#37 La debilidad

Sinopsis:

Cuando Jake se tiene que ir de la ciudad por un asunto familiar, el resto de animorphs y Ax suponen que la vida discurrirá con normalidad hasta que Jake vuelva. Pero cuando Tobias descubre el nuevo lugar de pasto de Visser Tres, los chicos deciden que tienen que ir a echar un vistazo.

Pero no hay ningún líder asignado. Ahora Rachel, Tobias, Cassie, Marco y Ax tienen otro problema: ¿quién sería el más adecuado para el puesto? Porque estar al mando no es sólo cuestión de valentía y de gloria. Se trata de tomar decisiones que pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Datos del libro:

El libro consta de 199 páginas divididas en 22 capítulos.

Narrador

Rachel siempre ha sido la guerrera de los Animorphs, la primera dispuesta a entrar en combate y la más salvaje en la lucha. Ahora que Jake está fuera de la ciudad, los Animorphs se encuentran sin líder. Rachel no puede evitar pensar que ella, más que ningún otro, sería perfecta para ocupar ese puesto. Pero cuando la emoción de estar al mando se le sube a la cabeza, Rachel toma algunas decisiones imprudentes y las cosas se ponen feas. ¿Podrá solucionar el lío que ella misma ha creado?


Jake estará fuera de la ciudad un par de días. Parece que las cosas están tranquilas y todos tienen ganas de tomarse un descanso –hasta que de pronto se enteran de la localización de los pastos en los que se alimenta Visser Tres. Rachel decide ponerse en marcha, y tras descubrir que un inspector del Concilio de los Trece está en la Tierra, idea un plan para desacreditar a Visser Tres. Pero pronto se le escapan las cosas de las manos, y la irreflexiva Rachel acaba metida en un buen lío. Ella y los demás siempre habían podido contar con Jake para salir de apuros similares. ¿Será Rachel capaz de hacer lo mismo? ¿O se derrumbará bajo tanta presión?

Nuevos personajes

En este libro conoceremos al inspector Garatron, enviado a la tierra por el Concilio de los Trece para evaluar a Visser Tres. El inspector piensa convertirse en miembro del Concilio, pero no contaba con encontrarse con los animorphs.

 

Nuevas razas

Con su apariencia de centauros y su piel azul y velluda, los garatrons parecen primos lejanos de los andalitas. Pero, a diferencia de estos, los garatrons no tienen cuchilla en la cola, su cabeza es como el casco de un ciclista de carreras, y pueden moverse a velocidades tan rápidas que a su lado los guepardos resultan lentos. Los garatron son una nueva especie destinada a los controladores, pero no se los vuelve a ver –al menos en la Tierra –después de que los animorphs se ocupen del inspector.

Transformaciones

Rachel (40), Cassie (40), Marco (44) y Ax (38) adquieren al veloz guepardo para coger a Visser Tres por sorpresa. Visser Tres (21), por su parte, se transforma en una criatura desconocida que es básicamente una masa pútrida y maloliente.

[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Rachel. En la Biblia hay un personaje que se llama Rachel (Raquel). No tengo ni idea de si el que yo me llame Rachel tiene algo que ver con ella. Lo dudo. Nunca he visto a mis padres leyendo la Biblia. Hay una Rachel en Friends. ¿Por qué tiene el pelo así de encrespado esta temporada? Le queda raro. Y hay, en cualquier momento dado, aproximadamente unas cinco Rachels en mi escuela. Y al menos dos de ellas son gimnastas decepcionantes. Quizá tu nombre también sea Rachel. Es un nombre popular. Muchas chicas se llaman así. Incluso algunas de las que son capaces de encestar una pelota de baloncesto desde la línea de fuera del campo. Pero yo soy diferente de cualquier otra Rachel que hayas conocido. Y no es porque los críos más imbéciles del colegio piensen que tengo una actitud realmente terrible. Que la tengo. ¿Y qué? El que yo sea diferente de cualquier otra chica llamada Rachel no tiene por qué ser necesariamente bueno. O malo. Solamente… es así. A veces –muy pocas veces- deseo ser sólo una de las miles de Rachels que hay por ahí viviendo una vida normal. Una de entre la masa de chicos normales en colegios normales, en una ciudad americana normal. En realidad, deseo eso muy muy raramente. No me entusiasma la normalidad. No me llevo bien con la normalidad. Sólo cuando estoy realmente exhausta –durante más o menos medio segundo- deseo ser sólo una Rachel ordinaria. Como cuando no he dormido nada en 48 horas. Cuando he estado desgarrando y haciendo pedazos al enemigo y chorreando sangre de mis fatales heridas hasta que no puedo respirar sin que me duela. Cuando el simple pensamiento de dormir parece totalmente extraño. ¿Dormir? ¿El qué? No lo deseo después de la típica misión de todos los días. Sólo después de las que son realmente irritantes. Esas en las que perdemos más de lo que ganamos. Esas en las que no conseguimos causar ningún daño serio a los yeerks. En ese momento deseo –durante más o menos medio segundo- no ser nadie especial. Que nunca me hubiera tropezado con la trágica visión de un moribundo príncipe guerrero extraterrestre. Que nunca nos hubiera hablado de la invasión yeerk en la Tierra. Que nunca nos hubiera escogido –a mí, a mi primo Jake, a mi mejor amiga Cassie, a Marco, el mejor colega de Jake, y a ese melancólico y encantador chico llamado Tobias –para asumir la noble misión andalita. Que nunca nos hubiera dado el don y la maldición de la tecnología mórfica andalita. La habilidad de tocar a un animal y absorber su ADN, para convertirte en ese animal cuando sea necesario. Para enfrentarnos a los invasores. Para evitar el destino que ha caído sobre tantos otros mundos a lo largo del universo. Un destino peor que la muerte. La sumisión total ante una raza dominante de controladores de mentes. ¿Sabes qué es lo que me pone más furiosa? Que este poderoso enemigo ni siquiera se levanta sobre sus propias piernas. Los yeerks son una raza de gusanos parasitarios. No tienen oídos, ni ojos, ni boca. No tienen brazos ni piernas. Sólo un cuerpo gris y viscoso. Y la repulsiva habilidad –necesidad, en realidad- de invadir con sus inútiles cuerpos el cerebro de criaturas sensibles. Deslizarse por su cabeza a través del canal auditivo. Deformarse, alargarse, prensarse sobre cada hendidura y circunvolución del cerebro. Como la arcilla que se ajusta al molde. Y una vez ahí, poseer a la persona como un demonio. Leer todos sus recuerdos. Conocer todos sus secretos. Controlar todos sus movimientos. Básicamente, usar el cuerpo de su huésped para sus perversos propósitos. Para capturar más y más cuerpos de huéspedes para más y más parásitos yeerks. Sin los humanos –y sin los gedds y los hork-bajir y los taxonitas- los yeerks no son nada en este planeta. Criaturas gordas con aspecto de gusanos nadando embotadamente en el estanque yeerk. Ciegos. Sordos. Dando vueltas eternamente. El problema es que sí nos tienen. A algunos de nosotros, al menos. A algunos humanos. A la mayoría de los hork-bajir. A todos los taxonitas. A un andalita. <¿Rachel?> Ahora no era uno de esos momentos en los que desearía ser sólo una Rachel normal y ordinaria. Ahora estaba irritada. Y estar irritada es una de las cosas más destacadas a cerca de ser yo. Soy buena enfadándome. <Rachel, si puedo expresar una opinión que sospecho te irritaría mucho…> “Escúpelo, Ax.” Aximili Esgarrouth-Isthill. El hermano pequeño del Príncipe Elfangor Sirinial-Shamtul, el tipo que nos arrastró a esta guerra. Un andalita. Amigo nuestro, también. <Me gustaría poder hacerlo. Sin embargo, no puedo efectuar la operación que los humanos llamáis “escupir” por el sencillo hecho de que en este momento no dispongo de una boca…> “¿Qué ibas a decir, Ax?” Cassie, intercediendo antes de que yo pudiera hacer algo estúpido como escupirle yo a él. No querrías meterte en una pelea innecesaria contra un tipo que luce una enorme cuchilla curvada al final de una cola que se mueve asombrosamente rápida. Y eso que a mí se me conoce por meterme en peleas que alguna gente calificaría de innecesarias. <El Príncipe Jake no dejó instrucciones precisas para su temporal ausencia. Soy de la opinión de que él preferiría que no actuáramos sin su conocimiento.> Jake se había ido por unos pocos días. Para visitar a algún pariente suyo, no de los míos. Tom se ha quedado en casa así que al menos Jake no tiene que enfrentarse otra vez a lo de ‘tengo que matar a mi hermano para salvar a mi padre’. Tom es un controlador, lo que significa que tiene un yeerk en la cabeza. Gruñí. “Mira, Ax. Es una oportunidad. Necesitamos oportunidades. No las encontramos y las elegimos como si fueran –como si fueran blusas en un perchero. Aprovechamos la ocasión. Incluso aunque haya algunos cabos sueltos. O un agujero.” ¿Cuál era el problema? ¿Por qué no se daban cuenta…? <Rachel tiene razón,> dijo Tobias desde su posición de vigía en las vigas. Estábamos en el granero de Cassie. <Sabemos que Visser Tres cambia su zona de pasto regularmente. Tenemos dos o tres días como mucho antes de volverlo a perder. Fue pura suerte que yo encontrara el lugar actual. Yo digo que lo hagamos. Que intentemos ir a por él.> “Yo esto de acuerdo con el Chico-Pájaro, Ax-man,” dijo Marco. “Si sientes que no puedes actuar sin una orden directa, puedes quedarte fuera.” <Estaré ahí,> dijo Ax rápidamente. “¿Cassie?” “Honestamente, preferiría esperar a Jake. Pero estoy dentro. Y conozco la forma perfecta para esa tarea. Los Jardines acaba de recibir tres guepardos para su nuevo programa de cría. Ya sabéis, están casi extinguidos.” “¿Por qué guepardos?” pregunté. “Velocidad. Queremos lanzarnos rápidamente sobre Visser, antes de que sus guardas puedan reaccionar,” explicó Cassie. “Queremos adelantarle en un espacio abierto. Y nada es más rápido que un guepardo.” Sonreí. Eso tenía buena pinta. Las misiones malas, las odio. Pero nada me hace más feliz que empezar una misión importante –especialmente una que va a ser tan fácil. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Tobias nos guió hasta los nuevos pastos temporales en los que se alimentaba Visser. Los cinco lo seguimos volando, intentando no perder de vista al ratonero de cola roja e intentando separarnos de él lo suficiente para no levantar sospechas. Yo iba en forma de águila calva. Cassie y Marco como águilas pescadoras. Ax como aguilucho. En la naturaleza, esos pájaros no suelen revolotear juntos. Los pastos consistían en un valle realmente pequeño, situado algo alejado de la falda de la montaña. Encantador. Exuberante hierba verde. Flores salvajes de un amarillo luminoso. Brisas suaves. El lugar perfecto para que el ser más perverso de esta o cualquier galaxia lo reclame como suyo. Se supone que es irónico, o divertido o algo de eso. Mientras planeábamos, nos situamos para aterrizar en varios puntos del perímetro del valle. Cuatro de nosotros nos transformaríamos en guepardo. Tobias se quedaría en forma de halcón y haría de vigilante y guía, dirigiendo el asalto. <Ahí está,> dijo Tobias. <Justo como estaba programado. Al final del valle. ¿Notáis como vibra el viento?> A través de los increíblemente agudos ojos del águila vi la nave Espada de Visser. El mecanismo de camuflaje que la había mantenido escondida en su viaje hasta el valle se estaba disipando, revelando el adusto vehículo con forma de hacha de batalla, con sus dos enormes alas semejantes a sables que surgían de detrás de la estructura principal. La nave casi rezumaba una sensación oscura y siniestra. <Quiero asegurarme de que sabéis que esto no me gusta,> dijo Marco desde uno de los extremos del valle. <Te aguantas. ¡Volved todos a vuestra forma!> ordené. <Vamos a por él.> Me concentré y sentí como empezaban los cambios. ¡ZWOOOP! Subí disparada desde el suelo, una repentina y extrañísima águila enorme. Unas alas marrones de seis pies de longitud se transformaron en mis brazos humanos. Las garras mortales se convirtieron en indefensos pies de cinco dedos. La cabeza de plumas blancas del águila creció y de ella surgió una larga cabellera rubia. Los ojos se ensancharon y mi visión empeoró. Cuando hube terminado, tomé aliento profundamente y pensé: [i]guepardo[/i]. Muy posiblemente el gato salvaje más alucinante que nunca ha vagado por la sabana. Parecía una fotografía de la libertad en estado puro. La piel anaranjada y manchada de negro del guepardo comenzó a surgir de las yemas de mis dedos y se extendió a lo largo de ellos, por mis manos, subiéndome por los brazos. ¡Maravilloso! Mejor aún. Ahora en mis piernas, y finalmente lo largo de mi ancho pecho felino, la piel quedó blanca con sólo unas pocas manchas. Miré a Cassie, la más cercana a mí, y observé como dos manchas negras como lágrimas se dibujaban desde la parte interna de sus dorados ojos de guepardo hasta la punta del hocico. Como una raya negra de Magic Marker pintada a lo largo de una página. Como la máscara de un bandido. Un cosquilleo –y pude sentir que en mi cara felina se dibujaban dos marcas similares. Dos líneas negras que desdendían desde unos ojos que veían a una distancia increíble. Me asenté sobre mis rodillas, preparada. ¡BOOIIINNGGG! Mi columna se alargó. Era sorprendentemente flexible: una columna vertebral que actuaba como un muelle. ¡Se encogía y se estiraba! ¡Se encogía y se estiraba! Mis patas traseras se impulsaban con una fuerza brutal contra la hierba. Mis largas y esbeltas patas delanteras se extendían en toda su longitud para dar con la presa. Para poder tirarla al suelo antes de seccionarle la yugular. ¡POOOF! Mis pulmones, enormes y poderosos, se inflaron como un balón. ¡Aire! Respirar nunca había sido tan… fácil. Tan satisfactorio. Almacenaba enormes cantidades de aire en los pulmones sin a penas esfuerzo. Mi enorme corazón bombeaba oxígeno con asombrosa eficacia a cada músculo de mi cuerpo. ¡POP! ¡POP! La uña trasera. Una en cada zarpa delantera, pero sin entrar en contacto con el suelo. Afilada. Útil para golpear gacelas de cascos velocísimos y otras presas de cuatro patas. ¡POPPOPPOPPOPPOP! Otras uñas –sin afilar, duras, y no retráctiles- golpeaban contra el suelo. Uñas de perro. Dedos almohadillados pero ásperos y fuertes –zapatillas naturales- surgieron de la planta de mis cuatro patas. Iba bien calzada. Tenían una tracción que el piloto de carreras Jeff Gordon envidiaría. Podía dar la vuelta de golpe, girar cuarenta y cinco grados a toda velocidad, a cincuenta, a ochenta, a cien kilómetros por hora, y no resbalar. Era el atleta profesional de los felinos. Sesenta kilogramos de músculo y elegancia. ¡WHOOOSSSHHH! ¡La cola! Larga, tanto como la mitad de mi cuerpo, y musculosa. Las manchas se convertían en rayas en el extremo blanco. Marcas únicas, que me distinguían de cualquier otro guepardo. Mi cola, una equilibradora sorprendente, ayudaba a mi cuerpo de un metro con treinta de largo a maniobrar durante los primeros veinte segundos cruciales para mi caza. A la derecha. A la izquierda. Gira. Vuélvete. Todo sin disminuir la velocidad ni caerte. Había nacido para correr. Quizá mi fuerte no fuera la resistencia. Pero oh, sí; definitivamente la velocidad era lo mío. Una velocidad impresionante. De cero a setenta kilómetros por hora en dos segundos y medio. Desde una posición de descanso. Totalmente echada sobre el suelo. ¿Puedes entender este tipo de aceleración? ¿Podrías siquiera imaginarla? Y una vez se ha disparado el guepardo –a toda velocidad, entre 100 y 110 kilómetros por hora- puede cubrir casi treinta metros por segundo. ¡Por segundo! Vale, intenta hacer esto. Pon un pie delante del otro y camina cien pasos. No será una medida exacta pero estará bastante cerca. Mientras estás caminando esos cien pasos fíjate en cuanto tardas. Probablemente un minuto, más o menos. Ahora, cuando hayas caminado esos cien pies, vuélvete y mira donde empezaste. Un guepardo habría cubierto esa misma distancia en un segundo. Casi magia. Estoy aquí. Un segundo. ¡Estoy allí! Contemplo mi territorio. Vigilo a mi presa. Acecho ¡Salgo corriendo! ¡Como un relámpago! Golpeo a mi presa. Desgarro su garganta. Visser Tres no tiene ninguna oportunidad. Esta misión sería determinante. Esta misión sería realmente importante. Esta vez, [i]ellos[/i] serían los que saldrían malheridos. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] <Aquí viene,> nos advirtió Tobias. <Todo el mundo a sus puestos. Se está acercando a la puerta de la nave. Casi… casi está ahí…> Visser Tres, en su cuerpo andalita robado, el único yeerk que ha obligado a un andalita a convertirse en su huésped, atravesó la puerta de la nave. Inspeccionó el valle. Luego asintió a los cuatro hork-bajir que flanqueaban la rampa y descendió. <Esperad hasta que esté, bueno, a unos diez o quince metros de la nave,> dije. <Entonces atacamos. Uno después de otro. Primero yo. Luego Ax. Marco. Cassie.> <Vale, Xena,> dijo Marco. <Quieres dirigir este espectáculo, genial.> <Esta forma quiere echarse a correr,> dijo Cassie. <Estoy lista.> Los cuatro rodeamos a Visser. Nos agachamos entre la tierna y flexible hierba y las flores salvajes del valle. El plan era derrotarle. Atacar con velocidad y precisión mortales. Cuatro fibrosos y poderosamente musculados cazadores terrestres contra una presa alienígena. ¡Ha! Para cuando los guardas hork-bajir pudieran alejarse diez pies de la nave, cuando los rayos Dragón se dispararan, Visser ya estaría muerto. Más cerca. Con la cabeza bien alta, Visser Tres bajó de la rampa y puso las patas sobre la hierba. Estaba probando el sabor a través de sus cascos andalitas. Parece que encontró de su agrado. Asintió y comenzó a caminar más audazmente a través del campo. Hasta que… <¡Ahora!> gritó Tobias. Salté por encima de la cubierta protectora de larga hierba. De cero a setenta kilómetros hora. Dos segundos y medio. Era verdad. ¡Cada una de las increíbles cosas que había oído sobre este gato eran verdad! Me lancé contra Visser. Sus cuatro ojos miraban hacia delante, pero no por mucho tiempo. Me vio venir por su izquierda. O al menos, entrevió algo. Una mancha de colores. Se detuvo. Empezó a volverse bruscamente hacia la derecha y— ¡WHACK! ¡Golpeé la parte de atrás de su pierna izquierda con mi pata derecha delantera! Se tambaleó. Me agaché para evitar la cuchilla de su cola y me lancé de nuevo. ¡WHACK! ¡Había caído sobre las rodillas! Bien. Porque yo ya estaba cansada. Un poco. Visser volvió a ponerse de pie. Vale, era más resistente que una gacela. No había problema porque… ¡Ax! ¡Increíble! Mi extensa visión captó un destello dorado a mi izquierda -y luego otro a mi derecha. Y otro. Corrí de nuevo hacia Visser. Lo rodeamos. Cuatro poderosos y veloces guepardos corriendo en círculos vertiginosos alrededor de un confuso andalita que levantaba frenéticamente puñados de hierba y tierra, con la cuchilla de su cola cortando el aire. ¡Íbamos a conseguirlo! ¡Íbamos a acabar con él! Uno de nosotros -sólo uno- tenía que deslizarse bajo esa cola andalita, golpearle, lanzarse sobre su garganta… <¡Hork-bajirs!> gritó Tobias. ¡TSEEEW! ¡TSEEEW! Los rayos Dragón comenzaron a zumbar a nuestro alrededor. Los esquivamos sin ningún esfuerzo. <¡Somos demasiado rápidos para sus armas!> alardeé. <Pero cuando bajamos el ritmo o paramos, somos vulnerables,> dijo Ax, acercándose con cuidado hacia Visser, y haciendo que éste retrocediera y tropezara. <Y el guepardo se está cansando,> nos advirtió Cassie. Yo también lo sentía. El gato estaba a punto de caer rendido. Su resistencia casi había desaparecido. <Sólo están los cuatro hork-bajir,> nos informó Tobias. <¡Entonces aprovecharemos la oportunidad ahora!> ordené. <Cuando cuente tres saltamos sobre Visser y… > <¡AAAHHHH!> ¡Habían herido a uno de los nuestros! Lo había alcanzado un audaz guarda hork-bajir que había llegado hasta nosotros, demasiado repentino para que Tobias lo hubiera anticipado. La sangre brotaba de una fea herida en la espalda del guepardo. <¡Estoy herido!> Marco. ¡SLASH! Otro hork-bajir, tirando su arma de rayos y lanzándose a la pelea. ¡En poco tiempo nos habrían derrotado! No había ninguna forma de que unas uñas sin filo y garras almohadilladas pudieran atravesar la dura piel del cuerpo de las tropas de asalto yeerks. Antes de que nuestros dientes llegaran a su garganta nos habrían rebanado en filetes de carne listos para servir. <¡Al fin! ¡Imbéciles!> gritó Visser. No había alternativa. Ataqué al hork-bajir. Fallé y lo volví a intentar. Mis pulmones parecían estar a punto de estallar. ¡SLASH! ¡SLASH! <¡RACHEL!> gritó Tobias. Me alejé rápidamente del alcance de mi atacante, con la sangre fluyendo ante mis ojos. Vi a Marco y a Ax y a Cassie defendiendo valientemente nuestra presa -Visser- y fallando en su intento. Jadeaban, prácticamente arrastrándose sobre la tierra revuelta para evitar las cuchilladas de los hork-bajir. ¡Estábamos perdiendo! No. <¡Otra vez!> grité. <Aguantad…> ¡WHOOOOOOSSH! Caí de cabeza, con las patas traseras por delante. ¡Me habían herido! Me había herido… algo. Y sólo había sido capaz de sentir la ráfaga de viento que había levantado al pasar a mi lado. ¿Qué demonios era esa cosa? [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] ¡WHOOOOOOOSSH! Me puse en pie. Intenté seguir su trayectoria. ¿Dónde estaba? ¡Allí! ¡Sólo era aire! ¡THUUMPF! Me caí de nuevo. ¡WHOOOOOOSSSH! <¡Ni siquiera puedo verlo!> gritó Cassie. ¡ZZIIIIIISSSSPPP! <¿Ver el qué?> preguntó Marco. <¡A-uumpfh!> En un par de segundos –si llega- nos había acorralado en un grupo agitado, jadeante, y confuso. Cuatro cazadores increíblemente rápidos, increíblemente ágiles, dominados por un solo individuo. Me recordaba al chicle. O la personificación en dibujos animados de la velocidad. Ya sabes, esos dibujos en los que la piel del personaje se va estirando según se mueve más y más rápido –hasta que su esqueleto sale corriendo de debajo de su piel. Ahí es a donde pertenecía esta cosa. A unos dibujos animados. Donde lo imposible es posible. Una huella. Un destello. Una mancha borrosa. Un pequeño torbellino o un tornado. Y entonces, de repente, se detuvo. De golpe. No había bajado la velocidad. Simplemente— se detuvo. <¿Qué narices…?> Era una criatura. Ahora lo veía bien. No era una máquina, sino algo de carne y hueso. Una extraña criatura capaz de moverse a gran velocidad sobre la hierba, como un insecto rapidísimo. Como una bala disparada desde un rifle de caza. Excepto porque era tan alta como una gacela. Tenía cuatro patas larguiruchas y finas. Una cola delgada pero de apariencia fuerte, tan larga como su cuerpo, que se agitaba y se movía nerviosamente incluso cuando el resto de su cuerpo estaba quieto. El pecho de una paloma, alto y abultado. Una cabeza con la forma de un casco de bici de carreras aerodinámico. Una cara estrecha y curvada, la superficie lisa de una pelota. Un cráneo que surgía del borde de esta pelota en un triángulo picudo, como la punta del cono de un helado. Excepto porque este cono estaba aplastado. Pero lo que realmente me llamó la atención fue el hecho de que esta cosa estaba cubierta de piel azul. Y no tenía boca. Y tenía dos brazos delgados y de aspecto débil. Como un andalita. Como Ax. <¡Largaos! ¡Salid de ahí!> nos llamó Tobias frenético. <Yo lo distraeré.> Pero Tobias no tenía que distraerlo. La criatura nos dejó de repente –y apareció justo al lado de Visser. Tardó el mismo tiempo que yo en parpadear. <¡Ahora!> grité. Echamos a correr. El miedo y la adrenalina ayudaban a los exhaustos guepardos a dirigirnos hacia la relativa seguridad del bosque, dispersándonos a través de la espesura que rodeaba el valle. Habíamos escapado sólo porque la criatura nos había dejado. Eso estaba claro. Y no me gustaba nada. Me hacía sentir inquieta. Más que irritarme, me puso nerviosa. ¿Por qué nos había dejado escapar? Volvimos a nuestro cuerpo, y luego a nuestras formas de pájaro habituales para recorrer el camino hasta casa. Y escuchamos a la criatura hablar con Visser Tres. Habla telepática superrápida. Las palabras se hicieron más comprensibles sólo después de que la criatura hubiera terminado de hablar. Era tan rápido que incluso se notaba un retraso entre el sonido y el significado. Como cuando hablas por teléfono con alguien en Europa. O cualquier otro continente, supongo. <UnaexhibiciónpatéticaVisserTres.Tehancazadoenunaplanetaquehacetiempoquedeberíashaberconquistado.Estoconstaráenmisnotaspuedesestarseguro.> <Tú también has fallado en capturar a los bandidos andalitas, inspector,> comentó Visser despectivamente. Bien alto. <¿Yprivartedeloqueestudeberyresponsabilidad?¿Ymidisfrutealvertefallar?AlfinalconseguirásquemeincorporealConciliodelosTrece,Visser.> <Aún no eres un miembro del Concilio. No hasta que hayas recibido la aprobación final,> le espetó Visser fríamente. El inspector dejó escapar un sonido que podría haber sido una risa. Alta y vibrante. Un sonido que estremeció mi columna temporalmente humana. <Mehanconcedidounespecimendeunadenuestrasnuevasymáscapacitadasespeciesdehuéspedes.ElGaratron.Esimposiblequenomeasciendan.> Arrodillada sobre el oscuro suelo, mi espalda se curvaba, el pelo colgaba sobre mi cara y una mancha desaparecía de la piel de mi palma derecha. Una palma humana. Aún sentía, extrañamente, algo del cansancio del guepardo. Pero era demasiado peligroso entretenerse. Respiré profundamente y me transformé rápidamente en el siguiente animal. En lo que parecían segundos, tenía plumas blancas y marrones, alas enormes, y un pico curvado y cruel. Era un águila calva. <¿Estáis todos?> llamé por telepatía privada. <Despegad, de uno en uno. Yo seré la última. Tobias el primero, luego Ax, Marco y Cassie. Nos encontraremos en el granero.> <¿Rachel?> era Tobias. <Te espero.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] <El Concilio,> dijo Ax, con voz hermética. <El inspector es un candidato a miembro del Concilio de los Trece.> “¿Y qué está haciendo este tipo aquí?” dije enfadada. “Ha fastidiado nuestro plan.” Marco se volvió para mirar a Ax. “¿Sabías algo de estos garatron?” le preguntó. “Ey, sé que no soy el único que ha notado el parecido. Piel azul. Cuatro patas. Dos bracitos.” Ax se puso rígido. “Las similitudes físicas no significan necesariamente que haya una relación genética,” señaló Cassie. “Roedores mamarios y roedores marsupiales. Se parecen mucho, pero no están emparentados. Podría ocurrir lo mismo con los andalitas y los garatrons.” <Los yeerks sólo han capturado un cuerpo andalita,> dijo Ax. <El inspector llamó a los garatron la especie de huéspedes más novedosa, lo que significa que los yeerks no han infestado sólo a una criatura, sino a bastantes más. Y eso es algo que los andalitas nunca permitirían que ocurriese.> Me paseé delante de una jaula de escandalosas crías de ardilla. Habían matado a su madre. “Esto tiene mala pinta. El inspector ha vencido a uno de los animales más rápidos y ágiles de la Tierra. Si no podemos alcanzar al garatron, no podemos matarle.” <Nos estamos olvidando de algo,> dijo Tobias. <No conozco a los demás garatron, pero el inspector, el yeerk, es muy inteligente. Eso es bastante evidente. Y él y Visser no se llevan bien. Eso también está claro. El inspector ha mencionado un informe. Supongo que está aquí para vigilar a Visser Tres. Para redactar una evaluación de la invasión a la Tierra.> Pensé en lo que Tobias había dicho. Tenía sentido. ¿Pero qué significaba para nosotros? ¿Y cómo podíamos sacar partido del hecho de que Visser estuviera bajo la lupa? Más tarde podríamos discutir sobre las implicaciones de que los yeerks dispusieran de otra especie de huéspedes. Quizá cuando Jake volviera. Y entonces sonreí. “Es perfecto. Tenemos otra oportunidad.” Cassie levantó la vista del biberón de leche o lo que fuera que estaba preparando para las crías de ardilla. “¿Para hacer…?” “Para desacreditar a Visser Tres. Avergonzarle delante del inspector. Poner al descubierto el penoso trabajo que está haciendo. Hacer que le despidan de una patada.” Marco levantó la mano. “Espera. ¿Y qué pasará cuando Visser se haya ido? Asumiendo, por supuesto, que suceda. ¿Qué pasaría si el Concilio lo sustituyera por alguien mucho más peligroso?” <Mejor malo conocido que malo por conocer,> dijo Tobias con calma. Cassie asintió. “Quizá. Pero quiero oír lo que Rachel tiene en mente.” “Simple,” dije. “Una especie de campaña de difamación. Golpeamos fuerte y rápido. Presión continua. Tenemos que hacer ver que hay quinientos bandidos andalitas luchando en esta guerra. Atacamos a cualquier controlador conocido de la ciudad, al menos a todos los que ostenten una posición de poder. Y atacamos en lugares públicos, donde quiera que haya un controlador a cargo. Queremos que nos vean. Queremos que el inspector sepa qué está pasando. Y tenemos que hacerlo ya. No sabemos cuanto tiempo va a estar aquí el inspector. ¡Empezamos hoy!” “Yo digo que esperemos,” me interrumpió Marco bruscamente. “¿Cuándo vuelve Jake? ¿En dos días, tres? Esperaremos. Me gusta la idea, Rachel, pero esta misión es demasiado peligrosa como para hacerlo sin él.” “¿Qué es lo peligroso?” discutí. “Boom boom boom. Atacamos y nos largamos. Y volvemos a atacar.” “Sí, en lugares públicos y totalmente al descubierto.” Marco agitó la cabeza. “Me sorprendes. ¿Cómo puedes no ver el riesgo? ¿La posibilidad de que uno de nosotros se quede atrás? ¿Que uno de nosotros tenga que transformarse en medio de la panadería de un supermercado con el típico chico infestado por un yeerk que pasa por ahí buscando la exposición de hamburguesas y está deseando entregarnos a Visser Tres?” <O no poder transformarnos,> dijo Tobias, con voz tensa y forzada. <O quizá ser capturados y torturados.> Le lancé una mirada. Me dolía que hablara así. No lo hacía a menudo, pero… Tobias se había quedado atrapado en una forma, al principio de todo. Más recientemente se había dejado capturar de forma voluntaria, por el bien de una misión. También lo habían torturado. Él ha sacrificado mucho más que cualquiera de nosotros en esta estúpida guerra. Tenía derecho a enfrentarse a ello de la forma que quisiese. Pero aún así, me dolía verle revelar el daño que le habían hecho. Siento algo muy especial por Tobias. Ese tipo de sentimiento contra el que no puedes hacer nada. Que parece inevitable, como si siempre hubieran estado ahí, incluso antes de conocer a la persona. “Estoy de acuerdo con Marco y Tobias,” dijo Cassie abriendo la puerta de la jaula de las ardillas. “Es una buena idea. Pero para esa secuencia de ataques implacables necesitamos a alguien que dirija los pasos. Y Jake lo hace mejor que nadie.” “Jake no está aquí,” gruñí. “Y mira lo que está pasando,” continuó Cassie, hablando por encima del hombro. “Estamos perdiendo el tiempo discutiendo. Sin un líder, no se puede hacer nada.” “En eso tienes razón,” dije. “Escojamos entonces un líder temporal. Mirad, estamos de acuerdo en que no podemos lanzarnos a una misión discutiendo quién está al mando y cuándo. Así que…” <¿Pero estamos de acuerdo en que deberíamos seguir adelante si alguien hace de líder?> dijo Tobias. <¿Ax?> <Debo declinar la oferta de contribuir con mi opinión. Y debo declinar el participar en la elección de un líder para sustituir a mi príncipe. Ese es un problema que debéis decidir vosotros los humanos.> <No estoy ignorando el peligro,> dijo Tobias lentamente. <Pero como ha dicho Rachel, tenemos una oportunidad tangible. El riesgo es grande. Pero no estoy seguro de que podamos decir que no.> “Y Rachel de paso está diciendo que quiere ponerse al mando, ¿no?” Marco. “Ahí es donde quieres ir a parar, ¿no?” Me tragué una respuesta airada. Si quería liderar, tenía que aprender a controlarme. “No. Eso no es lo que estoy diciendo.” Me volví hacia Cassie. “No me importa quién esté al mando. Cassie puede ser la líder.” Cassie metió el biberón en la boca de una ardilla. “No, gracias. ¿Cirujía cerebral? Vale. ¿Misiones de rescate secretas a la piscina yeerk? Cuando tengo que hacerlo. Pero esto no. Los ataques suicidas no son lo mío.” “¿Tobias?” dije. “¿Y tú qué?” <No. Yo no soy un líder.> “Aunque odio muchísimo admitir que hay alguien superior a mí,” suspiró Marco, “debo decir que en términos de inteligencia, Ax es nuestro hombre.” Ax ladeó la cabeza casi como si estuviera posando para una foto. “Pero,” siguió Marco, “y no te ofendas, Ax, este trabajo va a requerir un contacto bastante íntimo con humanos. Con, uh, la sociedad. Y aceptémoslo, tú aún no admites que las horas de la Tierra son también tus horas. Y tu programa favorito es [i]El Intermedio[/i]. No cumples los requisitos.” Ax parecía ofendido. <Estaré preparado para cualquier decisión que—> “¿Entonces quién queda?” le desafié. “¿Tú?” “Posiblemente.” “De eso nada. Yo soy la de los ataques fuertes y rápidos. E implacables.” “E imprudentes,” me la devolvió Marco. “Mientras tu te sientas y piensas en cada estúpido y minúsculo paso hasta la muerte,” le corté. “Tienes complejo de Hamlet, Marco.” “Sí, y hay un tratamiento para mi locura. Que es bastante más de lo que pude decirse de ti en tus mejores momentos.” <¿Quién o qué es ese complejo de Hamlet?> preguntó Ax. “Te lo explicaré después,” intervino Cassie rápidamente. “Mirad, si vamos a tener un líder antes de que Jake vuelva, tendremos que escogerlo democráticamente. Somos un equipo, ¿vale?” <Una votación,> dijo Tobias. <Es la única manera.> Marco se mofó. “Qué maravilla. Veamos: tenemos a la mejor amiga de Rachel y a su amiguito-pájaro y Ax no vota… olvidadlo, tíos. Estoy fuera.” Marco se volvió hacia mí y se inclinó. “Felicidades, alteza. Tus deseos son órdenes.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] “Crap.” Me tumbé de espaldas y crucé las manos. Sencillamente el sueño no iba a llegar. Mi mente estaba demasiado ocupada dando vueltas, girando a toda velocidad. Pensando en las cosas más extrañas. No sobre del primer ataque que habíamos planeado, en la sede de televisión local contralada por los yeerks. Sino a cerca de que el mes pasado en clase de inglés estudiamos algunas tragedias griegas. Como la de Oedipus Rex (*Edipo rey), escrita por un tipo con un nombre igualmente impronunciable. Ahí es donde leí por primera vez la palabra “hibris.” La hibris es una especie de enfermedad. Significa orgullo excesivo. Una confianza en uno mismo más que extrema. La creencia de que puedes hacer cualquier cosa que quieras, y mejor que ningún otro. Porque sabes que eres el mejor. Porque sabes que eres especial. Porque eres tú. El problema es que la hibris tiene unas consecuencias extremadamente desagradables. Como quedarte horrorizado cuando te das cuenta de que algo que has hecho es terrible y que te arrancas tus propios ojos. Eso de leer sobre esos héroes y guerreros y reyes, de alguna forma es algo que me asusta. Pero de un modo u otro también me tranquiliza. Me hace sentir que soy parte de un club especial, uno que ha existido durante mucho tiempo. Un club exclusivo. Un club para gente como yo, que sabe que pueden hacer grandes cosas, y las hacen. Y luego se les castiga por hacerlas. “Ugh.” Me senté y le pegué un empujón a la almohada. Si no podía dormir no iba a quedarme ahí tirada mirando al techo. Quizá leería un poco. O escucharía la radio. ¿Por qué estaba pensado en esas cosas ahora? Porque de repente era la líder de un pequeño grupo de soldados. Por eso. Y Jake me ha dicho un millón de veces que el líder está tan asustado y lleno de dudas como cualquiera de sus seguidores. Sólo que a él no se le permite mostrarlo. Bajo ninguna circunstancia. No importa lo mal que se pongan las cosas. Ese es el trato. La gente quiere que sus líderes sean inmortales. Perfectos. Que no estén sujetos a la fragilidad y las debilidades humanas. Que sean dioses. “La gente quiere que sus líderes actúen de la forma en la que desearían actuar ellos,” dice siempre Jake. Con total confianza. Valientes. Sin miedo a nada. Sin dudas, sin preocupaciones. El problema era que yo sí tenía dudas. Y un montón de preocupaciones. Ser un líder es algo que viven más los demás, que el propio líder. Ser la heroína para la que había nacido –el tipo de héroe que descubrí en mí cuando empezó esta guerra- era algo sólo mío. Soy lo suficientemente inteligente como para darme cuenta de esas cosas. Así que sí, me sentía preocupada. Repentinamente abatida. Temerosa de hacer algo en esta misión que perjudicara seriamente a mis amigos. Preocupada de ser la responsable de algo tan terrible que tuviera que arrancarme los ojos depués, como ese pobre viejo griego de la historia. Y eso me molestaba. Me ponía furiosa. No podía evitar preocuparme y definitivamente no podría evitar que se me notara. ¡Yo era el héroe, el guerrero, el rey! ¡La emprendedora de grandes hazañas! ¿No? Y para emprender las grandes hazañas, para ganar guerras y construir ciudades o lo que sea, tienes que tener orgullo y confianza. Tienes que ser un poquito arrogante. A veces muy arrogante. El orgullo y la confianza y la arrogancia equivalen a valor. Al menos para mí es así. Si nosotros –los héroes y los guerreros y los reyes- no nos ocupáramos de los asuntos sucios pero necesarios, ¿quién lo haría? “Nadie, nadie lo haría,” le dije a la luna plateada que asomaba a través de las cortinas abiertas. Así que se trataba de una trampa. Es nevitable: eres quien eres. Tu carácter está escrito. Y el carácter es el destino. TAP TAP TAP Salté de la cama y me acerqué a la ventana. “Ey,” dije, levantándola para dejar entrar a Tobias y que se posara en mi escritorio. “¿Por qué has tardado tanto?” <Perdona. Ax me entretuvo. Había un postre especial en su programa de cocina favorito…> “¿Tobias?” le interrumpí. “¿Crees que estamos haciendo lo correcto? Me refiero a lo de los ataques sin tregua. Hacer creer al inspector que estamos pegados a Visser. Que somos más fuertes de lo que en realidad somos. Es una buena estrategia, ¿verdad?” Tobias me miró con su intensa mirada de halcón. <No vamos a conseguir nada si no nos movemos. No sabemos exactamente cuánto tiempo estará por aquí el inspector. Así que si vamos a actuar, ésta parece la mejor forma de hacerlo.> “Entonces piensas que tengo razón,” le insistí. “Que soy la adecuada para el cargo. Soy la adecuada, ¿no?” Nada. Me importaba muchísimo lo que Tobias pensara. Sabía que era mi amigo. Sabía que me quería. Sabía todo eso. Pero esa noche, más de lo habitual, me importaba si creía en mí. “Bueno, tú ibas a votarme a mí, ¿no?” dije rápidamente. “Y Cassie…” <Creo que deberíamos irnos moviendo si vamos a reunirnos con los demás antes de las noticias matinales.> Durante un minuto no dije nada. Luego me quité de golpe el viejo camisón que llevaba y me planté en el centro de la habitación iluminada por la luna, temblando en mi uniforme para las transformaciones.” “Bien. Vamos allá.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] “¿Sabéis una cosa? Antes de empezar a salir con vosotros, chicos, yo ni siquiera sabía que existía algo llamado amanecer. No, en serio. Sabía que el sol tenía que salir. Y cuando me levantaba cada mañana ya estaba en el cielo. Pero la parte en que amanece…” “Marco.” “Ya me callo,” dijo, bostezando y poniéndose en cuclillas. Estábamos en el callejón de detrás de la sede de televisión WKVT. La primera parada en nuestros alborotos organizados. Teníamos la misión de convencer al inspector de que Visser tenía a los bandidos andalitas pegados al culo, como el blanco al arroz. Otra misión que nos hacía entrometernos en la política yeerk. Aparté un oscuro destello de duda y le lancé una mirada a Tobias. ¿Es que no confiaba en mí? No debería importarme. Quizá era eso lo que me estaba diciendo: no debería importarme lo que él pensara. “Formas de batallas,” dije. Marco se puso en pie. “Aguanta un poco, General Patton. ¿Qué hay del primer paso?” Fruncí el ceño. “¿Quién es el líder aquí?” <Oigamos lo que Marco tiene que decir,> dijo Tobias con neutralidad. “Infiltración. Ninguno de nosotros ha estado nunca dentro de este lugar, ¿no? Lo vigilamos en alguna forma pequeña, observamos la distribución, y cuando parezca seguro, nos transformamos en el equipo de batalla.” Negué con la cabeza. “No. No es buena idea. Eso significaría que tendríamos que transformarnos en humanos ahí dentro. Es demasiado arriesgado.” “A menos que nos transformemos en moscas. Algo pequeño. Entramos, le echamos un vistazo al sitio, nos largamos, volvemos a nuestra forma, nos transformamos para la batalla, y entramos otra vez,” dijo Cassie. “¿Y por qué no posponemos la misión hasta, no sé, la semana que viene?” dije de mal humor. Cassie parecía molesta, pero no me importaba. “Ax, estás conmigo en esto, ¿no?” <Estoy de acuerdo con el concepto de “ataque rápido”. Que nos ocupemos rápidamente de nuestra lista de objetivos previsto. Sin embargo…> “Vale, formas de batalla. Atacamos rápido y feroz. Creamos el caos. Nos cargamos el lugar. Pero intentad no herir a nadie, ¿vale?” Marco suspiró y empezó a transformarse en gorila. “Uh-huh.” Yo empecé con la forma de oso pardo. Y cuanto más crecía, cuanto más grande, más fuerte y más peligrosa me hacía, las dudas parecieron extinguirse. Marco siempre tenía dudas. ¿Y qué? Olvídate de Marco. Y Tobias… olvídate también de él. Yo tenía razón. Dos metros de altura, dos y medio, más. Músculo sobre músculo. Huesos tan gruesos que podrían haber sido fósiles de dinosaurio. Pelo enmarañado, grueso como una armadura. Yo era la fuerza hecha carne. El depredador terrestre más poderoso del planeta Tierra. Un oso pardo. <Vale, chicos y chicas. Vamos a patearlos.> Atravesé la puerta. ¡WHAM! La puerta salió volando de las visagras y cayó con estrépito. ¡Estábamos dentro! Un pasillo estrecho. Luces brillantes. Sombras y figuras que se movían, todas borrosas para mis débiles ojos. Pero estábamos dentro. Un oso pardo, un gorila, un andalita, un lobo y un halcón –dispuestos a armar jaleo. <¡Moveos! ¡Moveos! ¡Moveos!> Avanzamos por el pasillo. ¡Un grito! Papeles lanzados al aire por el miedo. Aplasté un cuadro enmarcado y dejé enormes grietas en el yeso de la pared. “¿Qué narices…?” “¡Oh, Dios mío!” Me coloqué sobre mis cuatro patas y salí corriendo. Un oso corriendo es como un tráiler por la autopista: mejor quítate de en medio. Rocé una máquina fotocopiadora Xerox al pasar y la hice caer. Marco le pegó un puñetazo a una puerta y la hizo trizas. Se acercó un guardia de seguridad, intentando empuñar su arma. ¡FWAPP! La cola de Ax atacó, tan rápida como un látigo, y el guarda cayó al suelo inconsciente. Un hombre con un cuaderno. Le golpeé como una bola golpeando un bolo. Rodó sobre mi espalda y cayó al suelo. Cassie lo saltó con agilidad. De pronto ya no estábamos en el pasillo, sino en un lugar abierto. Entre bastidores. Podía ver los preparados del plató. <¡Al plató!> estaba emocionada. Exaltada. ¡Nada podía detenernos! “¡Tseeer!” “¿Qué narices… ¡Saca a esos and –animales fuera de aquí!” Ah. Christine Kaminsky. Nuestra personalidad yeerk favorita de las noticias matinales. Vestida con un traje de dos piezas de color rojo, estrecho pero de buen gusto y luciendo unas joyas de oro cuyo precio suele subestimarse. La habíamos pillado en mitad de su lectura. Parecía muy muy inquieta. <¡Destrozad este lugar!> grité. <Cuidado con la gente,> dijo Cassie. <Probablemente la mayoría sean personas inocentes.> Salté fácilmente sobre el escritorio principal. Se hizo trizas. Rodé para alejarme. <¡¿Estoy viendo a Bobby Baransky?!> gritó Marco. <Oh, ¡creo que sí!> dijo Cassie, gruñendo y haciendo retroceder a la compañera pelota de Christine, blandita y mona, sobre su mesa de noticias. ¡CRASH! Otra mesa de noticias destrozada. La empujé por el suelo hasta el mapa del tiempo que ahora era una pantalla verde, sólo para asegurarme. ZZEWEEEEEE… SSZZZZ… Marco lanzó los micrófonos y otros equipos eléctricos desde su posición en lo alro, mientras Ax se alejaba para buscar la sala de control, introducir algunas claves y desvíos, y sacar a la WKVT de su emisión. <Tenemos compañía, chicos,> nos dijo Tobias cuando aterrizó sobre los focos del techo. Me giré tan rápido como mi peluda masa marrón me lo permitió. Entrando al estudio, siguiendo a un empleado que les indicaba el camino, había un grupo de veinte visitantes. Adultos y niños. Supongo que incluso las “personalidades” locales tienen sus fans. La guía se quedó congelada: se puso pálida y empezó a gritar. La vista del oso pardo no es muy buena, pero mi presencia solía provocar esa reacción en la mayoría de la gente. Volví a la destrucción. Hacia el equipo de grabación, disperso por todos lados. Hacia la mesa hecha polvo de Christine y Bobby, custodiada por los gruñidos amenazadores del lobo del Cassie. Le di un zarpazo al carrito de los cafés con mi enorme pata de oso y lo lancé a toda velocidad contra una pared. Los donuts y los bollos salieron volando. Un donut cubierto de chocolate rodó hasta los visitantes. <Hora de largarse, Rachel,> dijo Tobias. <Hay demasiados civiles con estos turistas presentes. Alguien saldrá herido.> <¡No! ¡Aún no!> Los asientos para la ocasional audiencia en directo estaban atornillados al suelo, diez filas de cinco sillas cada una, una detrás de la otra y un poco en pendiente. ¡RIIPP! ¡Uno menos! ¡CRAASH! Los asientos salieron volando contra la pared, agrietando el enyesado del tamaño del neumático de un camión. Y entonces, “¡Oh, no!” Una vaga voz del grupo de espectadores. “¡Que alguien me ayude!” Y, “¡Abuelo!” <¿Rachel?> Era Ax. Desde la sala de control, fuera de la vista de los espectadores. <Ya he terminado con mi tarea. Pero estoy atrapado. Hay un humano con un arma. No me gustaría dañarlo.> <Vale, Tobias, Cassie, cubrid a Ax y salid corriendo de aquí,> ordené. <¿Marco? Coge a Miss Solbrillante.> Marco agarró por la blusa a la presentadora-yeerk que gritaba y se resistía y la levantó sin esfuerzo. Acerqué mi enorme cara de oso a ella. Lo admito: tenía valor. “No me das miedo, andalita,” siseó. <Oh, pero sí tienes miedo,> dije. <Tengo un mensaje para Visser Tres. ¿Estás lista para oírlo?> No dijo nada, sólo retrocedió para alejarse de mis dientes. <Aquí va el mensaje para Visser y todos tus hermanos yeerks: volved a casa. ¿Podrás recordarlo? Dile que te hemos dicho, “Volved a casa.”> Asentí a Marco y la soltó. Ella se arregló el traje y nos lanzó una mirada de odio. Llevábamos en el estudio menos de cinco minutos. Pero para cuando nos largamos, ya no había estudio. Salimos, corrimos, y nos transformamos bien lejos de los coches de policía, las ambulancias y las furgonetas de noticias que se dirigían a toda prisa hacia el lugar. <Creo que este primer asalto ha logrado su propósito,> comentó Ax. “No puedo creer que hayamos tenido una audiencia en vivo,” dijo Cassie, riendo. “Es más de lo que podíamos haber esperado. Al menos en ese sentido.” De repente, ya no parecía tan segura. “Quizá habría ido mejor si hubiéramos sabido que los turistas estaban en el edificio. Podríamos haberlos hecho salir primero de alguna forma.” Hubo un momento de tenso silencio. Como si de pronto todo el mundo se hubiera puesto a pensar seriamente en esos visitantes. <Vi a un tipo…> empezó Tobias, que había estado callado hasta entonces. <Se cayó al suelo. Parecía viejo. ¿Qué pasa si le ha dado un ataque al corazón o lo que sea?> Sentí un escalofrío. Algo como miedo. O culpa. Y entonces el escalofrío se vio desplazado por un sentimiento poderoso de— algo distinto. ¿Defensa propia? Algo. “Sí, ¿y qué pasa si sólo ha tropezado? Venga. Las casualidades ocurren,” dije fríamente. “No hicimos nada para que ese tipo se asustara tanto. Además, por lo que sabemos él también podría ser un controlador.” Mi grupo se me quedó mirando. Y ese silencio tenso aún continuaba. Pero teníamos trabajo que hacer. “El primer asalto ha sido un éxito,” dije. “Fin de la historia. Ahora tenemos que seguir el horario. Próxima parada, la librería.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Nos transformamos de pájaros a humanos detrás de las enormes pilas de cajas de cartón del callejón que había detrás de la librería. “Que alguien me pille una muñeca de Laa-Laa cuando estemos dentro, ¿vale?” dijo Marco. “Me encanta esa cosita amarilla.” Le lancé una mirada. Ya sabéis de qué tipo. “¿Qué?” dijo a la defensiva. “Mañana le enviaré un cheque al jefe. Aunque sea un yeerk. No voy a robar ni nada de eso.” “Uh, Marco, sabes que los Teletubbies son para preescolares, ¿verdad?” dijo Cassie. <Eh-oh, Laa-Laa,> canturreó Ax. <Un gran abrazo.> <Vale, es suficiente, Ax,> gruñó Tobias. <Hay que ir pensando en cortarte la televisión.> <Recordad,> continuó Tobias, <cuidado con los civiles. A esta hora del día, debería estar casi vacío, pero—> Lo interrumpí deliberadamente. “Entramos y salimos en cinco minutos como mucho,” les recordé a todos. “Igual que en el estudio. Cinco minutos de rock and roll. ¿Ax? Sé franco, ¿vale?” <Claro. Pero no sabía que fuéramos a cometer ningún engaño.> <Se refiere a que controles el tiempo, Ax,> dijo Tobias. <A los cuatro minutos, nos prepararemos para largarnos.> “¡Hey! Pensaba que era yo la que daba las órdenes,” solté, enfadada. Tobias giró un poco la cabeza y se quedó mirando al vacío. “Bueno, ¿no tengo razón?” “No, tienes razón. Pero deberías considerar el ir a uno de esos talleres de liderazgo, Rachel,” dijo Marco con voz templada. “De los que enseñan técnicas de comunicación. Como la de cómo no ser un imbécil.” “Estaremos listos cuando des la orden, Rachel,” dijo Cassie con calma. Lo dejé correr. No tenía sentido discutir con Marco o con Tobias por una tontería. Ya había probado todo lo que tenía que probar. “Hagámoslo,” dije. Nos transformamos. Irrumpimos en la zona de carga por la parte de atrás del edificio. Un oso pardo, un gorila, un lobo, un halcón, y un andalita, galopando o corriendo sobre sus nudillos o trotando a través de las secciones y las puertas cerradas de los empleados, lanzando por los aires cajas de cartón, mandando las bandejas vacías contra las estanterías llenas, y destrozando las endebles taquillas de metal. Luego irrumpimos en la primera planta de la tienda y desatamos nuestra propia marca de caos patentada “¡Aaahhh!” “Dios…” “¡Ayuda!” Atravesé una caja de cartón llena de libros con mis uñas de Lobezno de X-Men y la lancé por los aires. Se desgarró a mitad del vuelo. Los libros salieron volando, y me entraron ganas de reír a carcajadas. Los tres empleados que estaban en la caja registradora decidieron que era hora de largarse. Y se largaron. Muy rápidamente. Uno se dejó la caja abierta. Corrí detrás del mostrador y la cerré de golpe. Este no era un asunto de dinero. Nadie iba a robar nada para luego culparnos a nosotros. Nada de robar. Ya habíamos cometido bastantes delitos. “¡Tseeer!” ¡Tobias! ¡Ha! Encogido, con las manos en la cabeza, el supermoderno jefe de veinte pocos años al que Tobias había identificado como un yeerk la semana anterior se hundió tras una esquina como un gusano aterrorizado. Un puñado de clientes salieron corriendo por la puerta principal de la tienda. Un tipo se lanzó contra una estantería y empezó a subirla como si fuera una escalera. Cassie persiguió a los empleados hasta la puerta, luego se volvió haciendo ademán de morder y gruñendo a los talones del huidizo escalador. Estaba intentando sacarlo de en medio. Intentando asegurarse de que ninguno de ellos jugara a hacerse el héroe y saliera herido. “¡Nooooo…!” Desde el pequeño café en el que Ax estaba haciendo tiras los cojines, las tazas de expresso, doble mocca y chocolate caliente salían lanzadas por el aire. El espumoso líquido marrón se esparcía como una lluvia de gotas contaminadas. ¡Cundía el pánico! ¡Era un auténtico caos! ¡Histerismo! ¡Y yo era la responsable! ¡THUDDD! Marco, en la sección infantil. Lanzaba los estantes de alambre y cartulina directos contra el suelo. Los mostradores de dos pies de alto y de brillantes colores se rompían en pedazos cuando los estantes chocaban contra el suelo. Los conejitos [i]Adivina Cuánto te Quiero[/i] arrojados contra las heroínas Disney y Pooh y Piglet y Tigger… ¡CRASH! ¡El estante de los Blue’s Clues se vino abajo! <¡Ey! ¡No te metas con Blue!> gritó Cassie, corriendo hacia él. <Perdona. No lo sabía.> <Tengo una sobrina que piensa que Steve y Blue son el sol y la luna.> <Genial. ¿Y qué hay de los libros juveniles?> colocó su puño del tamaño de un jamón sobre un estante, preparándose para hacerlo pedazos. <Limítate a salir de la sección infantil, Marco,> le advirtió Cassie. <¿Cuál es tu problema? Sube aquí y cárgate las revistas de ordenadores o algo así. Chico, odio esto. Las librerías son como la iglesia o algo así.> Cogí por el borde una mesa de tres por tres metros donde estaban apilados bastantes libros con descuento y— ¡WHOOMMPPFF! El jefe yeerk lloriqueaba en su esquina. Cientos de enormes libros de arte y de fantasía y biografías a cerca de algún tipo que fue una estrella durante un minuto cayeron de golpe al suelo. “¡Mira, mami!” Me di la vuelta de golpe para ver a un niño pequeño tirando de los vaqueros de su madre y señalando a Marco. “¡Es Curious George!” [i]NdT: Curious George es un mono de juguete.[/i] <Hey, pequeñajo, soy un gorila. Curious George es un mono. ¡Señora, debería comprarle a su hijo una enciclopedia!> Marco levantó una caja un poco abollada del suelo. <¿Qué tal invertir en la versión CD-room? Revista [i]Zillions, Reportaje de los Consumidores[/i], para los índices infantiles…> “¡Waaaaaah! ¡Curious Gerge es malo!” La madre del niño cayó de rodillas y rodeó a su escandaloso niño con los brazos. <Oh, tío. Lo siento,> dijo Marco, sonando realmente arrepentido. <No pretendía asustarle.> <Ya estamos aquí cuatro de vuestros minutos,> anunció Ax con calma. Me agaché hacia el jefe controlador. Me acerqué y lo envolví en mi abrazo de oso. Lo estrujé con fuerza, haciendo que casi se quedara sin aire. Su cara estaba a centímetros de mi hocico. Temblaba e intentaba buscar oxígeno. Lo apreté con más fuerza. Tan fuerte que las venas de su cuello se hincharon. <Sabemos quién eres, yeerk. Todos vosotros. Jamás volveréis a estar a salvo.> Su cara se estaba volviendo azul. <No podéis esconderos. Díselo a Visser Tres. Dile que sólo hemos empezado. Dile que es hora de irse a casa.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] “¡Próxima parada, Style-a-riffic!” “¿Eso qué es?” Cassie, por supuesto. <Style-a-riffic es una lugar donde las mujeres…> “Y los hombres,” señalé. Ax inclinó la cabeza. <Donde van los humanos para cortarse el pelo, doblarlo, tratarlo con químicos, o torturarlo en un recogido. Se aplican acrílicos líquidos en las delicadas uñas humanas y se tostan en una máquina potencialmente cancerosa parecida a vuestros microondas. El pelo de encima de los ojos se arranca de raíz. La piel de los pies se elimina mediante afilados instrumentos metálicos. El pelo de las piernas, sin embargo…> Cassie levantó una mano. “Ya he captado el concepto, Ax.” “¿Un anuncio de televisión?” supuso Marco y Ax asintió. “¿Y por qué Style-a-riffic?” preguntó Cassie. “¿Cuál es su relación con los yeerks?” “En primer lugar, es el salón de belleza más grande de la ciudad,” dije. “En segundo lugar, Tobias averiguó que la Sra. Chapman es su mejor cliente –y co-propietaria. Dime que no hay un yeerk dirigiendo el lugar.” “Estás disfrutando con esto, ¿verdad?” me preguntó Marco. “Sí. Estoy disfrutando. A penas hemos hecho otra cosa que recibir y recibir. Ahora son ellos los que están asustados. Debimos haber echo esto hace mucho tiempo.” “Sí, bueno, antes no teníamos al mando a la poderosa Princesa Guerrera,” dijo Marco. Capté el tono de sarcasmo. Pero no me importó. Tiene razón, pensé, pero ahora yo estoy al mando, y los yeerks van a pagarlo caro. Jake estaría orgulloso de mí cuando volviera. O quizá un poco celoso. Puede que incluso muy celoso. Eso también estaría bien. Que las cosas cambiaran. Que la gente cambiara. Que la situación cambiara. Jake ha sido el líder durante mucho tiempo. Quizá era hora de que se tomara un bien merecido descanso. Atacamos de nuevo. Rápidos e imprevisibles como un rayo. “¡Ahhh!” “¡Ohhh!” “¡Eeek!” <Oh, sí, esto es un salón de belleza,> dijo Marco. < ¿”Eeek”? ¿Qué se creen que soy, un ratón?> Esta vez entramos por la puerta principal. La recepcionista aburrida y cabeza hueca ni siquiera nos miró. “¿Tienen una cita?” dijo, haciendo explotar una burbuja de chicle sabor uva. Y entonces nos vio. Y se puso pálida. ¡CLUNK! Cayó de cabeza contra el escritorio. Fue gracioso. Además, usaba demasiada laca. <¡Vamos allá!> Y nos lanzamos contra la primera sección de material deportivo. ¡CRAASSSHHH! BOOMPP. BOOMPP. BOOMPPBOOMPPBOOMPP. ¡Volcamos un contenedor de hierro de tres metros de alto, repleto de pelotas de baloncesto! <Ey, me gustan estas Skechers…> <¡Déjalo, Marco!> “¡Aaahhh! ¡Qué le estáis haciendo a mi tienda!” Tasset. ¡El dueño de todo esto! Vendedor de material deportivo. Controlador. Cassie, mordisqueando la malla de una raqueta de tenis, gruñó, <Lo único que digo es que esto iría mejor si no estuviera hecho de este material.> Tobias usaba sus garras y pico para desinflar las balsas de goma y los botes suspendidos del techo. ¡FWAPP! Ax, destrozando los mostradores de cristal llenos de relojes deportivos con los precisos hachazos de su cola. Finalmente anunció, <Es la hora.> ¡SCREEEEPPPP! ¡EEERRREEEPPP! Las barras de metal que separaban la zona de alta seguridad del resto del banco, quedaron sencillamente destrozadas bajo mis garras. <Ya no hacen los barrotes como antes,> comenté. ¡BONK! El guarda armado estaba inconsciente. Se golpeó en la cabeza con su propia porra murmurando algo a cerca de un oso pardo y un gorila jugando con los barrotes. <¿Sabéis qué? Después de esta experiencia empiezo a pensar que guardar el dinero bajo el colchón no es tan mala idea.> <¿Qué dinero? ¡Como si tuvieras algo que esconder!> me mofé. <Algunos tenemos nuestra paga,> me la devolvió Marco, arrastrando al guarda caído a lo largo del suelo de mármol y metiéndolo en un armario. <Algunos no salimos corriendo a gastárnoslo todo en The Gap.> Cassie había arrinconado a los clientes del banco en una pequeña oficina y se había plantado fuera, gruñendo amenazadoramente para custodiar la puerta cerrada. “¡Ah! ¡Ayuda! ¡Que alguien llame a la policía! Que venga el sargento…” Era el jefe del banco, el Sr. Arundel, un controlador yeerk. Con los brazos en el aire, un traje azul marino y una corbata amarillo brillante torcida. Gritaba para que se le oyera a través de la puerta cerrada de la oficina. ¡FWAPP! Ax, saliendo de detrás del aterrorizado jefe del banco, le propinó un golpe seco con un lado de la cuchilla de su cola. Uno menos. El Sr. Arthur Arundel ya no podría llamar a ningún policía controlador, agente que sin duda sabría exactamente cómo enfrentarse a los bandidos andalitas. Y alertaría a Visser Tres. <Rachel, deberíamos largarnos,> dijo Tobias, remontando el vuelo desde un escritorio que había estado destrozando. <¡Pero aún han pasado los cuatro minutos!> <Probablemente alguien haya pulsado ya la alarma silenciosa que alerta a la policía.> <Vale, vale,> gruñí. <¡Vámonos!> <¿El que ha entrado en esa tienda de cigarillos era Chapman?> <¿Sabe que fumar es malo para la salud?> ¡Tinkletinkletinkletinkle! ¡La lámina de cristal de la ventana había desaparecido! Aparté un par de cristales rotos que quedaban con mi peluda piel marrón y me metí en el estanco. ¡CRUNCH! El cristal crujía bajo mis patas. Tobias entró disparado detrás de mí, levantó el vuelo, y se cernió sobre el subdirector Chapman. “¡Tseeer!” “¡Aaah!” Chapman intentó atrapar al ratonero de cola roja. Gran error. “¡Ow!” Chapman cayó de espaldas contra un sillón hinchado, del tipo en que se supone que descansan Bruce Wayne y los viejos ricos fumadores. Sus mejillas se abrieron en varia líneas de color rojo brillante. El dueño se inclinó y cogió algo de detrás del mostrador. <No, no lo harás.> Marco le quitó gentilmente un revólver de entre sus manos temblorosas. <¿Fumando y jugando con armas cargadas? Tsk, tsk.> ¡BONK! El tipo se cayó de la sola impresión de que el puño de un gorila se acercara a su cara. Cassie le dio un cabezazo a un indio de madera hasta que se derrumbó, haciendo pedazos un mostrador de cristal con pitilleras plateadas y carteras de cuero. <Ya es tarde para eso,> murmuró. Me aveciné sobre Chapman y le transmití el mismo mensaje que había estado repartiendo todo el día. <Estás acabado,> dije. <Vete a casa, yeerk. A casa.> <Es la hora,> dijo Ax, anunciando que nuestro trabajo había terminado. Otra vez. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] ¡Nosostros mandábamos! El viejo truco del factor sorpresa nos había ido estupendamente. ¡Nos habíamos puesto a la cabeza de la ciudad! ¡Estaba acelerada! ¡Exaltada! Ese había sido mi plan y yo estaba al mando y habíamos pateado traseros de forma tan espectacular como sabía que haríamos. Ahora me resultaba difícil de creer que hubiera dudado de mí misma, aunque fuera por un segundo. Difícil de creer que durante ese lapso me hubiera cuestionado mi habilidad para dar órdenes, liderar, dirigir. Tomar decisiones difíciles en los momentos de crisis. Explotar el talento natural de mis soldados. ¡Estaba hecha para ser un líder! Héroe, guerrero, rey. Todo eso ya lo sabía. El carácter dicta el destino… Después de la tienda de cigarrillos atacamos el Centro de Fitness Fred en la calle céntrica Peach, donde al menos dos de los entrenadores más populares eran controladores. Quizá algún día Kirk y Kristen se repondrían de la vergüenza de que Ax les hubiera cortado los pantalones delante de todas esas clientes pijas e histéricas. Quizá. Dos edificios más allá, irrumpimos en Kinko’s. El jefe era un chico que había visto un par de veces. Ahora iba al instituto local. Un perdedor de diecisiete años que se había unido a La Alianza para conseguir una vida. Lo que había obtenido, en cambio, era un yeerk en la cabeza. Y ahora se había convertido en el Sr. Camino en la Vida, el Sr. Responsabilidad, el Sr. Importo-yo vestido con una patética camiseta larga y una corbata de pinza. Por favor. Pensé que sería interesante hacerle una fotocopia del culo. Enviársela a su jefe. Sacar una segunda copia para el tablón de la sala. Así que lo hice. Mientras los otros destrozaban el lugar y hacían trizas los mecanismos de las impresoras. Oh, sí. Ax hizo algo muy malo con los ordenadores en alquiler. Luego estuvimos en una enorme firma de abogados de tres nombres. Los tres eran los principales proveedores de la nómina yeerk. Los armarios de archivos no se quedan intactos cuando los lanzas desde una ventana en el décimo piso. Como tampoco ocurre con los frigoríficos. A continuación, hicimos una pequeña visita al bufete de la juez Forensik, en el área de seguridad privada del palacio de justicia donde los jueces tienen sus oficinas. Recordaba a la jueza de cuando visitamos la piscina yeerk durante el episodio de la harina de avena. La juez Sally Forensik era, durante la mayor parte del tiempo, una mujer mayor y distinguida. Esa tarde en particular, chillando y gateando bajo su enorme escritorio de arce, con la toga alrededor de las rodillas, no parecía merecer tanto respeto. Justo antes de que saliéramos, Ax dividió el enorme escritorio de juez en muchos escritorios pequeñitos, uno para cada uno de sus trabajadores mal pagados y sobrecargados de trabajo. Fue un acto de pura justicia. Evitamos The Gap y su entrada oculta al estanque yeerk. Un lugar demasiado concurrido, como señaló Tobias. Secretamente, me sentí satisfecha: no me entusiasmaba la idea de destrozar toda esa ropa. Evitamos también la estación de policía. Demasiadas armas. Incluso yo sabía que sería muy fácil que nos mataran. Y ninguno de nosotros quería matar accidentalmente a un verdadero policía humano inocente y trabajador. Ya había sido bastante difícil intentar no herir a los guardas del palacio de justicia. Estuvimos todo el día ocupados con asaltos y alborotos y metiendo miedo a los controladores humanos. Sufriendo heridas ínfimas. Haciendo que Visser Tres quedara mal. Esperando que el inspector estuviera tomando nota. Esperando que captara el mensaje: Visser Tres no ha logrado nada en la Tierra. Podíamos atacarle en cualquier sitio, en cualquier momento. <Vuelve a casa, yeerk. La Tierra nunca será tuya.> Después del asalto a la tienda de hardware de Phil, nos separamos. Dejamos al controlador Phil atado cabeza abajo con dos rollos de cinta plateada. Planeamos encontrarnos a la media hora en el tan aclamado Centro de Consumo que los yeerks habían abierto recientemente. El Centro de Consumo fue el escenario de una de nuestras más peligrosas misiones –encontrar y destruir el rayo anti-transformaciones. Una misión que Tobias no olvidaría –ni podría olvidar aunque quisiera. Nunca se borrará de su memoria, ni de la parte del halcón, ni de la del humano, ni de su misteriosa parte andalita. Durante esa misión Tobias se había convertido en un cebo voluntariamente. Un acto de sacrificio y valor supremo. La experiencia casi le había destrozado. Y a mí me había dado un susto de muerte. Lo que yo más quería era destrozar a su torturador. Ya le había perdonado la vida una vez, a petición de Tobias. Supongo que Tobias es mejor persona que yo. De todos modos, esos recuerdos horribles e imborrables no significaban que pudiéramos dejar de lado este centro de actividad yeek. Especialmente ahora. Supuse que encontraríamos a un buen puñado de controladores de alto rango reunidos allí para analizar nuestros ataques y hacer planes al respecto. Quizá incluso el mismo Visser estuviera presente. No cabía duda de que para entonces ya estaba al tanto, que le habrían alertado del caos que estaban causando los bandidos andalitas. Era un lugar peligroso para atacar –demasiados controladores concentrados en una zona. Y ahí estarían las tropas de asalto hork-bajir. Sería mucho más peligroso de lo que lo había sido lo de asustar un poco a los ciudadanos y darle una paliza a los controladores. No sabíamos exactamente con qué nos encontraríamos cuando estuviéramos allí. Pero sabía que se me ocurriría algo. ¡Yo era Rachel! ¡La heroica guerrera y reina provisional! Tobias se adelantó para hacer un reconocimiento de la zona. Marco se alejó con Ax siguiéndole en forma humana. Cassie y yo caminamos un par de manzanas. Una vez estuvimos seguras de que nadie nos seguía, nos transformamos en pájaros en un callejón mugriento pero bien escondido que habíamos divisado antes. Era como si tuviera un muelle bajo los pies. ¡Tenía ganas de gritar y echarme a reír y saltar sobre un poste y ponerme a dar vueltas en medio del aire! Como Gene Kelly en esa vieja película [i]Singing in the Rain[/i]. ¡Las calles estaban dominadas por el caos! Vale, puede que no tanto como caos, pero desde luego confusión sí. Al menos estaba claro que pasaba algo. Había demasiados coches de policía, moviéndose de un lado a otro sin ningún propósito. Los vendedores cerraban sus negocios antes de lo habitual. Grupos de gente se reunían para hablar de forma apresurada, mirando por encima del hombro con nerviosismo. Intentando prever el próximo de esos extraños ataques. “¡Boo!” Dos hombres con traje se estremecieron cuando Cassie y yo pasamos. “Jeez, Rachel, ¿puedes intentar no llamar la atención sobre nosotras, por favor?,” murmuró Cassie. “Nos hemos separado por una razón.” Pasamos una tienda de electrónica. Ya sabes, estéreos, buscas, móviles, teles. Una de las televisiones del escaparate estaba emitiendo desde la sede de noticias locales. Bueno, desde el nuevo emplazamiento temporal de la sede que había tenido que trasladarse debido a nuestra incursión matutina. “¡Mira! ¡Está hablando de nosotros!” cogí a Cassie del brazo y la acerqué al escaparate. No podíamos oír la voz del locutor, pero las imágenes de los restos de la sede de televisión eran lo suficientemente claras. “Vamos, Rachel,” dijo Cassie. “Podemos ver el reportaje después. Ahora tenemos que movernos.” Solté la mano de Cassie. “Espera un minuto, ¿vale? ¡Quiero ver si salimos destrozando el lugar!” Sí. Sólo unas pocas imágenes segmentadas hasta que las cámaras se caían, y luego nada. Pero después mostraron algo más en un texto a lo largo del pie de la pantalla, en letras medianas de color blanco: Un hombre muerto en el ataque a WKVT. Visitando a su nieto desde Kansas, ha sucumbido a un ataque al corazón. Mi propio corazón se detuvo. No. No. Oh, Dios. No. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Nos encontramos en los densos bosques que rodeaban al Insituto de Consumo y sus patios y áreas de picnic. Aún estábamos transformados en pájaro, sobre todo por seguridad. Bastante alejados los unos de los otros. <Díselo, Rachel,> dijo Cassie mediante habla telepática privada. <Si no lo haces tú, lo haré yo. Pero deben saberlo.> <Lo sé, lo sé,> rugí. <Lo sé.> Marco estrechó sus ojos de águila pescadora y nos miró, primero a mí y después a Cassie. Ax, un aguilucho, era casi invisible desde su posición. Tobias… <Ese anciano,> solté. <El de los estudios de televisión de esta mañana. El que Tobias vio caer. Ha muerto.> <Ha sido un ataque al corazón,> añadió Cassie suavemente. <Es todo lo que sabemos.> Silencio. <Bien, genial,> exclamó Marco finalmente. <Simplemente maravilloso.> <La muerte de ese hombre es algo muy desafortunado. Quizá incluso pudiéramos haberlo evitado. Pero ya no podemos hacer nada para cambiarlo.> Ax. Por supuesto. <¿Tobias?> Me sentí agradecida de que fuera Cassie quien le hablara. Yo no estaba segura de poder hacerlo. Me sentía –incómoda. Parecía muy inquieto. Me dijo que saliéramos del estudio y le dije que no. Me lo estaba pasando demasiado bien. <De momento todo despejado,> informó desde la alta rama de roble en la que se había posado al ser el vigilante más experimentado de nosotros. No comentó nada del anciano. Ni siquiera me miró. Ni dijo que lo sentía –por mí. <Mirad,> dije, enfadada de repente, <no ha sido culpa mía. Todos estuvimos de acuerdo en llevar a cabo esta misión. Nadie ha obligado a nadie. Todos estábamos de acuerdo: golpear con fuerza, meterles miedo, atacar, atacar, atacar. Siento que ese hombre muriera pero…> <Rachel.> Me cortó Cassie. <Nadie ha dicho que fuera culpa tuya.> <Es por lo que no están diciendo,> murmuré. Y entonces me sentí aún más furiosa. ¡Estábamos haciendo un trabajo tan bueno! ¡Y yo era la líder! Era mi responsabilidad. Mi deber. Nadie podía acusarme de no cumplir con mi deber. <¿Sabéis qué?> seguí. <Los yeerks están asustados. Los tenemos justo donde queríamos.> <Bien, vale. ¡Misión cumplida!> me cortó Marco. <No. Aún no. Sólo hay un puñado de gente en el área de picnic. Quizá un subcomité de La Alianza o quizá nuevos adeptos que aún no son controladores. De cualquier forma, no hay nada para nosotros fuera del edificio. Tobias, ¿qué está pasando dentro?> Volvió su intensa mirada de halcón hacia mí. Durante un segundo. <Hay una especie de reunión en una pequeña sala subterránea en la parte de detrás. Un montón de controladores de aspecto severo. Algunos parecen asustados. Otros, más enfadados que otra cosa.> <¿Alguna señal de Visser?> preguntó Marco. <No. Lo que no significa que no esté en el edificio,> dijo Tobias. <Tampoco significa que no esté transformado en uno de los humanos de esa habitación,> señaló Cassie. <O en cualquier otra forma.> <Necesitamos más información. Podría haber hork-bajirs en el establecimiento, escondidos, esperando un ataque,> añadió Ax. <Podría estar el inspector.> Tobias revoloteó un poco y se acicaló las alas. <Estarán esperándonos, anticipando algún tipo de intrusión, al menos. Ya no contamos con el factor sorpresa. Tenemos que tener cuidado.> <No estoy seguro de que este ataque sea siquiera necesario,> añadió Marco. <Ya hemos logrado lo que queríamos, ¿no? Vale, los animorphs dirigen el cotarro. Dejémoslo antes de que algún inocente transeúnte salga herido.> <Dejemoslo para Jake, cuando vuelva pasado mañana,> sugirió Cassie. <¡No puedo creerlo!> grité. <¡No es el momento de retirarse! ¡No es momento de ponernos nerviosos! Entraremos y destrozaremos un poco el lugar. ¡Seguiremos con el plan!> <Vale,> me respondió Marco tranquilamente. <Yo voy. Pero sólo después de infiltrarnos. Sólo cuando sepamos en qué nos estamos metiendo. Sólo si pensamos que estamos asumiendo un riesgo razonable al colarnos.> <Estoy de acuerdo con Marco.> <¿Tú también, Cassie?> deseé ser humana para poder hacer una mueca de disgusto. <Me matáis. Todos los ataques hasta el momento han sido un éxito, ¿y queréis hundirlo todo ahora? ¡Para cuando le hayamos echado un vistazo al edificio la reunión podría haber terminado y haberse ido todos! ¿Y entonces qué?> <Rachel—> <No. Nadie le dice que “no” a Jake,> les desafié. <¿Ahora que soy yo el líder creéis que podéis cuestionarme y amotinaros? De eso nada. Vosotros me elegisteis. Os he dirigido bien a lo largo del día. ¿No es así? ¿No es así?> Otro denso silencio. ¿Jake también tenía que enfrentarse a esos molestos silencios? <Tiene razón,> dijo Tobias. <Nosotros la elegimos.> Más silencio. Al menos nadie salió volando. <Mirad,> dije, con la inevitable descarga de adrenalina que anticipa la batalla sustituyendo a la falta de entusiasmo y apoyo que los otros me mostraban. <Esto va a ser fantástico. La última incursión del día. Haremos vivir a los yeerks una experiencia que nunca olvidarán.> Observé a mi cauteloso grupo de guerreros emplumados. Imaginé una enorme sonrisa y ojos relucientes, el efecto que tiene la adrenalina en mi cara humana. Y dije, <Si estáis tan preocupados, atacaremos con nuestra arma más poderosa ¡Nos convertiremos en osos polares!> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] <¿Te he oído correctamente?> Marco, casi totalmente de vuelta en su forma humana, con la mano arqueada en el oído en un gesto de escucha. “Porque yo no les veo nada malo a nuestras formas de batalla habituales.” “Tiene razón, Rachel.” Cassie, casi humana, de pie cerca de él sobre la aromática tierra cubierta de agujas de pino, aún escondida entre los árboles. “Conocemos nuestras formas. Y nos han ido bien durante todo el día. Nos manejamos mejor con ellas.” “Lo que necesitamos aquí es fuerza, chicos,” dije, intentando evitar el tono defensivo que afloraba a mi voz. ¡Aún discutían conmigo! “Masa. Espectáculo. Entrar a lo grande. Además, queremos enviar el mensaje de que somos muchos.” Sabía que tenía razón. [i]Lo sabía[/i]. Así que esperé y sentí que cada músculo de mi cara se tensaba. Se endurecía en una mueca inexpresiva. Les ofrecí la imagen de un líder decidido e intrépido. Un héroe. Un guerrero. Un rey. No hubo objeciones. Ni de Marco ni de Cassie ni de Ax. Ni siquiera de Tobias. “Entonces, hagámoslo,” dije, finalmente. Transformarse no es bonito. No es racional, ni lógico, ni predecible. Y es incómodo. Aunque la idea en sí suena peor de lo que es en realidad. La piel te pica y se arruga. Los órganos se agrandan o se estrechan. Los huesos chirrían o se ahuecan. Los enormes y voluminosos músculos se adaptan a un estrecho esqueleto que no está preparado para ellos. No es algo muy agradable en lo que pensar pero una vez que el proceso está en marcha, resulta perfectamente soportable. Especialmente cuando no te estás transformando en algo tan asqueroso como una mosca. Esta vez, lo primero en cambiar fue… ¡WHUMPPFFH! ¡WHUMPPFFH! Caí sobre mis patas delanteras. Cada una terminada en un pie redondo que distribuía mi peso como las raquetas de nieve. Cinco dedos y cinco enormes uñas. Muy buenas para girar. Y para atrapar a la presa. Mis piernas traseras, pesadas, achaparradas, se extendieron desde la creciente masa redonda de pelo albino que era mi cuerpo. Mis hombros crecieron. Mi trasero también. Cien. Trescientos. Setecientos. ¡Una tonelada de grasa y músculo y piel, y ni siquiera había alcanzado todo mi tamaño! Era una bestia ártica de mil kilos, el carnívoro terrestre más grande –al menos de hombros para abajo. <Whoa,> dijo Marco, completamente transformado excepto por el pelo que aún surgía de su piel. <Parece que te hayas puesto uno de esos disfraces con una enorme cabeza de quita y pon. Esos que se pasean por los parques de atracciones, aterrorizando a los niños pequeños. Excepto que tú no tienes cabeza.> “Sí, gracias. No lo había notafff…” Y entonces, por fin, mi cabeza empezó a cambiar y a reorganizarse. Desde casi un círculo hasta una forma prácticamente rectangular. La piel rosada se volvió negra y quedó recubierta de los tubitos huecos de color blanco que son los pelos del oso polar. Invernaderos en miniatura, que conducían el calor hasta mi piel negra, que lo absorbía. Mis ojos seguían siendo bastante parecidos a como eran antes, mirando hacia delante. La vista era casi la misma. Mejor que la de mi forma de oso pardo. ¿Y el oído? No era gran cosa. ¡Pero el olfato! Eso era lo asiombroso. Los olores significan comida. Y la comida significa… Carne. Cerca. Justo detrás de esa pared de cemento y ladrillo. Sin problemas. <¿Creéis que habrán pillado algo del McDonalds los de ahí dentro?> Marco, ahora un oso polar completo, movía su cabeza con forma de balón de fútbol de un lado a otro, olisqueando a través de su pequeña nariz negra. <¿Sabeis? Creo que estoy oliendo un Filet-O-Fish.> dijo Cassie. <Siempre he adorado secretamente la hamburguesa Filet-O-Fish…> <Quizá los habitantes temporales de este llamado Centro de Consumo compartan sus grasientas delicias de carne frita con nosotros…> <Uh, chicos,> dije, luchando contra la instintiva urgencia del oso polar de darse un festín . <¿Ax-man? Contrólate. Este no es momento para un tentempié proteíco.> Tobias se puso a caminar, cada paso como el de un humano, con el talón de cada enorme pata tocando la tierra antes que los dedos. <Recordad, todos,> dijo suavemente. <Estos son humanos. Controladores, pero humanos al fin y al cabo. Estamos aquí para asustarlos. No para herirlos. Ni para matarlos.> Me quedé aturdida. ¡Lo decía por mí! ¡Por mí! No necesitaba sus consejos. No necesitaba sus advertencias. Sabía perfectamente que esto sólo era otra misión relámpago. ¡Lo sabía! Durante todo el día, en cada asalto, me había reprimido. Había controlado mis formas. ¡Lo había hecho! No era la responsable de la muerte de ese anciano— <¿Y?> dijo Marco. <¿Vas a decirlo? ¿O lo digo yo?> Vacilé. Pero sólo durante un segundo. <¡Vamos allá!> “¡HHIISSSRRROOOAAARRRWWWW!” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] ¡Estábamos dentro! Habíamos hecho añicos el cristal de la diminuta ventana trasera, llevándonos por delante incluso el yeso de la pared. El marco de madera había estallado en pedazos. ¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco osos polares! Uno detrás de otro, precipitándonos dentro de la habitación desde lo alto, deslizándonos y cayendo sobre un puñado de confiados controladores humanos. Gritaron. Saltaron de sus asientos. Corrieron hacia la puerta. Uno se desmayó. Otro se mojó los pantalones. Genial. Que se asusten. Recogerían lo que habían sembrado. Una buena patada en el trasero. Estaba siendo muy fácil. Le pegué un zarpazo a la silla que levantaba una mano humana intentando defenderse. <Eso por el viejo,> le dije. No creo que me escuchara. Marco se lanzó sobre un grupo de tres controladores y los lanzó cada uno por un lado a lo largo del suelo de linóleo. Ax, Cassie y Tobias corrían, armaban escándalo y lo destrozaban todo, chocando unos contra otros con sus enormes y voluminosos cuerpos y dándose cabezazos contra el techo bajo para aterrorizar a los humanos infestados por los yeerks. Arrancaron la pantalla de video de una pared. Tiraron un podio a través de una ventana trasera. Me eché a reír. Tal como íbamos, el ataque terminaría en seguida. Armaríamos un poco más de estrépito, romperíamos algunos muebles más y nos iríamos. <¡Rachel! ¡Hork-bajir!> gritó Tobias. Giré mi enorme cuerpo para ver la puerta. Las tropas de asalto yeerk. ¿Y qué? Podíamos con ellos. <¡Al ataque!> grité. La adrenalina bombeaba con fuerza en mis venas y me lancé hacia ellos, enseñando los incisivos, con las garras listas. Mis dientes se clavaron en la piel de cuero de un hork-bajir. ¡Cuarenta y dos armas sólo en la boca! ¡Mis enormes garras golpeaban y desgarraban y destrozaban! Mis dos metros y pico de altura me convertían en el ser más grande de la habitación, contando a los humanos y extraterrestres. “¡HHIISSSRRROOOAAARRRWWW!” Le di un empujón a un controlador humano y vi como su cabeza se golpeaba contra el pico de una pequeña mesa. Cayó al suelo inconsciente. A mi derecha, Cassie golpeaba entre sí las cabezas de dos controladores humanos. Parecía una escena sacada de una película vieja, [i]Los Tres Chiflados[/i]. A mi izquierda, Marco y Tobias atacaron a un hork-bajir hasta hacerlo caer al suelo. Ahí se quedó. Delante de mí, Ax lanzó por los aires a un sangrante hork-bajir y le quitó de las manos a un controlador humano el patético cuchillito que empuñaba. ¡Estábamos ganando! Destrozaríamos esa habitación y a sus ocupantes yeerks y saldríamos antes de que nadie pudiera pedir ayuda. ¡Antes de que nadie pudiera darse cuenta la extraordinaria fuerza que los había derrotado! Y entonces el inspector tendría que admitir que Visser Tres había perdido el control y que era un incompetente y… <¡Rachel! ¡Detrás de ti!> ¡ZZZZZZZIIIIIIISSSPPP! ¡Cegadoramente rápido! Un destello azul… El inspector. El Garatron. Tenía que serlo: ninguna otra cosa podía moverse a semejante velocidad. Un destello, y la cabeza de Marco giró en un ángulo extraño. Sus rodillas se combaron. ¡THWAP! Marco cayó entre gemidos. <¡A por él!> ordené. <¡No puedo verle!> gritó Cassie. ¡Qué locura! Tobias se lanzó con su enorme cuerpo contra el inspector. O al menos al lugar en el que había estado el inspector menos de medio segundo antes. ¡Thunk! Tobias caía de boca al suelo. El inspector rodeó a Cassie y comenzó a girar a su alrededor como un sacerdote musulmán bailando. Jim Carrey en [i]La Máscara[/i]. El Demonio de Tasmania en un torbellino alrededor de Yosemite Sam. Era inútil que intentara desagarrar el vacío con su pata, una y otra vez. <¡Cassie! ¡Cuidado!> grité. ¡Demasiado tarde! Mareada de intentar seguir los movimientos circulares del inspector, no pudo reaccionar a tiempo. No pudo esquivar el ataque del brazo armado del hork-bajir que se avecinaba sobre ella. <¡AAAAGGGHHH!> ¡Había caído! El hork-bajir levantó el brazo para atacar de nuevo y desgarrar al oso polar herido. ¡Dos caídos! ¡No! <No, de eso nada, chaval.> ¡Marco! Empujó al hork-bajir desde detrás, y le hizo caer de rodillas, alejándolo de Cassie. <¡OOOWWWRRR!> Un controlador humano al que no había visto acercarse me disparó en la barriga desde bastante cerca. Me había distraído con la exasperante velocidad del inspector y su capacidad de evasión. ¡Este controlador me las iba a pagar! Si sólo pudiera levantarme sobre mis patas traseras… ¡ZZZIIISSSPPP! ¡THWAAAPP! Mi cabeza se sacudió violentamente hacia la izquierda. Podía oír como los huesos de mi cuello crujían y chirriaban. Levanté patéticamente mi pata delantera –y caí al suelo. ¡La habitación daba vueltas! Cuerpos, humanos y alienígenas. Moviéndose. Cayendo. El destello de un arma de fuego. El chasquido de las cuchillas. El rugido gimiente de los osos polares, cada vez más débiles. ¡Tenía que levantarme, tenía que volver a la batalla! Lenta, dolorosamente, levanté la cabeza herida. Y vi la mancha azul detenerse a unos diez metros delante de mí. Hablaba con una criatura azul parecida a un ciervo con una cuchilla en la cola, que estaba de pie al otro lado de la puerta. <Yahevistosuficiente.Tedejoacargodelimpiarestedesorden,miestimadoVisser.> Con una extraña elegancia, el inspector salió a través de la puerta que le había abierto un desfallecido controlador humano. Nos habíamos librado de un oponente, pero ganado otro. No había forma de poder derrotar a doce hork-bajirs aún en pie y a veinte controladores humanos armados. Y a Visser Tres. Y todo en un espacio a penas suficiente para que pudieran caber de pie cinco osos polares. Estaba exhausta. Nunca me había sentido tan agotada e impotente. Y el dolor en el cuello… Quizá era el momento de… ¡Pllaaaammmph! [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Giré la cabeza. ¡Fllooooommph! Visser había empezado a transformarse. En una enorme y horrible –cosa De su orgulloso cuerpo andalita surgían pliegues de piel grisácea. Capas de carne apestosa, una encima de otra, capa sobre capa. Como el pudding vertido sobre un cuenco. La piel con forma de arenas movedizas formó un monstruo de uno, dos, ¡tres metros de altura! Los ojos eran pequeñas pasas. Los brazos y piernas, columnas de fango vertido, de un metro de ancho. Tenía estómago que se movía como una onda y caía al suelo. ¡Y seguía creciendo! La piel rezumaba un hedor asquerosamente repugnante. Como a cloaca. O a cadáver. El poco aire que había en esa pequeña habitación masificada ya estaba contaminado con los olores del sudor y la sangre. La forma apestosa de Visser hizo que respirar fuera casi imposible. ¡Y el calor! Sentía que el cuerpo se me hinchaba Mi piel estaba compuesta de capas de densa grasa y mi abrigo de pelo parecía la pesada manta de plomo que el doctor te pone antes de analizarte el pecho con la máquina de rayos-X. ¡La presión! Me di cuenta demasiado tarde de que el oso polar –un animal que gasta el doble de energía que cualquier otro animal a cualquier velocidad dada – un animal cubierto por capas y capas de grasa aislante – no era la forma apropiada para este trabajo. <Hace demasiado calor. No puedo… no puedo respirar.> <Y, uh, chicos. Yo estoy sangrando de mala manera,> dijo Tobias. <Quizá debimos haber empleado nuestras formas de batalla usuales,> comentó Ax innecesariamente, con voz severa. <Todos somos la misma criatura, no tenemos flexibilidad de medios. Debemos retirarnos.> <Sí. ¡Hacia la ventana!> grité. <Yo entretendré a Visser. ¡Venga! ¡Venga!> <Rachel, no hagas tonterías…> <¡He dicho que salgáis, Tobias! ¡Ahora!> Era vagamente consciente de las enormes formas blancas manchadas de sangre que se dirigían hacia la pared que daba al exterior, arrastrándose sobre una pila de hork-bajir sangrantes. Guerreros muertos o moribundos. “¡HHHSSSRRROOOAAARRWW!” Con toda la fuerza de voluntad que pude reunir me levanté sobre mis piernas traseras. Mi abollada cabeza rectangular miraba a todos lados mientras me acercaba al repugnante y aún creciente monstruo de Visser. Nunca sobreviviría a su ataque. Sólo quedaba una cosa por hacer. ¡Atacar primero! Lancé mi repentinamente débil cuerpo hacia el grotesco monstruo apestoso. Me alarmé cuando no encontré resistencia contra la pastosa masa hedionda de su cuerpo. <¡Estúpido andalita!> se rió Visser. <No podrías ni magullar a esta asquerosa criatura. ¡Tus esfuerzos por herirme son totalmente inútiles!> Retrocedí. Volví a lanzarme de nuevo contra la pila de carne gris y apestosa. Y otra vez. ¡Otra vez! Finalmente Visser acercó una pútrida extremidad y agarró mi cuerpo de una tonelada como un chimpancé que se quita una pulga de la barriga. Y con una húmeda rociada de su asqueroso aliento me lanzó contra la pared más alejada. Choqué contra el yeso y caí al suelo. Mis sentidos se estaban apagando. Me ardían la espalda y las costillas. Sentía la pata izquierda endeble e hinchada. Pero no estaba muerta. Y eso era lo único que importaba. ¡La ventana! ¡En la pared por encima de mí! Un rápido vistazo alrededor de la habitación derruida. Marco, Ax, Cassie, Tobias. No los veía. Bien. Sólo quedaban montones de hork-bajirs y controladores humanos hechos polvo, gimiendo, luchando por ponerse en pie. Ni rastro del inspector. Y la forma repugnante de Visser Tres encogiendo lentamente. Hora de largarse. Me levanté. La cabeza me daba vueltas a causa del esfuerzo. Sentí como un chorro de sangre me bajaba por la frente. Otro pinchazo de dolor -¡terrible!- me recorrió la espalda desde el punto en que mi columna vertebral había chocado contra la pared. La ventana estaba a unos dos metros de altura. El cristal y el marco se habían resquebrajado al irrumpir en la habitación. Con mucho esfuerzo logré ponerme en pie sobre la espalda de un hork-bajir caído. Me levanté. Y con mi último gramo de energía arrastré mi cuerpo destrozado a través del alféizar roto. Y caí sobre el suelo lleno de basura. ¡Estaba fuera! ¡Estábamos a salvo! <¡Marco! ¡Ax! ¡Tobias! ¿Dónde está…?> No terminé la pregunta. Porque la mirada en la cara de Marco, los hombros caídos de Ax, y la forma en que Tobias miraba para otro lado me dieron la respuesta. Cassie aún estaba dentro. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] <Una hora y quince minutos. Setenta y cinco minutos en total.> “Esto es fabuloso. ¡Es perfecto!” soltó Marco llevado por la rabia. “En menos de dos horas Cassie va a estar perdida. En un sentido o en otro. ¿Infestada? Quizá. ¿Torturada? Porque no. ¿Viviendo como una bola de pelo gigante el resto de su vida? Posiblemente.” <Marco.> la voz de Tobias no dejaba entrever ninguna emoción. <Para. Estoy seguro de que Rachel ya se siente suficientemente mal…> “¡Y qué menos!” Marco se giró para mirarme. Bajé la cabeza y las lágrimas empezaron a manar con rapidez. “Genial, Rachel,” me cortó Marco. “El viejo truco de ‘No-seas-malo-conmigo-porque-soy-una-chica’ es patético.” <¡Marco!> ahora Ax. <Es suficiente. Improductivo y suficiente.> Estábamos en el granero de Cassie. Su lugar favorito. Gracias a mí puede que no volviéramos a verla. “Yo… pensé que estaba fuera…” susurré. <Tenemos que enfrentarnos a esta situación,> siguió Tobias. <Si los yeerks infestan a Cassie y la fuerzan a volver a su forma, somos historia. La misión estará acabada. La guerra entera habrá terminado. Puede que ya lo haya hecho.” Marco se mofó. “¿No deberíamos dejar que nuestra nueva intrépida líder decida el próximo movimiento? Hasta ahora se le ha dado muy bien la parte estratégica. Yo, por lo menos, estoy impresionado.” Me sorbí las lágrimas y me sequé los ojos con el dorso de la mano. “Marco…” “¿Sí? ¿Quieres decirme algo?” cruzó los brazos y se me quedó mirando. “Porque no sé si un guerrero tan masculino como tú quiere hablar conmigo. Yo soy el que piensa demasiado. Yo soy el aburrido con complejo de Hamlet. El que dice, ‘Che, Rachel. ¿No crees que deberíamos echar primero un vistazo? ¿Investigar? ¿Prepararnos? Ya sabes, antes de lanzarnos a una muerte segura’.” Vale, ahora estaba enfadada. Lo había estropeado todo por completo. ¿Pero no me castigaba yo misma ya lo suficiente? ¡Por amor de Dios, estaba llorando! Y no es algo que haga muy a menudo. “¡No sabía que el inspector Garatron fuera a estar ahí!”, grité, con los puños apretados. Marco sacudió la cabeza. Como si estuviera indignado. “Sí, bueno, lo habrías sabido si hubieras usado el sentido común.” <Estamos perdiendo el tiempo,> dijo Ax. <Visser probablemente haya llevado a Cassie al estanque yeerk.> Ax todavía no me había mirado. Al menos no directamente. Ni una vez desde que salimos huyendo desde el Insituto de Consumo, y llegamos volando al granero. <Nuestro objetivo está claro.> Tobias estiró y plegó las alas. <Rachel es nuestra líder, Ax. Quizá no estemos muy satisfechos con esa decisión ahora mismo, pero fuimos nosotros quienes la escogimos. Creo que debemos asumir nuestra responsabilidad. Lidiar con ello.> Se me encogió el estómago. Sentí que me helaba por dentro. No era lo que se dice un gran apoyo por parte de Tobias. ¿Pero por qué iba a defenderme? ¿Por qué iba a cargar con mi culpa? Mi comportamiento fanfarrón nos había puesto a todos –a todos- en serio peligro. Probablemente nos había condenado a la muerte. Un anciano, muerto. Cassie… Me estaba poniendo enferma. Me tapé la boca con la mano. No. Contrólate, Rachel. Aquí no. Ahora no. “¡No!” me volví hacia Marco. Tobias. “Ax. Por favor. Mírame.” Lo hizo, dirigiendo hacia mí sus ojos principales. “Yo no soy vuestro líder. Nunca más. No puedo resucitar a ese anciano. Y no puedo deciros que bajéis al estanque yeerk a rescatar a Cassie. ¡No puedo pediros que hagáis nada! La he fastidiado. Yo…” <Rachel. Todos los líderes cometen errores de vez en cuando. No es algo deseable, pero sí una verdad evidente. Tobias tiene razón. Eres nuestra líder. Debes comportarte como tal.> Sacudí la cabeza. “No. Ax…” Tragué con dificultad y miré a Tobias. “Y Tobias. Gracias por tu lealtad. Debe ser duro fingir que tienes fe en mí. ¿Y Marco? Gracias por la honestidad.” Forcé una risa enfermiza. “Es horrible, pero me lo merezco. Pero… voy a bajar al estanque yeerk sola. Es la única forma.” “¿Te estás medicando?” Marco se llevó las manos a la cabeza. “No, de verdad que quiero saberlo. En serio. Pero creo que necesitas revisarte la dosis.” “Voy a ir sola. Es mi última palabra. Mirad, Cassie bajó sola cuando tuvo que hacerlo.” “Cuando el resto de nosotros estábamos totalmente incapacitados,” me cortó Marco. “Era una situación distinta. Ella no tenía alternativa. Tú sí la tienes.” <Sería un suicidio,> dijo Ax. <No imagino al Príncipe Jake aprobando semejante cosa.> “Sí, bueno, Jake no está aquí,” le corté. Incluso en mis oídos sonaba como una niña malcriada. “Y si hubiera estado supongo que nada de esto habría pasado.” <¿Entonces es culpa de Jake?> preguntó Tobias con severidad. <¿Que confiara en nosotros para manejar la situación mientras él estaba fuera? ¿Que te escogiéramos como líder temporal? ¿Que cometieras un error y ahora quieras dejarnos de lado? No sé, Rachel. Quizá realmente no merezcas ser la líder.> Tobias… Culpa. Vergüenza. Una tristeza sobrecogedora. Y rabia. ¿Por qué estaba pasando esto? ¿Por qué las cosas se habían puesto tan mal? ¿Por qué habían fallado todo? Era demasido. ¡Demasiado! No podía… “Abandono. Renuncio. Dejo que Marco sea el líder,” grité, lanzando de una patada una vieja caja de madera contra una pared. Un mapache herido se puso a gemir nerviosamente en su caja. “Es lo que ha querido todo este tiempo. Yo estoy fuera.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] Marco me siguió fuera del granero. “Rachel. Espera.” Lo hice. No sé por qué. Pero levanté las manos, me pegué en los muslos, sacudí la cabeza y solté un rugido. Vino corriendo y se detuvo delante de mí. “No,” dijo. “¿Qué quieres decir con eso de ‘no’? ¿No quieres tener que enfrentarte al caos que he creado?” dije cortante, limpiándome una última lágrima, fingiendo que era una mota de polvo. “Lo entiendo. Es una situación sin salida y tú sólo estás siendo práctico, Marco.” Marco asintió. “Tienes razón. Hay malas perspectivas de éxito. Y soy práctico.” “Las perspectiva siempre son malas. Pero Jake pasa de las perspectivas.” “Sí. Tenemos suerte de tener a Jake. Pero él no está aquí ahora.” “Tu compasión no me está ayudando mucho, Marco.” “Jake nunca huye. Nunca abandona.” “Sí, bueno, bien por San Jake. Tú eras el que no me quería al mando. ¿Por qué no te quedas con tu gran victoria y la disfrutas? Los animorphs son todo tuyos hasta que el Todopoderoso Jake vuelva a casa.” “Mira, yo no puedo liderar. Ahora no. Esta no es mi misión.” “Mira, quizá algún día yo esté al mando. Cuando eso ocurra probablemente la fastidiaré. Como he dicho, incluso San Jake se cansa de vez en cuando. ¿Qué crees que te hace a ti tan especial?” “Con que esas tenemos. Bueno, pues ahora te toca fastidiarla a ti. A mí no me metas.” Marco me cogió del brazo. Yo me solté. Parecía tan enfadado como yo. “Escúchame, tú, loca revienta-centros-comerciales, tenemos una hora y diez minutos para sacar a Cassie del estanque yeerk. Podría ocurrírseme un plan inteligente. Podría funcionar desde todos los ángulos. Podría encontrar la solución perfecta. Pero todo eso lleva tiempo. No tenemos tiempo, Rachel. No tenemos tiempo para un plan inteligente y sutil. Necesitamos algo temerario. Necesitamos algo impulsivo. Necesitamos algo peligroso. Algo fuera de lógica, pura adrenalina, patear traseros, una locura total.” Plantó un dedo delante de mi cara. “Yo habría sido el más adecuado allá en el Instituto de Consumo. Pero ahora mismo te necesitamos a ti. Tenemos una hora para salvar a tu mejor amiga, a la novia de Jake, y a la raza humana al completo. Tú nos has metido en esto, así que ahora sácanos.” Tobias y Ax aún esperaban en el granero. Cerré la puerta tras de mí. Me quedé de pie, con Marco a mi lado, observando la penumbra azul y gris del granero. Era tarde, sobre las seis. Ya llegaba tarde a la cena pero me enfrentaría después a las preguntas de mi madre. Si es que había notado siquiera que estaba fuera, con todo el tiempo que pasaba últimamente en la oficina, trabajando en un nuevo caso importante. “¿Tobias?” Mi voz surgió un poco áspera. “Tenemos que actuar. Ahora. ¿Algo nuevo que debamos saber a cerca de las entradas al estanque yeerk?” Hubo un momento de silencio. Creí haber visto a Ax sonreír, de ese increíble modo en que los andalitas sonríen sin boca. Pero también pude haberlo imaginado. Otro momento de silencio. Tobias dijo, <¿Qué estás planeando—?> Me golpeé la palma de la mano con el puño de la otra. “Estoy planeando sacar a Cassie de allí. Ahora contesta a mi pregunta. Todo lo que sepas de las entradas al estanque yeerk. Ahora.” <Los probadores de The Gap. Los baños del McDonald’s. El túnel del patio del Instituto de Consumo.> “¿Alguna otra opción?” pregunté rápidamente. Tobias ladeó la cabeza y pareció considerarlo. <Posiblemente. Hay un nuevo edificio de oficinas a un par de manzanas del Edificio McQueen, donde fuimos hoy. Lo he estado vigilando desde que empezaron a construirlo, hace unos dos meses. Curiosamente aún está vacío. No lo han alquilado.> “¿Una mala promoción?” se preguntó Marco. <No. Vigilé también la construcción. Había mucho secretismo, pero nadie esperaba que un halcón anduviera husmeando. No soy ingeniero, pero estoy bastante seguro de que los edificios de oficinas necesitan cosas como huecos para las escaleras y los ascensores. Pero en este edificio no había. Y también estoy bastante seguro de que el techo es replegable.> <No es un diseño muy común entre las viviendas terrestres, creo yo,> dijo Ax. <El otro día me pareció ver lo que podría ser un caza Insecto oculto bajando a través del techo. No estoy seguro. Estaba demasiado lejos, pero ya sabes, siempre nos hemos preguntado cómo es que Visser saca y mete las naves espaciales del estanque yeerk. No—> “¿Cuánto queda, Ax?” <Sesenta y cinco de vuestros minutos.> <Puedo estar equivocado a cerca de ese lugar,> dijo Tobias. “Nos llevará media hora llegar allí, y otra media hora infiltrarnos,” dijo Marco. “Si es una tapadera yeerks, estará vigilado. Y ahora aún más. Entonces nos hará falta tiempo para llegar al estanque yeerk, encontrar a Cassie y largarnos. No lo veo. No en sesenta y cinco minutos.” “Un caza Insecto no puede tardar tanto tiempo,” dije. <Nosotros no tenemos un caza Insecto,> dijo Ax. Respiré profundamente. Tenía una idea terrible. Una idea suicida. Le lancé a Marco una media sonrisa. “¿Quieres una locura? Pues la vas a tener.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] “Vale, Rachel. Esto [i]es[/i] una locura. Quiero decir, una locura de verdad. ¿Cómo vamos a arreglárnoslas para meternos en ese avión sin que nos disparen o seamos devorados por pastores alemanes?” Vale, la situación pintaba un poco desalentadora. El Morgan Airport, una pista para aviones pequeños, corporativos o privados. Aunque el sol aún no se había puesto, las luces blancas demasiado brillantes iluminaban las pistas de aviación, lo que significaba que no había oportunas sombras en las que escondernos. Terreno abierto, llano, sin escondrijos naturales. Vallas altas, de esas que podrían causar un desagradable daño a cualquiera que intentara escalarlas. Y si una descarga eléctrica no detuviera al intruso, el tramo de alambre de espino lo haría. Eso, o uno de los perros guardianes de cuarenta kilos especialmente entrenados. Había guardas humanos apostados en cada puerta. Con las armas en las pistoleras a la altura de la cadera, pero con aspecto perezoso y gafas de sol –detrás de las cuales estaban probablemente dormitando. Pero teníamos que hacer suposiciones arriesgadas. Al menos por el momento. Todas estas medidas de seguridad para proteger los aviones privados de los ricos y los famosos. Y estábamos a punto de secuestrar uno. Me pregunté si los dueños tendrían seguro. Y luego divisé el logo corporativo del avión que habíamos escogido. Y en el que había a su lado. Philip Morris. Oh, sí. Los dueños de esas preciosidades tenían seguro. Muchos seguros. Me encogí de hombros. “No hay tiempo. Ticktock. Volvemos a lo básico: intentaremos hacerlo deprisa.” “Sabía que ibas a decir eso.” Marco se volvió hacia Ax y Tobias. “Sabía que iba a decir eso.” “A la de tres, chicos. Uno. Dos. ¡TRES!” ¡Salimos corriendo! Escalamos la primera valla, mis dedos intentaban aferrarse, metiendo y sacando los deportivos a la fuerza de los huecos demasiado pequeños de la valla. No hubo descarga eléctrica, pero sí bastante alambre de espino en la parte más alta. Nos tiramos por encima de las espirales puntiagudas y caímos al suelo por el otro lado. “¡Owowow!” Menos mal que llevábamos vaqueros y camisetas –cosas que guardábamos en el granero de Cassie para las emergencias- contra el frío aire de la noche. ¡Corrimos por la pista de asfalto! ¡Deprisa! Era extraño correr como humana. Había pasado mucho tiempo desde la última vez. “¡Ey! ¡Vosotros, niños! ¡Quietos!” “¡ROWROWROWROW!” Miré por encima de mi hombro para ver a dos pastores alemanes a los sujetaban por la correa, intentando liberarse para hacer aquello para lo que los habían entrenado. ¡Atrapar a los intrusos! Aceleré aún más. Nuestros deportivos chocaban contra el suelo como manos aplaudiendo demasiado rápido y demasiado fuerte. Ahora era una auténtica carrera. “¡He dicho que os detengáis en nombre de la ley! ¡O soltaré a los perros!” “¿Tiene alguien algún tentempié de hígado?” jadeó Marco. “¡Perritos bonitos!” “¡Ya casi estamos! ¡Venga!” Me lancé desesperadamente por el pasamanos de la escalera retráctil y salté al primer escalón. Un mecánico apareció justo debajo de mí, un tipo estúpido con una herramienta en la mano. Debía de haber salido de debajo del avión. “¡Ey, chiquilla! No puedes…” Le lancé una mirada a su cabeza calva. “Oh, sí. Puedo.” Se acercó corriendo al pasamanos para cogerme. Me giré y le esquivé. Subí a toda prisa y alcancé la puerta del avión, con Marco, Tobias y Ax justo detrás de mí. “¡ROWROWROWROW!” “¡A dentro, a dentro, a dentro!” grité empujando a Ax –que estaba teniendo problemas con las escaleras- a través de la estrecha abertura. Las escaleras empezaban a replegarse y la puerta se cerraba… ¡SLAM! “Gracias, Rachel. Las piernas humanas son muy inestables…” “Después, Ax. Vigila a los guardas.” “Podría acostumbrarme a esto,” dijo Marco mirando a su alrededor el elegante interior del avión. “No hay problema. Cómodos asientos de cuero. Monitores de vídeo de doce pulgadas. Hermosas mujeres sirviendo… ey, ¿dónde están las nenas?” “Calma, chico,” le corté. “Tobias, asegúrate de que la puerta está bien cerrada. Que resista. Ax, ¿puedes hacer volar esta cosa?” “Sin duda. Pero primero volveré a mi forma para prepararme para despegar en el momento apropiado…” “Rápido, si puede ser,” murmuró Marco. Gruñí. “No me estáis ayudando.” “Yo sí,” dijo Marco de repente, volviendo de una ventana en el lado más alejado del avión. “Te informo de que hay unos, oh, diez tipos con armas y porras, preparados para darnos una paliza. Cuando logren entrar aquí, claro.” <Estoy listo, Príncipe –bueno, estoy listo.> Ax estaba de pie en la pequeña cabina del piloto, con sus cuatro patas apuntaladas firmemente, y empezó a tocar interruptores del panel de control con sus ágiles dedos. MMMrrrr… El mecanismo se puso en marcha. Ax movió una palanca de control hacia delante y el avión comenzó a rodar por la pista. “¿Estás seguro de que comprendes el concepto de despegar, Ax?” preguntó Marco nerviosamente. Ax giró sus ojos móviles y le lanzó a Marco una mirada de desdén. <Imagino que seré capaz de comprender esta altamente sofisticada tecnología humana,> dijo secamente. El avión ganó velocidad. Ax lo condujo a lo largo de la pista de rodamiento y volvió a la pista principal. ¡Pero aún así parecía que íbamos muy lento! “¡Ax! ¡Los guardas se nos van a adelantar! ¿No puedes…?” Ax giró en la pista y le pisó al acelerador. ¡Al fin algo de velocidad! De pronto… <¡Ax! ¡Cuidado!> ¡Un ciervo! ¡Había saltado de entre los árboles de la derecha! ¡Demasiado rápido, demasiado cerca para que Ax se detuviera! ¡El ciervo se detuvo a unos veinte metros de nosotros, con los ojos brillando en la noche, atolondrado por las luces del avión, ignorante de los gritos de los hombres y los desesperados ladridos de los perros! Szwoooosh… Ax viró en la pista y el avión siguió rodando por el campo de hierba. Esquivamos al ciervo— ¡pero pocos pasos! ¡Por centímetros, parecía! “¡Excelente salida, Ax!” grité mientras volvía a guiar el avión hacia el asfalto. <Gracias, Rachel,> respondió con voz tensa. <Pero me preocupa que esta táctica evasiva nos cueste la velocidad necesaria requerida para hacer despegar el avión del suelo al final de la pista.> <Se están acercando mucho,> nos advirtió Tobias. <Y tienen una furgoneta de seguridad.> Había vuelto a su forma y estaba posado en el respaldo de uno de los dos asientos de pasajeros. “¿Tenemos alguna oportunidad, Ax?” grité. <Existe una pequeña oportunidad de que pueda despegar. Pero si fallo…> Les lancé una mirada rápida a Marco y a Tobias. Marco asintió con la mirada oscurecida. Tobias… sus inescrutables ojos de halcón no mostraban emoción alguna, pero yo lo entendí. “¡Hazlo, Ax! ¡Vamos allá!” Más rápido, más rápido, más rápido. El motor se oía cada vez más. Los árboles pasaban a toda velocidad, como manchas… Me agarré al respaldo del asiento del piloto, con los nudillos blancos. ¡Sí! <Hemos despegado,> dijo Ax con calma. Me sequé la frente con la mano, limpiándome el sudor. Estaba nerviosa. Emocionada. Agradecida. La misión de rescate seguía en marcha. Nos elevamos. Ganamos altitud y velocidad. Más alto. Más rápido. Sobre las tierras anónimas, las afueras, y la ciudad en la que vivíamos. Hacia la nueva Beane Tower. Y el estanque yeerk. Y Cassie. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Más alto. Más alto. Y más rápido. El cielo oscurecía lentamente su color azul. El corazón me latía con fuerza en el pecho, un latido por segundo. Ticktock. El tiempo de Cassie se acababa. ¡Nuestro tiempo se acababa! Al fin -¡al fin! Alcanzamos los veinte metros en el aire, por encima de la Beane Tower. “¿Listo, Ax?” le pregunté. <Estamos en el lugar correcto.> “¿Todo el mundo listo? Marco, empieza a transformarte.” “He cambiado de opinión,” dijo. “Todo eso que decía a cerca de que necesitábamos cometer una locura. Es que tenía poco azúcar en sangre.” “Marco. Hazlo.” <Es el momento,> dijo Ax. <¿Recuerdas las instrucciones que te di?> “Sí,” dije. “Las tengo.” Szwooooosh… “Dios…” ¡Un picado de noventa grados! ¡La nariz hacia abajo, precipitándonos hacia el techo de la Beane Tower! Un techo que ahora mismo parecía muy sólido. “¡Vale, Ax! ¡Dame la señal de salida!” grité por encima del rugido de los motores y del azote del viento. “¡Transformaos! ¡Luego saltáis los tres!” <Rachel…> “Está todo bien, Tobias,” dije. “Estaré bien.” Ax se arrodilló y hundió sus débiles dedos andalitas bajo la moqueta del avión todo lo que pudo. Con sus débiles brazos andalitas se esforzó en llevar su pesado cuerpo hasta la puerta. Y con sus fuertes piernas más musculosas se arrastró hacia delante. Luchando para no caerse, Ax tiró de la puerta y casi cae al vacío cuando las ráfagas de viento empezaron a azotar el interior del avión. Me esforcé en mantener los controles estables hasta que los otros saltaran. En evitar que mi cuerpo saliera volando de su asiento al feroz vacío. En evitar darme de cabeza contra el cristal del avión. Era vagamente consciente de que Ax se encogía para transformarse en aguilucho. Y de ver a un águila pescadora y un ratonero de cola roja entregándose al enorme poder de succión del viento, y dejándose llevar fuera del avión. Y luego, finalmente, me di cuenta violentamente de que estaba sola en la avioneta, cayendo en picado con el viento hacia lo que parecía un objeto muy muy sólido. ¿Realmente esperaba que el techo se replegara por mí? ¿El enemigo? Tenía que conducir la avioneta hacia abajo. Ax lo había dejado bien claro. El piloto automático sería inútil. Tenía que esperar, esperar, hasta que ese techo rectangular pareciera ocupar todo mi campo de visión, hasta que no hubiera manera de errar el blanco, hasta… ¡Transfórmate, ahora! Águila calva. En cuanto lo pensé, dejé de agarrar con fuerza los brazos del asiento del piloto. ¡SMASH! Me había preparado, pero me sorprendí chocando contra la pared y luego contra el asiento del pasajero. ¡SMASH! Ignoré los cardenales y me dejé arrastrar hasta la puerta abierta. ¡Sí! Lo había conseguido. Me solté y mi cuerpo aún humano cayó del avión. ¡Qué locura! Vi con mis ojos llorosos y maltratados por el viento que la avioneta parecía ir más lenta –luego más rápida- y caía por debajo de mí. Sabía que mis amigos tenían que estar aún más por debajo, observándola. Los motores aún rugían. Sentía el latido ardiente de la corriente de aire. ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! ¡Caía de cabeza! Las piernas se me arrugaron, encogiendo para convertirse en las poderosas garras afiladas del cazador. ¡Demasiado lenta! Pánico… [i]¡Lucha, Rachel! ¡Tú eres el héroe, el rey guerrero! Puedes hacerlo. ¡Tienes que hacerlo![/i] Esto es lo que eres. <¡Rachel!> ¿Me había llamado alguien? Caía, caía… Y luego sentí las cosquillas a lo largo de mis brazos, de mis piernas, de mi espalda. El cosquilleo que seguía al tatuaje de plumas que se estaba dibujando en mi piel. Un tatuaje que cubriría todo mi cuerpo y entonces… ¡se levantaría en tres dimensiones! ¡Pero una humana con plumas no podía volar! Una humana con plumas se estrellaría… ¡BOOOOMM! ¡La avioneta impactó finalmente! Chocó contra la Beane Tower y quedó destrozada contra el techo que al final no se había abierto. La avioneta explotó con el impacto, abriendo un enorme agujero a través del techo. ¡Whooooosh! ¡Una bola de fuego! De unas proporciones tan impresionantes que yo, a medio transformar y aún cayendo, precipitándome a través del aire, no pude evitar ver, oír, sentir. ¡Una enorme explosión después de otra! El aire a mi alrededor resplandecía como la superficie de un lago brumoso y ondulante. Y yo caía, ¡caía hacia el infierno! Ahora era una humana emplumada con la aguda vista de los ojos del águila. Para ver mejor como se acercaba mi propia destrucción… “¡Ahhhhhhhh!” ¿Había gritado? ¿O lo había hecho en mi cabeza? ¿Y qué importaba? ¡El techo destrozado, tan cerca! Pedazos de metal dentado y cristales rotos, apuntándome en ángulos disparatados. Todos alrededor de la zona de impacto. Como dientes harapientos y peligrosos, rodeando la enorme bocaza de una bestia. ¡Y las llamas! Aún estaba transformándome… ¿Era más ligera ahora? ¿Se habían ahuecado mis huesos? La velocidad, la presión, los restos del choque, el… <¡Ahhhhhhh!> ¡ZWHOOOP! ¡Pasé por en medio! ¡Por en medio del tremendo agujero que hacía poco había sido un techo! Seguía la estela de la feroz caída de la avioneta. Tenía las plumas chamuscadas, los pulmones llenos de humo, ¡pero estaba viva! [i]¡Transfórmate, Rachel! ¡Termina la transformación![/i] ¡Demasiado rápido! ¡Caía demasiado rápido! Me estrellaría contra la avioneta, retorcida y destrozada por debajo de mí. ¡Sé águila! Más y más abajo a través de una, dos, ¡tres plantas del edificio vacías! Tobias tenía razón. No había inquilinos. No había plantas ni paredes divisorias, ni los huecos del ascensor o las escaleras, tampoco. Sólo un agujero hueco. Un túnel que bajaba hasta… ¡Cuatro, cinco, seis plantas! ¡Sí! ¡Alas! Mi cuerpo aún era demasiado grande, aún no enteramente un águila, pero… Abrí las alas, me impulsé contra la fuerza succionadora del camino abierto por la avioneta, luché… ¡Siete, ocho plantas! <¡Ahhhhhh!> ¡BOOM! [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] ¡BABOOOM! Los restos del avión atravesaron el techo o una ventana de cristal o algo así. Los seguí. <¡Aaaahhh!> ¡Me lancé a través de la abertura! ¡El avión caía, en espiral, desde el techo de la enorme cúpula del estanque yeerk! A través de la ensordecedora ráfaga de sonido que acompañaba a la avioneta que caía pude distinguir los horrorosos gritos de los huéspedes involuntarios. Un llanto demasiado familiar. “¡GHAFRASH! ¡CUIDADO!” Oí los gritos atónitos y aterrorizados de los controladores hork-bajir. A penas podía verlos conduciendo a los huéspedes y recogiéndolos del borde del estanque de color plomizo. Lejos del avión… ¡SPLOOOOSSHHH! ¡SZZZZZZZZZ! ¡Directo al estanque! El cuerpo aún ardiendo de la avioneta se hundía en la superficie gris de sus aguas. Desapareció durante un momento. El contenido del estanque se derramaba, se desbordaba y se revolvía, escupiendo pedazos de metales retorcidos que se balanceaban sobre la superficie viscosa y embravecida. ¡Cientos, quizá miles de yeerks estaban en ese estanque! ¿Cuántos habían muerto? ¿Cuántos acababan de ser asesinados? ¡Arriba, Rachel! ¡Arriba! Me preparé, saqué las garras e intenté detener la fuerza de la caída. ¡Sí! Ahora era un águila completa. Me concentré. Agité las alas y planeé sobre la situación de pánico que se había montado en el enorme complejo subterráneo. En medio de la confusión, nadie pareció notar la presencia de un pájaro terrestre. Los huéspedes involuntarios estaban siendo introducidos en las jaulas. Los huéspedes voluntarios, cuyos yeerks se encontraban en ese momento en el caldero que era el estanque yeerk, fueron confinados junto con sus hermanos y hermanas. Por si acaso. ¿Pero dónde estaba Cassie? Mis agudos ojos de águila se movieron rápidamente de derecha a izquierda. Volé más alto, vigilando el estanque, los edificios… los dos muelles de infestación de acero. Y la encontré. Una enorme bestia de color blanco, con el pelo enmarañado y manchado de sangre líquida y coagulada. Su cabeza colgaba a un lado. Tenía atadas las patas del tamaño de árboles. Y estaba rodeada de tres guardias hork-bajir, uno de los cuales sostenía una cuchilla a la altura de su cuello. ¡No había tiempo que perder! Incluso con el estanque yeerk sumido en el caos, Visser Tres ordenaría que forzaran al bandido andalita a ser infestado por un yeerk de inmediato. Le obligarían a transformarse. Harían que lo revelara todo… ¿Cuántos minutos le quedaban a Cassie para transformarse? Había perdido la cuenta. ¿Quince? ¿Cinco? ¡No había tiempo de buscar a los demás! ¿Habían sobrevivido siquiera atravesando el agujero ardiente y dentado que una vez había sido un techo? ¿Habían sobrevivido a las llamas y a la presión de las ráfagas de viento…? <¡Cassie! Soy yo. ¡Aguanta!> Sólo un sutil movimiento de su cabeza caída por toda respuesta. Suficiente para que lo detectaran mis agudos ojos de águila. No lo suficiente para alertar a sus guardas hork-bajir. ¡Un ataque sorpresa! ¡Un águila calva contra quién sabe cuantos guerreros yeerks! La adrenalina invadió mi cuerpo y mi mente y mi alma. Era una locura. ¡Era necesario! Descendí en picado, con las garras listas. ¡Dispuesta a matar! ¡Swooosh! “¡Raaahhh!” Desgarré los ojos del guarda que sostenía la cuchilla contra el cuello de Cassie. Inmediatamente cayó sobre sus rodillas, con la sangre borboteando de las manos con las que se tapaba la cara. <¡Rachel!> ¡Al ataque! De nuevo las garras extendidas. Otro hork-bajir menos. Quedaba uno. ¿Qué estaba haciendo Cassie…? ¡Genial! Se estaba transformando lentamente y con cuidado. Controlando el proceso de transformación como sólo Cassie puede. Encogiendo, sólo lo suficiente para librarse de las cuerdas y cadenas que la tenían atrapada e incapacitada. Libre de las cadenas que inmovilizaban sus patas, las lanzó al turbio estanque yeerk. Cogió un pedazo sobrante con su garra delantera. Ahora estaba revirtiendo la transformación. ¡Volviendo a su peso completo! ¡Dos metros de impresionante oso polar! Una fuerza –y furia- más allá de lo imaginable. Cassie cogió la pesada cadena que rodeaba su cabeza “¡HSSSSROOOAAARRR!” ¡Sí! ¡THWUUMP! El tercer hork-bajir, que se mantenía en pie después de sobrevivir a mi ataque, había caído. Cassie cayó sobre sus cuatro patas y yo aterricé sobre su extensa y fuerte espalda. <¿Sorprendida de verme?> pregunté. <¿El cielo cayendo, llamas por todas partes, y yeerks buscando cubierto? ¿Quién más podría haber sido a parte de ti?> Mientras caminábamos a lo largo del muelle de infestación, oímos los ruidos sordos y estrepitosos de enormes pies con garras y el tintineo de las cuchillas, hasta que finalmente distinguimos a los cinco hork-bajir que se acercaban. ¡SWAAAP! ¡SWAAAP! Echaron al hork-bajir sangrante y ciego fuera de su camino. <¿Cuál es el plan, Rachel?> <Detenerlos. De alguna forma.> ¡Estaban cada vez más cerca! Entonces el hork-bajir que lideraba a los demás se detuvo. Unos pocos metros más y lo único que tendrían que hacer sería empujarnos del muelle, hacia el interior del estanque yeerk. Fácil. ¿Por qué tendrían que precipitarse? <¡Vete, Rachel!> dijo Cassie con premura. <Lárgate. Yo lucharé contra ellos como mejor pueda.> <¿Y luego qué? Te quedan menos de diez minutos en esa forma, Cassie,> supuse. <A partir de entonces serás un bicho esquimal para siempre. No. Voy a salir de aquí y voy a llevarte conmigo. Vamos a salir de ésta. Hallaremos la forma.> [i]Si quieren atrapar a alguien[/i], pensé, [i]que me atrapen a mí. Y luego haré lo que tenga que hacer. Lo que sea.[/i] Pero ahora… ¡Casi al alcance de la mano! Me preparé para ponerme en acción. Bajo mis garras sentí como los músculos de Cassie se tensaban y preparaban, listos para cargar. El líder de los guardas hork-bajir levantó el brazo en el blandía una cuchilla y… <¡Alto!> ¡Habla telepática! Enormemente poderosa. Atronadora. Sólo podía pertenecer a una persona. Visser Tres. Los cinco hork-bajir se detuvieron y se quedaron como congelados. Y luego la terrible voz otra vez. <Sois muy afortunado de estar aquí hoy, inspector. ¡Hemos capturado a otro traidor andalita para vuestro entretenimiento!> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] <Mal rollo.> <Sí,> asintió Cassie. CLOP CLOP CLOP CLOP Vimos a Visser en el extremo más alejado del estanque. A su lado –de pronto, como por arte de magia- apareció el inspector. Era criatura extraña, distorsionada, más rápida que la velocidad del sonido. Por alguna retorcida razón, era la causa de que Cassie y yo estuviéramos atrapadas aquí. Dos extraterrestres de cuatro patas y piel azulada. Posiblemente sólo relacionados por el hecho de que cada uno de ellos era un esclavo –quizá ambos involuntariamente- de un yeerk. <Mi querido Inspector, quizá le agradaría disponer del honor de matar a esta escoria andalita por nosotros. Espere. Tengo una idea mejor.> Visser Tres se quedó en silencio y giró sus ojos móviles para mirar despectivamente a su compañero. La enemistad entre los dos era palpable, inconfundible. <Como parece creer que es muy fácil la tarea de eliminar a estos enemigos del Imperio Yeerk,> continuó Visser, <le desafío a que destruya a estos dos patéticos ejemplares. Aquí mismo. Y ahora.> Movió un brazo como abarcando todo el estanque. <Creo que podría servir de inspiración a nuestros hermanos yeerks.> <Mataraestaspatéticascriaturasterrestresnoesundesafíoparaunacriaturaconlavelocidadyladestrezadeungaratron,> contestó el inspector. <¿Rachel? Quizá ahora no sea el momento de preguntarlo, pero — ¿los demás están contigo?> <Tienes razón,> dije, con todos los músculos del águila en tensión y mi aguda vista alerta, centrada en el inspector, esperando poder anticipar un movimiento. <Es un pésimo momento para preguntarlo. Y la respuesta es que no lo sé.> Visser Tres se rió entre dientes. Un sonido muy inquietante. <¡Mi querido Inspector! ¿Estás diciendo que declinas mi desafío? No lo entiendo. Me reprendes por no haber tenido éxito en mis constantes intentos de dominar a los bandidos andalitas. Y ahora, cuando se os ofrece la oportunidad de hacerlo personalmente, ¿rehusáis? Me preocupa que deba tomar su negativa como un reconocimiento de que…> <Aceptotudesafíoquenisiquieraesundesafío,> le cortó el inspector. <Cassie, prepárat—> ¡ZZZIIISSSPPP! Una mancha pareció dispararse a través del aire sobre el estanque yeerk. ¡La criatura corría sobre el agua! ¡Whoooosh! ¡THUUWMPF! <¡Aaahh!> ¡Me había tirado al suelo! Lanzada fuera de la espalda de Cassie por la velocidad de un latigazo del Garatron, ¡antes siquiera de haber podido despegar! Caí de espaldas. Estaba un poco aturdida. Agité las alas frenéticamente contra el muelle de acero, intentando levantarme. ¡Whooooosh! ¡Whoooosh! El inspector daba vueltas y más vueltas alrededor de Cassie, en un círculo que se estrechaba y luego se ensanchaba. Cerca y lejos, cerca y lejos. Asombrosamente preciso y seguro en el estrecho muelle. Cassie, enorme y repentinamente impresionante comparada con su adversario, golpeaba y atacaba al aire con sus inmensas patas. ¡Pero no lograba acertar más que al aire! Se levantó sobre su peso completo y cogió la larga cadena sobre su cabeza— ¡FWUPFWUPFWUP! — ¡y la soltó! ¡SPUH-LOOSH! ¡Dentro del estanque yeerk! <¡Rachel! ¡No puedo alcanzarle!> ¡Whoooosh! ¡Whoooosh! Cassie golpeó el aire de nuevo. Falló. Cayó sobre sus cuatro patas, giró su enorme cuerpo y— <¡Aaahh!> ¡Su pierna trasera derecha se resbaló del borde del muelle! Consiguió volver a subir, con una pata húmeda y manchada por el denso líquido gris. <¡Yo me encargaré de él, Cassie! ¡Mantenlo ocupado!> Había vuelto a ponerme en pie. El aire no era muy apropiado para volar –para ganar altitud y elevarme lo suficiente para lanzarme en picado y atacar. ¡Pero tenía que intentarlo! ¡Era un águila calva! ¡Un ave de presa que podía divisar peces chapoteando debajo de la superficie de un río o un lago de cientos de pies! Un pájaro que podía lanzarse a por ese pez en pleno nado –un blanco móvil- y atraparlo, aún vivo y retorciéndose, en la poderosa presa de mis garras. Agité las alas –con fuerza, con más fuerza, con más fuerza aún. Lancé mi cuerpo hacia arriba con todas mis energías, obligándome a ascender. Me elevé sobre la superficie revuelta del muelle de acero donde el inspector aún estaba rodeando a Cassie frenéticamente, incansable, casi creando un torbellino en el húmedo aire. Disminuía la velocidad sólo cada pocas vueltas y durante menos de media fracción de segundo para azotar a Cassie con su poderosa cola. Una cola que estaba empezando a dejar profundas y sangrantes cicatrices en la ya herida piel del oso polar. Me alcé en el húmedo aire que olía a moho y tierra. Vi que alrededor de nosotros, cercando el muelle y el estanque como hacían los romanos con los gladiadores, estaban los controladores observando como el inspector destruía a mi mejor amiga. Controladores liderados por Visser Tres. El mal emanaba de su cuerpo andalita robado, como el nauseabundo hedor de la leche cortada. Me hizo enfurecer. Mucho. Había alcanzado laltura suficiente, quizá a unas pocas decenas de metros sobre Cassie y el Garatron. Ningún rayo Dragón atravesó el aire para detenerme. Obviamente, Visser no quería interferir en este interesante evento. Esta lucha cuerpo a cuerpo iría hasta el final. Durante un segundo me pregunté por quién apostaría –por su némesis, el inspector, o por los bandidos andalitas. [i]Política[/i], pensé con disgusto. Escogí a mi presa. El blanco móvil. La vaga mancha azul que estaba amenazando a mi amiga y haciendo las vidas de los animorphs muy difíciles. Me lancé en picado. Más cerca… más cerca. No podía… ¡allí! Me ladeé un poco… no… ¡Gira, gira! ¡Las garras preparadas, las enormes patas emplumadas estiradas y ansiosas! Lo tenía… <¡Aaahhh!> <¡Rachel!> ¡WHUMPF! ¡Me alcanzó! Caí sobre el muelle, con el cuello retorcido y desgarrado y el ala izquierda doblada hacia atrás. ¡Rodaba hacia el borde! Conseguí detenerme pocos centímetros antes de caer. Había fallado; con suerte le habría hecho un rasguño al inspector en su elegante cabeza Garatron, quizá ni siquiera eso. No podía… Yo era el héroe. El guerrero. El rey. ¡Y no podía derrotar al enemigo! No podía salvar a mi mejor amiga. No podía… “¡Tseeeeer! ¡Tseeeer!” <¡Tobias!> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] “¡Tseeeer!” ¡Sí! Desde el arqueado techo del enorme espacio subterráneo del bastión yeerk… Desde lo que parecía ser el mismo centro de la alta cúpula, atravesando las vigas de carga de acero, cayendo, cayendo y esquivando los enormes montones de escombros… entró en juego la caballería. Un ratonero de cola roja. Un aguilucho. Y en las garras del halcón y el aguilucho — ¡una cobra! Rápida, flexible, increíblemente fuerte. Un cuerpo que no era nada más y nada menos que un largo y poderoso látigo. Un látigo y una boca que contenía colmillos y unas bolsas de veneno mortal. En cierta manera la forma perfecta para Marco, cuando te paras a pensarlo. El Garatron se detuvo en seco, a salvo como estaba al final del muelle. Fuera del alcance del águila calva herida y del aturdido y sangrante oso polar. <¡Aha!> Visser Tres. <Parece que llegan unos pocos bandidos andalitas más,> se mofó. <¿Se siente en condiciones de continuar con el desafío, Inspector?> <DeberíasllamarmeConsejero.> <Oh, lo haré, puedes estar seguro,> dijo Visser, con tono tirante, la voz marcada por la falsa emoción. <Me sentiré honrado de llamarle Consejero una vez haya matado –eliminado completamente- a estos molestos traidores de la causa yeerk.> Con un débil brazo andalita, Visser hizo un gesto de magnificencia. Muy dramático. Una burla. <Prometo por las vidas del Concilio de los Trece,> siguió, <que la gloria de la muerte de los bandidos será suya. De hecho, le estaré tan agradecido si tiene éxito en esta misión en la que he fracasado tan miserablemente, que renunciaré voluntariamente a mi posición como Visser Tres, líder de la invasión terrestre, y le ofreceré mi considerable respaldo para que ascienda al Concilio.> El inspector no dijo nada. <Porque logrará matar a los bandidos, ¿no, Inspector?> dijo Visser, con voz repentinamente grave y cruel. “¡Tseeeer!” El inspector miró hacia arriba. Se asentó sobre sus cascos y pareció entrar en tensión cuando vio a las tres criaturas terrestres tan cerca, a sólo unos metros por encima de su cabeza. Me levanté una vez más. Observé como Tobias y Ax liberaban a su peligrosa carga —¡demasiado lejos del Garatron! El Inspector no se movió del sitio, sino que se quedó mirando a la criatura que se retorcía. La descartó como poco importante y volvió a dirigir la mirada hacia arriba. Observó a Tobias que aleteaba frenéticamente para ganar algo de altura, y luego regresaba, girando trabajosamente y con las garras preparadas, a por el inspector. El Garatron se movió, quizá sólo un centímetro o dos, pero tan sorprendentemente rápido que Tobias falló. Dio la vuelta y volvió a intentar ganar altura. <¡Ax! ¡Date prisa!> grité. ¡Hork-bajir! No había oído que Visser diera ninguna orden pero los hork-bajir, diez o quince, se acercaban al Garatron desde donde habían estado reunidos alrededor de las jaulas de controladores humanos. Para ayudarle o… por un momento me pregunté para qué. Pero la atención del inspector estaba centrada en Ax, que volvía a su forma andalita. Y luego, hacia arriba, al pájaro que chillaba y le atacaba… <¡Ow! ¿Estos tíos no se cortan las uñas?>gruñó Marco, evitando con cuidado las pisadas de los hork-bajir que corrían. Luego, se acercó decididamente… <¡Apunta bien, Marco!> grité. <Sip, no había considerado esa opción…> ¡ZZIIISSSPPP! El Garatron había vuelto a la acción. Se alejó del alcance de Marco. Comenzó a girar frenéticamente alrededor de Ax. ¡Fwapp! ¡Fwapp! ¡Fwapp! Ax fallaba todo los ataques. <Mantenlo ocupado, Ax-man,> le ordenó Marco. Se deslizaba, se enroscaba. Se desenroscaba, se retorcía. Siempre hacia delante, lento pero seguro. La cobra avanzaba silenciosamente alrededor de los guardas hork-bajir que habían rodeado en un gran círculo la batalla entre el inspector y Ax. ¿Para asegurarse de que el inspector no huía? ¿Para asegurarse de que lucharía hasta la muerte? ¿Hasta la muerte de quién? Pero sus ojos no miraban al suelo. Sus ojos estaban clavados en la espectacular exposición de impresionante velocidad que había ante ellos. En el joven andalita enardecido y superficialmente herido. Se deslizaba, se enroscaba. Se desenroscaba, se estiraba. Más y más cerca. Muy cerca. A centímetros. ¡HSSSIIIPP! ¡Marco se lanzó! Durante el breve instante en que Marco alcanzaba una de sus patas con los colmillos, conseguí ver algo más del inspector que una mancha azul. Había insertado el veneno mortal en el cuerpo alienígena del confiado Garatron. Marco había logrado encajar el ataque con su enemigo moviéndose a toda velocidad. Había sido como coger una bala en el aire. <Eres rápido, yeerk,> dijo Marco. <Pero yo soy más rápido.> Y entonces Marco soltó a su víctima, se deslizó, se enroscó, se desenroscó y se deslizó fuera de la vista de los confusos hork-bajir. <¡Oh, no!> dijo Cassie. <¿Y qué pasa si el veneno no hace efecto en el Garatron?> <¡Tenemos que ayudar a Ax! ¡Vamos allá!> Pero antes de que Cassie y yo pudiéramos arrastrar nuestros maltratados cuerpos de vuelta al muelle donde se desarrollaba la lucha… ¡El Garatron! El inspector disminuía la velocidad. Se tambaleaba. Aún corría rodeando a Ax, pero su larga cola caía. Una de sus delgadas patas delanteras se enredó con la otra, como si de repente le resultara muy pesada. <¡Qué está pa-san-do!> gritó, aunque su voz se enlentecía, y se hacía más densa hasta que se extinguió de forma vacilante y torpe. <¿Tiene algún problema, mi querido Inspector?> se mofó Visser, con la voz goteando falsa preocupación. <¡Cassie, ahora! Métete en el estanque yeerk y conviértete en águila pescadora o gaviota,> le ordené. No me giré cuando oí una suave y ligera sacudida detrás de mí. <Ax –tú también. ¡Transformaos en pájaro, ya! ¡Todos! No sé que tipo de juego de machos hay entre esos dos, ¡pero saldremos de aquí en cuanto tengamos la oportunidad!> <¿Estás bien para volar, Rachel?> Tobias, aún volando en círculos. <Sí. Estoy bien. Coge a Marco. Y salid todos por donde entramos.> El inspector cayó de rodillas. Y luego sobre un costado. Me elevé en el aire con dificultad y observé como las piernas del Garatron se enderezaban, se tensaban. El círculo de guardas hork-bajir seguía imperturbable. Silencioso e inmóvil. No iban en ayuda del inspector. No hicieron ningún intento de detener a Ax mientras terminaba su transformación. No evitaron que Tobias bajara a recoger a Marco entre sus garras. Pero Visser nos observaba y lo analizaba todo. <¡Inspector!> gritó. <¡Mire! ¡Los bandidos andalitas se escapan! ¡Debería seguirlos!> <Yo… no puedo… moverme…> respondió el inspector débilmente, vacilante. <Sí, y muy, muy pronto no podrá respirar,> apuntó Visser Tres. <Me aseguraré de transmitirle al Concilio su despedida, querido Inspector.> ¡Slooop! ¡Cassie! Se elevó desde el lodoso y grisáceo estanque yeerk con su forma de gaviota. <¡Venga!> grité, ya mareada por la sensación de la victoria, sin importar lo extraña que fuera y el insólito modo en que lo habíamos logrado. Volvíamos a casa. Todos. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] La sensación de triunfo no duró mucho. Nunca lo hace. La vida real es complicada. A veces simplemente se cruzan en su camino algunas emociones positivas y breves. Fui a ver al nieto del anciano. Quizá habría ido al funeral si hubiera sido aquí. Pero en las noticias dijeron que la familia había trasladado su cuerpo para enterrarlo en su ciudad natal, en algún lugar del país. “Para darle sepultura,” dijeron. Horrible palabra. En las noticias también mencionaron que el viejo tenía un historial de serios problemas cardiacos. Que estaba destinado a morir en cualquier momento. “En cualquier momento,” citaba su hermana. Quizá ir al funeral habría sido más fácil. Probablemente. Podría haberme sentado al final de la iglesia o donde fuera y presentarle mis respetos en silencio, sin tener que vérmelas cara a cara con su nieto. Sin tener que decirle nada. Cosas como, “Sí, siento que tu abuelo muriera. Soy algo así como la responsable, la verdad, así que si me odias o lo que sea, tienes todo el derecho…” No dije eso. Conseguí el número de teléfono del chico –bastante fácilmente- y hablé con su madre. La hija del viejo. Le pregunté si podría ir y… le dije que había estado en el estudio de televisión ese día y que ver morir a su padre había sido realmente… De alguna forma conseguí que me diera permiso para hablar con su hijo. Tenía más o menos la edad de Sarah. Ya había asumido la muerte de su abuelo. Al menos, parecía que estaba bien. Creo que se sentía un poco incómodo por tener que hablar con esa extraña chica rubia mientras su madre le miraba y le escuchaba atentamente. Asegurándose de que yo no fuese una loca que fuera a hacer daño a su chico, supongo. “Lo siento,” le dije. El chico se encogió de hombros. “Vale.” Y se me quedó mirando. “¿Por qué?” Intenté sonreír. Me puse en pie. “Simplemente lo siento, supongo,” dije. “Ahora tengo que irme.” Me alejé corriendo a toda velocidad de esa casa. Y corrí directa a casa de Jake, que me esperaba al final de la carretera. “Has vuelto.” Jake levantó una ceja. “¿Lo has notado? Tu poder de observación es realmente sorprendente, Rachel.” Hice una mueca y caminamos hacia nuestro vecindario. “¿Lo has oído?” le pregunté. Temerosa de la respuesta. Jake sonrió. “Llegué a casa ayer por al noche. Mi padre puso las noticias. Hablaban de animales salvajes “fugados” que irrumpieron en un estudio de televisión, y otro montón de sitios. Un avión privado cayendo en picado. Todo sonaba como si algunas personas que conozco hubieran estado implicadas.” “Fue un gran día.” “Supuse que mejor llamaba a Cassie. Me contó un poco. Hablé con Marco, y me contó algo más. Ambos dijeron que probablemente tú querrías hablarme de algunas cosas personalmente.” “No quiero contarte nada,” admití. “Pero supongo que tengo que hacerlo. La fastidié. A lo grande.” Siguió caminando en silencio a mi lado durante un rato. “¿Cuántos animorphs había cuando empezaste?” “Seis.” “¿Y ahora?” “Aún hay seis. Sí, no hice que mataran a nadie.” “Bueno, eso es lo primero, ¿sabes?: No dejes que maten a nadie. Si te hace sentir mejor, los otros creen que lo hiciste bastante bien.” “¿En serio?” Me quedé pensando durante un momento, mirando fijamente al frente. “Fracasamos al intentar librarnos de Visser. Como dijo Tobias, seguimos con el malo conocido.” Jake se echó a reír. “Sí, bueno, Rachel, es difícil librarse de Visser. Lo cual no significa que dejemos de intentarlo,” añadió. “Lo sé. Ey, quizá los yeerks reconsideren la utilidad de los Garatron como huéspedes,” dije esperanzada. “Al menos para el combate.” “No estaré tan seguro hasta que no vea al último de ellos.” “No eres el Sr. Optimista,”dije, sintiéndome un poco desalentada. El pequeño pedazo de gloria que había podido extraer de todo el episodio no valía mucho, después de todo. “Lo hiciste bien, Rachel,” dijo Jake simplemente. “Hiciste lo que tenías que hacer.” Me detuve. Miré a Jake. “¿Cómo lo haces? ¿Cómo tomas decisiones que podrían hacer que la gente muriera? ¿Cómo puedes vivir con eso?” “Es una guerra,” dijo. “Hacemos lo que tenemos que hacer porque estamos obligados, ¿verdad? Algún día acabará todo. Algún día los andalitas volverán. O los yeerks decidirán que no vale la pena. Algún día ganaremos.” “Quizá. ¿Pero cómo tomas decisiones que ponen en peligro a tus amigos? ¿Qué quizá algún día nos matarán? ¿Cómo evitas que se metan en tu corazón y te devoren?” Entonces vi algo extraño en su cara. Durante sólo un efímero instante fue la cara de un niño aterrorizado al borde de las lágrimas. Me dejó anonadada. Sabía lo que estaba viendo. Era mi cara cuando me di cuenta de que el anciano había muerto. Mi cara cuando pensé que había perdido a Cassie para siempre. Pero luego volvió la máscara. Y volvía a ser Jake. “No pienso en ello,” mintió. Caminamos en silencio durante unos pocos minutos. “¿Estás bien?” dijo Jake finalmente. Agité la cabeza, como para evitar la pregunta. “Sí, ya me conoces. Mm, ¿Jake?” Giramos a la izquierda al final de la manzana y empezamos a acercarnos a casa, con el sol poniéndose a nuestra espalda. “¿Sí?” “Nunca, nunca vuelvas a irte.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

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