#28 El experimento

Los yeerks han decidido probar un pequeño experimento. Se han propuesto encontrar un modo de hacer a la gente más “predispuesta” a ser infestada, y de esa forma acelerar la invasión de la Tierra. Así que intentarán desarrollar una sustancia que anule la capacidad de tomar decisiones de las personas. Una sustancia que eliminaría el libre albedrío.

Ahora los Animorphs y Ax no sólo tienen que ocuparse de frenar la invasión yeerk, sino que también tienen que encontrar un modo de acabar con las pruebas genéticas que están haciendo con un pequeño grupo humano. En esta ocasión, sólo habrá una oportunidad para parar a los yeerks. Y si todo va bien, se habrá acabado…

Datos del libro:

El libro tiene 27 capítulos que ocupan 139 páginas.
Narrador

Ax siempre se ha sentido un extraño en la Tierra, pero poco a poco se está acostumbrando al modo de vida humano. Primero fue la comida, y ahora la televisión.
La vida de los humanos no parecía estar tan mal… hasta que Ax se mete en un matadero y descubre de primera mano cómo hacen los humanos su comida. Tal vez Ax no esté preparado para enfrentarse a este aspecto de la humanidad…

Los yeerks tienen un nuevo as en la manga. Parece que la Alianza no encuentra nuevos portadores voluntarios con la suficiente rapidez y Visser Tres se está impacientando. Así que ha mandado fabricar una droga que elimine el libre albedrío humano y planea colocarla en las hamburguesas de los locales de comida rápida a lo largo y ancho del país.
Está claro que los Animorphs tienen que descubrir la forma de evitarlo; desafortunadamente, no se les ocurre otra cosa que transformarse en el ganado que van a usar para hacer las hamburguesas. Y convertirse en una vaca en un matadero no es precisamente una situación en la que quieran verse Ax y los demás…

El final de este libro ha llegado a volver locos a muchos de los fans de Animorphs, y esto es lo que KA tiene que decir al respecto sobre esa polémica escena final: “He recibido algunas lamentaciones de los fans por esto. Muchos se sorprendieron de que terminase con todos los Animorphs pidiendo hamburguesas. Estoy a favor de que nos comportemos todo lo humanamente posible con el ganado, pero no soy vegetariana. Creo que empezaré a preocuparme más sobre el trato de las vacas, cuando deje de haber prisioneros políticos, niños muriendo de enfermedades curables y fanáticos haciéndose explotar a sí mismos para matar a otros ciudadanos.”

Nuevas palabras

Fórmula 71: la fórmula destinada a eliminar el libre albedrío humano. Resulta que es imposible conseguir algo así, pero Visser Tres no escucha…

Proyecto Obediencia: nombre con que los yeerks conocen el proyecto de eliminar la voluntad humana.

Los mensajes: es como Ax llama a los anuncios. El chico está obsesionado con la televisión. ¡Cada vez parece más americano!

Transformaciones

Para lograr entrar en las instalaciones yeerks, Ax se transforma en chimpancé (30) y cuando todas las pistas les llevan al matadero, adquiere accidentalmente una vaca (31). Luego lo remedia adquiriendo un toro (32) en su lugar.
El resto también se transforma en chimpancé: Jake (35), Rachel (34), Cassie (34), Marco (35) y Tobias (20). Y Tobias adquiere además el toro (21).

[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Aximili-Esgarrouth-Isthill. No es un nombre humano. Es andalita. Y no es que los humanos que vayan a leer esto parezcan saber lo que es eso. Soy el único aquí, en la Tierra. No, no es completamente verdad. Hay otro. Pero ya no es el andalita que era. Ahora es el portador del yeerk que ostenta el rango de Visser Tres. Los andalitas lo llaman la Abominación. Mi deber es llegar a destruirle. Soy sólo un [i]aristh[/i], un cadete. Pero como todo andalita que llegue a leer esto sabe, nuestras costumbres exigen que vengue la muerte de mi hermano. Elfangor fue un guerrero y un príncipe. Visser Tres lo asesinó. Estoy convencido de que Elfangor vivirá para siempre. Era valiente. Honrado. Perfecto. Demasiado para que un hermano llegue a corresponderlo, pues yo no soy ninguna de esas cosas. Pero es la memoria de mi hermano lo que mi impulsa a, un día, llegar a acabar con Visser Tres. No es sólo un asunto de deber. Mi hermano me importaba mucho. Y no soy el único que quiere destruirle, a él y a todos los yeerks que están invadiendo la Tierra. Antes de morir, Elfangor entregó a cinco jóvenes humanos el poder de la transformación. Así como la verdad del por qué necesitaban ese poder. Ahora, esos cinco humanos son la única resistencia contra la invasión Yeerk. Y luchan para evitar que los yeerks lleguen a esclavizar a toda la raza humana. Para evitar que se introduzcan en los cerebros humanos y se hagan con el control de sus pensamientos, acciones y recuerdos. También son los únicos que me conocen. Ahora son mi gente – los únicos que tengo aquí, tan lejos de casa. Estoy agradecido por su amistad. Los respeto, también, que quizás es más importante. Pero tal vez sea Tobias el único al que puedo considerar un verdadero [i]shorm[/i]. Un [i]shorm[/i] es un amigo de verdad, alguien que sabe todo lo que hay que saber sobre ti. La palabra viene de la cuchilla de las colas de los andalitas, que se parece a lo que vosotros llamaríais una cola de escorpión. Un [i]shorm[/i] es alguien en el que confías hasta el punto de permitirle poner la hoja de su cola contra tu cuello. Aunque Tobias no tenga una cuchilla en su cola – o pezuñas, ojos sobre unas antenas o piel como la de los andalitas – es casi uno de los nuestros. Elfangor era su padre y, por extraño que parezca, yo soy, en términos terrestres, su tío. Pero creo que es el hecho de que sea único en este planeta, como yo, lo que nos une tanto. Elegir vivir como un halcón ratonero de cola roja ha apartado a Tobias de todo lo que conoció una vez. Somos únicos en este planeta, y estamos muy solos. Hay noches en las que busco en el oscuro cielo la estrella de mi hogar, cuando pienso sobre mi verdadera gente, mi familia. Pienso en una vida que podría ser muy diferente a la que estoy viviendo ahora, aquí, en un planeta tan alejado, distante a todo lo que conocí una vez. Los otros, el Príncipe Jake, Cassie, Rachel y Marco tienen casa y familia. Sólo Tobias y yo no. Tobias vive en el prado que tiene como territorio. Y yo, hasta hace poco, ni siquiera tenía unos límites que calificar como míos. Pero ahora he hecho mi vida algo más cómoda. He construido una especie de paleta – lo que los andalitas consideramos una casa. Como cualquier paleta, en su mayoría está abierta, a excepción de una pequeña área cubierta por un techo semiesférico. En mi caso ha tenido que ser muy pequeña, de manera que pueda quitar el techo y eliminar todo rastro de evidencia visual. Tengo muy pocas cosas en ella. Un Almanaque del Mundo que me dieron mis amigos. Una foto de un delicioso bollo de canela. Algunas prendas humanas. Y otra única cosa que he adquirido recientemente. Algo muy importante que ha cambiado mi vida. Una televisión. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b][b]Capítulo 2:[/b] Televisión. O como lo llaman la mayoría de los humanos, TV. Ah, sí: ¡TV! Jamás había esperado que fuese tan fascinante. Al principio creí que sería útil. Observaría el comportamiento de los humanos en aquella pantalla plana y cuadrada y les escucharía hablar. Cuando estoy en mi forma humana, necesito parecer completamente humano. Pero ha resultado ser mucho más que meramente útil. Es una ventana hacia el alma humana. Tecnológicamente es de risa, por supuesto, pero cuando tienes en cuenta la sorprendente lista de programas, rivaliza con los bollitos de canela por sí misma como la creación más audaz de la sociedad humana. A Tobias también le gusta la televisión. Viene todos los días a ver un programa conmigo. Se llama El Joven y el Inquieto ([i]The Young and the Restless[/i]). Es muy educativo, aunque me tiene algo confuso a causa de tanta inquietud. La televisión me permite observar muchos más comportamientos humanos de los que puedo ver en el centro comercial. Aunque me sigo preguntando por qué juntan sus bocas. Y por qué parecen disfrutar con ello. Mi primera idea fue pensar que estaban transfiriendo comida. Pero esa no parece ser la razón. señalé la pantalla. Sus ojos de halcón atendían a la pantalla cuando Victor apretaba sus brazos alrededor de Nikki. Tobias se reordenó las alas ruidosamente. dije. dijo Tobias. Cuando se trata de sus sentidos, Tobias es muy competitivo. Su oído y su vista son mejores que los míos. Pero yo tengo la capacidad de mirar en todas las direcciones al mismo tiempo, algo de lo que él carece. dije. me contradijo Tobias. “Nada como las alegrías de las emisiones de mañana de la tele, ¿ehh?” dijo Marco, saltando un arbusto. respondí a Tobias. Marco me dedicó una sonrisa. “Os he sorprendido, ¿verdad?” dijo Tobias con tolerancia. Marco se rió. Sabía que no lo había hecho. Su comentario sobre el tema fue mero humor humano. Es inexplicable, y los lectores andalitas han de resignarse al mero hecho de no entenderlo. “Hey, no puedo dejarme controlar por un horario arbitrario. Voy y vengo a placer. Soy libre. Nadie me controla.” dijo Tobias. “Efectivamente, nos han dejado salir pronto. Así que… ¿aué hay en la caja? Es… ¡Whoa! ¿Qué es esto? ¿¡Y va siempre por ahí llevando una toalla!?” dijo Tobias, y abrió las alas y se marchó. “Viendo una telenovela, ¿ehh?” dijo Marco, moviendo la cabeza. estaba confundido. Marco suspiró. “Como lo llames, apesta bastante, ya sabes. Creo que es hora de que te enseñe algo de programación de más calidad, Ax. Buffy. Party of Five, tal vez. Cops. South Park. Lo que sea, cualquier cosa mejor que esto. Aunque ella es muy caliente.” “Claro, bueno, creo que has vuelto a aplicar tu causa y efecto en el tema. Hey, ¿sabes lo que te hace falta? Una Guía de Televisión.” Me ofendí. “¡Tranquilo!” Marco alzó sus manos. “Contigo todo tiene que ser literal. Una Guía de Televisión en un librito que te dice qué programas están en emisión, y cuándo lo están. Venga. Que me aburro. Date prisa.” La idea de una guía con todo lo que la televisión podía ofrecer era atractiva. Pero tendría que adquirir mi forma humana para poder ir a la ciudad. sugerí. “¿Por qué no? Tal vez nos encontremos con Jake en el centro comercial. Él puede comprarlos.” Toda transformación es sorprendente. La última vez que me transformé en humano, mis propias partes que eran más o menos humanas cambiaron en último lugar. Esta vez, lo hicieron primero. Sentí crecer los dientes en la parte inferior de mi cara. De hecho, la totalidad de mi boca humana, que consistía en una mandíbula movible, dientes, una lengua y unas glándulas productoras de saliva, estuvo completamente formada antes de que apareciesen los labios. Éstos formaban un agujero abierto en el tercio inferior de la cara humana, que es usado para alimentarse y formar sonidos bocales. También para besar, escupir, vomitar y eructar. Los humanos hacen un montón de cosas con sus bocas, aunque la mayoría de ellas ni merecen ser mencionadas. Mis numerosos dedos desaparecieron, derritiéndose en los diez más fuertes y gruesos de los humanos. Los ojos de mis antenas se replegaron en mi cabeza, dejándome incapacitado para mirar atrás sin girar la cabeza o la totalidad de mi cuerpo. Mis piernas delanteras se retrajeron, dejándome erguido precariamente sobre mis piernas traseras. Por supuesto, los humanos tienen sólo dos piernas y no tienen cola. Así que van por la vida con el riesgo constante de estar a punto de caerse. Mi pelaje azul fue lo último en desaparecer, cuando fue sustituido por mi propia tonalidad de piel humana. Las pieles humanas vienen en distintas tonalidades, en ningún caso atractivas. Al menos no para mí. Si eres humano, seguro que encuentras algo atractivo sobre tus compañeros. Los que son jóvenes e inquietos están casi constantemente en un estado de atracción hacia el resto. Cuando fuí completamente humano – torpe, lento y desprovisto de armas naturales – me puse mi piel artificial. Los humanos lo llaman vestirse. “Estoy listo,” dije, haciendo sonidos con la boca. “L-l-l-listo. Lis. I. Lis. I.” “¿Y qué tal si te pones una camiseta?” preguntó Marco. “Los hombres que son jóvenes e inquietos no llevan camisetas. Soy joven. Y ocasionalmente impaciente.” “¿Ax?” “¿Sí, Marco?” “Ponte una camiseta.” Y así lo hice. Desmonté mi paleta para que nada, incluyendo la televisión, pudiese ser visto. Ni siquiera si un humano paseaba directamente por ese punto. Caminé con Marco fuera del bosque, a través de los terrenos más alejados de la granja de Cassie en dirección al centro comercial. Nos llevó un buen rato. Los humanos andan muy despacio, un resultado de tener sólo dos piernas y no tener cola. Cruzamos los terrenos y pasamos a una calle – un camino para coches. Cuando de pronto… “Por fin, hola, Marco. Hey, Ax,” nos llamó alguien. Marco paró de inmediato y miró a su alrededor, girando totalmente la cabeza para poder mirar en todas direcciones. “¿Quién ha dicho eso?” “Aquí, Marco.” Giré mi cabeza humana para seguir la voz. Era un camión con una pintura que decía “FedEx”. Y nos estaba hablando. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 3:[/b] “¿Qué es esto? ¿Una cámara oculta?” dijo Marco. “No. Creo que es un holograma,” dije. Era la explicación lógica. Los camiones – que son largos vehículos con ruedas utilizados por los humanos para transportar lo que ellos llaman “cosas” – no tienen la capacidad del habla. Y en cualquier caso, pude reconocer las cualidades particulares de aquella voz. Marco puso cara de asco. “¿Un holograma? Erek, ¿eres tú?” “¿Quién sino? Entrad. No estáis siendo observados.” “¡Pero si hay una mujer al otro lado de la calle mirándonos!” “Es una de las nuestras, Marco,” contestó Erek. Marco y yo caminamos directos hacia uno de los lados del camión. Pasé a través de las letras azules y rojas para ver a Erek King. No tenía su apariencia humana habitual, la de un chico, ya que estaba empleando su emisor holográfico para crear el camión. Su aspecto era el del androide chee que realmente era. Sonuna raza de androides altamente sofisticados creados por una raza llamada pemalita. Los creadores han desaparecido. Sólo quedan sus creaciones, actuando como humanos. Los chee fueron programados con unos rasgos específicos. La no violencia es uno de ellos. Y por mucho que Erek deteste a los yeerks y por muy poderoso que sea, debe limitar sus actividades contra ellos al espionaje. Tanto él como sus colegas chee son muy efectivos en ese área. “¿Un camión de la Federal Express?” preguntó Marco. “¿No infringe las leyes del copyright?” Erek formó una sonrisa metálica. “Pueden llamar a mi abogado: fue catedrático en leyes, se llama Moisés.” Los chee también son muy, muy longevos. “Tengo noticias,” dijo Erek, poniéndose serio. “Bueno, ya imaginaba yo que no habías montado todo esto para invitarnos a una pizza,” murmuró Marco. “Déjale hablar, Marco,” dije severamente, tocando su brazo. Jack, que es uno de los más jóvenes e inquietos, hace esto mucho, cuando intenta hacerse comprender. Marco y Erek se me quedaron mirando. “Los yeerks,” dijo éste finalmente. “Hemos sabido que han empleando varias fuentes para comprar una laboratorio de investigación animal y una planta de empaquetamiento de carne.” “¿Huh?” “¿Una planta de empaquetamiento de carne?” repetí. “¿Caaarne? ¿Empaquetamieeeeeento?” “Es a donde los humanos llevan animales – vacas, cerdos, pollos – para sacrificarlos y luego empaquetarlos para su venta en los supermercados,” explicó Erek. “¿Estás diciéndome que debería preocuparme sobre la procedencia de mi próximo Big Mac?” dijo Marco. “No estamos seguros. No sabemos con certeza la utilidad que le están dando a estos edificios. Pero sí sabemos que los han comprado al mismo tiempo, así que es bastante seguro que haya una conexión entre ellos.” “¿Cuándo compraron las instalaciones?” le pregunté. “Ins-tallll-acio-neeeees.” Era una buena palabra para pronunciar. Con muchas sílabas. “Hace más o menos un año.” Erek agitó su cabeza de androide. “Desafortunadamente, sólo hemos podido averiguar lo de su compra. Los yeerks están llevando el asunto con extremo secretismo.” Marco suspiró. “Ya ves, Erek, encontrarnos contigo nunca es una fiesta. ¿En qué nos incumbe el que los yeerks quieran hacer hamburguesas para ganarse la vida?” “No lo sé,” admitió. “Tal vez a ti no te importe. Pero los yeerks no se andarían con secretismos si el asunto careciese de interés.” “Has dicho que también tienen un laboratorio,” apunté. “¿Cuál es su propósito?” “Tampoco lo sabemos.” “Déjame preguntarte esto: ¿Qué tal si olvidamos todo esto, no se lo decimos a Jake, y nos vamos todos al centro comercial a ver cuántos bollitos de canela puede comer Ax antes de reventar?” “Ya he llevado a cabo ese experimento antes,” dije. Marco asintió. “Muy bien, entonces creo que mejor vamos, se lo contamos a Jake y los demás y nos lanzamos a una misión suicida, terminando conmigo gritando y corriendo como un loco luchando por mi vida. ¿Os suena bien?” “Siempre puedes ir a tomar una hamburguesa en su lugar,” dijo Erek alegremente. Marco movió la cabeza amargamente. “¡Dios!, están jugando con las hamburguesas. Ahora es definitivo: Los yeerks deben ser destruidos. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 4:[/b] Tenía pensado pasarme toda la tarde viendo la televisión. Pero Rachel me aseguró que los jueves nunca ponían nada. “Nada excepto repeticiones de las peores telecomedias,” me dijo. “No vas a perderte nada.” puntualicé. “¿El qué?” “Estás empezando a asustarme, Ax.” En cualquier caso, el Príncipe Jake había decidido que debíamos actuar inmediatamente para descubrir lo que los yeerks estaban haciendo en el laboratorio de investigación animal y en la planta de empaquetamiento de carne, si es que no resultaba ser nada. Nos habíamos reunido en el granero de Cassie para prepararnos para la misión. El granero de Cassie es conocido como la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. Ella y su padre ofrecen tratamiento médico para animales no humanos heridos. Había un montón de jaulas ocupadas por ellos a nuestro alrededor. Y algunas de ellas eran criaturas en las que me había transformado. Cuando he dicho que “nos” habíamos reunido, me refería, por supuesto, al Principe Jake, nuestro líder, un chico distinguido por ser más alto que el resto; Rachel, una chica considerada guapa por los humanos y valorada enlos Animorphs por su valentía; Cassie, la más sabia y tierna del grupo; Tobias, Marco y yo. Seis de nosotros. Todos con el poder de la transformación, pero sin embargo insuficientes para oponernos a la invasión Yeerk en la Tierra. Es una situación insostenible, claro. Pero lo ha sido desde el principio, y aún no estamos muertos. Si lo estuviese, no creo que pudiese estar contando esto. Eso ha sido humor. Creo. preguntó Tobias desde su sitio en los travesaños del techo. “¿Y a mí que me cuentas?” dijo Marco. “Como si yo lo supiese. Erek sólo nos dijo que tenían ese laboratorio para investigación animal y esa planta de empaquetamiento de carne. Es todo lo que sé.” “Bueno, esto es ridículo,” comentó Rachel. “¿Carne? ¿Pruebas con animales? ¿Por qué?” “Están infiltrándose inteligentemente en Mickey D’s para descubrir el secreto de la ‘salsa especial’,” dijo Marco. [i]NdT. Mickey D’s es un restaurante de comida rápida.[/i] “Mayonesa, ketchup y alegría,” refunfuñó Rachel. “Gran secreto.” “¿Y si están envenenando las fuentes de alimentos?” sugirió Cassie mientras introducía comida por la garganta de un ganso. “¿Matarían a un montón de gente?” respondí. Todos se giraron y se quedaron mirándome. “Bien, ese es un pensamiento muy positivo,” dijo Marco con un tono de voz que creo que llaman ‘sarcástico’. “No descubriremos nada quedándonos aquí sentados suponiendo cosas,” dijo el Príncipe Jake. Suspiró. “¿Rachel? He faltado a la clase de la Sra. Chambers, ¿has cogido apuntes decentes?” “Claro. Te los mando por e-mail en cuanto lleguemos a casa. Pero es un montón.” El Príncipe Jake volvió a suspirar y se frotó los ojos. “Bueno, mirad, vamos a terminar con esto tan rápido como sea posible o me voy a pasar el fin de semana intentando ponerme al día, lo que sería un asco.” “¿Qué es lo que vamos a hacer exactamente?” preguntó Cassie. “Pues echar un ojo a ese laboratorio de investigación animal. A ver qué se trama.” pregunté. “En poner un montón de animales juntos y darles encuestas de revistas,” dijo Marco. “Ya sabes, del estilo ‘¿Eres tímido?’ o ‘¿Es el hombre correcto?’” Vaciló antes de contestarme. Probablemente era humor. “Nadie lo está,” dijo Rachel con una carcajada. “Los laboratorios de Investigación Animal son instalaciones donde los humanos utilizamos especies similares a la nuestra para probar el efecto de medicamentos o lo que sea,” dijo Cassie. “Tienen que comprobar que algo es seguro para los humanos, por eso lo comprueban antes con animales.” empecé a decir. Pero Cassie no había terminado. “También están tan cerca del infierno como cualquier otra creación humana,” dijo Cassie. “Uh-oh. Ya empezamos,” gruñó Marco. “¡Rápido! Todos a buscar un árbol que abrazar.” “Mira, no soy una fanática del tema,” dijo Cassie. “No estoy en contra de probar una nueva vacuna contra el SIDA o una cura para el cáncer. Pero hay laboratorios para pruebas con maquillajes, en los cuales se tiene que comprobar si el animal queda ciego. Y de todos modos, incluso cuando hacen pruebas sobre asuntos serios, deberían procurar hacer la vida de los animales un poco menos horrible.” “Claro, llévalos a la televisión,” dijo Marco. “No, espera, eso también podría ser cruel.” Los ojos de Cassie llameaban y se mordió el labio inferior. Y eso que casi nunca se enfada. Pero creo que esto era una muestra de furia. Rachel pensaba lo mismo. “¿Marco? Prueba esto: cállate. ¿Cassie? Te quiero, pero esto no consiste en salvar a las ratas de laboratorio. Tenemos una misión. Así que limitémonos a ir para allá y terminar con esto.” “Rachel tiene razón, podemos debatir el tema de la investigación sobre animales otro día,” dijo el Príncipe Jake. “Ciñámonos al tema. Dentro, fuera y de vuelta a casa.” [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 5:[/b] Nos transformamos en aves de presa. La mía era un aguilucho. Estas aves son especialmente útiles para el espionaje, ya que disponen tanto de una visión muy aguda como de un oído muy fino. Una vez transformados, iniciamos el vuelo hacia los laboratorios de investigación animal. El sol se estaba poniendo, produciendo una efusión de colores sobrecogedora, destacando esos tonos rojos y dorados que en ocasiones aparecen en las puestas de sol y en los amaneceres. Me preocupaba lo que me pudiese encontrar en el laboratorio de investigación animal. En ocasiones, cuando hablamos de lo que los humanos consideran ciencia, sin querer ofendo a mis amigos. Tiendo a tratar de explicar los errores humanos. Volamos sobre una larguísima calle llamada Broad, sobre un parque llamado Willow y más allá, hasta llegar a un área con varios edificios con ventanas transparentes que habían sido tapadas con planchas de madera. Vi a varios humanos. Pero me llamó la atención la gran cantidad de basura de la zona. La basura es un producto humano muy importante. Marco continuaba refunfuñando sobre el Chat On-Line con el reparto de Expediente X que se estaba perdiendo. “On-Line” es un primitivo método de comunicación humano basado en frases cortas, partidas e interrumpidas con otras con individuos anónimos. Los humanos poseen muchos métodos de comunicación ininterrumpidos, pero al parecer la mayoría prefiere el On-Line. Como la mayor parte de la tecnología humana, es inexplicable. contestó Cassie. preguntó Rachel. Se encontraba justo por encima de mí, un poco a la izquierda. dijo Tobias. dijo el Príncipe Jake. Volamos hasta el final de la inmensa zona donde los humanos colocan sus coches. Ahora no había. Era la hora del día en la que los humanos abandonan sus puestos de trabajo para ir a casa a consumir alimentos. Habían plantado grupos de árboles jóvenes alrededor del desértico parking, así que nos posamos en sus ramas. La mayoría de los edificios parecían vacíos. Pero uno de ellos, apartado del resto, estaba rodeado por una valla de tres metros de alto hecha de alambres metálicos ingeniosamente entrelazados y tenía un cable lleno de pinchos en espiral en su parte superior. Al otro lado de la pequeña área de aparcamiento se encontraba un edificio de ladrillo de dos plantas, bastante sombrío a causa de los pocos y débiles rayos de sol que lo bañaban. Tras él, y paralelo a la calle Broad, se hallaba un descuidado y denso terreno repleto de árboles maduros. Todas las ventanas del edificio se encontraban cerradas y protegidas por barras verticales. Las puertas eran de un denso metal. Había un hombre armado en una estructura que parecía una casa humana en miniatura, justo tras una puerta que había en la alambrada. dijo Rachel con una risa burlona. dijo el Príncipe Jake. añadió Cassie. me detuve durante un buen rato, tal y como había visto hacer a uno de mis actores favoritos. Cada vez que hace esto, la cámara de televisión se le acerca a la cara. Cinco aves de presa se giraron para mirarme. Se me quedaron mirando tal y como Marco y Erek habían hecho antes. explicó Marco. dijo Rachel. dije. ¡ZAAP! Todos giramos bruscamente por el susto. Tobias dijo, El animal estaba muerto. Podía ver como se detenía su respiración. dijo Cassie. reí. dijo Tobias. murmuró Rachel. dijo Cassie. Se acercaba un enorme camión blanco, probablemente de unos diez metros humanos de largo, atravesó la zona de árboles donde estábamos escondidos y se acercó a la puerta. No pude ver su contenido, pero estaba seguro de que llevaba una buena cantidad de “cosas”. Tobias abrió sus alas y voló hacia un árbol solitario junto a la valla. El conductor bajó la ventanilla y se presentó al guardia con un tablón rectangular con un papel adjunto. El guardia lo escudriñó durante un momento antes de pulsar un botón en la pequeña edificación en la que se encontraba. El camión reanudó la marcha y desapareció tras el edificio. sugirió Rachel. dijo Tobias al volver, aterrizando en una rama cercana y alertándonos con su intensa mirada de halcón. el Príncipe Jake frunció el ceño. dijo Cassie. pregunté inocentemente. dijo el Príncipe Jake. dijo Cassie dramáticamente. preguntó Marco. [i]NdT. El jerky es una comida usada como aperitivo, hecha a base de carne resecada sin grasa ni ternilla hasta dejarla crujiente.[/i] añadió Tobias. preguntó Rachel. dijo Cassie con dureza. preguntó el Príncipe Jake. Rachel dirigió sus ojos de águila hacia él. dijo el Príncipe Jake. Estuvo en silencio durante un rato mientras pensaba. Y entonces, preguntó Marco con ansia. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 6:[/b] Los demás pasaron el día en su colegio humano. Tobias y yo lo pasamos viendo la televisión, y luego nos fuimos a ver ir y venir coches por una carretera que terminaba en un túnel. Un túnel es una carretera subterránea. Los humanos los construyen para superar ríos o para pasar bajo carreteras u otras construcciones cuya presencia evidentemente les sorprende. Los planes de futuro no es una de las virtudes humanas más sobresalientes. La carretera estaba rodeada por unos restaurantes llamados Wendy’s, Taco Bell y Burger King. También había unas zonas con coches en exposición para su venta. El príncipe Jake y los otros llegaron ya transformados en gaviotas, bajando en picado hacia nuestra posición. Eran casi invisibles al confundirse con las nubes. Blanco sobre blanco. Llevaba en la misma forma toda la tarde, excepto por los momentos en los que me había visto obligado a recuperar mi aspecto. Tobias se encontraba en su propio cuerpo de halcón ratonero de cola roja, descansando en la copa de un árbol sujeto con alambres. No podía apañárselas para posarse directamente en ellos. Había sido un día largo. El Príncipe Jake había insistido en la necesidad de un plan preciso, lo que me había obligado a transformarme y recuperar mi forma en numerosas ocasiones dentro de un contenedor, que es una caja enorme en la que los humanos colocan cosas que ya no necesitan más. preguntó el Príncipe Jake al tiempo que se lanzaba en picado para encontrarse conmigo. dijo Tobias. Tobias abrió sus alas y aleteó sobre la calzada, por encima de los carteles luminosos de los restaurantes que servían deliciosas grasa y sal. La forma de gaviota es muy útil, ya que se encuentran por todas partes. Al igual que las aves llamadas pingüinos, pueden ir a cualquier parte sin llamar la atención. Pero hay un lado negativo: las gaviotas tienen un implacable y obsesivo interés por cualquier trozo de comida tirado por ahí. Me distrae casi tanto como siendo humano. preguntó el Príncipe Jake. dijo Marco. dijo Rachel. Esperamos cerca del borde hasta que oímos una débil voz telepática de muy arriba. preguntó el Príncipe Jake. contesté. dijo Cassie. El camión apareció descendiendo la calle hacia nosotros. nos recordó el Príncipe Jake. dijo Cassie. El tráfico redujo su velocidad al tiempo que los semáforos del cruce cambiaban a ámbar. El ámbar es el color de la precaución. No sé por qué razón. El camión de reparto que habíamos visto la noche anterior se encontraba detrás de uno pequeño y verde. Escuché unos ruidos que indicaban que el conductor del camión había accionado el absurdamente primitivo sistema de frenos. dijo el Príncipe Jake. Uno a uno, aleteamos y capturamos la corriente de aire. Mis patas se doblaron bajo mi cuerpo, extendí mis alas y empecé a elevarme tan pronto como la impetuosa brisa pasó bajo ellas. Incluso en medio de una peligrosa misión, me doy cuenta de que al volar me siento incluso más libre que cuando corro a lo largo de una pradera. oí decir a Rachel. Al girar sobre mí mismo hacia un lado para enfrentarme a la brisa, vi primero al Príncipe Jake y luego a Cassie abrir sus alas para frenar. Marco, Rachel y yo nos encontrábamos justo detrás de ellos, reduciendo nuestra velocidad al tiempo que nos acercábamos al retumbante camión. Tobias ya caía en picado un poco más arriba para seguir nuestros pasos. El techo era liso. Me deslicé hasta Rachel en cuanto el semáforo cambió y el camión empezó a ganar velocidad. Sentí las vibraciones desiguales del motor cuando el camión atravesó el cruce y la presión del aire al tiempo que aceleraba. En ese momento, lo que había parecido tan fácil se estaba convirtiendo en un problema. dijo el Príncipe Jake, agachándose para mantener el equilibrio. dijo Rachel con alegría, escudriñándonos con sus granulados ojos de gaviota mientras la corriente generada por el camión nos envolvía. avisé. se quejó Marco. Mis patas de ave eran bastante inútiles si se trataba de resistir sujeto contra un viento tan potente. Las doblé, abrí las alas y las coloqué de forma que creasen una corriente descendente. Eso me mantuvo pegado al techo, pero seguía deslizándome hacia la parte trasera. Necesitaba transformarme. Cassie ya había empezado, por lo que su peso adicional la ayudaba a mantener su posición. Me concentré en recuperar mi forma. Mis plumas se derritieron para formar una capa gelatinosa que daría paso a mi pelaje natural. Mis ojos superiores emergieron de la pequeña cabeza de la gaviota. Mi pico se contrajo y redujo hasta desaparecer. Dejé de deslizarme. Eché un vistazo atrás y vi lo cerca que estaba el borde. Había un coche justo detrás. Por lo visto el conductor había visto el revoltijo de plumas, pelo y piel. Su boca se abrió de par en par mientras se inclinaba para mirar. Y justo en ese momento, mi cola alcanzó su máxima longitud. ¡WHAM! El coche rozó una columna de madera que sujetaba unos cables. ¡Screeeee! ¡Cuh-RUNCH! El coche se detuvo de repente, tras chocar directamente contra uno parado. Giré mis ojos al frente otra vez. Ya podía ver el oscuro arco del túnel. Cassie ya había recuperado su forma humana completamente, y el resto casi, salvo por algunas plumas esparcidas aquí y allí. Tobias también estaba transformándose en humano, pero esa ya no era su forma natural. De repente me envolvió la oscuridad, estábamos en el túnel. ¡El techo de baldosas amarillas se encontraba a pocos centímetros sobre mí! No me había dado cuenta de que estaría tan cerca. ¡No tenía sitio! Si levantaba un brazo me lo arrancaría ese techo ennegrecido por el hollín. ¿Y si levantara la cabeza? ¡Woosh! ¡Woosh! ¡Woosh! ¡Woosh! El techo hacía ese sonido al pasar bajo él. Luché contra la claustrofobia que forma parte de todo andalita. Hay suficiente sitio, me dije a mí mismo. Hay aire de sobra. Entonces dejé de preocuparme de si realmente había aire o espacio. Sólo podía sentir la presión de toneladas de tierra cayendo sobre mí. Estábamos bajo tierra. ¡Y pronto bajo el agua! Me dejé caer, mis patas se quedaron sobre mí, mi cola se extendió en el suelo y veía los azulejos relucir por encima. ¡Y el ruido! Mi cabeza iba a estallar por los ruidos cacofónicos, magnificados y retumbantes de motores, frenos, radios y cláxones. Me mantuve tumbado, concentrado en respirar. Había aire de sobra. Suficiente sitio. Suficiente. Pero no podía limitarme a tumbarme. Teníamos que entrar en el camión. Tenía que darme prisa. “Muy bien, ¡tenemos que hacer la cadena humana!” gritó Cassie para que se la pudiera oír en medio del estridente ruido. Era la única forma que teníamos para poder entrar en la parte trasera del camión: agarrarnos mano a mano, mano a tobillo. Es algo que los humanos, con sus fuertes brazos y cuerpos lineales, pueden hacer. “Agarra mi pie y bájame por la parte trasera para que pueda abrir la puerta,” gritó Cassie. “Yo iré primero,” dijo el Príncipe Jake. “De eso nada, Jake. Pesas el doble que yo,” dijo Cassie. “Y no me distraigas cuando intento ser valiente.” Cassie se tambaleó hasta el borde trasero del techo mientras el Príncipe Jake y Tobias la sujetaban de los tobillos. Marco rodeó por la cintura a Jake y Rachel hizo lo mismo con Marco. Tumbado junto a esta cadena humana, estaba yo, me apoyé sobre mis cuatro pezuñas contra el techo y sujeté al Príncipe Jake por los tobillos. En realidad no teníamos forma alguna para sujetarnos nosotros mismos. Sólo podíamos esperar que nuestros cuerpos, al presionar contra el techo del camión, generasen fricción suficiente para resistir el viento huracanado. “¡Más abajo!” gritó Cassie. “¡Ya casi llego!” Con cuidado, la cadena humanoandalita dio un paso al frente hasta que la única parte visible de Cassie fueron sus pies descalzos. “¡Ya estoy!” chilló. Y luego, “¡No está cerrada!” “¿Qué, no ha habido suerte?” [i]NdT: La razón por la que no la entienden bien es por que Cassie dice [/i]”No lock!”[i] y lo confunden con [/i]”No luck!” “¡Que no está cerrado!” gritó de nuevo, y entonces oímos el sonido de la puerta al deslizarse hasta el techo. Volvimos a elevarla a lo alto del camión. Cassie giró sobre sí misma apoyada en su estómago, bajó las piernas por el borde del camión mientras la agarrábamos de las muñecas. “¡Oh, dios!” gimió Cassie. “¿Qué pasa?” preguntó el Príncipe Jake. “Sólo ‘¡Oh, dios!’” dijo Cassie. Del interior del camión nos llegó un fuerte quejido. “¡EYAH! ¡EYAH! ¡EYAH! ¡Hoo hoo hoo!” No comprendía muy bien el significado, pero supuse que eran ruidos emitidos por los chimpancés. Tal vez estaban alarmados. Yo desde luego, lo estaba. Cassie se movía adelante y atrás. Y ahora otro coche se encontraba cerca del camión. Había poca luz en el túnel, pero la suficiente como para que el conductor nos viese sobre el techo. A demás, estaba tan cerca que si Cassie tropezase, el coche la atropellaría y la mataría casi instantáneamente. “Bien, ¡alejaos de mí!” gritó Cassie. Nos separamos un poco. “¡Aaahhh!” ¡Thump! “¡Oww! Estoy bien. Pero ¡owww!” Cassie estaba dentro del camión. Rápidamente Marco fue el siguiente. Era más fácil con alguien dentro para ayudar. El conductor del coche no me vio, pero está claro que vio a los otros bajar hasta dentro del camión. El humano sonreía, haciendo una especie de vaivén con el pecho y gritando. Creo que lo que gritaba era algo así como, “¡Waaahhhh-hooh! ¡Hoo! ¡Hoo! ¡Hoo!” No comprendía muy bien el significado, pero supongo que era un sonido de aprobación. No podía conocer nuestra misión, claro, así que lo tomé como una aprobación general de la noción de irrumpir en camiones. O quizás era sólo que disfrutaba con las acrobacias. El conductor nos adelantó, y fue mi turno. Sólo había un problema: no podría soportar mi peso con mis brazos y patas. Tenía que adoptar mi forma humana. Y si miraba al frente, ya podía ver la salida del túnel. Habíamos empleado más tiempo del que hubiéramos debido. Y sólo me quedaban dos minutos. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 7:[/b] Comencé a transformarme rápidamente en humano. En forma humana sólo tengo dos ojos. Eso hacía que me fuera más fácil ignorar los destellos en los azulejos producidos por la velocidad. Tan pronto como tuve los fuertes brazos humanos impulsé la parte inferior de mi cuerpo hacia el borde del camión. ¡Pero algo iba mal! ¡Demasiado peso! ¡No podía sostenerme! Numerosas manos me agarraban, me escurría, tiraban de mí, me agarraban otra vez. “¡Ax! ¡Todavía no estás transformado!” La parte inferior era en su mayoría andalita. ¡Demasiado largo! ¡Demasiado pesado! Sentí mis manos debilitarse. Mis dedos comenzaban a fallar debido al peso. Me iba a caer a la carretera. Los coches me arroyarían. Y, posiblemente, los camiones llenos de “cosas” también. Ya no estaba preocupado por lo que estaba sobre nuestras cabezas. Estaba mucho más interesado en el suelo que había bajo ellas. “¡Agarra esa cola!” “¡Tengo una pierna! ¡Está transformando su pierna! Ax, yo…” “¡EYAH! ¡EYAH! ¡EYAH! ¡Ooog! ¡Ooog!” “¡Cógele, cógele, se está resbalando!” “¡Sigue transformándote!” “¡Hoo hoo hoo hoo hah ah HAH HAH HAH HAH!” “¡Por favor haced lo que sea para que no me caiga!” gritaba yo. “Muy bien, por aquí tengo una pierna humana,” dijo Rachel. Momentos más tarde, estaba dentro del camión. De pronto dejé de sentir el viento. El camión salió del túnel. Comencé a reírme. “¿Estás bien, Ax-man?” me preguntó Tobias. “¡Estoy muy bien! Muy, muy bien. Bien-nuh.” No era nada gracioso el eludir a la muerte, pero ciertamente era divertido. Y revelador. “Por favor haced lo que sea para que no me caiga.” Marco repitió mi frase, y todos nos reímos. Rachel bajó la puerta. No había mucha luz, pero si la suficiente. Y la relativa tranquilidad era agradable. Eché un vistazo al interior del camión. A ambos lados había unas jaulas de dos metros y medio de ancho por uno y medio de alto, que contenían unas criaturas marrones peludas de cara sorprendentemente humanoide. Dos de ellas se habían acercado y golpeaban violentamente la verja mientras chillaban. El resto se había apoyado contra las paredes gimiendo y aporreando el suelo. “No tenemos plátanos.” Marco separó sus manos como signo de disculpa. Uno de los chimpancés le escupió. “Tenemos que adquirirlos ahora mismo. Cógele del pie, si puedes,” sugirió el Príncipe Jake. “Cógeselo tu,” contestó. “Yo he sido un gorila, y sé lo que aquí nuestros abuelos pueden hacernos si se enfadan,” “Mira.” Cassie había abierto una bolsa de plástico del suelo. “Esto ayudará.” Comencé a recuperar mi forma andalita mientras Cassie tendía cautelosamente unas bolitas de comida grisáceas a uno de los chimpancés. Éste se quedó quieto y pareció despreciar la invitación. El camión pasó por encima de un bache y Cassie cayó hacia delante, por lo que el chimpancé retrocedió. “No pasa nada,” murmuró. “Son para ti.” El chimpancé la miraba con solemnidad. Parecía estar intentando determinar si la comida era o no un truco. Un dedo gigante se extendió a través de las barras de su jaula hacia la mano de Cassie. La piel de la criatura parecía cuero trabajado. Noté como la respiración de Rachel se aceleraba. Marco retrocedió lentamente. Tras él, Tobias comenzó a recuperar su forma de halcón, sin perder de vista al chimpancé. “No pasa nada,” repitió Cassie. “No va a hacerme daño. Toma chiquitina.” Se acercó un poco. “¿Rachel? Estáte alerta por si necesitamos algo fuerte,” advirtió Jake. “No hace falta,” dijo Cassie. “Esta es una buena chica. Se va a portar bien. ¿A que sí? No tienes que estar asustada. No.” El chimpancé volvió a quedarse quieto, se quedó pensativo, estiró sus labios y gruñó. Sin previo aviso, agarró a Cassie por la muñeca. Pero Cassie no es de las que se asusta fácilmente con animales no humanos. Su otra mano salió disparada hasta coger la enorme mano del chimpancé. Se concentró y el trance de la adquisición calmó al animal. Pero la propia Cassie no lo estaba del todo. Parecía preocupada. No sabría decir por qué. Sólo percibí que durante unos segundos ella parecía estar llevando una enorme carga en silencio en su interior. En ese momento volvió a concentrarse y los parpados del animal cayeron inmediatamente. Sus músculos se relajaron. La comida cayó de su mano y se apoyó sobre los barrotes. El resto de nosotros lo adquirimos por turnos. Los chimpancés son una especie muy cercana a la humana, pero significativamente más atractivos y con un método de locomoción superior que les permite actuar sobre dos o cuatro patas. “Muy bien, tick-tack. Ya casi estamos. ¿Las llaves?” preguntó Rachel. “Aquí están,” dijo Marco, cogiendo una anilla que colgaba de una pared. “Esperemos que a estos chimpancés no les de por atacar como gesto de despedida.” Sonrió a uno de los que íbamos a liberar. “Me encantó tu papel en esas películas viejas de Tarzan.” “Esto no me convence,” dijo Cassie. “No deberíamos abandonarlos en un entorno que no es el suyo. Deberíamos… olvidarlo.” “Ah, ya me estaba preguntando cuánto tardarías en decirlo,” dijo Marco con una mueca burlona. dijo Tobias. El Príncipe Jake se inclinó hacia la primera jaula para abrir la puerta. “Vamos allá,” tomó aliento y metió la llave en el candado. “Sois libres. Al menos hasta que alguien os coja.” Sentí como el camión paraba. “Ahora,” dijo el Príncipe Jake. “¿Ax? Que no te vean. Puede que haya algún coche detrás de nosotros.” Cassie y Marco levantaron la puerta. Y el chimpancé que habíamos adquirido, haciendo frente a la vida ya con libertad, decidió comenzar a orinar. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 8:[/b] “¡Lárgate de una vez!” gritó marco. Un camión se nos estaba acercando y empezaba a frenar justo detrás de nosotros. Y además teníamos varios coches alrededor. Dos niños nos señalaban desde uno de ellos mientras saltaban en los asientos. “¡Cassie, haz que se vayan!” rogó Marco. Cassie lanzó un puñado de granos de comida hacia el camión que teníamos detrás. Los chimpancés casi ni miraron. El conductor del camión se asomó por la ventanilla y dijo unas palabras que me han dicho que no son de muy buena educación. dijo Tobias. Alzó el vuelo con fuerza y se dirigió hacia el chimpancé que parecía mandar. “’Tseeer!” graznó. El chimpancé huyó y el resto no dudó en seguirle. En ese momento, el conductor del camión que nos seguía empezó a decir palabras aún peores. dijo Tobias con aire satisfecho. Tras un tambaleo que casi me tira al suelo, volvimos a movernos. El Príncipe Jake bajó la puerta, pero antes de que lo hiciera del todo pude ver como uno de los chimpancés escalaba la ventana del camión mientras el conductor pegaba gritos desde la otra puerta. Un segundo chimpancé no dejaba de saltar como un loco en el techo del coche con el niño, quien no paraba de gritar de alegría. Su madre también gritaba, pero tal vez no de la misma forma… “Muy bien, todos a las jaulas y a transformarse,” dijo el Príncipe Jake. “Ax, ¿cómo vamos de tiempo?” “Ax, no me hagas tener que volvértelo a decir: no son nuestros minutos,” dijo Marco. “Son los de todo el mundo. Limítate a lo que son los minutos de toda la vida y… oh ¡dios!” Marco arrugó su nariz con disgusto al acercarse a la jaula que tenía más cerca. “Que alguien llame al encargado. Esta jaula da asco.” “Chicos, empezad ya,” dijo Cassie. “Yo esperaré e iré cerrando las jaulas detrás de vosotros.” Tenía sentido. Cassie era la más rápida transformándose. Y alguien tendría que cerrar las jaulas desde fuera. Cerré mis ojos principales, intentando concentrarme a pesar de las sacudidas del camión y el momento que acabábamos de pasar hace un rato. Centré mi atención en la imagen del chimpancé. Y sentí como empezaba el proceso. Mis patas delanteras se derritieron hacia el interior de mi torso a la vez que las traseras crecían hasta formar los fuertes miembros del chimpancé. Mis pezuñas se dividieron en cinco gruesos dedos. Mis brazos andalitas crecieron con voluminosos músculos. Mis manos se recubrieron de una carne rugosa y adquirieron unos dedos más resistentes. Sentí dos débiles pinchazos cuando mis corazones dejaron de latir para ser absorbidos por el fuerte corazón del animal. Dentro de mí, los huesos crujían y la sangre era bombeada entre un amasijo de órganos y sistemas que se transformaban para cambiar de andalita a primate. Mis ojos giratorios ya se habían retraído, desapareciendo en el interior de la cabeza del chimpancé. Bajo la achatada nariz, que se parecía mucho a la mía, emergió la boca. Era grande, flexible y estaba llena de dientes. Giré mi cabeza para echar un vistazo a los otros bajo aquella débil luz cuando un pelaje marrón cubrió gran parte de mi cuerpo. “Urrgghh,” gruñí a través de la boca del chimpancé, agarrando los barrotes de la jaula. Intenté hablar de nuevo. dije. Ese fue Marco, por supuesto. Casi seguro que era humor. Aunque pensé que quizás debía comprobarlo y determinar el nivel de ciudadanía de los chimpancés. Parpadeé mis ojos de primate y flexioné mis gruesos y fuertes dedos. Sentía… humanidad. Como si fuese un musculoso hombre de un metro y medio de alto y pesase casi cien kilos. ¿Y la mente? No era humana exactamente. Pero sí parecida. Los mismos instintos de curiosidad, compresión y emoción convergían en un marco complejo. No tenía nada que ver con el instinto primordial de hambre de un tiburón, o las ráfagas sensoras por la ceguera de un murciélago, por ejemplo. ¿Sentimientos? ¿Conscientes de sí mismos? ¿Capaz de mantener pensamientos abstractos en su cabeza? Era imposible estar seguro. Al transformarnos adquirimos los instintos, pero éstos pierden importancia cuando se gana en inteligencia. Desde luego esta mente tenía poco camino en lo que a instintos se refiere. Y podía sentir un gran esfuerzo para el de la inteligencia. El chimpancé podía entender que cuando la jaula estaba cerrada, no podía escapar y que rascarse repetidamente la cabeza no abriría la puerta, pero le haría sentir mejor. De pronto, mi parte andalita empezó a sentirse enferma. Ya sabía que los chimpancés estaban muy cerca de los humanos en la escala evolutiva terrestre. Y más tarde me enteraría de que compartían un noventa y siete por ciento de ADN. ¿Tan cerca de los humanos? ¿Lo sabrían? Tenemos una norma. Los Animorphs, me refiero. No transformarnos en seres conscientes de sí mismos sin su permiso. ¿Habríamos violado ese acuerdo? Cassie recorría rápidamente las jaulas para cerrarlas. Entonces se agachó dentro de la más cercana al clavo donde Marco había encontrado las llaves. Sacó los brazos a través de los barrotes, cerró su puerta y dejó las llaves en el suelo bajo el clavo. “Con suerte, el conductor pensará que se cayeron en un bache,” dijo. Cassie se transformó a una velocidad impactante. Decidí preguntarle por los chimpancés. Ella suele ser la persona más indicada para debatir cuestiones filosóficas. dije. No contestó. Pensé que no me habría oído. Entonces giró sus oscuros ojos de chimpancé hacia mí. preguntó retóricamente. respondí. Cassie no respondió, y Marco se echó a reír. Fue muy crudo por parte de Marco decir eso. Pero Cassie no hizo el más mínimo comentario. dijo Marco con ironía. interrumpió el Príncipe Jake. Cassie no dijo nada en su defensa. No supe qué decir. Sólo pude asumir que los humanos no creían en la conciencia de los chimpancés. Está claro que si fuese de otra manera, no los tendrían recluidos para experimentar con ellos. Sí, tenía sentido, y me convencí a mí mismo de ello. Por otra parte, el caso era que había ocasiones en las que los humanos no actuaban con lógica. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 25:[/b] dijo el Príncipe Jake secamente. ¡Wham! Rachel le pegó a la puerta otra vez. No pasó nada. ¡Slash! Una cuchilla de un hork-bajir me cortó justo a un lado del pecho. No fue un corte profundo. No fue muy doloroso. Pero sí aterrador. Cassie estaba cubierta de sangre. Marco usaba sólo un brazo. El otro colgaba fláccido. El Príncipe Jake atacaba una y otra vez, una y otra vez con toda la ferocidad violenta de su forma de tigre, pero ya se estaba cansando. Tobias estaba teniendo dificultades en un ‘cielo’ lleno de cadáveres de reses muertas flotando. gritó Rachel. Giré uno de mis ojos móviles. Había un teclado numérico. No era un diseño yeerk, sin duda. Demasiado primitivo. Pero por otro lado, muchas personas de las que trabajaban en el complejo no eran yeerks. gritó Jake. dije. Me retiré de la batalla, cediendo mi lugar a Rachel. Chasqueé mi cola. Hice pedazos la cubierta del teclado numérico y conecté dos cables. La puerta se abrió. Avanzamos con gran esfuerzo. Cubiertos de sangre, exhaustos, asustados, heridos. Rachel cerró la puerta detrás de nosotros. Yo salté para acceder al teclado numérico de esta parte de la puerta. Desgarré todos los cables que pude alcanzar. No era una solución elegante, pero sí muy efectiva. murmuró Marco. Se hizo un repentino silencio . A través de la puerta llegaban sólo sonidos apagados de martillos. dijo Tobias. dijo Marco. Sólo entonces vimos la habitación a la que habíamos entrado. Era, en todos los aspectos, idéntica a la habitación que había en el laboratorio de pruebas de animales donde los chimpancés estaban enjaulados. Filas de jaulas. A izquierda y derecha. Un suelo de hormigón y las paredes cubiertas de azulejos color blanco. Luces brillantes. Pero había una diferencia muy importante. Donde antes tenían chimpancés, había ahora seres humanos. Dos docenas de humanos ocupaban las jaulas. No se movían. No se giraron al vernos. preguntó Rachel Dije, dijo Cassie. Después levantó las piernas traseras y puso las garras contra las barras para poder ver un letrero que había fuera de la jaula más cercana. leyó. Luego se movió a la siguiente jaula. preguntó Tobias. Localicé una consola de computadora. Definitivamente un diseño yeerk, bastante moderna. Para los estándares yeerks. Estaba encendida, sin protección, abierta. Alguien la había estado usando recientemente. dije a la computadora. La computadora respondió con una voz humana simulada. “Proyecto Obediencia es la brillante perspicacia de nuestro gran y glorioso líder, Visser Tres, héroe de la rebelión taxonita, látigo de la flota andalita, conquistador de la Tierra.> Rachel echó un vistazo a los humanos inmóviles en las jaulas. “El Proyecto Obediencia está diseñado para usar componentes biológicos elaborados genéticamente con el objetivo de borrar esas porciones del cerebro humano responsables del libre albedrío.” dijo Marco. “El Proyecto Obediencia ha probado exitosamente la Fórmula setenta y uno en chimpancés, una especie terrícola relacionada con los seres humanos. Se ha logrado un éxito del cien por ciento, ¡gracias al intelecto de Visser Tres!” se preguntó Tobias. Estaba descansando encima de una de las jaulas. “¡Y ahora las pruebas en humanos muestran que la Formula setenta y uno será efectiva al cien por ciento! La fase tres está lista: ¡La amplia diseminación de la Formula setenta y uno a través del suministro de la comida humana, seguido por la rápida conquista de la Tierra!” [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Mariel (chiclez)[/b]
[b]Capítulo 10:[/b] dijo Cassie cuando por fin nos reunimos todos. dijo el Príncipe Jake. murmuró Rachel. “Despejen zona de residencia de chimpancés,” dijo una voz. apuntó Cassie. Los trabajadores se dirigían a la salida. Caminaban rápidamente. Muy rápidamente. Apresurándose por salir de la habitación. Supuse que debían llegar a otro sitio. Los otros hicieron la misma suposición. Todos nos equivocamos. preguntó el Príncipe Jake. dijo Cassie. No me había fijado en el ordenador. Estaba fuera de mi limitado rango de visión. Cassie empezó a transformarse rápidamente. Pasé el rato considerando lo que podríamos encontrar en el ordenador. Estaba seguro de que sería capaz de traspasar fácilmente cualquier medida de seguridad yeerk. Pero una vez dentro del sistema, era muy posible que no encontrara nada. Observé como los rasgos humanos más suaves de Cassie empezaban a emerger de los del chimpancé. Observé como el pelo se fundía y se alisaba para formar su propia piel humana. Observé como sus piernas se fortalecían, y sus brazos se debilitaban. Los chimpancés son una prueba de lo impredecible de la evolución. La mayoría de humanos piensa que la evolución implica mejora. Obviamente, no es así. Simplemente implica supervivencia. A menudo las capacidades individuales pierden importancia en el proceso de transformarse en una especie capaz de sobrevivir. Los humanos son claramente más débiles que los chimpancés. Pero su cerebro es mucho más hábil. Bueno, relativamente más hábil. Cassie era del todo humana cuando la puerta se abrió. Desde que escuché el primer indicio de la manivela girando supe que habíamos cometido un error. No es que los trabajadores tuvieran que irse a otro sitio. Es que no querían quedarse aquí. Y cuando se abrió la puerta, supe la razón. Si existía la más mínima duda a cerca de que ese laboratorio era cosa de los yeerks, la criatura que atravesó la puerta, seguida por tres controladores humanos encogidos y aterrorizados, puso fin a todas ellas. Se plantó imponente en la habitación. Pavoneándose como el conquistador que era. Era un andalita en cuanto a forma. Su huésped es un viejo guerrero andalita llamado Alloran-Semitur-Corras. Pero ya no era Alloran. Ya ni siquiera era un andalita, excepto por su apariencia. Era Visser Tres. La Abominación. El único controlador andalita de la galaxia. Salté a las barras, incapaz de contener la urgencia. Visser Tres ni se inmutó. gritó Rachel mediante habla telepática dirigida sólo a nosotros. Cassie era la que más lejos estaba de la puerta. Pero con dos pasos más, Visser Tres la vería. gritó Cassie. gritó el Príncipe Jake. ¡Hoo-hoo-hoo! ¡E-YAH! ¡E-YAH! Empezamos a chillar, pero a Visser le era indiferente. Estábamos enjaulados. Éramos una especie inferior. El gran yeerk Visser no tenía ningún interés en nosotros. De hecho, parecía aburrido. Como si estuviera llevando a cabo una tarea tediosa. ¡Claro! Sólo era una inspección de rutina. Sólo por culpa de una inmensa mala suerte nos habíamos topado con él. Y en dos segundos esa mala suerte se volvería fatal. ¡Estábamos enjaulados! ¡Indefensos! gritó Marco de pronto. Marco barrió con la mano el fondo de su sucia jaula. Cogió un puñado de… bueno, de excrementos. Un tiro rápido. ¡El… producto… salió disparado! Alcanzó a Visser en plena cara. gritó Marco otra vez. Arrastré mi manaza de chimpancé a lo largo del suelo de la jaula y sin detenerme lancé la… eso… tan fuerte como pude, y con tanta puntería como fui capaz. El resultado fue que un gran puñado alcanzó a Visser Tres en su ojo móvil derecho. grité de puro entusiasmo. Era una táctica inusual. Una táctica desesperada. Pero debo decir que resultó verdaderamente satisfactoria. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 21:[/b] El camión ya no se movía sobre sus múltiples ruedas laterales, sino que estaba peligrosamente inclinado hacia la izquierda, apoyado sobre las ruedas de un solo lado. Toros y bueyes fuimos estampados contra uno de los lados del camión, amontonados unos encima de otros. El suelo del camión estaba inclinado y desplazado formando un extraño ángulo. ¡Íbamos a volcar! Y entonces… el camión volvió a moverse. Sobre las ruedas de un sólo lado, inclinado hasta casi tocar el suelo, ¡y seguía moviéndose! Y poco a poco… lentamente… muy lentamente… el ángulo fue disminuyendo hasta ir retomando su posición normal. Y de pronto… ¡WHAM! El camión se asentó en sus ruedas. THUMP THUMP THUMP THUMP Los bueyes, Tobias y yo caímos contra el lado derecho. El camión ahora se inclinaba hacia la derecha, pero no tanto como antes. ¡WHAM! El camión se volvió a nivelar, y nos lanzamos a la carretera en dirección a la planta de empaquetamiento de carne. dijo Marco. ¡Scrrrrreeeeee! Marco pisó el freno y el camión derrapó hasta la puerta de la planta de empaquetamiento. Ahora que la carga se había redistribuido mejor en el camión, tenía una vista más clara de la parte izquierda del camión. Pude ver dos guardas armados acercándose a la cabina. Por alguna razón, parecían molestos. Tal vez intimidados. O quizás impresionados. Posiblemente estuviesen asustados. En ocasiones es difícil desencriptar las expresiones faciales humanas. “¿Pero qué pasa contigo?, ¡¿Estás loco?!” gritó uno de los guardias. “Tío, las ruedas estaban fatal,” dijo Marco con una voz baja, carraspeante y turbia. Me sorprendió oírle hacer esos ruidos con la boca. Debía de estar terminando de recuperar su forma. Lo suficientemente humano como para poder entrar. “¡¿Las ruedas?! ¿Estás mal de la cabeza? Echa un ojo por ahí dentro porque debes de estar en una habitación acolchada.” “Venga, limítate a firmar en la hoja,” dijo el Príncipe Jake, tratando de bajar el tono de su propia voz. “Tienes vía libre,” dijo el segundo guardia. “Pero avísanos cuando vayas a salir para que podamos alejarnos.” dijo Tobias dramáticamente. Marco se apresuró a transformarse de nuevo en gorila en cuanto los guardas se marcharon. dijo. Entonces, contestando claramente a Jake, dijo Rachel, desde el hocico de Tobias. El camión pegó un tirón hacia delante y se detuvo. Volvió a pegar un tirón. Paró de nuevo. Chirrió. Dio bandazos en la dirección contraria. Se volvió a detener. Chirrió de nuevo y volvió a dar bandazos. Paró. Avanzó. Se tambaleó. Retrocedió un poco. Paró. Chirrió. Se tambaleó. Avanzó. Se detuvo. dijo Cassie. Se tambaleó. Marcha atrás. ¡WHAM! Cada uno de los bueyes retrocedió por el impacto. anunció Marco. dijo Rachel. Un hombre bastante grande saltó de la plataforma y se acercó corriendo al frente del camión. Estaba pegando gritos. “¡¿Pero dónde has aprendido a conducir, pedazo de idiota?! Voy a patearte… ¡hey! ¿Dónde está el conductor?” informó el Príncipe Jake. dijo Marco. La puerta trasera del camión se abrió con un estridente sonido. El hombre grande discutía con uno bastante delgado. “¡Jamás he visto a nadie conducir así! No quiero ni pensar a dónde habrá ido el conductor. Debe de estar borracho. ¡Tiene que ser un lunático!” “¡Hey! ¡Eso son toros!” “Bueno, estaré en… ¿qué entrega es ésta? ¡Esto es de locos!” El más delgado entrecerró los ojos de forma sospechosa. “¿Bandidos andalitas?” El hombre grande lanzó una carcajada. “Creo que un andalita podría apañárselas bastante bien para conducir un camión. A demás, un andalita no es tan estúpido como para transformarse en un buey, ni siquiera en un toro, y meterse en un matadero. Tiene que tratarse de unos idiotas.” murmuró Marco. Alcancé a oler el terrible olor que salía del edificio: sangre. Estiércol. Sangre. Deshechos biológicos. Y más sangre. Y más y más sangre. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Santiago Ruiz García[/b]
[b]Capítulo 9:[/b] El camión redujo la velocidad y luego se detuvo. Cuando la puerta se levantó sobre sus oxidadas bisagras, la luz aún brillante de la tarde inundó el camión. Parpadeé y me apreté contra el lado más apartado de mi jaula. “Muy bien, monos, preparaos,” gruñó un enorme humano mientras se subía al camión. Miré detrás de él. Un segundo humano colocaba una rampa en su lugar, conectando el camión con un gran pasillo abierto. El pasillo estaba elevado unos dos metros por encima del suelo. De hecho, coincidía con la altura de la parte trasera del camión. Demostrando que a veces los humanos son capaces de hacer planes útiles. Dentro del edificio había tres hombres con pieles artificiales blancas y holgadas. Ropa. A sus pies había un carrito plano de metal con ruedas. Marco y yo estábamos en las jaulas más cercanas al suelo. Uno de nosotros sería el primero en ir. Los hombres levantaron mi jaula, cogiéndola con fuerza para ponerla sobre el carrito. Una vez encima, me empujaron a lo largo de la rampa. Me moví inquieto detrás de los barrotes. ¿Estaba interpretando mi papel apropiadamente? ¿Qué haría un chimpancé en esas circunstancias? instruyó Cassie. Las vibraciones causadas por las ruedas tambaleantes del carrito contra la rampa estremecían mis patas y mi columna vertebral. Dentro del edificio, el carrito giró por una esquina, empujado por tres pares de manos humanas, y se deslizó a través de una puerta abierta. HooHoo. ¡He-YAH! ¡He-YAH! ¡Heeeee! Esta nueva habitación estaba llena de otros chimpancés. Por todos lados los chimpancés parloteaban salvajemente, chillando y saltando en jaulas colgadas de las paredes con gruesas abrazaderas de acero. Obviamente, nuestra intromisión les había puesto nerviosos. Las ruedas chirriaron contra el suelo cuando el carrito se detuvo delante de una jaula vacía. Dos filas horizontales de cuatro jaulas alineadas en la pared, la misma en que estaba la puerta. Cuando estuviera dentro de la jaula me sería difícil ver quién entraba en la habitación. Un humano de barba gris y pequeños ojos azules observó una gráfica que había despegado de un lado de la jaula. “Hola, Pumpkin. Aquí tenemos una buena chica. ¿Qué tal un regalito?” Me alcanzó una galleta recubierta de polvo blanco. La olisqueé cuidadosamente. Azúcar. ¿Un delicioso regalo? Sin duda. ¿Pero era también buena para el corazón y baja en calorías? En [i]El intermedio[/i], todo era bueno para el corazón y bajo en calorías. ¿Cómo sería el sabor para un chimpancé? Estaba claro que el cerebro del chimpancé quería la galleta. Oh, sí, quería la galleta. La cogí. El hombre sonrió. Abrió la puerta de la jaula. De nuevo me puse en tensión mientras cada uno de mis músculos poderosamente desarrollados se preparaba en anticipación. Sentí como la boca del chimpancé se estrechaba en la extraña mueca sonriente que en un chimpancé indica miedo y mostré los dientes. Dientes que estaban a punto de saborear una de las galletas más deliciosas que había probado nunca. En cualquier forma. El hombre se adelantó rápidamente. Cerró un collar alrededor de mi cuello y agarró una de mis enormes manos. No cabía duda de que el chimpancé se habría asustado. Pero estaba disfrutando de la galleta. Igual que el andalita. “Vale, Pumpkin,” dijo el hombre de la barba. “Allá vamos.” Mientras movía la mano que agarraba la mía, me encontré respondiendo sin pensar. Mis piernas se impulsaron en el suelo. Mi mano libre se agarró a la parte de arriba de la jaula también para coger impulso, saltando hacia la jaula opuesta a la mía. Y ya estaba dentro. Una cerradura se cerró mientras me tragaba el último trozo de galleta y me sentaba. “Buena chica, Pumpkin,” dijo el hombre. Me acercó otra galleta mientras los otros hombres quitaban de en medio la anterior jaula. “Vale, vamos a por los otros.” Eché un vistazo a mi alrededor cuando los hombres salieron a por mis amigos. Parecía que me encontraba en algún tipo de sala de almacenamiento. Estaba cubierta de pequeños cuadrados blancos hechos de alguna sustancia dura y extrañamente brillante. Azulejos, creo que los llaman. Había un desagüe en medio del suelo. Jaulas cuadradas de tres metros humanos estaban alineadas en las dos paredes más largas y una, de unos dos metros y medio de largo por unos cinco de ancho, se encontraba en la pared más corta a mi derecha. A mi izquierda, contra la otra pared más corta, había una mesa de metal cubierta de cubos con papeles. Al lado de la mesa había una puerta de cristal. La jaula más grande no contenía vida animal alguna, pero sí un neumático, juguetes de apagado color rojo, y una gruesa cuerda con bastantes nudos. Alguien había garabateado con brillantes colores en las paredes de bloques de hormigón. El ruido era ensordecedor. Me encogí contra la pared y me tapé los oídos, abrumado. Al menos veinte chimpancés gritaban y chillaban, estampando los pies contra las paredes de sus jaulas. Miré como uno justo delante de mí cogía un puñado de agua con la boca de un estrecho bebedero y lo escupía en mi dirección. ¿Sentían que yo era diferente? ¿Qué no era exactamente un chimpancé? Sin pensarlo demasiado le respondí con un alarido chimpancé de protesta. Y me giré cuando la puerta volvió a abrirse. gritó Marco mediante el habla telepática, mientras lo conducían dentro de la habitación. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 22:[/b] Bajamos una estrecha rampa. Tres bueyes iban primero. Luego yo. Tobias detrás de mí. Al final de la rampa había un arco. El Biofiltro Gleet. El primer buey llegó hasta él. Vi un destello de luz, seguido de un débil chisporroteo. No podía verlo desde ese ángulo, pero estaba seguro de que un buen número de pulgas, moscas, piojos y otras criaturas parecidas habían muerto. informé a mis amigos en forma de mosca. dijo Marco. Llegué al Biofiltro. Sentí un ligero hormigueo, como de electricidad estática. Luego ya estaba dentro. dijo Cassie. informó Marco. dijo el Príncipe Jake. Un momento después, Rachel nos informó, dijo Jake. Sentí un cosquilleo mientras Marco y Cassie salían de mi nariz. Cuatro moscas casi invisibles que desaparecieron rápidamente de mi vista. Dejándonos solos a Tobias y a mí. Muy, muy solos. dijo Tobias. Levanté la vista. No pude verlo directamente, porque el resto del ganado me bloqueaba la visión. Pero cuando la rampa doblaba una esquina, capté una visión horrible: docenas de vacas colgando de sus patas traseras. Casi parecían estar volando. Volando mientras se las llevaban mediante un cinturón transportador situado encima de nuestras cabezas. Volando y ya sin vida. Era una escena desconcertante. Un confuso montaje, lleno de eventos y acciones separadas. Las vacas no son animales inteligentes. Un animal inteligente, oliendo la sangre, captando esta breve predicción de futuro, habría salido corriendo, se habría debatido, habría luchado. Pero no, quizá eso tampoco sea cierto. Quizá un animal inteligente entendería que estaba condenado, e intentaría enfrentarse con calma a lo inevitable. En cualquier caso, ni Tobias ni yo éramos vacas. Y ninguno de nosotros tenía limitaciones intelectuales. dijo Tobias. logré decir. Un sonido era más fuerte que los demás. Y se iba acercando. Estaba justo delante. Estiré el cuello. Yo era más alto que el buey que había por delante de mí. Miré más allá de éste, y al principio no entendí lo que estaba viendo. El buey que iba en cabeza llegó a un punto donde unos cuerpos neumáticos presionaban los lados de la rampa, dejando al animal atrapado. Un hombre, actuando con tranquilidad experta ataba unas cadenas a las patas traseras. Un segundo hombre sostenía una enorme herramienta sobre la cabeza del buey. La herramienta tenía un cilindro en la parte de arriba. Apretó el gatillo. ¡BANG! El arma vibró. El buey cayó. En su frente había un agujero. Inmediatamente, era levantado en el aire colgando de sus patas traseras. Conté dos bueyes más entre mí y el arma asesina. Me he enfrentado a la muerte en la batalla. Pero nunca como una bestia tonta dirigiéndose al matadero. dije. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 22:[/b] Bajamos una estrecha rampa. Tres bueyes iban primero. Luego yo. Tobias detrás de mí. Al final de la rampa había un arco. El Biofiltro Gleet. El primer buey llegó hasta él. Vi un destello de luz, seguido de un débil chisporroteo. No podía verlo desde ese ángulo, pero estaba seguro de que un buen número de pulgas, moscas, piojos y otras criaturas parecidas habían muerto. informé a mis amigos en forma de mosca. dijo Marco. Llegué al Biofiltro. Sentí un ligero hormigueo, como de electricidad estática. Luego ya estaba dentro. dijo Cassie. informó Marco. dijo el Príncipe Jake. Un momento después, Rachel nos informó, dijo Jake. Sentí un cosquilleo mientras Marco y Cassie salían de mi nariz. Cuatro moscas casi invisibles que desaparecieron rápidamente de mi vista. Dejándonos solos a Tobias y a mí. Muy, muy solos. dijo Tobias. Levanté la vista. No pude verlo directamente, porque el resto del ganado me bloqueaba la visión. Pero cuando la rampa doblaba una esquina, capté una visión horrible: docenas de vacas colgando de sus patas traseras. Casi parecían estar volando. Volando mientras se las llevaban mediante un cinturón transportador situado encima de nuestras cabezas. Volando y ya sin vida. Era una escena desconcertante. Un confuso montaje, lleno de eventos y acciones separadas. Las vacas no son animales inteligentes. Un animal inteligente, oliendo la sangre, captando esta breve predicción de futuro, habría salido corriendo, se habría debatido, habría luchado. Pero no, quizá eso tampoco sea cierto. Quizá un animal inteligente entendería que estaba condenado, e intentaría enfrentarse con calma a lo inevitable. En cualquier caso, ni Tobias ni yo éramos vacas. Y ninguno de nosotros tenía limitaciones intelectuales. dijo Tobias. logré decir. Un sonido era más fuerte que los demás. Y se iba acercando. Estaba justo delante. Estiré el cuello. Yo era más alto que el buey que había por delante de mí. Miré más allá de éste, y al principio no entendí lo que estaba viendo. El buey que iba en cabeza llegó a un punto donde unos cuerpos neumáticos presionaban los lados de la rampa, dejando al animal atrapado. Un hombre, actuando con tranquilidad experta ataba unas cadenas a las patas traseras. Un segundo hombre sostenía una enorme herramienta sobre la cabeza del buey. La herramienta tenía un cilindro en la parte de arriba. Apretó el gatillo. ¡BANG! El arma vibró. El buey cayó. En su frente había un agujero. Inmediatamente, era levantado en el aire colgando de sus patas traseras. Conté dos bueyes más entre mí y el arma asesina. Me he enfrentado a la muerte en la batalla. Pero nunca como una bestia tonta dirigiéndose al matadero. dije. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b][b]Capítulo 15:[/b] Por la tarde dejó de llover un rato. Para cuando se extendió la oscuridad, se había desencadenado otra tormenta. Lluvia, y relámpagos y truenos. Interfería con la recepción de mi televisión. Existía una solución tecnológica muy simple para ese problema. Pero tendría que ir al centro comercial. A Radio Shack. Pero esta noche no tenía tiempo. Volamos a través de la noche fría, oscura y húmeda. Iba en forma de búho. Los búhos son unos estupendos voladores nocturnos. Pero ni siquiera a un búho le gusta volar con lluvia. se quejó Marco. dijo Tobias. gruñó Tobias. dijo Rachel. Sólo estábamos los cuatro. El Príncipe Jake y Cassie tenían que ocuparse de ciertos asuntos familiares. Sólo éramos necesarios Tobias y yo, para adquirir las vacas. Marco y Rachel venían con nosotros como medida extra de seguridad. Por eso, y porque necesitábamos a Rachel para cargar con una pieza. Su forma de águila es la más grande y fuerte de todas nuestras formas de ave. Pero incluso a ella se le hacía difícil llevar el pequeño artilugio que Cassie nos había dado. El artilugio que pegaba las etiquetas en las orejas. Los ojos de búho veían a través de la oscuridad como si fuera de día. Podía ver las gotas de lluvia según caían, centelleando a mi alrededor. Podía ver las salpicaduras de cada gota de lluvia contra los coches, mojando las calles y goteando a través de los árboles. Podía ver a los humanos corriendo a toda prisa del coche a los portales, o encogiéndose bajo primitivos mecanismos cobertores llamados paraguas. A los humanos no les gusta la lluvia. Creo que es porque el suelo se vuelve resbaladizo. Cuando te tambaleas sobre dos piernas, todo aquello que te haga más difícil mantenerte en pie, resulta irritante. Cada pocos minutos se producía un enorme destello de luz. Iluminaba la noche con una brillante luz azul y arrojaba intensas sombras. Después del destello venía, obviamente, el trueno. Normalmente bastante ruidoso. Sobre todo para los sensibles oídos del búho. anunció Tobias. Mi visión nocturna era superior a la suya, pero Tobias tiene experiencia viendo y recordando el mundo desde el aire. gruñó Rachel. Planeamos hacia el campo embarrado. Rachel aterrizó a la primera oportunidad, soltando la grapadora en el barro, y posándose a descansar en una valla. Yo permanecí en el aire. Era el que estaba menos cansado, estando en mi elemento natural, por así decirlo. Y hacían falta mis ojos de búho. Teníamos que encontrar a bueyes específicos de la secuencia de números que serían llamados mañana. Preferiblemente, los dos primeros números de esa secuencia. Mi visión estaba puesta en la tarea. Podía ver los números claramente. Pero había muchos bueyes y vacas en el campo. Me llevó bastante tiempo. Tuve que parar, recuperar mi forma y volverme a transformar, bien lejos de los pastos. Pero al final los encontré a los dos. No estaban muy lejos, afortunadamente. le llamé. dijo. Bajó de la valla y se dejó caer casualmente sobre el buey. Aterrizó directamente sobre la espalda del animal. El buey movió la cola. Giró su enorme cabeza para mirar qué era lo que había aterrizado en su trasero. Luego siguió rumiando. dijo Tobias un poco después. Para mí era menos fácil. Sólo puedes adquirir el ADN de un animal cuando estás en tu cuerpo normal. Lo que significaba que tenía que tocar al buey en forma andalita. Pensé que quizá al buey no le importara mi presencia. Después de todo, no soy un depredador. Soy, igual que ellos, un animal de pastos. Aunque mi forma de pastar es bastante diferente. dijo Tobias de pronto. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 17:[/b] A la mañana siguiente llevé a cabo solemnemente el ritual de la mañana. Repetí esas palabras que hablaban de libertad, deber y obediencia, extendiendo los brazos e inclinándome en el momento oportuno. Me enderecé y adopté la postura de lucha. Acerqué la hoja de mi cola contra mi cuello, y luego la bajé. Había terminado. Como era su función, esa mañana el ritual me proporcionó la fuerza de la determinación. Incluso aquí en la Tierra estaba sirviendo a mi gente. Andalitas y humanos. preguntó Tobias mientras se dejaba caer desde un perfecto cielo azul. La lluvia había cesado durante la noche. Esa mañana hacía la clase de tiempo que los humanos consideran perfecto: cálido pero no demasiado cálido, unas pocas nubes blancas, pero no las suficientes como para ocultar el sol. sugirió Tobias. señalé. expliqué. Empecé a transformarme en aguilucho. Minutos después estaba volando. Vuelo a menudo. Pero nunca he llegado a verlo como algo normal. Caminar como humano es simplemente aburrido e irritante. Pero volar como halcón es la experiencia más maravillosa que puedas imaginar. Abrí las alas, las agité arriba y abajo, encogí las garras, y extendí la cola para facilitar el ascenso. De pronto, ya no estaba atado al suelo. Volamos siguiendo las copas de los árboles hasta que nos topamos con una corriente térmica. Una corriente térmica es una columna de aire cálido que se levanta desde el suelo recalentado. Te llena las alas y te eleva casi sin esfuerzo. Nos elevamos unos treinta metros, lo suficientemente alto como para escapar a la vista de la mayoría de humanos del suelo. Y volamos hacia una reunión con los otros en los pastos. Era una vuelo mucho más agradable que la última vez. Ahora podía ver bien dónde estaban situados los pastos. Las viviendas humanas tienden a agruparse en una proximidad muy estrecha. Las agrupaciones más apretadas se llaman ciudades. Según nos alejamos de este centro atestado, aparecen espacios más extensos. Son los barrios residenciales de las afueras. Más allá de los barrios periféricos, las zonas se amplían, hasta que pronto el campo abierto es más frecuente que las viviendas. Según Marco, esto se conoce como “Gooberville” o “En Medio de Ninguna Parte”. Los pastos estaban en el borde impreciso entre los barrios periféricos y Gooberville. [i]NdT: Gooberville, literalmente Pueblo de paisanos, pero también es el nombre de una ciudad real.[/i] Vi algunos pájaros de presa volando un poco más delante. Estaban dispersos bien lejos unos de otros a diferentes altitudes. A la primera que vi fue a Rachel, con su enorme envergadura de águila. El Príncipe Jake, en su forma de halcón peregrino, era el más pequeño, pero también el más rápido. Bajamos en espiral hasta el suelo. Nuestro plan era simple. Habíamos usado la grapadora para quitarles las etiquetas de las orejas a los dos bueyes en cuestión la noche anterior. Ahora teníamos las etiquetas. Tobias y yo nos transformaríamos en buey y Cassie nos pondría las etiquetas en las orejas. Habíamos dejado la grapadora en el lugar. Un plan simple. O eso pensábamos. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 18:[/b] En realidad, a Tobias y a mí nos había tocado la parte más fácil. Elegimos un grupo de bueyes y aterrizamos en el barro entre ellos. Los bueyes no mostraron interés alguno en nosotros. El Príncipe Jake seguía en el aire por encima de nosotros, vigilando. Cassie, Rachel y Marco aterrizaron en varios lugares fuera de los pastos, bastante separados unos de otros para no parecer una sospechosa colección de pájaros de presa. dijo Tobias. Me concentré en no ser pisoteado por los bueyes de movimientos lentos mientras Tobias empezaba a transformarse. La transformación nunca es predecible. No siempre sigue un curso lógico. Diferentes partes del cuerpo, a diferentes velocidades, en secuencias diferentes. En este caso, la cabeza vacuna fue lo primero en aparecer. Era, como poco, algo estrafalario. El pico corto y ganchudo de Tobias se suavizó y empezó a sobresalir. Creció tanto hacia afuera como a lo ancho. Pronto no era más que un puñado de capas caídas de piel. Su cuerpo aún estaba cubierto de plumas marrones. Los furiosos ojos de halcón de Tobias se ensancharon y se volvieron redondos, y parecieron humedecerse. Ya no parecían fieros. Parecían… bueno, estúpidos. Empezó a crecer de cuerpo entero, pero aún así las plumas se mantuvieron durante un buen rato, sólo fundiéndose con el corto vello marrón en el último momento. Aparecieron los cascos, casi completos, al final de sus pequeñas patas de halcón. La punta de sus alas comenzó a rizarse y a endurecerse y se formaron también los cascos. Sólo entonces se transformaron sus alas en patas. Pero al fin estuvo completamente formado. Completamente formado y bastante grande. Y al parecer agitado. pregunté. Obviamente, yo tenía que cambiar dos veces, no una. Primero tenía que transformarme en andalita. De nuevo, los bueyes comenzaron a alejarse, dejándome sin protección. Pero Tobias resopló y dio un pequeño trote alrededor del grupo de bueyes. Después de eso se quedaron quietos. Era extraño. Era como si los bueyes le tuvieran miedo a Tobias. O al menos respeto. Deberíamos haber sospechado que teníamos un problema. Pero estaba tan poco familiarizado con las vacas y los bueyes que no me di cuenta de lo que pasaba. informó Jake. Cassie empezó a cruzar el prado hacia nosotros. Era peligroso, por supuesto. Se supone que los humanos deben llevar ciertas pieles artificiales según la ocasión. Y el uniforme de transformaciones de Cassie no era apropiado para esta ocasión. Estaba descalza y llevaba un simple maiot estrecho de brillantes colores. “Chica negra descalza vestida con licra fosforescente abriéndose camino a través de las cacas de vaca,” decía Cassie. “Muy agradable.” Me convertí en un andalita completo, con la parte de arriba de mi cuerpo agachada detrás de la masa de Tobias. El cambio fue mucho menos intenso que la mayoría de los que he soportado. Empecé con cuatro cascos y terminé con cuatro cascos. Dupliqué, si no tripliqué, mi peso, pero la configuración básica de mi cuerpo no quedó radicalmente afectada. Aún así, hubo cambios. La cola de una vaca no es en absoluto como la de un andalita. La cola de una vaca no supone un peligro para nadie. Y, por supuesto, mis brazos desaparecieron. Secándose y atrofiándose hasta que parecieron ser absorbidos dentro mi cuerpo. Me salió una boca. Una boca enorme. Y unos enormes orificios nasales. Unos ojos grandes, vacíos, húmedos y oscuros. No había nada excepcional en los sentidos de la vaca. Su sentido del olfato era bueno pero, por lo que yo sabía, nada como la intensidad del sentido del olfato de un perro. Su oído y vista eran aceptables, pero menos agudos que los de los humanos. Lo más extraño era que mis ojos estaban separados por una enorme cara que dominaba mi campo de visión. Podía ver a la izquierda y a la derecha. Pero la mayor parte de lo que tenía “justo delante” estaba ocupado por mi propio hocico enorme. Pero Tobias estaba equivocado. No había nada de agitación o inquietud en esta forma. Todo lo contrario, era muy— Me transformé. Adquirí un buey. Esta vez me aseguré. Me transformé otra vez. Y ahora me di cuenta de que Tobias tenía razón. La mente del buey no era dócil. No era pasiva. De hecho… estaba enfadado. Y por una buena razón: había un toro cerca. Había también un humano, pero éste no importaba. Miré al toro. Él me devolvió la mirada. Resoplé y pateé el suelo. Era como verme a mí mismo en un espejo. El toro hizo lo mismo. Era inevitable. En este pasto sólo había espacio para uno de los dos. Tendría que atacarle y forzarle a huir. oí llamar al Príncipe Jake desde lo alto. “Oh oh,” dijo Cassie. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 12:[/b] dijo Marco. Los controladores humanos salieron de la habitación, casi pasando unos por encima de los otros en su urgencia por obedecer a Visser Tres. dijo el Príncipe Jake. Nadie necesitó que se lo dijeran dos veces. Los taxonitas no tardarían en llegar. Volví a mi forma andalita. Cassie ya era humana. Siguió transformándose. Quizá mosca, quizá pulga, no estaba seguro. Vi antenas. Vi extrañas partes bucales. Pero sobre todo la vi encoger. Se transformó sólo lo suficiente para poder deslizarse entre los barrotes. Una vez fuera y libre, detuvo la transformación y volvió a ser humana rápidamente. Cogió las llaves y con manos rápidas y temblorosas, liberó a un andalita y a tres humanos. Tobias era otra vez halcón y se limitó a pasar por entre los barrotes. Cassie empezó a abrir las demás jaulas de los chimpancés. “¿Qué estás haciendo?” le preguntó Marco. “Los estoy dejando salir. Ya has oído lo que ha dicho Visser Tres. Van a matarlos.” “Lo único que tenemos que hacer es transformarnos en moscas y salir por la puerta,” dijo Marco. “Cuando los taxonitas lleguen… Bueno, nadie va a contar los chimpancés. Pero si vienen y se encuentran con que no hay nada para comer los yeerks se van a dar cuenta de que se la hemos colado. Sabrán que hemos estado aquí.” “Podéis iros,” dijo Cassie. Sus ojos centelleaban. Los músculos de su mandíbula se tensaron. En los humanos, son signos de determinación. “Marco tiene razón,” dijo el Príncipe Jake. “Podemos salir de aquí tranquilamente. Si se dan cuenta de que hemos estado aquí, estarán en guardia en la planta de empaquetamiento de carne. Nos lo pondrán más difícil.” “No si nos quedamos en la forma del chimpancé,” discutió Cassie. “Sí, si nos transformamos en oso pardo, y tigre y todo eso. ¿Pero y si sólo somos chimpancés?” Miré a Rachel. Sonrió. “Yo me apunto.” “Siempre apoyas a Cassie,” dijo Marco enfadado. Rachel negó con la cabeza. “Nah. Simplemente me gusta la idea de que los chimpancés se la devuelvan, ¿sabes?” Cassie ya estaba a medio transformar en chimpancé. Rachel la seguía. Esperé a ver lo que hacía el Príncipe Jake. “Esto de estar al mando es demasiado para mí,” murmuró Jake. Luego empezó a transformarse. Acabábamos de transformarnos todos en chimpancé cuando la puerta se abrió y el primer taxonita arrastró su bamboleante masa al interior de la habitación. Las hileras de patas afiladas como agujas claqueteaban contra los azulejos. Las bocas redondas y rojas se abrieron de par en par. Los ojos gelatinosos centellearon. Hay un animal humano llamado ciempiés. Es parecido a un taxonita, sólo que cien veces más pequeño. Y no creo que los ciempiés sean caníbales. El hambre de un taxonita es tan grande, tan poderosa, que ni siquiera el yeerk de la cabeza del taxonita puede controlarla. El taxonita puede llegar a comerse cualquier criatura viviente. Incluso otro taxonita. Los taxonitas son crueles pero no fuertes. Quizá habrían sido capaces de atacar y matar ellos solos, sobre todo a chimpancés pacíficos. Pero esto a lo que se enfrentaban no eran chimpancés. Eran chimpancés movidos por la voluntad de sus primos mucho más inteligentes y violentos: el [i]Homo Sapiens[/i]. Lo que esperaba a los taxonitas eran criaturas con la tremenda fuerza y agilidad del chimpancé intactas, junto con las habilidades guerreras humanas. “¡Srreeeee!” gritaron los taxonitas, agitados ante la presencia de la comida. “¡Hoo-hoo-hoo!” gritaron los chimpancés auténticos, y se retiraron en sus jaulas. Pero seis de los chimpancés esperaban tranquilamente. Se habían preparado con una variedad de armas: un destornillador, una silla, un monitor de ordenador. El taxonita que iba en cabeza se levantó, dispuesto a echar sobre nosotros la parte superior de su cuerpo. dijo Rachel. Avancé rápidamente y ataqué con un destornillador que había encontrado. El blando vientre del taxonita se abrió como una bolsa de papel húmeda. ¡Srrr-EEEEEEEEEE! Rachel se movió con rapidez. Rodó bajo el taxonita y le arrancó una de sus afiladas patas. Ya tenía un arma. El taxonita que iba en cabeza puso en marcha sus docenas de patas e intentó retirarse. Demasiado tarde. Le habían herido. Su sangre manaba. Los otros taxonitas se lanzaron a la concurrida habitación y atacaron a su propio compañero. Sin duda los yeerks de sus cabezas estaban haciendo todo lo que podían para detener la masacre caníbal. Pero nada puede contener el hambre de un taxonita. El Príncipe Jake intentó abrir la puerta exterior –la que daba al camión. Pero la puerta estaba cerrada desde fuera. Sólo teníamos una opción. dijo Tobias. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 14:[/b] Una vez más, mientras los demás estaban en el colegio aprendiendo historia, sonidos bucales, las formas más simples de matemática y ciencia en gran parte incorrecta, Tobias y yo surcamos el cielo por encima de la planta de empaquetamiento de carne. Era un día lluvioso, lo que hacía del vuelo difícil y desagradable. Y lo que teníamos que observar era incluso más desagradable. Nos reunimos con los demás en el granero de Cassie cuando volvieron del colegio. Cassie ya estaba manos a la obra, atendiendo a los diversos animales enfermos o heridos. El Príncipe Jake la ayudaba a trasladar algunas jaulas. Rachel ojeaba un catálogo. Un pequeño libro que muestra a los humanos que tipos de piel artificial se deben usar. Marco estaba trabajando en “los deberes”. Miró al Príncipe Jake. “¡Eh! Es Molotov y von Ribbentrop o von Molotov y Ribbentrop? ¿Son von los dos?” [i]NdT: El pacto Molotov-Ribbentrop, también llamado pacto Hitler-Stalin o pacto Nazi-Soviético era un tratado de no agresión firmado por Alemania y la URSS en 1939. Se mantuvo hasta el 1941 cuando Alemania invadió a la Unión Soviética con la Operación Barbarossa.[/i] “Ninguno,” dijo Rachel con seriedad. “Es von Damme y von Halen.” [i]NdT: Jean-Claude Van Damme y Van Halen, un grupo de música.[/i] “Muy graciosa Rachel. Ha. Ha. Y además… Ha. Pero lo que tengo aquí son deberes atrasados al cubo. Son deberes atrasados de los primeros deberes atrasados que se suponía que tendría que haber hecho con los primeros deberes atrasados.” “Ok, ¿qué habéis encontrado?” nos preguntó el Príncipe Jake a Tobias y a mí. Tobias estaba en las vigas, su sitio habitual. le dijo a Marco. Marco tachó la palabra y la volvió a escribir. Para que lo escucháramos todos, Tobias dijo, le interrumpí. Todos excepto Tobias se me quedaron mirando. “¿Qué?” expliqué. “¡Oooh! Yo no pillo ese canal,” dijo Cassie. “Ax, ¿crees qué…?” “Siguiendo con lo nuestro,” dijo Marco, y cruzó las piernas. dijo Tobias. expliqué. “¡Hey!” dijo Cassie alarmada. “Lo he entendido. Nunca entiendo sus explicaciones técnicas. ¿Qué me está pasando?” Me sentí satisfecho de mi éxito al reducir a términos lo suficientemente simples una realidad mucho más compleja para que lo comprendieran mis amigos humanos. “No hay campo de fuerza, eso está bien. ¿Cuál es el problema entonces?” le preguntó el Príncipe Jake a Tobias. Respondí. dijo Tobias. “Así que si entramos, lo hacemos como vacas,” dijo Marco. “¿Vacas? ¿En un matadero? ¿Alguien más ve el problema? Votemos: ¿a quién le gustaría ser una vaca en una planta de empaquetamiento de carne?” continuó Tobias. “Claro. Inventario,” dijo Cassie. “Tienen que ser capaces de seguir el rastro de cualquier problema de salud en las vacas.” ¡Honk! ¡Honk! ¡Honk! ¡Honk! Un ganso comenzó a chillar y a hacer ruidos angustiosos mientras Cassie intentaba meterle una pastilla en la boca. “¿Entonces qué tenemos? Uno: necesitamos adquirir vacas específicas. Dos: tenemos que quitarles las etiquetas y ponérnoslas nosotros. Tres: tenemos que meternos en el camión y circular tres kilómetros sin tener que transformarnos. Cuatro: tenemos que meternos en la planta de empaquetamiento de carne y evitar que nos conviertan en un bistec. Cinco: descubrimos lo que está pasando que tiene a Visser Tres tan contento, y nos lo cargamos.” “Suena tan simple cuando lo pones en ese agradable orden de uno, dos y tres,” dijo Marco. “Has olvidado la seis: seis vacas en una planta de empaquetamiento de carne.” dije. Marco me señaló. “Escuchad a este tío.” “No hace falta que nos transformemos todos en vacas,” dijo Cassie. “El Gleet Biofiltro no elimina organismos dentro de organismos.” “No menciones la palabra ‘solitaria’,” le advirtió Rachel. Cassie se echó a reír. “Solitarias no. Pulgas. En la nariz de la vaca. Unos dos de nosotros en forma de vaca. Los otros van como pulgas. En la nariz.” Ahora todos se quedaron mirando a Cassie. Incluyéndome a mí. “Así que básicamente tenemos una elección. Podemos ir como hamburguesas… o como mocos,” dijo Marco. El Príncipe Jake se echó a reír. “Esta noche adquirimos las vacas y conseguimos los pendientes. Mañana es sábado. Nos encargamos de la misión principal mañana por la mañana. Ax va como hamburguesa. Si tiene que volver a su forma los yeerks verán un andalita, no un humano. Tobias será el otro. El resto—> “El resto conduciremos el express de moco vacuno,” dijo Marco. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 24:[/b] dijo Rachel. dijo Tobias. preguntó Tobias. dijo Rachel. Tobias volvía a ser halcón. Agitó las alas y se levantó del suelo, girando y esquivando los cadáveres despellejados y destripados. Rachel y yo tomamos la ruta más lenta: a través de los controladores humanos y sus cuchillos. Siempre intentamos no matar a ningún controlador. En particular a los humanos, ya que mis amigos humanos tienen una cierta simpatía sentimental por otros miembros de su misma especie. Así que íbamos con cuidado. Nos conteníamos. Yo utilizaba la cuchilla de mi cola con moderación. Pero era difícil. Me había asustado mucho. Tan asustado como no lo había estado nunca. Y aunque fuera irracional, estaba resentido con los controladores humanos que incluso ahora estaban intentando matarme. Nos abrimos camino a través de los controladores humanos. Nos abrimos camino entre los cadáveres correosos que flotaban en el transportador que había por encima de nosotros. Mis cascos pisaban sobre tripas desparramadas. Lo que encontramos al final del sangriento suelo del matadero fue otra batalla. El Príncipe Jake en forma de tigre. Cassie en forma de lobo. Marco en forma de gorila. Tobias, revoloteando y cayendo en picado para clavar y desgarrar. Estaban rodeados, atrapados, cercados por un ejército creciente de controladores humanos. Y peor aún: los hork-bajir iban entrando en la batalla desde dos direcciones. El Príncipe Jake se encontraba de espaldas contra una puerta cerrada. Rugía y rajaba y utilizaba su poderosa mandíbula, pero la situación era desesperada. Estaban acorralados. Rodeados. Atrapados. Rachel y yo podríamos habernos unido a ellos, pero nos habríamos metido en la misma trampa. gritó Rachel. Rachel volvió hacia mí su enorme y peluda cabeza de oso pardo, incluso mientras golpeaba a un controlador humano con el dorso de la mano y lo lanzaba volando. asentí. Rachel se puso a cuatro patas. Dejó escapar un rugido ronco y cargó. Ningún andalita acostumbrado a nuestra más pacífica vida animal podría entender lo que significa un oso pardo lanzándose a la carga. Incluso un buen número de humanos no podrían imaginarlo. Los osos pardos no son flexibles y gráciles como los grandes gatos. Son más como perros. Se mueven con un andar vacilante e irregular que al principio parece casi indeciso, como si fueran a parase en cualquier momento. Pero entonces empiezas a darte cuenta de lo grandes que son. Y empiezas a darte cuenta de que, torpes o no, son muy rápidos. Y empiezas a darte cuenta de que tú eres el enclenque, patético, débil e insignificante. Empiezas a darte cuenta de que este oso, este monstruo vacilante, peludo e imparable, puede matarte con el mero impacto de su hombro golpeándote. Vi todo esto reflejado en la cara de los controladores humanos que teníamos delante. Vi como su indiferencia se convertía en preocupación, y luego en terror y pánico, en cuestión de segundos, mientras Rachel se lanzaba a la carga. ¡HHHHHHHROOOOARRRHHHH! “¡Corred!” coincidieron muchas voces. “¡Manteneos firmes! ¡No huyáis!” gritó un hombre. Se plantó delante de Rachel. Se quedó firme. Durante aproximadamente un segundo y medio. Luego echó a correr. Cuando Rachel le fue a alcanzar, él le asestó un golpe con un cuchillo. El cuchillo le rasgo la piel. También podría haber intentado aplastar la cúpula de la nave andalita con la ramita de un árbol. Dos enormes hork-bajir salieron a su encuentro, haciendo destellar las cuchillas de sus brazos. Lancé mi cola a izquierda y derecha. Un hork-bajir caído. El otro vaciló el tiempo suficiente como para que lo dejáramos atrás. Nos metimos en el espacio defensivo de nuestros amigos. dijo Marco mientras hundía su puño de gorila en el estómago de un guerrero hork-bajir. gritó Rachel. Rachel se levantó sobre sus piernas traseras. Tenía que agachar la cabeza según iban pasando los cadáveres de las vacas, siempre moviéndose a un ritmo constante. Tendió sus garras y empujó todo su peso contra la puerta. ¡WHAM! ¡Nada! La puerta no cedió. Y ahora se oía un rugido triunfal de la masa apremiante y en continuo aumento de los guerreros enemigos, humanos y hork-bajir. Estábamos atrapados. En inferioridad numérica. Entonces oímos la odiada voz telepática que conocíamos tan bien. se regocijó Visser Tres. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Llegó el camión. Se metió en el barro. Dos humanos bajaron de él. “¡Hey! Eso no es un buey,” dijo el conductor. Su compañero asintió. “Está claro que no es un buey.” dijo Marco. Salió de detrás del camuflaje que le proporcionábamos Tobias y yo. “¡Es un gorila!” “¡Idiota! ¡Es un andalita transformado!” Los dos hombres se dieron la vuelta para salir corriendo. No llegaron muy lejos. Al fin tenía un blanco para mi agresividad de toro. Los alcancé fácilmente. Bajé la cabeza, alineé mis cuernos curvados, y cargué contra uno y luego contra el otro, en un área a la que los humanos se refieren como ‘el culo’. Volaron unos cuantos metros y aterrizaron de cabeza. Marco los sacó del barro. dijo Marco mientras golpeba sus cabezas la una contra la otra. Los humanos se quedaron inconscientes. dijo el Príncipe Jake. preguntó Rachel. “Oh, chico, ni lo menciones,” dijo Cassie. “Mi padre estuvo llorando sobre los retorcidos restos del camión.” continuó el Príncipe Jake. Esa parte resultó fácil. Los bueyes se sentían nerviosos con Tobias y conmigo. Alejarse de nosotros era un alivio, aunque eso significara subir una rampa hasta la parte trasera de un camión. Tobias y yo entramos los últimos. Cassie y Rachel se transformaron en moscas y volaron frenética y erráticamente hasta posarse en nuestras narices. Rachel estaba con Tobias, Cassie conmigo. Marco comprimió su enorme masa de gorila en una chaqueta vaquera y unos tejanos. Los zapatos eran, por supuesto, imposibles, dado el tamaño de sus pies. La piel artificial del propio Jake era enormemente grande. Pero él, al menos, era humano. Se puso un gorro –una cubierta para la cabeza- y lo bajó la ocultar sus rasgos. dijo Rachel en ese tono que reconocí como sarcasmo. dijo Cassie. preguntó Marco alegremente. Sentí una repentina sacudida. El camión se movió. Marcha atrás. Luego se detuvo. Una segunda sacudida. El motor rugió pero el camión no se movió. El sonido que escuché sugería metal arañando metal. dijo Marco. El Príncipe Jake debió de haber dicho algo. Porque entonces Marco contestó, refunfuñó Tobias. Más chirridos estrepitosos. De pronto, salimos disparados hacia delante. Los bueyes se tambalearon. Nos sacudímos y circulamos a lo largo del campo y Marco dijo, dijo Tobias. Oí un fuerte crujido. pregunté. dijo Marco. Unos pocos segundos después, un sonido muy similar. dijo Marco. Nos marchamos, carretera adelante. Tenía una visión muy limitada del exterior por el lado derecho. Veía los árboles pasar como ráfagas. Vi más campos con más vacas. Vi camiones de recogida, que hicieron sonar la bocina y a los conductores haciendo una especie de gesto de saludo con un dedo alzado. Se me ocurrió que los vehículos que venían en dirección contraria no deberían pasar por la derecha. dijo Tobias. Ya podía ver el largo y bajo edificio de la planta de empaquetamiento de carne. Nos estábamos acercando. Sentí un torrente de emoción. informó Marco. De pronto el camión viró bruscamente. Yo –y cada uno de los animales de la parte de atrás- caímos hacia la izquierda. Miles de kilos de peso de buey acababan de desplazarse hacia la parte izquierda del camión. Justo cuando el propio camión giraba hacia la izquierda. gritó Marco. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 13:[/b] Escapamos. Los chimpancés auténticos nos siguieron. Durante un rato. Pero demostraron que era imposible organizarlos. Cassie hizo todo lo que pudo. Todos lo hicimos. Pero los chimpancés, aunque inteligentes dentro de los estándares de los animales no-humanos, siguen siendo limitados. Demasiado limitados incluso para comprender su propia libertad. Mientras corríamos y saltábamos y nos colgábamos por el laboratorio, los verdaderos chimpancés se dispersaron, distraidos por las luces deslumbrantes y los objetos brillantes. ¿Cómo puedo describir lo que vimos mientras corríamos de habitación en habitación buscando una salida? Los chimpancés no eran las únicas criaturas que usaban para experimentar. Había monos más pequeños. Ratas. Perros. Pronto me di cuenta de por qué los humanos preferían dibujar una línea arbitraria entre ellos y otros animales. Si a los humanos los hubieran utilizado como a estos animales, la única palabra apropiada habría sido tortura. Tortura. Útil, sin duda. Justificable por motivos médicos, probablemente. Y mi tarea no es juzgar a los humanos. Pero esta conducta suya me preocupaba. Cuando oscureció aquella noche, me puse a correr en campo abierto para alimentarme. Era noche cerrada. Incluso las luces del vecindario donde vivían los otros parecían turbias. La única luna de la Tierra parecía sólo una astilla en el cielo. Era una diferencia visible entre la Tierra y mi planeta. Pero me estaba dando cuenta de que las diferencias que no podían verse importaban mucho más. Las criaturas andalitas viven en una armonía mucho mayor que los animales de la Tierra. Pensé en los pájaros kafit, los hoobers y los djabalas. Practicábamos transformándonos en esas criaturas, pero enjaularlas, matarlas, comérnoslas, era algo impensable. Éramos criaturas del mismo mundo. Pero como Marco, o quizá Rachel, dijo una vez: La Tierra es un barrio duro. La competitividad por la supervivencia en la Tierra es brutal. Es un planeta lleno de poderosos y violentos depredadores. Depredadores equipados con enormes dientes, blindaje impenetrable, garras que podrían abrir el cuerpo de un andalita de punta a punta. Y aún así es el [i]Homo Sapiens[/i], con su débil mandíbula y garras puramente simbólicas, con su piel suave e indefensa, quien manda. Durante millones de años nosotros los andalitas no hemos sentido la opresión de otras especies. Con nuestra velocidad y nuestras colas no tenemos rival en nuestro planeta natal. Para los humanos es distinto. Son parte de este planeta donde incluso ahora los humanos son presa de animales más fuertes. Quizá eso explica las extrañas e incoherentes actitudes humanas hacia otras especies de la Tierra. A algunas las cuidan y las miman. A algunas las protegen. A otras las usan. Y aún otras son aniquiladas. ¿Y no sería más sensato comerse a los animales que amenazan a los humanos, y no a esos totalmente inofensivos como las vacas? Ciertamente no escogemos a ese tipo de animales para las formas de batalla. Y abusar de los chimpancés, animales casi idénticos al [i]Homo Sapiens[/i], se acerca mucho a la visión de moralidad de un taxonita. me recordé a mí mismo. Probablemente yo no era la persona más indicada para juzgar los hábitos humanos. Mis conocimientos de la evolución humana consistían en que ésta empezaba con cazadores-recolectores. Los humanos nunca han tenido la opción de dedicarse simplemente a pastar. Cuando volví a la paleta, encendí la televisión después de hacer unos pequeños ajustes. Me acerqué para cambiar los canales, observando como se proyectaban los colores y las personas. Una mujer cantando. Un presentador informando de que un buen número de ciudadanos locales habían sido declarados desaparecidos. Dientes, y pasta de dientes. Una hamburguesa con queso. Parecía deliciosa. Apagué la tele. Se oía un batir de alas por encima de mí. Tobias buscaba donde aterrizar, apretando entre sus garras un rectángulo negro de plástico. Lo soltó mientras abría las alas para agarrarse a la rama más cercana. Lo recogí. Botones grises con números y flechas cubrían una de sus caras. ¿Un mando a distancia? ¿A qué distancia se refería? Abrió las alas y bajó de la rama. Encendí la tele y me senté en la paleta, lo suficientemente lejos como para no alcanzar el televisor. Apunté y pulsé la flecha “arriba”. Las imágenes se volvieron borrosas y los sonidos se mezclaron mientras el mando cambiaba los canales. ¡Maravilloso! Consumiría aún menos calorías por canal cambiado. Cuando me di cuenta del tiempo que podía ahorrarme… Tobias ladeó su elegante cabeza hacia mí. Levanté la mirada de la televisión. Phoebe estaba tocando la guitarra en Central Park. Tobias saltó hacia el televisor y echó un vistazo a la parte trasera. Agarró con su pico una pieza de fino cable negro. Tobias lo soltó rápidamente. Me sorprendí. [i]Friends[/i] había terminado. Pero me alegraba volver a usar el mando. Tobias giró de pronto su cabeza hacia el televisor. Volví rápidamente al anterior canal. “… nadie salió herido,” decía una mujer rubia. Detrás de ella un pequeño cuadro mostraba a un chimpancé siendo introducido en una jaula. “Los chimpancés fueron capturados finalmente poco después de las seis, aunque el tráfico en la calle Broad estuvo detenido durante dos horas mientras los cuidadores de Los Jardines intentaban atraparlos.” dijo Tobias. asentí. “Nadie ha informado de la desapareción de los chimpancés, pero ha habido mucha especulación a cerca del lugar de dónde han salido,” continuó la mujer. “Un testigo declara haberlos visto saltar desde la parte trasera de un camión, pero no se ha localizado dicho camión.” Tobias y yo nos quedamos mirando el uno al otro. Apagué la televisión. dijo Tobias. vacilé. Asentí, un hábito que he adquirido de los humanos. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 11:[/b] Los seis nos pusimos a lanzar deshechos biológicos. Entonces, los chimpancés de verdad, reconociendo el juego, se unieron. El aire se llenó de ese producto. Visser Tres quedó cubierto en cuestión de segundos. También sus ayudantes controladores humanos. Los cuatro emprendieron una rápida retirada por donde habían entrado. gritó Rachel entusiasmada. Cassie era un chimpancé completo otra vez. La táctica había tenido éxito de forma brillante. Entonces, del otro lado de la puerta, llegó por habla telepática el sonido de la rabia de Visser Tres. Le lancé una mirada al Príncipe Jake. Uno de los controladores humanos debía de haber discutido con Visser. ¡WHAM! La puerta se abrió de golpe. Un controlador humano aterrizó en el suelo. Una de sus manos había sido reducida a un muñón. La mano yacía a su lado. enfureció Visser Tres. Su voz se redujo a un tono siniestro, insinuante, de falsa cordialidad. “¡S-s-s-sí, Visser!” preguntó Visser amablemente. Lanzó su cola y acarició el cuello del controlador humano con la hoja. “¡NO! No, Visser Tres. ¡Nunca!” Visser retiró la cola. Se inclinó y recogió la mano amputada del controlador humano. La miró con interés y luego se la lanzó al hombre herido. Se volvió y echó a andar, pero de pronto se detuvo. Visser Tres desapareció. Un controlador humano sujetaba su propia mano. Los otros dos estaban muy pálidos. Visser Tres no es un líder que crea que es importante ser amable con los subordinados. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 16:[/b] Nos quedamos esperando, congelados. Mis amigos intentaban ver a través de la oscuridad. Un rayo desgarró el cielo e iluminó el vehículo que se aproximaba. dijo Marco. se preguntó Rachel. dijo Marco. sugerí. dijo Rachel. Aterricé cerca de un grupo de bueyes. Estaban por ahí, haciendo ruidos por lo bajo de vez en cuando. La presencia de un búho en medio de ellos les era indiferente. Me concentré en transformarme. En cuestión de segundos, me estaba elevando del embarrado suelo repleto de caras de vaca. Crecía más y más. Las plumas iban dando lugar a mi lustroso vello azul. Para mi alivio, surgieron mis ojos móviles. Es genial tener la visión nocturna de un búho. Pero te crispa los nervios el no ser capaz de ver en todas direcciones a la vez. Es como estar medio ciego. Durante un momento pensé que los bueyes se iban a asustar. No ocurrió. Sin embargo, decidieron alejarse de mí. Intenté quedarme con ellos –algo no muy fácil de conseguir cuando tienes dos diminutas patas saliéndote del pecho, y tus patas traseras no son más que enormes garras. Me tambaleé y caí de boca sobre el fango. Se proyectó un relámpago. Estalló un trueno. Y oí a Marco decir, Continué transformándome. Llegados a este punto, era más aconsejable completar la forma y convertirme enteramente en andalita. Como andalita posiblemente podría hacerme pasar por buey. Pero en mi condición presente yo no era más que una horrorosa mutación genética. Cuando me levanté del barro, también vi las luces de los faros iluminando la lluvia, que había empezado a calmarse. Apreté los brazos contra mi cuerpo. Bajé la cola en línea con mi espalda, lo que alargaba mi perfil. Incliné la cabeza, haciendo todo lo que pude para simular la cabeza de un buey. Incluso coloqué mis ojos móviles de forma que parecieran cuernos. No era un engaño tan malo, después de todo. Me sentía orgulloso de mí mismo. Pero también un poco avergonzado. Los bueyes son animales claramente sin conciencia. Mi habilidad para hacerme pasar por uno simplemente divirtió a Marco. nos advirtió Rachel. Lo hice lo mejor que pude. Me coloqué de perfil hacia la carretera. Parecía más vacuno desde ese ángulo. Entonces… gritó Rachel. dijo Marco secamente. Oí las risitas chillonas y casi histéricas. Y ahora podía ver a los humanos, cuatro, intentando saltar la valla para entrar en el campo. Uno se cayó en el barro. Los otros se echaron a reír. dijo Marco. Los cuatro jóvenes machos se tambalearon, y se revolcaron, y medio gatearon para entrar en el campo. Uno de ellos arremetió contra un buey. Falló y se cayó al suelo. Se quedó tendido sobre su espalda, sin moverse. Los otros tres se dirigían hacia mí. Si me movía, no me movería como un buey. Mi mejor plan consistía en quedarme quieto. Era bastante probable que los humanos no me hicieran ni caso. Pero esa esperanza no duró mucho. Los humanos venían hacia mí. Divagaban y zigzagueaban, pero el trazo esencial de sus rodeos era hacia mí. les pregunté a los demás. dijo Tobias. admitió Marco. dijo Rachel exasperada. dije. dijo Rachel indignada. dijo Tobias. sugerí. Los tres humanos ebrios se acercaron y se detuvieron. Incluso estando parados, seguían tambaleándose y meciéndose, como si les estuviera azotando un viento muy fuerte. “Tío, esta vaca es muy rara,” dijo uno de los humanos. “¿Vaca? Eso no es una vaca, tío, a menos que yo esté muy—” ¡Fwapp! ¡Fwapp! ¡Fwapp! Hice chasquear mi cola tres veces. ¡Shlump! ¡Shlump! ¡Shlump! gritó Marco. expliqué. dijo Rachel riendo. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 23:[/b] Empecé a transformarme. ¡No había tiempo! ¡BANG! Otro buey muerto. Intenté no seguir avanzando. “¿Qué es lo que pretenden trayéndonos toros?” gruñó un hombre. Se acercó a mí. Llevaba un palo con dos pequeños dientes al final. Levantó el palo y— ¡Zzzzapppp! El dolor era increíble. Avancé sin quererlo. ¡Más cerca! Había dejado de transformarme. me grité a mí mismo. ¡BANG! El último buey que había delante de mí murió. Volví a resistirme. ¡No! ¡No! ¡No! Clavé mis cascos en el suelo. Pero ya me estaba transformando, y de los enormes cascos del toro estaban emergiendo mis propios cascos, más delicados. A penas podían sostener mi propio peso. El hombre de los grilletes lo vería. ¡Pero sería demasiado tarde! ¡Zzzzaaapppp! ¡Zzzzaaapppp! El hombre azotó el palo dos veces. Una sobre mi trasero. Otra más, bajo mi barriga. ¡El dolor! gritó Tobias. Me tambaleé. ¡Pero me tambaleé… hacia delante! Mi cabeza se despejaba muy lentamente. ¡Foooosh! Los lados de la rampa me oprimían, sujetándome, manteniéndome inmóvil. ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! gritó Tobias. Mis ojos se humedecieron. Mi cabeza estaba anegada. Me sentía confuso, perdido, aturdido. Miré a mi derecha. El tipo del arma venía a por mí. Directo hacia mí. Podía ver el dedo del hombre sobre el gatillo. Entonces… una nueva forma. Grande… marrón… avecinándose por detrás del hombre… dijo Rachel. Descargó una enorme garra de oso pardo. El hombre de la herramienta mortal cayó como lo habían hecho los bueyes. preguntó Tobias enfadado. respondió Rachel. Me di cuenta de que estaba temblando. Agitado. Los demás humanos corrían. La mayoría alejándose. Algunos corriendo hacia nosotros. Hacia el oso. No podía dejar de temblar. No podía detener la agitación. Me estaba transformando y seguía temblando. Pero incluso así, me fijé en los humanos que se acercaban al oso en vez de huir de él. Controladores, claro. Los humanos normales intentarían escapar. Los controladores que hubiera entre ellos sabían lo que significaba ese oso. Sabían –o creían que sabían- que era un andalita transformado. Docenas de ellos dejaron sus puestos, cogieron largos cuchillos, sierras eléctricas, y vinieron a por nosotros. dijo Rachel. Se agarró los dos lados de la rampa con sus garras y tiró. La madera se quebró con facilidad. Empujé hacia delante, hacia un lado y hacia otro. Y justo en ese momento, mis ojos móviles empezaron a funcionar y pude mirar hacia atrás y ver mi propra cola. Mi rápida, mortal y certera cola. Era un animal que comía hierba, como los que habían llenado este lugar mortal. Pero yo no era una vaca. gritó Tobias. Un controlador humano se lanzó a por mí cargado con una enorme sierra eléctrica. La sierra rugía. ¡FWAPP! Ahora el que rugía era el controlador humano. dije. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]
[b]Capítulo 27:[/b] “En los anales de las misiones estúpidas, fastidiosas e inútiles, ésta ha sido la más estúpida y la más inútil de todas,” dijo Marco. Era el día siguiente. Estábamos en el centro comercial. En el palacio de la comida. El palacio de la comida es una especie de templo de manjares exquisitos. Yo estaba en forma humana, naturalmente. Lo que significaba que tenía boca. Tobias también era humano. Y pronto, muy pronto, en cuanto Rachel terminara de hacer cola, yo tendría un delicioso bollo de canela. “Vamos, todo este lío, ¿y para qué? Por una conspiración yeerk que ya era un completo fracaso. Podríamos habernos quedado en casa.” “Liberamos a algunos chimpancés,” dijo Cassie. “Y también a algunos humanos, lo que, Marco, es incluso mejor.” Marco se echó a reír. “Oh, vamos, sabes que eres una abraza-árboles amante de los animales sin remedio. Venga. Ahora llevas puestas unas sandalias, ¿a que sí? Confiésalo.” Rachel volvió con una bandeja de comida. Incluyendo mi delicioso e increíble bollo de canela. Repartió otras varias cosas entre mis amigos. Entonces, al fin… ¡el bollo! Empecé a comérmelo, llevando cuidado de no comerme también el envoltorio, ya que he descubierto que es algo que se considera inapropiado. “Aquí está tu hamburguesa, Marco,” dijo Rachel. “¡Oh! No puedo creerlo. ¿Una hamburguesa?” dijo Cassie. “¿Después de que a Ax casi lo hicieran picadillo? ¿Después de haber estado en un matadero?” Marco abrió la boca y dio un gran mordisco. Se puso a masticar mientras todos le mirábamos. La hamburguesa parecía muy jugosa, con una buena cantidad de sabrosa grasa. Rachel empezó a tamborilear en la mesa con los dedos y miró a Marco con una expresión indescifrable. El Príncipe Jake también se le quedó mirando. “Ahora mismo vuelvo,” dijo Rachel, y se levantó. “Traéme una a mí también,” dijo el Príncipe Jake. “Con extra de pepinillos.” “¡Mmmfff!” dije, incapaz de hacer los correspondientes sonidos bucales por el gran bocado de bollo a medio masticar. “Que sean tres,” dijo el Príncipe Jake. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]

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