#8 El alienígena

Sinopsis:
¿Qué harías si fueses el único extraterrestre atrapado en un extraño planeta? Probablemente largarte, ¿no?
Pero ante esta situación, Ax, como un gran guerrero andalita, tiene que mantener la sangre fría. Ha estado en contacto con los animorphs desde que su hermano Elfangor, fue aniquilado por Visser Tres. La vida en la Tierra es muy diferente para Ax.
Pero comparte con los Animorphs una misión: parar a los yeerks…
Datos del libro:

El libro tiene 163 páginas.
En este libro, como nuevo personaje, conoceremos Alloran-Semitur-Corras, el Príncipe guerrero andalita que es ahora el portador de Visser Tres. Podéis conocer más sobre él en Las Crónicas Andalitas.
Lo narra Ax, un extraterrestre en un mundo lejano que no es el suyo, y por si fuera poco peso sobre sus hombros, también es el hermano pequeño de Elfangor, el Príncipe Andalita que dió a los Animorphs el poder de transformarse y que fue asesinado por Visser Tres, es por ésto que ahora, se ve en la obligación de vengar su muerte. A demás, aun no está seguro de poder confiar en estos humanos… y algunos de ellos empiezan a plantearse lo mismo sobre él.
Como nuevas palabras, encontraremos: ‘Aristh’, que significa ‘Cadete Andalita’; ‘Estreen’, que hace referencia a una persona como Cassie, ‘con un don especial para la metamorfosis; ‘Nothlit’, que hace referencia a una persona que ha quedado atrapada en una forma; ‘La Bondad de Seerow’, que es una ley andalita que establece que no se puede compartir tecnologías con otras razas; y finalmente ‘Shorm’, que tiene dos acepciones. La primera es el nombre que recibe la hoja de una cola Andalita, pero también se llama así a un verdadero amigo, alguien que podría poner la hoja de su cola en tu cuello y confiarías en que no te hiciese nada.
Las Nuevas transformaciones son:
   Ax adquiriá una Serpiente de Cascabel(11).

[b]Prólogo Antes de la Tierra…[/b] dijo el capitán Nerefir en lenguaje telepático. Yo me encontraba en el puente de nuestra nave Cúpula. Era un momento asombroso. Jamás había estado en el puente, porque me lo pasaba siempre metido en mi habitación o arriba, en la cúpula. Era un honor estar en el puente de batalla junto con los guerreros plenos, los príncipes y el capitán en persona. Se me concedía permiso porque era el hermano menor de Elfangor. De otra manera un aristh como yo -es decir, un cadete de guerrero- no estaría ahí. Sobre todo si se trataba del aristh que una vez se estrelló contra el capitán Nerefir tan fuerte que lo hizo caer, lo que le dejó un moretón en uno de los ojos antena. Había sido un accidente, claro, pero de todas maneras no es buena idea que los cadetes inferiores se estrellen contra los grandes héroes. Pero todos querían a Elfangor y, por ende, tenían que tolerarme. Ésa es la historia de mi vida. Aunque viviera doscientos años, probablemente aún sería conocido como el hermano menor de Elfangor. Salimos del espacio C o espacio Cero, un reino de blanca vacuidad, y regresamos al espacio normal. En los monitores lo único que veía era una negrura salpicada de estrellas. Y ahí, justo delante de nosotros, a no más de ochocientos kilómetros, había un planeta pequeño, casi todo azul. le pregunté a Elfangor dijo rápidamente Elfangor. Se le notaba un poco pálido, y le lanzó una mirada inquieta al capitán Nerefir. Creo que yo había hablado telepáticamente un poco fuerte. A Elfangor le preocupaba que el príncipe guerrero Nerefir hubiera oído. Pero yo estaba seguro de que no lo había dicho tan alto; es decir, realmente no creía… dijo el capitán Nerefir Elfangor me lanzó una mirada venenosa. dijo. Creo que en ese preciso instante mi hermano hubiera querido arrojarme por la esclusa de aire más cercana. Nerefir volvió lentamente sus dos ojos principales hacia mí. Era un viejo andalita temible, un gran guerrero, el ídolo de Elfangor. asintió con la cabeza le guiñó un ojo a Elfangor De pronto… exclamó el guerrero que ocupaba el puesto de los sensores. exclamó otro guerrero El capitán Nerefir volvió el rostro y sus ojos principales hacia mi hermano, al tiempo que miraba los monitores con sus ojos antena. El sentido del humor se había esfumado de su rostro. Sin embargo, Elfangor no había esperado a recibir la orden. Ya estaba prácticamente afuera. Al avanzar tras él, golpeé la puerta con la cola. me ordenó. protesté le dije. Sin embargo, un guerrero -hasta sea apenas un cadete- debe obedecer las órdenes. Elfangor era mi hermano, y también mi príncipe. Alcancé a oír los anuncios en lenguaje telepático, que provenían del puente: Elfangor y yo llegamos a un par de pozos de traslación. Los guerreros bajaban muy rápidamente y se dirigían hacia las plataformas donde se encontraban los cazas. Yo tenía que subir para llegar a la cúpula. El pozo de traslación estaba vacío. Me enojé: todo el mundo estaba peleando, menos yo. Cuando todo terminara, Elfangor sería mucho más que un gran héroe, y yo seguiría siendo el hermano menor, el niño. Elfangor vaciló un momento antes de proseguir. Arqueó su cola hacia adelante. Yo también estiré la mía, arqueándola por encima de mi espalda. Juntamos las cuchillas de la cola. me dijo mi hermano le dije, lo que sonó forzado y formal. Pero cuando se dio vuelta para ingresar en el pozo de traslación, no pude dejar que se fuera creyendo que me había enojado con él, y le dije: me contestó, riéndose Ésa fue la última vez que lo vi. Desapareció por el pozo de traslación. Yo subí hasta la cúpula, el corazón de nuestra gran nave. Era una extensa planicie redonda y abierta, con hierba, árboles y agua de nuestro propio planeta, cubierta por una cúpula transparente. Estaba solo ahí, el único ser que iba a bordo de la gran nave y que no era un guerrero. El único que no podía luchar en ninguna batalla. Podía ver el planeta azul sobre mi cabeza, colgando en un cielo negro. Tenía una luna, una simple esfera muerta, de polvo. Sin embargo, se veía que había vida en el planeta. Vi nubes blancas arremolinándose. La luz del sol amarillo del planeta se reflejaba en los vastos océanos. Se sabía que estaba habitado por una especie bastante inteligente. En la escuela habíamos aprendido un poco sobre esos seres. Con los ojos principales observé los brillantes destellos que producían los gases de los motores a medida que nuestras naves caza se lanzaban contra el embate de los yeerks. Yo me hallaba lejos del puente de batalla, fuera del alcance del lenguaje telepático. No oía nada en mi cabeza. Y mis oídos sólo registraban el sonido de una brisa suave y artificial que agitaba las hojas de los árboles. Estaba parado sobre hierba azul verdosa y miraba diminutos puntitos de luz, mientras la batalla se desarrollaba en la órbita del planeta azul. Y luego… sentí un temblor que recorrió mi mente. Una ola de frío… una premonición, una suerte de pesadilla. Dejé de observar la batalla con mis ojos antena y dirigí la mirada hacia la luna muerta del planeta azul. Vi entonces la figura negra contra la luz blanca grisácea de la luna. Una figura en forma de hacha de guerra retorcida. murmuré Todas nuestras naves caza habían partido. La nave Cúpula contaba con armas poderosas, pero la nave espada era rápida y maniobrable. ¡Demasiado rápida! Los guerreros que se encontraban en el puente de batalla no tenían alternativa. Para poder luchar, tenían que separar la cúpula. Sentí chirridos y crujidos cuando la cúpula se soltó del cuerpo principal de la nave y quedó a la deriva. Luego… silencio, mientras la cúpula flotaba en libertad. Lentamente, el resto de mi nave rotó y pude verla. Sin la cúpula, se asemejaba a una vara larga con una gran protuberancia al final donde se encontraban los motores, y una más pequeña en el medio, donde estaba el puente de batalla. Intentaban da la vuelta para enfrentar a la nave espada. Demasiado lenta. ¡La nave espada abrió fuego! Rayos dragón, brillantes como un sol, atravesaron el espacio. La nave disparó otra vez. Y otra. Y otra más. ¡Una explosión de luz! Una explosión silenciosa como una pequeña estrella nova. La nave… mi nave… estalló y se separó en átomos. Un inmenso destello de luz, y cien guerreros andalitas murieron. La onda expansiva chocó contra la cúpula y se transformó en sonido. La hierba bajo mis pezuñas me golpeó violentamente. Un traqueteo, una sacudida y una vibración terribles. Se me doblaron las rodillas y caí sobre la hierba. ¡Todo estaba dando vueltas! ¡Desenfrenadamente, fuera de control! Sentía que la gravedad artificial se debilitaba. Los estabilizadores habían fallado. La cúpula estaba cayendo. Se hallaba fuera de órbita. Caía por el pozo de traslación hacia el planeta azul. La atmósfera que brillaba al rojo vivo transformó en fuego el cielo sobre mi cabeza. Los motores de emergencia se encendieron con un fuerte silbido, pero sólo pudieron aminorar la caída, no detener la nave. La cúpula se precipitaba a toda velocidad, descendía a toda prisa por la atmósfera, hacia el mar brillante. ¡BUUM! ¡La cúpula chocó contra el agua! Agua hirviendo, muy caliente la cubrió. ¡Me estaba hundiendo en el océano del planeta azul! Yo no podía hacer nada. Me sentía aterrorizado. Solo. Después de una eternidad, se oyó un crujido muy fuerte cuando la cúpula chocó contra el lecho del océano. Al mirar hacia arriba, casi no pude ver la superficie del agua, unos treinta metros o más sobre la cúpula. Tembloroso, me enderecé sobre mis cuatro pezuñas. Estaba parado sobre una amplia planicie abierta que era una parte de mi propio planeta. Un parque azul verdoso sumergido en un mar alienígena. Y allí esperé durante unas semanas. Utilicé el leguaje telepático para pedirle ayuda a mi hermano. Sabía que me salvaría… si era que estaba vivo. Pero al fin, no fue Elfangor el que me encontró, sino cinco criaturas del planeta. Cinco “humanos”, como se denominan. Ellos fueron los que me contaron sobre los últimos minutos de vida de Elfangor. Mi hermano había violado la ley y las costumbres andalitas al otorgarles a estos humanos el poder de transformarse. Me horroricé, pero intenté disimularlo. Y ellos eran testigos de la muerte de Elfangor, de su asesinato a sangre fría a manos del líder supremo yeerk: Visser Tres. Visser Tres, que mató salvajemente a mi hermano, indefenso y herido. Visser Tres, el único yeerk que se apoderó de un cuerpo andalita. Visser Tres, el ser abominable, como le decíamos. El único controlador andalita. Él había matado a Elfangor, y sobre mis hombros recaía un peso terrible. Según las costumbres de mi pueblo, me veía obligado a vengar la muerte de mi hermano. Algún día tendría que matar a Visser Tres. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2005 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]La Tierra…[/b] [i]Es posible que lo primero que un andalita note acerca de los humanos sea que utilizan sólo dos piernas para caminar. Resulta muy extraño ver tantas criaturas balancearse de esta manera. Sin embargo, nunca se caen. [/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] Mi nombre completo es Aximili-Esgarrouth-Isthill. Mis amigos humanos me llaman Ax. Soy un andalita joven, tengo cuatro patas. También tengo dos brazos y una cola. Me dicen que parezco una cruza entre un ciervo, un escorpión y un humano. He visto ciervos en el bosque y no estoy de acuerdo. Para empezar ellos tienen boca y yo no, y tienen dos ojos solamente, mientras que yo tengo cuatro. En cuanto a los escorpiones, sólo vi fotografías. Hay un parecido en lo que respecta a la cola: la cola de un andalita también se curva hacia arriba y tiene una cuchilla filosa en la punta. Como todo andalita, puedo transformarme. No es algo innato: es tecnología que hemos inventado, y somos la única raza de la galaxia que la posee. Por supuesto, exceptuando a mis amigos humanos. Ellos también pueden transformarse, pero gracias a la ciencia de los andalitas. Y gracias a que mi hermano violó nuestras propias normas y les otorgó esa facultad. El único gran problema de la metamorfosis es que tiene un límite de tiempo: dos horas terrestres. Ese límite planteaba un problema ya que mis amigos humanos y yo emprendimos una misión particular. Se trataba de una misión que requería cuidado para idear un plan y calcular el tiempo. Los peligros eran muchos. Estábamos por ir al cine. – Entonces, éste es el trato, Ax – me explicó Marco – Puedes ver la primera hora de la película y nada más. O sea que te llevamos al cine del centro comercial, y ves la película durante una hora. Después, te traemos de vuelta al bosque para que te transformes. Una película. Las películas constituyen una parte importante de la cultura humana. Yo había decidido que, ya que estaba atrapado en la Tierra junto con estos alienígenas, lo menos que podía hacer era aprender algo sobre ellos. Era probable que nunca llegara a ser el gran héroe que había sido Elfangor, pero seguramente podría convertirme en el mayor experto sobre los humanos. Desde luego, tendría que ir al cine ya trasformado. No podía aparecer en público como un andalita porque habría aterrorizado a los humanos. Y los controladores (es decir, los humanos infestados de parásitos yeerks) habrían intentado matarme. Algo que habría arruinado toda la experiencia de ir al cine. Tendría que hacer la transformación, adoptar un cuerpo diferente. Pero se trataba de una trasformación que yo ya había hecho antes de repetidas ocasiones. No esperaba que surgiera ningún problema. Estábamos todos parados bajo el camuflaje que nos proporciona el bosque donde ahora vivo: el príncipe Jake, Marco, Rachel y Tobías, aunque Tobías estaba un tanto alejado. – Muy bien, hagámoslo – dijo Jake, formando palabras con los sonidos que emitía su boca. Miró el reloj y agregó: – Rachel, ¿tienes listo el plan de emergencia? ¿Dónde tiene que ir Ax en caso de que necesite una trasformación urgente? – A los probadores de Nordstrom. Son grandes y discretos, los mejores del centro comercial. Cassie y yo estaremos apostadas fuera del cine, listas para acompañarlo hasta allí si se produce alguna situación de emergencia. – Y Rachel prometió no detenerse en el camino para comprar en Juniors Miss – dijo Cassie, con una sonrisa burlona. Jake levantó la vista al cielo. Por encima de las copas de los árboles, un halcón de cola roja flotaba en una brisa cálida. – ¡Tobías! – gritó Jake contestó Tobías en lenguaje telepático Tobías es un nothlit: una persona que quedó transformada para siempre. Es lo que pasa si una se excede en el plazo de las dos horas. Tobías es humano, pero tiene el cuerpo de un halcón. Se ha adaptado bien a esta vida nueva y extraña. Vive conmigo en el bosque. Durante mucho tiempo estuve esperando que Tobías me hiciera la pregunta que debió haberlo perseguido día y noche: si alguna vez le sería posible abandonar ese cuerpo de halcón. Pero nunca lo preguntó. Creo que le tiene miedo a la respuesta; así que no le ofrecí ninguna. – De acuerdo – dijo Jake – Empecemos. Comencé a hacer la metamorfosis. La primera sensación que tuve fue casi nauseabunda, como si algo se deslizara, se derritiera, a medida que mis órganos comenzaban a desplazarse. Cuando me dejaron de latir el segundo y el tercer corazón, tuve un pequeño sobresalto que me dio miedo. Oí un chirrido desde adentro de mi cuerpo cuando mi columna comenzó a encogerse. De pronto, yo corría peligro de caerme de boca a medida que se me marchitaban las patas delanteras. Los brazos se me volvieron más gordos y fuertes, pero se derritieron dos dedos de cada mano, y quedé con cinco dedos en cada una. Se me ensancharon los hombros para sostener los grandes brazos. Y mis patas traseras se volvieron más robustas, ya que debían aguantar más peso. Los tallos que tengo en la cabeza comenzaron a replegarse, por lo cual cada vez veía menos con mis ojos antena, como cuando se apagaba la luz. De pronto ya no estaban, y me habían quedado apenas dos ojos. Eso es algo que no me gusta: el hecho de tener nada más que dos ojos me parece que me limita. Sólo se puede ver en una dirección a la vez. Ni siquiera puedo ver a mis espaldas. Mi columna continuaba encogiéndose. De hecho, ya no tenía más columna en la cola, lo que la dejó flexible como una soga. Luego, los restos débiles de mi cola simplemente desaparecieron. – Sosténganlo, se va a caer – dijo el príncipe Jake. Marco y él me sostuvieron para mantenerme de pie, ya que mis patas delanteras desaparecieron por completo. – ¡Eh, la ropa! – dijo Rachel – La ropa, Ax. No te olvides del traje que usas para transformarte. A medida que el cuerpo me seguía cambiando, también apareció el traje ajustado que usaba siempre en estas circunstancias. Trasformar la indumentaria es un truco muy difícil. Lo único que se consigue hacer son prendas demasiado ajustadas. – ¿Terminaste? – me preguntó el príncipe Jake. Repasé: estaba parado precariamente en dos piernas, tenía dos brazos fuertes y diez dedos fuertes, la mayor parte de mi cuerpo no tenía pelaje, mis ojos eran débiles y servían para ver nada más que lo que tenía delante, el sentido del oído era normal y el cerebro me funcionaba normalmente. Y tenía boca. – Sí – le dije, utilizando la boca – Sssssssí. Ssssss. Ssssí. Estoy transformado en humano. Me había trasformado en humano. El ADN provenía de muestras que, un tiempo antes, había obtenido de Jake, Cassie, Rachel y Marco. Me hubiera gustado tener el ADN de Tobías, pero no era posible dado que era un nothlit. Mis amigos humanos tienen algunas diferencias, pero todos tienen sólo dos piernas, dos brazos y dos ojos. Y una sola boca. El príncipe Jake es alto, de tez pálida y pelo castaño. Cassie es más baja y de piel más oscura, y tiene el cabello castaño más oscuro. Marco también es más bajo y de tez intermedia, y pelo castaño y largo. Rachel es más alta y pálida, además de rubia. Ninguno tiene cola de ninguna especie. – Esto siempre me pone la piel de gallina – dijo Marco, mirándome de costado – Es como si nos pasaran a nosotros cuatro por la licuadora. Juraría que tiene mis ojos. – Lo que resulta raro es que cuando lo miro pienso: “Que atractivo es” – dijo Rachel – Y luego le noto algún parecido con Cassie, o lo que es peor, ¡conmigo! – ¿Qué? ¿Rachel enamorada de sí misma? – dijo Marco, utilizando una entonación de los sonidos que los humanos denominan ironía. Luego puso cara de preocupación y agregó: – Todavía no estoy seguro de que esto sea una buena idea. Los controladores podrían… – Eh, eh – lo interrumpió el príncipe Jake – No estamos hablando sobre los controladores, los yeerks ni Visser Tres. Nos vamos a tomar un descanso. Hemos peleado una batalla tras otra y destruimos la Kandrona. Le ganamos al monstruo Veleek, y ahora nos tomamos unas bien merecidas vacaciones. Ax desea aprender más acerca de los humanos, y eso es lo que estamos haciendo. Nunca fui lo que se dice un buen alumno, pero me podía imaginar cómo actuarían mis compañeros andalitas cuando finalmente me rescataran. Me preguntarían: “”. Y yo les diría: “”. El truco sería llegar a conocer bien a los humanos sin dejar que ellos se familiarizaran mucho con los andalitas. Había ciertas cosas que nunca les podría contar, cosas que incluso podrían ponerlos en mi contra. – Deberíamos atacar a los yeerks de nuevo mientras están débiles – propuso Rachel – Sabemos que, durante una semana, no tendrán una nueva base de Kandrona en la Tierra. Seguramente todavía se están muriendo debido a la falta de rayos kandrona. ¡Deberíamos atacarlos! Los yeerks son una raza de babosas parásitas que viven dentro del cerebro de otras especies. Dominan por completo el cuerpo del huésped, y lo transforman en un “controlador”. Hay controladores hork-bajirs, taxxonitas, y cada vez hay más humanos. Cualquier humano puede ser un controlador, y no hay forma de saberlo. El único que puede saberlo es un andalita. Yo estaba de acuerdo con Rachel pero también entendía la cautela del príncipe Jake: ningún guerrero puede estar peleando todo el tiempo. – Miren, chicos – dijo el príncipe – Hemos asestado un duro golpe a los yeerks. Fue un buen trabajo. Pero también sabemos que están instalando una base de kandrona de repuesto, así que no hay porqué suponer que están débiles. Además, si realmente lo están todavía no lo han demostrado. Yo esperaba ver yeerks morir a diestra y siniestra, y que volvieran a ser libres los que antes eran controladores. Eso no sucedió. De alguna manera han logrado sobrevivir. – No hay modo de saber qué está sucediendo con los yeerks – señaló Cassie – El hecho de que no los hayamos visto sufrir no significa que no hayan sufrido. – Está bien. Y ya estamos otra vez hablando de los yeerks – dijo Jake, impaciente – Acabamos de librar una batalla muy pero muy desagradable, y estuvimos muy cerca de la muerte. Y no es la primera vez. Tratemos de distraernos y ser normales. Nos vamos al cine. Y nos vamos a divertir. Y nadie… me refiero a Rachel… va a buscar pelea. – ¿No te encanta cuando se pone tan enérgico? – le preguntó Marco a Cassie – A veces se parece mucho a Schwarzenegger. – Bien, Ax, hora de vestirse – anunció Jake – Príncipe Jake, ya estoy usando este traje – le dije, señalando lo que me cubría el cuerpo – Usando. U-san-do. Ando. El hecho de emitir sonidos con la boca es una sensación increíble. Las palabras se forman al hacer vibrar la garganta y ubicar la lengua. Pero algunos sonidos son mejores que otros. Es maravilloso decir “ando”. – No me digas príncipe – me pidió el príncipe Jake – Ax, estás vestido como un hombre rana – dijo Marco – No puedes aparecer en público con calzas y una camiseta ajustada – dijo Rachel – Estás totalmente fuera de moda. Aquí tienes. Me alcanzó un bolso en el que había varias prendas. Me llevó varios minutos lograr vestirme. Hay que recordar muchas cosas, y sólo una manera de usar cada una. Por ejemplo, las medias van en los pies y no en las manos. Cuando terminé, todos me miraban fijo. Hasta Tobías bajó volando para observarme. – Rachel, te juro que parece como si estuviera por irse a un club hípico a jugar al polo – dijo Marco – Yo sabía que no debíamos dejarte escoger la vestimenta. Tal como está es un imán que va a atraer a los matones. Hasta yo quiero pegarle. – Esta ropa le da un aspecto estilo clásico – dijo Rachel, enojada – ¡Como si tú fueras el rey de la moda! Alguien que se viste como Beavis. – Para mí está muy bien – dijo Cassie. acotó Tobías desde el árbol en el que estaba posado. – ¿En serio? – pregunté. dijo Tobías “Ax-man”. Así me dice Tobías algunas veces. – Vamos, Ax – dijo el príncipe Jake con una sonrisa – Deprisa. Si alguien intenta golpearte, te protegeremos. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 2:[/b] – No entendí el argumento de esa película – dije. Estábamos en una sala de cine. Yo estaba “sentado”, lo que implica doblar el cuerpo y apoyarse sobre los depósitos de grasa que se encuentran al final de la espalda. – Sólo era un avance, Ax – dijo el príncipe Jake – Es para que tengas una idea de qué se trata la película una vez que se estrene. – Sí. Ya veo. ¿Por qué la pantalla es plana y bidimensional? Pantalla. Ta-lla. – Porque así son las películas. – ¡Ah! – ¿Quieres palomitas de maíz? – preguntó Marco. Tenía abierta en la mano una caja que había comprado un rato antes. Me la acercó. – ¿Es alimento? – pregunté – Bueno, algo así – dijo el príncipe Jake – Pero Ax, ya sabes lo que te pasa con la comida, ¿eh? Así que recuerda: no exageres. Observé a Marco comer palomitas de maíz. Hice lo mismo que él: metí mis grandes dedos humanos dentro de la caja. Extraje un puñado de esa comida y me lo lleve a la boca. Y mastiqué. La textura era áspera y extraña. ¡Y el sabor! Me hacía acordar a un alimento llamado “pizza”. Pero le noté un dejo a colillas de cigarrillo, que también me gustan, aunque el príncipe Jake me había advertido que no volviera a comer colillas porque hacen mal. Volví a extraer otro puñado de palomitas y mastiqué. Y otro más. – ¡Son excelentes! – exclamé. – Para mí tienen gusto a viejo – dijo Marco. – ¿Qué sabor es este? ¿Cómo se llama? – No sé. ¿Salado? ¿Grasoso? – ¡Salado! – dije, saboreando el sonido mismo de la palabra – ¡Salado! ¡Y grasoso! ¡Ossso! – Eh, bajen la voz que está por empezar la película – dijo alguien sentado en la fila de atrás. – Salado. Lado. Grasoso. Oooossssoooo. – Ax, no hables tan fuerte – sugirió el príncipe Jake. – Aquí tienes, quédate con la caja – dijo Marco. Me dio la caja, y rápidamente me comí lo que quedaba. – ¡La caja no! – aulló Marco – ¡La caja no se come! – Era salada y grasosa – señalé. – Ay, Dios. ¿Ya es hora de irnos? – le preguntó Marco al príncipe Jake – Dime que ya es hora de irnos. En ese momento empezó la película. Trataba sobre humanos y no humanos vestidos de uniforme. Parecía que estaban en una especie de nave espacial. – ¿Qué clase de nave es ésa? – pregunté – Se parece un poco a un carguero Hawjabran. – Es la Enterprise – me respondió el príncipe Jake – No es real, es de mentira. – Sí, ya sé – dije – Ya sé cómo es una nave interestelar de verdad. Marco y el príncipe Jake se miraron y sonrieron. El guión de la película me aburrió muy rápido. Para empezar, había un personaje que claramente era un ongachic, pero en la película a esta criatura la llamaban “Klingon”. No tenía sentido. Sin embargo, por accidente descubrí algo increíble: ¡había más palomitas de maíz! Estaban en unas cajas abandonadas en el piso. No las había visto en la oscuridad. Tenía una caja medio llena justo a lado del pie. Me las comí con rapidez. Luego encontré algo más en el piso, al lado de la caja. Era una caja más pequeña, que adentro tenía tres pequeños glóbulos marrones. Comí los glóbulos marrones. En ese momento, tuve la sensación de que el mundo entero se había detenido. ¡El sabor superaba toda descripción! Esos glóbulos eran totalmente distintos de cualquier cosa que hubiese probado hasta ese momento. Sentí que mi vida había cambiado, que me elevaba más allá de los sentidos comunes hasta un nuevo plano. ¡Más! ¡Quería más! Me arrodillé y empecé a buscar. Me arrastré por el piso, buscando más. Al menos cuando gateaba iba en cuatro patas. Además, los humanos habían cubierto el suelo con sustancias pegajosas, que impedían los resbalones. No encontré más cajas de glóbulos. No obstante, había un paquete de plástico, pequeño y arrugado, y adentro descubrí un trozo que tenía un aroma bastante similar al de los glóbulos. Me lo puse en la boca. ¡Sí! ¡Era el mismo sabor, el mismo sabor milagroso y celestial! Y sin embargo… en cierta forma era diferente. Más crocante y mezclado con otros sabores. ¡El suelo del cine estaba lleno de artículos valiosos! Seguí gateando. Tuve que deslizarme con dificultad entre varios humanos sentados, que protestaron en voz alta al verme pasar. – ¡Eh, idiota! ¿Qué estás haciendo? – ¡Vete de aquí, anormal! Pero nada lograba distraerme. ¡Quería más de la asombrosa comida marrón! ¡Más! De pronto, otra cajita llena hasta la mitad de pastillas de colores vivos. ¡Y además, dentro de la caja había un poco más de la mágica comida marrón! Más. ¡Más! ¡Quería más! ¡Allí! Un humano más joven tenía en la mano una caja entera de los glóbulos marrones. Pero yo no podía tomarlos como si nada; antes debía pedir permiso. Miré al humano desde el suelo. – Entrégame tus glóbulos marrones, por favor – le pedí – Glóbulos. Lóbulos. – ¡MAMÁÁÁ! – ¿Pero qué haces? – preguntó otro humano. – ¡MAMÁ! ¡Quiere quitarme mis caramelos! Oí una voz más conocida, la de Marco. – ¿Dónde está? Jake, ¿dónde está Ax? – ¡Lo único que quiero es disfrutar de los glóbulos marrones! – le expliqué al niño, que gritaba como loco. De pronto, sentí que el príncipe Jake y Marco me tomaban de los brazos. Me levantaron del piso y me llevaron a rastras hacia afuera. – ¡Glóbulos! – exclamé. Intenté quitarle de un manotazo la caja que sostenía el pequeño humano. – ¡Glóbulos! [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 3:[/b] [i]Un andalita transformado en humano corre diversos peligros. Para empezar, puede perder el equilibrio y caer en cualquier momento. Basta un empujoncito para que se desplome. ¡Pero el peor de todos los peligros es el sentido del gusto, que puede volverlo loco! Especialmente si se trata de pancitos de canela o de chocolate.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] Cuando Marco y el príncipe Jake terminaron de sacarme de la sala de cine a la rastra, yo ya me había calmado. Salimos a un lugar soleado donde se estacionan los vehículos. – Bien, creo que aprendimos una lección – dijo el príncipe Jake – Ax no debe comer chocolate. – ¿Chocolate? ¿Choco? ¿Colate? – dije, experimentando con la palabra – ¿Los glóbulos marrones se llaman chocolate? ¿Cómo se llaman las pastillas de colores vivos? – En realidad, los glóbulos son pasas de uva recubiertas con chocolate, y las pastillas, grageas. ¿Ya te tranquilizaste? – preguntó el príncipe Jake – Sí – dije, con voz temblorosa – Yo… ¡el sabor era tan maravilloso! Cassie y Rachel salían en ese momento del centro comercial. Nos miraron con curiosidad, pero no se acercaron. Como siempre, teníamos cuidado de no dar la impresión de ser un grupo. Lo controladores están en todas partes. De pronto, oí un mensaje en lenguaje telepático. Era Tobías, vigilando desde muy alto. Por supuesto nadie podía responderle ya que los humanos pueden utilizar la telepatía sólo cuando están transformados. Y, dado que yo estaba convertido en humano, el único lenguaje que podía utilizar era el oral. dijo Tobías En ese preciso instante yo también lo oí. Se trataba de un humano de voz ronca que gritaba muy alto. – Allí – dijo Marco, lacónicamente. Apareció un hombre. Se notaba que le costaba mantenerse en pie. Se apoyó contra la pared exterior del negocio y luego siguió avanzando a los tumbos. Otros humanos lo observaban fijamente y se alejaban. – ¡Escúchenme! ¡Escúchenme! – exclamaba, mirando como loco hacia todos lados – ¡Están aquí! ¡Está aquí! ¡Están en todas partes! ¡Los yeerks están aquí! Sentí como si mi cuerpo humano hubiera recibido una descarga eléctrica. El cuerpo humano se pone muy tenso ante la sorpresa. El príncipe Jake y Marco tuvieron la misma reacción. Oí el ulular de sirenas que se acercaban. – ¿Qué hacemos? – preguntó Marco. Jake se volvió rápidamente hacia Rachel y Cassie, y les hizo un gesto con la mano. – Sepárense – dijo. – ¡Estááááán aquííííí! – exclamó el hombre – ¡Aayyyy! – De pronto, se tapó la oreja izquierda con las dos manos. – ¡Te atrapé! ¡Te atrapé! ¡Muérete! ¡Muérete! – Es un controlador. El yeerk que tiene dentro de la cabeza se está muriendo – dije. La mirada de Jake se cruzó con la mía. – Ya lo sé. Ya lo viví – dijo. Asentí en silencio. Jake había sido controlador, pero por poco tiempo. Nosotros logramos apresar a Jake y hacer que el yeerk muriera de hambre. Los yeerks viven en el cerebro de otras especies, pero cada tres días terrestres deben sumergirse en un estanque especial para empaparse de rayos kandrona. Sin esos rayos, pasan hambre y mueren. Los rayos kandrona se obtienen de un dispositivo denominado “Kandrona”. (En realidad, es un generador de partículas y ondas de kandrona.) Los rayos se filtran y luego se concentran en un estanque, donde se nutren los yeerks. Habíamos localizado y destruido la base terrestre de Kandrona. – ¿Por qué sucede esto ahora? – preguntó Rachel – Nosotros destruimos la base de Kandrona hace semanas y parecía que nada iba a suceder. Entonces, ¿por qué ahora? Me encogí de hombros, como hacen los humanos para indicar que no conocen la respuesta. – No sé, Rachel. Quizá los yeerks hayan llegado al límite. El hecho de llevar a los controles a la nave nodriza y traerlos de vuelta tiene que haber sido un gran esfuerzo en lo que a sus recursos se refiere. Fie-re. Quizás algo se rompió. – Yo creía que a ustedes, los seres del espacio, no se les rompían las cosas – dijo Marco. – Las cosas se rompen – afirmé – Rompen. Pen. – Bueno, como sea. Un yeerk menos – agregó Marco, severo. El hombre gritaba y se tiraba de la oreja. Alcancé a ver la pegajosa punta del yeerk agonizante cuando salía deslizándose de la cabeza del individuo. – ¿No podemos ayudarlo? – preguntó Cassie. Tanto ella como Rachel habían desobedecido la orden de separarse que había dado el príncipe Jake. Estaban con nosotros mientras observábamos, horrorizados y paralizados. – No debemos meternos en esto – aconsejó el príncipe Jake – Pero es probable que por fin esté comenzando. Puede que sea sólo este hombre, pero quizás haya más. ¡Por fin! Supuse que esto iba a empezar semanas atrás. ¡Los yeerks estás agonizando! Pronto los controladores quedarán libres y volverán a ser humanos. – Sonrió. Tenía una mirada indómita – Morirán, ¡y los huéspedes serán libres! Al principio, la gente creerá que están locos pero, ¿qué pasará cuando haya diez, veinte, cincuenta personas gritando cosas sobre los yeerk? No podrán ocultarlo mucho tiempo, claro que no. Había elevado la voz, y las palabras le salían con más rapidez. Obviamente, estaba excitado. De pronto llegó una ambulancia seguida de dos patrulleros policiales, todos con luces brillantes y sirenas atronadoras. – ¡Ja! Estoy seguro de que algunos de los policías son controladores, pero no todos. Jake tiene razón. ¡La verdad saldrá a la luz! ¡Esto funcionará! ¡Seguro que la verdad saldrá a la luz! – Pronto tiene que llegar la Kandrona de repuesto – señaló Rachel – Tendríamos que haber visto más casos de estos. Los yeerks seguramente encontraron la manera de evitar que esto sucediera hasta el momento. Racel es una guerrera de raza. No subestima a sus enemigos. No estaba dispuesta a hablar de victoria antes de tiempo. Pero todos los demás estaban muy contentos. Creían que morirían muchos yeerks, y que los huéspedes quedarían libres para revelarle la verdad al mundo. Creían que habían ganado la guerra. Sentí tristeza por ellos porque yo sabía la verdad. Sabía el modo en que operaban los yeerks. En ese momento, casi se lo cuento al príncipe Jake. Él tiene una razón especial para sentirse esperanzado: que su hermano Tom es un controlador. Lo que más ansía en el mundo es la libertad de su hermano. Sin embargo, yo sabía que ese controlador que gritaba y tenía el yeerk agonizante en la cabeza era sólo un descuido. Algo había fallado en la labor secreta de los yeerks, pero yo sabía que no se proponían dejar testigos. Sabía, también, el fin que iba a tener ese pobre humano que estaba a los gritos. Jake era mi príncipe, mi líder. Pero si le contaba… me haría otras preguntas que yo no podría responder. No podría hacerlo sin revelar la terrible verdad oculta tras la ley de la Amabilidad de Seerow. Algunos humanos se bajaron corriendo de la ambulancia y de los patrulleros. Probablemente, como ya lo había señalado Marco, la mayoría eran humanos genuinos y normales. Agarraron al hombre, que seguía arrancándose el yeerk del oído. – ¡Ay, por Dios! ¿Qué es eso? ¡Se está arrancando los sesos! – gritó un policía, horrorizado. – ¡Los yeerks! ¡Están aquí! – gritaba el humano – ¡Que se mueran! ¡Que me dejen y se mueran! ¡Quiero la libertad! Los policías rodearon al hombre y lo metieron en la ambulancia. Lo que vino a continuación fue un cuadro fuerte, a menos que uno ya lo supiera de antemano: el momento en que uno de los policías extrajo de su bolsillo un pequeño cilindro de acero y lo apretó contra la nuca del hombre. – ¡No lo puedo creer! A lo mejor sucede, no más. Quizá las personas lleguen a conocer la verdad – se regocijó Cassie. – Ahora tienen un yeerk genuino y vivo en su poder – dijo el príncipe Jake – No pueden ocultar eternamente este asunto. Otra vez pensé en contarles la verdad: que el humano ya había muerto, que la babosa yeerk se desintegraría, que no quedaría ninguna prueba. Sin embargo, pese a que esos humanos eran mis amigos y que peleábamos codo a codo, había algunos secretos que no podía revelarles. No podía contarles como una raza de babosas parasitarias se había convertido en un peligro para toda la galaxia. No podía contarles por qué razón los andalitas debíamos luchar contra los yeerks, por qué no nos quedaba más remedio que combatirlos, por qué los odiábamos tanto. Nosotros, los andalitas, guardamos secretos. Y el mayor de todos es nuestra propia culpa. – ¡Es grandioso! – exclamó en príncipe Jake, con una sonrisa. – Sí, grandioso – repetí. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 4:[/b] Al día siguiente, en el momento en el que el sol se asomaba en el horizonte, yo estaba de pie junto al pequeño arroyo del que bebo todas las mañanas. Una hierba agreste, mezclada con hojas de árbol y agujas de pino, cubría el suelo y bajaba hasta el agua. El sol apenas podía verse a través de un hueco entre los árboles del bosque. dije, y sumergí la pezuña delantera derecha en el agua. Era el comienzo del ritual matutino. dije, y di un paso hacia atrás a fin de pisar una pequeña cantidad de césped con la misma pezuña. Extendí los brazos. Dirigí la mirada de mis cuatro ojos al sol naciente. Suspiré. No tenía sentido lo que estaba haciendo. Nunca creí demasiado en los rituales. Quiero decir, para ser guerrero es necesario hacerlos, y si a un aristh lo sorprenden diciendo en ritual deprisa, lo llaman al orden. Y sin embargo, yo me encontraba aproximadamente a mil millones de kilómetros terrestres de mi mundo natal. Me costaba entender porqué aún debía comportarme como un buen cadete de guerrero. Estaba solo, entre alienígenas. ¿A quién le importaba si cumplía los rituales o no? Dudé un instante. Tobías se había posado en un árbol, sobre mi cabeza. Me enderecé, y luego me puse en posición de lucha. En ese momento, elevé la cuchilla de mi cola y la presioné contra mi propio cuello. Luego, volví a aflojarla. Ésa era la parte del ritual que llamaba a la reflexión. Se suponía que uno debía meditar sobre las distintas partes del rito y preguntarse si cumplía con todas. “La destrucción de mis enemigos, mi voto más solemne.” Eso fue lo que permaneció en mi memoria. No había destruido a mi enemigo, terrible y poderoso. Y si intentaba destruirlo, el que moriría sería yo. Pero no importaba. Lo que sí importaba era mi enemigo: la criatura que había asesinado a mi hermano, no en una batalla sino cuando él estaba casi indefenso. Los humanos fueron los que me contaron el resto de la historia de Elfangor. Mientras la cúpula se sumergía en el océano, los yeerks derribaron la nave caza de mi hermano. Aterrizó en una obra en construcción abandonada. En ese momento, por casualidad pasaban por allí cinco humanos: Jake, Cassie, Marco, Rachel y Tobías. Elfangor agonizaba, y sabía que la Tierra estaba indefensa. Le contó a los cinco jóvenes acerca de la amenaza de los yeerks. Y luego hizo lo que no debía: les proporcionó un arma para luchar contra ellos. Les brindó la facultad de transformarse que poseen los andalitas. Jamás en la historia alguien que no fuera andalita había recibido la facultad de transformarse. Contradice nuestra ley principal: la ley de la Amabilidad de Seerow. Sólo una criatura más tiene ese poder: el yeerk que invadió y se apropió de un cuerpo andalita. Es el único controlador andalita. Existen cientos de miles de hork-bajirs, taxxonitas y humanos esclavizados de esta manera, pero un solo andalita. Sólo un yeerk posee cuerpo de andalita, y el poder para transformarse. El ser más abominable: Visser Tres. Los humanos me habían contado sobre la última batalla que libró Elfangor: cómo Visser Tres se había convertido en una criatura gigantesta. Elfangor luchó hasta el final, atacando en vano; Visser Tres abrió luego sus fauces y… Los humanos no lo saben, pero si Elfangor estuviese vivo, habría tenido un gran problema. Para empezar, habría sido destituido de su cargo. Ya no sería príncipe. Elfangor, el gran héroe, no existiría más. Yo me había enfrentado más de una vez con Visser Tres. Él todavía vivía. Mi única excusa era que yo seguía siendo sólo un aristh. Si fuese un guerrero pleno, hubiera sido una deshonra total no haber matado a Visser Tres. Elfangor hubiera sido más valiente. Si hubiese sido yo quién murió a manos de Visser Tres, Elfangor hubiera salido de inmediato a perseguirlo. Pero yo no soy como él. le dije. En realidad, no lo estaba. El hecho de que Tobías estuviera ahí me hizo recordar algo que yo tenía planeado para esa mañana y que me tenía nervioso. Quizás por eso el ritual matutino no me tranquilizó como debía. Tenía planeado hacer algo muy aterrador: ir a la escuela. dijo Tobías pregunté. Presté atención. Me di vuelta para mirarla. La vi enrollada entre las hojas. ¡Lo que no vi fue el momento en que atacó! ¡Fue demasiado veloz! Tanto, que no pude verla, y ni hablar de esquivarla. ¡Por suerte, los colmillos me dieron un la pezuña! Llevé la cola rápidamente hacia adelante y presioné a la serpiente contra el suelo, dejándola inmóvil. Se retorcía y su cola imitaba el sonido de los cascabeles. me advirtió Tobías. Pero yo tenía otra idea. Me concentré en la serpiente y comencé a “adquirirla”, incorporando su ADN a mi organismo. preguntó Tobías, dudoso. le dije La serpiente había quedado sin fuerzas, como siempre les sucede a los animales cuando los adquiero. Una vez que terminé, cuando el ADN de la serpiente estaba ya en mi cuerpo, la arrojé a unos arbustos con mi cola. me preguntó Tobías. Tobías se rió un buen rato. dije Tobías repetí, sorprendido. dijo Tobías Comenzamos a atravesar el bosque. Yo corría a una velocidad considerable. Me gustaba saltar sobre los troncos caídos y esquivar zonas densas de arbustos espinosos. Empezaba a conocer bien este bosque. Mientras corría y saltaba, Tobías volaba en lo alto. Por momentos se elevaba a través de la bóveda que formaban los árboles y desaparecía de mi vista, y por momentos volaba de un árbol a otro, en silencio y con rapidez. le conté a Tobías dijo Tobías Habíamos alcanzado el límite del bosque. Por lo general, no me hubiera animado a llegar hasta ahí ya que había hogares humanos rodeándolo por tres lados. Pero Tobías estaba en lo alto, vigilando alerta con su mirada observadora, por si acaso hubiera peligro. No sé por qué, pero me hizo sentir mejor sentir que iba a estar todo el día volando sobre mi cabeza. A veces creo que Tobías y yo podríamos ser verdaderos shorms. Un shorm es un amigo íntimo, alguien a quien nunca se le miente, alguien que conoce todos nuestros secretos. La palabra “shorm” significa “cuchilla de la cola”. Es decir, se supone que se trata de una persona a la que le tienes tanta confianza que podría presionar su cuchilla contra tu garganta y ni siquiera te preocuparías. A veces creo que Tobías y yo podríamos ser así. Ambos estamos separados de nuestros congéneres. Ambos estamos solos. Pero si fuésemos amigos yo no le ocultaría nada. Y aunque él tenga forma de halcón, sigue siendo un humano. Y yo soy andalita. Y por mucho que me gustaría tener un amigo de verdad, tenía que existir un muro entre mi pueblo y los humanos. Entre los humanos y yo. Es un error entablar una relación demasiado estrecha con cualquiera de las especies alienígenas. Eso nos lo enseñan. Podemos protegerlas, defenderlas, preocuparnos por ellas, pero nunca podemos llegar a ser amigos íntimos. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 5:[/b] [i]Me he transformado en varios animales andalitas y en extraños animales terrestres. Pero el animal en que más me transformo es el humano. Se trata de seres débiles, lentos, medio ciegos e inestables, pero ningún andalita debe reírse de ellos. Los humanos dominan su planeta. Y como dijo una vez la humana Rachel: “la Tierra es un vecindario peligroso”[i] [b]-Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] Miré entre los árboles y vi un campo vasto y cubierto de hierba. En el extremo más apartado había varios edificios bajos y largos, y frente a ellos, grandes vehículos amarillos estacionados. Cientos de humanos jóvenes se hallaban fuera del edificio. El príncipe Jake y Cassie se habían acercado. – Hola, Ax ¿cómo estás? contesté. – Hmm, hoy no me dirás príncipe Jake, ¿no? le aseguré. – Bueno, sería mejor que ya iniciaras la metamorfosis – sugirió Cassie. dijo Tobías. Batió las alas y lentamente se elevó hacia el cielo. Yo me concentré en la trasformación y comencé a cambiar. escuché que anunciaba Tobías desde lo alto Hice la metamorfosis lo más rápido que pude, con cuidado de no caerme cuando me desaparecieron la tercera y la cuarta pata. Por fin, quedé parado sólo en dos piernas. Es aterrador y fabuloso a la vez. Quiero decir, ahí está uno, tambaleándose hacia atrás y adelante, sin nada que lo mantenga erguido. Los brazos no sirven para usarlos de garras, y son demasiado cortos como para ayudar a mantener el equilibrio. Lo único que uno puede hacer si está por caerse es pararse sobre una pierna mientras estira la otra para completar el apoyo. Es muy inestable. No sé por qué los humanos evolucionaron de esta manera. Son la única especie de este planeta que camina sólo con dos piernas, sin cola ni alas que los mantengan en pie. Y por cierto nunca supe que existiese otra raza inteligente que intentara caminar de esta manera. – Eh, agárrenlo – gritó el príncipe Jake al ver que yo comenzaba a inclinarme hacia atrás. – Lo tengo – dijo Cassie. Me sostuvo mientras yo terminaba la metamorfosis. Al final me apareció la boca, una abertura horizontal en el rostro. – ¿Terminaste? – me preguntó el príncipe Jake. – Sí. Soy totalmente humano. – El sonido me deleitaba. La capacidad de producir sonidos complejos me parece un talento fascinante. – Humano. Mano. Humano. Hu-ma-no. – Ax, no hagas eso por favor – me pidió el príncipe Jake. – ¿Qué cosa… osa? – Eso de jugar con cada sonido como si fuera un juguete nuevo. – Sí, mi príncipe. No es un juguete. ¡Juguete! Guetegueteguete… Perdón. – Esto se va a poner interesante – dijo Cassie, mirando a Jake. Tobías descendió en picada y se posó sobre la rama de un árbol. dijo – Su único día de escuela – se apuró a decir Jake – Esto es para que aprenda a ser un humano más creíble, nada más. Y lo hará una sola vez. El príncipe Jake levantó un único dedo, para indicar el número uno. – Sí, eso significa uno – asentí – Ahora vamos a la escuela. Estoy ansioso. Sioso. Oso. – Recuerda que eres mi primo Phillip, de otra ciudad – me dijo Jake mientras me entregaba un bolso lleno de prendas de vestir. – Phillip. Phillip. Lip. P… – repetí con seguridad. Me gusta el sonido de la letra “p”. Me vestí y partimos rumbo al edificio bajo que era la escuela. me despidió Tobías. Me dio la impresión de que lo decía con cierta nostalgia. La situación era un tanto extraña: yo, un alienígena, podía ir a su escuela. En cambio él, no. – Me divertiré – le contesté por sobre el hombro. Lamentablemente, dar vuelta la cabeza me hizo tropezar. Se necesita práctica para caminar con apenas dos piernas. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 6:[/b] [i]Los humanos tienen sólo dos ojos, ambos al frente de la cara. Lo mismo sucede con la mayoría de las especies terrestres. Esos ojos son muy similares a nuestros propios ojos principales. Sin embargo, a los humanos les fascinan mis ojos antena. Uno de los humanos, Marco, dijo que le “ponían la piel de gallina”. Creo que es un halago.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] – Aquí está – dijo Cassie – La escuela o, como a mí me gusta decirle, el purgatorio. Se notaba bastante actividad en la escuela. Había grandes cantidades de humanos que corrían de un lado a otro con gran velocidad. Otros se movían muy despacio y parecían estar tristes o enfermos. Muchos llevaban libros. La mayoría emitía sonidos con la boca. Como de costumbre, estaban vestidos con una increíble variedad de prendas. La vestimenta no es una idea exclusivamente de los humanos pero, por supuesto, los andalitas no le damos tanta importancia. Sin embargo, cuando estoy transformado en humano debo estar vestido. Todos mis amigos humanos, hasta Tobías, están de acuerdo en ese punto. Todos coinciden con una enorme convicción. Vi que Rachel y Marco se acercaban a través de la multitud de humanos. Mis otros amigos humanos me dicen que Rachel es hermosa y que Marco es apuesto. Como andalita, yo no noto ninguna de las dos características. No obstante, cuando estoy metamorfoseado en humano comienzo a notar que Rachel es en realidad muy bella. Pero no veo que Marco sea apuesto. En la escuela, los animorphs deben fingir que no son tan amigos a fin de evitar que cualquier controlador humano desconfiado crea que forman un “grupo”. – Hola, Marco. Hola, Rachel – dijo el príncipe Jake – Él es mi primo… Phillip. – Sí, soy Phillip, el primo del príncipe Jake – dije – Vengo de otra cuidad. Marco esbozó una sonrisa con la boca. – De una ciudad muy, muy lejana – dijo. – No me digas “príncipe” – me dijo el príncipe Jake, hablando entre dientes. – Qué gusto volver a verte, Phillip – dijo Rachel y guiñó un ojo. Dado que ella realmente era la prima de Jake, ya habría conocido a Phillip. Agregó: – Los veo después. Buena suerte. – La necesitarás – agregó Marco. Entramos en la escuela. Al parecer, no era nada más que un largo pasillo repleto de humanos. Había puertas a cada lado del pasillo. Algunas eran grandes, pero había cientos más pequeñas. Vi que algunas personas abrían esas puertitas, pero nadie entraba. – ¿Hacia dónde conducen las puertas pequeñas? – pregunté. – Hacia ningún lado. Ésos son armarios – dijo Cassie – Cada uno tiene un armario, ¿ves? El mío está ahí. Nos acercamos al armario de Cassie. Estaba adornado con un colgante brilloso, que tenía una rueda con números. Cassie giró la rueda de un lado a otro. – ¿Es un ritual? – pregunté – Ritual. Tuuual. – No, es una cerradura que impide que la gente lo abra. – ¿Para qué? – Para que no me roben nada – Abrió su armario y comenzó a guardar y a sacar algunas cosas. – ¿Qué es eso? – pregunté – Eso. Essso. – Una fotografía, nada más – me contestó, y rápidamente cerró el armario. – Parecía ser una foto del prín… de Jake – señalé – ¿Porqué tienes una foto suya si él está aquí y puedes verlo en persona? Cassie se encogió de hombros y bajó la mirada. Los humanos tienen diversas expresiones faciales. Creo que ésta en particular era indicio de enfermedad o de vergüenza. – Vamos Ax – dijo el príncipe Jake. Le sonreía a Cassie, pero ella todavía parecía sentirse enferma o avergonzada – Te vemos más tarde, Cassie. Va a comenzar la primera… ¡Justo en ese momento se oyó un sonido terrible y devastador! ¡RRRRRRRRIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNGGGGGGGGG! Me di vuelta de un salto. Levanté mis brazos humanos, listo para utilizarlos como defensa. Deseaba tener mi cola. Es terrible no contar con la cola en una pelea, pero estaba preparado para hacer todo lo que pudiera con mi cuerpo de humano. – ¡Ax! Quiero decir, Phillip, tranquilízate. ¡RRRRRRRRIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNGGGGGGGGG! – ¡Ese ruido! – exclamé – ¿Qué clase de bestia es? – Ax, no es más que el timbre de la primera hora – dijo Jake – Tranquilízate. Todos están mirando. – ¿No es peligroso? – No, en lo absoluto. Es deprimente, no peligroso. El príncipe Jake abrió camino y yo lo seguí por el pasillo. Resultaba difícil olvidarse de ese ruido terrible. Cuando los humanos se sienten amenazados por algo, se les inunda el cuerpo con una sustancia química que los vuelve precavidos, temerosos y agresivos. Esa sustancia se llama “adrenalina”. Mi cuerpo estaba inundado de adrenalina, lo cual me impedía concentrarme. Entramos por una de las puertas grandes. Adentro había alrededor de treinta humanos ubicados en asientos pequeños e incómodos. En el frente, había un gran escritorio. Un humano de más edad se hallaba de pie. – Todos a sus asientos – dijo el humano mayor. El príncipe Jake dijo: – Señor Pardue, le presento a mi primo, que viene de otra ciudad. Se llama Phillip. Va a estar conmigo todo el día, ¿hay algún problema? – Siéntese, no más. Hagan silencio y siéntense. Por la expresión que puso el príncipe Jake me di cuenta de que estaba preocupado. Me tomó del brazo y me llevó al fondo de la sala. – Puedes tomar ese pupitre – me dijo. – ¿Tomarlo y llevarlo adónde? ¿Dón-de? – Quise decir que te sentaras. Yo entendía el concepto de sentarse. Cada vez me salía mejor el concepto de hacerme pasar por humano. Una vez tuve que transformarme en el príncipe Jake y hacerme pasar por él durante dos días. Logré engañar a sus padres y a su hermano, aunque después me enteré de que sus padres creyeron que “él” se había vuelto loco. Cuando regresó el verdadero príncipe Jake, lo llevaron al médico. – Sentarse ahí es desagradable – dije. – Tienes razón, amigo – afirmó un humano a quien yo no conocía. – ¿Qué sucede ahí atrás? Silencio – reclamó el maestro en voz alta – ¿Qué suce… qué… qué…? – De pronto, se tomó la cabeza con las dos manos – ¡Cállense todos! ¡Silencio! El príncipe Jake parecía muy preocupado. – ¿Se siente bien, señor Pardue? Los demás humanos también miraban fijamente al maestro. Todos estaban en silencio. – ¿Si estoy bien? – preguntó el señor Pardue en voz alta y enojado – ¿Si estoy bien? ¿Si estoy…? ¡Aaaaaayyyyyyyyyyyyyyy! – Gritó, y cayó de boca al piso. Se arañaba la cabeza con las manos. Y vociferaba: – ¡Yeerk! ¡Déjame! Siguió arañándose hasta que le empezó a salir sangre. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé Editores S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 7:[/b] – ¡Aaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyy! – clamaba el maestro mientras se arañaba la cabeza. Uno de los humanos empezó a gritar: – ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Alguien más salió corriendo al pasillo y comenzó a gritar: – ¡Necesitamos ayuda! ¡Que alguien nos ayude! El príncipe Jake y yo permanecimos sentados, muy quietos, uno junto al otro al final de salón. – Deja de hacer daño a nuestro cuerpo – exclamó el señor Pardue. Luego, como si estuviera respondiéndose él mismo, farfulló: – ¡Sal de mi cabeza! ¡Sal de mi cabeza! ¡Estás liquidado! La mirada del príncipe Jake se cruzó con la mía. Ambos sabíamos lo que estaba sucediendo. – Ya van dos – murmuró Jake – Dos que ya vimos. Se nota que ellos… tienen algún problema. El señor Pardue comenzó a llorar y a insultar. Mientras tanto se retorcía en el piso, y los otros humanos lo rodeaban horrorizados, sin poder hacer nada. – ¿Sabías que este maestro era un controlador? – le pregunté al príncipe Jake, en voz baja. – No. Parecía ser una buena persona. ¡No me puedo quedar aquí sentado y ver esto! – ¡Sal de MI CABEZA! – exclamó el señor Pardue de pronto. El yeerk que se encontraba dentro de su cabeza se estaba debilitando. Agonizaba por la falta de rayos kandrona. El huésped humano, el verdadero señor Pardue, estaba luchando para recuperar el dominio de sí. De repente el príncipe Jake se puso de pie y corrió al lado del maestro. Yo lo seguí. Intenté tomarlo del brazo para detenerlo, pero fue demasiado rápido. – ¡Príncipe Jake! – le dije bruscamente, pero no me prestó atención. Se arrodilló junto a la cabeza ensangrentada del maestro. – Yo entiendo lo que está pasando – murmuró – Sé de qué se trata, señor Pardue. Resista. El yeerk morirá y usted quedará libre. Los demás se iban aproximando, y podía oír lo que decía. – No se acerquen – les dije – puede ser peligroso. No supe qué agregar, pero las palabras parecieron dar resultado, pues nadie se acercó. El señor Pardue posó sus ojos, con la vista nublada, en el rostro del príncipe Jake. Jake le sujetó el hombro con fuerza. – Ya lo viví – murmuró – Me tocó pasar por lo mismo, señor Pardue. Fui controlador durante un tiempo y sobreviví. Resista. Inspeccioné el rostro de los otos humanos para ver si habían oído. Jake era mi príncipe, pero su actitud era peligrosa e insensata. En ese momento se abrió la puerta de la sala y reconocí al humano que entró deprisa: Chapman. Es el vicedirector de la escuela, y también un controlador de alto rango. – Bueno, muchachos, todos afuera – dijo bruscamente – Salgan al patio. Fuera del edificio. El señor Pardue se siente mal, nada más. – ¡Usted! – exclamó el maestro – ¡No! Chapman es… es un… – Dije: “¡Todos AFUERA!” – rugió Chapman. Los humanos huyeron del aula, ansiosos por alejarse de esa locura. Pero el príncipe Jake no se movió, sino que se quedó junto al humano llamado Pardue. Vi que apretaba los puños. Sus ojos irradiaban una luz peligrosa. Chapman me miró. Luego volvió a mirar al príncipe Jake. – Jake, quiero que tú y tu amigo salgan de aquí. Durante un instante que pareció interminable, nadie se movió. Yo contuve la respiración. ¿El príncipe Jake quería comenzar una pelea? De ser así, yo tendría que acompañarlo. Pero sería una estupidez: Jake no podía permitirse el lujo de darse a conocer. Lo tomé del brazo y lo obligué a ponerse de pie de un tirón. Me lanzó una mirada de odio. – Debemos irnos – dije. Lentamente asintió con la cabeza. – Sí. Espero que se mejore – dijo, mirando a Chapman – Se va a mejorar, ¿no es así, señor Chapman? – Nadie puede saberlo – contestó el controlador, con frialdad. Alejé de allí al príncipe Jake. Se detuvo en la puerta, y cuando miramos hacia atrás, vimos que Chapman extraía de su bolsillo un pequeño cilindro de acero y lo apretaba contra la nuca del maestro, que estaba llorando. – ¡No! – exclamó el señor Pardue – ¡No! Después, muy rápidamente, se quedó callado. El príncipe Jake se dio vuelta y echó a correr. Se abrió paso entre los otros, que seguían apiñados a la salida del aula. Llegó afuera jadeando, como si no tuviera suficiente oxígeno. Lo alcancé, pero me costó. Él tiene mucha más práctica que yo para correr con dos piernas. – Príncipe… quiero decir, Jake, ¿te sientes mal? Dijo que no con la cabeza. – Pardue era un controlador. El yeerk estaba agonizando. ¿Y por qué? Porque nosotros destruimos la Kandrona. Tú, los otros y yo. ¡La culpa es nuestra! – Era necesario – le dije – Al destruir la Kandrona, dimos un golpe muy importante en contra de los yeerks. – Chapman lo mató, ¿no es así? – dijo – ¿Viste el pequeño cilindro de acero? No solo mató al yeerk, sino también al verdadero Pardue. Los mató a los dos. Ya no tenía objeto seguir mintiendo. El príncipe Jake había descubierto la verdad. Y la idea de mentir en ese momento me hacía sentir mal interiormente. – Si el yeerk hubiese muerto, el maestro había sobrevivido y sería libre – dije – Les habría contado a otros humanos lo que sucedió. Les habría advertido. Pero los yeerks no pueden dejar testigos. – Cada vez que se muera un yeerk van a matar al huésped, ¿no es verdad? – preguntó con rencor – Van a eliminar a cada controlador humano al que se le muera el yeerk, ¿no es cierto? – Sí. Jake hizo una expresión con el rostro. Me dio la impresión de que no se sentía bien. – Nosotros causamos esto – dijo. – Es la guerra – le dije. – Mi hermano, Tom, es un controlador. ¿Qué le va a pasar? No sabía que responderle. Los yeerks intentarían salvar la mayor cantidad posible. Pero si se les desmoronaba el sistema de emergencia, no les quedaría más remedio que eliminar todas las pruebas. El príncipe Jake me miraba fijo. – Tú sabías lo que ellos iban a hacer, ¿no? Le lancé una mirada feroz. En ese momento comenzaba a enojarme, quizá debida a la adrenalina de mi cuerpo humano. Me hacía enojar la mirada acusadora del príncipe Jake. – Sí, sabía. – ¿Y cómo sabías? Dudé, y a él no le gustó que yo dudara. De pronto giró sobre sus talones y me empujó contra la pared. – ¿Cómo sabías que los yeerks iban a hacer esto? – Porque no es la primera vez que lo hacen. ¿Crees que es el primer planeta en el que se infiltran? ¿Crees que la Tierra es el único lugar en el que los andalitas hemos luchado contra ellos? Yo ya sé que no dejan testigos. Me soltó, pero me miró con evidente desconfianza. – No me gusta que tengas secretos conmigo, Ax. Soy tu amigo. Somos tus amigos. Se supone que deberíamos saber todo lo que tú sabes. Nunca me contaste esto. – En la guerra suceden cosas terribles – dije – Hiciste lo que tenías que hacer. Destruir la base de Kandrona formaba parte de esa guerra. – Podrás decir que es una guerra – dijo – pero yo la detesto. – Ama al guerrero. Detesta la guerra. Gue-rra. – ¿Qué es eso? ¿Un viejo dicho andalita? – preguntó el príncipe Jake, con ironía. – Sí, mi hermano solía decirlo. Me miró un largo instante, lo cual me hizo sentir incómodo. – ¿Sabes una cosa, Ax? A veces tengo la sensación de que nosotros, los humanos, no somos más que títeres en este gran juego entre ustedes y los yeerks. Somos las municiones en esta guerra, ¿no es cierto? Tan tontos que no nos damos cuenta de lo que pasa. Tan primitivos, que no podemos llegar a ser guerreros de verdad. – Eso no es cierto – dije. Ya no me sentía tan enojado. Pero el príncipe Jake seguía sospechando. – Peleas codo a codo con nosotros, Ax. En lo que a mí respecta, eres uno de los nuestros. Pero luego descubro que te guardas secretos. Rachel y Marco no dejan de preguntarme qué sabemos sobre ti o qué nos has contado acerca de tu propio planeta, siendo que nosotros te mostramos todo. Y siempre les contesto que podemos confiar en ti, pero ahora tengo mis dudas. De verdad tengo mis dudas. Si te guardas secretos, no existe la confianza. Deberías haberme contado que los yeerks harían esto. Sabes que tengo un hermano que… bueno, tú sabes lo de Tom. Yo tenía derecho a enterarme de lo que podía pasar. – Quizá no habrías destruido la Kandrona si hubieses sabido que Tom corría peligro – señalé. El príncipe Jake acercó su rostro al mío. – ¿Eso es lo que crees? ¿Sabes una cosa, Ax? Tienes razón cuando tratas de aprender más sobre los humanos, porque te aseguro que no sabes nada sobre nosotros. Absolutamente nada. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 8:[/b] [i]Un andalita quizá piense que los humanos son criaturas simples, abiertas y confiadas, pero son más ingeniosas de lo que parecen a simple vista. Es posible que esto se deba a su lenguaje oral, en el que no hay palabras que signifiquen una sola cosa.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] Mi día de escuela terminó cuando se llevaron al maestro que resultó ser un controlador. El príncipe Jake se fue a su casa. Yo regresé al bosque, agradecido de volver a mi forma original. Sin embargo, pasé una muy mala tarde y una muy mala noche. Me di cuenta de que el príncipe Jake y los humanos nunca podrían ser verdaderos shorms. Sabía que existía un muro entre ellos y yo. Sin embargo, ellos eran lo único que tenía. Sin ellos, estaba completamente solo. Y me dolían el enojo y la desconfianza del príncipe Jake. Resulta terriblemente triste estar a mil millones de kilómetros terrestres de cualquier miembro viviente del pueblo de uno. Al día siguiente, Marco me invitó a “pasar un rato” con él. Me sorprendió porque Marco nunca había sido muy dado conmigo, a diferencia de Cassie y Tobías y el príncipe Jake. Al parecer, a Rachel tampoco le agrado demasiado. Me transformé en humano y me encontré con Marco a la salida del bosque. – Bueno – dijo – ¿Así que quieres ser Pinocho? – ¿Qué? – Pinocho era un niño hecho de madera, que quería convertirse en un ser humano de carne y hueso. – Yo no quiero ser humano. Lo único que deseo es llegar a conocerlos bien. Marco sonrió. – Que coincidencia: yo quiero aprender sobre los andalitas. Demoré unos minutos en entender lo que me quería decir. – Ah. El príncipe Jake te pidió que me sonsacaras información. – Jake se enojó un poco porque no nos contaste todo lo que sabías – dijo – Rachel se fastidió mucho más. Vamos, debemos tomar el autobús. Quieres familiarizarte más con los humanos, ¿no? Entonces pensé en llevarte a una librería. Con lo inteligente que eres, puedes aprender a leer en nuestro idioma. – ¿Una librería? ¿Librrrerrría? – Sí. Libros: ficción, historia. Cientos de miles de libros, todos sobre la raza humana. Y puedes elegir el que quieras. No tenemos ningún secreto, a diferencia de ciertas especies, que podría mencionar, que ni siquiera nos cuentan, por ejemplo, como hacen para comer si no tienen boca. – Ya veo. Me muestran su sociedad. Sociedad. Dad. Y, a cambio, esperan que yo haga lo mismo. – Le dije a Jake que podía ingeniármelas para sacarte toda la información, pero él me contestó: “No, Ax es un amigo. Demuéstrale que no tenemos nada que ocultar. A lo mejor a la larga decide confiar en nosotros”. Sentí un gran remordimiento. Ellos habían depositado su confianza en mí. Nunca había hecho nada que me perjudicara; por el contrario, siempre fueron maravillosos conmigo. En todo sentido. – Tengo mis razones para guardar secretos – dije. Marco asintió con la cabeza. – Sí, ya sabemos. Según Rachel, probablemente tienes prohibido interferir con razas primitivas, como los humanos. Me sorprendí. No estaba muy lejos de la verdad. Al principio no supe qué decir. Marco me dirigió una sonrisa poco cálida e hizo un gesto de asentimiento. – Entonces, es verdad ¿no? Un poco tarde para esa actitud, ¿no te parece? Después de todo, los yeerks se meten con nosotros, nos afectan muchísimo. No podía darle una respuesta. Sin embargo, al mirar la calle, a todos los humanos en sus automóviles y todos los que iban tambaleándose en dos piernas, me di cuenta de lo indefenso que me sentiría sin el príncipe Jake, Marco y los demás. Habíamos llegado a la parada de autobuses. De pronto Marco se dio palmadas en los pantalones. – ¡Ay, no! Me olvidé el dinero en casa. Todos pusimos dinero para comprarte un libro y lo dejé sobre mi escritorio. Vamos. – ¿Dónde estamos yendo? ¿Yendo? Endo, ennnnndo. Este sonido me encanta. – Sí, a todos les agrada. Tenemos que volver rápido a mi casa. No te preocupes, que queda aquí no más, a la vuelta de la esquina. Recorrimos unas calles con casas a ambos lados: grandes estructuras semejantes a cajas con rectángulos transparentes aquí y allá. – Ésa es la casa del príncipe Jake – dije. Yo había estado en esa casa. – No, es un modelo igual al de la suya, pero es otra. Existen unos cinco modelos diferentes de casas, no más, todas parecidas. Así son los barrios residenciales. Sin embargo, esta zona es mejor que la otra, donde yo vivía antes. Tenía razón: había solo cinco modelos de casas, aunque algunas tenían más césped y otras menos. Además, a algunas les habían puesto algunos adornos sobre el césped. – ¿Qué son esos adornos? – pregunté. Marco siguió la dirección de mi mirada y luego puso los ojos en blanco. – Es una calesita. – Me parece muy linda. Tiene muchos colores. – Ajá. Me encantaría contarte cómo funciona, pero es un avance de la tecnología humana, así que es un secreto. Si llega a caer en manos de razas primitivas, quién sabe qué podría pasar. Todavía estoy aprendiendo sobre la entonación que usan los humanos, pero estoy prácticamente seguro de que Marco usó la que se denomina “irónica”. – Ésa es mi casa. Mi papá no fue a trabajar porque se hizo un esguince de tobillo, así que está usando la computadora de casa. No hagas nada extraño, ¿entendido? – Sí. No haré nada extraño. Trraño. Trrrraññññño. Me comportaré como un humano común y corriente. – Actúa como un humano común y corriente y te darán un Oscar – dijo Marco. Al llegar a su casa abrió la puerta. Después me dijo – Bueno, espérame ahí, al lado de la mesa. No te vayas a ningún lado. Si mi papá llega a entrar y te habla, sólo respóndele “sí” o “no”. ¿Comprendido? Solamente “sí” o “no”. Voy rápido a mi cuarto y llamo a alguno de los chicos para encontrarnos en la librería. Tú ya me estás volviendo loco. Me quedé al lado de la mesa. Sobre ella, había una computadora primitiva que hasta tenía una pantalla bidimensional. ¡Y un teclado! ¡Un teclado de verdad! Lo toqué y me pareció asombroso. Las computadoras andalitas también tenían teclados en su momento, aunque los nuestros eran muy distintos. Aparte, hacía siglos que ya no los usábamos. En la pantalla del monitor había un juego cuyo objetivo era encontrar los errores de un lenguaje simbólico primitivo, y corregirlos. Por supuesto, antes de poder jugar, tuve que descifrar el sistema, pero eso me resultó fácil. Una vez que ya había entendido el sistema, no me costó nada encontrar los errores. Rápidamente lo transcribí para que tuviera sentido. me dije a mí mismo. – Hola Me di vuelta y vi a un humano de más edad. Era más pálido que Marco, pero otras facciones suyas me resultaron parecidas. Marco me había advertido que a su padre sólo debía contestarle con un “sí” o “no”. – No – le dije al padre de Marco. – Soy el papá de Marco. ¿Eres amigo suyo? – Sí. – ¿Cómo te llamas? – No – le contesté. – ¿Te llamas “No”? – Sí. – Un nombre raro, ¿verdad? – No. – ¿No? – Sí. – ¿No te parece un nombre raro? – No. – Estoy totalmente confundido. – Sí. El padre de Marco me miró fijo. Luego exclamó en voz alta: – ¡Marco! ¡Marco! ¿Podrías…? Está aquí tu amigo, tu amigo “No”. – No – dije. – Sí, eso es lo que dije. Marco bajó las escaleras corriendo. – ¡Epa! – exclamó – ¡Uy, papá! ¿Ya conociste a mi amigo? – ¿No? – ¿Qué? El padre de Marco sacudió la cabeza. – Seguramente me estoy poniendo viejo. No los entiendo, muchachos. – Sí – comenté. Después, nos fuimos a la librería. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 9:[/b] [i]Los libros son un asombroso invento humano. Permiten acceder de inmediato a la información con el solo hecho de dar vuelta pedazos de papel. Se usan mucho más rápido que la computadora. Por sorpresa, los humanos inventaron los libros antes que la computadora: hacen muchas cosas de atrás para adelante.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] A la tarde del día siguiente, yo estaba en el bosque leyendo un libro. El libro se llamaba El almanaque mundial. ¿Sabían que el doce por ciento de los hogares cuentan con un aparato que quita la humedad del ambiente? ¿Sabían que las ovejas pueden llegar a vivir veinte años? ¿O que los seres humanos, en algún momento, creyeron que el Sol giraba alrededor de la Tierra? Es un libro maravilloso, y con él aprendí muchas cosas útiles, como por ejemplo, que pasaron sesenta y seis años desde que los humanos inventaron la primera máquina voladora hasta que alunizaron. A los andalitas, eso mismo nos llevó casi el triple de años. Los humanos son una especie muy inteligente. Algún día, si sobreviven, podrían llegar a ser una de las especies más fabulosas de la galaxia. Desde luego, los andalitas siempre será mejores. Yo estaba bebiendo en el arroyo, con una pezuña en el agua, cuando de repente divisé con mis ojos antena una sombra rápida que caía del cielo. Era Tobías, que en ese momento extendió las alas y pasó rasando sobre mi cabeza. Prácticamente retuvo la velocidad, por lo cual en un abrir y cerrar de ojos desapareció encima de los árboles. Pero al instante regresó, seguido por cuatro grandes aves de rapiña. Tobías se posó en una rama. Los demás aterrizaron en el suelo. En ese momento me di cuenta de que se trataba de los otros animorphs. Rápidamente empezaron a hacer la metamorfosis. El príncipe Jake dejó de tener cuerpo de halcón. Rachel surgió de una gran águila calva. Tanto Cassie como Marco se habían transformado en águilas pescadoras y se estaban convirtiendo nuevamente en humanos. Por mi parte, sentí un hormigueo de preocupación. Era obvio que me habían estado buscando, y que tenían prisa. pregunté. preguntó Marco Pero justo en ese momento, Marco dejó de estar transformado y de utilizar el lenguaje telepático, y se convirtió en humano. Sin embargo, como todavía le quedaba la boca como pico, lo único que hizo fue lanzar un graznido. Observé cómo se transformaba Cassie. Ella es una estreen nata: una persona con la capacidad de convertir la metamorfosis prácticamete en un arte. En mi planeta, es una rama del arte, y así existe los estreen profesionales que cambian su forma de maneras fantásticas, hermosas. Cassie no era profesional, pero tenía talento. A medida que se metamorfoseaba, iba logrando formas agradables. Durante unos instantes tuvo la cabeza agrandada de un águila pescadora, del tamaño de una cabeza humana, y amplias alas adheridas a un cuerpo humano. Cuando los otros se transforman, son mucho menos sutiles: las partes humanas simplemente les brotan, al tiempo que les desaparecen las alas. Creo que a ellos tampoco les gusta, y los asusta un poco. Hasta ellos reconocen que Cassie tiene talento para transformarse. – ¿Qué fue lo que hiciste? – pudo preguntar Marco cuando le reapareció la boca. – Le hiciste algo a la computadora de mi papá, ¿no? – ¿Qué juego? Eso no era un juego, ¡era el trabajo de mi papá! De pronto, tuve una idea Cassie comenzó a reír y luego hizo silencio. – No, Ax, crea programas de computación para usos de alta tecnología. Estaba trabajando con los astrónomos del observatorio, elaborando un programa para ajustar la mira del radiotelescopio del observatorio nuevo. Asentí con la cabeza, como ya vi que hacen los humanos. – Si dices “juego” otra vez, te juro que te pego – dijo Marco. El príncipe Jake lo tomó del hombro. – Lo que Marco quiere decir es que no se trataba de un juego, Ax. Su padre se está volviendo loco con ese programa. – Papá dice que posiblemente hayas creado toda una nueva rama de programas informáticos, y a la vez hayas descubierto nuevas formas de hacer astronomía. Se los mostró a los compañeros del laboratorio. ¡Están completamente locos! ¡Ya hablan del premio Nóbel! Tuve que convencer a mi papá de que sólo se trató de un accidente. Le dije que eres un idiota, y no el próximo Einstein. – ¡Ax! – explotó Rachel – ¿Es que no comprendes? ¿Qué pasa si algún controlador se entera de este nuevo programa? ¿No crees que se darán cuenta de que fue un andalita el que lo hizo? Me di cuenta de golpe. Ella tenía razón. Si esas ecuaciones no era un juego sino que eran reales, lo que yo hice fue adelantar la ciencia humana en un siglo. O quizá más. – Creo que acaba de entenderlo – dijo Marco, con ironía. le pregunté a Marco. Se encogió de hombros y dijo: – ¿Por qué tengo que saberlo? ¿Qué soy yo? ¿Profesor de ciencias? – Un radiotelescopio es un telescopio que funciona recibiendo ondas radiales y otros tipos de radiación del espacio ultraterrestre – explicó Cassie. Marco la miró, incrédulo. – No todos se duermen en la clase de ciencias, Marco – agregó Cassie. – ¿Qué? ¿Qué cambios hiciste? – preguntó Marco a los gritos. De pronto, no dije nada más. Empecé entonces a comprender la verdad… toda la verdad… ¿Un radiotelescopio? ¿Un potente receptor de energía de alto espectro? Acudieron a mi mente recuerdos de clases ya lejanas. Hasta recordaba la imagen de mi maestro explicando… Sí. ¡Sí! Con los ajustes apropiados, los programas adecuados… Sí, yo podría reenviar la energía ya almacenada, orientarla, modularla con mi propia mente, y… Y entrar en el espacio C, el espacio Cero. ¡Podría usar el sistema para enviar mensajes a través del espacio C y así comunicarme con mi propio mundo! De pronto me sentí débil. Era verdad: podría usar el radiotelescopio para llamar a mi hogar; para ponerme en contacto con mi familia. Creo que hasta ese momento no había querido reconocer lo mucho que deseaba ver a otro andalita. – Ax, ¿ahora qué estás ocultando? – preguntó Rachel. Intenté concentrarme en su pregunta, pero la mente me daba vueltas. Me sentía débil. Podía ponerme en contacto con mi planeta. Era posible. Pero al mismo tiempo existía otra verdad: yo debía destruir esa tecnología. Había violado la ley de la Amabilidad de Seerow: ¡Les había proporcionado a los humanos un gran adelanto tecnológico! – Ax, Rachel te hizo una pregunta – dijo el príncipe Jake, lacónicamente – ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así? Yo tenía en claro cuál era mi obligación: no les podía contar a mis amigos humanos lo que había hecho. Debía reparar el daño. Pero antes… ¿estaría mal que me pusiera en contacto con mi familia? ¿Qué había de malo en verlos una vez más? – le mentí [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 10:[/b] Ellos se fueron, y yo comí. Me alimento de noche, siempre que sea posible. No lo hago de la forma en que lo haría en casa, pero debo tener siempre cuidado de que nadie me vea. Cuando corro por los espacios abiertos debe ser por la noche, o bien Tobías debe estar vigilando. Mis amigos humanos me dicen que de lejos parezco un animal terrestre común: un ciervo, o quizá un caballo pequeño. Pero si algún humano llegara a verme con claridad, de inmediato se daría cuenta de que no pertenezco a ninguna especie terrestre. Entonces me alimento de noche, corriendo con desenfreno por los campos cubiertos de hierba, en la zona donde termina la granja de Cassie y empieza el bosque. Corro debajo de una sola luna, muy distinta de las lunas de mi propio mundo. La luna de la Tierra sale y se pone. Algunas noches resulta imposible verla. En nuestro cielo, siempre hay por lo menos dos. Y cuando están las cuatro lunas es el cielo, la noche se vuelve casi tan clara como el día. Mi casa queda a mil millones de kilómetros. A veces sufro cuando pienso en mi casa. Un guerrero debe superarlo. Sin embargo, en las noches en que estaba solo en el bosque, o corría solo por los campos, no podía evitar pensar en mi hogar. Y ahora el sufrimiento era peor. Mucho peor, porque sabía que podía hablar con ellos, si realmente lo deseaba. Podía transformar el radiotelescopio de los humanos para comunicarme con el espacio C. Pero si lo hacía, estaría violando nuestra propia ley. Para eso habría que entregarles tecnología de punta a los humanos. Yo no podía hacerlo, pues no era Elfangor. No podía tomar la decisión de violar la ley de la Amabilidad de Seerow así porque sí. Y sin embargo, mi mente escondía otro pensamiento. Accidentalmente les había transferido el programa de computación a los humanos. Como lo hice sin querer, no había violado las reglas. Y si iba al observatorio a borrar el programa… de hecho, estaría haciendo lo correcto. Podía ir al observatorio y borrar el programa. Pero antes, podía utilizarlo para llamar a mi casa. ¿Estaría mal que lo hiciera? Entre mis recuerdos, me veía a mí mismo con mi padre y mi madre; y también estaba Elfangor, que seguía vivo en mi memoria. Recuerdo cuando yo era muy pequeño y Elfangor, que ya era un gran guerrero, regresó a casa de licencia. Yo había visto sus comunicaciones, pero nunca lo había visto a él cara a cara. Cuando yo nací, él no estaba en casa: se había ido a luchar contra los yeerks. Salimos varias veces a correr juntos, los dos solos. Yo, muy torpe; Elfangor, como una criatura de algún mito andalita, sumamente veloz, poderoso. Para mí fue todo un shock. Hasta ese momento me consideraba la persona más importante de la familia. Pero era difícil sentirse importante estando cerca de Elfangor. No me decía muchas cosas, no me daba lecciones de “hermano mayor”, sino que era él mismo. Me hablaba de la misma manera en que les hablaba a mis padres. Nunca me trató haciéndome notar que yo era más joven, y eso era genial. Después de eso, nunca tuve duda acerca de lo que deseaba ser cuando fuera grande: quería ser guerrero, parecerme a Elfangor. Y ahora él ya no estaba, y capaz que mis padres ni siquiera lo supiesen. Lo que por cierto no sabían era que yo todavía estaba vivo. Disminuí la velocidad. Estaba en medio del campo. Veía las luces de la granja de Cassie. ¡Qué torpeza de mi parte! Tan ensimismado iba en mis pensamientos, que había cometido un descuido. Di la vuelta para regresar al bosque. – Puedes quedarte un rato si quieres – dijo una voz. Ella surgió de la oscuridad. ¿Cómo era posible que yo no la hubiera visto? Miré con más detenimiento. Cassie comenzó a trasformarse. Conservaba su rostro humano, pero tenía la fantasmal crin blanco grisácea de un caballo. Y las piernas le terminaban en cascos, no en pies. dije. Una vez que terminó de convertirse en humana, me contestó: – Suelo hacerlo a veces. Me gusta correr. Pero no se lo cuentes a Jake, porque se enojaría si supiera que uso la metamorfosis por razones personales. dije Cassie rió en voz baja. – Lo dudo. Soy apenas una amiga. Y una animorph como él. – Eh… bueno, se suponía que eso no debías verlo. – Mm, es una larga historia – dijo Cassie – No pienses mucho en ellos. ¿Cómo vas con tu estudio sobre los humanos? – ¿Y? ¿Qué te pareció? – Ajá. ¿Qué es lo que crees realmente? Dudé. Al parecer, me pedía una respuesta más completa. Pero con los humanos nunca se sabe. A menudo se ofenden por pequeñeces. dije. – ¿Qué otra razón, además de llegar a obtener muchos huéspedes humanos? – ¿Miedo? ¿Por qué? – se rió – Seguramente has estado leyendo mucho sobre las guerras. Los humanos no nos dedicamos únicamente a pelear en guerras. Puede que así parezca, pero… dije – Bien, los humanos tampoco somos lo que se dice “perfectos”. dije Me miró detenidamente. Casi pude verla preguntándose si yo me refería también a los andalitas. Pero decidió no hacerme esa pregunta, sino otra: – Entonces, si no son las guerras, ¿qué es lo que te preocupa? la Luna.> – En serio leíste El almanaque mundial, ¿no? – dijo Cassie con una sonrisa – ¿Quieres decir que hacemos las cosas con rapidez? – ¿En cuanto tiempo hicieron todo eso ustedes, los andalitas? mentí. – Ya veo – dijo Cassie. Creo que su tono de voz se denomina “de desilusión”. Bajé la mirada Hasta a mí me resultó poco convincente. – ¿No siquiera si nos ayuda a vencer a los yeerks? Pero, ¿no es eso lo que hizo tu hermano cuando nos dio la capacidad de trasformarnos? No se me ocurrió nada que contestarle. Por supuesto, era verdad: Elfango había violado nuestras leyes. – ¿Dije algo malo? – preguntó Cassie. dije finalmente – Ya veo – dijo Cassie – ¿Sabes? ¿Por qué no te conviertes en humano y vienes conmigo a casa? Podrías conocer a mi mamá y a mi papá. Estamos por cenar. Cassie levantó una ceja. – Ya comiste, ¿eh? – Pareció que estaba por hacerme una pregunta, pero después decidió no hacerla. – Bueno, pero puedes venir de todos modos. No es necesario que comas mucho. Ven, y quédate un rato con nosotros. Seguramente te va a hacer bien. – No; de triste, no más. Pareces estar muy triste. La palabra me llegó hasta lo más hondo. Increíble lo que me hizo sufrir. Sí, me sentía solo y triste, pero creí que los humanos no se daban cuenta. Cassie se encogió de hombros. – Ya una vez te convertiste en Jake, ¿no? Entonces, transfórmate de nuevo. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 11:[/b] [i]Los humanos tienen gustos muy raros. Creen que su música es hermosa, pero se equivocan: es horrible. Y pasan totalmente por alto sus logros más notables: los pancitos de canela, las tabletas de chocolate, el ají picante y la be bida refrescante llamada “vinagre”.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] Tener el cuerpo del príncipe Jake es lo mismo que tener el cuerpo humano que siempre uso para convertirme, salvo que el de Jake es un poco más grande. Dado que para poder transformarme tuve que usar su ADN, quedé igualito a él. Cassie me insistió para que tomara prestado de su establo una prenda llamada “overol” y un par de botas antes de entrar en su casa. Los humanos le dan mucha importancia a la vestimenta. Todavía no entiendo la razón. – Hola, Jake. ¿Cassie te convenció otra vez de que la ayudaras a limpiar el establo? – me preguntó el padre cuando entré en la casa. El padre era hombre, como todos los padres humanos. Tenía el pelo castaño oscuro, pero parecía que gran parte había desaparecido de su cabeza. Sobre el rostro llevaba puestos unos anteojos redondos y trasparentes que, según dicen, sirven para corregir la visión defectuosa. Tiene la tez más oscura, y la misma cantidad de brazos y piernas que los demás. – No – dije – Me pidió que comiera su comida. Comida. Midaa. – Bueno, alguien debe comerla. Parece que te tocó sufrir a ti. Hoy cociné yo. Hice mi plato de ajíes picantes mundialmente conocido. De pronto, los ojos de Cassie se abrieron notablemente. Parecía asustada. – ¿Ajíes picantes? Casualmente Jake me comentó que no tenía demasiado apetito. Ya comió. – ¿Los ajíes son para asustarse? – le pregunté a Cassie. Su padre sonrió. – Los míos sí. – ¿Oigo la voz de Jake? – preguntó alguien desde el cuarto de al lado. Apareció una mujer y di por sentado que se trataba de la madre de Cassie. Tenía pelo oscuro, pero en mayor cantidad que el padre de Cassie. No se lo habían eliminado. Estiró sus dos brazos hacia adelante y vino hacia mí. – Cada vez que te veo estás más atractivo, Jake – Me estrechó entre sus brazos y me dio un pequeño apretón. Luego me soltó. – ¿Te quedas a comer los ajíes de la perdición? – Sí, lo invité a que se quedara – dijo Cassie – Pero no tiene demasiada hambre. Más aún, ya comió, así que probablemente no pruebe los ajíes. La mamá de Cassie le sonrió al papá. – ¿No es emocionante ver cómo trata de protegerlo? – Demasiado tarde – dijo el padre de Cassie – Está atrapado. No tiene escapatoria. Para comer, tuvimos que sentarnos frente a una mesa. Eso yo ya lo había hecho aquella vez en que me hice pasar por el príncipe Jake en su propia casa. Entonces ya sabía como hacerlo. Conocía el tenedor, la cuchara y el cuchillo. Descubrí que el ají es marrón y rojo. Contiene varios ingredientes y es muy aromático. También había algo llamado “pan de maíz jalapeño”, y un bol con trozos de diversas frutas. Después de tantas advertencias, la idea de probar el ají me puso nervioso. Pero me di cuenta de que el padre de Cassie se ofendería si no probaba un poco. Entonces comí una cucharada. Creo que, mientras viva, nunca olvidaré esta experiencia. El ají estaba caliente, pero a la vez me dio una sensación de calor totalmente nueva. ¡Parecía que las papilas gustativas de mi lengua humana iban a explotar! Me quemaban con un sabor de una intensidad inigualable, distinto de todo lo que había probado hasta ese momento o que probé desde entonces. Sentí como un hormigueo en cada nervio de mi cuerpo. Me caía agua de los pequeños conductos ubicados al lado de mis ojos. No era tan maravilloso como el chocolate, ¡pero era intenso! ¡Increíblemente intenso! ¡Ah! Un andalita nunca entendería. Eso era lo mejor que tenían los humanos: ¡el paladar! La maravilla increíble del gusto. – ¡Me parece estupendo! – exclamé. – ¿Cómo dijiste? – dijo la mamá de Cassie. – ¡Ajá! ¡Por fin alguien que entiende el placer de la comida picante! – exclamó el padre de Cassie. Me di cuenta de que me había comido todo el bol de esos fabulosos ajíes, y quería más. ¡Ese sabor! ¡Esa sensación! ¡Quería más! – Hay mucho más – dijo el padre de Cassie, llenándome de nuevo el bol. – Mm, ¿Jake? – dijo Cassie – Realmente no deberías comer tanto. – Dame tu porción, que me la como – exclamé. Sentía que los ojos se me salían de las órbitas. Tenía un hormigueo en la piel. El estómago me hacía ruido. Y, aún así, quería más. – Adoro a este muchacho. ¿Sus padres nos dejarán adoptarlo? Jake, eres un joven inteligente y con muy buen criterio – comentó el papá. – Está loco – dijo la madre – No existe otra explicación. De pronto, sentí un dolor fuerte en la pierna. Tuve la sospecha de que Cassie me había pateado por debajo de la mesa. La miré. Me sonrió con dulzura, pero me pateó otra vez. – Creo que ya es suficiente con esos ajíes – dijo. Me miraba de manera muy directa. – Sí. Ya es suficiente. – Puse el bol a un costado – Suficiente. Ficienteeee. – Usé ajíes habaneros – explicó el padre – La sustancia más caliente que conoce el hombre. – No tanto como la temperatura que se crea durante la fusión nuclear – señalé. – ¿Cómo te va en la escuela, Jake? – preguntó la madre de Cassie. Yo sabía que a esa actividad se la denominaba “dar conversación”. Las reglas eran que cada persona debía hacerle una pregunta a la otra. – Me va bien. ¿Cómo le va con su trabajo de cuidar animales? – Como siempre, como siempre – me respondió – Pero estamos por tener unos bebés de camellos. La madre de Cassie es veterinaria y trabaja en el zoológico, un lugar donde viven animales que no son humanos. – Jake, ¿crees que los Bulls volverán a ganar este año? – preguntó el padre de Cassie. Percibí que Cassie se ponía nerviosa. Tenía miedo de que yo no entendiera la pregunta. Pero gracias a que leí El almanaque mundial, sabía que los “Bulls” eran un equipo deportivo. – Sí – respondí – Pueden llegar a ganar. Luego me tocó el turno a mí de hacer una pregunta. Ése es el mecanismo de la “conversación”. – ¿Sabían que la máquina para separar la crema se inventó en 1878? Aparentemente no lo sabían. Cassie, su madre y su padre -todos- se quedaron mirándome sorprendidos. Después miramos un poco de televisión. Allí vi una representación ficticia de una familia. Yo la miraba, y al mismo tiempo observaba a la familia de Cassie. Me resultaba interesante enterarme de cosas sobre las familias humanas. Yo ya había visto a la familia del príncipe Jake, y ahora observaba a la familia de Cassie. Existen algunas diferencias entre ellas. Por ejemplo, la de Jake lleva a cabo un pequeño ritual religioso antes de comer; la familia de Cassie, no. Y en la familia del príncipe Jake, el padre se queda dormido mirando televisión. En la de Cassie, la que empezó a dormirse fue la madre. – Me tengo que ir – le anuncié a Cassie – Ya pasaron casi dos horas de las de ustedes. La madre revivió el tiempo suficiente como para decirme que yo estaba loco, pero lo que dijo fue que seguía siendo “muy simpático”. El padre de Cassie me guiñó el ojo izquierdo y me saludó con la mano cuando me iba. Luego se rió de algo que pasaba en la televisión. Afuera, en el fresco aire nocturno, Cassie suspiró con fuerza. – Bueno, no fue tan terrible. Ven, que te acompaño hasta que puedas volver a transformarte sin que te vean. A propósito, éste es un libro para ti, ya que terminaste El almanaque mundial. Es un libro de citas, cosas que dijeron personas famosas. – Me lo entregó para que me lo llevara. – Gracias. Caminar en la oscuridad, alejándome de la casa de mi amiga, me producía una sensación rara. Me hacía sentir como si hiciera frío, aunque no lo hacía. – Bueno, ¿qué te parecieron mis padres? – me preguntó. – Me cayeron bien – le dije – Pero, ¿por qué a tu papá le falta pelo en la cabeza? Quería preguntarle, pero me olvidé. – Se está quedando calvo. Mejor que no se lo hayas mencionado. Se trata de algo normal en los humanos, pero a algunos no les gusta hablar del tema. – Ah, sí. A mi padre, por ejemplo, las pezuñas se le están volviendo opacas. También es algo común, pero no les gusta comentarlo. – ¿Cómo es tu padre? ¿Y tu madre? – Son… son padres comunes y corrientes. Son muy buenos. Son… – Continúa. – Siento algo raro en la garganta – dije – Como si tuviese una obstrucción. Me cuesta hablar. Blar. ¿Es normal? Cassie pasó su brazo por debajo del mío. – Los extrañas. Claro que es normal. – Es posible que un guerrero andalita paso muchos años en el espacio, lejos de su hogar y su familia. Eso es normal. – Ax, tú mismo lo dijiste. Tal vez seas un guerrero andalita, pero todavía eres muy chico. Me detuve. Ya estábamos lejos de la luz de la casa, o sea que podía hacer la transformación sin que me vieran. Tomé conciencia de que me había puesto a mirar las estrellas. – ¿Dónde están? – me preguntó Cassie, siguiendo la dirección de mis ojos – Si estás autorizado a contarme. Con mis dedos humanos señalé el cuadrante del espacio donde brillaba la estrella de mi hogar. – Allá. Contemplé esa estrella mientras abandonaba mi cuerpo humano y regresaba a mi verdadero cuerpo andalita. – Ax, sabes que tanto Jake como Tobías y yo, y hasta Rachel y Marco, nos preocupamos por ti. Lo sabes, ¿no es cierto? Para nosotros no eres sólo un alienígena. dije Corrí hacia el bosque, otra vez con mi figura de andalita. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 12:[/b] Pasé parte de la noche leyendo el libro de citas. Debería haber descansado, pero me sentía inquieto. Pensaba cada vez más en lo fácil que me resultaría convertir el radiotelescopio del observatorio en un transmisor que funcionara en el espacio C. La idea de comunicarme con mis padres me llenaba de tristeza y de nostalgia. pensé Y a la vez pensé: No me enorgullece haber pensado eso. Pero debo ser sincero, y la verdad es que deseaba que todos los seres de mi planeta me consideraran muy valiente por el hecho de estar totalmente solo en la Tierra. Un plan ya se estaba forjando en mi mente. Encontré un lugar tranquilo y me preparé para dormir. Cerré los ojos principales y solamente dejé abiertos los ojos antena en caso de peligro. Aflojé la cola hasta que tocó el suelo. Solo. Sí, me sentía muy solo al tener que dormir en el bosque de un planeta lejos de mi hogar. También me daba tristeza ser el único de mi especie. Me sentía muy solo sabiendo que Cassie estaba durmiendo en su casa, y Marco en la suya, lo mismo que Rachel y Jake. Todos tenían un hogar. Todos menos yo. Y Tobías. Tobías. Él seguro me entendería. Pero, ¿estaría dispuesto a ayudarme? Si yo hacía lo que tenía planeado ¿me ayudaría? Y yo, ¿podría confiar en él? Levanté la cola y abrí los ojos principales. Sabía dónde dormía Tobías. Fue fácil encontrarlo. Estaba parado, rodeando una rama con sus garras afiladas. lo llamé. Extendió las alas como desperezándose Me sorprendió que me contestara tan rápido, como si no tuviese la menor dudo con respecto a la respuesta. dije Se quedó un momento en silencio. dijo dije en voz baja. Incluso en ese lugar, rodeado de seres extraños, Elfangor era el héroe. Entonces le conté mi plan a Tobías. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 13:[/b] [i]”ET llamando a su casa.” Cuando encontré esa frase en el libro de citas que me había regalado Cassie, me sorprendí. Para ser sincero, casi me asusté. Parecía como si hubiese sido escrita especialmente para mí. Pensé que quizá, de alguna forma, mis amigos humanos habían descubierto mi plan y lo habían escrito allí.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] El sol comenzaba a asomarse en el planeta Tierra. Llevé a cabo el ritual matutino de siempre, pero esa mañana estaba más impaciente que nunca. Sabía que Tobías había ido a cazar para tener su alimento de la mañana, y que regresaría cuando terminara de comerse algún pobre ratón. Cuando Tobías regresara de la cacería, partiríamos. Me llevaría hasta el observatorio, hasta el gran radiotelescopio. Y con un poco de suerte, me las ingeniaría para llamar a casa. Con mis ojos antena vi que descendía un halcón. Era Tobías, y se posó en una rama. Luego me miró con sus temibles ojos. le dije A menudo salimos a volar juntos. El ave en el que me puedo transformar se llama aguilucho norteño. Es un tipo de halcón, aproximadamente del mismo tamaño que la cola roja de Tobías. Las plumas de Tobías son en su mayor parte marrones y beige, mientras que las del aguilucho son principalmente grises y blancas. Dominé mi ansiedad y preocupación, para poder concentrarme en la metamorfosis. Siempre me resulta extraño transformarme en aguilucho. Para empezar, hay una gran diferencia de volumen entre un andalita y un ave, incluso un ave de gran tamaño. La primera sensación fue como si me cayera dado que me encogí con rapidez. Ya no veía con mis ojos antena, y me crecieron alas en lugar de las patas delanteras, que no me sirven de apoyo. Siempre me caigo para adelante pues no puedo mantenerme en pie con las dos patas traseras solamente. Además, mis patas traseras se iban encogiendo para convertirse en las pequeñas patas amarillas y escamadas de un ave, y mi cola se encogía y se dividía en decenas de largas plumas. Los aguiluchos también tienen boca, como los humanos, sólo que no sirven para hablar y tienen muy poco sentido del gusto. Por otra parte, es una maravillosa arma natural: filosa como una hoja de afeitar, y en forma de pico curvo capaz de desgarrar y arrancar. Y las garras son excelentes. Yo admiraba la manera en que Tobías las utilizaba: puede bajar en picada hasta llegar a escasos centímetros del suelo, y atrapar un ratón o un pequeño conejo con esas garras. Vi que unas alas grises platinadas reemplazaban el pelaje azul y tostado de mi propio cuerpo. El pelaje se derritió y apareció la carne de abajo. Luego la carne se cubrió de millones de pequeñas nervaduras de plumas. Yo estaba acostumbrado a la mente del aguilucho y, por ende, había aprendido a controlar sus instintos, que eran más fuertes que los del ser humano. dijo Tobías dije, de mal humor Hice la prueba: abrí mis alas hasta su extensión total de un metro, batí las alas de la cola, enfoqué mis ojos semejantes a rayos láser sobre un árbol lejano y alcancé a ver hasta la última hormiga que subía por su tronco. Presté atención a los sonidos del bosque con el oído superior del aguilucho: oí los insectos que se movían bajo las hojas de los pinos, una ardilla que abría una nuez con los dientes, los latidos del corazón de Tobías. Me volví hacia la brisa y abrí las alas. Las batí varias veces y levanté las patas del suelo. La brisa me hizo despegar. Pero aún ayudado por la brisa, tuve que batir las alas con fuerza para elevarme hasta la copa de los árboles. Tobías me llevaba varios metros de ventaja porque tenía mucha más práctica que yo. Volé sobre la copa de los árboles. El sol caía sobre los árboles, y desde el suelo ascendían oleadas de calor. Aprovechando la corriente ascendente, subí unos sesenta metros en cuestión de segundos. De pronto vi la granja de Cassie y, cuando di a vuelta para lograr más altitud con la corriente ascendente, noté también todos los lugares conocidos: la casa de los otros chicos, el centro comercial, la escuela. dijo Tobías Llegamos al mar. A lo largo de la costa había acantilados, y allí se producían las corrientes de aire caliente. Entrar volando en una de ellas es como subir a un ascensor: la corriente choca contra mis alas y me hace elevar cada vez más. Es una sensación fantástica, vertiginosa. Yo giraba y daba vueltas, a fin de mantenerme dentro de la corriente, siempre siguiendo a Tobías y ascendiendo. indicó Tobías Era fascinante. Nos hallábamos a mucha altura del suelo. Abajo había humanos tendidos en la playa, con menos ropa de lo normal. La vestimenta es un raro hábito de los humanos: deben tener prendas puestas todo el tiempo, menos en la playa, donde se ve que pueden llevar menos. No lo comprendo. No encontré ninguna explicación en El almanaque mundial, aunque sabía que Estados Unidos importaba indumentaria por valor de unos treinta y seis mil millones de dólares. me advirtió Tobías. pregunté, saliendo de mi distracción. Decidí vigilarlo. La Tierra es un lugar peligroso y salvaje. Al menos, para un ave. Pensé que a veces Tobías seguramente lo pasaba mal. Vive con temores que un humano no tendría jamás. Ha perdido su posición en la cima de la cadena alimenticia de la Tierra. Los halcones son depredadores, pero también son presas. Sin embargo, parecía estar conforme con su destino. ¿Podía ser que hasta prefiriera ser halcón? ¿Sería por eso que nunca me preguntaba por qué yo sabía que era un nothlit? ¿O acaso pensaba que me iba a negar a contestarle o, peor aún, que le mentiría? Felizmente el halcón no reparó en nosotros y continuamos nuestro vuelo siguiendo la costa. Al rato ya nos habíamos alejado de la ciudad. Y también de las playas. La costa se volvió más escarpada, con olas que chocaban y explotaban de espuma contra las rocas irregulares y fracturadas. Un único camino zigzagueaba a lo largo de la costa, allá abajo. Había algunos autos, pero pocos edificios. Luego, a la distancia, vi una gran edificación blanca. En realidad se trataba de varias estructuras. Había un edificio alto con una cúpula, y a su alrededor estaban dispuestos varias bols blancos, grandes y aplanados, en diversas posiciones. Demoré unos segundos en descubrir para qué servían. pregunté, riéndome preguntó Tobías. le dije. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 14:[/b] le pregunté a Tobías cuando pasé sobrevolando el observatorio Observé con mi increíble vista de halcón. En la parte superior de la cúpula había una abertura grande y rectangular. Adentro vi un amplio círculo de vidrio. Me reí cuando reconocí de qué se trataba. dijo Tobías pregunté. aceptó Tobías, y me guió hacia abajo. Bajamos en picada a gran velocidad. La cúpula blanca y brillante se nos acercó con rapidez. Yo atravesé deprisa en rectángulo abierto y viré en ángulo recto hacia la derecha. Adentro estaba mucho más oscuro que afuera. Debajo de mí se encontraba el tubo increíblemente largo del telescopio. dijo Tobías dije. Describimos varios círculos en el interior de la cúpula. Mientras volaba, esperaba ver humanos allá abajo, pero no apareció ninguno. dijo Tobías. coincidí Tobías se elevó y salió de la cúpula. Entonces me quedé solo. Descendí más y más en dirección al piso, hasta que aterricé en una mesa. Había una terminal de trabajo con la consola de una computadora, pero ningún ser humano a la vista. Vi una puerta abierta que daba a lo que parecía ser una oficina vacía y a oscuras. Batí las alas dos veces y ya estaba adentro. Los ojos del halcón peregrino están hechos para la luz del día. No son muy útiles en la oscuridad. Pero el halcón peregrino también tiene un oído finísimo. Entreví un escritorio y me posé sobre él. Luego me concentré en escuchar. Estaba solo en la oficina; sobre eso no cabía duda. Los únicos sonidos humanos que oí me llegaban desde otras oficinas, a través de las paredes. Conversación. No alcanzaba a distinguir los sonidos, pero parecían estar centrados en un mismo sitio. Era Tobías. Su lenguaje telepático era débil. le contesté. dije Mi plan era trasformarme en mi forma normal de andalita, luego convertirme rápidamente en humano, por si acaso alguien me veía. Pero estaba cansado del viaje, y hacer la metamorfosis era agotador, en especial la metamorfosis rápida. Y si tenía que huir de improvisto, debería pasar primero por mi cuerpo de andalita para poder convertirme después en halcón peregrino. No podría soportar tanto cambios en tan poco tiempo. Decidí arriesgarme y conservar mi forma andalita. Además… si conseguía comunicarme con mi casa, quería que mis padres me reconocieran al verme. Comencé la metamorfosis. Sólo me quedaba esperar que Tobías tuviera tiempo de avisarme. Si bien me encantaba ser una ave, fue una linda sensación cuando empezó a formárseme de nuevo la cola. Un andalita sin cola es lamentable. Y pese a lo potentes que pueden llegar a ser los ojos del halcón, sólo pueden mirar en una dirección a la vez. Cuando se volvieron a formar mis ojos antena, suspiré aliviado. Ya podía ver de nuevo para todas partes. No había ninguna computadora en la oficina y eso me molestó mucho, porque me obligaba a volver al observatorio para utilizar la computadora de allí. Mis pezuñas resbalaban sobre el piso encerado. Miraba rápidamente hacia todos lados, vigilando con mucha atención. Aparté la silla que había frente a la terminal de trabajo de la computadora. Comencé a tipiar en el antiguo teclado. la pantalla me pidió una clave. me reí. Desactivé el sistema de seguridad y confirmé que el nuevo programa que el padre de Marco había hecho ya estaba instalado. Bien, así sería más fácil. Ingresé un virus que transformaría rápidamente el programa que controlaba el radiotelescopio. Dado que los humanos no tenían conocimiento sobre el espacio Cero, no sabían que era posible sintonizar un radiorreceptor potente de manera tal que creara un vacío en el espacio Cero y abriera una puerta transdimensional. Una vez que abrí un pequeño agujero en el espacio C, era facilísimo utilizar los mismos receptores para modular y reflectar la radiación almacenada a fin de crear una señal coherente. La parte difícil sería utilizar el leguaje telepático para dirigir esa señal: tendría que estas totalmente concentrado. dijo Tobías. Tuve la esperanza de que la palabra que no oí fuera “bien”. Me llevó alrededor de diez minutos terrestres hacerle los ajustes al radiotelescopio. Diez minutos, y había hecho que la ciencia humana progresara un siglo o más. Diez minutos para violar totalmente la ley andalita. Ya había terminado: el sistema estaba listo. Presioné la tecla “enter”. Miles de líneas en lenguaje de programación desaparecieron de la pantalla. La pantalla quedó en blanco. Me concentré con la mayor precisión posible. Imaginé la señal coherente; imaginé ese rayo atravesando mi propia cabeza. pensé Se produjo un destello en la pantalla. Apareció un rostro, adusto y desconfiado. Pero era el rostro de un andalita. preguntó El andalita me quedó mirando. preguntó [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 15:[/b] Mi concentración flaqueó un instante. Perdí la señal, pero después me forcé a concentrarme. Lo que estaba haciendo era demasiado importante como para arruinarlo con las emociones. pregunté. Le llamó la atención que se lo preguntara. , asistente del director de comunicaciones planetarias> dije Eso lo sorprendió. Ithileran bajó los ojos, y también sus ojos antena, como gesto de dolor. dije Intenté organizar mis pensamientos con rapidez. Respiré profundo y traté de mantener la concentración. ¿Cuánto debería contarle a Ithileran? reaccioné dije Eso le llamó la atención. Le llamó decididamente la atención. Había llegado el momento de decir toda la verdad, o de mentir. expliqué Ithileran se sobresaltó. Miró súbitamente hacia el costado y luego, en un instante, desapareció de la pantalla. Otro andalita ocupó su lugar. Atónito, reconocí la cara de inmediato. Era un ser muy mayor, y sin embargo su poder parecía vibrar a través de la pantalla, cruzando todos los años luz que separaban la Tierra de mi casa. Lirem-Arrepoth-Terouss. Director del consejo, veterano de muchas más guerras de las que yo podía contar. Su aparición en la pantalla me habría hecho perder la concentración, pero fue tanta mi sorpresa que no me atreví. Hizo caso omiso de mi balbuceo. Lirem me lanzó una mirada que solía hacer temblar a grandes príncipes. dije. Me sorprendió porque estaba gritando prácticamente Para mi sorpresa, Lirem no me ordenó hacer silencio. Sin embargo, su mirada era cada vez más sombría; su expresión, más seria que nunca. Luego, dijo: dijo. Me lanzó una mirada severa dije, en tono grave Durante unos momentos, ninguno de los dos habló. Luego Lirem dijo: Yo no podía creer lo que Lirem me pedía que dijera. Quería hacerme mentir. Quería que limpiara el honor de Elfangor. dije, tan espantado, que no atinaba a protestar Lirem continuó: murmuré, con amargura. dijo Lirem dije, si entender. ¿Por qué había hecho eso? ¿Por qué me había comunicado con mi hogar? Sabía que debía guardar silencio. Sin embargo, una parte de mí se estaba enfureciendo Lirem me taladraba con la mirada. Oí dentro de mi cabeza una voz que parecía venir de lejos. Pero en ese preciso momento, Lirem dijo: [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 16:[/b] dijo mi padre. Siempre me llamaba con ese sobrenombre. No podía creer que era él realmente. Llegó tan rápido la pregunta que tanto temía. Casi pierdo el contacto. Tenía desesperación por ver el rostro de mi padre y escuchar sus palabras. Pero al mismo tiempo, no quería contarle que su hijo mayor había muerto. Y había otra cosa que no quería contarle. dijo mi padre Fue como si alguien le hubiera dado un mazazo, porque se balanceó hacia atrás. Aparté la mirada. Había intentado con todas mis fuerzas no pensar en que Elfangor ya no estaba. No había tomado real conciencia de su muerte hasta ese momento. Ver el dolor de mi padre me hizo sentir el mío también. quiso saber. Esa pregunta es parte del ritual fúnebre. Tenía la obligación de formularla. dije. Eso también era parte del ritual. Mi padre asintió con la cabeza. Ésa era la parte que yo temía. Me miró fijo. El ritual había terminado. Ambos habíamos dicho las cosas que debíamos decir. dijo mi padre. dije Se interrumpió la conexión, y al instante desapareció totalmente. Me quedé mirando una pantalla en blanco. – Lo lamento, pero me parte el alma verte – dijo con desdén una voz humana – Tuve que cortar la transmisión. Me di vuelta de un salto. ¡Un humano! Se hallaba a nueve metros de distancia. Y en la mano tenía un arma con la que me apuntaba. Demoré unos instantes en darme cuanta de que no se trataba de un arma humana: era un arma de rayos dragón, modelo que acostumbran usar los yeerks. – Tú y yo tenemos que hablar sobre muchas cosas, andalita. Muchas cosas. Yo estaba paralizado, no podía moverme. El controlador humano se encontraba demasiado lejos como para poder golpearlo con mi cola. – Ni lo intentes, andalita – dijo con desdén – porque te liquido sin darte tiempo de mover esa cola tuya. Pero en ese momento… – ¡Criiiiiiii! Tobías descendió en picada desde la punta de la cúpula a toda velocidad, con las alas hacia atrás y las garras hacia adelante. Iba directo al rostro de ese hombre. El tipo levantó el brazo, pero las garras se incrustaron en la piel desnuda de su antebrazo y le dejaron unos tajos rojos. Sin embargo no soltó el arma de rayos dragón. Tobías se alejó volando. Retazos de la camisa del humano le colgaban de las garras. Yo me abalancé, ¡pero era demasiado tarde! – ¡Alto! No quiero matar a ninguno de ustedes dos, andalitas, pero lo haré si es necesario – reaccionó el hombre. Tobías se alejó rápidamente y se posó sobre el telescopio mismo. – Lo único que quiero es hablar – dijo el controlador humano. señalé. Luego hizo algo que me llenó de asombro. Se arrodilló, apoyó el arma en el piso y la pateó hacia un lado. El arma patinó sobre el piso encerado. – Ahora estoy a tu merced, andalita – dijo – Puedes usar esa cola tuya, o de lo contrario, escuchar lo que tengo que decirte. Elevé mis ojos antena y miré a Tobías. dijo Tobías le respondí al controlador humano. – Mi nombre es Gary Kozlar – anunció. dije bruscamente, tratando de que mi voz sonara contundente y sin miedo Asintió con la cabeza. – Está bien. Mi nombre es Eslin tres-cinco-nueve. Y tú eres Aximili, un joven andalita cadete de guerrero, hermano de la Bestia Elfangor. Como verás, oí los últimos minutos de tu conmovedora conversación. – Tu hermano murió – rugió Eslin – lo mismo que la única criatura que me importaba de toda la galaxia. Ella se llamaba Derane tres-cuatro-cuatro. ¿Y sabes qué tienen en común tu hermano y Derane? El rostro humano de Eslin mostró una mueca de furia. – A los dos los asesinó el mismo ser. – Como dije, tú y yo tenemos mucho en común, andalita. – Luchaba por contenerse, pero le temblaba la mandíbula al hablar. – Ustedes, bandidos andalitas, causaron un gran daño al destruir la Kandrona. Hay hambre generalizada. Los yeerks más importantes, los que ocupan los máximos puestos o los favoritos de Visser, viajan ida y vuelta a la nave nodriza cada tres días. Reciben una dosis pequeña de rayos kandrona, lo mínimo como para mantenerse con vida. pregunté. – No. Supongo que eres tan hipócrita y que te crees tan superior como todos los andalitas – dijo Eslin – Los entrometidos de la galaxia. Eslin esbozó una mueca de sonrisa. – Sabía que vendrías. En cuanto vi el nuevo software, pensé: “Ajá, esto no es producto de los torpes esfuerzos humanos de siempre”. Un andalita corrigió este programa, un andalita que quería usar el radiotelescopio como transmisor de espacio C. Te estuve esperando. Sabía que ibas a venir. dije, sintiéndome como un tonto. Era obvio que los yeerks tenían a uno de los suyos apostado en el observatorio. Por supuesto. ¡Y yo había caído como un idiota! – Mi amada Derane… proveníamos del mismo estanque. Hicimos juntos el período de instrucción. Ella y yo… estuvimos juntos durante mucho tiempo. Éramos muy unidos. Ella me entendía. Pero yo tenía un puesto importante en el observatorio, mientras que a ella le asignaron uno menor. Cuando ustedes, bandidos andalitas, destruyeron la base terrestre de Kandrona, Visser Tres tomó medidas de inmediato. Según dijo, todos iban a sobrevivir. Decía haber encontrado la forma, pero mintió. Había demasiados yeerks, y los rayos kandrona no alcanzaban. Era una simple división. Entonces, transportó a los denominados controladores “importantes” a la nave nodriza. Y el resto… Al parecer Eslin notó por primera vez los cortes ensangrentados que tenía en el brazo, y se los tocó con cuidado. – Ustedes, los andalitas, seguramente aman este planeta. Hay tantas especies desagradables en las que se pueden transformar. – Ella era “prescindible” – dijo Eslin. Luego sonrió – pero ya me vengué, aunque sea mínimamente. Cada tres días, se trasporta a los favoritos de Visser a la nave nodriza para que se alimenten. Yo saboteé una de las naves de transporte, y eso alteró el esquema de alimentación. Ahora, algunos de los amigos de Visser están muriendo de hambre, como murió mi amada Derane. me dijo Tobías en privado le pregunté – Ah, quieres saber adónde apunta. Claro, por supuesto. Bueno, la idea central es ésta: Visser Tres habita un cuerpo de andalita, y a veces se alimenta como los andalitas. me preguntó Tobías. – Se alimenta como los andalitas, prácticamente solo. Por supuesto que tiene guardias, pero se mantienen apartados, o sea que él queda expuesto, vulnerable. Y yo conozco el lugar donde se alimenta. -¿Por qué? – Hizo una mueca de ira que dejó al descubierto sus dientes humanos. – Porque quiero que Visser Tres muera. ¡Quiero que muera porque mató a Derane, la única criatura de la galaxia que quise! Él la mató. Y tiene que pagarlo con su vida, esa repugnante escoria mitad andalita. ¡Quiero que MUERA! Luego se tranquilizó, al menos un poco. Sacó del bolsillo un papelito que puso sobre el escritorio. – Hora y lugar – dijo – Tienes un día para prepararte. Eslin dijo con desdén: – Podría haberte matado aquí. Tú tienes una obligación, andalita: el peso de la venganza. Debes enfrentar al asesino de tu hermano, tu mayor enemigo. Ustedes, los andalitas, cumplen muy bien con el deber. Entonces cumple con el tuyo, andalita. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 17:[/b] [i]Se hace muy difícil estar convertido en humano y al mismo tiempo recordar que uno no es humano, que el dolor que ellos padecen no es de uno. Cuesta mucho mantenerse a un lado. A veces, muchísimo.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] Esa misma tarde, el príncipe Jake convocó una reunión en el establo de Cassie. Lo primero que pensé fue que Tobías les había contado a los demás sobre mi viaje al observatorio. Desde luego, Tobías no sabía que yo me había comunicado con mi hogar. Pero sí sabía todo lo del plan de Eslin para matar a Visser Tres. El establo de Cassie también se llama “Clínica para la rehabilitación de la fauna silvestre”. Ella y su padre lo utilizaban para salvar a los animales salvajes que están heridos o enfermos. Siempre hay decenas de ejemplares enjaulados: zorrinos, zorros, mapaches, toda clase de aves. Muchos de los animales tienen vendajes. Me resulta extraña la relación que tienen los humanos con los otros animales de la Tierra. Al parecer, sienten mucho afecto por algunos y odian a otros. Creo que tiene que ver con algo llamado “simpatía”, pero nunca entendí bien el concepto. Y ahora seguramente nunca o iba a entender. No era tan ingenuo como para creer que podría desafiar a Visser Tres y sobrevivir. Quizá si lo planeaba bien, y con un poco de suerte, podría llegar a matarlo. Sin embargo, no viviría para jactarme de ello. Probablemente, daba lo mismo. Yo no tenía futuro. Lirem me había “perdonado” por quebrantar la ley. Pero yo ya no podría nunca llegar a ser guerrero, y mucho menos, príncipe. Jamás sería otro Elfangor. Él pasaría a la historia como un gran guerrero. Y a mí me recordarían como el estúpido hermano menor, que les brindó a los humanos la capacidad de transformarse. Debía convertirme en humano para ir al establo ya que siempre existía la posibilidad de que entrara el padre o la madre de Cassie. Me sentí mal al adoptar el cuerpo de humano. Mientras la piel humana reemplazaba mi pelaje, y ojos humanos ocupaban el lugar de mis ojos de andalita, recordaba lo que Lirem me había contado acerca de la manera en que había sido asesor de los hork-bajir. Los hork-bajir habían perdido. Los yeerks los habían esclavizado. Pero Lirem había obedecido las leyes y costumbres. ¿Qué habría pasado si no hubiera obedecido, si les hubiera otorgado tecnología de avanzada a los hork-bajir? ¿Y si les hubiera enseñado a construir naves espaciales? ¿Los hork-bajir serían un pueblo libre hoy en día? Yo no era quién para decidirlo. Era un mero aristh. No sería nada más que eso. Por lo menos, si destruía a Visser Tres, la gente diría: “Era un tonto, pero al final murió con dignidad”. Pero pensar en eso no me sirvió de mucho consuelo. Encontré a los demás esperando dentro del establo: el príncipe Jake estaba sentado sobre un fardo de heno; Marco se había apoyado contra la pared de uno de los compartimientos, cruzado de brazos; Cassie, como de costumbre, estaba ocupada alimentando con un gotero a un pequeño ganso lastimado. Rachel, que caminaba de un lado a otro, entrecerró sus fríos ojos cuando me vio. Estaba también Tobías, encaramado en las vigas del techo. Me topé con su mirada intensa e intimidante de halcón. Y vi que una tira de tela ensangrentada le colgaba de las garras. Yo sabía de dónde provenía. Y en ese momento supe el porqué de la reunión. – Hola, Ax – me saludó el príncipe Jake – ¿Cómo te va? – Bien – contesté. – Me pareció que debíamos juntarnos – siguió diciendo Jake, con aire de cansado. Parecía estar evitando mi mirada – Tenemos que pensar qué significa lo que está sucediendo con los controladores. Vimos al tipo del centro comercial. Después al señor Pardue. Y en el periódico de esta mañana había una noticia sobre un hombre de negocios que estaba en una reunión y de pronto comenzó a comportarse de manera extraña. Lo hacían parecer como si se hubiera vuelto loco, pero para mí que se trataba de otro controlador que estaba muriendo. Me miró. Yo no dije nada. – El tema es éste, Ax – dijo Marco, yendo al grano – Estamos cansados de que nos andes con vueltas. Aparece Tobías y trae colgando un trozo de camisa ensangrentada. Le pregunto qué es, y no hay manera de que me responda. ¿Por qué no me responde? Muy fácil: porque seguramente le hizo una promesa a alguien. ¿Y a quién se lo habrá prometido? No tenía objeto negarlo. – Yo le pedí a Tobías que me lo prometiera. Ti-e-ra. La culpa es mía. – ¡Entonces ahora no sólo te guardas secretos, sino que haces que nos guardemos secretos entre nosotros! – exclamó Rachel – Tienes que entender, Ax, que nosotros no somos tus pequeñas piezas de combate. No somos soldados de juguete. Éste es nuestro planeta, y nuestra lucha. Tú no nos diriges, por el mero hecho de ser un andalita poderoso. – No intento dirigir a nadie – dije. – ¡Cómo que no! – reaccionó Rachel – Toda la información va en un solo sentido. Nosotros te contamos todo, y tú nos cuentas muy poco. A veces hasta parece que eres sincero, pero nunca nos cuentas nada útil. – Dijiste que sabías que probablemente los yeerks matarían a cualquier controlador que se les estuviera muriendo – presionó Marco – ¿Cómo lo sabías? ¿Ya sucedió antes en algún otro planeta? Rachel tomó la palabra y dijo: – Nosotros te mostramos nuestro mundo, te dejamos entrar. Conoces a nuestras familias, lees nuestros libros, hasta vas a nuestra escuela. Y luego, te guardas secretos. Las palabras me hirieron. Lo que decían era verdad. Pero yo debía cumplir las órdenes, las leyes de mi pueblo. – Somos inferiores, ¿no es cierto? – dijo Marco – Eso es lo que crees, ¿no es cierto? Piensas que no servimos demasiado, que somos un pueblo inferior, retrasado y por lo tanto no merecemos que se nos trate de igual a igual. – No es verdad – dije. – ¡Claro que sí! – exclamó Marco – ¡Claro que sí! Somos apenas un grupo de cavernícolas, ¿no? Eso es lo que te parecemos. Quizás habría sido mejor si no hubiera ido transformado. Mi cuerpo humano estaba inundado de adrenalina. Me sentía enojado, temeroso y culpable. – ¡No puedo contestar a sus preguntas! – exclamé – ¡No puedo! – ¡Querrás decir que no quieres contestar! – exclamó Marco – Rachel tiene razón: para ti somos títeres en este gran juego. El gran cotejo deportivo de los andalitas contra los yeerks, y nosotros, ¿qué somos? ¿los aguateros? – Lo que pasa… lo que pasa es que debo obedecer las reglas. – ¿En serio? – preguntó Cassie. Era la primera vez que hablaba, y lo hizo con voz suave y moderada – ¿Acaso Elfangor obedeció las reglas cuando nos otorgó la capacidad de transformarnos? – ¡Yo no soy Elfangor! – exclamé – ¿No lo ven? No soy un gran héroe. Soy apenas un joven andalita, ¿entendido? ¿Quieren saber la verdad? La verdad es que no soy un guerrero. Soy un aristh, un… aprendiz, un cadete. Un don nadie. – Sí, sí, me conmueves hasta las lágrimas – se burló Marco – No me impresionas. No queremos que nos cuentes tu triste historia; queremos la verdad. ¿Qué estaban haciendo tú y Tobías? ¿Por qué le hiciste prometer que no contaría nada? ¿Qué está pasando? – No puedo contarles – dije en voz baja – Existe una ley que nos prohíbe otorgar nuestra tecnología a los alienígenas… quiero decir, a los que no son andalitas. Y parte de esa ley nos impide explicar la razón. Razón. Zón. – Este tema me tiene cansada desde… – Rachel comenzaba a levantarme nuevamente la voz, pero el príncipe Jake se puso de pie y la tomó del brazo. Luego miró a Cassie y ésta asintió con la cabeza. – Puedo llegar a entender eso de no darnos tecnología de avanzada – dijo el príncipe Jake – Pero, ¿por qué todos los demás secretos? ¿Por qué no puedes contarnos otras cosas, como por ejemplo que ya sabías lo que harían los yeerks? Está bien, no nos quieren dar armas poderosas o lo que sea, pero no entiendo por qué no quieren contarnos ni siquiera qué papel jugamos nosotros en toda esta guerra de los yeerks contra los andalitas. ¿Por qué no nos dice de qué se trata? – Así nos pueden seguir dominando – sugirió Marco. – Y conservan el poder – coincidió Rachel. Cassie me miraba de manera extraña. – No – dijo – No es nada de eso. El asunto aquí no es la dominación sino la culpa, la vergüenza. Es eso, ¿no? Es lo que dijiste la otra noche: que todas las especies cargan con alguna culpa. – ¿Culpa? ¿Vergüenza? – preguntó Marco, mirando a Cassie como si estuviese diciendo estupideces. Sin embargo, Cassie había descubierto la verdad. – ¿Qué hicieron para sentirse avergonzados? – me preguntó el príncipe Jake. – En una oportunidad, tuvimos un gesto de amabilidad cuando no debíamos – contesté. – ¿Eso es todo lo que vas a contarnos? – preguntó el príncipe Jake. Asentí con la cabeza, como hacen los humanos. – No puedo aceptarlo, Ax – dijo Jake, con tristeza – Si estás con nosotros, debes ser sincero. Si no… creo que tendrás que quedarte solo. Lamento tener que hacer esto, pero no puedes ser uno de nosotros y luego mentirnos. – Entiendo – dije – Conmigo han sido… – Otra vez sentía ese extraño nudo en la garganta – Han sido maravillosos. Siempre les voy a estar agradecido. Maravillosos. Agradecido. Gradecido. La verdad es que… no habríamos seguido juntos mucho tiempo, de todos modos. Miré a Tobías. Sólo él sabía lo que yo quería decir. Despacio, como si mis torpes piernas estuvieran hechas de un pesado metal terrestre llamado “plomo”, me di vuelta y me alejé de mis amigos humanos. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 18:[/b] [i]”Uno no siempre puede obtener lo que desea. Pero si lo intenta, a veces consigue lo que necesita”, dijeron unos humanos famosos llamados los Rolling Stones. Creo que son muy sensatos, considerando que son humanos.[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] El ritual matutino es para los días comunes. La mañana siguiente no era un día como todos. Era el día en que yo iba a morir. dije, e incliné la cabeza. ¡El pueblo! El pueblo estaba a miles de millones de kilómetros de distancia. dije, y elevé mis ojos antena hacia el cielo. ¿Mi príncipe? Elfangor había sido mi príncipe, y había muerto. Ahora un humano, Jake, era mi príncipe, y me había destituido. Yo nisiquiera le había contado lo que estaba haciendo. El ritual era mentira. dije, y elevé mi rostro para mirar el sol naciente. El honor: morir en el acto de vengar a mi hermano. Sentí que se me revolvían las tripas. Era el miedo. Conocía el miedo, lo había sentido mientras luchaba. Pero nunca había librado una batalla sabiendo de antemano que iba a perder. Eso no era honor; era entregarme directamente a la muerte. ¿No podía pedirles ayuda a los demás? ¿No podía acudir al príncipe Jake y contarle? No, porque también tendría que contarles que había llamado a mi planeta; no podría guardarme nada. Había llegado el momento de decir las últimas palabras del ritual. Levanté la pinza de mi cola y la apreté contra mi garganta, en señal de autosacrificio. Me costaba respirar, como si hubiese estado corriendo. Los corazones me latían con rapidez. dijo la voz de Tobías refunfuñé. Me daba fastidio que Tobías estuviera ahí. No le contesté. La verdad era que no soportaba hablar de eso. Tenía miedo, mucho miedo. Si lograba sorprender a Visser, quizá podría matarlo. Pero él tenía el cuerpo de un andalita adulto, un ser de sexo masculino, totalmente desarrollado. Además, tenía más experiencia que yo. Debía contar con custodios. Seguramente, algunos hork-bajir estarían cerca. preguntó Tobías exclamé dije con amargura dijo Tobías. Se quedó un rato callado. dijo finalmente. aceptó Tobías, con amargura Entonces eché a correr y correr. El lugar secreto en el que encontraría a Visser Tres se encontraba a kilómetros de distancia. Quería hacer todo le comino corriendo para huir de mi propio miedo yendo directamente hacia él. Eso es lo que Elfangor habría hecho. Elfangor, el gran héroe. Elfangor permanecería en la memoria de todos como el guerrero perfecto, el magnífico príncipe. En cuanto a mí, con un poco de suerte la gente algún día diría: “” Eso me serviría para ganar un poco de respeto. La gente diría que al final yo había hecho lo correcto. Otros dirían: “”. Y otros dirían: “”. Corrí y corrí hasta que me dolió el pecho por respirar el pesado aire de la Tierra. Atravesé lugares donde había hojas secas y crujientes agujas de pino. Salté troncos caídos y en descomposición, y bordeé zonas de árboles que no hablaban, como los árboles de mi propio mundo. Cada vez que me imaginaba frente a frente con Visser Tres, aumentaba la velocidad con la intención de superar el miedo. Ya no estaba cerca de ninguna casa habitada por humanos. Estaba alejado de los caminos de los humanos, en lo profundo del bosque, un bosque antiguo, repleto de sombras y oscuridad. Pero a la largo vi el son brillando sobre la hierba verde, frente a mis ojos. Una pradera. Justo donde indicaba la nota de Eslin. Me detuve y respiré con dificultad. Me apoyé contra un árbol y traté de recobrar el aliento. Una mezcla de agotamiento y miedo me hacía temblar las piernas. La pradera es hermosa, cubierta por un césped verde y pequeñas flores amarillas y violetas. Me hubiera encantado alimentarme allí. Avancé sigilosamente hasta el borde de la pradera, manteniéndome siempre dentro del cono de sombras de los árboles. No vi nada fuera de lo común: no había naves insecto, ni hork-bajirs. Tampoco estaba Visser Tres. Lo único que vi fue la fauna terrestre: dos ciervos pastando, ardillas que subían y bajaban por el tronco de los árboles, un zorrino que pasó caminando descaradamente como un pato. Era una hora antes de la que me había indicado el yeerk Eslin. Contaba con una hora para idear un plan y prepararme, ya que podía ver todo el terreno. Observé la pradera. Estaba dividida por un arroyo de un metro de ancho. El pasto era alto junto al cauce del arroyo. Traté de adivinar hacia dónde correría Visser. ¿Iría a la derecha o a la izquierda? Como se me permitiría una sola oportunidad, debía acertar en la decisión que tomara. Me imaginé dónde iría yo, si fuese él. Visser Tres habitaba en cuerpo de un andalita, o sea que probablemente se moviera como un andalita. Me paré a la abrasadora luz solar y caminé hacia el lugar que creía que sería el indicado, junto a la ribera del arroyito. Un lugar en el que la hierba era un poco más corta, y donde a Visser Tres le resultaría fácil introducir la pata en el agua. Entonces vi huellas de pezuñas, pezuñas de andalita. Visser Tres. Sí, evidentemente había estado ahí, tal vez unos días atrás. Eslin tenía razón. Ése era el lugar. Yo debía esperar, oculto, listo para atacar en el momento preciso. No podría esconderme con mi cuerpo de andalita, pero existían otras opciones. Pensé entonces en la serpiente de cascabel. En ese animal me trasformaría. ¿Qué otro podía ser mejor para atacar de improviso? Centré mis pensamientos en la serpiente, en la metamorfosis, y ésta empezó casi de inmediato. No se pareció a ninguna de las anteriores. Por lo general, mis patas se transformaban en otro tipo de patas, mis brazos se trasformaban en otro tipo de brazos, aunque fueran solo aletas. Pero esta vez no hubo brazos ni patas. Nada de mi propio cuerpo estaba reproducido en esta nueva forma, salvo los ojos y la cola. Las patas simplemente se derritieron, se secaron, desaparecieron. Me caí al suelo, hecho un muñón sin patas. Los brazos se me secaron y se esfumaron. Oí chirridos dentro de mi cuerpo cuando todos mis huesos se fusionaron dentro de mi columna. Me estaba encogiendo, pero como ya estaba tendido en el suelo, no me resultó tan terrible como otras veces. El pasto que me rodeaba me pareció más alto, y las flores violetas más grandes, pero no tuve la sensación que tenía siempre de estar cayendo a medida que me encogía. Lo que sí sentí fue una gran debilidad. ¡No tenía brazos! ¡Ni patas! Pero mi cola… la conservaba, aunque la forma era muy distinta. De pronto, la pinza de mi cola se fraccionó hasta formar una especie de cadena hecha con decenas de ampollas conectadas entre sí: la cola de la serpiente de cascabel. Mi pelaje desapareció con rapidez, y en su lugar me crecieron escamas. Eran como pequeñas planchas entrelazadas, que formaban un dibujo en marrón y negro. Se me formó la boca, una boca enorme comparada con el tamaño de mi cuerpo. Yo era un tubo, y el extremo abierto era la boca. Era un cuerpo horrible, muy raro. Más raro aún que cuando me convertía en hormiga o en pez. Me convertí en un ser que no tenía partes distintas en su cuerpo. Mis ojos antena fueron opacándose. En la boca me creció una gran lengua bífida, increíblemente larga y rápida. Pero no se parecía a la de los humanos. El sentido del gusto que tenía con esta lengua superaba a todo lo que pudiera sentir una lengua humana. Con ésta se paladeaba hasta el aire mismo. Por último obtuve la característica que tanto esperaba: los colmillos enormes, largos y curvos, filosos como agujas. Encima de ellos me salieron unas glándulas llenas de veneno. Sentí surgir la mente de la víbora debajo de mi propia conciencia. No se trataba de una mente que se dejara llevar por impulsos, como la de algunos animales. No me sentí abrumado por el miedo ni el hambre. Era una mente serena, lenta, reflexiva, propia de un cazador, de un depredador. Un asesino sereno, reflexivo. ¡Y los sentidos! Con los ojos sin párpados veía colores extraños, pero tenía un buen campo visual. La lengua, que salía disparada desde una ranura que tenía en la base de la boca, sentía el sabor y el olor del aire. me traía toda una gama de sensaciones: el aroma del pasto y de la tierra, el olor de los insectos y el de los seres vivos y de sangre caliente. Debajo y detrás de mis orificios nasales de serpiente tenía dos pequeñas fosas que detectaban el calor, en especial el que despiden las presas. Sí, había sido acertada la decisión de convertirme en serpiente. Visser no se lo esperaría. El cuerpo de andalita que él habitaba era rápido, pero no más que el de una serpiente. Yo lo sabía por experiencia. Comencé a moverme, deslizándome en medio de la hierba. Me desplazaba con sinuosa elegancia, calladamente. Seguía el rumbo que me marcaba mi lengua, que salía y entraba, una y otra vez, percibiendo, oliendo, paladeando. Dentro de mi propia mente sentía la de la serpiente. Esa mente no tenía miedo, no tenía honor, ni amigos por quienes preocuparse; no tenía familia a la que podría decepcionar, ni leyes que violar. No se sentía en soledad. La serpiente siempre había estado sola. Permanecí oculto entre el pasto aguardando, inmóvil, contando mentalmente los minutos. Luego sentí que la tierra vibraba bajo mi cuerpo. La vibración que causa el aterrizaje de una nave de caza insecto. Luego, otra. Solo dos, y no muy lejos. Había llegado el momento. Los yeerks se estaban acercando. Se acercaba Visser Tres. Y mientras sepultaba el miedo en la serena mente depredadora de la serpiente, me apresté para matar. Y para morir. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 19:[/b] Mucho antes de verlo ya percibí su olor, el olor de la carne andalita. Pero no podía oler al yeerk que era el verdadero Visser Tres, el yeerk dentro del cuerpo andalita. ordenó Visser Tres. Hablaba en lenguaje telepático en tono alto y claro para que lo oyeran sus soldados Yo oía su voz dentro de mi cabeza. Sentí un nudo en el estómago que, en realidad, ya no tenía. Traté de ahogar mi miedo en la serenidad de la serpiente, pero de pronto se hizo más intenso. Repasé el plan: atacar, escapar, transformarme, volver por la presa. Tendría que transformarme antes de que los guardias de Visser lograran acercarse a él. Y debía guardar la esperanza de que el veneno de la serpiente atontara a Visser. Luego… ¡el galope! Cuatro pezuñas fuertes que dejaban su marca en la pradera. Mi lengua salió rápidamente y lo olí en el viento. Sí. Se estaba acercando. Sí, vendría al arroyo. Una sombra. ¡Ya estaba ahí! Por encima de mi cuerpo, tapándome el sol. Lo olí y lo sentí con mi legua de serpiente. Gracias a mis ojos sin párpado, siempre abiertos, vi su vientre que parecía un techo curvo sobre mi cabeza. Sentí su calor. Introdujo una pezuña en el agua fresca para beber. No había tiempo para pensar. Era posible que se moviera en cualquier momento. ¡SSSSSSSSSSS! ¡Un sonido! ¿Qué era? ¡Era yo! ¡Yo, el que hacía ese ruido! ¡Mi cola! ¡La cola de la serpiente de cascabel! Había hecho sonar la macabra señal sin pensarlo. Vi cuando Visser agachó la cabeza. Lo vi utilizar sus dos ojos principales. Pude ver el temor en su expresión. ¡SSSSSSSS-TAAC! ¡Lo ataqué! Todos mis músculos enrollados entraron en acción al mismo tiempo. Mi cabeza se elevó en el aire. Abrí la boca bien grande. Me salieron los colmillos. ¡ATAQUE! Los colmillos se clavaron en la carne del andalita. ¡Pude sentir cuando fluía el veneno! Sentí que el veneno penetraba en la pierna de Visser Tres. Él se sacudió. Lo solté. Él intentó retroceder. Era muy rápido, pero yo lo era mucho más. ¡ATAQUE! Le introduje más veneno. Envenené al monstruo, al ser abominable, al asesino de Elfangor. Retrocedí. Pude sentir mi propio veneno que me goteaba de los colmillos. Su cola se sacudió sobre su cabeza para abatirse sobre mí. Pero yo ya no estaba ahí. La pinza se clavó profundo en el suelo. Cuando me alejaba serpenteando con rapidez, sentí el movimiento del aire. me ordené a mí mismo. Hasta ese momento, Visser no había llamado a sus guardias. Estaría dudando. No sabría lo peligrosa que era la serpiente. Al principio no se daría cuenta de que no era una serpiente de verdad. Luego, lentamente, comenzaría a sospechar. Yo corría como alma que lleva el diablo, en medio del pasto. Detrás de mí, mi cuerpo en forma de cuerda se retorcía, se enrollaba, se desenrollaba y se deslizaba. Sin embargo, mi cabeza se mantenía derecha y siempre al mismo nivel, avanzando al ras del suelo a través de la hierba. Cuando me encontraba a unos veinte metros, mi cuerpo de serpiente se volvió lento a causa de la transformación. Me aparecieron pequeñas piernas, que al principio sólo eran cabos. Pequeños ojos antena me crecieron en la amplia parte superior de mi cabeza romboidal. rugió Visser Tres Yo seguía avanzando con dificultad, en dirección al límite del bosque. Luego… ¡calor corporal! Un animal de sangre caliente ante mis ojos. Mi lengua se movió con rapidez y me permitió sentir un olor conocido: ¡el de los hork-bajir! Los hork-bajir, las tropas de choque del imperio yeerk. Una raza pacífica, amable que, por casualidad, se parecía físicamente a las máquinas cortadoras de pasto, como solía decir Marco. Cuchillas en los brazos, cuchillas en las patas, garras para despedazar, una cola lenta pero mortal. Todos eran controladores. Los yeerks habían esclavizado su mente. Me fue imposible seguir avanzando. Ya no era una serpiente. Todavía no era andalita. Y el hork-bajir estaba apenas a unos metros de distancia. ¡Demasiado cerca! pensé Ya me habían salido los ojos antena. Lentamente empezaba a levantarme del pasto con la ayuda de mis patas largas y débiles de andalita. Mi cola comenzaba a formarse otra vez. Vi al hork-bajir. Y vi que él notaba mi presencia. Ya no podía hacer nada, nada más que morir. El hork-bajir blandió la cuchilla de su brazo derecho como si fuera una guadaña. Iba a asestármela en el cuello. ¡PUM! El sujeto se tambaleó, y la cuchilla de su brazo derecho cortó el aire sobre mi cabeza. ¡AAAAARRRRRRJJJJJJJJJJ! ¡Un rugido! Pero no era el rugido de un hork-bajir. ¡El hork-bajir salió despedido! Los dos metros del peligroso guerrero mortal salieron catapultados por el aire como si nada. Y donde antes estaba él, apareció Rachel. Por supuesto, no era la Rachel humana de pelo rubio y fríos ojos azules. Era otra Rachel, una Rachel transformada en oso pardo. El oso estaba parado sobre sus patas traseras; hasta era más alto que el hork-bajir. Mostraba unas garras que prácticamente no tenían nada que envidiarle a las cuchillas de hork-bajir. Y sus músculos eran tan fuertes que podían arrojar a su enemigo a tres metros de distancia. – ¡AAAAARRRRRRJJJJJJJJJJ! – rugió el oso con furia. pregunté, sorprendido. me respondió, con esa entonación que utilizan los humanos para ser irónicos Ya casi era andalita de nuevo. Inspeccioné rápidamente la pradera con mis ojos antena. Visser Tres se encontraba en el medio del campo. Dos hork-bajir corrían a su lado, saltando sobre la hierba. En el extremo más alejado de la pradera, un tercer hork-bajir miraba como loco hacia todos lados, con el arma de rayos dragón lista para disparar. Miraba en todas las direcciones, salvo hacia arriba. Desde el árbol que estaba encima de él, algo que parecía prácticamente líquido, algo anaranjado y negro, cayó, con las garras extendidas. ¡El príncipe Jake! Y arriba, en el cielo, un halcón volaba bajo en círculos sobre la pradera. anunció Tobías me dijo Rachel le dije a Rachel Tobías pasó zumbando casi al ras del pasto, en dirección a Visser Tres. le reproché. pregunté le dije. Corrimos hacia Visser y sus guardias. Rachel -un enorme maremoto marrón que avanzaba- y yo. Tobías iba sobrevolando. En el preciso momento en que nos acercábamos, vi que Visser Tres se tambaleaba. ¡El veneno, la ponzoña estaba dando resultado! Visser Tres se encorvó y cayó al suelo. Los dos hork-bajir se estremecieron. Vieron a Rachel que se acercaba como un bólido a través de la hierba crecida. Vieron al príncipe Jake, un demonio a rayas, que se acercaba por el otro lado. Vieron a Marco transformado en gorila y a Cassie, un lobo hambriento que mostraba los dientes. Tobías había llegado donde estaba Visser. Pasó batiendo frenéticamente las alas, ascendiendo cada vez más. Y lo peor de todo es que vieron a un andalita, el enemigo que más temían. les dije Los hork-bajir se decidieron con rapidez. Una vez que se deciden a huir, esos seres son muy veloces. Visser estaba caído, solo, indefenso, cuando nos detuvimos, rodeándolo en círculo. Estaba tan indefenso como había estado Elfangor en el final. Miré hacia arriba. ¿Por qué Tobías…? exclamó en ese momento Tobías. Tiró sus las hacia atrás y se arrojó a toda velocidad. ¡Venía en picada hacia la tierra a una velocidad casi suicida! Traía las garras hacia delante, como si estuviese a punto de golpear contra el suelo. Luego… exclamó. Se volvió a alejar remontando vuelo una vez más. oí que gritaba el príncipe Jake en lenguaje telepático. exclamé Me llevó unos cuantos segundos comprender la situación. No le encontraba sentido. Era increíble. pregunté confirmó Tobías Miré hacia abajo a la criatura que yo consideraba Visser Tres. Por supuesto, el verdadero Visser Tres era una babosa gris, un yeerk. Ese cuerpo que estaba ahí era el de un andalita. Visser ya no estaba. Había escapado. El andalita respiraba, pero al parecer no podía moverse. Me miró con sus ojos principales. Yo ya me había enfrentado a Visser Tres en oportunidades anteriores. Había sentido la fuerza maligna que emanaba de él. Esa maldad ya no estaba. Sólo se trataba de un andalita. El yeerk ya no estaba. logró decir jadeando el andalita. Se me detuvieron los corazones. No podía soportarlo. Después de años de estar bajo el control de Visser Tres, la mente del huésped andalita seguía con vida. Todavía estaba consciente.
dije dije, desesperado dijo el andalita, suplicando Trató de levantar su propia cola. Hizo el intento de llevarse la pinza a la garganta. Sin embargo, el veneno lo había debilitado. La cola se desplomó contra el suelo. dijo finalmente, con tanta tristeza que me ardía oírlo Levantó una mano débil y se la tomé con la mía. No tenía fuerza en los dedos. Se quedó callado, inconsciente. Ubiqué su mano a un costado del cuerpo. Yo sabía que la próxima vez que viera ese rostro sería nuevamente el rostro de mi enemigo. Visser Tres, el ser abominable. sugirió el príncipe Jake. dijo Tobías [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 20:[/b] [i]”Denme libertad o mátenme”, dijo un humano llamado Patrick Henry. Me pregunto si cuando los yeerks vinieron a conquistar la Tierra sabían que los humanos decían cosas como ésas. ¿Sabían los yeerks en la que se metían?[/i] [b]Del diario terrestre de Aximili-Esgarrouth-Isthill[/b] dije. Estábamos en el bosque donde yo vivo, el bosque del planeta llamado “Tierra”. Ya habían pasado dos días desde el terrible episodio de la pradera. Yo había pensado muchísimo durante esos dos días. Había pensado sobre muchas cosas. Luego les pregunté a mis amigos humanos si me acompañaban. – ¿Eso qué significa? – preguntó Rachel. Estaba de pie, cruzada de brazos, en una pose que, según creo, se denomina de escepticismo. expliqué – No quieren tener competencia – dijo Marco – Quieren ser superiores, lo cual es entendible. Pero los humanos están de su lado. Nos están conquistando a nosotros, no a ustedes. – Marco, cállate – intervino el príncipe Jake – Deja que Ax cuente su propia historia. Vi que el rostro de mis amigos humanos se ponía tenso. Tobías saltó a una rama más baja, para acercarse. – ¡Por Dios! – murmuró Cassie – Ése es el gran secreto, la vergüenza que los andalitas quieren ocultar. – ¿Qué? – preguntó Rachel – ¿Cuál es el gran secreto? – Seerow les dio tecnología de avanzada a los yeerks, ¿no es cierto? – preguntó Cassie. Asentí con la cabeza. Nadie dijo nada durante unos instantes. Yo sabía qué esperar. En un primer momento, esos humanos habían visto a los andalitas como héroes. Luego empezaron a sospechar. Y ahora yo confirmaba sus sospechas. Ahora verían que los andalitas no eran los grandes salvadores de la galaxia. – Pero Elfangor violó la ley de la Amabilidad de Seerow, ¿no es así? – señaló Marco. Vi que Rachel sonreía y decía que no con la cabeza. Marco puso los ojos en blanco y dijo: – Uy, y pensar que realmente comenzabas a caerme mal, Ax. Yo estaba confundido. Supuse que se iban a poner furiosos, pero en cambio todos sonreían. El príncipe Jake asintió con la cabeza. – Sí, entendemos, Ax. Hace mucho tiempo, alguien intentó tener un gesto de amabilidad y el resultado fue un desastre. Este Seerow quería ser una buena persona. Esperaba que todos los pueblos de la galaxia se llevaran bien, que todos viajáramos juntos a las estrellas. – Ax, uno no deja de abrigar esperanzas por el solo hecho de que a veces, las cosas no salen como uno quiere – dijo Cassie – Tienes más cuidado la próxima vez. Quizás aprendes algo. Pero sigues teniendo esperanzas. – Mira, Ax, no queremos que nos otorgues tecnología andalita. No queremos que violes tus leyes. Lo único que pretendemos es que confíes en nosotros, que nos digas la verdad, que seas uno de nosotros – dijo el príncipe Jake. – No estás solo, Ax – agregó Cassie, con dulzura – Quizás no seamos tu pueblo, pero somos tus amigos. – Ese muchacho, Seerow, no estaba equivocado – dijo Marco – Sólo se metió con la especie equivocada. Nosotros no somos como los yeerks, somos homo sapiens, humanos. ¿Los andalitas están buscando con quién viajar a las estrellas? Nosotros somos los indicados. Ustedes pongan las naves que nosotros llevamos los caramelos y los pancitos de canela. dije – No – dijo el príncipe Jake – porque lo que aprendamos nosotros también lo aprenderán ustedes. Aprenderemos junto, los humanos y los andalitas. Los andalitas y los humanos. dije dijo Tobías dije. preguntó Tobías. – La libertad – respondió el príncipe Jake. – La libertad – dijo Rachel, asintiendo con la cabeza. – La libertad – afirmaron Marco y Cassie al unísono. dijo Tobías Me quedé callado unos minutos. Creo que me sentía un tanto abrumado. Luego, me di cuenta de algo que me hizo reír. dije. – ¿Qué cosa? – preguntó Rachel. dije – Puede ser que a los andalitas de tu mundo no les guste la idea – dijo Rachel. dijo Tobías – ¿Estás con nosotros? – preguntó el príncipe Jake. dije. – No me digas “príncipe”. repetí. – De acuerdo – dijo Marco, frotándose las manos – Bien, eso ya está terminado. Y ya que por fin somos sinceros y estamos diciendo la verdad… creo que tenemos que hacerle una gran pregunta a Ax. Una pregunta muy importante que pondrá a prueba nuestra nueva amistad. Una pregunta importantísima. Todos asintieron con la cabeza en señal de acuerdo. pregunté nervioso. – ¿Cómo, CÓMO haces para comer si no tienes boca? – preguntó Marco. Me reí. dijo Tobías. – ¿Ritual matutino? ¿Qué ritual matutino? – dijo Cassie. asentí Miré directamente a Tobías mientras lo decía. Encontré su mirada de halcón, feroz e intensa. Quería que entendiera que yo también respondería a su pregunta, la pregunta que yo sabía ardía en su interior. Sin embargo, nunca me la formuló. Y en mi mente, oí un eco de las palabras de Tobías: Ni yo ni mi shorm, Tobías, podemos sonreír. Pero aun así, hay momentos en que nos miramos, nos entendemos, y por dentro sonreímos. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[/b]
[b]Capítulo 21:[/b] le dije a Eslin, el traidor. Me encontraba en el observatorio. Estábamos solos, nosotros dos y nadie más. Eslin me fulminó con la mirada. – Basura andalita. Ni siquiera pudiste matar a Visser. ¿Qué pasó? ¿Te asustó mucho? dije Llevó varios minutos establecer la transmisión del espacio C. Y un momento más hasta que estuve conectado nuevamente con el gran Lirem. dije Resultó un tanto agradable ver que el viejo Lirem de pronto abría los ojos bien grandes. Es que él sabía quién era exactamente Alloran. Lo que él era. me advirtió Lirem Lirem entrecerró los ojos con expresión atemorizante. gruñó Me reí. [b]© 1997 K.A. Applegate © 2000 Traducción de SEDET para Emecé S.A. Argentina 2006 de la transcripción de Iluminada[b]

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