#32 La separación

Sinopsis:

Rachel está dividida. Literalmente. Su nueva forma tiene la habilidad de regenerar sus extremidades, pero cuando Rachel vuelve a su forma humana hay un poco más de ella de lo que había cuando empezó. Una Rachel más, para ser exactos. Rachel es alguien a quien está bien tener cerca pero dos puede ser excesivo. Especialmente dos Rachels con personalidades completamente opuestas: una es patéticamente dócil mientras y la otra extremadamente agresiva y desagradable.

Ahora los Animorphs tienen que descubrir una manera de volver a juntar a Rachel. Porque si fuera por las ‘gemelas’, la Rachel buena se rendiría ante Visser Tres y la Rachel mala intentaría derrotarlo sola y sin ayuda. Y este doble problema puede ser dos veces más de lo que los Animorphs y Ax pueden soportar…

Datos del libro:

El libro tiene 34 capítulos que ocupan 158 páginas.

Narrador

Rachel siempre ha tenido dos personas dentro de ella: una adolescente guapísima obsesionada con las compras, mezclada con una fiera guerrera. La parte tranquila es una chica simple que rara vez da importancia a sus problemas, mientras que la parte más alocada es una adolescente que afronta los peligros y se enfrenta a sus miedos. Juntas, dan estabilidad y sitúan a Rachel como una de los miembros más importantes de los Animorphs. Por separado, sin embargo, son un grave problema.

Los Animorphs han descubierto un nuevo y peligroso experimento yeerk: quieren construir un rayo anti-transformaciones, un mecanismo que obliga a una criatura transformada a volver a su verdadera forma. Y eso es un grave contratiempo para los supuestos “bandidos andalitas”. Pero tienen un problema aún mayor. Un extraño accidente ha dividido a Rachel en dos personas: la Rachel Buena y la Rachel Mala. La Rachel Buena tiene la habilidad de hacer planes a largo plazo pero es una cobardica y se asusta de su propia sombra. La Rachel Mala es fuerte, pero odia obedecer órdenes y es muy imprudente. Los Animorphs tienen por delante una importante misión, pero nunca lo conseguirán si Rachel sigue así. ¿Podrán los Animorphs volver a juntar a Rachel? ¿O estarán condenados a aguantar para siempre a estas dos?

Nuevas palabras

Rayo anti-transformaciones: es un dispositivo creado por los yeerks que causa un inmediato regreso a su forma original a cualquier criatura que se encuentre transformada.

Instituto de Investigación de Consumidores: una compañía que prueba los productos del mercado y publica una revista. Ahora es una tapadera de los yeerks.

Transformaciones

Rachel se transforma en estrella de mar (36) para recuperar un pendiente. Es en esa forma cuando accidentalmente acaba partida en dos. Las habilidades regeneradoras de la estrella de mar, sin embargo, hacen que Rachel se convierta en dos personas independientes –lo que les causa muchos problemas al resto de Animorphs.

[b]Capítulo 1:[/b] Mi nombre es Rachel. Rachel sin apellidos. Rachel sin dirección. Sólo Rachel Hay un mundo inmenso y peligroso ahí fuera, chicos y chicas. Por lo menos mi mundo lo es. Leones, tigres y osos… y esos son sólo mis amigos. Era una broma. Lo siento, no soy muy buena con las bromas. Aquí va lo que necesitáis saber: la Tierra está siendo atacada. La Tierra está siendo invadida. Sí, por extraterrestres. Lo sé. Suena a ficción. Suena como algo que hubieras oído de la mujer majadera del final de la calle que lleva el carrito de la compra lleno de latas. Desearía tener una historia más creíble que contar pero todo lo que puedo hacer es decir la verdad. La verdad es que el [i]Homo sapiens[/i], los humanos, tú y yo, hemos sido elegidos como objetivo por una especie alienígena llamada Yeerks. Son una raza parasitaria. No son depredadores obsesionados con matar, matar, matar, que se ciernen sobre nuestras ciudades y se cargan la Estatua de la Libertad o algo parecido. Los Yeerks no nos quieren muertos. No quieren nuestro territorio ni nuestros recursos naturales. Tampoco quieren hacer una barbacoa con nuestros líderes. Lo que quieren, es a nosotros. No son más que babosas grises en su estado natural. Indefensos. Puedes calzarte unas zapatillas Timberland y pisotear un par de cientos por la acera. Excepto porque estos Yeerks no están contentos viviendo como gusanos. Infestan los cuerpos de huéspedes sanos, entran en su cerebro, envolviéndolo y adaptando su voluble cuerpo a cada hendidura. Controlan el cerebro. Completamente. Una vez que te tienen, cuando te han convertido en un controlador, no puedes dirigir tus ojos, o mover tus propios dedos, o controlar tu respiración. Estás en su poder. Es como estar totalmente paralizado, sólo que tus ojos siguen viendo, y tu boca sigue riendo, y tus manos pueden seguir agarrando para estrangular a alguien a quien quieres… Ellos están aquí. No son como E.T. No son agradables. Y nosotros, mis amigos y yo, somos las únicas personas que lo sabemos, y eso es todo lo que se interpone entre los Yeerks y la total conquista del mundo. Wow. Deprimente, ¿eh? Afortunadamente, no estamos desarmados. Los Yeerks no son los únicos extraterrestres con intereses en la Tierra. También están los Andalitas. Noche y día. Los malos y los no-malos. Puede que no todos los andalitas sean santos, pero uno de ellos, un guerrero llamado Elfangor, nos proporcionó la tecnología andalita que nos permite transformarnos. Adquirir el ADN de cualquier animal que toquemos y convertirnos luego en ese animal. La transformación: un poder rodeado de pesadillas. Y aún así, hay ocasiones en las que la transformación tiene innegables ventajas fuera de la lucha contra los Yeerks en los diferentes cuerpos de sus huéspedes. Estaba encima de unas rocas, unas rocas muy húmedas, al pie de un acantilado, cerca del agua. Al norte de la ciudad las playas daban lugar a grandes rocas y, a veces, a enormes acantilados, coronados de apartamentos y casas de millonarios. Esta sección particular de la línea de la orilla era pública. Había apartamentos más al sur, y mansiones hacia el norte, pero a lo largo de esa escasa media milla era simplemente naturaleza. Grandes estructuras rocosas plagadas de hoyos, y el agua deshaciéndose en espuma y empapándome con cada ola, y una fresca brisa estremeciendo mi piel de gallina. Era mejor que estar en el colegio. Quiero decir, ¿quién no prefiere una excursión antes que pasar otro día de clases aburridas? Pero definitivamente hacía demasiado fresco. Frío, cuando estabas empapado. Y además íbamos todos en mallas y camisetas, supuestamente preparados para identificar “la rica y fascinante vida de la marea”. Por supuesto, lo que en realidad estaba pasando era que a penas tres personas estaban estudiando la fauna de la marea –incluyendo a mi mejor amiga, Cassie- mientras la mayoría de los chicos saltaba por las rocas, y la mayoría de las chicas se paseaba en grupos de tres o cuatro, y todos los profesores y sus ayudantes se pasaban el rato gritando a los chicos y reprendiendo a las chicas y, de vez en cuando, chillando algo sobre los equinodermos. Una excursión normal. Me separé de los otros. No me va mucho lo del cotilleo. Perdona, pero el “¿Que él ha dicho, [i]qué[/i]? Oh. Dios. ¡Hala! ¡No puede ser!” no está hecho para mí. Y saltar de roca en roca con los chicos, que juegan secretamente a que son superhéroes en su imaginación, tampoco me va. Ya practico bastante ese juego de los saltos. A veces hay gritos y sangre. Y heridas: en ti y en los demás. Y después vienen las pesadillas. Muy pronto vendrán más. Nuestros aliados androides los Chee nos han informado de que los Yeerks están trabajando en un arma secreta: un Rayo Anti-Transformaciones. No sabemos lo suficiente aún para lanzarnos al ataque. Sino atacaríamos. Y entonces habría saltos y gritos y sangre. Y las pesadillas. En fin. Me separé de los otros. A ninguno le importó. Se sienten mejor cuando me voy. Ellos no son conscientes de por qué se alegran cuando yo no estoy cerca, pero lo hacen. Me pregunté si es que yo despedía malas vibraciones, como dice mi madre. Una vez sola, no fue tan malo. Me gusta el sonido de las olas cuando rompen. Y aunque hacía frío, me atraía la crudeza del paisaje. La vida ahí abajo en las rocas era efímera. Tenías el océano, esa cosa viviente que encierra a todo el planeta, avanzando implacable hacia la tierra, comiéndosela, un mordisco tras otro paciente mordisco. Y las rocas no eran más que las migas que caían de la boca de Mamá Océano. Pero ahí, en esas migas, en esas rocas que pronto serían convertidas en arena, había cientos de criaturas vivas. Universos enteros contenidos en 500 gramos de agua de mar, resguardados en la axila de una roca. Me arrodillé para mirar en uno de esos recodos. Era más profundo que los otros. Bajaba hasta la grieta en la roca, hasta la oscuridad. [i]¿Qué clase de hombre del pantano vive ahí?[/i] Me pregunté. Había una estrella de mar pegada a la pared de la roca. Podría haber sido una de esas cosas muertas y disecadas que ves en las tiendas de souvenirs de los paseos marítimos. Entonces se movió. Me hizo gracia. Era como si me hubiera leído el pensamiento y quisiera decir “Hey, aún no estoy muerta, chiquilla”. ¡Plop! Lo oí. Intenté un rápido y desesperado intento por agarrarlo. Lo había perdido. El pendiente que había caído de mi oreja se hundió rápidamente fuera de mi vista. “¡Oh, mierda!” me lamenté. Me quité el otro pendiente. Lo miré y gruñí otra vez. Sí, era el pendiente de oro que mi padre me compró en mi último cumpleaños. Los había traído de un viaje a Portugal. Lo que significaba que no iba a poder sustituirlos por ningunos otros del centro comercial. Irritada, le di un patada a un saliente de la roca. Fue una mala idea. Iba descalza. Ahora estaba realmente furiosa. Furiosa por estar en una estúpida excursión. Furiosa por haber perdido el pendiente. Furiosa con mi padre por ningún motivo más que el de saber que esperaba verme llevándolo en nuestro próximo encuentro de fin de semana. Quería el pendiente y no me iba a conformar con lamentarme por él. Cuando estoy furiosa, tomo una determinación. Cuando estoy furiosa, hago algo. No siempre algo inteligente. “Tú”, exclamé, mirando a la estrella de mar. “Ya puedes devolvérmelo”, dije mientras me quitaba la ropa y me quedaba en leotardos. Me agaché y toqué la estrella de mar y la sentí convertirse en una parte de mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Me levanté. Miré a mi alrededor. A menos de diez pasos estaba ese chico llamado Bailey. No sé si es su nombre o su apellido. “¿Qué quieres?” le pregunté. “Nada”, se encogió de hombros. Le lancé una mirada feroz. Él se sonrojó. “Se te ve bien, Rachel” “¿Qué?” “Los leotardos y eso. Te sientan bien” Llevaba el uniforme de las transformaciones. Estaba bien para una excursión por las rocas. “Por supuesto que me sientan bien”, le corté. “Casi todo me sienta bien. ¿Tienes algo más que decir?” Supuse que eso lo espantaría. Se encogió de hombros. “Te queda bien”, repitió. “Te queda muy bien”. “Creo que eso ya lo has dicho”, dije. “Ahora lárgate” “¡Eres una engreída!” “Sí, es verdad, lo soy. Ahora conoces la diferencia entre una cara bonita y una personalidad agradable.” Se marchó. Esperé hasta que volvió con su grupo de amigos. Eché un vistazo en la otra dirección a lo largo de la línea de la playa. Una familia con dos niños, dos chicos pequeños. Venían en mi dirección pero tenía tiempo para transformarme antes de que se acercaran. Empecé a cambiar. Primero me encogí. Cada vez más y más pequeña. Los recodos y las charcas de agua subían rápidamente hacia mí. Una ducha de espuma me golpeó y de pronto ya no era refrescante, sino espeluznante. La fuerza del agua casi me hace caer. Lo cual era más sencillo desde que mis pies habían desaparecido. Mis muslos se hicieron más gruesos. Mis brazos también, formando una especie de conos regordetes. Brazo, brazo, pierna, pierna. Y ahora venía la parte más desagradable: mi cabeza se estaba transformando para convertirse en la quinta pierna. Resulta que las estrellas de mar no tienen lo que se dice una cabeza. Tienen una boca más o menos en el medio, un manojo de pequeños pies ondulados que parecen ventosas, y las cinco grandes piernas con forma de cono. Eso es todo para una estrella de mar. Una cucaracha, en comparación, es un modelo de sofisticado diseño. Me volví ciega. Totalmente. No tenía ojos. Se me ocurrió preguntarme cómo esperaba exactamente encontrar un pendiente cuando ni siquiera podía ver, pero supuse que la estrella de mar tendría otros sentidos compensatorios. No. En realidad no. Podía sentir. Tenía algún tipo de olfato. Podía pasearse con sus pequeños pies múltiples. Si ocurriera, más bien por accidente, que nadara hacia algo sabroso, creo que podría comerlo. Pero aquello era demasiado para la estrella de mar. [i]Bien[/i], me dije, [i]tengo que encontrar el pendiente como sea.[/i] Puse en marcha mis muchos pies diminutos. Hacia abajo, abajo, deslizándome hacia abajo por la húmeda roca. <Vale, esto es estúpido. Una forma extraña en un agujero en la roca. No es tu movimiento más brillante, Rachel.> Entonces mis patas –una de ellas, mejor dicho- tocó algo delgado y duro y redondo. ¡Increíble! Había tropezado con el pendiente. Me llevó otros diez minutos mover mi inútil y pequeña boca para coger el pendiente. Me dirigí otra vez hacia arriba. Al menos, deseé que eso fuera ‘arriba’. Subí hasta el borde del recodo, hacia la relativa sequedad. Concentré mi mente en la transformación y comencé a — ¡WHAM! Algo me golpeó. Me golpeó bien fuerte. La estrella de mar no tenía nada semejante a receptores de dolor pero aún así yo sabía, la estrella de mar sabía, en el fondo, que esa había sido una herida muy muy mala. Intenté averiguar que pasaba. Pero lo único que sabía con seguridad era esto: antes podía contar cinco piernas de estrella de mar. Ahora sólo podía contar hasta dos. ¡Me habían cortado por la mitad! <¡Aaaaahhhh!> grité. Pánico, un pánico ciego me sacudió. ¡Me habían cortado por la mitad! Iba a morir. ¡Iba a morir! No había nada que… Pero aún estaba viva. [i]¡Transfórmate![/i] Eso era. Sí. Volver a mi forma humana. Sí, sí, volver. ¡Oh, Dios! ¡Me habían dado un tajo por la mitad! Me concentré. Me concentré en mi imagen, en mi verdadero yo. [i]Transfórmate, Rachel. ¡Transfórmate y vive![/i] Empecé a cambiar. ¡Ojos! ¡Podía ver! Rocas, rodeándome. Pero el cielo se veía en lo alto. ¡El cielo azul y las nubes blancas y mullidas! ¡Podía ver! Pequeños ojos azules sobresalían de la pierna de una estrella de mar. Continué transformándome. Me arrastré hacia arriba, pulgada a pulgada, y eché una ojeada cuidadosamente sobre el borde de la roca. Media estrella de mar permanecía sin cambiar en el recodo. Dos piernas y un trozo de la tercera. Y un pendiente. Divisé una imagen de la familia, la de los dos chicos. Uno de ellos tenía un palo. Y una pala de acero nueva y reluciente. Él era quien me había cortado. Él era el que casi me mata. “¡Lo mato!” dije. “¡Lo mato! ¡Voy a matar al pequeño gusano asqueroso!” ¡Me transformo en oso pardo y lo hago pedazos! No. No. Al niño no. ¡A Bailey! Fue culpa suya. Él me había retrasado, sino todo habría salido perfectamente. Me levanté. “¡Bailey!” grité contra las olas batientes, sacudiendo mis puños cerrados con furia. “¡Te mataré! ¡Te mataré! ¡Te voy a asesinar!” Él no oyó nada, claro, por el estruendo de las olas. Mejor así. Se me ocurrió que matar a Bailey probablemente sería una exageración. Pero así le enseñaría una lección. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] Terminé de cambiar a mi forma humana. Había sido una experiencia terrorífica, espantosa. Pero la alternativa era aún peor. ¡Volví a mi forma humana en un estado de total y absoluto pánico! Ni siquiera pensaba, sólo me dedicaba a gritar dentro de mi mente, a gritar y a rogar por que se acabara. Ascendí por las rocas, agradecida de ser completamente humana, aliviada. Vi a los otros a lo lejos. Divisé a una chica rubia, corriendo. Pero no la reconocí. ¿Me habría visto? ¡El pendiente! Ahí estaba, entre los dedos de mis pies. Oh, bien. Después de todo, era un pendiente precioso. No como la mayoría de las cosas que te compran tus padres. Ya conoces a los padres. ¿A que sí? En fin… Corrí hacia donde estaban los otros. Necesitaba estar con otras personas. Necesitaba tener a mi alrededor voces y caras familiares. ¡Estaba tan asustada! Aún temblaba. Creo que iba a estar temblando para siempre. ¿Estaba loca? ¿Por qué había hecho algo tan descabellado como transformarme en una estrella de mar? Y… ¿Y por qué había sido tan mezquina con Bailey? Lo único que pretendía era hacerme un cumplido. Él sólo quería decir que pensaba que yo era guapa; ¿por qué había sido tan maleducada y presumida? Después tendría que encontrar el momento y la forma de disculparme. Quizá si saliera un día con él— Oh, espera. No. Eso haría daño a Tobias. Seguro. Se suponía que iría a volar con Tobias después de la escuela. Lo hacemos a menudo, yo y Tobias. Tobias es un nothlit. Es una palabra andalita para la persona que se queda en una forma pasado el límite de dos horas. Ahora Tobias estaba atrapado en el cuerpo de un ratonero de cola roja. Son unos pájaros con aspecto amenazador. Bueno, él es un chico en realidad. Un chico muy dulce. Como Bailey. Es sólo que a Bailey se le puede besar, ¿no? Sí. Podría. Estaría bien. También estaría bien besar a Tobias. Si estuviera en su forma humana. Los dos eran guapos. Los dos eran monos. Dulces. Tiernos. Cariñosos. Todas esas cualidades. Pero Tobias mata ratones y se los come. Lo cual ya no es tan dulce, la verdad. Oh, bueno. “¿Estás bien, Rachel?” me preguntó una chica llamada Dahlia. “¡Oh! ¿Se me nota?” le pregunté, tapándome la cara con las manos. “Olvídalo”, dijo Dahlia, con aspecto disgustado. “¿Por qué intento ser amable contigo? Todo lo que consigo es sarcasmo.” “Oh, Dahlia,” dije, acercándome a ella. “Siento que pienses eso. ¡De verdad! Quiero que seamos amigas. De verdad, en serio.” Dahlia hizo una mueca. “Ya ves, siempre has sido igual de engreída, Rachel, pero últimamente te comportas como una auténtica bruja”. Se volvió y sentí como caían cálidas lágrimas de mis ojos. ¿Por qué decía eso de mí? Estaba siendo sincera. Realmente quería que fuéramos amigas. Volvimos andando hacia el autobús. Chico, ¡no había mejor forma de recibirme después de todo lo que había pasado! Subí y me dirigí a mi asiento. Mis zapatos estaban debajo. La ropa en mi mochila. Me puse un suéter por encima. Desearía que hubiera cinturones de seguridad en los autobuses, ¿tú no? “Ese suéter es muy bonito”, dijo una chica que se llamaba Elizabeth. Estaba sentada a mi lado. “Gracias. Lo compré en Abercrombie. Estaba en rebajas. Cuarenta y dos con cincuenta rebajado a veintisiete con noventa y cinco.” “¡No puede ser! ¿Vas al centro comercial después de la escuela?” Vale, debía ir a encontrarme con Tobias después de la escuela. Eso era lo que debía hacer. Lo había prometido. Sólo que… ¿Quería estar con Tobias? ¿O quería irme de compras? ¿Vendría Cassie de compras conmigo? A ella no le gusta mucho comprar. Pero debería venir. Podría preguntárselo. ¿Pero que haría con Elizabeth? Ella ya me había pedido que la acompañara. Lo que pasa es que no me gustaba mucho Elizabeth, pero sí me gustaba Cassie. Sólo que Cassie no querría venir de compras. ¡Y Tobias! Se pondría tan triste si yo no apareciera. Pero si apareciera, él querría que me transformara y eso, y es tan espeluznante, volar, elevarse en el aire sin nada que te coja — ¡oh, Dios! ¡No puedo creer que lo haya hecho tantas veces! “¿Y bien?” me preguntó Elizabeth. “¿Qué?”, le pregunté. Ella gruñó. “Olvídalo”. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de XXXXXX[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Había quedado con Tobias en su pradera. Me vio venir y bajó en picado desde el cielo, fiero, salvaje, como alguna especie de belleza peligrosa. <Hola, Rachel. ¿Has oído algo de Jake sobre la misión?> “No he visto a Jake. No te preocupes, hablará con nosotros cuando haya que ocuparse de alguna matanza. ¡Ja! ¡Rayo Anti-Transformaciones! Hay que admirar a los Yeerks: nunca paran de intentarlo. ¡Nunca cesan en sus intentos de derrotarnos! Ahora, ¡vamos a volar!” Empecé a transformarme. Mi forma de ave de presa es el águila calva. No está mal. Nada comparado con los halcones, pero las águilas son más grandes, más peligrosas. Estoy segura de que si Tobias pudiera hacerlo otra vez, se quedaría atrapado en un águila. La parte mala de transformarse en un águila es el tamaño. Te haces pequeño. Muy pequeño, y tu primer pensamiento es, ¡[i]Hey, cuanto más pequeño más débil y yo no quiero ser débil de ningún manera[/i]! Pero entonces sientes que tus labios humanos, débiles e inútiles, se endurecen y sobresalen más y más, formando el terrible, amarillo, curvado, desgarrador, violento pico del águila, y piensas, [i]¡Hah! ¡Pequeño, sí, pero no débil![/i] Ves el contorno de las plumas según se dibujan sobre tu carne, y sientes un extraño y distante picor cuando esas plumas se hacen tridimensionales. Tus huesos se vacían y se encogen, tus brazos se enroscan y giran, tu interior se disuelve y se derrite y se transforma en órganos no humanos. Tus pies, tus mullidos, rechonchos, inútiles pies humanos se derriten como cera y se endurecen formando las garras. A pesar de lo extraordinario del pico del águila, los garras son sus verdaderas armas. Tan poderosas que pueden agarrar y sostener un cordero pequeño. Pueden arrebatar y apretar y penetrar carne y órganos y cráneo y cerebro. ¡Ojos que pueden ver una mosca revoloteando en la espalda de un conejo desde cuarenta y cinco kilómetros! ¡Oídos que pueden escuchar el estornudo de un ratón! ¡Reflejos como el rayo! Una criatura extraordinaria. Un depredador natural. ¡La rapaz! ¡El asesino del cielo! Me pregunté si podría vencer a Tobias en una pelea en el aire. Él podía maniobrar mejor y tenía más experiencia. Pero yo poseía la fuerza bruta. Bueno, quizá otro día. Tobias era un auténtico guerrero. El tipo de chico adecuado para mí. Alguien que entendía que— <¿Preparada?> preguntó Tobias. <Vamos, con este sol hay buenas corrientes de aire cálido sobre la autopista.> Agité mis alas. Me volví para aprovechar una ligera corriente. Mis alas se hincharon y remonté el vuelo. Nos dirigimos hacia arriba, arriba y arriba. ¡Tobias tenía razón! Las corrientes cálidas de la autopista, el calor hirviendo el asfalto cocido y la carrocería de los coches era como un ascensor bajo nuestras alas. ¡Arriba y arriba! ¡Éramos dioses! ¡Podíamos haber volado hasta el sol! Los humanos en sus coches eran enclenques, fláccidos, miserables, criaturas limitadas, muy por debajo de nosotros. Un cuarto de milla más arriba había una deliciosa y estupenda brisa que solíamos usar para dispararnos, para pasar zumbando sobre las fábricas y los muchos parkings, sobre las praderas y los arroyos y los bosques. Entonces… Muy por debajo, tan lejos que ningún humano podría haberlo visto, un banco de peces, rápidos y plateados, en un riachuelo decorado con guirnaldas de agua blanca. Solté aire, junté mis alas, y me lancé. ¡La velocidad! ¡La emoción! Era un águila comportándome como un águila. ¡Puro rapaz! ¡Puro éxtasis! Me sobrevino como una idea genial. <¡Tobias!>, grité. <¡Puro rapaz! ¡Puro éxtasis! ¡Ah HAH!> <Rachel, ¿qué estás haciendo?> Abajo, abajo, abajo, tan rápido que el viento formaba un huracán bajo mis alas. A continuación disminuí un poco la velocidad, usé mi cola para equilibrarme, para cambiar mi trayectoria según escogía una única, particular víctima. Mis ojos de águila, adaptados de forma natural para ver bajo el agua, filtrando la luz, lo veían todo: seis peces, seis truchas, todas ignorantes, y una, la que yo escogiera, ¡moriría! ¡Tú! ¡Tu no vivirás para perseguir el anzuelo de un pescador! ¡Te he elegido para que mueras! Rastreé con mis garras. Abrí mis alas. ¡Splash! De repente, la encantadora sensación de mis garras agarrando con firmeza el frío pez. ¡Quieto! Apreté y mis garras se hundieron más. El pez, reconociendo su destino sólo ahora, se retorcía. ¡Inútil! ¡Yo soy el águila! ¡No puedes resistirte! Batí las alas, cargando a la espasmódica criatura sobre el banco de peces. Aterricé en una roca plana. Me sostenía con una garra y agarraba a mi víctima con la otra. Miré dentro de esos estúpidos, horrorizados ojos, y con mi pico como cuchillas, lo abrí en canal. Las escamas se soltaron. Los intestinos del pez se derramaron. Enterré mi pico, por encima de los ojos, en la fría y retorcida carne. Sentí su corazón aún latiendo. Me comí el pescado, rasgando grandes pedazos y engulléndolos. <¡Rachel! ¿Qué estás haciendo? ¿Has perdido el control de tu forma?> <¿Que qué estoy haciendo? Me estoy comiendo este pescado. ¡Es mío! ¡Vete! Es mi pieza! ¡MI pieza!> Me comí el corazón. Sólo entonces dejó de latir. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] “¡Oh, ese conjunto es tan mono!” dije. “Uh-huh,” asintió Cassie sin ningún entusiasmo. Cassie es mi mejor amiga en el mundo entero. Pero no sabe nada de ropa o compras. A ver, yo la adoro, pero la chica viste como alguien que tuviera que llevar un cinturón de herramientas y decir “¿Te arreglo el escape del grifo o lo que sea?” A mí me encanta comprar. Tengo talento para ello. ¿Sabes el don que tenía Mozart para la música y Shakespeare para la literatura? ¿O lo que hace que Will Smith sea tan guapo? Eso es lo que pasa conmigo y las compras. Ya había trazado un plan: las rebajas en Abercrombie y Fitch, una rápida parada en Zapatos para Señoras Locker, tomamos la derecha hacia el almacén de stock donde ofrecían un 20 por ciento de descuento, damos la vuelta pasando por Body Shop, The Limited, y finalmente rematamos con las galletas saladas de Tía Annie, nada de mantequilla, todo sal. Ya había imaginado lo que decirle a Tobias para disculparme. Tenía un deber con Tobias, me daba cuenta. Pero las compras eran más una diversión que una obligación. “¡Treinta por ciento de descuento!” exclamé con placer. “¡Oh! ¿Tendrán mi talla? Sería tan, tan genial que la tuvieran. ¡Sería perfecto!” “Sí, estaría así así con la cura contra el cáncer”, bromeó Cassie. “¡Deberías mirar algo de tu talla!” dije. “Sólo que no podríamos llevarlo puesto el mismo día, así que tendríamos que llamarnos siempre la noche anterior para comprobarlo con la otra. Y si quieres ponértelo, bueno, si yo no quiero llevarlo, entonces vale. Sólo que ¿y si quiero ponérmelo al día siguiente? En tal caso sería como ‘Hey, escuchad todos, Rachel se ha puesto lo que llevaba Cassie ayer.’ Así que— ” “¿Rachel?” “¿Sí?” “¿Estás bien?” “¿Por qué me preguntas si estoy bien?” “Porque te estás comportando —“ “¿Crees que Tobias se pondrá triste porque no he ido a volar con él?” pregunté. “Me siento mal”. “Bueno, ¿por qué no—?” “¡Oh, mira! ¡Mira! ¡No, no mires ahora! ¡Vale, mira! ¡Es el chico de la tienda de CDs! ¡Es taaaaaaan mono!” De repente, mientas caminaba por los escaparates circulares, rocé a alguien. “Oh, lo siento” “¿Que lo sientes?” Era una chica que no conocía. Bastante alta. Más alta que yo, en cualquier caso. Y tenía esa mirada furiosa. Me miró de arriba a abajo. Como si no le gustara mi aspecto. Me asusté. Tragué saliva. “Fuera de mi camino, cabeza de chorlito,” dijo cortante. Cassie se abalanzó sobre mí y puso su mano en mi brazo. “Rachel, déjalo correr”. La chica soltó una carcajada. “Sí, Rachel, déjalo. Lárgate de mi camino antes de que patee tu culo flaco, cursi, de rubita cabeza-de-chorlito que se arrastra por el centro comercial.” “Rachel,” me advirtió Cassie, “déjalo. No hace falta darle una lección por eso.” Sentí que empezaba a llorar. Me mordí el labio. “P-p-p-perdona,” dije a la malvada abusona. Me volví y salí corriendo. Escondí la cara entre mis manos y corrí. “¿Qué es lo que…?” dijo Cassie. “Tú también, Chica de Granja”, oí que la abusona le decía a Cassie. Paré de correr cuando encontré un banco fuera de Baby Gap. Simplemente me senté ahí, paralizada, tratando de recuperar la calma. Cassie vino corriendo. Es mi mejor amiga. Sabía que hablaría conmigo y sería amable y me haría sentir mejor. La miré a los ojos a través de las lágrimas borrosas. Ella se quedó ahí plantada, con las manos en las caderas y una expresión desconcertada en su cara, y bajó la mirada hacia mí. “Vale,” dijo, “¿qué has hecho con Rachel?” [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Odio el centro comercial. No sé cómo antes podía pensar que me gustaba. Debe ser una de esas cosas de las que te despiertas un día sin más, se te caen las vendas de los ojos, y contemplas La Verdad: el centro comercial es una mierda. Veamos, si alguna vez tienes interés en sentir desprecio por tu prójimo, ve al centro comercial. Mugen como ganado, hechos un lío, como una manada. ¡Cómo ovejas! Momias cansadas con cara de atontadas, machacando el espíritu indómito y salvaje de sus hijos; pre-adolescentes de expresión estúpida cubiertos de acné; esposas-trofeo de tacones altos arrastrando a sus maridos gordos, clavos, hinchados. Qué espectáculo tan asqueroso. ¿Y todo para qué? ¡Para comprar, comprar, comprar! Las compras: el deporte de los descerebrados. ¿Pero qué podía hacer? Tenía que solucionar el problema de la ropa. ¡Vamos, estaba patética! Después de volar con Tobias y después de que se pusiera super raro, me volví a casa. Había dejado mi ropa en el autobús al largarme de esa estúpida excursión. Bueno, llego a casa, ¿y qué encuentro en mi armario? ¡Ropa de chica! Sí, sí, soy una chica. Pero me refiero a que toda mi ropa era tan chillona, tan cursi, tan de ‘niña buena’. Nunca antes había pensado en eso. Quiero decir que yo compré esa estúpida ropa, ¿vale? ¡Pero era una basura! Necesitaba algo un poco más imponente, tío. Necesitaba algo de cuero, sí, algo de cuero negro. Eso era. Cuero. Intenté pensar qué hacer. Vale, sabía que tenía que ir al centro comercial, pero era complicado. Al principio, no sabía cómo llegar. Y luego, cuando ya estaba allí, no sabía a dónde ir. Demasiadas tiendas. Intenté pensar, ya sabes, concentrarme, pero era agobiante. ¡Agobiante porque era muy estúpido! Por eso. ¡Porque era estúpido! Me abrí paso a empujones entre una odiosa pareja emocionada babeando porque su niño ya andaba. Gran logro, podía andar. “¡Hey! ¡Ten un poco de cuidado, por favor!” “Ten cuidado tú, viejo,” repliqué amablemente. “Mi hijo está intentando andar,” dijo la mujer. “Sí, y con tu ADN en él, ese será probablemente su mayor logro,” dije tolerante. Pasaba a empujones. Vi a Cassie justo en frente y reduje la marcha. No la necesitaba en aquel momento. Cassie está bien, pero tío, tiene la habilidad de complicar hasta las cosas más simples. ¿Sabes lo que quiero decir? Bueno, la vida es bastante simple, ¿no? El fuerte se come al débil. Así funciona. Sin complicaciones. Cassie corría hacia Baby Gap. Genial, probablemente se encontraría con los orgullosos mamá y papá y el asombroso niño babeante. Corté por Williams-Sonoma, la tienda de cocina, para evitar que Cassie me viera. No sabía por qué, sólo que no quería que se enganchara a mí. Así que, bueno, me metí en Williams-Sonoma, ¿y qué veo? ¡Cuchillos! ¡Muchos cuchillos! Estaban en un escaparate, cubiertos con plástico, y en un mostrador en el que un puñado de ellos estaban dispuestos en línea. Bien, me gustan los cuchillos. ¿Cómo podrían no gustarte los cuchillos? “Aww, es la llorona,” dijo alguien. Una chica. Pasé por su lado dándole un empujón. Me agarró del brazo. Fue un error. Yo le sonreí. “Suéltame, repugnante, pútrida, bola de sebo asquerosa,” dije. Estaba siendo amable. Le estaba dando una oportunidad. “¿Qué vas a hacer, pequeña muñeca de catálogo? Echarte a llorar y—” Mi mano derecha salió disparada hacia su garganta. Ella saltó hacia atrás. Le di una patada con el pie izquierdo y la agarré bien fuerte. Chilló. Un sonido agradable. La golpeé contra la pared, de espaldas, y la estrellé de nuevo contra el escaparate de los cuchillos. El cuchillo de cocinero de 12 pulgadas estaba en mi mano. Hundirlo en su corazón sería demasiado fácil. Pero ya sabes, por alguna razón me gustaba esa chica. Me recordaba a mí. La agarré de la sudadera. ¡Thunk! Hundí el cuchillo. Tembló, clavado en el mostrador de madera. La había dejado atrapada. Y asustada, también. La volví a agarrar de la camiseta y… ¡Thunk! El cuchillo de deshuesar atravesó la sudadera. ¡Thunk! El cuchillo del pan. ¡Thunk! El cuchillo de siete pulgadas. Naturalmente, no paraba de gritar mientras yo lo hacía. “¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh!” Cogí el cuchillo de carnicero. Lo levanté en el aire, como si fuera a clavárselo en la cabeza. Entonces, empecé a reír. Lo apreté contra su cuello, lo aparté y lo volví a acercar mientras ella se agitaba y temblaba. “Me caes bien,” le dije. “De verdad. Podemos ser amigas. Pero vigila con quién te metes.” Y me marché, deslizándome tras los guardas de seguridad que se precipitaban hacia el interior de la tienda. Quizá el centro comercial no fuera tan malo después de todo. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] El granero de Cassie. He estado ahí cientos de veces. Pero ahora parecía diferente. Daba miedo. Quiero decir que, bueno, está lleno de animales. Animales salvajes. Gansos. Mapaches. Zorros. Ardillas. Vale, ya sé que las ardillas no dan miedo, pero a veces tienen la rabia. Está oscuro ahí dentro. Hay luz, pero también sombras. Sombras siniestras. Especialmente de noche. Que no era el caso. Era de día. A media tarde. ¿O algo después? ¿Cuándo se hace tarde por la tarde? Me refiero a que hay un cierto momento en el que… Bueno, era de día, ¿vale? Pero, de todas formas, estaba oscuro. Podía ver a los animales en sus jaulas. La mayoría enfermos o heridos porque después de todo, es la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. O sea que, bueno, tienen que estar enfermos o heridos para estar en una clínica, ¿no? Bueno, Rachel. ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí, los animales. Bueno, hay un montón, en jaulas. Pero me inquietaba igualmente el hecho de que los otros también estuvieran. Los Animorphs. Bueno, yo soy un Animorph, ¿vale? Tengo el poder de la transformación que Elfangor nos dio. Y me he convertido en un montón de animales. Aunque ahora no puedo creer que haya sido capaz de algo así. Jake estaba allí. Es mi primo. Es mono. Bastante alto. Vamos, que si no fuéramos primos… Y Marco también estaba. Es mono también, pero de una manera diferente. Probablemente saldría con él si me lo pidiera. Y Tobias, claro. Estaba sobre las vigas del techo, arreglándose las plumas. Es muy mono cuando está en humano. Y Ax. Ax no es mono. Ax es muy, muy extraño. Quiero decir, él no es, bueno, humano. Es un extraterrestre. Imagina que tienes un ciervo enorme casi todo de color azul y le insertas una larga cola de escorpión por un lado, y un torso medio-humano por el otro. Salvo que la cabeza no tiene boca pero sí un par extra de ojos sobre unas antenas. Antenas que pueden moverse. Lo que significa que sus ojos pueden mirar en cualquier dirección. Da mucha grima. “Tenemos un problema”, dijo Cassie mirándome. “¿Lo tenemos?” dije. “Jake, estábamos en el centro comercial,” continuó Cassie. “Una chica empujó a Rachel y—” “Oh, venga, ¿qué has hecho ahora Rachel?”, me preguntó Jake. “Tienes que aprender a contener tu—” “Se puso a llorar”, dijo Cassie. “¿Qué?” “Que empezó a llorar. Salió corriendo. Y estaba llorando.” Todos me miraron. “¿Quién lloraba?” preguntó Marco. “¿Te refieres a una inapreciable humedad, como si tuviera algo en el ojo?” “Me refiero a ‘Boo hoo, esa chica era muy mala,’” aclaró Cassie. “No,” dijo Marco. “Sí.” “No. No. El sol no sale por el oeste, los Chicago Cubs no ganan World Series, Scully nunca jamás cree a Mulder, y Rachel no llora. Eso es todo lo que sé.” “Boo Hoo.” “Nos estás asustando, Cassie”, replicó Marco. “Tengo pruebas,” dijo Cassie. “Veámoslas,” contestó Jake escéptico. Cassie me miró. “¿Rachel? Repite lo que dijiste sobre Marco mientras veníamos hacia aquí.” “¿El qué?” “Lo que me has dicho sobre Marco en el autobús.” “¿Eso de que me parecía gracioso?” “Oh, Dios…” susurró Jake. “Rachel,” insistió Cassie, “¿qué piensas del aspecto de Marco?” Me encogí de hombros. Sonreí. “Es mono, ¿no?” Marco se sentó de golpe. Sobre el suelo cubierto de heno. Jake se había puesto pálido. <Esto es inusual,> dijo Ax por telepatía. “Lo ha admitido,” dijo Marco temblando. “Ha dicho que soy mono. Ella… me ha sonreído. A mí.” “Ax,” dijo Jake y le echó una mirada al andalita. ¡FWAPP! Tan rápido que el ojo humano no podría haberla seguido, la cola de Ax se batió por encima de su cabeza. La larga hoja de guadaña se detuvo a milímetros de mi garganta. “Yeerk,” dijo Marco. “Tiene que serlo. La han infestado.” “No, no, no,” dijo Cassie. “Si fuera un controlador sonaría exactamente igual que Rachel. Esto es diferente. Una crisis, quizá.” <También estuvo rara conmigo,> dijo Tobias. <Pero de un modo diferente. Era brutal, violenta. En la forma del águila cazó y se comió un pescado. Se lo comió mientras aún estaba vivo.> Ax mantuvo su hoja contra mi garganta. Podría haberme desmayado, pero hacerlo habría sido fatal. Así que mantuve mis temblorosas rodillas tan firmes como pude. Pero nada pudo parar las lágrimas que corrían por mis mejillas. “¡Mira!” chilló Marco, como si hubiera descubierto el Santo Grial encima del Bellocino de Oro. “¡Lágrimas!” “Qué narices—” empezó a decir Jake. Pero en ese momento la puerta del granero se abrió de repente. “¡Está bien! ¿Cuál es la misión, cuándo empezamos, y cuántos Yeerks tenemos que cargarnos hoy? ¡Estoy impaciente por ponerme a patear traseros! ¡Hah HAH!” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] [b]Rachel Buena[/b] La miré. Me miró. Ella era yo. Yo era ella. “¡Hay dos!” exclamó Jake. <Parece que son idénticas,> dijo Ax. “¡Mola!” dijo Marco, poniéndose en pie. “Ahora Tobias se puede quedar con una y yo con la ot—- ¡AAAAHHHH!” Yo… quiero decir, ella… dio una voltereta. Saltó, aterrizó sobre sus manos, voló atravesando el aire, y aterrizó, con los pies, sobre el pecho de Marco. Marco cayó violentamente sobre su espalda. Rachel se puso a horcajadas sobre él, sentada sobre su pecho. Le sujetaba los brazos con las rodillas. Alargó la mano hacia su cabeza y agarró un puñado de su pelo oscuro. La otra mano estaba cerrada en un puño, estremecido, cerca de la cabeza de Marco. “¿Qué has dicho?”, susurró Rachel. “Absolutamente nada,” dijo Marco. “¿Yo? Yo no he dicho nada.” Rachel… o sea, la otra Rachel, por supuesto, se apartó de él y soltó una carcajada. Una triunfante y poderosa carcajada HAH HAH HAH. Ax retiró su cola de mi cuello. Me derrumbé hecha un mohín. Ella se acercó a mí. “Hey. Te pareces a mí.” Asentí con la cabeza. Los labios me temblaban. “¿Qué está pasando aquí?”, preguntó a voz en grito. <Esa parece ser la cuestión principal,> dijo Ax débilmente. “¿El Drode? ¿Uno de sus trucos?” se preguntó Jake. Cassie se encogió de hombros. Seguían observándonos. A mí. A [i]ella[/i]. De nuevo a mí. Era como ser un animal en un zoo. Y yo también la seguía mirando. A ella. Por alguna razón, vestía de forma totalmente diferente a mí. Era como si L.L.Bean (*marca de ropa deportiva) se encontrara a Timberland (*marca de deportivos) de camino a un rally de Harley-Davidson. En absoluto mi estilo. Aunque, cuando pienso en ello, mi aspecto podría mejorarse un poco. O sea, ¿por qué todo tenían que ser pantalones y vaqueros? ¿Por qué no podría llevar vestidos? Tengo unas piernas estupendas. Puedo llevar vestidos y tener buen aspecto. De falda corta, larga, bueno, ya sabes, con un corte o lo que sea. ¿Y por qué no probar un look más ‘de calle’? Puedo hacerme vestidos ajustados con — “¡Ow!” Alguien me había pegado en la cabeza. Era ella. Me golpeó con sus nudillos. “¡Hey! ¡Hey! ¿Hay alguien ahí? Te he hecho una pregunta. ¿Quién eres tú? ¿Y qué estás haciendo con mi cuerpo?” Marco se movió inquieto. “Um, tengo un chiste sobre cuerpos buenísimo para esta ocasión, pero no puedo decirlo a menos que Ax prometa protegerme.” “Cállate,” le cortó la Rachel Borde. “No hagas que te mate. Y tú, pequeña idiota, tienes tres segundos para decirnos—” “No amenaces,” dijo Jake con un inconfundible tono de autoridad. La Rachel Borde me olvidó en un flash. Se volvió contra Jake. “No te metas en mi camino, Jake.” “No sigas por ahí, Rachel.” “¿Me estás amenazando?,” casi gritó. “¡Venga ya! ¿Te crees que puedes decirme lo que tengo que hacer? Vamos, ahora. Tú y yo. Simplemente mantén a nuestra mascota Andalita fuera de la pelea. Tú y yo, veremos quién da las órdenes por aquí después de que te haya dado la patada en el culo que estás pidiendo a gritos.” La posible lucha fue interrumpida en ese momento por la llegada de Erek King. Él es un Chee. Quiero decir que es como un Androide. Sólo que usa hologramas para parecer un chico normal. No puedo decir que sea mono porque, ya sabes, ya es bastante problemático sentirse atraída por un chico que es un ave de presa, ¿no? Meterse también con el tema de los Androides posiblemente sería ir demasiado lejos. Aunque, cuando te das cuenta de que Erek tiene miles de años de edad, se le ve tan maduro y— En fin. Que Erek entró. Con aspecto de chico. Con aspecto de chico de expresión sorprendida. “Um…” dijo. “Um… ¿soy yo, o aquí hay dos Rachels?” “Después vamos a filmar un anuncio de chicle Doublemint,” dijo Marco, y luego se encogió antes de que la Rachel Borde le hiciera otra llave de gimnasia. “Sí, tenemos dos Rachels,” dijo Jake. “Vale. ¿Alguna razón en concreto?” preguntó Erek. “No ha sido precisamente a propósito,” explicó Cassie. <Parecen idénticas,> dijo Ax. <Excepto porque una es pasiva y fácilmente asustadiza, y la otra es—> “¿Susceptible?” sugirió Marco. < — violenta y agresiva,> concluyó Ax. Erek asintió. “¿El Dr. Jekill y Mr. Hide?” “Bueno, seguro que no Mary Kate y Ashley (*las gemelas Olsen, jóvenes actrices americanas),” dijo Marco. <Así que eres tú la que ha venido hoy a volar conmigo,> dijo Tobias. “¿Quién? ¿Yo?” le pregunté. <No. La otra.> dijo Tobias. “La Rachel Borde,” sugirió Marco. “¿La Rachel Buena y la Rachel Borde?” “¡La Rachel Poderosa, hah HAH!” dijo la Rachel Borde. “La Rachel Poderosa, y… y… ¡la Rachel Debilucha! Sí, eso es, rubita.” No quería ser conocida exactamente como “la Rachel Debilucha”. Pero tampoco quería que la Rachel Borde intentara aporrearme la cara. “Esto es de locos,” dijo Cassie. “No puedo quedarme mucho,” dijo Erek, incapaz de dejar de mirarnos a mí y a la Rachel Borde y a mí otra vez. “Sólo he venido para poneros al corriente de la misión.” “¡Al estanque Yeerk!” cacareó la Rachel Borde. “¡Vamos a hacernos con algunos lanzallamas!” “Voy a dejar de juntarme con vosotros, chicos,” dijo Erek. “Sois muy raritos.” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] [b]Rachel Borde[/b] “Se llama Instituto de Investigación de Consumo, IIC. Ahí prueban los productos de consumo y llevan una revista,” explicó Erek. “Los Yeerks lo compraron hace poco para usarlo como tapadera. Además, planean usar las encuestas de consumo del IIC para ayudar a algunas de sus otras compañías. Así que lo que tenemos que—” “Entramos, rápido y a saco,” dije. “Déjate de sutilezas y disimulos, entramos, las armas se disparan, formas de batalla, el factor sorpresa a tope. ¡Nos cargamos todo lo que se meta en nuestro camino!” “¿Rachel?” dijo Jake. “¿Qué?” “¿Qué?” “Rachel Borde,” aclaró. “¿Qué?” pregunté “¿Por qué no dejamos terminar a Erek antes de decidir cómo llevar esto? ¿Erek?” El Androide asintió con su cabeza humana. Era una lástima. Los Chee eran más poderosos de lo que ningún humano podría imaginar, pero programados para la no-violencia. Una vez liberamos a Erek de ese programa y chico, ¡armó un absoluto y total caos! ¡Fue extraordinario! Por supuesto, ahora está de vuelta en su viejo modo Gandhi-Martin-Luther-King-Demos-a-la-Paz-una-Oportunidad. Penoso. “Bueno, como sabéis,” continuó Erek, “creemos que el Rayo Anti-Transformaciones es una gran amenaza para todos vosotros. Si funcionase, anularía el campo de transformación y os obligaría, una vez transformados, a volver a vuestra forma humana.” “Si funciona,” dijo la Rachel Idiota. “Probablemente nunca funcione, así que no tenemos de qué preocuparnos.” “Cállate,” la corté. “El problema es que el examen preliminar va a empezar esta noche,” dijo Erek. “Sólo simulaciones por ordenador y esas cosas, pero eso puede envalentonar a los Yeerks. Deberíais detenerlos antes de que lleguen tan lejos. Lo que significa que tenéis que moveros ya. Esta noche.” “Vale, Erek, gracias. Seguiremos nosotros a partir de aquí,” dijo Jake. Erek se marchó. Agradecido, me parece. <Creo que necesitamos resolver esta situación,> dijo Tobias. <Tenemos que conseguir ese Rayo Anti-Transformaciones pero primero hay que ver que hacemos con las dos Rachels.> Le lancé una mirada juguetona. “Eres tan malo como Marco. Nos quieres a las dos. ¡Hah HAH! Yo soy más que suficiente para ti, Tobias; no necesitas a la debilucha.” <Eso no era exactamente lo que—> “Vale, Rachel… las dos… decidnos lo que habéis hecho hoy,” dijo Jake. “El colegio, la excursión, aquí, gran misión, ¡pisoteemos algunos gusanos!” enumeré. “Bueno, primero me levanté, luego me di una ducha, luego—” “La excursión,” la interrumpió Cassie. “¿Qué pasó en la excursión?” “Tú estuviste,” dije. “No me hagas perder el tiempo con preguntas tontas.” “Estuve, pero no contigo,” dijo Cassie. “Recuerdo que fue aterrador,” dijo mi estúpida doble. “Tenía la piel de gallina.” “Solía leer esos libros (*piel de gallina: en inglés [i]Goosebumps[/i], el título original de los libros de Pesadillas),” dijo Marco. <¿Rachel lee libros para protegerse del frío?> preguntó Ax. “Atención, ¿podemos centrarnos?” dijo Jake. “¡Perdí mi pendiente en un recodo de las rocas!” dijo la Rachel Imbécil de pronto, y sonaba tan emocionada como si acabara de acertar la respuesta correcta en Final Jeopardy (*un concurso americano). “Estúpido pendiente,” dije. “¡Mis pendientes favoritos! Me los regaló mi padre.” “Un regalo para lavarse la conciencia,” dije con desprecio. “Fue muy cariñoso.” “Fue un pago por haberse perdido nuestra visita ese fin de semana.” “¡Estaba ocupado!” “Ya.” “¡Eres horrible!” “Y tu eres una cabeza hueca.” “¿Dr. Jekyll? ¿Mr. Hyde?” interrumpió Cassie. “¿Podemos seguir?” “No podía alcanzar el pendiente, se había caído en esa, o sea, esa especie de ¿grieta?.” “¿En esa, [i]o sea[/i], grieta? Grieta, ¿con interrogación? ¿Era una grieta o no era una grieta? ¡Si era una grieta entonces di ‘se cayó por una grieta’! No ‘o sea’. Sin interrogación. Grieta, grieta, ¡GRIETA!” No podía creer lo de esa guapita sin coco. “Quería recuperarlo porque pensaba que mi padre se decepcionaría si pensaba que—” “Oh, que alguien la haga callar,” la corté. “El pendiente estaba en la grieta. Me convertí en estrella de mar para ir por él.” <¿Te convertiste en una estrella de mar?> preguntó Tobias. “¿Estás sordo?” le espeté. Pero dulcemente. “Presta atención, ya es bastante difícil con ella parloteando.” “Y entonces, ooohh, ¡fue horrible! ¡Horrible!” “¿Huh?” pregunté. “Alguien, algo… ¡el dolor! ¡Estaba tan asustada! Me cortaron casi por la mitad.” “Un monstruo asqueroso de niño,” grité, volviendo a sentir la rabia al recordar. “¡Debería haberlo matado! ¡Debería haberme transformado en oso y haber ido a por él!” “Sigue,” dijo Cassie. “Te transformaste en estrella de mar y un niño te cortó por la mitad.” Cogí a Cassie del brazo. “Hey, ¿por qué hablas con la idiota? Háblame a mí. ¡Háblame a mí!” “¿Rachel Buena? ¿Volviste entonces a tu forma humana?” insistió Cassie. “No, ¡estaba demasiado aterrorizada! Quiero decir, como— ” “Rachel Borde, ¿y tú?” “Por supuesto que me transformé inmediatamente. ¿Qué iba a hacer, tratar de darle una paliza a Bailey como estrella de mar?” <¿Bailey?> preguntó Ax. Jake se encogió de hombros. “A mí no me mires.” “Oh, chica,” dijo Cassie. <¿Qué?> preguntó Tobias. “Estrella de mar. Bueno, en cierto modo ha tenido suerte. Podrían haberla matado.” “Cassie,” dijo Jake con su voz de Estoy-perdiendo-la-paciencia-pero-aún-así-trato-de-ser-amable. “Dinos qué sabes.” “Estrellas de mar. Se regeneran. Puedes cortarle una pierna y le crecerá otra nueva. De alguna forma, cuando cortaron a la estrella de mar por la mitad, la habilidad regenerativa de la estrella creó la posibilidad de dos Rachels separadas. Una de cada parte.” <Pero, no se sabe por qué, las dos mitades eran distintas, radicalmente diferentes,> dijo Ax. <Es un fenómeno muy interesante.> “¿Interesante?” chilló Marco. “¡Es imposible! Es inaudito. Es absurdo, asombroso, horripilante, escalofriante, y completamente, completamente, y digo completamente, demencial. Pero también tiene algo que mola.” “¡Espera un minuto!” exclamé. “¡El chico-gamba tiene razón! Debería haber visto las ventajas, pero estaba confundida. ¡La idiota ésta puede ir a clase y tener a lo papás contentos mientras yo paso el 100 % de mi tiempo dedicada a combatir a los Yeerks! ¡Los aniquilaré! ¡Los aplastaré! Nunca sabrán lo que los derrotó. ¡Tendremos una Rachel en acción a tiempo completo!” “Menudo plan,” masculló Jake. “Vale, esto es lo que hay: Rachel Buena, estás fuera de la misión. Vete a casa. Y, ¿Rachel Borde?” “¿Sí?” pregunté llena de emoción. “Tú haces lo mismo. A casa. Tranquilita. Sin pegarle a nadie. Nosotros nos ocuparemos de IIC y del RAT sin ti. Sin ninguna de las dos.” Naturalmente, me opuse. Pero Jake no cedió. “¡Te mataré!” le grité. “¡Os mataré a todos!” Me dejaron tirada. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] [b]Rachel Buena[/b] La Rachel Borde se metió en la casa transformada en cucaracha, y luego se transformó delante de mí. No podía mirar. Me tapé los ojos con las manos. ¡Era tan espantoso! Quiero decir, vale, ya sé que yo misma me he transformado en cucaracha. No es que sea tonta ni nada. Tengo los mismos recuerdos que la Rachel Borde. Así que estoy al tanto de todo lo que he hecho en el pasado, ¿vale? Pero ahora todo ello parecía muy lejano. Como una vieja pesadilla. Aún da miedo, sí, pero queda lejos. De todos modos, ese no era ahora mi mayor problema. “¡FUERA DE MI CAMA!” Salté. Salté, me resbalé del borde de la cama y me caí al suelo de culo. Casi tiro al Oso Bobo. “Pero…” empecé a decir. “Nosotras somos dos, y camas sólo hay una. Haz los cálculos.” dijo la Rachel Borde. “P-p-p-podríamos c-c-c-compartirla.” “¿Qué p-p-p-podríamos c-c-c-compartirla?” se mofó. “Tú nunca has sido parte de mí. ¡Nunca! No puedo creer que tú yo estuviéramos dentro de la misma persona. ¡Verte me da ganas de vomitar! Lo que debería …” No dijo lo que debería hacer. Tampoco yo quería pensar en ello. “¿Rachel?” Una voz a través de la puerta. Mi hermana pequeña, Jordan. “¿¡Qué!?” rugió Rachel. “¿Qué?” pregunté yo. “¿Estás… estás hablando contigo misma?” preguntó Jordan. “Sí, ¿tienes algún problema con eso?” chilló la Rachel Borde. “No,” me llegó la apagada respuesta. “Sólo quería asegurarme de tu grado de locura.” La Rachel Borde yacía en la cama, temblando con sorprendente energía. “¡Necesito hacer algo!” “¿Q-q-q-qué?” Me lanzó una mirada recelosa. “Algo. Ya pensaré alguna cosa. Sólo tengo que concentrarme.” “Yo… yo, bueno, ya sabes, también estoy intentando concentrarme y eso.” “Yo no tengo problemas para concentrarme, idiota. Puedo concentrarme. No soy como tú. Es sólo que… .Bueno, no puedes ver lo que va a pasar, ¿no? ¡Ponme un Yeerk aquí, ponme un puñado de Hork-bajirs en frente, y me concentraré! ¡Me concentraré para matarlos!” Empecé a decir algo, sólo que, ¿qué era? Algo. O no. Parecía que las cosas se evaporaban de mi cerebro en el acto. Así que dije, “Los otros estarán empezando la misión. Espero que estén—” “¡Eso es!” gritó Rachel. “¿El qué?” “¡La misión! ¡Me voy a la misión!” la Rachel Borde me lanzó una mirada de odio. “No me mires. No quiero tener que hacerte llorar. Me voy a transformar y a salir de aquí.” “Pero Jake dijo—” “Hey, Jake no es mi jefe,” me cortó la Rachel Borde. “Puede que no sea el jefe de nadie dentro de poco. El fuerte domina al débil. Los fuertes sobreviven, cariño. ¡Y yo soy la fuerte!” Me volví de espaldas a ella y abracé al Oso Bobo. Oí abrirse la ventana. Luego me tapé los oídos con las manos para no escuchar los apagados sonidos de los huesos rechinantes y la carne licuándose. <Y no vuelvas a acostarte en esa cama,> dijo. <¡Me enteraré! ¡Si vuelves a acostarte te mandaré al hospital! Te romperé los dos brazos. Veremos cómo puedes abrazar al O-O-Oso B-B-Bobo entonces.> No miré hasta que estuve total y absolutamente segura de que se había ido. Tenía un plan. Iba a llamar a mi padre. ¿Pero cuándo debería llamarlo? ¿Ahora? ¿Después? ¿Ahora? ¿Qué? ¿En qué estaba pensando? ¡Papá! ¡Llamar a papá! Tenía que escribirlo antes de que se me olvidara. “Llamar a papá,” dije mientras lo apuntaba cuidadosamente. Fui al teléfono. Lo descolgué, temblando, cuidando de no tocar la cama. Estaba atrapada en una pesadilla. Y no era sólo este sentimiento de estar dividida en dos. Llevaba atrapada en un pesadilla desde esa espantosa noche en que encontramos a Elfangor y él, bueno, nos descolocó la vida y eso. ¡Secretos! ¡Nada más que secretos! ¡Pesadillas y horrores! Y el peor horror de todos era ver lo que había crecido dentro de mí como una especie de cáncer o tumor. La Rachel Borde se había estado haciendo más fuerte con cada mes que pasaba como Animorph. ¡Muy pronto se habría convertido en mi yo completo y no habría quedado nada de [i]mí[/i]! ¡Esto tenía que acabar! No me importaba si los fuertes sobrevivían y los débiles morían, ¡yo quería sobrevivir a cualquier precio! Me limpié las lágrimas. ¿Qué estaba haciendo? Algo. Vi la nota. Oh, sí. Marqué el número de teléfono de mi padre. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] [b]Rachel Borde[/b] Noche y forma de búho. ¡Era como ser una especie de dios! Podía ver lo que nadie veía. Podía oír lo que nadie oía. Volaba, silenciosa como una tumba, a través de la temprana noche. ¡Sobre las azoteas! Rozando la punta de las chimeneas. Revoloteando sobre las ramas más altas de los árboles. Las ventanas, brillantes y cuadradas, por debajo de mí, las pálidas farolas, las inquietas luces de los coches, eran totalmente innecesarias. No necesitaba más que una tenue lucecita para ver con toda claridad. Podría leer un libro desde una distancia de cien pies con la luz de una única vela. El gran búho de Virginia. El asesino nocturno de los cielos. Lo veía todo desde arriba. Los monótonos trabajadores volviendo a casa tarde de sus patéticos trabajos; las mamás recogiendo a sus niños salvajes y escandalosos; las pantallas de los televisores retransmitiendo las noticias de todo mundo. ¡Hah! ¿Noticias? Yo sí que tenía noticias para el mundo: ¡Rachel andaba suelta! ¡Rachel estaba descontrolada! ¡Mira, mundo, Rachel estaba volando, con las garras preparadas! ¡Ah, HAH! Instituto de Investigación de Consumo. Sí. Tenía que ir ahí, donde se iba a llevar a cabo la misión. ¿Y cuándo estuviera dentro? Yo… yo… ya pensaría algo después. Es lo que siempre hago. Simplemente tenía que entrar. Era todo lo que importaba. [i]No necesitas un plan, Rachel,[/i] me dije. [i]La Gran y Poderosa Rachel no necesita un estúpido plan[/i]. No, no. La Invencible Rachel llegaría y luego, ¡eso era! Dejar que la batalla empezase. Dejar que esos idiotas –mis amigos- vieran lo débiles que eran sin mí. ¡Si a uno de ellos lo destrozaba algún Hork-bajir eso les enseñaría una lección! Entonces vi el gato. El silencioso predador estaba acechando a un ratón en sus propias narices. Ah, sí, mis amigos los gatos. Un digno adversario. ¡Me proporcionaría un buen ejercicio para ponerme a tono y encender mi sangre antes de la próxima masacre! Incliné la cola y reconfiguré mis alas. Mi amigo atigrado no habría podido oír cómo me acercaba. ¡El pequeño gatito no sabría nunca lo que le había golpeado! Abajo, abajo, con las garras salvajemente dispuestas. Golpearía al gato en el cuello desde detrás. Una garra se cerraría sobre su cabeza y apretaría y— El gato saltó hacia un lado, tan rápido como un rayo. ¡Vi mi error demasiado tarde! Fue el ratón. Él me tenía de frente. Había visto mi sombra según pasaba bajo la luz de las farolas. ¡Su miedo y su mirada levantada habían alertado al gato! Me agité inútilmente. ¡Oh! ¡Qué injusticia! El gato era mío, mío. ¡MÍO! La rabia empezó a hervir en mi interior. ¡Quería matar! ¡Quería matar! ¡Necesitaba matar! ¡Necesitaba sentir mis garras rompiendo huesos y derramando cerebro y…! No podía pensar. No podía concentrarme. Locura. Mis ojos inyectados en sangre. La rabia, como si alguien hubiera explotado una granada de mano en mi estómago. Como si la explosión no pudiera salir, sino que se hubiera quedado contenida dentro. Mis alas… no me obedecían. Yo… no podía pensar… Mío, mío, ¡MÍO! ¡Mi presa! ¡Mi presa! ¡Mi presa! Aterricé abruptamente en un pedazo de césped detrás de la carretera. Los coches pasaban zumbando, haciéndome girar con la fuerza del aire. Me tiré ahí, sobre mi espalda, con las plumas humedecidas por el césped, y agité mis piernas de pájaro y sacudí mis alas y eché la cabeza hacia atrás y grité. Grité y grité y grité y aún así el volcán de mi interior no se extinguía. Parecía que iba a durar para siempre. Era una fiebre. Una enfermedad. Una ola de emociones que se había lanzado sobre mí. Cuánto duraría, no lo sabía. Demasiado tiempo, me parecía a mí. Entonces, por fin, menguó. Menguó, dejando un sentimiento estremecedor e incierto. ¿Miedo? Sí. Miedo. Miedo de mí misma. Y aún así, el hambre no había cesado en absoluto. Había perdido mi presa. No perdería la próxima. Volé hacia el Instituto de Investigación de Consumo. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] [b]Rachel Borde[/b] El Instituto de Investigación de Consumo. La gente que te dice que aspiradora limpia más y que café sabe mejor. Si necesitas que alguien te diga que aspiradora comprar es que eres un espécimen humano lamentable, débil y patético. Vamos a ver, compra la aspiradora, y si no funciona, vuelve, busca al vendedor, ¡y dale una patada en el culo! ¿Dónde está el misterio? En fin, así es como yo hago las cosas. Tenía tres pisos. Rectangular. Uno de esos enormes y modernos edificios que se ven en las zonas industriales o al lado de la carretera. Las luces estaban encendidas sólo en un puñado de oficinas, y no había nadie dentro de ellas. Podía verlo claramente. El edificio estaba vacío. Y con mis ojos de depredador me di cuenta de algo más: aún tenía que haber otra planta. Supuestamente ahí dentro hacían todo tipo de pruebas y cosas, pero lo único que veía eran oficinas con escritorios desordenados y pantallas de ordenador mostrando todo el rato el salva-pantallas “Desconecta la mente”. Bajo tierra. Ahí debía de ser donde se hacían las pruebas. Sí, ahora que me fijaba veía un gran parking para camiones lo suficientemente profundo como para abrirse en un subnivel. Planeé sin esfuerzo pasando la última fila de ventanas. Jake y los otros ya debían estar dentro. Bien. Cuando las cosas se torcieran, yo… ¡BBBRRRRRIIIIINNNNNNNNNNGGGGGGG! El sonido era demasiado estruendoso para los sensibles oídos del búho. ¡Una alarma! ¡BBBRRRRRIIIIINNNNNNNNNNGGGGGGG! Era como la campana del colegio cuando anunciaba las diez. ¡Definitivamente era una alarma! Mis amigos necesitaban ayuda. Los Yeerks necesitaban quien los matase. <¡Bien!> ¿Pero cómo entrar en el edificio? No había tiempo para una infiltración lenta. Necesitaba algo directo. El parking para camiones. Batí las alas y giré para llegar al parking. Había una rampa larga por la que circular, que bajaba desde la parte de atrás del área del parking del edificio hasta la zona de carga. La zona de carga era un andén de hormigón, protegido por dos grandes topes de caucho. La entrada era una puerta replegable de acero. Esa puerta era demasiado, incluso para mi forma de oso pardo. No había ninguna otra forma de entrar, al menos que yo viera. Entonces divisé el camión. Era un vehículo transportista. Ya sabes, uno de esos camiones donde caben unos cinco o seis coches en la parte de detrás. [i]Deben de ser nuevos modelos de automóviles que traen para probarlos[/i], pensé. El camión estaba aparcado al final del parking. Había una tenue luz dentro de la cabina. Probablemente el conductor estaba dentro echándose una siesta. Quizá se daría cuenta demasiado tarde por culpa de su calculado sueñecito; ni lo sabía, ni me importaba. Sólo me importaba el hecho de que probablemente las llaves estarían en ese camión. ¡BBBRRRRRIIIIINNNNNNNNNNGGGGGGG! ¡El pitido no paraba! ¡Probablemente me había perdido ya la mitad de la matanza! Aterricé detrás del camión. Volví a mi forma humana tan rápido como pude, y me transformé de nuevo. Unos pocos segundos después el conductor se despertaba mientras yo arrancaba la puerta de su camión. “¡Aaaaahhhh! ¡Aaaaahhhh!” gritó. Estaba asustado, muy asustado, y me hizo gracia. Así que le dejé vivir. Le alcancé con las sólidas zarpas del oso y lo lancé fuera, mientras pataleaba, gritaba y se meaba encima. Luego me metí en la cabina. “¡Hey! ¡Hey! ¡No puedes llevarte mi camión!” chilló. Pisé el embrague a fondo. Forcé la palanca de cambios hacia delante. No sabía exactamente cómo conducir un camión, pero para mi sorpresa se disparó de un bandazo cuando quité el pie del embrague. ¡WHAM! Me estrellé contra un estúpido Volkswagen. Pero no me frenó demasiado. El camión era difícil de manejar. Y agarrar el volante con unas zarpas del tamaño de jamones no lo hacía más fácil. Pero el enorme camión reaccionaba y poco a poco, poco a poco, ganaba velocidad. Giro… giro… y ahora, ¡directos hacia los topes de caucho de la rampa! <¡Ah HAAAAHHHHH!> grité de puro júbilo conforme lanzaba el camión por la pendiente. Más rápido… más rápido… ¡WHAAAAMMMMM! El camión se detuvo abruptamente contra el andén de hormigón. ¡TWANNNG! La cadena de seguridad sujetó el embalado camión en vez de destrozarlo. El coche que transportaba salió volando por la parte de delante del camión, justo por encima de la cabina, hasta caer sobre la puerta de acero, atravesándola, haciendo saltar las bisagras, y derrumbándose luego hacia un lado. Un segundo coche cayó justo detrás de él pero ya no se topó con ninguna puerta. Con el impacto me había clavado el volante en el pecho. Mi peso lo destrozó y, sin saber exactamente cómo, me encontré con la cabeza y los hombros atravesando el parabrisas. Me había quedado sin aliento, amoratada y llena de heridas. Pero se necesita más que un pequeño accidente de camión para matar a un oso pardo. La puerta del parking estaba ahora abierta. Agarré rápidamente la llave de la cadena, saqué el resto de mi cuerpo a través del parabrisas, y subí torpemente sobre el capó del Peterbilt (*marca canadiense de camiones). Caí dolorosamente sobre el suelo de hormigón. ¡Pero estaba dentro! ¡Era un oso pardo! Y aún tenía el segundo coche que había caído desde el camión. Un Mercedes descapotable. Plateado. Muy guapo. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] [b]Rachel Buena[/b] “¿Papá?” “¡Hola, cariño!” Apreté el teléfono con una mano y al Oso Bobo con la otra. “¿Papá?” “Claro, ¿quién si no? ¿Hay algún problema?” “¡Oh, Papi, todo es un problema!” “Eso suena serio.” “¡Lo es, lo es!” “¿Estás bien? ¿Me lo puedes contar?” Mi padre es presentador de televisión. Tiene un buen instinto. “¿Contarte el qué?” “Rachel, te estoy preguntando si estás bien. No pareces tú.” “¿No? Pero si soy yo. Yo, quiero decir. Yo soy yo. Quizá… bueno, quizá soy un poco diferente, o sea, ya sabes, que no soy la misma al 100 %.” “¿Son drogas? Corazón, sabes que puedes contármelo. ¿Estás metida en drogas?” “Um, me tomé dos Motrin para el dolor de cabeza… ¡Oh! ¿Te refieres a las drogas drogas? ¡No, claro que no!” Parecía aliviado. “¡Gracias a Dios! Es lo único que necesitaba oír. Bueno, lo que tú necesitabas. Ya sabes lo que quiero decir. Acabo de preparar un programa de tres partes sobre el consumo de drogas en adolescentes, muy a fondo, con algunas entrevistas e imágenes fuertes. ¡Realmente bueno! Y me hicieron cortarlo a la media hora. ¡A la media hora!” “Um, ¿Papá? Estamos hablando de mí, ¿vale?” “Claro, claro. ¿Cómo estás?” Sentí que mi labio temblaba. “No muy bien.” “¿Has hablado con tu madre? Es bastante buena con este tipo de cosas.” “¿Qué tipo de cosas?” “Oh… bueno… ya sabes, ¿cosas de chicos? ¿Tiene que ver con algún chico?” “¡Sí, sí, exacto! ¿Cómo lo sabías? Tiene que ver con tres chicos. Bueno, en realidad con cuatro, si cuentas a uno que, ya sabes, no es exactamente un [i]chico[/i], a ver si me entiendes.” “¡Un hombre!” me gritó en la oreja. “¿Un hombre? ¿Estás saliendo con un hombre? ¿Te estás viendo con un universitario?” “No, Papá. ¡Buff! No es eso lo que quería decir, es sólo que él es… extranjero.” “¿Un extraterrestre?” Casi ahogo al Oso Bobo. Bajé la voz hasta convertirla en un susurro. “¿Cómo lo sabes?” “Bueno, cariño, no es para tanto. Por ejemplo, mi asistenta es un extraterrestre y tiene un buen trabajo (*[b][i]alien[/i][/b], en inglés, significa ‘extraño’ y puede interpretarse como [i]extranjero[/i] o como [i]extraterrestre[/i]).” Tenía que recapacitar un minuto sobre eso. “Es de Ucrania.” me dijo. “¡Oh! ¡Ese tipo de extraterrestre!” “Sí. Ucrania. Era una parte de la Unión Soviética.” Asentí. “Lo vimos en el colegio. La antigua Unión Soviética. Aunque no sé por qué nadie llamaría a su país ‘la antigua’ nada. Quiero decir, ¿solía ser la nueva Unión Soviética y luego, después de un tiempo, se dijeron ‘Bueno, ya no podemos seguir llamándola ‘nueva’, ¿no?’” “Uh-huh. Mira, ¿Rachel? Decías que algo que preocupaba. ¿Un chico?” “¿Quién?” “Y yo que sé quién,” sonó irritado. “¡Es sólo que no puedo seguir callándolo!” “¿Callarte qué?” “¡Shh! No puedo decirlo por teléfono. ¡Podrían estar escuchando y Jake se pondría muy muy furioso!” “¿Jake? ¿Estás saliendo con Jake? ¿Tu primo?” Me reí. “¡Tonto! Siempre me haces sentir mejor.” “Vaaaaale.” “Ven pronto, ¿vale? ¿Vas a venir mañana? Tengo que hablar contigo. Es sobre… sobre lo que dijiste antes.” “¿Sobre las drogas?” “No, tu…” Pensé una forma de decírselo sin cometer el imperdonable pecado de soltarlo por teléfono. “Tu asistenta,” dije, intentando pronunciarlo de forma que él supiera que no hablaba exactamente exactamente de su asistenta. “Es sobre, ya sabes. Sobre lo que dijiste de ella.” “¿Que es de Ucrania?” ¡Lo pilló! El código funcionaba. “Exactamente. Es sobre Ucrania.” Una larga pausa. “Estaré allí mañana.” Colgó. Yo colgué. Me sentía mejor. Mañana se lo diría todo. Los Yeerks, los Animorphs, lo de Tobias convertido en halcón y eso de que me gustara. Y sobre que había dos yo. Él sabría qué hacer. Oí sonar el teléfono pero para entonces yo ya estaba bajando las escaleras. Lo cogió mi madre. Podía ir su voz, que sonaba fría. “No, no está metida en drogas. ¡Yo lo sabría! La veo cada día, no como otros.” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] [b]Rachel Borde[/b] No pude encontrar la llave para arrancar el Mercedes. Pero descubrí algo interesante: si golpeas la ranura de la llave con seis pulgadas de pata de oso, ¡funciona! Aplasté el asiento del conductor. Metí uno de mis enormes pies en el acelerador, ¡y ya estaba en marcha! ¡Vrrrrrooom! Era exactamente como había imaginado: el sótano era una enorme instalación dedicada a los ensayos. Era como una especie de almacén. Suelo de cemento con amplios pasillos, con montones de maquinaria a un lado y al otro. El sótano abarcaba mucho más espacio en todas direcciones que los niveles superiores. Algunas de las pruebas estaban automatizadas. Las máquinas trabajaban en ellas sin la supervisión humana. O, al menos, no había humanos que yo pudiera ver. Y además, la imperiosa cobardía humana les haría huir si vieran a un oso pardo conduciendo un descapotable directo hacia ellos. Yo no huiría, claro, pero es que yo no soy precisamente normal. Pasé estruendosamente unas máquinas que apretaban de forma automática los botones de los estéreos; una mesa que sostenía veinte o treinta secadores de pelo mientras estaban en marcha; dos filas de La-Z-Boys (*marca de sillones) que se movían a sacudidas adelante y atrás, adelante y atrás, como si estuvieran poseídos por una brigada de padres invisibles e hiperactivos. Uno de los sillones ya estaba roto. Una barra de acero se agitaba a través del asiento con cada sacudida. La primera alarma se había detenido. Una segunda alarma tomó el relevo. ¡Brr-REEEET! ¡Brr-REEEET! ¡Brr-REEEET! Podía oírlo bastante bien por encima del ligero murmullo del motor del Mercedes. A mi izquierda divisé un ensayo relacionado con vaqueros. Unas dos docenas de pantalones estaban vestidos sobre piernas de plástico con puntas de acero que parecían estar estirándolos. Dos docenas, unos pasos más adelante. Pise el freno a fondo y el coche derrapó sobre el cemento negro. Entorné los ojos para escudriñar mi entorno, buscando mi presa favorita. Pero los ojos de mi oso eran demasiado débiles para distinguir nada. Arranqué el coche otra vez y, de repente, una tropa de Hork-Bajir se metió en mi camino. Eran ocho. Obviamente tenían prisa. Sin duda, perseguían a mis amigos. Seguí pisando el acelerador. El último Hork-Bajir me vio cuando me echaba encima de él. Gritó algo y saltó hacia un lado. ¡Hah! ¡Ni hablar! Giré el volante a tope. ¡Conducía sobre dos ruedas! ¡Circulaba tan cerca del suelo por mi lado del coche que podría haber sacado la pata y haberme rastrillado las uñas contra el suelo! El último Hork-Bajir oyó chirriar mis ruedas. Miró por encima de su hombro. ¡WHAM! ¡Un Hork-Bajir volador! Le había dado en las piernas y la cola. Lo lancé volando. Hacia arriba, dando una voltereta, mientras yo pasaba por debajo suyo. Lo vi estrellarse contra el suelo por el espejo retrovisor. ¿Alucinante? ¡Realmente alucinante! ¡WHAM! Otro Hork-Bajir. Éste se derrumbó sobre una montaña de cajas de Doritos, Fritos y Tostitos. Pero ahora los demás se habían dado cuenta de que yo iba detrás de ellos. Se dispersaron. A izquierda y derecha. Izquierda, a través de un ensayo automatizado de prueba de máquinas de café. Derecha, a través de una tranquila y silenciosa prueba de queso enlatado. El brillo de las latas me distrajo. Tiré del volante, haciéndolo girar completamente, gritando de puro júbilo mientras lo hacía, enderezándolo, derrapando, y rugiendo tras un enorme Hork-Bajir. ¡WHAM! ¡Bu-Bump! Le di un golpe seco. Cayó e intentó quitar su brazo de debajo de las ruedas traseras cuando lo atropellé. Fue lo más divertido que he hecho nunca. Vamos, que si existe el cielo tiene que parecerse mucho a esto. ¡De frente, un nuevo blanco! No, espera, un puñado de blancos, todos de espaldas a mí. ¡Hork-Bajir! ¡Controladores Humanos! Y tres enormes y asquerosos Taxxonitas, todos surgiendo desde una esquina. Pisé el freno. El coche derrapó hasta detenerse. Oí el rugido estridente del lenguaje de los Hork-Bajir. Oí gritos humanos. Oí la arrastrada comunicación Taxxonita. Y por encima de todo eso, el rugido que hacía que auténticos hombres se mearan encima: el rugido del tigre. Había encontrado a Jake y a los otros. Salté del coche. La tapicería estaba seriamente dañada. Quizá el IIC debería examinarla. Contemplé la escena, intentando no perderme ni un solo glorioso detalle. Probablemente, unos quince Hork-Bajir. Cuatro humanos. Tres Taxxonitas. Contra un tigre, un gorila, un lobo, un joven guerrero Andalita, y un Hork-Bajir que tenía que ser Tobias. Me sentía totalmente orgullosa de Tobias. Se las había arreglado para adoptar una forma considerablemente peligrosa justo a tiempo para la batalla. Era una escena de perfecta belleza. La sangre cubría el hormigón. Las tripas de los Taxxonitas se amontonaban en cúmulos humeantes. Había rugidos y gritos de dolor. ¡La batalla! ¡Desesperación y muerte! El encanto de la escena casi me hace llorar. Y me lancé a ella. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] [b]Rachel Buena[/b] Me levanté. Alguien me había pegado en las costillas. No tuve que adivinar quién había sido. Encendió la luz de golpe y me deslumbró. Se acercó a mí, me quitó el Oso Bobo de las manos, y le arrancó los brazos, haciendo volar el relleno por todos lados. “¡Deja al Oso Bobo!” grité. Ella se arrodilló a mi lado, amenazadora. “No me hagas enfadar. Ya estoy tan furiosa como necesito estarlo. Si me haces enfadar más, no me hago responsable de lo que pueda pasar. ¿Lo captas?” Asentí con la cabeza. Se dio la vuelta y se tiró encima de la cama. “¿E-e-e-entonces, te lo pasaste bien?” le pregunté. “¡¿Bien?!” se rió histérica. “¡¿BIEN?! ¡¿Que si me lo pasé BIEN?!” “Hey, deja el teléfono, Rachel, y para de gritar. ¡Sara está durmiendo!” Era mi madre, desde fuera, en el pasillo. “¡Vale, Mama!” dije. “Tu primo,” susurró la Rachel Borde, con la cara transformada por la rabia. “¿Jake?” “¡Jake! Tendría que haberlo matado. ¡Lo que me dijo! ¡A MÍ!” “¿Qué? ¿Qué ha pasado?” “Yo salvé sus lamentables traseros. Oh, tío, ¡no te puedes ni imaginar esta batalla! Un Hork-Bajir me pilló con su cuchilla y me cortó de cuajo el brazo izquierdo, ¿vale? Quiero decir, yo estoy en mi forma de oso pardo, estamos en clara desventaja numérica, y este Hork-Bajir sale de detrás de mí y ¡SLASH! ¡Ese dolor inmediato! A continuación un ruido sordo, y me doy cuenta de que mi brazo está en el suelo. ¡Hah HAH! En el suelo. ¿Y sabes lo que hago? Me agacho, lo cojo, y lo utilizo como un bate para arrearle en la cabeza.” Me sentí como si fuera vomitar. “¡Es horrible!” Ella pareció sorprendida. “¿El qué es horrible?” “No importa.” “Así que les pateamos el trasero, ¿vale? Vamos, ¡bailamos rock and roll! ¡Y escapamos! Y coge Jake y la toma conmigo. ¡CONMIGO! ¡Jake! ¡CONMIGO!” “¿No le pareció, ya sabes, no le pareció bien que golpearas al Hork-Bajir con tu brazo?” “La tomó conmigo en plan ‘Has fastidiado el plan. Entras a saco buscando pelea mientras nosotros estamos intentando infiltrarnos sigilosamente para encontrar el estúpido Rayo Anti-Transformaciones’.” “Uh-huh.” “Intenté ser amable. Le dije ‘Tú, estúpido idita, os estaban pateando vuestros patéticos culos. Oí saltar la alarma y os salvé. Soy un héroe.’ Pero él, ‘Rachel, [i]nosotros[/i] hicimos saltar la alarma de incendios para alejar a los Hork-Bajir. Tú te luces destrozando puertas y se dan cuenta de que les están atacando’.” “Bueno, supongo que puedo entender su…” Su mirada me detuvo en seco. “¡Vamos, que Jake es un idiota!” “¡Exactamente! ¡Nosotros pateamos traseros Yeerks! Esa es nuestra misión. Olvida el estúpido Rayo Anti-Transformaciones, ¿a quién le importa? ¡Nosotros pateamos traseros Yeerks!” Negó con la cabeza. “Jake se tiene que ir.” “Bueno, yo—”, empecé a decir. “Cállate, estoy cansada.” Apagó la luz y en cuestión de segundos respiraba profundamente. Me quedé tirada en el suelo, en la oscuridad, abrazando a mi oso manco Bobo. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a vivir con ella? No importaba lo que yo pensara, o lo que yo quería. Era inútil. Ella era la única que… Contuve la respiración. Sí. Sí. Ella era la única que decidía lo que había que hacer. Así que, ¿qué pasaba si decidía que no le gustaba compartir su vida conmigo? ¿Haría…? Oh, Dios, comprendí. Sí. Lo haría. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] [b]Rachel Buena[/b] Fui al colegio. Era reconfortante, ¿sabes? Era normal. Era seguro. No sé dónde pasó el día la Rachel Borde. Simplemente me alegré de que no fuera a la escuela. Bueno, hay algunos profesores que no me gustan, pero eso no quiere decir que quiera que la Rachel Borde los tire desde la ventana del segundo piso. Cassie se acercó a mí después de Inglés. “Reunión,” dijo. “¿Qué?” “Reunión. Después del colegio. Ya sabes.” Sí, lo sabía. El granero. Los Animorphs. Tobias. [i]Ella.[/i] “O quizá podamos ir de compras,” dijo Cassie sonriendo suavemente. Estoy segura de que mi cara se iluminó. Pero entonces me di cuenta: Cassie odiaba ir de compras. Y las reuniones no eran precisamente opcionales. Me estaba poniendo a prueba. “No, mejor vamos a la reunión. ¿De acuerdo?” le pregunté ansiosa. “O sea que eso es lo que deberíamos hacer, ¿no?” “¿Por qué?” preguntó Cassie. Me encogí de hombros. “Todo el mundo nos estará esperando. Bueno, tenemos que ir, ¿vale?” “Sí. Tienes razón. Nos vemos.” ¿No podía simplemente no ir? Eso era lo que tenía que hacer. De esa forma la Rachel Borde no estaría tan, bueno, tan enfada. Además, tenía que encontrarme con mi padre. Hacía una hora que había salido su vuelo para un trabajo en Argentina, y yo tenía que tomar el autobús hacia el aeropuerto. Por supuesto, podría haberme transformado y haber volado hacia allí. Eso habría sido más rápido y más fácil y menos caro. Me lo imaginé. Me imaginé volando. Volar era divertido. Si no pensabas mucho en ello. Pero si quieres volar tienes que trasformarte. Y la idea de mi piel convirtiéndose en plumas y mis huesos encogiéndose y mis órganos perdiéndose en el Espacio-Zero para convertise en una gran mancha de sangre y piel y un surtido de carnes varias, bueno, era demasiado asqueroso. Una sirena sonó y me hizo dar un salto. “Cambio”, dijo Marco. Estaba a mi lado. Esperando para irnos a la próxima clase, que teníamos juntos. “Oh, hola,” dije. “Bueno. Una pura suposición,” susurró. “La Rachel Borde se ha ido con Tobias, ¿no? Y tú piensas que yo soy mono, ¿verdad?” “¿Qué?” “Vamos, tenemos que ir a clase. Estoy hablando de Tobias con la Rachel Borde. Bueno creo que eso es lo que pasará, ¿no te parece?” “¿No crees que a Tobias le guste yo?” Él se encogió de hombros. “¿Cómo podría quereros a las dos? A ver, sois iguales. Muy parecidas. Idénticas. Y debo decir que me gusta tu minifalda. Es un estilo perfecto para ti. Supongo que lo que quiero decir es, ¿cómo vais a dividir vuestras vidas la Rachel Borde y tú?” Caminábamos por la entrada, empujados por críos que pasaban corriendo en ambas direcciones. “No lo sé,” admití. “Ella es un poco vehemente, ¿eh?” “¡Ya ves!” “Bastante escalofriante, la verdad. Espero que sepas que tienes a alguien para hablar de ello.” “Uh-huh.” “Me refiero al psicodrama de todo esto. Es la última de Jerry Springer (*famoso presentardor americano). ‘Conoce a una chica que ha sido dividida en dos partes, buena y mala.’ Chico, yo lo vería.” “Uh-huh.” “Pero tienes que estar asustada, ¿verdad? A ver, no te ofendas, ahora tú eres Rachel pero sin las partes psicópata-asesinas de su personalidad. Así que te tienes que estar preguntando que va a pasar con tu vida, ¿no?” “Supongo. Ella me hizo dormir en el suelo.” No sé por qué le dije eso. No debería habérselo dicho. Era vergonzoso. Vi un destello en su mirada. Una sonrisita imperceptible durante un segundo. Dejé de caminar. “Debes saber que no soy una completa idiota, ¿vale? Sé que me estás probando.” “¿Probando?” dijo con una sonrisa socarrona. “Jake te dijo que me controlaras. Ver si parecía que estaba perdiendo el control. ¿Verdad?” Marco se rió. “Ya hemos llegado.” “¿Dónde?” “A clase” No debería habérselo dicho. Marco le diría a Jake que yo no era de fiar. Le diría a Jake que yo iría por ahí contando todos nuestros secretos. Y tampoco sabía si había conseguido engañar a Cassie. Evidentemente, no había engañado a Cassie. Nadie engaña a Cassie. ¡Luché contra el pánico que brotaba de dentro de mí, amenazando con ahogarme! ¡Tenía que salir! ¡Tenía que alejarme de todo esto! Mi… mi otra mitad estaría pensando ya cómo librarse de mí. ¿Y mis amigos? ¿Intentarían detenerla? No. Yo no les servía para nada. Yo resultaba inútil para los Animorphs, quizá incluso un peligro. De pronto, la escuela ya no era tan reconfortante. [b]©199 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] [b]Rachel Borde[/b] Llegué temprano al granero. De pronto se me ocurrió: ¡podría espiarlos! Tendría que haber pensado antes en eso. Pero, ¿por qué molestar a tu cerebro con un puñado de cuestiones ‘¿Qué pasaría si…?’? El futuro no es mi problema. Vive hoy, lucha por hoy. Me convertí en mosca. Quizá no era tan fascinante como un gran depredador pero tiene sus propias habilidades. Lo hice en el mismo granero. ¿Por qué no? No había nadie. Ahora estarían saliendo del aburrido colegio. Me planté allí, rodeada de criaturas salvajes: fieros mapaches, gansos agresivos, y conejos que… bueno, no había mucho sobre lo que alabar a los conejos. Me concentré en la forma de mosca. Mi piel se ennegreció y crujió. Ya sabes, como si me hubieran tostado para aumentar la consistencia del merengue. Sólo que en vez de la dulce consistencia del merengue, mi piel era como una uña. Mi cuerpo se dividió en tres partes. Mi cabeza descansaba sobre un abdomen muscular. Más abajo, mi cintura lo unía estrechamente con un hinchado tórax. Mis brazos se convirtieron en palos. Mis piernas se estiraron más y más, estrechándose, estrechándose y haciéndose muy fuertes. Me brotaron del pecho dos brazos más. <¡Hah HAH!> grité alegremente. <Deja que mi estúpida gemela intente esto alguna vez. ¡Se volverá loca!> Durante todo el rato estuve encogiendo y arrugándome y parecía que caía hacia los granos de arena que se habían convertido en piedras y palos del tamaño de postes de teléfonos derribados. De pronto mis ojos azules se hincharon como balones. Los iris azules se colorearon de un negro brillante. La propia esfera ocular se había dividido en cientos de pequeñas partes, cada una como una especie de ojo individual. Muy guapo. Mi débil boca humana, los patéticos labios, y los dientes pequeños, inútiles, se convirtieron en el largo tubo succionador de la mosca común. Probé mis alas. En un instante estaba en el aire. Era una forma de volar totalmente diferente del águila, por supuesto. Un águila es una asesina. ¿La mosca? La mosca come caca de perro. Ah, bien. Un cazador, un asesino; un soldado debe hacer lo que debe hacer. Volé, salvajemente y entre sacudidas que me hacían perder el rumbo con cada corriente de aire, pero conseguí llegar al travesaño de una de las jaulas. Me quedé ahí, esperando. No tuve que esperar mucho. Pero no fueron mis amigos los que llegaron primero. Era un chico que, para mis sentidos de mosca, se veía como una borrosa explosión de luces brillantes. Erek. Su holograma no estaba diseñado para engañar a los ojos compuestos de la mosca. El androide miró a un lado y al otro, apagó su holograma, y ahora no parecía ser otra cosa que una pila de acero y marfil. Los colores aún estaban mal — pero era porque las moscas perciben el espectro de colores de forma diferente. Si el Chee estaba ahí esperando, es que tenía noticias. Noticias importantes. Criatura patética. Escogió libremente reanudar su progama pacifista. Le habíamos ofrecido la oportunidad de convertirse en un guerrero de extraordinaria fuerza al que ni siquiera yo me habría atrevido a desafiar nunca. Y todo cuando, durante su momento de gloria, había causado más destrucción en dos o tres minutos de lo que nosotros habíamos hecho en meses de misiones. Habiendo sembrado el suelo, manchado las paredes y los techos con los enemigos derrotados, él había elegido deliberadamente recuperar el programa que le forzaría a dejarse matar antes que causar daño a ninguna criatura viva. Me fastidiaba. Era un desperdicio. Y… y simplemente me fastidiaba, y punto. Quizá se lo preguntara. Después, no ahora. ¿Por qué? ¿Por qué lo habría hecho? El holograma del Chee se restableció. La puerta del granero se había abierto. Jake iba delante. Estaban todos allí, enormes, borrosos, seres color-lila, divididos en cientos de imágenes. Hablaban en confusas vibraciones que erizaron los puntiagudos pelos de mi espalda. Ax se transformó de humano a Andalita. Era como ver la explosión de una fábrica de pinturas a cámara lenta, demasiado color y brillo para mis ojos compuestos. Tobias voló atravesando la ventana abierta y se posó en una viga. Era el momento de empezar a actuar como una mosca. ¡Tobias era un cazador! ¡Un depredador! No podía subestimarlo. “Erek,” dijo Jake. “Sí. Problemas. Vuestro asalto falló.” “Lo hemos notado,” gruñó Marco. “Los Yeerks están trasladando el Rayo Anti-Transformaciones.” “¿A dónde?” Erek hizo que su holograma agitara la cabeza. “No lo sé. Hay un grado de secretismo que ni yo mismo puedo atravesar. Todo lo que hemos averiguado es que lo están trasladando. Y que están teniendo mucho, mucho cuidado para mantenerlo escondido. Han cargado el RAT en un camión. Tres camiones dejarán el Instituto de Investigación de Consumo. Cada uno irá en una dirección diferente. Pero sólo uno llevará el RAT.” “¿Tres camiones?” “Tres camiones. Tres rutas,” dijo Erek. Miró a su alrededor. “¿Dónde está Rachel? ¿O debo decir Rachels, en plural?” “No sé si la Rachel Loca vendrá,” dijo Cassie. “No estaba hoy en el colegio.” “Sí, la total ausencia de ambulancias es una prueba de que no ha ido a clase,” contestó Marco secamente. “Tengo que irme,” dijo Erek. “Erek” -era Cassie- “¿te preocupa algo?” El androide vaciló. “No.” Y luego, “Sí, creo que sí. Es una estupidez, la verdad, pero es como si estuviera celoso.” “¿De quién?” insistió Cassie. “De Rachel. La buena. Lo ha conseguido, ¿no? Ha encontrado la forma de seguir luchando sin sufrir el tormento de la lucha. Coge todo el mal de su interior y lo saca fuera para hacer… para hacer lo que tiene que hacerse. Supongo que hay veces que desearía… bueno, olvidadlo.” Se encogió de hombros. Nadie dijo nada. El Chee se fue. <Vale, mirad,> dijo Tobias, hablando por primera vez. <Antes de que venga ninguna de las Rachels, tenemos que hablar. Tenemos que pensar qué hacer con ellas. He estado hablando con Ax. Dice que a lo mejor –sólo [i]a lo mejor[/i]- podría volver a juntarlas.> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] [b]Rachel Borde[/b] <Necesitaremos enormes cantidades de energía,> dijo Ax. <Y las dos Rachels tienen que acceder a participar. Y aún así cabe la posibilidad de que las dos mitades de Rachel mueran en el proceso.> “Inaceptable,” le cortó Cassie. “¿Qué [i]es[/i] inaceptable?” le preguntó Marco. “¿El arreglo de ahora? ¿Una patética quejica surgida de todo el miedo y las dudas personales y las indecisiones y la estupidez que estaban ocultas dentro de Rachel? ¿O la psicópata asesina, la máquina de furia que Rachel ha intentado mantener bajo control durante tanto tiempo?” ¿Psicópata? ¿Estaba Marco diciendo que yo estaba loca? ¿Loca? ¿Por qué? ¿Por querer destruir a mis enemigos? ¿Por mantenerme con vida? ¿Por no andarme con tonterías? Se iba a arrepentir de haber dicho eso. “Eso no es todo,” siguió Cassie. “Me parece que el problema va más allá. Creo que la Rachel Borde no es capaz de hacer planes a largo plazo. La Rachel Buena sí, pero no puede concentrarse en algo durante mucho tiempo. Rachel irrumpió la otra noche sin tener idea de qué hacer. Sin ningún plan. Sólo estaba reaccionando. Pero la Rachel Maja preparó un recorrido en el centro comercial que era como una auténtica estrategia de invasión.” Marco murmuró, “Estrategia y tácticas. Corto plazo y largo plazo.” “No podemos utilizar ninguna de las Rachels que tenemos.” Ya me estaba transformando. Acababa de empezar a crecer cuando me di cuenta de lo que Jake había dicho. ¿Qué no podían [i]usarme[/i]? ¿Qué no podían [i]usarme[/i]? ¡Yo los usaría a ellos! ¡Los usaría hasta que gritaran pidiendo clemencia! Ahora crecía más rápidamente. Estaba sentada sobre la jaula. La textura rugosa de la madera se iba viendo cada vez más lejos por debajo de mí. <¡Está aquí!> gritó Tobias. En ese momento perdí el equilibrio y me caí del borde de la jaula. Disparé mis alas, pero ya se habían fundido. Me di contra el suelo. Era demasiado pequeña como para hacerme daño por la caída así que seguí transformándome. <¡Eres CARNE MUERTA, Marco!> chillé. “Está fuera de control,” dijo Cassie con tristeza. <¡Cállate, idiota abraza-árboles!> grité. <¡Acabaré también contigo!> ¡Estaba creciendo y creciendo! Más y más grande. Primero puños humanos, y luego me transformaría en… espera. ¡No! ¡Había cometido un error! En mi forma humana era vulnerable. ¡Era vulnerable! ¡NOOOOOO! “¿Ax?” dijo Jake con calma. Vi las enormes pezuñas acercándose peligrosamente. ¡Sabía lo que pasaría! Me mataría mientras era débil. ¡Lo haría! ¡Es lo mismo que haría yo, no tenían otra opción! <No me mates, ¡no lo decía en serio!> gemí. “Nadie va a matarte,” dijo Jake. <Sí, lo harás. ¡Déjame vivir! ¡Quiero vivir! No puedes hacerme daño. No puedes matarme. ¡Enclenques! ¡Idiotas!> Mientras tanto seguía transformándome, creciendo, haciéndome más y más humana. Aunque aún era casi toda mosca cuando apareció la imbécil. “¡Aaaaaaaahhhhhhhhhhhhh!” Gritó. Yo me abalancé sobre Marco. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] [b]Rachel Buena[/b] ¡Horroroso! ¡Repugnante! Era yo. ¡Yo! Mi cara con esa larga y babeante trompa donde deberían haber estado la nariz y la boca. Mi cuerpo con esas menguantes patas de palo saliendo del pecho. Casi había crecido hasta la talla humana, pero con algunas de las características de la mosca aún en ella. No podía parar de gritar. “¡Aaaaaahhhhhh! ¡Aaaaaahhhhhh! ¡Aaaaaahhhhhh!” Ella… eso… yo… tenía sus manos alrededor del cuello de Marco. Ax estaba intentando golpearla con el reverso de su cola pero Marco estaba atrapado entre ella y el Andalita. La Rachel Borde golpeó a Marco en la cara con el final de su trompa. La usó para taparle la nariz y la boca, impidiendo que respirara, ahogando sus lloros de ultraje y asco. “¡Aaaaahhhhh! ¡Aaaaahhhhh!” seguí gritando. “¡Rachel, cállate!” me cortó Cassie. “¡Mis padres volverán a casa en cualquier momento!” Marco le dio un puñetazo a Rachel en el estómago. Ella le golpeó con uno de sus quebradizos brazos de palo. Pero ya se estaba convirtiendo en humana, y no podía hacer mucho más que lanzar puñetazos. Su trompa se arrugó, dejando respirar a Marco. Y permitiéndole a ella hablar. “¡Me largo! ¿¡Quién está conmigo?!” chilló. Jake llegó de un salto a ella, pero la Rachel Borde soltó a Marco y lo esquivó. Jake cayó al suelo con violencia. Un batir de alas y Tobias se lanzó desde arriba. Maniobró en el aire, intentando agarrar un puñado de pelo rubio y distraerla lo suficiente para —. Pero la Rachel Borde fue demasiado rápida. Lanzó un brazo hacia el aire, cogió a Tobias de una de sus emplumadas patas, por encima de la garra, tiró de él y lo sujetó con la mano libre. Entonces, con una expresión de perfecta malicia en la cara, cerró su puño alrededor del cuello de Tobias. “Meteos conmigo y aquí el Chico-Pájaro se convertirá en un pollo muerto.” Todo el mundo se quedó paralizado. “¡Hah HAH!” se jactó. “¡Demasiado fácil! ¡Ni siquiera he tenido que transformarme!” <Rachel, ¡¿qué crees que estás haciendo?!> gritó Tobias, más enfadado que asustado. “Lo siento, amor mío,” dijo con desdén, “pero como depredador, seguro que lo entenderás.” “Vale, todo el mundo quieto,” dijo Marco. “¿Quieto?” chilló la Rachel Borde. “¡Me has llamado ‘psicópata’! ¿Cómo puede una ‘psicópata’ quedarse quieta?” “Me refería a ‘psicópata’ en el buen sentido,” dijo Marco. “¡Yo estoy al mando ahora!” gritó ella. “¡Dejo los Animorphs! ¡Yo soy la jefa! Todos haréis lo que yo diga. ¡Lo que YO diga!” “Lo que tú digas,” la apaciguó Jake. Se acercó a ella con cuidado. “Quieres estar al mando, vale. Yo estoy harto de esa responsabilidad.” “¿Sí? Pues aquí va mi primera orden: ¡quiero a Marco muerto! ¡No! Espera. Muerto no. Podría ser útil.” “Me alegra oír eso,” murmuró Marco. “No lo mates. Sólo… sólo…” miró a su alrededor furiosamente, frenética, con los ojos encendidos. “Solamente castígalo. ¡Eso es! ¡Lo azotaremos! ¡Sujétalo a la puerta del establo y lo azotaremos! ¡Lo azotaremos hasta que grite!” “Vale,” dijo Jake. Entonces lanzó su puño derecho, pasando junto a un Tobias que no dejaba de retorcerse, para dar contra el pómulo de Rachel. “¡Ax!” Antes de que Rachel pudiera recobrarse de la impresión del repentino ataque, la cuchilla de una cola Andalita estaba en su garganta. Marco la cogió de un brazo. Cassie del otro. Tobias cayó al suelo, se levantó y volvió a dirigirse a lo alto del granero. La Rachel Borde empezó a revolverse. A gritar. “¡Aaarrrgghh! ¡Aaarrrgghh!” ¡Totalmente fuera de control! Cayó al suelo, retorciéndose, escupiendo maldiciones y amenazas que pronto no fueron más que incoherentes rugidos de rabia. Cassie, Jake y Ax la sujetaron en el suelo. Para protegerse. Y para proteger a esa loca bestia rabiosa de herirse a sí misma. Yo estaba llorando. Con la cara en las manos, llorando. “¡Ella no soy yo! ¡Ella no soy yo!” supliqué. “¡Ella nunca ha estado dentro de mí!” Pero sabía la verdad. Mis recuerdos estaban intactos. Sabía que esta Rachel, esta cosa atormentada, salvaje, brutal, había sido parte de mí. Ella me había dado valor. Ella me había hecho fuerte. Esa cosa patética, enfermiza, retorcida, ella me había hecho… a mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] [b]Rachel Borde[/b] Chico, jamás verás a un puñado de críos más molestos por una tontería de nada. Vale, estaba alterada. ¿Y qué? ¿Quién no lo estaría? De todas formas, se calmaron después de un rato, y Jake decidió que la reunión se había terminado. Y yo decidí que prospondría mis planes respecto al asunto de Marco hasta más tarde. La lista estaba creciendo: Bailey aún tenía que morir. Y ahora Marco. Probablemente Jake también. Pero no pasaba nada, aún me quedarían Tobias y Cassie y Ax. Claro que Ax era una especie de devoto seguidor de Jake. Y Cassie… . Me encaminé a casa, sintiéndome un poco confundida. Un poco rara. Como si no supiera que era lo próximo que debería hacer. Los demás probablemente no me aceptarían nunca mientras mi estúpida gemela estuviera por ahí. Fingían que la preferían a ella. Evidentemente, ¿a quién iban a pedir ayuda en una pelea? A mí. Yo era una líder natural: fuerte, violenta, decidida. Podría planear qué hacer con respecto a la partida de camiones. Podría. Si realmente quisiera. Pero cuando lo intentaba, me daba cuenta, para mi sorpresa, de que en realidad no podía. Era extraño. Como… como cuando intentaba usar esa parte de mi cerebro, la parte de los planes. Vacía. ¿Tendría razón Cassie? Lo intenté otra vez. Nada. No es que no pudiera pensar un plan extraordinario. Era como si no pudiera pensar absolutamente ningún plan. No podía razonar ‘hacia delante’. Como si el futuro no fuera real, o posible, o… simplemente yo no fuera a estar. Lo había hecho bien en el IIC, ¿no? Obviamente, no estaba planeado. Había sido una reacción-incitada-por-el-momento. Sí. Podía hacer eso. Podía reaccionar. Ella. ¡Ella se había quedado esa parte de mí! ¡La pequeña comadreja asquerosa! La Rachel Cobardica tenía esa parte de mi cerebro. ¡Una parte que yo necesitaba! ¡Tenía que quitársela! Tenía que… pero, ¿cómo? Era demasiado complicado. Sentía como si mi cerebro estuviera a punto de explotar. Llegué a casa, empujé a mi hermana pequeña, y me precipité a mi habitación. Hasta que me calmé respecto al tema del reparto de cualidades. Era como darse cuenta de que tienes un tumor, un tumor de debilidad, una debilidad enfermiza, creciendo dentro de ti. Eso era Rachel. La Rachel Cobardica, quiero decir. Un tumor lleno de miedo e indecisión, y sacarlo todo de dentro de mí era genial, genial, ¡GENIAL! ¡Libertad, tío! ¡Libre! ¡Yah HAH! Sólo que… ella tenía la parte de mí que podía hacer planes. Estaba encerrada entre todo ese miedo. La necesitaba para mí. Necesitaba pensar cómo traerla de vuelta y todo lo que se me ocurrió fue esto: ¡matarla! Pero no. Eso no funcionaría. ¿Funcionaría? Me revolví por la habitación desgarrando la cubierta de la cama y pateando todo lo que encontraba para poder patear. ¿Dónde se había metido? Sacudí la cabeza a izquierda, a derecha, a izquierda. No estaba aquí. ¿Por qué no? ¿Dónde estaba mi otra mitad, la mitad con parte de mi cerebro? Aquí no. Sentí como la sospecha encendía la adrenalina en mi sangre. Aquí no. ¡Urdiendo una trampa contra mí con mi propio cerebro! Mi vista se volvió borrosa de pura rabia. Pero me concentré de nuevo. En una nota lila, ¡lila! Una nueva nota en el calendario de nuestro escritorio. Salté hacia el escritorio. “Llamar a Papá.” Y luego, separado, “Papá. Vuelo 545. Puerta 17.” La información llegó a mi febril cerebro. Supe inmediatamente que ella iba a traicionarme. ¡Por supuesto! Sí, si pensaba sobre ello, si me forzaba a recapacitar, podía recordar lo que yo había sido antes. Tenía que pensar sobre lo que la antigua yo, la de las dos partes, solía hacer cuando ella, yo, nosotras, estábamos deprimidas o preocupadas. Papá. Claro. Sin mí para darle a la estúpida idiota un poco de valor… Me transformé en dos minutos. Iba a ir al aeropuerto. ¡Sí! Eso lo tenía claro. ¿Y después? ¡Matar! ¡Sí, matar! ¡Matar! No estaba segura de a quién, pero sí estaba bien segura de que había que matar a alguien. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] [b]Rachel Buena[/b] Yo estaba, bueno, en el restaurante. Tomando un croissant. No quería nada, pero tienes, en fin, tienes que pedir algo. O no te dejan sentarte. Vamos, que me tomé mi croissant, y le dije al camarero que mi padre querría un café cuando llegara. La pantalla decía que el vuelo 545 llegaría a la hora prevista, y el restaurante estaba justo enfrente de su puerta de embarque. Él sabría dónde encontrarme. Pero se sorprendería mucho cuando supiera por qué quería hablar con él. Bueno, sería algo así como, “¿Papá? Hay extraterrestres. Y ellos, o sea, se meten en tu cerebro y eso.” Se asustaría. A menos que ya lo supiera. Pero no hay forma de saberlo a menos que él sea uno de ellos. Un Controlador, quiero decir. Eso sería muy malo. Tenía que asegurarme de que no lo era. O sea, yo quiero a Tobias. No quiero que le pase nada malo. O Cassie, que ha sido mi mejor amiga por siempre y para siempre. Y se lo debo… de alguna forma. Sí, se lo debo. Tengo que protegerlos. Tengo que estar segura. Había un croissant justo delante de mí. ¿Por qué había…? “¡Papá!” chillé, divisándolo. Salté y agité los brazos. Él se volvió y vino hacia mí. No parecía un Controlador. Por supuesto, sé que los Controladores no parecen Controladores. Supongo que no había forma de identificarlos. “Hola, cariño,” dijo. Mi dio un beso y me abrazó. “Hola, Papá.” “Necesito un café.” “Ya lo sabía. Se lo he pedido al camarero, ¿vale?” El camarero se acordó y vino con el café. “Entonces. ¿Cuál es la emergencia?” me preguntó. “¿Qué?” “Bueno, me dejaste entrever que pasaba algo grave. Algo que no podías contarle a Mamá.” Asentí. “Eso es. No puedo decírselo porque podría ser uno de ellos.” “¿Uno de quién?” “También podrías serlo tú.” “¿Qué yo podría serlo? ¿El qué?” me preguntó. Le miré. Muy astutamente. “Dímelo tú.” Él movió la cabeza de un lado a otro. “Vale, retrocede. ¿Qué es eso que yo podría ser? ¿O tu madre?” Parecía confundido. Pero quizás era todo un truco. Agité la mano para espantar a una mosca. Me incliné hacia él. “Mírame a los ojos y dime que no lo eres.” “No voy a hacer esa tont—” “Vale, no puedes hacerlo porque no sabes de lo que estoy hablando, ¿verdad? ¡Oh, pobre Papá! Pobre, pobre Papá, que no lo sabes. Pero te lo voy a contar. No más secretos, ¿de acuerdo?” “Absolutamente.” Miré a izquierda y derecha. A ver, después de todas las veces en que Jake y Marco nos han recordado lo de mantener el secreto, no soy ninguna idiota. Y había algo que me estaba dando la lata, como pinchándome en la parte de detrás de mi cerebro. No podía traicionar las órdenes. No podía. Entonces, mientras miraba a izquierda y derecha vi algo aterrador. Ella me miraba desde la otra punta de la estancia. Por encima del hombro de mi padre. Me sentí como si me estuviera disolviendo. Ella negó con la cabeza. Sentí las lágrimas empezando a caer. “Tengo que… que… ¡tengo que ir al servicio!” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] [b]Rachel Borde[/b] La debilucha pasó corriendo a mi lado, deshecha en lagrimas y moqueos. Intenté hacerla tropezar, ya sabes, sólo para divertirme un poco, pero fallé. “¿Qué hay?” le pregunté a mi padre, dándole la vuelta a la silla para poder sentarme a horcajadas. “¿Que qué hay?” dijo mi padre. Me miró detenidamente. “¿Te acabas de cambiar de ropa?” “Sí. Leotardos. Se llevan mucho ahora.” “¿Estás descalza?” “Hey, ya veo por qué eres periodista. Eres un genio.” “Rachel, ¿te has metido en alguna secta?” “Sí. ¡El Culto a Mí!” me reí. “¿Qué pasa, no hay servicio en este basurero? ¿Dónde está el camarero? ¡Ven aquí y atiéndeme! ¡ATIÉNDEME!” Mi padre puso su mano sobre mi brazo. Lancé una mirada a la cubertería. ¡Habría sido divertido ver con qué rapidez la habría quitado si le clavaba en ella un tenedor! “¿Corazón? El camarero está ocupado con—” “¡Deja de atender a esa vieja fea y ven aquí!” chillé. “¡Deberían servir al fuerte antes que al débil!” golpeé la mesa con el puño para dar énfasis a esta justa y obvia cuestión. “¡Rachel! Para. ¡Ahora!” me exigió mi padre. Vale, ahora se iba a tragar el cuchillo de la mantequilla. Sólo que… había demasiada gente alrededor. Ahora no. Después. “Estás en mi lista,” le dije con cara de desprecio. “¡No sé qué pasa contigo, qué hay en tu cabeza!” “¡Es más bien lo que sale de mi cabeza!” dije, y me reí con sorna. “Cariño, escúchame, no tengo mucho tiempo. Es sólo un vuelo de enlace. Tienes que decirme lo que te molesta.” “¿En este momento? Tú.” Él agachó la cabeza. “Vale, mira, sé que nos hemos perdido una semana o dos. Pero he estado muy muy ocupado. Ya sabes que te quiero.” “Apuesto a que no lo seguirás haciendo,” dije, y me reí otra vez de mi ingenio. De repente, para mi sorpresa, vi a la debilucha. Se estaba acercando poco a poco. No directamente hacia la mesa, sino como si fuera a rodearme hasta ponerse detrás de mí. Y entonces… ¿matarme? “Escucha, Rachel, aún soy tu padre y aunque yo—” “¡Calla, estoy intentando pensar!” Si la debilucha seguía moviéndose hasta ponerse detrás de mí, bueno, um… ¡mi padre la vería! ¡Eso era! ¡Mi padre la vería! ¡Un plan! ¡Tenía que detenerla! Oh… oh… ¿qué? ¿Qué? Yo— “¡COMIDA RÁPIDA!” grité. Salté de mi silla y lancé un croissant a la mesa de al lado. Nadie participó. Mi padre me cogió del brazo y me sacó de allí. Tendría que matarlo por eso. Pero por ahora, estaba funcionando. Habíamos dejado atrás a la debilucha. Diez minutos después mi padre estaba en su avión, y yo me había marchado. “Buen intento, Gran Idiota,” dije con desprecio a mi estúpida doble. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] [b]Rachel Buena[/b] ¡Estaba atrapada! La Rachel Borde me había interrumpido cuando hablaba con mi padre. No tenía a nadie a quien recurrir. Podría acudir a mi madre, claro, pero nunca hemos hablado de nuestros secretos ni nada. No es que no sea una buena madre. Lo es. Simplemente no existe esa relación-vierte-tu-interior entre nosotras. ¡Vierte tu interior! Qué frase más horrible. De todos modos, fui a ver a Cassie. Pero ella estaba a punto de reunirse con los demás. Lo había olvidado. Iba a haber una misión. ¡Esa noche! “No te preocupes, Rachel,” dijo. “No creo que Jake te obligue a que vengas.” Estábamos en el granero. Cassie estaba administrando un medicamento a un mapache con una pierna infectada. “Oh, vale,” dije aliviada. “Porque suena peligroso, ¿sabes?” “Sí, lo sé.” Tobias fue el siguiente en llegar. “Hola, um, Tobias,” dije. <Hola.> Nada más. Sólo “hola”. Empezaba a sentir que no era bienvenida entre mis amigos. Ni Cassie ni Tobias me querían. “¿Estáis enfadados conmigo?” pregunté. “¿Enfadados? No, claro que no. Es sólo que… ya sabes. Eres diferente.” “Pero ahora soy mejor,” dije. “O sea, soy buena. No estoy tan loca.” <Todos nosotros estamos un poco locos,> dijo Tobias. <Quiero decir, ¿quién más, ya sabes, se preocuparía por alguien como yo? Una chica tiene que estar bastante loca para que le guste un Chico-Pájaro.> “¿Os gusta más ella?” pregunté totalmente sorprendida. “¿Ella? Oh, ¿te refieres a la Rachel Borde?” rió Cassie. “No. Está enferma y es peligrosa. Sólo quiero que vuelva la antigua Rachel. No te ofendas.” “Pero no pretenderéis que ella vuelva dentro de mí, ¿verdad?” pregunté. No hubo respuesta porque justo entonces entró Jake con Marco y Ax en su forma humana. Parecían recelosos. “¿Qué tenemos aquí?” le preguntó Marco a Cassie. “La Rachel Cobardica,” dijo. Hizo una mueca. “Perdona.” “¡Oh vale, si ella os gusta tanto, creo que me iré a casa!” dije haciendo un mohín. “Sólo que… se está haciendo de noche. ¿Puede alguien acompañarme?” Jake agitó la cabeza como si el pelo le estuviera molestando. “Rachel, mira, te necesitamos.” <¿La necesitamos?> preguntó Tobias asombrado. “Y, Rachel Borde, asumo que estás aquí transformada en algo y espiándonos, así que puedes escuchar esto tú también,” dijo. “Mira, tenemos el problema de los camiones. Tres camiones. Tres direcciones. Si quitamos a las dos Rachels eso deja cinco personas para tres camiones. Lo que quiere decir que alguien tiene que ir solo. No me gusta. Todos necesitamos un apoyo.” <Yo no necesitaría ningún apoyo,> dijo Ax. Se había vuelto a transformar en Andalita. Yo había mirado para otro lado. “Incluso tú necesitas que alguien te cubra, Ax,” dijo Jake. “Lo siento, pero este asunto tiene la palabra ‘trampa’ escrita por todos lados. Si los Yeerks están teniendo tanto cuidado es porque están preocupados. Lo que significa que podrían estar esperándonos. Necesitamos seis personas, mínimo.” Marco acompañó sus palabras levantando seis dedos. “La pregunta es, ¿quién es el número seis? ¿La psicópata asesina o la Baby Spice?” “¡Yo no puedo ir!” grité horrorizada. “Sí, sí que puedes,” dijo Cassie con firmeza. “¡Tendría que transformarme!” <Te has transformado cientos de veces,> apuntó Ax. <Aunque hayas sido modificada tus recuerdos permanecen aparentemente intactos. ¿No puedes encontrar valor entre esos recuerdos?> “No.” <Ha dicho que no,> dijo una nueva voz. Era la Rachel Borde, por supuesto. Jake estaba en lo cierto: estaba escondida, transformada. Algo horrible estaba creciendo dentro de uno de los establos vacíos. Parecía que alguien hubiera cogido una Barbie y un transformer Beast Wars y los hubiera fundido juntos en el microondas. Jake comenzó a transformarse en tigre rápidamente. Ax se acercó a ella, con la cola preparada. Marco también empezó a cambiar. Para cuando la Rachel Borde fue humana del todo, estaba rodeada por un tigre, un gorila y un Andalita bien alerta. Sólo Cassie seguía en su forma humana. La Rachel Borde miró a su alrededor y explotó en una carcajada. “Os he asustado, ¿eh? Venga, una lucha limpia, al menos. Me enfrentaré a cualquiera de vosotros. Me convierto en oso pardo y nos ponemos.” <Perderías,> dijo Ax con confianza. La Rachel Borde pareció reconsiderarlo durante un momento. Entonces apareció una expresión astuta en su cara. “¿Sabéis lo que ha intentado hacer hoy la cobardica?” <Sí,> dijo Tobias. La Rachel Borde se sobresaltó. “¿Qué?” “Os hemos vigilado a las dos,” dijo Cassie. “Yo estaba en el aeropuerto. La mosca que espantaste, Rachel Buena. Tobias te vigiló durante el camino de ida y vuelta.” Los labios de la Rachel Borde se volvieron blancos de rabia. “¿Os creéis muy listos? ¿Pensáis que podéis manipularme a MÍ?” Jake se acercó con elegante agilidad felina para plantarse en frente de ella. <Déjame recordarte algo, Rachel. Ya hemos pasado por esto antes. David tenía el poder de la metamorfosis y nos atacó. Ahora es un nothlit, atrapado en el cuerpo de una rata en esa pequeña roca en medio del océano olvidada de dios.> “¡Yo no soy David!” escupió Rachel. Marco le contestó, <No, no lo eres. David podría haberse aliado con los Yeerks. Tú no puedes. Los Yeerks creen en el control. Y tú estás fuera de control.> “¡Puedo luchar! ¡[i]Ella no puede[/i]!” chilló, agitando un tembloroso dedo en mi cara. “¡Es una inútil!” <No, tú eres la inútil,> dijo Tobias. <No eres más que rabia y violencia. Un montón de pólvora lista para explotar con cualquier chispa. Estás fuera de ti.> “¡Yo destrozo Yeerks!” <La pólvora sólo es peligrosa de verdad cuando está reducida, controlada, cuando se usa de la manera correcta en el momento apropiado,> dijo Jake. “¡Voy a ir a esa misión!” gritó la Rachel Borde. “¡No podéis detenerme!” Arremetió contra Jake. Lo atacó con los puños desnudos. Jake ignoró el asalto. Esperó, mientras ella le daba puñetazos y le arañaba y le golpeaba la cabeza y los hombros. De vez en cuando se dignaba a parar un golpe con una de sus fulminantes garras. Finalmente la Rachel Borde se sentó, agotada. Encendida de rabia. <Insensata, has atacado a un tigre,> dijo Jake. <Por eso mismo es por lo que no vas a ir.> “Voy a ir.” <No.> Jake volvió su cara negra y amarilla hacia mí. <Vas a ir tú.> “¡Ni hablar!” <No para luchar. Sólo como retaguardia. Sólo para correr a buscar a los otros si me meto en problemas. Tendrás que transformarte, pero no tendrás que luchar. Ya sé que no te gusta. Pero, Rachel Buena, vas a ir.> “¿Por qué tengo que ir?” sollocé. <Porque es tu deber.> “¿Mi deber?” pensé en esa palabra. ¿Deber? ¿Qué era un deber? ¿Qué significaba para mí? ¡Nada! Sólo que… sí significaba algo. Para mi sorpresa, sí. Era extraño. Pero dentro de mí, intacta después de la separación, sentí resonar la palabra. La Rachel Borde tenía el valor. Yo tenía el sentido del deber. Y ahora que había tocado esa parte mí, parecía poderosa. Ineludible. “Vale, esto no estaba planeado,” murmuré. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] [b]Rachel Buena[/b] “Si ella va, yo voy,” clamó la Rachel Borde. <Vale,> cedió Jake. La Rachel Borde parecía feliz. Hasta que Ax le pegó en un lado de la cabeza con el reverso de su cola. Entonces sólo parecía inconsciente. “No podemos retenerla,” dijo Cassie, mirando a mi doble. “Tiene nuestros mismos poderes. No podemos limitarnos a atarla.” <No,> asintió Jake. <Y probablemente vendrá tras nosotros. Si lo hace… si lo hace asumid que es un enemigo.> <Genial,> dijo Marco. <Los Yeerks delante, la Rachel Borde detrás. Esto será divertido. Si por ‘divertido’ entiendes aterrador y descabellado.> Cassie me miró con aire pensativo y sonrió. “Le dije a Jake que pensaba que el sentido del deber era parte de esta mitad de ti.” “Y yo que pensaba que eras mi amiga.” Marco y Jake estaban volviendo a su forma humana. Me forcé a no apartar la mirada. Era horroroso, espeluznante, pero intenté no apartar la vista. Yo no era valiente. No lo era. Pero Cassie, como siempre, tenía razón. Jake había tocado algo aún vivo y fuerte dentro de mí: el deber. ¡Estúpida palabra! ¡Estúpida idea! No, no era una idea estúpida. Pero definitivamente, sí era una palabra estúpida. A ver, suena como ‘caca de perro’ (* duty (deber) se parece a doody (caca de perro)). Ya sabes, excrementos. ¿Tenía que ir y dejarme matar por algo que sonaba como si estuvieras hablando de lo que los perros hacen en el césped? “Vale, éste es el plan,” dijo Jake. “Ax con Cassie. Marco y Tobias. Yo y Rachel.” Por supuesto. Jake no se fiaba de mí. Me quería a su lado para poder vigilarme. “Nos reuniremos en el aire sobre IIC. Hemos avisado a los Chee para que ocupen nuestro lugar en casa.” Marco gruñó. “Los odio cuando hacen eso. El Chee que hace de mí siempre limpia mi habitación. ¡Nunca consigo encontrar nada!” “Estaremos alerta hasta que veamos salir los camiones. Un miembro de cada equipo se transformará cada media hora. Así estaremos todos recién transformados y no habrá problemas con el límite de tiempo. ¿Alguna pregunta?” Marco levantó la mano. “¿Si me divido por la mitad me puedo quedar en casa?” Todos nos reímos. Esa risa nerviosa que aparece cuando sabemos que Marco está intentando relajar la tensión. Se necesitaba algo más que eso para relajarme a mí. Me sentía tan rígida como una tabla de planchar. Sabía lo que venía ahora. “Vale, vamos a transformarnos,” dijo Jake. Me guiñó un ojo. Se suponía que eso tendría que haber hecho que me sintiera segura. No lo hizo. Cerré mis ojos con fuerza. Búho. Era la forma más apropiada para volar por la noche. Todo el mundo lo sabía. Búho. No eran demasiado espantosos. No demasiado espantosos. No demasiado espantosos. Cerré los ojos tan fuerte como pude. Y lo dejé empezar. No veía nada. Y, claro, no dolía. Bueno, si pudieras sentir de verdad la transformación estaría mucho más allá del simple dolor. Sería como quemarte vivo mientras te tritura el camión de la basura o algo así. Así que no lo sentía, no de esa forma. Pero sí notaba algunas partes del proceso. Desde muy lejos, como cuando vas al dentista y te dan Novocain y no es que te duela, sólo que sabes que debería dolerte, porque, vamos, te están perforando los dientes, y eso tiene que doler. Así es la transformación. Y también puedes oírlo. Puedes oír tus huesos crujiendo y moliéndose mientras se encogen y se doblan y se ahuecan. Puedes oír cómo tu cráneo cambia de forma y piensas, ¡Oh! ¡Oh! ¡[i]Mi cráneo se está abollando[/i]! Y sientes cómo te tambaleas, perdiendo el equilibrio, conforme tu cuerpo va cambiando de forma y tu pies se convierten en rígidas y tenaces garras, y cuando extiendes las manos para procurar no caer sientes una resistencia porque ahora tienes alas. Pero a pesar de todo, mantuve mis ojos bien cerrados. <¿Rachel? Ya estás.> dijo Cassie amablemente. Abrí los ojos. <¡Yah!> chillé de sorpresa. Visión de búho, claro. Mucho, demasiado. Cerré los ojos. Luego, muy despacio eché una miradita. <¿Estás bien?> me preguntó Tobias. <Noooo,> sollocé. <Vamos a volar,> dijo Jake. Deber. Estúpida, estúpida palabra. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] [b]Rachel Buena[/b] No es que volar no estuviera bien. Estaba bien. Bueno, algunas partes. Como lo de poder verlo todo desde el aire. Eso es más o menos interesante. Pero aquí va el problema de volar. ¡Estás en el aire! No hay nada sosteniéndote más que aire. Nada. Estás a cien pies del suelo o lo que sea, y en tu cabeza sigues siendo humano, sigues pensando “Oh. ¡Dios MÍO! ¡Estoy en el aire!” Veamos, si te asomas por la ventana de la tercera planta de un edificio te inquietas, ¿verdad? Aunque sabes que la mayoría de tu cuerpo sigue dentro del edificio. Bueno, cuando estás volando, no son sólo tres plantas y no hay edificio y si empiezas a caer vas a tener mucho tiempo para gritar y pensar a cerca de ello antes de estamparte contra el suelo y romperte todos los huesos del cuerpo. <¿Estás bien?> me preguntó Cassie. <Nnn-hnnn,> dije. Volamos a través de la noche. Los seis. Los Animorphs. Lo habíamos hecho… lo había hecho probablemente cientos de veces. Recordaba todas esas ocasiones. Recordé como volaba de una misión a otra y me sentía emocionada por la perspectiva. Solía desear que llegaran. La lucha. Las misiones. Y ahora, cuando pensaba en eso, no era todo parte de la Rachel Borde. Yo también estaba allí. Estaba asustada. No es que no estuviera asustada. Era sólo que la Rachel Borde había tomado el control. Ella nos había hecho valientes, con una mezcla de coraje e imprudencia y desesperación e inseguridad. Y también había habido locura. Algo muy enterrado dentro que era oscuro e inexorable y cruel. Pensé en los otros, en mis amigos. Si ellos se hubieran partido como yo, ¿en qué se habrían convertido? ¿Tenía Jake un Jake Malo dentro de él? Oh, sí. Definitivamente. Y Ax. Ninguno de ellos sería tan salvaje y tan incontrolable, pero ellos tenían esa misma esencia oscura. ¿Cassie? No. O al menos la supuesta Cassie dividida tendría una enorme porción de bondad y una pequeña bolsita corrompida. ¿Y Tobias? Volaba, aún en su propio cuerpo de halcón, un poco más arriba, y algo separado del resto de nosotros. Si partes a Tobias en dos obtendrías lo que ya tienes: un halcón y un chico. Me había venido bien pensar en todo eso. Me sacó de la mente lo que venía a continuación. ¿Qué era? Oh, sí. Seguir a los camiones. Bueno, quizá no fuera tan malo. Al menos ya estaba transformada. Ya estaba volando. Todo lo que tenía que hacer era volar sobre los camiones. <Ahí está IIC,> dijo Jake. <Vale, separémonos. No queremos parecer una convención de búhos.> Durante un momento simplemente nos dedicamos a flotar en el aire. Yo y Jake nos quedamos juntos. No me había preguntado cómo lo llevaba. Probablemente no quería saberlo. Entonces… <¡Se mueven!> nos informó Marco. <Las puertas se abren. Tres camiones bien visibles dentro del edificio.> <Vale, todo el mundo en sus puestos,> ordenó Jake. <De derecha a izquierda los llamaremos camiones uno, dos, y tres. Ax y Cassie, camión número uno. ¿Marco y Tobias? Número dos. ¿Rachel? Tú te quedas conmigo. Tenemos el camión número tres. En cuanto nuestro camión deje el edificio lo interceptaremos e intentaremos aterrizar.> <¿Aterrizar?> chillé. <En el camión.> <¿Perdona? Pensaba que íbamos a, bueno, ¿a seguirlo?> <Rachel, un búho no puede seguir a un camión que debe ir a unos noventa kilómetros por hora.> <Pero… pero… ¡NO!> <Rachel, te necesitamos.> <¡NOOOOOO!> Los camiones empezaron a avanzar, enormes cajas tambaleantes bajo nosotros y a doscientos pies por delante. Jake se inclinó en un picado para interceptarlos. Vacilé. Deber. Caca de perro. Deje que el aire saliera de debajo de mis alas y me lancé tras de él. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] [b]Rachel Buena[/b] Abajo. Abajo. Abajo. Más rápido. Más rápido. Más rápido. Y todo en el más absoluto silencio. De las alas del búho no surgía ni un suspiro. El camión, fuertemente iluminado para mis ojos de búho, se acercó rápidamente. ¡Íbamos a chocar con él! ¡No, íbamos a pasarlo de largo y a tragarnos el suelo! ¡No, íbamos a tropezarnos y a deslizarnos bajo las enormes ruedas! <¡Aaaaaaaahhhhhhh!> grité. <¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo!> <Yo también,> admitió Jake, nervioso. <Sólo mantente cerca de mí. No pienses. Déjate llevar, piensa que estás en cualquier otro lugar.> <¿Qué? ¿Qué? ¡Soy un búho a punto de colisionar con un camión!> <Deja que vuele el búho, Rachel. Es como lanzarse a por un ratón. ¿Ves esa correa que sobresale del techo del camión?> <S-s-s-sí.> <¿Ves lo que hay encima? ¿La hilera de remaches? Ese es tu blanco. Tu ratón. Simplemente deja volar al búho.> Lo intentaba. De verdad que sí, ¡pero Jake estaba LOCO! ¿Qué quería decir con eso de dejar volar al búho? Estábamos a diez segundos del impacto. Nueve. Ocho. Y entonces, para mi sorpresa, el búho tomó el mando. ¡Fue tan escalofriante! Como si, durante un segundo, hubiera estado en la cabina de un avión y no tuviera ni idea de cómo pilotarlo y entonces, de repente, el piloto llegara y se encargara de todo. Me concentré en esos estúpidos remaches. Yo me concentré y el búho se concentró y ambos nos acercamos más y más y más y… ¡Quieta! Mis garras se aferraron. Buscando, corrigiendo la posición… El camión dio un bandazo. Perdí la sujeción, me giré, y volé sobre la caja del camión. Mis garras la acuchillaron, desesperada, buscando un asimiento donde sólo había acero impecable y liso. <¡Aaaaaaaahhhhh!> ¡Un momento! ¡Una garra se enganchó! Un pequeño agujero, un agujero de tornillo. Una uña de una de mis garras se había cogido a ese pequeño agujero. Vi a Jake, agarrado a la correa en frente de mí. ¿Los demás? Todos lejos, por ahora. Quería llorar. Quería sollozar y lloriquear y gemir boo-hoo. Estaba temblando. Mis plumas estaban temblando. Mi mente se inquietaba a toda velocidad. Se inquietaba acercándose a una oscura desesperación. <¡Rachel! ¡Transfórmate!> <¿Qué?> <¡Transfórmate! ¡Ahora!> <¿Aquí?> No debía haberlo oído bien. ¿Estaba mal de la cabeza? <Tienes que volver a tu forma humana para volver a transformarte,> dijo. <Escúchame, Rachel. Escúchame. Deja de llorar, deja de ofuscarte, sólo escúchame.> Me concentré en su voz telepática. Intenté hacer callar todo lo demás. Empecé a transformarme. Mejor ser humana que búho. Sólo había un problema: mi garra. En cualquier momento se convertiría en un dedo. Un dedo no se sujetaría. Me caería rodando del borde del camión a la calle y me atropellaría — <¡Rachel! Escúchame. Transfórmate. ¡Hazlo!> <¡Lo estoy i-i-intentando!> Empecé a cambiar. A crecer. Vale, entendía lo que pretendía Jake. Sabía que él suponía que mi piel humana me ayudaría a agarrarme al acero. Tenía razón. Conforme la piel fue sustituyendo a las plumas empecé a sujetarme mejor. Mantuve los ojos fuertemente cerrados. “Rachel. Ya has vuelto a tu forma humana,” dijo Jake con su propia voz. “Bien,” susurré. El camión viró bruscamente. Di un manotazo al metal, intentando sostenerme. “Vale, ahora tienes que transformarte de nuevo.” “¿Qué?” “Insecto. Cucaracha.” “¡No! ¡Ni hablar! ¡Nunca! No no no no no no no …” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] [b]Rachel Buena[/b] “¡Rachel!” “No no no no no no . . .” “¡Rachel! Hay un túnel un poco más delante. Este camión es demasiado alto. El túnel es demasiado bajo. Si aún eres humana cuando lleguemos serás aplastada.” La cabeza me daba vueltas. Ya sabes, ves esa frase en los libros ‘La cabeza me daba vueltas’ y piensas [i]Whoa, ¿de qué va eso?[/i] Yo puedo decírtelo: La cabeza te da vueltas. Era totalmente imposible. ¿Tenía que elegir entre matarme en un túnel o convertirme en una cucaracha? ¿Qué clase de mundo es este que te hace elegir entre alternativas semejantes? Un mal sitio, eso es lo que es. Malo, malo, muy malo. “Escucha, simplemente cierra los ojos como antes,” me instó Jake. “¡Venga, date prisa! Es la única forma de seguir vivos.” Se me ocurrió que tal vez Jake estaba mintiendo. Quizá sólo me estaba diciendo eso para hacerme hacer lo que él quería. ¿Pero cómo podía saberlo? ¿Cómo me sería posible saberlo? Apreté los ojos cerrados y me aplaste tanto como pude contra la fría caja de acero del camión. ¿Cucaracha? Ya lo había hecho antes. Me había transformado en cucaracha un montón de veces. Un montón. Nada que temer. Nada de lo que preocuparse. ¡Excepto por el hecho de que iba a transformarme en una cucaracha! “Ojos cerrados, Rachel. Ojos cerrados.” Era muy extraño. No la transformación. Bueno, sí, la transformación, pero no me refiero a eso. Lo que era extraño era que supieras que estás asustada por algo, y entonces vas y lo haces, y la próxima vez ya no estás tan asustado. Como si el miedo se borrara, se hiciera más débil. Eso es lo que pasa normalmente. Sólo que no era lo que me pasaba a mí. Me acababa de transformar en búho. Y había vuelto a mi forma humana. Así que debería ser más fácil ahora, ¿verdad? Además, ya lo había hecho unos cientos de veces: oso, mosca, ballena, pulga… Guardaba todos esos recuerdos, perfectamente preservados. Sabía… Quiero decir, sabía que había hecho todas esas cosas. ¿Entonces por qué estaba tan asustada? Pero lo estaba. El miedo estaba intacto. No había disminuido nada. Ni una pizca. Era como si la parte de mi cerebro que era capaz de pensar [i]Hey, eso no es tan malo[/i], se hubiera ido. Se había ido. Estaba en mi gemela. Ese pensamiento me puso muy triste. Nunca iba a ser capaz de ser valiente de nuevo. Nunca. Como si existiera algún tipo de órgano de control-del-miedo y me hubieran extirpado el mío quirúrgicamente. Estaba temblando. Agitada. Los dientes me castañeaban. Hasta que no tuve dientes. Hasta que no tuve carne que temblara. Sabía que estaba encogiendo. Podía decirlo porque mis palmas se arrastraban por el acero y mis manos y pies se acercaban cada vez más. Pero seguía teniendo los ojos cerrados y me dije a mí misma que no me pasaba nada. A mí no. A otro. No a mí. De repente, dos patas surgieron de mi pecho. Chillé. Sólo que no lo hice, porque ahora no tenía boca. Intenté lanzar un chillido pero ya no tenía pulmones. Ni garganta. Ni cuerdas vocales. Ni lengua o labios. ¡Todo había desaparecido! Grité en lenguaje telepático. <Está bien, Rachel. Está bien, Rachel,> decía Jake. <Sigue. El puente se acerca. Date prisa. Sigue transformándote. Hay tiempo, ¡pero no pares!> Continué con la transformación. Sólo que yo ya no estaba allí. Mi mente estaba desconectada, muy lejos. Lejos en un lugar cálido y acogedor, tapada con un gran edredón hasta la barbilla y mis ojos cerrados y… Los sentidos de la cucaracha se activaron. Me inundaron de sensaciones. ¡Olores! ¡Vibraciones! Ya no podía cerrar los ojos. <Buen trabajo, Rachel,> dijo Jake. Supuse que lo había dicho cientos de veces antes. Por fin, mi mente aterrada bajo flotando a la Tierra y le oí. <¿Hemos pasado ya el puente?> susurré. Él no contestó. Vale. Había mentido. Ese era Jake: la misión antes que nada. No quería ver, sentir, oír, pero no tenía alternativa. La cucaracha a penas tiene visión, sólo distingue vagas siluetas flotando en las sombras. Pero oyendo y ‘oliendo’ son bastante buenas. Y no podía limitarme a desenchufarlo. Así que me daba cuenta de que el camión estaba descendiendo. Y sentí cuando pasó del frío aire del exterior a un aire mucho, mucho más cálido. Divisé en la distancia un gran brillo apagado. Y sentí vibraciones que mi cerebro de cucaracha interpretó como amplias ondas de sonidos graves. Y luego empecé a apreciar la diferencia de tono según el camión se encaminaba más hacia abajo. <Una especie de túnel,> dijo Jake, que parecía preocupado. El camión se detuvo. Había un olor… ¡Gas! <De… > dijo Jake. Y perdí el conocimiento. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 28:[/b] [b]Rachel Buena[/b] Me levanté. Intenté abrir los ojos. No tenía ojos. No tenía visión. Mis antenas rozaron algo por encima de mí, haciendo que un estremecimiento atravesara todo mi cuerpo. ¡Estaba en la forma de cucaracha! Oh, Dios. Oh, Dios, ¡estaba en la forma de cucaracha! Corrí. Pánico. Disparé mis seis patas y corrí. ¡Una pared! Izquierda. ¡CORRE! ¡Una pared! Estaba en una esquina. Media vuelta. ¡Otro camino! ¡CORRE! ¡Pared! ¡NO, no, no! No eran paredes. ¡Una caja! ¡Estaba en una caja! ¡En una caja! Un par de centímetros más alta que yo, un par de centímetros más ancha, un par de centímetros más larga. ¡Una caja! ¡Atrapada! <Rachel, trata de calmarte,> dijo Jake. ¡Transfórmate! Me grité a mí misma. ¡Transfórmate! Empecé a cambiar, a crecer, pero inmediatamente sentí la terrible e inflexible presión. ¡Todo paredes a mi alrededor! <¡No te transformes o morirás!> gritó Jake. A duras penas conseguí escucharlo. Volví a mi forma anterior, ¡pero el pánico, el terror! Oh, Dios, ¡me habían cogido! ¡Al final me habían atrapado! Atrapada. ¡Como una cucaracha! ¡Como una cucaracha! Empecé a gritar. Seguí gritando. Gritando y gritando y gritando. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 29:[/b] [b]Rachel Borde[/b] Mis ojos se abrieron de golpe. Vi las vigas. Vi un establo a mi alrededor. Alguien había traido una manta y la había puesto debajo de mi cabeza. Había otra manta sobre mí. “¡Aaaarrrrgghhh!” chillé y me levanté del suelo de un salto. Estaba despierta, levantada y furiosa en una décima de segundo. “¿Dejarme inconsciente? ¿Dejarme a MÍ inconsciente? ¡Os mataré! ¡Os mataré a todos!” Los animales de las jaulas retrocedieron ante mis gritos. Hacían bien. Hasta aquí hemos llegado, pensé. ¡Ahora van a morir todos! No necesito a ninguno. Especialmente a esa tonta, quejica, charlatana, imbécil doble mía. ¿Pero cómo llegar hasta ellos? Tenía que seguirlos. Eso era lo primero. Tenía que seguirlos. ¿Pero cómo? ¿Cómo? Ni siquiera sabía cuánto hacía que se habían ido. Podrían ser minutos u horas. Salí hacia el aire vespertino dando un portazo y examiné el cielo. ¡Un halcón! No, sólo era un cuervo. ¿Cómo se suponía que iba a encontrarlos? Las luces estaban encendidas en casa de Cassie. ¿Sabrían sus padres que se había ido? No. No. Por supuesto que no. El Chee. Así era como lo habíamos hecho en otras ocasiones. Los Chee mandaban a uno de sus androides, preparado con un holograma que sería el duplicado perfecto de Cassie. Así que “Cassie” probablemente estaba en casa cenando. Estaba hambrienta. ¡Podría matar algo y comérmelo! ¡Céntrate! Cuando los seguí a IIC había tenido una ventaja. Podía verlos. Esto era más difícil. ¿Cómo se suponía que iba a seguirles la pista a través del cielo? Espera, quizá todavía no se habían alejado tanto. ¡Eso era! ¡Lanzarse al vuelo y esperar a tener suerte! Buen plan. Momentos después estaba en mi forma de búho y volando a toda la altitud que me permitía un pájaro acostumbrado a las altitudes bajas. Exámine el cielo delante de mí, detrás, izquierda, derecha, arriba, abajo, ¡NADA! Seguí volando por encima de la autopista. Los faros delanteros de los coches emitían una luz apagada; la de los posteriores, estridente. ¡Demasiado brillante! Tenía que seguirlos. ¡Tenía que cazarlos y matarlos! ¡Ahora! ¡Ahora mismo! Pero… ¡pero no podía encontralos! <¡AARRRGGGHH!> Podía sentir cómo se acercaba esa rabia delirante. Estaba perdiendo el control. Mis alas estaban temblando. Mis garras se cerraban compulsivamente en el aire. Quería gritar y gritar y encontrar algo, cualquier cosa, para matar, matar, ¡MATAR! Entonces reconocí el camión. Un camión con algo que sólo podía ser una chica transformándose en cucaracha. [i]¡La Rachel Buena![/i] Me jacté. [i]¡Jake y mi gemela juntos! ¡Perfecto![/i] Pero el camión se estaba alejando a una velocidad bastante rápida. Demasiado deprisa para que yo pudiera alcanzarlo. Todo lo que podía hacer era mirar inútilmente cómo cambiaba de dirección en una curva, y se metía en una pequeña carretera. El giro en la curva me dio unos pocos segundos para alcanzarlo. Pero luego el camión se alejó de nuevo moviéndose a más velocidad. En cinco minutos lo perdería de vista. Una vez estuviera fuera de mi vista tendría que pensar, pensar sobre lo que habría hecho, pensar un plan. ¡No! No, tenía que mantener el contacto. Era la única forma. <¡NO! ¡NO! ¡No me negaréis la venganza!> grité. Entonces, justo en el límite de mi visión, vi encenderse las luces de los frenos. El camión estaba reduciendo velocidad. Forcé mis alas todo lo que pude. Volé tan rápido como nunca había volado un búho. Prácticamente deliraba con las maravillosas imágenes que llenaban mi mente: Jake y la Rachel Buena, ambos como cucarachas. ¡Hah! Martarlos casi sería demasiado fácil. Podría… ¡podría comérmelos! ¡Sí, eso era! ¡Podría devorarlos, ah, hah, hah, HAH! O quizá les arrancaría las patas y los dejaría sobre su espalda, indefensos, para… no, espera. Eso no funcionaría, ¿no? ¿Pero por qué? Alguna razón. Ellos…me concentré, intentando suponer qué era lo que me preocupaba en esa escena. Les habría arrancado las piernas. Vale. Eso estaba bien. Entonces, los pondría sobre su espalda para que no pudieran darse la vuelta. Y luego… ¡Me los comería! ¡Sí! ¡Me los tragaría de un gran bocado! Pero aún así no me sentía a gusto. Como si estuviera pasando algo por alto. La frustración estaba creciendo. Era algo físico, como una tetera hirviendo en mis entrañas. Y cuanto más hervía, menos podía concentrarme, cuánto más hervía, menos podía concentrame, cuánto más… <¡Aaaarrgghh!> El camión disminuía la velocidad. Doblaba hacia una carretera secundaria a mi derecha. ¡Ahora podía seguirle el ritmo! A duras penas. El camión se acercó a un enorme y herrumbroso edificio de acero. ¿Una fundición? ¿Dónde fabrican acero o algo así? Tal vez. Brillaba en la noche con un resplandor anaranjado. El camión atravesó la puerta de entrada. ¡Lo perdí de vista! Tenía que comérmelos. Un gran bocado. ¡La frustración! Sentía que quería arañar mi propio cerebro abierto. No funcionaba. Mi cerebro no funcionaba. Ahora, ¿qué? Y luego, ¿qué? <¡A por ellos! ¡Síguelos!> Eso era bastante fácil. Lanzarse en picado. Atraparlos. Matarlos. Sí, sí. Eso me calmó un poco. Nada de preocuparse por los detalles. Abajo y abajo y abajo. Me deslicé a través de la enorme puerta abierta. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 30:[/b] [b]Rachel Buena[/b] <¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!> <¡Rachel! ¡Rachel, soy Jake!> <¡No! ¡No! ¡No!> <Rachel, escúchame. Escúchame, Rachel. Sé que estás asustada, Rachel. Escúchame.> Gemí. Un lamento quejumbroso surgió de mi interior. Un sonido callado, sin voz, un lastimero sollozo. Mi cerebro… se había ido. Pensar… imposible. Sólo terror. Terror animal. <Escúchame, Rachel. Hemos estado metidos en un montón de sitios peligrosos, Rachel. Montones de sitios peligrosos.> <Oooooh, ooooh, ooooh.> <¿Recuerdas cuándo los Yeerks estaban intentando capturar al Presidente y a los líderes mundiales en aquella conferencia? ¿Recuerdas que pensamos que estábamos acabados, atrapados por unos cien Hork-Bajir?> <Oooooh, ooooh, ooooh.> <Aún así lo conseguimos, ¿no? ¿O recuerdas cuándo éramos delfines y nos metimos en esa pelea con los tiburones? ¿Y qué hay de cuándo… venga, Rachel. Aguanta. Piensa en eso.> <Oooooh, ooooh, ooooh.> <Bueno, mira, no puedo ver mucho, vale, igual que tú. Pero creo que no somos los únicos. Creo que puedo ver otros… recipientes. Ya sabes, como en el que estamos nosotros. Creo que lo que ha pasado es que los Yeerks rociaron el camión con gas nervioso y simplemente han atrapado todo lo que ha caído. ¿Me entiendes? Insectos o cualquier cosa. No sólo a nosotros.> <Oooooh, ooooh, ooooh.> <Hay algunos Hork-Bajir, vigilándonos, creo. ¿Me lo puedes decir? ¿Puedes asomarte y mirar, Rachel? Sé que los ojos de la cucaracha son bastante malos, pero mira si puedes sentir algo por las sombras y los movimientos. Eso ayudaría. ¿Rachel? ¿Rachel?> No podía. No podía mirar. Pensar. Sólo gritar y gritar. Gritar. ¡GRITAR! ¡GRITAR! ¡GRITAR! <¡Rachel! ¡Para, para ahora mismo!> Me quedé callada. <Te voy a decir que hacer, Rachel, y vas a hacerlo.> Silencio. Espera. Sentía el terror acechándome, riéndose por detrás de mí, sentía su fría mano atravesándome. ¡Atrapada! Una cucaracha en una caja de cerillas de plástico transparente. No había forma de transformarse. ¡Atrapada! <Escúchame, Rachel, quiero que me digas todo lo que ves. ¡Hazlo!> <Y-y-y-yo veo… veo… sombras. Moviéndose. A nuestro alrededor. Altas, ¡enormes!> <¿Son Hork-Bajir?> <Sí. No lo sé. Tal vez. Sí. Hork-Bajir. ¡Oh, Dios!> <Escúchame, Rachel. ¿Qué más ves?> <Una luz. Roja, tal vez. ¡Un reloj, creo! Números de color rojo. Contando hacia atrás. ¡Ooooohhh!> gemí. Sabía por qué contaban hacia atrás. <Rachel, escucha, es una de las trampas psicológicas de los Yeerks. Quieren que nos asustemos. Es una cuenta atrás para hacernos pensar que tenemos que transformarnos rápidamente. Pero escúchame, Rachel. No están seguros de que no seamos sólo insectos de verdad, ¿vale? No lo saben, Rachel. Lo esperan. Lo suponen. Pero no lo saben. ¿Me entiendes?> Cuenta atrás. Atrapada. ¡El resto de mi vida como cucaracha! No un halcón como Tobias, ¡una cucaracha! ¡No! ¡No! ¡NONONONONO! <Escúchame, Rachel, no puedes decirles nada cuando vengan. No puedes decir nada. No importa lo que —> ¿Decir? ¿Decir? Mi mente febril se centró en ese pensamiento. ¡Podría hablar con ellos! Podría rogarles que me dejaran ir, que me dejaran ir, que me dejaran ir. <Rachel, escúchame muy atentamente,> dijo Jake. <No puedes decir nada. Es la única forma de sobrevivir. Es tu deber.> <¡Ayudadme! ¡Ayudadme!> empecé a gritar a través de la telepatía abierta. <¡Rachel, no!> ¡De pronto, movimiento! ¡Venían a por mí! ¡Los Hork-Bajir! Sí, me dejarían salir, me dejarían salir y yo les contaría todo. ¡WHAM! Alguien agarró mi caja. ¡Fwit! Volé atravesando el aire. Y luego, [i]¡cuchillada![/i] Volé atravesando el aire. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 31:[/b] [b]Rachel Borde[/b] Bien mirado, no necesitaba ningún gran plan. Vi a los Hork-Bajir, me convertí en Hork-Bajir y me confundí entre ellos. ¡Hah! Todo lo que tenía que hacer era comportarme como ellos me decían. La habitación estaba sombría, iluminada sólo por una pálida luz verdosa que parecía surgir de las paredes. Había una docena de pedestales. En cada pedestal una caja pequeña de cristal. En cada caja de cristal un insecto u otro animal pequeño. Cucaracha, hormiga, caracol, escarabajo, mosca. Extraño. Como si a algún coleccionista demente le hubiera costado mucho capturar y exponer algunos animales poco comunes que en realidad no eran tan poco comunes. Una cosa estaba clara: Jake y mi gemela idiota eran dos de esos insectos. ¡Y eran carne muerta! Me reí. En silencio, por supuesto. Los Yeerks pensaban que eran [i]ellos[/i] los que iban a matar a Jake y a la otra Rachel. ¡Hah! ¡Iba a matarlos yo! Nadie podía privarme de ese placer. Estaba en la forma de Hork-Bajir. En absoluto diferente de los otros tres Hork-Bajir de la pequeña habitación claustrofóbica. Excepto porque esos tres no sabían quién era yo. No sabían en que peligro se encontraban. ¿Yo contra tres? Contaba con la ventaja del ataque por sorpresa. Además, era yo. ¡Yo! “Aburrido, ¿eh?” le dije a un Hork-Bajir grande y viejo que estaba detrás de mí. Me miró. Probablemente bastante sorprendido por mi correcto uso del inglés. Las bocas y cerebros de los Hork-Bajir no utilizan el inglés tan bien, así que usan una mezcla de idiomas: el suyo, y los nuestros, y lenguaje Yeerk, por supuesto, y [i]Galard[/i], y no importaba, porque ya me estaba clavando su mirada, y yo disfrutaba del momento de suspense, el punto en el que el tiempo se ralentiza, ¡mientras me preparo para atacar! Mencionó algo a cerca de cómo dejaríamos de aburrirnos cuando llegara Visser Tres, y en cuanto pronunció, un tanto confundido, la última palabra, ¡ataqué! ¡La cuchilla de la muñeca derecha directa a su garganta! ¡Ah HAH! Cayó, aún con la expresión de asombro en su cara. El segundo Hork-Bajir simplemente se quedó ahí plantado, paralizado, pero el número tres era un Yeerk espabilado. Él ya sabía lo que pasaba. Se lanzó hacia mí. ¡Demasiado tarde! Salté, me ladeé, volqué mi peso en la cola, esperé a que me rozara, ¡GOLPEA! “¡RrrrAAAARRRGG!” rugió de dolor. <¿Lo has entendido ya, genio?> me burlé del que quedaba en lenguaje telepático. Entonces me lancé a por él. Pero aunque era tan estúpido como una basura, se movía con rapidez. Me esquivó. Me estrellé contra uno de los pedestales y lo tiré, como un dominó, hacia otros pedestales que también se cayeron, haciendo volar por los aires a los pequeños bichos de las cajas. El Hork-Bajir al que había destripado se levantó, sujetándose las tripas con una mano y buscando el interruptor de la alarma con la otra. ¡BrrrrrrEEEEET! ¡BrrrrrrEEEEET! El idiota de antes se rió. ¡Me dio un codazo! Agité mi brazo, desgarré su cuchilla suelta y le golpeé en un lado de la cabeza con mi propia cabeza. No renunció. Yo no renuncié. ¡Y ahora empezaba el caos del uno-contra-uno! ¡Slash! ¡Slash! ¡Volaba sangre del Hork-Bajir! <¡Ah hah hah HAH!> grité de puro placer. ¡BrrrrrrEEEEET! ¡BrrrrrrEEEEET! Definitivamente el Viejo Destripado había hecho sonar la alarma. ¡Y ahora el condenado idiota estaba lanzándome las estúpidas cajas de los insectos! ¡Hah! ¡Slash! ¡Slash! ¡Slash! ¡Slash! Cuatro cajas de insectos, cuatro cortadas por la mitad por mis sobrenaturalmente veloces cuchillas. Mi principal contrincante lo vio y se asustó. Vaciló por un momento. <Venga, Yeerk, vamos a bailar,> me pavoneé. Él embistió. Yo embestí. Crunch. Oí el sonido de un bicho chafado bajo mi pie. Lo único que podía hacer era esperar que no hubieran sido ni Jake ni Rachel. Quería que [i]fueran conscientes[/i] de que yo les había matado. ¡Slash! Me agaché para esquivarle. Le asesté un golpe a mi enemigo por debajo de la barbilla. ¡Adiós barbilla! ¡Tres! ¡Me había cargado a tres! Era una diosa. ¡Nada podía detenerme! ¡Nadie! ¡Era invencible! Y ahora, a encontrar a Jake y a la patética criatura que se hacía llamar Rachel. Pero de pronto, ¡whooosh! La pared de delante de mí se deslizó hacia arriba. El Destripado salió tambaleándose. Salió hacia la sala de detrás de la pared, mucho más brillante. Una docena más de Hork-Bajir esperaban, vibrando de pura energía destructiva. Y en medio de ellos, él, el único, la más peligrosa criatura con la que había luchado jamás. Visser Tres. <¡Cierra, idiota! ¡Le vas a dejar escapar!> gritó en un ensordecedor rugido telepático. Vi batirse su cola Andalita y alcanzar a Destripado con una guadaña más afilada que cualquier cuchilla Hork-Bajir. La pared se cerró. <Bien, bien,> dijo, más calmado. <Tenía mis dudas respecto a que hayamos cogido a un Andalita. Pero ahora, ya no habrá más dudas.> <¡Entra!> chillé. <¡Entra y te mataré!> <Sí, es posible,> dijo con suficiencia. <Así que temo que tendré que declinar tu oferta. En lugar de eso, creo que simplemente esperaré. Llámame cuando estés listo para someterte a mí, Andalita.> <¿Someterme? ¡Te rebanaré la cabeza!> <No, no creo que lo hagas. Fíjate, tengo un cuerpo Andalita. Controlo una mente Andalita. Y sé cómo hundirte. Oh, sí, lo sé.> Oí un ruido extraño. Corredizo. De algo resbalando. Miré hacia arriba. Al principio era difícil de decir en la tenue luz, pero luego me di cuenta de que era cierto: el techo se estaba acercando más y más. Y una de las paredes también. <¿Existe algo a lo que un Andalita tema más que a ser lenta, inexorablemente aplastado?> dijo Visser susurrante. <¿Existe algo a lo que un animal libre e independiente como tú tema más?> <¡Te mataré!> rugí. <¡Te mataré!> <Cuando la habitación empiece a quedarse sin aire para tus pulmones, llámame, Andalita. Llámame.> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 32:[/b] [b]Rachel Buena[/b] ¡Estaba en el suelo! ¡Fuera de la caja! Enormes pies de Hork-Bajir pisoteaban mi alrededor. Pero entonces, después de un rato, todo se calmó. Todo excepto el sonido de la voz telepática de mi gemela rugiendo a Visser Tres. Y entonces, la terrible realidad de la amenaza de Visser Tres: había escapado de una caja sólo para encontrarme atrapada en otra. [i]¡Transfórmate![/i] Me dije. Pero, no, transformarme era horroroso. Y Rachel… la otra Rachel… me mataría. Tenía que estar furiosa. ¿Qué debería hacer? Estaba atrapada, incapaz de decidir. Transformarse era espantoso, estar transformada era espantoso. El peor terror del cobarde: estaba atrapada entre dos opciones aterradoras. Lógicamente, si ambas opciones eran aterradoras, entonces no importaba. ¡Pero sí que importaba! Había más cosas en juego a parte de mi miedo. ¡Tenía que encontrar una solución! ¡Tenía que sobrevivir! [i]¡Transfórmate, Rachel, idiota![/i], me reprendí. [i]Patética cobarde[/i]. Era cierto. Sin mi otra mitad, ¿qué me quedaba? Alguien demasiado asustado y débil como para salvarse a sí mismo, alguien que podría quedarse atrapado, inutilizado, paralizado ante las alternativas. La transformación empezó. Ni siquiera supe cuándo. Simplemente lo hice. Y lentamente, y luego más rápido, empecé a emerger, a crecer, a sentir la carne volviendo a mis huesos. “Tú,” gruñó disgustada la Rachel Borde. Se había transformado. Había vuelto otra vez a su forma humana. “Vine aquí para matarte. A ti y a Jake,” dijo. “Pero como puedes ver, tenemos otros problemas.” Agitó su cabeza hacia el techo. Estaba descendiendo lentamente. La pared de detrás se movía también al mismo tiempo. Habría sido imposible en una habitación normal. Pero los Yeerks tenían la tecnología apropiada. “¿J-J-Jake?” tartamudeé según mis labios y mi lengua y mi garganta surgían del caparazón de la cucaracha. Ella se encogió de hombros. “¿Quién sabe? He pisado un bicho. Quizá fuera él.” “¡Oh, Dios mío!” gemí. “Es una guerra, él era un guerrero, los guerreros mueren,” dijo la Rachel Borde desdeñosa. “Lo importante es que ahora yo estoy al mando.” “No deberíamos habernos transformado,” dije suavemente, llorando enormes lágrimas por Jake. “Visser Tres…” “No creo que pueda vernos aquí,” dijo. Pero parecía dudosa. Obviamente la posibilidad se le acababa de ocurrir. Pero probablemente tenía razón. Si Visser Tres tuviera contacto visual con nosotras ya habría venido, al vernos convertidas en humanos. La Rachel Borde tenía razón. De casualidad. “Voy a transformarme en oso pardo,” dijo la Rachel Borde. “¡Voy a patear culos!” “Pero las paredes se están acercando,” gemí. “Si te haces más grande simplemente te aplastarás antes.” Ella miró hacia el techo. Se mordió el labio. Pronto, muy pronto, no habría habitación para un oso. Poco después no habría habitación para una persona. “Si quiere matarnos, ¿por qué no nos mata simplemente?” preguntó la Rachel Borde. “No quiere matarnos,” dije. Estaba sentada, con los ojos cerrados, las manos sobre mi cabeza. “¡Claro que quiere matarnos idiota!” “No. Quiere nuestros cuerpos. Pero no [i]nuestros[/i] cuerpos. Piensa que somos Andalitas. Quiere que nos rindamos. Quiere que nos derrumbemos para poder usar nuestros cuerpos Andalitas como huéspedes para los Yeerks.” Podía sentir a la Rachel Borde mirándome. Alcé un poco un párpado para mirarla. Estaba agitada. “Sí. Es eso,” admitió. Vaciló. Parecía que estaba luchando contra algo en el interior de su mente. Luego, “Entonces… entonces… ¿qué hacemos?” Abrí los ojos. ¿La Rachel Borde estaba preguntándome qué hacer? ¿Preguntándomelo a mí? ¿A mí? “¡Los mataría, pero no puedo llegar a ellos!” chilló. Yo estaba sorprendida. Era una locura. La Rachel Borde, la psicópata asesina Rachel me estaba preguntando qué hacer. Pero cuando intentaba pensar sobre ello no podía. Bueno, sí podía, pero no podía imaginarme haciendo nada. Veía las posibilidades: Visser pensaba que sólo había uno de nosotros. Nos quería vivos. Veía las posibilidades, los planes. ¡Pero no para mí! Sin embargo, sí [i]podía[/i] imaginar a la Rachel Borde llevándolos a cabo. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 33:[/b] [b]Rachel Borde[/b] <Has perdido, Visser,> dijo la idiota, intentando con dificultad sonar como yo. Ya sabes, valiente. <Tú eres el que está en una caja, Andalita.> La Rachel Buena se rió con una mezcla de desafío y miedo. El miedo era real. <Estas cuchillas Hork-Bajir son muy útiles, casi tan útiles como tu misma cola Andalita.> <¿Crees que puedes abrir una salida?> se mofó Visser Tres. <No. Creo que puedo abrirme la garganta.> La reacción fue instantánea. ¡Swoosh! La pared se deslizó hacia arriba y desapareció. A pesar de mis ojos de mosca compuestos pude ver miles de pequeñas imágenes de Hork-Bajir bien armados. Miles de imágenes traducidas a docenas de Hork-Bajir reales. Todos listos, preparados. Como lo estaba Visser Tres. Pude sentir el estremecimiento de miedo agitando la forma Hork-Bajir de mi gemela. Disparé mis alas. <No compliques más las cosas,> le urgió Visser Tres. <Antes de que mueras por heridas auto inflingidas, tendré a médicos curando el daño. Y si lo intentas y luchas para salir de aquí te reduciremos irremediablemente. Ríndete, valiente Andalita. He ganado. Tú has perdido.> Volé. Volé como sólo una mosca puede volar: salvaje, agitada, entre sacudidas, a la deriva, pero en última instancia con extraordinaria precisión. Era difícil mantenerme fuera de la vista de Visser guiándome por el trastornado mundo de cristal de mis ojos compuestos. Pero podía oler la diferencia entre el cuerpo Andalita y los Hork-Bajir de su alrededor. Me disparé como un cohete con una aleta destrozada. Aterricé en una superficie vertical. En las sombras. Y me arrastré hacia la oscuridad sobre mis seis pequeñas patas de mosca. <Ríndete,> dijo Visser Tres. <Yo… yo… yo…> murmuró mi exasperante gemela. Ya estaba lo suficientemente dentro. <Visser,> dije. <Oh, ¿Visser Tres?> Su cabeza se agitó. Casi hizo que me soltara del pelo azul al que había estado ceñida. Luché contra los instintos de la mosca de escapar, escapar, ¡escapar! Me mantuve en las sombras. <¡Hay dos!> siseó Visser Tres. <Sí. ¿Y a que no sabes dónde estoy, Visser?> Vaciló. <Sal y muéstrate y no te mataré.> <¿Visser? Estoy en tu oído, Visser. Dentro de tu cabeza. Casi puedo ver tu yo real, el gusano Yeerk. Y aquí va la adivinanza, Visser: ¿qué pasa cuando un Andalita en un cuerpo del tamaño de una mosca vuelve a su auténtica forma dentro de tu cabeza?> <¡Tú morirás!> chilló. <Igual que tú,> dije. Hubo un silencio que duró al menos dos minutos enteros. <¡Tú!> Rugió sin ningún motivo. Y luego algunos minutos más de silencio. Entonces sentí su cuerpo hundirse, flaquear. <¿Qué quieres?> dijo finalmente. <¿Que queremos?> le pregunté a la Rachel Buena por telepatía privada. <He olvidado esa parte.> <Sólo queremos una salida segura. Sin guardas. Una vez estemos fuera, saldrás de su oreja. Después de todo no querrás suicidarte, ¿verdad? Así que te creerá.> Se lo retransmití a Visser Tres. Cinco minutos después estábamos fuera, en el frío aire nocturno. Volé lejos de su oreja. Visser se volvió. Nosotras nos volvimos. <La próxima vez te mataré. No correré riesgos. Simplemente te mataré.> <Igualmente,> dije. Volé, la Rachel Maja corrió, y pusimos distancia entre nosotras y la fundición. Ella se derrumbó en un desastre de lágrimas y sollozos –muy extraño, viniendo de un Hork-Bajir- cuando alcanzamos una parcela de andrajosos árboles. <Tengo que transformarme, ¿vale?> lloró. <Entonces podrás matarme si quieres.> Yo ya me estaba transformando. Pronto fuimos sólo dos chicas idénticas, ambas llamadas Rachel. “Pobre Jake, no puedo creer que…” lloriqueó la Rachel Buena. <Estoy bien,> dijo una voz. La Rachel Buena se agitó como si alguien le hubiera enchufado una corriente eléctrica en la nariz. “¿Jake?” <¿Quién si no?> Vi lo que parecía una cucaracha transformándose. La Rachel Maja miró para otro lado, la muy idiota. <Por eso me gusta la forma de cucaracha,> dijo Jake. <Difícil de matar. Estuve pegado a la planta del pie de la Rachel Borde durante un rato. Luego me cambié a la Rachel Buena.> “¿Qué? ¿Estabas demasiado asustado como para decirnos que seguías vivo? ¡Nos habría venido bien un poco de ayuda ahí detrás! ¡Te mataré por eso!” “Quería que entre las dos encontrarais una salida,” dijo tranquilamente mientras se hacía más humano. “Tendríais que haber supuesto que os necesitabais la una a la otra.” Solté una carcajada. “¿Qué yo necesito a [i]ésta[/i]? ¿A ésta? ¿A la gallina? ¿A la cobardica? ¿La idiota que pierde el culo por los centros comerciales?” “Sí,” dijo Jake, casi enteramente humano. “Tú no tienes capacidad de planificación, ni ideas. Ella tiene los planes. Ella es la que tiene la habilidad de pensar a la largo-plazo. Sin ella no eres más que rabia y violencia y, sí, valor.” “¡La rabia es todo lo que necesito!” protesté. “¿Rachel Buena?” dijo Jake, volviéndose hacia la imbécil. Ella asintió con la cabeza. “Sí. Lo sé. La [i]necesito[/i]. No puedo… no puedo hacer nada sin ella. Sé que está loca pero, ya sabes, ella me hace ser, bueno, fuerte y eso.” “¡Por supuesto que [i]me[/i] necesitas!” chillé. “¡Yo soy yo! ¿Pero tú? ¡Tú eres sólo tú!” “Rachel Borde,” dijo Jake. “Sin ella, estás fuera de los Animorphs. Al banquillo. No puedes unirte a los Yeerks. No puedes enfrentarte a ellos sola. ¿Quieres ser una guerrera? Necesitas ser capaz de planear, de tener la capacidad de temer, y, por supuesto, el sentido del deber.” “Caca de perro,” dijo Rachel y se rió como una tonta. “Mira, Ax tiene un plan. Las dos tenéis que estar de acuerdo o no funcionará. Quizá no funcione, de todos modos. Pero, Rachel Borde, si no fuera por ella, tu otra mitad, habrías perdido antes ahí detrás. Ella te ha salvado, y tú la has salvado a ella, y separadas sólo sois un dolor de cabeza para nosotros, así que hacedlo, hacedlo, simplemente hacedlo, u os juro que os entrego a las dos a Visser Tres.” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 34:[/b] [b]Rachel Buena[/b] El granero. Estábamos todos. Ninguno de los otros había caído en una emboscada. Sus camiones eran sólo reclamos. El Rayo Anti-Transformaciones no había sido destruido. Tobias estaba posado en las vigas, en silencio, mirando con sus intensos ojos de halcón. Erek el Chee también estaba. No sabía por qué. Quizá tenía, no sé, ¿curiosidad? <Debéis empezar al mismo tiempo,> dijo Ax. La miré. A una cara que era idéntica a la mía. A unos ojos que eran tan diferentes, tan encendidos y salvajes y peligrosos. Me daba miedo. Adelanté una temblorosa mano para tocar levemente su hombro desnudo. La Rachel Borde puso los ojos en blanco. “Si esto no funciona, estás muerto, Ax. ¡Muerto! ¿Me oyes?” La Rachel Borde me miró con desprecio en su media sonrisa. Luego tocó mi hombro y lo apretó con fuerza. “Tú, Dr. Jekyll, tomas a Ms. Hyde, en la pobreza y en la riqueza— ” “¡Cállate, Marco, ya estás en mi lista!” le cortó la Rachel Borde. <Debéis empezar la adquisición al mismo tiempo,> señaló Ax. “Cuento hasta tres,> dijo Cassie. “Uno… dos… ¡tres!” Empecé a adquirir a mi gemela. Su ADN fluyó a través de mí, del mismo modo que el mío fluía a través de ella. Sentí la tibia languidez del trance de la adquisición. ¿Funcionaría de verdad? La estaba adquiriendo, ella a mí, pero no sentía nada más que a mí misma. <Erek,> dijo Ax. Erek se movió rápida, suavemente. Dejó su holograma y apareció como el ligeramente canino androide que conocíamos como el Erek real. Puso una mano en mí, una sobre la Rachel Borde. De repente, tuve un mal presentimiento. “Perdonad,” dijo Erek. Y entonces… “¡AAAAARRRRGGGHHH!” ¡El dolor era indescriptible! Ambas mitades de mí se crisparon y se agitaron y se agarraron. Cada terminación nerviosa explotaba de energía. No podía oír. No podía pensar. Mis ojos estaban ciegos por un sofocante halo de luz. <¡Transfórmate!> gritó Ax en mi cabeza. <¡Transformaos en la otra! ¡Hacedlo!> ¡Demencial! ¡Me estaba electrocutando! No había forma de que pudiera Yo… y todavía… la más extraña… extraña… fusión… calor… imposible… Caí sobre mis rodillas. La agresión de los electrones había acabado. Podía ver el sucio heno. Podía ver los pies de los otros. Intenté levantarme. Demasiado agitada. Cassie y Jake me ayudaron. “Perdona por eso,” dijo Erek. “Ax dijo que necesitabas un enorme choque de energía, y no creíamos que fueras a tolerarlo voluntariamente.” Asentí, confundida. Miré a mi alrededor. Ella se había ido. No, no se había ido. “¿Estás bien?” me preguntó Cassie. ¿Bien? Quería llorar. Era yo de nuevo. La cobarde estaba en mí. La asesina, también. Humana y animal. “Rachel, ¿quieres sentarte? ¿Tal vez hablar?” preguntó Cassie. “Yo… no lo sé…” dije “Tranquila, estoy aquí,” dijo Cassie. Miré hacia arriba. Tobias. Medio-humano, medio-depredador. Nuestras miradas se encontraron. “Gracias, Cassie,” susurré. “Pero… ¿Tobias?” <Sí. Vamos, Rachel,> dijo. <Las dos en ti y los dos en mí. Vamos.> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

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