#51 Lo absoluto

Sinopsis:

Visser Uno se ha apoderado de la Guardia Nacional, y está empezando las etapas finales de su plan para apoderarse de la tierra.  Los tiempos son desesperados y Marco y los otros saben que es ahora o nunca: tienen que revelarle a todo el mundo en la tierra que los Yeerks están aquí y están tratando de esclavizar a todo el planeta.  Marco, Tobías y Ax son alistados para volar a donde la Gobernadora y alertarla de este hecho.  Pero tras los eventos en el hospital para ciegos, los Animorphs no son los únicos que pueden transformarse.  Los Yeerks han adquirido también este poder.  Ahora, además de no ser capaces de confiar en nadie, los Animorphs no pueden confiar en nada…

Datos del libro:

 

 

Una de las fortalezas más grandes de Marco ha sido su habilidad de encontrar y planear la ruta más directa entre el comienzo y el final, sin importar lo que sea necesario. 

Y ahora que Visser Uno está empezando las fases finales para apoderarse de la tierra, Marco y los otros deberán crear un plan que finalmente haga que todos sepan de la amenaza Yeerk.

[b]Capítulo 0:[/b] Se mantienen yendo, y yendo, y yendo… Me impulsé con mis pies, agité mis alas y volé directo al aire. A través de los árboles. Por encima de la cascada. <Hey, esto es genial> dije. <Sin despegues largos y a las corridas. No hay que aletear por encima del suelo. Cuando el pato quiere estar en el cielo, está en el cielo.> Tobías y Ax me siguieron. Y volamos por arriba de los Jardines. Tres patos idénticos, transformados a partir del mismo ADN… Habíamos decidido que tres patos volando solos se verían un poquito llamativos, especialmente para los controladores, quienes probablemente estarían buscando a tres patos volando solos. Entonces nos unimos a una bandada de patos reales, que iban en dirección al capitolio. Nos agregamos en la parte trasera de su formación en V, y aleteamos por encima de las montañas. Este no era el vuelo elegante y elevado de las aves rapaces. Con nuestras cabezas redondas, espalda larga y cuerpo rechoncho, parecíamos más palos de bowling con alas. Era el conejito de Energizer con alas. El pajarito de Energizer… [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 1:[/b] Caí en picado. Plegué mis alas. Ajusté mi cola. ¡Me precipitaba hacia la tierra! Era una bala. Una bala con alas. Y caía bastante bien, hasta que Tobías pasó como un cohete. Pasó rozando el techo del tren de carga y se dirigió hacia los lados en un giro espiral, ala sobre ala. Sus plumas rozaron al pasar el gran cañón de uno de los tanques. <Presumido.> Dije <Hey, soy un halcón.> se tiró hacia fuera del espiral. <Sólo puedo tener muy pocos hobbies, y perfeccionar mi “Espiral Cola Roja de la Muerte” resulta ser uno de mis favoritos> Agitamos las alas y apuntamos por delante de la locomotora. Dos tíos vistiendo unos monos de trabajo y gorras redondas se sentaban adentro. Uno, el maquinista, supuse, manejaba, mientras que el otro miraba el camino delante. No tenían rayos Dragón. O armas de algún tipo. Y no le estaban prestando ninguna atención al águila pescadora y al ratonero de cola roja que cayeron desde el cielo para espiarlos. <No se ven como controladores.> dijo Tobías. <Como si eso significara algo.> <Sí, todo se ve normal> dije <bueno, excepto por los tanques.> Di una vuelta. Escaneé la línea de vagones de plataforma. Nada inusual. Nada que no se suponía que estuviese aquí. Aun así, algo se erizó en la parte trasera de mi cerebro. Algo no andaba bien. Pelear contra aliens cada día de mi vida había puesto a punto mi ya desenfrenada paranoia. Transmití poder a mis alas y alcancé a Tobías y a la locomotora. Una corriente cálida salía de uno de los lados de la montaña. Abrí mis alas y las plumas de mi cola en abanico y me elevé en el ondulante chorro de aire caliente. El tren de carga traqueteaba debajo de nosotros. Un motor tirando de una línea de carros plataforma, cargados de tanques militares. M-I Abrams. Sí, M-I Abrams. Los conocía tan bien como conocía mi Playstation. Todas esas horas jugando Tank Commando habían dado su fruto finalmente. Los M-I pertenecían a la Guardia Nacional. Estaban encadenados a una plataforma, su cañón estaba rotado hacia atrás. Y se dirigían hacia la ciudad. Convoys de camiones y Humvees (vehículos militares multipropósito) habían estando serpenteando en el pueblo por días. Batallones de soldados de la Guardia Nacional de todo el Estado estaban refugiados en centros de la Guardia alrededor de la ciudad. Ahora estaban trayendo tanques. Ax había estado monitoreando los canales locales de TV y las emisoras de noticieros de cable, pero nadie había mencionado nada acerca de un entrenamiento urbano a alta escala. No pude encontrar nada en internet y los chees tampoco habían escuchado nada de sus contactos yeerks. Tobías y yo estábamos aquí para hacer una investigación de primera mano. Para saber si nuestro gobierno estatal se había enterado finalmente de que la Tierra estaba siendo invadida. Para saber si estaban montando una defensa. O para ver si era un plan yeerk cuidadosamente establecido. ¿Todas esas tropas de la Guardia Nacional eran controladores? Algunos de ellos sí, ¿Pero todos ellos? Estábamos hablando de miles de soldados. Si todos ellos eran controladores, entonces estábamos en un gran problema. Estábamos hablando de una mierda muy seria. Pero nosotros apostábamos que ellos no lo eran. Esperábamos que no lo fueran. El planeamiento anticipado y cuidadoso no era el modus operandi de Visser Uno. El usualmente saltaba a la acción con ambos pies y con un montón de ruido. Y si los detalles no trabajaban por sí mismos, simplemente le arrancaría la cabeza a un sub-Visser y seguiría adelante con su siguiente plan maniático. Además, con una nave Espada y una flota de cazas Insecto a su disposición, el Visser no necesitaba un puñado de tanques toscos. Por otro lado, Visser Uno estaba presionando para una guerra abierta. Para hacer la guerra, necesitas un ejército. Y si necesitas un ejército rápido, ¿por qué no secuestrar uno existente? Si los oficiales de más alto rango de la Guardia Nacional eran controladores, Visser uno podría fácilmente rodear al resto de las tropas para una infestación masiva de cuerpos huéspedes. Y si sacaba a los tanques del camino, las tropas sin infestar no los podrían usar contra él. Chuk-chuk chuk-chuk El tren de carga rodaba a lo largo de las vías. No iba todo lo rápido que podía ir un tren. Aproximadamente a dieciséis kilómetros por hora. Quizá a ochenta cuando bajaba una cuesta. Pero era demasiado rápido para mantener el nivel de vuelo de un ave de presa. Tobías y yo habíamos empezado por delante del motor, nos habíamos deslizado hacia el primer vagón de plataforma, luego al segundo. Ahora estábamos en algún lugar cerca del medio y perdiendo terreno. Los músculos de mis alas me dolían, quemaban y finalmente se entumecieron. Di otra vuelta. Estudié el tren. Algo todavía me parecía raro. ¿De qué me estaba perdiendo? De nada, Marco –pensé- no hay nada espantoso en este tren. Si hubiera algo, tus ojos de depredador lo habrían visto a 2 kilómetros de distancia. Ustedes son solo unos chiflados paranoicos. Un chiflado paranoico que sentía como si las alas fueran a romperse si no paraba de aletear. <Esto es estúpido> dije <¿Queremos saber a dónde están yendo los tanques, verdad? El tren no está yendo tan rápido. ¿Por qué no aterrizamos en uno y lo averiguamos?> Me lancé en picado hacia un vagón de plataforma en el medio del tren y planeé sobre la parte superior del tanque. Mis garras patinaron a través del candado de latón en una de las escotillas superiores. Las cerré en una jaula de carga metálica, tiré mis alas hacia abajo y me agache contra el fondo de la caja de carga. El viento azotó las plumas en la parte superior de mi cabeza. Una sombra se deslizó sobre mí. Tobías se trabó en el casco del tanque, detrás de un gran anillo metálico. Abrazó el metal. <Bien, esto no se ve muy raro.> El tren gimió mientras bajaba una cuesta muy inclinada. Giré mi cabeza. Las columnas de tanques se estrechaban detrás de mí, seguían su camino a través de los pinos que se ubicaban sobre nosotros en ambos lados de las vías. La luz solar se filtraba entre las agujas de los pinos y hacía brillar con luz tenue al verde camuflado de los tanques. No vi otro movimiento. Ninguna forma de vida, doméstica o extraterrestre. Normal. Todo se veía – Un momento. <No hay guardias. Si esta es una operación de la Guardia Nacional para prepararse para pelear contra los aliens, ¿No debería haber soldados apostados en el tren? Y si es obra de Visser Uno, tú sabes que tendría controladores arrastrándose por todos lados. Treinta y cuatro tanques, y no hay nadie vigilándolos.> <Ehm… yo no diría eso…> Giré mi cabeza. Otro ratonero de cola roja planeo alrededor en una curva más adelante. Detrás de él, en formación, volaba un escuadrón de águilas doradas y halcones peregrinos. Definitivamente no estábamos solos. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] El ratonero de cola roja apuntó hacia el tren. Las águilas y halcones lo siguieron, inclinándose lateralmente y cayendo en picado por encima de las vías. <Obviamente no tienen mucha experiencia de vuelo.> me dijo Tobías por telepatía privada. <Están con el viento en contra, volando en formación. Una bandada de halcones y águilas volando como si fueran pilotos de cazas, siguiendo las órdenes de un halcón. Estas no son aves ordinarias yendo a dar un paseo de placer por la tarde.> Las águilas y los halcones pasaron planeando por arriba de la locomotora y se engancharon en el primer tanque. El ratonero de cola roja se mantuvo en el aire y vio pasar el tren por debajo de él. No nos había visto. Todavía. Tobías se deslizó hacia abajo por el casco del tanque, y se escondió en la oscura caverna entre las orugas de los tanques. Donde podría ver sin ser visto. Pero yo estaba arriba. En la torreta. No podría moverme sin captar la atención del ojo del halcón. Me apreté a mi mismo contra el piso del canasto de carga y miré. Aguardé. Confiaba en que mis plumas blancas y grises se fusionaran con la pintura de camuflaje del tanque. Bueno. Aquí estábamos hablando de visión de halcón. Ni pensar en una cosa como camuflaje. El ratonero de cola roja se mantuvo sobre el tren realizando kited (maniobra para el ataque a distancia en el World of Warcraft). Examinó cada vagón, cada tanque que pasaba por debajo. <¿Entonces, quiénes son ellos?> espié a través de los alambres de la jaula. Doce de ellos. Dos de nosotros. <¿O deberíamos ser demasiado optimistas y esperar a que sean James y su banda?> James y su banda. Un grupo de Animorphs auxiliares que habíamos reclutado recientemente para luchar contra los yeerks. Chicos discapacitados de día. Superhéroes por la noche. O algo por el estilo. Los Animorphs –originalmente sólo cinco humanos y un andalita—están tratando de detener a los yeerks. Yo soy uno de los chicos humanos. Marco. Es todo lo que les voy a decir de mí. Sin apellido. Sin dirección. Y no es que eso haga probablemente alguna diferencia ya. Los yeerks saben quién soy. O quién era, de todas formas. Yeerks. Estoy seguro que a esta altura ya sabes todo sobre ellos. Sí no, aquí está la versión condensada: babosas grises pegajosas que se arrastran por tu canal auditivo, se aplanan alrededor de toda la superficie de tu cerebro, y toman control de tu cuerpo. Alienígenas parásitos que están tomando la Tierra, de a un humano por vez. Mi madre era una controladora, controlada por uno de los más poderosos yeerks en el Imperio yeerk, la antigua Visser Uno. La rescatamos, matamos al yeerk que se había deslizado en su cabeza, arreglamos una muerte para mi papá y para mí y evacuamos al valle montañoso de los hork-bajir libres. Lo cual debería haber sido grandioso. Y lo fue. Para mí personalmente. Y para mi familia. De acuerdo, estábamos en un viaje de campamento interminable con alienígenas de dos metros llenos de cuchillas quienes raramente, sino nunca, se bañaban. Y no, no he visto un aseo interior en semanas. Pero no me estaba quejando. Tenía a mi mamá de vuelta. Tenía a mi familia de vuelta. Y, como una bonificación adicional, la tarea de álgebra era sólo un recuerdo distante y que se desvanecía rápidamente. Pero para los Animorphs, y para la guerra que estábamos peleando, el escape de mi mamá fue el inicio de un largo y aterrador resbalón cuesta abajo. Y estábamos a punto de golpear contra el fondo rocoso. Golpear duramente. Una gran parte de la razón por la que estábamos luchando era que los yeerks tenían mejores armas que nosotros. Adicionalmente, nos superaban en número en proporción de tres gazilliones contra seis. Pero teníamos dos ventajas que nos ayudaban a nivelar el campo de juego. Uno: podíamos transformarnos. Podíamos tocar un animal, adquirir su ADN y entonces transformarnos en ese animal. Un príncipe guerrero andalita moribundo nos dio esta habilidad, y con ella pudimos infiltrarnos, espiar, destruir y patear el trasero de los yeerks de una forma que nunca hubiera podido un humano. Dos: dado que la habilidad de transformarse es una tecnología andalita, los yeerks creían que todos nosotros éramos andalitas. El antiguo Visser Tres, comandante en la invasión yeerk a la Tierra, había dado vuelta el planeta patas para arriba buscando una banda canalla de alienígenas azules. Pero él no nos había encontrado, porque no buscaba en los lugares donde podríamos llegar a estar. Cómodas casas suburbanas delimitadas por árboles, calles del estilo de Leave it to Beaver (serie estadounidense de los ´50), pasillos ruidosos de la escuela entre clases o el patio de comidas del centro comercial. No eran los típicos escondites andalitas. Bueno, excepto quizás el patio de comidas. Luego de que termine esta guerra, tengo plena confianza en que Ax, nuestro andalita residente, va a pasar el resto de su vida en una transformación humana en la tienda de bollitos de canela. Luego de que rescatásemos a mi madre, sin embargo, no le tomó mucho tiempo a Visser Tres darse cuenta de que los supuestos “bandidos andalitas” podrían ser simplemente humanos. El fue ascendido a Visser Uno, y usó la mayor parte de sus recursos en encontrarnos. Los otros Animorphs fueron forzados a rescatar a sus familias y escapar al valle hork-bajir. Rachel con su mamá y sus dos hermanas. Cassie con sus padres. Tobías con su madre. Y Jake. Solo. Tratamos de sacar afuera a la familia de Jake. Incluso a Tom, su hermano, quien había sido un controlador desde el principio de la invasión. Pero los yeerks llegaron allí primero. Convirtieron a su madre y a su padre también en controladores. Convirtieron a Jake en alguien que ya ninguno de nosotros conocía. Ax se mudó al valle también. Se volvió nuestro nuevo tipo de base. Nota al pie: éramos niños, y los yeerks lo sabían. Y pensábamos que era la peor cosa que nos podía pasar. Estábamos equivocados. Necesitábamos más ayuda. Más poder de fuego. Más Animorphs. Así que reclutamos humanos en los que sabíamos que podíamos confiar. Humanos que los yeerks ya habían descartado. Humanos que ellos no infestarían. Niños discapacitados. Los yeerks se dieron cuenta de lo que estábamos haciendo, y en la última batalla perdimos el cubo mórfico. La caja azul que le daba a cualquiera que la tocase el poder de transformarse. Nuestra única arma, el arma que Visser Uno nunca había podido vencer, había caído en manos yeerks. Si, todavía podíamos transformarnos. Pero ahora los yeerks también podían. Las cosas estaban muy, muy mal. Miré en el cielo. El ratonero de cola roja giro en círculos. Examinó los tanques que estaban debajo. Sus ojos se encontraron con los míos. Las aves no tienen labios. Las aves no pueden sonreír. Pero puedo jurar que esta lo hizo. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] -¡TSEEEEEEEEER!- El ratonero de cola roja se arrojó como un misil desde el cielo, con los ojos reluciendo triunfales. Chuk-chuk chuk-chuk. El tren de carga me estaba dando un viaje gratis directo hacia mi enemigo. Aleteé hacia la parte superior del compartimiento de carga y encontré un punto de apoyo. <¿Marco?> Tobías avanzó sobre el piso de la plataforma. Cuatro bloques de madera estaban calzados contra las orugas del tanque, dos al frente y dos detrás, evitando que se moviera. Tobías se mantuvo junto a uno de los bloques frontales, en su sombra, fuera del ángulo de visión del halcón. <¿Te diste cuenta que un ave de presa se está disparando desde el cielo y apuntándote a ti, verdad?> <Ehhh, sí.> Mi voz telepática sonaba confiada, como si realmente supiese lo que estaba haciendo. <El halcón no tiene mucha experiencia de vuelo, ¿Recuerdas?> Extendía mis alas. Puse mis plumas de forma acampanada. Abrí mi cola en abanico. Es lo que hacen las aves de presa cuando están bajo una amenaza. Hacer sus cuerpos tan amenazadores y grandes como les sea posible. Lo que no hacen las aves de presa es planear maniobras de evasión suicidas. No, esto era un movimiento puramente humano. Mis alas no estaban extendidas a lo alto y a lo ancho sólo para hacerme parecer fuerte, aunque estaba seguro que me veía como un ave fortachona. Mis alas estaban cubriendo un caño grueso de acero que sobresalía detrás de mí de la canasta de carga. Un tubo de acero que esperaba que el halcón, en su prisa por hacer una brocheta con mis tripas, no hubiese advertido. Lo fulminé con la mirada. Desafiándolo a que me golpeara. -¡TSEEEEEEEEEEER!- Mantuve la posición. Afirmé mi enganche. Las plumas de mi cola se movían hacia arriba y abajo, ajustando mi equilibrio al movimiento del tren. Tobías miró desde las sombras, con las alas tensas, listo para atacar por el lado ciego al halcón si fallaba. El halcón cayó en picada, su pico apuntando a mi pecho expuesto. Dos metros. Uno y medio. Sesenta centímetros. ¡Ahora! Caí en picado. Al costado y abajo, en dirección al casco del tanque. Thung-crack. El ratonero se golpeó contra la tubería de acero sobre mí. Thump. Cayó de espaldas sobre el piso del canasto de carga. Yacía en el fondo de la jaula, inmóvil, su cuello torcido hacia atrás y a un lado. <Eso estuvo un poco en el lado de las locuras, ¿no te parece?> Tobías levantó sus alas. <Ahora, vámonos de aquí antes de que sus compañeros se den cuenta de que no ha vuelto al aire.> El tren se sacudió alrededor de una curva. Nos deslizamos sobre el borde, nos mantuvimos a poca altura. Y nos encontramos pico a pico con la bandada de águilas doradas. Controladores. ¿Mencioné que un águila dorada es casi tres veces más grande que un águila pescadora? ¿Qué tiene aproximadamente el triple de actitud y, en mi opinión, es herida solo de forma muy escasa? Y eso solo hablando del águila dorada habitual, el corredor del cielo. Mezcla un yeerk enloquecido con un huésped humano aterrorizado, y estaremos hablando de un ave gravemente alocada. Doble de forma cerrada hacia la derecha. Tobías ya estaba por delante de mí. Transmitimos potencia a nuestras alas y apuntamos al frente del tren, con seis águilas doradas en nuestras colas. Chuk-chuk chuk-chuk. El traqueteo de los vagones de plataforma casi ahogaba el sonido del batir de las alas. Pasamos batiendo un vagón. Otro. Estábamos ganando terreno en el tren. Las águilas eran más grandes. Más crueles. Pero no eran tan rápidas. Si podíamos sobrevivir, podríamos dejarlas atrás. Agité mis alas. Rodeamos la curva. <Oh-oh> Dijo Tobías Cinco halcones volaban en círculos sobre nosotros. No eran tan grandes como las águilas doradas. Ni siquiera eran tan grandes como Tobías o como yo. Pero eran muchísimo más rápidas. Uno de los halcones se separó del resto. ¡Se lanzó en picado! <Cielos, tío. No de vuelta. Estoy tan cansado de ser bombardeado en picado por aves.> Pero esta no era simplemente cualquier ave. Este era un halcón peregrino. No era una bala con alas. Era un misil. Un misil disparando hacia mí a 321 kilómetros por hora. Lo que no me dio ni un poco de tiempo para pensar una maniobra evasiva suicida. Estábamos absolutamente seguros de estar fritos. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] El halcón cayó desde el cielo. Otro peregrino centró su atención en Tobías. Agité mis alas. Examiné el piso de los rieles, buscando una abertura. Un lugar para esconderme, un escudo. Nada. Una pared de árboles en un lado. Un tren de carga en el otro. Una bandada de águilas psicópatas detrás. <¡Debajo del tren!> dije a gritos. Me tiré en picado entre dos vagones de plataforma. Tobías me siguió. Chuk-chuk chuk-chuk. El metal rozaba contra el metal. Esquivábamos entre los ejes, entre las ruedas, alrededor de las cajas de frenos. Era peligroso, desesperado y estúpido. Miles de libras de acero zigzagueando a lo largo de las vías, a una fracción de pulgada de nuestras alas, nuestras cabezas y nuestras piernas. Un movimiento erróneo, un error de cálculo mínimo, y seríamos croquetas de pollo. Pero era nuestra única oportunidad. Apuntamos hacia el lugar entre el piso de los rieles y el piso de los vagones de carga encima de nosotros. Perdimos a un águila. Y a otro. Un ave con una envergadura de alas de 2 metros no tiene nada que hacer debajo de un tren de carga en movimiento. Pero los halcones seguían viniendo. Del frente, desde atrás, barriendo, acuchillando, aporreando. <¡¿Has visto alguna vez la película Los pájaros?!> Grité <¡No es gracioso, Marco!> Me gritó Tobías en respuesta. Salí disparado desde debajo de un vagón, con dos halcones en mi cola. Apunté hacia arriba. Alrededor de un tanque. Adentro. ¡Fuera! Perdí a uno de los halcones. Giré alrededor del cañón. Perdí al otro. < ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!> Garras del tamaño de ganchos para la carne se cerraron sobre mi espalda, perforaron mis plumas, y luego mi carne, mientras un águila dorada me cogió en el medio del vuelo. Estaba hecho polvo. Traté de liberarme retorciéndome fuertemente. Mi piel se desgarró bajo el agarre hermético del águila. La garra arañó los huesos. El águila agitó sus alas y se elevo sobre el tren. Colgaba de sus garras como un indefenso ratón de campo, torciéndome y retorciéndome. <¡Marco, quita tus alas del camino!> Un relámpago marrón. Plegué mis alas. Tobías se precipitó debajo del águila en un Espiral Cola Roja de la Muerte. Sus garras arañaron las piernas emplumadas del águila. -¡KYEEEEEEEER!- El águila gritó, se inclinó lateralmente y giró para encarar a su atacante. Pero no era tan rápida como Tobías, y llevaba el peso de un águila pescadora poco colaboradora. -¡TSEEEEEEEEEER!- Tobías golpeó en su garganta. El águila viró. Intentó golpear con una garra a Tobías. Mi cuello cayó de sus garras. Giré, mi trasero estaba atrapado en una garra del águila, mi cabeza y hombros se agitaban en el medio del aire, mientras Tobías y el águila se arrojaban encima de mí. Tobías la rodeo. Adentro. Afuera. Alrededor. El águila giró rápidamente y esquivó. <¿No hay una bolsa para vomitar en este vuelo?> Dije estúpidamente. Tobías arañó con sus garras a través de la espalda del águila. El águila soltó el agarre, abrió ambos pies. ¡Era libre! Caí. Caí a peso plomo recto hacia el tren de carga debajo. Hacia acero macizo y cajas con periscopios sobresalientes. Volar. ¡Tenía que volar! Me concentré. Tiré mis alas hacia arriba. Y hacia afuera. El aire lleno mis alas, como si hubiera abierto un paracaídas. En algún lado encima de mí, un águila gritó. Tenía que virar. Volver con Tobías y ayudarlo a pelear contra el águila. Planeé sobre el tren. Alrededor de un tanque. <¡Marco, cuidado!> Smack. Me golpeó desde atrás. Un halcón que había salido de la nada. Me tambaleé hacia atrás, de punta a punta. Thunk. Y aterricé en el piso del vagón plataforma. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Yacía sobre mi espalda. Mis alas estaban extendidas transversalmente sobre duras planchas de madera, mi vientre estaba expuesto. El viento azotaba mis plumas. El vagón de carga se balanceaba bajo mío. El halcón volaba en círculos encima de mí. Agitó sus alas y ascendió. Ganó altitud para golpear de nuevo. Cerré mis ojos. Dejando fuera al traqueteo del tren, a los gritos de águilas y halcones. Ignorando el dolor devastador disparándose a través de mi cuerpo. Forcé una imagen dentro de mi cabeza: Marco. El saludable humano Marco. Sentí como mis plumas se hacían líquidas. Las sentí fundirse y disolverse en mi piel. Mis piernas se engrosaron. Se estiraron hasta llegar al largo humano. Las escamas de armadura plateada que las cubrían se suavizaron y alisaron en la piel humana. Pero todavía era ave de las piernas para arriba, y aún no me podía mover. El dolor ardía a través de mis alas. Me volví a concentrar en la imagen: brazos. ¡Currrrrruncchhhh! Mis alas se pusieron derechas y se alargaron. El dolor también se alargó. Más largo. Más delgado. Se desvaneció hasta sentir un hormigueo, y entonces desapareció cuando los dedos saltaron del final de mis brazos-alas. Los flexioné. Abrí mis ojos. Me arroje hacia un lado. ¡Pateé al halcón! Las garras rozaron a través de mi muslo y se cerraron en mi carne. El halcón apretó una masa muscular entre sus patas afiladas como cuchillas y se mantuvo volando. -¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!- ¡Un pedazo de carne del tamaño de una pelota de golf había sido arrancado de mi pierna! En mi forma humana, podría rechazar a los halcones. En mi forma humana, podría sobrevivir. Bueno, al menos podría sobrevivir más que como un águila pescadora. ¿Pero por qué ofrecerme de voluntario para ese tipo de carnicería? Me arrastré hacia el tanque. Me senté con mi espalda contra el casco. Moví a la imagen humana en mi cerebro y pensé en una diferente: el gorila. ¿Quieres volverte corpulento? Olvídate de los levantamientos de pesas de banca y de los batidos energéticos. Transfórmate en gorila. Me concentré. Mi pecho y mis hombros se hincharon. Mi estómago se marcó con abdominales. Bíceps, deltoides, pectorales. Era fornido, musculoso. Mis manos crecieron hasta alcanzar el tamaño de guantes de un cátcher. Mis dedos crecieron como salchichas. ¡CREEEEEEEEEK! Los huesos humanos se hicieron más gruesos. Los brazos se dispararon hacia fuera. Mi cráneo se desplazó hacia atrás, entonces hacia arriba. Mi cara se aplanó. Las fauces sobresalieron hacia delante. Mi piel se oscureció en un negro brillante, y ondas de pelo grueso y oscuro bajaban por mi cuerpo. Era Big Jim. Salté hacia el casco del tanque. El halcón se lanzó en picada y arañó mi brazo. Otro voló sobre mi cabeza, con las garras estiradas. Un águila dorada me golpeó fuertemente en la cara. Pero yo era un gorila. El águila era meramente una molestia. Una peste. Tan feroz como un mosquito, pero también así de fácil de aplastar. Las bateé a la distancia, como King Kong aplastando aviones desde la punta del Empire State. Giré y examiné el piso de las vías. Los árboles ya no eran tantos, el piso se estaba nivelando. Nos estábamos acercando a la ciudad. Acercándonos a los refuerzos yeerks. Tobías pasó alrededor de un tanque tres vagones más atrás, un águila dorada le respiraba encima de su espalda. Dos halcones zumbaban y picoteaban alrededor de él, aprovechando todas las oportunidades que podían. <¡Tobías!> grité <¡Es hora de irnos!> <¿Tú crees?> Aleteó. Se movió hacia un lado. Se lanzó en picado debajo del tren. Las vías habían sido cortadas en un costado de la colina. De un lado el terreno estaba nivelado con el suelo del vagón de plataforma. Nivelado con las orugas de los tanques. Cuatro cadenas, tan grandes como el diámetro de mi brazo, iban desde anillos gigantescos de acero soldados en el tanque, hacia otros anillos gigantescos de acero soldados en la plataforma. Dos en el frente, dos detrás. Cada par de cadenas estaba entrecruzado y estaba asegurado y ajustado por hebillas gigantes de acero en el medio de cada cadena. Herramientas. Necesitaba herramientas. Fácil. Había estado en el nivel 10 de Tank Commando. Sabía dónde encontrarlas. Salté hacia el casco del tanque. Una gran caja de seguridad estaba empotrada en el parachoques. La tapa estaba cerrada con un candado de latón. Sencillamente eso no era un problema para un gorila. Rasgué y aflojé el candado. El latón se dobló como plastilina en mi puño. La tapa se abrió de golpe. ¡Sí! Un hacha, una pala, una llave gigantísima, una barra puntiaguda que parecía un cincel. Maza grande. Tiré la maza fuera de la caja. Salté hacia la parte trasera del tanque. Los bloques de madera todavía estaban calzados en las orugas del tanque, sujetas por púas de acero que iban a través de los bloques hasta el piso de la plataforma. ¡WHAM! Un bloque salió volando. ¡WHAM! El otro voló entre los árboles. Agarré una de las hebillas de acero y le di un sacudón. La cadena se aflojó. Sacudí ambas hebillas hasta que tuve suficiente parte floja, entonces salté al tanque y desenganche las cadenas de los aros de acero. ¡CLANG! Las cadenas se deslizaron hacia el suelo de la plataforma. El cañón estaba sujeto en un soporte en la parte trasera del casco. Dado que de todas formas estaba aquí atrás, lo liberé y salté hacia el frente del tanque. ¡WHAM! ¡WHAM! Los bloques de madera volaron. Sacudí. Salté. Desenganché. Las cadenas frontales cayeron. El tanque estaba libre. <¡Tobías, vámonos!> Salté hacia la torreta. Caminé en nudillos hacia una de las escotillas que llevaba al interior. Sacudí el candado hasta que salió y se lo arrojé a una de las águilas que estaba detrás de Tobías. Abría completamente la escotilla. Tobías pasó a través de ella, dentro del tanque. Aplasté al águila, entonces lancé la maza hacia el motor del tren. Pasó de punta a punta sobre los vagones de plataforma. Golpeó en el techo de la locomotora y rebotó. ¡EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEKKKKKKK! Los frenos chillaron. La plataforma se tambaleó. Rodé dentro del tanque y cerré la tapa. Adiós pajaritos. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] <De acuerdo. Bien> entrecerré los ojos en la penumbra. El tren se había detenido. <Estamos a salvo.> <Ajá> Tobías aleteó sobre una caja de metal. <Atrapados en un pedazo de hojalata, con aves infestadas de yeerks anidando en el techo, aguardando por refuerzos que van a despegar la tapa y nos van a matar. No estamos a salvo, Marco. Estamos muertos.> <¿Muertos? No lo creo. Subestimas el poder de este pedazo de hojalata en particular.> le di una palmada a la pared mallada detrás de mí. La parte interna de la torreta era una cesta redonda de metal. Todo lo que había –paredes, piso, tachos de depósito, equipamiento – había sido pintado de blanco. Los asientos y los tachos de depósito llenaban el frente y el medio. Mis rodillas golpearon contra una caja de metal. Una estantería de municiones golpeó mi hombro. El tanque simplemente no había sido construido para un gorila. Me detransformé y me subí a uno de los asientos. Espié sobre el bloque de visión que había montado sobre mí. Era el lugar del tirador. Computarizado. Equipado con visión nocturna y sensores infrarrojos. Como el videojuego. Podía ver a los halcones y águilas. Estaban enganchados en el casco del tanque, esperando. Los chicos del ferrocarril estaban yendo a pie a lo largo de las vías, buscando en los vagones, debajo de ellos, buscando en los árboles. Uno de ellos llevaba la maza. Los dos se veían realmente confundidos y un poquito locos. Me bajé de mi asiento. Me paré en el centro de la cesta y traté de pensar que haríamos a continuación. -Asumo que vamos a llevarnos este carro a un pequeño paseo de placer- Tobías se había transformado en su propia forma humana. -Si podemos descubrir como encenderlo.- -¿Qué quieres decir con ‘si podemos descubrir como encenderlo’? estás sentado al lado del maestro del Tank Commando del valle hork-bajir.- -Bien. Experto de videojuegos.- Miro alrededor a todas las palancas e interruptores. -Entonces ¿qué? ¿Simplemente ponemos reversa y rodamos por uno de los lados del tren?- -Sí. El tren está detenido. El suelo está casi nivelado con la plataforma. Debería ser fácil. Vi a un equipo de tanques hacerlo en el History Channel.- -Ah. Videojuegos y cable. Eso es tan tranquilizador.- Agarró un casco de un gancho en uno de los lados de la torreta. -probablemente debería ponerme este.- -Probablemente. Esa pieza en el frente es un micrófono. Y las cositas de la oreja son parlantes.- El micrófono estaba ligado a un cable grueso que se curvaba desde el casco, como un headset de telefonista. Tobías lo ajustó para que quede frente a su boca. -Me siento como Britney Spears.- Dijo. -Desafortunadamente para mí, no te pareces a ella. Siéntate aquí. Enchufa el cable y aprieta ese interruptor hacia delante para que puedas hablarme.- Bajé a través del espacio entre la torreta y el área del conductor gateando. Aquí abajo todo estaba pintado de blanco, también. Me deslicé hacia el asiento. Estaba tan inclinado que casi parecía que estaba acostado. Deslicé el casco en mi cabeza. Lo enchufé. Y tome un respiro profundo. Dejaré que sepan un pequeño secreto. Dispararle a tropas enemigas en un videojuego no te prepara para manejar un tanque de seis toneladas en la vida real. Es decir, sí, los controles se veían familiares. Agarré la barra de manejo enfrente de mí. Y el equipamiento estaba básicamente en los mismos lugares que estaban en la pantalla de mi PlayStation. Pero esto era de verdad. Si el tanque se me daba vuelta, no podría apretar RESET y volver a empezar. -¿Cómo va todo allá abajo?- la voz de Tobías resonó en mi casco -Genial.- Estudié el panel de control. -Todo está genial. Ya entiendo todos los controles.- Lo cual, me di cuenta, era casi cierto. Porque aquí hay otro pequeño secreto: los controles del tanque están sorprendentemente bien rotulados. COMBUSTIBLE. ENCENDIDO. INTERRUPTOR MAESTRO. No hacía falta ser un genio para entender como hacer para que salga rodando. ¿La armada sabía esto? ¿Se daban cuenta ellos que, con un pequeño prueba y error, un niño de tercer grado con un vocabulario limitado podría probablemente robarse un tanque entero? Me senté de vuelta en mi asiento. Presioné INTERRUPTOR MAESTRO. Escuche un pequeño zumbido cuando el panel de control se iluminó. Espié a través de mi bloque de visión. No era un periscopio ultra computarizado como el de la mira del tirador. Era más parecido a una ventana. Una abertura de ventana que tenía un vidrio grueso a prueba de balas. Las águilas y halcones todavía estaban enganchados en el tanque. Obviamente sabían que algo iba a pasar. Agitaron sus alas y se miraron el uno al otro. Presioné ENCENDIDO. RrrrrRRRRRRRRmmmmmmm. El motor giró y se encendió. Afuera en el casco, nuestras amigas las aves gritaron y movieron sus alas. De acuerdo. Podía hacer esto. Agarre la cosa que estaba en la barra de manejo. Giro hacia la derecha, aceleración. Giro hacia la izquierda, transmisión. Cambio de marcha debajo de mi pulgar izquierdo. Tomé un respiro. En aproximadamente un minuto podríamos estar tanto debajo del vagón de plataforma, rodando sobre las colinas. O podríamos estar dados vuelta en el suelo de la vía, como un insecto de metal grande y viejo. Dejé la transmisión en neutro y moví la barra de manejo fuertemente hacia la izquierda, era algo así como montar en mi bicicleta. Algo así. Tiré para atrás el acelerador. El tanque rotó hacia un lado en el piso de la plataforma. Sus orugas colgaban sobre el borde, apuntando hacia la sección cortada de la colina. Enderecé la barra de manejo. La desplacé para manejar. Apreté de vuelta el acelerador. Y nos lanzamos hacia delante en el espacio vacío. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] El frente de los peldaños rodó sobre el borde de la plataforma del vagón, sin apoyo. Pude ver el nivel del suelo por delante. Sostuve el acelerador constante. El tanque se inclinó, con la nariz hacia abajo. Los halcones y las águilas se precipitaron. Obviamente no tenían confianza en mis habilidades para conducir un tanque. -Uh, ¿Marco?- Y tampoco, al parecer, Tobias. ¡WHOOOOOOMPH! Los neumáticos golpearon tierra firme. El tanque estaba colgado a mitad de camino de la plataforma, estando la otra mitad en la parte cortada de la colina. Luego, los agarres se soltaron y nos expulsaron de la plataforma. Nos arrastramos a través del área despejada al lado de las pistas. Encontré un camino libre en una línea de árboles, y nos fuimos a toda prisa hacia los bosques. -Fácil- Dije. Estaba muy impresionado con el tanque. Y, por supuesto, conmigo mismo. El M-1 se comportaba bien. Era un tanque, pero podía moverse. Dondequiera. Costa arriba, sobre rocas, a través de zanjas. Reboté un poco en el asiento del conductor. Los arbustos temblaban y desaparecían bajo mis pisadas. Ok, un par de árboles también. Y la esquina de un depósito de ferrocarriles. Me tomó un tiempo acostumbrarme a la dirección. Los Controladores pájaros se habían instalado de nuevo en el tanque, sus garras se cerraron alrededor de las bisagras y las manijas, las alas se inclinaron contra el casco. Mi casco crepitaba. –Llámame loco- Dijo Tobias –Pero cuando abortamos una misión, no creo que debamos llevar a los Yeerks a casa con nosotros.- Escuché un traqueteo arriba y detrás de mí. El cañón del tanque giro hacía el frente. Noqueando un águila dorada de repente. Se cayó del tanque. El arma giró hacia atrás y luego hacia el frente de nuevo. Los otros pájaros se elevaron al cielo. -¿Tobias? Ese fuiste tu ¿Verdad?- -Si, encontré un manual aquí atrás. Una lectura bastante aburrida, pero hay cosas que definitivamente podemos usar.- Nos metimos a través de un claro. Pasamos a través de un arroyo. Subimos la empinada orilla del otro lado como si fuera cuesta abajo. Cruzamos través de la maleza y de nuevo en los árboles. Las aves Controladores abalanzaron encima. Tobias dio vueltas nuevamente el cañón. Las águilas y halcones chirriaron y volvieron al cielo. Yo mientras manejaba, soportando el ruido del cañón detrás de mi espalda, intentando no engancharlo con el costado de una colina o de un árbol. Intentando mantener mis ojos por la ventana que funcionaba como visor. Viendo como los árboles se difuminaban en una mancha. THUNNNNNG. El tanque se inclinó de punta hacia los lados. Siguió rodando. Golpeó de nuevo a nivel del suelo. -Esto es mucho mejor que un simulador de tanques- Dijo Tobias. –Creo que Jake nos dejara quedarnos el M1 y… ¡Marco! ¡¡Cuidado!!- -¿Ver que? No puedo ver muy bien.- -Lo se. Pero yo puedo. Detente. ¡Detente!- Apreté el freno. El tanque se sacudió al frenar. Reboté adelante y luego atrás. Miré a través de mi bloque de visión Y todo lo que vi fue el cielo. Kilómetros y kilómetros de aire vacío. Habíamos dejado los bosques y ahora estábamos en el borde de un barranco mirando la interestatal. Las águilas y halcones habían desparecido. Pájaros inteligentes. Mi casco farfulló. –Ehm, ¿Marco? ¿Esto tiene reversa?- Miré el interruptor de marcha. -Sí.– Presioné el interruptor con mi pulgar. Dándole gas. El tanque empezó a rodar. Hacia delante. -¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!- Tobias gritó en mi oído. Apreté fuertemente el freno. El tanque paró. Pedazos de tierra cayeron por el risco. -No tiene reversa- Dije. -No me digas.- Presioné nuevamente el interruptor. Girando el acelerador hacia mi una fracción de centímetro… El tanque avanzó hacia atrás. Aceleré de nuevo. Volviendo al límite del bosque. Quedándonos en las sombras de los árboles y dejando en inactividad el tanque. El “risco” era en realidad una colina que se construyó cuando estaban creando la interestatal. Se inclinaba hacia abajo en ambos lados hasta que estuvo al nivel de la carretera. Apreté la manivela. Dando vuelta el tanque. Nos precipitamos bajo la colina. Voltee de nuevo. Pasando sobre las zanjas y llegando a la autopista. -Uh, ¿Marco? ¿Estas seguro de que estas haciendo?- Dijo Tobias. -Seguro. Este bebe puede llegar a sesenta y cinco por hora, no te preocupes.- -Si, ¡Sesenta y cinco en la dirección contraria! – Observé la autopista. Estaba dividida, con una barrera de concreto entre ambos lados. Y nuestro lado era el incorrecto. No había mucho que pudiese hacer sobre eso además de seguir yendo. Y esperar que los otros vehículos fuesen lo suficientemente inteligentes para salirse del camino. Lo eran. Un completamente nuevo Lexus chirrió hacia un lado del camino. Una camioneta desgastada llena de placas de madera lo siguió. Una minivan conducida por un ama de casa patinó detrás de ellos. Un vehiculo deportivo conducido por un tipo en traje también se desvió. Hasta ahora, todo funcionaba para nosotros. Excepto por el camión de 18 ruedas. Siguió hacia nosotros. Rebajé la velocidad. Viré a la derecha. Aplastando algunos letreros de caminos. Volví a virar a la autopista para evitar un jeep detenido. El camión aun seguía directo hacia nosotros. Estábamos lo suficientemente cerca como para ver la cara del conductor. Estaba sonriendo. No, se estaba riendo. -¿Es este tipo un completo idiota? – Preguntó Tobias. –Esta jugando a la gallina con un tanque. ¡UN TANQUE!- -El es más grande.- -¿Si? Bueno, nosotros estamos mejor equipados- El cañón se movió. Justo hacia la derecha. -No puedes dispararle, ¡Tobias!- -El no sabe eso.- El cañón se movió de nuevo. Arriba, esta vez. Directo hacia la ventana del camión. La sonrisa del conductor se congeló. Desviando el camión hacia el carril siguiente. -Eso le enseñara.- Murmuré. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Jake frunció el ceño. -Entonces, ¿Dónde dejaron el tanque?- Tobías y yo nos miramos el uno al otro. Estábamos de vuelta en el valle de los Hork-Bajirs, sentados alrededor de la fogata fuera de la cabaña de mis padres. Los grillos cantaban. El sol poniente bañaba el valle de rayos ambarinos. Champ, el perro de la mamá de Tobías, dormitaba a nuestros pies. Era pacífico. Era bueno. Era un concilio de guerra. Los jefes conjuntos del estado mayor estaban todos presentes. Tobías, Rachel, Cassie, Jake, Ax y yo. Y, desde que nos movimos al valle, habíamos agregado dos miembros más. Toby, la vidente Hork-Bajir. Vidente, lo cual significaba que era más lista que un Hork-Bajir promedio. Significaba que actualmente dos más dos guardaba algún sentido para ella. Así como también la física cuántica. El segundo miembro nuevo era mi mamá. -El tanque.- Tomé un respiro. -Bueno, ¿conoces la casa de Chapman? ¿Bonita y de dos pisos?- Jake suspiró. -¿De cuántos pisos es ahora?- -Eh…- miré a Tobías -¿Cero? Pero el cobertizo trasero le dará a Chapman un buen abastecimiento de leña para el invierno. Ya está apilada para él.- Tobías sonrió. -Lástima que ya no tiene una chimenea.- -¿Disculpen?- Dijo Rachel -¿Aplastaron la casa de Melissa?- Ella me miró fijamente. Ella y Melissa Chapman solían ser amigas. Antes de que el padre de Melissa se volviera un controlador y Rachel un Animorph. Ella se volvió hacia Tobías. -¿Y tú participaste en todo esto?- -Whoa. Cálmate, niña.- Dije -Simplemente estás enojada porque no pudiste manejar un tanque. Nadie salió herido. No había nadie en casa. Ni siquiera Fluffer McNutter o como sea que se llame ese estúpido gato.- -Fluffer McKitty- Dijo ella -Oh. Discúlpame. Fluffer McKitty. Eso está mucho mejor. De cualquier forma, están todos bien. Melissa, su padre, su gato.- Tobías asintió. -Simplemente ahora son, bueno, indigentes.- Rachel agitó su cabeza, miró a Jake para que la apoyara. Jake dijo… nada. Esperamos por su reprimenda. Por su mal disimulado entretenimiento. Por su: “esto no es lo que quería decir exactamente cuando dije perfil bajo, Marco.” Todo el rollo del Jake normal. El fuego explotó. La chaqueta de nailon de alguien crujió. Ax golpeó un mosquito con el lado plano de su cola. Jake suspiró de nuevo y atizó la fogata con un palo. Fruncí el ceño. Miré a Ax. El se encogió de hombros, uno de los gestos humanos que había aprendido. Desde que nos habíamos mudado al valle, Jake había estado en piloto automático. Ya no sabía como hablar con él. Este era Jake. Mi mejor amigo desde segundo grado, y no podía siquiera mantener una conversación superficial y sin sentido con él. Ni siquiera pensar de tratar de meterme en su cabeza. Parte de eso era por mí. Mi culpa. Si, grandes noticias de último momento, llamen a la prensa asociada, Marco se siente culpable. Bueno, ¿acaso tú no lo harías? Mi familia estaba a salvo, recuperada, junta, mientras que la de Jake le había sido arrebatada. Había sólo una oportunidad muy ínfima de que los pudiese recuperar. Pero no era exactamente por eso por lo que me sentía culpable. Me sentía culpable de estar tan feliz. Feliz de que mi mamá estaba de vuelta. Feliz de que ella y mi papá todavía estaban nauseabundamente enamorados. Mi mejor amigo había perdido todo lo que alguna vez tuvo sentido para él. Mientras tanto, yo tenía que prácticamente atarme a mí mismo a un árbol para no correr de punta a punta del valle, con los brazos estirados, cantando a todo pulmón canciones de espectáculos musicales. Miré a Cassie. Ella se había sentado arriba de la vieja mesa de picnic que habíamos encontrado con Ax y habíamos traído al campamento. Se sentó lejos del fuego. Lejos de todo el grupo. Imaginaba que si alguien podría acercarse a Jake, Cassie podría. Es decir, ella es Cassie, por el amor de Dios. Pero desde nuestra última misión, desde que los Yeerks habían robado el cubo mórfico, Jake estaba más distante de ella que de nadie más. ¿Distante? Verdaderamente cuando Cassie se preocupaba, Jake se cerraba completamente. Como una puerta de acero que se cerraba de golpe. -¿Pero han conseguido alguna información?- Toby miró a Tobías, luego a mí. Ella estaba agachada en el pasto, la luz de los leños quemándose intensificaba el fuego de sus ojos Hork-Bajir. -¿Descubrieron algo útil?- Tobías rascó las orejas de Champ. -¿Quieres decir antes de que robáramos propiedad del gobierno, arriesgáramos a motociclistas inocentes y niveláramos una casa suburbana moderadamente valorada?- -Sí.- Asintió. -Bueno, nos las arreglamos para darle un buen vistazo al tren- dije. -La Guardia Nacional no estaba moviendo esos tanques. No era la Guardia Nacional normal y sin infestar, de todas formas.- -La Guardia Nacional sin infestar.- Jake asintió. Atizó el fuego. -Estamos asumiendo que todavía existe tal cosa.- Se volvió hacia mi mamá. -Eva, ¿hay alguna posibilidad de que estemos equivocados?- -No.- Mamá negó con su cabeza. -Si Visser Tres hubiera tomado la Guardia Nacional mientras era el huésped de Visser Uno, lo habría sabido. ¿Qué estoy diciendo? Todo el mundo lo sabría. Visser Tres se habría asegurado de eso.- -¿Y qué hay desde ese entonces?- dijo Jake. -¿Desde que fue ascendido a Visser Uno?- -No.- Mamá negó con la cabeza de vuelta. -No sería suficiente tiempo. Estamos hablando de miles de soldados, dispersos por todo el estado. Y no están de servicio. Ellos son guerreros de fines de semana, así que la mayor parte del tiempo no están con su grupo. Esta es una operación gigantesca. Llevaría meses planearla, y muchos meses más ejecutarla.- -De acuerdo.- Jake fue y vino. Atizó el fuego con su palo. -Con todo el movimiento de tropas estos últimos días, podemos asumir que la etapa de planeamiento está concluida. Así que asumo que la etapa de ejecución está comenzando. Podemos asumir también que al menos algunos de los oficiales de alto rango son controladores. De otro modo, el Visser no podría ser capaz de traer a todos esos soldados a la ciudad. Serán todos infestados. Pronto. No podemos dejar que eso pase.- < ¿Pero cómo podemos estar seguros de que podremos impedirlo?> Preguntó Ax. Su pelaje azul brillaba a la luz del fuego. <Incluso con James y los otros Animorphs nuevos, ¿somos suficientemente grandes?> -No. No lo somos. Necesitamos ayuda.- Fue y vino. Fue y vino. Atizó. -Así que, nos dividiremos. Un grupo es el grupo delante-de-tus-propias-narices.- Jake miró a Rachel. -Ese grupo crea una distracción con las tropas de la Guardia Nacional. Las mantiene lejos del estanque yeerk tanto como sea posible. Están asentados alrededor de toda la ciudad, así que deberemos mantenernos en movimiento para golpear todas las bases. Pero también dividirá todos los recursos de Visser Uno, tratando de pararnos. Eso lo mantendrá ocupado. Nos dará un poco de tiempo.- -Estábamos planeando liberar al grupo Hork-Bajir que cuida la entrada a los cuarteles de La Alianza.- Dijo Toby. -Podemos estar listos para partir en la mañana- -Bien. Ese será un incendio más que Visser Uno tendrá que apagar. El grupo dos será más pequeño, más silencioso. Necesitarán mostrar un poquito más de delicadeza.- -¿Delicadeza?- Rachel me lanzó una mirada de reojo. -Oh, claro. Algunos somos taaan buenos en eso.- -Deberemos serlo.- Dijo Jake. -Porque una sola persona tiene la suficiente autoridad para detener el movimiento de las tropas de la Guardia Nacional. El gobernador. El grupo dos deberá viajar al capitolio. Llegar de algún modo al gobernador. Convencerlo de trabajar con nosotros.- -Yo iré.- Dijo Cassie. -No- Respondió Jake, prácticamente enseguida de que las palabras saliesen de la boca de ella. Cassie se quedó helada. Lo miró fijamente. Jake ni siquiera la miró. En cambio, me dirigió una media sonrisa sarcástica. Un vislumbre del viejo Jake. -Si alguien puede manejar a un político, ese es Marco. Y Tobías puede llegar al capitolio sin perderse. También necesitamos asegurarnos de que el gobernador no es un controlador, y Ax es el más calificado para juzgar. Así que ese será el segundo grupo. Marco, Ax y Tobías.- En ese momento fue cuando finalmente miró a Cassie. Clavó su mirada en ella. -Puedo confiar en ellos.- Dijo. Silencio. Jake se volvió hacia nosotros y continuó, -Estaré con el grupo uno. Rachel. Cassie. Toby y algunos de su gente. El grupo de James, también. Trataremos de causar un poco de caos general antes de la medianoche. Marco, necesitan llegar al gobernador en alguna hora de mañana. No importa exactamente cuándo, simplemente estén allí.- El paró de caminar de aquí para allá. Paró de atizar el fuego. Me miró. Miró a Ax y a Tobías. -Sé que esto sonará melodramático, pero ya no podemos pelear esta guerra solos. Necesitamos a las autoridades de nuestro lado. Si el gobernador está libre, Tienen que encontrar alguna forma de convencerlo. Si él es un controlador, bueno, tendremos que pensar en un plan B.- -Oh, bueno.- dije -Siempre y cuando no haya presión- -Y traten de mantener las cosas en bajo perfil. No necesitamos a Visser Uno dándose cuenta de lo que tramamos.- La media sonrisa de vuelta. -Estoy contando en que ustedes lo harán genial, muchachos. Y que manejarán esto de la mejor manera. Ustedes saben como.- -¿Manejar esto? ¿Ser genial? ¿Marco?- Rachel movió su cabeza. -Estamos en serios problemas.- [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Los hierbajos golpeaban nuestras caras. El barro chupaba nuestros pies. Bueno, al menos el de dos de nosotros. Estábamos en el pantano detrás de un grupo de espadañas. Ax, Tobias y yo. Tobías estaba posado en el hombro de Ax. Segundo grupo. Los que tenían -Bajo perfil.- Estábamos en Los Jardines, en la sección de humedales que dividía al zoológico del parque de diversiones. El sol estaba saliendo detrás de la rueda de los Ferris. Un sapo madrugador estaba saliendo del agua. Pájaros llenaban el gran y pantanoso estanque. Patos, gansos, cisnes, pelícanos, grullas. Flamencos. <Hey> Dijo Tobias. <Podemos transformarnos en adornos de jardín.> El capitolio estaba a unas doscientas millas. La forma más rápida de llegar era por aire, y nuestras formas comunes de aves de presa no podían con el trabajo. Necesitábamos volar grandes distancias. Patos. Nuestro plan era meternos, adquirir el ADN necesario, e irnos antes que Los Jardines abriesen al público. Y al borde del agua, cerca de nuestro escondite de espadañas silvestres, nadó una familia de patos silvestres. Nos agachamos y esperamos a que se acercaran. -¿Alguien conoce la mejor forma de atrapar a un pato?- Susurré. Ax miró a través de las espadañas. <He estado observando estos animales muy de cerca.> Sus ojos principales estaban estudiando un grupo de patos, mientras que sus ojos antena observaban a un pato macho que se encontraba cerca de las espadañas. <Son rápidos y ágiles, pero gastan gran parte de su tiempo con la cabeza bajo el agua.> <Están comiendo> Explicó Tobias. <Ah.> Asintió Ax. <¿Ven cuanto mas seguro y eficiente sería si pudiesen alimentarse con sus pies? Capturar a un miembro de su especie debería ser relativamente fácil.> Fácil. Correcto. ¿Cuándo fue la última vez en nuestras vidas que algo fue fácil? El macho remó hacía las espadañas. Pude notar que era un macho, un pato macho, por su reluciente cabeza verde, su pecho canela y la banda blanca que dividía el cuello en dos como un collar. En el mundo de los patos, los machos tienden a ser los atractivos. Las hembras eran grises, con algo de marrón. El macho nadó mas cerca. Sumergiendo su pico en el agua. Levante mis brazos. Lentamente. Tensándolos, listo para agarrarlo tan pronto como se hundiese por comida. Sploot. Algo pesado y húmedo aterrizó en mi cabeza. Parte de ello se deslizo por mi cara y quedó en mi mejilla. -Gree-deep- Dijo la pesada, y húmeda cosa. Genial. Levante mi mano. Comenzando a meterla hacia dentro. El pato se acercó aun más. Me congelé. <Marco, ¿Te das cuenta que hay un gran anfibio en tu cabeza?> <Es una rana mugidora, Ax-man> Dijo Tobias. -Gree-deep,- dijo la rana. El pato se volteó. Me miró. Se fue nadando lejos. Toqué la rana. -Oh, hombre.- Gemí. –Creo que acaba de mearse sobre mí.- Volví a tocarlo, y entonces me quedé muy quieto. Una de las patas hembras se había acercado a las espadañas. Le dio un picotazo a algo en el agua. Flotó. Volvió a picotear. Hundió nuevamente su cabeza. Su trasero estaba apuntando hacia arriba. Me arremetí contra el. Agarrando al pato por el medio. Sosteniendo sus alas contra su cuerpo y la saqué del agua. Azotó y graznó. Los otros patos también graznaron y se fueron volando. Me volví hacia la orilla. La rana seguía deslizándose por mi cara y mis ojos. Moví mi cabeza, intentando que se fuese. Manteniendo mí agarre en el pato. El cual tambaleaba ciegamente en el agua. -QUAAAAAAAAAACK.- El pato dejo escapar un grito y dejo escapar una pluma de mi agarre. Agitándose contra mi brazo y mi cara. Arañándome con sus pies. ¿Creen que solo porque los pies de los patos son palmeados no tienen garras? Las tienen. Y son filosas. Dos patadas arañaron mis hombros. -AAAAAAAAHHHHHH!- Grité. El estanque estalló en graznidos, cuacks y chirridos. El agua me salpicaba. Las espadañas dañaban mi cara. La rana seguía en mi cabeza. Me quede completamente quieto y me concentré en el pato que tenía en mis manos. En el pato que estaba pateando, aleteando, graznando. Tenía que concentrarme. Tenía que adquirirlo antes de que se escapase. -QUAAAAAAAAAACK.- Algo pequeño, duro y afilado se cerró en mi nariz. – AAAAAAAAAAAAH HHHHHHHHH!- Grité. ¡El pato me había mordido! Se movió nuevamente con fuerza y se escapó de mis manos. -QUAAAAAAAAAACK.- Batió sus alas contra mi cara mientras se iba volando. -Gree-deep.- La rana saltó hacia las espadañas. -Oh, ahora decides irte.- Dije. Me pegué a la orilla. <Quédate quieto, Marco. Creo que tengo uno> Ax se metió dentro del estanque en un hermoso y perfecto arco, su forma de Andalita se veía claramente dibujada por el sol matutino. -¡Papi, papi! ¡Mira! Es un unicornio- Me voltee. Una niña pequeña estaba jalando a su padre hacia el estanque de los patos. Un grupo de niños de primaria estaba en un viaje de campo justo detrás de ellos. -¡El parque abrió!- Le grité a Ax y Tobias. -¡Hagamos por lo que vinimos y vámonos!- -Un unicornio azul, papi. ¡Mira!- -No existe nada como un unicornio cariño. Eso debe ser, es un… un antílope. Si, un antílope. Eso es. Probablemente de… África. Un antílope africano- Ax, el Andalita/antílope africano azul, salpicó en el agua, cazando al pato. Patos y gansos graznaron y se movieron por el estanque. Yo chapotee detrás de el, en el camino de aves que volaban, mientras intentaba agarrar a una. Podía escuchar a los chicos de la excursión gritar detrás de mí. -Hey, ¿Qué esta haciendo ese chico en el agua?- -Parece que esta haciendo prácticas de tiro para esos pájaros.- -¿Podemos ir a nadar también Señorita Duncan? Por favor.- Me hundí. Ax arremetió. Los patos patinaron por el agua. <Yo me encargo de esto.> Dijo Tobias. Se elevó al cielo en un círculo. Batió aire con sus alas y se lanzó al estanque. Se abalanzo sobre el agua y aterrizó fácilmente en la espalda de un pato. El pato graznó y salpico intentando volar para alejarse. Tobias hundió sus garras en sus plumas. El pato se relajó. Había caído en el trance de adquisición. <Marco. Tu turno,> Dijo Tobias. Chapotee hasta el pato. Amarrándolo por el medio de su cuerpo. Presionando mis manos contra sus plumas. Comenzando a adquirirlo antes de que se despertase. Deje atrás los graznidos que había a mí alrededor, los gritos y risas desde la costa. Estaba concentrado en el pato. -Ax. ¿Estas listo?- Chapotee hacia el, con el pato en la mano. Ax lo alcanzó. -¡Andalita!- Me gire. Uno de los profesores se había abierto camino desde la masa que eran los chicos de viaje de excursión. Noqueó a uno de los guardias del zoológico y le quitó el arma. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] -¡Ax, vuelve!- Ax saltó dentro de las espadañas. Salté detrás de él, todavía llevaba el pato atontado. Woooooosh. Lo que adiviné que era un dardo tranquilizante perforó las espadañas. Le pasé el pato a Ax en una extraña carrera de relevos de ADN acuática. TSEEEEEEEEW-bah-looooosh Un rayo dragón evaporó el agua detrás de mí. Controladores humanos saltaron al estanque y chapotearon rumbo a las espadillas. Otros, todavía en la orilla, comenzaron a cambiar. Achicándose, variando… transformándose. Un leopardo emergió de un guardia de seguridad y un águila dorada de un vendedor de helados. <Hombre, me gustaba más cuando solo nosotros podíamos hacer eso.> dije <Tengo el águila> Dijo Tobías sobre nuestras cabezas. -¡TSEEEEEEEEEEEER!- Se lanzó en picado. Golpeó al águila antes de que terminara su transformación. Hizo un rodeo para golpear otra vez. -RoaaAAAAAAAAWWWWWWWWWR- El leopardo saltó hacia Ax, mostrando los dientes. ¡Fwap! ¡Fwap! Ax, que todavía tenía el pato, lo golpeó en respuesta con la cuchilla de la cola. TSEEEEEEEEEEW-bah-loosh Los controladores humanos iban a la carga a través del pantano, disparando sus rayos dragón. Tomé un respiro profundo. Llené mis pulmones de aire y me zambullí en el agua poco profunda. Me concentré. Traté de no moverme. De no hacer olas ni burbujas. Entonces empezó. Sentí a mis músculos hincharse. Los huesos se realinearon. Sentí un cosquilleo de espinas mientras el pelaje saltó de mi piel. ¡Pero me estaba asfixiando! Me ardían los pulmones. Me ardían los ojos. Aun así, me concentré. Sentí como se me hinchaba el cráneo, mis fauces sobresalieron hacia delante. Finalmente, emergí del agua. Tragué saliva en el aire. Rasgué las espadañas y salté hacia la orilla. Era Marco el gorila. Y buscaba patear el trasero de algún controlador. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEW! Un rayo dragón fritó las espadañas. Giré. Un controlador humano estaba parado en el borde del agua. Levantó su pistola de rayos dragón y la apuntó hacia mi pecho. Salté. Arrojé la pistola de rayos dragón en el agua con un puño. Dejé al controlador inconsciente de un golpe con el otro. Más controladores humanos me atacaron por detrás. Saltaron a mi espalda. Me golpearon con palos, rocas y teléfonos celulares. Una de las controladoras me pinchó los ojos con las llaves del auto. Giré. Mandé a volar a los controladores, uno por uno. Uno tras uno navegaron a través del camino y— ¡CRASH! Aplastaron un puesto de aguanieve. -HONNNK. HONNNK.- Un ganso salió aleteando del pantano. Volaba bajo, directo hacia mí. ¿Otro controlador? Levanté mi brazo, preparado para balancear. Preparado para rechazar sus garras y su pico. Pero el ganso continuó batiendo sus alas. Voló sobre mi cabeza hacia el zoológico. No era un controlador. Simplemente era un ganso. Esto era una locura. Las aves me estaban poniendo nervioso. La batalla se había derramado en la parte del parque de diversiones de Los Jardines. Tobías y el águila estaban enzarzados en una lucha aérea sobre la montaña rusa. Ax galopó hacia el tiovivo. El leopardo yacía junto a el, tratando de arrastrarse debajo de el con sus tres patas. Ax se quedó de pie sobre el leopardo, con la cuchilla preparada. -RoaaaaWRRRRRRRRRRRR- <¡Ax, cuidado!> Un puma saltó del techo del tiovivo. Hundió sus dientes y sus garras en la espalda de Ax. ¡Fwap,fwap,fwap! La cola de Ax acuchilló. Wooooooosh. Otro dardo tranquilizante pasó por al lado de mi cabeza. Cortó el pelaje de mi hombro. Me di vuelta. Dos controladores humanos estaban parados en el borde del paseo de los troncos, arriba de la cascada. Uno tenía una pistola. ¡TSEEEEEEEEEEEEEW! El otro tenía un rayo dragón. Salté con los nudillos hacia el paseo de los troncos. ¡TSEEEEEEEEEEEEEW! El concreto debajo de mí explotó. Reboté sobre la cerca de madera que separaba el paseo de los troncos del camino. Trepé por la jungla sintética hacia la montaña artificial. Era un gorila. Este era mi territorio. Ok, ¿Y qué si la jungla era de plástico y fibra de vidrio? Lo que sea. Me moví a través de ella, de cualquier forma. Alcance la cima de la cascada en cincuenta segundos redondos. Los controladores estaban parados en el borde de un río artificial, espiando por encima del parque. Arranqué un manojo de lianas falsas y salte sobre el borde del camino que costeaba el río. -¡AAAAAAAAAAHAHHHHHH!- Gritaron. Los golpeé. ¡Bam! ¡Bam! ¡Splaaaashhhhh! Se hundieron en el río -AAAAAAAAAAAAhhhh- Y apunté encima de la cascada. -¡KYEEEEEEEEEEER!- El grito de un águila dorada. Estaba sobre la montaña rusa, y podía ver hacia abajo sobre los rieles, donde un águila y Tobías aún estaban en la lucha. El águila gritó de vuelta y aporreó a Tobías. Tobías cayó, con un ala agitándose y la otra colgando floja a su lado. Hizo un espiral. Hacia abajo. Abajo. <¡Tobías!> Thump. Aterrizó en la parte elevada del riel de la montaña rusa. En la parte inferior de una pendiente empinada. Un carro de la montaña rusa lleno de pasajeros traqueteo mientras subía por el otro lado de la cuesta. <¡Levántate, Tobías! ¡Levántate!> Salté a lo largo del río de fibra de vidrio. El águila se arrojó violentamente hacia Tobías, lista para rematarlo. El carro de la montaña rusa alcanzó la cima de la cuesta y salió disparado por el otro lado. Iba tomando velocidad mientras avanzaba. Los pasajeros gritaban y agitaban sus brazos sobre las cabezas. Tobías agitó su ala buena. Su cuerpo cayó lastimosamente contra los rieles de acero. Estaba demasiado débil como para hacerse a un lado. ¡Era demasiado tarde! <¡Tobías! ¡No!> [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] -KYEEEEEEEEER!- El águila cayó en picada. El coche de la montaña rusa salió disparado cuesta abajo por los rieles. Arrojándose violentamente hacia el cuerpo malherido de mí amigo. <¡Tobías!> me deslicé hacia abajo por la cascada, de un árbol a una liana a un arbusto. Ahora el águila estaba justo encima de él. Ahora el coche de la montaña rusa estaba casi encima de él. Wuuuuuuumpf. <¿Qué dem…?> ¡El coche de la montaña rusa golpeó al águila! Plumas marrones y doradas salieron arrojadas sobre los pasajeros. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!- Las mujeres gritaron. Los niños lloraron. Los hombres gritaron. Pero yo no estaba interesado en los pasajeros. Más plumas marrones parpadearon abajo. Entonces, una cola roja. Un halcón se había dejado caer a través del suelo de los rieles elevados. <¿Tobías?> El aleteó y se abalanzó hacia el cielo, con ambas alas fuertes y saludables. <¿Qué pasó?> pregunté. <No es gran cosa.> ganó altura sobre los rieles. <Simplemente robé tu maniobra evasiva suicida, eso es todo.> <¿Eso es todo? ¿Puede un gorila tener un infarto? Porque creo que estoy teniendo uno. No estoy respirando bien. ¿Sabes que eso fue completamente loco, no es así? <Loco, sí. Pero funcionó> aleteó sobre la cascada. <¿Dónde está Ax?> ¡BANG! ¡CLANK! Un coche del tranvía se sacudía y mecía en lo alto, en su camino desde el parque de diversiones al zoológico. WHAM. La puerta se abrió violentamente y Ax saltó hacia afuera, con un puma rodeándole su espalda. Cayeron hechos una bola de gato y Alien, en caída libre hacia la Tierra. Ax comenzó a encogerse. Su pelaje azul se fundió en un reluciente remolino de plumas verdes y castañas. Sus ojos antenas se marchitaron. Sus piernas frontales se disolvieron. Sus cascos traseros se aplanaron y ligaron mientras sus brazos se ensanchaban para formar las alas. Se desprendió del agarre del puma y aleteó hacia el cielo. <¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!> El habla telepática del puma resonó por todo el parque. Se retorció, se revolvió, trató de que sus cuatro patas quedaran debajo de él. Cayó a través de los árboles en la exhibición de tigres siberianos. -¡ROOOOOOOAAAAAAAAAAAAWWWWWWWWWWWWWRRRRRRRRRRRR!- Rugidos de la batalla de gatitos grandes estallaron en la exhibición. <Eso lo mantendrá ocupado por un rato.> Dijo Tobías. Él y Ax aterrizaron detrás de mí en la jungla artificial. Tobías se volvió un pato real. Yo volví a mi forma y me concentré en el pato. Me había transformado en aves antes. Una gaviota. Y un águila pescadora, desde luego. El águila pescadora y el pato real eran casi del mismo tamaño. Pero estaban hechos de una manera totalmente distinta. El suelo se acercaba a medida que mi cuerpo se encogía. Puse una mano para mantenerme en equilibrio, pero mis dedos ya estaban adelgazando, cambiando. Mis dos primeros dedos salieron disparados hacia fuera. Mi dedo meñique y el anular se disolvieron en la nada. Sploooooooooooooooooooot. Mis huesos chasquearon, se realinearon y se volvieron huecos. Los órganos internos se movieron y reformaron. Nuevos órganos gorgotearon hasta llegar a la existencia. Mis hombros se elevaron. Mis caderas se movieron hacia atrás. Mi cuerpo entero se inclinó hacia delante hasta que estaba recostado en mi cara. <Bueno, esto es cómodo.> Dije. Mi nariz y mi boca se fundieron y sobresalieron hacia el suelo. Mis fosas nasales se desplazaron hacia arriba y mi cuello salió disparado derecho, con lo cual mi combinación de nariz/boca se raspó contra el lodo. La combinación se acható. Se endureció en un pico largo y ancho. Scuuuureeeeeeeeeeechhhh. Escamas naranjas empezaron a salir disparadas por mis piernas. Las garras salieron de mis pies y la piel entre ellas se ligó entre sí. Era un pato. Pequeño, rechoncho y tranquilo. Alerta. Tenso. Un poco asustadizo, quizás, pero listo para defender mi territorio, aguantar mi posición. Encararte, si tenía que hacerlo. Y – esta parte es asquerosa – con un anhelo repentino por las larvas de mosquitos. <UGGHHHHH.> Sentí un escalofrío. Probé mi nueva voz de pato real: -cuec.- No sonaba bien. Demasiado baja. Demasiado rasposa. Traté de nuevo: -cuec. Cuec-cuec-cuec-cuec- <Creo que adquirimos un pato defectuoso.> Dije. <Mi cuac no está saliendo bien.> <Conozco un poco acerca de aves.> Dijo Tobías. <Cuando se trata de patos reales cuaqueando, las hembras son mejores en eso.> <Ah. O sea que es un trueque. Por una cara linda.> sacudí mi reluciente cabeza verde. <Ven a mí, gran cuac de sangre pura.> <El cuac no es el mayor problema.> Dijo Tobías. <Lo que realmente me gustaría saber es, ¿quién pensó esta combinación de patas y cola?> pasó nadando entre dos árboles de fibra de vidrio. <Mira mi trasero.> <No gracias, Tobías. Creo que voy a pasar de eso.> <En serio> Dijo. <Estoy seguro que es genial tener el motor en la parte trasera para nadar, pero, ¿para caminar? Mis piernas están tan lejos que toda mi parte trasera se balancea hacia arriba y hacia abajo cuando doy un paso. Arriba y abajo. De lado a lado. Como un…como un…> <¿Cómo un pato?> <Sí. Es humillante.> pasó un ala por su pico chato de pato. <Y esto simplemente está mal.> <Tobías, has sido un halcón por mucho tiempo.> elevé mis alas. <Vamos a buscar al gobernador.> [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] Presioné hacia fuera con mis pies, agité mis alas y salté directo al aire. A través de los árboles, sobre la cascada. <Hey, esto es genial.> Dije <No es un despegue largo y a las corridas. No hay que aletear sobre el suelo. Cuando el pato quiere estar en el aire, está en el aire.> Tobías y Ax me seguían, y volábamos sobre Los Jardines. Tres patos idénticos, transformados a partir del mismo ADN. Una bandada de gaviotas revoloteaba cerca del patio de comidas. Las miramos. Prestamos atención. Dos de las gaviotas tomaron repentinamente rumbo hacia el cielo. ¿Controladores? Batimos nuestras alas y giramos lejos de allí, en busca de un lugar para aterrizar. Un lugar para poder defendernos. Las gaviotas se lanzaron en picado contra una bolsa de papas fritas detrás de un cubo de basura. No eran controladores. Simplemente recolectores de basura hambrientos. Retomamos nuestra ruta. <No creo lo que voy a decir.> Dijo Tobías. <Pero casi que simpatizo con Visser Uno. Ahora nosotros sabemos por lo que ha pasado todo este tiempo. Esquivando cada animal que ve, pensando que el coco transformado se está escondiendo detrás de cada esquina.> Decidimos que tres patos volando solos se veía un poquito sospechoso, especialmente para controladores que probablemente estarían buscando a tres patos volando solos. Así que nos unimos a una bandada de patos reales que iba en dirección del capitolio. Nos unimos en la parte trasera de su formación en V, y aleteamos sobre las montañas. Este no era el vuelo elegante y altísimo de los rapaces. Con nuestras cabezas redondas, cuello largo y cuerpo rechoncho, nos veíamos más parecidos a pinos de bowling con alas. Era el conejito de Energizer con alas. El pajarito Energizer. Aleteaba y aleteaba y aleteaba. Más de ochenta kilómetros por hora en un vuelo derecho y nivelado. <Una pregunta.> Dije. <¿Por qué no nos hemos transformado en patos antes? Todas esas veces que hemos tenido que volar grandes distancias, como cuando tratamos de mantenernos a la velocidad del tren ayer, Tobías. O esa vez que Jake terminó con sus tripas desparramadas en el techo cuando estábamos de polizones transformados en moscas en un avión. ¿Por qué nadie dijo -Larga distancia, seamos patos-?> <Si> estuvo de acuerdo Ax. <esta es una transformación útil. No estoy cansado después de un buen tiempo de haber estado en el aire> <Exactamente. Además, estamos volando en formación y se ve normal. Nada de todo ese rollo de aves de presa en el cual teníamos que volar a millas de distancia y simular que no nos conocíamos entre nosotros. Sin ofender, Tobías. Me gusta caer en picado, planear y remontar corrientes térmicas como cualquier rapaz, pero todas las aves no pueden ser un avión de combate. Algunas veces necesitas un 747 constante y confiable.> Exploré las rocas y las copas de los árboles que estaban debajo. El pato tenía un alcance visual decente. No tenía la visión de binocular del águila pescadora, así que no podía calcular las distancias muy bien. No podía avistar un pez a 800 metros de distancia y saber exactamente cuándo lanzarme en picado y a qué velocidad y dónde hundir mis garras en el agua para agarrarlo. Pero oigan, el pato real no necesita ese tipo de información. Las larvas de mosquito y las semillas de cebada no se mueven muy rápido. Dejamos las montañas atrás y volamos por encima de campos y ríos, autopistas y pueblos pequeños. Tomamos una parada en boxes a media mañana en un estanque de granja pantanoso, entonces la bandada retornó al cielo. Volamos alto para tomar ventaja de un buen viento en la cola y llegamos a las afueras de la ciudad justo antes del mediodía. Un gran domo blanco brillaba en la distancia. <Es este> Dije. <Reconozco el capitolio de nuestro viaje de estudio en tercer grado.> <¿Un edificio abovedado?> el habla telepática de Ax estaba llena de asombro. Ax tiene una obsesión con los techos en forma de domo. <¡Excelente vivienda! Muy adecuada para un líder importante del gobierno.> <Ahí no es donde vive, Ax-man. Es sólo donde él trabaja> <Y es sábado.> dijo Tobías. <Así que hay posibilidades de que él no esté aquí.> <Así que hay posibilidades de que esté en su casa> <¿La cual queda en…?> No dije nada. Ax soltó un cuac rasposo. <¿Hemos hecho todo el camino hasta aquí, y no sabemos hacia donde estamos yendo?> <No es gran cosa> Dije. <Tenemos sutileza, ¿recuerdan? Preguntaremos por direcciones.> Nos separamos discretamente de la bandada y aterrizamos en un gran charco de lodo detrás de una parada de camiones. Ax y Tobías incursionaron en el agua. Camine contoneándome a través de la gravilla hacia el baño de hombres, esperé que estuviera vacío y me detransformé. Hice un rodeo hacia el frente del edificio y fui hacia dentro. Una mujer pálida con el pelo teñido de naranja estaba sentada detrás de la caja registradora de dinero, hojeando una revista. -Ehm… hola- dije -soy de fuera del pueblo, haciendo un poco de turismo, y me preguntaba como llegar a la mansión del gobernador.- Ella no levantó la vista de la revista. -Ni idea. El gobernador nunca me ha invitado allí.- Volteó a una página de consejos de maquillaje. Vagué por la puerta lateral hacia el comedor de la parada de camiones. Ninguna de las meseras sabía donde vivía el gobernador. Le gritaron a los de la cocina, pero el cocinero y el lavaplatos no tenían idea tampoco. -Gracias, de todos modos.- Dije. -¿Necesitas direcciones?- Giré. Dos motociclistas estaban comiendo su almuerzo en el mostrador. El más grande me estaba mirando. Mordió un bocado de su burrito y me miraba mientras masticaba. ¿Acaso dije que él era el grande? Me retracto. El no era grande. Era enorme. Su bíceps izquierdo era más grande que toda mi cabeza. Su cuerpo casi se tragaba la banqueta en la que estaba sentado. Llevaba una bandana alrededor de su cabeza y una chaqueta de cuero con el nombre -Chopper- bordado a lo largo de la espalda. Chopper agarró algo de entre sus dientes. -Hice unos paneles de yeso allí una vez.- -¿En la mansión del gobernador?- -Sip. El gobernador es realmente una persona agradable. Ese trabajo me volvió a poner en el buen camino.- Apuntó con su burrito a la ventana frontal. -¿Ves la autopista que está aquí al frente? Tómala hacia el Este hasta que llegues al cruce en forma de trébol.- Asentí. Tobías sabría para donde quedaba el Este. -Entonces ve hacia el Norte,- dijo. -aproximadamente uno o dos kilómetros y medio. La mansión del gobernador está asentada en un risco con vista al río. No te pasará desapercibida. Un lugar de aspecto tétrico, con torres y pequeños balcones. Como algo sacado directamente de La Familia Addams.- [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Seguimos las instrucciones de Chopper. Encontramos la mansión del gobernador y aterrizamos en los arbustos en el medio del disco circular que estaba en el frente de la casa. Nos detransformamos y ahora estábamos parados en la puerta frontal, tratando de imaginar como entrar. Espié a través de un espacio entre los arbustos. Arbustos espinosos. No noté las espinas mientras estaba parado debajo de ellos como un pato. Pero ahora era humano y me di cuenta. Y Chopper también estaba en lo cierto con eso de que el lugar tenía aspecto tétrico. Torres y torretas se alzaban sobre nosotros. Las parras trepaban por las paredes de roca oscura y rodeaban los vitrales. Barandillas puntiagudas de hierro forjado bordeaban los balcones y el techo. -Tío. Deberíamos haber traído nuestras bolsas de “dulce o truco”- Dije. <Necesitamos encontrar rápido a nuestro gobernador> dijo Ax <Y convencerlo de que nos hable a solas. ¿Qué aspecto tiene?> -Realmente no estoy muy seguro- dije -¿Tobías?- Tobías parpadeo con sus pequeños ojos brillantes de halcón. Ax frunció el ceño. <Pero es el oficial de gobierno más importante en su estado. ¿No está su foto puesta prominentemente en todas sus instituciones educativas?> -Tal vez- me encogí de hombros. -Nunca presté realmente mucha atención.- Miré a Tobías <No me pregunten a mí.> Dijo <Mi educación ha tenido lugar mayoritariamente fuera de las instituciones establecidas> Ax miró detenidamente a Tobías, entonces a mí. Agitó su cabeza, confuso. <A lo mejor no importe. Una vez que estemos dentro, es muy probable que escuchemos a alguien llamarlo por su nombre.> entrecerró sus ojos antena. <¿Saben cuál es su nombre?> Tobías y yo nos miramos el uno al otro. De acuerdo, podría haber hecho una búsqueda en Internet antes de haber salido del valle. O haber tomado uno de los mapas en la parada de camiones. La foto del gobernador estaría justo ahí en la solapa interna, con su nombre impreso debajo. O le podría haber preguntado a Chopper. Él lo habría sabido. <¿Así que supongo que estamos de vuelta con esa cosa de la sutileza de vuelta?> Me encogí de hombros. -Hasta ahora nos ha funcionado.- Excepto que aquí no podía dar un paseo casual por la puerta y preguntar por instrucciones. Demasiada seguridad. Espié a través de las espinas. Una cerca alta de piedra, coronada con espinas de hierro y conectada a un sistema de alarma, encerraba dentro la casa y el terreno. El camino se torcía a través de una hilera de árboles y terminaba en un portón en la cerca. Un policía estatal estaba en la casilla de seguridad detrás del portón. Otro policía mantenía la vigilancia fuera de la puerta frontal de la mansión. Más policías probablemente estarían en sus puestos dentro. Sin mencionar todas las secretarias, cocineros, mucamas y asistentes personales que deberíamos pasar. Mucamas, cocineros, secretarias y asistentes personales que podrían ser controladores. -Usaremos nuestra transformación en moscas.- Dije. -Pasamos zumbando más allá de los guardias y entramos en la casa. Nadie notará que estamos aquí.- <Perfecto> dijo Tobías. <Si estaríamos buscando tachos de basura y baños. Es sólo una suposición, pero dudo que el gaste grandes cantidades de su tiempo en cualquiera de esos dos sitios. Podríamos volar alrededor de ese mausoleo todo el día y no toparnos con él nunca.> Ax resopló. <Y no podríamos reconocerlo si lo hiciéramos.> Está bien. Nos merecíamos ese golpe. Lo dejé pasar. -Bueno, lo que sea que hagamos, debemos mantenernos pequeños.- Dije. -No podemos dejar que nadie nos vea, excepto el gobernador.- Repasamos toda la lista de transformaciones. ¿Rata? El mismo problema que las moscas, sólo que peor. Sería más probable que nos vieran. Y nos exterminaran. ¿Pulga? Ciegas y sordas. Y sin mucha movilidad salvo que tomáramos viaje en el pelo de alguien. Además, ¿Quién querría soportar la imperiosa necesidad de chupar sangre? -¿Arañas lobo?- Dije <La gente ve arañas y se vuelve loca.> dijo Tobías. <No quiero terminar en la suela del zapato de alguien.> -Bueno… ¿entonces qué? ¿Murciélago? ¿Chimpancé? ¿Un hork-bajir poco llamativo y de aspecto amigable?- ¿Qué mas tenemos?- <Tenemos un auto negro muy largo.> Dijo Ax. Él apuntó hacia la casilla de guardia al final del camino. Una limusina alargada se había detenido en el portón. El guardia chequeó su portapapeles e indicó al conductor que pasara. La limusina hacía crujir el tortuoso camino hacia nosotros y llegó hasta el círculo en frente de la puerta. El conductor salió, le dijo algo al guardia en la puerta frontal y se quedó parado al lado de la limusina, esperando. -El no debe estar aquí para llevar al mayordomo- dije. -el gobernador debe estar yendo a algún lugar.- <Alguien con sutileza probablemente podría ir con él.> Dijo Tobías. Asentí. -Ahá.- [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] ¡Corre! Ese era el único pensamiento de mi cerebro de cucaracha: ¡CORRE! ¡FUERA DE LA LUZ! ¡AHORA! Me deslicé a través del pavimento hacia la larga y oscura sombra que había debajo de la limusina. Cada pequeño pelo negro en mi cuerpo de cucaracha temblaba. Cada célula nerviosa se mantenía atenta. Otras dos cucarachas, Ax y Tobías, se lanzaron junto a mí. Lo lindo de ser una cucaracha – bueno, relativamente hablando – es que de repente eres Superman. Puedes ser tirada, ahogada, explotada, ¿pero acaso te mueres? No. Simplemente te sacas el polvo de encima y te escabulles. ¿Te rocían con un pequeño insecticida? No es un problema. Las cucarachas se adaptan al spray para insectos. Si eres una cucaracha eres casi indestructible. Y lo que necesitábamos en este momento era algo indestructible. Mis seis patas salieron motorizadas sobre trozos de grava que, para mi cuerpo de cucaracha, eran del tamaño de camiones de basura. A través de grietas en el pavimento que eran como cañones. Mis ojos compuestos partían el mundo a mí alrededor en mil pequeñas imágenes. Pero no podía parar para armar toda la imagen junta. La cucaracha reconocía la luz y la oscuridad. Y ella buscaba la oscuridad. ¡WOOOOOMPH! ¡WOOOMPH! El terreno tembló. ¿Pisadas? El cerebro de la cucaracha no tenía tiempo para preguntarse. Sólo les di impulso a mis patas. Fuera de la luz. Dentro de la sombra. ¡Oscuridad! ¡Sí! Estaba debajo de la limusina. Mis células nerviosas se calmaron. El cerebro de la cucaracha soltó el control sobre el cuerpo pequeño y crujiente de la cucaracha. Pero sólo por un segundo. ¡WHAM! No escuché tanto el sonido como lo sentí. El cuerpo de la cucaracha reaccionó antes de que mi cerebro humano tuviera tiempo para registrar que significaba ese sonido. Salí disparado hacia la esquina más oscura de la sombra. Ax y Tobías se lanzaron detrás de mí. Temblamos en la oscuridad. <¿Puerta del auto?> Tobías <Yo supondría eso> Dije ¡WHAM! ¡WHAM! Salté. Me estrujé dentro de una grieta, una esquina entre el pavimento y algo oscuro y grande que salía de él. Ax y Tobías se acurrucaron a mi lado. <Si esas eran puertas de auto,> Dijo Ax <tres de ellas ya se han cerrado. Lo que quiere decir que –> El aire explotó alrededor de nosotros. Ruidos, vibraciones, calor. <Quiere decir que el conductor ha arrancado el auto.> Dije <¡Vamos! ¡Muévanse, Muévanse!> Corrí hacia arriba por el armatoste vibrante y negro que se elevaba encima de mí. Una rueda trasera. Escalé, las garras como espinas se agarraban de la goma. Arriba. Por encima. Mi cuerpo golpeó contra metal. Y algo más. Espeso, pegajoso. Grasa de ejes. Caminé penosamente a través de ella, seis pequeños pies pasaban con cada paso. Tenía que atravesarlo. Tenía que llegar a alguna parte debajo del coche que no se moviera. Tenía que buscar un lugar seguro para – <¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!> El eje comenzó a moverse. Estaba girando. Tomando velocidad. Me aferré a él, mis patas estaban atascadas en esta cosa pegajosa. El eje giraba y giraba en círculos. Más rápido y más rápido. Como una lavadora en el ciclo de secado. <¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!> Otro grito. Esta vez no era mío. <¿Tobías?> <Todavía estoy en la rueda. En una grieta en los dibujos del neumático. Creo que estoy boca abajo. No, boca arriba. No, boca abajo. Aaaaaaaaaahhhhhhh. ¿Las cucarachas vomitan?> Esa era una buena pregunta. <¿Ax está contigo?> <No, estoy por aquí. Aunque no sé dónde es por aquí exactamente, pero está caliente. Muy caliente. Y se está poniendo más caliente. Eeeeeeeeee-¡aaaaaaaaauuuuuuuuuu!> La limusina se precipitaba por el camino. Probablemente no iba a más de 30 kilómetros por hora, pero cuando mides media pulgada de largo, 30 kilómetros por hora podría ser también la velocidad de la luz. Rocas de grava me golpearon. El eje giraba. La limusina hacia un vaivén de arriba hacia abajo sobre las lomas del camino. Y cada pelo de mi cuerpo de cucaracha gritaba: SAL DE AHÍ. MUCHO MOVIMIENTO. MUCHO PELIGRO. ¡CORRE! Pero mi cerebro humano decía que continuara agarrándome. Hundirme en la grasa y esperar hasta que fuera seguro moverse. Los giros y el rebote se volvieron más lentos. La limusina giró hasta detenerse. <Debemos estar en el portón> Dije. <Debes salir de la rueda, Tobías.> <Emm, sí. Dile eso al conductor. Se ha detenido conmigo en la parte inferior. Estoy atrapado entre la goma y el pavimento.> La limusina se fue para adelante. Se paró de vuelta. Escuché un sonido chirriante. <Está esperando a que se abra el portón,> Dije. <¿Puedes moverte, Tobías?> <Ya lo hice.> se puso a mi lado en la grasa. Otra cucaracha – Ax – se arrastró detrás de él. <Las plantas de mis pies están entumecidas. Quizás las he freído completamente.> <Vamos.> Dije. <No tenemos mucho tiempo> Me escurrí a lo largo del eje. Ax y Tobías me siguieron. Mi antena tocó un grueso cable recubierto de goma que colgaba de la parte inferior de la limusina. Lo agarré con mis garras frontales y trepé hacia arriba. Ax me siguió. La limusina comenzó a rodar. El cable se balanceó. Tobías saltó para agarrarlo. En vez del cable agarró las piernas traseras de Ax y se mantuvo agarrado. La limusina tomó velocidad. <Tengo un mal presentimiento sobre esto> Dijo Tobías <Somos geniales,> Dije. <Somos cucarachas, ¿recuerdas? Indestructibles. Nuestros corazones pueden dejar de latir, y no moriremos. Nos pueden arrancar las cabezas, y aun así no moriremos. Bueno al menos por una semana más o menos, de cualquier manera, hasta que quedemos secos de sed e inanición por no tener bocas. Pero oigan, eso nos da bastante tiempo para volver a nuestra forma> El coche se desvió. Golpeó contra un bache. Nuestro cuerpo de cucaracha golpeo contra el bajo vientre de la limusina. Tobías todavía agarrado de las patas traseras de Ax. <¡AAAAAAAAAAHHHHHH!> Oscilamos otra vez. Golpeamos de vuelta. Perdí el agarre. Giraba alrededor del cable con una pata. <Olvídate de nuestros corazones y las cabezas.> Graznó Tobías. <Si nuestras entrañas quedan todas esparcidas por el pavimento, todo estará más que terminado.> [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Me balanceé alrededor. Agarré el cable con una segunda pata. Y con una tercera. Tironeé las patas restantes adentro y alrededor. Ax estaba colgado debajo de mí. Tobías trepó sobre la espalda de Ax y se aferró a la porción de cable entre medio de nosotros. Nos agarramos a él mientras salimos disparados por la autopista a 97 kilómetros por hora. Las rocas nos acribillaban. Los charcos de lodo nos empapaban. Thud-thud-thud-thud. Thud-thud-thud-thud. La limusina tronaba contra los baches y golpeaba contra placas de metal y parches de asfalto. Nos balanceábamos en el cable como si fuésemos artistas de trapecio suicidas. Thunk. Golpeábamos contra la limusina sobre nosotros. Cruch. Rebotábamos contra el eje debajo. <Si salimos de aquí con vida> Dije <voy a escribir una carta al departamento de autopistas. Estos caminos están terribles.> Nadie se rió. Supongo que no era un buen momento para un chiste. La limusina se ralentizó de vuelta. Giró. Pasó por arriba de una loma de velocidad y rodó hasta detenerse. ¡WHAM! <Puerta de coche> Dije. <Debemos estar donde sea que estamos yendo. Movámonos.> Me dejé caer al asfalto. Me moví hasta el borde de la sombra. <¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH!> Y casi fui ensartado por un taco alto de dama. Otro taco alto se extendió desde la limusina y golpeó el pavimento detrás del primero. ¿La esposa del gobernador? Me lancé como un dardo hacia el par de tacos antes de que se fuera lejos. Trepé hacia arriba. Me agarré del cuero suave mientras los tacos altos caminaban lejos del auto. De repente, una pierna de hombre salió disparada de la limusina. ¿El gobernador? Dos cucarachas trepaban a través del asfalto, sobre el zapato de vestir de punta de ala, y hacia la rodilla. Entonces se dejaron caer en el dobladillo de la pierna del pantalón. La otra pierna emergió, y Punta de ala escoltó a Tacos altos al otro lado del pavimento y a través de una puerta brillante de vidrio. Se dirigían a través de un cuarto amplio. ¿El lobby de un hotel? Me mantuve agarrado. Mi parte trasera se hundía entre las gruesas fibras de la alfombra y luego volaba por el aire fresco cada vez que Tacos altos daba un paso. <Donde sea que estemos> Dije <Es algún lugar bonito. La alfombra es cómoda. Y todo brilla. Plata probablemente. Mármol. Algún tipo de madera oscura y pulida.> Una cucaracha asomó su cabeza desde el dobladillo de la pierna del pantalón de Punta de ala. Ax. <Y todo huele a limón fresco.> Punta de ala y Tacos altos entraron en otro cuarto. Con mucha gente. Ruidoso. Brillante. Había estado en suficientes de ellos como para adivinar que era el salón de baile, con la pista de baile en el centro, rodeada de mesas. Se abrieron paso a través de la multitud y pararon en la mesa que estaba en el frente del cuarto. Punta de ala movió una silla hacia atrás para Tacos altos, y se sentó al lado de ella. Un grueso mantel blanco se doblaba sobre sus piernas. Nos quedamos sentados un muy largo tiempo. Se escuchaban murmullos y risas de voces humanas. Los platos y los cubiertos resonaban. Tacos altos cruzó y descruzó sus piernas varios cientos de veces. A Punta de ala se le cayó la cuchara una vez. Se agachó para recogerla y tres cucarachas se lanzaron a por refugio. <Ax, ¿Cuánto tiempo llevamos de transformación?> <Aproximadamente 97 minutos> <Hombre. Nos estamos quedando sin tiempo, y todo lo que quieren hacer estos dos es comer almuerzo. ¿Creen que podremos volver a nuestra forma y retransformarnos debajo de la mesa sin que nadie se dé cuenta?> El ruido de cubiertos y los murmullos se aquietaron. Un micrófono hizo un chillido, y la voz de un hombre resonó en todo el salón. No pude entender todas las palabras. Algo así de sentirse muy honrado y una causa meritoria, y gracias a todos ustedes por haber venido. Escuché aplausos, y la música salió como una erupción del frente del salón. Tacos altos movió su silla hacia atrás y se dirigió más allá de las mesas, sillas y camareros. Punta de ala la siguió. Dejaron la cómoda alfombra y caminaron a través de un piso de madera. Tacos altos movía ligeramente su pie. Caminó hacia delante. Hacia atrás. Giró. <¡WHOAAAAAAA!> Yo también giré. En una pata. Adentro. Afuera. Adelante. Atrás. Girábamos y girábamos en círculos. Hundí mis garras en el cuero y me mantuve agarrado. Otros pies pateaban y pisaban alrededor de nosotros, a sólo pulgadas de mi cabeza de cucaracha. Trepé para buscar refugio en la cara interna del taco. La música paró. Tacos altos dejó de girar <Por fin> Dije. Pero Tacos altos se quedó donde estaba. La orquesta comenzó a tocar de vuelta. Un tema lento. Ella se acercó más a Punta de ala. Sus pies se balanceaban. Se quedaron más cerca del suelo. Los pies de los otros bailarines se mantuvieron más cerca de sus cuerpos. Y más lejos del mío. Excepto los de Punta de ala. Sus grandes cañoneros rozaban contra los zapatos de Tacos altos. Golpeaban contra sus dedos de los pies. Me escondí dentro de su taco, debajo de su empeine. Cerca de la cuarta vez que el pisó su pie, ella le pateó en la tibia. Me estaba empezando a gustar esta mujer. La cabeza de Ax se asomó por el dobladillo texturado. <Han pasado 106 minutos.> <¿Y entonces qué, eso nos deja con 14 minutos?> Pasé la vista por el mar de piernas alrededor de nosotros. <No podemos destransformarnos en la pista de baile.> Punta de ala la rozó de vuelta. Me lancé a por refugio. Tacos altos le dio otra patada rápida, giro y se dirigió lejos de allí. Se hizo camino a través del salón de baile, a través de sillas y de carritos de postre. Punta de ala y dos hombres con zapatos de vestir color negro liso la siguieron. Una puerta se abrió, y entramos a otro cuarto. Más pequeño. Más tranquilo. Más oscuro. Un cuarto de conferencias. La puerta se cerró, y ambos pares de zapatos de vestir negros se posicionaron frente a ella. Tacos altos se sentó en la silla al final de la larga mesa de conferencias. Punta de ala iba y venía. -Odio esto- Dijo. -Sonreír. Apretar manos. Rogando por contribuciones para la campaña. Me hace sentir como un caniche bailarín.- ¿Contribuciones a la campaña? Eso es todo lo que necesitaba escuchar. Punta de ala definitivamente era el gobernador. Y ya era hora del espectáculo. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] Ax y Tobías se mantenían ocultos en el dobladillo texturado. Me arrastré hacia abajo del taco alto y aterricé en la gruesa alfombra debajo de la mesa de conferencias. Comencé a destransformarme. Mi cuerpo de cucaracha se hinchó. Arriba, entonces hacia afuera. Como una pelota de playa marrón y crujiente. La imagen partida de las patas de la mesa y de los tacos altos grises se suavizó en una sola figura unificada mientras mis ojos compuestos de cucaracha se fundían en dos ojos humanos. <Gobernador> mi habla telepática sonó abierta. <Quizá quiera sentarse. Está a punto de ver algo que lo va a hacer mear del miedo> Silencio. Entonces: -¿Quién dijo eso?- -Yo no veo a nadie- -¿Hay algún micrófono aquí? ¿Parlantes?- una voz de mujer -Frank, creí que habías dicho que este cuarto era seguro- Arrastré mi cuerpo hinchado a través de la alfombra. Afuera, desde donde podría ver… y ser visto. <Por favor se cuidadoso, Marco> el habla telepática de Ax era apenas un susurro. Mientras crecía, mantuve una mirada atenta a la gente en este cuarto. Los zapatos de vestir resultaron ser dos tipos de seguridad de traje liso. Las pistoleras sobresalían debajo de su traje de etiqueta. Punta de ala era alto. Distinguido. Parecía uno de esos tipos del noticiero. Pómulos cincelados. Nariz aristocrática. Pelo perfectamente estilizado, gris teñido en la sien. Tacos altos era todo lo contrario, bajita y rechoncha. Todo sobre ella estaba desaliñado y no era nada cómodo, y gris. Su vestido. Sus zapatos. Incluso su cara. Todo, pero sus ojos, si bien eran grises, eran de un gris astuto, inteligente. Ella movió esos ojos sobre mí. En la mezcla negra de niño/insecto que crecía desde la alfombra. Y se tiró hacia atrás horrorizada. Quizá incluso con repulsión. -¿Frank?- Ella le hablaba a Punta de ala, pero mantenía sus ojos en mí. Miraba como mis cuatro patas se hinchaban hasta formar brazos y piernas humanas, y las otras dos encogerse en la nada. Punta de ala siguió su mirada. Un gemido raro salió de su garganta. -OHMIDIOS- tomó a uno de los guardias de seguridad del brazo y lo movió hacia donde estaba yo. Ambos guardias de seguridad se quedaron mirando. Estiraron su mano hacia sus armas. <¡Gobernador!> mi boca a los costados de cucaracha se fundió en labios, dientes y lengua. -¡Gobernador!- ahora ya era humano. Caminé hacia Punta de ala, con mis manos en el aire. -dígales que no disparen. Por favor.- -No. No disparen. Sólo vigílenlo. De cerca.- Era una orden. Pero no había venido de Punta de ala. Había venido de Tacos altos. Giré. -Yo soy la gobernadora- dijo. Su cara estaba pálida, su cuerpo tenso. Pero sus ojos se mantenían firmes. -¿Y quién eres tú?- ¿La gobernadora? Me quedé mirándola. Ni siquiera se me había ocurrido que el gobernador podría ser una mujer. <No le diré a Rachel si tú no lo haces> Dijo Tobías. -Yo… yo soy un animorph- Dije Tomé aire profundamente. ¿Uno de los guardias de seguridad? Miré de reojo hacia la puerta, donde ambos se mantenían de pie, de frente a Punta de ala. ¿Era uno de ellos un controlador? ¿Lo serían ambos? La gobernadora frunció el ceño -Discúlpame… ¿un ani Qué?- -Soy uno de los chicos buenos.- Todavía tenía mis manos en el aire. Las bajé. Lentamente. Avancé un paso hacia ella. Junté todo mi encanto. Mi sinceridad. Toda mi sutileza. Click. Click. Escuché a los tipos de seguridad sacarle el seguro a sus pistolas. Mantuve mis ojos en la gobernadora. -Tiene que creerme- le dije -el estado entero –no el mundo entero – depende de ello. Y usted es la única que puede ayudar- La gobernadora me estudió. -Halagador, ¿eh? De acuerdo, estoy escuchando.- Miré a los guardias de seguridad. El más alto se quedo boquiabierto. La pistola en su mano temblaba. El quería claramente salir corriendo del cuarto. Pero el más bajo me miraba enojado, su dedo estaba firme en el gatillo de su pistola. El odio le torcía la cara. -Ese guardia- apunté hacia el tipo bajo -ese guardia no va a obedecer sus órdenes, gobernadora. Me va a disparar. Entonces el probablemente le va a disparar a usted. Y a su esposo, y al otro guardia de seguridad.- -No seas ridículo- dijo la gobernadora. -su trabajo es protegerme. No va a dispararte a menos que yo le diga que lo haga. O a menos que tú me ataques. De hecho, el va a sacar su pequeño e inquieto dedo del gatillo ahora.- Ella observó al guardia pequeño hasta que este hizo como ella dijo. -¿Collins? Asegúrate que lo mantiene apartado.- Collins asintió. El volvió un paso hacia atrás hacia la puerta, obviamente tranquilizado de estar vigilando a otro guardia de seguridad en vez de al sorprendente Chico Cucaracha. Si tan sólo supiera el horror que estaba envuelto en el cerebro de Tipo pequeño. -¿Ax, Tobías?- Dos cucarachas se arrastraron del dobladillo de Punta de ala, bajaron por su tobillo y sobre su zapato. Una de las cucarachas comenzó a crecer. La otra se volvió azul, y entonces también se hinchó. Tranquilos. Insospechados. Nadie los notó al principio, dos enormes insectos mutantes medio escondidos entre las piernas de Punta de ala. El exoesqueleto de Tobías se fundió en su cuerpo que se hinchaba, y las alas saltaron hacia afuera. Las garras de Ax se convirtieron en manos y cascos andalitas. Tobías abrió sus alas y aleteó en una pantalla de proyector que había en una de las esquinas del cuarto. -¡Oh!- Collins estaba boquiabierto. -¿pero por dónde…?- -¿Un halcón?- la gobernadora se quedó mirándolo a él. Mirándome a mí. Frunció el ceño.- -Sí. ¡Un halcón!- Tipo pequeño alzó su pistola hacia donde estaba Tobías. Entonces vio a Ax. Alto. Azul. Casi completamente destransformado. -¡Andalita!- Tipo pequeño giró. Apuntó. -¡NO!- Salté. Le erré. Tipo pequeño apretó el gatillo. Collins golpeó la pistola hacia arriba. ¡BLAM! El panel sobre la cabeza de Ax se partió. FWAP. Ax clavó a Tipo pequeño con su cola cuchilla. Lo mantuvo contra la pared. Collins se quedó mirando a Ax. -¿Quie…? ¿Qu…?- <Su arma de fuego> ordenó Ax Collins asintió. Le arrebato el arma de las manos a Tipo pequeño. Retrocedió. Se tropezó con el pie de Punta de ala. Punta de ala lo movió a un lado. -Idiota.- Se agachó para limpiar la huella de la parte superior de su zapato. -De acuerdo, ahora si todo el mundo puede mantenerse en calma, tengo una pequeña historia para contar.- Miré a la gobernadora. -Puede llevar un buen rato.- La gobernadora reflexionó esto por un momento. Me estudió. Estudió a Ax. Estudió a Tipo pequeño. Se volvió hacia Punta de ala. -Vuelve al salón de baile. Has mis disculpas. Diles a todos que no me estoy sintiendo bien. Asegúrales que no es nada serio. Un resfrío o algo así.- Ella me miró de reojo. Estrechó sus ojos. -Y.. ¿Frank? No digas nada más.- Punta de ala asintió y se deslizó a través de la puerta. Lo miré mientras se iba. El se veía muy tranquilo bajo estas circunstancias. Si. Demasiado tranquilo. Cualquier persona normal estaría sorprendida, fascinada, asustada. Punta de ala ni siquiera se había alterado por la visión de un andalita hecho y derecho. Miré de reojo a la gobernadora y a Collins. Todavía estaban mirando los ojos antena de Ax, la cola mortal y la cara sin boca. Pero Punta de ala estaba más preocupado por borrar la huella de Collins de su zapato. Como si un alien de cuatro patas no fuera algo inusual. Como si no fuera nada nuevo. Nada que él no hubiera visto antes. -Gobernadora,- dije -tenemos que movernos. Y rápido. ¿Tobías? Necesitamos potencia de fuego. Ahora.- [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] Tobías se precipitó desde la pantalla y aterrizó en la alfombra. Empezaron a salirle cuchillas de sus alas. Me concentré. Me focalicé en el gorila. ¡Demasiado tarde! La puerta se abrió de golpe. Punta de ala pasó a través de ella, seguido de cuatro camareros armados con rayos dragón. -¡Hork-bajir!- Punta de ala apuntó a Tobías, casi completamente transformado. Uno de los controladores levantó un rayo dragón apuntándole al estómago correoso de Tobías. Tobías se agachó. ¡TSSSEEEEEEEEEEEEEEEEEEW! La mesa de conferencias chisporroteó hasta dividirse en dos. Las dos mitades cayeron al suelo. -¡Oh!- la gobernadora se quedo mirando la madera que ardía lentamente. Entonces miró a su marido. -¡Frank! ¿Qué estás—?- Un controlador la agarró. Tobías saltó sobre las partes de la mesa. ¡WHACK! Golpeó con la cuchilla de su muñeca. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!- El controlador gritó. Dejó caer a la gobernadora y se quedó mirando su mano sin dedos. Los otros controladores atacaron. Tobías cortaba. Ax acuchillaba. ¡FWAP!. ¡FWAP! Ya estaba completamente transformado, ahora ya era un gorila por completo. Tomé por asalto entre balas que volaban, cuchillas y rayos dragón. Collins se había arrastrado hasta la gobernadora y la estaba protegiendo con su cuerpo. Sujetaba su pistola con las dos manos, apuntándole primero a un controlador, después a Tobías, luego a Ax, no estaba muy seguro de a qué o a quién dispararle. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWWWWWW! -¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!- El fuego del rayo dragón chamuscó el hombro de Collins. Hizo un agujero en la pared detrás de él. <¡Vete!> le dije <¡AHORA! No hay nada que puedas hacer aquí. ¡Gobernadora, es momento de huir!> Le pasé un brazo de gorila alrededor de ella. Punta de ala se estiró para alcanzarla. -¡Cariño! Toma mi mano. ¡Te salvaré!- La gobernadora agarró una silla y la agitó por encima de su cabeza. Pensé que me estaba apuntando a mí. Me agaché. ¡CRASH! Punta de ala se derrumbó en el piso. -Me salvarás, ¿Eh?- dijo ella con el ceño fruncido. Salté por arriba del cuerpo inmóvil de Punta de ala. <¡Vamos, vamos!> les grité a Tobías y a Ax -¡Collins!- Gritó la gobernadora. Giré. Collins yacía en la alfombra, paralizado, su hombro era un pedazo de carne carbonizada. Lo agarré con mi brazo libre y salté entre el humo y el caos. Me lancé a la carga contra la puerta. Entré al salón de baile. Ax y Tobías saltaron detrás de mí. -¡AAAAAAAAHH!- -¡OHMIDIOS!- Las mujeres gritaban. Los hombres gritaban. Sillas, vajilla y bandejas de servir se rompieron contra el suelo mientras que la multitud bien vestida se trepaba a todos lados para buscar las puertas. Un camarero saltó hacia delante, levantó un rayo dragón hacia la gobernadora. -¡NO!- dijo Collins Apuntó con su pistola. ¡BLAM! -¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!- El camarero cayó, con la sangre saliéndole a borbotones por su muslo. Collins se desmayó contra mí. Lo hice rodar debajo de una mesa. Baje el mantel pesado para esconderlo. <Mantente ahí hasta que el humo se disipe> Dije. <Ni siquiera trates de ser un héroe> -¡Allí! ¡Atrápenlos!- ¡La voz de Punta de ala! Giré. Los controladores entraban de golpe desde la puerta de la sala de conferencias. -No dejen que se lleven a la gobernadora.- gritó Punta de ala -De ser necesario, mátenla.- La gobernadora lo miró fijo. -¿Qué es lo que está diciendo?- <No se preocupe> le dije <la sacaremos de aquí.> Punta de ala y sus amigos atacaban desde atrás. Más controladores entraron a través de las puertas del salón de baile y se abrieron camino a los golpes entre la multitud que huía. <Entrada de servicio> Nos orientó Tobías. El huyó hacia un montón de camareros empujando a través de una pequeña puerta al costado del salón de baile. Caminé sobre mis nudillos detrás de él. Derribé una cafetera gigantesca. Salté por encima de un carro de postres. Ax me siguió. A través de la pista de baile. Alrededor de la fosa de la orquesta. Un controlador saltó detrás de un bombo. Agarré una tuba y se la arrojé por la cabeza. Tobías alcanzó la puerta, movió a los camareros a un lado y pasó rompiendo la puerta. Lo seguí. Hacia abajo por un pequeño pasillo. Dentro de la cocina. Un policía estatal y un tipo con uniforme de chofer estaban sentados en una pequeña mesa, masticando las sobras de la fiesta y jugando al póker con el chef. Tobías saltó sobre ellos. -¿Qu—?- el policía levantó la mitad del cuerpo de la silla. Busco a tientas la funda de su pistola. Pasé rodando, con la gobernadora metida bajo el brazo. -¡Gobernadora!- el chofer logro ponerse de pie. -¿Dónde está yendo, madame?- -No estoy segura.- Le respondió ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEW! Un rayo dragón explotó a través de la cocina. Fwap. Fwap-fwap. Escuché a Ax detrás de mí, sus cascos resonaban en el piso de cerámica, su cola golpeaba una y otra vez. Seguimos yéndonos. Alrededor de camareros, botones y cocineros. El chef de pasteles sacó un rayo dragón de su chaqueta y lo apuntó a la gobernadora. Ella lo abatió con una tabla para cortar. Embestimos a través de un conjunto de puertas. Y después otro más. Finalmente, estábamos fuera. Alrededor de un contenedor de basura. En el muelle de carga. <¡Limusina!> Tobías pegó un salto hacia el largo vehículo negro estacionado al lado del muelle de carga, la misma limusina que nos había traído hasta aquí. <Puertas destrabadas. ¡Llaves adentro! Oh, vamos. Esto casi que es demasiado fácil.> ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEW! El concreto explotó debajo de mis pies. Me moví sobre el lateral del muelle. Arranqué la puerta trasera de la limusina. Arrojé a la gobernadora adentro. <Perdone. Tengo mejores modales cuando los yeerks no me están disparando.> salté adentro detrás de ella. <Mantenga su cabeza abajo.> Tobías se apretujó en el asiento del conductor. Golpeó con la cuchilla de su muñeca en el vidrio polarizado que dividía los asientos traseros de los delanteros. El vidrió se destrozó. <Ups.> Dobló sus rodillas debajo del volante y puso sus brazos alrededor de ella. Su espalda estaba doblada, el costado de su cara correosa de hork-bajir estaba aplastado contra el techo de la limusina. <No es confortable> Dijo Pero eso tampoco era un problema para un tío con cuchillas que le crecían desde su cráneo. Thum. Scuuirrrrrrrr-UNCCHHHH. Rasgó el techo de la limusina como si estuviera abriendo una lata de conservas. <Techo descapotable> Sacó la cabeza a través del hueco, giró la llave, y la limusina volvió a la vida. <¡Ax!> grité <¡Vamos!> Ax derribó a dos controladores, galopó a través de la zona de carga y saltó hasta el asiento trasero de la limusina. Cerré la puerta de un tirón. <¡Vamos, vamos, vamos!> Tobías pisó el acelerador. Salimos chillando a través de la playa de estacionamiento y entramos en la calle. Ahora habíamos agregado, a pesar de todo, otro secuestro a nuestra lista de crímenes. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Pasamos chillando a través de cuatro carriles de tráfico. Salimos como un relámpago sobre el cordón en el otro lado. Caímos de vuelta en el pavimento. Esquivamos por el costado a una camioneta de repartos. Adentro. Afuera. Ondeando entre autos, camiones y todoterrenos. Todo lo que podía ver de Tobías era sus hombros y codos. Su cabeza sobresalía por el agujero en el techo. Yo rebotaba a su ritmo en el asiento trasero. Mirando las ventanas laterales y la ventana trasera, con mi cráneo de gorila golpeando continuamente contra el techo de la limusina. La gobernadora estaba sentada en el asiento opuesto, tratando de no resbalarse hacia atrás y hacia delante mientras que la limusina se inclinaba primero para la izquierda y luego para la derecha. Sus dedos se hundieron en el descanso del brazo de cuero que tenía la puerta a su lado. Ax luchaba para mantenerse en pie en el piso entre los asientos. Miraba con fijeza a la gobernadora. Sus ojos andalitas irradiaban calor y… alegría. Sí, alegría. Estábamos yendo a 140 kilómetros con tráfico pesado, unas torpes manos hork-bajir al volante y Ax se veía como si hubiera encontrado el secreto a la paz interior. <Madame gobernadora> hizo una profunda reverencia. Dobló su pierna frontal delante de él. Su cabeza casi tocaba el suelo. <Soy Aximili-Esgarrouth-Ishtill, y me siento honrado de estar en presencia de un gran líder> -¿Un gran líder?- la gobernadora golpeó contra el costado de la limusina mientras Tobías hizo chillar la limusina mientras pasaba de costado un banco de estacionamiento. -¿Yo?- Ax asintió. <De lo único que me lamento es que nuestro encuentro no fuera bajo circunstancias menos difíciles> Difíciles. Claro. De acuerdo. Tobías pasó forzosamente alrededor del banco. A través del carril indicador de conducción. Sobre el bordillo. Por tres segundos completos, la limusina se mantuvo en el aire – ¡WHOOOOOOOOMPH! Antes de caer violentamente por una calle secundaria. Tobías tambaleó para los costados y continuó manejando. -AAAAAAAAHLLLLP- la gobernadora reprimió un grito. Se las arregló para liberar su mano derecha del descanso del brazo y se la estiró a Ax. El la apretó, e hizo una profunda reverencia de vuelta. <Cuidaré de su vida con la mía.> -Muy tranquilizador.- dijo ella La limusina saltó por arriba de una franja divisoria. La gobernadora se aferró al descanso del brazo. -Lo digo sinceramente, Aximili- <Así como yo, gobernadora.> <Y Jake que pensaba que tú eras el único con encanto, Marco> dijo Tobías secamente. <Sólo mantén tus ojos en el camino.> dije. <Y nunca más quiero oír alguna palabra criticando MI manera de conducir.> La limusina derrapó en una esquina. Aplanó una hilera entera de máquinas expendedoras de periódicos. ¡Una sirena de policía! Luces azules y rojas parpadeaban detrás de nosotros. <Problemas> dije. <¿Tú crees?> dijo Tobías. Me di vuelta. Mas luces parpadeantes azules y rojas adelante. Tres, quizá cuatro autos. Tobías jaló el volante. Nos deslizamos hacia el costado contra una furgoneta. Tobías aceleró el motor, y salimos disparados hacia un callejón, llevándonos arrastrando al parachoques de la furgoneta con el nuestro. La limusina pasó como un relámpago a través de baches, alrededor de contenedores de basura. Pasamos disparados por la siguiente calle secundaria y entramos en el callejón del otro bloque de viviendas. <¡Cielos, tío!> Los frenos chillaron. Me precipité hacia delante y luego me golpeé contra el respaldo del asiento. Ax se estrelló contra mi regazo. -¡OOOOMPHHH!- <¡Oye, cuidado con la cola!> La limusina se había parado morro con morro con un camión de basura. La gobernadora estaba tendida en el suelo. Se esforzó para levantarse de vuelta en el asiento. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEW! Un rayo dragón despedazó la ventana donde ella habría estado sentada. Incinero el apoyacabeza que habría estado detrás de ella. <¡Manténgase abajo, gobernadora! ¡Al piso!> Ella asintió. Se quedó mirando el apoyacabezas crepitante. -No tengo ninguna objeción.- Ella dobló sus rodillas sobre su pecho, ajustó su pollera y sus brazos alrededor de ellas y se agachó entre los asientos. Su cara había perdido todo el color, pero sus ojos todavía brillaban. Firmes. Tobías puso en reversa a la limusina y comenzó a retroceder. Un coche de policía giró en el callejón detrás de nosotros. ¡BLAM! ¡BLAM! ¡Tiros de pistola! Ax y yo nos tiramos al piso de vuelta y nos agachamos al lado de la gobernadora. Tobías puso la marcha de la limusina para avanzar. Nos sacudimos hacia delante. Nos apretujamos para pasar el camión de basura. Las ruedas derechas golpearon contra dos escalones de una escalera de concreto que llevaba a un muelle de carga. ScurrrrrRRRREEEEEEEEEEEEKKKK. Arañamos un costado contra el camión de basura, el otro contra el muelle de carga. Y salimos escupidos hacia el callejón que estaba más allá. Un coche de policía chilló en la abertura estrecha que estaba adelante. ¡Venía rodando directo hacia nosotros! Tobías aceleró el motor. Esquivó al carro de policía por el costado y ¡salió disparado hacia la calle! Le dio una vuelta al volante. Esquivó el tráfico que venía en dirección contraria. Acelero en sentido contrario en una calle de un solo sentido, los almacenes se elevaban sobre nosotros de un lado, la orilla del río cayendo lejos de nosotros en el otro, perseguidos por un ejército de sirenas y luces parpadeantes. Policía metropolitana, policías del condado, policías estatales. Algunos de ellos eran controladores. Algunos probablemente no lo fueran. Pero no tenía importancia. Todo lo que le preocupaba al no-controlador era que unos monstruos lunáticos habían secuestrado a su gobernadora. Ellos tendrían tanta determinación como los controladores a la hora de detenernos. ¡THWOK! ¡THWOK! ¡THWOK! ¡THWOK! Miré hacia arriba. Un helicóptero sobrevoló encima de nuestras cabezas. Podía verlo a través del techo descapotable. La parte descapotable real, no la escotilla de emergencia de Tobías. El piloto inclinó el helicóptero hacia adelante en un picado pronunciado. La luz del sol hizo brillar algo en la puerta del pasajero. Un rayo dragón. La gobernadora también lo vio. -Hora de deshacernos de la limusina- dijo ella. -Somos muy grandes. Muy fáciles de encontrar. Tendremos más oportunidades a pie.- Bien pensado. Detrás de esos atentos ojos grises se escondía el cerebro de un general de guerra. <Conozco el lugar perfecto> dijo Tobías. <Prepárense a huir.> Una intersección se vislumbraba delante. Una arteria principal cruzaba nuestra calle de un sentido y llevaba hacia un puente. Tobías pisó el acelerador y giró rápidamente el volante. La limusina derrapó en la esquina y se arrojó violentamente contra el puente. Apretó violentamente los frenos y la limusina chilló hacia los costados. Se estrelló con violencia contra un pilar de concreto y se sacudió hasta detenerse, bloqueando el tráfico desde ambas direcciones. Los autos tocaron la bocina. Derraparon. Se golpearon unos contra otros. Tobías se arrojó desde la puerta del conductor. Arrojé a la gobernadora sobre el lomo de Ax, mandé a volar la puerta, y corrimos dentro del caos. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] <¡Vamos, vamos!> Tobías rebotó sobre el capó de un auto deportivo. Lo seguí. Saltando desde capos a techos a baúles. Desde autos a camiones a camionetas. Sobre un camión con el tráiler doblado en navaja. Ax se mantuvo en el suelo y galopó por en medio de los vehículos. La gobernadora abrazaba sus hombros y apretaba sus rodillas en los costados para no caerse. Coches de policías derrapaban en el puente detrás de nosotros. Los policías salían corriendo de los coches y se guarecían detrás de la limusina, con las armas desenfundadas. <¡Agáchense!> Salté desde el techo de un todoterreno hasta la parte trasera de un jeep. El conductor del jeep salió desde el frente. Se quedó mirando su paragolpes abollado. Maldijo, pateó su rueda y empezó a marcar violentamente números en su celular. Salté sobre él. Se quedó mirándome. -Oh mí… oh mí… ¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH!- arrojó el teléfono en el camino y salió corriendo hacia la otra punta del puente. ¡BAM! ¡BAM! Las balas pasaban zumbando. Rebotaban en el acero y el hormigón. Los conductores gritaban y se tiraban debajo de sus autos. Me tiré y abracé el suelo. Tobías se agachó a mi lado. Ax derrapó detrás de un camión del correo, con la gobernadora todavía en su lomo. La voz de un hombre resonaba sobre el puente. -Alto el fuego. ALTO. EL. FUEGO. Tienen a la gobernadora. Y hay automovilistas inocentes atrapados en el puente.- Gracias a Dios. El policía con el megáfono era un policía legítimo, no infestado. Con un cerebro. ¡BAM! ¡BAM! Pero obviamente los controladores no estaban siguiendo las órdenes del tipo sano. Caminé entre los autos. Tobías me siguió y Ax, todavía llevando la gobernadora a cuestas, galopaba detrás de nosotros. -¡Se están escapando!- -¡A por ellos!- Los policías salieron como un enjambre de atrás de la limusina. Corrieron a través del puente detrás de nosotros. <¡Vamos, vamos, vamos!> grité. <¡Estamos más cerca de la otra punta del puente de lo que los policías están de nosotros!> ¡THWOK! ¡THWOK! ¡THWOK! ¡THWOK! El helicóptero había vuelto. Sobrevolaba sobre el puente. Apenas por encima de los altos cables de suspensión. ¡Más sirenas! Luces parpadeantes. No eran desde atrás esta vez, sino desde el frente. Los coches de policía chillaban en la otra punta del puente. Los policías saltaban de los patrulleros. Nos arrojamos al pavimento de nuevo. Nos tiramos agachados entre un camión de reparto de Frito´s y una furgoneta de reparación de TV. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWW! El camión de reparto explotó. Los paquetes de fritos llovían sobre nosotros mientras rodábamos debajo de la furgoneta. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWW! Un pilar de hormigón en frente de la furgoneta quedo reducido a polvo. SCUUUUURRRRRREEEEEEEEEENNNNCHHHHH La viga de acero que había estado manteniendo se sacudió. El cable de suspensión dio un latigazo a través del aire. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!- Los automovilistas que quedaban huyeron de sus autos y corrieron gritando hacia ambas puntas del puente. Avancé de a poco desde debajo de la furgoneta. Levanté mi cabeza. Policías en el frente. Policías detrás. El helicóptero sobre nuestras cabezas. Y debajo de nosotros, el río. Algunas barcazas en la distancia. Algunos botes pesqueros. Y un velero. ¿Dije un velero? Quise decir un yate, que viajaba lentamente hacia nosotros. <¿Le asustan las alturas, gobernadora?> Dije -¿Opuesto a qué? ¿Balas? ¿Rayos láser que vaporizan hormigón sólido? ¿Un puente que va a colapsar bajo mis pies en cualquier momento?- ella agitó su cabeza. Respiró hondo. -Vamos allá- -¿Vamos allá?- una visión apareció en mi cabeza, la gobernadora cuando era niña. ¿Se parecería a Rachel? Sacudí la imagen de mi mente. <Ya han escuchado a la gobernadora. Vamos allá.> La tironeé desde abajo de la furgoneta y trepé en la barandilla del puente. El yate pasaba rozando a través del agua. Podía escuchar música y risas. Podía ver a la gente amontonada en la cubierta. Una fiesta. El bote se acercó al puente. Más cerca. Más cerca. ¡AHORA! Rodeé fuertemente a la gobernadora con mi enorme brazo de gorila y salté al vacío. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Caímos. Derecho hacia abajo. La gobernadora se agarró con fuerza. Hundió sus dedos en mi pelaje y ni siquiera gritó. Ni siquiera un quejido. Me gustaba esta dama. Hacia abajo, caíamos hacia abajo. El yate se hacía más y más grande, mantuve un agarre firme sobre la gobernadora con un brazo. Cuando estuvimos lo bastante cerca, estiré el otro brazo y agarré el mástil del yate con mi puño de gorila y me mantuve colgando. El mástil se inclinó, crujió y casi que se dobló a la mitad. La vela golpeó contra mí. Mis pies cepillaron la proa del barco y rebotaron de vuelta en el aire mientras el mástil se levantaba de vuelta y volábamos sobre el camarote. Giré alrededor. Agarré la parte inferior del mástil con mis pies parecidos a dedos y la mantuve apretada. El yate se deslizó debajo del puente. La música y las risas continuaron. Los invitados de la fiesta bailaban. Masticaban galletas. Volvían a llenar sus bebidas. Ni siquiera notaron al gorila que colgaba de la vela, apretando a su gobernadora en un brazo como si fuera una muñeca de trapo. Ni siquiera notaron el hork-bajir que se arrojó desde el borde del puente sobre ellos. Un hork-bajir extraño, que se encogía, con plumas que le brotaban. Tobías. Sus cuchillas se encogieron. Su cuello de serpiente retrocedió en su cuerpo de pájaro. Justo antes de que su cuerpo golpeara el agua, sus brazos se fundieron en alas. Aleteó fuerte y apenas patinó sobre la superficie del agua. Ax cayó desde el puente detrás de él, su cuerpo andalita se delineaba claramente en el sol poniente. El pateó. Agitó su cuerpo. ¡Kuh-SPLAT! Dio un panzazo contra el río y se hundió. Esperé. No vi nada. Ningún ojo antena espiando sobre la superficie. Ninguna cuchilla cortando a través del agua. <¿Ax? ¡Ax!> La gobernadora recorrió con la mirada el río. -¿Aximili puede nadar?- <Sip.> Miramos. Buscamos en las olas. Aún así ni rastro de Ax. -Tenemos que hacer algo- dijo la gobernadora. -el impacto podría haber quebrado sus piernas. O sus costillas. ¡Quizás el golpe lo dejó inconsciente!- <¡Allí!> Tobías apuntó con el ala. Una espina dorsal rompió la superficie del agua y patinó al lado del yate. Mi corazón volvió a latir. <Oye, Ax-man. Qué bueno que lo lograste. El está bien> le dije a la gobernadora. <Se transformó en un tiburón.> -Se transformó… en un tiburón.- La gobernadora asintió. -eso es bueno. Creo.- El yate había pasado el puente y estaba navegando en aguas abiertas. Resbale hacia abajo por el mástil, salté por encima de la cabina y aterricé en la cubierta superior. -¿Qu—?- el capitán del yate retrocedió. Se quedó mirándonos. Salté por encima del borde y encima de la mesa de aperitivos. Dejé una huella gigante de gorila en un tazón de frijoles sumergidos. Y aterricé en el medio de la fiesta. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!- Los invitados de la fiesta gritaron y se dispersaron hacia un lugar seguro. Una mujer retrocedió contra el borde, perdió el equilibrio y cayó, patas arriba, en el río. -¡No puedo nadar! Alguien ayúdeme. ¡No puedo nadar!- Tobías planeó sobre el yate, tironeó un chaleco salvavidas y se lo tiró. Ella lo mantuvo agarrado. Una aleta dorsal rompió el agua detrás de ella mientras Ax empujaba a la mujer hacia la costa. Y todo esto mientras los policías corrían desde el puente y a lo largo de la orilla. -¡Allí!- indicó un controlador al helicóptero. -¡En el bote!- El helicóptero se lanzó detrás de nosotros. ¡THWOKTWOK! ¡THWOKTWOK! La corriente descendente de los rotores golpeaba el agua y hacía olas. El yate se inclinaba y rodaba. Los asistentes a la fiesta gritaron aún más fuerte. Se agarraban a los bordes y a las sillas de la cubierta para no ser lanzados de a bordo. El helicóptero permanecía suspendido ahora. Un controlador se asomó desde la puerta del pasajero, con el arma en la mano. <¡Agáchense!> dije <¡todo el mundo abajo!> Caí hacia la cubierta. Mandé rodando a la gobernadora debajo de una mesa. Tobías volaba en círculos arriba. Apuntó hacia el brazo extendido del controlador y se lanzó. El controlador lo vio. Lo alejó con el rayo dragón. Entonces apuntó rápido. TSEEEEEWWW-ka-¡BLOOOOOOSH! -¡Oh cielos! ¿QUÉ FUE ESO?- -¿ESTÁN LOCOS?- -¡AYUDA! ¡QUE ALGUIEN NOS AYUDE, POR FAVOR!- TSEEEEEWWW-ka-¡BLOOOOOOSH! ¡Otro disparo! El agua hervía. El yate se tambaleaba. Los asistentes a la fiesta gritaron y se dispersaron hacia la parte trasera del bote. Se empujaban entre ellos y trepaban al borde y se arrojaban al agua. Incluso el capitán del yate abandonó su nave. Se lanzó desde la cubierta superior hacia el río. Era una locura. Los autos de policía chirriaban a lo largo de la ribera, disparando pistolas y rayos dragón. Los invitados a la fiesta flotaban en el agua, un río de brazos y piernas, chalecos salvavidas y vestidos lujosos. Chapoteando y luchando por llegar a la orilla. El yate sin capitán seguía girando salvajemente, forzado por la corriente a ir río abajo. La gobernadora se arrastró por debajo de la barra de bebidas. <¡No!> dije <¡Manténgase abajo!> -Alguien tiene que pilotar este bote. Vamos a naufragar. O a quedarnos encallados. Estamos muy cerca de la orilla.- <Oh. Está bien.> La gobernadora trepó a la segunda cubierta y agarró el timón. El bote paró de girar. La proa se enderezó y viró. Nos dirigíamos hacia río abierto. El helicóptero se inclinó lateralmente y dio una vuelta para disparar de vuelta. En la cubierta agarré jarras y vasos de margarita y se los lancé al helicóptero. En especial, al controlador con el rayo dragón. Oye, debes utilizar las armas que tienes a mano. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWWWWWWWWWWW! Una silla de la cubierta se desintegró. Lancé una botella. Resonó en la burbuja de vidrio en frente del piloto. El helicóptero se ladeó y tambaleó. Entonces se enderezó y se inclinó hacia adelante en una bajada pronunciada. ¡THWOK, THWOK, THWOK, THWOK! El helicóptero sobrevolaba ahora apenas a unos pies de mi cabeza. El ruido era ensordecedor. La corriente de aire que provocaba agitaba el agua y desparramaba sillas y salvavidas por toda la cubierta. Me agarré fuerte del borde para mantenerme estable mientras que el bote se ladeaba y se tambaleaba. El controlador se asomó afuera desde el helicóptero y mantuvo fijo su rayo dragón contra el casco. ¡Tobías! Lo vi aletear para ganar altura. Viró. ¡Se lanzó en picado! ¡Demasiado tarde! ¡TSEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWWWWWWW! ¡KA-BOOOOOOOOOOOOOOOOOOM! La proa del yate explotó. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] Trozos de fibra de vidrio golpearon contra mi pellejo. El humo quemaba mi nariz y mis pulmones Tosí. Me quité los restos de escombro de la cara. <¿Gobernadora?> Sin respuesta. El yate se tambaleaba. La proa burbujeó y luego se resbaló entre las olas. La popa salió disparada del agua hacia el aire. Atravesé mis pies en la barra de tragos para evitar salir resbalando hacia la proa. Estiré mi cara para que quedase al mismo nivel que la segunda cubierta. El timón ya se había sumergido, había un hueco abierto en la cubierta debajo de él. El agua entraba a borbotones por la madera destrozada y se esparcía en el camarote que estaba debajo. <¡Gobernadora!> <¡Marco, cuidado!> Giré. Tobías voló rápidamente hacia el helicóptero. El controlador se asomó desde la puerta. Con el rayo dragón apuntando hacia el barco hundiéndose. Hacia mí. Tobías hizo blanco. Estiró sus garras hacia delante. ¡Lo rasguño! El rayo dragón cayó pesadamente en dirección al río. Tobías se lanzó. Lo cogió en el medio del aire y lo tiró hacia mí. Lo agarré con una sola de mis manos de gorila. Levanté el brazo. Apunté. El piloto me vio y su cara se retorció de terror. El helicóptero se elevó e hizo un rodeo. Y se alejó. Esperé hasta que estuviera río abajo, lejos del yate. Entonces mantuve firme el brazo y apreté el gatillo. ¡TSEEEEEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWWWWW! ¡KA-BOOOOOOOOOOOOOOOM! El helicóptero ardía en llamas. Un humo negro y espeso rodaba sobre el río. Arrojé el rayo dragón en el río. <Debemos huir, Marco> Tobías planeaba sobre mi cabeza. <¡Vamos, vamos, vamos!> <Vete tú.> grité. <Tú y Ax. ¡Yo debo encontrar a la gobernadora!> Trepé sobre el bar de tragos. Arranqué la puerta del camarote y me arrastré hacia dentro. Nadé en el agua turbia que llenaba el camarote. La gobernadora había caído desde la cubierta superior. Estaba desplomada boca abajo sobre una mesa, sumergida hasta la cintura. Su vestido gris flotaba alrededor de ella. Sus rizos mojados yacían pegados a su cráneo. La di vuelta. La sangre salía por un tajo en su frente. <Gobernadora.> le busqué el pulso. <¿Puede escucharme?> Sus pupilas brillaron con una luz mortecina. Asintió débilmente. -estaré bien- La jalé fuera del agua, la alcé sobre mi espalda y trepé desde el camarote sumergido. El yate estaba inclinado en forma aguda en este momento, la popa se mantenía casi derecha en el aire. Los restos del helicóptero ardían río abajo. Un humo negro y asfixiante nos envolvía. <¡Marco!> Ax rodeando el yate que se hundía. <Nos estamos quedando sin tiempo, en serio.> <Están trayendo lanchas> dijo Tobías. <Los veo en la autopista. ¡Vámonos!> Dejé a la gobernadora sobre la barra de tragos. Ella agarró el borde que estaba detrás y luchó por sentarse. Ya estaba volviendo a mi forma. Las manos de gorila se encogieron hasta formar mis manos humanas. El pelaje del gorila se fundió hasta formar piel humana. El bote gimió. El agua se apoderó de mis tobillos. De mis rodillas. Mi mandíbula retrocedió y mi nariz avanzó hacia delante. Mis brazos se encogieron. Las piernas crecieron. Me paré derecho. Ya era humano. Pero todavía no había terminado. -Gobernadora- mi cara salió disparada en una nariz de botella. -¿Cómo se siente respecto a los mamíferos marinos?- La gobernadora se quedo mirando la aleta que me crecía en mi espalda. -Bueno, no me casaría con uno.- Se las arregló para mostrar una sonrisa débil. Mi cabeza y mi cuello se fundieron en una unidad alineada. Las piernas se fusionaron para formar la cola. Los brazos se encogieron para formar aletas. Doscientos dientes extras brotaron de mis mandíbulas. El agua salía de la puerta del camarote y empezó a hundir la barra de tragos. La gobernadora trepó en el borde trasero. Tobías sobrevolaba encima de nuestras cabezas. <Tictac, Marco. Tictac> Mi piel se volvió más gruesa y perdió su color hasta quedar de un tono gris claro azulado. Finalmente, flotaba sobre el agua. Era un delfín. Floté sobre el yate que se hundía. La gobernadora se sentó a horcajadas sobre mi espalda y se agarró firmemente de mi aleta dorsal. Juntos nos deslizamos a través del agua, a través del humo y la confusión de la explosión del helicóptero. Y el yate se hundió en el agua. [b]©199_ K.A. Applegate 200_ de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] La gobernadora se quedó mirándome. -Aliens parasitarios están invadiendo la Tierra.- Ella mantenía su voz firme. -Y mi esposo es controlado por uno de ellos.- Asentí. -Sí, básicamente, esa es la historia.- -Gracias a Dios.- Se sentó de vuelta en su silla de cuero y se pasó su mano por sus rizos grises humedecidos. -Estaba comenzando a pensar en que algo mucho, mucho peor estaba ocurriendo. Aliens que podemos combatir.- Ella volvió a llenar su taza de café del jarro sobre su escritorio. Estábamos en su oficina en el piso superior de la mansión del gobernador. Habíamos echado el cerrojo a la puerta y arrastrado una biblioteca pesada frente a ella. Ax hacía guardia, con la cola preparada. Tobías estaba enganchado en un alfeizar, mirando la parte trasera de la mansión. Parado en la otra ventana, vigilando el frente, estaba Collins. Sí, Collins. Estaba en el baño de la oficina de la gobernadora. Estaba agachado en la bañera esperando que la gobernadora regresase, su brazo chamuscado envuelto en una cortina de baño. Ax y yo lo ayudamos a llegar hasta la oficina, y la gobernadora limpió y vendó la herida lo mejor que pudo. Ahora estaba sentada en su escritorio tomando una taza tras otra de café. Se había cambiado, llevaba una sudadera y un elegante par de Nikes. Su vestido de recolección de fondos gris yacía en un montículo mojado en el piso del baño. Y había perdido sus tacos altos en el camino entre la limusina y el yate. Pasó varias páginas de su agenda y garabateó nombres y números de teléfono en un bloc. Me senté frente a ella, estudiando una lista de oficiales de la Guardia Nacional. La deslicé a través del escritorio. -Llame a cada oficial de esta lista.- Dije. -Algunos serán controladores. Otros no. Pero sí puede conseguir que suficientes oficiales que no sean controladores le presten atención, el plan de Visser Uno colapsará.- <Por ahora, de todos modos.> Dijo Tobías La gobernadora asintió, tomó el teléfono, y marcó el primer número del primer nombre en la lista. El general Sherman, el comandante del Ejército de la Guardia Nacional. -Quiero que se retiren todas las unidades- le dijo -no tomen ninguna acción, no importa lo que sea. Ninguna. Sí, eso es una orden directa. De su comandante en jefe, ese es el quién.- Ella colgó el teléfono con un golpe <¿Él resistió ordenes de su comandante?> Ax me miró de reojo. <Debe ser un controlador.> -Quizás. Quizás no- dijo la gobernadora -el es un viejo malhumorado y estúpido que no soporta tomar órdenes de una mujer. No necesita de un alien enrollado en su cerebro para que sea difícil entenderse con él. De acuerdo, ¿Quién sigue?- ella movió su dedo hacia abajo en la lista. -el comandante de la Guardia Aérea Nacional- Ella marcó el número y le dio al comandante de la guardia aérea las mismas órdenes que le había dado al general Sherman. Entonces telefoneó al siguiente oficial y al siguiente, completando el camino hacia el final de la lista. Yo deambulaba de ventana a ventana al baño al escritorio. Incluso me preparé una taza de café con muchísima azúcar y crema no láctea. -Aghhh- Sabía a aceite de motor. Un aceite de motor cremoso y dulce. Me encogí de hombros y puse la taza en el alfeizar. La gobernadora colgó el teléfono. Movió su dedo hacia abajo en la lista hacia el próximo oficial. Y se quedo congelada. -Teniente coronel Larsen- se quedó mirando el nombre. -Su batallón recién ha vuelto al pueblo esta mañana. Estaban en un ejercicio militar en el desierto- una lenta sonrisa se empezó a dibujar en su cara. -en las dos semanas pasadas- -¿Dos semanas?- parpadeé. -eso quiere decir que…- <Quiere decir que tenemos un batallón completo de soldados certificados libres de yeerks.> La gobernadora asintió. -aproximadamente 600 tropas- -Esto… esto es genial.- Le acerqué el teléfono. -Llámelo. Dígale que mantenga sus tropas unidas. Hágalos atrincherarse en un lugar donde los yeerks no puedan capturarlos.- -Creo que conozco el lugar perfecto.- Tomó el teléfono y marcó un número. -¿Coronel Larsen?- Dijo ella -habla la gobernadora. Y tengo una pequeña emergencia.- La charla tomó alrededor de un minuto y medio. La gobernadora le dijo al teniente coronel lo que necesitaba y la voz del coronel resonó a través del recibidor. -Sí, señora- Ella colgó. -Vamos a convertir los terrenos de la mansión en cuarteles temporales. El batallón del coronel Larsen puede acampar en el césped- sacudió su cabeza. -a mi jardinero le va a dar un infarto.- La gobernadora movió su dedo hacia abajo y marcó el siguiente número. Ella llamó a cada oficial en la lista y entonces colgó el teléfono y lo puso a un lado. -Bueno. Creo que eso es todo. Hicimos todo lo que podíamos hacer.- -Todavía no.- Dije. -Ahora usted es su objetivo. Necesita algo de seguridad personal. Guardaespaldas.- -Tengo a Collins- respondió la gobernadora. -Eso está bien, y sin ofender, Collins- le lancé una sonrisa disculpándome. -Pero –- -Pero un solo guardia de seguridad con un brazo lastimado no lo va a lograr.- Dijo. -Haré todo lo que pueda, gobernadora. Lo sabe. Pero necesitará más personas.- Asentí. Miré a la gobernadora. -¿Puede pensar en alguien más? ¿Alguien con quien pueda contar? ¿Alguien que pueda mantenerla a salvo? ¿Hay alguien que pueda estar segura de que ha estado lejos, incluso fuera del país, por más de tres días?- La gobernadora frunció el ceño. Hojeó su agenda. -¡Sí!- golpeó con su dedo en una página. -El mayor Mac Donald. Subdirector de la policía estatal. El acaba de volver de una conferencia de una semana de duración de la Interpol en París, y creo que llevo un par de oficiales con él.- Ella agarró el teléfono, marcó un número, y le dijo a Mac Donald lo que necesitaba. -Está en camino.- Dijo mientras colgaba. -Vive de este lado del pueblo, así que no creo que demore mucho.- -espero que no- dijo Collins. El corrió las pesadas cortinas a un lado para que todos pudiéramos ver. -Tenemos compañía, gobernadora.- Si, sin duda la teníamos. Una columna de multipropósitos y camiones militares estaban rodando sobre la carretera [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] El vehículo que dirigía estaba aproximadamente a una milla de distancia. La línea de vehículos militares detrás de él se estrechaba en la siguiente colina. -¿Hay alguna chance de que se el batallón del coronel Larsen?- Dije La gobernadora negó con la cabeza. -No tuvo tiempo de reunir sus tropas. No estarán por aquí por algunas horas.- Espió por la ventana. -Aparte, esta unidad es muy chica. Cuento 6 humvees y 8 camiones militares. Quizás un par más que no podemos ver en el fondo. No es lo suficientemente grande como para ser un batallón.- Frunció el ceño. -Pero yo no le ordene a ninguna unidad que se reportara aquí.- Ax observó al convoy. <Si estas tropas no están siguiendo las órdenes de la gobernadora, deben estar siguiendo las de alguien más> Giró sus ojos antena hacia mí. -Sí.- Dije -Visser Uno. Gobernadora, tenemos que sacarla de aquí. Rápido. Saldremos por detrás. De vuelta al río.- <No lo creo> Tobías apuntó con su cabeza hacia la ventana trasera. Botes de policía patrullaban el río debajo de la mansión. -Genial.- Me quedé mirando a los botes. Entonces al convoy. -Tiene que haber alguna forma de escapar.- Una sirena sonó. Me di la vuelta. Un auto de policía chirriaba en la carretera del lado opuesto, con las luces parpadeando. -Cielos, gobernadora.- La voz de Collins sonaba sobre el pánico. -Están viniendo desde todos lados.- -No- miré como el auto aceleraba hacia nosotros. -Este no. Los yeerks no mandarían a un auto solo.- La gobernadora asintió. -Mac Donald. Tiene que ser Mac Donald- <Esperemos que llegue aquí antes de que lo hagan los humvees> dijo Tobías El convoy seguía rodando hacia abajo en la carretera, a media milla de la mansión. El auto de policía se precipitó hacia ella, una veta de azul y rojo. La gobernadora levantó el teléfono e hizo una llamada más. Esta vez llamó a la garita de guardia. -Abran el portón- Dijo. -un auto de la policía estatal estará aproximándose en cuestión de segundos. Déjenlo pasar. No lo detengan. Repito. NO lo detengan. Le he dado al oficial de policía luz libre.- El desvío hacia la mansión de la gobernadora estaba en una hondonada entre dos colinas. Un humvee subió a la cima de la colina del lado del convoy. El auto de policía voló sobre la colina opuesta. El desvío hacia la casa de la gobernadora estaba en una especie de valle entre dos colinas. Un humvee trepaba a la cima de un lado. El coche de policía voló por el lado opuesto. Prácticamente pasó rozando la última parte de la carretera y derrapó hacia el desvío, cubriendo al humvee de polvo y gravilla. Entonces el auto salió disparado hacia el portón abierto, viró en el camino y chilló hasta que se detuvo en la puerta de la mansión de la gobernadora. Las puertas se abrieron de golpe. Tres oficiales saltaron hacia afuera. -Ese es él. El más alto.- Señalo la gobernadora. -Mac Donald.- Los oficiales entraron rápidamente. Segundos después, las pisadas resonaban en el pasillo. Empujamos la biblioteca a un lado y destrabamos la puerta. Mac Donald irrumpió en la oficina, seguido por los otros dos oficial de policía. Trabé la puerta detrás de ellos. -Madam- Mac Donald inclinó la cabeza delante de la gobernadora. Su mirada pasó a través de todos los ocupantes del cuarto. Yo, tu típico chico guapo, Collins, con un hombro vendado inexpertamente, el halcón en el alfeizar. Mac Donald frunció el ceño y agitó su cabeza. Entonces vio a Ax. -¡AAAAAHHHH!- Mac Donald estiró su mano hacia la pistola. -¡No!- la gobernadora agarró su brazo. -El es Aximili- Esgarrouth- Ishtill. Es un andalita. Un amigo.- Ax dio un paso adelante e inclino su cabeza. Mantuvo sus ojos antena en la pistola de Mac Donald y su cola tensada. Mac Donald entrecerró los ojos. Estudió a Ax. Su mano estaba sobre su pistolera. -Explicaré todo cuando tengamos más tiempo.- Dijo la gobernadora. -Ahora mismo, todo lo que necesitas saber que esas tropas –- apuntó hacia afuera por la ventana. El convoy se abría paso hacia arriba a través de la hilera de árboles que rodeaban el camino. -Esas tropas han sido tomadas por fuerzas enemigas. Fuerzas enemigas extraterrestres. Debemos hacer todo lo que podamos para detenerlas.- -¿Extraterrestres?- Mac Donald quedó boquiabierto. -¿Aliens? ¡Tienes que estar de bromeando!- <Ella no está bromeando> Dijo Ax, ligeramente ofendido. <Mi presencia debería probar eso> Mac Donald pensó esto. Se frotó una mano sobre su cara. -Aliens. De acuerdo. Entonces, ¿Qué es lo que haremos?- -La gobernadora es nuestra prioridad número uno ahora mismo.- dije. -si podemos alejar a los controladores, a los aliens, fuera de aquí, ¿puede mantenerla a salvo hasta que llegue el batallón del coronel Larsen?- -Sí- dijo Mac Donald. -Sin ningún problema.- -Bien.- Giré hacia la gobernadora. -no puedo decirle en donde estamos. No será capaz de contactarnos, pero nosotros nos pondremos en contacto. Muy pronto.- -¿Cómo?- preguntó. -No estoy seguro. Pero encontraremos una forma. Siempre lo hacemos.- <No hemos pensado en todo este rollo del súper héroe muy bien> Tobías aleteó para bajar del alfeizar. Mac Donald se quedo mirando. -ese pájaro NO HA hablado.- Murmuró. -ese pájaro NO HA hablado.- Ax tomó la mano de la gobernadora y se inclino respetuoso. <Ha sido un honor> Dijo -Para mí también- respondió ella. Estreché su mano y la mantuve quizás por un par de segundos más de lo normal. La cabeza de la gobernadora se tambaleó. Su barbilla cayó sobre su pecho. Casi parecía que estaba dormitando sobre su escritorio. Solté su mano y ella parpadeó hasta despertarse. -¡Oh!- se froto los círculos debajo de sus ojos. -Creo que el café no está funcionando- -No se preocupe por eso- dije -ha sido un largo día. Muy bien, debo hacer una parada rápida en boxes antes de irnos.- Me fui dentro del baño y agarré todo lo que necesitaba. Entonces me paseé de vuelta por la oficina, con los brazos cruzados de forma ajustada sobre mi pecho. Armstrong destrabo la puerta de la oficina. -todo despejado- dijo. Ax, Tobías y yo caminamos hacia el vestíbulo. Nadie parecía darse cuenta del bulto gris empapado metido por debajo de mi remera. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Empujé la puerta del frente para abrirla y me dirigí hacia la entrada. Solo. Mi vestido gris mojado se aferraba a mis piernas. Hummers y camiones de la Guardia Nacional rodeaban la mansión del gobernador. Soldados en uniformes camuflados estaban agachados detrás de los arbustos bien cuidados de la gobernadora, con sus armas preparadas. Miré hacia un océano de cañones. Pistolas, rifles, cañones de largo alcance, rayos dragón. Todos ellos me apuntaban. Me armé de valor. Dejé ver lo que esperaba que fuera la sonrisa de un oficial electo. -Es hermoso ver a hombres y mujeres jóvenes de nuestras fuerzas armadas reunidos aquí. Sin embargo, yo pienso que –- Me estremecí. Era muy raro. La voz de la gobernadora saliendo de mi cuerpo. Entonces me recordé a mí mismo. Este cuerpo tampoco era el mío. Era de la gobernadora. Había adquirido su ADN cuando estreché su mano, y me transformé en el hall que estaba fuera de su oficina. Ahora estaba parado descalzo en su entrada frontal, vistiendo su vestido desgarrado de la recaudación de fondos, tratando de convencer a lunáticos con armas automáticas que era la verdadera gobernadora. Aclaré mi garganta. -Como estaba diciendo, yo pienso que debe haber una pequeña falla de comunicación, porque no tengo ningún evento de la Guardia Nacional programada en mi agenda. ¿Podría hablar con el oficial a cargo, por favor?- La puerta de uno de los todoterrenos se abrió de golpe. Un hombre en un uniforme quebradizo planchado saltó hacia afuera. El era pequeño, bronceado y con un físico parecido al de un bulldog. El cruzó a través del camino, el sol se reflejaba en sus botas pulidas a base de escupitajos. Se paró frente a mí. Sus ojos fríos y duros penetraron a través de mi cráneo. -Ese soy yo.- Dijo -yo soy el que está a cargo aquí.- -Bien.- Asentía. Tenía que seguir fingiendo. -Bien, entonces coron…ehm… capit…- Fruncí el ceño ante las águilas doradas brillantes en su collarín. ¿Qué rango le daba aquello? ¿Coronel? ¿Capitán? ¿Exaltadísimo extremo emperador? -Bien, entonces… señor.- Dije. -No me han informado de que un ejercicio su militar tendría lugar en mi jardín delantero el día de hoy.- Su cara se transformó en una cara de desprecio. -Esto no es un ejercicio.- Dijo. -Es una operación bien preparada, y está saliendo mejor de lo que podría haber soñado. ¿Qué es lo que dicen los periódicos sobre ti? ¿Inflexible? Pensaba que nuestra inflexible gobernadora ofrecería un poco más de lucha. Si hubiese sabido que iba a ser así de fácil, no habría traído tantos amigos- el movió uno de sus brazos camuflados en dirección a las tropas y los camiones. -Se ve como un exceso, ¿No es así?- Sus labios se estiraron sobre sus dientes en una sonrisa helada. Y de repente lo supe. Estaba mirando a los ojos de Visser Uno. No estaba en la forma humana que utilizaba usualmente, pero era él. Forcé un ceño fruncido de gobernador indignado en mi cara. No podía dejar que Visser Uno se diera cuenta que lo había reconocido. Que sabía lo que planeaba. Que era alguien más que el gobernador de este estado. -No tengo idea de lo que está hablando.- Dije. -Estoy seguro de que no.- Giró hacia las tropas. -¡Cabo!- Uno de los soldados avanzó al frente. -Sí, señor.- -¿Podría escoltar a nuestra gobernadora a su vehículo?- -Sí, señor.- -¿Mí vehículo? Pero si no voy a ningún lado- -Oh, claro que lo harás.- Dijo Visser Uno. Se giró y avanzó hacia el humvee. -A un lugar muy especial.- El cabo me agarró por la parte superior del brazo. -¡Oye, cuidado!- empecé a forcejear. Sigue fingiendo, Marco. Sigue fingiendo. Tomé un respiro. -Jovencito.- Dije -me está lastimando.- -¿De verdad? Muy bien- el cabo me tironeó a través del camino. Las otras tropas empezaron a guardar sus armas y a cargarlas dentro de los camiones. Estaban preparándose para retirarse. Casi sonreí. El cabo me empujó de cara contra un gran camión de transporte cubierto con una lona. Me retorció los brazos contra mi espalda y cerró unas esposas sobre mis muñecas. Dos de sus compañeros me arrastraron hacia el fondo del camión. El humvee de Visser Uno pasó ronroneando. Miré como se iba. Examiné el camino. ¿Estaban Tobías y Ax en sus posiciones? No podía decirlo con seguridad. Los soldados me empujaron al suelo. El cabo tiró de una cuerda de la parte trasera del camión y comenzó a enrollarla alrededor de mis tobillos. Ajustaba bien fuerte cada nudo. La cuerda me quemó la piel. Estos tíos no sabían como tratar a una dama. -¡Auch! ¿Cuál es tu nombre, hijo? Exijo saber tu nombre, rango y número de seguridad social. Eh, número serial. Voy a suspender tu paga a partir de este momento. Se levantarán cargos.- Miré con odio a los otros dos. -a todos ustedes- -oh, no- sonrió satisfecho el cabo. -¡Cualquier cosa menos cargos!- -Estoy temblando- dijo uno de sus compañeros. -mírame, estoy alborotado.- Genial. Atrapado con comediantes. También eran malísimos. El cabo terminó de atar mis tobillos juntos. Sus dos compañeros treparon al fondo del camión y mantuvieron la lona abierta. -Realmente no los entiendo, chicos.- Dije -sencillamente no entiendo nada de lo que está pasando aquí- -No te preocupes. Lo entenderás.- El cabo me levanto sobre su hombro. -Entenderás todo muy pronto.- Me lanzó de cabeza sobre la parte trasera del camión, trepó detrás de mí y cerró la lona de una golpe seco. Ya estábamos en camino. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] Yacía sobre mi estómago. Podía ver el piso, las punteras de las botas de un controlador y una pila de cajas de munición en una esquina. RRRRRRRRrrrrrrrrrrmmmmm. El camión arrancó de un rugido. Vibró cuando el conductor lo puso en cambio. El conductor lo aceleró. Nos sacudimos hacia delante, nos paramos y nos sacudimos de nuevo. ¡BAM! Una caja de munición se estrelló contra el suelo. -UUUGGHHHHH- Alguien pesado aterrizó sobre mi espalda. El conductor pisó de nuevo, tocó la palanca de cambio, y salimos tronando hacia abajo en el camino. La caja del camión se sacudió. Los laterales de la lona se agitaban con el viento. Mi cara se golpeaba contra el frío suelo de metal. -¿Realmente son necesarias la soga y las esposas?- Dije. Rodé hacia un lado y agité mis tobillos atados frente a mí. Mis pies estaban morados y sin sensibilidad debido a la falta de flujo sanguíneo. -No soy estúpida. No trataré de escapar.- Me mecí, tratando de ponerme en una posición sentada. Caí sobre mi cara y traté de vuelta. -Soy perfectamente consciente que una mujer de mediana edad y fuera de forma no es rival para tres bien entrenados – ¡Aah!- Me senté. Y estuve cara a cara con el cañón de un rifle. El cabo y sus dos amigos me rodearon con los M-16 apuntando a mi cabeza. -Honestamente- dije -¿No creen que están exagerando un poco? Como dije, no estoy en posición de… uuuumphhhh.- El cabo metió el borde de una bolsa de lona sucia en mi boca. -Ya cállate.- Dijo. -huuulph.- Me ahogué con los hilos sueltos, pedacitos de grava y algo asqueroso y pegajoso aferrado al tejido. Un viejo derrame de Coca-Cola. Miré a mis captores. Podrían haber sido clones. El mismo corte de pelo. El mismo vestuario, uniformes camuflados y botas de combate. La misma mueca de desprecio dibujada a través de su cara. La única diferencia eran los pequeños collarines que mostraban su rango. Igual que las águilas doradas de Visser uno, excepto de que estás eran unas cintas color negro mate. El cabo tenía dos cintas. Uno de sus compañeros tenía una cinta. El otro no tenía ninguna. Sin-cinta agitó el barril de su M-16 en mi cara. -¿Qué estás mirando?- -ur-uuhl- me encogí de hombros y agité la cabeza. Retumbábamos sobre el camino. Los rayos de sol se filtraban por los árboles y parpadeaban sobre la lona del techo. <Han cogido el cebo.> la telepatía de Tobías sonaba fuerte. Estaba cerca. <Todos están bajando por el camino. Cada camión y humvee restante.> Miré hacia arriba. Una sombra áspera se cernía arriba de la lona. RRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIPPPPPPPPPPPPPP. El techo se abrió partiéndose a la mitad. Thumppp. Y un hork-bajir cayó en la parte trasera del camión. -¡Hey!- el cabo movió su rifle alrededor. El hork-bajir –Tobías – levantó la cuchilla de su rodilla. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!- El M-16 del cabo se estrelló contra el banco del camión. Una-cinta se lanzó para agarrarlo. Un segundo hork-bajir – Ax – cayó a través de la lona. Y clavó las manos de una-cinta al piso con sus pies de tiranosaurio. Ax cerró su puño de cuero. ¡WHAP! Una-cinta estaba fuera de combate. El cabo había caído sobre sus rodillas. De repente giró. Se arrastraba hacia el rifle caído. Tobías lo ensartó en la cuchilla de una de sus manos y lo sacudía estrangulándolo. La sangre se derramaba del brazo del cabo. Sin-cinta se había alejado poco a poco de la pelea. Ahora presionaba la boca de su rifle contra mi cabeza. -Déjenlo ir- le dijo a Tobías. -O la gobernadora lo paga.- Ax y Tobías quedaron congelados. El camión se tambaleó mientras que el conductor bajó un cambio. Estábamos llegando al final del camino. -¿Están sordos?- gritó sin-cinta. -he dicho, ¡DEJENLO IR!- El camión vibró hasta casi arrastrarse. Miré a Tobías. Capturé su mirada y la mantuve. Negué con la cabeza. Lenta y ligeramente, para que sin-cinta no lo viera. Tobías asintió. Ajustó su agarrada mortal sobre el cabo. -¿Creen que estoy bromeando? ¡No lo estoy!- sin-cinta sacudió mi cabeza para darle énfasis. Será mejor que lo dejen –- El camión se sacudió. -¡AAH!- Sin-cinta se tambaleó hacia atrás, golpeó contra una caja de munición y luego contra el piso del camión, inconsciente. <A todos ellos les haría bien una pequeña siesta> dijo Tobías. <Están un poco irritables.> Cerró su puño. ¡WHAP! El cabo cayó en el suelo. Ax y Tobías hicieron rodar a los controladores y los apilaron juntos. Luego agarraron los M-16 y rompieron sus barriles con las cuchillas de sus muñecas. Golpeé mi pie en el piso. -Uh-ur-ulph.- Tobías se dio vuelta. <¿Dijiste algo, Marco?> -Uh-ur-ulph. ¡UH, UR, ULPH!- Ax me miró. Inclinó su cabeza. <Creo que Marco trata de decirnos que aunque esta extremadamente feliz de vernos, está disfrutando de estar atado, y que por favor no le quitemos el envoltorio mugroso de su boca, ya que lo encuentra bastante sabroso.> Oh, genial. Ax eligió este momento para entender por fin el sarcasmo humano. <Sí> asintió Tobías. <Eso es lo que pensaba que había dicho.> Golpeé con mi pie de nuevo. -¡Uh-uhl-uhlur-uluph!- <De acuerdo, de acuerdo. Trata de no dejar tu pollera hecha un lío.> Tobías sacó la bolsa de lona de mi boca. -Uuuhhh.- Moví la mandíbula. Mi boca se sentía como papel de lija. -Gracias. Ahora, ¿podrían hacer algo con las esposas?- Tobías me giró. WHACK. Una muñeca se sentía libre. WHACK. Luego la otra. Las esposas resonaron contra el suelo. Me desaté los pies y ayudé a Ax y a Tobías a atar a los controladores con la soga. Retrocedí. Moví un rizo gris de mi cara y enderecé mi vestido. Volvimos a nuestra forma y nos transformamos nuevamente. Alas. Tobías y yo cuidamos a los prisioneros. Ax se aferraba a una caja de munición y hacía de vigía. <Nos acercamos a un túnel.> dijo. <Perfecto.> Salté a su lado. <Prepárense.> La parte trasera del camión se oscureció. Tres patos reales volaron a través del hoyo en la lona y aletearon hacia casa. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] -¡Mira, Cassie!- dije -Eres una estrella de la TV.- Señalé hacia la pantalla de la televisión, donde un lobo estaba saltando en medio de una multitud de tropas de la Guardia Nacional. El lobo gruñó, mostró sus dientes y los hundió en el trasero de un soldado corpulento. Estábamos de vuelta en casa. En la atalaya de Ax en el valle de los hork-bajir. Estábamos todos alrededor de la tele de Ax, mirando la cobertura de las noticias sobre la pelea de anoche. Jake y los otros – el grupo uno – habían descubierto el cuartel principal de los yeerks para infectar a las tropas. Cuando los animorphs llegaron, los controladores mantenían a cientos de soldados de la Guardia Nacional a punta de pistola alrededor de una estanque yeerk temporal. Jake, Rachel, Cassie y el grupo de James, junto a algunos de los mejores guerreros de Toby, atacaron. La batalla pronto se volvió sangrienta y desesperada, y el grupo uno se dio cuenta de que estaban perdiendo. Por mucho. Pero ellos no podían rendirse. No podían huir y dejar que cientos de soldados fuesen infectados por los yeerks. Un tiempo después de la medianoche, otra unidad de la Guardia Nacional hizo su aparición. El coronel a cargo le ordenó al comandante yeerk que libere a las tropas no infectadas y que se rindiera. Cuando el comandante yeerk no lo hizo, el coronel y su unidad atacaron. Otra vez la batalla fue sangrienta y desesperada, pero el coronel ya había visto muchas batallas antes, y sabía cómo ganar. No detuvo esa noche anterior a Visser uno. Pero definitivamente lo había retardado. Ax cambió del canal local a CNN. -Hey, vuelve al anterior- dijo Jake. -Quiero ver eso.- Ax cambió de vuelta al canal local. Una reportera rubia estaba entrevistando a un oficial de mirada sombría en las escaleras afuera de la mansión de la gobernadora. -Ese es él.- Jake apuntó hacia la pantalla. -El tipo que pateó traseros anoche.- Ax subió el volumen. La entrevista casi terminaba. -…Gracias por ese reportaje tan detallado, coronel Larsen.- -¿Coronel Larsen? Ese es el tipo del gobernador.- Dije. -El que acababa de volver de dos semanas en el desierto- La reportera giró hacia la cámara. -Ese era el teniente coronel Jacob P. Larsen, el recientemente nombrado jefe de la Guardia Nacional, dándonos un reporte escalofriante de los choques violentos de anoche dentro de los rangos de la Guardia Nacional. De vuelta contigo, Dave.- -Gracias, Patricia. En una historia relacionada, la gobernadora tuvo un pequeño susto la tarde de ayer. Durante una recaudación de fondos en el hotel embajador, fue secuestrada por tres sospechosos quienes, según los testigos, vestían trajes de halloween. Canal cinco noticias les brinda una cobertura exclusiva de este extraño incidente.- La imagen de Dave fue reemplazada por la de una limusina que salía con las ruedas chillando de una playa de estacionamiento. Una cabeza de serpiente como de cuero sobresalía a través del techo de la limusina. Entonces la cámara cambió a una escena de la gobernadora galopando a lo largo de un puente en el lomo de una criatura azul y peluda de cuatro patas. Un gorila y otra criatura – la de la cabeza de serpiente – saltaban sobre los coches estancados y destrozaron un camión de repartos mientras que oficiales de la policía los perseguían. El espacio informativo terminó con la cobertura de la explosión de un helicóptero y una toma en cámara lenta de un yate hundiéndose en el río. -Entonces- Jake me miró. -¿Mantuvieron todo muy tranquilo, verdad?- -Hey, estábamos haciendo una demostración de sutileza.- Dije. <Sí.> Dijo Tobías. -Oigan, chicos, silencio.- Dijo Cassie. -Quiero escuchar esto- Se inclinó hacia adelante y subió el volumen. La voz del anunciador sonaba desde la televisión. -Interrumpimos este programa para brindarles noticias de último momento desde el capitolio.- La imagen se volvió borrosa por un segundo, luego se enfocó en Patricia, la reportera rubia, hablándole a una mujer regordeta de pelo gris. <Es nuestra gobernadora> dijo Ax. Rachel se quedo anonadada ante la televisión. -Es una mujer.- -Bueno, sí, es una mujer, Rachel.- Le guiñé un ojo a Tobías. -¿No lo sabías?- Rachel estaba muy impresionada con la gobernadora como para enojarse conmigo. -Esto es genial. El oficial elegido con cargo más alto en nuestro estado es una mujer.- Ella miraba la pantalla. La cámara hizo un acercamiento a la gobernadora. Su pelo era un desastre, su cara estaba pálida. Llevaba la misma sudadera de ayer, solo que ahora estaba mucho más arrugada. Pero cuando miró hacia la cámara, sus ojos grises todavía estaban firmes y brillando. Todavía estaba centrada. Patricia puso un micrófono en su cara y la gobernadora comenzó a hablar. -No me voy a ir por las ramas- dijo -he declarado un estado de emergencia. Repito: estado de emergencia. No es de ley marcial. Nuestra policía e incluso nuestra Guardia Nacional no son de confianza- ella miró hacia la reportera. -Los noticieros tampoco son de confianza. Quizás no puedan confiar ni siquiera en sus amigos o en sus propias familias.- Ella explicó acerca de los yeerks. Sobre cómo, al estilo de una enfermedad invisible, estaban infectando y dominando lentamente a toda la población. -Sé que esto suena fantástico- dijo. -Como algo sacado de Hollywood. Pero ya han visto la cobertura de las noticias. Saben que lo que les digo es cierto. Nuestro estado, nuestra nación, todo nuestro mundo está bajo ataque. Pero ya estamos lanzando un contra ataque. Pedí ayuda a Washington, y el presidente aceptó enviar tropas del ejército de los Estados Unidos.- -Tropas de los Estados Unidos.- Dije. -Es lo que queríamos desde un principio. ¿Por qué no estoy contento?- <¿Cómo puede ponerte contento una guerra mundial?> dijo Tobías. La gobernadora buscó entre sus notas. Miró nuevamente a la cámara. -Este no es el momento para sembrar el pánico- dijo -Es el momento para que cada uno de nosotros llegue hasta el fondo de nuestro espíritu y saque afuera el coraje que ni siquiera sabemos que tenemos. Nuestro enemigo es fuerte. Pero somos más fuertes, porque estamos luchando por nuestras vidas y por nuestra libertad. Por nuestra propia existencia.- -Gracias, gobernadora.- La cámara cambió hacia Patricia. Ax apagó la tele. Nos quedamos en silencio. Mirando la pantalla apagada. [b]©199_ K.A. Applegate 2014 de la traducció,n de Luciano[/b]

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