#26 El ataque

Sinopsis:

Ocurre de pronto -el auditorio del colegio se congela y aparece el Ellimista con una oferta para los Animorphs. Muy lejos existe una especie llamada Iskoort. El Ellimista quiere salvarlos, pero su archienemigo, una criatura llamada Crayak, quiere destruirlos. Han decidido enfrentarse en un duelo. El Ellimista escoge a los Animorphs y a Erek el chee como sus campeones. Crayak elige a siete mortíferos howlers.

Ahora los Animorphs se encuentran en un mundo extraño y distante, luchando por sobrevivir contra un grupo de aliénigenas como nada a lo que se hayan enfrentado antes. Es su desafío más difícil hasta el momento, y Jake y los demás no están seguros de poder salir de esta con vida…

Datos del libro:

El libro tiene prólogo y 27 capítulos en 149 páginas.

Lo narra el líder del grupo, Jake. Hace un tiempo, Jake tuvo un yeerk en la cabeza (Animorphs #6. La captura). Cuando el yeerk murió, pudo ver otra dimensión, y en esa dimensión, a un ojo rojo sentado en un trono. Desde entonces ha estado soñando con él. Sabiendo que también le había mirado, sabiendo que está furioso con él. Ahora Jake va a conocer a esta criatura, y ninguna de sus experiencias como líder de los Animorphs se puede comparar con aquello a lo que está a punto de enfrentarse…

K.A. Applegate tiene algo importante que decir a cerca de una memorable escena de este libro: “El beso de Jake y Cassie no es sólo algo que los anifans esperaban desde hacía tiempo, sino que ha sido nuestro pequeño homenaje al primer beso interracial en televisión, el famoso momento entre el Capitán Kirk y la Teniente Uhura. Ese lejano beso encendió una tormenta de furiosas respuestas. Para nosotros, que siempre recibimos montones de correos de los fans, no hubo ni una sola carta que se quejara del beso entre un personaje negro y uno blanco. Lo que dijeron la mayoría de los lectores fue ‘¡Ya era hora!‘”

En cuanto a las nuevas formas, Jake se transforma en un mortífero howler (33), pero los demás no adquieren ningún ADN nuevo.

Como nuevos personajes, conoceremos al milenario enemigo del Ellimista, el gran ojo rojo conocido como Crayak. También un ser dimensional, Crayak es el mal supremo: su objetivo es destruir la vida inocente a lo largo y ancho del universo.

En la Ciudad de la Belleza habitan los iskoort, una raza de comerciantes que vive en gremios y se pasa la vida vendiendo todo lo que pueden -incluso recuerdos, piel y pelo. Los iskoort son en realidad dos especies en simbiosis: el isk y el yoort, un parásito. La esperanza del Ellimista es que los yeerks conozcan algún día a los iskoort y se den cuenta de que hay otro camino que no es esclavizar a especies inocentes. Los Animorphs contratan los servicios de un iskoort, Guia, para que les muestre la ciudad.

Finalmente conoceremos a los howlers. Siendo creaciones de Crayak, estas criaturas existen sólo para aniquilar otras especies alienígenas, como ya han hecho con los Niños de Graffen. Y ahora quieren hacer lo mismo con los Animorphs…

[b]Prólogo:[/b] El sueño volvía otra vez. Era tan real como siempre. El yeerk estaba en mi cabeza una vez más. Estaba muriendo por la falta de rayos Kandrona, desfalleciendo, fracasando. Yo le estaba viendo morir. El yeerk gritaba de dolor una y otra vez. Y las visiones flotaban en mi memoria tan claras como si fueran reales. Eran las visiones de la vida del yeerk. Y los persistentes recuerdos que había robado de sus portadores. Uno de ellos había sido mi propio hermano, Tom. Sentí cada uno de esos recuerdos mientras el yeerk renunciaba a su vida. Yo era el espectador de esos recuerdos de desesperación. Al final, el yeerk no sentía dolor. Sentía más allá del dolor. Abrí los ojos y vi a Cassie. Sucedió de forma muy natural. Pero abrí los ojos por mí mismo por primera vez desde que había sido infestado. Y luego, por primera vez en más de una hora, el yeerk habló. <Tu ganas… humano.> El yeerk se estremeció. Pude sentirlo como un espasmo en mi cerebro. Mi visión cambió. Y sentí algo indescriptible. Sentí como si pudiera ver a través de las cosas. Dentro de las cosas. Como si pudiera ver la parte de delante y la parte de detrás y la de arriba y la de debajo y el interior de todo a la vez. Fue como si me hubiera escurrido fuera del mundo normal. Fuera del universo real. Estaba en una realidad diferente. Estaba fisgoneando a través de una grieta en una pantalla de cine. En la superficie se proyectaba la película tridimensional -mi mundo. Más allá de eso… algo que mi mente no podía comprender. En mi sueño, mi recuerdo, sentía crecer el terror. Sabía lo que venía a continuación. Me retorcí, enroscándome entre las sábanas. ¡Despierta! ¡Despierta! Pero no podía despertarme. Nunca puedo, no antes de que el sueño termine. Y entonces lo veo otra vez. Una criatura. O una máquina. Una mezcla de las dos. No tenía brazos. Estaba sentado inmóvil, como si estuviese fijado con bisagras, en un trono que se elevaba varios kilómetros. No se podía mover, pero el poder que manaba de él era como un huracán de energía. Su cabeza sólo tenía un ojo. El ojo se movía lentamente… izquierda… derecha… Yo temblé. Supliqué que no me viese. Pero entonces me miró. El ojo, de color rojo sangre, me miró directamente. A través de mí. Me miró. ¡ME ESTABA MIRANDO! ¡No! ¡NO! Grité con mudo terror. Intenté mirar a otro lugar, pero mis párpados eran transparentes, mi cabeza no podía girar lo suficiente para evitar esa intensa mirada. Dijo la única palabra que dice en mis sueños. Entonces, finalmente, pude despertar, estremeciéndome en la cama empapado de sudor. ¿Por qué? ¿Por qué este sueño no se iba? He tenido otras pesadillas, otros terribles recuerdos de tal miedo y violencia que necesitaba expulsar de mis sueños. Pero se han ido desvaneciendo. En cambio este sueño viene una y otra vez. Me levanté y entré en el baño tambaleándome. Parpadeé por la deslumbrante luz del fluorescente. Avancé hasta el lavabo y me miré la cara, la cabeza. Sí, el yeerk había muerto ahí, en esa cabeza, en mi cabeza. Fue genial ver al yeerk desacoplarse y comenzar a arrastrarse fuera de mí y que después la muerte cerrara sus fauces alrededor del yeerk, igual que el ojo me había encontrado a mí. Me había mirado. Y yo le miré. Una y otra vez en mis pesadillas. Una y otra vez. Y siempre pronuncia esa palabra. “Pronto.” [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Santiago Ruíz García[/b]

[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Jake. ¿Que quién soy? A veces me lo pregunto. Soy un chico, un estudiante, con clases a las que asistir, deberes que hacer y amigos y padres a los que caer bien. Soy un chico corriente, al menos eso parece. Normal. Aburrido, incluso. No soy especialmente bueno en el colegio. Sólo lo hago bien. Ni soy un gran atleta. Tampoco soy ninguna clase de genio. Sólo un chico. Si me vieses en el centro comercial, jamás se te ocurriría pensar que hay algo interesante en mí Pero lo hay. Nadando en mi sangre está el ADN de docenas de animales. Pájaros, insectos, mamíferos. El ADN flota ahí, encerrado, esperando a que mi mente lo libere. Y cuando lo hago – cuando activo el ADN- lo hace, de la forma más asombrosa e imposible. Cambiándome. Transformándome en un animal. En el pájaro o en el insecto. Me hace encoger o crecer. Perder o ganar fuerza. Mis extremidades, mis órganos, mi cara, mis ojos, todo cambia. Para llegar a ser aquella criatura. Mi propia mente continúa funcionando. Yo sigo siendo yo, pero la mente del animal está ahí, también conmigo. Y también funciona. Bueno, de cualquier forma, sobre lo que tu estás pensando, [i]Oh, está loco. Delira. Debería estar en una habitación acolchada con un goteo de tranquilizantes. [/i] No estoy loco. Esto es real. Está pasando. No sólo a mí, también a mis amigos: Marco, mi mejor amigo; Rachel, mi prima, la diosa de la guerra; Cassie, la chica que más me importa en este mundo; Tobias, el amigo al que no pude salvar de su terrible destino; y Ax, un andalita, un alienígena. Los andalitas son quienes inventaron la tecnología de la transformación. Sólo ellos la poseen. Sólo ellos pueden dar a cualquier ser el poder de transformarse en cualquier criatura. Sí, ahora estoy hablando de alienígenas. Loco de remate, ¿no?. Pero esto también es verdad. La Tierra está siendo invadida. No descaradamente, no están disparando a lo loco rayos dragón ni lanzando montones de explosivos. Podría ser contraproducente. Así es como lo hacemos los humanos: rápido, difícil y obvio. Pero los yeerks no son como nosotros. No quieren nuestro territorio o nuestros recursos. No quieren nuestra lastimosa y atrasada tecnología. Ellos nos quieren a nosotros. A nosotros. O lo que es lo mismo, nuestros cuerpos. Quieren nuestras piernas y manos. Quieren nuestros oídos y bocas. Quieren nuestros ojos. En su estado natural, los yeerks son gusanos que viven en una piscina y absorben rayos Kandrona para nutrirse. Pero la evolución jugó un truco muy interesante con los yeerks. Lentamente, con el transcurso de los años, crecieron hasta convertirse en parásitos. Encontraron a los gedds, otra especie del planeta yeerk. Y con el tiempo aprendieron a entrar en sus cerebros. ¿Brutal? ¿Extraño? Son como una especie de avispas que ponen sus huevos en el cuerpo de una oruga. Cuando las avispas nacen, se alimentan de la oruga. Se comen la oruga viva desde dentro. Esto ocurre en nuestra querida Tierra. ¿Así que, qué os suena tan raro? De todos modos, los yeerks avanzan. Desde los gedds a los hork-bajir pasando por los taxonitas y hasta… nosotros. Ahora están aquí. Y están tomando portadores humanos, entrando en sus cerebros, controlándoles, dejándoles totalmente indefensos. Yo sé como es eso. Yo fui un controlador. Y seguiría siéndolo, si no fuera porque mis amigos me salvaron y llevaron al yeerk hasta la muerte. No fue el primer yeerk que murió en mis manos. Y no será el último. Luchamos esta guerra prácticamente solos, yo y mis amigos. Hemos aprendido de una raza de androides llamados chee que nos ayudan de vez en cuando. Hemos aprendido que no todos los yeerks están de acuerdo con la política de expansión por el universo. Y sabemos que fuera, en el espacio, están los andalitas, superiores en número y en armas luchando para frenar a los yeerks. Pero casi todos los días estamos solos. Incluso cuando otra gente está a nuestro alrededor. Una representación. No era una de esas narcóticas lecturas ni una de esas ceremonias en honor de alguien, era de rabiosa actualidad. El Rey León, el espectáculo teatral, estaba en la ciudad. Algunos de los actores estaban en el escenario de nuestro pequeño auditorio para ofrecer su mini-show. Una gran cantidad de niños gritaron cuando fue anunciado. Ya sabes: un montón de “Silencio, sentaos,…” a la vez. No hace falta mencionar que nosotros éramos un poco mayorcitos para aquello. A mí me gusta estar callado y tranquilo. Porque no estoy acostumbrado a hacerlo. Constantemente tengo que correr, transformarse, sentir terror, gritar,… deseo que llegue el momento en el que pueda relajarme, sin tener que tomar horribles decisiones y sentir horribles consecuencias… Así que aguanté sentado escuchando la música y viendo grandes jirafas galopando por el escenario. Yo estaba más o menos quince filas por detrás. Marco estaba en la fila de delante a la izquierda. Podía ver su cabeza, y él lo sabía, así que se entretenía moviendo sus orejas al ritmo de la música. No quise sonreír, pero era tan patético que resultaba divertido. Marco, naturalmente, estaba esperando que me riese para poder darse la vuelta y decirme “ssshhh” completamente indignado. Cassie y Rachel estaban cuatro filas por detrás a la derecha. Estaba seguro que Cassie estaba dormida. Ella vive una vida alucinante: colegio, la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje donde trabaja ayudando animales heridos, y por supuesto, siendo uno de los nuestros, lo cual resulta un trabajo a jornada completa. Rachel tenía una expresión risueña. Cualquiera habría pensado que estaba disfrutando del espectáculo. Me di cuenta de que el chico que estaba sentado a su lado intentaba coger su mano. Y esa expresión risueña fue fulminada cuando vio que debía romperle uno de los dedos al chico. Volví a mirar el show. Era bastante bueno. Escuché un chillido que venía de cuatro filas detrás mío a la derecha. La familiar canción “El Círculo de la Vida” empezó a sonar y los animales de Disney saltaban y cantaban, la música crecía y las orejas de Marco se movían como locas. Una voz de chico se lamentó diciendo “¡Augh, casi me rompes el dedo!” y de pronto todo paró. Todo. Todos los sonidos. Silencio. La música. Silencio. Los actores en sus increíbles trajes. Congelados. El auditorio lleno de niños. Quedó muerto. Lo único que se movía eran la orejas de Marco. El único sonido que se oía era Rachel diciendo, “¿Casi? Vuelve por aquí y lo haré.” Congelados. Quietos. Inmóviles. Todo y todos. Excepto nosotros cuatro. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Santiago Ruíz García [/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Lentamente, cautelosamente, me levanté. Miré a Rachel. “Despierta a Cassie” susurré. Rachel se levantó y golpeó el hombro de Cassie. “Estoy despierta, estoy despierta,” dijo Cassie, parpadeando. Bostezó, paró a medio bostezo olvidando cerrar la boca. “Bien, aquí pasa algo muy raro,” dijo Marco. “¿Alguien ha pulsado el botón de “pausa”?” Miré al escalofriante espectáculo de los actores, congelados, algunos a medio salto, flotando en el aire, cuando un relámpago de plumas apareció. El ratonero de cola roja expandió sus alas gritando <¡Aaah!>, inclinándose con fuerza hacia la derecha, me miró, nos miró a todos, y aterrizó en el borde del escenario. <¿Ya está aquí?> preguntó Tobias, clavando sus garras el borde del escenario. Sacudí la cabeza, confuso. ¿Quién? ¿Quién estaba allí?. Uno de los “animales” de la escena se movió. Sólo que no era un animal de Disney. Tenía el cuerpo de un ciervo azul, el tronco de un humano, una cara sin boca sobre la que tenía dos ojos giratorios extra en la punta de unas antenas, y una cola que puede destrozarte con un solo chasquido. Ax estaba quieto. Luego salió disparado moviéndose entre los falsos animales. Moviendo sus ojos giratorios, arqueó la cola, preparándose para atacar. “Todo va bien, Ax” dije. “Eso creo.” <El ellimista> dijo Tobias. Marco asintió. “No conozco a nadie más que pueda parar el tiempo cuando le da la gana. A no ser que sea el profesor nuevo de matemáticas.” “¿Y donde está?” preguntó Rachel. “Donde el quiera estar,” murmuró tenebrosamente Marco. Ya nos hemos encontrado con la criatura – o criaturas, ¿quién puede asegurarlo? – llamada “el ellimista” varias veces. Para él (ella, eso, ellos) los humanos, los Andalitas y los Yeerks son lo que para los humanos son las hormigas. Y así es como me sentí entonces. Pequeño e impotente, con un puñado de niños congelados a mi alrededor. Era como haber visto una película un minuto, y una fotografía fija al siguiente. Me sentía mal al mirarlos. Como si yo fuese una especie de observador, como Tom. Me encontré con la mirada de Cassie. Sus ojos oscuros miraban prudentes, pero no asustados. El ellimista nunca nos había hecho daño. Nos ayudaba, aunque siempre aparentaba no hacer nada. O al menos actuaba dentro de los límites de su incomprensible conjunto de reglas. Uno de los niños se levantó. Pegué un brinco de un metro. Era una chica llamada Beth. Nadie más se movió. Sólo ella. Me sonrío, a nosotros. Entonces caí en la cuenta. “Sí, soy yo” dijo Beth. “¿El ellimista?” preguntó Cassie. Beth asintió. “¿Y qué pasa con esa gran voz, esos repentinos cambios de forma y todo eso?” preguntó Rachel. “He elegido esta forma por una razón” dijo el Ellimista en la voz de la chica. “Hoy vengo en una humilde misión. Quería una forma humilde. Una que no os provocara temor o respeto.” El ellimista extendió las manos de Beth, poniendo las palmas hacia arriba. Se movió, y pude ver que la verdadera Beth continuaba inmóvil en su sitio. El Ellimista no había cogido su cuerpo, sólo su imagen. Después de todo, no era un Yeerk. El Ellimista tranquilamente pasó a través de varias filas de sillas ocupadas. Las atravesaba impasible, como si sólo fueran aire. Se quedó en el hueco entre la primera fila y el escenario. Junto a Tobias. Ax apareció detrás de él, moviéndose con la elegante fluidez que tienen los Andalitas cuando están preparados para luchar. A los Andalitas no les gustan los ellimistas. Son una de esas criaturas que usan cuando cuentan historias de miedo en las hogueras de campamento- o donde quiera que sea. Eché una mirada a Ax, una mirada al estilo de “tranquilo”. Se relajó un poco. “Muy bien, así que no eres más que una chica normal.” dijo Rachel sarcásticamente. “Algo insignificante, dejando a un lado el hecho de que paras el tiempo y todas esas cosas.” “Esto es todo lo humilde que se ser”, replicó el Ellimista “He venido a-” Vaciló. “He venido a contaros una historia, y para ver como decidís reaccionar.” “Oh, genial, una historia” dijo Marco. “¿Es también un musical? ¿Hay algún hukuna matata involucrado?” Compréndelo, no es que no estuviéramos asustados. Lo estábamos. Pero de la gente que quería matarnos. Esto sólo nos parecía espeluznante. Y ahora nosotros estamos muy acostumbrados a las situaciones espeluznantes. La cara de Beth sonrió. Llevaba braques. “Voy a contaros una historia. Vosotros me contaréis el final.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] El Ellimista observó las manos de la niña. “Una vez tuvimos manos. No muy distintas a estas.” Sonrió. “Pero eso fue hace mucho tiempo. Por lo menos hace un billón de vuestros años.”. “Nosotros evolucionamos tal y como lo hacen todas las especies, a veces rápido, otras lento. Nosotros nos encontramos entre las primeras especies sensibles, pero evolucionamos despacio. De todas formas, transcurrido bastante tiempo, hasta los pequeños cambios pueden resultar muy profundos. Hace tiempo, cuando lo único de lo que podía sentirse orgullosa la Tierra era de unos simples organismos unicelulares, nosotros comenzábamos a observar el cielo nocturno y a comprender los movimientos de nuestro planeta. Aprendimos y nos fuimos haciendo fuertes. Con el tiempo los primeros gusanos comenzaron a arrastrarse por el barro de la Tierra, nosotros comenzamos a viajar en naves a la velocidad de la luz. Y cuando apareció el primer dinosaurio, nosotros… nosotros nos convertimos en lo que somos ahora.” “¿Os convertisteis en una chica con braques?” dijo Marco. El Ellimista lo miró sorprendido. Mostró los braques haciendo una mueca. “Los andalitas podrían hacerse con algo de vuestro sentido del humor,” observó el Ellimista. Ax arañó con su pezuña delantera el suelo del escenario como signo de desagrado. “Y si los Yeerks tuvieran un atisbo de sentido del humor no serían la escoria que son ahora,” añadió el Ellimista. Marco lo miró mas desconcertado que orgulloso. La pequeña observación lo había sacado de sus casillas. No creo que planease aposta el burlarse de alguien que no solo podría aniquilarle, sino que podría acabar con todos sus recuerdos, su familia, sus antepasados y miles de generaciones más atrás. El Ellimista continuó. “Nosotros observamos el progreso de otras especies a través de la galaxia. Ayudamos en algunas ocasiones, cuando nos era posible. Queríamos aliados. Queríamos aprender. Imaginábamos una galaxia repleta de millones de especies sensibles, cada una con su ciencia y su arte, su propia belleza. Pero no fue tan simple. Aproximadamente hace cien millones de años Terrestres, percibimos una nueva fuerza en la galaxia. No una especie, sino un individuo. Era un fugitivo de otra galaxia, perseguido hasta los confines de aquella galaxia por otro poder superior a él. Superior al mío.” “Pensaba que tu eras todopoderoso,” dijo Rachel. El Ellimista sonrió. “No. Solo lo parezco desde tu limitado punto de vista.” Miré alrededor de la habitación. El tiempo estaba detenido. Los bailarines estaban suspendidos en el aire. Las partículas de polvo estaban suspendidas. Un chico llamado Joey había estado comiendo patatas. Alguien le debía haber hecho reír porque su boca estaba abierta, sonriente, y un trozo de patata le colgaba de los labios. Colgaba y no caía. Suficientemente poderoso, pensé. No me gustaría conocer al tipo que pudiese ser capaz de patear al Ellimista. “Ésta nueva fuerza, este individuo, comenzó a hacer notar su presencia en nuestra galaxia. Y tenía ideas diferentes a las nuestras. El deseaba un universo repleto de conflictos, miedo y terror. Anhelaba el terror. No en él, por supuesto, lo deseaba para otros. Él es una especie de perfeccionista, de alguna manera.” El Ellimista quedó pensativo. O al menos perplejo. Es difícil hacerte una idea cuando lo que miras es el flequillo y la barbilla de Beth, pero yo sabía quien era y que era, y pensé que debía ir dejando a un lado eso de juzgar a la gente por la apariencia. En un mundo donde cualquiera puede ser un controlador, empiezas a caer en la cuenta de lo irrelevantes que resultan las apariencias. “Quiere una galaxia vacía de creación. Su objetivo, que pronto se verá realizado, es destruir la vida. Su método es el usar una especie contra otra, así el fuerte vence al débil, y entonces, en el siguiente turno, el fuerte es destruido por otro que lo es aun más. El cree que sólo debería haber una especie. Una sola raza sensible, la cual estará bajo su control.” “¿Pero que es este tipo? ¿Un Nazi? Dijo Cassie. Los rizos de Beth se agitaron cuando el Ellimista asintió. “En el aspecto moral, si. Pero tiene una visión diferente en cuanto al poder total se refiere. El quiere poder controlar los flujos del espacio-tiempo. No el mero hecho de poder verlo y comprenderlo, sino poder sostenerlo en su puño y dictar las leyes de la física y la naturaleza, para recrear la naturaleza en su propia imagen, y así, algún día extender su poder a través de todas las galaxias y destruir así el único poder que le supera.” “Genial,” Aseveró Marco. “¿Podemos volver a El Rey León ya?” “Es llamado el Crayak,” Dijo el Ellimista. Y miró hacia mi, supe sus palabras antes de que las dijese. “Le has visto. Y el te ha visto a ti.” El ojo. El ser sin brazos mitad criatura y mitad máquina. Uno a uno fueron mirándome mis amigos, desafiante, interrogante, neutral, escéptico, compasiva. “Cuando el Yeerk murió en tu cerebro, tu cruzaste la línea entre la vida y la muerte Jake; tu rompiste el sustento dimensional que evita que los humanos podáis ver las cosas que están más allá de vosotros,” Dijo el Ellimista. “Y en ese momento, Crayak te vio. Vio que me conocías. Que te había tocado. Y supo, que por lo tanto, debías formar parte de mis planes.” Crayak. La pesadilla en persona tiene un nombre. Crayak. El ojo color rojo-sangre que me observaba en mis sueños. “Pronto,” Me había dicho. “Pronto.” Sentí un escalofrío que me recorría todo el cuerpo. Terror. El Ellimista dijo que a Crayak le gustaba el terror. ¿Habrá notado el que siento ahora?. “Hace Cien millones de años, luchamos, Crayak y yo,” dijo el Ellimista. De pronto el auditorio desapareció. Estábamos en un espacio negro, vacío, y el Ellimista ya no era una niña pequeña, sino una luz brillante. [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Estrellas, ¡estrellas por todas partes! Brillantes puntos blancos que llameaban una luz constante, y cerca, muy cerca, enorme, un cielo repleto de cúmulos de gases ardientes. Su voz sonaba en nuestras cabezas ahora, un eco a través de nuestros cuerpos, inmensa y triste. <Quiero pararle, parar su destrucción. Él quiere eliminarme> Mientras que yo estaba en la nada, flotando sobre nada, las estrellas comenzaban a apagarse y a morir. Era como observar la transformación del carbón, cuando pasa de un carbón llameante a un carbón desmenuzado en polvo gris. <El resultado es algo que ninguno de nosotros puede tolerar. La batalla que luchamos destruyó una décima parte de la galaxia, millones de soles, millones de planetas, una docena de razas sensibles.> Ante nuestros ojos – ¿o fue directamente en nuestros cerebros? – corrían imágenes, destellos de criaturas con formas alucinantes, con tamaños y colores que me quisieron hacer reír del asombro. Vi monstruosos mamíferos y diminutos insectos, especies que vivían en el mar y otras que flotaban en el aire. Y una a una, fueron oscureciéndose, como los soles. <Una docena de especies sensibles, y otras las cuales estaban en proceso evolutivo, todas destruidas, ¡destruidas por nada! Pero Crayak también quedó dañado. El manto del espacio – tiempo, el software, como lo llamáis los humanos, el programa que hace funcionar la galaxia quedó dañado, alterado por la repentina explosión de nuestro poder.> De nuevo yo flotaba en aquel misterioso espacio multidimensional, el espacio frente al espacio, donde el dentro y el fuera eran términos sin sentido, donde veía lo de dentro tan fácilmente como el exterior, el núcleo de los planetas, tan fácilmente como la corteza. Ví lo que parecían hilos, hilos que podía enrollar sobre si mismos, desaparecer y reaparecer, retorcer y liar en una desesperante complicaión. <Todo el conocimiento de Crayak sobre el espacio-tiempo había sido destrozado. Los poco que había logrado asimilar, le fue arrebatado. Millones de años de esfuerzo perdidos. Volvimos, salimos de nuestro examen, nuestra guerra.> Volvía a estar en el espacio normal. Con las tripas, el corazón y los hilos, todos de vuelta a donde deben estar, las costuras y los nudos de nuevo detrás de las cosas. <Supimos entonces, Crayak y yo, que jamás podríamos volver a luchar. No en una lucha abierta, al menos. El conflicto debía desarrollarse de una forma diferente. No más batallas salvajes. Ahora debía ser un juego de ajedrez. Habría reglas. Límites.> Flotando a través de nuestro campo de visión, como imágenes de televisión distorsionadas, había imágenes parpadeantes de nuestros encuentros con el Ellimista. Las veces que el había desempeñado un papel, pensaba que nunca uno dominante. Cuando el nos había enseñado que podíamos escapar de la Tierra y vivir en una especie de reserva para los seres humanos puestos en peligro. Y cuando el se había servido de Tobías para ayudar a un grupo de Hork-Bajir a escapar y fundar una colonia libre. Y cuando el había retorcido el tiempo para devolver a Elfangor a su feliz vida, escondiéndose como un humano, de un mundo de lucha, dolor, y finalmente de muerte como un guerrero andalita. Elfangor, quien fue el verdadero padre de Tobias, y quien nos dio nuestro poder. En cada ocasión, veíamos al Ellimista involucrarse lo más mínimamente posible, limitándose a hacer una billonésima parte de lo que podría haber hecho. <La Tierra forma parte de nuestro juego, del de Crayak y mío. Hizo que los Yeerks invadiesen a los seres humanos, y hará que más tarde éstos sean invadidos por otra especie más ambiciosa. Pero la Tierra no es la razón, yo he venido por vosotros ahora> El espectáculo había terminado. Volvimos al auditorio, en realidad supongo que jamás lo habíamos abandonado. Y el Ellimista volvía a ser una niña con braques. “Llevamos millones de años jugando nuestro juego,” dijo el Ellimista. “Y hemos respetado las reglas, más o menos. Pero la guerra amenaza de nuevo. Es un callejón sin salida. Una especie que no permitiré que Crayak tome. Una especie que no me permitirá salvar. Esta especie ocupa un lugar único en el espacio-tiempo. Es un punto crucial, y si Crayak logra aniquilarlos, su poder crecerá, su meta está más cerca, sus fuerzas se harán más destructivas que nunca.” “¿Incluyendo los Yeerks?” pregunté. “Si, incluyendo a los Yeerks, ya que se benefician de cambios que no puedo explicar a los humanos – ni siquiera a los poderosos Andalitas,” añadió gentilmente, ofreciendo una sonrisa a Ax. <¿Entonces qué sucede? ¿Una fuerza imbatible y una oposición inamovible?> preguntó Tobias <¿Quién cede? ¿Tu o él?> El Ellimista contestó, “Yo terminaré la historia. Y vosotros decidiréis.” “¿Nosotros?” se sorprendió Cassie. “Crayak y yo hemos llegado a un acuerdo para solucionar el problema. Para decidir el destino de la raza Iskoort. Si Crayak gana, serán atacados, sometidos, y aniquilados por otras especies.” <¿Qué especies?> preguntó Ax. “Los Howlers,” sentenció el Ellimista. “Ya habéis oído hablar de ellos.” Asentí lentamente. Por supuesto, ya los conocíamos. “Crayak y yo pactamos solucionar el problema por medio de una competición. Los suyos contra los míos. El ha elegido a los Howlers, un grupo de siete. Debo enfrentar a mis siete contra los suyos.” “¿Qué es esto? ¿Un partido de fútbol?” inquirió Cassie. “No, ahí hay once tíos en el campo, aquí sólo siete,” dijo Marco. “Siete Howlers contra mis siete,” dijo el Ellimista. “Los ganadores – los supervivientes – elegirán el por venir.” “¿Y esto qué tiene que ver con nosotros?” preguntó Rachel impaciente. “Oh, vamos Rachel,” dijo Marco. “Uno…” señaló hacia mi. “Dos…” señaló a Rachel. “Tres, cuatro, cinco, seis,” señaló a Ax, Cassie, Tobias y a él. “Eso son seis Marco,” dijo Cassie. “Él necesita siete. Nosotros sólo somos seis. Así que no es eso lo que está pensando ¿verdad?.” El Ellimista no dijo nada. Cassie dijo algo que jamás la había oído decir antes. “Nos quieres a nosotros… ¿Nos quieres para ser tus vencedores? Para salvar a esos Iskrats?” “Iskoort,” La corrigió el Ellimista amablemente. “Entonces puedo escoger entre ser honrado o fastidiado pero no se cual” dijo Marco quemado. “Oh, espera, si se cual, y no es “honrado” “Esta debe ser vuestra elección”, dijo el Ellimista. “Sólo vuestra.” Desapareció. Ax desapareció. Tobias desapareció. Nosotros cuatro fuimos devueltos a nuestros sitios. Y el tiempo comenzó de nuevo, con los bailarines aterrizando tras el salto más largo de su vida. [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Permanecimos sentados el resto del El Rey León. Parecía algo soso tras los efectos especiales que nos había mostrado el Ellimista. Nada más terminar, fuimos a la salida. Se suponía que era un descanso, pero la mitad de la escuela se iba, así que nosotros hicimos lo mismo. Nos reunimos en el granero de Cassie, también conocido como la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. Era una semana tranquila en la clínica, supuse. Varias jaulas estaban vacías, lo cual es raro. Esto hizo que viéramos el granero como un lugar extraño. Tobias estaba esperándonos. También estaba Ax, en su curiosamente atractiva forma humana. Volvió a su propia forma. Después de todo no nos quitaría mucho tiempo para empezar la conversación. “¡Esto es una locura!” dijo Marco tan pronto como Tobias nos aseguró que no había moros en la costa. “¿La criatura más poderosa de la galaxia, un tipo que puede hacer desaparecer la Tierra con sólo pensar en ello, nos necesita para luchar sus batallas en su lugar?” “¿Es qué no tenemos bastante?” añadió Rachel. <La única razón posible para hacerlo, es si nos ayuda de algún modo,> apuntó Ax. <Claro propio interés.> <Creo que eso ya lo tenemos,> dijo Tobias. <El Ellimista ya nos ha ayudado en otras ocasiones.> Rachel le lanzó una terrible mirada de enfado “El ha jugado con nosotros en otras ocasiones, también. Nos dijo una cosa e hizo otra. No sabemos nada sobre él. No sabes si el Ellimista es una persona o más de una. Tan pronto dice ‘nosotros’, como dice ‘yo’. Así que, ¿por qué es El Ellimista?. Hace con nosotros lo que le viene en gana y luego va y nos deja tirados.” Sabía perfectamente de lo que estaba hablando. Tobias había pensado que el Ellimista lo devolvería a su forma normal, pero simplemente le devolvió sus poderes de metamorfosis. Pero aquello no fue ni una mentira ni un truco. No realmente. El prometió dar a Tobias lo que quería. Y lo hizo. Pero Rachel no podía aceptar lo que Tobias había elegido y seguía eligiendo, permanecer como un alcón. “¿Por qué ‘Howlers’ suena tan familiar?” preguntó Cassie. “Se que lo he oído antes” “Son los que destruyeron a los Penalitas, creadores de los Chee,” dije. “Aquellos con los que nos vamos a enfrentar. Siete de ellos contra siete de nosotros.” “¿Siete?, pues yo cuento seis,” puntualizó Marco “Pues yo creo que se quienes vamos a ser nosotros siete,” solté. Marco giró sus ojos. “¿Erek?” “Venganza”, expliqué. “¿Quién más querría con tantas ganas aniquilar a los Howlers?” Marco se echó a reír. “¡No puede luchar! Es un androide programado para que nunca haga daño a nadie. Sería un peso muerto. ¿Y por qué estamos hablando como si fuese el momento de elegir equipos?” <Si acabamos con el tal Crayak, acabamos con los Yeerks,> dijo Tobias <Si el Ellimista pierde, nosotros también.> “Eh un minuto Tobias,” dijo Rachel. “sabes de sobra que yo no huyo de una batalla-” “A una batalla, quizás,” Intervino Marco. “¿Pero tenemos que suponer que somos la única posible elección del Ellimista por aquí? ¿No existe otro en toda la galaxia que podría ir ahí y acabar con aquellos Howlers? ¿Por qué nosotros?” <Si,> Ax añadió. <¿por qué nosotros? ¿por qué no siete guerreros Andalitas entrenados para la batalla?> Esto, por supuesto, sacó a Marco de sus casillas. <¿Perdón? ¿Cómo van a ser los Andalitas peores de lo que lo somos nosotros? ¿Qué somos nosotros, inútiles? Yo transformado en gorila y tu siendo tu, podemos patear todos esos traseros. “Claro, eso sería lo más oportuno. Los dos ahí luchando,” dijo Cassie secamente. “Bien entonces,” dijo Marco sarcásticamente, “olvida a Ax y a mi. Tu y Rachel, las dos llevando bikini.” Rachel, lentamente estiró el brazo y pegó un tirón del pelo de Marco. “¿Qué estabas diciendo? No lo he debido oír correctamente.” “Me niego a contestar considerando que puedes intentar dejarme calvo.” Rachel lo dejó en paz. <Ya entiendo el punto de vista de Rachel,> dijo Tobias. <¿Por qué iba el Ellimista a pedir ayuda para su guerrilla?> “¿Podemos ganar?” preguntó Cassie. Aquello nos dejó petrificados. Ella avanzó hasta el centro del grupo. “¿Podremos ganar? ¿Podríamos salvar a todas esas especies sensibles? ¿Y de paso ayudarnos a nosotros? ¿Quizás debilitaremos a los Yeerks de una forma que sólo el Ellimista comprende? A mi me parece que esa es la pregunta. Me parece, ya sabéis, yo no Rachel. Odio luchar. Pero el Ellimista ha puesto a toda una raza a nuestro alcance. Toda una raza. Quizás millones, o billones. ¿Y nos estamos preguntando que si debemos? ¿Cómo no vamos a intentarlo al menos?. “¿Los Iskoort?” se burló Marco. “¿Ahora nuestro trabajo es salvar a los Iskoort?. ¿Qué es el… qué es un Iskoort?” Miró a Ax, estirando las manos, preguntando. Ax sacudió la cabeza. Es una costumbre que ha adquirido e nosotros. Por supuesto lo hizo con sus ojos de las antenas de su cabeza, por lo tanto, resultaba un poco diferente. <Jamás he oído hablar de los Iskoort> Por lo general, en grandes asuntos como éste jamás expongo mis ideas. Supuestamente soy el líder, pero para mi hay momentos en los que lo mejor que puede hacer un líder es dejar que los demás trabajen en sus asuntos. Pero yo tenía que decir algo. “Creo… Creo que hay algo por lo que el Ellimista nos escogió” Todos se quedaron mirándome. Marco arqueó sus ojos. “El Ellimista dijo algo sobre que tu habías visto al tal Crayak.” “Lo vi. Cuando el Yeerk murió en mi cabeza, lo vi. Y el me vió. Y desde entonces… desde entonces he estado teniendo sueños.” Silencio sepulcral. Desearía haber cerrado la boca. “Mirad, Yo… ya sabéis, los sueños son extraños. ¿Quién puede decir que sean reales? Pero yo los sentía reales. Y en los sueños yo le veo. Crayak.” Sacudí la cabeza. “Se que es de locos.” “Huy, ¿Jake?” dijo Marco. “Nosotros atravesamos la línea de la locura desde que Elfangor dijo ‘Hey chavales, ¿Queréis transformaros en animales?” Sonreí. No es exactamente lo que Elfangor nos dijo. “Yo solo siento que éstos sueños no son únicamente sueños. Yo le veo. Y el me ve. Y el dice lo mismo cada vez.” “¿El qué?” Cassie puso una suave mano sobre mi brazo. “¿Qué dice?” “’Pronto’, únicamente dice ‘Pronto’.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] “Vaaale,” dijo Marco. “he sentido un escalofrío por toda mi espalda.” “Vale, ¿y qué nos dice todo eso?” preguntó Rachel. “No nos gusta nada el tal Crayak este, entonces ¿vamos y luchamos contra su grupo de marionetas? ¿Ganaremos? ¿Eso hará que nos quiera? Yo no lo creo.” <A votación> dijo Tobias. Yo asentí. Nadie más se enteró. <El Ellimista y Crayak tienen su evento: dejar vivir a los Iskoot o no. Pero quizás haya algo más. Nosotros. Quizás eso es por lo que nos ha elegido. Quizás haya algo detrás de todo esto.> “¿Qué más puede haber?” preguntó frustrada Rachel. <No lo se> admitió Tobias <Pero he aquí la cuestión: Todo gira entorno a la lucha entre Crayak y el Ellimista. Crayak ya tiene a Jake, como poco. Por no mencionar que hace retroceder a los Yeerks. Y por no mencionar que sabe que los Howlers son bastante malos. El Ellimista no nos habría elegido si no pensase que con ellos tendría por lo menos una oportunidad.> Cassie estaba asintiendo. Estaba de acuerdo. Eso hacía dos. Miré a Ax. Estaba haciendo la extraña sonrisa sin boca de los Andalitas <Si podremos eliminar a los Yeerks…> Eso hacía tres. Miré a Rachel. “Oh, vamos, ¿Es que te queda alguna duda? Ningún monstruo espacial Crayak hará daño a mi primo,” dijo luciendo su fantástica sonrisa. Observé a Marco. Parecía dudoso. Yo ya había aprendido a conocer las dudas de Marco. “¿Qué pasa?” le pregunté. “Lo primero de todo, estoy dentro,” dijo Marco “Pero quiero dejar clara una cosa: el Ellimista no nos forzó, simplemente preguntó. Nuestra elección. Y quizás esté en lo cierto pensando que somos capaces de hacerlo. Pero parte de la razón por la que estamos diciendo que si, es porque Crayak ha estado dando empujes a Jake. Y Crayak juega los mismos largos y lentos juegos que el Ellimista.” “Entonces, ¿A que quieres llegar?” preguntó Cassie. “Estoy diciendo que quizás Crayak nos quiere allí. Quizás el quiere que digamos si. ¿Y sabes qué? No lo hace porque piense que vallamos a ganar” “Pues vamos a votar,” dijo Rachel. “Venga,” aceptó Cassie. Salieron seis de seis. “Unánime,” dijo Marco. Negué con la cabeza. “No. Vamos a ser siete. No será unánime hasta oír el voto de Erek.” “Vamos,” dijo una nueva voz. El apareció de pie entre nosotros. Un chico de aspecto normal. O eso es lo que habrías pensado. El “chico” era una proyección holográfica. Tras esa ilusión había un androide. Un androide que ayudó a construir las pirámides, que ha adoptado cientos de diferentes formas humanas, dando a cada una el aspecto de los años, haciendo que cada una muera, para luego volver con una nueva proyección. “¿Sabes de que va todo esto?” Pregunté a Erek. De alguna forma me he acostumbrado a que la gente aparezca de la nada. Cuando el Ellimista está involucrado, esas cosas parecen normales. “Se de que se trata” dijo Erek con un cabeceo. Su cara estaba rígida, los labios apretados. Eso era imposible – yo sabía que lo era – pero aun así, sentí que el androide emanaba rabia acumulada, pero esta casi no contenía violencia. “El Ellimista me puso al día,” Confirmó Erek “Si contáis con migo ire. Quiero ir. Yo… yo debo ir.” “Tu no puedes luchar,” dijo Rachel secamente “No te ofendas, pero nos vendría mejor alguien como Jara Hamee u otro de los Hork-Bajir libres. O como dijo Ax, un guerrero Andalita. Nosotros necesitamos fuerza bruta.” “Si, pero eso no va a ser suficiente” dijo Erek moviendo su cabeza. “No podréis derrotar a los Howlers en un combate uno contra uno. Ellos son demasiado agresivos. Necesitareis algo más que vuestras formas. Tendréis que analizarlos. Y yo los conozco bien. Yo conozco a los Howlers.” El argumento sorprendió a Rachel. “Suficiente”. ¿OS HABÉIS DECIDIDO? Preguntó una enorme voz. Suspiré. “Claro, pero ¿puedes darnos unos cuantos días para-” <¡Intrusos! ¡Intrusos! Entregarme vuestras memorias, ¡Intrusos! Entregármelas, os lo pido.> Miraba fijamente una cara que una madre jamás podría amar. “¿Howler?” pregunté asustado. NO, UN ISKOORT, dijo el Ellimista. VUESTRAS FAMILIAS NO SABRÁN QUE OS HABÉIS IDO, PERO SI MORÍS… Lo dejó caer. No tuvo que llegar más lejos. “¿Cuándo comenzará esta batalla?” grité dejando atrás la cara del Iskoort empujandome. HA COMENZADO. [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] “¿Quién inventó este lugar? ¿El doctor Seuss?” preguntó Marco. Nos encontrábamos a kilómetros de altura. A kilómetros del suelo, donde podíamos ver el borde de la plataforma. Una plataforma sin barandillas, sin seguridad. Una plataforma que se detuvo de repente. Debajo de nosotros se encontraba un émbolo, inclinándose, apoyándose sobre gigantescos soportes de otras plataformas. Suelos, supuse, todos ellos puestos dispuestos aleatoriamente, clavados unas veces lejos y otras no tanto. Sobre nosotros había más de lo mismo, te aseguraría que aquella monstruosa construcción podría alcanzar la luna, suponiendo que los Iskoort tuviesen luna. Todo esto estaba construido a base de brillantes y coloridos ladrillos, bloques y vigas. Imagina que alguien se hace con todos los Legos del mundo. Añade a esto todos los kits de Duplo y las cajitas económicas de Duplo, y luego júntalos todos en una torre de kilómetros de alto. Habría que tener en cuenta que por el aspecto ningún adulto habría podido estar involucrado, excepto por el hecho de que se pueda sostener una estructura del tamaño un rascacielos. Los suelos llegaban a estar separados dos metros, doscientos metros y hasta dos kilómetros. Era como si nadie hubiera trabajado en ellos desde que se construyeron. Salté para atrás para alejarme del bordillo, sintiendo como se me revolvía el estómago y se me paraba el corazón. Tuve que alejar al Iskoort para encontrarme seguro, pero en ese momento no me dio por preocuparme por la educación. Intentaba evitarnos una caída de unas cuantas horas. “¡Atrás!” Grité. Pero para entonces todo un batallón de Iskoort arremetía contra nosotros, vitoreando a gritos con el diafragma en sus barrigas y balbuceando telepáticamente, presionándonos, empujándonos ferozmente hacia el borde de la plataforma. “¡Rachel!” gritó desesperadamente Cassie Giré a la izquierda justo a tiempo de ver a Rachel tambaleándose, tenía los talones fuera de la plataforma. “¡No!” tartamudee cuando no pudo aguantar más y calló para atrás. Vi pasar ante mí una estela de movimiento, que cuando paró resultó ser Erek, sujetando a Rachel del brazo como si pesase poco más que una tableta de chocolate. Erek tiró de ella y la puso de vuelta sobre la plataforma. “¿He mencionado ya el interés que siempre he tenido en que estuvieras en esta misión Erek?” Dijo Rachel temblando. “¡Atrás estúpidos gusanos!” Se dirigía a una docena de Iskoort que jadeaba innecesariamente. <¡Compraremos vuestros recuerdos!> <Venir y visitar mi sala de ejecuciones> <¡Entregarme vuestras vestimentas y os pagaré bien!> <(¿?)> <¡Apestais! Yo os limpiaré> y hacia Ax: <Se mi compañero y venderemos tu piel como veneno Gachak> “¿Qué es esto? ¿El planeta de los hombres-venta?” Preguntó Marco. “¡Iros! Todos, ¡Esfumaos!” “Tio, yo pensaba que había un montón de vendedores en el Centro Comercial, pero esto es demasiado. Habrá que tener cuidado con esto. Yo se como deshacerme de estos pelmas.” Rachel se adelantó con las manos en la cadera. “Nosotros sólo hemos venido para usar los baños. ¿Podéis decirnos donde está el de mujeres?”. Los Iskoort se quedaron mirándola fijamente. Muchos de ellos se alejaron y el resto continuó mirándonos, esperando para ver si hacíamos algo. Miré a Cassie y los dos suspiramos al mismo tiempo. “¿Y ahora qué?” preguntó. “¿Qué hacemos? ¿Estar por ahí hasta que alguien intente matarnos?” Miré a nuestro alrededor, con la intención de hacerme una idea del inhóspito lugar. No había forma de comprender aquella estructura. Nuestro suelo era uno de los grandes. Al menos treinta metros nos separaban del suelo de arriba. Atrás, después del borde comenzaba a haber edificios pequeños. Parecían como piezas de un iglú: Azul, oro, blanco, verde y rojo. Se encontraban dispuestos en montones de varios niveles de altitud. Otros se encontraban dispuestos libremente. Los Iskoort iban y venían, entraban y salían de sus coloridos igloos y subían y bajaban de los émbolos, gracias a unas arqueadas escaleras que concertaban las plataformas. Todos ellos parecían ocupados. Todos tenían prisa. No eran la raza con el aspecto más sanguinario que habíamos visto, pero definitivamente no eran como somos los frágiles humanos. Tenían cabezas de buitre, puesta tras un largo cuello. El cuello sobresalía de unos hombros que eran una especie de plataformas ovaladas. De los hombros caían dos brazos, uno de cada lado, los cuales tenían tres articulaciones y terminaban en una mano muy larga con dedos como tentáculos, dos de los cuales eran más pequeños y tenían forma de garfio con uñas afiladas. Andaban de una forma que daba la sensación de que se iban apoyando en sus rodillas. De espaldas. No es que anduviesen de espaldas, andaban hacia delante. Tenían dos piernas gruesas, de más o menos un metro de largas. Luego estaban lo que parecían dos rodillas, seguidas de unas pantorrillas que se extendían a lo largo, llegando hasta el suelo. Todo ello terminaba en dos pies, cada cual con un largo dedo prensible y dos pequeñas garras que sobresalían de los lados de un grueso pie. Su tronco estaba desnudo y se veía arrugado como un acordeón, un acordeón al que se le notaba las venas y estaba hecho de carne rosa. Se movió, respirando con dificultad, emitiendo a la vez comentarios en su forma telepática de hablar. Era el sonido de una canción. Chirriante, fastidiosa canción que ascendía, dependiendo, evidentemente, del estado de ánimo, locura o agitación que tuviesen. “La Niñera” observó Cassie. “¿La qué?” “Eso que suena. Suena como Fran Drescher, la mujer que tiene el papel principal en La Niñera. Se parece mucho” <No creo que Fran esté por aquí rondando para supervisar tu educación> Apuntó Tobias. Las caras de los Iskoort son, como había dicho poco atractivas. Eran ásperas y triangulares con el pico hacia arriba, el cual no dejaba sitio para que un par de ojos cupiese. Así que sus ojos, rosas como los de los conejos, se encontraban en unas cortas antenas. Tenían boca, pero no la utilizaban para comunicarse. Más o menos la tenían cerrada, pero cada unos cuantos minutos la abrían para absorber aire, mostrando una lengua gorda y azul y un diminuto diente teñido del mismo color. Rachel dijo, “¿Sabes como es eso de conocer gente y enseguida, antes incluso de que digas algo, antes de que tengas idea de cómo son, no te caen bien?, quiero decir, que nada más verles ya no puedes soportarles. Y no es que ellos sean feos o algo de eso, es que simplemente hay algo de ellos con lo que no puedes.” “No,” dijo Cassie, “Al menos no lo sabía. Ahora si.” Un nuevo batallón de Iskoort se acercaba rápidamente hacia nosotros, con las cabezas erguidas y los ojos bien atentos. <¡Perdonarnos extraños!> dijo el líder del nuevo batallón. <No esperábamos gente de fuera hoy. ¡Bienvenidos a la Ciudad de la Belleza!. ¿Necesitáis un guía? ¿Desearíais vender vuestros recuerdos o quizás alguna parte innecesaria de vuestro cuerpo?> Su diafragma palpitaba al tiempo que su telepatía, un leve y chirriante sonido que se alzaba y caía como una gaita tocada por alguien con demasiado aire. Suspiré. Estaba apunto de sugerir que Rachel se transformase en oso pardo y que nos librase de ellos, pero Cassie dijo “Ya sabes, si lo del guía iba en serio…” “Si, tienes razón,” dije, pero no estaba muy convencido. “Umm, bien, nos gustaría usar un guía. Ya sabéis, para mostrarnos la zona. Que nos muestre donde podamos estar.” <¿Y como vais a pagar?> preguntó el Iskoort con voz ansiosa. “Bueno… no tenemos lo que se dice dinero…,” contesté. <Os daré un guía excelente. ¡Mi propia larva! A cambio de su pelo.> Apuntó a Rachel con uno de sus dedos tentáculos. O mejor dicho, a su pelo. [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] La negociación no fue muy bien. Los Iskoort querían rapar la cabeza a Rachel. Ella les explicó con toda tranquilidad que les arrancaría la cabeza y la utilizaría como balón de fútbol antes de que eso ocuriera. Al final, Rachel perdió quince centímetros de su pelo rubio, que era lo que le caía justo por debajo de las orejas. “Oye, te queda bien,”dijo Cassie. “Y esto de la chica que compra toda su ropa en las tiendas de camping”, refunfuñó Rachel. Pero lo dierto era que no quedaba mal. Quizás porque Erek fue quien hizo el corte. “Solía cortar el pelo de Catherine la Grande” explicó. Sonaba como si estuviese pidiendo perdón, como si le avergonzase el admitir qeu el había vivido desde que Moisés estuvo deambulando por el desierto. A cambio, tuvimos un guía. Además así se llamaba: Guía. Su nombre completo era Guía, larva del Vendedor de Piel, hermano del Comprador Al Por Mayor de Recuerdos. Era un Iskoort joven. El cual no se tomó muchas molestias. Lo primero que hizo fue intentar mejorar los negocios convenciendo a Ax de que le dejase con el último medio metro de su cola. Ax dijo que no. Marco añadió “¿Sabes qué? Tu déjanos tirados por ahí y Ax te dará con el último medio metro de su cola.” Guía comprendió la amenaza. Se volvió muy manejable después de esto. Ya sólo preguntaba por recuerdos, ropa, pelo y varias partes del cuerpo cada hora, todo un logro. “Una pregunta, directa al grano. ¿Has visto a otros visitantes de fuera?” le pregunté <¿De fuera? ¡Por supuesto! La ciudad de la Belleza es casa temporal para muchas, muchísimas gentes de fuera> “Probablemente se deba al encanto de los habitantes” dijo Cassie en tono seco. Eso me hizo sonreír. Yo pensaba que Cassie podría hacerlo tan bien como cualquiera. Evidentemente, incluso ella tenía límites. <Buscamos miembros e una especie llamada Howler,> dijo Tobias. El pecho de Guía silvaba con un leve tono. Se quedó boquiabierto. <No conozco esa especie> Yo asentí y miré al brillante y rojo suelo que pisábamos. “No nos mientas Guía. ¿Habías conocido antes a un andalita?” Guía echó una mirada nerviosa a Ax. <No>. “Bien, pues los andalitas tienen el poder de leer la mente de la gente. Ellos pueden explorar el interior de tus pensamientos y saber si estás mintiendo, y si mientes te revientan la cabeza.” A nadie se le escapó una sonrisa. Incluso Marco estaba haciendo un esfuerzo. <¿Ahora Ax es un Leeran?> Me preguntó Tobias en telepatía privada. El silbido de Guía disminuyó. Probablemente eso significaba algo, pero no sabía el qué. <¿Howlers? ¿¿Habéis dicho Howlers?? debe haber uno o dos Howlers por aquí.> “Más bien siete,” dije. “¿Dónde están? y, ¿sabes por qué están aquí?” <Vienen a comerciar, como todos los que visitan nuestro mundo. Ellos comercian con recuerdos para las Sales Boda. Los recuerdos de los Howlers son muy cotizados.> “¿De que va todo esto de los recuerdos?” preguntó Cassie. “Tíos, no paráis de hablar de ellos. ¿De qué van?” Guía nos miró sorprendido. Creo. <¿Jamás habéis visto un Show de recuerdos? ¡Entonces eso debe ser nuestra primera parada! ¡Es el más grande de los entretenimientos!> “¡Obviamente aquí no tenéis la Súper Bowl!”, dijo Marco. “Siempre sospechamos que los Howlers tendrían recuerdos colectivos,” dijo Erek. Me sorprendió. Había estado tan callado que prácticamente había olvidado que estaba con nosotros. “Los Howlers quizás transpasan sus recuerdos de generación en generación.” <Si, si> afirmó Guía. <Esta es la razón por la que pueden demandar tan altos precios. Sus recuerdos son largos y muy claros> Me sentía frustrado. No estábamos llegando a ningún sitio. Habíamos caído en este planeta, lejos de saber nada. Los Howlers podrían estar observándonos, listos para atacar en cualquier momento. “Guía, ¿Has visto los recuerdos de esos Howlers?” le preguntó Cassie. Guía se rió. <No. Yo no. Yo soy un comerciante, un miembro provisional del Gremio de Comerciantes. No estoy interesado en la violencia, los asesinatos y las matanzas. No, son los miembros del Gremio Criminal y del Gremio del Mercado de Guerra los que compran los recuerdos de los Howlers.> Me estaba poniendo nervioso, histérico de pensar que me estaba retrasando de hacer algo vital. Sentía que tirábamos el tiempo hablando con el Iskoort. “No estamos aquí para escribir un artículo sobre los Iskoort,” dije, más ásperamente de lo que pretendía. “Estamos aquí para derrotar a los siete Howlers y poder volver a casa.” Cassie parecía algo dolida. Pero con un tono muy calmado dijo “Me parece que si tenemos que luchar debemos irnos, más aun sabiendo donde estamos y que está sucediendo.” Tenía razón, por supuesto. Pero los nervios que sentía me impedían admitirlo. “Necesitamos un lugar, una base de operaciones. No podemos permanecer aquí fuera.” <Entonces venir. ¡Seguirme!> Dijo Guía. <Conozco el lugar perfecto> Empezó a moverse hacia atrás, con su extraña manera de arrastrarse, silbando por su pecho todo el camino. Descendimos unos cuantos escalones, algo que el Iskoort hizo literalmente de espaldas, pero con sorprendente aguilidad. Fuimos a un nuevo nivel, prácticamente azul oscuro, y completamente distinto del otro nivel. Aquí no se veía nada de los igloos, solo una basta llanura de pequeños cilindros, quizás de unos sesenta centímetros de altura. <El almacén de energía,> explicó Guía, y nos condujo bajo otras escaleras, estas mucho más largas. Nos apelotonábamos rígidamente en el centro de la escalera – desde la parte alta había una caída de más o menos un kilómetro hasta el suelo color mostaza de abajo. Sólo Tobias estaba cómodo, volando al rededor de la escalera. Supuse que Erek se sentiría suficientemente seguro, también. Es difícil imaginar que un androide pueda dar un traspiés. Este nivel, este nivel amaraillo-mostaza, estaba rebosante de Iskoort, moviéndose lentamente a lo largo de las estrechas avenidas entre los edificios abiertos al frente. Era fácil reconocer cual era este nivel. “Es el centro comercial, ” dijo Rachel. “Un bazar.” <Si, este es el nivel setenta y ocho, zona de marcado> confirmó Guía. <Debemos movernos rápido aquí> “¿Qué? ¿No compramos?” Rachel, por supuesto. Fue llegar al suelo e instantáneamente fuimos rodeados por jadeos, cotillas, empujones, Iskoort silbando, todos desesperados por comprar cualquier cosa que tuviésemos y vendernos cualquier cosa que no. “Ahora veo lo que querías decir con movernos rápido, Guía” dije. <¿Qué? No, no. No era por esots honestos mercaderes. Es que este mercado es el lugar de reunión favorito de los miembros del Gremio del Mercado de Guerra.> Tuve como unos tres segundos para pensar ¿Qué? antes de que algo me golpease violentamente contra el suelo. [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Me habían tirado, pisaban mi espalda, apretando mi pecho. Una cabeza huesuda, acabada en unos cuernos que crecían de la parte más alta, estaba justo encima de mi. “¡Howlers!” grité. Me retorcí e intenté huir rodando. Pero el cabeza de hueso no me dejaba ir. Me golpeó con la cabeza y yo sacudí la mía al frente, duro. Los despuntados cuernos golpearon en el suelo. Hice algo que no solía hacer, y eso que he formado parte de más batallas de las que puedo recordar. Eché para atrás mi puño y golpeé. Alcancé al Howler en su boca boquiabierta. Se tambaleó. Encogí mis piernas contra mi pecho y golpeé. ¡Plump! Alcancé al Howler en todo su diafragma y calló al suelo, pero sin balancearse. Todo sucedía muy deprisa. Todos mis amigos estaban bajo ataque. Ninguno tenía tiempo de transformarse. Tobias rasgaba los pequeños y acechantes ojos de uno de los Howler. Vi a Ax chasqueando la cola y desgarrando con ello un brazo que agarraba al cuello de Cassie. Rachel pegó una patada a otro en un lugar donde a los humanos no nos gusta ser pateados. Uno de los Howlers se encargaba de Erek, golpeándole en la cabeza sin tener ningún efecto, ya que Erek permanecía ahí, tranquilo. Rachel estaba a medio camino de su transformación en oso pardo y rugía con una voz que era aun más suya que del animal. Algo no iba bien, al menos no bien del todo. Aún no nos habíamos transformado y les estábamos metiendo una paliza a esos tipos. Y Erek estaba muy calmado. Entonces lo vi claro. Yo había pateado al mío en su diafragma. Su silbante diafragma, de Iskoort. “¡Erek! ¿Esto son Howlers?” “No, claro que no, ” Dijo tranquilamente. Nuestros asaltantes se retiraron. Había cinco de ellos. Uno miraba desolado el muñón de su brazo. El resto se alejaba de nosotros silbando por su pecho. Eran Iskoort. No como Guía, al menos no exactamente. Los cuerpos eran prácticamente iguales, pero las cabezas y las manos eran diferentes. Sus cabezas eran anchas en la parte más alta, con dos pequeños cuernos. Su manos no eran tan delicadas, las garras más largas que los tentáculos. Sus piernas eran flexibles, no como la parte plana, que les permitía moverse rápidamente, en pasos, no arrastrándose. <Estos son Iskoort del Gremio de Mercado De Guerra,> Dijo Guía, como si nos presentara un grupo de chicos de otro colegio. <Esto es por lo que debemos darnos prisa. No les gusta la gente de fuera.> <¡Les gustaremos muchísimo menos si intentan eso otra vez!> Dijo Rachel. “Entonces larguémonos de aquí,” dije. “¿Rachel? sigue transformada. Ax, tu estate listo también. Esto debe ser suficiente para aplacar a esos tipos.” Fuimos atacados dos veces más por otros dos grupos diferentes del mercado de Guerra Iskoort antes de poder alcanzar la siguiente escalera. Eran fáciles, pero aun así seguíamos expuestos a las magulladuras. Y cuando estuvimos seguros fuera de la zona de mercado, Rachel dijo lo que todos empezábamos a sentir. “Sólo dime esto: ¿Por qué, precisamente, el Ellimista quiere que salvemos a estos tipos? estoy empezando a pensar que quizás Crayak está en el camino correcto.” Bajamos las escaleras, por fin riéndonos de la estrafalaria experiencia con los Iskoort del mercado de guerra. Sintiéndonos relajados y algo chulos tras una tan fácil lucha contra los tipos duros del barrio. La escalera en la que estábamos era más amplia, aun que aún sin barandillas, pero comenzábamos a acostumbrarnos. Era más grande para hacer hueco a un tráfico de dos direcciones y muchos Iskoort, la mayoría como Guía, aun que otros algo diferentes, nos pasaban al lado. El siguiente nivel estaba quizás sesenta metros más abajo. Guía estaba al frente. Yo me reía de algún chiste que había soltado Marco. “¡Howler!” gritó Erek. “Si, claro, ” dijo Marco. Pero de todos modos miró, igual que yo. “Erek,” dije todo lo calmado que pude, “¿estás de broma?”. Su cara proyectada estaba pálida. Me pregunté cuántas proyecciones de emociones serían automáticas en él tras tanto tiempo siendo como un humano. “No es broma Jake,” dijo “Eso, es un Howler”. [b]© 1999 K.A. Applegate 2002 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] El Howler estaba ascendiendo por la escalera. Nosotros la bajábamos. Nos quedamos congelados. El Howler continuaba subiendo. No era demasiado robusto. Menor que un Hork-bajir. Más o menos tan grande como un hombre alto. Andaba sobre dos piernas arqueadas con un balanceo casi cómico. Tenía dos brazos, más largos que sus piernas. Las manos eran casi humanas, con cinco dedos y un pulgar oponible. Pero de las muñecas le crecía una especie de segunda mano, una garra que podría ser bajada para cubrir el envés de la mano, o expulsarse hacia fuera. Estas garras tenían cuatro uñas metalizadas acabadas en punta y en forma de garfios. Parecía como si tuviésemos ante nuestras narices un oso que había perdido su cuerpo de mitad para abajo, y la parte superior restante estuviese sobre un tocadiscos con vida propia, que le permitía girar todo su cuerpo y así tener sus peligrosas garras siempre en juego. La cabeza era asquerosa, un montón de escoria de mirada perdida con piel negra cuarteada. Toda la criatura parecía estar formada por lava aun no solidificada. Debajo del negro, en las grietas y pliegues de su piel, había líneas de un color rojo brillante. Dentro de esta cara, había unos ojos de un precioso azul estelar. El azul de los huevos del petirrojo lo llaman ellos. Todo el ojo era azul a excepción del iris de gato que tenía, que era más pálido. Parecíamos indiferentes al Howler. No le importábamos. No le concerníamos. Llevaba una serie de correas aflojadas alrededor de su tronco, y cada una de ellas cargaba un arma distinta. O al menos parecían armas. Algo parecido a un rayo Dragón, que casi podría hacer sido una pistola automática, un cuchillo, un pequeño bumerang metálico, una pistola que parecía cargada de dardos. Era un arsenal andante. Miré a Erek, se encontraba sobre mí en la escalera. Su cara parpadeaba. No era una emoción sino una clara pérdida de control. El androide bajo el holograma se descubrió. Los ojos azules del Howler miraron a Erek. “Erek, un último esfuerzo”, dije esforzándome por calmarme. Se sacudió y el holograma se estabilizó, pero el Howler continuó mirándole. “Seis contra uno, Jake”, Dijo Rachel. “No tendremos una oportunidad igual.” Sentí como mi estómago se estrujaba. A ambos lados teníamos una caída escarpada. Que no sabíamos donde acababa. No es el lugar idóneo para volar. Pero Rachel tenía toda la razón: Era el momento. “Transformaos”, susuré. “Ax, Tu empiezas. Tobias, tu toma algo de altura. Guía, vuelve, esta no es tu guerra. Erek, apártate del camino.” Eso sonó más áspero de lo que yo pretendía. Pero mi corazón estaba martilleando y sentía el sudor frío bajar por mi espalda. Había sucedido demasiado pronto. No estábamos listos. Estábamos cansados de la excursión por el mercado de guerra de los Iskoort. Pero sobretodo, sobretodo yo estaba viendo imágenes en mi cabeza. El ojo, Crayak. La imagen de mi sueño. Casi podía oírle reir. Sólo un producto de mi imaginación, pero lo sentía suficientemente real. Seis contra uno. No iba a poder ser mejor. Comencé a cambiar, a llamar al ADN del tigre que corría por mis venas. El tigre sería más grande que el Howler. Nosotros seis transformados podemos con todo, me dije a mi mismo. Podemos con todo. Los ojos del Howler seguían nuestros cambios de posiciones. El notaba la batalla sólo cuando venía una venir. Pero estaba fascinado por las transformaciones. Fascinado o al menos celoso, si es que es posible leer una expresión en una cara hecha de alquitrán con ojos tan vacíos como el cielo. Sentí que la transformación comenzaba a funcionar en mi cuerpo. El pelaje naranja comenzó a crecer de mis manos y mis brazos. No había tenido tiempo de quitarme la ropa, por lo que se fue rasgando y cayendo por los cambios. El pelaje se extendió por todo mi cuerpo. Mis dedos se hincharon y un cuero negro cubrió mis palmas y otro naranja y blanco el envés. Unas garras que podrían rasgar la puerta de un coche crecieron sustituyendo las poco útiles uñas de mis dedos. Oí los órganos en mi interior aplastarse, recolocarse, configurarse para el cuerpo del tigre. Una larga cola brotó de la base de mi columna vertebral e inmediatamente comenzó a prensarse hacia delante y hacia atrás, agitándose. Caí sobre las cuatro patas. Esto hizo mi cabeza varios pasos más pequeña que mis cuartos traseros. Los dientes llenaron mi boca, demasiado grandes, tanto que crecieron fuera como los dientes de un dientes de sable. Entonces mi boca se encogió hacia arriba y en mi cara crecieron unos bigotes sensibles. Mis ojos, hechos para ver en la oscuridad como si fuese de día. Mi nariz, sensible a todo olor de animal vivo. Mis orejas, tiesas, temblando de atención. El Howler parecía algo más intimidado ahora. El tigre no estaba preocupado. Sabía que era la más rápida y mortífera criatura de la selva. No temía a la criatura de extraño olor. Ax se encontraba justo enfrente de mi, con la cola arqueada y lista, con tres ojos mirando hacia delante y el otro en la antena observándonos a nosotros. Rachel se había transformado en un oso pardo. Se mantuvo en pié, un gigantesco pilar de pelaje marrón que tenía el poder de arrancar árboles. Marco se había transformado en gorila. Movió sus enormes brazos hacia delante y hacia atrás casi casualmente, como si estuviese esperando en la esquina de la calle a que viniese el autobús. Cassie se había transformado en lobo. La gruesa armadura de pelo en su nuca la protegía, y ella echó para atrás el borde de su boca, mostrando unos relucientes dientes mojados. Éramos más que una tonelada de músculo, dientes y garras. Todo estaba dirigido por la inteligencia humana que podía esquivar el instinto animal. Encarado a nosotros, un solo alien del tamaño de un hombre. Me di cuenta de que Erek estaba hablando. Que lo llevaba haciendo unos cuantos segundos y que había estado demasiado distraído como para oírle. “…os paralizará y anulará vuestros sentidos. Si se acerca usará el diente de aguja retráctil que tiene en sus mandíbulas. El no es tan rápido como…” <Erek. ¿Qué acabas de decir sobre paralización?> Le interrumpí. “Es la razón por la cual se llaman Howlers, Jake. La voz. Estar listos para…” La mano del Howler se movió. Directa a por el arma de rayos. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] “¡Hhhhhhhhhhoooowwwwwwrrrrrrrr!”, rugí, un sonido que podía tirar temblando al suelo al hombre más valiente. Me preparé para saltar. Pero Ax fue más rápido. Chasqueó la cola y ¡crac!. La mano del Howler cayó al suelo. El arma cayó golpeando ruidosamente las escaleras. Pero antes de que parase, ¡la mano del Howler volvió a crecer!. <¡Atacar!>, grité. Salté. Ax chasqueó la cola de nuevo, tan rápido que mis ojos no pudieron verla. Volví a rugir, produciendo un sonido que jamás había sido oído en e planeta Iskoort. Los demás se colocaron detrás de mí. Constituíamos una tonelada de energía animal. Entonces el Howler espondió. “KEEEEEEEEEEEEEEEE-row.” Fue una explosión de sonido que jamás había oído. Comparado con ello, mi rugido era el maullido de un gatito. “KEEEEEEEEEEEEEEEE-row.” Perdí el salto y caí rodando a las escaleras. Vi como Rachel caía y aterrizaba encima de mí. Fue como si me cayese una caja fuerte en el estómago. El aire estalló desde mis pulmones. Rodé para levantarme, pero había perdido el sentido de lo que era arriba o abajo. Conseguí erguirme débilmente. Rachel se apartó y pude ver que Ax se tambaleaba, ¡estaba corriendo! Huyendo, corría arriba de las escaleras y sus débiles manos Andalitas presionaban sus orejas, brotándole sangre de entre los dedos. Cassie estaba gritando, el lobo estaba envuelto en dolor. Marco parecía el menos afectado. Alzó un bloque de cemento y lo lanzó golpeando al Howler en el brazo, lo que le hizo dar varias vueltas. Me puse en pié, esperando atacar ahora que el Howler se encontraba fuera de equilibrio. Pero el Howler valiéndose de su cintura giratoria y aprovechando el empujón de Marco, giró y logró colocar su recién regenerada mano en el lugar adecuado para empuñar un arma. ¡F-t-t-t-t-t-t! ¡Había disparado!. Una docena de dardos metálicos, pequeños triángulos, hicieron un agujero a través de mi pierna izquierda delantera. Me tambaleé. El dolor era muy intenso. Marco lanzó otro puñetazo pero falló. El Howler guardó la pistola de dardos. Un sanguinolento agujero por el que habrías podido pasar una Coca-Cola apareció en la espalda de Marco. Se desplomó como un muro de ladrillos. Cassie había recuperado suficiente energía como para entrar de nuevo en escena. Utilizó la masa de la caída de Marco como un trampolín. El Howler empuñó el arma, pero demasiado lento. Las mandíbulas del lobo se clavaron en el brazo y Cassie como un auténtico buldog, comenzó a desgarrar y a tirar. Yo estaba en pié y moviéndome sobre tres patas. Di un salto cojo y clavé mis dientes en la pierna del Howler. Rachel también estaba en pié y los cuatro cargamos, tratando de derribar a la criatura. Tobias se lanzó y hizo una parada a toda velocidad, clavando las garras en los ojos del Howler. ¡Estábamos tomando la delantera! “KEEEEEEEEEEEEEEEE-row.” Alguien hizo explotar una granada en mi cabeza. Clavé mis mandíbulas con más firmeza, pero todo estaba borroso, distorsionado. Un pelaje Azul y bronce pasó sobre mi, y unas plumas rojas y marrones pasaron como un rayo. ¿Qué? ¿Qué estaba pasando? No podía pensar… no podía encontrarle sentido… Sentí un corte de intenso dolor. Mis ojos se aclararon lo suficiente para que pudiese ver el mango decorado de una daga que sobresalía de mi cuello. ¡Me habían apuñalado! En el cuello. La sangre del tigre… mi sangre… “¡Jake! ¡recupera tu forma!” dijo Erek lo suficientemente alto como para que sus palabras penetrasen la niebla de muerte que me bloqueaba el cerebro. Entonces me llegaron otras órdenes, todas enunciadas en gritos, con voz clara. No, no eran órdenes. Más bien información. “¡Cassie!, está intentando apuñalarte. Ax, estás demasiado cerca del borde, ¡deja de moverte!. Rachel, el Howler está a apenas un metro del borde, ¡a tu derecha!” Estaba cambiando. O al menos creía que lo hacía. No podía estar seguro, el tigre estaba muriéndose, la sangre brotaba de las arterias de su cuello. “Vuelve a tu forma, ¡Jake, vuelve a tu forma!”. Urgían los gritos de Erek. “¡Hazlo ya!” Oí el rígido de un oso. Oí un impacto, cuerpo contra cuerpo. No veía nada excepto figuras, figuras borrosas. “Cassie, ¡vuelve a tu forma!” ordenó Erek. “Te está destripando. ¡Vuelve!, ¡ahora!” Desde lejos, el chillido de un halcón. El bramido de un oso. El chasquido de la cola de un Andalita. Todo lejos, de muy lejos. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] Crayack orientó su ojo rojo sangriento hacia mí, observando como yacía desamparado. Observando como los Howlers rodeaban a Cassie, observando como bajaban las garras a su sitio, observando y burlándose de como aguantaba, con los ojos cerrados, desamparada, a unos segundos de… “¡Cassie! ¡Cuidado!” Me erguí con los ojos de par en par, las manos me temblaban, pero logré esquivar un ataque. “Chill, chill,” dijo Marco. Me cogió una mano y Rachel cogió la otra. “Muy bien chaval, la batalla ha terminado.” Miré a mi alrededor que continuaba siendo salvaje. Una habitación. Paredes de colores sólidos, una roja y las otras amarillas. Todavía el mundo de los Legos. Agité mis piernas. Humanas. Mis brazos. Humanos. Todo yo, sin agujerear. Había abandonado la mutación. Observé la habitación. Rachel y Marco. Tobias se encontraba posado en el respaldo de una silla de extraña forma. Erek estaba solo, con la cabeza baja, pensativo. Ax estaba tan lejos de mi como podía, con sus cuatro ojos dando vueltas. “¿Y Cassie?”, pregunté. “Estoy aquí,” contestó. Me di cuenta de que estaba detrás de mí. Sentí la palma de su mano en mi mejilla. Entonces puso sus brazos alrededor mía y me abrazó, lo que me hizo querer llorar. “Te ha llevado un buen rato despertar,” me comentó Cassie. “Casi no recuperas tu forma a tiempo. Parecía que estabas en coma y no te ibas a despertar nunca.” Podía recordar sueños. Serían sueños ¿no?. Era difícil estar seguro. Demasiado reales para ser ilusiones. “¿Y el Howler?” Pregunté a Rachel. Su boca formó una línea de rabia. “Le herimos. Pero escapó.” “Seis contra uno y quedamos empate” Dijo tristemente Marco. “No, seis no,” corrigió Rachel. “Siete. Erek nos salvó el pellejo. Era el único capaz de soportar los chillidos.” “Si, claro, gracias por tus increíbles esfuerzos, Erek,” Dijo Marco con tristeza. “El se ha dedicado a darnos indicaciones, pero eso si, no para atacar a los Howlers, nooooo, claro, ‘porque eso violaría su programa’, todas eran para salir pitando de allí. Agarré con fuerza la mano de Cassie. No quería meterme en eso. Quería agarrarme por unos momentos a la idea de sentirme vivo, de sentir el apoyo de Cassie. Entonces suspiré, la cogí de los dedos y retiré su mano. “Erek ha hecho lo que podía, Marco. Lo sabes tan bien como yo. Mi cerebro estaba bloqueado. Si no fuese por él, estaría muerto. Eso, para mi, es suficiente.” Marco parecía querer decir algo más, pero de pronto su cólera desapareció. “Claro. Todo hemos hecho lo que hemos podido.” De pronto Guía apareció por una de las paredes callado, algo raro en el. “¿Sigues con nosotros después de ésto?” Le pregunté. <Oh, si, si, si. ¡Podré vender los recuerdos de esa batalla por una pequeña fortuna! Y si cada uno de vosotros me vendiese su propia perspectiva, ¡podría comprarme mi propia esquina con los beneficios!> Moví a Cassie hasta donde pudiese verla. Señalé a Ax con la cabeza. “¿Qué pasa con él?” pregunté. Ella ladeó la cabeza. “Se fué y ahora ha vuelto, pero creo que hay más. El no ha hablado con nadie.” “Le dejaré tranquilo un rato,” dije. “Luego hablaré con él” Me sentía cansado. Herido y batido, aun que mi cuerpo humano reconstituido por mi ADN no tuviese ni una sola herida de la batalla. Era mi cerebro que estaba sobre cargado. Los demás se encontraban igual, se les veía en la cara. Nos habíamos batido en una batalla justa. No, no una lucha justa. Habíamos sido seis de nosotros más Erek contra un Howler. Habíamos luchado para quedar igualados. Un empate. Siete contra uno y un empate. Si hubiesen sido dos Howlers, se habrían quedado solos. Nos habrían aniquilado en dos segundos. No estábamos asustados, no de la forma en la que debíamos estarlo al enfrentarnos a una lucha. Estábamos peor que asustados: nos sentíamos aplastados. “¿Qué es este lugar?” pregunté. Rachel encogió los hombros. “El lugar al que Guía nos ha traído. Esta habitación y un cuarto de baño – Genial, pensé. Es un baño. Espero que sea un baño.” Un puñado de trapos caía de una de las esquinas. Nuestras ropas. O al menos lo que quedaba de ellas tras habernos transformado con ellas puestas. Ahora sólo llevábamos nuestros uniformes para las transformaciones. Pero me di cuenta de que no parecíamos tan fuera de lugar como podríamos, bueno, da igual. Probablemente a los Iskoort no les importaba nada la moda humana. <¿Qué hacemos?> preguntó Tobias. “Estoy por llamar por teléfono al Elemista y decirle que nos saque ahora mismo del puente superdimensional en el que nos ha metido.” apuntó Marco. <El no nos habría traído aquí si al menos fuésemos teóricamente capaces de ganar> dijo Tobias. “A menos que haya otro juego del Elemista detrás de todo esto,” dijo Cassie. “Él está luchando por razas y planetas enteros. Nosotros sólo somos peones.” Aquello era más cinismo del que estaba acostumbrado a oír de Cassie. Pero ella tenía razón. El Elemista y Crayak estaban por encima de nosotros. Y yo había caído en la idea de que quizás todo esto estaba preparado. De que quizás Crayak nos quería aquí. No porque fuésemos importantes, sino porque acabando con nosotros, ayudaría a los Yeerks. ¿Por qué nos había traído aquí el Elemista?. Teníamos que averiguar cuan poderosos eran los Howlers. “Esto es una mierda. Algo me huele mal,” dijo Rachel, expresando justamente lo que me rondaba por la cabeza en ese momento. “Hemos dejado nuestro propio planeta, desprotegiéndolo, para salvar a los Iskoort”, dijo ‘Iskoort’ como un juramento. Miré a Erek. Sólo podía imaginar lo que le estaría rondando por la cabeza. El tenía el poder de luchar contra los Howlers y ganar. Pero no estaba capacitado para luchar. Erek dijo, “Puede que el Elemista me reprogramara… y eliminase la prohibición contra la violencia.” Marco gimió. “Bien, es oficial: la situación es desesperada. Cuando Erek empieza a hablar de esa manera es que estamos batidos.” “Bate esto” dijo Rachel. Eso me hizo sonreír. Rachel estaba tan desesperada como todos, pero se negaba a admitir que ella pudiese quedar fuera y no pudiera machacar al próximo Howler que se la pusiera delante. “Son más rápidos que nosotros, más fuertes que nosotros, mejor armados que nosotros” dijo oscuramente Cassie. Entonces cambió su cara y con ojos rasgados dijo “¿Pero son más astutos?” “¿Erek?” Le pregunté. Suspiró, una reacción muy humana. “Tenían naves más rápidas que la luz cuando los humanos seguían pensando que la rueda era un descubrimiento radical” <No les hace más astutos,> dijo Tobias. <El Elemista dijo que algunas especies evolucionaban rápidamente, otras lentamente. Si vas un billón de años adelante desde el comienzo, claro que teníais mejores armas que especies que comenzaron después. Pero eso no refleja astucia, sino tal vez un comienzo más temprano.> Era un punto débil a tener en cuenta. Pero era todo de lo que disponíamos. “¿Erek? Dinos todo lo que sepas de los Howlers” dije. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] “Yo sólo les vi desde el punto de vista de las victimas,” confesó Erek. “Puedo usar mis sistemas holográficos para recrear lo que vi. Pero será difícil conseguir aun más información.” <¡Si!> dijo Guía, que se emocionó enseguida con la idea. <Si, por supuesto. ¡Puedes comprar recuerdos Howler!> Se acercó a la pared y tocó un panel. Éste se abrió mostrando un estante repleto de botones y pads de diferentes colores. <Puedo cargar recuerdos directamente en vuestro amigo el androide, aquí. Pero será caro.> “No vas a coger ni un solo centímetro más de mi pelo,” avisó Rachel. “Ni un riñón. Y un brazo tampoco” Guía gimoteó desde el diafragma de su pecho. Quizás fue algún tipo de risa. <Yo os pagaré el ver los recuerdos Howlers. A cambio de poder disponer de vuestros propios recuerdos.> Tomé aire. “¿Qué es esto del comercio de recuerdos? ¿Significa perder nuestros recuerdos?” Guía se mostró perplejo. <Claro que no. ¿Por qué iba a significarlo? Nosotros sólo hacemos una copia.> “¿Ellos fotocopian nuestros recuerdos?” <No pueden hacerlo> dijo Tobias. <Esos recuerdos podrían acabaren manos de los Yeerks.> Tenía razón. Bueno, tal vez. “¿Ax?” No contestó. Ax se tambaleaba suavemente, hacia delante y hacia atrás. Su cola estaba baja, curvada hacia atrás. Estaba sumergido en sus propios pensamientos. “¡Ax!” dije más ruidosamente. “Ax, te necesitamos.” Alzó la vista, sobresaltado. <Si, Príncipe Jake> No le dije nada de no llamarme Príncipe. No era cuestión de cargarle demasiado. Los Andalitas son esencialmente una raza pacífica, pero con una larga tradición bélica también. Ax era un Arista. Un cadete militar. Y había pasado toda su vida a la sombra de su hermano, Elfangor, quien era considerado como un gran héroe de guerra. “¿A cuanto estamos del puesto avanzado Yeerk más cercano?” Le pregunté. <Yo… no se donde estamos. No tengo un plano astral.> Guía tocó un panel de la pared. Apareció una pequeña pantalla plana. Guía invocó un plano astral gimoteando y murmurando. Era algo que no tenía significado alguno para mi, por supuesto. Ax lo observó sin ningún interés aparente. Tocó la pantalla, rotó la perspectiva, amplió la vista. Lo volvió a hacer dos veces más, hasta que incluso yo pude reconocer los brazos espirales de nuestra propia galaxia la Vía Láctea. <Nos encontramos a más de cinco mil millones de años luz de la Tierra,> dijo Ax. <Antes de que los Yeerks pudiesen extenderse una décima parte de esta distancia tendrían que dominar no sólo la Tierra, sino también mi planeta.> Asentí. “Gracias. Muy bien entonces. Es un trato, Guía. Pero si he entendido lo que me has dicho, nuestros recuerdos te harán muy, muy rico. Así que si sobrevivimos, podrás copiarlos. No pedirás nada más, y nos proporcionarás cualquier cosa que necesitemos.” Pensé que Guía se iba a desmayar. Tenía el presentimiento de que le acabábamos de convertir en el Hill Gates de los Iskoort. <Transferiré todos los archivos de memorias Howler al androide> “El androide tiene nombre: Erek,” apuntó Rachel. <Puede llamarse a si mismo el Gran Maestro del Gremio, según tengo entendido.> dijo alegremente Guía. Guía tecleó en el panel. Dijo a Erek que se diese la vuelta. Apuntó a una ranura que tenía forma de cerradura. <¿Puedes conectarte> Erek desactivó su holograma, mostrando su verdadero cuerpo de androide. De uno de sus dedos metálicos brotó como un telescopio un conector y lo introdujo en la ranura. El dedo metálico cambió de forma para adaptarse a la de la cerradura. La casi canina cara de Erek estaba blanca, pero entonces sus ojos se abrieron y volvieron a cerrarse. Era imposible leer una emoción en una cara androide. Pero podía suponerla. Acababa de asimilar los recuerdos de las criaturas que habían acabado con sus creadores, los Penalitas, y habían convertido a los Chee en fugitivos interestelares. “¿Cómo va Erek?” preguntó Cassie. “He asimilado los recuerdos Howler disponibles. No son… no son visiones agradables.” “¿Puedes mostrarnos?” “Si.” Vaciló. “Hay incluidos recuerdos del ataque a mis creadores. No me gustaría mostraros eso. No querría tener que…” dejó de hablar, avergonzado. Cassie puso una mano en su brazo metálico y de marfil. “Entonces no lo hagas. Muéstranos lo que puedas. Muéstranos lo que necesitamos saber.” Erek asintió. “El planeta que os mostraré no tiene nombre. La gente se hace llamar así misma Los Niños de Graffen. Lo que os mostraré pasó aproximadamente hace veinte años.” La habitación desamueblada desaparecía al tiempo que el holograma de Erek la llenaba de un bosque sombreado de púrpuras, verde azulado y amarillo mostaza. Vimos enormes hojas, tan grandes como sábanas. El suelo estaba cubierto de raíces que se hundían y brotaban del oscuro suelo. Entonces, en el fondo, brotaron unos árboles extraños. Pájaros a lo lejos, formas aleatorias como plumas rosas brotaban y se enredaban a través de las hojas y las ramificaciones. Bajo éstos, se arrastraban ciempiés naranjas y amarillos de cuyas espaldas brotaban unos pinchos rosas, haciéndolos parecer una mezcla cómica entre un gusano y un estegosaurio. Animales como los peces piraña de dos cabezas se impulsaban por encima de acuíferos subterráneos, haciendo saltar la tierra y volviendo a desaparecer. Era un bosque en movimiento. Pero algo faltaba. Con maravillas no más mágicas que las de la Tierra, todo era muy similar a ésta. Alo largo del bosque se extendía un conjunto de criaturas que me hizo reír. Se movían patosamente, caminando sobre dos patas y dirigiendo su mirada hacia las copas de los árboles. Vi una mano moverse en la visión y pegué un brinco de la sorpresa. ¡Una mano Howler! Estaba mirando este bosque, estas plantas y animales y a Los Niños de Graffen a través de los ojos de un Howler. El Howler se encontraba tumbado esperando, tras la vista. Entonces el Niño de Graffen más cercano le señaló. Sus ojos se abrieron más. Una sonrisa tornó su extraña boca. Extendió una mano a lo largo del Howler, dándole la bienvenida, curioseando. El grupo de Niños de Graffen se encaminó al Howler, como los niños cuando quieren jugar con un perro. El Howler hizo un movimiento brusco. Otros Howlers aparecieron en la vista. Comenzaron a chillar. Para nosotros el sonido era más suave, gracias al filtro de Erek. Pero en los Niños de Graffen hizo todo el daño posible. Comenzaron a dispersarse. Se quedaron ahí, quietos, desamparados, confusos, no comprendían porque alguien querría hacerles daño, ellos simplemente… “Erek, ¡detenlo!” espeté El holograma desapareció tan rápido como una televisión se apaga. “No debería haberte hecho hacer ésto, Erek. ¿Puedes borrar todo eso de tu memoria?” “No, Jake.” “Lo siento,” dije. “¿Cuánto as asimilado?” Erek activó su holograma humano. Su cara era humana de nuevo. Ahora podía ver las emociones que Erek estaba sintiendo. “Tengo recuerdos de diecisiete ataques Howler. Todos ellos exitosos. Nunca han sido derrotados. Han atacado tanto civilizaciones altamente desarrolladas como gente corriente, como los Niños de Graffen. Jamás han tomado prisioneros. Ellos sólo matan, matan y matan hasta que no hay nadie más a quien matar. Entonces ellos marchan en busca de nuevas víctimas.” “¡Eso es mezquino!” gritó Cassie. “¡Ninguna especie hace tal cosa! No tiene sentido. No es lógico. No nos hablas de depredadores que matan para comer, o presas que lo hacen para defenderse. Incluso los humanos tienen razones, no importa lo mezquinas que sean. Hasta los humanos tienen un límite. ¿Por qué la evolución habrá desembocado en una especie que mata sin razón alguna?” “No lo ha hecho. No ha sido así,” Dijo Erek. “Los Howlers no evolucionaron. Fueron creados.” “¿Crayak?” El asintió. “Los Niños de Graffen y docenas de especies fueron aniquiladas por los Niños de Crayak.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Dormimos haciendo turnos. Dos de nosotros hacían guardia cada ronda. Algo inútil. Si los Howlers nos encontraban moriríamos. Guía aseguró que estaríamos a salvo. Los apartamentos habían sido construidos suficientemente resistentes como para soportar las comunes incidencias en el Mercado de Guerra Iskoort. Y con nuestro trato de darle nuestros recuerdos, presentía que tenía cierto interés en mantenernos con vida. Pero hasta ahora, los Iskoort en general no me han impresionado. Estaba seguro que cualquier otro, con menos que perder, nos habría vendido. Fue una noche larga. Muy larga. Quizás alguno de nosotros lograra dormir, pero desde luego, yo no. No quería. Traté de buscar sentido a todo. Traté de hacerme una idea de lo que el Elemista pretendía hacer. De cómo tenía pensado que ganásemos una lucha que nosotros teníamos por perdida. Pero no se lo encontré a nada. Cualquiera que fuera el juego al que el Elemista estaba jugando, nos sobrepasaba. Me sentía como una hormiga deambulando sobre un tablero de ajedrez, tratando de comprender las reglas del juego cuando lo único que podía ver eran las colosales figuras moviéndose alrededor de mí siguiendo unos patrones incomprensibles. Lo único que sabíamos era que los Howlers eran más violentos de lo que podíamos creer. Destructivos. Que ellos habían sido, de hecho, diseñados y construidos para ser puro terror. “¿Cómo será ser uno de ellos?” susurró Cassie en la oscuridad. Estaba cerca, y obviamente no dormía. “¿Qué? ¿Un Iskoort?” “No. Un Howler. Ellos saben que han sido creados por Crayak. Son suficientemente listos para pilotar naves espaciales, por lo que no pueden ser completamente inconscientes. ¿Qué pensarán de si mismos?” En realidad no me importaba. Pero la voz de Cassie era una distracción confortante. “No sé. Supongo que serán felices siendo como son. ¿No son la mayoría de las especies felices consigo mismas?” Hubo un largo silencio, mientras ella consideraba lo que yo había dicho. “Tal vez hubiera creído eso antes de que todo esto pasara. Pero ya sabes, he sido una termita y una hormiga. Criaturas sin mente ni instinto. No eran felices. Ni infelices, tampoco. Ellas simplemente hacían lo que estaban programadas para hacer, y no tenían pensamientos, en realidad, ¿qué otra cosa podían hacer? Pero los Howlers tienen que tener mente.” “Sólo por que una persona o lo que sea, sea inteligente, no significa que no puedan ser brutales, mezquinos o malvados. Quiero decir, tiene que haber algún nazi o algún propietario de esclavo listo.” “Claro, pero los Howlers no son sólo individuos. Hablamos de una especie, una raza completa, que es malévola. Eso es imposible. Lo sabes. Incluso los no todos los Yeerks son iguales.” “Y tal vez los Howlers si lo sean. Todos iguales, quiero decir. Puede que haya una raza que sea malvada en su totalidad.” “No puede ser,” zanjó Cassie. “¿Por qué no?” “Porque eso es en lo que los Nazis y los propietarios de esclavos creían. Que tú podías coger una raza entera y decir ‘Todos son esto o todos son aquello’. Eso jamás va a ser verdad.” “Tal vez,” dije, evitando incidir en su forma de pensar. “Tal vez sea así. ¿Pero cuántas son las probabilidades de que esos siete Howlers escogidos por Crayak vayan a ser mansos y cuidadosos?” Ella hizo un largo silencio, por lo que supuse que igualmente incidí en sus valores. Por un lado pensé, Genial. Total, no necesitamos una buena cantidad de conversaciones alegres, y más cuando nos estamos enfrentando a unos Howlers. Pero por otro pensé que simplemente estaba enfadado con el mundo, confuso y asustado. Estaba empezando a decir “Cassie…” cuando algo golpeó la puerta con el impacto de un pequeño proyectil. ¡WHAM! La perta aguantó, asombrosamente. Guía comenzó a gimotear. <¡Ves! Te lo dije –> ¡TSEEEEEEW! Un círculo rojo apareció en la puerta y comenzó a arder soltando humo. “¡Son ellos!” grité. “¡Howlers!” Sentí como si me estuviera reventando el corazón, como si latiese demasiado fuerte, demasiado rápido, tanto que no cupiese en mí, y no dejase espacio ni para un suspiro por pequeño que fuese. ¡Íbamos a morir! Oí lamentos de terror. Alguno venía de mí, como quejidos apenas humanos, como animalillos muertos de miedo. “¡Transformaos!” grité, revelándome al mundo. “¡Van a matarnos!” lloró Marco. En el resplandor del rayo dragón, vi a Ax dirigirse decididamente hacia la puerta. Un áspero pelo comenzaba a brotar de la cara de Rachel. “¡No!” solté al darme cuenta del error. “Formas de combate no! ¡¡Haceros pequeños!! ¡Moscas!” Traté de concentrarme, dibujarme en la cabeza la forma de la mosca. Era la única manera. Sin luchar, escapando. <Trataré de frenarlos> dijo Ax calmadamente. “No Ax. ¡Transfórmate! ¡Tenemos que salir de aquí!” le gritó Rachel. <Ya huí una vez,> contestó. <Ya no más.> <¡No es el momento Ax-man!> dijo Tobias. <¡Soy un guerrero Andalita!> dijo bruscamente. ¡TSEEEEEEEEW! De pronto el rayo atravesó la puerta y golpeó la pared del fondo. Erek se dirigió al agujero de la puerta tan pronto como un Howler puso su cabeza en el curioseando con ojos ambiciosos. Había desactivado el holograma y ahora era de nuevo un Chee. “¡Chee!” dijo el Howler sorprendido. Erek tomó una de sus manos metálicas y tranquilamente pegó sus dedos en el metal de la puerta. Lo atravesó como si estuviese pegando su mano en una rebanada de pan. Hizo lo mismo con la otra, encrespando sus dedos y agarrando las tomas que había creado. Bloqueó la entrada con su cuerpo. El Howler le insultó y lo empujó, pero Erek no se movió mucho más que la anchura de un átomo. El Howler retrocedió y elevó su arma hasta la cara metálica de Erek. Disparó. Montones de proyectiles rebotaban por toda la habitación, pero Erek se encontraba ileso. “Jake, esto no aguantará,” me avisó Erek. Nos transformábamos a toda velocidad. Todos menos Ax. Ya disponía de unos enormes y globulares ojos de mosca y seis patas. <¡Ax! ¡Hazlo! Transfórmate. ¡Ahora mismo!> <No, ¡no puedo huir de nuevo!> <Aximili-Esgarrouth-Isthill, llámame ‘Príncipe’ y actúa como tal. Te estoy dando una orden directa. Transfórmate. ¡Y hazlo AHORA!> [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Los Howlers intentaron su arma definitiva. El grito fue desgarrador. Las pareces que rodeaban a Erek comenzaron a agrietarse y desplomarse. Guía calló al suelo, retorciéndose en agonía. Los ojos de Ax sangraban, incluso estando en plena transformación. Pero el resto de nosotros éramos más mosca que humanos, y las ondas vibratorias de los Howler no nos hicieron daño. No nos hirieron, sino que nos produjeron una abrumadora necesidad de volar. Una vibración puede estar causada tanto por un sonido como por un movimiento. El cerebro de la mosca identificó el grito como un repentino, masivo y amenazante movimiento que procedía de todas partes. Aun con unos cuatro o cinco kilos y con una boca gelatinosa transformándose, comencé a batir frenéticamente mis crecientes alas, pataleando de pánico y tratando de alzar el vuelo. “Enfréntate a mi, Chee,” le retó el Howler cuando se dio cuenta de que su grito no había inmutado a Erek. Estaba sorprendido de reconocer el idioma. ¡Estaba hablando español! Crayak debía haberlos programado de ésta manera. Programados para entender nuestro idioma y así ser capaces de desmoralizarnos y hacernos preguntas si fuese necesario. Erek lo ignoró. Los Howlers comenzaron a disparar Rayos Dragón. No a Erek. Debían conocer por su memoria colectiva el hecho de que los Chee no pueden ser destruidos fácilmente con armas de rayos. Aun así, usaron los Rayos Dragón para rebanar los alrededores de Erek, con lo que nos dejarían al descubierto en unos pocos segundos. Todos habíamos mutado ya. Estábamos temblando, pero estábamos transformados. Excepto Ax, que aun era parcialmente Andalita. Y Guía, que estaba sentado en una esquina, observando absorto en su locura, creando recuerdos de evaluación para su posterior venta. De pronto, las paredes que rodeaban a Erek desaparecieron en llamas. Los Howlers le sobrepasaron con desprecio. Sabían que no podía luchar. Pero no encontraron nada. Nada que se pareciese a las criaturas que habían luchado contra uno de los suyos en las escaleras. Nada excepto un débil e indefenso Ax, que continuaba mutando. Una monstruosidad horripilante, amorfa, derretida y gelatinosa. Los Howlers se agolparon en la habitación. Con mis ojos compuestos parecían estar hechos de brillante púrpura y azul con parpadeantes venas negras. Las celdillas de mis ojos los rompían en varias piezas. Estaban alrededor de mí y yo podía volar desapercibido. “¿Objetivo?” le preguntó un Howler a otro. Éste último era algo más alto y llevaba incluso más armas. “Si. ¡Mátalo!” gritó el líder con autoridad. Siete armas de proyectiles fueron cargadas y tomaron como objetivo a Ax. No tenía posibilidad. Ninguna. Erek se dispuso a ponerse entre las pistolas y Ax, pero los Howlers tranquilamente le bloquearon el paso. Su programa le impidió empujarlos a un lado. En una fracción de segundo, Ax sería aniquilado. <Crayak es un pardillo enorme, lo más payaso que he visto> dijo una voz telepáticamente. ¡Marco! Las cabezas de los Howlers se dieron la vuelta, de izquierda a derecha, sus cuerpos giraban al tiempo que ellos buscaban al que les había insultado. Señalaron a Guía, que se arrastraba por el agujero que ellos habían quemado. <¡Yo no! ¡Yo no he sido! ¡Soy sólo un comerciante Howler! Y de paso, ¡estaría encantado de comprar vuestros recuerdos sobre todo esto!> <Y los Howlers son los cobardes de la galaxia. Con cerebro de mosquito, feos, huelen mal, gusanos gumias,> añadió Marco “Olvidarlo,” ordenó el líder. “Son voces sin sentido.” Me disparé a través del aire, apuntando a la cabeza del líder Howler. Aterricé justo debajo de su ojo izquierdo. <No sólo voces, sucia bola andante. Estoy aquí mismo. ¿Te crees duro? Intenta matarme.> La mano salió disparada con una velocidad fugaz. La sentí venir gracias a las distorsiones en el aire, y yo respondí con la velocidad AHORA MISMO de la mosca. Unos dedos alienígenas iban detrás de mí. Puse mis alas al máximo. El Howler era demasiado rápido, sus dedos no me cogieron por milímetros. <¿Cómo piensas matarnos?> retó Marco. <Mejor ir a Crayak y explicarle que habéis fallado. “¡Olvidarlos! Matar al otro–” <Demasiado tarde,> dijo Ax. Ax había terminado su transformación en Mosca. <Muy bien, continuar volando. Que nadie aterrice ni descienda,> dije. Estaba comenzando a sentir una pizca de optimismo. Incluso relevancia. Los Howlers estaban desconcertados.> “¡El androide!” rugió el líder. Observé. Podía ver a Erek, o al menos una lejana y distorsionada versión de él. Pero los Howlers ya no. Erek había creado un holograma de las paredes. Estaba de pie tranquilamente tras el. Fuera de peligro, pero creo que no de su alcance. <Vamos a escondernos antes de que estos tipos empiecen a pensar en alguna forma de aplastar moscas.> sugirió Cassie. <Tienes razón,> aceptó Marco. <Fuera, por la puerta,> dije. <Pero permanecer juntos.> Nos disparamos, desapercibidos, por la entrada quemada. No era una victoria. Todo lo que habíamos logrado hacer era salir corriendo. Pero al menos, todos seguíamos vivos. Y eso era más de lo que había pensado posible. Bastante mal, cuando permanecer con vida no era una opción. Teníamos que ganar. Teníamos que destruir a siete criaturas, cuando de una de ellas, todo lo que habíamos logrado, era un empate. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <Guía. ¿Puedes oirme?> <Si, claro. No estoy muy lejos.> <Lo sabemos,> dijo Rachel. <Estamos justo encima de tu cabeza. No, ¡no mires!> <Mirarán a Guía,> dijo Tobias. <Si nos enganchamos en él y nos transformamos, seremos suyos.> Los siete Howlers aparecieron en el apartamento en ruinas, y después de eso perdimos su pista. Los ojos de la mosca no sirven para mucho a distancias de más de medio metro, más o menos. ¿Estarían siguiendonos? ¿O a Guía? No había forma de saberlo. Pero de todos modos no podíamos bajar la guardia con los Howlers. <Erek. Se que no puedes contestarme, pero si puedes oírme, intenta encontrar a Guía y escóndelo de los Howlers.> De pronto otro “Iskoort” se colocó al lado de Guía y al rato se convirtió en un grupo de Mercaderes de Guerra Iskoort que absorbió a Guía. El grupo de Mercaderes de guerra Iskoort sería revelado como un holograma si alguien lo tocase. Pero nadie lo hizo. Volamos al interior del holograma y aterrizamos en la cabeza de Erek. <¿Hay moros en la costa?> pregunté a Erek. “Estamos siendo vistos, pero creo que hemos despistado a los Howlers, al menos por ahora.” <Genial,> dijo Rachel con poco entusiasmo. <Sobreviviremos tanto tiempo como logremos ser moscas escondidas en un holograma.> <Os llevaré a un nuevo sitio donde os podáis esconder,> dijo Guía. <Por cierto, esa habilidad que tenéis de cambiar de forma es muy interesante. ¿Es por casualidad una tecnología que podáis vender? Os pagaré el máximo precio.> No me molesté en contestar. Volvimos a nuestras formas humanas, halcón y Andalita, y continuamos escondidos, cubiertos por el holograma. Estábamos cruzando una gran plaza. El suelo era verde en esa zona y casi te hacía pensar que pisabas un gran campo de césped. En el centro de la plaza había otra escalera que tomamos para descender. Estaba llena de montones de Iskoort yendo y viniendo y de lo que tomé como unos cuantos aliens, también. Erek ensanchaba y estrechaba el holograma constantemente, para impedir que alguien penetrase en nuestra ilusión. Finalmente llegamos al nivel inferior. Éste era completamente diferente. En lugar de los inmensos espacios de los niveles anteriores, este era prácticamente una jungla. Pero muy particular. Las plantas, los árboles y las flores estaban plantadas en cajas empaquetadas todas juntas, dejando sólo estrechos pasillos. Si mirabas hacia arriba, parecía que estabas en una jungla en toda regla. Pero si mirabas hacia abajo, te sentías más bien andando por un invernadero. Los Iskoort estaban apretujados por los pasillos. Era demasiado poco espacio para el holograma. “Tobias,” dije. “¿Podrías elevarte y mirar si nos siguen?” Tobias voló fuera del holograma, dio unas cuantas vueltas y volvió. <Parece que no hay nadie.> “No soy capaz de imaginarme a los Howlers arrastrándose por ahí como espías de todas formas,” dijo Rachel. “Son un poquito más directos. Si nos viesen. Vendrían hasta nosotros, y pobre de aquel que estuviese en su camino.” Erek redujo el holograma y de nuevo volvió su apariencia humana. De nuevo estábamos al descubierto. Los alienígenas paseaban por lo que parecía un parque y el cuerpo me temblaba. “Ax, mantén un ojo en casa dirección,” dije. Era el único que podía mirar hacia atrás tan fácilmente como hacia delante. “Claro, avísanos si ves un Howler, así podremos llorar unos segundos antes de que nos cojan,” dijo Marco dramáticamente. A lo largo del laberinto del bosque falso, nos topamos con toda clase de Iskoort, y ninguno de ellos parecía tener un buen día. Mi cerebro no dejaba de zumbar. Iba a un kilómetro por minuto, pero sin rumbo. Como un coche con el pedal pulsado al máximo pero sin conductor. ¿Qué había pasado por alto? Algo. Algo. Algún modo de acabar con los Howlers. Tenía que haber algún modo. El Elemista no podía habernos enviado a esta batalla para perder. ¿O sí? Traté de llamarle con mi mente. Me preguntaba si estaría escuchando. Probablemente. Pero él y Crayak tienen sus reglas. Las reglas de un acuerdo, como dicen los militares. ¿Cuáles eran las reglas? Era como si fuese una hormiga en un tablero de ajedrez y le preguntase al jugador la razón de por qué tenía que hacer una jugada determinda. ¿Por qué los Iskoort? ¿Por qué tenían que ser salvados? ¿Por qué nosotros sabíamos que íbamos a por los Howlers, pero éstos parecían no saberlo hasta que los conocimos en las escaleras? ¿Por qué los Howlers no atacaban a los Iskoort? Eso estaba claro: las reglas del acuerdo. Si nos ganan, ellos podrían aniquilar a los Iskoort. Pero no antes. La única persona que pensábamos que podía luchar y ganar a los Howlers era Erek. Sólo Erek tenía el poder. Y sólo Erek está incapacitado para luchar. El puede ponerse entre nosotros y los Howlers. Puede darnos información, pero no ayudarnos directamente. Los Howlers jamás habían perdido una batalla. Eso es lo que los recuerdos de los Howlers y Erek dijeron. Jamás. ¿Qué significado tenía todo eso? Presioné fuertemente mis manos contra mi cabeza, como si pretendiese escurrir la respuesta directamente de mi cerebro. <Ya estamos,> anunció Guía. Alcé la mirada y descubrí que había estado andando todo ese tiempo. Me sentí culpable de pronto. Había estado tan preocupado que había bajado la guardia. Estábamos fuera de un edificio con forma de pirámide. De quizás unos diez pisos de alto en términos terrestres. Era blanco, del blanco destellante del plástico, y con una amplia puerta en forma de arco con rayas de neón como si fuese un arco iris. Resonaba algo que debía ser música. “Por supuesto. Este será un buen lugar para escondernos,” dijo Marco sarcásticamente. “Jamás repararía nadie en un edificio como éste.” “¿Dónde estamos Guía?” <Hemos llegado al templo del Gremio de los Sirvientes. Os acogerán dentro. He pagado para ello. Cuidarán de vosotros hasta que vuelva.> “¿Qué quieres decir con ‘vuelva’? saltó Rachel. “¿A dónde vas?” <Debo alimentarme. Sabes, los Iskoort no somos precisamente lo que parecemos en un primer momento. El cuerpo que tu ves es de nuestra simbiosis. Somos una especie simbiótica: Un cuerpo exterior grande, el Isk, y el yo interno, una porción mucho más pequeña, llamada Yoort.> <¿Una simbiosis?> preguntó Ax, hablando por primera vez. <¿Quieres decir que sois parásitos?> <Hace mucho, sí,> reconoció Guía. <Pero lo que comenzó como una relación parasitaria se ha convertido en una verdadera simbiosis. Funcionamos como una sola criatura. Las dos partes, mitades, sólo se separan cada tres días, cuando el Yoort debe alimentarse nadando en el estanque Yoork y absorbiendo–> La cola de Ax estaba en la garganta del Iskoort antes de que pudiera formular la siguiente palabra. <Yeerks. ¡Todos ellos son Yeerks!> [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] El gremio de los sirvientes era justo lo que parecía. Iskoort obedientes hasta un punto esclavista, aduladores y serviles, fanáticamente obsesionados con obedecer cualquier orden que se les pudiera dar, por cumplimentar cada capricho que se te antojase. Nos llevó un buen rato convencerles de que lo único que queríamos era una habitación. Una habitación sin ninguno de ellos dentro. No quedaron muy entusiasmados con la idea, pero al final obedecieron. La habitación era tan llamativa como el exterior del Templo del Gremio Sirviente. Las paredes eran tan blancas que nos hacían daño en los ojos. Lo que no era banco eran los fluorescentes, o algo parecido, que eran de colores oscuros sólidos, esparcidos por todas partes, por las paredes y a lo largo de los techos hasta llegar al suelo, pero estas luces de colores no parecían influir en tanta blancura. “Debe ser la idea que tienen los Iskoort de la decoración,” dijo Rachel. “Como el baño de un hospital decorado por unos niños con esas varitas luminosas.” Guía permaneció en el centro de la habitación. Ax había apartado el filo de su cola, pero Guía no parecía convencido: esa cola podía ser chasqueada en una fracción de segundo si no escuchábamos las respuestas correctas. “Será mejor que hables, y rápido,” dije a Guía. Gimoteaba constantemente por su diafragma. <¿Qué queréis de mi?> Marco contestó, “Estamos a billones de kilómetros de casa, en la otra punta de la galaxia, y todo lo que encontramos de pronto es que los Iskoort son Yeerks. Perdona que seamos sospechosos.” <No somos Yeerks. Somos Iskoort.> <Yoort, Yeerk, es muy parecido,> dijo Tobias gesticulando airadamente con sus alas. <Y los dos dependéis de los rayos Kandrona.> <Si, nos alimentamos de los rayos Kandrona. Pero somos Iskoort, no esos Yeerks que desdeñais.> Rachel explotó sobre el sumiso Iskoort. “Sabía que había algo que no me gustaba de estos tipos. Si no están intentan comprarte algo, están intentando patearte el trasero o besarte los pies. ¡Yeerks!” Se giró a mí con una dura expresión. “Ya está. Diremos al Elemista que se busque a otros con los que llevar a cabo sus juegos. No vamos a ayudarle a salvar un puñado de Yeerks. Los Howlers pueden hacer lo que quieran con ellos.” Yo estaba inclinado a aceptar eso. De todos modos, era es camino más fácil. No íbamos a morir por salvar a unos Yeerks. Cassie se puso entre Guía y Ax. “Guía, dime una cosa. ¿Qué sabes sobre la historia de tu gente? ¿Volviendo atrás, en sus comienzos?” Guía parecía desconcertado, pero Cassie estaba entre él y la cola del Andalita, así que el sabía que ella era su única esperanza. <Nosotros… nosotros Iskoort… Quiero decir, retrocediendo muchas, muchas generaciones, los Yoort eran parásitos, como decís. Infestaban otras especies. Pero eso fue hace mucho. Desde que formamos nuestra simbiosis, la combinación de los Isk y los Yoort, hemos sido como somos ahora.> Rachel suspiró. “Conquistan a estos Isk y ahora escomo si Vale, somos unos colegas geniales. Gran trato.” Marco asintió. “Extaño show el que habrá en la Tierra dentro de unos miles de años, los Yeerks estarán diciendo, ‘Hey, nosotros y los humanos somos una simbiosis.’” Miré a Cassie. Rachel y Marco tenían razón. Cassie asintió, aceptando el hecho. Pero Guía dijo, <No, no. No me he explicado bien. Los Isk no fueron conquistados por los Yeerks. Fueron creados.> “¿Qué has dicho?” <El parasitismo es una opción limitada. Los Yoort se extendían violentamente para conquistar otras especies e infestarlas, pero esto no era provechoso, no a largo plazo. Así que los Yoort usaron técnicas de ingeniería genética para diseñar y crear una especie especialmente para llevar a cabo una simbiosis.> <¿A quién le importa como lo hicisteis?> argumentó Tobias. <El caso es que creasteis una especie y luego la esclavizasteis.> <No, no,> defendió Guía, jadeando por su diafragma. <Los Isk son una verdadera simbiosis. Los Isk realmente no pueden vivir sin los Yoort. Y para asegurar que esta simbiosis fuese real, los Yoort también fueron modificados. Ahora los Yoort no pueden vivir sin un Isk y estos no pueden vivir sin un Yoort. Son una criatura con dos partes.> Completo silencio. Nadie dijo nada. La realidad iba siendo asimilada poco a poco por nuestras mentes. “Oh, Dios mío,” dijo Cassie al final. “Pues claro. Esa es la forma. La única forma. Que el parasitismo se vuelva simbiosis. No más infestaciones. Ellos mismos crearon el siguiente paso en su propia evolución y se hicieron verdaderos seres simbióticos.” “No más guerra,” dijo Erek apaciblemente. “No más necesidad de conquistar nuevas especies, de infestar o esclavizar.” “Los Yeerks no saben nada de esto,” dijo Cassie. “Incluso los Yeerks que quieren la paz no pueden imaginar un camino, una forma de acabar con el ciclo de conquistas. <Estos Yoorts pueden ser relacionados con los Yeerks,> dijo Ax. <Quizás sean la misma especie separada hace siglos, tal vez sacada del planeta Yeerk por una raza ya olvidada.> <Si los Yeerks supiesen… si los Iskoort pudiesen entrar en contacto con los Yeerks…> dijo Tobias. Esta era la razón por la que Crayak tenía que acabar con los Iskoort. Y el por que el Elemista no podía permitirlo. Algún día, lejos en el futuro, los Iskkort conocerán a los Yeerks. Y éstos verán que había otra manera. Sonreí. Por primera vez en mucho tiempo. La hormiga acababa de comprender parte del juego de ajedrez. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Un olor a aceite y a bolas antipolilla… “¡Es veneno!” dijo Rachel. “Parece insecticida.” <¡Howlers!> gritó Tobias. ¿Qué podíamos hacer? Los Howlers estaban vertiendo veneno en el edificio. Habían aprendido rápido. Demasiado rápido. No podíamos contar más con las transformaciones en insecto. “¡Guía! ¿ventanas?” <Si, hay ventanas disimuladas. Puedo abrirlas por medio de–> “Aun no. Nos iremos volando,” dije a todos. “Tranquilos. Transformaos en pájaros. Guía, cuando te diga, abre las ventanas. No antes. Los Howlers no pasarán hasta que no estén seguros de haber echado suficiente veneno.” Traté de sonar seguro. Esperaba tener razón. La eficacia del veneno crecía rápidamente a cada segundo, pero estaba preparado para convertirme en un halcón peregrino. ¿Por qué insecticida? ¿Por qué no gas nervioso? ¿Por qué no algún tipo de gas inoloro e invisible que pudiese matarnos antes de que nos pudiesemos enterar? ¿Demasiado fácil? ¿Poco factor sorpresa para venir de Howlers? ¿O el gas venenoso estaba fuera de las reglas del acuerdo? Todos nos derretíamos, todos menos Erek y Guía. Cambiando. Nuestra carne desaparecía o cambiaba de posición como fango escurriéndose por una colina, y se nos iba poniendo gris. Los brazos y las piernas explotaron en montones de plumas. La cara se arrugó y retorció hasta conformar un pico duro. Los dedos de los pies se convirtieron en garras. <Guía, ¿a qué altura estamos?> <Quizás unas cinco veces tu altura.> <Muy bien. Erek, no sabemos si algún Howler estará tras esas ventanas. Puede que si y puede que no. ¿Podrías saltar por ella y llevarte por delante a quien quiera que esté ahí?> Erek parecía enfermo. “No, Jake. Puedo oir a los Howlers. Sé que están ahí fuera. Si salgo por esa ventana puede ser que dañe–> <No querríamos eso,> dijo Marco con desprecio. <No queríamos–> <Calla, Marco,> Le corté. Mi mente corría. Alguna respuesta. Tenía que haberla. Necesitábamos una distracción, por otro lado, en el instante que apareciésemos, los Howlers… <¡Erek! ¿Puedes proyectar un holograma a través de otra ventana? ¿Un holograma de nosotros?> “Por supuesto. No dañaría a los Howlers, y quizás os salve. Estaría dentro de mis parámetros.” <Guía, abre una ventana en la parte opuesta de la habitación, cuenta tres, y abre esta de aquí. ¿Guía, Erek? Descenderemos dos niveles, cerca de las escaleras. ¿Todo el mundo listo?> <¿Dos niveles abajo?> dijo Guía, parecía asombrado. En ese momento un par de Iskoort Sirvientes irrumpieron en la habitación. <¿Hay algún problema? ¿Interrumpen su descanso esos huéspedes de ahí fuera?> <Hacerlo rápido,> dijo Tobias, ignorando la intrusión. <Los pájaros no soportan el veneno mucho mejor que los gusanos.> <Preparados. A la de tres. Uno, dos, ¡AHORA!> La ventana del fondo se abrió. Inmediatamente una bandada de seis pájaros voló a través de ella. Aparecieron montones de Rayos Dragón y proyectiles confundiéndose en el aire. <Si, permítanos abrir las ventanas,> Ofreció uno de los sirvientes. <¿Quizás deseen un delicioso almuerzo?> La ventana más cercana se abrió y estiré mis alas y aleteé con todas mis fuerzas. El holograma se rompió antes de extenderse unos ocho metros desde la ventana. Pero para entonces todos los Howlers estaban disparando como idiotas en el lado equivocado del edificio. Volamos a través de la ventana, aleteando como locos, desesperados por cada metro de distancia. Pero no estábamos muy lejos cuando el primer Rayo Dragón alcanzó el ala del águila de Rachel. <¡Descender, descender, descender!> grité. Nos sumergimos. Abajo entre el laberinto de árboles, arbustos y flores. Éramos un escuadrón bastante extraño. Un águila de cabeza blanca, un par de águilas pescadoras, un aguilucho, un ratonero de cola roja y un halcón peregrino. Atravesamos el pasillo, a un centímetro de las cabezas de los Iskoort que paseaban por allí. Éstos sintieron el viento que producíamos y alzaron la cabeza para vernos pasar. ¡B-r-r-r-r-r-r-r-t-t! Una línea de proyectiles rajó un árbol que estaba unos centímetros por delante de mí. Giré a la izquierda y vi al Howler. Corría a por nosotros, empujando a los Iskoort como si fuesen bolos. Torcimos a la izquierda, y nos introducimos en un pasillo lleno de extraños naranjos. ¡Un Howler apareció entre los árboles que teníamos enfrente! Había acortado a través de las plantaciones para cortarnos el paso. <¡Ascender!> gritó Tobias. ¡TSEEEEW! ¡TSEEEEW! El ala derecha de Cassie desapareció, ¡un manojo de plumas ardiendo calló al suelo! Cassie se tambaleó, fuera de control, cayendo como una piedra. Golpeó el suelo en el medio de la manada del Mercado de Guerra Iskoort. Me lancé hacia ella. Un Howler saltó desde uno de los árboles. Apuntaban su arma de rayos aun siguiendo a Cassie. ¡TSEEEEW! ¡TSEEEEW! Disparó, ¡Falló! Dio al suelo. Me encontraba sobre él con las garras listas. Ataqué, dejándole unas buenas cicatrices ensangrentadas en la cabeza. Giró su cuerpo y me apuntó. Salí disparado como un poseso y me estampé con uno de los Iskoort del Mercado de Guerra. Me miró sin expresión alguna. Estaba en sus brazos. Desamparado. El Howler hizo unas muecas y apuntó con cuidado. Directo a mí. No había posibilidad de escapar. Un blanco fácil. A sólo unos centímetros. Podía ver todos y cada uno de los detalles del arma que acabaría con mi vida. Entonces… el Rayo Dragón vaciló. Estaba cargado. Observé la cara del Howler, furiosa, encolerizada. Pero el no disparó. Batí mis alas. El Mercader Iskoort reaccionó empujándome con enfado, y entonces el y sus compañeros atacaron al Howler. Debió de ser un instante. El Iskoort del Mercado de Guerra no era lo que se dice formidable. El Howler podría haberle tumbado en cinco segundos. Aun así, el Howler lo único que hacía era esquivar los ataques, retirándose de los empujones, echando atrás la cabeza y corriendo. ¡Las reglas del acuerdo! <¡No pueden matar a los Iskoort> grité a los otros. <¡Usar los Iskoort para cubriros!> Entonces, <¡Cassie! Cassie, si puedes oírme, ¡transfórmate! ¡transfórmate!> Pero ya podía ver los restos de su pluma perdiéndose en el aire, dejando ennegrecido el lugar donde habían estado. <Claro, claro, ya lo se,> dijo ella, sonaba atontada. <¡Ax! ¡Detrás de ti!> <¡Ahí viene otro!> Los demás corrían por sus vidas. Tenía que alcanzarles. <Cassie. ¿Estás bien?> <Yo estaré… Ya sabes… eh… transforme,> dijo, confusa, perdida. <Cassie, ¡Transfórmate! ¡Y quédate cerca de los Iskoort!> <Ya. Ya.> <¡No puedo dejarte así!> <No. Si. Ve. Tienes que–> Un Howler me estaba persiguiendo, sus mortales ojos azules no se separaban de mí. Si continuaba, le llevaría hasta Cassie. Si abandonaba…¡No podía dejarla! Estaba demasiado confusa, perdía demasiada sangre, esforzándose por concluir su transformación. No hay alternativa, Jake, me dije ásperamente. No puedes ayudar. Sólo la harás daño. Me ladee y cambié de rumbo, sintiendo como si mi corazón fuese rasgado por mi cuerpo. Obtuve suficiente altitud para volar por encima de los árboles, desde donde pude observar una cruenta batalla. Tienes que ayudar a los otros, me dije a mi mismo. Es tu deber. Ayúdalos. No puedes hacer más por Cassie. Los Howlers saltaban de árbol en árbol como monos. Saltaban por encima de los pasillos, de vid a arbusto hasta una rama, como gente cruzando un arroyo de roca en roca. Vi tres pájaros en el aire. Faltaba otro a demás de Cassie. El borde del piso, el vacío, estaba a sólo un kilómetro. <Vale,> dije. <Ya he tenido suficiente. ¿Quieren persecución? Vamos a ver lo rápidos que son.> [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] El halcón peregrino es el animal más rápido de la Tierra. Más rápido que el guepardo o la gacela. Más rápido que el más rápido de los delfines o de los tiburones. Más rápido que cualquiera de los pájaros. En una caída en picado, puede alcanzar trescientos cincuenta kilómetros por hora. Aleteé, arriba, arriba, arriba, quemando tanta energía que no lo podía creer, y no lo hice. No la necesitaría para después. No iba a haber un después. Cassie había caído. Rachel había caído. Me sentía mareado. Pero me iba a llevar un Howler conmigo. Volé con esfuerzo y con velocidad ayudándome de una corriente ascendente que tomé como un patinador ascendiendo por el borde de una tubería. Entonces apunté con cuidado, considerando la distancia, y me lancé en picado. No alcancé los trescientos cincuenta kilómetros por hora, pero si que alcanzaba los ciento cincuenta cuando rasgué literalmente la cabeza de un Howler que incordiaba a Tobias. El Howler se tocó la cabeza, profiriendo un grito más emotivo y menos peligroso que el cual por el que se llaman así. Me disparó salvajemente, pero ya no estaba a su alcance. Mantuve todo mi ímpetu y me ladee a la derecha, aleteando fuertemente, entonces rasgué a un Howler que acababa de acribillar a Marco con unos proyectiles. <¡Marco!> lloré. <¡Transfórmate! ¡Transfórmate!> No podía decir si continuaba con vida. Pero tenía enfrente de mis narices a su agresor. Tenía la cara llena de arañazos de garras. Apunté a sus ojos. Los Howlers jamás habían sido vencidos. Me preguntaba cómo se estarían tomando lo que les estaba haciendo. Obtuve la respuesta inmediatamente. Tres de ellos se unieron en una carrera tras de mi, lanzándose como locos a la busca y captura de la pequeña criatura que había osado herirles. No demasiado rápido, Jake, me dije. Volé, pero no a toda velocidad. Aun así, utilicé mi velocidad para regatear, serpentear y frustrar a los Howlers, que me disparaban todo lo que tenían. Bastante cerca, pensé. Ahora, ¡Abajo! Caí tres niveles hacia un pasillo. Pero éste casi no tenía Iskoort. Comencé mi recorrido, luchando contra el cansancio, aleteando, torciendo, aleteando, torciendo. Y los Howlers iban detrás de mí. Atravesaban los setos, tirando árboles con los proyectiles, quemando flores y arbustos y retirándolos de su camino. Subía y bajaba buscando una trayectoria indirecta. Ellos cortaban todo lo que se les ponía en medio. En unos seguros lo harían conmigo. No podía deshacerme de ellos cuando por cada seis metros que yo hacía ellos sólo tenían que hacer uno. Pero tenía que permanecer abajo. Tenía que estar en el camino. Deseaba no estar equivocado sobre la dirección y la distancia. Confiaba en que la arrogancia de los Howlers, la superioridad de los nunca derrotados, me ayudaría. ¡Tuerce, tuerce, tuerce! ¡Un Howler apareció a través de un seto que se encontraba justo en frente mía! ¡Estaba atrapado! ¿Tenía razón? ¿Me encontraba allí? Fui directo al Howler. Apuntó. Pegué un tirón repentino hacia arriba y descendí lentamente, como un pájaro herido, como un lento y giratorio balón de voleyball, sobre el seto cayendo hacia la otra parte. El Howler atravesó el seto, oliendo la victoria. Pasó y pisó el aire. Los Iskoort estaban lo suficientemente locos como para no vallar los bordes de sus plataformas. Pero era una clase de locura que comenzaba a gustarme. El Howler caía. Caía, arañando el aire, gritando de rabia y frustración. A kilómetros del suelo. Tenía un larga recorrido para caer. Entonces me golpeó. Era el momento. Estaba en el lugar oportuno y en la transformación apropiada. El caía, rápidamente obteniendo máxima velocidad de caída. La cual en el mundo de los Iskoort, tal y como sucedió, era menos de trescientos cincuenta kilómetros por hora. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Abajo, abajo, abajo. El howler estaba bocabajo, gritando y tomando aire. Desamparado. Me lancé volando hacia abajo, batiendo fuertemente las alas, ayudado por el efecto de la gravedad. El Howler estaba justo debajo de mí, obviamente. El tenía otras cosas de las que preocuparse. Guardé las alas, estiré las garras y me agarré en su pierna. Si sintió el corte que le produjeron desde luego no lo demostró. Observé más allá de él, el suelo, que se encontraba muy lejos aun. ¿Cuánto tiempo más nos llevaría caer? ¿Sería suficiente? No había forma de saberlo. Era difícil de precisar. Comencé a recuperar mi forma. Ahora caíamos a la misma velocidad, el Howler y yo. Traté de mantenerme sobre él hasta que mis garras se convirtieron en dedos, al tiempo que mi cuerpo crecía más y más hasta ser casi tan largo como el suyo. Traté de mantenerme encima de esa piel que más bien parecía lava a medio secar, pero mis garras se soltaron en cuanto fueron más bien uñas. Perdí mi sujeción Me volví a agarrar con una mano rechoncha y un brazo de unos veinte centímetros de largo. Fallé. Caíamos. Mis ojos perdieron sus cualidades de halcón. Ya no podía ver cada detalle del suelo que se extendía bajo mí a lo lejos. Era todo borroso. Lo cual lo hacía parecer aun más lejos. Un pequeño alivio. Humano, podía sentirlo, mi cara se encontraba a sólo unos centímetros de la pierna izquierda del Howler, que había dejado de patalear en el aire. Ya no se movía. Tenía mucho tiempo para contemplar su destino. No sentí lastima por él. Tal vez debería haberla sentido. Tal vez Cassie la hubiese sentido. Pero este Howler, o simplemente uno como él, había quemado completamente su ala. Había disparado a Marco. Al menos uno de ellos. Quizás todos ellos. Quería que tuviese un buen rato para pensar sobre eso mientras caía. Me agarré, esta vez con dedos humanos. De pronto se revolvió, giró su cuerpo del todo y me miró, sus ojos azules estaban abiertos como es estado de shock. Se lanzó a por su Rayo Dragón. Lo cogí antes y lo tiré. Cayó, chocando con las paredes detrás de nosotros, a dos metros y a un millón de kilómetros de nuestro alcance. Sabía que vendría después. Pero el Howler no. Inició su grito, las primeras notas desgarrantes para los oídos y entumecedoras para el cerebro. KEEEE– Pero empezó tarde. Había comenzado a adquirirlo. Y sintió el trance, el letargo en el que entran normalmente las criaturas cuando las adquieres. El comenzó. Con los ojos llenos de odio, incapaz de proferir su grito mortal. Mientras mantuve mi mano sobre él, mientras drenaba su ADN hacia mí, utilicé mi mano libre para deshacerle de todas sus armas. Una por una. Eso hizo que un pequeño arsenal cayese alrededor de nosotros. Le empujé. El aire me capturó y me hizo girar de extremo a extremo. Estiré mis brazos para tratar de estabilizarme, pero era un estúpido instinto. Me tranquilicé y comencé a transformarme. El suelo estaba cerca. Cerca, muy cerca. Era como si al final nos moviésemos más y más deprisa, como si la última mitad de la caída sólo fuese una décima parte de la primera. El miedo distorsionaba la realidad. La realidad estaba completamente distorsionada. Caía salvajemente, viendo como el suelo se acercaba por momentos, cuando vi al Howler que estaba encima de mí. Mi empujón lo había hecho caer atontado, también. Era todo lo que me había salvado, por que comenzó a gritar. ¡KEEEEEEEEEEE-row! Pero la explosión de sonido sólo golpeó el aire ascendente que nos hacía girar como a un par de paracaidistas camicaces. Sentí las trazas de las plumas creciendo en mi piel. ¡El suelo estaba muy cerca! Un pico duro creció de mis labios. ¡El suelo! Ahora se alzaba hacia nosotros. Espesos y desaliñados árboles, un manantial y un suelo cubierto por una espesa niebla. Mis brazos se marchitaban, mis huesos se hacían más finos, ahuecándose. ¡Demasiado tarde! ¡KEEEEEEEEEE-row! ¡Trescientos metros! ¡Doscientos! ¡Treinta metros! ¡Las copas de los árboles se alzaban alrededor de mí! Abrí mis alas. Las sentía escarpadas y tensas, las músculos casi se me rasgan del esfuerzo. <Decir al Gran Ojo de Fuego, que “Hola” de parte de Jake,> dije. Mis alas se tensaron y volé a toda velocidad a través de las copas de los árboles. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] Podía ver por qué los Iskoort habían construido sus Torres Dr Seuss. La superficie del planeta era un apestoso revoltijo pantanoso. Gané altitud para alejarme de ese mareante olor, pero tenía que descansar. Mi cuerpo de halcón había revivido gracias a que me había vuelto a transformar, pero aun quedaban varios kilómetros de ascensión para llegar de nuevo a donde había dejado a los otros. ¿Pero cómo demonios me las iba a apañar para encontrar ese nivel? La estructura de la ciudad Iskoort era increíblemente compleja. Volando desde fuera, podía ver lo alucinante que era su estructura. Nada que hubiese sido construido en la Tierra podía compararse con eso. Las pirámides no habrían hecho ni el pie del más pequeño de los pilares de la base de esa cosa. El World Trade Centre y la Torre Sears serían tontos juguetes. Los Iskoort tal vez fuesen la especie más repugnante de la Galaxia, pero desde luego sabían construir. ¿Con qué me encontraría cuando deshiciese la caída? ¿Se habrá destransformado Cassie? ¿Habrá sobrevivido? ¿Continuará Marco con vida? ¿Ax, Tobías y Rachel? Ojalá no les hayan disparado. Una parte de mí esperaba encontrarse con un resultado de un solo Howler, y mis cinco amigos. Me imaginé encontrándome sus cuerpos decrépitos. Las imágenes drenaban la fuerza de mis músculos. Tenía que volver. Pero no podía seguir pensando en lo que me concentraría. No podría vivir sin ellos. No podría. Sentí una oleada de cólera hacia Erek. Marco tenía razón: ¿Qué derecho tenía Erek para aferrarse a su noviolencia en un mundo en el que los Howlers aniquilan especies enteras bajo las órdenes de una fuerza diabólica? ¿Cómo puedes permanecer al margen cuando el mal acecha? Erek era el único que podía combatir a los Howlers y ganar. Él tenía el poder. Sólo él lo tenía. Le habíamos liberado durante una hora de su pacífico programa. El resultado fue terrorífico. Aniquiló un escuadrón Yeerk que podría habernos destruido a todos. Si, los Pemalitas les habían creado para ser únicamente pacíficos. Para ser físicamente incapaces de ser violentos. Y era totalmente irracional que estuviera enfadado. Pero con Cassie, Rachel y tal vez todos los demás muertos, y yo solo, me daba igual. Los pemalitas estaban locos. Habían sido aniquilados por los Howlers cuando sus increíblemente poderosos androides se habían quedado tal cual, sin hacer nada. Los Pemalitas no reprogramaron a los Chee. ¡Idiotas! Los Chee podrían haberlos salvado. Podrían haber liberado a los Chee, y habrían destruido a los Howler tal y como ellos destruyen a todos los demás. Y entonces… Y entonces, cuando los hubiesen destruido, ¿Qué harían después? ¿Qué hacer con una especie que es devota de la guerra? ¿Qué puedes hacer cuando has creado un arma increíble y la has dado libertad? Los Pemalitas tendrían que haber estado seguros de poder gobernar sobre los Chee. Estar seguros de poder controlarlos. Apagarlos. Tal y como Crayack necesitaría una forma de controlar a los Howlers. Los Howlers no son androides, así que ¿Cómo demonios se asegura Crayack de que jamás perderá el control sobre ellos? Y como su trabajo consiste en matar, matar y matar sin piedad, ¿Qué entenderá Crayak por ‘Fuera de control’? El fuera de control de un Howler desde luego no será matar. Un Howler fuera de control sería un Howler que sintiera remordimientos. Piedad. Amabilidad. Eso sería intolerable para Crayak. Reí amargamente. Buena idea. Pero probablemente todos mis amigos estuvieran muertos. Y yo estaba solo. Y todo lo que podía desear por aquel entonces era permanecer con vida el tiempo suficiente para poder regresar a casa. <¡Jake! ¿Eres tú? ¿U otro halcón peregrino?> <¡Tobías!> <Claro. Te he estado buscando.> <¡Estas vivo!> <Lo mismo te digo, valeroso líder,> dijo con sarna. <Pensamos que tú habías intentado no estarlo. Ax te vio tirarte por el borde con ese Howler.> <¿Están todos… hay alguien…> Tobías sonó menos fervoroso. <Todos continuamos aquí, pero no pinta nada bien. A Cassie, Rachel y Marco les dieron bien. Pero todos lograron volver a su forma. Erek nos alcanzó y creó un holograma de Iskoorts. Cassie dijo que la habías avisado de que los Howlers no podían atacar a los Iskoort. Supongo que por eso no gritaron.> <¿Pero están todos BIEN?> le presioné, no podía creerlo. Tobías rió. <Claro, gran Jake, todos están vivos. De cualquier forma, entramos dentro del holograma y los Howlers se quedaron desorientados. Pero creo que en realidad ellos se figuraban que no éramos Iskoort de verdad, así que podían atacar. Pero entonces nos puso como un grupo de gusanos arrastrándonos por los árboles. Guía nos encontró otro sitio. Espera a verlo. Oye, ¿Y tus Howlers qué tal?> <Ya no serán más un grupo de siete. Ahora vamos siete a seis,> dije. Afortunadamente, Tobías se había fijado en dónde estaba. Recorrió con facilidad el camino que nos llevaría a un nivel tres pisos por debajo de donde nos encontrábamos. Ese nivel era diferente a cualquiera que hubiéramos visto. Parecía ser un distrito industrial. La separación entre el suelo y el techo era de varios cientos de metros. Los colores predominantes eran el gris y el marrón. Y las fábricas, si es eso lo que eran, parecían tan monótonas, carentes de ventanas y lamentables como cualquiera de la Tierra. Allí, ya que volábamos sobre ellos, conocimos otra variante de Iskoort. Estos tenían brazos más largos y fuertes, unos hombros más formados y unos ojos con unos párpados bastante densos y retraibles. Eran muy abundantes. Los que vi, parecían exageradamente felices y despreocupados para la severidad que les rodeaba. Pero los silbidos de su diafragma eran tan altos que un pequeño grupo de ellos silbando juntos podrían reventarte los oídos. Dimos varias vueltas alrededor, buscando Howlers. Pero no había ni rastro de ellos. Aterrizamos, volvimos a nuestra forma y pasamos dentro. Pensaba que se me había pasado la emoción. Creía que había superado ese sentimiento de vacío que había sentido, imaginando que todos se habían ido. Pero entonces aparecieron. Rachel frunciendo el ceño. Marco mirando al suelo, apartado. Ax fuera de sí, todavía se sentía culpable. Erek con su holograma apagado, con una cara no-emocional. Y Cassie. <¡Príncipe Jake!> gritó Ax, fue el primero en verme. Cassie estaba de pie y corrió hacia mí, yo corrí hacia ella, estaba equivocado, yo aun no había superado nada. Cassie saltó a mis brazos y la abracé fuertemente. Antes de que pudiera darme cuenta, la estaba besando. “Justo a tiempo,” gruñó Rachel. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Al menos Cassie y yo dimos a Marco algo de que hablar. Caí en él justo cuando me aparté de Cassie, avergonzado e impresionado. Estiró los brazos hacia mí y dijo, “¿Qué, no hay beso para mí?” Jamás hubiera creído que pudiera sentirme como un imbécil en mitad de todos los otros sentimientos con los que estaba combatiendo, y en mitad del despreciable desastre de una batalla, pero creo que la vergüenza y la torpeza siempre están con nosotros. “¿No?” dijo Marco, con cara de desconcertado. “Creo que tendré que pasar a Rachel.” Se acercó a ella con los brazos abiertos y los labios hacia delante. “Eh, Marco, ¿Cuántas probabilidades crees que tienes de que te de un beso? Poca, ninguna, o te-romperé-los-brazos?” Eché una ojeada a nuestro último refugio. Era un sitio muy amplio, quizás de unos tres pisos de alto, más o menos del tamaño de una cancha de baloncesto. Abarrotando el tétrico lugar, había un impresionante conjunto de máquinas. Algunas parecían maquinillos gigantescos, otros pulpos de metal y otros tiovivos pero con elaboradas y afiladas herramientas en lugar de brillantes caballos de colores. Ninguna funcionaba. Había polvo por todas partes. “¿Una fábrica abandonada?” pregunté a Guia. <Abandonada no. El Gremio de los Trabajadores se negó a volver a trabajar aquí hasta que el Gremio de la Superstición y la Magia certificase que el sitio está libre de espíritus de ánimas ficticias> Suspiré. Vacilé. Lancé una mirada a Marco. “Oh, te encantará oír esto,” dijo. “¿Qué son los espíritus de ánimas ficticias?” Guía suspiró de una forma que me pareció humorística. <La gente sencilla cree que las ánimas ficticias son por una parte reales y por la otra espíritus que deambulan por la ciudad, infestando edificios y llevando a cabo comportamientos destructivos.> “Ánimas ficticias,” dije. “Muy bien.” <De este modo, naturalmente, el Gremio de la Superstición y la Magia fue creado con la intención de controlar este problema. Pero el Gremio de los trabajadores no puede ofrecer un precio justo, así que…> “Ya, ya sé, me he dado cuenta,” dije. “Un comportamiento estúpido,” dijo Rachel. Todos entramos en un profundo silencio. El furor de habernos vuelto a reunir comenzaba a disiparse. Volvíamos a la realidad. <Jake dijo que ahora vamos siete a seis,> dijo Tobías. “Genial,” murmuró Marco. “Haz que sean siete a dos y yo me encargo del resto.” Hubo otro silencio generalizado. “Tengo una nueva forma,” dije. <¿Si?> preguntó Tobías. “Si. Por el camino… en la caída, adquirí al Howler. No es mucho, pero quizás nos de un poco de ventaja. Si tenemos un plan general.” “¿Tienes un plan?” preguntó Erek. Comencé a considerarlo. ¿Lo tenía? Tenía trazos y piezas. Conjeturas. Especulaciones. Intuiciones. Me encogí de hombros. “Claro. Creo que lo tengo.” Marco puso cara de tonto y dijo “Bésale otra vez, Cassie. Parece que ayuda.” Todos me miraron expectantes. Agaché la cabeza e intenté de juntar todo lo que había aprendido de los Howlers. Sentía como si tuviera un montón de piezas de puzzle pero no un dibujo para trabajar como referencia. “Muy bien, levantar la mano si tenéis algo que añadir. Puede que esté totalmente equivocado. Uno: Los Howlers deben de tener algo así como una memoria colectiva. Los recuerdos que Erek asimiló eran de sucesos de hace cientos de años y cubrían docenas de invasiones. Ninguna criatura biológica viviría tanto. Y sabemos que los Howlers son biológicos porque he adquirido uno. Así que, de alguna manera, los Howlers están diseñados para compartir una sola memoria. Lo que esos siete Howlers… seis… aprendan aquí, será transferido al resto de su especie. De esa manera tota la experiencia de batalla está disponible para todos los luchadores.” Rachel asintió. “No me creo que jamás hayan perdido.” “Ya, pero eso nos da pie a otra cosa. Mira, nadie gana siempre. No durante cientos de años. Es imposible. Muhammad Ali perdió. Michael Jordan perdió. Nadie gana en todos los casos.” “Pero los recuerdos que asimilé no muestran recuerdo de derrota,” apuntó Erek. “Claro. Exacto,” dije. “Exacto. ¿Guía?” <¿Si?> “¿Cuando veis recuerdos – Me refiero al modo normal, no como Erek hizo para nosotros poniendolo en un holograma – cómo lo hacéis?” Guía emitió un leve silbido por el diafragma y dijo, <Hay un pequeño dispositivo que se pone en la cabeza. Emite ondas cerebrales directamente y reproduce las recuerdos como si tu mismo los estuvieras recordando.> “¿Y esos receptores de recuerdos funcionan en todas las especies?” <Hemos sido visitados por muchas,> dijo Guía. <Los receptores siempre han funcionado. Aun que no todas las especies quedan complacidas.> “Me pregunto si a los Howlers no les complacerá,” dijo Cassie. Guía extendió sus manos e incrementó el desquiciante ruido de su diafragma. <Sólo hemos visto a ese grupo de Howlers. Ellos venden sus recuerdos para pagar por lo que necesitan aquí, pero no han optado por comprar otros recuerdos.> Asentí. “Bien. Bien. Muy bien. Ahora necesitamos un voluntario para una misión extremadamente peligrosa. Necesitaremos un conejillo para dirigirles a nosotros.” Lancé una mirada a Rachel y lentamente negué con la cabeza. Su boca estaba lista para ofrecerse. La cerró y pareció desconcertada. <Yo tomaré esta misión,> dijo Ax desde la otra punta de la habitación. Rachel medio sonrió y asintió imperceptiblemente. “Genial,” dijo Marco impacientemente. “Ax va a dejarse matar y todos estamos encantados de que a los Howlers no les guste comprar recuerdos para ver en sus VCRs. ¿Cómo va a permitirnos alguna de estas cosas acabar con esos seis Howlers?” “No seremos nosotros quien acabaremos con los Howlers,” dije. “Lo hará Crayak.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] El sitio en el que estábamos era el menos conveniente. Necesitábamos Iskoort a nuestro alrededor. Teníamos que volver a nuestro favor Las Reglas del Acuerdo. Se lo expliqué a Guía. Quería que le pagásemos más. Habíamos acordado ya una buena cantidad, y podíamos terminar muertos antes de poderle vender nuestros valiosísimos recuerdos. “No te preocupes,” dije. “Es el siguiente paso: haremos una copia completa de nuestros recuerdos.” <Sigo pensando que debería estar capacitado para disponer de uno de vuestros brazos, por lo menos. O quizás de uno de vuestros órganos internos menores.> “¿No quieres más pelo?” <Ya lo tengo,> dijo. <La cuestión es poseer lo que es completamente único. Nadie tiene una parte o un órgano de un cuerpo humano.> “Claro, y seguirá siendo así,” dije. “Puedes coger el pelo de Marco.” “¿Qué has dicho?” <¿Un ojo de la antena del Andalita?> “No. Nada de partes del cuerpo. Tenemos un trato.” <¿Y si os matan?> preguntó Guía, reduciendo su silbido hasta el pundo de resultar un gemido molesto. “¿Quieres nuestros cuerpos?” pregunté con asombro aun teniendo problemas más importantes de que preocuparme. “Si lo que fueses a hacer fuesen transplantes de órganos para salvar vidas, claro que lo haríamos, pero lo único que pretendes es meternos en unos tarros y cobrar por ver entrañas humanas.” “Tengo algo que puede interesarte,” dijo Erek. “Te haré unos planos de mi tecnología holográfica. Podrás construir tus propios proyectores.” Aparentemente fue algo tan genial que Guía dejó de silbar durante varios segundos. Se limito a decir, <¡Trato hecho!> Marco puso sus ojos en blanco. “No, si a este paso Guía se va a hacer dueño de este planeta.” Guía nos llevó a otro nivel. Esta vez ascendimos cogiendo un ascensor. “¡Ascensores! ¿Tenéis ascensores?” dijo Marco con rabia. “¿Nos has tenido subiendo y bajando escaleras teniendo ascensores?” <Los ascensores son mucho menos escénicos,> dijo Guía. <¿Qué valor podrían tener unos recuerdos del interior de un ascensor?> Ascendimos varios niveles por encima del que estuvimos por primera vez. Era justo lo que necesitábamos: Estrechos paseos entre altos edificios residenciales con tiendas en la planta baja. Había Iskoort por todas partes, y la mayoría eran de una nueva clase: Iskoort compradores. “¡Mi gente!” gritó Rachel de alegría. “¡Al fin y al cabo tengo una verdadera patria!” “¿Compran?” pregunté a Guía. “¿Es eso? ¿Se dedican a comprar?” <Alguien tendrá que comprar lo que se crea en las grandes fábricas y los pequeños talleres,> dijo Guía. “Exacto,” apoyó Rachel. <La economía no puede funcionar sin gente que compre cosas.> “Guía, por fin has dicho algo con sentido,” dijo Rachel con gran satisfacción. Fuimos a una tienda vacía que se encontraba al final de una larga callejuela. El antiguo negocio había cambiado de local, dejando atrás unas estanterías vacías. “Muy bien, esto es lo que haremos,” dije. “Primero, ¿Cómo lograremos hacer llegar a los Howlers que nos encontramos aquí?” <Sólo tendría que mencionárselo a un miembro del Gremio de Noticias, Chismes y Especulación,> dijo Guía. <Este es un asilo de lunáticos que el Enemista quiere que salvemos,> dijo Tobías. <El mundo de los Legos mezclado con la Torre del Dr. Seuss poblado por bolsas de nueces silbantes – No te ofendas Guía – que creen que el comprar y el cotilleo son carreras.> “¡Hey!, no te metas con mis hermanos y hermanas del Gremio de los Compradores,” dijo Rachel con irónica fiereza. “Muy bien, pongámonos en marcha,” dije. “¿Guía, tenemos los reproductores de recuerdos?” <Si, por supuesto.> “¿Ax, estás listo?” <Si, Príncipe Jake,> dijo. “No me llames Príncipe, y ven aquí un momento.” Redirigí hacia una esquina con él. “Ax, quizás me equivoque, pero parece que estás fatal desde la primera batalla.” <Huí,> se limitó a decir. “Volviste.” <Huí,> repitió con aspereza. “Fuiste el único que no se transformó. Tobías y tú. Y el estaba en el aire, lejos de ese chillido. ¿No se te ha ocurrido pensar, que el grito de los Howlers pudiese estar especialmente diseñado para de cerebros de criaturas inteligentes? Me refiero al cerebro físico, a la materia gris – o del color que sea el tuyo –?” Se encogió con impaciencia, un gesto que había adquirido de los humanos. “Escucha, Ax, los Howlers son un arma biológica diseñada para matar especies desarrolladas. Cuando fueron diseñadas, cuando Crayak apareció con ese grito, lo configuró para tener un efecto terriblemente especial en los complejos cerebros de las especies sensibles. Yo tenía un cerebro de tigre y casi me destruye. Tú tenías tu propio, muy astuto, muy completo y muy complejo cerebro. Exactamente para lo que el grito había sido diseñado.” Ax no aceptó lo que le dije. Pero de todos modos no lo desprecio completamente. Parecía intranquilo, como si desease que la conversación terminase. Suspiré. Había dicho todo lo que podía decir. Ax necesitaba hacer algo que eliminase lo que él consideraba una mancha terrible. “Muy bien, Ax. Es hora de prepararse. Pero será mejor que recuerdes una cosa: Tu obligación, es salir de ésta vivo. Si soy realmente tu príncipe, te daré una orden: No tienes permiso para morir. No importa lo heroico que tu quieras hacerlo.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Nos llevó menos de una hora. Tobías, flotando por encima de las estrechas calles, los vio corriendo como locos por las escaleras. Miraron a su alrededor, reconociendo el nivel en el que nos encontrábamos, pero no los edificios. No queríamos que tuviesen tiempo para planear nada. Queríamos usar su lujuria y su rabia. Bajando la calle, haciéndose el despistado, caminaba Ax. Tobías comentaba la escena por telepatía. <Está casi aquí. Los Howlers no se separan. No parecen estar tan gallitos como de costumbre. Deberían poder verle en cualquier momento. Enseguida.> Entonces, <¿Pero qué les pasa? ¿Están ciegos? Ax está increíblemente cerca. Le tapa la muchedumbre. Hay demasiados Iskoort por medio. ¡Oh, tío! El también… ¡Le han visto! ¡Ax-man corre! ¡Corre!> Miré a Cassie y a los otros. “Es el momento. Tengo que hacerlo.” Bloqueé las imágenes de Ax que tenía en mente. Imágenes en la que Ax corría, esquivando y zizageando por la muchedumbre. Imágenes de Howlers persiguiéndole. Así que me centré en una imagen diferente: El Howler que había adquirido. Formé la imagen en mi cabeza y sentí como comenzaban los cambios. “Rachel,” dije mientras aun era humano, “ya sabes qué hacer. Si pierdo el control, si no logro controlar esta forma. Si comienzo ese grito… tendrás que hacerlo.” Rachel se había trasformado en oso pardo. Estaba justo detrás de mí. Sus dos inmensas zarpas, con sus garras, podrían resultar como la caída de un tronco sobre mis hombros. Si perdía el control de la metamorfosis, Rachel… haría lo que tenía que hacer. Rápidamente. Antes de que pudiese herir a nadie. Como la vez anterior, Marco estaba transformado en gorila. Su puño, tan grande como mi cabeza, y tan poderosos que pueden hacer un agujero en un muro de un sólo golpe, estaba a medio metro de mi cara. <¡Están encima de él!> gritó Tobías. <¡Los seis! Como unos cazadores persiguiendo un conejo. ¡Tio! ¡Ese tipo puede correr! ¡Ax-man! ¡Sal por tu derecha!> Los Howlers no podían disparar, no en mitad de una muchedumbre de Iskoort. Reglas del acuerdo. No podrían usar su grito sin arriesgarse a matar Iskoort. Pero si se acercasen lo suficiente a Ax, tendrían las armas de proyectiles, los Rayos Dragón y los cuchillos. Estabilicé mis pensamientos. Control. Control. La transformación continuó. Mi piel comenzó a erupcionar, parecían ampollas que formaban todo mi cuerpo expulsando lava negra. Miré hacia abajo y vi mi estómago estrujándose como si estuviese siendo cortado en dos. Como si me estuviera convirtiendo e una hormiga o cualquier otro insecto segmentado. Como si el estrujamiento fuese a llegar hasta el final y la parte superior de mi cuerpo fuese a derribarse como un chopo, largos y flexibles hilos – Venas sangrientas – emergieron conectando mis dos mitades. Durante un horrible momento pude ver los huesos blancos de mi espina dorsal humana. Las entre visibles vértebras se derritieron y reformaron para formar unos finos cilindros grises metalizados, cada uno de los cuales me permitiría girar mi cuerpo por sus bases. Entonces mi centro se rellenó, ocultando la columna y las venas y tendones elásticos. Emití un suspiro de alivio. Nadie necesita ver lo que sucede en su cuerpo. Vi mis manos cambiar de color, los dedos cubrirse de las erupciones blancas y rojas, la fría lava escurrirse por mi cuerpo. Seguía teniendo cuatro dedos y un pulgar. Pero de mi muñeca, crecieron unas garras. Retraíbles, como las de un gato. Mis piernas crujieron y gimieron como un hueso retorciéndose y espesándose. Mis orejas fueron absorbidas hacia mi cabeza. Mis ojos se ensancharon, haciéndose más largos y aplanados. Mis sentidos comenzaron a cambiar. Los cambios no fueron tan severos como en la mayoría de las transformaciones por las que había pasado. Pero más completos de lo que esperaba. No sólo veía formas y colores, disponía de visión infrarroja, detectaba el calor. Veía estelas como las que deja el cursor del ratón en la pantalla del ordenador, lo que me permitía seguir todos los movimientos y sus direcciones de cerca. Y entonces, repentinamente, me di cuenta de que podía ver a través de las capas exteriores de la piel. Podía ver unas débiles líneas que dibujaban el corazón del gorila de Marco. Claro. Es lo mejor para atacar los órganos vitales. Esos ojos con forma de huevo azul de petirrojo iban más allá de los ojos humanos. Incluso superaban a los del halcón. Eran unos ojos detectores de objetivos. De pronto, lo sentí emerger de mi propio subconsciente. Había esperado rabia. Había esperado un ansia de violencia descontrolada. Pero no sentí nada. Bueno, sentía… indiferencia. No estaba ese instinto de matanza de los Howlers. No había cólera. No había información de cómo habían sido construidos. Crayak había sido mucho más sutil. Había esperado que la forma del Howler fuese como la de un superdepredador. Pero me recordaba más a la del delfín. Los Howlers eran juguetones. Los Howlers estaban divirtiéndose. <Podéis dejarme ir,> dije a Rachel y Marco. <¿Estás seguro?> <Claro. Esta cosa no está fuera de control. Es como…> Y entonces sentí algo que jamás antes había sentido. Una extraña parte del cerebro del Howler, como un sentido extra. Mi cerebro había sido empujado a una piscina de conocimiento, de sabiduría. Flashes de memoria rápidos y mareantes. Imágenes terroríficas de matanzas y violencia. No sólo los Niños de Graffen. También especies posteriores. Planeta tras planeta. Estaba recibiendo completamente las horribles imágenes que Erek había asimilado de otra manera. Pero ésta era peor. Ésta no era la memoria de alguien. Ésta era la mía. Era parte de mí. Y a través de todo ello, la masacre de los Niños de Graffen, la matanza de los Mashtimee, el Pon, el Nostnavay, y sí, los Penalitas, los Howlers no sentía furia, no sentían rabia. ¿Entonces por qué? <Es un juego,> dije. <¿El qué?> preguntó Cassie. Se había convertido en lobo. <Los Howlers. Los asesinatos. Para ellos es un juego. Se están divirtiendo. Lo están disfrutando. Como cuando los delfines saltan al aire sólo por diversión y juegan a seguir al líder, es un juego.> <¿Están destruyendo razas enteras por diversión?> <Si. No saben lo que están haciendo. Cassie… no son adultos. Todos los Howlers son niños.> [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] <¡Aquí vienen!> gritó Tobías. <Treinta segundos. Si –> <Niños, ¡Y unas narices!> dijo Rachel. <¡Son asesinos!> <Son como Crayak los ha creado,> dije. <Tienen una esperanza de vida de tres años. No tienen una etapa de maduración. No se reproducen; Crecen en una fábrica. No hay Howlers adultos.> Miré a Erek. <¿Lo sabías?> “¿Antes? No.” <Cuándo asimilaste los recuerdos Howler, ¿Te diste cuenta de que eran niños?> pregunté. “Acabaron con mis creadores,” declaró Erek. <¡La muchedumbre se está yendo Ax-man!> gritó Tobías. <¡Van a disparar!> <Entonces qué, ¿Vamos a dejarles en paz sólo porque no son adultos?> preguntó Marco. <No será necesario,> espeté. <Si el plan funciona, Crayak –> <No es sólo Crayak,> dijo Cassie. <Somos los que luchamos –> Sonaron disparos en la calle, a sólo unos metros de donde estábamos. <¡Aaahhhh!> gritó Ax de dolor. <¡Le han dado!> gritó Tobías. “Jóvenes o adultos, acabaron con mis creadores, hicieron huir a los Chee, destruyeron mi mundo,” dijo Erek apretando los dientes. <No hay elección tío,> dijo Marco. <Ellos no lo saben,> dije. ¿A quién defendía? ¿Qué pensaba que podríamos hacer? Era demasiado tarde. Eran ellos o nosotros. Ellos o la raza completa de los Iskoort. ¡Pero no sabían lo que hacían! ¡No tenía ni idea! Mi cabeza me daba vueltas. Los Howlers eran como les habían creado. ¿Cómo puedes odiar a una criatura que hacía lo que estaba hecha para hacer? Había presumido cuando ese Howler caía hacia su muerte. ¡Y no había elección! ¡No la había! <A vuestros puestos,> ordené. <¡Preparados!> Marco, Cassie y Rachel se dispusieron rápidamente. Erek, también. Guía permaneció cerca. ¡WHAM! La puerta cedió. Ax tropezó y entró sangrando en la habitación. El primer Howlers se encontraba a dos segundos de él. Irrumpió en la habitación. Rachel, Marco y Cassie lo golpearon abalanzándose sobre él. Erek agarró a Guía y lo colocó en la puerta. Guía se abalanzó al cuello de Erek, aterrado, mientras Erek cubría la entrada. El primer Howler pegó una patada con toda su fuerza desequilibrando a Rachel. Un corte rápido de su brazo, con sus cuchillas retractables proyectadas, grabó unas líneas rojas en el lomo de Cassie. Se derrumbó. El Howler cargó sus pistolas de proyectiles. Marco lo golpeó por detrás, lo que hizo que las armas se disparasen grabando una línea a lo largo de la pared y por lo alto del cincel. El resto de Howlers se detuvieron en la entrada. Todos unidos podrían haberse cargado a Erek, pero estaba agarrando a Guía. ¡Las reglas del acuerdo! ¡Los Howlers no podían matar Iskoort! El primer Howler pegó un puñetazo y arañó a Marco. No comprendí por que lo derribó hasta que vi que en el puño llevaba un cuchillo. Del estómago de Marco comenzó a salir sangre a borbotones. Se quedó inmóvil y empezó a delirar. Entonces el Howler recogió su pistola y la empuñó, lista para acabar con Rachel. “¡No!” grité. El Howler me miró y pegó un brinco. “¡Olvídate de ella! ¡Por aquí!” le ordené. El Howler intentó comprender. Me reconoció. Pero el sabía que yo estaba muerto. ¿O no? “Su líder, ¡por aquí!” dije desesperadamente deseando que me hiciese caso. Salí corriendo. El Howler me siguió. Casi me colapso al darme cuenta. Me detuve de repente. El Howler paró también, preguntándose qué – Le golpeé. Una, dos, tres veces, cada golpe dirigido a sus ojos, cada golpe dirigido a puntos que sólo un Howler podría reconocer. Calló. Derrumbado. Los otros Howlers estaban resolviendo el problema con Erek y Guía. Hacían montones de nuevos agujeros en la pared. Guía no podía estar enfrente de todos. En unos segundos, los Howlers estarían dentro. <¡Ahora!> grité por telepatía. Pero Marco no podía responder. Estaba bloqueado, mirando el cuchillo clavado en su estómago. <¡Marco! ¡El emisor de recuerdos! ¡Ahora! ¡Está levantándose!> El era Ax, sangrando y tropezando, de pronto puso el pequeó y luminoso dispositivo en mi mano. Le asentí, tomé aliento, y incrusté el conector en la cabeza del Howler. <Es hora de un poco de educación,> dije El Howler me observó con sus ojos azules muertos. Se estremeció. Cogió su pistola de Rayos Dragón. Apuntó… a ningún sitio. Volvió a estremecerse. Comenzó a apuntar de nuevo, y se estremeció de nuevo. Cerró los ojos. Dejé de respirar. En la cabeza del Howler fluían todos los recuerdos de mi vida. Desde vagas imágenes de la cara de mi madre sobre mi cuna, de mi padre conduciéndonos hacia un parque, a la escuela, hasta amigos y todo lo sucedido desde que cogimos el atajo por el recinto abandonado. Todo lo que recordaba de mi vida se dirigía al cerebro del Howler. Y las vidas de Cassie, Rachel, Marco y Tobías. Incluso de Guía. Y la larga, larga memoria de un androide que se hace llamar Erek. Todo eso lo havía volcado en la cabeza del Howler. Y de ahí fluiría hasta la piscina de la memoria colectiva de los Howlers. <¿Está funcionando?> preguntó Cassie. De pronto, el Howler desapareció. Se esfumó. Los rayos dragón ya no quemaban las paredes. Erek sacó su cabeza por la puersta. “Han desaparecido,” dijo. Marco extrajo el cuchillo de su estómago y comenzó a recuperar su forma. Durante el tiempo que le llevó sacarlo, fuimos transportados de la pequeña tienda Iskoort, a un lugar muy diferente. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] Era enorme. Sin brazos. Éstos eran irrelevantes para él. Estaba sentado en lo que se podría considerar como un trono, o quizás sólo una parte de él, no sabría decirlo. ¿Una máquina? ¿Una criatura? ¿Ambas cosas? O algo que no era nada de eso. Girí su único, gigantesco y rojo sangriento ojo y me miró. Estaba de rodillas. Humano de nuevo. Un duro metal se extendía por debajo de mí. Y una profunda oscuridad envolvía todo. Pero sentí una pano tocándome. Los demás estaban conmigo, también. Conmigo, bajo el acecho diabólico de la criatura llamada Crayak. Me encontré con su fija mirada. Cerré mis ojos, pero continuaba pudiendo ver su mirada. Tal y como el había podido verme en mis sueños. “Por fin nos vemos, cara a cara,” dijo Crayak, en un todo de voz tan bajo que vibraba por el suelo, por el aire, una voz tan leve que parecía poder agitar todas las partes de mis átomos. Mantuve mi mirada apartada, aun que no parecía servir de mucho. Quise levantarme, pero no pude. Estaba temblando. Mis dientes rechinaban. “¿Qué? ¿Ahora no eres tan valiente, pequeño Jake?” se mofó. “Miraros, ¡Temblando! ¿Estáis asustados?” Asentí. “Si, lo estoy,” admití con voz rota. “pero hemos ganado.” Entonces hubo una risa. Una risa tan poderosa como el pavor que desprende Crayak. El gran ojo rojo parpadeó, fuera de mi vista. Tomé aire una vez más. La risa continuó, adquiriendo fuerza, más alta y más alta y más y más encantada. Me giré y vi al Elemista. Tenía forma humana, parecía un hombre viejo y sabio. No era más real su cara que la de Erek. “Humanos,” dijo el Elemista, como si nos estuviese presentando. “Cinco humanos, un Andalita y un Chee.” “Fue un error permitir a los Chee escapar del infierno de sus maestros Penalitas,” dijo Crayak. “Los Iskoort vivirán,” dijo el Elemista. El ojo no mostró expresión. “Los Iskoort vivirán.” Entonces me miró. “Que duermas bien, humano,” dijo con desprecio. “Seguiré estando en tussueños. Y algún día, en el momento oportuno, sufrirás por esto.” Me estiré hacia mi pié, que seguía sujeto por la mano de Cassie. Enfoqué mi mente hacia la imagen del Howler. Y comencé a transformarme. Nadie dijo nada hasta que terminé. Y cuando lo hice, abrí mi mente hacia la memoria colectiva que los une a todos. Busqué los recuerdos que había introducido. Busqué en la gran piscina de recuerdos alguno sobre lo que había ocurrido en el planeta Iskoort. Nada. Algún recuerdo de nosotros, de cinco humanos, un Andalita, un Chee y Guía. Pero no había nada. Crayak había destruido los seis Howlers restantes antes de que esos recuerdos pudiesen envenenar las mentes de todos los Howlers. Había hecho lo que sabía – lo que esperaba – que haría. Los Howlers nunca habían sido derrotados. Eso es lo que creen, pero sabía que eso no era posible. En algún sitio, de alguna manera, alguien tendría que haberlos derrotado, al menos una vez. La perfección, es imposible. Así que si la memoria colectiva no tiene restos de derrota, sólo puede significar que Crayak ha destruido sus derrotas antes de que el recuerdo del fallo pudiese afectar a todos. Llevaba haciéndose durante milenios tal vez. Manteniendo siempre la memoria colectiva lejos de algo que pudiese afectar a su inocente maldad. No tenían elección. La memoria colectiva era muy útil para esparcir tácticas y experiencia. Pero tenía un punto débil también. Crayak no permitiría a sus niños mortales aprender el simple hecho de que sus victimas no eran parte de un juego, sino gente real, con sueños, esperanzas y amor. Crayak había actuado rápido. Los recuerdos de humanos, andalitas, chee e Iskoort no serían capaces de infectar la memoria Howler. Nada habrá ido a través de… No. ¡Había algo! Fluyendo por la memoria colectiva, a través de la irromplible cadena de horror, capturé una simple imagen fugitiva, como de unos segundos de película. La foto de Cassie corriendo hacia mí, y nuestros brazos y labios… Volví a mi forma humana. Y cuando tuve mi boca de nuevo, dije, “Llegaste tarde, Crayak. Algo ha llegado a la memoria colectiva de los Howlers.” “¿Qué?” preguntó. “Amor.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] Ya no estábamos con Crayak. Estábamos de vuelta en aquel extraño espacio n-dimensional donde el dentro y el fuera no tenía ningún sentido pleno. De todos modos, estaba bien el alejarse de Crayak. Estaba bien el estar vivo. “Lo habéis hecho bien,” dijo el Elemista. “¿Bien? ¿bien?” dijo Marco. “Pateamos el trasero de los tipos más duros de la galaxia, guiados por Crayak, el super villano, salvamos a los Iskoort, y no estoy muy seguro de si fue algo bueno, y además plantamos una pequeñasemilla de sensibilidad en los Howlers, ¿Y eso es todo lo que se te ocurre decir? ¿‘Buen trabajo’ y ‘Oh, ya que estais, admirar el interior de este estúpido espacio dimensional’?” “¿Qué es lo que quieres?” preguntó el Elemista razonablemente. “No sé. ¿Qué tal una recompensa o algo de eso?” “¿Qué hay de decirnos qué hemos logrado? Si es que hay algo” dije. “Eso,” dijo Rachel. “¿Qué tal eso?” de pronto, sin aviso alguno, estábamos de vuelta en el granero de Cassie. Justo donde lo habíamos dejado cuando el Elemista nos llevó al planeta Iskoort. “¿Que qué habéis logrado? Nadie sane el futuro. No con certeza, al menos. Pero ahora parece más probable que los Yeerks vayan a encontrar a los Iskoort dentro de unos trescientos años. Entonces se darán cuenta de que hay un modo mejor.” <¿Eso es todo?> preguntó Tobías. <¿Dentro de tres siglos? ¿Cómo va a ayudarnos eso?> “No lo hará,” dijo el Elemista. “Pero en seis meses Crayak mandará un escuadrón Howler para aniquilar una raza llamada los Sharf Den, y en lugar de acabar con ellos, los Howlers intentarán algo diferente.” El Elemista gruñó. “Tratarán de besarlos. Crayak ha perdido sus fuerzas de choque, y los Sharf Den habrán… bueno, nadie sabe el futuro con certeza. Oh, de todos modos, podéis estar seguros de que Guía es un Iskoort muy, muy rico.” Con una risa de puro placer, el Elemista se fue. <Realmente le odio cuando hace eso,> dijo Tobías. “Muy bien, está decidido, no volveremos a invitarle a venir,” dijo Marco. Fue una gran victoria. Una de las grandes. Y esa noche, cuando me dormí, el ojo de Crayak no estuvo en mis sueños. En lugar de eso, soñé con Cassie. Pero en mi sueño, también vi a ese Howler, cayendo y cayendo por debajo de mí. Y seguía cayendo aun cuando desplegué mis alas, separando su destino del mío. Marco siempre dice que tu eliges la manera de ver el mundo. Que puedes mirar lo que es divertido y chulo, o puedes obcecarte con las cosas que no lo son. Así que traté de seguir el aviso de Marco. Traté de volver mis sueños hacia Cassie. Pero incluso mirando hacia sus ojos, seguía viendo ese Howler condenado a caer. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]

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