#30 La reunión

Sinopsis:

La madre de Marco ha vuelto, y ya no es Visser Uno. Pero Marco ni siquiera está seguro de que tampoco sea una controladora. Aunque desde luego está decidido a descubrirlo. Cueste lo que cueste. Pase lo que pase. Marco quiere a su madre de vuelta.

Jake, el resto de Animorphs, y Ax se dan cuenta de que Marco está metido en un buen lío, y que la situación con su madre puede echar abajo todo aquello por lo que han luchado tanto. Ahora les toca preguntarse si Marco será el que descubra su secreto…

 

Datos del libro:

El libro tiene 156 páginas divididas en 30 capítulos

Narrador

Marco no ha dejado de sufrir en su lucha personal por la situación con su madre. Primero ella estaba muerta, luego descubre que es Visser Uno y después tal vez haya muerto definitivamente. Esperaba que hubiese sobrevivido al accidente de las instalaciones submarinas de la isla Royan y ahora, de pronto, ha regresado. El único que ha cambiado en este tiempo ha sido Marco. Está empezando a hacerse una imagen muy clara de todo el tema que sólo le lleva a una conclusión: tiene que acabar con Visser Uno (y por lo tanto, con su madre) de una vez por todas. Pero… ¿ha cambiado lo suficiente como para poderse enfrentar a ello?

Era lo último que esperaba ver: su madre, y también Visser Uno, caminando por la calle con una mala peluca rubia. Los Animorphs tienen que comprobarlo, y descubren que Visser Uno fracasó en su último proyecto y ahora está huyendo para evitar su castigo. Tiene que hacer algo grande para recuperar la confianza del Consejo de los Trece. Busca a los “bandidos andalitas” y les propone un trato: si entregan a la colonia de hork-bajir libres ella les librará de su peor enemigo –Visser Tres. Es una gran oportunidad, y los Animorphs saben que si juegan bien sus cartas pueden mantener a salvo a los hork-bajir a la vez que asestan un golpe fatal a Visser Uno y Visser Tres. Sólo hay un problema: para que todo vaya según lo planeado, Marco va a tener que matar a su madre.

Nuevas palabras

Generador de Partículas Kandrona de Emergencia: un dispositivo portátil de un sólo uso para yeerks que no pueden acudir al estanque.

Gastad: una vista del Concilio de los Trece con el fin de solicitar autorización pública para matar a alguien.

Transformaciones

Marco se transforma en un joven hombre de negocios llamado Mr. Grant (37) y así poder entrar en un edificio, para luego transformarse en cabra (38) igual que Tobias (23) y Ax (33).
Visser Tres se transforma en una especie de
cangrejo terrestre camaleónico (19).

[b]Capítulo 1:[/b] Todo comenzaba otra vez. Aunque parezca increíble, todo comenzaba de nuevo. Una mujer se ahogaba. No era el líder de una invasión extraterrestre. Era simplemente una mujer ahogándose en el mar, sola. Sin defensa. Vulnerable. Mi madre. No podía creer que estuviera pasando otra vez. Me lancé hacia ella. Los músculos de mis brazos se crispaban a cada brazada. Mis piernas estaban pataleando tanto que parecía un loco. – ¡Aguanta un poco! ¡Aguanta un poco! Estaba muy cerca. Lo suficientemente cerca, como para ver su cabeza sobresalir de la negra y fría agua. Un instante más tarde, estaba a su lado, pasando uno de mis brazos alrededor de sus hombros, mientras usaba el otro para mantenernos a flote. – ¡Resiste un poco mas! – grite – ¡Ya te tengo!” Levantó la cabeza hacia mí. Tenía los cabellos mojados pegados a la cara. Y dijo: – Gracias, Marco. – Mama… – ¡Soy libre, Marco! ¡Soy libre! En ese instante, una corriente increíblemente fuerte nos golpeó, la separó de mi brazo, y fue sumergida hacia el fondo del océano invadido por la noche. – ¡No! ¡No, no, no! Me sumergí. La sal me picaba en los ojos. Me hundí cada vez más profundamente en la negrura. Mis pulmones me hacían daño, pero trataba de no prestar atención. ¡No podía dejarla ir! ¡Sobre todo ahora que era libre! Ahora que… – ¡¡¡NO!!! – ¿Marco? ¿Estás bien? Estaba rígido como una estaca. Mi cama, mi cuarto. Mi padre. Me llevé las manos a la cabeza y miré de reojo la foto de mi madre en la mesita de noche. – ¿Estas bien? – repitió No, no lo estaba. – Sí, sí. Creo que tuve, una pesadilla. – ¿Tenia que ver con ella? Se notaba su dolor al hablar. – Sí. Papá se sentó al borde de mi cama y me rodeó con sus brazos. Lo abracé también, aunque no mucho. Después le di unos golpes en la espalda. – Ya estoy bien – dije – ¿Sabes qué hora es? – Casi la hora de despertarse – me respondió – Voy a ducharme yo primero. Tengo que ir temprano esta mañana. Miré a mi padre dejar el cuarto. Pero en lugar de levantarme y de bajar a prepararme mi tazón de cereales, me quedé sentado en medio de mis sabanas enredadas y húmedas. Demasiado agotado para poder moverme. Seguro que ya lo habéis deducido, me llamo Marco. Así es como como comenzó aquel viernes. Es la mejor forma de empezar el último día antes de un fin de semana, lo hace mucho mas divertido. Pero esto no tenía nada extraordinario. Me refiero a que mis sueños estuviesen llenos de miedo, tristeza y desesperación. Antes de que nuestros enemigos capturasen a mi madre, antes de que supiera nada de la invasión de la Tierra por yeerks, mi vida era más bien tranquila. Mis inquietudes, eran por ejemplo saber si durante la cena había hecho bastantes alusiones a la consola Sega que quería para mi cumpleaños. Nada comparable con el temor que siento al pensar en la raza humana reducida a la esclavitud. Eran buenos tiempos. O, como dice papá “El tiempo ensalada”. No sé lo que quiere decir exactamente con eso, pero supongo que significa muchas cosas. No me gusta demasiado la ensalada, excepto cuando esta llena de patatas. Más o menos, esto es lo que había pasado. Seré breve. Una tarde, mi madre, mi mamá, que era tan hermosa que olía perfecta, mi mamá tan inteligente, se fué en nuestro barco y jamás volvió. Encontramos el barco. Eso fué todo. Supusimos que se había ahogado. Sin poder encontrar una razón por la cual había actuado de esa manera tan extraña, por qué se había ido en barco ella sola en plena noche. Mi madre no era de las que se suicidan. Episodio siguiente. Mis amigos – Jake, Rachel, Cassie y Tobias – y yo tuvimos la desgracia de encontrar a un príncipe guerrero andalita moribundo que nos explicó que los yeerks estaban invadiendo nuestro planeta. Nos transmitió la terrible y fantástica capacidad de transformarnos, una tecnología andalita que permite adquirir el ADN de cualquier animal para transformarse en él. Es nuestra arma más espectacular. Otras son nuestra inteligencia, nuestro coraje y nuestra discreción. Más, en lo que a mi me concierne, cuento con mi hermosura. Más tarde, Aximili-Esgarrouth-Isthill, el hermano cadete del Principe Elfangor, se unió a nosotros. Nuevo episodio. Que se efectuó mucho tiempo después de que supiera que mi madre no se había ahogado, si no que ella estaba infestada por un yeerk, un yeerk con el nombre de Visser Uno, el primer responsable de la invasión de la Tierra. Hablo del día en que vi su cuerpo endeble poseído por el yeerk flotar sobre el seno de las aguas subterráneas de su cuartel general destruido. Desde ese día, debí pasar un trillón de horas preguntándome si mi madre estaba todavía viva. Rachel oyó un submarino. Y yo, vi a un controlador leeran nadar hacia el cuerpo de mi madre. Había pues una posibilidad de que hubiera salido de allí, de que el leeran hubiera arrastrado su cuerpo inconsciente hasta el submarino y lo hubiera puesto en marcha. En todo caso, todo se resume a lo que yo quiera creer. Al mismo tiempo, sé que tuvo que tener mucha suerte para salir de allí en el poco tiempo que quedaba y seguir viva. Ahora debéis comprender mejor el por qué, ciertos días, aunque esté destrozado, tengo que acabar mis tareas diarias. Quiero decir, ¿Veis normal que cinco chicos más o menos normales – del cual uno de ellos es un chico pájaro – acompañados por un joven Andalita, sean los encargados para proteger la Tierra de un ejército de monstruos parásitos que tienen la forma de un gusano? ¿Cuáles son sinceramente nuestras probabilidades de ganar? Los yeerks son parásitos. Se deslizan por el canal de tu oreja y, a partir de allí invaden todas las esquinas y los escondrijos de tu cerebro. Controlan todos tus pensamientos y todos tus actos. Estás vivo y con buena salud, pero no eres tu mismo, no puedes pensar o actuar. Estas encerrado en un algún tipo de jaula mental. El yeerk controla cada instante de tu vida. Cada instante. Del resto de vuestra vida. El yeerk es quien hace mover tus ojos, tus manos y tus pies. Es el yeerk quien habla con tu voz. El yeerk puede registrar en tu memoria y leer allí como en un libro. Conocer todos tus recuerdos. Todos sus secretos. El que se encuentra en la cabeza de mi madre tiene acceso a su memoria. Puede verla consolarme en mi cuna hace mucho, mucho tiempo. Puede verme llorar a causa de una rodilla ensangrentada. Asistir a ciertos desayunos agitados entre mi padre y yo. Así como a molestas discusiones a propósito de la col y los rosas. El yeerk había visto todo eso. El yeerk que era el todopoderoso Visser Uno. El jefe supremo que fue el primer responsable de la invasión de la Tierra. El que redujo a mi madre a la esclavitud. A causa de los yeerks, nuestras vidas se volvieron una sucesión de batallas duras y de huidas desesperadas. De experiencias que se graban en la mente y de combates en los que se quiebran huesos. Podéis comprender ahora por qué mis mañanas se transformaron en pesadillas. Sin embargo, cuando papá se fue al trabajo, me duché y me preparé para ir a la escuela. Os puedo asegurar que contaba con ir. En serio. © 1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 2:[/b] Con la cara limpia y el pelo colocado como debe ser, me dirigí hacia la parada del autobús escolar. Y pase de largo. En su lugar, me monte en un autobús municipal con destino al centro de la ciudad. El laberinto de calles que compone el barrio de los asuntos me parecía ideal para matar el tiempo. Podría perderme allí sin correr el riesgo de encontrarme a alguien que me reconociera. Hay un cine por allí. Contaba con andar rodando hasta la hora de la primera película rara y ligera. Veinte minutos más tarde, el autobús me dejó en compañía de treinta personas en el corazón de la ciudad. Todavía era temprano, pero el sol ya calentaba las aceras, y los humos procedentes de los coches, camiones y autobuses formaban un lecho sucio y maloliente por encima de la selva de hormigón y de acero. “Bravo, Marco. Habrías hecho mejor yendo a la playa” me quedé sobre la acera, y dirigí mi mirada hacia el vació. Una masa ruidosa de seres humanos. Un día había oído una expresión que hasta entonces no había comprendido verdaderamente: “Metro, trabajo, cama” ¿Por qué se apresuraban así? ¿A los adultos les gustaba tanto ir a trabajar? ¿O era que, los viernes por la mañana, les daban un buñuelo gratis en la oficina? ¡Pom! Me encontré en el suelo. Mis rodillas chocaron contra el alquitrán y mi cara aterrizó en una cuba a flores rellena por colillas de cigarros y por tazas abandonadas de café. ¡Un enemigo! Me preparé para el golpe siguiente. No pasó nada. Alcé la cabeza. Nadie se preocupo de que me hubieran hecho caer. Totalmente aturdido, me levanté y, con un trozo de mi camisa, me limpie las cenizas, tierra y el café que estaba pegado por mi cara. Estaba asqueroso. Y furioso. Una mujer me había golpeado con su maletín que era grueso como un tanque, después había seguido su camino como si nada. Y nadie parecía querer ayudarme. – Y que luego sea a nosotros a los que reprochan ser maleducados – murmuré. Me revisé rápidamente. Ninguna herida grave, aparte de la que había sufrido mi amor propio. Me lancé en persecución de la mujer que tan rudamente me había hecho caer. La alcancé en medio de la calle y me quedé algunos metros detrás de ella. Debía esperar al momento idóneo. Su maletín, bastante grande como para contener un doberman y concebido para tumbar a alguien, tenía ángulos de acero y un grueso candado de cifras en un lateral. ¿Y qué tenía en el pelo? Llevaba una peluca rubia y rizada de mala calidad. Imaginaos un estropajo de acero. Viejo. Un poco estropeado. Y de color amarillo. Localicé el lugar donde iba a poder desquitarme. Sobrepasé a todo el mundo y esperé detrás de un grueso pilar de hormigón a unos metros delante de ella aproximadamente, en la esquina del palacio de justicia. Cuando la señora de la peluca llegara a mi escondite: ¡Bingo! ¡Bang! ¡Pom! ¡Al suelo! Eché un vistazo para ver en qué momento iba a tropezar contra mi pie. Y me mordí el interior de la mejilla para no ponerme a gritar. Porque la dama con la peluca horrible y rubia y gran bolso… ¡Era mi madre! ¡Visser Uno! Me zambullí detrás del pilar y me calé mi gorra de South Park hasta los ojos. Pasó. Sin verme. ¡Mi madre estaba viva! Tomé una profunda inspiración, y luego traté de comprender lo que pasaba. Había escapado de la destrucción del complejo subterráneo de los yeerks. Me encontré a la vez aliviado, feliz y aterrorizado. ¡Vivía! Pero era peligrosa… Terriblemente peligrosa… “Reflexiona, Marco. De acuerdo, ella está viva, ¿Pero a qué viene el disfraz?” Una chaqueta azul marino, una peluca rubia rizada y lo que me parecían lentillas azules bajo unas gafas de montura negra. Además del grueso maletín. ¿Por qué nos disfrazamos? Para escondernos. ¿De quién? ¿Debía seguirla? ¿Ir a por los otros? Todavía podía llegar a colegio antes del timbre. Si tenía algo de suerte. Pero si lo hacia, perdería el rastro de mi madre. Y el de Visser Uno. Observé a mi madre andar por la calle. Cuando giró en una esquina, me lancé tras ella. En medio de la calle siguiente, la vi subir las escaleras de la torre Sutherland, el rascacielos más alto de la ciudad. Se dirigió con su maletín hacia la puerta giratoria. Me acerqué a las escaleras, esperé a que la puerta girara del todo, y acelere el paso. El vestíbulo tenía un techo tan alto como tres pisos. Detrás de una hilera de guardias, fluía agua a lo largo de un jardín de rosas hasta un estanque iluminado. Visser Uno no mostró ningún tipo de asombro, y paso sin fijarse en la ventanilla de los guardias. Tenía un problema. Era un crío que se encontraba en un lugar en el que no debía estar. Los guardias me habían visto entrar y me estaban observando ahora como si fuera un golfo. Al menor gesto sospechoso, se me tirarían encima. Visser Uno se giraría entonces para ver de donde venía el jaleo y sería una situación mala, una situación muy mala. Porque Visser Uno podría identificarme como el hijo de su portador. Así que decidí detenerme cerca de la puerta giratoria y esperar que alguien llegase. Al primero que pasara, le adquiriría el ADN. © 1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 3:[/b] La puerta giratoria comenzó a moverse. Oí unos pasos aproximarse hacia a mi. Me gire rápidamente. – ¡Hola papa! ¿Cómo es que has tardado tanto? El señor era rechoncho, iba bien vestido y estaba más sorprendido de lo que podáis imaginar. Pero llevaba una tarjeta de identificación en una de sus manos, así que me acerque rápidamente y le agarré la otra. Antes de que pudiera pensar en qué estaba ocurriendo, cayó en un trance como pasa siempre que adquirimos una forma. – Buenos días señor Grant – dijo el guardia del pelo rubio. – ¡Hoy es el día en el que los papás nos traen al trabajo! – dije feliz mientras hacía avanzar con disimulo al inconsciente señor Grant frente al guardia. – Entonces ¡Ten cuidado chico! ¡Tu papá tiene un trabajo muy importante! – dijo el guardia. – Sí, señor- repliqué. Mi truco de “chico inocente” funcionó a las mil maravillas. Con la práctica me he dado cuenta, de que si actúas como un chiquillo, los adultos tienden a dejarte en paz. Es cuando demuestras que eres listo como ellos cuando te hacen la vida imposible. Conduje velozmente al señor Grant al ascensor. Quiero aclarar una cosa: no pensaba convertirme en ese tipo. Sólo había adquirido su forma para que entrara en trance y poder llegar al ascensor. Donde se encontraba Visser Uno con su enorme maletín metálico. El señor Grant fue recobrando el conocimiento. Le solté la mano. – Dios mío – dijo llevándose la mano al estomago – Ese buñuelo debía estar pasado. Levanté lentamente la cabeza hacia él, y le mostré mi débil sonrisa de “Fan de los Telletubbies”. Volvió a funcionar. El señor Grant levantó la vista con impaciencia hacia la puerta del ascensor, delante de la cual había más hombres y mujeres como él, vestidos con sus trajes de trabajo. Me calé todavía más la gorra, hasta cubrirme casi los ojos. ¡Ding! Las puertas del ascensor se abrieron. Un hombre mayor que arrastraba un carrito con cartas y paquetes para mandarlos por correo hizo una tentativa de salir del ascensor. – ¡Déjenme salir damas y caballeros! – masculló el anciano mientras la gente lo rodeaba para entrar al ascensor. Visser Uno pasó a la izquierda del hombre, yo pasé a su izquierda. La marea humana le impidió verme. Las puertas se cerraron. Estábamos todos apretados como sardinas enlatadas. Lo bueno era que Visser Uno era la sardina más cercana a los botones, y yo la sardina mas alejada a ellos y oculta entre sombras. “Valla, he cometido un fallo – pensé – Tengo que lograr salir en el mismo piso que mama… mmm que Visser Uno. Si no lo consigo, perderé a Visser y a mi madre. Otra vez” Pero por nada del mundo Visser debía descubrirme. Sólo tenia una alternativa. Transformarme. En un ascensor que subía lentamente, acompañado por quince personas y la reencarnación del diablo. Una mujer, cuya espalda distaba a menos de cinco centímetros de la visera de mi gorra, perdió un trozo de su Wall Street Journal y yo hice como que no me enteré. Me deslicé a lo largo de la pared del ascensor, con la espalda recta, y con la punta de los dedos lo alcé de la sucia moqueta roja. Entonces, dando la espalda a una quincena de adultos, abrí el periódico en toda su longitud y me lo puse delante de la cara y sobre la cabeza, como una tienda. Después empecé una de mis transformaciones más pequeñas: la de mosca. ¡Era una locura! No había otra forma de describirlo. Pero, ¿Qué elección tenía? ¿Permitir que Visser Uno desapareciera? Jamás. Empecé a disminuir de tamaño casi enseguida. En un instante, con el periódico era suficiente para estar completamente oculto. Mi vista quedo anulada y después se reactivó, pero con la característica visión de estos insectos. Dos alas de mosca me salieron del pecho. Las manos se acortaron para formar dos pinzas. La piel se hizo más espesa. Y nadie se enteró. ¡Era absurdo! Nadie me miraba. Todos continuaban con la mirada fija en la puerta o en el conducto de ventilación que había en el techo del ascensor. Me encontraba en un ascensor lleno de gente, transformado en mosca, y nadie se giraba a echarme una ojeada. Luché contra el impulso de gritar con todas mis fuerzas: <Ey, ¡Me he transformado en una mosca! ¿Hola? ¿Sois estatuas o qué pasa?> El ascensor disminuyó la velocidad y se paró en un piso. La mujer que antes había perdido el periódico se inclinó para recogerlo. Había un problema. ¡No había terminado la metamorfosis! Tenía más o menos las dimensiones de una rata, la piel rosada y una nariz humana. Los otros nueve centímetros de mi cuerpo, eran totalmente de mosca. Alas, seis patitas peludas, ojos compuestos y una gran lengua pegajosa en el punto donde tendría que encontrarse mi boca. Y estaba en el medio de un montón de ropa. ¡El espectáculo más desagradable que nadie pueda imaginar! La mujer recogió el periódico, y se quedo mirando la cosa innombrable que había en el suelo, a sesenta centímetros de la siguiente persona. Frunció las cejas. – ¡Argh! – exclamó. A través de mi fragmentada vista a trescientos sesenta grados, vi girarse lentamente a la persona que estaba cerca de la mujer para mirar hacia abajo, hacia la sucia moqueta roja. Pero era demasiado tarde. Ahora era completamente una mosca. Moví las alas y pasé velozmente como un loco por el aire, me proyecté más allá de la cabeza de la mujer y fui a posarme sobre el maletín del Visser. La puerta del ascensor se abrió. La mujer, segura de acabar de ver un chico-mosca de las dimensiones de una rata en el suelo del ascensor, saltó fuera con una mano en la boca. Otros hombres de negocios salieron después de ella y Visser pulsó el botón para continuar ascendiendo. Al piso veintiuno bajó también el señor Grant. Visser pulsó de nuevo el botón para continuar la subida. Y yo me quede solo en el ascensor con mi madre. Piso veintidós. El ascensor se paró. Las puertas se abrieron y Visser Uno se encaminó por el pasillo. Viajé sobre el maletín hasta que se paró delante de la tercera puerta a la derecha. Era todo lo que necesitaba saber. Ahora tenía que salir de allí y reunir a todos los demás. © 1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 4:[/b] Solté mis patitas pegajosas y tambaleantes de mosca, comencé a mover mis alitas pequeñas pero poderosas y me alcé lejos del maletín de Visser Uno. Me alejé dando vueltas sin control hasta que… ¡SCHLOOOOP! ¡Viento! ¡Un tornado de viento! Mis alas batieron a una velocidad que sólo un insecto puede alcanzar. ¡Pero estaba demasiado cerca! Una abertura de acero se abría sobre mí. Comparada conmigo, tenía el aspecto de un edificio de al menos diez pisos de alto y dos veces de ancho. ¡Aire acondicionado! ¡A toda potencia para refrescar el edificio! ¡Me absorbía como si me hubieran puesto encima una aspiradora! ¡Boom! Me di un golpe contra algo metálico. Estaba dentro del aire acondicionado. El feroz viento me estaba empujando brutalmente hacia abajo, a un agujero rodeado de aluminio. Y ahora, en un espacio tan cerrado como ese, la fuerza del viento era imparable. <¡Aaaagh!> Estaba girando fuera de control, con unas alas tan diminutas que no servían de nada. Y no estaba solo. Trozos de vello, pelos y polvo. Un surtido de mosquitos locos, mosquitas y otros insectos, que pasaban alrededor como en la escena del tornado de El mago de Oz. Todo esto dividido por las miles de pantallitas de televisión que eran mis ojos de mosca. Todo parece aun más absurdo cuando lo ves con colores distorsionados y que no tienen ningún sentido. Caía sin control hacia un suelo metálico bañado por trozos de insectos voladores y motas de polvo. Sólo me quedaba una solución. ¡Tenia que recuperar mi forma! Comencé a crecer casi inmediatamente, y al instante dejé de caer. Cualquier cosa que pese más de una mosca puede resistir a la fuerza de algo con tan poca potencia como un aire acondicionado. Mis alas se enrollaron y fueron absorbidas dentro de la piel, otra vez elástica, hasta desaparecer debajo de mis hombros. Los ojos se movieron de los lados de la cabeza para volver sobre mi cara. Las dos patas extra de la mosca desparecieron entrándome por el pecho. ¡Floop! ¡Floop! Las otras patas se movieron a los lugares que jamás tenían que haber abandonado, colocándose en mis brazos y piernas, después todo comenzó a crecer. Lamentablemente me di cuenta de que el conducto de aluminio que, cuando era una mosca me había parecido tan grande como el gimnasio de la escuela, posiblemente fuera insuficiente para que cupiera con forma humana. Quedar atrapado como un grumo de los que salen en el cola-cao era algo para lo que no me había mentalizado. Estire todo lo que pude mis brazos ya humanos hacia delante y envié mis piernas hacia atrás. Quedándome totalmente tumbado. La inversión de la metamorfosis había terminado. Era de nuevo yo. Una vez más estaba contento de ser bajito. Esto, de todas formas, no cambiaba el hecho de que estuviese atrapado en un conducto lleno de polvo. Me arrastré por el tubo metálico escuadrado, alejándome del filtro, hacia la luz que llegaba a través del agujero de ventilación. Me empujaba hacia adelante usando los dedos de los pies y de las manos, intentando con toda mi fuerza no dejarme llevar por el pánico de estar en un espacio que en cualquier momento se vendría abajo. La luz provenía de una abertura en el suelo metálico que daba a un despacho. Di un golpe a la rejilla que se abrió como una puertecilla. Me encontraba a dos buenos metros y medio de altura. Comencé a empujarme hacia fuera con la cabeza delante, lentamente, muy lentamente… Unas llaves tintinearon en la cerradura externa de la puerta. Me di prisa para saltar, intentando hacer una voltereta que me permitiese aterrizar de pie. ¡BAM! Directo a la papelera. “Tres puntos” pensé. La puerta de la oficina se abrió mientras gateaba hacia una segunda habitación, por un gran espacio sin ventanas y con números escritorios grises. – Hola. – Se encendieron las luces. – ¿Señor Grant? Oí un ruido de pasos que, lentamente, venían hacia mí. ¡No tenía elección! Tenía que transformarme en el señor Grant. Me tiré dentro de uno de los escritorios en el fondo de la habitación y empecé la transformación. Transformarse en una mosca puede ser asqueroso, pero transformarse en un ser humano es indescriptiblemente más impresionante. Por no hablar del discutible asunto del punto de vista moral. En este caso, transformarme en un humano adulto era como echar una mirada involuntaria en mi futuro, sólo para recordarme que no sería nada bonito y de la suerte que tenia siendo joven. La primera cosa que cambió fue la barriga. Se desarrolló hacia fuera y se extendía hacia los lados, mientras las costuras de mi traje de metamorfosis empezaban a romperse. Mis espesos pero magníficos cabellos fueron succionados por el cráneo que se iba agrandando. Me lleve una mano a la cabeza. ¡Ahora el pelo comenzaba muy atrás por culpa de las entradas producidas por la calvicie! Me quedé mirando la piel de mis manos, que se arrugaba ligeramente. Me aparecieron unas manchas blancas sobre los nudillos. Me toqué la cara con aquellos horribles dedos. ¡Maldita sea! Era áspera… ¡A este paso iba a tener una enorme barba antes del anochecer! ¡Riiiip! ¡Mi trasero! Giré la cabeza lo suficiente para verlo, más allá de mi espalda, una amplia protuberancia… y pude ver mis calzoncillos elásticos de ciclista reducidos a jirones. El terror comenzó a ganar terreno en mi mente. Estaba bastante seguro de no haberme hecho más alto, pero, tíos, ¡Estaba seguro de haberme hecho más ancho! – ¿Señor Grant? – ¿Sí? – grité de rebote, asomando por encima del escritorio mi cabeza con entradas y canas. La mujer estaba parada en la puerta de la segunda habitación. – ¿Esta bien, señor Grant? – Se adelantó un paso. – ¡No! – grité. – Quiero decir, no entre. Estoy muy ocupado. Estoy genial. – Estaba trabajando en la oscuridad, señor Grant. Está seguro… – Sí, estoy bien, gracias. Dentro de pocos minutos habré acabado – murmuré. Se adelantó otro paso. – ¿Cómo es que está en el escritorio de Carlos? Buena pregunta. Pensé deprisa. – Oh, bueno, hay algo que no va en mi ordenador, por eso he pensado en usar este, por el momento. Oh, ¿puede ir a cogerme una taza de café al Starbucks de la esquina? ¿No le importa? La mujer frunció el ceño, de todas formas se giró y se dirigió hacia la puerta. – Claro, señor Grant. Vuelvo enseguida. Gracias, ¡muchas gracias! – respondí, retrocediendo detrás del escritorio. ¡Maldita sea, había faltado poco! Me quedé esperando hasta que la mujer hubiese cogido el ascensor y salí de allí. Tenia que encontrar un sitio seguro para invertir la metamorfosis y largarme de ese maldito lugar. El baño de hombres. Abrí la puerta que daba al pasillo. Y fui a chocarme justamente contra… – ¡Aaahh! – grité. – ¡El señor Grant! – Qué demonios… – fue lo único que consiguió decir el hombre antes de caer en el suelo inconsciente. Eché una ojeada a derecha e izquierda por el pasillo. Nadie. – Joder, esto es genial, Jake me matará y, si no lo hace él, lo hará Cassie. – Alcé al señor Grant por los brazos, lo arrastré por el pasillo y lo metí en un trastero para escobas. Era como mover una de esas piedras que usaban para construir pirámides. El hombre tenía que ser un buen gourmet. Cerré la puerta detrás de nosotros e intenté recuperar el aliento. Cosa difícil de hacer cuando el pánico se está apoderando de ti por varios frentes contemporáneamente. Empecé a desnudarlo. Me puse deprisa su traje azul. Bueno, todo menos la corbata. No tenía ni idea de cómo se hace el nudo. Cuando estuve vestido abrí la puerta del trastero, miré a cada lado, después salí rápidamente hacia el ascensor a una velocidad a la que el señor Grant no podía llegar. Un instante más tarde las puertas del ascensor se abrieron y me metí como un cohete. Estaba fuera. © 1996 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 5:[/b] Antes de ir a la escuela pasé por casa para cambiarme de ropa, total, que para cuando llegue al colegio era casi la hora del recreo. En fin, no es que llegar a la escuela con tres horas de pirola a la espalda sea la cosa más fácil del mundo, pero se podía hacer. Afortunadamente, nuestra escuela no es de esas que tienen guardias y detectores de metal. Todo de lo que tenia que preocuparme era de no encontrar un profesor que me hubiera tocado antes, o de que me grabara la cámara que tienen colocada en la entrada. Pasé agachado a través de la puerta de la entrada. Nadie. Sólo el bedel, pero estaba de espaldas y tenía los cascos metidos en los oídos. Además estaba totalmente ocupado en su trabajo, o sea, intentar fregar las baldosas verdes de la entrada mientras efectuaba una danza extravagante. Me arrastré contra la pared que está junto en la puerta e inspeccioné el pasillo principal. Podía ver las cabezas de los profesores a través de las ventanas de las puertas de las aulas, pero sabía que ellos no podían verme. Otra ventaja de ser desaventajado verticalmente. Llegué hasta mi taquilla sin problemas. Un instante más tarde sonó la campana que marcaba el comienzo del recreo y el pasillo se llenó de chicos que se precipitaban fuera de las aulas. Uno de ellos era Jake. Se me cayó el libro de matemáticas y él me lo recogió. – Jake, eres increíblemente útil. – ¿Dónde has estado? – me preguntó. – ¿Adivinas a quien he visto? – susurré como respuesta, cogiendo un cuaderno al azar de la taquilla. Jake suspiró. – Marco, dime sólo… – ¡Marco! Una mano me agarró sobre la espalda. – Muy amable por tu parte el venir a clase, hoy. – No hay de que, señor Chapman – respondí. – No querría nunca perderme un día de clase. Jake me lanzó una mirada que decía “este es tú problema” y se alejó con paso rápido. – Ah, bromista como siempre, Marco. ¿Y dónde se supone que has estado? He llamado a tu casa, y no ha respondido nadie. Nadie. – Estaba… con mi padre. – Oh, ¿de verdad? – Sí, señor Chapman. En su oficina hoy era “el día en que los padres llevan a sus hijos al trabajo”. – Entonces imagino que no te importa si le llamo a la oficina, ¿verdad? – Para nada – mentí. – ¿Quiere que le dé el numero? Chapman me miró de arriba abajo. Si hubiese llamado a mi padre, habría estado en un buen lío. – Estará en una reunión toda la tarde, es por eso que he venido a clase – añadí. – Pero siempre puede dejar un mensaje en el contestador automático. – Ve a donde se supone que tendrías que estar, Marco. – Sí, señor. Tendría que haber respondido: “Sí, pedazo de monstruo portador de yeerks.” Pero habría sido fatal. Para mí. En la cafetería de la escuela pasé una nota a Rachel. “Granja. Al final de las clases. Buenas y malas noticias” Me senté al fondo en una mesa y comí yo solo mi pizza. Ignoré la poco interesante pelea de comida que tenía lugar a mi derecha. Noté a duras penas a un chico lleno de granos que sorbía ruidosamente una asquerosa sopa amarillenta al otro lado de mi mesa. Pensé aproximadamente durante dos segundos en el examen de historia que me había saltado. Me pregunté si Chapman hablaría de mis faltas de asistencia y de mi falta al examen de historia durante la próxima reunión entre padres y profesores. Me pregunté donde me cogerían antes para trabajar, si en el McDonalds o en el Burger King una vez fuera expulsado de la escuela. Pero mi mente no conseguía centrarse en nada en concreto. Nada importaba realmente, ¿no? Nada sino un hecho extraordinariamente complicado y sorprendentemente maravilloso que me había sucedido hacia pocas horas. Ver a mi madre. Ver a mi madre viva. Viva. Vi a Rachel mirarme con el cejo fruncido en la otra parte de la sala. Silabeé una única palabra sin sonido: “Viva.” Evidentemente Rachel no sabía leer los labios. Entendió mal lo que había dicho y me respondió al mismo modo con dos palabras que no quiero repetir. Pero no me importaba. Nadie habría podido estropear aquel momento. Estaba viva. Y algún día, de algún modo, por algún milagro del cual solo podía fantasear, volvería a ser de nuevo mi madre. © 1996 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 6:[/b] – Marco –dijo Cassie- Explícanos porque estamos aquí. Allí estábamos, cuatro quinceañeros, un ave, y un extraterrestre azul. Seis curiosas criaturas que nos divertimos tratando de salvar el mundo. – Esta mañana me salte las clases, cogí el autobús y me fui al centro de la ciudad –le lance una mirada a Jake- Y antes de que alguno me insulte, ya lo se, fue una idiotez. Así que ahorraros vuestros reproches. Total, trataba de no ser pisoteado por la muchedumbre cuando vi a mi… a Visser Uno. Disfrazada. Con una peluca, con lentillas de color y con unas gruesas gafas cuadradas. Pero era mi madre. – Oh Dios mío –dijo Jake- ¿Estas seguro? – Si. Tuve tiempo de fijarme mientras estaba a punto de tenderle una trampa. – ¿Ibas a tenderle una trampa a tu madre? –preguntó Cassie. – Me había tirado con su maletín de metal. Nada importante. Lo que cuenta, es que era Visser Uno. Ósea, mi madre. Disfrazada. – ¿Estas seguro de que no pudo reconocerte y hacerte caer de propio?- inquirió Rachel. – Seguro. Además, ella piensa que yo soy un controlador. ¿Te acuerdas cuando entramos en el cuartel general subterráneo de los yeerks? Recuérdalo: hemos hablado. Ella piensa que soy uno de los suyos. Además, ¡Si supiera quien soy realmente no se habría limitado a tirarme! – ¿Y cual es tu fantástica excusa por haberte saltado las clases? – Soy un aventurero, Rachel. Como Vasco de Gama. Magallanes. Marco Polo. No viviré en paz mientras no halla explorado cada almenara, cada rincón y cada escondrijo de este maravilloso mundo nuestro. – Usted perdone, Señor Polo –replico ella- Deberías habernos avisado y nos habrías librado de… – <Visser Uno esta vivo. No es una buena noticia> declaro fríamente Ax. – Pero eso significa que mi madre también estaba viva –le hice ver- La seguí hasta la torre Sutherland. Ella tiene una oficina en el piso veintidós. – ¿Qué hace allí, según tu opinión? –preguntó Cassie. Sacudí la cabeza. – No me quede lo suficiente como para saberlo. – La ultima vez que nos cruzamos con Visser Uno –nos recordó Jake- Visser Tres vio como nosotros, el enemigo, la dejamos escapar. – <Si Visser Tres dedujo que había sido deliberado, entonces Visser Uno será considerado un traidor> anuncio Ax. – Eso justificaría el disfraz –corrobore- Pero necesitaría, a pesar de todo, ir al estanque yeerk a tomar rayos Kandrona. Y eso es algo que Visser Tres jamás permitirá si pensase que es un traidor. Eso es seguro. O… – O, si vive, es que tiene otro medio de recibir rayos Kandrona –finalizo Rachel. – La cuestión es ¿Por qué? –se preguntó Cassie. – ¿Por que qué? – Por que esta todavía aquí, en la Tierra. Comprendimos hace tiempo que Visser Uno y Visser Tres se detestan. Visser Uno ya nos permitió una vez escapar de Visser Tres. Por eso mismo, este ultimo debe sospechar algo. En resumen, sabe que lo dejamos con vida en vez de matarlo. Así que tendrá muchas ganas de encontrarla. Entonces ¿Por qué esta Visser Uno en la ciudad? Al margen de llevar peluca o no llevarla, la Tierra no es un lugar seguro para él. Rachel sonrió. – Eso es evidente. Esta aquí para enfrentarse a Visser Tres ¿Qué otra razón puede haber? Su única forma de sobrevivir, es matando a su principal enemigo, y luego caerle bien a sus superiores. Estaba de acuerdo. Era algo posible. Rachel había comprendido perfectamente como funcionaba Visser uno. – Seas cuales sean sus razones exactas, es una mala noticia para nosotros –declaró Cassie. – No necesariamente –replicó Jake- Dos Visser en guerra son mas fáciles de combatir que dos Visser unidos. – <Divide y vencerás –dijo Ax- Seguramente podamos usar este conflicto en nuestro beneficio> Jake meneo la cabeza. – Primer objetivo, descubrir que sucede en ese despacho. – Es en el piso veintidós, en la tercera puerta a la derecha saliendo del ascensor –dije. – <Podríamos quizá pasar sobre el tejado> sugirió Ax. – ¿Tobias? – <Si, conozco la torre Sutherland. Hay una puerta en el tejado que sin duda da al ultimo piso. Tiene una cerradura, pero no parece muy sólida. No deberíamos tener ningún problema para entrar> – ¿Transformación en mosca? –sugirió Cassie- En aves hasta el tejado, nos destransformamos y luego nos transformamos en moscas… – No es aconsejable. Tuve un ligero problema con el sistema d ventilación. Pero un insecto mas fuerte debería poder hacerlo, por ejemplo un insecto capaz de deslizarse bajo las Puertas y atravesar paredes. – Piensas en… – Exacto –dije con una sonrisa de oreja a oreja- La transformación preferida de todo el mundo. La cucaracha. – Hay que hacer esto rápidamente –sentencio Jake- Esta tarde. Pero yo no podré ir. Asuntos familiares. – Yo también –declaró Rachel mirándonos a todos- Prometí a mi madre que cuidaría de Kate y Sara. Y ya la he enfurecido bastante últimamente. – Detesto decir esto –dijo Cassie- pero yo tampoco puedo ir. Me arriesgo a tener un suspenso en mates. Y si suspendo de verdad, mis padres estarán las veinticuatro horas del día sobre mi. – <Ax y yo estamos libres –informo Tobias- nada de familia, nada de casa, solamente nos dedicamos a mirar búhos y comer ratones. Ax-man y yo nos encargamos de esto.> – Yo os acompaño, evidentemente –dije. Jake me miro. – ¿Y tu padre? –me peguntó velozmente Cassie. Ella trataba de encontrar una buena razón para que no fuera. – ¿Mi padre? Trabaja doce horas diarias en un gran proyecto. Y al llegar, se repantiga en el sofá y se pone a ver la tele. Jamás sabrá que salí. Jake continuaba mirándome fijamente. Rachel tenia girada la cabeza. – <El problema, es que Visser Uno ocupa el cuerpo de tu madre, y quizá cedas a la emoción de reencontrarla> declaró Ax sin miramientos. Lo mínimo que puedo decir, es que al menor era franco. – Ax tiene razón, Marco –dijo Cassie- Reencontrarte con Visser Uno no será fácil. Y además será muy peligroso. Para todos nosotros. – ¿Acaso he cometido errores en las misiones anteriores? –exigí- ¿Y hoy? – La primera vez no fue hace tanto–murmuro Rachel. – Para –replique- Me retuve. Tu en cambio no puedes decir lo mismo. Hubo un silencio muy pesado. – Vosotros no tenéis derecho a decirme que no valla –continué- Ya nos hemos visto en este tipo de situación. Lo primero es la misión, y en segundo lugar las razones personales. Yo estoy implicado en esta historia y voy. Punto final. Jake suspiro. – De acuerdo. Marco, Ax y Tobias. Esta tarde –me lanzo una nueva mirada- nada de tonterías. Es solamente una misión de reconocimiento. Meneé la cabeza. – Y si hay alguna decisión que tomar, será Tobias quien la tome. Me había pillado de improviso. No tenia nada que responder. Si estuviera en la situación de Jake, habría hecho lo mismo. – De acuerdo. Jake se acerco a mi, me cogió del brazo y me saco fuera, al calor del sol. Me estremecí. Sabia lo que me esperaba. – He observado la ausencia de ciertos detalles con respecto a lo que has hecho hoy –dijo- Lo cual me hace pensar que hay cosas que hiciste de las que prefieres no hablar ni decirme. – En efecto. Intente hacer una sonrisa despreocupada. Pero no tuve mucho éxito. Jake cruzo sus brazos por delante de su pecho y se quedo mirando el suelo en silencio. Luego alzó la cabeza. Había cambiado mucho desde los numerosos meses que duraba nuestra pequeña guerra. La mirada que me lanzo no venia de mi amigo Jake. Venia de mi jefe militar. Era horrible ver hasta que punto había envejecido. – Marco, tu eres mi mejor amigo. Pero si empiezas de nuevo con cosas de este tipo, vamos a tener un problema serio los dos. En otro tiempo le habría respondido: “¿Pero que insinúas?” o algo por el estilo. Pero ahora, me contente con responder: – OK, mensaje recibido. Era lo único que me había venido a al mente para evitar un : “Si, jefe” © 1996 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 7:[/b] A las once, aquella misma tarde, mientras mi padre roncaba tranquilamente en su habitación, me transforme en gaviota y volé hasta uno de los pequeños jardincillos que hay en el centro de la ciudad. Bancos, matorrales, cubos de basura y algunos árboles delgados. Justo donde los oficiales de policía van a tomarse su emparedado de mediodía. Aterrice sobre el suelo polvoriento para registrar ese regalo del cielo que es un cubo de basura, cuando oí el grito de un ave de presa. De mala gana, abandone los restos del emparedado griego y me fui a reunir con un halcón ratonero de cola roja que venia del norte y un aguilucho que venia del sur. Los cubos de basura ambulante que son las gaviotas vuelan bien, bajo y rápido. Pero no tanto como los halcones y los aguiluchos. Seguramente lo hacen peor porque se ceban a perritos calientes y almejas grandes. Cuando me reencontré con Ax y Tobias en el tejado de la torre Sutherland, estaba agotado por haber tenido que ascender a tanta altura. – <La luz esta apagada en la oficina>, anuncio Tobias. – <Ella esta dentro> afirme. O eso esperaba. – <Probemos con la puerta> La puerta de la que Tobias nos había hablado no impedía a nadie pasar, sobre todo no a alguien transformado en cucaracha. Aparentemente había sido forzada con una especie garra, y los agujeritos hacia dentro eran bastante gruesos, hasta para una gaviota de buena talla. Pero debíamos seguir con nuestra misión de infiltración basada en un gran plan: ser cucarachas. Cuentan que, después de la destrucción total de la Tierra a manos de un mega explosión nuclear, cuando toda forma de vida halla desaparecido de la faz de la Tierra , las cucarachas se pasearan sobre las ruinas de la civilización humana. La increíble e indestructible cucaracha. Este insecto crea casi instantáneamente vacunas contra los venenos que se usan para exterminarla. Y pueden alimentarse de cualquier cosa: libros, plantas, peces muertos, zapatos viejos. Es casi imposible acabar con ella. Es lo que me gusta de la cucarachas. El viento soplaba furioso mientras grandes nubes tapaban la luna y las estrellas. Solamente nos libraba de una total oscuridad un poco de luz que llegaba de los edificios cercanos. Éramos tres mutantes en medio de un islote de cemento, desolado y siniestro en medio del cielo. Cien metros cuadrado de alquitrán recubiertos con graba y con aparatos de climatización. Y una bandera. La cuerda no dejaba de golpear el mástil. El espectáculo que no estaba dando Ax con su transformación, todavía mitad andalita mitad cucaracha, era mas repulsivo que interesante. Parecía una criatura salida de algún extraño planeta habitado por monstruos asesinos de seres humanos: era un escorpión del tamaño de un gato, con una concha de acero y seis patas de cucaracha acabadas en pezuñas andalitas. Si a eso le añades una cola de treinta centímetros acabada en forma de guadaña, definitivamente sale un bicho bien raro. Tobias, simplemente, estaba horrible. Los ratonero de cola rojo y las cucarachas no están destinados a aparearse. Debería a ver cosas que no se pudieran hacer con la metamorfosis. La madre naturaleza tenia razón al no permitir que naciera un insecto-ave. El pico de Tobias se había transformado en una mandíbula que se abría y se cerraba sin control. Antenas gruesas como lápices brotaron de su cabeza. Dos muñones velludos surgieron de cada lado de su cuello de halcón. Sus alas se deformaron y se deslizaron sobre su espalda. Las mire mientras se transformaban en una especie de concha. Las alas de la cucaracha se formaron desde su cabeza. Me estremecí, y después comencé mi propia transformación. Me concentre en todo lo que pensaban las cucarachas. Los desperdicios, los rincones oscuros, las cajas de cereales abiertas… Primero, mi piel se endureció de la cabeza a los pies. Mis brazos de fusionaron con mis costados, solamente para luego ser transportados hasta mi espalda. Cuatro patas me crecieron sobre el pecho y me volqué hacia delante. El suelo se acercaba cada vez más mientras yo me estrechaba hasta el tamaño de una moneda. Mi visión se enturbio. Mis ojos se dividieron en apróximamente dos mil lentes diminutas. Mis antenas comenzaron a bullir cuando el olfato extraordinario de la cucaracha se desarrollo. Estos insectos son capaces de reconocer cualquier olor. Ya sean buenos olores como el bacon frito. O malos olores como las cacas de perro. Sentía el alquitrán del tejado, la electricidad estática y las cajetillas de cigarrillos. Mis órganos internos se derritieron y fusionaron hasta convertirse en un único y enorme intestino. Mi boca pudo darse cuenta de cómo sus labios desaparecían. Mi lengua había sido tragada por mi garganta para hacer una especie de segunda boca. Entonces el cerebro de la cucaracha entro en acción. Estaba listo. Totalmente preparado. ¡No había refugio! ¡No estaba protegido! ¡Miedo! ¡Miedo! ¡Miedo! Cargue hacia delante y evite por muy poco a otra cucaracha. Pivote aferrandome al alquitrán que recubría el tejado, y fui atravesando un montón de cristales de vasos rotos, y seguía hacia delante. Hacia Ax. – <Marco, Tobias, creo que estáis siendo dominados por los instintos de la cucaracha>- dijo Ax. – <¿Y tu no lo estas, verdad?- preguntó Tobias- Que te estoy viendo: ¡Estas aferrado en el mástil a diez centímetros del suelo!> – <Bueno, bueno, que todo el mundo se calme- dije- Que nadie se mueva aun, ¿Hacia donde vamos?> – < Hacia la puerta. Que esta… mmm…> Diez minutos mas tarde, habíamos encontrado la dirección hacia la puerta. Y tras pasar con cuidado por las brechas, comenzamos a descender. Las cucarachas disponen de dos métodos infalibles para bajar escaleras. O las atraviesa caminando y descendiendo a lo largo de una pared, o, y este es el mas divertido, va saltando de escalera en escalera. Desgraciadamente había demasiados escalones para ir saltando hasta el piso veintidós. Pero soy Marco, así que sugerí una tercera solución. © 1996 K.A. Applegate ©2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 8:[/b] – <La rampa lateral es ininterrumpida y tiene posa manos- dije- Podríamos dejarnos caer como si fuera un tobogán.> – <¿Y si nos caemos?> preguntó Tobias. – <¿Qué otra cosa podemos hacer sino? Además, simplemente aterrizaremos sobre las escaleras. Nada mas.> – <¿Y si caemos hacia la derecha?> Tenia miedo de que alguien plantease esa cuestión. Los ojos de la cucaracha no podían ver de lejos, pero podía suponer que “derecha” era una larga caída hacia abajo sin control. – <Si caemos hacia la derecha podremos comprobar desde cuanta altura puede caer una cucaracha sin espachurrarse> – <Hará falta que alguien lleve la cuenta del tiempo que estamos transformados> recordó Tobias. La rampa de acero era cilíndrica. Tenia además algunas soldaduras de cuando en cuando, pero se veía que era un encadenamiento largo y repetitivo, ósea, aburrido. No fue nada fácil subir hasta allí, incluso para una cucaracha. La pintura nos hacia resbalar. Afortunadamente, la pared había sido repintada muchas veces, y había muchas grietas y montículos en los que nos podíamos apoyar. A mi, me estaba dando la impresión de estar escalando la estatua de la Libertad. Sin embargo, finalmente logramos nuestro objetivo. Imaginaros que estáis en lo alto de una rampa de esas que se usan para los saltos con esquís, solo que no esta colocada de una forma para que podáis verla entera. Imaginaos también que esa rampa gira y que os podéis caer fácilmente a izquierda y derecha. Y que si es hacia la derecha, os arriesgáis a sufrir una caída de tres días. Iba el primero. – <Basta con que nos dejemos resbalar, es sencillo- dije – ¡Vamos!> – <Veinte pisos- nos recordó Tobias- Dos giros por piso. Cuarenta curvas.> – <Yo me encargo de contarlas> se ofreció Ax. Ax no tiene ninguna confianza en la capacidades aritméticas de los humanos. Y eso que aun no le hemos podido demostrar que tiene razón. – <¡Los caballos están sobre la línea de salida!- exclame- ¡Y… suena el pitido de salida!> Puse mis patas de cucaracha en marcha y comencé a moverme. – <¡Aaaaah!> ¡Zouuuu! ¡Me había pegado el resbalón del siglo! ¿Sabéis cuando os encontráis una cucaracha, e instintivamente tratas de aplastarla con tu metro cincuenta y la persigues por toda la cocina pero ella es mas rápida? Pues bien, mientras una cucaracha esta bajando por una rampa deslizante, es incluso mas rápida. Mi cabeza estaba a un milímetro del “suelo”. Era como si me hubiera cogido y me hubiera atado debajo de un Porsche con la nariz casi tocando el suelo. Mis patas estaban demasiado apartadas unas de otras, y a cada paso, una de ellas derrapaba sin control. En resumen, la mitad del tiempo, estaba moviéndome y resbalándome mientras recibía arañazos en el vientre. – <¡Aaaaahh!> gritaba Tobias que iba detrás de mi. – <¡Primer curva, raaas!> grité. Tenia la impresión de que iba a dos mil kilómetros por hora. Me moví ligeramente a al derecha para tomar mejor la curva. ¡Esto si que era un maldito tobogán! Tenia la impresión de ir sobre un pequeño trineo con unos enormes cohetes atados a mi espalda. ¡Un aficionado al skateboard habría vendido a su padre y a su madre por una bajada como esta! A esta velocidad de infarto, mis patas iban a toda marcha, tan rápido que me hacia daño en el vientre, y mis antenas estaban echadas hacia atrás, el “camino” se parecía a una viga en forma de espiral. ¡Era increíble! – <¡Curva!> Supere la segunda curva. Ahora estaba totalmente controlado por la inercia y la velocidad. No podía pararme. No podía disminuir la velocidad. Ninguno de nosotros tres controlaba absolutamente nada. Éramos como proyectiles, casi no tocábamos el acero, nos inclinábamos un poco en las curvas y nos dañábamos haciendo resbalar nuestros hígados entre los dedos de nuestros pies. Si hubiéramos tenido hígados. O dedos en los pies. Piso tras piso, barandilla tras barandilla. Resbalábamos, rebotábamos. Luchábamos contra la inercia, y corríamos como si fuéramos perseguidos por un autobús. – <¡Quedan dos curvas y habremos llegado!> anuncio Ax. – <¿Y que hacemos? – <¡Saltar!> – <¿Cuándo? – <¡AHORA!>- gritó. © 1996 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender

[b]Capítulo 9:[/b] Abordé la última curva. Esta vez no había tiempo para bromas o para pensar en mi vientre. El trineo iba a dejar la pista mientras el comentador anunciaba: “Señoras y señores, acaba de producirse un terrible accidente! ¡Espero que no haya heridos! Tomé la curva sin recudir la velocidad y sin inclinarme. Y continué recto sin preocuparme el borde. Precipitadamente, mis pequeñas patitas de cucaracha se quedaron paladeando en el aire. Fue gracioso. – <¡Aaaaaaaaah!> Caí. Durante muuuuuuucho rato. ¡Plop! Aterrice. ¡Plop! ¡Plop! Ax y Tobias aterrizaron a mi lado. – <¿Qué tal?> – < Tirando. ¿Ax-man?> – <Todo bien> – <¡Ha sido genial!> exclamé. – <¡Supergenial!> me corrigió Tobias. – <¡Pero jamás volveremos a hacerlo! ¡Jamás!> añadí. – <¡Nunca mais!> – <Empezar de nuevo este experimento seria una idea muy mala> reconoció Ax. Nos acercamos a una de esas puertas típicas de salida de incendios y pasamos por debajo. El acero me raspo la parte superior. A continuación nos adentramos en el pasillo del piso veintidós. Estaba todo oscuro, a excepción del débil rayo que iluminaba a través de la rendija de la puerta por la que nos habíamos colado. Teníamos una especie de moqueta que nos guiaba por la pared. Después la puerta por la que entraba la débil luz se abrió. Un hombre entro y encendió las luces del pasillo. ¡Pánico! – <¡Quedaos quietos!> Nos quedamos inmóviles, como estatuas mientras una silueta gigantesca avanzaba paso a paso. – Odio a los inspectores de impuestos y sus malditos controles fiscales- refunfuño el tipo. Apagó la luz del escritorio y cerro la puertas detrás de él. De pronto nos vio. – ¡Cucarachas!- grito Sentí un gran temblor cuando un pie humano golpeo la moqueta. – <¿Ax? ¿Tobias?> – <Estoy detrás de ti, Marco> respondió Ax. – <Creo que ha matado a una cucaracha de verdad. ¡No os mováis!> grito Tobias. Luego el tipo se dirigió hacia el ascensor, mientras gritaba insultos dirigidos a los impuestos y al precio de los mismos, que según el eran demasiado altos par aun suelo de oficinista. ¡Estaba pasando por alto a un grupo de cucarachas y estábamos en un maldito edificio de lujo! Una campanilla anunció la llegada del ascensor. Las luces del pasillo se apagaron, y las puertas del ascensor se cerraron. Estábamos solos en el piso veintidós. Solos con mamá, por supuesto. “No, ella no es mama” me dije. No podía pensar en ella de esa forma. Era Visser Uno. Nuestro enemigo. Teníamos que llegar hasta la puerta donde había visto entrar a Visser. Subimos a lo largo de la pared, y nos paramos a la altura de la critalera. La vista de las cucarachas no es extraordinaria. Pero veía lo suficiente como para saber lo que había dentro, la verdad es que parecía a una oficina normal. Una mesa de recepcionista, una bella butaca, una sofá de cuero, teléfonos, un ordenador, una impresora, una fotocopiadora, una máquina a café. Nada que delatase a un yeerk. – <Posiblemente nos equivocamos>, dijo Ax. – <Estoy seguro de que la vi entrar por esta puerta por la mañana> repliqué. – <Tenemos que entrar. No me he enfrentado a la montaña rusa de la muerte para renunciar ahora> anunció Tobias abriendo la marcha. Nos dirigimos al suelo para pasar por debajo de la puerta. Imposible. – <Una puerta blindada- informo Ax- como una armadura impenetrable> – < Nadie toma tantas precauciones para una oficina corriente- suspiré- tengo por la impresión que vamos a tener que pasar por la toma del aire> Subí a la pared el primero, después les guié hasta el tubo que me había absorbido esa misma mañana. – <¿Qué dirección?> preguntó Tobias. – <Según recuerdo, a la derecha> Atravesamos montañas de polvo y cenizas hasta llegar a al rejilla que daba a la guarida de Visser. Para poner tanta seguridad tenia que pensar que se preparaba para entrar en guerra contra todo un ejército. – <Se trata de un holograma proyectado sobre la puerta- explicó Ax- Basta con pintar un cristal y proyectarlo hacia arriba para modificar toda la apariencia del cuarto. Visser hace así creer a todo el mundo que tiene allí una oficina totalmente normal detrás de la puerta. Muy inteligente.> – <Así que cualquier persona que pasa por el pasillo, un vigilante por ejemplo, no sabe lo que verdaderamente hay en el interior>, concluyó Tobias. – <Debe utilizar el mismo procedimiento en las ventanas de la calle- dije- Con el fin de engañar a los limpia cristales> – <Y a los ratoneros de cola roja. No os detengáis. Vamos> En una oscuridad casi total, atravesamos la rejilla, luego caminamos por el techo hasta una pared. Pronto nos encontrábamos sobre la moqueta gris que cubría toda la oficina. <Me destransformare primero- anunció Ax- Es muy probable que haya que combatir> En pocos minutos, los tres habíamos recuperado nuestra apariencia normal. Allí estábamos, un andalita, un humano y un ratonero. Es entonces cuando lamente no ser todavía una cucaracha. Porque una cucaracha no habría visto con tal nitidez. En una esquina del cuarto se encontraba un pequeño estanque yeerk portátil, una especie de jacuzzi de acero inoxidable. El maletín que me había golpeado por la mañana estaba justo al lado. Al borde del estanque yeerk, había un grueso collar de metal. El cuello de mi madre se encontraba dentro. Preso. Su cabeza estaba inclinada de tal manera que una de sus orejas estaba en contacto con en el líquido del estanque. El resto del cuerpo estaba en una posición extraña, impotente y encorvado. – < El yeerk está alimentándose> dijo fríamente Ax. Los yeerks debe introducirse en un estanque yeerk cada tres días para absorber los rayos kandrona. Sino, se muere de hambre. La maleta era en realidad un kandrona transportable. Mi madre era, en ese mismo momento, justo en ese momento, en ese preciso momento, mi verdadera madre. La babosa yeerk de nombre de Visser Uno había dejado su cabeza junto el líquido viscoso del estanque, mientras estaba alimentándose. Por el momento, era mi mamá. En cinco pasos, podría serlo para siempre. Me acerque. © 1999 K.A. Applegate © 2005 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 10:[/b] – <¡Marco!> exclamó Tobias. Di el segundo paso. El tercero. – <¡Ax!> Una cuchilla de una cola andalita se coloco velozmente en mi cuello. Me paré. – < No, Marco- dijo con calma Ax- Visser Uno regresara al cuerpo de tu madre al instante de sentir cualquier peligro. Y no podrás quebrantar estos candados con tus manos. Son controlados por una interfaz de ondas eléctricas cerebrales, para que el yeerk siga manteniendo el control de tu madre, incluso cuando está fuera de su cuerpo> Agarre su cola y traté de apartarla. Pero la cola de un andalita es un músculo largo y poderoso. No llegue a moverla ni siquiera diez centímetros. – <¡Marco! ¡Párate!- gritó a Tobias- ¡ Apártate y reflexiona! De momento esta colocada de tal forma que aun no te ha visto ¡Pero si entras en su campo visión, sabrá todo!> Dejé de forcejear con la cola de Ax. – <Estamos en misión de reconocimiento, Marco- me recordó amablemente Tobias- No es el momento, lo sabes. Comprendo que muy tengas ganas de salvarla, pero no es el momento> – <¿Y si te descubre, Marco?- inquirió Ax- ¿Que sucedería si le revelas tu verdadera identidad, y no eres lo bastante rápido como para impedir que el yeerrk vuelva a su oreja? ¿Qué crees que pasaría entonces, Marco> Mi madre estaba prisionera a tan solo un metro de mí. Posiblemente Ax se equivocaba, posiblemente podía liberarla a pesar de todo. Posiblemente… Retrocedí. Me sentía fatal. Estaba allí. Libre. Mama era por fin ella, aunque solo lo fuera durante unos instantes. ¡Podía decirle que estaba bien! Podía decirle… Nada. No podía nada decirle. Ax tenía razón. No iba a tener éxito a la hora de liberarla. Visser Uno volvería a infestar su cuerpo. Y entonces toda nuestras vidas estarían en peligro. Nuestro secreto revelado. ¿Y luego? Luego, estaríamos indiscutiblemente muertos. Era lógico. Me lleve la mano a la cara. Estaba húmeda. – ¿Qué es eso? ¿Qué es eso que esta en la esquina?- murmuré para pensar en otra cosa. – <Se trata de material de vigilancia y de comunicación> Era una consola del tamaño de un piano y encima tenia una antena parabólica girada hacia la ventana. En el centro se encontraba una gran pantalla. Y sobre esa pantalla, imágenes tomadas del cielo. Imágenes curiosamente familiares. De lugares como el hogar de los hork-bajirs libres. – <Visser Uno conoce la existencia de la colonia –declaro Tobias furioso- seguramente le interesara> – <Lanza rayos dragón por aquí, cámaras de vigilancia por allá, un estanque yeerk portátil –hizo inventario Ax mientras examinaba el cuarto con sus antenas oculares- Todo lo que Visser necesita para una guerrilla> – <Ese maletín que, el que esta cerca del estanque yeerk –dijo Tobias- ¿Es el que llevaba esta mañana, Marco?> – Si, y hay otro sobre el escritorio, cerca de la ventada- murmure. – <Son generadores de rayos kandrona –explico Ax- Pero de un solo uso. Aparentemente, Visser Uno dispone solo de seis días para acabar lo que tiene entre manos> – ¡Vete de aquí! Fue dicho despacio, pero de manera feroz. Nos quedamos de piedra. ¡La voz de mi madre! ¿Pero a quien hablaba? ¿A nosotros tres? ¿Sabia que estábamos allí? ¿Nos había entendido? No, no, claro que no. Hablaba con el yeerk que comenzado sin duda a regresar a su oreja. ¡BRRRRRRRRRRRRR! El cuarto comenzó a temblar. Yo me asuste, lo que me saco del estado de trance. – <¿Qué es eso?> -pidió Tobias – ¡Nos vamos! –resople. Nos alejamos por la segunda puerta. La que daba a los aseos privados. ¡Boum! Hasta en los aseos, sentí el choque. Alguien o algo llamaba a la puerta de la oficina, pero con la fuerza de un ariete. ¡BOUM! ¡BOUM! – ¡Yeerks! –dije- ¡Vienen matarla! – <En ese caso, harán el trabajo en nuestro lugar>, declaró fríamente Ax. – No en mi presencia –le asegure. – <La persona del cuarto de al lado no es tu madre. Es Visser Uno. Que te matará si alguna vez tiene esa posibilidad.> Le ignore. El gorila. Sin lugar a dudas una de mis transformaciones preferidas y mas poderosas, y ahora estaba dispuesto a hacer volar en pedazos la cabeza de alguien. Si no podía liberar a mi madre de su yeerk, al menos podría salvarla del que trataba de matar a Visser Uno. – <¡Estas completamente enfermo!> -me recrimino Ax. – No. Eres tu el que esta enfermo por culpa de ese odio que siente hacia los todos los yeerks. Si Visser Uno trata de matar a Visser Tres, esto nos dará una posibilidad de vencer. – <¿Una posibilidad?> repitió pensativamente a Tobias. – <Puede ser –reconoció Ax- Pero el Príncipe Jake dijo que no debíamos…> – ¿Perdón? -Murmuré. <¡Vamos allá!> exclamó Tobias. ¡ Vlam! La puerta de la oficina voló en pedazos. ¡TSSSSSIOU! ¡TSSSSSIUO! ¡Rayos dragón! Abrí la puerta de los aseos. La oficina estaba en un estado indescriptible. Visser Uno había recuperado el cuerpo de mi madre y estaba muy cerca de la consola de vigilancia. Tenia en la mano un pistola de rayos dragón. Un hork-bajir retrocedió titubeante, al ver arder un agujero en su pecho. Pero otros ya estaban atravesando la puerta. – <¡Que comience la fiesta!> -dije. Ya me había transformado en gorila. Salí de los aseos y entre en la oficina. Visser Uno me lanzó una mirada sorprendida y vaciló preguntándose si debía dispararme. Dos enorme hork-bajirs se echaron sobre mi madre. Ella trato de apuntarles. ¡Demasiado tarde! Un brazo provisto de cuchillas brotó para seccionar al de mi madre. Pero falló su fin y se tuvo que contentar con arrancarle la pistola de rayos dragón que tenía en la mano. Estaba desarmada. El hork-bajir la estudió. ¡Paf! Mi puño se estrelló sobre el hocico del hork-bajir, que retrocedió vacilando. Visser Uno saltó sobre su arma. Ax salió de un salto de su garbeo por los aseos. – ¡Andalita! -Exclamó un hork-bajir totalmente asombrado. ¡Fwaaaaap! La cuchilla de la cola de Ax mutilo al hork-bajir, exactamente igual que como este último había estado a punto de mutilar a mi madre Pero los hork-bajirs continuaban llegando. Eran ahora cuatro en el cuarto. Y había otros en el pasillo. – ¡Tseeeer! Tobias surgió, como una exhalación fuera, parecía un borrón: una ráfaga de plumas morenas-rojizas. El hork-bajir cayó de espaldas con las manos en los ojos. Y abrió camino entre los extraterrestres boquiabiertos golpeando por todos lados. Por el rabillo del ojo, vi a Visser Uno levantar la pistola de rayos dragón. ¡Hacia mí! Estaba demasiado lejos para detenerla. – <¡Ax!> grité. ¡Fwaaaapp! Con su cola más rápida que un látigo, hizo volar la kandrona portátil, la cual aterrizo en la cabeza de mi madre. – <Has sido un idiota, Visser, ya que tratamos de salvarte la vida>, le dijo. – ¡No acepto la ayuda de andalitas! -Gritó furiosa. Pero no podía coger su arma. Los hork-bajirs se lo impedían. Se precipitó a los aseos. Justo en ese momento sucedió: uno de los hork-bajir heridos avanzo hacia mi agitando sus brazos, sin duda alguna estaba dispuesto a acariciarme la cara. Lo cogí por uno de sus hombros llenos de cuchillas y lo lancé contra una pared. Luego golpeé con mi puño sobre uno de sus congéneres. Tobias también cumplía su cupo de daños. Pero el más peligroso, era Ax. Su cola, demasiada rápida para que se la siga con los ojos, los barría de derecha a izquierda. Los hork-bajirs se borraban delante suyo. Los primeros porque eran heridos, los siguientes porque tenían demasiado miedo. Se precipitaron hacia la salida. Cogí lo que quedaba de la puerta rota y la devolví a su sitio original. Luego le lancé una mirada a Ax. – <Eh, el bien hecho, que grande eres. Creo que verdaderamente les acojonaste> – <Es evidente que no esperaban este recibimiento> -respondió con modestia. – <Oigo hélices de helicópteros> -declaró a Tobias inclinando su cabeza de halcón. – <¿Quienes se alejan o que se acerca?> – <No lo sé. Marco, abre la ventana, por favor> Cogí una silla y lo lancé contra cristal. Se estrelló. – <En el rascacielos, las ventanas no se abren> -expliqué. Tobias salio volando entre los pedazos centelleantes del cristal. Volcio a informarnos en seguida: – <¡Llegan!> – Estas muerto, andalita. La puerta de los aseos se había abierto en un segundo. Un brazo salio de ella. Un brazo endeble. Que tenía una pistola de rayos dragón no tan endeble.. ¡ Tenía una arma escondida en los aseos! ¡Tssssiou! ¡Tssssiou! El fatal rayo de luz iba dirigido de lleno hacia el pecho de Ax. Pero, para cuando apretó el gatillo, éste ya había cambiado de sitio. Queriendo proteger la tierra, me deslicé sobre la sangre de un hork-bajir. Visser Uno se puso en cuclillas, de nuevo cerca de la consola de vigilancia, con los ojos llenos de odio. Con uno de mis gruesos puños, cogí uno de sus enormes muebles para interceptar un proyectil que se lanzaba derecho a mi cabeza. Luego. Con toda la fuerza de mis músculos de gorila y todo la furia de sentía, me arrastré por debajo de la consola de vigilancia y salté sobre Visser. ¡Boum! Doscientos kilos de músculos y de hueso se estrellaron sobre el cuerpo de mi madre. Me enderece, la obligué a ponerse en pie, la desarmé con calma y lancé su arma a un lado. Luego le hice una llave en el brazo. Una gentil llave en el brazo. – <¡Salvamos tu lastimosa en insignificante vida y tratas de matarnos! –Declaró a Ax de tono despreciativo- ¡Tu comportamiento dice todo lo que ahí que saber de tu especie!> – ¿En ese caso, por qué no me matas? –Escupió Visser. -¡Sucio andalita hipócrita y arrogante! ¿Por qué no me matas ahora? – <Como quieras –dijo Ax haciéndome un gesto con la cabeza. –Hazlo: mátala> © 1999 K.A. Applegate © 2005-2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 11:[/b] – <Mátalo ya> -ordenó Ax en “abierto” ósea, para todos.. Pero en conversación aparte, para que solo Tobias y yo lo oyéramos, añadió: – <Digo esto para darle efecto dramático, por supuesto. Pensé que sería una buena idea para dar un poco de miedo a este yeerk> Apreté mi puño alrededor de su cuello para que Visser sintiera la inmensa fuerza de mis brazos. Luchando contra las ganas de gritar: “¡No lo hago queriendo, mamá! ” – ¡Para! –grito- ¡No me mates! Aflojé mis enormes brazos. El cuerpo de mi madre se repantigó. Oía su respiración jadeante. – <¿Y por qué te tendría que hacer caso? -la desafió Ax- Tu y los otros yeerks matasteis al bueno de mi hermano, Elfangor.> – ¡El hermano de Elfangor! ¡Habría debido sospechar que un miembro de este familia de miserables y de miedoso todavía vivía! Pero fue Visser Tres quien dio fin a la vida de ese débil de Elfangor. Lo sabes y quieres su cabeza. Y bien, sabes que yo también. Aunque me habría gustado poder contar también con Elfangor entre mis víctimas. – <Voy a soltarla> -anuncié. No podría más retenerla presa mucho mas tiempo. Mi abrazo era mitad gesto de amor y mitad unas ganas locas de estrangularla. – <Posiblemente escondió armas en otro lugar> -nos dijo Ax solamente a nosotros. – <¡Ah, no! Me niego a cachear a mi propia madre> – <No tiene nada encima -dijo Tobias- Lo vería, si lo tuviera> La solté. Cogio su peluca rubia y se la volvió a colocar en la cabeza, entonces emitió un suspiro de profundo alivio. De repente, le quite la peluca de su mano y se la coloque bien. No supe porque lo hice. Visser… mi madre… me lanzó una mirada fría y divertida. – Oh, el pequeño guerrero andalita nos ha salido gentil –dijo en tono burlón. – <Estás viva. Así que no te quejes>. Ladré. – No viviré mucho tiempo más -anunció con tono taciturno- Visser Tres me acusó de traición. Cuando sus hork-bajirs hallan hecho su informe, tendrá una prueba que podrá aportar al Consejo de los Trece. Lanzaron un gashad contra mí. Una autorización para matarme sin preguntar antes. Tobias voló hasta las fotos que quedaba. – <¿Que estas preparando?> Se rió. – Como su fuera a decírtelo. Y además, seguro que queréis conocer todos los detalles. <Completamente –declaró Ax.- Y vas a dárnoslos. Sino, morirás.> – Ya morí. – <Deberías intentar desacreditar a Visser Tres –persiguió Ax.- Podríamos ayudarte. Si el gashad fuera a por la cabeza de Visser Tres, estarías a salvo> Sus ojos sombríos estaban fijos en él. – Vosotros me ayudáis a aniquilar a Visser Tres, y después me matáis a mi ¿Ese es, el plan? – <Sí> -dije sin rodeos. Hizo una mueca. – Por lo menos, sois francos. No os dedicáis a inventaros falsas excusas. – <Admítelo, si tuvieras la posibilidad, aniquilarás a Visser Tres, y luego vendrías a por nosotros>, añadí Mi madre se inclinó para poner su cara muy cerca de la mía. – Sí. < Ahora, yeerk –repitió Ax- cuéntanos todo lo que sabes. Te aconsejo hacerlo rápidamente. Los refuerzos de Visser Tres están llegando.> Miré el cuerpo de mi madre alargarse. Pero su voz era tranquila, privada de emociones. – Volví a la Tierra para construir un cuartel general subacuatico. Debería haber servido de base para la invasión de Leeran. Pero como vosotros bien sabéis, andalitas, este C.G. fue destruido. Me a sido retirado el titulo y he sido degradado al nivel de Sub-Visser. Visser Tres preparó mi caída. Tiene a todo el mundo pensando que soy un traidor. El Consejo de los Trece lo creyó y lanzó el gashad. Después, me escondí. – <Sin embargo, estás sobre Tierra. Y sólo, aparentemente –declaró Ax.- Tienes pues una nave en órbita. Posiblemente también una nave Estanque escondida en alguna parte sobre el planeta. Con otros generadores de Kandrona de emergencia abordo> Visser sacudió la cabeza. – No te llevare a mi nave, Andalita. Antes de comprender lo que hacía y, sin reflexionarlo, cogí la kandrona portátil y la rompí contra el suelo. – <Puedes comenzar la cuenta atrás, Ax> lancé. – Buena táctica –replicó Visser.- Disminuir mi tiempo de vida. Para que me invada la desesperación. Pero no funcionara. – <Ya veremos> murmure. – <¿Cuál es tu plan, yeerk? –Insistió Ax.- ¿Que sabes sobre Visser Tres que podría hacerte ganar el perdón ante los ojos del Consejo de los Trece?> Visser Uno llevo el cuerpo de mi madre hacia la consola de vigilancia rota. Durante un momento, tenia una postura tan inocente como la de una maestra de escuela apunto de contar una historia divertida ser un personaje histórico. – Hork-bajirs libre –anunció en seguida- Visser Tres dejó escapar un grupo de hork-bajirs, que se reunieron en una colonia. -<Pero los Yeerks esclavizasteis a toda la raza hork-bajir –dijo Ax- No hay un solo hork-bajir libre en toda la galaxia, mucho menos aquí, en la Tierra.> – No te hagas el idiota –dijo Visser- Una cosa que siempre he admirado en vosotros, Andalitas, es eso: vuestra inteligencia. – <¿De donde has sacado esa información?> -pidió Ax. – Eso, es cosa mía –replicó encogiéndose de hombros- Hay varios medios para saber lo que pasa sobre la Tierra, a condición de poseer una agudeza mental que ciertamente le falta a Visser Tres. ¿Dime, Andalita, cómo es que tu hermano, el poderoso Elfangor, ha sido vencido por un yeerk sin importancia y tan incompetente como Visser Tres? – <Podría plantearte la misma cuestión> -dijo Ax con toda la calma que pudo. – Conozco la importancia de la venganza en la cultura andalita –declaró Visser Uno.- Visser Tres mató a tu hermano. Estas obligado a matarlo tu a su vez, para salvar su honor. Yo puedo permitirte realizar tu deseo. – <¿Eso tiene un precio, verdad?> – En efecto –respondió. – <¿El qué?> -exigí. – La colonia de hork-bajirs. Dadme a esos hork-bajirs libres, y yo os doy a Visser Tres. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 12:[/b] Todo quedo en silencio un momento. – <Dile que estamos de acuerdo> -Murmuré a Ax en privado. Tobias se encolerizó. – <¡Estas loco! ¡Está fuera de negociación darles en bandeja a los hork-bajirs libre!> – <Es una mentira. Pero eso, Visser no lo sabe. Piensa que somos andalitas. ¿Sabes con que palabra califican los yeerks a los andalitas? Despiadados. Como piensa eso, creerá en nosotros.> Ax dijo: – <¿Eso es todo lo que pides, yeerk? ¿Los hork-bajirs libre?> Se rió burlonamente. – <Temía que exigieras algo más importante> – ¿Entonces, trato cerrado? Ax pidió: – <¿Tobias?> – <Espero que sepas lo que haces, mi pequeño Marco –me previno Tobias- Jake y otro jamás habrían hecho algo de este calibre. Estás haciendo un pacto con el enemigo.> – <¿Quieres a Visser Tres, o no? –Le repliqué.- Solamente ella puede llevarnos a Visser Tres> – <Antes de agarrarte, mira donde lo haces –replicó Tobias.- Conozco la motivación personal de Ax. Tiene una pelea que librar contra Visser Tres. Mi cuestión, es: ¿Tú también tienes una motivación personal?> – <Te aseguro que es una buena estrategia, Tobias. Y sabes que mi punto fuerte son las en estrategias. Sabes que soy muy bueno a la hora de calcular nuestras posibilidades.> – <Cierto. Pero también es tu madre> No tenía nada que responder a eso. – <Es a ti a quien Jake nombró responsable, Tobias> Tobias emitió una risa amarga – <No me hagas ser el malo, Marco. Si hay problemas con Visser Un, para nosotros su huésped no es importante, solamente es carne para nosotros. ¿Lo entiendes ¿No?? Tenemos que tener esto muy claro.> – <Sí> -respondí. – < Ok, Ax-man> -dijo Tobias. < Ok., trato cerrado> -declaró Ax. – ¡Decidme donde se encuentran los hork-bajirs libre! – <Tendrás la información a su debido tiempo –respondió Ax.- Cuando Visser Tres este a mi alcance, le mataré. Así, no tendrás que matar a uno de tuyos, y yo, cumpliré mi venganza.> – Una cosa mas. Tú y otros deberéis acompañarme. Os necesitaré para eliminar a los hork-bajirs libre. Soy solamente uno, estoy solo. Ax quiso negar. Lo interrumpí: – < Di sí, Ax> – <¿Qué?> exclamó Tobias. – <¡Solamente tenemos que seguirle el juego! –Repliqué.- Tiene refuerzos. Esta demasiado tranquilo. No le inquieta en absoluto a la idea que Visser Tres pueda volver. Los refuerzos debieron llegar hace rato y deben estar preparados. Tenemos que aceptar su proposición.> – <Un hork-bajir es un hork-bajir -dijo Ax con tono decidido.- Para nosotros, son sólo bestias.> – Poneros en contacto conmigo cuando estéis listos –declaró Visser. – <¿Cómo?> Sonrió. Con la sonrisa de mi madre. Sentía de nuevo deseos contradictorios: echarme a llorar o ponerme a reír. – Estoy en Internet –dijo riéndose. Nos dio su dirección e-mail. Luego frunció el ceño y nos observó uno tras otro. – Uno de vosotros ha hablado casi todo el tiempo. Y los dos otros no abandonan su transformación. Visser Tres es un imbécil. Hay algo que no comprende a propósito de su ejército de rebeldes. Se le ha pasado algo por alto. (Visser dibujo en su cara una sonrisa diabólica) Pero no me inquieta. Cuando recupere mi poder, descubriré de qué se trata. Y entonces (puso su mano en forma de revólver, y me apunto con el dedo a la cabeza) y entonces… ¡ Tsssiou! © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 13:[/b] Nos fuimos, teníamos que destransformarnos si queríamos poder echar a volar nada mas subir por las escaleras. Tan pronto como estuvimos sobre el tejado, Tobias despegó para vigilar los alrededores. -<Hay cuatro helicópteros que se acercan –anunció.- Estarán aquí en cinco minutos. Los hork-bajirs de Visser Tres van a echarse sobre Visser Un antes de que tenga tiempo de reaccionar.> ¿Qué os parece si nos largamos volando de una vez? –Sugerí a Ax. Unos instantes más tarde, estábamos los tres en el aire. Es duro volar por la noche: no hay corrientes ascendientes, ninguna corriente térmica, el aire permanece inmóvil. Hay que aletear como un murciélago. Sobrevolamos selvas de hormigón y de acero. De vez en cuando, percibíamos una luz aislada o un piso iluminado. Vi equipos limpieza empujar cubos de la basura sobre sus camiones y pasar el aspirador. Luego, más lejos, vi una sala llena de hombres y mujeres descansando mientras comían pizzas de pie alrededor de una mesa. Es extraño, pero al volar cerca de los rascacielos no te da la impresión de estar muy alto en el cielo. Posiblemente te das cuenta de lo alto que estas cuando sobrepasas la altura del cuadragésimo piso. Ninguno de nosotros pronunció una palabra mientras nos alejábamos. El ruido del helicópteros se difuminaba. Estaba seguro que las tropas de Visser Tres encontrarían solamente un cuarto vacío. – <¿ Marco, te das cuenta que acabas de aceptar traicionar a Jara Hamee, Toby y toda la colonia del hork-bajirs libres? Espero que tengas un buen plan> – <Tengo uno> – <¿Tendrías la consideración de revelarnos cuál?> – <Vamos a ponerlos cara a cara. Visser Tres y Visser Uno. Se quieren matar mutuamente. Así que vamos a provocar una batalla.> Vi que Tobias vacilaba. – <¿Aceptas sacrificar a tu madre?> – <No. Acepto sacrificar a Visser Uno> – <Marco, ella…> – <Cállate, Tobias. ¿De acuerdo? Ya lo se. ¿Realmente piensas que no soy capaz de hacerlo? Pues bien, ya a llegado la hora de las noticias de la noche: voy a hacerlo. Yo. Nosotros. Seguiremos mi plan. ¿De acuerdo?> – <No estas obligado a probarnos que puedes hacerlo, lo sabes> -dijo Tobias. – <No intento probar nada. Intento simplemente acabar de una vez con esta estúpida guerra.> – <Hace falta que hablemos con el Príncipe Jake. Tenemos que ponerle al tanto de esta historia. Y qué apruebe nuestro plan.> Esto, lo dijo Ax, por supuesto. – <Estamos a media noche. No vamos ir a ver a Jake ahora. No con Tom en la casa. Se lo contaremos mañana. Por el momento, actuamos> Tobias plegó sus alas y se alejó. Os juro que jamás he visto a alguien capaz de manifestar su desacuerdo de una manera tan clara como él. Pero en este instante, me daba igual lo que pensara. Tomar las decisiones precipitadas y acarrearlas me absorbía por completo. Me hundía. Sabía que Tobias y Ax no me creían. Sabía que realmente no confiaban en mí. Se imaginaban que jugaba a dos bandas. Pero cometían un error. Había encontrado un medio de destruir a ambos Vissers. Mi plan era impecable. La gente se equivoca al pensar lo que significa la palabra “despiadado” Piensan que significa “malo” Pero eso no es así en absoluto. Ser despiadado, es seguir una línea clara y precisa que va de un punto A, hasta un punto B. Sin importar que ahí en medio. De principio a fin. Ser despiadado, es ir mas más allá que ver la solución. Consiste en preocuparse simplemente en que todo salga perfecto.. Es lo que me estaba pasando. Sabía cómo aniquilar los dos a Vissers. Era todo lo que importaba. Pero no iba a explicarles eso a mis amigos. La piedad simplemente hace que te tuerzas de la línea. Conduce a reflexiones que no te puedes permitir cuando tienes la línea delante de tus ojos. – <Vamos a deber adquirir la forma de un animal que viva en la montaña. Pero como no soy el zoólogo del grupo, tenemos que ir a pedirle consejo a Cassie> – <Dónde vive Cassie también es media noche> -replicó Tobias. – <Sí, pero no tiene un controlador en casa> -repliqué. – <Eso jamás podemos saberlo> -hizo ver a Ax. – <Si vosotros preferís no venir, no hay problema, yo puedo encargarme de a esto solo> Era un farol. Sabía que vendrían conmigo. Tobias no tenía la elección. O sea me detenía por la fuerza, o me seguía. – <Eres un imbécil, Marco> -dijo. – <Yo también yo te quiero> -respondí. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 14:[/b] La noche estaba en calma. Pero yo sabía que cuatro helicópteros habían desembarcado a sus tropas hork-bajirs en una oficina vacía. Lo sabía, eso es todo. No creo en el destino. Pero en ese instante, sentía su peso. Visser Uno y yo íbamos encontrarnos. En la cumbre de una montaña. Era allí arriba dónde pondría punto y final a toda esta historia. Las pocas estrellas que habían salido brillaban en el cielo, ocultas entre nubes y otro tipo de cosas extrañas. Volábamos bastante cerca unos de otros, contrariamente a lo que hacíamos en durante el día, porque el espectáculo de tres aves de rapiña agrupadas en el cielo podía llamar la atención. Sobrevolamos la ciudad, luego atravesamos el barrio donde Jake, Rachel y yo vivimos, seguimos todavía mas lejos hasta que llegamos a las afueras, para llegar de pronto a la granja de los padres de Cassie. Con el Centro de Rehabilitación de la Fauna Salvaje , para ser exactos, un granero. Aterrizamos sobre el grueso árbol de hoja caduca cuyas ramas tocan la ventana de la habitación de Cassie. Tobias se acercó al cristal de la ventana con el paso cómico que tienen de las aves, parecido al de un loro en su jaula. Luego llamó al cristal con su pico. ¡Tap! ¡Tap! ¡Tap! – <No se mueve nada> declaró. – <¿Está dentro?> – <No, es más de medianoche, así que lo normal es que este en el patio jugando a la rayuela> -se burló Tobias. Estaba furioso por haber perdido el mando de la misión. – <¿A la rayuela?> -repetí con tono interrogante. – <¿A la rayuela?> -preguntó Ax totalmente perplejo. -<¡Callaros!> grito Tobias con exasperación. – <Golpea más fuerte> <¿Pero qué pretendes, Marco?> ¡Tap! ¡Tap! ¡Tap! – <No da ninguna respuesta. Debe estar soñando con…> ¡Tap! ¡Tap! ¡Crac! La ventana estallo en mil pedazos. – <¡Oups!> Cassie se sentó de golpe en su cama. – ¿Jake? – <Oh, que bonito -dije bajito para que no pudiera oírme.- Es en Jake en quien piensa nada mas despertarse. Me preguntó que estaría soñando.> – <¡Cassie, somos nosotros! –la previno Tobias.- Siento haberte roto el cristal de la ventana.> – Voy a tener que buscarme una excusa para mis padres –suspiró frotándose los ojos. – <Diles que un ave se dio un golpe contra tu ventana –sugirió Ax.- Así, no mentirás.> – Al menos esto se sale un poco mi rutina –masculló a Cassie.- ¿Qué hacéis aquí, chicos? – <Dejar en casa a mis novias> -dije. – ¿Marco? ¿Qué haces tú aquí? ¿Qué ha pasado esta tarde? ¿Alguien ha resultado herido? – <Estamos intactos> la calmó Ax. – <Nos hace falta una transformación que nos permita desplazarnos por las montañas –expliqué.- La forma de un animal que sepa escalar. Que sea grande si es posible. Y que sea capaz de hacer daño en caso de necesidad.> – Espero que esta no sea la razón por la cual me habéis despertado, habéis roto el cristal de mi ventana y… – <Es una situación de emergencia> -aclare antes de que acabara. Cassie lanzó una mirada llena de desconfianza a Tobias, y luego a Ax. – <Marco tiene un plan> – dijo secamente Tobias. – ¿Jake está al tanto? – <¿Cassie, confórmate con ayudarnos, de acuerdo?> -pedí. Inspiro profundamente. – De acuerdo. Una cabra macho. – <¡Súper! Una cabra macho con su larga barba de chivo. ¡Son divertidos! – No, no pensaba en ese tipo, Marco. Hablaba de una cabra montesa macho, con cuernos puntiagudos. Muy ágil. Y capaz de lanzar a un humano a través de la pared de un granero de un solo golpe de cuerno. Puede pesar hasta ciento cincuenta kilos. – <Muy bien, muy bien –dije.- ¿Y dónde encontramos, a tu cabra macho?> Cassie vaciló. – ¿Está bien? –preguntó a Tobias refiriéndose a mi. – <Eso creo> – Tobias, esta un situación demasiado grande para Marco. Jake te nombró responsable de la misión. Si Marco… – <¡He! ¿Me he vuelto invisible, o que pasa? ¡Ouh, ouh, estoy aquí!> – Muy bien. Te voy a repetir a ti la pregunta. ¿Estás bien, Marco?. Me da impresión de que estas muy agitado. E inquieto. Dije una palabra bastante dura. Luego añadí: – <Deja de comportarte como si fuera un debilucho. Sé lo que me hago. No necesito un equipo de psiquiatras. ¡Esto no es un cacho de Psy Show, creo yo!> Cassie se mordió el labio con un aire de aturdimiento, como si pensase en otra cosa. Al cabo de algunos instantes, comprendí que escuchaba una conversación mental privada entre Ax y Tobias. No sé lo que se dijeron. Pero vi algo en sus ojos. Piedad. – Bien –dijo finalmente.- Hay un nuevo hábitat para animales de montaña en el zoo. Está al aire libre, así que no tendréis problemas para ir allí mientras esta cerrado. Ni para acercaros a las cabras montesas. Salte al aire desde mi posición en el alfeizar. Ni Ax ni Tobias me dirigieron la palabra durante el trayecto. Posiblemente los dos estaba hablando de nuevo en privado. Me daba igual. Veía perfectamente la línea delante de mi, clara y bien trazada. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender [b]

Capítulo 15:[/b] Los Jardines: atracciones geniales y además un zoo. El precio de la entrada es muy elevado. Cuando entras por las taquillas. Vi la gran noria rodeada de oscuridad, exactamente igual que mis atracciones favoritas: las montañas rusas, con su complicado recorrido y sus vertiginosas bajadas, que se encontraban en la parte de atracciones del Parque. Algunos instantes más tarde, mientras sobrevolaba la parte del zoo, vi lo que debía ser el hábitat de montaña del que nos había hablado Cassie. Una planicie ondulada y herbosa. Un río que serpenteaba hacia la parte norte. Y en el centro de la planicie, un peñasco abrupto hecho de hormigón, una “montaña” salpicada por pequeñas cuevas y por desniveles. Estaba rodeada por una valla bastante alta en la cual de la cual aterrizamos. Distinguía vagamente las siluetas de las cabras montesas dentro de la más grande de las cuevas. Estaban acostados en la tierra unos junto a otros. Había otros de pie, inmóviles, que miraban fijamente a tres grandes aves de rapiña, que también los miraba. – <Que interesante –anotó Ax.- Criaturas con barba, piel blanca y cascos. Y cuernos. Que se alimentan de hierba. Me recuerdan a aquella desagradable experiencia que tuve con una criatura que era una mezcla entre las cabras montesas y los andalitas.> – <Creo que las cabras montesas macho son un poco más inteligentes que las vacas, Ax –declaré.- Y un poco más agresivas. Éstos dan ese típico aire de que saben lo que quieren.> – <Echa un vistazo al pecho del que me mira –dijo nerviosamente Tobias.- ¡Parece un jugador de rugby!> – <Hum… Adquirir su ADN puede de ser un poco peligroso –observó Ax.- Lo mejor seria que encontrásemos uno que duerma.> – <Buena idea> Volé hasta de una pequeña cueva. Tobias y Ax me siguieron. Había percibido una masa gruesa en el interior. Oups. Una enorme cabra montesa estaba adormecida. ¿Macho o hembra? Difícil de decir. Todas las cabras montesas tienen cuernos negros y una barba, aunque algunos deben ser hembras digo yo. Ax y yo nos destransformarnos tranquilamente algunos metros por encima de ella. La montaña artificial nos parecía muy diferente, ahora que un no la veía más con mis ojos de ave. Como humano, el suelo me parecía de repente muy lejano. Titubeé y me agarré a un peñasco. Luego me propuse arrastrarme con destino a la bestia gruesa llena de pelos. – ¿Y si se despierta? –Pedí. – <La idea de darnos un paseo hasta aquí ha sido tuya, encontrarás una solución> -lanzó Tobias. Solté un suspiro. – Tobias, para, por favor. Sé que temes que Jake se enfade contigo, si esto sale mal. Pero digo yo que podrías solidarizarte aunque sea un momento. ¿Vale? Se echó a reír. – <De acuerdo. Dejo de hacer ascos. Pero si ese bicho me pega una patada con sus cascos y me hace recorrer medio país, corro el peligro de poner mala cara durante mucho tiempo.> Me acerque. Era idiota al tener miedo de una cabra macho. Me había acercado a tantos animales, he tomado la forma de tantas especies… ¡Y de pronto, tenía miedo de una estúpida cabra macho! Puse la mano sobre su costado. Me miró. – Por favor, no presentes tus cuernos a mis riñones –dije para romper el hielo. Se movió. Tenía ganas de irme corriendo, pero sabia que no seria buena idea. Mis manos estaban rozando su áspero pelaje. Me concentré. Hacía falta que adquiriera su ADN lo más deprisa posible. El macho cabrío daba la impresión de estar preparándose para proyectarme hacia otra galaxia. Pero cuando el trance de adquisición comenzó, se calmó. Ax avanzo hacia mí. En el momento en el que retiraba mi mano, el puso la suya en la cabeza del animal. Tobias fue el ultimo. – <Bueno, chicos –dijo saltando de la espalda de la cabra adormecida.- Ya esta adquirido, me voy antes de que se despierte.> – Euh no miréis ahora, pero creo que tenemos un pequeño problema. A la entrada de la gruta, se había reunido los amigos del Sr. Cabra Montesa. Y no tenían el aspecto de estar felices de vernos. – ¡Oh, oh! –dije. Les hicieron falta unos dos segundos para recorrer los treinta metros de salientes rocosos, de piedras, de torrentes y de curvas. Me gire sobre mis talones. Y eché a correr.. Tobias despegó hacia la noche. Ax velozmente saltó a un lado. En cuanto a mí, pronto sentí un cuerno de macho cabrío en mis nalgas. Despegué. ¡Aahhhhhhhh! Supe más tarde, gracias a un libro, que los machos cabríos de montaña se divirtieran entre ellos dándose cornadas por la espalda. Pero, personalmente, encuentro que bajar un acantilado de cinco metros bajo la mirada de una cabra montesa macho furiosa, de setenta kilos, no tiene nada de divertido. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 16:[/b] Me estire otra vez en mi cama, rodeado por la oscuridad. No dejaba de mirar las cifras rojas de mi despertador. Tres y cuarto. Tres y cuarenta y dos. Tres y cincuenta y seis. Quería dormir. Necesitaba dormir. ¿Pero porqué no podía? Mi plan no consistía en pasarme toda la noche en vela ¿Sabéis cuando estáis cansados, y darías cualquier cosa por dormirte, pero tu mente no para de rodar las escenas del día como si fuera una película? Entonces os imagináis conversaciones. Tenia la necesidad de discutir con alguien, de explicarme, de argumentar. De cambiar palabras, de repetirlas, de ponerlas en otro orden. Era un bucle. Hablaba con Jake, con un Jake imaginario. Le explicaba todo con una lógica implacable. Hablaba con mi padre, en un futuro ficticio, en un mundo que no existe, donde todo sería diferente, y donde podría revelar por fin todos los secretos que guardo en mí desde hace tanto tiempo. Hablaba con mi madre. Me enfurecía. Se lo tenia que explicar. De explicarle todo a mi mamá, a mi verdadera mamá, de explicarle las razones por las cuales tenia que hacerle todo esto como. Quería contárselo todo a Visser Uno. De reírme, de burlarme, de saborear mi victoria sobre él. “¡Así es cómo te vencí! ” –Me jactaba. “¡Así es cómo te salvé! ” –Explicaba a mama. “No tenía elección. De verdad que no la tenia” “¿Tenia que hacerlo, papá, me comprendes ¿no??” “¿ Que podía haber hecho? La apuesta era demasiado grande. Tenía demasiadas responsabilidades. ¿Me comprendes ¿no?? Y además, para ti, ya había muerto. Ya habías dicho adiós. ¿Te acuerdas de eso ¿no?? Todos estos años cuando te quedabas sentado en tu butaca, con los ojos puestos en el vacío, mientras dejabas que tu vida se fuera a la deriva… ” “¿Ves, Jake? No dudes nunca más de mí. ¿Lo hice ¿no?? Logre anteponer la misión ante todo lo demás. Fui hasta el fin. Así que, por favor, no dudes nunca más de mí. Hice lo que tenia que hacer…” “¿ Mamá, que otra cosa podía hacer? Examine todas las posibilidades. Comprobé cada una de las piezas del puzzle en todas las posiciones posibles. Pero con ninguna opción, acababas libre. En todos los casos, morías. Debía hacerlo. ¿Cómo iba a dejar que lo hiciera otro, dime, como podía dejar que otro se encargara?… ” “Revienta, asqueroso yeerk. Tiembla, y sufre de hambre, y quiero que este sea tu último pensamiento: es por ella por quien hago esto. Te mato por ella. ” “Por Jake ” “Para mi padre ” “Por… ” Esto continuó durante una hora. Sentía el agotamiento, hasta en la parte hueca de mis huesos. Si algún día, conseguimos ganar esta guerra, sin un día, la raza humana sobrevive, figuraremos en los libros de historia. Jake, Rachel, Cassie, Tobias, Ax y yo. La gente sabrá nuestros nombres exactamente como saben los de los generales de la Segunda Guerra Mundial. Los niños estudiarán nuestros actos de valentía en clase. No tengo ninguna duda de que eso les aburrirá. Luego el profe contará la vida de Marco. Entonces formaré parte de la historia. Así de fácil. La gente se reiría con mi vida. Alguno diría: – ¡Este tío, era verdaderamente horrible! ¿Tenia que hacerlo, eso es todo, no lo comprendes? Era la guerra. ¡Ves ese problema, maldito crió enano y gordo! ¿Es que no entiendes nada? Era eso, la mas difícil. Debíamos atacar a los inocentes para vencer a los culpables. Hork-bajirs inocentes. Taxxonitas inocentes. Controladores humanos inocentes. ¿Pero como íbamos si no a ganar a los yeerks? ¿Cómo podíamos ganar, si no era de esa manera? No teníamos elección, pequeño niño llorica. Hicimos lo que debíamos hacer. -Horrible, ese Marco. ¿Aquel chico, el tal Marco? Era horrible. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 17:[/b] Al día siguiente por la mañana, nos reencontramos todos en el granero. Estaba agotado. Tenía escozor en las nalgas y en los codos, que estaban a carne viva a causa de mi caída desde lo alto del acantilado artificial. Tobias también tenia aire cansado. Demasiado cansado para burlarse de mi aventura con la cabra montesa. Ax parecía haber pasado la noche durmiendo como un bebé. Le expliqué mi plan a Jake y a otros: – Matamos a Visser Uno. Matamos a Visser Tres. Dejamos que los yeerks crean que mataron a los hork-bajirs libres. Los hork-bajirs ganan seguridad, y los yeerks son privados de sus jefes. Evitaba cruzarme con la mirada de Cassie. De Jake, obtuve sólo una mirada furtiva con los ojos llenos de tristeza. Pero yo tenia en mente la línea clara y bien distinguida. Rachel no quitaba su mirada del suelo recubierto de polvo y heno. No es idiota. Sabía que todo lo que pudiera decir me pondría furioso. Y sabia que ella, al igual que todos los demás, se estaba poniendo en mi sitio. Preguntándose si sería capaz de hacer una cosa parecida. – Si esto sale bien marcha, les habremos vencido los dos –concluí- Pero muchas cosas pueden salir mal. Hay muchos imprevistos… Cassie puso una mano sobre mi brazo. – Marco, sabes que trataremos de ayudar a tu madre, que haremos todo lo posible para ella. – Es solamente un humano entre tantos otros –dije encogiéndome de hombros- al menos para lo que a mi respecta. ¿Nuestro objetivo final no es lograr salvar a toda la Tierra? Era una de las réplicas que me había repetido la noche anterior Fue más amarga, menos serena y menos controlada de lo que habría deseado. – Muy bien –dijo Jake. “Muy bien” eso fue todo. No pronunció ninguna de las objeciones que había puesto en su boca en mis discusiones imaginarias. – ¿Entonces, lo hacemos? –Pedí. – Sí. Te toca jugar, Marco, Tenía dolor de respirar. – Ok, ok. Pero hace falta que nos apresuremos. No debemos dejar tiempo de reflexionar a Visser Uno. Hace falta que se guarde sus incertidumbres. Conozco la montaña. Fui un de excursión caminando hasta allí un día con mi padre. Necesito que alguien se ponga en contacto con Erek. Erek pertenece a un pequeño grupo llamado los Chee. Son androides. Son pacifistas, infiltrados entre los Yeerks. Son espías. Los Chee se hacen pasar por seres humanos gracias a una proyecciones holográficas muy sofisticadas. Ellos viven como humanos desde hace incontables generaciones. Están aquí, desde la época de las pirámides… <Yo me encargo> propuso Tobias saltando de su percha sobre una bota de heno. – Muy bien. No hace falta que Visser Uno comprenda quién se es. Vamos a jugar a ser Andalitas arrogantes. Visser Uno no puede… – ¡Pero es tu madre! –Estalló Cassie.- ¡No es Visser Uno! ¡Es tu madre! ¿Como podéis aceptar todos una cosa así? Jake le lanzó una mirada glacial. – No es el momento, Cassie. – ¿Y entonces cuándo será, el momento? ¿Cuándo Marco se odie a si mismo hasta el fin de sus días a causa de esta historia? Se niega a ver la realidad que tiene delante. ¡Es su madre, es de su sangre! Jake no dijo nada. Nadie dijo nada. Las palabras de Cassie quedaron en el aire, hasta que comenzaron a perderse. – Continúa, Marco –me pidió finalmente Jake. – Hace falta que ella quede cegada hasta por la tarde debido a la arrogancia insoportable de los Andalitas. Los odia. Hace falta que eso continúe así. Posiblemente eso le impedirá ver la trampa que se extenderá frente a ella. Tan pronto como estemos listos, le enviaré un e-mail. – ¿Ax, crees que podemos jugar con lo de los Andalitas arrogantes? –Preguntó Jake. <Se requiere un cierto talento de comediante para introducir una dosis de arrogancia en el carácter humilde y discreto de los Andalitas.> – Humilde es en efecto el calificativo que sistemáticamente me viene a la mente cuando pienso en los Andalitas –dijo Rachel riéndose. <Pienso que yo estoy mejor colocado para desempeñar este papel –propuso Tobias.- Soy yo el que paso más tiempo con Ax. Creo podría hacer bien de un Andalita arrogante.> <Eso va a ser difícil> -nos advirtió Ax. – De acuerdo, Tobias. Pero hace falta que lo tengas a tiempo para llegar hasta las montañas. <Lo tengo todo viento en popa. Y además, soy más libre que un pájaro. ¡No tengo que escalar las sendas de montaña!> Fui hasta el ordenador que Cassie y su padre utilizan para los informes médicos. – ¿ Ax? Hace falta que nadie sea capaz de encontrar nuestro rastro. Tampoco los Yeerks. Ax trabajó algunos minutos en el ordenador echando pestes contra la tecnología humana todavía balbuceante, como de costumbre. <Puedes teclear tu mensaje.> Cumplí la orden. Exactamente escribí: “Préstamos” Sin reflexionar sobre lo que iba a poner en marcha. – Muy bien. ¿Todo el mundo ha comprendido quien hacía qué? –Pedí. – Sí – Perfecto. Voy allá. Comencé a transformarme en águila pescadora. Algunos instantes más tarde, estaba en el cielo. Aliviado al dejar a mis amigos. Mas tarde, cerca de la una, aterricé sobre un olmo hojoso cerca de la encrucijada muy concurrida de Green Street y de Spring Street. Tobias se posó en un poste telefónico al otro lado de la calle, ocupado en alisarse las plumas. <¿Te pusiste en contacto con Erek?> < Sí. Se ocupa de eso. ¿Crees que va a venir? Tu m… Quiero decir, Visser Uno> < Sí. Estoy seguro de eso> Algunos minutos después, surgía al volante de un coche de alquiler. Le robó la plaza de aparcamiento a una familia con un todo terreno. Luego descendió del coche. El conductor de todo terreno le gritó algo. Le soltó una mirada negra. Prefirió alejarse. No estaba disfrazada. Ella iba de nuevo como mi madre. Era mi madre. Su piel pálida. Sus cabellos dignos de hacer publicidad para champús. Sus ojos negros. <Visser Uno>, me recordé. Estaba inmóvil delante de la vitrina de una droguería, como si estuviera fascinada por los artículos de cuidado del hogar. <Te toca jugar a ti, Tobias acuérdate: eres Andalita arrogante.> <Visser Uno, vas a seguir mis instrucciones sin discutir y sin hacerme esperar,>, declaro Tobias. Precipitadamente alzó la cabeza y buscó por todos lados. Miró un perro guía que tenia un aire suspicaz. <Vas a tener que cruzarte con un controlador humano de nombre Chapman>, continuó Tobias. – ¡Chapman! –Murmuró.- ¡Todavía es uno de los esclavos incompetentes de Visser Tres! Me delataría en un segundo si eso pudiera proporcionarle un ascenso. <Exactamente es lo que se busca, Yeerk. Quieres la piel de Visser Tres. Comprendiste sin duda pues que había que llamar su atención. Te lo entregamos en bandeja. Así que no plantees más cuestiones.> Mis ojos de águila pescadora vieron como su boca articulaba una serie de palabras groseras. Tobias hizo como que no entendía lo que decía. <En el curso de su joggin, Chapman adelanta un comercio humano que se llama panadería. Esto se encuentra en una de las calles al este. Ve allá a pie. En seguida. Arréglatelas para que te vea. No intentes huir –le ordeno Tobias.- Si fuera necesario, te protegeríamos.> A las trece cincuenta y cinco, Visser Uno se coloco delante de la panadería que le habíamos señalado. A las catorce y diez, Chapman se acercó, vestido con un chándal verde cetrino. Mi madre hizo que este le tirara el bolso. Chapman siempre tan condescendiente que muestra lo bueno que es, lo recogió. Luego se levanto y se lo tendió. Visser Uno le lanzo una sonrisa. Que se transformó una mirada glacial. Muy convincente. Chapman no dijo nada, simplemente le vi palidecer. Retrocedió y se fue corriendo. Desde mi nueva percha, esta vez el tejado de un viejo almacén, vi a Chapman detenerse en una cabina telefónica y apretar frenéticamente los números. Visser Uno estaba furioso. Nos buscaba por todas partes con sus ojos, pero había muchas palomas y perros por todas partes. Podíamos ser cualquiera de ellos. <Dirígete hacia el norte tomando la próxima calle –ordenó Tobias.- Monta en el gran vehículo que se parara en la esquina, y desciende en el centro comercial.> – Eso se llama autobús, estúpido Andalita –murmuro Visser Uno a modo de respuesta. La oí decir esto en el momento en el que pasaba por debajo de mi. El pequeño número de Tobias funcionaba a las mil maravillas. <Esta bien bien, Tobias. Harías un buen papel como Andalita. Cuando el autobús llegue, despega. Tomo el relevo.> <Tu eres el jefe>, respondió. Dos minutos más tarde, un autobús se paraba sobre las líneas diagonales amarillas. <Embarca>, ladró a Tobias. <¿Embarca?> repetí. <Pensaba que era el tipo de palabra que Ax pronunciaría>, explicó. Mi madre subió en el autobús. Me alejé de mi almacén y aterricé sobre el ardiente tejado del autobús. No había nada para cogerse, pero dos roblones minúsculos habían sido arrancados, lo que me permitió deslizar mis garras en los hoyos. Mentiría diciendo que era mi medio de transporte favorito. El autobús se deslizó entre la circulación para llegar al centro comercial a cinco minutos de ahí. Recogí la cabeza y puse mi cuerpo en posición aerodinámica para resistir el viento. Habría preferido seguirlo en los aires, lo que habría sido distintamente más confortable. Dos minutos antes de la parada, despegué y gane altitud. Un águila pescadora cerca del suelo, se hace un tanto raro. Escudriñé el horizonte en busca de cabezas conocidas. Me cruce con la mirada fría de un halcón peregrino. Jake se posó en un saliente en la última plaza del aparcamiento del centro comercial. <Por el momento, vamos bien de tiempo>, declaré. <¿Estás seguro de que Chapman le dio?> <¡Oh, claro que sí! Casi se meo en los pantalones.> <Perfecto. ¿Te han seguido?> <Esperemos que no.> <¿Ningún rastro de los refuerzos?> <La verdad es que no tuvimos tiempo de vigilar a todo el mundo –dije como protesta-¿Y los otros?> <Rachel y Cassie están en su puesto. Ax debería pronto alcanzar las montañas. Si todo sale normal, Erek estará allí a la hora.> <¿Va todo bien, Tobias?>, pedí. <Sí, estoy encima de ti.> <Puedes irte ya, mozo. Lo tenemos.> <Lo tengo –me corrigió Jake.- No lo olvides, Marco. Quédate tranquilo.> <Si, si –dije con un tono un poco enervado.- Pero muévete para que oigas la voz de mi madre. Encima de mi cabeza.> <De acuerdo. Tu ropa está en el contenedor de la basura.> <¿La pusiste en el contenedor de la basura?> <¿Querías ropa, no?> Volé hasta allí. Podría haber sido peor. El cubo de la basura contenía cajas de embalaje. Afortunadamente no era el cubo de la basura de restaurante. Me destransformé dentro, y después me puse la ropa que Jake había escondido. Aterrizó a mi lado. <¿Transformación en mosca, no?> <Ese es el plan.> Se destranformo con rapidez, y después volvió a cambiar esta vez en mosca. Aleteó, describió algunos círculos y aterrizó sobre mi hombro. Salí del contenedor y nos dirigimos hacia una puerta lateral del centro comercial. Visser Uno había recorrido a pie algunos metros que separan la parada del autobús de la puerta. Esperaba nuestras instrucciones con impaciencia fingiendo hacer sus compras. De cuando en cuando, examinaba un camiseta para niño con la imagen de Michael Jordan. Más o menos mi talla. ¿La miraba para el hijo que su huésped había tenido un día? No, imposible. Me imaginaba que la seguían unos Controladores. Sospechaba que Visser Tres la habría echo seguir. La vigilaba. Hasta ponerla nerviosa. Me escondí detrás de una planta verde. – Bueno, todo recto –dije a Jake.- Hay una pantalla de televisión delante de ti. ¿ La percibes? Las moscas tienen una vista muy mala, sobre todo de lejos. Es por ello por lo que recupere mi forma humana. Para servir de guía del cielo a Jake y dirigirle sobre su blanco. <Veo luces vivas que se mueven muy alto, justo delante de mí.> – Es la pantalla. Pues bien, está en esa dirección. Una sombra a la derecha. Jake despegó. Lo perdí de vista casi en seguida. No es fácil seguir la trayectoria de una mosca en un lugar tan animado. <Estoy volando sobre ella –anuncio Jake algunos instantes más tarde.- Establezco el contacto.> Algunos segundos después, oí su voz por telepatía. Había cambiado completamente. Vi a mi madre enderezar la cabeza a toda velocidad. <Ve al fondo de este edificio, Yeerk –ordenó Jake.- Y ve a comprar un tejido para esconder tu cuello. Así como una piel artificial para protegerte las manos.> Una bufanda y guantes, casi me habría reído allí. Era exactamente lo que habría dicho Ax. Visser Uno debió hacer una respuesta desagradable. Porque luego, oí decir a Jake: <Nada de tonterías, Yeerk. Procedemos así para que estés equipado de objetos indispensables. Y para verificar que eres seguido. Si quieres saber todo, hay ya cuatro controladores humanos alrededor de ti.> Era una mentira, por supuesto. Pero Visser movió la cabeza en todos los sentidos antes de dejarse dominar. <Los pusimos sobre tu pista –dijo Jake simplemente.- Estas vigilado, así que ahorrémonos las tentativas estúpidas. Al el menor gesto sospechoso, te matamos y nos ocuparemos más tarde de Visser Tres.> – Muy hermoso –le dije a Jake. <Próxima parada, la gran tienda de enfrente>, continuó Jake. <Veamos cómo se comporta. Podría cambiar de opinión e irse>, añadió sólo para mí. – No, va a seguir nuestras instrucciones –afirmé. Comprendía a Visser Uno. Él también veía la línea clara y bien distinguida. El problema, es que sólo uno de nosotros iba a conseguirlo. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender[b]

Capítulo 18:[/b] Rachel, llevaba su pelo recogido en dos estupidas y rígidas trenzas, y una ridícula gorra de pescador hundida en la cabeza, se agacho en la sección de zapatos y de los bolsos. Estaba a unos cuantos pasillos del mió, la sección de lencería. Os puedo asegurar que no me sentía a gusto allí. Rezaba de todo mi corazón que nadie del colegio me viera interesarme por unas bragas ajustadas y por unos sujetadores gigantescos de color carne. Es el tipo de cosas que nadie olvida jamás. Visser Uno llego a la sección fajas, guantes y sombreros, se apoderó de una faja gris que estaba encima de una estantería, de unos guantes de cuero desparejados, y lo pagó con lo que era obviamente una tarjeta de crédito falsa. Luego se dirigió hacia la salida que daba a la galería del centro comercial. Tal como debía ser. Pero en este instante… – ¿Disculpe, señora? ¿Puede seguirme, por favor? Un vigilante de paisano. El tipo de personas que siempre acaban siguiéndome en las tiendas. Rachel me echó un vistazo y alzó cejas interrogantes. Me acerqué procurando no entrar en el campo de visión de Visser Uno. – ¿Seguirle? –Ladró mi madre.- ¿Y por qué debería? – Conténtese con obedecer, señora. Tengo algunas cuestiones que quiero que responda. La mano de Visser deslizó hacia su bolso. El guardia vio su gesto. – Usted está detenida para haber robado una faja. – Pagué esta faja –respondió Visser crispada.- Puedo mostrarle el ticket. El guardia soltó una pequeña risa nerviosa y echó un vistazo a todos lados, como si buscase la ayuda de alguien. Sin embargo, tenía un aire relativamente seguro. – Si buscas en tu bolso tu pistola de rayos dragon que estoy seguro que tienes ahí, te matare en un segundo, traidor –respondió. Visser Uno tenía la mano en su bolso. El guardia la metió en su abrigo. Estábamos a dos segundos de una batalla de armas láser en una tienda abarrotada de gente. En ese instante, Rachel se me acerco. – ¡Escóndete! ¡Imbécil! ¡Pareces un curioso delante de una batalla de unos monos en el zoo! Yo me ocupo de esto. Tenía razón. Estaba al descubierto, atraído sin darme cuenta hacia mi madre. Si Visser Uno se giraba en ese momento… Me zambullí detrás de los grandes mantones de terciopelo. Rachel se acerco a ellos y puso la mano alrededor de la muñeca de Visser. Luego, con tono quejumbroso, exclamó, muy alto: – ¡Yo le vi pagar esta faja! El guardia vacilo. Visser Uno se puso tiesa. Escudriñó la cara de Rachel, pero esta última volvió la cabeza. – ¡Usted ha detenido a esta persona, sin que haya hecho nada! ¿ Señora, señora, usted le vendió esta faja y no hace nada cuando este hombre la detiene? ¿Pero que clase de tienda es esta? Estaba tomando un riesgo increíble: el riesgo de dejar tras de nosotros a un Controlador capaz de identificarnos y de plantearse cuestiones sobre nuestro comportamiento. Para evitar todo contacto visual, Rachel se escondía detrás de su gorra y sus cabellos. También había modificado su voz. Esperaba que con eso bastase. – ¡Es ridículo! ¡Quiere detener a una dama que pago sus compras! Y si quiere mi opinión, estas prendas valen mucho menos de lo que ella pago! ¡Esto hasta no de cachemir! Tuve que esbozar una sonrisa. Esto marchaba. Una aglomeración de gente comenzaba a formarse. La vendedora llegó. Y reconoció que Visser Uno había pagado la faja. <¿Qué es lo que pasa?>, pidió Jake, que no comprendía nada. No es fácil seguir una conversación cuando se es una mosca. Pero no podía explicárselo ahora. Rachel se alejó de la muchedumbre y me cogió por el brazo. – Vamonos. – Pero nadie me mira… – Tienen cámaras de seguridad –cuchicheó. Señalo el techo con su cabeza. Vi el objetivo de vidrio negro de una cámara de seguridad. – ¡Ouch! Seguí a Rachel hasta la zona de probadores. Mi primera y sin duda mi ultima visita a los probadores de las chicas. Luego me tiene arrastro hacia una pequeña puerta. Y me hizo atravesar una puertas cerrada de acero. Llegamos a la tienda de material de camping dónde debían ir luego Visser y Jake. Cassie estaba allí también. Visser compró cuerdas de escalada y armellas. Rachel y yo paseábamos, como si mirásemos los escaparates. Vigilábamos el resto del centro comercial. Aparte de los que estaban vigilando a Visser Uno. Hace poco, Jake había mentía diciendo que había cuatro controladores humanos sobre los pasos de Visser Uno. Eso no había sido más que una exageración. Pero ahora, tras algunos minutos, tuvimos pruebas de que el número exacto no era cuatro, sino cinco. – Querías asegurarte de que la siguieran, Marco. Pues bien, ya lo has conseguido. Y evitamos por muy poco una batalla –murmuro Rachel.- Espero que sepas lo que haces. – Lo sé. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 19:[/b] Tenía de cuerdas, armellas, guantes y zapatos de montaña. Aparte de todo un grupo de controladores humanos a su espalda en el momento en el que salio del centro comercial directa al coche de alquiler que puso en dirección a las montañas. Parecía que estuviéramos en una película. Estábamos todos en el coche, excepto Tobias y Ax. Estábamos transformado en cucaracha, debajo del asiento del conductor. La tapicería dura, espesa y negra parecía altas briznas de hierba bajo mis seis patas. Un viejo rodillo de pastillas a la menta nos parecía tan grueso como un tronco enorme. Su diámetro era mucho más ancho que nuestra altura. Muy lejos, alto como nubes, se encontraba un tubo de acero y los resortes del asiento. Estábamos demasiado lejos para ver otra cosa que las masas inmensas y vagas de sus pies y de sus tobillos gigantescos que apretaban los pedales. Sabía que estábamos allí. No sabía donde se estábamos, pero sabia que la estábamos vigilando. – ¿Por qué no usamos un helicóptero para llegar hasta la colonia de los Hork-Bajirs? –Pidió. <¿Qué es lo que le hace pensar que la colonia esta en las alturas?> interrogó Cassie, que había sucedido a Jake. Teníamos que ganarnos la confianza de Visser Uno. Hacía falta que nos viera como aliados. Cassie era perfecta para ese tipo de misión. – ¿Qué porque lo pienso? –preguntó.- ¡No soy tan estupida! ¿Por qué íbamos a necesitar cuerdas y armellas, sino? <No podemos llegar á la colonia en helicóptero. Es un valle estrecho y disimulado, en la parte alta de las montañas. Los árboles la hacen invisible a los ojos de los humanos que lo sobrevuelan en helicóptero.> Cassie me dejo en silencio. <Sus tropas, cuando las necesite, tendrán que abrirse un camino por tierra por el que pasar.> – ¿Mis tropas? <Nosotros tampoco somos tan estupidos –repitió Cassie.- Usted no quiere hacer esto parar detener o desacreditar a Visser Tres. Usted tiene la intención de matarlo. Pero los dos sabemos que posee la capacidad de transformación y que es mucho más poderoso que su débil huésped humano.> – Soy capaz de asesinar a Visser Tres. <¿De verdad? Nosotros lo hemos intentado repetidas veces. Sin embargo, siempre vive.> – ¿Humildad? ¿Por parte de un Andalita? <Realismo por parte de Andalita>, replicó Cassie. Visser Uno dejó escapar una risa sonora. – ¡Usted tiene miedo de él! <Responde que sí –soplé a Cassie dirigiéndome sólo a ella.- Dile que mató a varios de nosotros.> <Sí. Éramos mucho más numerosos, en otro tiempo. Varios de nosotros murieron en combate contra Visser Tres.> Era una mentira, por supuesto. Pero creíble. Visser Uno iba a regocijarse de la información. Pensaría que había sido de estúpidos revelar una cosa aso. Pero queríamos que nos tomara por imbéciles. – ¿Usted piensa que yo seré más gentil que él cuándo recupere el mando? Le quise decirle a Cassie lo que había que responder. Pero ella ya lo había comprendido. <No. Simplemente pensamos que usted será más débil –declaro.- Vamos a sacar provecho el momento del cambio de poder. En cuerpo a cuerpo, usted es más fácil de matar que Visser Tres. Los humanos, controladores o no, mueren más fácilmente.> Una vez más, era mentira. Una amenaza totalmente falsa. Pero tenía la ventaja de concentrar la atención de mi madre… de Visser Uno… en vengarse de Visser Tres. En hacer que se enfrentara directamente a él para demostrar que era mas poderosa. – Es extraño –reflexionó Visser Uno.- Muy extraño, porque los informes que nos llegan de la Tierra hablan siempre de pérdidas basadas en Hork-Bajirs y en Taxxonitas. Y, de hecho… Me pregunto porque nadie ha comentado la muerte de controladores humanos. Nos había cogido. Habíamos cometido un error. Un terrible error. <¿Qué respondo?> -pidió Cassie. <Yo… yo…> Mi cerebro se negaba a funcionar. Ningún pensamiento venia en mi auxilio. Visser Uno había puesto el dedo sobre nuestro más grande secreto. <¡Di algo!> -gritó Rachel. <No, demasiado tarde –la cortó Jake.- Demasiado tarde. Continuemos. No tenemos elección.> – Bien, bien, bien –dijo Visser Uno. Lo sabía. Solo había una cosa que explicaba porque un grupo de rebeldes andalitas infligía pérdidas a los Hork-Bajirs y no a los humanos: que los rebeldes andalitas no eran andalitas. Mientras que, por el contrario, era lógico que unos humanos no hicieran bajas humanas. < Lo sabe –dijo Jake.- O al menos, lo sospecha.> <Está segura.> < Marco…> <Esto no cambia nada –dije bruscamente.- Debía morir. Morirá.> Corte. Antes, era mas abstracto. Pero ahora el objetivo no podía variar. Debía completar el trayecto entre el punto A y el punto B. Ahora, temíamos por nuestra supervivencia. Nadie debía saber la verdad de nuestro secreto, porque eso nos conduciría a la derrota. Nadie que descubra nuestra identidad secreta puede seguir con vida. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 20:[/b] Visser Uno conducía como un loco. El coche tomaba las curvas muy cerradas a velocidades que hasta habrían sido elevadas en una autopista. El rodillo de pastillas de menta se había convertido en una amenaza. A cada curva, a cada frenazo, rodaba hacia nosotros como un tronco que baja una colina. <¿Tu madre conducía siempre así?> -preguntó Rachel. <No es mi madre quien conduce> -respondí fríamente. Pero era una mentira. Mi madre conducía muy siempre como una loca, cosa que enervaba a mi padre. El Yeerk lo había aprendido registrando el cerebro de su huésped. <Posiblemente, sí> -me corregí. No era el momento de reñirse con Rachel. <Es muy probable que conduciera así.> <¿De verdad? ¡Ahora entiendo de donde vienen tus talentos de chofer!> Rachel hacía esfuerzos. Me reí despacio. Cuando hace esfuerzos, es que la cosa anda verdaderamente mal. Visser Uno tomó una curva a la derecha. Su conducta se volvió contrariada. Un eufemismo. La alfombra saltaba bajo nuestras patas. Nos servíamos de nuestras conchas para amortiguar los choques, pero eran demasiado numerosos. Nuestros cerebros de cucaracha traducían las conmociones en términos de peligro. De repente, milagrosamente, el coche se paró. – Seguí tus instrucciones, Andalita. Se rió al pronunciar esta última palabra. <Debe haber llegado a la oficina de turismo> -dije. <Tanto mejor –respondió Rachel.- Comenzaba a marearme.> <Desembala el material que compraste. Y toma la senda principal.> – ¡Pero las tropas de Visser Tres van a echárseme encima! –Protestó. < No, van a contentarse con seguirte –respondió Jake.- No harán nada hasta que Visser Tres llegue.> – ¡Ves con esa excusa al cretino del centro comercial! <Entró en un estado de pánico. No esperaba verte.> Visser Uno salio del coche cerrando de un portazo. Le dejamos tiempo para que tomara el material y lo metiera en la caja, de ponerse sus zapatos de montaña, su faja, sus guantes, y de ponerse en camino. <Vamos allá -lanzó Jake.- ¿Rachel? Te toca. No dejes que te vea.> Salió unos céntimos hacia el asiento escapando de la colchoneta dura y comenzó en seguida a destransformarse y a crecer cambiando sin cesar de posición para que sus miembros en pleno cambio no sobresalieran demasiado. Veía sólo sus pies. Que llenaban mi campo visión. Estaban desnudos, por supuesto. Jamás conseguimos transformarnos con zapatos. Para acabar, su cabeza se incorporó por encima del asiento. – Ok –dijo- Esto va bien. De momento. <Perfecto. Transfórmate y ves a tu puesto.> Trató de bajar el cristal, pero era eléctrico, y Visser se había llevado las llaves. Rachel abrió la puerta del copiloto, se transformo en águila y despegó con destino a su puesto de observación. Si Tobias no pudiera llegar a la cumbre de la montaña, Rachel llegaría. Y si llegaban los dos, pues tanto mejor. Cassie, Jake y yo nos pusimos cada uno en un rincón del coche para destransformarnos. Sino, pronto nos habríamos encontrado apretados como sardinas. Tuve que destransformarme en el asiento del copiloto. Mi cabeza surgió del horrible exoesqueleto del insecto. Pude ver a través del parabrisas. Ver de verdad. Como ven los humanos. Visser Uno se había apartado alejándose de la carretera sin coches. Era a la vez una ventaja y un inconveniente. Por un lado, no nos cruzaríamos con nadie, por otro, estaríamos al descubierto hasta la senda. Miré a mí alrededor. Rachel alcanzaba los primeros árboles. Vi que Visser caminaba a buen paso con destino a la senda. Siempre había estado en buenas condiciones físicas, mi mamá. Aunque prefería la vela al senderismo.. Jake estaba sobre el asiento del conductor. – Ok. Transformémonos rápido en aves. El enemigo esta sobre nuestra pista y no debe estar muy lejos. – Esta bastante cerca –dijo señalando con la cabeza la silueta de Visser Uno. – Uno después de otro, sino, esto va a parecerse a una alianza de aves de presa –aconsejó Cassie. Comencé a transformarme en águila pescadora. Era el que más cerca estaba de la puerta abierta. Algunos minutos después, no era más que plumas y garras. Despegué por la portezuela y aleteé para elevarme al cielo. No había recorrido ni tres metros cuando la vi: una limusina larga y negra. Que entraba en el aparcamiento de coches. Nadie va a hacer camping o senderismo en limusina. <¡Visser Tres! -Exclamé.- ¡Apresuraos, está aquí!> Continué aleteando en el aire inerte. Tenía la impresión de que todo el mundo me estaba mirando. Había dado por supuesto que unas aves de rapiña que vivían en el bosque no llamarían la atención. Pero Visser Tres sabía que más valía desconfiar de halcones y águilas. La limusina freno derrapando e hizo rechinar la gravilla. Iba seguida por tres enormes camionetas. El cristal de la limusina descendió. Estaba a un unos cien metros de altura y a quince metros del coche de alquiler. Una mano surgió. Las águilas pescadoras tienen una vista muy buena. Comprendí lo que tenía esta mano. <¡Jake! ¡Cassie!> -grité. ¡Tssssiiiou! Una pistola de rayos dragón había disparado. El capo del coche chisporroteó, se incendió y se desintegró. <¡NOOOOO!> -grite. ¡Tssssiiiou! ¡Clac-Boum! Una bola de fuego brotó del depósito de gasolina. El coche, o lo que quedaba de el, se elevó por los aires arremolinándose y estallando antes de recaer sobre grava. Hasta antes de tocar suelo, no era más que un armazón calcinado. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 21:[/b] <¡Jake! ¡Cassie!> Ninguna respuesta. Nada. Sólo silencio. Sólo silencio, a excepción del crepitar de las llamas. <¡Rachel! -Grité.- Jake y Cassie están… Tengo miedo de que…> Pero Rachel estaba fuera del alcance telepático. ¡Slam! ¡Slam! ¡Slam! Las puertas que se abrían y se cerraban. Los controladores humanos saltaron de las camionetas. Sus botas rechinaron sobre la gravilla. Chapman salió de la limusina y reunió a los hombres que salían de las camionetas. Luego, para acabar, salio un humano que no tenia nada de humano. Visser Tres en forma humana. Miró a todos lados, casi sin conceder una mirada al coche en llamas. Un guardia forestal había salido de la oficina de turismo. Visser hizo una señal con la cabeza. ¡Tsssiiiou! El guardia forestal chisporroteó antes de desaparecer. Sentí una mirada fría dirigía a mi. A esta distancia, la voz era débil. Si hubiera estado en forma humana, no habría podido oír como pronunciaba mi condena. – ¡El ave! –exclamo-. ¡Matad al ave! ¡Tsssiiiou! ¡Tsssiiiou! ¡A mi izquierda! ¡A mi derecha! El rayos dragón venían por todos lados. Les hacían falta dos segundos para rearmar. Uno, dos… Me eché hacia la izquierda. ¡Tsssiiiou! ¡Tsssiiiou! Fallaron. Había calculado la distancia. El árbol más próximo estaba sólo a cinco metros. ¡Tsssiiiou! ¡Tsssiiiou! Las ramas se incendiaron justo a la altura de mi cabeza. Replegué mis alas, reduje la velocidad, y me abandoné en caída libre. Utilizaba el peso de mi cuerpo para descender hacia el árbol. Luego me detuve a algunos centímetros de las agujas del pino. Los Yeerks no yo llegaban tan arriba. Al menos no de momento. ¡Oh, Dios mío! ¡Jake! ¡Cassie! El coche ardía hasta en mi cerebro. No quedaba más que un armazón de la cabina de aluminio. Trozos de aluminio y llamas. Y en el mismísimo centro, aunque no los había visto, salvo en mi mente, los huesos calcinados de mis amigos. “¿Y ahora? -Me pregunté.- ¿Y ahora?” El plan. ¿Pero todavía había un plan? Traté de reflexionar. Veía pliegues en la línea clara y antes recta. Solo poda verla en llamas. Visser Tres. Había estado tan preocupado con Visser Uno que me había olvidado de nuestro principal enemigo. Había querido hacer caer en mi trampa a Visser Uno, con mis tonterías y hacerle perder su sangre fría. Pero el que había caído en una trampa, era yo. Visser Tres iba a conseguir ganar esta batalla. Iba a sacrificar a mi madre, y no iba a servir para nada. Si la mataba, salvaría mi vida. Habría sacrificado a mi madre sólo para entregársela a mi peor enemigo. No, no. Era imposible. Tenia que reflexionar Era necesario. Tobias. Rachel, también iban a morir. Era la siguiente etapa. ¿Y Ax? ¿Dónde estaba Ax? ¿Encargándose de que lo excursionistas huyeran? ¿Vigilando los lugares ocultos? ¿Dónde estaban mis amigos? ¿Que hacían? ¿Cómo? “Muéstrame la línea –me supliqué a mi mismo.- Muéstrame el camino entra el punto A y el punto B ” Mis amigos. Mi madre… Todo era por mi culpa. Y ahora, estaba perdido. Había cometido todo este horror solo por jugar. “No, no –decía una voz atroz en mi cabeza.- La línea es siempre clara. El plan funcionara. Lo sabes. Siempre que Ax y Erek hayan cumplido su misión, el plan todavía puede funcionar” Solo tenia que cambiar una cosa: Iba a tener que jugar en el rol de Jake. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 22:[/b] Tuve que sobrevolar a Visser Uno para ir al lugar acordado. Caminaba siempre a buen paso. ¿Habría oído la explosión? ¿Estaría abordada por la angustia, la angustiada de saber que la muerte se te acerca? ¿O estaba excitada por lo que pensaba que iba a ocurrir? ¿Todavía le daba fuerzas y la llenaba de energía el pensamiento de matar a su enemigo, de aniquilar a los Hork-Bajirs y de bailar después sobre la tumba de Visser Tres? Continué mi camino. Me dirigía hacia el claro situado a la mitad de la montaña, dónde se encontraban algunas cabañas para campistas. Ax debía haber echado ya a todo el mundo. No queríamos que gente inocente se viera involucrada en nuestro tiroteo. No queríamos tener bajas civiles. Eso formaba parte del plan. <Ves a decir esto al guardia forestal de la oficina de turismo, Marco –me sermonee.- Ve a decírselo a su familia. No tenia que haber inocentes. No estaba en su sitio. Ni siquiera tengo tiempo de pensar en los daños que ha causado mi línea.> Una batalla campal se incubaba. En una de las cabañas, dos sacos de dormir estaban colocados sobre literas, dos mochilas puestas contra la pared. Los enamorados de la naturaleza habían salido pitando como conejos. Como respuesta al paseo de Ax. Posiblemente. O a las fuerzas de Visser Tres. Mas inocentes. ¿Reducidos a cenizas o simplemente aterrorizados? Habíamos escogido este itinerario del sendero porque no era muy concurrido. No tenía nada espectacular, por eso no corríamos peligro de encontrarnos a demasiados caminantes. Y también porque a uno o dos kilómetros, se podía dejar la senda y acortar a través del bosque, lo que aminoraría a nuestros perseguidores. Vi a Visser Uno subir luchando contra la gravedad que la desafiaba jovialmente. Su hermosa cara estaba cubierta de sudor. Sus pulmones buscaban aire. Esto también, todo formaba parte del plan. Demasiado cansada demasiado asustada, demasiado cansada para reflexionar. Este era un detalle muy importante, porque sabía cosas muy graves sobre nosotros. Había descubierto el secreto que Visser Tres jamás había sospechado Puede que sea raro y retorcido, pero estaba orgulloso de ella. Como si hubiera sido mi madre, y no el Yeerk de su cabeza el que había descubierto nuestro mayor secreto. Cogí una corriente ascendiente y me elevé en el aire claro y limpio. No quería hacer nada más. Tenía ganas de coger una pequeña brisa y de dejarme llevar a la deriva, de abandonar todo. ¿Pero cómo hacer eso? ¿Cómo podía hacer una cosa así después de que Jake y Cassie habían muerto? “No, no, Marco, -me dije.- Por lo menos, que hayan muerto por algo. No para que mas gente inocente muera.” Subí muy alto y busqué la senda con los ojos. Pero hasta para las águilas pescadoras les era imposible perforar el espeso follaje. No vi a Ax, ni a Tobias, ni a Rachel. Más bajo, lejos, detrás de mí, Visser Tres escalaba rápidamente la montaña en su forma humano. Una docena de hombres armado iban delante de él, una docena detrás. Pero tenía también iba un hombre, lejos, delante de ellos, sólo. Que marchaba muy rápidamente. Llevaba una chaqueta de camuflaje y unos vaqueros. Una gorra de camuflaje calada sobre sus ojos escondía casi totalmente sus cabellos rojizos. Visto su ritmo. Es o era un atleta, o un hombre rudo y muy experimentado. Se apartó del camino y se hundió en el bosque. Posiblemente salía a matar a Visser Uno, o puede que solo fuera a observarla. Iba a tener que vigilar al Sr.Espia. Su presencia constituía una verdadera amenaza para nosotros. Sabia que tenía ante los ojos sólo la punta visible del iceberg de las fuerzas de Visser Tres. Sabía que en el cielo por encima de mi cabeza estaba repleto por cazas insecto. Seguramente hasta la Nave Espada estaría allí. Eso sin contar con los fieles de Visser Uno. Era una pausa en la matanza, sólo eso. Empezaría de nuevo tan pronto como Visser Tres estuviera seguro del final de Visser Uno. Tan pronto como sus fuerzas estuvieran reunidas y al descubierto. Tan pronto como estuviera seguro de su victoria. Di la vuelta hacia el camping en el que Visser Uno había recibido la orden de esperarnos. Descendí planeando y me lancé sin que me viera. Aterricé sobre una rama a media altura del tronco de un gran pino. Fue entonces cuando percibí esa especie de diablillo gigante: un Hork-Bajir perfectamente inmóvil. Habría podido confundirlo perfectamente con una estatua. <¿Rachel? ¿Tobias?> llamé. <Soy Rachel -respondió.- Todavía no he visto a Tobias.> <Estoy aquí -respondió una voz en mi cabeza.- Justo por encima de ti, Marco.> Levanté la cabeza. Una masa de dos metros estaba a diez de altura con el cuerpo cubierto de cuchillas que reposaba cómodamente en sus brazos a varios metros por encima de mí. <¿Lo has olvidado? Los Hork-Bajirs son arborícolas. ¿Por qué quedarse sobre tierra cuando se puede estar en el aire?> <¿Dónde están Jake y Cassie?> pidió Rachel. No respondí. No podía. <¿ Marco?> insistió Rachel. <¡ Marco!> <Visser Tres. Lo hizo.> <¿Qué? -Gritó a Tobias.- ¿Presos?> < No. No, no creo.> © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 23:[/b] Esperamos. En silencio. Y en peligro. Conozco a Rachel. Sabía que quería entrar en acción, no soportaba seguir con esa farsa. Sabía que a la menor provocación, estallaría. Conozco a Tobias. Sabía que, para soportar tal dolor, rechazaría su parte humano. Sabía que en ese momento, a pesar de estar trasformado en un Hork-Bajir, era más halcón que nunca. ¿Que podía decirles? ¿Que podía decirles para tomar el mando? ¿Para controlarlos? Nada. Porque yo también me conozco. Sabía que tenía miedo, que estaba desconsolado, que la sangre me corroía por dentro. Y qué concentraba, que dirigía cada uno de mis pensamiento en el plan, que me negaba a reflexionar sobre otra cosa. No le tenía que decirles nada ni a Rachel ni a Tobias. Harían lo que quisieran. Y como quisieran. Visser Uno se adentro prudentemente en el camping desierto. La vi con los ojos de Rachel: era un enemigo. Uno de los invasores yeerks responsable de la muerte de su primo y de su mejor amiga. Estaba a cinco metros, a dos pasos de las cuchillas de Hork-Bajir de Rachel. Salio al descubierto. Tobias bajo con facilidad por el tronco y aterrizó sobre sus pies de tiranosaurio Mi madre… Visser Uno abrió su mochila y buscó algo dentro. En un segundo, tenía una pistola de rayos dragón en la mano. Tomé una bocanada de aire. Rachel había decidido dejarle viva. Por el momento. Porque a pesar de su rapidez, Visser Uno jamás habría tenido tiempo de coger su arma si Rachel no lo se lo hubiera permitido. – ¿Usted… -dijo adelantándose e imitando la voz de los Hork-Bajirs- y mis amigos andalitas? – Tus amigos están bien, Maska Fettan –respondió Visser. – Mi nombre. Usted sabe mi nombre –dijo Rachel. Después hizo una mueca digna de un Hork-Bajir. – Amigos andalitas saben la palabra de paso. Todos ellos deben dar la palabra de paso. Entonces reparé en un movimiento que sólo un águila puede ver. El espía pelirrojo. Excepto que, ahora, sus cabellos estaban ocultos bajo una mascara de camuflaje que cubría toda su cara. Se agazapó en los matorrales. Bastante cerca para vernos, pero no lo bastante como para entendernos. Tenía una pistola de rayos dragon en la mano. Pero por la manera en la que estaba colocado, estaba en posición defensiva, no de ataque. – Libre un día, libre siempre –recito Visser Uno riéndose burlonamente. – Sí –dijo Rachel con una sonrisa, si se puede llamar sonrisa a la mueca que hacen Hork-Bajirs cuando están felices.- Usted es amigo. – Sí, soy una amiga de todos los Hork-Bajirs libre. (Visser tenía que sentir dolor del esfuerzo de esconder una sonrisa maliciosa de la cara de mi madre.) ¿Cómo va la colonia, Maska Fettan? – ¡Bien, bien! Totalmente libres ahora. Totalmente feliz. Llena de corteza que comer –respondió Rachel. – Está bien, estoy encantado de saber que todo marcha bien –dijo Visser lleno de desprecio.- Ahora, llévame a la colonia, como se te pidió hacerlo. – Debes transformarte en ave. Pies humanos no avanzar rápidamente. – Es lamentable, pero estoy enfermo –respondió Visser Uno tosiendo un poco.- No puedo transformarme por el momento. Voy a tener que viajar como humano. – Humanos no ir rápidamente –la encaró Tobias con la terquedad de los Hork-Bajir. – Sí, sí, lo comprendo bien –reconoció Visser Uno con un tono irritado.- Me encantaría poder transformarme en ave o en mosca pero, pero ya que esto no es posible, seguro que ustedes van a entenderlo y cumplir la misión que se les encomendó. – Amigo andalita dijo: condúzcanla a la colonia –declaro Tobias. – Sí –añadió Rachel. – Allá arriba -dijo Tobias señalando una cumbre rocosa al lado del camino.- Allá arriba, colonia. Allá arriba amigos andalitas esconden colonia. Un pico rocoso desnudo. El lugar ideal para jugar una batalla con fuerzas aéreas y terrestres. – ¿Allá arriba? –repitió lentamente Visser Uno frunciendo el ceño.- Hologramas. Sí, por supuesto. Pocos intrusos humanos. Un camuflaje por campo magnético para detenerlos si fuera necesario. Esto puede marchar. Un pequeño valle profundo, sin duda alguna. Invisible desde el suelo a causa de la altitud. Fácilmente disimulable desde el cielo o el espacio por las medidas defensivas andalitas. La energía utilizada tiene que ser inmensa, no tanta como para ser imposible… Habría podido sonreír. Sí, Visser Uno. Exactamente eso es lo que quería que pensases. Bienvenida, Visser Uno. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 24:[/b] Las cosas iban como yo pensaba. Visser Uno había caído en la trampa. Por el momento. Rachel y Tobias iban a encargarse de él durante el trayecto. Era improbable que intentase atacar a los dos Hork-Bajirs antes de que la hubieran conducido a la colonia. Improbable, pero jamás se podía estar seguro. Tenia un arma. Y conocía a Visser Uno. Era cruel. Despiadado. Qué se resguarde detrás de la cara de mi madre, de la mujer me había enseñado a reír, era solamente una grotesca ironía del destino. La ascensión iba a durar horas. Tobias y Rachel debería desaparecer dado que tendrían que destranformarse y volver a retransformarse. Si Ax estaba en los parajes, en su puesto, el plan marcharía. Ocuparía su sitio. Los hork-bajirs se parecían mucho pero, esta vez, la sustitución tenia que ser perfecta. Algunas semanas antes, mientras íbamos a devolver una visita amistosa a los hork-bajir libres sucedio. Ax había adquirido el mismo ADN hork-bajir que Rachel. Hasta para un verdadero hork-bajir seria imposible ver la diferencia. Volé hace abajo. Hacia Visser Tres y sus controladores. Sus tropas de asalto. No sé cómo había llegado allí, pero una columna de hork-bajirs estaba escalando el costado derecho colándose entre los árboles. Reparé en más treinta antes de dejar de contarlos. Su presencia iba a complicar las cosas. Había esperado aislar a ambos Visser. Visser Uno, equipado por nuestras indicaciones de cuerdas y armellas, podía llegar a la cumbre. Visser Tres también, siempre que escogiera bien su transformación. Los peñascos desnudos y puntiagudos iban a retrasar a los controladores humanos, pero los hork-bajirs eran fuertes. Y, por lo que sabíamos de ellos, venían de un planeta donde tienen que sobrevivir en el fondo de cañones inmensos. Los controladores hork-bajir podían seguir el ritmo de Rachel y Tobias. Y como era un espacio limitado no había espacio para una batalla de cazas insecto. Por ello la repartición de las fuerzas terrestres era esencial. Si el equilibrio se inclinaba demasiado a favor de Visser Tres, triunfaría sin sufrir demasiadas perdidas. Sobre todo porque la resistencia de los Animorphs era ahora mucho menos numerosa… Treinta controladores hork-bajirs y una docena de humanos, más Visser Tres. Demasiado para nosotros. Lejos, el Sr.Espia se había reunido con Visser Tres. Ahora este sabría Visser Uno estaba en contacto con dos de Hork-Bajirs. ¿Lo iba a comprender? ¿Iba a comprender que se trataban de Hork-Bajirs libres? ¿Entendería que Visser Uno estaba en camino a la colonia? Debía cambiar de forma. El aire inmóvil y las corrientes ascendientes eran inexistentes a esta altitud. Era demasiado duro volar, eso sin contar que pronto iba volverme un blanco fácil. “¿Dónde está Ax? ” Me pregunté. <¿Rachel, Tobias? ¿Habéis visto a Ax?> <No>, respondió Rachel. <Tenia que vaciar la montaña de turistas antes de reunírsenos>, dije, frustrado. <¿El plan no marcha según previsto, general?> <Limítate a llevar a Visser Uno a lo alto de la montaña.> < Admítelo, Marco, es un fracaso. ¡Un verdadero fracaso! ¿Por qué arrastramos a esta mujer hasta lo alto de la montaña? Podríamos muy bien matarla por el camino.> <¡Métete en tus asuntos, Rachel! ¡En tus asuntos!> <Muy bien, veo que estas tranquilo y qué puedes dominarte perfectamente –se burló.- Jake ha muerto. Cassie ha muerto. ¡Y la persona qué dirige este misión piensa en tenderle una trampa a su propia madre para matarla! ¡Perdemos nuestro tiempo! Marco, aléjate de aquí. Vete para no ver lo que voy…> <¡Rachel, ya basta!> intervino Tobias con un tono tranquilo. No creía a mis oídos. Tobias jamás se oponía a Rachel. Supongo ella también estaría alucinada. < El peso que Marco tiene sobre sus hombros ahora ya es bastante pesado –dijo- Yo tengo confianza en él.> <¿Confianza en él? ¿En él?> <¿Simplemente quieres matar a Visser Uno? ¿O quieres aniquilarlos a los dos? Necesitamos a esta mujer viva para servir de cebo> Durante este tiempo, veía a Visser Uno escalar los peñascos, abrirse camino a través de las raíces y las ramas bajas. Tobias y Rachel estaban con ella, uno en cabeza, el otro a su espalda. <Bueno, hay que reconocer que, hasta ahora, su plan ha tenido un éxito total>, replicó Rachel. Pero sabia que no lo decía en serio. Dejé de pensar en ella. Porque tenía razón. Mi plan era un fracaso. Necesitaba refuerzos. ¿ Dónde estaba Ax? ¿Dónde se había metido el andalita? © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 25:[/b] Hacía ya mucho tiempo que no volvía a mi forma. Iría a echarle un ultimo vistazo a Visser Tres, luego abandonaría la forma de águila pescadora. Estaba como siempre rodeado de sus tropa de controladores humanos. Que iban cada vez mas lentos, torciendo los tobillos en las rocas y pendientes. En cuanto a Visser, el no tenía que inquietarse por los zapatos. Había recuperado su cuerpo Andalita. Se había transformado en una criatura ágil y peligrosa. Pero nadie jadeaba más que Chapman. Casi tenía lastima de él. Casi. Si todo iba según lo planeado, mi colegio necesitaría un nuevo sub-director la semana que viene. Describí círculos por encima de ellos escondiéndome lo mejor que podía. Estaba lo bastante cerca como para oír algunos trozos de su conversación. Y decían cosas muy interesantes. – Matémoslo ya –insistía Chapman, que buscaba su aire como un pez fuera del agua.- Antes de que se escape. <¿Porqué? ¿Porque estás débil y cansado? No –respondió Visser Tres.- Va al encuentro de los hork-bajirs libres. ¡Lo sé! Para unirse a ellos, o para probar su existencia al Consejo de los Trece para mi desgracia. ¡Quiero a los hork-bajirs libre y a Visser Uno!> – Pero Visser, no podemos seguirle sin materiales, y menos con estos cuerpos humanos –suplicó Chapman pero con un tono respetuoso. <Dos columnas de hork-bajirs y taxxonitas están escalando la montaña. Si no puedes seguir el ritmo, allá tu. ¡Pero no pienso renunciar a mi victoria!> Contento y animado por la aparente tolerancia de la que Visser Tres hizo gala, un controlador humano cometió el error de dar su opinión: – La verdad es que hemos quedado como unos tontos al tener la colonia bajo nuestra narices y no verla. ¿Cómo no nos dimos cuenta? La cola del Andalita surco los aires y se paró contra la pierna derecha del humano. – ¡No, yo…! -Exclamó el hombre.- ¡No era una crítica! ¡ No! – Visser, necesitamos a todos los hombres capaces de usar un arma –intervino Chapman. <Tienes razón, -dijo sinceramente.- Seria una estupidez cortarle una piernas. ¿Cómo iba a caminar entonces?> El hombre apenas tuvo tiempo de soltar un suspiro de alivio antes de que0 Visser Tres utilizara de nuevo su cola. El brazo izquierdo del controlador humano cayó al suelo. <Vosotros retrasáis mi avance, y estoy harto –dijo poniéndose nervioso Visser Tres.- Voy a continuar sólo. Los hork-bajirs y los taxxonitas llegarán pronto. Y la flota está lista. Reuniros con nosotros cuando vuestros frágiles cuerpos os lo permitirán. Tengo un forma que viene perfectamente para esta situación.> Comenzó a transformarse a al vista de todos. ¡ Squiiiiiiiiiish! Su cabeza de andalita se aplastó en forma de un platillo volante típico de una película de serie B. Sus ojos principales se cerraron y se sellaron. Sus tentáculos oculares se quedaron en su sitio, pero se volvieron mas espesos. Los globos crecieron y enrojecieron. Patas brotaron de sus costados. Una, dos, tres. Seis en total, que reemplazaron sus piernas y sus cascos de andalita mientras desaparecían. Su piel azul y marrón pareció ser absorbida en su cuerpo, como aspirada. Quedaban sólo una piel translúcida, era imposible determinar su color. Sus patas se alargaron y se volvieron casi tan finas como las de una araña. Su parte de atrás parecía un montón de agujas peludas. Luego, bajo mis poderosos ojos, la concha se transformó. De un tinte translúcido que hasta dejaba ver las masas azules, rojas y anaranjadas de sus órganos internos, se volvió de un verde-marrón. Exactamente del mismo verde que los árboles. Y del mismo marrón que el camino. <¡Es una especie de camaleón!>, murmuré. La criatura en la cual se había transformado Visser Tres era casi invisible, hasta para mis ojos. Los colores y las formas de su concha cambiaban a medida que avanzaba. “¿Dónde está el problema, Marco? ¡Sabías que escogería un transformación peligrosa! Esto siempre ha formado parte del plan.” Excepto que, evidentemente, no había previsto que sería casi invisible. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 26:[/b] Aterricé y recuperé mi forma al lado del camino. Era extraño encontrarme a esa altitud. Todo era tranquilo. Algunas aves cantaban. La brisa soplaba en las altas hierbas dispersas. Los árboles eran enormes. – Solo falta una toalla para hacer un picnic –dije únicamente para oír el sonido de mi voz.- Con patatas fritas a la inglesa y un bocadillo de jamón. Jake y Cassie, quemados en el coche de Visser Uno. Ax desaparecido. Mi madre… Todavía podía huir. Dejar esta ciudad. No volver jamás. Siempre estaba esa posibilidad. Abandonarlo todo. Irse a Hollywood o a España. Donde fuera Marco español. La idea me gustaba. ¿Habría Yeerks en España? No importaba. Los ignoraría. – Oh no -gemí. Me cubrí la cabeza con las manos. <¡Marco! ¡Estas en una mala posición!> Me descubrí la cara a toda velocidad y miré a todos lados hasta que perciba un aguilucho que planeaba en la ligera brisa. – ¿Ax? -Pedí como si pudiera oírme. <Marco, hay una columna de Hork-Bajirs y de Taxxonitas que llega detrás de esta cornisa. En dos de vuestros minutos, se hallarán en posición para verte.> – ¡No son mis minutos, especie de extraterreno testarudo, son los minutos de todo el mundo! Pero estuve demasiado ocupado en transformarme como para continuar. Esta vez no seria águila pescadora. Mis alas no me serían de ninguna utilidad. Sin embargo, hacia falta que mantuviera la distancia con los humanos, los Hork-Bajirs, y con todas las criaturas en las que Visser Tres pudiera transformarse. Era el momento de transformarme en una cabra montesa.. Ax planeaba más bajo ahora. Todavía estaba en el cielo, pero podría oírme en lo sucesivo. <Creo poder afirmar que la llegada de tropas opuestas suplementarias en este momento preciso del plan crean un desequilibrio que destina nuestros proyectos de manera negativa>, declaró. – ¿Cómo? ¿Eso quiere decir qué, en cristiano? <Que necesitamos refuerzos.> – ¡Si tienes un ejército de mercenarios entre tus amigos, este es el momento de ponerse en contacto con ellos! –Grité. Era irónico. No esperaba ponerme tan brusco. Pero antes de tener tiempo para disculparme, Ax cogió una pequeña brisa con destino a la planicie y se alejo velozmente. – ¿ Qué…? ¿ Que estas haciendo? –grite. ¡Oh no! ¡Acababa de reencontrar a Ax y, un minuto más tarde, ya lo había perdido! “Marco, cálmate –me dije nerviosamente- Cálmate. Encuentra una solución. Vuelve a buscar a Rachel, Tobias y Visser Uno. Es lo que tienes que hacer. Transfórmate. ¡Y tranquilízate!” Me concentré en mi encuentro con la gran cabra montesa, en el peñasco, medio adormecido en la seguridad de su pequeño hábitat del zoo. Era estúpido, pero esa cabra me habia asustado. Las transformaciones jamás son una cosa racional, esto no es algo que empieza primero en la cabeza para llegar hasta los pies, aunque a veces pasa. Como esa vez. ¡Sprouuuuut! Dos cuernos tan puntiagudos como puñales brotaron de mi cráneo. Mi cara comenzó a picarme. La toqué con mi mano, y sentí una barba de chivo larga, blanca y bastante blanda saliendo de mi barbilla. Los cinco dedos de cada uno de mis pies se enroscaron para formar dos cojines rellenes que me protegían, igual que las pezuñas que tenia la cabra montesa, necesarias para escalar empinadas montañas. Una piel blanca se echó a crecer sobre mis piernas, que se transformaron en las dos posterior, grandes y robustas. Sobre la piel dulce y vellosa crecieron pelos duros destinados a protegerme del viento y de la lluvia. De repente, me volqué hacia delante. Caí sobre mis manos, que también eran ahora cascos hendidos con cojines debajo. ¡Scriiiiish! Mis hombros estrechos y humanos se llenaron y convirtieron mi pecho en los de una poderosa y peluda cabra montesa macho de unos ciento cincuenta kilos. Sentí el cerebro del macho cabrío agregarse al mío. Pero no hice nada para impedir esto. Él quería escalar a la cumbre de la montaña. Yo también. Salté sobre el suelo rocoso y seco. Cada vez más alto. ¡Mis patas eran increíblemente poderosas! ¡Hasta dejaba de sentir la gravedad! ¡Era algo colateral! ¡No existía! Saltaba a través de los árboles y atravesaba alegremente fosos que un humano habría tardado mas de cinco buenos minutos en atravesar. Mis piernas estaban llenas de energía. Me había subido sobre unos resortes, saltaba, volvía a saltar saltaba, saltaba, casi volaba. Husmeé el olor de los Hork-Bajirs que trepaban la cornisa. ¿Y qué? ¡Jamás me cogerían! Esta montaña me pertenecía. ¡Estos peñascos me pertenecían! Continuaba escalando sin esfuerzo, alejándome de los Hork-Bajirs, tratando de reunirme con Visser Uno y mis dos amigos. Habrían sacado las cuerdas y las armellas. Visser Uno seria arrastrado e izado como un saco de patatas. Habían tomado el camino más fácil. Yo escogí uno muy abrupto: ninguna senda, con arbustos que me bloqueaban el camino, con grava resbaladiza y con peñascos que se pulverizaban. Estaba pasando por lugares que ningún alpinista, que ningún experto de la montaña equipado de todo el material posible e imaginable, habría podido atravesar en menos de medio día.. Para mí, era una escalera. Mis ojos reparaban en las grietas más estrechas. Mis cascos sentían el menor hoyo. Icé mis ciento cincuenta kilos de cabra sobre un acantilado tan fácilmente como si el hada Campanilla me hubiera rociado con sus polvos mágicos. Alcance a Visser Uno. Rachel me vió. <¿Marco?> <¿Quién quieres que sea sino?> <Bien. Buena suerte, ¿de acuerdo?> < Te lo agradezco, Xena> © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 27:[/b] Esperé en la cumbre de la montaña. Solo. Era el rey del mundo. Arriba del todo, el suelo era casi llano con destino oeste. Veía justo una pendiente larga, interrumpida al cabo de quinientos metros por una cornisa. Habíamos escalado la fachada, que casi estaba en vertical. El sudeste y el nordeste no eran mejor: dos acantilados bruscos. En las tres direcciones, una caída fatal. Fatal para un humano. O un controlador humano. No había nada que se parezca ni de cerca ni de lejos a un valle secreto. Nada que se parezca ni de cerca ni de lejos a una colonia escondida de Hork-Bajirs. Pero esto, habríamos podido sospecharlo. La cara de mi madre pareció de repente sobre los peñascos, al este. Estaba siendo empujada desde abajo. Se subió con dificultad, se notaba que estaba agotada. Estuvo acostada sobre su espalda hasta que logro recuperar la respiración normal. Rachel y Tobias aparecieron detrás de ella. Luego ella misma rodó y, por gracias a su fuerza de voluntad, se puso en pie. Otra vez, sentí ese extraño orgullo. Hasta con la ayuda de Rachel y Tobias, era una hazaña increíble haber escalado hasta este pico rocoso. Un fin apropiado. El último acto, el último esfuerzo. Era tan simple para mí. Me bastaba con lanzar mis ciento cincuenta kilos hacia delante, solo con bajar la cabeza y lanzarla al vacía. Sus brazos torcerían en vano mientras caía… Visser Uno moriría. Y su impotente huésped, mi madre, también. – ¿Andalita? –Jadeó. <Por supuesto>, dije. “Tienes que ser prudente, Marco” Me puse en guardia. Debía desempeñar el papel de Jake. Es él quien habría debido hablar. Porque Visser Uno no debía intuir ni sospechar mi verdadera identidad. ¿Pero que importaba eso ahora? Todo estaba sentenciado. Todo iba a acabarse aquí. Si, esto tenía mucha importancia, porque Visser Uno sabía que se le había mentido. Corría peligro de llamarme por mi nombre, Marco. “¡Marco! ¡No dejes que me maten ! ¡Marco!” Temblé. Estaba perdido. La vida de mi madre iba a acabarse aquí. Así como la mío, lo sabía ahora. ¿Por qué, cómo podría vivir después de esto? ¿Cómo podría vivir con este peso sobre mi conciencia? – Pues bien, Andalita o humano, poca importancia tiene que te escondas detrás de esa transformación, te prevengo: ¡Mis fieles tropas están por todas partes en el cielo! ¡Si me traicionas, serás atravesado en infinidad de partes! <Hicimos un trato –dije con un tono neutro.- Visser Tres pronto nos alcanzara. Esto va a ser único, o casi.> – La colonia de los Hork-Bajirs. ¡No veo ninguna colonia! <Erek –le dije en por telepatía privada.- Espero que estés aquí amigo.> Luego repetí: <¡No soy el príncipe de Egipto, pero… aquí esta!> Al oeste, el suelo tembló. Luego desaparecido. Visser Uno saltó hacia atrás. El valle apareció a sus pies. – Casa Hork-Bajir –declaró Rachel, que continuaba desempeñando su papel a la perfección. Abajo, aun pie del acantilado, se encontraba el lujoso valle de los Hork-Bajirs. Vi una sonrisa demente iluminar la cara de mi madre mientras Visser Uno descubría el valle. Algunos jóvenes Hork-Bajir se mecían en los árboles o jugaban a gatas. Adultos arrancaban la corteza de los troncos de los grandes pinos. Conté por lo menos a cuarenta o cincuenta adultos que se dedicaban a sus actividades cotidianas. <Cumplimos nuestra parte del trato –murmuré.- Ahora, diviértase con Visser Tres.> Visser Uno me sonrió. – Te conozco. ¿Te conozco, verdad? <Soy un guerrero andalita. Es todo lo que necesitas saber sobre mí.> – No. Los Andalitas no hacen bromas de este tipo. El humor sólo existe en la cultura humana. No, eres un humano. Y… (buscó en su memoria cerrando sus ojos unos segundos.) además alguien al que conocí hace tiempo. Hace mucho tiempo, sin duda. Pero aun así estoy segura de conocerte. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 28:[/b] Me quedé en el mismo lugar. Estaba abatido. Inmóvil. Quería que pronunciara mi nombre. Estaba a punto de traicionarme a mi mismo. Voluntariamente. Quería que pronunciase mi nombre. Quería que mi madre me llamase, que me dijera: ” Marco, no te olvides de mi, no te olvides de mi. Seré para siempre tu… ” Estaba dispuesto a estropear todo. Habría hecho fallar el plan sólo para oírla pronunciar mi nombre. Me había equivocado. No iba podía hacer lo planeado. <Todo está bien, Marco>, dijo una dulce voz. No mi madre. Rachel. <Todo está bien, lo sabes. No te inquietes.> Todo pasó muy rápidamente. Surgió al borde de la montaña, sobre el cielo azul, en mitad de un peñasco. Grotesco. Visser Tres. < Bien, bien, muy bien. –dijo- ¿A quién tenemos aquí? ¿A Visser Uno cerca de una colonia de Hork-Bajirs libres? ¿Quién esta charlando tranquilamente con dos de esos Hork-Bajirs y, si no me equivoco, con un Andalita?> Visser Uno giro su cara hacia él. No tenía miedo. – ¡Estás acabado, traidor incompetente! ¡Mis fieles naves están justo encima de nuestras cabezas! <Las mías también –masculló Visser Tres. ¡Y van a destrozar a las tuyas!> – Siempre has sido así. ¡Solo piensas en la violencia! ¡Imbécil! Mis naves están registrando todo esto. ¡Grabaron toda la colina y la guarida de los Hork-Bajirs libres! ¿Qué piensas que dirá el Consejo de los Trece cuando vea esto? Visser Tres no expresó ninguna emoción. Aunque debo añadir que es su transformación, no era algo fácil. Visser Uno registró en su mochila. No sacó un arma, sino una especie de teléfono móvil. – Aquí Visser Uno. ¡Atacad! –Ordenó. <Oh sí, te lo suplico, atácame –dijo Visser Tres riéndose.- Mis naves también están registrando todo eso. ¡Y quiero que registren al gran Visser Uno ordenando un ataque contra sus leales Yeerks!> De repente, en el cielo por encima de nuestras cabezas, comenzó a girar una inmensa cantidad de aire. Poco a poco apareció un buque que no se parecía a ninguno de los que conocía. ¡Era inmenso! ¡Todavía más grande que la Nave Espada de Visser Tres! Poseía ocho ventiladores alrededor de cada motor cilíndrico. Y había cuatro enormes motores de los que salía un fuego azulado. <¿Una nave Imperio Nova?>, balbuceo Visser Tres. En este momento surgió por el oeste un escuadrón de cazas insecto del bando de Visser Tres. Visser Uno se giro para ver al escuadrón mientras se dirigía hacia ella. Entre ellos había un Titán: La Nave Espada. El escuadrón sobrevoló la colonia. – ¡Visser Tres! –Gritó mi madre.- ¡Estás detenido para conducta irresponsable y criminal!> <¡Traidor!>, aulló Visser Tres. Salto hacia delante, con las garras listas Visser Uno se apoderó una pistola de rayos dragón que cayo.. Los cazas insecto de Visser Tres se lanzaron contra la armada de Visser Uno que se estaba acercando. La batalla estalló. El cielo era una batalla campal decorada por el ensordecedor ruido de los enormes caños de rayos dragón, mientras tanto los cazas insecto y la Nave Espada no paraban de describir círculos alrededor de la nave Imperio de Visserk Uno. Esta última abrió fuego. Partes de Visserk Tres saltaron por los aires. <¡Arghhhh!> Un humeante agujero apareció en su concha de camaleón. Mi madre gritó, perdió el equilibrio y cayó. Sus ropas se mancharon de rojo. <¡NOOOOO!>, grité. Corrí. Me lance sobre Visser Tres, con la cabeza agacha y los cuernos listos. <¡Marco! ¡Párate! –grito Rachel.- ¡Es parte del plan! ¡Esto debe pasar así!> <¡NOOOOOO!>, grité chocando contra el camaleón haciéndolo retroceder. Visser Tres trastabillo. Tres patas menos. Visser Uno ataco. El golpe erró su destino. Pero me alcanzo a mi. Un dolor insoportable. Media luna de carne fue arrancada de mi costado. Titubeé, cegado y desorientado por el dolor. – ¡Destruir la colonia! ¡La colonia! –Gritaba mi madre por su comunicador. ¡No disparéis a las naves de Visser Tres! ¡Disparad sobre la colonia! ¡Matadlos a todos! ¡A todos! <Que truco mas patético. ¡No disimules tu traición!>, gritó Visser Tres. ¡Tssssiou! ¡Tssssiou! Los cañones de rayos dragón disparaba desde el cielo. La Nave Imperio ametrallaba el suelo. Disparaba sobre lo que creía que era la colonia de los Hork-Bajirs libre. Un holograma. Era Erek, el Chee, quien había creado esta ilusión.. Y ahora que los Yeerks atacaban, creaba ilusiones de Hork-Bajirs que ardían, caían u morían. Pero no podíamos negar las leyes de la física. La potente energía de los rayos dragón no descendía al fondo de un profundo valle. Alcanzaba un pico rocosa a varias decenas de metros de altura. ¡CRAAAAAC! El suelo tembló. Y de repente, se abrió. La tierra se fracturaba. Una inmensa grieta comenzó a formarse.. Sin poder soportar mas el dolor de mi herida, caí. La grieta nos había separado. Visser Tres y su ejército de Hork-Bajirs en un lado. Rachel y Tobias con ellos. Yo estaba al otro lado. Con Visser Uno. Mi madre. Los dos solo. Se acerco al borde del acantilado, desbordada por la rabia. – ¡Demasiado tarde, Visser Tres! Ya es demasiado tarde para que me detengas. (Luego, hablo por su comunicador): ¡Mandad una nave a buscarme! Rachel y Tobias estaban a punto de sufrir el ultimo ataque. Los Hork-Bajirs se estrechaban a su alrededor y los asediaban sin tregua. En unos segundos, todo habría acabado. Todo. Mi plan. Acabado. Fallido. Rachel y Tobias iban a morir. Visser Tres sobreviviría. ¿Y Visser Uno? Vi como un caza insecto abandonaba la batalla y se dirigía hacia nosotros. Me gire frente a ella. Frente a Visser Un. El yeerk que empezó la invasión de la Tierra. Me miró. Luego me apunto con su arma. Bajé la cabeza y sentí la fuerza de mis patas listas para correr. Iba a tirarla desde treinta metros de altura. <Te quiero>, murmuré. Luego, corri hacia delante. – ¡Su chico! -Exclamó, incrédula.- ¡Eres su hijo! © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 29:[/b] Corrí. La pistola de rayos dragón me apuntaba. Visser Uno movió un dedo hacia el gatillo. No lo bastante rápido. No era lo bastante rápida. La alcanzaría una fracción de segundo antes de que lograse disparar. La arrollaría con todas mis fuerzas y desaparecía de mi vista. – ¡Ouaaaaaaooooouuuuuhhhh! Un relámpago anaranjado y negro atravesó el borde del acantilado. ¡Se movía a una velocidad inimaginable! El tigre se echó sobre mí. Con las uñas recogidas, me golpeo desde arriba y me dejo tumbado en el suelo. Mientras caía, vi como la pistola de rayos dragón disparaba y alcanzaba el lugar donde yo me había encontrado. Después una ave surgió del cielo, con las alas replegadas, a toda velocidad. Se echó sobre la cara de Visser Un. <¡Arrrgh!>, casi oí gritar al Yeerk en la cabeza de mi madre. Se cubrió con las manos su ensangrentada cara. Retrocedió y se tambaleo al borde del precipito. <¡Mamá!> grité. Durante un largo y horrible momento, todo se quedó paralizado, con ella al borde del precipicio haciendo equilibrios. Quise saltar para cogerla, para impedir que cayera, daba igual el modo, tenia que salvarla. Pero el tigre me apretó contra el suelo con una de sus gruesas patas y me lo impidió. Cayó. Desapareció de mi vista. <¡No! ¡No! ¡No!>, grité. <Tienes que aguantar, Marco –dijo Jake.- Tienes que aguantar, tienes que aguantar, te lo suplico.> Estaba clavado contra el suelo. Mi fuerza no era nada al lado de la del tigre. <Tienes que aguantar, Marco. ¡Tienes que aguantar!> Vagamente, como si mirase una televisión mal ajustada, me di cuenta de la batalla que se mantenía en el otro lado del precipicio.. Sabia que otros Hork-Bajirs se habrían unido al combate. Sabía que un Andalita los dirigía. Que rechazaban la ola de las tropas de Visser Uno. Los Hork-Bajirs libre. Ax los había ido a buscar a la autentica colonia, a unos kilómetros de aquí. En el cielo, una increíble batalla se libraba entre la nave Imperio y los cazas insecto. Pero ya no era problema mió. Nada me importaba. Todo lo que podía hacer, era escuchar la voz en mi cabeza que decía: <Tienes que aguantar, se que puedes hacerlo Marco, tienes que aguantar, te lo suplico.> © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

[b]Capítulo 30:[/b] Me quedé en cama durante casi una semana. Enfermo. O al menos, eso es lo que le dije a mi padre. Me dedique a mirar telenovelas y series cutres, El Zorro y películas así de viejas. No recordaba como había bajado esa horrible montaña ni como había logrado llegar hasta mi habitación. Durante todo ese tiempo, estaba en otro lugar. En una parte recóndita de mi cabeza. Jake vino a visitarme. Me dijo que Cassie había visto como la limusina de Visser Tres iba hacia nosotros. Visser y los suyos habían descubierto que les íbamos a tender una trampa así que quisieron pillarnos a nosotros. Jake comenzó a transformarse en cucaracha a toda velocidad. Sabemos de buena tinta que nada puede matar a un cucaracha. Cassie ya era una cucaracha completa para cuando Visser Tres entro en escena. Jake estaba a mitad. Le habían herido, quemado, matado. Cassie se había ocupado de él y había conseguido reanimarle en el último instante. Justo a tiempo para que se destransformara. Había estado a tan solo unos segundos de quedarse atrapado para siempre en un extraño cruce entre cucaracha y humano. Escuché lo que tenía que decirme. Escuché como había huido Visser Tres. Escuche como los Hork-Bajirs libres habían perdido a cinco de los suyos en la batalla. Pero me daba igual. Se fue. Y volví a hacer zapping con el mando a distancia. Al cabo de dos días, Rachel vino verme. Se sentó en mi silla y puso los pies sobre el escritorio. – No hay cuerpo –anunció. – ¿Cómo? –Dije mientras no paraba de pasar canales al azar, – Visser Uno. Tu madre. La he buscado por todas partes. Y con forma de águila. No hay cuerpo. Sentí una punzada en el estomago. – Los Yeerks lo limpiaron todo, no querían irse sin destruir todas las pruebas. Sacudió la cabeza. – No. Dejaron muchos cuerpos de animales muertos por rayos dragón, y parte de armas rotas. Hay unos rastros negros por toda la montaña. Excepto en la zona en la que tu madre cayo. Pasé la escena a cámara lenta por mi cerebro. La emisión titulada: La Caída mortal de mi madre. Vi de nuevo la escena. Vi de nuevo al caza insecto bajar disparado. ¿Habria podido cogerla? No. Imposible. – Bonita tentativa, Rachel. Se encogió de hombros. – Yo te he dicho solamente lo que vi. No he mentido. – Claro que sí. Por piedad. Por caridad. Para que este pobre Marco esté mejor. – No. Porque no estarás mejor. Esto no es piedad, ni caridad. Ni te ayudara de ningún modo. Lloraste, gritaste y te odiaste. Es terrible decirlo pero, si murió, por lo menos, todo a terminado. Pero si vive… No dije nada. Se levanto y comenzó a irse. Tenía la mano sobre el pomo de la puerta cuando dije: – ¿Rachel? Sinceramente quería hacerlo. Y en el último momento, no pude. Quería matarla. Y salvarla. ¿Tu que habrías hecho? – ¿Qué habría hecho? – ¿Qué harías si debieras escoger entre dos soluciones tan horribles que no puedes pensar en ninguna? ¿Qué harías, Rachel? Si fuera tu madre, tu padre o tus hermanas. ¿Qué harías, Xena? – ¿Yo? –Suspiró.- Esperaría a que alguien tomara la decisión por mi. – Es lo que Jake quería hacer. – Sí. – ¿Y si no murió? ¿Y si realmente logro huir? ¿Y si esto comienza otra vez? Rachel se sentó en mi cama. No me abrazo. No es de ese tipo de personas. Pero se quedó muy cerca de mi. – Una batalla cada vez, Marco. Solo una a la vez. Realmente no era una respuesta. Pero tampoco necesitaba nada mas. – Mira alguna peli en la tele –me aconsejó. Volví a coger el mando y le hice caso. © 1999 K.A. Applegate © 2006 de la traduccion de Lender

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