#49 El desvío

Sinopsis:

Los Yeerks están dándose cuenta que los ‘Bandidos Andalitas’ probablemente no sean andalitas. Finalmente están empezando a darse cuenta que tal vez han estado luchando con seres humanos todo este tiempo. Y nadie – especialmente el recién nombrado Visser Uno – está feliz con esta información. Nada feliz.

Tobias, los otros Animorphs y Ax se dan cuenta que los Yeerks están a punto de encontrarlos, por accidente. Pero eso no hace al descubrimiento menos serio. Porque en una guerra, un bando gana. El otro pierde.

r él. Pero ahora, súbitamente, él ha descubierto que su madre sigue viva – y vive a tan sólo algunas cuadras del lugar donde Tobias solía vivir con su tío. Tobias no puede evitar sentirse ofendido y triste porq
Loren: En este libro conoceremos a una muy diferente Loren de la que conocimos en Las Crónicas Andalitas. Después de que un accidente la dejara ciega y sin recuerdos, ella fue incapaz de criar y cuidar de su hijo. Eventualmente ella decidió vivir sola con su perro guía, Champ. Ahora que ella pudo transformarse, la tecnología de sanación natural de la transformación ha logrado devolverle la vista. Desafortunadamente la transformación no repara sus recuerdos porque ella sigue sin poder recordar a Tobias, y nunca podrá.

Nuevas transformaciones

Tobias se transforma en el perro guía de su madre, Champ, un
pastor alemán (31) para poder cuidar de ella.

Marco además adquiere a Champ (48) para poder tranquilizar al animal y llevarlo afuera para que Tobias pudiera adquirirlo.

Jake, Rachel, Cassie y Ax no adquieren una forma nueva.

Loren, después de haber adquirido el poder de la transformación para escapar de los Yeerks, se transforma en un ratonero de cola roja (1) y vuela al lado de su hijo.

 

 

[b]Capítulo 1:[/b] Mi nombre es Tobias. Y era un pájaro hambriento. Estaba posado en un árbol en el borde de mi pradera. Una pradera que se veía café y seca por la falta de lluvia en varios días. El sol resplandecía. El viento susurraba a través de los arbustos. Y a través de los tallos que se ondeaban, uno y luego dos se movieron ligeramente en otra dirección. Clavé mis garras en la rama y esperé. Escuchaba. Pies del ratón escarbaban la tierra. Dientes de ratón masticaban la cáscara de una semilla. Masticaba. Se detenía. Escarbaba. Se detuvo. Esperé Nada. Ningún sonido. Ningún movimiento. El ratón permaneció quieto. ¿También escuchaba? ¿También esperaba? Me tensé. Incliné mi cabeza. Y pensé, no por primera vez, acerca de la ironía de mi caza. En mi vida anterior, mi vida como chico, yo era el ratón. La presa. Acosado por depredadores que introducían mi cabeza en el retrete del baño de hombres. Apresurándome para buscar un escondite. Muy pocas veces lo logré. Otra ironía: En mi vida anterior, mi vida como presa, la comida no era un problema. Yo estaba en el programa de comida gratuita de la escuela. Sabía exactamente de donde venía mi siguiente comida. Mujeres agitadas que usaban redes en su cabeza aventaban la comida en una charola y me la daban. Movimiento. Uno pequeño. Una punta de pasto se inclinó hacia un área de tierra. Garras rascaban la tierra. El ratón iba a salir del escondite. Abrí mis alas, me impulsé con la rama y empecé a dar vueltas, muy arriba de la pradera, y empecé a descender. Mi sombra se hacía cada vez más grande y oscura sobre el área de tierra. Maleza empezó a sacudirse, primero una, después la siguiente, así como el ratón se movía cada vez más hacia el campo libre. El polvo empezó a formar una pequeña nube desde la maleza. Después una nariz. Café. Con bigotes. Barrí mis garras. El ratón corrió, completamente desprotegido ahora. Me lancé. En una fracción de segundo el ratón sería mío. En una fracción de segundo mi hambre estaría – ¡No! Escamas. Un destello color amarillo. Colmillos que se hundían en la carne del ratón. Así fue cuando lo escuché. Un cascabel de mal agüero. Sí. Como si necesitara una advertencia. Batí mis alas y levanté el vuelo, con las garras vacías. Estaba hambriento pero yo no era tonto. Yo no pelearía contra una serpiente de cascabel de 150 cm por un ratón envenenado. Ascendí más alto, me deslicé por encima de mi pradera y observé como la serpiente devoraba mi comida. Una serpiente de cascabel diamantino que estuvo enrollada, esperando sin moverse, en el mismo lugar en el que yo estaba. En mi pradera. Mi pradera. Di vueltas y volví a mi rama. ¿Podría un halcón normal haberla visto? Quizás. Probablemente. Tu halcón de cola roja normal, equipado con el mismo tipo de cerebro, tiene una estructura simple de pensamiento. Hambre. Comida. Matar. Comer. Es brillante por su simpleza. El halcón no es distraído por reflexiones irónicas. El halcón no evoca recuerdos de retretes o cafeterías escolares. Pero yo no soy un halcón normal. No soy para nada normal. Soy un chico atrapado en un cuerpo de pájaro. Como nada en este o en otro planeta. Una especie compuesta de un solo ejemplar. Solía ser humano. Totalmente humano, o al menos eso es lo que yo pensaba. Hasta que mis amigos y yo conocimos a un guerrero moribundo, un Príncipe Andalita llamado Elfangor. Elfangor-Sirinial-Shamtul. Es extraño como, aun en ese momento, antes de que yo supiera quién era, antes de que yo supiera de mi propio pasado, yo me sentía atraído hacia él. Me sentía conectado en una manera en que los otros Animorphs no sentían. Eso es lo que somos, mis amigos y yo. Animorphs. Nos transformamos en animales. Podemos adquirir el ADN de cualquier animal y después transformarnos en él. Elfangor nos dio ese poder. Nos los dio como un arma, la única arma que tenemos en nuestra batalla para salvar la Tierra de unos malvados parásitos alienígenas. Yeerks. Babosos. Grises. No más grandes que el ratón de campo que estaba acechando, pero carentes de todos los sentidos del ratón. Los Yeerks son sordos, ciegos. No tienen pies ni manos. Si tú mirases un Yeerk en su estado natural, pensarías que es una babosa demasiado grande. Y probablemente no te asustaría mucho más que una babosa. Pero deberías. Un Yeerk se desliza a través de tu canal auditivo y se aplana sobre la superficie de tu cerebro. Se retuerce en todas las hendiduras y valles. Se apodera de cada circuito cerebral y cada terminación nerviosa. Se apodera de tu propia existencia. Te conviertes en un Controlador, y es un nombre irónico porque no tienes absolutamente algún control. No puedes hablar, moverte, comer, incluso no puedes ir al baño a menos que el Yeerk lo decida. Observas como el Yeerk irradia maldad y odio usando tus manos, tu voz. No puedes gritar. No puedes escapar. Los Yeerks han esclavizado especies enteras en otros planetas. Los Geeds. Los Taxxonitas. Los Hork-Bajir. Ahora han venido a la Tierra, para esclavizar seres humanos. Y nosotros, los Animorphs, estamos luchando solos contra ellos. Pocas cosas ayudan a nivelar el campo de batalla. Por ejemplo, la Kandrona. Si un Yeerk no se alimenta de rayos Kandrona cada tres días, muere. Además, conseguimos ayuda de los Chee, una raza androide programada contra la violencia. Ellos no pueden luchar, pero se han infiltrado en la organización Yeerk y nos dan información cuando pueden. Y, claro, la transformación. Una tecnología Andalita. Aunque parezca increíble, los Yeerks aún piensan que somos Andalitas. La transformación es un arma poderosa, pero tiene reglas. 1) No puedes transformarte directamente de una forma a otra sin antes volver a tu cuerpo natural. 2) Tienes que adquirir el ADN directamente del animal. No puedes adquirirlo de otra forma. 3) No puedes permanecer transformado por más de dos horas en una forma, porque si lo haces, quedarás atrapado en esa forma permanentemente. Te conviertes en lo que los Andalitas llaman, un nothlit. Como yo. Yo permanecí transformado en halcón mucho tiempo, y ahora no soy un humano transformado en halcón. Soy un halcón. Tuve la oportunidad de recuperar mi capacidad de transformación a través de una flexión en el tiempo hecha por un ser llamado Ellimista, gané otra forma. Mi yo anterior. Mi yo humano. Por dos horas puedo transformarme en Tobias, el chico. Ser humano, al menos físicamente. Después debo volver a ser halcón o perdería mi capacidad de transformación. Estaría fuera de la batalla. Entonces, mientras veía como una serpiente digería mi ratón, divisé un águila aproximándose hacia mí. Un águila calva traía comida en sus garras. No era un ratón o un conejo. Era una bolsa de papel. Aún desde esta distancia podía ver los arcos dorados. Rachel traía McDonald’s. Rachel, mi chica-de-la-cafetería-con-red-en-el-cabello personal. No le digan a ella que yo dije eso. [b]©199_ K.A. Applegate 2013 de la traducció,n de Chiclez[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Rachel recorrió la pradera, su perfil se veía crudo contra el sol. Ella dio vueltas y tiró la bolsa de McDonald’s en el pasto debajo de mi árbol. <¿Sabes que hay una serpiente de cascabel en tu pradera, verdad?> Aterrizó y empezó a transformarse. <Uh, sí.> Batí mis alas y bajé de mi rama. <Nos conocimos.> Las plumas de Rachel se derritieron, y cambiaron a la piel bronceada de Rachel. Sus alas se hicieron brazos. Las piernas cambiaron súbitamente con un chasquido escalofriante. Esa es una cosa a la que nunca me acostumbraré, los sonidos. Partes del cuerpo torciéndose rápidamente, siendo absorbidas y reformadas. No duele. Debería, pero no. Los Andalitas incluyeron una especie de analgésico en la tecnología. Pero no hicieron algo para evitar el sonido. El cuerpo de Rachel detuvo su crecimiento hasta tamaño humano. Un humano con ojos de ave de presa. Nunca he estado muy seguro si los ojos humanos de Rachel son más intensos por el águila, o si los ojos del águila son tan intensos porque son de Rachel. Eran color azul claro ahora, en lugar de color ámbar, pero aún tenían una mirada mortal. Ella fijó su mirada en mí. “Mira, antes de que llenes tus plumas de comida, sólo escucha. Sé que no debo cuidar de ti. Sé que tú puedes cuidar de ti mismo. Pero también sé que tu pequeña pradera feliz está por secarse, y el tipo del clima del Canal 6 no pronostica lluvia pronto.” Ella sacó una Big Mac de la bolsa. “Come esto y no me critiques, ¿Ok?” Esa es una de las cosas que me gustan más de Rachel. No necesito reconocer con ella que la vida como halcón puede ser un poco estresante. Ella sólo lo sabe. Y trata de ayudar. Pero no siente lástima por mí. O al menos, ella no me permite ver que siente lástima por mí. Ella me permite tener mi dignidad. Pero es muy malo que no se pueda comer dignidad. Miré como abría la caja de la Big Mac y la colocó sobre el pasto. “Yo sé que debes comer como halcón.” Ella sacó otra Big Mac y dos paquetes grandes de papas fritas. “Pero al menos podemos pasarlo bien por un poco. Sólo un poco.” Uh-huh. No estaba prestando mucha atención a la conversación. Mi cerebro de halcón se concentraba en lo de siempre. Hambre. Comida. Mata. Está bien, podemos saltar el paso de “Matar” esta vez. Come. Pero mi cerebro humano recordaba algo más: El placer puro de hundir los dientes en tres pulgadas de hamburguesa y bollo. La grasa y el queso y la salsa especial combinándose mientras masticaba. Y las papas fritas. ¿Había una comida más perfecta que las papas fritas de McDonald’s? Recién hechas, mientras aún humeaban. Crujientes y saladas y tan suaves en medio de la – “¿Tobias?” Rachel me miraba, frunciendo el ceño. “Te pregunté si querías que quitara los pepinillos de la hamburguesa.” <Um, no.> Contrólate Tobias. Te estás convirtiendo en Ax. <Sólo quita un medallón de carne de la hamburguesa. Lo comeré primero, después me transformaré en humano y comeré el resto contigo.> Ella tomó la Big Mac y colocó el medallón en el pasto. Corté un trozo de carne y lo llevé a mi pico. “Sabes Tobias,” dijo ella, “tenemos citas muy raras.” Devoré la hamburguesa y permanecí quieto por un momento, saboreando la sensación en mi estómago. El estómago del halcón estaba feliz. Mi cuerpo de halcón podía sobrevivir otro día. Hora de alimentar al humano. Me concentré en Tobias, el chico. ¡SPRRROOOOOOT! Crecí hasta mi altura humana. El cambio súbito me hizo perder el equilibrio, y me balanceaba en garras de doce pulgadas. Las transformaciones no son predecibles. Mientras levantaba mis alas para apoyarme, mis plumas se derritieron y evaporaron, dejando sólo unas protuberancias color rosa claro en mi piel. Miré hacia abajo. Casi era yo un pájaro desnudo con el tamaño de un adolescente humano. Un pollo desplumado en un traje de ciclista. “Atractivo,” dijo Rachel. Los huesos huecos del pájaro de hicieron más gruesos y – snap – se realinearon. Órganos internos cambiaron y se estiraron. Mis hombros se hicieron más anchos, el cuello se hizo más largo. Brazos y dedos emergieron de las alas cortas. Las escamas de mis piernas desaparecieron y carne humana emergió. Las garras se convirtieron en dedos de los pies. Mi pico se deshizo y formó una nariz y labios. Los ojos redondos de pájaro se deslizaron y tomaron forma de óvalos. Toqué mi brazo. Las protuberancias color rosa se disolvieron en mi piel suave color beige. Pálida, pero suave. Era humano. Rachel sonrió. “Mucho mejor.” “Gracias,” dije. O al menos, eso es lo que trataba de decir. Lo que salió de mi boca fue, “Grrrrx.” No había usado mi voz humana en un tiempo. Aclaré mi garganta, calenté los músculos de mi mandíbula e intenté nuevamente. “Gracias.” Nos sentamos uno al lado del otro en el pasto con nuestras espaldas recargadas sobre el árbol. Mordí mi Big Mac. Y suspiré. Bueno, en realidad gemí. Fuerte. Grasa, queso y la salsa especial goteaban por mi mentón. Rachel sacudió su cabeza y me dio una servilleta. Hubiese sido eso muy incómodo si yo no hubiese estado tan concentrado con mi comida. A veces olvido cosas normales humanas. Como la combinación de mi casillero o cuantos meses tienen treinta y un días o cómo funciona la máquina de monedas de los videojuegos. Información irrelevante para un halcón, claro. Aun así, me asustaba un poco. Como si hubiera cruzado una línea y quizás pueda no volver. O peor, olvidar tantas cosas que aun teniendo la oportunidad, no quisiera volver a recordarlas. Pero no había olvidado la Big Mac. Ni las papas fritas. Mientras aún tuviera comida rápida, aún tenía esperanza. Rachel quitó una hormiga de su pierna. “Necesitas conseguir una mesa para picnic,” dijo. “O al menos un par de sillas para sol.” “Oh, sí, Rachel, definitivamente un perfil bajo. Un halcón con muebles para jardín. Quizás podría conseguirme un asador también, o una antorcha de bambú.” “Muy gracioso.” Ella aplastó la caja vacía de su hamburguesa y la puso dentro de la bolsa. “Cállate y come para que podamos salir de aquí. Cassie convocó una reunión, y Jake dice que todos debemos estar allí.” “Ah.” Tragué una papa. “Los hombres X no tienen nada contra nosotros, ¿verdad?” “Eso mismo.” [b]©199_ K.A. Applegate 2013 de la traducció,n de Chiclez[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] “Déjame entender esto.” Marco desmenuzó un pedazo de heno. “Ellos querían muestras de sangre. No dinero. No drogas. Sangre.” Estábamos en el granero de Cassie. La Clínica de Rehabilitación de Vida Salvaje. Un tipo de refugio para animales heridos sin un hogar. Los padres de Cassie son veterinarios. Su madre trabaja en Los Jardines, una combinación de zoológico/parque de diversiones donde hemos adquirido la mayoría de nuestras formas de batalla. Su padre se encarga de la clínica aquí en el granero. Cassie lo ayuda. En ese momento ella estaba dentro de un corral, atendiendo a una cierva a la que habían disparado en sus muslos. El resto de nosotros estábamos intentando en no mirar la aguja hipodérmica que tenía en su mano. “El resto de nosotros” pudo haber protagonizado una de esas películas hechas para llorar en Lifetime. Jake: Primo de Rachel, enamorado de Cassie, y líder de nuestra pequeña banda de desadaptados. Ax el alien: Hermano pequeño de Elfangor y, por extraño que parezca, mi tío. Marco: Mejor amigo de Jake y compañero de cuarto de medio tiempo de Ax. Rachel, claro: Mejor amiga de Cassie, la niña que tiene citas con otras especies. Y yo: Tobias. Niño-pájaro. Encargado de la vigilancia en los techos. Cassie tomó el cuello de la cierva. “Todo está bien chica.” Cerró el corral y nos miró. “Todo lo que sé es lo que mi mamá dijo. Dos hombres irrumpieron su sala de veterinaria anoche. No era lo típico, romper, tomar, y no, no estaban buscando drogas, y eso sorprendió a mi mamá también. Ellos buscaban muestras de sangre, muestras de sangre específicas. Tigre. Elefante. Águila, Rinoceronte y oso grizzli. Gorila y lobo. Rachel la miró fijamente. “Nuestras formas de combate.” “Sí.” Cassie asintió. “Ellos no mostraron interés en los jabalíes ni en los mandriles. Uno de los técnicos de laboratorio se encontró con ellos. Realmente fueron muy violentos, especialmente” Cassie me miró. “Especialmente cuando él les dijo que en Los Jardines no hay ratoneros de cola roja.” Siete pares de ojos, incluyendo los de Ax mirando al techo. Me giré para acicalarme el ala. Cassie continuó. “El técnico dijo que ellos fueron fríos y metódicos hasta ese punto, pero cuando ellos no pudieron conseguir la muestra del halcón, ellos se volvieron locos. Como si tuviesen miedo de irse sin la muestra.” “Sí, lo apuesto.” Dijo Marco. “Apuesto que estaban orinándose en sus pantalones pensando cómo explicar el concepto de falla a Visser Uno.” Visser Uno. El mal encarnado. El yeerk a cargo de la invasión en la Tierra, recientemente ascendido del puesto de Visser Tres. Rachel asintió. “¿Nuestras formas de combate? ¿Los Jardines? ¿Ladrones chiflados en una misión buscando sangre de halcón? Definitivamente yeerks.” “Uh, sí” dijo Jake. “Pero los Chee no han sabido nada de eso, ni rumores. Y nosotros no hemos interceptado comunicaciones yeerk acerca de este nuevo proyecto. Lo que sea que ellos planeen, es todo a un nivel de máxima confidencialidad. No queremos hacer nada estúpido. Realmente necesitamos pensar juiciosamente esto.” “Bien, entonces pensaremos juiciosamente y después haremos algo estúpido,” dijo Marco. “Primera pregunta: ¿Por qué los yeerks necesitan sangre animal? ¿Habrán inventado una nueva manera de transformarse? <¿Inventar?> las antenas oculares de Ax se entrecerraron. <Los yeerks no inventan. Ellos roban. Todo lo que ellos tienen lo han robado de otras especie. Más notablemente de los andalitas. Ellos no tienen inteligencia – o la integridad – para inventar una técnica propia de transformación.> ¿Mencioné que los andalitas pueden ser un poco arrogantes? Cassie miró a Jake. “Pienso que Ax tiene razón,” dijo él. “Ellos están buscando algo más grande. Tom trajo a casa este folleto. La Alianza está patrocinando un gran evento de donación de sangre. Tom era el hermano mayor de Jake. Tom era un controlador, un miembro de alto rango en La Alianza. La organización tapadera de los yeerks. Cassie tomó una bocanada de aire. “Esto es lo que pienso. Sólo hay una razón por la que los yeerks muestren tanto interés en sangre. ADN. Ellos están colectando muestras de nuestras formas animales, y están colectando tantas muestras de sangre humana como puedan.” Nos miró. “Ellos están buscando humanos con partes de ADN animal en su sangre.” Silencio. “Lo que significa” Marco suspiró. “Ellos saben que somos humanos,” dijo Rachel. [b]©199_ K.A. Applegate 2013 de la traducció,n de Chiclez/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Ellos. Visser Uno. El único yeerk que pudo infestar un andalita. Hasta ahora él estaba convencido que nosotros, los Animorphs, éramos andalitas también. Eso es algo que nos toma por sorpresa porque la anterior Visser Uno descubrió que éramos humanos. Él esperaba destruir a su enemigo manteniendo nuestro secreto. El controlador andalita, en aquel entonces Visser Tres. Pero nosotros lo destruimos. El anterior Visser Uno era un controlador humano. Y su portador era la madre de Marco. Una muy larga historia. Asaltamos la piscina yeerk y rescatamos a la madre de Marco. La humana. El yeerk en su cabeza intentó escapar, pero lo matamos. Y nuestro secreto murió con él. O eso habíamos pensado. “Los yeerks probablemente están colectando sangre humana de tantas fuentes como ellos puedan,” dijo Jake. “Hospitales, oficinas de médicos, laboratorios. Ahora esta donación de sangre. Entonces.” Nos miró. “¿Alguien ha donado sangre desde que empezamos a adquirir formas?> Rachel giró su cabeza. “He tenido miedo de hacerlo,” dijo Cassie. “Quien sabe que es lo que está flotando en mis venas.” “Yo he estado muy ocupado salvando el planeta.” Dijo Marco. “El planeta está agradecido,” dijo Jake girando sus ojos. “Pero no eres tú por quien debemos preocuparnos, Marco. Los yeerks piensan que tú y tu familia están muertos, entonces si ellos tuviesen una muestra de tu sangre con ADN animal en ella, eso los llevaría a un callejón sin salida. Ax es un andalita, entonces no hay problema. Y Tobias…” <Tobias no ha donado sangre desde que mágicamente se convirtió en un pájaro,> dije. “Claro.” Jake sonrió – una sonrisa con culpa – y asintió. “Lo que se reduce a Cassie, Rachel y yo.” Él se giró a Cassie y Rachel. “Piensen. ¿Alguna visita médica? ¿Alguna visita a la enfermería de la escuela?” Cassie agitó su cabeza. Rachel movió sus hombros. “¿Están seguras? ¿Qué hay de cuando todos nos enfermamos con la gripa andalita? ¿La yamphut?” “Oh, rayos.” Rachel cerró sus ojos. “Mi mamá me llevó al médico. No creo que me hayan tomado una muestra de sangre, pero realmente tenía una fiebre muy alta. Tengo algunas lagunas mentales sobre ese tiempo. Pero eso ya fue hace un tiempo. Si tomaron la sangre, ya no la deben tener ahora.” Miró a Cassie. “¿Verdad?” “No lo sé,” admitió Cassie. “No sé cuánto tiempo mantengan los laboratorios sus muestras de sangre. O la información de las muestras.” “Entonces.” Dijo Rachel con los ojos abiertos. “Podría estar aún en un congelador en algún lugar. Con mi nombre.” <No pienses en eso,> dije. <Es muy improbable.> “Sí.” Dijo Rachel sacudiendo su cabeza. “Pero no podemos tomar riesgos. Si los yeerks me encuentran, ellos nos encontraran a todos nosotros. Ellos meterán un yeerk en mi cabeza y entonces estaremos muertos o peor, infestados, y de igual manera nuestras familias.” Ella me miró. “Y todas las personas que nosotros queremos.” <Y los Hork-Bajir libres,> dijo Ax. <Ellos han sido forzados a reubicarse una vez, con nuestra ayuda. Sin nuestra ayuda ellos pudieron haber sido fácilmente capturados, y su colonia habría sido destruida.> “Quizás,” dijo Cassie. “Miren, los yeerks no saben si somos humanos. Aún. Ellos sólo sospechan. Si realmente fuésemos andalitas, nosotros querríamos que perdieran su tiempo y esfuerzo analizando cada muestra de sangre, ¿cierto? Entonces, si nosotros nos entrometemos, destruimos su proyecto, solamente probaríamos que no somos andalitas.” “Mejor que la alternativa,” dijo Rachel discutiendo. “No podemos detener a los yeerks, y sí, ellos sabrían que somos humanos, pero ellos no sabrían cuáles humanos. O podemos dejarlos que continúen hasta que nos encuentren. Y lo harán.” “Hay otra opción,” dijo Jake. “Podemos infiltrarnos, descubrir lo que saben. Y después decidir qué hacer. La investigación está probablemente en una computadora en algún lugar, en alguna compañía que usen los yeerks como tapadera. Si pudiésemos poner nuestras manos en esa investigación, quizás podríamos destruir cualquier dato incriminatorio sin que los yeerks se percaten. Ellos continuarían su investigación sin obtener resultados. Ax, ¿podrías hacer esto?” <Por supuesto, Príncipe Jake.> Ax sacudió su cola. <Sólo necesitamos encontrar el lugar correcto.> “Eso no es problema,” dijo Marco. Nosotros nos infiltramos en el sistema de cada banco de sangre, hospital y clínica de este planeta. El sistema al cual no podamos entrar, será el que tenga un cortafuegos extraterrestre, esos serán los yeerks.” [b]©199_ K.A. Applegate 2013 de la traducció,n de Chiclez[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Me imaginé que Ax y Marco encontrarían el banco de sangre, Jake convocaría otra reunión, nos infiltraríamos en el lugar y destruiríamos cualquier información incriminatoria. Los chicos buenos ganan y van a casa. Volé desde la montaña de heno. La reunión había terminado. El sol se estaba poniendo, el aire empezaba a enfriarse. Debajo de mí, Marco y Ax se deslizaron por la tira de madera que comunicaba el granero con la paleta de Ax. Sabía que pronto ellos entrarían en su Mac, infiltrándose en las computadoras de los bancos de sangre. Ellos me encontrarían cuando me necesitaran, cuando fuese tiempo de planear la misión. Y mientras tanto, yo tenía otras cosas por las que preocuparme. Como la de comer sin ser comido. No es que realmente me haya muerto de hambre. Rachel se ocupa de eso. Pero ¿qué clase de halcón respetable permite que su novia lo alimente? ¿Permite que compre gotas de vitaminas para él en Petsmart? ¿Permite que arregle un lugar en su cajón de calcetines para que así tenga un lugar cómoda para dormir en noches lluviosas y oscuras? Un halcón no debería despertar oliendo como sábanas secas. No me malinterpretes. Me agrada que ella se preocupe. Y me agrada que sea Rachel. Pero ella no debería hacer todo eso. Yo me ocupé de mí mismo como humano. Yo puedo cuidar de mí mismo como halcón. Como humano, he vivido entre una tía casada muchas veces y un tío alcohólico. ¿Y mis padres? Historia oficial: Mi padre murió y mi madre se fue de casa cuando yo era muy pequeño como para recordar. La verdad: Sí, mi madre se fue, pero el hombre que murió fue mi padrastro. Yo tuve otro padre. Mi padre real. Elfangor. Lo supe a través de un abogado controlador asqueroso. Elfangor se había cansado de la guerra, cansado de defender la galaxia. Sé cómo él se debió sentir. Yo estuve defendiendo un pequeño planeta, y algunos días anhelaba irme a una cima de montaña lejana. Olvidarme del miedo y de la lucha. Sólo volar libremente. Eso es lo que hizo Elfangor. Huyó. Vino a la Tierra porque estaba enamorado de mi madre, Loren. Él se transformó en humano y deliberadamente permaneció en esa forma por más del límite de dos horas – se convirtió en un nothlit – y así pudo vivir su vida con ella. Él debió creer que ella lo valía. Personalmente, pienso que él se equivocó. La única cosa que yo sé de mi madre es lo que mi tía me solía decir… y decir… y decir: “Tan loca como un pastel de frutas y nunca quiso hacer algo por su propio hijo. Por eso te echaron conmigo.” Pero Elfangor estuvo en la Tierra por años. Fue a la universidad, se casó con mi madre, creó vida. Fue feliz, pienso. Espero. Y aquí viene el Ellimista. El mismo ser todopoderoso que me devolvió mi poder de transformación y me dejó como un halcón. El Ellimista restableció el cuerpo andalita de mi padre, lo regresó a la flota andalita, y borró toda memoria de él en la mente de mi madre. Elfangor luchó valientemente en la guerra andalita y regresó a la Tierra una sola vez. Para salvar al planeta de los yeerks. Y para morir. ¿Lo sabía? Mientras estaba en el piso sucio de aquel sitio de construcción abandonado y su vida se iba, ¿sabía que iba a hablar con su hijo? Quiero creer que sí. Creer que yo fui la razón por la que confió en mí y en mis amigos con su más grande regalo. Pero la verdad es que él estaba desesperado. Una vez que él muriera, los yeerks hubiesen esclavizado y destruido el planeta. Y él no podría permitir eso. Probablemente él hubiese dado la habilidad de la transformación a cualquier chico que estuviese rondando por allí. Ese chico resultó ser yo. Volé rápidamente sobre el techo y las líneas de servicios públicos del nuevo desarrollo de vivienda que recientemente se está construyendo cerca de mi pradera. Movimiento. Quieto. Viento. Me estacioné en el jardín. Una serpiente se deslizó sobre el pasto hacia un sendero de la parte de atrás de la casa. No era una cascabel esta vez. Una serpiente de jardín común. Reptó sobre el sendero, completamente expuesta. Volé en círculos. El jardín estaba vacío, la casa oscura. El sol estaba ocultándose detrás de las montañas. Las calles y las calles estaban en sombras. Nadie me vería. Seguí volando en círculos. Hambre. Comida. Matar. Comer. Bajé en picada. La serpiente aún estaba viva, aún estaba tibia cuando desgarré su carne. Sí. Se sintió bien. Me sentí halcón. Hundí mi pico en su carne. Creeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeek Giré mi cabeza. La puerta trasera de la casa se abrió. Un tipo lunático sin camisa en pantalones camuflados salió. Apuntando un arco y una flecha. No era un arco y flecha de juguete. Era un arco compuesto por pesas, un objetivo y una flecha muy afilada. El tipo apuntó. Aleteé hacia el cielo. Thwwwwooooooooook. La flecha pasó justo al lado mío. Sus plumas rozaron la punta de mi ala. Un centímetro más a la derecha y yo habría sido un kebab shish de pájaro. Un halcón está hecho para volar en picada, no para aletear como un pato. Volar tan cerca del suelo era un trabajo arduo. Cero corrientes calientes. Pero era mi culpa. Yo sabía que no se tenía que cazar en territorio humano. ¡En el patio trasero de alguien! Era un error estúpido. Un error que un halcón real no habría cometido. Pero Tobias el halcón no había cometido ese error. Tobias el chico lo había hecho. Vi la serpiente y mi cerebro humano lo tomó como un reto. Una serpiente había robado mi comida y ahora yo estaba devolviendo el favor. Mi cerebro humano iba a poner en serios aprietos mi cuerpo de halcón uno de estos días. [b]©199_ K.A. Applegate 2013 de la traducció,n de Chiclez[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Sábado por la mañana. Volé hacia la paleta. Esta vez tomé la ruta más larga, evitando el nuevo desarrollo de viviendas. Volando alto sobre el campo y el pasto, y rodeando el espacio abierto de Ax en el bosque. Ax construyó su paleta justo después de que llegara a la Tierra. De acuerdo a él, es una versión más pequeña de un hogar Andalita típico. Tuvo que hacer algunas remodelaciones cuando Marco empezó a vivir con él. Ahora la paleta es más grande, con un poco más de espacio cerrado y mucho más desorden. Ax era un alienígena con pocas pertenencias. Algunos libros de investigación, fotografías de sus comidas humanas favoritas. Un poco de equipo computacional. Su querido set de televisión. Pero Marco era un chico con muchos juguetes. Y él tenía muchos de ellos en la paleta. El resto de las cosas de Marco estaban en su otra casa, en la cabina que él compartía con sus padres en el valle Hork-Bajir. Cuando nosotros rescatamos a la madre de Marco, también tuvimos que rescatar a su padre. Los Chee nos ayudaron a fingir la muerte de su padre – y de Marco – también. La familia evacuó hacia el valle, y Marco se quedaba allá cada que vez podía. Pero cuando él necesitaba estar más cerca de nosotros, más cerca de la guerra, él se quedaba con Ax. <¿Qué tal allá abajo?> <Hola Tobias.> Ax se levantó en la parte abierta de su paleta mirando el cielo con sus antenas oculares. <Que bien que viniste. Estábamos preparándonos para buscarte.> <¿Ya? ¿Encontraron el sitio?> “Completamente, pan comido.” Marco estaba agazapado frente a la computadora en la parte de atrás de la paleta. Me posé en la torre de CD’s detrás de él. Él se recargó en su silla. “Hospitales, laboratorios clínicos, bancos de sangre comunitarios, todos ellos nos abrieron sus puertas. Da un poco de miedo cuando lo piensas. Toda tu historia médica está a sólo un click, disponible a cualquier lunático con acceso a Internet. Pero después llegamos a esto.” Marco movió el monitor de la computadora. “Midtown Bio-services, Inc. De pronto es como querer entrar a la CIA.” <En realidad> dijo Ax, <fue mucho más difícil. Nosotros tuvimos facilidad penetrando las bases de datos de la Agencia Central de Inteligencia.> <¿La CIA?> Miré a Marco. <Esperen. ¿Ustedes hackearon su computadora un día sólo porque pensaron que sería divertido?> “Hey, mientras más información podamos recopilar, mejor preparados estaremos.” Encogió sus hombros. “Además, tengo que hacer algo. Puede ser un poco aburrido por aquí. Casi extraño la escuela. Ok. Quizás no. A menos que cuentes la página de Victoria’s Secret, ya no hay chicas en mi vida.” <No hubo chicas en tu vida anterior> dije. “Oh. Muy bien, Tobias. Directo a la yugular. Tú tienes a Rachel cuidando tus necesidades. Yo, yo tengo a Ax-man.” Apuntó con su pulgar hacia Ax, quien estaba mirando con amor un anuncio de una revista de los nuevos y originales M&M’s. “Podemos intercambiar ya, ahora mismo.” <Sí Marco. Eso funcionaría.> Miré su reproductor de CD’s, su antena satelital, y sus cartuchos de Gameboy. Miré los montones de CD’s y las pilas de historietas. De alguna manera, él, misteriosamente, los adquirió después de haber abandonado sus cosas viejas. <Me harías un ave de presa fina.> Me lanzó una TV Guide. Pero, ¿saben? Marco es un oportunista. Probablemente, él se habría adaptado a mi versión bizarra de vida como halcón mejor que yo. Él no habría tenido problemas en dejarse alimentar por Rachel. Él habría vivido en su cuarto y la habría esperado para traerle comida o bocadillos. Mirándose todo el día en el espejo y arreglándose mientras ella estuviese en la escuela. Marco no habría vivido con reglas glorificantes de cacería, o lo que sea que yo estaba obligado a seguir. <¿Entonces ahora qué?> dije. <¿Vamos al granero de Cassie?> “Nop.” Marco apagó la Mac. “Vamos directamente a este lugar Bio-Services. Está a sólo unas millas de aquí y Jake no quiere perder el tiempo. Él piensa que una misión matutina en una mañana de sábado podría coger a los Yeerks desprevenidos.” <¿Desprevenidos?> “Tú sabes lo que quiero decir. Tan desprevenidos como los Yeerks puedan estar. Quizás ellos no nos esperan. Quizás podamos entrar y salir antes de que se den cuenta.” <Sí, quizás. Y quizás estás loco.> [b]©199_ K.A. Applegate 2013 de la traducció,n de Chiclez[/b]

Capítulo 7 Atrapé una buena corriente termal justo por encima de la autopista y me elevé a las alturas del cielo. Marco, en forma de águila pescadora, permanecía a mi espalda, algo más bajo y a un lado. Ax, bajo la forma de un aguilucho, se precipitaba arriba y abajo sobre los tejados. Volamos por encima de casas y polígonos industriales, sobre parques y campos de béisbol, hasta que alcanzamos el corazón mismo de la ciudad. En ese instante, nos impulsamos entre los rascacielos del centro. Nos alzamos en el aire y nos dejamos caer para emerger, al fin, sobre el tejado abovedado del Centro Cívico. Las calles alrededor del centro estaban cerradas con barreras naranjas. Los coches de policía se alineaban oblicuamente en las esquinas, iluminándolas con las luces. Oficiales de uniforme alejaban el tráfico del lugar. Camiones de dieciocho ruedas, cuyos tráileres presentaban imágenes brillantes de payasos y tigres, llenaban las calles bloqueadas. Floté sobre las altas plataformas. Debajo de mí, varios hombres fornidos descargaban elefantes en un enorme redil, situado en la plaza del Centro Cívico, a base de varazos. Más policías intentaban contener tras la cuerda de la barrera a una multitud de curiosos. Una gigantesca carretilla elevadora rodó por la plaza y arrojó una gran bala de heno dentro de un comedero poco hondo en un extremo del redil. -¡Huuurheeeaaa!- barritó uno de los elefantes. Otros doce avanzaron hacia el comedero. Marco se lanzó en picado sobre la plaza. <¡Ey! ¿Por qué nadie me ha dicho que ha llegado el circo a la ciudad?> <Jake temía que te unieras a él. Ya sabes… por todo eso de los payasos> volé en círculos- <¿El laboratorio no debería estar por aquí?> <Si giras a la derecha, Tobías, y avanzas, aproximadamente, unas cuarenta y seis yardas, deberías estar justo en frente del centro de investigación> Ax pasó rozando el Centro Cívico y se internó en una calle lateral. Marco y yo le seguimos. Ax tenía razón. No tardamos mucho en sobrevolar un gran edificio de hormigón. Una pequeña placa de bronce, junto a la puerta, rezaba: BIO SERVICIOS del CENTRO, INC. Bajo él colgaba un cartel más grande: NO MOLESTAR. <Hormigón gris, sin ventanas, y total falta de encanto arquitectónico> dijo Marco <Tienen que ser Yeerks> Cassie, Rachel y Jake nos esperaban en un callejón que cruzaba la calle. Aterrizamos y Marco y Ax recuperaron sus formas. -No tenemos mucho con lo que empezar- dijo Jake- Un par de sólidas puertas de metal al frente y un muelle de carga atrás. -Ambos equipados con BioFiltros Gleet- dijo Cassie. Lo que esperábamos. Comenzaba a ser el equipamiento estándar en todas las entradas y salidas de los centros Yeerks y de absolutamente todas las entradas al estanque Yeerk. Lo descubrimos a las malas. Los BioFiltros se programaban para destruir cualquier forma de vida cuyo ADN no estuviera incluido en su base de datos. Otro trocito de tecnología que los Yeerks habían robado a los Andalitas. <¿Príncipe Jake?> Ax deslizó los ojos de sus antenas por el laboratorio de investigación <Si se destruye el panel de control el BioFiltro quedaría desactivado> hizo una pausa <Por supuesto, el panel de control se encuentra dentro del edificio, y nosotros estamos fuera> Jake asintió. -Sep. Así que tenemos que crear una distracción. Un poco de caos y un montón de ruido.- miró a Rachel- ¿Voluntarios? Rachel esbozó su sonrisa de “vamos a hacerlo” -¿Elefante? Jake asintió, pero Rachel ya estaba transformándose. Su nariz y labio superior se unieron para formar una gruesa protuberancia gris. Sus orejas se extendieron de golpe como un par de manoplas grises. Que se convirtieron en seguida en toallas de playa mientras la protuberancia acababa siendo una trompa completa. Los brazos y las piernas engordaron. Las manos y los pies se aplastaron. Su piel bronceada se disolvió en un pellejo coriáceo y gris. Jake perfiló el plan. Se volvió hacia Rachel. -Sabes lo que hay que hacer, ¿verdad? <Atraer un poco de atención, cortocircuitar el bio eso y conducir a todos y cada uno de mis perseguidores hasta el circo, donde podré ocultarme entre los demás elefantes y, en medio de la confusión, recuperar mi forma> -¿Y luego? <¿Y luego?> agitó su cola fina como una cuerda. Jake suspiró. -Luego te mezclaras con la multitud y no llamarás la atención y nos esperarás pacientemente. <Esperar pacientemente. Pillado.> saludó con la trompa <Puedo hacerlo> Marco me miró. -No-Puede-Hacerlo. <No> dije <Seguramente no> Rachel se agazapó junto un contendor mientras nosotros nos convertíamos en moscas. Desde luego, no era mi forma favorita. ¡Whooosh! La tierra se alzó cuando me encogí hasta alcanzar el tamaño de un grano de arena. Los huesos se disolvieron y emergieron otra vez para formar el exoesqueleto de la mosca. Mis alas se hicieron tan finas como el papel. Las plumas se marchitaron hasta ser diminutos pelos de mosca. Splooot. Otras cuatro patas más brotaron de mi pecho. Un par de antenas salieron disparadas de la parte superior de mi cabeza. Mi visión se dividió en mil fragmentos. La transformación estaba completa. Y mi cerebro de mosca solo pensaba en una cosa: ¡BASURA! ¡CACA! Zumbé hasta el interior del contenedor, hacia ese maravilloso mundo de leche cortada y cajas de pizza mohosa. Otras cuatro moscas volaban como locas a mí alrededor, saboreando el hedor y la podredumbre. <Em, chicos, ¿podríais tomar un poquito el control?> nos dijo Rachel. Mis ojos compuestos reunieron su enorme cara gris que se asomaba al interior del contenedor <Ax, no quiero ni preguntarme que es en lo que estás posado> <Creo que es un sándwich de jamón y queso putrefacto. Esta forma de mosca lo encuentra muy satisfactorio> <Oh, que bestia eres> gritó Rachel <¿Podéis, por favor, salir de ahí antes de que vomite?> Cassie se rio. <Nunca pensé que la mayonesa cortada pudiera ser tan… ¡tan deliciosa!> <Estas enfermos, tíos> Jake <Rachel tiene razón. Tenemos otro sitio al que ir> La telepatía de Rachel sirvió para guiar a cinco moscas a través de la, relativamente corta, distancia hasta el laboratorio de investigación. Unos pocos minutos más tarde, nos posamos en el muro por encima de las puertas metálicas. Y, al instante… -¡Hhhrrruuuh! Rachel emergió como un relámpago del callejón, empujando el contenedor con su cabeza del tamaño de una bola de demolición. Y lo lanzó a través de la pequeña franja de hierba frente al Bio Servicios del Centro, Inc. ¡Crrruuunch! ¡Wham! ¡Aplastó el contenedor contra el muro de cemento! Retrocedió y destruyó el maletero de un BMW aparcado junto al bordillo. <Acabas de convertirla en una paquiderma muy feliz.> le dije a Jake <Hace semanas que no aplasta coches.> -¡Hhhrrruh!- barritó Rachel antes de enrollar su trompa en torno a una señal de NO APARCAR y arrancarla de la acera. La sostuvo en alto. Esperó. Bzzzzzzzzz. Y las gruesas puertas metálicas se abrieron de golpe. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] -¡Andalita! Manaron controladores humanos del edificio. -¡Rodeadle! ¡No dejéis que escape! Rachel se alzó sobre las patas traseras. Los controladores buscaron cobijo. <¡Ahora!> ordenó Jake. Con su inmensa trompa, Rachel lanzó la señal de NO APARCAR como una jabalina hacia las puertas abiertas. Pop. Pop. Volaron chispas. Una nube de humo salió flotando entre las puertas abiertas. La señal de NO APARCAR tintineó sobre el suelo. Una voz computarizada zumbó entre el humo. -Bio. Filtro. Desactivado. Ahora. Apagado. Ahora. Apagado. Bzzzzzzzzz. Las puertas comenzaron a cerrarse. <¡Vamos! ¡Adentro, adentro, adentro!> Jake zigzagueó a través de la entrada. Ax, Marco y Cassie le siguieron. Yo di vueltas en el exterior. A través de la visión dividida de la mosca pude ver como los controladores se abalanzaban sobre Rachel, rodeándola. Se encabritó y cabeceó. Bzzzzzzzzz. <¡VAMOS, Tobías!> -¡Hhhrrruuuhhh!- Rachel se encabritó una vez más y se giró. Los controladores se dispersaron. Rachel cargó calle abajo. Me volví. Las puertas se encontraban a tan solo una pulgada la una de la otra. Media pulgada. Pasé como una exhalación entre ellas. El metal sólido acarició las puntas de mis alas. A mitad de camino. Podía ver una luz en frente. Casi lo había conseguido. ¡Wham! La colisión del metal reverberó por todo mi cuerpo. La corriente de aire generada me impulsó hacia adelante. <¡Vaya, Tobías! Qué alegría que hayas decidido unirte a nosotros> dijo Marco al pasar a su lado. <¿Estás bien?> preguntó Cassie. <Sep> me coloqué boca arriba <Perfecto> Otras cuatro moscas daban vueltas por el techo. Zumbé hasta unirme a ellas. Y también para orientarme. Parecíamos estar en un largo vestíbulo. Los humanos y los Hork Bajires bullían bajo nosotros, algunos saliendo y entrando de oficinas, con carpetas o empujando carritos. No me hacían falta los fracturados fogonazos de rojo o el tintineo de tubos de cristal para saber lo que contenían esos carritos. Todos los sentidos de la mosca gritaban la respuesta. Sangre. Sangre humana. <No cabe duda de que estamos en el lugar correcto> dije. <Sep> estuvo de acuerdo Jake <Pero nos hacen falta formas más útiles. O, al menos, mejores ojos> <Unas manos tampoco vendrían mal> dijo Marco. Zumbamos por el techo en busca de un lugar donde recuperar nuestras formas. El gran vestíbulo daba paso a otro, y a otro más. Por fin localizamos una puerta oscurecida al final del pasillo y nos colamos por debajo de ella. Y esperamos. No hubo sonido. Ni movimiento. Tampoco sangre. Solo el abrumador hedor a cera para el suelo y desinfectante. Nos separamos y comenzamos a transformarnos. <¡Ag!> susurró Cassie <Estoy en un cubo y, ¿sabéis qué? Aún tiene agua. Al menos espero que sea agua> Nos apelotonamos en el armario del conserje. Tres niños, un Andalita y un pájaro. Me posé sobre el borde del fregadero. La luz del vestíbulo se filtraba a través de una rejilla de ventilación en la puerta. <¡Ey!> miré a Marco <Tienes un nuevo traje de transformaciones> -¿Lo has notado?- tironeó de sus pantalones de montar en bici y su ajustada camiseta azul. Me incliné sobre él y picoteé la camiseta. <¿No os recuerda a algo?> -Sep- Sacó su camiseta de mi pico- Me recuerda a porque nunca quise un pájaro como mascota. <No> dije <El color> Ax asintió. <Es el color de los Hork Bajir Bandas Azules> Correcto. Los Bandas Azules. La guardia Hork Bajir de élite de Visser Uno. A medias cortadoras de césped. A medias un coche armado. Puro terror. Todos miramos la camiseta de Marco. -Whoa- retrocedió hasta una fila de estanterías de metal- Me miráis como si fuera comida. <No> dije <Te miramos como si fueras un gigantesco brazalete> Cassie hurgó entre las estanterías hasta dar con un cuchillo útil y cinta adhesiva. Marco se quitó la camisa y se la tendió a Cassie. -No mires- advirtió-No sabes lo que la visión de mi torso desnudo podría obligarte a hacer.- Marco se volvió hacia mí- Soy letal en la playa. Cassie se contuvo para no sonreír. Y, rápidamente, cortó la camiseta en gruesas tiras. Y nos convertimos en Hork Bajir. Con cuidado. Cinco Hork Bajir adultos amontonados en un armario de conserje no hacían nada. Me concentré en Ket Halpak, mi forma Hork Bajir. Y noté como mis plumas se endurecían hasta convertirse en cuero. Los huesos ganaron consistencia y emergieron. Crecí siete pies de golpe. Thump. <¡Ay!> Mi cabeza chocó contra el botiquín de primeros auxilios que colgaba de la pared. Mi pico se hizo más grande y ancho. Mi cuello se estiró como el de una serpiente. ¡Thooomp! ¡Thooomp! De mi frente brotaron cuernos. Las garras crecieron hasta alcanzar las proporciones de un tiranosaurio. Mi cola se alargó hasta dos veces mi altura. ¡Shwoop! ¡Shwoop! ¡Shwoop! ¡Shwoop! De mis muñecas, codos, rodillas y cola emergieron cuchillas. Era una picadora de carne ambulante. La muerte sobre dos patas. Agazapada sobre un lavabo e intentando no filetear a mis amigos. Envolvimos nuestros recién creados brazaletes azules en torno a nuestros bíceps y los fijamos con cinta adhesiva de color plateado. <¿Preparados?> Jake abrió la puerta <Solo actuad como si fuerais los dueños del lugar> y se introdujo en el vestíbulo. Marco caminó detrás de él. <Las últimas palabras más famosas> Jake encabezó la marcha de regreso al pasillo central. Los demás íbamos detrás, en parejas. Los controladores humanos y los Hork Bajir se apartaban para dejarnos sitio. Nadie nos detuvo. Nadie nos preguntó qué hacíamos. Ni siquiera nos miraron a los ojos. Nos acercamos al centro del edificio. Los escurridizos técnicos de laboratorio y oficinistas comenzaron a escasear. Seguimos adelante por un vestíbulo casi vacío y giramos una esquina… … y nos detuvimos. Frente a nosotros se encontraba un pasillo estrecho. Y, en su extremo, otras dos puertas de metal sólido custodiadas por un Hork Bajir armado. El guardia nos apuntó con su rayo Dragón. <Em> dijo Marco <Creo que hemos encontrado nuestro ordenador> [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Jake se acercó al guardia. Apartó el cañón de la pistola Dragón y señaló la puerta. -Abre. El guardia titubeó. Su mirada se posó sobre el brazalete de Jake. Y apuntó con el Dragón al pecho de Jake. -¿Dónde está el pase? ¡Ey! Nadie ha acusado nunca de ser elocuentes a los Hork Bajir. -¿Pase?- Jake se volvió hacia nosotros. Señaló con el pulgar al guardia- ¡Quiere un pase! ¡Ja, ja, ja, ja! Cassie y Marco rieron. -¡Ja, ja! -¡Ja, ja!- di palmaditas sobre el hombro de Ax.- ¡Ja, ja, ja! Ax frunció el ceño. -Ja- dijo. Jake giró de pronto su cabeza serpentina hacia el guardia. -Inspección sorpresa. Je, je- su risa se tornó amenazadora. Se inclinó hasta tocar, prácticamente, la frente del guardia con su pico.- Visser Uno. El guardia tragó saliva. -¿Visser Uno?- tanteó a su espalda y pasó la palma de la mano sobre un teclado de entrada situado en el muro. Bzzzzzzzzz. Las puertas se abrieron. Jake arrebató el rayo Dragón de las manos del guardia. Apuntó con él a la puerta abierta. -ADENTRO. El guardia retrocedió hacia la habitación. Caminamos tras él a través de un elevado suelo de metal. <Whoa> Sep. Marco tenía razón. Aquello parecía Mission Control. Un mapa electrónico ocupaba toda una pared. Por toda su superficie se distribuían unos pequeños puntos verdes, conectados, como una red, a un gran punto rojo. Un punto naranja y diminuto parpadeaba al lado del rojo. Un gran conjunto de ordenadores se enfrentaban al mapa. Por sus pantallas pasaban largas hileras de números. <Análisis de datos> indicó Ax sin ninguna necesidad. Pero, aparte de los ordenadores, del guardia y de nosotros, la habitación estaba vacía. Ni controladores humanos; ni Hork Bajires. Jake señaló la puerta. -Cierra. El guardia se giró y pasó la mano por el teclado de entrada. Bzzzzzzzzz. Jake alzó la pistola Dragón. <Lo siento> Golpeó al guardia en la cabeza con la culata del arma. El guardia se derrumbó sobre el suelo. <Muy bien, Ax> dijo <No tenemos mucho tiempo. Los Yeerks no tardarán mucho en darse cuenta de que ha desaparecido un guardia> Ax corrió hasta un ordenador. Sus engarfiados dedos de Hork Bajir chocaban contra las teclas. <Príncipe Jake, mis manos Andalitas servirían mejor para…> <Recupera tu forma. Aprisa> Ax asintió y comenzó a transformarse. Jake no quitó los ojos de encima al guardia. Cassie, Marco y yo nos acercamos al mapa. Cassie siguió la línea de puntos verdes con sus dedos. <Estos deben marcar los lugares de recolección de sangre. Y este…> dio unos golpecitos sobre el gran punto rojo <Este debe mostrar el lugar en el que nos encontramos. ¿Veis? Todos los puntos verdes conducen aquí. Pero, ¿Qué es este?> señaló el punto naranja. <¿El estanque Yeerks?> sugirió Marco. <Ah, mucho mejor> los dedos Andalitas de Ax volaban sobre el teclado. <No quisiera ser despectivo para con otras especies, pero las manos Hork Bajir no fueron diseñadas para…> se interrumpió de golpe <¿Príncipe Jake? Puede que hayamos llegado demasiado tarde> Cuatro Hork Bajir se le quedaron mirando. <¿Han encontrado una coincidencia?> Ax estudió el monitor. <Sí. Pero creo que los Yeerks aún no se han dado cuenta. No se ha accedido a este archivo desde que el ordenador analizó los datos. Y solo es una coincidencia parcial> <¿Parcial?> Marco rodeó el grupo de ordenadores <¿Qué quiere decir eso? O han encontrado ADN animal o no, ¿Verdad?> Ax negó con la cabeza. <Es muy extraño. Muestra a un humano que comparte grandes lazos familiares con uno de los bandidos Andalitas.> se inclinó sobre la pantalla <Pero el ordenador no ha descubierto todavía la identidad de ese bandido Andalita> <Oh, tío, Jake> Cassie cerró los ojos <Hemos pasado algo por alto. Algo enorme. Nuestra sangre está por todas partes. Cada vez que luchábamos contra esas pesadillas, sangrábamos. Entre toda esa sangre animal flotan restos de nuestro ADN humano. Lo único que tienen que hacer es recogerla y buscar una coincidencia> Jake asintió. <O una coincidencia parcial. Alguien de nuestras familias> miró a Ax <¿Tom?> <No, Príncipe Jake> Marco se asomó por encima del hombro de Ax. <Esto… ¿Tobías? Quizá deberías ver esto> Me acerqué al ordenador. Ax se hizo a un lado para que pudiera ver la pantalla. Y el nombre. Loren. <Pero esa es mi…> me detuve. Mi madre. Nombre. Apellido. Una dirección. Me quedé mirando la pantalla. Vivía a tan solo tres bloques de la choza de tres habitaciones que había compartido con mi tío. Un paseíto. Una parada de autobús. Levanté la mirada al mapa. Hacia ese punto naranja y parpadeante. Mi madre. La luz representaba a mi madre. <Oh, oh> la voz de Cassie se abrió paso entre mi estupor <Problemas> Bzzzzzzzzz. Las puertas se abrieron. Una docena de Hork Bajires accedieron a la habitación. Hork Bajir reales. Con brazaletes azules. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] -No tenéis escapatoria. Así que, hacednos un favor a todos y ni siquiera intentéis huir. Un controlador humano se abrió paso entre las filas de Hork Bajir Bandas Azules. Sobre el suelo de metal rechinaron unos zapatos ortopédicos. De su cuello colgaban, sujetas por una cadena, unas gafas de lectura. Parecía la abuela de alguien. Mejillas arrugadas y sonrojadas. Una mata de pelo blanco. Un rebeca lavanda sobre su vestido de flores… Pero, en vez de ofrecernos un plato de galletas caseras nos apuntó con un rayo Dragón. Y dijo. -Rendíos o morid. <Ax> dijo Jake mediante telepatía privada <Hazlo rápido. Borra de la base de datos a la madre de Tobías. El controlador no va a disparar. No se arriesgará a dar a los ordenadores> <Si, Príncipe Jake> los ojos de las antenas de Ax pasaron del controlador a Jake y otra vez al controlador. Sus dedos volaron sobre el teclado. Jake aún sostenía el arma del guardia inconsciente. Cruzó la mirada con la del controlador humano y se la mantuvo, luego apuntó al grupo de ordenadores con la pistola Dragón. El controlador rio. -¡Oh! ¡Oh! Qué plan tan bien ideado. Destruye la base de datos y nada me impedirá disparar. Acabaré contigo. Contigo y con tus pequeños amigos. Visser Uno estará encantado. Los así llamados Andalitas, muertos, y ya no tendrá que malgastar tiempo ni recursos en este proyecto. Adelante, querido. Aprieta el gatillo. <Em… Jake, ¿puedo sugerir una cosa? NO DISPARES> <Gracias, Marco, lo tendré en cuenta> Jake aflojó el agarre de la pistola Dragón <¿Ax? ¿Cómo vas?> <Nada bien, Príncipe Jake. He encontrado un segundo nivel de seguridad inesperado. Puedo romperlo, pero me llevará unos minutos> <Bien. Sigue en ello> Jake analizó al controlador. Luego, mediante telepatía pública, preguntó <¿Nos has contado?> El controlador entornó los ojos. -¿Qué quieres decir? <¿Estás segura de que estamos todos aquí?> la telepatía de Jake era más profunda de lo habitual. Más exacta, como la de Ax. Como la de un Andalita. ¿Podría engañarla? ¿Importaba? <Si destruyo los ordenadores> dijo <Podrás matarnos. Pero, ¿cuántos Andalitas quedarían ahí fuera? ¿De cuántos bandidos fugados tendrás que informar a Visser Uno?> Las facciones del controlador se endurecieron. Su mirada se posó en Marco, en Ax, en mí y en Cassie. Luego en el mapa. En el punto rojo, y en el punto más pequeño a su lado. Se paralizó. Sonrió. Había visto el parpadeante punto naranja. Sabía que habían encontrado una coincidencia. Se volvió hacia Jake. -Se sensato. Rendíos pacíficamente y no sufriréis daños. No muchos. Con vuestra capacidad de transformación seríais excelentes huéspedes. Mucho mejores que este desgastado humano en el que vivo. De hecho, Visser Uno estará tan contento que seguramente me ascienda y acabe en alguna de vuestras cabezas. ¿No sería adorable? <Moriría antes que convertirme en un controlador> se pronunció Jake. Abuelita negó con la cabeza. -Qué lástima. Pero es vuestra elección.- se giró hacia el Hork Bajir.- Mátalo. Los Bandas Azules habían permanecido en posición de firmes todo el tiempo. Sin moverse, sin parpadear, apenas sin respirar. Ahora, todos ellos saltaron hacia delante con un movimiento preciso. Como si fueran armas automáticas. Jake giró y disparó. ¡Tssssssssseeew! -¡Aaarrrggghhh! Cayeron dos Hork Bajires con las piernas seccionadas a la altura de la rodilla. La sangre azul verdosa de los Hork Bajir se derramó sobre el suelo de metal. Otro Hork Bajir se abalanzó sobre Jake. Y otro. ¡THUMP! Jake chocó contra el muro. La pistola Dragón se deslizó por el suelo. Bajo el grupo de ordenadores. Si tan solo pudiera alcanzarla… ¡SWOOP! La cuchilla de una muñeca cortó el aire frente a mi pecho. Di un salto atrás. El Banda Azul golpeó. Me tiró de espaldas. ¡WHUMP! Mi cabeza chocó contra un ordenador. Me deslicé hasta el suelo. El Banda Azul saltó sobre mí. Levanté con fuerza mi brazo. Las cuchillas atravesaron piel, músculos y hueso. Los ojos del Banda Azul me miraron. Se oscurecieron mientras su cuerpo perdía fuerza y colapsó sobre mi pecho. Extraje mis cuchillas del brazo de su estómago. A mi alrededor la batalla se hallaba en su apogeo. Un bosque de Hork Bajir que golpeaba, saltaba y arañaba. <¡Jake! ¡Detrás de ti!> <Cassie, ¡cuidado!> ¡Fwwwap! ¡Fwwwap, fwwwap! La cola de Ax golpeaba una y otra vez. Pero yo me encontraba al margen de la lucha. Por ahora. El Banda Azul muerto yacía sobre mí, escondiéndome. Su sangre verde azulada rezumaba a mí alrededor. Podía ver al controlador humano. Rodeó el perímetro, apuntando con el arma pero sin disparar. Habían encontrado una coincidencia de ADN y lo sabía. No podía poner en peligro la búsqueda. No podía disparar. Pero yo sí. Me arrastré hacia el arma caída de Jake. Si conseguía destrozar la base de datos… Deslicé mi mano bajo el grupo de ordenadores. Tenía que estar ahí. Si… ¡Sí! Mis garras arañaron algo sólido, de metal. <¡MARCO!> Cassie gritó. Giré la cabeza. Marco había sido inmovilizado por dos Bandas Azules. Habían sesgado el pico de su cara que yacía a sus pies en medio de un charco de sangre. Un Banda Azul sostenía a Marco por detrás. Echó hacia atrás la cabeza de Marco y dejó su cuello expuesto. Y el otro Banda Azul colocó la cuchilla de su muñeca sobre la garganta de Marco. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Me quité de encima al Hork Bajir muerto. El Banda Azul escupió a Marco. -Tú mueres- y dejó caer la cuchilla de la muñeca como si fuera una guillotina. <Marco. Golpea. Ahora> Me agaché. Marco golpeó. Yo golpeé los pies del Banda Azul al mismo tiempo que Marco hundía sus espolones en sus tripas. El Banda Azul cayó de espaldas. Chocó contra el grupo de ordenadores. Su cabeza se estrelló contra su propia cola. Y sus propias cuchillas de la cola le atravesaron el cráneo. Me levanté de un salto. El otro Banda Azul sostenía aún a Marco por la espalda. Tiró de Marco hacia atrás. Cassie atacó. Una cuchilla del codo atravesó el hombro del Banda Azul. Se volvió. -¡FILTH!- y se giró hacia Cassie. Su otro brazo aún agarraba la garganta de Marco. Me lancé a por él. Picoteé. Troceé un puñado de carne y músculo de su antebrazo. -¡Aaahhh!- el Banda Azul soltó su agarre. Marco se tambaleó hacia delante y lo sujeté. El Banda Azul saltó sobre nosotros. <¡No…o…o…o!> Cassie le embistió por un costado. Sus cuernos atravesaron la piel. Se vino abajo sobre el muro de ordenadores. Marco perdía fuerzas sobre mí. La sangre manaba del lastimero agujero que era su cara. <Jake> llamé <Marco está a punto de desmayarse> <Hacia las puertas> ordenó <Creo que podemos conseguirlo> Arrastré a Marco por el suelo, resbalando y tropezando con los cuerpos y por la sangre. Cassie cubrió nuestra retaguardia. Un Hork Bajir golpeó el suelo. <¿Cassie?> <¡Estoy bien!> Ax mantenía aún combate con dos Bandas Azules. ¡Fwwwap! ¡Fwwwap! ¡Fwwwap, fwwwap! <Príncipe Jake, casi he roto el código de seguridad> dijo <Unos treinta segundos más al teclado y…> <Déjalo, Ax. ¡Vámonos!> El inconsciente guardia Hork Bajir allí estaba, inmóvil, frente a la puerta. Jake deslizó la palma de la mano del guardia sobre el panel de acceso. La puerta ni se movió. Volvió a pasar la palma de la mano sobre el panel. Nada. El controlador humano rio. Se encontraba justo al lado del mapa electrónico. -He tenido la precaución de borrar el ADN del guardia de la base de datos de seguridad antes de entrar en la habitación.- apuntó con la pistola Dragón a Jake-Estáis atrapados, queridos. Jake soltó el brazo del guardia y pasó su propia mano por el panel. Lo aporreó. Lo empujó. Cerró el puño y lo golpeó. Nada. Y entonces… Dos dientes de fino metal brotaron en las puertas. Los dientes ascendieron. Las puertas se arrugaron y se abrieron. -¡Gggrrroooooowwwr! Bajo su forma de oso pardo, Rachel saltó por el hueco. Tras ella, en el pasillo, con el motor encendido, se encontraba la monstruosa carretilla elevadora del circo. <No pienses en ella como si fuera propiedad robada> le dijo a Jake <Más bien como si fuera una enorme llave> <¡Salgamos!> Jake saltó a la carretilla elevadora. -¡No!- el controlador humano traqueteó hacia nosotros. Rodeó el grupo de ordenadores y nos apuntó con el Dragón. ¡Thwwwap! La cola de Ax golpeó. Una vez. La parte plana de la hoja contra el costado de su cabeza. El controlador cayó al suelo, inconsciente. Los Bandas Azules restantes se lanzaron sobre Ax. -¡Gggrrroooooowwwr! Rachel los hizo a un lado con sus mastodónticas zarpas de oso pardo. Levanté a Marco. Jake y yo lo aupamos por la parte delantera de la carretilla elevadora. Salté tras él, me volví y vislumbré el mapa. El punto naranja aún parpadeaba. Saqué a Marco de la elevadora, hacia el pasillo. Ax descendió tras nosotros, y luego Cassie, y Jake. Rachel arrojó sus mil libras de oso pardo en el asiento del conductor. Beeep. Beeep, beeep. Beeep. La carretilla elevadora dio marcha atrás. Las puertas destrozadas se cerraron de golpe, colocadas y fijadas en su sitio gracias a los dientes móviles de metal. Rachel se dejó caer de la carretilla elevadora. <¡Vámonos, vámonos!> Jake y yo colocamos un hombro cada uno bajo los brazos de Marco. Trotamos pasillo abajo. Rozamos placas de yeso desmenuzadas, cristal roto y sangre. Rachel iba en cabeza con Ax y Cassie en la retaguardia. Ni nos molestamos en pasar por todos los vestíbulos. Rachel había abierto un paso directo desde la puerta principal hasta la sala de ordenadores. <Marco> grité <Transfórmate. ¡Transfórmate!> <No. Me… me verán> <¡Eso ya no importa!> chilló Jake. <¡HAZLO!> Marco asintió. Y cerró los ojos. <¡Marco!> <Estoy… bien. Me transformo> pelo negro brotó en su sanguinolenta cabeza de Hork Bajir. Su piel coriácea se volvió más suave. Más clara. -¡Deteneos! Un controlador humano apareció por una puerta y nos apuntó con una pistola. Rachel lo apartó como si fuera un mosquito. Rebotó contra el muro. La pistola desapareció bajo un escritorio aplastado. ¡Fwwap, fwwwap! Detrás de mí, Ax y Cassie combatían con un nuevo grupo de Hork Bajires. En grupo, escalamos dos montones de acero… las puertas principales, perforadas y arrancadas de sus jambas. Marco, ya en forma humana, retrocedió y agarró a Ax, cuyos cascos resbalaban en el deslizante metal. Tiró de él. Hacia arriba. Allí. ¡Fuera! Rachel empujó el contenedor hasta situarlo frente a las puertas. Y corrimos como una exhalación hacia el callejón. Nos transformamos conforme corríamos. Cassie, Rachel y Jake volvieron a sus formas humanas. Marco y Ax, ya en sus formar naturales, se convirtieron en aguilucho y águila pescadora. Y yo me transformé en halcón. Los espolones se hicieron más pequeños. Me salieron plumas. Las brazos se convirtieron en alas. Y las batí. Tropecé. Las batí otra vez. Arriba. Arriba. Lejos del callejón. Sobrepasé los tejados y regresé formando círculos hasta el laboratorio. Ax y Marco giraron tras de mí. Kuuung. Kuuung. El contendor se tambaleó. <Príncipe Jake, rápido> dijo Ax <Los controladores están escapando> El contendor cayó de lado. Los controladores emergieron del edificio hacia la calle. Humanos. Hork Bajires. La abuelita controladora de la habitación de ordenadores. Con la pistola Dragón en su huesuda mano, atravesó la multitud y se dirigió hacia el callejón. Me giré. <¡Rachel! ¡Cassie! ¡Jake!> Los podía ver ahí abajo. Medio humanos. Medio pájaros. <Volad> les dije <Terminad de transformaros en el aire. ¡Están sobre vosotros!> La abuelita controlador corrió callejón adelante. Se detuvo. Sonrió. Levantó la pistola Dragón. -Estáis muertos. El callejón explotó. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] <¿Rachel?> Me tambaleé. El humo y el polvo cubrían mis alas. Mi garganta. Me quemaban los ojos. A mí alrededor lloviznaron trozos de ladrillos y asfalto. Las palomas se desperdigaron en todas direcciones y, a mi espalda, Marco y Ax daban vueltas alrededor del laboratorio. Pero ni rastro de Jake. Ni de Cassie. Ni de Rachel. Batí las alas. Me remonté en el aire. Más y más alto. Uno de los edificios había estallado en llamas. Un pilar de humo negro se elevaba en el cielo. ¡Kaboooooom! Una segunda explosión. Saltaron por los aires ceniza y escombros. <¡No…o…o..o!> <¿Tobías?> Era Rachel. Giré. Un águila, un halcón y un águila pescadora emergieron de entre el humo. <¡Rachel! ¿Estás bien?> <Sep. Algo chamuscada, pero bien> <Cassie y yo también estamos bien> dijo Jake <Salgamos de aquí> Ascendimos hacia el cielo. El humo ondulaba entre nosotros y los Yeerks. Los coches de policía y los camiones de bomberos llegaron al lugar carbonizado entre un gran griterío. En formación relajada, nos precipitamos entre los rascacielos del centro y nos separamos después para seguir rutas diferentes de regreso al granero de Cassie. Di vueltas a la ciudad. Y otra vez. Sabía a donde quería ir. Pero mis alas no me llevarían allí. Era Tobías, el Chico Pájaro, el nothlit que devoraba ratones y combatía contra alienígenas malignos. Había robado naves espaciales Yeerk, asaltado fortalezas Yeerks, y casi había dejado que me adoptara un Visser Yeerk. Me habían apuñalado, quemado, destrozado y torturado y, solo unos minutos atrás, un Hork Bajir que debería trabajar para la WWF me había arrancado el pico. Pero no era capaz de enfrentarme a mi madre. Ni siquiera podía enfrentarme al tejado de su casa. ¿Queréis patetismo? Todos esos años pasados con mi tío y mi tía, a pesar de lo que dijeran, sabía… sabía… que mi madre me amaba. Que me quería. Que deseaba cuidar de mí. Pero que, por alguna razón, no podía. Inventé mil excusas. Quizá hubiera sido hecha prisionera por error por algún gobierno tiránico y extranjero. Quizá había naufragado y se encontraba en una isla desierta. Quizá formaba parte del Programa de Protección de Testigos. Quizá yo forma parte del Programa de Protección de Testigos. Pero ni una vez, ni una sola vez, me imaginé que viviera a tan solo ocho manzanas de mí. Que pasara frente a mi casa todos los días. Y siguiera de largo. Me di la vuelta y me dirigí a la casa de Cassie. El resto ya había llegado y se habían transformado para cuando entré volando en el pajar. El padre de Cassie almacenaba montones de balas de heno contra un muro. Marco estaba sentado en la cima. Yo me posé sobre una viga por encima de él. Me dedicó un asentimiento antes de inclinarse hacia adelante con los codos apoyados en las rodillas y una brizna de heno entre las manos. Rachel se encontraba un poco más abajo. Ax ayudaba a Cassie a cambiar el vendaje de un ganso. Jake se paseaba frente a la jaula. Y, a excepción de los chillidos y golpes de los animales heridos, el granero estaba sumido en el silencio. Capté la mirada de Ax. Me dedicó esa sonrisa Andalita suya, sin boca. Cálida. Y apenada. Fue Marco quien rompió el silencio. -Apuesto a que están creando ahora mismo una copia de seguridad en sus discos duros del gran momento.- dijo. Una broma. Nadie se rio. Rachel negó. -Casi lo estropeamos todo. -Nosotros no- dijo Jake- Solo yo. Ax apartó la mirada del ganso. <Príncipe Jake, no puedes culparte. Incluso si hubiéramos tenido éxito, incluso si hubiéramos borrado los datos, no hubiésemos podido detener a Visser Uno. Seguiría recolectando muestras de sangre hasta que descubriera otra coincidencia. Solo es cuestión de tiempo> -Tiempo. Si- Jake golpeó la jaula con el puño. Cassie y el ganso se sobresaltaron.- Y se nos acaba de terminar. ¿Por qué no lo pensé antes? No, tenía que apostar por la sorpresa. Dentro. Fuera. Antes de que se dieran cuenta de que estábamos ahí. Si, ha funcionado. Si no tenían muestras ya de nuestra sangre mórfica ahora la tienen. Hemos dejado nuestro ADN por toda su sala de ordenadores. Tío- se pasó la mano por la cara- ¿En qué estaba pensando? -Pensabas que cuanto más tiempo esperáramos más peligro correríamos- Cassie cortó un trozo de cinta adhesiva.- Más peligro correrían nuestras familias. Y tenías razón. -Nuestras familias- Jake se recostó contra la jaula.- Ahora son un objetivo mayor que antes porque hemos asaltado el lugar. Los Yeerks están sobre ellos. En cuanto encuentren una coincidencia…- me miró con el rostro repleto de culpabilidad- En cuanto encuentren una coincidencia se pondrán en marcha. Cortarán cualquier vía de escape de nuestras familias. Silencio. <Entonces tendrán que escapar antes de que los encuentren los Yeerks> dijo Ax. Rachel asintió. -Sacarlos de en medio. Ya. -¿Podemos hacerlo?- Cassie miró el granero. A los animales. Al equipo de su padre. A su pequeña letra regular en las cartas médicas.- ¿Podemos arrancarlos de sus vidas? -Los mantendría con vida- dijo Rachel- Esa es la cuestión. Vivirán. Solo que vivirán en algún otro lugar. ¿Qué tal un poco de reflexión irónica? Los Yeerks buscaban humanos que estuvieran relacionados con los Animorphs y, ¿a quién señalaba su coincidencia? A un pájaro sin familia. Y, ahora, en el mismo instante en que descubría que tenía familia, una madre, me la arrebataban. Peor que eso. Los Yeerk tenían su nombre. Su dirección. Y yo era quien la había delatado a los Yeerks. Miré más allá de la puerta del pajar. No podía enfrentarse a ellos. Sola no. -Tobías. Me volví. Marco me miraba. Habló en voz baja. -Mira, sé lo que estás haciendo. Estas planeando algún rescate suicida, ¿no? Pero no puedes acercarte a ella. Es el cebo, ¿de acuerdo? La están vigilando. Seguramente sea ya un controlador. <Eso no lo sabes> -Sep. Lo sé. Ya lo he vivido. Hacer que te maten no la ayudará. Aparté la mirada. Tenía razón, claro. Tenía sentido. Pero el sentido había abandonado mi mundo hacía mucho tiempo. -Sabíamos que llegaría este día- decía Jake- Hemos hecho todo lo posible por proteger a nuestras familias. Para mantenerlas al margen. Ahora tenemos que decidir. Id a casa. Descansad. Nos veremos mañana a la mañana y votaremos. Sesión aplazada. Extendí mis alas. -Tobías. No te vayas.-Rachel ascendió por la pila de balas de heno. Se detuvo en la cima y apoyó la mejilla en mi viga.- Quédate en mi casa esta noche. No deberías quedarte solo. <¿Por qué no? Siempre he estado solo> mi telepatía surgió más dura de lo que pretendía <Mira, Rachel, gracias. Te lo agradezco. En serio. Pero hay algo que… ver, ¿vale?> Ella asintió. -Lo sé. Dejaré la ventana abierta. Un chico humano la hubiera besado. El chico halcón salió volando del pajar hacia la ciudad. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducción de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Localicé primero mi antigua casa. El vertedero de mi tío. Por supuesto, ya no vivía ahí. Alguien había cortado el césped y pintado el garaje. Di vueltas y me encaminé hacia la casa de mi madre. Ni siquiera lo pensé. No les di a mis alas la oportunidad de negarse. Simplemente, volé. A menos de cinco manzanas, de tres. Sobre casas abandonadas, coches oxidados y patios llenos de basura. Mi antiguo barrio daba miedo. El de mi madre era peor. Si fuera humano, ni siquiera pondría un pie allí. Encontré la calle. Y su casa. La segunda desde la esquina y más allá de una tienda de comestibles incendiada. Un diminuta choza encajonada entre dos estrechas franjas de patio y maleza de dios pies de altura que la separaba de las chozas de al lado. Solía ser blanca y, mucho antes, algún tipo de verde oscuro fosforescente. Ahora no era sino un montón de manchas obstinadas de pintura que se aferraban a la desnuda madera gris. Las puertas estaban cerradas y las cortinas corridas. ¡Ey! Al menos tenía cortinas. Los demás ventanas de la manzana o bien estaban tapiadas o cubiertas con sábanas viejas. Floté sobre la casa. No había señales de los Yeerks. Ni de ninguna otra forma de vida a excepción del escuálido chuco atado a un tendero tres casas más abajo. Me posé sobre un olmo de la calle. En la casa debajo de mí sonó un televisor. El canal cambió. Y cambió otra vez. Pat Sajak hizo rodar por última vez la ruleta. Se detuvo sobre la casilla de los 5000 dólares y algún idiota compró una toalla. -¿A dónde crees que vas? Era la voz cascada de una mujer, tal vez la del dueño infeliz, que retumbaba en el aire de la tarde. -A fuera. Una voz más joven. Masculina. -Oh, ¿sí?- la mujer otra vez- ¿Quién va a cuidar de Tiffany? -Es tu hija. Cuídala tú. -Tengo planes. -Yo también. Me recordó a esas conversaciones brillantes y estimulantes que solía tener con mi tío. La puerta se abrió de golpe y un niño más o menos de mi edad atravesó como una exhalación el porche. -Vuelve aquí- el suelo crujió. La puerta se abrió otra vez -Ricky Lee, vuelve a traer tu culo a casa. Ricky Lee ni siquiera se giró. Dio una pata a un viejo sofá junto al bordillo y siguió caminando. Le vi trotar dos manzanas hasta un 7-Eleven. Me concentré en la casa de mi madre. El sol poniente dibujó sombras púrpuras sobre la calle. Una solitaria farola parpadeó y cobró vida en una esquina. Pero la casa de Loren siguió a oscuras. ¿Estaba en casa? ¿Trabajaría los sábados a la noche? ¿Aún vivía alguien ahí? Tomé una termal y me remonté en círculos sobre la calle. Aún seguía sin haber señales de los Yeerks. Me dejé caer sobre el tejado. Dentro se movía algo. Pasos. No eran tan pesados como los de un hombre. Ni tampoco apresurados. Casi cuidadosos. Regulares. Y, entonces, hubo un click. Click, click, click. Las uñas de un perro al claquear sobre el suelo. Escuché. No había más juegos de pisadas. Solo una mujer cuidadosa y un perro de tamaño considerable. Chirrió una silla y la puerta frontal se abrió. La mujer se adentró en el porche con el perro. Un pastor alemán ataviado con una especie de arnés con un gran mango rígido y rojo. Como si fuera un perro guía. ¿Un perro guía? Me quedé mirando. Forcejeó con sus llaves, se volvió y tanteó los bordes de la puerta. Deslizó la llave en la cerradura y la giró usando sus dedos como guía. No miró hacia abajo ni una sola vez. Era ciega. Mi madre era ciega. Si es que era mi madre. Vale que tenía el mismo pelo que yo. Y era delgada, como yo. Y pálida. Como yo. Y esa larga y recta nariz suya era igual que la mía. Eso no significaba que fuera mi madre. Podría ser cualquiera. Una amiga. Un inquilino. Un controlador. El perro se mantuvo inmóvil, a la espera. Ella se inclinó y le acarició la nuca. -Eres un buen chico, Champ. Su voz era suave. Regular, como sus pasos. Y un poco… familiar. ¿Familiar? Vamos, Tobías, no vas a recordar su voz. Incluso si es tu madre ella te abandonó antes de que fueras lo suficientemente mayor como para recordar nada. Su voz no te resulta familiar. Se enderezó. -Adelante- le dijo a Champ. Salieron del porche. La mujer aferró el mango del arnés con una mano. Champ trotó a su lado. Llegaron a la acera. -Izquierda- dijo. Giraron. Y fue entonces cuando las vi. Las cicatrices. Profundos cortes que recorrían la parte de arriba de su cráneo hasta la comisura de la boca. Su ojo derecho se retorcía hacia abajo. Su oreja derecha no era más que muñón destrozado. Su pelo crecía en mechones dispersos entre las arrugas. Alcanzó la esquina y se detuvo. Champ se detuvo cuando ella lo hizo. Esperó. -Adelante- dijo. Dejaron atrás la acera y cruzaron la calle. La mujer nunca tropezó ni dudó. El perro jamás se apartó de su lado. Los seguí durante seis manzanas a oscuras. Pasamos el 7-Eleven, casas tapiadas y terrenos baldíos. Redujeron el paso frente a una iglesia de ladrillo. De acuerdo con la insignia de madera de la puerta, era la iglesia de Saint Ann. Se giraron hacia un callejón oscuro al lado de la iglesia y descendieron un tramo de escaleras que conducían al sótano. La puerta del fondo se mantenía abierta gracias a un bloque de cemento. Desaparecieron en el interior. No podía entrar con ellos. Al menos no en mi forma de halcón. Volé hasta el campanario, me transformé en mosca y zumbé escaleras abajo. La luz y el sonido me golpearon cuando entré en el sótano. Sonaban teléfonos. Docenas de personas se sentaban frente a largas mesas y hablaban todas a la vez. Mis sentidos de mosca se centraron en olor a moho, café y axilas sudorosas. Y perro. Zigzagueé hacia el olor a perro. Champ yacía en el suelo al extremo de una de las mesas. Me vio, pero no se movió. Si dueña se sentaba a su lado. A menos de un pie de mí. Podía olor su champú. Sonó un teléfono. Oí un click. -Centro Cristiano de Saint Ann.- dijo su suave y calmada voz- Soy Loren. ¿En qué puedo ayudarle? Loren. Había dicho Loren. Le había escuchado decir Loren. Prácticamente se me pararon las alas. Aterricé sobre la mesa, a su lado. Al lado de Loren. Mi madre. -Tómate todo el tiempo que necesites- decía- Para eso estoy aquí. Y se encargaba de las llamadas en un centro para crisis. Era pobre, estaba sola, mutilada y ciega, y era voluntaria en un centro para crisis. -¿Te sientes mejor?- preguntó- Bien. Estaré aquí hasta medianoche por si necesitas hablar más. ¡Whooos! Mis reflejos de mosca me impulsaron hacia adelante. ¡Thwack! Una losa de plástico golpeó la mesa tras de mí. Un matamoscas. Volé a través de una grieta en el techo. -Maldición. Fallé- dijo una voz de hombre- Desde luego, las moscas están rabiosas esta noche. -Oh, no seas tan duro con ellas- dijo la voz de Loren. Cálida. Se reía- Son criaturas de Dios, después de todo, ¿Sabes? Avancé un poco en mi escondrijo. ¿Quién era esa mujer? Se preocupaba por personas con crisis. Se preocupaba por su perro. Y, al parecer, se preocupaba también por las molestas moscas del sótano de una iglesia. Pero no se había preocupado tanto por su hijo como para caminar ocho manzanas y visitarlo. Zumbé hasta salir del sótano y hacia la noche. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducción de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] -Hemos metido en problemas al circo.- dijo Rachel- El Canal 6 ha informado de que un elefante solitario se escapó del Centro Cívico y destrozó un banco de sangre, dañó una tubería de gas que estalló, destruyó un callejón e incendió un almacén abandonado. Marco negó. -Ummm. ¿Y no mencionaron que el banco de sangre estaba controlado por alienígenas de otra galaxia que investigaban a fin de acelerar la aniquilación del planeta? El sol apenas había salido pero ya teníamos reunión en el granero de Cassie. Otra vez. Jake se había traído consigo al Señor King, uno de los Chee. -Los Chee tienen que conocer nuestros planes- Jake nos miró- Decidamos lo que decidamos. El Señor King asintió. – Ayudaremos en todo lo que podamos. Con información, mediante hologramas, refugios… Decidnos lo que necesitáis. – Necesitamos que todos esto se acabe- Cassie estaba sentada en el suelo, frente a la jaula del ciervo- Por favor, ¿podéis hacer que todo esto, simplemente, desaparezca? El Señor King, o al menos su holograma, sonrió. – Si pudiéramos, lo hubiéramos hecho. Hace mucho, mucho tiempo. – Lo sé.- Cassie se recostó contra la jaula.- Lo siento. Es que estoy muy cansada. Paso la mayor parte de la noche aquí afuera, haciendo tanto como puedo.- agitó una mano hacia los animales.- ¿Quién cuidará de mis chicos? Si mi padre no está aquí, tienen cero oportunidades de sobrevivir.- cerró los ojos- Mi padre. Ni siquiera se imagina lo que está a punto de venirle encima. – Lo sé- Rachel sonrió tristemente- Me pasé la noche ayudando a Jordan a practicar sus ejercicios para el encuentro gimnástico de toda la ciudad. Y, ¿sabéis qué? Los clava. Podría ganar. Solo que seguramente ni participe. Estaba tan nerviosa, hablando de cómo su entrenadora les ha dado a todos chaquetas iguales. Y le seguí el juego, como si fuera a ocurrir de verdad. Como si todo fuera normal. Normal. No les había contado a los demás lo que había hecho la noche pasada. Que había seguido a mi propia madre y que, después de eso, había introducido mi cuerpo de mosca en el campanario y me había quedado allí. Ni siquiera sabía cuánto tiempo. El suficiente como para que, cuando salí de mi estupor, me asustara la posibilidad de que siguiera siendo un nothlit. Pero en forma de mosca. -Yo, simplemente, estoy muy cansado de mentirle a todo el mundo- dijo Jake con pesadez- Esta mañana, en el desayuno, estábamos todos sentados mirando los anuncios de venta del periódico. Mi madre y mi padre querían un nuevo cortacésped. Tom incluso dijo que iría. Y también querían que fuera yo, como una familia de verdad que saliera junta. Pero tuve que inventarme la historia de que tenía que ayudar al padre de Cassie aquí, en la granja. -No era una mentira del todo- dijo Cassie. -Tampoco era exactamente la verdad- Jake negó- Mi madre ni siquiera comprende por qué ya no tengo tiempo para ellos. Al menos, si hacemos esto, si los sacamos, esa parte se acabará. El mentir. El salir a escondidas. El herir sus sentimientos.-soltó aire- Pero estamos aquí para votar, así que hagámoslo. ¿Rachel? – Estoy dentro. -¿Cassie? -¿Qué otra opción tenemos? -¿Marco? -Hagámoslo. Definitivamente. -¿Ax? <Haré lo que tú hagas, Príncipe Jake> – Yo voto que sí pero…- Jake nos miró- Me llevo también a Tom.- no era una pregunta- Sé que es correr un riesgo, pero creo que es un riesgo sostenible. Mis padres no lo dejarán atrás. Y yo no le dejaré atrás. Así que, mientras todos comprendáis eso, voto que sí. <Lo entiendo, Príncipe Jake> -Tom forma parte del trato- dijo Rachel. Cassie y Marco asintieron. -¿Tobías?- Jake me miró- No has votado. <Sacadlos> dije <A todos> Masajeó sus sienes. – Muy bien. Decisión tomada. Estarán a salvo en el nuevo valle de los Hork Bajires. Los padres de Marco ya viven allí. Y los Yeerks creen que lo han destruido. Iremos a por mi familia en último lugar. Así, si algo sale mal con Tom, el resto estará ya a salvo. Tendremos que vigilarlos, custodiarlos, al menos durante los tres primeros días para asegurarnos de que no son controladores. Y para asegurarnos… <Para asegurarnos de que el Yeerks de Tom muera> dijo Ax a su común manera burda. – Correcto- Jake asintió- Todos nosotros iremos a vivir también con los Hork Bajir. No podemos quedarnos aquí en la ciudad. Es demasiado peligroso. Los Yeerks estarían encima de nosotros. -Bien. Empaquetemos nuestros cepillos de dientes y corramos. -No, Rachel. Nos retiramos.- contestó Jake- Una retirada táctica. Salvar la armada. Vivir para luchar otro día. Pero un cepillo de dientes vendría bien. Y desodorante. Vamos a estar ahí fuera un buen tiempo. -Es posible que los Yeerks ya se hayan movilizado- dijo el Señor King- Sugiero que empecéis pronto la evacuación. – ¿Qué tal ahora?- Cassie se levantó y se quitó el heno de los pantalones- Mis padres están en casa, cosa que casi nunca ocurre. Hagámoslo. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducción de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Cassie abrió con suavidad la puerta del granero. Su madre se encontraba en el porche, bebiendo una taza de café y leyendo el periódico del sábado. – Mis padres son científicos- dijo Cassie en voz queda- Creen en la lógica y en la razón respaldada por fuertes evidencias. Tenemos que darles pruebas y explicarles todo racionalmente, o no se lo tragarán. El Señor King creó un holograma del porche de Cassie, del granero y el patio. Para cualquiera fuera del holograma… que caminara por allí, o que volara por encima de nosotros o que se ocultara entre los arbustos… parecería como si la madre de Cassie aún estuviera sola en la mesa del porche, absorta en las noticias del mundo. Dentro del holograma, volé a través del patio y me posé al lado de la taza de café. Ni siquiera levantó la mirada. Clinck, clinck. Picoteé la taza. Se asomó por encima del periódico. – Oh. Eres un halcón muy amistoso. < A veces> dije <Aunque los Yeerks y los pequeños roedores discreparían> Se me quedó mirando. -Muyyy bien.- sacudió la cabeza y colocó otra vez el periódico frente a sus ojos- No he oído eso. <No con las orejas> dije <Estoy hablando directamente en tu mente> Silencio. La madre de Cassie no se movió durante un minuto entero. Luego, poco a poco, bajó el periódico, lo dobló hasta formar un perfecto rectángulo y cogió su taza de café. -Café. Desde luego necesitó más café, porque aún estoy soñando.-apartó con prisas la silla- Sabía que no tenía que haberme pasado al descafeinado. – No es el café, mamá. Cassie, Rachel, Marco y Jake avanzaron a través del patio hasta el lugar donde conversábamos la madre de Cassie y yo. Rachel, Marco y Jake tomaron posiciones en el patio. – En nombre de la Tierra, ¿Qué está pasando? Cassie subió las escaleras del porche. Abrió la puerta de la cocina e introdujo su cabeza. – ¿Papá? ¿Puedes salir un momento?- luego se enfrentó a su madre- No estás soñando, mamá. Tobías no es un halcón normal. Su madre me miró. – Y que lo digas. – Es un humano bajo la forma de un halcón.- continuó Cassie con paciencia, como si le explicara conceptos muy complicados a un niño demasiado joven e inocente.- Se comunica mediante pensamientos. Como la telepatía. – Telepatía. Ajám.- su madre se cruzó de brazos y se recostó sobre la silla.- ¿A qué juego estás jugando, Cassie? ¿Has escondido un micrófono por aquí?- miró hacia la fila de floreros que tenía detrás.- ¿Me estás grabando mientras me comporto como una idiota? La voz de Cassie permaneció admirablemente en calma. – No estamos grabando nada, mamá, y no es un juego.- me miró y asintió. Me concentré en Tobías el chico. Mis plumas comenzaron a derretirse en piel humana. -Mira, Cassie, este es mi primer día libre en mucho, mucho tiempo, y estoy intentando disfrutar de… ¡Oh!- la madre de Cassie atisbó mi retorcida piel emplumada, marrón y bronceada. – ¡A este pájaro le pasa algo malo! Atrás, Cassie. Antes de que pudiera apartarme a trompicones, me arrojó la sección de deportes, me atrapó y me colocó bajo su brazo. – No le pasa nada malo, mamá.- dijo Cassie. Vale, ahora sí que había un deje de pánico en su voz- Suéltalo. Pop. Pop. Pop. Pop. Pop. Pop. Los dedos surgieron del extremo de mis alas. – Santo Cielo- la madre de Cassie se quedó mirando esas manos humanas que colgaban bajo la envoltura del periódico.- Cassie, trae a tu padre. Dile que se reúna conmigo en el granero. En la sala de operaciones. Alejaos, todos. Podría ser contagioso. -¡Mamá, espera! La madre de Cassie trotó escaleras abajo mientras yo aún aumentaba de peso y tamaño bajo su brazo. Fue en ese entonces cuando Ax caminó hasta nosotros por el patio. -¡Ahh! ¡Thunk! Caí al suelo. Mi pico se derritió hasta formar una nariz y boca humanas. Los espolones se estrecharon hasta crear pies humanos y me convertí en un chico. Un chico con la cabeza en medio del polvo. Me senté. Ax volvió los ojos de sus antenas hacia mí. <¿Es un controlador> preguntó en privado. <No sabría decirlo> contesté <Pero no lo creo> La madre de Cassie, despacio, muy despacio, empezó a recular escaleras arriba con los brazos extendidos e impidiendo que Cassie bajara del porche. – Atrás, Cassie.- no quitaba los ojos de encima a Ax. Su cuerpo siempre entre su hija y el centauro azul.- Sabía que esas torres de alto voltaje alterarían la vida salvaje. Quédate detrás de mí. Podría ser radiactivo. – No es radiactivo, mamá- Cassie se apartó de su madre y se situó al lado de Ax – Es solo que está muy, muy lejos de casa. La madre de Cassie seguía mirando a Ax. Luego me miró a mí. La página de deportes seguía envolviéndome una pierna. Entornó los ojos. – Eras un halcón. No puedo creer que esté diciendo esto pero, hace unos minutos, eras un halcón. Asentí. Miró a Ax. – ¿Y él…? – Es un Andalita- dijo Cassie con suavidad- Su nombres es Aximili-Esgarrouth-Isthill. Le llamamos Ax. Es nuestro amigo. <Es un placer conocerla, Señora Madre de Cassie> – Oh, sí. Un placer.- sus ojos se movieron hasta su hija- ¿Un Andalita? También me habla en la cabeza.- y volvió a mirar a Ax. Avanzó hacia él. Lo rodeó- ¿Y se supone que es así? Cassie asintió. Ax frunció el ceño. – Fantástico- la madre de Cassie se acercó y pasó la mano sobre el pelaje azul de la grupa de Ax. – ¡Mamá!- Cassie apartó la mano de su madre- ¿Jugarías con el culo de Jake? – ¡Por supuesto que no! – ¡Pues deja de jugar con el de Ax! [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducción de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] ¡Ey!- la puerta de la cocina de abrió y el padre de Cassie salió al porche sosteniendo una jarra de café con las manos- Me guastaría saber de quién fue la brillante idea de programar la salida del sol a las… ¡whoa! Se quedó mirando a Ax. Se frotó los ojos y volvió a mirarlo. Frunció el ceño y bajó la vista a la jarra. – No es el café, Walter. – Sentaos- dijo Cassie- Los dos- condujo a su madre de regreso al porche y obligó a sus padres a sentarse en las sillas. Y llevó a cabo una impresionante imitación de un lobo. De su piel brotaron gruesas cerdas grises. Sus orejas se desplazaron hacia adelante y se alargaron. La pequeña nariz de Cassie se extendió hasta crear el sensible hocico del lobo. Y sus padres solo observaron, anonadados. <Estoy bien> Cassie se dejó caer sobre las cuatro patas <Todavía soy yo. Pero, por ahora, también soy un lobo> Cuando finalizó la transformación les habló sobre los Yeerks. Sobre Visser Uno y Elfangor. Sobre los padres de Marco. Y Tom. Les explicó qué era la tecnología mórfica y todo sobre nuestra lucha para salvar la Tierra. Y regresó a su forma. Su madre la acogió bajo un brazo. – Mi pequeña. Oh, mi pequeña.- acarició el pelo de Cassie y le besó en la cara una y otra vez. Su padre las abrazó a ambas. – ¿Por qué no nos lo contaste, Cassie? Podríamos haberos ayudado. – Quería manteneros a salvo. Tanto tiempo como fuera posible.- Cassie negó- Pero ya no puedo seguir haciéndolo. Los Yeerks se están acercando. Tenemos que irnos. Vosotros. Yo. Todos. Ahora. – ¿Ahora?- la madre de Cassie sostuvo su rostro entre las manos- Cariño, no puedo irme sin más y dejar el trabajo, mi casa, y correr a Dios sabe dónde. Tengo responsabilidades. – No, mamá, no las tienes. Solo tienes tu vida y tu familia. Y, si te quedas aquí, perderás ambas cosas.- Cassie se giró hacia su padre- Papá, me crees, ¿verdad? – Te creo, Cassie, pero tu madre tiene razón. No podemos irnos sin más. Demasiada gente, demasiados animales, dependen de nosotros. – No- repitió Cassie con firmeza- Ya no. No lo entendéis. – Quizá yo pueda ayudar- el Señor King pareció aparecer de la nada. Desactivó su holograma humano y se quedó allí, de pie ante nosotros en su verdadera forma de metal y marfil con vaga forma de androide canino. – Santo Dios- la madre de Cassie se llevó una mano a la cabeza- ¿Qué más se esconde en nuestro granero? El Señor King mantuvo activo el holograma mayor que mostraba el patio y el granero de Cassie, pero dentro de este proyectó otro holograma, uno que solo los que nos encontrábamos en el porche podíamos ver. Una película en 3-D de una de nuestras batallas. Las imágenes pasaron, fugaces. Cassie, bajo la forma de lobo, destrozada y sangrando. Un humano controlador, un policía, que le disparaba. Cassie sufriendo un espasmo. Cayendo. Yaciendo como un fardo sangrante y sin vida. Las imágenes se detuvieron. Durante un momento solo hubo silencio. Luego, habló el padre de Cassie. – Tenemos que irnos- dijo- Ahora. Su mujer asintió. Esperamos mientras la familia se preparaba para irse. El padre de Cassie sacó el equipo de camping del garaje. Su madre llenó algunas maletas. Cassie arrojó sus cosas en su mochila. Antes de meter la mochila en la furgoneta de su familia, extrajo algo para que lo viéramos. Parecía uno de esas cosas cuadradas, pisapapeles, repletas de dibujos y marcos. El cubo mórfico cuya superficie azul quedaba oculta bajo las fotos. Después, ayudamos al padre de Cassie a cargar las jaulas más pequeñas de animales en la furgoneta. Cassie dio de comer al gamo y se quedó de pie junto a la jaula, acariciándole el cuello. – No sé qué hacer. Es demasiado grande para llevarla con nosotros y no puedo volver aquí para seguir cuidando de ella. – No te preocupes.- el Señor King alzó la jaula de una zarigüeya y se dirigió a la furgoneta. Cassie le siguió a regañadientes- Fui el ayudante de laboratorio de Louis Pasteur en una vida anterior. De hecho, fui quien le sugirió que usara el calor como método para matar bacterias. Le echaré un ojo al gamo, le daré de comer, le cambiaré las vendas. Y cuando esté recuperada, la dejaré en libertad. – Gracias- Cassie estrechó su mano de androide y subió a la cabina de la furgoneta con sus padres. Marco se transformó en gorila y saltó a la parte trasera. Se apretujó entre la jaula de la zarigüeya y un montón de sillas de jardín. <Pensad que soy como un peludo ángel guardián> dijo y la madre de Cassie le lanzó una mirada. El Señor King extendió el holograma para que cubriera la carretera frente a la casa de Cassie. Observamos mientras la furgoneta traqueteaba y se alejaba. Rachel suspiró. – Mi casa es la siguiente. Y no va a ser divertido. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] <La lógica y la razón no van a funcionar aquí> nos preparó Rachel <Mi madre es abogada. Nada de conversar con ella. Ganaría, tenga o no razón. Solo tenemos que hacer lo que hemos venido a hacer> Volamos hasta la casa de Rachel bajo variadas formas de aves. Lourdes, otro chee, nos aguardaba ya en el porche. Rachel, Jake y Ax regresaron a sus formas y Rachel nos condujo adentro. Nos amontonamos en el vestíbulo. En el salón, la televisión emitía CatDog. La voz de una mujer atravesó las puertas de la cocina. Rachel puso los ojos en blanco. – Mi madre. En una de sus llamadas de trabajo. Tal y como la dejé cuando me fui esta mañana. El móvil ya estará envasado al vacío sobre su oreja. Avanzamos con cuidado hacia la cocina. Las hermanas de Rachel, en pijama, estaban en el salón. Demasiado ocupadas comiendo oreos y viendo la televisión como para darse cuenta de que su hermana, su primo, un alienígena y un halcón de cola roja pasaban a su lado. Era sorprendente la capacidad de los niños para ignorar lo raro. Ax se quedó vigilando la puerta del salón de estar. Yo me posé sobre un perchero desde donde podía ver perfectamente a la madre de Rachel deambulando por la cocina. Rachel y Jake subieron de puntillas por las escaleras. Y regresaron un poco después con tres mochilas y una bolsa de noche de Barbie. Rachel se transformó en oso pardo. Jake se introdujo en la cocina y se colocó frente a las puertas corredizas de cristal. – Ya hemos pospuesto la declaración dos veces.- espetó la madre de Rachel al teléfono- Y no lo vamos a hacer otra vez. Levantó la vista, vio a Jake y frunció el ceño. Su boca formuló la pregunta de “¿Dónde está Rachel?” Jake señaló al vestíbulo. La madre de Rachel asintió, se volvió y caminó hacia el otro lado. – Mira, Harold, mi cliente ha estado… No importa. No. ¡NO! Seguiremos adelante con ello mañana, como los habíamos planeado. Cerró el teléfono de un golpe y se masajeó las sienes. Rachel entró en la cocina. Volé tras ella y me posé sobre la nevera. <Deberías haberles dejado posponerlo, mamá. Mañana no te viene bien> Su madre se giró de golpe. Retrocedió hasta chocar contra la pared. – ¿Qu…? Rachel, ¿dónde estás? Jake, ¡corre! Ve por delante y llévate a Sara y Jordan. ¡Chicas! ¡Salid de la casa! – Sara y Jordan están a salvo, tía Naomi- dijo Jake con su voz de “hablar con familiares desquiciados”- Y tú también. ¿Ax?- alzó la voz pero se mantuvo calmado.- ¿Podrías asegurarte de que las hermanas de Rachel no se van a ningún lado? Del salón de estar brotaron pequeñas risitas femeninas. < Ya lo he hecho, Príncipe Jake. Creen que soy un pokemon. Les he dicho que soy un Andalita y que soy muy rápido en realidad, pero insisten en entrenarme> N.T: Juego de palabras intraducible. Las niñas, evidentemente, dicen pokemon, pero Ax entiende “pokey man” u hombre pequeño. Ax entró trotando en la cocina con Sara sobre su grupa. Jordan caminaba a su lado. – ¡Mis pequeñas! ¡Dejadlas en paz!- la madre de Rachel tanteó a su espalda y cogió un especiero de la pared. Y arremetió contra Rachel. Si, arremetió contra un oso pardo. Con un especiero. Fue impresionante. La madre de Cassie había hecho lo mismo. Arrojar su propio cuerpo entre su hija y lo que creía que era un ciervo mutante y radiactivo. Eso es lo que hacían las madres. Era como actuaban. Se ponían en peligro para salvar a sus hijos. <Oh, de acuerdo, mamá> Rachel contuvo a su madre con una sola pata <¿Qué daño vas a hacer con esas hojas de laurel?> – ¿Rachel? ¡Puedo oírte!- su madre cayó frente al oso. Presionó la oreja contra la tripa del oso pardo de Rachel.- ¿Estás ahí? Por Dios, esta bestia te ha comido viva. <Oh, tio> Rachel puso en blanco sus ojos bizcos de oso. <Mamá, escúchame. No estoy dentro del oso. Soy el oso. Contrólate. Tienes que conducir> se colocó a su madre sobre el hombro <Jordan, coge el bolso de mamá> Jordan asintió y se hizo con una gran bolsa de cuero que se encontraba en el mostrador de la cocina. Como he dicho antes, sorprendente la capacidad de los niños para aceptar lo raro. Rachel trotó por la cocina y arrancó la puerta que daba al garaje. Ax pastoreó a Jordan y Sara tras ella. Jake reunió sus maletas y las siguió. Yo tomé la retaguardia. Rachel arrojó a su madre sobre el asiento del conductor. Sus hermanas se subieron a la parte de atrás. < Relajaos, todos> Rachel, aún bajo la forma de oso pardo, se introdujo en el asiento del copiloto. Causó algunos daños <Os lo explicaré por el camino. Necesitamos unas vacaciones y tengo la sensación de que van a ser largas vacaciones> – ¿Cómo de largas?- Jordan frunció el ceño- Tenemos que llamar a papá. ¿Cómo va a encontrarnos? Durante unos instante, Rachel no respondió. Luego, habló con una telepatía amable (amable para los estándares de Rachel) <No te preocupes por papá. Yo se lo diré. Nos encontrará. Lo prometo> Golpeó el control remoto y la puerta del garaje se abrió. < Yo me encargo de esto> le dijo a Jake <Necesitas a Ax y Tobías contigo> se giró a su madre <Vámonos> Su madre arrancó el coche, metió la marcha atrás y salió, rechinando, del garaje. Me pareció que estaba algo tocada. Cuando terminó de dar marcha atrás, el coche giró. Luego se impulsó hacia adelante y ganó velocidad. El holograma de Lourdes cubrió su salida. Los observamos hasta asegurarnos de que nadie los seguía. Después, Jake y Ax se transformaron en aves y volamos hacia la siguiente casa. La de Jake. Y la de Tom. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] <Iremos primero a por Tom> dijo Jake <Sin explicaciones. Solo, lo cogemos y ya. Sin darle tiempo a reaccionar. No debería ser muy difícil. No puede con nosotros tres. Y, una vez tengamos a Tom, mis padres nos seguirán de buena gana. No van a dejar que secuestremos a Tom sin ellos.> Por supuesto que no. Lo arriesgarían todo para salvarlo. Es lo que hacían los padres. Dimos vueltas sobre la casa de Jake. Un halcón, un aguilucho y un halcón peregrino que buscaban signos de actividad alienígena. Jake estaba concentrado, como siempre. Serio. Determinado. Lo normal en Jake, aunque tal vez un pelín nervioso. Pero también parecía, no sé, temerario. Desafiante. Sus giros eran demasiado bruscos, su vueltas demasiado rápidas. Casi como si fuera un piloto de caza. Casi como Rachel. Le vi precipitarse sobre su barrio, virar y caer en picado sobre su casa. Sep, íbamos a por sus padres. Íbamos a obligarles a abandonar todo cuanto conocían, todo lo que querían. Pero también íbamos a por Tom y ese era el momento que Jake había estado esperando desde el comienzo de la guerra. El momento en que pudiera liberar a Tom de los Yeerks. El momento en que Jake pudiera, por fin, salvar al verdadero Tom. Aterrizamos tras una fila de arbustos. Erek nos esperaba. – No hay nadie en casa- nos dijo- Vine aquí nada más llamarme y la casa estaba vacía. No he visto ni un alma desde entonces. Jake asintió. <Se han ido de compras. Aunque ya deberían haber vuelto. Pero no pasa nada. Cuando lleguen, ya estarán dentro del coche. Los tres. En la carretera. Eres, tú cubre el lugar con un holograma. Ax, Tobías y yo saltaremos dentro, inmovilizaremos a Tom y obligaremos a mi padre a conducir. Está bien. Nos facilita el trabajo> Fácil. Correcto. Jake y Ax recuperaron sus formas. Ax permaneció oculto entre los arbustos. Jake desatrancó la puerta principal y se introdujo en la casa. Salté al cielo. Aún sin señales de los Yeerks. Y sin señal de los padres de Jake. La puerta del garaje se abrió. Jake estaba dentro, rodeado de un montón de maletas y otros objetos que, según él, necesitaría su familia. El portátil de su madre. Los palos de golf de su padre. La pelota de baloncesto de Tom. Arrojó todo entre los arbustos y cerró la puerta del garaje. La pelota salió rodando por la calle. Jake corrió tras él. <Príncipe Jake> los ojos de las antenas de Ax analizaron la calle <Cuanto más esperamos más preocupado estoy> <Estoy con Ax> floté sobre la casa <Estamos dejando un rastro. La granja de Cassie. La casa de Rachel. No les costará mucho a los Yeerks averiguar que las familias se han ido. Y menos tiempo aún para adivinar cuál será la próxima familia> – Vendrán- Jake hizo una finta y se dirigió hacia el aro de baloncesto montado sobre la puerta del garaje.- A mi padre le costará decidirse por un cortacésped. <Un cortacésped> repetí. – Sep. <Con Tom> – Sep. < Vale, piénsalo un instante. Tom es un controlador de alto rango. Ya estará al corriente del asalto al banco de sangre. De la coincidencia parcial de ADN. Pero pasa la mañana comprando un cortacésped. ¿Y no te parece algo raro? – No- Jake fintó a la izquierda, giró hacia la derecha y sujetó la pelota- Los cortacésped están de rebajas. Solo han ido a echarles un vistazo. Perfectamente normal- tiró- Una familia que mira cortacésped. ¡Swish! Por el aro. Jake trotó hasta el garaje y se hizo con el rebote. – No hay nada raro. Me remonté en el aire. Escudriñé la maraña de calles. De abajo me llegaba el regular th…thump de la pelota que botaba contra el suelo del garaje. – ¿Los ves?- preguntó Erek. <No> dije <Nada> Th…thump. Th…thump. <¿Príncipe Jake> dijo Ax otra vez <Tom está infectado por un despiadado Yeerk hambriento de poder. Y tus padres…> – Lo sé, Ax- Jake arrojó la pelota contra la puerta del garaje- Lo sé. Mis padres no están a salvo con él. Intentó infestar a mi padre con un Yeerks. Intentó… intentó… Matarle. Tom, el controlador, intentó matar a su propio padre. Th…thump. Th…thump. Movimiento. Un fogonazo plateado en la distancia. Di una vuelta. <Los veo. A tres manzanas y dirigiéndose a tu casa> El thump se detuvo. – ¿Todos? ¿Aún está Tom con ellos? Mi madre. Mi padre. ¿Están bien? <Están todos dentro. Y están todos bien. Pero…> – ¿Pero qué?- gritó Jake. Me volví. Dos SUV se mantenían a la altura de su coche en calles paralelas. <Es una trampa, Jake. Los Yeerks están sobre nosotros. Tenemos que salir de aquí. Abortar la misión.> – ¡No podemos irnos, Tobías! Son mi familia. <Príncipe Jake, recuerda. Retirada táctica. Salvar la armada. Vivir para luchar otro día> – ¡No! No hay otro día. Si no los sacamos ahora no habrá más oportunidades. Jake dejó caer la pelota. De su piel emergieron rayas naranjas y negras. El pelaje de un tigre. El coche de sus padres aceleró. Y también los SUV. Me lancé en picado. Caí hacia el coche. No sabía qué estaba haciendo. Un halcón solitario contra un Lexus. Tal vez pudiera atraer la atención del padre de Jake. Hacer que diera media vuelta. Obligarle a parar. Algo. Volé bajo y con velocidad. Pasé como una exhalación al lado del asiento del copiloto. La ventanilla se abrió. Y atisbé a la madre de Jake. Su cara endurecida y retorcida. Su mano, apretada. Un destello de metal. Di la vuelta. ¡Tssseeeeeew! El fuego del Dragón pasó a mi lado. La fuente para pájaros del barrio estalló. Me tambaleé. Me ahogué entre el hedor de plumas quemadas. Batí las alas. Las puntas estaban chamuscadas. La madre de Jake se inclinó fuera del coche. Se volvió. Apuntó. Me lancé hacia el cielo. Podía ver a Tom a través de la ventanilla trasera. Se inclinó sobre el asiento delantero. Arrancó el rayo dragón de la mano de su madre. Qué cayó a la carretera. ¡Tssseeeeeew! Se originó una cicatriz negra frente a la casa de Jake. Casi fue como un presagio. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] <¡Príncipe Jake! ¡Debemos retirarnos!> Ax ya había comenzado a transformarse. De su pelaje azul brotaron plumas. Uno de los SUV emergió de una calle lateral. El Lexus se desvió. Saltó la curva. Se llevó por delante una fila de buzones y regresó, dando una vuelta, a la calle. Pasó de largo la casa de Jake. Pasó de largo el camino. El padre de Jake giró de golpe el volante. El coche dio media vuelta. Roció gravilla sobre el patio del vecino. <¡Jake, sal de ahí!> Ax salió volando de entre los arbustos. <¡Ahora, Príncipe Jake!> – No puedes hacer nada más- añadió Erek. Jake asintió. Ya habían desaparecido las rayas negras y naranjas. Sobre su piel comenzó a grabarse el patrón de las plumas de un halcón peregrino. El motor del coche rugió. El Lexus se lanzó hacia delante. – ¡Jake, espera!- gritó Erek- Voy a proyectar un holograma que cubra la transformación. – No. Quiero que lo vean. A plena vista de su familia, Jake se transformó en halcón peregrino. Su cuerpo se hizo más pequeño. Sus brazos se convirtieron en alas. Los pies se volvieron garras. <Esto va por ellos> su telepatía no fue sino un susurro <Para mi familia de verdad. Para darles esperanzas y, por fin, la verdad. Y para sus captores Yeerks. Para amenazarles> El coche se introdujo en el camino. La madre de Jake saltó del asiento delantero y dio una voltereta sobre el patio. En dirección al rayo Dragón que había caído entre la hierba. <Jake, ¡ahora!> me volví. Me lancé en picado sobre el arma. Jake alzó las alas y se elevó sobre el camino. Su madre fintó hacia el arma. Rodó. Apuntó. Me abalancé sobre ella. Arañé su brazo con mis garras. ¡Tssseeeeeew! La ventana del baño de Jake se hizo pedazos. Jake voló por encima del tejado. Ax le siguió. – ¡Asquerosos humanos!- gritó la madre de Jake. Los SUV rechinaron al entrar en el camino. Los controladores corrieron a través del césped. – Disparad a discreción. ¡No dejéis que escapen! Me volví. Me impulsé con las alas. Rodeé la casa. Los arbustos explotaron a mí alrededor. Pequeñas ramitas atravesaron mis alas. Giré la esquina del patio trasero. Jake y Ax me esperaban. Nos precipitamos hacia la casa que estaba detrás de la de Jake. Cruzamos la siguiente calle y volamos como una exhalación por entre la siguiente fila de casas, y la siguiente. Los controladores nos perseguían, pero las aves de huesos huecos son más rápidas que los pies humanos. Los gritos y los disparos quedaron atrás. Salimos disparados del barrio residencial y nos precipitamos sobre el centro comercial. El sol que caía sobre el cemento y el asfalto creaba hermosas corrientes termales. Extendí las alas. Las notaba entumecidas a causa del batir incesante de alas. Ax también las extendió. El aire cálido se acolchó bajo nosotros. Subimos disparados hacia las nubes. Pero Jake continuó aleteando. Bajo y al frente. Pasó sobre el centro comercial y más allá de la interestatal. Zumbó al lado de un dieciocho ruedas. Se lanzó entre cables de alta tensión. Voló por encima y por debajo de ellos. Batió las alas y planeó. Fuera y dentro del tráfico. <No es tu culpa, Príncipe Jake> le dijo Ax desde las alturas <No podías saber qué planeaba Tom. No podrías haberle detenido> La telepatía de Jake sonó amarga. <Sep, Ax. Podría> Jake se giró a medias y pasó entre dos postes de teléfono. Luego extendió las alas y ascendió. <¿Qué me pasa? ¿Por qué no lo hice la noche pasada? Cuando tengo que esperar, planear, recabar información, ¿qué es lo que hago? Cargo. Ataque sorpresa. Estropeó las cosas permanentemente. Pero cuando necesito cargar, salvar a la gente que más quiero, esperé y dije: “Id a casa. Descansad.” Fantástico plan. Dormí. Y mis padres fueron infestados> Nos adelantó. Sobrevoló un centro comercial. Nos mantuvimos a su altura. <Volveremos, Príncipe Jake. Cuando sea el momento correcto, volveremos para salvarlos> Jake se lanzó en picado. Se arrojó hacia la Tierra a trescientos kilómetros por hora. Hacia el parquing de abajo. Se enderezó a tan solo segundos antes de que su pico colisionara contra el pavimento, rozó el asfalto y volvió a ascender. Jake, nuestro líder temerario. Incluso en sus momentos más bajos siempre había permanecido tranquilo. Resuelto. Siempre sopesaba los riesgos, tomaba una decisión y la seguía. Y siempre me había preguntado cómo era capaz de hacerlo. Cómo conseguía mantenerlo en su mente. Yeerks. Visser Uno. Alienígenas que conquistaban humanos y el planeta. Luchar contra el enemigo sin convertirte en él. ¿Cómo podía avanzar entre todo eso? ¿Las emociones, los dilemas éticos, las crisis de moral? ¿Cómo podía adaptar su cerebro a todos eso para tomar decisiones lógicas? Decisiones inteligentes. De esas que salvan las vidas de su equipo. De esas que hacían retroceder al enemigo uno o dos pasos. Pero ahora lo sabía. Jake no entendía nada de aquello más de lo que lo entendíamos el resto. Vencía a los Yeerks, salvaba a la humanidad, rescataba la Tierra, y eso estaba bien. Pero era un extra. Su meta principal era más simple. Salvar su familia. Y era esa meta lo que le daba su fuerza. Esa meta le mantenía cuerdo. Le permitía conservar un foco de calma entre el tremendo caos. La familia. Las casas bajo nosotros comenzaron a escasear. Las áreas comerciales se convirtieron en colinas. <Tengo que cazar> dije <Os alcanzaré más tarde> Me alejé y planeé hacia mi prado. Jake y Ax desaparecieron sobre una cresta. Giré a un lado y regresé a la ciudad. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Floté sobre el tejado. Las ventanas se abrían un resquicio. Las cortinas se agitaban a causa de la brisa. Me llegaron sonidos. Sus pasos. Su voz. – ¿Tienes hambre, chico? Aquí tienes, mi gran corazón dulce. Se escuchó el frufrú de un papel, como si estuviera abriendo una bolsa. Y, después, un traqueteo apagado. Comida de perro que caía en un plato. Por el suelo se deslizaron unas uñas de perro. Champ tomándose el almuerzo. Lo que probablemente significaba que ni él ni Loren irían pronto a ninguna parte. Sin problemas. Podía esperar. Pero no esperaba solo. Los Yeerks habían enviado un comité de bienvenida. Una vagabunda empujaba su carrito por la acera frente a la casa de Loren. Alcanzó la esquina, dio media vuelta y siguió empujándolo de regreso. Sobre la calle se encontraba una vieja camioneta, justo en el hueco vacío entre la casa de Ricky Lee y la tienda de comestibles quemada. La cubrían enredaderas y telas de araña, y las malas hierbas prácticamente la habían devorado, como si hubiera sido abandonada en ese lugar muchos años atrás. Pero ayer no estaba ahí. En la esquina siguiente, un adolescente esperaba en una parada de autobús. Intentaba parecer casual mientras jugueteaba con su reproductor de CDs. Balanceaba los hombros. Sus reeboks de la talla trece tamborileaban sobre el asfalto. Pero sus ojos no se apartaban de la casa de Loren. Llegó un autobús. Se fue. El chico ni se inmutó. Me elevé sobre la calle. Mi sombra flotaba por la acera, abajo. La vagabunda la miró. Levantó la vista. Me observó demasiado tiempo. Su mirada se desvió hacia la furgoneta abandonada. Masculló algo dentro de su carrito. Mis oídos de halcón captaron retazos. – Sobre la casa… no sabría decirlo… no quiero llamar la atención… espera… a ver si… Volé calle abajo, alejándome de la casa de Loren. Planeé y me deslicé a plena vista de la vagabunda, de la camioneta y del chico del bus. Como haría un halcón normal en una cálida tarde. Me precipité hacia una cartelera a tres manzanas más allá y me dejé caer en picado tras ella, fuera de vista. Esperé. Nada. Pasé rozando la acera, di la vuelta al barrio y me acerqué a la casa de Ricky Lee desde atrás. Me posé sobre la valla del callejón. Y aún nada. Volé por el patio trasero cuidándome de mantenerme lejos del campo de visión de la camioneta, y batí las alas hasta situarme en el tejado. Permanecí justo bajo el alero del tejado del patio trasero, escondido entre la chimenea y la antena de televisión. Ricky Lee estaba en casa y veía un maratón de Brady Bunch en Nickelodeon. Clavé las garras en las tejas de alquitrán y esperé. Podía ver la casa de Loren. Y a la vagabunda que volvía a empujar su carrito hacia la esquina. Miró al cielo, siguiendo la dirección de mi vuelo, frunció el ceño y empujó su carrito en la otra dirección. En la parada de autobuses, el chico aún se balanceaba con sus auriculares. Y todavía vigilaba la casa de Loren. Cuatro horas. El alquitrán se suavizó bajo el sol del atardecer. Mis garras se hundieron más. La vagabunda se sentó en el bordillo. El chico del reproductor de Cds se sentó tras doce autobuses. Y, aún, Loren seguía dentro. ¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo pasaba el tiempo una mujer ciega, todo el día, sola? Llegó otro autobús. Se fue. Por fin, la puerta de la casa de Loren se abrió. Ella y Champ caminaron hasta el porche. La vagabunda se levantó de un salto. El chico del bus se detuvo en medio balanceo. Solté las garras de la teja y volé por el patio trasero de Ricky Lee hasta el callejón. Me mantuve baja altura. Rodeé la manzana. Loren y Champ pusieron rumbo a la iglesia. La vagabunda y su carrito traquetearon tras ellos, guardando las distancias. Les seguí, revoloteando entre patios traseros, bajo aleros. Cruzaron la calle. <El perro, tío. El perro es tu pasaporte> Era la telepatía de Marco. Me hice a un lado. Un águila pescadora y un aguilucho se dejaron caer tras de mí. Marco y Ax. <¿Qué estáis haciendo aquí?> <Proteger a una especie en extinción> contestó Marco <A ti> <Nos ha enviado el Príncipe Jake. Pensó que necesitarías ayuda. Y yo recordaba la dirección> Volamos sobre otra manzana. Pasamos de largo la parada de autobús. Loren y Champ se detuvieron en la esquina, se volvieron y cruzaron la calle hacia nosotros. Hacia el 7-Eleven. Atravesaron el parquing y desaparecieron dentro. Ax, Marco y yo nos posamos en un contenedor situado en la parte trasera de la tienda. Ax y yo nos convertimos en humanos, Marco recuperó su forma y rodeamos el edificio. La vagabunda se había detenido al otro lado de la calle. Se inclinó sobre su carrito de la compra y observó la tienda. – Casual- dijo Marco- Solo hay que actuar casualmente. Somos tres punkies del vecindario dando una vuelta por el 7-Eleven. Se dirigió hacia la puerta. Ax y yo le seguimos. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] El lugar estaba prácticamente vacío. Una anciana hojeaba el National Enquirer en la entrada. Dos niños pequeños toqueteaban las barras de caramelo a su lado. Loren se encontraba al otro lado de la tienda, en la exigua sección de comestibles, caminando por uno de los pasillos. Un cajero solitario se encargaba de la caja. Ax se acercó a él. – No te preocupes- dijo- Solo somos unos adolescentes problemáticos y unos matones, posiblemente miembros de una banda, pero no te encuentras en peligro. El chico le dedicó a Ax una mirada en blanco. – Su banda es de fuera de la ciudad- expliqué. Marco agarró a Ax de la camisa y lo arrastró hasta la parte trasera de la tienda. – Cálmate, Ax-man. Eso parecerá realmente convincente en las cintas de seguridad. Pasamos dando codazos al lado de Loren y Champ. – Tío, saca a tu perro de aquí- gangueó Marco.- Apesta. Loren no dijo ni una palabra. Solo siguió caminando con ese paso suyo tan tranquilo. Tanteó la estantería de arriba hasta que sus dedos tocaron una caja de Raisin Bran. Lo cogió, lo sacudió y lo colocó en la cesta de la compra que le colgaba del brazo. La miré. Mi madre. Que hacía sus compras en una tienda de conveniencia. Pero supuse que no tendría más elección. No es que abundaran en el barrio los lugares seguros, brillantes y resplandecientes. – Ey, tú, perrazo- le dijo Marco a Champ- ¿Te apetece un trago?- escogió una lata extra grande y la vació. La coca cola se derramó por todo el suelo. Champ le ignoró. Y también Loren. Caminó hasta los congelados, en el muro de atrás, y cogió un cartón de leche que depositó en su cesta. Pude ver la fecha de caducidad en la tapa. La leche llevaba tres días caducada. – ¿No es adorable?- arrebaté la cesta de su brazo- Nos está comprando un pequeño aperitivo- saqué la leche de la cesta y la reemplacé por otro cartón fresco del congelador.- Tío. Nada más que cereales y galletas de perro- empujé la cesta de nuevo sobre su mano- Quédatelo, mujer. No dijo nada. Ni siquiera titubeó. Simplemente se limitó a pasar sus dedos por las puertas del congelador… contándolas, supuse… abrió una y sacó un paquete de mortadela. Se volvió y caminó por otro pasillo. La seguimos. – No parece tenernos miedo- susurró Ax. – Seguramente haya pasado por cosas peores- dije, irritado. – Ah- Ax asintió.- No comprende cuan amenazadores somos- le tocó el hombro- No me conoces- dijo- pero soy un delincuente juvenil. No confío en las figuras de autoridad, probablemente no me haya pasado mi educación secundaria, y las estadísticas dicen que mi presente carácter pendenciero y mi vandalismo me conducirán algún día a cometer crímenes serios. Soy un tío peligroso, y estoy creando un alboroto en esta tienda. Se estiró tras ella y cogió tres botes de comida para bebés de la balda superior. Y las colocó tras una caja de macarrones. Puso el Cheez Whiz frente a los Marshmallow Flufll. Introdujo una bolsa de cuchillas de mujer en otra de panes de hamburguesa. – Ya está. Acabo de destruir de una forma muy desvergonzada la simetría de esta balda y desecho horas del trabajo de los empleados mal pagados de esta tienda. Si pudieras verme, tendrías miedo. – Si pudiera verte te entregaría- murmuró Marco. Aferró el mango del cabestro de Champ y lo arrancó de manos de Loren- Escucha, mujer, vamos a tomar prestado tu perro. Tiró del arnés. Champ clavó las patas al suelo. Marco forcejeó. Champ se echó hacia atrás. – Oh, tío- Marco colocó su mano sobre la cabeza de Champ. Inmediatamente, Champ se relajó. Sus ojos marrones y alertas se apagaron. Sus hombros se hundieron. El perro acababa de caer en el trance de adquisición. Marco mantuvo la mano sobre la cabeza de Champ y tiró del arnés. Champ caminó mansamente hacia él. – No te vayas a ningún lado- le dijo Marco a Loren- Y no llames a la poli o Fido se la carga. Condujo a Champ a través de una puerta marcada con el letrero de Solo Personal. Ax y yo le seguimos. Era una despensa. Una puerta en la parte trasera daba al callejón. – ¿No llames a la poli o Fido se la carga?- miré a Marco- Quizá no deberías ver tanto Nick y Nite. – Ey, ha funcionado, ¿no?- Marco rascó el cuello de Champ.- Tenemos al perro y tu madre no llamará al 911. Recupera ya tu forma. No va a permanecer siempre así de calmada. Recuperé mi forma y volé hasta el lomo de Champ. Empezaba a salir del trance. Gimió e intentó apartarse a empujones de Marco. Hundí mis garras entre su pelaje. La cabeza le cayó de nuevo. Absorbí su ADN y revoloteé hasta el suelo para concentrarme en Champ. Mi pico se alargó hasta formar un hocico. La punta se suavizó hasta crear una nariz negra y húmeda. De mis mandíbulas brotaron cuarenta y dos dientes. ¡Schoooooomp! Mi cola salió disparada. Se alargó, se estrechó y se quedó desnuda. Las plumas de mi cabeza se oscurecieron, se disolvieron y se convirtieron en pelos de perro. Cubrió mi cuerpo como una ola, por mi lomo, sobre las alas, hasta el final de la cola curvada. La agité. Era un perro en ambos extremos… un perro del tamaño de un halcón… pero aún seguía siendo un pájaro en el medio. Un pájaro cubierto por un grueso pelaje negro. – Eeewww- dijo Marco- Pesadilla en Barrio Sésamo. – ¡Yip!- sonaba como un chihuahua. Mi cuerpo se hinchó a la ancho y a lo alto. El suelo de hormigón se alejó. Los órganos internos gorgotearon, crujieron, cambiaron de posición y de tamaño. Mis piernas salieron disparadas. Mis alas salieron disparadas. Se estrecharon. Se realinearon. Los huesos huecos se solidificaron. Caí sobre cuatro patas firmes. Era un Pastor Alemán. Con los sentidos de un pastor. Los ojos no estaban mal. No eran tan penetrantes como mis ojos de halcón. Y no distinguía muchos colores. ¡Pero las orejas! Podía escuchar como tintineaban las monedas en la caja registradora. La brisa suave silbando en el tejado. Y podía oler… todo. Ratones, sí. Polvo. El contenedor de afuera. El hedor a leche cuajada con no enmascaraba del todo el del agua con cloro. ¿Creéis que los palos de escoba no huelen? Pues lo hacen. Un poco a madera, un poco a humedad, coronado por la deliciosa amalgama de olores de cada empleado que había barrido alguna vez la tienda. ¡Y los pies desnudos de Marco! Picante y acre. Eso era… sniff, sniff… había pisado Marco… sniff… ¡sí! ¡Caca de caballo! No de ahora. Quizá del granero de Cassie. Pero caballo sin duda. Era Champ. Tenía responsabilidades. Era tenaz. Noble. Me mantuve firme mientras Marco colocaba sobre mi espalda el arnés de Champ. Encontró una cuerda de puenting y la ató alrededor del cuello del verdadero Champ. Champ levantó la cabeza y parpadeó. Comenzaba a salir de su estupor. – ¿Cómo vamos a apañárnoslas para que esté callado?- siseó Marco- Es un perro listo. Hará lo que sea por regresar con su amo. Y no podemos adquirirlo una y otra vez. Ax sacó una caja de su espalda. – Soy un delincuente juvenil de verdad. Robé esto de la cesta de tu madre, Tobías. Lo siento. ¡Galletas de perro! Champ agitó la cola. Olfateó la caja y se sentó educadamente a los pies de Ax, esperando un regalo. Yo mismo empecé a salivar. <Ax-man eres brillante> Ax le dio a Champ una galleta. Marco sostuvo la puerta y troté de regreso a la tienda. De vuelta a mi madre. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Si alguna vez os quedarais ciegos, no me querríais como vuestro perro guía. Creedme. Traqueteé de vuelta por el pasillo de la tienda de comestibles hasta mi madre. Debió oírme. – Ey, Champ. Sabía que no estarías fuera mucho tiempo.- cogió el mango de mi arnés. – Adelante. Adelante. De acuerdo. Eso podía hacerlo. Hablaba castellano. Y yo comprendía el castellano. No podía ser tan difícil. Troté pasillo abajo. Y casi hago que Loren cayera de bruces. Se aferró a una balda para estabilizarse. Vale, no del todo bien. No era la mascota de cualquiera que paseara por el parque con una correa. Era un perro guía. Champ. Tenía que quedarme a su lado. Sostuvo el mango con firmeza. – Adelante. Vale. Esta vez no iría tan rápido. Me quedé a su lado. Justo a su lado. Y la hice tropezar. Perdió el equilibrio y pisó mi pata. Con fuerza. – ¡Arrrf!- gemí. – ¡Oh, Champ! Lo siento chico. No quería aplastar tu pobre pie. Se inclinó sobre mí. Cogió mi cabeza entre las manos. Y casi me desmayo. Por primera vez en mi memoria, mi madre me estaba tocando, y era tal y como me lo había imaginado siempre. Vale, nunca había imaginado que yo estuviera cubierto de pelo, exhalando aliento de perro en su cara. Y el 7-Eleven tampoco entraba en el trato. En mi fantasía, siempre era de noche, y ella me arropaba en mi cama con forma de coche rojo. Sep, siempre quise una de esas camas de plástico con forma de coche rojo. Lo sé, estaban absolutamente desfasadas. Matadme. Pero siempre me la imaginé sosteniendo mi cara con sus manos, tal y como lo estaba haciendo ahora. Y, luego, en mi imaginación, me acercaba a ella y me besaba en la nariz. Que fue exactamente lo que hizo. Loren acercó mi cara a la de ella y me dio un suave beso en la punta de mi hocico duro y negro. El cuerpo de perro tembló. De mi garganta barbotó un suave gañido. – Sí que te han asustado esos chicos, ¿eh?- abrazó mi cuello- Ya pasó. Se han ido. Apenas respiraba. Mi madre me estaba tranquilizando, queriéndome. Sep, lo sé. No me quería a mí de verdad. Quería a su perro guía. Pero era yo quien se encontraba allí, de pie. Empujé al fondo de mi mente todos los pensamientos del Champ de verdad y, simplemente, dejé que me acariciara. Dejé que su suave voz flotara a mí alrededor. – ¿Mejor ahora, chico? Vámonos a casa- se levantó y aferró el mango del arnés.- Adelante. Y caminé hacia adelante. No provoqué que tropezara. No corrí. Me mantuve a su altura. La conduje hasta la caja registradora. La conduje a casa. La vagabunda no se apartó de nosotros, obviamente. Pasamos al lado del crio de la parada de autobuses. Y la camioneta destartalada. Pero nadie notó nada diferente. Ascendimos las escaleras frontales de la casa de Loren y entramos. La casa de Loren. No sabía que esperaba, exactamente. Y todo lo que obtuve fue… nada. Ni fotografías en las paredes. Ni recuerdos o suvenires. Ni alfombras. Nos encontrábamos en la sala de estar. Podría haber sido cualquiera de los lugares donde había vivido con mi tía o mi tío. Papel de pared apagado y pelado. Techo manchado. Suelo de madera deformada. La diferencia radicaba en lo limpia que estaba esa sala de estar. No había periódicos, ni latas de cerveza esparcidas por el suelo. Ni cestas de ropa interior que se desparramaran por el sofá. Ni platos sucios apilados sobre las mesas. Todo estaba ordenado. En su sitio. Un sofá cuadrado. Una sencilla silla desgastada y de aspecto poco cómodo. Un armario de pulcra madera. Todo a un lado de la sala, lo que dejaba un amplio camino directo hasta la puerta de la cocina. Loren colgó su bolso de un gancho en la puerta. Me quitó el arnés y también lo colgó. Me alegré. Me preguntaba cómo iba a apañármelas para ponérmelo otra vez cuando tuviera que transformarme y regresar a mi forma cada dos horas. Llevó la cesta de la compra hasta la cocina. Traqueteé tras ella, olisqueando y fisgoneando. Buscando algo que estuviera fuera de lugar. Algo que me dijera si era un controlador. Sí. De verdad que deseaba encontrar evidencias de que mi madre tenía un Yeerks en la cabeza. Porque esa era la cosa. Ya había pasado antes por esto. Me dijeron que tenía una prima, una prima que quería adoptarme. Criarme. Tal vez, incluso, quererme. Ja. La amorosa prima resultó ser Visser Tres, el tipo que acababa de ser ascendido a Visser Uno. Todo no fue más que una trampa. Así que no importaba cuan buena pareciera mi madre, ni cuan buena fuera a la hora de cuidar de su perro. Sabía muy bien como no verme arrastrado por las fantasías de una cálida y acogedora vida familiar. Una madre que no te quisiera era una cosa. Una madre infestada por un parásito alienígena malvado era otra muy diferente. Pero no encontré nada. Ni una Kandrona portátil. Ni aromas de Hork Bajir. Nada que la vinculase con los Yeerks. Ella holgazaneó por la casa. Sacó los comestibles. Preparó la cena. Usé el baño para transformarme y regresar a mi forma. Aferré la cortina de ducha entre los dientes mientras pasaba de perro a pájaro y a perro otra vez. Solo por si alguien nos observaba. Cuando Loren se fue, por fin, a la cama, regresé de nuevo a mi forma, pero en vez de transformarme luego en Champ, me transformé en mí mismo. En mi yo humano. Necesitaba manos. Examiné concienzuda y metódicamente la casa de Loren, comenzando por la puerta principal y acabando por la trasera. Armarios. Vitrinas de cocina. Cajones de medicinas. Frigorífico. El bolso. Me dije a mi mismo que buscaba señales de los Yeerks. Y lo hacía. Pero la verdad era que quería más que eso, quería una explicación. Una explicación que justificase su vida. Que justificase por qué yo no estaba en ella. Al fondo del cajón de escritorio, bajo un montón de portapapeles, lo encontré. Un grueso sobre marrón. Lo saqué. Soplé para quitarle el polvo. Lo abrí. Estaba lleno de informes médicos, cuentas de doctores, facturas de un abogado. Y una carta. Amarillenta en los bordes. El papel estaba agrietado ahí donde había sido doblado una y otra vez. Pertenecía a una compañía de seguros e iba dirigida a mi madre. Adjunto encontrará el pago final por los daños sufridos en el accidente de coche del 12 de Junio. Reconocemos que ha sufrido daños cerebrales y perdido la visión; sin embargo, ambas condiciones son permanentes e irreversibles. No se le autorizan más atenciones médicas. Sus alegatos de amnesia no pueden probarse, y su póliza colectiva no cubre la cirugía reconstructiva. La suma adjuntada termina con nuestras responsabilidades para con este accidente. Me quedé mirando la carta. Amnesia. Mi madre tenía amnesia. ¿Qué significaba eso? ¿Qué no recordaba nada de lo ocurrido antes del accidente? ¿No me recordaba… a mí? Pero tenía que hacerlo. Era su hijo. En algún lugar de su cerebro dañado, debía albergar algún recuerdo mío. ¿No? Una memoria plateada almacenada en una célula sana del cerebro. En algún lado. Debía tenerla. Hablaría con ella. Sí. A primera hora. A Jake no le gustaría, pero Jake no estaba ahí. Y era mi madre. Puede que mi voz o solo mi presencia consiguieran hacerle recordar algo. Un recuerdo diminuto. Vale, había visto demasiados culebrones con Ax. Había asistido a numerosos casos de amnesia televisiva curada ante la mera visión de un amor largo tiempo olvidado. Pero si eso pasaba en la televisión, ¿por qué no iba a pasarme a mí? [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] La cortina de la ventana de la cocina resplandeció con tonos rosados bajo la luz del sol de la mañana. Me transformé en mi yo humano otra vez. Preparé una jarra de café. Me serví una taza. Como si necesitara cafeína. Me senté sobre la mesa de la cocina. Y esperé. Mi madre era madrugadora. Gracias a Dios. No sabía cuándo tiempo podría aguantar, ahí sentado, antes de mojar los pantalones o entrar espontáneamente en combustión. Oí rechinar su cama. Escuché como sus pies descalzos se encaminaban hacia la cocina. Se detuvo en la entrada y se envolvió más en su bata. – ¿Quién es?- no parecía asustada. Más bien perpleja. Supongo que pensaría que un ladrón o asesino en serie no se detendría a hacer una jarra de café. – Soy Tobías- mi voz se cascó. Oh, sí. Desde luego estaba preparado.- Tu hijo. Ella acercó una silla de cocina. Y se hundió en ella. – Tobías- el dolor cruzó sus facciones- Me preguntaba se alguna vez me encontrarías. Me la quedé mirando. – Me recuerdas. Sabes quién… – No- negó con la cabeza- No de la forma en que piensas. Sé que tengo un hijo. Y sé que su nombre es Tobías. Pero eso es todo. Me trajeron a un pequeño tras el accidente. Un bebé, de hecho. Me dijeron que era mío. Pero no me acordaba de él. Quería. Lo intenté. Pero no pude. No recordaba nada de mi vida antes del accidente. Tragué saliva. – ¿Ni siquiera ahora? Quiero decir, ya ha pasado un tiempo. ¿No has recordado nada? Frunció el ceño. Durante un largo momento se quedó allí sentada, en silencio. – Imágenes. Vagas. A medio formar. Un chico de pelo muy claro. Mi mano, involuntariamente, se alzó y tocó mi pelo rubio. Asintió. Como si me hubiera leído la mente. – Podría haber sido tú. No lo sé. Es todo tan lejano. Las otras imágenes son aterradoras. De alienígenas. ¿Alienígenas? Me quedé muy quieto. – Suena a loco- dijo- Lo sé. Pero es la única forma de describirlos. Lo que, obviamente, hizo que los doctores me realizaran más tests y convencieran a mi hermana, o quien quiera que fuera, de que estaba completamente chaveta. Pero es lo que tengo en mi cabeza. Alienígenas. Sacados de una pesadilla. Sí. Yo vivía esa pesadilla. – Mira- se incorporó de la silla y se acercó a la mesa.- Creo que sé por qué estás aquí. Crees que te abandoné. Y supongo que, de alguna forma, lo hice.- sacó una taza del armario y la llenó de café- Pero no podía criar sola a un niño. Estaba ciega. Para siempre. Y a punto de enfrentarme a años de terapia física. Necesitabas a alguien que cuidara de ti. Alguien que, al menos, se acordara de ti. – Necesitaba a una madre.- mi voz levantó ecos en la cocina. Quise recogerla y volver a meterla en mi garganta. Pero era demasiado tarde. Ya estaban allí. Colgando del aire. Loren removió el café. La cucharilla chocó contra la taza. Se sentó otra vez a la mesa. – Cuando perdí la memoria- dijo- No solo me olvidé de la gente que conocía o de las cosas que había hecho. Perdí cosas mucho más básicas. Como lavarme los dientes. Alguien tuvo que enseñarme a lavarme los dientes. Pero antes tuvieron que explicarme qué eran los dientes. No tenía ni idea de cómo se llamaban esas pequeñas cosas duras de mi boca. – Exhaló- No había manera de que pudiera criarte. Asentí. Tenía sentido. En mi cabeza. A mi corazón le costaba un poco más convencerse. – Pero nunca, jamás, quiero decir, no… – ¿Te visité? Lo sé. Estuve en el hospital mucho tiempo. Cuando salí, no sabía dónde estabas. Te enviaron con mi hermana, pero no sabía su dirección. Ni siquiera sabía cuál era su apellido. El hospital no lo tenía registrado. Quizá podría haberlo intentado más. Solo que, pensé… esperé… que fueras feliz. Que tuvieras a gente que te cuidara. Que supieran al menos quien eras. No necesitabas a una mujer loca y ciega en tu vida. Si, la necesitaba. Sí. La necesitaba. Y aún la necesitaba. – Eso ya no importa. Dije- Lo que importa es que estás en peligro. No puedo explicártelo ahora y no me creerías, de todas formas, pero tenemos que sacarte de aquí. – ¿Sacarme de aquí?- levantó las manos- Whoa. Más despacio. ¿De qué estás hablando? – Aquí no estás a salvo.- dije- Tengo que sacarte. Pronto. Ya veré cómo. Pero, ahora, será mejor que vayamos a dar un paseo por el parque para que puedas recuperar a tu perro. – ¿Mi perro?- frunció el ceño- ¿Champ? – Sí. No te preocupes. Está a salvo. El, um, perro de reemplazo te llevará hasta él. Luego, tendrás que volver a casa y quedarte aquí. No te vayas. Ni siquiera salgas. Prométemelo. Mis amigos y yo vigilaremos. Tendremos que cortar tu línea de teléfono, solo para asegurarnos. No permitiré que te pase nada, pero tenemos que asegurarnos de que no eres un controlador. – ¿Un qué?- o bien era una actriz increíble o no tenía ni idea de lo que estaba hablando- Mira, no sé lo que crees que estás haciendo, pero… – Solo quédate aquí dentro- dije- Por dos días. Luego, vuelve a pasear por el parque. – Vale, ahora eres tú el que está diciendo tonterías. Dices que eres mi hijo, y tal vez lo seas. No tengo forma de saberlo. Pero no me voy a ningún lado. Aquí es donde vivo. Aquí tengo mi vida. Y no vas a cortar mi línea telefónica. Tenía razón. Sonaba como una verdadera locura. Cogí aire profundamente. – Esas extrañas imágenes de aliens de tu cabeza. Enormes, ¿verdad? De cuero. Con cuchillas. Como navajas que brotan de la piel. Frunció el ceño. – ¿Quién te ha hablado de ellas? – Nadie. No me ha hablado nadie. Los he visto. No sé qué te dijeron los doctores tras el accidente, pero esas imágenes no te las causaron ni las lesiones de cabeza ni la medicación. Y no estás loca. Son recuerdos reales de alienígenas reales. Se quedó allí sentada, inmóvil. No dijo nada. – Las has descrito como pesadillas- dije.- Pero, ¿qué hay de las otras imágenes? ¿Una que no es una pesadilla? ¿Una que parece amable? ¿Tal vez hasta honorable? Asintió. Lentamente. – Es demasiado vaga. Sin forma. Nada reconocible. Nunca le he hablado a nadie de ella. Es solo un… sentimiento, casi. Un fogonazo. – ¿Un fogonazo azul?- dije. Asintió otra vez. Se levantó de la mesa y dejó la taza en el fregadero. – ¿Dos días? ¿En el parque? – Sí. Colocó su pelo tras la oreja. Se mordisqueó la punta de su labio. – Allí estaré. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] <Puedo sacarla> Jake alzó la mirada hacia mí. No dijo nada. Aún. Nos encontrábamos en el valle de los Hork Bajir. Volé hasta allí después de intercambiar a los perros guía. Loren y Champ estaban ya de regreso en su casa. Bajo la supervisión de un pigargo posado sobre el tejado de la casa de Ricky Lee y un aguilucho que dormitaba en el garaje de detrás de la casa de Loren. Jake se encontraba sentado en la hierba alta de un lado del valle, con la espalda recostada contra un árbol. Y yo estaba posado en una rama sobre él. <No será fácil> dije <Los Yeerks la vigilan. Pero no es un controlador> Jake arrancó la cabeza de un diente de león y arrojó a la hierba. – Tobías, eso no lo sabes. <Si> dije <Lo sé> ¿Por qué? ¿Por qué quería a su perro? ¿Por qué sus manos eran cálidas y amables cuando le acariciaba? ¿Cuándo me acariciaba? <Estuve allí horas> dije <Toda la noche. No se escabulló. No actuó sino como una persona normal, ciega y sin un Yeerk en la cabeza con un presupuesto limitado> – Eso no significa nada. <Y registré la casa. No había rastro de Kandronas portátiles> – Podría guardarla en cualquier otro lugar. Esa iglesia, por ejemplo. O en la camioneta de la calle> <Tal vez> lo consideré <Pero no lo creo…> resultaba duro admitirlo en voz alta <No creo que los Yeerks estén interesados en ella. No como controlador. Está ciega. Para ellos es inútil> observé el valle <Además, la están supervisando las veinticuatro horas. Ax y Marco la vigilan ahora. Si no deja la casa en otros dos días, lo sabremos con seguridad> Jake asintió. – Y también lo sabrán los Yeerks. Incluso si no es un controlador, se lo imaginarán. Te estarán esperando. Tienes que alejarte de ella, Tobías, olvidarla. <¿Igual que tú has olvidado a tus padres? ¿O a Tom?> Se paralizó. <No has olvidado a tu familia, Jake, no importa lo que digas. Y yo no puedo ignorar a la mía, voy a sacarla de ahí> -¿Cómo? Tú mismo lo has dicho. Es ciega. ¿Cómo vas a sacar a una persona ciega mientras los Yeerks la vigilan? <Corriendo un gran riesgo. Uno que, seguramente, no te va a gustar> clavé las garras en la rama <Pidiéndote que confíes en mí> Miró hacia arriba. Encontró mi mirada. La comprensión llegó a su cara. Sabía qué estaba planeando. – Llévate a Rachel- dijo- Vas a necesitar sus garras. Me elevé por encima del valle, sobre los Hork Bajir libres que corrían de aquí para allá como hormigas carpinteras mientras ayudaban al padre de Marco a construir cabañas para las familias de Rachel y Cassie. Resultaba raro. Era una ironía más. La súbita evacuación de nuestras familias había acabado devastando a los Animorphs. Situándonos justo al borde. Pero parecía haber vigorizado a los Hork Bajir. Un grupo usaba el prado al extremo del valle para entrenarse en el combate. Semejaban navajas haciendo kick boxing. Toby, la joven vidente Hork Bajir, había organizado otro grupo para que interrogara a la Madre de Marco. Eva fue, durante años, el huésped de Visser Uno. Había visto todo cuanto viera el antiguo Visser Uno. Conocía la organización de los Yeerks, su flota, y sus planes de futuro. Toby estaba determinada a sacar cada trocito de esa información de su cerebro. Otro grupo seguía a Cassie y su familia como pequeños cachorros. Cachorros gigantescos, con cuchillas. Los Hork Bajir se habían enamorado locamente de los padres de Cassie. La madre de Rachel no había caído tan en gracia. Y, aun así, contaba con su propio grupo del gran pueblo de las cuchillas. Habían decidido que su experiencia legal suponía la respuesta a su problema de autogobierno. Necesitaban una constitución y quería que fuera ella quien la redactara. Había creado la oficina en la mesa de picnic situada en el centro del campamento. Rachel se sentaba en una silla desgastada, apartada. Me dejé caer y me posé sobre uno de los brazos. – Mi madre- Rachel agitó una mano en dirección a la mesa de picnic.- El mismo Thomas Jefferson. <¿Qué están haciendo?> Se encogió de hombros. – No hacen más que discutir sobre corteza y cuándo puedes cortarla, y cuánta cantidad, y dónde. Estamos muy lejos del “Nosotros, el Pueblo” Reposó la cabeza en la silla. – Por favor, dime que has venido a rescatarme, Tobías. No hago más que cuidar de mis hermanas y escuchar a mi madre quejarse de la insalubridad de los baños. Dime que necesitas mi ayuda. Dime que estás planeando algo sin sentido, una misión suicida. Dime que no puedes llevarla a cabo sin mí. <Eso por encima de todo> dije <Dos días. Necesito tus ojos y necesito tus garras> – Gracias. GRACIAS- cerró los ojos- Has salvado mi cordura. – Oh, por el amor de Dios- la madre de Rachel arrojó su pluma. Acababa de estallar una discusión entre dos grupos de Hork Bajir, entre la facción de los árboles caducos y la facción de las coníferas. Gritaban y se agitaban los unos a los otros sus puños repletos de garras. La madre de Rachel se masajeó las sienes. <Casi siento pena por ella> dije. – No lo hagas- rio Rachel- Ama este tipo de cosas. Estás contemplando a una mujer feliz y decidida. Es cuando terminan las disputas cuando se abate. <Ah. Debe ser genético> [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] Nos agazapamos en la semioscuridad. Dentro del túnel de peatones que discurría bajo la calle y conectaba un lado del parque con el otro. Me encontraba bajo la forma de perro guía. Marco y Rachel eran humanos. Ax, un aguilucho posado en el tejado de Rocky Lee a tres manzanas de allí, en espera de que Loren y Champ salieran a dar un paseo. Había vigilado su casa durante dos días. No había salido. Ni nadie había entrado. Y, ahora, la esperábamos en el parque. El mismo parque al que solía ir cuando vivía con mi tío. El mismo túnel. El cemento pegajoso. Las botellas rotas. Un plateado rayo de sol que atravesaba la penumbra a ambos lados. El lugar perfecto en el que esconderme cuando quería escapar de mi vida. O que necesitaba para ayudar a mi madre a escapar de la suya. Y, si, comenzaba a estar harto de tanta ironía. <Acaba de entrar en el parque> la telepatía de Ax inundó mi cabeza <La hembra de la calle la está siguiendo> Enderecé las orejas. Pasos. Dos pares. Un humano con deportivas y un cuadrúpedo de duras uñas. A través de la calle. Por las escaleras. La luz plateada desapareció. Dos figuras penetraron en el túnel. Loren y Champ. Loren conocía el lugar. Ya había estado ahí, dos días atrás, cuando le devolvimos a Champ. Caminó hasta el centro del túnel y soltó el mango del arnés. Rachel lo agarró. Ella y Marco trabajaron con la celeridad de un equipo de mecánicos en una carrera de la NASCAR. Rachel sacó un collar y le ató al cuello de Champ. Marco le quitó el arnés. < La madre de Tobías lleva dentro del túnel doce segundos> dijo Ax <La hembra de la calle se acerca> Marco colocó el arnés sobre mi espalda. Rachel introdujo algo pequeño y pesado dentro del bolso de Loren. <Dieciocho segundos> Marco ató el arnés. Rachel puso el mango sobre la mano de Loren. <Veintitrés segundos. La persona de la calle ha alcanzado el túnel. Se ha detenido en la cima de las escaleras> Marco sacó un puñado de galletas de perro del bolsillo. Rachel puso su mano sobre la cabeza de Champ. El Champ real. Cayó en el trance de adquisición. – Vamos- siseó Rachel. Loren aferró el mando. – Adelante. Caminé y la conduje hasta el otro lado del túnel. <Veintinueve segundos> Emergimos a la luz del sol. Miré más allá de la calle. La vagabunda comenzaba a descender las escaleras. Nos vio y se paralizó. Nos miró, subió de nuevo las escaleras y cogió su carrito de la compra. Loren y yo concluimos nuestro paseo por el parque y nos encaminamos a casa. La vagabunda nos siguió a cierta distancia. Un aguilucho flotaba sobre nosotros, en el cielo. La calle de Loren apenas había cambiado en esos dos días. El bus del adolescente no llegaba aún. La camioneta seguía igual de abandonada. Pero, mientras estuvimos en el parque, se había movido, misteriosamente, del terreno baldío al bordillo frente a la casa de Loren. Conduje a Loren adentro, como cualquier perro guía. Tan pronto como se cerró la puerta y me quitó el arnés, me dirigí a la cocina. Ni rastro de Yeerks. Al baño. Nada sospechoso. Regresé al salón de estar. < El reloj avanza> dije <Tenemos que salir de aquí> – ¿Tobías? Tu voz suena, bueno, no suena. Es solo como si estuviera ahí. En mi cabeza. Y parece… que eres el perro.- suspiró- Estoy loca… <No, no lo estás. Me comunico mediante telepatía. Y, si, soy el perro. Y esto no es para nada loco comparado con lo que viene ahora. Coloca tu mano sobre mi cara… sobre la cara del perro… y déjala ahí. Confía en mi> Confía en mí. No paraba de decirlo últimamente. Ni siquiera estaba seguro de confiar yo en mí mismo. <Los Yeerks se mueven> la telepatía de Rachel atravesó el techo <Tick, tack, Tobías. Tick, tack> Loren extendió una mano y la colocó sobre mi cara, con la palma en la nariz y los dedos sobre la frente. Me concentré en el halcón de cola roja. El pelaje bajo los dedos de Loren se licuó. Se disolvió en un charco oscuro y se congeló. El patrón de las plumas se dibujó por todo mi cuerpo, como un tatuaje. – ¡Ah!- Loren retiró la mano. <No pasa nada. Ma… Mad…> me atasqué con la palabra <No pasa nada, Loren. Puede parecer raro, pero no pasa nada> Asintió. Y colocó la mano otra vez en mi cabeza. <¡Están encima nuestro!> esta vez era Marco <Vienen coches de todas partes> Eliminé su telepatía de mi cabeza. Me concentré. Mi cuerpo se encogió. ¡Crrrrunch! Mi nariz se metió dentro de mi cráneo. Se endureció hasta formar un pico curvo y afilado. Las facciones de Loren se retorcieron de horror. Podía notar como temblaba. Pero no quitó la mano. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] <Esto no es una prueba, Tobías. ¡Fuera!> Me concentré y terminé la transformación. <Vale> revoloteé hasta el sofá. <Vamos a tener que hacer esto rápido. Hay una caja pesada en tu bolso. Sácala> Asintió y rebuscó en su bolso hasta dar con un pequeño cubo azul. El cubo mórfico. Y una de las razonas por las que había necesitado a Rachel. Era demasiado grande como para que la llevara un ratonero de cola roja. Rachel se había encargado de transportarla desde el valle de los Hork Bajir en sus garras de águila. <Déjala> dije <Y pon tu mano sobre ella> Loren dejó el cubo en el sofá y presionó la palma de la mano contra la parte superior. – ¡Oh!- se sobresaltó- Me ha dado calambre. <Si, suele hacerlo> dije <Pero no te hará daño. Deja ahí la mano> <Tobías, estáis en peligro> la telepatía de Ax mostraba tensión <Tenéis que evacuar> Sonaron unas sirenas. A unas pocas manzanas de distancia. Y acercándose a gran velocidad. <Ahora, aparta la mano> le dije a Loren <y colócala sobre mi cabeza. En la cabeza del pájaro, estoy en el sofá> Asintió. Confusa sí, pero lo hizo. <¡Un helicóptero!> dijo Marco <Dirigiéndose hacia vosotros. Tobías, tío, se te acabó el tiempo> <Vale> mantuve en calma mi telepatía <Mantén tu mano presionada sobre mis plumas y concéntrate. Piensa en el halcón. Concéntrate en cómo sientes al halcón que tienes bajo tu mano> Frunció el ceño. – ¿Es algún tipo de extraña terapia de contacto?> <No, no es una terapia. Créeme> Loren apretó la mano sobre mis plumas. Su frente se arrugó al concentrarse. ¡Thwok! ¡Thwok! ¡Thwok! Las aspas del helicóptero. <Solo piensa en el halcón> le dije a Loren. <¡TOBÍAS!> Ax ya había sobrepasado el límite del estrés. <Muy bien. Siguiente paso.> dije <Quita la mano de mi cabeza pero sigue concentrándote en el halcón. Concéntrate. Con fuerza. Deja que el halcón surja de ti> ¿Deja que el halcón surja de ti? No me extrañaba que fuera tan escéptica. Parecía un adivino de las madrugadas. Pero funcionó. La piel de Loren comenzó a oscurecerse y la piel marrón sucio del halcón. A través de su cuerpo se dibujó el patrón de las plumas. Agarró su brazo. Pasó los dedos sobre el patrón de las plumas. – ¿Qué me está pasando? <Es el halcón. Ma… Loren> Tío. ¿Qué le pasaba a esa palabra? <Es el halcón. Has absorbido mi ADN y, ahora, te estás convirtiendo en un halcón ratonero de cola roja> – ¿En QUÉ? Los coches derraparon hasta detenerse. Las puertas se abrieron de golpe. Escuchó pasos. Gritos. ¡Thwok! ¡Thwok! ¡Thwok! ¡Thwok! El helicóptero ya estaba sobre la casa. Pero, dentro, yo permanecía en calma. Determinado, sí. Realista. Pero sin pánico. Era como… como Jake. Si, como Jake. Porque ahora tenía el mismo objetivo que había tenido siempre Jake. Salvar a mi familia. <¿Oyes lo que está pasando ahí fuera?> dije. Loren asintió. <No son buenas personas. Si nos atrapan, nos matarán. O algo peor. ¿De qué tienes más miedo? ¿Del halcón? ¿O de ellos?> Loren cogió aire. Las cicatrices estriadas de su cara se suavizaron. Se aplanaron. Su cráneo crujió y se amoldó hasta crear la aerodinámica cabeza de halcón. El patrón de plumas se solidificó y emergió de su piel. <Oh, Dios> dijo <Esto está más allá del terror> <Concéntrate> dije. De pronto, su cuerpo se encogió hasta el suelo. Las piernas se acortaron. Su piel que las cubría se endureció a causa de las escamas. Los dedos se alargaron hasta llegar a ser largas garras. La transformación se había completado. Era un halcón. Un halcón ratonero de cola roja. Como yo. <¿Tobías?> su telepatía no fue sino un susurro.<No puede ser> parpadeó con sus fieros ojos ambarinos <Puedo ver. Puedo ver. Tobías, ¡puedo ver!> Ka-Boom. Todo el muro frontal de la casa se agrietó y colapsó sobre el suelo de la sala de estar. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] <Perdón. Que voy. Siento la remodelación de última hora> ¡Rachel! Corrió a toda velocidad a través la apertura en la pared frontal de la casa de Loren. Pasó como una exhalación por encima de los escombros, cogió el cubo mórfico con su trompa de elefante y cargó a través de la cocina, ampliando las puertas a su paso. ¡Thwok! ¡Thwok! ¡Thwok! ¡Thwok! Las ráfagas del helicóptero inundaron la casa. La calle se encontraba repleta de coches de policía y SUVs. Los controladores humanos se esparramaban por el jardín con las pistolas dragón en las manos. No parecía preocuparles montar una escena. En ese barrio nadie informaría de nada. <¿Qué hacemos?> dijo Loren con preocupación. <Vuela> <No sé cómo hacerlo> <Tú puede que no, pero el halcón sí. ¡VUELA!> Extendió las alas. Las batió. Se elevó del suelo de madera irregular. Arriba. Por encima del sofá. <Estoy… Estoy volando. No puedo creerlo. ¡De verdad estoy volando!> <Sep. Fantástico, ¿verdad? Ahora, salgamos de aquí. Mantente en mi cola. Y vuela bajo> Volamos hacia la cocina. Pasamos rozando los rodapiés. Giramos en la esquina. Salimos disparados por encima del suelo de azulejos y por el agujero que Rachel nos había proporcionado en el muro trasero. ¡Tssseeew! Un rayo dragón estalló sobre nuestras cabezas. Los trozos de yeso cubrieron nuestras alas. <¡Por Dios!> gritó Loren <¡Nos están disparando!> <Ah, sí. A veces lo hacen> Di impulso a mis alas. Loren se mantuvo en mi cola. Los controladores aparecieron a la carrera por la esquina de la casa. Dirigiéndose hacia el patio trasero. – ¡Ahí están! Dos halcones. – ¡COGÉDLES! ¡Tseeew! ¡Tseeew! Una cuerda de tender la ropa explotó. Salimos disparados hacia el callejón. Por el garaje. Loren luchó contra el viento. Contra la extenuación de sus alas por batirlas constantemente. Luchó por permanecer en el aire. <¡No puedo volar tan bajo!> <Si, sí que puedes. Baja un poco la cola. Ahueca las alas. Deja que el pájaro tome el control. Deja que vuele el halcón> <Halcón. Vuela> la fatiga inundaba su telepatía. Pero continuó aleteando. Siguió volando. Pasamos entre dos casas. A través de la calle. Zigzagueamos tras una fila de árboles y una valla de madera. Casi rozando el suelo. – ¿A dónde han ido? – No lo sé. Los he perdido. – ¡Dividíos! No han podido ir muy lejos. Varios pies se arrastraron por la hierba y la grava. La valla rechinó. Alguien la escalaba. Volamos entre la mala hierba, al lado de la valla. Terminaba frente a un muro de ladrillos. Un cobertizo. Con una apertura en uno de sus lados. Una tabla de madera podrida que se había caído. Entre por ella como una exhalación. Loren me siguió. Emergimos en un callejón. Dos franjas de gravilla circundadas de mala hierba y electrodomésticos oxidados. Sobre nuestras cabezas, unos árboles larguiruchos formaban un dosel delgado. Aleteamos frente a cobertizos. Garajes. Terrenos vacíos. Detrás de nosotros un SUVs se introdujo en el callejón. – ¡Ahí! Los dos. ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS! Frente a nosotros, la luz del día. Una calle. Coches. Salimos disparados a través de cuatro carriles llenos de tráfico. Hacia el aparcamiento de un vacío centro comercial al otro lado. Nos impulsamos con las alas. Pasamos a todo dar junto a postes de luz, parquímetros, y el cartel resplandeciente de neón del centro: Centro comercial Hillcerst, el paraíso de las compras. ¡Tseeew! Un rayo dragón. El asfalto se desintegró bajo nosotros. <¡Hacia el alero!> grité. El centro comercial tenía forma de U y la acera frente a él estaba cubierta por un toldo deformado de metal. Nos metimos debajo. <Quédate arriba> dije <Donde no puedan vernos> Rozamos los escaparates y zigzagueamos entre cables y refuerzos de metal. Giramos la esquina de la U ¡Tseeew! Una ventana de vidrio explotó bajo nosotros. Llegamos al final del edificio. Al final de nuestro refugio. A la luz del día. Salimos disparados por la esquina. Rodeamos el edificio. En dirección al callejón de servicio tras él. <¡NO!> chilló Loren. Giré. Loren extendió las garras. Alzó las alas. Dio media vuelta. Aprendía rápido. El extremo del callejón estaba bloqueado por coches de policía. Coches de policía de controladores. Volamos como un cohete por el camino por el que habíamos llegado. Y en ese extremo llegaban más y más controladores. Apuntaron con los rayos dragón. Me di media vuelta. A un lado, muro de cemento. Al otro, la parte trasera del centro comercial. A ambos lados, controladores. <¡Al cielo!> aullé <Es el único camino> Di fuerzas a mis alas. Ascendí. Y Loren se mantuvo tras de mí. Arriba. ¡Arriba! Y el helicóptero se cernió sobre nosotros. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 28:[/b] Nos golpearon las ráfagas del helicóptero. Loren se deslizó hacia un edificio. Yo me dejé caer. Giré. Me enderecé. El piloto se inclinó fuera del helicóptero. Era la abuelita controlador. Alzó la pistola dragón. ¡Tseeeeeew! El tiro pasó junto a mis alas. Abrió un cráter en el callejón. Llovieron restos de asfalto sobre mis alas, como si fuera metralla. Me tambaleé. Loren dio media vuelta. La abuelita controlador apuntó otra vez. <¡Abajo!> grité. Me dejé caer en picado hacia el estrecho espacio entre un contenedor y el muro de hormigón del centro comercial. Loren se arrojó tras de mí. <¿Y ahora qué?> <No sé> mi corazón palpitaba en mis oídos. Tenía las alas entumecidas <No puedo decirlo. Déjame pensar> ¡Tseeeeeew! El contenedor explotó. Nos lanzó contra el muro. Gritos. Pisadas que reverberaban. Una sirena. No sabría decir de donde provenían los ruidos. El aire que removía el helicóptero inundaba el callejón. Nos acribillaba con grava. De pronto. <¡Tobías! ¡Por aquí!> <¿Marco?> <Por donde habéis venido> dijo <Tras la vieja tienda de juguetes. Por el muelle de carga. ¡AHORA!> Alcé las alas. Pesaban por el polvo. Poco a poco, me elevé de entre los escombros y Loren hizo lo mismo a mi lado. Dos halcones vapuleados que se deslizaban por la acera en dirección a la tienda de juguetes abandonada. – ¡Están aquí! – ¡Tras ellos! Los controladores se arrojaron sobre nosotros desde ambos lados del callejón. ¡Tseeew! El pavimento entró en combustión bajo nosotros. – ¡Alto el fuego! ¡IDIOTAS! Vais a daros los unos a los otros. Pasamos volando junto a un conjunto de escalones de metal. Hacia arriba. Adentro del muelle de carga. Contra la pesada puerta de acero. Por la que no podíamos pasar. Los controladores apretaron el paso. Saltaron hacia el muelle. <¡CUIDADO!> chilló Loren. Un controlador saltó. ¡Tseeew! Me dejé caer en picado. Arañé con mis garras su cabeza calva. – ¡AAAHHH!- se echó hacia atrás y cayó del muelle de carga. <¡MARCO! ¿DÓNDE ESTÁS?> ¡Scuuurrruuunch! ¡Bam! La puerta de acero que se encontraba tras de mí se partió en dos. Se retorció. Y se abrió. <¡ADENTRO!> Loren se lanzó a través de la puerta. Ni se preguntó por qué había un gorila bajo ella. O el alienígena azul que estaba a su lado con una mochila de Barney atada a sus hombros. ¡Fwap! ¡Fwap! Ax sacudió su cola. Dos controladores cayeron del muelle de carga, inconscientes. Marco hizo rodar un compartimento de plástico hacia el muelle. Lo inclinó. Coches de Hot Wheels se derramaron por todo el pavimento. Los controladores corrieron directos a ellos. Perdieron el equilibrio. Se tambalearon. ¡Smack! Y golpearon el suelo. Como una de esas películas de los Tres Chiflados. <¡VAMOS!> Marco regresó de un brinco al edificio. Ax y yo le seguimos. Marco cerró de golpe la puerta. Nos encontrábamos en un almacén. Hileras de estantes metálicos se elevaban hasta el techo. Loren se había posado sobre la más cercana y esperaba. Pasé como una exhalación a su lado. <¡Salgamos de aquí!> Volamos por encima de los estantes. Por entre las vigas. Ax y Marco trotaron bajo nosotros, y la mochila rebotaba sobre los hombros de Ax. Parecía vacía a excepción de algo cuadrado y pesado que reposaba en el fondo. El cubo mórfico. <Ya era hora> Rachel, aún bajo la forma de elefante, nos aguardaba frente al almacén. Un agujero del tamaño de un elefante adornaba el muro tras ella. <Perdonad que no pudiera ayudaros ahí fuera> dijo <No cabía entre tantos estantes. Parece que he ganado un poco de peso> ¡Tseeew! Ka Booom. La puerta del muelle de carga explotó a nuestras espaldas. Los controladores inundaron el almacén. Rachel bajó su gran cabeza gris y se apoyó contra el estante más cercano. Se inclinó. Chocó con el siguiente estante. Y el siguiente. La fila entera de estantes se vino abajo como fichas de dominó. – ¡CUIDADO!- los controladores retrocedieron a trompicones hacia el muelle. <¡VAMOS!> Nos arrojamos al agujero que había creado Rachel y nos adentramos en la tienda abandonada que había detrás. Ax y Marco corrieron por uno de los pasillos. Loren y yo volamos por arriba, esquivando lámparas y telarañas. Rachel tomó la retaguardia. La mitad de los estantes aún contenían juguetes ataviadas con chaquetas polvorientas. Rachel usó su trompa para tirar al suelo legos, tacos de golf, y bolas de ping pong. <Oh, oh> dije <Problemas> La luz del sol se colaba a través de las ventanas frontales. Afuera, cuatro controladores apresuraban el paso hacia la tienda. Crrraaash. Lanzaron un parquímetro contra la ventana. Pasaron por encima de los cristales rotos y cargaron contra nosotros. Marco saltó sobre un scooter. Cogió el mango con dos gigantescos dedos, mantuvo el otro puño extendido, y cargó contra los controladores. ¡Wham! ¡Wham! ¡Wham! ¡Wham! Un puño de gorila contra la cara de un humano. Cuatro controladores cayeron al suelo. Y parecía que iban a quedarse ahí un buen rato. <Sabes> dijo Marco <siempre supe que había una razón por la que quería un scooter> ¡Thwok! Thwok! ¡Thwok! El helicóptero rugió sobre nosotros. ¡Tseeew! ¡Tseeew! Los rayos dragón estallaron por todo el almacén. Los controladores nos atacaron por la espalda. Rachel dio media vuelta. Golpeó a tres controladores con su inmensa cabeza. <¿Tobías?> Loren viró. Voló bajo una lámpara. Giró. Voló de vuelta. <¡TOBÍAS!> <¡Abajo!> dije <¡Quédate abajo! No intentes luchar contra estos tíos> Dio vueltas. Cayó en picado hacia un estante bajo y vacío. <Quédate ahí> dije <No te muevas hasta que te lo diga> Me ladeé. Dos tíos se abalanzaron sobre Marco. Derribó a uno con el puño y al otro con el codo. Otro controlador apuntó su pistola dragón a su espalda. Caí en picado. ¡Tseeer! – ¡Aaahhh! Arranqué con el pico el dedo del gatillo. La pistola se deslizó por el suelo. Un suelo cubierto de controladores inconscientes. Ax golpeaba con la cuchilla de su cola. Yo arañaba con mis garras. Rachel y Marco derrotaban a sus atacantes a base de tamaño y fuerza bruta. Controlador tras controlador, iban cayendo. Pero seguían viniendo. Seguían entrando al almacén. <Intentan conducirnos hacia el aparcamiento> dijo Ax. <Sep> Thump. El antebrazo de Marco se encontró con el estómago de un controlador. <Donde su pequeño piloto de helicópteros pueda cortarnos> <Pues démosles lo que quieren> dije <Afuera. Hacia el parking> <¿TE HAS VUELTO LOCO?> dijo Marco, por supuesto. <Sep> dije <¿Tú no?> [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 29:[/b] <Llevo volando más tiempo que cualquier piloto vivo de helicóptero> dije <Veamos cuan bajo puede volar> Dejé a Loren en su escondrijo. Dejé atrás a Marco, Ax y Rachel para que se encargaran de las tropas de tierra. Salí disparado por la ventana destrozada. Bajo el toldo. Hacia la luz del día. Solo encontré cielo y asfalto. Y un helicóptero. Un helicóptero que intentaría cazarnos corriéramos a donde corriéramos. Hacia el frente. Hacia atrás. No importaba. El helicóptero siempre estaría encima de nosotros. No podíamos escapar de él. Pero podíamos destruirlo. Ahuequé las alas. Volé por encima del toldo metálico. Un puñado de controladores había tomado posiciones en el perímetro. Me miraron, pero parecían más preocupados por el helicóptero. Di media vuelta. Los controladores buscaron refugio. El piloto, nuestra vieja amiga, la abuelita controlador, se mantenía lejos de los cables de alta tensión. La vi inclinarse. Me miró. Mis ojos de halcón vieron como aferraba la palanca de control con una mano huesuda. Llevaba el rayo dragón en la otra. Podía ver como se agitaban los pelos de su nariz al ensanchar sus aletas con una inspiración de triunfo. Me precipité contra la forma de U del centro comercial. Abuelita miró su panel de instrumentos. Me miró a mí. Di media vuelta. Volvía atrás. Necesitaba atraer su atención. Necesitaba que se concentrara más en mí y menos en cómo pilotaba el helicóptero. Necesitaba que se acercara más al suelo. Giró. Se inclinó sobre la puerta con la pistola preparada. Los controladores huyeron del asfalto. Apuntó. Alcanzó el gatillo. ¡Arriba! Incliné las alas y me lancé hacia las alturas, hacia las nubes. ¡Tseeew! El rayo dragón chamuscó mi cola. Y vaporizó el muro frontal de un viejo restaurante. Ametralló a un controlador con restos voladores. Otros controladores corrieron hacia la acera. Al otro lado de la línea de fuego de Psicoabuelita. Me ladeé. Caí en picado. Rocé el asfalto. Me introduje bajo el helicóptero. Las ráfagas de aire agitaron violentamente mis plumas. El helicóptero perdió altura. Se acercó peligrosamente a una torre de alta tensión. Un rayo dragón destelló bajo la luz del sol. Me ladeé otra vez. ¡Tseeew! Un rápido bump explotó a mis espaldas. El helicóptero viró. Sus hélices cortaron el aire. Sus patines de aterrizaje rozaron precariamente la torre de alta tensión otra vez. Abuelita ignoró el panel del instrumental. Mantuvo sus ojos fijos en mí. Una pasada más… Una pasada más y la tendría. Tenía que obligarla a bajar más, enredarla en los cables de alta tensión. El helicóptero sería historia y podríamos salir de ahí. Oí el trompeteo de Rachel por encima del rugido del helicóptero. Me di la vuelta. La batalla terrestre se producía ahora fuera de la tienda, en la calle. Rachel envolvió a un controlador con su trompa y lo arrojó contra el toldo. Abuelita rio. Giró el helicóptero. Voló hacia la tienda de juguetes. <¡RACHEL! ¡CUIDADO!> Salí disparado hacia el helicóptero. <¡TOBIAS, NO! ¡TE MATARAS!> dijo la telepatía de Loren. De alguna parte. No la podía ver. Luché contra las ráfagas de aire. Luche por permanecer en el aire. Rocé la gran ventana abombada frente a la Abuelita piloto. Y dirigí a ella mi telepatía. <Que, ¿necesitas un objetivo mayor? ¿No puedes darle a un pajarito?> Sus facciones se retorcieron con una mueca maníaca. Gritó algo y las palabras se las tragaron las aspas. Agitó la pistola dragón sobre su cabeza. Giré. Me lancé hacia la gran señal de Hillcrest. El helicóptero viró. Se volvió. Salió disparado tras de mí. Di media vuelta con un giro estrecho. Abuelita se mantuvo a mi altura. Mantuvo la nariz del helicóptero sobre mí. Me ladeé. Me encontraba justo en medio del parking. Sin sitio donde esconderme. <¡TOBIAS!> Un movimiento súbito. A mi espalda. ¡Otro ratonero de cola roja! Loren. Se arrojó contra mí. Abuelita apuntó. Loren se dejó caer en picado. Golpeó mi ala. Me desastibilizó. ¡Tseeew! <¡NO!> El rayo dragón pasó por todo el lomo de Loren. Cayó hacia el suelo en una cortina de plumas y sangre. Volé hacia ella. Estaba quieta. Inmovil. La sangre manaba del muñón que era su ala. <No> susurré <Por favor, no> Su pecho se agitó. ¿Respiración? ¿Un latido? <¡Recupera tu forma!> ordené <Concéntrate en tu yo humano y recupera tu forma> <No puedo> su telepatía era debil. Lejana. <Tienes que poder> <Pero… estaré ciega> <Y vivirás> El helicóptero se abalanzó sobre nosotros. <Escúchame> mantuvo la voz nivelada <No tenemos tiempo para la clase de biología. La transformación se basa en el ADN. Arreglas las alas rotas. Podría arreglar también tus ojos> <No puedo… arriesgarme> <No es un riesgo. Puedes volver a transformarte. Siempre puedes volver a transformarte. Por favor. Mamá. ¡Recupera tu forma!> Cerró los ojos. Y sus plumas comenzaron a difuminarse hasta convertirse en la pálida carne humana. El pico se suavizó. El cráneo se ensanchó hasta formar una cabeza humana. ¡Thwok! ¡Thwok! ¡Thwok! <¡TOBIAS!> chilló Rachel. El cuerpo de Loren creció. Se expandió. Sus alas se quebraron, burbujearon y emergieron en como dos brazos humanos. El helicóptero osciló más cerca. Maniobró para tener un disparo directo. La cola giró. <¡Va a estrellarse!> La cola del helicóptero colisionó con el cartel de Hillcrest. El cartel se ladeó. La cola quedó colgando, suelta, del fuselaje y siguió girando, alocada, sujeta por un único soporte. <¡Cuidado!> gritó Marco. ¡Scruuunch! El soporte se soltó. Ka Bammm. Thung, ung, ung, ung. La cola cayó. El helicóptero giró sin control. Hacia abajo. Más abajo. Como un misil que giraba hacia la Tierra. El suelo se estremeció. Rachel apareció a la carrera por el aparcamiento. <¡TOBIAS! ¡VUELA!> Las escamas de las piernas de Loren se derritieron en carne humana. Sus garras se disolvieron en dedos. Parpadeó. Cogió aire. – Puedo ver. ¡Aún puedo ver! El negro estómago del helicóptero caía sobre nosotros. <Perfecto pero, ¿puedes correr?> <No hay tiempo para averiguarlo> Rachel la aferró con su trompa, la sacó del pavimento y cargó hacia el otro lado del aparcamiento. Me impulsé con las alas y volé tras ella. Y el helicóptero cayó sobre el aparcamiento. Sobre un charco de sangre de halcón donde había yacido mi madre. Y estalló en llamas. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

[b]Capítulo 30:[/b] – ¡Champ! Vamos, chico. Cógelo.- Loren arrojó el frisbie. Voló por encima del campo hasta el extremo más alejado del campamento. Champ corrió tras él, saltó y lo cogió con los dientes. Nos encontrábamos en el valle de los Hork Bajir. En casa. Y ahí habíamos estado desde la batalla del centro comercial. Huir fue bastante fácil después de la explosión del helicóptero. Los controladores desertaron en cuanto lo vieron caer. Psicoabuela se escapó justo antes del impacto. La vi arrastrándose sobre el estómago por el aparcamiento. Fue una visión muy satisfactoria. Recogimos a Champ en nuestro viaje de vuelta. Rachel lo había encerrado en un viejo coche situado sobre algunos bloques tras la casa de alguien. Era un perro muy feliz cuando le dejamos salir. Casi se partió por la mitad. Y casi le arrancó la cara a Loren a lametones. No cabía duda de que estaba muy feliz de verla. Y ella también se alegraba de verle. ¿Alegraba? Más bien exaltada, eufórica, extasiada. Se arrodilló y cogió su cara con las manos y, simplemente, se le quedó mirando. Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Abrazó su cuello con los brazos y enterró el rostro en su pelaje. Y sí, tengo que admitirlo, estaba celoso. Celoso de un perro. ¿Cómo de patético es eso? Y, ahora, estábamos de vuelta en el valle. Champ trotó por el campamento con el frisbie firmemente sujeto entre los dientes. Zarandeó a un grupo de Hork Bajir que formaban un círculo. La madre de Rachel se elevaba sobre un estrado justo en el centro. – No- les decía- No, no, no. Eleemeeneope no es una letra. L.M.N.O.P. ¿Lo pilláis? Sacudió la cabeza y masajeó sus sienes. Un par de días antes había conseguido solventar los problemas de la constitución Hork Bajir. Se las leyó. Y ellos votaron por unanimidad aceptarla. Así que la colocó sobre una mesa, preparada para firmarse. Y ahí estaban, confusos. Toby, la vidente, era la única Hork Bajir en todo el valle capaz de leer y escribir. El resto ni siquiera sabía sujetar un lápiz. Así que votaron que la madre de Rachel les enseñara. – ¿Perdón?- su voz retumbó por todo el valle- ¿Tengo pinta de maestra? Votaron otra vez y llegaron a la conclusión de que si, sí que tenía pinta de maestra. Y, ahora, les enseñaba la canción del ABC. Jake y yo nos sentábamos en la mesa de picnic y los mirábamos. Estaba bajo forma humana. Por ninguna razón importante excepto que, de alguna forma, sentía que era… lo correcto. Nunca me sentí muy cómodo en mi cuerpo humano, ni siquiera cuando era un chico normal y no nothlit. Pero ahora, con Loren ahí, quería intentarlo al menos. Por dos horas, en todo caso. Loren. Mi madre. La vi correr tras Champ. Quitarle el frisbie de la boca y enviarlo otra vez volando por el valle. Sus cicatrices habían desaparecido. Su larga cabellera rubia resplandecía y caía a ambos lados de su cabeza. Y podía ver. La transformación le había restaurado la visión. Pensé, esperé, que también pudiera devolverle la memoria. Pero no lo hizo. Aún no me reconocía. No recordaba nada de lo ocurrido antes del accidente. Cassie intentó explicarlo. – La transformación puede curar heridas- dijo- porque toda la información que necesita para regenerar las células se almacenan en el ADN. Pero, ¿los recuerdos? ¿Dónde se almacenan? ¿En impulsos eléctricos? ¿Cómo parte de tu alma? Cuando se van, simplemente… se van. Sip. Quizá. Quizá el pequeño niño de cabeza rubia nunca sería más que una imagen irreconocible de una vida que mi madre nunca recordaría. Pero había interpuesto su cuerpo entre el mío y el rayo dragón. Como la madre de Cassie cuando vio a Ax. Como la madre de Rachel con el especiero. Me recordara o no, me quisiera o no, mi madre casi muere intentando salvarme. Tenía que servir de algo, ¿no? – ¿Le has hablado de Elfangor?- preguntó Jake. – No- me encogí de hombros- Lo haré. Solo que no he pensado como. Quiero decir, ¿cómo le dices a alguien que ha estado casado con un alienígena? ¿Que se querían y que, por ese amor, me tuvieron… a mí? Y, entonces, después de comentarle todo acerca de un marido que no puede recordar, decirle “¡Oh!, ¿te lo he dicho? Está muerto” Jake asintió. Se quedó mirando el campamento, la cabaña que compartía con Marco y su familia. Resultaba extraño. Era como si hubiéramos intercambiado posiciones. Tobías, el huérfano, tenía de pronto una madre. Jake, el chico de portada de cualquier familia prototípica de américa, estaba solo. Vivía en casa de otro igual que yo viví siempre con un familiar desarrapado u otro. Sin saber dónde estaba su familia real. – Siguen vivos- dije- Aún podemos salvarlos. – ¿Podemos?- hurgó en el borde astillado de la mesa de picnic- ¿Qué crees que le pasará a Tom ahora que Visser Uno sabe que ha vivido todo este tiempo junto a un bandido Andalita? ¿Cuánto crees que vale su vida? – Mucho. Es eso, Jake. Visser Uno lo necesita. Necesita a tus padres. Ahora más que nunca. Los necesita para poder encontrarnos. Los necesita para sacarnos de nuestro escondrijo. Mientras sigamos luchando, Visser Uno los mantendrá con vida. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Lisatiax[/b]

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