi siempre. Algún día podré contarle la verdad a todo el mun­do. Eso será un gran alivio. La idea era encontrarnos en el aire, sobre la pla­ya. Todos, menos Ax y Tobias, teníamos las meta­morfosis perfectas para la ocasión. Claro que hacía mucho tiempo que no me transformaba en ese ani­mal. Lo más difícil era encontrar un lugar seguro donde transformarse. Me dirigí a la arboleda que había detrás de la pista de atletismo. Por desgra­cia, a veces había chicos por ahí y no podía arriesgarme a que me vieran. Por suerte, apareció Tobias para ayudarme. Me rasqué la cabeza y miré para arriba con disimulo. En el cielo distinguí al ratonero de cola ro­ja recortado contra una nube blanca y esponjosa. Yo no podía responderle porque el lenguaje telepático lo utiIizamos sólo cuando estamos trans­formados, pero confiaba ciegamente en Tobias. Los ojos del halcón ratonero son diez veces mejores que los humanos. Tobias podría haberme dicho tranquilamente cuántos ratones, ratas, zorrinos, sapos y ardillas había en ese bosque. Con más razón sabía cuántos enormes, ruidosos y torpes humanos merodeaban por allí. Penetré en la arboleda lo más rápido que pude. Había una pila de basura: latas de bebida, paquetes de patatas fritas y bolsitas del McDonald’s. Lancé una carcajada, porque ése era el ambiente ideal para la metamorfosis que debía iniciar. me anunció Tobías. Asentí con la cabeza. Después, me concentré en la metamorfosis. Traté de no pensar en lo extra­ño que se había vuelto el proceso desde el día anterior. ¡Como si alguna vez hubiera sido normal! Empecé a encogerme a gran velocidad. Las agu­jas de pino, las hojas secas, las latas de cerveza y la basura acumulada parecieron elevarse vertigino­samente. Cuando uno encoge, siente que se cae. Es ra­ro, porque uno no piensa “¡Uy, me estoy encogiendo!”, sino “¡Uy, me caigo!” Uno cae y cae y cae, pero nunca llega a aterri­zar. Lo que sí ocurre es que la lata que al principio parecía tener el tamaño de nuestros pies después se vuelve casi tan grande como nuestro cuerpo. La bolsa de McDonald’s que antes podríamos haber pi­sado ahora es tan inmensa que podría servimos co­mo escondite. Y las hojas que nos parecían peque­ñas ahora son grandes como alfombras de baño. Mientras me encogía, noté que mi piel se torna­ba blanca como la nieve. O como una hoja de pa­pel. Después, una vez convertida ya en un fantas­ma siniestro y raquítico, comenzó a aparecer el di­bujo de las plumas. Eran plumas diminutas, delica­das; mucho más pequeñas que las de la lechuza o el águila, las otras aves en que me había transfor­mado. Mis dientes se fundieron y empezaron a empu­jar hacia fuera. Se formó una protuberancia córnea que se estiró hacia delante y se abrió en sentido ho­rizontal, creando un pico en forma de gancho. Extendí los brazos y vi que ya tenía alas. No eran las anchas y poderosas alas de un águila sino alas más cortas y puntiagudas, más acrobáticas. Me había transformado en el ave que nunca es­tará en peligro de extinción. El ave que vive en los siete continentes y se reproduce sin problemas en cualquier ambiente. La invencible gaviota. Devoradora de pescado, patatas fritas, caramelos derretidos, huevos, Whoppers de Burger King, rosi­tas de maíz, carne desecada, pickles, cerezas en marrasquino, buñuelos, burritos y cualquier otra comida inventada en este mundo. ¡La reina de los carroñeros! ¡La emperatriz de la basura! Agité las alas y volé hacia el cielo. Aleteé con fuerza y me elevé por encima de los árboles. Mis agudos ojos de gaviota contemplaron la belleza del mundo a mis pies. ¡Había comida por todas partes! Cualquier lugar donde los humanos tiraran basura era un restauran­te para mí: el basurero que había detrás de la escue­la, el estacionamiento del negocio de comida rápi­da… Lo veía todo. Distinguía todos los papeles de ca­ramelo tirados, todos los desperdicios imaginables. Otros pájaros debían matar para comer o tenían una relación tan restringida con el medio ambiente que sólo disponían de una o dos clases de alimen­to aceptable. Pero yo no, yo podía vivir de los desperdicios y las sobras. Por eso mis hermanos surcaban el cielo en grandes bandadas. Los veía por todas partes, siem­pre cerca del suelo, buscando la siguiente miguita de pan. A lo lejos, distinguí una figura peligrosa… la si­lueta oscura de un ave de presa. Sin embargo, no me preocupé demasiado. Mi rival volaba muy alto, y yo era veloz y más que ágil. Agité las alas con fuerza y avancé a gran veloci­dad, desplazándome como un cohete inestable y errático por encima de los árboles y los techos, re­voloteando a través de los cables telefónicos, deslizándome fácilmente sobre parques, patios y jardi­nes. ¿Qué diablos…? Me demoré unos instantes antes de volver a la realidad. La voz que sonaba en mi cabeza era la de Tobias. Tobias era humano, y yo también. Ah, hola. Despierta, Rachel. Me sentía algo avergonzada. Cuando uno se transforma por primera vez resulta muy difícil dominar la mente del animal. Cuando me transformé en cocodrilo, si bien estaba preparada, así y todo sentí unas ganas locas de tragarme al niño. Pero no era la primera vez que me transformaba en gaviota. No tendría que haber habido ningún problema. Lo que me había pasado no tenía nada que ver con el problema de la metamorfosis súbita. No te­nía importancia; sólo había perdido un poco la con­centración. No hay nada de qué preocuparse, me dije a mí misma. le respondí. Se­guía enfadada sin ninguna razón. Tobias se alejó y yo seguí volando. Si hay algo que la gaviota sabía era encontrar la playa. Pero yo no era una gaviota feliz. Algo andaba mal, y esa sensación no me aban­donaba. [b]© 1997 K.A. Applegate ©2006 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]}
[b]Capítulo 14:[/b] Nos encontramos sobre la playa: cuatro gaviotas que parecían totalmente normales entre miles de otras semejantes. Y más arriba, flotando en la corriente de aire cálido, un ratonero de cola roja y un aguilucho. El aguilucho era Ax. Nunca había adquirido una gaviota, así que se había transformado en un ave de presa casi del mismo tamaño que Tobias. preguntó Jake. Jake era una de las gaviotas que daban vueltas y chillaban a mi alrededor, pero yo no sabía muy bien cuál de ellas. Eso es lo que digo casi siempre cuando emprendemos una misión. Ya era una costumbre que pronunciara esa frase. La verdad era que me sentía nerviosa, preocupada y totalmente insegura. Pero mis compañeros esperaban que yo demostrara un entusiasmo a prueba de todo. Si no lo hacía, se darían cuenta de que algo muy malo me pasaba. dijo Marco, irónico. le dije. señaló Marco. Tobias lanzó una carcajada. le preguntó Jake. observó Marco. afirmé. Eran las típicas bromas previas a una misión. Hacer algo me venía bien; era preferible a quedarme de brazos cruzados esperando descubrir algún otro signo de metamorfosis súbita. Además, seguía con ganas de conocer personalmente a Jeremy Jason McCole. Aún existía la posibilidad de que pudiéramos rescatarlo o hacer algo por él. Nos despedimos de Tobias. Sé que él odia no poder participar en todas nuestras misiones. Seguramente cree que no hace lo suficiente, lo cual es una tontería porque no hay nadie que haga más por la causa que Tobias. Además, él es el que pagó el precio más alto en nuestra guerra contra los yeerks. Seguimos nuestro camino, alejándonos gradualmente del enjambre de gaviotas que poblaban el cielo. Cruzamos el límite entre la arena y las olas, y volamos primero sobre las aguas verdes; luego, sobre el mar azul y profundo. Había una brisa soplando en contra, y nos costaba mucho avanzar. Sin embargo, el cuerpo de las gaviotas estaba preparado para eso. Esas aves sabían cómo aprovechar los momentos en que el viento se calmaba, y eran casi incansables. En cambio, para el aguilucho era más difícil. El cuerpo de esa clase de aves es ideal para volar en las alturas o para abalanzarse sobre una presa. También es genial para elevarse en las ondulantes corrientes de aire cálido. Pero no está pensado para volar grandes distancias. Los aguiluchos no pueden aletear constantemente. De todos modos, Ax tenía mejor vista que nosotros. nos anunció. No se quejó, pero parecía cansado. preguntó Cassie, ansiosa. le respondí. agregué. Ése era Marco, por supuesto. dijo Ax. dijo Marco. murmuró Jake. comentó Marco. coincidió Jake. No sabía si lo decía en broma o en serio. continuó Marco. dijo Jake con rapidez. Jake se muere de vergüenza cada vez que alguien alude a su relación con Cassie. Además, ya casi estábamos encima del barco. Aleteé con fuerza para apartarme de Jake y Marco. Ax se alejó agradecido, ganando altura con cada soplo de viento. El yate era inmenso. No sé cuánto medía, pero era tan grande que, de haberlo querido, las cuatro personas que descansaban sobre la cubierta podrían haber jugado un partido de voley. No era un botecito cualquiera, eso estaba claro. Mi amiga y yo volamos hacia la popa, donde giraban las hélices, con el agua formando remolinos de turquesa y blanco. Ahora veíamos perfectamente a las cuatro personas. Uno era el productor de cine. Tenía puesto pantalón corto y una camisa abierta. Yo lo había visto por televisión, en la CNN. Otro era un hombre que nos daba la espalda. La tercera persona era una mujer en bikini. Era joven y hermosa. Y el cuarto… ¡sí! Ese pelo, esa cara, esos labios eran inconfundibles… gritó Cassie. Jeremy Jason McCole, estrella del programa más visto de la televisión… Bueno, al menos era la estrella si uno se olvidaba del protagonista, un famoso comediante que hacía de su padre. Jeremy Jason McCole, el actor que en los últimos cinco años había aparecido en la portada de todas las revistas. Por supuesto, Cassie y yo las habíamos leído de pe a pa. dijo mi amiga. sugerí. Aleteamos un poco y nos encontramos en una agradable bolsa de aire. El barco creaba su propia brisa, y nosotras nos dejamos llevar. Casi no necesitábamos mover las alas; podíamos flotar tranquilamente sobre la popa. Nos quedamos ahí, admirando desde el aire a Jeremy Jason McCole. Después, escuchamos la conversación que mantenía con el productor y las otras dos personas. En ese momento, sentí que se esfumaba todo mi amor por el hermoso Jeremy. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la traducción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 15:[/b] El viento dispersaba las voces, y algunas frases no nos llegaban. El ruido del agua revuelta y los grandes motores nos hacía perder algunas palabras. Aun así, Cassie y yo oímos suficiente. Tal vez, demasiado. -…no quiero salir perdiendo de todo esto, Jeremy -decía el productor-. Tienes que reconocerlo: tu carrera en televisión está acabada. -¿Cómo puede estar acabada… miles de adolescentes… locas por mí? -le respondió Jeremy. -Lo que digo es que se aproximan grandes cambios. Cambios sin precedentes…nunca vistos, ¿entiendes? Mi compañía forma parte de ese nuevo orden. El negocio es… en cine. Papeles serios. No puedes seguir haciendo personajes de adolescente. Jeremy Jason se rió. -Eso sería genial. Ya estoy más que harto de esas estúpidas… que me mandan cartas de amor y se me tiran encima para que les firme un autógrafo. Ése es uno de los problemas de tu oferta. Seguramente me darás… Estoy cansado de… el nene bueno todo el tiempo. En ese momento, el hombre que estaba parado dándonos la espalda avanzó un paso hacia delante. Hizo un mínimo gesto de levantar un dedo, y el productor retrocedió de inmediato. La mujer de bikini entrecerró los ojos y pareció hundirse en su sillón. -Por qué no dejamos de perder el tiempo -dijo-. Ayer… hablamos… hacer cosas mejores. Yo puedo darte… lo que quieras. Absolutamente todo, dinero… poder… Pero, primero, debes aceptar mis… Son… simples. Te conviertes en uno de nosotros. Y después… representando a La Alianza. A cambio de eso… todo lo que deseaste en tu vida. Mientras el hombre hablaba, Jeremy Jason lo miraba en silencio. Era evidente que le tenía miedo. Cuando el actor habló, lo hizo en voz baja y temblorosa: -¿Y si digo que no? -Eso no ocurrirá. -El hombre se dio vuelta, y pude verle la cara. Tenía una sonrisa gélida y ojos fríos, muertos. Yo lo había visto en otra oportunidad. Habían sido unos instantes, pero era más que suficiente. susurró Cassie. Estaba transformado en ser humano, pero era él. Después de ese espantoso descubrimiento, me pareció que el sol había desaparecido del cielo. Toda su persona emanaba oscuridad, una oscuridad que me encogía el corazón. Visser Tres era el comandante de la invasión de la Tierra, el único yeerk que había usurpado el cuerpo de un andalita, por lo cual poseía la capacidad de metamorfosis. Además, era la criatura diabólica que había asesinado al hermano de Ax, Elfangor, mientras nosotros presenciábamos la escena aterrorizados, sin poder hacer absolutamente nada. Miró a Jeremy con su sonrisa falsa y cruel. -Eres un… ambicioso. Deseas…mucho más de lo que podrás obtener sin mi ayuda. De pronto, Jeremy rompió a reír. -Veo que adivina mis intenciones.-Se incorporó y quedó cara a cara con ese ser temible.-Yo le permito realizar este procedimiento… usted me convierte en una gran estrella de cine, ¿de acuerdo? Volvió a aparecer entonces la sonrisa gélida del Visser. -De acuerdo. gritó Cassie. coincidí. Me sentía muy decepcionada. Sé que es una tontería estar enamorada de un actor al que sólo se ve por televisión, pero es una tontería agradable, normal. Y yo no tenía demasiadas cosas normales en mi vida. sugerí. Me incliné bruscamente hacia un costado y recibí el viento de frente. Un momento después me di cuenta de que bajaba a gran velocidad, y agité las alas con más fuerza. chilló Cassie. Yo batía las alas con desesperación, pero seguía bajando. Después, comprendí por qué. La explicación estaba frente a mis propias narices. ¡Literalmente! En el lugar donde debía estar mi pequeño y ganchudopico de gaviota, me crecía algo largo y gris. Desde su posición a unos metros detrás del yate,Marco y Jake contemplaron la catástrofe. me gritó Jake. Mi trompa ya tenía varios centímetros de largoy, por más que aleteara, las alas no tenían fuerzapara sostenerme. Caí en picada hacia el agua. Un momento antes, alcancé a ver a Visser Tres.Estaba parado junto a la baranda trasera del barcoy me miraba fijamente con sus ojos inexpresivos ydiabólicos. Me hundí por completo en el mar mientras lametamorfosis se aceleraba. Me transformaba enelefante a una velocidad increíble, como jamás lo había hecho. Me sumergí cada vez más mientras a mí alrededorse formaba una espiral de burbujas que ascendían ala superficie. En la cabeza me crecían las enormes orejas delelefante. Los huesos me crujían, y rápidamente sevolvían más grandes, gruesos y largos. ¡Traté de patalear, pero mis patas eran comoenormes troncos de árbol! La resplandeciente superficie del agua parecíatan lejana como la superficie lunar. Me estaba ahogando. me gritó Cassie. vociferó Jake. Pero yo sabía que no llegarían a tiempo. Seguíahundiéndome en el fondo del mar a toda velocidad.Estiré la trompa al máximo, pero no pude aspirar niuna sola bocanada de aire. Me ahogaba con el cuerpo de un elefante. Y lo peor era que no sabía por qué. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 16:[/b] Caí vertiginosamente en las profundidades del océano, hacia el invisible fondo que me esperaba muchos metros más abajo. Traté de concentrarme y encontrar la forma de detener la metamorfosis, pero no podía fijar la mente. La cabeza me daba vueltas. Ya había descendido varios metros cuando se me ocurrió probar si el elefante sabía nadar. Realmente parecía una tontería pensarlo: ¿cómo iba a saber nadar un elefante? Pero no tenía nada que perder, así que… Comencé a moverme en el agua con mis gigantescas patas, y grande fue mi sorpresa cuando descubrí que el elefante sí sabía nadar. De todos modos, era demasiado tarde: estaba a muchos metros de profundidad y no podría llegar a tiempo a la superficie. En ese momento, vi algo gris en el agua; a mi lado, había una criatura mortífera. Después, oí como en sueños una voz que decía en lenguaje telepático: Casi me da un ataque de risa. ¡Un tiburón que hablaba! ¿Cómo era posible? Luego me invadió el pánico. Empecé a sacudirme como loca. Moví la trompa de un lado a otro, y agité el agua dando grandes patadas para tratar de ascender más rápido, pero era inútil. El pánico no me ayudaba: me elevaba un poco, pero mis movimientos eran demasiado lentos. Ya no había nada que hacer. Sin embargo… dijo el tiburón. gritó Cassie. replicó Jake. anunció Ax, el tiburón que hablaba. Tenía razón. Mi cuerpo se achicaba a una velocidad asombrosa. La metamorfosis ocurría con tal rapidez que el lugar que hacía unos segundos ocupaba un gigantesco elefante se había formado un pequeño remolino. vocifero Marco. dijo Cassie. Todo el mundo se transforma… transforma… transforma. Mis pensamientos eran confusos. No estaba del todo conciente. Decidí que podía componer una linda canción: quiso saber Marco. preguntó Cassie a los gritos. exclamó Jake. Volví lentamente a la realidad. Mis mecanismos cerebrales comenzaron a funcionar en forma gradual. Me encontraba debajo del agua, de eso estaba segura. Pero ya no era un elefante. ¡Podía respirar! Y además, ahora no me hundía, o al menos eso me parecía. Pero no podía comprobarlo: estaba ciega. Tranquilízate, Rachel, me ordené a mí misma. Pero una cosa era decirlo y otra hacerlo. ¡Estaba completamente ciega! gritó Ax, desanimado. ¿Insecto? Lentamente y de mala gana, empecé a identificar las partes de mi cuerpo. Tenía patas; podía moverlas, sentirlas. Eran cuatro. ¡No, mejor dicho, seis! No cabía duda: me había transformado en insecto. También tenía transformado en insecto. También tenía antenas. Las moví para todos lados y sentí el aire a mí alrededor. Nada. Sólo mi propio olor. ¿Y qué cerebro convivía junto al mío? Ninguno. No tenía conciencia mi pensamiento. Era el cuerpo de una máquina autómata. Había dos posibilidades: ¡termita… u hormiga! me preguntó mi amiga. le respondí, con un exceso de sarcasmo. exclamó Marco. le preguntó Jake. chilló Jake, consternado. Traté de dominar el caos y el terror que había en mi cabeza y de concentrarme para volver a mi forma humana. Vamos, Rachel, tú puedes hacerlo, me dije. Pero tenía la sensación de que me estaba engañando a mí misma. Sin embargo, sentí que mi cuerpo crecía una vez más y comenzaba a empujar las paredes flexibles de la burbuja. dijo Cassie. me preguntó Jake. me aconsejó él. anunció Cassie. De pronto, recuperé la vista. Mis ojos aparecieron en que las patas finitas de la hormiga se transformaban en las patas gruesas, verdes y escamosas del cocodrilo. Crecía a una velocidad increíble. Sentía el agua deslizándose a mí alrededor mientras mi cuerpo ocupaba cada vez más espacio. Pero, por lo menos, veía. Y no me ahogaba. El cocodrilo puede aguantar la respiración durante un largo rato. Por encima de mi cabeza veía la extensión brillante que separaba el agua del aire. Y a mi alrededor flotaban dos enormes defines grises con nariz en forma de botella y su eterna sonrisa de delfín. Eran Cassie y Jake. A escasos metros, se deslizaba un tiburón tigre de aspecto amenazante. Era Ax. Al menos, eso era lo que yo esperaba. Miré a Jake o, tal vez, a Cassie. respondió Jake. La ironía no es algo común en él. exclamó Marco, que seguía transformado en gaviota. gritó Jake. Giré mi largo cuerpo con facilidad y empecé a nadar usando mi enorme cola de cocodrilo. Cassie, Jake y Ax tomaron gran velocidad y en diez segundos me sacaron una ventaja tremenda. Vi que Jake se detenía y miraba para atrás. lo corregí. Después, oímos: ¡paaaaaffff! Parecía el ruido de un disparo sobre el agua, como si una cosa increíblemente grande se hubiera lanzado de golpe al mar. anunció Marco en tono sombrío. le pregunté. gritó Ax. dijo Jake. lo corrigió Cassie. aseguré. Parecía más valiente de lo que en realidad me sentía. dijo Jake. Después, empezó a dar una serie de órdenes rápidas. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 17:[/b] Subí a la superficie y saqué fuera del agua nada más que los ojos y los orificios nasales. Exhalé y llené mis pulmones con aire fresco. Los delfines hicieron lo mismo: largaron el aire a través de los orificios que tenían detrás de la cabeza y luego aspiraron aire nuevo. Antes de volver a sumergirse, vi a Jeremy Jason parado sobre la popa de barco. Tenía dibujada una sonrisa enorme y feroz en la cara. Señalaba en nuestra dirección y se reía a las carcajadas, como si estuviera mirando una pelea de boxeo. Con la brisa me llegaba algo de lo que gritaba: -¡Ese tipo es asombros! Se refería a Visser Tres. Jeremy acababa de ver cómo el Visser abandonaba su forma humana, adquiría su cuerpo andalita usurpado y luego se transformaba en una espantosa bestia proveniente de algún planeta lejano, y no tenía más que palabras de admiración. Sentí una furia ciega. ¿Qué clase de ser humano traicionaría a su propia especie? Disfruta del espectáculo mientras puedas, me burlé en silencio. A lo mejor no termina como supones… Volvía hundirme en el mar turbulento. Me sumergí cada vez más, y después lo vi: era él, Visser Tres. Su metamorfosis era muy extraña. No se parecía a nada que hubiera sobre la Tierra, eso seguro. Semejaba una colosal raya de color amarillo intenso; plana y oblonga como un panque que viviente. Parecía volara través del agua aleteando lentamente con los costados de su cuerpo. Arriba tenía dos ojos montados sobre unos tallos y debajo, dos largas antenas colgantes. A lo largo de su espalda, se veía un montón de lanzas alineadas en sentido horizontal. ¿Vieron que en un avión de combate los mísiles están guardados debajo de las alas? Así sostenía el Visser las lanzas, nada más que él las tenía arriba, en una hilera prolija y apuntando hacia adelante. Cada una de las lanzas-creo que había alrededor de veinte- era larga y ancha como un mango de escoba. Todas estaban cubiertas por unas líneas irregulares de color amarillo, verde y azul. Seguramente, en el planeta de donde provenía este pez jabalina las líneas le servían de camuflaje, pero en un océano terrestre parecían chillonas y demasiado brillantes. Avanzaba en el agua con mayor rapidez que cualquier cocodrilo, más rápido aun que los delfines o el tiburón. observó Jake. coincidí. dijo Ax. Miré a mi izquierda. Ahí estaba Ax. Detrás de él, veía a Jake. Y a mi derecha estaba Cassie. El pez jabalina ya venía muy cerca. Mi único deseo era no iniciar una metamorfosis repentina otra vez. Entonces… El pez jabalina, es decir, Visser Tres, comenzó a inflarse como un globo y avanzó más lentamente… ¡ZUUUUM! ¡El pez disparó una lanza por la boca! El arma atravesó el agua como un cohete; ni siquiera tuve tiempo de pensaren correrme a un costado. La lanzase me clavó en la cola, cerca de la base. Una punzada de dolor me corrió por la columna. La sangre comenzó a derramarse a mi alrededor. ¡Era mi propia sangre! Bajé la vista y vi que la lanza seguía ahí, destrozándome las escamas. Lo único que podía hacer era mirarla. Parecía totalmente ridículo. ¡Se me había quedado clavada en el cuerpo! se regocijó Visser Tres. Lo miré atentamente, y vi que una de las lanzas guardada en su espalda rodaba y se guardaba en una especie de pliegue de la piel. Después, el pez empezó a hincharse de nuevo, listo para disparar otra de sus armas. aulló Jake en nuestras cabezas. Pero yo no podía moverme; tenía la cola paralizada. Quería atacar al alienígena pero me resultaba imposible. ¡ZUUUUUM! La segunda lanza fue directamente hacia Cassie, pero el delfín era rapidísimo. Tomó impulso y se salvó por un milímetro. ¡No, estaba herida! Vi el corte que la lanza le había abierto en la carne. gritó mi amiga. Se había salvado de milagro. Un segundo más tarde y habría muerto traspasada. El pez jabalina seguía atacándonos. Yo me di vuelta, y quedé panza arriba. . Él vaciló, pero sólo un segundo. gritó Cassie. Visser Tres avanzó hacia nosotros deslizándose raudamente. Vi que ubicaba en posición una nueva lanza y comenzaba a hincharse, absorbiendo el agua que utilizaba para impulsar su arma. Cassie, Jake y Ax se dieron vuelta y salieron disparando en distintas direcciones. ¡ZUUUUM! ¡La lanza iba orientada hacia Ax! Él estaba a varios metros de distancia y se movía muy velozmente, pero la lanza estaba a punto de alcanzarlo. le grité. Dobló hacia la derecha y la lanza siguió de largo. El Visser dudó unos instantes. Casi digo “Es chocolate, ignorante, no caramelo”, pero no estaba tan loca, así que me quedé flotando panza arriba, haciéndome la muerta y tratando de no sentir el dolor que me atravesaba la cola. Sigue a Cassie, rogué en silencio. Sigue a Cassie, criatura repugnante. Si el Visser iba tras Ax, pasaría demasiado lejos y yo no podría alcanzarlo. Si seguía a Jake, sucedería lo mismo. Sólo si se decidía por Cassie me daría la oportunidad de atacarlo. Visser Tres batió sus alas acuáticas. En mi cara se dibujó una sonrisa de cocodrilo. Se acercó cada vez más, luego redujo la velocidad y empezó a inflarse. Se infló tanto que parecía un globo a punto de explotar. Después, se acercó todavía más. Tres metros… dos… uno… ¡Ya estaba a un par de centímetros! La distancia ideal. Moví cada músculo de mi poderoso cuerpo de cocodrilo, empujé la cabeza hacia delante y abrí las mandíbulas. Después, mordí con todas mis fuerzas. Como sabe todo el mundo, el cocodrilo tiene las mandíbulas más potentes del reino animal. Son tan potentes que, prácticamente, pueden triturar una roca. Clavé la mandíbula larga y dientuda en el ala izquierda del pez jabalina. Entonces… ¡PLAAAAAF! ¡PUUUM! Fue como morder un globo lleno de agua. El pez inflado explotó, y toda el agua que había absorbido para disparar su siguiente lanza salió a chorros por el agujero que le hice. Muy pronto, el pez jabalina aprendió una nueva forma de volar. Se sacudió violentamente para todos lados, salió como rayo hacia la superficie del mar, se arqueó como un delfín enfermo y aterrizó a lo lejos con un chapoteo fuerte. Y todo el tiempo, oíamos la voz de Visser Tres que en lenguaje telepático gritaba: Después me tranquilicé y relajé los músculos, aunque eso me hizo sentir más el dolor de la cola. Un delfín se me acercó y me restregó la nariz. No me quedó más remedio que reírme. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 18:[/b] dijo Ax. – ¿Quieres decir que todas esas metamorfosis descontroladas son producto de una alergia? ¡No puedo creerlo! ¿Alergia a qué? -¿Cuál fue el último animal que adquiriste? – me preguntó Cassie, y ella misma se respondió: -El cocodrilo. Seguro que eres alérgica a los cocodrilos. Estábamos en el bosque que había detrás de la granja de Cassie, un lugar seguro al que íbamos bastante seguido cuando deseábamos privacidad. Ax debía volver a su propio cuerpo. Y Tobías… bueno, Tobías necesitaba cazar su cena antes de que oscureciera. Mientras hablábamos, él esperaba posado sobre una rama. Muy cerca de donde estábamos comenzaba una pequeña pradera donde abundaban los ratones. Tobías examinaba los altos pastizales de la pradera con su visión láser. El resto de mis compañeros me lanzaba dardos con la mirada. Todos menos Cassie, por supuesto, que solamente sacudía la cabeza. Ella pensaba que había hecho mal en permitirme guardar mi secreto. -¿O sea que adquirir ese cocodrilo me hizo perder el control de mi capacidad de metamorfosis? -Eso es estornudar. Quieres decir que estuve estornudando. exclamó Tobías. Abrió las alas y bajó en picada hacia el pastizal, a unos centímetros del suelo. De pronto, extendió el cuerpo, estiró las garras hacia delante y durante unos segundos desapareció de nuestra vista. -Otro ratón muerde el polvo-comentó Marco. continuó Ax. -Entonces, ¿qué hago? ¿Hay algún remedio que pueda tomar o algo así? -Suena poético-observó Cassie. – ¡Eso sí que es poesía!-se rió Marco. Hasta Jake esbozó una sonrisa. – ¿Y cómo hace Rachel para iniciar ese proceso? -Parece bastante fácil -dije-. Yo siempre tengo cuidado. Miré a Ax. -¿Cómo dijiste? Me encogí de hombros. -Estaba indignada porque ese gusano de Jeremy Jason traicionó a todas sus admiradoras, por no decir a toda la especie. Asentí con la cabeza. -Bueno, en realidad, más que asustada estaba nerviosa. -Ninguna -contesté, con cara de nada. – ¿Qué estabas haciendo cuando se inició la metamorfosis?-me preguntó Jake. -No me acuerdo -mentí. Cassie arqueó las cejas. -Rachel, estabas mirando fotos de Jeremy Jason en Internet. -¿Y eso qué tiene que ver con la emoción? -Claro que sí, era amoooooor -chilló Marco, burlón-. El mortal y peligroso arrebato de amor adolescente. ¡Rachel estaba dominada por el deseo! ¡Ardía en las llamas de la pasión!¡Una pasión intensa y arrolladora que… Dejó de hablar cuando vio que yo lo perseguía, dispuesta a ahorcarlo en ese mismo momento. Pero se escondió detrás de Ax. -…que la convirtió en un animal salvaje! -continuó-. Bueno, en realidad, en varios animales salvajes. ¡Se transformó en el caimán enamorado! -Caimán no, cocodrilo -lo corrigió Jake, con una sonrisa presuntuosa muy rara en él. De pronto descubrí que en la piel comenzaba a aparecerme el dibujo de una pluma. Era la pluma de un águila. Lancé un gruñido. dijo Ax, que había notado el comienzo de la metamorfosis. -¿Y si mejor elimino a Marco? -Es perfecto -señaló Marco-. La invencible Xena tiene una debilidad: la emoción humana. ¡Es una víctima del amooooor! Jake agarró a Marco del brazo, y se lo apretó con fuerza. -Si la haces enojar, se transformará. Y a lo mejor se transforma en oso gris. ¿Te gustaría ver a Rachel furiosa y convertida en oso gris? Marco vaciló. Me miró y se mordió un labio. -Tienes razón, Jake. Mejor voy a ver cómo Tobías se come al ratón. La mitad de mi cuerpo estaba cubierto de plumas cuando pude revertir la metamorfosis. Me costó mucho tranquilizarme. -Ax, explícale a Rachel todo lo que sabes sobre ese hereth, así está preparada. Y Rachel, hasta que estés mejor, tienes que llamar lo menos posible la atención. No vayas a la escuela, y ni se te ocurra ir a ese programa de televisión donde va a aparecer Jeremy Jason. Visser Tres sabe que estamos atrás de Jeremy. Lo transformará en controlador inmediatamente: ese actorcito ya vio demasiado. Seguramente lo están infectando en este mismo momento. – ¡Pero tenemos que detenerlo! No nos conviene que Jeremy represente a La Alianza. Podríamos capturarlo y encerrarlo en algún lugar durante tres días hasta que muera el yeerk alojado en su cabeza. -Sé que tenemos que detenerlo. Lo vamos a hacer, pero tendríamos que encontrar otra manera de acercamos a él. -Seguro que va a empezar a darle publicidad a La Alianza en el “Show de Barry y Cindy Sue”. Después, se irá de la ciudad -argumenté-. Ahora los yeerks van a estar en guardia, esperándonos. Ya no podremos volverá acercamos a ese estúpido yate. ¡Ese programa es nuestra última oportunidad! Jake asintió con la cabeza. -Puede ser. Pero tal vez no podamos cumplir con este objetivo. Tal vez, lo mejor es que no hagamos nada. -Su buen humor se evaporó, y me miró con frialdad. -Tendrías que haber pensado en todo eso, ¿no, Rachel? Tú eres la culpable de que la misión de hoy se echara a perder. Visser Tres se enteró de que estábamos atrás de Jeremy exclusivamente por culpa tuya. La próxima vez, podrías avisarnos cuando no estás en condiciones de iniciar una misión. Le habría contestado… si no fuera porque no tenía ningún argumento. Todo lo que decía era verdad. Clavé la vista en Cassie, que miraba el suelo, avergonzada. Ax había logrado que sus cuatro ojos desviaran la mirada, como si hubiera visto algo fascinante a la distancia. A Tobías no lo veía, porque seguía en la pradera. Pero evidentemente había oído todo, porque me susurró: -Sí que es grave-le contesté. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 19:[/b] Sí, era cierto, yo había echado todo a perder, pero estaba decidida a solucionar el problema, así que mentí. Al día siguiente, les dije a Jake y Cassie que el hereth illint ya había ocurrido. Les describí el proceso con lujo de detalles. Hablé largo y tendido sobre lo raro que había sido. Fui muy convincente, y ellos me creyeron. Por supuesto, si hubiera tratado de engañar a Ax, no habría logrado el mismo efecto, porque en realidad yo no tenía ni la menor idea de lo que me pasaría durante ese “eructo de ADN”. Ninguno había entendido del todo la explicación de Ax. Cuando él empieza con ese tema del espacio cero, a nosotros nos parece que habla en chino. Si hubiera hecho el intento con Ax, él me habría preguntado algo que a Jake y Cassie no se les había ocurrido: ¿Qué hiciste con el cocodrilo sobrante? Cuando al día siguiente me crucé con Jake en la escuela y le dije que todo había terminado, él me creyó. Hasta Cassie me creyó, porque se lo conté a las apuradas mientras entrábamos en el aula. Si para decírselo hubiera tenido que mirarla a la cara, se habría dado cuenta de que era mentira. No tenía alternativa: debía ir al programa de televisión. Teníamos que evitar que Jeremy Jason apoyara a La Alianza a cualquier precio. Estaba convencida de que todo andaría bien; lo único que tenía que hacer era dominar mis emociones. Si permanecía impasible, no se iniciaría ninguna metamorfosis. Y yo soy una experta en dominar todas mis emociones. Excepto la ira, tal vez. Ésa me causa más problemas. Pero, ¿quién me iba a hacer enojar en un ridículo programa de televisión? Todo andaría bien. No tenía de qué preocuparme. ¿O sí? Cuando salí de la escuela, tomé un taxi hasta el hotel de papá, pero primero le pedí al conductor que pasara por mi casa. Vi que los albañiles ya estaban sacando los escombros de la cocina y mi dormitorio. En la calle había uno de esos contenedores enormes lleno de pedazos de madera y planchas de yeso. -¿Te enteraste de lo que pasó en esa casa?-me preguntó el taxista-. Se vino abajo como si nada. ¡No se puede creer lo mal que construyen las casas últimamente! Para mi sorpresa, papá me esperaba en el hotel. -¡Ya era hora! -exclamó, un poco desesperado, no bien entré en la habitación-. ¡El programa empieza a las cinco en punto, y ya son casi las tres!¿Se puede saber dónde estuviste? -En la escuela. -Ah, sí, la escuela. Vamos, ¡rápido! Por suerte, el estudio queda cerca y podemos ir caminando para evitar el tránsito. Llegamos en cinco minutos. La elección de la ropa me llevó muy poco tiempo: del derrumbe de mi pieza se habían salvado nada más que tres prendas. Después llamé a Cassie para decirle que se apurara. Habíamos quedado en encontrarnos en el canal. No estaba en la casa; eso quería decir que ya había llegado al estudio y me esperaba ahí. Ése era el plan: Cassie me acompañaría; el resto de nuestros compañeros iban a intentar entrar en el estudio transformados en algo que no despertara sospechas. De todos modos, sabíamos que los yeerks iban a estar vigilando el lugar. Lo más probable era que algunos se infiltraran entre el público. Hasta los conductores del programa podían ser controladores. -¿Estás nerviosa?-me preguntó papá mientras nos dirigíamos rápidamente al canal. -No mucho. – ¿Vas a un programa en vivo que se ve en todo el país, que tiene una audiencia de millones de espectadores, y no estás nerviosa? -Ahora sí -murmuré. Traté de tranquilizarme. No podía sentir absolutamente nada. Tenía que sobrellevar la situación sin experimentar ninguna emoción violenta. Yo podía hacerlo. Pasamos zumbando junto a la recepcionista. Papá iba adelante, caminando como si fuera el dueño del mundo, y yo corría para no quedarme atrás. En la recepción me esperaba Cassie, que nos siguió. -¿Cómo te sientes?-me preguntó. Yo me encogí de hombros. -Genial. -¿En serio? -Sí. -¿No estás nerviosa? -No. -¿Ansiosa, tal vez? -No. -¿Asustada? -Menos. Después se me acercó y me susurró al oído: -¿Cuál es el plan? Es decir, ¿qué vamos a hacer exactamente con Jeremy Jason? Me encogí de hombros. -Vamos a detenerlo. -¿Cómo? Le sonreí. -Improvisaremos. -Ah, me quedo más tranquila. De pronto, pasó corriendo una llama. Sus pezuñas delicadas se deslizaron cómicamente sobre el piso encerado. Dobló por un rincón y desapareció. -¿Qué diablos…? -dijo papá. -Qué linda-comentó Cassie. Los ojos se le iluminaron, como siempre que ve algún animal. –Es una llama. Son animales realmente hermosos. Viven… Un momento después, vinieron corriendo dos personas vestidas de color caqui, y se dirigieron al lugar donde había desaparecido la llama. Los tres nos miramos azorados. Entonces, vimos que se nos acercaba una mujer con una planilla en la mano. -¿No vieron una llama? -nos preguntó. Estaba casi sin aliento. -Se fue para allá -le respondí. -¿Qué sucede?-quiso saber papá. La mujer sacudió la cabeza como si estuviera a punto de venirse el mundo abajo. -Bart Jacobs vino al programa con sus animales. La llama quiso escaparse, y la verdades que no la culpo. -¿Bart Jacobs?-El nombre me resultaba conocido. -¿No es el hombre que lleva animales a todos los programas de televisión? Cassie lanzó una mirada de desaprobación. -Sí, es ése. Odio que arrastren a animales salvajes por los estudios y los traten como… -Bueno, si ya se acabaron los animales salvajes -interrumpió papá-, podemos seguir. –Retomó la marcha y nosotras fuimos detrás de él. Se encaminó dando grandes pasos hasta la sala de maquillaje. La puerta estaba abierta. Una mujer con un peinado raro y labios pintados de negro miró a papá con ganas de comérselo, y después nos miró a mí y a Cassie como si estuviera pensando qué podía hacer con nuestras caras. -Es ella -dijo papá, señalándome- Rachel, ella es Tai. Tai, te presento a mi hija. Está invitada al programa de hoy. -Tiene una piel hermosa -comentó Tai-. Pero creo que ese pelo necesita un poco más de volumen.- Me agarró un mechón y lo dejó caer desdeñosamente. -¿Qué champú usas? Le nombré la marca y ella esbozó una sonrisa despectiva. Papá fue a charlar con alguna gente conocida, y Tai me llevó a rastras hasta un sillón de peluquería, me envolvió bruscamente en un delantal y empezó a hacerme cosas en el pelo con un montón de cepillos. Si hay algo que odio es que me zamarreen de esa forma. Eso me puso furiosa. -¡Ay, este pelo! ¡Qué desastre! -se quejó Tai. Después, me dio un tirón con el cepillo. Odio que me tiren del pelo. De pronto, Tai retrocedió. -¿Qué le pasa a tu pelo? ¡Se…se está poniendo gris! Me miré al espejo. Primero, vi la expresión horrorizada de Cassie; después, vi que mi pelo realmente se volvía gris. Gris y enmarañado. Como el de un lobo. ¡Había vuelto a ocurrir! ¡Había perdido la paciencia con Tai y me estaba transformando en lobo! Miré a Cassie con desesperación. Ella reaccionó de inmediato: -¡Mira! ¡Ahí, en el pasillo! ¡Es…es Kevin Costner! ¡Y también está Tom Cruise! -¿Dónde? ¿Dónde?-gritó Tai. Tiró su cepillo al suelo y corrió hacia la puerta. Yo traté de concentrarme. Tranquila… Tranquila… No te alteres… Pero Cassie no me ayudaba en absoluto. -¡Me mentiste de nuevo! ¡Lo del hereth illint era un invento! ¡Todavía eres alérgica! -Cassie, estoy tratando de calmarme para detener la metamorfosis-le advertí. -¡No puedes aparecer así en la televisión! -¡Voy a aparecer sí o sí! ¡Es lo único que nos queda! ¡No vaya dejar que ese cretino… mira lo que haces! ¡Me pusiste nerviosa! El pelaje gris del lobo comenzaba a cubrirme brazos y manos. Cerré los ojos. No tengo que enojarme. Debo conservar la calma. -No vi a Kevin Costner por ningún lado –dijo Tai cuando regresó, mirándonos con desconfianza. -Disculpa. Me pareció que era él -le respondió Cassie. -¿Y ahora qué pasa con tu pelo?-Tai contempló desconcertada cómo mi pelo había vuelto a la normalidad. -¿Me habré puesto poca crema de enjuague? -sugerí. En ese preciso instante tuve mi segundo arrebato emocional, porque el chico más lindo del planeta entró en la sala de maquillaje. -Jeremy Jason-me susurró Cassie, asombrada. Tranquila… Tranquila…, me dije a mí misma. Pero no tienen una idea de lo increíblemente atractivo que era de cerca. Miró a Cassie con una sonrisa y le dio un abrazo, lo mismo que seguramente había hecho otras veces con millones de admiradoras. A Cassie le temblaron tanto las piernas que casi se cae. -Hola, soy Jeremy Jason McCole-me saludó-. ¿Tú también vas a estar en el programa? -Sí -le contesté, tratando de parecer indiferente- Yo también. No me levanté del sillón ni le di la mano por una simple razón: aun sabiendo en qué se había convertido, qué clase de persona era y que adentro de su cabeza vivía una horrenda babosa yeerk, si me hubiera abrazado como a Cassie, no tengo dudas de que me habría transformado. Me habría transformado en ese mismo instante. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de MEDYG[/b]
[b]Capitulo 20[/b] -Me parece que te conozco de algún lado-dijo Jeremy, y me lanzó una de esas miradas escépticas y furtivas tan típicas de él. Sacudí la cabeza. -No, no puede ser. -Sí. Tú eres la chica que se cayó al pozo de los cocodrilos por mirar a ese nene. ¿Así que estás en el programa de hoy? -Eso no es lo único que hizo -se apuró a decir Cassie-. También logró que la casase le viniera encima. Miré a Cassie con ganas de preguntarle “¿Qué estás haciendo?”. ¿Acaso yo le caería mejor a Jeremy porque la casa se me había venido encima? ¿Con eso lo impresionaría? Mi amiga puso cara de desconcierto y se encogió de hombros, como respondiéndome “¿Qué quieres que haga?”. No dejaba de observar a Jeremy con una sonrisa un tanto extraña en los labios. Por supuesto, seguramente yo sonreía de la misma forma. Jeremy nos sonrió de oreja a oreja y después dijo: -Escucha, chica catástrofe o como quiera que te llames, ¿qué te parece si tú y tu amiga se van afuera a mirar el techo? Tengo que maquillarme y no necesito público. Eso nos borró la sonrisa de la cara. Tai me miró con expresión impaciente y nos hizo un gesto con la cabeza para que nos fuéramos. En el pasillo encontramos a la llama. Estaba parada ahí, ocupada en sus propios asuntos. -¿Cómo me llamó? ¿Chica catástrofe? -¿A mirar el techo?-repitió Cassie. Las dos clavamos la vista en la llama. -Si quieres maquillarte, mejor espera sentada -le dije-. Para entrar en esa sala tienes que ser una verdadera estrella. – ¡Ahhhh! -gritamos las dos al unísono. Se supone que nosotras deberíamos estar preparadas para ver cosas extrañas, como por ejemplo, una llama que habla. Pero eso nos tomó totalmente por sorpresa. -¿Marco? -susurré. -¿Qué haces aquí? -¿Dónde está la verdadera llama?> murmuró Cassie. Cassie arqueó una ceja. Yo me hice la que no la veía. Sabía bien cuáles eran sus intenciones. -Bueno, se lo digo yo -dijo mi amiga-. Marco, parece que Rachel exageró un poco cuando dijo que ya estaba bien. Mejor que le avises a Jake. -No. -Mientras no me ponga nerviosa, no pasará nada -me defendí. señaló Marco. Cassie se mordió el labio, pensativa. -Ya es demasiado tarde para que Rachel cancele su aparición en el programa. Lo que necesitamos es un refuerzo, por si acaso. Tenemos que evitar a cualquier precio que la gente vea la metamorfosis de Rachel. dijo Marco. -Bueno -lo interrumpió ella-, lo importante es que siempre haya una Rachel, ¿no? De sólo pensarlo se me pone la piel de gallina, pero ¿sabes qué, Rachel? Creo que necesitamos una copia tuya. chilló Marco. -Ni lo sueñes -le contesté. Marco miró a su izquierda. Los dos cuidadores vestidos de caqui aparecieron al final del pasillo y se nos acercaron con sigilo. Marco esperó pacientemente hasta que los hombres lo atraparon, le rodearon el cuello con una soga y se lo llevaron. Cassie apoyó la mano en mi brazo. -¿Qué haces? -No te preocupes, nunca usaré tu metamorfosis para algo malo -me dijo en tono solemne. Después, mientras ella adquiría mi adn, me quedé adormecida, como aletargada. -No hagas nada a menos que sea estrictamente necesario. ¡Dios mío! ¡Es horrible! -Me estremecí. Después, sentí que se me empezaba a hinchar la cara. -¡Rachel! -No te preocupes, estoy bien. -Respiré hondo y traté de olvidarme del terror que me causaba pensar que alguien podía transformarse en mí. El brote de alergia se detuvo y mi cara volvió a la normalidad. -¡Eh! ¡Tú! ¡Chica catástrofe! ¡Ven aquí, rápido! La mujer de la planilla se acercó a las corridas, me tomó del brazo y me arrastró por el pasillo. -Bueno, presta atención porque estamos terriblemente retrasados. Tú entras en el último segmento; yo te aviso. Tienes que cruzar el estudio e ir hacia Barry, que te dará la mano. Después, se acercará a saludarte Cindy, a menos que esté con uno de sus arranques de histeria. Luego, te sientas. No te preocupes si no sabes a qué cámara mirar; sólo mira a Barry y Cindy. Ellos te harán preguntas sobre lo que pasó con esos caimanes… -Cocodrilos -la corregí. -Cuéntales tu historia. Si Barry hace este gesto con la mano, significa que tienes que apresurarte. Si hace este otro gesto, quiere decir que vayas redondeando porque se acabó el tiempo. ¿Entendido? Bien. Quédate tranquila; no hay nada de qué preocuparse. Se detuvo de pronto y clavó la vista en Cassie. -¿Y tú quién eres? -Soy la Niña Terremoto, la socia de la Chica Catástrofe. La mujer se la quedó mirando. -Es una amiga. Vino a acompañarme, para darme ánimo. -¿Ah, sí? Qué bien. Bueno, vamos. No podemos usar la sala de espera: la semana pasada invitamos a un grupo de música y destrozaron todo. -Seguía tironeándome del brazo, lo cual, en condiciones normales, me habría hecho hervir la sangre. Pero yo no podía enojarme, ni ponerme triste, ni sentir ninguna emoción sin que me brotara una alergia. La mujer de la planilla nos instaló a Cassie y a mí en dos bancos altos. Estábamos en un rincón oscuro, cerca de una pared cubierta de cables, alambres y botones. Bart Jacobs, el hombre de los animales, estaba sentado en un banco idéntico, fumando un cigarrillo y hablando con uno de sus empleados. Alineadas contra la pared, había seis jaulas ocupadas por diferentes animales: un cachorro de león, un elefante bebé, una pitón, un águila real. Desde nuestro oscuro rincón veíamos la conocida escenografía del programa. Estaba armada de forma tal que pareciera un living, con sillones de aspecto cómodo agrupados en el centro. Frente a los sillones había varias cámaras, dos a los costados y una en el medio. Detrás de la luz intensa del estudio estaba el panel del público. Yo no veía a la gente, porque en ese sector la oscuridad era absoluta y las luces de las cámaras me encandilaban. Un momento después, Barry pasó corriendo como una exhalación. -Hola a todos; espero que hoy tengamos un programa espectacular, y que hayan venido con muchas energías. ¡Arriba el ánimo! ¡Arriba! ¡Con energía! ¡Nos vemos! A los pocos segundos, apareció Cindy Sue envuelta en una nube de perfume y seguida por un hombre que trataba de peinarla mientras ella caminaba. Me saludó con una sonrisa falsa, y dirigió a Bart Jacobs una mirada despectiva. El hombre de los animales se me acercó, se quitó el cigarrillo de la boca y me dijo: -Nunca me perdonó que una de mis pequeñas bestias le orinara el vestido. Desde detrás de escena llegó el aplauso de bienvenida del público. En un rincón del estudio, vi a papá hablando con la mujer de la planilla. Cuando él me vio, me sonrió y me guiñó un ojo. No estoy nerviosa. No tengo miedo. Debo permanecer impasible pase lo que pase. Es la única forma. Yo puedo hacerlo. Ésas eran las palabras que repetía para mis adentros. Barry y Cindy charlaban frente a cámara. En ese momento, Jeremy Jason llegó hecho una tromba. Parecía furioso. Oí que le susurraba a un hombre con cara de asustado: -¿Cómo que la sala de espera está cerrada? ¡No me pueden tener acá parado!¿No saben quién soy yo? ¡Soy Jeremy Jason McCole! Por supuesto, a esta altura ya había dejado de ser Jeremy Jason McCole. Seguramente era un controlador. El verdadero Jeremy estaba enjaulado en un rincón de su propia mente y miraba impotente cómo un yeerk dirigía todos sus movimientos, sus acciones, sus palabras. ¿Se habría dado cuenta ese actorcito engreído y ambicioso de que lo habían engañado? ¿Habría descubierto que para un yeerk no existe la palabra socio? El yeerk es el amo; el huésped humano es su esclavo. Ésa es la pura verdad. Y cuando el proceso de infección es voluntario, el esclavo humano es más débil todavía, menos capaz de resistir. De sólo pensarlo me daban ganas de vomitar. Jeremy Jason había aceptado que lo infectaran. Se había dejado engañar. Igual sentía ganas de vomitar… Un momento. Realmente tenía ganas. Por favor, ahora no, rogué en silencio. Miré a Cassie. -¿Cassie? No creo que pueda hacerla. -¿Cómo que no? Escucha, si estás nerviosa o algo así, lo único que tienes que hacer es dominar la emoción. Sacudí la cabeza. -No es eso. Me siento… rara, convulsionada, como si me pasara algo por dentro. -¿La metamorfosis alérgica? -No, no creo. Por ahora, eso lo tengo dominado. Me parece que lo que me pasa es esa otra cosa… -¿Qué cosa? -Ya sabes. -¿El hereth illint? ¿Ahora? ¿Acá? Asentí con la cabeza. -Sí. Ahora. Acá. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2006 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capitulo 20[/b] -Me parece que te conozco de algún lado-dijo Jeremy, y me lanzó una de esas miradas escépticas y furtivas tan típicas de él. Sacudí la cabeza. -No, no puede ser. -Sí. Tú eres la chica que se cayó al pozo de los cocodrilos por mirar a ese nene. ¿Así que estás en el programa de hoy? -Eso no es lo único que hizo -se apuró a decir Cassie-. También logró que la casase le viniera encima. Miré a Cassie con ganas de preguntarle “¿Qué estás haciendo?”. ¿Acaso yo le caería mejor a Jeremy porque la casa se me había venido encima? ¿Con eso lo impresionaría? Mi amiga puso cara de desconcierto y se encogió de hombros, como respondiéndome “¿Qué quieres que haga?”. No dejaba de observar a Jeremy con una sonrisa un tanto extraña en los labios. Por supuesto, seguramente yo sonreía de la misma forma. Jeremy nos sonrió de oreja a oreja y después dijo: -Escucha, chica catástrofe o como quiera que te llames, ¿qué te parece si tú y tu amiga se van afuera a mirar el techo? Tengo que maquillarme y no necesito público. Eso nos borró la sonrisa de la cara. Tai me miró con expresión impaciente y nos hizo un gesto con la cabeza para que nos fuéramos. En el pasillo encontramos a la llama. Estaba parada ahí, ocupada en sus propios asuntos. -¿Cómo me llamó? ¿Chica catástrofe? -¿A mirar el techo?-repitió Cassie. Las dos clavamos la vista en la llama. -Si quieres maquillarte, mejor espera sentada -le dije-. Para entrar en esa sala tienes que ser una verdadera estrella. – ¡Ahhhh! -gritamos las dos al unísono. Se supone que nosotras deberíamos estar preparadas para ver cosas extrañas, como por ejemplo, una llama que habla. Pero eso nos tomó totalmente por sorpresa. -¿Marco? -susurré. -¿Qué haces aquí? -¿Dónde está la verdadera llama?> murmuró Cassie. Cassie arqueó una ceja. Yo me hice la que no la veía. Sabía bien cuáles eran sus intenciones. -Bueno, se lo digo yo -dijo mi amiga-. Marco, parece que Rachel exageró un poco cuando dijo que ya estaba bien. Mejor que le avises a Jake. -No. -Mientras no me ponga nerviosa, no pasará nada -me defendí. señaló Marco. Cassie se mordió el labio, pensativa. -Ya es demasiado tarde para que Rachel cancele su aparición en el programa. Lo que necesitamos es un refuerzo, por si acaso. Tenemos que evitar a cualquier precio que la gente vea la metamorfosis de Rachel. dijo Marco. -Bueno -lo interrumpió ella-, lo importante es que siempre haya una Rachel, ¿no? De sólo pensarlo se me pone la piel de gallina, pero ¿sabes qué, Rachel? Creo que necesitamos una copia tuya. chilló Marco. -Ni lo sueñes -le contesté. Marco miró a su izquierda. Los dos cuidadores vestidos de caqui aparecieron al final del pasillo y se nos acercaron con sigilo. Marco esperó pacientemente hasta que los hombres lo atraparon, le rodearon el cuello con una soga y se lo llevaron. Cassie apoyó la mano en mi brazo. -¿Qué haces? -No te preocupes, nunca usaré tu metamorfosis para algo malo -me dijo en tono solemne. Después, mientras ella adquiría mi adn, me quedé adormecida, como aletargada. -No hagas nada a menos que sea estrictamente necesario. ¡Dios mío! ¡Es horrible! -Me estremecí. Después, sentí que se me empezaba a hinchar la cara. -¡Rachel! -No te preocupes, estoy bien. -Respiré hondo y traté de olvidarme del terror que me causaba pensar que alguien podía transformarse en mí. El brote de alergia se detuvo y mi cara volvió a la normalidad. -¡Eh! ¡Tú! ¡Chica catástrofe! ¡Ven aquí, rápido! La mujer de la planilla se acercó a las corridas, me tomó del brazo y me arrastró por el pasillo. -Bueno, presta atención porque estamos terriblemente retrasados. Tú entras en el último segmento; yo te aviso. Tienes que cruzar el estudio e ir hacia Barry, que te dará la mano. Después, se acercará a saludarte Cindy, a menos que esté con uno de sus arranques de histeria. Luego, te sientas. No te preocupes si no sabes a qué cámara mirar; sólo mira a Barry y Cindy. Ellos te harán preguntas sobre lo que pasó con esos caimanes… -Cocodrilos -la corregí. -Cuéntales tu historia. Si Barry hace este gesto con la mano, significa que tienes que apresurarte. Si hace este otro gesto, quiere decir que vayas redondeando porque se acabó el tiempo. ¿Entendido? Bien. Quédate tranquila; no hay nada de qué preocuparse. Se detuvo de pronto y clavó la vista en Cassie. -¿Y tú quién eres? -Soy la Niña Terremoto, la socia de la Chica Catástrofe. La mujer se la quedó mirando. -Es una amiga. Vino a acompañarme, para darme ánimo. -¿Ah, sí? Qué bien. Bueno, vamos. No podemos usar la sala de espera: la semana pasada invitamos a un grupo de música y destrozaron todo. -Seguía tironeándome del brazo, lo cual, en condiciones normales, me habría hecho hervir la sangre. Pero yo no podía enojarme, ni ponerme triste, ni sentir ninguna emoción sin que me brotara una alergia. La mujer de la planilla nos instaló a Cassie y a mí en dos bancos altos. Estábamos en un rincón oscuro, cerca de una pared cubierta de cables, alambres y botones. Bart Jacobs, el hombre de los animales, estaba sentado en un banco idéntico, fumando un cigarrillo y hablando con uno de sus empleados. Alineadas contra la pared, había seis jaulas ocupadas por diferentes animales: un cachorro de león, un elefante bebé, una pitón, un águila real. Desde nuestro oscuro rincón veíamos la conocida escenografía del programa. Estaba armada de forma tal que pareciera un living, con sillones de aspecto cómodo agrupados en el centro. Frente a los sillones había varias cámaras, dos a los costados y una en el medio. Detrás de la luz intensa del estudio estaba el panel del público. Yo no veía a la gente, porque en ese sector la oscuridad era absoluta y las luces de las cámaras me encandilaban. Un momento después, Barry pasó corriendo como una exhalación. -Hola a todos; espero que hoy tengamos un programa espectacular, y que hayan venido con muchas energías. ¡Arriba el ánimo! ¡Arriba! ¡Con energía! ¡Nos vemos! A los pocos segundos, apareció Cindy Sue envuelta en una nube de perfume y seguida por un hombre que trataba de peinarla mientras ella caminaba. Me saludó con una sonrisa falsa, y dirigió a Bart Jacobs una mirada despectiva. El hombre de los animales se me acercó, se quitó el cigarrillo de la boca y me dijo: -Nunca me perdonó que una de mis pequeñas bestias le orinara el vestido. Desde detrás de escena llegó el aplauso de bienvenida del público. En un rincón del estudio, vi a papá hablando con la mujer de la planilla. Cuando él me vio, me sonrió y me guiñó un ojo. No estoy nerviosa. No tengo miedo. Debo permanecer impasible pase lo que pase. Es la única forma. Yo puedo hacerlo. Ésas eran las palabras que repetía para mis adentros. Barry y Cindy charlaban frente a cámara. En ese momento, Jeremy Jason llegó hecho una tromba. Parecía furioso. Oí que le susurraba a un hombre con cara de asustado: -¿Cómo que la sala de espera está cerrada? ¡No me pueden tener acá parado!¿No saben quién soy yo? ¡Soy Jeremy Jason McCole! Por supuesto, a esta altura ya había dejado de ser Jeremy Jason McCole. Seguramente era un controlador. El verdadero Jeremy estaba enjaulado en un rincón de su propia mente y miraba impotente cómo un yeerk dirigía todos sus movimientos, sus acciones, sus palabras. ¿Se habría dado cuenta ese actorcito engreído y ambicioso de que lo habían engañado? ¿Habría descubierto que para un yeerk no existe la palabra socio? El yeerk es el amo; el huésped humano es su esclavo. Ésa es la pura verdad. Y cuando el proceso de infección es voluntario, el esclavo humano es más débil todavía, menos capaz de resistir. De sólo pensarlo me daban ganas de vomitar. Jeremy Jason había aceptado que lo infectaran. Se había dejado engañar. Igual sentía ganas de vomitar… Un momento. Realmente tenía ganas. Por favor, ahora no, rogué en silencio. Miré a Cassie. -¿Cassie? No creo que pueda hacerla. -¿Cómo que no? Escucha, si estás nerviosa o algo así, lo único que tienes que hacer es dominar la emoción. Sacudí la cabeza. -No es eso. Me siento… rara, convulsionada, como si me pasara algo por dentro. -¿La metamorfosis alérgica? -No, no creo. Por ahora, eso lo tengo dominado. Me parece que lo que me pasa es esa otra cosa… -¿Qué cosa? -Ya sabes. -¿El hereth illint? ¿Ahora? ¿Acá? Asentí con la cabeza. -Sí. Ahora. Acá. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2006 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 21:[/b]
-Ay, no -gimió Cassie. Claro que lo hizo en voz baja porque Bart Jacobs seguía sentado junto a nosotras. En ese momento, hablaba con sus asistentes y se preparaba para salir a escena. Barry había terminado de contar un chiste y el público estaba desternillándose de risa. Cindy Sue se aprestaba a presentar al hombre de los animales. Se levantó y se acomodó la ropa. Un asistente vino corriendo y le dio a Bart una soga. En el extremo de la soga estaba la llama. nos saludó Marco. -.. .aquí está, ¡Bart Jacobs! Se oyeron grandes aplausos. Bart salio a escena arrastrando a Marco. Sus asistentes empezaron a preparar a los otros animales. Jeremy Jason estaba en un rincón oscuro discutiendo con alguien. Mientras tanto, yo desfallecía. Ax no había mencionado que el hereth illint es sumamente desagradable. Comenzó con una sensación de náuseas tan intensa que casi vomito todo el almuerzo ahí mismo. Pero después del dolor de estómago venía algo peor: una desorientación total. Mi cuerpo empezaba a rechazar el adn animal, pero el cocodrilo que yo tenía adentro no se iba así no más. Antes tomaba posesión de mi cuerpo. Sentí que los instintos fríos y calculadores del cocodrilo se agitaban en mi mente. ¡Perdía el dominio de mi propio físico! En el mismo momento y en el mismo cuerpo, dos cerebros totalmente independientes miraban el mundo a través de mis ojos. El cocodrilo se puso nervioso, pues no estaba acostumbrado a esto. No sabía dónde se encontraba. Pero los cocodrilos no son asesinos crueles e irracionales. Son asesinos crueles e inteligentes. Y al cocodrilo que yo tenía adentro no le importó un comino que estuviera en un lugar que no le correspondía. Fue directamente a lo que le concernía. Se concentró en lo que necesitaba hacer. Y lo que necesitaba era comer. El animal trató de sacudir la cola, pero como no tenía cola, sacudió mi… nuestro… no, mi trasero. -¡Rachel! ¿Qué haces? -No… no puedo… -Fue lo único que llegué a decir. El cocodrilo decidió que estaba cansado de tratar de cazar su presa a nado, así que iba a correrla. Y piernas sí tenía. Antes de que pudiera resistirme, estaba corriendo a toda velocidad, agitando los brazos como una idiota y arrastrando los pies como una loca escapada del manicomio. -Fui directamente hacia Jeremy Jason McCole. Me abalancé sobre él, lista para tragármelo con mis enormes mandíbulas de cocodrilo. El problema era que yo no tenía mandíbulas de cocodrilo. -¡Ahhhh! -gritó Jeremy cuando le pegué un mordiscón en el hombro. Cassie me tomó del brazo y me apartó de él. -¡Es fanática tuya, Jeremy! ¡Te ama! -¡Saca a esta loca de aquí! Traté de morder a Cassie. Un asistente de Bart Jacobs condujo a Marco fuera de escena y otro arrojó una tortuga gigantesca bajo las luces. dijo Marco. Le mordí el cuello a Marco. Por suerte, los dientes humanos no son muy peligrosos. Cassie me llevó a rastras y unos segundos después, un poco tarde quizá, yo volvía a ser Rachel. Pero mis problemas no se habían acabado, porque al mismo tiempo que resurgía mi mente humana, me di cuenta de que aumentaba de peso. Me sentía increíblemente pesada. La ropa me quedaba cada vez más chica, y sentía un tirón en las mangas y el cuello. De pronto me convertí en el Jorobado de Notre Dame. Algo muy grande me crecía en la espalda. Y me traía un mal presentimiento. Ahora comprendí a lo que había dicho Ax. Yo sabía que el adn del cocodrilo iba a ser expulsado de mi organismo. Lo que no sabía era que antes iba a transformarse en un reptil asesino de varios metros de largo. Pero lo triste es que eso no era lo peor. Toda esa locura me ponía muy nerviosa. Estaba furiosa y asustada. Es decir, me ponía furiosa sentirme asustada. Experimentaba una infinidad de emociones violentas. Y todavía no me había curado de la alergia. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2006 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 22:[/b] -¡Rachel! -exclamó Cassie, desesperada. -¡Ya sé! -¡Tenemos que salir de aquí! Cassie me tomó del brazo con fuerza y me sacó corriendo del estudio. En el camino, empujamos a Jeremy Jason, que retrocedió horrorizado ante la visión de la chiflada que lo había mordido. Después, pasamos junto a la mujer de la planilla, que me gritó: -¡Eh! ¡Espera! ¡No puedes irte! -¡Tiene ganas de vomitar! -dijo Cassie-. Creo que son los nervios. -¡Al final del pasillo, a la izquierda! -¿Qué vamos a hacer? -me preguntó Cassie. -¡Ya mí me lo preguntas! -chillé-. ¡ Tengo un cocodrilo que me sale por la espalda!¡Y… y creo que… grrr… gggggrrrrrrr! -Miré mis manos, horrorizada, y vi que me crecía un pelaje gris y grueso. Yo conocía muy bien ese pelo. Era el pelo de un oso gris. – ¡Ax dijo que tenías que concentrarte, controlar el proceso, o algo así! La miré indignada. Ya no podía hablar. Me transformaba en oso gris a una velocidad supersónica, y esta vez no eran solamente los pies. El hocico chato del oso comenzaba a salir hacia afuera; los dedos se me achicaban y las uñas se convertían en unas garras negras y curvas, capaces de destripar a un alce. Al mismo tiempo, el cocodrilo se arrastraba y se retorcía mientras trataba de salir por mi espalda. No dolía, pero era realmente espantoso. Lo más espantoso que había visto en mi vida, y eso que soy una chica con experiencia en esa clase de cosas. -¡Ay, no! -susurró Cassie horrorizada, con la vista clavada en lo que sucedía en mi espalda. Alguien trató de abrir la puerta del baño. -¡Ocupado! -Estoy apurada -gimió una voz de mujer. -Vaya a otro lado. Me lo va a agradecer –masculló mi amiga. grité no bien adquirí el lenguaje telepático. Mi amiga miró a su alrededor con desesperación. El baño era un lugar demasiado reducido para albergara un enorme cocodrilo y un oso gris. El cocodrilo ya pesaba tanto que me doblaba la espalda. En el espejo alcancé a ver la horripilante imagen de una boca de cocodrilo que crecía y sobresalía de mi propia nuca. El terrible peso del reptil me habría hecho caer si no fuera porque, mientras él crecía, yo me transformaba en oso gris. Y esos osos son sumamente fuertes. – ¡No tengo una metamorfosis que pueda ayudarme a dominar a un cocodrilo! -dijo Cassie-. ¡Ningún animal puede contra él! -¡No puedo! ¡Tu cola está obstruyendo la puerta! Me vi reflejada en el espejo: parecía una imagen sacada de una película de terror. ¡Una verdadera pesadilla! En el mismo cuerpo crecían dos cabezas: la del oso y la del cocodrilo. El cocodrilo abrió y cerró las mandíbulas, preparándose para morder. Me sorprendió que Cassie hablara en lenguaje telepático. Después, sentí como un gorgoteo, un deslizamiento. Parecía que alguien me arrancaba las tripas por la espalda. Sin embargo, no era doloroso sino más bien repugnante. A los pocos segundos, sentí que me libraba del peso del cocodrilo, y oí una serie de golpes violentos. El hereth illint había concluido: por fin había “eructado” al reptil. El animal estaba tendido sobre el piso de baldosas, incómodo, con su enorme cola enroscada contra un rincón y obstruyendo la puerta. En cuanto a mí, ya era un oso gris hecho y derecho. Estaba erguida, y mi cabeza inmensa y peluda rozaba el techo de ladrillo. Sentía la increíble fuerza de mis gigantescos hombros y el poder absoluto de ese animal invencible. No había ningún ser viviente que pudiera derrotar a un oso gris. Salvo… salvo quizás el enorme reptil que se encontraba a mis pies. Por arriba de la puerta de uno de los baños vi una ardilla acurrucada sobre la tapa del inodoro. Temblaba y se estremecía al típico estilo ardilla. dijo. Estaba muerta de miedo. Uno no sabe lo peligroso que puede ser un animal hasta que no es ese animal. Yo había sido cocodrilo. Los osos grises son animales muy fuertes. De un solo zarpazo pueden derribar a un caballo. Pero no tienen recursos para luchar contra un cocodrilo. Por más mortíferas que sean las garras del oso, no sirven de nada cuando deben enfrentarse a la armadura escamosa del reptil. Y una vez que el cocodrilo cerrara sus mandíbulas sobre cualquier parte del oso, alosa… es decir, a mí, sólo le quedaría rezar. El reptil me miró con frialdad y me mostró sus filosos dientes. Luego, se abalanzó sobre mí. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2006 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 23:[/b] Vi un destello de dientes. Después, una especie de ráfaga gris. Una cola peluda, unas manos pequeñas y un par de enormes ojos pardos pasaron a mi lado como una exhalación. La ardilla gris saltó por encima de una puerta, voló por los aires, aterrizó en la cabeza antediluviana del cocodrilo y empezó a arañarle sus enormes ojos rasgados. El cocodrilo se puso furioso. Se olvidó por completo de mí y comenzó a sacudirse como loco para sacarse a la ardilla de encima. En ese preciso instante, a alguien se le ocurrió entrar en el baño. -¡No encuentro otro baño! ¡Voy a tener que entrar! -dijo una mujer. El cocodrilo agitó la cola. Me abalancé sobre él dando zarpazos con una garra del tamaño de una lata de atún. Y fuimos a dar todos contra la puerta. ¡BUUUUUUM! ¡La puerta se vino abajo, y del baño se precipitaron un cocodrilo con una ardilla en la cabeza y un oso gris! -¡AHHHHH! -gritó la mujer. Creo que después de eso finalmente encontró otro baño. Pisé al cocodrilo y me desplomé sobre el suelo.En menos de un segundo, ya tenía al reptil encima. ¡Traté de pararme en cuatro patas, pero ese cocodrilo era más rápido que un rayo! Como no tenía tiempo de levantarme, decidí que la mejor forma de avanzar por el pasillo era impulsándome con las garras. Hundí mis garras de dos centímetros en la pared, tomé impulso y huí, colgándome de las paredes como un acróbata desquiciado. Disparé aterrorizada, destrozando todas las paredes en el” camino.” El cocodrilo me perseguía a gran velocidad, dando mordiscones en el aire a escasos milímetros de mis patas traseras. Cassie había estado a punto de caerse; por eso se aferraba al cuello del cocodrilo con todas sus fuerzas. Claro que ya no podía alcanzarle los ojos. Salí del pasillo sin dejar de avanzar con mis garras. Tomé un último impulso y aterricé en la zona de los camarines, arrastrando conmigo a un gigantesco cocodrilo y a una ardilla que chillaba enloquecida. Las personas que estaban en el estudio comenzaron a notar nuestra presencia. -¡Ahhhhhhhh! -¡Socorro! ¡Socorro! -¡Salgan corriendo! ¡Rápido! De pronto, sentí un mordiscón en la pata. -¡GGGGGRRRRRR! -aullé de dolor. Una llama se soltó de la soga del cuidador y corrió hacia el cocodrilo demostrando un coraje suicida. No había absolutamente nada que Marco pudiera hacer, pero de todos modos lo intentó. Y no pasó mucho tiempo antes de que saliera volando por los aires. Claro que un momento después se levantó como pudo y volvió por más. -¡Saca a esos animales de aquí! -gritó la mujer de la planilla. -¡Esos animales no son míos! ¡Le juro que no son míos! -protestó Bart Jacobs mientras corría a esconderse-. ¡No sé de dónde salieron! El cocodrilo empezó a morderme y triturarme los huesos de la pata. ¡Trataba de arrancarme la pata de un mordiscón! Yeso dolía. Dolía mucho. ¡GGGRRRRRR! -¡Ay, no! ¡Se va a arruinar el programa! -¿Qué hacemos? ¿Vamos a un corte? -¡Qué sé yo! ¡No importa! ¡Corre! ¡Ahhh! [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2006 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 24:[/b] A lo mejor fue la embestida valiente aunque insensata de la llama. O tal vez fue porque Cassie había vuelto a arañarle los ojos; lo cierto es que el cocodrilo abrió un instante las mandíbulas. Pero fue más que suficiente. Saqué mi pata triturada de adentro de su boca y traté de alejarme lo mínimo como para darme vuelta y luchar de frente. Como si fuera a servirme de algo. Por desgracia, este movimiento hizo que la batalla en su totalidad -el oso gris, la ardilla, la llama y el cocodrilo- se trasladara a la escena. Es decir, al lugar donde Barry y Cindy Sue trataban valerosamente de entrevistara Jeremy Jason McCole. Al mismísimo lugar donde Jeremy comenzaba a decir: -Queridos Barry y Cindy, quiero contarles que participo en una organización realmente maravillosa. Es más, creo que… Al lugar donde las cámaras pudieron tomar todos los gruñidos, mordiscos, zarpazos, chillidos, revotijos de pelo, ganas, colas, escamas y dientes. Barry pegó un salto en la silla y retrocedió a una velocidad asombrosa. Cindy conservó la calma. No se cansaba de repetir: -¿Le pueden pedir a Bart Jacobs que venga a llevarse sus animales de aquí? Por supuesto, Bart no era tan tonto para meterse en medio de una guerra entre un cocodrilo y un oso. -¡No son mis animales, pedazo de alcornoque! Pero la reacción más sorprendente fue la de Jeremy Jason. No salió corriendo; tampoco gritó. Simplemente se quedó petrificado, duro como una piedra. Lo único que movía eran los ojos: los abría cada vez más grandes. En ese momento, me di cuenta de que había aparecido un andalita, aunque tuvo cuidado en mantenerse fuera del alcance de las cámaras. ¡Era Ax! me preguntó Cassie con desesperación mientras trataba de pincharle los ojos al cocodrilo. dije en tono sombrío. De pronto, el cocodrilo sacudió el cuerpo con una violencia increíble. Jamás me hubiera imaginado que un animal pudiera tener una fuerza tan descomunal, ni siquiera el oso gris. Pero bastó un solo movimiento del cocodrilo para que todos nos enteráramos. Cassie salió despedida y fue a parar mucho más lejos que Marco. La perdí de vista mientras volaba por los aires, agitando la cola de ardilla como un barrilete. Y yo había quedado frente a frente con el reptil. El cocodrilo era un animal que se alimentaba con los antílopes y ciervos que él mismo arrastraba hacia el río. Yo era más grande que sus presas normales. Pero conmigo tenía cierto rencor especial. Había empezado a masticarme y yo me había escapado. Eso no le gustaba nada. Se me vino encima. Y permítanme decir una cosa: cuando un cocodrilo lo mira a uno con cara de hambre, no hay mucho que se pueda hacer. ¿Yo estaba asustada? Sí, claro. Si luchaba con el cocodrilo, seguro que me mataba. Así, de simple. dijo Jake. Jake nos había alcanzado. Y no parecía muy contento. En mi cabeza oí la voz de Cassie, que me decía en lenguaje telepático: gritó. dijo Marco. En ese momento intervino el destino. Marco trataba de pararse sobre sus patas de llama. De pronto, sus pezuñas resbalaron sobre el piso encerado y se cayó sobre el respaldo del asiento de Jeremy Jason. El actor -o el yeerk que se hallaba dentro de su cabeza- seguía paralizado de terror. Y ni siquiera se movió cuando se cayó del asiento y aterrizó justo frente al cocodrilo. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2006 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 25:[/b] El público gritaba con renovado horror. Cindy Sue finalmente perdió la calma y salió disparando. Barry daba órdenes ridículas dominado por el pánico: -¡Traigan una abrochadora! ¡Traigan una abrochadora! Al menos, eso es lo que me pareció oír. En realidad, yo estaba distraída mirando otra cosa. Jeremy Jason ya no estaba hecho una estatua. -¡Ahhh! ¡Ahhhh! ¡Ayúdenme! ¡Por favor, sáquenmelo de encima! Y, con mi borrosa vista de animal, me pareció ver que, de la oreja de Jeremy, salía algo gris y viscoso. En ese preciso instante, se apagaron las luces. gritó Cassie. ¡Oscuridad repentina! No era lo que se dice una boca de lobo, pero las cámaras ya no podían captar nada y el público, menos. Caos total en el panel. Una cosa es ver animales salvajes en escena. Otra, muy distinta, es estar sentado en medio de la oscuridad sin saber si esos animales salvajes van a lanzarse rabiosos hacia el público. En el estudio no se oían más que gritos. Gritos y rugidos de animales. Y, por encima de todo ese ruido, el chillido agudo y horrorizado de Jeremy Jason. -¡Ayúdenme! ¡Auxilio! Detrás del decorado alcancé a ver un movimiento rápido. De pronto, un andalita pegó un salto en el aire. Aterrizó directamente en el lomo del cocodrilo y agitó la cola. ¡De la cola del andalita salieron chispazos! Rápidamente, el cocodrilo saltó a Jeremy Jason. me contestó. No parecía muy contento. Yo sabía que los andalitas eran más fuertes de lo que parecían. Había luchado a la par de Ax alguna vez. Pero nunca había visto una cosa así. Ese cocodrilo era un tanque. ¡Parecía invencible! Y Ax lo había derrotado. le pregunté a Ax. Entonces, no había sido mi imaginación. ¡Yo había visto la babosa saliendo de la cabeza d Jeremy! El yeerk se había asustado. No quería morir en las fauces del cocodrilo junto con su cuerpo huésped. Seguramente se arrastraba por la oscuridad del estudio como un caracol sin su caparazón. preguntó Jake. le respondí. dijo Marco. gritó Jake. respondí enérgicamente. Miré la cabeza inmóvil del cocodrilo. Muerto y todo, me ponía los pelos de punta. Posiblemente, porque seguía muy cerca de un Jeremy Jason McCole histérico que no dejaba de proferir gritos e insultos. Salí disparando hacia el extremo del decorado. Mientras corría, sentí que una de mis enormes patas de oso pisaba algo. Era algo tibio y blando. Algo que parecía una babosa. dije. [b]© 1997 K.A. Applegate © Traducción de SEDET 2007 de la trascripción de MEDYG[/b]
[b]Capítulo 26:[/b] En el lavabo de señoras recobramos nuestra forma natural. Ax hizo lo contrario, adoptó su forma humana. Pero habíamos perdido a Cassie. -Yo me encargo de ella –dije-. Vosotros marchaos. Puede que sospechen si os ven por aquí, de que esté yo no se extrañarán. Regresé a la zona del plató, todavía a oscuras. No sé lo que Cassie había hecho con las luces, pero les estaba costando repararlo. Se oían gritos por todas partes y también muchos tacos. Doblé una esquina y casi me estrello contra la espalda de un hombre. Ni siquiera se volvió, de lo concentrado que estaba en la persona que tenía delante. -Sí –dijo una voz-, ¡hay que ver qué suerte tengo! La voz me resultaba extraña y familiar al mismo tiempo, como si ya la hubiera oído antes, pero no exactamente igual. Entonces comprendí. -Ya le digo, me caigo donde los cocodrilos, luego se me hunde la casa conmigo dentro y ahora esto. Me puse de puntillas, miré por encima del hombro de aquel señor y vi a alguien exactamente igual que yo. El hombre con el que hablaba era uno de los productores del programa. -Eres una chica con muy mala suerte –dijo el hombre. -Eso mismo digo yo –confirmó Cassie-. No hacen más que comentarme la suerte que tengo por haber sobrevivido y yo insisto en que de eso nada. -¿Sabes? –continuó el hombre mientras indicaba con la cabeza que la comprendía-, hubo un momento en el que llegué a pensar que… –dijo, sin terminar la frase. Luego se encogió de hombros y concluyó-: en cualquier caso el cocodrilo está muerto y tú sigues aquí después de todo. Me pegué a la pared; si se volvía y me veía le daría un síncope. Además, ¿y si se trataba de un controlador? No podía arriesgarme. -Sí, todavía doy gracias por haber salido de ésta. Bueno, y ahora me marcho. Debo encontrar a mi padre, que andará por ahí. No estaría mal si alguien, ya sabe, organizara un poco todo esto. Cassie lo apartó un poco y yo me di la vuelta para no sorprenderla. -¡Andalita! –exclamó el hombre. Me dio un vuelco el corazón. La estaba probando, quería ver si reaccionaba. Si mi amiga hacía el más mínimo gesto, si se detenía o dudaba, la descubriría. Por suerte supo salir del paso. Cuando él dijo lo de <>, ella siguió tan campante y replicó: -Sí, hasta la vista. Me puse a caminar tras ella. -Buen trabajo, hermana. -Oh, menos mal que ya estás de vuelta –exclamó-. ¡Lo estoy pasando fatal para controlar esta forma! -¿Tienes problemas siendo yo? ¿Qué es lo que te cuesta tanto? -Tu cerebro –respondió levantando una ceja de una manera que me recordaba tanto a Cassie como a mí misma-. No deja de incitarme a hacer tonterías. Los de la asistencia sanitaria pasaron a nuestro lado a toda prisa y nos empujaron. -Oye –continué cuando nos quedamos otra vez solas-, dije que íbamos a improvisar, ¿no?, y mira lo bien que ha acabado todo. Estamos todos vivos, a Jeremy Jason no le quedarán ganas de promocionar nada durante una buena temporada y menos la Alianza, y además yo pisé al Yeerk. -A pesar de todo, Jake te matará. -Cassie –dije riendo-, si yo fuera Jake, también me mataría. Estooo… Supongo que no te apetece seguir con mi forma otro ratito… -Ni soñarlo. -Cobarde. -Eso mismo. [b]©1997 K.A. Applegate 2007 de la transcripción de SagadeGeminis[/b]
[b]Capítulo 27:[/b] Dos días después, nos encontrábamos en la habitación del hotel viendo la tele. Todavía faltaba por lo menos otra semana antes de que acabasen de reconstruir mi casa. Mientras tanto, disfrutábamos del servicio de habitaciones y de televisión por cable. Allí estábamos, holgazaneando y comiendo tarta, todos los Animorphs: Cassie, ecologista radical, la defensora de los animales; Marco, el que se toma todo a broma y nuestro valiente, aunque modesto, líder. También había un chico de inquietante belleza: Ax, que es en realidad un Andalita, salvo cuando adopta forma humana. Tenía la cara llena de tarta. Como los Andalitas no tienen boca, cuando se transforma en humano el sentido del gusto le vuelve loco. El chico es peligroso en presencia de la comida. Y sobre el alféizar de la ventana había un fiero ratonero de cola roja. A tobias no le apetecía tarta. Veíamos la tele y picoteábamos lo que quedaba de tarta mientras empezaba a sonar una sintonía que nos resultaba familiar. Marco se inventó la letra. -[i]Noche de estrellas[/i], somos los que tienen más verborrea. [i]Noche de estrellas[/i], risas para ellos y ellas. Os divertiréis todo el rato y del cerebro no os quedará ni rastro. Jake le tiró una almohada y le dio en la cabeza. -Chiss –pidió Cassie -, que ya empieza. -Todos recordarán –empezó el presentador- la historia que les referíamos ayer sobre la increíble confusión que se formó durante la retrasmisión del show de [i]Barry y Cindy Sue[/i]. Algunos de los animales que llevó Bart Jacobs al programa se soltaron y provocaron una escena terrible, durante la cual, Jeremy Jason McCole, la joven estrella de la serie televisiva [i]Power House[/i], estuvo a punto de ser devorado por un cocodrilo. -Bien, pues tenemos novedades. Jeremy Jason Mccole ya ha salido del hospital y los doctores aseguran que se encuentra bien. Pero lo que no esperábamos es que, según ha confirmado su agente, Jeremy Jason deja la serie [i]Power House[/i] y se marcha del país. El agente de McCole se niega a revelar su paradero actual, pero fuentes fidedignas aseguran que ha sido visto en Uzbekistán, una pequeña nación de Asia Central. , repitió Tobias. -Supongo que es lo más lejos que ha encontrado para evitar a los Yeerks y a la prensa –aventuré. -¿Habrá cocodrilos en Uzbekistan? –se preguntaba Marco. -Me da la impresión de que no –respondí-. No creo que Jeremy Jason McCole vuelva a acercarse a un cocodrilo a menos de mil kilómetros de distancia. -O de un Yeerk, al menos si puede evitarlo –concluyó Jake. Cassie exhaló un suspiro que todos oímos. -¿Qué te pasa, Cassie? –preguntó Jake. -Es que es una lástima –respondió suspirando de nuevo-, porque era guapo de verdad. -Mmmmm –continué-, aquellos hoyuelos. -Aquel pelo. -Aquellos ojos. -Aquellos labios. -Ax –intervino Marco-, deberías habérselo dejado al cocodrilo. Ignoré a Marco, como siempre. -Es –aseguré- el chico más guapo que he visto en mi vida. -Ya basta –intervino Jake-. Marco, cambia de canal y pon [i]Los vigilantes de la playa[/i]. Me estiré para impedir que Marco se hiciera con el mando a distancia, pero fue más rápido que yo. -Ah, ahí está –dijo. Levanté la vista, esperando ver los bañadores rojos, pero en su lugar vi espadas y botas de cuero. Xena: la princesa guerrera, mi ideal de chica. Marco me guiñó el ojo. -Vale –dije-, esto sí se puede ver. [b]©1997 K.A. Applegate 2007 de la transcripción de SagadeGeminis[/b]

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