#42 El viaje

Sinopsis:

A veces tus mayores problemas son los que ni siquiera puedes ver. Como los helmacrones. Estos extraterrestres de menos de un centímetro han vuelto, y quieren el cubo mórfico más que nunca. Obviamente, Rachel, los otros animorphs y Ax no pueden dejar que se lo lleven. Pero cuando Rachel intenta detener a los helmacrones que pretendían robarlo, Marco se mete por en medio y los pequeños aliens… bueno, acaban trepando por su nariz.

Rachel y los demás no pueden dejar que los helmacrones se queden dentro del cuerpo de Marco. Van armados y pueden causar serios daños. Así que los animorphs y Ax piensan un plan para desalojar a los helmacrones de su nueva residencia. Pero eso implica un rayo encogedor y lo evidente: la nariz de Marco…

 

Datos del libro:


El libro consta de 139 páginas divididas en 25 capítulos.

Narrador

Rachel siempre ha sido la guerrera imbatible y nunca le ha molestado que la vieran de ese modo. Ahora va a enfrentarse al desafío más pequeño de su historia –meterse en la nariz de Marco…

Marco se las apaña bastante bien solo. Pero se encuentra con que tiene a un puñado de helmacrones y a los animorphs enfrentándose en su torrente sanguíneo, a un crío que tiene fotos en las que aparecen los animorphs transformándose y a un perro que es una verdadera pesadilla metiéndose en su camino. Definitivamente, su sentido del humor no le va a servir de nada esta vez.

Los helmacrones han vuelto y aún tienen el mismo propósito que en su última visita. Parece que los machos se tomaron muy en serio los ánimos de Marco y Cassie a cerca de no dejar que las hembras se aprovecharan de ellos, y ahora ambos sexos están en guerra entre sí para hacerse con la mayor gloria. Todos quieren lo mismo: el cubo mórfico azul. Y harán cualquier cosa para conseguirlo, incluyendo tomar como rehén a uno de los animorphs –desde dentro. Ahora Rachel y los demás no tienen más remedio que hacerse muy pequeños y aventurarse a un lugar a dónde nunca pensaron que irían: al interior de Marco.

Nuevos personajes

Buster es un pequeño y desquiciante pitbull. Un pequeño y desquiciante pitbull que, además, tiene la rabia…

Nuevas palabras

Hilna. Cierta parte desconocida del cuerpo de los helmacrones.

Jackanapes. Un insulto que usan los machos helmacrones para referirse a las hembras.

[b]Capítulo 1:[/b] Mi nombre es Rachel. Y me estaba enfrentando a un controlador vestido con el uniforme lila y rosa del Dunkin’ Donuts. Llevaba un arma de rayos dragón y sonreía. Menudo imbécil. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Disparó a ciegas y me hirió entre mis colmillos de un metro de longitud. “¡HhhhREEEEEuuuhhh!” rugí de dolor y rabia. Sobre todo de rabia. Como si un par de rayos dragón fueran suficientes para acabar con 150 kilos de elefante africano. Sí, un elefante. Puedo transformarme en animales siempre que quiera. También puedo transformarme en gato o en cucaracha y en un montón de otros bichos e insectos. Suena divertido, ¿verdad? Error. Bueno, en un uno por ciento de las veces no es demasiado desagradable. En la mayoría de los cosas, la transformación es un arma. Un arma para la batalla más desesperada que jamás han luchado los seres humanos. Esto es lo que pasa: la Tierra está siendo atacada. El planeta ha sido invadido por extraterrestres llamados yeerks. Estos tipos no han venido para explorar nuevos mundos. Han venido para explorar nuevos cuerpos. Son parásitos. Como los piojos o las sanguijuelas, sólo que muchísimo peor. En su estado natural, los yeerks no son más que gusanos grises. Hasta que infestan el cuerpo de un huésped, entran en su cerebro, se adaptan a cada pequeña concavidad, y toman el control absoluto. Una vez te tienen en su poder, no puedes mover tus propios ojos, ni controlar la respiración, o decidir cuando hacer pis. Estás indefenso. Eres un esclavo. Pero aún puedes hacer una cosa. Sólo te queda un aterrador pasatiempo: puedes mirar con horror como el yeerk de tu cabeza miente a tu familia, traiciona a tus amigos, conspira para destruir tu propio planeta. ¿Espeluznante? Oh, sí. Y aún se pone peor. Mis amigos y yo somos los únicos que nos interponemos entre los yeerks y su perversa conquista de la humanidad. Sólo un grupo de cinco chicos y un joven extraterrestre. Estamos intentando aguantar hasta que nos envíen ayuda desde unos pocos billones de años luz de distancia. Mira, los yeerks tienen enemigos. Una raza de extraterrestres sorprendentemente avanzados llamados andalitas. Los andalitas parecen ciervos. Si los ciervos tuvieran la piel azul oscuro, brazos humanoides, y colas de escorpión que acaban en cuchillas pavorosamente afiladas. Los andalitas también tienen dos ojos principales, en la cara, y dos sobre unas antenas giratorias que les surgen de encima de la cabeza. Son hermosos, inteligentes y astutos. No hace demasiado –a quién quiero engañar, parece como si hubiera pasado una vida entera- una nave andalita se quedó frita justo encima de la Tierra. Quedó destrozada luchando contra los yeerks. Mis amigos y yo la vimos caer. Vimos al moribundo príncipe guerrero andalita llamado Elfangor arrastrarse desde los restos de su nave. Le escuchamos, aturdidos y sólo un poco alucinados, mientras nos proporcionaba la tecnología que nos permite transformarnos. Adquirir el ADN de cualquier animal que toquemos y convertirnos en ese animal. Pero hay una regla que tenemos que respetar: pasa más de dos horas en una forma y te quedarás atrapado para siempre. Te conviertes en lo que los andalitas llaman un [i]nothlit[/i]. Atrapado en una forma durante el resto de tu vida. Alguien que significa mucho para mí lo sabe de primera mano. Se quedó transformado demasiado tiempo y ahora vive como un ratonero de cola roja. Recuperó la habilidad de transformarse, pero su verdadera forma ya no es humana. Es un pájaro. La parte triste –al menos para mí- es que parece gustarle la vida que lleva ahora. Pero aunque todo parezca inútil, hemos estado luchando desde entonces. Intentando aguantar aunque sólo estemos esperando algo de ayuda exterior. Así que aquí estamos: Jake, nuestro líder y primo mío; Cassie, mi mejor amiga; Marco, el mejor amigo de Jake y absolutamente irritante –no importa; Tobias, un alma perdida en el cuerpo de un pájaro; y el hermano pequeño de Elfangor, Aximili-Esgarrouth-Isthill. Le llamamos Ax. Oh, hay una cosa importante que he olvidado mencionar: los yeerks se alimentan de algo llamado rayos Kandrona. La dependencia de los yeerks de la Kandrona es el punto débil de su estrategia. Una debilidad, una oportunidad que podemos explotar. Cada tres días, miles de yeerks se reúnen en el enorme complejo del estanque yeerk, construido bajo nuestra ciudad. Destruye la piscina y los yeerks se morirán de hambre. Acabábamos de saber gracias a nuestros aliados androides, los chee, que los yeerks habían iniciado una producción masiva de Kandronas portátiles. Es cierto que los líderes de la organización yeerk han tenido acceso a ellas desde hace un tiempo. ¿Pero una producción en cadena? Eso significaría que cada yeerks, no importa cuán bajo estuviera en la jerarquía, podría alimentarse en la privacidad de su propia casa tan fácilmente como tú recalientas una pizza congelada. El estanque yeerk se quedaría obsoleto. Nuestros enemigos se verían liberados de su único punto débil. Sencillamente no podíamos permitirlo. De modo que atacamos su fábrica, una sombría y vieja construcción industrial en el límite de la ciudad, con las ventanas pintadas de negro. Los yeerks la han hecho pasar por la pastelería de Dunkin’ Donuts. Los controladores humanos incluso van vestidos con esos uniformes de comida rápida de poliéster tan elegantes. El alegre color rosa del uniforme, como el del medicamento Pepto-Bismol, no mejoró mi mal humor. Como tampoco lo hizo el hecho de que nos superaran en número. Treinta controladores humanos estaban trabajando en una rudimentaria cadena de montaje en la parte de atrás del edificio. Cuatro más intentaban aparentar que hacían donuts. Había al menos una docena de guardas. Rodeé con mi trompa el pecho de un controlador, eché hacia atrás mi inmensa cabeza, y lo lancé. “¡Ahhhhhh!” chilló cuando salió volando. Y luego – ¡THUMP! No vi donde aterrizó. “¡HhhhREEEEEuuuuhhh!” bramé. Jake, Cassie, Ax y Tobias estaban junto a la cadena de montaje, al otro lado de una pared falsa. No podía verles, pero el oído del elefante captaba gemidos y rugidos y gritos y ráfagas de rayos dragón. También escuché algo que sonaba como un equipo estrellándose contra el suelo. Marco estaba a mi lado de la pared, en forma de gorila. Tres controladores le rodeaban. Arremetió contra ellos con sus puños del tamaño de jamones pero los controladores lo estaban arrinconando poco a poco contra uno de los tres hornos. <¡Marco! ¡Voy para allá!> grité. <Justo cuando me estaba divirtiendo.> Los controladores estaban de espaldas a mí. No me vieron llegar. Agarré al de en medio. Lanzamiento. “¡Aaaahhhhhh!” gritó. Ahora sí sabían que estaba ahí. El de la derecha volvió su pistola de rayos dragón hacia mí. Demasiado lento. Lo agarré. Lanzamiento. “¡Nnnnnoooooo!” chilló. Marco atacó. Le quitó la pistola de rayos dragón de la mano al tercer controlador. Lo golpeó el sólido puño de un gorila en la mandíbula. El tipo cayó y ya no se levantó. Marco y yo miramos a nuestro alrededor. Nuestro lado de la fábrica estaba repleto de controladores humanos abatidos. yeerks que no nos causarían dolores de cabeza durante mucho, mucho tiempo. <¡Larguémonos!> gritó Jake. <Ax dice que sólo nos quedan tres minutos para seguir transformados.> Salí corriendo a través de la entrada principal, llevándome conmigo buena parte del marco de la puerta. Tres minutos para volver a mi forma o seguir transformada en elefante para el resto de mi vida. Los otros me seguían de cerca. Ax en su forma andalita. Jake avanzando fluidamente en su cuerpo de tigre. Cassie en forma de lobo, rápida y pequeña. Tobias, el ratonero de cola roja. Y Marco, un gorila, cerrando la marcha. Corrimos. Hacia el callejón desierto donde habíamos dejado nuestra ropa. El pavimento estaba húmedo. Extrañas aureolas empañadas rodeaban las luces vaporosas que se veían más adelante. No había ni un minuto que perder. Apiñados alrededor de hediondos contenedores de basura y pilas de harapos grasientos y húmedos, nos detuvimos. <Buen trabajo, chicos,> dijo Jake. <Salgamos de aquí.> Me concentré en mi cuerpo, y sentí cómo empezaban los cambios. Mis colmillos se ablandaron, como dos espaguetis sobresaliendo. Fueron absorbidos por mi cara, agitándose de un lado a otro conforme se retraían. Transformarse no es agradable. Más bien es un espectáculo monstruoso. Mis ojos se movían arriba y abajo mientras viajaban desde los lados de mi cabeza hasta la parte frontal. Mi vista se emborronó durante un segundo hasta que surgió la visión humana. Y entonces —. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] “¿Quoeee eeeera eso?” preguntó Cassie con una boca medio-lobo medio-humana. <Una pequeña explosión de luz,> dijo Ax. <Creo que es parte de un primitivo mecanismo de grabación visual llamado cámara.> “¿QUÉ?” explotó Marco. “¿Alguien me ha hecho una foto? Mal rollo. ¿Veis lo que llevo puesto? Soy Spandex-boy. Definitivamente, maaaaal rollo.” Oí como se caía un cubo de basura. Pisadas chirriantes sobre el húmedo pavimento. ¡Alguien estaba huyendo! “Quedaos todos donde estéis,” dijo Jake. “No podemos dejar que nadie nos vea. ¿Tobias?” <Estoy en ello.> Tobias agitó sus alas y se remontó sobre la cabeza de Marco. “Bueno, esto es genial, ¿no?” dijo Marco. “Cerramos una operación relámpago yeerk sólo para dejar que un fotógrafo de un periódico se nos acerque sigilosamente. Apuesto a que mañana aparecemos en la portada del [i]National Enquirer[/i].” “No sabes si es un fotógrafo profesional,” le contradijo Cassie. “Uno puede tener esperanzas, ¿no?” “No tiene gracia,” concluyó Jake con la boca cerrada en una fina línea. Una de las razones de que hayamos sobrevivido tanto tiempo es que los yeerks no saben quiénes somos. Piensan que somos un grupo de “bandidos andalitas”. Si descubrieran que somos un puñado de chicos humanos estaríamos muertos o infestados en cuestión de horas. Y sin ninguna duda, también toda nuestra familia. “Voy con Tobias,” dije gravemente. Me concentré en el ADN del águila calva enterrado en algún lugar dentro de mí. Volver a mi forma y transformarme de nuevo –especialmente después de una batalla- es agotador. Pero no podía quedarme ahí y esperar. Es mucho más fácil hacer algo. Cualquier cosa. Lo primero que cambió fue mi boca. Mis labios se abultaron, y se volvieron rígidos y consistentes, y amarillos. ¡THUD! Me caí hacia delante cuando mis piernas encogieron de repente. Las viscosas baldosas del callejón se precipitaron contra mí. Un tatuaje de plumas empezó a dibujarse en la yema de mis dedos y cubrió mis brazos en unos pocos segundos. De repente, el dibujo brotó y mis brazos y piernas quedaron cubiertas de plumas de verdad. Las plumas eran de color marrón oscuro, excepto el blanco níveo que reemplazó mi pelo rubio y la piel de mi cara y cuello. Mis pies se escindieron y formaron las garras amarillas, cada una de las cuales terminaba en un garfio curvado. Garras que podían atrapar un pez nadando en un río de corrientes velocísimas. Mis huesos humanos se ahuecaron y se hicieron más ligeros. Momentos después estaba en el aire, cruzando en silencio las desiertas calles. Podía ver la panadería ‘Dunkin’ Donuts’ unas pocas manzanas más allá. Los escombros se derramaban por la puerta. Nadie les prestaba atención. El vecindario entero estaba en calma. No había ningún escuadrón de refuerzos de controladores. Aún no, al menos. ¡Allí! Divisé a Tobias quizá a unos doscientos metros a mi derecha, volando sobre unos edificios medianamente altos. <¡Tobias!> le llamé. <¿Quién era?> <Algún crío,> dijo. <De nuestra edad. Tenía una de esas cámaras desechables.> <¿Dónde está?> le pregunté. <Lo he perdido,> dijo Tobias gravemente. <Ha entrado corriendo en el edificio con las jaulas de palomas en el techo.> <Sigámosle,> dije. <No hay señales de él a través de ninguna de las ventanas. Pero está oscureciendo y no tengo la vista más apropiada para esta tarea por la noche.> Tampoco el águila calva. Pero para entonces los demás ya debían de estar en camino. Cuando Jake pensó que era seguro, se convirtieron en búhos y nos siguieron. Los seis rodeamos el edificio, esperando a que el niño volviera a salir o se asomara a una ventana. No pasó nada excepto que la extraña llovizna se convirtió en un constante chaparrón. Jake nos organizó. <Tenemos que vigilar a ese crío,> dijo. <Pero no hay necesidad de que nos quedemos todos. Ax, Tobias, encargaos del primer turno.> Nos pusimos de acuerdo con los horarios y nos separamos. No dormí bien esa noche. Estuve dos horas soñando que estaba en la portada de la revista [i]Time[/i] con la forma de una bestia medio-humana, medio-elefante. No era exactamente el tipo de fama que hace que papá y mamá estén orgullosos. A las tres en punto me convertí en búho y volé de vuelta al edificio de apartamentos. Tobias y Ax dijeron que no habían visto nada. Cassie y yo pasamos las siguientes dos horas volando en círculos interminables. Jake y Marco tomaron el relevo a las cinco. Volví a la cama y a mis pesadillas sobre el desenmascaramiento y la infestación. A las ocho y media del sábado por la mañana estaba en pie y se anunciaba un día lluvioso y frío. Quería dormir. Pero eso no pasaría hasta después de recuperar el carrete. Tobias estaba en su lugar habitual sobre las vigas. Cassie limpiaba los establos. Marco estaba sentado en un taburete, con aspecto de determinación y severidad. Jake bostezaba. Se le veía agotado, como si acabara de saltar de la cama. Probablemente así había sido. Ax había vuelto a vigilar el edificio de apartamentos del chico. “Intentemos que esta reunión no dure mucho,” dijo Jake. “No quiero que Ax se quede solo vigilando.” “No lo entiendo,” dijo Marco. “¿Qué ha estado haciendo toda la noche?” “Probablemente dormir,” gruñí. <Necesitamos un plan,> dijo Tobias. “Fácil. Robamos el carrete,” sugerí. “Eso no es un plan, o al menos es uno muy malo,” dijo Marco sarcástico. “Es obvio. Pero estoy listo.” Jake asintió. “He visto al chico cuando estaba amaneciendo. Su apartamento está en la quinta planta. La habitación da a un solar vacío.” “¿Viste la cámara?” preguntó Rachel. “Creo que sí,” dijo Jake, “En su escritorio.” “Recuperémosla ahora,” dije. “Antes que se la de a alguien o lleve a revelar las fotos al Photos al Toys ‘R’ Us.” Cassie se inclinó sobre el rastrillo. “Probablemente en ese apartamento viven unas cien personas,” señaló. “Algunas pueden ser controladores.” “Sí,” dijo Marco. “Precisamente por eso puede ser que el chico esté en el ascensor con un vecino y se le ocurra mencionar esas extrañas criaturas que vio en un callejón oscuro anoche. Antes de que os deis cuenta, llaman a vuestra puerta. Y no es un tipo con un cheque de un millón de dólares.” <Él mismo podría ser un controlador,> dijo Tobias. “Tenemos que entrar,” dijo Jake a mitad de otro bostezo. “Podemos intentar–” ¡ZZZZZiiiiipppppp! “¿Qué demonios—?” Marco se puso en pie de un salto. Un coche teledirigido de juguete entró en el granero. Más concretamente, un 4×4 de la Barbie de color rosa claro. Sólo que en vez de la Barbie, una pequeñísima nave espacial yacía en el asiento del conductor. La nave tenía cinco o siete centímetros de larga, con la forma de un bastón con dos grandes ‘motores’ al final y un puente de mando en el frente. La nave parecía demasiado familiar. <¡Criaturas insignificantes! ¡Entregadnos la fuente de energía y resignaos a aceptar vuestro destino como nuestros eternos esclavos! ¡No os aplastaremos y aniquilaremos como aplastaremos y aniquilaremos a todas las especies inferiores de este planeta!> “Oh, tío,” dije. “Tiene que ser una broma. Estos idiotas otra vez no.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] [i][b]¡Oh, Poderosísimo Emperador, Señor de la Galaxia! Malas noticias. ¡Nuestros mecanismos de navegación se han vuelto a estropear! ¡Los machos traicioneros y charlatanes pulsaron el botón rojo en vez del azul! ¡Sus más débiles y menos dignas siervas se ven abrumadas por este desastre! ¡Pero las valientes hembras Helmacron no se rinden! ¡Nosotras recuperaremos la caja azul del poder de la transformación por nuestra cuenta! ¡Toda la galaxia temblará ante nosotras, legítimas líderes de nuestra raza! Del grupo de Hembras Helmacrones[/i][/b] ¡Tseeew! ¡Tseeew! Sentí dos pinchazos en el cuello. Podrían haber sido picaduras de algún mini-mosquito. “¡Ahhh! ¡Owww!” Quizá era la falta de sueño, pero ya estaba extremadamente fastidiada. Quería aplastar a esos pequeños idiotas. “Los helmacrones,” dijo Marco agitando la cabeza con sorpresa. “No puedo creer que nadie haya mandado a estos chiflados fuera del universo de una patada.” Los helmacrones son una raza de extraterrestres diminutos. De unos dos milímetros de alto, como mucho. Pero son dos milímetros de auténtica egomanía. Parecen bastante inofensivos, ¿verdad? Falso. Tiene un rayo que encoge. Una tecnología capaz de hacerte muy, muy pequeño. De su mismo tamaño. Esto los hace no sólo molestos, sino también peligrosos. <¿Vas a hacer esperar a los Señores del Universo?> fanfarroneó una voz de helmacron en mi cerebro. <¡Queremos la fuente de poder! ¡Y la queremos ya! ¡Obedeced y vivid como canallas degradados! ¡O resistíos y seréis volados en miles de moléculas! Escoged vuestra opción. ¡Aprended a obedecer a vuestros nuevos señores!> “No lo entiendo,” dijo Jake. “Ya les dimos un pequeño empujoncito con nuestra ayuda. ¿Por qué están otra vez aquí?” “¿A quién le importa?” pregunté. “Sólo deshagámonos de ellos.” “Puede que algo no fuera bien con su nave,” dijo Cassie. “Hey —¿qué están haciendo?” El Barbi-móvil dio marcha atrás, hizo un giro de 180 grados, y se dirigió zumbando hacia la parte de atrás del granero. “¡Vamos!” dijo Marco. Nos levantamos y salimos corriendo tras ellos. Podía oír a Tobias revoloteando por encima de nosotros. Los alcanzamos justo a tiempo para ver cómo las llantas de goma del camión rebotaban en el estropeado frigorífico situado en uno de los establos vacíos. Los ojos de Jake se encontraron con los de Cassie. “¿Está ahí?” “Sí.” Se refería a la caja azul. Así es como la llamamos. Los andalitas tienen otro nombre para ella. Bastantes, en realidad. De todos modos, es el mecanismo que usan para transferir el poder de la transformación a un individuo. Una especie de super-avanzada batería extraterrestre. Elfangor la usó con nosotros. La última vez que vimos a los helmacrones, hicimos un trato con ellos. Podían usar la caja azul para recargar sus motores. Pero tenían que marcharse de la Tierra. En seguida. Y quedarse fuera de ella. Para siempre. Obviamente, no habían cumplido su parte del trato. <¡Se están abriendo camino hacia el interior del frigorífico!> anunció Tobias. Yo no podía ver nada, pero los halcones tienen una visión excelente. Tienes que tener unos ojos extraordinarios para ver lo que los helmacrones estaban haciendo con sus diminutos rayos de energía. Cassie lanzó una mirada nerviosa sobre su hombro. “Será mejor que mi padre no vea esto.” “No hay problema,” dije. Cogí un rastrillo que yacía contra la pared. “Yo me encargo.” “Te ayudo.” Marco cogió un tarro de cerámica. “Voy a atrapar a estos locos como escarabajos bajo un vaso.” Nos acercamos al frigo. El camión rosa claro se puso a girar de un lado a otro y luego corrió hacia nosotros. Marco saltó. Yo salté y pinché el techo del cochecito con mi rastrillo. Era vagamente consciente de que mi codo había golpeado a Marco y que se tambaleaba hacia atrás, agarrándose la cabeza. ¿Y entonces qué? La nave helmacron había salido del coche y se dirigía a bandazos hacia el frigo. Lo único que tenía que hacer era cogerla. Por el rabillo del ojo vi a Marco perdiendo el equilibrio y tropezando. “¡Cógelo!” gritó Cassie. “¡Cuidado!” ¡THUNK! Marco. Había resbalado al lado del Frigo y quedó desplomado sobre el heno. “¿Qué ha pasado?” pregunté. “Marco se ha golpeado en la cabeza con la esquina del frigo,” dijo Jake. Cassie ya había llegado al lado de Marco. “¿Marco? ¿Marco? ¿Puedes oírme?” No hubo respuesta. Estaba inconsciente. “Tío, esos helmacrones son un fastidio,” me quejé. Jake levantó una ceja. “Rachel, has sido tú la que ha golpeado a Marco en la cabeza con el codo.” “¡Porque los pequeños monstruos me estaban distrayendo!” <¡Se escapan!> gritó Tobias. Miré hacia abajo. La nave helmacron estaba justo donde había caído. La cogí. “No os preocupéis,” dije. “Los tengo.” Tobias se lanzó sobre la cabeza de Marco y casi roza a Cassie con sus garras. “¡Hey, cuidado!” chilló Cassie. <¡Se están escapando!> repitió Tobias. Entonces lo entendí. Los helmacrones habían salido a patita de su nave. Estaban perdidos en algún lugar del granero. “¿Dónde están?” pregunté. <¡Dirigiéndose a la nariz de Marco!> “¿Qué?” Pero ya estaba de rodillas, a centímetros de la cara de Marco. Busqué frenéticamente entre el heno y la suciedad. <¡Moveos!> ordenó Tobias. <Quitaos de en medio para que pueda ver.> Cassie y yo nos hicimos hacia atrás. <Oh, no,> dijo Tobias. <Eso es malo. Muy, muy malo.> “¿Qué?” preguntó Jake. <Han subido por su nariz,> dijo Tobias. “¿Cuántos?” <Una docena más o menos.> <¡Hah-HAH!> gritó uno de los helmacrones. <Los despiadados humanos nos atacan con una enorme arma metálica, ¡pero no estamos derrotados! ¡Dadnos la fuente de poder ahora y os mataremos rápidamente! ¡Titubead y os atravesaremos con palos afilados antes de que muráis!> “Dame una buena razón para que debamos cooperar en vuestros jueguecitos,” exigí. <¡Arrastraos y rezad por el perdón!> exigió el helmacron. <¡Haced lo que decimos o vuestro camarada inconsciente morirá!> “Noticias de última hora,” dije. “Seguid amenazándonos y nunca saldréis de la Tierra con vida.” <¡Las valientes hembras helmacron no temen por su propia seguridad!> gritó la voz. <¡Sólo nos importa la gloria de la victoria!> <Como a nosotros, ¡los recién liberados y valientes helmacrones macho!> dijo otra voz. <¡Mataremos al extraterrestre gigante!> gritó la primera voz. <No si nosotros lo matamos primero,> respondió la segunda voz. Y luego los helmacrones callaron. Probablemente continuaban su marcha hacia las profundidades de la nariz de Marco. “¿A qué viene esto de hembras y machos?” preguntó Jake. Cassie se encogió de hombros. “¿No te acuerdas? Cuando los helmacrones vinieron la otra vez, Marco y yo tuvimos con los helmacrones macho una pequeña… charla estimulante. No nos gustaba la forma en que las hembras les estaban tratando siempre.” “Sí. Vale. Eso es bueno,” dijo Jake. “Porque ahora los helmacrones tiene más razones aún para luchar entre ellos.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Marco se despertó unos dos segundos después. Nos echó un vistazo a los tres que estábamos delante de su cara y en seguida se preocupó mucho. “¿Qué ha pasado?” preguntó, agarrándose la parte de atrás de la cabeza y lanzándome una mirada asesina. “De hecho, nada bueno,” dije. “Nada que te vaya a gustar.” “¿Cuál es el problema?” preguntó Marco. “Los helmacrones han…” empezó Jake. <Eres una especie de…> dijo Tobias. “Un rehén,” terminó Cassie. Los ojos de Marco se salieron de las órbitas. Pero antes de que pudiera preguntar nada — “¡Ah! ¡Ah! ¡AcCHOOOO!” estornudó, tapándose la boca con la mano. “¿Los ha estornudado fuera?” preguntó Jake. <No los veo,> informó Tobias. <Marco, abre la mano.> Marco se nos quedó mirando y se puso de pie de un salto. “¿Qué pasa con vosotros?” preguntó inquisidoramente. “¿Por qué os interesáis por mis fluidos corporales? ¿Dónde están los helmacrones?” Cassie se acercó y rodeó a Marco con un brazo. “Han salido de la nave,” dijo con calma. “Y han subido por tu nariz.” “¿Para esconderse?” “Bueno, no,” dijo Jake. “Más bien — y sólo estoy suponiendo— porque quieren matarte.” “¡Ni hablar!” Marco se frotó la nariz y comenzó a resoplar. “¡Eso no me gusta nada!” “Cálmate,” dijo Cassie. “¿¡Qué me calme?!” bramó Marco. “¡Tengo helmacrones en la nariz! ¡Seres chiflados! ¡Y me quieren muerto! No, definitivamente no voy a calmarme.” “Creo que pensaremos con más claridad sin ti gritando,” dijo Cassie. “¿Pensar el qué?” preguntó Marco. “¡Tenemos que sacarlos! Están armados. Pueden hacer reventar una arteria o un, un — ¡algo más importante! ¿Qué tenemos que pensar exactamente? ¡Haced algo!” “¡Lo haremos!” grité. “¡Pero danos tiempo para pensar!” Marco frunció el ceño y se golpeteó la nariz. “Tobias, tú mejor ve a por Ax,” dijo Jake. “Primero, mira si Erek puede ponerse a vigilar por nosotros. No podremos seguir al chico de la cámara si deja el edificio pero al menos sabremos dónde está.” Tobias agitó las alas y desapareció. “¿Podemos seguirles?” preguntó Jake. Cassie hizo una mueca. “La forma más pequeña… supongo que una mosca es lo suficientemente pequeña para meterse por el conducto nasal. Aunque será estrecho. ¿Y una pulga?” “Las pulgas son inútiles para la batalla.” “Perdonadme,” gritó Marco. “¿¡Estáis planeando provocar una BATALLA en mi NARIZ?!” “¿Tienes una sugerencia mejor?” pregunté. “No,” gimió Marco, tirándose sobre un fardo de heno. “¿Alguna idea?” preguntó Jake. Cassie suspiró. “Bueno… tenemos la nave de los helmacrones. Podemos cargarla con el cubo mórfico, hacernos pequeños, y seguir a los helmacrones como humanos. Asumiendo, claro, que los controles aún funcionen.” Nadie dijo nada durante unos segundos. Lo estábamos considerando. Intentando no mirar a Marco. Conozco a Marco. Marco es un chico hecho y derecho. Tiene la mente estratégica de un verdadero militar y nunca le preocupa tomar decisiones impopulares por el bien de la misión. Sabía que ir a por los helmacrones sería la forma más rápida de resolver el problema. No iba a inmiscuirse. Aún así, [i]estábamos hablando[/i] de invadir su cuerpo de un modo increíblemente íntimo. Tenía derecho a comportarse como un quejica si quería hacerlo. “Podría funcionar” dijo Jake tentativamente. Marco siguió sin abrir la boca. <¿Qué podría funcionar?> preguntó Tobias. Un ratonero de cola roja y un aguilucho se metieron volando en el granero y se posaron sobre las vigas. Tobias y Ax. “Sólo estábamos pensando en usar los controles de la nave helmacron para encogernos y seguir a los extraterrestres por la nariz de Marco,” explicó Jake. <Sí,> dijo Ax. <Creo que es la única manera. Tenemos que encontrar a los helmacrones. Saben demasiado.> Marco carraspeó. “Esto es como los cuentos de El Autobús Escolar Mágico. Rachel, ¿te he dicho alguna vez que te pareces a la Señorita Frizzle?” Le ignoré. “¿Qué saben?” preguntó Cassie. Pero Marco ya lo había supuesto. “Los helmacrones saben que somos humanos con el poder de transformarnos. Por lo que hemos visto, los helmacrones odian a los yeerks y viceversa. Pero si los helmacrones supieran que Visser Tres está buscando a un grupo de bandidos que se transforman, y hay algo que ganar, nos venderían en un minuto.” Jake suspiró. “Vale, vamos tras ellos. No hay alternativa.” “¿No va a preguntarme nadie lo que yo pienso?” preguntó Marco, con las manos cruzadas sobre el pecho. “¡Resulta que la nariz de la que habláis es la mía!” Como decía, conozco a Marco. Ya había aceptado el plan. Jake le lanzó a Marco una mirada impaciente. “¿Y bien?” “Oh, claro,” dijo Marco débilmente. “Sentíos como en casa. Sólo intentad ser cuidadosos. Pensad en ello como el Parque Nacional Narigudo. Conservadlo en buen estado para las generaciones venideras.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Ax bajó volando desde las vigas del techo. Jake movió la cabeza haciendo una señal. “¿Tobias?” <No hay problema.> Tobias se quedaría vigilando. Nos vendría bien saber si alguien se acercaba lo bastante al granero como para ver a Ax hacer lo que iba a hacer. Ax empezó a cambiar. Su puntiaguda cabeza de raptor se hinchó. Sus ojos de aguilucho amarillo brillante se trasladaron desde el final de su cabeza, se volvieron azules, y brotaron en unas antenas móviles. Un espectáculo totalmente monstruoso. “¿Por qué tenían que aparecer hoy los helmacrones?” gimió Marco. “Ya usé el chiste de Cariño, He Encogido A Los Animorphs la última vez que vinieron. No me dejan ni tomarme un respiro.” Cassie fue hasta el frigo y se puso a desvalijarlo buscando la caja azul. La seguí. Mayormente porque el aspecto enfermizo de la cara de Marco me estaba poniendo incómoda. “¿Por qué tiene tu padre aquí fuera un frigo?” le pregunté. “Guardamos cosas en él,” dijo Cassie. Me dio un pedazo inidentificable de algo. Estaba sólidamente congelado, tan frío que empezaron a dolerme los dedos. “¿Como qué?” “Gusanos congelados,” dijo Cassie, inclinándose otra vez hacia el frigo. “Ciertos, um, fluidos corporales de los animales. Oh, y helados. A mi padre le gusta el de uva.” “Siento haber preguntado.” Pensé en el trozo congelado que tenía en la mano. Decidí que no quería saberlo. “Supuse que nadie en sus cabales andaría manoseando este frigo,” dijo Cassie. “Además, necesitaba un lugar donde ninguna criatura viviente pudiera ponerse en contacto con el cubo accidentalmente.” “Estoy contigo en ese punto,” asentí. Ax se puso a trabajar con la nave helmacron. Lo observé durante un rato. Utilizó algunas de las herramientas quirúrgicas que el padre de Cassie tenía en el granero. Cogía los instrumentos precisos con sus delicados dedos andalitas y manipulaba cuidadosamente unas varas de metal del tamaño de pelos humanos. Mirar el procedimiento durante diez minutos fue suficiente para que me diera dolor de cabeza. Mis ojos seguían desviándose hacia Marco. Aún estaba sentado sobre el heno, con aspecto miserable. Me acerqué a él y me senté a su lado. Consideré el darle un abrazo, pero a la hora de la verdad no pude hacerlo. “¿Estás bien?” le pregunté. “Genial. Siempre quise ser un Hotel de Recreo Helmacron cuando me hiciera mayor.” No era divertido, pero sonreí de todos modos. “Vamos a pillarlos,” le dije. Una hora después Ax había terminado. <Este mecanismo es muy sencillo de manejar,> nos dijo Ax. <El tamaño ya ha sido ajustado. Lo único que tenemos que hacer es tocar el panel y eso debería poner en marcha el rayo encogedor.> Me sentía electrizada, inundada de vibrante energía. Estaba ansiosa por moverme. Los helmacrones llevaban en el cuerpo de Marco durante casi una hora. Suficiente tiempo para hacer suficiente daño. “Sólo dime qué botón tengo que tocar,” dijo Marco impaciente. Jake miró a Marco. “¿Tú vas a encogernos?” “¿Quién sino?” “Pensaba que lo haría Ax.” “¿No va a participar, ya sabes… en la misión?” preguntó Marco. “Bueno, sabemos que hay al menos doce helmacrones,” dije. “Nosotros somos cinco. Incluso con Ax nos sobrepasarían en número a más de dos contra uno. Yo digo que venga.” <Manejar el mecanismo no es difícil,> repitió Ax. <Probablemente yo sea más útil en la nariz de Marco.> Marco se echó a reír nerviosamente. “Eso no ha sonado tan raro.” Jake parecía preocupado. “Marco, ¿no quieres tener a alguien aquí contigo?” le preguntó. “¿Quieres decir en caso de que me desmaye?” preguntó Marco. “¿De que pierda el conocimiento? ¿O, por poner las cartas sobre la mesa, de que estire la pata?” Jake puso los ojos en blanco. “Sí,” dijo con cansancio. “No.” Marco negó con la cabeza. “Si no te importa, prefiero tener toda la artillería a punto para asegurarse de que ninguna de esas cosas pasen. ¿Qué va a hacer Ax por mí aquí? ¿Cogerme la mano?” “Aún tenemos que ocuparnos de la cámara,” señaló Jake. “Yo me ocuparé del chaval,” dijo Marco. “Una pequeña cámara no es nada comparado con un diminuto puñado de psicópatas peleones del espacio exterior.” La expresión de Jake se tornó seria. “Mira, no debes correr riesgos innecesarios mientras esta misión se lleva a cabo. No juegues a los héroes. Simplemente mantente en contacto con Erek o cualquiera que esté vigilando.” <Príncipe Jake,> dijo Ax. <También advertiría fervientemente a Marco de que no se transforme mientras estemos dentro de su cuerpo. Por lo que sé, éste es un evento sin precedentes en la historia de la tecnología de la transformación. No hay forma de predecir lo que le haría a nuestros cuerpos miniaturizados la redistribución de su masa en el espacio zero y su sustitución por un ADN extraño.> Jake se apartó el pelo de la frente. “¿Lo has pillado, Marco?” “Uh, la verdad es que no. Ax, prueba en inglés.” “Mira,” dijo Jake. “Nada de transformarse, bajo ninguna circunstancia.” “No te preocupes,” le cortó Marco. “Sólo pensarlo me pone enfermo.” “Vale, Ax, tú vienes con nosotros,” dijo Jake. “Espero que no tardemos mucho. Pero Marco…” “Sí, sí, el teléfono de Erek está en el frigo. Oye, ¿puedo picar algo después de que los niños se vayan a la cama?” “Todo esta charla es muy divertida y todo eso,” dije en voz alta. “Pero les estamos dando a los helmacrones una buena ventaja de salida.” “Vale,” dijo Jake. “En palabras de mi entusiasta prima, ‘Vamos allá’.” “Deberíamos cogernos de la mano,” dijo Cassie. “Así no nos separaremos cuando encojamos. Creo.” Los cinco nos amontonamos. Tomé la mano de Cassie y agarré con cuidado el ala de Tobias. Vimos como Marco se inclinaba sobre la nave helmacron. Daba la impresión de ser demasiado grande y torpe. <Simplemente pon la mano en el panel y baja la palanca izquierda,> dijo Ax. “Vale, lo tengo,” dijo Marco. “Preparados, listos—” <Asegúrate de que es la palanca izquierda,> dijo Ax. <No querrías activar la derecha.> “Que sí,” dijo Marco irritado. “Preparados—” ¡FLASH! Un brillo cegador. La luz era verde y sobrecogedoramente brillante, como mirar a un sol esmeralda. Y luego, con una velocidad sorprendente, todos empezamos a hacernos muy pequeños. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Abajo. Abajo, y abajo, y abajo. Encogíamos a alarmante velocidad. La nave helmacron y la caja azul estaban creciendo. Marco era realmente enorme. “Hey, Marco,” dije. “Desde este ángulo, se te ve alto y todo.” “Hey –¡genial!” “Lástima que no puedas encoger al colegio entero,” dije. “Ha ha. ¡Y, disponible sólo este mes, un ha extra!” Encoger es como convertirse en insecto. Pero también es diferente. Cuando estoy en forma de mosca sus instintos me hacen sentir que ser pequeño es normal. Ser un humano chiquitín es bastante raro. Había empezado el descenso desde un metro sesenta y algo. Ahora era más o menos del tamaño de la muñeca Chica Americana. Y me estaba haciendo aún más pequeña rápidamente. Éramos los Diminutos. Los Borrowers. Pulgarcita y sus amigos. Marco tenía que esforzarse para vernos. Su cara era del tamaño de una cartelera en el Times Square. Si llevara puestos calzoncillos de Calvin Klein –y nada más- el espejismo habría sido casi completo. Casi. “Recuerda, Marco,” le advirtió Jake. “Nada de transformarse.” “¿Qué has dicho?” preguntó Marco. “Es difícil oír a la gente pequeña.” “¡He dicho que nada de transformarse!” Pero en ese punto probablemente sonara como “¡He dicho que nada de transformarse!” “¡No puedo OÍRTE!” Marco estaba empezando a sonar como una animadora en una de esas competiciones televisadas. “Díselo,” le dijo Jake a Ax. <¡Nada de transformarse!> chilló Ax mediante el habla telepática. “¡Vale!” bramó Marco. “Vuestras endebles vidas dependen de que obedezca las órdenes.” Ahí fue cuando me atravesó la primera oleada de pánico. Vale, transformarse es espeluznante pero más o menos lo tienes bajo control. Concéntrate lo suficiente y podrás controlar la forma, al menos hasta cierto punto. Concéntrate lo suficiente e incluso cuando piensas que estás a punto de exhalar tu último aliento, consigues recobrar tu propio cuerpo. Pero encoger… No podía revertirlo por mí misma. De un modo muy real y horripilante, mi vida estaba en manos de Marco. Y, por supuesto, Marco estaba infestado por lunáticos microscópicos que le querían –y a nosotros- fuera de su camino. Ahora éramos del tamaño de una mosca, y aún seguíamos encogiendo. La mesa de trabajo se cernía sobre nosotros como un rascacielos sin ventanas. Las suelas de los deportivos de Marco eran como enormes esculturas lilas. Abajo. Abajo, y abajo, y abajo. Abajo hasta que las marcas rastrilladas en el suelo parecieron colinas. Abajo hasta que las fibras de heno fueron enormes árboles caídos y los granos de polvo se hicieron del tamaño de pelotas de fútbol. Y aún continuábamos encogiendo. La forma descomunal de Marco ocupaba totalmente mi campo de visión. “Acabo de pensar que—” Su voz se detuvo a media frase. Como una radio apagada de repente. Pero yo sabía que Marco aún estaba hablando. Podía sentir sus palabras como ondas de sonido que rompían a mi alrededor. Cassie me cogió la mano un poco más fuerte. “¿Qué ha pasado?” <Somos demasiado pequeños para oír sonidos,> dijo Ax. “Eso no pasó la otra vez,” dijo Cassie. <Es cierto,> asintió Tobias. <Cuando los helmacrones nos encogieron a mí, a Cassie y a Marco, aún podíamos oír. Vosotros no podíais oírnos, pero nosotros sí podíamos oíros a vosotros.> Cassie me miró. “Algo va mal.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] Hola, aquí Marco. Seguro que estás esperando algún tipo de comentario elocuente. Un chiste, una observación ingeniosa. Bueno, pues esto no es ningún show de Jim Carrey. Los helmacrones no es que me entusiasmaran precisamente la primera vez que estuvieron por aquí. Básicamente, decidí que estaban locos. Ahora estaban [i]dentro[/i] de mi cuerpo. En mi interior, junto a artilugios sin importancia como mi corazón y mis pulmones. Y mis amigos. La verdad: estaba pensando en garabatear una pequeña nota. Diciéndole a Jake que se quedara con mi estéreo cuando yo me hubiera ido. Explicándole a mi padre lo que le pasó realmente a mi madre. Contándole a Rachel el sueño en el que ella me suplicaba que nos casáramos. Y añadido al factor escalofriante general, estaba el hecho de que mis amigos no me hablaban. Oí a Ax decir, <¡Nada de transformarse!> Y luego… nada. Nada durante casi un minuto. Entonces— <Marco, soy Ax. Tenemos un problema. No vas a poder oír a los demás. Sólo a Tobias y a mí mediante el habla telepática.> “¿Pero vosotros podéis oírme, no?” Otra larga pausa. Entonces— <Cassie dice que debería explicarte que tampoco ninguno de nosotros puede oírte.> Ax, por supuesto. “¡Jo, que irritante!” dije. “Bueno, ¿cómo se supone que voy mantener alta la moral del grupo cuando nadie puede oír mis genuinos comentarios?” Nada. Oh. Vale. No podían oírme. <Tienes que levantarnos y ponernos en tu nariz,> dijo Ax. Claro. Excepto —gran problema: ¿cómo se suponía que iba a levantarlos sin chafarlos? Sólo para verlos tenía que esforzarme en entrecerrar los ojos. Eran como del tamaño de motas de caspa. Me incliné y me quedé mirando al suelo. Vale, segundo gran problema: los había perdido. Observé el suelo y el heno frenéticamente. Nada. Estúpido, estúpido, estúpido. Me mosqueé. No habíamos pensado en eso. Deberíamos haberlo arreglado para que todo el mundo se subiera a mi mano cuando medían alrededor de dos centímetros de altura. Porque encontrar a mis amigos parecía totalmente imposible. Me invadió un creciente sentimiento de terror. Me había enfrentado a la muerte antes. Cada uno de nosotros la había tenido cerca al menos una vez. Pero esto era diferente. Aquí estaban todos. Si pasara algo, yo sería el único Animorph que quedaría con vida. Yo contra todos los chicos malos. Me entró angustia. Estrés. O… ¿algo más? Había unos extraños alienígenas marchando a través de mi… ¿qué? ¿Nariz? ¿Pulmones? ¿Cerebro? Haciendo quién sabe qué clase de daño. No era el momento de ponerse paranoico. Tenía que encontrar a mis amigos y llevarlos hasta mi nariz. <¡Ahhhhhhhhh!> gritó Tobias en mi cabeza de repente. Mi estómago dio un salto. Definitivamente tenía mucho estrés encima. <Marco, ahora sería un momento excelente para recogernos del suelo,> dijo Ax. “Vale, vale,” murmuré. “¡Sólo decidme dónde estáis!” Por supuesto, no podían oírme. Entonces lo vi. Un bicho negro con un duro caparazón y extrañas pinzas en la parte delantera. Era asqueroso. Considerando lo asustado que había sonado Tobias, mis amigos estaban en algún lugar cerca de ese enorme escarabajo malo. Me puse de rodillas. Al principio no vi nada más que suelo. Pero luego— ¡Ahí! Unos pocos granos de arena demasiado coloridos. Intenté contarlos. No podía aplastar al escarabajo por si tenía a alguno de mis amigos. Uno. Dos. Tres. Cuatro… Cinco. Vale. Estiré la mano y cogí el escarabajo de una de sus patas. Lo lancé hacia el frigorífico. <Gracias,> dijo Tobias agitadamente. “Sed bienvenidos,” murmuré, aunque no pudieran oírme. Vale, podía ver las motas de colores. Pero seguía sin tener ni idea de cómo levantarlos. Y me preocupaba perderlos de vista. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Nuestras pequeñas vacaciones en el bosque de heno estuvieron bien, pero ya estaba lista para partir. Especialmente después del episodio del escarabajo. Podíamos ver a Marco suspendido sobre nosotros. Su cara era un paisaje entero. La nariz, la montaña. Las mejillas, las llanuras. Era un gigante. “¿Por qué no nos recoge?” preguntó Cassie. Marco no hacía más que mirarnos. “Quizá está esperando a que Jake le diga lo que tiene que hacer,” dije con malicia. Ser pequeña definitivamente no es lo mío. Ax miró a Jake. <Príncipe Jake, es posible que a Marco le preocupe poder herirnos.> “Vale,” dijo Jake, “Vamos a decirle como recogernos. Er – ¿cómo debería recogernos?” “Fácil,” dije. “Nos subimos en una hoja de heno. Él la levanta hasta su nariz, y nos bajamos.” Jake asintió. “Esa hoja de ahí.” Señaló una hoja de heno unos pocos pasos más allá. Subir fue fácil. Para nuestro tamaño, la hoja parecía vasta, como si alguien hubiera cogido por los lados un rallador de queso. Me apoyé en un par de salientes y me impulsé. Sin problema. “Me siento como si pudiera derrotar a Schwarzenegger,” dije. Cassie asintió mientras trepaba detrás de mí. “Algo de esto de ser pequeño te hace sentir más fuerte.” Ya lo habíamos notado antes. “Como las hormigas que levantan cien veces su peso.” Cuando todos estuvimos a bordo, Ax le dijo a Marco que cogiera el heno. Dos dedos del tamaño de troncos de secoyas descendieron, agarraron y se levantaron. “¡Ahhhhh!” gritó Cassie. “¡Ahhhhh!” grité yo. ¡Estábamos siendo lanzados al espacio! La fuerza de la gravedad me hacía daño en el trasero. Lo único que podía hacer era agarrarme. El viento me azotaba. Casi no podía respirar. Vi un destello de algo. Podía haber sido la rodilla de Marco. <¡Más despacio!> gritó Tobias. El viento amainó. La vista bajo nosotros cambió de unos vaqueros a una camiseta y luego una barbilla. “[i]El Viaje Alucinante[/i],” dije. “El viaje al interior de Marco.” <Eso es una vieja película de ciencia ficción. [i]Esto[/i] es una película de terror.> dijo Tobias. Llegamos a las sombras. Aparentemente a la –sólo puedo decir EWWW- nariz de Marco. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, vi un bosque enormemente amplio de ásperos y rudos pelos negros, saliendo de lo que parecía una pared de granito color rosa. Los pelos crecían largos y se entrecruzaban. Un suave viento intermitente los balanceaba. “Vale, todo el mundo abajo,” dijo Jake. Se acercó a un pelo cercano. Tobias voló por encima de mi cabeza. <Príncipe Jake, yo debería transformarme primero,> dijo Ax. <Creo que mis pezuñas me serían inútiles en este “terreno”.> “Hazlo.” Alcancé un pelo y me agarré a él. El pelo se combó bajo mi peso. Abajo… el vacío. Podía ver un punto ovalado de luz brillante. Estaba mirando directamente a la ventana de la nariz de Marco. La tierra estaba a kilómetros y kilómetros hacia abajo. Me apresuré a agarrarme a un saliente. Ugh. La pared estaba asquerosamente caliente. A temperatura corporal. Había algo realmente extraño en lo de pegarme a la piel de Marco. Me provocaba un ataque de escalofríos. “¿Sabéis una cosa?” dijo Jake pensativamente. “Creo que esta es la misión más repugnante que hemos hecho nunca. Dentro del cuerpo de Marco me hace sentir como un yeerk.” “Fíjate,” susurró Cassie. “Puedes sentir la respiración de Marco. Dentro-” Ascendió una brisa fría por la abertura que teníamos debajo. “Y fuera-” Ahora una brisa cálida y húmeda pasó en la dirección opuesta. Me agarré con fuerza, observando. La pared se arqueaba sobre mi cabeza en un ángulo de cuarenta y cinco grados. No podía ver el final del saliente, pero seguía hasta muy, muy arriba, desapareciendo en la oscuridad. No había ni rastro de los helmacrones. No había nada que nos dijera qué dirección seguir. “¿Ahora qué?” pregunté. “¿Subir?” sugirió Cassie. Observé cómo Ax completaba su transformación a aguilucho. Sus ojos móviles se marchitaron y desaparecieron. ¡SLURP! También la cola desapareció violentamente dentro de su cuerpo, como el cable de la aspiradora. Las plumas de la cola surgieron de golpe. “Pongámonos todos las alas,” sugerí. “Volar será más fácil que intentar escalar.” Cogidos a los delicados pelos de la nariz y a la pared pringosa, nos transformamos. Era espeluznante, pero me sentí mucho mucho mejor como águila calva. Tocar el interior de Marco me estaba sacando de quicio. Una vez completada la transformación, nos pusimos de espaldas a las ventanas de la nariz de Marco y echamos a volar. Un ratonero de cola roja, un águila calva, un búho. Arriba y arriba. Como volando en una caverna. Adentrándonos más y más en la oscuridad. Volar era más fácil que escalar, pero aún así era un trabajo duro. Cada vez que Marco exhalaba, perdíamos terreno. Un águila calva puede planear durante horas sobre una buena corriente. Pero aquí no había corrientes. Pronto me sentí exhausta de tanto agitar las alas, arriba y abajo. Al poco tiempo, se abrió un claro por debajo de nosotros. Mis oídos de raptor empezaron a captar sonidos. <Helmacrones,> dijo Tobias. <Aún más hacia el interior.> Parecían enfadados. Como si estuvieran discutiendo. Finalmente, pude distinguir sus siluetas. <Chicos, ¿veis lo que yo veo?> pregunté. <Los helmacrones,> dijo Jake. <Sí, pero—> vacilé, dudosa. Las águilas calvas ven bien durante el día. Pueden divisar un salmón nadando contra corriente desde kilómetro y medio de distancia. Pero ahora estaba oscuro, y yo prácticamente ciega. <¿No hay algo mal?> <Los helmacrones parecen bastante… grandes,> dijo Tobias. Bastante grandes. Mejor dicho –enormes. Descomunales. Colosales. Eran del tamaño de jirafas. No -más grandes. Dos veces más grandes. Tan grandes como torres de control del tráfico aéreo. Podría transformarme en elefante y aún así sólo les llegaría por las pantorrillas. Y otra cosa. Eran unos extraterrestres realmente feos. Tenían la cabeza ancha y perfectamente plana por arriba. Los ojos esparcidos por ahí como enormes canicas verdes. Sus caras eran pirámides del revés, con barbillas apuntadas. Los dientes les sobresalían de cada lado de la boca. Y el par extra de piernas hacía que parecieran mesas andantes. <Parece que son exactamente cien veces mayores que nuestro tamaño,> dijo Ax con calma. <¿Cómo?> se preguntó Jake. <Es posible – quizá haya cometido un error cuando calibré el mecanismo para encoger.> ¿Ax? ¿Cometer un simple error matemático? No. <Es más posible que los helmacrones hayan supuesto que nosotros intentaríamos usar el rayo encogedor,> dije. <Lo supusieron –y lo sabotearon antes de abandonarlo en su nave,> dijo Jake. <Pequeños gusanos,> dijo Cassie. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] [i][b]Oh Venerable, el Más Valiente de todos los Líderes, ¡hemos marchado bravamente hacia el interior del agujero de respiración del gran alien! ¡El triunfo estaba a nuestro alcance hasta que una de las hembras traidoras se revolcó en una pegajosa excreción corporal! ¡Pero nosotros, los nobles guerreros Helmacron, superaremos este obstáculo y encontraremos la fuerza necesaria para silenciar al gigante para siempre! Del grupo de Machos Helmacrones [/i][/b] Los helmacrones no parecieron notar nuestra presencia mientras volábamos hacia ellos. Estaban absortos en ellos mismos. Como siempre. <¿Qué están haciendo?> dijo Tobias. Los helmacrones estaban dispuestos formando un círculo como [i]boyscouts[/i] alrededor de un fuego. Sólo que en lugar del fuego, había un helmacron. <¿Consultando un mapa?> sugirió Cassie. <¿Preparando las reservas de comida?> <¡Silencio, chicos!> ordenó Jake. <¡No puedo oírles!> <¿Por qué deberíamos retrasar nuestra gloriosa misión?> preguntó uno de los helmacrones a los otros. <¡Un guerrero que se queda pegado y no puede moverse muere como un héroe! ¿Vamos a privarle de su valerosa muerte?> Oí algo que sonaba como el repiqueteo de espadas. <¡Sigamos! ¡Sigamos!> corearon algunas voces helmacron. <¡No me preocupa nuestro guerrero incrustado en los fluidos!> dijo otra voz. <Pero no sabemos lo que hay más adelante. ¡Quizá la mugre se extienda a lo largo del alien entero!> <Perdona, pero… ¿de qué demonios hablan?> <Mocos y caca,> dijo Tobias. <De lo que están hechos los niños.> <¡Cobarde!> gritó uno de los helmacrones. <¡Idiota!> dijo el otro. Más repiqueteo de espadas. Estaba empezando a pensar que los helmacrones iban a echarse fuera los unos a otros y nos ahorrarían un montón de problemas. Lo que por alguna razón me irritaba. Bueno, estaba molesta con los helmacrones por engañarnos. Era por su culpa que yo no fuera más grande que un mosquito. ¡Quería venganza! Quería lanzarme al ataque antes de que no quedara nadie a quién atacar. <Escuchar a hurtadillas es de mala educación,> dije. <Vamos a planear como hacernos con ellos.> <¡Creo que lo tengo!> dijo Cassie. <¡Genial!> dijo Jake. Y luego, <¿Qué?> <La nariz humana está recubierta de mucus,> dijo Cassie. <El mucus atrapa el polvo que entra a la nariz. ¡El mucus de Marco debe haber atrapado a uno de los helmacrones!> No sabía por qué parecía tan contenta. Todo esto había ido demasiado lejos. <La mayoría de animales con pulmones tienen mucus,> dijo Ax alzando la voz. Puede parecer absurdo, pero tratar de oír el habla telepática sobre los enormes helmacrones discutiendo y el viento se hacía difícil. <Los andalitas también lo tienen.> <¿Y qué?> dije. <Chicos, ¿podemos centrarnos? Tenemos que hablar del ataque.> <Mira. Está por todas partes,> señaló Tobias. Tenía razón. Ahora que centraba mi atenuada visión en las paredes y suelos y techos a nuestro alrededor, podía ver los mocos. Rezumando. Goteando. Amontonándose. Apilándose como cera bajo una vela. Aunque no debía ser tan espeso como cera. El viento arrancaba capas blancas de la superficie de mocos. ¿Capas blancas? <Hey -¿por qué está haciendo tanto viento?> grité. Ocurrió de repente. Las ráfagas de viento frío entraban a un ritmo totalmente distinto al de antes. Con mi excelente oído de pájaro oí un rugido distante. A mi cerebro de águila le inundó el pánico. Quería volar. Quería salir del camino de lo que sea que se avecinaba. ¡Qué estruendo! Ahora los helmacrones también lo habían oído. Todos gritaban a la vez. <¡Esta repentina tormenta no derrotará a los poderosos guerreros del imperio helmacron, únicos gobernantes del universo!> ¡QUÉ ESTRUENDO! La parte humana de mí también se sentía un poco incómoda. El sonido era como el de un tren de mercancías pasando por encima de nosotros. <¡Cogeos a los mocos!> chilló Jake. <¿Qué? ¡Ni hablar!> Jake ya estaba volando hacia la parte más profunda. <Hacedlo. ¡Ahora!> gritó. Volé, Pero era prácticamente imposible avanzar en el torrente de viento. Era como volar en el ojo de un huracán. Usé toda mi fuerza, forzando los músculos de mis alas hasta el punto de casi romperme los huesos. ¡THUMP! Y aterricé en un montón de mocos. Me quedé clavada. ¡THUMP! Tobias me siguió en un húmedo aterrizaje a mi derecha. También quedó clavado. ¡THUMP! Cassie, en la parte de arriba de la pared. ¡THUMP! Ax. El viento me golpeaba como una pared de ladrillo. Tiraba de mis garras. Aterricé con el pico por delante en el mar viscoso y empecé a deslizarme involuntariamente hacia las ventanas de la nariz de Marco. Tobias agarró mi garra con su pico. Me detuvo justo a tiempo para ver algo que venía hacia nosotros. Algo grande. ¡Un helmacron! Él, ella, eso –lo que sea- rebotaba de cabeza y pies como una pelota. <¡Volveré!> gritó el helmacron cuando el viento la / lo lanzó dando volteretas. <¡Volveré para forzaros a rendiros, malvados aliens respiradores de aire!> Y luego él / ella desapareció. Y el viento también. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] Me quedé en el granero de Cassie sujetando una hebra de heno frente a mi nariz durante al menos cinco minutos. Naturalmente, me sentía como un completo idiota. En cuanto Ax dijo que podía tirar la hebra, la solté, escondí la nave helmacron y saqué en seguida mi culo de allí. Había llegado a casa de Cassie en bicicleta, así que la cogí y empecé a pedalear hacia casa. El tiempo era deprimente, gris y nublado y brumoso. Sabía que lo que probablemente debía hacer era ir a casa y quedarme tirado en mi habitación. Esperar un mensaje de Ax o Tobias. Misión cumplida. Ya salimos. Si Jake y los otros no aparecían para la hora de la comida, me escabulliría y contactaría con los chee. Comprobaría la situación de la cámara. Organizaría a algunos de ellos para hacerse pasar por mis amigos mientras mis amigos estaban… fuera. Me sentí extrañamente abandonado. Algo bastante raro cuando consideras que tres personas, un chico-pájaro, un andalita y un puñado de helmacrones estaban teniendo una reunión en mi interior. Pero estaba divagando. ¿Has visto [i]Viaje Alucinante[/i]? Mi padre y yo la alquilamos una vez para la noche de las pelis. Raquel Welch. Está muy buena. Lo que iba a decir: en la peli este equipo viaja a través del torrente sanguíneo de algún viejo idiota. Los doctores lo tienen inconsciente con drogas y perfectamente recostado. Supuestamente para ponérselo más seguro a Raquel y su grupo. [i]Quizá[/i], pensé, [i]debería ir a casa y quedarme perfectamente recostado.[/i] [i]Por otro lado, pensé, si voy a palmarla, no quiero estar mirando al techo de mi habitación.[/i] Cambié de dirección. Me dirigí a las afueras industriales de la ciudad, hacia el apartamento del niño fotógrafo. No tenía ni idea de cómo iba a conseguir la película. No podía transformarme. Jake y Ax lo habían dejado perfectamente claro. Nada de riesgos innecesarios. Pero le había prometido a Jake que tendría al chico vigilado. Decidí que una aproximación directa sería lo mejor. Nada iba a impedir que subiera por la escalera de incendios, me metiera a hurtadillas en la habitación del niño, y me llevara lo que quería. Los ladrones lo hacen todo el tiempo. No podía ser muy difícil. Dejé la bicicleta contra la pared del edificio adyacente, medio destrozado y abandonado. Hablé tranquilamente con el mugriento mendigo –un chee- que estaba vigilando la puerta principal del edificio. Y me dirigí a la parte de atrás. El edificio de apartamentos del crío era bastante sórdido. Pintura desconchada en la puerta. Ventanas sucias. Graffiti. Nadie vive en esa parte de la ciudad porque quiera. Lo sabía por experiencia. Quizá el chico era sólo un chico. Algún crío aburrido que quería ser fotógrafo. Bueno, si eso era cierto era hora de que alguien le dijera que se alejara de los callejones a esas horas de la noche. La escalera de incendios descendía hasta un montón abandonado de hormigón roto, plantas marchitas y desperdicios. Una cadena a modo de cerca rodeaba la basura, pero alguien había tirado uno de los postes. Quizá lo habían golpeado con un coche. En cualquier caso la valla estaba hundida. Caminé hasta ella y miré el edificio. Me quedé esperando que alguien me preguntara qué estaba haciendo. Que me desafiaran. Pero el bloque entero estaba desierto. Desierto a las 11:00 de la mañana de un sábado. Las ventanas del edificio contiguo estaban enladrilladas. Me acerqué al montón de hormigón para llegar a la escalera de incendios. Tenía un mango, quizá a unos cuatro pies sobre mi cabeza. Salté seis o siete veces. Finalmente me agarré. Y lo bajé. ¡CLANCKclickCLANCKCLANCKCLANCK! La oxidada escalera de incendios hizo un ruido increíble mientras se descolgaba hasta el suelo. Vale, quizá colarme y entrar a hurtadillas a plena luz del día no era una idea brillante. Me preparé para salir corriendo. Pensé haber visto moverse una cortina en la tercera planta. Pero nadie sacó la cabeza por la ventana. Nadie gritó. Quizá pensaban que yo era el reparador de la escalera de incendios. Sí, eso. Durante un momento consideré la idea de abandonar el plan. Ir a casa y quedarme tendido. Me preocupaba no sólo la idea de que los vecinos se tomaran la justicia por su mano. El niño podría ser un controlador. Esto podía ser una trampa. Los yeerks podían estar vigilándome desde el techo, o desde la gasolinera abandonada del final de la calle. Esperando a que los bandidos andalitas hicieran un movimiento en busca de la cámara. También me preocupaba la policía, los que no eran controladores. No les gusta especialmente lo del allanamiento de morada. Si me cogían, me tocaría pasar un tiempo en un correccional de menores. Y, mirándolo por el lado bueno, podía estar muerto antes de que nadie llegara a cogerme. Y, como Rachel, quedarme tumbado no es mi estilo. Desplegada, la escalera de incendios era una escalera de mano inestable de metal negro con unos peldaños también inestables. Puse mi pie sobre el primer escalón y empecé a subir. Jake dijo que el niño vivía en la quinta planta. Primera planta: un futón desnudo en el suelo. Segunda planta: vacía. Tercera planta: televisión parpadeante, latas de cerveza vacías. Cuarta planta: pilas y pilas de libros. Quinta planta — La habitación estaba amueblada con una cama de estructura de metal. Sábanas estiradas. Un escritorio. Una bolsa vacía de patatas sabor [i]sour cream and onions[/i]. Algunas libretas y bolígrafos. Y… una cámara desechable. Bingo. La ventana estaba rota, el marco astillado. La abrí fácilmente con una mano. Me detuve. Escuché. Todo estaba tranquilo. Incliné la cabeza, avancé un paso, entré en la habitación. Y entonces— Click, click, click, click, click. Un sonido demasiado familiar. El sonido de Euclid, el irritante caniche de mi madrastra, intentando correr sobre el suelo resbaladizo. La puerta de la entrada estaba abierta. Arremetí contra ella. “¡ARF! ¡ARF! ¡ARFARFARFARF!” ¡CLICKETY CLICKETY CLICKETY CLICKETY! Eso no sonaba como un caniche. Vale. Yo he sido perro. Básicamente son animales felices. Ansiosos de hacer amigos. Incluso los chuchos irritantes como Euclid. “Perrito bonito,” dije con poca seguridad. En ese momento, el perrito Fido metió la cabeza en la habitación. Era pequeño y achaparrado. Todo hombros, cabeza y cuello. Ojos pequeños. Un hocico risueño y malicioso con una fila de peligrosos dientes. Cada uno de los cuales quedaba bien a la vista. Un pitbull. Un pitbull enfadado. “Rrrrrr,” rugió por lo bajo. Le caía un hilillo de baba del hocico. Estaba demasiado lejos como para intentar lanzarme hacia la cámara, así que… ¡A transformarse! Pero no podía. No podía sin que se diera la posibilidad de que hiriera a mis amigos. No podía. Sólo quedaba una solución: correr. Me lancé hacia la ventana. Fido saltó hacia mí. Di un brinco. “¡Ahhhhh!” grité. Gruñidos y el chasquido de los dientes –¡a centímetros de mi nariz! Oí como se cerraba la mandíbula de Fido. Olí su cálido aliento perruno. Levanté un brazo. “¡Quieto, Cujo!” Fido me agarró la muñeca con los dientes. Agitó la cabeza, haciendo que me invadieran increíbles oleadas de dolor en el brazo. “¡Quieto, quieto!” Fido volvió a sacudir la cabeza. “¡Ahhhhhh!” grité. Un bate de béisbol yacía junto a la pared. De los Louisville. Me arrastré hacia él, con Fido enganchado a mi brazo como un horroroso brazalete encantado. Lo cogí con la mano que no estaba siendo devorada. Golpeé a Fido en el lomo lo suficientemente fuerte como para captar su atención –no lo bastante fuerte como para herirle de verdad. Vale, yo me había metido en su casa pero no tenía derecho a amputarme el brazo. “Arrrr…” gruñó Fido por lo bajo, me liberó y se dejó caer. Me agarré el brazo destrozado. Fido retrocedió unos dos pasos, vigilándome con rabia. Un perfecto semicírculo de pinchazos enmarcaba mi muñeca. Me goteaba un poco de sangre hacia el codo. Con el bate bajo mi mano herida, cogí una camiseta vieja de la cama. Me envolví la muñeca con ella. Mierda. Si pudiera transformarme y volver a mi forma para cicatrizar la herida -¡excepto que no podía! No me dejaban. Pero el dolor era bastante fuerte. Fido se sentó sobre sus patas traseras y siguió gruñendo. Nadie había venido corriendo. El apartamento debía estar vacío. A menos que los dueños de Fido hubieran salido a llamar a la policía. Me volví hacia la ventana, aún con el bate en la mano. No había tiempo de coger la cámara. Acababa de bajar cuando empezaron a sonar las sirenas. Salté los escalones que me quedaban, sintiéndome bastante mareado. [i]¿Cómo lo hacen los ladrones?[/i] Me pregunté medio ausente. Corría a lo largo de la parcela vacía cuando sentí algo haciéndome cosquillas en la nariz. Acerqué mi mano buena, y saqué un poco de sangre. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Salimos del moco. El ala derecha me palpitaba, y colgaba inerte y rota. Perdía plumas a montones. Tobias no había salido bastante ileso. Pero el pico de Jake estaba roto, el cuello de Cassie torcido en un ángulo grotesco, y Ax había perdido la mitad de su plumaje. Empezamos a transformarnos para volver a nuestros propios cuerpos. Los helmacrones se encontraban a tan sólo unos pocos metros, gritando y chillando como maníacos. No parecían muy preocupados por el amigo al que habían estornudado. <Esta misión puede hacerse difícil de lo que esperábamos,> sugirió Ax. <Debemos intentar llegar a un acuerdo con los helmacrones tan rápido como sea posible.> <¿Eso crees?> le corté. <¿Y cómo vamos a hacer eso exactamente?> preguntó Jake. <Son más grandes que nosotros.> <Cien veces más grandes,> añadió Cassie. <Tenemos el elemento sorpresa de nuestra parte,> dije. Mis labios se suavizaron cuando mi pico amarillo de águila se fue convirtiendo en unos labios humanos. Las garras se transformaron en dedos. Sentí una picazón distante cuando mis plumas se aplanaron, y el dibujo que trazaban sobre mi piel desapareció como si de un cardenal se tratase. Me estaba haciendo más grande, mucho más grande. Cinco como yo podríamos haber medido todo un milímetro. Mi ala rota profirió un ruido seco cuando se retorció y empezó a convertirse en un brazo humano. Mis órganos se licuaron y se desplazaron y volvieron a ser corazón, riñones, hígado y pulmones humanos. De repente, fue como si alguien hubiera apagado la luz. Mi visión de pájaro de presa se cegó. “Hey,” dije. “Esta muy oscuro aquí dentro.” <Eso podría ser–> el habla telepática de Cassie se cortó al mismo tiempo que su cabeza se hacía más humana que pájaro. “Otra ventaja,” continuó. “Podemos transformarnos en animales que vean bien en la oscuridad.” <¿Cómo sabemos que los helmacrones no ven bien en la oscuridad?> preguntó Tobias. “No lo sabemos,” dijo Jake con un gruñido. “Creo que yo sí,” dijo Cassie. “Marco y yo estuvimos dentro de una nave helmacron. Estaba iluminada con luces muy brillantes.” <Así que podemos suponer que los helmacrones necesitan luz brillante para ver,> dijo Ax. <O, al menos, que no les gusta la oscuridad.> Jake nos puso en guardia: la mitad en formas de batalla, la mitad criaturas que vieran bien por la noche. Nos transformamos. ¡SPROOOT! Enormes orejas coriáceas surgieron a ambos lados de mi cabeza. ¡SPRONG! Mi nariz se estiró hasta que fue más larga de lo que mi cuerpo entero había sido. Casi medio milímetro completo. Mis piernas crecieron descomunalmente. Dos de mis dientes se retorcieron y crecieron hasta convertirse en colmillos curvados. Era al menos tres veces más grande que antes. Ciento cincuenta veces más pesada. Para los helmacrones, era un elefante del tamaño de un gatito. Ax, en su cuerpo andalita, era aún más pequeño. Tobias era un hork-bajir tan grande como un ratón para la escala de los helmacrones. Jake y Cassie se quedaron en las formas voladoras de dos búhos. <Quizá deberíamos intentar imitar la personalidad de los helmacrones,> sugirió Tobias. <A ellos no les da miedo ser pequeños.> <Quizá piensen que el hecho de que sean pequeños debería dar miedo a los demás.> <Entonces se van a sentir aterrorizados cuando nos vean.> <¿Y ahora qué?> <Vamos a intentar razonar con ellos primero,> dijo Jake. <Oh, sí,> me jacté. <Seguro que funciona.> <No queremos que se pongan a disparar rayos dragón si podemos evitarlo,> dijo Jake. <Y Tobias, ten cuidado con esas cuchillas.> Seguimos avanzando hasta que llegamos justo ante los helmacrones. No nos prestaron ninguna atención. Jake se dirigió a ellos. <¡Rendíos ahora! Rendíos, y os dejaremos vivir como nuestras degradadas bestias de carga. Resistíos y –¡y os estornudaremos!> <Muy original,> susurró Tobias. <¿Llamas a eso razonar?> <Razonar al estilo helmacron,> explicó Jake. <¿Qué están haciendo?> pregunté. Los ojos del elefante son inútiles bajo la luz tenue. <Buscándonos,> informó Jake. <Uh-oh. Uno de ellos ha visto a Rachel. Le está apuntando con la espada.> “¡Neep! ¡Neep! ¡Neep!” se rieron los helmacrones. <¿Qué ha sido eso?> pregunté. Cassie suspiró. <Estoy bastante segura de que se están riendo.> <¡Hah-HAH!> se jactó uno de los helmacrones. <¡Los insulsos extraterrestres han caído en nuestra astuta trampa! Ahora son ellos los que no dan la talla. ¡La victoria es nuestra!> <Felicidades,> dije. <Respetadnos,> Jake, <¡o le diremos a nuestro amigo que traiga el viento!> Los helmacrones empezaron a reírse o carcajearse o lo que quiera que signifique ese “neep neep”. Uno de ellos me pegó con el mango de su espada y me hizo caer. “¡Neep! ¡Neep! ¡Neep!” Ahora sí que estaba enfadada. [i]Muy[/i] enfadada. <Jake, esta negociación no va a ninguna parte,> dijo Tobias. <Vale, vamos allá,> dijo Jake. <¡El daño mínimo a Marco, por favor!> <¡[i]Neepáte[/i] de esto!> Me puse en pie y cargué contra él. Al igual que Tobias y Ax. Teníamos delante una fea bota helmacron negra. Ax intentó cortarla con su cola. Tobias la atacó con sus cuchillas de la muñeca y las rodillas. Yo me subí encima. No hubo reacción. <¡Hah-HAH! ¿Pensáis que habéis machacado el dedo gordo de un valiente guerrero helmacron?> gritó en mi cabeza el dueño del pie. <¡Tu peso no es suficiente para magullar el [i]hilna[/i] de un poderoso helmacron!> No tenía ni idea de lo que significaba [i]hilna[/i]. ¡Pero necesitaba machacar a alguien! Me bajé de la bota y le clavé mis colmillos. El helmacron no se acobardó. No sangró. Sin embargo, sí se enfadó un poco. <¡Te aniquilaré, humano!> Empuñó su arma de rayos dragón. Su grande y larga arma de rayos dragón. <¡Uh-oh!> dijo Jake. ¡Tseeew! La esquivé. El rayo no me dio por poco. Impactó en el suelo. Y entonces empezó a pasar algo terrible. La sangre empezó a brotar bajo mis pies de elefante. Marco estaba sangrando. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] <¡Parad!> chilló Jake. <¡Desistid o será vuestra perdición!> <¡Hah-HAH! ¡Los helmacrones nunca se rinden! Danos la fuente de poder y respetaremos vuestras vidas. ¡Negaos y detendremos el corazón de vuestro camarada!> <¿Y qué creéis que vais a conseguir?> pregunté. <Si nos haces enfadar, nunca conseguirás la caja azul.> <¡El humano con la forma de la nariz prolongada intenta engañarnos! Obviamente no está a la altura de nuestra superior inteligencia. ¡Quizá deberíamos destruirla a ella primero!> <¿Pueden detener de verdad el corazón de Marco?> le preguntó Jake a Ax mediante el habla telepática privada que nos incluía a nosotros y no a los helmacrones. <Claro. Unos pocos disparos precisos de sus armas de rayos dragón podrían interrumpir el ritmo del corazón y pararlo.> <¿Desde aquí?> <No,> dijo Ax. <Tienen que estar más cerca del corazón.> <¿Cómo van a—?> <Príncipe Jake,> le interrumpió Ax. <Quizá deberíamos ofrecerles lo que quieren.> <¡No podemos darles la caja azul!> dije. <Estoy de acuerdo,> dijo Ax. <La tecnología andalita sería particularmente peligrosa en manos de estos seres. Sin embargo, estoy sugiriendo que utilicemos las tácticas helmacron. Lo que los humanos llamáis un doble juego.> ¿Ax sugiriendo algo poco honesto? Eso me puso nerviosa. Los andalitas dan mucha importancia al honor y la honestidad. Si Ax estaba proponiendo hacer trampas, la situación era incluso peor de lo que parecía. <¿Cuál es tu plan, Ax?> preguntó Jake. <Decirles que les vamos a dar la caja azul,> dijo Ax. <Sacarlos del cuerpo de Marco. Y no darles la caja azul.> <¿Tan simple como eso?> <Sí.> <¡Vale, vosotros ganáis!> les dijo Jake a los helmacrones. <Os daremos la caja. Vamos a por ella.> Los ojos de canicas de los helmacrones empezaron a girar de manera delirante. <¡Hah-HAH!> gritó de júbilo uno de ellos. <¡Esta vez os habéis inclinado ante la majestuosidad del poder de los helmacrones! Ahora os postraréis ante vuestros amos.> <Es cierto, nos habéis derrotado,> dijo Jake. <Ahora vámonos.> <La mitad de nosotros os seguirán fuera de este cuerpo,> dijo el helmacron. <La otra mitad se quedará para vigilar al rehén y asegurarse de que no intentáis incumplir el trato.> <No hay trato,> dijo Jake. <O venís todos con nosotros o no hay nada que hacer.> <¿Crees que somos idiotas?> el helmacron sonaba ofendido. Como si la -¿o quizá era él?-hubiéramos insultado en su inteligencia. <¡El tiempo de las discusiones ha terminado! Ha llegado el momento de ponerse en acción. ¡Valientes hembras helmacron, seguidme hacia la gloria!> Con el repiqueteo de espadas, el helmacron más grande y nauseabundo echó a correr huyendo de nosotros. Bueno, huyendo no, pero sí en dirección opuesta a donde estábamos. <¿Creen que nos van a impedir alcanzar la victoria estas engreídas?> dijo otra voz helmacron. <¡Valerosos machos helmacron, seguidme!> Más repiqueteo. Más carreras. Los machos más pequeños y algo más agradables a la vista se lanzaron tras las hembras. <¡Paradlos!> gritó Jake detrás de mí. <Se dirigen a una especie de precipicio.> Corrí. Intenté agarrar con mi trompa la pierna de un helmacron para traerlo de vuelta. Pero era como un conejo intentando parar a dieciocho caballos. No pude hacer nada. <¡Rachel! ¡Déjalo!> gritó Cassie. <¡Van a arrastrarte con ellos!> Con ellos… ¿qué? Lo dejé ir. ¡Demasiado tarde! Una de mis enormes patas delanteras pisó en el borde del abismo. Mi otra pata se retrasó durante un momento. Tropecé. Y caí. <¡Aggggghhhhhh!> Comencé a dar vueltas salvajemente. Hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo, hacia la oscuridad absoluta. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] <¡Aaaaahhhhhhhh!> grité. Caí dando vueltas salvajemente. Una y otra vez. No podía ver el final. No podía ver la forma del túnel a través del que me despeñaba. <¡Rachel, no pasa nada!> la voz de Cassie en mi cabeza. <Estás cayendo por el esófago de Marco—> <¡Oh, qué asco!> <Deberías llegar al final en unos pocos de segundos,> continuó Cassie. <No te preocupes, vamos a por ti.> Por encima, por debajo, más allá de la voz de Cassie –un profundo y resonante– Thump [i]thump[/i] Thump [i]thump[/i] El lento ritmo vibraba a través de mí de la forma en que lo hace un bajo en un concierto a todo volumen. Resultaba desconcertante. Al mismo tiempo, algo a cerca de ese ritmo me reconfortaba, como el zumbido de un frigorífico en una cocina oscura. También… olí algo. Algo que no era agradable. Algo agrio. Como comida podrida. No, no exactamente. Más como— ¡Vómitos! Oh, tío. ¿Qué otra cosa puede haber en un estómago? Comida medio digerida mezclada con una especie de jugo estomacal. Ni siquiera soportaba pensar en esas cosas, y muchos menos— ¡KER-PLASH! ¡Me hundía! Me había sumergido en un mar de color oscuro. Mi cuerpo de elefante empezó a hundirse. Y entonces me di cuenta de que el fluido que me rodeaba estaba extrañamente caliente. Mi piel de cuero empezó a picarme. ¡Quemaba! ¡Aire! Sacudí mis enormes piernas traseras y gané altitud. Golpeé algo blando con la cabeza. Algo que cedió un poco ante el impacto y volvió elásticamente a su sitio. ¿Un costado del estómago de Marco? ¿O la parte de arriba? ¡Me ardían los pulmones! ¿Había aire en el estómago? Buena pregunta. Y no una para la que tuviera respuesta. ¡Tenía que encontrar la obertura por la que había caído! Volver a ella de alguna forma… [i]¡Transfórmate![/i] Me dije. ¡No había tiempo! ¡Necesitaba aire ya! Intenté ver lo que había encima de mí. ¡Estaba demasiado oscuro! Aire… Necesitaba aire… Y entonces, a través del pánico, como una visión, me sobrevino una imagen del Discovery Channel. Un elefante… nadando. Dejé que el cerebro del elefante resurgiera. Mis descomunales piernas se pusieron a dar patadas. Lentamente, comencé a subir. Levanté la trompa hacia arriba, donde se suponía que debía estar el aire. ¡Sí! Subí a la superficie. Absorbí aire a través de mi trompa, llenándome los pulmones. Ahhh… Aire pútrido y apestoso. Glorioso. Los que dicen que la tele no vale de nada es que no ven los programas apropiados. Miré a mi alrededor, aturdida y desorientada. Mis débiles ojos de elefante eran más inútiles que antes. ¡Pero los sonidos! Oía ruidos estruendosos, agua agitada. Burbujeante. Y muy lejos, ese lento thump [i]thump[/i]. Y también –¡voces! <¡Mira! ¡Uno de los extraterrestres nos ha seguido!> ¡Tseeew! Me moví bruscamente hacia un lado. El disparo del rayo dragón no dio en el blanco. ¡Los helmacrones! El rayo había iluminado la bolsa de aire lo suficiente para ver que estaba compartiendo el cavernoso espacio con ocho o diez de ellos. Estaban agrupados a mi izquierda. En mi estado de subminiatura, parecía que estuvieran a un kilómetro de distancia. Más imágenes de pelis. Ahora era la escena del hundimiento del [i]Titanic[/i]. Sólo que en vez de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, esta película de pesadilla estaba protagonizada por un paquidermo y un puñado de aliens con ojos de canicas. ¡Tseeew! Este segundo disparo me permitió ver que aunque las piernas de los helmacrones estaban sumergidas, el resto de su cuerpo se sostenía sobre el líquido. ¿Andaban sobre el líquido o flotaban? No podía contestar a eso, aunque no parecía que hicieran ningún esfuerzo por mantenerse a flote. Sin embargo sí los oía discutir. <¡Debemos disparar a la pared izquierda! ¡Ese es el camino hacia la verdadera gloria!> <¡Imbécil! ¿Crees que somos idiotas? ¡Sólo la pared derecha puede sentir la herida de la cólera de los helmacrones!> ¡Tseeew! Errado. ¡Tseeew! Errado. La puntería de los helmacrones dejaba bastante que desear. Pero casi no les prestaba atención porque el dolor de mi piel se estaba intensificando. Cientos, miles de terminaciones nerviosas gritaban fuera de control. La parte irónica de todo eso era que ésta no era la primera vez que había estado a punto de ser digerida. Pero esa es otra historia. <¡Cassie!> rugí. <¿Dónde estáis?> <¡Estamos en camino!> respondió Cassie. <¿Por qué tardáis tanto?> pregunté. <Tenemos que transformarnos.> <¿A qué tanta prisa?> preguntó Jake. <Oh, no hay prisa. ¡Es sólo que Marco me está digiriendo!> grité. <¿Te duele?> preguntó Cassie. <Recuerdas en [i]Batman[/i] cuando Jocker echa a sus enemigos en un cubo de ácido?> Jake: <Tomaré eso como un sí.> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] [i][b]¡Oh, el más Omnipotente de los Líderes! ¡La catástrofe se ha cernido sobre nuestros soldados! ¡El extraterrestre está lleno de extrañas cavernas desprovistas de luz y con extraños fluidos cáusticos! ¡Dos de los débiles machos han sucumbido! ¡Pero aunque algunas de nosotras estemos ciegas, somos las más valientes entre los valientes! Seguiremos adelante hasta el órgano latiente, lo detendremos, y emprenderemos nuestros planes de conquista del universo! Del grupo de hembras Helmacron[/i][/b] No podía ver a mis amigos cuando llegaron. El ácido me había llegado a los ojos, y había devorado el vulnerable globo ocular, cegándome dolorosamente. Pero oí un tosco flap, flap sobre mi cabeza. Alas. Alas de murciélago. La forma perfecta para “ver” en la oscuridad. <¡Manteneos alejados del ácido!> les grité. ¡Tseeew! ¡Tseeew! <Y de los helmacrones.> <¡Ey, ese ha estado cerca!> se quejó Cassie. <Tenemos que pensar un modo de llevarnos los juguetes de los helmacrones.> <¿Qué puedes ver?> pregunté. <Sólo hay una salida,> informó Cassie. <Vamos a tener que volver por el esófago. Tú también, Rachel.> Genial. Eso significaba que tendría que transformarme en pájaro o en murciélago. Eso significaba que tendría que pasar por mi forma humana —con la esperanza de que no me quemara viva en el proceso. Me preparé para una nueva fase de dolor. <Vale, voy a volver a mi forma.> <Rachel, intenta hacerlo tan rápido como puedas,> dijo Tobias mediante el habla telepática privada. Empecé a encoger. Mi trompa se hundió en mi cara con una fuerza absorbente, tirante. Luché por mantener mi nariz a medio formar y mi boca en el aire. Era vagamente consciente del sonido de las armas de rayos dragón disparando y las voces telepáticas de mis amigos. Intenté concentrarme en ellos. Cualquier cosa que me distrajera de la abrasadora agonía. <Príncipe Jake, creo que tenemos un problema,> estaba diciendo Ax. <No estoy seguro de que podamos volver por donde hemos venido. Alguna especie de músculo circular ha cerrado el pasaje.> <¡Un esfínter!> Cassie, por supuesto. <Bueno, vamos a decirle a Marco que lo abra,> dijo Jake. <Prueba otra cosa. Ese músculo impide que la comida vuelva al esófago. Es involuntario. Como respirar. Marco no puede controlarlo.> <¿Estamos atrapados?> dijo Jake. <Atrapados sobre una agitada piscina de ácido,> confirmó Cassie. <Hay algo más,> dijo Tobias. <Un par de los helmacrones no se mueven.> <¿Muertos?> preguntó Jake. <Digeridos.> “¡Agggghhhh!” grité. Mi piel de cuero se había vuelto más suave, debilitándose hasta convertirse en la piel humana. ¿Era del todo humana? Debía serlo, porque me azuzaba una terrible agonía, que me dejaba sin respiración y me hacía divagar. ¡La piel me ardía! Y me sentía como si me estuvieran restregando papel de lija al rojo vivo. Estaba siendo devorada por llamas y ácido. Me corroía, como si hubiera calado hasta mis huesos y los estuviera haciendo ceniza. Apreté los dientes. [i]¡Transfórmate![/i] Me ordené. Pero el cerebro se me había nublado de dolor. No podía… concentrarme. Estaba angustiada y sudorosa y mi corazón latía demasiado rápido. <¡Continua, Rachel!> gritó Cassie desde algún lugar muy muy lejano. <¡Oigo a los humanos por ahí!> gritó uno de los helmacrones. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Entre el increíble pánico se filtró la rabia. Empezaba a estar increíblemente enfadada. Marco digiriéndome lentamente, los helmacrones disparándome. De ningún modo iba a morir ahí, como un pedazo de beicon friéndose en una sartén. Y eso significaba que no podía abandonar. Tenía que transformarme. [i]Murciélago, murciélago, murciélago,[/i] pensé. <¡Vamos, Rachel!> me animó Jake. Entonces — ¡Tseeew! [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] <¡Agggghhhh!> chilló Jake. ¡KER-SPLASH! <¡Cuidado, nos están disparando!> gritó Cassie. ¡Tseeew! <¡Me han dado!> Ax. ¡KER-SPLASH! ¡Tseeew! <¡Cassie, cuidado!> la advirtió Tobias. ¡KER-SPLASH! ¡Tseeew! ¡KER-SPLASH! <¡Aaaaahhhhh!> gritó Cassie. <¡Aaaaahhhhh!> gritó Jake. <¡Aaaaahhhhh!> gritó Tobias. <¡Aaaaahhhhh!> gritó Ax. <¿Qué pasa?> pregunté sin enterarme de nada. Pero al menos los veía. Estaban volviendo a su forma. Cassie era la más rápida. Los otros tres iban más lentos. <No—> gritó Cassie cuando sus labios y dientes humanos empezaron a formarse, “¡Os transforméis!” “¡Qué!” exclamé frenéticamente, pataleando para mantener la cara a flote sobre el ácido, y coreando desesperadamente en mi cabeza [i]murciélago, murciélago, murciélago[/i]. “¡La piel me arde!” “Dadme un segundo,” gruñó Cassie con una extraña voz cargada de dolor. “Luego subid a mi espalda.” Cassie estaba creciendo. Bajo esa extraña penumbra roja, parecía como si una roca estuviera surgiendo del agitado líquido. Y ahora la roca medía el doble que yo. Luego el doble de eso. Más y más grande. Cassie se estaba convirtiendo en ballena jorobada. Nuestro avión personal surgía del mar. Quizá no fuera insensible al ácido, pero su piel era mucho más resistente que la de una persona. Ahora completamente humano, Jake se subió sobre Cassie, que aún crecía. Entonces se inclinó y me subió, mi piel herida gimiendo ante su tacto. Me tendí de espaldas, jadeando. Tobias había vuelto a su forma de ratonero. Salió volando, cerniéndose sobre nosotros. Los cascos de Ax y sus débiles manos andalitas no eran muy útiles para encaramarse a la ballena, así que Jake lo alzó. <Estoy empezando a pensar que esta misión es una imprudencia,> dijo Ax, mirando con sus ojos móviles un pedazo de piel chamuscada en sus cuartos traseros. <El cuerpo de Marco parece estar haciendo un excelente trabajo para defenderse.> <Contra nosotros,> dijo Cassie. “¿Han muerto dos más de los helmacrones?” pregunté, mis labios, dientes y lengua eran casi la única parte de mí que no estaba frita. “Y disculpadme mientras intento transformarme y volver otra vez para estar entera,” añadí. “Sí,” respondió Jake, aún jadeando. “Dos menos.” “[i]Arrivederci[/i] y adiós,” dije amargamente. Y entonces empezaron los cambios. No importaba en qué me convirtiera. Así que escogí el oso. Sólo para sentir que no estaba completamente derrotada. <Bueno, muertos no, exactamente,> dijo ahora Ax. <Recuerda que Visser Tres nos dijo que los helmacrones son una especie de hongos. Si matas a uno, su mente es absorbida por el resto de la especie.> <Lo que sea,> dijo Jake. <La parte buena es que ya no nos están disparando.> ¡Tseeew! ¡Tseeew! <¡Ouch!> dijo Cassie. <La parte mala es que te equivocas. Y que soy un blanco sorprendentemente grande.> <Vamos a tener que salir de aquí,> dije. Sólo un momento como oso y ya me sentía mucho menos aterrorizada. <¿Cuál es el plan?> <Capturar a los helmacrones y largarnos,> empezó Tobias, aterrizando en la ballena. “Genial,” dijo Jake. “¿Cómo?” <Ataquemos,> dije. “¿Atacar con qué?” preguntó Jake. “Lo hemos intentado. Están armados. Nosotros no.” <¿Nos transformamos en tiburones?> sugirió Ax. “Podría funcionar.” <Cuidado,> Tobias. <Los helmacrones están tramando algo.> Observé la penumbra. Lo único que podía ver era un resplandor brillante, como la llama de una soldadura. Era el momento de volver a mi forma para disponer de una vista mejor. Tobias despegó de nuevo, desapareciendo en la oscuridad. Volvió un momento después. <Parece que están intentando salir de la caverna abriendo un agujero con los rayos dragón.” <Quieres decir, abriendo un agujero en el estómago de Marco,> dijo Cassie. <¿Qué hay al otro lado del estómago?> pregunté, balanceándome peligrosamente sobre su enorme y curvada espalda mientras me transformaba. <¿Dónde creen que van?> <Debería estar—> Cassie vaciló. <Um. ¿A los vasos sanguíneos?> “Genial.” Jake sonaba aliviado. “Entonces no tenemos nada de que preocuparnos. Los helmacrones no se meterán en un vaso sanguíneo. No son peces. Se ahogarían.” <Así que están atrapados.> Tobias. “Atrapados a menos que le digamos a Marco que vomite,” dije, pasando mis dedos con cuidado por mi brazo intacto. Jake asintió. “Lo que significa que nos vomitaría a nosotros también. Quizá se rindan cuando se den cuenta de que no tienen escapatoria.” <Rendirse es mejor que ahogarse o freírse.> <¡Esperad!> gritó Tobias. <¡Uno acaba de meterse en el vaso sanguíneo!> “¿Qué? ¡Ni hablar!” exclamó Jake. “¡Tenemos que acercarnos!” grité. Cassie puso en marcha su cola y sus aletas. El resto de nosotros nos agarramos con fuerza, nuestros dedos y las garras clavados con inquietud a su piel. Los helmacrones estaban reunidos alrededor de una parte del estómago de Marco. La hendidura se había cerrado, de la forma en que un corte cicatriza automáticamente. Pero podía ver como de la piel brotaba un líquido rojizo. Sangre. ¿Qué le estaría pasando a Marco? ¿Sufriría un terrible dolor? ¿Tendido en la cama, en casa o en un hospital, gimiendo y esperando una muerte espantosa? De todos modos tenía que sentirse solo. Y asustado. Y extremadamente enfadado. “Marco debe tener el peor caso de ardor de estómago de la historia,” dijo Jake. Sólo era una broma. Pero sonaba preocupado. Los helmacrones apartaron la vista de la abertura para encararse con nosotros. ¡Tseeew! <¡Agggghhhh!> gritó Cassie. <¡Mi ojo!> “¡Dejad de disparar!” les gritó Jake a los helmacrones. “Podemos echaros de aquí. ¡Rendios ahora antes de que muera más gente!” <¡Los valientes y respetables helmacrones no se rinden!> gritó uno de ellos. <¡Sois vosotros quienes deberíais entregaros! ¡Postraos ante nosotros, humanos!> “¿Por qué?” preguntó Jake. “Sin nuestra ayuda, nunca saldréis vivos de este estómago. Si os negáis a cooperar, moriréis aquí.” “¡Neep! ¡Neep! ¡Neep!” <¡Saldremos victoriosos!> gritó uno de ellos. <Y cuando gobernemos el universo, ¡no nos apiadaremos de vuestra vida! ¡Ni aunque os arrodilléis ante nuestras botas!> Los helmacrones avanzaron. Abrieron la hendidura del estómago de Marco y se introdujeron entre los retazos de piel. Y luego — ¡SLLLLLUUUSSSH! Con un asqueroso ruido de succión, desaparecieron. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <¡Hacia la victoria!> ¡SLLLLLUUUSSSH! Otro helmacron que desaparecía a través de la abertura del estómago. <¡Hacia la gloria!> ¡SLLLLLUUUSSSH! Otro más. <¡A detener el órgano latiente!> ¡SLLLLLUUUSSSH! Otro. Ahora sólo quedaban cinco. Cuatro habían entrado ya en el torrente sanguíneo de Marco tan tranquilamente como podría haber subido yo a las escaleras mecánicas del centro comercial. Era horripilante. <¿Pero qué están haciendo?> preguntó Cassie como si estuviera en trance. No podíamos apartar la mirada. Ninguno de nosotros podía. Estábamos exhaustos por las continuas transformaciones, por el doloroso baño de ácido, por lo extraño de estar dentro de un cuerpo humano. No pudimos hacer nada para detener a los helmacrones. <Quizá sea una misión kamikaze,> sugirió Tobias. <Quizá no les importe si mueren mientras puedan matar a Marco.> “¡Pero se ahogarán antes de llegar al corazón de Marco!” dije. “Es un suicidio,” asintió Jake. “Una insensatez. Una locura. No tiene ningún sentido.” <Nada de estos seres tiene ningún sentido,> señaló Ax. Dos helmacrones más se metieron en el corte. Ahora sólo quedaban dos en el estómago. <¡Hacia el cobarde corazón del extraterrestre gigante!> ¡SLLLLLUUUSSSH! Iba a encontrarme ese sonido en mis pesadillas. “¿Le hará daño a Marco tenerlos en el torrente sanguíneo?” preguntó Jake de repente. <Pronto se asfixiarán,> dijo Cassie. <Y luego se disgregarán y serán expulsados como cualquier residuo.> ¡SLLLLLUUUSSSH! El último de los helmacrones desapareció a través del corte. <Se me ocurre otra posibilidad,> dijo Ax. “¿Qué posibilidad?” preguntó Jake. <Quizá nuestra suposición básica sea incorrecta.> <¿Qué suposición?> dijo Tobias. <Si te metes en un medio sin aire, te asfixias. ¿Dónde está la discusión?> <El torrente sanguíneo carece de aire, pero no del componente esencial,> dijo Cassie. <La sangre contiene oxígeno. La función principal de la sangre es llevar oxígeno a todo el cuerpo.> “Sí, pero tendrías que ser un pez para respirarlo,” le discutió Jake. <Necesitas pulmones especializados.> “¿Cómo sabemos que los helmacrones no son peces?” pregunté, dándome cuenta de repente de que la habíamos fastidiado de manera impresionante. “Por lo que sabemos, el mundo de los helmacrones podría ser un acuario situado en algún lugar de Iowa.” <Caminan por tierra,> dijo Tobias. “Quizá sean, ya sabes, esos animales que pueden vivir en tierra o bajo el agua,” sugerí. “Como las ranas. O las tortugas.” <Anfibios,> dijo Cassie. <O quizá ni siquiera respiren,> dijo Ax. “¿Cómo puedes vivir sin respirar?” le discutí. Ax parpadeó con todos sus ojos. <Los árboles están vivos y en realidad no respiran.> “Si los helmacrones no respiran, ¿por qué tienen nariz?” Jake. <Es posible que el órgano tenga otro uso,> dijo Ax. <Aunque es difícil imaginar cuál podría ser.> “Y esto lo dice un tipo que come por los pies,” dije secamente. Jake suspiró. “¿Me estás diciendo que los helmacrones que acabamos de ver saltar por un agujero del estómago de Marco no están muertos?” <En realidad no mueren,> dijo Cassie con rotundidad. <Son hongos, ¿recuerdas?> “¡Lo que sea!” rugió Jake. “¿Me estás diciendo que tenemos que seguirlos?” <La fisiología de los helmacrones es inusual,> meditó Ax. <He observado que flotan de manera muy extraña en los fluidos estomacales. Es casi como si fueran—> “Corchos,” interrumpí. “O setas,” dijo Cassie. “Genial. Entonces, ¿cómo seguimos a un puñado de setas?” “¿Delfines?” sugerí. <Los delfines tienen que subir a la superficie para respirar,> dijo Cassie. <Y no podremos salir a la superficie en una vena. La única forma posible es el tiburón.> “¿Podremos respirar en la sangre?” preguntó Jake. <Creo que sí,> dijo Cassie insegura. <Recuerdo vagamente haber oído una vez en una entrevista a un científico en la NPR. Decía que la sangre ha evolucionado desde el agua de mar. El plasma sanguíneo y el agua de mar tienen las mismas propiedades básicas.> <El tiburón va a ser difícil de controlar,> dijo Tobias. <Estamos rodeados de sangre, tíos.> “Tenemos que intentarlo,” dije. “Si Marco muere, nosotros también. Tenemos que detener a los helmacrones.” Jake levantó la mirada hacia mí. “Eso no ha sonado demasiado alentador.” “No me importa,” dije agitada. “Tenemos que sobrevivir. Los yeerks, ¿recuerdas? ¿Eso de salvar a la humanidad? Los helmacrones no son los peores extraterrestres de la Tierra, sólo los más irritantes. Y recuerda,” añadí, “no tenemos pruebas de que esta vez los helmacrones no estén aliados con los yeerks. O que no decidan hacerlo en un futuro cercano. En cuyo caso, podemos considerarnos historia.” <Rachel tiene razón,> dijo Ax. <Por lo que sabemos, Visser Tres pudo haberles propuesto este estúpido plan a los helmacrones. Quizá es simplemente un modo de distraer nuestra atención mientras ocurre algo mucho más serio en el mundo exterior.> Silencio. Si lo que Ax y yo decíamos era cierto, estábamos acabados. [i]Vale, Rachel. Olvida el miedo y enfréntate a los helmacrones. Ahora.[/i] “Vale, tiburones,” dijo Jake. “Pero quiero a todo el mundo concentrado en controlar su forma.” Uno por uno, fuimos bajando de la espalda de Cassie. “Agh.” Gruñí cuando el ácido tocó mi suave y recuperada piel. Oí a los otros jadear y gemir cuando se sumergieron en el líquido. Empezamos a transformarnos, y Cassie a volver a su forma. Casi inmediatamente mis piernas se fusionaron por debajo de mi tronco. Luché para mantenerme a flote mientras mis piernas se estiraban más y más, formando una larga y poderosa cola. Medio chica, medio pez. La sirenita Rachel. Entonces empezaron a crecer los dientes. Fila tras fila de unos dientes muy pequeños pero realmente afilados. Mis ojos se desplazaron hasta las mejillas. Mis pómulos sobresalieron de repente, formando una cabeza con la forma de un martillo. El dolor del baño de ácido desaparecía al mismo tiempo que la áspera piel de papel de lija del tiburón cubría mi blanda piel humana. Casi estaba disfrutando con la transformación. Me gustaba esa piel resistente. Me gustaba hacerme más fuerte. Pero entonces la mente del tiburón apareció. Y yo perdí el control completamente. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] ¡Sangre! ¡Tan cerca! Encuentra la presa. ¡Mata a la presa! Propulsé la cola, y nadé rápidamente hacia el abrumador olor. Los tiburones pueden oler una gota de sangre en el vasto océano atestado de vidas. ¡Pero [i]este[/i] olor! Demasiado rico, demasiado fuerte. Me giré de golpe. Metí la extraña cabeza en una pequeña obertura y me impulsé hacia el interior. Daba a un espacio muy estrecho, sólo un par de centímetros a cada lado. Al tiburón no le importó. Los tiburones no tienen miedo. ¡Y el olor! ¡Tanta sangre! Nadé a través de la corriente, desplazándome frenéticamente de un lado del espacio confinado hasta el otro. La presa -¿dónde estaba? Me sentía confusa. Debería ver la silueta de la presa recortada por la luz del sol sobre nosotros. Pero no había luz solar. ¡Y la sangre estaba por todas partes! Imagina a un drogadicto inundado por un mar de drogas. Ax [i]cerca[/i] de un bollo de canela. [i]¡La presa está aquí![/i] gritaba el cerebro del tiburón. [i]¡Está por todas partes![/i] Pero… ¿dónde? El tiburón podía oír un lento thump, [i]thump[/i]. El gorgoteo del estómago. Veía las paredes latiendo encima de mí, latiendo debajo. Contrayéndose y expandiéndose ligeramente. El tiburón podía sentir la electricidad que despedían otras criaturas vivas. Podía sentir un fuerte zumbido rodeándole. Y cuatro pulsos más débiles. Giré la cabeza, volviendo mi cuerpo entero en el proceso. ¡Allí! ¡Un tiburón sumergido, inmerso en sangre! La presa. ¡Le ataqué! Le embestí con mi enorme boca abierta. Fui directa, le hundí los dientes, sacudí la cabeza. <¡Aaaaahhhh!> gritó alguien en mi cabeza. <¿Quién me está mordiendo? Geez, ¡ha desaparecido un pedazo de mi cola! ¡Ey, que la estaba usando!> Esa voz –me era familiar. Jake. ¡Jake! ¡Le había atacado! De pronto, recordé quién era. Rachel. Luché contra el cerebro del tiburón. Luché por recuperar el control. Tobias nos lo había advertido. Y yo, estúpida arrogante, pensaba que se preocupaba demasiado. Estaba equivocada. <Jake, ¿estás bien?> pregunté. <Yo – he perdido el control.> <Sí, estoy bien. También me está costando calmar la mente del tiburón,> dijo Jake. <La sangre lo está volviendo loco.> <¿Cassie? ¿Tobias? ¿Ax? ¿Lo lleváis bien?> <Yo estoy bien,> dijo Tobias. <Lo tengo controlado,> Ax. <Tenemos que concentrarnos en otra cosa,> dijo Cassie muy tensa. <Mantened alerta vuestra mente humana.> Seguimos nadando. Primero Jake. Luego Cassie, Ax, Tobias y yo. Concentrándonos en el objetivo –detener a los helmacrones- para evitar comernos los unos a los otros. La corriente nos arrastraba a lo largo del estrecho túnel de sangre. Un túnel no completamente oscuro, pero muy poco iluminado. A nuestro lado flotaban fragmentos de cosas caídas desde las paredes del túnel y que rebotaban contra nuestros cuerpos de tiburón. Algunos eran alargados y del tamaño de una piña. Otros, sólo porciones amorfas de alguna sustancia. Y aún otros, pelotas rizadas, como bolas de Ping-Pong clavadas en un algodón. <¿Qué le pasa a la sangre de Marco?> pregunté. <No es roja.> <Estás viendo el plasma,> explicó Cassie. <La sangre sólo se ve roja porque contiene muchos glóbulos.> <Oh.> <Hey, mirad,> dijo Cassie. <¡Esos son glóbulos rojos! Los puntos rojos oscuros enganchados a nuestras branquias. Los del tamaño de un plato. Estamos captando las moléculas de oxígeno sin absorber los glóbulos.> No tengo paciencia para las rutas turísticas. Normalmente, el turismo me provoca una irritación inducida por el aburrimiento. Pero esto era diferente. Resultaba interesante ver todo esto, sobre todo si me distraía de convertirme en un caníbal. Además, ¿cuántas chicas de ciudad viajan a través de una vena humana en la forma de un diminuto tiburón martillo? Los animorphs entran en Disney. Glóbulo rojo. Glóbulo rojo. Glóbulo rojo. Después de haber visto unos pocos cientos, dejé de prestarles atención y empecé a concentrarme en algunas otras de las formas que flotaban. <¿Qué era eso?> pregunté. Algo muy pequeño pasó frente a mis ojos. Para el superdiminuto tiburón, era del tamaño y la forma de una cochinilla. Una cochinilla recubierta de pequeños pinchos. Un ciempiés en 3-D. <¿El qué?> preguntó Cassie emocionada. La cosa en cuestión parecía fuera de lugar. Puntiaguda y afilada en un mundo donde todo era suave y ovalado. <Es algo extraño.> <Por la sangre viajan todo tipo de cosas,> dijo Cassie. <Partículas de comida. Deshechos. Hormonas.> <¿Hormonas?> la interrumpió Jake. <¿Estamos nadando en una corriente de hormonas?> De nuevo me topé con la cosa afilada. No se dedicaba sólo a balancearse en la corriente. Parecía tener un propósito. Una mente o voluntad. La observé mientras se encontraba con un glóbulo rojo, lo examinaba, y lo soltaba. No soy ninguna supersticiosa o una cabezahueca de la New Age. No presto atención a mi horóscopo. Nunca me han leído la fortuna. Pero tuve un presentimiento a cerca de esa cosa puntiaguda. A alguna primitiva e instintiva parte de mi cerebro no le gustaba. <¿Rachel?> me llamó Tobias. <Vamos. Te estás quedando atrás.> Moví con fuerza la cola y los alcancé. <Hay una bifurcación ahí delante,> dijo Jake. <¡Escuchad!> Cassie. <Creo que oigo a los helmacrones.> <Entonces no están muertos,> dijo Jake desalentado. <¡Arrrrrgggghhh!> ¡La cochinilla de las narices! Se me había subido encima y estaba…. ¡mordiéndome! <¡Quitádmela!> grité. <¿Qué?> preguntó Tobias. <¡Escuchadme! Hay pequeñas cosas puntiagudas con forma de píldora. ¡Creo que pueden ser peligrosas!> <He visto una,> dijo Ax. <Pero ya se ha ido.> <¿Qué pasó?> <Una enorme gota traslúcida la rodeo y la consumió,> explicó Ax. <Yo también lo vi,> dijo Jake. <La gota se lo comió como en Pac-Man> Silencio. Entonces Cassie empezó a reírse. <¿Qué es tan divertido?> dije agitada. <Esto es sorprendente,> dijo Cassie. <Ax y Jake acaban de ver al sistema inmunológico de Marco rechazando a un invasor. Ese Pac-Man era un glóbulo blanco.> <Entonces, ¿y la cosa puntiaguda?> <Una bacteria o un virus,> dijo Cassie. <¿De qué tipo?> <¿Y yo qué sé?> replicó Cassie. <Lo importante es que el sistema inmunológico de Marco funciona.> Oh, sí. Eso es lo importante. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Continuamos por el túnel que era la vena de Marco. Cuando llegamos a la bifurcación que Jake había señalado, seguimos la corriente hacia un túnel más ancho. Las voces de los helmacrones se hacían perceptiblemente más fuertes. Entonces, de repente— ¡Un callejón sin salida! La vena simplemente… se acababa. Habíamos tropezado con una curiosa cámara. Los túneles se abrían por todos lados a nuestro alrededor, en todas las direcciones. Sobre la cabeza del tiburón, bajo su vientre. Cada uno parecía ser de un tamaño y una forma diferentes. Algunos lo suficientemente grandes para que pudiéramos pasar nosotros. Otros mucho más pequeños. La corriente también se había detenido. Giré mi cabeza de martillo hacia la derecha y nadé en un pequeño círculo. Observé la estancia sin obtener ninguna respuesta. <¿Alguna idea de qué camino debemos seguir?> preguntó Jake. <Estoy pensando,> dijo Cassie. Los glóbulos y los diversos pedazos junto a los que nos habíamos movido aún estaban con nosotros. <¿A dónde viaja la sangre humana cuando deja el estómago?> preguntó Ax con calma, casi en tono coloquial. <¡Eso es lo que estoy tratando de recordar!> respondió Cassie. <¿No es ese tipo de hechos básicos de vuestra fisiología que explican en los colegios humanos?> dijo Ax. <En el mundo de los andalitas, hasta el niño más pequeño es capaz de—-> <Ax. ¿Podrías callarte?> le dije. Bump. Tobias, chocando contra mí. <¡Y desplegaos, chicos!> <Qué susceptible, qué susceptible.> <¿No lo sentís?> preguntó Tobias. <La… inquietud.> Choqué contra Jake. Volví a la luz, y nadé en otro círculo estrecho. <La mente del tiburón martillo está inquieta,> asintió Ax. El tiburón sentía el peligro. No miedo. Los tiburones no comprenden el miedo. El tiburón es tranquilo, confiado. Pero sentía una especie de cambio en el líquido que nos rodeaba y quería salir. Quizá sea así como se sienten los tiburones que nadan en océanos de aguas contaminadas. No lo sé. La mente del tiburón no ofrecía ninguna explicación. Sólo decía: [i]Saca tu culo de aquí. Ahora.[/i] Mantuve bajo control la mente del tiburón. Ahora no era el momento de asustarse. <¿Ácido?> preguntó Ax. Volví a la piel del tiburón. Pero no había dolor. Sólo una tenue sensación de hormigueo que no era del todo desagradable. Nada que ver con la terrible agonía de estar hundido en los violentos jugos digestivos del estómago. <No creo que vayamos—> <Mira,> interrumpió Tobias. <Las gotas.> Había una en frente de mí. No era de ninguna forma o color particular. ¿Una molécula de grasa? ¿Un pequeño corpúsculo de adrenalina? No había forma de saberlo. Y entonces… <¡Ha explotado!> exclamé. Como si tuviera una bomba dentro, la gota se rompió en silencio en miles de moléculas. <Mira las cosas esas con forma de caña,> dijo Cassie. Volví mi cabeza de martillo y me di la vuelta otra vez en un estrecho círculo hacia el lado derecho. Divisé una cosa con forma de caña a unos pocos centímetros a mi derecha. Y, de pronto, se hizo redonda y de un verde brillante. <Abracadabra,> dijo Jake. <Algo está transformando la estructura celular de las moléculas que nos rodean,> dijo Ax. <Creo que nos encontramos en algún tipo de mecanismo clasificador. Mirad. Las gotas redondas se van por ese túnel, el de allí. Pero las de la forma de caña se van por allá.> Increíble, pero cierto. Algunas de las moléculas se dirigían al baño de chicas y el resto al de chicos. Choqué contra Ax. <Lo siento,> murmuré. Giré hacia la derecha para alejarme de él. Hacia la derecha. Otra vez. <Vale,> dije. <Me siento bastante arrastrada hacia un túnel en particular.> <Sí, yo también,> dijo Tobias. <Definitivamente el tiburón siente atracción hacia ese conducto.> Ax. <Es como Rachel con The Gap al cincuenta por ciento de descuento,> dijo Cassie. <Resistirse es inútil. Oh. Creo que sé dónde estamos.> <Y ese sitio es—> <El hígado.> <¿Qué es un hígado?> preguntó Ax. <Un órgano. La parte del cuerpo humano que filtra las sustancias impuras,> explicó Cassie. <Asumiendo que el hígado piense que somos impurezas –y debemos serlo- nos enviará al colon.> De repente la corriente aumentó de fuerza. O quizá sólo acababa de darme cuenta de ello. <¿El colon? ¿Te refieres a que nos van a desechar?> <A expulsarnos,> confirmó Cassie. <Muchas gracias, Marco.> <Si nos expulsan, no llegaremos al corazón.> Ax, exponiendo con tranquilidad lo obvio como sólo Ax puede hacerlo. <Vamos a tener que nadar,> dijo Jake. <Genial,> asentí. <¿Pero en qué dirección?> <Hacia el corazón,> dijo Cassie. <¿Cuál es—?> <Por encima del hígado,> dijo Cassie. <¿Y cómo sabes en qué dirección está?> Cerca de una docena de túneles surgían por la izquierda y por la derecha. Uno de los túneles parecía ir hacia arriba. <¿Eeni, meenie, minie, moe?> dijo Ax [i]NdT: ruiditos que hacen los glóbulos blancos en los dibujos de [/i]La Vida Es Así. <Definitivamente has estado en la Tierra demasiado tiempo,> le dije. <Ya no encajarás en el mundo andalita.> <Me perdería los dibujos de los sábados por la mañana,> dijo Ax. Thump, [i]thump.[/i] Y entonces… ¡Click! Mi cerebro llegó a una de esas repentinas conclusiones. Como si hubiera juntado dos piezas de un puzzle. <¡El corazón de Marco!> Thump, [i]thump.[/i] Thump, [i]thump.[/i] Más fuerte. Venía de todas las direcciones a la vez. <¿Podemos seguir el sonido?> <No sabría decir de dónde viene exactamente,> dijo Jake. <Piensa,> dijo Cassie. <¿Qué mandaría el hígado al corazón?> <Sangre,> dije. <Genial. ¡Sigamos a ese glóbulo rojo!> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] Cuando finalmente llegué a casa después de mi patético intento de allanamiento de morada, me puse una camiseta de manga larga. No podía dejar que mi padre viera mi muñeca. No quería que supiera que estaba intentando robar a un crío cuando su trastornado chucho me tomó por un pedazo de carne. Me puse algo de desinfectante en las marcas de pinchazos. Añadí un poco de neosporin. Habría preferido el ibuprofeno. El brazo entero me latía con fuerza. Pero, ¿y qué? El pequeño mordisco de un perro no iba a matarme. Los helmacrones se asegurarían de eso. En cierto modo me sentaba bien el dolor. Me recordaba que estaba vivo. Por ahora. La tarde se hizo interminable. Y no tenía ni idea de lo que estaba pasando dentro de mí. Las horas pasaban y todo lo que oía de mis amigos eran algunas extrañas órdenes ocasionales. No estornudes. No comas ni bebas nada. Quería decirles que me incluyeran en su habla telepática. Creo. Bueno, ¿de verdad quería saber lo que un grupo de guerreros con la capacidad de transformarse y unos lunáticos egomaníacos estaban haciéndole a mis delicados tejidos internos? Me puse en contacto con el Sr. King. Los chee tenían que aparecer a cenar como Jake, Rachel y Cassie. A cenar. Le dije a mi padre que estaba enfermo. Justo después de que el sol se ocultase, me dormí tirado en la cama. Alrededor una hora después me levanté sintiéndome extraño. Sudoroso. Inquieto. Enfadado. Enfadado… ¡con los helmacrones! No era justo que no pudiera luchar por mí mismo. Estúpidos chiflados… No me iba a quedar tumbado y descansando. Ya había perdido bastante el tiempo: tenía que hacer algo. Me levanté y empecé a caminar de un sitio a otro. De la puerta a la ventana. De la ventana a la puerta. Otra vez. Y así sucesivamente. Y el enfado continuaba creciendo. Me pinchaba e iba creciendo y no lo podía contener con mi habilidad natural para el humor negro, transformando la tragedia en comedia. Ya no me salía ni una broma. Quizá era sólo que había perdido mi audiencia. De todos modos, estaba de un mal humor excepcional. Una suave llamada a la puerta. Se abrió y asomó la cabeza de mi padre. “Marco, ey, creía que te había oído levantarte. ¿Cómo estás?” “Um, bien.” Mi padre frunció los labios. Entró y me puso la mano en la mejilla. “Estás rojo. Y parece que te noto un poco caliente.” Me aparté. “¡He dicho que estoy bien!” “Vale, vale.” Mi reacción le había desconcertado. “Bueno, si te sientes mejor… Nora y yo tenemos esa cena. Es algo del trabajo. Pero si necesitas que me quede…” Inmediatamente vi mi oportunidad. “Ve,” dije tranquilizador. “Voy a descansar un poco. Y a leerme el libro para la clase de lengua.” Probablemente no se tragó esta última parte, pero se dirigió a la puerta. “Vale,” dijo. “Bueno, dejaré el número en el frigo. Llámanos si empiezas a sentirte peor.” “Estaré bien,” dije otra vez, aunque sin querer apreté los dientes. Mi padre se marchó. Diez minutos después oí como el coche salía por el camino de entrada. Esperé otro par de minutos y bajé al sótano. Hurgué por el frigo y finalmente di con un filete. Subí a la cocina, y lo calenté hasta que se descongeló y pareció apetitoso. A continuación saqué mi bici del garaje. Iba a conseguir la cámara. ¿Y qué si no podía transformarme? ¿Y qué si mis amigos no podían ayudarme? ¿Y qué si Cujo casi me había arrancado el brazo? La cámara sería mía. El chee con el disfraz de mendigo aún estaba de guardia. Eso significaba que la cámara, si no el crío, aún estaba dentro. Durante medio segundo me pregunté si podría pedirle ayuda. Quizá pudiera proyectar un holograma a mi alrededor, hacer más fácil lo de entrar en el apartamento. Rechacé la idea. Probablemente violaría el código chee de la no-violencia. Qué gracia. Podía hacerlo solo. El edificio de apartamentos del crío parecía incluso más decrépito por la noche. Pero no tenía miedo. Caminé directo a la valla y a través del camino de hormigón hacia la salida de incendios. Aún colgaba tal y como yo la había dejado. Me puse a ello. Cujo me estaba esperando. “¡Rrrrrrr!” gruñó con rabia en la garganta cuando me vio en la salida de incendios. Y entonces se lanzó como un loco hacia la ventana, casi volando. Las uñas repiqueteaban en el alféizar de madera. La baba saltaba de su boca. Los dientes brillaban. Agarré la parte de debajo de la desvencijada ventana y la subí por la mitad. “¡ArfARFARFARFARFARF!” la mandíbula batiente de Cujo estaba a centímetros de mi garganta. “Buen provecho,” dije, lanzando el filete a la habitación. Se tumbó con él entre las patas. Lo lamió. Lo saboreó. Parecía que le costaba comérselo. Le pasaba algo en la mandíbula. Quizá había perdido un diente intentando arrancarme el brazo. Levanté la ventana del todo. Bajé al suelo y esquivé con cuidado al perro entretenido. La cámara estaba a unos pocos pasos más allá, aún encima del escritorio del chico. Acababa de cerrar mis dedos alrededor de la brillante cubierta amarilla cuando oí voces en el pasillo, sorprendentemente cerca. Cujo también las oyó. Se puso en pie y me gruñó, bloqueando mi única salida. Puerta. Gente. Policías. Correccional de menores. Ventana. Cujo. Dos opciones. Ambas malas. Y en cualquiera de los dos me cogerían. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Thump, [i]thump.[/i] Pausa. Thump, [i]thump.[/i] El latido se hacía más y más fuerte según nadábamos, hasta que todos los demás sonidos se perdieron bajo su estruendo. Era imposible saber si los helmacrones estaban cerca. Ax no preguntó nada. Tobias no hizo ninguna observación oscura. Jake no habló de estrategias. Cassie no fue describiéndonos el paisaje. Estábamos abrumados por la increíble reverberación que nos rodeaba. El sonido del corazón de Marco latiendo. ¡THUMP! [i]¡THUMP![/i] Pausa. ¡THUMP! [i]¡THUMP![/i] Cada latido vibraba a través de mi cuerpo, sobreponiéndose a cualquier pensamiento o emoción humanas. No teníamos un plan para capturar a los helmacrones. No intenté pensar en uno. Más cerca. Más cerca. Thump, [i]thump[/i]. El sonido era tan intenso que me sentía a punto de estallar. Pero era un sonido esperanzador. Mientras oyéramos ese thump, [i]thump[/i], Marco seguiría vivo. Los glóbulos rojos que habíamos estado siguiendo habían cambiado de color. Ahora eran más oscuros, granate, del color de la costra de una herida. Cassie no necesitaba explicar lo que pasaba. Yo también he leído los libros del Magic School Bus. Llegando al corazón, el nivel de oxígeno en los glóbulos rojos era más bajo. Los glóbulos pasarían a través del órgano y luego hacia los pulmones para recoger más oxígeno. Menos oxígeno en los glóbulos rojos significaba menos oxígeno para los tiburones. Pero no podíamos volver. Teníamos que impedir que los helmacrones mataran a Marco. Eso o morir en el intento. La vena por la que circulábamos se hizo más grande. Otras venas se vaciaban en ella y la corriente se lo llevaba todo. Ahora era como desplazarse desde una calle estrecha hasta una carretera enorme y luego hacia una concurrida autovía. Y finalmente, hacia una autopista de seis carriles. Más adelante había una especie de abertura de carne. Mientras la corriente nos arrastraba se iba abriendo más y más. Y agitándose delante de la abertura había tres capas rojas de carne. Se movían como cortinas volándose ante una ventana abierta, como esas capas de fieltro a la entrada de un lavadero de coches. Conforme se abría la válvula, se volaban hacia el interior. La corriente era suave pero poderosa. El corazón nos estaba absorbiendo. Más cerca… Más cerca… ¡Más cerca! Y entonces — ¡SLLLUMP! La abertura se cerró. Las cortinas de piel se obstruyeron con el sonido húmedo de una aspiración. Nos detuvimos lentamente. Estábamos ante un enorme agujero fuera del corazón, rodeados por un océano de sangre. <¡No pasa nada!> dijo Cassie. <La válvula debe ser para evitar que la sangre fluya en esta dirección.> ¡THUMP! <¿Cómo vamos a entrar en el corazón? ¿Cómo vamos a evitar que nos arrastren hasta los pulmones?> planteó Tobias. <¡No estoy seguro de que podamos luchar contra esta corriente!> <No sabemos tampoco si los helmacrones pueden. ¡Simplemente preparaos para luchar!> gritó Jake. <Asumiendo que los helmacrones se encuentren dentro del corazón…> ¡THUMP! La válvula empezó a abrirse y las cortinas comenzaron a ondear hacia su interior. Y entonces — circulamos hacia el interior de la primera cámara del corazón. Las cosas se sucedieron con demasiada rapidez. <¡Volved!> grité. <¡Nadad contra la corriente!> ¡Una enfurecida turbulencia! La sangre fluía tan rápido que casi no podía respirar. Imagínate nadando en las cataratas del Niágara. ¡Y las paredes se contraían como un compresor de basura! <¡Obedece, estúpido macho! ¡Los rayos dragón sólo funcionan contra los líquidos si incrementas su poder hasta el punto máximo!> <¡Estoy cansado de tu intromisión, hembra! ¡Dispararé como quiera!> <¡Los helmacrones!> gritó Tobias. <¿Dónde están?> gritó Cassie. <Jake, ¡no podemos dejar que disparen!> siseé. <¡Parad!> gritó Jake en habla telepática abierta. <Bajad las armas y os ayudaremos a salir. Incluso os dejaremos usar la fuente de energía.> <¡Hah-HAH!> gritó uno de los helmacrones. <¡Demasiado tarde! ¡Dispararemos cuando cuente tres! ¡Uno!> No veía a los helmacrones, pero los olía. Se encontraban en algún reducto del corazón. Eran cinco. Quizá estuvieran enredados en uno de los ligamentos de tejido que conectaban las paredes como caóticos arcos góticos. Quizá estuvieran nadando en el tempestuoso mar de sangre. No lo sabía. No me importaba. Y no me importaba lo que había pasado con los otros cuatro helmacrones. Quizá se habían visto arrastrados al hígado. Quizá habían sido expulsados con el último latido. Los helmacrones eran enormes comparados con mi forma de tiburón. Y estaban armados. Pero iba a evitar que dispararan aunque fuera la última cosa que hiciera. Todos estos pensamientos me invadieron en un segundo. Giré mi aplanada cabeza a modo de timón y empecé a nadar. El excelente sentido del tiburón para oler me indicó que uno de los helmacrones estaba a mi izquierda. <Príncipe Jake, ¡tenemos que detenerlos!> <¡Vamos!> gritó Jake. <¡Ahora!> Nos lanzamos a través de un bosque de hebras de tejido, un océano de sangre. ¡A la caza de los helmacrones! ¡Tejido! ¡Giro—a la izquierda! <¡Dos!> gritó el helmacron. ¡No! Luché frenéticamente contra la corriente. Me impulsé y tensé la cola, las aletas. Peleé por cada ridículo centímetro. Y mientras tanto, las paredes que me rodeaban se cerraban al mismo tiempo que el corazón de Marco se preparaba para latir. ¡Tejido! ¡Giro —otra vez a la izquierda! ¡Empuja, empuja, empuja! El tiburón estaba exhausto. Y el olor del helmacron era sólo un poco más fuerte. ¡THUMP! La primera parte del latido de Marco. Un latido que puede que fuera el último. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] “¿Qué le pasa a Buster?” Una voz, al otro lado de la puerta. Una mujer. Quizá la madre del fotógrafo, la hermana, la tía. ¿Buster? Oh, venga. No podía ser en serio que el perro se llamara Buster. Degollador, quizá. Colmillo, Asesino, Psicópata. Pero no Buster. Los ojos inyectados en sangre de Buster estaban fijos en mí. Bloqueaba la ventana. Mi única salida. Podía esconderme bajo la cama. Pero el marco de metal estaba a sólo quince centímetros del suelo. No cabría. El pomo de la puerta giró. Salté al armario y me estrellé contra las endebles puertas corredizas. Genial. La mujer del pasillo tenía que haberlo oído. Era demasiado tarde para huir. ¡En qué narices había estado pensando! Cerré las puertas tras de mí, me escabullí bajo una pila de ropas de olor dulzón, y me arrastré hasta la esquina. “¡ARFARFARFARFARF!” ¡Whooosh! La cabeza de Buster abrió a empujones una de las puertas corredizas. Saltó al interior del armario y se lanzó a por mi tobillo. “¡Rrrrooo —ARFARFARFARFARF!” Me llené de una extraña rabia. Levanté el pie. Una voz muy tenue en mi cabeza dijo: [i]Perro peligroso. Ve con cuidado.[/i] No. “¡Buster! ¡Perrito bueno!” Buster se volvió hacia la voz de su amo. Una leve vacilación antes de tirarse a por mi cabeza, pero eso me dio tiempo suficiente para decidirme. Transformarme –o que me pillaran. Transformarme –o que me devoraran como una chocolatina. Sí, le había prometido a Jake que no me transformaría. Pero no había oído nada de mis supuestos amigos durante horas y horas. Por lo que sabía podían estar muertos. Una tenue voz en mi cabeza, esa intangible pero increíblemente irritante voz llamada conciencia, estaba preocupada. [i]Marco[/i], decía, [i]¿no ves que te pasa algo? ¿Con qué estás jugando? ¿Dónde está tu compasión? Sólo es un perro estúpido, haciendo lo que se supone que debe hacer. Y tus amigos, sus vidas son importantes.[/i] [i]Cucaracha[/i], le respondí. Sentí como empezaban los cambios al mismo tiempo que oía los pasos cruzando la habitación. Cada transformación es diferente. Me había convertido en cucaracha un montón de veces antes. Pero cada experiencia es completamente irrepetible. Esta vez, lo primero que ocurrió fue que se me endureció la piel. Luego, mi visión se volvió borrosa. Los ojos compuestos de la cucaracha, con unas doscientas lentes, se hincharon desde las cuencas de mis ojos. Doscientos Busters. Doscientas filas de dientes afilados. Cuatro piernas explotaron de mis costados y caí hacia delante. Mis brazos se fusionaron con mis costados, y luego emergieron como delicadas alas. Buster inclinó la cabeza y gruñó mientras me encogía hasta un cuarto de mi tamaño. [i]No me comas[/i], le advertí en silencio. [i]Ya tengo suficientes problemas.[/i] Mis antenas comenzaron a moverse nerviosamente conforme surgía el sorprendente sentido del olfato de la cucaracha. Estos bichos pueden oler cualquier cosa. El armario olía a sudor y a pipí de perro y a detergente. Buster dio un paso hacia atrás y siguió gruñendo. La puerta del armario se abrió de golpe. “¡Oh –mierda!” gritó alguien. “¡Voy a demandar al asqueroso del casero! ¡Cariño, trae un zapato! ¡Acabo de descubrir la cucaracha más grande del mundo!” Entonces se produjo el cambio que había estado esperando. Con una sacudida enfermiza, mis entrañas comenzaron a retorcerse y a cambiar. <¡Aaaaahhhhhhhh!> gritó alguien en mi cabeza. <¡Marco se está transformando!> gritó Cassie. <¡Algo debe de ir mal! ¡Marco está metido en problemas!> Ah, así que ahora sí podía oírlos. Debían de estar transformados. <No sabemos como nos afectará esto,> dijo Ax innecesariamente. <Podría ser mortal.> <¡Marco, para! ¡Ahora!> gritó Rachel. <¡Es una orden!> gritó Jake. Mis amigos aún estaban vivos. Y parecían aterrorizados. Que les den. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Un centímetro. Un centímetro más y un helmacron se quedaría con tres patas. Forcé mi cola con violencia. Abrí la boca para morder. Entonces— ¡THUMP! Me vi lanzada lejos del helmacron. Giraba y giraba. Otra abertura –ésta en el lado opuesto de la cámara- se abrió rápidamente. Fue aumentando desde una grieta a un agujero, a un abismo. La sangre empezó a salir de la cámara, arrastrándonos a todos con ella. <¿Se está llevando también a los helmacrones?> gritó Jake. <¡No lo sé!> respondí. <¡Intentad quedaros dentro!> Me esforcé hasta el límite. Intenté resistirme con cada célula de mi pequeño cuerpo a ser absorbida por el torbellino. Pero aún así perdía terreno. <¡Soy incapaz de mantener mi posición!> gritó Ax. Y entonces— ¡La cámara a mi alrededor empezó a desplazarse y a hacerse borrosa! El bosque de tejidos se fundió como cera caliente. Pero los cambios continuaron. La cámara que nos rodeaba empezó a encoger, más y más y más. A la mitad de su tamaño. Luego la mitad de la mitad. Más pequeña, más pequeña, más pequeña. Los tejidos con aspecto de raíces se despegaron. Vibraban como cables eléctricos sueltos, y luego empezaron a ser absorbido por las paredes. <¡Alien diabólico! ¡No destruirás a los guerreros helmacron! Lograremos — ¡aggghhh!> ¡SLOOONG! Las paredes separaron esa cámara del corazón del siguiente trecho como una cinta de goma, y luego explotaron. La sangre rojiza se decoloró en rosa, luego en rosa claro, luego en blanco. ¡Aire! ¿Aún podía haber aire sin los glóbulos rojos? Di una bocanada y descubrí que efectivamente podía respirar. El ruido era ensordecedor. Quería cubrirme las orejas, pero no tenía orejas, no tenía manos. ¡Un terremoto, un tornado, un volcán, una ola gigante, un monzón! ¡SLLLURPPPP! <¡Pagarás por esto!> <Marco,> gritó Jake, <¡más te vale estar en serios problemas! ¡Porque las cosas no marchan muy bien aquí!> ¡Bong! ¡Bong! ¡Bong! ¡Bong! <¡Ahhhhhh!> grité. El enorme pedazo de pesadilla de algún músculo palpitante surgió en frente de mí. Luego se arrugó de repente y desapareció. <¡Cuidado!> gritó Tobias. Lo que parecía un fémur apareció en la cámara y me golpeó en la cabeza. Salí despedida y choqué contra Jake y uno de los helmacrones. <Relajaos,> nos instó Cassie. <¡Acabará pronto!> Segundos después— ¡Poof! El huracán había acabado. La transformación de Marco estaba completa. <Ey, ¿chicos?> nos llamó Marco riendo. <¿Aún estáis vivos o qué?> <Seguimos vivos,> dijo Jake agitado. Estábamos apretujados en un espacio diminuto lleno de un líquido blanquecino. Las paredes que nos rodeaban eran suaves – y muy estrechas. Otro triturador de basura, sólo que del tamaño de una casa de muñecas. <Probablemente es un insecto de alguna clase. Marco, ¿en qué clase de forma estamos?> dijo Ax. <¿No es evidente?> dijo Marco con tono antipático. <Dínoslo,> replicó Tobias. <¡No me habéis hablado durante horas! ¿Ahora se supone que tengo que ser el Sr. Comunicación?> <Oh, muy maduro por tu parte,> le corté. Vale, Marco tenía buenas razones para sentirse como se sentía. Tenía a cinco de sus amigos en la nariz, rayos dragón disparando a las paredes de su estómago, yada, yada, yada. Pero, venga. Parecía un niño consentido de dos años. Marco a menudo se comportaba de forma irritante, pero nunca como un estúpido. <¿Podrías explicarnos por qué te has transformado?> preguntó Jake. <¿Por qué te has transformado cuando te dije que eso podía matarnos?> <Recé una plegaria.> Jake, a nosotros. <Si fuera un general de verdad, le montaría un consejo de guerra…> Entonces, desde un revoltijo de partes de extraterrestres, un helmacron gritó. <¡Hah-HAH! No hay duda de que pensabais que habíamos muerto por la transformación de nuestro patético rehén. ¡Pero aún estamos vivos! ¡Ahora gobernaremos el universo!> Y antes de que cualquiera de nosotros –Jake o Cassie, Ax o Tobias, antes incluso de que yo- pudiera hacer nada para detenerlos… Los helmacrones dispararon al unísono. ¡Tseeew! ¡Tseeew! ¡Tseeew! ¡Tseeew! ¡Tseeew! <¡No!> grité. Y luego… sólo silencio. <¡Marco!> gritó Cassie. <Marco, ¿puedes oírnos?> Nada. <¡Marco!> <¡Marco!> gritó Cassie otra vez. Un sonido desgarrador, horripilante, repleto de pánico. <No puede responderte, Cassie,> dijo Jake, con la voz extrañamente aguda. Luego oí la voz de Tobias. <¿Quién habría predicho esto? ¿Quién habría pensado que los helmacrones eran más peligrosos que los yeerks?> “¡Neep! ¡Neep! ¡Neep!” surgió la risilla jovial de los helmacrones. Me inundó una extraña frialdad. No tristeza. No exactamente. En cierto modo, estaba preparada para esto. Nos habíamos visto involucrados en demasiadas misiones, en demasiados peligros. El que uno de nosotros pudiera morir parecía… inevitable. Ineludible. Y entonces — Furia. Una ola de furia como una patada en el estómago. Esos helmacrones estaban muertos. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] [i][b]¡Oh Majestuoso Líder, los humanos son una raza de idiotas! ¡Les advertimos una y otra vez que los helmacrones no se rendían! ¡Y aún así ellos se hicieron ilusiones, pensando que pactaríamos con ellos sólo porque habíamos sufrido heridas sin importancia! ¿No es gracioso, y prueba que somos los únicos merecedores de gobernar el universo? Del grupo de machos helmacrones[/i][/b] “¡Neep! ¡Neep! ¡Ne -Aggggghhhh!” Ataqué mientras los helmacrones aún se regodeaban con la muerte de Marco. Mordí violentamente la pierna de un helmacron con mi poderosa mandíbula de tiburón. El extraterrestre se resistió. No perdió el equilibrio, pero oí como algo pesado caía cerca de mí. <¡Cassie, Ax, coged la pistola de rayos dragón!> grité. <Jake, Tobias, atravesad las paredes.> <Pero Marco –> dijo Tobias. <¡Marco está muerto!> grité fuera de mí. <¡Hacedlo!> <¡No!> gritó Jake. <Tenemos que hacerlo,> dijo Cassie con voz calmada. <Debemos luchar para salvarnos,> dijo Ax. <Ya habrá tiempo para llorar después.> <Está bien,> dijo Jake amargamente. <¡Los traidores alienígenas me han herido en un miembro!> gritó el helmacron. <¡Pero alcanzaré la victoria aunque sea cojeando!> <¡Debemos hacernos con la fuente de energía!> gritó otro helmacron. <¡Las valerosas helmacrones hembras liderarán el avance!> <¡Tenemos la pistola!> gritó Cassie. <¿Ahora qué?> <Nos abriremos un camino hasta los pulmones,> dije. <Tú y Ax entraréis, volveréis a vuestra forma, y abriréis fuego contra ellos. El resto nos ocuparemos de estos gusanos.> <Hay un problema,> dijo Cassie. <Este arma de rayos dragón es más grande que mi yo humana. ¿Cómo se supone que la voy a usar?> <La fuerza de la hormiga,> dije. <Schwarzenegger, vale.> ¡Whoooosssh! Una ráfaga de aire surgió del pulmón de Marco. <¡Bingo!> gritó Jake. <¡Hemos llegado a los pulmones!> gritó Tobias. Para entonces, los otros cuatro helmacrones había perdido un miembro y les habíamos obligado a soltar las armas. Algunos se habían calmado. Y cuando se dieron cuenta de que ahora éramos nosotros los que estábamos armados –bueno, se interesaron repentinamente por hacer un trato. <Quizá convenga hacer una alianza estratégica,> dijo uno de los helmacrones machos. <Nos ayudaréis a poner en marcha nuestra nave.> <¿Y qué haréis si no aceptamos?> les provocó Jake. <¡Conquistar todos los planetas del universo antes de volver para destrozar la Tierra!> <Muy tentador,> dijo Jake. <No pactes con estos idiotas,> dije enfadada. <Yo digo que los destrocemos y los echemos a la basura.> <He tenido suficiente muerte por un día,> dijo Cassie. <Dejar que enciendan su nave no nos hará ningún daño. Si hubiéramos sugerido eso desde un principio, Marco aún estaría vivo.> <Vale helmacrones, tenéis dos alternativas,> dijo Jake. <Primera opción: nos largamos de aquí juntos. Nos desencogéis. Os dejamos usar la caja azul una vez para poner en marcha vuestras naves y que podáis salir de nuestro planeta.> <¡Nunca! Los helmacrones son los amos de —> <¡Callaos y escuchad vuestra segunda opción!> grité. <¡Estamos escuchando vuestro indigno plan!> <Opción dos,> dijo Jake fríamente. <Morís.> <Habéis matado a nuestro amigo,> añadí. <Y dejadme deciros algo, la venganza no os resultaría agradable.> Los helmacrones empezaron a dar voces y a quejarse. Pero decidieron rendirse y desencogernos. En realidad no tenían ninguna alternativa. Volvimos a nuestra forma en los pulmones. Tobias a halcón, Ax a andalita y el resto a humanos. Y luego nos dispusimos a salir del cuerpo a través de lo que Cassie llamó después “spiracles”, o los agujeros para respirar a cada lado del cuerpo de la cucaracha. Llevábamos a los helmacrones como prisioneros de guerra. Nos movimos con rapidez, ansiosos por abandonar el cadáver. Un cadáver que era todo lo que quedaba de Marco. Caminábamos como zombis, mirando al frente, sin hablar. Demasiado ocupados asumiendo la tragedia. Marco, mi compañero en la guerra y, sí, incluso mi amigo… se había ido para siempre. Había sido asesinado. No por los yeerks, como en cierto modo todos habíamos esperado siempre, sino por una raza de diminutos egomaníacos. No había en eso ni justicia, ni poesía, ni nada parecido. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] “Esto no es el granero,” dijo Cassie. Donde quiera que estuviéramos, era oscuro y gigantesco. O al menos lo parecía, aunque la verdad es que no éramos mucho más grandes que una bacteria. “¿Alguien ve la nave helmacron?” preguntó Jake. <No,> dijo Tobias. <Si no encontramos la nave no podremos volver a nuestro tamaño real,> dijo Ax. “Estupendo.” “Ax, vigila a los helmacrones,” dijo Jake. <Sí, Príncipe Jake.> Ax apuntó con un arma de rayos dragón a nuestro pequeño grupo de prisioneros idiotas con ojos de canica. Su cola pendía dispuesta por encima de su cabeza, preparada para atacar. “¿Tobias?” dijo Jake. <Intentaré averiguar dónde estamos,> dijo Tobias agotado. Ganó algo de altitud con dificultad y se perdió en la oscuridad. Jake agitó la cabeza. “No sé por qué había supuesto que apareceríamos en el granero y la nave helmacron simplemente estaría allí.” “¿A dónde fue Marco? Se suponía que tenía que quedarse quietecito,” me quejé. Al instante me sentí mal por decirlo <Puede que la nave haya sido destruida,> dijo Ax. “Ese sí que es un pensamiento optimista.” Cassie se echó a reír tristemente. “Me pregunto cuánto tardarán los humanos en inventar un rayo que desencoja.” <Mucho, mucho tiempo,> indicó Ax. “Miradlo por el lado bueno,” dije de forma frenética, desesperada. “Somos inútiles para los yeerks. Demasiado pequeños para ser controladores.” “También somos inútiles para los humanos,” me cortó Jake. “Vamos a pasar el resto de nuestra vida intentando volver a casa.” Tobias regresó. <No he visto la nave,> informó. <Pero creo que estamos en el armario de Marco. Me parece que esa enorme montaña de ahí es una bota.> “¿Qué es él?” preguntó Jake, mirando sobre su hombro a la oscura masa amenazante que una vez había sido nuestro amigo. <Una cucaracha, creo.> “¡ARFARFARFARFARFARF!” el aullido de un perro de aspecto fiero, en algún lugar cercano. <Oigo a un perro ladrando,> dijo Ax. <Es como si la voz del animal se circulara por una frecuencia diferente a la humana.> “Ese no parece Euclid,” dijo Cassie reflexivamente. “Cucaracha,” dijo Jake amargamente. “Es la última broma de Marco. Ya sabes, las cucarachas son imposibles de matar. Bastante irónico, ¿eh?” “Creo que deberíamos organizar un equipo de búsqueda,” dije. “Yo voy como águila. Tobias y yo podemos determinar si estamos de verdad en casa de Marco.” “Jake tiene razón,” dijo Cassie de repente. “Hice un trabajo oral sobre las cucarachas en cuarto curso. Nada puede matarlas. Cortarles la cabeza no acaba con ellas. Sumergirlas en agua no las mata—” “Ya vale de reportajes del Planeta Animal,” dije. “Somos más pequeños de un centímetro y probablemente estemos a kilómetros de casa. Es hora de concentrarse.” “No hablo por hablar,” me discutió Cassie. “Escucha. Lo que estoy diciendo es que nada puede matar a una cucaracha. Ni siquiera deteniendo su corazón. Tiene una especie de sistema de arranque de emergencia.” “¿Crees que aún podemos reanimarle?” preguntó Jake. “Es posible.” Era demasiado bueno para creerlo. Un diminuto rayo de esperanza contra la fría pared de la muerte. Naturalmente, yo me mostré escéptica. “¿No ha estado en esa forma durante más de dos horas?” “¿Ax-man?” le preguntó Jake. <Una hora, cincuenta y cinco minutos,> dijo Ax, girando sus ojos móviles hacia nosotros y manteniendo los ojos principales sobre los extrañamente silenciosos prisioneros. “Cinco minutos,” dijo Cassie. “Hay esperanza.” Miré hacia arriba, arriba, arriba. Por un lado –una enorme pata llena de asquerosos pelos puntiagudos. Por otro lado –la brillante y lisa cáscara de su armadura. La cucaracha despedía un olor oscuro y repugnante. Olor a cucaracha. Pero en ese momento, el altamente evolucionado cuerpo de la cucaracha me parecía hermoso. Marco había escogido una forma perfecta para su último momento. Y debería estar vivo para regodearse de ello. Empezamos a gritar. “¡Marco –transfórmate!” gritó Jake desesperadamente. “¡Venga, Marco!” gritó Cassie. <¡Sólo te quedan cinco minutos de los vuestros!> gritó Ax. <¡Transfórmate!> “¡Hazlo!” No hubo respuesta. <No se mueve,> dijo Tobias. “Quizá esté en coma,” dijo Cassie. “O durmiendo,” añadió Jake, intentando hacer un chiste. Un mal intento. “Marco,” dijo Cassie. “Venga, ahora. Escúchame. Si estás ahí, empieza a transformarte. Te ayudaré.” <Venga, colega, no estires la pata en la forma de una cucaracha,> dijo Tobias desesperadamente. “Idiota,” dije. “Qué ridículo sería pasar en resto de tu vida en un cuerpo que hace que las chicas griten de terror. Tu vida amorosa acabaría antes de empezar.” <Cuatro minutos,> dijo Ax. “Marco, tío, venga,” rogó Jake. “Te necesitamos.” “Sí, no nos hemos reído en todo el día.” ¿Quién sabe lo que le despertó finalmente? Los suaves ánimos de Cassie. El miedo de Tobias. Las súplicas de Jake. Mis patéticos chistes. Quizá incluso la fría cuenta atrás de Ax. Ni siquiera estoy segura de que alguna de nuestras endebles voces, por habla telepática o no, le llegaran. Lo único que sé es que la pierna peluda que estaba cerca de mí empezó a sobresalir hacia delante. Creció, creció –hasta que se convirtió en una pared color cucaracha. Corrimos para evitar que nos aplastara. <¡Nos han engañado rastreramente!> gritó un helmacron. <¡El extraterrestre que se transforma no está muerto de verdad!> Ax los apuntó con el arma de rayos dragón. <Cállate,> dijo con voz aterradoramente calmada. Todos los ojos de canica de los helmacrones se volvieron para observar a Marco. Y entonces— El sonido de un retortijón de tripa. <Creo que Marco está despierto,> nos informó Ax. “Marco. ¡Tío! ¿Tienes ganas de ir al baño?” Jake intentó sonar serio, pero no le salió. “Ax, probablemente no puede oírme, ¡así que pregúntale dónde estamos!” dije. Y le di un puñetazo en su creciente mano humana. Resultaba ridículo: yo medía menos de un centímetro. <Marco, Rachel acaba de pegarte un puñetazo de rabia. Y Jake quiere saber por qué te transformaste cuando te prohibió expresamente que lo hicieras. Sin embargo, en este momento no hay necesidad de contestar a esta pregunta mientras sea incapaz de oír tu respuesta.> “¡ARFARFARFARFARF!” Cujo, en el pasillo. Entonces, un ruido sordo. Una estridente voz humana. No había forma de poder oír o comprender las palabras de Marco, pero supongo que diría algo como esto: “Oh, tío. ¡Recibo por todos lados! ¡Todo el mundo me echa siempre la culpa! Es cosa de Rachel. En primer lugar, si no me hubiera pegado, no habría caído y me habría golpeado la cabeza…” “Ax, dile a Marco que pare de lloriquear ¡y nos agradezca que le hayamos salvado de una vida bajo el fregadero de la cocina!” Ax lo hizo. Y estoy segura de que Marco contestó esto: “Recordadme que os envíe flores después de salvar vuestros penosos traseros.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] Marco se transformó en gaviota. Nos agarramos a él, nosotros cinco, y nuestros cinco prisioneros. <El Príncipe Jake te recuerda que no olvides la cámara.> Marco nos explicó donde estábamos mientras el pájaro salía del armario, se subía al escritorio, y cogía la cámara con el pico. Luego volamos a través de la ventana abierta y nos dirigimos al granero de Cassie. Ahora que estaba transformado, Marco podía hablar bidireccionalmente con Ax y Tobias. <¡Ese perro de mierda me atacó!> nos dijo mientras pasábamos bajo la brillante luz del sol. <Prácticamente me amputó la mano.> “¿Cómo escapaste?” preguntó Cassie, vía Ax. <¡Aunque sangraba a borbotones, aguanté como un valiente e incondicional guerrero y bajé por la escalera de incendios!> dijo Marco. <Luego cabalgué hacia casa en mi fiel caballo lila.> “Por favor, dime que no vas a imitar a los helmacrones durante los próximos dos meses,” dijo Jake. <Nah,> dijo Marco. <Voy a estar demasiado ocupado conquistando el universo.> ¿Habíamos estado a punto de perder a este tío? Era difícil de creer. <Los mordiscos de un perro pueden ser fatales,> dijo Cassie. <¿Te lo ha mirado un médico?> <Por favor, como si hubiera tenido tiempo. Además, cuando me transformo y vuelvo a mi forma, la herida desaparece. Estoy perfectamente otra vez.> “Sí, y ya hablaremos más tarde sobre tu brillante decisión a cerca de desobedecer órdenes,” dijo Jake. “Espero que tuvieras una buena razón.” <Uh… sí, eso creo.> “Me pregunto qué hay en esa cinta. Revelarla sería demasiado arriesgado. La quemaremos en cuanto lleguemos al granero.” Lo hicimos. Marco había escondido la nave helmacron en el frigo, con la caja azul. Ax la puso en marcha y obligó a los quejumbrosos helmacrones a que nos desencogieran. Qué alivio. Luego les dejamos recargar su nave y marcharse. “Prometednos que nunca volveréis a la Tierra,” dijo Jake mientras los helmacrones se acercaban a la puerta del granero. <¡Tenéis nuestra palabra, como honorables hembras que sirven al imperio helmacron!> <¡Un helmacron macho nunca miente!> Al mismo tiempo, me di cuenta de que la caja azul empezaba a elevarse. No podía ver el minúsculo rayo de carga helmacron, pero sabía que estaba ahí. Marco y yo saltamos para coger la caja. La agarré mientras intentábamos que no chocaran nuestras cabezas. Cassie guardó la caja azul en un lugar seguro. De nuevo, por seguridad, no nos dijo nada. Luego nos dirigimos a casa para pasar un rato con nuestros padres. Yo tenía montones de deberes. Estaba haciendo un trabajo sobre la caza de brujas en Salem buscando información por internet cuando me acordé de la extraña cosa alargada que vimos en la sangre de Marco. Diez minutos después lo encontré en la página Web del Centro de Control de Enfermedades. Había una simple línea a cerca de esa cosa alargada. El virus de la rabia. Marco nos dijo que el perro le había mordido… Lo que leí sobre la rabia no me pareció muy tranquilizador. La rabia no es una enfermedad agradable. Si la coges, tienes dos alternativas: administrarte una serie de pinchazos en menos de tres días. O morir. Morir después de volverte terrible y violentamente loco. Conclusión: si Marco no se hubiera transformado, en cucaracha o lo que fuera, estaría muerto. No habría sabido que tenía la rabia, así que no habría empezado a tiempo el tratamiento. Cuando nos transformamos en el armario del crío, habían pasado casi doce horas. Otra conclusión: estaba claro que Marco se había transformado no para cabrear a Jake o para salvar su trasero delgaducho. No por traicionarnos o porque valorara su vida por encima de la nuestra. Se había transformado porque la enfermedad había empezado a surtir efecto en su mente y a distorsionar su juicio. Se había transformado contradiciendo órdenes directas porque poco a poco se estaba volviendo loco. Esas eran buenas noticias. Marco no iba a morir, y con esa interesante información podría hacer que Jake y los otros le perdonaran. Fui a por el teléfono. Me detuve. Sonreí sardónicamente. Quizá por la mañana. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Tara[/b]

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