#40 El otro

Sinopsis:

Ax y los demás siempre han creído que él era el único andalita no infestado de la Tierra. Que sólo él sobrevivió a la terrible batalla entre su gente y los yeerks. Hasta ahora.

Hay otros supervivientes. Otros andalitas. Y están aquí, en la Tierra. Intentando pasar desapercibidos. Intentando encontrar la forma de derrotar a Visser Tres. Intentando –igual que Ax y los Animorphs- seguir con vida hasta que finalmente lleguen los refuerzos.

Si es que la ayuda llega algún día…

Datos del libro:

El libro en inglés consta de 130 páginas divididas en 24 capítulos.

 

Narrador

 

A Marco siempre se le ha tenido por el gracioso del grupo, utilizando el humor para ocultar su lado más serio. Pero es esa parte oscura la que le ha ayudado a permanecer con vida hasta ahora, y le ha guiado a la hora de tomar algunas decisiones personales delicadas.

Ahora, él y el resto de Animorphs están a punto de encontrarse con un andalita que se ha propuesto llevar a cabo una misión muy personal –una con la que ni siquiera Marco, el chico que habría matado a su madre para salvar el mundo, estaría del todo de acuerdo…

 

Los Animorphs siempre han creído que Ax era el único andalita superviviente de la batalla en la órbita de la Tierra entre los yeerks y los andalitas. Pero tras ver un video en un programa de sucesos paranormales que mostraba la imagen borrosa de un centauro de pelo azul con la mitad de la cola seccionada, se dieron cuenta de que ese no era el caso. Al menos hay otro andalita en la Tierra, y ahora Marco y los demás tienen que encontrarle antes de que lo hagan los yeerks. Sólo hay un problema: con quien quiera que se encuentren, puede que tenga su propio plan. Y si la experiencia pasada les ha enseñado algo a los Animorphs, es que los andalitas que van a la suya son una gran fuente de problemas…

 

Nuevos personajes

 

Tras ver un atisbo de andalita por la tele, los Animorphs investigan un poco y descubren a Gafinilan-Estrif-Valad, un robusto y enorme guerrero andalita. Él y su shorm, también piloto de guerra, Mertil-Iscar-Elmand quedaron atrapados en la Tierra después de que los yeerks masacraran a los andalitas en la órbita. Mertil quedó herido irreversiblemente –su cola fue seccionada, convirtiéndolo a él en un vecol.

 

Nuevas palabras

 

Raíz illsipar. Una planta que es como el café o el té para los andalitas. También tiene aplicaciones medicinales y, consumida en grandes dosis, alivia el dolor de la enfermedad Soola.

 

Enfermedad Soola. Una enfermedad genética que se manifiesta en la primera adultez de los andalitas y resulta mortal. Causa un dolor cada vez más intenso en los músculos y las articulaciones, extremo al final, y también provoca ceguera. La única forma de escapar a la enfermedad es convertirte en otro andalita y quedarse atrapado en esa forma. Sin embargo, en el mundo andalita esto es considerado un acto de cobardía despreciable.

 

Vecol. Es cómo los andalitas llaman a los discapacitados de su especie. Un vecol debe vivir en aislamiento para conservar la dignidad. Marco y el resto no entienden esta forma de pensar, pero para Ax y los andalitas es su modo de vida.

 

Nuevas formas

 

Marco se convierte en abeja (45) para colarse en el invernadero de Gafinilan. Rachel (41), Cassie (43), Tobias (26) y Ax (36) hacen lo mismo.

Gafinilan se transforma en zarigüeya (1), en un hombre humano (2) llamado Henry Mc Clellan para pasar desapercibido en la Tierra, y en búho (3).

 

[b]Capítulo 1:[/b] ¿Qué quién soy? No soy Tuan ni Kevin ni Rasheed. Ya sabes lo que toca: “Hola, soy Marco” Si gritas “¡Hey, Marco!”, hay muchas posibilidades de que me gire y responda “¿qué?” También podríamos decir que realmente soy mucho más que un nombre. Que lo que yo soy depende de la perspectiva. De dónde estás cuando me gritas. Por ejemplo, si estás en el mundo real (en La Langosta Roja en la noche de todas-las-gambas-que-puedas-comer, en cualquier calle de la ciudad o en el centro comercial), verás que soy un chico un poco menos que alto, de pelo oscuro. Acércate más, como a mi casa, y verás que también soy un hijo. Un amigo. Y, muy de tanto en tanto, una decente canguro para perros. Aún así, si te sitúas en un sitio muy particular, muy personal y cercano a mi (como dentro de mi cabeza) verás que también soy, además, unas cuantas cosas mucho menos ordinarias. Defensor de la Tierra. La Última Oportunidad para la Supervivencia de la Civilización. Cosas así. Normalmente mantengo la política de no dejar que la gente se sitúe en ese espacio tan personal. Los superhéroes tienden a acumular un montón de amigos muertos y aliados seriamente dañados. Esa es una de las razones por las que no es buena idea que sepas mucho más aparte de mi nombre. Hay otra razón por la que el anonimato es tan genial: los yeerks. Los yeerks. Si no fuera por Elfangor, un príncipe guerrero andalita, no sabría nada de los yeerks, alienígenas de un lejano planeta. No nos hubiéramos enrolado – yo, otros cuatro chicos, y un andalita – en la lucha contra ellos. No estaríamos intentando parar su lenta pero constante infestación de la Tierra. Mira, los yeerks con como babosas. En su estado natural son ciegos, sordos y mudos. Pero en el cerebro de un huésped tienen ojos y orejas y bocas. Los yeerks son parásitos. Viven de las mentes y los cuerpos de cualquier criatura que crean que vale la pena controlar. Gedds. Hork-bajirs. Humanos. Y un andalita –sólo uno. Los yeerks se abren camino, a través del canal auditivo, por cada surco y grieta del cerebro. Abren recuerdos, levantan las manos, mueven las piernas. Una vez un yeerk está en tu cabeza, te encuentras completamente a su merced. Dices lo que él quiere que digas. Vas a donde él quiere que vayas. Sólo escuchas en silencio, mientras él se mofa de cada uno de tus deseos y sueños. Miras, impotente, como recluta a tu madre o a tu padre o a tu mejor amigo a una vida de esclavitud. ¿El derecho a la privacidad? Desaparecido. ¿El derecho a la libertad? Aniquilado. Lo que Elfangor hizo fue darnos acceso a la tecnología mórfica andalita. Esa es nuestra arma, la capacidad de absorber a través del tacto el ADN de una criatura viva, y así ser esa criatura. Nos transformamos y luchamos y nos infiltramos. Espiamos en la organización encubierta de los yeerks, la Alianza. Y. de vez en cuando, pateamos traseros yeerks. Nos convertirnos en lo que necesitamos convertirnos. Elefante, gorila u oso pardo. Tigre, lobo o cucaracha. Leopardo, oso polar o incluso hork-bajir. Todo esto es lo que hace la pregunta de “quién eres tú” bastante más complicada para mí que para, digamos, el 99’9% de personas del planeta. El 0’1% por ciento que queda, serían mis amigos. Los demás Animorphs. Jake. Cassie. Rachel. Tobias, el tío que vive como un halcón. Ax, el hermano pequeño de Elfangor. Obviamente, hay un montón de asuntos con los que tenemos que tratar. Asuntos demasiado complicados para que los ninguno de los seis gastemos mucho tiempo pensando en ellos. O quizás nos hemos vuelto nosotros demasiado complicados como para que nos importen tanto. Piensa en cualquier cosa, y nosotros ya habremos estado ahí. Hemos ido y hemos comprado la camiseta y el póster. Si alguien de las compañías de seguros [i]Guardia[/i]n o [i]Prudential[/i] supiera la verdad sobre nosotros, nunca jamás conseguiríamos seguros médicos. Y olvídate de los de vida. Mis amigos y yo somos la definición de vivir al límite. Somos la definición de alto riesgo. No necesitamos apuntarnos a sesiones en el colegio de la comunidad, ni pagar 150 pavos la hora a un loquero con mucha labia para que nos diga que tenemos mucho potencial. Nos hemos dado cuenta de sobra de nuestro potencial. Mirad, esta guerra se reduce a vida o muerte. Libertad o esclavitud. Dignidad o abyecta humillación. Fallar no es una opción. Un apunte: estamos aquí para serviros. Esto no sólo se trata de nosotros. También se trata de ti. Esto es por lo que, de vez en cuando, es realmente bonito estar a solas. Cerrarle la puerta al mundo y hacer algo solo para mí. Algo total y completamente indulgente conmigo mismo, y cómodo. Algo que no requiera casi esfuerzo, ni físico ni intelectual. La casa estaba vacía. Papá y Nora estaban en una reunión de padres y profesores. Euclid pasaba la noche en el veterinario recuperándose de no sé qué cirugía menor de perros. Jake y Rachel estaban fuera en un rollo de familia. Cassie y su madre se habían ido a una gran conferencia de veterinarios en Los Jardines. Y suponía que Ax y Tobias estarían haciendo lo que fuera que los ratoneros de cola roja y los aliens hacen por las noches. Sólo sabía que estaba felizmente solo. Estaba tumbado en el sofá del comedor, estirado como un perezoso gato viejo. Cogí el mando de la mesita. Nada bueno en la tele. Perfecto. Hice zapping, pasando Bob Esponja, una liga menor de béisbol. Cambié [i]Dos Señoras Gordas[/i] en el canal de cocina. Un documental de escarabajos. ¡Ah! [i]Misterios sin resolver[/i]. Guay. El monstruo del lago Ness. Bigfoot. Aliens de otra galaxia… El señor presentador falso-Spooky miró a la cámara abriendo mucho los ojos: –Cuando volvamos después de la publicidad, continuaremos con nuestra profunda investigación de criaturas legendarias con un video de un aficionado grabado hace unas semanas, justo aquí en… Le quité la voz y esperé. Tarareé algo de Kid Rock. Bostecé. Me mordí una uña. Siete anuncios después, el programa volvió. Y entonces el mundo se vino abajo. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Lo único que se veía era un borrón azul moviéndose por la pantalla. No mucho más. Un pequeño fragmento de video grabado con mano inestable en unas condiciones de iluminación terribles. Pero bastaba. Mi infalible alarma de peligro se activó. Muy insistentemente. –¿Podría esto ser una prueba de la existencia del mágico unicornio de la tradición popular medieval?– entonó el presentador.–¿O podría esta extraña criatura azul ser el poderoso centauro de la mitología griega? Vamos a verlo otra vez. Apreté un botón y la pantalla se volvió negra. Un vistazo había sido suficiente. La imagen era azul pero inconfundible. ¡Un andalita! Subí las escaleras de dos en dos hasta mi habitación. Esto era malo. Muy malo. Una seria brecha en nuestra seguridad. El principio de nuestro fin… Un buen montón de gente de los Estados Unidos de América, y vete a saber cuánta de otras ciudades, acababan de poner los ojos por primera vez sobre un alien de verdad. El 80, quizás el 90 por ciento de los espectadores se emocionarían durante unos treinta segundos, al menos hasta el siguiente monstruo tonto después de más anuncios tontos. Un 10, quizás un 20 por ciento de esos espectadores lo reconocerían como lo de que verdad era. No un unicornio ni un centauro. Un andalita. Aquí. En la Tierra. Y sólo podía ser Ax. Vale, Visser Tres y cualquier otro yeerk con un huésped sabían de la existencia de “los bandidos andalitas”. Los que formaban la pequeña pero implacable resistencia al movimiento yeerk. Pero otros (humanos no controlados por yeerks) no lo sabían. Y no podían saberlo, no debían. Era demasiado peligroso, demasiado arriesgado. Sería terrible que Ax fuera capturado por Visser. Peor aún más si lo atrapaba el gobierno para estudiarlo. No todo el mundo en “la agencia” era tan poco prejuicioso como Mulder o Scully. Algunos incluso eran yeerks. Pero no iban a coger a Ax. Yo me aseguraría de eso. Cientos de miedos y preocupaciones pasaron por mi cabeza, casi a tanta velocidad como había subido las escaleras a mi cuarto. Tenía que controlarme. Centrarme. Mantener la concentración. Fui hacia la cama. Arreglé las almohadas debajo de las mantas para que parecieran un chico durmiendo. Así mi padre y mi madrastra no sabrían que no estaba. Otra vez. Me desvestí para quedarme en mi uniforme de transformaciones. Metí los vaqueros, la camiseta y las zapatillas en la leonera que era mi armario, abrí la ventana, y empecé a transformarme. Mi objetivo: transporte rápido. ¡PING! ¡PING! Hice una mueca. Habían empezado saliendo las garras, donde unos segundos antes habían estado mis dedos. Vi como el resto de mis pies y tobillos se encogían, empequeñecían, y de repente eran las increíblemente fuertes y firmes garras del ave. Tres largas uñas hacia delante, una hacia atrás. Era imposible que esos pies soportaran mis gruesas piernas humanas. Así que caí. ¡THUMP! Estaba en el suelo, pero había caído de espaldas. Levanté la cabeza y vi como mis piernas se oscurecían y se metían dentro de mi cuerpo como dos tiras de ternera seca sorbidas por un agresivo viejo vaquero. En ese momento prometí no volver a comerme nunca un snack Slim Jim. A pesar de lo que puedas pensar, transformarse no duele. Sólo es desagradable. Pero aún así, miré. Como si pudiera acelerar el proceso observando. Los dedos, retorciéndose y fundiéndose en mi palma. La bronceada piel humana desapareciendo debajo de un tatuaje tridimensional de plumas. Las plumas brotando furiosas de los brazos. A la vez, los huesos de los brazos que se encogían, se vaciaban, se reformaban. Transformándose en alas. Mi boca y mi nariz se fundieron, endureciéndose para formar un pico curvo y mortal. ¿Órganos internos? Sentí como aproximadamente unos ocho metros de intestinos humanos se juntaban y se licuaban para formar el diminuto tracto digestivo de un ave. Mi lento y firme corazón humano se transformó en el maniaco y pulsante corazón de un ave de presa. Ya no era humano. No era ni lo bastante alto como para ver los cuadernos sin abrir desparramados por la mesa. El puñado de envoltorios de chicle vacíos que probablemente debería tirar. Sin embargo, estaba lo bastante cerca de la alfombra como para ver las grandes migas de galleta y hebras de rizado pelo de caniche. Ugh. Era un águila pescadora. El animal que había sido una de mis primeras formas. No era un pájaro con una gran visión nocturna, pero si una visión mucho mejor que la humana. Lo bastante buena para llevarme a donde quería ir. El refugio de Ax. Salté a la ventana. Miré a mi alrededor con mis redondos ojos para asegurarme de que nadie vigilaba la casa. Y aleteé en el aire nocturno. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] Ax estaba en “casa”. Y tenía compañía posada en una rama cercana. <¡Tobias!> <¿Qué hace un chico como tú en un sitio como éste?> <Nada bueno,> plegué las alas y aterricé sobre la suave hierba y la tierra. Empecé a transformarme. <¿Cuántas veces se trata de algo bueno cuando alguno de los nuestros aparece inesperadamente?> añadió. No contesté. Tobias abusaba un poco de las preguntas retóricas en los últimos tiempos. Además, en aquel momento no tenía ninguna de lo que Ax llamaría “partes bucales”. Pero tenía ojos. La tele de Ax estaba encendida. Pero no en el canal que yo había estado mirando. En cuanto mis labios se formaron miré directamente a Tobias. Luego a Ax. –Nuestro colega Ax aquí presente es una estrella mediática, -dije brillantemente, quitándome agujas secas de pino de mis pantalones de ciclista, y haciendo un gesto de dolor cuando una piedra afilada se clavó en mi tierno pie humano. Les conté lo que había visto. Cuando acabé, nos quedamos en silencio. Tobias habló el primero. <¿Y bien, Ax?> su habla telepática era ronca. Casi ansiosa. <¿Es eso posible?> Ax dudó. Giró sus ojos principales para mirar hacia atrás, hacia la profundidad del bosque. <Todo es posible,> dijo. Eso no era lo que yo quería oír. <Creo que necesitaremos una copia de ese episodio,> dijo Tobias –¿Tú crees? ¿De verdad?- dije, poniendo los ojos en blanco. –Vale. Escuchad. No tenemos tiempo para esperar a que lo vuelvan a emitir o para enviar un cheque al canal y comprar una copia. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando. <Eso es verdad,> dijo Ax mientras se dirigía a su instalación de TV. <Pero no tendríamos que esperar.> –¿Me he perdido algo? Porque definitivamente no te sigo. <Ax lo graba todo,> explicó Tobias. <En cada canal. Ha conectado una grabadora de CDs al VHS–o algo así. El caso es que funciona.> <Marco, creo que esto es lo que estás buscando.> Ax se apartó de su pequeño montón de chatarra de equipo. Con un mando, rebobinó el programa de 30 minutos hasta que llegó al segmento en cuestión. Veinte segundos de video. Ax congeló el último fotograma. Más silencio. Esta vez fui yo el que lo rompí. –¿Eres tú, Ax? Ax enfocó brevemente sus cuatro ojos en la pantalla antes de bajar la mirada. Desconfiado. <No sabría decirlo desde este ángulo.> <Pásalo a cámara lenta,> sugirió Tobias. <Fotograma a fotograma.> Ax lo hizo. Para mí seguía sin haber ninguna diferencia. Podía ser Ax. Podía ser cualquier otro andalita. Pero el otro andalita que conocíamos en la Tierra era Visser Tres. De ninguna manera habría sido tan descuidado como para permitir que lo grabaran. Además, él nunca aparecía sin su escolta de guardaespaldas. A menos… a menos que él [i]quisiera[/i] ser visto por miles de asiduos telespectadores. ¿Pero por qué? –Ax-man, ¿hay alguna manera de enfocar la imagen? <No. No puedo aumentar la resolución en un video o grabación no original.> Tobias despegó de la rama y aterrizó grácilmente a menos de dos metros de la pantalla de la televisión. <No hace falta,> dijo. <No es Ax.> –Pues es Visser, –dije yo. -Vaya, qué cosa más rara. <No. No es Visser.> Tobias nos miró con sus increíblemente penetrantes ojos de halcón. <Chicos, creo que hemos descubierto otro andalita.> Ax se enderezó. <¿Es…?> <No es Estrid, lo siento, Ax. Tampoco es Arbat.> –Vale, entonces, ¿quién es? <Este tío es nuevo. Y tiene una cosa que lo hace claramente distinguible. Sólo tiene media cola.> <Un [i]vecol[/i]> había incredulidad en la voz de Ax. Y algo más, también. Algo aparte de su, bueno, su arrogante tono normal. Sonaba disgustado. –¿Perdón? –pregunté. <Es un inválido. Un tullido,> contestó Ax fríamente. <Y su presencia aquí será obviamente un problema.> –Sí, -admití, mirando la borrosa imagen de la pantalla.– Los yeerks lo capturan, y ya tienen otro andalita con el poder de transformarse en su equipo. Nada bueno. <No. Los yeerks no podrán usar su cuerpo. Es totalmente inútil como huésped.> Ax agitó su mano, desechando mi comentario con un gesto. <Sin cuchilla en la cola no puede luchar. Y es obvio que el [i]vecol[/i] es incapaz de transformarse o habría sanado su propio cuerpo desde su ADN sano.> –Entonces, Ax, ¿qué piensas de verdad, [i]de verdad[/i], sobre este tío? ¿Me dejas que adivine? -soné desagradable. Era lo que pretendía. <Marco,> dijo Tobias. <Me parece que este, uh, este tipo podría ser útil para los yeerks de otra manera. Tiene que tener información que Visser podría querer.> –Lo que significa que esté donde esté, nosotros tenemos que llegar antes. Porque si llegamos demasiado tarde… no quiero ni pensarlo. <Exacto,> asintió Tobias. <En el mejor de los casos, puede llegar a ser un aliado> Ax emitió un sonido bastante parecido a un resoplido. <¿Un [i]vecol[/i] como aliado? ¿Marco, eso pretendía ser humorístico? Porque no lo ha sido.> Hice una mueca y me crucé de brazos. –No, Ax. No pretendía ser “humorístico.” ¿Qué pasa contigo? ¿Qué problema tienes con este tío? Tobias nos interrumpió. <Movámonos. Tenemos que hablar con Jake y los demás. Ya discutiremos todo eso después.> Respiré hondo. Me pasé la mano por el pelo, dejándolo de punta, y les hablé. –Sí. Es hora de encontrar un andalita. Oh, -dije mirando directamente a Ax, –será mejor que no nos olvidemos de la otra posibilidad. A pesar del famoso honor de los andalitas a lo largo y ancho de la galaxia, por lo que sabemos es muy probable que este tío sea un traidor. Todo el rollo del vídeo podría ser una trampa para nosotros, humanos poco suspicaces y de gran corazón, que respondemos a las criaturas menos afortunadas que nosotros con empatía y amabilidad. <Eso es verdad,> dijo Ax, devolviéndome la mirada con sus ojos principales. <Podría ser perfectamente una trampa.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Tobías nos guió a un claro del que estaba bastante seguro que era el mismo sitio en el que el andalita había sido grabado. Algo a cerca de la pendiente del campo y un pino parcialmente destruido por el fuego le habían dado las pistas. Si Ax es nuestro reloj personal, Tobias es nuestro cartógrafo y explorador de lo salvaje. Quizás deberíamos haber contactado con los otros primero. Haber esperado a la mañana siguiente. Pero no lo hicimos. Ni siquiera discutimos la posibilidad de retrasarlo. Empezaba a oscurecer. Así que me transformé en búho para aprovechar su espléndida visión nocturna y salimos hacia lo que pretendía ser sólo una misión de reconocimiento. Volamos en círculos encima del claro, con Tobias, el volador más experimentado, bajando lo máximo que se atrevía. Alerta a cualquier movimiento. A cada hoja de hierba que vibraba y cada escurridiza cola de ratón o rata de campo o cualquier criatura que ronde por ahí pasada la hora de dormir. <¿Qué es, exactamente, lo que estamos buscando?> dije. El mundo estaba totalmente iluminado para mí, sorprendentemente claro. Pero no veía nada que anunciara “¡peligro!” <Cualquier cosa fuera de lo normal,> dijo Tobias. Signos de lucha, tierra removida, quizás sangre seca.> Pero no había nada. Si algo, hombre o bestia, había paseado por ahí en los últimos días, se lo había tragado la tierra, que aún estaba húmeda debido a la fuerte lluvia de la noche anterior. Ninguna evidencia de la puesta en escena. Después de veinte minutos de búsqueda inútil, sugerí ir a casa. Dormir un poco. Ponernos en contacto con Jake y los demás. <Deberíamos transformarnos,> sugirió Ax. <Hemos estado transformados casi 90 minutos.> No soy mucho de asumir riesgos innecesarios. La idea de transformarme en un sitio tan oscuro y solitario, especialmente sin tener a los demás alrededor para vigilar… No. El pensamiento no me emocionaba demasiado. Pero aún era menos emocionante la idea de quedarme atrapado con problemas de pulgas y garrapatas. Así que mientras Tobias montaba guardia aérea, aterricé en el suelo, cerca del borde oeste de pinos retorcidos, y empecé a transformarme rápidamente. Ax, a mi lado, descendía a unos metros más allá. Pensamos que era lo bastante seguro como para volver a nuestra forma. ¡SCHLUUP! ¡SCHLUUP! Vale. Me quedé sin alas. Pero todavía no tenía manos. Genial. ¡SPLUT! ¡SPLUT! Me salieron unos brazos arrugados. Y de ellos, pequeños muñones de dedos en la punta, que lentamente se llenaban y crecían. Con mis ojos todavía de búho, vi a Ax empezando a cambiar. Decidí que sería mejor no mirar. Volví la mirada a la derecha. Había una zarigüeya peluda y vieja. Y… <¡Marco! ¡Ax!> nos llamó Tobias frenéticamente <¡Salid de ahí, ahora!> Demasiado tarde. Yo ya era tres cuartos humano. Finalmente había ocurrido. Habíamos sido demasiado descuidados. Habíamos subestimado al enemigo. Estábamos verdaderamente muertos. Y por alguna razón, me quedé mirando a la zarigüeya. Era el doble de grande. El doble otra vez. ¡Y otra! Su pelo gris se volvió azul, casi como si lo estuvieran rellenando de color por cada pelo. O como uno de esos bolis tan bobos que cambian de color cuando los inclinas hacia delante y hacia atrás. No hacía falta ser ingeniero aeronáutico para darte cuenta de que no era una zarigüeya normal. Era un andalita. No era Visser Tres. Y no era el que habíamos visto en la tele, tampoco. Este andalita tenía una cola monstruosa, larga y gruesa. Y al final, una cuchilla que, a mis aterrorizados ojos, parecía la guadaña esa que lleva la Muerte. Apenas había acabado de transformarse cuando el andalita empezó a dirigirse a Ax. Su cola se balanceaba en el aire amenazadora, la cuchilla brillando a la luz de la luna casi llena. Cada pezuña del tamaño de un tapacubos pisaba el suelo húmedo, levantando nubes de suciedad. Los ratones de campo huían. Este no era el [i]vecol[/i]. Este tío era enorme. Más grande que cualquier andalita que hubiera visto. Más grande que el hermano de Ax, el príncipe guerrero Elfangor-Sirinial-Shamtul. Más grande que Alloran-Semitur-Corrass, el cuerpo que hospedaba a Visser Tres. Tenía los hombros como un defensa de rugby. Un pecho modelado como en una competición de culturistas. Unos brazos que, excepto por el pelo azul, podían pasar por los de un luchador de peso mediano. Hasta las normalmente pequeñas y delicadas manos de muchos dedos de los andalitas eran grandes y pesadas. Como las de un carpintero o un obrero. Y lo más desconcertante: desde la casi humana cintura a la redondeada grupa como de un caballo o un ciervo, ese tipo parecía un robusto caballo Clydesdale. Uno muy grande. De ningún modo Ax, un chico, un [i]aristh[/i], era rival para él. Ax es un buen luchador, con experiencia, pero tenías que estar rematadamente drogado para no ver que ese tío podía patearle el culo a Ax con un gesto sin importancia. No soy de los que apuestan, pero si lo fuera, hubiera apostado mi dinero por Mr. Macho, a una victoria en la primera ronda. Pero el Andalita no atacó a Ax. Ni a mí. Se paró allí, a menos de cinco metros. A mí me ignoraba, pero miraba a Ax, que había vuelto a su forma y mantenía la cuchilla de la cola ladeada. El gran andalita parecía esperar algo. ¿Que Ax atacara primero? <Vale, chicos, esto es malo,> dijo Tobias en privado, para que el andalita no pudiera oírlo. <Pero no creo que me haya visto. Voy a intentar pillarlo con la guardia baja. Antes de que haga cualquier movimiento.> Nervioso e incapaz de contestar a Tobias, miré a Ax. Estaba allí, perfectamente erguido, imitando la postura preparada de su oponente. Esperando el primer movimiento. <Tobias,> dijo, su telepatía calmada y baja. <No creo que…> ¡Demasiado tarde! -¡TSEEEER! ¡Tobias descendió en picado desde el cielo nocturno! Bajo la blanca luz de la luna, con las garras extendidas listas para atacar, parecía un demonio salido de los infiernos. -¡TSEEEER! El andalita se estremeció. ¡Se estremeció! Dio un ligero paso atrás, inseguro. Giró sus antenas oculares hacia arriba y mantuvo los ojos principales en Ax. ¡Sí! Tobias iba a hacerlo, herirlo o distraerlo lo bastante para darnos la ventaja de… ¡FWAPP! Con una velocidad y precisión que no podían percibirse, la gran cola del andalita alcanzó a Tobias en el aire. Y entonces se produjo un desagradable sonido cuando Tobias chocó contra el suelo. -¡TOBIAS! [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Empecé a correr hacia el cuerpo sin vida de Tobias. Pero una mirada de aviso de Ax me hizo quedarme quieto. ¿Qué iba a hacer? Quizás, por lo menos, recuperar el cuerpo de Tobias antes de que fuera machacado por esas monstruosas pezuñas. [i]Podría transformarme[/i]. Pensé enfurecido. [i]Podría…[/i] <No hagas nada, Marco. No digas nada.> ¿Ahora Ax leía la mente? Ni hablar. Me transformaría en gorila… CLOPCLOP CLOPCLOP El andalita galopó hacia Ax. CLOPCLOP CLOPCLOP. Ax galopó hacia el andalita. Ax embistió. ¡FWAAP! Atacó a la garganta de su oponente. Y falló. Ahora el gran andalita tenía toda la ventaja. Antes de que Ax pudiera recolocarse para atacar otra vez… ¡THWAAAP! Le alcanzó la parte plana de la cuchilla del Gran Azul. Y Ax cayó al suelo. El andalita retrocedió para permitir a Ax levantarse a duras penas. Y entonces, tranquilamente, apoyó su enorme cuchilla contra la garganta de Ax. <Visser Tres,> dijo el guerrero, su telepatía impregnada de desprecio. <Al fin nos conocemos. No estaba avisado de que fueras un adversario tan endeble y despreciable.> Movió una antena ocular hacia Tobias, todavía sin moverse en el suelo de hierba húmeda. <¡No es ninguna maravilla que hayas enviado a tus subordinados a hacer el trabajo de un guerrero!> <Yo no soy Visser Tres,> replicó Ax, con bastante dignidad considerando que la enorme cuchilla de la cola seguía contra su garganta. <Soy Aximili-Esgarrouth-Isthill.> Pasó medio segundo. El andalita parecía procesar esa sorprendente información. Parecía lidiar con ella. <¿El hermano pequeño del Príncipe Elfangor-Sirinial-Shamtul?> dijo al fin, dudando. <El mismo.> Ahora la telepatía del andalita se endureció. <Tú estabas en la gran nave cúpula. En su última batalla condenada a fracasar. ¿Sobreviviste al choque?> ¿Qué era eso? Me sentía como un pasmarote en una extraña reunión de la Academia Andalita. Y mientras ellos charlaban, Tobias… <Sí,> dijo Ax <Aunque supliqué que se me permitiera luchar, me hicieron esperar al final de la batalla en la cúpula. Aunque, hasta hace poco, tenía la impresión de ser el único que había sobrevivido. Quizás me equivoqué. He visto el vídeo del [i]vecol[/i]…> <¡El [i]vecol[/i]!> El rugido de la telepatía furiosa del andalita era ensordecedor. Hizo que me doliera la cabeza. Vi sin poder hacer nada como presionaba aún más su cola contra la piel del cuello de Ax. Un pequeño hilillo de sangre empezó a manar del contacto. <Su nombre es Mertil-Iscar-Elmand,> continuó el andalita, en tono ligeramente más calmado. <Y harías bien en recordarlo, [i]aristh[/i]> Ax no es tonto. Cuando habló, mantuvo un tono neutral. <He oído hablar de Mertil-Iscar-Elmand. El piloto de batalla. He oído de los muchos honores que ha recibido participando en varias batallas. ¿Y a quién tengo el honor de estar conociendo ahora?> Era una locura. Ax definitivamente tenía carrera como actor junto a Gwyneth Patrol en Shakespeare in love. O tal vez como diplomático. Yo estaba tan asustado que estaba a punto de mojar los pantalones, y Ax actuaba como el héroe de una ocurrente comedia de salón o algo así. Estaba hablando de honores bajo el fuego cruzado. <Soy Gafinilan-Estrif-Valad.> Los cuatro ojos de Ax mostraron un repentino respeto. Su telepatía revelaba una nota de excitación. <También he oído hablar de ti. Tu reputación como piloto de lucha es una de las más ostentosas en la historia de la academia. Tu carrera es un ejemplo que cada [i]aristh[/i] haría bien en seguir.> Gafinilan apartó su cola de la garganta de Ax. Parecía turbado. Incómodo. No molesto con el comentario de Ax, pero tampoco complacido. Apartó sus ojos principales de los de Ax. <Comandante Gafinilan,> continuó Ax, emocionado. <Recientemente fui avisado de que la flota andalita había sido apartada de su misión de acabar con la invasión yeerk en este planeta. En vez de eso, la flota fue enviada al conflicto de Rakkam Garoo en el Noveno Sifter. No habrá fuerzas especiales destinadas a ayudar a mis camaradas a detener la conquista yeerk en el planeta Tierra. Debéis ayudarnos…> <Yo no [i]debo[/i] hacer nada,> replicó Gafinilan bruscamente.<Ya no soy un guerrero, Aximili-Esgarrouth-Isthill. Mi único propósito ahora – en realidad, mi deber y mi responsabilidad – es cuidar de Mertil. Como ya te habrás dado cuenta,> añadió, oscureciéndose su tono, <fue gravemente herido en nuestra última batalla. La que nos aisló aquí, tan lejos de nuestro hogar.> Ax pareció que iba a protestar. <Déjanos en paz,> ordenó Gafinilan con calma, sin opción a protestar. <Si no lo haces, si intentas que no cumpla mi tarea, juro por la memoria de mis antepasados que morirás.> Yo estaba más quieto y atento de lo que nunca había estado. Incluso mas inmóvil de lo que estuve en el funeral de mi madre. Sólo que esta vez tenía miedo de morir si movía un solo pelo. El comportamiento rebelde y anti-militar por parte un andalita no debería haberme – habernos – sorprendido como algo inusual. O perturbador. No después de las historias que habíamos oído sobre Alloran en el planeta hork-bajir. No después de saber que Elfangor había roto una de las leyes más estrictas de su sociedad. Y especialmente no después de nuestro reciente encuentro con Arvat-Elevat-Estoni, un soldado y pensador enloquecido por la guerra. Aún así, seguía habiendo algo extraño y oscuro, incluso desesperado, que emanaba de este alienígena atrapado. No tenía ninguna duda a cerca de que haría lo que había dicho. Que nos mataría si volvíamos a buscarlo a él o a Mertil. A menos que… Por el rabillo del ojo vi que Tobias se estremecía. Estaba increíblemente agradecido de que siguiera con vida; esperaba que no se moviera y no llamara la atención sobre sí mismo. <Ahora, vete, [i]aristh[/i] Aximili. Coge a tu amigo y deja este sitio. Visser Tres llegará aquí en cualquier momento. Y él no será tan generoso como he sido yo, te lo aseguro.> <Señor…> <¡Por tu propio bien, Aximili!> dijo Gafinilan duramente. <Olvida que me has visto. Olvida a Mertil. Es una orden. Olvídanos.> Gafinilan se giró y se fue, sus cuatro ojos mirando delante mientras caminaba de vuelta al oscuro bosque. Lejos de la reveladora luz de la luna. Se detuvo en el borde de los árboles. No se giró, ni siquiera sus ojos. <Te deseo suerte en tu misión, Aximili. A ti y a tus camaradas. Incluso aunque sea una misión desesperada.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Seguimos a Gafinilan. Por supuesto. Probablemente él sabía que lo haríamos. Y ahora yo sabía que no iba a hacernos daño. Gafinilan nos había atrapado y había noqueado a Tobias, pero nos había dejado vivir. Queríamos – necesitábamos – saber por qué. Y había algo más. El andalita me había visto transformarme. Al menos, yo estaba bastante seguro de que así había sido. Quizás no había visto el proceso entero. Bien pensado, ¿cómo de buena es la visión de una zarigüeya? No tenía ni idea. Quizás él pensaba que se había perdido algo, que me había transformado de mi forma natural de andalita a humano… ¿A quién quería engañar? Lo había visto todo. Mis entrañas me lo decían. Además, ¿por qué querría alguien con una cola con cuchilla transformarse en una cosa débil y de piel suave para afrontar los problemas? No importaba mucho lo que descubriera de mí a partir de ese momento. Siempre que no viviera lo suficiente para contarlo. Rápidamente me transformé en lobo, y Ax en aguilucho. Mientras cambiábamos, Tobias echó un vistazo y decidió que estaba bien. Así que, aunque aún se encontraba un poco flojo, se fue tras Gafinilan. <Avanza deprisa, chicos. No puedo elevarme mucho o lo perderé. Los árboles son demasiado espesos. Y empiezo a tener problemas maniobrando con tan poca luz.> Salí tras él. Con el superior sentido del olfato del lobo, con su increíble energía y agilidad, teníamos una oportunidad bastante considerable de poder seguir a Gafinilan. Eso esperaba. <Solo quédate con él, Tobias,> dije. <Estamos de camino.> Corrí por entre la oscura masa de árboles. Era como hacer una carrera por un laberinto para alcanzar el primer premio – un premio que realmente no querías por que sabías que era peligroso y quizás incluso letal. Un premio que tenías que destruir antes de que te destruyera a ti. Pero un premio que, aún así, tenías que conseguir, no importaba cómo. Adelanté y dejé atrás pinos de color verde oscuro y pequeños montones de rocas. Pasé por debajo de pesadas ramas que colgaban bajas. El aire frío y húmedo enmascaraba ciertos olores y alteraba otros, pero estaba bastante seguro de que la fina nariz del lobo detectaría al gran andalita. Continuamos corriendo. Sobre mí, Ax y Tobias hacían lo que podían en aquellas malas condiciones de vuelo. Pero no era bastante. <¡Se ha ido!> gritó Tobias de repente. <No puede ser… estaba justo aquí… ¡y ahora nada!> Me detuve debajo de la rama donde Tobias había parado. Pegué el hocico al suelo, desesperado por localizar a Gafinilan. Levanté la cabeza y olfateé el aire. Ax se posó allí cerca. <Es como si hubiera desaparecido,> dijo Tobias <No capto nada,> añadí. <Al menos, no una dirección clara.> <Realmente no quiero mencionar ni la posibilidad,> dijo Ax, <pero tal vez haya una entrada al estanque yeerk escondida por aquí cerca. Tal vez Gafinilan la atravesó…> <¡Espera!> dije. Troté silenciosamente una yarda por el profundo bosque, usando todos los sentidos del lobo. <Ha ido por aquí. Es débil pero… ¡mirad!> Era algún tipo de cueva o pasaje, a otras tres yardas a la derecha. No resultaba fácil de ver a menos que la estuvieras buscando. La entrada era baja y estrecha y casi completamente escondida detrás de las tupidas ramas de hoja perenne. <Diez a uno a que es aquí por donde nuestro amigo andalita ha desaparecido,> dije. <Parece que tenías razón, Ax-man.> <Y parece que no estamos solos,> dijo Tobias. Algo estaba saliendo de la cueva. Alguien. Un humano. Un hombre. Se paró justo en la entrada de la cueva y observó los alrededores con cuidado. Con suspicacia. Como si estuviera esperando encontrar espías escondidos detrás de los troncos de los árboles. Era muy normal; nada remarcable en él excepto su total y completa normalidad. Atractivo. Peso y altura medias. Mediana edad, quizás 35, quizás 45. El pelo, entre rubio y castaño, ni corto ni largo. Vestía un par de vaqueros sin marca, una camisa a cuadros y unas zapatillas blancas algo usadas. Era el tipo de tío que desaparecería en una multitud al instante. El tipo de tío que se mezcla bien. El tipo de hombre que Jake podría haber sido si el destino no le hubiera elegido para él un espectacular y retorcido camino. Cuando el tipo estuvo satisfecho de comprobar que nadie iba a saltarle encima, salió, rápido y decidido hacia el negro bosque. Normalmente lo habríamos seguido. Especialmente si hubiéramos asumido que era un controlador saliendo del estanque yeerk. Pero Gafinilan era más importante para nosotros en aquel momento. Arrastrándome por el suelo húmedo con mi barriga tocando las agujas de pino y el musgo y la tierra, me acerqué a la obertura y esperé por si había otros. Después de unos minutos, olisqueé la entrada. Sí, Gafinilan había estado allí. Estaba más o menos preparado para bajar al estanque yeerk si teníamos que hacerlo. Para encontrar al andalita antes de que pudiera revelar nuestro secreto. Pero no estaba preparado para lo que encontré en la cueva. Nada. Ni una pared falsa, ni una puerta trasera o un teclado para el código de seguridad. Nada. Solo un pequeño y polvoriento espacio dentro de una gran roca. Salí al exterior de la cueva. <Nada. No hay entrada. No hay nada.> Ax, posado en una de las fuertes ramas que tapaban la entrada, dijo: <Muy listo. Obviamente es donde Gafinilan escondía sus ropas humanas. Para su transformación.> Por supuesto. Segundo error estúpido de la noche. <Lo tengo,> dijo Tobias de repente, desde algún sitio en las alturas. Corrí. En el linde del bosque, me transformé y pasé a la forma de búho. Seguimos a Gafinilan a un barrio cerca de la universidad. Un barrio muy normal. Lo vigilamos mientras recorría el camino hasta la puerta frontal de una casa muy normal. Con un pequeño porche, como todas las demás casas del bloque. En el buzón negro estándar un nombre rezaba “H. McClellan” en letras doradas. Se paró en la puerta y miró alrededor. Buscó en su bolsillo, sacó unas llaves, y entró. Esperamos. Oímos varios giros de la llave cerrando la puerta. No se encendió ninguna luz dentro de la casa, ni siquiera después de cuatro minutos enteros. <¿Y ahora qué?> dijo Tobias. <¿Echar un vistazo por la ventana?> <No,> dijo Ax. <Demasiado arriesgado. Gafinilan será muy cuidadoso ahora. No bajará la guardia.> <Vale, chicos,> dije. <Estoy bastante seguro de que es el momento de llevarle el asunto a nuestro valiente líder.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] – Jake, me vio transformarme. Rachel saltó de su asiento en una barandilla de madera. Era por la mañana del día siguiente, pronto, antes de las clases, que empezaban tarde por no se qué conferencia de profesores. Como siempre, estábamos en el granero de Cassie. –Muy bien, Marco. Buen trabajo, -dijo sarcásticamente. –Pero, – seguí, – él ni siquiera parpadeó. No me volvió a mirar, ni me habló. No le preguntó a Ax sobre mí. Era como si no le importara en absoluto. –Creo que la pregunta es, ¿por qué? – dijo Jake. – Acordaos de cómo Gonrod casi tuvo un ataque al corazón cuando descubrió que había humanos con el poder de transformarse. [i]Tiene[/i] que importarle. Quizás es que ahora tiene algo más importante en mente. Algo en marcha. –Oh, sí. Tiene que ser eso. Como he dicho, no preguntó nada, – dije.- No tiene sentido. No preguntó cómo Ax sabía lo que pasaba con el conflicto de Rakkam Garoo. No preguntó por mí. No preguntó cuántos camaradas tenía Ax, quienes éramos. Vamos. Nadie es tan desinteresado. Eso es atención selectiva. Es algo calculado. <Nos dijo que el Visser llegaría pronto,> dijo Ax <Como si conociera los hábitos de Visser. Como si estuviera esperando para encontrarse con él.> <O quizás para atacarlo,> dijo Tobias. <No creo que debamos adelantar conclusiones. No sabemos nada de la relación entre Gafinilan y Visser Tres.> Reí. –Sí, lo sabemos. Sabemos bastante. Sabemos que [i]hay[/i] una relación. Eso, junto con Gafinilan diciendo que nos fuéramos. Y, por supuesto, su promesa de matarnos si no lo dejábamos a él y a su colega Mertil en paz. Por lo que a mí respecta, si no está con nosotros, está contra nosotros. Jake se rascó la nuca. –Recordemos que él no se quedó para encontrarse con Visser Tres. Siempre hay una posibilidad de que esos dos andalitas pudieran formar parte de nuestro equipo. Así que deberíamos echarle un ojo a ese tío. Asegurarnos de no trabaja para los yeerks, y de que no va al estanque yeerk cada tres días. –Ya lo hago yo, -dijo Rachel. –Yo iré también. – Cassie. –Muy bien. Ax, ¿qué sabes de Gafinilan? – preguntó Jake. <Su reputación es intachable,> dijo él simplemente. –Casi te mata por insultar a su amigo, -señalé.– Y te atacó, a un compañero andalita. <Es un guerrero, no un diplomático,> replicó Ax. Tal vez era mi impresión, pero no sonaba al 100% convencido de su argumento. <No creo que sea inusual para un soldado entrenado, particularmente uno alejado de su mundo natal por la guerra, en un sitio bajo invasión enemiga, reaccionar como él lo hizo.> –Con agresión, quieres decir. Vale, entonces, ¿qué pasa con el video? –preguntó Rachel.– ¿Quién lo grabó? ¿Cómo ha podido conseguir que lo pasen en aquel programa? Cassie se encogió de hombros.– Hay muchas posibilidades. Puede haber sido algo totalmente inocente. Puede haberlo grabado algún tipo para sacarle dinero vendiéndolo a la tele. O a una de esas horribles revistas como Star o Enquirer. O ser la idea de broma divertida de algún estúpido. –O puede haber sido planeado por Gafinilan, -dijo Rachel tajante.– Quizás está haciendo un trato con los yeerks. La forma perfecta de atraer a los bandidos andalitas a una muerte cierta. –Pero todavía estamos vivos, -repliqué.– Si lo que sugieres fuera verdad, creo que no estaríamos teniendo esta conversación. <¿Y si Gafinilan no trabaja para los yeerks?> dijo Tobias <¿Y si no tiene nada que ver con el vídeo? Quizás realmente quería decir lo que dijo sobre dejarlo en paz. Que nos olvidáramos de él y de Mertil.> –Sería una lástima. – dijo Jake secamente. – ¿Cuántas veces vienen andalitas a la Tierra? No podemos ignorar el hecho de que Gafinilan y Mertil se esconden en la ciudad. En nuestra ciudad. No queremos hacerles ningún daño, pero vamos a averiguar todo lo que podamos. –Supongo que eso quiere decir que no vamos a dejarlos en paz, – dije. Como si no lo supiera ya. –Oh, sí. Sólo que el “vamos” se refiere a ti y a Ax, -dijo Jake. -Si el tipo es un traidor, si está con los yeerks, no queremos que sepa más sobre nosotros de lo que ya sabe. Esto es, Marco siendo humano, que ya es demasiada información, y Ax como andalita. Ha visto a Tobias pero lo necesitamos para que vigile la zona desde el aire mientras vosotros dos estáis dentro. Tú irás de visita formal en representación de tu Príncipe, Ax. El resto de nosotros os cubriremos. Para que tengáis refuerzos si es necesario. Sonreí sarcásticamente. –Sólo en el caso de que fuera en serio ese rollo de “os mataré si no me dejáis en paz”, claro. Gracias, grandote. Jake me devolvió la sonrisa. –No hay problema. Y cuando os marchéis, el resto estaremos atentos. Vigilaremos dónde va, qué hace. Averiguaremos si contacta con los yeerks. También tendremos que echarle un ojo a Mertil, -se giró a Rachel y a Cassie. –Pero primero, intentad coger al señor H. McClellan antes de que se vaya de casa esta mañana. Tobias, ve con ellas. Cuando se tengan que ir al colegio, te toca. Tobias voló desde su viga en el techo. <Claro, Jake. Os veo en el aire, señoritas.> –¿Qué se supone que hago yo todo este tiempo? –le pregunté a Jake después de que los otros se hubieran ido.– ¿Hasta que Ax y yo le hagamos la visita a Batman y Robin? Jake me dirigió una sonrisa de reproche.– Uh, Marco, creo que ya has hecho bastante. Ya sabes de lo que hablo, vosotros tres corriendo a buscar a ese andalita sin decirnos nada. ¿Qué tal si te relajas un par de horas? Quizás quieras rezar una oración o dos. Vamos a necesitarlas. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] No soy mucho de rezos y súplicas. A menos, claro, que involucren a una preciosa chica diciendo “sí” a salir conmigo. Pero incluso entonces, suplicar e implorar son sólo opciones. <¿Marco? ¿Eres tú?> <En carne – uh, en plumas y hueso.> Me uní a Tobias en el aire, por encima del barrio de H. McClellan. Sobre bloques de dos y tres dormitorios y dos pisos, tejados y acabados en cedro con forma triangular o trapezoide. Sobre una colección de piscinas en el patio de atrás, círculos y cuadrados azul brillantes, y porches delanteros uniformemente rectangulares y verdes. Un patrón geométrico típico americano. Realmente bastante guay desde esa perspectiva. <¿Por qué no estás en el colegio con los demás?> me preguntó Tobias <Creo que prefiero no contestar a esa pregunta. Dime, ¿qué has encontrado?> Tobias planeaba en un perezoso círculo, dejándose llevar por las corrientes termales. <No demasiado. Hemos seguido a Henry -de ahí venía la “H”- a la universidad. Parece que es asistente académico de algún tipo. Algún profesor que trabaja con partículas físicas. Sea lo que sea eso.> <Ax lo sabrá. ¿Qué más?> <Bueno, excepto por el hecho de que el hombre se fue al baño, probablemente a transformarse, lo hemos vigilado casi toda la mañana. Cassie y Rachel entraron dentro. Averiguaron que es el sitio perfecto para cambiar de forma. Es una de estas habitaciones privadas, con ventanas esmeriladas, un cubículo. Por lo demás, ha estado sentado en su escritorio, hablando con algunos compañeros, comiéndose un donut. Luego Rachel y Cassie se fueron a clase y yo me quedé por los alrededores. Sobre las 11, Henry recibió una llamada de teléfono que pareció alterarlo. Lo siguiente que sé, es que se fue a casa. A menos que se haya transformado en algo muy pequeño y haya salido, sigue allí.> <O en el invernadero. Quiero mirarlo más de cerca,> dije. Bajé, acercándome al tejado de Henry McClellan, y al largo invernadero pegado a la casa, una extensión de unos 5 metros de largo con forma de túnel. <Ten cuidado, Marco,> me avisó Tobias. <Debe de estar nervioso y definitivamente paranoico> <Y probablemente esperándonos, lo sé, lo sé…> <Puede que la llamada fuera sobre Mertil,> reflexionó Tobias mientras bajábamos hasta unos 6 metros sobre del invernadero. <Puede que fuera Visser,> dije, ligeramente sarcástico. <No idealicemos esto.> Tobias ignoró mi comentario. <Allí está,> dijo en vez de contestarme. <En forma andalita.> Gafinilan era apenas visible, incluso para mis ojos de águila pescadora, detrás de las paredes húmedas y curvas de cristal del invernadero, y la proliferación de cosas verdes que crecían dentro. <Según dice Ax,> explicó Tobias, <la jardinería es un hobby muy interesante para los andalitas. Es un arte, realmente.> <Genial. Le compraré un cortacésped de esos a los que te puedes subir encima para Navidad. ¿Algún signo de Mertil?> Tobias aterrizó en un enorme roble en la propiedad de H. McClellan. <Nada que yo pueda ver. Solo Gafinilan podando algunas hojas. O haciendo algo con unas tijeras de podar. Parece muy concentrado.> <Entonces voy a acercarme.> <Uh, Marco, no estoy seguro de que sea una buena idea. ¿Y si mira?> <¿Y qué si lo hace?> le repliqué. <Mira, este tío me pone la piel de gallina. Quiero saber lo máximo que pueda antes de tener que vérmelas con él en su terreno.> <Vale, pero…> Sin peros. Tenía toda la intención de acercarme personalmente al techo del invernadero. Planeé más y más abajo, entrecerrando los ojos para captar todos los detalles que pudiera cuando… ¡ZZZAAAAAAPPPPP! <¡Aaaah!> ¡Ni siquiera había tocado el cristal! Pero una horrible descarga eléctrica me sacó despedido de allí, casi del revés, a menos de treinta centímetros del techo de cristal. Me tensé, aleteando furiosamente, desesperado por no tocar el cristal, ni volverme a acercar tanto como lo había estado un segundo antes. <¡Marco!> El invernadero estaba rodeado de un campo de fuerza. Debía de ser completamente normal para Gafinilan llegar a aquellos extremos para protegerse. <¡Marco! ¡Respóndeme!> No pude. El dolor era espantoso. Mi mente humana esta embotada con el shock. Pero volé. No hice nada más, ni siquiera tratar de alejarme. Los sentidos del águila tomaron el mando y sólo volé, arriba, luego abajo, aleteando locamente, perdido en medio del pánico. <¡Marco! ¡Qué haces! ¡Sal de allí, ahora!> No vi las cámaras de vigilancia apareciendo en el tejado de la casa. Hasta que fue demasiado tarde. <¡Cuidado! ¡Tiene un rayo!> Los gritos de Tobias al final penetraron en mi pánico descontrolado. Miré hacia atrás para ver la cabeza de Gafinilan y unas manos armadas apareciendo por una claraboya en el tejado plano de la casa. Sujetaban una pistola de rayos apuntando directamente hacia mí. <¡Ríndete!> gritó en mi cabeza. No respondí. Esperaba que quizás, solo quizás, si me quedaba callado, pensaría que sólo era un estúpido pájaro. Pero no era la primera vez que lo subestimaba. ¡Tsseeeeewww! ¡Disparó! Vi el flash antes de sentir el dolor. <¡Aaaagh!> Una de mis garras despareció completamente. <Eso era un disparo de aviso,> me advirtió él. Captado. No puedes imaginar lo perturbador que es mirar abajo y ver que una de las partes de tu cuerpo ha desaparecido. No importa en qué forma estés. Ver el espacio vacío donde solía estar. Ver la sangre manando del muñón. <Ríndete,> ordenó <O muere.> No había mucha elección. <¡Ve a por los demás! ¡Encuentra a Ax!> ordené a Tobias en privado. <¡Corre!> A Gafinilan: <¿Qué quieres que haga?> Mantuvo el rayo apuntándome. No pareció ver a Tobias alejándose, o no le importó. <Aterriza en el patio de atrás, al lado del invernadero,> me ordenó. <Y luego transfórmate.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] <Entonces, mis ojos no me engañaron,> Gafinilan estaba allí de pie, un montón de kilos de musculoso andalita. <La primera vez que te vi era de noche, la luz era débil… pero eres humano. No andalita.> Me puse de pie. Sin problemas por la garra perdida. Sólo un poco sucio de rodar por el suelo. –Parece que sí. Gafinilan me apuntaba con el rayo como si fuera un dedo acusador. <¿Quién te dio la tecnología mórfica?> exigió. –¿Qué diferencia supondría eso? <La diferencia entre lo que es correcto y lo equivocado,> me espetó Gafinilan. <El andalita que te dio el poder de transformarte rompió la Ley de la Bondad de Seerow. Es un criminal.> –El andalita que me dio el poder de transformarme está muerto, -le dije con calma.– Y no estoy seguro de que debas llamar a nadie criminal. Ya sabes, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, y todo eso. <¿Qué estás insinuando, humano?> De repente, estaba más enfadado que asustado. –No insinúo nada. Lo estoy diciendo claramente. Tú has hecho algún tipo de trato con Visser Tres. No estoy seguro de los detalles aún, o qué sacas de ello. Pero esto es lo que yo sé: Visser Tres es un yeerk. Ahora, vosotros los andalitas normalmente sois gente inteligente. Dime en qué te convierte eso. ¡SWOOOSH! Mi mano voló hacia mi cuello y volvió manchada de sangre. Sólo un poquito. Un disparo de advertencia. Y entonces tuve la cuchilla estaba mi garganta. <No soy un traidor,> dijo Gafinilan, su telepatía lenta y amenazante. <¡Gafinilan!> ¡Ax! Atravesaba los altos setos que rodeaban la propiedad de McClellan. Iba con la cola en alto, listo para luchar. <Si eres un verdadero andalita,> dijo Ax, acercándose hasta pararse a menos de diez pasos de donde estábamos, <no le harás daño a este humano. Es un guerrero que combate a los yeerks. Elimínalo, y probarás que eres un traidor.> Gafinilan apuntó sus antenas oculares para mirar a Ax. Sus ojos principales seguían clavados en los míos. <¿Te atreves a desafiarme, joven [i]aristh[/i]?> <Me atrevo,> replicó Ax. <El resto de la resistencia saben que estamos aquí. Ha sido mi príncipe el que nos envió a hablar contigo.> Gafinilan no respondió. No se apartó. Se quedó tal y como estaba, mirándonos por separado, la expresión de su cara inescrutable. <Os advertí que no acercarais,> dijo finalmente. <Vuestro Príncipe me insulta ignorando mi orden y enviando niños humanos.> Lentamente, casi burlonamente, retiró la cola de mi garganta. <Pero hablaré con él o no hablaré con nadie.> Retrocedí. Sentí el escozor de la piel de mi cuello y dije: –Entonces creo que esta conversación se ha acabado. Di un paso, alejándome de Gafinilan. Luego otro hacia Ax. <¡No!> Lentamente, volví la cabeza y miré al gran andalita. Y por una décima de segundo, creí ver un temblor que recorría todo su cuerpo. Un ligero temblor. Quizás lo imaginé. <No,> dijo otra vez, su telepatía más lenta y calmada. <Por favor. Entrad.> <¿Marco? ¿Ax? Estamos aquí. Delante y detrás de la casa.> Jake. Perfecto. –Vale, – dije a Gafinilan. -Hablemos. Gafinilan nos guió a Ax y a mí por una puerta en el lateral de la entrada, parecida a un túnel del invernadero. Desde allí, entramos a la casa misma a través de una puerta de atrás muy típica, con cortina y todo. Y entramos en una cocina sacada directamente de [i]Martha Stewart Living[/i] o [i]House Beautiful[/i] o [i]Architectural Digest[/i]. Una de esas revistas de decoración y estilos de vida que mi madrastra está siempre leyendo. <Tu casa es un cuidado y atractivo ejemplo de una vivienda humana de las afueras,> dijo Ax formalmente. <Aprecio tu observación, Aximili,> replicó Gafinilan, igual de formal. <Ha sido difícil aprender tantos detalles de la cultura humana. Pero es importante para Mertil y para mí permanecer sin llamar la atención lo máximo posible mientras nos escondemos a plena vista. Aunque debo admitir que la escasa altura de este techo es a veces desconcertante. Nada parecido a vivir bajo cielo abierto.> –Es como un rancho para vosotros, –dije. -La próxima vez buscaos una casa de diseño colonial, mejor. O claraboyas en cada habitación, no solo en la cocina. Gafinilan eligió ignorar mi comentario. Nos llevó a través de la cocina, un verdadero santuario de la tecnología doméstica moderna. Un frigorífico SubZero. Microondas. Vitrocerámica y horno. Un lavavajillas Bosch último modelo. Cuisinart. Una batidora KitchenAid. Y todo estaba limpio y reluciente. Nora estaría en el cielo. Vale, quizás paso demasiado tiempo mirando ese show de cocina en el canal de Food Network. –Sí, bonita cocina, Gafinilan, – dije. – Pero parece que no se ha usado nunca. No hay platos sucios en el fregadero, ni polvo en las esquinas, no hay bayetas en la encimera, nadie se va a creer que dos tíos viven aquí. Gafinilan enfocó sus ojos en mí. <Dos “tíos” no viven aquí,> dijo <Al menos en lo que a los humanos concierne. Esta casa pertenece solo a Henry McClellan y él vive sólo. Lleva una existencia tranquila. Pasa la mayor parte del tiempo en su oficina en la universidad. No tiene amigos. Es lo que los humanos llaman un “solitario.”> Bueno, eso respondía a la pregunta. Gafinilan nos llevó por otras habitaciones de la casa, todas igualmente limpias, todas obviamente sin usar. ¿Y qué era eso de las alfombras blancas? ¿Tapicería de seda rosa? ¿Para dos tíos con pezuñas llenas de barro y sin posibilidad de sentarse? Estaba claro que Mertil y Gafinilan vivían en algún otro sitio de la casa. Lo único perturbadoramente fuera de su sitio en la por otro lado perfecta casa eran unos pocos cuadros, obviamente comprados a algún artista muerto de hambre que los vendía por la calle. Ya sabes, pinturas en terciopelo negro, vendidos del maletero de un viejo Cadillac. Estaban las imprescindibles representaciones marinas e incluso un payaso de ojos tristes. Antes de que pudiera preguntar donde iban a colgar al lloroso Elvis, Gafinilan nos llevó de vuelta a la cocina. En una pared había un teclado. Los grandes hombros del andalita nos bloquearon la visión mientras marcaba el código. Una puerta oculta se abrió deslizándose, a la izquierda del teclado. <Por favor. Estos son nuestros cuarteles privados.> En telepatía semi-privada, Ax le dijo nuestra posición a Jake. Que estábamos entrando en una parte escondida de la casa. Que él y los otros deberían estar listos por si los llamábamos. Ax y yo avanzamos. Lancé un silbido. Tenían una pequeña casa andalita, después de todo, tan lejos de su verdadera casa. <Mertil y yo somos afortunados de haber podido salvar bastantes cosas antes del choque,> explicó Gafinilan. <Lo más importante, un buen generador de energía y uno de campo de fuerza. Este último es especialmente importante para nuestra supervivencia.> Sonreí irónicamente. –Y que lo digas. Ordenadores. Más de media docena de ellos. Cada uno con un programa diferente, ninguno de los cuales me era familiar en un primer vistazo. Varias pantallas enormes de TV. Todas encendidas y sintonizando diferentes programas de noticias. Todo, desde Hollywood Style Report a la CNN pasando por Bloomberg Report. El suelo estaba cubierto de exuberante hierba, bien cuidada. No había sillas, pero sí una mesa larga y alta donde habían dejado varias armas de mano. Las paredes estaban pintadas de color crema. El techo, de azul cielo. Parecía no haber más habitaciones que aquella. Podía haberlas, por supuesto. Podía haber otro panel secreto deslizante. Probablemente lo había. Porque no vimos a Mertil. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] <Príncipe guerrero Gafinilan, me gustaría saber cómo es que pareces no tener ningún interés en unírtenos en nuestra batalla contra la dominación yeerk.> Con lo bien que estaban saliendo las cosas. Pero en vez de ver la cabeza de Ax rodar por el suelo de hierba, vi como la expresión en la cara de Gafinilan cambiaba desde la furia a la desesperación para luego adoptar la típica impenetrabilidad de los andalitas. Todo en el espacio de unos pocos segundos. <Muy bien, joven Aximili,> dijo dejando caer los hombros ligeramente en una postura más relajada, menos violenta. <Quizás encuentres mi historia difícil de creer, pero es la verdad. Y es mía. Como te he dicho,> continuó él, <hubo un tiempo, no hace mucho, en el que estuve comprometido en la guerra contra los yeerks, asignado a las fuerzas de la nave cúpula, como lo fue tu estimado hermano, Elfangor.> <Sí.> <Mertil y yo éramos pilotos de caza. Ascendimos en la academia juntos y cada uno se ganó una reputación por nuestra habilidad y valor. Sin embargo, nadie es inmune a los caprichos de la guerra. Durante la batalla con la nave espada, la batalla que destruyó la nave cúpula, mi nave fue golpeada y el motor principal destruido. Casi inmediatamente perdí el control y me estrellé contra el caza ya dañado de Mertil. Las alas se cerraron de algún modo y, como si fueran una sola, ambas naves comenzaron a caer en espiral hacia la Tierra. Estuve seguro de que ambos terminaríamos muertos.> Hizo una pausa, y después de unos momentos de tensión, continuó. <En vez de eso, nos convertimos en dos improbables casualidades de la guerra. Por alguna razón, ambos sobrevivimos. Pasamos varios meses insoportables ocultándonos en los bosques, esquivando ojos curiosos, hasta que fui capaz de adquirir una forma humana y aventurarme en el mundo. Como ves, sólo sufrí heridas menores. Unas quemaduras, costillas rotas fácilmente curables. Mertil, sin embargo, tuvo daños más serios. En poco tiempo se repuso de la mayoría de heridas. Pero su cola… la perdió. Y ya que no dispone de la habilidad de utilizar la tecnología de transformación, no había nada que hacer. Nunca podrá volver a la normalidad. Y ahora, ya no soy un guerrero al servicio del mundo andalita. Soy el protector y amigo de Mertil. Después de todo,> dijo con su telepatía sombría, <si yo hubiera sido capaz de mantener el control de mi nave, Mertil no hubiese sufrido como lo ha hecho.> <Es terrible,> dijo Ax. Había un rastro de compasión en su telepatía. Sólo un rastro. <Mertil fue privado de la muerte de un héroe y forzado a vivir el resto de sus días como un [i]vecol[/i].> <Yo me alegro de que Mertil este vivo,> le replicó Gafinilan. Le creí. -¿Entonces, dónde está él? -pregunté. -Me gustaría conocerle. <¡Imposible!> Ax. <¡No!> Gafinilan -Vaaaale… Entonces, ¿puedo preguntar por qué? <Es inconcebible meterse en el aislamiento de un [i]vecol[/i],> explicó Ax. <Su aislamiento es la única dignidad que le queda.> -Bueno, tampoco es que vaya a señalarle y a reírme, -dije. -¿Ni siquiera puedo decirle hola? No obtuve respuesta, de ninguno de los andalitas. Tal vez debería haber tenido la boca cerrada. Probablemente. Pero hay algunos asuntos de los que simplemente no puedo dejar de hablar. Fingí una risa. -Vosotros los andalitas necesitáis un serio ajuste de actitud en lo que respecta a los discapacitados. <Tenemos nuestra forma de hacer las cosas,> dijo Ax simplemente. <¡Aximili!> lo llamó Gafinilan con ímpetu. Cambiando de tema. <¿Me honrarías compartiendo una raíz de [i]illsipar[/i]?> Así va la cosa: Cuando Ax está transformado en humano, nunca tiene suficientes bollos de canela. Es espantoso. Bien, pues vi esa misma mirada enloquecida en su normalmente inexpresiva cara andalita. Esa mirada que dice, “O me lo das ahora ya o me veré forzado a hacerte daño.” <Gracias,> dijo con calma. <No he tomado raíz de [i]illsipar[/i] desde que salí de nuestro planeta natal.> Gafinilan salió por la puerta de atrás y nos condujo a la sección principal del invernadero. <Eres un jardinero magnífico, Gafinilan,> dijo Ax. <He estado estudiando el arte del cultivo botánico desde mi juventud. Ha sido un desafío, pero también una recompensa, aprender sobre el cuidado y nutrientes de las plantas de la Tierra.> No sé casi nada sobre cosas verdes, pero incluso yo me daba cuenta de que este andalita tenía mano con las plantas. Por así decirlo. Al menos había diez variedades de flores, en potes y en camas ordenadas sobre la tierra. Dos clases de rosas, peonías púrpuras, azucenas naranjas (Gafinilan había sido lo suficientemente atento como para etiquetarlas para los ignorantes). Arbustos y más arbustos, hojas de color verde brillante, algunas con flores. Varios árboles delgados en macetas. Incluso una pequeña sección del jardín con rocas japonesas, con la grava muy bien rastrillada. <He cultivado el [i]illsipar[/i] desde algunas semillas de jardín de nuestro planeta natal,> explicó Gafinilan. En su curiosamente enorme mano, sostenía cinco o seis tallos que parecían cebollines, excepto porque eran rosáceos. <Esta es una planta de clima cálido y crece bien aquí.> Observé, casi fascinado, como ambos andalitas colocaban varios tallos de la raíz sobre la tierra, y como luego comenzaban a comerlos de la manera andalita. Aplastándolos con sus cascos y absorbiendo los nutrientes. Entonces la fascinación se terminó. Parecía que los alienígenas habían olvidado que yo estaba allí. Así que observé más de cerca algunas de las cosas más exóticas que Gafinilan cultivaba. Paseaba de un estrecho pasillo hasta el siguiente, cada uno lleno de sacos de tierra para macetas, paletas, regaderas, y de cactus en cuencos de peces planos. -¡Bzzzzz! -Qué demo… Golpeé el aire con la mano. Abeja estúpida. -¡Bzzzzz! ¡Otra mas! ¡Smack! Pero perdía el tiempo. Las abejas no estaban interesadas en mí, sino en las dulces y vistosas flores que llenaban el invernadero. Desde luego, Gafinilan confiaba en las abejas para ayudar a fertilizar sus plantas. Rápidamente, comprobé si Ax y su anfitrión todavía estaban absortos en el ritual [i]illsipar[/i]. Así era. Luego estudié el invernadero buscando una colmena. Nada. Rebusqué en mi cerebro todo lo que sabía sobre las abejas. Por ejemplo ¿comó pican? Nada… Pero yo iba a adquirir una abeja a pesar de todo. Si las abejas iban y venían de una colmena en algún sitio fuera del invernadero – sin ser liquidadas por el campo de fuerza- quería decir que conocían un camino seguro hacia el exsterior. Justo lo que necesitaba. Me quedé totalmente quieto. Ojalá oliera más dulce. ¡Y …sí! ¡Bzzzzz! ¡Lo conseguí! Sosteniendo la abeja sin apretar el puño, esperé y la adquirí. <Gracias por la excelente raíz de [i]illsipar[/i],> ¡Ax! Todavía agarrando la abeja, eché una ojeada tras una planta para comprobar que los dos andalitas habían terminado su bocado. <Eres bienvenido,> contestó Gafinilan, uno de los ojos del andalita señalando mi posición. Sonreí. <¿Quizás ahora vuestro príncipe me honrará con una visita?> dijo Gafinilan. <Ahora que veis que no quiero haceros daño. ¿Le diréis que lo invito a disfrutar de un poco de esta especialidad de mi mundo natal?> <Antes debo explicarte…> -Sí, desde luego, -dije, cortando a Ax y haciéndolo callar. –Le trasmitiremos tu invitación. -Ax miró hacia mí, ligeramente perplejo. Sonreí abiertamente como un loco. ¡La estúpida abeja me había picado! ¡Ouch! Abrí el puño, fuera de la vista de los demás, y lancé a la abeja a tierra. Avancé para unirme a los otros dos. <Excelente.> De repente, Gafinilan era todo jovialidad, el anfitrión perfecto. <¡Esperaré con impaciencia vuestra vuelta para conocer a vuestro príncipe!> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] El Príncipe de Ax y mi mejor amigo no iban a hacerle una visita a Gafinilan antes de que yo investigara un poco por mi cuenta. Pero no se lo dije. Nos encontramos todos en el centro comercial, Ax en su forma humana y yo juntos, parándonos aquí y allá, aparentando ser sólo unos chiquillos que están dando una vuelta por las tiendas. Jake iba solo. Miraba cosas en al tienda de Nike, pretendiendo estar interesado en algo tan inofensivo y normal como el deporte. Tobias venía con Rachel. Ella llevaba una bolsa de Express y una de Bebe. Él, parecía un poco molesto y fuera de lugar. Y por último, Cassie. Llevaba unos vaqueros que de verdad le quedaban bien, Accidentalmente aposta, nos encontramos en la sección de comida. Ax quería comprar una caja de bollos de canela. Jake pensó que le apetecía una Pepsi. ¿Qué hay de raro en ello? Ocupamos una mesa vacía, y mientras Ax se atiborraba a bollos y yo me sumergía en un cómic que saqué de mi bolsillo de atrás, les contamos lo que había pasado. –Sabes que corriste un riesgo enorme; y estúpido, diría también, Marco, -dijo Jake, manteniendo la voz baja y el tono suave. –Sí, bueno, conseguimos lo que queríamos, -dije. -Entramos. Y confirmamos que ese Gafinilan es un poco una bala perdida. –Sí, -estuvo de acuerdo Ax. Aunque era difícil tomárselo en serio con la barbilla llena de azúcar glasee. –Su temperamento no parece del todo estable. Ble. Pero es un buen jardinero. Y se ha creado una tapadera humana impresionante. –Sí, hasta tiene servilletas con dibujitos, -murmuré. Tiré el cómic encima de la mesa. -Ese sitio es demasiado perfecto. Rachel se inclinó hacia la conversación. –Suena como si estuviera exagerando. Intentando fingir demasiado bien. Es comprensible. Tiene que estar asustado. –¿De quién? –preguntó Tobias- ¿De nosotros o de los yeerks? Jake sorbió el resto de su refresco. –Quiere conocer al Príncipe de Ax. Yo digo que le hagamos una visita. –No es una buena idea, tío. Mira, me está dando muy mal rollo ese tipo. Esta situación. No veo claras sus motivaciones. Yo digo que esperemos antes de mandarte a ti. Jake se encogió de hombros. -¿Para qué? ¿Para que Visser le atrape? ¿Para que Gafinilan le cuente a Visser que hay al menos un humano “bandido andalita”? –Es arriesgado, -añadió Cassie. -Marco tiene razón. –Tomaremos precauciones, como siempre. Entraré con refuerzos. Jake se levantó. -Hora de ir a casa. Mi madre está cocinando uno de mis platos favoritos para la cena. Si llego tarde, se preocupará. –Me voy contigo, -dijo Cassie. –Planearemos mi encuentro con Gafinilan lo antes posible, -dijo Jake. -Quizás mañana por la noche. –Yo también me voy. Este sitio me pone de los nervios. ¿Ax-man? ¿Vienes? Ax se dio unos golpecitos en la barriga. –Sí, Tobias. Creo que de momento estoy lleno, – se levantó y apiló los restos de la caja de bollos de canela. Nos quedamos Rachel y yo solos. Hinché el pecho y sonreí. –¿Alguna razón por la que quieras quedarte conmigo a solas, Rachel? –Sí. Para poder verte haciendo el idiota. Lo normal, – se inclinó en su asiento. –En serio, Marco. No estoy de humor. Levanté las manos, concediéndole mi derrota. –Vale, vale. ¿Entonces…? –La mayoría de veces eres un friki cínico, ¿lo sabías? Solté una carcajada. –Uh, gracias. Supongo. –Pero también eres el mejor notando cuando algo huele realmente mal. Puedo pasar de tus bromas tontas, pero no puedo ignorar tus instintos paranoicos. –Vaya, gracias, otra vez, -dije. Rachel frunció el ceño. –Lo digo en serio. Mira, no vas a dejar que Jake se encuentre con Gafinilan antes de que tú vuelvas allí. No te molestes en negarlo. Tienes un plan. Quiero saber cuál es. Rápidamente, con indiferencia, miré a mi alrededor. –¿Por qué? ¿Para que puedas decírselo al chico pájaro y joderme con Jake? –No, idiota, –siseó Rachel.- Para poder ir contigo. Necesitas a alguien para cubrirte el culo. –¡Lo ves! Sabía que te gustaba. ¡BUM! Y eso fue cuando el pie de Rachel me dio en toda la espinilla. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] No iba a tener tiempo de probar mi forma de abeja antes de la “misión”. Así que pasé unos minutos en Internet, esperando descubrir algo interesante sobre las capacidades y debilidades de las abejas. Algo que me ayudara a saber qué esperar cuando el cerebro de la abeja apareciera. Y averigüé algo que casi me hace mearme de miedo: que las abejas, como las hormigas, son insectos sociales. No tanto como las hormigas, pero funcionan como partes de un gran todo. No son individuos, sino máquinas dedicadas a la supervivencia de la colonia. Devotas un 150 por ciento a la colmena. Ahora ya sabes de donde viene la expresión “trabajador como una abeja”. Eso no me hizo nada feliz. Ser una hormiga había sido una de las experiencias más terroríficas de mi vida, ya de por si rarita. Siendo una hormiga, me había perdido a mí mismo. Igual les pasó a Jake y a los otros. No había conciencia ni individualidad. La mayoría de gente no puede ni imaginar cómo es perder esa parte de ti. Es cien veces más intenso que tu peor pesadilla. Inspiré profundamente. Tendría que evitar el enjambre lo máximo posible. Miré mi reloj. El tiempo vuela cuando estás muerto de miedo. Nos encontramos muy pronto por la mañana. Rachel usó su forma de águila calva, y yo me transformé en águila pescadora. Volamos hacia la casa de Henry McClellan. <¿Ahora qué?> preguntó ella. <Aterrizar y vigilar.> Lo hicimos. Antes de tres minutos vimos una abeja. Iba directa al invernadero. Perfecto. Quizás no necesitaría encontrarme con la colmena, después de todo. <¿Qué hace?> dijo Rachel. <No sé. Sólo presta atención.> Lo cual no era muy fácil. La abeja zumbaba errática, arriba y luego abajo. A la derecha, abajo otra vez. ¡Izquierda! ¡Arriba! ¡En diagonal! Cambiando la dirección, marcha atrás… Y entonces, en una última muestra de habilidades acrobáticas, se deslizó con cierto esfuerzo por un pequeño agujero de un panel de cristal. <Bien, Marco,> dijo Rachel, <ahí esta tu entrada.> <Ostras. Nunca conseguiré hacer esa carrera de obstáculos nucleares sin que me frían.> <No a menos que siguas a otra abeja,> apuntó Rachel. <Que entremos tras ella. Lo que quiere decir que necesitamos la colmena.> Tenía razón. Pegarme a otra abeja sería la más segura –por no decir la única- oportunidad de entrar. Encontramos la colmena cuidadosamente escondida en un pequeño grupo de árboles, en el extremo más alejado del patio de atrás de Henry McClellan. <¿De dónde habrá sacado Gafinilan el dinero para este sitio?> refunfuñé. <El jardín tiene que ser medir unos tres acres de terreno.> <¿Lotería?> Rachel aterrizó en una rama de un roble vivo, al lado del parcialmente podrido árbol que hacía de casa a la comunidad de abejas residentes. <Te cubriré mientras te transformas. Luego, te mantendré vigilado cuando te vayas acercando a la casa. Si algo va mal ahí, Marco, mejor que me llames,> avisó ella. <Nada de hacerte el héroe.> <No hay peligro de que eso ocurra,> murmuré. Aterricé a los pies del árbol de Rachel. Rápidamente me transformé y me escurrí para ponerme justo debajo de la colmena. Y volví a transformarme. A ninguno de nosotros nos gusta transformarnos en algo realmente pequeño. Especialmente insectos. En particular hormigas, que son tan, tan poco humanas. Las abejas son bastante más monas que las hormigas. Siempre zumbando y todo eso. Quizás eso quiera decir que son menos autómatas, inconcientes y violentas, ¿no? Ahora o nunca. Me agaché para minimizar la loca caída que vendría a continuación mientras me encogía a la talla de un osito de gominola. Y mantuve la imagen de la abeja en mi mente. Transformarse no sigue un orden lógico. No tiene un patrón predeterminado. No es predecible. Esta vez, la primera parte de mí que cambió fue mi torso, que se transformó en el tórax de la abeja. Seguía siendo Marco hasta más o menos la mitad de mi pecho. Pero tenía tórax de abeja. Y más Marco más abajo. Ugh. ¿He mencionado que las abejas tienen exoesqueleto? Eso elimina la necesidad de tener esqueleto interno. Así que estaba bastante seguro de que casi no tenía costillas y me faltaba media columna vertebral en aquel momento. <Eso es muy asqueroso,> remarcó Rachel amablemente. Preferí no responder. Quitina. De eso es de lo que está hecho el exoesqueleto, una sustancia dura que protege los órganos internos y también impide que se resequen. Fliip. Fliip. Dos grupos de alas planas y delgadas salieron del tórax de la abeja. Se trataba realmente de membranas, cruzadas por finas líneas que eran las venas, las de delante más grandes que las de atrás. Juntas, usando un sistema de propulsión, permitían volar a la abeja. Pufpufpuf… Cientos, miles de pequeños pelos me brotaron por todo el cuerpo. <Genial, así esta mucho mejor,> observó Rachel. También en el tórax, me crecieron tres pares de patas segmentadas. Cuando la transformación estuviera completa, sería capaz de caminar e incluso usar las patas de delante para limpiarme las antenas. Lo siguiente en salir fueron éstas: antenas segmentadas y cubiertas de pelos diminutos. Órganos sensoriales súper importantes. Sensibles al tacto y al olor. Conectadas directamente al cerebro. Guay. Podía mover las antenas porque cada una de ellas estaba en una punta de mi cabeza. ¿Uh? Vale, mi cabeza humana se estaba convirtiendo rápidamente en la cabeza triangular típica de la abeja. Mi boca humana se cerró de repente. Y mi barbilla se partió en dos. ¡Schlup! Y apareciendo de esa boca vertical, una probóscide. Una lengua larga y peluda que permitiría a la abeja beber líquidos. Y, para rematar, las mandíbulas, un par a cada lado de mi cabeza. Un poco como unas pinzas. Útiles para comer polen, manipular cera y atrapar enemigos. Vale, peor aún. Estaba ciego, mis ojos humanos habían desaparecido. Entonces, ¡pop! ¡Pop! ¡Popopopopop! Visión. Miles de pequeñas lentes mostrándome miles de piezas del mundo, todas combinándose para formar un enorme mosaico o foto con cuadrícula. La abeja no podía distinguir los colores tan bien como los humanos. Esa casa de pájaros roja que había visto antes – ya no era roja para la abeja. Pero chico, ¡podía ver el movimiento! Las formas no eran tan claras u obvias como eran las ondulaciones de las flores en sus tallos o el revoloteo de una mariposa de hoja en hoja. ¡Pop! ¡Pop! ¡Pop! Tres ojos más, pequeños, aparecieron sobre mis ojos compuestos. No podían distinguir nada realmente, ni movimiento ni forma. Pero esos ojos parecían detectar la luz. Y aquí venía el abdomen. Oh, que suerte. Era hembra. ¿Cómo lo sabía? Por que mi abdomen era más delgado que el redondo del zángano macho, para empezar. Pero sobre todo porque tenía un aguijón. Medía la tercera parte de un centímetro y estaba situado al final de mi abdomen. Funcionaba más o menos como una aguja hipodérmica. Excepto porque la punta tenía pequeños ganchitos para clavarse en la piel de la víctima de la abeja. E inyectaba veneno, no una fórmula vitamínica. [i]No esta mal tener un arma. Pero no la uses, Marco[/i], me recordó mi cerebro humano. Si picaba a un enemigo, parte del aguijón se quedaría en el enemigo después de que lo rompiera y me fuera: y yo moriría. Como la abeja que había adquirido. La abeja que me había picado. Pero mientras la transformación se iba completando, yo dejaba de pensar en causa y efecto – picar y morir. Pensar sobre las cosas y sus consecuencias es algo que hacen los cerebros humanos. Y en aquel momento, yo era una abeja. Armada y volando a una misión vital: trabajar y trabajar y trabajar para la colmena. Para la reina. ¡La colmena! ¡Tenía que llegar a la colmena! [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Salí disparado del suelo. <¡Marco! ¡Calma!> Un sonido discordante. Sin sentido para la abeja. <¡No tienes que ir hacia la colmena!> Aterricé en el borde de la parte hueca del árbol muerto. Me encontré con una abeja guardiana, otra trabajadora, como yo. No olí enemigos. Así que giré en círculos, primero en un sentido, luego en el otro, la otra abeja girando sobre sus tres pares de piernas. Haciendo vibrar sus alas, mi camarada me contó la localización de una nueva de fuente para la colmena. ¡Todo por la colmena! Iría y me reuniría… <¡Marco! ¿Qué haces?> ¿Qué… tío? Mi cerebro finalmente logró volver a su sitio. ¿Qué estaba haciendo? Dejé a mi compañera de colmena y volé, zumbando frente a Rachel, todavía posada en el árbol cercano en su forma de águila. <¿Qué pasa contigo? ¡Es una estúpida abeja!> <Perdón. Pero no estoy seguro de que puedas llamar a la abeja estúpida. Necesitas individualidad y conciencia para ser estúpido, ¿no? ¿Para compararte con listos o tontos y esas cosas.> <Supongo,> me concedió Rachel. <De cualquier modo, no es tan malo como ser una hormiga, ni de lejos. ¿Sabes eso de que las hormigas son sólo partes programadas de un todo? Es igual, sólo que no tan agresivas. Es como si fuera parte de una gran familia de granja. Todos para uno y uno para todos, mientras recogemos la cosecha y alimentamos a la próxima generación y pagamos tributo a la reina. De eso es de lo que va el comunismo,> musité. <Quiero decir, Castro es como una reina si piensas en ello.> <Sí, bueno, Camarada Marco, sólo asegúrate de mantener el control, ¿vale?> <Sí. Mira, hay una pareja de abejas volando fuera de la colmena. Podría seguirlas y esperar a ver si hay suerte.> <Te sigo.> Salí zumbando detrás de las dos abejas. Una voló alejándose de la propiedad, la otra parecía dirigirse al invernadero. Parecía muy lejos incluso en un vuelo recto. ¡ZZZZZZ! No era otra abeja, ninguna de mis abejas. Era otro bicho. ¡Whuuuush! ¡Cayó en picado justo delante de mí! ¡Iba directo a por la abeja que estaba siguiendo! ¿Qué diablos era eso? A través de lo que parecían miles dediminutas pantallas de TV podía ver un insecto más grande que yo, quizás el doble. Sus patas parecían cubiertas de espinas o clavos. Su nariz era una aguja gorda y grande. <¡Marco! ¡Ten cuidado!> gritó Rachel. Y entonces el insecto monstruoso alcanzó a la abeja, con fuerza. La rodeó con sus piernas, capturando al insecto más pequeño en una prisión puntiaguda, como una doncella de hierro. Como si formaran ambos un enorme insecto mutante, siguieron volando. La abeja se removió sin lograr nada. Y entonces el gran bandolero clavó su nariz de aguja en la abeja. Tenía que estar sorbiéndole la vida, porque cuando el gran insecto la liberó su carcasa estaba seca y vacía. Un terrible aviso demasiado cercano. Pero el insecto asesino había salido volando fuera de mi vista… <¡Marco! ¡Va a por ti!> ZZZZZZZZZZ- <Está unos treinta centímetros detrás de ti, unos quince centímetros hacia arriba. Voy a intentar cogerlo pero…> <¡Aaaaah!> Sentí una de sus patas picudas perforar mi abdomen. ¡No no no no! Una segunda pata me empaló desde el otro lado. Yo era un pinchito entremés para un insecto realmente poco atractivo. Al menos sería rápido. ¿Cuánto había tardado esta cosa en chuparle toda la vida a la otra abeja? Sentí la trompa contra mi cuello. La punta de la mortal aguja sorbedora. ¡Whuuush! Una enrome ráfaga de aire me envío dando vueltas, cayendo luego hacia el suelo. Cayendo, pero no muerto. Intenté mover mis alas, recuperar el control. Pero estaban todavía sujetas contra mi cuerpo por el agarre del demonio que seguía en mi espalda. ¡Tump! Choqué contra el suelo. Quedé atontado pero vivo. <¡Marco! ¿Estás bien?> gritó Rachel <Estoy vivo,> dije. <Pero no bien. ¡Esa cosa todavía me tiene!> <Oh, estás bien,> dijo ella. <Lo cogí. Lo partí justo por la mitad. Perdón por haberte dejado caer.> <Estás perdonada. Sólo sácame de este maldito sitio, ¿podrías?> ¿Un águila calva soltando bichos-misiles en el patio de atrás? No era demasiado raro. Con sus enormes garras de águila, Rachel me recogió a mí y lo que quedaba del asesino. Volamos entre los densos árboles de vuelta a la colmena donde, de uno en uno, nos transformamos y volvimos a cambiar de forma. Listos para intentar la misma locura otra vez. Esta vez, Rachel estaría atenta a los secuestradores alados. Después de diez minutos, unas cuantas abejas se dirigieron hacia el invernadero de Gafinilan. Las seguí. <Veo el campo de fuerza,> la avisé. <Ve con cuidado, Marco.> Dejadme deciros que me daba cuenta más que de sobra de que podía acabar frito en el campo de fuerza, pero era una cosa realmente espectacular de ver. Se trataba de un color que nunca vería como humano. Increíble. Indescriptible. Algo que luego aprendí que se llamaba color “púrpura abeja”. Es un color entre amarillo y ultravioleta en el espectro. Demasiado agudo para que lo viera un ojo humano. Lástima. Porque era muy intenso. Y a través de él, fácilmente distinguible, había un túnel curvo. Bastante ancho para una abeja, en realidad. Y el túnel llevaba directamente al pequeño agujero en el panel de cristal de la pared de atrás del invernadero. Dulce. Muy dulce para mí. <Casi estoy dentro,> le dije a Rachel. <Uh, ¿Marco? Ve con cuidado. Gafinilan acaba de entrar en el invernadero.> Demasiado tarde. Tenía que aprovechar la oportunidad. Me deslicé al interior detrás de otra abeja. Alarmantemente cerca de Gafinilan, que miraba intensamente una de las etiquetas de sus plantas, manteniéndola cerca de sus dos ojos principales. De repente, giró la cabeza hacia nosotros. Se dio cuenta de nuestra presencia. Y se volvió otra vez hacia sus tareas. <Todo bien aquí dentro,> dije <Voy hacia la casa> Me había dado cuenta en mi primera visita que Gafinilan no había cerrado la puerta de atrás de la casa, la que conectaba la cocina con el invernadero. Y me había fijado en que esta vez tampoco lo había hecho. La suerte me acompañaba. Ya estaba demasiado lejos, de todas formas. Volé hacia la puerta abierta. Entré en cada habitación de la casa. El inmaculado salón. El comedor sin usar. La prístina cocina. Y usé las antenas de la abeja y sus ojos para recoger toda la información que pude. Olí las flores, las plantas y la tierra húmeda del invernadero. El chocolate y las pasas de las galletas que Gafinilan había guardado en varios botes de cristal. Un fuerte y desinfectante olor en el baño. Don Limpio o Top Job o Comet. Por toda la casa, en cada habitación, el olor distintivo y no desagradable de Gafinilan. Pero había una cosa que no vi ni olí ni sentí de ninguna manera. <¿Qué hay allí dentro?> preguntó Rachel. <Te diré lo que no hay,> dije. <Y que no ha estado aquí durante mucho tiempo. Mertil.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] – No lo pillo. ¿Dónde está Mertil? -preguntó Jake, pero sólo después de haber acabado de decirme lo enfadado que estaba conmigo por todo ese asunto de Gafinilan. Después de que dejara de fulminar a Rachel con la mirada. Después de que admitiera que la información sobre el andalita desaparecido era valiosa. Estábamos todos en el granero de Cassie. Y las cosas se estaban volviendo cada vez más confusas. -¿Existe, siquiera? ¿Era falso ese tipo del vídeo? <Príncipe Jake, puedo confirmar que había un Mertil-Iscar-Elmand en la Academia Andalita. Y que un piloto de guerra con el mismo nombre ganó grandes honores después.> Ax hizo una pausa, pensativo. <Claro que no sabía que no era capaz de transformarse. Creía que la academia no admitía [i]vecols[/i].> -Sí, -le solté, -odias cuando tu héroe resulta ser un tullido. Eso es bastante malo. -Volvamos al tema, -dijo Jake, tenso. -¿Qué es, que hacemos con Gafinilan? Rachel se apoyó descuidadamente sobre un montón de balas de heno. –Él no quiere herirnos. O no todavía. Pero tampoco tiene intención de ayudarnos. Dice que quiere que lo dejemos en paz, pero entonces pide conocer a Jake. No tiene sentido. <No creo que él sepa lo que quiere…> <Sí, Tobias. Sí que lo sabe,> dijo Ax emocionado. <Raíz [i]illsipar[/i]. ¡Como no lo vi antes!> Moví la cabeza. –¿Ver el qué? <Gafinilan me ofreció raíz de [i]illsipar[/i],> explicó Ax, <es una droga suave, algo como el té o el café humano cada mañana.> –Vale, pero… <La raíz de [i]illsipar[/i] también tiene un uso medicinal. En grandes cantidades, alivia el dolor de la enfermedad de Scoola. Es una enfermedad heredada genéticamente. Provoca un incremento del dolor en las articulaciones y en los músculos, extremo al final. En algunos casos, causa ceguera progresiva. Empieza en la juventud y es siempre fatal.> –Vale, –dijo Jake.- Todavía no entiendo qué tiene que ver esta enfermedad con nosotros. –Y yo no entiendo, –empezó Rachel, -porque, si Gafinilan tiene la enfermedad, no se cura transformándose. Oh. Espera. Sí que lo entiendo. Su propia ADN tiene la enfermedad. Es como si estuviera atrapado. Ax inclinó la cabeza. <Exacto. La única cura es adquirir, y luego transformarse, en otro andalita. Uno sin el gen defectuoso que predispone a la enfermedad. En otras palabras, la víctima de la enfermedad de Scoola debe abandonar su cuerpo imperfecto. Debe convertirse en [i]nothlit[/i].> Tobias miró a Ax con sus fieros ojos de halcón. <Suena razonable.> <No. En la sociedad andalita, elegir convertirte en [i]nothlit[/i] en esa situación con tal propósito es considerado un acto de cobardía. Moralmente incorrecto. Despreciable.> –Si Gafinilan está enfermo, ¿por qué no hemos visto signos de dolor? Y si adquirir a otro andalita es lo que pretende Gafinilan, -musitó Cassie, -¿por qué no simplemente haber adquirido a Ax? Ax tenía respuesta para eso también. <Gafinilan es un adulto con un impresionante físico de guerrero. Nunca elegiría adoptar el cuerpo de un joven. Perdería años esperando que el nuevo joven cuerpo creciera hasta su máximo potencial. Además, yo nunca daría mi permiso para tal acto. Y lo de que no exhibiera signos de dolor en público, eso es sólo lo que parece. Un guerrero está entrenada para no mostrar signos de debilidad física o tensión mental.> Ax hizo una pausa. <Pero cuando el dolor sea cercano a la muerte, no creo que pueda esconder completamente su agonía.> –Así que, tú crees que Gafinilan estaba, o todavía está, confiando en adquirir el andalita de Visser Tres… – me detuve. –Vamos, como si fuera lo más fácil del mundo. –No. Estoy bastante seguro de que me quiere a mí, -dijo Jake de repente.- Al menos, quiere a quien cree que soy. Un andalita adulto y sano. –Pero Ax dice que convertirse en [i]nothlit[/i] es un acto de cobardía, –apuntó Cassie.- ¿Tú crees que Gafinilan es un cobarde? Yo no. No de la manera que ignoró las costumbres andalitas para cuidar a Mertil. –Qué bonito, Cassie, -repliqué. –Pero como poco, el tío es un mentiroso. Y muy bueno guardando secretos. Me fío de él tanto como de mis posibilidades para pegarle un empujón; que lo movería la décima parte de un centímetro, con suerte. –Tengo que darle la razón, –añadió Rachel. -Gafinilan se encuentra en una posición difícil: si busca un cuerpo andalita, quién sabe lo que hará cuando descubra que Jake es humano. –¡Lo mismo que le hizo a Mertil! –murmuré. -Creo que no es la felicidad de Mertil lo que busca. Creo que probablemente él mismo grabó la cinta de vídeo de su colega. Pensó que hacerla pública atraería a otros andalitas que estuvieran dándose una vuelta por el planeta Tierra. Y entonces, cuando Mertil hubo hecho su parte, Gafinilan lo salvó de su miseria. El increíble andalita desaparecido. –Bastante duro, Marco, –Cassie. <Pero podría muy bien ser la verdad,> dijo Ax solemnemente. <Por mucho que me duela reconocer la posibilidad de tal comportamiento por parte de un compañero andalita.> <Lealtad,> dijo Tobias calladamente, enigmático. <Todo va sobre eso.> –¿Ax? -dijo Cassie, que empezaba a sonar excitada. -¿Qué hay del cubo mórfico? ¿El Escafil? ¿Podríamos usarlo en Mertil? ¿Darle el poder de transformarse? –¿Qué diferencia supondría eso si él está muerto? -dijo Rachel sombríamente. Ax dudó. <Es como si Mertil fuera alérgico, o tuviera alguna enfermedad o desorden que hace que su cuerpo rechace la tecnología mórfica. En ese caso, ¿para que sirve que lo hagamos?> Jake se levantó súbitamente. –Mirad, no estamos acercándonos a la verdad sentándonos aquí y especulando. ¿Está Mertil vivo o muerto? ¿Gafinilan es malo o no? La única manera de saberlo es ir a por él. Y esperar que seamos los primeros en llegar. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Así que fuimos. Preparé a Tobias, Rachel, Cassie y Ax para lo que les esperaba cuando se transformaran en abeja. Les advertí a cerca de apretarla demasiado cuando la adquirieran. También les avisé sobre lo que Cassie me dijo que era una mosca depredadora, el insecto demonio que había intentado convertirme en un batido de abeja. El plan para nosotros cinco era colarnos en la propiedad de McClellan/ Gafinilan. Adquirir una abeja de la colmena residente. Y volar a través del campo de fuerza para entrar en el invernadero de Gafinilan. Cuando estuviéramos en posición, Jake llamaría al timbre de la puerta delantera. Yo me colaría dentro de la casa y me pegaría a Gafinilan y a Jake. Los otros se quedarían en la retaguardia hasta que –si fuera el caso– nos metiéramos en problemas y necesitáramos refuerzos. Y los problemas podían venir de Gafinilan o de los yeerks. Primero, teníamos que asegurarnos de que la casa no estuviera vigilada antes de que Jake apareciera. Eso significaba vigilancia concentrada. Después de lo de meter a Jake en la casa para que hablara con el gran andalita, nuestro plan era bastante vago. Más que nada sujeto a las acciones de Gafinilan. Cuando estuvimos transformados, y a salvo en el invernadero, le di a Jake la señal. Un momento después, llamó al timbre de la puerta. <Deseémonos suerte, niños,> dije. Gafinilan dejó la botella de líquido fertilizante que estaba preparando y fue hacia la casa por la puerta trasera. Lo seguí. Cerca pero no lo bastante para levantar sospechas y ser aplastado hasta la muerte. Una vez en el salón, Gafinilan se transformó en Henry McClellan. Entonces caminó hasta la puerta. La abrió tanto como le permitió la cadena. -¿Sí? -dijo, manteniendo su cuerpo casi enteramente detrás de la puerta, dejando que sólo una parte de su cara se asomara. -¿Gafinilan? -Jake mantuvo la voz baja. -No. No, me llamo Henry McClellan. Gafinilan empezó a cerrar la puerta. -Lo sé, –dijo Jake rápidamente. -Ese es tu nombre humano. Aximili me lo dijo. Soy Jake. Lentamente, la puerta se cerró. Gafinilan quitó la cadena. Abrió la puerta otra vez. Retrocedió un par de pasos. -Entra, -dijo. Jake lo hizo. Gafinilan volvió a cerrar la puerta detrás de él. -¿Tú eres el Príncipe de Aximili? -Sí, -respondió Jake. El andalita transformado en humano se relajó ligeramente. Podía oírlo en su voz. -Me complace que hayas aceptado mi invitación de conocerme, -dijo,-quizás sería mejor si hablamos en un ambiente más confortable para los dos. Por favor, sígueme. Gafinilan guió a Jake a través de la brillante cocina hacia sus cuarteles privados. Se apartó para dejar entrar a Jake primero. -Muy amable, -dijo Jake. El andalita lo siguió y cerró la puerta tras de él. Y detrás de mi, también. Estábamos los tres solos. Separados de los demás, que esperaban en el invernadero. -Como le dije al joven Aximili, –dijo Gafinilan, conversador,- Mertil y yo fuimos afortunados de salvar gran parte de nuestros cazas en el accidente. Cuéntame, ¿hubo mucho que rescatar de la nave Cúpula? ¿O el océano de la Tierra lo destruyó todo? Whoa. Ax ya le había dicho a Gafinilan que él fue el único superviviente. Excepto por Gafinilan y Mertil. ¿Qué intentaba? Jake miró fijamente a Henry McClellan. –La nave Cúpula fue casi completamente destruida, -respondió Jake con evasivas. -Sí, sí, -los ojos de Henry vagaron por la habitación. Luego volvieron a mirar a Jake. -Jake. Es un buen nombre. ¿Es una versión corta de algo, como Ax para Aximili? -Es sólo el nombre por el que la gente me llama. Jake no le estaba dando nada. Gafinilan habló alto. Con falsa cordialidad. -Por favor, ponte cómodo. Yo haré lo mismo. Caminó hacia el centro de la habitación herbosa. Y empezó a transformarse. <¿Por qué no te has transformado?> preguntó cuando acabó. Jake sonrió. –Prefiero hablar contigo en esta forma. <Pero insultas a un compañero andalita al no revelar tu forma real,> intentó persuadirle Gafinilan. Sus ojos sonrieron de la forma en que lo hacen los andalitas. -Mi forma física real es irrelevante. <Príncipe Jake,> la voz de Gafinilan era firme ahora, casi amenazante, <debo insistir en que abandones esa ridícula forma.> -Después de que expliques lo que realmente quieres de mí, -replicó Jake. <¡Ya basta!> Gafinilan dio un paso hacia Jake, la cuchilla de la cola alzada, arqueada sobre su espalda. Y entonces tropezó, contra nada. Quedó dolorido. Cerró los cuatro ojos. No había duda. Estaba sintiendo dolor. Ax tenía razón. La enfermedad de Scoola. Algo ya bastante serio y que iba empeorando rápidamente. Jake se movió hacia él. Instintivamente, para ayudar. <¡No!> dije. <Espera. Deja que nos cuente lo que necesitamos saber.> Se paró. Controló su impulso. Esperó. -Gafinilan… El andalita abrió los ojos, primero los principales. Recuperó la compostura. <No,> dijo, la voz áspera pero débil. <No habrá más charla.> Se apartó de Jake. Caminó lentamente hacia la mesa donde tenía las armas, y cogió una pistola de rayos. Se giró y apuntó a Jake. <Ahora harás lo que yo te diga.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <Tenemos un problema,> llamé a los demás. <Necesitamos refuerzos aquí. ¡Ahora!> <¿Qué va a ser, Príncipe Jake?> dijo Gafinilan. <Si crees que mostraré piedad por el hecho de que parezcas un niño, te equivocas> Jake permaneció completamente calmado. -¿Y si [i]soy[/i] un niño? -dijo tranquilamente. Como si el arma no estuviera apuntándole a poca distancia de su cara. <Refuerzos en camino, Jake,> dije. La cola de Gafinilan se sacudió. <¡Me aburres con este juego! Para ser un guerrero andalita, no eres particularmente listo.> -¡Groaaaarrrr! De la dirección del invernadero nos llegó el amenazante ruido de un oso pardo. El solitario aullido de un lobo. El chillido que hiela la sangre de un ave de presa. Gafinilan se giró bruscamente hacia los sonidos. Y entonces hubo un gran ¡BABUUM! cuando Rachel apareció atravesando una de las paredes como una pelota de béisbol atravesando el cristal de una ventana. Pero causando mucho más caos. Cassie, Ax, y Tobias la siguieron casi delicadamente entre los escombros. -Siento que te aburramos, Gafinilan, –dijo Jake calmadamente. –Pero nosotros estamos aburridos también. Cansados de tus evasiones y medias verdades. Así que si te va bien, este es el momento de reconsiderarlo. El momento de aclararlo todo. <¿Cuatro guerreros contra uno?> bravuconeó Gafinilan. -Cinco, si me transformo, -dije, habiéndome transformado detrás de la mesa llena de armas, rodeándola para enfrentarme a nuestro anfitrión. -Seis, si lo hace Jake. -Pero no estamos aquí para luchar, Gafinilan, –dijo Jake. -Sólo para conseguir algo de información. Las antenas oculares de Gafinilan giraron como locas por un segundo. Luego una expresión de comprensión apareció en ellas de golpe. <Tú, todos vosotros, los bandidos andalitas que Visser Tres teme. Sois todos menos Aximili… ¿humanos?> -Sí, –dijo Jake. Miró rápidamente a Tobias.– Más o menos. Fuimos reclutados por el Príncipe Elfangor para luchar contra los yeerks. <Ya ves,> dijo Ax casualmente, <no hay ningún andalita adulto para que adquieras y escapes de la enfermedad de Scoola.> <¡Qué!> rugió Gafinilan, apuntando su pistola hacia Ax. <¡Cómo te atreves a hacer esa acusación! Yo soy un guerrero. Nunca en la edad de una galaxia me deshonraría actuando con esa egoísta y abyecta cobardía.> Silencio. Gafinilan había empezado a temblar y bajó el arma. Y entonces Tobias habló. <Sabes, en el mundo andalita, puede ser que fuera considerado un fallo moral o un crimen contra el honor personal buscar una cura por cualquier método posible. Pero aquí no. No en la Tierra.> <Tiene razón,> añadió Cassie rápidamente. <No juzgamos ni condenamos a gente que buscan la salud a través de medios válidos. Nosotros…> Gafinilan volvió a levantar los rayos. <No lo entendéis,> gimió, desesperadamente. <Nadie lo entiende> -¿Qué tal si nos lo explicas? -sugirió Jake en voz baja. Hubo un momento de silencio. Un momento durante el cual estuve bastante seguro de que Gafinilan haría algo desesperado. La tensión irradiaba de cada centímetro de su cuerpo. Y entonces se encogió de hombros, como si hubiera tomado una decisión, y la tensión fue reemplazada por lo que se parecía mucho a estar exhausto. Bajó el arma otra vez y habló. <Es verdad. Tengo la enfermedad de Scoola. Pero lo que he hecho no lo he hecho por mí. Lo he hecho todo por Mertil.> <Obviamente, Mertil no es capaz de transformarse,> dijo Ax. <No lo entiendo.> El fantasma de una pequeña sonrisa, burlándose de él mismo, apareció en los ojos de Gafinilan. <¿Veis? Nadie lo entiende. Supongo que ya no hay razón para ocultaros la verdad,> concedió. <Algunos humanos, algunos entrometidos y posiblemente inocentes humanos se encontraron con Mertil alimentándose. Visser Tres vio la cinta, en televisión o en otro sitio, no lo sé. Pero bastó con eso. Mertil fue capturado por los yeerks. Sólo entonces el Visser descubrió que Mertil era un [i]vecol[/i],> la voz de Gafinilan se tensó. <Por supuesto, los yeerks no tienen uso para un mero inválido. Especialmente uno que no puede transformarse.> -¿Chantaje? -adiviné. <Sí. El Visser usó a Mertil para encontrarme y me ofreció intercambiarme a mí mismo por Mertil. Después de todo, había sido culpa mía que él hubiera sido visto por un humano. Tendría que haberlo protegido más cuidadosamente. Pero Mertil se anticipó a mi acción. En un esfuerzo por salvar mi vida informó al Visser de mis condiciones médicas.> Gafinilan rió ásperamente. <El Visser no tenía más uso para un andalita con una esperanza de vida de unos meses que el que podía darle a un [i]vecol[/I].> <Supongo que podrías estar agradecido,> comentó Cassie. Gafinilan giró una antena ocular en su dirección. <Todos queremos que nos acepten,> remarcó con calma. -El Visser todavía quiere algo de ti, -dijo Jake. <Oh, sí. Visser Tres es bastante listo. Y bastante cruel. Me ha ofrecido un trato. Si le doy un andalita sano, capaz de transformarse, me entregará a Mertil.> <¿Y confías en él?> le espetó Rachel. <¿Qué elección tengo? Confiar y actuar, o no hacer nada y esperar las noticias del asesinato de Mertil. Cuando inesperadamente encontré al joven Aximili, no titubeé en tender mi trampa…> Ax le interrumpió. <¿Ibas a vender a uno de tu propia gente a los yeerks a cambio de la vida de tu amigo? ¿Por la vida de un simple [i]vecol[/i]?> <Para mí,> dijo Gafinilan, <esto no va de actuar como un traidor a mi mundo. Para mí, es personal. Es cuestión de amistad.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] -Hagámoslo. Vamos a rescatar a Mertil y patear algunos culos yeerks. Adivinad quién dijo eso. Todos volvimos a nuestras formas y Jake nos presentó a Gafinilan. Explicó lo que pasaba con Tobias y le sugirió a Gafinilan –con una mirada al resto de nosotros- que uniéramos fuerzas para recuperar a Mertil. <No hay necesidad de que os veáis más involucrados en esta situación,> replicó Gafinilan, casi rudamente. <Mertil es mi responsabilidad.> Sacudí la cabeza. No me tragaba del todo la historia de Gafinilan, no sin pruebas, pero sabía que ir solo era ridículo. Y potencialmente peligroso para nosotros. ¿Mi voto? Que no perdiéramos de vista a este tío. -¿Qué vas a hacer tú solo? -dije. –¿Contra Visser Tres y montones de sus tropas de asalto de hork-bajir? -Sin ánimo de ofender, Gafinilan, – añadió Jake. –Pero no estás en condiciones de actuar tú solo. Las probabilidades están contra ti incluso sin estar enfermo. -Además, –dijo Cassie amablemente, –tú y Mertil estáis aquí en la Tierra por que estábais luchando para protegernos. A la raza humana. Considéralo un favor si te ayudamos a rescatar a Mertil. Una pago cósmico. Tobias permaneció en silencio. No era inusual. Últimamente está de un humor impredecible. Pero estaba seguro de que apoyaba el plan. Ax, por su parte, no nos ayudó a convencer a Gafinilan de que aceptara nuestra ayuda. Estaba bastante seguro de que él [i]no[/i] apoyaba el plan. <Pero…> Gafinilan dudó <No puedo permitir que unos niños luchen mi batalla. Sería una inconsciencia.> Rachel puso los ojos en blanco. -No queremos faltarte al respeto, Gafinilan, –dijo Jake. -Pero vamos a ir contigo. Realmente, tú vas a venir con nosotros. Así que ahora, o juegas con nuestras reglas o te quedas fuera. Si Gafinilan estaba atónito u ofendido por el discurso de Jake, no lo mostró. El agotamiento, la depresión o lo que fuera, hicieron que aceptara la situación con poca o ninguna resistencia. <Mueven a Mertil día y noche,> dijo después de un momento. <Hasta donde yo sé, nunca está en el mismo sitio más de una hora, y no ha estado en el mismo sitio dos veces.> -¿Por qué no simplemente encerrarlo en el estanque yeerk?- preguntó Rachel. –Lleno de jaulas vacías, equipo de tortura, cosas de esas. <Imagino que el Visser tiene miedo de un ataque,> respondió Gafinilan. <Imagino que no confía en que cumpla nuestro trato. Imagino que espera que me una con las fuerzas de la guerrilla que minan todos sus esfuerzos. Lo que, parece ser, es justo lo que he hecho.> -Así que Mertil está en algún tipo de vehículo de transporte, -dijo Cassie. –Un camión, un remolque para caballos, algo. ¿Cómo lo encontramos? Vigilancia aérea… Ax interrumpió. <No podemos arriesgar nuestras vidas por un vecol.> -Vale, Ax-man, -dije, mi voz poco tranquila. -He estado dándote un poco de margen con todo este rollo de la invalidez porque eres parte de este equipo. Pero cuando hablas así, como si ese tipo fuera algo sucio y sin valor, tengo que decir que no eres uno de nosotros. <No soy ni nunca he pretendido ser humano,> indicó Ax. Rachel resopló. –Qué noble, Marco. Me parece recordarte diciendo que ese Hewlett Aldershot, el tío que estaba en coma, era un vegetal. No, espera, una zanahoria para ser exactos. -No es lo mismo, – repliqué.- Eso era humor negro. Bromas cínicas. No un insulto abierto e implícito. -Las acciones hablan más alto que las palabras, -dijo Cassie suavemente. -Gracias. Quizás no siempre digo lo correcto, pero la mayoría de veces hago lo correcto. O intento hacerlo, al menos. Mis intenciones, – añadí, sonriendo con suficiencia, – son buenas. <Esto no va sobre Marco,> dijo Tobias. <Es sobre Mertil. Mertil es el [i]shorm[/i] de Gafinilan, Ax. ¿No puedes entender…?> -Lo entienda Ax o no, – interrumpió Jake, – vamos a hacer esto. ¿Eso sí lo habéis entendido? Bien. Gafinilan, ¿has estado en contacto con Mertil? Durante nuestra disputa verbal, Gafinilan había permanecido en silencio. Quizás estaba cansado de defender su posición. <Mertil y yo hemos sido amigos íntimos desde nuestra infancia,> dijo finalmente. <A menos que estemos en diferentes planetas, podemos oír la telepatía del otro. No perfectamente, claro. A menudo las palabras exactas no son claras. Pero el sonido de la voz de Mertil está siempre conmigo. Me ayuda a saber que está vivo.> -¿Entonces, qué? – dijo Rachel. – ¿Adoptamos forma de aves, y cubrimos cada centímetro de la ciudad hasta que nos acerquemos lo bastante a Mertil para que Gafinilan lo oiga claramente? Espero que Mertil tenga una ventana por la que poder asomarse o algo así. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Entiendo lo que es ser despiadado. Entiendo, quizás más que ninguno de los otros, lo que significa no tener sentimientos. La frialdad, incluso. Ver el final en el principio y el principio en el final. No estoy negando que Jake, por ejemplo, no cumpla su parte con las decisiones difíciles. Que casi cada día esté obligado a elegir entre dos elecciones que parecen imposibles, igual de degradantes. Que no siente la agonía de esos momentos de crisis. Que demasiado a menudo parece tener cincuenta años. Lo único que digo es que yo entiendo, inmediatamente y de manera innata, lo despiadado que tienes que llegar a ser, que tienes que convertirte, para ser capaz de tomar decisiones imposibles. Para distinguir el camino correcto hacia el final correcto. Para vivir con el hecho de que la gente tenga miedo de acercarse demasiado a alguien como yo, quizás como si se le fuera a pegar mi habilidad de hacer lo que tiene que hacerse. A pesar de mi increíble sentido del humor, no es siempre divertido estar a mi alrededor. Y hay muchas razones de por qué. ¿Cómo serías tú si tuvieras que decidir si salvar lo que queda de la vida de tu madre? ¿O dejar vivir a Visser Uno, el yeerk? Riesgos calculados. Todavía no sé cuál ha sido el resultado de esa decisión particularmente agónica, pero fui capaz de tomarla. [i]Fui capaz de tomar esa decisión.[/i] Así que, de alguna forma, sabía lo que Gafinilan había hecho. Cómo él había tomado la decisión imposible de hacer lo que hiciera falta para salvar la vida de su amigo. Incluso si eso significaba entregar a otro andalita, a uno de su propia gente, a los yeerks. Era una cosa bastante despiadada. Y yo estaba bastante seguro de que lo haría otra vez, si tenía que hacerlo. Lo respetaba por eso. <Jake,> le hablé en privado. <Mejor que tengas en cuenta que estaremos en serios problemas si este tío decide cambiar lealtades…> <Marco. Vamos a hacerlo.> <Muy bien. Aquí estoy. Pero vamos a hablar claro. Lo que Gafinilan ha dicho es que estaba listo para traicionarnos. ¿Qué ha cambiado? Vale, no ha podido cumplir su parte con Visser. No ha podido entregar un andalita adulto. Pero quizás pueda hacer un nuevo trato, si las cosas empiezan a ir mal. Entregar a los humanos “bandidos andalitas” a cambio de Mertil.> <Él dijo que trabajaría con nosotros, no contra nosotros,> dijo Jake cansado. <Eso es lo que tú crees. Yo creo lo contrario. Así tenemos todas las bases cubiertas.> <Bien. Vamos a acabar con esto.> Gafinilan había adoptado la forma de búho que había adquirido hacía poco. Yo también era un búho. Cassie un águila pescadora. Jake, un halcón peregrino. Rachel, un águila calva y Ax un aguilucho. Tobias, por supuesto, era él mismo. Durante la última media hora habíamos estado volando hacia el norte en un grupo disperso. Intentando encontrar el rastro de Mertil. Hasta el momento, sólo había silencio en la radio. <Mertil dice que está en una especie de cementerio.> La telepatía de Gafinilan era repentina y excitada. <Imposible,> dijo Rachel. <No hay cementerios por esta zona. Que yo sepa, al menos.> <Almacenes sí…> <Ha dicho que cuando los guardias hork-bajir abrieron la puerta de su prisión actual, pudo ver varios vehículos rectangulares, grandes, con forma de caja, similares al que está encerrado. Están hechos de metal, pero oxidados. Mertil piensa que están abandonados.> <Lo tengo,> dije. <La vieja estación de tren. A dos kilómetros de aquí.> El viejo patio del tren y última estación de la línea no habían estado operativos desde, no sé, desde que mi abuela era niña. Ahora, era sólo una vasta extensión llena de bordes afilados con los que coger el tétanos. Un sitio donde los adolescentes salían y hacían fiestas salvajes y cosas por las que podían ser arrestados. Alcanzamos el territorio de ruinosas partes metálicas de tren. Y no vimos nada que no esperaras ver en un sitio así. Incluso con mi superior visión de búho, no pude encontrar pisadas sospechosas en el polvo ni mechones de pelo azul pegados a las piezas rotas de los vagones. Y el sitio estaba tranquilo. Demasiado tranquilo. Volé en círculos bajos, esperando alguna mínima evidencia de que Mertil estuviera encerrado en ese sitio. De nuevo, nada. Cientos de vagones vacíos, cada uno de unos veinte metros largo. Ocasionalmente un furgón de cola o vagón de carga, plano. Algunos caídos, de lado. Una locomotora o dos. <Nada,> dije, disgustado. <Óxido, ratas y vagones vacíos.> <Gafinilan, ¿todavía oyes a Mertil?> preguntó Jake. <¿Estás seguro de que está aquí?> <Sí, sí. Está cerca.> <Vale, entonces, gente: vamos a tener que aterrizar, pasar a formas de combate, y ensuciarnos las manos.> <¿Soy yo,> pregunté a todos <o realmente Jake parece un sargento trastornado cuando habla así?> <Eres tú.> Cassie. La novia. Lo imaginaba. Entonces… <¡Todos, a las tres en punto!> grité. La puerta de uno de los maltratados vagones estaba abierta. Y el vagón escupió de una docena de hork-bajirs. ¡Otro vagón! Y otros doce hork-bajirs. Oh, sí. Definitivamente había algo allí. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] La noche estaba cayendo rápidamente. Quizás a la masa de apiñados y pesados vagones se añadían la sensación de penumbra que parecía estar descendiendo sobre el viejo descampado y la estación. El sitio tenía la inquietante imagen de todos los escenarios abandonados donde una vez hubo una frenética actividad humana. En ese sentido, Mertil tenía razón cuando lo llamó cementerio. No más conductores ajetreados ni escurridizos hombres de mantenimiento. No más pasajeros excitados ni inquietos familiares esperando que esos pasajeros desembarcaran. Realmente era el final de línea, poblada ahora de sombras arrojadas por unas leves y distantes luces de carretera. Y entre esas turbias sombras, enormes y despiadados hork-bajirs. Aterrizamos en el extremo este del campo, encima de un vagón de pasajeros que descansaba sobre su lado izquierdo. Desde allí, podíamos vigilar a las tropas yeerks sin que nos detectaran. Los observamos mientras atravesaban los laberínticos caminos entre oxidados cuerpos y se concentraban en una pequeña zona despejada casi exactamente en el centro del descampado. Miramos mientras rodeaban casi con desgana un camión de cinco metros modelo U-Haul, de los de alquiler. <Creo que Mertil probablemente esté en ese U-Haul. Y que van a moverse bastante rápido dentro de poco,> dije. <Sí.> Gafinilan hizo una pausa. <Mertil cree lo mismo. Ha oído algo de sus captores discutiendo el próximo destino. Pero no tiene detalles.> <¿Tobias?> dijo Jake. <Quédate arriba. Te vamos a necesitar para guiarnos hacia ese claro una vez estemos en el suelo. Todos los demás, formas de batalla. Creo que vamos a tener que sacar a Mertil de ahí por las malas.> <¿Qué hay de Gafinilan?> preguntó Ax con rigidez. <Con todo el debido respeto, tú no estás bien…> <Lucharé. Esto es, si vuestro Príncipe me permite unirme a vosotros.> <Muy bien,> dijo Jake. <Pero si sientes que no puedes aguantar, hazte a un lado. No quiero rescatar a dos andalitas esta noche. ¿Ax? Mantente cerca de Gafinilan por si necesita ayuda.> Jake hizo una pausa. <O en caso de que decida cambiar de bando.> Gafinilan no respondió al comentario de Jake. Quizás realmente era un buen soldado, reconociendo a Jake como su príncipe. O era incluso más calculador de lo que yo había asumido. Saltamos del techo del coche y volvimos a nuestra forma. Entonces me transformé en un gorila de puños como bloques de cemento. Jake en tigre, con uñas y dientes mortales. Rachel usó su forma de elefante, perfecta para abrirse paso como un camión y atravesar los pesados muros de metal. Ax y Gafinilan se quedaron en forma andalita. De repente… <Debéis iros,> era una telepatía que no reconocí. Suave y triste. Una voz rota. La voz de alguien después de que el aburrimiento y la vergüenza de la captura se instalara en él. Mertil. La verdad es que, te lo prometo, irnos no me habría resultado un problema. No soy lo bastante estúpido como para entusiasmarme con la idea de verme involucrado en una batalla sangrienta, cuatro chicos, un pájaro, dos aliens (uno mortalmente enfermo y posiblemente traicionero) contra unos buenos cien soldados hork-bajir. Miré a Gafinilan. Se estaba sujetando fuertemente al asa oxidada de un vagón. Respiraba trabajosamente. <Gafinilan,> dije. <Dile a Mertil que lo veremos en breve.> <Tobias,> dijo Jake. <Estamos listos. ¿Por qué camino?> Arriba en el oscuro cielo, Tobias, nuestro perfecto guía de lo salvaje, dijo <Hay un vagón rojo un poco más adelante. Rodeadlo por la izquierda. Si os digo que está despejado, seguid y pasad hacia el próximo vagón.> Trotamos, avanzando pesadamente a través de la masa de amenazantes armatostes abandonados. Tobias nos guió hasta que estuvimos a unos pocos metros del claro. Y, por la luz de una pequeña hoguera que los hork-bajirs habían hecho, pudimos ver claramente cuan inferiores en número éramos. <Je, Jake, ¿alguna vez las posibilidades han sido tan malas?> pregunté brillantemente. <Seguro que sí,> respondió Jake. <Pero esta vez contamos además con el elemento sorpresa.> -¡Andalita! <Oh, mierda.> Ni siquiera Tobias es perfecto. En el techo de un vagón había un hork-bajir. Apuntaba un brazo con cuchillas hacia nosotros. <¡Debe haber subido por el otro lado!> dijo Tobias. <¡Está demasiado oscuro!> Sirenas. Órdenes frenéticas. El ominoso sonido de las cuchillas hork-bajir contra el metal. Demasiado tarde para el elemento sorpresa. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] -¡Fhaaah! El Hork-Bajir se arrojó desde lo alto del vagón. <¡Rachel! ¡Es tu alma gemela!> Un solitario hork-bajir lanzándose hacia nosotros siete, agitando las cuchillas. ¡BUMPF! Golpeó el suelo cuando Gafinilan le dio con la parte planoa de su enorme cuchilla. <Está inconsciente,> dijo el andalita. <Creo que estará así durante un tiempo.> <Vale.> <¡Todos!> Jake. <No vamos a quedarnos aquí y esperar a que aparezca el resto. Dirigíos a las sombras. Avanzaremos y rodearemos el claro.> <Demasiado tarde, chaval,> nos avisó Tobias. <Están enviando una unidad de hork-bajir. ¡Los tendréis encima en un minuto!> <Vale, nuevo plan. Esperad hasta que estén cerca,> dijo bruscamente Jake. <Y luego acabad con ellos.> <¿Y que hay del siguiente grupo después de ellos?> gritó Cassie. <Acabaremos con ellos también. Tenemos que mantenernos cerca del claro.> <Y de Mertil,> dijo Gafinilan con calma. <¡Cuidado!> De las sombras surgieron diez hork-bajir en plena carga. Era demasiado tarde para escondernos. Uno vino derecho hacia mí. Me balanceé y le estampé ambos puños en la barriga. ¡Bum! Cayó. -¡Grrrooaaaarrr! ¡Jake! Con agilidad y velocidad fuera de lo normal saltó hacia delante. Su fuerza de trescientos kilos de tigre siberiano derribó a dos guerreros yeerks más. ¡FWAAP! ¡FWAAP! Ax. Luchando al lado de Gafinilan, era incluso más increíble de lo normal. ¡El aullido de un lobo! <¿Cassie, estás bien?> <Sí,> se alejó trotando de un hork-bajir caído. <Me ha arañado, pero lo cogí.> -¡Tseeeeeer! ¡Sí! ¡Tobias! Un aullante hork-bajir se agarró la masa roja que una vez fueron sus ojos. Rachel. Enrolló su trompa alrededor de un hork-bajir y… ¡THUBUUUUMP! Lo lanzó a alguna parte en la oscuridad. Era demasiado fácil. Algo se nos escapaba… ¡Más! Otros cinco, no, diez guerreros corrían hacia nosotros. <¡Desplegaos!> ordenó Jake. <Hacedles creer que los tenemos rodeados.> <Eso sí que es optimista,> dije. Me fui hacia la izquierda y me metí en las sombras. Un momento después, me encontraba con la espalda de un hork-bajir. Lo agarré y lo noqueé en el suelo. <¡Aaaah!> Antes de que pudiera ponerme de pie, el colega de mi víctima clavó su cuchilla del codo en mi hombro. Bien profundamente. ¡FWAAP! ¡Gafinilan! <Gracias, tío,> dije, sacando la hundida cuchilla del ahora incapacitado hork-bajir de entre tendón y músculos. <De nada, Marco,> replicó él. <Pero te advertiría que vigilaras tu espalda con más cuidado.> Juro que si el tipo hubiera tenido una boca habría estado sonriendo sarcásticamente. <Lo haré,> le prometí. El corte era serio pero había sobrevivido a cosas peores. <¡Marco!> gritó Rachel. <¡Un poco de ayuda, por favor! ¡No puedo girarme aquí!> Corrí hacia Rachel apoyándome en los nudillos. De alguna manera se había quedado atrapada en un callejón demasiado estrecho entre vagones de tren. Aparté al hork-bajir de sus flancos. Lo lancé detrás de mí, contra un lateral del vagón. <Retrocede, Rachel. Yo vigilaré tu… uh…> <No lo digas,> me espetó. <Ni se te ocurra decirlo.> Pero ya me había ido, lanzando por los aires a los hork-bajirs que venían desde la derecha y la izquierda. La herida de mi hombro me daba punzadas, y ahora también me sangraba la cabeza. Me toqué la herida y noté el hueso. Estaba tan oscuro y de repente, había tantos, tantos… Me tambaleé, apartándome de los hork-bajirs que se acercaban. Atrapándome yo mismo en un rincón en el que no había salida. Me di cuenta de que había perdido a Jake y a los demás, aunque podía oír sus gruñidos y aullidos a través del terrible rugido y el áspero estrépito de la batalla. [i]Vale[/i], pensé enloquecido, [i]Me he arrinconado yo solo y ahora me voy a sacar[/i]. La pregunta era cómo. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] <¡Yo soy Kong!> ¡Bramé! Me golpeé con los puños contra mi pecho de gorila. Era una muestra de masculinidad totalmente falsa. Pero funcionó. Me dio la fracción de segundo que necesitaba para meterme por la puerta parcialmente abierta de un vagón, y cerrarla de golpe detrás de mí. Me abrí paso por el suelo desigual, y sucio a base de cacas de rata, y crujiente por los cristales rotos, y abrí la puerta del otro lado del vagón. Salté al suelo y cerré la puerta. Respiré hondo… Oh-oh.. Y me di cuenta de que tenía delante otro violento ataque hork-bajir. Costaba decir cómo estaban de lejos en la densa oscuridad. Me apreté contra el lateral del vagón, perfectamente quieto. Confiaba en que el pelo y la piel oscura del gorila me sirvieran de camuflaje. Que me mantuvieran escondido, como una mancha oscura entre sombras. ¿Sabes cuando eres un niño, y cierras los ojos convenciéndote de que si no ves tampoco pueden verte? Bueno, pues no funciona así cuando estás rodeado de enemigos de más dos metros de alto, con cuernos, cuchillas y aspecto de lagarto. La visión de los hork-bajirs no es espectacular por la noche, pero tienen un oído bastante fino. Por el latido de mi corazón y el aire caliente que entraba y salía de mis fosas nasales, ellos sabían que yo estaba ahí. Me preparé para cargar. Y entonces… Algo me hizo echar un vistazo a mi derecha, casi encima de mi hombro herido. Un peldaño de una escalera. Unida a la pared del vagón. Quizás pudiera cogerla y arrancarla, añadiendo fuerza a mis puñetazos y patadas. A menos… Los peldaños de una escalera son parte de la escalera. Las escaleras llevan a sitios donde no estás. ¡Los primeros dos hork-bajir ya estaban allí! Los cogí del cuello y los estampé uno contra otro. Los cuernos como dagas de sus cabezas se clavaron cada uno en la carne del otro. Y se quedaron encajados. Entonces, mientras los otros dos hork-bajir derrapaban hasta parase al lado de sus compañeros caídos, yo trepé por la escalera. Ignoré el ardiente dolor de mi hombro. E inmediatamente me encontré en el techo del vagón. ¡Fantástico! Desde ahí podía ver el claro. Los restos de la hoguera y el camión U-Haul, todavía aparcado. Pero no por mucho tiempo. <¡Chicos!> grité <¡Están yendo hacia el camión!> Y nosotros todavía estábamos demasiado lejos del claro como para pararlos. Quizás… si íbamos hacia la entrada principal, pudiéramos pararlo antes de que llegara a la carretera. Quizás. <¡Voy a ir a la puerta principal!> grité. <¡Los que puedan que se encuentren conmigo ahí!> <¿Dónde diablos está la puerta principal?> era Rachel. Buena pregunta. Miré el viejo descampado del tren. Eché un vistazo a la estructura de la vieja estación. Me imaginé que el lugar de estacionamiento de los vagones habría estado cerca de la estación, por conveniencia. Y que la entrada y salida principal debería llevar fuera del estacionamiento. <Vale,> grité, <hacia la izquierda. Probablemente detrás de la vieja estación. ¡Vamos!> <Voy a seguir las luces de los faros,> dijo Tobias. <Ax está atrás con Gafinilan,> gritó Jake. <Lo está perdiendo. Nos faltan dos soldados así que vigilad.> Ir a la salida era definitivamente el única solución. Tump tump tump tump… Caminé al otro lado del techo. El techo del siguiente vagón estaba a unos diez pies. Demasiado lejos para saltar. Miré. Vale. Había otro camino yendo por encima de los vagones. Un camino que me acercaría, si no me llevaba directo, a la estación. Un camino ligeramente tortuoso, una extraña y ondulante carretera metálica por encima del mar de la batalla. Si no me paraba ningún hork-bajir, podía llegar antes de que el U-Haul saliera del descampado. Si… Tump tump tump tump… Más cerca. De techo en techo. Directo, aunque lento, poco a poco, hacia la izquierda, hacia la estación. <¡Marco!> gritó Tobias. <Vas a encontrarte con el camión en un minuto. ¡Corre!> Tumptumptumptump… <Marco, estoy justo detrás de ti, en el suelo,> dijo Rachel. <¡Estás solo, Marco!> Jake. <Cassie y yo estamos rodeados por unos hork-bajirs. Estamos…> La telepatía de Jake desapareció. Una luz. Dos. Pequeñas y redondas. Sí, allí estaba el camión, avanzando lentamente con sólo sus faros para guiarlo. Salté al techo de otro vagón, muy cerca. Gateé los últimos pasos hasta el borde. Y me preparé para saltar al techo del camión. <Cuando yo diga, colega,> dijo Tobias. <Estoy listo.> <¡Ahora, ahora, ahora!> ¡Volé! Mi gran cuerpo de gorila aterrizó en el techo del U-Haul. ¡BUUMPF! Caí agachado e incliné mi peso hacia un lado rápidamente. A salvo. Y todavía íbamos sólo a 30 kilómetros por hora. <El conductor ha oído algo,> me avisó Tobias. Sí, bueno. Había dejado una gran abolladura en el techo metálico. Esto no sería un ataque sorpresa. Gateé por el techo de la carga hasta el de la cabina del camión. Me incliné por un lado hacia el asiento del conductor. Vi a un controlador humano muy nervioso. Abrí su puerta y me estiré para cogerlo. ¡Demasiado lento! El conductor pisó el freno a fondo. El camión se detuvo de golpe. Yo no. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] ¡Volé diez metros por los aires! ¡WHOOF! Choqué contra el suelo. Rodé otros cinco metros… Y finalmente me detuve. Y no de una manera bonita, si me permitís decirlo. Estaba herido, pero vivo. Agradecí mi suerte porque el cráneo del gorila fuese tan duro. ¡SCREEEE! ¡El conductor apretó el acelerador! Iba a atropellar al gorila. ¡Más cerca! ¡Más cerca! La rejilla frontal del camión se cernía sobre mí, amenazante. Noté el hedor de la goma quemada. Me tambaleé inestable sobre mis pies. Y entonces… ¡CRAAAASH! ¡Un vagón de tren! Chocó justo contra el camión que aceleraba, parándolo en seco. Por encima de la crepitante chatarra oí el trompeteo de triunfo de Rachel. <Muy bonito, Rachel,> caminé con mis nudillos hacia el destrozo. <Involucrar a Mertil en un accidente de tren.> <De nada por salvarte la vida,> replicó ella. <Otra vez.> La cabina del camión estaba completamente chafada. Una ruina retorcida y doblada. Las dos ruedas delanteras daban con el suelo, descansando delante de la aplanada cabina. La puerta del conductor estaba abierta. No sé como se las había apañado para sobrevivir al choque. Pero lo había hecho, y había sido lo bastante yeerk para irse muy muy lejos. <¡Mertil!> lo llamé, rodeando la parte de atrás del camión, ahora sumido totalmente en la oscuridad porque los faros del camión se habían roto. <¿Estás bien?> <Estoy igual que estaba.> Genial. Otro Don Filosofía. <Vamos a abrir esto,> dijo Rachel. <Antes de que el depósito explote o algo de eso.> Agarré con mis gruesos dedos de gorila el asa de la puerta de detrás del camión y tiré. Tiré mucho. Nada. Los músculos de mi pecho y brazo se tensaron al límite cuando probé otra vez. Y nada. Ahora sí que de verdad me ardía el hombro. <Déjame probar con la trompa,> dijo Rachel. <Sírvete,> murmuré. <¡Marco! ¡Rachel!> Era Jake, apareciendo de entre las sombras lleno de sangre, pero lo había visto peor. Cassie, Ax y Gafinilan estaban con él. Todos mostraban evidencias de la lucha. Un segundo después, Tobias flotó silenciosamente hasta el techo de un vagón cercano. <Estábamos intentando sacar a Mertil,> explicó Rachel. Gafinilan dio un paso adelante. <¿Está…?> <Estoy bien, Gafinilan,> respondió Mertil. <Aunque todavía atrapado en esta caja.> <Abriré el camión,> dijo Gafinilan. Se movió hasta situarse directamente detrás y mirando la puerta trasera. ¡CLAAAANG! Salté. No pude evitarlo, el ruido fue muy intenso. La cola/ hacha de batalla de Gafinilan había atravesado la puerta de acero. El tío podía estar muriéndose, pero era increíblemente fuerte. ¡SKKREEEEEUULLLL! El lobo de Cassie sollozó involuntariamente con el feo sonido de la cuchilla de Gafinilan abriendo una larga raja en la puerta metálica. <Muy guay,> dijo Rachel. Cuando hubo creado una especie de larga y elíptica abertura, Gafinilan retrocedió. ¡WHAM! ¡WHAM! ¡WHAM! Y Mertil se abrió paso hasta el exterior. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Habíamos encontrado a Mertil. Probablemente le habíamos salvado la vida. Su querido amigo Gafinilan había recorrido enormes distancias para liberarlo. Mertil debía haber estado agradecido. En algún nivel, de alguna manera. Pero no parecía muy feliz. Estábamos en el bosque. Era bastante más seguro que quedarnos por la estación de tren, esperando que un hork-bajir perdido nos encontrara. <Estoy sorprendido,> dijo Mertil, <de que arriesgarais vuestras vidas por salvarme. Con lo que yo soy.> Mantenía el muñón de su cola bajado, tan alejado de su cuerpo como podía. Como si estuviera avergonzado. Esa postura tenía que ser incómoda. <No sabemos a qué te refieres,> dijo Cassie amablemente. <Lo explicaré,> dijo Ax <Quiere decir que está sorprendido de que nosotros, guerreros normales y sanos, arriesgáramos nuestras vidas por un mero [i]vecol[/i],> hizo una pausa. Giró una antena hacia mí. <O, como diría Marco, alguien discapacitado.> <Bff, ¿no podemos simplemente superar este tema, por favor?> dijo Rachel. <No es como si fuera culpa de Mertil que lo hirieran. O que tenga una alergia o algo. Vamos, puedo nombrar unas cuantas personas que conozco que están perfectamente sanas y son una total pérdida de oxígeno. En mi opinión.> <Estoy de acuerdo con eso,> murmuré. Mertil y Gafinilan permanecieron en silencio. <Ax,> dijo Jake <Tú consideras a Gafinilan un héroe de la cultura andalita. ¿Verdad?> Ax asintió. Uno de sus gestos favoritos adoptados de los humanos. <Quizás el hecho de que sea capaz de mirar más allá de la imperfección física es una de las razones por la que es un héroe. ¿Tú qué crees?> <Príncipe Jake, creo que la razón por la que Gafinilan es capaz de ignorar la deformidad de su amigo es por que él lo ve a través de los ojos de la amistad. Eso es un comportamiento excepcional. En circunstancias ordinarias en la sociedad andalita, simplemente no es natural mostrar tanta preocupación por un [i]vecol[/i].> <Así que, ¿la amistad no es natural?> soltó Rachel <¿Es anormal?> <¿Qué es normal, de todas formas?> preguntó Cassie retóricamente. <La norma. Lo estándar. Lo más común,> dije. Tobias nos fulminó con la mirada. <Vale, me está entrando un poco de complejo por aquí. Soy un [i]nothlit[/i]. Un monstruo. Lo que queráis. Mi mejor amigo es un alien con el pelo azul. Mi novia es humana, cuando no está transformada. Qué tal si no hablamos de “normal” nunca más. O “común” o “natural”. Por favor.> Más silencio incómodo. Yo, por lo menos, me moría por saber lo que pasaría después. <Mertil-Iscar-Elmand,> dijo Ax. Respetuosamente. <Ha sido un honor conocerte. Siempre te recordaré como fuiste.> Bueno, era un principio. <Deberíamos salir de aquí,> dijo Jake. <Gafinilan, os ayudaremos a ti y a Mertil a volver.> <Gracias.> Y de nuevo vi el temblor que ya había visto antes. Sólo que peor. Y entonces recordé que Gafinilan no estaba seguro de haber visto a mi yo humano aquella primera noche. Que miraba de cerca sus carteles escritos a mano en el invernadero. Se estaba quedando ciego. Cuando el temblor cesó, Gafinilan habló.<Entonces, espero que seáis tan amables de dejarnos estar. Mi tiempo se acaba. Me gustaría acabar mis días honorablemente y en compañía de mi más querido amigo.> Mertil, que no era un asqueroso espécimen de guerrero andalita del todo, permaneció erguido. <Como Gafinilan se ha preocupado por mí, yo me preocuparé por él. Es mi deuda.> <Visser tal vez no os deje en paz,> apuntó Jake. <Visser ha comprobado que ninguno de nosotros tiene utilidad para él,> replicó Gafinilan. <Tiene razón, Jake,> dije. <Si Visser va a ir detrás de alguien, esos seremos nosotros. Por cargarnos sus planes.> <Oh, por favor,> dijo Cassie secamente <Tú siempre sabes como rematar la jugada, Marco.> <Gracias,> respondí. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Recordáis ese viejo juego, el “¿Quién es quién?” O esa rima de cuna sobre un doctor, un abogado, un panadero. Bueno, o como fuera. La gente tiende a identificarse con el tipo de sombrero que llevan durante el día. Por que es visible, perceptible, obvio, sobre ellos. Así que, si tú tienes sólo un brazo o vas en silla de ruedas o eres ciego, eres una persona discapacitada. Quizás también seas un poeta o un estudiante, un pecador, o un santo. Pero lo primero y lo más importante en la mente de la gente, es que eres discapacitado. Tampoco es que puedas hacer mucho para evitar que sea así. Mi madre es (¿era?) huésped de Visser Uno. El que originó la invasión yeerk en la Tierra. Todo el mundo, incluso mi padre y su nueva mujer, creen que está muerta. Quizás lo esté. Quizás no. Quizás pueda salvarla. Quizás no. Simplemente no lo sé, después de la última vez en que nos encontramos cara a cara. En un túnel taxonita que salía del estanque yeerk., durante su juicio ante el Concilio de los Trece. La mayoría de veces, ni siquiera quiero saberlo. Aunque si hubiera una llamada de nuevo… Bueno, esperaré hasta que tenga que pasar. Y entonces haré lo que tenga que hacer. A lo que quería llegar es a que, durante todo este tiempo, yo soy “el chico de la madre muerta” para la gente. Para mis amigos, soy “el chico bocazas y con la madre secuestrada por los aliens.” No puedes huir de eso. [i]Vecol[/i], mentalmente inestable, discapacitado. Mudo, psicópata, cojo. Sólo puedes aprender a vivir con ello. Jake es el líder responsable. Rachel la hermosa guerrera. Cassie la abraza árboles. Tobias, el chico-pájaro. Ax, el extraterrestre residente. Gafinilan, el de la enfermedad mortal. Mertil… Así que rescatamos a Mertil y acordamos dejarlos a él y a Gafinilan tranquilos. Estábamos bastante seguros de que los yeerks también los dejarían en paz. Al menos por un tiempo. Como Gafinilan dijo, ¿qué habían hecho los otros andalitas por ellos? Nada. Nada, excepto exhibir una profunda lealtad totalmente confusa, totalmente incomprensible hacia Visser Tres y sus subordinados. Así que teniendo en cuenta el hecho de que en opinión de los yeerks Gafinilan era esencialmente un hombre muerto, y Mertil totalmente inútil, nos figuramos que tenían bastantes oportunidades de vivir sin que los molestaran. Al menos hasta que Gafinilan muriera y Mertil estuviera sólo en la casa de Henry McClellan. Incapaz de transformarse. Un prisionero virtual en una tierra extraña. ¿Cómo sobreviviría? Quizás no debería haberlo hecho… ¿Cuántas veces digo eso? Mucho, muy a menudo. Quizás no debería haberlo hecho, pero lo hice. Una última y no autorizada visita a la casa de McClellan. En águila pescadora, y mientras Gafinilan/ Henry estaba trabajando. No soy totalmente estúpido. Encontré a Mertil en el invernadero. Lo llamé a bastante distancia, para que no se asustara y no me disparará con una pistola de rayos o algo. Me identifiqué como el atractivo gorila de la otra noche. <Los otros no saben que estoy aquí, así que, uh, preferiría que esta visita fuera nuestro pequeño secreto.> <Por supuesto,> respondió Mertil, con la voz un poco tensa. <Creo que te debo la vida.> <Bueno, eso no lo sé,> dije. <Pero, mira. Yo sólo quería que supieras… quiero decir, nosotros sólo queríamos que supieras que si… uh, cuando Gafinilan, ya sabes, muera… que deberías buscarnos. Y, bueno, quizás yo puedo pasarme a verte, también. Jugar a videojuegos, lo que sea. Estar solo, tío, no es bueno, y… bueno, tenemos ayudarnos los unos a los otros.> Nada. Me balanceé, posado en la rama donde Tobias había estado durante nuestra primera visita a la casa. Me fijé en una abeja que zumbaba de camino hacia la casa. Esperé. Quizás había ofendido al tipo de alguna manera. No había querido, pero a veces mi boca hace esas cosas. El silencio era horrible. Y entonces, de repente, su voz me bombardeó. Fuerte y enérgica y vibrando con algo que sonaba mucho a orgullo. <Gracias, [i]aristh[/i] Marco. Tal vez lo haga.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

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