#34 La profecía

Sinopsis:

El último de los Arn, las criaturas que hace mucho  crearon a los hork-bajir, ha venido a la Tierra con una propuesta: quiere devolver el planeta de los hork-bajir a sus legítimos dueños. Sólo hay un problema: aún está ocupado por los yeerks. Sólo una persona sabe dónde se encuentran escondidas las armas que podrían destruir a los yeerks, y esa persona lleva mucho tiempo muerta. Afortunadamente, su esencia se había conservado, y se transfiere al cuerpo de Cassie.

Ahora depende de Aldrea, de Cassie y del resto de Animorphs salvar el planeta hork-bajir. ¿Pero estará dispuesta Aldrea a abandonar su vida una vez haya acabado la misión? ¿O está Cassie condenada a perder su cuerpo bajo la voluntad de Aldrea?

Datos del libro:

El libro tiene 141 páginas.

 

Narrador

Cassie siempre ha sido una persona amable y abierta. Pero no es hasta que la esencia de una andalita muerta la posee, que se da cuenta realmente de cuán abierta puede llegar a ser.

Aldrea fue una andalita que, hace mucho, abandonó su vida como andalita para convertirse en hork-bajir y estar al lado de su verdadero amor, Dak Hamee. Ahora ha resucitado para ayudar a encontrar una forma de recuperar el mundo de los hork-bajir. ¿Pero será capaz Aldrea de sobreponerse a la noticia de la muerte de su familia? ¿Y estará dispuesta a abandonar el cuerpo de Cassie cuando llegue el momento?

Nuevas palabras

Atafalaxical: ceremonia de Renacimiento que posibilita que el Ixcila de una persona se trnasfiera a otro cuerpo.

Ixcila: Los recuerdos y la personalidad almacenados de una persona; básicamente, su esencia.

Nuevos personajes

Quafijinivon es el último miembro de la raza de los arn. Pretende llevar a cabo una misión que devolverá a los hork-bajir libres su planeta natal. También en este libro aparece Aldrea, la hija del tristemente célebre Seerow y futura esposa del legendario hork-bajir vidente Dak Hamee. Podéis leerlo todo sobre ALdrea, Dak y los arn en las Crónicas Hork-Bajir.

Nuevas razas

Los arn: Estos alienígenas son los habitantes originales del planeta hork-bajir. Son criaturas de brillantes colores y cuatro patas recubiertos de plumas y con dos largos brazos terminados en garras. Podrás saber más sobre los arn en las Crónicas Hork-Bajir.

Transformaciones

Cassie se transforma en hork-bajir (37), para no parecer fuera de lugar en el mundo de los hork-bajir. Jake (38), Marco (39) y Ax (34), hacen lo mismo.

[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Cassie. Sólo Cassie. Al menos eso es todo lo que voy a decirte. No es porque crea que soy tan especial que sólo necesito dar mi nombre. Sé que no soy ni Jewel ni Brandy ni Beck (NdT: famosos cantantes americanos). En realidad soy bastante ordinaria. Si me vieras caminando por uno de los pasillos de tu escuela, probablemente no me mirarías dos veces. A menos que fuera uno de esos días en que tengo caca de pájaro en los vaqueros por trabajar con mi padre en la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. Si fuera un día de caca-de-pájaro, puede que me echaras un segundo vistazo pensando “oh, qué asco”. Pero de hecho soy una chica sencilla y normal. Un nombre y apellido + una adolescente común. Excepto por el hecho de que paso la mayoría del tiempo intentando detener la invasión Yeerk en la Tierra. Es por eso por lo que sólo puedo decirte mi nombre. Si los yeerks conocieran mi apellido, estaría muerta. No, peor que muerta. Déjame darte mi versión de las Cliff Notes (NdT: editorial). La realidad: Los yeerks son parásitos alienígenas con aspecto de pequeños gusanos grises. Entran en sus huéspedes a través del canal auditivo, y extienden sus volubles cuerpos a lo largo de las hendiduras del cerebro de sus huéspedes. La realidad: Los yeerks ya han esclavizado a muchas especies, incluyendo a los hork-bajir, los gedds, y los taxonitas, aunque los taxonitas se sometieron voluntariamente. Ahora los yeerks han escogido como objetivo a la raza humana en su totalidad para usarla como huéspedes. La realidad: Ya conoces a alguien que está siendo controlado por un yeerk. Simplemente no sabes que conoces a alguien que está siendo controlado por un yeerk. Los yeerks pueden acceder a la memoria de sus huéspedes y hacerlos actuar exactamente como siempre actúan. Un huésped humano, llamado controlador, no puede mover ni un solo músculo a menos que el yeerk de su cabeza dé la orden. La realidad: Los Animorphs pueden ser tu única esperanza de evitar convertirte en un controlador humano. Los Animorphs somos yo y cuatro de mis amigos –Jake, Rachel, Marco, y Tobias. Un gran príncipe andalita llamado Elfangor nos dio el poder de transformarnos en animales. Él sabía que estaba a punto de morir, y no quería dejar la Tierra completamente indefensa contra los Yeerks. Luego se nos unió en la lucha el hermano pequeño de Elfangor, Ax. Aximili-Esgarrouth-Isthill. Normalmente los seis trabajamos como un equipo, pero esta noche yo tenía una misión secreta, y no quería demasiada gente a mi alrededor. Le pregunté a Rachel si me cubriría las espaldas, y por supuesto aceptó. Deberías ver a Rachel. Es como un cruce entre el luchador de boxeo Stone Cold Steve Austin y Miss USA Adolescente. Al contrario que yo, Rachel es alguien que podría usar la presentación de Soy-tan-especial-que-sólo-necesito-un-nombre incluso si no tuviera que mantener su identidad en secreto. “¿Entonces empezamos o qué?” me preguntó Rachel. Me quedé mirando a la vieja casa victoriana. Sólo brillaba luz en una ventana. Una contraventana floja oscilaba adelante y atrás sobre sus visagras. El sonido chirriante hizo que se me erizara el vello de la nuca. “Vamos a entrar,” le respondí, ignorando la sensación de mi piel de gallina. “Este plan tuyo es… ¿cuál es la palabra más adecuada?” preguntó Rachel. “Oh, sí. Una locura. Como en los Looney Toeowww—” Las palabras de Rachel se transformaron en un maullido. Sus cuerdas vocales eran lo primero que había empezado a cambiar. “Tenemos que hacerlo,” le dije mientras su nariz se estrechaba y le salía pelo. “Es un asunto de vida o muerte”. Seguí observando a Rachel un poco más. Iba a usar su forma de gato para meterse en la casa. Yo iba a usar la de rata. Supuse que no estaría mal darle un poco de ventaja. Así tendría un control total sobre el cerebro del gato antes de que yo me hiciera pequeña y deliciosa. Cuando a Rachel le salió de detrás una cola blanca y negra, decidí que ya había esperado bastante. Me concentré en el ADN de la rata de mi interior, y al momento sentí como mis manos empezaban a volverse blancas. Para mí es más fácil transformarme que para los demás del grupo. Quizá sea porque paso mucho tiempo rodeada de animales. No lo sé. Pero incluso para mí, cambiar de forma no es una transformación agradable. No es que mi cuerpo encoja primero, luego me crezca el pelo, y entonces surjan los bigotes y la cola. No, transformarse es mucho menos lógico que eso. También es más asqueroso. Como ahora, que tenía unas manitas diminutas y podía sentir como me crecía un tosco pelaje por la espalda. Pero por lo demás, aún mantenía mi aspecto. Entonces mis orejas se desplazaron hasta la parte de arriba de mi cabeza, y mis globos oculares se contrajeron hasta que fueron del tamaño de balas pequeñas. Sentí una sensación correosa y retorcida conforme mis órganos internos empezaban a desplazarse y a encogerse. Mi nariz y mi boca se hicieron pequeñas, se abultaron, y luego se reformaron. Mis dientes se hicieron más afilados. Me invadió una oleada de vértigo mientras caía hacia el suelo, mientras mi cuerpo encogía hasta tener el tamaño de… de una rata. Apareció mi patética cola sin pelo, y ya estaba lista. <Una puerta para perros en el porche, pero el pis de perro que se huele en el patio está rancio,> anunció Rachel por habla telepática. Mi corazoncito de rata latía a toda velocidad. Mi pequeño cerebro me ordenaba que huyera, que huyera, que huyera del gato. Controlé mis nuevos instintos. Es más fácil cuando ya te has transformado antes en ese animal en particular, como había hecho yo con la rata. Sin embargo, la primera vez puede ser bastante duro. <Después de ti,> le contesté. Rachel echó a andar a lo largo del césped, su cuerpo pegado al suelo. Yo me escurrí detrás de ella. La hierba me rozaba el pecho y me hacía cosquillas en la nariz. Sin hacer un solo ruido, Rachel se metió por la puerta para perros. <Podrías habérmela dejado abierta,> me quejé. Le di un cabezazo a la puerta. Se abrió lo suficiente como para poder colarme dentro. <Sólo había una luz encendida,> le recordé a Rachel. <Arriba. A la izquierda. Intentémoslo ahí primero.> Movimos nuestros pies hasta las escaleras. Me abría llevado una eternidad subir todas esas escaleras yo sola. En su lugar, decidí tomar la rampa para ratas. Clavé mis patas en la madera y empecé a subir por la barandilla. Luego simplemente corrí hacia arriba. Por supuesto, aún así Rachel llegó a arriba antes que yo. Descendí lanzándome barandilla abajo y la seguí por el pasillo hacia la habitación iluminada. Esperé que no hubiéramos llegado demasiado tarde. Eché un vistazo rápido al interior. ¡Sí! Mi profesora de matemáticas estaba sentada ante el escritorio revisando papeles. Al menos sabía que era el lugar correcto. Me eché hacia atrás. <Tenemos que esperar hasta que—> ¡EEEEEEE! <¡Nos ha visto!> gritó Rachel. <¡Salgamos! ¡Ahora!> <No ha sido ella,> solté. <Ha sido la tetera. Ahora irá a por ella. ¡Escondámonos!> Me pegué a la pared. Mantuve los ojos bien cerrados para que ella no pudiera verlos brillar en las sombras. Sentí como el suelo empezaba a vibrar. ¿Me había visto? ¿Me había visto? No. Su enorme pie pasó de largo. <Ahora es nuestra oportunidad,> dijo Rachel. <¡Hagámoslo!> Se metió en la habitación y saltó sobre el escritorio. <¿Qué estoy buscando exactamente?> <Un garabato. Es, um, una especie de… un corazón,> tartamudeé. Intenté subir por la pata del escritorio. Pero era de metal. Mis patas no tendrían donde agarrarse. <Creo que lo veo,> respondió Rachel. <Si el corazón tiene “Cassie love Jake” escrito en medio con un estúpido cupido al lado.> <Eso es. Lo metí accidentalmente con el examen. Simplemente cógelo. Y no digas nada,> le advertí a Rachel. <¿Nada?> <¡Nada! Ni. Una. Palabra.> Rachel se echó a reír y saltó del escritorio con el papel entre los dientes. <Vale, eres mi mejor amiga. Así que no diré nada. Especialmente nada como “Awww, ¿no es dulce?” Y definitivamente no “Cassie está enamora-ada. Cassie está enamora-ada.” Y nunca jamás diré—> <Sabía que debería haber hecho esto yo sola.> [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] El frío aire de la noche agitaba mis plumas de búho mientras volaba hacia casa. Apreté el garabato con mi garra derecha. De ningún modo iba a volver a perderlo. Aún no podía creer que se lo hubiera entregado a la profesora. ¿Es que el amor estaba volviendo mi cerebro demasiado sentimentaloide, o qué? Me pregunté si Jake había hecho alguna vez algo estúpido porque estuviera pensando en mí. Nunca hablamos de cosas como esa. Nunca hemos usado la palabra que empieza por “A” para referirnos al otro. Así es como lo llama Rachel. La palabra “A”. Pero aunque nunca lo haya dicho en voz alta, sé que Jake me quiere. Y sé que Jake sabe que le quiero, aunque yo tampoco lo haya dicho nunca en voz alta. Eso quedó totalmente claro cuando nos besamos. Sí, aunque no vamos por ahí metiéndonos mano como hacen otras parejas, nos hemos besado alguna vez. Normalmente después de haber logrado sobrevivir a algo horrible. Normalmente es un beso de “¡No-puedo-creer-que-sigamos-vivos!” No es que me queje. Bueno, no exactamente. He de admitir que estaría bien besar a Jake después de una película en vez de después de una batalla o alguna otra experiencia mortal. Bajé un ala y giré bruscamente. La parte trasera del granero quedaba a la vista. ¡Hork-Bajir! La característica figura de pesadilla se movía a través de las sombras que para mí brillaban como si fuera de día. Sólo uno. Uno era suficiente. ¡No debería estar aquí! ¡No podía estar aquí! ¡Los yeerks, lo tenían que saber todo! ¡No! Las imágenes de mis padres reducidos a pedazos por las cuchillas de los hork-bajir inundaron mi cerebro. Imágenes de otros yeerks rodeando a mis amigos. Puertas abiertas de golpe, los disparos de los rayos Dragón, las cuchillas destellando. Rachel. Jake. ¡No! ¡NO! No podía preocuparme por ellos. Ahora no. ¡Concéntrate! Tenía que detener a este hork-bajir. Sólo a éste. Y luego… Aterrizaría al otro lado del granero, volvería a mi forma, luego me transformaría en lobo, y atacaría, ¡atacaría! No había tiempo. Tardaría demasiado. ¡Demasiado! El hork-bajir podría… ¿qué hacía aquí un hork-bajir solo? ¿Sólo uno? ¡No importa! ¡Concéntrate! ¿Qué haría Rachel? Atacar ahora mismo. Ella no esperaría a transformarse. Ella descendería en picado y barrería al hork-bajir con sus garras. Atacar ahora. Me concentré en el hork-bajir y me lancé volando a por él. Apunté a los ojos. Mientras él anduviera a tientas totalmente ciego, me transformaría de búho a humana y luego a lobo. O a oso polar. Entonces iría a por la garganta. Ya casi podía sentir su carne. Más cerca. Más cerca. Estiré las garras, preparándome para atacar. Un silencioso acechante nocturno diseñado por la naturaleza para presas mucho más pequeñas. Volé atravesando la luz que había por encima del cobertizo y del hork-bajir. El hork-bajir se giró, alertado por la sombra. ¡Me partiría en dos! Entonces, a la luz, en el último momento… <¡Aaaahhh!> Escondí las garras y giré bruscamente hacia la izquierda. Me estrellé / aterricé contra el suelo unos pocos pies más allá del hork-bajir. No estaba herida pero definitivamente sí bastante agitada. Me quedé tirada sobre un costado en el suelo, con un ala pillada debajo del cuerpo. <Hola, Jara Hamee,> dije. <Bonita noche para salir a pasear.> Este hork-bajir no era un controlador, no era una criatura de los yeerks. Se llamaba Jara Hamee, un miembro del pequeño grupo de hork-bajir libres. Había estado a punto de dejarle ciego. El pensamiento me dio ganas de vomitar. Pero el universo entero había vuelto a su lugar en mi cabeza. No iban a atacar a mis padres. Los yeerks no sabían quiénes éramos. No habría un asalto violento para hacerse con Jake y Rachel, Ax y Tobias y Marco. Nada de eso estaba pasando. Y, finalmente, mi corazón dejó de martillear como si estuviera intentando salirse de mi caja torácica. Me concentré en mi propio ADN y volví a mi forma tan rápido como pude. <¿Qué estás haciendo aquí, Jara? Es demasiado peligroso que estés tan lejos de tu valle.> La colonia de hork-bajir libres vive en un valle escondido creado para ellos por un ser llamado el Ellimista. Incluso si supieras exactamente donde está, es difícil encontrarlo. Tus ojos simplemente parecen ignorarlo. Tu mente parece que quiera olvidarlo. Es el único lugar en el que los hork-bajirs están del todo a salvo de los yeerks. O de los humanos, ya puestos. La mayoría de los humanos que vieran a un hork-bajir dispararían primero, y preguntarían después. No es difícil entender por qué. Los hork–bajir parecen haber sido diseñados para matar. Pero son unas de las criaturas más agradables con las que me he encontrado. Son vegetarianos. Las afiladas cuchillas de sus tobillos, rodillas, muñecas y codos son para cortar la corteza de los árboles. Eso es lo que comen. Corteza. “Necesitar ayuda,” respondió Jara. “Toby dice, ‘Padre, ir por amigos humanos. Trae.” Volví completamente a mi forma humana. “¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Algo va mal?” pregunté. Era sorprendente cómo mi corazón humano aún latía demasiado rápido por la descarga de adrenalina de ese momento de puro terror. Jara se mecía adelante y atrás sobre su gran T. Pies de Rex. “Aliens vienen al valle.” “¿Los yeerks? ¿¡Os han encontrado?!” grité. ¿Os han atacado? ¿Cuál es la situación?” Hablar con Jara Hamee era como hablar con un niño de cuatro años. Lo que normalmente estaba bien. Pero ahora no. Cada segundo perdido pondría más en peligro a los hork-bajir libres. “No yeerks,” explicó Jara. “Arn. Del viejo mundo. Arn… hicieron… a los hork-bajirs.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] <¿Un arn, en la Tierra? ¿Aquí? ¿Por qué? Esa es la cuestión. ¿Qué pretende?> se preguntó Rachel. <Tenía que venir. Star Wars: La Amenaza Fantasma no sale en DVD hasta dentro de, por lo menos, dos años. Compra aquí un puñado de copias, se las lleva a casa, y hace una fortuna.> <Por favor, Marco, tú vives inmerso en la ciencia ficción, ¿por qué quieres seguir viendo ciencia ficción?> <No insultes a la TPM (The Phantom Menace, La Amenaza Fantasma),> dijo Marco. <Lo que es bueno, es bueno.> El grupo entero estábamos transformados en pájaros de presa. Era la manera más rápida de llegar al valle de los hork-bajir. La noche había pasado. Había salido el sol de un nuevo día. Una hermosa y fresca mañana de sábado. Las profundas colinas de bosque verde bajo nosotros, las nubes apiladas por encima. Hacía bastante calor bajo la luz directa del sol, más fresco bajo las sombras de las nubes de la talla del Monte Everest. <Si planea coger un par de esclavos nuevos de la colonia, ya puede ir olvidándolo,> continuó Rachel. <Los hork-bajir nunca volverán a ser esclavos de los arn. Nosotros nos aseguraremos de ello.> Rachel no estaba siendo totalmente exacta. Los hork-bajir no han sido nunca esclavos en su planeta natal. No exactamente. No es que los arn hicieran que los hork-bajir les sirvieran atados de pies y manos. Lo que sabíamos de todo eso nos lo había dicho Tobias, que oyó la historia de Jara Hamee. Hubo un terrible cataclismo en el planeta que llamamos el mundo de los hork-bajirs, pero en esos días el planeta estaba habitado sólo por los arns. Destrozó la superficie del planeta y gran parte de la atmósfera. Los arn que sobrevivieron necesitaban árboles que los proveyeran de oxígeno. Muchísimos árboles enormes. Pero no tenían ganas de cuidar ellos mismos de los árboles. ¿Solución? Utilizaron la ingeniería genética para diseñar criaturas de baja inteligencia que comieran corteza de árboles: los hork-bajir. Una elegantemente simple solución para los arn, que eran auténticos maestros de la manipulación genética. Los hork-bajir simplemente vivían su vida, completamente ignorantes de que los arn hubieran existido nunca en lo más profundo de los valles excavados hasta extremos imposibles. Cuidaron de los árboles de los que dependían para comer. Hicieron lo que tenían que hacer por naturaleza. Hicieron aquello para lo que los arn los habían diseñado. Y entonces llegaron los yeerks. Los yeerks no vieron a responsables de mantenimiento de los árboles cuando se encontraron con los hork-bajir. Vieron un ejército. Convirtieron a los hork-bajir en sus huéspedes. Sacaron a las pacíficas criaturas de su planeta natal y empezaron a usarlas como máquinas de matar, las tropas de asalto del Imperio yeerk. La historia es mucho más larga, pero ésta es la versión resumida. <Rachel, hay algunas corrientes termales bastante buenas, tenemos un agradable viento a favor,> dijo Tobias. <No hace falta que te agotes con todo ese aleteo.> Tobias es el experto. Tobias está, o estaba, atrapado en la forma de un ratonero de cola roja. Recuperó su habilidad de transformarse, pero ha elegido el cuerpo de halcón como su propio cuerpo. También es una larga historia. Desplegué las alas y aproveché una de esas corrientes termales. El aire cálido elevaba mi cuerpo de águila pescadora. Un par de corrientes termales después divisé a unos veinte hork-bajir agrupados en el centro del valle. Adultos y niños. Ver a los niños era especialmente reconfortante. Eran los primeros hork-bajir en generaciones que nacían en libertad. Descendimos en círculos desde las nubes y aterrizamos uno por uno. Todos volvimos a nuestra forma, excepto Tobias. Toby Hamee se separó del grupo para recibirnos. Toby es la hija de Jara Hamee y Ket Halpak. Ella es lo que los hork-bajir llaman “diferente”. Lo que los arn llaman un capricho de la naturaleza. Es una vidente. Un hork-bajir cuya inteligencia compite con la de los propios arn. “Gracias por venir. Sentíamos la necesidad de vuestros consejos.” “No hay problema,” dijo Marco. “Era esto o lavar el coche de mi padre.” “El arn aterrizó la pasada tarde en una pequeña nave yeerk. Casi le matamos, pensando que era un controlador. Tiene una especie de plan en mente. Le pedimos que esperara para que pudierais llegar y aconsejarnos.” “Nos sentimos halagados,” dijo Jake, “pero no nos necesitáis.” “Os necesitamos,” dijo Toby. “Especialmente yo os necesito,” añadió, mirando a Ax. “Si entiendo su objetivo, podría venirnos bien la opinión de un andalita.” “Veamos lo que tiene que decir,” dijo Jake Seguimos a Toby más allá de los demás hork-bajir. Se juntaron aún más para hacernos sitio en un círculo central. El arn estaba en el centro. Lo primero que vi de él fueron los ojos. Brillaban como el corazón de un diamante. Su intensidad me deslumbró. Parpadeé un par de veces y empecé a captar más detalles de la apariencia del arn. Tenía cuatro piernas, dos brazos largos, y un par de alas cortas. Era más o menos la mitad de alto que Ax y su piel era de un brillante verde esmeralda. Me quedé mirando al arn. Casi nos habíamos acostumbrado a ver razas extraterrestres: hork-bajir, taxonitas, andalitas, howlers. Casi. Aún había algo inquietante a cerca de ver algo, a alguien, que definitivamente no era de por aquí cerca. E incluso para los estándares de los alienígenas, el arn era extraño. Estaba de pie, rodeado por quimeras de siete pies de altura, y siendo observado por un andalita de aspecto aparentemente pacífico, un halcón, y un puñado de críos mal vestidos. Y aún así era el ser más extraño del conjunto. E incluso más extraño para mí porque podía ver, o sentía que podía ver, una tristeza profunda e inalcanzable detrás de esos brillantes ojos inhumanos. “Estos son humanos,” dijo el arn, asintiendo. “Sí. Pasé un día esperando en órbita, aprendiendo vuestras lenguas. Tenéis muchos lenguajes interesantes pero vuestra constitución biológica no es tan extraordinaria, por lo que veo. Dos brazos, dos piernas, un cuerpo en su mayoría inestable. Un completo fracaso de la innovación física: la mayor parte simple simetría bilateral.” “Sí, yo también estoy encantada de conocerte,” dijo Rachel, “¿Para qué has venido, qué quieres?” “Soy un arn.” <Ya conocemos a los arn,> dijo Tobias. <Conocemos a tu especie.> Si la criatura de ojos brillantes se sorprendió al haberse dirigido a ella un pájaro, no lo demostró. “Soy Quafijinivon,” dijo. “La especie que afirmáis conocer ya no existe. Yo soy el último arn.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] “He venido para darles a los hork-bajir la oportunidad de vivir libres y empezar de cero. Una venganza contra los yeerks. Tengo un plan que necesitará de vuestra ayuda.” “¿Y quién les va a dar a ellos la oportunidad de vengarse de ti, arn?” murmuró Rachel. “Diez dólares a que lo que sea que tiene en mente acaba con nosotros gritando y corriendo,” dijo Marco. La pequeña boca roja de Quafijinivon se frunció desaprobadoramente. “Tengo muy poco tiempo, humanos. Ninguno para bromas. Sólo viviré cuatrocientos doce días más, hora arriba, hora abajo, es un hecho biológico.” <Existen otras fuerzas a parte de la biología,> dijo Ax. Movió ligerísimamente su mortífera cola. “Sí, bueno, un andalita. Encantadores, como siempre.” Hizo una mueca que podría haber sido una sonrisa. “Hace poco intercepté una transmisión yeerk y descubrí para mi sorpresa que existía una colonia de hork-bajirs libres en la Tierra. Lo arriesgué todo para robar una nave yeerk, y he viajado una gran distancia para encontrar—” “¿Conocen los yeerks la localización de la colonia?” le interrumpió Jake. “No,” respondió Quafijinivon. “La descubrí yo mismo. Nosotros los arn desarrollamos hace mucho tiempo una tecnología para encontrar—” “¿En qué consiste exactamente ese plan tuyo?” le urgió Rachel. El arn le lanzó una mirada autoritaria, claramente molesto por haber sido interrumpido una segunda vez. “Mi plan es recoger muestras de ADN de los hork-bajir libres. Con su permiso,” añadió rápidamente. “De ese modo utilizaría el ADN para crear una nueva colonia en mi planeta natal.” <¿Para qué? ¿Para que luchen contra los yeerks en tu lugar?> preguntó Tobias. Se balanceó adelante y atrás en la rama que estaba usando como percha. <¿Es a eso a lo que te refieres cuando dices que los hork-bajir se vengarían?> Prácticamente podía sentir la desaprobación emergiendo de él. Probablemente Tobias está más cerca de los hork-bajir que cualquiera de nosotros. Toby Hamee se llama así por él. Toby de Tobias. “Para luchar contra los yeerks, sí,” replicó Quafijinivon. “Pero no por mí. Para recuperar el planeta. Para recuperar lo que los yeerks les quitaron.” Y lo que te quitaron a ti, pensé. Normalmente soy bastante buena intuyendo las motivaciones de la gente. Pero aún no estaba segura de cuál era la intención del arn. ¿Estaba intentando ayudar a los hork-bajir? ¿O simplemente intentaba ayudarse a sí mismo de alguna forma? Jake agitó la cabeza. “Incluso si los hork-bajir accedieran, ¿cómo podría una colonia tan pequeña ganar una guerra contra los yeerks? No tienen naves. No tienen armamento en órbita. Ni siquiera tienen rayos Dragón.” “Sí, los yeerks tienen esas cositas tan monas llamadas armas,” añadió Marco. “Los hork-bajir también,” respondió Quafijinivon. “Antes de que perdieran su vida contra los yeerks, Aldrea-Iskillion-Falan y Dak Hamee robaron una nave transportista repleta de armas de rayos Dragón, así como un buen suministro de explosivos muy sofisticados.” Vi como Jake y Marco intercambiaban una mirada. Marco se encogió de hombros. “No hay duda de que abrir un nuevo frente contra los yeerks sería muy útil. Una guerra de guerrillas en el mundo natal de los hork-bajir alejaría algunos de los recursos de los yeerks fuera de la Tierra y de los andalitas.” “Esta no es nuestra lucha,” señalé. Asentí hacia Jara Hamee y Toby. “Creo que sólo estamos aquí para aconsejaros.” Jake hizo una mueca, dándose cuenta de que había estado jugando a hacer de jefe. “Haré lo que haga falta para continuar el trabajo de Aldrea y Dak Hamee,” dijo Toby cautelosa. “Una muestra de ADN es una petición sencilla.” Aldrea y Dak eran los bisabuelos de Toby. Eran héroes para los hork-bajir porque habían liderado la guerra contra los yeerks. Y habían perdido sus vidas en la batalla. “Yo dar, también,” respondió Jara. Todos los demás hork-bajir replicaron igual. Todos accedieron a permitir que Quafijinivon recogiera su ADN, a pesar de que ninguno de ellos a parte de Toby tenía ni idea de lo que era el ADN. Quafijinivon bajó la cabeza. “Os lo agradezco,” les dijo. “Pero esto es sólo el principio. Hay algo más que debo preguntaros antes de empezar con mi plan.” “Uh-oh,” dijo Marco con un silbido agudo muy representativo. “Ahí viene.” El arn volvió sus extraños ojos hacia mí y los demás Animorphs. “Aldrea y Dak Hamee escondieron las armas. He sido incapaz de recuperarlas. Nosotros los arn somos inigualables en cuanto a ciencia biológica. Pero no tenemos muchos recursos tecnológicos.” <¿Entonces qué es lo que propones?> preguntó Ax. <¿Pretendes crear hork-bajir nuevos y enviarlos a buscar las armas?> “No. Eso sería una pérdida de tiempo. Tengo algo más… excepcional en mente.” <Excepcional es nuestro segundo nombre,> dijo Tobias secamente. “Tengo en mi poder el [i]Ixcila[/i] de Aldrea-Iskillion-Falan.” <¿La hija de Seerow?> exclamó Ax. “¿[i]Ixcila[/i]?” repitió Jake. “Su personalidad almacenada,” explicó Quafijinivon impaciente. “Su patrón de ondas cerebrales. Sus recuerdos. Su personalidad. Su esencia.” Su voz había empezado a sonar vibrante, y por primera vez me di cuenta de que era viejo y débil. Es imposible saber la edad de un extraterrestre hasta que sabes lo que estás buscando. “El [i]Atafalxical[/i] debe ser efectuado. Es la única forma de desbloquear el [i]Ixcila[/i]. Pero la Ceremonia de Renacimiento no tendrá éxito a menos que haya una poderosa mente-receptora disponible, una mente tan poderosa como la de Aldrea.” Mente receptora. La frase se repitió en mi cabeza hasta que se convirtió en nada más que un revoltijo de sonidos. Un eco que parecía importante pero cuyo significado no podía comprender. Sentí esa sensación de algo estremeciéndote la nuca que te advierte de que un desastre se aproxima. El tornado se acerca, tía Em. “Si todo sale bien, el [i]Ixcila[/i] se trasladará a la mente receptora, y podremos comunicarnos con Aldrea,” continuó Quafijinivon. “Ella nos llevará hasta las armas.” “¿Y que le pasa al receptor?” preguntó Jake. “Oh, no sufrirá daños, si eso es lo que te preocupa,” respondió Quafijinivon. La mente receptora simplemente comparte el espacio con el [i]Ixcila[/i], hasta que el [/i]Ixcila[/i] vuelve a almacenarse.” El arn contuvo un suspiro. “Sólo una de cuatro ceremonias son finalmente completadas. Una apropiada mente receptora es esencial. El [/i]Ixcila[/i] de Aldrea será atraído hacia aquel que más se parezca a como ella era. Alguien fuerte, intenso, independiente. Presumiblemente hembra. Hork-bajir o andalita, mejor, pero supongo que podría gravitar hacia un humano. Si realmente existiese una hembra humana así.” “Oh, creo que sé donde puedo encontrar una,” dijo Marco. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] “Y las próximas palabras que saldrán de la boca de Rachel serán…” “Yo lo haré,” dijo Rachel, lanzándole a Marco una mirada de burla. “Bingo,” dijo Marco. “Yo no me considero merecedora de tal honor,” dijo Toby, “pero también me ofrezco voluntaria.” Me quedé callada. La descripción encajaba con Rachel y Toby. No conmigo. Estuvimos debatiendo. Discutimos. Rachel a favor. Tobias a favor. Ax y Marco en contra. Jake escuchaba, sopesando, considerando si nos pondría en peligro a todos una vez más. ¿Yo? Yo sólo me sentía inquieta. Sabía cómo terminaría el debate. Era la oportunidad de herir a los yeerks. Era la oportunidad de ayudar a los hork-bajir libres. No hacía falta pensárselo mucho, moral o estratégicamente. Excepto porque, como Marco había señalado, era una locura. Nosotros casi nunca acabamos rechazando las misiones-locura. Quafijinivon nos preguntó si había algún espacio cerrado por allí cerca. Los hork-bajir nos guiaron hasta una cueva. Sentí un escalofrío. Me dije a mí misma que era porque hacía frío en la cueva. <Quisiera hacerte una pregunta,> dijo Ax. Volvió sus cuatro ojos hacia el arn. <Dices que el receptáculo compartirá espacio con el [i]Ixcila[/i] de Aldrea hasta que sea el momento de volver a almacenarse.> “Correcto,” respondió Quafijinivon. Sus ojos eran tan brillantes como estrellas en la oscuridad. <¿Qué ocurriría si Aldrea no deseara abandonar el receptáculo después de ayudarnos a encontrar las armas?> preguntó Ax. <¿Hay algún modo de obligarla a hacerlo?> Hubo un largo momento de silencio. El tipo de silencio que parece haber absorbido la mitad de oxígeno del aire. “Aldrea debe elegir salir del receptáculo,” dijo Quafijinivon, sin responder exactamente a la pregunta que Ax había hecho. Ax dirigió uno de sus ojos móviles hacia Rachel y otro hacia Toby. Todos estábamos de acuerdo en que Aldrea sería atraída por una de ellas… si la llamada Ceremonia funcionaba en realidad. Rachel, por el Rachelismo. Toby, porque era la bisnieta de Aldrea y una vidente. <¿Y si no elige liberar a su receptor?> insistió Ax. “Podríamos venderle los derechos de la historia a Lifetime por una buena suma de dólares,” comentó Marco. “Esto es muy de película para chicas. Dos chicas fuertes e independientes. Un único cuerpo.” Toby se volvió hacia Ax. “Sólo preguntas eso porque no confías en Aldrea. Como andalita, desconfías de cualquiera que haya escogido convertirse permanentemente en hork-bajir,” le acusó. Las habilidades de Toby no sólo la hacían más elocuente que los demás hork-bajir. También la hacían más intuitiva. Más capaz de extraer conclusiones. Me pregunté si tendría razón respecto a Ax. El pensamiento de un andalita escogiendo convertirse en hork-bajir tenía que resultarle repulsivo. Casi sacrílego. Los andalitas no se caracterizan por su humildad. Pero yo entendía la elección de Aldrea. Más que eso, lo admiraba. La admiraba a ella. Aldrea descubrió que sus propios compañeros andalitas habían creado un virus para matar a los hork-bajir. Era una decisión militarizada, a sangre fría. Los andalitas sabían que perderían el planeta hork-bajir. Sabían que los hork-bajir que sobrevivieran serían utilizados en gran número como armas de los yeerks. Y que con esas tropas, los yeerks tendrían una oportunidad mucho mayor de conquistar otros planetas a lo largo de la galaxia. El líder de las desesperadas fuerzas andalitas en el planeta hizo la propuesta. Más tarde fue desautorizada por la gente andalita. Demasiado tarde para detener lo que pasó. A veces, en la guerra, incluso los “chicos buenos” hacen cosas malas. Cuando Aldrea se enteró de lo del virus, se vio forzada a escoger entre su propia gente y Dak Hamee, el vidente hork-bajir del que se había enamorado. Escogió a Dak. Se quedó en forma hork-bajir hasta que el cambio fue permanente. Aldrea y Dak juraron luchar contra los yeerks y los andalitas. Murieron cumpliendo su juramento. Ax pasó su peso de una pezuña a otra. <Lo pregunto sólo porque es una cuestión lógica,> dijo finalmente. “No quería sonar recelosa ante mi amigo andalita,” dijo Toby sin ningún ápice de sinceridad. <Los hork-bajir tienen razón al mostrarse… reacios… a confiar en los andalitas,> cedió Ax. Toby inclinó la cabeza cortésmente. Entonces dijo, “Yo también quiero una respuesta, arn.” Quafijinivon suspiró. “Si Aldrea no escoge liberar a su receptor, no hay forma de forzarla a hacerlo,” confesó. “Ya veo. Yo confío en mi bisabuela,” dijo Toby con firmeza. “Si me escoge para semejante honor le confiaré mi libertad.” “Vale. ¿Rachel? ¿Y tú?” le preguntó Jake. Se sentía claramente obligado a preguntárselo aunque cualquiera que conociera a Rachel también sabía cual sería su respuesta. “Sigo diciendo que lo hagamos,” dijo. No fue una sorpresa. Rachel no habría sido Rachel si hubiera dicho cualquier otra cosa. Quafijinivon asintió. Cogió un pequeño recipiente metálico que colgaba de una cuerda alrededor de su cuello y sacó una pequeña ampolla. El líquido era de un verde brillante. “¿No es ese el aspecto que tiene la basura nuclear?” preguntó Marco en un susurro alto. “Nos reunimos para conducir el [i]Atafalxical[/i],” empezó Quafijinivon . “La Ceremonia de Renacimiento es una ocasión de solemnidad y gozo, de aflicción y celebración.” “Por no mencionar una buena ocasión para los escalofríos,” dijo Marco en un susurro. Si hubiera estado más cerca le habría dado un codazo. No es que eso lo hubiera hecho callar. Simplemente resulta que la solemnidad no es parte del repertorio de Marco. Quafijinivon continuó con la ceremonia como si no hubiera oído a Marco. Le quitó el tapón a la ampolla y se escapó una espiral de vapor. Un momento después empezó a arderme el interior de la nariz, aunque no podía oler nada a parte del hedor de la húmeda cueva. “Llamamos a Aldrea-Iskillion-Falan,” dijo Quafijinivon. Volvió a coger la bolsa. Entorné los ojos, intentando ver qué había sacado. Parecía un pequeño pedazo de metal. Debía de ser algún tipo de catalizador, porque en cuanto lo introdujo en la ampolla, el líquido se transformó de verde a rojo fluorescente. Su luz bañaba a los que estaban más cerca de ella. La piel clara de Rachel parecía estar empapada en sangre. La piel verde de Toby se había oscurecido hasta ser casi negra. Quafijinivon añadió otro pedazo de metal a la ampolla. “Llamamos a Aldrea-Iskillion-Falan,” repitió. “Convocamos a Stephen King,” dijo Marco en voz baja. “R.L.Stine convoca a Stephen King para darle un mensaje de Anne Rice.” El líquido de la ampolla se hizo más espeso. Empezó a contraerse y expandirse. Dentro y fuera. Dentro y fuera. Mi corazón empezó a latir al mismo ritmo. Podía sentirlo en el pecho y en la boca de la garganta. Podía sentirlo en los oídos y en la punta de mis dedos. “Llamamos a Aldrea-Iskillion-Falan. Llamamos a Aldrea-Iskillion-Falan.” Quafijinivon repetía las palabras una y otra vez, golpeando el suelo con los pies a la vez que las pronunciaba. “Llamamos a Aldrea-Iskillion-Falan.” Su voz se hizo más fuerte. Sus pies golpeaban con tanta fuerza que transmitían las vibraciones a través del suelo de roca de la cueva. El líquido de la ampolla comenzó a contraerse y expandirse más rápido. Dentro y fuera. Dentro y fuera. Dentro y fuera. Los latidos de mi corazón se ajustaron al nuevo ritmo. “Nosotros. Llamamos. A. Aldrea. Iskillion. Falan,” gritó Quafijinivon. “Como vea un solo zombi voy a…” El suelo de la cueva se sacudió bajos mis pies. Caí hacia delante y aterricé sobre mis rodillas en frente del arn. “¡El receptáculo ha sido escogido!” gritó Quafijinivon. Acercó su mano y la puso sobre mi cabeza. “¿Aceptas el [i]Ixcila[/i] de Aldrea-Iskillion-Falan?” ¿Qué? ¿Qué? ¿Me había escogido a mí? No podía estar bien. “¿Aceptas el [i]Ixcila[/i]?” repitió Quafijinivon, con la voz repitiendo ecos en la cueva. “¡No!” soltó Jake. Pero sólo podía dar una respuesta. “Sí.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Me preparé para… para qué, no lo sabía. En una ocasión había tenido a un yeerk en la cabeza. Conocía la sensación de otro ser invadiéndome. Había sentido la violación de tener expuestos mis recuerdos más privados. Conocía el horror de perder el control de mis propios brazos y piernas y boca. Pero ahora no sentía nada de eso. “¿Ha escogido a Cassie?” oí murmurar a Rachel. “Lo sentí hace diez minutos.” “¿Podría hablar ahora con mi bisabuela?” preguntó Toby ansiosa. Su voz estaba cargada de expectación. No mostró nada del perplejo resentimiento de Rachel. Tragué con fuerza, y volví a tragar. Mi garganta parecía tan reseca y agrietada como el papel de lija. “Lo siento, Toby. No creo que la Ceremonia haya—” empecé. Entonces me di cuenta de que algo era diferente. ¿Has hecho alguna vez un examen y te has quedado totalmente en blanco? Lees una pregunta. Sabes que conoces la respuesta. Sabes que te la aprendiste cuando estabas estudiando. Pero no puedes llegar a ella. Es como si hubiera una pared en tu cerebro separándote de la información. Así era como me sentía ahora. Y la pared era enorme. Alta y larga y sólida. Estaba bastante segura de que Aldrea estaba al otro lado de la pared. Pero nada la atravesaba. No podía captar ni siquiera un fragmento de un pensamiento o el rastro de una emoción. Lo único que sabía era que algo, alguna fuerza, algún montón de sensaciones, algún objeto o persona se hallaba dentro de mi mente. Era como si ella estuviera detrás de mí, o a mi lado, pero al volver la cabeza no pudiera verla. Estaba ahí, pero no visiblemente. Sin embargo, estaba. “Cassie, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?” preguntó Jake con calma. Con demasiada calma. “¿Ha entrado el [i]Ixcila[/i]?” Preguntó Quafijinivon, con voz vacilante. Era la primera emoción verdadera que el arn mostraba. Quería que esto funcionase. Necesitaba que funcionase. “Shhh,” dije. “Por favor, todos, shhh.” Cerré los ojos. En ese momento no necesitaba ningún estímulo del exterior. “¿Aldrea?” la llamé en voz alta, suavemente, vacilante, sintiéndome como una idiota al hablar con las húmedas y frías paredes de la cueva. No hubo respuesta. [i]¡Aldrea![/i] Repetí, esta vez en silencio, esperando que pudiera oír directamente mis pensamientos. [i]Si estás ahí, por favor, intenta decirme algo.[/i] No hubo respuesta. <Bueno, esto es un poco extraño,> dijo Tobias. <Como una sesión de espiritismo. Lo único que necesitamos es un tablero de Ouija.> Tenía que estar totalmente desorientada. Me pregunté si habría podido experimentar algo mientras estaba almacenada. ¿Tendría la más mínima idea de que había sido llevada a un planeta en una galaxia diferente? ¿Había sido consciente de que la Ceremonia estaba teniendo lugar? ¿Se había dado cuenta de que ya no estaba en la ampolla? ¿Sabía que estaba muerta? “Aldrea, si puedes oírme, quiero que sepas que estás a salvo,” dije. “Tan a salvo como puede estarlo un muerto,” dijo Marco. <¿Quién está más a salvo que un muerto?> preguntó Tobias retóricamente. “Aldrea, estás compartiendo mi cerebro y mi cuerpo. Me llamo Cassie. Soy una chica humana. Vivo en el planeta Tierra. Un arn acaba de llevar a cabo el [i]Atafal[/i]—” <¿¡Arn?!> Empezaron a explotar puntitos rojos delante de mis ojos. La pregunta en mi cabeza había sido tan fuerte y poderosa que me había hecho marearme. Definitivamente, ahora había un agujero en la pared. Podía sentir las emociones de Aldrea atravesándolo. La más fuerte era la ira. <¿Dónde… qué has… qué me has hecho, arn?> preguntó. <¿Qué has hecho?> Su voz era como una sierra eléctrica en mi cerebro. “¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Aldrea, para! ¡Por favor, para! ¡Me estás haciendo daño!” grité. Jake me cogió de los hombros y me levantó. Mis rodillas habían cedido. Sentí un brote de dolor proveniente de Aldrea, un eco, y supe que mi grito silencioso la había herido a ella. Contuve mi respiración agitada. “¿Habéis oído eso? ¿Ha hablado a través de mi boca?” pregunté, confusa. “No, sólo te hemos oído a ti,” dijo Rachel. “Al menos, supongo que eras tú.” Traer al arn definitivamente no era la mejor forma de ganarse la confianza de Aldrea. Necesitaba otra forma de llegar a ella. Algo que atravesara su ira. “Aldrea, no digas nada durante un momento. Sólo escucha. Déjame explicarte,” dije con dulzura. Cuando sentí que estaba de acuerdo, continué. “Te han traído a este plantea porque aquí hay una colonia de hork-bajir libres. Tu nieto, Jara Hamee, es parte de la colonia. Igual que tu bisnieta, Toby Hamee.” Hice una pausa para sentir la reacción de Aldrea. Sentí un remolino de demasiadas emociones por asimilar. Capté vestigios de curiosidad e incredulidad, de esperanza, y de miedo, y pánico. “Toby Hamee está en la cueva con nosotros,” continué. “¿Puedes verla? Deberías poder ver a través de mis ojos.” <Todo lo que veo es oscuridad,> respondió. Eché un vistazo alrededor de la cueva. Quería mirar algo sencillo. Me centré en la camiseta roja de Rachel. “Quizá simplemente no estás acostumbrada a la forma en que mi cerebro interpreta la información de mis ojos,” le dije a Aldrea. “Ahora mismo, estoy mirando hacia algo rojo.” Noté como se concentraba. A continuación sentí el alivio del reconocimiento. <¡Rojo!> exclamó Aldrea. Me volví hacia Toby. <Ahora estoy mirando a— ¿es ella? ¿Es ella mi bisnieta?> se interrumpió. “Sí,” respondí. Sentí un extraño deseo de ir y estrechar mi frente contra la de Toby. Me llevó un tiempo darme cuenta de que el deseo era de Aldrea. Si Aldrea quería tocar a Toby, ¿por qué no hacerlo? Empecé a avanzar, pero un tumulto de preguntas-relámpago de Aldrea me detuvo. <No lo entiendo. ¿En qué año estamos? ¿Dónde está Dak? ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué le ha pasado a mi cuerpo?> Su pánico se hizo tan intenso que sentí el sudor cayendo por mi frente. “Creo que quizá vaya siendo hora de llamar al Exorcista,” dijo Marco. No era una broma, en realidad. Estaba preocupado. Todos estaban preocupados. “¿Recuerdas a un viejo arn almacenando tu [i]Ixcila[/i]?” pregunté. <Sí,> replicó. <Acepté tener mis datos almacenados, aunque no creía que los arn estuvieran lo suficientemente avanzados como para llevar a cabo un transplante con éxito.> Supe el momento exacto en que la verdad la golpeó. Literalmente. Mi corazón empezó a latir, y sentí como si mis terminaciones nerviosas estuvieran recibiendo sacudidas eléctricas. <Pero es lo que ha ocurrido, ¿no? Un transplante con éxito,> continuó Aldrea. <Esto sólo puede significar que—> Vacilé. Pero ella tenía que conocer la verdad. “Sí, Aldrea, estás muerta.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7 (ALDREA):[/b] Me llamo Aldrea-Iskillion-Falan. Y acaban de decirme que he muerto. Imposible. Ridículo. Los patrones de pensamiento que el arn había guardado sólo permitirían una primitiva reproducción de mí misma. Un puñado de hechos y sensaciones. Nada más. No había ninguna posibilidad de que los pensamientos y las emociones que estaba viviendo ahora pudieran ser el resultado de los impulsos eléctricos y la química almacenada años atrás. Debían de haberme dejado inconsciente en medio de la batalla. Una alucinación. Una maniobra que estaban utilizando los yeerks para destruirme. Debían de esperar que yo— Pero, ¿qué pasaba con mi cuerpo? ¿Qué pasaba con esas manos que tenían muy pocos dedos para ser andalitas, unos brazos demasiado débiles y frágiles para ser de hork-bajir? No quería creer que estaba muerta. Pero no podía negar el hecho de que estaba en un cuerpo que no era el mío. Un cuerpo pequeño, débil, indefenso, cubierto de lampiña piel marrón. “¿Aldrea?” dijo la criatura llamada Cassie. “¿Estás bien?” Me di cuenta de que no sólo oía sus palabras. También sentía retazos de sus emociones. Empatía y preocupación y tristeza. Y un poco de miedo. Miedo por ella misma. <¿Está Dak vivo?> pregunté, hablando en lo que parecía mi lengua materna de habla telepática. Tenía que saberlo. A menos que… no, tenía que saberlo de todos modos. Las emociones de Cassie me dieron la respuesta antes que sus palabras. “No, Aldrea. Murió hace mucho tiempo. Muy lejos de aquí. Lo siento,” respondió. <¿Dónde está su Ixcila?> pregunté. Sabía que él también tenía uno. Podría ser trasladado a un cuerpo como lo había sido el mío. Dak y yo todavía podíamos estar juntos. “No lo sé,” contestó. Cassie volvió la mirada hacia el arn. Me llevó un poco darme cuenta de que ella no se comunicaba con él de la misma forma en que nosotras nos habíamos estado comunicando. Me llevó un poco más comprender cómo su cerebro recibía los input de los oídos y cómo podía usar el cerebro para traducir los datos a palabras que pudiera entender. “Los yeerks provocaron grandes explosiones para crear niveles de entrenamiento sobre el suelo. Mi laboratorio fue enormemente dañado. El Ixcila de Dak Hamee quedó destruido,” explicó el arn. ¿Decía la verdad? Si era así, entonces Dak estaba realmente muerto. Muerto como mis padres. Como mi hermano, Barafin. <Entonces déjame morir, arn,> dije. <Déjame morir a mí también.> ¿Había tenido la oportunidad de decirle adiós a Dak? ¿Habíamos luchado codo con codo hasta el final? Nunca lo sabría. Mi Ixcila había sido almacenado antes de mi muerte, de modo que los recuerdos de mis últimos momentos con Dak no existían. Había una última pregunta que tenía que hacer, aunque me aterrorizaba oír la respuesta. <Mi hijo. ¿Qué pasó con el hijo al que llamé como mi padre, Seerow?> Esperé a que Cassie repitiera mi pregunta. Fue la joven hork-bajir la que contestó. “Le cogieron, Bisabuela. Seerow se convirtió en un controlador. Lo trajeron a la Tierra como parte de su ejército aquí. Murió en cautividad.” No podría haber imaginado peor destino para mi hijo. Los yeerks habían hecho de su vida algo peor que la muerte. Y yo no había estado ahí para protegerlo. “Pero el hijo de Seerow, Jara Hamee, mi padre, escapó con la ayuda de los humanos aquí presentes,” continuó Toby. “Y yo, tu bisnieta, nací en libertad.” La estudié a través de mis nuevos ojos. Había algo en ella. Algo familiar. Las palabras estaban demasiado bien organizadas, el habla surgía demasiado fluidamente, las ideas… A través de mi desesperación sentí una pequeña burbuja de algo que podría haber sido alegría. <Pregúntale si es diferente,> le dije a Cassie. Se desplegó una sonrisa en la cara de Toby cuando oyó la pregunta. “Sí, Bisabuela, soy diferente,” respondió. “Soy diferente, igual que Dak Hamee.” Una vidente. Una vidente nacida en libertad. “Te hemos traído desde el más allá porque necesitamos tu ayuda,” dijo Toby. <Dile que no hay nada que pueda pedirme que yo no le de,> le dije a Cassie. Mi renacimiento me había traído un dolor que sentía casi insoportable. Mi Dak se había ido. Mi Seerow se había ido. Pero también me había traído un regalo. La oportunidad de conocer a mi bisnieta. No lo habría cambiado por nada. Quizá incluso vería algún día al hijo de Toby. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] El arn le resumió rápidamente el plan a Aldrea. Podía sentir su recelo y rabia creciendo mientras él hablaba. “¿Puedes ayudarnos?” preguntó el arn. “¿Recuerdas dónde están escondidas las armas?” <No. No sé nada de ningún arma. Debió haber ocurrido… si ocurrió, después,> dijo Aldrea. Repetí su mensaje. El arn movió la cabeza tristemente. “Y aún así, es la mente que había encontrado el escondite. Encontrado una vez, puede encontrarlo de nuevo. ¿Podrías hacerlo, Aldrea?” <¿Que si podría encontrar armas que yo misma he escondido? Sí, probablemente,> dijo Aldrea. “Entonces los dos –no, supongo que los tres, contando con el receptáculo- nos marcharemos mañana,” replicó Quafijinivon. “Mientras los nuevos hork-bajir van creciendo en mi laboratorio, tendrás tiempo para recuperar las armas.” “Si Cassie va, vamos todos,” dijo Jake. “Pero es sólo un envase,” dijo Quafijinivon con una breve sonrisa desagradable. “¿Por qué tenéis que venir también vosotros?” <Porque crees que ella no es más que un envase, por eso,> dijo Tobias. “No había pensado en llevar—” empezó Quafijinivon. <Dile que se calle,> ordenó Aldrea. <Esta discusión no tiene sentido. No dudo que pueda encontrar esas armas, pero no ayudaré al arn—> <Espera, espera. Vas demasiado rápido,> le dije. Me di cuenta de que ahora podía comunicarme mente a mente con ella. Tan fácilmente como cualquier diálogo interior. <Déjame usar tus centros del lenguaje. Hablaré con él directamente.> Una petición perfectamente lógica. No tenía ninguna verdadera razón para rehusar, ¿no? <Si puedes acceder a mis centros del habla, supongo que adelante.> Casi inmediatamente sentí un cosquilleo en mi garganta. Mi lengua dio una sacudida y dejé escapar algo que sonó demasiado parecido al gruñido de un cerdo. “Cassie, ¿estás bien?” preguntó Rachel. No podía responderle. Aldrea tenía mis dientes apretados. Levanté ambos brazos y negué con la cabeza, intentando mostrar a todo el mundo que estaba bien. Al menos, mis manos seguían siendo mis manos. “Thh— Thh—” Podía sentir pequeñas regueros de saliva descendiendo por mi barbilla. Esperaba escuchar al menos un “dilo, no lo escupas” de Marco, pero se quedó callado. “Thh. Ihh. Yo. Yo. Yo soy Aldrea. Drr. Drr. Aldrea. Cass-ie me es-tá dej-an-do u-sar su vo-z,” explicó Aldrea. Me recordó a una niña pequeña pronunciando palabras de un libro demasiado difícil para ella. También me recordó a un yeerk. ¡Estaba usando mi boca! ¡Estaba hablando con mi voz! “He di-cho que harí-a cual-qu-ier co-sa para a-yu-dar a mi bis-ni-e-ta y los ho-r-k-ba-ji-r,” continuó. “Pero es-to no.” “¿Qué quieres decir?” preguntó el arn. “¡Debes hacerlo! ¿Estás rehusando la oportunidad de devolverles a los hork-bajir su planeta?” le temblaba la voz. No estaba segura de si era porque estaba furioso o simplemente exhausto. Aldrea se echó a reír. Fue un sonido áspero y desagradable que me hizo daño en la garganta. “No, arn. Estoy rehu-sando la oportunidad de devolverte a ti tu planeta. Eso es lo que me estás pidi-endo realmente. No te importan na-da los hork-bajir. A los de tu clase nunca les han importado.” Sus palabras surgían ahora mucho más fluidamente. Aldrea se estaba acostumbrando a utilizar mi boca. Yo no me acostumbraba a dejarla hacerlo. Me sentía como el muñeco de ventriloquia más grande del mundo. “Eso es ridículo,” protestó el arn. “Soy viejo. Pronto estaré muerto.” “Me estás pidiendo que te ayude a volver a utilizar a los hork-bajir. Cada vez que uno de tus nuevos hork-bajir mate a un yeerk, estará también matando a uno de su propia especie.” A continuación, Aldrea preguntó, “¿Me has traído para ayudar a los hork-bajir a matar a los hork-bajir?” “Lo que dices es cierto, Bisabuela,” dijo Toby. “Pero no hay otra forma. Pocos de los nuestros sobrevivieron al virus andalita. Sólo aquellos que los yeerks habían sacado de nuestro mundo, y aquellos pocos con inmunidad natural como tú y mi bisabuelo. Podríamos crecer de nuevo, recuperar nuestro mundo. Pero no hasta que debilitemos a los yeerks.” Toby se puso delante de mí y se inclinó para poder mirarme a los ojos. No. Los ojos de Aldrea, porque yo, igualmente, podría no haber estado allí. “Déjame acompañarte a nuestro planeta. Podemos empezar otra vez, continuar con el trabajo que empezasteis Dak Hamee y tú,” suplicó Toby. Sentí otra puñalada de dolor de Aldrea cuando Toby dijo el nombre de Dak. Luego noté como dejaba a un lado ese dolor. “Eres una vidente, Toby, pero también eres joven. No sabes lo que pretenden este arn, este andalita, o ni siquiera estos humanos. Incluso aunque estuvieran bien armados, ¿crees que los pocos hork-bajirs que esta criatura, este arn, este manipulador, este mentiroso nacido de una raza de mentirosos, este cobarde de una raza de cobardes…?” Plantó mi dedo delante del arn. Sentí como mi cara se contraía en una expresión de furia. Recuperó el control de sus emociones, pero ahora la adrenalina inundaba mi sistema. Había desencadenado la respuesta psicológica clásica ante el estrés de los seres humanos. Y con esa hormona recorriéndome, el miedo y la ira crecieron. “Si los hork-bajir matan a los hork-bajir, ¿quién obtendrá provecho?” preguntó Aldrea. “Todos los enemigos de los yeerks obtendrán ese provecho,” dijo Jake. Toby asintió y dijo, “Es cierto, Bisabuela, sería una pequeña parte de la gran batalla. Sería sólo una distracción para los yeerks. Muchos hork-bajir morirían. Y aún así debemos luchar.” Aldrea extendió mis manos. “¿Por qué?” “Porque tenemos que ser seres libres, Bisabuela. Hasta ahora nuestra libertad aquí, en este valle, en este planeta, ha sido comprada y pagada por estos humanos, nuestros amigos. Pero la libertad no nos puede ser regalada. Debemos tomarla y mantenerla y defenderla. Nuestra libertad tiene que ser nuestro propio logro.” Sentí de nuevo un poco de la tristeza de Aldrea. Cada palabra de la boca de Toby le recordaba a Dak. “Valientes palabras, Toby. Puede que lo reconsideres cuando veas la pila de cuerpos uno sobre otro. Tu bisabuelo lo hizo.” Nadie dijo nada. La decisión era de Aldrea. Tenía que ser suya. “Iremos. Pero te lo advierto, arn: No vivirás si traicionas a los hork-bajir. Ahora, llévanos a casa.” <Lo llama casa,> murmuró Ax. Aldrea giró la cabeza hacia él. <El andalita,> me dijo silenciosamente. <¿Qué está haciendo aquí un andalita?> <Es un amigo,> dije. <Mi gente también era amiga de los hork-bajir,> dijo. Entonces miró a Ax directamente y, en voz alta, usando mi voz, dijo, “Este humano, Cassie, dice que eres un amigo, andalita. La acabo de advertir a cerca de los amigos andalitas.” <¿Y la has advertido también a cerca de los nothlits andalitas, hijas de Seerow, que fingen ser hork-bajir?> le devolvió Ax. <¡Yo soy un hork-bajir!> <No. Los hork-bajir son como Jara y Ket y los demás. Podrías considerarte quizás el equivalente a un vidente hork-bajir, pero tu inteligencia no es el resultado de una fluctuación genética. No te conozco, Aldrea-Iskillion-Falan, pero he oído cosas de ti. Eres muy inteligente, con mucho autocontrol sobre tus emociones, capaz de mentir y manipular para tus propios fines. También eres básicamente pacífica, moral, valiente y capaz de auto sacrificarte. Eres, en resumen, un andalita. No un hork-bajir.> “Esa descripción podría corresponder a la de un humano,” dijo Rachel alegremente. “Ahora, añade ‘arrogante’ y ‘sin sentido del humor’, y entonces tienes a un andalita.” Para mi sorpresa, Aldrea se echó a reír en voz alta. Mi risa. “Obviamente, vosotros los humanos habéis pasado algún tiempo con andalitas.” Ax no se unió a la sensación de que la tensión disminuía. Mantuvo sus ojos principales fijos en mí. En ella. <Quiero asegurarme, hija del Príncipe Seerow, de que eres consciente de que sólo tienes una función que cumplir. En cuanto nos hayas mostrado la localización de las armas, tu Ixcila volverá a almacenarse. Estás muerta, Aldrea-Iskillion-Falan. Cuando hayas cumplido tu deber, esta ilusión de vida acabará y Cassie será sólo Cassie.> El muro que había entre Aldrea y yo volvió a reforzarse. Parecía incluso más fuerte que antes. No tenía ni idea de cuál era su verdadera reacción ante la pregunta de Ax. “Entiendo por qué se llevo a cabo la Ceremonia de Renacimiento,” replicó con tono neutral. “Entiendo que el arn me trajera sólo para usarme con ese propósito. Haré lo que debo hacer.” No era la respuesta que yo habría querido oír. <Ahora volveré a tomar el control de mi sistema de habla,> le dije. <Claro.> Una respuesta más tranquilizadora. Y si la hubiera pronunciado sin vacilar, habría sido aún mejor. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] “Vale, se supone que estoy aquí para informarte, así que ahí va: una de las mejores formas de lucha de Cassie es el lobo,” le dijo Rachel a Aldrea mientras nos dirigíamos a casa a través de los árboles bañados de sol. Los otros se habían transformado y volaban por delante. Al menos los habíamos visto volar, y al menos uno sin duda lo hizo. Había que hacer planes. Estaríamos fuera durante un tiempo. Había que contactar con los Chee. Pero si conocía a Jake, habría dejado al menos a uno o dos por detrás para vigilarnos en secreto. Jake no estaba más satisfecho de lo que lo estaba yo con la prudente respuesta de Aldrea. Este lento paseo a través de los árboles era una prueba. Si Aldrea hacía algo extraño, Rachel estaba a mano, y probablemente Tobias y Ax, también. Yo no vi a ninguno de ellos. Pero habría apostado cualquier cosa a que estaban cerca. Jake había sugerido que Aldrea aprendiera cómo controlar mis transformaciones. En el mundo de los hork-bajir, ella mandaba. En una lucha, necesitábamos respuestas rápidas. Tenía que saber qué arma usar. Y nosotros teníamos que asegurarnos de que se las arreglaba suficientemente bien. “El lobo es bastante rápido,” siguió hablando Rachel. “Tiene grandes habilidades para rasgar con los dientes. Una resistencia increíble. Pueden estar corriendo toda la noche. Ahora que si me hubieras escogido a mí, tendrías formas de ataque verdaderamente buenas. Mi forma de elefante africano. Pesa alrededor de seis toneladas. Por no mencionar mi oso pardo.” Sentí un cosquilleo de admiración mezclado con asombro de Aldrea. Un poco de esa pared que nos dividía se había venido abajo, pero lo que veía y sentía era sólo lo que Aldrea me permitía ver y sentir. Tengo que admitir que yo tampoco estaba volcando enteramente mis secretos más profundos y oscuros. Controlaba otra vez mi cuerpo, mi boca, y mis ojos. Pero procuraba no buscar entre los árboles y los arbustos signos de Tobias o Ax, por miedo a que ella supusiera lo que estaba pasando. “Entonces, no es que me moleste, pero ¿por qué no me escogiste a mí?” soltó Rachel. “Bueno, ¡venga! Ahí estaba yo, lista para la acción.” “No es que te moleste,” dije. “Claro que no. Sólo estoy diciendo…” <¿Por qué debería haberla escogido a ella?> preguntó Aldrea. “Quiere saber por qué debería haberte escogido a ti,” le retransmití. “¿Tengo que explicarle que tú eres la impresionante, la poderosa, la máxima asesina de yeerks, Xena: La Princesa Guerrera, mientras yo sólo soy la dubitativa, amante de los animales, la débil abraza-árboles?” “Has olvidado mencionar mi claramente superior sentido del estilo,” añadió Rachel. “La verdad es que yo también tengo curiosidad por saber por qué me escogiste a mí, Aldrea,” dije, hablando en voz alta para que Rachel me escuchara. “Todos pensábamos que irías a Rachel o Toby.” <No lo sé,> admitió Aldrea finalmente. <No recuerdo haber hecho la elección. Lo primero de lo que fui consciente es de estar ya en tu cuerpo.> Quizá fue porque pudo sentir mi admiración hacia lo que ella había hecho convirtiéndose en hork-bajir. No, eso no tenía sentido. Yo no era la única que creía que su decisión de desafiar a su propia gente para luchar a los yeerks era heroica. Le transmití su respuesta a Rachel. Podría haber cedido el control de mi boca, quizá, pero habría causado problemas, confusión. No quería darle a ella nada más de lo que necesitaba. Pero tampoco quería que se volviera hostil al tratarla con sospecha. [i]No creo que Miss Manners (manual de comportamiento en sociedad) cubra esta situación social en particular[/i], pensé. <Aldrea, quizá pudiéramos acceder las dos a mis centros del habla. Si vamos con cuidado, podríamos evitar los problemas.> “Sí,” dijo. “¿Sí qué?” preguntó Rachel. “Yo-ella-jamrff-coo har dabdiligg…” Dos mentes, una boca. Rachel nos lanzó una mirada de pez. “Uh-huh. Y mientras, de vuelta en la sala del psiquiátrico…” <Adelante, Aldrea,> dije. “Al principio pensé que me habían proporcionado un receptáculo ridículo,” admitió Aldrea, hablando con Rachel casi como si yo no estuviera ahí para oírla. “No sabía cómo podría luchar con este cuerpecito tan frágil. No tiene cuchillas de ninguna clase. ¡Ni siquiera tiene sacos de veneno escondidos!” “Sí, pero tiene una bolsa de enemas que usa con los mapaches,” bromeó Rachel. “Pero ahora que sé que tiene la habilidad de transformarse, sé que me servirá lo suficientemente bien,” continuó Aldrea. Eso. Supongo que “eso” es la palabra adecuada que usar cuando estás hablado a cerca de un cuerpo. “Eso” intervino para recuperar los centros del habla. “Entonces, ¿estás lista para intentarlo?” pregunté. “Ahora mismo, me estoy concentrando en mi ADN de lobo. ¿Puedes sentirlo?” <Sí,> respondió Aldrea. “Para empezar a transformarte todo lo que tienes que hacer es—” dije. <Has olvidado que nací como andalita,> me respondió Aldrea. <Nosotros inventamos la tecnología mórfica.> Su tono de voz superior me recordó a Ax. Cada cierto tiempo nos recordaba claramente lo primitiva que es aún nuestra tecnología humana. Podría haberle preguntado cuántas veces se había transformado. En cuantos animales. Podría haberle señalado que mis amigos y yo éramos probablemente los campeones mórficos de la galaxia. Pero no lo veía bien. Lo veía… no sé. Aldrea era un héroe en la historia. Y yo era la chica con la bolsa de enema para mapaches. “Bien, adelante, entonces,” murmuré. Sentí cómo la punta de mi nariz se volvía húmeda y fría. Pero sólo durante un instante. Mis uñas se estrecharon y se alargaron. Pero un segundo después volvieron a su forma original. “Me estás entorpeciendo, Cassie,” dijo Aldrea. “Oh. Lo siento. No lo sabía,” respondí. “Adelante.” Sentí como Aldrea empezaba a concentrarse en el ADN del lobo. Tomé aliento, y me di cuenta de que ahora mismo era ella la que debería estar controlando la respiración. Los cambios volvieron a empezar. Los huesos de mis piernas se quebraron cuando las articulaciones cambiaron de dirección. La piel de los brazos empezó a picarme según se iban cubriendo de pelo. Transformarse siempre había sido espeluznante. Esta vez era aterrador. Cada sensación parecía amplificarse cientos de veces. Quise gritar cuando sentí como mis intestinos se desplazaban y mis costillas se contraían. Me ordené a mí misma mantener la calma. Decidí hacer como si estuviera viendo una película. Incluso intenté imaginar que sentía la textura de asiento del cine en mi espalda y el suelo pegajoso bajo mis pies. Cuando mis labios empezaron a sobresalir de mi cara, intenté pensar en ello como un efecto especial impresionante en la película [i]Aldrea: El Alien Lobo.[/i] Ayudó un poco. Muy poco. Caí sobre mis manos. No, sobre mis patas. Ahora eran patas. Un momento después, la transformación se había completado. Aldrea salió corriendo por el bosque. Podía sentir su alegría. Se sentía poderosa y libre. Me sentí como si estuviera encerrada en un coche a toda velocidad sin frenos ni dirección asistida. Intenté aferrarme a la imagen de la película que había creado, pero no pude. ¡No con Aldrea corriendo directamente contra un enorme pino! Si chocábamos contra ese árbol a semejante velocidad no sería sólo la salpicadura de la sangre de pega de una película. Sería una explosión de verdadero dolor. <¡Aldrea, cuidado!> grité. Giró bruscamente, esquivando el árbol por centímetros. <¿Qué estabas haciendo? Casi estampas mi –nuestra- cabeza ahí,> grité. <¿De qué estás hablando?> soltó Aldrea. <Esta forma tiene reflejos excelentes.> Tenía razón. Probablemente yo había hecho lo mismo docenas de veces cuando estaba en forma de lobo. Era obvio que Aldrea no tenía ningún problema para controlar el cuerpo. Sólo tenía que confiar en ella. Excepto porque no era de la Tierra. ¿Qué ocurriría si surgiera un problema y ella no pudiera reconocerlo? ¿Sería yo capaz de recuperar el control de mi cuerpo lo suficientemente rápido como para reaccionar a tiempo? Decidí intentar un pequeño experimento. Sin decirle nada a Aldrea, intenté mover mi – nuestra –cola de lobo. No se movió. Lo intenté de nuevo, concentrando toda mi energía en los músculos de la cola. La cola dio una sacudida. No era exactamente el movimiento que pretendía. Pero al menos se había movido. <¿Qué estás haciendo, Cassie?> preguntó Aldrea. Bajó la velocidad de correr a trotar, y sentí un pequeño soplo de irritación viniendo de ella. Vacilé. No quería admitir que había estado intentando ver cuánto control tenía. Rachel apareció a nuestro lado en su propia forma de lobo. No podía evitar pensar que si Rachel hubiera estado en mi situación ella habría obtenido más que una patética sacudida en la cola. Rachel no se habría sentido intimidada por Aldrea. Ella habría dado una orden: Haz lo que yo te diga, o si no… ¿O si no qué? Esa era la cuestión. Si no… ¿qué? Me pregunté de nuevo por qué Aldrea no habría escogido a Rachel como su receptáculo. Pero quizá la respuesta era demasiado obvia: Quizá me había escogido a mí porque ella sentía que yo era la más débil. ¿Había sentido que yo era la más fácil de controlar? ¿Me habría reconocido Aldrea como una víctima fácil incluso en su incipiente forma de [i]Ixcila[/i]? [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] “Vale, está esa chica, Holly Perry, ya sabes, la que viene de Polo, Florida,” dijo Marco desde su asiento sobre un enorme fardo de heno en mi granero. “Quiero que mi Chee le pida salir. Lo he intentado un par de veces, pero le pasa una cosa rara a mi voz.” “Empezó a cloquear como la gallina que es,” comentó Rachel. “Holly Perry. No hay problema,” le dijo Erek el Chee a Marco. “No es que tengamos nada más que hacer a parte de estar pendientes de tu vida amorosa. Sí, el Chee que hace de ti también desempeña un trabajo a tiempo completo como jefe de un restaurante, pero hey, tu vida amorosa es lo primero.” Marco asintió. “Bien. Mientras tengamos claras nuestras prioridades.” Aldrea estaba completamente perdida. Era reconfortante sentir su confusión. <Los Chee son androides,> le expliqué. <Pueden desplegar hologramas a su alrededor para cambiar su apariencia. Mientras estemos fuera, Erek hará que un par de ellos nos reemplace en casa y la escuela. Que se hagan pasar por nosotros.> “Si no volvemos antes de la fecha, mi Chee simplemente deberá salir con ella y asegurarse de que se divierta,” continuó Marco. “¿Crees que es buena idea?” preguntó Rachel. “¿No se quedará decepcionada Holly cuando salga con el verdadero Marco?” Sentí la impaciencia de Aldrea. La pared emocional que nos dividía se estaba convirtiendo más bien en un tamiz. Sus pensamientos estaban aún fuera de mi alcance, pero podía “sentirla” como una persona, más dentro de mí que fuera. <Es su forma de desahogarse. Ya sabes, de enfrentarse a la ansiedad de tener que marcharse para una misión,> le expliqué. Su impaciencia no disminuyó. <Aún sois todos unos niños,> murmuró. <En realidad, no somos mucho más jóvenes de lo que tú y Dak Hamee erais cuando empezasteis a luchar contra los yeerks.> Tuve un fuerte presentimiento de que a ella no le había gustado la comparación. “¿Alguna otra instrucción?” preguntó Erek. “Pídele a quien quiera que haga de mí, que no sea tan bueno con mis hermanas esta vez,” respondió Rachel. “Se acostumbran.” Erek sonrió. “¿Jake? ¿Cassie? ¿Algo más?” Jake agitó la cabeza. Saltaba a la vista que, al menos en su cabeza, él ya había dejado la Tierra muy atrás. “Quizá no debería abordar esto,” dije lentamente. “Quizá nos traiga mala suerte o algo. Pero si… si no volviéramos, podríais…” no pude terminar la frase. Un terrible dolor manó de mi propia preocupación. Me llevó un momento darme cuenta de que la mayor parte venía de Aldrea. Mis pensamientos la habían hecho pensar en sus padres y su hermano pequeño. Los había perdido a todos para siempre. “Podríamos quedarnos con vuestras familiar,” dijo Erek. “Si realmente lo deseáis.” “No,” dije rápidamente. “Olvídalo. No. Yo… no creo que quiera que nadie me sustituya permanentemente.” Erek asintió. “No. He vivido mucho, mucho tiempo. He visto mucha muerte. Nunca he entendido el sentido de negar la muerte de alguien. La gente muere. La gente llora. Es mejor que jugar con ello.” Se dio la vuelta para irse. “Oh, Erek, una cosa más,” le llamó Marco. “Necesito hacer una redacción de alguna gran figura de la historia americana. Son los deberes para pasado mañana.” “¿Qué tal Franklin Roosevelt? Fui el mayordomo de la Casa Blanca durante su gobierno. La frase “New Deal” era mía. Por supuesto, surgió durante una mano de poker.” [i]NdT: New Deal –Nuevo Trato, en castellano- es el nombre con que bautizaron al programa de reformas económicas que asumió Roosvelt para solucionar la gran depresión económica del 1929. Se trata también de una estrategia del poker. [/i] [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Por segunda vez en menos de un día, volábamos hacia el valle de los hork-bajir. Nadie hablaba. Marco y Rachel no estaban incordiando con su habitual intercambio de insultos. Ni siquiera Aldrea me hablaba mediante nuestra comunicación privada de mente-compartida. Jake tampoco me habló mucho. No podía hacerlo, ni siquiera para tranquilizarme, sin hablarle también a Aldrea. Sé que era consciente de los problemas potenciales que se cocían. Me sentí aliviada cuando divisé a Quafijinivon, Toby y los demás hork-bajir ya reunidos en torno a la pequeña nave yeerk. Era más grande que un Caza Insecto, pero aún así, bastante pequeña. En lugar de la forma de caparazón de cucaracha con los dos cañones Dragón dentados a ambos lados, se parecía más a la forma oval que usaban los andalitas, con un motor a cada lado. Pero los cañones Dragón estaban instalados en la parte de abajo, en lugar de estar imitando una cola alzada. Quería meterme en esa nave tan rápidamente como fuera posible. La única forma de terminar con esta misión era empezarla. La única forma de volver a la Tierra era marcharse de ella. La única forma de recuperar el uso privado de mi cuerpo era permitir que Aldrea lo usase ahora. Estaba lista. Tenía que estar lista. Habían tomado esa decisión por mí cuando Aldrea escogió receptáculo. Cerré las alas y me dejé caer hacia el suelo. Volví a mi forma rápidamente. “Todo el que no tenga una forma de hork-bajir, que la adquiera ahora,” instruyó Jake antes de que las plumas hubieran desaparecido de su cara. Me acerqué a Jara Hamee y extendí la mano. “¿Puedo?” pregunté. “Jara ayuda,” respondió. Puse mi mano sobre su pecho coriáceo. Aldrea luchó para resistir una renovada oleada de dolor. Me costó un poco entenderlo, luego me di cuenta de que tocar a Jara Hamee debía recordarle cómo era tocar a Dak Hamee. Todo era nuevo para ella. Una pérdida que había ocurrido antes de que yo naciera había alcanzado a Aldrea sólo unas horas antes. No podía dejar de pensar en todo ello como en parte de la historia. Dak Hamee era historia para mí. Para Aldrea, él era una persona que aún vivía y respiraba. Adquirí el ADN de Jara tan rápido como pude y aparté la mano. <Aún le echas mucho de menos, ¿no?> le pregunté a Aldrea. <Murió ayer. Y yo no estaba con él. No sostuve su mano y le dije que le quería. Quizá en la realidad sí lo hice, pero no en mi memoria, que es toda la verdad que tengo.> <Lo siento.> Las palabras parecían muy poco convincentes. Pero no sabía qué otra cosa decir. Aldrea no dijo nada más. “Es el momento,” anunció Quafijinivon. Dio un paso hacia la nave, abriéndose camino, y luego se detuvo y se volvió hacia los expectantes hork-bajir. “Amigos hork-bajir: os estoy profundamente agradecido por el regalo de vuestro ADN. Haré todo lo que esté en mi poder para animar a la nueva colonia a desterrar a los yeerks de vuestro planeta natal. Podéis creerme o no, pero os digo que el último de los arn os compensará por los pecados de mi gente.” Por supuesto, los hork-bajir no pillaron ni la mitad de su pequeña charla. Pero sí captaron el tono. Jara Hamee se estampó las manos contra el pecho. “¡Libres o muertos!” exclamó. “¡Libres o muertos!” repitió Ket Halpak. Se palmeó su propio pecho. Los demás hork-bajirs se unieron al grito. “¡Libres o muertos!” ¡Thump! “¡Libres o muertos!” ¡Thump! Los ojos empezaron a picarme. No sabía si eran mis emociones o la propia Aldrea la que hacía que se formasen las lágrimas. En ese momento, nuestros sentimientos eran casi idénticos. “Vale, vámonos,” dijo Jake. Aldrea y yo echamos un último vistazo a los hork-bajir. Nos golpeamos el pecho con la mano. “¡Libres o muertos!” gritamos. ‘Nosotras’ es la única forma en que puedo describir la experiencia. No estoy muy segura de si fue mi voz o la suya la que lanzó el grito de batalla de los hork-bajir. Durante un momento, la pared que había entre nosotras cayó. Pero mientras nos abríamos camino hacia la puerta de la nave, sentí como Aldrea volvía a alejarse de mí. Yo también me alejé un poco. Aún éramos casi extrañas la una para la otra. Las dos necesitábamos un poco de privacidad. Entré en la nave, con Marco justo detrás de mí. “Hey, vale. Una bañera de agua caliente,” gritó. “Todas vosotras, chicas, estáis invitadas a uniros.” Seguí su mirada hacia el diminuto y vacío estanque yeerk que dominaba la única ‘habitación.’ “Está vacía,” nos aseguró Quafijinivon. Quitaré el escudo. Nos trasladaremos al espacio-Zero en cuanto dejemos la atmósfera. Debo prepararme para el viaje hacia el planeta de los arn.” “El planeta de los hork-bajir,” murmuró Rachel, mirándome significativamente. Quafijinivon no pareció oírla. Se sentó de forma incómoda, reclinándose sobre el asiento destinado a un capitán hork-bajir. El espacio a sus dos lados estaba destinado, sin ninguna duda, a dos taxonitas. Ax se acercó para observar los controles. <Esta es una nave yeerk de nueva generación,> comentó Ax. Luego, con su tono de habla telepática elaboradamente casual, dijo, <Han hecho algunas pequeñas innovaciones desde que adquirieron la tecnología andalita original de… bueno, todos sabemos quién les dio a los yeerks la capacidad de viajar por el espacio-Z.> “Mi padre,” respondió Aldrea desafiante. “Mi padre, el Príncipe Seerow. Sin mi padre, los yeerks nunca habrían tenido la oportunidad de extender su maldad,” continuó. “Sin mi padre, no estaríamos arriesgando nuestras vidas en esta misión. Esa es la observación que desea hacer el andalita.” <Aldrea, para,> le supliqué. <Nadie te culpa.> Me ignoró. “Todo eso es verdad,” insistió Aldrea. “También es cierto que mi padre hizo lo que creía que era correcto. Creyó que estaba ayudando a avanzar a una raza digna.” <Y avanzaron contra los hork-bajirs y ahora contra los humanos.> Aldrea acercó su –nuestra- cabeza hacia él. “Lo que él hizo no es tan diferente de haberle dado a estos humanos la capacidad de transformarse. ¿Y quién lo hizo, Aximili-Esgarrouth-Isthill? Sé que ellos no podrían haber desarrollado semejante tecnología por sí solos.” <No puedes comparar a tu padre con mi hermano,> empezó a protestar Ax. “¡Oh, pero sí que puedo!” gritó Aldrea triunfalmente. “Si tu hermano les concedió a los humanos el poder de transformarse, significa que le dio a especies inferiores tecnología que eran incapaces de desarrollar por sí mismos. Eso exactamente lo que hizo mi padre.” “Espera un minuto, ¿estás comparando a los humanos con los yeerks?” preguntó Rachel. “¿Es eso lo que estás haciendo?” “Bueno, hemos empezado con buen pie,” dijo Marco echándose a reír. “Aún no hemos llegado a la primera parada de descanso y los niños ya se están peleando en los asientos de detrás.” <Sabes, Ald—> empezó a decir Tobias. “Vale. Discusión terminada,” dijo Jake. Tobias se quedó en silencio a media palabra. Yo podía sentir la incredulidad de Aldrea al ser silenciada por lo que ella veía como un extraterrestre adolescente. “Aquí tenemos que ser un equipo,” dijo Jake en voz tan baja que obligó a todo el mundo a inclinarse para oírlo. “Tenemos que poder contar los unos con los otros. Vamos a meternos de lleno en territorio enemigo. El planeta de los hork-bajir está bajo el control de los yeerks. Rodeado de defensas yeerks. Y dependemos de dos personas a las que no conocemos: Quafijinivon y Aldrea.” Me lanzó a mí / Aldrea una mirada severa. “Nos dejaremos aconsejar por Quafijinivon y Aldrea. Y siempre escucharemos a Toby. Pero esta es una misión de los Animorphs.” “¿Signfica eso que tú estás al mando?” preguntó Aldrea, casi riéndose. “Eso es exactamente lo que quiero decir,” dijo Jake. Sentí la reacción emocional de Aldrea. Una mezcla de resentimiento, condescendencia y preocupación. <Jake nos ha liderado numerosas misiones, más batallas de las que tú y Dak habéis luchado nunca,> dije, irritada por su actitud. Usando mi –nuestra- boca, Aldrea dijo, “Seguiré a Jake como si fuera mi príncipe.” ¿Lo decía en serio? No podía saberlo. Tuve el presentimiento de que Ax iba a decir algo sarcástico. Jake alzó la mano, cortando a Ax. “Gracias, Aldrea. Es un honor tenerte en el equipo.” El momento había pasado. Vi a Rachel sonriéndome con suficiencia. No, a Aldrea. <Este Jake te importa,> me dijo Aldrea. <Sí. Así es.> <Como Dak y yo.> <Sí. Supongo.> Era una comparación perturbadora. Ni Dak ni Aldrea habían sobrevivido a la guerra. <Espero que tengáis más suerte de la que nosotros tuvimos.> <Abriré los paneles de observación,> dijo Ax. Un momento después, un círculo de metal se desplazó, revelando ventanas en todas direcciones. Mis ojos se dirigieron directamente a la bola azul y blanca que era la Tierra. Estaba ya tan lejos. La nave ganó velocidad. Se precipitó hacia el espacio más y más rápido. ¡Flash! La Tierra desapareció. <Traslado al espacio Zero,> nos dijo Ax. <Deberíamos surgir en algún lugar de la galaxia del planeta de los hork-bajir. Dependiendo de la configuración actual del espacio-Zero.> Observé a nuestro variado grupo. Cuatro humanos, un ratonero de cola-roja, un andalita, un hork-bajir, un arn que nos daba la espalda y, invisible pero aún así presente, el híbrido llamado Aldrea. Yo debía parecer preocupada. Marco captó mi mirada y lanzó una risa sarcástica. “Bueno. ¿A alguien le apetece jugar a los dados?” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12 (ALDREA):[/b] Me di la vuelta y vi que Dak se había ido. Abrí los ojos. Estaba de pie de espaldas a mí. Observaba el valle que había por debajo de nosotros. Me levanté, empecé a acercarme a él, vacilé, y me incliné para coger el arma que había tenido al alcance de la mano cada segundo durante los últimos dos años. Me acerqué por detrás de él, rodeé su cola curvada hacia arriba, y pasé el brazo alrededor de su pecho. Estábamos en el borde de una pequeña plataforma construida a setecientos pies del suelo sobre el recodo de la rama de un árbol Stoola. Estábamos en la parte más alejada del valle, todo un camino que se estrechaba tanto que las ramas de los árboles que atravesaban el valle alcanzaban a tocar las ramas del otro lado. Los yeerks habían registrado el área a conciencia, buscando hork-bajir supervivientes. La búsqueda había sido llevada a cabo por controladores hork-bajir. Y aún así habíamos escapado a su vista. Dak había desmontado la plataforma, la había enterrado en el suelo y luego, cuando acabó la búsqueda, reconstruyó desafiantemente nuestro pequeño hogar. “Te quiero, Dak.” Apretó mi brazo contra su pecho. “Ahora Seerow duerme bien,” dijo. “Sí. Durante los últimos días, desde que las naves dejaron de llegar armando escándalo.” Había empezado el asentamiento. Las fuerzas yeerk, las fuerzas contra las que habíamos combatido, se doblarían. “Temo por él, Aldrea.” No pude responder. Tenía la garganta seca. Hacía mucho tiempo que nos habíamos dado cuenta de que no sobreviviríamos. Lo habíamos aceptado. Tan bien como cualquiera puede aceptar la muerte de un ser querido, o su propia muerte. Pero no podía aceptarlo por Seerow, mi hijo. Nuestro hijo. No podía. Y aún así no veía ninguna salida. Observé la pequeña cuna de ramitas en la que dormía. “¿Qué será de ti, mi pequeño?” Se levantó. Era demasiado pequeño para hablar, y aún así habló. No como un hork-bajir, sino con fluidez y tranquilidad. “Los yeerks me llevarán, Madre.” “No.” “No me salvarás, Madre.” “Yo… No pude.” “¿Dónde está Padre?” Me di la vuelta, y Dak ya no estaba allí. “Hace un momento estaba… ¿qué pasa?” “Una pesadilla,” dijo la pequeña criatura marrón. Había tomado el lugar de mi hijo. “Estás teniendo una pesadilla.” “¡Seerow!” grité. El joven andalita me sonrió con burla. <¿Te imaginaste que era real, Aldrea-Iskillion-Falan? ¿Pensaste que podía durar?> “¡Seerow! ¡Dak! Venid, venid, dejad que… ¿dónde estáis?” <¡Despierta! ¡Despierta! ¡Aldrea, despierta!> Me desperté. Cassie, la humana, había corrido a zambullir nuestra cara en agua fría. Miré a mi alrededor, a través de sus ojos. Las luces se habían apagado para poder dormir. El andalita yacía descansando, con un solo ojo móvil abierto, vigilando. Jake, el líder de los humanos, se había despertado. “No pasa nada, Jake,” dijo Cassie. “Sólo ha tenido una pesadilla.” Seerow. Muerto después de haber vivido como huésped de un yeerk. Dak. Muerto, ni siquiera sabía cómo. Todos ellos, todos nuestros valientes soldados, todos desaparecidos. Una pesadilla. Un sueño sobre la muerte en una persona que ya está muerta. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Pasaron tres días. Tres días de tener en mi cabeza a ese extraño, triste y secreto andalita-convertido-en-hork-bajir. Durmiendo con ella sobre el duro y frío suelo. Despertándome agitada, sudando, queriendo arrancarme el corazón con las manos desnudas al sentir el terrible dolor de sus pesadillas. Comiendo con ella, si es que podías llamar comida a las pequeñas bolitas de nutrientes concentrados. Yendo al baño con ella. Haciendo juntas un montón de cosas más de las que habría preferido. Ya era suficientemente malo adivinar como hacer pis en un váter diseñado para un hork-bajir. Muchísimo peor era hacerlo con audiencia en tu propia cabeza. Nos habíamos acostumbrado a coordinarnos para compartir el control del habla. Yo controlaba todo lo demás. Me había acostumbrado a ello. Aún no me gustaba. El arn se había quedado en el puesto de mando, ignorándonos la mayor parte del tiempo. No supe nada más de él. ¿De verdad era éste para él una especie de viaje de redención? Aldrea lo dudaba. Y ella sabía un cien por cien más sobre el arn que yo. Jake estaba hablando con Quafijinivon cuando salimos de la blanca y vacía nada del espacio-Zero y surgimos en lo que parecía ser el cálido y acogedor campo de estrellas negro. El arn comprobó los sensores. “Quafijinivon dice que ahora estamos en espacio hork-bajir. Es posible que podamos atravesar las defensas yeerks sin que se den cuenta. O no,” anunció Jake. “Debemos estar preparados. No sabemos en qué nos estaremos metiendo. Quiero que todo el mund—” Marco levantó la mano como si estuviera haciendo una pregunta. “Sí, Marco.” “¿Tenemos el cambio exacto para los peajes?” Jake parpadeó. Y luego sonrió. Él y Marco habían sido los mejores amigos desde siempre. Marco sabe como bajarle los humos a Jake cuando empieza a interpretar el rol de líder intrépido demasiado seriamente. Jake se sentó en el suelo al lado de mí / de Aldrea. “No sé por qué no podríamos haber ido por el espacio-Zero todo el rato,” se quejó Marco. Ax y Aldrea se echaron a reír. Entonces se dieron cuenta de que se estaban riendo de la misma cosa y ambos dejaron de hacerlo. “Simplemente decidlo,” les conminó Marco. “Sólo soy un pobre chico de la Tierra, incapaz de comprender los senderos de los seres andalitas superiores.” “Hork-bajir,” le corrigió Aldrea. <Aldrea, ¿por qué—?> empezó Ax. Un destello de color verde cruzó de pronto. “¡Fuego!” gritó Aldrea, y de pronto yo estaba de pie y corriendo hacia la parte frontal de la nave. ¡Había tomado el control de mi cuerpo! Fue tan repentino, tan fácil. Ax llego primero al “puente”. Se inclinó y miró por encima del hombro de Quafijinivon. <Uno de nosotros,> dijo Ax. A continuación se explicó. <Un caza andalita. Debe ser una patrulla de la zona exterior. Acosando a las defensas de los yeerks.> “¿Podemos dejarlo atrás?” preguntó Jake. “Están entre nosotros y el planeta arn,” respondió Quafijinivon. “Somos más pequeños. Puede que logremos esquivarlos. Pero eso nos situará justo delante de su radio de alcance.” ¡Tseeeeeew! El andalita volvió a disparar. ¡Un fallo! Pero los fríos y estrictos datos del ordenador dejaron bien claro lo cerca que había estado. “¡Contraataca!” explotó Rachel. “Dispara a uno de esos cacharros o algo. Lo suficiente como para mantenerlos ocupados hasta que podamos aterrizar. No pueden seguirnos hasta abajo.” Quafijinivon frunció su boca roja pensativamente. “Joven humano, el piloto es un guerrero andalita. Uno de los mejores luchadores de la galaxia. No puedo esperar salir victorioso de una batalla contra él.” Ax y Aldrea dijeron más o menos lo mismo, lo que traducido a la lengua humana era, <Ahí tienes razón.> <No podemos dispararle a un andalita,> dijo Tobias. Revoloteaba un poco nervioso, bamboleándose de un lado a otro cuando el arn hacía virar la nave en una maniobra evasiva. “¿Entonces le dejamos que nos dispare él a nosotros?” preguntó Rachel. “Él es sólo uno, nosotros ocho. O nueve.” El caza andalita volvía a toda velocidad dibujando un arco estrecho. En pocos segundos sus armas se prepararían para disparar sobre nosotros. “¿Ax?” preguntó Jake. <No puedo disparar sobre un compañero andalita que sólo está haciendo su deber. No me lo pidas,> suplicó Ax. <Quizá pudiera comunicarme—> “¡No!” le interrumpió Aldrea. “Si los yeerks captan la voz de la transmisión, estamos muertos. Utilizarán todo lo que tengan para encontrarnos. Nos matarán a todos, y harán lo mismo con los andalitas.” “Aquí viene,” dijo Toby. Miré — y mi estómago dio un vuelco. El caza andalita estaba sobre nosotros. Quedaban segundos para que se produjera el disparo. Y esta vez no fallaría. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Ax dio un salto. Empujó al expectante arn fuera de su camino y agarró los controles. <¡Ordenador, propulsores laterales, hacia la izquierda, a toda potencia!> gritó Ax. ¡WHAM! Caí volando sobre Toby. Ambas nos estrellamos contra el suelo. Una de sus cuchillas me hizo un corte en el brazo y sentí un hilillo de sangre cálida. Todos los que habíamos estado de pie fuimos lanzados hacia el lado izquierdo de la nave. Una fuerza invisible me empujó, arrancándome el aire de los pulmones, haciendo que la piel de mis mejillas se estirara hacia las orejas. ¡Tseeeeew! ¡Tseeeeeew! El caza andalita disparó. Una descarga de electricidad, me hormigueaba el pelo, el de Rachel estaba de punta, como un halo rubio. El aire crepitó en un destello azulado. Y luego el pelo de Rachel volvió a su sitio. La aceleración se detuvo instantáneamente. Yo había estado inclinada hacia delante, y ahora, sin la presión, perdí el equilibrio y me caí como alguien que hubiera estado tirando de una cuerda que de pronto se parte. Marco cayó con toda su longitud encima de mí. Se llevó un dedo a los labios. “Shhh, no se lo digas a Jake. Ya sabes lo celoso que es.” <El propulsor izquierdo principal eliminado,> informó Ax. <Y ahora está enfadado. Vuelve más lentamente.> “Más lento, eso es bueno, ¿no?” dije. Me llevé la mano al labio y vi sangre en mis dedos. Ni siquiera recordaba haberme golpeado contra nada. “No, no es bueno,” dijo Aldrea. “Se ha dado cuenta de que no dispararemos o no podemos disparar. Se acerca más lentamente para asegurar el tiro.” <Cortaré las luces, y la gravedad ambiental y artificial para poder darle más fuerza a los propulsores que quedan,> dijo Ax. La cabina se quedó en la oscuridad excepto por el brillo del panel de control. Y entonces me di cuenta de que mis pies ya no estaban pegados al suelo. “Ax, ¿podemos esquivarlo? ¿Sí o no?” preguntó Jake. <No, Príncipe Jake, no podemos. Pero no puedo—> Jake ignoró su respuesta. “¿Aldrea?” Ella sabía lo que le estaba pidiendo. Sentí sus dudas. Su vacilación. “¡Sí o no!” la urgió Jake. “Sí,” dijo. Se volvió a hacer con el control de mi cuerpo, se impulsó desde el techo y flotó totalmente ingrávida hasta el lado de Ax. “Paralízalo si puedes. Si no…” dijo Jake. <Príncipe Jake, no podemos—> suplicó Ax. “Es mi decisión, Ax-man,” dijo Jake con amabilidad. “Aldrea, es tu turno.” Aldrea pasó un cinturón sobre nuestro hombro para evitar que saliéramos flotando. Mis manos se movieron, agarrando un largo y vistoso joystick, obviamente construido para acomodarse a los dedos hork-bajir o las pinzas taxonitas. Los ojos de Aldrea, mis ojos, estaban concentrados no en la lentamente creciente imagen del caza andalita, sino en las armas tácticas de las que disponíamos. “Ordenador, ve a modo de disparo manual,” dijo mi voz. Observé los visores de la pantalla barriendo el campo de estrellas para acabar centrándose en la nave andalita. Muerta en la cabina del piloto. <Si no estuvieras dentro de mi amiga Cassie la cuchilla de mi cola estaría ahora en tu garganta,> dijo Ax en habla telepática sólo para Aldrea, y yo pude oírlo. <No falles.> Aldrea volvió a mover mis dedos, tan ligeramente, tan suave, acariciando los visores del objetivo para centrarlos en el lado derecho de la nave andalita. ¿Los había vuelto a ajustar debido a la amenaza de Ax? ¿O siempre había intentado apuntar al aparato? En cualquier caso, un fallo podría significar un disparo directo contra la nave andalita. HMMMMMMMM… ¡TSEEEEEEW! Un único disparo. El rayo Dragón rojo perforó la oscuridad. Impactó contra la nave andalita. Luego una pálida explosión naranja. Una parte de la nave salió volando. La nave viró salvajemente, alejándose de nosotros. “¡Sí!” gritó Rachel vagando en medio del aire, casi boca abajo. “¡Te has cargado un motor!” <¡Se aproximan más blancos!> gritó Ax. <Múltiples… ¡cuento cuatro!> Giró sus ojos móviles para mirar a Jake. <Cazas Insecto yeerks. Vienen para acabar con él.> “¿Puede volar?” preguntó Jake. <Sí. Está recuperando el control. Pero ahora es tan lento como nosotros. Nunca conseguirá dejarlos atrás.> “No nos atacarán a nosotros,” destacó Marco. “Han visto cómo disparábamos al andalita. Somos una nave yeerk de buena fe.” <Qué afortunados somos,> dijo Ax ácidamente. <Ese guerrero nos ha comprado nuestro pasaje.> “Si seguimos volando así, estaremos a salvo,” señaló Marco. Quafijinivon dijo, “¡Sí, sí! Sigamos volando.” Uno por uno miramos a Jake “Nah, me parece que no,” dijo. Marco sonrió. “Tenía el presentimiento de que dirías eso.” “¿Ax? ¿Aldrea? Son cuatro. Si disparamos a los yeerks, ¿el andalita lo comprenderá? ¿Se unirá a nosotros?” <¡Sí!> dijo Ax. <Ya se está preguntando por qué no hemos acabado aún con él.> “Vale,” dijo Jake. “Esperad. Esperad hasta que no haya muchas posibilidades de que falléis el primer tiro. ¡Entonces, boom! ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Cuatro tiros. Les deis o no eso confundirá a los yeerks, les asustará las babas lo suficiente.” Cuatro cazas Insecto se avecinaban desde la brillante medialuna del planeta que había por debajo, recorriendo su órbita hacia nosotros, los propulsores escupiendo fuego. La nave andalita parecía ahora ir a la deriva, indefensa. “¿No estará—?” preguntó Marco. “No,” dijo Aldrea. “Está herido, pero no tanto. Se está haciendo el muerto para atraer a los yeerks. Disparará una última vez. Ese es su plan. Un disparo y luego morir.” Fue Tobias, el volador instintivo el que vio las posibilidades. <Hey, nos dejamos ir a la izquierda, nos metemos detrás del andalita, los yeerks dudarán al disparar, pensando que somos de los suyos y que podrían herirnos. Se dividirán a derecha e izquierda para conseguir un ángulo más despejado desde el que atacar. A esa velocidad, ese ángulo, disparas al líder de la izquierda y—> “¡Y los restos destruirán la nave de al lado!” dijo Aldrea entusiasmada. Ax movió los propulsores laterales durante un segundo, giramos, aparentemente sin fuerza. Los yeerks nos vieron en su línea de fuego, se dividieron a izquierda y derecha, justo como Tobias había… ¡TSEEEEEEW! ¡TSEEEEEW! Disparamos. ¡BOOOM! El lado izquierdo del caza Insecto que iba en cabeza salió volando. ¡Tseeeeew! El andalita disparó. El primero del lado derecho explotó. El otro del lado izquierdo chocó contra los restos de su compañero. Uno de los propulsores estalló. Se desgajó, abriendo toda la parte trasera del caza Insecto, lo que lo hizo empezar a girar y luego ¡BOOOM! Tres cazas Insecto eliminados en menos de 10 segundos. El andalita puso en marcha el propulsor que le quedaba y siguió al yeerk que quedaba. Pero no antes de hacer un pequeño giro hacia nosotros. Una especie de inclinación. <Que te vaya bien la caza, hermano,> dijo Ax. Todo el mundo empezó a festejar. “¡Buen disparo, Ax y Cassie!” canturreó Rachel. “Sí, buen trabajo,” dijo Jake mucho más tranquilamente. “Puede que hayamos alertado a los yeerks, que hayamos puesto las cosas más difíciles. Así que tomaos cinco segundos para celebrarlo y preparaos para aterrizar. Tened preparadas las formas de batalla por si las necesitamos.” <Cassie, creo que me gusta tu novio,> dijo Aldrea. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 15 (ALDREA):[/b] Abajo. Abajo a través de las nubes, a través de la atmósfera, lo que hizo que el casco de la nave empezara a aullar. El planeta que nunca había abandonado, y al que ahora regresaba. “Las defensas automáticas de los yeerks parecen haber aceptado nuestro código,” dijo Quafijinivon. “¿Eso es bueno?” preguntó Rachel. “Si no hubieran aceptado nuestra identificación nos habrían disparado con los cañones de rayos Dragón apostados en tierra. Tendremos que cruzar otro control cuando vayamos a entrar en el valle.” No lo había visto desde el espacio cuando llegué con mi familia por primera vez. Mi padre, caído en desgracia, pero actuando como si no supiera que esto era un callejón sin salida, una misión irrelevante para un andalita cuyo nombre se había transformado en una broma burlona, un sinónimo de “idiota”. Con mi madre, simplemente feliz de tener nuevas especies sin clasificar que poder estudiar. Con mi hermano, que sentía nuestra humillación mucho más intensamente que yo. Todos muertos, claro. Los había visto morir con el devastador rayo Dragón de las patrullas de cazas Insecto yeerk. No era un planeta hermoso, al menos no para la sensibilidad andalita. Un andalita buscaba instintivamente vastas extensiones de hierba abiertas, los delicados árboles, los serpenteantes ríos y arroyos. Pero el planeta hork-bajir estaba marcado por el impacto del asteroide o luna que había borrado su anterior apariencia. La superficie estaba estéril, quebrada, y abierta. Las grietas tenían kilómetros de profundidad y anchura, con los bordes increíblemente inclinados. La vida en el planeta existía ahora sólo en aquellos valles. Allí se alzaban árboles gigantescos. Allí los hork-bajir habían vivido una vez en pacífica ignorancia, adorando a la Madre Cielo y al Padre de las Profundidades, cuidando de las cortezas de los árboles, evitado a los monstruos que guardaban las profundidades de los valles. Pasamos rozando la superficie, y luego, rápidamente, bajamos hasta el valle. El valle de Dak. Mi valle. Observé a mi alrededor y de pronto me alegré de que Cassie tuviera el control de mi cuerpo. Si no hubiera sido así, puede que no hubiera sido capaz de mantenerme en pie. ¡Los árboles! ¡Los árboles! Habían desaparecido muchos. Las paredes del valle habían sido desgarradas, agrietadas. Los yeerks habían destrozado los valles para acercarlos al nivel de la superficie. “Debes recordar que han pasado años desde la última vez que viste tu casa,” me dijo Quafijinivon. Pero no habían sido los años los que habían causado estragos en los árboles. Habían sido los yeerks. Más de la mitad habían desaparecido. La mayoría de los que quedaban habían sido abatidos a tiros. <Debería haberlo supuesto… debería haberlo esperado…> le dije a Cassie. Incluso antes de que yo… de que yo muriera, algunos árboles ya habían sido destrozados. Pero ahora era como si hubieran masacrado el planeta. Los árboles eran el planeta. “Parece que la red de defensa interna nos ha aceptado y registrado,” dijo Quafijinivon, exhalando un suspiro. “Tenemos suerte. Hemos pasado por en medio de diez kilómetros de alcance de los cañones Dragón en las paredes del valle.” “No puedo creer que aún no hayamos llegado al suelo,” dijo Jake. “¿Qué altura tienen estos árboles?” Sabía que esperaba que yo contestara. Pero no podía. “Los más altos miden trescientos metros,” respondió Quafijinivon. “Los troncos tienen treinta metros de diámetro. Son una obra maestra de la bio-ingeniería de los arn.” <Aldrea, ¿estás bien?> me preguntó suavemente Cassie. <Date la vuelta,> supliqué. Odiaba la debilidad de mi voz, pero no podía soportar seguir mirando. <Mira hacia otro lado.> Lo hizo. Pero entonces, volvió a mirar. Y yo también miré. Porque incluso ahora, desgarrado y quemado, violado y destrozado, era mi hogar. “Dos minutos,” dijo Quafijinivon. “Aterrizaremos justo encima de la barrera de vapor, en medio de la antigua zona de alcance de los monstruos que creamos para contener la curiosidad de los hork-bajir.” Sentí aumentar la tensión en Cassie. Todo esto era extraño para ella, claro. Un mundo distinto. Para mí era y no era familiar. En mi mente, nunca me había ido. Los años no habían pasado. El cambio parecía repentino, enorme, aterrador. La destrucción de décadas enteras en lo que lleva el guiño de un ojo. Pero era Toby la que me interesaba. Este era su hogar ancestral. Un lugar que nunca había visto, pero que debía, de alguna forma, formar parte de la estructura de su mente hork-bajir. Ella miraba por la ventana con curiosidad, incluso fascinación. Pero las caras de los hork-bajir sólo pueden expresar un pequeño retazo de emoción. Lo que ella sentía, si sentía algo, era un misterio. Pronto aterrizaríamos, y ni siquiera sabía lo que yo misma pensaba. No confiaba en el arn. No me gustaba el andalita, pero sabía que era lo que era. No conocía a los humanos, ni siquiera a aquél cuyo cerebro compartía. El que se llamaba Jake había actuado bien hasta el momento. Pero no sabía lo que nos esperaba. Sólo sabía una cosa: si el arn había sido sincero en sus palabras o conspiraba alguna traición, no importaba. Había visto lo que el futuro reservaba para mi mundo adoptivo. Y todas mis dudas, mi cinismo nacido del cansancio, se habían borrado. Yo, que nunca me había ido, estaba de vuelta. Y haría que los yeerks lo pagaran. No importaba lo que costara. Sentí que la humana, Cassie, estaba leyendo mis emociones, escuchando para encontrar alguna pista. Me había descuidado. Le cerré mi mente y sellé mis emociones. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] Sentí como la nave tomaba tierra suavemente. Sentí que la pared que había dentro de mí crecía. No podía culpar a Aldrea. Si la situación fuera al revés, no creo que yo quisiera ser testigo de todas las formas en que la Tierra hubiera sido vulnerada por la guerra y luego tener a una segunda persona leyendo mis pensamientos. “Lo hemos conseguido,” dijo Quafijinivon con un deje de satisfacción. “Estamos en casa. Abriré la escotilla y—” “Espera,” dijo Jake. “¿Qué hay ahí fuera? ¿Deberíamos transformarnos en hork-bajir?” Quafijinivon agitó la cabeza. “Estamos justo encima del valle de los arn, en tierra de nadie. Los yeerks no vienen aquí ahora que todos los monstruos han muerto. Y, por supuesto, piensan que todos los arn han muerto también.” Soltó una risa triste y cenicienta. Se dirigió a la puerta de salida de la nave. No pude evitar darme cuenta de que su pierna estaba un poco temblorosa. Cuando puse un pie sobre la rampa, me pilló desprevenida la luz que había fuera. En realidad eso es lo único que noté al principio –la intensidad de la luz y la forma en que el cielo prácticamente parecía estar ardiendo. “Debo empezar pronto mi trabajo, o corro el riesgo de que se degrade el ADN que recogí,” dijo Quafijinivon. “Mi laboratorio no está lejos. Seguidme.” Empezó a caminar a través de un espacio ligeramente anguloso de arbustos y malas hierbas que terminaba abruptamente en un acantilado alucinante que parecía bajar hasta la eternidad. “Quizá no seas consciente de esto, pero no todos tenemos alas,” señaló Rachel. “Al menos no en este momento.” “Hay escaleras,” nos aseguró Quafijinivon sin darse la vuelta. Me aproximé con cautela a la puerta y observé. Hacia abajo a penas se veía nada. Pero al otro lado del estrecho abismo pude ver que la pared estaba esculpida de entradas, ventanas, arcos y pasarelas. Estaban tallados directamente en la piedra. Habían abierto las secciones con rayos Dragón, quizá hace mucho, pero la villa de los arn aún era muy hermosa. Jake dijo, “¿Tobias?” Tobias agitó las alas, se elevó en el aire, y salió disparado a lo largo del valle. Estuvo flotando durante bastantes minutos, usando sus ojos-láser de halcón para mirar hacia abajo y a su alrededor. Luego descendió. <No veo nada vivo ahí abajo,> informó. <Una pena. Es un lugar impresionante. Debe de haber pasado algo para que esté deshabitado.> “Sí. Parece que es como las moradas de las montañas Anasazi en Nuevo México o algo parecido,” dijo Marco. Rachel le lanzó una mirada. “¿Desde cuándo conoces siquiera la palabra ‘Anasazi’?” “Ya os lo he dicho chicos, de vez en cuando estoy despierto en clase. Sólo para variar un poco.” Quafijinivon nos guió bajando por una estrecha escalera de piedra. No había barandilla. <Es en momentos como éste cuando aprecio realmente mis alas,> dijo Tobias. <Yo tendría mucho cuidado. Si caéis tendréis un montón de tiempo para pensar durante la caída.> Jake, Rachel, Tobias, Ax, Marco y Toby empezaron a bajar por el lado de la montaña después de Quafijinivon. Yo me metí al final de esa cola de una sola fila. No me hacía muy feliz. No me apasiona bajar montañas. Pero tampoco es que tuviera otra opción. Fijé los ojos en mis pies, observando cómo se movían de peldaño en peldaño. Si Aldrea sentía miedo, o desprecio por el miedo, no me dejaba saber nada. Había sellado la pared que había en medio de nosotras y todos los ladrillos seguían en su sitio. “¿Qué es esa cosa roja y amarilla del fondo?” preguntó Marco. “Parece que se esté moviendo.” “Oh, gracias, Marco,” murmuré. “Ahora mismo lo que de verdad necesito es ponerme a pensar en lo que hay en el lejano, lejano, lejano fondo.” “Es el núcleo del planeta,” respondió Quafijinivon. “El núcleo,” repitió Rachel. “¿Te refieres al centro del planeta?” “Sí, claro,” respondió. Su tono dejó claro que pensaba que ella era un poco corta de mente. “Entonces, hay un volcán ahí abajo, con su lava y todo,” dijo Marco. “¿Cómo está de caliente esa lava? Ya sabes, por si nos caemos.” “No me estás ayudando,” le dije, sin levantar los ojos de los pies. “De verdad que no.” <No tienes que preocuparte por la lava, Cassie,> me confortó Ax. “Gracias, Ax,” le respondí. <Si cayeras, supongo que serías incinerada antes de alcanzar el magma en sí,> continuó. A veces creo que el hecho de juntarse con Marco le ha dado a Ax un sentido del humor totalmente distorsionado. Muy poco andalita. Quafijinivon se volvió hacia uno de los arcos. Uno por uno, le seguimos al interior de una larga y estrecha habitación, casi una cueva. Por primera vez desde que empezamos a bajar el lado de la montaña, levanté los ojos de mis pies. Miré como Quafijinivon presionaba un pequeño panel azul colocado en una pared. Un instante después la pared entera se abrió. Una hilera de largos y transparentes cilindros y una elaborada consola de mandos llenaban la mayor parte de la habitación. “Me llevó años recoger todo el equipo que necesitaba para el nuevo laboratorio,” dijo Quafijinivon. “Los asaltos de los yeerks lo destruyeron casi todo.” “Nunca he oído que los yeerks utilizaran huéspedes arn,” dijo Toby. “Tenía entendido que los arn lo evitaron alterando su propia psicología.” “Es cierto, Vidente,” dijo el arn. “Los yeerks no nos mataron en busca de huéspedes. Era un juego. Un deporte. Mi gente fue exterminada, nuestra cultura destruida, porque los yeerks disfrutaban usándonos de blanco.” La voz del arn se redujo a un eco de rencor que debía de ser muy profundo. Luego la extraña criatura añadió. “Tengo trabajo que hacer.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 17 (ALDREA):[/b] Mi casa. El planeta de los hork-bajir. Mi planeta. Estaba desesperada por escapar del débil y lento cuerpo humano y sentir otra vez mi verdadera forma. Quería ser hork-bajir. “Vale, no estamos aquí para hacer turismo,” dijo Jake. “Estamos aquí para recuperar las armas que escondieron Aldrea y Dak. Las encontramos, le decimos a Quafijinivon dónde recogerlas, y nos devuelve a casa.” “Toby ya está en casa,” dije. Toby me miró fijamente. La idea la sorprendió. “Este es el mundo del que vienes, Toby,” dije. <Si Toby quiere quedarse será decisión suya,> dijo el halcón [i]nothlit[/i]. <¿Y el resto de nosotros, Ax, Jake, Rachel, Marco y Cassie? Todos vamos a volver a casa.> El énfasis puesto en el “todos” habría sido imposible de pasar por alto. La criatura llamada Tobias me estaba advirtiendo. [i]¿Y qué podríais hacer[/i], me pregunté, [i]si yo decidiera que Cassie se queda aquí?[/i] Pero no dije nada. Los humanos y el repugnante andalita ya sospechaban de mí. Todos paranoicos. Aximili estaba más preocupado por mí que por los yeerks. No tenía aliados en este grupo. Con la posible excepción de Toby. Ella era, al fin y al cabo, mi bisnieta. <Aldrea, está esperando una respuesta.> <¿Qué?> <Jake te ha hecho una pregunta.> “Lo siento, no te he oído,” dije en voz alta. “¿Estás lista? Eres nuestra guía. Llévanos hasta las armas. Empecemos a movernos.” “Sí, estoy lista,” dije. Intenté encubrir la incertidumbre que sentía, intenté esconderla de Cassie. No conocía la localización de las armas. Recordaba a Dak y a mí y a los demás, los pocos que aún quedaban con nosotros, llevándonos la nave. Pero debí de haberla escondido después de grabar mi [i]Ixcila[/i]. <¡No sabes dónde están!> me acusó Cassie. <¡No digas tonterías!> <¡Oh, Dios! ¡No lo sabes! Puedo sentirlo. Sé que estás mintiendo.> <Sé dónde planeaba dejarlas. Sé donde deben de estar.> <Tenemos que decírselo a Jake.> <¡No!> Abrió la boca. “J — …unh… Ja…” <¡Déjame hablar!> La solté, sorprendida ante mi propio comportamiento. No había querido detenerla, no había querido luchar por el control. Un error; no tenía tiempo de pensar en ello. Todo el mundo me miraba. Todos excepto el arn que estaba ocupado en algún otro lugar. <Ni se te ocurra volver a hacer eso, Aldrea,> dijo Cassie. <Yo—> <Ni se te ocurra volver a impedirme tomar el control.> Entonces abrió nuestra –su- boca y dijo, “No sabe dónde están las armas. No con seguridad. Tiene una ligera idea.” Las expresiones faciales de los andalitas son sutiles. Pero yo había nacido como andalita. Vi el triunfo en los ojos de Aximili. La sensación de que me había juzgado correctamente. Las expresiones faciales humanas aún me eran extrañas. La cara de Jake no mostraba nada. Parecía haberse quedado deliberadamente desprovisto de expresión. “Eso es algo en lo que deberíamos haber pensado antes de despegar,” dijo tranquilamente. <¿Puedo usar tu boca para hablar?> le pregunté a Cassie. <Adelante.> “Estoy segura de poder encontrar las armas. Sé dónde las habría escondido. Dónde intentaba esconderlas.” “Eso es genial,” me cortó Marco, “pero hay una gran diferencia entre que te maten por un ‘definitivamente’ que por un ‘posiblemente’.” “Nadie estará en peligro. Conozco el lugar. Conozco los árboles.” Jake dijo, “Ahora no tenemos elección. Ya estamos aquí. Pero, tú, Aldrea, nunca más confiaremos en ti. Odias a los andalitas, odias al arn, y no tratas a los humanos como tus aliados. Entiendo tu enfado. Ahora mismo te encuentras en una realidad muy extraña. Pero nosotros vamos a salir de aquí vivos, eso es lo que haremos. Así que si te interpones, si me haces dudar de ti otra vez, te dejaremos atrás.” Me molestaron el insulto y la amenaza. “Este es mi mundo, humano. Mi batalla. Sígueme, haz lo que yo digo, y pronto podrás correr a refugiarte a la Tierra.” Rachel dijo, “Y tú volverás a la botella de Quafijinivon.” “Eso es cierto,” dije. Jake suspiró profundamente y dijo, “Queremos evitar las formas terrestres si es posible. No tiene sentido anunciar ‘Los Animorphs estamos aquí’. Viajaremos como hork-bajir. Todos excepto Tobias. Te quiero en el aire, tío. Pero quédate fuera de la vista si es posible.” <Voy a ello,> dijo el [i]nothlit[/i]. Desplegó las alas, voló a ras del suelo durante un momento, y luego se elevó por los aires hacia el interior de la neblina. “Vale. Ahora nos transformamos.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 18 (ALDREA):[/b] <Supongo que tú controlarás la forma,> le dije a Cassie. <Sí, es lo que haré,> dijo. Esperé mientras se concentraba en el ADN de hork-bajir que había dentro de ella. Los cambios empezaron con sorprendente suavidad. Cassie tenía mucha experiencia transformándose, eso estaba bien claro. Pero mientras observaba los apacibles cambios, las elegantes transiciones, me di cuenta de que era algo más que experiencia. Tenía talento. Su cuerpo de metro y medio de alto se expandió hacia arriba, creciendo como un árbol joven que se dispara de pronto un metro completo. Los huesos se volvieron más densos. Los órganos internos se desplazaban con un sonido líquido, algunos fundiéndose, otros apareciendo, formándose, encontrando su sitio, estableciendo conexiones, empezando a secretar y a digerir y a filtrar. Del hueso de su tobillo creció algo, la garra trasera de los hork-bajir. Sus propios cinco dedos humanos se fundieron, y de ellos surgieron y crecieron tres largas garras. La cola creció como una extensión de su columna vertebral, añadiendo vértebra tras vértebra, hueso creciendo sobre hueso, envolviéndose en carne y vasos sanguíneos y piel. Su boca plana se hinchó, los labios se estiraron en una horrible mueca y luego se suavizaron para convertirse en la familiar sonrisa hork-bajir. Entonces hizo algo que no sabía que pudiera hacerse: controló la aparición de las cuchillas para que aparecieran, una por una, desplegándose de un brazo, debajo del otro, en la parte de debajo de la pierna, y arriba por la otra. Los cuernos crecieron de la misma forma, uno, dos, tres. Estaba alardeando. Intentando impresionarme. Y lo había conseguido. <Tienes talento para transformarte,> dije. <Gracias.> Observé la delicada transformación de los ojos humanos a los de hork-bajir. Los colores cambiaban mientras el espectro de luz visible se desplazaba hacia los ultravioletas, perdiendo la visibilidad de los colores más cercanos al final del espectro de los infrarrojos. Vi el planeta de los hork-bajir como un hork-bajir. Verdaderamente estaba en casa. Yo misma otra vez. No como hembra, sino como macho, pero eso era irrelevante. ¡Era hork-bajir! Los demás estaban completando sus transformaciones. Estaba de vuelta con la gente que me había adoptado. O al menos una ilusión de mi gente. Y dentro de mi vida como era en este momento, todo se reducía a ilusiones. <Guíanos,> dijo Jake, que obviamente prefería usa el habla telepática antes que enfrentarse a la difícil pronunciación de los hork-bajir. <Cassie, quisiera… sería mejor que yo controlara este cuerpo, por ahora.> <Vale. Hazlo.> Empecé a caminar, fuera del valle. “¡Hacia los árboles!” Subimos corriendo las estrechas escaleras. Los hork-bajirs no tenían miedo de las alturas. Subiendo a través del terreno inhóspito, sintiendo que la pendiente se hacía incluso más empinada. Arriba a través de la niebla. Y entonces, aún corriendo, mi cabeza se elevó sobre la niebla y vi el primer árbol. ¡Era enorme! Era una pared curvada, un monstruoso árbol Stoola. Mis corazones dieron un brinco. Corrí directa hacia él. Cassie corrió. El hork-bajir corrió. Andalita, humana, hork-bajir todos nos convertimos en uno ante la emoción de correr, correr, luego saltar, clavando las cuchillas en la suave corteza. Escalé el árbol. Esa experiencia que era tan extraña para un andalita también lo había sido para mí durante un tiempo, y ahora me era tan familiar. Para mi sorpresa, la humana Cassie tenía miedo de la altura mientras que, a un nivel más profundo, se sentía extrañamente cómoda corriendo hacia las ramas más bajas que estaban a unos cien pies o más de la parte de abajo del tronco. Claro. Debía haberme dado cuenta: Los brazos capaces de abrirse trescientos sesenta grados, las fuertes manos con pulgares oponibles, los pies con dedos rudimentarios. <¿Los humanos sois una de esas especies que saltan de rama en rama?> le pregunté. <Claro. Nuestros antepasados, la especie que había antes de que los humanos nos desarrolláramos, vivían en los árboles.> <Sentía que estabas más tranquila de lo que lo estaría un andalita.> <Sí, mientras no nos caigamos.> <Los hork-bajir no se caen de los árboles.> Arriba y arriba, dedos y cuchillas clavándose en la corteza, corriendo directos hacia el “Padre Cielo.” <Estos árboles son realmente grandes,> dijo Marco. <Sólo uno podría proveer de muebles a todo el país.> <¿Por qué estamos escalando?> preguntó Rachel. <Bueno, queremos ir a algún sitio, ¿no? No sólo hacia arriba.> <Así se viaja por aquí,> les aseguré. <Ir hacia arriba para seguir a la izquierda o la derecha.> <Se lo llevo diciendo desde hace un montón de tiempo,> comentó Tobias. <La altitud lo es todo.> <¿Cómo va todo, Tobias?> preguntó Jake. <No veo ningún hork-bajir, ni ninguna otra cosa excepto algunas pequeñas criaturas borrosas parecidas a monos.> <Chadoo,> dije. <Lo que sea. A parte de eso sólo veo árboles muy muy grandes. Bueno, están justo delante de mi cara. No me importa volar a través de las ramas durante un rato, pero estoy acostumbrado a que el aire a doscientos pies de altura sea terreno abierto.> Alcanzamos una larga rama que apuntaba hacia el sur. Hacia el final del valle donde vivíamos Dak y yo. Donde habíamos vivido. Donde había nacido Seerow. Si hubiera escondido las armas, sería ahí. Y era mi hogar. La semana anterior, en mi cabeza, había estado en casa. Tenía que verla. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] ¡Corre! Nos lanzamos a la carrera a lo largo de la rama. Corríamos a toda velocidad sobre una rama curvada, irregular y nudosa. Corríamos como ardillas gigantes, pisando sobre seguro, y aún así, a pocos centímetros de caer y caer y… ¡El final de la rama! <Aldrea, la rama está— ¡AAAAAHHHH!> ¡Salta! ¡Vuela! Caíamos, los brazos estirados, caíamos, el viento azotando, un flash de Tobias, hojas del tamaño de carpas de circo. Lanzó una mano. Se cogió a una delgada rama, pude cerrar mi mano sobre ella, demasiado pequeña para agarrarnos, oh Dios, vamos a morir. Caíamos, la rama se torcía más y más y más y entonces, más lento, más lento, uh-oh, uh-oh, ¡volvemos hacia arriba! La acción del muelle nos lanzó ahora hacia arriba vertiginosamente, a una velocidad de locura, una cinta de goma gigante, un tirachinas, y en la parte de arriba del arco del movimiento, ella se soltó. <¡Aaaahhhhhhh!> Volamos, dimos una voltereta en el aire, y caímos, hacia abajo, hacia abajo, ¡THUNK! Mi pie de hork-bajir pisó sobre una nueva rama, un nuevo árbol. <¡Vale, eso ha sido una locura!> grité. <¡Hagámoslo otra vez!> Los otros nos seguían, movimiento tras movimiento, más o menos. Despegamos otra vez, ahora más metódicamente, pero aún colgándonos salvajemente de rama en rama, de árbol en árbol en un acto de trapecismo como nunca se había visto en la Tierra. Aldrea se detuvo finalmente y descansamos. Observó cómo los demás nos alcanzaban. Más específicamente, observaba a Toby. La joven vidente hork-bajir brillaba a través de los árboles, riendo, divirtiéndose. <Ella es todo lo que me queda,> dijo Aldrea. <Debes de tener parientes,> dije. <Parientes andalitas.> <Ella es todo lo que tengo,> insistió Aldrea. <Y ni siquiera la tengo. He caído en el olvido.> Sentí un escalofrío. Aldrea tenía razón. Esta persona, este andalita u hork-bajir, lo que sea, la que compartía un lugar en mi cerebro, no tenía nada. No estaba viva. No de verdad. A menos… A menos que se negara a volver al no-ser. Se me ocurrió entonces, por primera vez, que Aldrea podría vivir a través de mí, si yo se lo permitía. ¡No! Eso no era para mí. ¿Lo era? Ahora estaba viva. Viva de alguna forma. Hablaba y sentía y vivía cosas e incluso aprendía. Estaba viva, pero sólo gracias a mí. Oh, Dios. ¿Era una decisión que yo tenía que tomar? ¿Tendría que decirle cuando llegara el momento que tenía que volver a la nada? ¿Iba a ser yo quien matara a Aldrea-Iskillion-Falan? El darme cuenta de eso me cortó la respiración. Aldrea sintió mis emociones. <¿Qué pasa?> me preguntó. No podía responder. ¿Qué podía decirle? Si me hubiera dado cuenta antes de aceptar el Ixcila nunca habría seguido con eso. Era imposible. Era inmoral. Aldrea estaba viva, y si moría de nuevo, si dejaba de existir, sería a causa de mi propio egoísmo. Ahí estaba, pensé, la debilidad fatal que había atraído el Ixcila de Aldrea hasta mí. A algún nivel subconsciente, instintivo, el espíritu de Aldrea había sentido esa debilidad en mí. Había sabido que no podría, que no demandaría su muerte. Tobias se acercó descendiendo en picado. <Aldrea, ¿cúanto más tenemos que seguir en esta dirección?> preguntó. <Otros quinientos metros, no más,> dijo. <Hay un lugar donde el valle se hace tan estrecho que los árboles se cierran y llegan a tocarse de un lado a otro.> <Ya no está,> dijo Tobias. Entonces, a Jake, le dijo, <Problemas ahí delante, intrépido líder.> <¿Qué pasa?> <Lo verás tú mismo en pocos minutos,> dijo Tobias sombríamente. <Sólo mirad hacia abajo.> [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b][b]

Capítulo 20 (ALDREA):[/b] Con los corazones en la garganta, corrí a través de los árboles. Todo tan familiar, un camino que había recorrido cientos de veces, miles, con Dak a mi lado, con Seerow balanceándose sobre mi barriga mientras avanzábamos. Mi hogar. Estaba justo delante. Mi hogar. Y de alguna forma, de alguna forma, él estaría ahí, Dak, fuerte, sonriendo, abriendo los brazos para recibirme. Mi hijo, mi pequeño, mi Seerow, estaría ahí en su nido, esperando, sonriendo felizmente al ver a su madre. Imposible. Lo sabía. Era una insensatez. Lo sabía. Y aún así, la esperanza… una irracional esperanza. Una emoción que no se veía afectada por todo lo que pensaba que sabía. ¡Mi hogar! Me moví más y más rápido, dejando a lo otros atrás, ahora sólo con el halcón por compañía. Me detuve. Un claro donde no debería haber un claro. Un espacio abierto entre las ramas de delante. Más cielo que hojas. No. No podía ser. Prefería morir antes que verlo. No. Me acerqué tambaleante y los otros me alcanzaron. Se quedaron atrás, cautelosos, sabiendo que algo terrible había pasado. Al menos no necesitaba acercarme mucho. Lo vi. Cientos de árboles desaparecidos. La tierra estaba desgarrada, descubierta. Un vasto espacio abierto, desnudo bajo el sol. Los yeerks habían destruido la mayor parte del final del valle. Lo habían convertido en un embalse. Un turbio lodo gris llenaba un lago construido muy primitivamente. Tres troncos formaban los lados. Las ramas cortadas formaban los muelles que se extendían hacia el interior del lago. Sólo que no era un lago. Mi hogar, el fondo del valle donde las ramas se extendían sobre el abismo para entrelazarse, era una piscina yeerk. Los demás llegaron donde estaba yo. Nos quedamos de pie entre las altas ramas y miramos la devastación. Los humanos no lo entendían, claro, en realidad no. Este era mi hogar. No el de hace décadas, sino el de ayer. El de ayer cuando dejé a mi marido y a mi hijo allí. El de ayer cuando yo aún estaba viva. <Lo siento, Aldrea,> dijo Cassie. Era cierto. Estaba muerta. Veía, oía, tocaba y sentía, pero estaba muerta. Esta vida no era vida en absoluto. Esta vida era una ilusión creada por el arn. Mi vida era Dak. Mi vida era Seerow. Todos aquellos junto a los que había construido mi vida se habían ido. Busqué cualquier indicio que me enseñara lo que había pasado. Estos habían sido árboles que conocía. Árboles que tenían personalidad, al menos para mí. No tenían la sensibilidad de algunas especies de árboles andalitas, pero no obstante eran únicos. Los árboles Stoola, Nawin, Siff, todos desaparecidos, la mayoría abrasados por los disparos Dragón. Los que quedaban habían sido usados para formar el embalse. Cuatro de ellos yacían tendidos en toda su longitud, amontonados, apuntalados por árboles más jóvenes. En el embalse, un billón de galones del lodo que los yeerks adoraban. Conocía los estanques yeerk. Había pasado mi infancia en el planeta de los yeerks con mis padres. Esta tenía que ser uno de los estanques yeerk más grandes que existían. Sería el hogar de diez mil yeerk, incluso más. Entonces divisé algo que conocía. A penas visible desde ese ángulo. Una minúscula marca donde la corteza había sido arrancada. Nada inusual: donde hay hork-bajirs, hay corteza desgarrada. <Amigo halcón,> le llamé. <Supongo que tu vista es muy poderosa.> <Mejor que la humana,> respondió Tobias. <También mejor que la andalita y la hork-bajir.> Le dije donde mirar. Y me describió lo que yo sabía que vería: la madera donde la corteza estaba arañada había sido cortada con ramas simbólicas entrelazadas. Una especie de graffiti hork-bajir. Una carta de amor. <El símbolo hork-bajir de amor eterno,> les dijo Toby a los demás. <También parece que contenga las letras andalitas “A” y “D”.> <Las armas estarán ahí,> dije firmemente. <Dentro de ese árbol. Está hueco por dentro. Dak y nuestros compañeros lo usaban como escondite. Hay una cámara en el interior, madera lisa, silencio y oscuridad. La cámara tiene cuarenta pies, casi redonda. Suficientemente grande para ocultar una pequeña nave de transporte. Abrimos una entrada, la disimulamos, y vuelve a crecerle corteza después de cada uso.> <Dijiste que no estabas segura de dónde estarían las armas,> dijo el andalita. <Dije que sabía dónde era más probable que las hubiéramos escondido. Éste es el lugar.> <Es parte del estanque. Estará muy protegido. Y nosotros somos siete. Sería un suicidio, ¿y para qué? ¿Para encontrarnos con que te has equivocado?> <Si vamos a por ese árbol,> dijo Marco, <tendremos sobre nosotros a todo el estanque yeerk.> <Eso es lo que ella quiere,> dijo Rachel. <Venganza.> No dije nada. <¿Puedes abrir otra vez la entrada de la que has hablado?> preguntó Jake. <Sí. Aún funcionará. Fue construida para eso. Y la presión del agua la habrá mantenido cerrada.> <¿La presión del agua?> <Sí. La entrada está en el lado más inferior del árbol. Está bajo la superficie del estanque.> [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] No era un plan que fuera a salir bien fácilmente. Teníamos que entrar en el estanque yeerk en sí. Teníamos que poder nadar debajo del agua. Aldrea tenía que estar en forma de hork-bajir para abrir la puerta. Luego, si conseguía abrirla, teníamos que conseguir entrar, meternos en la nave, y averiguar cómo salir volando desde el medio de un tronco de cien pies de diámetro. El plan que habíamos tramado era una completa locura. Lo sabía, y no porque Marco hubiera dicho que fuera una locura, él piensa que todo lo es. Pero supe que estábamos a punto de meternos en un lío cuando fue Aldrea la que dijo que era una locura. “¿Tienes un plan mejor?” preguntó Rachel. “Porque somos todo oídos.” “¡Lo que estáis proponiendo es un suicidio!” discutió Aldrea, hablando a través de mí. Marco se echó a reír. “Tienes mi voto.” “Necesitamos una ballena,” dijo Jake. Me miró a mí, a Rachel. “Yo lo haré,” dijo Rachel. “Hey, será—” “No,” la interrumpí. “Un cachalote tiene la nariz muy estrecha. Y soy mejor controlando la forma. Más rápida.” Rachel discutió. Jake agachó la cabeza. Él sabía que tenía que ser yo. Puse mi mano sobre la suya y él la apretó brevemente. “Así no es como se usan los poderes mórficos,” dijo Aldrea. “Tomémonos nuestro tiempo, asaltamos a lo yeerks, tomamos sus armas, podríamos capturar a algún hork-bajir y dejar que los yeerks de su interior mueran de hambre, y luego, cuando tengamos un buen grupo—” <¿Tú y Dak Hamee de nuevo?> dijo Ax. “¡Quiero que este ataque tenga éxito!” gritó Aldrea. “No quiero que sea un esfuerzo desperdiciado y fútil. ¡Vosotros, humanos, sois sólo niños! ¿Qué sabéis de luchar contra los yeerks?” “Saben bastante, Bisabuela,” dijo Toby. Jake levantó la mano, cortando el debate. “Los Chee no pueden cubrirnos eternamente. Tenemos que terminar con esto y salir de aquí. Aldrea, sí, es una locura. Pero hemos estado haciendo locuras desde que apareció el hermano de Ax.” Era un voto. Aldrea me suplicó que votara en contra. <Confío en Jake,> dije. <Si cree que podemos conseguirlo, es que podemos conseguirlo.> Eso le dije. Lo que yo sentía era algo totalmente distinto. <Cassie, no seas estúpida,> me presionó Aldrea. <Eres tú quien morirá. Los otros sobrevivirán, pero tú serás el objetivo.> <Ya lo sé.> <Si frenas el ritmo aunque sólo sea un par de segundos… demasiada velocidad… demasiada masa de pronto… Cassie, no sólo te matarás a ti misma, ¡yo también estoy aquí! Si tú mueres… no tendré ocasión de volver a una botella y esperar alguna nueva oportunidad de vivir.> <Lo sé,> dije. Aún seguía discutiendo mientras me transformaba en águila pescadora. Seguía discutiendo mientras todos los demás se transformaban en pulga o mosca, tan pequeños como podían. Toby era la única que no vendría con nosotros. Cuando hube terminado de transformarme en águila pescadora, me puse encima los insectos, uno por uno. Se apiñaron dentro de mi pico. Quizá no era muy amplio o cómodo, pero sí lo suficientemente seguro. Despegué, solté mis garras de una rama alta y salí volando por encima del valle, sobre la noche hork-bajir. El estrecho valle canalizaba el calor, lo que hacía que hubiera una corriente termal continua que hacía mucho más fácil el vuelo. Me volví en espiral, agité las alas, descansé, volví a agitarlas, más y más alto. Volé hacia lo alto hasta que pude ver la tierra inhóspita más allá del abismo. Entonces la corriente termal desapareció, disipada por vientos horizontales. Eso era lo más alto que podía llegar. <Esto es todo, chicos y chicas y etcétera,> dije. <Puedo ver el estanque yeerk. El embalse a penas está iluminado. Hay un caza Insecto suspendido más o menos en la parte más alejada. Hay hork-bajirs patrullando el embalse, caminando a lo largo de la parte de arriba. A ambas orillas del estanque. Tienen guardas por todas partes. Eso es lo que hay. ¿Necesitáis algo antes de que empiece?> Intentaba con todas mis fuerzas sonar despreocupada. Tenía un miedo de muerte. Estaba muy arriba, pero no lo suficiente. <Me vendría bien un refresco,> dijo Marco. <No hay problema, Cassie,> dijo Jake. <Simplemente no abras la boca y estaremos bien. Empezaremos a transformarnos en cuanto haya espacio.> <Vale.> Tomé aliento. Apunté: cerca del embalse, pero no demasiado. No quería caer sobre la madera. Tampoco quería caer como una ballena completa. Una ballena a esa velocidad quedaría hecha polvo por el impacto. Velocidad. Todo era cuestión de velocidad. Empecé a transformarme. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] <¡No puedes hacerlo!> me advirtió Aldrea. <Sí, sí puedo,> dije. <Puedo hacerlo. Ahora, por favor, cállate. Necesito concentrarme.> Empecé a transformarme. Mis garras se hicieron regordetas y se convirtieron en dedos. Mis plumas se fundieron como la cera bajo un soplete. Mi cara empezó a aplastarse, mi pico se suavizó en unos labios. Mi sensible lengua humana podía sentir los cinco insectos dentro de mi boca. No abras la boca, me recordé. Pero eso era sólo una preocupación secundaria. Esa parte era fácil. La parte difícil era conservar las alas. Caí. Abajo y abajo atravesando el cielo nocturno. Abajo y abajo hacia el brillante estanque yeerk del fondo. Abajo hacia los aún ignorantes centinelas que podrían desintegrarme en el aire. Caí, más y más humana. Pero conservaba mis alas, mis alas de águila pescadora. Transformarse nunca es lógico o racional. Las cosas no ocurren en una secuencia ordenada o predecible. Nadie puede estar nunca seguro de cómo ocurrirá. Pero yo sí podía, con alguna parte de mi mente que nunca podía sentir, alguna parte de mi cerebro con la que nunca podía comunicarme, anticipar el modo en que la transformación ocurrirá. Ax dice que tengo talento. Un don. No tengo nada que ver con ello, y no sé de dónde vino o por qué lo tengo. Pero, mientras caía y me transformaba y caía, mi cuerpo humano, mi pequeño y regordete cuerpo humano tenía alas que crecían y crecían y se extendían a lo ancho más de lo que se podían extender las de cualquier águila pescadora. No podía agitar las alas ni doblarlas, ni siquiera controlar una sola pluma, pero aún podía mantenerlas, y mientras caía, caía… más lentamente. <¡Lo estás consiguiendo!> gritó Aldrea. <¡Imposible!> Caía lentamente, aprovechando la fuerza de aceleración de la gravedad. Y entonces, sólo a unos cien pies por encima del estanque yeerk, empecé a transformarme en ballena. Mis pies se enroscaron, como una hiedra de crecimiento acelerado, o los espaguetis que se enredan en un tenedor. Se fundieron, se fusionaron y mi piel se hizo más gruesa y grasa. Y, aún así, conservaba mis alas. Ahora estaba dentro del campo visual de los guardas hork-bajir. Ahora podían dispararme, en cualquier momento, sólo con que miraran hacia arriba. Una cabeza alzada para mirar a las estrellas y sería— ¡Tseeeeew! Un rayo Dragón atravesó el aire a cinco pies de mi cara, pero se perdió a mi espalda. <¡Vamos! ¡Cae!> gritó Aldrea. <¡No! ¡Es demasiado pronto!> <Jake, ¡están disparando!> le informé. <¿Estamos lo bastante cerca?> <¡No lo sé!> grité. <No. No lo estamos.> <Es tu momento, Cassie. Confío en ti.> ¡Tseeeeew! Un segundo disparo, éste detrás de mí. Más y más hork-bajir miraban hacia arriba, cabezas de goblin inclinadas hacia atrás para verme. No verían a un humano. Eso era de vital importancia. Nosotros no podíamos estar aquí, definitivamente no podíamos ser humanos. ¿Humanos en el mundo natal de los hork-bajir? Eso extendería una alerta a lo largo de toda la galaxia y provocaría más presión sobre Visser Tres para encontrarnos, a cualquier precio. Cuando los hork-bajir miraron hacia arriba vieron una cosa mezclada y retorcida con enormes alas blancas y cola de ballena. <¡Déjate caer, te digo!> <Aún no,> insistí. ¡Tseeeeeew! ¡Tseeeeeew! <¡Aaaarrrgghh!> un agujero de un cuarto del tamaño de mi cola apareció en mi aleta, humeando. ¡Tseeeeeew! ¡Tseeeeeew! ¡Tseeeeeew! Rayos rojos por todas partes, izquierda, derecha, algunos tan cerca que olía el aire ardiendo. <Tomo el control,> gritó Aldrea. Sentí como aumentaba su fuerza, una ola de poder dentro de mi mente. <¡NO!> Estaba intentando plegar mis alas, intentando caer, esforzándose por tomar el control de mi mente. ¡Tseeeeeew! ¡Tseeeeeew! Un disparo me quemó un trozo de veinte centímetros en el costado. El dolor era insoportable. Mis alas estaban… cerrándose… perdiendo la forma… ¡NO! ¡Era mi cuerpo, era mío! Luché contra la ola de fuerza de la voluntad de Aldrea, débiles manos conteniendo un cataclismo. Pero mis alas se mantuvieron firmes. Caía, más rápido, pero no demasiado. Aldrea luchó contra mí, yo contra ella, pero yo aún controlaba este cuerpo, esta forma. Caíamos, la extraña y triste andalita convertida en hork-bajir, la criatura muerta con voluntad de hierro, y yo. Y mientras tanto me transformaba. Me transformé hasta que mis alas de águila pescadora se volvieron pesadas por la carne que era tanto de ballena como de humano. El suelo era un muro de disparos. Finalmente, estaba lo suficientemente cerca. Escondí las alas y me zambullí. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 23 (ALDREA):[/b] Había perdido. Caíamos, caíamos hacia una muerte segura, la cola zambulléndose primero en el estanque yeerk, y aún así, todo lo que podía pensar era que había perdido. Perdido contra una niña humana. Había asumido que era sólo cuestión de dominio de uno mismo. Había creído que podía tomar el control de este cuerpo si quería. Pero la pequeña hembra humana me había mantenido a raya incluso mientras llevaba a cabo un proceso de transformación que la habría convertido en un héroe entre los andalitas. No había tiempo de pensar en ello. No había tiempo para pensar en cómo había podido… no, había una batalla que luchar. Nos sumergimos en las profundidades del estanque yeerk y ahora Cassie crecía a una velocidad asombrosa, haciéndose tan grande y tan rápido que el cuerpo creaba pequeños remolinos. <Ahora te necesito,> dijo Cassie. Casi me eché a reír. Era intolerable. ¿Ahora me necesitaba? <Aquí estoy,> dije. ¿Qué otra cosa podía decir? <Usa mis ojos. Usa mi ecolocación. Llévanos al tronco y a la entrada.> Nadamos, casi ciegas de repente, agitando a los grupos de yeerks en su estado natural. Pero el fuego había cesado. Los controladores hork-bajir no dispararían al estanque. Como el humano Marco había predicho. Una vez dentro del estanque estábamos a salvo. Hasta que los yeerks evacuaran a sus hermanos, hasta que los llevaran al lado más alejado del estanque. Entonces dispararían al agua para aumentar la temperatura con sus rayos Dragón y nos hervirían vivas. Teníamos minutos. No más. Quizá incluso menos. <No puedo ver,> dije. <Voy a lanzar los chasquidos de ecolocación,> dijo Cassie. <Verás una especie de dibujo borroso. Relájate. Deja que ocurra, no le metas prisa.> Lanzó una serie de rápidos sonidos como hipos. Leí el dibujo. El boceto, en realidad, como ella había dicho. <Izquierda. Unos cien metros. Creo. No lo sé seguro.> Ya nos movíamos, la enorme cola golpeando el agua, dispersando a los lentos yeerks. En mi enorme boca, la boca de la ballena, la de Cassie, sentí como los otros se transformaban, crecían. <Necesitamos aire pronto,> dijo Jake. Cassie dio una sacudida con la cola, cambio el ángulo de sus aletas y se asomó a la superficie. <Las ballenas no respiran por la boca,> explicó. <Necesitaré moverme por la superficie, mantén mi boca abierta.> En cuanto subimos a la superficie, empezó el fuego. ¡Tseeeeew! ¡Tseeeeew! Disparos fallidos que causaron erupciones de vapor. Y disparos acertados que causaron agonía. <¡Sumerjámonos!> me advirtió Cassie. <¡Todos, coged aliento!> Y nos zambullimos, nos dimos la vuelta, y nos detuvimos. <Jake. Estamos aquí.> <Estamos listas.> ¡Pah-loosh! ¡Pah-loosh! <He oído algo,> dijo Cassie. <Taxonitas. Han enviado taxonitas a por nosotros.> <Rachel y Jake se ocuparán de ellos. ¡Tranfórmemonos, ahora! ¡Jake! Tres… Dos…> Cassie confiaba en que sus dos amigos podrían detener un pequeño grupo de taxonitas. Nos acercamos rápidamente a la sólida pared de madera de delante. Nos levantamos, buceamos, y nos disparamos hacia la superficie. ¡Aire! La boca muy abierta. ¡Era sorprendente que esta bestia monstruosa pudiera casi volar! <¡Uno!> gritó Cassie. <¡Vamos! ¡Vamos!> Aximili y Tobias saltaron. Uno andalita de verdad, y el otro andalita transformado. Marco saltó, en forma hork-bajir. Aterrizaron sobre la pared del dique donde se desarrollaba la batalla. Nosotras volvimos a caer al agua, usamos la velocidad para correr hacia donde habíamos oído a los taxonitas. <¡Ahora!> gritó Cassie. Abrió la boca de la ballena de nuevo para coger a Jake y Rachel. <Jake, Aldrea dice que tenemos taxonitas,> les advirtió. <Sí, puedo olerlos,> respondió Jake. Jake y Rachel, un par de eficientes criaturas acuáticas gris oscuro con aletas de contornos afilados y una cabeza que parecía aplastada y plana. <Tiburones martillo,> dijo Cassie. ¡Pah-loosh! ¡Pah-loosh! <¡Más taxonitas!> <No importa. Taxonitas contra tiburones ni siquiera es una batalla, será una carnicería. Ninguno de los taxonitas vivirá para contarles nada a sus jefes.> <Pareces triste.> <Estoy preocupada por Jake y Rachel. Será horrible para ellos.> “¡Sreeeeee-yah!” Un grito taxonita resonó a través del agua. <Será peor para los taxonitas, por lo que oigo,> murmuré. <Vale, Aldrea, nuestro turno.> Cassie había empezado ya a transformarse, aumentando el ritmo de los pequeños y sutiles cambios para poder terminar rápidamente. Esta parte era crítica. Los humanos estaban decididos a que los yeerks nunca supieran que habían estado en el planeta hork-bajir. Y aún así, Cassie tenía que ser humana, al menos durante un momento entre las transformaciones. Ocurrió rápidamente, pero no de forma instantánea. Encogió, se arrugó, consumiéndose a una velocidad asombrosa. Los brazos y las piernas humanas emergieron de las enormes toneladas de grasa. Los pulmones de ballena se hicieron humanos, y Cassie nadó hasta la superficie. <¡Te verán!> le advertí. <Tengo que respirar,> dijo Cassie. <Confía en mis amigos.> Su cabeza, nuestra cabeza, atravesó la superficie. Una profunda bocanada de aire. Otra vez. La batalla estaba justo encima de nuestra cabeza sobre la superficie del dique. Dos andalitas, con las colas azotando, acuchillando, cortando. Controladores hork-bajir retirándose y huyendo mientras uno de ellos seguía gritando “¡Corred! ¡Corred! ¡Andalitas por todas partes! ¡Miles de ellos, corred!” Marco, claro. Los guardas hork-bajir se desorganizaron y salieron corriendo. Ninguno estaba interesado en una cara humana asomándose desde la desagradable masa del estanque. Cassie se calmó. Sentí que estaba exhausta. <Estás cansada.> <Sí.> <¡Es un milagro que estés viva!> <Sí.> Empezó a transformarse. Empezaron a aparecer los rasgos hork-bajir, pero ahora más lentamente. Demasiadas formas demasiado rápidamente. Y cada una de ellas, una obra de arte. En cuanto apareció la primera cuchilla dije, <Cassie, clava la cuchilla en la madera. Te ayudará a no hundirte.> Oí los sonidos de los controladores hork-bajir reuniéndose arriba, los gritos y amenazas de sus sub-Vissers. <Probablemente nos descubran en cuestión de segundos,> dijo Ax tranquilamente. <¡Lo que significa que tenemos que darnos prisa!> gritó Marco. <¡Deprisa o nos tostan!> [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Ahora era completamente hork-bajir. Estaba exhausta. Cansada de transformarme y destransformarme. <Ocúpate tú, Aldrea,> dije. No podía luchar contra ella. La necesitaba. Mi mente estaba borrosa, confusa. No estaba segura de qué cuerpo tenía. Retazos de datos a medio formar, instintos desviados, imágenes de cuerpos, ecos de aletas y alas, mezclados todos. ¡Tseeeew! ¡Tseeeew! La batalla que se desarrollaba encima de nosotros en la superficie había vuelto a comenzar. Aldrea nos sumergió, lentamente, al estilo hork-bajir, hacia la pared del dique, adentrándome en las agua que ya no repicaban con los gritos de los taxonitas moribundos. Dos tiburones martillo nadaban por detrás de nosotros. Había pedazos de carne de taxonita colgando de sus mandíbulas de afilados dientes A Aldrea le empezaba a faltar el aire. Ya estábamos. Ella buscaba entre la neblina alguna señal del enorme tronco del árbol ante nosotros. Buscando… la madera estaba hinchada y descolorida… intentando respirar. <¡Vamos con vosotros!> gritó Tobias. ¡Pah-loosh! ¡Pah-loosh! ¡Pah-loosh! Aldrea dijo, <¡Marco! ¡Clava las cuchillas en la madera, no trates de nadar! Enlentece los latidos de tu corazón, eso conservará el oxígeno.> ¡Allí! La línea débil y casi invisible. Estaba en la parte inferior del tronco, casi donde se unía al árbol que había por debajo de él. Aldrea la abrió con experta tranquilidad. Luego empujó. ¡Nada! <¡La presión del agua!> gritó. <Demasiada. ¡No puedo abrirla!> Marco se sumergió hasta nuestro lado y añadió su fuerza. Lentamente la grieta se fue abriendo. ¡Tseeeew! ¡Tseeeew! ¡Tseeeew! Las tropas de las almenas estaban disparando al agua. No podrían alcanzarnos, ni siquiera podrían vernos, pero pronto nos cocerían. ¡WOOOOOSH! ¡El árbol se abrió! El agua entró precipitadamente en él, empujándonos con ella. Una mezcla revuelta de tiburones, andalitas, y hork-bajir fue arrastrada hacia el interior y lanzada, para mi gran sorpresa, por el aire. No había luz, pero definitivamente sí había aire. Estaba todo silencioso dentro del árbol. Todos los sonidos de la batalla se habían apagado. Aldrea jadeaba, se atragantaba, respiraba. Entonces, “Ordenador, identificación: Aldrea-Iskillion-Falan. Código:…” Vaciló, luego dijo, “Código: Mamá quiere a Seerow. Nave, reconocimiento encendiendo las luces exteriores.” La repentina iluminación parecía cegadora después de la total oscuridad. Estábamos flotando en una plácida charca en el fondo de lo que parecía un cuenco hundido y suave. Estábamos dentro del árbol. Yaciendo medio sumergida en el agua había una destrozada nave yeerk, de quizá cuarenta pies de largo y casi igual de ancha. Nadamos hacia la nave y entonces sentí la madera bajo mis pies. Nos pusimos en pie. Jake y Rachel se estaban transformando tan rápido como podían, y en cuanto tuvieron pies y piernas también ellos se pusieron de pie en un agua que les llegaba por la cintura. “Aquí está,” dijo Aldrea. <No tienes recuerdos de esta nave,> señaló Ax. <¿Cómo conocías el código de identificación?> “El número representa un logaritmo de la fecha de nacimiento de Seerow. Siempre lo he usado.” Jake cerró las manos de forma enérgica. “Vale, tenemos minutos antes de que los yeerks deduzcan que estamos dentro del árbol. Acabemos con esto.” Nos acercamos trabajosamente a la nave y arrastramos nuestros cuerpos empapados y exhaustos hasta el interior. Yo me tumbé en la cubierta, incapaz de levantarme durante un rato. “¿Estás bien, Cassie?” preguntó Rachel. “Aldrea, en realidad. Cassie está exhausta,” dijo Aldrea. “¿Por qué estás tú al mando? ¡Trae a Cassie de vuelta!” Aldrea se echó a reír. “No tienes que preocuparte por Cassie. Ella sabe cuidar de sí misma bastante bien.” Nos levantamos y nos acercamos a los controles de la nave. “Necesito a alguien a las armas,” dijo Aldrea. Ax apareció detrás de mí. <¿Nos abrimos camino a disparos?> “Nos abrimos camino a disparos.” <Cuando hayamos abierto un agujero, el agua inundará el interior. Creará un enorme desagüe que vaciará la mayoría del estanque y llevará a una muerte segura a la mayoría de yeerks.> “Sí,” dijo Aldrea. “¿Tienes alguna objeción, hermano andalita?” <No, hermana hork-bajir. Ninguna.> “Entonces prepara los rayos Dragón.” Los propulsores empezaron a silbar. Los rayos Dragón comenzaron a echar humo. <¿Sabes? Es buena señal que puedas enterrar una de estas cosas dentro de un árbol durante años y luego arrancarla tan fácilmente,> dijo Marco. <Dos puntos para la tecnología yeerk.> <“Tecnología Andalita,”> dijeron Ax y Aldrea al mismo tiempo. “La robaron. Eso no la hace suya,” añadió Aldrea. <Todos deberíais agarraros a algo,> sugirió Ax. <Puede que el despegue sea un poco inestable.> “¿Preparado?” <Preparado.> “¡Fuego!” Los rayos Dragón se dispararon, una descarga cegadora. Y siguieron disparando. Un agujero se abrió en la parte externa de un lado del tronco, arriba en el aire. El agua empezó a penetrar. El agujero se ensanchó. Ahora el agua entraba precipitadamente, borboteando alrededor de la nave. El aire que se escapaba aullaba. Luego, de pronto, la pared de madera había desaparecido. ¡WHAM! Aldrea forzó los propulsores justo en el momento en que una pared de agua nos alcanzaba, chocando contra nosotros, y nos lanzaba hacia la noche. La nave dio un par de vueltas, giró, se levantó y luego… ¡Whooooom! <¡Sí ¡Sí! ¡Sí!> gritó Marco. <¡Toma eso George Lucas!> La nave voló por encima del embalse, a lo largo del valle, y nos volvimos para echar una mirada atrás. Un caza Insecto se había puesto en marcha, vio que éramos una nave yeerk y dudó. ¡TSEEEEW! ¡TSEEEEEW! El caza Insecto quedó destrozado y cayó sobre el estanque yeerk. El agua entraba rápidamente en el agujero ensanchado. No podía ver a los yeerks, pero sabía que habían sido arrastrados por la corriente irresistible. Cientos. Miles. Nunca lo sabríamos. No quería saberlo. <Siento culpa,> dijo Aldrea. <Pero es una gran victoria. Y todo gracias a ti, Cassie. Sin ti, nada de esto habría sido posible. Acabas de hacer lo más imposible, increíble y heroico que he visto nunca.> El agua continuaba vaciándose. Los yeerks dentro de sus huéspedes posiblemente podrían haber salvado a algunos de sus hermanos y hermanas. No a muchos. No a todos. Miles de yeerks morirían allí, sufriendo una muerte lenta de deshidratación según el agua les iba dejando varados, o de asfixia si se hundían, indefensos, en el fango. Gracias a mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 25 (ALDREA):[/b] Le llevamos las armas a Quafijinivon. Ahora estábamos reunidos con mi bisnieta, Toby. Los humanos y el andalita habían conseguido lo imposible, ¡lo absurdo! Pero no hubo ninguna celebración. En lugar de eso, se extendía un silencio pesado y conversaciones forzadas y miradas que se apartaban rápidamente. Yo aún estaba al mando del cuerpo no-humano de Cassie. Estaba haciendo algo muy parecido a dormir. Estaba retraída, exhausta, deprimida. Llevé a Aximili a un lado. “Tú has vivido con estos humanos. Parecen perturbados por su victoria.” <Sí. Se arrepienten de haber hecho lo que saben que debían hacer. Tienen una sensibilidad casi andalita.> Sonreí. “Iba a decir que me recordaban a nuestros guerreros hork-bajir, que nunca se perdonaron el aprender a matar.” <Estamos de acuerdo, entonces, en que todas las especies civilizadas deben compartir el rechazo a la guerra,> dijo Aximili. “Puede que esa sea la definición de una civilización de verdad,” dije. “Y aún así, estamos aquí para empezar otra guerra. El arn engendrará su nueva generación de hork-bajir, y, gracias a nosotros, estarán armados.” <La joven Toby los liderará,> dijo el andalita, volviendo sus ojos móviles hacia mi bisnieta. Toby estaba de espaldas a nosotros. Había estado trabajando con el arn, aprendiendo de él. Una extraña pareja: El último vestigio de una raza que hizo que los hork-bajir los sirvieran en la ingenuidad y la ignorancia, y el ejemplo vivo del fracaso de los arn. Era tan parecida a Dak cuando le conocí por primera vez. Antes de las batallas. Antes de que hubiera arrastrado a Dak a servir a la voluntad andalita. “No,” dije de repente. “No, Toby no los liderará. Su lugar está con su gente, en la Tierra. Alguien, alguna parte de Dak y Seerow y yo sobrevivirá para hacer algo además de luchar en la guerra.” <No creo que vaya a irse voluntariamente,> dijo Ax. <Ella cree que es su deber.> “No, supongo que es cierto. Pero con tu ayuda, Aximili. Y con la de Cassie, creo que puedo convencerla.” Se lo expliqué a Aximili. Cassie, por supuesto, lo oyó. Y ahora, al fin, salió de la bruma de arrepentimiento y culpa. <Sabes lo que significa eso,> dijo Cassie. <Sí. Sí, lo sé. Pero mi vida acabó hace mucho. He intentado aparentar lo contrario. Pero con Dak desaparecido, y mi pequeño Seerow, e incluso este planeta que amaba tanto… todo lo que me queda es Toby.> <No, Aldrea, eso no es todo lo que te queda,> dijo Cassie. <No detuviste a los yeerks. Pero les dificultaste el camino. Y eso nos dio tiempo a los humanos. Ahora puede que tampoco nosotros podamos detenerlos, pero lucharemos, y les retrasaremos, y los debilitaremos. Y algún día, en algún lugar, los detendrán.> <Y una cosa más,> dijo. Volvió nuestra mirada hacia Toby. Una joven vidente hork-bajir que, al menos en mis últimos sueños, guiaría a su gente hacia la libertad. Me sentía muy débil. Era tan difícil decir adiós. <Terminemos con esto,> dije. <Ha sido un honor, Aldrea. Aún no sé por qué tu [i]Ixcila[/i] vino a mí, pero ha sido un honor.> <¿No lo sabes? ¿Ni siquiera ahora? El [i]Ixcila[/i] es atraído por una mente que lo refleje. Y quiero pensar que incluso esa versión imperfecta e inconsciente de mí misma fue lo suficientemente honorable como para saber que yo podía sucumbir a la tentación. Que podría sucumbir a la tentación de agarrarme a la vida. Y que podía necesitar a alguien lo bastante fuerte como para devolverme a la senda de mi propio destino.> Cassie no dijo nada. “¡Aldrea está intentando hacerse con el control de mi cuerpo!” Jake y los demás se dieron la vuelta bruscamente, activados, preparados para luchar. Aximili se movió rápidamente para ponerse detrás de Toby. Chasqueó la cola y colocó la cuchilla contra la garganta del hork-bajir. <Suéltala, Aldrea. Dejarás el cuerpo de Cassie o tu bisnieta será la que nos deje.> “¡Ax!” gritó Jake. “¡Te mataré, andalita!” grité a través de la boca de Cassie. “¡El arn me dará un nuevo cuerpo e iré a por ti!” <Lo dudo, Aldrea, hija de Seerow el Engañado. Toby vendrá con nosotros como rehén para asegurarnos de que en el futuro te portarás bien. Ahora. Abandona a nuestra amiga Cassie.> Lo hice. Dejé a Cassie, me elevé por encima de su cuerpo, de su mente, y fui atraída de nuevo a la botella. Ya no podía sentir. Ya no oía. Ya no veía. Pero durante unos momentos, pude recordar. No le llevaría mucho tiempo a Toby darse cuenta de que había sido engañada. Pero para entonces Toby y los demás estarían de camino hacia la Tierra. Mis pensamientos, mi conciencia, mi memoria, todo se atenuaba. Aún veía a mi hijo. Aún veía a Dak. Aún veía… [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

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