#43 La prueba

Sinopsis:

      Tobias, los demás animorphs y Ax han visto cosas tan extraordinarias que ninguna persona en su sano juicio les creería. Nadie daría crédito a la historia de que los extraterrestres están invadiendo la Tierra, y se dedican a infestar a cuantos humanos pueden. Nadie creería las batallas y las misiones y las derrotas a las que seis chicos han tenido que enfrentarse. Y aún no han acabado.


Tobias ha sido capturado por la misma humana que en otra ocasión le torturó casi hasta la muerte. Asegura que ahora es parte del movimiento pacifista yeerk. Que sólo necesita un favor. Tobias no está seguro de qué creer, pero sabe que si los animorphs y Ax no le encuentran pronto, lo que él crea no importará nunca más…

Datos del libro:

El libro consta de 135 páginas en 24 capítulos.

Narrador

Tobias ha estado reviviendo escenas de su vida una y otra vez desde que se enfrentó al horror de la tortura de Taylor. ¿Se quedó atrapado a propósito en la forma de halcón? ¿Es una persona que merezca la pena? Ahora, Tobias debe volver a enfrentarse a sus miedos –a Taylor. Sólo que esta vez Taylor asegura estar de su lado. ¿Será capaz Tobias de confiar en el controlador que lo torturó hasta casi matarle?

Taylor, el Subvisser que torturó a Tobias, ha vuelto a escena y tiene una propuesta: afirma estar actuando para una facción yeerk que se opone a Visser Tres y quiere destruir el estanque. Para hacerlo, necesita que los “bandidos andalitas” se transformen en taxonitas y caven un túnel hasta las cavernas en las que está emplazado el estanque yeerk. Parece el tipo de oferta que los animorphs no pueden rechazar, a pesar del riesgo de que sea una trampa. Sólo hay un pequeño detalle: esto significa que Tobias deberá volver a encontrarse con Taylor. Y, después de todo lo que le hizo pasar, no sabe si estará preparado…

Nuevos personajes

Tobias está volando por el bosque cuando se encuentra con una partida de búsqueda tras el rastro de un niño pequeño llamado Bobby McIntyre, que además resulta ser sordo.

Nuevas palabras

Unshweet
. Una especie de “corte de pelo” andalita. En este ritual, a un andalita amonestado se le corta el pelo para que todos los días recuerde su vergüenza. El pelo vuelve a crecer poco a poco, al ritmo que el andalita recupera su dignidad. Lección aprendida.

http://www.EarthIsOurs.com. El sitio web de Taylor. Les pide a los “bandidos andalias” que entren y dejen un mensaje de si están dispuestos a ayudarla.

Nuevas formas

Tobias se transforma en Taylor (27) en un intento de despistarla en la reunión de la librería. Luego se transforma en un despiadado y eternamente hambriento taxonita (28) junto con Ax (37), para cavar un túnel hasta el estanque yeerk.

[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Tobias. Un monstruo de la naturaleza. En parte humano, en parte pájaro. ¿Confundido? No te preocupes, aún queda lo mejor. Estoy volando sobre el bosque. El aire hoy está denso. Se aproxima una tormenta. Aún es temprano, pero el cielo se oscurece por momentos mientras el frente se va situando sobre la ciudad. Una impresionante pared de lluvia, viento y cúmulos de nubes. Tenía que encontrar comida antes de que llegara la tormenta. Estaba hambriento, pero la verdad es que siempre estoy buscando comida. Así es la vida para un ave de presa. Hambre constante. Una musaraña dio un paso fuera de su madriguera. Se puso a merodear frenéticamente, olfateando la humedad. Los dos teníamos el mismo propósito. Resguárdate de la cólera de la naturaleza, pero primero llénate la panza. Yo estaba más arriba en la cadena alimenticia. Me lancé en picado. Apreté las alas contra mi cuerpo. Oía silbar el aire al pasar. Montañas, bosque, y cielo. Todo una imagen borrosa, una mancha de destellos. Todo menos la musaraña, moviéndose agitadamente, mordisqueando una semilla. Mis garras la alcanzaron, la atravesaron y la agarraron con fuerza. Le arrancaron la vida al instante. ¿Te preguntas cómo es? Clava las uñas en un melocotón demasiado maduro. Desgarra algunos pedazos con los dientes. Trágatelos sin masticarlos. La caza es algo parecido. Me comí rápidamente a la musaraña y retomé el vuelo. Ya no le doy tantas vueltas a la cabeza con el tema de la caza. Soy halcón y humano. Te lo explicaré después. Sólo intenta entender que el halcón ha de alimentar al humano. Tiene que ser así. Ya no le doy tantas vueltas a la cabeza con el tema de la caza. Menuda mentira. [i]“¡Tú, pequeño pájaro perverso! ¿Te das cuenta de lo que has hecho? ¿Te das cuenta en lo que te has convertido? ¡Estás atrapado! ¡Tienes que vivir como un pájaro!”[/i] Su nombre era Taylor. Mi torturador yeerk. Su voz chirriante me taladraba los oídos. Me atormentaba después de cada caza y también otras veces. Todavía, después de todo este tiempo… ¡THWOK! ¡THWOK! ¡THWOK! ¡THWOK! ¡Un helicóptero! Volaba bajo sobre los árboles, dispersando en todas direcciones a unos cuervos aterrorizados. Si fuera un verdadero halcón, habría salido huyendo junto con los otros pájaros. En lugar de eso, me dediqué a volar en círculos y a aletear hacia la turbulencia. Mis amigos, los animorphs, los que luchan contra la invasión yeerk en la Tierra, dicen que desde mi captura vivo demasiado dentro de mi cabeza. Deben de tener razón. Casi no me doy cuenta de nada. No lo digo sólo por el helicóptero. También por los humanos que tenía debajo, que gritaban por todo el bosque, y el escándalo de los neumáticos de sus quads ATV agarrándose al suelo. Unos focos barrían los árboles en la oscuridad del día, haciendo que los conejos y los ciervos salieran corriendo alarmados. Volé hasta la estación de guardabosques más cercana. Estaba rodeada por brigadas de coches y las furgonetas de las noticias de la tele. Me lancé en picado, preparado para la acción. Aterricé en una rama baja. Una mujer rubia que vestía una gabardina se acercó un micrófono a los labios y se emparejó un poco el pelo revuelto por el viento. “Bobby McIntire,” gritó sobre el ruido de los vehículos, “lleva ya perdido dos días enteros desde que desapareció de una reunión en el campo. La esperanza de encontrarlo vivo se está disolviendo. Pero no es sólo una carrera contra el tiempo y la meteorología.” Un relámpago cruzó el cielo sobre ella, como dando urgencia a sus palabras. “El pequeño Bobby es sordo y no puede oír las desesperadas llamadas de los rescatadores. Kelly King,” concluyó, mirando hacia el cielo, “retransmitiendo en directo.” Mantuvo una expresión congelada y afectada hasta que el productor terminó la grabación. [i]“Te destrozaré.”[/i] Era otra vez la voz de Taylor, susurrando en mi mente.[i] “No puedes ganar.”[/i] Me dirigí hacia el frente tormentoso. Era un poco extraño lo de volar hacia los relámpagos. Volar dentro de la línea de lluvia, de los truenos, del viento. Pero me hizo sentir como Lindbergh sobre el Atlántico. Intrépido y fuerte. Quizá incluso un poco heroico. Me gustaba esa sensación. Mira, no hace mucho que los yeerks me capturaron. Una controladora humana, loca enferma convirtió mi vida en un infierno durante demasiadas horas. Sobreviví. Incluso pensé que la tortura había acabado. No me di cuenta de que la tortura no termina cuando estás libre. La gente cree que sí. La gente a la que nunca han torturado piensa que cuando las heridas físicas cicatrizan, tú también te curas. Están equivocados. La tortura le gasta malas pasadas a tu mente. “Eres débil y estás asustado,” dice. “¿Crees que tienes autocontrol? ¡Ja!” dice. “Duda de ti mismo. Preocúpate, y cuestiónate y teme,” dice. El dolor puede ser muy convincente. Algo ocurrió cuando me capturaron: mi mente fue asaltada por recuerdos, imágenes de todas las veces en que había sido débil. O en las que pensaba que lo había sido… Como mi primera vez en el estanque yeerk. Mi mente volvió allí ahora, a la escena de esa cúpula subterránea resonante de ecos con un lago fangoso agitándose en su centro. El estanque yeerk. Ahí es donde los yeerks cumplen el más sucio de sus trabajos, donde los extraterrestres parasitarios con forma de gusanos te meten la cabeza en el lodo y te obligan a que uno de los suyos se introduzca por tu oído. Los yeerks se deslizan hasta tu cerebro y te arrebatan la libertad. Controlan todos tus pensamientos y movimientos. Silencian tus gritos y súplicas de dolor hasta que no eres más que un esclavo. Un estúpido cachorrito. Un soldado involuntario del Imperio Yeerk. Un traidor para toda la humanidad. Pero probablemente a estas alturas ya sabrás de lo que hablo, ¿no? ¡Tha-BOOM! ¡Boom! Un trueno rugió y me devolvió parcialmente al presente. La otra parte de mí se encontraba en el estanque yeerk, en aquel momento horrible. Pegándome a la cara de la roca, rogando para que no me vieran, buscando en la colosal caverna un lugar por donde escapar. Un lugar por donde escapar de los hombres de Visser Tres. <¿Dónde está Tobias?> oí decir a Rachel débilmente. ¿Cuánto tiempo llevaba transformado en ratonero de cola roja? ¿Una hora y cincuenta minutos? ¿Una hora y cincuenta y cinco? ¿¡Cuánto?! Los otros ya habían escapado. Los otros animorphs, quiero decir. Habían esquivado al monstruo lanza-llamas que era Visser. Se habían escabullido hasta estar a salvo, de vuelta al armario del conserje, de vuelta al colegio. Rachel, Cassie, Marco, Jake. ¿Había sobrepasado el límite? ¿Había estado transformado más de dos horas? No podía ser. No puede ser. No. Me había quedado atrapado para siempre. Era un pájaro. Independiente, libre, solitario. Para siempre. Las imágenes de la vida humana que había tenido hasta entonces me inundaron la mente. Eran lúgubres. Mi patética tía. Mi tío alcohólico. Y luego, algo más brillante, algo poderoso que surgía atravesando mi mente. Algo distinto. Que me sostenía. Que me inundaba. Una oleada de… ¿De qué? ¿Qué había sentido, en ese momento, con los segundos agotándose? Cuando atravesaba el límite… ¿Debilidad o fuerza? [i]“Nunca lo sabrás,” [/i]dijo Taylor. [i]“Nunca sabrás quién o qué eres cuando haya acabado contigo.”[/i] Había que encontrar a Bobby McIntire. Deje que una corriente caliente me elevara en el cielo. Mi nombre es Tobias. Soy humano. Soy un halcón. Si quieres encontrar algo en el bosque, harías bien preguntándome. No hay nada que no pueda encontrar. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] ¡Tha-BOOM! ¡Boom! Truenos. Dejé que las corrientes de aire caliente me elevaran hasta los cien metros de altitud. Más alto aún. Podía ver a través de la bruma desde el borde de la ciudad hasta las montañas. El parque nacional es un lugar muy grande. Podrías caminar durante días y no ver nunca a nadie. Divisar a un chico desde un helicóptero sería como encontrar la aguja del pajar. Y el pajar estaba a punto de empaparse de verdad. Los prismáticos, gafas de infrarrojos, y láseres de visión surgían por todas partes. No quiero presumir, pero la naturaleza me ha dado unas habilidades excelentes. Puedo ver la cordonera rota del zapato de un excursionista. Las crías de un petirrojo. Puedo divisar los excrementos de un ciervo. [i]“¡Asqueroso pajarraco!”[/i] La voz de Taylor, siempre murmurando en mi cabeza. Silencioso como un planeador, mi avión particular de búsqueda barría extensas zonas por encima de los árboles. Mis amigos, los otros animorphs –los otros chicos que conocieron al gran guerrero andalita Elfangor, que estuvieron allí cuando moría, y que aceptaron la tecnología andalita de convertirse en cualquier animal que tocaran para luchar contra los yeerks- esperaban que apareciera por el granero de Cassie. Había una reunión acordada para después del colegio. Si quería llegar, tenía que viajar hacia el este. Viré hacia el oeste, siguiendo las marcas de neumáticos de las patrullas de búsqueda. Rastreando esas líneas que se cruzaban y convergían finalmente en una sección de un kilómetro escasamente cubierta de árboles. Suponía que era el último sitio donde el chico había sido visto. Buen lugar para empezar. Me dejé caer hasta los veinte metros, rozando las copas de los árboles, buscando una señal, una pista. Algo. Nada. Una gota de agua me dio en el ala. No, ¡todavía no! Tres gotas más me golpearon como piedras. Un vendaval silbante me empujó de nuevo al aire y me alejó de los camiones de la partida de búsqueda. Aleteé más fuerte para luchar contra el creciente viento. Me estaba empujando hacia una zona llena de barro, un río seco. Empezaba a sentir las gotas de lluvia como perdigones de pintura del paintball. Lo recordaba bien. Mi tío me llevó a jugar eso del paintball. Lo odiaba, pero era una de las pocas cosas que hacíamos juntos. De todos modos, iba a tener que parar. Estaba comenzando a diluviar. De repente – una mancha de rojo contra marrón. Una traza de ropa brillante captado en un instante. Sí. <¿Bobby?> intenté por habla telepática abierta.<Si estás ahí, enséñame donde estás.> Raspando las copas de los árboles, escaneé el barro. Nada. El viento se comportaba de forma absurda: salvajemente violento un instante, y muerto al instante siguiente. Entonces – una única huella de zapato. La huella de un niño. <¡Bobby!> llamé otra vez. <Si puedes oírme, agita los brazos. O muévete. ¡O haz algo!> Un susurro desde la maleza. Entonces, más movimiento. Viré hacia tierra. Una bola de barro salió disparada hacia el aire, arañando mi pico. <¡Hey, está bien! Genial, Bobby. Buen trabajo.> No vi el gigantesco pozo hasta que prácticamente aterricé en él. Era un hoyo tan invisible debajo de los árboles y arbustos que les hubiera llevado meses a las partidas de búsqueda encontrarlo. Miré hacia abajo, al niño. Estaba buscando como loco de donde surgía mi voz. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Sus manos estaban en carne viva de tanto intentar trepar la pared vertical y lisa del pozo. Estaba de pie sobre el agua estancada de treinta centímetros de profundidad. Y una inundación venía de camino. <Vamos a sacarte de ahí,> dije. Pero no tenía una transformación que pudiera acarrear con él. ¿Hork-bajir? No había practicado suficiente con las cuchillas como para no lacerar al niño y definitivamente no podía dejar que viera un alien. <Quédate ahí, Bobby. Volveré pronto, estarás bien.> Un rayo frió el suelo en las cercanías. No era nada bueno. El viaje a la central de la policía fue probablemente el peor vuelo de mi vida: la lluvia me golpeaba, el viento destrozaba mis plumas. Pero la peor parte era el aire estancado. Para cuando llegué a la central, mi cuerpo estaba quemando grasas para conseguir combustible. A través de las ventanas vi a la mayor parte de la partida de búsqueda, dentro, mientras se secaban. Preparándose para otra ronda de búsqueda húmeda y desagradable. Entonces vi a un tío que parecía que necesitara un milagro. Estaba sentado fuera en un tocón, dejando que la lluvia lo empapara. La tinta de su tarjeta identificativa corría por su pecho, pero todavía podía leer las letras. “Sr.McIntyre”. ¿El padre de Bobby? Tenía puesta su triste mirada en las montañas. Aterricé a escasos metros de él. Ni siquiera pensé en las consecuencias. <Escuche,> dije, <sé que le va a parecer raro. Sé que pensará que está perdiendo la cabeza. Pero puedo llevarle hasta Bobby.> Puedes decir un montón de una persona en función de cómo responden ante un halcón parlante. Está el tipo que huye gritando. El que se lleva las manos a la cabeza para intentar dejar de escuchar voces. Incluso el que intenta cargarse al animal. La mayoría de la gente no lleva muy bien el hecho de que cambies su realidad. Pero el padre de Bobby era un tío legal. Quiero decir, parecía un poco asustado al principio. Sus ojos buscaron al desgraciado que le estaba tomando el pelo así. Pero una vez que la sorpresa inicial se evaporó, recuperó rápidamente la compostura. “Vale,” dijo. “Llévame.” Probablemente pensaba que estaba loco, pero no creo que importara si estaba escuchando voces o hablando con aliens. Sólo quería a su hijo de vuelta. Ese tipo de amor… me hacía sentir… extraño. Volé de árbol en árbol, cien metros o así cada vez, esperando al Sr.McIntyre y a tres policías a los que había convencido para que le siguieran. Todo el camino le indicaba por dónde debía ir en telepatía privada. Al menos podía permanecer a una buena distancia de los hombres, para mantener la incertidumbre de si realmente un halcón estaba dirigiendo el camino. Vi a Bobby en el hoyo, mientras la lluvia torrencial cayendo por los canales y formando un furioso río, como una serpiente hambrienta y voraz. Una serpiente enorme y silenciosa que los oídos sordos de Bobby no podían oír. [i]“Morirás andalita,”[/i] decía la odiosa voz de Taylor zumbando en mi cabeza. <Por encima de la colina,> les dirigí. Entonces coronamos el pico y vi algo que no pensaba que fuera posible. Cortinas de lluvia castigaban la tierra a nuestra derecha y a nuestra izquierda pero sobre el agujero de Bobby… increíble. Se abría un pasillo de nubes sin lluvia con los dos extremos de un débil arcoiris marcando los bordes. Estaba seguro de que mi mente se estaba inventando la escena. No podía estar saliendo todo tan bien. Nunca nada lo hacía. Taylor no lo permitiría… <¡Bobby!> llamé. Batí mis alas y le encontré, el agua le llegaba por las rodillas. Me posé en una rama baja y observé como los tres policías lo ponían a salvo. Vi a Bobby derrumbarse en los brazos de su padre, temblando, mientras el júbilo reemplazaba al miedo. El padre de Bobby me miró, con gratitud en sus ojos. ¿Alguna vez te ha salido algo tan perfecto, que sentías que podías volar? Así me sentía -y lo mejor era que de hecho podía hacerlo. Podía realmente volar. Despegué bajo el pasillo de cielo sin lluvia hacia el granero de Cassie. Me sentía tan bien. Jugué en el aire como un piloto en una exhibición aérea, asombré a la audiencia con mis maniobras mortales. Corté los motores y comencé un picado, preparado para levantarme segundos antes de golpear el suelo. Y entonces…. Un águila dorada, dos veces más grande que yo, se lanzó hacia mí como una pelota asesina… ¡BAM! Y todo se volvió negro. Ni siquiera tuve una oportunidad. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] “Este halcón va a sentir ese ala. Héroe o no, cuando se despierte le va a doler como nunca”. Mis ojos se abrieron de golpe. A través de los barrotes de mi jaula observé las caras de los dos veterinarios en bata con aspecto preocupado. Los dos eran mujeres, una castaña y la otra rubia. En los bolsillos se sus batas se leía Clínica Universitaria. “¿Crees que superpájaro necesita la epidural?” Tensé mis extremidades. El ala derecha no me respondía. Tenía el cuello torcido y dolorido. Esa maldita águila dorada me había dado de lo lindo. El recuerdo del impacto puso a cien mi corazón de halcón. Miedo, territorialidad, confusión. “No, le di suficiente medicación para tenerle tranquilito hasta mañana. Ey, mira, está despierto. ¿Te sientes mejor Sr.Halcón?” dijo la rubia, con la amable condescendencia apropiada para un animal salvaje al que no se puede dejar en libertad. Podrían haberme sacado de quicio. Pero tal como estaba, con un feo buitre en la jaula de al lado, y una cigüeña prehistórica dos puertas más abajo, me sentía realmente contento de escuchar una voz humana. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué día era? “¿Has visto los titulares?” me preguntó la castaña, como en respuesta a mi pregunta. El periódico que tenía en las manos era de la edición de la tarde, y me confirmó que había estado dormido demasiado tiempo. “El padre afirma que un halcón guió al equipo de rescate hasta el niño perdido”. Me sonrió, y luego lo resumió todo. “¡Tú eres ese pájaro!” Las veterinarias se rieron. No sabían que no tenía ninguna gracia. No entendían… Entonces me di cuenta, en ese mismo momento. Había perdido mucho tiempo. Ese titular era el beso de la muerte… si los yeerks me encontraban… Había sido un estúpido. ¡Un auténtico idiota! Cada vez que hay un animal haciendo algo extraño, aparecen los yeerks. Para ellos todos los animales son sospechosos, posibles “bandidos andalitas” disfrazados en alguna transformación. Había hecho muy mal. ¿En qué estaba pensando? Mis amigos me estarían buscando también. Había puesto en peligro nuestra propia seguridad. Tratando de luchar contra el fantasma de Taylor, había puesto a mis amigos en peligro. Estúpido. Débil. ¡Tenía que transformarme! Transformarme y salir antes de …. Pero no. No podía transformarme delante de las veterinarias. Y había cámaras de vídeo, colocadas en cada esquinas del laboratorio, que lo grababan todo. ¿Quién llegaría hasta mí antes? “¿Qué hace? ¿Batiendo el ala? Ey, se va a hacer daño. Chloe, ¡rápido! Hay que sedarle”. ¿Sedarme? Caí al suelo de mi jaula y permanecí inmóvil. De ninguna manera me iba a dejar sedar. No con dos grupos buscándome. Dos grupos que yo sabía que se tomarían ese titular muy en serio. Grupo uno: mis amigos. Grupo dos: mis enemigos. “Espera,” dijo la veterinaria. “Olvídalo. Se ha calmado. Está bien. No sé qué le ha pasado”. “Está bien superpájaro. No la líes. Te veremos por la mañana” ¿Se iban? ¡Me iban a dejar ahí solo! ¿Por qué se marchaban todos? ¿Por qué…? Caminaron hasta la puerta, apagaron el fluorescente principal y cerraron la puerta tras ellas. Se iban a casa. Tenían casas a donde ir. Me dejaban para que me enfrentase a mi destino yo solo. La habitación era fría y estéril. Pájaros heridos y enfermos piaban y ululaban en la semioscuridad. Solo. Y lo único que podía hacer era esperar. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] ¡Scriiiiiiiiiiiiiiiiiiiich! El sonido me sacó de un duermevela en el que no descansaba. Miré el reloj: la 1:12 a.m. Busqué la fuente del ruido. Por un momento, el brillante metal cegó mi sensible visión de halcón. Cuando volví a ver, el cerrojo de la puerta estaba chisporroteando. Derritiéndose… Desde detrás de la puerta, en el vestíbulo, me llegaba el estruendo de pisadas fuertes y concienzudas. Un sonido que significaba una única cosa. Hork-bajir. La puerta se abrió con una explosión. ¡Tseeew!¡Tseeew! ¡Una maraña de cuerpos de dos metros de alto llenos de cuchillas entraron en la habitación! Las cámaras de vídeo fueron inmediatamente desintegradas por los flashes de fuego de los rayos dragón. ¡No tenía tiempo para transformarme! Me pegué al fondo de la jaula. Intenté cubrir mi cola roja, intenté fingir que no estaba allí. En seguida estaban sobre mí, frunciendo el ceño con ojos fieros. “¡Eres mío, andalita!” dijo el hork-bajir con el peor aliento.”Visser Tres me dará un premio”. Este tipo obviamente no había estado en la Tierra mucho tiempo. Conseguir una recompensa de Visser Tres sería como tratar de parar un incendio forestal con un vaso de agua. Pero yo no iba a reventar su burbuja. Él levantó mi jaula en el aire y corrió hacia la puerta, haciéndome dar fuertes bandazos. Sus guardaespaldas, dos delante y dos detrás, le rodeaban. Sus armas estaban listas, sus ojos alerta. Se mostraban en evidente tensión mientras entrábamos al vestíbulo. En guardia. Casi como si esperasen…. ¡Tseeew!¡Tseeew! Tres humanos aparecieron diez metros más abajo por el pasillo. Sus pistolas dragón lanzaron salvas que marcaron las paredes. ¿Qué estaba pasando? ¡Humanos disparando con rayos dragón a los hork-bajir! ¿Controladores contra controladores? “Deja al pájaro,” ordenó un hombre con bigote. “¡Ahora!”. El hork-bajir soltó una risa ante el hombre. “El pájaro es de Visser. Los rebeldes os equivocáis.” Rápido como el rayo, levantó el brazo y abrió fuego sobre los humanos. Los controladores humanos eras ágiles y se cubrieron. Sólo que no fueron lo suficientemente ágiles. Un grito abreviado se hizo eco por todo el vestíbulo. El hombre del bigote desapareció en un flash de luz y calor, una silueta chamuscada en la pared blanca. Los otros humanos no parecieron darse cuenta de la pérdida de su camarada. O quizá no les importaba. Sólo los yeerks pueden perder a un compañero de equipo y ni siquiera pestañear. ¡BLAAAAAAAM! ¡Cuatro humanos se unieron a la lucha! Se lanzaron contra los hork-bajir antes de que supieran qué les había atacado. No sabía por quiénes decantarme. ¿Hork-bajir o humanos? ¿Visser Tres o… quién? ¿Quién era esta gente? Una larga y afilada cuchilla de hork-bajir cogió mi jaula y la levantó. Se lanzó rápidamente hacia la salida. ¡Este tío podía moverse a buena velocidad! Pero acabó estrellado con un carrito médico de acero inoxidable y chocó contra unas jaulas vacías apiladas en la pared. ¡Estaba atrapado! Ahora había tres personas más. Grandes, vestidas de cuero negro, con correas y corchetes de metal cubriendo sus cuerpos. Cuerpos que bloqueaban la salida. Mi captor se detuvo, con las garras arañando el suelo pulido. Se dio la vuelta y corrió hacia una ventana. Tres personas equipadas con rayos dragón se interpusieron en su camino. ¡Lo habían rodeado! Mi jaula colgaba precariamente de la cuchilla del hork-bajir. Los aliens y los humanos se detuvieron en una momentánea y tensa pausa. De repente, mi captor saltó hacia la persona más pequeña. Una mujer. Fue un golpe bajo, un intento desesperado de escapar. Estúpido también. Los otros estuvieron sobre él al instante. Caímos al suelo. Mi jaula empezó a ceder bajo el peso del hork-bajir hasta que las frías barras de acero empezaron a presionar peligrosamente contra mis plumas. Alrededor mío se arremolinaba un mar de manos y garras luchando salvajemente. Por mí. Por el premio. No pude seguir lo que pasó después. Sólo sé que alguien lanzó la jaula deslizándose por el suelo. Mi cuerpo dañado y frágil dio tumbos como una toalla en la secadora. La jaula quedó debajo de un largo fregadero en un armario de herramientas, y mi cuerpo de halcón incluso más dañado y malherido. Oí el revuelo frenético de la lucha detrás de mí, pero desde mi posición podía ver muy poco. El ensordecedor fuego dragón fue seguido por una calma momentánea. Unas estruendosas pisadas se acercaron en mi dirección y cuatro pies hork-bajir se detuvieron delante de mi jaula. “¡Gafrash!” gritó uno. Un apéndice horrible se acercó a mí. Me encogí, esperando que me alcanzara y me sacara. Pero el brazo del hork-bajir se apartó de un tirón. Sus pies se tensaron y se giraron para echar a correr, pero no había a dónde ir. Porque cuatro pies más, el doble de grandes, gigantescos y familiares, aterrizaron con un tremendo golpe. ¡Rachel! Un hork-bajir había caído. El otro levantó mi jaula. <¡Oh, no, ni hablar!> gritó Rachel, descubriendo sus inmensos y desgarradores dientes. Sus garras de oso pardo destelearon como gigantescos fideos de acero y cercenaron el brazo de mi captor. <La caballería está aquí, Tobias,> gritó. <¡Aguanta!> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] [i]“¡Gafrash horlit!”[/i] El hork-bajir soltó la jaula y yo volví a caer al suelo con otro doloroso golpe. <¡Coged a Tobias!> gritó Rachel. Marco, en forma de gorila, era el único con pulgares oponibles, un apéndice normalmente infravalorado. Intentó llegar hasta mí, pero un hork-bajir caído le agarró de la pierna y tiró de él hacia atrás. Así que Rachel me empujó suavemente con sus enormes garras delanteras, a través del suelo del vestíbulo y lejos de la lucha. De repente, la jaula se detuvo. Habíamos chocado contra algo. Un pie humano. Rachel se detuvo, olisqueando el aire con vehemencia. Yo miré hacia arriba. Botas lisas de ante. Vaqueros a la moda. El torso y la cabeza permanecían en la sombra. ¿Quién era? ¿Alguna inocente estudiante de veterinaria, atrapada en mitad de la batalla? Sacó el brazo de detrás de la espalda. Su mano asía con firmeza una pistola de rayos dragón… Se me paró el corazón. Los dedos de la chica refulgían y destellaban en la semioscuridad, de un modo en que los dedos humanos nunca lo hacen. <Taylor,> siseó Rachel con la voz consumida por la rabia. “Haz un solo movimiento, oso, y tu próxima parada será en el taxidermista”. <¡Sí, claro!> Rachel saltó con las garras dispuestas. ¡Tsiiiw! Taylor abrió un agujero en el flanco de Rachel. “¡GrrrroooooAAAAAARRRRRRRRRR!” Rachel cayó, gruñendo de dolor. Y Taylor cogió mi jaula con su mano artificial. La mano que había aceptado a cambio de su libertad. La historia de Taylor era una historia triste. La historia de una chica que había perdido su cara, un brazo y una pierna en un terrible incendio. La Alianza, la organización tapadera yeerk, había estado ahí para ayudarla, ofreciéndole una cara nueva, un brazo y una pierna. Lo único que tenía que hacer era aceptar ser infestada, convertirse en un controlador voluntario. Lo único que tenía que hacer era dejar que un repugnante gusano gris envolviera su cerebro. Pero el yeerk que infestó a Taylor estaba loco y había hecho que Taylor perdiera la cabeza con él. No era una situación muy estable que digamos. Y ahí estaba yo. No podía creer lo que me estaba pasando. Mi torturadora me había capturado. Otra vez. No. Los dedos de su mano real pasaron a través de las barras, amenazando con tocarme a medida que levantaba la jaula a la altura de su cara. ¡NO! No dijo una palabra, pero su mirada helada lo decía todo. [i]¿Pensabas que me habías visto por última vez, estúpido andalita? Bueno, pensaste mal.[/i] Taylor me apuntó con sus perlados dedos de plástico. Sabía lo que iba a hacer. Lo había sabido desde el momento en que la reconocí entre las sombras. “Me encantan las sorpresas,” susurró. Y sin ninguna otra advertencia, unas pequeñas partículas empezaron a brotar de las puntas de los dedos de su prótesis. ¡Gas! Me estaba gaseando como la última vez que me había capturado bajo los terrenos del nuevo centro comunitario de La Alianza. En un instante, estaría paralizado. La única diferencia era que no se había dado cuenta de que yo era el mismo “andalita” que había capturado previamente. Sólo podía esperar que eso no cambiara. Estiré mis garras. Agarré los dedos carnosos de su mano sana y cerré los ojos, los oídos, lo cerré todo. Los gritos de los animales, los gruñidos, los gritos humanos. El terror de mis pesadillas estaba cobrando vida. Adquiérela. Adquiérela. Conviértete en ella. Una idea vomitiva, pero necesaria. Me así a sus dedos con más fuerza. A Taylor debía parecerle un penoso intento de lucha, pero no sabía la verdad. No sabía que sentía su ADN fluyendo dentro de mí. Sentía su cuerpo relajarse, aflojarse bajo el trance de la adquisición. Sentí el picor del polvo gaseoso pinchándome la piel como ortigas invisibles. ¡Pero Taylor también estaba inmóvil! ¡Paralizada! Al menos por un instante, la había ralentizado. La había incapacitado. Pero no lo suficiente. Ni de cerca. Mi garra se quedó quieta. Mi cuerpo cayó entumecido. Los ojos de Taylor volvieron a la vida justo a tiempo para verme darme cuenta de que este gas era distinto del que había experimentado antes. “Versión 2.0,” se rió Taylor. “Suficiente anestesia general para dejarte inconsciente completamente”. La negrura se me echó encima desde todas partes a la vez, mientras mi visión se reducía. <¿Rachel?> llamé débilmente.<¿Jake?> Si contestaron, no los oí. ¿Por qué yo? ¿Qué había hecho yo para merecer esto? Preguntas idiotas, autocompasión inútil… yo era un guerrero. Lo único que podía hacer era mirar hacia delante. A las tristes profundidades de los ojos locos e hipnóticos de Taylor. En aquel momento, lo vi claramente. Vi que yo era sólo una burbuja de barro burbujeando a través del furioso río de sus pensamientos. El río no podía detenerse y lo arrollaría todo a su paso. Me destrozaría. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] ¡Scriiiiiich! El sonido de una cuchara metálica rayando el fondo de una sartén. El olor de una sopa de tomate de lata calentándose en un cazo. Estas sensaciones ordinarias me sacaron de mi oscuridad. Abrí los ojos. Todavía estaba enjaulado, pero ahora había media docena de rayos dragón apuntando a mi cabeza, y unos grilletes me sujetaban a la jaula. No eran mecanismos de alta tecnología yeerk recién salidos de la pizarra, sino el tipo de cosas que sacas de un B&Q. No importaba. El tema era que yo no tenía manos. Mis captores sabían que un pico y garras de halcón no iban a poder manipular nada. Brillando junto a cada pistola dragón había una luz roja. ¿Un sensor? No me moví. No me atreví. La idea de que fueran a volver a torturarme de un momento a otro me helaba los huesos. No podría soportarlo otra vez. Comencé a temblar incontrolablemente. Miré a los sensores con ambas mentes, halcón y humana. Cada una de ellas había estado al borde de la destrucción y ambas partes lo recordaban bien. El dolor, ¡la desesperación! Era imposible escapar… luz roja, luz azul. Una agonía interminable… Tenía que transformarme. Podía transformarme en algo pequeño y escapar sin que me vieran. Desaparecer. [i]Hazlo, Tobias. Hazlo.[/i] “Transfórmate, amigo mío,” me advirtió Taylor, con voz fría y confiada, “y los rayos se dispararán automáticamente.” No la había visto, sentada como estaba en una silla de la cocina, con una jarra en la mano, sorbiendo la sopa. La había sentido, eso sí. Su maldad tenía una manera de dominar el ambiente de la habitación, de colorear todo a su alrededor y desatar mi miedo. No podía escapar. Nunca había pensado realmente que pudiera. Ni la última vez, ni ahora. Taylor había vuelto, como ya suponía que lo haría. “El ordenador que controla los rayos dragón es sensible a los cambios de forma. No puedes escapar.” Espera. Eso no era cierto. Podía escapar. Podía transformarme. ¡Transformarme y morir! “Sí, podrías elegir la muerte,” dijo Taylor, respondiendo a mis pensamientos. “Te he dado deliberadamente esa opción.” Se detuvo un momento para tomar un sorbo de sopa, sus ojos todavía fijos en mí. Miré a la cocina, esa la pequeña y mal diseñada estructura de techo bajo. Algo no iba bien en esta escena. Los yeerks siempre eligen lo mejor. Cogen los últimos avances humanos y cuando eso no es suficiente, usan tecnología alienígena robada para optimizarlo. Pero esto… ¿qué demonios significaba? Estaba en una especie de chavola. Mi jaula descansaba sobre una mesa de láminas de madera achicharrada por múltiples quemaduras de cigarrillo. “Elige la muerte,” repitió como si tal cosa, “o escucha lo que tengo que decirte.” Se levantó, dejó la taza en la pila de la extraña y pequeña cocina, y volvió a su asiento. “Tengo un trato para ofrecerte, andalita.” Parecía desenfadada. No era la Taylor que yo había conocido. ¿Cuál era el truco? ¿Qué as se guardaba en la manga? “Bien,” dijo, viendo que había decidido posponer la muerte. “Sería mucho más difícil pedirle ayuda de un andalita muerto.” ¿Ayuda? Sí, y Rachel dejaría pasar unas rebajas en The Gap, Crayak ganaría el Premio Nobel de la Paz, y un gusano yeerk rechazaría un ascenso. ¿Qué se guardaba en la manga? “Se aproxima una guerra civil, andalita,” comenzó. “Yeerks contra yeerks. Ya hemos tenido suficiente con tantas luchas entre vissers mezquinos, el favoritismo, los castigos… el Consejo nos pone enfermos”. La furia invadía su cara. Había dicho la última frase con tal vehemencia que, por un breve momento, supe que podía creerla. El Consejo [i]la ponía[/i] enferma. Pero entonces, su guardia volvió a levantarse. La chispa de su ojo la hacía parecer en parte política y en parte actriz, en parte abogada en un juicio y en parte una inocente chica adolescente. Era una cara hecha de mentiras. “Los yeerks deben evolucionar como raza”, continuó. “Ha llegado el momento.” Se levantó otra vez y abrió una nevera antigua.”Necesitamos construir una civilización con los huéspedes que tenemos”. Me miró. “Muchos de nosotros nos damos cuenta de que las guerras tienen que acabar y que la derrota en Leera, la fallida ofensiva en la Tierra y ahora la aparente pérdida del planeta Anati han desacreditado al liderazgo actual hasta tal punto que no puede sobrevivir”. Sacó una bolsa de zanahorias de la nevera. Era realmente raro. Hablaba de estrategia política mientras se tomaba algo. Como si estuviera en su casa después del colegio, planeando cómo amañar la elección de la reina del baile. Continuó. “Queremos ser como vosotros, andalita. Necesitamos una insurrección que nos transforme de rebeldes a líderes. Queremos ser como la sociedad andalita. Incluso como los humanos.” Sus dientes partieron un pedazo de zanahoria en dos. “Queremos avanzar hacia la democracia y necesitamos vuestra ayuda para hacerlo”. Era la rueda de prensa más rara del mundo. No creía ni una palabra de lo que había dicho. Ni una. Así que la puse a prueba. <¿Supongo que lo único que necesitas de mí son los nombres y las localizaciones de los restantes bandidos andalitas? Ya sabes, como muestra de mi colaboración.> Taylor se rió. Tenía una personalidad violenta, agresiva y despiadada. Las personas no cambian; al menos no mucho. Esperé para que me demostrara que yo estaba en lo cierto. Esperé a la prueba de que ella todavía trabajaba para Visser Tres. Que esta charla de los rebeldes era una farsa. “Qué bueno oír tu voz otra vez, andalita. El andalita con el poder de permanecer transformado más allá del límite de las dos horas. Tu voz me trae tan buenos recuerdos”. El tono de su voz me hizo temblar otra vez. “Aprendí mucho a cerca de ti en el tiempo que compartimos, andalita. Vi tu mente. Vi como tu coraje se evaporaba. Me encantaría terminar contigo ahora. Destrozarte.” Se acercó a mi jaula. “En este mismo sitio y en este mismo momento. Piensas que eres fuerte, pero yo sé que eres débil. ¡Podría acabar contigo en cuestión de segundos!” Se detuvo lo suficiente para dejar que el pensamiento me atormentara. “Pero esta vez, andalita, es tu cooperación la que requiero. Te necesito a ti y a tus compañeros andalitas. Os necesito para que me ayudéis a destruir a Visser Tres.” No estaba trabajando para Visser. Quería destruirlo. Eso es lo que había dicho. Una furia incontrolada irradiaba de su cara. Si estaba mintiendo, me era imposible distinguirlo. “No lo has pasado bien como pájaro.” Miró mi ala vendada y mis plumas descolocadas, mi cuello torcido. “Debes agradecérselo a Visser Tres. Sus hork-bajir no saben gran cosa de gentileza.” Quería que me enfadara también, y que me vengase, que me enfrentara con Visser, que uniera fuerzas con ella… “No contestes ahora.” Sacó un trozo de papel de su bolsillo y lo empujó a través de las barras de mi jaula. “Aquí.” Era una dirección de una página web. “Habla las cosas con tus camaradas y déjame un mensaje ahí. Firmad como ‘Bandidos’.” Entonces abrió la puerta de la jaula, abrió la ventana más cercana y desapareció detrás de una cortina, dejando sus platos sucios en la pila. [b]©2000K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] Los sensores rojos se apagaron. Salí con dificultad de la jaula, salté a la ventana. El suelo estaba a un par de metros por debajo de mí. Caí al exterior. Taylor. Visser Tres. Guerra civil. Debilidad… Me había dejado escapar. Era demasiado lo que tenía que meditar. Necesitaba a mis amigos. Necesitaba a Rachel. Me arrastré hasta las sombras, me transformé y volví a mi forma para reparar las heridas. Heridas que ya eran tan dolorosas que rozaban la tortura. Despegué. Era libre, pero mi mente se revolvía inquieta. Mientras ascendía en el aire, vi el lugar donde había estado retenido. Una vieja caravana, aparcada junto a un vertedero. El escondite de unos rebeldes. Lejos de la ciudad y de la piscina yeerk. ¿Podía estar diciendo la verdad? Volé hacia la ciudad, hacia las luces, hacia la casa de Rachel. Por encima de los edificios coronados por antenas digitales y de telefonía móvil. De repente me detuve en pleno vuelo, estiré las alas, y me dejé caer sobre un techo. Si no estuviera diciendo la verdad, si me estuviera mintiendo… Me había implantado un dispositivo de seguimiento. ¡Por supuesto! Los yeerks me estaban siguiendo. Los estaba llevando directamente hasta mis amigos. Derechos a los bandidos andalitas. Cuando terminé de culparme a mí mismo, escogí al animal más pequeño del que disponía. Una pulga. Me concentré en ese minúsculo cuerpo chupa-sangres. ¡Scuuuuuuup! El techo se acercó a mí. Guijarros de pizarra se convirtieron en una marea tan grande como un glaciar. Mi visión se fracturó como la luz a través de un prisma y mi oído desapareció. Todo dependía de mis otros sentidos. Gusto, olfato. Sentir. Esperé que la esquina de un minúsculo chip saliera de mi piel. Cualquier dispositivo de seguimiento se saldría del cuerpo de una pulga. Eso probaría que las palabras de Taylor no eran ciertas. Que podía condenarla para siempre. Ansiaba poder hacerlo. Me hice más y más pequeño. Ningún problema, nada presionaba mi flexible piel. Nada sobresalía de mi cuerpo. No había ningún chip de seguimiento. No me estaban rastreando. OK. OK. No iba a encontrar respuestas fáciles, sino sólo comeduras de cabeza. Volví a mi forma y salí disparado dejando atrás farolas, faros de coche y luces de neón hacia la casa de Rachel. Su ventana estaba abierta. Me colé dentro y me posé en la cabecera de la cama, colocando mis plumas mientras la esperaba. Se despertó de un salto. “¡Gracias a Dios!” susurró. Aleteé hasta estar junto a ella y me acarició con delicadeza. En su cara se dibujó una sonrisa que inmediatamente fue sustituida por la furia. “¡Esa desgraciada!” Su voz se agravó. “Ese deshecho.” <Estoy bien,> dije. <Taylor dejó que me fuera.> Me sentía seguro en presencia de Rachel, pero mi voz aún sonaba cruda. “Te buscamos durante horas. Quería matarla.” <Y yo creo que eso es precisamente lo que ella quería.> “¿Cuál es el trato?” <Quiere trabajar con nosotros,> dije. Mis palabras me sonaban ridículas. Me planteé por un segundo si no lo habría soñado todo. <Es extraño. Dice que si la ayudamos, nos dará a Visser Tres.> “No lo creo”, murmuró Rachel, saltando de la cama. “Vamos. Vayamos con los otros”. Una hora más tarde habíamos quedado todos en el granero de Cassie. “¡¿Un trato?! Venga. ¡¿Nuestra ayuda?! Claro. Un yeerk contrae un virus de la democracia, ¿y se supone que debe importarme?” dijo Marco escépticamente. “Me parece que no”. <Estoy de acuerdo con Marco. No creo probable que diga la verdad. No podemos olvidarnos de que era una subVisser. Llegó a ocupar ese cargo siendo despiadada. No confío en ese yeerk,> dijo Ax casi burlonamente. “Pero, ¿y qué pasa si dice la verdad?” preguntó Cassie. Cassie era la única de nosotros que se había hecho amiga de un yeerk antes. Que de hecho se había transformado en un yeerk. Yo sabía que ella, al menos, querría darle a mi historia mayor consideración. “A lo mejor de verdad cree en que hay un modo mejor. No sería el primer yeerk en cambiar de opinión.” “No, sería el último. Esa alimaña ni siquiera respiraría si no le sirviera de algo,” dijo Rachel. “No quiero formar una sociedad democrática porque sea meramente su filosofía. Quiere algo más.” “Eso me parece obvio,” contestó Marco. “Son los medios, no el fin, lo que le interesa. Está a favor de la democracia porque es un proceso que expulsará a Visser Tres.” “¿Siempre supones lo peor de la gente?” preguntó Cassie. “Siempre.” Marco sonrió. “La gente es quién es. Mi apuesta es que cuando Taylor fracasó al destrozar a Tobias mediante la tortura, nuestro querido Visser la echó de allí. Probablemente ha estado planeando su venganza desde entonces.” Durante un segundo nadie habló. Jake miró a Marco, y yo estaba bastante seguro de saber por qué. Suponía que probablemente se trataba de la misma la razón por la que nadie había mencionado todavía cómo me habían vuelto a capturar. Nadie me había reprochado el grave error cometido al rescatar al chaval perdido. Ahora me di cuenta de por qué. Marco había mencionado la tortura, algo que aparentemente no debía hacer cuando yo andaba cerca, ni siquiera de pasada. Su hipersensibilidad me volvía loco. ¿Pensaban que los recuerdos me volverían loco? ¿No eran capaces de ver que me estaba haciendo más fuerte? ¿No se daban cuenta de que lo estaba superando? “Tobías, ¿tú qué dices?” dijo Jake, rompiendo el silencio. “Sabes más acerca de ella que ninguno de nosotros”. ¿Cuál era mi posición, ahora que no estaba encerrado en una jaula, esperando a ser torturado? Rachel me miró. Sus ojos me dieron fuerza. <Poder,> dije, adivinando de repente la verdad. <El poder es la única cosa en el mundo que quiere Taylor. Usarme para cargarse a Visser Tres debe de parecerle una ironía irresistible.> “¿Sabes qué sería incluso más irresistible?” añadió Marco. “Conseguir que mueran Visser Tres y los bandidos andalitas en el proceso. Dos pájaros de un tiro.” Rachel asintió.”Marco tiene razón. Sería una divertida paradoja”. “Hemos tenido otras oportunidades de cargarnos a Visser Tres y las hemos desaprovechado,” dijo Jake. “Puede que no consigamos una como esta otra vez. ¿Podemos permitirnos dejarla correr?” <Una guerra civil significa yeerk contra yeerk,> observó Ax. <Significa confusión, traición entre rangos enemigos, un enemigo distraído por una refriega interna. Es una oportunidad única.> “Correcto,” acordó Marco. “Aprovéchate del caos. Divide y vencerás.” “Ya intentamos eso, ¿recordáis?” dijo Rachel. “El momento en que simulamos ayudar a Visser Uno a destruir a Visser Tres. No salió demasiado bien.” “Esto es distinto,” replicó Marco. “No se trata de mi madre esta vez. No es personal.” ¿No es personal? Marco no sabía lo equivocado que estaba. “Tobias,” dijo Jake. “Sigo pensando que ésta debería ser tu decisión.” Miró hacia mi posición sobre la viga. “¿Hacemos el trato con Taylor o no?” Aparté la vista del grupo, mirando a través de la ventana superior. Al exterior, a la luna gigante en el horizonte. La gente me ha dicho que cuando la luna llena el cielo así, cuando luce enorme como una pelota de playa que brilla en la oscuridad, es sólo una ilusión. Es tu mente jugándote una mala pasada. Y es verdad. Si miras a la luna a través de la lente de una cámara, es sólo un punto en el cielo. Nuestras mentes la hacen más grande de lo que es. <Es peligrosa,> dije después de un momento, <pero si nos enfrentamos a ella todos juntos…> Me detuve. ¿Qué pasaba si Taylor era lo que yo creía que era y peor? Miré otra vez a la luna anaranjada. Sabía que sólo era una ilusión, pero no podía apartar mis ojos de ella, inmensa e intrigante. <No lo sé,> dije finalmente. <Pero creo que tenemos que hacer el trato.> Ganase o perdiese, [i]yo[/i] tenía que hacer el trato. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] El club de lo raro y lo extraño. En mitad de la noche, dentro del bosque, cuatro chicos y un pájaro se amontonaban alrededor de un portátil rescatado de un vertedero y reparado por el alienígena y amigo, Ax. Andalita y hermano de Elfangor. Los catorce dedos de Ax encendieron diestramente la unidad y se conectaron a Internet. “Ax, esto es genial,” susurró Rachel, “¿pero cómo lo has hecho? ¿Un teléfono móvil? ¿Acceso a Internet? Eso daría más dinero del que nunca veré.” “Lo dirás porque las tiendas de ropa te tientan a comprar algo nuevo todas las semanas,” rió Marco. “Me gustaría pensar que a un andalita que una vez consiguió contactar con su mundo le resulta relativamente fácil conectarse a Internet,” dijo Jake. <No ha sido fácil,> dijo Ax sombríamente. Estaba usando una vieja batería de coche como fuente de energía. Todos los cables y parches de cinta que se extendían desde el aparato hacían que Ax me pareciese bastante listo. <He reacondicionado muchos otros módulos de computación desechados y los he vendido a Computer Renaissance. Pensé que el dinero sería suficiente. No sabía que los teléfonos móviles con acceso a Internet requiriesen una tarjeta de crédito.> “¿El banco no se fiaba de ti por tu aspecto de ‘alienígena desempleado’?” dijo Marco. “Tiene razón,” dijo Cassie. “Yo le estoy ayudando. ¿Os acordáis de ese móvil que se supone que debo llevarme sólo para emergencias? Bueno, mi padre hizo un trato conmigo. Puedo hablar durante media hora a la semana si me encargo de los cuidados médicos de los sábados por la mañana.” Vi como localizaba su teléfono móvil. Estaba completamente abierto y liado en una maraña de cables. “Ax, puedes volver a recomponerlo, ¿verdad?” dijo ella, un poco nerviosa. <Te aseguro, Cassie, que sé lo que estoy haciendo.> La pantalla se apagó de pronto. Rachel levantó una ceja. Pero entonces, con mucho aplomo, apareció la pantalla de bienvenida de AOL. “Excelente,” dijo Marco, sonriendo. “Oh, espera, ¡espera! ¡La página principal de James Bond! Pon el trailer de la nueva película. Ax. ¡Escúchame!” Ax le ignoró y tecleó la dirección de la página web de Taylor: http://www.EarthIsOurs.com. Nos apareció un mensaje. “La URL no puede ser encontrada”. <No lo entiendo. Si la dirección existiese, la habríamos localizado,> explicó Ax. “Eh, ¿Ax-man?” Marco señaló a la pantalla y apuntó a la dirección. “Tecleaste Earth-I-Saurus.com. Lo has convertido en un dinosaurio. Es Earth-Is-Ours.” <Quizá catorce dedos sean demasiados.> Ax, sonando extrañamente chistoso. Tecleó la dirección correcta. La página web de Taylor se tomó un rato para cargar y la imagen estaba borrosa al principio. Despacio, la pantalla se fue aclarando. Era una foto de la tierra desde el espacio, una esfera bonita, verde azulada, cubierta de nubes. Había una cita, ‘El triunfo será nuestro’, y un sitio donde mandar un mensaje. Ax esperaba que yo le dictase, así que pensé qué podía responder. Quería intimidarla, dejarla cortada, hacerla preguntarse si habríamos picado, hacerla preocuparse de que no fuésemos a hacerlo. Quería ambigüedad. Quería verla retorcerse. Al final, todo lo que escribí fue, “OK, jugaremos”. Jake firmó con la palabra “Bandidos” y Ax cliqueó en ‘Enviar’. Y entonces esperamos. Los otros se turnaron para jugar al Buscaminas y al solitario. Esta vez, los dedos extra de Ax le supusieron una ventaja. La respuesta de Taylor llegó una hora más tarde. “No hay tiempo que perder,” decía. “El plan es atacar y destrozar el ‘Estanque’. Necesitaremos de vuestras habilidades especiales. Encontraos conmigo en un sitio público, digamos la librería Waterstone. La sección de vida salvaje parece apropiada.” Todos hablamos al mismo tiempo. “¿Cargarnos el estanque yeerk?” repitió Jake. “¿Un ataque?” Cassie. “¡Me apunto!” Rachel, por supuesto. “¡La sección de vida salvaje!” Marco. <El ordenador ha muerto, como vosotros decís,> anunció Ax fríamente. “Necesitaremos una transformación humana que no nos delate,” dijo Marco. “No va a poder ser Ax. Atrae demasiado a las chicas. Y por supuesto no puedo ser yo. Por la misma razón.” “Chicos”, dije, medio asustado, medio asombrado por el significado de mis palabras, “resulta que tengo la transformación perfecta”. Seis horas más tarde, cuando se abrieron sus puertas, entré en la librería Waterstone. Pasé filas de libros de autoayuda y estantes con best-sellers. A pesar de las objeciones de Rachel y la preocupación por la seguridad de Marco, Jake me había dejado ir. Tenía que ser yo el que negociase con Taylor. Jake lo sabía. Pero incluso Jake tenía ciertas reservas acerca de esta transformación. Acerca de que la victima se convirtiera en el atacante. Así que por una amplia variedad de razones de seguridad, mis amigos me vigilaban desde varios sitios, tanto desde fuera como desde dentro de la tienda. Dos gaviotas en el tejado, Ax y Cassie, vigilando la puerta principal y el cielo. Un gato peludo, paseando por la calle de atrás, y con un ojo puesto en la puerta trasera. En la sección de revistas, un chico bajo con pantalones tan anchos como una tienda, gafas de sol enormes, auriculares y una gorra que le cubría nueve décimas partes de la cara. Y en un cubículo en los baños de hombre, esperando una señal, Jake, preparado para proveernos de fuerza de ataque inmediata si fuera necesario. Rachel me eligió la ropa, así que iba vestido para matar. Y eso que hubiera quedado genial aunque fuera en harapos. A ver, las transformaciones usan el ADN, y yo me había transformado en su cuerpo como había sido antes del fuego, antes del accidente. Sin brazo artificial. Nada de belleza reconstruida. Era una chica de portada que podría dar con su dinero en los morros incluso a Angelina Jolie. Yo era… “Taylor,” dije fácilmente, saliendo detrás de la rubia alta que estaba vagando por la zona de vida salvaje. Ella se dio la vuelta, sorprendida y con la guardia baja. Su boca se abrió de par en par. Estaba cara a cara consigo misma. Y por un segundo, la cacé. Ella era mía. “Eso ha sido muy inteligente,” concedió, recuperándose rápidamente como todo buen yeerk debería. “Sí, un bonito golpe. ¿Pero cómo? ¿Hay alguna nueva y mejorada tecnología andalita de transformación que os permite adquirir mientras estáis transformados?” Sonreí en el exterior. En el interior, me quedé de piedra. Me acababa de descubrir a mí mismo. Pero ella nunca se daría cuenta. ¿Lo haría? Nunca sabría la historia completa, que mi verdadera forma era la de halcón, que no era un andalita. Pero de hecho, ya le había dado más de lo que yo quería. Busqué en el cerebro de mi nuevo cuerpo una respuesta ácida. Una respuesta estratégica. Busqué al despiadado yeerk. Lo que encontré fue amabilidad, miedo y alegría. Muy poca astucia. Casi nada de odio. La humana Taylor había sido una vez una chica normal. Como yo. Igual que el antiguo Tobias. Darme cuenta de esto me estrelló contra el nerviosismo que luchaba en mi estómago. “No sois los únicos que tenéis científicos,” dije cautelosamente. Ella aceptó esa respuesta. Caminamos hacia el café. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] El chico universitario de detrás del mostrador se nos quedó mirando con los ojos abiertos como platos. Dos chicas preciosas e idénticas se acercaban a él. “Eh… ¿qué queréis?” preguntó temblando. “Un descafeinado con leche desnatada,” dijo Taylor. El chico se giró para tomar nota de mi pedido. Le sonreí y casi se cae al suelo. Era una locura tener tanto poder. Antes había estado en el lado de los que reciben. Pero nunca había sido la fuente. ¿Era esto lo que experimentaba Rachel? ¿Era esto parte de lo que la hacía tan valiente? “Un expreso triple. Con mucha nata y azúcar.” Taylor se giró hacia mí. “¿Te atreves a abusar de mi cuerpo, maldito come-hierba?” El chico levantó las cejas. “¿Hierba?” dijo. “Puedo hacerte un batido de trigo, pero es lo único que tenemos.” Taylor miró al chico. Yo me reí. Éramos imágenes especulares, copias idénticas de carbono. Pero yo estaba vivo y Taylor no. En realidad no. Yo tenía sentido del humor. Taylor tenía una frialdad que la envolvía como un escudo. El chico lo percibía. Cualquiera lo haría. Llevamos nuestras bebidas a una mesa y nos sentamos en sillas frente a frente. Tres colegiales estudiaban cerca de nosotros, pero fuera del alcance de nuestra conversación. Una escritora estaba leyendo su trabajo a un público extasiado a diez metros de allí. Por los altavoces se oía música salsa. Taylor agarró su taza como si fuera el enemigo. “Supongo que queréis detalles,” dijo fríamente. “Por supuesto”. “Escucha atentamente,” empezó, su voz se acalló. “Hay una tubería de gas natural, una grande, que pasa a un kilómetro de la piscina yeerk. Tenemos que cavar un túnel que conecte esa tubería con el estanque.” “¿Por qué?” Taylor se enfurruñó, arrogante y exasperada. “Para que la tubería llegue hasta allí. Para que miles de toneladas de gas se cuelen en el complejo del estanque. Y para que el gas, cuando explote, mate a todos los que se encuentren allí en ese momento. Los huéspedes y los yeerks.” Era un plan vomitivo. Era incluso más horrible de lo que me había esperado. Tomé un sorbo de café, intentando actuar con normalidad. Éramos un par de adolescentes gemelas, probablemente comparando notas de las citas de la noche pasada. “¿Eso es lo que tú llamas un gran salto hacia la democracia? No lo cojo. ¿Quieres acabar con la violencia a base de explosiones? ¿Y piensas que la guerra va a acabar ahí?” “Seguro que te das cuenta de que necesitamos algo con lo que negociar,” replicó Taylor. “Tenemos que tomar el control del lugar y echar a Visser Tres. Tenemos que lograr equilibrar un poco la situación. Sin este plan – si los rebeldes intentaran una protesta más pacífica – los yeerks en órbita se opondrían a nosotros. Pero si el plan funciona, tenemos un estanque yeerk lleno de rehenes. No podrán atacarnos sin poner a los suyos en riesgo.” “Eso nunca os ha parado antes a los yeerks,” le dije. “Bueno, los yeerks en órbita tienen que alimentarse, ¿no es así?” me replicó airada. “No hay manera de sobrevivir si no. En tres días todo yeerk necesitará rayos Kandrona. Se verán obligados a aceptar el liderazgo rebelde si quieren sobrevivir.” Forcé un falso tono de admiración. Tratándose de este yeerk egomaníaco, un poco de peloteo no haría daño. “Este plan es sólo tuyo, ¿verdad? Es brutal y despiadado. Brillante, de hecho.” “Me conoces bien, andalita.” Una sonrisa se dibujó en su cara. Pero entonces, repentinamente, su cara se transformó. De pronto, sus ojos azules se llenaron de desesperación. Sus labios rosas se separaron en un mudo horror. Una voz diferente, una voz asustada y muy baja, dijo a través de la mesa en un susurro atonal. “No escuches,” dijo. “¡No la escuches!” Me quedé sentado, transpuesto, viendo como la mano de Taylor se lanzaba a través de la mesa, tirando la jarra al suelo. Hubo un gran estrépito de cerámica rompiéndose en mil pedazos. La escritora detuvo su lectura pública. Los estudiantes levantaron la cabeza. La música salsa continuó. “Señorita, ¿está usted bien?” El universitario estaba instantáneamente al lado de Taylor. Ella yacía tirada en el suelo, con la cabeza entre los brazos. Pasó un segundo. Dos segundos. Silencio. En el tercero, su cabeza se levantó bruscamente. “Estoy bien,” dijo, volviendo a subirse a su silla. “Tráeme otro de lo mismo.” Su cara era fuerte otra vez, dueña de sí misma. Pero yo sabía lo que acababa de ver. Taylor, el yeerk, tenía un rígido control sobre el cuerpo de su huésped. Ya no dejaba a la humana hablar cuando quisiera. No. Por alguna razón, habían dejado de colaborar juntos. Pero habían sido compañeros de igual a igual durante tanto tiempo, que la huésped aún podía tomar el control de vez en cuando. Taylor, la chica, aún podía hablar. Se había sobrepuesto al yeerk… ¿Por qué? ¿Por qué había esperado el yeerk hasta este momento para esclavizar completamente a su huésped? Decía que su objetivo era la democracia y la paz. No cuadraba. “¿Alguna pregunta?” inquirió Taylor como si no hubiese pasado nada. Como si la conversación no hubiese sido interrumpida por una versión yeerk del desorden de personalidad múltiple. “Sí,” dije. “Primero. Una explosión de gas natural tan grande como la que estás planeando destruirá el estanque yeerk, pero también la ciudad construida encima. Lo devastará todo en kilómetros a la redonda.” “Mis aliados controlan la estación de suministro,” respondió Taylor calmadamente. “La cantidad de gas será suministrada cuidadosamente. La cúpula yeerk no se hundirá”. “Bien. Pregunta número dos. ¿Cómo planeas abrir un túnel a través de la tierra desde la tubería hasta el estanque yeerk?” “No lo hago. Ahí es donde entráis vosotros.” “Eso es absurdo,” me reí. “No hay animal en la Tierra, ni ninguna transformación que tengamos los andalitas, que pudiera hacer ese trabajo en menos de semanas. E incluso entonces, sería un túnel minúsculo. Ni de cerca lo suficientemente grande como para mover el volumen de gas del que estás hablando”. “Por eso seleccioné el animal en el que os transformaréis y que puede hacer el trabajo en horas, no días ni semanas.” Sus labios se curvaron en una sonrisa diabólica. ”Siempre me subestimas, andalita.” “¿Qué transformación es?” pregunté. Ella me agarró del brazo con los dedos de su mano artificial y empezó a apretar. “Tengo una transformación que dejará un túnel al menos tan grande de radio como la tubería misma.” “¿Qué transformación es?” repetí. “Taxonita, mi querido amigo andalita. ¡Taxonita!” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] “¿Está loca?” gritó Marco. Se había deshecho de la gorra y las gafas de sol, pero los auriculares todavía colgaban de su cuello. “Sí. Creo que ya aclaramos eso en nuestro último encuentro.” Ax, por supuesto. Se había transformado de gaviota a andalita y luego se había convertido en un chico humano escalofriantemente atractivo en un recoveco convenientemente situado detrás de la librería. “¡Taxonita! Antes me transformaría en E. Coli. Antes me transformaría en hormiga otra vez.” “Eso es como ser un taxonita, ¿no?” dijo Jake. “Descerebrados, impulsivos y hambrientos.” “¿Quién sabe?” Rachel se encogió de hombros impaciente. En el tiempo que había tardado en volver de gato a humana y unirse al resto de nosotros, Rachel se había escapado a The Gap y había comprado un par de camisetas. No podía parar quieta. “Pero puedo manejarlo. Yo estoy dentro”. “Hey.” Cassie levantó un brazo. “Esperad un minuto. ¿Quién dice que vayamos a hacer esto?” Yo había vuelto a convertirme en halcón en los baños del café Waterstone. Jake había dejado una bolsa con ropa detrás de la papelera. Me transformé otra vez en humano, en mi yo humano, y crucé la calle hacia el centro comercial. Ahora estaba sentado en la zona de mesas escuchando a mis amigos discutir. “¿Cuándo tenemos que darle una respuesta?” me preguntó Jake. “No tenemos. Simplemente aparecemos en las instalaciones de control del gas natural o no aparecemos.” “Dime una cosa,” intervino Marco, dándole vueltas a una pajita entre las manos. “Si los taxonitas son todos controladores, ¿por qué no una yeerk no les pide simplemente a algunos controladores aliados con un huésped taxonita que hagan la excavación?” Le expliqué. “Ella dice que los yeerks con un huésped taxonita sólo tienen parcialmente el control del cuerpo. Es imposible controlar el hambre del taxonita, las tendencias asesinas, la urgencia caníbal. Los huéspedes taxonitas sólo son entregados a yeerks de bajo rango y, gran sorpresa, pronto son más taxonita que yeerk.” “Pero les he visto obedecer órdenes. He visto taxxonitas moverse bajo mando,” Marco persistía. “Vuelan cazas Insecto para…” “Correcto. Pero nadie confiaría en un taxonita para ser parte de una conspiración. No puedes contar con un tío que se vendería por un pedazo de carne. Y de todos modos la mayoría de sus aliados son controladores humanos”, añadí. Ax me interrumpió. “A mí me dijeron una vez que controlar una transformación en taxonita era como enfrentarse a la tentación final. Resulta imposible. Cuanto más te resistes a la tentación, más fuerte se vuelve, hasta que termina llevándote tan lejos de los pensamientos conscientes y manejables que acabas perdido en los instintos más básicos de los taxonitas”. “Bueno, entonces, ¿a qué estoy esperando?” dijo Marco sarcásticamente. “¡Apuntadme! Un ejército de yeerks fríos y hambrientos de poder no pueden controlar a los taxonitas. No hay nada de lo que preocuparse. El chico bajito que sacó una B baja en gimnasia no tendrá ningún problema.” Rachel sonrió. “¿Sacaste una B baja en gimnasia?” Marco puso los ojos en blanco y puso una expresión exasperada. “Gente, si los yeerks no pueden controlar un taxonita, ¿cómo se supone que vamos a hacerlo nosotros?” “Taylor dice que sólo tendríamos que estar transformados por períodos cortos de tiempo,” dije, sintiéndome como su secretario de prensa. Como parte de su equipo. Era algo muy extraño. “Y nos transformaríamos de uno en uno, rodeados por fuerza suficiente como para controlar cualquier comportamiento fuera de control.” Jake frunció el ceño. Marco parecía escéptico. Los ojos de Cassie se oscurecían bajo serias reflexiones. Todos necesitábamos pensar. Ax quería comer. Así que Marco y Jake se ofrecieron voluntarios para conseguir comida. Cassie, Rachel y Ax se quedaron sentados en silencio. Miré a nuestro alrededor. Era viernes, así que la zona de mesas estaba llena. Llena de gente normal, que llevaba vidas normales. Vidas ordinarias, mundanas y maravillosas. Toda esa gente normal – madres y padres, niños y abuelos- representaban la esencia de aquello por lo que luchábamos. La humanidad. Marco volvió y dejó nachos para mí y para Ax en la mesa. Yo no tenía mucha hambre. No estaba acostumbrado a comer con otros alrededor y había gente por todos lados. Era muy diferente de mi vida como halcón. Cuando eres un halcón, te pones nervioso si no te puedes alimentar en paz. Alguien podría acercarse y robarte la cena. O alguien podría acercarse y comerte a ti. Jake reapareció y puso una gran bandeja de plástico con dos hamburguesas, tres raciones de patatas, un envoltorio con un sándwich vegetal dentro y tres grandes vasos de plástico en la mesa. “Cassie, el vegetal envuelto y zumo de naranja,” dijo, pasándole uno de los vasos y el sándwich. “7-UP, Rachel. Coca Cola, yo. Y bueno,” añadió, sentándose, “¿dónde estábamos?” “A mí me parece suficientemente claro,” dijo Rachel con la boca medio llena de hamburguesa. “Destruir el estanque Yeerk sólo puede ser algo bueno. Es la oportunidad que hemos estado esperando. Podría ser el principio del fin.” Se detuvo y tragó.”Friamos algunos traseros yeerks.” “Estoy de acuerdo con Rachel,” dijo Ax, sacando la cabeza de la bolsa de plástico de Dixon en la que estaba revolviendo para coger el envase de nachos. “Hablando estratégicamente, esta es una oportunidad muy interesante. Incluso a pesar del riesgo”. Jake me miró con un asentimiento para animarme. “Sólo recordad, no se puede confiar en ella,” les recordé a todos. “Ella…” me paré. Los otros me estaban mirando como si estuvieran poniendo especial cuidado en tratar el tema con delicadeza. Igual que en el granero, esperaban a que yo acabase de hablar, sin interrupciones. Sin observaciones impertinentes. ¡El encuentro en Waterstone debería haberles demostrado que había superado el miedo! Lo había manejado bien. No era yo el que se había derrumbado. Intenté sonar más calmado y seguro de mí mismo para que dejasen de preocuparse, para que dejasen de dudar. “Aunque no nos la vaya a jugar, nuestro trabajo sólo la va a hacer desear más poder. Podéis contar con ello. No es como si hubiera sufrido un repentino cambio de conducta. Esa movida acerca de la democracia tiene que ser una trola”. “Absolutamente,” dijo Marco. “¿Una sociedad de yeerks libres? Dame un momento. Deja que me imagine la situación por un segundo. Todos aquellos que estén a favor de que su libre albedrío sea sustituido por un gusano apestoso y repugnante que controle tu cerebro, que digan ‘sí’. Aquellos que estén en contra que digan ‘no’.” “Está bien”, le interrumpió Jake. “Lo cogemos. Todos admitimos que no se puede confiar en Taylor. Marco y Tobias la vieron perder el control en Waterstone. Obviamente tiene algunos problemas. Pero incluso con todo lo extraño que es, creo que estamos de acuerdo en que ésta podría ser una de las misiones más importantes que se nos han presentado.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Nadie dijo nada. Llegamos a un acuerdo silencioso. Excepto por Cassie. Sus ojos se abrieron como platos y empezó a levantarse. “Ninguno de vosotros está pensando en esto en serio,” dijo con una voz que hizo que un par de chavales mayores que nosotros, sentados en una mesa cercana a la nuestra, levantaran la vista. “Shhhhhh”. “No,” dijo. “Está mal. No lo haré. No quiero juzgaros, pero estáis hablando de estrategias y riesgos como si esto fuera un juego de ordenador. Como si no hubiera otros involucrados. ¿Habéis olvidado que se supone hacemos esto para salvar vidas?” Jake le puso la mano en el hombro y la animó amablemente a sentarse otra vez. Ninguno parecía saber qué decir. Ella continuó. Hablaba muy bajo, pero con urgencia. “¿Se ha parado alguien a pensar que seremos los responsables de la muerte de cientos, quizá miles de personas? ¿Personas que ya sufren el peor destino imaginable? Y no es que a ninguno os importe, pero estaremos matando a miles de yeerks indefensos junto con ellos.” “Dios mío, ¿de veras vamos a matar yeerks?” dijo Marco con cara seria. “Eso es… ¡es impensable!” Nadie se rió. “Déjala terminar,” susurró Rachel. “No todos son como Visser Tres,” continuó Cassie. “Lo sabemos bien. Algunos yeerks y controladores son sólo chicos como nosotros. Nunca tuvieron elección. Participan o son eliminados. Y no es que tengan la información necesaria para tomar una decisión razonada. Si os hubierais criado con la propaganda imperial, lucharíais también para tomar la Tierra.” “Haces una observación interesante”, dijo Ax con la boca llena de nachos. “Pero hay un montón de inconsistencias entre lo que dices y lo que haces.” Tragó ruidosamente. “¿Cómo puedes discutir esto sabiendo lo que has hecho en el pasado?” “Eso es diferente”, respondió Cassie con fuerza. “No estoy en contra de defenderme a mí misma y a vosotros. Odio la violencia, pero la defensa personal está justificada, en todas las sociedades. No como el asesinato…” “Matar gusanos,” corrigió Marco. “Matar yeerks cuando están indefensos, cuando no están involucrados en una batalla, cuando no están amenazando nuestras vidas… ¡no! Vosotros no… ¡¿por qué no… por qué no podéis verlo!?” Se detuvo. Casi podía sentir la pasión que irradiaba su cuerpo. “Simplemente… no está bien”. “Pero ellos [i]están[/i] amenazando nuestras vidas,” insistió Rachel. “No sólo las nuestras, las de todos. Sólo por ser quienes son.” “Sí, ¿y por qué crees que están en el estanque yeerk?” empezó Marco. “Yo te diré por qué. No para planear actividades de recreo para el Día de la Tierra, precisamente.” “Mirad, durante la Segunda Guerra Mundial bombardeamos fábricas y autopistas y vías de tren. Incluso ciudades ordinarias. Sólo porque alguien no esté llevando un uniforme o cargando con un arma no significa que no estén luchando una guerra. Sé que este plan es malo, Cassie, pero tenemos que pensar a lo grande”. Jake la miró y le tocó el hombro otra vez. “Sí,” dijo Ax con calma. “El estanque yeerk es un centro de control y de mando. Es vital para la actividad militar yeerk. Se recargan allí para poder continuar con su conquista.” “No es cierto”, insistió Cassie, recuperando la voz. Se inclinó hacia delante. “¿Qué pasa con Tidwell, y otros como él del movimiento pacifista? Tienen que ir al estanque porque morirían si no se alimentan. Para ellos, no es distinto de comer.” “Los yeerks del movimiento pacifista son una pequeña minoría,” dijo Jake fríamente. “No podemos considerarlos realmente, excepto quizá para avisarlos.” “¡No considerarlos!” repitió Cassie incrédula. “¿Qué pasa si tu hermano está en el estanque cuando el gas explote?” Jake se miró las manos. “Supongo que es un sacrificio con el que tendré que vivir para poder proteger a miles más,” dijo Jake, su voz sin sentimiento. “¡Jake, no te creo!” “Deberías”, dijo, volviéndose a mirar a Cassie. A mí. “Además, los problemas familiares no vienen a cuento ahora. No pueden venir a cuento. El estanque yeerk es un objetivo. Fin de la discusión. No es como si bombardeásemos a un puñado de gente inocente en el centro comercial una tarde de viernes…” De nuevo miré a la gente que nos rodeaba. Familias, parejas, chicos como nosotros. Divirtiéndose. Estaban aquí para ver una película, quedar con los amigos, ir de compras. Habían cumplido en sus trabajos o en la escuela. Ahora era su oportunidad de relajarse. De pasárselo bien. Cassie paseó la vista por toda el área de recreo también, y luego de nuevo a Jake. “¿Seguro que no es así?” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] En ese momento fue cuando Cassie decidió que ella no podía hacerlo. Decidió no participar en esta misión. Yo la admiré. Incluso pensé en quedarme al margen yo también. ¿Pero quién vigilaría a Taylor? ¿Quién se ocuparía de controlar que no hubiese un sabotaje? No estoy muy seguro de cómo o por qué decidimos que yo era el mejor para el trabajo. Pero decidí hacerlo. Pronto aquella tarde Ax y yo volamos juntos, un búho y un ratonero de cola roja, desplazándonos por el cielo nocturno para poder echarle un buen vistazo al lugar antes de actuar. Queríamos estar tan seguros como fuera posible de que no nos metíamos de lleno en una trampa. La estación de control del gas natural apareció ante nuestra vista. <No hay moros en la costa,> dijo Ax. <¿Por qué los humanos dicen “costa” cuando hablan de una situación precaria?> <No lo sé,> dije.<Es una frase hecha.> No había nada en un kilómetro a la redonda de la estructura. Sólo árboles y arbustos. Descendí en picado para comprobar una furgoneta abandonada a unos cien metros o así de la estación de control. Ningún grupo escondido de hork-bajirs esperándonos. La estación de control era bastante pequeña, sólo un edificio cuadrado, casi tan grande como una casa. Unas luces de seguridad lo iluminaban como a un estadio de béisbol justo antes de un partido nocturno. Las luces hacían que mi visión de halcón funcionase casi tan bien como la del búho. A través de las pocas ventanas podía verse un laberinto de tuberías. Aterrizamos en el suelo detrás de una línea de espesos arbustos. Es difícil aterrizar directamente en la tierra. Es más sencillo cuando puedes agarrarte a algo con tus garras. Patiné un poco. Ax apareció justo detrás de mí. <Bien, Ax-man, supongo que es ahora o nunca- y, chico, desearía que fuera nunca,> dije. Me transformé y Ax volvió a su forma. Dos alienígenas azules idénticos empezaron a asomar de entre los arbustos. Me gusta la sensación de la forma andalita. Es fuerza y agilidad. Una mente fuerte pero juguetona. Un optimismo inquebrantable que es una cualidad incalculable cuando te enfrentas al mal en estado puro. Terminamos de transformarnos y Ax trotó detrás de mí. Sus ojos principales me estudiaban. Sus antenas oculares escaneaban el área a nuestro alrededor. Entonces, de repente, su cola se disparó y cruzó a lo largo de la piel azulada de mi pecho. <Hey, ¡cuidado! ¿Qué estás haciendo?> <Estoy quitando trozos de tu pelo. Lo llamamos [i]unschweet[/i]. Creo que vosotros lo llamáis corte de pelo. Intento que no parezcas tanto mi doble genético.> <Bien,> dije. <Pero ten cuidado. Ningún corte con la hoja.> <Cuando un guerrero andalita es reprendido por su conducta,> Ax continuó, <un oficial superior corta algo del pelo del ofensor para que la trasgresión no se olvide demasiado pronto. Con el ritual del [i]unschweet[/i], el que lo ha hecho mal no es castigado en el sentido tradicional. Debe vivir con el recuerdo constante de su error y el escrutinio de sus congéneres. A medida que su pelo crece de nuevo, es redimido poco a poco hasta que, finalmente, el incidente es olvidado y el guerrero está completo otra vez.> <He tenido malos cortes de pelo antes pero nunca supe cómo llamarlos. Así que Ax, ¿me merezco el [i]unschweet[/i]?> <No,> contestó Ax. <Pero es la única manera que conozco de cortar el pelo. Lo siento.> <Está bien. Acabemos de una vez con esto.> Nos acercamos cautelosamente hacia la estación de control, permaneciendo alejados de las luces más brillantes y vigilando a nuestra espalda con las antenas oculares. Una valla alta rematada con alambre de púas rodeaba toda la estructura, pero en la verja trasera había una rendija abierta. Alguien nos estaba esperando. Señalé con un delicado dedo hacia la verja. Ax se colocó delante de mí. Mientras cruzábamos la verja, un espeluznante chillido cortó un ambiente ya de por sí bastante tenso. Nos movimos rápidamente hacia las sombras que estaban junto a la pared del edificio. “Buenas tardes, chicos.” Salió de la nada. Una forma oscura y humana con una voz que enviaba escalofríos a lo largo de toda mi columna. Era Taylor. “Me alegro de veros. Os he estado esperando.” Había estado allí todo el rato. No podía creerlo. Habíamos ido con todo el cuidado. ¿Cómo podíamos no haberla visto? Vestía cuero negro desde la cabeza a los pies. Botas altas que le llegaban a la rodilla. Su pelo largo y rubio cogido en un largo coletero de cuero. Era un nuevo look. Adiós inocencia. Hola soldado. Nos quedamos mirándola. “No he venido para que os quedéis mirándome embobados. Estoy aquí para daros un regalo,” se rió. “Sé cuanto os gustan a ambos los taxonitas. Encontré uno ideal – muy grande y realmente malvado – para mostraros mi aprecio por vuestra ayuda. Seguidme.” Desapareció en la estación de control. Ax la siguió. Yo seguí a Ax. Teníamos que agacharnos para pasar bajo algunas de las tuberías. El ruido era inaguantable, un retumbar constante que hacía que me doliese la cabeza. Taylor descendió por una rampa de metal hasta el suelo. Nosotros la seguimos, apoyándonos con cuidado en la superficie lisa. Abajo estaba considerablemente más oscuro, aunque había menos tuberías. Taylor se paró en una esquina de la habitación y señaló a una manilla de acero que sobresalía del suelo de hormigón. Entonces retrocedió, apoyada contra la pared y cruzó los brazos sobre su pecho. “Está ahí dentro”. Ax y yo miramos más detenidamente. La manilla de acero iba unida a un gran pedazo de hormigón que estaba encajado en el suelo. <Esto es>, le dije a Ax. Intentando olvidar que estaba en la misma habitación que el monstruo que había estado a punto de destruir cualquier posible paz mental que pudiera haber tenido nunca. Me agaché y agarré la manilla de acero con mi relativamente débil brazo andalita. No se movió ni un milímetro <Te ayudaré,> anunció Ax. Juntos tiramos con toda nuestra fuerza. El pedazo de hormigón se levantó del suelo. Con gran esfuerzo lo dejamos a un lado. Un gruñido desde debajo nos hizo a ambos dar un salto hacia atrás. “Qué bonito,” dijo Taylor. “Estáis asustados”. <No estamos asustados,> dijo Ax fríamente. <Somos cautelosos.> Se acercó al agujero y miró dentro. <No veo señal del taxonita.> Taylor giró su cabeza hacia un lado y miró a Ax con sorna. “Entonces ve a buscarlo, tonto.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] La caverna estaba oscura. Apenas podía vislumbrar el suelo a unos tres metros por debajo de mí. Parecía curvarse levemente. Supuse que era un tanque, un viejo embalse para almacenar combustible o algo así. Lo último que quería hacer era caerme dentro de un oscuro tanque con un taxonita esperando para comerme. De nuevo, Ax encabezaba la marcha. Si estaba asustado, lo disimulaba muy bien. <Es una larga caída, Tobias,> dijo desde abajo. <Flexiona las rodillas al caer.> Taylor nos observaba y su hermosa cara lucía la mirada de perpetuo desdén que tanto había perfeccionado. No dejaría que viera mi miedo. Salté por encima del borde y me preparé para el impacto. ¡Baaaaaam! Mis cascos golpearon fuertemente contra el suelo de hormigón. Una oscuridad sin fin me envolvía, pero pude distinguir a Ax a mi lado. <¿Dónde está?> pregunté.<¿Qué pasa si no hay ningún taxonita? ¿Qué pasa si es una trampa?> Pensé en los otros esperando fuera, escondidos en varias formas, vigilando. Estaban preparados para destrozar el lugar si nos metíamos en problemas. ¿Pero cuánto tardarían en llegar a nosotros? Miré hacia arriba e me imaginé atrapado en el tanque. Pero entonces recordé que Taylor no podría levantar la cubierta ella sola. ¿O si podría? ¿Cómo de fuerte era ese brazo artificial? No importaba. No. Nosotros dos, Ax y yo, probablemente encontraríamos un par de formas que nos sacaran de allí. Pero ese pensamiento reconfortante llegó demasiado tarde como para evitar que mis corazones se desbocaran. Miramos fijamente la oscuridad, buscando al taxonita. Antes de que él nos encontrara. Ax se adelantó y desapareció. Intenté captar algo de él en la negra espesura. Vi un ligero movimiento a mi derecha. <¿Eres tú Ax?> Me acerqué para asegurarme de dónde estaba y… <¡Ahhhhhhhhhhhhhh!> La agonía se apoderó de mi brazo. <¡Ax!> El taxonita me mordía con fiereza. Un millar de afilados dientes descuartizaban mi carne y mis músculos. No me arrancó el brazo para obtener un bocado rápido. No. En cambio me succionaba con mandíbulas de hierro, arrastrándome hacia él. Atrayéndome a su estómago. Balaceé la hoja de mi cola, pero perdí el equilibrio en el suave y curvado suelo. Mis cascos resbalaban sin control mientras la malvada boca masticaba. ¡Estaba atrapado en un astillador de madera a cámara lenta! Unos ojos rojos brillantes que se acercaban a mí… Agité mi cola frenéticamente, golpeando la negrura sin alcanzar al taxonita. ¡La fuerza de sus mandíbulas me arrancaría el brazo! <¡Ax!> ¡FWAP! Los dientes afilados se retiraron y yo me tambaleé hacia atrás, sujetándome el brazo mutilado. Miré hacia arriba, mareado, enfermo. <Deprisa,> dijo Ax. <Debemos darnos prisa. Me temo que he herido mortalmente al taxonita.> Un dolor paralizante se agolpaba en lo que quedaba de mi brazo. Me retiré. Podía sentir un rezumar húmedo y pegajoso bajo mis cascos. Los fluidos vitales del taxonita se estaban derramando por todo el suelo del tanque. Me agaché. Acerqué mi mano buena y toqué el costado del taxonita. Su piel suave se levantaba pesadamente, arriba y abajo, mientras luchaba por respirar. Sí, estaba muriendo. Podía ver a Ax a la tenue luz, ya adquiriéndolo. Empecé a transformarme. Cuando la transición estuvo completa, acerqué una garra y la situé sobre la desagradable carne. Podía sentir como la vida abandonaba su cuerpo, y los firmes pliegues de tejido hinchado se derrumbaban como un globo de aire caliente pinchado. Me concentré en la adquisición. Normalmente, no sientes nada de un animal cuando lo adquieres. Esta vez, sentí algo fiero y elemental, como un grito de rabia. Terminé de adquirir del ADN del taxonita. Y me di cuenta de que había algo dentro de mí distinto a todo lo que había conocido hasta el momento. Quizá era sólo mi propia mente atormentada. O quizá era que el ADN me estaba gritando a algún nivel microscópico. Era algo horrible. Algo peligroso. Un temblor tortuoso sacudió todo el cuerpo del taxonita, desde la cabeza hasta la cola, y de vuelta. Se agitó violentamente durante un instante, y luego nada. Y me di cuenta de que ahora vivía sólo en Ax y en mí. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] <Ya era hora, chico-pájaro.> La voz telepática de Marco me saludó desde unos cien metros de distancia. Nos habíamos encontrado en pleno vuelo y los dos llegábamos igual de tarde. Estaba amaneciendo. Ambos nos esforzábamos para permanecer a buena altura con el aire frío. <¿Disfrutando de un desayuno tranquilo mientras los demás nos preparamos para trabajar?> continuó. De hecho, el desayuno era precisamente la razón por la que llegaba tarde. Esta mañana, el prado había estado extrañamente tranquilo. Ni un ratón de campo en todo el prado. Un poco siniestro, como si supieran algo que yo no sabía. Como si supieran que era mejor quedarse en casa. Había salido hambriento, pero por el camino vi una ardilla gris. Era demasiado grande para mi gusto, pero la comida era lo único en lo que podía pensar. En la naturaleza, en mi mundo, el hambre no significa sólo que estarás de mal humor mientras conduces hacia el MacDonald’s. Es más que eso: puede matarme. Descendí en picado, silencioso y veloz. Me lancé sobre ella con las garras bien abiertas y la agarré, sin que sospechara nada, desde la veloz línea por la que se abría camino. La ardilla era más pesada de lo que había pensado. Tiró de mis patas, y me lanzó tambaleándome hacia el suelo. Aguanté. Incluso recuperé el control metros por encima del suelo, aleteando como un loco para seguir volando. Pero entonces, los dientes de la ardilla me atravesaron la pata. El agudo dolor de la incisión llegó a mi cerebro. Solté una garra y dejé ir a mi supuesto desayuno. <Algunos tenemos que trabajar para conseguir nuestra comida,> le dije a Marco. <Pero claro, probablemente te suponga un gran esfuerzo meter las tostadas en la tostadora.> Aterricé suavemente en la rama de un árbol. Marco ya estaba recuperando su forma. Los otros se habían agrupado a unos metros de allí. Todos excepto Ax, que estaba escondido entre la espesa hierba, con un ojo puesto en la estación de control. Jake había cambiado los planes con Taylor en el último minuto. Había tenido que elegir entre el peligro de no tenerla controlada mientras cavábamos y el riesgo de que descubriese nuestras verdaderas identidades mientras recuperábamos nuestra forma. Así que Jake le hizo saber a Taylor, por e-mail, que no podía acercarse a un kilómetro de la excavación o la estación de control antes de las ocho de la mañana. Si lo hacía, se rompía el trato. Cuando apareciera, tenía que permanecer con nosotros mientras cavábamos. Había accedido a las condiciones de Jake con una disposición que yo encontré desconcertante. No se lo mencioné a los otros. Sabía que eran los nervios. Podía ver la tapa del agujero del tamaño de un hombre junto al lugar donde los otros se agrupaban. Estaba cubierta parcialmente de arena y sobresalía del suelo unos diez centímetros. Éste era un buen lugar para trabajar, con pocas posibilidades de que nos vieran. No estábamos lejos de la estación de control pero nos ocultaban los árboles y la tierra por todos lados. Taylor sabía lo que estaba haciendo. El hoyo estaba en un callejón sin salida, al lado de una carretera de gravilla que no había sido pavimentada. Los bordillos de hormigón estaban en su lugar y la gravilla se almacenaba cuidadosamente a unos pocos centímetros por debajo, preparada para dar lugar a una capa de asfalto. Llevaba ya un tiempo así. Se suponía que el lugar iba a ser un nuevo polígono industrial. Pero los residentes locales no querían aguantar el ruido y el tráfico, así que se había detenido temporalmente la construcción, dejando cloacas y electricidad, pero poco más. “Tu garra izquierda está sangrando”, dijo Rachel. Al principio no le contesté. No me apetecía explicarlo. Pero la preocupación de Rachel era auténtica. No era justo dejarla así. <El desayuno a veces también te muerde,> le respondí. “Dímelo a mí,” interrumpió Marco. “Estaba mirando dentro de la tostadora para ver si mi tostada estaba lista y blam, esa cosa se disparó y me dio en el ojo.” <Estaré bien,> dije, mirando hacia Rachel. “Déjame echar una ojeada,” dijo Cassie. Ella mantenía su palabra de que no iba a formar parte de la misión, pero quería saber dónde íbamos a cavar. Sólo en caso de que no volviéramos. Que Cassie estuviera allí era un poco extraño. Quizá un poco menos para mí, no lo sé. No había ido para desearnos suerte, precisamente. Y aunque Jake siempre nos da la opción, es realmente extraño que uno de nosotros decida no luchar. “Deberías transformarte para curar el corte,” dijo Jake. “Esa cosa se te va a infectar. Así que supongo que irás el primero.” ¿Que iría el primero? Eso me devolvió a la realidad que había estado intentando evitar. No estaba deseando hacer el trabajo que me aguardaba. O la criatura en la que tenía que transformarme. <Ahora son las 7:50.> Ax vino trotando desde los arbustos y se detuvo junto a Jake. <La estación de control está limpia, Príncipe Jake. Deberíamos empezar a cavar.> Ax llevaba un reloj Times Triatlón alrededor del tobillo delantero. Rachel se lo había conseguido. Temía que su reloj interno se viera desequilibrado por el poder de la forma taxonita. Él y yo íbamos a turnarnos para llevarlo mientras fuéramos andalitas. Se movió enérgicamente hacia la tapa del hoyo, encajó la punta de la hoja de su cola en un pequeño agujero que estaba ahí para la barra de agarre y, con un rápido y fluido giro de su cola, mandó la tapa de veinticinco kilos de acero volando por el aire. Aterrizó con un ruido sordo a escasos centímetros de los pies de Jake. “Sin problemas”, comentó Jake secamente. “Deberías trabajar para la ciudad.” Me dejé caer de mi asidero hasta el borde del agujero. Podía ver que al fondo de un pozo de tres metros había una cámara cilíndrica. <Creo que me transformaré cuando llegue allí abajo,> dije. <No querría ser responsable de que nadie devolviera su desayuno.> Salté por encima del borde del agujero hacia la oscuridad, cayendo despacio, con las alas parcialmente abiertas. Un halcón real nunca se hubiera metido en un espacio tan estrecho. Podía sentir la ansiedad del depredador. Aterricé suavemente en la superficie de hormigón curvado. “Tómatelo con calma, Tobias,” me animó Jake. “Listos y en guardia. Si tienes problemas, estamos aquí.” <Recuerda que puede que no seas capaz de controlarlo como otras transformaciones,> me instruyó Ax. <Podría ser demasiado desbordante como para someterlo. Los pocos andalitas que han usado la forma taxonita con éxito hablan de convertirse en uno con la naturaleza del animal, de canalizar la energía violenta. No se puede parar, sólo encauzar. Úsala, no intentes sobreponerte a ella.> “Estoy aquí, Tobias,” dijo Rachel. “Ten cuidado.” Cassie. “Y…os veré a todos más tarde.” “Tobias…” empezó Jake. <Puedo con esto, chicos,> dije, dándome seguridad a la par que a mis amigos. <Estaré bien.> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Cerré los ojos y me concentré en el ADN que llevaba en mi interior. Los cambios empezaron inmediatamente. Ni siquiera tuve que concentrarme mucho. Una vez que empezó, la forma ganó su propia inercia, como una roca desgajada del pico de una colina. Hissssssssssss………. Sentí que se me desintegraban los huesos. No, que se derretían. Todas las partes duras de mi cuerpo – garras, pico, las cañas de mis plumas – se suavizaban y se licuaban. Normalmente cuando te transformas sientes la firme forma de nuevos órganos formándose. Esta forma era exactamente el contrario. Todo se estaba disolviendo, y después coagulándose en un amasijo asqueroso. Caí sobre el cemento mientras mis piernas se derretían, sólo para levantarme otra vez cuando cientos de apéndices cónicos salían disparados de una tripa suave que se extendía con rapidez. Estaba tomando la forma de un gusano. Largo y amorfo. La visión clara como el cristal del halcón se difuminó. Piensa en conducir con lluvia sin encender los limpiaparabrisas. Pero incluso esa visión borrosa fue sustituida por – ¡Guau! Un millar de minúsculos fragmentos a mi alrededor. Pedazos de visión, como una imagen caleidoscópica con los bordes borrosos. Sabía que los taxonitas tenían ojos compuestos, como las moscas. Cada ojo rojo es en realidad un millar de pequeños ojos, cada uno escaneando una pequeña parte del mundo. Lo que no sabía era que los cerebros taxonitas no eran suficientemente sofisticados como para juntar todas las piezas. La boca se formó al final. El centro de la existencia taxonita. Los cambios se detuvieron. Entonces, de pronto, lo sentí acercarse. Un tsunami imparable cerniéndose sobre la orilla. Locura, un hambre desquiciada. Un ansia desesperada por consumirlo todo. No podrías ni empezar a imaginar lo que supone. Se alzó, mayor que ninguna urgencia que yo hubiera experimentado jamás. Bloqueando cualquier otra cosa. Todo. Podía oler a los otros. Arriba en el suelo. Sabía exactamente donde estaban. Oía las vibraciones de sus pies por el suelo. Tenía un tamaño de tres metros de largo. Suficientemente largo como para trepar y salir del agujero. Me imaginé a Marco. Y la siguiente cosa que supe fue que le imaginaba en mi boca, su carne suave y morena despedazada. Tragada. Y a Jake. Más grande. Y a Ax… Mi cuerpo de gusano se lanzó fuera del agujero. Antes de que pudiera pararlo. Antes de que pudiera pensarlo. No sabía lo que estaba pasando. El olor era demasiado fuerte. El sabor que imaginaba, demasiado real. ¡La mente taxonita demasiado desesperada! El ácido digestivo goteaba por mi boca. Mi blanda cabeza empujó contra la tapa de hierro que Marco y Jake habían devuelto parcialmente a su sitio. Los devoraría. Arremetería contra ellos y los devoraría. Marco y Jake y Ax y … Rachel. Mi cuerpo taxonita se movió ligeramente. El pensamiento de más comida lo excitaba. Pero algo… algo en el fondo de mi mente, muy profundo en mi interior, habló. ¿Rachel? Me detuve. Oí algo. La voz insignificante y minúscula de un niño. Tobias, el humano en mí, estaba luchando desesperadamente para hacer notar su presencia. Más allá del poder malvado e incontenible del taxonita, el niño en mi interior gritaba como un loco. [i]Para[/i], gritaba. [i]¡Para!¡Para!¡Para![/i] No puedo decir que recuperé el control. Eso sería una mentira, como afirmar que el capitán de un barco de vela puede controlar una tormenta. Pero de alguna manera aparté a la enorme bestia de los otros animorphs. No sé cómo. Era imposible parar el hambre, era imposible reducirla, pero Ax me había dicho que podía desplazarla hacia otra cosa. Bien. La desplacé hacia el trabajo que tenía que hacer. Habíamos oído que el taxonita era un excavador formidable. Pero eso no es cierto. No exactamente. El taxonita es bueno en una cosa. Comiendo. De repente, ansiosamente, empecé a devorar la tierra del agujero que la gente de Taylor había hecho a través de la tubería de hormigón. Puse toda la intensidad del hambre del taxonita al servicio de comerme la tierra. La devoraba como si no hubiera comido en cuarenta días. Mordía grandes pedazos, los envolvía con enzimas digestivas, y tragaba los pegajosos glóbulos. Mordisco tras mordisco. Mordisco tras mordisco. El taxonita era insaciable. En nada de tiempo había excavado una cámara del tamaño de mi cuerpo. Las paredes de tierra me envolvían mientras me lanzaba y engullía y tragaba y secretaba. Es cierto. Secretaba. Cagaba kilos por segundo. Era el camión de la basura tirando toda la tierra excavada. Era una máquina, un sistema para remover la tierra y expulsar los desechos. Y esos desechos, ese producto proveniente de la tierra, salía de mi cuerpo taxonita como una capa gruesa y pegajosa. Una sustancia que cubría todas las superficies del túnel que estaba empezando a surgir a medida que intentaba satisfacer mi hambre insaciable. “¿Tobias?¡Arghh! Tío, ¿qué es esa peste?” La voz de Jake me llegó como una débil distracción, una vaga molestia. “Tobias, ¿todo bien ahí abajo?” Le ignoré. Sólo continué comiendo. O cavando. Igual que una lombriz terrestre, pasando el sustrato a través de mi sistema para extraer el material orgánico. Excepto que, a diferencia de la lombriz, tenía un anillo de dientes afilados para acelerar las cosas. Multiplica el tamaño y la velocidad de una lombriz de tierra por un millón y empiezas a hacerte una idea. Excepto que con un taxonita no hay ninguna esperanza de satisfacer el hambre con tierra, ni siquiera momentáneamente. No hay suficientes nutrientes en el sustrato. Sólo lo suficiente para oler, para aumentar la urgencia por comer. Sólo lo justo para seguir queriendo más. “¡Miradle como se mueve!” Era la voz de Marco. Ahora estaban más cerca. Debían haberse dejado caer al pozo. “No puede conseguir…” Marco tosió, probablemente por el hedor de mi excreción. “Satisfacerse”. Tosió otra vez. Cuanto más cavaba, más hambre y más ansioso me ponía. No me di cuenta hasta más tarde que un taxonita cavará, muerto de hambre y exhausto, hasta que muera. <Tobias,> Rachel me llamó por telepatía. Ya se había transformado. Los otros debían estar justo detrás de él. <Respóndenos. Di algo.> <¡Más!> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <Tobias, se acabó el tiempo, tío. Tómate un descanso. Transfórmate.> Jake. El recuerdo de la carne humana era más de lo que podía resistir. Eché a correr marcha atrás, a través del excremento, precipitándome hacia los otros. Volé fuera del agujero hasta un área subterránea. Un gusano lanzándose como loco, enorme, muerto de hambre, desesperado. <Guau,> advirtió Jake. <¡Guau!> afirmó Marco. Mis ojos compuestos se llenaron con la forma azul de un andalita, las masas musculosas de un gorila y un oso pardo, las rayas afiladas de un tigre. ¡No había carne rosa! ¡No había carne suave y rosa! Me daba igual. El andalita estaba más cerca. Olí la carne debajo de su pelo, los músculos debajo de su carne. Era consciente de la hoja de su cola. Incluso desató una alarma de peligro en la mente taxonita. Pero la sirena era vana, casi insignificante. La hoja afilada podía partirme en dos, pero no me importaba. ¡Puede que consiguiese un mordisco primero! <¡Cuidado, Ax-man!> dijo Jake. <Va a por ti. ¡Tobias! Controla tu forma. ¡Contrólala!> Me aproximé a toda velocidad contra Ax. Le atropellaría con mi cuerpo. Le tiraría al suelo. ¡Agarraría su piel con mis dientes y le comería entero! Pero entonces vi algo más. Algo que incluso consiguió que el taxonita se detuviera. Mis piernas se paralizaron. Taylor. Vestida con un top y un pantalón militar de algodón, suave y fino. Sus ropas se desharían en mi boca. Sus hombros suaves y rosas pedían a gritos que los devoraran. Lancé mi peso en su dirección, corriendo hacia ella. Trepando y reptando. “Sólo inténtalo, gusano,” susurró, apuntando con un rayo dragón a mi cabeza, “y te freiré a nivel seis.” <Nos diste tu palabra, yeerk,> objetó Ax acercándose a ella. <Prometiste no usar ningún nivel por encima de tres.> “¿Lo hice?” Taylor se rió. “Entonces intenta pararme.” Se volvió hacia mí. “Me encantaría tener una excusa para terminar contigo.” Su voz se alteró levemente, casi con ansiedad. Continué acercándome a ella. “Pero entonces, si eres el cobarde que sospecho, preferirías quedarte como un [i]nothlit[/i] taxonita que morir con coraje.” Mi hambre taxonita se fundió en el odio humano. Me di cuenta de cuánto más fácil sería comérmela que luchar contra la urgencia. Cuánto más fácil sería incluso morir que enfrentarme a la chica yeerk, ese monstruo que me perseguía día y noche. Con desdén. Con arrogancia. ¡Con todo el poder sobre mí! ¿Eso era lo que había ocurrido en el estanque yeerk? Muy adentro, más allá del hambre asesina, mi mente se lo preguntó. ¿Había sobrepasado el límite de dos horas para no tener que enfrentarme a los simples hechos de la vida? Ser un chico, vivir con padres adoptivos, el colegio, Rachel, Taylor… Marco me cogió gentilmente, intentando pararme. Siseé y me lo quité de encima. <Tobias,> dijo Rachel. <Para. ¡Para!> Pero no se interpuso en mi camino. ¿Era yo un cobarde? En la naturaleza sólo hay vida o muerte. Alimentas tu estómago o mueres. El éxito es supervivencia. Fallar implica la muerte. Es simple. No hay términos medios. Al menos, no por mucho tiempo. ¿Era yo un cobarde? Odiaba a Taylor porque ella conocía la respuesta a esa pregunta. Porque veía la debilidad en mí. La veía porque ella también era débil. La gente reconoce a los de su calaña. Se había vendido para salvar su cara. Literalmente. Se había convertido en una controladora voluntaria y había traicionado a su madre porque quería ser bella otra vez. Era más que triste. Era patético. ¿Era yo diferente, o era exactamente igual que ella? Me había quedado atrapado. ¿Por qué? Odiaba a Taylor porque ella lo sabía. Iba a destruirla. Me precipité hacia ella. Abrí la boca. Apunte a sus piernas. ¡Tsewww! Una descarga de fuego dragón me tumbó. No fue suficientemente fuerte para matarme, pero sí lo bastante como para paralizar el cuerpo taxonita y dejarme tumbado el tiempo suficiente como para permitir que recuperara el control. Y empecé a volver mi forma. Me concentré con intensidad. El gusano hinchado comenzó a desaparecer. Me imaginé los primeros signos de mi familiar cuerpo de halcón emergiendo de la piscina de baba taxonita. Y entonces recordé… ¡Taylor estaba ahí! No podía dejar que viera que me transformaba de taxonita a pájaro. No podía saber que era un [i]nothlit[/i]. Ella pensaba que era un andalita. Un poderoso andalita. Ya había metido la pata una vez, en el Waterstone. Otra vez no. Me concentré con más fuerza aún e intenté hacer algo que realmente no puede hacerse. Transformarme directamente de taxonita a andalita. En el instante en que mis partes de halcón emergieron, me concentré en volver a transformarlas en andalitas. Era terriblemente doloroso, agotador. Y probablemente no muy convincente. ¿Me estaba mirando? ¿Se daría cuenta? ¿Vería lo que no debía ver? Los otros fueron más listos que yo. Rachel y Marco habían arrinconado a Taylor contra una pared, bloqueando su visión con sus gigantescos cuerpos. Mientras recuperaba mi forma y me volvía a transformar, Jake estuvo en guardia y habló. <Dije que podías llevar un rayo dragón como protección,> dijo Jake firmemente. <Pero teníamos un acuerdo. No lo dispararías por encima del nivel tres.> “Sí bueno, pero ni siquiera ha funcionado. ¿Qué le pasa a este rayo?” <Eres un gusano afortunado,> me dijo Jake en privado. <Ax te ha salvado el culo. Modificó su arma para que no pudiera ser disparada por encima del nivel tres.> <Mintió,> dijo Rachel fríamente, por telepatía privada. <Strike uno. Te habría frito si hubiera podido, Tobias. Serías una pila de babas humeante si hubiera logrado su propósito. Yo digo que lo dejemos aquí. No puede mantener un trato.> <Espera,> dije, terminando la transformación a andalita. <Estoy bien. Estoy entero. Quizá sabía que habíais jugueteado con su rayo dragón. Quizá sólo estaba actuando para asustarme.> <No lo sabía,> dijo Ax mientras Taylor tiraba el rayo dragón contra el suelo. Se movió detrás de Jake para darle a mi pelo andalita un rápido corte. <Bien, estaba a punto de pegarle un bocado. Actuó en defensa propia.> <Ella sabe que para eso estamos nosotros aquí,> contestó Marco enfadado. <Para mantenerte bajo control. Incluso si eso significa matarte.> <Bien…> ¿Por qué estaba inventando excusas para ella? ¿Por qué? No podía seguir con eso, ella no era mi amiga. No era de los míos. Habíamos hecho un trato con el diablo y el diablo acababa de demostrar de lo que era capaz. <Nos va a llevar hasta Visser Tres,> dije. <¿Recordáis? De eso se trata.> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] <Cuidado, Ax,> le recordé. <Es…bueno, es peor de lo que dijiste. Deja que el taxonita huela la tierra. Sólo déjale cavar y comer. Intenta no pensar en nosotros.> <Intentaré mantener el control de la forma,> dijo Ax. <Cuando era un joven cadete, busqué documentación a cerca de los éxitos y fallos registrados en la transformación a taxonita. Una vez hice una presentación acerca de los mecanismos fisiológicos para [i]notallssith[/i], la situación de ser incapaz de controlar una forma.> <¡¿Por qué no nos lo has dicho antes?!> preguntó Marco. <Los resultados de mi búsqueda no eran esperanzadores.> <Vaaaaaale.> Ax comenzó a transformarse a la entrada del túnel que habíamos empezado. Taylor nos observaba con fascinación. Yo sólo estaba asqueado. Las características andalitas se derritieron en una piscina azul negruzca hasta que no quedó nada excepto un tejido oleoso. Era como si todo lo andalita tuviera que desaparecer para que pudiera nacer el taxonita. Pero entonces, de entre esa masa, la bestia tomó forma. Cuatro ojos rojos, redondos y brillantes salieron de la grasa como pequeños órganos internos. El cuerpo creció y creció. Era como ver la animación fotográfica del crecimiento de un hongo. Primero creció plano a lo largo del suelo, después hacia arriba. Era horrible. El bello y fuerte cuerpo andalita transformado y corrompido. El gusano hinchado se acercaba a su tamaño completo. Esperamos ansiosos, en silencio, preparados. Ax no se movió. El gran taxonita simplemente se quedó de pie allí, inmóvil, como si estuviera en trance. <Ey,> saltó Jake, <preparémonos.> <¿Ax?> dijo Rachel, más amablemente. <¿Va todo bien?> Se acercó tentativamente hacia él, del modo que te aproximarías a un perro encadenado que no conocieras. <Dadle un pequeño codazo,> sugirió Marco. Él se puso sin prisa a la altura de Rachel, hacia el gran gusano, con los brazos de simio colgando a sus costados. Miró a Ax con una extrañeza exagerada, recorrió toda su longitud, y entonces anunció, <Es un fallo completo del sistema. No puede ser reparado en el lugar. Tendremos que llevarnos a esta belleza a la tienda.> <Estoy bien,> protestó Ax, hablando por fin. <He estado practicando el control. Activando temporalmente la hibernación del taxonita, soy capaz de resistir el deseo de comeros.> <Gracias por hablarme de la hibernación antes, Ax-man,> gruñí. <No lo entendía hasta ahora.> <Bien,> dijo Jake tersamente. <Ahora cava.> Antes de que pudiéramos parpadear, Ax salió disparado por el túnel. <Bien,> dijo Marco. <Veo que estaba equivocado.> Aguanté la respiración, queriendo asegurarme de que no iba a volver corriendo a por una comida rápida. Había una buena distancia hasta donde estaba Ax trabajando, más lejos de donde se podía ver. Pero oíamos –no, sentíamos – el sonido de la excavación. Un timbre muy agudo y lejano. El sonido de los dientes arañando la tierra. De la tierra siendo devorada. El sonido te llegaba furtivamente porque era suave, apenas audible. Pero llenaba tu cabeza hasta que lo único que podías imaginar era al taxonita cavando. Y cavando. Un metro tras otro pegajoso y embarrado metro. Agité mi cabeza andalita, intentando romper el trance. Las gotas de sudor salieron volando. No me había dado cuenta del calor que hacía bajo tierra. Cuatro grandes animales convierten una caverna en algo opresivo. “¿Te gustó, andalita?” La voz vino de la esquina más alejada de la cámara donde el gigantesco tubo principal de acero para el gas lo cruzaba. Taylor estaba recostada contra la tubería. Era la única que parecía relajada. “¿Y bien?” <¿Que si me gustó qué?> dije. “Ser un taxonita, idiota,” respondió. “Apuesto a que sí. Algunos individuos están hechos para formas de vida inferiores.” <Tú deberías saberlo,> dijo Rachel enfadada. <No hay ninguna cosa viva inferior a un yeerk.> Un gruñido bajo se escapó a través de sus mandíbulas entreabiertas. “Sabes que estoy en lo cierto,” dijo Taylor a Rachel. “Sabes que éste es débil.” Ella me señaló. <¡Te enseñaré quién es débil!> Rachel arañó el aire. “No te atreverías. Hiéreme y no hay explosión. No dejaríais pasar esta oportunidad. No dejaríais que las emociones se interpusieran. Vosotros, los bandidos andalitas – sois muy parecidos a nosotros.” Rachel gruñó y cerró sus garras, pero retrocedió. Las palabras de Taylor resonaban todavía en mi mente. Esto era un plan yeerk. Todos los detalles eran de un yeerk. Destrucción a gran escala. Ninguna intención de proteger al inocente. Era de esperar, supongo. Pero nosotros habíamos subido a bordo. <¿Tiene razón?> le dije en privado a Rachel. <¿Estás loco? ¿La manera en que vives, las cosas que haces? No conozco a nadie más fuerte. No eres débil.> <No, eso no. Me refiero a lo de que somos como ella. Oportunistas de la peor clase.> Rachel dejó escapar un pequeño rugido. Giró su enorme cabeza de lado a lado. <¡Estoy enferma y cansada de toda esta patraña de dudar acerca de si estamos haciendo lo correcto!> anunció en un habla telepática que podía oír todo el mundo excepto Taylor. <Los yeerks están matando gente. Están destruyendo la Tierra. ¡Hola! ¿Qué os pasa, tíos? Si alguien empieza a disparar en tu ciudad y le devuelves el tiro en defensa propia, ¿preguntáis si está justificado?> Marco se quedó extrañamente callado. Jake se movía adelante y atrás, un gran gato en una pequeña y opresiva jaula. Me acerqué a Rachel, arañando a Jake en el proceso. Él dejó ir un gruñido reprimido. <¡Ten cuidado!> <¿Qué pasa con vosotros?> me preguntó Rachel. <Todos estáis perdiendo las ganas.> <Podría ser ella,> dije, mirando a Taylor con ambas antenas oculares, manteniendo mis ojos principales en Rachel. <Tiene una cierta habilidad para controlar el humor. O quizá,> dije, <quizá estamos demasiado metidos en esto y lo sabemos.> <No hables así. Después de esta noche, va a ser diferente. Freiremos el estanque yeerk. La balanza cambiará de lado. Les venceremos.> Estaba excitándose otra vez, de la manera que lo hace cuando habla de la lucha. Pero sonaba un poco desesperada también. Como si necesitase convencerme. Y a ella misma. <¿Y entonces qué?> dije. <Podríamos estar juntos.> Hizo una pausa. <Todos nosotros, quiero decir. Hacer cosas normales.> <Sí,> dije. <Rachel, ¿sabemos realmente cuántos yeerks hay? ¿En el planeta andalita? ¿Invadiendo otras especies? ¿Qué pasa si nunca se acaba? Quizá esto salga bien hoy. Pero no cambia las cifras. Seguimos siendo sólo seis. Uno, dos, tres, cuatro…> <¡Para!> gritó de repente. <Tobias, no puedo quitarme la imagen de la cabeza. El modo en que todo saldrá esta noche. Un estanque yeerk lleno de huéspedes. Humanos y hork-bajir. Huelen el gas natural. Lo sienten. Miran a su alrededor, arriba, confundidos, extrañados. Empiezan a preocuparse. Pánico. El olor se hace tan fuerte que no pueden respirar y ellos saben… saben que el gas natural puede explotar… corren… demasiado tarde. De repente…¡BOOOM! Una creciente y abrasadora bola de fuego destruye todo lo que toca. Se convierten en cenizas… Cassie tenía razón…> <Son yeerks,> dije. <Son humanos también.> Pensé en todas las historias que Ax nos había contado de planetas enteros esclavizados. De cómo lo que no podía ser esclavizado era asesinado. De las grandes y pacíficas sociedades que habían sido destruidas por los yeerks. Un yeerk estaba en la esquina, ni siquiera a ocho metros de distancia. Una criatura capaz del mayor mal, escondiéndose cobardemente dentro de un humano para que nadie viera la amenaza. ¿Cuántos había ahora? ¿Miles? ¿Menos? ¿Más? Cada día había más esclavos humanos. Era lo primero que pensaba cada mañana y lo último que pensaba antes de dormirme. Habían matado a Elfangor, mi padre. El padre que nunca conocí. Llegaría el día en que no quedaría ninguno. Planetas enteros serían borrados del universo. No podía dejar que eso pasara. <Son yeerks,> repetí. <Eso es todo.> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Rachel se levantó sobre las patas traseras y cautelosamente levantó la tapa lo justo para mirar fuera. Irguiéndose era más alta que el techo. Empujó la tapa a un lado. Jake la siguió al exterior con un ligero salto. Marco salió el último. Su tiempo transformado se estaba terminando. Tenían que volver a su forma y volver a transformarse, y Rachel tenía que dar señales de vida en casa. Yo había estado transformado como una hora y media. El turno de Ax cavando casi se había acabado también. Pusieron la tapa parcialmente en su sitio y desaparecieron. Estábamos sólo Taylor y yo bajo tierra. “Tus amigos te han dejado”, observó. “¿Qué pasa si no vuelven?” Esto era parte de la diversión de Taylor. Jugar con mi cabeza. No respondí. No dejaría que viera que me afectaba. Cuando anduvo despacio hacia mí, no me moví. Cuando acercó su mano real y me tocó el pelo justo encima de los hombros, no respiré. “Una especie hermosa,” dijo, haciéndome un cumplido; no como una chica adolescente, sino como un retorcido y sofisticado yeerk. “Mereces más de lo que tu tradición te permite”. Retrocedí. “Tus amigos no entienden cómo de poderosos somos los yeerks,” continuó ella. “Pero sé que tú sí. No tendremos sitio para tus amigos en nuestra nueva sociedad, pero tú… cualquier comodidad que desees sería tuya. Podríamos gobernar juntos. Únete a nosotros.” Retrocedí aún más, pasmado por haberla dejado llegar tan lejos. Ella se rió. Una risa larga y llena de seguridad. <Pensé que buscabas la democracia,> dije tranquilamente. “Por supuesto que la buscamos. Por supuesto que la buscamos. Pero piensa… las democracias necesitan líderes y leyes para proteger a los ciudadanos. Alguien tiene que hacer las leyes…” <Nunca seré yo.> “Tú te mereces más,” persistió, y luego sonrió abiertamente, se dio la vuelta y se alejó andando. Era algo muy raro. Me sentí como un ratón condenado, empujado y zarandeado por un gato con garras. No podía responder. Sólo podía mirar a otro lado. Una luz creciente iluminó la cámara. Oí aullidos y miré hacia arriba para ver dos lobos pateando y empujando la pesada tapa de hierro. La desplazaron a un lado y se metieron dentro, aterrizando con firmeza sobre el suelo. <Queríamos ser más pequeños,> explicó Marco en privado. <Pero teníamos que mantener a raya al taxonita-Ax, y a la chica yeerk intimidada.> Jake paseaba de un lado a otro por delante de la apertura del túnel. La nueva forma le permitía dar ocho pasos antes de que tuviera que darse la vuelta. Mejor que los cinco del tigre. Estuvo en silencio durante un minuto, y entonces, mirando el reloj que yo llevaba, <chicos, eh, tenemos un problema. Ax debería estar de vuelta ya. Le he estado llamando, pero no contesta. ¿Habéis cambiado los planes, Tobias?> <No.> Levanté un brazo para silenciar a todo el mundo. Escuchamos. Marco puso una oreja contra el lado del túnel. Yo a penas podía oír un sonido muy débil, mucho más débil que antes. Quizá era el oído andalita. O quizá Ax estaba… <Está todavía en ello,> anunció Marco. <Este chico va a cavar hasta China.> Di unos pasos dentro del túnel. <Ax, ¿puedes oírme? Tienes que parar. Morirás de agotamiento.> No hubo respuesta, ni telepática ni de otro tipo. <Debe de haberse quedado atrapado. Tenemos que pararlo.> <¿Y qué tienes en mente?> preguntó Marco. Miré a Taylor. Estaba sentada con la espalda contra la pared y paseaba la mirada de mí a Jake y a Marco con cierta sospecha. Miré dudoso hacia la apertura del túnel. Realmente no era suficientemente grande para nuestras formas de combate. <Tengo una idea,> dije. Me quité el reloj y comprobé los números fosforescentes. Lo puse alrededor de la pata delantera derecha de Jake. <Cubridme.> Troté unos pocos metros dentro del túnel. Cuando vi, a través de mis antenas oculares que Jake y Marco se habían plantado delante de la entrada y me ocultaban de la vista de Taylor, recuperé mi forma. Entonces comencé a transformarme otra vez. Las plumas se convirtieron en piel fina y se estrecharon y tensaron como un paraguas sobre los huesos de las alas. La ceguera hizo desaparecer todo rastro de luz. Había estado oscuro hasta ahora, pero ahora había un vacío en la visión. Una nada que hacía que mi corazón latiese con fuerza. Entonces, un nuevo sentido. Una especie de oído. El oído más agudo que hayas conocido. No podía oírlo todo, pero los sonidos más agudos eran claros como el cristal. De repente, era más que mero oído. Podía decir exactamente de donde venían los sonidos. Formaban un dibujo de mi alrededor. Muy parecido a la vista. Muy diferente también. Estaba eco-localizando. Era un murciélago. <Jake, Marco, seguidme,> llamé. Agité mis finas alas bastante más rápido que un halcón y volé fácilmente por el túnel. Las ondas sónicas que emitía me decían exactamente dónde estaban las paredes. El murciélago se sentía como en casa. <¿Ax?> Ninguna respuesta. Volé un largo camino, quizá medio kilómetro, hasta que me encontré con algo extraño. El túnel se convirtió en algo más, algo expandido. Un espacio vaciado. Una larga caverna. Como si Ax se hubiera vuelto loco y hubiera ido en círculos hacia arriba y hacia abajo diez o doce veces. Ahora podía oír a Ax. Más cerca. El chirriar de los dientes del taxonita contra la tierra y pequeñas rocas era casi ensordecedor para los sentidos de murciélago. Necesité una eco-localización extra fuerte para ver por encima del sonido. El túnel continuaba en el lado más lejano de la cámara. Agité mis alas y volé al interior. <Ax, ¿eres tú?> Mis ondas no me volvían. Estaban siendo absorbidas. Por algo blando, algo… ¡Flap! Choqué contra el trasero de Ax y me estrellé en el suelo del túnel. <Ax, ¡para!> enfoqué toda mi energía en esa orden telepática, intentando penetrar en su trance. Funcionó. Paró de cavar. <No puedo continuar,> gruñó débilmente. <Muy cierto. Te quedan pocos minutos en esa forma, Ax-man. Vamos.> <Estoy demasiado débil. No… puedo… no… puedo… moverme.> El túnel se había estrechado hasta ser poco más grande que la circunferencia del taxonita. Normalmente el vigor taxonita haría que su túnel fuera al menos lo suficientemente grande como para que pudiera maniobrar confortablemente en su interior. <Tobias, ¿qué pasa?> Jake, que sonaba comprensiblemente preocupado. <No podemos ver nada.> <Seguid el túnel,> dije brevemente. <Ax está atrapado. Se encuentra en un estupor, por comer de más. Está aquí, muriéndose, y le quedan algo así como siete minutos restantes en esa forma. Tendréis que tirar de él para sacarlo.> <¿Quieres que vayamos directos hacia un taxonita?¿De qué lado estás tú?> <Está demasiado débil para girarse y heriros.> <Más vale que cobre horas extra por esto,> dijo Marco. <Muchas horas extra.> Marco y Jake gatearon a través de la negrura hasta que chocaron contra Ax. <¡Oh, tío!> Marco intentó respirar. El sentido del olfato del lobo es demasiado bueno. El hedor era abrumador. Mordieron en la carne suave y voluminosa y tiraron. “¡Skriiiiiiii!” gritó Ax involuntariamente. <Deprisa,> le dije a Jake. <¡No hay tiempo!> El hinchado gusano comenzó a moverse. Marco luchó y luchó. Jake mordía y tiraba. Centímetro a centímetro arrastraron a Ax fuera del agujero. Según el reloj que estaba alrededor de la pata de Jake, habían hecho falta cinco minutos para llegar hasta la caverna de tierra excavada. Menos de dos minutos para el final. <Creo que está inconsciente,> dijo Jake. <Su piel no tiene turgencia. Es como si se estuviera desinflando.> <Transfórmate,> le urgí. <Por favor, Ax, ¡transfórmate!> Ninguna respuesta. <¡Ax, ahora!> ordenó Jake. <Llegamos demasiado tarde,> dijo Marco llanamente. <Va a morir.> [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] <¡Ax!> grité. El pánico tenía preso mi pequeño corazón de murciélago. <¡Ax!¡Ax!¡Ax!> <Sí, Tobias. Soy yo.> Capté el eco de algo más grande y reflectante que un taxonita. Una forma que estaba cambiando. Haciéndose más grande que un lobo… cuatro patas… dos brazos… Nos desplomamos en la oscuridad, exhaustos y aterrados, agradecidos de estar juntos. Recuperé mi forma y me preparé para cavar otra vez como taxonita. Pero entonces… “Ey, ¿qué está pasando?” Una débil luz al final del túnel. Se acercaba, oscilando a su paso. Jake y Marco también la vieron. Miramos como crecía su tamaño y su brillo hasta que por fin Taylor apareció dentro de la caverna de tierra. Rachel en forma de oso la seguía de cerca, aunque su cuerpo a penas cabía por la abertura del túnel. Taylor gateó sobre las manos y las rodillas sobre los deshechos taxonitas. No había ninguna duda de que el yeerk tenía el control total. Era la clase de cosa que la chica Taylor nunca haría. Su pelo era un caos y lo llevaba pegado a la cara por el barro taxonita. Una mano agarraba la linterna eléctrica fluorescente. “¿Qué ha pasado aquí?” quiso saber Taylor, mirando la caverna. Cuando mis ojos se ajustaron, vi qué extraño lugar era la caverna. No era cuadrada o redonda u ovoide. Nada normal. Eran una intersección caótica y ondulante de muchos túneles distintos y más pequeños. <Perdí el control de la forma,> contestó Ax honestamente. <No lo recuerdo todo. Sé que estaba confuso. Cavé y comí en círculos muchos minutos antes de que pudiera recuperar la concentración.> <Comió hasta el agotamiento,> añadió Jake, más para Rachel que para Taylor. <Tuvimos que sacarlo.> <No lo recuerdo,> confesó Ax. “Andalita incompetente”, dijo Taylor con súbita furia. <Cuidado yeerk,> rugió Rachel en respuesta. <Está bien, Ax-man,> dijo Jake en privado. <Cavaste como diez veces más lejos de lo que esperábamos. Tobias, tómatelo con calma esta vez. Y, eh, no te transformes cerca de nosotros, ¿vale?> No necesitaba que me lo recordara. Jake no quería que me los comiera. Tampoco quería que Taylor me viera transformarme directamente de halcón a taxonita. Salté a la entrada del túnel que Ax había cavado y aleteé un poco para quedar oculto a la vista. Mis alas arañaron los lados del túnel y aterricé atropelladamente como a veinte metros de distancia. <Me transformo en taxonita,> avisé. Estaba mejor preparado esta vez. Estaba listo para cuando los instintos aparecieron y me exigieron que siguiera el olor de mis amigos. En su lugar, volví mi hambriento y vacío estómago hacia el túnel. Me lancé contra el sitio donde Ax se había parado. Un hambre fiera me propulsaba hacia la pared de tierra. Esta vez estuve más atento. Sentía lo que había a mi alrededor. Lo que pasaba dentro de la mente taxonita. No era simple hambre. No era simple furia. No. Lo que llevaba al taxonita a comer y cavar era más complicado. Era algo que yo entendía. Una especie de inseguridad o miedo. Sí, un miedo… grotescamente exagerado… más allá de cualquier experiencia humana… un miedo desesperado de no tener suficiente… un terror a la muerte por inanición… la pesadilla de que tus necesidades esenciales no se verán satisfechas… un horror demente y contraído por la mente taxonita hasta que se convertía en un mal enfermo y asesino. No lo habría entendido, o ni siquiera me habría dado cuenta de ello, si no hubiera sido un halcón tanto tiempo. He experimentado suficiente ese sentimiento como para reconocerlo. Una especie entera de tragones aterrorizados. Casi hacía que me dieran pena. Casi. Cavé y pensé en Taylor. El yeerk y la chica. En lo que habían aceptado convertirse… ¿Había alguien que fuera totalmente malo? Eso no podía ser posible. He oído que incluso Hitler era bueno con sus perros. Taylor había sido demasiado miedosa como para enfrentarse a sus iguales sin su belleza. Había hecho lo que tenía que hacer para espantar el miedo. El mal, incluso el peor mal, tiene unos orígenes banales que todo humano puede entender. Debilidad. Miedo. Inseguridad. Entendía a Taylor. Entendía a los taxonitas. Darme cuenta de eso me asustó como ninguna otra cosa lo ha hecho nunca. De repente, el ritmo del taxonita empezó a bajar. Me estaba cansando, si puedes llamarlo así. Un taxonita que está cavando no se cansa de la manera que la gente lo hace. No se da cuenta de que está cansado. No decide bajar el ritmo. Simplemente se agota, como una batería. Había perdido la cuenta del tiempo. Debía de haber estado cavando algo más de una hora. Seguí comiendo y expulsando. La tierra sabía bien. No era carne, pero no estaba mal. Pronto había más y más rocas en la tierra. Pequeñas al principio, más grandes después. Mayores incluso de lo que un taxonita puede tragar. Empujé las rocas a un lado y continué hasta que choqué contra una superficie suave y continua. Probablemente los restos de los cimientos de un antiguo edificio. Traté de rodearlo. Se curvaba hacia arriba, como la parte alta de una cúpula. Entonces me di cuenta. Había llegado. Había encontrado el estanque yeerk. Continué por la superficie hasta que fue prácticamente plana y llegué a lo que supuse que era lo más alto. Taylor dijo que íbamos a salir bastante alto. Nunca hubiera imaginado que lo alcanzaríamos por el centro. No había ninguna hendidura ni apertura en ningún lado. Era completamente continuo. ¿Cómo podía atravesarlo? El taxonita sabía que hacer. Abrí mi boca taxonita al máximo, todo lo que mis mandíbulas daban de sí. Alineé los dientes para que arañaran el hormigón como un taladro. Un centenar de pequeñas agujas chirriaron contra la piedra. La fricción hacía que mi boca se encendiera. El escupitajo cáustico del taxonita quemaba y disolvía la roca. Mordí profundamente en la cúpula, un agujero de un metro o más de ancho y casi igual de profundo. Mi cuerpo se sentía pesado y enfermo. Y por fin, vi el brillo de una luz roja. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Un millar de horrores. Un infierno loco y enrevesado justo aquí, en la Tierra. Un conjunto cambiante de razas alienígenas esclavizadas. Un mar con dos tipos de movimiento: el lento y deliberado movimiento de los cuerpos que no son libres y los salvajes y desesperados espasmos de los prisioneros condenados y enjaulados. Desde mi posición privilegiada, el estanque se encontraba justo debajo. Era difícil decir cuánto. No más de treinta metros. Después estaba el muelle de infestación, construido justo por encima de los gusanos. Humano tras humano maldecía o escupía o forcejeaba antes de que los hork-bajir le obligaran a meter la cabeza debajo del agua para aceptar a su amo yeerk. Las jaulas que rodeaban el estanque parecían haberse multiplicado desde la última vez que las había visto. Era como una especie de grotesco anfiteatro. Los espectadores eran las personas de la ciudad. Conocía a algunos de ellos. Como la Sra. Powell, mi vieja profesora de matemáticas, y Brent Starr, el periodista. Otros me eran desconocidos. Madres y padres. Niños pequeños. Conductores de autobús. Abogados. Artistas. Funcionarios. Representantes de cada estrato social. Todos gritaban, quemándose las cuerdas vocales, con lágrimas brotando de sus ojos, las venas hinchadas en las sienes y el sudor chorreando por su frente. ¡Querían ser libres! No querían más que ser felices. Entonces me di cuenta de que un gran número de los prisioneros enjaulados no lloraba. Miraban el procedimiento con disgusto, pero no estaban llenos de ira. Estaban de pie inmóviles y calmados. Había visto huéspedes voluntarios antes. Los huéspedes voluntarios disfrutan del espectáculo. Estos no eran voluntarios. ¿Quiénes eran? ¿Qué les había pasado a estos huéspedes? Era como si hubiesen pasado más allá del punto en que les importase. Como si fueran zombis o algo así. Pero eso era imposible. Todo el mundo lucha por la libertad hasta el mismísimo fin. ¡Todo el mundo tiene que hacerlo! Estos huéspedes tenían un aire curioso. Tenían la vista fija en el vasto espacio con cara de… ¿orgullo? ¿Convicción? Parecía casi como si tuvieran un propósito. ¿Quizá eran los yeerks de la facción pacífica? ¿Tantos había ahí? ¿Ahora? Oh, Dios, ahora no… “Bello, ¿verdad?” susurró una voz femenina a centímetros de mi cabeza. Yo pegué un salto contra la pared del túnel. Era Taylor. ¡Taylor! ¿Cómo se había deslizado por el túnel sola? ¿Cómo se había escapado de los otros? ¿A quién le importaba? Cada trocito de mi quería arrancarle la cabeza de un mordisco. Era una comida carnosa, lista para tomar. Además, ella era la escoria del universo. ¿Tan malo sería deshacerse de ella? Abrí la boca, me acerqué para atacar… Y de repente estaba paralizado. No podía mover mi boca ni la parte superior de mi cuerpo. Qué estúpido. Me había gaseado. “No seas tonto,” dijo. “Recupera el control de tu forma.” Ax había dicho algo de un estado de hibernación. Busqué en la conciencia del taxonita alguna pista. La encontré repentinamente en una visión mental, una imagen de cuerpos amontonados en una montaña interminable. La imagen me relajaba. Podría darme un festín para siempre. No tenía que encontrar comida, tendría suficiente para siempre. Conseguí acumular suficiente control como para hablar. <¿Cómo llegaste aquí? Los otros nunca hubieran dejado que te separaras de ellos.> “¿No se te ocurre que puedan confiar en mi? Estoy dolida. De verdad.” <¿Qué les has hecho?> “Tú me conoces, andalita. No heriría ni a una mosca. Los he incapacitado temporalmente, sí. Quería hablar contigo.” <Estamos dentro,> dije. Empecé a emitir mi telepatía en abierto, esperando que los otros me oyeran, donde quiera que estuviesen. “Ya lo veo,” se mofó. “Pero ahora mismo no me importa. Quiero hablar contigo.” Permanecí callado. Me sentía enfermo. No era por culpa del taxonita, era algo mío. Taylor me tenía arrinconado. “Relájate,” continuó. “Estás temblando como uno de los guardias personales de Visser Tres. Sólo soy yo. ¿Te acuerdas de mi?” <¿Qué quieres?> pregunté. “Mira ahí abajo,” dijo ella, bajando la vista hacia el estanque yeerk. “Somos muy organizados. Funcionamos con la precisión de un reloj suizo. Somos invencibles. Cuando yo tome el mando, alcanzaremos nuevos horizontes.” <¿De qué hablas? ¿Tomar el mando? Querrás decir, cuando introduzcas la democracia.> “Sí, por supuesto, eso es lo que quiero decir,” dijo, las comisuras de sus labios se elevaron con una sorprendente falta de sutilidad. “Quiero que te unas a mí. Creo que sabes lo lista que soy. Creo que conoces mi ambición. Quiero que tú ayudes a fundar la nueva sociedad yeerk.” De repente, las palabras de Taylor parecieron distantes. Porque vi el escondite, abajo, en el estanque yeerk. Vi el lugar en el que me había quedado a medida que los segundos pasaban. Los segundos antes de que me convirtiera en un [i]nothlit[/i]. “¿Qué consigues siendo un subordinado de los bandidos andalitas?” continuó, con voz seductora. “Obviamente no eres un líder. No eres ni siquiera el segundo al mando. No eres nadie.” Recordé aquella noche en el estanque yeerk. Recordé con qué cuidado consideré mis opciones. Desde entonces me había estado diciendo a mí mismo que no había alternativa. Que si hubiera recuperado mi cuerpo, Visser me habría visto en un segundo. Habría sabido que éramos humanos. Habría encontrado a mis amigos. Pero siempre hay una alternativa. En todas las situaciones. Normalmente es elegir entre malo y peor. Pero sigue habiendo una alternativa. “Vamos,” dijo otra vez. “Sé mi huésped. Ofréceme tu cuerpo y podrás tener todo lo que quieras.” Elección. Traidor o… <¿Podré tener la libertad?> pregunté. “Es una especie de libertad,” contestó. <¿Podré ser feliz?> pregunté. “Es una especie de felicidad,” contestó. Miré otra vez a la pared de roca, al lugar de mi nacimiento como [i]nothlit[/i]. Había tomado una decisión. ¿Había tomado una mala decisión? No lo sabía. Y de repente, me di cuenta de que nunca lo sabría. Sé que fui fiel a mi decisión. Y que la había seguido hasta el mismo final. Miré a Taylor. Por primera vez, su belleza física era difícil de ver. Su pelo y su cara estaban cubiertos de suciedad. Su expresión era retorcida, con la apariencia de un dictador ávido de poder. La única cosa que podría haberla hecho bella era su interior. Y ciertamente no había nada bello allí. <Soy más fuerte que eso,> dije despacio. <Tú sólo buscas poder y control. Eso es todo. Y cuando lo consigas – si lo consigues – sólo querrás más. Que el poder sea tu único objetivo nunca te satisfará.> “Realmente no crees lo que dices,” se rió. <¿No?> dije. <Si no fuera así, ¿por qué te encontraría tan horrible? ¿Cómo podría ver lo que eres? En ti sólo hay envidia y ansias de poder.> Ella me miró, luego al estanque, luego hacia el túnel. “Y será un placer para mí,” dijo ásperamente, “demostrarte que estás en lo cierto”. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] Clavó su puño sintético en mi aún paralizada garganta y me dejó jadeando. Entonces se alejó de la entrada al estanque yeerk y salió disparada por el túnel todo lo rápido que las piernas humanas podían llevarla. <¿A dónde vas?> grité. Su linterna desapareció de mi vista. “¡Lo sabrás pronto, andalita!” chilló ella. Me deshice de todos los pensamientos de hibernación y abracé toda el hambre que había estado esperando en el borde de mi conciencia. Me concentré en la imagen de la chica y mis piernas comenzaron a arañar y raspar contra las paredes de piedra del túnel. Forcé mi cuerpo hasta formar una U imposible. Tenía que darme la vuelta. Cierto, podía correr igual de rápido de espaldas. Pero quería mi boca, mi arma, lista para la acción. La llamé otra vez. <¡Para!> Ninguna respuesta. Puse en marcha mis patas como si tuviera un filete crudo a diez centímetros de mi cara. Con la velocidad de un galgo y la masa de un tronco de árbol, atravesé la negrura en pos de mi presa. Mi garganta y mi cuello estaban todavía insensibles. Mi lengua colgaba de la comisura de boca como un hierro de un metro. <¡Ey!> llamé a los otros. <Taylor regresa hacia donde estáis vosotros. ¡Paradla!> Mis patas con forma de aguja golpeaban contra el suelo como si fueran cien minúsculos caballos. <¡No podemos movernos!> me gritó Jake. <¿Cuánto dura esto?> <No mucho. Intentadlo. ¡Intentadlo!> <Aquí viene,> masculló Rachel. <¡Aquí viene!> <¡Cogedla!> <¡No podemos!> ¡Buuuuumm! Mi cuerpo salió del túnel como el corcho de una botella. Estaba en la caverna que Ax había cavado. Frené lo justo para ver a los otros. Un andalita, dos lobos y un oso, tirados por el suelo como si estuvieran de picnic. <¡Ve!> gritó Rachel. Crucé la caverna y me sumergí en la primera mitad del túnel. Sabía que estaba cerca. Podía oler su champú. La tenía justo delante. Sus pisadas emitían un ruido sordo sobre suelo del túnel. La débil luz de su linterna llenaba la oscuridad. Y luego aún más. <¡Para!> grité. “¡Nunca!” chilló ella. Vi la forma de Taylor, y entonces distinguí lo que había detrás de ella. La cámara del pozo estaba sólo a unos metros. Su linterna se reflejaba en el acero pulido de las tuberías. De pronto supe lo que pretendía. <¡No!> ataqué. Fallé. Ataqué otra vez. Recuperé la sensibilidad de mi boca. “¡Aaaaaargh!” chilló. Le había mordido el talón. No lo suficientemente fuerte como para arrancarle el pie, pero sí lo bastante como para hacerla sentir que yo tenía el control. ¿Dientes de tiburón? ¿Colmillos de oso? Ninguno se acerca siquiera a la clase de agonía que inflige un taxonita. “¡Gusano! ¡Basura! ¡Suéltame!” Con su brazo real me dio un puñetazo en la cara. Pero sólo una distracción. Por el rabillo del ojo vi un destello – su falso brazo, sus falsos dedos. Solté su pie y giré el tercio superior de mi cuerpo para que me golpease su brazo artificial. Las partículas paralizantes salieron de sus dedos. Pero no hacia mí. Se desperdiciaron contra una pared lejana. “¡Escoria!” Ella volvía a estar libre y corría hacia la tubería. Aceleré mis patas y me lancé disparado hacia delante. “¡Quieto ahí!” gritó. “Acércate y hago un agujero en este acero.” Me detuve. <Dijiste que una vez que el túnel estuviese cavado tendríamos veinte minutos para alejarnos.> “¿Me creíste?” <Lo hice y lo sigo haciendo,> mentí. <No puedes agujerear la tubería y lo sabes. Porque si morimos en la explosión tú también mueres.> Sus labios se curvaron en una familiar sonrisa retorcida. Todo yeerk, y orgulloso de ello. “Te equivocas, andalita. Olvidas que no estoy atado a este cuerpo. Soy el yeerk de dentro. Y me protege un cráneo totalmente reemplazado, hueso por hueso, por un polímero resistente al fuego y a los disparos. El cuerpo se quemará, pero yo sobreviviré.” Oí un movimiento detrás de mí. Miré hacia atrás. Era Rachel que iba delante, seguida por los otros. Arrastrando sus cuerpos paralizados parcialmente fuera del túnel y dentro de la cámara del pozo. <¡Cógela!> gritó Rachel. <¡Cógela, Tobias!> La sonrisa de Taylor se ensanchó. Se giró hacia la tubería. Extendió su brazo artificial. <¡No!> exclamó Rachel. Taylor hizo un boquete limpio a través del metal. Y en un instante la realidad cambió. ¡Fuuuuuuummmmm! Una onda de gas natural a presión salió de la tubería. Cruzó la cámara y nos mandó volando a través del aire. A Taylor. A mí. A los otros. Volando… ¡Directos a través del túnel! <¡Ahhhhhh!> Taylor pasó junto a mí, empujada por el gas, un remolino de pelo rubio y carne rosa. Y se estaba riendo. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] ¡Raaaaaaaaaaassss! La fuerza de una manguera de bomberos. Un huracán. <¡Aaaaaahhhhh!> Fuimos lanzados por el túnel a una velocidad de vértigo. Chocamos contra las paredes. Resbalamos sobre el barro. Jadeábamos en busca de aire. ¡Estábamos totalmente indefensos! La tierra arañaba mis delicados ojos, me cegaba. ¡Baaaam! Me empotré contra una pared de tierra. Solté todo el aire y no podía respirar, no podía pensar. <¡No puedo… parar!> exclamó Ax. <Agarraos unos a otros,> gritó Jake. <Mordeos los unos a los otros. ¡Lo que sea!> <¡No hay aire!> masculló Rachel. El túnel se estrechaba. El estanque yeerk estaba cerca. Yo era el que más abajo estaba del túnel, delante de todos. Íbamos a volar desde un agujero, conmigo liderándolos, hacia nuestra perdición. Íbamos a salir disparados desde la apertura. Paracaidistas sin paracaídas. Moriríamos. Todo terminaría donde para mí había empezado todo. Ese infierno cavernoso. En segundos, seríamos cinco manchas en el hormigón, rodeados de guardias taxonitas. ¡Ba-BUM! Marco se estrelló contra mis cuartos traseros. <¡Uffff!> Jake se agarró a Marco. Rachel se agarró a Jake. ¡Ka-BUM! Ax se cogió de la caja torácica de Jake, aplastándole. Aplastándonos a todos. Mis patas, docenas de palos afilados, arañaban las paredes del túnel. Las estiré tanto como me fue posible. Las estiré para conseguir que aguantaran. <¡No puedo respirar!> masculló Marco. Un dolor agudo se disparó por mi interior. La inercia hizo que mis patas cedieran. ¡Era una locura pensar que yo podía pararnos! Era como intentar parar un coche que viaja a cien por hora abriendo la puerta y poniendo el pie sobre el asfalto. No iba a funcionar. Pero tenía un centenar de patas. Y el túnel se estaba estrechando. <¡Veo luz!> grité. Ahí estaba. El círculo rojo que brillaba como la luna de la cosecha. Acercándose más y más. Era ahora o nunca. <¡Ahhhhhh!> grité, y enterré las patas que me quedaban. Perforaron la tierra, arañaron la piedra, se chascaron como ramitas. “¡Skriiiiiiiiiiiyaaaaaaaaaaaaaa!” Un estridente grito del taxonita. Una exclamación primaria de desesperación. Pero las patas me estaban frenando. ¡Nos estaban frenando! Aún así, la fuerza del gas, de los otros empujándome – ¡iba a explotar! Era un globo a punto de estallar. Estaban llevando al límite mi fina piel… Pero la presión de las paredes nos estaba frenando. Sentí que mis venas explotaban, que la sangre me entraba a los ojos. Mi cabeza estaba casi en el agujero que daba al estanque yeerk. Todo era una mancha borrosa. Seguimos avanzando lentamente, en contra de nuestra voluntad. Pura agonía, la marcha hacia la muerte. <No… puedo… respirar,> susurró Ax. Quince centímetros, diez centímetros, cinco centímetros… Cinco centímetros y nos detuvimos. La presión no nos empujó más allá, sino que se hizo más leve. Y entonces desapareció. Nadie dijo nada. Los llamé. Sus respuestas monosílabas llegaban entrecortadas. Todos necesitábamos aire. <Moveos tíos. ¡Moveos!> dije. <Tenemos que volver.> Doblé mi enorme cuerpo y lo giré y sólo entonces me di cuenta de que el taxonita estaba menos afectado por el gas. Mi fisiología alienígena me permitía respirar la nociva atmósfera. <¡Mis pulmones… arden!> suspiró Jake. Sus cuerpos, formas oscuras con la leve y distante luz del estanque yeerk, estaban tirados y aletargados por el túnel. <No puedo,> dijo Rachel despacio. <¡Tienes que hacerlo!> dije. Marco cayó al suelo. Los otros tropezaban como borrachos. No iban a conseguirlo. El túnel estaba resbaladizo por los deshechos taxonitas. Decidí usarlo para la única cosa para la que servía. <¡Vamos!> rugí, y entonces cargué. Arremetí contra ellos y los empujé. Despacio al principio, luego más y más rápido. Mi hambre emergió de nuevo. Allí estaban. Cuatro animales débiles y moribundos. Míos para darme un festín con ellos. Sus olores. Su calor. Fue la cosa más dura que he hecho nunca. <No son comida,> grité. <No son comida.> Las patas que me quedaban me ardían de dolor. Mi hambre estaba viva. Empujé a mis amigos por el túnel con mi gran cabeza taxonita. <¡No son comida!> chillé. Después de mucho, la tierra pasó a ser hormigón. Era la cámara en el pozo. Lo habíamos logrado. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Estábamos conscientes. Respirábamos. Estábamos vivos. Por poco. Nadie tuvo que decir, <Recuperad vuestro cuerpo.> Ningún pensamiento había sido más fuerte nunca en mi mente. “El gas ha sido cortado.” Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Jake una vez que hubo terminado de transformarse, las únicas palabras que alguien fue capaz de pronunciar. “¿Cómo?” susurró. Se quedó de pie un minuto, insensible y aturdido. Incrédulo. “¿Cómo?” En silencio, seguimos a Jake fuera de la cámara del pozo. Él comenzó a transformarse en un halcón peregrino. Marco, Rachel y Ax siguieron su ejemplo, se convirtieron en rapaces. <Vamos,> ordenó Jake. Sólo había un sitio donde el gas podía haber sido cortado. La estación de control. Tenía una sensación extraña a medida que nos acercábamos a ella. Luces brillantes que salían por las puertas y el tejado teñían los árboles de las cercanías de rojo. Sabía que pasaba algo, del modo que lo sabes cuando un coche de policía pasa a gran velocidad a tu lado en la calle, sin sirena, pero con las luces encendidas. Definitivamente, había problemas. Los otros aterrizaron detrás de los arbustos donde Ax y yo nos habíamos transformado antes. Recuperaron su forma, agachándose a medida que crecían. Y aunque yo sabía que estaban todos exhaustos, se volvieron a transformar lentamente. Formas de batalla. No queríamos correr ningún riesgo. La puerta de cristal plateado estaba destrozada. Un millar de cristales brillaban en el pavimento. <Alguien ha asaltado este lugar,> dije. <Alguien salvaje>. <Vamos. ¿Quién entraría en una estación de control de gas? No hay dinero. No hay mercancías,> dijo Marco. <Quizá la factura del gas era demasiado alta para ellos,> contestó Rachel. Los otros se desplegaron alrededor del perímetro en fila india, una absurda compañía de circo. Yo me quedé vigilando desde arriba. No había nadie escondiéndose entre los arbustos. Ningún francotirador apostado en el tejado. <Es extraño,> dije. <No veo a nadie.> Aterricé en el pavimento, me transformé en andalita y me uní a los otros. Pasamos por encima del cristal y entramos a través de lo que quedaba de la puerta. Nos adentramos en el edificio. <Oh, Dios,> oí a Rachel decir. <¡Oh, Dios!> La rodeé. Mis patas traseras flaquearon. Entonces vi los cuerpos. Cuerpos humanos. Quizá media docena. Hombres y mujeres. Vestidos para aparentar ser trabajadores de la compañía del gas. Tirados de cualquier manera. Estaban vivos –pero por los pelos. Obviamente habían estado en el bando perdedor de una encarnizada batalla. Ninguno parecía estar consciente. Gusanos yeerks se meneaban y retorcían indefensos en el suelo. <¿Quién ha podido hacer esto?> dijo Jake. <Creo que por qué es una pregunta mejor,> añadió Marco. <Taylor,> dijo Rachel, su voz lúgubre. <Pero no, es imposible. Porque ella estaba con nosotros. Este era su plan y necesitaba a esta gente. ¿Visser Tres?> Me adelanté, pisando con cuidado por encima de los cuerpos con mis cuatro patas. Oí el sonido de la sirena de policía y lo supe. Supe que venían hacia aquí. Quizá polis de verdad, quizá controladores. No importaba. No teníamos tiempo, había que salir. Pero yo seguí. Seguí porque antes de que sonara la sirena, había oído un ruido. El ruido de algo vivo dentro del edificio. <Tobias, tenemos que salir de aquí. No vamos a averiguar qué ha pasado aquí,> dijo Rachel. <Al menos no en este momento.> No me di la vuelta. Me adentré en las entrañas del edificio, donde los compresores y las bombas que antes funcionaban estaban silenciosas e inmóviles. Seguí el sonido. Había una puerta que parecía una pequeña oficina y me colé dentro. Y entonces la vi, sentada con los codos en la mesa, con la cabeza entre las manos. Cassie. Llorando. Había apagado el gas y había salvado nuestras vidas. Ella lo había hecho. <Cassie, soy yo.> Ella no levantó la vista. No se movió. <Cassie.> Con los delicados brazos andalitas, intenté levantarla de la silla. Ella se puso de pie pero estaba como muerta entre mis brazos. <Vamos, Cassie. Tenemos que salir de aquí. Está bien. Todo está bien> Sus sollozos terminaron. En su lugar empezó a respirar entrecortadamente. Se giró en mis brazos, se giró de tal manera que estaba de pie y cara a cara conmigo. Sus ojos, rojos y húmedos, se quedaron mirando fijamente los míos. Unas rayas saladas se secaban en su cara “No,” dijo. “Nunca estará bien”. [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Era el día siguiente. El sol pegaba con fuerza y producía columnas de aire caliente ascendiente. Debía de llevar unos doce minutos sin mover ni un ala. Rachel también. La naturaleza nos estaba dando una vuelta gratis. Estábamos bien en lo alto. No podías ver ni la presa desde esa altura. Pero lo genial era que no éramos los únicos pájaros allí arriba. Supongo que los halcones verdaderos también les viene bien desconectar de vez en cuando. ¿Por qué? No lo sé. Quizá necesiten un poco de perspectiva. Quizá necesiten sentir que no están atados al mundo de su prado. Quizá estén rompiendo barreras, viendo cómo de alto pueden subir antes de que el aire sea demasiado infranqueable. O quizá no saben por qué hacen nada. <¿La playa?> preguntó Rachel. <Sí. ¿Te parece bien la cala?> Giramos como si fuéramos cazas y salimos de nuestra ascendente. Los árboles y las colinas se acercaron a nosotros, el océano no mucho más allá. Pensé en el pozo en el que Bobby casi se había ahogado. El sitio dónde su padre le abrazó con cariño. Vi la estación de control mientras descendíamos. Estaba acordonada. Todavía llena de polis e investigadores. Pensé en el último segundo que había visto a Taylor, absorbida por el túnel, la muñeca Barbie con el pelo de punta. Su imagen permanecía pero su voz se había ido. Quizá sólo por ahora, quizá para siempre. Era demasiado pronto para saberlo. La cala es la cosa más parecida a una playa secreta que conocemos. Son todo rocas y caídas de ocho metros al mar, así que no es muy popular entre la gente playera. Prácticamente tienes que ser un pájaro para llegar. Rachel recuperó su forma y yo me transformé en mi yo humano. El sol estaba templado. El aire era salado. Estábamos juntos. “No había manera de que lo pudiésemos haber sabido,” dijo ella, notando mi humor, sabiendo dónde estaba mi mente. “Actuábamos con la mejor información que teníamos.” “No estoy seguro,” dije. “¿Hablaste con Cassie? ¿Te dijo qué pasó?” “Sí. Jake la llevó a casa anoche, pero me pasé esta mañana.” “¿Y bien?” “Contactó con Tidwell porque Jake dijo que podía avisarle. Mientras cavábamos el túnel, Cassie habló con la facción pacifista yeerk. ¿Sabes que le dijo Tidwell?” Levanté las cejas. “Tidwell y todos los yeerks pacifistas intentan alimentarse al mismo tiempo. Intentan aparecer en el estanque yeerk todos juntos para poder intercambiar información y hacer planes.” “Eso lo sabemos”, la interrumpí. “Bien. Pero no sabíamos que habían reorganizado su horario de alimentación. No sabíamos que lo habían reorganizado para juntarse los sábados por las tardes.” Hubo una larga pausa mientras calculaba lo que significaba eso. “¿Insinúas que de alguna manera Visser Tres se enteró? ¡Iba a quitarse de en medio a toda su oposición en un día! Los bandidos andalitas. La facción pacifista yeerk. Dos grupos, un plan.” “Sí. Y Cassie cree que quería algo más que nuestras vidas,” dijo ella. “Piensa que Visser Tres planeó semejante atrocidad para poder echarle las culpas de ello a la facción pacifista. Que iba a debilitarlos friendo a sus huéspedes, y después quitándoles crédito haciéndoles parecer responsables de planear la explosión de gas y por maquinar la pérdida masiva de vidas yeerk.” “Eso suena como el Visser al que conocemos y queremos.” “Y si sacrificaba algunos yeerks inocentes por el camino,” continuó Rachel, “sería un pequeño precio a pagar por un plan que también, gracias a Taylor, nos aniquilaría a nosotros.” “Así que Taylor estuvo trabajando para Visser Tres todo el tiempo. Simuló estar contra él para conseguir que cooperásemos.” Respiré profundamente para asfixiar el dolor de mi pecho. “¡A pesar de todas las señales y presentimientos! No me puedo creer que no me diera cuenta. Debería haberme fijado los detalles…” “Ey. Me da igual lo que pienses, Tobias, Taylor no es tu responsabilidad. Además, uno no puede estar pendiente de todo.” dijo Rachel.. “Las cosas pasan rápido. Sólo tienes que tomar la mejor decisión que puedas y seguirla. ¿Sabes qué? Haría lo mismo otra vez si tuviera que hacerlo.” “¿Cómo puedes decir eso?” “Yo lo veo como algo instintivo. Sabía que tenía que cavar el túnel. Resulta que tenía razón, pero por los motivos equivocados. Si no nos hubiésemos involucrado en lo de Taylor, Cassie nunca hubiera sabido el plan, no hubiera hablado con Tidwell, no se hubiera preocupado por nosotros. Pero lo hizo. Y desencadenó una serie de eventos que de otra manera no hubieran ocurrido. Acabamos salvando a la facción pacifista yeerk. Fue una buena inversión.” “Cassie se enfrentó a un puñado de humanos. Sola. ¿Estás diciendo que eso es bueno?” “Por supuesto que no,” dijo Rachel con énfasis. “Pero era el menor de dos males”. Me senté en un saliente de la roca. Las olas rompían. El viento soplaba. Rachel se sentó a mi lado. Quizá yo era débil, pero por lo menos era libre. Mis decisiones eran mías. No importaba cuáles fueran. ¿Había terminado todo para Taylor? ¿Habría atravesado el agujero hacia la cúpula yeerk? ¿Se habría detenido en una grieta del túnel hasta que la presión del gas desapareció? ¿Se habría agarrado a un pedazo de roca y se habría quedado ahí? ¿Estaba viva? ¿Volvería a ver a la chica Taylor alguna vez? ¿Dejaría de importarme en algún momento? “Nunca sabes cómo van a acabar algunas cosas”, dije yo. Una pelusa flotó por encima de una roca, barrida por el viento. Me levanté para cogerla. Rachel se movió para pararla también. Nuestras manos chocaron suavemente. Cogí su mano. La pelusa pasó a nuestro lado y cayó en una grieta. “Sí,” contestó sonriendo. “No tiene sentido preocuparse de lo que podrías haber hecho. El pasado es el pasado Tobias. Déjalo estar.” [b]©2000 K.A. Applegate 2009 de la traducción de Loko18[/b]

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