#29 La enfermedad

Sinopsis:

Algo grave le pasa a Ax. Está enfermo. Y los Animorphs no saben que hacer para solucionarlo. No pueden llevarlo al hospital. No saben como contactar con el planeta Andalita. Y Ax se está muriendo.

Cassie y los otros Animorphs tienen un plan. Pero se basa en la localización de una nueva entrada al estanque Yeerk. Sólo hay un problema: Jake, Rachel, Tobias, y Marco se han contagiado de la enfermedad de Ax. Y ahora, por primera vez, Cassie está sola…

Datos del libro:

El libro tiene 28 capítulos que ocupan 152 páginas.

Narrador

Cassie siempre ha sido la encargada de “leer” a las personas, de aconsejar a Jake y de mantener la moral del grupo a buen nivel. Pero ahora que los Animorphs están cayendo uno a uno se encuentra sola y con una gran tarea por delante. Ahora tiene que actuar como líder, estratega, cirujana y mucho más –y todo antes de que sea demasiado tarde para sus amigos.

Una enfermedad está afectando a los Animorphs. Primero fue Ax, luego Jake, y en seguida todos, excepto Cassie. Los demás parecen tener sólo una gripe normal, pero el caso de Ax es mucho peor. Si no le operan pronto, se va a morir.
Por si todo eso no fuera ya lo suficientemente malo, ahora resulta que Aftran, el yeerk con el que Cassie hizo un trato hace mucho ha sido capturado por Visser Tres y está pendiente de que lo interroguen. Cassie tiene que salvarla, o bajo tortura puede que Aftran confiese los secretos de los Animorphs. ¿Podrá Cassie liberar a Aftran y salvar a Ax antes de que alguno de los dos muera? ¿O será demasiada presión para Cassie?

Nuevos personajes

Sr. Tidwell: profesor de la escuela de los Animorphs controlado por el yeerk Illim. El señor Tidwell es un pordador voluntario ya que Illim es un yeerk del movimiento pacifista del imperio.

Nuevas palabras

Glándula tria: glándula situada en la parte posterior de la cabeza de los andalitas que separa los órganos enfermos del resto del cuerpo.

Yamphut: una enfermedad infecciosa provocada por la hinchazón de la glándula tria. Y finalmente.

Movimiento Pacifista Yeerk: iniciado por la alianza entre Cassie y Aftran, se centra en la simple oposición de algunos yeerks a esclavizar criaturas inocentes.

Transformaciones

Cassie se transforma en anguila (35) y en el yeerk Illim (36). Jake (36), Rachel (35) y Marco (36) también adquieren la anguila.

Aftran adquiere una ballena jorobada (1) y se queda atrapado a propósito en esa gloriosa forma. Visser Tres se transforma de nuevo en otra criatura sin nombre (18), una especie de ojo gigante con largos tentáculos donde deberían estar las pestañas.
[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Cassie. Desearía poder decirte mi nombre completo. Porque eso significaría que sólo soy una chica normal y agradable. Pero no lo soy. Ni normal, ni agradable. Vale, mis amigos creen que soy agradable. Marco siempre dice que abrazo árboles. Pero no lo hago realmente, sólo me preocupo por ellos. Lo que me hace agradable, ¿no? Una chica que se preocupa por los árboles tiene que serlo. A menos que esa chica también haya rasgado la garganta de una criatura viva con sus dientes desnudos. Como yo hago. Estaba transformada en lobo, sumergida en una batalla. Siete Hork-Bajirs contra seis de nosotros. Jake dió la orden de retirada. Y un poco antes de que lo dijera, o un poco después, desgarré la garganta del Hork-Bajir con el que estaba luchando. Espero que fuera un momento antes. Espero que no hubiera ido a matar cuando podría simplemente haber corrido. Pero no estoy segura. Ésto es por lo que no creo que pueda ser calificada de agradable. Probablemente tienes una pista de por qué no se me puede calificar de normal. Aquí esta la versión corta: Un príncipe andalita llamado Elfangor nos dió el poder de la transformación a mí y a cuatro de mis amigos. Él sabía que se estaba muriendo, y no quería dejar la Tierra sin defensa contra la invasión yeerk. Nos mostró una pequeña caja azul. Presionamos nuestras manos contra ella. Y cambiamos. Este cubo mórfico estuvo perdido un tiempo, ahora es nuestro otra vez. Lo usamos una vez, para añadir un nuevo animorph al grupo. Después tuvimos que eliminarle. Y tenemos la caja azul desde entonces. Desde aquella noche en el solar en construcción, desde aquel cambio, nosotros cinco, más el hermano pequeño de Elfangor, hemos luchado contra los yeerks. Los yeerks son parásitos. Un yeerk entra en un portador a través del conducto auditivo, y lo domina completamente. El portador no puede ni rascarse si el yeerk no quiere hacerlo. Nosotros llamamos a una criatura que ha sido dominada un Controlador. Debes estar pensando que los yeerks son pura maldad. Pero déjame contarte como es un yeerk cuando no está en el portador. Los yeerks son básicamente babosas grises. Sin manos, sin piernas, sin ojos, sin orejas. Si un yeerk quiere ser libre, libre para moverse de verdad, libre para ver la belleza del mundo a su alrededor, libre para oír música o simplemente para escuchar el sonido de la lluvia en las hojas, si un yeerk quiere tener ésto, tiene que tener un portador. Si un yeerk quiere ser libre, tiene que convertir a una criatura libre en esclava. ¿No es una decisión fácil, verdad? Yo sé algo de decisiones difíciles. He tomado muchas desde que soy un animorph. Y una de las más duras fue si quería ser una animorph con todo lo que ello conlleva. Por que sé que cuando –si pasa– todo esto acabe, puede ser muy tarde para volver a ser agradable o normal otra vez. Como he dicho, sé algo sobre decisiones difíciles. –Entonces, Cassie, aquí están tus opciones. Si estuvieras en una isla desierta, a quién querrías tener contigo: ¿Baby Spice o Marco? –¿Qué?–Fue todo lo que se me ocurrió contestar a la pregunta. –Es el juego de la isla desierta –replicó Rachel– Eliges dos personas molestas. Entonces tienes que elegir con cual de ellas dos estarías mejor en una isla desierta. Miré a través de la cafetería a Marco. Él y Jake estaban sentados en una mesa cerca de las ventanas. –Marco no es… –empecé. Rachel me cogió por el brazo. –Eh, calla. Escucha a Allison y a Brittany.–me susurró. Cogí mi yogur de la bolsa e intenté escuchar sin que se notara que lo hacía. Allison y Brittany estaban sentadas en el otro extremo de nuestra mesa. –A lo mejor le digo de ir al baile, –dijo Allison. ¿Esto es lo que Rachel quería que escuchara? –Hazlo –le urgió Brittany– Jake es tan mono. Espera. ¿Ha dicho Jake? ¿Jake? ¿O algún otro Jake? Eché una ojeada a Brittany y Allison. Ellas dos miraban a Jake. A Jake, el líder de los animorphs. A mi Jake. Ahora probablemente estás pensando en nosotros paseando por la escuela de la mano, a lo mejor besándonos por las taquillas antes de clase. Pero no es así. Es más un tipo de cosa interior. Sólo nos hemos besado una vez. Aunque me gustaría que pasara otra vez. Pero la mayoría de la gente no tiene ni una pista de que estamos juntos. Obviamente. –Eh, Allison. Eh, escucha.–Allison miró hacia nosotras y Rachel movió la cabeza lentamente. –Oh, oh. No deberías pensar eso. Jake está con Cassie. Mi cara se calentó y ambas, Brittany y Allison, empezaron a mirarme. No soy guapa como Rachel. Y admito que a veces tengo un poco de caca de pájaro en mis vaqueros. Gasto un montón de tiempo ayudando a mi padre a cuidar a los animales en el Centro de Rehabilitación de la Fauna Salvaje, que está en nuestro granero, y los pájaros, siendo pájaros, hacen caca. Pero esta sustancia no le importa a Jake. Yo sé lo que él siente por mí. Allison echó su larga cola de caballo rojiza sobre su hombro.–No parece que Cassie y Jake estén juntos –le dijo a Rachel–. Él está sentado allí. Ella está aquí. Allí, aquí. Allí leeejos es lo contrario de aquí. –Sí –Brittany se metió en la conversación– ¿Jake le ha pedido para ir al baile? Ellas nunca me preguntaban a mí. Actuaban como si fuera invisible. Estoy acostumbrada a eso. Rachel es una de esas personas que parecen ir por la vida con un foco de luz alumbrándolas todo el tiempo. –¿El baile? Claro que le ha pedido ir al baile.–dijo Rachel. Entonces cogió mi yogur en una mano y mi mochila en la otra. –Allison, Brittany, nosotras, Cassie y yo, nos vamos a ir allí. Allí leeejos. Rachel cruzó la cafetería hacia Marco y Jake. No tenía elección, así que la seguí. –Tú y mi primo me volvéis loca –dijo por encima de su hombro. –Jake puede enfrentarse a la muerte cada día, pero no se atreve a pedirle un baile a una chica. Y tú no eres mejor. –¿Yo? ¿Y qué se supone que debo hacer?–protesté. –Buf. Hasta Allison cabeza-hueca lo sabe.–dijo Rachel. Rachel se sentó al lado de Marco. Puso mi yogur al lado de Jake. Cogí la indirecta y me senté al lado suyo. –Vamos a ir al baile el jueves por la noche –informó Rachel a Jake.–Y tú vas a llevar a Cassie. Jake se atragantó con sus macarrones con carne. Marco empezó a darle golpes en la espalda. –Entonces, Rachel, adivino que eso significa que quieres una cita también, ¿no? –dijo Marco–. Creo que podré hacer un sitio en mi ocupada agenda. –¡Mirad eso! ¡Un cerdo volador! –exclamó Rachel. Entonces, –Oh perdón, me he equivocado. Por un momento creí haber visto un cerdo volador. Pero no. Y esa sería la única manera de que saliese contigo. Jake se había recuperado. Su cara estaba roja. Yo esperaba que dijera que no podríamos ir al baile. Creía que diría que teníamos que pasar aquella noche luchando contra los yeerks o algo así. Pero Jake simplemente me sonrió. –Podríamos pasar una noche haciendo algo agradable y normal. –Oh, no.–gimió Marco. –¿Qué? –Cada vez que hemos probado a hacer algo agradable y normal ha terminado siendo algo desagradable y raro –dijo–. Cada vez. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor[/b]
[b]Capítulo 2:[/b] El baile Imaginad la música alta. Imaginad patatas fritas, salsas y un cuenco con todo mezclado. Imaginad las luces bajas, la decoración, los maestros en las habitaciones de descanso discutiendo si podrían hacer huelga. Imaginad la mayoría de chicos con chicos, las chicas con las chicas. Pero muchos intercambios de miradas. No es mi tipo de sitio, la verdad. Rachel me había obligado a ponerme un vestido. Me había arrastrado por el centro comercial, vistiéndome como si fuera su Barbie. Llevaba unos zapatos con los que no podría haber corrido. Y también estaba maquillada. Sentía que estaba haciendo el mayor y más obvio ridículo de la historia. –Ax-man, alguien te está mirando mucho –dijo Marco. No me sorprendí de que Ax llamara la atención. En su forma humana es mono. Bastante más que mono, la verdad. –No es verdad. Me mira a mí –dijo Tobias. Dio una rápida ojeada a Rachel para ver como reaccionaba ante la idea de que otra chica le estuviera echando el ojo. –Vaya. A lo mejor después del baile te la puedes llevar a tu árbol –dijo Rachel, volviendo los ojos hacia Tobias. Tobias rió. –Eh, las polluelas se vuelven locas por las plumas –volvió a reír– Lo siento, Ax puso Austin Powers la otra noche. Miré a Allison. Marco tenía razón. Estaba mirando a Ax. Seguramente creía que si no podía tener a Jake, iría a por el guapo chico nuevo. No es que Tobias no fuera guapo. Y puede pasar por un chico nuevo. Iba a nuestra escuela, cuando era humano. Antes de que se quedara atrapado en el cuerpo de un ratonero de cola roja. Ahora nadie parece reconocerlo. La verdad es que es totalmente diferente del chico intimidado que solía ser. No proyecta la imagen de “soy-un-chico-débil-así-que-ven-y-aterrorízame” de antes. En parte es porque vive una vida donde todo el tiempo hay peligro. Y porque ha olvidado como expresar emociones con la cara. Sonreír cuando está feliz no es natural para él, porque los halcones no sonríen. Ahora cuando la gente lo mira, se fijan más en la extrañeza de su cara pálida que en la cara en sí. –¿Mirándome mucho? ¿Eso qué quiere decir?–pregunto Ax. –Quiere decir que le atrae tu forma–le contó Marco– Quiere decir que quiere tu cuerpo. Ax empezó a ponerse nervioso. –¿Mi cuerpooo?¿Cuerpo, cuerpo, cueeerpoo? Normalmente Ax no tiene boca. Cuando es humano. Con boca, puede ser… inusual. –Está preparando su jugada –siguió Marco–Aunque si quieres librarte de ella, sólo tienes que decir cueeer-pooo como ahora unas cuantas veces más. –Cuuer-po. Cuuerrrpooo–repitió Ax, jugando con los sonidos. Desde luego, si Allison viera el verdadero aspecto de Ax, saldría corriendo y chillando en la dirección contraria. El cuerpo de Andalita de Ax es raro. Raro y bonito e impresionante también: un cuerpo de ciervo azul y marrón, una gigantesca cola de escorpión, unos brazos pequeños, una cabeza humanoide sin boca y con dos ojos adicionales en las antenas. Allison se puso delante de Ax. Sonrió y sacudió su melena pelirroja. –Hola. Quería preguntarte si tú, ya sabes, ¿quieres bailar?–dijo. Ax movió la cabeza.–Me gustaría mover mis pezuñas artificiales al ritmo de la música contigo. Pero no puedes tener mi cuerpo. Mi cuerp. Oo. Mi cu. Erpo. Allison se alejó. –Ah. Oh. ¿Sabes qué? He oído a mi amiga llamándome –dijo. Se dio la vuelta y se fue. Se me escapó una carcajada. No pude evitarlo. La expresión de la cara de Allison… –Cue. Rpo.–Repetía Ax.– Me encanta la manera en la que mi lengua choca con el paladar cuando digo esto. Errrpoo. ¡Oh! ¡Comida! ¿Tienen los deliciosos sabores de grasa, sal y azúcar por aquí? Ax también disfruta usando su boca para comer. Hasta un peligroso extremo. A veces cuando le veo experimentar el sentido del gusto me encuentro pensando en los yeerks. Cuando ellos entran en un portador, experimentan montones de sensaciones nuevas. Apenas puedo imaginar que deben sentir. Elijo una cosa, como el color. Entonces cierro los ojos y pruebo a imaginar que nunca he visto ningún color de ningún tipo. Cuando abro los ojos, el montón de colores a mí alrededor me marea. Y el color es sólo una parte de la vista. Y la vista es sólo una de las nuevas sensaciones que los yeerks experimentan en un portador. Yo no molesto a mis amigos contándoles lo que pienso sobre esto. Ninguno de ellos está interesado en considerar las delicias que un Yeerk puede encontrar en un portador. No se lo reprocho. Los Yeerks son el enemigo. Es más fácil para nosotros hacer nuestro trabajo si los vemos como el mal. Puro mal. Muevo la cabeza y me digo que un baile no es para ponerse filosófico. Especialmente mi primera cita con Jake. Una cita con un vestido moderno. Y maquillada. Presté atención a la conversación. –¿Baby Spice u Oprah?–Estaba diciendo Marco, mirando pensativamente a Rachel. –¿Qué tienes en contra de Oprah? –Ella está en mi lista de “gente sobre la que he oído demasiado.” –¿Tienes una lista de verdad?–preguntó Tobias escéptico. Sonreí. Era una conversación tonta, normal, sin sentido. Es bonito ser normal de vez en cuando. Jake debía haber sentido lo mismo. Nuestros ojos se encontraron. –¿Quieres bailar? –No lo hago muy bien–le dije. –Yo bailo como un leñador–dijo Jake. –Como un leñador que se ha cortado una pierna –intervino Marco, servicial.–Como un leñador que la pierna que le queda es un tocón de árbol y… Jake me cogió de la mano y me llevo a la pista de baile. La pista de baile, antes conocida como la cancha de básquet. Y ahora estaba bailando. Con Jake. Di una pequeña pirueta de felicidad. ¿Es horrible admitir que esperaba que alguien nos estuviera viendo? ¿Especialmente Allison? Aunque es horrible, es la verdad. Me gustaba la idea de que alguien supiera que yo, Cassie la de vaqueros-a-veces-manchados-de-caca-de-pájaro, estaba con Jake. Jake me sonrió. Tenía una gran sonrisa, que siempre parecía un poco fuera de lugar. Simplemente porque él suele ser tan intenso, tomando decisiones de vida o muerte para nosotros. Tomando decisiones más difíciles de las que yo jamás tomaré. Le devolví la sonrisa e hice otra pirueta. Divisé a Ax, Marco, Tobias y Rachel bailando en grupo cerca de nosotros. Esperaba que Rachel y Tobias tuvieran una oportunidad de alejarse y tener un baile ellos solos. Intenté atraer la mirada de Rachel. Quería darle algún tipo de señal para que ella y Tobias no perdieran toda la noche con Ax y Marco. Pero los ojos de Rachel estaban fijos en Ax. Y mientras yo la miraba, una expresión de asombrado horror cruzó su cara. ¿Qué era lo que iba mal? Moví mis ojos hacia Ax, y sentí como mi cara cambiaba mostrando una expresión igual a la de Rachel. ¡La cabeza de Ax! Un bulto encima de la cabeza de Ax estaba latiendo al ritmo de la música. –Tenemos un problema –le susurré a Jake. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 3:[/b] Jake y yo nos abrimos camino empujando a través de la masa de cuerpos que se sacudían, giraban, saltaban. Cuando nos reunimos con el grupo, Marco se había quitado la camisa. Empezó a doblarla como un pañuelo para la cabeza. ¡Boing! El ojo adicional de Ax salió del bulto. Hice una rápida revisión del gimnasio. ¿Lo había visto alguien? No. Todo el mundo estaba ocupado bailando. O esperando que alguien les preguntara si querían bailar. O animándose para pedírselo a alguien. Rachel arrebató la camisa de las manos de Marco y la enrolló alrededor de la cabeza de Ax. Y así son las cosas de Rachel, incluso en una crisis: Le quedaba realmente bien. –Ax, estás empezando a transformarte. Tienes que parar –le dijo Jake. Ax se reía tontamente.–Transformarse. Traa, traa. Es un sonido precioso. ¡Traa! –Está delirando –dije. Sentía que la adrenalina empezaba a bombear por mi cuerpo. Estábamos en una situación muy delicada. –Otro traa, –dijo Ax feliz, tambaleándose. Oí un sonido suave, esponjoso. Y un parche de pelaje azul brotó en el cuello de Ax. –La habitación del material debe estar vacía –dijo Jake. A la derecha de las gradas. La zona más lejana. ¡Moveos, moveos, moveos! Formamos un círculo alrededor de Ax y cruzamos el oscuro y ruidoso gimnasio tan rápido como pudimos. Alcanzamos la puerta de la habitación de material. Agarré el pomo. Lo giré. Cerrado. –Por las ventanas del vestuario de los chicos –dijo Marco. –Siempre hay dos profesores vigilando allí –le recordó Jake. –No en el de las chicas –replicó Rachel. –Id recto por detrás del potro. La pared de enfrente nos cubrirá –ordenó Jake. –¿Me estás diciendo qué no hay profesores controlando el vestuario de las chicas? –protestó Marco– ¡Eso es injusto! Nos apretamos entre el potro y la pared, arrastrando a Ax de la mano. –Nos encontraremos en el parking –dijo Jake cuando alcanzamos la puerta del vestuario. Él, Marco y Tobias soltaron a Ax y fueron hacia la salida principal. Abrí la puerta de un tirón. Y Brittany y Allison salieron envueltas en una nube de perfume Love’s Baby Soft. –¡Ella quiere mi cuerpo! ¡Cuerrpooo! ¡C’rpoooo!–gritó Ax aterrorizado. Se soltó de nosotras y corrió hacia la salida del gimnasio. –¡Está yendo hacia Chapman y el señor Tidwell! –gritó Rachel. El subdirector Chapman. Un conocido controlador. Y el señor Tidwell. El profesor más estricto del colegio. Todos corrimos detrás de Ax. Lo cogimos justo cuando Chapman lo agarraba del brazo. La camisa-pañuelo de Ax se había aflojado durante su carrera por el gimnasio. Si sacudía la cabeza podría mandarla al suelo. Dando a Chapman una buena perspectiva de la antena de Ax. Una perspectiva fatal. –Obviamente está bebido –dijo Tidwell.– Conozco a este chico. Llamaré a sus padres. Antes de que Chapman pudiera contestar, el señor Tidwell se llevó a Ax al vestíbulo, fuera del gimnasio. Nosotros fuimos detrás. Chapman nos bloqueó el paso. –No se puede salir del gimnasio hasta que se acabe el baile sin un permiso de los padres. –Somos sus amigos. Tenemos su medicina –dije impulsivamente. Un Ax delirante con el señor Tidwell… no podía suceder. Chapman nos estudió durante un momento. –Dos minutos– dijo. Se hizo a un lado y cruzamos la puerta. Actuamos sin vacilar. Rachel y Marco se metieron entre Ax y el señor Tidwell. Jake, Tobias y yo empujamos a Ax por el vestíbulo hacia la fuente de agua potable y le agachamos la cabeza. Nos pusimos a su alrededor intentando tapar la vista al señor Tidwell con nuestros cuerpos. Eché una rápida ojeada al Sr. Tidwell. ¿Qué hacían Rachel y Marco? Estaban hombro con hombro delante del profesor, intentando dejar algo de vestíbulo entre ellos y Ax. Al menos por ahora. –Es de fuera del pueblo,– oí decir a Rachel mientras me giraba hacia Ax.– Jake sabe lo que hace. –Toma pastillas especiales –añadió Marco desesperadamente.–Para narcolepsia. O epilepsia. Algún tipo de “epsia”. –En pocos minutos estará bien,– prometió Rachel. Miré otra vez. El señor Tidwell no se había movido. Estaba mirando directamente hacia Ax. Me incliné hacia Ax y le susurré al oído.–Ax, ¿puedes transformarte en humano del todo otra vez? ¿Al menos hasta que estemos fuera de aquí? No contestó. Sus labios se estaban fundiendo juntos. –¡Sr. Tidwell! Unos chicos tenían petardos en el baño. Iban a volar las tapas de todos los wateres –gritó Marco– ¡Será una masacre de wateres! Tidwell todavía no había bajado ni un escalón hacia el gimnasio. Pero Rachel y Marco no le dejaban moverse hacia nosotros. Bastante lejos, por ahora. Dos piernas salieron del pecho de Ax. BANG. BANG. Las pezuñas chocaron contra el muro de tejas encima de la fuente. Crash, bum, crash. Tejas y yeso cayeron dentro de la fuente. No era probable que Tidwell hubiera visto aquello. Pero tenía que haberlo oído. –¿Ve?– Gritó Marco–¡Petardos por todas partes! Shup. Shup. Las piernas de Ax desaparecieron dentro de su pecho otra vez. P–p–pop. Sus labios se separaron. Ax parecía un chico normal otra vez. –La medicina está haciendo efecto–dije. Eché una mirada frenética al señor Tidwell –Vamos a llevarlo a su casa, –dijo Jake en voz alta. Luego añadió en voz baja.–Ahora caminaremos pasando por al lado de Tidwell, y esperemos que Ax se mantenga normal hasta que estemos fuera. Jake empezó a caminar. Tobias y yo cogimos cada uno un brazo de Ax y lo seguimos. Todo parecía ir bien. Ax no estaba balbuceando ni transformándose. El señor Tidwell no estaba pidiendo a gritos los numeros de teléfono de nuestros padres. En tres escalones lo habríamos alcanzado. Luego en dos más lo habríamos pasado. Uno. Dos. Riiiip. No me gustó aquel sonido. No me gustó nada. Miré por encima de mi hombro justo a tiempo de ver la gran cola de escorpión de Ax a través de sus pantalones oscilar hacia la izquierda… y golpear al señor Tidwell en su espalda. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 4:[/b] Me lancé hacia Tidwell y le ayude a levantarse. –¿Está bien?–le pregunté. Al menos Ax le había dado con el lado plano de la hoja. De otro modo, la cabeza del señor Tidwell podría estar mirando desde el suelo a su propio cuerpo. El señor Tidwell no contestó. Sólo me cogió por el codo y me llevó por el vestíbulo alejándome de los otros. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué quería hacer conmigo? La adrenalina había empezado a bombear por mi cuerpo en el gimnasio. Ahora practicamente podía sentirla fluyendo por mis venas. Miré por encima de mi hombro. Marco y Tobias se apretaban alrededor de Ax. Jake estaba agarrando a Rachel para que no viniera detrás nuestra. –No digas nada.– leí en sus labios. Sabía lo que estaba pasando por la mente de Jake. Más o menos lo mismo que por la mía: Tidwell no debía saber. No podía saber. No importaba el precio. –De verdad que tenemos que llevarnos a nuestro amigo… –empecé, pero el señor Tidwell me detuvo. –No. Sé que tu amigo es una andalita, –me dijo, dueño de sí mismo y con una voz calmada. Mi boca se secó. Mi garganta también. Como un desierto. Quería decirle al señor Tidwell que no tenía ni idea de que estaba hablando. Pero no podía decir ni una palabra. –También sé quién eres tú y qué eres. Todos vosotros, –continuó el señor Tidwell. El sudor me empezó a brotar en las manos, debajo de los brazos y en el centro de mi espalda. Era como si toda la saliva de mi boca y garganta hubiera desaparecido. Desaparecido y multiplicado. El señor Tidwell era un controlador. No cabía duda. Y eso significaba que no podíamos dejarle marchar. No podíamos dejarle marchar vivo para herirnos, para destruirnos. Me preparé para transformarme. Oí las pezuñas de Ax chocar contra la pared otra vez. Pero no aparte la vista del señor Tidwell. Se veía como una persona normal. Pelo fino, gris-marrón. Un poco de barriga. Gafas con montura matálica. Ojos azules. Pero esto es lo que pasa con los controladores. Parecen cualquier persona. Son cualquier persona. –Soy Illim. Controlo al señor Tidwell. Somos parte del movimiento pacifista yeerk. Tenemos un mensaje para ti de parte de Aftran Nueve–Cuatro–Dos, –continuó. Me giré y le hice a Jake una señal de “estoy bien, dame un minuto”. Necesitaba oír lo que Tidwell tenía que decirme. Él conocía a Aftran. A lo mejor eso quería decir que el señor Tidwell era también un amigo. Mejor dicho, Illim, el yeerk dentro de la cabeza de Tidwell, porque era con él realmente con quien yo estaba hablando. Los músculos de mis hombros relajaron un poco la tensión. Aftran es el yeerk que me hizo pensar sobre los yeerks de manera diferente. Aftran hizo que me diera cuenta de que los yeerks son individuales, no un conjunto, y no todos quieren ser los amos del universo. Me forzó a aceptar que no todos los yeerks son nuestros enemigos. La noche en la que desgarré la garganta de aquel Hork-Bajir, también maté al hermano de Aftran. Su hermano era el yeerk que controlaba al Hork-Bajir. Aftran, en el cuerpo de Karen, la niña pequeña que era su portador, me había seguido, planeando entregarme a Visser Tres. Resumen de la historia: Le salvé la vida. Me salvó la vida. Y entonces Aftran decidió volver a su vida como una criatura débil, indefensa y parecida a una babosa. Sacrificó su libertad para hacer libre a Karen. –¡Poo! ¡Cuerr-poo!– bramó Ax, sacándome de mis pensamientos. Me aclaré la garganta. –¿Qué mensaje? –Aftran ha sido capturada por la Seguridad Yeerk, –contestó. –¿Cuándo? –pregunté.–¿Está bien? ¿Qué les ha contado? ¿Porqué no me habéis encontrado antes? El señor Tidwell levantó ambas manos. –Aftran está indemne, por ahora. No ha sido interrogada aún, –me explicó.– Visser Tres quiere tratar el interrogatorio personalmente. Un nudo frío se formó en mi estómago. Interrogatorio con Visser Tres quiere decir tortura. Estaba segura de que Aftran resistiría todo lo que pudiese. Pero al final le contaría a Visser todo lo que sabía. Lo que era todo lo que yo sabía. Aftran había estado dentro de mi cabeza. Ella había abierto todos mis recuerdos. Sabía todo lo que había allí sobre los Animorphs. –¿Cuándo?–pregunté. Me rodeé el cuerpo con los brazos. Vi un movimiento de reojo. Las piernas de Ax estaban apareciendo y desapareciendo de su pecho. Una y otra vez. –El interrogatorio tendrá lugar en los próximos días, –respondió el señor Tidwell– Visser está atendiendo unos asuntos importantes en la nave espada. Entonces teníamos un poco de tiempo. Podíamos parar aquello. Los ojos azules del señor Tidwell escuadriñaron mi cara. –Estoy seguro de que comprenderás que Aftran podría destruir el movimiento pacifista yeerk. Y tú… Yo asentí. –¿Dónde la tienen? El señor Tidwell tragó saliva con dificultad. –Aftran está encerrada en el estanque Yeerk. Necesitamos tu ayuda para sacarla de allí. El estanque yeerk. El sitio perfecto para una emboscada. Me dije que debía actuar de manera inteligente. No me podía creer todo lo que dijera Tidwell sólo porque había usado el nombre de Aftran. –¿Cómo podemos saber que no es una trampa?–pregunté, escudriñando la cara del señor Tidwell. –¿Cómo sabemos que podemos confiar en usted? –Si no pudieses confiar en mí, estarías muerta ahora mismo, –me respondió. Miró hacia la puerta del gimnasio. –Si no vuelvo pronto, Chapman vendrá a buscarnos. Estaré en contacto contigo. Sacad al andalita de aquí. Tidwell se apresuró a entrar al gimnasio. Yo me apresuré hacia Ax y los otros. –¿Estamos dejando ir a Tidwell así como así?–preguntó Rachel –¿Después de lo que ha visto? –Él es del movimiento pacifista yeerk, –dije. –Claro, y dicen por favor antes de meter sus viscosos cuerpos en tu oreja y tomar el control de tu cerebro, – espetó Marco. –¿Estás loca o qué? –Nos ha salvado de Chapman esta noche. –Protesté. –¿Y qué? –¡Callad!–dijo Tobias, de una manera totalmente inusual para él. –Todo de lo que puedo preocuparme ahora es de llevar a Ax a casa. –Tiene razón. Vamos– Dijo Jake. Rodeé con mi brazo los hombros de Ax y ayudé a Tobias a llevarlo fuera. No me gustaba el aspecto de Ax. Estaba transformado del todo en humano. Pero un pus amarillo–verdoso y pegajoso estaba pegando sus pestañas. Y sus labios estaban cortados, como cuando tienes fiebre alta. –¿Cómo estás Ax? –le pregunté. –¡Estoy dee-dee-dee-lirando!–gritó. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 5:[/b] Tan pronto como salimos de la escuela, logré hablar con Ax cuando recuperó su forma Andalita. Una vez estuvo en su propia forma se tranquilizó. Un gran alivio. Tobias se había transformado también. Volaba por encima de nuestras cabezas y nos decía qué calles coger para evitar a la mayoría de gente. Y dónde esconder a Ax cuando estábamos a punto de ser vistos. Fuimos así hasta llegar al granero, pero no fue un viaje divertido. –Ponedlo en el último establo –ordené.–Marco, llena el abrevadero con agua. Rachel, dame una manta del montón que hay detrás de la puerta. Jake, ve a mi casa y coge el termómetro del baño; no puedo usar el equipo veterinario. Necesito uno que se pueda poner en la oreja. No te preocupes por mis padres. Vamos. Les miré y vi que se habían quedado los tres mirándome. Es verdad que normalmente no soy la que da las órdenes, pero soy la única que sabe cuidar animales enfermos. Aunque Ax no es exactamente un animal. –Me siento como si estuviera en Urgencias –dijo Marco mientras iba hacia la manguera.– Definitivamente he conseguido un parecido a Noah Wyle haciendo este tipo de cosas. preguntó Tobias, posado en la viga del techo. –Sólo vigila los alrededores –respondí. dijo Tobias. Rachel se apresuró y me acercó una manta. Cubrí con ella la espalda y los hombros de Ax. Podía sentir diminutos temblores pasando a través de él. –¿Nos vas a contar al fin lo que dijo Tidwell o qué? –preguntó Marco mientras llenaba el abrevadero .–Creo que si algunos Hork-Bajirs van a aparecer por la puerta en unos segundos, me gustaría prepararles una tarta o algo así. –Ax está enfermo, Marco. Tenemos que ocuparnos de esto primero –contesté. –Si Tidwell habla, Ax estará peor que enfermo. Estará muerto. ¡Todos lo estaremos! –me espetó Rachel. –Cassie, ¿qué le dijiste? ¿Qué te dijo él? La ignoré. Tenía que hacerlo. Ella se alejó y empezó a caminar arriba y abajo delante del establo. –¿Puedes decirme que te pasa, Ax? –pregunté.–¿Te habías sentido así antes? Murmuró. –¿Qué es eso? –pregunté Necesitaba que Ax me dijera qué tenía que hacer para curarlo. Mis padres son veterinarios. Probablemente tendremos la mejor biblioteca de medicina animal en kilómetros. Pero no hay nada en esos libros sobre el cuidado y la alimentación de un alienígena. –Vamos, Ax, –le dije, apremiante.–¿Qué es yamphut? la telepatía de Ax se desvaneció. dijo Tobias. –Vamos a probar dándole un poco de agua,–dije.–Ayúdame a meter una de sus pezuñas dentro, ¿vale, Marco? –pregunté. Marco cerró la manguera y se acercó a nosotros. Entonces levantamos cuidadosamente la pata derecha delantera y metimos su pezuña en el agua. Ax osciló, y yo apoyé mi hombro contra él, dejándole sujetarle mientras absorbía el agua. Podía sentirlo apoyado en mí, cuando empezó a jadear. –Ya basta –dije cuando la pezuña de Ax llevaba sumergida más o menos medio minuto. Marco y yo sacamos su pezuña fuera del abrevadero Rachel cogió otra manta del montón y la pasó a Marco para que pudiese secar a Ax. Yo me acerqué a él por si se tambaleaba otra vez. –Vale, Ax. Prueba y céntrate. Cuéntanos que es Yamphut –dije, hablando lento y claro. respondió Ax. Jake entró corriendo al granero. –Toma el termómetro.– Me lo puso en la mano como una enfermera. Entonces se sentó apoyado en un lado del establo. Metí el termómetro en la oreja de Ax y espere a que pitara. Cuando lo hizo, lo saqué y miré el resultado.– Treinta y cinco y tres décimas –les dije a los otros. –Yo estaba segura de que tenía fiebre.–dijo Rachel. –A lo mejor –le dije.–Pero no lo sabemos. ¡Porque no sabemos la temperatura normal de un Andalita! –¿Ax? ¿Puedes decírnosla?– le preguntó Rachel. balbuceó Ax. añadió. –Ax, son los grados de todos, no nuestros, –empezó a argumentar Marco, pero paró. Más o menos cuatro grados encima de lo normal. No me gustaba. Conozco algunas maneras de hacer bajar la fiebre, pero no sabía que efecto tendrían en un andalita. ¿Y si algo de lo que hacía le ponía peor? –Cuéntanos más de la glándula Tria –dije. respondió. preguntó Tobias. Sonaba bien. A lo mejor el cuerpo de Ax se curaba solo. Respondió. –¿Cómo podemos evitar que explote? –inquirió Jake. Ax clavó sus cuatro ojos en mí. Me cogió de la mano y me apretó débilmente los dedos. Su piel estaba fría y húmeda por el sudor. susurró. Sus ojos principales se cerraron. Dejó caer los adicionales. –Vale. Vale, sí. ¿Dónde está la glándula Tria? –pregunté. –Sé que estás cansado. Y podrás irte a dormir pronto. Pero primero tienes que decirme donde está la glándula Tria, –insistí.– ¡Ahora, Ax! respondió. Sentí que la sangre abandonaba mi cara. Instintivamente me giré hacia Jake. Estaba mirando a Ax como si no pudiera creer lo que había oído. El silencio se alargó. –No soy neurocirujano, –dijo al fin Marco.–Pero parece que estamos hablando de una operación de cerebro. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 6:[/b] Neurocirujía. Imágenes de sangre, escalpelos y delicados tejidos. No sabía si podríamos hacerlo. Pero si no lo hacíamos, Ax moriría. –Vamos al otro lado del granero –dije.–Quiero que Ax descanse. Era verdad. Pero también era que no quería que Ax nos oyera empezar a decir cosas raras, que era lo que estaba a punto de pasar. –Buena idea, –dijo Jake. Se puso de pie y empezó a cruzar el granero, con Marco y Rachel detrás. Lentamente liberé mi mano de las de Ax con los dedos húmedos de su sudor. –Ahora vuelvo, –susurré.–Benditos sean tus pequeños huesos. Las palabras habían salido de mi boca sin pensar. Es lo que mi madre siempre me dice cuando estoy enferma. Pobre Ax. Debe echar mucho de menos a su madre ahora. Al menos cuando yo no me encuentro bien, siempre me gusta ver a mi madre ocupándose de mí. Y Ax definitivamente no se encontraba bien. Me apresuré hacia los otros y me sente en una bala de heno al lado de Rachel. Estaba cansada. –Bueno, entonces secuestramos un médico y lo traemos para que haga opere a Ax, –soltó Rachel. –¿Y entonces qué? –pregunté. No contestó. La respuesta era inaceptable. El único médico al que podíamos confiar nuestro secreto era uno que muriera rápidamente. –Voy a tomarle la temperatura cada hora, –dije– necesitamos saber cuándo baja hasta treinta y uno y cuatro décimas. –¿Y entonces qué?– pidió Rachel, haciendo eco de mi pregunta. –Entonces tendremos que jugar a una versión real de Operación. Sólo que si cometemos un error, la nariz de Ax no se iluminara, su glándula Tria explotará,–contestó Marco. preguntó Tobias. –Sí. ¿Y quieres más?–espetó Marco enfadado.–¡Tidwell vió a Ax convirtiéndose en Andalita! –Necesitamos oír lo que dijo Tidwell–me dijo Jake. Se frotó la cara con las manos. Su cara pálida y ojerosa. Respiré hondo.–El señor Tidwell forma parte del movimiento pacifista, –empecé.–El yeerk que tiene dentro, Illim, tenía un mensaje para mí de Aftran. Ha sido capturada. El domingo por la noche Visser Tres planea interrogarla. Illim nos quiere para rescatarla. –De ninguna manera. Es una trampa.–interrumpió Marco. –Si los Yeerks ya saben quienes somos nosotros, ¿para qué tendernos una trampa? ¿por qué no simplemente venir a nuestras casas y matarnos? Nos giramos hacia Jake. Él se frotó la cara otra vez.–Venir a nuestras casas sería arriesgado. Llamaría la atención. Atraernos al estanque yeerk es una estrategia decente. –Probablemente es una trampa, pero tenemos que ir,–dijo Rachel.–Porque si Tidweel o Illim o quien sea está diciendo la verdad, estamos muertos. Aftran cederá cuando Visser la interrogue, y ella lo sabe todo sobre nosotros. Todo. ¿Verdad, Cassie?–dijo ácidamente, mirándome enfadada. Le devolví la mirada sin parpadear. Mi voz era firme. –Es cierto, –respondí. No iba a pretender que no estaríamos en esa situación si no fuera por mí. Marco había pensado en matar a Aftran. Lo que implicaba matar también a Karen. Yo dejé que Aftran entrara en mi cabeza para sacarla del cuerpo de Karen. Para salvar la vida de una persona que no conocía, arriesgué las vidas de mis amigos. No es que sea noble o maravillosa. Lo hice porque era una cobarde. No podía cobrarme la vida de la niña, ni dejar que mis amigos lo hicieran por mí, aunque sabía que por salvar su vida, un planeta lleno de gente podía morir. O peor, ser infestados por los Yeerks. Arriesgué todas esas vidas en un patético y pequeño deseo. Un deseo en el que Aftran y yo podríamos poner el primer escalón hacia la paz entre humanos y yeerks. Mi deseo se hizo realidad. Aftran no me entregó a Visser Tress. No usó la información que encontró en mi cerebro contra mí y los otros. En lugar de eso, eligió vivir sin un portador. Ciega y casi inmóvil. Parecía que mi elección al final había sido la correcta. ¿O no? –Rachel tiene razón. Tenemos que ir,–decidió Jake. –Esta noche. Si es una trampa, no nos esperarán tan pronto, ya que Illim nos contó que Visser no estará aquí hasta el domingo. preguntó Tobias. –Esa es otra razón para ir esta noche.–dije– Estaremos de vuelta antes de que Ax caiga en crisis. –No podemos dejarlo en el granero–objetó Jake.–El padre de Cassie entra aquí todo el rato. sugirió Tobias. Sacudí la cabeza. –Ese campo es demasiado húmedo.– dije. –Erek, –dijo Marco.–Los Chee nos lo deben. –Buena idea, Marco, –dijo Jake. –Ve. Ahora sí. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 7:[/b] Marco se transformó y alzó el vuelo. El resto de nosotros contemplamos a Ax temblar y sudar. –Probablemente los Yeerks se han figurado cómo entramos la última vez, –dijo Rachel. –Necesitamos una nueva entrada si no queremos que nos tiendan una emboscada. –Tal vez ayudaría que repasáramos todo lo que sabemos sobre los sistemas de seguridad del estanque Yeerk, –sugerí. –Sabemos que está el biofiltro Gleet, y… añadió Tobias. –Nunca ha sido exactamente fácil entrar –dijo Jake. –Pero ahora es más difícil aún. –Tiene que haber una manera, –dijo Rachel. Repasamos todo lo que sabíamos hasta que nos quedamos en blanco. Y Ax todavía temblaba. Miré mi reloj. El tiempo se nos estaba acabando. Mis padres estarían en casa pronto. Y la primera cosa que haría mi padre sería entrar en el granero. anunció Tobias al fin. Miré hacia fuera del granero. Erek y Marco caminaban uno al lado del otro, rápido. Si vieras a Erek, pensarías que es simplemente un chico normal. Se parece a Jake, la verdad, solo que un poco más bajo. Pero Erek es un androide. Parte de una raza llamada los Chee. Y lo que ves cuando le miras, es solo un holograma. Debajo del holograma Erek parece una especie de robot canino caminando sobre sus patas traseras. –Menuda novedad, –dijo Erek. –Normalmente soy yo el que os da malas noticias. –¿Quieres malas noticias?–dijo Rachel. –Ax no ha mejorado, y no sabemos cómo entrar en el estanque Yeerk. –¿Sabes algo sobre la fisiología Andalita?–le pregunté a Erek. Él se encogió de hombros. O al menos hizo que su holograma se encogiera de hombros. –Nada. –¿Alguno de los tuyos son cirujanos? Erek sacudió la cabeza. –¿El humano que es mi padre? Él era un médico en los años 50 en Francia. No sabe nada útil, me parece. –Erek, ¿los estanques yeerks tienen retretes?–pidió Marco de repente. –Marco, ahora no es el momento­ –murmuró Jake. –Marco, –advirtió Rachel– se útil o calla. –Vamos. Hay practicamente una ciudad allí abajo.–siguió Marco– Tienen que tener un sitio para que los portadores humanos vayan al baño o beban un sorbo de agua, – insistió. –Lavabos, wateres. Seguro que tienen.–respondió Erek. Los Chee están programados contra la violencia. Pero eso no quiere decir que no odien a los Yeerks. Y son los mejores espías que puedas imaginar. –Eso quiere decir que tienen una instalación de fontanería. Tuberías. Y eso también quiere decir que hemos encontrado un camino para entrar al estanque, –anunció Marco. –Nos transformamos en algo pequeño, algo que sepa nadar. Nos metemos en un water, y Erek tira de la cadena, nadamos un poco, y salimos en uno de los lavabos o wateres de los Yeerks. –Oh, sí, podría funcionar, –dijo Rachel. –¿Qué pasa, estás loco? comentó Tobias. Jake movió la cabeza. – No si empezamos desde el depósito de agua. Entonces iríamos a favor de la corriente todo el camino. – Empezaba a sonar un poco excitado. Sus ojos brillaban. – Erek, ¿puedes entrar en los ordenadores del departamento de aguas de la ciudad? Combínalo con… – Jake suspiró y se humedeció los labios. – Combínalo, con, um, todo lo que sepas sobre el estanque Yeerk y… ya sabes… – ¿Y daros un mapa? ¿Direcciones? – Erek asintió. – Puedo daros direcciones de cualquier lavabo o baño del lugar. – Señaló hacia el ordenador que mi padre y yo usamos para guardar los registros de los animales. – ¿Te importa? – No hay modem. –dije. Erek sonrió. – No hace falta. Yo puedo hacer de modem. Marco miró triunfante a Rachel. – ¿Ves? ¿Todavía crees que mi idea es una locura? –Su cara se ensombreció. – Espera un momento. Es una locura. ¿Qué pasa conmigo? ¿Estoy loco? preguntó Tobias. – A lo mejor la cucaracha, – le respondí. Jake movió la cabeza. – Hay un montón de conductos entre el depósito de agua y el estanque yeerk. Ya sé que no necesitan respirar muy a menudo, pero sí de vez en cuando. Tobias dijo, Cuando hice una mueca, dijo, – ¿Anguilas? Hazlo, – ordenó Jake. Un segundo después, Tobias se había ido. – Vamos, Erek. Te enseñaremos el establo donde queremos que hagas el holograma, – dijo Marco. Ax estaba dormido. Removió un poco los pies en el heno cuando nos apelotonamos alrededor de la puerta de el establo, pero no se despertó. Comprobé su temperatura rápidamente. Treinta y cinco y cinco décimas. No mucho más. Bien. Todavía no se acercaba a la crisis. – Creo que lo mejor que puedo hacer es quedarme en el establo con Ax, – Dijo Erek. –Puedo proyectar un holograma que nos cubra a ambos. Se metió en el establo y cerró la puerta detrás de él. Un momento después, fue como si Ax y él hubieran desaparecido. El establo parecía estar completamente vacío. Introduje la cabeza por la puerta. El aire vibró alrededor de mí, y Erek y Ax aparecieron. –Gracias por hacer esto, Erek –le dije. –No es nada, –respondió. – ¿Quieres un libro para leer mientras estás aquí?–pregunté – Va a ser aburrido. – Tengo miles de libros almacenados en mi cerebro. A veces paso el tiempo comprobando cuanto puedo leer y comprender al mismo tiempo. – Vaaale. Olvida lo que he dicho. Saqué la cabeza del establo. Miré detenidamente el holograma que protegía a Erek y Ax. Ninguna agitación ni onda ni sombra que hiciese que mi padre sospechara. A menos que intentara entrar. “No lo hará”, me dije. Estaría muy ocupado cuidando a los animales enfermos enjaulados como para hurgar un establo vacío. Eso esperaba. – Acabo de pensar una cosa, –dijo Marco. – Te compraré una felicitación para conmemorar el momento,– Rachel, claro está. Marco no le devolvió la broma. – Si Ax se pone a delirar, podría salir corriendo por las calles con unos calzoncillos en la cabeza o algo así. Erek no sería capaz de pararlo. Tenía razón. Los Chee no están programados para la violencia. Ningún tipo de violencia. Miré a Jake. Cuando salen problemas como estos, siempre miramos a Jake. Jake dejó caer la cabeza y cerró los ojos durante un largo rato. Entonces tomó una decisión. – Tenemos que arriesgarnos. Si algo va mal en el estanque yeerk, necesitaremos estar todos para escapar. Oí un aleteo. Algo aceitoso cayó en mi hombro, y se deslizó al suelo del granero. se disculpó Tobias <La cosa esa se me ha caído ocho veces en el camino de vuelta. La otra la he perdido completamente. – Tan resbaladiza como una anguila –bromeó Marco– A propósito, con la amenaza de crisis y todo esto, no voy a mencionar la absoluta, extraña y completa estupidez de dar un largo paseo por el suministro de agua de la ciudad… Pero, simplemente para recordarlo, ¡esto es una locura! Cogió la anguila y la sujetó durante un momento, absorbiendo su ADN. Luego se la dio a Rachel. Cuando ésta acabo, se la pasó a Jake. Él la sujeto brevemente y me la pasó a mi. – ¿Ya la has adquirido?– le pregunté a Tobias. dijo él Eché un vistazo al grupo. –Siento como si estuvieramos olvidando algo, –dije. Entonces me acordé. Me acordé de verdad. Ax. Íbamos a hacer la misión sin Ax. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 8:[/b] Una hora después, Jake, Rachel, Marco y yo estábamos dentro de la torre de agua que hay en una esquina cerca del parking, temblando en el agua fría. Tienes que haber visto las torres de agua de las que estoy hablando: normalmente pintadas de azul cielo. Acero. Cuatro patas largas y un gran tanque de acero arriba. No era alta tecnología. Básicamente, bombean el agua dentro de la torre, y la gravedad se encarga de llevarla a las casas y comercios y a los baños de las chicas en la escuela. Estaba oscuro dentro del tanque. Como una piscina grande en la noche más oscura. Lúgubre. Excepto porque esa era la parte fácil. Repetí mentalmente las instrucciones de Erek. El número preciso de largos tubos, salidas de agua, que teníamos que pasar a la derecha o a la izquierda. Los giros. La tubería por la que teníamos que meternos. Entonces el codo hacia abajo, el pequeño giro y por fin la gran caída vertical que nos indicaría que estábamos descendiendo al estanque yeerk. Eran muchos detalles. Ax se habría acordado. Pero Ax no estaba con nosotros. ­– Muy bien, recordad. Las tuberías son simplemente una carretera. Muchos giros y esquinas, pero si seguimos las instrucciones de Erek iremos a parar a la tubería que lleva directamente al estanque yeerk. El grifo está siempre abierto. El líquido del estanque yeerk está compuesto de gran cantidad de agua. ­– Jake intentaba tranquilizar a todos. Pero él mismo no sonaba muy tranquilo. ­– De cualquier forma, vamos a acabar colados por un retrete –dijo Marco siniestramente. –Los retretes van a estar involucrados en esto. –¡Vamos a hacerlo de una vez ! – cortó Rachel impaciente. Su voz sonaba fría. Apenas podía verla con la débil luz que entraba por la puerta de acceso que habíamos dejado abierta. Me concentré en el ADN de la anguila que había dentro de mí. El sonido de mis dientes castañeando me distrajo un poco. Entonces el sonido cambió. Se hizo más agudo y ligero. Esto era porque mis dientes estaban cambiando, creciendo y volviéndose más delgados y afilados. Transformarse es totalmente impredecible. No es como si tu cuerpo empezara a cambiar desde la cabeza a los pies. O como si todo tu cuerpo cambiara a la vez, como una película a cámara lenta. Es más bruto que eso. Raro. Hay partes que salen de golpe. Como la larga y delgada aleta que había aparecido en la parte de debajo de la espalda de Jake. Otras partes desaparecen. Como el pelo rubio de Rachel, que había sido absorbido dentro de su cabeza como un gran montón de spaghettis dentro de una boca hambrienta. Las cosas apareciendo y esfumándose son sólo una parte del cambio. Mis ojos se contrayeron y bajaron hasta el extremo de mi nariz. Mi nariz y barbilla se estiraron y se estiraron hacia fuera, alrededor de mis nuevos dientes como agujas. Mi frente se proyectó hacia delante. Mis huesos se licuaron, y mi cuerpo se “plegó” sobre sí mismo hasta que adquirió la delgadez de un lápiz. Los brazos se fundieron en ambos lados. Las piernas se marchitaron completamente. Sentí un cosquilleo que daba ganas de rascarse cuando una larga aleta apareció debajo de mi espalda y las branquias aparecieron detrás de mi boca. Decenas de diminutas escamas surgieron sobre mi nuevo cuerpo como una gran erupción. Entonces una sustancia aceitosa y resbaladiza me empapó, rezumando de mi propio cuerpo. ordenó Jake. Vislumbré un atisbo de movimiento a mi derecha. Comida. ¡Comida viva! ¡Fum! ¡ñam! se quejó Tobias. Tío, para ser una pequeña cosa escuálida con cuerpo de lápiz, las anguilas son agresivas. Los instintos de la anguila estaban animándome a morder todo lo que se moviera y preguntar después. Y comida. Quería comida viva. Entonces… ¡ñam! Unos dientes afilados en mi parte de en medio. grité Amordacé el cerebro de la anguila, ahogando los simples y persistentes instintos. No morder, me dije. No morder Pero entonces, algo se movió y… ¡No! Me detuve a mí misma. dijo Rachel con una risa. dijo Jake. Empecé a moverme con un movimiento fluido, bamboleante. Los músculos se estiraban en un lado, contráyendose en el otro. Mi cuerpo fue izquierda, derecha, izquierda, derecha. Mi cola se movió adelante y atrás. Abajo y abajo. A lo mejor sólo treinta pies para un humano, pero una gran bajada para una anguila del tamaño de un dedo. Y, mientras descendíamos, empecé a sentir la corriente. Estábamos en el suelo del depósito. Fuimos a través del desagüe. El agua empezó a girar, un tornado! ¡Alrededor y alrededor nuestra, más rápido y más rápido! Entonces, de pronto… ¡WOOOSH! ¡Directo hacia abajo a un millón de millas por hora! [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 9:[/b] ¡Abajo! Abajo a través del agujero, por una tubería maciza negra como el azabache. Nada que ver, oler ni sentir excepto la sensación de velocidad, de caída. dijo Rachel, riendose un poco histérica. Cogí algo de agua con la boca y la bombeé a través de mis branquias. Tenía que acordarme de respirar. Moví mi cuerpo atrás y adelante tanto como podía. Íbamos deprisa. Pero yo quería ir más deprisa. Si no sólo era un proyectil incapaz de llevar la cabeza hacia delante y la cola hacia atrás. De pronto íbamos en horizontal. Pero la velocidad no disminuyó. ¡Íbamos como cohetes! Corríamos a toda velocidad a lo largo de la tubería, ciegos, sin ser conscientes de nada… No, no completamente de nada. Había un sonido. Agua que se precipitaba rugiendo alrededor de cada ligera imperfección de la tubería. Y delante… delante un sonido diferente. Más fuerte. Agua… grité. Tuvimos un milisegundo para reaccionar. Estábamos en la tubería. La corriente tiraba de mi cuerpo y lo empujaba hacia la derecha. Luché contra ella con toda la fuerza muscular de mi cuerpo de anguila. Entonces, pasamos la corriente principal. dijo Jake Todos lo oímos, pero todos demasiado tarde. Era inquietante. Un giro equivocado y nadie podría decir donde saldríamos. Teníamos dos horas. Si acabábamos en algún callejón sin salida, sin un grifo abierto, estaríamos atrapados dentro de la tubería. Atrapados. Incapaces de transformarnos. Incapaces de escapar. Pasaríamos el resto de nuestras vidas como anguilas. me dije. Pero debí decirlo en voz alta porque Tobias me preguntó dijo Marco. dijo Jake. Jake estaba al frente. Yo justo detrás suya. Tobias detrás mía, luego Marco y Rachel. De pronto… ¡Giro! ¡Recto! ¡Derecha! ¡Recto! ¡Recto! gritó Jake. Fui hacia él, su cola se agitaba locamente. Había sido absorbido por la tubería incorrecta. Estaba moviéndose histericamente, intentando volver atrás, sin tiempo para girar… ¡Ñack! Hice una arremetida a ciegas. Mis afilados dientes se cerraron en su cola. grité. Sentí a Tobias empujándome desde detrás. Noté un dolor afilado cuando Tobias clavó sus dientes en mi cola. Pero ahora no podía nadar. Tobias me tenía, pero no podía retenernos a los dos contra corriente. Marco me mordió, habiendo entendido rápidamente lo que tenía que hacer. ¡Ñack!¡Ñack! No me preguntéis como me encontraron, pero lo hicieron. Yo estaba sangrando y vagamente dolorida. Pero ahora había tres anguilas aguantándome. Contraje el cuerpo en un súbito tirón de un lado. Jake fue arrastrado fuera de la tubería y de vuelta a la corriente principal. alcanzó a decir. preguntó Tobias. Jake vaciló. Sonaba indispuesto. Realmente fuera de si. ¿Había sido él esa voz asustada? Quizás sí, pero Jake nunca había dejado de hacer frente a nada. Tuve un flash de él sentándose en el granero con la cabeza entre las manos. Luego otro de cómo estaban sus ojos cuando Marco había expuesto su plan para entrar en el estanque yeerk. Yo creí que sus ojos brillaban de excitación. Me habría pegado a mi misma si hubiese tenido manos. Jake estaba enfermo. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 10:[/b] Envié mi telepatía privada a Rachel, Tobias, y Marco. acabó Rachel por mí. dijo Marco. le espetó Rachel pidió Marco. murmuró Jake. le consolé confirmó Rachel. exclamé Amplié la telepatía privada para incluir a Jake. Hubo un largo momento de silencio. pregunté finalmente discutió Rachel ordenó Jake dijo Jake débilmente. Sentí una oleada de miedo enfermizo. Estábamos perdidos. Perdidos en tuberías de millas de largo. Jake fuera de combate. Nadie con alguna idea. dijo Tobias de repente. dijo
espetó Marco murmuró Marco. Nos dejamos llevar. No teníamos concepto del tiempo. Ni idea de donde estábamos, o cuanto tiempo habíamos pasado trasnformados. Sólo seguimos la corriente a través de la oscuridad, nadando lo justo para mantener el control de nuestros cuerpos. Para siempre. Parecía para siempre. Abajo. Arriba. Derecha. Izquierda. Con Jake cada vez más y más quieto. Moviéndose más lentamente. Entonces… Preguntó Marco dijo Rachel. Empecé a decir, entonces hubo un súbito tirón vertical y woooosh, abajo por una tubería curvada, áspera, un repentino aumento de la presión y… ¡No había tubo! ¡Estaba volando por el aire! Mis ojos de anguila no eran demasiado buenos, pero podían ver el fuego. ¡El fuego estaba en todas partes! Los otros salieron disparados del final del tubo. Éramos cinco anguilas. Arrojadas del extremo de una manguera de bomberos, cruzando el aire directas hacia un edificio en llamas. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 11:[/b] ¡A través del aire! A través de una ventana. ¡Splat! Golpeé el suelo, y patiné por él un trecho. gritó Rachel. No necesitaba que nadie me animara. El chorro de agua me empujaba contra una estufa. Me estaba transformando, el agua golpéandome. Pero no me importaba el agua. La alternativa era el fuego. Mis ojos humanos volvieron e inmediatamente empezaron a picar. Bizqueé, tapándome la cara con una delgada, poco formada mano. Los otros aparecían del surtidor de agua como monstruos horribles. Estábamos en una cocina. El fuego principal estaba en la sala de estar. Vi escaleras. –Escaleras, – jadeó Jake. – Arriba. Subimos, un grupo de pesadilla a medio transformar, escaleras arriba, lejos del fuego. Otras mangueras debían haber acertado a las ventanas de arriba, porque el agua bajaba por la escalera como una cascada. Llegamos al segundo piso. Jake se apoyó en la barandilla y vomitó. –No veo a nadie aquí– boqueó Rachel, sofocada con el fuego. Asentí con la cabeza. –Vamos a…– entonces empecé a toser. No importaba. Sabíamos qué hacer. No creo que nadie viera las aves de presa salir por una ventana trasera, chamuscadas y húmedas. Volamos un trozo muy corto. Jake estaba muy débil para aguantarse en el aire. Aterrizamos y nos transformamos. –Bueno, ésto ha sido divertido, –dijo Marco – Vamos a hacerlo otra vez, dentro de poco. –Debe ser esa estúpida yamphut, – dijo Rachel, ayudándome a sujetar a Jake. –Jake estaba enfermo en forma de anguila. Y enfermo en forma humana, también. añadió Tobias. Estaba encima de nosotros, asegurándose de que no fuéramos vistos o seguidos. –Lo intentaremos otra vez mañana después de clase, – nos dijo Jake. – Si no estoy mejor, tendréis que ir sin mí. Me voy a casa. Intentad descansar. –Marco y yo te acompañaremos – me ofrecí. –Voy a transformarme en búho y a volver al granero, –nos informó Rachel. – Echaré un vistazo a Ax. Y le preguntaré qué sabe sobre cómo el yamphut afecta a los humanos, entonces os llamo a casa de Jake. Jake se limpió la boca con la manga. –Vuelve tú también al granero, Tobias. Y quédate allí,– dijo. –El holograma de Erek es bueno. Pero no suficiente. Si Ax intenta salir del establo, tranfórmate en algo grande y páralo. Si su temperatura se acerca a… uh… – Treinta y un grados y cuatro décimas– le dije. –Eso. Vale. Wow. Tío, se me va mucho. Ésto apesta. Como la gripe. Se siente igual. Como si tuviera que… Se inclinó y vomitó violentamente. –¿Cómo si tuvieras que devolver?– le sugirió Marco. Marco y yo pasamos cada uno un brazo alrededor de la cintura de Jake y lo sujetamos. Por suerte, la torre de agua estaba en la misma parte del pueblo que la casa de Jake. Pero todavía quedaba un largo camino. Rachel y Tobias se fueron. –¿Alguna vez te has fijado en la cantidad de formas que puedes decir “devolver”?– me preguntó Marco cuando pasamos Dunkin’ Donuts, el primero en la fila de sitios de comida rápida dispersos por la calle principal que atravesaba el pueblo. – Está vomitar, claro. Arrojar. Potar. Echar la papilla, un clásico. Bosar. Estaba contenta de que Marco llenara el silencio. Aunque pensaba que podría haber elegido un tema mejor. –Está soltar una cascada. Pero yo prefiero los terminos más reales. Cómo escupir trozos. Echar las tripas. Marco respiró hondo y siguió hablando mientras pasábamos por Taco Bell. – Bailar el tango con el water. Esa es buena – dijo reflexionando – Bostezo tecnicolor. Jake se alejó de nosotros, se tambaleó hacia el bordillo y – llénalo con tu palabra favorita para vomitar. –Le doy un cuatro, – le dijo Marco a Jake – Lo siento, tío. Pero tu proyectil no tenía la fuerza que debía. Jake empezó a incorporarse. Entonces sus rodillas fallaron. Marco y yo lo alcanzamos justo antes de que se cayera al suelo. Marco puso un brazo de Jake alrededor de sus hombros. Yo coloqué su otro brazo a mi alrededor. Entonces Marco y yo hicimos un asiento para Jake uniendo nuestras manos debajo suya. Pronto Marco y yo jadeábamos y resoplábamos demasiado para hablar. Dejamos la calle principal, internándonos en la zona residencial. Unas pocas luces iluminaban desde los porches, pero estaba bastante oscuro.. Y tranquilo, excepto por los mencionados jadeos y resoplidos. –Casi estamos– dijo Marco sin aliento. Fuimos hacia el apartamento de Jake. Cuando alcanzamos el porche de su casa, lo dejamos con cuidado sobre sus pies. Él se tambaleó, pero se las arregló para quedarse de pie. –No dejéis que Tom me vea. Por si me transformo, – murmuró Jake. Levanté la mano para llamar a la puerta, pero la madre de Jake la abrió antes de que hubiera tenido tiempo de tocar. –Jake tiene la gripe – mentí. –Lo sé. Rachel está al teléfono – la madre de Jake nos mostró el inalámbrico. Me dijo que estábais en camino. –Creo que Jake va a devolver otra vez,– exclamó Marco, y arrastró a Jake hacia el baño. –¿Puedo hablar con Rachel un segundo? –pregunté. La madre de Jake me tendió el teléfono. –¿Rachel? Soy yo, –dije. –Jake tiene suerte, – me dijo Rachel – nuestro otro amigo tiene un caso mucho, mucho peor de gripe. Nuestro amigo dijo que cree que Jake tiene la gripe normal. Ya sabes, fiebre, vomitar, dolor de cabeza. Nuestro amigo ha hecho una larga, parcialmente delirante explicación que no quieres oír. –Genial. Es un alivio, al menos, – dije, cansada. –La mala noticia es que seguramente también nosotros nos pondremos enfermos. La gripe es muy contagiosa. Tengo que irme. Creo que acabo de oír el coche de tus padres. Me quedé allí. Mirando el teléfono en mi mano. Si todos nos poníamos enfermos, ¿quién iba a salvar a Aftran? ¿Y quién iba a operar a Ax? [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 12:[/b] Lavé mis manos con agua caliente y jabonosa. Entonces usé mi codo para abrir la puerta del quirófano. –Está en el punto de crisis –me dijo Noah Wyle cuando me acercaba al paciente. Me metió un brillante escalpelo en la mano. –Vas a estar bien – le dije al paciente. –Confío en ti, Cassie– me contestó Era mi padre tumbado en la camilla, debajo de la sábana verde. –¿N-no debería estar anestesiado? – tartamudeé Noah Wyle parecía sorprendido. – No para una operación de yamphut. Respiré hondo, el desinfectante quemaba en mi nariz. Apoyé la cuchilla en la frente de mi padre. Tap, tap, tap. Levanté la cabeza y vi a Jake, Marco, Rachel y Tobias detrás del cristal en la habitación de observación. Daban golpecitos en el cristal y me saludaban con la mano. Devolví la atención a mi padre. Pero ya no era mi padre el que estaba en la camilla. Era Ax. Yo no sabía donde hacer la incisión. ¿Estaba la glándula Tria en la parte de delante de la cabeza? ¿O detrás? Tap, tap, tap. ¿Por qué volvían a dar golpes? ¿No sabían que era una operación delicada? Necesitaba concentrarme. Tap, tap, tap. El sonido finalmente me despertó. –Cassie, vas a llegar tarde a clase– dijo mi madre. Volvió a golpear mi puerta. –¡Ya estoy despierta! – grité Me levanté y abrí el cajón de en medio de mi armario. Me vestí con el primer par de pantalones y top que tocaron mis dedos. Entonces me puse los calcetines y los zapatos, grité adiós a mis padres y cogí una Pop-Tart cuando salía. No podía parar de bostezar. Me sentía como si sólo hubiera dormido quince minutos. Marco y yo habíamos hecho turnos vigilando a Jake la noche anterior. Marco estaba allí ahora. Estaría allí hasta que Tom se fuera a clase. Pensabamos que con la fiebre Jake podría empezar a hablar sobre algo que sería fatal si Tom lo oía. Así que había pasado media noche como una mosca en la pared del cuarto de Jake. Volando fuera a los arbustos para hacer rápidas destransformaciones y transformaciones. Jake no había dicho nada sospechoso. Enfermo como estaba, creo que había una parte de él que sabía lo peligrosas que podían ser las palabras equivocadas. Me precipité directamente al granero y al establo de Ax. Metí mi cabeza dentro. Ax parpadeó mirándome con sus bonitos ojos almendrados. , murmuró. –Creo que se siente mal por estar enfermo cuando lo necesitáis – explicó Erek. Me entregó una tabla con anotaciones de la temperatura de Ax cada día. Había bajado durante la noche. Pero menos de un grado. Estaba a treinta y cuatro grados con 6 décimas. Teníamos que operarlo cuando bajara a 31,4. Aún había algo de tiempo. Le devolví la tabla a Erek, y pasé la mano por el suave pelo del cuello de Ax. –Incluso los guerreros se ponen enfermos a veces –le dije –No es tu culpa. dijo Tobias desde su usual sitio en las vigas. –Llegaré tarde si no me voy ahora– les dije – Tobias, ya sabes donde estoy si me necesitas. Giré y me fui. Llegué a la escuela unos 4 minutos antes de la primera campana. Fui directa a la taquilla de Rachel. La esperé hasta que quedaba un minuto para la campana. Entonces decidí mirar mi taquilla. Quizás Rachel me estaba esperando allí. Troté hasta allí. Ni rastro. Volví a su taquilla. Ni rastro. La primera campana sonó. Espere en la taquilla de Rachel hasta que el vestíbulo empezó a vaciarse. Cuando era la última allí, decidí ir a clase. Me deslicé en mi pupitre un segundo antes de que sonara la segunda campana. Saqué una libreta y un lápiz e intenté concentrarme en lo que la profesora estaba diciendo. Pero mi mente estaba saturada de información. No paraba de preguntarme cuánto habría bajado la temperatura de Ax. Y cómo estaría Jake. Y dónde estaba Rachel. Al menos podía contestar la última pregunta por mi misma. Levanté la mano y pedí permiso para ir al baño. A mi profesora no le hizo mucha gracia que no hubiera ido antes de empezar la clase, pero me dejó ir de todas maneras. Salí por la puerta, pasé el baño, y llegué a la clase donde le tocaba a Rachel a primera hora. Me asomé a la pequeña ventana cuadrada. Rachel no estaba dentro. Me fui y me dirigí a la cabina de al lado del gimnasio. Cuando cogí el teléfono marqué el número de Rachel. Su madre contestó al segundo tono. –Soy Cassie. ¿Está Rachel ahí? – dije deprisa. –Rachel se acaba de dormir, – me dijo su madre – Ha estado media noche vomitando. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 13:[/b] Cuando al fin llegó la hora de comer, me dirigí a la cafeteria. Examiné las mesas buscando a Marco. Sentí un golpecito en mi hombro y pensé que Marco me había encontrado. Me giré y vi al señor Tidwell allí esperando. –Necesitamos hablar sobre la fiesta del Spanish Club. – dijo Estaba intentando sonar calmado. Pero yo podía oír la tensión en su voz. Estaba bien, él probablemente podía oír la tensión en la mía. Me llevó a una clase vacía y cerró la puerta detrás nuestra. –Visser Tres vuelve antes de lo planeado. El interrogatorio de Aftran empieza esta noche a las ocho, como muy pronto. Tenéis que actúar rápido. Mientras él hablaba, yo no podía parar de mirarle la boca. Un Yeerk estaba moviendo sus labios. Controlando su lengua. ¿Estaba el Yeerk tensando los músculos de la garganta del señor Tidwell para crear ese sonido de tensión que yo había notado? ¿Era todo parte de un plan para haceme confiar en él? ¿Para asegurarse de que convencería a mis amigos de ir directos a una emboscada? –¿Por qué ha acudido a mí? – le pregunté de repente. – Dice que sabe todo sobre nosotros. Así que debería saber que Jake es nuestro líder. ¿Por qué no acudir a él? El señor Tidwell se sentó en la mesa del profesor. –Aftran confía en ti. Sólo en ti. Ella dijo que te habías probado a ti misma para ella, –explicó el señor Tidwell. Quiero decir, Illim. Era difícil pensar en él como en alguien más que Tidwell. Deseé que Illim no me hubiera separado del grupo. Deberíamos estar todos allí. Al menos todos los que podíamos estar. Lo único que podía hacer era intentarlo y asegurarme de que preguntaría todo lo que los otros preguntarían si estuvieran allí. No era difícil adivinar lo que Marco querría saber. –Tengo otra pregunta. ¿Qué hay del señor Tidwell? ¿El real, humano Tidwell? –Cuando entré en Tidwell, al principio, no era parte del movimiento pacifista, – admitió Illim –Él era un portador involuntario. No. Esa es una manera demasiado agradable para decirlo. Él era mi portador, mi esclavo. Sus ojos parecían un poco más húmedos de lo normal. ¿Podían los Yeerks controlar funciones involuntarias para los humanos? ¿Podía el Yeerk simplemente pulsar una neurona o algo y estimular los conductos lacrimales del portador? –Fue en parte el hecho de experimentar la angustia del señor Tidwell lo que me convenció para unirme al movimiento, –continuó Illim – Sus alaridos de furia y agonía me forzaron a aceptar lo que le había hecho. Al mismo tiempo empecé a oír hablar sobre un grupo de Yeerks que pensaban que era incorrecto coger a un portador involuntario. Asentí. Tenía sentido para mí. Oír los lloros sin fin de otra criatura sensible, saber que tú has causado su dolor. ¿Cómo podría eso no tener efecto? Entonces recordé algo que Aftran me había contado. Para la mayoría de los Yeerks, los humanos son como cerdos. Sólo carne. Oink, oink. –No ocurrió de golpe, –continuó Illim – Pero gradualmente me di cuenta de que no quería ocupar el cuerpo de Mr Tidwell si eso signficaba sacrificar su libertad por la mía. Y ahora… ahora, el señor Tidwell tiene algo que decir. Estoy repitiendo sus pensamientos tal como los oigo, –dijo Illim. – ¿Puedes dejarlo hablar por si mismo? –pregunté. – Estoy hablando por mí mismo, –dijo Tidwell. – ¿Cómo puedo saberlo? – No puedes. Titubeé. – Vale. ¿Qué quieres decir? –Cassie, invité a Illim a quedarse en mi cuerpo – explicó Mr Tidwell – Pensé que juntos podríamos crear más paz de la que podría crear él solo. Ahora él está dentro de mí con mi permiso. No había ningún cambio en su voz o gestos. Pero igualmente no los habría. Tidwell tragó saliva – Mi esposa murió pocos años atrás. Durante muchos años, no me preocupé por nada. Iba tropezando por mi vida. Yendo a clase. Yendo a casa otra vez. Se inclinó hacia delante, sus ojos fijos en mi cara. – Cuando Illim me devolvió mi libertad, me di cuenta de que quería hacer algo con ella. Así que decidí unirme a la lucha. ¿Qué podría ser más importante? –dijo Illim. – E Illim y yo nos hemos hecho amigos. Actualmente es una muy buena compañía. No sabía si Marco y los otros se habrían creído que lo que yo acababa de oír era realmente el señor Tidwell y no algún truco Yeerk. Yo tampoco estaba segura. Pero quería creerlo. –Mire, realmente quiero ayudarle, –le dije al señor Tidwell/Illim. – Pero tres miembros del grupo están enfermos. Realmente enfermos. Uno necesita cirugía cerebral. ¿No hay ninguna forma de que el movimiento pacifista Yeerk pueda rescatar a Aftram sin nuestra ayuda? –Illim habla ahora, –me dijo – El movimiento pacifista está creciendo. Tenemos cerca de un centenar de miembros. Pero no todos los yeerks en el movimiento tienen portadores. Y no todos los portadores de los que tienen son adecuados para una batalla. Illim dió una palmada a la barriga de Mr Tidwell. –¿Puedes imaginarme luchando contra los Hork-Bajir en esto? – preguntó – Siento oír que miembros de tu grupo están enfermos. Pero cuando Visser Tres acabe con Aftran, lo sabrá todo. Y entonces cada Yeerk en el movimiento pacifisra estará muerto. Sus portadores también. Cada persona que te ha ayudado alguna vez será rodeada y convertida en controlador, – siguió Illim. – Cada persona por la que te preocupas será un controlador. Todo acabará, Cassie. La derrota será total, y permanente. Me senté y hundí la cara en mis manos por un minuto. Sentía como si mi cabeza fuera a explotar. ¡No había esperanza! ¿Un rescate imposible con la mitad de nuestras fuerzas fuera de combate? Pero no había alternativa. – Vale, – dije al final. – Si podemos hacerlo, lo haremos. Me levanté y empecé a ir hacia la puerta con piernas temblorosas. Entonces… entonces tuve una idea… Me paré, y volví atrás. –¿Illim, si tuvieras que sobrevivir unas pocas horas fuera de Mr Tidweel, podrías? Sin estar en el estanque Yeerk, quiero decir, –pregunté. –Siempre que esté en algún tipo de medio ambiente líquido – respondió. Sonaba un poco confundido. Pero yo no estaba confundida. Ya no más. Tenía un plan. Un plan totalmente terrorífico. Pero un plan. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 14:[/b] –Ey, Marco. Espera. – lo perseguí por toda la calle hasta que lo alcancé. Había estado esperando encontrarlo de camino a casa después de clase – He hablado con Tidweel. Visser Tres vuelve pronto. –¿Recuerdas “Cinco Monitos”? –me preguntó Marco, sonriendo muy sarcásticamente. –¿Me has oído? – le pregunté – Tenemos que sacar a Aftran *hoy*. Pero creo que tengo un plan. –Era una canción. Mejor, un canto, creo. Con pequeños gestos con las manos, – continuó Marco, ignorándome totalmente. – Iba así. – Marco empezó a hablar con ritmo y melodía – “Cinco monitos saltando en la cama. Uno se cayó y se rompió la cabeza. Mamá llamó el doctor y el doctor dijo…” Canté la última línea con Marco –“No más monos saltando en la cama.” Sí, sí, ¿podemos ir a lo que interesa? –Entonces se empezaba otra vez. Sólo que con cuatro monitos saltando en la cama, –dijo Marco Lo rodeé hasta ponerme delante suya y caminé hacia atrás, para poder mirarlo mientras hablaba. –Lo recuerdo. Ahora, ¿quieres jugar a saltar a la comba o quieres oír mi plan? –Nosotros somos los cinco monitos, –dijo Marco, mirándome a los ojos. – Bueno, seis. Tres de nosotros ya han caído de la cama. Ahora quedan tres. Mono Cassie. Mono Tobias. Y Mono Marco. Soltó unos cuantos desanimados oooh-oooh-ooohs y se rascó debajo de los brazos estilo mono de dibujos animados. –¿Estás asustado, verdad? –le pregunté, caminando a su lado. –Sí, estoy asustado. Claro que estoy asustado – replicó. – Ax podría morir. Y nosotros vamos a entrar en el estanque yeerk con la mitad de nuestras usuales fuerzas de combate. ¡La mitad! Eso, a menos que uno de nosotros caiga en un par de horas. Que podría ocurrir. –¿De momento tú te encuentras bien, no? –le pregunté. Me acerqué y presioné mi muñeca contra su frente. Un poco caliente. Un poco pegajosa por la humedad. Pero habíamos estado caminando. Marco seguramente había sudado un poco. –Mis ojos están raros. Un poco pegajosos, – admitió Marco – Pero hoy hemos visto un vídeo en Salud. –Podría ser eso. –Creo que ahora que Rachel está fuera, yo estoy al mando, – dijo Marco. –Sip. Tú eres el hombre. –Así que ya que soy el líder, debería oír ese plan tuyo – dijo. Marco cambió su mochila al otro hombro. Luego la volvió a poner donde al principio. –Hablé con el señor Tidwell en el almuerzo. Él mismo me contó que estaba participando libremente en el movimiento pacifista Yeerk. Creyó que era el trabajo más importante que podía hacer, – expliqué. Marco no saltó con ningún comentario desagradable, así que seguí. – Illim, el yeerk del señor Tidwell, me contó que podía sobrevivir unas cuantas horas en líquido. No tiene que estar en el estanque yeerk ni nada. Respiré hondo. –Pensé que podría transformarme en él, y… –¿Quieres transformarte en yeerk? – preguntó Marco. Empezó a hacer audibles sonidos de desagrado. –Sé que es un poco desesperado, pero… Mi voz se apagó mientras Marco se metía en los arbustos y vomitaba. Me acerqué a él y le puse una mano en su espalda. Finalmente su cuerpo paró de sacudirse. Se incorporó y se secó la boca con la manga. Entonces se giró para mirarme a la cara. –Otro mono se acaba de caer de la cama – dijo. Entonces, con una sonrisa torcida, añadió – Pobre Cassie. Intenté sonreír valientemente. Pero no me sentía valiente. Me sentía asustada y sola. –Vamos a pensar en una cosa, – dijo Marco débilmente –¿Qué? –¿Qué hay si… si lo consigues? Entonces se derrumbó. Y yo estuve muy ocupada sujetándolo de pie para pensar en lo que acababa de decir. Sólo más tarde se me ocurrió. Marco había visto el fallo fatal. Si tenía éxito. Si rescataba a Aftran. ¿Entonces que? Tendría a un yeerk fugitivo, sin un portador, y peor aún, sin acceso a los rayos kandrona que le daban la vida. Podía salvar a Aftran. Sólo para verla morir. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 15:[/b] anunció Tobias desde su viga cuando entré en el granero. Hice un pequeño cálculo mental. Había estado fuera unas nueve horas. La temperatura de Ax había bajado 1,6 grados. Así que estaba perdiendo casi dos décimas por hora. Por lo que teníamos unas ocho horas antes de que alcanzara la crisis. –Visser Tres vuelve esta noche – le dije a Tobias. Le informé de mi conversación con el señor Tidwell y de mi plan – Debería volver del estanque yeerk antes de que Ax necesite que le operemos. Si es que volvía. Fui hacia el establo de Ax. dijo Tobias. –Tendrías que hacerlo tu mismo. La operación. – dije – Tendrás que intentar que Ax te diga dónde está la glándula. Puedes usar el cuartito que usa mi padre cuando tiene que soldar huesos y demás. Hay instrumentos allí. preguntó Tobias. –Sí – contesté. dijo Tobias. –Me escaparé de la fiesta post-salvar el mundo, – prometí. Quería estar allí cuando Ax alcanzara la crisis. Pero no estaba segura de que fuera capaz de hacer mucho más de lo que Tobias podía hacer. Sí, sabía cómo sujetar un ala rota de pájaro y meter una píldora por la garganta de un mapache. Pero aquello no era cirugía cerebral. Ni siquiera se acercaba. Un corte en el sitio equivocado, y Ax podía perder su habilidad de hablar por telepatía. O de respirar. Sería tan fácil causarle un daño permanente… tan fácil matarlo. ¿Cómo podría vivir sabiendo que había matado a un amigo? Eso me recordó a Aftran. Ella también era una amiga. Y sacarla del estanque yeerk quería decir atormentarla con el hambre por falta de Kandrona a menos que pudiera encontrar una solución. No sabía cómo lo hacía Jake. ¿Cómo podía tomar decisiones de vida o muerte y no volverse loco con la culpa y el dolor? dijo Tobias, sacándome de mis pensamientos. –Deberías – dije. Él quería ver a Rachel. – Necesito irme en una hora. prometió. Aleteó hacia fuera por la ventana del granero. Me apresuré hacia el establo de Ax. Cuando abrí la puerta, Ax y Erek aparecieron en frente de mí. –¿Que tal estáis, chicos? – les pregunté. dijo Ax –El papel gana a la roca. Es así de raro, – contesté. me dijo Ax. Levanté las cejas mirando a Erek. Él se encogió de hombros. preguntó Ax –No, lo tengo por aquí – le contesté dándole una palmadita en el brazo Ax apuntó sus ojos auxiliares hacia el techo del granero. dijo. –Quiero decir que es mucho. Mucho dinero, – expliqué. Ax mantuvo sus ojos enfocados hacia arriba. Dio un paso hacia atrás y un espasmo recorrió su cuerpo. –Está bien. – dijo Erek. – No te preocupes por eso. Seguiremos jugando más tarde, y tú me ganarás y recuperarás todo el dinero. Ax no contestó. Aún estaba mirando el techo. Erek se acercó a mí. – Ha estado así todo el día. – me susurró – Parece que está bien, y entonces se pierde. Así que todavía deliraba la mayor parte del tiempo. –¿Algún problema con mi padre? –pregunté. Miré hacia la puerta del establo. Desde ese lado, el holograma se veía como una gaseosa nube plateada. Sólo podía ver formas difusas y sombras fuera, en el granero. –Tobias tuvo que acercarse a las cajas una vez. Los animales se pusieron todos histéricos, y eso mantuvo ocupado a tu padre, –contestó Erek. –Sólo dime que no vas a coger esa estúpida enfermedad. Erek sonrió – Nunca he estado ni un día enfermo en toda mi vida. Y soy muy, muy viejo. Volví mi atención a Ax. –Ax. Hey, Ax. Vamos, deja de mirar hacia arriba. Necesito que me hables. Lentamente, Ax bajó sus ojos auxiliares. –¿Puedes decirme dónde está la glándula Tria? ¿Puedes señalarme el punto en tu cabeza? se quejó Ax Oh, dios. Se creía que estaba en la escuela. –No es un examen, Ax. No vas a ser evaluado ni nada de eso, – intenté razonar con él.– Sólo inténtalo. ¿Dónde crees que está la glándula Tria? Necesito saberlo. Thump. Thump. Thump. Erek me agarró del hombro y señaló al granero. Una sombra oscura se movía cerca. Era mi padre cruzando el granero, haciendo ruido con sus pesadas botas de trabajo. Y venía justo hacia nosotros. Me precipité por la puerta del establo y salí fuera. Debía parecer que me había materializado del aire. –No tienes que hacer nada aquí – dije rápidamente – Ya he alimentado y puesto agua a los animales. Mi padre miró por encima de mi hombro. –¿Dónde estabas escondida? Estaba seguro de que el granero estaba vacío cuando entré. –He estado aquí mismo todo el tiempo. Deberías ir a buscar esas bifocales, papá. Mi padre frunció el ceño. –No me engañes, Cassie. – me dijo – Sé que tu estabas en ese establo vacío. Y porqué. Mi corazón dio un fuerte latido doble. –¿Lo sabes? – pregunté Él asintió. –Estabas fingiendo que eras un caballo, ¿verdad? –preguntó. No había jugado a fingir que era un caballo desde que tenía cinco años. Vale, quizás seis. Pero no le iba a explicar eso a mi padre. Tan sólo le sonreí débilmente. –Sí. Me has cogido. [b]©K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 16:[/b] Tan pronto como conseguí que mi padre saliera del granero, alimenté y di de beber a los animales. Tenía que hacerlo porque había dicho que ya lo había hecho. Entonces me dirigí a la esquina del granero donde mi padre tenía un pequeño banco de trabajo. Él no es Joe Carpenter, pero se lo tomó muy en serio cuando se dedicó a hacer casitas para pájaros. Además, a veces hace jaulas y otras reparaciones por el granero. Así que tiene un surtido decente de herramientas. Sabía que mi padre tenía la mayoría de cosas que necesitaría para la operación de la glándula Tria en la habitación de operar. Pero no creía que tuviera nada que pudiera usar para cortar el cráneo de Ax. Mi padre es un gran veterinario, pero no suele serrar huesos. Ojeé el desordenado montón de herramientas. ¿Había algo que pudiera usar para cortar hueso? Mi padre tenía una sierra con dientes. Pensaba que eso podría servir, pero la sierra era, con mucho, demasiado larga. A menos que quisiera cortar la cabeza de Ax justo por la mitad, como un gran melón.. Apreté los ojos contra la imagen gore que había aparecido en mi mente. Intenté razonar conmigo misma; la glándula Tria probablemente no era tan grande. Sólo necesitaría hacer un agujero pequeño. Un pequeño agujero que conduciría directamente al cerebro de Ax. De algún modo, ese pensamiento tampoco era reconfortante. Paseé la mirada otra vez por las herramientas. Había un taladro. Eso sería capaz de agujerear el hueso, sin duda, pero sería un agujero demasiado pequeño. Vi un par de herramientas más apiñadas detrás de una casa de pájaros a medio hacer. La aparté, cogiéndola con mis dedos por el pequeño agujero redondo de delante. Hmmm. Ese agujerito era probablemente del tamaño que yo necesitaba hacer en el cráneo de Ax. Recordé qué herramienta usaba mi padre para hacerlos. Es una llamada sierra de agujeros. Parece un sacacorchos. Excepto que en vez de tener un anillo de metal que se ajusta al tapón de una botella, tiene una pequeña sierra redonda. Corrí a la habitación-quirófano, encendí las luces fluorescentes y guardé la sierra. Entonces hice un pequeño montón con las cosas que pensé que podría necesitar: hemostats, retractors, tijeras, jeringuillas, hilo de sutura, algodón, vendas, mercromina, alcohol. Tan pronto como salí del quirófano oí un aleteo. Entonces Tobias bajó en picado hacia el henal. –¿Cómo está Rach…? – empecé. contestó mientras se dirigía en su usual viga en el techo Sus palabras se apagaron mientras bajaba para aterrizar. Abajo. Demasiado abajo. –¡Tobias, cuidado!– chillé ¡THUMP! Tobias chocó con la primera viga, y cayó. ¡THUD! Aterrizó en el suelo del granero. Y se quedó quieto. –¡No! ¡No, no, no! – corrí hacia Tobias y me dejé caer de rodillas al lado suya. Lo levanté con cuidado. No podía decir qué era lo que temblaba: su cuerpo, o mis manos sujetándolo. –¿Tobias, estás bien? – musité. No respondió. –¿Tobias? ¡Tobias! respondió. Un poco groggy, pero definitivamente vivo. Me levanté lentamente, intentando no sacudirlo, y me dirigí a las jaulas. –Te voy a poner al lado de un águila real. Sé que las odias, pero es el único sitio libre por ahora. Tobias se removió débilmente en mis manos. preguntó él. –Voy a dejar que mi padre te cuide. –respondí. Lo metí en una jaula vacía y cerré la puerta. lloró Tobias. Luchó para ponerse de pie y sacudió sus plumas. Cogí una tabla y apunté que el halcón cola roja había aparecido desorientado. Añadí que creía que había chocado el sólo volando entre las vigas. Si había otros síntomas, mi padre sabría como tratarlos. Al menos no tenía que preocuparme por Tobias. Tenía que preocuparme más por Ax. Si entraba en crisis mientras yo estaba en el estanque yeerk, no habría nadie para operarlo. Tobias picoteaba una de las barras de metal de la jaula con su pico. –Oh, para ya. – le espeté– Estás en el mejor sitio en el que podrías estar. No tengo tiempo, no tengo tiempo, NO TENGO TIEMPO para estas tonterías, ¡¿vale?! dijo él dócilmente. –Sí, mamá. – dijo Erek desde el último establo. Intenté tranquilizarme. Respiré profundamente un par de veces. No funcionó. No estaba tranquila. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 17:[/b] Tobias tenía razón, pensé mientras entraba en la casa. Yo era la líder ahora. El último monito saltando en la cama. Encontré a mi madre sentada en el ordenador. –Estoy haciendo un trabajo de cirugía cerebral en animales, –le conté.– ¿Algún libro que crees que podría ayudar? –Hmm. –Mi madre me alcanzó un grueso libro verde del estante sobre su cabeza. –El capítulo introductorio de éste es bastante bueno, – sacó un volumen más fino. –Y este tiene buenas fotos. Los cogí. –Gracias. Rachel tiene la gripe. Le dije que le haría compañía, ¿vale? –Bueno, espero que se recupere, – dijo ella. Cogió su taza de café y tomó un sorbo. Recordé el día que se compró esa taza. Ella, mi padre y yo estábamos en el parque de atracciones de Los Jardines. Allí tienen una de esas máquinas de fotos donde pones tu cara en el cuerpo que quieras. Los tres decidimos ser super modelos. Mi madre decidió que era tan divertido que lo pegó en la taza. Ella y yo siempre nos habíamos metido con mi padre diciéndole que él era la más guapa de las tres. Él siempre reía y nos ofrecía una de esas atroces posturitas de belleza. –Se lo diré, –dije. Mintiendo, como había hecho tan a menudo desde aquel día en el que Elfangor nos dio el poder de transformarnos. –Um, adiós, –deseé poder decir otra cosa, algo más. Podía ser la última vez que yo… Salí corriendo de la casa y fui hasta el granero, hacia el establo de Ax. Respiré hondo y entré. –¿Qué tal, Ax? –pregunté. Uno de sus ojos auxiliares dio media vuelta hacia mí. Esa fue toda la reacción que obtuve. –Le acabo de tomar la temperatura otra vez. Treinta y dos grados, –dijo Erek. Había bajado casi un grado en menos de una hora. Si continuaba bajando a esa velocidad, no habría manera de que yo volviera a tiempo. Tobias dijo que no había un patrón definido en cómo la temperatura bajaba. Esperaba que ahora lo hiciera lentamente. –Erek, Tobias también está enfermo, –le dije. –Si Ax alcanza la crisis antes de que vuelva… No quería decirlo. Pero tenía que hacerlo. –No puedes ir a buscar ayuda de mi padre o de cualquier otro, –acabé. Lo que realmente estaba diciendo a Erek era que tenía que dejar morir a Ax. –Lo entiendo –asintió Erek. Si Ax estuviera lúcido, él lo habría entendido también, lo sé. Ax estaba entrenado como un guerrero cadete. Sabía que a veces un miembro de un equipo tiene que ser sacrificado para salvar al resto. Me giré hacia Ax y apoyé mi mano en su frente. – ¿Puedes oírme, Ax? –pregunté. Sentí como se movía, una diminuta tensión debajo de mi mano. ¿Me había oído? ¿Estaba intentando contestar? No podía estar segura. –Perdona, Ax, –susurré.– Estaría contigo si pudiera. Sentí cálidas lágrimas inundando mis ojos, y parpadeé para evitar que salieran. –¿Entiendes, verdad? –continué– Tengo que intentarlo y salvarnos a todos. No sólo a ti. Lentamente deslicé mi mano hasta apartarla de su frente. Entonces me giré y corrí fuera del establo sin otra palabra. Agarré mi bici de su sitio al lado de la puerta del granero. Salté encima y pedaleé con fuerza. No iba muy lejos. Mi buena y pasada de moda bici normal sería lo más fácil. Pedaleé lejos de Tobias, Ax y Erek. Lejos de mis padres. Lejos de Jake, Marco y Rachel. Estaba sola. Apreté con fuerza los pedales, intentando quemar algo del miedo que me invadía. Intentando bloquear todos los “y si”. ¿Y si no salía antes de que Ax alcanzara la crisis? ¿Y si mi plan no funcionaba? ¿Y si me ponía enferma antes de poder salvar a Aftran? ¿Y si lo fastidiaba? ¿Y si? ¿Y si? ¿Y si? ¿Y si tuviera que matar a Aftran cuando tuviera la oportunidad? Desaceleré cuando pensé en esta última. También había estado sola cuando me enfrenté a ese momento. Sola, había decidido dejar vivir a Aftran. Y había resultado ser la elección correcta. Aftran no nos había traicionado, ni a mí ni a los otros animorphs. Y había tenido un importante papel en el movimiento pacifista Yeerk. Si conseguía sacar a Aftran del estanque yeerk antes de que Visser la interrogara, el movimiento pacifista continuaría. Los Animorphs seguirían luchando. Si fallaba… [b]©K. A. Applegate 2004 de la traducción de Tam Alor[/b]
[b]Capítulo 18:[/b] Fui en bici hasta el parking del señor Tidwell y la dejé allí. Entonces me apresuré a su puerta delantera. La abrió antes de que hubiera tenido tiempo de tocar el timbre… –¿Dónde están los demás? –pidió. –Enfermos. –¿Sólo estás tú? –Sí. Yo. O yo o nadie. Dudó un momento, y luego me arrastró dentro. –¿Así que, donde deberíamos hacer esto? –dijo impulsivamente apenas estuve dentro– ¿Baño? ¿Cocina? ¿Dónde? Se tocaba la oreja, rascándose con un dedo alrededor del agujero. Parecía muy asustado por lo que íbamos a hacer. Pensé en decirle “bienvenidos al club”, pero me dije que sólo empeoraría las cosas. –La cocina está bien, –respondí. Pasé delante, aunque era su casa. Incluso aunque él era un profesor y yo sólo una niña. No había tiempo que perder con todo eso. Me senté en la mesa de la cocina y señalé al señor Tidweel la otra silla al lado mía. –¿Ahora?– preguntó él. –Vamos allá, –dije. Era la frase de Rachel, pero Rachel no estaba allí. Quizás nos traería suerte. A todos nosotros. El señor Tidwell acercó su oreja derecha a la mesa. Yo me incliné. Mis ojos se clavaron en el agujero del centro de su oreja. No podía mirar a otro lado. Su oído empezó a relucir. Entonces una cosa delgada como un lápiz y de húmeda carne gris se deslizó fuera. Culebreó a un lado y a otro. Casi como si estuviera probando el aire. Shh-lop. Shh-lop. Shh-lop. Más de ese cuerpo gris se deslizó fuera de la oreja del señor Tidwell. ¡Plop! El yeerk cayó las pocas pulgadas que lo separaban de la mesa. Su cuerpo se había empequeñecido y estrechado para pasar por el canal auditivo. Mientras yo miraba, la carne gris del yeerk se contrajo, como una mano cerrándose en un puño, formando su cuerpo parecido a una babosa. Me alejé. Las patas de mi silla rechinaron contra el suelo de la cocina. Es Illim, me dije a mi misma, intentando controlar mi repulsión. El señor Tidwell cogió una bayeta de la mesa y se secó la oreja. –Siempre me hace sentir… no sé. Vacío. No contesté. Quería moverme. No quería tener mucho tiempo para pensar en lo que iba a hacer. Alargué la mano y posé los dedos en la carne resbaladiza de Illim. Cerré los ojos. Me concentré. Y el ADN del yeerk pasó a ser una parte de mí. El yeerk. El yeerk pasó a ser una parte de mí. Aparté los dedos de Illim. El señor Tidwell llenó una bolsa Ziploc con agua y luego metió a Illim dentro. Entonces la cerró casi por completo y cuidadosamente la puso en el ancho bolsillo de su chaqueta de pana. –Sabes que si algo va mal, Visser Tres podría descubrir que fui yo quien te llevó allí, –dijo él. –Si eso pasa, nos matará. –Sí, bueno, lo lleva intentando bastante tiempo, pero aquí estoy, –dije. Entonces me reí de mi propia bravata. El señor Tidwell sonrió. –Siempre has sido una buena estudiante. A diferencia de Jake, que nunca se aplica por completo. Suspiré. –Bueno, ojalá Jake estuviera aquí ahora. Es el momento. Tengo que hacerlo. Es algo extraño de ver. –Creo que puedo aguantarlo. Centré mi mente y los cambios empezaron. Cualquier transformación asusta. Cualquier nueva transformación asusta más aún. Esta forma… ésta era el enemigo. Era un parásito. Una babosa. Mi piel se volvió resbaladiza, cubierta por una delgada capa de mucosa que cubrió todo mi cuerpo, fluyendo por los poros. Mis párpados. El espacio entre mis dedos de manos y pies. Mi cuello, mis piernas, mi estómago. La mucosa se espesó, convirtiéndose en una sustancia pegajosa como una gelatina a medio hacer. Se metió en mis oídos. En mi nariz. En mi boca. Me dieron náuseas cuando la mucosa entró en mi boca. Mis dientes empezaron a disolverse, como si ésta fuera ácido. Mis labios se unieron, encerrando mi boca, los dientes que se desvanecían y la sustancia pegajosa. Ax siempre dice que soy la que mejor me transformo. Pero era muy difícil no resistirse a esa transformación. Intenté relajarme. Alejarme de los cambios. Mi cuerpo se volvió frío a medida que la espesa baba se deslizaba por mi garganta, recubriendo mi esófago. De alguna forma, todavía respiraba. Quizás a través de mi piel. Una ola de náuseas me invadió cuando la fría y espesa mucosa golpeó mi estómago e intestinos. Los sentí arrugarse y desaparecer. La mucosa se expandió alrededor de mi corazón. Y mi corazón se marchitó y dejó de latir. La baba pegó mis brazos a mis lados y juntó mis piernas. Parecía pasar a través de la piel hasta los huesos. La fría gelatina convirtió mis huesos en hielo. Luego éstos se rompieron en un millón de trozos. El suelo se alzó hasta encontrarme cuando me caí de la silla. No había empezado a encoger todavía y allí estaba yo, la babosa más grande del mundo. Mi cuerpo entero estaba hecho de resbaladiza y blanda carne. Sólo mis ojos aún no habían cambiado. Se habían quedado fijos mirando el techo. El señor Tidwell apareció encima de mí. Su cara estaba deformada por una mueca de horror. Creo que estaba gritando, pero no podía oírlo. Su cara se volvió borrosa cuando la mucosa cubrió mis ojos. Su cara desapareció mientras mis ojos se disolvían completamente. Entonces mi cuerpo se enroscó sobre sí mismo. Adelgazando y adelgazando. Haciéndose cada vez más y más pequeño. Cayendo… cayendo. Y se acabó. La transformación se había completado. Ahora era un yeerk. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 19:[/b] Yacía en el suelo de la cocina de Mr Tidwell. Sorda, ciega, y tan sólo capaz de moverme lentamente. ¿Cómo sería capaz de encontrar la oreja de Mr Tidwell? No tenía ni idea, pero el yeerk lo sabría. Intenté abrirme a los instintos del yeerk y dejar que me guiaran. Me di cuenta de que podía hacer algo como la ecolocación del murciélago. O como un sonar. El yeerk emitía algún tipo de ondas eléctricas. Entonces, analizaría como rebotaban esas ondas, y eso me daría una idea de la forma y el tamaño de las cosas. Mi sonar encontró un objeto, más grande que yo, moviéndose. Sentí tibieza rodeándome. Y fui levantada en el aire. Mi sonar encontró una nueva forma. Mis instintos yeerks me atrajeron hacia allí, muy fuertes. Advertí dos pequeños salientes. Seguí “mirando” a mi alrededor, hasta que encontré la pequeña abertura y apunté hacia ella. Entonces me moví hacia dentro, deslizándome justo hacia el interior del canal auditivo del señor Tidwell. Tenía el tamaño perfecto para entrar. Expulsé algún tipo de anestesia para insensibilizar el canal y abrirme camino, apartando hueso y tejido con sorprendente fuerza. Entré. Cada vez más profundamente. Empujando la carne a mi paso. Más y más adentro. Me deslicé hacia dentro centímetro a centímetro hasta que sentí los débiles impulsos eléctricos. ¡Sí! ¡Eso era lo que estaba buscando! ¡El cerebro! Las neuronas enviaban microvoltios alrededor mío mientras me estiraba. Era tan delgada como el papel. Extendida como Silly Putty aplastado [NdeT: esa pasta normalmente color carne entre plastilina y blutac… en las imágenes del google se ve muy claro.] Me empujé y me apreté a mi misma en las grietas y pliegues del cerebro. ¡Ah! Ahora podía sentirlo. Las neuronas se estaban conectando a mí. Haciéndome una parte de su extraño y maravilloso nuevo cuerpo. Sentí el escalofrío del yeerk de placer y temor reverente a su nueva movilidad. A su nuevo tamaño, fuerza, y poder. Era un placer visceral, no consciente, no racional, animal. Toqué la zona del cerebro que controlaba el sentido del oído. ¡Ahhhh! Era como estar viva de nuevo. El sonido del agua goteando en el fregadero era maravilloso. Entonces, toqué el sentido de la vista. Era como encender la luz después de haber estado siempre en la oscuridad, bajo tierra. ¡Abrumador! ¡Eufórico! Era un deslumbrante y mareante delirio. Aftran tenía tanta razón cuando me dijo que los humanos vivimos entre esplendor y magnificencia. El mantel a cuadros blancos y rojos del señor Tidwel era una imagen para saborearla y demorarse en ella. El… Oí decir a una voz. preguntó él, sonando aterrorizado. Podía haberme quedado en la cocina de Mr Tidwell toda la noche. Permitiéndome a mí misma sentir la alegría y las nuevas sensaciones del yeerk. Pero tenía trabajo que hacer. Y no mucho tiempo. Aparté el deseo de mi yeerk de explorar ese nuevo mundo. No estaba segura de cómo usar las conexiones entre yo y el señor Tidwell para controlarlo. Pero el yeerk lo sabía. Permití que se abrieran secciones del cerebro del señor Tidwell. Algunas secciones controlaban las funcionas físicas, como mover los músculos. Pero otras controlaban sus recuerdos. Mientras exploraba esas áreas, fui inundada por imágenes de la vida del señor Tidwell. El señor Tidwel sentado en su cocina, el fregadero hasta arriba de platos sucios. El mármol salpicado con manchas de comida. El olor de basura fuerte en el aire. Un señor Tidwell más joven y más delgado en la misma cocina, pero esta vez brillando limpia y alegre, al lado de su mujer, salpicándola con espuma. El señor Tidwell entrando en una clase en su primer día como profesor. Sintiéndose nervioso y orgulloso cuando escribió su nombre en la pizarra y se giró hacia la clase. El señor Tidwell metiéndose en su cama cada noche, y colocando cuidadosamente la foto de su esposa en la almohada a su lado. No quería ver eso. No quería ir curioseando los recuerdos del señor Tidwell. Deseé poder disculparme, pero aunque yo podía oír sus pensamientos no sabía cómo mandarle los míos. Seguí buscando en su cerebro, retirándome rápidamente cada vez que encontraba recuerdos. Pero estaban por todas partes. Estaba invadiendo cada secreto, destrozando toda privacidad. Me sentía avergonzada. Intenté mover una mano. Se movió. Intenté formar palabras. Era fácil. –Vale, creo que ya lo tengo, –murmuré con la voz del señor Tidwell. Di un paso… y choqué con la mesa. dijo el señor Tidwell. Aprecié que intentara bromear. Sí, otro paso. No choqué con nada. Lentamente me dirigí hacia la puerta delantera, sintiéndome más segura en mi nuevo cuerpo con cada movimiento. Subí al coche del señor Tidwel. No sabía conducir, pero el señor Tidwell sí. Y todo lo que él sabía hacer, ahora también lo sabía yo. Saqué las llaves de su bolsillo, encendí el motor y me dirigí calle abajo. Era bastante divertido conducir por mí misma. Me sentí un poco apenada cuando aparcamos en el parking del McDonalds. Por más de una razón. Normalmente habría estado escuchando las instrucciones de último minuto de Jake. Habría estado riéndome de las bromas que hace Marco antes de que hagamos algo locamente peligroso. Tobias probablemente habría estado volando por encima nuestra, dándonos su informe del tráfico desde el aire. Rachel estaría siendo todo un macho [NdT: En serio que lo pone!!], con su valentía reforzando la mía. Me golpeó otra vez lo sola que estaba. Los echaba de menos. Los echaba mucho de menos. Salí del coche y seguí mi camino hacia el interior del McDonalds. Era consciente de cómo los nuevos colores, formas y olores interesaban a mi parte yeerk, pero no me dejé distraer. Me puse en la cola más cercana a los baños. Cuando la chica detrás del mostrador me preguntó mi pedido, le dije que Happy Meal con extra de Happy. La chica soltó una risa falsa, como si hubiera oído la misma broma miles de veces. Lo que yo sabía que era cierto. Pedir extra de happy era la contraseña para el estanque yeerk. Creo que los yeerks tienen sentido del humor. El señor Tidwell tenía entrada libre. Lo que quería decir que yo la tenía también. Caminé pasados los baños y abrí la siguiente puerta, que me llevó a la cocina. Me metí directamente en la gran nevera. ¡WHOOSH! La parte de atrás del congelador se deslizó hacia un lado, abriéndose. Sabía que el BioFiltro Gleet estaba justo allí dentro. Respiré hondo y crucé. El BioFiltro no hizo ni un solo Brrrr-EEEET. Todo lo que detectaba eran humano y yeerk. Ambas formas autorizadas. No tenía manera de sentir al Animorph que también entraba, hacia el estanque yeerk. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 20:[/b] Empecé a bajar la larga escalera que conducía al estanque yeerk. El aire era húmedo en mi cara. Casi aceitoso. Las gafas del señor Tidwell se empañaron. Me las quité y todo se volvió suave y borroso. Rápidamente las limpié con mi camiseta y me las volví a poner. No podía ver sin ellas. Era tan raro estar en otro cuerpo humano. Se sentía todo tan diferente. Incluso el sonido de sus pasos me parecía extraño. Demasiado fuerte y pesado. Bajé las escaleras hacia el estanque. Me encontré deseando que mis pisadas hicieran incluso más ruido. Quería ahogar los otros sonidos que me llegaban de abajo. Los gritos de furia. Los aullidos de agonía. Y por debajo de todos ellos, los leves sollozos de pura desesperación. Sabía exactamente quién hacia aquellos horribles sonidos que te partían el alma. Alrededor de la orilla del estanque había jaulas llenas de portadores involuntarios, humanos y Hork-Bajirs. Ellos gritaban, amenazaban, aullaban y sollozaban porque podían. Por unas pocas horas sus voces eran suyas otra vez, mientras sus yeerks nadaban en el estanque, empapándose de rayos Kandrona y otros nutrientes. Empapándose de vida. Me forcé a continuar por las escaleras. Los muros de tierra a mi alrededor se convirtieron en piedra. Y el brillo púrpura del suelo de la escalera se hizo más fuerte. Abajo, abajo, abajo. Los gritos de los portadores se hicieron más fuertes. Y yo empecé a escuchar el sonido del líquido chocando con la orilla del estanque. Los muros de piedra se ensancharon. Ya estaba casi allí. Abajo, abajo, abajo. Di los últimos pasos, y entré en la enorme caverna. Era como una pequeña ciudad. Humanos, taxxonitas y Hork-Bajirs por todas partes. Construcciones y cobertizos en un anillo alrededor del exterior. Excavadoras amarillo brillantes y altas grúas dispuestas a continuar la expansión subterránea. Expansión. Esa idea hizo que mi estómago se revolviera. me instruyó el señor Tidwell. Cuando empecé a andar por ese muelle, oí el sonido más terrible. El sonido de una risa. Examiné la caverna, buscando la fuente. Un grupo de humanos estaban viendo un reestreno de Full House en una habitación al fondo, al lado del muro. Eran portadores voluntarios. Los que habían elegido dejar que los yeerks los controlaran. Estaban pasando el rato ahí viendo la televisión mientras sus yeerks nadaban en el estanque. De alguna forma, se las arreglaban para ignorar los gritos y lloros de las jaulas. Desvié la vista y seguí hacia el muelle. Cogí sitio en la cola. Había tres humanos y un Hork-Bajir delante mía. ¿Cuánto tardaría? Tenía que sacar a Aftran antes de que volviera Visser. El primer humano, un niño de unos cinco años, se paró al final del muelle. Tranquilamente se arrodilló y dos Hork Bajirs controladores lo ayudaron a bajar la cabeza hacia el fango gris metálico del estanque yeerk. Supe cuando el yeerk salió por la oreja del niño. Sus pies empezaron a pegar patadas contra el muelle de metal. ¡Wham! ¡Wham! ¡Wham! Los controladores Hork-Bajir lo levantaron. El niño abrió mucho la boca. ”¡Mamaaaá!” gritó. La horrible llamada de voz aguda hizo que el vello en mi nuca –la del señor Tidwell– se pusiera de punta. El de mis brazos, también. Dos Hork Bajir controladores más fueron hacia el final del muelle. Separaron al chico de los dos primeros, y lo escoltaron hasta las jaulas. Cuando pasaron a mi lado, quise alcanzarlos y llevarme al niño lejos de ellos. Debería de estar deslizándose por el tobogán en los columpios. Debería estar aprendiendo los nombres de todos los lápices de colores Crayola de la caja grande. –¡Mamaaaaaá! – el niño gritó otra vez– ¡Mamaaaaaaá! Luché por mantener la cara del señor Tidwell inexpresiva mientras oía la puerta de una jaula cerrarse detrás mía, encerrando al niño dentro. Si un ápice de preocupación cruzaba mi cara, nos arriesgábamos a que nos capturaran. Illim debe pasar por esto todas las veces, pensé. Tenía que estar seguro de que actuaba como un yeerk normal. Y eso quería decir actuar como si los sentimientos de su portador no significaran nada para él. El siguiente humano en la cola, una mujer alta y bien vestida, se arrodilló en el muelle y bajó su cabeza hasta el estanque. Sólo una pequeña sacudida reveló que el yeerk había abandonado su oreja. Entonces ella se levantó, recta y alta. Sus ojos brillaban con odio mirando a los Hork-Bajirs controladores que la llevaron hacia las jaulas. Pero no hizo ningún sonido. El Hork-Bajir era el siguiente. Mientras lo miraba inclinar su cabeza dentro del agua, no podía evitar pensar en la diminuta colonia de Hork-Bajirs libres que vivían en el valle secreto. El Hork Bajir bramó angustiado cuando levantaba la cabeza. El fango gris se deslizó en su boca abierta. “Voy a sacar a Aftran de aquí”, me prometí a mi misma. Sólo quedaba una persona delante mía. Un hombre de pelo corto y oscuro. Se arrodilló. Sumergió la cabeza. Entonces, como la mujer, se levantó sin llorar o quejarse. Los dos Hork-Bajirs controladores lo cogieron por los brazos. El hombre caminó dos pasos, y cayó de rodillas. Debió de sorprender a los Hork-Bajirs controladores, porque se las arregló para soltarse de ellos. Se levantó y corrió pasando al lado mía por el muelle. “¡Corre, corre, corre!” pensé. Pero vigilé con cuidado que las palabras no llegaran a mis labios. Uno de los Hork-Bajirs controladores empuñó un arma de rayos dragón. ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Eché un vistazo por encima de mi hombro a tiempo para ver al hombre caer al suelo, sus ropas quemadas humeando. Dejó escapar un leve quejido de dolor, y me di cuenta de que también su piel había sido quemada. Los Hork-Bajirs controladores lo levantaron rudamente y lo llevaron a las jaulas. –¿Por qué no podéis matarme? –gritó el hombre– ¿Por qué no podéis simplemente matarme? Yo sabía porqué no lo habían matado. No habían querido destrozar un buen cuerpo portador. Metí una mano en el bolsillo y abrí la bolsa Ziploc completamente. Guié a Illim por la manga de mi chaqueta. Metería las manos en el estanque cuando bajara la cabeza; así él podría liberarse y estar preparado para reentrar en Mr. Tidwell. Los Hork-Bajirs controladores del muelle me señalaron hacia delante. Era mi turno. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 21:[/b] Podía sentir mis rodillas temblando mientras me arrodillaba en el borde del muelle. Respiré hondo y bajé la cabeza hacia el fango. La primera cosa que hice fue soltar a Illim. Después, lentamente me deslicé hacia el canal de la oreja del señor Tidwell, rompiendo las conexiones con su cerebro. Contorsioné mi cuerpo mientras me arrastraba por el diminuto túnel. De golpe, estaba libre. En el estanque yeerk. Estaba ciega, casi sorda, y muda. Pero eso era lo extraño, que no me importaba. Estaba con mis hermanos y hermanas, empapando mi ansioso cuerpo con los rayos Kandrona. Si hubiese tenido boca, habría dejado escapar un largo ahhhhhh de satisfacción. Estaba en casa. ¿Qué estaba en casa? Me di una bofetada mental en ambas mejillas. Había dejado a los instintos del Yeerk tomar el control por unos minutos. Definitivamente, eso no era mi casa, y tenía una misión que cumplir. Tenía que encontrar a Aftran. Rápido. Usé mi sonar para comprobar el área alrededor mío. Había yeerks por todas partes. Encima mío. Debajo. En las cuatro direcciones. Me recordé que para ellos yo sólo era otro yeerk. Nada que les hiciera sospechar. Estaba completamente a salvo. Una cabeza de Hork Bajir se hundió en el agua. Monté en la ola que se creó en el estanque. Lancé otra vez el sonar. Yeerks, yeerks y más yeerks. Entonces noté algo diferente. Mi sonar detectó los dos muelles de acero. Debajo del más lejano había una cadena con una caja en el extremo. La caja tenía el tamaño justo para guardar a un yeerk. Aftran. Ella estaba allí. Lo supe. ¿Pero cómo iba a llegar hasta ella? No tenía piernas para dar patadas con ellas. Ni brazos para remar. Contorsioné mi cuerpo tanto como pude y logré moverme más o menos medio centímetro. Aftran estaba sólo a unos seis pies. Pero a ese ritmo me llevaría toda la noche alcanzarla. Y definitivamente no tenía toda la noche. “Usa al yeerk” me dije a mí misma. “Sabe como nadar.” Dejé a los instintos del yeerk tomar el control. Scrunch-trust. Scrunch-trust. Scrunch-trust. Contraje mi cuerpo, entonces lo solté. ¡Estaba nadando! Bueno, algo así. No estaba lista para el equipo olímpico, pero me movía más rápido que antes. Scrunch-trust. Scrunch-trust. Scrunch-trust. Finalmente llegué a la jaula. La estudié con mi sonar. Era una caja, de metal me imaginaba, con pequeños agujeritos en toda su superficie. Los agujeros eran, de lejos, demasiado pequeños como para que un yeerk saliera por ahí. Pero el cierre parecía muy sencillo. No habría sido difícil de abrir… si hubiese tenido manos. Podía volver a mi cuerpo. Pero estaba justo debajo del muelle. Dos Hork Bajirs estaban en el borde. Y más caminaban de un lado a otro, escoltando a los portadores. Había demasiadas posibilidades de que alguno me viera. ¡Pa-loosh! La cabeza de un portador se hundió en el agua. Mi sonar captó el salvaje movimiento cuando el portador, un hombre mayor esta vez, intentó girarse para evitar que el yeerk se escurriera por su oreja. El yeerk encontró su camino dentro del portador, y unos momentos después el hombre dejó de sacudirse y tranquilamente levantó la cabeza. Los portadores que eran reinfestados aumentaban las posibilidades de que me descubrieran. Un yeerk podía meterse en su portador, verme en forma humana, levantar su cabeza y delatarme. No podía arriesgarme a transformarme tan cerca del muelle. Tenía que encontrar otra manera de sacar a Aftran. ¡Pa-loosh! Otra cabeza de portador fue sumergida en la piscina. Una chica. Mi sonar captó su largo pelo flotando en el agua. Era difícil decirlo, pero no creo que fuera mucho mayor que yo. Esa voz. Era la voz de la maldad. Me atravesó, mandando escalofríos de terror a través de mi pequeño y blando cuerpo. ¡Visser Tres! ¡Había vuelto! ¡Y todavía no había encontrado la manera de abrir la jaula de Aftran! ordenó Visser Tres. La jaula de Aftran inmediatamente comenzó a moverse a través del estanque. Alguien estaba estirando la cadena. Llevándose a Aftran lejos de mí. Y yo no tenía manos para pararla. Pero tenía que hacer algo. ¡Ahora! dijo Visser Tres, sonando jovial. [b]©K.A. Applegate 20045 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 22:[/b] No había tiempo para planear. No había tiempo para nada excepto para moverse. Scrunch-trust. Scrunch-trust. Scrunch-trust. Fui hacia la chica que tenía la cabeza en el agua. Un yeerk estaba a punto de entrar en su oreja. Lo aparté del camino y me metí yo. Expulsé un chorro de líquido anestesiante y me escurrí por el canal de su oído. Me extendí por el cerebro. Los microvoltios de electricidad dejaron mi cuerpo hormigueante. Y estaba conectada. Abrí frenéticamente los recuerdos de la chica. Era un miembro de la Alianza. Esta chica… era una portadora voluntaria. Una colaboradora. No podía dejar que viera nada de mí. Ni pensamientos, ni emociones. Ni el más diminuto resquicio de Cassie. Sentí manos en mis hombros, ayudándome a salir del agua. Me puse de pie. En cualquier momento la chica iba a darse cuenta de que yo no era su yeerk usual. Pero no sería capaz de hacer nada para traicionarme. No ahora. Yo tenía el control de su cuerpo. Pero tan pronto como la dejara, ella sería capaz de contarle a Visser Tres todo lo que había aprendido mientras yo estaba en su cabeza. ¡Tenía que actuar! ¡Ahora! Antes de que yo dejara al descubierto que los “bandidos andalitas” de Visser Tress eran humanos en su mayoría. Antes de traicionar a Illim y a Tidwell. O a los Chee. Me giré y clavé los ojos en Visser Tres. Con su forma de andalita. Estaba a medio camino del muelle, dándome la espalda. Una corte de humanos, y Hork-Bajirs controladores, y taxxonitas se encontraban delante de él, ansiosos de ver la tortura. El Visser abrió la jaula de Aftran. La sacó fuera. La levantó, clavando sus dedos en su cuerpo indefenso. le dijo Visser Tres a Aftran, emitiendo su telepatía lo bastante alto para que todos le oyeran. ¡Wham! ¡Wham! ¡Wham! Mis pies golpearon el embarcadero de metal mientras me lanzaba hacia él. Lo único que mi portadora recibía de mí eran órdenes como Choqué contra Visser Tres tan fuerte como pude. Él se giró hacia mí, su cola levantada. Pero estaba demasiado confuso y sorprendido como para reaccionar. Le arrebaté a Aftran. El Visser cerró su puño. Pero las manos andalitas son débiles. Mordí su muñeca. Aftran cayó. La cogí en el aire y corrí. Corrí sin ningún sitio al que correr. Hice lo único que podía hacer. Me zambullí en el estanque yeerk. rugió Visser Tres Pa-loosh. Pa-loosh. Eché un vistazo rápido por encima de mi hombro. Taxxonitas. Dos de ellos. La verdad es que no piensas que unas criaturas que parecen ciempiés de doce pies de largo y cuatro de ancho sepan nadar. Pero saben. Y venían detrás de mí. Aftran se resbaló de entre mis dedos. Deseé que supiera que debía estar cerca mía. ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Rayos de luz trazaron líneas a través del agua. Genial. Alguien estaba disparándome rayos Dragon desde el embarcadero. Me impulsé más profundamente en el agua. Los rayos serían capaces de alcanzarme allí abajo, pero el que disparaba no me vería. ¡Tseeewww! Vi una docena de yeerks retorcerse y quemarse. Visser estaba matando a su propia gente para cogerme. Sentí una garra pellizcando mi tobillo. ¡Un taxxoninta, salido de la nada! Me había cogido con una de sus manos de langosta. Hora de irse. Me deslicé fuera del cerebro de la chica, escurriéndome por el conducto de su oreja, y resbalé al estanque. Con mi sonar vi como la chica era arrastrada a la superficie. No les llevaría mucho figurarse que el yeerk que la había estado controlando ya no estaba en su cuerpo. No dudaba de que Visser Tres encontraría una manera de registrar la piscina hasta encontrarnos a mí y a Aftran. Necesitaba salir de ahí. Ahora. Algo con alas. Quería alas desesperadamente. Pero antes de que pudiera transformarme en pájaro, tenía que recuperar mi cuerpo humano. En el estanque yeerk. Me sumergí. Mucho más abajo que los otros yeerks. Y empecé a transformarme en humano. Mi cuerpo yeerk se aplanó. Estrechándose y estrechándose. Formó una cabeza. Brazos. Piernas. Pero todo plano. Era como una gran muñeca de papel. Sentí mis huesos creciendo de nuevo, contra mi cuerpo plano. Convirtiéndolo en tres dimensiones otra vez. Mi piel cambió de textura, y dejé de poder respirar por ella. Ojos, nariz, labios salieron en mi cara de muñeca. Una pulsación apareció en mi pecho cuando mi corazón volvió a formarse. Mis venas y arterias se expandieron y la sangre empezó a correr por ellas. Mi estómago e intestinos aparecieron en mi interior. Mis pulmones se hincharon. Y empezaron a quemar. Necesitaba aire. Pronto. Pateé hasta la superficie del estanque. Giré la cabeza hacia arriba y dejé que únicamente la nariz saliera a respirar. Llevé aire una y otra vez a mis ardientes pulmones. Entonces oí las palabras que me dejaron de piedra. Ordenó Visser Tres [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 23:[/b] Nadé. Nadé con fuerza. Entonces… gritó Visser. No me hablaba a mí, estaba hablándole a la chica, al cuerpo que había usado para atacarlo. En cualquier momento se daría cuenta. En cualquier momento… Respiré profundamente otra vez y me sumergí aún más en la piscina. Los yeerks me rozaban los brazos, las piernas, la cara. La sensación de sus cuerpos blandos como de medusa me repugnaba. Los aparté, pero tan rápido como lo hacía, otros ocupaban su sitio. “Ignóralos”, me ordené a mí misma. Ahora no era el momento para distraerse. Necesitaba transformarme. Transformarme debajo del agua, sin respirar, iba más allá de lo arriesgado. Era estúpido. Pero tenía que salir del estanque, y no tenía refuerzos. Tenía que aprovechar la oportunidad. Un búho. Sería lo bastante fuerte para llevar a Aftran. Y su vista me permitiría maniobrar en la oscura caverna. Me concentré en el ADN del búho. Sentí las plumas empezando a formarse. Se pegaron a mi cuerpo humano, mojadas y pesadas. ¡Nunca sería capaz de volar con las plumas empapadas! No digamos ya de sacar a Aftran. Mis pulmones ardían. Pero no podía arriesgarme a respirar otra vez. Repasé mis otras transformaciones posibles. ¿Con cuál tendría mayores oportunidades de escapar? ¡Piensa, piensa, piensa! Tiburón. No. Delfín. No. Ardilla. Quizá. No. Mis formas de insectos estaban definitivamente descartadas. Estaba empezando a marearme. Demasiado tiempo. Espera. ¡Lo tengo! ¡Mi águila pescadora! ¡Las águilas pescadoras cazan peces! ¡Eso quería decir que debían ser capaces de mojarse y todavía poder volar! Me concentré en el ADN del águila pescadora. Ignoré la presión creciendo en mi pecho. Mis piernas adelgazaron. Tan finas como fideos. Flotaron en el agua un momento antes de empezar a acortarse. Sentí mis labios y nariz juntarse para formar el pico. Me atraganté cuando una bocanada del limo del estanque se deslizó por mi garganta. El sabor era amargo en mi menguante lengua. ¿Dónde estaban mis alas? ¡Necesitaba alas! Mis pulmones latían. No podía aguantar la respiración… Sentí como si mis brazos se estiraran hacia arriba y hacia abajo cuando se ensancharon para formar alas. ¡Sí! grité, aunque sabía que ella no podía oírme ni responder. Sentí pinchazos cubriendo mi cuerpo cuando las plumas empezaron a aparecer. Aftran se deslizó entre mis garras. La tenía. Al menos esperaba que fuera ella. ¡Íbamos a salir de allí! Puntos rojos explotaron delante de mis ojos mientras luchaba por llegar a la superficie. Saqué mi pico y cogí tanto aire como mis pulmones aguantaron. le dije a Aftran. Impulsé mis alas en el fango, sacando mi cuerpo del estanque yeerk. Sabía que ellos estarían esperándome. No había manera de escaparse. –¡Visser! ¡Un pájaro! ¡Tseeewww! Un rayo dragón me apuntó. Falló. Aleteé con fuerza otra vez, revoloteando por la superficie del estanque, mis garras rozando el agua. Casi en el aire. ¡Casi! ¡Zap! Un largo tentáculo amarillo salió del estanque y me golpeó en un ala. El punto que me tocó se insensibilizó de golpe. Desequilibrada, me balanceé. ¡Sploosh! Medio cuerpo mío se hundió en el agua otra vez ¡Visser! Se había transformado en algo… en algo que podía nadar. Algo rápido y fuerte. preguntó Visser Tres. Esta vez si que me hablaba a mí. Definitivamente. Y yo estaba sola. No tenía a Marco, Jake, Tobias, Rachel o Ax para distraer a Visser. Su nueva forma era terrible. Era como un ojo flotante con largos, largos tentáculos como látigos. Uno de esos tentáculos se sacudió y me golpeó en el ala otra vez. Insensible. Sus tentáculos estaban llenos de veneno. Si me daba muchas veces más no sería capaz de mover el ala. Caería sin remedio y Visser… ¡Zap! Otro golpe. En el ala contraria. Tenía que alejarme del agua. Aleteé en el líquido. ¡Zap! Mi ala mala otra vez. Estaba casi medio insensible ahora. “Piensa en Ax. Piensa en Jake” Empujé las alas hacia abajo una y otra vez. Rachel. Tobias. Marco. Más puntos rojos explotaban. No podía aguantar mucho más la respiración. Atravesé la superficie del agua. Mamá. Papá. Hacia arriba, arriba, arriba. Mis músculos gritaban de dolor. ¡Sí! Estaba fuera del alcance de los tentáculos. Giré alrededor y volé hacia la escalera. Los humanos en las jaulas me animaban. Los controladores humanos maldecían y aullaban furiosos. Los taxxonitas chillaban. Los Hork Bajirs controladores bramaban. Logré ver al señor Tidwel. Sacudía el puño en el aire. Para los otros probablemente parecía un gesto de enfado. Pero yo sabía que era de triunfo. ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Zigzagueé como pude con mis alas heridas, con Aftran todavía apretada en mis garras. Los Hork Bajirs me dispararon desde el muelle. oí rugir a Visser Tres. Alcancé las escaleras. Arriba, arriba, arriba. Engullendo el aire. Mis pulmones en fuego. Las paredes de piedra cambiaron a tierra. Los rayos dragon del muelle no podían alcanzarme aquí. grité. Aleteé más fuerte. No podía frenar ahora. ¡No ahora! ¡Tseeewww! Un olor acre y fuerte me inundó. El olor de mis propias plumas. El rayo dragón las había quemado. Giré bruscamente a la izquierda. Ahora podía ver lo que había olvidado en mi frenesí. Cruzaba el aire, hacia mí. Algo que parecía una ingrávida bola metálica. Un robot de caza. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 24:[/b] Sabía que los robots de caza sólo tenían un punto débil. Su sistema visual. Aleteé más fuerte, intentando ganar algo de altitud. Me situé encima del robot de caza. Sólo tenía una oportunidad. Esperé. La gran bola de metal giró hasta que la lente de su cámara me apuntó. En un segundo dispararía. ¡Blat! Una masa blanca-gris cayó. Mi vida, la vida de Aftran, la vida de todos mis amigos, el futuro de la raza humana, dependiendo de aquella masa informe. Golpeó la lente. El robot se giró hacia la derecha. Luego a la izquierda. Entonces a la derecha otra vez. Una caca de pájaro en el ojo de buey. Batí las alas hacia la puerta metálica. No había barandillas a mis lado. Sólo liso y brillante metal. Examiné la pared alrededor de la puerta. ¿Tenía que haber algún tipo de pomo allí, no? “Quizás es sólo una entrada”, pensé. Quizás es como el probador de The Gap. La gente entra en el estanque yeerk por allí. Pero salen por los multicines. Me acerqué un poco más. ¡BrrrrEEEET! ¡BrrrrEEEET! ¡BrrrrEEEEET! ¡Oh, no! El Biofiltro Gleet. Lo había olvidado. ¿Como podía haber sido tan estúpida? “Detectada forma de vida no autorizada” anunció una voz metálica. ¡BrrrrEEEET! ¡BrrrrEEEET! “Detectada forma de vida no autorizada” En segundos sería destruida. El BioFiltro eliminaba todas las formas de vida cuyos ADN’s no figuraran en el ordenador. Y definitivamente, las águilas pescadoras no estaban en la lista de invitados de los yeerks. ¿Podía transformarme en yeerk a tiempo? ¿O sería mejor mi forma humana? Oí el ruido de pies golpeando la escalera hacia mí. Pies realmente grandes. Guerreros Hork Bajir. “Cubra sus ojos para proteger la retina del daño producido por el BioFiltro Gleet.” Instruyó la voz mecánica. Estaba condenada. ¡Whoosh! La puerta de metal se abrió justo por la mitad. Una mujer empezó a cruzarla. Me vio. –¡Andalita!– gritó. Me golpeó con el bolso. Pasé por encima suya, ignorando el dolor que venía de mi ala herida. Un bolso no era bastante para pararme. Ni de cerca. Volé en el aire frío de la nevera. La puerta de fuera estaba cerrándose. ¿Podría hacerlo? La habitación se iluminó con una deslumbrante luz blanca. ¡Clang! Reboté en una de las esquinas metálicas. ¡Crash! Algo que sonaba como cristal rompiéndose. No paré. Seguí volando recto. “¡Hecho!” ¡Thump! La puerta del congelador se cerró detrás de mí. Perdí un par de plumas de la cola, pero seguía volando. –¡Papá, mira, un pájaro! –Oí gritar a una niña pequeña. –¿Qué es eso que lleva? –gritó alguien más. Parte de mi visión estaba volviendo. Lo bastante para que pudiera ver la puerta. Por supuesto, estaba cerrada. No te das cuenta de lo mucho que necesitas las manos hasta que no las tienes. ¿Pero sabéis algo que mola? Los humanos. Nueve de cada diez humanos son criaturas bastante decentes. Uno de estos encantadores humanos, preocupado por un pájaro obviamente aterrorizado por estar atrapado, abrió la puerta. La crucé como el viento. Volé, volé, volé hacia el libre y amplio cielo. Estaba aliviada. Pero no tenía tiempo para celebrarlo. Tenía que volver a casa. Ax me necesitaba. Volé como loca hacia mi casa. Mi cuerpo temblaba exhausto cuando al fin entré por la ventana del granero. Aterricé en una bala de heno y solté a Aftran. le prometí. Mi corazoncito de pájaro latía como loco. Quería sacudir mis plumas y meter la cabeza debajo de un ala. En vez de eso, me concentré en mi propio ADN. Las plumas que cubrían mi cuerpo se aplanaron hasta volverse tatuajes en dos dimensiones. Mis huesos huecos crecieron y se solidificaron. Oí un sonido repulsivo mientras mis órganos internos cambiaban y se retorcían. Mis ojos de pájaro crecieron, y mi visión se aclaró completamente. Llegué a ver los últimos cambios. Entonces me impulsé con un gruñido. Cogí a Aftran y corrí al establo de Ax. No podía parar de jadear cuando abrí la puerta y crucé el holograma. Ax estaba tumbado de lado. Él nunca hace eso. Y podía oírlo respirar en cortas y roncas aspiraciones. –Ha entrado en crisis –me dijo Erek. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 25:[/b] Me arrodillé al lado de Ax. –He vuelto –le dije. –Estoy contigo. No contestó. –Está inconsciente –me dijo Erek. –Lleva así un poco más de media hora. –Pobre, –pasé mis dedos por su suave pelo azul y canela. Sus costados se movían con cada una de sus respiraciones. –Creo que no tienes mucho tiempo, –dijo Erek gentilmente. –Tienes razón, – me levanté metí a Aftran en el abrevadero. –Estarás a salvo ahí, –le dije. Sabía que ella no podía entenderme. Sabía que tenía que estar aterrorizada. Pero tenía que dejarla. Me giré hacia Erek. –Tengo miedo de hacerle daño cuando lo movamos. Quizás podemos… Erek se inclinó y levantó a Ax en sus brazos. Había olvidado por un momento lo sorprendentemente fuertes que son los Chee. Me adelanté hasta la puerta del establo y comprobé que todo el granero estaba vacío. Entonces abrí la puerta y los guié al quirófano. Apunté a la mesa de metal y Erek dejó a Ax encima. –¿Puedes hacer otro holograma para que la habitación parezca vacía?– le pregunté. –Sólo por si acaso. –Cuenta con ello, –me respondió. No podía creer que estuviera haciendo eso. No podía creer que fuera a intentar una cirugía cerebral. En un alien. De repente me entró esa poderosa urgencia de irme. De buscar una tele, plantarme delante con una pinta de Ben y Jerry’s, subir el volumen, y olvidarlo todo. –Probablemente no funcionaría, de todos modos, –murmuré. –¿Qué? –Nada. “Hazlo paso a paso”, me dije. ¿Pero cual sería el primer paso? Cerré mis ojos e intenté imaginarme lo que hacía mi padre antes de una operación y lo que había visto en los libros que me dio mi madre. Lo tenía. Paso uno: limpiar los instrumentos. Duh. Entumecida, caminé hasta el fregadero y lavé mis manos con jabón antibacterias. Las sequé, y me puse un par de guantes de latex. Cogí una botella de alcohol de quemar de la estantería y un frasco de bolas de algodón. Empapé una de las bolas. – Esto estará un poco frío, –le dije a Ax antes de empezar a limpiar su cabeza. Sabía que no podía oirme. Pero me hacía sentir mejor el hecho de hablarle. Tiré el algodón usado a la basura y cuidadosamente guardé el alcohol y el resto de bolas de algodón en su sitio. Estaba retrasándome. Y eso podía ser mortal para Ax. No sabía cuanto tiempo le quedaba. Abrí de un tirón el largo cajón en medio del gabinete de mi padre y saqué un escalpelo. Lo acerqué a Ax. Mi corazón estaba latiendo tan rápido que podía sentirlo por todo mi cuerpo. En mis orejas. Incluso en las puntas de mis dedos. Situé el escalpelo al lado de la cabeza de Ax. Entonces me congelé. ¿Como podía hacer un corte? ¿¿Dónde estaba la Glándula Tria?? Quizás podría sentirla a través del cuero cabelludo de Ax. Quizás estaría hinchado. O un punto que se sintiera más frío o más caliente. Usé mi mano libre para examinar la cabeza de Ax. Empecé con su frente. Nada. Pasé al espacio entre sus antenas. Nada. Comprobé el área alrededor de cada una de sus orejas. Nada. Pasé los dedos por cada pulgada de su nuca, dos veces. Nada. Nada. –¡Esto es desesperante! ¡Es imposible! –grité. – ¡Va a morir conmigo aquí al lado! –Ya has hecho algo desesperante e imposible esta noche, –me recordó Erek. Rescatar a Aftran de Visser Tres me había parecido bastante imposible. Sin esperanza. Ahora Aftran estaba a salvo y parecía… Espera. Espera. Mi mente parecía ir lenta y rápida a la vez. ¡Aftran! –Ahora vuelvo, –le dije a Erek. Corrí fuera del quirófano hacia el establo de Ax. Saqué a Aftran del abrevadero y volví a toda prisa. Patiné y me sujeté en el borde de la mesa de operaciones para pararme. Llevé a Aftran a una de las orejas de Ax. Sus instintos yeerks deberían decirle que entrara. ¡Sí! Aftran se deslizó de mi mano y se metió en la abertura de la oreja de Ax. Vi como su cuerpo resbaladizo y gris desaparecía en el interior. –Quizás ella sea capaz de decirnos donde está la Glándula Tria, –le dije a Erek. Me apoyé con ambas manos en la mesa metálica. –Eres brillante –dijo Erek.– Aunque… –Sí. Vamos a esperar y ver si funciona primero, –respondí. Miré a Ax, esperando. Aftran debía estar extendiéndose por el cerebro de Ax en ese momento, pensé. Una vez que tenga el control, será capaz de hablar. ¿Será capaz? Tenía que funcionar. Tenía que hacerlo. Si no… “No” me ordené a mí misma “Aftran lo logrará.” ¿Pero por qué no decía nada? ¿Por qué estaba tardando tanto? ¿Tenía problemas con el cerebro andalita? ¿La enfermedad de Ax hacía imposible la conexión? Aftran dijo con la telepatía Andalita. –Estoy aquí. Estás a salvo de Visser Tres. Estás dentro de mi amigo, Ax, –le expliqué, hablando tan rápido como podía. –Hay una glándula en su cabeza que va a explotar en cualquier momento. Si lo hace, morirá. Tengo que sacarla, pero no sé dónde está. ¿Puedes sentirlo? ¿Puedes decirme donde cortar? respondió. –¿Qué? –dijo Erek– ¿Espera a qué? Cogí un escalpelo con mano temblorosa. –Sólo dime donde cortar. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 26:[/b] explicó Aftran. Giré la cabeza de Ax para poder alcanzar el punto. –Muy bien, voy a hacer el primer corte, –le dije. –Mantente fuera del camino. –Gracias, –Cogí el escalpelo y lo situé en un lado del punto que Aftran había descrito. Entonces hice un corte recto de cuatro pulgadas de largo. Podía sentir la cuchilla de metal arañando el hueso del cráneo de Ax. Pero eso era bueno. Era justo la profundidad que necesitaba. Tenía que apartar la capa de piel para poder trabajar con el hueso. Una línea de sangre azul negruzca apareció. Mi estómago se revolvió. Respiré hondo e hice un corte perpendicular al primero, otra vez de unas cuatro pulgadas de largo. –¡Hemostat!– espeté. [NdeT: Instrumento quirúrgico sin traducción al castellano.] El instrumento estaba en mi mano una fracción de segundo más tarde. –Otro. Vale. Retractor. ¡No, es esa otra cosa! Levanté una capa de piel. –Cinta, –dije. –¿Cuánta quieres? –preguntó Erek. –Diez centímetros. Me pasó la tira de tela. La usé para mantener la capa de piel apartada del hueso. –¿Puedes controlar los latidos de su corazón? –pregunté. –¿Intentar que vayan más lentos? dijo ella. –Almohadillas de gasa, Erek.– Alargué mi mano y Erek me las pasó. Las usé para enjugar algo de la sangre que salía de la incisión. –Ahora la sierra para hacer agujeros. Está en el esterilizador. –Aquí. dijo Aftran Aftran sonaba nerviosa. ¿Qué le pasaría a ella si la glándula Tria explotaba cuando aún estuviera dentro de su cabeza? –Vale, voy a necesitar que vayas secando la sangre mientras trabajo, –le dije a Erek. –Cuenta con ello. Erek me pasó la sierra circular. Situé el círculo de sierra alrededor de donde esperaba que se encontrara la glándula Tria. Giré el mango de la sierra varias veces. Aparté la sierra, y el círculo de hueso salió con ella. Ahora estaba viendo el cerebro de Ax. El sudor cubrió mi frente y empezó a correr por mis mejillas y mi nariz. Erek me lo secaba con otra gasa antes de que cayera al cerebro de Ax. No tenía que pedir más ayuda a Aftran para encontrar la glándula Tria. Era fácil de situar. Lila oscuro. Sobresaliendo. –Retracor, –le dije a Erek. –Escalpelo. Mis dedos temblaban cuando me los pasó. La glándula parecía a punto de explotar. Me daba miedo que si la tocaba, empezaría a supurar. –Aguanta esto. ¡Mi ojo izquierdo! ¡Sudor! Secó mi ojo con una bola de algodón. –Vale. Vamos allá, –susurré. Deslicé la hoja del escalpelo bajo la glándula con tembloroso cuidado. Corté. La glándula Tria estaba fuera. La tiré a un cuenco de metal. –Vale, –me rodeé con mis brazos. Mi cuerpo entero temblaba. [i]No lo pierdas ahora[/i], pensé. Tan rápido como pude, devolví a su sitio el círculo de hueso. Se soldaría correctamente en su sitio. Coloqué la capa de piel y la alisé. –Vamos a ver. informó Aftran. –Esta ha sido una de las mejores cosas que he visto nunca, –dijo Erek con una risa.– Y he visto muchas. anunció Aftran [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 27:[/b] –¿Qué pasa? –exclamé.– ¿Le estoy haciendo daño? dijo Aftran con voz repentinamente neutra. –Ax, escúchame. El yeerk es Aftran. Me ha ayudado a salvarte la vida, –grité. me dijo Aftran. –No lo entiende, –respondí. insistió ella. Un momento después, Aftran se deslizó fuera de la oreja de Ax. Ax se incorporó en la mesa. Sus ojos auxiliares se sacudían atrás y adelante. gritó. Le sujeté la cabeza entre mis manos. –¡Para! –ordené enfadada. –¡Tienes que estar quieto hasta que acabe de coserte la cabeza! Ax se tumbó obedientemente, pero yo podía ver los temblores que recorrían su cuerpo. Mi rabia disminuyó. Ax había estado tan enfermo… y luego se recupera y se encuentra un yeerk en su cabeza. Uno de los monstruos que habían matado a su hermano. No hacía falta preguntarse lo que le pasó. Debió pensar que lo habían capturado e infestado. –Estás bien, –le dije suavemente a Ax.– Estás en el quirófano de mi padre. Metí a Aftran en tu cabeza. Ella miró dentro tuya y me dijo donde estaba la glándula Tria. Me ayudó a operar. La he sacado. Has superado la crisis. Cogí a Aftran, llené el fregadero con agua y la dejé allí. –Volveré en un minuto– le prometí. Aunque estuviera sorda otra vez. Ciega, muda. Indefensa. Me giré hacia Ax. Seguía rascándose la oreja. Sabía que se sentía violado. Repugnado por lo que le había hecho. –Visser Tres planeaba interrogar a Aftran esta noche, –le dije suavemente mientras empezaba a coser la incisión de Ax. –Él descubrió que ella era parte del movimiento pacifista. Di la última puntada. –Ese yeerk asqueroso ayudó a salvar tu vida. Y casi dio la suya por la paz entre humanos y yeerks. Y ahora, a menos que pueda hacer algo para salvarla, tendrá una muerte lenta por falta de Kandrona. Ax no dijo nada. Quizás cuando descansara, lo pensaría mejor. –¿Erek, puedes llevar a Ax otra vez al establo? –pregunté.– necesitará unos pocos días para recuperarse. ¿Es mucho para ti quedarte allí y mantener el holograma? Erek levantó gentilmente a Ax de la mesa. –Estás hablando con alguien que ayudó a construir las pirámides. Unos pocos días no son nada. Le sonreí. –Gracias. No podría haber hecho todo esto sin ti. –Sí, podrías haberlo hecho. Pero de nada, –respondió mientras salía por la puerta con Ax en brazos. Me senté en el pequeño taburete que mi padre tiene al lado de la mesa. Me rodeé las rodillas con los brazos. Todo el miedo que había estado ignorando me golpeó de repente. Sentí como si mi cuerpo se deshinchara. Es sólo una reacción retardada, me dije. Estás a salvo. Ax está a salvo. Aftran está a salvo. Eso no era realmente verdad. Sí, Aftran estaba a salvo de Visser Tres. Pero en tres días estaría muerta. Me levanté a duras penas y me incliné en el fregadero, mirándola. Había hecho lo que pocos tenían fuerzas para hacer. Había cuestionado las creencias con las que la habían educado. Y al final, había decidido ir contra su sociedad. Ir en contra de todo aquello que alguna vez había creído, convertirse en enemigo de los más cercanos a ella. Aftran había sacrificado tanto… había experimentado todas las riquezas y maravillas del mundo. Pero cuando decidió que no tenía el derecho de controlar a otro, había sido lo bastante fuerte como para abandonarlo, salvando la vida de una niña. Ella había vuelto al estanque yeerk. Debía haber sido la peor cárcel para ella, después de estar en el cuerpo de Karen. Pero no se permitió hundirse en la desesperación. Eligió luchar. Batalló para liberarnos a todos. Metí una mano en el agua y la cogí. La presioné contra mi oreja. Era la única manera de poder hablar con ella, y necesitaba darle las gracias por todo lo que había hecho. Un momento después sentí el frío y resbaladizo cuerpo tocar mi piel. Mi canal auditivo se ensanchó mientras ella entraba. dijo tan pronto como hubo hecho sus conexiones con mi cerebro. Había tanto que quería decirle, que no sabía por donde empezar. le respondí. Ella rió. añadí. asintió Aftran. Su tono se volvió sombrío. repliqué al instante. se limitó a decir ella. grité. respondió Aftran. Sentí un nudo de lágrimas no derramadas en mi garganta. ¿Eran mías? ¿O de Aftran? Quizás eran de las dos. Las dos. Eso me dio una idea. exclamé. respondió Aftran. Debió sentir la ola de desesperación y pena manando de mí. dijo amablemente. [b]©K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]
[b]Capítulo 28:[/b] –Mi madre todavía no me ha dejado comer nada sólido hasta hoy, –se quejó Rachel. –Y han pasado cuatro días desde que me puse enferma. Todo el camino a la playa, Jake, Rachel, Marco, Tobias y Ax habían estado intentando superarse con historias de quien se sintió peor mientras estuvieron enfermos. preguntó Tobias flotando sobre nuestras cabezas. –Sí, bueno, mi padre me trajo aspirina para niños de la tienda. ¡Aspirina para niños! –interrumpió Marco. –Como si fuera un bebé. –Un yeerk estuvo en mi cabeza, –dijo Ax, todavía asombrado. Estaba en forma humana, claro. –En mi cabeza. Cabez-za. Ignoré la mayoría del concurso de quejas de mis amigos. Estaba disfrutando de la arena caliente deslizándose entre mis pies. Y el olor salado y los sonidos suaves del océano. No hay nada como un viaje al estanque yeerk para hacerte apreciar la vida y la libertad. –¿Es aquí donde se supone que encontraremos a Aftran? –preguntó Jake. –Uh-huh. Cuando me transformé en delfín y la visité esta mañana, ella dijo que ya era hora de irse. Pero quería decirnos adiós, – respondí. –Sólo mirad allí, –apunté al agua azul verdosa. –No veo nada, –dijo Marco. respondió Tobias. Nos giramos. Examiné el océano y localicé un punto espumoso. El agua rompía a ambos lados de una gran aleta. Entonces una ballena jorobada saltó. Entera fuera del agua. Chorros de agua manando de ella como cometas centelleantes. Debería haber una imagen de esa escena en el diccionario. Bajo “belleza”. Y “júbilo”. –Tomamos la decisión correcta, –dijo Jake. –Mejor que la última vez que usamos la caja azul. –Habría sido difícil que algo saliera peor, –dijo Marco. –De cualquier forma. Visser Tres nunca encontrará a Aftran ahora. El segundo día fuera del estanque de Aftran, todos los del grupo estaban lo bastante bien como para una pequeña reunión. Todos estuvimos de acuerdo en que no podíamos dejar morir a Aftran. Fue Jake quien pensó en la manera de salvarla. Sugirió que le diéramos el poder de transformarse, con la condición de que eligiera una forma y permaneciera con ella para siempre. Era el modo más seguro. Como ya he dicho, la decisión fue unánime. Aftran dio otro brillante salto. Sentí como si mi corazón saltara con ella. –¡Wow! ¡Buen salto! –exclamó Marco. Se sentía bien. Todos estábamos juntos otra vez. Vivos. Bien. Y Aftran era libre. Era asombroso, ¿verdad? anunció Tobias. –Debe sentirse en el paraíso –comenté.– ¿Podéis imaginaros vivir en el océano después del estanque yeerk? Y en ese cuerpo–rápido, poderoso, capaz de ver, oír, sentir y comunicarse. –Apuesto a que echará de menos la lucha, –añadió Rachel. –Ya ha hecho su parte, –dijo Jake. Mis pensamientos volvieron a aquel momento en el que por primera vez permití que Aftran entrara en mi cabeza. Una decisión, tantas consecuencias. Cacé a Jake mirándome. –¿Qué? –pregunté. Él se encogió de hombros. –Sólo me preguntaba en qué estabas pensando. –Nada demasiado profundo –dije. –Sólo… –¿Sólo qué? –Sólo en que aveces, ganamos de verdad. Jake asintió. –A veces ganamos, –admitió. –¿Esta vez? Esta vez, Cassie, tú has sido la ganadora. [b]© K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tam Alor [/b]

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