#46 El engaño

Sinopsis:

            Los Animorphs y Ax han logrado contactar con el hogar de los andalitas. Pero la batalla esta lejos de acabar. Visser Dos ha llegado a la Tierra, y no está satisfecho con cómo están las cosas. Decide que el mejor camino para hacerse con la Tierra es esclavizar a los humanos y destruir todo aquello que los yeerks no necesitan. Visser Dos decide comenzar la tercera guerra mundial.

Ax y los demás saben que Visser Dos usa métodos desagradables y que probablemente existan sólo dos alternativas de detener la masacre: encontrar una forma de parar la guerra. O encontrar la forma de pararle a él… para siempre.

Datos del libro:

La historia se desarrolla en 23 capítulos, 118 páginas en su versión original inglesa.

 

 

 

 

Narrador 

De nuevo, Ax se ve obligado a poner a prueba su lealtad para con los Animorphs. Ahora que su Príncipe sustituto, Jake, se opone al único plan capaz de hacerles ganar esta batalla, Ax tendrá que desobedecer órdenes e intentar algo que a los Animorphs humanos nunca se les ocurriría hacer: amenazar con volar el estanque yeerk, incluso si eso significa destruir la ciudad en la que todos viven.

 

Las cosas se están poniendo feas. Visser Tres ha sido ascendido a Visser Uno después de que el último yeerk que ostentaba ese título fuera aplastado sin ceremonias en un muelle del estanque yeerk. Y el nuevo Visser Uno tiene una diferencia trascendental respecto al otro: no está dispuesto a continuar encubriendo una invasión lenta y sutil. Está a favor de la guerra abierta. Ahora, Visser Uno ha traído a la Tierra a Visser Dos para liderar un plan que enfrentará a dos de las naciones más poderosas en una maniobra que desembocaría en una Tercera Guerra Mundial –una guerra que dejaría a la Tierra débil e indefensa. Tal y como los yeerks quieren…

 

 

Nuevos personajes

 

Finalmente conoceremos al misterioso Visser Dos, un fanático loco y devoto seguidor del nuevo Visser Uno. Visser Dos llega a la Tierra y obtiene permiso para tomar como huésped a un oficial naval de alto rango, el almirante Carrington.

 

 

Nuevas palabras

 

Operación 9466. El nombre en clave del plan de Visser Uno para conquistar la Tierra. Básicamente, pretende enfrentar a Estados Unidos y a China en una guerra que llevaría a la Tercera Guerra Mundial, dejando a la Tierra debilitada, pero con suficientes humanos para convertirse en esclavos de los yeerks.

 

George Washington USS. El portaaviones donde ha de llevarse a cabo la Operación 9466.

 

 

Nuevas formas

 

Ax se lía a adquirir formas humanas en este libro: primero un piloto de caza (38); un teniente de la marina (39); el huésped de Visser Dos, el almirante Carrington (40) y finalmente un soldado varón al azar (41).

Rachel también se transforma en una piloto de caza (42), con Ax, y Tobias en un marine (29).

 

[b]Capítulo 1:[/b]

-Aquí la resistencia. Nunca había oído tanto orgullo en la voz del Príncipe Jake. Sabía que nunca había estado tan orgulloso de él. <Sí, ¿y qué es lo que deseas? ¿Cómo es que comunicas con nosotros?> Estaba claro que el oficial andalita al otro extremo de nuestra conexión interplanetaria no parecía muy impresionado. Rachel resopló. Jake le lanzó una mirada antes de hablar. –Mire, -dijo, -no disponemos de demasiado tiempo. Esta transmisión podría ser rastreada. Y tenemos más o menos bastante de lo que hablar. Primero, la situación del mundo Anati, es una trampa. Los yeerks han construido enormes cañones de rayos dragón y los han situado en todas las lunas. Si vuestra flota se presenta allí, será eliminada. Se hizo un momento de silencio. Un retraso comprensible, dada la enorme distancia desde la que transmitíamos y el primitivo dispositivo de comunicación. Pero sospechaba que ese silencio significaba otra cosa. <Conocemos vuestra situación en la Tierra, humano.> La voz pertenecía a otro andalita. Por su tono, sospechaba que sería un oficial de rango superior al que había estado hablando con Jake. -Sí, -replicó él, -pero las cosas han cambiado. Nosotros… <Sabemos que necesitáis nuestra ayuda.> -Maleducado, -farfulló Marco. –Está feo cortar a alguien mientras está hablando. La voz continuó, fría e imperiosa. Una voz andalita. <Y debemos considerar la posibilidad de que seríais capaces de mentirnos con la intención de convertiros en nuestra mayor prioridad.> -¿Pero que…? Cassie agarró el brazo de Rachel, haciéndole señas para que estuviera callada. -Mire, -continuó Jake. Controlar la rabia hizo que su voz se tensara. -Tenemos información de primera mano. Y no hay razón para sospechar que tengamos dobles intenciones. -Sí, las tiene, -intervino Marco de nuevo. –Sólo somos humanos enclenques y retrasados. No los magníficos y honorables andalitas. <Príncipe Jake, ¿me permite?> Jake asintió con la cabeza y yo me adelanté algunos pasos, acercándome al aún incompleto aparato. Desde que llegué a este lejano planeta he hablado con mi gente en varias ocasiones. Una vez, sobre una nave andalita comandada por el traidor, Samilin-Corrath-Gahar. Y en otras dos ocasiones he conversado con andalitas que también habían venido a la Tierra. Pero esto… esto era diferente. Todo era diferente. La guerra estaba recrudeciéndose. Los andalitas, mi gente, tenían que escucharnos. [i]Tenía que hacer[/i] que nos escucharan. <Soy Aximili-Esgarrouth-Isthill,> comencé. <Lo que mi príncipe dice es correcto. Nuestra fuente de información en lo que respecta al planeta Anati viene ni más ni menos que de Visser Uno, responsable de la invasión yeerk en este planeta. Visser Uno ha mandado construir defensas en Anati y acabar con la flota andalita. Hace poco Visser regresó a la Tierra. Eliminamos al yeerk y liberamos a su anfitrión. Esa es la verdad.> <Eso se lo demostrará,> dijo Tobias. Tobias –mi [i]shorm[/i], un [i]nothlit[/i]. Nuestro vigía. Lo que vino después no lo hubiera esperado. Más tarde, me pregunté por qué, con toda mi experiencia sobre el carácter andalita, no había considerado la posibilidad de que mi propia gente desconfiara de nosotros y nos abandonara. <El alto mando tendrá en cuenta sus palabras,> pespondió el oficial. <El hermano del príncipe de guerra Elfangor siempre merece ser escuchado. Sin embargo… en nuestra opinión, y considerando su historial hasta la fecha, también es posible que Aximili-Esgarrouth-Isthill haya confundido su lealtad.> <Yo….> Pero era demasiado tarde para protestar. <¡Cazas insecto!> Tobias. <¡Salid de aquí ahora mismo!> -¡Todo el mundo, a transformarse! ¡Vamos, vamos, vamos! Nuestra transmisión había durado demasiado tiempo. Los yeerks venían a capturarnos. O a matarnos. Debería haber prestado más atención al tiempo. ¡TSSEEEEWWWW! -¡Ax! -gritó Jake. -¡He dicho que corras! ¡Agarra el transpondedor de espacio cero y mueve el culo! <¡Vienen hacia aquí unos coches patrulla, chicos! ¡Tenemos controladores humanos con armas en camino!> gritó Tobias. <¡Rápido!> ¡TSSEEEWWWW! ¡TSSEEEWWWW! La arena a nuestro alrededor se cristalizaba bajo el tremendo calor y presión de los disparos dragón. Y a lo lejos, el vasto césped de la playa, cubierta bajo la tenue media luna. Rachel, Cassie, Marco y Jake se transformaron rápidamente en sus formas habituales de aves de presa. Para razones de seguridad, no podían dejar que los yeerks los identificaran y supieran que eran humanos. En el caso de Marco, los yeerks no podían saber siquiera que estaba vivo. <Salgamos de aquí.> Rachel batió sus enormes alas de águila calva en el frío aire de la noche y saltó del suelo. Cassie y Marco, ambos en águila pescadora, la siguieron. <¿Ax? ¿Tobias?> gritó Jake. <¡No les dejéis coger el transpondedor de espacio cero!> Un halcón peregrino ascendió en la noche. ¡TSSEEEWWW! ¡TSSEEEWWW! Cogí el transpondedor contra mi pecho, tan agachado como pude sin comprometer mi movilidad, y rompí a correr. En dirección a las dunas, no al aparcamiento…. <¡Whoa! ¡Ax-man, cuidado!> Dos policías venían trastabillando sobre la húmeda arena, apuntando con sus rayos dragón –directamente hacia mí. -¡Escoria andalita! ¡Alto! -¡Tsseeer! -¡Aaargh! Un controlador humano menos, arañado en los ojos por un ratonero de cola roja. Y antes de que el otro pudiera parpadear…. ¡Fwap! Levanté mi cola sobre el hombro y le golpeé con la parte lisa de mi afilada hoja. Otro al suelo, y fuera de combate. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Mi nombre es Aximili-Esgarrouth-Isthill. Soy un andalita, hijo de Noorlin-Sirinial-Coorat y Forlay-Esgarrouth-Maheen. Hermano pequeño del célebre príncipe de guerra Elfangor-Sirinial-Shamtul. Un [i]aristh[/i], un cadete, un guerrero en formación. Pero mi participación en un grupo de humanos que se hace llamar Animorphs me ha capacitado, en mi opinión, para desempeñar mi labor como guerrero de pleno derecho. Un luchador experimentado. ¿Por qué lucho por y para unas gentes que no son los míos? Porque en muchos sentidos, estos humanos se [i]han convertido[/i] en mi gente. Y lo principal, la razón más importante, es que los humanos están luchando contra la invasión de una diabólica especie alienígena parasitaria conocida como los yeerks. Los yeerks deben ser detenidos. No importa quien los pare, o por qué. Puede que ni siquiera importe cómo. Pero esa es una peligrosa cuestión a considerar. Lo mejor es concentrarse en el presente. Y lo más importante ahora es evitar que Visser Tres sea ascendido a la poderosa posición de Visser Uno. Porque como Visser Uno, nada le impediría comenzar una invasión abierta a la Tierra. Y ahora, después de la frustrada comunicación con el oficial andalita, parecía una tarea mucho más difícil de lo que ya esperábamos. Esto, junto al hecho de que a ojos del mundo humano estaba muerto, hizo que Marco se pusiera un poco -irritable. Tobias, él y yo estábamos relajándonos en mi refugio a la mañana siguiente del desastre de la playa. Mi avanzada habilidad técnica me había provisto con gran variedad de paquetes de televisión por cable, libres de comisiones. Marco estaba en posesión de un maravilloso invento que Tobias había encontrado para mí: un mando a distancia. – ¡No ponen nada! Cientos de canales y nada, ¡[i]nada[/i]!, que valga la pena ver. <¿Marco?> Tobias se posó sobre el brazo de una silla que Marco había traído a mi refugio desde el lugar que él describe como “un vertedero”. -¿Qué? <Dame el mando.> Marco se levantó y lanzó el aparato sobre el sillín de la silla. -¿Sabes lo que me molesta de verdad? -dijo. No contesté. Hace mucho tiempo que aprendí que los humanos a menudo preguntan lo que ya saben en forma de “preguntas retóricas”. Cuando lanzan semejantes preguntas, realmente no desean ni necesitan que les contestes. Están dispuestos a hacerlo ellos mismos. -Te diré lo que más me cabrea, – continuó Marco, caminando de un lado a otro. –Aquí estamos, seis semi-monstruitos arriesgando el culo intentando impedir una invasión alienígena a escala masiva en la Tierra y apuesto dólares contra rosquillas… Tobias ladeó la cabeza. <¿Esa es una expresión de tu abuela?> Marco le miró enfurecido. -Te apostaría un millón de dólares si los tuviera a que si le dices a un chico cualquiera que encuentres por la calle que se prepare, que va a haber una guerra a gran escala, simplemente se reirá de ti. ¡Ni siquiera creería que ahora mismo fuera posible ese tipo de conflicto armado! La gente normal esta demasiado tranquila. <¿Preferirías un estado de pánico general?> intervine. Era una pregunta retórica. -Desde mi punto de vista, lo que pasa es que la gente está demasiado satisfecha. Las guerras mundiales son cosa del pasado, o eso es lo que piensa la gente. Nadie querría aceptarlo, nadie está preparado para aceptarlo. ¿Y quién va a creerse que la Tierra está siendo atacada por alienígenas del espacio exterior? Pensarían que una llamada a las armas no es más que un montaje publicitario como el de aquel escándalo de extraterrestres, [i]Roswell[/i]. <Marco tiene razón,> dijo Tobias. <Especialmente los americanos. Bueno, no tendremos enemigos en el mar, en tierra tampoco muchos y los que hay no son especialmente amenazantes. El país no está preparado para la guerra. A lo mejor es arrogancia, quizá una combinación de varias cosas, pero las personas normales de la calle simplemente no piensan que otra Guerra Mundial sea posible.> <Entonces si nosotros saliéramos a la luz o alertáramos a ciertas autoridades…> Marco resopló y se dejó caer pesadamente en su silla. –Tendríamos más problemas que otra cosa. – [i]… el Concilio sugiere… bzzsmmm…[/i] Giré mis antenas oculares hacia el pequeño portátil en una esquina de mi refugio. Era un nuevo modelo de computadora Apple que había adquirido en Computer City. Con la ayuda de la subvención a lo largo de varios meses de la tarjeta de crédito de Rachel. Ella me informó que le debía “mucho” por su ayuda. -¿Qué demonios ha sido eso? Levanté una mano para callar a Marco, pero el ordenador no volvió a emitir ningún sonido. <Creo que era un fragmento de un diálogo yeerk,> aclaré finalmente. <He aplicado un programa de mi propia fabricación al transpondedor de espacio cero que creé -con la ayuda de tu padre, Marco.> Siempre he creído conveniente repartir los méritos, aunque sea con un humano. <¿Y?> Tobias me miró fijamente con su intensa mirada de halcón. <Y,> continué. <Este programa intenta descifrar localmente el origen de las transmisiones del espacio cero. Desafortunadamente, aunque no por mi culpa,> admití, <la tasa de éxito de este programa es menor del treinta por ciento. La tecnología humana en ordenadores es sencilla, demasiado lenta como para poder decodificar las transmisiones yeerks de forma fidedigna y consistente.> -Pero la parte útil, Ax, – insistió Marco. –Captar algo el quince o veinte por ciento de las veces es un gran avance. O podría serlo. Asentí con la cabeza. Otro gesto humano que he adquirido. <Sí.> – [i]… de nuevo el Consejo de los Trece da el visto bueno al plan de Visser Dos, al que hemos designado como operación 9466: Fase uno. Estando pendiente la aprobación final al puesto de Visser Uno, el Concilio ordena a Visser Dos proceder tan… bzzmss… gerubzz…[/i] Se hizo el silencio. Andalita, humano y [i]nothlit[/i], todos nos quedamos, creo correcto expresarlo así, absolutamente pasmados. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] <Vale, no soy el único que lo ha oído, ¿no?> Tobias continuó mirando fijamente a la computadora, ahora en silencio. Marco se hundió en la silla. -¿Sabes lo que más me gusta de esta vida? Que nunca tienes tiempo de aburrirte. Ni un maldito momento. <Creo que la pregunta más importante es quién va a ser Visser Uno. Nosotros somos los responsables de la muerte del yeerk que ocupaba esa posición, no Visser Tres. ¡No pueden haberle ascendido después de haber incumplido la orden de ejecución del Consejo!> <¿Ni siquiera al rango de Visser Dos?> dijo Tobias. <¿Por qué no? Yo no comprendo la política yeerk, ¿tú sí?> Marco se levantó otra vez. –Mira, deberíamos asumir que nuestro viejo amigo es ahora Visser Uno o Visser Dos. ¿Quién queda? ¿Y qué es la operación 9466? De repente, me sentí molesto y frustrado. <¡Si sólo tuviera acceso a una tecnología más avanzada! Podría interceptar toda comunicación yeerk. Si…> Marco se echó a reír. Sonaba un poco como el ladrido de un perro. -Ey, Ax-man, sé bueno con nosotros, los atontados humanos, ¿vale? Además, esa máquina que tienes ahí es casi como un juguete. Perfecto para un profano en la materia, sí. Pero lo que un gran intelectual andalita como tú necesita es piratear algún enorme sistema de computadoras del gobierno. <Pero es ilegal,> añadió Tobias. <No estoy muy seguro de aprobarlo.> Era una buena idea. Ilegal, cierto. Pero, bueno, estamos en guerra. No tenemos otra opción. <Sí, excelente,> dije. <Necesitamos información y debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para conseguirla.> -Whoa, bueno, eh, -dijo Marco. -No estaba insinuando que irrumpiéramos en el alijo personal del gobierno de los Estado Unidos. Esta es esa clase de invasión de la privacidad que te mete en una celda de por vida. <¿Qué estas diciendo?> Marco puso los ojos en blanco. Una expresión funesta y poco atractiva. -Estoy diciendo que es ilegal. Peligroso. Estoy diciendo que está mal, muy mal. Los humanos son una especie extraña. Un día revelan una ética particular y postura moral y al siguiente, proclaman una postura contraria con la misma pasión. Y cuando se le pide explicaciones al respecto, justifican semejante comportamiento diciendo que “son diferentes circunstancias”. Y que “depende de la situación”. <Marco,> dije. <Me parece recordar recientemente una conversación con tu padre en la que decías que ya nada “estaba bien o mal”. Estos robos en nombre de una causa justa son una de tus especialidades. Cuando la guerra termine y el “bien y el mal” vuelvan a estar en su sitio, entonces te enmiendas.> -En serio, ¿sabes lo irritante que es que alguien te eche en cara tus propias palabras? –me gritó. -¿Lo sabes? <¿Significa eso que estás de acuerdo con mi plan?> -Significa que te apoyo. A lo mejor podemos llegar a un acuerdo, darles a los chicos del gobierno alguna cosa en pago por lo que cojamos. Ey, ¿chico-pájaro? ¿Estás con nosotros? <¿Si digo que no, realmente habría alguna diferencia? ¿Te detendría, Ax?> No era una pregunta retórica. <No,> dije, <no me detendría.> A pesar de las anteriores protestas de Marco, era él quien había sugerido que intentáramos infiltrarnos en el Agencia Nacional de Seguridad, NSA. Y fue también Marco quien sugirió que podríamos instalar un programa capaz de piratear cualquier posible código de seguridad concebido por humanos. Obvio decir que sería yo el que inventaría tal programa. Cosa que efectivamente hice en un momento. Ahora ya estábamos listos. Tobias vigilaba desde las alturas. Marco iba posado en mi hombro. Y con la ayuda del teléfono móvil de Cassie y mi nuevo iMac verde lima, procedí a desviar las transmisiones yeerk del espacio cero a través de la computadora central de la NSA. -Prisión Federal, -dijo Marco. –Allá vamos. <¿Qué está pasando, Ax?> <El NSA esta intentando bloquear mi transmisión. Ahora están recibiendo mi programa decodificador.> Uno pocos golpes de teclado. Un momento de tensión. Más espera. -¡Ax , qué pasa!> <El NSA ha dejado de bloquearme. Ahora vamos a ver que tenemos aquí.> <Una cosa, Ax-man,> le llamó la atención Tobias. <Eh, ¿estás seguro de que el programa que has enviado a esta gente no puede ser utilizado para descifrar tus cosas? ¿O para los yeerks?> Muy lentamente, giré una de mis antenas oculares para mirar a Tobias, posado en la rama de un árbol. <Vale, vale, siento haber preguntado.> Y entonces, de repente sucedió. Esta máquina, más grande, rápida y poderosa, combinada con mis superiores conocimientos y habilidades en tecnología andalita… -[i]…el recientemente designado Visser Uno, hasta hace poco Visser Tres, actual líder de la misión yeerk en el planeta Tierra… ha aprobado la Operación 9466. Visser Dos ha emprendido un viaje a la Tierra para ayudar en la ejecución de esta larga y esperada empresa militar…[/i] -Bingo, -susurró Marco. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] <Visser Uno. El anterior Visser Tres. Esplin 9466.> Me vino a la mente como una descarga eléctrica, durante nuestro rápido viaje hasta el granero de Cassie. El lugar de encuentro habitual de los Animorphs. -Por supuesto, -Jake. –Bueno, esta misión tiene que ser grave. La ha propuesto justo después de su nombramiento. -Y contando con que el segundo en el mando, quien quiera que sea, también viene a atender el espectáculo, -agregó Rachel. -¿Pero contra qué nos enfrentamos? -preguntó Cassie. -Haré una suposición. Sí, es correcto, chicos y chicas, -comenzó Marco paseando de un lado a otro. –Sabemos por mi madre que nuestro viejo némesis, ha estado insistiendo por todos los medios en el asalto a la Tierra. No más artimañas furtivas en mitad de la noche. Ahora piensan “limpiarse” a buena parte de la población. ¿Quieres ser uno de los nuestros, un yeerk? Magnífico. ¿No quieres? Estás muerto. Los yeerks no nos necesitan a todos. ¿Mil millones de personas? Tienen más que de sobra. <¿Qué es lo que temen los yeerks?> pregunté. Marco me miró. –Dos cosas. A la flota andalita. Y los propios recursos humanos. Estoy hablando de armas, pero también de ingenio. Flexibilidad. Esperanza. Todas aquellas cualidades que el antiguo Visser Uno conocía, respetaba y temía sobre nosotros, los seres humanos. Las cualidades que el anterior Visser Tres siempre ha ignorado. -La esperanza no va a derrotar a esas enormes fuerzas alienígenas, -dijo Rachel gravemente. –Al menos no antes de ser masacrados. Marco suspiró. –Lo sé. -Pero los yeerks no, -añadió Jake. –Y probablemente tampoco sepan que no contamos con poderosas armas capaces de aniquilarles si atacaran. Y seguramente no saben que las probabilidades de que la flota andalita se esté dirigiendo a la Tierra para rescatarla, son casi inexistentes. -Aún recuerdo aquellas fuerzas yeerks que vimos en el área de reparaciones, -dijo Cassie, –cuando fuimos a rescatar a la madre de Marco. Esto… esto empieza a sobrepasarme. <Mirad, sepan lo que sepan los yeerks, lo cierto es que nosotros no tenemos armas espaciales.> Era Tobias, con voz incisiva. <Van a masacrarnos. ¿Recordáis lo que vimos en el campo de batalla? Henry Five y los franceses. Washington en el Delaware. La playa de Normandía. Vale, aquellos eventos fueron ligeramente tergiversados, pero la sangre era la misma como cuando sucedió realmente. La muerte era la misma.> -Las dos Guerras Mundiales y la plaga de la peste negra todo en uno. A eso es a lo que nos enfrentamos, -la mirada de Marco era siniestra. –Ese tipo de genocidio. Se hizo el silencio. La situación no era buena. Jake me miró. –Ax, quiero tu sincera opinión. Desde aquella transmisión en la playa, no hemos sabido nada de los andalitas. ¿Debemos asumir que la flota no va a venir? ¿Deberíamos seguir adelante por nuestra cuenta? ¿Qué podía decir? Contestar a semejante pregunta con un “si” o un “no” pondría en duda mi lealtad para con los míos. Los andalitas. Y los humanos. Si una flota andalita había escogido ignorar nuestra advertencia y había proseguido su viaje hacia el Sistema Anati, una de las condiciones del nuevo Visser Uno para declarar la guerra abierta se había cumplido. Estábamos en una situación de máximo peligro. Un miembro de mi gente había traicionado a otro. A pesar de mi admiración -y sí, afecto- por los humanos, siempre he esperado que mi futuro estuviera en mi planeta. Con mis padres. Quizás incluso con Estrid-Corill-Darrath y una familia propia. Y hasta ahora mi experiencia con los de mi raza desde que estoy varado en el planeta Tierra ha sido… compleja. Menos del cien por ciento de éxito satisfactorio. Ahora -la posibilidad de volver y ser recibido con los brazos abiertos parecía incluso más lejana si cabe. Especialmente después de las hirientes palabras de desconfianza pronunciadas por el anónimo oficial andalita. -¿Ax? Pero no es que mi experiencia con los humanos y su cultura no me hubieran decepcionado en cierta medida. El comportamiento humano me había entristecido, incluso repugnado, por sus incomprensibles actos de violencia contra el prójimo. Una vez nos habíamos visto forzados a perseguir a Visser Cuatro a través de la historia encargándonos de recuperar la Matriz del Tiempo. Para evitar el amanecer de un mundo incluso más espantoso que cualquier época anterior. Antes de aquel extraño viaje a través de siglos pasados, pensaba que había logrado comprender a los humanos. Pero presenciar tan horribles escenas de carnicería y terror, me hicieron darme cuenta de que sabía muy poco acerca de los seres humanos. Podían llegar a un grado de locura desquiciada, convertirse en criaturas llenas de odio. Para mí no tenía sentido esa escandalosa violencia, y los asesinatos inútiles. Y esto me asustó. Pero había hecho amigos. Nosotros éramos nuestra propia familia. Y esta era todavía nuestra lucha. Era un andalita. Pero, de alguna manera, también era humano. -Ax, ¿piensas que los andalitas vienen de camino? <No lo sé, Príncipe Jake,> dije con mirada solemne. <Sinceramente, no lo sé.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] -Vale. Los yeerks quieren hacerse con la Tierra, -Jake nos miró de uno en uno.-No podemos dejar que lo consigan. -Mira, – meditó Marco. –Quizás la situación no es tan desesperada como pensamos. Por el momento. A lo mejor los yeerks sólo están comprobando hasta donde pueden llegar. Ellos nos presionan, nosotros los repelemos, y no vuelven a intentar lo mismo otra vez. Se meten por otro lado, nosotros no los enfrentamos, y deciden presionar de nuevo, ahora más fuerte. Y al final, nos caemos de culo. Rachel asintió con la cabeza. –Cierto, no podemos esperar a la caballería. Lucharemos con todo lo que tengamos, con o sin los andalitas. Defenderse a uno mismo esta siempre justificado. Lo hemos sabido desde el principio. Fin de la historia. -¿Incluso cuando las probabilidades son ínfimas? -dijo Cassie para sí misma, -puede que sobre todo entonces. <La guerra es irracional,> murmuré, cansado de tanta charla. Y de pensar en lo que nos aguardaba. <Pero a veces es necesaria.> <Ax,> dijo Tobias. <Muéstrale a Jake los dos pares de números que captamos por la transmisión justo antes de que dejáramos tu refugio.> <Por supuesto.> Entregué a Jake un trozo de papel en el que Marco había escrito varios fragmentos de información. Jake sacudió su cabeza. -¿Longitud? ¿Latitud? Parece algo así. -Eso creo yo también, -Marco salvó la situación con un atlas que tenía atesorado en el pajar. –Y… déjame ver… es extraño. Estamos hablando de dos sitios, los dos a mil seiscientos kilómetros mar adentro… pero sólo están a treinta y dos kilómetros de distancia el uno del otro. Rachel echó un vistazo por encima del hombro de Jake. –Fecha y hora. Hoy, -se miró el reloj. –Ahora son las nueve de la mañana. Bien, esas horas son… siete, no, nueve horas a partir de ahora. Las cuatro en punto de esta tarde, y las seis. Rachel nos miró fijamente, incrédula a Tobias, Marco y a mí. –¡¿Podrías habérnoslo explicado un poco más tarde?! ¡Vamos!-. -Calma, -dijo Jake. -No podemos hacer nada hasta que tengamos alguna idea de lo que esta información significa. El medio del océano. ¿Por qué? ¿Qué es lo que va a pasar? No hay ninguna pista. -Excepto que va a ser algo grande, -suspiró Marco dramáticamente, –y nosotros tenemos que estar allí. El destino del mundo y todo eso. -¿Cómo lo haremos para llegar tan lejos mar adentro en menos de siete horas? -preguntó Cassie. –Ninguna transformación es capaz de hacer algo así. Se hizo un largo silencio. Giré mis ojos principales hacia Jake. Esta era una gran responsabilidad para una persona tan joven, humana o andalita, para cualquier líder. Finalmente, Jake habló. Tenía la mirada apagada pero su voz era firme. -Ahora las cosas son distintas, -dijo. –De ahora en adelante, tomaremos lo que necesitemos. Haremos lo que tengamos que hacer. Sin importar cuales sean las consecuencias. -Jake… -comenzó Cassie. -Solo hay una transformación que con la que podamos desplazarnos mil seiscientos kilómetros mar adentro en el tiempo que hemos impuesto. – Y añadió: -Humano. -¡Sí! -Rachel dio un puñetazo en el aire. Su cara brillaba de pura euforia. –¡Por fin! ¡Vamos a pegarles a los yeerks la patada definitiva! No expresé mi opinión sobre el asunto. Cassie intervino nuevamente. –Jake. Todos. Vamos. Hemos llegado hasta aquí sin perder de vista lo que estaba bien o no. Hemos seguido las normas básicas de lo que supone ser un ser humano. Nadie puede negarlo. – Nadie lo está negando, -dijo Marco fríamente. –Pero Jake tiene razón. La situación ha cambiado. No podemos pararnos constantemente a preguntarnos si algo está bien o mal. Lo que tenemos que preguntarnos es si es necesario. -Whoa, -sonrió Rachel abiertamente. –Gran discurso. ¿Ves lo que quiero decir con que los humanos son una especie extraña? Contradictorios, pero eficaces. Capaces de hacer avanzar su civilización a pesar de que se dedican constantemente a discutir su ética. Jake cogió las manos de Cassie entre las suyas. Me fijé en que Tobias desvivo rápidamente la mirada. -Cassie, nunca te he pedido que hagas algo que no quieras hacer, -dijo Jake suavemente. –O que no puedas hacer. Pero esto es lo que hay. Creo que nuestras suposiciones son correctas. Creo que Visser Uno está a punto de empezar una guerra abierta. Ciudades enteras pueden ser destruidas. Países enteros. Quizás, sólo quizá, si atacamos ahora, si hacemos todo lo que esté a nuestro alcance, quizá podríamos impedir que suceda, -sonrió tristemente. –No estoy seguro de que pudiera vivir conmigo mismo, si no lo hiciera así. Miles de millones de vidas contra la ética de seis “niños”… -Y yo no estoy segura de poder vivir conmigo misma si lo hacemos, -replicó suavemente Cassie. –Jake, siempre aparece una razón para abandonar la moralidad. Hemos pasado por esto muchas veces. Siempre hay alguien que dice, “olvidad lo que esta bien o mal, lo más importante es ganar”. -Lo sé, lo sé, -Jake apretó las manos de Cassie. –Pero… ¿acaso no nos cae encima con todo su peso, cuando estamos solos y nos preguntamos si tenemos razón al hacer todo lo que es necesario para conseguir el bien común? ¿Si confiamos lo suficiente en nosotros mismos como para saber que no nos convertiremos en unos seres despiadados en el proceso? Siempre nos preguntaremos esas cosas. [i]O lo justificaremos diciendo que se trataba de la situación[/i], pensé. [i]O de las especiales circunstancias. Una moralidad de conveniencia. No tan distinta a la moral andalita…[/i] La idea era preocupante. Cassie sonrió. No era una sonrisa feliz, pero si parecía describir una sincera emoción. –Si hay una persona que sé que conservará su decencia, ese eres tú, Jake. Marco cruzó los brazos y asintió hacia Rachel. –En cuanto a ti, no estamos tan seguros. Rachel hizo un gesto grosero con la mano. Un susurro de plumas. <Continuando con el tema… ¿cómo vamos a arreglárnoslas exactamente para viajar mil seiscientos kilómetros en una pocas horas?> -Fácil, chico-pájaro. Un jet militar. Una media hora hasta la base de las fuerzas aéreas, quizá un poco más para hacernos con un avión y luego, a toda velocidad. Jake se alejó de Cassie. –De acuerdo, -dijo, aclarándose la garganta. –Adelante. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] -Mi asesor financiero me sugirió que metiera por lo menos algo de dinero en alguna cosa segura, lenta pero estable. El resto iría a algo mucho más arriesgado. Como mis niños no van a ir a la universidad durante otros dieciséis años… -Suena razonable. Tengo que hablar con mi contable aquel Plan SEP para mi mujer… ¿Pero qué…? Clop-clop. Clop-clop. Aparecí por detrás de una fila de armarios de metal. <Tranquilos>, dije. El varón abrió la boca, un claro indicio de que estaba a punto de gritar. ¡FWAP! Se desplomó sobre el suelo, inconsciente. Ya no era un problema. La mujer, sin embargo… -¡ANDALITA! <Yeerk.> ¡WHAM! Marco en forma de gorila la agarró de tal forma que la estrujó contra el suelo. <Un pequeño golpecito en la cabeza nunca hace daño a nadie,> dijo. <No mucho, de todas formas.> <Príncipe Jake, podéis trasformaros ya. Marco y yo hemos limpiado la habitación.> Una a una, cuatro pulgas comenzaron a crecer y a convertirse en tres humanos y un halcón. Estábamos en un vestuario perteneciente a la Guardia Nacional Aérea. Evidentemente una organización en la que los yeerks habían conseguido penetrar. -Lamentable, -dijo Rachel. -Estos trajes de aviación son horribles. Jake levantó una ceja. No todos los humanos pueden levantar solamente una cada vez. -¿Me estás diciendo que preferirías que Cassie fuera en tu lugar? ¿O quizás prefieres explotar a quince kilómetros de altitud? ¿O congelarte hasta morir? Rachel frunció el ceño. Luego se inclinó hacia la controladora inconsciente. Habíamos decidido que yo adquiriría el varón. Y que, sin duda alguna, yo sería el piloto. Era el único con experiencia pilotando aviones andalitas, yeerks y humanos. Rachel iba a ser mi copiloto. Supuse que se debía a uno atributo que Marco llama “nervios de acero”. Rachel se haría cargo como piloto si alguna cosa me sucediera. -Vamos, chicos, -dijo Jake. –Vamos a hacerlo. Durante un momento, vacilé. No es que no disfrute de ciertas características del ser humano. Está el gusto. Está el habla. Está la habilidad de ir a ver una película al Cineplex. Siempre y cuando el tiempo que dure sea menor de dos horas. Es sólo que… hay algo demasiado irresistible en el hecho de ser humano, incluso por un periodo corto de tiempo. Se me hace incómodo. Me hace sentir como si este fuera mi lugar. Es una tentación. Una de las primeras transformaciones que adquirí en este planeta fue la de un varón humano, aproximadamente de la misma edad que mis amigos. Para crear aquella transformación, tomé el ADN de Jake, Rachel, Cassie, y Marco –con su permiso, por supuesto – y los combiné. Así que, cuando estoy en esta forma humana, soy una extraña composición de cuatro personas, una réplica exacta del ADN de nadie en particular. Ese es el compromiso. Una norma de los Animorphs que consiste en no adquirir y transformarse en otras criaturas sensibles sin su permiso. Y, dado el secreto de su misión, ese permiso no puede ser libremente solicitado. Pero ahora… Ahora que nos habíamos comprometido a hacer lo que fuera necesario para detener la agresiva invasión de Visser Uno a mi hogar adoptivo, me encontraba, aunque no la primera vez, adquiriendo el ADN de un humano. ¡SCHLOOP! Transformarse es un proceso extraño y imprevisible. En la mayoría de ocasiones no ocurre dos veces el mismo proceso de cambios. Y nunca deja de ser un proceso un tanto… desconcertante. Los ojos de mis antenas oculares empezaron a ser succionados por mi cabeza; una cabeza que estaba remodelándose en un cráneo humano. Una cabeza de la que brotaba pelo humano de color marrón oscuro. <¿Ax, no sabes que los rubios tienen más gracia?> reía Marco con satisfacción. Lo ignoré. Me concentré en permanecer en vertical cuando mis dos piernas delanteras se disolvieron en mi ensanchado pecho. Ahora estaba de pie sobre dos piernas humanas. Me sentí satisfecho al descubrir que eran relativamente firmes. Una corazón andalita desapareció en el espacio zero. El otro se reformó en un corazón humano y comenzaba su distintivo latido. Mi pelaje azul se iba marchitando en una piel ligeramente más pálida que la de Marco, surcada por vello negro y áspero en una variedad de lugares. Incluso en los nudillos de mis ahora poderosos cinco dedos de mano humana. Comencé a estar tentado de ponerme el uniforme de piloto. <Marco, vamos, hombre,> lo llamó el Príncipe Jake, ya transformado en pulga. Marco cerró de golpe la puerta de un armario que ahora contenía a la copiloto hembra y comenzó a transformarse. Rachel, ahora en el cuerpo de una mujer bajita y regordeta de cabellos rojos, encerró al piloto –con cuidado- en el otro armario. Sentí el diminuto cosquilleo en la parte trasera de mi cuello cuando dos pulgas saltaron a bordo. -¿Preparados? –dije. La voz del Capitán Felitti era temblorosa, revelando mi propio nerviosismo. Mi incomodidad. Rachel sonrió abiertamente. –Allá vamos. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] Recorrimos a zancadas la pista de aviación. -Rachel, -dije en voz baja, -aquel es el avión que estos humanos iban a pilotar para la prueba de vuelo. -¿Y ahora qué? -murmuró. –¿Va a salir el equipo de mantenimiento a saludarnos? -Un F-16D, caza-bombardero de dos plazas. Control central, creo. ¿Estás preparada para comandar el avión? –le pregunté. -Oh, sí. Caminamos rápidamente hacia las dos personas de mantenimiento. Sonreímos. Saludamos. Y dejamos fuera de juego al equipo. -¡Vamos, vamos! Rachel subió a la cabina y se sentó en el asiento del copiloto. Yo salté al del piloto. La capacidad del jet para la aceleración extrema requería que los pilotos estuviéramos en posición casi horizontal. Rápidamente, nos pusimos los cinturones y nos abrochamos las hebillas en las restrictivos correas y arneses. Nos colocamos los cascos provistos de mascarillas de oxígeno. Probamos el micrófono de la radio que nos permitiría comunicarnos el uno con el otro una vez el jet ya no estuviera en tierra. Descansé la mano derecha sobre un apoyo y agarré la corta manecilla que transmitiría mis órdenes al ordenador del jet. Y sin la interferencia de resto del personal de la Guardia Nacional del Aire ni de la torre de control, encendí los motores. Rodamos por la pista. Y despegamos. No había sido muy difícil. -Bueno, hemos tenido suerte, -dijo Rachel. Su voz sonaba lejana a través del micrófono aunque no se encontraba a más de algunos centímetros a mi lado. -Demasiada suerte. Me preocupa que el resto de la misión no transcurra tan tranquilamente, sin problemas. -Pesimista. -No. Realista. Teníamos menos de dos horas para llegar a la destinación descrita en la transmisión de los yeerks. Primero: No podía transformarme dentro del traje de presión sin romperlo. Lo que probablemente causaría mi desafortunada y prematura muerte. Y necesitaba a Rachel, quien posiblemente sí que podría transformarse dentro del espacio de su traje a presión, pero sólo para volar un avión controlado por ordenador a una espantosa velocidad más allá de cualquier cosa que pudiera haber experimentado antes. Algo que no estaba seguro de que ella pudiera lograr, a pesar de sus nervios de acero. Ahora sonreía jovialmente. Los rasgos de su cara eran los de Michele Leary. Pero la alegría maníaca era evidentemente la de Rachel. Segundo: Según la información que habíamos interceptado de los yeerks, nos estábamos quedando sin tiempo. Ahora quedaban menos de cinco horas hasta el acontecimiento que provocaría la Fase Uno de la Operación 9466. De repente… -[i]Aquí la base en tierra. Capitán Felitti, despegó sin autorización y cinco minutos antes del horario establecido. Está fuera del circuito de la prueba de vuelo. Vuelva inmediatamente a las coordenadas. Repetimos, vuelva a la trayectoria pautada…[/i] -¿Estás nervioso, Ax? -He estado en situaciones menos estresantes, -confesé. Y de nuevo. -[i]Aquí la base en tierra. Quien quiera que seas, regresa a la base inmediatamente. Si no cambia el rumbo, nos veremos obligados a derribarle. Repito, nos veremos obligados a derribarle.[/i] De repente, en la pantalla del radar –dos jets nos perseguían a toda velocidad. -Supongo que encontraron a los pilotos reales, -dijo Rachel. -Y al equipo de mantenimiento. No había elección. El caza F-16 puede alcanzar una velocidad máxima de aproximadamente unos dos mil ciento setenta kilómetros por hora. Llegar a ese nivel no era necesario. Todavía. Incrementé la velocidad para sobrepasar ligeramente Mach 1. -Prepárate, Rachel. Y en poco tiempo, perdimos a los aviones que nos perseguían. -¡Woo-hoo! Buen trabajo, Ax. Aunque mis globos oculares han ido a parar al fondo de mi cabeza. Comprobé que Jake y los demás estaban bien. La forma de pulga los había protegido de los efectos físicos de la trepidante velocidad de los jets. A Marco le resultó decepcionante. Hace poco se quejaba de que no le dejaban montar en el nuevo buque Monster en Los Jardines. En sus palabras: -Después de todo eso de estar muerto y tal, resulta que me encuentro en un F-16D. Y no puedo ni tocarlo. Mi vida es estupenda, ¿verdad? Continuamos volando. El F-16D se manejaba fácilmente para ser un avión construido en la Tierra. Finalmente… -Rachel, nos estamos aproximando a las coordenadas, No pierdas de vista… -¡He visto algo, Ax! -¿Tienes una imagen en pantalla? -No, digo que lo estoy viendo. Es… es enorme. Incluso yo sé que eso es un avión de transporte. -Lo veo. El [i]George Washington[/i] USS, -leí. -¿Qué son todos esos barcos a su alrededor? -Quizás deberíamos preguntarle al Príncipe Jake. <El [i]George Washington[/i] USS,> interrumpió Marco. <Es como una retorcida metáfora de la piratería. Semejante nombre en una nave secuestrada por los yeerks.> <No sabemos qué está pasando,> dijo Jake. <Aquellos otros barcos son parte del grupo de combate del portaaviones, Ax. Probablemente algunos destructores. Y cruceros y fragatas de misiles teledirigidos.> <¿Submarinos de ataque nuclear, también, verdad?> dijo Tobias. <Y al menos un barco de combate de apoyo. Para el suministro,> añadió Marco. <Cassie,> dijo Rachel, <¿te sientes un poco, no sé, excluida?> <Sí,> se rió. <Pero por alguna razón, no me preocupa mucho..> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] -¡Ax! Mira el radar. ¡Nos han visto! -Sí. Suponía que los sistemas de vigilancia de los portaviones serían lo bastante sofisticados como para reconocer a un F-16D de las fuerzas aéreas a esta distancia. <Ax, ¿qué pasa?> Jake. <Ya sabes que el oído de la pulga no es precisamente muy bueno.> <Hemos sido detectados por el [i]George Washington[/i] USS,> le dije. <Y somos el blanco de dos jets de las fuerzas aéreas intentando interceptarnos.> <Interceptarnos, no. ¡Nos van a derribar, Jake!> gritó Rachel. <Los hemos perdido, pero probablemente las fuerzas aéreas contacten con el [i]GW[/i].> <¿Opciones?> preguntó Jake. <No se me ocurre nada,> dijo Rachel. <Jake, sabes que los del portaaviones van a enviar más tropas a por nosotros. ¡Este avión es una trampa mortal!> Un instante de silencio, y luego… <¡Ax! Métete delante del portaaviones. Irrumpe en su trayectoria y deja caer el avión. Si logramos salir vivos de aquí, entraremos en el carguero.> <Quizás si comenzamos a transformarnos un segundo o dos antes del impacto,> intervino Cassie, <lo logremos…> <O no,> dijo Marco con gravedad. <Bueno, no puedo decir que haya sido muy divertido…> No teníamos elección. Bloqueé las voces de mis amigos. Puse el avión a la máxima velocidad y me concentré en sorprender al portaaviones. Y en mantenerme alejado de los jets de las fuerzas aéreas que suponía que no tardarían en reaparecer. Me pedían que me asumiera un riesgo terrible. Rachel y yo –llevando con nosotros al Príncipe Jake y los otros- no podíamos limitarnos a saltar del avión. Y no podíamos arriesgarnos a que nos vieran y nos capturaran en estas formas humanas: unos cuerpos idénticos a los de los dos pilotos que habían encontrado en el vestuario de la Guardia Nacional del Aire. Teníamos que caer con el avión. ¿Pero cómo íbamos a arreglárnoslas para “dejar caer” el avión con nosotros a bordo y sobrevivir? Descender en picado nos mataría de forma instantánea. De acuerdo. El avión tenía que caer sobre su vientre, sobre la parte inferior. De hecho, tenía que llevar a cabo un aterrizaje forzoso sumamente controlado. El choque indudablemente destrozaría el avión. Pero Rachel y yo tendríamos alguna posibilidad de sobrevivir. Y con nosotros, nuestros amigos. Estábamos a varios kilómetros por delante del portaaviones cuando comencé a reducir nuestra velocidad. -¡¿Ax, por qué vamos más lentos?! -Si el avión cae al agua a esta velocidad, estaremos muertos en cuestión de segundos. Si lo hacemos estrellarse con los motores parados… -¡Estaremos muertos en cuestión de segundos! Me preparé. El impacto sería brutal. [i]Soy el siervo de mi pueblo…[/i] El ruido… espeluznante… [i]Soy el siervo de mi príncipe…[/i] Y entonces… [i]Soy el siervo de mi honor…[/i] ¡Nos estrellábamos! El cristal de la cabina se rompió de inmediato. El jet se partió en varias partes. La fría agua del océano rugía al invadir la cabina del piloto, inundándonos a Rachel y a mí. Cegándome a todo excepto a mi propio y terrorífico miedo. Urgentemente, intenté transformarme dentro del ahora inútil traje a presión del piloto. Y llevado por el pánico, con el poderoso torrente de agua flagelándome, mientras intentaba con dificultad que mis congelados dedos desataran los cinturones y arneses destinados a salvar mi vida… ¡Me asfixiaba! A los andalitas no nos gustan los espacios reducidos. Ni a los humanos, claro, cuando el confinamiento está a punto de matarlos. Si solamente apareciera mi cola, si brotara mi cuchilla y pudiera rasgar este ceñido traje… Jadeé. Respiré a bocanadas y tragué agua salada en el proceso. Despacio -¡demasiado despacio!- comencé a transformarme en medio del frío y oscuro océano… ¡Riiiip! ¡Shlaaaaaas! ¡Sí! ¡Estaba libre! Era un andalita. Nadé hasta la superficie a base de coces. Escudriñé como loco en busca de mis amigos entre los restos de jet. Habían estado en el cuerpo de Joseph Felitti. Y en el de Michele Leary. ¡¿Dónde estaban ahora?! ¡Rachel! Ya se estaba transformando en gaviota. A salvo bajo su brazo aún casi humano, Tobias ya era un halcón. <¡Príncipe Jake!> Aunos metros más allá… -¡Ax! Buen trabajo. Veo a Marco. -¡Ax-man! ¡El viaje del siglo! -Jake, estoy a tu izquierda. -Cassie. ¡Estábamos todos vivos! Otro golpe de suerte. Demasiada. -¡Gaviotas! -gritó Jake. -Antes de que algún tío en cubierta nos vea con sus prismáticos. ¡Vamos al portaaviones! [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] <Esa cosa es enorme,> dijo Cassie. <Es… es demasiado grande para ser real.> <Es del tipo Nimitz. Los barcos de guerra más grandes en el mundo. Construidos por la Compañía Newport News Shipbuilding, a las afueras de Virginia.> <¿Jake?> Rachel ladeó su cabeza de gaviota. <¿Tienes vida social?.> Habíamos aterrizado, seis gaviotas, cerca de una torre de radar en la cubierta del [i]George Washington[/i] USS. Debajo de nosotros, por encima de la cubierta, había aproximadamente treinta aviones amarrados. Marco se acercó a Rachel. Ella se alejó de él. <Rachel, Rachel, Rachel. No hay nada inútil. Cada diminuto y aparentemente estúpido trozo de información de nuestro muchacho Jake sobre los portaaviones o los aviones de combate precisamente puede ser lo que salve nuestros culos.> <Marco está en lo cierto,> añadí. <Príncipe Jake, ¿qué más puedes recordar con respecto a esta embarcación?> <No esperaba tener que recitarlo de memoria pero… vale, el primer portaaviones de la clase Nimitz fue construido en 1975.> Si Marco estuviera en forma humana, hubiera alzado las cejas burlón hacia Rachel. Ya soy bastante bueno descifrando los significados y usos de los gestos humanos. <Longitud –unos trescientos treinta y dos metros y ochenta y cuatro centímetros. A lo ancho, setenta y seis metros con ochenta centímetros. Área de la cubierta de vuelo –um, unos dieciocho kilómetros cuadrados. Creo.> <Este es mi chico,> lo animó Marco. <¿Qué más?> <Velocidad, más de treinta nudos. Eso es poco más de cincuenta y cinco kilómetros por hora.> <Hay más aviones abajo,> apuntó Marco. <En el hangar cubierto.> <Sí. Ochenta y cinco o noventa, en total. No lo recuerdo bien.> <¿Tipos? > <Sólo echa un vistazo, cuánta variedad. Supongo que depende de para lo que el GW esté aquí fuera. Probablemente algunos Hornet F/A-18C. Hawkeye E-2C, tal vez algunos Prowlers EA-6B. Tomcats F-14D, cuatro catapultas de lanzamiento. Cuatro elevadores de aviones.> <¿Tripulación?> preguntó Tobias. <Entre cinco mil y seis mil, en total, completamente lleno. Lo cual es muy raro en estos días, por la reducción de personal.> <¿Qué es lo que hace que esta cosa se mueva?> preguntó Rachel. Estaba claro que le había picado la curiosidad. Algo enorme y destructivo como esto tenía que atraer el interés de Rachel. <Dos reactores nucleares. Cuatro motores principales. Se han adaptado turbinas de vapor, de cuatro ejes. Cuatro hélices. Quizá incluso más, no lo sé.> <Uh-huh.> <¿Armamento?> <Generalmente, el sistema de misiles NATO Sea Sparrow. Hay dos lanzaderas, con ocho misiles cada una. Imagino que el [i]George Washington[/i] tiene montados 20mm Phalanx CIWS.> Cassie había estado callada hasta ahora. <¿CIWS?> <Sistema de armamento de proximidad. El propósito de los portaaviones es proporcionar lo que se llama una primera línea de ataque. Son ampliamente la parte más importante de la imagen. En tiempos de paz y durante la guerra.> <Correcto,> dijo Tobias. Sospechaba que esa información no impresionó a Cassie como nos impresionó al resto. <Los humanos a bordo llevan puestos una gran variedad de uniformes distintos,> me percaté <Es cierto,> confirmó Tobias. <Marineros y pilotos. Y marines.> <¿Y qué más da que vayan vestidos distinto?> dijo Rachel. <Los de rojo no van tan mal.> Jake se volvió de espaldas al viento. <Son oficiales de vuelo. Los diferentes colores corresponden a diferentes roles desempeñados. Las chaquetas son salvavidas. Debajo llevan un jersey del mismo color. Estoy bastante seguro de que estos chicos de rojo están aquí para los accidentes y para salvar a la tripulación. Sí, y para disponer de los explosivos ordinarios.> <No me extraña que a Rachel le guste el rojo,> dijo Marco. <¿Y qué hacen los de verde?> pregunté .<¿O los de amarillo?> <Seguro que puedo deducirlo. Hmmmm. O quizá no,> admitió Jake. <Mira, no sabemos cómo se va a jugar eso, pero hay que tener algo claro: tened los ojos y los oídos bien abiertos. Un portaaviones es una sociedad altamente organizada. Como alguno de nosotros parezca perdido o fuera de lugar, lo van a pillar. No hay marineros en las habitaciones del escuadrón aéreo y ningún recién alistado mirando embobado la bandera.> <Lo cual significa que si cualquiera de nosotros se vuelve humano, tendremos que interpretar.> <Exacto. Nada de llamar la atención, Ax-man. Mantente alejado de las cafeterías.> <No hay problema,> contesté secamente. <E infiltraos con los que estén vestidos como vosotros,> continuó Jake. <Tú transfórmate en uno de los que llevan casco, te las arreglaras mejor con el resto del personal de vuelo.> <Pero intentemos no transformaos en humanos,> dijo Cassie. <Si podemos evitarlo.> <Si podemos evitarlo,> asintió Jake. <Deberíamos tener en cuenta una cosa,> añadí. <Indudablemente las fuerzas aéreas no atribuirán la responsabilidad de la pérdida de uno de sus jets al portaaviones de la marina. Sin embargo, si ya hay yeerks a bordo estarán recelosos y aumentarán las medidas de seguridad. Además de la posible presencia del equipo de las mismas fuerzas aéreas que mi forma humana.> <¿Estás diciendo que esta misión es ahora más peligrosa que nunca?> preguntó Marco. Retóricamente. Le contesté de todas maneras. <Sí, eso digo.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] <Jake, allí está pasando algo.> Marco dirigió nuestra atención a un área en particular de la cubierta de vuelo. Definitivamente estaba pasando algo. <Parecen los preparativos de una ceremonia o algo así,> comentó Cassie. <Montones de marineros con uniformes blancos. Parecen bastante elegantes…> <Quizá se trate de una inspección,> se preguntó Jake. <No. Mirad. Se están preparando para un aterrizaje. Alguien va a subir a bordo.> <Y supongo que va a causarnos problemas,> gritó Marco sobre el estruendoso THWOK THWOK THWOK de un helicóptero aproximándose. <¿Tendrá algo que ver con la Operación 9466?> meditó Tobias. Observamos como un equipo del [i]GW[/i] perfectamente orquestado ayudaba a tomar tierra al helicóptero. Unos momentos más tarde, varios oficiales navales salían del avión. Según Jake, uno de esos hombres era un almirante. Según Marco, era el “pez gordo”. Y entonces vi a alguien entre el séquito del almirante que, en un mundo perfecto, no debería haber estado allí. Llevaba el mismo uniforme de oficial naval que sus colegas. Pero le reconocí a pesar de todo. <Príncipe Jake.> <Le veo, Ax. Chapman.> <Tenías razón, Marco. Ese hombre va a causarnos problemas.> Observamos como el capitán, el almirante y su comitiva fueron bajando a cubierta. Chapman fue con ellos. <Vale,> dijo Jake. <Vamos a ir descendiendo. Seguidme.> <Sí, sí, mi capitán. ¡Vamos allá, compañeros! ¡Arrrrr!> <Marco. Por favor. Cállate,> dijo Rachel, despegando después de Jake. <Buff, no puedo con ella. Tobias, debes de ser un santo.> <Callaos los dos,> dijo Jake con calma. <Chicos, haced cosas de gaviota. Volad en círculos, planead. Luego, de uno en uno, ir bajando por el tubo de ventilación. Y mantened los ojos bien abiertos.> <Oh, qué bien. Descender en picado por un espacio estrecho y confinado es lo que más le gusta a cualquier pájaro,> comentó Tobias. Despegué siguiendo a los demás. El viento hacía que planear y virar del modo en que lo hace una gaviota sin a penas esfuerzo resultara un tanto difícil. Pero los hombres y las mujeres de cubierta tenían asuntos mucho más importantes que atender como para estar preocupándose por unos pocos graznidos de gaviotas azotadas por brisas poderosas del océano. De modo que nadie se dio cuenta como, uno por uno, fuimos descendiendo en picado por una especie de rampa hacia la cubierta que había inmediatamente debajo. La galería o cubierta 03. Una vez dentro del barco y no volando por cielo abierto, seis gaviotas sí atraían bastante la atención. -¡Pájaros locos! ¡Cuidado! Un marinero se agachó, cubriéndose la cabeza con las manos. <¡Seguidme!>, ordenó Jake. <¡Tenemos que perderlos de vista y transformarnos!> ¡La persecución había comenzado! ¡WHOOOSH! Mi ala izquierda rozó el lateral de un reducido pasillo de techo bajo. <¡Esto es muy divertido!>, Rachel. <Sí, porque estás loca. Pero intenta no estrellarte y salir ardiendo,> dijo Marco. ¡WHOOOSH! Me moví con dificultad para mantener el vuelo. Agité mis alas lo más fuerte que pude en ese entorno artificial. No había aire fresco, ni corrientes térmicas. ¡No podía remontar el vuelo! ¡Otra vez abajo! Descendí por un tramo de escaleras tan empinado que parecía más una escalera vertical. No había espacio para volar con la cabeza por delante. Desplegué las patas, las alas me mantenían torpemente en el aire intentando no caer contra el suelo… <Ow.> Calculé mal la distancia entre mi cuerpo y el suelo que se aproximaba a toda velocidad. Corrí sobre mis patas y agité las alas con toda la potencia de la que disponía. Casi no lo consigo… <¡Abajo de nuevo!> gritó Jake. Hacia la tercera cubierta, dos más por debajo del hangar principal. ¡Marineros! ¡Detrás de nosotros y acercándose a toda velocidad desde todas direcciones, cortando el aire, bajando escaleras! ¡Las alarmas se pusieron en marcha! -¡Vamos! Tenemos que cogerlos antes de que hagan alguna cosa estúpida como volar al interior de la planta de acondicionamiento! -¡O cagarse por todas partes! Esto dio a Rachel una idea. -¡Ew! ¡Ewewe! ¡Fwooosh! <¡Aquí!> ¡Una puerta abierta! ¡A lo mejor era un lugar donde poder aterrizar y transformarnos! -¡Cierra la puerta! ¡Enciérralas dentro! <¡Fuera, fuera, fuera!> Evidentemente las oficinas de correo de los barcos no eran un lugar seguro para las gaviotas. <Jake, amigo, ¡estoy seco!> Pasamos volando unos generadores de diesel de emergencia y un banco de teléfonos que funcionaban por satélite. Desafortunadamente, parte del personal estaba usando los teléfonos. Varios de ellos gritaron. Y al fin… <La lavandería. ¡Allí!> Torpemente los seis nos colamos dentro de la lavandería del barco. La habitación era muy grande, caliente y llena de vapor. Y, a excepción de un marinero que estaba concentrado rellenando con ropa mugrienta una enorme máquina al final de la sala, estaba vacía. El Príncipe Jake no tenía que decirnos que debíamos hacer. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Nos transformamos detrás de unas lavadoras de tamaño industrial. Y entonces… ¡FWAP! El marinero al cargo de la lavandería nunca sabría qué le golpeó. Con cuidado, Marco lo puso en el suelo bajo una larga mesa y colocó una sabana plegada bajo su cabeza. Estaba decidido, yo me transformaría de nuevo en el piloto. Un varón adulto físicamente era la transformación más conveniente para nuestros propósitos. Y además mis conocimientos técnicos podrían sernos útiles. Los otros se meterían en mi bolsillo como cucarachas. Después de tomar prestado un uniforme. Evidentemente, la lavandería era el lugar perfecto para ello. -Ah, la glamourosa vida del soldado, -dijo Marco, con un ojo puesto en la puerta. <No es mucho peor que la vida de los miembros de la tripulación que hay a bordo de este barco,> dijo Tobias. <Chicos que trabajan en una cubierta de vuelo cumpliendo un peligroso deber y cobran lo mismo que cualquiera que trabaja en el mar.> <Ves, es lo que estoy diciendo,> le presionó Marco. <¿Qué conseguimos arriesgando nuestros culos? Nada. [i]Nada[/i].> <¿Y qué hay de la satisfacción de saber que estas protegiendo la libertad de todos los seres humanos?> preguntó Cassie. <Ah. Bueno. Sí, está eso.> Me estaba convirtiendo en un buen experto de cómo vestir ropa humana. Aunque nunca lo comprendería ni llegaría a gustarme. Vestido y con los demás en mi bolsillo, abrí cuidadosamente la puerta y salí al estrecho pasillo. <Vale, Ax, has de conseguir encontrar a Chapman.> <Sí, Príncipe Jake> De acuerdo con Jake, el portaaviones tenía una tripulación cercana a los seis mil individuos. Eso hacía que fuera menos probable que mi presencia se descubriera de inmediato – mientras no hiciera nada para llamar la atención. No obstante, el enorme tamaño del portaaviones y mi relativa falta de familiaridad con el diseño del mismo hacía que el encontrar a Chapman antes de que se desplegara el malévolo plan de los yeerks fuera una cuestión de azar. Caminé. Y caminé. El portaaviones era un lugar muy confuso. Había un montón de largos y estrechos pasillos de baldosas grises que parecían idénticos. Y peligrosos. A lo largo de los pasillos, a intervalos regulares, se levantaban pivotes de acero. Jake me advirtió que tuviera cuidado con no tropezar con ellos, porque eso aumentaría considerablemente el riesgo de ser descubierto y capturado. Me enorgullece decir que no tropecé ni una sola vez. Otra cosa extraña. La mayor parte de las áreas del portaaviones no dejaba entrar luz natural. Ambos, el cielo y el mar, parecían lejanos, muy lejanos. Para un andalita, eso es una característica de diseño inaceptable. Especialmente para una embarcación en la cuál una persona debe vivir durante largos periodos de tiempo. Caminé, apartándome para dejar paso al personal de rango superior, y con las orejas bien puestas para escuchar las conversaciones. Y entonces… bingo. Como siempre dice Marco. -Almirante Carrington… el hangar de cubierta… <¿Príncipe Jake? Tengo que encontrar el hangar de cubierta.> Cuando Jake me hubo comunicado la dirección por habla telepática, volví al enorme hangar de cubierta. Allí, me uní silenciosamente a la muchedumbre de oficiales reunidos alrededor de un jet de combate. Siempre intentando no llamar la atención hacia mi presencia. Esperaba que el personal del portaaviones supusiera que era parte de la plantilla del Almirante Carrington. Y que el personal del almirante pensara que yo respondía directamente ante el capitán del portaaviones. Reconocí a Chapman al lado del almirante. Chapman. Un líder al frente de la organización yeerk, La Alianza. Subdirector de la escuela a la que van mis amigos. Una escuela a la que Tobias y ahora Marco no asistirían durante mucho tiempo. Me aproximé disimuladamente al almirante, que habló en ese momento. -Capitán Plummer, ¿por qué no vamos a mis aposentos? Hay algunas cuestiones que me gustaría discutir con usted y sus oficiales de mayor rango. Él miró a Chapman y sonrió, para luego volverse hacia el capitán. -Mis hombres y yo hemos traído algo muy especial que queremos compartir con usted. Ya sabe que la vida en medio del océano puede llegar a ser un tanto, uh, aburrida. -Excepto cuando las fuerzas armadas del aire plantan uno de sus jets en tu patio delantero. Hubo un murmullo de risa cortés en respuesta. Informé al Príncipe Jake de nuestro nuevo destino. Marco se echó a reír. <Apuesto a que Plummer espera unas pocas botellas de whisky del caro.> La muchedumbre de oficiales se diluyó hasta quedar más o menos diez hombres. Cuidadosamente, los seguí bajo la cubierta o galería 03, hacia lo que Jake llamó “buque insignia” del almirante, los mejores aposentos. O a la sede del cuartel general. Los oficiales se detuvieron al lado de una puerta. Vacilé. No podía entrar sin ser visto y detenido. <Príncipe Jake, tenemos que entrar pero…> <Agarra a dos de nosotros y déjanos caer disimuladamente dentro del bolsillo del capitán, Ax. Quédate cerca. Quienquiera que consiga estar dentro, que mantenga la comunicación con Ax y con los demás.> Me hice a un lado. Disimuladamente cogí a dos de mis amigos. Y los dejé de una manera un tanto torpe en el bolsillo del pantalón del Capitán Plummer. El Capitán se giró, enfadado. -Lo siento, señor, -dije. -Tropecé. Y entonces me alejé apresuradamente por el pasillo. Cuando estuvo claro que los oficiales habían entrado en los aposentos del almirante, avancé furtivamente al ahora abandonado pasillo de azulejos azules, hasta situarme al otro lado de la puerta. Y me quedé escuchando. <Ax.> Dijo Jake. <Rachel y yo estamos dentro.> Los sentidos de la cucaracha son débiles, mucho más débiles que los sentidos humanos, por ejemplo. Pero todos teníamos mucha experiencia sacándole partido a los sentidos de la cucaracha. <Vale, oigo una especie de chirrido – ¿rasgaduras? Por el sonido es como si los hombres del capitán estuvieran abriendo una caja o alguna cosa así. Algo grande.> <El almirante no llevaba transportando nada encima,> dije. <Quizás alguien de la tripulación del portaaviones lo trajo mientras estábamos abajo…> Silencio. Luego… <Qué extraño,> dijo Rachel. <Estoy confusa. Las voces han empezado a hablar muy alto y muy rápido. Percibo movimiento…> <¡Ax-man! ¡Han sacado las armas! ¡Carrington es un yeerk!> <¡Príncipe Jake, el regalo!> <Oh, sí. Tiene que serlo.> <Un estanque yeerk portátil.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] <¡Ax, vamos a intentar liberarlo, transfórmate, y consigue potencia de fuego antes de que el capitán sea infestado!> <Que debería……> <¡Estamos al lado del capitán!> gritó Rachel. <Pero, oh, dios, creo que ya lo están haciendo…> No tenía elección. Saqué a Marco, Tobias y Cassie de mi bolsillo y los dejé en la base de la pared. <¡Transformaos! ¡Ahora!> Y atento a cualquiera que pudiera venir por el pasillo, comencé a cambiar. En cuestión de segundos la estrecha galería del pasillo de cubierta fue intransitable, colapsado por una pesada y cambiante masa de cuerpos parcialmente humanos, alienígenas y rapaces. -¿Pero qué…? Dos miembros de la tripulación nos estaban observando desde el pasillo, unos pocos metros más adelante, con la boca abierta y espalda pegada a la pared. -Oh, fantástico. Cassie, con la natural elegancia de un [i]estreen[/i], se estaba convirtiendo en un lobo antes de que yo fuera un andalita en su totalidad. -Por favor, uh, señores. No hag… Pero entonces perdió su voz humana en plena transformación. -Lo siento, chicos, -gritó Marco a los dos marineros. -Lo que mi amigo estaba intentando decir es que el capitán tiene un pequeño problema. Nada que no podamos solucionar… Los marineros echaron a correr por el pasillo. ¡Screeeeek! ¡Screeeeeeek! La hoja de mi cola cortó a través del metal de la puerta alrededor de la cerradura. Marco, ahora gorila, arrojó su peso contra la puerta. ¡Estábamos dentro! Y de un diminuto armario en la pared más alejada… ¡Estallaron trescientos cincuenta kilos de tigre siberiano! En la penumbra del armario podía ver a Rachel convirtiéndose rápidamente en un oso pardo, capaz de terminar su enorme transformación ahora que Jake estaba fuera. -¡Andalitas! -gritó Chapman, volviéndose hacia el almirante. -¡Visser Dos, agáchese! El almirante Carrington no se agachó. En lugar de eso, alzó las manos al aire. -¡Ningún andalita echará a perder la gloriosa misión del gran Visser Uno y su devoto sirviente! -gritó. <¡Eso es lo que tú te piensas!> <¡Tobias, cuidado!> -¡Tseeeeer! Uno de los hombres del almirante cayó al suelo, agarrándose la cara, con la sangre manando a través de sus dedos. Y se hizo el caos. ¡Blam! ¡Blam! ¡Blam! Ocho de los hombres con uniformes navales eran controladores humanos. Resultaban fácilmente reconocibles: eran los únicos que nos estaban disparando. Otros dos oficiales yacían inconscientes al otro lado de un pequeño sofá. Eran los hombres del capitán, que posiblemente ya habría sido infestado. No, posiblemente no. El capitán Plummer estaba extendido sobre la mesa en la cual se encontraba el estanque yeerk portátil. Era demasiado tarde para él pero… Con las dos manos agarré el borde del pequeño estanque y… ¡SPLAAAASH! ¡La volqué! El líquido viscoso se derramó sobre la mesa y el suelo. Y en la cascada, dos gusanos yeerks. <¡Ax, intenta atraer el combate al interior del vestíbulo!> Ordenó Jake en privado. <¡Aquí nos van a masacrar!> Salté al capitán, que en ese momento recuperaba el sentido, y salí al pasillo. Me giré para ver a Jake, al que habían herido en la espalda de un disparo, agarrando entre sus dientes las muñecas de un controlador. Le quitó el arma de un tirón y golpeó al hombre contra el suelo. Vi a Rachel levantando a otros dos controladores uniformados como si fueran muñecos. A Marco esquivando una bala que habría destrozado su cara. Embistió a la persona que le disparó y lo dejó KO. Quizás podíamos conseguirlo… salvar por lo menos a los hombres libres del capitán… Aislar al almirante Carrington. A Visser Dos. Tomarlo como rehén. Huir antes de que enviaran a alguien a pedir refuerzos. Pero entonces, llenando el pasillo por detrás de mí… -¡Adelante! -¿Pero qué diablos es eso? Humanos libres, soldados de la marina y marines, además armados. Venían a rescatar a su capitán y al almirante. ¡Venían matar a los animales locos y a la criatura alienígena azul que amenazaba sus vidas! Esto era imposible. No podíamos protegernos a nosotros mismos. No podíamos defendernos de estos hombres que simplemente estaban cumpliendo con su deber. -¡Aaahhh! Cassie tenía a Chapman cogido por el tobillo y estaba arrastrándolo por el pasillo. <¡Príncipe Jake! Los refuerzos vienen de camino. No son controladores. ¡Van a masacrarnos!> Jake rugió al controlador que protegía al cabreado almirante. <De acuerdo. ¡Todo el mundo fuera! ¡Ahora!> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Huí con todas mis fuerzas de mis asaltantes. Cassie me pisaba los talones. <¡Aquí dentro!> grité. Con mis débiles dedos andalitas agarré el pomo de la puerta y tiré. Entramos a la vez y cerré la puerta de golpe con mis pezuñas traseras. Era una pequeña oficina. Escritorios, computadoras, armarios con informes clasificados. Había un hombre sentado delante de una consola. Bueno, qué se le iba a hacer. Tenía que transformarme. Tenía que transformarme en Joseph Felitti. -¿Quién eres… que estás…? ¡FWAP! <¿Está bien?> <Sí, Cassie,> suspiré. <Solamente está inconsciente.> Rápidamente, Cassie se transformó y me ayudó a desnudar al recluta. Cassie tiene fuertes convicciones morales, pero también está siempre dispuesta a ayudar con lo que tengamos entre manos. Entonces me transformé en el piloto. Mientras me vestía con el uniforme del hombre, Cassie se fue transformando en cucaracha. <¿Qué hacemos ahora, Ax? ¿A dónde vamos?> Reflexioné, y de pronto me asaltó una idea. Al Centro de Información de Combate. Jake lo había mencionado. Nos contó que estaba en la misma cubierta que el alojamiento del almirante. CIC: el centro de control del portaaviones así como el complejo de mando de su tripulación. Pasara lo que pasara a continuación, probablemente empezaría allí. Y pronto. <Creo que lo sé,> dijo Cassie. Atamos al soldado con una cinta resistente, lo amordazamos con un pañuelo, y finalmente salimos al pasillo. Todo estaba en silencio. Los yeerks habían restablecido algo parecido al orden. Pero a lo largo del pasillo ahora circulaban guardias armados muy alerta, a intervalos regulares. Iban vestidos como el personal naval pero indudablemente se trataba de yeerks. Y cuando pasé al lado de otros dos soldados los oí susurrar. -Bob dice que vio un tigre. Y LaVerle jura que vio un ciervo azul y extraño. Los están interrogando. No sé que demonios ha sucedido aquí abajo… Yo sí lo sabía. Como también sabía lo que sucedería a continuación. Los yeerks convertirían en controladores a los desafortunados testigos. Continué buscando mi objetivo, situado en algún lugar de esta cubierta. Después de diez minutos caminando, al fin lo encontré. La puerta estaba cerrada, vigilada por dos marines. Sin un pase no me dejarían entrar. La puerta se abrió y un joven teniente de la marina salió hacia el pasillo. Ese sería mi pase. <Cassie, estoy a punto de tender una emboscada,> advertí a la cucaracha de mi bolsillo. <Haz lo que tengas que hacer.> Seguí al teniente por el pasillo hasta un diminuto cuarto de baño. Le golpeé por detrás. Cerré la puerta, volví a mi forma y le adquirí. Me transformé en él. Vestido con el uniforme del teniente y con Cassie a salvo en el bolsillo de mi camisa, salí del cuarto de baño. <Estamos a punto de entrar en el centro de información de combate,> dije en privado. Los guardias armados saludaron con la cabeza, se apartaron con un paso lateral, y me permitieron entrar. Dentro estaba el Almirante Carrington, Visser Dos, con un aspecto nada malo dada la escaramuza anterior. Y el Capitán Plummer, que ahora era un controlador. Tal vez estaba luchando frenéticamente contra el gusano que había dentro de su cabeza. O tal vez no. Y en una esquina, observándolo todo, se encontraba Chapman. El almirante y el capitán estaban de pie ante una pantalla, contemplando una extraña imagen. -Señor, tenemos en pantalla lo que parecer ser un misil chino de corto alcance. Se acerca a toda velocidad… espere… -La voz del técnico se apagó en la distancia. -¿Qué ocurre? -ladró el capitán. -Señor, otro misil, parece proceder de la misma fuente de origen que el primero. Un submarino chino… Creo. ¿Por qué el técnico parecía tan perplejo? ¿Tan indeciso? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Y qué podía hacer para detenerlo? Tres minutos. Sólo faltaban tres minutos para la primera hora indicada en el mensaje que captamos del espacio Zero. Algo crucial estaba a punto de suceder. Fase Uno de la Operación 9466. ¿Pero qué…? Por supuesto. <Cassie, ¿quiénes son los chinos?> Desde su escondite, en el bolsillo de mi camisa, me contestó. <¿Los chinos? Gente, una nación.> <¿Son enemigos de los Estados Unidos?> <No. Ax, ¿qué está pasando? Los Estados Unidos ya no tienen enemigos formales.> <Bueno,> contesté, <pues eso está a punto de cambiar.> ¡BOOM! La fuerza de la explosión me hizo caer al suelo. <¡Ax! ¿Qué sucede?> gritó Cassie muy nerviosa. Me levanté apoyándome sobre una larga consola de mandos. <Nos han alcanzado.> Y todo a mi alrededor… ¡Todo ocurría demasiado rápido! ¡Todos hablaban a la vez! -Preparen la cubierta de vuelo para lanzamiento. Catapultas número uno y dos… -…comandantes del grupo aéreo… -Preparados para despegar, señor. -Indicaciones de puente de mando… -… el ACDS muestra que… -¡Informe de daños! -Varios focos de incendios en el combustible de la cubierta de vuelo. Están controlados. Daños mínimos en la segunda y tercera cubierta. Por debajo de la cuarta cubierta, no se detectan daños significativos. -¿Y los reactores nucleares? -Funcionando al máximo rendimiento. -¿Bajas y víctimas mortales? -El oficial jefe médico informa de cinco hombres muertos en la cubierta de vuelo. El informe de heridos dice que… <Ax, ¡háblame!> <Cassie, estamos en medio de un elaborado montaje. Los yeerks acaban de provocar el inicio de una guerra mundial.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] <¡Tenemos que hacer algo!> <Me temo que puede ser demasiado tarde…> <¡Ax! ¿Rachel? ¡Alguien!> <¡Príncipe Jake!> Su comunicación telepática era débil pero comprensible. <Ax, ¿dónde estás? ¿Estás bien? ¿Quién está contigo?> <Ahora mismo estoy en el centro de información de combate, con el almirante y el capitán. Cassie está conmigo.> Y entonces le conté lo que yo pensaba que estaba pasando. Que posiblemente íbamos a presenciar el inicio de una Tercera Guerra Mundial. <Ax-man, nosotros estamos demasiado lejos. Depende de ti. ¿Puedes adquirir a cualquiera de los dos, al almirante o al capitán? Cancela la orden de ataque. Haz que los aviones y todo lo que hayan enviado vuelva al barco.> ¡Imposible! <No veo cómo. Probablemente ninguno de los presentas piensa dejar esta habitación, y desde luego solo no.> <Tienes que hacerlo, Ax. Sé que encontrarás la manera. Intentaré establecer contacto con los demás, y llegar hasta donde estáis Cassie y tú.> <Príncipe Jake…> Pero sabía que ahora mismo se encontraba fuera de mi alcance. <Por supuesto.> Estaba desesperado. ¿Cuántos hombres y mujeres de esta oscura habitación demasiado fría, hombres y mujeres que obedecen órdenes, leen lo expuesto en las consolas, valoran daños, se comunican con los otros barcos en el campo de batalla, piensan en volver a casa…? ¿Cuántos de estos valientes y disciplinados soldados sabían que estaban involucrados en una diabólica confabulación alienígena para conquistar el mundo? Sí, estaba desesperado. Jake me había dado una orden directa. Y si no encontraba una forma de ejecutar dicha orden, en unas pocas horas los Estados Unidos y China estarían involucrados en una guerra nuclear. El comienzo de un final muy, muy feo. <Cassie. Estate tranquila. Va a haber un ruido muy fuerte. Un disparo.> <¡Ax!> Era una locura de plan, uno de esos planes a los que Marco indudablemente calificaría como “completa locura”. No obstante, dada la profusión de actividad y el estado de tensión que impregnaba el centro de información, había alguna que otra posibilidad de éxito. Dos marines vigilaban en e interior de la habitación, además de aquellos que se encontraban en el pasillo. Di unas zancadas hacia el marine que permanecía a la izquierda de la puerta cerrada. Con la ventaja del factor sorpresa de mi parte, le cogí del brazo. Agarré su arma. Me giré… Y disparé al almirante Carrington en la pierna. Era sólo una herida superficial, pero serviría. Le di un puñetazo al pasmado marine, mientras hacía como que luchaba con él por el control de la pistola. -¡Este hombre ha disparado al almirante! -grité. Silenciosamente, me disculpé ante el hombre al que estaba acusando. Cuando uno esta en forma humana, es difícil de recordar que el dolor de otro humano no es tu dolor. Es duro intentar tomar distancia. ¡El caos! En unos pocos segundos el inocente marine fue inmovilizado contra el suelo por dos hombres de la marina. Durante el proceso lo dejaron inconsciente, lo cual fue bastante desafortunado para él pero un alivio para mí. Vi como dos médicos de jersey blanco se apresuraban a arrodillarse al costado del almirante. -¡Dejadme, idiotas! -Almirante Carrington, señor, tiene que permitirnos que le ayudemos, señor. Con la técnica y habilidad de su profesión, los médicos levantaron al indignado almirante en una camilla plegable y rápidamente lo sacaron de la habitación. Me quité de su camino. Durante el alboroto que siguió, nadie me pregunto a dónde me dirigía, ni por qué estaba siguiendo a los médicos y a su paciente a la enfermería. -Aguante, almirante, señor. En el desierto y estrecho pasillo comencé a transformarme. Saqué a Cassie de mi bolsillo. Le dije que buscara a los demás y los trajera a los aposentos del almirante. Si es que podía. Y entonces… ¡FWAP! ¡FWAP! Con un ruido sordo los dos médicos se desplomaron en el suelo y el almirante cayó con ellos. Antes de que pudiera gritar o luchar para escaparse – o ver a la chica que salía corriendo en la otra dirección – coloqué la palma de la mano sobre su boca y lo arrastré violentamente al interior de una pequeña habitación. -¡Andalita! -siseó cuando lo liberé. -¡Y yo que pensaba que el odio que os tiene Visser Uno a unos bandidos como vosotros era exagerado! ¡FWAP! Rápidamente, adquirí su ADN. Me transformé. Me vestí con sus ropas, incluyendo los pantalones manchados de sangre. Apilé los cuerpos inconscientes de los dos médicos en un armario. Cerré la puerta detrás de mí y volví sobre mis pasos, al centro de información de combate. La adrenalina inundaba mi cuerpo humano, pero luché contra esa sensación. Tenía que parecer frío y convincente. Abrí la puerta y entré. -Capitán Plummer, retire los aviones. -¿Almirante? Fruncí el ceño, una expresión humana muy popular que puede sugerir firmeza y/o disgusto. -He dicho que retire los aviones, capitán. Es una orden. -Señor, con todos mis respetos… -El capitán echó un vistazo a la sangre seca en mi muslo y luego a Chapman. -¿Se encuentra bien, señor? -Retire. Los. Aviones. O, si lo prefiere, le relevaré de su puesto… -Miré a Chapman. -Y luego te entregaré a Visser Uno como el traidor que eres. La cara de Chapman se puso blanca y asintió con la cabeza al capitán. -Sí, almirante, por supuesto. -Os veré en mis aposentos, -ordené. -En cinco minutos. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Todo esta yendo según lo planeado. Pronto todos seréis nuestros… – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] -¿Pero qué…? El capitán y Chapman tenían buenas razones para estar sorprendidos. Porque cuando llegaron a los aposentos del almirante no sólo encontraron a Visser en ropa interior, sino también a un andalita. Y un tigre. Un gorila. Un oso pardo. Un lobo. Y un halcón ratonero de cola roja, posado amenazadoramente sobre un estante alto. ¡BAM! La puerta se cerró tras ellos. Rachel la cubrió con su cuerpo. No había manera de salir. Me tocaba a mí hablar. Me dirigí a Visser Dos. <Tu plan ha fallado, yeerk. Por lo menos, la primera fase. Los aviones están regresando.> El Visser se limitó a sonreír con satisfacción. -Bien hecho, andalita. Sois listos. Pero no tiene importancia. Retirar los jets no detendrá el siguiente paso de la Operación 9466.” A esas alturas estaba bastante seguro de entender el objetivo del plan del Visser. Pero quería oír la horrorosa confabulación de su propia boca. Y necesitábamos detalles. <¡Explícanoslo yeerk!> le reclamé. Silencio. Visser Dos continuaba sonriendo abiertamente. <Ax, si quieres puedo sacarle el gusano de la cabeza a este tío.> <Gracias, Rachel. Pero eso no será necesario.> Dirigiéndome a Visser, le dije con frialdad, <Habla ahora.> Él suspiró dramáticamente. -Supongo que has estado esperando pacientemente a la revelación de mi brillante plan. Se puso en pie y sacó pecho. Era extraño y un tanto patético de ver, este humano varón, delgado, intentando mostrarse orgulloso en ropa interior. <Bien, tenemos con nosotros a un auténtico chiflado,> comentó Marco. -Así es como funciona, – continuó el almirante. -El personal no yeerk de esta flota sencillamente creerá que hemos sido atacados por China. Lo que, por supuesto, es mentira. La [i]GW[/i] se vengará enviando aviones a bombardear el auténtico submarino chino, el que teóricamente es responsable del ataque. “Felicidades. Vosotros, andalitas, habéis echado a perder esa fase del plan. Si este hubiera seguido adelante, ese submarino habría visto el ataque americano como un acto de agresión sin haber hecho nada que lo provocara. Los mandos chinos tomarían represalias. Un espantoso malentendido tras otro. El Visser calló y sonrió ampliamente a sus colegas. No pude evitar darme cuenta de que sus expresiones estaban un poco a la defensiva. -¡No obstante, nuestro brillante plan continua sin dificultades! En algo menos de dos horas, -continuó el Visser, -independientemente de lo que suceda aquí, el gobierno recibirá informes muy detallados de un despiadado ataque chino sobre la flota del portaaviones [i]George Washington[/i] y mandará un submarino nuclear tripulado exclusivamente por taxonitas. Ellos lanzarán contra ciertas ciudades chinas lo que para los estándares yeerks es un primitivo, pero efectivo, mecanismo de fusión nuclear. – Los chinos responderán en grado similar. La guerra se intensificará y extenderá y, en breve, la población humana se verá reducida severamente en número y armas. ¡Será el momento perfecto para que el glorioso Visser Uno conquiste el planeta Tierra! <Mi propuesta sigue en pie, Ax,> dijo Rachel. <Ax, dile que suspenda la orden de avance del submarino americano,> exigió Jake. <Yeerk,> dije, <si accedes a nuestras exigencias te permitiremos vivir. Si no lo haces, morirás aquí mismo. Contacta con el submarino americano bajo el control yeerk. Ordénale que aborte esa misión. Dile a tu comandante que el plan ha sido cancelado.> Era una medida desesperada. ¿Por qué iba a cumplir este yeerk con las exigencias de su mayor enemigo? El Visser rió y se sentó en una silla estrecha, cruzando una pierna sobre la otra y ladeando la cabeza. -¿Y mostrar a los poderosos andalitas qué submarino de los Estados Unidos está bajo el control yeerk? Me parece que no. No, mis queridos adversarios, no temo a la muerte. Puedes acabar conmigo ahora mismo, si eso te satisface. El plan se llevará a cabo, viva yo o muera. Lo que temo es el fracaso.” <Sip, definitivamente está chiflado.> De nuevo, Visser Dos sonrió con aquella sonrisa siniestra. -El plan continúa según lo previsto. En aproximadamente dos horas, los misiles nucleares saldrán despedidos de un submarino del Tridente Americano. Y poco después los chinos responderán. -¿Y cuánto tiempo creéis que pasará antes de que se involucren todos los poderes nucleares? Rusia, Francia, Gran Bretaña, Israel, India, Pakistán. Las mismas oportunidades de destrucción. Decenas de millones morirán. Quizá cientos de millones. ¡Y tendremos vía libre! Visser Dos se puso en pie y saludó a algún poder general oculto. <Casi espero verle cantando la versión yeerk de algún viejo himno nazi,> dijo Marco. <Ya sabes, “El futuro me pertenece” o algo así.> <Está loco, es un fanático.> <Sí, Cassie. Creo que eso está bastante claro.> <La pregunta ahora es,> dijo Jake, su voz delatando preocupación, <¿cómo negociamos con un loco?> <¡Negociar! Yo digo que lo aniquilemos…> TOC TOC TOC. Una voz desde la entrada. -¡Capitán! ¡Señor, hemos visualizado aviones no identificados aproximándose! Docenas, de tipo desconocido. ¡Y señor, no aparecen en el escáner del radar! Instintivamente, levanté la cola y giré mis antenas oculares hacia Jake. Estremeciéndose como un animal salvaje, una potente risa manó de la garganta del Visser. -No identificados, cierto, -gritó. -¡Preferiría haberlo hecho más limpiamente, pero uno debe hacer lo que debe hacer! Dentro de unos minutos, mis queridos enemigos, los cazas insecto y demás naves aterrizarán sobre el carguero. ¿Qué haréis entonces, seis de vosotros contra todo el poder de los yeerks? ¡¿Cómo me detendréis entonces?!” Estaba cansado de preguntas retóricas. Rachel cargó contra el hombre pero una seca palabra de Jake la detuvo. <No. Tranquilos todos. Necesitamos a este gusano. Él es el único que puede detener la matanza que se aproxima.> <Pero…> ¡BA-BOOM! ¡Armamento anti-cargueros! ¡TSEEEWW! ¡TSEEEWW! ¡Rayos dragón! <¡Nos atacan!> gritó Rachel. Miré a Jake en busca de un plan… Caí sobre mis rodillas cuando una violenta explosión penetró a través de la cabina del almirante. Me cubrí la cabeza con las manos en un vano intento de protegerme contra la lluvia de chapa metálica. A través de la polvareda de humo y yeso desmenuzado pude ver un lobo agachado y una larga masa negra que podía haber sido Marco. Y entonces el impacto inicial había terminado. El silencio se cernió sobre la cabina. <¡Rachel, Ax, todos!> nos llamó Jake. Me puse en pie sobre mis cascos con torpeza. Con los cuatro ojos ardiendo analicé el área destruida. Vi a un Chapman ensangrentado y al capitán cubierto de polvo intentando ponerse en pie. <Príncipe Jake,> dije. <El almirante ha desaparecido.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <¡Vamos! ¡A la pista de aterrizaje!> Jake estaba en lo cierto. No había nada que pudiéramos hacer bajo las cubiertas en ese momento. Teníamos que meternos en el corazón de la batalla. Evaluar a las fuerzas yeerks. Luchar. Jake y Cassie rompieron una de las estrechas escaleras casi perfectamente verticales. Tobias, una criatura de altos vuelos, pudo seguirlos. Pero no fue nada fácil para Rachel, Marco, o yo. Por una razón: Rachel no cabía por la apertura en lo alto de las escaleras en su forma de batalla. ¡TSEEW! ¡TSEEW! Nuestro dilema fue rápidamente solucionado por los rayos dragón que hicieron un agujero lo suficientemente grande como para que pasara un oso pardo. <Gracias. Creo.> <Los yeerks deben haber visto a Jake, Cassie, y Tobias,> dije. <Tened mucho cuidado.> <Justo estaba pensando en pintarme un gran círculo rojo como el de las dianas en todo el culo…> Marco volvía a estar enfadado. Lo seguí torpemente hacia la cubierta exterior. Nunca olvidaré las escenas que captaron mis ojos. La magnificencia del portaviones americano, profanada por una descarga de la artillería de rayos dragón de los yeerks, todavía arremetiendo como medida de protección. Abordo, los sistemas de defensa todavía estaban en manos de la marina. Otros barcos también ardían a lo lejos bajo el alcance de los cazas insecto. Y todos esos valientes marineros y marines, hombres y mujeres… Luchaban. Y agonizaban. ¿Cuántos eran libres todavía? ¿Cuántos serían ya yeerks? A través del denso humo producido por la batalla, solamente podía distinguir a los aviones más grandes regresando al portaaviones. <¡No van a poder aterrizar!> gritó Marco. <¡Los derribarán antes de que tengan oportunidad de hacer algo! Voy a buscar el puente de mando, veré lo que puedo hacer…> Deslizándose por la superficie no resbaladiza de la cubierta de vuelo, Marco trepó hasta la isleta. <Intentaré localizar a Visser,> dije. <Buena suerte, Ax-man.> Rachel corrió hacia un transportador de aviones yeerk que estaba soltando impresionantes tropas de hork-bajirs. Di unos pasos hacia delante y… ¡BOOOOOOOOOOSSSSSSSH! ¡BABOOOOOOOOOSSSSSH! Una espantosa serie de explosiones casi me hicieron caer al suelo, cosa que si les ocurrió a todos los huamnos. No… Los aviones que había mandado retirarse. Los jets. Los helicópteros. Los Vikings S-3B. Los Seahawk SH-60F/HH-60G. Diseñadas para la guerra anti-submarinos. Los habían derribado. Los restos ardían en el agua… Marco no había llegado a tiempo al puente de mando, no había luchado contra los yeerks que había allí, no había podido informar a los jets de que volaban hacia una trampa, una emboscada… “¡Muere, escoria andalita!” ¡Bam! Me agaché instintivamente. Y al mismo tiempo, hice un barrido con mi cola en un medio círculo casi perfecto. Un controlador menos. No había un modo fácil de distinguir a un enemigo de un aliado, de reconocer a aquellos que llevaban un yeerk en sus cabezas… A menos que ellos mismos nos lo revelaran. Un marine bastante grande se me estaba acercando por detrás . Le había visto por el rabillo del ojo. “¡Por Visser!” ¡FWAP! Lo dejé inconsciente bajo el hueco de la escalera antes de que pudiera disparar su arma. Seccioné su mano, que aún empuñaba la pistola. <¡Ax!> ¡De repente un marinero armado se interpuso en el camino de Marco! Marco se detuvo y se quedó mirando fijamente al joven. Y entonces el marinero lo saludó y corrió hacia proa. <Whoa…> Marco, con su oscuro pelo de gorila ensangrentado y quemado, se unió a mí en el lugar por el que antes habíamos bajado a las cubiertas. <¿Acabo de imaginármelo, o los chicos buenos están de nuestra parte?> Sí… por muy increíble que pareciera… <Mira, allí delante, al lado de la nave de transporte yeerk.> Algunos miembros de la marina de los Estados Unidos luchaban codo con codo con Rachel. Contra hork-bajirs de más de dos metros de altura, las tropas de choque de los yeerks. <Supongo que el repentino descenso de los cielos de una raza alienígena de apariencia prehistórica como los hork-bajirs, hace que la presencia de animales salvajes naturales de la tierra parezca mucho más normal.> <Eso o Rachel les ha dicho a aquellos que en realidad es una chica guapísima y les ha prometido citas a todos.> <Los aviones, las naves a las que ordené que volvieran al portaaviones. Las han derribado.> <Lo sé, Ax-man. Lo siento. Era demasiado tarde. Además, todo el puente está atestado de hork-bajirs defendiendo a unos pocos oficiales. Habría sido un suicidio intentar siquiera el volver a entrar.> <¡Príncipe Jake!> Jake y Cassie venían corriendo en nuestra dirección desde la popa. Tenían el lomo cubierto de sangre y oscurecido de hollín. <¡Esto es una estupidez!> gritó Cassie. <¡No sé que se supone que estamos haciendo! Todos los jets han sido destruidos. ¡Los yeerks han tomado el control del barco! Los hemos visto en la cola del barco…> <Han tomado el MK: 15 Phalaix,> nos explicó Jake. <Y las lanzaderas Sea Sparrow SAM MK29. Cualquier ayuda que hubiera podido venir a apoyarnos ya es historia.> <¿Qué están diciendo?> exigió Marco. <¿Nos rendimos?> <¡No! No hemos perdido. ¡Pero no podemos dejar que Visser escape! Ese es el objetivo. ¡Tenemos que encontrarle!> [i]¿Y luego qué?[/i] Me pregunté, pero no en voz alta. Jake y Cassie saltaron hacia la neblina de humo. Marco gruñó. <Una vez más volvemos a estar en la cuerda floja, Ax-man. Voy a ayudar a Rachel. Mira si puedes enseñar a algunos de esos amigos marineros nuestros algo sobre el combate cuerpo a cuerpo. Creo que la mayoría nunca había mirado a un enemigo a los ojos hasta hoy.> Marco caminó sobre sus nudillos a través de la cubierta de vuelo. Y entonces lo vi. Chapman. No era Visser, pero era alguien que podía decirme donde encontrarle. Si le hacía las preguntas de la forma adecuada. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] Iba vestido igual que antes, con un uniforme de oficial de la marina. Y se alejaba caminando de mí. Cojeando pero avanzando deprisa. Casi corriendo. ¿Huyendo de la carnicería? Posiblemente. [i]No[/i], pensé. Chapman era una de las peores clases de yeerk. Deseoso de gloria. Especialista en adular a superiores poderosos. Pero poco dispuesto a ensuciarse las manos si podía encontrar a alguien que estuviera dispuesto a realizar las tareas de invasión menos atractivas. Chapman era un cobarde. Lo vi dirigiéndose bajo la cubierta. Lo seguí. Me detuve en lo alto de las escaleras verticales. Mi cuerpo andalita es superior al del humano en muchos aspectos. No obstante, como me había confirmado la reciente experiencia, mi cuerpo no era muy apropiado para subir o bajar escaleras a bordo de un portaaviones humano. No tenía elección. El tiempo pasaba y tenía que moverme. Valoré mis posibilidades. Me acerqué a un chico joven, bastante alto, con una chaqueta morada. Le pregunté cortésmente si podría usar de forma temporal su material genético. Y además sus capas exteriores de vestir. Afortunadamente, este hombre era uno de aquellos que se habían dado cuenta de que no íbamos a hacerles ningún daño. Así que no me vi obligado a tomarlo por la fuerza. El hombre me sonrió abiertamente. “Amigo. Me honras. Toma lo que necesites. Y ve a buscar a esa escoria alienígena.” Adquirí otro humano e inmediatamente comencé a transformarme. Tal vez debería haber alertado primero al muchacho sobre la inquietante naturaleza del proceso de transformación. En determinado momento, precisamente cuando mi cara se desgarró para formar una boca humana, él se llevó la mano a la boca y se giró. Finalmente, vestido y en posesión de un arma de fuego que me prestó, descendí la escalera. ¿Pero a dónde había ido Chapman? ¿Hacia dónde se dirigiría? De vuelta al CIC. Me abrí camino hasta la cubierta 03. Me di cuenta de que había movimiento por los estrechos pasillos. Los marineros – ¿refuerzos para qué bando? –pasaban apresuradamente a mi alrededor. Mantuve mis dos ojos humanos con la vista al frente. Llegué al nivel de la galería. El CIC estaría muy protegido. Los miembros que hubiera dentro podían ser de cualquiera de ambos bandos, los yeerks del almirante o la misma marina. Primero, lo intentaría con los pequeños centros de control, los que controlaban varios departamentos. Anti-submarinos, anti-superficie. Con algo de suerte…. El centro de control antiaéreo. La puerta no estaba vigilada. Simplemente caminé hacia el interior. Incluso bajo circunstancias normales sería raro que un miembro de la tripulación de vuelo la visitara. Y allí estaba él, de espaldas a mí. Sentado en una silla y bebiendo lo que parecía una taza de café. Escondiéndose de la batalla. Estaba solo en la habitación. Cerré la puerta detrás de mí. Pude ver sus hombros en tensión. Luego se puso en pie y se giró mirando a su alrededor. “Me vas a llevar ante el Visser,” dije. Chapman hizo una mueca. “¡Basura andalita!” Me arrojó la taza con el líquido ardiendo. Fue un acto un tanto estúpido. Rápidamente, extraje el arma de la correa de mis pantalones y apunté a su corazón. “Dime donde puedo encontrar al Visser.” No tenía la intención de disparar a un hombre indefenso a sangre fría. Pero siento admitir que fue una tentación. En aquel momento, solo, en una habitación oscura con uno de los yeerks responsables de las atrocidades llevadas a cabo sobre la cubierta… Solo con uno de los yeerks involucrados en el intento de poner en marcha una tercera guerra mundial… Solo con una de las abominaciones más fervientes partidarias de… Apenas podía contener mi propia cólera. Amartillé el gatillo. El pánico recorrió la cara de Chapman. Si él me entregaba a Visser Dos, Visser Uno lo ejecutaría. Si se negaba, creía que le metería una bala en el pecho. “Dime donde puedo encontrar al Visser.” El sudor le caía por la frente. Dio un paso hacia atrás, nervioso. “Dime…” ¡WHAM! Chapman gritó. “Uumph.” ¡Y yo estaba en el suelo sobre mis manos y mis rodillas! La pistola rodó salvajemente por el suelo. Alguien había abierto la puerta. ¡Y ese alguien me había golpeado en la espalda con ella! Había dejado que mi cólera me poseyera y así había perdido la conciencia de lo que sucedía a mi alrededor. ¡Se me había nublado el juicio! “¡Cogedlo! ¡Es un andalita! ¡Cogedlo!” Me puse en pie tambaleante. Y me giré para encontrarme a Chapman apuntándome con el arma. Con él había un guardaespaldas hork-bajir. El hork-bajir dio un paso al frente. “¡Espera!” dijo Chapman sonriendo. “Creo que mejor lo tomaré como prisionero. Mi propio prisionero de guerra. Pero sólo para asegurarme de que no intentas escapar…” ¡BAM! Caí al suelo. Chapman cerró la puerta detrás de mí. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Corría a través de un exuberante campo de hierba, trotando sobre mis pezuñas. Respirando bien hondo el fantástico aire de mi planeta. Pacífico. Y silencioso. Ahí delante estaba mi madre. Y mi hermano. ¡Elfangor! Había pasado tanto tiempo, demasiado tiempo desde que habíamos hablado por última vez… “¿Qué…?” Me enderecé. No había ningún campo exuberante, sólo el firme suelo del centro de control antiaéreo. Y la sangre rezumando lentamente de mi muslo. Chapman no había disparado a matar. Sólo lo justo para incapacitarme. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? ¿Y por qué me había desmayado? Había soportado heridas de mucha más gravedad sin haber perdido la conciencia. Tal vez fuera por esta transformación humana en particular. Cualquiera que fuera la razón, me sentía avergonzado. No solo había fracasado en mi misión de sonsacarle a Chapman la información necesaria respecto al paradero de Visser Dos. También había permitido que mis sentimientos personales se interpusieran en lugar de usar mi instinto militar. Este era uno de esos episodios que no compartiría con mis amigos. Rápidamente, me transformé. Volví a ser un andalita y nunca había estado tan contento de recuperar mi forma. ¡Skreeeeeee! Cuidadosamente, corté la cerradura de la puerta y escapé de mi prisión. La batalla se estaba librando ahora en otro lugar, en algún sitio bajo las cubiertas. Oía demasiado bien los gritos de los heridos. Los rugidos de la destrucción. Pero me necesitaban en el núcleo de la batalla. Volví a la cubierta de vuelo, entre el tumulto. ¡FWAP! El hombre cayó redondo al suelo. En raras ocasiones, si es que en alguna, me pueden sorprender o sabotear en mi forma natural andalita. Le quité el arma de la mano. La hoja de mi cuchilla era casi infalible, pero necesitaba más alternativas. Caminé a través del estrecho pasillo. Pasé por delante del CIC, sólo se oían leves murmullos desde el interior. Pasé el transportador del centro de control de tráfico aéreo. La bandera del centro de mando táctico. Una comprobación rápida me indicó que estaban vacíos. Al igual que todo el centro de inteligencia. Era probable que los tripulantes de mayor rango, si no los oficiales de todo el portaaviones, estuvieran muertos o infestados. Si alguno hubiera sido lo suficientemente afortunado como para haber escapado del alcance de los yeerks, estaría en la cubierta, luchando lealmente al lado de su gente. De eso estaba seguro. Milagrosamente, llegué a la cubierta de vuelo sin ser interceptado. E inmediatamente reconocí al capitán Plummer. Estaba en el suelo. Le habían dejado un enorme agujero en el estómago. Estaba claro que no viviría para ver el final de esta batalla. “¡Ayúdame! ¡Tú!,” gritó, haciendo señas a un hork-bajir y a un controlador humano que estaban cerca. Me aseguré de que no me vieran. El humano era uno de los supuestos hombres de la marina que habían venido a bordo con el almirante Carrington. Los yeerks miraron al capitán caído. Su cara de humano mostraba un gran dolor. “Por favor, ayuda. Llevadme bajo cubierta. ¡Soy uno de los vuestros!” “No eres nadie,” gritó el controlador. “Tu portador humano ha cumplido su propósito. Está moribundo. Sálvate tú si puedes.” El controlador y el hork-bajir se marcharon. Me acerqué. Sus ojos estaban comenzando a ponerse vidriosos, pero seguían mostrando terror. <No voy a herirte,> le dije. Entonces vi al yeerk luchando por salir de la oreja del hombre. Le permití hacerlo. No llegaría muy lejos. Torpemente, me arrodillé al lado del Capitán Plummer. “¿Qué es lo que he hecho?” jadeó. “He intentado luchar contra él… ¡lo he intentado!” <Nadie le culpa,> le aseguré. Se quedó mirando fascinado lo que había sido su estómago. “Me estoy muriendo.” <Sí.> Tomó una de mis manos. Me quedé con él hasta que se fue. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] Una tragedia tras otra. Los yeerks apuntaron el cañón de rayos dragón sobre los otros barcos del grupo de batalla. Uno a uno… ¡Horribles explosiones por todas partes! ¡Torres de humo y llamas que parecían ascender kilómetros en el aire! La destrucción era sobrecogedora. ¡BUOOOOSH! Me aparté de la trayectoria de algún tipo de aviso de incendio, una especie de bola de fuego… Me quité del camino de un hombre en llamas, que andaba a tientas hacia mí. ¡No había ningún orden! Ningún plan. Ninguna línea de batalla. No había estrategia. Ni reglas. Solamente una desenfrenada desesperación. Asesinar o ser asesinado. O huir. O saltar al océano, ser atrapado por la superficie de fuego furioso, y freírse como una patata frita. Voces por todas partes, agudizadas por el pánico. Gritos pidiendo auxilio. Súplicas a dioses de casa uno. Llamamientos a madres y esposas. Ayuda, ayuda, ayuda… ¡Demasiadas voces! Ax. Ax. ¡Ax! Levanté la cola. “Ey, tranquilo, Ax, soy yo. Tobias.” Sí, era mi amigo. En el cuerpo de un marinero de la marina. Llevaba puesto un chaleco amarillo y un jersey. “El chico es un oficial de una de las lanzaderas y está encargado de su mantenimiento,” explicó Tobias. “No quería tener que hacerlo sin su permiso, pero perdió el conocimiento cuando un pájaro comenzó a hablarle y… tuve que alejarlo a rastras de la zona de peligro. Espero que esté a salvo.” <Haremos lo que tengamos que hacer,> dije secamente. <Esa transformación podría resultar valiosa.> “Sí, se me permite acceder a lugares donde sencillamente los halcones no pueden ir. Además, están haciendo estallar en mil pedazos cualquier objeto volador que ronde las inmediaciones.” Se oyó un extraño sonido que venía del estrépito de la batalla. Giré mis antenas oculares. “Algunos miembros del personal del portaviones se están escapando,” me explicó Tobias. “Están bajando los botes al agua como locos. No se cuánta distancia podrán recorrer con el cielo cubierto de cazas insecto. A lo mejor consiguen llegar hasta uno de los otros barcos. ¡BOOM! ¡BABOOM! Tobias y yo corrimos a toda velocidad hacia donde habíamos oído el sonido de la explosión. Era una larga barca salvavidas, que acababan de botar. La habían destruido, y con ella, tal vez veinte o treinta humanos. Personas inocentes. <Ni siquiera tuvieron una oportunidad,> dije. Este portaaviones de la marina, que una vez había estado al leal servicio de la gente de los Estados Unidos, se había convertido en la isla de muerte flotante. Habían esclavizado al capitán y luego le habían abandonado para morir. Su tripulación estaba diezmada. Me aparté de los restos de esa escena, solo para ser testigo de otro horror más. Unos pocos metros más allá. Marco. Arrodillándose con torpeza, intentaba ayudar a un marinero con heridas severas. Lo veía todo desde donde me encontraba. El marinero estaba agonizando. ¡El marinero que le había saludado antes! Esto tenía que parar. Yo tenía que pararlo. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] <¡Ax!> Cassie. Se acercaba a nosotros cojeando a través del humo. Jake y Rachel estaban con ella. Cansados, heridos, jadeantes. Llamé a Marco. <¡Hemos encontrado a Visser Dos! Está con una pareja de hork-bajirs, a sólo unos pocos metros allá. Vamos a por él, Jake.> “Podemos tomarlo como rehén…” comenzó Tobias. <¿Y qué diferencia habría?> intervino Marco amargamente. <Primero, los yeerks no se preocupan por los suyos. Nadie va a venir a pedirnos un rescate y decirnos lo que queremos saber. Segundo: El Visser ya se negó antes a negociar con nosotros. ¿Por qué iba a cambiar de opinión ahora? Los yeerks están ganando.> <Marco tiene razón,> dijo Rachel, limpiándose el pequeño chorro de sangre que le manaba de la frente. Este tío está demasiado obsesionado con la victoria. No hay forma de que vaya a darnos el nombre de ese submarino tripulado por taxonitas.> El Visser se había negado a negociar con nosotros antes. Pero Marco estaba equivocado. Había una cosa que podía hacer cambiar la opinión del Visser. Una cosa que podía obligarlo a suspender el ataque nuclear previsto contra las ciudades chinas desde el submarino. Planeado para matar a miles de millones de personas inocentes. Sólo una cosa. Se me heló la sangre. Haremos lo que tengamos que hacer. <Príncipe Jake,> dije en privado. <¿Podría hablar contigo a solas?> Jake envió a los otros a mantener vigilado al almirante Carrington y a su yeerk. Ahora o nunca… <El tiempo se está agotando. Está claro que a pesar de las consecuencias, Visser Dos no nos dará el nombre o la localización del submarino nuclear de los Estados Unidos bajo su mando. Sin esa información no podemos actuar para detener su destructiva misión. Y una vez que esa misión se cumpla, el resto del plan procederá como el Visser nos resumió anteriormente. La matanza no terminará hasta que los yeerks controlen el planeta.> Jake tenía levantada su pata delantera, destrozada tras la batalla. Nuestras sangres se unían en un charco en medio de nosotros. <Lo sé, Ax. ¿Pero qué podemos hacer?> <Tengo una idea,> dije. <Es una cosa terrible lo que voy a proponerte.> Una pausa. <Adelante Ax.> <No creo que Visser Dos se detenga ante nada a menos que se trate de la aniquilación de su gente. En esta situación, aquí en la Tierra, el blanco sería el estanque yeerk.> Esperé. Y sentí la vergüenza luchando contra el deseo – la necesidad- de ganar a los yeerks. De desbaratar la conquista de aquellos a los que consideraba mi gente. Las palabras del ritual matutino andalita vinieron a mí. La destrucción de mis enemigos. El voto más solemne. Finalmente, Jake habló. <Ax, no puedo permitirlo. No puedo dar esa orden.> <Diez o veinte mil vidas humanas en vez de miles de millones,> dije. Tenía que verlo. Tenía que hacerle ver que era la única opción. Continué, <Muchos de ellos son esclavos en contra de su voluntad. Muchos acogerían de buen agrado la muerte por el bien de la libertad.> <No, Ax, no puedo. No puedes. ¿Qué estás diciendo? ¿Sabes lo que nos haría eso?> Y en aquel momento, escuchando la brusquedad y el horror en la voz de mi príncipe, supe que había cometido un error espantoso. Nunca, jamás, debería haber pasado esa carga a mi amigo. A mi aliado. Nunca, jamás, debería haber preguntado a un humano de semejante calidad moral, como Jake, que tomara una decisión que indudablemente arriesgaría las vidas de todos aquellos a los que conocía y quería. Esto destruiría su hogar, su barrio, su ciudad. Destruiría completamente cada hebra de su cordura. Yo era un andalita. Un miembro de la especie que algo tosca, pero acertadamente, llamaban “los entrometidos de la galaxia.” Yo era un alienígena. Yo llevaría la carga. <Lo siento, Príncipe Jake,> murmuré. Y entonces le golpeé en un lado de la cabeza con la parte plana de la hoja de mi cuchilla. <Lo lamento mucho.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] <¡Cassie, el Príncipe Jake esta inconsciente, en el lado más alejado de la isleta. Te aconsejo que vayas hasta él enseguida.> <Estoy en ello.> Un lobo brincó desde su puesto de vigilancia detrás de una grúa volcada y destrozada. Confiando en mí. Sin dudar ni por un segundo que en mi corazón primaran los mismos intereses que en los de Jake. Sin pensar ni por un segundo que yo podría convertirme en lo que técnicamente se consideraba un traidor. Me alejé a través de los restos ardiendo y de la cubierta inundaba por todos esos hombres y mujeres caídos. Heridos y muertos. Controladores y humanos libres. El horrible sonido de los moribundos estremecía mis corazones. Los chillidos de los rayos dragón y las pistolas, los ruidos de los motores y de las olas rompiendo, me taladraban los oídos. Vi a mis tres compañeros restantes, no lejos de donde Cassie había estado vigilando. Agachados alrededor de una destrozada excavadora y el esqueleto de un tractor quemado. Dentro de mi campo de visión, en el área a la que llamaban “hummer hole”, como más tarde descubrí, estaba Visser Dos. Se encontraba al lado de los restos de un Hawkeye E-2C, gesticulando frenéticamente a sus compañeros yeerks. Su cara era la máscara de un loco triunfo. <Rachel, Marco.> <¿Qué pasa, Ax-man?> Centré mis cuatro ojos en mis compañeros, los Animorphs. <Necesito vuestra ayuda. Debo pilotar un avión. Y el Visser debe estar dentro cuando despegue.> Rachel se rió. <¿Qué? Genial.> <Por lo que sé,> continué, <solamente hay un jet no destruido o amarrado. Está en el lugar de la lanzadera número uno. Creo que es un caza bombardero Tomcat F-14D. ¿Tobias?> Me volví hacia el adulto humano oficial de mantenimiento de lanzadera en el que Tobias se había convertido <Necesito dos trajes de vuelo. Luego debes llegar a la unidad de control de la lanzadera y lanzar el avión en cuanto esté en el asiento del piloto y de la orden.> “¿Ax, te has dado un golpe en la cabeza?” ¡Tseeeew! “¡Aaaahh!” Un oficial de la marina cayó rodando. Consiguió ponerse de rodillas y devolverle el disparo al hork-bajir. A lo lejos alguien estaba disparando la ametralladora Gatling del Mk.15 Phalanx. La batalla era ahora incluso más encarnizada. <¿Qué piensas hacer, Ax-man?> gritó Marco. <¿Dónde está Jake?> Estaba preparado para las sospechas de Marco. <El Príncipe Jake está herido. Está temporalmente fuera de servicio. Voy a hacer lo que debo hacer.> <¿Qué pasa contigo, Marco?> gritó Rachel. <Todo está saliendo mal. Vamos a por el Visser.> “Sí,” se unió Tobias. “¡Es un plan disparatado, pero no hay tiempo, hombre!” <Tobias – ¿os habéis preguntado cualquiera de vosotros que sucederá después con Ax, una vez esté con el avión en el aire?> Ni Tobias ni Rachel contestaron. Marco se giró y me miró intensa y severamente. <Vosotros los andalitas, tu gente tiene tendencia a destruir lo que desea preservar. Y ese avión lleva una bomba nuclear. Los vi cargarla cuando me infiltré entre los hombres del Visser.> <Oh, Dios mío, Ax…> Aquella fue la primera y única vez que vi a Rachel pasmada, conmocionada. <No estás actuando bajo el mando de Jake,> dijo Tobias en tono neutral. Como si estuviera hablando para sí mismo. Conocía a Tobias lo suficientemente bien como para saber que él actuaría según su propia conciencia. Y también sabía que no había tiempo para argumentos sutiles y luchas morales. Necesitaba su ayuda. Ahora. <Marco, no siempre he confiado en ti. Pero tú siempre has demostrado que me equivocaba al no hacerlo. Siempre has actuado por el bien de la misión. Tomas todos tus asuntos personales y los dejas a parte para poder ganar. Para derrotar a los yeerks. Incluso has sacrificado tu vida de humano joven y normal. Por favor – confía en mí para que yo pueda hacer lo mismo.> Marco se rió sin ganas. <Oh, yo confío en ti para los asuntos en los que hay que ser implacable, Ax-man. Cuando hay que concentrarse en algo. Cuando hay que ser despiadado, incluso cruel. De lo que no estoy seguro es de qué va todo esto. ¿Realmente quieres hacerlo para salvar vidas humanas? ¿O sólo se trata de inflar la gloria andalita?> Su comentario hirió. Pero esperaba algo parecido. <Por favor,> dije. <Esta guerra no puede tener lugar.> Marco siseó una palabra que según me habían dicho no se debería pronunciar por educación. O en la presencia de padres y profesores. Tobias puso una mano sobre mi brazo. <Ax-man, ¿tienes idea de lo que esto le hará a tu cabeza? ¿Independientemente de si ganamos o no?> Tenían que escucharme. Tenían que entenderlo. El tiempo se estaba agotando. Era ahora o nunca. Aceptaría las consecuencias de mis actos. Aceptaría toda la responsabilidad. Era un alienígena. <¿Me ayudaréis?> les presioné. <Por vuestra gente. ¿Rachel?> Ella miró a Marco como si buscara consejo. Tobias apartó la mirada. Marco me devolvió la mirada. <Decimos que siempre hay alternativas. ¿De verdad las hay? Vámonos.> [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] <¡Aparta de mi camino, idiota!> Esa sería Rachel, quitándose de encima a un soldado hork-bajir que vigilaba el Tomcat F-14D con la tranquilidad de un gato que está jugando con un ratón. Luego, otro. ¡Fwap! Yo eliminé al último guardia. Y al amparo de la estructura del jet me transformé en piloto. Avancé en mi traje especial para resistir la presión y con otros bártulos necesarios. A continuación subí al interior del avión usando la escalera plegable de embarque. Eché un vistazo a mi alrededor. Un gran toldo. Tres espejos retrovisores. Bien. Tres cientos sesenta grados de visibilidad, o casi. Unos paneles de control un tanto pasados de moda. Primitivos frente a los controles andalitas estándar. Control de frenos y acelerador, todo abarcable por medio de botones. Supuse que esta característica del diseño permitía al piloto mantener la vista al frente y efectuar a la vez otras funciones. Y detrás de mí, el radar mostraba el asiento del oficial. No tenía controles de vuelo. Bien. <¡Vamos!> Marco lucía una nueva herida bastante profunda atravesándole el enorme pecho. Transportaba con dificultad a Visser Dos bajo su brazo izquierdo. <Habría llegado antes,> dijo Marco, <Pero los amigos de Visser no querían dejarle que saliera a jugar conmigo.> “¡Escoria andalita! ¡Déjame en el suelo inmediatamente!” <Lo siento, chico. Pero te vamos a llegar a dar un pequeño paseo,> respondió Rachel. “¡No importa lo que me hagáis! ¡De buena gana sacrificaré mi vida por la victoria de la dominación de los yeerks!” <Sí, sí, sí,> farfulló Marco. <Ya te hemos oído.> <De verdad, empieza a aburrirme tanta cháchara.> Rachel y Marco metieron al Visser en el segundo traje presurizado y le pusieron el casco. Luego empujaron al reticente yeerk dentro del asiento del RIO, detrás de mí. Con mis diestros dedos humanos, até sus manos detrás de la espalda, seguidas de los tobillos. Finalmente lo amarré al interior de la cabina con una correa. Un yeerk muerto no me sería de utilidad. Ni tampoco lo sería alguien que intentara matarme en pleno vuelo. Necesitaba que hablara. <¿Está Tobias en su posición?> pregunté mientras yo mismo me ponía el cinturón. Observé a Visser Dos calmarse en una ira silenciosa. Sus ojos relucían con lo que reconocí como cólera. Y posiblemente demencia. <¿Tobias?> lo llamé en privado por telepatía. Me imaginé a mi buen amigo con su chaqueta y jersey amarillos robados. En la cabina de control de la lanzadera bajo la cubierta de vuelo. En circunstancias normales, un civil nunca habría sido capaz de infiltrarse en semejante lugar. Ni habría podido suplantar a alguien tan importante como el encargado del despegue de las lanzaderas. Pero estás circunstancias estaban muy lejos de ser habituales. <Listo, Ax.> Sabía que lo que estaba tratando de hacer era una locura. Y que, más inmediatamente y considerando nuestra falta de experiencia con el sistema de propulsión de la lanzadera, el lanzamiento en sí mismo sería extremadamente peligroso. Era bastante probable que el avión cayera al océano. O peor. Marco hizo como los mozos que dirigen los aviones. Me dirigió sobre la pista. Comprobó que aquello que “reteníamos” estaba en su sitio, tranquilo. Entonces me buscó con la mirada, mostrando la duda en sus ojos de gorila. O quizá podría describir mejor su expresión como incredulidad. Luego me dio el visto bueno con el pulgar hacia arriba. Y entonces se marchó. <Ten cuidado, Ax,> rió Rachel, sin que yo pudiera apreciar el miedo en su voz. <No hagas nada que yo no haría.> <¡Ax! ¡Para!> El Príncipe Jake corría hacia el jet. Cassie le seguía de cerca. Mis ojos humanos comenzaron a llorar. Los abrí mucho y parpadeé para limpiar las lágrimas. Ignoré al yeerk, que ahora murmuraba cosas sin sentido. <¡La presión es la correcta, Ax! O eso creo.> <Gracias, Tobias.> Puse el motor en modo despegue. <Debes apretar ese botón.> Y entonces… ¡La nave salió a toda velocidad por el puente de lanzamiento! ¡Increíble! ¡Nos encontrábamos bajo una presión varias veces superior a la fuerza de la gravedad! Luché por respirar. Sentía la piel de la cara de mi humano estirándose hacia atrás. Las mejillas parecían extenderse como masilla. Mis ojos se hundían como madrigueras profundas dentro de mi cráneo. Pensé que moriría. O al menos que no podría tomar el control del avión. El sonido era ensordecedor… Y entonces el puente terminó y el avión salió volando por sí solo. Lo tenía. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Dirigí el jet de vuelta hacia la costa. La suerte estaba de mi parte. Los cazas insecto no nos siguieron. Evidentemente pensaron que el piloto del avión era un oficial, un yeerk en misión autorizada. “¿Qué estás haciendo, andalita?” Mantuve mis ojos centrados en el panel de instrumentos, en las pantallas de los radares. Me alegraba de no poder ver la cara de mi “pasajero”. “Este avión transporta un arma nuclear, yeerk,” dije. “Como bien sabes. Un mecanismo primitivo para los estándares andalitas, incluso para los yeerks. Pero, no obstante, efectiva. La bomba está programada para explotar al impactar.” Hice una pausa, deleitándome con la tensión que mi vacilación estaba sembrando en el Visser. Me resistí a seguir jugando a esa clase de acertijos vergonzosos. A causarle esa tortura. “El impacto,” continué, lentamente, con calma, “tendrá lugar directamente sobre el estanque yeerk. Puede que provoques la Tercera Guerra Mundial en el planeta Tierra, Visser, pero ¿cuántos yeerks quedarán vivos para sacarle partido?” “¡Nunca!” La voz del hombre era como el chillido aterrador de un animal herido. “¡Nunca! ¡No serás capaz!” No le contesté. No transcurriría demasiado tiempo antes del ataque previsto por el submarino americano tripulado por los yeerks. Continué aumentando la velocidad. Al hacerlo, las alas del F-14D automáticamente se reconfiguraron. Se modificaban para reducir la resistencia. Celebré esta característica con placer. “¡No tendrás el coraje necesario para hacerlo, andalita!” Mantuve mi silencio. E hice descender el caza de doble motor hacia tierra. El cielo estaba oscureciéndose lentamente. Empezaba a hacerse de noche. Por todo Estados Unidos –en todas sus zonas horarias- millones de humanos hacían su vida normal. Ciegos ante la terrible amenaza a su modo de vida. La amenaza que suponía la invasión de los yeerks y otra guerra mundial. Ignorantes ante otra amenaza de menor alcance pero más inmediata, promovida por unos cuantos americanos. Diez o veinte mil humanos se enfrentaban a una aniquilación inmediata. Y el causante sería yo. Con la mano templando, dispuse la bomba. No había vuelta atrás. Me había comprometido a llevar a cabo esta locura. “¡Estás mal de la cabeza!” Oí al hombre retorciéndose violentamente en el asiento, desesperado por liberarse. Finalmente, hablé. “Esto es muy simple, yeerk. Contacta con tu submarino. Ordena al que esté a los mandos que se autodestruyan. O aniquilaré el estanque yeerk.” “¡Matarás a decenas de miles de personas! ¡Tanto yeerks como humanos!” El jet se acercaba a toda velocidad hacia el estanque yeerk. Más cerca, más cerca. El sudor me caía por la frente y bajo los brazos. Sentía mi corazón humano casi saliéndose de mi pecho. La tristeza amenazaba con matarme. Cerca. Tan cerca. “Si,” dije. “Lo haré.” Y entonces… el milagro. “¡De acuerdo! Tú ganas, andalita”. El Visser escupió antes de seguir. “Ordenaré al submarino que se autodestruya. Pero por tu honor, andalita,” gritó, “¡por el honor que tanto defiendes, me dejarás libre!” No sé si alguna vez me había sentido tan agotado como en ese momento. Reduje la velocidad. Noté que las alas del avión se combaban hacia delante. Encendí la radio. “Hazlo ahora mismo, Visser Dos.” Escuché como el Visser aceptaba con enojo la orden. Por ahora, habíamos ganado. Dirigí el rumbo sobre los bosques a los que he considerado mi casa desde que fui rescatado por el Príncipe Jake y los demás. Me alegraba poder volver ahí esa noche. Pero también me preocupaba lo que encontraría a mi vuelta. Porque la palabra “hogar” significa para mí algo más que simplemente mi refugio y el paisaje que lo rodea. Mi hogar incluye a mis compañeros guerreros. A todos ellos. Y había arriesgado mi relación con ellos, especialmente con mi príncipe, al hacer lo que había hecho. Eso había sido un riesgo terrible. Como diría Cassie, había jugado a ser Dios. ¿Y con qué derecho podía yo –un andalita- hacer algo así? Había arriesgado las vidas de miles de humanos por el bien de millones. Y al hacerlo, me di cuenta de que había actuado como ya lo habían hecho muchos guerreros andalitas antes que yo. Había sido un hipócrita. Un entrometido. Había actuado de la misma forma que tan a menudo había condenado. Y había ganado – habíamos ganado – pero ¿a qué precio? ¿Me perdonarían mis amigos alguna vez? ¿Podría perdonarme alguna vez a mí mismo? “¿Lo habrías hecho, andalita?” La enfadada voz del Visser rompió mis solemnes pensamientos. “¿De verdad lo habrías hecho?” Fui incapaz de contestarle. Ya tenía bastantes cosas a las que responderme yo mismo. [b]©2000 K.A. Applegate 2010 de la traducción de SagadeGéminis[/b]

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