#38 La llegada

Sinopsis:

Los andalitas han llegado finalmente a la Tierra: ahora los animorphs y Ax cuentan con aliados dispuestos a luchar contra la invasión. Pero sólo hay cuatro andalitas, ni de lejos los necesarios como para vencer a miles de yeerks. No los suficientes como para impedir que más humanos sean infestados.

Así que todo el mundo está de acuerdo en que la guerra debe continuar. Pero los andalitas no quieren luchar junto a los humanos porque piensan que pueden hacerlo ellos solos. Y exigen a Ax que escoja un bando. ¿Se quedará Ax con sus amigos… o se pondrá del lado de su gente?

Datos del libro:

El libro consta de 148 páginas divididas en 28 capítulos.

 

Narrador

Ax se reencontró con sus compañeros andalitas por última vez cuando un golpe del destino le condujo a él y a los animorphs a una nave tripulada por leeras. Entonces decidió dejar a los animorphs y volver con su gente –hasta que uno de los andalitas resultó ser un traidor. Ahora Ax tiene la oportunidad de regresar con los suyos. Esta vez incluso hay una hembra joven de su misma edad. ¿Se marchará Ax con los andalitas? ¿O continuará apoyando a su nueva familia, los animorphs?

Los animorphs llevan mucho esperando a que los andalitas regresen a la Tierra y les ayuden a combatir a los yeerks. Finalmente ha llegado una nave –pero es una nave muy pequeña y sólo la tripulan cuatro andalitas. No es que sea un gran ejército, y eso levanta sospechas. Ax se infiltra en la nave para investigar y conoce a una atractiva joven llamada Estrid. No pasa mucho tiempo hasta que sus sospechas se ven confirmadas, y Ax y el resto de los animorphs se dan cuenta de que estos andalitas tienen en mente algo distinto a lo que dicen…

Nuevos personajes

Estrid-Corril-Darrath es una joven prodigio andalita y aristh honorífica por la que Ax siente algo especial. Ella ha desarrollado el virus que van a emplear sobre los yeerks. También es pupila del Consejero de Inteligencia Arbat-Elivat-Estoniel, fanático andalita que está al mando de una misión secreta. El Comandante Gonrod-Isfall-Sonilli es poco más que un excelente piloto para los planes del grupo, y Aloth-Attamil-Gahar es el “músculo” –antes de la misión estaba recluido en prisión por vender órganos del campo de batalla, una ofensa terrible.

También se menciona, aunque no aparece, el hermano de Estrid, Ajaht-Litsom-Esth, el campeón de duelo con la cola del mundo andalita. Parece que le enseñó a Estrid algunos movimientos avanzados.

Nuevas palabras

Código de batalla andalita. El código del guerrero en el que los andalitas basan sus guerras. Una de las normas dice que los andalitas no deben deshonrar el cuerpo de sus camaradas caídos vendiendo los órganos rescuperados del campo de batalla.

Crusader. La nave en la que llegan los andalitas. Es una MSTL-37, una nave Laboratorio Científico y Tecnológico Móvil.

Hald-wurra. Un movimiento andalita de lucha con la cola. Viene del lenguaje andalita clásico y significa “victoria en tres movimientos”.

Física plintconarítmica. Última ingeniería bioquímica andalita. Es tan avanzada que la mayoría de intelectuales andalitas ni siquiera intentan aprenderla. Estrid, en cambio, la entiende perfectamente…

Conflicto Rakkam Garoo. Un problema en otra parte de la galaxia donde se han centrado los esfuerzos andalitas en lugar de dirigirse a la Tierra.

Ralek River. De acuerdo con el ordenador del Crusader, una nave andalita destruida donde supuestamente murieron Estrid, Arbat, Gonrod y Aloth.

UAST. La Universidad andalita de Teoría Científica Avanzada donde Arbat era profesor y Estrid estudiante. También es donde se desarrolló el virus para destruir a los yeerks.

Unidad O. Un equipo de sabotaje y asesinato andalita –al que dicen pertenecer los andalitas recién llegados.

Nuevas formas

Cassie adquiere una serpiente pitón (41) para evitar que los andalitas hagan ningún movimiento repentino.

Estrid se transforma en pájaro kafit (1), en humana (2), en conejo (3) y en cuervo (4). Arbat se transforma también en humano (1).

[b]Capítulo 1:[/b] ¡Crumph! ¡Crumph! El ruido sordo de los puños contra la carne humana no es un sonido agradable. Resulta particularmente enfermizo cuando lo oyes a través de una tubería. El sonido hace eco y se amplifica. “Es suficiente. Detente,” ordenó una voz humana. El sonido era apagado, vago, confuso. Sentía la voz a través de mis seis piernas, a través de mis antenas. “Pero aún no nos ha dicho nada,” discutió un segundo humano. No debería llamarlos humanos. Eran controladores. Hay una gran diferencia. Los controladores humanos son personas cuyos cuerpos se han convertido en huéspedes de los invasores yeerk. ¡Yeerks! Las criaturas más nauseabundas del universo. Gusanos grises que entran en el cuerpo a través de la oreja, se amoldan al cerebro humano y toman el control. Mente y cuerpo. Por supuesto, no todos los huéspedes son humanos. Visser Tres, el líder de la invasión yeerk en la Tierra, tiene un cuerpo andalita. Mi nombre es Aximili-Esgarrouth-Isthill. No soy humano. Soy un andalita. El único andalita que hay en el grupo que se hace llamar animorphs. Cuatro humanos, un ratonero de cola roja y yo. Somos la resistencia. Luchamos contra la invasión yeerk hasta que llegue la ayuda de mi planeta natal. O hasta que muramos. La última opción parece la más probable. Sería imprudente contarte mucho más. Los animorphs y yo tenemos muchos secretos que guardar. Y yo, como andalita, tengo que ocuparme de los secretos de mi propia raza. ¡Crumph! Ese sonido otra vez. Si no hubiéramos estado en la tubería no lo habríamos oído. Las cucarachas sienten las vibraciones y la cañería nos las transmitía directamente Subíamos por una tubería corroída y oxidada dentro de la pared interior de un edificio de oficinas de dos pisos. Nuestra misión: rescatar a nuestro amigo y colaborador, el Sr. King. Todos habíamos visto el artículo sobre La Alianza, la organización tapadera de los yeerks, en la portada de un periódico. Sospechábamos que ese periódico se había convertido también en otra tapadera. El Sr. King había pensado que no sería peligroso entrar en las oficinas de [i]The Chronicle[/i], examinar los datos del sistema y averiguar la verdad. Parece que fue un error. “¡Habla!” gritó el controlador humano número Dos. “¿Qué estás haciendo aquí? ¿Quién eres? ¿Qué estás fisgando?” ¡Crumph! “¡He dicho que pares!” repitió enfadado el controlador humano número Uno. “Si lo matas, Visser Tres nos ejecutará por desperdiciar el cuerpo de un huésped potencial.” Hubo una larga pausa antes de que el controlador humano Dos hablara de nuevo. “Visser Tres nos ejecutará por incompetentes si descubre que no pudimos sacarle la verdad a un mero humano. Matémosle e incineremos el cuerpo. Visser Tres nunca sabrá que fracasamos.” “Visser Tres se preguntará por qué simplemente no le infestamos y averiguamos la verdad.” “Te digo que pasa algo raro con este humano. He intentado entrar por el canal auditivo, pero por alguna razón está bloqueado. ¡Si no me crees, inténtalo tú!” <¿Ax? ¿Qué pasará si disparan al chee con un rayo Dragón? ¿Pueden freírle?> me preguntó el Príncipe Jake mediante el habla telepática que usamos mientras estamos transformados. <Supongo que dependerá de la cantidad de fuerza que usen. Un nivel leve pude que sólo interrumpa el cuerpo holográfico del chee. El androide que hay debajo quedará expuesto. Pero un nivel a toda potencia posiblemente podría destruir al Sr. King completamente. ¿Qué sería más desastroso para nosotros? Es una cuestión interesante.> <Gracias, Spock,> dijo Marco, usando el tono humano que había llegado a reconocer como sarcasmo. <¿Seguro que no eres un Vulcan?> <Los Vulcans son criaturas ficticias,> repliqué. <Y no una creación particularmente convincente que digamos. Las variaciones entre las especies alienígenas reales tienden a implicar algo más que cambios cosméticos en la formación de las orejas y la línea de los ojos. Supongo que ya lo habréis notado.> Marco exclamó de pronto, <¡Hey! ¿Quién se me acaba de subir a la espalda?> <Lo siento,> dijo Cassie. <Mala visibilidad.> El sonido de una nueva ráfaga regresó resonando a través de la cañería. “¡Habla! ¡Habla o te mataremos!” Estábamos dentro de la pared. A un lado, la tortura. ¿Al otro lado? Tendríamos que descubrirlo. La voz del Príncipe Jake era afilada y urgente. <Seguidme y preparaos para transformaros.> <¿Y por qué no se limita a salir de ahí tranquilamente el Sr.King y nos ahorra un montón de problemas?> preguntó Marco. <¿Cuál es el problema, Marco, te has perdido la maratón de los [i]Rugrats[/i]?> Esa era Rachel. Rachel nunca encuentra razones para no ponerse en acción. En cuanto a mí, estaba de acuerdo con Marco. Los chee eran frustrantes. Aliados muy útiles, sí, pero también una molestia. Mis amigos humanos tienen una cierta simpatía sentimentalista hacia el pacifismo de los chee. Yo no. <Rachel, ¿he mencionado que me parece que eres la cucaracha más atractiva de los alrededores? Psicótica, pero con cierto estilo.> Rachel se echó a reír. <De todos modos, ellos son dos y nosotros cinco. Así que no te mees encima.> <Hemos llegado,> anunció el Príncipe Jake. <¿Alguna idea de dónde es “aquí”?> preguntó Cassie. <Aquí es donde hay una grieta del tamaño de la octava parte de un centímetro,> explicó el Príncipe Jake. <Para mí lo suficiente.> El Príncipe Jake pasó una curva de la cañería y la cruzó para llegar a la pared en sí misma. Sobre él había un hilillo de luz. Le seguí. El Príncipe Jake aplastó su cuerpo contra la pared. Desapareció entre las dos mitades. Yo hice lo mismo. Aparecimos en la luz. Luché contra el instinto de dejarme llevar por el pánico y volver a la grieta. Agité mis antenas, buscando el peligro. <Todo despejado,> anunció el Príncipe Jake, aunque sus sentidos de cucaracha no eran mejores que los míos. Tenía que estar haciendo una conjetura tranquilizadora. <¡Transformaos!> <Bailemos rock and roll,> dijo Rachel. El [i]rock and roll[/i] es un tipo de música humana. Su relevancia para la batalla que se cernía ante nosotros era un misterio para mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Transformarse es un proceso extraño y perturbador. Y nunca ocurre de la misma forma. La última vez que surgí de mi forma de cucaracha, mis patas traseras fueron la primera porción de mi anatomía andalita en aparecer. Esta vez fueron mis ojos. Los de las antenas. No los de mi cara. En ese momento no tenía cara así que esos ojos habrían estado un poco fuera de lugar. Sentí cómo la carne de ambas antenas empujaba mi exoesqueleto de insecto. Mi cabeza se abrió con un sonoro crack. No era doloroso. Al menos no en sentido literal. Pero el sentido común te decía que [i]debería[/i] doler. Por eso, aunque no haya dolor real, sí aparece ese sentimiento de anticipación del dolor. Lo que, a su manera, es bastante desagradable. Surgieron mis dos ojos móviles y ya podía ver a los demás con mucha más claridad de lo que permitían los vagos sentidos de la cucaracha. Marco. Rachel. Cassie. Y el Príncipe Jake. Todos transformándose de cucaracha a humano. Ninguna transición, de cucaracha a andalita o de cucaracha a humano, es agradable de ver. Intento mantener la calma ante ese tipo de situaciones pero es sencillamente muy perturbador ver cómo la carne humana surge del duro exoesqueleto color caramelo de la cucaracha. La fusión de las partes agrandadas de la boca de la cucaracha para reformarse como las partes de la boca humana es particularmente inquietante. Posiblemente porque para un andalita todas las bocas parecen alienígenas. Estábamos en una habitación llena de lo que parecían ser taquillas. Había periódicos apilados en enormes montones. Los ruidos de la tortura venían del otro lado de la pared. <Aún está todo despejado aquí fuera,> informó Tobias. Parecía aburrido. <Lo único que veo es cómo se mueve la luna en lo alto.> Tobias es un [i]nothlit[/i], una persona que sobrepasa el límite de dos horas y se queda atrapado en una forma. Sin embargo, ha readquirido su poder de transformación y podría, si él lo eligiera, recuperar su forma humana permanentemente. Suponiendo que quisiera convertirse en una especie de nothlit humano, atrapado para siempre en su forma original, incapaz de volver a transformarse otra vez. Ha escogido permanecer como ratonero de cola roja. Normalmente se ocupa de la vigilancia aérea durante una misión. El Príncipe Jake miró a los demás. Y luego a mí. “Ax, ve en tu forma. Todos los demás, formas de batalla. Vamos a hacerlo rápido. Y ahora mismo.” Oímos que la puerta de la oficina de al lado se abría y se cerraba. “He traído tres rayos Dragón,” dijo el controlador humano Dos. “Suficiente para reducirle a una pequeña pila de ceniza.” El Príncipe Jake empezó a transformarse en tigre. Sus dientes crecieron, afilándose repentinamente como dagas. De su pelo surgieron dos puntiagudas orejas antes de que desaparecieran sus propias orejas humanas, creando en él una apariencia muy extraña. Sus antebrazos se torcieron en un ángulo extraño, acortándose y recubriéndose de pelo naranja y negro. Los demás le siguieron. O, en el caso de Cassie, le adelantaron. Tiene bastante talento para transformarse. Pronto estuve en compañía de un tigre, un lobo, un oso pardo y un gorila. Si algún día un andalita lee esto y se pregunta lo que representan estos animales, debería señalar que los animales de la Tierra son a menudo muy poderosos, capaces de hacer un daño tremendo con una combinación de garras, dientes, reflejos como el rayo, y sentidos altamente agudizados. Entre los animales de la Tierra, estos cuatro, cada uno con sus propias habilidades y debilidades, formaban una fuerza poderosa. Para los lectores humanos debería explicar que por supuesto mi propio cuerpo andalita es suficiente para las situaciones de batalla. Tengo cuatro ojos, cuatro piernas, dos brazos, y una cola acabada en cuchilla que puede dividir a un humano por la mitad con un solo movimiento. Bueno, quizá dos. Puede que tenga tendencia a exagerar mis capacidades. <Están justo al otro lado de esa pared,> dijo Cassie. Sus sentidos de lobo podían localizar a nuestros objetivos con menos de cuarenta centímetros de error. <Mala suerte que no haya puerta,> dijo el Príncipe Jake. <¿Rachel? ¿Marco? ¿Ax? Haced una puerta.> Rachel se levantó. Ochocientas libras de una holgada y peluda piel marrón cubriendo sólidos músculos y hueso. ¡KABOOM! Rachel se estampó contra la pared. La ligera capa de encima se quebró desde el suelo al techo por numerosos sitios. “¿Qué narices…?” Antes de que el controlador humano del otro lado de la pared pudiera terminar su protesta… ¡SNAP! Marco agarró la agrietada pared y terminó de abrirla. ¡Fwap! ¡Fwap! Lancé la cola sobre mi cabeza y corté las láminas de yeso que cayeron con un ruido estrepitoso y una bocanada de polvo. Cassie atravesó el hueco en un borrón de piel gris y dientes desnudos. Jake pasó justo detrás de ella. “¡Andalitas!” gritaron los dos controladores. Los yeerks creen que todos somos andalitas. En realidad sólo había un andalita. Yo. Sentí que sería suficiente. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] Era una habitación pequeña. Mal iluminada. Una pared estaba hecha de cristal reforzado y detrás de ese cristal había una oficina oscura. Debería haberme fijado en eso. Todos deberíamos habernos fijado. Pero lo que atrajo nuestra atención fue lo que parecía ser un humano seriamente herido, a penas consciente, desplomado sobre una silla. Tenía las manos atadas a la espalda con unas cadenas de metal llamadas esposas. También tenía amarrados los tobillos a las patas de la silla. Uno de los controladores humanos llevaba un arma. Apuntó a Cassie. Los dientes de Cassie se cerraron sobre su brazo en pleno salto en el aire. El hombre profirió un grito. ¡BLAM! El disparo se perdió. ¡BLAM ¡BLAM! El segundo controlador disparó dos veces a Rachel. El primer tiro falló. El segundo le rasgó el hombro. No podía apuntar bien. Principalmente porque Marco le estaba agitando como a una muñeca de trapo. ¡Fwapp ¡Fwapp! Golpeé a cada uno de los controladores con la parte plana de mi cola. Ambos cayeron inconscientes. El aparentemente moribundo Sr. King se sentó, repentinamente entero, sano y sin cicatrices, rompió tranquilamente las esposas, y dijo, “Gracias por venir a recogerme.” <Sigue con la farsa,> le advertí. <Puede que haya otros enemigos por aquí.> “Ah, sí.” Las heridas y la sangre reaparecieron al instante. Dejó escapar un gemido muy convincente y se desplomó. Marco dejó caer al controlador humano y recogió al Sr. King. <¡Listo! Salgamos de aquí.> Rachel balanceó los brazos sobre sus enormes hombros, impaciente. <Ha sido demasiado fácil,> se quejó. <Quizá…> <¡Oh, oh!> dijo Marco. Algo se movía detrás del cristal reforzado. Muchos algo. ¡Hork-bajir! Y una figura terriblemente familiar. ¡Visser Tres! <¡Es una trampa!> gritó el Príncipe Jake. Me quedé mirando el musculoso cuerpo del adulto andalita. Y a la cuchilla de su cola, que podría matar con un solo movimiento. Le lancé una mirada de odio al único controlador andalita de la galaxia. Visser Tres no tenía derecho a tener ese cuerpo. No tenía derecho a tener esos ojos. El cerebro. La fuerza. La velocidad. No tenía derecho a tener el poder de la transformación. Visser Tres es un ser infame. Un gusano yeerk en el cerebro de un andalita que una vez se había llamado Alloran-Semitur-Corrass. Alloran había sufrido un terrible destino. Aún estaba vivo. Su mente y sus recuerdos intactos. Era un esclavo de su propio enemigo. Y conocía sobradamente el alcance de su impotencia. ¡Crrrraaassshhh! El cristal divisorio cayó hecho pedazos. Visser saltó. Directo hacia mí. ¡Fwapp! Bloqueé el golpe a duras penas. Era rápido y muy fuerte. Más fuerte que yo. Pero yo no estaba solo. “¡ROOAARRRR!” ¡El rugido del tigre sacudió las lámparas! ¡Su brillo fluorescente parpadeaba! Sus garras se clavaron profundamente y manó la sangre. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Los hork-bajir estaban disparando. Lo único que mantenía con vida de momento era el cuidado que tenían que poner los hork-bajir para no disparar a su señor. El Príncipe Jake se alejó rodando de Visser y cayó al suelo. Su piel ardía y humeaba donde un rayo dragón había penetrado el músculo del hombro. <¡Hacia la puerta!> gritó el Príncipe Jake. Marco tiró de ella para abrirla. Un hork-bajir armado apareció en el umbral. Y más detrás de él. ¿Cuántos? Demasiados. Estábamos atrapados por ambas direcciones. La única salida era el agujero que habíamos hecho al entrar. No había tiempo para pensar. Visser estaba sobre mí. ¡Fwapp! Atacó. Sentí el mordisco de su cuchilla. Sentí como mi pierna izquierda se entumecía por el impacto. ¡Fwapp! Lo bloqueé, pero me golpeó en la cola y se replegó. ¡Demasiado poderoso! Yo era rápido, pero él tenía una fuerza con la que no me podía medir. ¡Fwapp! Sentí en mi cuello expuesto el viento que desplegó su ataque. Retrocedí e hice una maniobra absurda. Conseguí que él perdiera el equilibrio. Una pequeña victoria, aunque sólo temporal. Visser inclinó el torso, despejando la línea de ataque, y rugió, <¡Fuego!> <¡Abajo!> grité. Los rayos me chamuscaron la piel de ambos lados de la espalda. La pared que había detrás de mí era ahora una estructura ardiendo y madera medio incinerada. <¡Rachel! ¡Saca al chee!> ordenó el Príncipe Jake. ¡Tseeew! ¡Tseeew! <¡Ahh!> gritó Jake. Una de sus piernas simplemente había desaparecido en un muñón ardiente y viscoso. <¡Marco! ¡A mí!> gritó Rachel. Cargó contra la puerta de salida, directa hacia el hork-bajir más cercano que bloqueaba nuestro camino. Tras el impacto, el hork-bajir quedó doblado sobre sí mismo. Marco iba justo detrás de Rachel con el chee al hombro. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Un agujero del tamaño de un puño atravesó a Rachel. Pero al oso pardo no se le detiene fácilmente. <¡Fuera de nuestro camino que vamos!> gritó ella por toda respuesta. Se abrieron camino a través de la entrada. Hacia la habitación de los archivos. <El pasillo está despejado,> gritó Rachel. <¡Vamos!> <¡Vale, salgamos!> ordenó Jake. Pero antes de que pudiera echar a correr, un sonido. Mis ojos móviles giraron hacia arriba en respuesta al ruido. Alguien estaba retrayendo los paneles del techo como si fueran trampillas. Y una manada de hork-bajir empezó a caer como si fueran granizo. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] <¡Marco! ¡Protege al Sr. King!> ordenó el Príncipe Jake. <¡Rachel! Quédate con nosotros. ¡Tobias! ¡Si aún estás ahí fuera, prepárate para cubrir a Marco!> Nos precipitamos por el pasillo, tambaleándonos, sangrando, aterrorizados. Pero no lo suficientemente rápidos. Los hork-bajir se nos acercaban a toda velocidad por detrás, cortando y desgarrando músculo y nervios. Maté a uno con un afortunado golpe de mi cola. Cayó e hizo tropezar a uno de sus hermanos. Los dos quedaron tendidos en el suelo, retrasando el asalto una décima de segundo. Bajamos un oscuro pasillo, todo paredes a nuestro alrededor, y nos apretamos dentro del estrecho túnel, y con los hork-bajir rugiendo a nuestras espaldas. Si nos los encontrábamos también por delante… Escaleras que descendían. Un montacargas justo delante y el pasillo que se curvaba nada más pasar el montacargas. ¿Qué camino tomar? Era decisión del Príncipe Jake, pero el Príncipe estaba débil, confuso. ¿Cuánto más podría seguir avanzando sobre tres piernas? Yo no me encontraba mucho mejor. Sangraba y andaba a trompicones. Estaba herido. “¡Sssree! ¡Sssree!” ¡Un frenesí de chillidos que venían desde abajo! ¡Taxonitas! Eran enormes ciempiés voraces que llegaban atraídos por la carnicería, arrastrándose por el estrecho hueco de la escalera y trepando sobre los hork-bajir caídos. Desgarrando extremidades y pedazos de carne de sus cuerpos aún vivos. Visser Tres se plantó directamente delante en el pasillo. ¿Cómo? Debía de haber otro acceso y ahora estábamos rodeados. <El montacargas,> gritó el Príncipe Jake. Golpeé el botón, esperando que llegara rápido. ¿Dónde estaba Marco? Se había marchado por el pasillo por donde ahora había aparecido Visser. ¿Había escapado? ¿O era ya un prisionero? <Sabía que un artículo en primera página de La Alianza sacaría de su escondite a los bandidos andalitas,> se mofó Visser Tres. Dirigiéndose a sus tropas ordenó, <No me sirven de nada muertos. Seleccionad la potencia más baja y apuntad con cuidado.> Los hork-bajir levantaron sus armas de rayos Dragón. Mi pecho estaba en tensión de puro pánico. Casi no podía ni respirar. Pensé en mis padres y se me encogieron los corazones. Habían perdido un hijo en este distante planeta. Temí que pronto perderían al segundo. ¡DING! Las puertas del montacargas se abrieron. Los hork-bajir vacilaron y se distrajeron. <¡ABAJO!> rugió Jake. <¡FUEGO!> ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Los rayos Dragón ardieron a sólo centímetros por encima de nosotros. Y ahora… ¡Tseeew! ¡Tseeew! ¡Pistolas láser! El sonido, muy parecido al de un rayo Dragón, era lo suficientemente distinto como para que cualquier [i]aristh[/i] andalita lo reconociera. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Sí, pistolas láser, apuntando a bocajarro a la pared llena de hork-bajir. <¡Más andalitas!> gritó Visser Tres con su voz telepática andalita oscilando entre la rabia, el temor y la simple incredulidad. Cuatro andalitas saltaron del montacargas como ciervos saltando una valla. Estaban en todos sitios a la vez. Disparando. Chasqueando las cuchillas de su cola con letal precisión. Eran magníficos. Luché al lado de una joven hembra. Tenía una coordinación impecable. Era peligrosa. Era hermosa. ¡CRASH! La pared del pasillo se derrumbó y la batalla se trasladó de nuevo al espacio de la oficina interior del edificio. La hembra mantuvo una constante lluvia de fuego mientras hacíamos retroceder la línea de los hork-bajir. Las ventanas estallaron. Las mesas se partieron. Escayola, marañas de cable y escombros caían del techo. Los yeerks estaban perdiendo. De pronto, el estridente sonido de las sirenas de policía penetró a través del estruendo de la batalla. <Hey, viene la poli,> anunció Tobias. <¡Salid de ahí!> <¿Ha salido Marco?> preguntó el Príncipe Jake, poco dispuesto a huir hasta que estuviera seguro de que todos estábamos a salvo. <Sí. Saltó por una ventana y los chee proyectaron un holograma, haciendo ver que eran un coche aparcado.> <Visser,> soltó Jake. <Quizá esos policías sean de los tuyos o quizá no. Márchate y vivirás, por ahora.> Visser no se dignó a responder. Se abrió camino a cuchilladas por encima de un taxonita, dejando a la criatura rezumando sangre por la profunda herida. La batalla había terminado. El ejército hork-bajir empezó a recoger a sus muertos. Los taxonitas se arrastraron escaleras abajo, recogiendo toda la carne que podían llevarse con ellos, para desaparecer en algún lugar subterráneo escondido. Entonces, a través de una nube de polvo de la escayola, vi como uno de los guerreros andalitas saltaba sobre el cuerpo de un hork-bajir caído y aterrizaba cara a cara con Visser Tres. ¡Claro! Estos andalitas no estaban bajo las órdenes del Príncipe Jake. El andalita levantó su arma. Sería una muerte segura. Sentí una oleada de radiante gozo en el corazón. Visser Tres miró al andalita. <¡Arbat!> Los ojos del andalita parpadearon y su dedo vaciló en el arma. ¡Fwapp! Con el lado plano de la cuchilla de su cola, Visser tiró el arma de la mano de su asaltante. <Nunca has sido capaz de verme venir, ¿verdad, Arbat?> se rió Visser Tres. <Eso es lo que pasa cuando piensas demasiado con la cabeza y demasiado poco con la cola.> Aquel al que había llamado Arbat soltó una maldición en andalita. Visser Tres saltó para ponerse a salvo detrás de un grupo de hork-bajir. El Príncipe Jake los abordó, <No sé quiénes sois, pero primero: Gracias. Segundo: Salid de aquí. Los policías se meterán en esto y nos veremos involucrados en una masacre de gente inocentes.> <Retirada. ¡Ahora!> decretó uno de los andalitas. <¡Todo el mundo fuera!> ordenó el Príncipe Jake. <¡Esperad!> grité mientras los andalitas galopaban por lo que quedaba del pasillo. <¿Quiénes sois? ¿Dónde puedo encontraros?> La hembra se volvió. <Soy Estrid-Corill-Darrath. No te preocupes. Nosotros te encontraremos, Aximili-Esgarrouth-Isthill.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Una hora después, estábamos en el granero de Cassie. La familia de Cassie lleva la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. En cualquier momento dado, la clínica aloja docenas de criaturas heridas o enfermas. A menudo exóticas. También hay ardillas, conejos, pichones y zanates. Criaturas comunes que van y vienen, atraídas por las semillas y la avena que yacen esparcidas por todo el granero. “No hay duda sobre ellos,” dijo Marco, agitando una copia de [i]The Chronicle[/i]. “Una fábrica de propaganda para yeerks. La tercera parte de una serie de cinco números sobre La Alianza.” La función de La Alianza es reclutar huéspedes humanos, voluntarios y no voluntarios. Se hace pasar por un inocuo grupo de orientación familiar. Por cada yeerk que tiene un cuerpo huésped, hay miles de yeerks que no lo tienen. Viven en un húmedo y frío estanque donde se alimentan de rayos Kandrona. Y aguardan su momento. Aguardan a los cuerpos huéspedes. No tendrían que esperar mucho más. <Parece evidente que ha llegado la armada andalita,> dije. <La invasión yeerk pronto dejará de ser un problema.> “No tan rápido, Ax-man,” me advirtió Marco. <¡Cómo podemos perder cuando incluso nuestras hembras luchan como guerreros experimentados!> oí la vieja presunción andalita en mi voz. Pensaba que había refrenado el impulso de alardear. Pero la emoción de luchar lado a lado con otro andalita había despertado todo el orgullo de mi gente. Por primera vez desde que me encontré atrapado en la Tierra, sentía que el futuro podía ser prometedor. Así que no entendí la postura de cautela y pena que se transmitía de cara en cara. Cassie. Rachel. El Príncipe Jake. Tobias. Marco. Marco intervino. “Si algo hemos aprendido, es esto: Puede que ande como un andalita. Puede que hable como un andalita. Pero eso no significa que sea un andalita.” “Tiene razón, Ax.” Cassie sostenía una serpiente pitón sin dientes que había encontrado abandonada en el patio de la escuela. Se la quitó del brazo suavemente y la depositó en una gran tina bajo una lámpara de calor. “Sabemos que es duro para ti, y que estás sólo la mayoría del tiempo,” Cassie continuó. “Pero…” “Pero tenemos que ser realistas,” terminó Marco. “Puede que se trate de las tropas que esperábamos o puede ser algún nuevo problema.” El Príncipe Jake se cruzó de brazos. “¿Cómo sabemos que aquellos nuevos andalitas no eran yeerks en cuerpos andalitas?” <Cierto,> asintió Tobias. <Quizá un subVisser y su pandilla intentando dar un salto hasta la cima quitando de en medio a Visser Tres.> <¡Imposible!> protesté. “En un mundo en el que los gusanos pueden apoderarse de civilizaciones enteras, cualquier cosa es posible,” me recordó Marco. <La hembra conocía mi nombre. La única forma de que pudiera saberlo es mediante el mensaje que transmití a mi planeta, o a través de las fuerzas que encontramos en Leera.> “Es gracioso que menciones Leera,” dijo Marco. No añadió nada más, no tenía que hacerlo. Allí, por primera vez en mi vida, había aprendido que incluso un andalita podía ser un traidor. <Esos guerreros son verdaderos andalitas,> insistí. <Lo sé. Cuando luché al lado de la hembra sentí una conexión como nada que haya sentido antes.> Otro gesto pasó de cara en cara. Esta vez, parecía ser uno de asombro. “Ax,” dijo Cassie. “Creo que has tenido lo que comúnmente se conoce como un flechazo.” <¿Un qué?> “Un sentimiento que te hace difícil ver la verdad, si la verdad es desagradable,” explicó. “Sí, ya sabes, como que Cassie no sé de cuenta de que Jake es sólo un cabeza de chorlito,” dijo Marco. El Príncipe Jake le lanzó el peine de los caballos a Marco, aunque él lo esquivó. Marco y el Príncipe Jake son muy buenos amigos. Este tipo de comportamiento parece ser típico en las amistades entre varones. “Hasta que averigüemos algo sobre estos tipos, sigamos como hasta ahora,” dijo el Príncipe Jake. “Sí. Como por ejemplo no cambiar de opinión a cerca de quién está al mando y quién no,” dijo Rachel sin rodeos. Sentí cómo me ponía colorado. En el incidente en Leera había traspasado mi lealtad del Príncipe Jake al oficial andalita que nos traicionó. Aún me avergonzaba de ello. Pero había jurado que nunca volvería a abandonar a mi Príncipe. A menos que fuera por orden suya. La vergüenza dejó pronto paso al enfado. <¿Dudáis de mi lealtad?> pregunté. “No, yo no,” dijo firmemente el Príncipe Jake. Y lanzándole una severa mirada a Rachel, añadió, “Ni Rachel tampoco. Lo único que quiero es que no hagas nada sin hablarlo antes con nosotros. ¿Vale?” <Soy un verdadero guerrero andalita,> repliqué furioso. <Y un verdadero guerrero nunca incumple el juramento a su Príncipe.> Dejé el granero y galopé hasta que mis dos corazones empezaron a latir con fuerza. Estaba enfadado, pero esa emoción se enfrió rápidamente. La emoción que la reemplazó no se enfrió. Era hermosa. Era [i]muy[/i] hermosa. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] ¡KEEERRRACCKKKK! Salí de su alcance antes de que el tronco del árbol pudiera caer sobre mí. El tronco que yo mismo había segado con un chasqueo de mi cola. <¡Buen disparo!> Tobias voló en círculos descendentes, aterrizando en el árbol. Tobias es interesante. Un [i]nothlit[/i], pero ahora casi voluntario. Ha perdido su vida humana, pero no sus amigos humanos. Es uno de ellos. Pero, al mismo tiempo, no lo es. Como yo. Quizá sea por eso que él es mi verdadero [i]shorm[/i]. Lo que los humanos llamarían un “mejor amigo”. O “alma gemela”. Eso, y el hecho de que mi hermano era el padre de Tobias. Adopté de nuevo una postura de ataque. <¿Te importaría no hacer eso mientras estoy sentado aquí?> preguntó Tobias. <Dijeron que me encontrarían. Pueden llamarme a la batalla en cualquier momento. Debo estar preparado. Debo entrenar.> Aunque soy sólo un [i]aristh[/i] –lo que los humanos llaman un cadete- en el ejército andalita, he pasado por rigurosos entrenamientos en la academia. La lucha con la cola es un deporte, un arte, una habilidad letal para el combate. Tenía la sensación de que estaba a punto de que me pusieran a prueba. No quería desacreditarme. <Vale. Pero ya sabes, tampoco haría daño echar un vistazo por la ciudad. Ver si hay alguna señal de la presencia de las tropas andalitas. Ya sabes, quizá un par de docenas de los de tu gente estén vagando por el centro comercial. Además, he encontrado veinte dólares esta mañana y eso merece una visita al palacio de la comida.> <¿La pastelería Cinnabon?> <Para ti Cinnabon, pero yo soy más de Taco. Cuando no estoy disfrutando de ratones frescos, claro.> ¡Bollos de canela! Me detuve. Soy muy aficionado a los bollos de canela. Soy tan aficionado a ellos, que se me hace duro contener mi alegría al comerlos. Ahora tengo mucha práctica comiendo bollos de canela. Pero de vez en cuando, aún me resulta difícil contener mi entusiasmo por las sensaciones de sabor que surgen de esas sabrosas delicias. Esa es una de las cosas que debo explicarle a mi gente: los increíbles placeres de adquirir formas humanas y usar la boca para ingerir cosas de sabor intenso. Empecé a transformarme en aguilucho. El vello azul y curtido de mi cuerpo empezó a alargarse y sobresalir. Capa tras capa las plumas aparecieron sobre mi cuerpo que encogía. <Tomaré eso como un sí –especialmente porque ya he escondido nuestra ropa en el techo del centro comercial,> dijo Tobias. Volamos sobre la mayor parte de la ciudad. Juntos. Pero no cerca. Si nos vieran volando a Tobias y a mí juntos, podría atraer la atención. La atención yeerk. Una vez que hubimos aterrizado a salvo en el techo del centro comercial, Tobias empezó a transformarse en humano. Los agudos ángulos de su ceñudo halcón se volvieron borrosos y redondeados. Primero, apareció la piel en su cara. Se arremolinó y tensó como si fuera plastilina mientras se organizaba en unos ojos humanos, una nariz humana, y una frente humana. Sus piernas de pájaro se alargaron enormemente hasta que lo que empezó a sobresalir ya no era una pata de pájaro, sino hueso. El hueso formó un fémur, una rodilla, y una tibia. Las garras se convirtieron en los huesos de los dedos. La carne cubrió los huesos como líquido y moldeó los muslos, las pantorrillas, y los pies. Me concentré. Tendría que transformarme en andalita antes de convertirme en humano. Aunque estábamos de acuerdo en que era inmoral adquirir el ADN de criaturas sensibles, también habíamos estado de acuerdo en excepciones aquí y allá. Yo adquirí un poco del ADN de Jake, Marco, Cassie y Rachel. Así, cuando soy humano, me parezco vagamente a todos ellos, pero no soy igual que ninguno. Es un compromiso moral. Todos hemos aprendido a hacerlos. La pregunta era cómo iba a darles la oportunidad de transformarse en humanos a mis compañeros andalitas cuando aterrizaran y derrotaran a los yeerks. “Vamos,” dijo Tobias en cuanto me hube transformado de andalita a humano y estuve adecuadamente vestido con mis pieles artificiales. “Arrasemos el Cinnabon y el Taco Bell.” Seguí a Tobias hacia la pequeña escalera del techo que usaban los trabajadores. A través de esa puerta y bajando dos tramos de escalera había una entrada que llevaba al centro comercial. Oímos la conmoción en el momento en que entramos en la primera planta. Venía de la zona de la comida. “¡Beanzuh! ¡Beanzuh! ¡Zuh!” oí gritar a una chica. “¡Qué alguien llame a seguridad!” chilló una mujer. “¿Qué está pasando?” preguntó alguien más. “Una chica se ha vuelto loca en la zona de la comida,” respondió otra persona. “Está comiéndose todo lo que ve y gritando como una lunática.” Tobias levantó una ceja. “Lo que responde a la cuestión de si los andalitas han aterrizado.” Echamos a correr. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] “¡Gominolazzz! ¡Gominolazzz blanditas! ¡Gominolazzz! ¡Lazz! ¡Lazz!” Nos abrimos camino a través de la multitud que se había formado alrededor de la zona de comida. Una chica de más o menos la edad de Cassie estaba sentada de cuclillas en frente de cubos de gominolas azules, verdes, amarillas, rojas y negras en la tienda Candy Land. Llevaba un uniforme del Burger King y pantalones anchos. Una joven con pinta de agobio estaba intentando persuadirla para alejarla del cubo. “Tan dulce. ¡Tan delicioso!” La chica casi lloraba de gozo. “El sabor… ¡sobrecogedor!” “Bueno. Esto no pinta bien,” dijo Tobias. “¿Tu pequeña amiga Estrid?” “Creo que es muy probable.” Estrid ignoró a la chica del Candy Land. Se metió más de esas pequeñas bolitas en la boca, puso los ojos en blanco, y pareció ser transportada por el placer. Un guardia de seguridad del centro comercial se acercó a ella. “Vale. Vamos.” Tobias se apresuró y puso su mano sobre el brazo del guardia. “¡Espere! Es mi hermana. Está teniendo una mala reacción ante la medicación.” “¡Los verdes son los mejores!” dijo Estrid. El guardia miró con dureza a Tobias. Como si no estuviera seguro de si Tobias estaba diciendo la verdad o no. “¿Toma drogas?” “Es cosa de una apoplejía. Se golpeó en la cabeza cuando era un bebé.” “¡No, el azul! ¡Un azul que llena de placer la mismísima alma!” “Entonces, deberíamos llamar a una ambulancia,” dijo la chica del Candy Land. “A mí me gustan los rojos,” gritó un niño de la multitud. “Ya ha ocurrido antes,” dijo Tobias. “Sabemos lo que hay que hacer. Se calmará…” “¡Sí! ¡Rojo! ¡Rojo-jo!” “… al final. Tenemos más medicina en casa. Si simplemente pudiéramos llevarla con nosotros, todo se arreglaría.” Los dos nos dirigimos hacia la escandalosa chica. “Pero…” dijo el guardia de seguridad. “Está todo bien,” insistió Tobias. “Bien. Venga, hermanita. Vamos a casa.” Tobias la cogió de un brazo, y yo del otro. Estrid nos miró a ambos, y entonces dejó escapar un grito horrible que taladraba los oídos. “¡Nooooo! ¡Gominolazzz!” “Venga, hermanita,” la tranquilizó Tobias. “No montes una escena.” “Ssssssceeena. Ssssceeeeenuh. Nuh. Nuh. Nuh.” Mientras se divertía momentáneamente con los novedosos sonidos que podía hacer su boca, me acerqué y le susurré. “Soy yo, Aximili. Estás teniendo una reacción normal ante los placeres orales. Estarás bien. Ven con nosotros y cálmate.” En nuestro camino hacia la puerta por la que habíamos entrado al centro comercial, vi a una chica dentro de Express. Estaba examinando algunas pieles artificiales. Y era una réplica exacta de la persona a la que llevábamos arrastrando con nosotros. Su largo cabello era rojo y muy ondulado. Sus ojos eran profundamente azules. Y su cara estaba cubierta de pecas color canela. Canela. Deliciosa. “¡Hey!” gritó una voz masculina detrás de nosotros. “¿Qué estáis haciendo con mi hermana?” Tobias se volvió. “¡Dios… venga!” Para mirar detrás de ti cuando estás en forma humana es necesario volver la cabeza. Una acción vertiginosa cuando te mantienes en pie sobre dos únicas piernas. Lo hice y entendí la causa de la alarma de Tobias. Un enorme chico y cuatro de sus compañeros nos seguían. “Debe de haberse transformado en su hermana. ¡Cree que la estamos secuestrando! Genial,” resolló Tobias. “Mueve el culo.” “Cuuuulooo,” repetí, incapaz de resistir el impulso. “Looo. Looo. Looo.” “Por favor, Ax,” gritó Tobias, echando a correr. “¡Ahora no!” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Escapamos del centro comercial. No fue nuestra mejor huida. Estrid se transformó en kafit y se fue volando. Pero no antes de haber acordado una reunión con su superior. Necesitábamos saber qué pasaba con los refuerzos andalitas. O, al menos, teníamos que advertirles sobre los peligrosos de las transformaciones humanas. Unas pocas horas después estaba en el aire, en forma de aguilucho. <¿Cuánto queda?> preguntó el Príncipe Jake. <Si las instrucciones son precisas, menos de kilómetro y medio. Hay una valla ahí delante.> El Príncipe Jake iba por tierra, corriendo en forma de lobo. Habría sido muy imprudente por mi parte viajar largas distancias a través del bosque con mi propio cuerpo. Me preocupa un poco que los cazadores humanos puedan verme y dispararme como a cualquier ciervo. El disparo al ciervo es un deporte humano. Los cazadores humanos aparentemente ignoran el hecho de que el ciervo es un herbívoro inofensivo. A lo lejos, delante de mí, más allá de la valla, podía ver gruesos árboles alrededor de un estanque poco profundo. La escena concordaba con la descripción. Estrid había rehusado guiarme hasta la nave andalita. No estaba autorizada para revelar su localización. Encomiable precaución. Pero había aceptado acordar una reunión con su comandante en este punto. Estrid nos esperaba al borde de los matorrales. Qué curioso que la imagen de uno de los míos me resultara tan extraña, casi perturbadora. Me hizo sentir solo, lo que no tenía sentido. ¿Por qué tendría que hacerme sentir solo la visión de esta adorable hembra? Seguí volando unos pocos cientos de metros por delante de Jake y aterricé en la tierra en frente de ella. Me transformé rápidamente. Si por alguna razón esto fuera una emboscada yeerk, mi presencia debería desencadenar el ataque. Mejor yo que mi Príncipe. Me quedé de pie, incómodo. Esperando. Nada de rayos Dragón. Nada de hork-bajirs ni de taxonitas. Nada de emboscadas. <Bienvenido, Aximili,> dijo Estrid. Mi comandante está ansioso por reunirse contigo.> <¿Dónde está?> <Cerca. Teme que esto sea una trampa.> Antes de que pudiera responder, vi cómo todos sus ojos se abrían. Uno de los ojos móviles se movía frenéticamente en todas direcciones. Jake se había acercado y había empezado a transformarse. Estrid me miró furiosa. <Te dije que vinieras solo.> <Y yo le dije que no lo hiciera,> dije el Príncipe Jake por habla telepática justo cuando completaba su transformación. <¡Pero es humano!> gritó Estrid. <¡Y con el poder de la transformación! ¿Cómo puede ser? Espera, ¿estaban esos humanos en la batalla donde nos conocimos? ¿Humanos capaces de transformarse?> “Discutiré eso con tu comandante,” dijo Jake con calma. <Este humano es Jake. Es mi Príncipe,> expliqué. Estrid parecía a punto de echarse a reír. Para un andalita, la idea de un alien como Príncipe era humorística. Pero se contuvo. <Es un honor conocerte, Jake.> “Lo mismo digo.” Entonces Estrid puso una mano sobre mi brazo y me habló por telepatía privada. Mis corazones dieron un vuelco al sentir el contacto. <¿Puedo pedirte un favor? Mi experimento con la forma humana no estaba autorizado. ¿Podrías abstenerte de mencionárselo a mi comandante?> Durante un momento, estuve demasiado aturdido como para contestar. ¡Semejante falta de disciplina! Quizá a las hembras se les concedía mayor flexibilidad y por tanto se sentían libres para tomarse esas libertades. No lo sabía. Pero no veía daño alguno en protegerla de lo que podía ser un duro castigo. <No diré nada,> prometí. Caminamos con cuidado a través de los numerosos árboles hasta que llegamos a los márgenes del estanque. Tres guerreros andalitas se encontraban allí tensos y vigilantes. No dije nada. Los [i]arisths[/i] no hablan hasta que alguien se dirige a ellos. Al menos la mayoría de los [i]arisths[/i]. <Este es Aximili-Esgarrouth-Isthill,> dijo Estrid. <Estos guerreros andalitas son el Comandante Gonrod-Isfall-Sonilli, el Consejero de Inteligencia Arbat-Elivat-Estoni, y Aloth-Attamil-Gahar.> Vi como la cara del Comandante Gonrod se tensaba ante este descaro. Pero no la reprendió. Los ojos de Arbat sonrieron disimuladamente. <¿Y este alien?> preguntó el Comandante Gonrod. <Es Jake. Mi Príncipe.> Gonrod resopló. <¿Tu Príncipe? ¿Insultas al más alto rango andalita en muchos años-luz anunciando tu lealtad a un niño humano?> El Príncipe Jake no reaccionó ante el insulto. Pero sí reaccionó ante las descuidadas palabras de Gonrod. “¿Tu rango es Comandante y eres el más alto rango en años-luz?” Me miró a mí, interrogativo. Yo estaba demasiado decepcionado como para responder. No había abandonado la esperanza, pero mi optimismo se redujo considerablemente. Sólo pude confirmar lo que el Príncipe Jake sospechaba. <El de Comandante es un rango que se concede la mayoría de las veces a un andalita a cargo de una nave. Una única nave pequeña.> “Ya veo.” <Y de ahí nuestro gran plan para engañar al enemigo haciéndole creer que les superamos en número.> Aloth dejó escapar un estallido de risa. Era un guerrero sumamente insubordinado. <¡Silencio!> Gonrod sólo me miraba a mí. Se negaba a prestar atención al Príncipe Jake. <[i]Aristh[/i] Aximili, informa a este humano de que no estamos preparados para discutir con él problemas estratégicos.> <Comandante Gonrod, el Príncipe Jake es el líder de la resistencia humana en la Tierra.> <¿De verdad? ¿Y a cuántos guerreros lidera?> me preguntó el Comandante Gonrod. “No los suficientes,” replicó el Príncipe Jake. <No. No los suficientes. Pero capaces de transformarse. Me informaron de ello antes de empezar esta misión.> Gonrod se dirigió de mala gana al Príncipe Jake. <Sé que estuvisteis envueltos en la batalla de Leera. También sé que de una nave entera llena de guerreros andalitas todos murieron, y que sólo sobrevivisteis vosotros, los humanos. Ahora te pregunto, humano, ¿cuántos guerreros lideras?> <Esos guerreros de Leera murieron porque—> empecé, pero el Príncipe Jake me hizo callar levantando una mano. “Estuvimos en Leera. Dejémoslo ahí. No quiero sacar a relucir nada vergonzoso. No es necesario. Pero creo que lo comprenderás si digo que no estoy preparado para discutir lo de mis fuerzas contigo. Aún no.” <¡¿Tú, un humano, no confías en un Comandante andalita?!> gritó Gonrod. Aloth habló entonces. Mofándose. <Quizá el humano no sabe que a los andalitas se nos conoce a lo largo de toda la galaxia por nuestra integridad.> <¡Silencio!> rugió de nuevo Gonrod. <Quizá deberíamos proceder estableciendo nuestras metas comunes,> sugerí diplomáticamente. “Quizá deberíamos empezar averiguando exactamente con qué podemos contar en términos de apoyo andalita,” rebatió Jake, mirando fijamente a Gonrod. <¿Apoyo?> resopló de nuevo Gonrod. <¿Nos consideras un apoyo? ¿Son todos los humanos tan ignorantes y arrogantes como tú, chico?> Gonrod empezó a caminar de un lado a otro. <Eres un niño humano sin preparación, jugando a la guerra. Nosotros somos guerreros perfectamente entrenados. Tú y tu grupo, quien quiera que sean, dejaréis la lucha. Y es una [i]orden[/i].> “Yo no acato órdenes,>” le cortó el Príncipe Jake. “Las doy. Y ahora, esta reunión ha acabado.” Se dio la vuelta y empezó a alejarse. <¡[i]Aristh[/i] Aximili!> gritó Gonrod. <Quédate donde estás.> <Comandante Gonrod. Le recuerdo respetuosamente que la lealtad de un andalita es para su Príncipe.> <Estás desobedeciendo una orden directa.> Seguí al Príncipe Jake. <¡Aloth! ¡Arbat!> gritó Gonrod. <Armas a la mínima potencia. Disparad al [i]aristh[/i] Aximili.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] <Desgraciadamente, Comandante Gonrod, se han asegurado de que no pueda usar mi arma,> respondió Arbat. <Y creo que Aloth se encuentra en condiciones similares.> Aparentemente, Aloth no se había dado cuenta. Miró hacia abajo con horror y descubrió una serpiente de cascabel enrollada alrededor de su pierna delantera derecha. Cassie, claro. Una cobra avanzaba entre las piernas de Arbat. Marco. Estrid dio un paso al frente y levantó su arma. ¡Fwapp! Lancé la cuchilla de mi cola deteniéndola de repente a milímetros de su garganta. Sus ojos ardían de furia. “Los andalitas son muy rápidos,” dijo el Príncipe Jake. “Esas serpientes son más rápidas. Un movimiento de tus chicos y morirán.” Gonrod no dijo nada. Parecía perdido. Era extraño ver esa expresión en un comandante andalita. Pero Arbat estaba tan tranquilo que parecía casi aburrido. <Así que nos habéis tendido una trampa. Muy listos. ¿Y ahora qué?> El Príncipe Jake parecía no tener claro si dirigirse a Gonrod o a Arbat. “Ahora dejaremos de jugar. Vosotros no sois la flota andalita. No voy a saludar y gritar ‘¡sí, señor!’ Hablaremos como iguales. Lo que, para ser honesto, es muy generoso por nuestra parte teniendo en cuenta las circunstancias.” Arbat entornó los ojos en una sonrisa. <¿Qué dices, Comandante Gonrod? Como el experto en Inteligencia debo decir que no estamos en posición de regatear.> Pero Gonrod se había recobrado. <Yo doy las órdenes aquí. ¿Soy lo suficientemente claro?> “No, señor. Esto es la Tierra. Este es un planeta humano. No somos los hork-bajir. Sabemos lo que hicisteis para ‘salvarles’. Mientras estéis en la Tierra, nos llevaremos bien. ¿Soy lo suficientemente claro?” Era un idiota. Una vergüenza. Gonrod se estaba comportando deplorablemente. ¿A dónde pretendía llegar? Miré a Estrid. Ella rehusó darse por enterada. Pero podía ver en su cara la evidencia de que también ella se sentía humillada ante esta absurda exhibición. Por su parte, Aloth parecía ser guerrero serio. Estaba esperando órdenes, con la expresión profesionalmente vacía. Cualquiera que fuera su opinión sobre su comandante, la ocultaba. Arbat era otra cosa. A penas camuflaba el desprecio que sentía por Gonrod. “Ahora,” dijo el Príncipe Jake. “¿quiénes sois? ¿Por qué estáis aquí?” Gonrod asintió a Arbat y Aloth. Bajaron las armas. Cassie y Marco se retiraron. No demasiado lejos, pero un poco, al menos. Por supuesto, sabía que Rachel y Tobias aún estaban por salir. Bajé la cuchilla de mi cola y Estrid bajó su arma. Arbat dio un paso al frente y habló. Era un andalita anciano. La mayor parte de su pelo azul estaba blanquecino. <Después de la inesperada victoria en Leera, una buena parte de las tropas fueron enviadas a la Tierra. Pero se desviaron hacia el conflicto Rakkam Garoo en el sistema Sifter-Nueve.> <¿Qué? ¿Es que os llaman para todas las guerras de la galaxia?> murmuró Marco. “Así que la Tierra tiene que esperar. Otra vez,” dijo el Príncipe Jake. “Vosotros no sois el ejército así que, ¿quiénes sois?” <Unidad O. Un equipo de sabotaje y asesinato,> explicó Arbat. <El Comandante Gonrod es uno de los pilotos más hábiles de la flota. Aloth es un guerrero.> <¿Un equipo de asesinato? ¿Quién es el asesino?> <Yo,> dijo Aloth. Intenté no quedarme mirándolo. Nunca había conocido a un asesino. No sabía que existiera alguno en el ejército andalita y eso no me hizo sentir muy cómodo. <Y yo soy un Consejero de Inteligencia de Primer Nivel. Veterano de más de veinte conflictos,> terminó Arbat. <Gonrod está al mando de la misión en general. Yo dirigiré las acciones específicas para destruir al objetivo.> Automáticamente tensé los hombros. El Primer Nivel de Inteligencia es el nivel más alto de consejero del Concilio de Guerra. No son precisamente soldados. Son militares adjuntos. Estrategas. Se encargaban de conspirar y planear. Y lo sabían todo. ¿Conocía Arbat la verdad sobre Elfangor? ¿Sobre mí? Probablemente. Nuestros ojos se encontraron, pero no podía leer nada en su mirada irónica y controlada. Gonrod era un idiota. Arbat no. “¿Qué hay de Estrid?” preguntó el Príncipe Jake. Gonrod parecía ligeramente avergonzado. <Las hembras [i]aristh[/i] son una nueva adición al ejército. Fue asignada a esta misión por accidente.> Los cuatro ojos de Estrid se quedaron mirando al vacío. Parpadeó rápidamente en señal de vergüenza. Me sentí mal por ella. “En otras palabras, ¿es una novata?” dijo Jake. Estrid levantó la cabeza. <He entrenado mucho,> replicó en un tono de acero. <No te equivoques. Sé cuidarme bien sola.> ¡Fwapp! Me tambaleé con la fuerza de su pequeña cuchilla femenina que alcanzó un lado de mi cuello e hizo que perdiera el equilibrio. Mientras intentaba tenerme en pie, un segundo golpe me alcanzó en la parte de detrás de las piernas traseras, haciendo que mis rodillas se doblaran. Mis cuartos traseros cayeron a tierra e inmovilizaron mi cola debajo de mí. ¡Fwapp! Un tercer golpe hizo caer mi parte delantera. Intenté cortar la caída con las manos. Pero los brazos andalitas no son tan fuertes como los brazos humanos. Caí golpeándome la barbilla sobre la hierba. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] Estrid puso su pierna delantera izquierda sobre mi garganta. <¿Alguna pregunta?> <Impresionante,> concedí. Era un clásico [i]hald-wurra[/i] hermosamente ejecutado. Esa palabra provenía del antiguo idioma andalita y significaba “victoria en tres golpes.” Levantó su casco y se inclinó para ayudarme. Tomé su mano y me puse en pie de un salto. Le doblé el brazo detrás de la espalda y levante la cuchilla de la cola justo a tiempo para bloquear su golpe defensivo. Se oyó un fuerte estrépito cuando nuestras cuchillas chocaron. Solté su brazo y retiré mi cola. Salté hacia atrás. <Yo apuesto por Aximili.> Aloth se acercó entusiasmado para tener mejor vista. <Eres un idiota,> replicó Arbat. <Ella acabará con él en dos movimientos. Pero acepto la apuesta.> ¡WHOOSH! Eché la cabeza hacia atrás. La cuchilla de su cola, vuelta para presentar su filo romo, erró mi garganta por centímetros. “¿Ax?” la voz del Príncipe Jake estaba llena de sincera alarma. <Por favor, no interfieras,> dije abruptamente. Agité mi cola con fuerza. No con tanto fuerza como podía. Ella echó la cabeza hacia atrás, como había esperado, permitiendo que mi cola volviera a atacar con incluso más velocidad y rapidez. Mientras se acercaba a su cabeza, giré para que golpeara con el lado plano. El golpe la pilló desprevenida. Cayó al suelo. Rodó y se puso en pie de nuevo con mucha destreza. No iba a dejarse derrotar fácilmente. <Tienes un buen golpe,> dijo. <Pero el mío es mejor.> ¡Fwapp! ¡Fwapp! Tenía razón. Nunca había visto una cola moviéndose tan rápido. En un instante me alcanzó dos veces con el mismo movimiento. Esta vez fui yo el que caí y rodé. Me levanté, aunque no tan hábilmente como ella. <Ooh, eso ha tenido que doler,> comentó Marco. <Eso que has hecho ha estado bien,> observó Estrid. Me alegré de que no se me notara el cansancio. <Gracias. No me verás hacerlo de nuevo.> Se echó a reír. <Eso crees tú.> ¡CLANG! Bloqueó mi cola con la suya. El impacto de las cuchillas resonó entre los árboles. Empecé a temerme que podía perder de verdad. Sería insoportablemente humillante en frente de oficiales andalitas. <¡Ánimo, Ax-man!> gritó Tobias desde donde quiera que se estuviera escondiendo. Nos separamos de un salto, respirando ambos con fuerza. Ella agachó la cabeza y corrió directa hacia mí. Me quité de en medio de un salto y casi me lleva por delante. Me golpeó en un costado. Tardé un momento recuperarme y recordar algo que había aprendido en el primer día de mi entrenamiento. Estrid se lanzó al ataque, preparándose para girar sobre sus piernas delanteras y asestar otro golpe con su cola. Yo también giré, quitándome de su camino. Falló. Pasó de largo. El peso y velocidad de su cola la hicieron caer. Rodó sobre su cabeza y cuello y aterrizó sobre la espalda con un grito de dolor. Arbat corrió hacia ella. <¡Estrid!> Ella se quedó quieta durante un momento. Entonces empezó a reírse. <Me has vencido con el movimiento más simple del código.> <A veces las soluciones más simples son las más efectivas,> repliqué. Si ella hubiera sido un macho, yo me habría puesto a alardear. Pero no parecía muy elegante jactarse de una hembra vencida. Incluso aunque esta fuera muy muy buena. Aloth se rió alegremente. Había ganado su apuesta. El Príncipe Jake me observaba con el ceño fruncido. Agitó levemente la cabeza y puso los ojos en blanco. Esta es una expresión humana con bastantes interpretaciones. En este caso, creo que mi Príncipe pensaba que me estaba comportando como un idiota. Podría haber ayudado a Estrid, pero Arbat ya la estaba levantando. <Lo siento,> le dijo ella. <Has perdido tu apuesta.> <Has luchado bien,> dijo orgullosamente. Me miró con un nuevo respeto en sus ojos. <Pero tú has luchado mejor. No has olvidado tu entrenamiento en la academia y muestras indicios de una gran experiencia de batalla.> <He luchado en muchas,> dije. Arbat me lanzó una mirada especulativa. <Creo que compartimos objetivos, Aximili, y que tú y yo tenemos mucho en común. Visser Tres mató a tu hermano. Lo que Visser Tres le hizo a mi hermano es peor que la muerte.> “¿Qué le hizo?” preguntó el Príncipe Jake. La cara de Arbat no mostró emoción alguna. <Alloran es mi hermano. El huésped de Visser Tres.> Yo no era tan dueño de mis emociones. Me estremecí de forma involuntaria. Los ojos del Príncipe Jake se agudizaron. “Así que habéis venido para…” <Para asesinarle,> respondió Arbat. <Sí. Nuestra misión es matar a Visser Tres.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] “La venganza es absurda e inmoral,” insistió Cassie. “La vengaza es sólo otra palabra para justicia,” dijo Rachel, con las facciones endurecidas. “Está hablando de matar a su propio hermano,” discutió Cassie. “Tuvo su oportunidad cuando lo del lío en el periódico,” intervino Marco. “No estaba preparado,” replicó Rachel. “Visser Tres no da muchas segundas oportunidades,” dijo Marco. “Quizá estos tipos sólo están persiguiendo humo. Quizá Arbat no es tan fuerte como cree. Aunque Aloth parece problemático.” Observé como un grupo de zanates picoteaba algunas semillas esparcidas. Uno de ellos parecía no tener hambre. En vez de pavonearse y moverse en círculos, se quedó a un lado, mirando al frente sin parpadear. <¿No parece enfermo ese pájaro?> pregunté a Cassie. Cassie miró al pájaro y frunció el ceño. “No lo sé.” El pájaro agitó las alas y voló hasta las vigas. Caminó vigorosamente a lo largo de la viga, picoteando trozos de paja sueltos. “A mí me parece sano,” dijo Rachel. “Olvida los pájaros,” nos cortó Marco. “Tenemos cosas que discutir aquí.” Tenía razón, claro. Al menos a cerca de la importancia del tema. Deseé que no tuviera razón sobre Arbat. Arbat nos había revelado que Visser Tres ocupaba el cuerpo de su hermano. Entendía muy bien por qué había vacilado cuando tuvo la oportunidad de matar a Visser. Lo entendía y simpatizaba con él. Y aún así, me preocupaba. Cualquier andalita -y muchos humanos- morirían antes que continuar sirviendo como huéspedes. Pero matar o no es una decisión agonizante. Y así es como debe ser. La madre de Marco es un controlador. El hermano del Príncipe Jake, Tom, también es un controlador humano. No le dije a Arbat que yo también había sido incapaz de matar a Alloran. Ni siquiera cuando el anterior príncipe guerrero me suplicó por su muerte cuando el gusano que era Visser Tres abandonaba temporalmente su cuerpo envenenado. No pude. Para mi eterna deshonra, no puede matarle. Y exactamente como Alloran había temido, los yeerks le revivieron. Visser Tres volvió a infestarle. Así que escuchamos mientras Arbat nos explicaba la misión de la Unidad O. El Concilio de Guerra quería a Visser Tres muerto. Visser Tres era una continua vergüenza para nuestra gente. Le habíamos permitido quedarse con un huésped andalita y habíamos sido incapaces de detenerle. Visser Tres era un enemigo. Estábamos en guerra. Tenía sentido. ¿Pero por qué había sido escogido Arbat para la misión? Seguro que a alguien se le había ocurrido que organizar y ordenar la muerte de su hermano era algo particularmente difícil de hacer. “La guerra es una cosa,” dijo ahora Cassie. “El asesinato es otra. ¿Qué ganamos ayudando a Arbat y a Aloth a asesinar a Visser?” Hablé. <Según las costumbres andalitas, el asesinato de un miembro de la familia debe ser vengado. Quizá juntos, Arbat, Aloth y yo podamos tener éxito donde cada uno de nosotros por nuestra cuenta hemos fallado.> “Eso me suena a plan,” dijo Rachel. “Es un plan terrible. No le ayudes, Ax,” me rogó Cassie. “Alloran aún está vivo. Donde hay vida hay esperanza.” “Gran cliché,” se mofó Marco. <Un guerrero andalita preferiría morir antes que servir de huésped a un yeerk,> dije. <Supongo que es cuestión de vivir libre o morir,> dijo Tobias con calma. Estaba posado en una barandilla un poco alejado del resto. “No, sólo se trata de cobardía,” insistió Cassie, llevándose las manos a los labios. “La salida más fácil. Si estás muerto no tienes que luchar por tu libertad, ¿no?” Hubo un largo silencio. Nadie dijo nada. Miré al Príncipe Jake, pero estaba sentado con la cabeza entre las manos. “¿Jake?” dijo Cassie. No hubo respuesta. Marco se levantó impaciente. “¿Estamos todos ciegos o qué? ¿Por qué hablamos de esto siquiera? Venga, sabemos lo que viene ahora. Estamos aquí sentados discutiendo como siempre, preguntándonos lo que deberíamos hacer a continuación. No hay continuación. Se ha acabado. Se ha acabado del todo, ¿vale? Luchábamos porque pensábamos que los andalitas llegarían algún día, en algún momento. Hemos estado aplazando lo inevitable. Retrasando a los yeerks para que no fuera demasiado tarde cuando llegaran los grandes andalitas.” Rachel dejó escapar un suspiro exhausto. “Por mucho que odie admitirlo, Marco tiene razón. El ejército no va a llegar. Los andalitas no han venido para ayudar a salvar la Tierra. Están aquí para que Arbat y el comandante andalita puedan cumplir su objetivo con Visser. No son los refuerzos que vienen a salvarnos.” “¡Exactamente!” dijo Cassie. “Es personal. Es político. Pero no hay ningún valor estratégico en esa misión. No hay una verdadera razón militar y eso lo convierte en un simple asesinato.” “Hey, Cassie, deja que te diga una cosa,” la cortó Marco. “¿A quién le importa? Sí, ¿a quién le importa toda tu moralidad? ¿Estás prestando atención siquiera? ¿Qué piensas, que nosotros seis vamos a ganar esta guerra? ¿Solos? ¿Cuatro chicos, un pájaro, y un extraterrestre? Seis chicos que pueden convertirse en animales, ¡genial! Hemos magullado a los yeerks, los hemos frustrado, los hemos retrasado, pero somos piedrecitas en sus zapatos. Siempre se ha tratado de que nosotros resistiéramos hasta que los andalitas pudieran montar su D-Day y salvar nuestros patéticos culos.” Nunca había oído a Marco hablar tan severamente a Cassie. Pero más sorprendente fue que Jake no hiciera ningún indicio para hacerle callar. Había estado tan distraído por Estrid, por volver a ver a mi gente, que había pasado por alto lo devastadoras que estas noticias tenían que ser para mis amigos. Habían esperado que vinieran a salvarles. En lugar de eso se les presentaba otro complejo problema, más peligros, más esfuerzos vanos. Observé cada una de sus caras con mis ojos móviles. Estos no eran los humanos que conocía desde hacía tanto tiempo. El Príncipe Jake se levantó. “Si los andalitas fueran en serio con lo de ayudarnos, habrían enviado una flota. Y Cassie tiene razón, cambiarán a Visser Tres por cualquier otro Visser, ¿cómo nos ayuda eso? Y Marco también tiene razón. Estamos cansados. Estamos tan cansados que a veces no creo que pueda sacar fuerzas para respirar. Y ahora, en lugar de ayuda, una ayuda que necesitamos urgentemente, nos encontramos con lo que evidentemente son los desechos de las fuerzas andalitas. Gonrod es un idiota. Aloth es sólo un soldado raso. Estrid es una novata. Y Arbat es un loco.” “¿Entonces cuál es el plan?” preguntó Rachel. El Príncipe Jake no dijo nada. Era triste. Eso es lo que sentí. Muy triste. Nos habíamos vuelto hacia el Príncipe Jake tantas veces y siempre había estado ahí con una respuesta, un plan, o al menos una esperanza. Marco abofeteó flojamente a Rachel. “Despierta. Cualquier plan que hayamos tenido –o que tengamos- no vale ya nada. La guerra ha acabado. La Tierra pierde.” La explosión fue instantánea. Rachel arremetió contra Marco. “¡No se te OCURRA volver a tocarme!” gritó. Marco cayó al suelo y se protegió la cara con los brazos. “Déjame. ¡Déjame, bestia!” “¡Parad! ¡Parad!” gritó Cassie. Tobias bajó al suelo. Se rió mordazmente. <Ya está. No lo soporto más. Me estoy volviendo loco. Me largo. Me largo de [i]aquí[/i], de [i]todo esto[/i], no puedo más, tío.> Tobias agitó las alas y salió volando del granero. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] “¡Vale, para ya, Rachel!” el Príncipe Jake la apartó de Marco. La agitó con fuerza. Rachel retrocedió y se quitó el pelo de los ojos. Marco se las arregló para levantarse. “Enfrentémonos a los hechos,” resolló. “A los andalitas no les importa. Esto no es por la Tierra. Es para levantar la moral andalita acabando con el tipo que convirtió en huésped a uno de ellos.” Hubo un largo silencio. Todo el mundo me miró. Se me quedaron mirando como si esperaran –como si desearan- que negara la verdad de las palabras de Marco. “¿Ax?” me instigó el Príncipe Jake. Moví la cabeza. ¿Qué podía decir? El Príncipe Jake frunció el ceño. “Entonces, ¿qué queremos hacer?” “Yo sé lo que voy a hacer.” Rachel le dio una patada furiosa a un cubo de metal. Rodó estrepitosamente a lo largo del sucio suelo del granero. Dos gansos heridos dejaron escapar farfullos de alarma. Un pequeño conejo marrón que había estado sentado al lado de un fardo de heno se quedó tieso y desapareció inmediatamente de la vista. Cinco o seis zanates que habían estado picoteando en la basura graznaron y volaron a las vigas. “Rachel,” dijo Cassie suavemente, poniendo la mano sobre el brazo de su amiga. “Por favor. Te necesitamos.” Rachel apartó la mano de Cassie. “A partir de ahora lo voy a hacer a mi manera. No más Convención de guerra de Ginebra. Si voy a hundirme, me voy a llevar conmigo a todos los yeerks que pueda.” Se dirigió airada hacia la puerta. “¡Rachel!” gritó el Príncipe Jake. Rachel se giró. Tenía la cara roja de furia. “He acabado con lo de obedecer tus órdenes,” siseó a través de sus dientes apretados. “He acabado con Marco y sus estúpidas bromas. He acabado con la hipocresía de Cassie.” Rachel levantó el puño y golpeó una linterna que colgaba de un gancho. El cristal se rompió y cayó al suelo. “He acabado con todos vosotros,” gruñó, y salió como un torbellino del granero. Cassie cogió una escoba de una esquina y empezó a barrer los cristales. “No contéis conmigo tampoco,” dijo suavemente. “Si esta batalla no se puede ganar, ¿cómo justificamos la matanza de hork-bajirs? Básicamente, son prisioneros de guerra. Víctimas inocentes.” “Cassie,” suplicó el Príncipe Jake. Una lágrima bajó por su mejilla. “No puedo seguir haciéndolo.” Soltó la escoba y salió corriendo del granero. Marco se metió las manos en los bolsillos. “Supongo que yo también estoy fuera. Voy a disfrutar del tiempo que me queda. Adquiriré a un surfista que sea un imán para las nenas. Saldré por ahí.” “Marco,” susurró el Príncipe Jake. “Por favor.” Marco puso su mano sobre el hombro del Príncipe Jake. La dejó caer cuando éste retrocedió. “Jake. Ax-man. Que tengáis una vida larga y próspera.” El Príncipe Jake y yo nos quedamos solos. Nos quedamos mirando el uno al otro. <Aún estoy bajo tus órdenes.> Le ofrecí mi mano para estrecharla como hacen los humanos. El Príncipe Jake la apretó entre las suyas. Sus ojos estaban tristes. “No puedo retenerte por un juramento. Los demás tienen razón. Se ha acabado. Vete. Haz lo que tengas que hacer. Y si puedes, vete a casa.” El Príncipe Jake me apretó la mano con fuerza, olvidando que las manos andalitas no son tan fuertes como las manos humanas. Sabía que era una expresión de afecto. Intenté devolverle el apretón. El Príncipe Jake echó los hombros hacia atrás y levantó la barbilla. “Adiós,” dijo. “Y gracia. Por todo.” Salió lentamente del granero. Su silueta desapareció en el brillante resplandor del sol de la mañana. Me quedé solo. Recordando. Todo estaba tranquilo por primera vez en mucho tiempo. Nada de discusiones o debates. Demasiado tranquilo, en realidad. <Estrid,> dije finalmente. <Si vas a adquirir formas terrícolas, debes aprender cómo usarlas. Los conejos no suelen perseguir a grandes criaturas de cuatro patas como yo a lo largo del campo y luego al interior de un granero lleno de humanos gritando.> Debajo de la tablilla de la parte inferior del establo, apareció el pequeño conejo marrón. Estrid volvió rápidamente a su forma y parpadeó avergonzada ante su error. <Tengo mucho que aprender.> <Te enseñaré,> dije simplemente. Sus cuatro ojos me miraron y sonrieron. <Estarás mejor con los de tu propia especie.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] La nave andalita estaba escondida en un gran solar al otro lado de la valla de un centro de entretenimiento familiar llamado Los Jardines. Yo conocía bien Los Jardines. Dentro había un zoo donde el Príncipe Jake, los demás y yo habíamos adquirido numerosas formas útiles. Volamos hasta allí desde el granero. Antes de marcharnos Estrid adquirió la forma de un pájaro terrícola. Un cuervo. Volamos lo suficientemente separados como para evitar sospechas. Según descendíamos, un “agujero” cuadrado iba apareciendo en el cielo. La parte más alta de la nave. Volamos al interior y se cerró detrás de nosotros. <Esta es la cubierta superior,> explicó Estrid. <Transformémonos y te llevaré hasta la cubierta de mando.> Volvimos a nuestra forma y me guió a través de los vestíbulos y pasillos que conectaban lo que parecían muchas alas. Era grande para ser una nave de batalla. Pequeña para una transportista. <Esta nave se llama [i]Crusader[/i]. Es una MSTL-37,> explicó. <Una nave Laboratorio Científico y Tecnológico Móvil. Bastante obsoleta hoy en día.> <Extraña elección esta nave para enviaros en semejante misión.> Ella se encogió de hombros. <Es de lo que podían prescindir. Los cazas y transportistas eran necesarios en Nine-Sifter.> Nos quedamos de pie delante de un hueco de descenso y esperamos a que las puertas se abrieran. <Estrid, me gustaría pedirte un favor.> Sus cuatro ojos observaban mi cara con curiosidad. <Aún respeto a mi antiguo príncipe. Hemos peleado juntos en muchas batallas. Apreciaría que te abstuvieras de informar de que fue incapaz de mantener el control sobre sus guerreros. No querría que lo subestimaran. Ha luchado valientemente.> <Tú mantuviste mi secreto. Yo mantendré el tuyo.> La puerta del hueco de descenso se abrió y entré detrás de ella. Estaba intranquilo. Mi petición había sido una prueba. Pero no estaba seguro de si ella la había pasado o no. Me sentí agradecido por su buena voluntar en proteger a mi príncipe. Pero, ¿qué tipo de [i]aristh[/i] aceptaría ocultar esa delicada información ante sus superiores? ¿La habían instruido para ganar mi confianza con el objeto de espiarme? ¿O era sólo que no estaba bien entrenada? ¿Qué no era adecuada para el ejército por su género? Tomé la decisión de mantener la guardia y los ojos bien abiertos. Observé cómo sus dedos bailaban sobre un panel de control mientras programaba un código de acceso para mí. Sus manos eran pequeñas. Y gráciles. Cuando terminó, volvió sus cuatro ojos hacia mí. El ritmo de mis corazones se aceleró. Había sentido sus cuatro ojos mirándome bastante a menudo. También eso era extraño. La primera lección que todos los [i]aristh[/i] aprendían en la academia era: “Dos ojos al frente y los otros dos vigilando.” Siempre. Un soldado nunca, jamás, centraba toda su atención en el mismo punto. El ascensor nos bajó dos plantas y nos dejó ahí. Salimos a la cubierta de mando. Gonrod, Aloth, y Arbat estaban esperándonos. <¡Aximili!> Arbat se adelantó para saludarme. Su voz era de bienvenida. Saludé e hice la inclinación tradicional andalita. <Comandante Gonrod. Mi príncipe me ha dispensado y ahora me comprometo a ti.> Gonrod pareció ablandarse por el respeto que le mostré. <Somos bastante informales en esta misión,> dijo Arbat. Gonrod se ofendió. <Pero la cadena de mando está clara.> <Claro. Claro,> le dijo Arbat a Gonrod. <No quería sugerir otra cosa.> Arbat se acercó a la terminal en la que Aloth calibraba una colección de armas de mano. <Pienso matar a Visser Tres con una de estas.> <¿Cómo puedo ayudar?> le pregunté. Arbat me cogió del brazo. Me guió hasta el perímetro exterior de la cubierta donde podíamos observar a través de las ventanas los inhóspitos matorrales de fuera. Me habló a través de la telepatía privada. <Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que haga falta para destruir a Visser Tres. ¿Lo estás tú?> <Espero con impaciencia el día en que Visser Tres ya no sea una amenaza para la gente libre,> le respondí cauteloso. <Confío en ti, Aximili. Lo has hecho muy bien para haber sobrevivido aquí. Espero beneficiarme de tus consejos y experiencia.> Me moví inquieto. Un Consejero de Inteligencia de Nivel Apex es el rango más alto de la división de inteligencia. Un [i]aristh[/i], el rango más bajo del ejército regular. En la Tierra había seguido órdenes, no liderado. Tampoco había conseguido matar a Visser Tres. Además, había violado –con palabras y actos- más códigos militares andalitas de los que podía contar. Entonces, ¿por qué me trataba Arbat con un respeto tan cuidadoso? Un respeto que no me había ganado según los estándares andalitas. Quería algo de mí. ¿Pero qué? [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Arbat se marchó en cuanto oyó acercarse los pesados golpes de los cascos de Aloth. <[i]Aristh[/i] Aximili,> dijo Aloth. <El Comandante Gonrod me ha pedido que te enseñe la nave.> <¡Excelente!> exclamó Arbat. <Dale una vuelta a nuestro nuevo camarada.> Saludé a Arbat y seguí rápidamente al asesino por el pasillo. <Si oigo una historia de guerra más de esa viejo chiflado puede que tenga que autodestruirme,> dijo Aloth cuando las puertas del ascensor se cerraron detrás de nosotros. Me dejó conmocionado, pero no pude evitar soltar una risita. <¿Cómo puedes hablar así de un Consejero de Inteligencia de Nivel Apex?> Aloth resopló. <¡Y retirado de las seis últimas guerras! ¡Ahora es profesor! Profesor de historia de la tecnología.> Como muchos soldados, Aloth tenía poco respeto por cualquiera que no fuera un guerrero. <¿Enseña en la academia?> pregunté. <¡No! En la Universidad de Teoría Científica Avanzada.> La UTCA estaba llena de mentes brillantes, pero se les conocía por su poco sentido práctico. Y desde luego, no por sus habilidades para la batalla. Parecía muy extraño que el Concilio de Guerra enviara a un profesor de historia tecnológica de edad avanzada para dirigir un asesinato. Pero desde luego, el ejército había sufrido muchos cambios desde que dejé mi planeta de origen. <Hembras [i]aristh[/i], según veo. ¿Cómo está yendo?> Aloth resopló de nuevo. <Aún estoy esperando a que Estrid encuentre alguna forma de ser útil.> <¿No tiene tareas?> Aloth se encogió de hombros. <Ninguna que parezca necesaria. Gonrod y yo intentamos desviarnos y dejarla en la base. Pero Arbat fue inflexible en cuanto a que se quedara a bordo.> <¿Por qué?> Él se encogió de hombros. <No puedo imaginar ninguna razón por la que quisiera a una inexperimentada hembra [i]aristh[/i] en una misión como esta. Especialmente una que no se atiene al reglamento. Se comporta más como una princesa que como un [i]aristh[/i]. Y así es como Arbat la trata.> La perezosa insolencia de Arbat había desaparecido. Parecía perdido en pensamientos agitados. <¿Te preocupa su presencia?> me aventuré, preparado para que me hiciera un desaire. No lo hizo. En lugar de eso, reanudó su perezoso pavoneo de guerrero. <Supongo que no. Probablemente está aquí porque la selección de personal de ambos géneros es un pequeño proyecto que Arbat le vendió al Concilio de Guerra. O quizá es la sobrina de alguien y obtuvo un viaje rápido por la academia.> Aloth me lanzó una mirada significativa y se echó a reír cínicamente. Tenía la sensación de que acababa de pasar algo por alto. Pero si todo eso fuera verdad, explicaría muchas cosas del comportamiento de Estrid. <Supongo que ninguno de nosotros somos lo que llamarías “seguidores estrictos del reglamento,”> añadió Aloth con una risa irónica. <¿No? ¿Qué quieres decir con eso?> <Nada que me apetezca explicarle a un [i]aristh[/i],> me cortó soltando una risita. <Ni siquiera al hermano de Elfangor. Ahora deja de hacerme preguntas y escucha para variar un poco. Puedes aprender algo.> Esta era la dinámica que yo entendía. El desdén bienintencionado que un aristh modesto esperaría de un guerrero experimentado. <Estamos en el tercer nivel. Aquí está la sala de ingeniería. El almacén. Las habitaciones. La tuya es la del fondo.> <¿Qué hay en el segundo nivel?> <Nada. Solía ser un laboratorio. Ahora está cerrado para que no tengamos que gastar energía en la conversión adaptativa del ambiente. ¿Crees que podrás moverte por aquí sin perderte?> <Creo que sí. ¿Cuál es mi puesto en caso de que la nave sea atacada?> Aloth se encogió de hombros. <Esta nave no tiene suficiente artillería como para parar a un carguero Skrit Na averiado. Si un buen caza Insecto viene a por nosotros… Entiéndelo así: si nos atacan tu misión será la de besar tu cola y despedirte de ella.> Aloth se echó a reír cínicamente. Yo no le veía la gracia. <Vamos. Este ha sido el tour. Volvamos a la cubierta de mando. El viejo gruñón quiere “dar parte de ti.”> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Algo después Gonrod, Aloth, Arbat y yo nos encontramos en la cubierta de mando. Estrid no estaba presente. <Háblanos de Visser Tres.> Arbat parecía ansioso. Gonrod menos. <¿Dónde está cuando no se encuentra en su nave Espada?> <No lo sé,> respondí. <¿Cómo lo encontráisteis en la oficina del periódico?> <No lo encontramos,> dijo Arbat. <Te encontramos a ti. Los sensores de nuestra nave estaban programados para localizar tu patrón de ADN. Pudimos descargarlo de los archivos de la academia.> <¿No podemos hacer lo mismo con Alloran?> pregunté. <Alloran es de los viejos tiempos. Antes de que empezáramos a usar las codificaciones de ADN.> <Ya veo. Entonces el medio más probable de encontrarle será en la próxima reunión de La Alianza en el Centro Comunitario. Acude a menudo. No siempre, pero a menudo. Si eso falla, pasa mucho tiempo en el complejo del estanque yeerk.> Expliqué lo que era La Alianza, y que Visser Tres se presentaba muchas veces en forma humana para dirigirse a los que asistían. Les hablé también de la localización del estanque yeerk. <¿Cuántos yeerks estarán presentes en la reunión?> preguntó Arbat. <Sólo estamos interesados en un yeerk,> cortó Gonrod. <Nuestras órdenes son claras y específicas. Un objetivo y habremos acabado. Siempre y cuando Aloth pueda acabar con él.> <Aloth acabará con él,> aseguró Arbat fríamente. <No te apresures, no será nada fácil,> dijo Aloth. <Apuntar al blanco, un blanco móvil -y apuntar para matar-, disparar, y asegurarte de que has cumplido. Acabar con una vida no es fácil. Y ni siquiera es un blanco ordinario, Arbat, sino tu hermano. Yo también tengo un hermano. Me pregunto si, cuando llegue el momento, te parecerá tan fácil dar la orden final.> Arbat ignoró a Aloth. O lo intentó. <Esa es una cuestión que a todos nos gustaría que fuera respondida,> dijo Gonrod. <Es una cuestión que será respondida cuando dé esa orden y libre a la galaxia de la Abominación,> soltó Arbat. Era la primera vez que le había visto perder lo que mis amigos humanos llamarían “su frialdad.” Se recobró rápidamente. <Necesito tanta información como pueda conseguir. ¿Puedo continuar con el interrogatorio de este [i]aristh[/i]?> <Muy bien.> Gonrod le dio permiso de mala gana. Miró de reojo nerviosamente a los diversos monitores de vigilancia. Parecía extraordinariamente intranquilo para ser un comandante. <¿Qué hay del estanque yeerk? ¿Sería posible acceder a él?> me instó Arbat. <¡No iremos allí!> insistió Gonrod con voz estridente. Aloth contuvo una risita. Gonrod le lanzó una mirada agresiva por toda respuesta. <El [i]aristh[/i] nos ha proporcionado el escenario perfecto. Atacaremos en esta reunión de La Alianza. Mañana por la mañana. Nos ocuparemos de Visser Tres y nos marcharemos.> Arbat abrió las manos, como apelando a la razón de Gonrod. <Comandante, si el objetivo se ampliara, y matáramos a muchos, quizá miles de yeerks, sería mucho mejor.> <¡No se ampliará el objetivo!> interrumpió Gonrod. <Cumpliremos nuestras órdenes y después nos marcharemos.> Vi a Estrid en la entrada curva que daba al pasillo de salida. <Comandante Gonrod,> anunció. <Voy a visitar Los Jardines y me gustaría que Aximili me acompañara. Puede ayudarme a familiarizarme con las criaturas terrestres.> Contuve el aliento. Nunca había escuchado a un [i]aristh[/i] anunciar sus planes y deseos a un oficial superior. Normalmente esperamos órdenes. Los ojos móviles de Gonrod temblaron de furia. Estrid no parecía tener ni idea de que había cometido una falta de conducta militar. Me quedé a la espera, apesadumbrada. No me iba a gustar ver cómo la reprendían. Extrañamente, Gonrod no hizo nada. <Muy bien,> respondió secamente. <Vamos, Aximili,> dijo felizmente. La seguí hasta la escotilla de salida. Era tarde en el horario terrestre. Los Jardines estaban cerrados. No había humanos que nos vieran desembarcar y descender al suelo por la rampa cubierta. Aún así, me sentía inquieto. Estrid era preciosa. Una luchadora bien entrenada. Pero no un soldado. ¿Quién era entonces? [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] Durante el día las palomas y las ardillas llenaban los caminos de Los Jardines. Pero por la noche están vacíos. No se oía sonido alguno excepto nuestros ocho cascos caminando lentamente. Normalmente me habría preocupado de que nos pudiera ver el personal de seguridad. Pero por supuesto Estrid no sabía nada de eso. Y yo confiaba en que no nos molestarían. <Arbat dice que la Tierra tiene una variedad de especies mayor que ningún otro planeta conocido. Cuando escaneamos tus patrones de ADN los ordenadores se colapsaron.> <Háblame de Arbat y Gonrod,> dije. <Arbat dice que Gonrod es un piloto excelente. Y que Aloth sacó la puntuación más alta de tiro en la historia de la academia. Arbat dice que es un francotirador de alto nivel.> <Arbat dice.> Otra vez. De pronto, lo comprendí. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? ¡Estrid era la nieta de Arbat! Claro. Eso era lo que Aloth había estado insinuando. Arbat podía ser un profesor de historia tecnológica, pero seguía siendo un Consejero de Inteligencia Nivel Apex. Batía una gran cola en el Concilio de Guerra. No había duda de por qué Estrid se le permitían tantas libertades. Sus cuatro ojos me miraron. <Me pregunto…> <¿Sí?> <Las bolitas se llamaban gominolas. Me encantaría volver a probarlas antes de dejar la Tierra.> <Creo que podemos encontrar algunas bolitas por aquí cerca.> Uno al lado del otro, trotamos a través de la fría y oscura noche hasta el edificio principal. El Centro de Visitantes. Fuera del edificio había algo que Jake y Marco llamaban “máquina expendedora”, una enorme caja de cristal que contenía comida deliciosa. No había bollos de canela ni gominolas. Pero sí muchas otras cosas que deleitarían a Estrid. Me volví y le lancé una patada a la máquina. De los ganchos de dentro de la máquina cayeron paquetes de colores brillantes a una bandeja que sí podía alcanzar. Probablemente no estábamos haciendo bien. Los humanos son muy susceptibles con la propiedad privada. <¿Qué son?> preguntó Estrid. <Te gustarán,> le prometí, empezando a transformarme en humano. Los ojos móviles de Estrid se desvanecieron en su cráneo. Sus manos y piernas se retrajeron. Se quedó tendida en el suelo, una bola redonda de fino pelo azul. El pelo desapareció y se hizo liso y rosa. Entonces, con un estallido, la bola redonda se convirtió en humana. Totalmente vestida con lo que los humanos considerarían ropas normales. Estaba asombrado. Nunca había visto una transformación tan eficiente. Y la habilidad de transformar algo que no fuera pantalones de ciclista pegados a la piel y camisetas requería un poder de concentración casi sobrenatural. “Eres una [i]estreen[/i]… nuh,” dije. “Mi mmmmmadre… dre. Era una bai -bailarina…de transformacione -ciones… ¡dre! Bailarina-ba. ¡Aprendí mucho de ellaaaa!” Abrí uno de los paquetes y vertí el contenido en su palma. Ella se lo metió en la boca y su cara empezó a brillar. “Bolitas brillantes…ssss. Fantástico… co-o. Gominolassssssuuhh. Más. Más.” Vacié el resto en su mano. “No son gominolas. M&M’s. El sabor se llama chocolate. Choc-late.” Se echó a reír. “Hablar por la boca es muy divertido. Di-ver-ti-dooo.” “Sí, las bocas son muy interesantes. M&M’s. Choc-late. Mira esto…” Saqué la lengua y la apoyé ligereamente en el labio superior. Entonces soplé con todas mis fuerzas. “¡¡¡Thhhhbbbbbbbbbbb!!!” Estrid estalló en carcajadas. Lo hice de nuevo. “¡¡¡Thhhhbbbbbbbb!!!” “¿Qué significa?” resopló. “Se llama silvar,” dije. “No sé por qué.” “Sería muy duro… duro-ro tener una boca todo el rato. Rai-tom. Rato-o. Sería muy difícil concentrarse en una ecuación plintconarítmica durante más de dos minutos. Uno estaría demasiado ocupado saboreando el chocolate y haciendo sil -vidos… ¡ssss!” “¡Thhhhhbbbbbbb!” las vibraciones hicieron temblar mis labios. Ella se acercó, observando mi boca con intensidad. Tan cerca que podía sentir sus rizos humanos rozando mi cara. “Tienen otro uso para las bocas,” dije. “¿Además de comer y hacer ruidos?” “Sí. ¿Te gustaría probarlo?” “¿Es agradable?” preguntó. Encogí mis grandes hombros humanos. “No lo sé. Nunca lo he llevado a cabo antes. Requiere dos individuos, cada uno poseedor de al menos una boca.” “Vamos a probar. Bar. Proooobar.” Tomé la cara de Estrid entre mis manos y apreté mis labios contra los suyos. No tengo palabras para describir la sensación. No hacía cosquillas en la boca, ni hacía que mis labios hormiguearan. Provocó un revoloteo caótico en mi estómago. Pequeñas sacudidas me recorrieron los brazos arriba y abajo. Ahora sólo tenía un corazón, pero latía a toda velocidad. Me retiré. “Ha sido agradable,” dijo Estrid. “Pero no tanto como el chocolate.” “No. Pero agradable,” dije. “Sí.” “Sí.” [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] Más tarde, Estrid y yo corrimos atravesando la noche. Uno al lado del otro. Eso también era agradable. Casi deseé que pudiéramos pasar así el resto de nuestras vidas. Juntos. Libres. No más guerra. No más obligaciones. No más miedo. Era posible. Si nos quedábamos en una forma más de dos horas, nos convertiríamos en [i]nothlits[/i], como Tobias. Podríamos irnos donde nunca nos encontraran ni los yeerks, ni los andalitas. Ni siquiera los animorphs. Lo consideré durante un breve momento. <¿Dónde vamos?> preguntó. Recordé la forma en que me había mirado cuando nos besamos. ¿Con admiración? ¿Confianza? ¿Alguna otra emoción? Podríamos huir, simplemente. Podríamos convertirnos en algo o alguien distinto. La vida sería sin duda más simple. Sería cuestión de vida o muerte, sobrevivir o fracasar. Simple; sólo blanco o negro. Pero en realidad la vida casi nunca es blanco y negro. Las opciones en el mundo real, las opciones a las que nos enfrentamos más a menudo, son todas de un abanico de grises. Y yo vivo en el mundo real. <Me gustaría volver a ver a mis amigos una vez más,> le dije. <¿Por qué?> <Hemos estado juntos en más batallas de las que puedo contar,> dije. <Ya no son mis compañeros de armas. Pero tampoco me son indiferentes.> <Tu lealtad es admirable,> dijo ella. <Sí, lo es,> dije abatido. Volamos sobre la ciudad para llegar al granero. Pasamos sobre el centro comercial, dejamos atrás la escuela, sobrevolamos un complejo de tiendas y restaurantes. Me tomé mi tiempo. Entonces, <¡Oh, no! Estrid, desciende en círculos como yo, pero mantente a una distancia segura.> Ahí abajo estaba teniendo lugar un terrible espectáculo. En el aparcamiento del McDonald’s un oso pardo aterrorizaba a un grupo de humanos. <Es Rachel,> le dije a Estrid tristemente. <Es bastante irascible.> Los adolescentes entraban gritando en el restaurante. Rachel cargó a través del parking. ¡BLAM! ¡BLAM! ¡CRASH! Uno por uno, fue golpeando parabrisas y ventanas, abriendo abolladuras de la profundidad de un pie en la chapa de metal. Las bocinas y las alarmas atronaban. ¡Whooo-OOP! ¡Whooo-OOP! ¡SKKareeeee! Rachel se lanzó echa una furia a través de la puerta del restaurante. La gente de dentro gritaba de terror. Rompió las ventanas y se precipitó de nuevo hacia el parking. <¿Qué está haciendo?> preguntó Estrid. <¿Esos son controladores humanos?> <El restaurante lo dirige un controlador humano,> respondí. <No sé nada sobre los demás humanos. Me temo que su destrucción es indiscriminada. El Príncipe Jake nunca lo hubiera autorizado.> Vi a alguien más saliendo del restaurante. Cassie. Corrió hacia las sombras y desapareció. Momentos después, apareció un búho de la oscuridad y descendió del cielo. <Deprisa.> Seguimos a Cassie a distancia. Avanzamos a toda prisa hacia el granero. Estrid y yo volamos discretamente a través de un agujero del techo y nos posamos en una viga desde donde podíamos ver sin ser vistos. Marco yacía encima de una pila de fardos de heno. Estaba bebiendo una soda y leyendo una revista. “¡Marco!” gritó Cassie, ahora en forma humana. “Tienes que ayudarme. Rachel ha perdido completamente la cabeza y está destrozando el McDonald’s.” “No es mi problema. Yo prefiero el Burger King.” Cassie le quitó la revista a Marco de las manos. “Va a matar a alguien.” “¿Y qué más te da? Pensaba que estabas fuera de todo esto.” “No podemos mantenernos al margen mientras hieren a gente inocente.” Marco se encogió de hombros. “Habla por ti.” “¿Dónde está Jake?” preguntó Cassie. “Él me ayudará.” Marco cogió la revista de las manos de Cassie y se recostó otra vez. “No cuentes con ello.” “¿Por qué? ¿Dónde está?” “Estoy aquí,” respondió una voz. Cassie echó un vistazo por encima de la puerta de uno de los establos. “¡Jake! ¿Qué estás haciendo ahí?” El Príncipe Jake asomó la cabeza por la puerta. “Esconderme. Tom ha estado metiéndose conmigo toda la tarde. No puedo aguantarlo más.” “¡Entonces lucha!” gritó Cassie. Marco se rió por lo bajo. “¡Whoaaa! ¿Qué ha pasado con nuestra abogada pacifista residente?” “¡[i]Cállate[/i], Marco!” gritó ella. “¡Jake! ¿Vas a ayudarme o no?” Dos zanates de las vigas se pusieron a atacar a un tercero, apartándolo. Jake saltó y volvió a esconderse en el establo. “No.” Marco sonrió y siguió leyendo. “¿Y qué hay de Rachel?” gritó Cassie con voz rota. Marco bostezó. “Escucha, si aparece mañana por la playa, hablaré con ella. Ahora mismo, ¿por qué estropearle la diversión?” Cassie se quedó quieta durante un momento, temblando de furia. “¡IDIOTAS!” gritó. “¡FUERA!” <He visto suficiente,> le dije a Estrid. Salimos silenciosamente por el agujero del techo del granero, y alzamos el vuelo. <Te compadezco, Aximili,> dijo Estrid. <¿Cómo lo aguantabas? ¿Cómo podías soportar vivir entre criaturas tan inferiores?> <En el pasado lucharon bien. Pero están desmoralizados por la perspectiva de una derrota segura.> Su voz era escéptica. <Quizá. Pero ningún andalita se comportaría así. Incluso en la derrota, somos orgullosos.> Sonaba arrogante y vanidosa. Como yo. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] <¡Es la tercera vez en esta noche que he visto a ese pájaro de aspecto amenazador y pico afilado!> dijo Estrid. Nos estábamos acercando a la nave. Miré hacia donde estaba posado un ratonero de cola roja, a bastante altura. Por encima de un enorme grajo. <La Tierra tiene muchas especies de pájaros,> le recordé. <Y cada especie puede tener cientos de miles o incluso millones de miembros.> <Me resulta familiar.> <Todos los pájaros parecen iguales,> le dije. Atravesamos la escotilla volando. Recuperamos nuestra forma y volvimos al puente de mando. <¿Dónde habéis estado?> preguntó Gonrod. <Fuimos a inspeccionar el emplazamiento para el ataque después de visitar Los Jardines,> le dijo Estrid. No mencionó el granero. Arbat entró en la habitación. <¿Qué habéis averiguado?> Estrid y yo sacamos un sencillo mapa del Centro Comunitario. Luego Gonrod nos ordenó ir a tomarnos un buen descanso. Atacaríamos a la mañana siguiente. <Sería un honor poder ocuparme de la primera guardia,> dije. Gonrod asintió. <Muy bien. Pero no toques nada.> El equipo dejó el puente y desapareció. El grave zumbido del regulador mecánico y atmosférico hizo más denso el silencio. Ahora tenía tiempo de pensar. Pensé en Estrid. Su gracia. Su inteligencia. Lo mucho que había disfrutado viéndola en forma de pájaro. Lo mucho que había disfrutado besándola en forma humana. Sonreí, recordando su deleite con los M&M’s. Entonces me quedé sin aire. Había pasado algo por alto. Algo importante. Probablemente a causa de mis sentimientos por ella. “Sería muy difícil concentrarse en una ecuación plintconarítmia durante más de dos minutos.” ¡Física plintconarítmica! Ingeniería bioquímica punta. Ni siquiera los mayores cerebros andalitas intentan aprender sus elegantes pero complejas fórmulas y postulados. Dicen que nadie puede llegar a entenderlo de verdad. Requiere un pensamiento coherente en n-dimensiones. Es el don de los verdaderos genios. ¿Por qué tendría Estrid que concentrarse en una ecuación plintconarítmica? <No significa nada,> me dije. <Es un dicho. Una frase hecha.> Como cuando Marco dice que algo “no es exactamente ciencia espacial.” O cuando Rachel sonríe sarcásticamente ante alguien que es un “proyecto de Einstein.” Era sólo una frase que ilustraba el punto de vista de Estrid a cerca de que el sabor puede ser un distractor. Sólo una frase. Gonrod me dijo que no tocara nada. Sin embargo, a la unidad de acceso de la consola principal estaba ahí. Los cuatro ojos de Estrid se habían dirigido al panel de control cuando programó mi código de acceso. Había observado sus dedos. Ahora usaría ese código. Accedí a las estadísticas de la nave. Estrid tenía razón. Una vieja MSTL-37. Obsoleta para la investigación científica y prestada para el servicio de transporte médico de heridos y muertos en las últimas dos batallas. Intenté acceder a los archivos personales. Una luz verde empezó a parpadear. <¡DATOS CODIFICADOS! ¡SÓLO DISPONIBLES PARA AUTORIZACIÓN NIVEL APEX! INTRODUZCA CÓDIGO.> ¡Fwapp! La cuchilla de una cola se apoyó en mi garganta. <El espionaje es una ofensa capital.> Aloth. <No estoy espiando.> <¿Entonces qué estás haciendo?> <He olvidado muchas cosas,> mentí. <Estaba tratando de familiarizarme con el funcionamiento de la nave.> Me soltó y dejó escapar un largo suspiro de alivio. Sus ojos móviles examinaron la pantalla. Vio el mensaje. <¿Intentando familiarizarte con la nave? ¿O con tus camaradas?> <Ambos. No considero que eso sea espiar.> Aloth se apoyó contra la consola. <Ya veo. ¿Se te ha empezado a ocurrir que has ido a toparte con un mal equipo? ¿Es eso, hermano de Elfangor?> <Sólo soy curioso.> Aloth me miró intensamente. <Entrené durante un tiempo bajo las órdenes de tu hermano. Era diferente de la mayoría de los Príncipes. Muchos son… es casi como si la vida nunca les hubiera dado otra cosa que no fuera buenos pastos. Pero Elfangor… él había vivido. Se notaba. Había visto cosas.> <Sí. Las había visto.> No sabía qué más decir. No confiaba en la actitud de Aloth. El asesino era una persona peligrosa. Él se echó a reír con su cínica risa. <¿Quieres saber nuestros secretos? ¿Quieres saber quiénes somos? Te lo diré, pequeño Aximili. ¿Sabes qué hacía yo antes de presentarme “voluntario” para esta misión?> <No.> <Pasar el día sentado en una prisión militar. Cadena perpetua.> Retrocedí un paso. <No tienes que temerme, pequeño [i]aristh[/i]. No soy un peligro para [i]ti[/i]. Mi crimen fue no acatar las normas de la hipocresía.> <La hipocresía no tiene que ver con lo ilegal.> <No toda la hipocresía, desde luego,> asintió. <Si lo fuera, ¿qué sería de los líderes? Estarían todos entre rejas. En cuanto a mí, me descubrieron vendiendo órganos del campo de batalla. A los muertos no les servían de nada, ¿no es cierto? ¿Por qué no debería usarlos alguien? ¿Y por qué no debería recibir yo algo a cambio de las molestias?> El Código de Batalla Andalita prohíbe explícitamente la venta de órganos de los caídos en la batalla. Podría envalentonar a los menos escrupulosos a la hora de acelerar la muerte de un camarada. O causarla. Un golpe certero y un francotirador podrían garantizar un suministro continuo de órganos. No me extrañó que lo hubieran sentenciado de por vida. Tuve cuidado en no mostrar mi disgusto. <Sí, ya ves, [i]aristh[/i] Aximili, no soy el héroe del pueblo. Pero al menos no soy un cobarde.> <¿Estás diciendo que yo sí lo soy?> Se echó a reír sorprendido. <¿Tú? No, me refiero a Gonrod. Estaba en la misma prisión que yo, aunque él se enfrentaba a una sentencia menor. Su crimen fue la deserción.> Un cobarde y un asesino. Ambos oficiales andalitas. ¿Eran estos “los míos”? <Se nos ofreció un indulto si completábamos con éxito esta misión,> continuó Aloth. <¿Y qué hay de Arbat?> El asesino agitó la cabeza. <Por lo que sé, está aquí para asesinar a Visser Tres. Gonrod es un cobarde, pero un piloto excelente. Su trabajo era traernos aquí en una nave subestándar. El mío es matar a Visser Tres si Arbat puede llevarme lo suficientemente cerca como para hacerlo. Con tu ayuda puede que él cumpla con su parte. Suponiendo que yo también pueda cumplir con la mía.> <Ya veo. Eso tiene sentido.> <¿Lo tiene? No estoy seguro de que nada en esta misión tenga sentido.> No tenía nada que responder a eso. Pero me quedaba una pregunta. <Aloth, ¿quién está en realidad a cargo de esta unidad? ¿Arbat? ¿Gonrod? ¿O eres tú?> Aloth se echó a reír de nuevo. <A veces, pequeño [i]aristh[/i], creo que es la hembra.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] <Preparaos para aterrizar,> nos instruyó Gonrod. Nuestra nave quedó suspendida sobre el parque. Encubierta, por supuesto. Durante la última hora habíamos ido viendo llegar a la gente. La limusina de Visser Tres se había acercado a la entrada hacía cinco minutos terrestres. Los sensores de la nave habían sondeado el edificio y nos habían proporcionado un mapa del trazado interior del centro, incluyendo una sala de reuniones extremadamente grande. También habían localizado incluso lo que creíamos que podía ser otra entrada al estanque yeerk. Una habitación que parecía no tener suelo. Una profundidad de medida no-finita. <Os recuerdo que nuestra misión es muy delimitada y específica,> dijo Gonrod. <Aloth y Arbat, entrad por la puerta sur. Detened a cualquier guardia antes de que dé la alarma. Aximili y yo haremos lo mismo en la entrada este. Ambas entradas son bastante largas. El posible alboroto no se oirá en la sala de reuniones principal.> Aloth nos entregó nuestras armas. Cuando le dio la suya a Arbat, Aloth dijo, <Ya sabes, Profesor, si llegas antes que yo puedes hacer mi trabajo.> Arbat respondió con frialdad, <Si llego, lo haré.> <¿Apostamos algo?> <No. Haremos algo mejor que una apuesta. [i]Yo[/i] mataré a Visser Tres. Es una orden, Aloth. Tú no te moverás a menos que yo falle. ¿Está claro?> <Arbat, Aloth es un experto francotirador. Tú —> empezó Gonrod. Arbat sacó su arma, manipuló el ajuste de potencia, y continuó, <¿[i]Aristh[/i]? Coge el disco vacío y lánzalo. En cualquier dirección, no importa la fuerza.> No sabía a quién obedecer ni qué hacer. Pero Gonrod no contradijo la orden. Cogí el disco. Era del tamaño de una moneda humana. Lo lancé con un rápido movimiento de muñeca y voló por encima del hombro de Arbat. Él lo siguió con sus ojos móviles, apuntó, y disparó por encima de su hombro. El disco estalló en llamas. No había sido un acierto imposible. Yo mismo podría haberlo hecho, con práctica. Pero en cualquier caso resultó un tiro impresionante. <Uno no asciende a Nivel Apex sin unas habilidades básicas,> dijo Arbat. Aloth asintió. <Tú tienes el primer tiro, Profesor.> Aloth me dio un arma y empezó a comprobar la suya minuciosamente con la lenta y experta tranquilidad de una persona que ha hecho eso mismo muchísimas veces antes. <¿Y yo qué?> dijo Estrid. <He decidido que tú te quedarás en la nave,> dijo Arbat. <Es decir, el comandante Gonrod lo ha decidido,> se corrigió. <¡Ni hablar!> protestó enfadada. Gonrod se volvió irritado hacia ella. <¿Te niegas a acatar una orden del comandante?> bramó. <Pero yo…> <¡SILENCIO! ¡HARÁS LO QUE SE TE HA ORDENADO!> Hubo una pausa de sorpresa. Era Arbat quien había explotado. Estrid retrocedió ligeramente. Temblaba. Pero obedeció. <Siempre hay una primera vez,> dijo Aloth. <La chica ha escuchado a alguien de verdad.> Observé cuidadosamente a Estrid. Estaba atendiendo a alguna charla telepática privada de Arbat. Estaba enfadada. Y algo más… ¿asustada? Gonrod podía ser un fracaso como comandante, pero era un piloto realmente fantástico. Colocó la nave en una suspensión perfecta a menos de quince centímetros del techo del edificio principal. Si la nave hubiera estado visible habría quedado una vista bastante extraña, un gran metal de forma ovalada descansando sobre el Centro Comunitario como un pájaro en su nido. Bajamos la inclinada rampa hasta el techo de gravilla. El salto hasta el suelo sería fácil. Era arriesgado atacar con nuestra forma andalita, pero era la única manera de entrar en el edificio con las armas. Y había una cierta pureza militar en eso de atacar como los guerreros andalitas que éramos. <Buena suerte a todos,> dijo Gonrod. <La necesitaremos,> dijo Aloth mordazmente. <Bailemos rock and roll,> dije, y me eché a reír ante el sinsentido de la frase. Aloth y Arbat galoparon rápidamente hasta la cara sur y saltaron por encima del parapeto del tejado. Gonrod y yo corrimos en ángulo recto hacia ellos. Salté, aterrizando fácilmente en la hierba de abajo. Dos controladores humanos hacían guardia. “Anda—” ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Se desplomaron. Gonrod inclinó la cabeza, indicando que debía seguirlo. Podía oír a Visser Tres. Estaba en su forma humana. Su poderosa voz tronaba a través de las instalaciones. <Es ese,> dije. Nos abrimos paso sobre suelos enmoquetados hasta la segunda planta. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Dos controladores humanos más cayeron sin poder hacer mucho. Empecé a preguntarme si lograríamos, si de verdad íbamos a lograr, cumplir con la misión sin problemas. La sala de reuniones central tenía dos plantas de altura, con un balcón en la segunda planta rodeándola por los cuatro costados. Un controlador humano nos oyó y se dio la vuelta. ¡Fwapp! Le golpeé, le hice caer de rodillas, y volví a golpearle para asegurarme de que se quedaba quieto durante un rato. Miramos hacia abajo desde el balcón. Visser Tres estaba sobre una plataforma, en el podio. No cabía duda de que el podio estaba protegido, bien armado. Pero la tercera parte superior de la forma humana de Visser quedaba a la vista. Podíamos matarlo. Podíamos. Debíamos. Pero me sentí aliviado sabiendo que Arbat había asumido el honor de intentar primer tiro. Sentí alivio de no tener que apuntar, apretar el gatillo y ver volar la cabeza de Visser. Al otro lado de la habitación, en el balcón más cercano a Visser Tres, justo a la derecha encima de él, vi caer a tres controladores humanos. Uno. Dos. El tercero se giró y levantó en arma. Y cayó. Era imposible no sentir orgullo mezclado con el miedo. En cuestión de segundos, este grupo de andalitas marginados había penetrado en la seguridad yeerk, y todo sin que sonara una sola alarma. Pero ahora Visser Tres estaba recuperando su forma. Esta era una reunión de los miembros de La Alianza más internos, todos controladores. No había ninguno de esos vagos y simples idiotas que se agrupaban en el estanque yeerk, en la sala de juegos, en el patio del recreo, y pensaban que esta organización podía proporcionarles el sentimiento de pertenencia del que carecían. Estos no eran los “quiero-ser,” como Marco los llamaría. Estos eran el núcleo. Visser Tres estaba ahora ahí, de pie, un controlador andalita. [i]El[/i] controlador andalita. Y Arbat estaba a unos veinte pies. Un tiro fácil. Un tiro limpio. Podía matar a la Abominación. Y a su hermano. Supe de repente, con la claridad que te sorprende a veces en momentos de gran estrés, que Arbat fallaría. Levanté mi arma y apunté con cuidado. ¡Tseeewww! El arma disparó un rayo que pasó la cabeza de Visser Tres. Arbat había disparado. Abrió un agujero en las cortinas colgadas en el lado más alejado de la habitación. Un tiro fácil. Y un fallo. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Aloth disparó. ¡Tseeew! ¡Demasiado tarde! Visser se había agachado, protegiéndose detrás del podio. Pero aún quedaba dentro de mi campo de visión. Aún lo tenía a la vista. Tenía que disparar. Había matado a Elfangor. Tenía que disparar. Aloth volvió a disparar. El podio tembló y se agitó con la descarga de electricidad. Tenía que… Llegaban refuerzos. Dos hork-bajir irrumpieron a través de una puerta lateral. ¿Por qué no disparaban los controladores humanos? Claro. Estaban desarmados. El paranoico líder no se quedaría ahí plantado y se dirigiría a una sala llena de hombres armados, controladores o no. Gonrod disparó. La espalda de Visser se chamuscó con el disparo. <¡Dispara, Aximili, dispara!> me grité a mí mismo. <¡Dispara!> Disparé. Ni siquiera supe que lo había hecho, no me di cuenta de que había tomado la decisión. Sentí el calor del arma en la mano. Vi cómo el rayo incineraba el suelo de la planta baja donde Visser Tres había estado hacía sólo unos segundos. ¡Había fallado! No, no había fallado. Había esperado demasiado. Había dejado pasar el momento. Visser se estaba transformando en algo pequeño. Una parte de mí, una parte racional y muy escondida se dio cuenta de que Visser había aprendido al fin que a veces lo más grande no es lo mejor. Los guardaespaldas hork-bajir se cerraron alrededor del podio. Los controladores humanos salieron gritando de la sala de reuniones, vaciándola en cuestión de segundos. Pero la sala no quedó vacía durante mucho tiempo. Las cinco puertas alrededor de la habitación se abrieron, e irrumpió un batallón hork-bajir. Gonrod reprimió un grito. Un ejército de hork-bajirs es algo terrorífico de contemplar. Los hork-bajir nos vieron a mí y a Gonrod en el balcón casi inmediatamente. Con sorprendente agilidad, formaron una pirámide. Otros hork-bajir subieron hasta el balcón, utilizando las cuchillas varias de sus compañeros como escalones. ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Gonrod disparaba salvajemente, aterrorizado. Sus disparos hacían daño, pero no el suficiente. ¿Y yo? Me quedé congelado. Cuatro hork-bajir saltaron por encima de la barandilla del balcón. ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! ¡Tseeewww! Cuatro hork-bajirs cayeron con unos limpios agujeros en su pecho. Los cuerpos cayeron pesadamente. Gonrod debía de haber disparado. Volví mi ojo móvil para ver. Pero ya no estaba conmigo. ¡Aloth! Había venido corriendo siguiendo los balcones. ¿Arbat? ¿Dónde estaba? ¿Y dónde estaba Gonrod? <¡Salta!> gritó Aloth. Salí de mi trance. Un junto a otro, Aloth y yo bajamos del balcón y saltamos por encima de la barandilla. Aterricé mal y caí encima de unas sillas. Me levanté a trompicones. Nada roto. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Aloth disparó a la masa de hork-bajirs. ¡Arriba! Dos hork-bajirs saltando sobre Aloth. ¡Tseeew! Disparé y alcancé a uno en el brazo. El otro terminó de caer. Usé la cola y le golpeé. Aloth me dirigió un rudo gesto con la cabeza. Luego, <Salgamos de aquí, [i]aristh[/i].> Corrimos a través de una de las puertas y seguimos por un pasillo. Arbat estaba ahí. Disparaba metódicamente de izquierda a derecha, obligando a los hork-bajir a retroceder. <¡Arbat! Por aquí. ¡Te cubriremos!> gritó Aloth. Aloth y yo empezamos a disparar a la masa de enemigos. Arbat retrocedió y se unió a nosotros. Los hork-bajir se ponían a cubierto en la entrada. <¡Visser Tres! ¡Ha escapado!> gritó Arbat. <Olvida a Visser Tres. Se aborta la misión.> <¿Dónde está Gonrod?> pregunté. <Creo que está…> Aloth miró a su izquierda, desviando momentáneamente sus ojos móviles. ¡Hork-bajir detrás de nosotros! Me giré. <¡Arggghhhhh!> Aloth cayó pesadamente, con las rodillas delanteras acuchilladas por un hork-bajir. Levantó el arma pero la bestia bajó la cuchilla de su muñeca y le cortó desde el hombro hasta el tobillo. Disparé. El hork-bajir cayó. Seguí avanzando. Moviéndome y disparando como había visto hacerlo a Arbat. Mi cola chasqueó y silbó cuando le corté las manos a un hork-bajir que intentada cogerme del brazo. Otro hork-bajir retrocedió alarmado. Aloth estaba herido. Grave. Pero podía sobrevivir. Lo único que necesitábamos era espacio para poder levantarlo y sacarlo de allí. Los hork-bajir empezaron a retirarse. Con uno de mis ojos móviles vi a Aloth ponerse en pie. ¡Tseeewww! Aloth se derrumbó. Estaba muerto. Había sido un tiro limpio en la cabeza. Disparado por Arbat. ¿Un accidente? No. ¡Imposible! <¡Retiraos!> ordenó Arbat, pasando como un rayo a mi lado. Aloth estaba muerto. Gonrod probablemente también. Arbat estaba al mando. ¡Asesino! La cabeza me daba vueltas. ¿Qué podía hacer? Los hork-bajir se estaban reagrupando para volver a atacar. Retrocedí. Salí corriendo. Salí corriendo con el cerebro repitiéndolo una y otra vez. ¡Arbat había disparado a Aloth! El exterior. El aire de la Tierra. <Te veo,> me llamó lacónicamente Estrid desde la nave. <Sigue corriendo. ¡Delante de ti!> La nave encubierta brilló y apareció, suspendida encima del suelo. Dos niños y sus padres tendrían una historia que contar que nadie creería. Salté hacia la rampa, con Arbat detrás de mí. El campo invisible volvió a activarse. <¿Aloth?> preguntó Estrid. <¡Sácanos de aquí!> gritó Arbat. La nave se puso en marcha y se alejó. Cuando llegamos al puente de mando, me quedé sin aliento. Gonrod ya estaba a bordo, manipulando frenéticamente los controles con Estrid detrás de él. <Estoy expulsando vapor plexine en unas doscientas mil hectáreas. Eso impedirá que los sensores de la nave espada detecten nuestra disrupción atmosférica. ¿Dónde está Aloth?> <Aloth está muerto,> dije severamente. <Se distrajo de la lucha –buscándote a ti- y le hirieron.> Gonrod tiró de una palanca. La nave ascendió casi en vertical. <Pensé que lo mejor sería retirarme por motivos estratégicos,> la voz de Gonrod estaba a la defensiva. ¿Retirarse? ¡Gonrod había huido como un cobarde! <Los documentos reflejarán que te retiraste por razones indispensables para permitirnos escapar,> dijo Arbat mientras aumentábamos la velocidad de ascensión. <También reflejarán que yo acabé con Aloth porque estaba demasiado herido para poder escapar,> añadió sosteniendo mi mirada. <¡No lo estaba!> protesté. < Con nuestra ayuda podría haber vuelto sano y salvo a la nave.> <Pero no podíamos asumir ese riesgo, ¿no?> respondió Arbat suavemente. <No podíamos arriesgarnos a que otro cuerpo andalita se convirtiera en un huésped yeerk.> Temblé. De rabia. De miedo. Y de confusión. Arbat había tenido dos oportunidades de matar a Visser Tres. Había fallado en ambos casos. Y había matado al oficial al que se le había ordenado matar a Visser si él no lo lograba. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué motivo podía tener para sabotear la misión de su propia unidad? Estrid me habló. <Aximili. Estás fuera de ti. Cálmate.> <Tiene razón,> dijo Arbat. <No lloremos la muerte de un guerrero caído. Hagamos honor a su memoria vengándole.> Volvió ambos ojos móviles en mi dirección. <Ahora, háblame del estanque yeerk.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] <No atacaremos el estanque,> insitió Gonrod mientras hacía aterrizar la nave de forma perfecta cerca del estanque donde habíamos celebrado la primera reunión. <Debemos hacerlo,> le dijo Arbat. <¡Esas no son las órdenes que se nos han asignado desde el Concilio!> la voz de Gonrod era casi suplicante. <Yo estoy al mando. Me niego a atacar el estanque sin orden previa. Es demasiado arriesgado, ¿lo entiendes? Si fuéramos capturados, los yeerks tendrían más huéspedes andalitas, tú mismo lo dijiste. Por eso mataste a Aloth.> La respuesta de Arbat sonó amenazadora. <Déjame recordarte que soy un oficial de Inteligencia Nivel Apex. Si decido ejercer mis privilegios y quitarte del mando, no tendrás más opción que la de seguir mis órdenes.> <¿Degradarme? ¿Con qué pretexto?> <Creo que lo sabes.> La voz de Gonrod tembló de indignación. <Pero el Concilio de Guerra…> <Asumiré toda la responsabilidad,> le aseguró Arbat. <El Concilio de Guerra y yo tenemos un acuerdo.> Era un derroche de modestia. Un andalita Nivel Apex de Inteligencia prácticamente podía dirigir el Concilio de Guerra. <El [i]aristh[/i] nos guiará,> le dijo Arbat a Gonrod. <Esta noche.> Gonrod no discutió. Estrid continuó impasible. No se puso del lado de nadie, pero claro, a efectos prácticos eso la convertía en aliada de Arbat. Gonrod volvió a hacer aterrizar la nave en Los Jardines. Todos estábamos de acuerdo en que necesitábamos descanso. Lo único en lo que podíamos estar de acuerdo en ese momento en particular. Me fui a mi cuarto. Un momento después estaba fuera de la nave y en el aire. Necesitaba una destreza con el ordenador mejor que la mía. Una cosa es penetrar la seguridad de un ordenador humano –si se puede llamar a eso seguridad- y otra diferente traspasar las medidas de Seguridad Nivel Apex. Volví a la nave una hora después. A tiempo para mi turno de vigilancia en el puente. <Soy tu relevo, Gonrod,> le dije. Parecía estar muy lejos, distraído. Pero me reconoció, y me contestó con la respuesta ritual. <Que tengas un relevo tranquilo. La nave es tuya.> Gonrod abandonó el puente. Me introduje en el ordenador como el oficial a cargo. Luego dije, <Es seguro.> Los paneles del monitor que había ante mí brillaron. Y sobresaliendo a la imagen se adelantó algo que parecía estar hecho de acero y marfil. Una máquina cuya forma sugería vagamente la de un canino terrestre. El androide captó mi mirada y volvió a brillar. Donde antes había estado el androide ahora había un hombre que se hacía llamar Sr.King. El Sr. King. El chee. Un androide. <Tu tecnología holográfica es realmente impresionante,> dije. <Gracias por tu ayuda.> “Los chee te lo deben,” dijo simplemente. “Ahora, veamos qué pasa con este sistema de seguridad.” Desconectó su apariencia normal y volvió a su verdadera forma. <¿No podrías seguir camuflado mientras estás aquí? Me preocupa que alguien pueda venir.> “Es una cuestión de demanda de energía,” dijo. “Puedo parecer ‘humano’ y hacerlo lentamente, o puedo emplear todos mis recursos en esta tarea y hacerlo más rápido.” <Más rápido,> dije. Puso su dedo en uno de los puertos de la consola y sus conexiones zumbaron y chasquearon. “Aquí viene.” Vi cómo se encendía la luz del ordenador. <¡DATOS CODIFICADOS! ¡SÓLO DISPONIBLES PARA AUTORIZACIÓN NIVEL APEX! INTRODUZCA CÓDIGO.> La pantalla empezó a parpadear. Aparecieron contadores. Las imágenes se sucedían a toda velocidad. “Allá vamos. Estamos dentro. ¿A quién estamos buscando?> <Empieza con Aloth-Attamil-Gahar.> Hubo una breve pausa. Entonces apareció el nombre de Aloth y su ficha. Ya le habían identificado como “muerto en combate”. <Solicita detalles,> le instruí. Una pausa. “Lo mataron en combate en algún sistema llamado Rakkam Garoo,” dijo el Sr. King. “Iba en una nave llamada Ralek River. La nave fue destruida.” <Ya veo. Ahora Gonrod-Isfall-Sonilli.> Pausa. “La misma historia. Idéntica.” <¿Arbat-Elivat-Estoni?> Pausa. El androide volvió hacia mí su cara canina. “Tienes muchos amigos desafortunados. A este también lo mataron a bordo del Ralek River.” <Sí. Qué coincidencia.> “¿Eso es todo?” <Un nombre más: Estrid-Corill-Darrath.> Pausa. “No hay ficha.” <Inténtalo de nuevo.> “Dice, ‘No existe ninguna ficha personal por ese nombre’.” <Inténtalo accediendo a los archivos académicos.> Esta vez la pausa fue más larga. “No,” dijo el Sr. King. “Nada.” Me sentía enfermo y asustado. Imposible. Todo era imposible. Una vieja y rendida nave enviada a una misión de vital importancia a cargo de inadaptados que ya habían sido dados por muertos. Mis corazones comenzaron a latir de manera monótona y enfermiza. El Concilio de Guerra andalita no esperaba que esta nave regresase. El Concilio de Guerra andalita no quería que esta nave regresase. A esta nave se le había encargado una misión suicida. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Le agradecí la ayuda al Sr. King y dejé el puente de mando para buscar algunas respuestas. Tomé el ascensor hasta la tercera cubierta, moviéndome lenta y cautelosamente. Pasé las habitaciones vacías de Aloth. La puerta de Gonrod estaba cerrada. También lo estaba la de Estrid, pero la golpeé suavemente. No hubo respuesta. Pegué mi oreja a la puerta para ver si podía oírla despertarse. No oí nada. Al menos, nada que viniera de dentro de la habitación de Estrid. En cambio, percibí una vibración en la pared. Un sonido conducido por los tubos de metal que reforzaban las junturas de la nave. Oí el tenue tintineo del metal. Y entonces, el claqueteo de unos cascos. El sonido subía de la segunda cubierta, la que estaba supuestamente cerrada. El laboratorio. Volví al ascensor y bajé hasta allí. El pasillo estaba oscuro. Avancé y sentí la estremecedora e inquietante sensación de estar atravesando un campo de fuerza. Era fácil suponer lo que contenía en su interior. Mis estómagos dieron un vuelco. Olía a muerte en esa planta. A corrupción. A putridez. A la descomposición de la carne enferma. El campo de fuerza evitaba que el hedor se extendiera por la nave. Y no era extraño. La pared estaba repleta de ataúdes. Ahora vacíos, pero aún impregnados del espantoso olor de la muerte. Levanté mis cascos, cuidando de no hacer ruido mientras me dirigía hacia la fuente de los tenues sonidos. El olor a muerte se desvaneció y fue reemplazado por el olor a descontaminante. Me detuve frente a la puerta. Sí, allí estaba ella. Abrí la puerta manualmente para minimizar el sonido. Estrid estaba ante una mesa de laboratorio, vertiendo el contenido de un frasco a otro. Tiró el primer frasco a un contenedor crematorio de descontaminación y comenzó cuidadosamente a tapar el segundo frasco. Me vio y dio un brinco de sorpresa. El frasco cayó de su mano. <¡NO!> Su terror me impulsó. Me lancé, mis patas traseras derrapando sobre el suelo. Caí con todo mi peso, pero adelanté las manos y cogí el frasco. Estrid gimió y sus rodillas se doblaron. Se derrumbó. Me acercó una mano temblorosa. <Dámelo.> Su voz temblaba. <Por favor. Con cuidado.> <¿Qué es, Estrid?> Su expresión se endureció. <Eso no te incumbe.> Me levanté, aún sosteniendo el frasco. <¡Con cuidado!> gritó, levantándose también a trompicones. Empecé a abrir el frasco. <¡NO!> Se lanzó sobre mí. Lo aparté de ella. <Me he cansado de que me mientan,> dije. <Quiero la verdad.> <Pregúntale a Arbat.> <Te estoy preguntando a ti.> <Yo no puedo responderte.> <Ah, sí que puedes,> dije. Levanté el frasco con cautela y desenrosqué el tapón. <¡No! ¡Idiota!> <Pregunta número uno: No eres un [i]aristh[/i], ¿verdad?> Parpadeó. <No,> dijo después de una larga pausa. <Sí y no,> se corrigió. <Me nombraron [i]aristh[/i] honorífica para esta misión. Pero nunca he asistido a la academia.> Me avergüenza decir que mi primer sentimiento fue de incomodidad. Que una hembra, una que nunca había asistido a la academia, hubiera estado a punto de derrotarme en un enfrentamiento cara a cara… <Si no asististe a la academia, ¿dónde aprendiste a luchar así?> <Tengo un hermano,> explicó. Mi incomodidad no se alivió. <Yo también tengo un hermano con el que practicaba. Pero le llevó años de entrenamiento en la academia alcanzar tu nivel de habilidad.> <Mi hermano es Ajaht-Litsom-Esth,> dijo. ¡Ajaht-Litsom-Esth! No pude evitar echarme a reír. Ajaht-Litsom-Esth es el campeón del campeonato de lucha del planeta andalita. <¿Y eres también la sobrina de Arbat?> <No. Su estudiante. En la Universidad de Teoría Científica Avanzada.> Estaba impresionado. <Pero si eres…> <Joven. Sí. Soy un prodigio. Un genio. No pretendo sonar inmodesta, pero es la verdad. No ha sido fácil,> dijo dulcemente. <En la universidad, se lo tomaron a broma cuando llegué. ¡Una niña! Así que, claro, me desafiaron a realizar una fusión de subpartículas.> Sus ojos brillaban de rabia. <Estaba tan frustrada que me quería morir. Pero entonces conocí a Arbat.> Ahora sus ojos resplandecían. <No se fijó ni en mi edad ni en mi género. Vio lo que podía hacer si tuviera la posibilidad y las herramientas. Su influencia lo cambió todo. Recibí mi propio laboratorio y permiso para escoger el área de mi propio interés.> <¿Física plintconarítmica?> Asintió. <¿Teórica o aplicada?> <Aplicada.> <Sí, claro.> Lentamente. Con cuidado. Dejé el frasco en su contenedor. <¿Qué es esto?> pregunté, casi seguro de que preferiría no saberlo. <Un virus prion, si quieres llamarlo así. Te lo explicaría pero tú… <No. No lo entendería,> admití. <Lo descubrí yo. Por accidente, la verdad. Cuando se lo confié a Arbat, separó mi laboratorio del resto de la facultad y mi investigación fue clasificada como Armas de Inteligencia Nivel Apex.> <¿Es un arma?> Asintió. <Tres partículas benignas que combinadas forman un quasi-virus. Un virus programable. Mortal para los yeerks.> Temblé de repulsión. Guerra bacteriológica. Bajó sus ojos móviles. <Hay un problema,> continuó. <Uno de los componentes está sujeto a… a una simplificación, tiene una volatilidad que podría hacer mutar a un yeerk con huésped humano.> <¿Y eso significa…?> <Significa que también podría ser mortal para los humanos.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Ahora estaba todo claro. Transparente como el cristal. Gonrod y Aloth eran títeres. Esta misión era cosa de Arbat y Estrid. Gonrod era un piloto prescindible. ¿Aloth? Un matón. El Concilio de Guerra les envió a la Tierra con el acuerdo de que su misión consistía en asesinar a Visser Tres. La realidad era que Estrid y Arbat estaban aquí en una misión genocida de la cuál ningún miembro del Concilio de Guerra pretendía asumir la responsabilidad oficial. No después del desastre en el planeta hork-bajir. De hecho, el Concilio de Guerra podía no saber nada en absoluto sobre esta misión. ¿Era Arbat un renegado? No había duda de por qué Arbat no había querido que Visser Tres fuera asesinado. Si Aloth hubiera logrado matarle, Gonrod se habría visto obligado a dar el informe de “misión cumplida” a los canales de comunicación de seguridad. Incluso si Arbat pudiera impedirle a Gonrod que diera el informe, las noticias de la muerte de Visser Tres se habrían propagado rápidamente. Un Concilio de Guerra que o bien necesitaba negarlo o bien ni siquiera tenía noticias de una misión a la Tierra, habría encontrado un poco embarazoso un anuncio de victoria. Entonces me alcanzó la verdad más grave. <Fue por mí. Me necesitabais. Sólo yo podía daros la localización del estanque yeerk. Está demasiado bien protegida para vuestros sensores. Me necesitabais.> Estrid sostuvo mi mirada. Si estaba avergonzada lo disimulaba muy bien. <Vuestra aparición en el periódico no fue un accidente. Teníais que encontrarme. ¿Y el ataque al Centro Comunitario? Teníais que mostrarme que la única alternativa que quedaba era el estanque yeerk –el mejor lugar para introducir el virus. Me habéis utilizado.> Quería negarlo. Quería que ella lo negara. Una misión inmoral, ilegal y despreciable, y yo era una parte imprescindible de ella. Era un peón en la aterradora repetición de los crímenes del planeta hork-bajir. Alloran, el andalita que más tarde se convertiría en el huésped de Visser Tres, había dirigido el uso de armas biológicas para exterminar a los hork-bajir: mejor muertos que huéspedes y armas en manos de los yeerks. Nadie sabía cuántos hork-bajir habían perecido. Sobrevivieron los suficientes como para proporcionar a los yeerks sus tropas de asalto. Fue un crimen que marcó la conciencia de los andalitas. Fue una bajeza tan grande que nunca estaremos libres de su vergüenza. ¿Y ahora otra vez? ¿Otra vez? <No puedes hacerlo,> le dije a Estrid. <¿Por qué no?> levantó la barbilla. <Estoy trabajando para eliminar la inestabilidad, pero aunque resultara fatal para los humanos además de para los yeerks, conseguiremos nuestro objetivo. Los yeerks no podrán usar este planeta como colonia de huéspedes. Los humanos no morirán en vano. El azote yeerk acabará aquí. No conseguirán esclavizar a ninguna raza más.> <Tu lógica es indiscutible. Y aún así, si el precio por la libertad es la pérdida de una especie sensible al completo, quizá el precio sea demasiado alto.> <El universo es un lugar inmenso, Aximili-Esgarrouth-Isthill. No podemos permitirnos ponernos sentimentales por una especie. Hay mucho en juego.> <Aximili, si sólo entendieras la elegancia de las ecuaciones. Si pudieras comprender la belleza de las matemáticas… ¡Estamos a punto de utilizar un arma que en cuanto se haya perfeccionado nos hará invulnerables! ¡Tendremos el poder absoluto de toda la galaxia! Podremos destruir a los yeerks. ¡Podremos detener todas las guerras, toda la destrucción, aniquilar a todos los enemigos de la paz y la bondad antes de que puedan llevar a cabo sus atrocidades!> <Estrid, si estás preparada para matarlos a todos, a cualquiera que se oponga a ti,> le pregunté, <¿en qué te diferencias de los yeerks?> <¡Somos andalitas!> <Estrid, no puedes hacerlo.> <Sí, puede,> dijo una voz desde la puerta. <Y lo hará.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Arbat estaba frente a la puerta, apuntándonos con un arma. <He relegado a Gonrod del mando,> respindió Arbat. <Está confinado en sus habitaciones.> Le abordé, <Arbat, ¿le has dicho a Estrid que su nombre, su presencia en esta nave, su propia existencia, ya han sido borrados de la base de datos?> Eso cogió a Arbat por sorpresa. <¿Cómo—?> Pero se corrigió rápidamente. <Una precaución de seguridad.> <No. La preparación para una misión suicida.> Me volví hacia Estrid. <Puede que creas que la gente aprobará esta terrible hazaña, pero no es así. Los andalitas te arrestarán y te tratarán como a una criminal. Por eso la gente nunca sabrá la verdad. Por eso sólo podía utilizar a los deshechos del ejército andalita –Aloth y Gonrod.> <Ya has dicho suficiente, [i]aristh[/i],> gruñó Arbat. <Te necesitaban, Estrid. Necesitaban a una persona de tu talento para manejar el “arma”. Pero tú, como Aloth y Gonrod, no sobrevivirás. Arbat no puede permitirlo. Sólo el puede quedar vivo. El oficial de inteligencia Nivel Apex que se hizo pasar por profesor. ¿Para qué? Para encontrar a alguien como tú, Estrid.> Estrid clavó sus ojos principales en Arbat. <¿Es cierto lo que dice Aximili?> preguntó. Arbat se nos quedó mirando a ambos, pero su cara se suavizó al mirar a Estrid. <Sí. De verdad que lo siento. Te he mentido. Si te sirve de consuelo, era para protegerte.> <¿Protegerme? ¿De qué? Me trajiste aquí para que muriera.> <Para protegerte del juicio de la historia,> dijo, con la voz temblando de emoción. <La gente debe ser liderada por aquellos pocos que escogen hacer las elecciones verdaderamente difíciles. La gente es feliz en su ignorancia. Pero nosotros, los Nivel Apex, no podemos permitirnos ser sentimentales:> Apretó un botón. Un panel de control surgió de la pared. Arbat lo programó rápidamente. Se dispararon rayos de color verde brillante desde el techo, creando barrotes. Una jaula láser alrededor de los dos. Arbat tomó el frasco de su contenedor. <Lo siento. Vas a morir, Estrid. Pero no en vano.> <¡Arbat! Aún no es demasiado tarde. No lo hagas,> supliqué. Para mi sorpresa sus ojos viejos y cansados brillaron de emoción. <Esta guerra ha de acabar, [i]aristh[/i]. Ha causado demasiado sufrimiento. Demasiadas muertes. Piensa en todos los jóvenes y brillantes científicos, artistas y pensadores reclutados año tras año para alimentar esta guerra. Demasiadas mentes brillantes y creativas que abandonan su honrada búsqueda por la tarea de matar. Buenos andalitas todos. Buenos andalitas que se ven forzados a tomar decisiones difíciles y crueles.> Me habría gustado darle un buen revés con la cola. Nada de lo que decía tenía que ver con los yeerks, los humanos o ni siquiera los andalitas. Se trataba de lo que él veía como su deber. Su derecho. La autocompasión del asesino. <Esta no es la manera de hacerlo,> le dije. Agitó la cabeza. <No eres tú el que debe decidir. El fuerte debe hacerlo. El débil sólo puede obedecer.> Arbat se volvió y salió galopando del laboratorio. Estrid trató de seguirle. ¡ZZZZZZZ! Los barrotes de láser verdes dispararon una lluvia de chispas al contacto con Estrid. Cayó al suelo. Me incliné. <¡Estrid!> <Estoy bien.> La ayudé a levantarse. <Lo siento, Aximili.> <No es culpa tuya.> <Lo es. Te traicioné. Y a tus amigos humanos. He sido una tonta. Una tonta criminal. Arbat me convenció de que los humanos no merecen la pérdida de más vidas galácticas. Que están poco dispuestos a tomar partido en la lucha por la libertad. Que están ansiosos por abandonar.> Me tomó las manos. <No le hablé a Arbat de tus amigos. Pero no tuve que hacerlo. Él también estaba en el granero. En forma de pájaro.> <Sí, lo sé,> respondí. Sus ojos móviles se abrieron de sorpresa. <¿Lo sabías?> Asentí. <Todos lo sabíamos. O, al menos, lo sospechábamos.> Marco caminó tranquilamente hacia donde podíamos verlo. “Hey, Ax-man. Pareces un poco atrapado.> <¿Dónde están los demás?> Marco hizo un gesto teatral rodeando el laboratorio. “Estamos aquí. Este lugar está lleno de animorphs. Literalmente.” En varios lugares comenzaron a surgir formas humanas de unos puntos diminutos. Pulgas. Moscas. Cucarachas. Cassie y Rachel y el Príncipe Jake. Una masa en plena transformación que parecía más pájaro que humana. <El pájaro de la cola roja,> dijo Estrid. <Tobias. Ya le conociste. Todos han subido a bordo conmigo esta tarde. Han usado mis habitaciones para transformarse y volver a su forma las veces que han sido necesarias.> Tobias desplegó las alas. <Hey, Ax.> “Ve, Tobias, síguele,” dijo el Príncipe Jake. <Hasta luego a todos. La Fuerza Aérea Animorph tiene una misión.> Tobias salió volando y aprovecho la corriente del hueco de descenso. Estrid me miró, medio sorprendida, medio enfadada. <Ha sido todo una farsa. Nos has engañado. Has mentido a tu propia gente.> Negué con la cabeza. <No. He aprendido algunas cosas, Estrid. Esta [i]es[/i] mi gente. Cualquiera que crea en la libertad, cualquiera que se resista a la tiranía, cualquiera que busque la paz es “mi gente”. Andalitas, hork-bajir o humanos.> “Sí,” dijo Marco. “Además, los humanos hacemos unos excelentes bollos de canela.” Me eché a reír. <Eso es definitivamente cierto.> [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] Volamos hacia el Centro Comunitario. Era el camino que más probablemente tomaría Arbat hasta el estanque yeerk. Pero, desafortunadamente, era sólo una suposición. Tobias no había podido segurile. Arbat, siempre el profesional en inteligencia, se había transformado en humano y había entrado en una estación de tren. Si había llegado a salir, y con qué forma, no lo sabíamos. Sin embargo, pronto supimos con seguridad qué camino había tomado. Era muy entrada la noche pero los yeerks aún montaban guardia. Encontramos al primer controlador humano tirado en un contenedor de basura. Otro desplomado en la puerta. Y otro yacía boca a bajo en el pasillo. Mis amigos humanos estaban en formas de batalla. Estrid y yo habíamos vuelto a nuestra forma andalita. Tobias estaba en algún lugar de fuera, sobrevolando el edificio, vigilando. Si duda sermoneándose innecesariamente por haber perdido a Arbat. <¿Tobias?> le llamé mediante el habla telepática privada. <¿Sí, Ax-man?> <Él está aquí.> Caminamos cautelosamente a través del oscuro y largo Centro Comunitario. Puede que Arbat hubiera eliminado toda la seguridad yeerk. Puede que no. <¿Qué estamos buscando?> me preguntó Jake. <Esto.> Me detuve delante de una puerta con una señal que decía CUARTO DE ORIENTACIÓN. SÓLO NUEVOS MIEMBROS. <Aquí es donde los sensores de la nave mostraron un increíble nivel de profundidad.> Miré la puerta. Había una cerradura, pero estaba rota. <Arbat,> dije. <Puede que no esté en forma andalita. Puede que sea humano.> Marco abrió la puerta. Una oscura y aparentemente interminable escalera se extendía ante nosotros. <¿El sótano?> Cassi dijo, <No. Puedo oír los gritos. Conozco ese sonido.> La forma de lobo de Cassie está equipada con un oído y un sentido del olfato extraordinariamente finos. <Sí. Lo suponía,> dijo Marco. <Pero ya sabes, sigo insistiendo en mi juramente de que nunca, nunca jamás, volvería ahí abajo.> <Dilo otra vez, > dijo Rachel. <Quizá te haga sentir mejor.> <Nunca, nunca jamás, volveré ahí abajo.> <Tick-tock, gente,> dijo el Príncipe Jake. <Queremos alcanzar a Arbat antes de que llegue al estanque. Venga.> Bajamos corriendo las escaleras. Piso tras piso. Patas almohadilladas de tigre y zarpas de oso y cascos andalitas todos corriendo, tropezando y corriendo de nuevo. Según íbamos descendiendo, los sonidos del estanque yeerk –los gritos, los lloros, el estruendo-, se hicieron lo suficientemente fuertes como para que los sentidos de un andalita pudieran oírlos. <Aximili, estoy asustada,> me confesó Estrid <Yo también.> Abajo. Más y más rápido. Abajo. De pronto resbalé. Caí y bajé rodando bastantes escalones. El olor era horrible. Parte de la escalera estaba húmeda por algún tipo de líquido viscoso. Sangre. Trozos de carne, un montón de tripas temblorosas. Evidencia de la reciente histeria de un taxonita por alimentarse. Me levanté de un salto y me limpié la sangre del costado. Intenté no pensar en ello. Intenté concentrarme en lo que importaba. Había que detener a Arbat. No había tiempo para pensar en esa asquerosidad, ni para imaginar el horror… Delante, las escaleras emergían del suelo de la vasta extensión del complejo del estanque yeerk. Después de ese punto seríamos visibles para cualquiera que mirara desde abajo. <No veo a Arbat,> dijo Rachel. <Está ahí abajo,> dijo el Príncipe Jake. <No hay elección. Tenemos que ir a por él. Transformaos. Es la única forma. ¿Ax y Estrid? Creo que un par de andalitas serían un poco llamativos.> Empecé a transformarme en humano. Estrid hizo lo mismo. El complejo del estanque contenía humanos, hork-bajirs, gedds y taxonitas. Pero sólo podría esperarse que fueran humanos los que bajaran esta escalera en concreto a estas horas de la noche. “¿Qué armas naturales tienen los cuerpos de estos humanos?” preguntó Estrid. “A menos que hayas comido un montón de judías, ninguna,” dijo Marco. “Bajad las cabezas, no les miréis a los ojos,” nos instruyó Jake. “No queremos que nos identifiquen. No corráis y que no parezca que estáis mirando a vuestro alrededor. ¡Ahora, venga!” Bajamos otra vez las escaleras. Sobre sólo dos piernas. Ahora podíamos ver el estanque. Guardas hork-bajir y humanos vigilaban mientras otros controladores hork-bajir y humanos llenaban los dos muelles de acero que atravesaban la parte principal del plomizo estanque. Cada muelle estaba repleto de collares con cerrojos. Mientras los guardas supervisaban, los controladores se arrodillaban y colocaban el cuello en los collares metálicos. Cuando los collares se cerraban, un pequeño gusano gris se deslizaba desde la oreja del controlador y caía en el denso estanque con un suave ¡plop! Los huéspedes eran entonces momentáneamente libres. Libres al menos para controlar sus bocas y sus ojos. Podían llorar y lo hacían. Podían suplicar. También lo hacían. “Esto es horrible,” susurró Estrid con fiereza. “Procura parecer indiferente,” dije. “Dispersaos,” murmuró el Príncipe Jake mientras nos mezclábamos con un grupo de controladores humanos. Estrid y yo nos quedamos juntos, pero nos separamos de los otros. Controladores humanos por todas partes. Algunas bromas mientras paseaban con sus amigos yeerks. La mayoría estaban demasiado ocupados. Estaban aquí para alimentarse, no para socializarse. Caras por todas partes. Cientos. ¿Cuál era Arbat? Era imposible de decir. Imposible suponer donde estaría en este… No. No era imposible. Llevaría a cabo su misión de la forma más rápida posible. Extendería el virus en el estanque. El muelle. Claro. ¿Pero cómo encontrarlo? Tendría forma humana. [i]Sería[/i] humano. Igual que todos estos controladores. No. No como ellos. Todos los controladores tenían acceso a la experiencia humana, al conocimiento humano. Una forma humana es sólo instinto. Difícil de controlar y difícil de comprender, como bien sabía yo por experiencia propia. Intenté pensar. El tiempo corría. Arbat podría haber asestado ya el golpe. ¿Cómo encontrar a un andalita en forma humana? ¿Qué era diferente? Dos piernas, no cuatro. Sin cola. Dos ojos, no cuatro. “¡Estrid! Busca humanos que vuelvan la cabeza con mucha frecuencia.” “¿Qué?” “Estamos acostumbrados a mirar en todas direcciones a la vez. Los humanos están acostumbrados a no ver lo que hay detrás de ellos. Busca—” Me quedé congelado. Un hombre de mediana edad. Bajando por el muelle atestado, escoltado por un indiferente hork-bajir. El hombre se volvió cuando un taxonita pasó por detrás de él. Se giró otra vez. Y otra. No tenía ninguna prueba y eso no era suficiente para estar seguro. Sólo se trataba de un presentimiento… “¡Allí!” empecé a correr hacia el estanque. Estrid echó a correr a mi lado. <¡Jake!> grité mediante el habla telepática privada. <Es un hombre de mediana edad de piel clara. ¡En el muelle!> “Debe de llegar tarde a comer,” se rió un controlador cuando pasé corriendo a su lado. El hombre de mediana edad se arrodilló. Colocó la cabeza en el collar al lado de un hork-bajir arrodillado. El hork-bajir se inclinó para cerrar el collar. El hombre metió la meno en el bolsillo. ¡Demasiado lejos! “¡Arbat! ¡No!” gritó Estrid. El hombre levantó la cabeza. Su movimiento fue rápido e inesperado. El guarda hork-bajir perdió el equilibrio y se tambaleó de forma casi cómica. Arbat intentó coger al hork-bajir. O eso se pensó el hork-bajir. Pero lo que hizo en realidad fue coger el arma de rayos Dragón de su cinturón con una mano y empujar al hork-bajir al estanque. Arbat se giró, levantó el arma, y apuntó. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] Me lancé en picado y empujé a Estrid conmigo. Caímos detrás de un enorme y pesado taxonita. Arbat disparó. ¡Tseeewww! El hinchado alienígena estalló en pedazos y el nauseabundo contenido de su estómago se esparció en todas direcciones. Sangre. Bilis. Entrañas. <¡Formas de combate!> oí gritar al Príncipe Jake. Si estaba lejos o cerca, no sabría decirlo. Otro taxonita se precipitaba en nuestra dirección, deseando devorar lo que quedaba de su antiguo camarada. Los guardas hork-bajir echaron a correr pesadamente a lo largo del muelle de acero, intentando localizar la fuente del problema. Se había extendido el caos, pero en cuestión de segundos los hork-bajir pondrían orden. Y entonces, Estrid y yo estaríamos muertos. “¡Andalitas! ¡Andalitas!” grité. Grité y agité los brazos, señalando al muelle. “¡Bandidos andalitas en forma hork-bajir! ¡Los hork-bajir son andalitas!” Estrid se unió. “¡Ayuda! ¡Ayuda! Seguridad! ¡Los andalitas se han transformado en hork-bajirs!” El caos reinaría un poco más de tiempo. Pero Arbat también ganó ventaja de la confusión. Lo vi salir corriendo. <¡Se dirige a la zona de las jaulas!> grité. <¡Lo veo! ¡Voy a por él!> me respondió Rachel. Había perdido a Arbat de vista. Y no podía ver a Rachel. Pero obtuve una sombría satisfacción al pensar en lo que el profesor y agente de inteligencia traidor vería cuando se diera la vuelta para mirar. Estrid y yo nos tambaleamos, resbalando y patinando, para salir del muelle. De nuevo sobre suelo artificial. Nos abrimos camino a través de la aglomeración de controladores humanos. “¡Cobardes!” nos gritó alguien. Entonces, <¡Lo he perdido!> gritó Rachel frustrada. <Detrás de las jaulas.> Tenía que atrapar a Arbat. Podía recuperar su forma, volver a transformarse, y lo perderíamos del todo. Y probablemente perderíamos también a buena parte de la especie humana. Tiré de Estrid hasta detrás de una gran caja de madera, hice que se agachara y la arrastré detrás de mí mientras gateaba por el espacio entre la caja y el lado de una cafetería para controladores humanos. “¡Estrid, transfórmate!” “¡Nos matarán!” Estaba asustada. Aterrorizada muy en su interior. Sobrecogida de una forma que borraba todo pensamiento que no fuera la apremiante y desesperada necesidad de vivir. Conocía esa sensación. “Tenemos que detener a Arbat y necesitamos artillería pesada,” dije. “¿Por qué? ¿Para salvar a estos asquerosos yeerks? Mira lo que hacen. ¡Mira lo que son! ¡Van a hacernos lo mismo a nosotros, Aximili! Nos arrastrarán por ese muelle, nos obligarán… ¡NO! ¡Que los maten a todos!” “Estrid, dijiste que el virus puede mutar. Dijiste que también podría afectar a los humanos.” “Puede. Quizás. Pero quizá lo arreglé. Quizá mis últimos ajustes eliminaran el flujo aleatorio. ¡No me importa! No son nuestra gente. ¡No voy a dejar que esos asquerosos gusanos me hagan eso!” Yo estaba a medio transformar. <Quédate aquí,> dije. <Quédate agachada, no te muevas.> “¡No me dejes sola!” <Estrid, eres preciosa, eres brillante. Pero en realidad no creo que me gustes mucho.> Tomé aliento. Intenté calmar mis nervios pero resultó imposible. Di un salto. ¡Fwapp! Golpeé a un hork-bajir. Las jaulas. La más cercana estaba a unos cien pies. “¡Andalita!” me gritó un controlador humano en la cara. <Correcto,> dije, y le dejé inconsciente. Corrí hacia las jaulas. ¡Caos por todas partes! Los rayos Dragón se disparaban desde tres direcciones diferentes. Gritos. Aullidos. El rugido de hork-bajirs furiosos. Los agudos chillidos de hambrientos taxonitas. Corrí. ¡Tseeew! El disparo falló; el controlador humano se había precipitado demasiado. ¡Fwapp! Ahora podría tomarse su tiempo. Un taxonita me bloqueaba el camino. Salté por encima de él. Delante de mí se desarrollaba una batalla. Un tigre, un lobo, un oso, un gorila. Rodeados, acorralados contra una pila de jaulas. Marco sostenía a un humano de mediana edad por el cuello con una mano y luchaba con la otra. Sus espaldas estaban contra las jaulas. Habría sido un juego de niños para los yeerks dispararles simplemente a través de los barrotes. Dispararles por la espalda. Pero los huéspedes humanos de las jaulas, esclavos de los yeerks temporalmente libres de ellos, se ponían en medio, con los brazos extendidos, bloqueando los disparos. Un escudo humano. Los hork-bajir podrían haberlos hecho arder. Los humanos lo sabían. Se estaban interponiendo entre los supuestos andalitas y los yeerks, preparados para enfrentarse a los disparos de los rayos Dragón. Los hork-bajir no tenían orden de masacrar a huéspedes. Visser Tres no estaba en el estanque y ningún otro osaría dar las instrucciones pertinentes. Ataqué a la fuerza que amenazaba a mis amigos. Los golpeé a izquierda y derecha, tomándolos por sorpresa. Pero todo para nada. Podíamos luchar, pero no podíamos ganar. Vi a Cassie inconsciente. Vi al Príncipe Jake atacando con una garra; la otra había desaparecido y en su lugar había sólo un muñón. ¡Tseeew! Un rayo alcanzó a Marco en el pecho de pleno. Apareció un agujero en su pelo áspero y negro. Al caer soltó a Arbat. El profesor echó a correr y nadie le detuvo. ¿Por qué habrían de hacerlo? Era un controlador humano al que habían atrapado los andalitas. Corrió abriéndose camino a través de los asaltantes, hacia el muelle de infestación. Vi el frasco verde en su mano. <¡Príncipe Jake! Arbat…> <¡Vete!> dijo el Príncipe Jake. Vacilé. ¿Cómo podía abandonar a mis amigos? Estaban muriendo. Me volví y salí corriendo; corrí con todas mis fuerzas detrás de Arbat. Había recorrido el muelle entero. Nadie lo vigilaba. Todos lo hork-bajirs se habían unido a la lucha. Tres taxonitas se arrastraban sobre sí mismos, huéspedes voluntarios esperando la reinfestación. Arbat corrió hasta el final del muelle. Jadeaba, resollaba. La forma de ese humano de mediana edad no era muy atlética. Buscó a tientas, apresurándose para abrir el frasco. <¡Arbat!> grité. “¡Tú!” Uno de los taxonitas se dio cuenta de nuestra presencia al fin y los gelatinosos ojos rojos brillaron de expectación. Pero no me preocupaba él. Ningún taxonita atacaría a un andalita. <No lo hagas, Arbat.> “Eres muy rápido, [i]aristh[/i] Aximili. Pero no eres lo suficientemente rápido como para recorrer cincuenta pasos antes de que pueda abrir mi puño.” <Estás equivocado, Arbat.> “Es la guerra, [i]aristh[/i] Aximili.” Me sonrió. Y empezó a abrir la mano. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] <¡No!> ¡Tseeew! El rayo me pasó tan cerca que sentí arder mis ojos móviles. Impactó en la mano humana de Arbat. Su mano, y el frasco que sostenía, estallaron y ardieron y desaparecieron en una espiral de humo. Volví un ojo móvil para ver a Estrid. Bajó el arma de rayos Dragón. <Buen disparo,> dije. <Sí. Supongo que lo ha sido.> La sangre brotaba del muñón de Arbat. No importaba. Arbat sólo tenía que transformarse para que cesara el dolor de la herida. <Todo ha acabado, Arbat.> <¿Y ahora qué?> me preguntó Estrid. Hice un gesto con la cabeza hacia el lugar donde parte de las fuerzas que asediaban a mis amigos se dividían para lanzarse rugiendo a por nosotros. <Ahora moriremos,> dije. <Pero moriremos como honorables guerreros andalitas.> <No dejes que me cojan con vida,> me dijo Estrid. <Aunque no tengas muy buena opinión de mí, Aximili.> Una ola de hork-bajir se precipitó sobre nosotros. Me preparé para el ataque con Estrid justo detrás de mí. Arbat prefirió no unirse a nosotros. “¡Andalitas!” gritó, señalándonos con la mano que le quedaba. “¡Andalitas! ¡Mirad lo que me han hecho!” Y entonces el estanque yeerk a nuestra izquierda empezó a bullir. Se había abierto un círculo rojo, de quince metros de diámetro, proyectado sobre el turbio líquido, y todo dentro de ese círculo bullía, humeaba y siseaba. Me quedé quieto, paralizado. Estrid, siempre la física, vio lo que yo no había visto. <¡No, arriba! ¡Allí!> Levanté mis ojos principales hacia el techo abovedado del estanque yeerk. ¡Y allí, en el punto más alto, había un agujero! ¡Estrellas! ¡Veía las estrellas! El rayo rojo se detuvo de pronto. El objetivo del rayo Dragón del Ralek River debía haber tardado unos cinco minutos en abrirse paso lentamente quemando la cúpula de tierra. <No puede ser,> susurré, sin atreverme a tener esperanzas. A través del agujero y hasta el interior del estanque voló la vieja nave, la reliquia cansada y fuera de moda del Ralek River. ¡TSEEEW! ¡TSEEEW! Las armas de la nave nunca serían rival para los cazas Insecto, y mucho menos para la nave Espada, pero eran más que suficiente para detener la avalancha de hork-bajirs. Diez pies de muelle entre nosotros y los yeerks estallaron y se evaporaron. ¡TSEEEW! ¡TSEEEW! Una línea de destrucción estalló entre los animorphs medio muertos y sus atacantes. La nave bajó lentamente, cerniéndose directamente sobre nosotros. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Los hork-bajir volvían al ataque con pistolas de rayos dragón, pero era como intentar matar a un elefante tirándole piedras. Desde la nave descendió una rampa. Subí a Estrid y salté al interior. “¡Esperad!” gritó Arbat. Vacilé. “¡Yo también soy un andalita! ¡Soy uno de los vuestros!” Se acercó a mí con su única mano humana y su muñón sangrante. <Vete,> le dije a Gonrod. La nave ascendió y se deslizó hacia las jaulas. Si Arbat hubiera escogido transformarse inmediatamente podría haber vivido un poco más. Pero se quedó ahí, enfurecido, atrapado en un segmento del muelle, solo. Sólo excepto por los taxonitas cuya insaciable hambre no les dejaría ignorar el olor de su sangre. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 28:[/b] Rachel y Cassie habían ido al centro comercial a comprarle a Estrid un bollo de canela. Se lo di como regalo de despedida. Le dije que lo disfrutara durante el largo trayecto a través del espacio hasta el planeta andalita. Gonrod había dirigido la nave de vuelta a su emplazamiento habitual detrás de Los Jardines. Tenía sentido. Después del audaz asalto al estanque yeerk, todas las naves yeerk del espacio terrestre estaban en alerta máxima. Esperar un día haría la huída más fácil. Puede que no hubiera sido una gran pérdida que el Ralek River fuera destruido, pero un piloto como Gonrod, insoportable como puede llegar a ser, era un tesoro. <¿Es tan delicioso como las gominolas?> preguntó Estrid, sosteniendo la bolsa de papel caliente. <Incluso más,> dije. <¿Y es por esto por lo que te preocupas por esos humanos?> Pensé en los huéspedes humanos que habían formado un escudo con sus cuerpos para proteger a mis amigos. Pensé en la tantas y tan incontables veces en las que el Príncipe Jake o Rachel o Cassie o Marco o Tobias habían arriesgado su vida para ayudarme. <Sí,> dije. <Por esto es por lo que me gustan los humanos. Es cosa de los bollos de canela.> <Aximili, vuelve a casa conmigo. Juntos, los dos y Gonrod, podemos hacer que la gente se de cuenta de la verdad.> Agité la cabeza. <Mi deber está aquí,> dije. <¿Es porque no te gusto?> intentó decir en tono alegre. Asentí. <Es porque no me gustas,> dije. Dejé la nave. Me alejé de mi oportunidad de volver a casa y me volví a reunir con mis amigos. El Ralek River despegó. ¿Escaparía del alcance de Visser Tres? ¿Entraría sano y salvo en el espacio-Zero? No lo sabía. Me alejé y no miré atrás. Me transformé en humano y caminamos los seis juntos. Incluso Tobias se transformó en humano, creo que para acercarse a mí, para “empatizar” como dicen ellos. Cassie me rodeó el hombro con su brazo. Es un gesto humano de consuelo. “¿Estás bien?” me preguntó. “¿Por qué no habría de estarlo?” dijo Marco. “Ya le has oído. Ni siquiera le gustaba ella.” Cassie no dijo nada pero me apretó más estrechamente. A Cassie no se la engaña fácilmente. “Vamos a por algo de comer, chicos, estoy muerta de hambre,” dijo Rachel. “Lo que sea menos McDonald’s,” dijo Tobias. “¿Cómo? ¿El cazador de ratones se pone quejica con las hamburguesas?” dijo Marco. “No, no es eso.” El Príncipe Jake levantó una ceja. “¿Tobias? ¿Hay algo que tengas que decirme?” Tobias se encogió de hombros. “Bueno, ya sabes, vi a los refuerzos yeerk entrando en el Centro Comunitario y supe que estabais en problemas, ¿no?” “Sí. Y fuiste a por Gonrod.” “Exactamente. Le pregunté si podía abrirse camino hasta el estanque yeerk con los rayos Dragón. Me dijo “Quizá, pero sólo en la zona más delgada.” De todos modos, tarde como era, no había ninguna luz…” “No,” dijo el Príncipe Jake. “No lo hiciste. No destruiste un McDonald’s.” “Quedó como si nunca hubiera estado ahí,” dijo Tobias con una carcajada. “Los yeerks rellenarán el agujero antes de que nadie se de cuenta de lo que hay bajo tierra, pero si queremos hamburguesas, mejor un Burger King.” “Yo querría una hamburguesa,” dije. “Ham-burrr-guesa.” Caminamos por las oscuras calles, mis amigos y yo. Mis más-que-amigos. Nos reímos, simplemente aliviados de seguir vivos. Bromeamos. Cassie me cogía la mano, y en la oscuridad donde nadie podía verme, lloré. [b]©1999 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

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