#31 La conspiración

Sinopsis:

El abuelo de Jake ha muerto. Eso destroza a la familia, en especial a su madre, por lo que los padres de Jake deciden que lo mejor será viajar todos juntos hasta la casa de su abuelo para ayudar con todos los trámites. A otro estado. Durante tres o cuatro días.

Este es un gran problema para el hermano de Jake, Tom. No puede alejarse tanto tiempo del estanque yeerk. Tom se niega a ir -y su padre sigue sin ceder. Pero el yeerk de Tom hará lo que sea por sobrevivir. Incluyendo el apañárselas para hacer que su padre sea un problema menos.

Ahora Jake, el resto de Animorphs y Ax tienen que conseguir proteger a su padre sin que Tom descubra su secreto. Sin tener que elegir entre la vida de su padre… y la de Tom.

Datos del libro:

El libro tiene 139 páginas en 27 capítulos.

Narrador

Jake lo pasó fatal al descubrir que su hermano Tom era un controlador. Desde ese momento se prometió a sí mismo que algún día le salvaría. Pero ahora Tom se ha visto obligado a capturar a su padre, y a Jake le toca tomar una decisión que nadie debería verse obligado a tomar jamás: la vida de su padre, o la de su hermano.

El abuelo de Jake ha pasado a mejor vida, y la familia de Jake tiene que viajar a otra ciudad para asistir al funeral. Sólo hay un problema –el viaje dura más de tres días y el yeerk de la cabeza de Tom morirá si durante ese tiempo no acude a un estanque yeerk. Tom está desesperado, y Jake tendrá que evitar que su hermano mate a su padre –o peor, que le convierta en un controlador.

Nuevos personajes

El abuelo de Jake es un veterano de la guerra. Le deja como herencia a su sobrino un misterioso cofre con un objeto que explicará la historia de un soldado confederado que luchará junto a los esclavos en Animorphs #47. La Resistencia.

[b]Capítulo 1:[/b] Capitulo 1 Me llamo Jake. Simplemente Jake. Mi apellido carece de importancia. El lugar donde vivo, el colegio al que voy; todo eso son cosas que no tenéis porque saber. Pero hay una cosa que si, estamos en una guerra, y nosotros somos el ultimo batallón que lucha por la supervivencia de la raza humana. Seguramente pensareis que sabéis de que hablo. Pero no, eso es imposible. No os estoy hablando de tropas desembarcando en una playa. O de bombas que surcan el cielo. O de campos de batalla, de lanzamisiles o de armas de destrucción masiva. No os estoy hablando de este tipo de guerra. El campo de batalla carece de importancia, se encuentra donde estemos nosotros. Tenemos la capacidad de transformarnos en animales. Podemos adquirir el ADN de un animal cuando lo tocamos, para después, transformarnos en él. Contamos con esta increíble arma, un arma que es a la vez un sueño y una pesadilla. Si no preguntadle a Tobías, el sobrepaso el limite de dos horas en la forma de Halcón ratonero de cola roja, y ahora tendrá que pasar el resto de sus días cazando y comiendo pequeños ratones. O si no a cualquiera de nosotros cuando, de madrugada, justo cuando la noche esta apunto de irse, nos despertamos de una pesadilla de cuerpos que se transforman y mentes dominadas. Como ya os he explicado, esto no es una guerra tradicional. En nuestro ejercito somos solamente seis. Nosotros tenemos como aliados a los Chee, pero ellos son criaturas no violentas. Cuando la batalla empieza, estamos solos. Solamente seis, contra un imperio extraterrestre que tiene aterrorizada a toda la galaxia. Si, ya se que todo esto suena muy extraño. La mayoría de nosotros, aprendimos a luchar en el transcurso de las batallas, en el campo de batalla como suele decirse. Pero algunos se implicaron rápidamente en esto, como mi prima Rachel, le gusta el combate. Y Ax, cuyo nombre completo es Aximili-Esgarrouth-Isthill, el es un guerrero y el hermano pequeño del príncipe Elfangor, el andalita que nos dios el poder de la transformación y que murió a manos de Visser Tres. Ahora estaréis pensando que estoy loco ¿Verdad? Que debería estar encerrado en un manicomio. Pero os aseguro que esto es la verdad. Y que esta pasando aquí y ahora. Y no es una guerra muy fácil para vivirla. Aunque supongo que eso pasa con todas las guerras. Pero lo que quiero decir, es que durante la Segunda Guerra Mundial, el enemigo estaba visible y sabíamos contra quien había que combatir. Los enemigo llevaban un uniforme que los identificaba, y estaban firmes y con un arma en la mano. Pero esta vez no es así. Los yeerks son mas sutiles que todo eso. Ellos no son depredadores, son parásitos. No quieren destruir a los humanos, ni hacer grandes matanzas, ellos necesitan nuestros cuerpos intactos para poder continuar su invasión. De hecho son gusanos. Gusanos parásitos. Sin brazos, ni piernas, ni cara. Y son ciegos. Por eso necesitan el cuerpo de un huésped. Se deslizan por tu oreja, se funden por los entresijos de tu cerebro y leen tu memoria. Lo peor es que eres consciente de lo que esta pasando, y pronto, ves como estas encarcelado, metido en una trampa, como en la peor de las pesadillas. Solo que no es una pesadilla, es la realidad Entonces intentareis prevenir a otras personas, pero ninguna palabra saldrá por vuestra boca. El yeerk que esta en vuestra cabeza es el único que oye vuestros gritos de socorro. Oye vuestros lamentos y vuestras inútiles quejas. Os oyen repetir “Por favor, sal de mi cabeza, por favor…” Él siente como vuestra resistencia decae lentamente. Los yeerks están por todas partes, utilizan los cuerpos de sus huéspedes para circular libremente, para reclutar nuevos miembros desde el seno de su organización llamada La Alianza , que se dedica a montar actividades de entretenimiento, algunas mas que otras. Los yeerks son nuestros grandes enemigos. Hemos conseguido identificar a algunos. El director de nuestro instituto, el señor Chapman. La madre de Marco, mi mejor amigo. Mi hermano mayor Tom. Por eso se lo duro que es combatir a un enemigo que es alguien importante para ti. Se lo difícil que es vivir sabiendo que tu hermano seria capaz de matarte. A menos que tu le mates primero. También se, que el verdadero Tom esta todavía en alguna parte de su mente, y que siente una rabia inmensa contra el yeerk que lo mantiene esclavizado. Y que ruega que alguien valla a salvarlo. Lo se porque yo también fui infestado por un yeerk. Por el que estuvo controlando el cuerpo de mi hermano, antes de que le impusieron un nuevo cargo. Tuve acceso a la memoria del parásito, y vi como Tom había resistido, gritado, combatido y finalmente suplicado, antes de ser llevado al estanque yeerk donde recibió a su gusano. Yo conseguí liberarme. Mi hermano no. Pero su memoria vive en mi. Para siempre. Y las batallas. Se ganen, o se pierdan, son siempre enfrentamientos llenos de dolor y rabia. Y cuando se acaban, cuando el exceso de adrenalina se retira de tu cuerpo, tu te quedas solo, agotado y destrozado, con la cabeza llena de imágenes. Mi abuelo me dijo algo un día, que solamente comprendí mucho mas adelante. Habíamos viajado ocho horas en coche para visitarlo a su chalet en medio del bosque. Él y yo estábamos sentado en un portón, enfrente del lago, y mirábamos a los peces coger mosquitos, saltando fuera del agua inmóvil y transparente. Todo estaba tranquilo a nuestro alrededor. Tan tranquilo como podía estar al no oír la televisión de fondo, o sin oír los gruñidos de Homer al mordisquear sus juguetes. Estaba apunto de levantarme cuando mi abuelo me lo dijo: – Sabes, me reconozco en ti, Jake. Tienes un alma de anciano. ¿Tenia alma de anciano? ¿Era un cumplido o una critica? No añadió nada mas. Después me miro esbozando una leve sonrisa un tanto triste, y a continuación volvió a fijar la mirada en el lago. No sabia que había querido decirme, ni tampoco porque me lo había dicho. Posiblemente había adivinado mi futuro, de alguna forma. Parece que hoy soy mas anciano. Cuando uno ve demasiado horrores y presencia atrocidades, envejece por dentro. Es uno de los efectos secundarios de la guerra. En cierto modo soy el jefe de los Animorphs. Soy yo quien los conduce a la batalla. Cuando las cosas se ponen mal, cuando hay heridos o estamos en peligro de muerte, es a mi a quien le toca decidir. No me quejo. Hace falta que alguien lo haga. Es mi deber. Un buen líder debe tomar decisiones sensatas y meditadas. Debe conocer las virtudes y los defectos de su tropa y usarlas sus habilidades lo mejor posible. Debe hacer todo lo posible para ganar, incluso sabiendo que la muerte puede estar implícita. Y lo mas importante de todo, un jefe jamás debe pedir a alguien que haga algo que el no podría hacer. Y este pensamiento no deja de atormentarme. Porque dentro de tres días, mi hermano Tom matara o deberá ser matado. Y me toca a mi decidirlo. [b]©1996 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lender [/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Volvía del colegio cuando lo vi, justo mientras llegaba a la esquina de mi calle, un taxi aparcado justo enfrente de mi casa. Mi madre salió de casa corriendo, con una maleta en la mano, y directa hacia el taxi. Qué… Mi madre jamás coge taxis. Aunque, por otro lado, aquí nadie los coge. Todos tienen coche. – ¡Mama! –grite mientras comenzaba a correr- ¿Qué es lo que pasa? Pero de lo que no había dudas era de que algo estaba pasando. Debéis saber, que yo he visto a mi madre muchas veces conmovida, pero era incapaz de lograr recordar la ultima vez que ella había llorado. Y ahora estaba llorando. Algo le tenia que haber sucedido a Tom. O a mi padre. Mis piernas se volvieron tan temblorosas que parecían dos muelles. Es extraño, incluso cuando tu vida se ha vuelto tan extraña como un episodio de Expediente X, todavía hay cosas cotidianas que te hacen entrar en un estado de pánico. – Te he dejado una nota en el frigorífico, Jake- me dijo mi madre mientras colocaba su maleta en el maletero para cerrarlo acontinuacion- Mi avión sale dentro de una hora, y con este trafico… – ¿Mama, que es lo que pasa? –repetí. Mi voz sonaba alta y temblorosa, no sonaba para nada como la voz de un jefe que no tiene miedo a nada, como se habría encargado de decirme Marco de haber estado allí. Se seco las lagrimas que corrían por sus mejillas. – Esta bien, el Abuelo George ha muerto. Su asistenta, la Sra Malloy , ha sido quien lo ha encontrado esta mañana en su casa. Voy a reunir a avisar a tus abuelos paternos y empezaremos a preparar el funeral. – ¿El abuelo George ha muerto? –dije tratando de dominar las emociones que empezaban a emanar de mi. El abuelo George. No mi padre. Ni mi hermano. – Tuvo un ataque al corazón –añadió ella. – ¿Vas a su casa? ¿Y nosotros? –quise saber. – Vosotros vendréis tan pronto como tu padre pida y organice los días faltara en el trabajo –respondió tocando mi hombro y esforzándose por sonreír brevemente antes de sentarse en el asiento trasero- Te lo explicara todo. No te inquietes. Piensa en otras cosas. Te llamare en cuanto llego. Tengo que irme ya, cariño. Cerro la puerta y se despidió con la mano. Mire el taxi hasta que desapareció por la esquina de la calle. ¿Y ahora qué? Entre en casa. Leí la pequeña nota fijada en el frigorífico por un imán con forma de manzana. Si, el abuelo George esta muerto. Según lo que había contado la Sra Malloy , que era la que había hablado con el medico, su corazón se había parado mientras ponía mermelada sobre una rebanada de pan. No había tenido tiempo ni de desayunar. Tirité. Ayer estaba bien, y ahora nunca jamás volvería, la familia se reducía. No me gustaba. La puerta de la cocina se abrió de golpe. Tom cruzo la puerta como una exhalación. – ¡No, ya te lo he dicho papa, no puedo ir! –exclamó poniendo sus libros sobre la encimera y lanzándome una mirada- ¿Y a ti que te pasa? – ¿Ya has vuelto? –me asombre. Mi padre apareció entonces, lento, con un aspecto de agotamiento, Cerró la puerta al entrar. – ¿También estas tú aquí? –dije mirando alternativamente a mi hermano y a mi padre -¿Os ha avisado mama de lo del abuelo? – Si –respondió mi padre- Esperaba haber llegado antes, y acompañarla al aeropuerto, pero había una circulación es terrible. Por el camino, vi a Tom que venia a pie, entonces lo traje en coche. – ¿Sabes también que nos van a llevar obligados al chalet del abuelo? –me exigió Tom mirándome como si todo fuera culpa mía. – Mm si –respondí prudentemente, tratando de entender porque estaba tan alterado- ¿Y? – Y entonces Tom me dijo que no quería dejar a sus amigos para ir al entierro de su abuelo –dijo mi padre mirando fijamente a mi hermano- Sin embargo no tiene elección. Nosotros vamos a ir. Todos juntos. – ¿Cuándo? –quise saber para tratar de descubrirlo que pasaba realmente. Olía que algo no iba bien, pero no lograba entender qué. – Nos iremos el sábado por la mañana –declaro mi padre. – Papa. De verdad que no puedo –insistió Tom- La Alianza cuenta conmigo para ayudarles este fin de semana. ¡Les di mi palabra! – Perfecto, entonces solo tendrás que decirles que ha sucedido algo muy grave –dijo mi padre- ¿ La Alianza esta muy ligada a los valores familiares, no? Y me parece que vamos a ejercer nuestro deber como familia yendo al ultimo homenaje del abuelo George. – ¡Papa, no lo entiendes! –exclamó con voz desconsolada. ¿Por qué Tom se negaba de manera tan rotunda a ir al chalet al borde del lago? Vale, de acuerdo, era un lugar aburrido. La casa del abuelo esta muy aislada. La casa mas cercana estaba a unos tres kilómetros de distancia, en dirección a la ciudad. Ninguna tele. Ningún restaurante de comida rápida. Ninguna calle llena de gente. Nada de cines. Ni de centros comerciales… Ninguna Alianza. Ningún yeerk… – Mm ¿Papa? –repetí- ¿Cuánto tiempo vamos a quedarnos allí? -Eso depende de la fecha del entierro. Pero ya escribí al colegio y a la universidad para excusar vuestra ausencia hasta el próximo martes. – ¿Qué? Parecía que hubieran golpeado a Tom con mucha fuerza – ¿ El martes? ¡ Ni hablar papá! ¿ Cuatro días? ¡ No puedo irme cuatro días! – Si que puedes, y vas a hacerlo –respondo mi padre perdiendo la paciencia- Vamos a ir todos juntos, y no es punto que se pueda debatir. Tom se rasco el pecho. Apretó los puños. Durante una fracción de segundo, creí que iba a saltar sobre mi padre Y, aunque evidentemente, era imposible que me transformase delante de ellos, sentí un subidon de adrenalina, como cuando estoy apunto de combatir. Tres, posiblemente cuatro días. Los yeerks no puede estar mas de tres días sin ir al estanque yeerk. Cuatro días sin recibir rayos kandrona y el yeerk que esta en la cabeza de Tom moriría de hambre. “¡Muere, yeerk! ¡Muere!” – No será tan terrible, Tom –dije, y luego añadí- El lago era muy bonito ¿Te acuerdas? Esto hizo que fijara su atención en mi. Me miro. – ¿Sabes que? Eres un imbecil. Estaba desempeñando su papel de gran hermano despreciativo. Yo también jugaría el mió. “Muere yeerk. ¡Muere entre horribles sufrimiento, grita de dolor, yeerk!” – Huuu que malo –dije- Me temo que vamos a tener que llevarte como a un bebe grande, que tiene miedo de ir lejos de casa. Dije esto para provocarle, y para dar pie a nuestros pequeños duelos a los que esta estoy acostumbrado, son cosas que puedo dominar. Me había asustado el odio que vi en sus ojos cuando miraba a papa. Por eso me había metido con él, por eso y por el odio que sentía hacia el yeerk. – Si te da igual ir, es por que no haces nada en tu vida –me dijo lanzándome una mirada llena de maldad. – Oh, bien ¿Y tu haces algo? –replique. – Hago mas cosas de las que crees –dijo tenebrosamente, pero totalmente calmado. – Ya basta –intervino mi padre- Voy a cambiarme. Cuando vuelva, encargaremos una pizza. ¿Qué os parece el plan? – No tengo hambre –dijo Tom mirando fijamente el suelo. Yo tampoco tenia hambre, pero mi padre mi miraba con insistencia, así que dije: – Una pizza, que buena idea. Meneó la cabeza con cara de satisfacción y se fue. Yo lance una mirada amable a mi hermano, para firmar la paz. – Voy a quedarme aquí, de una manera o de otra. Tuve que esforzarme para no sonreír burlonamente. “O yeerk, vas a verte obligado a acabar con tu comedia, vas a tener que elegir entre liberar a mi hermano Tom o salvar tu miserable vida” – ¿Qué malo he? –dijo sin convicción. El yeerk no llevaba segundas intenciones. No se había tomado a mal la broma, no te le interesaba. Me alejé y salí al jardín, pensando en lo que podría pasar. El yeerk de Tom estaba preso en un trampa. No tenia opciones. No estaba preparado para una situación de este tipo. No sabia que actitud adoptar. No sabia que hacer. ¿Iba a tener suerte? Era una posibilidad. Si, una posibilidad. “¡Muere, yeerk!” [b]©1999 K.A. Applegate ©2005 de la traducción de Lender[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] La cena fue horrible. Tom probó todo para convencer a mi padre. Rezo, suplico. Se lamentó. Puso mala cara. Gasto todos sus argumentos. Mi padre seguía inflexible. Acabe de cenar y me fui. Necesitaba reflexionar sobra la situación y no podía hacerlo con Tom cerca de mi, Caminaba por la acerca, dirigiéndome hacia casa de Marco, aunque no era consciente de ello. Quería hablar con Cassie, pero se había ido con sus padres; que ambos son veterinarios, a una conferencia sobre animales protegidos. Era una asco, porque sinceramente era con ella con quien quería hablar del tema. Marco es mi mejor amigo y, si quiero conocer el mejor medio para lograr algo, pero sin tener en cuenta las consecuencias que pueda acarrear, acudo a él sin dudar. Cassie, ella es distinta, contempla la situación bajo todos los puntos de vista. No soy un genio, pero sabia que yo no podía ver la situación de manera objetiva. – ¡Yo, súper Jake! Iba justamente a tu casa. Era Marco, que venia caminando por la misma acera que yo. – Necesito que me dejes ese cursillo de ingles. Lo mire con aire asombrado. – Oh, hum, oh – Oye, ¿Te acabas de despertar o qué? –me pregunto sacudiéndome. Lo aparte a un lado. – ¿Desde cuando comienzas tus frases por “yo”? – He estado apunto de decir: “Chico guapo” pero pensé aun te gustaría mas ser “¡Yo!” – Hum, hum – Así que ¡Yo! ¡Yo! ¿Qué te pasa? – Estaba perdido en mis pensamientos –explique encogiéndome de hombros. No podía escondérselo mucho tiempo. Marco era mi amigo desde el jardín de infancia. Además, perdió a su madre – una historia complicada – así que supuse que entendería por lo que estaba pasando. – Mi abuelo George murió ayer. – Oh, no, no es muy triste –dijo tomándome por el hombro mientras volvíamos hacia mi casa- ¿Pero, era ya muy viejo, no? Quiero decir, lucho en la Tercera Guerra Mundial. – En la Segunda Guerra Mundial, Marco. La Segunda. – Si, bueno, de acuerdo, en la Segunda , él ya sufrió mucho en la Segunda como para que encima estuviera también en la Tercera. Ese chiste de Marco fue totalmente estupido. – En fin, tienes razón, el ya dio bastante guerra –dije mientras girábamos la esquina que da a mi calle- Mi madre ha tomado un avión esta mañana para ayudar a organizar los funerales. Deberíamos… La puerta del garaje estaba abierta y no veía ningún coche. Extraño. – ¿Cuándo es el entierro? –preguntó Marco, – Todavía no lo sabemos. Probablemente el lunes –respondí poniéndome a caminar un poco mas deprisa. En mi interior, sabia que algo iba mal, note como la adrenalina comenzaba a fluir. Algo iba mal. – ¿Qué es lo que pasa? –se inquieto Marco, se había dado cuenta de como cambiaba mi respiración. – No lo se. Pero tengo un mal presentimiento. Tenia la impresión de haberme olvidado de algo muy importante. Y a causa de ese olvido quizá… Reflexionaba a toda velocidad. Acelere el paso. – Así que el lunes no estaremos aquí. Y el martes probablemente tampoco –proseguí con aire ausente, fijándome sin parar en el garaje vació – Mí padre, Tom y yo saldremos el sábado por la mañana – ¿Qué os vais cuanto? ¿Cuatro días? –me preguntó Marco antes de agarrarme del brazo- ¿Cuatro días sin rayos kandrona? –continuo con voz nerviosa- ¿Sabe Tom que os vais tanto tiempo? – Si, mi padre y él tuvieron una discusión bastante fuerte por eso –explique- Pero mi padre no cedió, quiere que Tom venga. Y entonces fue cuando Tom miro con los ojos llenos de odio a mi padre. No, no lo hizo Tom. Lo hizo el yeerk que estaba en su cabeza. El que le controlaba. Los puños de mi hermano se habían apretado. Mi hermana apunto de saltar sobre mi padre. – ¿Y los has dejado solos? –me preguntó Marco. No era una acusación. Ni un reproche. Era simplemente la realidad. Como ya os he dicho, Marco sabe cómo revolver los problemas de la manera mas directa, sea cual sea. Había comprendido el dilema de Tom. Y también sabia que la solución iba a ser despiadada. Seguí su mirada. Mi casa estaba tranquila. Demasiado tranquila. Corrí a toda velocidad y subí como una flechas las escaleras de la entrada y empuje violentamente la puerta. Se abrió con un ruido que resonó en toda la calle. [b]©1999 K.A. Applegate ©2005 de la traducción de Lender[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Silencio. El silencio vacío de cuando sabes que no hay nadie excepto tú. –¿Papá?-grité igualmente, corriendo por el pasillo- ¿Papá? ¿Tom? Sin respuesta. Con el corazón latiendo fuerte, subí las escaleras de dos en dos. –¿Papá? Miré en la habitación de mis padres. En la de Tom. En la mía. Limpias, excepto la mía. Vacías. Lo que me hizo sentir un poco mejor, pero no mucho. –Jake–dijo Marco justo detrás mía. –¡Aaaaah!– grité, dando un salto. –Perdón. –¡No hagas eso!– dije ásperamente, pasando por delante de él y bajando las escaleras hacia la cocina. Miré alrededor, buscando algo en la cocina, cualquier cosa que me dijera dónde habían ido. Armarios. Fregadero. Botes llenos de galletas y pasta y café, alineados en el mármol. Cafetera. Nevera. Tostadora. Ordenado. Nada fuera de sitio. Exploté. Golpeé la nevera por un lado. ¡Bam! Uno de los imanes cayó. La manzana, que había estado sujetando la nota de mi madre sobre el G-abuelo. Sólo la segunda nota, la que había debajo, no estaba. ¿La había cogido alguien? ¿Por qué, cuando tenía el número del vuelo y los detalles sobre qué llevarnos para el viaje? La basura. Frenéticamente, agarré el cubo de plástico y abrí la tapa con el pie. Me arrodillé y miré dentro. Coronando las pieles de plátano, los posos de café y los envases de yogur vacíos había un papel rosa, arrugado. Lo cogí y lo alisé en la mesa. La parte de arriba de la nota era lo que había escrito mi madre con la información del vuelo. Lo de abajo era la letra de mi padre: Jake: He ido a una reunión de la Alianza con Tom para explicar porqué no puede colaborar este fin de semana. Volveré pronto. Con amor, Papá. –Oh, Dios– susurré. Mi padre no había tirado la nota. Había sido Tom. Había estado cubriendo sus pasos. Tom se había llevado a mi padre a la Alianza. Pero no para excusarse de sus obligaciones. Iba a convertir a nuestro padre en controlador. Miraría como lo forzaban a arrodillarse y le metían la cabeza en el espeso y pegajoso estanque Yeerk. Escucharía sus ruegos, sus lloros. Sus gritos de horror y desesperación y pánico. Escucharía y se reiría. No. Empecé a temblar. Tendría que haberlo sabido. Tendría que haberme dado cuenta antes. Marco lo había hecho, ¿por qué yo no? –Tenemos que encontrarlo.–dije, pensando frenéticamente una manera de hacerlo. –¿Cómo?–dijo Marco.–Ni siquiera sabemos dónde están. –¡Marco, es mi padre!-le grité, estallando.–No voy a dejar que lo cojan. –Incluso si lo encontramos, quizás no tienes nada que decirle.–dijo con calma.–Tal vez incluso es demasiado tarde. No, no podía ser demasiado tarde. No podía… No. No iban a tener a mi padre. Yo iba a pararlos. Incluso si eso significaba parar a mi hermano. De la manera que fuera. Marco arrugó otra vez la nota y la devolvió a la basura. Volvió a poner el imán-manzana en la nevera. Yo permanecí ahí, histérico, vibrando con impaciencia, queriendo ir, ir, IR a algún sitio, donde fuera, tan sólo ir y encontrar a mi padre. –Tenemos que borrar nuestras pistas, Jake.– me explicó.– no podemos dejar que Tom sepa que nosotros sabemos. –Claro, lo que sea– dije, apresurándome hacia la puerta. No se lo dije a Marco, pero en aquel momento no me preocupaba mantener nuestros secretos. Ni salvar el mundo. Iba a salvar a un hombre; el resto del mundo podía cuidarse solo. Había algunas perdidas que no iba a permitir, sin importar lo que pasara. Había perdido a mi hermano. Eso ya estaba hecho. No iba a perder a nadie más –Los Chee–dije de repente. Corrí al teléfono. Marco me volvió a colgar el auricular. –No desde la casa, tío. Mira. Jake. Jake, escúchame. –¿Qué? ¿QUË? –Tú eres el jefe, Jake. Eres el lider sin miedo. Pero no ahora, ¿vale? Estás demasiado dolido con todo esto. Déjame ocuparme a mí. Sabía que tenía razón. No dije nada. Odié a Marco en ese momento. Lo odié porque él no habría cometido mi error. Él se habría dado cuenta… Lo odié porque él ya había perdido a su madre y sabía cómo estaba mi mente, porque sabía que estaba asustado y sólo quería llorar. –Vamos, tío.–dijo Marco. Caminamos una manzana hasta una cabina para llamar a Erek King. Él es un Chee. Los Chee son una raza de androides. Pacifistas por diseño. Pero definitivamente anti yeerks. Los espías más avanzados. Nuestros amigos. Al menos tanto como una máquina casi eterna puede ser amiga de un débil humano de corta vida. Los Chee sabrían de cualquier reunión de la Alianza programada. –No hay nada programado.–dijo la voz, que parecía humana. –Pero tiene que estar–dije desesperadamente, estirando al máximo el estúpidamente corto cable de teléfono.–¡Tom se ha llevado a mi padre a una! ¡Vamos, Erek, por favor! –Jake, sabes que te lo diría si lo supiera.–dijo Erek con calmada preocupación.– Quizás Tom pidió una reunión de emergencia para tratar este problema. –¿Entonces cómo vamos a saber dónde están?–dije, mirando a Marco para ver si él tenía alguan sugerencia. Él se encogió de hombros, viéndose miserable. Me giré, queriendo llorar. Luchando para centrarme. “Piensa, Jake” Si los Chee no sabían dónde se iban a encontrar los yeerks, ¿cómo íbamos a saberlo nosotros? –Espera.– murmuré.–¡Estúpido! No necesito encontrar a los yeerks para encontrar a mi padre. Todo lo que tengo que hacer es encontrar a mi padre y así encontraremos la reunión. Debería haberlo pensado. –Muy bien–dijo Erek con cautela. –No, es fácil. Él siempre lleva el móvil. Simplemente lo llamaré y… –No puedes.– dijeron Marco y Erek a la vez. –¿Por qué no? – dije. –Jake, si llamas y le preguntas a tu padre donde está, y luego les reventamos el encuentro, ¿no crees que los yeerks sumarán dos y dos? –No me importa–dije, sin poder evitarlo. La compasión en la cara de Marco se evaporó.–¡No vas a hacer que me maten para salvar a tu padre!–me espetó. –Puede haber otra manera–dijo Erek, interrumpiendo.–Dame el número de móvil. Tú cuelgas, marcas el móvil y yo sintonizaré la frecuencia. Llamas pero no hablas. Si tu padre lo coge, analizaré los datos y seremos capaces de determinar su localización. No miré a Marco. No podía hacerlo. –Bien. Genial.–le di a Erek el número, colgué, y marqué el móvil de mi padre. Sonó una vez. Dos veces. Mis manos temblaban. Marco me estaba mirando, sus ojos entrecerrados. Su cuerpo estaba tenso, listo para colgar tan pronto como abriera la boca. Cerré los ojos, esperando que mi padre contestara. Rogando para que no fuera demasiado tarde. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] –¿Hola? Tom. Tom había contestado el móvil de mi padre. Mi boca se abrió automáticamente para responder. Marco se movió, arrebatándome el teléfono de la mano. Se puso el auricular en su oreja. Mirándome con ojos oscuros e ilegibles. No me moví. No podía. Porque no podía creer lo que había estado a punto de hacer. Si hubiera dicho una sola palabra, solo una, habría condenado a mi padre al estanque yeerk o habría condenado a mis amigos a la muerte. No podía parar de temblar. No podía controlarme. Marco escuchó, y colgó el auricular. –Mejor que vuelvas a llamar a Erek–dijo friamente, apartándose del teléfono. Asentí, demasiado avergonzado como para mirarlo, demasiado procupado por mi padre como para decir algo que cerrara la distancia entre los dos. –He analizado la llamada y he encontrado cuatro posibles localizaciones.–dijo Erek cuando llamé. –¡Cuatro!–me horrorizé. No teníamos tiempo para buscar en cuatro sitios diferentes.–¿Dónde están? –Bueno, basándonos en la fuerza de la frecuencia, las torres de teléfono que estaban activadas y el ruido de fondo como el sonido de jets, coches moviéndose lentamente, pasos humanos y otros sonidos, nuestro análisis sugiere que están en la sección norte del pueblo, más o menos entre los ocho mil y los catorce mil bloques de norte a sur, y los seiscientos y mil doscientos bloques de este a oeste. Un área de seis bloques por seis bloques. [bloques de pisos, supongo…] –¿Qué sitios hay en la zona buenos para una reunión, incluso una pequeña?– estaba agradecido. También impaciente. Frenético. –Un centro de Ciudadanos Senior, un pequeño mercado con cuatro tiendas, una pequeña tienda de hardware, y un garaje. Además de, más o menos unas setenta y cinco casas privadas. Maldije.–¡Casas! ¡No podemos registrar setenta y cinco casas! Erek, necesito más. –Se oyó algo de conversación. Sólo dos palabras. –¿Qué palabras? –“Horas normales”. –¿Qué? –“Horas normales. Como las dos últimas palabras de una frase. Bla, bla, bla, “horas normales.–dijo Erek. Tuve un súbito flash de él al otro lado de la línea. ¿Estaría en su forma verdadera de androide, o con el holograma perfecto que lo dejaba pasar como un chico normal? –Eliminado el garaje.–dijo Marco.– Sería ruidoso. Muy ruidoso. Si está abierto, claro. Lo mismo con la tienda de hardware. Hierros cayendo, botes de pintura sacudidos… es el centro de los viejos colegas o las tiendas. –O una de las setenta y cinco casas privadas.–dije.– Erek? Necesitamos tu mejor hipótesis. –No tengo… –¡Inténtalo!–grité. –El mercado. Cuatro tiendas. Arriesgando. –Llama a Rachel. Envíala a ella y a los demás a las otras localizaciones. Colgué el teléfono. No había tiempo para dar las gracias. Ya habría gracias si ganábamos esta carrera. –Tiendas.–le dije a Marco. –¿Qué hay de los viejos colegas? Ellos tendrán una habitación principal. Las tiendas no. –Horas normales. Sonaba como una tienda. –A menos que hablaran de la hora de la comida, o la hora de visita del centro.–dijo Marco –Vamos.–dije Corrimos hasta mi casa. Era el sitio vacío más cercano y más seguro. Me quité rápidamente mi ropa de calle, quedándome en pantalones de ciclista y una camiseta. El tipo de ropa estrecha y mínima que podíamos transformar. Concentré mi mente en una de las doble hélices de ADN que nadan en mi sangre. Cuando abrí los ojos, estaba cayendo. Encogiendo. Y no importa cuantas veces haya hecho esto, todavía me revuelve el estómago. Más y más pequeño, con el suelo acercándose, cayendo como si hubiera saltado de un rascacielos. Mi piel se volvió blanca y gris, moteada. En la piel gris y muerta se dibujaron las rayas de mis plumas. Un curioso diseño que pronto no fue un dibujo, sino realidad tridimensional. Mis ojos se movieron, colocándose a los lados de la cabeza. Ojos que podían leer un diccionario a una manzana de distancia. Ojos de depredador. Ojos de halcón. Mis piernas adelgazaron, volviéndose meros palillos. Mis dedos se alargaron, hueso que pronto se cubrió de plumas. Las plumas de la cola aparecieron de mi parte de atrás, en el pecho, en toda mi espalda y mi estómago. Marco estaba pasando por una mutación similar. Transformándose. Es lo que nosotros hacemos. Es nuestra arma. Él se iba a convertir en un águila pescadora. Yo, en un halcón peregrino. Marco empezó a decir algo, pero sus palabras fueron cortadas cuando su boca y nariz se fundieron, se endurecieron y se extendieron en el amenazador y curvado pico de un águila. Mis talones crecieron, curvados y afilados. <Nos vemos allí> le dije <No, espera> <Marco, soy más rápido que tú.> Él dudó. <Só. Ok. Pero, ¿Jake?> <¡¿Qué?!> me encaré. Esperaba oírlo decir algo como “No hagas nada estúpido. <No estás solo, tío> dijo Marco. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Halcón peregrino. El animal más rápido de la Tierra. En un picado podía alcanzar los trescientos kilómetros/hora. Pero yo era un sprinter, no un corredor de maratón. Para llegar al extremo norte del pueblo tuve que elevarme y planear. Nada fácil por la tarde, cuando el sol se ha enfriado y no calienta el aire lo bastante como para proporcionar elevación a las alas de una rapaz. Volé con esfuerzo, haciendo círculos para ganar altitud. Marco me adelantó al principio, pero luego se quedó atrás y más abajo. Cuando estás volando, altitud es igual a velocidad. Tobias me lo enseñó. Gasta la energía para ganar altura, y entonces podrás cambiar un largo viaje por un sólo planeo. Más y más alto, aprovechando cada brisa para hinchar mis alas, hacia arriba. Y al fin, ardiendo de impaciencia, hice de la gravedad mi amiga. No podía ver el objetivo específico pero podía ver el área, el vecindario. Me orienté, plegué mis alas y me sumergí en un poderoso picado. ¡Más rápido, más rápido! El viento silbaba a través de mis plumas. Alrededor de mi cara. Enrojeciendo mis ojos, forzando mis músculos. Un movimiento erróneo, un giro repentino de mis plumas y la velocidad podía separarme los hombros, desgarrarme, dejarme caer indefenso hacia la Tierra. Era como un coche de carreras. Un mini giro equivocado de la rueda y me saldría de la pista fuera de control. No había manera de medir mi velocidad, pero estaba volando más rápido de lo que había volado nunca. El suelo se acercaba a velocidad de vértigo, las luces de los porches y de las calles y las rojas de cola de los coches eran largas rayas de neón. Estaba adelantando a los coches de la autopista de abajo. Pero era demasiado lento. Había juzgado mal el ángulo. En mi prisa no había ido lo bastante alto, y ahora iba demasiado lento, esquivando las copas de los árboles, los tejados puntiagudos y los palos de teléfono, girando, como un cohete. Mis músculos quemaban, mi corazón era un martillo eléctrico, mis pulmones ardían. Antes incluso de que me diera cuenta, estaba volando por encima del mercado. Me incline con cuidado, gire y vole en círculos. Un Starbucks. No. Demasiado público. Una tienda de cuchillos. Cerrado. Oscuro. “El renacer del ordenador”. Abierto. Iluminado. Una posibilidad Una tienda de antigüedades. Luces encendidas, medio en penumbras. Dos hombres entrando sin hacer caso del cartel que decía cerrado. Usé los restos de mi velocidad para sobrevolar los coches del aparcamiento. El parking estaba lleno. El coche de mi padre estaba allí. Aterrice en las sombras detrás del mercado. Empecé a transformarme. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo atacar y sacar a mi padre? ¿Qué transformación, que criatura? Mis pies aparecieron primero, rosas y desnudos y enormes. Mis ojos coronaron mi sobresaliente nariz humana que había surgido de mi pico afilado. Mire de reojo mientras mis piernas crecían y engordaban. Pelo. Dedos. Mis entrañas burbujearon y se movieron repulsivamente. Un águila pescadora aterrizó cerca de allí. Era humano completamente, descalzo en la grava llena de latas vacías y malas hierbas. Mire a Marco. Estaba empezando transformarse. Yo empecé a cambiar. Sentí el poderoso ADN del tigre corriendo por mi sangre. Colmillos brillantes y afilados crecieron en mi boca. Uñas que podían destripar un toro aparecieron a partir de las mías. <No,> dijo Marco. <¡No podemos entrar a lo bestia como los marines, Jake! Es demasiado obvio.> Aún era más humano que tigre. Los dientes amarillos afilados como sables me molestaron para hablar: –¡Foy a fir! <Jake, tendré que intentar pararte> dijo Marco. Nos miramos el uno al otro durante un momento largo e intenso. Un medio tigre y un medio águila. Marco se volvió humano del todo. Yo paré mi transformación. -Mira,-dijo finalmente Marco, con calma. -Sé que estás shoqueado, pero si conviertes esto en una misión de rescate, estamos muertos. Todos nosotros. Todos. Los yeerks no son idiotas. ¿Van a por tu padre, y de repente los animorphs atacan una pequeña reunión? Sumarán dos y dos, Jake. Si dejas que los yeerks sepan quién eres, Jake, ¿crees que eso ayudará a tu padre? Estaba en lo cierto. Lo sabía pero no quería oírlo. -Tenemos que crear una distracción. Deshacer la reunión pero no dejarles saber porqué-dijo Marco mientras un corto y espeso pelo empezaba a crecerle en su cuerpo cada vez más grande.-Vamos a ganar algo de tiempo, y lo tengo todo planeado. Transformate en halcón otra vez. Tus ojos serán mejor que los míos. -Pero…-dije. -No hay peros, Jake.- dijo. -Me conoces. Sabes que funcionará. Dudé, frustrado y no acostumbrado a ser el que recibe las órdenes, pero no podía negar que tenía razón. Estaba dejando de pensar claramente y eso era peligroso. Esforzándome, me concentre en la forma del halcón. Marco acabó su enorme y músculosa transformación de gorila y espero, aguardando hasta que yo estuve listo. –< OK– , dije.– Tic-tac, Marco>. –<Bueno, Rachel no está aquí, así que supongo que me toca a mí– dijo Marco, corriendo al estilo gorila hasta delante del mercado– ¡Vamos allá!> Salió del parking. Yo volé, vigilando desde arriba. Mi padre y mi hermano estaban cerca. Uno depredador, el otro presa. Ambos, de diferentes maneras, en peligro mortal. Y si eran salvados, sería gracias a marco. No a mí. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] Son curiosos, los gorilas. Son criaturas amables por naturaleza. No te provocan los escalofríos que sientes con los grandes felinos o los osos. Menos si los ves en alguna jaula del zoo. Pero son muy diferentes cuando se mueven. Si ves un gorila moviéndose rápido, tras cuenta de los poderosos que son. ¿Parecidos a los humanos? Sí. Pero como un humano hecho en una fábrica de camiones. Marco se dirigió hacia un coche. Gruñendo, lo levantó por el parachoques. Lo elevó claramente del suelo, con las ruedas traseras en el aire. Y lo dejó caer. ¡WOOOEEEE! ¡WOOOEEE! ¡WOOOEEE! Casi me reí. ¡La alarma del coche! Marco fue hacia otro coche. Lo levantó. Lo dejó caer. Y otro. Arriba. Abajo. ¡WEEEYOOOP! ¡WEEEYOOOP! ¡¡HOOONK HOOONK HOOONK!! ¡¡WaaaaAAAAAaaaAA!! La noche se lleno con las estridentes y escandalosos alarmas de los coches. Entonces un coche muy familiar. Uno que ambos conocíamos. El coche de Chapman. Chapman, nuestro asistente principal. Un líder de la alianza. un controlador. Un enemigo. Marco no levantó el coche de Chapman. Lo golpeó. Golpeó la puerta del conductor con un puño del tamaño de una jarra de leche. ¡SHHLUEEE! ¡SHHLUEEE! Entonces estrelló un enorme y peludo puño de gorila contra el cristal del coche nuevo de mi padre. ¡SPREEET SPREEET SPREET! <¡Ey!> grité, horrorizado. <¡Es nuestro coche! Mi padre va a cabrearse mucho.> <Eso espero>, dijo Marco, con una alegría apenas reprimida. <Creo que mi trabajo aquí está hecho.> Corrió de nuevo a la oscuridad. En cino minutos estaba en el aire. Tomó unos ocho segundos que las puertas de la tienda de ordenadors, el Starbucks y la tienda de antigüedades empezaran a vomitar hombres y mujeres muy enfadados. Chapman salió corriendo de la tienda de antigüedades. Mi padre hizo lo mismo, con Tom muy cerca detrás suya. –¿Qué diablos ha pasado? –¡Vándalos! –¡Gamberros! –Este barrio se ha ido totalmente a la… –¡Llamad a la policia! –¡No vuelvo a comprar aquí! –¡Mirad mi puerta!–este último era Chapman. El resto de los controladores de la tienda de antigüedades n ose veían contentos. Esperé, conteniendo el aliento, contando los segundos hasta que mi padre, seguido por un furioso y ceñudo Tom, atravesaron la muchedumbre. –¡Mi coche!–gritó mi padre. Casi cayó de rodillas. –¡Alguien le ha hecho daño a mi bebé! –Al mío también– dijo Chapman, mirando enfadado la abolladura del tamaño de un puño en la puerta de su coche. Miró por toda la calle, entonces les hizo un gesto con la cabeza a los dos enormes matones que lo flanqueaban. Ellos se alejaron y empezaron a buscar por la calle. <Chapman ha puesto a esos tios a buscarnos>, le dije a Marco <Mejor salir de aquí> <Venga, vamos, tío> dijo Marco <Estoy en un árbol al final de la calle. ¿A que esperas?> <No puedo irme aún, Marco> dije <Tengo que asegurarme de que mi padre está bien. Tengo que estar seguro que todavía… ya sabes> Examiné la cara de mi padre. ¿Ya era un controlador? Estúpido. No lo sabía. No podía saberlo. No era como si los controladores fueran por ahí saludando con la mano o chocando los cinco o jugando con sus orejas. Un controlador actua, habla y parece completamente normal. Mi padre podía ser mi padre. O él podría estar gritando, indefenso, tan sólo empezando a darse cuenta de que sus ojos y sus orejas y su boca ya no le pertenecían. Esperé. Y entonces Tom me dio la pista que estaba esperando. –Vamos, papá, cálmate. –dijo, acercándose a él. – Podemos llamar y denunciar lo que ha pasado cuando estemos en casa si quieres. Vamos a volver dentro, ¿vale? La reunión acaba de empezar, y van a pasar muchas cosas importantes esta noche. No querrás perdértela, creéme. –¿Volver ahí dentro?–repitió mi padre, mirándolo como si estuviera loco.–¡No voy a volver dentro! ¡Alguien acaba de intentar entrar en todos los coches de la calle! ¡Voy a volver a casa ya y llamar a Joe Johnson! –¿A quién? –Es nuestro agente de seguros, Tom. Realmente deberías saberlo. Vamos. –Pero, papá –suplicó Tom, echando una mirada furiosa y agitada a Chapman, que permanecía allí mirándolos. Chapman sacudió la cabeza ligeramente. –Me voy a quedar hasta el final de la reunión.–dijo Tom, sombrío. –Entonces te esperaré en casa.– mi padre abrió el coche y entró. La cara tensa y deformada con la rabia reprimida, Tom se alejó y se quedó el párking junto a Chapman, mirando como mi padre se alejaba conduciendo. <Está limpio> dije cuando un búho se posó silenciosamente en un alféizar cercano. <Está limpio. Está bien.> <Sí> dijo Marco <Vámonos ya> <Hecho> dije, dejando que los agudos sentidos del halcón me llevaran rápidamente a casa. <¿Jake? Esto ha sido la primera ronda. Lo sabes, ¿no?> dijo Marco al cabo de un momento. <Sí> dije <Lo sé> La lucha por salvar a mi padre tan sólo había empezado. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] –No puedo creer que os atrevierais a hacer eso – dijo Rachel, ceñuda. – ¡Deberíais habernos esperado al resto! Era esa mismo noche, más tarde, y todos nos habíamos escabullido para encontrarnos en el granero de Cassie y decidir qué íbamos a hacer. No estaba yendo bien. Yo estaba distraído, nervioso por haber dejado a mi padre sólo en casa con Tom. Tobias estaba en su viga. Marco estaba extrañamente callado. Cassie escuchaba, su cara llena de alarma. Ax me miraba con sus cuatro ojos. Y Rachel… Bueno, ella estaba claramente enfadada. Aparentemente Erek le había dicho algo de la búsqueda de nuestro padre a Rachel, que estaba de compras. Ella había corrido a buscarnos, dejando sus compras en una taquilla alquilada. Con las prisas, había olvidado cerrarlo. Para cuando se hubo transformado, encontrado a Tobias y volado hacia el norte, la reunión de La Alianza se había acabado por completo. No encontraron nada excepto policías escribiendo informes sobre vandalismo. Cuando volvió a la taquilla a por sus compras, alguien las había robado. Una Rachel enfadada es una cosa que asusta, y no envidiaba al ladrón si alguna vez lo pillaba. –No íbamos a buscar pelea, sólo creamos una distracción. – dije. –Si no, sí que os hubiéramos esperado. No miré a Marco cuando dije eso. <Era una situación urgente> dijo Ax calmadamente. –Exacto. Tobias estaba en las vigas. Agitó las alas.<Una victoria temporal. Tan pronto como tu padre intente forzar a Tom a que os acompañe, estará en peligro. –Lo se, – dije débilmente. –He estado pensando en intentar convencer a mi padre de que lo deje estar, pero no hay manera. No va a dejar que Tom muestre tan poco respecto por Grandpa G[NdeT: G, por George y por “great grandparent”, bisabuelo]. –Esto es tan estúpido.–dijo Rachel– Quiero decir, ¿de repente estamos metidos en una lucha loca y casi imposible por un funeral? ¡Es idiota! Es una lucha vana. No hay posibilidad de que ganemos. Todo lo que podemos hacer es ser machacados. Asentí. Créeme, Rachel, lo sé. Es una locura. –Tenían que ser cuatro días – se quejó Marco. – No podían ser dos, lo que no sería molestia para el yeerk. <¿Tú no iras a esta ceremonia de entierro, Rachel?> –No, no estoy relacionada realmente–dijo Rachel.–Grandpa G era el bisabuelo de Jake por parte de madre. Nosotros estamos relacionados por parte de padre. <Ah. ¿Y eso es importante?> <Sabéis, quizás no lo estoy pillando del todo, pero ¿porque Tom no le dice simplemente a tu padre que no va a ir, y punto?> interrumpió Tobias. Lo miré. El resto también. <¿Qué?> dijo él, sonando a la defensiva. <Yo solía hacerlo cuando algún tío o tía quería que fuera a algún sitio donde yo no quería ir. Nunca me obligaron a ir.> Se calló un momento. Entonces, abatido, se respondió a si mismo <Oh. Vale. A ellos no les importaba lo que yo hiciera.> –Tus parientes eran idiotas y no te merecían – dijo Rachel despectivamente. –Mi padre me dijo que íbamos a ir como una familia – dije – Y conociendo a mi padre, Tom se ganaría más problemas de los que puede aguantar si lo desafía directamente, ¿sabéis? –Seguro, – acordó Marco– Es duro salir a por rayos Kandrona si estás castigado de por vida. –Además, si actúa realmente mal, estoy segura de que tus padres empezaran a mirarlo diferente. –añadió Cassie.–Quizás incluso deciden que La Alianza es una mala influencia e intentan hacer que se desapunte. Asentí.–El yeerk de Tom se hace pasar por un chico normal, un estudiante. Siguiendo esa linea, no puede saltarse las reglas familiares o pierde su cobertura. Los yeerks tienen una elección: mantener a Tom en su sitio infestando a mi padre, o cambiar al yeerk de portador y matar a Tom para que no hable. –Hay otra posibilidad.–dijo Rachel. –Si,–dije. Lo sabía. Solo que no podía decirlo en voz alta. –¿Qué posibilidad? –Si los yeerks no pueden hacer que su padre sea un controlador pronto, pueden simplemente matarlo. Como un Tom huérfano su cobertura no queda afectada. Quizás incluso aumenta.–dijo Rachel. Y entonces, mirándome directamente a los ojos, añadió – Y probablemente sea Tom el que lo haga. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Sólo había una manera de proteger a mi padre. Vigilancia. Desde el momento que salió de la casa para trabajar por la mañana hasta que salimos hacia la cabina/cabaña el sábado. Vigilancia las veinticuatro horas. Yo podía hacer la mayoría de ellas. Era mi padre, y aunque no lo dije porque no quería herir los sentimientos de nadie, realmente no creía que nadie lo vigilara tan cuidadosamente como yo lo hacía. Estuva de acuerdo en tener algunos refuerzos. Sabía que no podía estar en todas partes a la vez. La mañana siguiente Tom era todo amabilidad y compromiso. Se fue pronto, diciendo que tenía que hablar con algunos chicos de la Alianza antes de la escuela, para ver si habían hecho lo que habían acordado. Claro. Esperé hasta que mi padre estaba en la ducha, entonces llamé para excusarme de la escuela debido a una muerte en la familia. Afortunadamente, soné bastante como mi padre. Bajé y me escondí al acecho en el salón, cerca de la cocina. Oí los sonidos de mi padre preparándose para irse: el sorbo de café, la comprobación ritual de su beeper, el “Ou!” cuando se quemó los dedos sacando una tostada de la tostadora. Estúpido transformarse en el comedor. Tonto. Pero iba a convertirme en cucaracha y no podía ir muy lejos con aquellas seis piernecitas. Además, Tom no estaba. Y mi padre no vendría hacia allí. Me concentré en la cucaracha. No era mi forma favorita. Ni la forma favorita de nadie. Pero necesitaba ser pequeño, rápido y resistente. Quizás una mosca hubiera sido mejor, pero tuve un advertencia bastante seria siendo mosca una vez: alguien me aplastó y me extendió por toda la ventanilla de un avión Las cucarachas son más difíciles de matar. Sentí los cambios empezar. Tan raros como la mayoría de veces. Pero allí en mi comedor, encogiéndote mientras las sillas crecían, arrugándote hacia el suelo de madera que rayaste con un rastrillo cuando tenías cuatro años, cayendo en la sombra de la mesa donde comes la comida de Acción de Gracias… eso añadía un nivel extra de rareza. Capturé un vistazo inesperado de mi mismo en el espejo de la pared. La piel de mi cara se estaba volviendo marrón, brillante y dura. Miré hacia otro lado. No quieres verte convirtiéndote en cucaracha. No quieres ver cómo tu boca se divide en las partes de una boca de insecto. No quieres ver como tu piel se derrite como la cera debajo de una antorcha y se vuelve a formar en una dura y resistente armadura. No quieres sostenerle la mirada cuando tus ojos dejan de ser ojos y se vuelven cabezas de alfileres negros sin expresión. Quizás crees que estamos acostumbrados a todo esto. Hablando por mí, al menos, no. Nunca me acostumbraré. Transformarse puede ser una gran arma. Es también un horror más allá de tu imaginación. Mis huesos se disolvieron. Hubo un ruido líquido, burbujeante. Un par de de paludas y articuladas patas que se agitaban surgieron de mi hinchado cuerpo de insecto como una escena de la peli de Alien. Lo estaba esperando. Era lo mismo en lo que mis brazos y piernas se habían convertido. Largas antenas con forma de pluma salieron de mi frente. Crujientes y lustrosas alas cubrieron mi espalda. Mi visión era extremadamente limitada. Pero mis antenas cubrían algo de esa pérdida. No se puede decir que olieron o escucharan exactamente, sino una curiosa mezcla de las dos. Y no del todo, tampoco. El plan era para mi engancharme en un paseo con mi padre. Tobias estaría ganando altura, buscando una columna térmica que lo elevara. Desde muy alto sería capaz de vigilar casi todo el trayecto de mi padre desde casa hasta la oficina. Tres kilómetros, más o menos. Pero su tiempo de reacción sería necesariamente lenta. Era la retaguardia, pero si había un ataque dependería de mí. Era una cucaracha. Me giré como un tanque en miniatura y me dirigí hacia la puerta. Whooom. Whooom. Las pisadas de mi padre. Vibración y brisa. Mis antenas fijaron su localización. Luché contra el deseo del cerebro de la cucaracha de echar a correr. Whooom. Whooom. Pies de tamaño de un portaaviones pasaron flotando en la borrosa distancia. No problem. Tenía los sentidos de una cucaracha y la velocidad de uan cucaracha unidas a una inteligencia humana. Estaba a salvo. A salvo hasta que estuviera listo para empezar el paseo. Mi padre vestía pantalones con dobladillo. El dobladillo sería el sitio para pasear seguro y a salvo. Necesitaría sólo un momento para llegar. Subir al zapato. Al calcetín. No debería haber problemas. Vamos. ¡Cambio de luz! ¡Movimiento! ¡Encima de mí! Huí. ¡¡BAAAMMM!! [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] Era del tamaño de uno de esos enormes tanques que sirven para almacenar combustible que ves en las afueras de al ciudad. Era diez veces mi altura. Un millón de veces mi insignificante peso. Golpeó el suelo de linóleo como una bomba. Mermelada de frambuesa. El bote chocó contra el suelo a dos centímetros de mí. ¡CRASH! El cristal explotó. Enormes globos de mermelada volaron por todo. Un trozo de cristal todo pringado aterrizó como un meteorito al lado mía. La mermelada, un taco dos veces mi tamaño, me golpeó en la espalda mientras corría como un loco para alejarme. Mis pies se movieron como locos. ¡Fuera de control! El cerebro de la cucaracha gritaba “¡Corre! ¡Corre! ¡Correcorrecorre!” en mi cabeza. La gelatina alcanzó mis patas traseras. ¡No podía moverme! Luché, pero sólo empeoró las cosas. Perdí el equilibrio y rodé hasta quedarme sobre mi espalde, agitando las seis patas frenéticamente, llenas de aquel pegamento de frambuesa. Semillas como balones de futbol taponaron las hendiduras de mi armadura. Desde lejos, muy lejos en al estratosfera oí a mi padre gritar una palabra que se supone que no debe usar delante de los niños. Entonces adiviné que me había visto. Porque dijo una palabra peor. Y lo supe justo entonces: iba a matarme. ¡El trozo de cristal! Sobresalía como la proa de un barco de entre la mermelada. Alcancé el borde con una pierna y empujé. Palanca. Algo que una cucaracha no entendería; pero yo sí. Una segunda pierna se agarró al cristal. Habría cortado la carne humana, pero mis piernas duras como palos no notaron nada. Empujé y estiré, me sacudí, giré, intentando poder salir del pegamento rojo… ¡WHAM! El USS Nimitz aterrizó en el suelo a unos milímetros de mí mientras yo me arrastraba como podía. Estaba de nuevo sobre mis patas, pero lleno de gelatina, que me frenaba y me anclaba como… ¡WHAM! El USS Eisenhower cayó a un milímetro, delante de mi cabeza. –¡Cucaracha!- bramó una voz lejana.–¡Ahora tengo mermelada por todos los zapatos! “Estás a punto de tener Jake por todos tus zapatos”, pensé. Estaba librándome de la mermelada, pero todavía tenía las patas pegajosas. No podía arrancar, no podía coger velocidad. ¡WHAM! El Eisenhower otra vez. El muro de la suela del zapato, dos veces mi propia longitud, apareció en frente de mí horriblemente de súbito. Me di impulso y arremetí. Alcancé la suela. Empujé, trepé, usé toda la energía que una combinación de miedo de cucaracha y terror humano podía darme. ¡Arriba! ¡Estaba en el zapato! –Donde ha ido, la muy… Intenté salir de la vista. Corrí por la sombra del dobladillo del pantalón. –¡Aaaargh!– bramó él con una voz que hizo vibrar cada molécula de aire en la habitación. Ahora venía la parte de baile. Mi padre saltó con un pie, el pie donde yo estaba, mientras intentaba pisarme con el otro. No pasó. No ahora. Tenía otra vez mi velocidad. Tenía las curvas y las bajadas del pulido cuero, del mismo color que mi cuerpo, para correr. Corriendo hacia el talón, perpendicular al suelo, me arrastré; el otro zapato apuntó hacia mi, me pateó, ¡falló! En el talón giré bruscamente a la izquierda y me dirigí hacia arriba. Por el zapato. Encima del suave calcetín de algodón, una especia de campo gris de descuidada y salvaje hierba retorcida. Estaba en la oscuridad ahora. Invisible para mi padre. –¿Dónde has ido?–pidió él. Inmóvil. Sólo inmóvil, Jake. No te muevas. No… La mermelada era muy dulce. Muy, muy dulce, y mi cerebro de cucaracha ansiaba dulzura. Azúcar. La última tentación. Y todavía estaba encima mío. En mis piernas. En mi cara. Las partes de mi boca se movieron. Podía comer el dulce azúcar de mi propia pierna… –¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!– gritó mi padre. Me había sentido. Me había movido. Ahora estaba en problemas. ¡WHOMPF! Las oscuras dobleces de el cielo cayeron con enfermante rapidez mientras mi padre se golpeaba la pierna. ¡WHOMPF! ¡WHOMPF! “¡No toques la piel!” me ordené a mi mismo. Si tocaba la piel él lo sabría seguro. Entonces no pararía. Tenía que hacer que dejara de pensarlo. Tenía que esconderme, hacerle creer que se había equivocado, que no me había notado. ¡Los pantalones! El forro de lana que hacia el cielo. Ese era el truco. ¡WHOMPF! Se acercaba. Lo alcancé, me agarré y de golpe me alejé del calcetín. Me colgué de los pantalones. Los golpes pararon. Lentamente la pernera del pantalón se levantó. Pero yo estaba en un pliegue, invisible. La pernera del pantalón volvió a caer. Mi padre recogió la mermelada y el bote roto, y se fue al trabajo. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] No pasó nada en el viaje. Me alegré; realmente, no podría con mucha más agitación. En algún sitio lejano por encima del coche Tobias vigilaba. No me preocupé. Gateé arriba y abajo y me establecí confortablemente en el pliegue del pantalón. Estaba en la pierna izquierda, así que no había mucho movimiento. Ax estaba esperando en el garaje del parking del edificio de mi padre. Yo podía sentir el coche tomando curvas estrechas y subiendo la rampa. <Creo que veo a tu padre, Príncipe Jake. ¿Estás con él?> Ax me llama príncipe. Es un asunto de respeto Andalita. <Si, Ax. Por poco.> <Habéis completado dos vueltas del espiral abierto y habéis ascendido. Eso me tomó un par de segundos. <Oh. Sí, es una rampa. Los coches la usan para alcanzar niveles más altos.> <Sí, Príncipe Jake, no ha sido muy difícil para mí deducir el propósito de la estructura abierta con forma de espiral.> suspiró Ax. Soy el “príncipe” de Ax. Pero supongo que todo ese asunto del respeto no llega más lejos. Aparcamos. Me tensé; las cosas podían ponerse difíciles otra vez. La pierna se balanceó en el aire más frío y la luz más brillante. Mi padre ya estaba de pie. Se estiró. Sacó su maletín de médico del asiento trasero. Y nos dirigimos a la oficina. Balanceo hacia delante… Crunch!… Balanceo hacia atrás. Balanceo hacia delante… Crunch!… Balanceo hacia atrás. <Jake, estoy aquí> informó Tobias. <No hay signo de que nadie os haya seguido.> <¡A eso se le llama viaje rápido!> dije. <Tan pronto como vi que os ibais vine hacia aquí. Y ya estaba a más de medio camino.> En algún sitio sobre mí, invisible a mis sentidos de cucaracha, había un halcón de cola roja, y, si Ax había seguido el plan, una gaviota. <Hay un humano mirando al padre de Jake de cerca> informó Ax. <Es un humano alto con más cantidad de pelo facial de la normal. Parece estar formando expresiones faciales asociadas con la rabia.> <¿Un tío barbudo y cabreado?> tradujo Tobias. <No lo veo. Debe estar todavía debajo de… Vale, lo tengo. Sí. Parece enfadado por algo. Pero no está haciendo ningún movimiento> Mi padre dejó de caminar. Wooosh. Una puerta se abrió. Nos movimos. Se cerró detrás de nosotros. Estábamos dentro. Tan pronto como mi padre llegó a su propia oficina bajé de su pierna y me escondí debajo del cubo de basura cerca de su escritorio. Esperé. Ninguna vibración frenética alteraba las corrientes de aire. Bien. Entonces no se había dado cuenta de que había desmontado. El suelo tembló. Alguien estaba caminando hacia la mesa de mi padre. –Buenos días, Doc. Tenemos horario completo hoy. La central de infecciones de oído está aquí fuera. Diez minutos después el primer niño entró con su madre. Me pasé el día zigzagueando por el suelo, corriendo pegado a las paredes y escondiéndome donde podía para evitar ser visto y chafado. Cada dos horas me destransformaba y volvía a transformarme en el baño. La primera vez estaba muy nervioso. Garabateé una nota en un trozo de papel de baño y la pegué en la puerta del último water con un chicle usado. La nota ponía FUERA DE SERVICIO. Después de eso, me sentí un poco más seguro en el baño fuera-de-servicio. Era aburrido más allá de lo creíble. Pero me dio mucho tiempo para pensar. Demasiado tiempo. Yo había empezado esperando que esta crisis podría darme una manera de destruir el yeerk de Tom . Ahora lo que esperaba era poder salvar a mi padre del destino de Tom. Estaba jugando a la defensiva. Es más fácil atacar. En el ataque tu puedes elegir el momento y el lugar. En la defensa lo único que puedes hacer es esperar. Esperar que el enemigo elija su momento y su lugar. Y mantener tus recursos y a tu gente esperando, esperando, sabiendo que basta que el enemigo tenga suerte para que toda tu tensa y agobiante espera no haya servido para nada. Mi padre nunca había sido mi médico. Yo iba a uno de sus compañeros. Ya sabéis, hubiera sido muy raro sino. Siempre había pensado que molaba bastante que fuera doctor. Pero creo que realmente nunca había pensado mucho en ello. Aquel día, sin embargo, no había mucho en lo que fijarse. Así que me fijé en mi padre. Siempre simpático. Siempre gentil. Bromeando con los niños y razonando con madres y padres. Calmado mientras los pequeños chillaban como si los asesinaran haciendo vibrar las paredes. Era un buen tipo. Mi padre. No solo porque fuera mi padre, sino porque era una buena persona. Porque hacia su trabajo tan bien como podía y no era un borde con la gente de su alrededor. No es que eso te haga un santo ni nada, pero supongo que cuando pienso sobre ello, eso es lo que espero hacer yo cuando sea mayor: tratar a mi familia bien, hacer mi trabajo correctamente, no ser un idiota con los demás. Quizás no es una meta grande y ambiciosa, pero me bastaría. Ya he estado en el papel de héroe. Os podéis quedar con él. Yo, yo quiero un día donde todo lo que tenga que hacer sea ser un humano decente. Fue un día muy largo. –Buenas noches a todos–dijo mi padre, al fin.– Vuelvo el miércoles como muy tarde. Buen fin de semana, Jeannie. También a ti, Mary Anne. No os metáis en líos. Una risa nos siguió mientras salíamos por la puerta. Nos movíamos. Mi padre estaba saliendo de la oficina. De nuevo hacia un posible peligro. <Ok, tíos, vamos hacia vosotros. En un par de minutos estaremos otra vez en el parking> anuncié. <Hey, ¿Jake?> dijo Tobias preocupado <Uh, no se si significa algo pero el tío barbudo ha vuelto, dando vueltas cerca del ascensor> <¿En que planta?> pregunté, aunque ya casi lo sabia. La planta en la que había aparcado mi padre, claro. Tobias me lo confirmó. Ax me lo confirmó también. Fuimos hacia la puerta y salimos. Mis antenas temblaron con el cambio en el aire. No había tiempo para destransformarse y retransformarse. Si el tío de la barba era parte de un ataque, yo sería inútil. Nada excepto una cucaracha en un dobladillo. <¿AX?> <Sí> dijo Ax <Estoy cerca del vehículo de tu padre> <Hay algún sitio donde puedas transformarte sin que te vean?> pregunté <He estado transformándome detrás de un gran receptáculo de basura en el callejón de detrás de esta estructura; sin embargo, no puedo volver desde ahí hasta mi presente posición sin ser visto> replicó Ax <¿Debo proceder?> No lo sabía. Sí un andalita llegaba repentinamente a la escena para salvar a mi padre, los yeerks sumarían dos y dos, dándose cuenta de que alguien cercano a Tom –como su hermano pequeño – sabía sobre su plan, y los Animorphs estarían muertos. Pero en nuestras actuales formas, seríamos inútiles ¿Qué debía hacer? ¿Perderlo todo? ¿O sólo a mi padre? [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] <Príncipe Jake, ¿tienes instrucciones para mí?> <Jake. Dilo, tío.> Mi familia o mis amigos. Salvar a un hombre o salvar al mundo. ¡Era un bicho! No podía salvar a nadie. Un rescate abierto podía salvar a mi padre y condenarnos a todos. Incluyéndolo. <¿Qué está pasando ahora?> Pregunté <Tu padre está yendo hacia su coche> dijo Ax <El hombre con el pelo en la cara lo está siguiendo.> <¿Como de cerca?> <Más o menos a un metro y medio detrás de tu papá> dijo Tobias; estaba tenso <Y acercándose rápido> Corrí hacia arriba, saliendo de mi dobladillo. En la pernera del pantalón. Por la parte trasera del tobillo. El tejido se movía con cada paso. Estaba horizontal, con el suelo a mi derecha. No podía ver lo bastante lejos como para estar seguro, pero me pareció ver una pared grande y oscura moviéndose detrás de mi padre. <¿Estoy mirando hacia él?> <Sí> dijo Ax. Ok. Bien. Podía estar en un cuerpo de bicho, pero aún tenía mente humana. Me giré y me puse vertical. Subí por los pantalones. Por la chaqueta. Hacia arriba. Zumbando a la velocidad de una cucaracha sobre un plano vertical de secas fibras de lana. Me paré al llegar al hombro. Una oreja del tamaño de un camión apareció sobre mí. Más cerca. La pared oscura se acercaba. Casi podía ver una cara, con una oscura mancha borrosa mas grande que una nube de lluvia. <Jake, ¿qué estás haciendo?> preguntó Tobias, brusco. <Estoy haciendo lo que mejor hace una cucaracha> repliqué <¿El qué?> <Molestar a la gente y hacerlos decir…> Cogí impulso, abrí las alas casi inútiles de la cucaracha, y volé recto hacia la barba. –¡Aaaaah!– Gritó el hombre Aterricé en su labio inferior. Los diminutos pelos de mis piernas agarraron y se engancharon. Él escupió. ¡Una explosión de viento huracanado! Pero para entonces ya estaba bajando por los pelos de su barbilla, caminando a saltitos de mechón de pelo a mechón de pelo, como si estuviera saltando por copas de árboles. –¡Ugh! ¡Ugh! ¡Una cucaracha!–gritó el hombre. Empezamos a girar y a movernos. Se pegó en su propia cara. -¡Aléjate de mí! Me moví al a izquierda; luego a la derecha. Corrí hacia su oreja. Los pequeños pies de la cucaracha cosquillearon la grasienta piel de la oreja. El hombre se puso como loco. Seguí yendo hacia su cabeza, hacia arriba de todo, a través del pelo fino y mate. –Que demonios…–oí que decía mi padre atónito. –Perdón, señor, pero ¿se encuentra bien? ¡Vete! Quería decirle.¡ Corre, papá, corre! ¡Corre por tu vida! <¡Es nuestro, Jake!>dijo Tobias <¡NO!> grité <¡Alejaos! ¡Alejaos!> De repente, el aire tembló y se sacudió con el batir de unas alas. –¡Tseeeeer!–Tobias se lanzó hacia abajo, las garras extendidas. Capté un borroso pero aterrados destello de uñas afiladas. –¡Aaaah! ¡Aaaah!–chilló el hombre. Estaba literalmente pegándose en la cara con una mano para matarme, y sacudiendo la otra en el aire para luchar con el halcón lunático y la gaviota chiflada. De repente me di cuenta de que ya no estaba en el hombre. Estaba en su pelo. Pero ya no en el hombre. El pelo… el tupé… estaba en las garras de Tobias, como un ratón condenado. <Voy a coger altura para volver a…> empezó Tobias. <¡No! ¡No!> chillé enfadado. <¡Es lo mismo que tatuar “Los Animorphs estuvieron aquí” en la cabeza del tío! Quedaos atrás. No ataquéis a menos que veáis que el barbudo va a atacar.> <Oh. Vale.> <Esto no es un ataque> dijo Ax <Tu padre y el hombre con el pelo facial están haciendo sonidos con la boca. Si esto fuera un ataque yeerk, no estarían haciendo sonidos juntos.> <Suelta el pelo.> ordené a Tobias. Lo hizo. El peluquín chocó con el hormigón y el hombre lo recogió y se lo encasquetó en la cabeza otra vez. Yo me dejé caer antes de que él lo hiciera, y con la ayuda de Tobias me dirigí hacia mi padre. –Él pájaro se ha ido, la cucaracha se ha ido, ya está a salvo–estaba diciendo mi padre, consolador. –¡Olvide al estúpido bicho y al estúpido, estúpido pájaro! -berreó el hombre. Estaba claramente enfadado. Un halcón había aparentemente intentado coger a una cucaracha de su cabeza y había acabado yéndose con su peluquín. Estas son el tipo de cosas que te ponen de mal humor. –¿Es ese su coche?- exigió el hombre calvo. –¿Uh? –¡Dije, que si ESE ES SU COCHE!- rugió el hombre, Como ya dije, enfadado. –Sí– dijo mi padre, sonando confuso.–¿Por qué? –¡Porque está aparcado en mi sitio! ¡MI sitio! ¡Mío! ¡He estado esperando a ver quién era el que me había cogido el sitio! –¿Como puede ser su sitio?– preguntó mi padre.–No hay plazas con el cartel de reservados por aquí… –¡Llevo aparcando aquí dos años y cuatro meses! ¡Es mi plaza! No me importa cuantos pájaros o… o mi peluquín… o bichos… ¡es mío! <No creo que este hombre sea un controlador> dijo Ax. <¿Cuál ha sido tu primera pista, Ax-man?>dijo Tobias <Mi primera pista que es el hecho de que el humano no…> <Era una pregunta retórica>cortó Tobias <Ah.> Nada de ataque. Una discusión sobre un aparcamiento. Divertido, en realidad. Excepto por que todavía estaba luchando en la batalla perdida, y defensiva. Peor aún, me había paralizado. Tobias y Ax habían pedido ordenes y yo me había quedado paralizado. Por haberme congelado de esa forma, ellos habían hecho el movimiento equivocado. Mi culpa, no la suya. Yo estaba al cargo, ellos me habían preguntado qué hacer. Yo había titubeado. No había tenido respuestas. No había habido daños, esta vez. ¿Pero, y si el ataque hubiera sido real? Estaba cansado. Ax y Tobias estaban cansados. Estábamos notablemente disminuidos, y el enemigo no había perdido nada. El ataque aún estaba aún por llegar. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Les dije a Ax y a Tobias que se fueran y descansaran un poco. Tobias protestó. Dijo que iría a por los otros y montarían vigilancia en mi casa. Le ignoré; le dije que dejara descansar a todos. ¿Por que? No lo se. Quizás quería hacerlo por mi mismo. Así no habría ordenes que dar. Ni segundas opiniones. Mi padre bajo del coche en el garaje y yo me escabullí. Me transformé detrás del garaje y corrí a mi habitación. Gané a mi padre. Veréis, conocía su rutina. Cuando vuelve a casa siempre va hasta el buzón de la entrada a ver el correo, y se queda allí murmurando “Factura… factura… ok, revista… factura.” En pocos segundos estaba en mi cama. Tapado hasta la barbilla y haciéndome el enfermo. -¿Jake?- la puerta se abrió y Tom asomo la cabeza en la habitación. -¿Que?-respondí, notando que me fallaba el corazón. No me había dado cuenta de que el estaba en casa. ¿Había estado en casa mientras me transformaba?- ¿cuando has llegado a casa? -¿Que estas haciendo? ¿Haciéndote el enfermo? El yeerk de su cabeza hacia su papel. Decía lo que Tom hubiera dicho. Yo hice el mió, también. -Si. Quiero quedarme en casa y ver Jerry Springer. -Uh-uh. -Pero ya estoy mejor. Creo que me levantaré. Me miro disgustado y se fue. Yo salte de la cama y me vestí. La cena era sopa de pollo para mi. Para cuidar mi maltrecho estomago. Mi padre y mi hermano devoraban comida china. -¿A que hora nos vamos mañana?-pregunte. -Sobre las nueve, así que haced la maleta esta noche chicos y no os olvidéis nada.-dijo mi padre, sin hacer caso del repentino ceño fruncido de Tom.-He hablado con vuestra madre. El funeral es el lunes y volveremos a casa el martes por la mañana. Tom retiró su silla.- He acabado.-dijo, levantándose y marchándose. Mi padre lo ignoró cuidadosamente.-Bueno, voy a regar el césped por ultima vez antes de irnos. -Yo me encargo de lavar los platos- me ofrecí, levantándome. Recogí la mesa, mirando por la ventana a mi padre que llevaba la manguera del jardín trasero al porche. La casa estaba tan tranquila. El aire tan quieto. Tom había desaparecido en su habitación. Apreté mi cara contra la ventana, dejando una marca con mi nariz, y buscando por el cielo hasta que vi a Tobias planeando en lo alto. Vigilando aunque yo no se lo había pedido. Se le veía tan libre allí fuera. Tan calmado y confiado. Me enderecé. Mire alrededor. Y me decidí. “Cinco minutos”, pensé, corriendo a mi habitación y cerrando la puerta detrás de mi. Haría una vigilancia rápida y aérea de cinco minutos. El suficiente vuelo para volver a ser yo mismo otra vez. Para controlarme un poco. No era bueno para nadie si no podía pensar correctamente. Me enfundé en mis pantalones de ciclista, abrí la ventana, y me concentré en mi forma de halcón peregrino. Unas líneas en relieve cubrieron mi piel, de las que brotaron plumas. Mis dedos se fusionaron juntos y formaron alas mientras mis entrañas se retorcían, se juntaban y cambiaban. El cráneo se hizo mas ligero y mas pequeño. Mi visión se agudizó. Mire hacia abajo, temblando, cayéndome, tambaleándome en dos repentinas piernas demasiado delgadas. La brisa entró por la ventana. Aleteé y salté al alféizar. Raro. Después de todo este tiempo la idea de saltar de la ventana de un primer piso todavía me inquietaba. Era todavía humano, todavía asustado por las alturas, todavía no seguro de si mis alas funcionarían. Me pregunte si incluso Tobias a veces se sentía así. Desplegué mis alas y despegué, planeando por encima del jardín trasero, cuidándome de permanecer fuera de la vista de la ventana de Tom. Atrapé una ligera brisa, suficiente para llenar mis alas y empezar a ganar altitud. <¿Eres tú, Jake?> llamó Tobias cuidadosamente <Sí, decidí unirme a ti un par de minutos> dije, ascendiendo con una corriente de aire y alejándome un poco. Mis ojos de halcón podían verlo todo, incluyendo un ratón escurriéndose por debajo de la valla de los vecinos. Y a mi padre regando el césped. <¿Cómo va?> le pregunté a Tobias. <Me cuesta mantenerme arriba en este aire> se quejó Tobias. Sonreí para mi mismo. Una respuesta muy típica de Tobias. <¿Y cómo te va a ti?> me preguntó él. <Tenso> admití <Está todo muy tenso ahí abajo. Mi padre, Tom, dos bandos armados, tío. Y yo en medio.> Tobias no dijo nada. Lo miré. Estaba más alto que yo, quizás unos doscientos metros. <¿Tobias?> No respondió. <¡Tobias!¿ Que…?> <¡Chapman! Es él. No estaba seguro con esta luz. A seis manzanas de tu casa. Conduciendo, con otro tipo en el asiento de pasajero.> Seguí la dirección de su mirada. Un coche oscuro, largo, de cuatro puertas. Enfoqué la mirada. ¿Tenía el pasajero algo en las manos? <Aquí hay algo que no me gusta>dije <Si> estuvo de acuerdo Tobias. <Mi padre…> <¡Pistola!>gritó Tobias. <¡El pasajero tiene una pistola!> [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Caí en picado antes de que Tobias hubiera acabado la frase. Iban a hacerlo desde el coche. Era una locura. ¿Disparar a pleno día? ¿Tan importante era Tom para los yeerks? ¡Era temerario! Caía… no, no cayendo. Era un cohete rumbo a colisionar con la Tierra. Apuntando como un misil hacia mi propia casa. El coche se acercó una calle más a la mía. Desplegué mis alas para frenar. El huracán de viento casi me las rompe. Tensé cada músculo y estiré cada pluma; aterricé en el tejado, derrapando. No había tiempo para ir a destransformarme dentro. Tendría que arriesgarme, encogido en la esquina más oscura. Empecé a cambiar. <Jake, ¿qué estás haciendo?> Podría haberlo se lo dicho. Pero no lo hice. Tobias ya sabía lo que estaba haciendo. <Esto es estúpido, Jake, pero te cubriré el trasero de todas formas>dijo Tobias <No veo a nadie mirándote. Posible línea de visión de la casa enfrente a la izquierda. Hay una niña pequeña cerca de la ventana.> Mis plumas se fundieron. Mis brazos engordábamos. Mi pico se ablandó como si se derritiera. Tuve que luchar para aguantarme con unas patas que se estaban volviendo grandes pies humanos. <Aquí viene Chapman>informó Tobias siniestramente. ¡NO! ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! Pies… cara… manos… -¡Aaaah!-grité sorprendido. De golpe, me estaba deslizando hacia abajo por el tejado hacia el borde. <¡Jake! ¡Tu hermano esta justo ahí, en el teléfono de la cocina!> gritó Tobias <Si bajas por ese lado, va a verte!> Mis dedos intentaron agarrarse a algo de las rugosas tejas, pero era inútil. Mis uñas eran casi líquidas. Estaba cayendo. ¡El borde! Desesperadamente, me agarré a la afilada tubería metálica. Colgado. Los brazos tensos. Intenté subir las piernas fuera de la vista. <Tom aún no te ha visto> dijo Tobias. <Le da la espalda a la ventana. Pero a Chapman le faltan le faltan unos veinte segundos. Es ahora o nunca.> La voz de Tom se oyó por la ventana. -Momento perfecto.-dijo fríamente.-Está fuera, aquí enfrente. Id a por él. Me dejé caer, golpeando el suelo con un ruido sordo, y apretando los dientes para no decir nada. Gateé hasta pasar la ventana, entonces me levanté y rodeé la casa. Un coche oscuro estaba girando en mi manzana. Unos cien metros más allá. Cincuenta.. -Eh, papá- me puse a su lado, sudando, mi corazón a cien.- Déjame hacerlo. Cogí la manguera. Mi padre sonrió. –¿Voluntario, eh? Venga. ¿Qué es lo que quieres? ¡Veinte metros! -Solo quería salir fuera. Aire fresco.-dije. -Unh. Bueno, gracias, entonces. Haré un poco la maleta. Se dio media vuelta. ¡Demasiado lento! Caminó. ¡Demasiado lento! El coche estaba allí. La ventanilla estaba bajada. El hombre del arma estaba mirando la espalda de mi padre. Sacudí la manguera. El agua golpeó el lado del coche. El hombre de la pistola saltó de la sorpresa; mi padre abrió la puerta. Sacudí la mano hacia el coche y grité – ¡Perdón! El coche pasó de largo. Respiré. Mis manos estaban temblando. Mi corazón era una taladradora. Fingí que reconocía al señor Chapman repentinamente cuando el coche se alejaba.-¡Ey, señor Chapman!-saludé. Sentí que alguien me observaba. Eché una rápida mirada. Tom. Estaba en la ventana de nuestro cuarto de estar. Sus ojos brillaban con rabia. Me habría matado a mi, también. Habría disparado a mi padre, y si yo me hubiera metido en medio… Y eso no era lo peor. Lo peor era saber que mi hermano Tom, mi verdadero hermano, había estado atrapado dentro de su propia mente, atrapado mirando como los asesinos se preparaban para matar a su familia. Desvalido, mirando, incapaz de abrir su propia boca para gritar un aviso. Estaba apretando tan fuerte la manguera que el agua casi no podía salir. Pero no podía relajar los músculos. No podía. No sabía como iba a acabar esta guerra. No sabía si íbamos a ganar o a perder o incluso, de alguna manera, hacer un trato y lograr la paz. Pero sabía una cosa: yo mataría al yeerk que le había hecho esto a mi hermano. Lo mataría. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Nos reunimos en el granero de Cassie. Todos nosotros excepto Rachel y Ax, que estaban vigilando mi casa. Mi padre estaría a salvo con esos dos. Tobias, calmadamente y sin culparme, relató lo que había pasado por la tarde. -Estúpido-dijo Marco. -¡No puedo creer que hicieras algo así, Jake!-dijo Cassie enfadada. Cassie no suele enfadarse, pero esta vez si que lo estaba.-¿¿Estabas intentando que te dispararan o qué?? -Está claro que no.-dije, buscando su mirada.-¿Pero que otra cosa podía hacer? ¿Dejarlos matar a mi padre? -Ese no es el punto-dijo Marco, tan enfadado como Cassie, pero más frío con el tema.-Te transformaste a plena vista. Y Tobias dijo que fue cuestión de una fracción de segundo que no acabarás acribillado en tu propio césped. -La alternativa era dejarlos acribillar a mi padre. -Así que decidiste dejar que te mataran a ti también, ¿no? -¡Funcionó!-dije con rabia. Marco dejó caer las manos con disgusto.-¿Por qué no te aseguraste de tener refuerzos? Tobias dijo que les ordenaste que se perdieran. Y no ir a por nadie de los otros.-dijo. Estaba apoyado en una bala de heno. Apoyado, pero no relajado del todo.-Se supone que estamos juntos en esto. Si necesitabas ayuda, deberías haberla pedido. -Si, lo sé.-dije-Pero vosotros estabais en la escuela durante la vigilancia, y esta noche, bueno, no esperaba exactamente que a Chapman se le ocurriera dispararnos desde el coche, ¿sabéis? -Un error por tu parte.-dijo Marco. -Si. Un error. -¿Y hoy, antes de eso? Tobias dijo que te quedaste paralizado cuando te pidió una orden. -No me paralicé, yo… -No podemos permitirnos que te paralices así-dijo Marco. Lo miré. -¿Estás disfrutando con esto, no? Esto es la venganza por cuando dudé de ti con lo de tu madre. -Yo estaba listo para hacer lo que se tuviera que hacer.-dijo él. -¡Yo también lo estoy! -No, no lo estas. Nos estas poniendo en peligro a todos. ¡Te transformaste en el tejado! ¡En el tejado! A plena luz del día. ¡Con tu hermano en casa! ¡Si Tom te hubiera visto hacer eso, ahora mismo estarías con la cabeza dentro del estanque yeerk, y el resto de nosotros en fila detrás tuya! -¡¿Qué pasa con todos vosotros?!-grité. –Era mi padre! Mi padre! ¿Se suponía que tenía que apartarme y no hacer nada? Tobias contestó antes de que Marco pudiera hacerlo.<¿Es peor exponernos nosotros mismos y arriesgarlo todo, a todo el mundo… literalmente a toda la raza humana… sólo para salvar a una persona?>dijo tranquilamente.<Lo siento, Jake. Se que es tu padre. Sé lo que sientes. Pero es algo que tenemos que pensar> Miré hacia otro lado. Mi cara ardía. -Ya sabéis, hablamos de esto y nos decidimos por la vigilancia. Vigilaríamos a mi padre por si necesitaba protección. Bueno, la necesitó y yo reaccioné. ¿Realmente, tíos, que pensabais que iba a hacer? -Justamente lo que hiciste-dijo Marco.-Esto te coge demasiado de cerca. No puedes encargarte de ello. Solté una risotada.-¿Qué, vosotros vais a decidir si mi padre vive o muere?-miré a Cassie. -Jake…-dijo ella. -Necesitas mantenerte al margen de esto.-dijo Marco con calma.-No puedes encargarte de esto. No con tu padre y tu hermano. -Tú lo hiciste cuando se trató de tu madre. Marco se encogió de hombros.-Si, bueno, ese soy yo. Si te sirve de consuelo, me gustaría mas a mi mismo si fuera como tú. Pero la pregunta aquí es, ¿Hasta donde vamos a llegar para proteger a tu padre? ¿Y quien va a decidirlo? -Yo soy el líder de este grupo.-dije. Marco titubeó. Se mordió el labio. Entonces, respirando profundamente, dijo: -Necesitamos votar. -Rachel y Tobias no están aquí.-dije. <Ax rechazaría votar> dijo Tobias. <Diría que es un asunto humano. Diría que Jake es su príncipe y que haría lo que dijera Jake. Pero no votaría.> -Rachel me respaldaría.-dije. Marco asintió.-Sí. Lo haría. Eso nos deja a Cassie y a Tobias. No miré a ninguno de los dos. Esperaba oír hablar a Cassie. Pero no lo hizo. Silencio. Sentí como si el suelo se hundiese debajo mía. ¿Cassie también dudaba de mí? ¿Cassie no creía que pudiera con esto? Oí un susurro de plumas desde las vigas y miré arriba. Tobias giró la cabeza, su fiera mirada de halcón encontrándose con la mía, humana y enfadada. Fui el primero en apartar la mirada. Tobias había estado allí las dos veces cuando arriesgué mi vida – y la suya – para salvar a mi padre. Él sabía lo importante que era para mí y sabía lo lejos que llegaría para protegerlo. <Tíos, os estáis dejando un par de cosas importantes> dijo Tobias con calma <Primero de todo, anular una vida humana es algo que harían los yeerks, no nosotros.> Cassie cabeceó. Se la veía incómoda. Como si debiera haber pensado en ello antes. <Segundo, ¿que pasa si los yeerks no matan al padre de Jake? ¿Y si en vez de eso tienen éxito convirtiéndolo en controlador?>continuó Tobias <Jake ya tiene un controlador en la familia; si convierten a su padre en uno, también, habrá una pareja de personas muy suspicaces observando las idas y venidas de Jake, especialmente cuando hay actividad Animorph. Así que no creo que sea una cuestión de si deberíamos salvarlo o no, sino de cómo lo haremos.> “Gracias, Tobias” dije en silencio, mirando al suelo. <Pero hay una cosa más de la que nadie está hablando>siguió Tobias, estirando las alas y arreglándoselas. <Creo que hemos estado equivocados todo este tiempo. Sentarnos tranquilamente a esperar que los yeerks ataquen, y entonces salvar una y otra vez al padre de Jake no es plan. Los yeerks pueden pensar que fue una casualidad en el mercado, quizás una coincidencia lo del césped, pero pueden contar, ¿sabéis? Tarde o temprano pensaran “son demasiadas casualidades”> -Exacto-dijo Marco. <Así que, ¿Porque no dejamos de ir a la defensiva? Hagamos algo. Algo grande que distraiga su atención del padre de Jake hasta que él y Tom puedan irse a la cabaña mañana por la mañana> Marco dudó. Sabía que la votación se había vuelto contra él. En el mejor de los casos tendría a Cassie de su lado; eso dejaban dos contra detrás, ya que Ax estaba fuera. Finalmente asintió: -Ok, vamos a pasar a la ofensiva – intentó mostrar algo de su típico humor – Siempre quise morir pegando patadas y gritando. Se acercó a mí. Extendió la mano. –Nada personal, Jake. Sólo miraba por el grupo. Dejé su mano colgando en el aire a media altura. Al cabo de un momento, la retiró. -Así que, ¿cuál es el plan?- dijo Cassie, tratando de romper la hostilidad del momento. -Quizás podemos…-empezó Marco. -Yo tengo un plan- le corté. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] ¿Tenía un plan? No hasta aquella fracción de segundo. No hasta que estuve cara a cara con Marco y me di cuenta de que se me tenía que ocurrir algo. Tenía que hacerlo. A veces las emociones trabajan por ti. Necesitábamos una distracción. La distracción que yo tenía en mente era grande. Y esperaba que durara hasta que sacara a mi padre de allí. -Secuestrar a Chapman.-dije. Eso hizo que Marco me mirara fijamente. Cassie respiró entrecortadamente. Tobias rió como si estuviera bromeando; entonces acabó con una especie de sollozo. Luego rió otra vez y dijo <Bueno, solo puedo decir una cosa: esto va a hacer feliz a Rachel> ¿Un plan atrevido? Sí.¿Loco? ¿Suicida? ¿Estúpido?. Esperaba que no. -Forzar a los yeerks a decidir sus prioridades.-dijo Marco.- ¿Salvan a Tom o a Chapman? ¿Quién es más importante para ellos? Chapman. Todavía intentarán ayudar a Tom con su situación, pero la desaparición de Chapman será una situación de Alerta Total y Pánico Máximo. Funcionará. Hay que reconocerle una cosa a Marco: ninguno es más rápido ni mejor viendo la solución más despiadada. Y Marco es honesto. Iba a ser una bonita misión. No teníamos tiempo para sutilezas. Nos reunimos con Rachel y Ax y les explicamos el plan. Rachel dijo, -¡Guay! Dejé a Cassie y a Tobias vigilando mi casa. Habría dejado también a Marco, pero él se habría tomado eso como que me daba miedo tenerlo cerca. No iba a darle esa satisfacción. Rachel, Ax, Marco y yo volamos hasta una casa enfrente y un poco más abajo que la de Chapman, en una calle tranquila y residencial. Estaba oscuro. Aún no era tarde, pero si oscuro. Hacia veinte minutos que mi padre se estaría preguntando porque no estaba ya en casa. Lo mismo con los otros. La casa estaba en venta. Vacía. Los arbustos estaban crecidos y descuidados. Perfectos para nosotros. Casi espaciosos al principio. Menos cuando nos transformamos. -Muévete, Marco.-gruñó Rachel cuando los hombros de él crecieron y se abultaron en su fuerte forma de gorila. -Oh, vamos, te encanta estar cerca de mí.-dijo, justo antes de que su mandíbula se proyectara hacia delante y sus labios se volvieran como una máscara negra de goma ,de estas de Halloween. Cerré los ojos y me concentré en mi propia transformación. Rinoceronte. Para este trabajo necesitábamos brusquedad, fuerza bruta. Y nada es más bestia que un rino. Oí los delgados huesos del cráneo humano crujir y dejar sitio. Oí un sonido como dientes chirriando cuando nuevo hueso, capas y capas de nuevo hueso llenaron los huecos haciendo una armadura casi impenetrable. Mi cuerpo engordó. Mis piernas, brazos, manos, pies, estómago, espalda, hombros, todo crecía. Mi piel pasó de la carne humana a algo que parecía cuero de los asientos de un coche, y después a algo tan grueso y denso y espeso como una silla de montar a caballo. Mis orejas subieron a los lados de mi cabeza. Mi vista disminuyó y se hizo borrosa. Mi cuello perdió definición, absorbido por mi cuerpo que se expandía y crecía. Más y más grande. Enorme. Y entonces, al fin, el cuerno. Creció en mi cara, donde había estado mi nariz. Largo, curvo, peligroso. Un arma primitiva y fuerte. Un cuerno que podría empalar a un caballero con armadura. Pero a pesar del poderoso cuerpo y del terrorífico cuerno, del poder del rino, su mente era pacífica, plácida. Básicamente, solo quería comer y que lo dejaran solo. Estaba vigilante, pero no enfadado o asustado. Así estaba bien. Yo tenía bastante miedo y rabia para los dos. -Príncipe Jake, estoy listo. Liistoo. Toooo.-dijo Ax. Se había transformado en humano, usando la combinación de ADN que había absorbido hace tiempo de todos nosotros. Pero había detenido la transformación a medias, distorsionando sus facciones de tal forma que Chapman no sería capaz de reconocerlo más tarde. En su forma humana estándar, Ax es un chico raro y guapo. Ahora, con los ojos más pequeños de lo normal, la nariz ancha y aplanada, y su pelo oscuro y desigual, tenía un ligero parecido a Quasimodo. Menos la joroba, claro. <Bueno, Ax, nunca volveré a pensar en ti como sólo otra cara bonita.>dijo Marco. <¿Chicos, veis algo sospechoso?<interrumpí, girando mis orejas a cada nuevo sonido y oliendo el aire. <Soy medio ciego con estos ojos> <¿Sospechoso? Bueno, veo un oso, un gorila, un rino y un chico muy raro escondidos en unos arbustos, pero aparte de eso, no>dijo Marco. No me reí. No encontraba divertido a Marco en esos momentos. Echaba de menos a Tobias. No teníamos a nadie en el aire, y teníamos que cruzar la calle. <Venga, vamos a hacerlo> dijo Rachel impaciente. <Ax, muévete>ordené. <Marco, tú también> Ax empezó a cruzar la calle. Todo estaba en calma. Oía los pies desnudos del humano y del gorila. Veía formas, sombras, poco más; pero tenía un oído excelente. No oí ningún coche aproximándose. Marco caminaba como un humano tanto como podía. Un humano de doscientos kilos. Una vez al otro lado de la calle se deslizó en los arbustos cercanos al porche. Ax entró en el porche de Chapman y llamó a la puerta. Unos segundos de espera. La puerta se abrió. Chapman estaba allí, con un diario en la mano y viéndose irritado por haber sido interrumpido. -¿Hola, está Melissa aquí? ¿Aquiiii? Soy un amigo de Melissa. He venido para hablar sobre una asignación de clases. Class-eh.-dijo Ax brillantemente, siguiendo más o menos el guión en el que habíamos trabajado. Chapman miró a Ax y frunció el ceño. Suspiró.-Espera aquí. Voy a buscarla. -Bien-dijo Ax- Es mi mejor amiga y también compañera de clase, y que haga esto es una cosa totalmente normal para mi. Chapman le echó otra mirada y se fue a buscarla. <Ax>susurré <¿Qué ves?> <Es como sospechabas, príncipe Jake> dijo Ax <Este controlador ha añadido medidas de seguridad desde nuestra última infiltración. Hay sensores de emoción camuflados en el marco de un espejo en el vestíbulo. Y sospecho que hay rayos Dragón en los ojos de la estatua de enfrente de la puerta.> <Ok, entonces> dije sintiendo la adrenalina empezar a bombear <Que todo el mundo esté listo> <Ya estaba lista> dijo Rachel siniestramente. La puerta de la casa se abrió y Melissa apareció allí. La puerta se cerró detrás suya. Ella miró a Ax, confusa. Antes de que pudiera decir nada, dos grandes y peludos brazos de gorila se la llevaron del porche hacia los arbustos. -¡Aaaah! –gritó, antes de que una mano enorme le tapara la boca. Melissa era inocente. No necesitaba ver lo que iba a pasar. <¡Ya la he atado!> dijo Marco. <¡Vamos, vamos, vamos!> grité. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] <¡Vamos, vamos, vamos!> Salí de los arbustos. Rachel estaba justo a mi lado, moviéndose con el paso engañosamente rápido y balanceante del oso pardo. Ax saltó desde el porche y rodó para ponerse a cubierto y transformarse. Yo crucé la descuidada hierba, enfocando mi horrible vista en la luz del porche al otro lado de la calle. Pero cuando mi gran cabeza se balanceaba a izquierda y derecha la perdía de vista. Luces. ¡Por todas partes! Lo que era… <¡Jake! ¡Te estás desviando hacia la izquierda!> gritó Marco. Giré. Iba por el duro asfalto de la carretera. ¡Un coche! Dos luces gemelas corrían hacia mi desde mi izquierda. ¡Screeeeeeeeeech! El conductor pisó los frenos. Yo lo ignoré. Demasiado tarde para preocuparse. “Ataca y cárgatelo todo y olvídate de sutilezas” me recordé a mi mismo. Tropecé cuando mis piernas gordas como troncos de árboles chocaron con los escalones del porche. <¡Eso es!> gritó Marco. Embestí, a toda velocidad, sin cuidado, con el cuerno hacia abajo, a por la puerta. ¡WHAM-CRUNCH! La puerta explotó hacia dentro. El marco se rajó. Llovieron trozos de cemento y pintura. -JJROOOOU-UH!-bramó Rachel, justo detrás mía. ¡TSEEEEW! ¡TSEEEEW! Un dolor punzante y caliente. El hedor de pelo y carne quemada. Los rayos dragón de la estatua abrieron fuego otra vez, haciendo otro agujero negro y humeante en mi armadura. Sólo me dolió lo suficiente como para enfadarme aún más. Ahora el cerebro de rinoceronte también estaba cabreado. Fui adelante, hacia la entrada, estampándome contra el muro del fondo y tirando la estatuilla de los rayos Dragón. ¡Crash! ¡TSEEEEEW! Disparó una vez más, un abrasador y agonizante rayo a mi ombligo antes de que la pisara. La señora Chapman salió corriendo de la cocina. -¡Andalitas!- gritó, y apuntó una pistola de rayos dragón a mi cara. ¡TSEEEEW! Un calor horrible alcanzó mi frente, mi oreja, perforando un ardiente agujero dentro de mi cerebro, y me tambaleé, bramando mientras el taladrante dolor me enloquecía. El rino estaba herido. Grave. -¡GROAAAAARRR!-rugió Rachel. Con una zarpa del tamaño de la cabeza de un hombre golpeó a la señora Chapman y la envió volando contra el muro. La mujer chocó, se quejó y resbaló hasta el suelo, fuera de combate. Un flash de pelo azul y Ax estaba con nosotros. <¡Chapman escapa escaleras arriba!> <Dejadlo ir> solté <Incluso le daremos un minuto para dar la alarma> Me daba vueltas todo. Habían disparado al rino en la cabeza. Se estaba muriendo. Las conexiones entre el cerebro y el cuerpo se perdían. Conté hasta diez. <Ya basta. ¡Vamos allá!> <Está saliendo por la ventana de atrás, en el piso de arriba> informó Marco desde fuera. <Ax, arriba. Rachel, conmigo.> fui hacia la sala de estar .La entrada era demasiado estrecha. La ensanché. Pisoteé el sofá y me cargué la mesita de café como si estuviera hecho de palillos. A través del salón. A través de la ventana francesa. Literalmente a través. Chapman se dejó caer desde arriba a mi derecha. Marco estaba allí. Alcanzó a Chapman con… ¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM! Chapman disparó con un arma. Primitiva tecnología humana. Apuntar y disparar. Marco cayó de espaldas. Golpeó el suelo. Chapman saltó por encima de él. <¡Marco!>gritó Rachel. Una forma andalita voló por encima de mi cabeza y aterrizó pesadamente en la hierba. Ax había saltado desde el primer piso. <¡Rachel, cuida de Marco!> ordené <Ax! Conmigo!> Chapman estaba trepando por la cerca de la parte de atrás. Sacudí los tablones de manera y lo envié a volar. Rodó sobre su espalda y disparó. ¡BLAM! ¡BLAM! Martillazos que conectaron con mi garganta. Me desplomé, choqué contra Ax y lo tiré al suelo. Chapman estaba de pie e iba a huir por la cerca reventada. Yo estaba herido, sangrando, mareado, aferrándome a la conciencia. Y aferrándome, sobretodo, a la rabia. Ese idiota había intentado disparar a mi padre. Le golpeé. Voló, chocó contra el suelo, y rodó, quejándose. El arma estaba un metro y medio lejos de él. Retrocedí un paso. Bajé la cabeza. Olí el aire y apunté a aquella lloriqueante y patética forma. “Muere, Yeerk” Cargué. <¡No, Jake!>gritó Rachel. <¡Lo necesitamos vivo! ¡Ax! ¡Páralo!> Iba a restregar a Chapman por el suelo. Reventarlo, machacarlo, hundir mi cuerno en su cuerpo. Vi el horror en sus ojos cuando se dio cuenta de lo que iba a hacer. <¡Príncipe Jake!>gritó Ax. Cargué. Entonces, al fin, las heridas fueron demasiado. Como si alguien hubiera inutilizado mis piernas, caí. Mi ímpetu me llevó, resbalando casi encima de Chapman. Él trató de levantarse. Ax le dio con el lado de su cola. Chapman cayó, inconsciente. Estaba hundiéndome, hundiéndome en un pozo negro. Tenía que transformarme. Transformarme. Estaba oscuro… lo bastante oscuro para que Marco no pudiera decir… Marco. ¿Había hecho que lo mataran? Melissa debía haberse quitado la mordaza de la boca. –¿Mamá? ¿Papá, dónde estás?- gimió Melissa Chapman. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Me transformé con el sonido de los gritos aterrorizados de Melissa y el quejido de sirenas policiales que se aproximaban. Me levanté, conmocionado, confuso. Rachel estaba allí, humana. Ax se había ido. Marco… Marco nos alcanzó y levantó a Chapman fácilmente poniéndoselo en el hombro. -¿Estás bien? –le pregunté. <Volví a humano y otra vez a gorila, como nuevo>dijo, conciso <Vámonos. Con tu permiso, poderoso líder> Nos movimos. Rachel y yo dábamos la cobertura visual que podíamos a Marco. Corrimos, cruzando la acera y luego hacia abajo. De vuelta a la casa “En Venta” vacía. Íbamos a mantener a Chapman como prisionero donde nadie sospecharía: a menos de doscientos metros de su casa. Ax había desconectado la alarma antirrobo cuando llegamos. La puerta trasera estaba abierta. Nos colamos dentro. Marco dejó caer a Chapman poco ceremoniosamente en el suelo de madera del salón vacío. Entonces atravesó con el puño el cristal de la puerta que conectaba el salón con el comedor. El cristal cayó hacia Chapman. Con sus débiles pero ágiles dedos andalitas, Ax ató un trapo sobre los ojos de Chapman. Tenía cuerdas alrededor de los tobillos y las muñecas. Nos quedamos allí, mirándolo. Estaba en nuestro poder. Por ahora. -Me pregunto…-Rachel empezó a decir. Moví la cabeza y puse un dedo sobre mis labios. No podíamos permitirnos que oyera voces humanas. <Todavía está inconsciente>dijo Ax. Marco se agachó y dio unos golpes a Chapman en las costillas con un dedo como un salami. El controlador no reaccionó. Fui a la cocina. Encontré una taza de café vacía que alguien había usado para guardar tuercas y tornillos. La llené con agua fría, volví al salón, y se la tiré a Chapman a la cara. Él tosió y maldijo. Entonces intentó mover las manos. <Ok, Ax, todo tuyo>dijo Marco, apartándose. Rachel y yo nos quedamos en silencio. Ax se movió de un lado a otro, las pezuñas resonando en las tablas de madera del suelo, rodeando a Chapman a propósito, dejándolo oír que su interrogador era un andalita. <Así que, Yeerk> dijo con desprecio, imperativo <Ahora eres mío> Chapman empezó a temblar. Sollozó, bajo y leve. No miré a Rachel; ella no me miró. Ninguno de nosotros estaba emocionado con esto. Teníamos que hacer creer a Chapman que estaba siendo interrogado por un guerrero andalita. Teníamos que hacerle creer que iba a ser torturado. Unos momentos antes yo lo habría matado. Incluso ahora, no me daba pena. Pero eso no cambiaba el hecho de que estábamos tratando de aterrorizar a otra criatura viva y sensible. Si eres el tipo de persona que te va esto, necesitas ayuda. Estaba pidiéndole mucho a Ax. Demasiado. Pero él estaba decidido a hacer su papel. <Si quieres vivir; y no necesito recordarte que está en mi poder acabar con tu vida ahora mismo; contestarás a mis preguntas> dijo Ax, con una exagerada arrogancia andalita. <¿Cuál es la extensión de la invasión yeerk en la Tierra ?> Chapman se estremeció, pero permaneció en silencio. <¡No me desafíes, yeerk asqueroso!> rugió Ax <¡Nombra a todos los yeerks en posiciones de poder importantes!> No hubo respuesta. <Te mantendré aquí, sabes>dijo Ax, cambiando de táctica y usando una voz sedosa, siniestra <La muerte por falta de Kandrona, yeerk. Es una terrible manera de morir. ¿Cuánto hace que no vas al estanque? ¿Cuántos días, cuántas horas tienes antes de que la terrible necesidad empiece a…> Ya había visto y oído bastante. Fui hacia la puerta. Rachel y Marco me siguieron. Marco se transformó mientras caminaba. Las palabras de Ax habían conjurado un cuadro oscuro y miserable en mi mente. La muerte que Ax había prometido falsamente a Chapman era la que le esperaba a mi hermano Tom, porque el yeerk de su cabeza se quedaría sin rayos Kandrona. -¿Jake?-susurró Rachel una vez que estuvimos fuera. Moví la cabeza. No podía contestar. Me dirigí a casa pasando el montón de vecinos y polis y vehículos de emergencia que se habían reunido alrededor de la casa de Chapman. Aún así, el plan había funcionado. Ax seguiría interrogando a Chapman. Igual llegando a ser brusco con él. Esto era a lo que yo les había conducido. Marco casi asesinado. Melissa Chapman aterrorizada. Y Ax encargado de contar cuentos de terror a un prisionero indefenso. Marco no necesitaba hacer otra votación: yo ya dejaba de ser el líder. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] Estuve toda la noche despierto. Tenso. Escuchando. Escuchando los sonidos que venían de la oscuridad. Esperando que Tobias, que se había posado hacia dos horas en el árbol de enfrente de mi ventana, gritara de repente <¡Vienen los yeerks, Jake!> No ocurrió. A las 3.30, me deslicé fuera de la cama, con cuidado de no pisar la parte del suelo que crujía, y salí de puntillas al pasillo. La puerta de mi padre estaba medio cerrada. Entré. Estaba dormido, la luz de la luna dando en su cara. Me volví a ir sigilosamente. La puerta de Tom estaba cerrada. Aguanté la respiración y presioné la oreja contra la puerta. Nada. Con las palmas de la mano sudando, cogí el pomo y sin soltarlo, abrí leeeentamente la puerta. La cama de Tom estaba vacía. Me estremecí. Cerré la puerta y me apresuré a volver a mi cuarto. Mi hermano se había ido. Probablemente con el resto de controladores, buscando frenéticamente a Chapman. Tobias debía haberlo visto pero no querría despertarme Me metí en la cama y me quedé allí, con los ojos abiertos y escuchando los ruidos de la casa. Preguntándome que estaría haciendo mi hermano. Como se sentiría. E imaginando como de desesperados estaban los yeerks buscando a Chapman. Como de asustado y desesperado debía estar el yeerk de Tom ahora, sabiendo que era la segunda prioridad. -¿Tienes miedo, yeerk?- susurré en la oscuridad. Pensé en como me sentiría si mis amigos me abandonaran a los yeerks para salvar a alguien más importante. No era un buen sentimiento. ¿Y que había del Tom real? ¿Qué estaba pensando? No lo sabía y no podía soportar el pensamiento, pero no podía dejar de preguntármelo. No podía dejarlo. Yo era el líder. Debería haber encontrado un plan mejor, más seguro. Si no podía encontrar una manera de salvar a mi propia familia, ¿cómo podrían confiar los otros Animorphs en mí, de cualquier modo? ¿Cómo podía yo confiar en mi mismo? Mi embotado y nublado cerebro pedía dormir, pero no iba a hacerlo. Las horas fueron pasando. <Ey, Jake, ¿estás despierto? ¿Te has levantado? Si no, levántate. Tu hermano acaba de colarse por la puerta trasera.> me dijo Tobias cuando el sol alcanzaba mi dormitorio, llenándolo de luz brillante y dorada. No podía responder. No había nada que decir de todas formas. Oí a Tom pasar de largo de mi cuarto. Lo oí abrir la puerta del suyo, luego cerrarla. Salté de mi cama y abría ventana. Hora de ir a ver a Chapman. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Usé mi forma de halcón peregrino y volé a la casa vacía donde teníamos a Chapman como huésped. Estaba tentado de continuar reteniendo a Chapman hasta que su yeerk muriera de hambre. Dejar que el imperio yeerk supieran que también son vulnerables. Que podíamos ser lo bastante crueles para matar, cuando nos empujaban a ello. La oscura y enferma rabia dentro de mi quería hacerlo. Y casi lo había intentado, la otra noche con la forma de rinoceronte. Aterricé en un árbol cerca de la ventana. Ax todavía estaba dentro. <¿Todo bien, Ax?>pregunté desde fuera de la casa. <Sí, príncipe Jake> replicó Ax <Tuve cuidado de caminar directamente por encima del cristal de la ventana rota, haciéndolo crujir bastante. Estoy seguro de que este controlador usará el cristal para cortar sus ataduras una vez que me haya ido> <Bien> dije. <No, Príncipe Jake, nada de esto está bien>me soltó Ax <Este no es el comportamiento de un guerrero. No lo haré otra vez.> <Entendido, Ax> dije. <La hija del humano de este controlador ha estado caminando por el barrio llamando a su padre. La he oído. Como he oído el terror de este controlador. Estaría satisfecho de luchar con él en la batalla, e incluso, de matarlo, pero no soy un torturador.> Nunca había oído a Ax tan enfadado. Ni de cerca. <Es mi culpa, Ax. Mi responsabilidad. Tu solo has hecho lo que te he pedido yo, tu Príncipe. Esto es cosa mía.> <No. Mis acciones son mi responsabilidad> dijo, pero su rabia se había suavizado un poco. <Lamento haber expresado mi furia> <Ax-man, tienes todo el derecho> dije débilmente. No dijo nada durante un rato, y yo me senté, miserable y avergonzado, en el árbol. <Debo terminar la farsa> dijo Ax cansado. <Sí> Me quedé allí, arreglándome las plumas contra el rocío de la mañana, mirando como los primeros trabajadores iban a sus coches, metían sus maletines y portátiles en el asiento de atrás, y se iban al trabajo. Normal. Un día normal en un barrio normal americano. Excepto que en al calle de enfrente una chica lloraba por un padre que había perdido tiempo atrás sin saberlo, y aquí, una criatura parte hombre y parte yeerk era amenazada con una dolorosa muerte. <La muerte por falta de Kandrona, yeerk. Eso es lo que te espera. La lenta debilidad… la locura que crece… el terror cuando empiezas darte cuenta de que nada, nada puede salvarte. ¿Es lo que quieres? Ayúdame, yeerk. Ayudándome te ayudarás.> Ax podría haber usado telepatía privada para que solo lo oyera Chapman. Pero quería que yo lo escuchara también. <Tu última oportunidad. Te dejaré aquí, atado, sin poder hacer nada, la sed y el hambre de tu portador humano uniéndose a tus propias necesidades desesperadas.> Si Chapman contestó no lo oí. Creo que contestó, porque Ax dijo <Tu elección, yeerk> Momentos después Ax se transformaba en un aguilucho y se alejaba de la casa. Chapman escaparía. Habíamos dejado el cristal roto queriendo. Chapman creería que todos éramos andalitas. Pensaría que estábamos demasiado poco familiarizados con el mundo humano como para saber que el cristal podía cortar. <Y él volverá con su gente como un héroe>dijo Ax <Este será uno de los capítulos más repetidos y celebrados de la historia yeerk. Mi nombre será una leyenda, sinónimo de ineptitud. Una brutal parodia de andalita.> <Ax, no te lo habría pedido si no fuera tan importante> Ax me miró, sus fieros ojos de halcón brillantes <¿Importante para ti, Jake, o para el avance de la guerra?> No le contesté. Quería creer que era importante para ambos, pero mi cansado cerebro no podía ni formar las palabras para convencerme a mi, mucho menos a él. Ax se fue volando a su bosque, murmurando algo de rituales de limpieza. Yo volví a casa y relevé a Tobias. <Todo va bien, Gran Jake> dijo Tobias <¿Qué tal el plan? ¿Cómo os seguimos hasta las montañas?> <Nos vamos al mediodía. Se suponía que salíamos más pronto, pero mi padre tiene cosas que hacer por la mañana. Os veré en el granero de Cassie a las nueve para concretar planes.> <Ok. Nos vemos.> Tobias se fue volando. Nos íbamos a la cabaña de Granpa G en dos horas. Para cuando los otros se dieran cuenta de que no iba a reunirme con ellos en el granero, ya estaríamos lejos. Ya había terminado de usar a mis amigos en esta misión. Estaba cansado de las dudas de Marco y el honor de Ax e incluso de la cuidadosa simpatía de Cassie. Esto era mi familia. Mi hermano, el asesino. Mi padre, el objetivo. Y yo, el idiota que estaba en medio. Sólo nosotros tres. Si mi hermano Tom, en un desesperado y último intento de salvarse trataba de matar a mi padre, entonces me transformaría. Y la última cosa que mi hermano vería sería a mi, su hermano, su enemigo desconocido, saltar y destruirlo con el salvaje y brutal poder que yo controlaba. Me había dicho a mi mismo que haría lo que fuera que necesitara hacerse, y lo haría. De repente, necesitaba hablar con Cassie. Y quizás, cuando todo esto acabara, lo haría. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] Homer, nuestro perro, estaba ya en casa de Rachel, donde pasaría los próximos cuatro días siendo mimado y acariciado y jugando. Lástima que no pudiéramos cambiarnos el sitio. Y ahora mi padre, Tom y yo teníamos ocho aburridas horas de coche por delante. Tom se sentó delante con mi padre, callado y respondiendo con monosílabos a las preguntas forzadamente animadas de mi padre. Yo contesté unas cuantas, pero mi corazón no estaba del todo en ello, y tras unos quince kilómetros de intentarlo mi padre lo dejó. Me sentaba en el asiento de atrás, tenso, mirando a Tom, buscando algún signo de la falta de Kandrona. Nada. Igual se había alimentado la noche pasada, mientras buscaban a Chapman. Aunque no importaba, porque todavía estaría fuera de casa más de los tres días límites. Intenté imaginar mi vida sin Tom. Sin mi hermano mayor. Sería hijo único. Marco era hijo único; Cassie y Tobias también. Pero yo no lo era y no quería serlo. Salvar a Tom era la razón por la que había estado de acuerdo en ser un Animorph. Yo no quería nada de esto. Pero entonces averigüe que los yeerks habían cogido a Tom y lo habían hecho uno de los suyos. Fue por él que había aguantado aquella primera horrible transformación. Fue para salvarlo que había bajado al estanque yeerk, aquella inesperada casa de los horrores. No iba a ceder a Tom a los yeerks. Tenía que mantener viva esa esperanza. Pero tenía que mantener a mi padre vivo, también. El yeerk de la cabeza de Tom estaba luchando conmigo, aunque él no lo supiera. Éramos enemigos morales en un campo de batalla donde dos personas inocentes, mi hermano y mi padre, estaban directamente en nuestra línea de fuego. Tras dos horas, me dormí. Me desperté cuatro horas después cuando paramos en un área de descanso. Fuimos al baño. Devoramos hamburguesas tibias y patatas fritas rígidas y acartonadas. Volvimos a la carretera. Al fin, cuando ya estaba entumecido de los nervios y harto de estar sentado, mi padre giró el coche por una carretera escondida, de grava. -Casi hemos llegado.-dijo cansado. Me incorporé. Tom hizo lo mismo. Espeso bosque bordeaba la carretera, las ramas de los árboles parecía que intentaban alcanzar el coche. El aire más fresco, más limpio, y olí a tierra oscura y húmeda. Un ratón apareció en el borde de la carretera enfrente nuestra. Sin miedo, se sentó y miró como nos acercábamos lentamente. -¡Tseeeeer! – un halcón apareció de la nada y lo atrapó, llevándoselo. -La supervivencia del más apto.-murmuró Tom, su boca curvándose en una pequeña y secreta sonrisa. Miré su cabeza. Miré su oreja, queriendo imaginarme el asqueroso gusano gris que estaba en su cerebro. “¿Tienes un plan, yeerk? ¿Están los bosques llenos de aliados tuyos? ¿Están los Hork-Bajir esperando? ¿O los caza insectos encima nuestra, esperando la señal?” “¿O, cómo yo, estás planeando encargarte tu solo de esto?” “No intentes despacharme tu solo, yeerk. No ganarás.” “Supervivencia del más apto, yeerk.” -Al fin- dijo mi padre, suspirando y aparcando el coche.-Todos fuera. Mis botas crujieron escandalosamente en la grava y las agujas de pino. El sonido de las puertas del coche cerrándose fue a la vez alto e insignificante en la quietud del bosque. La cabaña del Grandpa G estaba en el medio de un pequeño claro con hierba rodeado de pinos altos y oscuros. Había un caminito bien hecho que iba desde la puerta de entrada hasta el muelle, abajo en el lago. Silencio. Entonces, mi madre y mis abuelos salieron de la cabaña. Fuimos abrazados y achuchados, alimentados y devueltos al porche para relajarnos. -Me pone triste pensar que Grandpa G ya no estará nunca más aquí.-dijo mi madre bajito, mirando como el sol se escondía en el lago.- Realmente le encantaba este sitio. -Recuerdo cuando volvió a casa de la guerra-musitó mi abuelo.-Era un hombre diferente. Dijo que no quería nada excepto paz después de haber visto tanto. -Alguna gente simplemente no puede soportar la realidad de la guerra, supongo-dijo Tom improvisadamente, ganándose miradas sorprendidas de mis padres y abuelos. -¿Y qué sabes tu de la guerra, Tom?-dijo mi abuelo desenfadadamente, como si intentara no demostrar el enfado que sentía.-No recuerdo haber oído nada de tu alistamiento. -Tienes razón-dijo Tom rápidamente.-Decir eso ha sido una cosa estúpida. Supongo que solo estaba pensando en Grandpa G pasando todo ese tiempo aquí solo. Todo el mundo se relajó y siguieron recordando cosas. Pero yo no. Yo solo estaba allí sentado y mirando y escuchando. No tenía ningún plan. Ningún plan excepto reaccionar cuando Tom hiciera algo. Estaba esperando, jugando a la defensiva otra vez. “Tu mueves, yeerk” [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] -¿Por qué no se puede hacer el funeral mañana?-dijo Tom más tarde aquella noche, cuando ya estábamos en la habitación del ático.-Quiero decir, domingo o lunes, ¿cual es la diferencia? -Grandpa G lo quiso así-contesté, mirando alrededor en el cuarto oscuro y pequeño.-Y además, mamá ha dicho que nunca entierran gente en domingo por aquí. Los domingos son para los velatorios, los lunes para los entierros. -Si, bueno, pues es estúpido.-dijo Tom, mirando como me arrodillaba enfrente de un viejo baúl.-¿qué haces? -Nada-dije, quitando un montón de libros viejos y polvorientos de encima de un pequeño cofre.-¿No te acuerdas de esto, Tom? Es la vieja caja de Grandpa G. Tom lo miró. Entonces miró más allá, por la habitación, buscando algo que hacer. Yo abrí la caja, lleno de una repentina urgencia. -¿Recuerdas cuando, no se, cuando yo tenía diez años o así? ¿Cuándo nos mostró su cantimplora y estas fotos de su unidad? -Quizás.-murmuró Tom. -Ellos no sabían donde iban a congelarse o morir o ser heridos. Eso es lo que dijo. Tom puso los ojos en blanco. Indiferente. “Perfectamente Tom”, pensé, casi admirado. El yeerk estaba manteniendo la ilusión. Haciendo su papel a la perfección. -En navidad, cuando estaban todos con nostalgia en sus trincheras, cantaban “Noche de Paz.” El enemigo la cantaba, también, en alemán. La oían a lo lejos. Ambos bandos echando de menos su hogar. Ambos bandos deseando que la guerra terminara. -Uh-huh. -¿Recuerdas como nos dijo todo esto, Tom?-presioné, queriendo hacerle admitir que lo recordaba. Queriendo, ridículamente, que el Tom real de dentro empujara lo bastante fuerte para emerger, solo por un minuto, y ser mi hermano totalmente humano otra vez. Tom suspiró.-Vagamente. No soy muy bueno con estas viejas historias de guerra. Levanté la pequeña caja y cogí las medallas del abuelo, su Estrella de Plata y su Corazón Púrpura.-Era un tío valiente. Creía en el honor. Todas esas cosas de las viejas pelis. Honor y coraje y tal. -Si, bueno, hace un millón de años de eso.-dijo Tom.- Honor y coraje no es lo que importa, no en el mundo real. Lo que importa es si ganas. Después de ganar entonces empiezas a hablar del honor y del coraje. Cuando estás en batalla haces lo que debes hacer. ¿Honor y coraje y todo eso? Eso son palabras que dices una vez has destruido al enemigo y a todo el que se meta en medio. -Te equivocas.-dije llanamente. Él puso los ojos en blanco, aburrido ahora.-Eres un niño.-vi como los ojos de Tom se estrechaban.-¿Qué es esto?.- Se acercó a la caja y levantó una vaina de cuero agrietada. De la funda sacó una daga. La hoja brilló ligeramente a la débil luz de la lámpara. Era una hoja larga, quizás unos 20 centímetros o así. De repente, el ático era cerrado y faltaba el aire. -Es alemana-musitó Tom examinándola. Grandpa G debe haberla cogido de un soldado muerto como souvenir. Guay. -¿Qué vas a hacer con ella?- pregunté. Tom movió su cabeza y me miró. -Quiero decir, no puedes cogerla-añadí rápidamente.-No es tuya. -Ey, tu te quedas con las medallas, yo con la daga, ¿vale?-dijo él. –Es perfecto. Tu puedes sentarte por aquí a pensar sobre el honor y la valentía y todo eso, y yo me quedo con el arma que hace el trabajo. A mí me parece justo. Mantuve mi expresión tan blanca como podía. Yo estaba, también, representando un papel. -No voy a coger nada hasta que hable con mamá y con la abuela.-dije, devolviendo cuidadosamente las medallas a la caja de terciopelo y esperando que Tom hiciera lo mismo con la daga. -¿Y bien?-dije.-Venga, tío, devuélvela. -Mamá y la abuela.-me imitó.-Todavía eres tan niño. Tu crees que todo es así de simple, ¿no? Que todo es o bueno o malo, blanco o negro. Un buen chico, un mal chico y nada en medio. “No, yeerk, no pienso eso. Ya no. Solía hacerlo. Pero he cruzado la línea; he hecho cosas en las que no puedo permitirme pensar. Lo sé todo sobre los matices del gris.” Dije,-A veces incluso los buenos chicos hacen cosas malas. Lo que no quiere decir que no haya diferencia entre bondad y maldad. -Bondad y maldad.-dijo él con una sonrisa cansada. –Fuertes y débiles. Esa es la realidad. Ganadores y perdedores. -El cuchillo, Tom.-dije. Lo devolvió a su sitio en la caja y la puse en su sitio. Apagó la luz. Nos metimos en nuestros respectivos bunkers. Nuestras trincheras separadas. [b]© 1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Tenía frío. Estaba congelándome. De noche. Mis pies eran sólidos bloques de hielo a pesar de los asquerosos trapos que me había atado alrededor de mis botas rasgadas. Mis dedos estaban entumecidos, rígidamente sujetando mi rifle M-1. Tenía un cargador y medio de munición. Una granada. Si los alemanes venían se acabaría rápido. No había comido caliente desde… ¿Había comido caliente alguna vez? ¿Había sentido nunca calor? ¿No había estado siempre en esta trinchera helada, este agujero negro cavado en la nieve? ¿No había vivido toda mi vida aquí al borde del oscuro bosque, temblando, tiritando, esperando oír el ruido de los disparos y explosiones, esperando oír el clank-clank-clank de los tanques? Día de Navidad. Feliz Navidad. Oí una tos rasposa de la siguiente trinchera. Matthews. Era de Arkansas. Alabama. Uno de esos sitios. Un chico del sur. Un niño, uno de los últimos reemplazos de nuestra unidad. -Eh, chico-dije en un susurro ronco.-¿Ganso o jamón? -¿Qué?-balbució entre toses. -En casa, que preparaba tu madre para al cena de Navidad? ¿Ganso o jamón? Por un momento no contestó. Entonces, -Jamón. -¿Si? Nosotros siempre teníamos ganso. Mi madre cocinaba un ganso. De una segunda trinchera, a mi derecha, una voz dijo: -No le hagas caso, chico. Sarge [NdeT: Diminutivo de sargento, supongo, asi que lo he dejado igual] no tiene madre. Creo que el chico rió. Difícil de decirlo con las toses. Neumonía, seguramente. Debería ser evacuado. Pero no evacuaban a nadie. La broma que circulaba era que incluso si te mataban te daban un permiso de tres días y volvías al frente. -Sarge-dijo él cuando la tos paró.-Sarge. -Si. -Tú escribirás la carta, ¿ok? Se que es trabajo del capitán, pero el no me conoce. Escribe la carta. Solo había una carta. La que informaría a la familia de Private Matthews de que había tenido una muerte honorable. Silbe algo rudo y obsceno. No podía dejarlo pensar de esa manera. Empiezas a pensar en que morirás, y quizás mueras. -Dile a mi madre que lo hice bien.-dijo el chico. -Díselo tú, no soy el US Mail.-le contesté. –Se lo contarás cuando vuelvas a casa. -Feliz Navidad.-dijo una voz amarga a mi derecha. Por un rato nadie habló. Escuchábamos si venían bombas y disparos. Escuchamos esperando a los tanques. Esperamos el crack de un rifle recortado y el grito de un hombre que moría. Pero entonces el aire frió y penetrante se llenó con el sonido de voces, desiguales al principio y cayendo al final en una armonía que endulzó la noche, llevándome de vuelta a mi casa con mi familia, llenando mi vacío y quejumbroso estómago y suavizando mi dolorido y estropeado corazón. -“Noche de Paz” -Noche de Amor-susurró Private Matthews, sonriendo. -Creo que oigo a los alemanes cantando, también-dije. -Los yeerks no cantan.-dijo Matthews. De repente el estaba en frente de mí. Él abrió los ojos y apretó los dientes. Y me clavó la daga alemana justo en el corazón. Mis ojos se abrieron. Oscuridad. Me senté, mi corazón acelerado. Miré hacia los lados. La otra cama estaba vacía. Estaba en la cabaña de Grandpa G. Compartiendo el cuarto del ático con mi hermano. Y era tarde. Demasiado tarde para que Tom estuviera levantado. Se me congeló la respiración en la garganta. Corrí y abrí la caja. La daga no estaba. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Salté de la cama. Me embutí un jersey y unos pantalones y salí de la habitación. Bajé las escaleras. La luz de la noche creaba un leve resplandor dorado. Ronquidos. Respiraciones profundas. Todo el mundo dormía. Me paré en el salón y miré al sofá cama. Mi madre estaba allí. Mi padre no. ¡Oh, no! ¿Era demasiado tarde? ¿Le había dado a Tom la oportunidad perfecta que estaba esperando? Abrí la puerta delantera. Creeee…. Me quedé quieto y aguanté la respiración. Nada. Me escurrí por la abertura y esperé en las sombras del porche. Escuchando. La brisa traía el sonido de voces. ¡Allí! Mi padre y Tom estaban sentados al final del muelle, hablando y balanceando los pies sobre el agua. Mi padre rió y abrazó a Tom por los hombros, rápida y espontáneamente. La camiseta de Tom se levantó por la parte de atrás. Revelando, por un momento, la brillante daga guardada en su bolsillo. Mi padre no se dio cuenta. Rió otra vez y quitó el brazo. Tom y mi padre, compartiendo una conversación privada en mitad de la noche. Tom, el traidor. Mi padre, el traicionado. No tenía ninguna duda de quien había instigado esto. Tom, disculpándose por su mal comportamiento. Queriendo hablar con mi padre de hombre a hombre. Mintiendo. Había sacado a mi padre fuera, donde nadie los oiría. Tom deslizó su mano detrás de él y cerró sus dedos alrededor de la daga. Estrechó su apretón alrededor del mango. Tenía que hacer algo. ¡Rápido! Salí del porche y corrí hacia la profundidad de la oscura línea de árboles, transformándome por el camino. No me importaba que una vez lo hubiera hecho, Tom sabría que yo era el enemigo. Y una vez lo supiera, no podía dejarlo vivo. Su acción, mi reacción. La adrenalina corría por mis venas. Ahogando el emergente pánico. Espeso pelo naranja y negro creció, extendiéndose por todo mi cuerpo. Mi nariz se ensanchó. Mis sentidos se aguzaron. ¡Olfato! ¡Oído! Visión nocturna casi tan buena como la de un búho. Podía oler a mi hermano, exultante. Estaba excitado, anticipando el asesinato. Los sentidos de un tigre. La fuerza de un tigre. Tom estaría impotente. ¿Un chico con un cuchillo contra un tigre? Como si intentas ir contra un tanque con una pistola de agua. Esperé mientras mi huesos crecían y se remodelaban en unas patas fuertes y musculosas. “¡De prisa!” grité en silencio, tambaleando mientras mis pies se ensanchaban y mis uñas se curvaban en garras mortales. Pero todavía estaba a medio camino del muelle cuando Tom sacó la daga brillante. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] ¡CRRRRAAACK! El sonido afilado resonó en la noche. Mi padre y Tom se miraron con shock cuando el muelle de madera tembló y se empezó a caer con un crujido. Ellos intentaron agarrarse, pero las maderas eran como un acordeón siendo chafado. El muelle entero estaba siendo aplastado por alguna gran fuerza. Tom y mi padre cayeron al agua. -¡Ey!-gritó mi padre, hundiéndose. Volvió a salir, jadeando, cogió aire y se volvió a hundir. Me paré quieto como un muerto en las sombras, sorprendido, alucinando, esperando a ver que pasaba. Mi padre nadaba como un pez. ¿Por qué estaba saliendo a la superficie y volviéndose a hundir todo el rato? -Glug- croó, apareciendo varios metros más allá del destrozado muelle y desapareciendo casi de inmediato. Era casi como si algo lo empujara hacia abajo y lo llevara lejos de Tom… Tom estaba histérico, chapoteando y nadando en el agua, sin intentar salvar a mi padre, solo intentando no perderlo de vista. ¿Por qué? ¿Para poderlo ver morir? ¿Para poder cogerlo y usar la daga? La rabia silenciosa rugía en mis oídos. Mi pelo se onduló, poniéndose de punta. Mi boca todavía humana se estrechó en un gruñido. Me moví de nuevo hacia ellos. -Gak.-barbotó mi padre, apareciendo otra vez diez metros más allá del muelle. Tom nadó en el agua, buscándolo. De repente, una aleta rompió la superficie del lago detrás de Tom. “¿Un tiburón?”pensé.”¿Un tiburón en un lago de montaña?” No, no era un tiburón. ¡Era un delfín! Antes de que me pudiera mover, la aleta se deslizo a través del agua y algo chocó contra la espalda de Tom. -¡Uuf!-se quejó Tom, sus ojos enormes de la sorpresa, y cayó hacia delante, flotando boca abajo en el ondulante lago. No se movió después de aquello. La aleta – no, había mas de una –, las aletas se sumergieron sin ruido. -¡Tom! -¿¡Tom, estás bien!?-gritó mi padre, trepando por la orilla. Se lo habían llevado unos veinte metros más allá por el lago, y ahora volvía abriéndose paso por el espeso y descuidado bosque del borde. Tom flotaba boca abajo sin moverse, en el agua. Mi padre nunca llegaría a tiempo para salvarlo. Yo podía hacerlo. Los tigres saben nadar. Podía salvarlo. Pero no me moví. Me congelé. Mi cerebro estaba bloqueado por la idea de que si Tom moría, sería libre, al fin. Que si el yeerk moría yo tendría mi venganza. Que estaría a salvo, más fuerte y más libre si el controlador llamado Tom moría y desaparecía. No sabía que hacer. <¡Jake! ¡Transfórmate!> ordenó una voz <Estás al descubierto. ¡Transfórmate!> Obedecí, contento de obedecer ordenes por una vez, en lugar de darlas. Aliviado de que otros tomaran la decisión por mi. Los otros me habían seguido a la cabaña. Me habían cubierto aunque yo había dicho que no. Habían quitado la decisión de mis manos. Di unos pasos adelante. Mis pies eran humanos de nuevo. Me levanté. Mi pelo había desaparecido. Tom se ahogaría a menos que lo salvara. Salvarlo todavía podía significar la muerte de mi padre. “¡Ayudadme!” quería gritar. “¡Decidme que hago!” El agua del lago estaba ondulada, con estelas. Y de repente el cuerpo inconsciente e inmóvil de Tom fue llevado por el agua como una tabla de surf, empujado rápidamente hacia la orilla. Corrí al borde del agua. Mi reflejo en las olas del lago, visible por la luz de la luna, era humano. Jadeando, arrastré el cuerpo de Tom a tierra. Le di la vuelta. El agua fluía por su cara quieta. Su pierna derecha estaba girada y enrollada en un ángulo enfermo, loco y nada natural. -Ayuda – dije, levantándome.-¡Ayuda! Tom gruñó y tosió. Giró la cabeza y vomitó borbotones de agua del lago. -No te muevas-balbuceé, intentando aguantarlo mientras vomitaba. Algo iba mal con su pierna. Había una curva donde no debía.-Creo que tienes la pierna rota. -¡Jake!-gritó mi padre, acercándose. Sus ropas estaban empapadas, rotas y arrugadas, y todo él estaba cubierto de un viscoso barro negro.- ¿Está Tom bien? -No- dije, moviendo la cabeza.-Sería mejor que alguien llamara a una ambulancia. ¡Rápido, papá! Mi padre corrió a la cabaña. Miré a Tom. Dentro de su cabeza había un asesino. Casi había matado a mi padre. Pero lo que vi, los ojos en los que miré, pertenecían a mi hermano mayor. Me senté en el barro a su lado. Su cara estaba blanca y tensa por el shock, sus ojos llenos de oscura agonía. Sus dientes estaban castañeando y las lagrimas se perdían en su pelo. -Vete de aquí, enano.-jadeó, retorciéndose.-¡Vete de aquí y déjame solo! -No,-dije acercándome más.-Yo… creo que no. Y no lo hice hasta que no oí un grave y repetitivo THWOK THWOK THWOK y un helicóptero médico se dejó caer del cielo estrellado y se llevó a Tom. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] -Ok, cariño. Tu también. Mi padre colgó el teléfono y suspiró. Se pasó una mano por el pelo desordenado, y entonces se giró para enfrentarse al mar de caras ansiosas. -¿Y bien?-pregunté. -Tu madre dice que han trasladado a Tom de vuelta al hospital de casa.-dijo mi padre, dejándose caer en una silla.-Parece que tenía un fractura compleja y nuestro hospital es el único del área equipado para tratar con algo así. -¿En serio?.-dije, no sorprendido del todo. Por supuesto: a casa otra vez. De vuelta donde estaría lleno de controladores alrededor para asegurarse de que Tom tendría pleno acceso a los salvadores rayos Kandrona del estanque yeerk. -Le duele un poco y guardará reposo durante un tiempo, pero al menos se pondrá bien.-dijo mi padre gravemente. Se acercó y me dio un abrazo.-Gracias a Dios que llegaste a tiempo para salvarlo, Jake. -Yo no lo salvé-dije.-Flotó hasta la orilla. Yo sólo lo saqué y lo aparté del agua. -Y lo salvaste-insistió mi padre.-He pasado mucho miedo esta noche, Jake. No quiero perderos a ninguno. -Yo tampoco.-dije. Y habíamos estado tan cerca. Una daga medio desenvainada. Un tigre corriendo. -Bueno, necesito una taza de café.-dijo mi padre. -Yo la haré.-dijo mi abuela. -Haz una para mi también, por favor.-pidió mi abuelo entonces. -Lo primero que haré mañana por la mañana será llamar a quien sea que construyó este muelle y le leeré la cartilla.-dijo mi padre.-Y entonces quiero hablar con alguien sobre la corriente o lo que fuera que me estiraba hacia abajo en ese lago. ¡Es peligroso! -Si. Um, mirad, ahora vuelvo, ¿vale?-dije yo.-Necesito algo de aire fresco. Salí fuera a la oscuridad. Estuve un momento un momento escuchando, pero fue inútil. El oído humano es tan limitado. Extendí las manos como diciendo “¿Bien?” <Por aquí, Jake>llamó Tobias desde un espeso grupo de árboles. Caminé hacia allí y me reuní con ellos en las sombras. Sin preguntar, me contaron como lo habían hecho. Como Tobias había permanecido de observador y había dado la alarma cuando Tom y mi padre salieron de la cabaña. Como Cassie se había transformado rápidamente en ballena y se había arrastrado por los escasos y aprisionantes seis metros de agua del lago para romper el muelle, rogando por no quedarse encallada antes de llegar. Cómo Rachel y Ax se habían transformado en delfines, golpeando a Tom y rompiéndole la pierna, y llevando a mi padre hasta que estuvo a salvo. Quería decirles mucho. Por ejemplo, que habían salvado a mi familia. Y a mi cordura. -Gracias.-dije. -Ey, no lo menciones.-dijo Rachel alegre.-De todos modos necesitábamos unas vacaciones. <Nos hemos dedicado a investigar esta decrépita estructura arquitectónica acribillada por los roedores y otras formas de vida salvaje> dijo Ax, girando una antena hacia el abandonado cobertizo de caza al otro lado del lago. <Descubrimos algunas arañas realmente grandes.> -Y ratas. No te olvides de las ratas.-dijo Cassie con una risa. <Personalmente, yo me lo he pasado bien.> opinó Tobias. -Eso es porque has comido como un cerdo.-dijo Rachel. Realmente lo estaban intentando. -¿Dónde está Marco?-dije. Cassie se encogió de hombros.-No sabía si querrías verlo ahora mismo. Pensó que quizás necesitabas un tiempo para calmarte o lo que fuera. -Vamos, Marco, sal. Marco salió a la vista de detrás de unos árboles. Se le veía un poco desconfiado. Lo cual, después de la manera en que lo había tratado, no era sorpresa. -Ey, Gran Jake. -Marco. Esto ha sido tu plan. -Bastante. -Si. Bueno. Gran plan. -Gracias. No podría haberlo hecho son los Chee.-dijo Marco, encogiéndose de hombros como si no fuera nada.-Ellos eran los que pilotaban el helicóptero e insistieron en llevarse a Tom a casa. Sin ellos, todo lo que tendríamos sería un niño con una pierna rota en medio del bosque. -Tom ya está en casa. Vivo. Mi padre está vivo. La crisis ha pasado. Debería haberlo pensado por mi mismo. Tom, herido, tenía la excusa perfecta para no venir. Debería haberlo visto. Marco se encogió de hombros otra vez.-Si, bueno… -Estaba demasiado metido en esto.-dije.-Tú tenías razón. Era algo demasiado cercano a mí como para ver las cosas claras. Marco no discutió. Tampoco me dio la razón. Creo que todos tenemos nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades. El punto fuerte de Marco es la habilidad de ver el camino a la meta, incluso cuando incluye no hacer caso de las consecuencias y los sentimientos y las bases de bien o mal. Él había visto la solución cuando a mi se me había escapado. Cogí el brazo de Marco y lo aparté de los otros. A donde no nos oyeran. -Eres mi mejor amigo, Marco. Si vuelves a decirme que se me está yendo la cabeza, que estoy demasiado involucrado, que no puedo liderar… -¿Me darás una patada en el culo?-me interrumpió con una sonrisita. -No. Escucharé. Te escucharé. Luego te daré una patada en el culo. Él río. Yo me reí. ¿Qué puedo decir? Marco y yo hemos sido amigos desde siempre. Empezamos a volver con los otros. Entonces yo me paré. -¿Marco? -¿Qué? -Este plan ha funcionado porque Tom salió y era vulnerable. ¿Qué habría pasado si no lo hacía? Marco no me miró. -Tenías que evitar que yo lo estropeara todo.-presioné.-Tenías que preservar la seguridad del grupo y mantenerme con vida. Estas eran tus prioridades. Él asintió. -Así que, ¿qué hubiera pasado si no hubieras llegado a tiempo? ¿Y si Tom mataba a mi padre? -Estaba muy claro, después de que pensara en ello, que si Tom mataba a tu padre te volverías loco. -dijo Marco fríamente.- Como un juego de ajedrez. Si Tom se “comía” a tu padre, tu te lo comerías a él. Habrías ido detrás de Tom exponiéndote y exponiéndonos. Game over. Así que no podíamos dejar que pasara. Tu padre tenía que sobrevivir para que tu sobrevivieras. La única pieza sacrificable era Tom. Pero si algo le iba a pasar a Tom tenía que parecer natural, no como si hubiera un Animorph envuelto en ello, y no como si tu hubieras estado envuelto. Tendría que hacerse con mucho cuidado. Asi que, si llegábamos a ese extremo… -No.-dije débilmente. Moví la cabeza. No quería saberlo. Por un momento ninguno de los dos dijo nada. Yo simplemente procesaba sus palabras. ¿Sabéis de lo que solíamos hablar antes Marco y yo? Sobre si Batman podría ganar a Spiderman. Sobre si Sega era mejor que Nintendo. Sobre si esa chica saldría con él o conmigo. Y ahora… -¿Qué somos ahora, Marco? ¿Qué nos ha pasado? No contestó. No esperaba que lo hiciera. Ambos sabíamos qué había pasado. -Mejor vuelvo dentro.-dije. -Sí. Y nosotros tenemos que volver a casa. Nos colamos en un camión de ganado para venir aquí. Esperamos algo menos perfumado para volver. Volví hacia la cabaña. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] Mi madre volvió al día siguiente. Era domingo, el día del velatorio de Grandpa-G; el lunes era el funeral. La Asociación local de Veteranos vino y trajo un corneta, que tocó una lenta y lúgubre Taps. Los otros viejos soldados quitaron la bandera Americana doblada de encima del casket y se la dieron a mi abuela, la hija de Grandpa G. Ella y aquel hombre curtido se miraron durante un largo y silencioso momento, como compartiendo un recuerdo, una vida de experiencias que solo ellos podían entender. Yo también la entendí, creo. Quizás no su guerra, sino la nuestra. Porque ahora éramos nosotros los que estábamos en la línea de batalla. Los que luchaban y sangraban, tenían éxito y fracasaban, ganaban y perdían. Nosotros éramos los que tenían pesadillas y almas envejecidas. Ahora sabía lo que había querido decir Grandpa G. Él solo había hablado de la guerra dos veces, al menos a mí. Una, cuando abrió su caja. Y la otra, aquel día, tiempo atrás, cuando estábamos sentados en el muelle. Cuando mi guerra acabe, si sobrevivo, probablemente tampoco hablaré mucho de ella. Tal y como van las cosas, con una vez bastaría. Cada uno dejó una rosa en el ataúd cuando nos íbamos. No fue un funeral muy grande, pero todo el mundo lloró. Yo con ellos. Cuando volvíamos a la cabaña llamamos al hospital y hablamos con Tom. Estaba bien. Todo volvía a la normalidad. Mi hermano todavía vivo. Igual que el enemigo de su interior. Había sido una batalla no decisiva. Nadie la había querido, nadie la había aprovechado. Todo el mundo había sufrido: Chapman, Ax, Tom, Marco, y un tío que sólo quería su plaza de parking. Y yo. Pero todos habíamos sobrevivido, y en la guerra cada vez que llegas a ver otro amanecer es una victoria. Mis viejos y yo volvimos a casa el martes. Me senté en el asiento delantero con mi padre mientras mi madre dormitaba en detrás. Mi padre me dejó elegir la emisora de radio y me dijo, sólo como diez millones de veces antes, que la música era mucho mejor “en sus tiempos”. Comimos hamburguesas y mamá nos dijo, sólo como diez millones de veces antes, que comíamos demasiadas grasas saturadas. Nos paramos para ver el “¡Ovillo más grande del mundo!”. Ya sabéis, excepto por todas los otros ovillos “más grandes del mundo” Cosas simples y pequeñas, pero cosas buenas. Hablamos sobre Grandpa G y sobre otras cosas. Cosas normales. El camino siempre parece más corto en la vuelta a casa. Tom había dejado caer la daga alemana en el agua cuando se cayó del muelle. Supuse que se habría hundido hasta el fondo del lago. Podría haberla recuperado, probablemente. No lo hice. Pero llevaba las medallas de Grandpa G en un bolsillo. Mi abuela me las había dado. Dijo que Grandpa G quería que yo las tuviese. Yo siempre había sabido que él fue un héroe en la guerra. Que tenía medallas y todo eso. Y me había preguntado porque no las ponía en una vitrina, mostrándoselas al mundo. Pero ahora era un poco más sabio. Las medallas no son tan simples para la gente que las gana. Cada vez que Grandpa G miraba a aquellas medallas, debía pensar en las cosas que habían pasado, en las cosas que había visto hacer a otros, en las cosa que él mismo había hecho. Sabía que él estaba orgulloso se haber sido valiente, orgulloso de haber hecho lo mejor para su pueblo. Pero también sabía porqué las medallas estaban en una bolsa, en una caja, en el ático, fuera de la vista. Quizás algún día habría medallas para aquellos que lucharon en la guerra contra los yeerks. Necesitaría comprarme una caja. [b]©1999 K.A. Applegate © 2005 de la traducción de Tam[/b]

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