#45 La Revelación

Sinopsis:

          Las cosas ya están bastante raras: la lucha contra los alienígenas, la batalla para salvar la Tierra, y todo mientras intentas aparentar normalidad. Marco, el resto de Animorphs y Ax casi se han acostumbrado a vivir con eso. Casi. Pero las cosas están cambiando. La invasión de la Tierra empezó de forma cautelosa, secreta. Pero ahora todo está acelerando. Incluso el padre de Marco está hablando de un proyecto top secret de su trabajo, algo a cerca del descubrimiento del Espacio Cero…

 

          Marco ni siquiera sabe si su padre es o no un controlador. Pero lo que sí sabe es que no va a permitir que los yeerks se salgan con la suya esta vez. Ya tienen a su madre, y Marco hará lo que haga falta para que no se lleven también a su padre. Lo que haga falta.

Datos del libro:

El libro consta de 136 páginas en 23 capítulos.

Narrador

Marco ya ha tenido que enfrentarse a la realidad de perder a uno de sus padres a manos de los yeerks. Ahora, un proyecto en el que su padre ha estado trabajando ha atraído la atención de los yeerks y quieren convertirlo en un controlador. Marco no quiere que eso pase, y hará cualquier cosa para mantener a salvo a su padre.

 

Hay muchas razones por las que los humanos están atrapados en la Tierra y no pueden explorar el espacio –pero el padre de Marco y la gente con la que trabaja, acaban de descubrir algo que por fin podría ponernos en órbita. Han descubierto el Espacio Cero. Y los yeerks se han enterado.

Y no sólo eso, sino que además la madre de Marco, el huésped de Visser Uno, ha vuelto a la Tierra para que el yeerk que la controla sea públicamente ejecutado, el castigo por fallar en el cumplimiento de su misión. Marco tiene la oportunidad de salvar a sus dos padres, de una vez por todas. ¿Pero lo logrará? ¿O sólo conseguirá llevar a sus padres –y por ende a sus amigos- directos a las garras de los yeerks?

 

Nuevos personajes

 

Por primera vez en este libro aparece la nueva fuerza de combate de Visser Uno, el escuadrón de hork-bajirs de la Cinta Azul, llamado así por las bandas que llevan atadas a los brazos. Son los equivalentes musculados de los hork-bajir normales, y han sido entrenados para convertirse en fuertes y eficientes asesinos. Los lidera un hork-bajir llamado Grath.

 

[b]Capítulo 1:[/b] Mi nombre es Marco. Y en la cocina me siento como Dennis Rodman en el baloncesto. Cuando me toca a mí hacer la cena, no pido comida para llevar. No abro un bote de judías preparadas Heinz y lo llamo comida. Por favor. Yo voy mucho mas allá. Uso el horno. Lo sé. Os estáis diciendo “pero, Marco, tío, estás luchando en una guerra contra aliens invasores. Tú y tus amigos, combatiendo contra los yeerks veinticuatro horas al día, siete días a la semana. ¡¿De dónde sacas el tiempo para cocinar?!” No es fácil. Pero con un poco de ayuda de la sección de los congelados es mucho más simple de lo que puede parecer. Además, esta noche en especial estaba intentando que mi madrastra se sintiera, bueno, orgullosa de haberse casado con mi padre. Incluso aunque yo no hubiera estado al cien por cien contento con el tema, ella había hecho feliz a mi padre. Eso ya era algo. Un coche entró en el garaje, oí cerrarse una de las puertas y luego los tacones resonando contra el asfalto. Nora, mi madrastra. Tiré algunos platos de plástico en la mesa, esparcí unos cubiertos, y cogí los vasos y un montón de servilletas. A Nora no le gustaban los platos de plástico, pero hey, hoy no le tocaba a ella lavarlos. La puerta se abrió. Oí un suspiro, y el sonido de una pesada bolsa cayendo en el suelo del vestíbulo. -Hey, -la saludé. -Hey, -me respondió Nora. -La reunión de la facultad se ha alargado muchísimo y… – sin duda, el olor de la comida casera había llegado a su nariz. -¡Marco! -exclamó, entrando en la cocina. -¡Estás haciendo cena de verdad! -miró los platos de plástico y decidió no hacer comentarios. -Eres el hijastro de mis sueños. Nora era profesora de mates. Nunca llegaríamos a entendernos del todo. Y ahora se ponía sentimental conmigo. Forcé una sonrisa. -¿Increíble, no? -otro coche entró en el garaje. Un silbido y luego unos rápidos pasos en el camino. Saqué bebida de la nevera. La puerta de la entrada se abrió. Era como si papá llevara muelles en los zapatos y una enorme sonrisa tatuada en la cara. Sus mejillas estaban rojas. Parecía que le acabara de tocar la lotería. -¡Hola, familia! Vale, demasiado entusiasmo para mí. Y la palabra “familia” aplicada a alguien más que no fuéramos yo, mi padre y mi madre, siempre me sonaría muy rara. Y para empeorar las nauseas, mi padre sacó un ramo de flores de detrás de su espalda. Evidentemente, no eran para mí. Creo que hubo un beso. Igual algunos susurros ñoños. No lo sé, miré hacia otro lado. Ya veía bastante del “poder del amor” entre Jake y Cassie, y Rachel y Tobias. -¿Qué celebramos? -Nora soltó una risita como una niña de primaria y se sentó en la mesa. -Oh, nada, -dijo papá, dejándose caer en la silla de en frente. -Sólo que eres la mujer más maravillosa del mundo. -Te conozco mejor que eso, -su voz de adulta resurgió mientras apartaba las flores. -¿Qué pasa contigo? – Vamos a decir tan sólo que las cosas están interesantes en el trabajo. Si todo sale bien podría ser lo mejor que nos haya pasado nunca. Entonces sonó el timbre. Saqué la pizza del horno y la corté con el corta-pizzas. -¿Cuál es el negocio, papá? ¿Vamos a ser ricos? Le pasé un trozo chorreante de queso. -Bueno… -dijo lentamente. -Lo que mi equipo se lleva entre manos podría ser uno de los mayores avances de la historia. -¿Un descodificador de TV por satélite? -Marco, hablo en serio. Los descubrimientos como el que acabamos de hacer me hacen desear que ojala fueras mejor en mates, -miró a Nora con complicidad. -O al menos que aprobaras algún examen. -Tiene razón. Las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza. Son el lenguaje universal. Todo a nuestro alrededor puede ser representado y entendido mediante números, -la cara de Nora se había iluminado inquietantemente. Me pregunté cómo es que los números podían hacer que alguien se sintiera así. La pesadilla de mi último examen de álgebra relampagueó en mi mente. -Papá, sólo dinos en qué estás trabajando. -Realmente no debería mencionarlo, -dijo él de pronto. -Es secreto. Top secret. Nora le lanzó una mirada y, no sé cómo, funcionó. -Vale… -dijo papá lentamente. -Si prometéis no decir nada… y quiero decir a nadie… supongo que os puedo contar algo. Se tragó un cacho de pizza y luego apartó el plato para poderse inclinar hacia delante, con los codos sobre la mesa. -Hemos descubierto lo que podría describirse como una dimensión completamente nueva, aunque no es del todo una dimensión. Es algo como… ¿Marco, tu has estudiado secciones cónicas, no? ¿Cuándo aprendería a no pedirle a papá que se extendiera? Los ingenieros, como los profesores de mates, siempre encuentran una manera de hablar prolíficamente sobre situaciones teóricas que obligan a mi débil mente a dormirse casi al instante. Incluso más rápidamente que ante un libro de mates. -Olvida las clases de mates, -dijo mi padre, viendo que me estaba perdiendo. -¿Sabes el aspecto que tiene un cono, no? Bueno, la superficie de un cono es el análogo en dos dimensiones al espacio en cinco dimensiones en el que vivimos. Suspiré y me levanté a coger otro trozo de pizza. Papá me cogió de un brazo y me hizo sentar. -Pero un cono tiene tres dimensiones, -le corrigió Nora. -Exacto. Mientras la superficie del cono es bi-dimensional, la misma superficie existe en tres dimensiones. -Hmmm, -Nora parecía perpleja. -Sí, -dije algo más alto. -Hmmm. -El cono tiene una singularidad, -insistió mi padre. -¿Una qué? -El punto donde se cruzan todas las líneas. El punto desde donde parten todos los trazos, o al que llegan todos ellos. Desde dónde podrías moverte en cualquier dirección sin moverte realmente del sitio. -¿Qué tiene que ver esto con tu trabajo? -la confusión de Nora revelaba que papá la acababa de superar en frikismo. Lo que, desafortunadamente, sólo aumentó su determinación de explicarse. -Vivimos nuestras vidas sólo en una línea del cono, en cuatro simples dimensiones, incluyendo el tiempo. Sentía que los ojos me daban vueltas dentro de la cabeza. -Hemos estado atrapados en la superficie del cono todo este tiempo. Cuando queremos ir a algún sitio, tenemos que viajar por la línea. Pero ahora, imagina que alguien encuentra el punto, una localización sin tamaño, sin anchura, sin extensión. La representación física de la nada. Por sí mismo, no supone nada. ¡Pero es el final y el principio de todo! ¡Un multiplicador del espacio real! -Genial, -dije. -Mirad, tengo deberes. Muchas mates. -Tiré mi plato de papel a la basura y me fui al cuarto de estar. Me dejé caer en el sofá y cogí el mando de la tele. Soy partidario de un rápido zapping antes de los deberes. -¿Cómo vais a llamar a vuestro descubrimiento? -oí que preguntaba Nora. -No lo sé, la verdad, -dijo papá, pensativo. -¿Cómo llamas a algo que realmente no es nada? No daban nada en la tele. Una vieja reposición de Star Trek. Una nueva reposición de Star Trek. Mi vida ya tenía demasiada ciencia ficción. ¿Qué tal algo del mundo real? -¿Cómo lo llamaría? -continuó papá. -Cero, supongo. Espacio cero. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Casi me atraganto. Me incorporé, miré por encima del sofá y clavé los ojos en la cocina. ¡¿ESPACIO CERO?! Nora me miró con alarmada. -¿Marco, estás bien? Cerré la boca abierta y me forcé a pestañear. Normal. Sé normal. Actúa normal. -Bien… uh, sí, um, estoy bien. Volví a sentarme. Me temblaban las manos y mi cabeza era una montaña rusa de adrenalina. ¡Cómo no me había dado cuenta! Había estado describiendo el espacio cero. ¡Durante cinco minutos! ¿Cómo? ¡Cómo! Agarré el teléfono inalámbrico y llamé a Jake. -¿Hola? -contestó él. -Tenemos…-dije en un susurro, tosiendo entre palabras para camuflar el sonido. -Una situación. Hubo una pausa. Oí una voz de fondo, y luego a Jake fingiendo reírle una broma a Tom. Tom, su hermano, un controlador. Esperé a que me contestara. Finalmente, Jake murmuró, -¿Veinte minutos? -De acuerdo, -dije, y colgué. Papá todavía estaba hablando con Nora. -Estamos trabajando en una manera de comunicarnos a través de ese punto. La materia normal es dimensional y en teoría no puede atravesarlo. Nuevas noticias, papá: mi materia atraviesa ese punto demasiadas veces a lo largo de la semana. Cada vez que me transformo, el exceso de masa sobrante es absorbido por la nada. Una burbuja en el tiempo. Papá continuó con entusiasmo poco disimulado. –Pero hemos descubierto que un elemento en particular puede atravesarlo… No pude callarme. Tenía que saberlo. Si papá era un yeerk… bueno, era simple. No pensaba entregar a [i]dos[/i] de mis padres al enemigo. Ni hablar. -Así que, papá, -le llamé, entrando en la cocina. -Puedes, digamos, ¿hablar con gente a través de esa cosa? -Precisamente, -dijo él. -¿Y eso es mejor que una radio? Miré su cara, sus ojos, más cuidadosamente de lo que nunca lo había hecho. Si era un controlador, lo sabría. Detectaría algún residuo del yeerk. La arrogancia, la vanidad. Lo vería. No podías luchar con un enemigo tanto tiempo y ser incapaz de sentir su presencia, de decir si hay una babosa yeerk rondando el cerebro de tu propio padre. ¿Podías? -Marco, -dijo. -La comunicación a través de este punto, del espacio cero, sería instantánea. A diferencia de la luz, por ejemplo, la comunicación viajaría sin moverse, – los ojos de papá brillaban de excitación, maravillado. Sin maldad, sin secretos. -¡Sólo piénsalo! dijo. –Podríamos hablar con la estrella más lejana en un instante, enviar información más rápido que la velocidad de la luz. ¡Todo sin que tuviera que moverse! Sonrió, seguro de que nos había dejado atónitos a mí y a Nora. -Eso es fascinante, cariño, -su interés, real al principio, ahora parecía más que nada cortés. Acercó su ramo al fregadero y empezó a poner las flores lilas en agua. Me senté en su silla. -Papá, –dije, -¿cuándo dices que puedes comunicarte a través de esta cosa del Espacio Cero, a qué te refieres? Quiero decir, ¿con quién contactarías? Sé que hay alguna forma de vida fosilizada en Marte, pero no creo que puedan contestar al teléfono. Papá se removió en su silla. –Marco, eres prisionero de tu educación. Te han enseñado el sistema solar. Te han enseñado la Vía Láctea. ¿Pero te han sugerido nunca la enormidad de lo que hay realmente allí fuera? ¿La cantidad de posibilidades de que haya, en algún sitio más allá de nuestro alcance, en un sitio tan lejano que nuestros cuerpos no pudieran vivir lo suficiente para viajar hasta allí, otras formas de vida inteligentes? Sonaba tan inocente. Un yeerk no dejaría que un portador suyo hablara así. Simplemente no lo haría. -¿Qué idioma usaríais para comunicaros? –probé. -Si hay vida allí fuera, no creo que hablen inglés. -Podemos probar con la música, -contestó papá sencillamente. -O las matemáticas, el lenguaje universal. -Sus ojos buscaron los de Nora en una tierna mirada. Tan puro. Tan poco yeerk. Pero necesitaba pruebas. Pruebas de que todavía era sólo mi padre y nadie más. Las intuiciones no bastaban. -Debería volver a la oficina, -dijo de repente, levantándose. Me puse a su lado.- Los de arriba han dicho que si para finales de semana nuestro equipo perfecciona este pequeño dispositivo que podría, en teoría, enviar y recibir comunicaciones a través del Espacio Cero, podremos presentar nuestros descubrimientos en la conferencia del mes que viene. Vosotros dos sabéis lo que eso significa… Papá nos agarró a Nora y a mí por la cintura e intentó levantarnos en el aire. Quizás era un controlador. Nunca antes había hecho eso. -Significa unas vacaciones con todos los gatos pagados para toda la familia, en un fantástico rinconcito en la montaña. TV por satélite para el chico. Piscina para la esposa. ¡Incursiones al minibar para todos! Podríamos pasar más de un fin de semana. ¡Escaparnos de la ciudad durante cinco días enteros! -¿Cinco días? –dije. -Si prefieres ir al colegio… -No, -dije rápidamente. -No es eso. Sólo pensaba… -miré a mi padre a los ojos. -Ya sabes, las plantas. Cinco días. Es mucho tiempo sin su abono enriquecedor. Era una prueba. Tonta pero necesaria. Si había un yeerk en el cerebro de papá, no permitiría un viaje de más de tres días. El ciclo alimenticio de rayos kandrona dura tres días. Los yeerks absolutamente inflexibles con eso. Papá me miró como si fuera idiota. -¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Te voy a sacar del colegio. Nada de secciones cónicas. Nada de biología. Chico, las plantas se las apañaran solitas cinco días, -apretó la mano de Nora. –Bueno, tengo que irme. Se detuvo ante la puerta delantera y se giró otra vez hacia nosotros. -¿Sabéis qué? -dijo. -El descubrimiento del Espacio Cero es algo grande. Realmente grande. No creo que nuestras vidas vuelvan a ser las mismas. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] <¡Imposible!> exclamó Ax por segunda vez. <No hay manera de que la ciencia humana pueda haber dado ese salto. Tiene que haber yeerks detrás de ese trabajo.> -¿Por qué los yeerks iban a usar humanos para desarrollar una capacidad que ya tienen? Sería demasiado raro. -Rachel levantó la vista de su libro de mates. Mi implacable compañera guerrera. A Rachel no le bastaba con ser una belleza. No, también tenía que tener cerebro. Realmente pensaba aprobar el examen que teníamos al día siguiente. Estábamos en el granero de Cassie, también conocida como la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. El sitio estaba repleto de bichos de todos los tamaños y aspectos, acurrucados en sus cajas, escarbando, quejándose. Algunos estaban quietos y simplemente observaban. Ax no estaba transformado. Sentía que aquí éramos vulnerables allí, justo después de la hora de comer. -¿Estás segura de que estamos a salvo, Cassie?- dije. Ella levantó la vista de su libro de mates. Os lo digo en serio, era una conspiración. -¿Bromeas? -dijo Cassie. -¿Habiendo un documental de la BBC sobre los lemures? Una nave cúpula podría aterrizar en el jardín y mis padres no se enterarían. Los padres de Cassie eran veterinarios, las únicas personas que conozco a las que les gustan los animales –y los documentales de animales¬- más que a la propia Cassie. -Además, – añadió ella,- tenemos a Tobias. <Ese rollo del Espacio Cero tiene que ser una trampa,> intervino él. <Una trampa muy elaborada.> -Demasiado elaborada, -repliqué. -¿Realmente crees que los yeerks se buscarían el problema de plantar la semilla de la tecnología del Espacio Cero en alguna empresa insignificante de ingenieros humanos? ¿Y esperar hasta que la noticia se filtrara y nos llegara a nosotros? Sería algo improbable y muy lento. Nada yeerk. -Podría ser algo más simple de lo que pensamos, -continuó Jake con calma, apoyado sobre una bala de paja. Esta guerra ha envejecido a mi mejor amigo de formas que no se pueden percibir a simple vista. Pero definitivamente está muy claro que su mente ya no es la de un niño. Hacía tiempo que ninguno de nosotros lo éramos. -Quizás es falso todo lo del Espacio Cero. Los yeerks podrían haber creado un rumor, sabiendo que atraería a los bandidos andalitas como moscas a la miel. -¿Un rumor? -dudó Cassie. <Tiene que ser eso,> declaró Ax. <Simplemente, no hay forma de que los humanos estén a punto de descubrir la comunicación a través del Espacio Cero.> <Si los ingenieros humanos son parte del plan de los yeerks,> razonó Tobias, <eso quiere decir que el padre de Marco…> -No, -me levanté y empecé a pasearme.-Los yeerks no tienen a mi padre. No lo tienen. Sí, la cosa huele mal. Pero no es un controlador. Lo puse a prueba. Os lo he contado. -A lo mejor os engañó con eso del viaje de cinco días,- dijo Rachel. -Si sabía que lo estabas poniendo a prueba, te habría seguido el juego. Ganarte en tu propio terreno. -¡No! -dije firmemente, deteniéndome en seco. -Mira, igual es un ingenuo. Igual es un miembro inocente del equipo de yeerks de la oficina. Pero él no es uno de ellos. Al menos, todavía no. Pero de golpe me sonó absurdo. Tenía que ser el siguiente en la lista. ¿Dónde estaría en realidad ahora mismo? ¿En la oficina, como había dicho? ¿O en el estanque yeerk? ¿Y por qué… por qué lo habían dejado libre tanto tiempo? ¿Necesitaban los yeerks un peón, un humano genuinamente ignorante para mantener su tapadera? ¿O sólo habían estado esperando la oportunidad de cogerlo e infestarlo? Como por ejemplo, esta noche. <Tienes que admitirlo,> dijo Ax solemnemente, <los yeerks no nos tenderían una trampa dejando a un miembro de su equipo sin control. Sería una enorme brecha en la seguridad.> Sentí la mirada de Jake clavada en mí. Puso una mano sobre mi hombro. -¿Cómo llevamos esto, Marco? Tu padre, tu decisión. Jake es un líder diplomático. Tiene la política de preguntar antes de actuar. Pero lo que yo realmente quería en ese momento era un dictador. Quería que nos ordenara que salváramos a mi padre. -No lo sé, – dije, en lugar de contestar lo que quería. –¿Qué hay de vigilar un poco la oficina de mi padre? Ahora debería estar allí. Jake miró a Cassie. – Ok, –dijo. –Lo vigilaremos, empezando ya mismo. Ax y Tobias, pegaos al padre de Marco hasta que deje la oficina y llegue a casa. Entonces me di cuenta de por qué Jake había mirado a Cassie. Jake le había consultado si pensaba que podían confiar en mi, todo con una sola mirada rápida. Y ella le había contestado que no. Pensaban que todo eso me afectaba demasiado de cerca. El pobre Marco estaba a punto de perder también a su padre en manos del enemigo. Por supuesto que explotaría. -Marco, –continuó Jake. -Tú vigilarás cuando esté en casa. Yo buscaré a Erek a ver qué sabe. Compararemos resultados por la mañana. Ax se transformó en halcón y voló hasta Tobias. -Quiero ir con ellos, –dije. -Es más probable que los yeerks intenten coger a mi padre fuera de casa. -Ellos lo cuidarán, -me respondió Jake. -No tienen una madrastra esperando que vuelvan a casa. No va a pasar nada aunque no vayas. ¿Lo decía en serio? Algo en su tono hacía que lo dudara. -No puedes estar seguro de eso, Jake. ¿Y si pasa algo? Quiero estar allí. -Cuando pase, estarás. Pero ahora vete a casa. Todo va a ir bien, -su boca sonrió, pero no sus ojos. Salí del granero y seguí el camino. No quería transformarme en pájaro. Quería caminar como un chico. Quería pretender por un momento que sólo era un chico normal. Pero mi mente sabía la verdad. Jake, mi amigo más antiguo, no confiaba en que yo hiciera lo correcto estando mi familia por en medio. Le demostraría que estaba equivocado. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] ¡Brrrrrrrrrrrrring! Me desperté de un salto, como un piloto de la Royal Air Force al oír la alarma. Listo para pilotar mi caza… ¡vamos, empieza la batalla! Espera. No, era el teléfono. Y yo era Marco, el chico que se había dormido encima del libro de mates. Había baba en las páginas. Genial. ¡Brrrrrrrrrrrrring! Alcancé el teléfono de mi escritorio, descolgué y fui a decir… -¿Hola? –dijo papá con voz medio grogui. Habíamos descolgado a la vez. Papá no se había dado cuenta. -Soy Jack, del trabajo. -Jack. Hey. ¿Qué puedo hacer por ti? La llamada era para papá, que estaba en casa, vivo, en su cama. Podía colgar. Debería colgar. Miré mi reloj. Las once de la noche. ¿Por qué llamaba tan tarde alguien del trabajo? -Es Russ, –dijo la voz de hombre, sin mostrar ninguna emoción. -Ha tenido un accidente de coche. Russ ha muerto. -¡Oh, Dios! -La mujer de Russ está… está histérica, está… ya sabes lo que es. Perdiste a tu esposa. Pensamos que tú harías un mejor trabajo consolándola. ¿Puedes ir a su casa? -Claro, -respondió papá. Colgué el teléfono. Oí a papá bajar las escaleras, todavía al teléfono, anotando la dirección de la viuda. Había conocido a Russ en un picnic de la compañía unos años atrás, donde también había estado su mujer. Mi mente viajó a la noche en que mamá desapareció, al terror que envolvió mi corazón cuando me di cuenta de que nunca iba a volver a casa. -Hmf, –dije en voz alta. -Triste. Volví a mis mates. Problema 8. Lo escudriñé. Era totalmente incomprensible, no importa como lo miraras. Problema 9… Entonces caí. Un flash, una oleada de comprensión. Las piezas del puzzle encajando en su sitio. Y no me refiero al problema 9, sino a la llamada de teléfono. Un tío del trabajo había muerto, un tío de los que trabajaban en el proyecto del Espacio Cero. Una llamada tarde por la noche. Una voz en el teléfono que decía “pensamos que tú harías un mejor trabajo consolándola”. ¿Pensamos? ¿Nosotros? -¡Oh, Dios! Salté de la cama y abrí de par en par la puerta de la habitación. La puerta eléctrica del garaje empezaba a abrirse. ¡Papá estaba sacando el coche! No. Iba hacia una trampa y yo no había escuchado lo suficiente como para apuntar la dirección. Me lancé escaleras abajo, saltándolas de tres en tres. Miré la libreta de al lado del teléfono inalámbrico. Nada. El bloc de notas de la mesa de papá. Nada otra vez. ¿Dónde estaba la casa de Russ? ¿Dónde estarían “ellos” esperándolo? La pantalla de su ordenador todavía estaba encendida –sin salvapantallas. En la barra de inicio había una ventana minimizada con las palabras “Yahoo! Maps”. Cogí el ratón y pinché. Bingo –1366 Fairmont, y un mapa de carretera por si pensabas ir en coche. No era mi opción. Iba a ir, pero tendría que pedir refuerzos. Marqué el número de Jake, pulsando las teclas frenéticamente mientras caminaba hacia la puerta de atrás. -¿Hola? -no se trataba de Jake. La voz era más grave y ronca. Era Tom. Colgué instantáneamente. El teléfono sonó en mi mano y antes de que pudiera pensar, respondí. -¿Quién eres? Has llamado y me has colgado. ¡¿Quién eres?! -Tom finalmente había descubierto la rellamada. Me eché a temblar de pura vergüenza y nervios. Me imaginé al yeerk al otro extremo de la línea. –Soy Marco, –murmuré. -Quería hablar con Jake. Lo siento. Tom gruñó en el teléfono y colgó. Jake estaba descartado. ¿Quién más había? Ax, Tobias. Habrían vuelto al bosque. Los padres de Cassie no la dejarían salir. Rachel. Marqué. Fue ella quien cogió el teléfono. -¿Quieres quedar? -dije. Siempre había que hablar en código. Siempre había que ser cuidadoso. -¿Dónde? -Trece sesenta y seis Fairmont. -¿Cuándo? -Hace cinco minutos. -¿De lo que hablamos antes? -Ajá. Colgué y fui hacia la puerta. Me alegré de que fuera Rachel. Si crees que una situación va a ponerse fea, a quien quieres tener a tu lado es a Rachel. -¿Marco? -Nora, medio dormida en las escaleras. -¿Dónde está tu padre? -¿Papá? Ha ido a la tienda. Probablemente tenía antojo de helado. Volverá pronto. Nora se lo pensó un momento, pareció tragárselo, y volvió a la cama. Salí fuera y en el jardín trasero me transformé en águila pescadora. Era peligroso, pero estaba oscuro. Empecé a aletear con fuerza antes de que mis alas estuvieran formadas por completo. Arriba, arriba, arriba. Las luces de las calles reducían la ciudad por la noche a una simple cuadrícula. El mapa. Planeé, bajando poco a poco, hasta que vi el coche de papá. ¡Ya estaba allí! Bajé en picado como un avión acrobático y en seguida me transformé en los arbustos. La planta baja de la casa tenía las luces encendidas, pero unas densas cortinas rojas cubrían las ventanas. Las sombras danzaban sobre la tela. Siluetas raras, movimientos repentinos. Una lucha. ¿¡Dónde estaba Rachel!? Fui hacia la casa, gateando para que mi cabeza no se viera por encima del marco de la ventana. Me detuve en uno de los ventanales laterales y me asomé en un sitio donde la cortina no alcanzaba el borde de la ventana. -¡Aaaah! –una voz distorsionada desde algún sitio de la habitación. Dos hork-bajir montaban guardia, rígidos. Detrás de ellos, dos controladores humanos ataban a mi padre a una silla… lo hacían inclinarse… ¡y lo acercaban a un estanque yeerk portátil! Uno de los hombres era Russ. El “muerto” estaba vivo. Me levanté. Me olvidé de la cautela y la protección y la seguridad. “Olvídate todo excepto de papá” decía mi instinto. Aún así, me quedé allí, inmóvil. Mirando como uno de los hombres acercaba la cabeza de mi padre al borde del tanque. Papá se debatió en un desesperado acceso de terror. El hombre le cruzó la cara. Papá le dio una patada al pequeño estanque. Una pequeña parte del fluido rebasó el borde y cayó a la alfombra. Yo seguí mirando, petrificado. ¿Era real? ¿Estaba sucediendo realmente? Entonces la rabia y el odio rugieron como demonios en mi interior. -Esto no puede pasar, – dije con calma. –No a mi padre. Otra vez no… El instinto me ordenaba acabar con la pesadilla, saltar atravesando el cristal, destruir a los controladores y liberar a mi padre. “Pero eres un Animorph,” discutía mi mente racional. “Un soldado. Tienes que dejar que pase. No puedes salvarlo ahora. Incluso una libertad temporal significaría el fin. Los yeerks no pararían hasta encontrarlo. Hasta encontrarte. Hasta encontrar a tus amigos. Tienes que dejar que pase. Es lo más inteligente que puedes hacer. Es lo único que puedes hacer.” Miré. Estaban obligando a mi padre a meter la cabeza en el líquido. Consiguieron sumergir una parte de su cara. La otra miraba con horror a la babosa que nadaba acercándose. Más cerca. Más cerca… [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] -¡Nooooo! Levanté un enorme y negro puño para romper el cristal. Me había transformado, sin darme cuenta ni desearlo. Gorila: mi expresión externa de una rabia interna demasiado grande para ser contenida. Eso era. Era el final de la cautela. Y el principio de la justicia. ¡Crash! Rompí el cristal y me impulsé a través de la ventana rota. Un millón de fragmentos brillantes cubrían el suelo. El aire frío de la noche penetró conmigo y las cortinas rojas echaron a volar con fuerza. Todo el mundo se quedó congelado. Todos los ojos se clavaron en mí. Cogí el objeto que tenía más cerca, una inmensa silla de roble, y la aparté de mi camino. Los brazos del gorila son como maquinaria pesada. Simplemente quieres mover algo y lo haces. Sin cansancio. Sin esfuerzo. La silla se estrelló contra un espejo colgado en la pared. Esto de romper cristales se estaba convirtiendo en mi tarjeta de visita. <Apartaos del estanque y no resultaréis heridos,> bramé. -Andalita, – me espetó el “muerto”. Los dos guardias hork-bajir se movieron hacia mí rodeando el sofá de cuero negro, rajando la tapicería con sus cuchillas al pasar. Agarré el arma más cercana, el globo de cristal de una lámpara de pie. <¡Cabezas arriba!> grité, y lancé el globo como si fuera una pelota. Uno de los hork-bajir lo cogió como una patata caliente. Cayó hacia atrás y se dio de cabeza contra la mesa. Estos payasos no eran buen material para el baloncesto profesional. <Tú. El de la mesa. ¡Levanta la cabeza!> grité a mi padre, fingiendo una voz más profunda que la mía propia. <Apártala de la superficie. ¡Ahora!> Lo vi estirando el cuello, cansado de resistirse contra una furiosa mano humana. La base de la lámpara estaba todavía en mi puño, un largo y pesado palo de hierro. ¡Whack! ¡Whack! ¡Whack! Rápidamente sacudí al segundo hork-bajir en las rodillas, en el estómago, en la cabeza. Cayó al suelo. Un ruido sordo, y luego un estruendo de cosas rompiéndose. Levanté el sofá y lo aparté a un lado. Mi padre gritó otra vez. ¡Me giré justo para ver su cabeza deslizarse otra vez dentro del estanque! ¡El líquido color barro lamió su mejilla! ¡Y una babosa yeerk empezó a deslizarse dentro de su oreja! <¡NO!> Fue quizás el momento más raro que he vivido nunca. En un instante, todo cambió. La vida pasó a moverse en cámara lenta. Vi el futuro de mi padre en mis manos. Sólo en mis manos. Cargué, el brazo extendido, la mano abierta. Lento… ¡demasiado lento! -¡Aaaah! ¡Pero sí! Capturé la resbaladiza mitad de atrás de la babosa con mis grandes dedos y la obligué a salir de la cabeza de mi padre. La tiré al suelo. El controlador humano estaba inconsciente. Agarré la silla donde estaba atado mi padre y la arrastré por el suelo, hasta la pared. Él maldijo y pataleó, todavía atado. Pero ya estaba libre y eso era lo único que importaba. Cogí los bordes del estanque y lo levanté. Cuatrocientos litros de fluido de kandrona inundaron el suelo. Un solitario yeerk gris flotaba en la corriente. Chocó contra la pata de una mesa y fue arrastrado hacia las puertas de cristal del patio. Justo cuando parecía que iba estrellarse con la base de las puertas, las abrí. El líquido salió rápidamente al patio de fuera. Hubo un suave “splat” cuando el yeerk cayó. <Estáis acabados,> dije a los que aún estaban allí, mirando. Di un paso hacia ellos y hacia lo que quedaba de su confianza. Me habían visto encargarme de dos hork-bajirs. Sabían que podía arrancarles los brazos del tronco. Di otro paso – y sus expresiones cambiaron. Sonrieron con una idéntica sonrisa malvada. No tenía sentido. No hasta que me di cuenta de que no me estaban mirando a mí. ¡SSSSEEEEEWWWW! ¡SSSSSEEEEWWWW! ¡Un par de cuchillas gemelas se lanzaron hacia mi cuello! ¡Dos nuevos hork-bajirs! Me agaché, pero los sables me rozaron la cabeza y me derribaron. Me arrastré debajo de la mesa del comedor. Ambos hork-bajirs vinieron a por mí. Lancé una silla para interponerla en su camino, pero uno de ellos la apartó de una patada. Me arrojé hacia una butaca acolchada, agarré las patas y se la tiré encima para cubrirme. Se entretuvieron lo bastante luchando con los cojines como para permitirme llegar al destrozado sofá y levantarlo en el aire, encarándolo hacia ellos como si fuera un toro. <¡Aaaah!> Gruñí y empujé. Esperaba que Russ tenga la casa asegurada. ¡Ka-plash! ¡Bam! No le di a ningún hork-bajir, pero hice un agujero en el mueble del fondo. Uno de los hork-bajirs se echó a reír. O al menos creo que eso era lo que hacía. Retrocedí y choqué contra la pared. Ellos se lanzaron hacia mí, con las cuchillas silbando contra el aire y las bocas en forma de pico abiertas de par en par. Whoa. Un momento peligroso, en serio. Miré hacia arriba. Hacia abajo. Izquierda, derecha. Tenía que haber alguna ruta de escape. ¡Algún arma doméstica que aún no hubiera usado! Una garra de hork-bajir me agarró del cuello y me empujó hacia atrás. Jadeé intentando respirar y probé a golpearle en el estómago, pero no alcanzaba. Me retorcí de dolor y la cabeza empezó a darme vueltas… <Ha sido divertido, chicos,> jadeé. <Pero ahora tengo que irme a casa> Tuvieron exactamente un segundo para pensar que estaba loco. -¡Rooooaaaaarrrr! Unas garras gigantescas, armadas con uñas que podrían destripar un salmón antes de que pudiera decir “trucha”, golpearon sus cabezas una contra la otra. No quiero describir lo que hizo Rachel después. Digamos sólo que esos yeerks en particular no molestarían a nadie durante bastante tiempo. <Encantado de que aparezcas,> resoplé, mientras resbalada apoyado en la pared y dejaba un reguero de sangre sobre la pintura. <Parece que llego un poco tarde,> dijo Rachel, volviendo sus débiles ojos marrones hacia papá. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Nunca había visto a mi padre tan asustado como en ese momento. Estaba realmente pálido, blanco como el papel y temblaba de arriba a abajo. ¡Weeeeeeeooooo! ¡Weeeeeooooo! Las sirenas aullaban en la distancia. Venían a por nosotros. Di un paso hacia delante y mi padre se cubrió como si esperara que lo matara. [i]¡Marco, idiota, eres un gorila monstruoso![/i] Háblale, dile algo. Haz que confíe en ti. <Estamos aquí para ayudarte,> le dije, intentando disimular mi voz <Todo va a salir bien.> Los ojos de papá iban del simio al oso, no muy convencido de lo que oía. <Genial,> me dijo Rachel en privado. <¿Ahora qué? ¿Qué se supone que haremos con él?> <Ha visto demasiado. Obviamente, los yeerks quieren convertir en controlador a cualquiera que esté relacionado con el Espacio Cero. Y ahora que un bandido andalita ha salvado a mi padre, no le queda ninguna salida.> Hice una pausa, observando la habitación totalmente arrasada. ¿Qué había hecho? Me había vuelto loco. Todo aquello era una locura. <Creo que lo único que podemos hacer es…> Esperé a que Rachel terminara la frase, pero no dijo nada. Lo interpreté como un signo de que estaba de acuerdo. <Una cosa es segura,> dijo de repente. <¡Tenemos que sacarlo de aquí! Me volví, desaté a papá y lo levanté por la cintura. El se puso tenso y se debatió, pataleando desesperadamente. <¡Escucha!> gruñí. <Nosotros somos los buenos. Somos lo único que tienes.> Dio otra patada, pero se calmó. Lo arrastré hacia la puerta del patio, a través del charco de kandrona que casi me llegaba al tobillo. Rachel nos siguió. Fuimos hasta el coche de mi padre y lo dejé delante de la puerta del conductor. <¡Adentro!> Corrí a la puerta del copiloto y la abrí. ¡Uuups! Demasiada fuerza. Casi la había arrancado completamente de las bisagras. <¿¡Qué haces!?> me espetó Rachel. Me encogí, embutiendo mi cuerpo dentro del coche, y eché el sillón hacia atrás todo lo que se podía, lo que no supuso ninguna diferencia. Tenía la que tener la cabeza hundida entre los hombros y una pierna y un brazo me colgaban por el lado de la puerta rota. Las ruedas de los coches de policía rechinaron en un cruce que debía de estar a unas cinco manzanas. Algunos policías serían humanos normales, pero la mayoría seguirían siendo controladores. Y no pensaba apostar a cerca de cuáles eran estos que venían a por mí. Papá temblaba con las llaves en la mano, como un anciano. Su respiración era rápida y superficial. <¿Dónde vais a ir?> preguntó Rachel <¿Cómo vamos a encontraros?> <Os lo haré saber en cuanto pueda,> dije. El motor se encendió y Rachel retrocedió hacia los arbustos. La policía apareció a lo lejos, calle abajo. <¡Conduce!> bramé. <¡Arranca, venga!> Mi padre estaba demasiado asustado como para no obedecerme. Nos pusimos en marcha mientras las luces parpadeantes y los coches blancos se acercaban para pararse en el 1336. Miré hacia atrás por el agujero de la puerta. <¿Rachel?> la llamé en la oscuridad, sin estar seguro de si podía oírme. <Gracias.> Una furgoneta pasó a los coches de policía parados y se dirigió hacia nosotros. <¡Vamos! ¡Hay que moverse!> Nos pusimos en marcha con un hombre traumatizado al volante. Papá giró hacia la calle que nos llevaría a casa. <¡No!> grité. -Pero… mi hijo, –tartamudeó él. –Mi mujer. <¡Hacia el sur! ¡Sigue recto!> ordené. <No puedes ir a casa.> No podía permitírselo. Imposible. Demasiado peligroso. Nora probablemente ya estaría en manos de los yeerks… Y entonces la furgoneta nos golpeó por detrás. El latigazo del choque tiró de nuestras cabezas hacia atrás. Miré por encima del hombro. Dos hork-bajir estaban en la parte de delante. Otro asomaba por la puerta corredera del lateral. Dentro, sólo podía imaginármelo. Seis o siete más. <¡Mierda!> Papá sólo atinó a abrir la boca, aterrorizado. <Nos están siguiendo. ¡Vamos! ¡A la autopista!> Pero estaba paralizado por el miedo. Yo mismo tendría que tomar el control. Agarré el volante. Me estiré y empujé con mi enorme pie el acelerador, justo encima del pie de mi padre. ¡Skreeeeee! Aceleramos como un coche de Fórmula uno. – ¡Aaah! -gritó papá. No se si porque le estaba chafando el pie o porque mi conducción era incluso peor de lo que yo pensaba. Teníamos a los yeerks pisándonos los talones. Me pasé un semáforo en rojo, me metí en una rampa de salida y me sumergí en el tráfico del autopista. O lo intenté… Pitidos y gritos obscenos. Me sentí un poco mal por haber rozado al Jeep Cherokee. Y a aquel Fiesta. Y al Honda. ¡Pero no había forma de dejar atrás la furgoneta! Me moví un carril a la izquierda. Dos carriles. Tres carriles. Cuatro carriles. ¡La furgoneta seguía pegada a nuestro culo! Una señal. Salida 54… ¡Scrrrreeeeeeeeekk! Pegué un volantazo y las ruedas quemaron el asfalto. Atravesé cuatro carriles de tráfico, desde el interior hasta el desvío de salida. ¡Screeeeek! Los yeerks aún nos seguían. <¡Coge el volante!> le ordené. Él lo hizo. Miré hacia atrás. Los yeerks habían girado demasiado bruscamente. Estaban derrapando… derrapando… patinando hacia la barrera de hormigón… ¡Kaaaachooomp! Se oyó un estruendo terrorífico cuando los perdimos de vista. Hay conductores malos, y conductores peores. El barrio residencial estaba tranquilo, todos dormían. Era después de medianoche y el cielo no tenía estrellas. Giramos por una carretera de dos carriles. -¿Quienes sois? -dijo papá, apretando el freno y disponiéndose a parar. -¿Qué sois? <¿Recuerdas esos tíos con cuchillas que intentaban matarte? Unos doscientos de ellos nos están buscando ahora mismo. Si no sigues conduciendo…> Mi padre paró el coche, abrió la puerta, salió de un salto y echó a correr. <¡No!> le grité. Se dirigió torpemente hacia la cuneta y se metió por un campo de hierba alta. Salí del coche y le perseguí. Solo podía hacer una cosa. Pero lo único en lo que podía pensar en ese momento era en la última persona que lo había sabido, la última persona que había descubierto el secreto de los Animorphs. Acabó atrapado en el cuerpo de una rata, para siempre. Nosotros lo hicimos. Tuvimos que hacerlo. <¡Papá!> le llamé telepáticamente, ahora con mi propia voz. Se quedó congelado. Lentamente se dio la vuelta y me miró. A la luz de los focos del coche, empecé a transformarme. Comencé a cambiar de bestia a chico, poco a poco, delante de la atónita mirada de mi padre. Él se quedó allí, quieto como una estatua, los ojos abiertos de par en par. Cuado mi cuerpo cogió forma, las lágrimas empezaron a desbordarse en sus ojos. -Soy yo, -dije apenas tuve mi boca humana. Papá jadeó audiblemente y se acercó a mí caminando sobre la hierba. -¿Cómo? No entiendo nada. Tocó mi pelo, mi cara, mis hombros. Entonces me agarró y me abrazó. Las lágrimas de sus mejillas se juntaron con las mías. -¿Cómo? –me preguntó otra vez. -Es una larga historia, papá. Una historia realmente larga. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] Pedimos hamburguesas en uno de esos sitios que abren toda la noche, a las afueras de la ciudad. El lugar se parecía demasiado a un basurero como para que los yeerks se dignaran a revisarlo. O eso esperaba. Aún así nos llevamos la comida al coche, en una esquina oscura del parking. Se lo conté todo a mi padre. O casi todo. La historia pareció sobrecogerlo. Me miraba asombrado, incrédulo. Movía la cabeza como si todo lo que le contaba fuera, bueno, demasiado duro de asimilar. Cuando paré de hablar, lo primero que dijo fue que tenía que llamar a Nora. Cruzamos el parking hasta la cabina. Le dejé marcar los números. -Cariño, soy yo, -dijo él. -Sí, estoy bien. Podía oír a Nora al otro lado. Estaba gritando, preocupada, asustada. –Estoy con Marco, -dijo papá. -¿Dónde? Estamos en… Corté la conexión y le quité el auricular de la oreja para colgar bruscamente. Él me miró sorprendido. -¿Qué ha sido eso? -exigió. Por primera vez desde la brutalidad de la casa de Russ, sentí que el padre que conocía estaba conmigo. Mi verdadero padre. El padre listo, la figura de autoridad. Por primera vez desde que me había transformado, la mirada de sus ojos era cualquier otra cosa excepto distante. -¿Por qué has hecho eso? Eché a caminar de vuelta al coche. Él me siguió. -¡Te he preguntado que por qué has hecho eso! Me senté en el asiento del copiloto. Papá entró por su lado y cerró de un portazo. Él tenía puerta para dar portazos. -Sabes exactamente por qué lo he hecho, -dije con calma.-Si me has estado escuchando de verdad, sabes que a estas horas los yeerks ya han llegado a nuestra casa, y han pinchado nuestros teléfonos. Apuesto a que están sentados en nuestro sofá ahora mismo, esperando a que vuelvas a casa para poder… -Para, -me cortó enfadado. -Para. Te he escuchado. He escuchado cada palabra. Pero tienes que entenderlo… no tengo pruebas, no… ¿cómo puedo creer lo que dices? Te transformaste de gorila a mi hijo. Pero quizás sólo he creído ver eso. Estaba aterrorizado. Me han secuestrado y torturado. Quizás mi mente está inventando cosas. Quizás esto sólo es un sueño. Antes de que dejara de hablar, yo ya había empezado. Mi piel se endureció y se oscureció, transformándose en una especie de cáscara de huevo. Las piernas y los brazos se me acortaron hasta que no tuve nada en lo que apoyarme. Caí hacia atrás en el asiento, encogiendo y encogiendo hasta que la servilleta de la hamburguesa fue como una manta, y entonces la ceguera dominó mi visión. ¡Shloooop! Mi cintura se redujo a milímetros, partiéndome casi por la mitad. -¡Oh, Dios! -gritó papá. -¡Oh, no! Me estaba transformando en hormiga. Pero no esperé a que la mente del insecto asomara a la superficie. Ni hablar. Empecé a volver a mi forma. Dejé que mi padre me viera a mí y todo el horror y rareza de la metamorfosis. Dejé que papá se sentara allí, solo y asumiendo su nueva realidad, mientras yo volvía a ser humano y me transformaba otra vez. Las plumas se imprimieron en mi piel en 2D, después en 3D. Sobresalieron mientras mi cuerpo encogía y mi cabeza se deformaba. Mi nariz se alargó, dura y afilada, y se curvó hacia abajo. Mis dedos, aunque pequeños, se hicieron más fuertes, convirtiéndose en unas garras capaces de rasgar la carne. La visión se me agudizó hasta alcanzar una claridad sobrehumana. De nuevo, volví a ser humano. A la forma que papá reconocía como su hijo. -Puedo transformarme en unos veinte animales más, -dije mientras la última pluma desaparecía. -¿Quieres ver mi langosta? Un sudor frío corría en delgados hilitos por las sienes de mi padre. No, no necesitaba ver nada más. Lo había asustado, aterrorizado casi. Lo había puesto al límite de sus nervios, y lo había preocupado e inquietado más allá de lo imaginable. Pero lo estaba aguantando. Para ser un hombre cuya realidad acababa de desmoronarse, lo estaba aguantando bastante bien Miró hacia fuera por la ventanilla y se fijó unos instantes en algún punto del horizonte. El sol justo empezaba a asomarse a lo lejos. Nos permitía ver levemente el desolado pedazo de mundo en el que nos encontrábamos. Papá volvió a mirarme. -Lo entiendo -dijo. -Lo entiendo. Has tenido que pasar por un infierno. -He ido y he vuelto del infierno, -le sonreí. –Unas cuantas veces. Papá me devolvió la sonrisa. -Voy a llevarte con unos amigos, papá, -le dije. -Puedes quedarte con nosotros hasta que decidamos… -Whao, -dijo Papá rápidamente. -¿Estáis locos? Voy a ir a la policía. -Papá, los yeerks son la policía. No puedo permitir que hagas eso. Volvía a estar confuso y asombrado. -¿Qué quieres decir con que no me lo vas a permitir? [i]Yo[/i] soy tu padre. Yo te digo [i]a ti[/i] lo que tienes que hacer. [i]No en esta realidad, papá. No en este mundo.[/i] -Papá, claro que eres mi padre, -dije, luchando contra una oleada de emoción. [i]Y sería tan bonito tener a alguien que decida por mí otra vez[/i], pensé en silencio. -Te quiero. Te respeto. Pero llevo luchando en esta guerra mucho tiempo. He estado en más misiones, en más luchas, y he visto cosas peores de las que llegarás a imaginar. Esta es mi lucha. Mi guerra. Mía y de mis amigos. Nosotros sabemos lo que hay, tú no. Papá me miró, y luego volvió la vista hacia el sol que se levantaba. –Ya me has contado todo lo que hay,-murmuró. -No todo. He omitido algo importante. Papá sonrió sardónico. -Deja que adivine. Visser Tres es tu padre, tu madre es un andalita y yo no tengo nada que ver contigo. -No, -dije y decidí obviar los rodeos. Mis dedos apretaron el asiento. –Mamá no es un andalita. Y ella no se ahogó. Es el huésped de Visser Uno. El yeerk que comenzó la invasión en la Tierra. Mamá ha estado siendo el esclavo de Visser desde antes de que desapareciera. La cara de Papá se puso blanca. -¿Te refieres a Eva? -Me refiero a mamá. Papá se inclinó hacia delante y descansó la cabeza en la parte de arriba del volante. Se apretó la cara con las manos. -Oh, Dios mío, -dijo él. -Está viva. -Yo no lo sabía… Volvió a incorporarse y se apoyó en el respaldo, con la cabeza hundida en el reposa-cabezas. -Si tan sólo hubiera esperado… Cerró los ojos y luego los volvió a abrir. Entonces se inclinó hacia delante, abrió la guantera y sacó un paquete de cigarrillos y un mechero. Se puso uno en la boca y lo encendió. -Papá, ¿qué haces? -dije con toda la delicadeza de que fui capaz. -Lo dejaste hace cinco años. Deja eso. Papá me miró y tiró el cigarrillo por la ventana. -Quiero a Nora, -dijo. –La quiero tanto como quería a tu madre. Las palabras hicieron que se me formara un nudo en la garganta. Eso no era verdad. No podía serlo. Nora era simpática, pero… era profesora de mates. Mi madre lo era todo. Pero él quería a Nora. De alguna forma, esas eran noticias nuevas para mí. La fatiga y la sinceridad me alcanzaron por fin como un rayo de acero. Me daba vueltas la cabeza. El sol que se asomaba por el horizonte me pareció cruel y fuera de lugar. -Voy a llevarte con unos amigos, -dije tranquilamente. –Vuelve a la ciudad. Mi madre estaba en manos del enemigo y yo me sentía como si fuera el único a quien le importara. Papá quería a otra mujer. Deseé haber mantenido la boca cerrada. Mi universo, mis sueños. Todo se desmoronaba. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Salimos de nuevo de la autopista por una salida no lejos de nuestra casa. Pero no íbamos a casa. Eran las seis de la mañana y acababa de empezar la hora punta. ¿Quién hubiera dicho que la gente salía de casa tan pronto? Arrastrarme fuera de la cama para ir a clase ya era bastante tortura para mí. La cara sin afeitar de papá le hacía parecer rudo, pero lo estaba llevando bien. Enterarse de lo de mi madre había cambiado algo en su cara. Su expresión ahora era severa y dura. Diferente. -Gira aquí, -dije. -Es la tercera casa a la derecha. Las casa de esa calle eran todas nuevas y grandes y muy parecidas, con un garaje de dos plazas al final de cada entrada. – ¿La del labrador negro correteando por el césped? -Ajá. Aparcamos el coche, subimos al porche y llamamos al timbre. Vigilé la calle mientras esperábamos. La furgoneta de hork-bajirs era un recuerdo demasiado reciente aún. Observé mientras un coche salía del garaje en la acera de en frente y se alejaba. Oí a Erek acercándose al a puerta. -Papá, esto va a ser raro. -Por favor, -dijo mi padre con calma. -No podría ser más raro. -Papá, sólo es una sugerencia, pero cuando trates con los Animorphs, nunca digas que no puede volverse más raro. Siempre lo hace. Erek King – Erek el Chee – abrió la puerta. -Oh oh, –dijo, mirándonos primero a mí y luego a mi pare. -Sí, lo sé, -dije yo. -¿Lo sabe? -preguntó Erek alarmado. Asentí. Erek nos agarró del brazo a los dos y nos metió dentro de la casa. La puerta dio un portazo a nuestras espaldas. Estábamos en el salón del Sr. King, la fachada de normalidad con que enmascaraban el enorme parque canino subterráneo de los Chee, a sólo unos metros por debajo de donde estábamos. Los ojos de mi padre se dirigieron al sofá. Entonces abrió la boca y se apoyó contra la pared. El Sr. King estaba sentado en el sofá, mirando GMTV. Todo bastante normal. Lo único era que no llevaba la ropa puesta. Ni la piel, tampoco. Estaba relajándose “al natural”, lo que quería decir en forma de androide, sin holograma humano. Cuando el Sr. King se dio cuenta de que mi padre estaba a punto de derrumbarse, su holograma ocupó en seguida su sitio. -Los Chee, ¿recuerdas? -dije yo. –Una antigua raza de androide creados por los pemalitas y diseñados para mantener la paz. Ya te he hablado de ellos. -Sí, -contestó él débilmente. –Pero pensaba que me estabas tomando el pelo. -Erek, -dije. -Los yeerks van a por mi padre. Con un poco de información de los yeerks, mi padre aquí presente ha inventado un transpondedor del Espacio Cero. Y luego los hizo enfadar bastante cuando se fue sin dejar que le metieran una babosa en la oreja. ¿Puedes esconderlo sin violar tu programación? ¿Y puedes hacer desaparecer su coche? -No hay problema, – dijo Erek. -Por supuesto que puede quedarse. ¿Le gustan los perros? Papá me miró. Teníamos los mismos sentimientos hacia el perro de Nora, Euclid: Molestia y pena mezclada con un poco de afecto casi inexistente. Pero también es verdad que el perro de Nora a duras penas era un perro de verdad. -Me encantan, -respondió mi padre fingiendo una sonrisa. – Erek, -continué. -Hay otra cosa. Mi padre ha desaparecido y eso quiere decir que cualquier aspirante a subvisser de la zona está buscando una pista. Yo soy una pista. Si también desaparezco… si creen que ambos hemos desaparecido… -Irán a por tus amigos. -¿La cosa está complicada, no? -Sí, pero podemos hacerlo, -dijo Erek. -No te preocupes. Le daremos a los yeerks lo que quieren: tú y tu padre, sanos y salvos, y ni un atisbo de sospecha. -Ante nuestros ojos, Erek alteró su programación y se transformó en una copia exacta de papá. -Um, ¿se acaba de transformar en mí? -preguntó Papá, sorprendido. -No. Recuerda, Erek es un androide. Y eso es un holograma. -Oh, -dijo mi padre, entendiendo la idea. -Oh, wow. – El ingeniero en él acababa de hacer su aparición. La curiosidad técnica lo devolvió a la vida. Se acercó para tocar el holograma de Erek; su mano atravesó la “piel”. -¡Whoa! -gritó. –¡Increíble! Erek, me tienes que contar cómo es el proceso para generar el holograma. Quiero saberlo todo… -Sacó su mano y volvió a meterla, esta vez al nivel de la cintura. Erek se quedó congelado como si papá estuviera inflingiendo su dignidad, pero fue educado con el tema. –Hablaremos de eso después, -dijo, apartando gentilmente la mano de papá de su holograma. -Claro, -respondió papá , avergonzado. -¿Así que, eres capaz de proyectar hologramas de mí y de Marco? ¿Y qué hay de Nora? Alguien tiene que cuidar de ella. Erek y yo intercambiamos una mirada. Él sabía tan bien como yo que probablemente ya era demasiado tarde. -Haremos todo lo que esté en nuestras manos, -dijo Erek. -Pero tienes que entender que los yeerks se mueven rápido. Debes prepararte para lo peor. Miré a la cara exhausta y dolorida de mi padre y se me revolvió el estómago. Arriesgaba mi vida casi cada día en todo tipo de locas misiones, y aunque había tenido ocasión había decidido no volver a por Nora. Ahora probablemente ya no podíamos ayudarla, y era culpa mía. Decidí que papá no estaba listo para saberlo. -No la tocarán, – mentí – Ella pasa casi todo el día en la escuela. Todo irá bien. Papá pareció reconfortado. -Venid conmigo, -nos instó Erek, reemplazando su holograma de mi padre copor el que ya conocía, un chico de la estatura de Jake más o menos. Nos dirigimos a la escalera. Me llevé a Erek a parte. -Sabes que los yeerks no perderán su tiempo en otro intento de infestar a mi padre. Seguramente intentarán matarlo. ¿Qué pasa si te disparan? -Puedo resistir ataques de rayos dragón a baja potencia. -¿Y qué pasa con los fuertes? Erek se encogió de hombros. -Depende del ángulo, la duración, y la suerte. Marco, mi programa sólo me prohíbe usar la violencia, incluso para la mejor de las causas. Pero no me prohíbe morir. -Sí, bueno, yo sí te lo prohíbo. Seguimos a mi padre bajando las estrechas escaleras al sótano. Entonces, justo como yo lo recordaba, el suelo empezó a bajar como un ascensor. Cinco pisos más abajo se detuvo y la pared de en frente desapareció en medio de una luz dorada. Entramos en la vasta y brillante habitación. La hierba debajo de nuestros pies se extendía metros y metros. Unos arroyos cortaban la hierba y sus orillas estaban decoradas con flores silvestres. Algunas mariposas y abejas inspeccionaban las flores y las ardillas exploraban arriba y a abajo los diversos tipos de árboles. Y por todo el enorme parque, cientos, quizás incluso miles de felices y saludables perros corrían y jugaban, observados por un montón de amistosos Chee en forma de androide. -Esos son Chee, -explicó Erek a papá. -Mientras estés por aquí te acogerán encantados. Papá se sentó en la hierba, debajo de un árbol. Dos o tres cachorros corrieron a recibirlo moviendo la cola. Un chucho de tamaño mediano empezó a lamerle la cara y siguió hasta que papá se resignó al ataque y lo acarició. -¿Vais a cuidarlo? -pregunté a Erek. Miré a mi padre de nuevo y vi que tenía los ojos cerrados. Se estaba durmiendo con el chucho aún babeándole la cara. Dos Chee con forma perruna se acercaron. Uno le puso una almohada debajo de la cabeza. Otro lo cubrió con una manta. Erek sonrió. -Creo que estará bien. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Fui el último en llegar al granero. Rachel miró rápidamente hacia otro lado cuando busqué sus mirada. Así que ya se lo había dicho a los demás. Tobias me observó con sus intensos ojos de halcón. Los otros no estaban mucho más amigables. -Vamos, -dije, mi voz no lo bastante firme. -Podéis decirlo. Estoy loco. Soy estúpido. ¡Estoy LO-CO! Silencio. ¿Qué podía esperar? Le había demostrado a Jake que él tenía razón al no confiar en mí. Había hecho precisamente lo que el temía que hiciera. No había actuado bien. Había dejado que las emociones se interpusieran en el camino de la razón. Y no estaba más satisfecho con eso de lo que lo estaban mis amigos. -No tengo ninguna excusa, -dije, -pero es lo que ha pasado. Había decidido dejar que los yeerks infectaran a mi padre y al segundo estaba luchando contra una docena de hork-bajir. <Rachel dijo que eran cuatro,> intervino Ax. -Lo que sea. -¿Tienes idea de lo que esto significa? –me preguntó Jake, con calma. -Por supuesto, -miré a los otros, y luego otra vez a Jake. -Quiere decir que se acabaron los exámenes de mates. Nadie sonrió. Me senté en un bloque de heno y escondí la cara entre las manos. La cabeza me daba vueltas de puro agotamiento. Sólo quería descansar. -Lo sé, -dije. -Lo siento. -Está bien, Marco, -dijo Cassie amablemente. – Nadie ha dicho que haya sido fácil para ti. Yo sé que no podría… no podría sentarme y mirar como los yeerks infectan a mis padres. -Y no deberías, -dijo Rachel con fiereza.-Cassie tiene razón. Marco actuó como un ser humano, -hizo una pausa.-Hay una primera vez para todo. <La operación fue muy imprudente,> dijo Ax con la preocupación dibujada en su cara de alien. <Actuaste solo y públicamente.> <Los yeerks buscarán cualquier conexión con tu padre,> continuó Tobias. <Empezando por ti. Y acabando con el resto de nosotros.> -Voy un paso por delante de ti, chico-pájaro, -dije débilmente. -Erek y yo tenemos un plan para eso. -No podemos volver atrás en el tiempo. Lo hecho, hecho está, -dijo Jake filosóficamente. -El caso es que ahora sabemos que la tecnología del Espacio Cero existe. -¡Y tenemos que conseguirla! -Rachel. Agité la cabeza. -Misión imposible. Si los yeerks han hecho controladores a todos los del laboratorio, si saben que vamos a ir a por el mecanismo, es una misión suicida. ¿Y para qué? -Si ponemos las manos sobre esa cosa, tendremos un megáfono a todo el universo, -replicó Rachel. -Un teléfono móvil interplanetario. <Creo que la máquina necesitará más que una sencilla batería de iones de litio,> dijo Ax, práctico. -Ya sabes lo que quiero decir. Estoy hablando de comunicación directa con las fuerzas que suponen una diferencia. Comunicación directa con la flota andalita. <No si estamos muertos,> murmuró Tobias. Rachel fingió un sollozo. Cassie la miró. -Según las últimas noticias que tenemos, -dijo Cassie. -La Tierra no es una prioridad andalita. ¿De qué nos serviría contactar con una flota que no puede o no quiere ayudarnos? -No sabemos como siguen las cosas, -objeté. -Nuestra información no es precisamente de primera mano. Rachel se levantó, dejándose llevar por la emoción. -¿Qué pasa con vosotros, tíos? ¿No os dais cuenta de que ese transpondedor de Espacio Cero significa el acceso a todas las transmisiones del Espacio Cero? ¿No es eso, Ax? <Sí.> -Pues, no es sólo una manera de llamar a casa, -argumentó Rachel. -Es una oportunidad de interceptar las transmisiones yeerk. Me sentí como un idiota por no haberme dado cuenta antes. ¿Cuántas veces se te presenta la oportunidad de colarte en la red de vigilancia interplanteria, de pinchar el teléfono de los yeerks? <Yo…> Ax se calló, vacilante, y empezó a pasear por el granero. <Este dispositivo humano, es, al parecer, igual o incluso superior…> hubiera jurado que estaba intentando no ahogarse con las palabras <…superior a la tecnología yeerk.> -Mirad, -dije. -Sea lo que sea esta cosa, sea como sea de complicado, fue fabricado con componentes humanos, ¿no? Ax pareció aún mucho más molesto. <Les llevó a los andalitas tres milenios abrir una brecha en los confines de nuestro mundo con un simple cohete de combustión. Nuestra raza había madurado mucho antes de descubrir el Espacio Cero. Estábamos listos para los cambios, preparados para los viajes y la comunicación cero-dimensionales.> -Lo sé, Ax, -dije. -Los humanos somos absurdos e inmaduros. Pero te estás perdiendo. Si el dispositivo fue fabricado con componentes humanos, mi padre debería ser capaz de recrearlo. Definitivamente esta vez Ax sí que emitió un sonido ahogado. -Quiero decir que tú podrías reconstruirlo y mi padre podría ayudarte. -La corrección le pareció más aceptable a Ax. Jake asintió. -¿Ax? <Lo haré, príncipe Jake.> -Bien, entonces, -dijo Jake. -Vamos a ello. Es demasiado importante como para no intentarlo. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] Ax y yo bajamos en un elegante picado sobre las manzanas de casas indistinguibles hasta –¡bam! Justo encima de la casa de Erek. Un momento después aterrizábamos sobre la hierba descuidada entre la piscina de la casa y una hilera de arbustos. Por primera vez se me ocurrió que si los Chee no podían hacer la guerra contra las personas, quizás tampoco podían dañar el medio ambiente más de lo necesario como para mantener su tapadera. El fertilizante de césped era un insulto medioambiental. <Esta hierba está deliciosa,> dijo Ax, transformándose a cubierto entre los árboles y hundiendo una pezuña recién formada en los hierbajos. <Fresca y sabrosa.> Habría hecho algún comentario gracioso, pero mi boca estaba justo a medio camino entre el pico del águila pescadora y los carnosos labios humanos. Un ligero impedimento para una conversación fluida. Ax se transformó en humano y juntos atravesamos la hierba hacia la puerta trasera. -Esto se llama patio, -observo Ax. -Pati. Pati-oooo. -Ajá. Y esto se llama puerta del patio. Vamos. La cocina estaba limpia y reluciente. Fui hasta el salón. Tenía un aspecto absolutamente normal, con un sofá, sillas y butacas. Una tele encendida en silencio. Un video del presidente hablando a los universitarios. -Está tele tiene ya bastantes años, -observé. Me volví hacia las escaleras que bajaban. Ax no estaba detrás de mí. -¿Ax? No hubo respuesta, solo unos crujidos desde la cocina. Entré. La puerta de la nevera estaba abierta. Miré dentro. Los Chee son muy hospitalarios. Nos habían dejado leche y galletas en la cocina. Ax había decidido que ya era hora de merendar. -¡Orr-ee-ooh! -dijo, mirándome con ojos enormes. Tenia migas negras y azúcar esparcidos por toda la barbilla. -¡Vamos! -ordené. -¡ORR-EE-OOH! A veces es fácil olvidarse de que el chico es un guerrero. Abajo encontramos a Erek esperándonos cerca de la entrada del Dog Park World. -¿Dónde está mi padre? -pregunté, mirando alrededor un poco nervioso. En el fondo de mi mente estaba el temor a que papá decidiera irse y rescatar a Nora. Los Chee estarían impotentes, no podrían detenerle. Pero Erek apuntó a un árbol en la esquina más lejana del espléndido parque. -Está justo allí. Papá estaba sentado tranquilamente con varios perros a su alrededor. Cuando me vio, musitó “ssshh” y señaló a un cachorro dormido. Parecía relajado. Demasiado relajado. Quizás había asumido su nueva realidad. Quizás simplemente la había bloqueado. -Escucha, papá, -susurré para no despertar sl perro dormido. -Mis amigos y yo necesitamos tu ayuda. Tu trabajo en el transpondedor del Espacio Cero puede ser la mejor oportunidad que hayamos tenido nunca. Podría cambiarlo todo. -Creo que dije esas mismas palabras justo ayer, -dijo con añoranza. -¿Podrías volver a construirlo, papá? La pregunta pareció sacarlo de su mundo de sueños. Se sentó abruptamente y los perros se alejaron. -Pero necesitaría volver al laboratorio, -continuó papá. –Todos mis cálculos… el equipo y los instrumentos, por no mencionar las piezas. Me sería imposible sin todo eso. -No podemos permitir que vuelvas al laboratorio, -dijo Ax llanamente. – Ahora lo controlan los yeerks. Estarán esperándote. Estoy bastante versado en el campo de las teorías del Espacio Cero. Puedo ayudar… puedo ayudarte a construir el dispositivo. Papá me miró inquisitivo, como diciendo “¿quién es el niño éste?”. Ax parecía un chico normal, ligeramente torpe, en séptimo u octavo año. Quizás un poco más guapo que la media. Después de todo, llevaba mi ADN. -No pasa nada, papá. ¿Recuerdas? Ya conociste a Ax una vez hace un tiempo y también pensaste que era raro. Pero es sólo porque es un andalita. El hermano pequeño de Elfangor. Muéstraselo, Ax. Papá sacudió la mano. –No, no. Ya está bien. Ahora lo recuerdo. Me ha hablado de ti… Pero Ax ya estaba volviendo a su verdadera forma. Los ojos accesorios aparecieron de pronto en su cabeza. Su boca se selló en un parche de piel azul. La reluciente hoja de la cola asomó por encima de su cabeza, y unas patas extras le salieron del trasero. Papá volvía a estar con la boca abierta. -¿Cazando moscas? –le pregunté. Cerró la boca y parpadeó un par de veces. -No puedo creerlo. Creo que todos los científicos creen secretamente en la existencia de aliens. Primero Erek, ahora Ax. Mi padre tenía que estar encantado. <¿Hasta donde habéis llegado penetrando en el Espacio Cero?> -Uh, bueno, el mes pasado detectamos con éxito el fondo de radiaciones subesteral con un prototipo funcional. La fase que medimos concordaba con bastante precisión con nuestras teorías. Estamos, quiero decir, estábamos, a punto de intentar una transmisión por impulsos. Eso pareció interesar a Ax. Y a mí me dio dolor de cabeza. <Esa es la forma más simple de transmisión subespacial, análoga a la radio-transmisión humana usando código Morse.> -Exacto. <Si la transmisión por pulsos tiene éxito, la comunicación de amplio espectro será el siguiente paso.> -Aprende a gatear antes de caminar, -comenté a nadie en concreto. -Pero hay un gran obstáculo, -intervino mi padre.- Nunca dispondremos del equipo y los componentes necesarios. No son la clase de cosas que venden en Dixons. <Me gusta Dixons.> -Seguro, -dijo papá. -A mí también. Pero no venden coordinadores estelares. Quizás estas criaturas Chee podrían ayudarnos. <Los Chee no pueden participar o ayudar en la transferencia de tecnología que podría crear guerra y destrucción,> explicó Ax. <Está escrito en su programa.> -Entonces no hay esperanza, -dijo papa, apoyándose otra vez contra el árbol. -Papá, papá, papá. Subestimas a tu hijo. Robar – en nombre de la justicia y la libertad, por supuesto – es uno más de los variados talentos que los Animorphs poseemos. Si tú lo quieres, nosotros podemos conseguirlo. No se le veía muy convencido. –Marco, no puedes… -No te preocupes. Sólo lo cogeremos prestado de la Sociedad de Controladores y ya encontraremos una manera de arreglarlo cuando acabe la guerra. -Pero eso no hace que esté bien. -Papá, ahora ya nada está bien o mal. Se quedó en silencio un momento. Entonces se levantó y nos miró. -Bueno, entonces, chicos, manos a la obra. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] -Tengo que alejarme en seguida de esos lunáticos de la oficina.-Papá metió un puñado de ropa interior y calcetines en una maleta abierta en la cama.-Me alegro de que eso días de locura hayan acabado. La gente pierde la cabeza por estúpidas piezas electrónicas que seguramente no funcionarán. Yo estaba a su lado, es su cama, en casa, ayudándolo a hacer las maletas. Papá cogió su cámara de un armario y la metió con el montón de ropa. -Entonces, papá, ¿podré alquilar una moto de agua cuando estemos en Acapulco? -Contaminan y hacen mucho ruido, -respondió doblando una horrible camisa hawaiana. -Y son peligrosas. ¿Quieres ser responsable de perjudicar el medio ambiente? -No, sólo quiero volar por el agua a 80 kilómetros por hora y saltar olas de tres metros. -Ya veremos, -dijo él. -¿Por qué no esperamos a que Nora tenga algo de tiempo libre? ¿Por qué tenemos que irnos ahora? -Ya te lo he dicho, Marco, -dijo él, metiendo unos pantalones de baño en la bolsa. -Porque necesito alejarme del trabajo un tiempo. Es obvio que ese dispositivo inútil en el que he estado trabajando es importante para alguien. ¡Dios sabrá por qué! Pero por su culpa estoy en peligro. ¿Que me secuestren unos locos con disfraces? No necesito tanto estrés. Que otra persona se encargue del proyecto. Fue la última cosa que oí decir a mi padre. Se oyó un terrorífico bang. La puerta del cuarto se salió de sus bisagras y cuatro controladores humanos vestidos como policías entraron en el cuarto. Papá se quedó helado y los miró sin comprender. Y cuatro rayos dragón por separado convergieron en la figura de un solitario humano. Por una fracción de segundo vi ropas, piel, pelo, todo vaporizándose, dejando una carcasa ennegrecida humeando en la brillante luz. El cuerpo se evaporó en una nube de humo. Una marca negra, una huella de pies, era todo lo que quedaba del sitio donde papá había estado hacía un segundo. Y entonces los cuatro apuntaron al chico. A mí, Marco. Ni siquiera grité mientras mi propio cuerpo desaparecía entre las llamas. Porque no era yo de verdad. Ni tampoco era mi padre el tío al que los yeerks ahora daban por muerto. Los yeerks se fueron y empecé a transformarme. Quería ver la escena con mis propios ojos. Mirarlo todo desde el distorsionado prisma de la visión de cucaracha, oyendo y sintiéndolo todo desde debajo del armario, no era suficiente. Mi cuerpo humano emergió del insecto. -Todo despejado, – dije rápidamente. Las cortinas todavía estaban cerradas. – ¿Estáis bien, tíos? -El holograma de Erek se movió y desapareció. Estaba tumbado en el suelo al lado de la cama. Chamuscado y humeando. Pero era el Sr. King el que me preocupaba de verdad, el Chee que se había hecho pasar por mi padre. Había sido reducido a un montón de trocitos de imágenes holográficas. Aquí y allá entre la proyección de las partes de un cuerpo humano se podían ver los circuitos dañados. La elaborada cubierta metálica era ahora casi un esqueleto. -Su capacidad de proyección ha sido seriamente dañada, -observó Erek, acercándose. -¿Puedes arreglarla? -dije ansiosamente. -Espero que sí. Pero primero tengo que llevarlo a casa. Su matriz estructural está en peligro. -¿Y qué hay de ti? -Mis sistemas están intactos al 99% -dijo despreocupado. -¿Han sido convincentes los hologramas? ¿El programa para simular la destrucción tuya y de tu padre? -Imponentes, -dije. -Los yeerks no nos buscarán más. Le dije a Jake que haría lo que fuera para que no nos siguieran la pista. Erek ayudó al Sr. King a levantarse. Yo eché un vistazo por la ventana a través de la abertura de las cortinas. Un coche de policía estaba aparcado allí delante. Los cuatro yeerks ejecutores estaban de pie en la acera con aire casual, hablando con Nora. Ellos la conocían. Ella los conocía. Me invadió una oleada de ira. No hacía falta ser un prodigio en mates para averiguar lo qué había pasado. Habían cogido a Nora. Los controladores se subieron en el coche patrulla y se alejaron con las luces encendidas, en silencio. Tenía una sensación rara en el estómago, pero no como cuando hueles leche podrida. Era la sensación que tienes cuando quieres llorar, pero las lágrimas no llegan. Nora había sido una buena persona. ¿Podría haberla salvado? ¿Podría alguien haberla salvado? Los yeerks debían haberla cogido por la noche, mientras papá me suplicaba que le dejara volver a casa a buscarla. Sabía que estaba en peligro y no había hecho nada. Eso había estado mal. Pero lo peor era que una parte de mí la había querido fuera de nuestras vidas. Mi estómago se retorció aún más. No. No quería que pasara esto. No. Pensé en mi padre. ¿Puede una persona aguantar una pérdida así dos veces en la vida? ¿La “muerte” de la persona que más quieres? ¿La que duerme a tu lado cada noche? No. Se derrumbaría, igual que cuando perdió a Mamá. -Vamos, -dijo Erek. Nora salió de nuestro garaje, siguiendo a los policías controladores en su propio coche. Erek y un apenas proyectado Sr. King, con la forma de androide asomando por todas partes, salieron de la habitación cojeando y bajaron las escaleras. -¿Puedo ayudaros? Erek se rió. -¿Puedes levantar doscientos cincuenta y cinco kilos? Es casi todo peso muerto. -Oh, -dije abatido. -Vale. Os abriré la puerta. ¿Cómo lo haréis para llegar a casa? -Proyectaré un holograma a nuestro alrededor, una imagen de algo que se mueva lentamente. Sé hacer un camión de basura bastante bonito. Los dos Chee salieron tambaleantes al patio trasero. Volví la vista atrás, al salón de casa. Mis ojos vieron una foto enganchada en el corcho de encima de la mesa de trabajo de mi padre. Era una instantánea mía y de papá, hecha por mamá en un día soleado, varios años atrás. De repente, la realidad me alcanzó como un rayo. Estaba muerto. Y aquello era el final… de la escuela, de las citas, de los videojuegos. De todo lo normal. El chico de la foto había preparado su última cena de pizza congelada. Había ido a su última clase de mates. Había visto su última película en el cine. Ese chico nunca volvería ni siquiera a salir un rato al jardín de detrás de su casa, porque aquella ya no era su casa. No tenía casa. Había hecho el sacrificio necesario. Podía llevarme la foto conmigo. Era lo bastante pequeña como para poder llevarla en el pico del águila pescadora en la que me transformaría para irme volando. Di dos pasos hacia el corcho y me detuve. No. Tenía mis recuerdos. Tendrían que ser suficiente. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] -[i]Akka upe ozo oti. ¡Scule! Muta pule.[/i] Ax me miró esperanzado. <¿Funciona el chip traductor ya?> -Um, no. No a menos que muta pule signifique algo para ti. A ver… no. Nada. Ax bajó la mirada y volvió a concentrarse en el dispositivo en el que habían estado trabajando los últimos días. Los últimos [i]laaargos[/i] días, debería añadir. Deberías intentar pasar las noches debajo de un árbol en el parque de los Chee con un perro como almohada. Los Chee cuentan algunas grandes historias sobre los últimos diez siglos. Reyes, conquistadores, exploradores, todo ese tipo de cosas. El Sr. King era el cocinero en el barco de Darwin y el jefe de producción de Henry Ford. Quiero decir, esas cosas son guays. Fascinantes. Pero, honestamente, sin tele la vida da un poco de miedo. -[i]Kino ala ozo[/i] nun… nun… nunca los cogeremos a menos que sepamos que vienen… [i]nem zurka kakis loti.[/i] -¡Ax! Eh, por un segundo han hablado en inglés. Lo has conseguido. <No,> dijo Ax rápidamente. <Soy incapaz de estabilizar el programa del chip traductor.> Miró a mi padre. -¿Podrías empalmarlo con esto? –mi padre levantó un alambre azul y apuntó a un componente verde y circular. <Eso llevará un tiempo,> dijo Ax <Debería limitarme a interpretar. O intentar resumirlo.> Ax había estado filtrando el chat interplanetario durante horas. Y durante horas habíamos estado con él, todos nosotros, en la cabaña de Ax. Habíamos ido para inaugurar el transpondedor de Espacio Cero. Papá no había mencionado que todavía estaba en construcción. -Entonces si ni siquiera traduce, – dijo Rachel impaciente, -¿qué es lo que se supone que hace? Ax dejó de trabajar, nos miró con sus ojos principales y puso una delicada mano a cada lado del aparato. Era bastante pequeño, de la talla de un mini ventilador. Pero estaba claro por la forma en que Ax lo sujetaba que para él significaba más que un ventilador. Lo acunaba como a un bebé recién nacido. Los alambres colgaban como si fueran las piernecitas. Una incomprensible charla cósmica ronroneaba suavemente por el auricular. <La capacidad de transmisión aún no está activada. Ni tampoco el traductor. Pero este dispositivo puede captar comunicaciones yeerks e interpretarlas, lo que ya he estado haciendo durante un tiempo.> -Ax, eres asombroso, -dijo Cassie. Ax miró a mi padre y sonrió con sus ojos accesorios. <A veces los humanos dais miedo,> murmuró. <¿A penas cuatro décadas después del primer vuelo espacial descubrís la comunicación por Espacio Cero?> Pateó la tierra con una pezuña para darse énfasis. <Los andalitas desearemos haberos abandonado a los yeerks.> -Por ahora, los andalitas [i]nos habéis abandonado[/i] a los yeerks, -apuntó Rachel secamente. Ax podría haber contestado a ese ataque. Pero creo que todavía estaba debatiéndose entre el orgullo de su creación y la humillación de saber que los humanos – que mi padre – habían inventado, en un enorme avance intuitivo, un dispositivo que era incluso superior a la tecnología andalita. -¿Ax, que es lo que has oído? -dijo Jake. <Es muy difícil entenderlo,> dijo Ax con prudencia. <Mi conocimiento de la cultura yeerk no es muy grande. No entiendo del todo los matices de la comunicación yeerk.> <No te preocupes, Ax-man,> Tobias, posado en una rama del árbol más cercano. <¿Qué es lo que crees que han estado diciendo?> <Sólo son especulaciones, suposiciones,> siguió protestando él. -Venga, -le instó Rachel. -Arriesguémonos. Si no, me voy a ir ya. <Hay una cosa,> empezó Ax. <Una conclusión muy inquietante que puedo imaginar, aunque con certeza limitada.> Ax me miró. <Visser Uno ha vuelto a la Tierra. La tienen prisionera en el estanque yeerk. Va a ser ejecutada por traición.> Sentí que mi cuerpo se ponía rígido y mi corazón se paraba a mitad de latido. -Marco, Eva es Visser Uno, -dijo papá, con voz temblorosa. Asentí. <Por lo que podido entender,> continuó Ax, <la ejecución de un traidor es muerte por falta de rayos kandrona. El evento sólo esperará a la asistencia del Concilio de los Trece como testigos, que llegarán en dos días. Visser Tres será entonces ascendido al puesto de Visser Uno. Y,> añadió Ax, <hay rumores – nada concreto, sólo cosas que se oyen– de que la ejecución de Visser Uno es parte de un cambio radical que afectará a la Tierra.> Yo sabía lo que eso significaba. Todos lo sabíamos. Visser Uno, el que empezó la invasión yeerk a la Tierra, seguía la estrategia de una infiltración lenta, un asalto disimulado y encubierto. Pero Visser Tres, un exaltado egomaníaco, había estado a favor de una conquista en toda regla desde el principio. Su sueño más ambicioso era aniquilar los centros de poder de la Tierra en una guerra al estilo de Independence Day. Conducir a enormes cantidades de humanos a campos de infestación. Hacerlo rápido y públicamente. Si conseguía su propóstio, los Animorphs no supondrían ninguna diferencia. Todo estaría perdido. Millones de personas morirían. La cultura humana sería pulverizada. <Por supuesto, esto son sólo especulaciones,> repitió Ax. Reí amargamente. –Ax, tus especulaciones son como cálculos por ordenador. Esto es más que una prudente adivinación. -Eso no puede ocurrir, -dijo Jake con voz severa. -No podemos dejar que Visser Tres sea ascendido. Si las fuerzas yeerks cambian sus tácticas, si deciden conquistar abiertamente, será el final. ¿Qué podía decir? Yo ya lo había arriesgado todo – y a cada uno de nosotros – para alejar a mi padre de los problemas. No podía pedir ahora una misión de rescate para mi madre. La situación era diferente, y mucho más peligrosa. Significaba un viaje al estanque yeerk. Y entonces oímos la voz de Cassie, clara e inocente. Y persuasiva: –Si Ax no está seguro de lo que los yeerks planean, sólo hay una persona que puede saberlo con certeza. Me estaba echando un cable. Estaba dándome la oportunidad que yo mismo no podía pedir. Cada músculo de mi cara se tensó hasta que me dolieron. No iba a llorar. Pero nunca olvidaría que, en algunos aspectos, Cassie es la más valiente y la más lista de mis amigos. Aún así, esperé a que alguien más hablara. La imagen de mi madre esperando la muerte, prisionera de los yeerks, víctima de los yeerks, derrotada y vapuleada, destrozada y hundida, ardía en mi mente. -Visser Uno, -terminó Jake. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Tenía que decir algo. Tenía que hacerles ver que no había perdido de vista la realidad de esta guerra. -¿Y que más da que Visser Uno sea nuestra mejor opción para saber lo que Visser Tres ha planeado? ¿Vamos a arriesgar el culo por ella? Jake me miró con unos ojos que decían “Dame un respiro. Sabes que quieres salvarla.” -¡Escuchad! -seguí, con más fuerza. -Aunque pudiéramos rescatarla – y eso ya es suponer mucho– ella seguirá teniendo un yeerk en la cabeza. ¿Por qué iba a colaborar con nosotros? ¿Por qué nos iba a contar algo? -No lo haría, -respondió Jake simplemente, hundiendo mi argumentación. -Pero podemos matarlo de hambre. -¿Es doloroso? –preguntó papá ansioso. -¿Ella sobrevivirá? -Es un infierno, -respondió Jake. -Pero para ella será fácil que todo lo demás por lo que ha pasado hasta ahora. Rachel miró a mi padre y luego a mí. -¿Y dónde se meterían tu madre y tu padre? -preguntó ella. -Tendrían que dejar la ciudad, e irse tan lejos de aquí como sea posible. -No puedo hacer algo así, -protestó papá. -No abandonaré a Nora. -No te queda otra opción, -dijo Rachel fríamente. Sentí otra punzada de culpa, como un tic en la cara. Probablemente era a Nora a quien mi padre prefería salvar. Podría haberse marchado de la ciudad con ella, con su mujer… convertirse en un fugitivo junto con la mujer que amaba… <Conozco un bonito sitio,> dijo Tobias. <Buen clima, sin turistas, barato. Nativos simpáticos. Son un poco lentos para algunas cosas, pero saben contar una buena historia.> -La colonia de hork-bajir libres, -exclamó Cassie. -¡Los podemos enviar con los hork-bajirs! Era la solución perfecta al problema de la seguridad de mis padres. Papá se quedó mirando a un árbol lejano con expresión resentida. Una raza de aliens parásitos estaban jugando a ser Dios con su libertad. Un puñado de críos le habían privado de su capacidad para tomar decisiones. Su vida había sido totalmente destruida. Entendía su nueva realidad, pero no le gustaba. ¿Y a mí? Mi mente se llenó de escenas soleadas de paz y armonía. Mamá trepando a un árbol junto a Toby. Papá enseñando nuestra lengua en un prado lleno de flores. Podían actuar como consejeros de los hork-bajirs. Podían ser los gobernadores no oficiales del valle… ¿En qué estaba pensando? -Gran idea, -dije con entusiasmo burlón. -Excepto porque da por hecho que saldremos con vida de la trampa mortal que es el estanque yeerk, -fruncí el ceño. -Mirad, nuestras posibilidades de éxito serían buenas en un mundo donde Rachel fuera baja, gorda y fea, y Tobias fuera una cigüeña. ¿Pero en este mundo? Casi todos hemos agotado ya nuestras nueve vidas, chicos. Los yeerks tienen que haber alertado a un montón de fuerzas de seguridad para impedir que Visser Uno escape. Las posibilidades son peor que escasas. -Son rasas, –repitió mi padre. –Y falsas. -Lo miré fijamente. Vale, es posible que a veces jugáramos a rimar con la última palabra del otro. Pero sólo cuando estábamos solos. Papá sonrió al suelo en una oferta de paz. Intenté terminar mi argumentación. -Lo que intento decir es que no tenemos ningún plan. Ni siquiera sabemos como entrar en el estanque. No desde que cerraron el túnel de lavado. <Eso no es verdad,> dijo Ax, mirándome con sus ojos principales. Giró una enorme palanca del transpondedor de Espacio Cero, luego otra, y luego pulsó un pequeño botón. Tras un momento se quitó el auricular de la oreja. <He oído un buen fragmento de comunicación por el Espacio Cero y he averiguado que los yeerks han abierto hace poco una entrada mayor al estanque.> -¿Dónde? -dijo Jake. <Está confuso. Pero conecta con un nuevo subterráneo destinado a la reparación y almacenamiento de cazas insecto. El túnel también cuenta con un completo proceso de descontaminación equipado para matar cualquier cosa viviente que intente entrar.> -Ax, -dije, -la última vez que lo probé no podíamos transformarnos en cosas inanimadas como sillas y mesas. Y si pudiéramos no aguantaríamos mucho contra un par de hork-bajirs. -¿Y qué hay de animales pequeños? -sugirió Cassie. -¿Una pulga o una mosca serían menos susceptibles a la descontaminación? <No,> dijo Ax con certeza. <La descontaminación yeerk es minuciosa y efectiva en todos los casos.> -¿Entonces porque nos cuentas esto?-explotó Rachel. <Un escudo de caza insecto es suficientemente fuerte como para bloquear la descontaminación,> sugirió Ax gentilmente. Jake sonrió, un poco irónicamente. -Lo tengo, – dijo. – Lo único que tenemos que hacer es robar un caza insecto, encontrar el nuevo túnel, volar a través de él, aterrizar en el muelle, evadir la seguridad, llegar al estanque principal, secuestrar a Visser Uno, meterlo en la nave y escapar. Es así de simple. Rachel parecía más feliz ahora que por fin teníamos peligro a la vista. Cassie levantó una ceja pensativa. Tobias planeó y bajó a nivel del suelo, dándome la impresión de que apoyaba aquella locura. -Tendréis que tenderles una trampa a los yeerks, -interrumpió mi padre de pronto. -Si he seguido este debate correctamente, tenéis que provocar una reacción lo bastante grande como para atraer un caza insecto, pero no tanto como para perder el control de la situación. Lo miré. Mi padre nunca dejaba de sorprenderme. Ni tampoco la adaptabilidad del espíritu humano. -Papá lo está pillando, -dije con aprobación. -Necesitamos una trampa y yo tengo una idea. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] -¿Pueden oírme? ¿Pueden oírme? ¿Es la policía? Llamo del Bosque Nacional. Tengo aquí atrapada la maldita cosa más rara que hayáis visto nunca. Es como una especie de monstruo lleno de cuchillas. Los aullidos y gruñidos resonaban por las oscuras colinas. ¿Mis amigos? Quizás. O quizás no. La voz al otro extremo del teléfono móvil sonaba como si hablara por una lata. Me pidió que fuera más claro. -¡Monstruo! ¡Cuchillas! – grité. -¡Juraría que me he encontrado un extraterrestre vivo y muy real! Instantáneamente, me convertí en prioridad número uno. ¿Dónde estaba?, me preguntaron. ¿Quién era? Di mi localización y corté la conexión. Me empezó a entrar la risa floja. ¡Aquel plan era demasiado trillado! Y lo había propuesto yo. <¡Escóndete!> rugió Jake desde alguna sombra cercana. Me tapé la cabeza con una capucha de camuflaje para cazadores. Esta cosa tan fashion se la debíamos al padre de Jake. Se suponía que ayudaría a esconder mi cara para que los yeerks del caza insecto no me reconocieran como el chico del que se habían ocupado el otro. El chico que se suponía que estaba muerto. -Confiemos en que esto funcione, -susurré, atándome los cordones de la capucha bajo de la barbilla y mirando hacia el cielo. Un caza insecto tardó exactamente cuatro minutos en descender sobre el bosque. Su luz dejó una línea rojo sangre en el cielo. Yo me escondí detrás de un enorme pino. Cuando el caza paso volando lentamente por encima de mí, deseé haber cogido también la chaqueta de camuflaje. No aquella naranja que llevaba. El plan era que los yeerks vieran un humano cubierto – ese sería yo – atraído y repelido a la vez por la visión de un hork-bajir atrapado en algún tipo de cepo por una pata. ¿Quién era yo para estropear el plan? Me cubrí. Todo un profesional, yo. Me alegré de que papá estuviera a salvo en la colonia hork-bajir. Había querido participar en la misión, pero habíamos votado y había perdido. <Ya llegan,> dijo Rachel. <Van a aterrizar. ¡Preparaos!> Toqué el rollo de cable que llevaba apretado contra mi pecho. El caza volaba ahora más bajo y más lento. A través de las pequeñas ventanas redondas como ojos de la proa, vi a un taxonita en los controles. ¡Pssshhhhh-shhhhh-thoooomp! El caza aterrizó y se abrió una compuerta en el tiempo que tarda un corazón en emitir un latido. Dos hork-bajirs saltaron al exterior, enormes y amenazadoras formas en la penumbra del bosque. Entonces – un tigre saltó desde la total oscuridad de los árboles al pequeño claro. -¡Rrrroaaaaaarrr! ¡WHAM! Un hork-bajir al suelo. ¡WHUMP! Apareció un oso pardo por la retaguardia y golpeó de refilón al segundo guerrero. ¡Craack! Aquello había sido su cabeza, encontrándose con el borde de la nave. -Gaahh… -dijo suavemente. -Laah… -Víctima dos. Derribado tontamente. Uno más. ¡El taxonita del interior corrió histéricamente de los controles a la compuerta y saltó al suelo del bosque! -¡Sneeet! ¡Sneeyanyanaaahh! [i]¡Cuidado![/i] Grité silenciosamente. Jake me había hecho prometer que no diría ni una palabra. Si los yeerks pensaban que un humano había formado parte del ataque, seríamos carne chamuscada. Todos nosotros. ¡Sí! Un lobo salió de un salto desde unos árboles a la derecha. El andalita apareció de la izquierda, una brillante línea azul. ¡Ploosh! ¡Ploosh! Cassie atacó al taxonita por detrás, Ax por delante. El alienígena salió disparado por el cielo nocturno. Una constelación de gusano girando sobre sí mismo en el sentido de las agujas del reloj pero a hipervelocidad. -¡Skreeeeeeeeeyaaaaaaa! ¡Ka-bloooosh! Aterrizó con un húmedo “thud”. Corrí hacia la lucha. Tobias se estaba transformando ya, haciéndose más y más pequeño en la trampa que sujetaba su pierna de hork-bajir. Una vez convertido en pájaro, podría liberarse sin problemas. <Átalos,> ordenó Jake. <Lo bastante fuerte como para sujetarlos hasta que lleguen los hork-bajir libres a llevárselos.> -¿Qué hay del taxonita? -dije. <Puede arreglárselas solo. Bueno, quizá lo consiga, o quizá no.> -Bien. Agarré las dos muñecas con cuchillas del hork-bajir y las amarré. Uno de ellos gruñó débilmente, la cara contra el suelo. Rachel lo silenció con una caricia de su gigantesca garra de oso pardo. Mi corazón latía salvajemente. Pero me las arreglé para juntarles las piernas y atarlos. Y luego las manos y las piernas del otro. <Vamos,> ordenó Jake transformándose. Rachel saltó a bordo. Tobias entró volando. Miré al hork-bajir que acababa de atar. Al tacto, la piel era áspera como corteza. Cayó de espaldas. Un ruido afilado acompañaba cada inspiración de aire. Íbamos a volver al estanque yeerk. Y esa sierra que respiraba iba a ser mi disfraz. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] -¡Cómo mola! Éste tiene que ser el modelo deportivo de edición limitada. Quiero decir, ¡vaya!. Los yeeks deben tener sólo unos pocos cientos iguales que éste. Me acerqué a una de las diminutas ventanas. Unas luces rojas aún iluminaban alternativamente el suelo por debajo de nosotros, parpadeando a un ritmo deliberadamente lento. <En realidad,> me corrigió Ax, <éste es el modelo estándar, aunque la versión más nueva.> Sus manos con más dedos de lo normal trabajaban frenéticamente con unos controles diseñados para las quinientas patitas de los taxonitas. <Este modelo ha sido producido en miles de unidades.> Miré el perfil de Ax mientras trabajaba afanosamente para apagar las luces. Estaba teniendo algunos problemas. Las luces de la cabina se apagaron, sí, pero luego volvieron a encenderse con un intenso color rojo. Las luces de fuera brillaron una última vez antes de dejar a oscuras nuestra cucaracha sin patas del tamaño de un LandRover. Cucarachas. El tipo de cosa que hace que tu madre le pegue frenéticamente a la pared con el rodillo de cocina y no quiera comer por un día entero después de eso. Un caza insecto no es cálido y cómodo. No es el tipo de vehículo donde quieres estar. Y entonces oímos el sonido del aire comprimido siendo liberado… -¿Ax? ¡Whooooossshh! -¡Aaaax! El aire lanzó mi cabeza hacia atrás y mi cuerpo acabó chocando contra otros cuatro cuerpos en la pared del fondo de la cabina. Un halcón chilló estridente cuando su cuerpecito huesudo impactó contra el techo. <Tengo el control de la nave,> dijo Ax en alto. <Por favor, mantened la calma. Parece ser que los controles han sido modificados para un taxonita mutante, un taxonita con el doble de apéndices de lo normal.> Respiré hondo. Qué suerte. Robar una nave construida para un mutante. -¿Necesitas ayuda? -preguntó Jake. -Esto es tan estúpido, -maldije en voz baja. Desde donde estaba sentado, desvalido y chafado contra la ventanilla, Ax parecía totalmente confuso. Sus débiles dedos volaban de botón a botón como un piloto desequilibrado ante unos controles fantasma. -Uh, Ax-man, -dije. -¿Tienes al menos alguna pequeña idea de lo que estás haciendo? <Ahora tengo varias. Aunque necesitaré algunas más antes de poder pilotar el caza de manera efectiva.> Tobias cayó al suelo con otro “thud”. Habíamos dejado de acelerar. Ahora flotábamos a la deriva. Ax pulsó dos interruptores por encima de su cabeza y luego apretó un botón rojo. Se oyó el sonido de un ventilador. Un aire templado empezó a salir de debajo de los asientos que rodeaban las paredes de los lados. Las antenas de Ax miraron a su alrededor, confusas. -Mucho mejor, Ax, -dijo Rachel impacientándose. -Ya has hecho logros para ser un gran ingeniero del aire acondicionado y la calefacción. -Quizá deberíamos leer el manual de instrucciones, -Cassie. <No. No, no será necesario,> declaró Ax, de nuevo con confianza. <Tengo una idea. Mejor que buscar la entrada al túnel basándonos en pistas de las charlas por el Espacio Cero, ¿por qué no dejamos que el caza insecto nos guíe? Todas las naves de combate yeerk de bajo nivel están programadas para volver a la base automáticamente si el vuelo empieza a parecer, um, errático.> -¿Para asegurarse de que no les pasa nada? -preguntó Cassie <No, como medida de precaución. Los yeerks no confían mucho en sus propios pilotos.> -Sí, bueno, bien por ellos. Necesitamos piloto automático ya. La nave dio un bandazo. Empezó a ascender rápidamente y luego a girar lentamente. Y de golpe, aunque fuera era de noche, a través de las ventanas frontales todo apareció tan claro como si fuera de día. Tecnología yeerk de visión nocturna. Me desplacé a la parte delantera de la nave para tener una mejor vista. Tonto de mí. Si hubiera esperado medio segundo más, no hubiera tenido que caminar. La nave se inclinó hacia delante y apuntó hacia abajo, en dirección a la Tierra. Antes de que pudiéramos gritar, los seis estábamos amontonados y enredados en el puente de mando. <Deberíais llevar siempre los cinturones de seguridad,> nos reprochó Ax, luchando vanamente por quitarse de encima cuatro humanos y un pájaro enfadado. Me puse de rodillas. Delante de nosotros, a través de la ventana de visión nocturna, estaba el océano, con las olas chocando y las crestas de espuma. -¿Ax, estás seguro de que todo va bien? -¡Vamos directos hacia el agua! <Yo… yo…> -¡Yeeeeeeooooooowwwwwww! El grito fue unánime. -¡OoooohDiosssmíoooooooo! ¡Hacia abajo! Cruzamos el aire como una bala. La aceleración me presionaba el pecho. La pierna de Rachel me doblaba el cuello. Podía sentir la piel de mi cara estirada hacia atrás por la fuerza de la velocidad. -¡Yaaaaaaaah! [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] -¡Yaaaaaaaah! Segundos antes de sumergirnos en las profundidades marinas, el caza insecto tuvo una idea diferente. Frenó, paró, se giró. ¡Y salió disparado hacia arriba! -¡Aaaah! ¿Qué está pasando? Todo el mundo excepto Ax y Tobias resbalamos y nos deslizamos por el suelo, otra vez contra las ventanillas del fondo. <Quizás…> dijo Ax temblando <Quizás no hemos registrado suficiente velocidad. Si la nave intenta seguir un recorrido por debajo del agua, antes de eso tiene que llegar a una determinada velocidad.> -¡Por debajo del agua! <Eso creo> -¿Eso no nos matará? <A estas velocidades, la muerte siempre es una posibilidad.> Genial. Asesinado por un piloto automático. Una muerte totalmente humillante. Entonces – la imagen de mi madre apareció en mi cabeza, tal y como la había visto en el estanque yeerk, durante el juicio, con varios huesos rotos y sangrando. Pedía para sí misma más crueldad yeerk; me había suplicado que dejara que Visser Uno siguiera controlándola. Porque ella sabía que eso le daría a la Tierra una oportunidad de sobrevivir. Si ella podía soportar aquella tortura, yo podía aceptar estar a la merced de un piloto automático. Miré hacia fuera por una de las ventanas. El océano y el bosque y las luces de la ciudad se alejaban como si lo viera todo desde una cámara satélite que se moviera. Sólo por un instante, pude distinguir los grupos de luz que formaban la ciudad: el estadio, el distrito de negocios y los barrios residenciales. ¡Whoooosh! Entonces aceleramos tanto que todas las luces se fundieron en una brillante línea, una mancha que era la ciudad. Aparecieron más puntos, hasta que pude ver cientos de faros con una llameante luz blanca. Por un segundo pensé que serían estrellas pero entonces me di cuenta de que cada uno de ellos era una ciudad. ¡Estábamos casi en el espacio! Cassie ahogó una exclamación. Era increíble. <Deberíamos alcanzar el vértice de nuestra trayectoria en cualquier momento,> dijo Ax, inapropiadamente calmado. <Sería mejor que os atarais los cinturones.> De nuevo, la nave disminuyó la marcha. Ya no podías sentir las fuerzas de la gravedad, pero la tierra dejó de retroceder. Era como si hubiéramos alcanzado el final de una enorme e invisible goma elástica. Había disparado demasiado con ese tipo de gomas durante las clases de mates como para no saber qué venía ahora. ¿Estaba asustado? Sí. Oh, sí, lo estaba. ¡Fwooop! La nave se lanzó en un picado sin un segundo de vacilación. -¡Aaaaaaaaaaaaaah! <¡Aaaaaaaaaaaaaah!> Disparados hacia la Tierra. Más rápido. ¡Más rápido! Atravesamos las nubes, un milisegundo de niebla. Y entones, el destello de la ciudad. La curva de la costa. ¡Y la nave directa hacia el agua! Una extensión de azul y plata llenó las ventanas de la cabina. ¡A cada segundo crecía más y más y se hacía más nítida! Olas brillantes… Alguien gritó otra vez. Y en aquel momento vi mi propia muerte. Nos hemos tirado de aviones, transformado en el aire en una caída libre, esquivado rayos dragon; hemos hecho todas esas cosas y mucho más a la velocidad de la luz. Pero nada, nada comparado a esto. Tan solo una fracción de segundo para darte cuenta, ni siquiera para llegar a pronunciar, que vale, vas a morir. ¡Nos precipitábamos hacia un muro azul de muerte a un millón de kilómetros por hora! -¡Aaaaaaaaaaah! <¡Aaaaaah!> Seis voces que gritaban. Un extraño rugido en mi corazón. Y entonces abrí los ojos. Los bancos de peces pasaban por delante de las luces rojas del caza insecto. Estaba vivo. Y debajo del agua. ¡La nave se había convertido en un submarino! El piloto automático estaba preparado para seguir alguna ruta secreta conocida sólo por el enemigo. Miré a los otros. Rachel sujetaba el cuerpo de halcón de Tobias con cuidado pero protectoramente. Ax se mantenía sobre sus tambaleantes patas. Jake y Cassie se daban la mano. Nadie dijo una palabra. Nos sumergimos más y más en las oscuras profundidades del océano. Buceamos a lo largo del lecho del mar, a través de una topografía más rara que nada en al superficie del planeta. Una caverna desaparecía debajo de nosotros. Una montaña sobresalía en la negrura por encima de la nave. Una criatura de color amarillo brillante se cruzó en nuestro camino. Y de pronto, nuestras luces iluminaron una enorme construcción. Angulosa, irregular, cubierta de vida marina, y además, una visión familiar. <Es un barco,> dijo Tobias. Sí, como lo que ves en un programa de la tele por satélite. Barcos perdidos en el mar: terror, tesoros y descubrimientos. -Hork-bajirs, -ordenó Jake. -Ahora. No creo que tengamos mucho tiempo. Nos transformamos. Seis criaturas fieras, musculosas, de dos metros de altura y con el cuerpo blindado de cuchillas que hacían que el caza insecto fuera un probador muy pequeño. Pero era la forma adecuada para el trabajo y ya sabíamos qué nos esperaba. Buena visión. Mente lenta, un poco aprensiva. Un cuerpo poderoso. Tan sólo uno de los cientos, quizás miles de esclavos de los yeerks. Nadie se fijaría en nosotros. Nadie sabría que no éramos controladores. O eso esperaba. La nave dio un rodeo automáticamente, mostrando siempre un lateral a aquella reliquia marina. Empezamos a girar en círculos lentamente a su alrededor. El casco era gigantesco, con uno de sus lados encajado en el suelo oceánico. Enormes secciones estaban rotas, y las chapas remachadas de acero asomaban por todas partes. Una pequeña torre y tres cañones brotaban de la cubierta. <Segunda Guerra Mundial,> murmuró Jake. <Es un barco de batalla.> El caza insecto dio una vuelta más, y entonces emprendió una carrera hacia el centro del barco hundido. <Aquí vamos otra vez,> grité, sacudiendo mis brazos con cuchillas, incrédulo. <No me digáis que podemos volar a través del acero.> Habíamos salido disparados hacia el casco. Decidí no cerrar los ojos esta vez. ¿Cuál sería la diferencia? <En las charlas que he escuchado por el Espacio Cero,> dijo Ax repentinamente. <Se mencionaba un barco humano. ¡Esta es la entrada al túnel!> Justo cuando estábamos a punto de chocar, el barco se partió. Se abrió como una caja con bisagras, revelando una larga hendidura en la superestructura. Peces muertos y otras criaturas marinas salieron de la abertura del acorazado, flotando frente a nuestras ventanas. <Pantallas de radiaciones intensas,> explicó Ax. <No son infrecuentes como medida de protección en las estaciones de batalla yeerk. Las cosas vivas son destruidas instantáneamente.> Respiré hondo. Pasamos a través de la hendidura con centímetros de margen y fuimos engullidos por la espesa negrura. La nave se sumergió rápidamente bajo el fondo marino, a través de un tubo que parecía dirigirse al centro de la Tierra. Gradualmente, los lados del túnel comenzaron a cambiar de agua a tierra y luego de roca a hormigón. Y de repente, nuestro caza insecto y su tripulación hork-bajir salieron a una enorme e iluminada caverna. Hangares de servicio se alineaban en los muros de las paredes del espacio con forma de cúpula, tan grandes como el mismo estanque yeerk. El suelo mismo estaba vivo, moviéndose al ritmo de tripulaciones de hork-bajir y taxonitas yendo y viniendo de las naves estacionadas. Los trabajadores de mantenimiento humanos iban de nave en nave en vehículos de una plaza. Una nave espada estaba siendo atendida en lo que parecía un hangar privado. Nuestro caza insecto zumbó resueltamente a lo largo de una línea de cazas hasta que llegó a una plaza vacía. Descendimos lentamente y aterrizamos con una ligera sacudida. <Hemos atracado,> dijo Ax innecesariamente. Jake se levantó el primero. <Vamos, chicos.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] Seis hork-bajir bajaron por la escalera de desembarco hasta el duro suelo de hormigón. Por mi parte, yo estaba haciéndolo lo mejor que podía para parecer extremadamente hork-bajir. <Todos esos cazas…> se asombró Cassie por telepatía privada. <¡Los yeerks tienen una tropa sorprendente!> Efectivamente, el poder reunido allí era más de lo que cualquiera de nosotros hubiera esperado. Docenas de caza insectos. Una nave espada. Y esos eran sólo los que estaban esperando mantenimiento. Si abogaban por la invasión pública, la cosa no iba a pintar bien. <Calmaos, todos,> dijo Jake. <Haced como que sabéis a dónde vamos. Y pareced duros.> Otras tripulaciones de cazas insecto marchaban cruzando la gigantesca habitación. Los imitamos formando tres filas de dos y caminamos con largas zancadas hasta que alcanzáramos un punto seguro. Dos hork-bajirs con armas de rayos dragón listas nos miraron cuidadosamente. El tercero, un tipo más delgado con pinta de ser un poco más listo, levantó un brazo lleno de cuchillas hacia nosotros para que paráramos. Si hubiera sido un chico normal, sin la valentía sobrehumana de un Animorph, mi corazón probablemente se hubiera parado. No eran sólo los guardias de seguridad. Quiero decir, nosotros seis podíamos encargarnos de ellos. Eran los otros cientos de hork-bajir o más que rondaban a nuestro alrededor. ¡El complejo entero estaba vivo! El guardia de seguridad delgado se levantó de su taburete, caminó hacia Ax y lo miró de arriba a abajo. Entonces volvió atrás y les resopló algo a los otros. -¡Grrraffshhhh Grrufsshhhht! Finalmente, nos hizo una señal con la mano para que continuáramos. <Bueno, que tenga un buen día, señor,> dije suavemente. Nadie se rió. <Mirad, quizás estamos en una fortaleza yeerk, pero la vida funciona a base de experiencias, ¿no? Y esta es toda una experiencia.> <Cállate,> le cortó Rachel. <Vale.> Seguimos al resto de tripulaciones por un largo corredor en el borde de la caverna en la que habíamos aparcado la nave. Había una cinta móvil como las del aeropuerto, para que la gente tuviera que caminar tanto. En unos carriles a ambos lados de nosotros transportaba rápidamente vehículos en ambas direcciones. <Definitivamente, vamos de cabeza al estanque,> observó Tobias. <Tenemos que arreglárnoslas para encontrar a Visser Uno,> dijo Jake. <El sitio es enorme y probablemente no tengamos mucho tiempo.> Unos pocos momentos después salimos del túnel al complejo cavernoso del estanque yeerk que tanto habíamos llegado a conocer y a amar. Y allí, en el centro de la burbujeante piscina, atada a una estaca en medio del muelle de infestación, estaba Visser Uno. Mi madre. <Eso ha sido fácil,> dijo Cassie. Visser Uno – mi madre – estaba atada y encadenada. Si había alguna parte de su cuerpo que no estuviera arañada o sangrando, yo no podía verla. Dolía con sólo mirarla. Quería correr hacia ella y liberarla. Pero no lo hice. Habría sido un suicidio para todos nosotros. Los controladores se burlaban y le gritaban desde los bordes de la piscina. Ya no era su Visser. Era un traidor, un perdedor. Tortura, humillación, muerte. Los yeerks habían hecho de la ejecución un evento público. Y obviamente, la muerte por hambre ya estaba en marcha. El yeerk de su cabeza estaba siendo destruido y gritaba febrilmente palabras incomprensibles a la multitud. El visser estaba desesperado. Rodeado de kandrona que no podía alcanzar, famélico en medio de la plenitud. Una sensación de mareo, como una náusea, me revolvió el estómago. <¡Mamá!> grité por telepatía privada. Sus sacudidas pararon abruptamente. Había oído mi telepatía. ¡Mi madre estaba aún lo bastante viva como para reconocer mi voz! <¡Mamá!> grité otra vez. Esta vez, ella no respondió. O no pudo. Visser Uno volvió a tomar el control, rugiendo y gimiendo, escupiendo blasfemias a sus torturadores. Sacudiendo sus muñecas y tobillos, ambos atados y negros por los moratones. Tuve que apartar la vista. Una garra con cuchillas me apretó amablemente el hombro. Era Jake. <Sé que es duro,> dijo. <Pero tenemos que hacerlo bien.> <Visser Uno sabe quiénes somos,> dije rápidamente. <En el estado en el que está, casi fuera de sus cabales, podría decirlo todo.> <¿Iba a escucharlo alguien?> dijo Cassie. <¿Lo entendería alguien?> <No hablará,> dijo Ax. <¿Qué te hace estar tan seguro?> <No tiene nada que ganar contándoselo. Morirá de todas maneras.> <Cierto,> dijo Tobias pensativo. <Pero tampoco tiene nada que perder contándoselo. Sé como va eso. Sé lo que te hace dentro. Si ella cree que puede salvarla, hablará.> <¿Cómo podemos sacarla de aquí?> dijo Rachel, práctica. <No podemos simplemente ir, cogerla y llevárnosla otra vez a la nave.> <No,> dije, intentando concentrarme, intentando planear. <No podríamos avanzar ni un metro sin que nos acuchillaran. Estamos en seria desventaja numérica.> <Vale, así que el plan sutil de rescate-y-escape no va a funcionar,> dijo Cassie <¿Entonces qué…?> <Volved a la nave,> ordenó Jake. <Ahora.> <¿Y dejar a Visser Uno?> protestó Cassie, indignada. <Hemos llegado hasta aquí. No podemos abandonar ahora.> <Nadie ha dicho nada de abandonar,> dijo Jake. Giró sus fieros ojos de hork-bajir hacia la entrada que conectaba ambas cavernas. Escrutó el túnel por el que habíamos llegado al estanque. Ax fue el primero en entenderlo. <Soy un excelente piloto,> dijo Ax. <Pero como habéis visto, las naves yeerks no responden tan bien como las andalitas. No creo que sean maniobrables en un sitio tan estrecho.> <¿Vamos a sacarla volando?> dijo Rachel. <¿Algún plan mejor?> Jake ya estaba moviéndose hacia la cinta transportadora, de vuelta a la nave. Lo seguimos, andando con rapidez. Nos subimos a la cinta con un grupo de taxonitas pilotos. Y entonces, mientras nos aproximábamos a la cúpula de mantenimiento, aparecieron las fuerzas de seguridad. <Por favor, que estén aquí para interrogar a los taxonitas,> rogó Tobias. -¡Paraaaadflessh!- nos ordenó el líder del grupo. Jake se detuvo. <Seguid caminando,> nos dijo <Dejadme esto a mí.> -Vuestro caza va atrasado. ¡Explícate! -Sí, – dijo Jake, articulando sonidos del lenguaje humano tan claramente como podía con el pico el hork-bajir. -Estábamos crusss… cruzando el bosque cuando nuestro motor de reacción derecho dejó de funcionar. Tuve que aterrizar. Mis órdenes fueron traer el caza aquí para reparación. <Tranquilos, todos,> añadió privadamente. -Eso es mentira, -gritó el hork-bajir delgado de antes, rodeando a Jake con sus hombres. -Se le ha hecho un chequeo de todo el sistema. Nada va mal en tu caza. ¡Guflecssssh! Los hork-bajirs de los hangares vecinos giraron la cabeza hacia nosotros para ver si habría pelea. <Plan alternativo,> ordenó Jake. <¡Todos, a correr!> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Jake levantó sus codos con cuchillas y los hundió en el muro de hork-bajirs que intentaba retenerlo. Nota mental: no llevar la contraria a las fuerzas de seguridad yeerks. Sólo lleva a mutilaciones varias. <¡A la nave!> gritó Jake. Apartó a otros dos hork-bajir fuera de su camino y corrió siguiendo la larga fila de naves. Entonces – ¡Tseeeeww! ¡Tseeeeew! ¡El aire a su alrededor explotó en descargas de rayos dragón! <¡No!> Jake desapareció en medio una nube de humo. <¡Jake!> gritó Cassie. <Relajaos,> nos dijo Jake, jadeando fuertemente. <Estoy bien. Me he cubierto detrás de un carro de servicio.> Estaba fuera de la vista, pero eso no quería decir que las fuerzas de seguridad creyeran que estaba muerto. Toda la atención, todas las armas, todos los rayos dragón apuntaron a la nube de humo donde habían visto a Jake por última vez. Nadie se dio cuenta de la transformación que estaba teniendo lugar detrás de otro los carros que transportaban las herramientas y piezas de repuesto; un andalita azul y musculoso y un ratonero de cola roja estaban formándose donde segundos antes había dos hork-bajirs. Tobias se elevó, rápido y silencioso, hacia el cielo de la cúpula. Thwack… ¡Thwack-thwack-thwack! ¡Ax! -Aaghsh… -Cuatro pistolas de rayos dragón cayeron al suelo. Cuatro guerreros se agarraron los muñones sin dedos entre gritos desesperados y confusos. Ax salió disparado como una bala en dirección a Jake. Cassie, Rachel y yo, todavía en nuestras formas de hork-bajir cogimos del suelo las armas dragón. <¡Disparad a Ax!> grité. Era nuestra mejor opción, nuestra única opción para disimular. Mientras disparáramos al andalita, los hork-bajir no nos dispararían a nosotros. Corrimos tras de Ax, fallando cada tiro. <¡A la nave!> Las tripulaciones de los cazas insecto corrían a sus naves. ¡No teníamos tiempo! Cosas que te pueden salvar la vida: si estás huyendo del enemigo, no mires atrás. Nunca sirve de nada. Yo me giré sólo para ver una estampida de hork-bajir armados y enfadados embistiendo a través del túnel. ¿Necesitaba ver aquello? ¿Fue bueno para mi moral? No. No lo fue. -¡Traidores! -grité de repente, agitando mi arma hacia un grupo de hork-bajirs desorganizados. –Allí. ¡Allí! ¡A por ellos! -¡Guflesssshkkkl ¡Deffantii! -gritó el lider de la primera fila. –¡Morid, traidores! – Y allá que fueron. Fuerzas de seguridad contra fuerza de seguridad. Justo lo que necesitábamos. Una guerra civil, confusión. Yeerks contra yeerks. <¡Meted los culos en la nave!> rugió Jake. <Estoy dentro. ¡Os estoy esperando!> ¿Dónde estaban Rachel y Cassie? Las había perdido. Estaba solo. Corrí. Mis largas uñas arañaban el suelo duro y frío. El corazón de hork-bajir latía como un bajo en mi pecho. Los pulmones me ardían. El sudor se me metía en los ojos. Las ventanas con forma de ojo de insecto de nuestra nave se pusieron rojas, encendiéndose. <Todos los sistemas en marcha,> dijo Ax desde dentro. <Piloto automático desactivado. Tengo el control.> <A volar, Ax,> ordenó Jake. <¡Esperad –ah- me!> alcancé la estrecha escalerilla de mantenimiento que subía a nuestro transporte. Ax estaba en los controles. Tobias era una figura tallada en roca en el interior de la nave. <Vamos a buscar a algunas polluelas con este crucero,> jadeé, empezando a transformarme. <He perdido a las chicas.> Nos elevamos. <Escudos activados,>dijo Ax. ¡Ka-Bammm! Los rayos dragón alcanzaron nuestra burbuja-campo de fuerza. Ax no esperó a nuevas órdenes. Sabía lo que tenía que hacer. Nos elevamos en el aire y a continuación caímos en picado. Y otra vez hacia arriba. Sentía que como si me hubiera dejado el estómago en el hangar de mantenimiento. Ahora que era humano, podía transformarme. Ya había tenido bastante con el hork-bajir. Quería algo peludo y familiar. <¡Aquí!> gritó Tobias <¡Las veo! Detrás de la navecita de mantenimiento.> Nos elevamos otra vez. Y luego un picado. Arriba, abajo. Frenesí de caza insecto: un paseo por el infierno en carnavales. Ax se movió y abrió la compuerta. <Escudos fuera,> dijo. Cassie estaba agachada, protegiéndose la cabeza de los rayos dragón. La cogí con una mano de gorila todavía a medio formar. ¡La agarré y tiré de ella con todas mis fuerzas! <¡Aaah!> Cassie estaba dentro. Rachel rodó por el agujero detrás de ella. <Escudos activados.> ¡Tseeew! El vehículo de mantenimiento explotó en un flash de calor que sacudió nuestra nave entera. <Ax,> ordenó Jake. <¡Sácanos de aquí!> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] Me acerqué a una ventana. Los “ojos” rojos e inyectados en sangre de los cazas insecto estaban volviendo a la vida por todas partes. Uno se elevó de su hangar, todavía unido a los tubos de mantenimiento y otras herramientas que se sujetaban al casco. Intentó acelerar. ¡Blaamm! Un flash blanco. Una explosión instantánea. <No intentéis volar con una nave en reparación,> nos aconsejó Ax. <Algo irá mal.> <Sí, bueno, nosotros tampoco lo estamos haciendo tan y tan bien,> dije. Los rayos dragón de las pistolas alcanzaban nuestros escudos. Ax dirigió la nave hacia el túnel de conexión y apretó el acelerador. ¡Wee-oo-wee-oo! ¡Una alarma ensordecedora! Destellos de luz iluminaban los controles. Miré a Ax. <No podemos pasar, es demasiado estrecho.> <¡Haz algo, Ax!> gritó Jake. Eso hizo: frenó la nave, giró el cañón de rayos dragón hacia la pared del túnel, y disparó. ¡La sólida roca empezó a arder y a fundirse y a desaparecer! Tobias vigilaba los escudos. <¡La fuerza de los escudos baja, Ax! Veintiocho por ciento. ¡Veintiseis!> La pared de piedra explotó delante de nosotros. Los trozos de roca ardiente cayeron en la cinta transportadora por la que habíamos pasado hacía a penas unos segundos. ¡Ka-Bam! ¡Bamm! ¡Bam, bam bam! El fuego de rayos dragón continuaba sacudiéndonos desde abajo. <¡Ax! ¿Puedes meternos por ahí, si o no?> <Sí.> <¡Whoa!> ¡La nave se inclinó cuarenta y cinco grados! Y Ax nos llevó directos hacia las llamas. Esquivamos… rozamos… ¡y sí, nos escurrimos a través de la roca que en explosión! Éramos como una bala saliendo del cañón de un arma. <¡Ax, estás loooooco!> gritó Cassie De repente, luz. Aire. El gigantesco complejo del estanque yeerk se abrió frente a nosotros. <Buen trabajo, Ax-man,> dijo Jake, respirando hondo. <Ahora, vamos a desviar su atención de Visser Uno.> Apuntó los cañones al complejo de edificios en el margen de la piscina. Disparó. ¡Y falló! <Deja que se ocupe el maestro.> Cogí los controles. ¡Tseeeew! Uno de los cobertizos desapareció. Otro se incendió. ¡Tseeeew! Un buldózer vacío se vaporizó. Los controladores corrían en todas las direcciones. Era una peli de Hollywood en un fin de semana de verano. Giré los cañones y los apunté hacia el estanque. Mi madre estaría delirando, pero su mirada se espabiló al ver el cañón. <Con cuidado,> dijo Rachel. Apunté al borde. No a los yeerks, no a los controladores. Sólo al grueso tanque de metal. El símbolo de la esclavitud. ¡Tseew! Un disparo a baja potencia hizo que la pared del tanque se derritiera. No hizo más daño porque no estaba intentando destruirlo. Sólo quería que todo el mundo huyera. Los hork-bajir y los humanos se amontonaron en un desesperado intento de escapar. <Llévanos dentro,> dijo Jake a Ax. <¿Rachel? ¿Marco? ¿Estáis listos? Resoplé. <Si nosotros no podemos hacerlo, nadie puede.> <¡Vamos allá!> Ax colocó la nave sobre el baño de kandrona. La compuerta inferior se abrió. <Escudos fuera,> dijo Ax nerviosamente. <¡Vamos!> gritó Jake <¡Vamos!> Saltamos. Los pies de gorila y las garras de hork-bajir se estamparon contra la península de metal donde estaba atada mi madre. El muelle de infestación es tan ancho como un embarcadero normal, pero tan peligroso como un puente de cuerda que cruzara un cañón en los Andes. Rachel rápidamente cortó las cadenas que sujetaban a mi madre al poste. Pecho… muñecas… tobillos. Mi madre no pareció darse cuenta de que estábamos allí para ayudar. El escandaloso yeerk de su cabeza estaba demasiado ido. <Agárrala,> gruñó Rachel. <¡Van a disparar al caza!> ¡Tseeeew! ¡Un rayo dragón alcanzó la nave encima de nuestras cabezas! <¡Aguantad!> llamó Jake desde arriba. <Volveremos.> No había elección. Ax tenía que alejarse o serían masacrados. La nave levantó los escudos y salió zumbando en el aire. <Estamos atrapados,> dijo Rachel. <¡No se suponía que debiera salir así!> Otro caza insecto voló a través del túnel de conexión, cruzando el aire sobre el estanque. Ax se dirigió al techo de la cúpula con la nave agresora justo detrás. ¡Tseeew! El disparo falló cuando Ax giró abruptamente hacia abajo. ¡Tseew! Jake destruyóel escudo de la nave enemiga. Me volví hacia mi madre, cubriéndola para proteger su cuerpo de la lucha. <Mamá, soy yo. Soy Marco.> Cuidadosamente, la levanté en mis brazos. Estuvo callada menos de un segundo, y entonces empezó a gritar de nuevo. ¡Tseeew! ¡Tseeew! <¡Patoso!> gritó Rachel. ¡Los disparos perdidos de la lucha aérea estaban desprendiendo trozos de roca del techo! Los pedruscos llovían al suelo como un granizo mortal. ¡Ka-plash! ¡Ka-plash-plash-plash! Las rocas cayeron al estanque, a metros de nosotros, cubriéndonos de una capa viscosa. <Ahora sí que tenemos problemas,> dijo Rachel solemnemente, apuntando a un grupo de hork-bajirs de aspecto terrible, marcados con unas cintas azules en sus abultados bíceps. <¿Quienes son estos tíos? Son… enormes. Mierda. ¡Son los hork-bajir con más músculo que he visto nunca!> Me eché a mi madre al hombro mientras ella pataleaba y luchaba por liberarse. <¡Vamos al otro muelle!> grité. <¿Y luego qué?> <Correr como demonios.> El espacio entre los dos muelles era de al menos un metro y medio de largo, quizá más. Rachel corrió por nuestro muelle como si fuera una pista de despegue. Se elevó… cruzó el espacio como un cohete… El salto de longitud perfecto. <¡Marco, vamos!> No tenía elección. Me deslicé como un 747. El salto era demasiado largo, demasiado… <¡Aaah!> Cruzamos el aire sobre los babosos yeerks. Y aterrizamos en el muelle de reinfestación. Pero ahora, de pronto, mi madre estaba totalmente inerte. Oh, Dios. ¿Estaba muerta? ¿La había matado? No. Sus ojos se abrieron de golpe y me miró suplicante. -Mátalo, -susurró. ¿Qué? Mié hacia abajo, al suelo del muelle. ¡Visser Uno! La gran babosa había escapado de la oreja de mi madre e intentaba huir! Debía haber intentado dejarse caer sobre la kandrona que era su alimento, que era su vida… El problema era que ya no estábamos saltando. Visser Uno había caído en el muelle cuando aterrizamos. Y ahora se retorcía intentando alejarse. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] ¡Bam! ¡Un hork-bajir con la banda azul golpeó a Rachel en la cara! ¡Bam! ¡Bam, bam, bam! Ella se lo devolvió, un boxeo frenético y con el extra de las cuchillas. El hork-bajir se tambaleó, pero no cayó. -Soy Grath, -gruñó. Sus ojos eran del color amarillo-anaranjado del infierno. -Soy el líder del Escuadrón de la Cinta Azul. Si no te rindes morirás. <¿Rendirme?> me dijo Rachel, incrédula. <Este tío no me conoce demasiado bien.> -Un hork-bajir va a morir en este muelle, Señor Grath, -gruñó ella. -Pero no voy a ser yo. ¡Whooosh! -¡Mátalo! -la voz de mi madre era ahora más fuerte, y temblaba de pura rabia. Visser Uno reptaba, alargando el cuerpo la mitad de su tamaño, para luego encogerse hacia delante y avanzar. Alargarse, encogerse. Alargarse, encogerse. Un ritmo lento y sin pausa hacia el borde del muelle. Intenté cogerlo… ¡Bam! <¡Aaah!> ¡Un pie-garra me apuñaló la pierna! Otro hork-bajir Cinta Azul había aterrizado en el muelle. Dejé caer a mi madre. -¡Morirás, andalita! – ¡Otro Cinta Azul me atacaba por detrás! ¡BAM! Me balanceé y le golpeé en el pecho. <No lo creo, monstruo.> Miré hacia abajo donde mi madre yacía inmóvil, medio protegida entre Rachel y yo, ajena a la batalla. Golpeada y destrozada como estaba, casi no podía ni levantar la cabeza. Pero aún y así, seguía rabiando: -¡No te escaparás, gusano asqueroso! ¡Tseew! ¡Tseew tseew! <¡Aaah!> gritó Rachel. <¡Estoy herida! Malo.> ¡Tenía que ayudar a Rachel! -¡Mátalo! ¡Tenía que ayudar a mi madre! Apreté el puño, una enorme bola de gorila. Lo levanté, listo para dejarlo caer encima de la babosa. ¡Tseeew! -¡AAAAaaarghhhh! ¡Un ardiente dolor me subió por la pierna derecha! Me dejé caer al suelo del muelle. Las punzadas de fuego eran tan fuertes que no podía pensar. El dolor de mi piel y carne quemada llenó mis fosas nasales, dulce y mareante… <¡Marco!> Rachel. -¡Mátalo! –mi madre. ¡Una desquiciada lucha de cazas encima de nuestras cabezas! ¡Más rocas que caían! ¡Bam! El Cinta Azul me golpeó en la cara. Vale. Aquello fue innecesario. La rabia me levantó de nuevo. Ka-bam! -¡Galaaaah! Tiré al Cinta Azul del muelle. ¡Splash! Cayó, sumergiéndose en el viscoso mar… Un caza insecto zumbó al lado de mi cabeza. La sacudida del aire me obligó a agacharme. El ruido de los motores me llenó la cabeza, un gemido estridente y desafiante. Y entonces, de pronto – ¡TSEEEW! Un destello rojo sobre nuestras cabezas. ¡Ka-BLAAAM! ¡El caza insecto reventó, duchándonos con escombros ardientes! ¡Montones de tripas y miembros cortados por todas partes! <¡No!> Jake, Ax, Cassie, Tobias… habían desaparecido. Todos habían desaparecido. <¡Nooooooooooo!> ¡Rachel! Me di la vuelta, salté sobre mamá y me metí en medio de los dos guerreros que estaban atacando a Rachel en el muelle. La rabia era abrumadora. El dolor nauseabundo. ¡Whooomf! ¡Bam! Golpeé con mis brazos como martillos pilones en los pechos de los hork-bajir. Sus cuerpos rodaron y salpicaron al caer en el estanque. <¡Vamos! ¡Hay que moverse!> La cabeza me daba vueltas. El brazo izquierdo de Rachel colgaba de una vena y un cacho de piel. Mi madre estaba desvalida. Otros dos Cintas Azules llenos de cuchillas se acercaban por el muelle de infestación, cogiendo velocidad para dar el salto… De repente, la cúpula quedó misteriosamente tranquila. El otro caza insecto había desaparecido. Se había apagado el rugido de los motores. Ni rastro de las armas de rayos dragón disparando. Ni rastro de los ecos de la batalla. Un nuevo sonido… El sonido de una risa que empañaba la mente, una risa telepática escalofriante que llenaba por sí sola el complejo del estanque. Los Cinta Azul se quedaron congelados. Miré a través del estanque. Visser Tres estaba en la otra orilla, con la cabeza de su andalita robado echada hacia atrás en pleno acceso de risa. Entonces, empezó a transformarse. El cuerpo azul del andalita se volvió negro. Largos apéndices planos brotaron de su cuello y espalda, para desplegarse después en ambas direcciones, formando las alas. ¡Unas enormes alas negras! Crecieron cada vez más anchas y poderosas hasta que se unieron en el centro. Continuas como las de un ala-delta. Un bombardero viviente. En medio creció una cabeza. No, no una cabeza… ¡Una boca! Una boca ancha y larga y con una lengua plateada que se movía lamiendo hileras de dientes afilados… Entonces los ojos… dos globos naranjas tan grandes como pelotas de cricket que flanqueaban la boca como manchas de salsa de tomate endurecidas. <Jaa, jaa, jaa,> graznó. <Pobres pequeños andalitas. Abandonados en el muelle. Abandonados a su muerte…> Las enormes alas ondularon sólo una vez, pero fue bastante para que el Visser se elevara en el aire. Una segunda vez batieron las alas, y salió disparado al techo de la cúpula, una enorme silueta cubriéndonos de sombra. <¡Contemplad al Bievilerd!> rugió el visser. <Un pequeño especímen que adquirí en el planeta Ondar. Sus dientes desgarrarán vuestra carne como si fuera papel.> Rachel y yo nos quedamos callados. ¿Qué podíamos contestar a aquello? <¡Moriréis!> gritó el Visser. <¡Y todo el mundo aquí me verá mataros!> <¡Tenemos que movernos!> le grité a Rachel. <No puedo,> dijo ella. <¡Tienes que hacerlo!> Pero sabía que era imposible. Un río de sangre fluía de su brazo cercenado. Estaba perdiendo la conciencia. Visser Tres cerró las alas y se inclinó hacia el muelle, un misil con boca. No podíamos escapar. ¡No podíamos! Intenté levantar a las dos, a Rachel y a mi madre. Ellas se estremecieron y jadearon de dolor. ¡Mi intento fue patético! Estaba demasiado débil por mis heridas como para hacer algo… Pero de repente – ¡Zzeeeeeowwwww! ¡Un caza insecto salió zumbando de detrás de un almacén! ¡Tseeew! Un rayo dragón, directo a la barriga del Bieliverd. -¡Rooooaaaaahhhhh! –rugió el Visser. El caza voló hacia nosotros como un cohete. <¡Marco!> Era la voz de Jake… ¡el caza de Jake! <¡Pero os vi explotar!> <No,> dijo él. <Viste explotar a los yeerks. ¿Dónde esta tu fe en Ax-man? Aguantad un poco, ya llegamos.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] ¡Tseeew! Un segundo agujero chisporroteó en el ala doblada del Bievilerd. Se arrugó, se marchitó y se partió ante nuestros ojos… <¡Asqueroso andalitas!> rugió el Visser. <Pagaréis por esto. ¡Os lo haré pagar! ¡Matadlos!> ¡Tseew! ¡Tseew! Jake se encargó de los dos Cinta Azul que quedaban, justo antes de que nos trituraran en sus moulinex de la muerte móvil. <Jake, no puedo más,> murmuró Rachel, a punto de irse del todo. <¡Tienes que sacarnos de aquí!> Intenté levantar a mi madre otra vez, pero esta vez ella se resistió, aunando todas sus débiles fuerzas. Los rayos dragón barrieron el muelle… -¡Muere! -dijo con voz ronca, sus ojos fijos en una pequeña mancha gris a un centímetro del borde. ¡Visser Uno! <¡Mamá, para!> Cayó hacia delante, su brazo extendido, los dedos buscando… -¡Muere! El caza insecto voló por encima del estanque, bloqueando los disparos, bajando lentamente – tan sólo a unos metros a nuestro lado. La cara de mi madre estaba distorsionada por la rabia. Lágrimas humanas reales corrían por sus mejillas. Rabia, dolor, alegría… Y entonces su mano rozó al parásito. Pero la babosa aún estaba viva…. -¡No! Aplasté con mi pie al gusano que aún se agitaba. Y entonces quedó claro… …quedó claro que el tiempo de Visser Uno había terminado. Mi madre, Eva, miró a mis ojos de gorila con una expresión de macabra satisfacción. A pesar de todo, me asustó. -Ahora podemos irnos, -susurró. Entonces se desvaneció en mis brazos. Ax apagó los escudos y pude saltar a bordo. Jake y Cassie salieron, cogieron a Rachel y la metieron dentro. La operación tardó más de lo que debería… <¡Le han dado a la nave!> gritó Cassie <¡No puede ser!> exclamó Tobias <¿Ax?> Caíamos. Los motores murieron como si los hubiéramos desenchufado. ¡Ka-PLASSSSH! Golpeamos algo… blando… algo fluido. ¡Glug-glug-glug! Los débiles dedos de Ax trabajaban frenéticamente en los controles. Yo me acerqué a una ventana. <¡Estamos dentro del ESTANQUE!> grité Cassie animaba a Rachel a que se transformara para reparar unas heridas casi fatales. Yo tenía que hacer lo mismo. <Príncipe Jake, no puedo recobrar la velocidad para despegar. Este estanque es como un pantano. Cuanto más nos movemos, más nos hundimos.> ¡Estábamos sumergiéndonos lentamente en el corazón del territorio enemigo! Golpeé con un puño humano la pared de la cabina. Vi que los ojos de mi madre estaban abiertos e intentaba decir algo pero no podía producir sonido alguno excepto una ininteligible ronquera. -Mamá, ¿qué ocurre? Miró a Ax. -Pon los rayos dragón suplementarios a máxima potencia, -murmuró. -¿Qué? – dije. – Ax, ¿lo has oído? Dice que pongas los rayos dragón suplementarios a máxima potencia. Ax giró sus ojos accesorios. <Eso haría explotar la nave. Nos destruiría.> -¡Ax, escúchala! <¿Tu madre desea vernos morir?> me dijo Ax en privado. -Ax, ahora es libre, -dije. -¡Es libre! -No explotará la nave, -continuó ella, no sin esfuerzo. – No si lo calculas bien. Cuando la potencia de los dragón suplementarios alcance el ciento cincuenta y cinco por ciento, desvíalo a los motores y entonces dispara para evitar la sobrecarga. Miré a Ax. Ax miró a Jake. Jake miró a Cassie, que estaba mirando a una ya humana Rachel. <Tiene sentido – creo,> dijo Tobias desde su puesto cerca de los controles. <Entonces hazlo,> dijo Jake. <Pero…> <Hazlo.> El sonido de la carga de los rayos dragón llevado al límite subió hasta que incluso yo pensé que la nave explotaría. Pero mi madre había sido huésped de un yeerk durante mucho tiempo. Había aprendido mucho. Sabía lo que estaba haciendo. El ruido cesó. Ax disparó los rayos directamente al estanque, y a continuación una nube de humo y vapor nos rodeó. <¿Qué está pasando?> <¿Técnicamente?> respondió Ax. <Las moléculas de agua están explotando. Dicho más claro, estamos hirviendo yeerks.> Cassie se apartó de la ventana. La nave empezó a elevarse. Ax apretó el botón de encendido. En el suelo, Visser Tres continuaba rugiendo: <¡Moriréis, andalitas! ¡Os mataré lenta y dolorosamente! ¡Sois míos!> Volamos a través del túnel de conexión destrozado, pasando por el área de los muelles y la de mantenimiento, y al fin llegamos a la entrada. Los cazas yeerks nos seguían. Me arrodillé al lado de mi madre. La cogí en mis brazos cuando salimos al mar, abrazándola protector, con cuidado. El caza insecto atravesó el océano hacia el cielo nocturno. Luego más y más arriba, hacia la atmósfera. La voz de Ax me llegó como una alarma distante. <Estamos en inferioridad numérica, Príncipe Jake. Las naves están bajando de la órbita para atacar.> <No tenemos elección,> respondió Jake. <Aterrizaje forzoso.> Inmediatamente la nave giró, se inclinó y bajó verticalmente hacia el Bosque Nacional. Aterrizamos y huimos unos segundos antes de que los cazas insecto dispararon a los restos de la nave. Nos encontrábamos no muy lejos del sitio entre los árboles donde la aventura había empezado, casi de vuelta en el punto de inicio. Sólo que esta vez, por fin, yo tenía un premio. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] -¿Mamá? -¿Sí, cariño? Puso la mano en mi hombro y me miró a los ojos. Los suyos se habían curado bastante bien. Las cicatrices de su cara y brazos, los huesos rotos, el tejido desgarrado… la naturaleza había hecho un buen trabajo. Una primera ayuda de los Chees tampoco había ido mal. Tenía el aspecto que solía tener antes. Bueno, casi. El cambio no era nada obvio. Era una especie de tensión, una vigilancia en su cara. Esa sombra no había estado ahí cuando yo era más pequeño. Porque entonces ella no había sido una esclava. Un sol dorado calentaba la tierra. Nubes esponjosas y nada amenazadoras adornaban el azul. Un día perfecto. Pero si era un día perfecto, ¿por qué no lo sentía así? ¿Si era mi sueño haciéndose realidad, porque me sentía tan mal? Estábamos casi en el valle de los hork-bajir, la Tierra Prometida de los refugiados. ¿Entonces por qué me sentía tan inquieto? -Cariño, ¿qué pasa? –me preguntó mamá otra vez. -Nada. Sólo que este valle es increíble. Aquí estarás segura. Libre. Y estoy contento, eso es todo. Llegamos a la cima de la colina y todo el valle apareció extendiéndose ante nuestros ojos. ¿Has estado alguna vez en el borde del Gran Cañón? Es el mismo tipo de sensación. Mamá estaba visiblemente impresionada. -Los yeerks no tienen ni idea. Creen que lo destruyeron todo. -Se ensombreció de repente. -Y lo harán. Visser Tres tendrá fuerza suficiente para empezar su ataque en unos pocos meses. Quemará ciudades desde la órbita, Marco. Esclavizará a toda la raza humana. Ella había sido Visser Uno. ¿Quién era yo para discutirle sus predicciones? -Sí, bueno quizás no, – dije valientemente. Parecer valiente es lo mío. Una mano agitándose al viento captó mi mirada. Debajo de la cuesta, cerca de un grupo de hork-bajirs agitando sus cuchillas como bienvenida, había un humano sonriente. Mi padre. No dije nada ni mi madre tampoco. Tan sólo bajó la cuesta como una mujer que no ha visto a su marido en meses y meses y meses… Era como una película. Eran amantes reuniéndose. Era el sueño que yo había tenido desde que supe que mi madre estaba viva. Papá abrió sus brazos y ella se arrojó en ellos. Se abrazaron. Se abrazaron el uno al otro durante un largo, largo tiempo. Tenía delante de mis ojos todo aquello por lo que había estado luchando hasta ahora. ¿Por qué tenía esa pesadez en mi corazón? Los hork-bajir habían preparado un festín. Corteza Wellington. Corteza Schnitzel. Chow mein de corteza. Corteza fumé à la créme. Mientras desempaquetaba las latas que había traido del supermercado, les aseguré a los hork-bajir que la intención es lo que cuenta. Había olvidado el abrelatas, ¿pero quién necesita uno en el valle de las navajas suizas vivientes? El sol empezaba a ocultarse cuando acabamos nuestra cena. Los hork-bajir encendieron sus hogueras. Mamá escuchaba absorta mientras Jara Hamee empezaba una de sus ahora famosas historias. Papá me llevó a parte. -¿Marco? –dijo en un susurro. -¿Hubo posibilidad de salvar a Nora? ¿Hay posibilidades de salvarla ahora? Sus palabras me hicieron sentir un poco mal. Pero ahora yo sabía que la vida, y el amor, eran complicados. -Tú sabes que yo la quiero… Asentí. Y me decidí. -¿Papá, y si Nora ya era un controlador antes? ¿Y si los yeerks la hubieran puesto en tu camino porque sabían que estabas involucrado en trabajos secretos? El dolor ensombreció la cara de mi padre. Mi conciencia se revolvía. Había cometido un daño imperecedero. Mi familia había vuelto a juntarse, pero en realidad ya no eran una familia. No de verdad. Eran una suposición desesperada, una alternativa que, esperaba, se lo hiciera más fácil a mi padre. Para mí no lo era. -¿Qué estás diciendo? -Fuiste engañado por el enemigo, -dije. –No es culpa tuya. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Las olas lamían la orilla arenosa. <Nueve kilómetros,> dijo Tobias. <Los humanos más cercanos están a nueve kilómetros más allá, en la playa. Pero no creo que vayan a ningún sitio. Están, um, bastante concentrados el uno en el otro.> No es que yo pudiera ver las olas. Era de noche, con una luna nueva que no iluminaba mucho. -¿Esta cosa está realmente lista? -preguntó Jake, mirando al infame transpondedor del Espacio Cero. Habíamos dejado que pasara un tiempo. No mucho. Lo justo para que Ax acabara el aparato. <Listo para transmitir, príncipe Jake. El chip traductor ha sido instalado y activado.> Jake sonrió. Me lanzó una mirada no tan inescrutable de… de eterna amistad. A papá y a mí nos habían dado por muertos, disparados por unos intrusos no identificados. La policía local no tenía pistas ni indicios. No me sorprendía. La investigación estaba en curso. Una mentira que hacía que los vecinos se sintieran mejor. Nora había sido una baja, un controlador más en nuestro camino. Todavía vivía en nuestra casa, todavía enseñaba en nuestra antigua escuela. Tobias la vio una noche rondando ceca de una entrada conocida al estanque yeerk. Quizás… quizás algún día pudiera salvarla. La guarida de los Chee no era tan mala. Allí es donde vivía ahora. Tenían tele. Tenían galletas. Cuando necesitaba tele por satélite, pasaba la noche en la casa de Ax. Era muy arriesgado que fuera a casa de Cassie, Jake o Rachel. Y cuando no teníamos ninguna misión, iba al valle. Siempre al valle. -Dejadme que lo advierta una vez más, -dije.- La transmisión puede ser interceptada por los yeerks, así que hay que tener cuidad con lo que digamos. Y no podemos quedarnos por aquí cuando acabemos. Ax se llevará la máquina con el para que los yeerks no encuentren nada si nos siguen hasta el lugar de la transmisión. -Espera, -le interrumpió Rachel. -¿No podemos encriptar la transmisión? ¿Cómo hacen en las pelis? <Será encriptada en cuatro partes diferentes,> dijo Ax con algo de desdén. <Pero para el equipo de criptografía yeerk, descifrarlo será algo elemental.> -¿Pero hay alguna posibilidad? -dijo Cassie esperanzada. -¿La posibilidad de que crean que la señal la emite una de sus propias naves? <Una pequeña posibilidad,> dijo Ax. -Hagámoslo, -dijo Jake, juntando las manos. -Esperemos que la flota esté disponible las veinticuatro horas, -dije. -Ax, tienes a los andalitas sintonizados, ¿no? Hundí un pie nerviosamente en la arena. Respiré hondo. Ax tecleó una línea o dos de código en el teclado abreviado. Sus dedos temblaban ligeramente. Era una llamada a larga distancia. Miré al cielo, al mar de estrellas y planetas y mundos alienígenas que estaban más allá de mi visión. -¡Mirad! -dijo Cassie, apuntando a una pequeña lucecita en forma de cúpula a un lado de la máquina que brillaba azul. <Tenemos conexión,> dijo Ax. Sus cuatro ojos pestañearon rápidamente y se irguió en toda su altura. Una voz… una voz áspera y exigente… <¿Quién es?> pidió el oficial andalita en el otro extremo. <¿Quién está iniciando este contacto?> ¡Era increíble! ¡Esa voz… esas palabras… nuestro enlace a otro mundo! Jake indicó a Ax que respondiera. Pero Ax agitó la cabeza. <No. Creo que es tu momento.> Jake nos miró a cada uno de nosotros y se pasó la mano por el pelo. -Somos… -se aclaró la garganta. Miró de nuevo a Ax y sonrió. Se acercó al aparato. -Somos de la Tierra, -dijo. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de Tam Alor[/b]

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