#Animorphs 53 “La respuesta”(completo)

El fin está cerca – muy cerca. Cada pregunta de los Animorphs está a punto de ser contesta. Sólo hay un libro más.

La guerra se está librando en todos lados, y los yeerks están en todas partes. Jake trata de convencer al gobierno para ayudarlo a él y los Animorphs a destruir el Estanque Yeerk. Pero cuando ese plan falla, tratan de hacer el trabajo ellos mismos. En un esfuerzo por disuadir a los recién llegados y acabar con los que estan alrededor, la Animorphs y Ax cavan agujeros a lo largo de la piscina yeerk. En estos nobles esfuerzos, algunas personas inocentes se verán perjudicadas.
Pero los planes se tuercen, y Jake y los Animorphs se encuentran atrapados de nuevo en el Estanque Yeerk.
Han perdido toda esperanza, cuando encuentran un consuelo inesperado en la camaradería de los repugnantes taxxonitas que siempre se han asociado con yeerks ya que tienen sus propios problemas con los destructores. Solo ellos pordrían salvar al planeta Tierra. Pero el final ha comenzado…

#53 La respuesta

Capítulo 1:

<Van tras la escuela> dijo Tobias.

<Van tras cualquier cosa> respondí.

<¿Por qué lo hacen? No tiene sentido> dijo

<No es solo brutal; es estúpido. Destrucción sin sentido>

El Caza Insecto más cercano voló bajo y despacio. Disparó sus rayos dragón y el gimnasio de doble piso explotó en yeso carbonizado y retorcidas vigas de metal. Flotó casi por casualidad sobre las viejas aulas de poca altura y disparó de nuevo, arrastrando los rayos de un lado a otro de los edificios.

<Nos envían un mensaje> dije <Métete con nosotros y esto es lo que haremos>

Habíamos destruido la piscina Yeerk. La piscina Yeerk era ahora el agujero más grande del mundo. Parecía un cráter. Era un cráter, con la mitad destrozada del centro comercial en un extremo, montones de trozos de restaurantes de comida rápida, farolas, hormigón despedazado, coches, árboles flacos, todo ello amontonado en el fondo. Las aguas de la piscina Yeerk, semejantes al plomo fundido, empapaban la suciedad. Un letrero yacía medio enterrado. Un par de doce botellas vacías de un litro de soda flotaban alrededor como si fueran barcos de juguete ideados por alguien. ¿Cuántos yeerks habrían muerto? Seguramente cientos. Quizá mil. ¿Cuántos taxxonitas? ¿Y humanos? Tratamos de advertir a la gente, pero la devastación fue demasiado completa, llegó demasiado rápido.

<No es un mensaje, Gran Jake> dijo Marco <Los yeerks saben que haremos lo que tengamos que hacer, saben que es una guerra abierta. Hicimos volar su única fuente de comida en el planeta. Hemos dejado atrás los mensajes. Mira, están creando un círculo>

Marco se encontraba uno cien pies sobre mí. Se había transformado en águila pescadora, yo en halcón y Tobías era él mismo, un halcón ratonero de cola roja.

<Marco tiene razón> contestó Tobias <Están haciendo un gran círculo>

Más Caza Insectos de los que había visto juntos en cualquier lugar. Casi cincuenta de esas cosas. Hacían explotar escuelas; hacían explotar negocios; casas e iglesias. Las ondas de choque nos alcanzaban como ecos de destrucción. Columnas de humos se elevaban hacia el cielo. Los incendios, alguno aún fuerte y ardiendo, otros consumiéndose ya, creaban corrientes térmicas que eran como colchones blandos para tres despistadas aves de presa. Nos remontábamos fácilmente, sin esfuerzo. Teníamos los mejores asientos para contemplar el espectáculo. Con los ojos de un depredador no podíamos perdernos ninguno de los más enfermizos detalles. No podíamos no ver los disparos, no contemplar los bien cuidados jardines, las valiosas casas, edificios de oficinas, coches quemarse tan rápidamente como cerillas. Los refugiados, gente que había sido vecina nuestro, amigos, compañeros de clase, conmocionados, asustados, refugiados perdidos, huían a pie llevando todo lo que podían cargar, corriendo entre coches abandonados. Todos los pasos a nivel desactivados, todas las luces de la calle apagadas, los puentes colapsados: no se movía nada con cuatro ruedas. Un helicóptero de las noticias se encontraba a unas cinco millas de distancia y no dudaba en grabarlo todo y enviar las imágenes en vivo. Los yeerks habrían podido derribarlo fácilmente. Le permitían grabar. Posiblemente incluso lo pilotaran ellos mismos. Querían que el mundo viera la violencia. Querían que los humanos se aterrorizasen. La fase encubierta de la guerra había acabado por completo. A partir de ahora los yeerks serían tan suaves como un mazo. Encontré un soplo de aire cálido, una corriente térmica producida por un supermercado incendiado, y me remonté más y más alto. Pude ver lo que Tobías y Marco habían comprendido: los yeerks estaban creando un círculo de aniquilación. Y el estanque yeerks derribado era el centro. Estaban quemando, ennegreciendo todo en un radio de dos millas. Lo que era, prácticamente, todo lo que había sido nuestro hogar. Y yo lo había provocado. Yo di la orden de destruir el estanque. Eso era el resultado. Pero, ¿por qué? Eso era lo que me preocupaba. No era el momento de quejarse por la destrucción, ni de autocompadecerme. Ya había acabado con todo eso. ¿Por qué? ¿Por qué hacían los yeerks aquello?

<Tal vez crean que estamos ahí abajo> sugirió Tobías.

Algo en la distancia, al sur de donde nos encontrábamos, captó mi atención. Incluso con mis ojos de halcón apenas distinguía los matices de más Cazas Insecto. Parecían una nube de mosquitos. <¡Ey! ¡Jets!> gritó Tobías.

Seguí la dirección de su mirada y efectivamente, ahí estaban: un grupo de cuatro F-16. Volaban directos hacia nosotros. Directos hacia los Caza Insectos.

<Es un suicidio> comentó Marco.

Miramos, incapaces de ayudar. Habíamos pasado la mañana sin ser capaces de ayudar. Los F-16 se aproximaron. Dos caza insectos dejaron de quemar edificios civiles y viraron perezosamente para confrontarlos. Misiles volaron desde los F-16 y los jets se dieron a la fuga. Dos rayos dragón dispararon y destruyeron los misiles en medio vuelo. Los Caza Insecto aceleraron, se pusieron a la par de los jets con facilidad y dispararon otra vez. Tres de cuatro explotaron. Ni rastro de paracaídas. No hubo tiempo para los paracaídas. El cuarto avión se dejó caer, se niveló a tan solo unas pulgadas del suelo chamuscado y puso en marcha las cámaras de combustión. Los Caza Insecto le dejaron ir: no tenían nada que temer. No, eso no era cierto. Los yeerks estaban asustados, solo que no de los jets. El círculo de destrucción era un claro indicio de miedo. Estaban creando un tipo de barrera: no un muro, sino un desierto de cenizas y ascuas de forma que ningún enemigo pudiera acercarse sin ser visto. Sonreí. Los yeerks nos tenían miedo. Pero, ¿qué estaban protegiendo? ¿Las ruinas del estanque?

<El helicóptero> gritó Marco. Los yeerks habían decidido que el espectáculo había terminado. Incendiaron el helicóptero de las noticias. Una columna de ascuas cayó en espiral hacia la tierra. <Algo va a ocurrir> dije

<Y ahí viene> dijo Tobías, siempre el más observador en el aire que nosotros.

Era tan grande como un campo de futbol. Se movía despacio, incómodo en la atmósfera. Había sido diseñado para el espacio no, como los Caza Insecto, para ser cómodo en el aire. La nave Estanque: hogar de las fuerzas invasoras yeerks, hogar de los Caza Insecto. Era un estanque Yeerk espacial, bien defendida, peligrosa pero, esencialmente, un cuartel portátil, un comedor gigante que proporcionaba ingentes dosis de rayos Kandrona, la sustancia que todo Yeerk debía tomar cada tres días o morir. Los Caza Insecto se elevaron para saludar a su madre, revoloteando a su alrededor, pavoneándose, invitando a cualquiera a atacar. La nave estanque descendió desde el cielo, atravesando las nubes para, amablemente, delicadamente, casi tentativamente, descansar su enorme masa sobre tierra firma.

<La nave Estanque> susurró reverentemente Marco. <La madre de todos los objetivos. Daría mis dos brazos por ver arder esa cosa.> rió ásperamente

<Sabéis lo que significa ¿verdad?> <Tienen hambre> dije <Tienen mucha hambre>

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 2:[/b]

Me llamo Jake. Me llamo Jake Berenson. Los días de secretismo, de esconderse en la oscuridad, han acabado. Los yeerks conocen mi nombre. Saben mi peso, altura, color de ojos, el número de la seguridad social y comida favorita. Y conocen también la palabra Animorphs, la palabra que Marco usaba para referirse a nosotros.

Mi hermano Tom es uno de ellos, un controlador humano. Lo ha sido durante mucho tiempo. Ha sido elevado a jefe de seguridad de todas las fuerzas yeerks en la Tierra. Mis padres, mi madre y mi padre, son también ahora controladores. Huéspedes de un Yeerk. Lo saben todo, los yeerks. Nuestros nombres y nuestras hazañas.

He luchado contra ellos durante más de tres años. Solo tenía trece cuando empecé. Ahora tengo dieciséis, aunque ese detalle, como muchos otros, fue deliberadamente oculto en la gran cantidad de secretos que manteníamos. Soy un crío de dieciséis años llamado Jake Berenson y líder de los Animorphs.

En el pasado me fue difícil decirlo, tomar el cargo de líder. En el pasado llegué a cuestionarme a mí mismo. Preguntándome si estaba en lo cierto, si lo que hacía era correcto, si tenía derecho para tomar decisiones de vida o muerte. Sentí lástima de mi mismo en ocasiones. Supongo que cualquiera lo haría en mi lugar. Pero tuve que apartarlo a un lado. Tuve que apartarlo todo. No porque, de pronto, estuviera convencido de mi derecho al poder, como si me enorgulleciera. No era eso. Sabía perfectamente que no iba a caer en todo ese mito del Magnífico Jake, asesino de yeerks. Me di por vencido en la búsqueda del alma porque ahora me daba cuenta de que era demasiado tarde. Mucho más que demasiado tarde.

La batalla se había convertido en guerra. Y yo era, para bien o para mal, el único líder que teníamos. De ahora en adelante las segundas cuestiones, las dudas legítimas y los lloriqueos autoindulgentes se acababan. Quedarían para cuando fuera mayor, en el hipotético caso de que llegara a ser mayor. Aún continuábamos con vida, Cassie, Marco, Rachel, Tobías y yo.

Formamos un grupo por accidente. Un encuentro fortuito en un solar abandonado con un príncipe Andalita moribundo llamado Elfangor. Nos dio a los cinco el poder Andalita de transformarnos, de convertirnos en cualquier animal que tocáramos. Más tarde el hermano de Elfangor, Ax, se uniría a nosotros.

Solo éramos niños, aunque de algún modo los perfectos luchadores de guerrilla. El poder de la transformación nos permitió volar, cavar, arrastrarnos, nos dio sentidos, pelaje y pudimos luchar más allá del poder humano. Nuestra juventud nos convertía en los menos esperados. Los yeerks habían iniciado una guerra subversiva, de infiltración, desde hacía más de una década.

Descubrieron nuestro planeta mucho tiempo atrás, durante la guerra del Golfo. Por varias razones el entonces Visser Uno diseñó un plan para infiltrarse lentamente en la sociedad humana, infestando a cientos, luego miles y, finalmente, millones de humanos con el parásito Yeerk para que, cuando fuera demasiado tarde, tomaran rápido control del planeta. Solo así conseguirían los yeerks alzarse con una victoria casi sin sangre.

Pero ese Visser fue removido y le reemplazó como comandante en la Tierra la criatura más malvada a la que conocíamos como Visser Tres. Visser Tres era un enemigo menos sutil. Menos propenso a la subversión. Una bestia. Luchamos contra él, ganamos, perdimos pero, sobre todo, sobrevivimos. Y, sobreviviendo, ralentizamos su conquista, frustramos sus planes, conduciéndolo a cada vez más tretas salvajes. Le obligamos a mover ficha al final, supongo. Ahora, la guerra subversiva se acabó. Visser Tres fue promocionado a Visser Uno y sus más brutales instintos liberados.

En esta nueva guerra abierta habíamos conseguido algunas impresionantes victorias. Destruimos el estanque Yeerk. Y conseguimos motivar al menos a las tropas irregulares y parciales de los militares para que afrontaran la amenaza Yeerk. La madre de Marco se vio liberada de su amo y esclavista Yeerk, liberada de la violenta y peligrosa criatura que ideó la invasión a la Tierra: Visser Uno. Ese Visser Uno murió y su huésped se unió a nosotros.

Usamos el cubo mórfico para crear más Animorphs, para incrementar nuestro número. Pero también habíamos tenido reveses: nos vimos separados de nuestros hogares. Perdimos todo vestigio de una vida normal. Ahora nos escondíamos con los hork-bajirs libres en un valle en las profundidades de las montañas.

Y habíamos perdido el cubo mórfico. Los yeerks lo tenían. Mi hermano, Tom, lo cogió y, cuando tuve ocasión de detenerlo… Cassie le dejó ir con él. Con ese acto, Cassie había entregado nuestra arma, nuestra mayor ventaja: que solo nosotros podíamos transformarnos. Ahora la tecnología Andalita se encontraba en manos de los yeerks, y ya habíamos visto que los yeerks la usaban del mismo modo que veníamos haciendo nosotros: para capturar todos los fantásticos poderes que se encontraban en el reino animal.

Nosotros seis, Marco, Rachel, Tobías, Ax, Cassie y yo, habíamos permanecido juntos a lo largo de incontables malos tiempos, en toda derrota, en cada “por los pelos”, en todas las enloquecedoras situaciones y horrores. Nunca ninguno se volvió contra los otros.

Nunca hubo una traición. Cassie permitió que Tom cogiera el cubo mórfico. Quizá lo hizo porque, para ella, la alternativa era peor: temía por mí, supongo que por mi alma, si me veía obligado a acabar con mi propio hermano. No era suficiente. No para mí.

Lo único que importaba era que ganamos y Cassie, tal vez llevada por el más decente de los motivos, nos había herido duramente. Amaba a Cassie. Siempre lo había hecho. Aún lo hacía. Pero ahora se encontraba ese detalle entre nosotros. Y nunca podría volver a confiar en ella. Puso mi propio bienestar por encima de ganar una guerra que no nos podíamos permitir perder de ninguna manera.

Y sabía que su decisión había sido producto de mis propias dudas, de mi incapacidad para apartar la ambigüedad moral. Si hubiera sido más fuerte… Si hubiera sido tan fuerte como debía haberlo sido, quizá Cassie no hubiera cometido su error fatal. Lo veía ahora claramente. Era demasiado tarde para cualquiera de los dos.

Y esa era la otra razón por la que no me permitiría más segundas cuestiones. Un líder que muestra debilidad invita al desastre.

Volamos de regreso al campamento hork-bajir. Y, según volábamos, pensaba.

No en como mis órdenes de destruir el estanque Yeerk acabaron con la destrucción literal de la ciudad, sino sobre cómo, cómo, cómo podría destruir la nave Estanque.

Y sobre aquella distante columna de humo al sur.

Tenía que haber alguna forma de acabar con la nave Estanque.

Destruye la nave y la guerra podría ganarse. Era un objetivo que no podía ignorar. Un hecho que debía estar claro para mi hermano Tom, para mis padres y para su amo, Visser Uno.

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 3:[/b]

– Es demasiado peligroso- esa era Eva, la madre de Marco.

La mujer que fue el huésped humano del primer Visser Uno.

– Visser Uno sabe que lo sabéis. Sabrá que iréis. No puede permitiros destruir una nave estanque… Es la única fuente de alimento a gran escala que tienen los yeerks. La Nave Espada solo puede asistir a unos pocos. ¿Perder una nave Estanque? El Concilio de los Trece lo haría ejecutar.

Marco sacudió la cabeza. – Creerá que, después de haber volado el estanque Yeerk, nos volveremos engreídos. Quizá nos subestime.

– No- dijo Eva, categóricamente.- Nunca más volverá a subestimaros. Eso se acabó.

Nos encontrábamos alrededor de un pequeño fuego. Hacía frío. La niebla tenía tendencia a formarse en ese valle profundo, a veces de forma tan cerrada que apenas lográbamos ver nuestras manos frente a nuestras caras. No se estaba tan mal, pero aún así seguía haciendo frío.

– Aún así es peligroso- dijo el padre de Cassie. Sorbía una taza de lo que pasaba por café aquí, en nuestro duro y preparado campamento.

– Ahora les toca a los militares- comentó la madre de Rachel.- Vosotros, niños, habéis hecho suficiente. El secreto se acabó: dejádselo a la gente que debería proteger nuestro país. Quiero decir, pagamos suficientes impuestos como para sustentar al ejercito; bien, veamos ahora que obtenemos de nuestro dinero.

Nos encontrábamos en un concilio de guerra. Empezaba a aborrecer ese tipo de encuentros. Demasiadas voces, demasiadas opiniones. Tantas que en ocasiones parecían inclinar el consenso hacia el lado de no hacer nada. Pero éramos invitados de los hork-bajir. Aquel era su valle, aquellos sus árboles, el único hogar que tenían. Habíamos acudido a ellos con nuestras familias en los talones cuando necesitamos un lugar donde escondernos. Por lo que, como mínimo, debía escuchar a Toby, la joven vidente hork-bajir hembra. Y solo un estúpido ignoraría el consejo de Eva. Ninguno de nosotros conocía a los yeerks ni la mitad de bien. Y, por supuesto, estaban mis compañeros Animorphs. Pero sumados a estos teníamos al padre de Marco, la madre de Rachel, a James, el representante de los nuevos Animorphs auxiliares; la madre de Tobías, los dos padres de Cassie, que solo se preocupaban por que nadie saliera herido… Demasiada gente con demasiadas órdenes del día.

Pero aún no sabía cómo decirles a adultos, a los padres de mis amigos nada menos, que se estuvieran quietos y me dejaran hacer mi trabajo. Intenté no mostrar mi impaciencia, aunque esos días me costaba bastante.

Cassie me miraba. Ya no estábamos tan unidos, pero aún me conocía.

– Escuchad, vamos a intentarlo.- dijo- La cuestión no es si hacerlo o no, sino cómo.

– Nadie ha decidido semejante cosa.- intervino la madre de Rachel, furiosa.- Mi hija no va a verse arrastrada a una misión suicida como esa.

Rachel rió. No era de esas personas que se comporta de una forma con sus amigos y de otra con su familia. Solo había una versión de Rachel.

– Mama, si ellos van, yo voy. Si no van, aún así iré. Visser Uno aparca su nave Estanque en campo abierto ¿y no vamos a hacérsela tragar? ¡Ja! Estoy con Marco: volémosla. Volémosla y se acabó. Escondí una sonrisa. Rachel es el prototipo de chica Nike: just do it. Solo hazlo, y si no funciona hazlo más fuerte y peor.

– Parece un desperdicio tan solo volarla.- dijo Toby, hablando por primera vez.

Los hork-bajir tienen un aspecto terrorífico, pero son, básicamente, una especie pacífica que en libertad viven en los bosques comiendo corteza y cuidando de los bosques. Toby era una de las raras mutaciones hork-bajir: una vidente. Una especie de hork-bajir inteligente, con madera de líder. Dirigía a los hork-bajir libre, una pequeña pero creciente banda de hork-bajir que habían sido liberados de sus esclavistas parasitarios.

– ¿Qué quieres decir?- le pregunté.

– Hay cientos de hork-bajir cautivos en la nave.- dijo- Si tan siquiera pudiéramos liberar a una parte… Y, por supuesto, están los controles masivos de armas de la nave. Imaginaos controlando ese poder.

– ¿Cogerla?- aulló Marco

– ¿Robar la nave Estanque? Rachel agitó un dedo frente a Toby. – ¡Esa es mi chica!

La “chica” de Rachel medía unos seis pies y medio, y se asemejaba mucho a la imagen mental que un niño tendría de un duende. Sin mencionar el hecho de que contaba con afiladas cuchillas colocadas en sus muñecas, rodillas y frente.

<Es el acercamiento que Visser Uno no esperaría> opinó Ax con cautela. <Por supuesto, es posible. No es como robar un Caza Insecto. Todos los sistemas a bordo están encriptados, y los códigos cambiarán probablemente cada hora. Me llevaría una hora romper una secuencia y, si tardo un minuto más, se reiniciará y debería volver a empezar. Una hora para daros acceso a la navegación, si tengo suerte. Y otra para acceder al sistema de armas>

Y entonces todos comenzaron a hablar al mismo tiempo, discutiendo, opinando, tanteando puntos de debate.

– Vale- dije, alzando las manos para pedir calma.- Eso es todo, gracias por venir.

– ¡No puedes despedirnos!- gritó la madre de Rachel.

– Por supuesto que puede, mama- dijo Rachel alegremente.

– Necesito a Rachel, Marco, Tobías, Ax, Toby, James y Eva.- dije.

No quise excluir a Cassie. De verdad no quise. Pero ya era demasiado tarde. Me miró como si la hubiese golpeado. Parpadeó y se alejó rápidamente, encubriendo el momento mediante una desganada charla con sus padres. Tobías me lanzó una dura mirada. Y si piensas que la mirada de un halcón de cola roja es dura siempre, bien, tendrías razón. Pero yo sabía que Tobías estaba furioso conmigo.

Todo el mundo lo estaba excepto James, excitado por verse incluido, y Eva, quien realmente no entendía lo que ocurría entre Cassie y yo. Ya no había nada que hacer. No podía correr tras Cassie. El insulto había sido deliberado. No se podía retirar.

– Aunque me cueste admitirlo- dije- la madre de Rachel tiene parte de razón: esta ya no es solo nuestra guerra. Tres pilotos murieron hoy. Probablemente Guardias Nacionales del Aire. Parece ser que hay fuerzas militares ahí fuera que podrían ayudarnos.

– Con todos mis respetos- dijo Marco- esos pilotos no consiguieron mucho.

– Si vamos tras la nave Estanque necesitamos un señuelo. Un gran señuelo. Quiero tanques, y jets, y soldados. Y nos quiero a nosotros… a algunos al menos… para estar ahí fuera junto a ellos. Quiero que Visser Uno esté completamente seguro de que o bien queremos hacer saltar por los aires su preciada nave o entrar en ella.

– Y así va a ser ¿no?- preguntó James- Quiero decir, una cosa o la otra, ¿no? Negué.

– Visser Uno considerará la posibilidad de que el ataque sea una distracción. Es lento, pero no es del todo idiota. Pensará una de estas tres cosas: una, el ataque es real. Dos, el ataque es un señuelo para un segundo ataque. Tres, el ataque es una distracción para penetrar en la nave y volarla desde dentro. Cualquiera de las tres opciones conseguirá lo mismo: bajará la nave y se divertirá derritiendo todo lo que esté a la vista con los grandes rayos Dragón de la nave Estanque.

– Vale- dijo Toby- Me rindo, ¿entonces para qué es?

– Cuando la distracción comience ya estaremos dentro de la nave, trabajando para romper esos códigos.- dije- El señuelo no es para cubrir nuestra entrada, sino para ocultar el hecho de que ya estamos dentro. Sonaba bien. Sonaba como si tuviera un plan. No lo tenía.

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 4:[/b]

Llevé a Tobías y Marco aparte tras el concilio de guerra.

– ¿Tobías? ¿Has visto esa columna de humo al sur de donde estuvimos?

Tobías me miró. <Lo que le has hecho a Cassie ha estado más que mal>

Me revolví. -No tengo tiempo para esto, Tobías.

<Cassie es uno de nosotros>

– ¿Has visto el humo o no?- ordené.

-<Sip>

– Bien, quiero que descubras de donde viene exactamente. Ahora. Es decir, si puedes dejar un momento de martirizarme. Tobías no respondió, simplemente extendió las alas y aleteó hasta superar las copas de los árboles, cogió una corriente de aire y desapareció de la vista. Marco me dedicó una mirada de pez, pero no dijo nada.

– Marco, necesito saber quien se encuentra actualmente a cargo de las fuerzas militares en esta área. Marco lo pensó un momento. – No va a ser solo uno. Tenemos un general de la fuerza aérea, un marino y uno de la armada.

Asentí. – Si, pero el Pentágono dará el mando a uno, ¿no crees? Alguien tendrá que estar al frente de todo. Es decir, si no lo han nombrado ya… No pueden ser tan inútiles, ¿no? Necesito que me des un nombre y una dirección. Llévate a Ax. Úsalo para entrar en los ordenadores del Pentágono o lo que sea. Quiero a la persona que pueda dar órdenes y ser seguido en esta área.

– ¿Qué hay de los Chee? Podrían ayudarnos en esto.

Me encogí de hombros. – ¿Dónde están? Ese es el problema. Esos Caza Insecto quemaron la casa de King. No creo que dañaran el complejo subterráneo pero, sin la casa, ¿cómo vamos a contactarlos?

– Bueno, eso nos deja dos problemas a Ax y a mi- dijo Marco.

– Sip- agaché la cabeza- No pretendía hacerle eso a Cassie. Es como si… las cosas sucedieran a veces.

– Ajam. Mejor me marcho.

En veinte horas ya tenía dos de las tres respuestas que andaba buscando. Marco no había encontrado a los Chee. Si encontró al que creía y esperaba que fuera la persona al cargo de la oposición contra los yeerks.

– Es miembro de la armada. Tres estrellas. Se llama Sam Doubleday. Tiene cincuenta y cuatro años. Su cuartel general está a cincuentas millas desde aquí, más o menos. En las colinas, una especie de estación nuclear en una montaña hueca.

– Bien. Al menos no es tan idiota como para estar ahí donde los yeerks solo puedan matarle. La segunda pieza de información era algo más inquietante.

<Están construyendo un nuevo Estanque Yeerk> informó Tobías. <No como la caverna anterior, sino más bien como si estuvieran cavando un lago pequeño para dejarlo al descubierto. Lo taxxonitas dominan el lugar, como gusanos en un cadáver de carretera>

Me fijé en que Marco preparaba alguna respuesta ingeniosa para el hecho de que Tobías fuera inusualmente familiar hacia la carne atropellada. Le lancé una mirada y suspiró, dejándolo ir.

Un segundo estanque yeerks construyéndose a ritmo acelerado. Tenía sentido. Una vez la hubieran terminado podría devolver la nave Estanque a la seguridad de la órbita. Los taxxonitas eran tuneladores naturales, rápidos y más eficaces que cualquier excavadora. Era como tener a cientos de racionales gusanos de tierra trabajando.

– Bien-dije- Vayamos a ver a ese general.

<¿Quiénes van?> preguntó, certero.

– Los Animorphs- dije. Aunque, por supuesto, sabía qué preguntaba exactamente- Todos nosotros. Pondré a la gente de James a vigilar el campamento. El resto de nosotros, los seis, iremos a ver al general. Un momento, decidle a James que venga también, la experiencia le servirá.

<Bien, vas a tener que ir a preguntárselo a Cassie tu mismo> dijo Tobías remilgadamente.

– Marco, hazlo saber a todos, a todos- evité la mirada de Tobías.

No es que me sintiera muchas veces como un cobarde, pero ahora lo hacía.

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 5:[/b]

Lo llamaban FOA-1. Fuerzas de Operaciones Alienígenas uno. Su cuartel general era una cantera de hormigón y acero excavada en una montaña. Era una especie de versión en miniatura del gigantesco complejo de guerra nuclear en Colorado.

Tenía el aspecto de un lugar recién sacado de entre bolas de naftalina. Había telas de araña ocultas en las esquinas superiores. El polvo aún permanecía sobre esos ordenadores toscos y monitores monocromáticos que podrías ver en un video de los comienzos de la carrera espacial. Dentro de la montaña había cientos de soldados y aviadores, pero la mayoría armados con portapapeles y PDAs. Vestían el traje perfectamente planchado propio de soldados burocráticos. Afuera de la apertura de la Caverna, el paisaje era bien diferente.

Había hombres en posición de tiro sobre las inclinadas y rocosas laderas. De nuevo bajo la forma de aves de presa, vimos cargamentos de ametralladoras, aparcamientos para tanques y un parque para la artillería bien camuflado entre los árboles valle abajo. Los helicópteros mantenían una patrulla constante. Una alambrada de espino lo rodeaba todo. Los soldados colocaban campos de minas a lo largo de la única carretera. La seguridad era hermética… y no nos costó prácticamente nada burlarla.

Los hombres del general buscaban monstruos de grandes ojos de insecto provenientes del espacio exterior. No libélulas.

Zigzagueamos alrededor de los cuarteles bajo tierra, encontrándonos con cámaras de almacenamiento, algunos barracones subterráneos realmente impresionantes, almacenes de comida y agua, aparatos electrónicos y así.

Localicé al general mirando la corriente de uniformes. Los tenientes conversaban con los capitanes, los capitanes con los mayores, estos con los coroneles. Mis ojos de libélula me eran más que suficiente para distinguir las barras de coronel. Con el tiempo, los distintos coroneles me llevaron hasta el general. Este se encontraba en una sala de conferencias con paredes forradas por mapas. Hubiera sonreído de haber tenido boca. Era exactamente igual que una escena sacada de una película de guerra: mapas, teléfonos y tíos chupando cigarrillos. Me posé sobre la mesa de conferencias, justo en el centro del gran mapa de la ciudad. El mapa mostraba un círculo rodeando el actual estanque yeerk. Supuse que los satélites habrían proporcionado las imágenes de lo que fuera mi ciudad. Me transformé.

– ¡Qué demonios…!

– ¡General!- gritó alguien.

– ¡Guardias! – ¡Bajad las armas!

– ¡No disparéis!

Hubo una marabunta de hombres corriendo, armas siendo desenfundadas y un montón de gritos. Normal, debía ser un espectáculo chocante. No me sorprendió. Pasaba de ser un insecto de apenas dos pulgadas a un adolescente de casi dieciséis pies de altura. Mis ojos compuestos se hicieron mayores, más grandes, más que mi cuerpo de libélula, antes de burbujear como recalentados malvaviscos, se fundieron, redujeron y se transformaron en mis propios ojos humanos. Por supuesto, ojos humanos sobresaliendo de una cabeza de libélula. El proceso de transformación nunca ha sido esa ordenada, suave y fluida consecución de pasos que ves en los efectos especiales generados por ordenador. Es desconcertante y horrible. Las cosas se hundían o se hacían más pequeñas a ritmos diferentes. Algunas partes permanecían inalterables hasta mucho después de que otras hubieran cambiado.

Ax podría explicarlo, si sacas una hora para escucharlo.

Lo que el general veía era una criatura con ojos humanos, un retorcido probóscide de insecto, alas como de gasa y un gran cuerpo humano. Tuve suerte de que, simplemente, no mandara disparar. Había una docena de pistolas y rifles apuntándome para cuando terminé la transformación.

– General Doubleday- dije- Soy Jake.

– Cogedle. Tres grandes y recios guardias se lanzaron sobre mí antes que pudiera gritar. Me golpearon en la espalda, en la cara y me esposaron.

– General, esto es un error- grité.

– ¿Un error? No hay duda de que eres uno de ellos.- dijo.

– Señor, no lo soy.- me revolví con la cara presionada contra un bolígrafo y un mapa arrugado.- Pero seguramente algunos en esta sala sí.

– Deme la orden de disparar- gritó un mayor. O bien un controlador o un idiota.

– ¿Disparar? ¿Has perdido la cabeza, mayor? Es un prisionero potencialmente valioso. ¡Llevad mi G-2 abajo! Encadenadlo.

Suspiré. Los guardias me empujaron fuera de la habitación, a través de un pasillo hasta una habitación austera y prácticamente desnuda amueblada con una silla, un lavabo, un camastro y una puerta de metal con una rendija para las comidas. Me arrojaron dentro sin mucha delicadeza. Era un prisionero. Tres minutos después volví a transformarme frente al general Doubleday. Me hizo atrapar nuevamente, esposar, poner grilletes y amordazar. Fui conducido, fuertemente atado, desde la habitación hasta la celda. En la celda me encadenaron al camastro. Tres minutos después me transformé frente al general Doubleday.

– General, ¿por qué no deja esta estupidez y escucha?- dije.

Lo hizo. Pero no hasta que me transformara por cuarta vez frente a él. Y entonces, por fin, entrecerró los ojos, me miró y dijo: – Muy bien, señor alienígena, ¿qué tienes que decirme?

– Primero, no soy un alienígena. Soy un humano con acceso a tecnología alienígena de transformación. Segundo, sé como dañar a los yeerks de tal forma que jamás olvidarán, pero necesitaré su ayuda para provocar una distracción. El general pareció divertirse.

– Mi ayuda, ¿he? ¿Necesitas mi ayuda? ¿Ves estas estrellas en mi hombro, hijo? Soy un general mayor, de la armada de EE.UU. Tú eres un niño capaz de convertirse en insecto. Recibo ordenes de la cadena de mando y, esa, no eres tú.

Fue un buen intento, pero yo ya había sido intimidado por los mejores. Cuando te has enfrentado a gente de la taya de los andalitas, Visser Uno o Crayak, uno no se pone a temblar simplemente porque alguien tiene estrellas en su hombro.

– La cadena de mando esta casi con total seguridad infiltrada por yeerks- dije- Al igual que esta base. Probablemente hasta esta sala. No puede saber si sus ordenes son o no legítimas. No puede saber si las órdenes que dé van a ser cumplidas. Su poder se extiende solo hasta el primer controlador a su cargo. La cara del general fue congestionándose conforme hablaba. Pero, como ya he dicho, ¿quieres miedo de verdad? Visser Uno tenía la tendencia de transformarse en enormes y asesinas bestias alienígenas. ¿Una cara roja? ¡Bah!

– Fuera de mi cuartel- dijo Doubleday.

– No puede salir de aquí vivo- dijo un coronel de mediana edad que, curiosamente, se parecía a uno de los hermanos Baldwin. El coronel Baldwin hizo un gesto a uno de los guardias, que desenfundó su arma y la amartilló.

– Guarde ese arma, soldado- espetó el general. El guardia me apuntó.

– ¡He dicho que guarde el arma!- rugió.

El guardia le ignoró y miró, en cambio, al coronel. Otros dos oficiales desenfundaron sus pistolas. Uno se encaró al general, el otro permaneció preparado, cubriendo el resto de la sala.

– Será mejor cogerlo vivo… estoy seguro de que Visser nos recompensará.- murmuró- Pero, por otro lado, si lo dejamos escapar, moriremos.- me lanzó una dura mirada.- Mejor asegurarse que morir por falta de rayos Kandrona. Disparadle.

– Ahora- dije.

De debajo de la mesa de conferencias un gran, peludo y grisáceo lobo salió de un salto. Las mandíbulas de Cassie se cerraron en torno a la garganta del guardia, derribándolo sobre el suelo. Las mandíbulas de un lobo están hechas para sacar la médula de los huesos. Esos largos y amarillentos dientes abriéndose paso a través de tu garganta, dispuestos a segar, con un rápido giro, al menos dos de las arterias principales, eran algo a tener en cuenta. Y entonces, toda la mesa salió volando por los aires. Era un objeto grande, pesado y de madera de caoba, que bien pesaría sus cinco libras y media. Pero un gorila es fuerte. Marco otorgó a uno de los controladores un amoroso toquecito de gorila, que lo envió de golpe hacia el muro. Pero quizá lo más sorprendente de todo fueran dos soldados de bajo rango que, con calma, desenfundaron armas ocultas y apuntaron con ellas a los controladores restantes. Sin soltar las pistolas, Ax y Rachel se transformaron. Los tres controladores fueron esposados y apartados.

– Ahora entiende, general- dije. Asintió. Se pasó una mano sobre el pelo rizado. Sacó un cigarrillo de su bolsillo.

– Muy bien, hijo. Habla.

– ¡BOOM! Marco me sostuvo antes de que cayera.

– Gracias, tío.

– <Nunca es fácil, ¿eh?>

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 6:[/b]

¡BOOM! ¡BOOM! Una explosión tras otra en sucesión continua. Cada vez que intentaba poner orden los golpes me atontaban otra vez.

– Marco, ¡encárgate del general!- conseguí gritar.

Comencé a transformarme. En tigre.

– ¡En nada tendremos Hork-Bajir encima nuestro!- Avisé.

Ellos sabrían que hacer. Escuché disparos. Muchos disparos. Tenía que haberlo visto, tenía que haber sabido que los Yeerks estarían infiltrados en esta base. Alguien, alguno de los controladores, habría llamado a Visser Uno: están aquí, los Animorphs están aquí. No, un momento. Tal vez no. Tal vez estuvieran asaltando la base sin saber que nos encontrábamos allí. En cuyo caso no era sino el típico rudo movimiento de Visser Uno. Ax había vuelto a transformarse. En su forma Andalita era un centauro de pelaje azulado con un par extra de ojos sobre unas antenas móviles, y una cola rematada por lo que semejaba ser un chuchillo de cocinero. Tanto Tobías como Rachel se encontraban en forma Hork-Bajir. Cuando se combatía contra controladores Hork-Bajir no había nada mejor que contar con algunos de nuestro lado para hacer más confusa la situación.

– ¡Soltadme!- espetó el General a Marco.- Tengo que llegar hasta mis hombres.

-<Déjale ir, Marco. General, ¿tiene cámaras de vigilancia dispuestas en este lugar?>

– ¿Qué? ¿Eres tú? ¿Eres una especie de tigre ahora?-

<Si, algo así. General, si tiene cámaras de seguridad enciéndalas ahora. Podremos usar más tarde la grabación para localizar a los chicos buenos. Cualquiera que dispare contra un controlador es alguien en quien se puede confiar>

El general asintió. – Las cámaras están siempre encendidas. Ahora, fuera de mi camino.-

Se dirigió hacia un sargento que abrió la puerta que daba desde el salón principal al complejo subterráneo. El sargento adoptó una posición de tiro, medio fuera medio dentro del pasillo. Un Rayo Dragón aniquiló la mitad de él que se encontraba expuesta.

El general atrapó su arma según caía. – Tenemos que salir de aquí. La sala entera es una trampa.-

Estuve de acuerdo. <Rachel. Adelante>

Rachel sacó su afilada cabeza de goblin cautelosamente al pasillo y gritó.

<¡Dejad de disparar, idiotas!>

Los disparos continuaron, pero ya no iban dirigidos a nuestra entrada. Rachel y Tobías miraron con furia al exterior e increparon a los líderes principales de las fuerzas de asalto Hork-Bajir.

– Tenemos al gafrash general humano, vosotros loglafach. Visser Uno lo quiere vivo y, si lo matáis, el Visser se os comerá como desayuno. Aún menos disparos. Entonces una voz humana, una voz de un controlado humano, demandó.

-¿A qué unidad pertenecéis vosotros dos?

<Primero Ax, luego yo, luego Marco y Cassie con el general> dije con voz tensa. Ax saltó al pasillo. Yo fui un milisegundo detrás de él. Había unos cuarenta Hork-Bajir y una media docena de evidentes controladores humanos aguardándonos. Algunos mantuvieron el fuego disparando por encima de un pasillo y una pasarela repleta de soldados. Hubo un completo momento de estupefacción mientras asimilaban la súbita aparición de un Andalita.

-¡Andalita!- gritó alguien.

<Sorpresa> dijo Ax. Casi había desarrollado un sentido del humor. Casi. Y entonces Ax se encontró en medio de todos ellos, cortando con su mortífera cola. Llegué tras él. Cuanto mayor fuera el grupo mejor, mas difícil era disparar Rayos Dragón cuando tu propia gente se encontraba alrededor. Los Hork-Bajir intentaban cortarme. Sentí cortes en los costados, en la espalda. De pronto mi cola desapareció. Mi cerebro de tigre situó cada herida y las rechazó, apartando el dolor. Era una lucha de dominación. El instinto del tigre y la voluntad humana presionándome para continuar el ataque. Rugí, salté sobre mi atormentador más cercano y aticé su cornuda cabeza con un golpe capaz de derribar a un elefante. Giré y rajé a otro. Clavé los dientes sobre un brazo que se agitaba y sacudí la cabeza salvajemente como un perro loco con su último hueso. Estaba en el tigre y el tigre estaba en mí.

No había tiempo para pensar, solo actuar y reaccionar. Velocidad felina. Precisión felina. Pero el mero peso de los atacantes acabaría por derrotarnos a Ax y a mí e, incluso en el fragor de la batalla, lo sabía. Rachel y Tobías se habían unido al combate pero, ahora, siendo ellos mismos Hork-Bajir, sus habilidades no eran mayores que las de sus oponentes.

<¡El general está a salvo!> gritó Marco por telepatía <Ya vamos>

<¡No! Permaneced con él> ordené. ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM! El volumen de los disparos se incrementó de pronto. Capté una confusa y distorsionada visión de tropas amontonándose sobre la pasarela con armas automáticas y disparándonos. Escuché la voz de cuerno de Doubleday tras ellos. – No disparéis al tigre ni a la cosa azul.

<¡Rachel! ¡Tobías! Fuera de aquí y transformaros en cualquier otra cosa. Conseguiréis que os disparen> Un Hork-Bajir me sorprendió con un súbito e inesperado golpe. No hubo dolor, solo entumecimiento. Mis patas traseras colapsaron. Había seccionado mi columna vertebral. La parte inferior del tigre bien podía haber desaparecido. Moriría en cuestión de segundos. Debía transformarme.

No existía otra opción. ¡BAMBAMBAMBAMBAMBAM! Transfórmate, Jake, me dije, medio loco, desvaneciéndome, transfórmate.

Un enorme Hork-Bajir se detuvo frente a mí. Sangre de tigre goteaba de sus cuchillas. Levantó su pie de T-Rex. Iba a estrangularme, a asegurarse de que moría. No podía mover mi cuerpo. Mis patas delanteras se agitaron inútilmente en el aire. Indefenso. Una docena de balas le alcanzaron en el pecho. Cayó. Yací allí, medio retorcido, carne picada de tigre.

Ax se encontraba sobre mí, azotando como un loco, un Cuisinart haciendo puré de Hork-Bajir. Escuché un golpe. Una bala en mis cuartos traseros. Miré hacia arriba, confuso, incapaz de enfocar correctamente. Entonces mi visión se aclaró lo suficiente como para ver a un soldado desenfundando con cuidado, apuntándome deliberadamente. Un controlador. Era exactamente igual a sus compañeros soldados, solo que no disparaba a los Hork-Bajir, apuntaba a mi cabeza, eso es lo que estaba haciendo. Disparó. Vi estallar la boca del arma. Sentí la bala atravesar el lado izquierdo de mi cabeza. Pero no estaba muerto. Algo grande y marrón llegó arrasándolo todo, dispersando Hork-Bajir a su alrededor.

Ax ya no estaba sobre mí, sino que combatía codo a codo junto a un oso pardo. Cassie corrió, se impulsó, cayó sobre los inmensos hombros de Rachel y dio un salvaje y volador salto directo hacia el Hork-Bajir.

El Hork-Bajir cayó hacia atrás. Y aún podía ver a ese único soldado chasqueando sus labios y apuntándome de nuevo. Esta vez no fallaría. Estaba aislado, solo, indefenso. Ninguno lo veía. Ninguno podía darse cuenta de que me apuntaba a mí, no a los Hork-Bajir. Pude ver como su dedo se introducía en el gatillo. Estaba tan concentrado que no vio el fogonazo gris y blanco del halcón que arañó su cara, dejando grandes cortes en nariz y frente. Me equivocaba: un halcón podía ver los ojos de un hombre y saber a dónde apuntaban.

<Gracias, James> dije, perdiendo la consciencia rápidamente. <Ha sido muy amable por tu parte> Marco estaba sobre mí, agitándome con sus grandes manos de gorila y gritando. <Transfórmate. Transfórmate>

¿Transformarme? Oh… Está bien.

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 7:[/b]

Tras esto, Doubleday prestó atención. Evacuó la base a gran velocidad. Los Yeerks volverían, especialmente ahora que sabían que nos encontrábamos allí. Por suerte, como buen general que era, Doubleday contaba con un plan secundario. Le expliqué todo lo relacionado con los tres días, como un Yeerk era incapaz de sobrevivir más de tres días sin consumir rayos Kandrona en un estanque Yeerk.

– Debe encerrarse a usted y a sus oficiales, así como a cualquier otra persona que pueda, durante tres días. Los que queden después serán de total confianza.

– Tengo dos divisiones regulares y media docena de unidades bajo mis órdenes. Es imposible que pueda encerrar y vigilar tal cantidad de hombres.

– General, mejor cien personas en las que pueda confiar que diez mil en las que no. Aceptó. Desgraciadamente, eso significaba tres días de retraso hasta que pudieran proporcionarnos la distracción necesaria para tomar la Nave Estanque. En ese tiempo, los Yeerk, gracias a todos sus taxxonitas, podían tener ya el nuevo estanque en funcionamiento. No estaría del todo acabada, seguramente, pero si resultaba ser funcional, si podía usarse para alimentar a todos los Yeerks de la base terrestre, Visser Uno enviaría su preciada Nave Estanque de vuelta a la seguridad de la órbita. Así pues, debíamos asegurarnos de que el nuevo estanque no estuviera preparado. Lo que nos dejaba con dos misiones imposibles en lugar de una. Aquello se ponía cada vez mejor.

– Al menos la mayoría serán taxxonitas.- dijo Marco, de regreso al campamento mientras comíamos secos cereales fríos.- Son fáciles de derrotar. Una vez heridos estarán muertos: sus hermanos taxxonitas se asegurarán de ello.

Los taxxonitas se asemejaban a enormes gusanos o ciempiés. Tan anchos como un viejo roble. Caminaban sobre una miríada de afiladas agujas, con el tercio superior de su cuerpo erguido. Contaban con un anillo de gelatinosos ojos rojos y boca de lamprea. Y eran tan voraces como roedores: siempre hambrientos. Siempre. Una demente, furiosa e insaciable necesidad. Los Yeerks los habían sobornado y convertido en aliados con la simple promesa de alimentarlos constantemente. Algunos portaban un gusano Yeerk en sus cerebros enfermizos, pero otros no.

Los yeeks los odiaban como huéspedes, odiaban vivir con un apetito que no siquiera ellos podían controlar. Y luego estaba el peligro al que Marco había aludido: eran caníbales. Un taxxonita herido era, casi siempre, atacado por sus hermanos, incluso en medio de una batalla. Eran como atentos tiburones reaccionando ante sangre en el agua.

– Si, son fáciles de matar- dije, sintiendo ese oscuro y agrio pesimismo que me asaltaba tras los combates.- pero estarán protegidos por Hork-Bajirs, y por Caza Insecto. Y controladores humanos, por supuesto.

– Ya hemos hecho saltar por los aires un estanque- alardeó Rachel.- así que volemos otro. Bada-bom. Y se acabó.

Por supuesto, exageraba. Simplemente representaba su papel. Y no por primera vez me pregunté qué sería de ella en la Tierra si esta guerra acabase. ¿De vuelta al colegio, a estudiar abogacía o algo así? Ella, mi propia prima, era la diosa de la guerra. Apenas dieciséis años y veterana de más batallas que un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Igual que yo, solo que Rachel adoraba aquello de una forma de la que yo me sentía incapaz. Lo necesitaba.

– ¿Alguien tiene alguna sugerencia útil?- pregunté.

Estábamos solo nosotros, solo los Animorphs. Reunidos en consejo de guerra.

– ¿Tobías? Has visto el lugar.

<Es un gran agujero en la tierra. Parece una mina o similar. Forma una especie de terrazas: una serie de escalones hacia abajo hasta alcanzar lo que es en sí el estanque. La “orilla”, supongo que podríamos llamarlo así, mide unos cien pies de ancho. El estanque medirá unos trescientos metros, más o menos. No es profundo: tal vez ocho pies, plano en el fondo, pero de forma gradual de manera que puede ser drenado si hay que repararlo. Las terrazas más altas, dos, según recuerdo, medirán unos veinte pies>

<Seguramente servirán más adelante como emplazamiento para las armas>-sugirió Ax- <Esa fue la mayor debilidad del anterior estanque: nunca tuvo defensas internas adecuadas. Rodearan el estanque con cañones de Rayos Dragón capaces de apuntar arriba, abajo y a los alrededores>

– Y solo por nosotros- dijo Rachel, con una carcajada- Es casi como un halago.

– ¿Cómo hieres a un agujero en el suelo?- se preguntó Marco.

< ¿Agujereando los lados?> sugirió, dudoso, Tobías.

– ¿Con qué?- dijo Marco.

Cassie comenzó a hablar y se detuvo. Luego, reuniendo el coraje necesario, barbotó: – No tenemos que preocuparnos por el agujero, hay que destruir al equipo de excavación.

Enarqué una ceja. – El equipo de excavación son los taxxonitas.

Apartó la mirada.

Marco silbó con suavidad. – Sep- asintió, inclinado la cabeza respetuosamente.

¿Estaba Cassie simplemente señalando lo obvio, o trataba de restablecerse mostrándose más dura que cualquiera de nosotros? En cualquier caso, tenía razón. Olvidémonos de la suciedad, concentrémonos en las palas. No contaban con reservas inagotables de taxxonitas. Me hubiera gustado saber cuántos eran en total. Una vez más lamenté la pérdida de comunicación con los Chee, nuestra fuente de información más valiosa.

– Muy bien- dije- Iremos tras los taxxonitas. Hablaré con Toby. ¿Cassie? Localiza a James y los suyos. Necesitaremos a todos los que podamos reunir. Lo haremos esta noche.

– Oh, tío. Aún estoy digiriendo la diversión de esta mañana- se quejó Marco.

– Cómete tu seco y rancio almuerzo- dijo Rachel, riéndose- Necesitarás ahorrar fuerzas.

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducción de Sonia[/b]

[b]Capítulo 8:[/b]

Al comienzo de la Guerra Civil americana, ambos lados pensaron que lo importante de la guerra era capturar o controlar ciudades, puerto, ríos o pasos de montaña. Creyeron que se trataba de una partida de ajedrez. Para el final de la guerra se dieron cuenta de que no jugaban una partida de ajedrez. Las ciudades no importaban mucho. Los puertos, ríos y pasos de montaña, aunque útiles, eran secundarios para el juego real. El juego real era la destrucción. Lincoln se lo imaginó mucho antes que los demás y sus generales, Ulysses S. Grant, William Tecumshe Sherma y Philip Sheridan lo hicieron posible. Quemaron los hogares y las granjas de los enemigos. Quemaron las plantaciones de los campos, mataron a los animales de granja y bloquearon las vías del tren con troncos de árboles. Los vencieron por inanición. Se dieron cuenta de que la guerra no trataba tanto de caballería u honor, sino de matar al enemigo. Encontrar al enemigo, matar al enemigo. Matar tantos de ellos que aquellos que quedaran después perdieran todas sus ganas de luchar. Hacer lo que fuera necesario. Esa ha sido siempre la naturaleza de la guerra. Durante mucho tiempo combatimos a los Yeerks reaccionando a ellos.

Estuvimos siempre diez pasos por detrás, intentando frustrar tal o cual plan. Intentamos luchar con al menos un mínimo vestigio de decencia. Y quizá eso había sido lo adecuado cuando luchábamos para detener una invasión. Ahora las cosas eran diferentes. Nos acercábamos a los últimos pasos. O bien prevalecerían los Yeerks o lo haríamos nosotros.

Por lo que di órdenes simples a los míos, a los Animorphs originales, a los auxiliares, a los Hork-Bajir libres de Toby. Órdenes que nunca antes había dado: matar al enemigo, matar a los Taxxonitas. Decóralo como quieras, eso era lo importante en la guerra. Si existía alguna gloria en ello estaba perdiéndomela.

Nosotros, los Animorphs, fuimos primero, los seis, bajo formas de murciélago. Tobías nos había informado de que murciélagos reales frecuentaban el lugar en las horas previas al amanecer, lo que nos permitiría camuflarnos entre ellos perfectamente. Volar como murciélago era muy diferente a hacerlo como ave. Nunca sientes que el aire es tu hogar natural. Tienes la sensación siempre de que flotas solo gracias al esfuerzo y que, si te relajas un solo segundo, caerás como una piedra.

No es realmente así de malo, pero la sensación era algo parecido. Los murciélagos pueden ver bastante bien, al contrario de lo que la gente cree. No son halcones ni búhos, pero ven. Pero es la eco localización lo que los hace únicos. Es como un telesketch del mundo. Lanzas una serie de chasquidos ultrasónicos. Las ondas rebotan contra los objetos, tus orejas las recogen y se traducen en tu cerebro de murciélago en forma de imagen alternativa del mundo que te rodea. Ves “cosas” que no verías con tus ojos. Ves a los insectos que vuelan como si fueran diminutos meteoritos. También atisbas otras cosas.

Pero, juntos, con la visión normal y la eco localización, una vez te relajas y dejas que el cerebro del murciélago trabaje, consigues una imagen verdaderamente completa. Nos habíamos acercado a unas cuatro millas del lugar antes de transformarnos.

Luego nos dividimos y entramos desde diferentes ángulos, volando frenética y nerviosamente, batiendo nuestras alas de piel y lanzando nuestro inaudible radar alrededor.

Los Caza Insecto pasaban sobre nuestras cabezas, indiferentes a nosotros. Grandes focos brillaban a lo largo del agujero. Hombres y Hork-Bajir fuertemente armados patrullaban.

Todos completamente alerta. Ninguno perdía el tiempo. Y dentro, abajo, justo como Tobías dijo, como gusanos tras una pesada lluvia, trabajaban los Taxxonitas. También había piezas de maquinaria pesada: excavadoras, grúas, motoniveladoras y así.

Pero los Taxxonitas excavaban el suelo, abriéndose paso entre los muros, la tierra y la roca a asombrosa velocidad. Según mirábamos, una gran sección de la cornisa colapsó hacia adentro. Los Taxxonitas habían excavado bajo ella, debilitando su estructura y permitiendo que cayera sobre ellos. Parecían no haber sufrido daños permanentes conforme se abrían paso al exterior. Eran fáciles de cortar, pero no tanto de aplastar, perfectamente adaptados a sus propios nichos naturales.

< Hay más Taxxonitas de los que se ven> advertí a todos <No hay manera de saber cuántos habrá bajo tierra. Atentos a ellos; podrían hormiguear desde debajo de nosotros>

< Me preocupan más esos Caza Insectos> dijo Marco <¿Qué pasa si deciden que los Taxxonitas son dispensables, qué pasa si deciden empezar a disparar?>

< No creo, pero podrían hacerlo si creen que los Taxxonitas van a ser tostados de todas formas> admití < Si lo hacen, refugiaros en los agujeros de los Taxxonitas. ¿Alguna otra pregunta?>

Nadie dijo nada. Estaba preparado para cualquier cosa por parte de Cassie. Seguramente ya habría dado con algún argumento moral contra esta sencilla masacre. Pero permaneció en silencio. Era difícil saber que hubiera objetado. Creo que siempre fue una cuestión de equilibrio. Se había comprometido a ganar, creía en nuestra causa, sabía que habría que hacer cosas terribles. Pero encontraba algunas cosas y no otras por encima de la línea. En cuanto a mí, prácticamente no sabía dónde estaba la línea. Acabé dependiendo de Cassie para que me impidiera ir demasiado lejos. Nada por parte de Cassie.

<Muy bien. ¿Veis esa grieta vertical allí a la derecha? Parece lo suficientemente profunda y oscura para ocultarnos. Entraremos en ella. Luego formas de combate y fuera con furia sin piedad. Tan pronto como entablemos combate daré la señal a James. Luego a Toby>

Nos precipitamos silenciosamente abajo, abajo a través de luces borrosas y hacia el interior de la profunda hendidura que, para nuestros sentidos de murciélago, estaba bien definida y perfectamente clara.

< Primero Ax> ordené.

Ax solo tenía que transformarse una vez para resultar peligroso. El resto teníamos que volver a nuestros cuerpos humanos y volver a transformarnos. Con Ax preparado comencé a transformarme. Al tiempo que mi peso regresaba tuve que aferrarme a las raíces expuestas con manos informes para evitar deslizarme por la hendidura. Luego, tras transformarme en tigre, perdí mi agarre y resbalé, dando vueltas hacia abajo. Rodé hasta detenerme junto a Ax, que aguardaba tranquilamente entre las sombras. Un par de Taxxonitas trabajaban a no más de diez pies, bajo la tenue luz. No nos habían visto ni olido. Mis agudos sentidos de tigre me dijeron aún sin mirar que los otros seguían transformándose tras de mí.

<A la de tres> dije con más calma de la que sentía <Tres. Dos. ¡Adelante!> Debió ser una visión terrible para los Taxxonitas. Un guerrero Andalita y cinco bestias salvajes surgidas de pronto de una grieta en el muro de tierra.

El Taxxonita más cercano no tuvo tiempo de reaccionar. Lo golpeamos, lo reducimos, lo cortamos y nos fuimos sabiendo que un Taxxonita herido era un Taxxonita muerto. Me movía a una velocidad vertiginosa. Reduje al siguiente Taxxonita, salté encima de él y me propulsé lejos, clavándole mis garras traseras por si acaso. Golpeé el suelo, di dos saltos y ya estaba rasgando al siguiente antes de que pudiera gritar. Pero para entonces voces Taxxonitas gritaban en su lengua estridente y sibilante.

– ¡Sreeeeya! ¡Ansacaleees!

Atisbé a un salvaje elefante africano hundiendo sus colmillos de marfil en el torso erguido de un Taxxonita.

Rachel sacudió la cabeza y prácticamente acabó con el tercio superior de su víctima. Marco en forma de guepardo y Ax luchaban con más lógica. Comprendían que bastaba con una única herida siempre y cuando quedaran Taxxonitas sin daños para encargarse de los abatidos. Marco aceleraría a cuarenta kilómetros por hora, clavaría sus nada menos que mortales garras en una víctima, dejaría arañazos sangrantes y saltaría lejos de su alcance demasiado rápido como para que el Taxxonita pudiera reaccionar. Ax esgrimía su cola con la precisión de un cirujano. Tobías viraba y se lanzaba en picado hacia los gelatinosos ojos rojos. Y también estaba Cassie, en forma de lobo, mordiendo en carne como de salchicha, rasgando y retirándose. Era una pura masacre a un solo bando. Ahora las fuerzas de seguridad, controladores humanos y Hork-Bajir, se incorporaban al juego. Corrían alrededor del borde del cráter para acercarse lo suficiente y dispararnos sin dar a los Taxxonitas.

< Ahí vienen> advertí

Pero éramos más rápidos que los Taxxonitas y, a excepción de Rachel, más pequeños. Los agitados Hork-Bajir disparando a diestro y siniestro provocaban casi tanto daño como nosotros mismos.

– ¡No os quedéis ahí disparando! ¡Bajad allí!- vociferó una voz humana.- ¡Bajad ahí, cobardes! <¡James!> grité <¡Ahora>

Limpiamente a través del cráter, James y siete de los suyos transformados surgieron entre los Taxxonitas. Eso impediría a las fuerzas de seguridad concentrarse. Los Taxxonitas huían, dando media vuelta y corriendo, confusos y aterrorizados. Otros mostraron mucho menos autocontrol: cayeron sobre sus hermanos heridos cerrando con fuerza sus bocas redondas repletas de dientes una y otra vez, se enderezaron y con un “¡Sreeee!” de placer arrancaron trozos de sus compañeros Taxxonitas aún vivos. Vi dos Taxxonitas heridos devorándose mutuamente. Ambos gritaban furiosos y con odio; ambos debían saber, en algún lugar, dentro de sus enfebrecidas mentes, que aquello era una locura, pero ninguno pudo parar.

< ¡Ax! ¡Hork-Bajir a tu espalda!> grité. Innecesariamente, por supuesto: un Andalita ve en todas direcciones a la vez. Pero ahora la parte fácil había acabado definitivamente: los Hork-Bajir se amontonaban entre la melé. Marcaban la diferencia entre luchar contra grandes y asqueroso pero vulnerables gusanos y luchar contra afiladas cuchillas andantes. Un Hork-Bajir saltó por encima de Taxxonita caído y aterrizó frente a mí. Justo esa mañana ya había dejado que otro me cortara por la mitad.

< Esta vez no> dije, y me lancé contra él, directo a su cara. A un brazo de distancia un Hork-Bajir era igual a un tigre. Cara a cara el tigre es el rey.

Mi liberé y grité: < ¡Muy bien Toby, es tu tuno! ¡Ahora!>

La batalla había atraído los ojos de todos los Yeerks alrededor hacia el centro del agujero. La rápida aproximación de seis guerreros Hork-Bajir libres se desarrolló sin llamar la atención, ni siquiera para los silbantes y frustrados Caza insectos del cielo. Los Yeerks no tenían control, desconcertados por nuestras sucesivas oleadas. Nuestro plan funcionaba. Pero tarde o temprano alguien se pondría al mando de los confusos y desconcertados Yeerks. Solo dos minutos más, me dije, y nos vamos. Un minuto demasiado tarde. Los Caza insectos dispararon sin advertencia. Dispararon contra controladores humanos, Taxxonitas y Hork-Bajir libres por igual. Más Caza insectos maniobraban para tomar posiciones. Mataban a todos, tanto a amigos como a enemigos. Estaban haciendo el trabajo por nosotros. Pero seguramente nosotros también moriríamos. Controladores Hork-Bajir huían por sus vidas, escalando fuera del agujero.

<¡Toby! ¡Mezcla a tu gente con ellos y corred! ¡James! Quédate atrás. Los distraeremos unos segundos>

< Siempre nos tocan los trabajos divertidos> murmuró Marco.

Y entonces ocurrió lo que ya había advertido y previsto… Y olvidado. La tierra bajo mis pies se abrió y caí.

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducción de Sonia[/b]

[b]Capítulo 9:[/b]

<Aaahhh> Caí profundamente. La velocidad y equilibrio del tigre me hicieron girar, ponerme con los pies por delante balanceando mi cola para mantener esa posición. Golpeé la tierra, recibí el impacto con mis cuatro patas, rodé sobre un costado y me incorporé, gruñendo. Gruñendo a nada. Me encontraba en un túnel vacío. Oscuro. Demasiado oscuro incluso para mis ojos de felino. Pero olía muchas cosas, un aroma que conocía bien: Taxxonita. Me mantuve en guardia, no demasiado preocupado, pero definitivamente en guardia. Escuché algo que… se arrastraba y parecía afilado… ¡que cavaba! La tierra sea abrió debajo de mi nuevamente y caí con una cascada de tierra más profundamente, y esta vez no hubo un aterrizaje forzoso sobre una superficie plana. Bajaba por una rampa, rodando, intentando aferrarme con mis puntiagudas garras. Pero la pared era suave, casi como el cristal. Y ahora empezaba a preocuparme. Caí durante unos treinta segundos, más o menos, pero ese tiempo comprendió un largo camino bajo tierra. Por fin terminó la rampa y otra vez rodé sobre un suelo de tierra.

<¡Marco! ¡Rachel!> no hubo respuesta. ¿Tan bajo tierra estaba? ¿Fuera del rango telepático? Decidí probar <Marco, todo el mundo a casa. Es una orden. Sin protestas> Había luz. Tenue pero más que suficiente para mí. Y había Taxxonitas, tres de ellos. Cada uno llevaba una pistola de Rayos Dragón sujeto por las patas superiores. Podía con uno, puede que incluso con dos, pero ¿con tres? ¿Antes de que me dispararan?

< Por favor, no ataques. No te deseamos ningún mal> ¡Habla telepática! No el siseante y salibante habla Taxxonita imposible de descifrar. Habla telepática y, por imposible que parezca, tuve la extraña sensación de que se trataba de la “voz” telepática de un Andalita. Me paralicé.

< ¿Qué queréis?> exigí.

< Hablar contigo, Jake> Sabía mi nombre. Por supuesto que los Yeerks sabrían mi nombre a estas alturas, pero no dejaba de ser un shock.

< Muy bien, hablad entonces. Vosotros sois los que tenéis Rayos Dragón, supongo que tendré que escucharos> El Taxxonita que estaba hablando abrió sus pinzas y dejó caer el arma Dragón. Los otros dos hicieron lo mismo.

< Ahora estamos a tu merced, Animorph. Esa forma es más que capaz de acabar con nosotros tres> Inspiré profundamente. < Muy bien, hablemos. Me conoces. ¿Quién eres tú?>

< Mi nombre es Arbron. Soy… fui un aristh Andalita>

< Eres un Taxxonita>

< Tu amigo Tobías es un halcón> contraatacó.

< ¿Estás atrapado en una transformación? ¿Eres un Andalita transformado atrapado en un Taxxonita? ¿Un nothlit?> no pude evitar el horror en mi voz. Una cosa era estar atrapado en un cuerpo de halcón pero, ¿en un Taxxonita?

< Soy un Taxxonita> dijo Arbron casi con orgullo < Lo he sido durante más años de los que soy capaz de contar. Me encontraba en el planeta Taxxonita con dos Andalitas de tu conocimiento. Uno era Alloran-Semitur-Corras>

< ¿Visser Uno?> < No entonces. Pero sí, Alloran se convirtió en el huésped involuntario del ahora llamado Visser Uno. Comandaba nuestra misión. Alloran era un príncipe Andalita con el comando más pequeño posible: dos humildes arisths. Yo y Elfangor-Sirinial-Shamtul>

Dejé de respirar. ¿Podía ser posible? ¿Elfangor, el hermano de Ax? ¿Elfangor, quien nos dio el poder de la transformación en primer lugar? Este… este lo que fuera había sido amigo de Elfangor? < ¿Qué es lo que quieres?> pregunté. Se deslizó más cerca y tuve que contener la reacción natural de disgusto.

< Quiero ser libre, Jake el Animorph>

< ¿Eres un controlador?> < No. No tengo ningún Yeerk en mí. Queremos ser libres… todos queremos ser libres… de la maldición de ser Taxxonita>

< No lo entiendo> dije, aunque comenzaba a imaginármelo.

< El poder de la transformación> dijo Arbron, sonando ya casi desesperado < ¡El poder de la transformación! ¿No lo ves? Si los Taxxonitas pudieran transformarse, adquirir alguna forma benigna y encontrar un refugio seguro en vuestro planeta… convertirse en algo diferente de lo que son, escapar del hambre. No puedes imaginarte el hambre… han visto que hay caminos mejores. El virus del conocimiento está ahora en nuestra sangre, ¡se han dado cuenta de que pueden cambiar para siempre!>

< ¿Me estás diciendo que los Taxxonitas quieren… quieren dejar de ser Taxxonitas?>

< Si. Si. Mi gente ha visto un camino mejor… un camino lejos de este eterno y torturador dolor y hambre, un hambre que nos ha vuelto esclavos de los Yeerks>

No supe que decir. Demasiadas cosas que absorber. ¿Una especie entera deseando transformarse? Y por supuesto Arbron sabía que ya no contábamos con el cubo mórfico, que Visser Uno lo tenía. Y en cualquier caso, Arbron sabía que no funcionaría en él, no en un nothlit.

Como si me leyera la mente Arbron dijo: < Escúchame, Jake el Animorph. He sido el líder de ellos, mi nueva gente, durante muchos años. Luchamos contra el hambre, resistido tanto como pudimos la asesina urgencia del canibalismo. Intenté mostrarles un camino mejor. Pero la necesidad es demasiado poderosa. La resistencia siempre fracasa y caemos de nuevo bajo la influencia Yeerk. Nos alimentan, ¿sabes? Es tan simple como eso. Lo comprendo… Sé cómo funciona la tecnología mórfica. Sé que no puede salvarme a mí, que estoy atrapado para siempre. Pero puedo salvar a mi gente. Y si son salvados podré abandonar el peso del liderazgo.>

No tengo más opción que ser honesto pensé No puedo mantener una mentira. No puedo engañarles < No tenemos el cubo>

< Lo sabemos. Lo tiene Visser Uno y el nunca, nunca nos liberará. A ningún Taxxonita, ni siquiera a los controladores Taxxonitas, se les ha permitido adquirir el poder de la transformación. Solo podremos tenerlo, solo podremos ser libres, si vosotros, y no los Yeerks salís vencedores>

< Y vosotros…> comencé, no atreviéndome a completar la frase; era demasiado asombroso, las posibilidades demasiado increíbles. < Si. Lucharemos junto a vosotros. Hay un millón setecientos nueve Taxxonitas no controladores en la superficie de este planeta y en la Nave Estanque. Y nosotros, los Taxxonitas, lucharemos por vosotros> [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducción de Sonia[/b]

[b]Capítulo 10:[/b]

Me habían dado por muerto en el valle de los Hork-Bajir, así que cuando llegué volando a primera hora de la mañana hubo un gran revuelo. Y Marco no iba a hacer un gran montaje sobre ello.

– Oh, ahí estás- dijo -Supongo que no podré tener tu colección de CDs al final. Aterricé y comencé a transformarme al mismo tiempo que Cassie, con la cara brillante y surcada por las lágrimas, corría hacia mí. Se contuvo para no abrazarme y dio media vuelta.

– Cassie. Quédate. Por favor- dije- Marco, ¿perdimos a alguien esta noche?

– Si. Tres del pueblo de Toby. Y uno de James, el chico llamado Ray. Y tú, o eso pensábamos. Había terminado de transformarme. Me dejé caer. Ray era un niño que había nacido con severos defectos. Había adquirido un leopardo como forma principal. Adoraba la gracia física del animal, una gracia que nunca tendría en su cuerpo humano.

– ¿Cómo lo está llevando la gente de James? – Más o menos como nosotros tu muerte, Jake: nada bien. Al menos fue rápido: un rayo dragón. Nunca supo que le golpeó.

– Nos llevamos por delante a muchos Taxxonitas- dijo Rachel, llegando en aquel momento impecablemente vestida, como si acabara de salir de un exclusivo SPA a pesar del hecho de que no eran ni las seis de la mañana y que ella, como el resto de nosotros, había pasado la noche en una de las lamentables y apresuradas chozas de madera que habíamos construido.

– ¿Ha merecido la pena?- se preguntó Cassie, y después pareció arrepentirse de haber abierto la boca.

Me levanté y acerqué a ella. Tomé sus manos y dije: – Esta vez sí. Creo que lo mereció. ¿Rachel? Reúne a todos: a Toby, a nuestros padres, a todo el concilio de guerra.

– ¿Sí?- preguntó con una mirada inquisitiva. – Tienen quince minutos para vestirse, mear y tomar una taza de café de raíces y ramitas- reí. Me sentía increíble. Sintiéndome, a pesar de la falta de sueño, a pesar de las secuelas de dos batallas en un día, vivo y salvaje. Les llevó veinte minutos, pero no importaba. No importaba excepto porque Marco no dejó de torturarme todo el tiempo por el secreto que guardaba. Al final el descontento grupo se congregó. – Estás vivo- dijo la madre de Rachel, sin mostrarse muy feliz por ello.

– Es difícil de matar- dijo Marco, agitando la cabeza como si estuviera compadeciéndola

– Lo he estado intentado repetidas veces en estos veinte minutos más o menos.

< Me alegro mucho de verte vivo, Príncipe Jake pero, ¿por qué he sido interrumpido en mis rituales vespertinos?> dijo Ax. Siempre era algo gruñón antes de tomar un buen pezuñazo de hierba salpicada de rocío. No sabía por dónde empezar. Pensé en contárselo todo y hacer un espectáculo, pero aquella era una multitud cansada y descontenta y yo tenía demasiadas noticias como para contenerlas.

– Bien- dije tratando de sonar lacónico- Los Taxxonitas quieren rendirse. Quieren cambiar de bando. Todos se quedaron mirando.

– Repite- dijo el padre de Cassie.

– Los Taxxonitas. Quieren unirse a nosotros. Están preparados para volverse en contra de los Yeerks. La mayoría de los padres no lo pillaron. Toby sí, y Eva, el antiguo Visser Uno. Mis compañeros Animorphs solo se quedaron mirando con una boquiabierta, muda, no-puede-ser-de-ninguna-manera, sobresaltada expresión. Todos menos Cassie, que dejó escapar un largo suspiro que parecía haber estado conteniendo durante semanas.

Me acerqué y dije: – La sabías, ¿no? Negó. – Tenía la esperanza, eso es todo. Solo esperanza.

– Una bonita esperanza, Cassie- susurré.

– Oh, Dios mío- dijo Marco, pillándolo- Es la transformación. Es eso, ¿no? Los Yeerks lo han probado. Y los Taxxonitas han pensado que podrían hacerlo ellos también.

Asentí. – Si. Los Taxxonitas me apartaron para hablar con ellos. Están liderados por un nothilt Andalita, atrapado en una forma Taxxonita. Dijo que se llamaba Arbron. Que una vez fue el antiguo compañero de Elfangor. Ax se sobresaltó visiblemente.

<¿Arbron? Ese nombre es de hace mucho tiempo. Pero sí, un aristh llamado Arbron fue amigo de mi hermano> Conté los detalles del encuentro, dirigiéndome a una muy, muy atenta audiencia.

< ¿Y le crees?> preguntó Tobías.

Me encogí de hombros. – No tendría sentido de ser una trampa. Me tenían a su merced. Si hubieran querido atraparnos, si todo era un montaje, podrían haberme pedido que regresara con vosotros. No lo han hecho. Me pidieron que volviera solo. Arbron me quiere a mí para que hable con los suyos. Quiere que les diga lo mismo que le dije a él. Quiere mi promesa personal.

– ¿Tu promesa sobre qué?- preguntó Toby.

Miré directamente a Ax. – Quieren ser capaces de transformarse. Se han encontrado con Yeerks capaces de transformarse y estás extremadamente molestos porque Visser Uno ha negado esa capacidad a sus así llamados aliados Taxxonitas. Saben que ya no tenemos el cubo mórfico. Y Arbron es lo suficientemente listo como para saber que aunque ganemos no hay seguridad de que lo fuéramos a recuperar de Visser Uno. Podría escapar con él o incluso destruirlo. Se han dado cuenta de que los Yeerks nunca, jamás, les dejarán ganar la habilidad de transformarse porque eso supondría el final de la dependencia Taxxonita hacia ellos.

– Así que, ¿quieren que les prometamos cooperación Andalita?- dijo pensativamente Marco.- ¿Quieren que les garanticemos que los Andalitas cumplirán con nuestra deuda? Asentí. – Exactamente. Quieren que convenzamos al Alto Mando Andalita para que permita que todos los Taxxonitas sean capaces de transformarse. A cambio, cada Taxxonita escogerá una forma y se convertirá en un nothilt.

< Mi gente nunca accederá> comentó Ax con sinceridad.<La tecnología de transformación es la joya de la corona de la ciencia Andalita. Ya están furiosos porque se ha extendido a vosotros cinco y a Visser Uno. No saben que la madre de Tobias es capaz de transformarse. No saben nada de los Animorphs auxiliares. No saben que los Yeerks tienen el cubo. Se opondrán completamente>

– ¿Incluso si supone parar una guerra, salvar un planeta y desarmar a su enemigo más poderoso?- preguntó Cassie.- ¿Son tan tontos? ¿Tan estúpidos?

Los ojos principales de Ax llamearon. < Dirán que es un truco, que los Yeerks están usando a los Taxxonitas para adquirir más poder de transformación y convertirlos en enemigos aún más formidables>

– Han dicho que se volverían nothlits bajo nuestra supervisión- dije- Transformados permanentemente.

– El Alto Mando Andalita no va a confiar tanto en nosotros.- dijo Marco.

– El Alto Mando Andalita puede morirse- dijo Rachel -¿Qué bien nos han hecho? ¿Dónde están, eh? Siempre hemos sido su última prioridad. Nos han humillado. Están sentaditos a una distancia segura mientras esperan a ver quién gana o pierde. Si ganamos nosotros nos darán unas palmaditas en la cabeza y dirán: “Muy bien, especie inferior, muy bien chica, aquí tienes una galleta de perros” Y si perdemos, ¿qué van a hacer?-

Nadie supo responder a eso.

Finalmente Cassie dijo: – Ax, tienes que decírselo.- Ax se sobresaltó. Sus antenas se fijaron en Cassie. – Es hora de escoger, Ax- dijo Cassie suavemente- De una vez por todas. Todos sabemos lo que Alloran le hizo al planeta Hork-Bajir para que no cayera en manos de los Yeerks. Los Andalitas no van a permitir que la Tierra caiga ante los Yeerks, ¿verdad? [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducción de Sonia[/b]

[b]Capítulo 11:[/b]

Toda la atención se centró en Ax. Pasó mucho tiempo antes de que hablara. Es difícil leer las emociones Andalitas… Carecen de boca, lo que les hace menos expresivos que los humanos. Pero no era tan difícil adivinar los conflictos dentro de esa maravillosamente ágil y rápida mente.

< Ocasionalmente he contactado con la flota Andalita sin decírselo a nadie> dijo Ax muy despacio. – ¡Voy a matarte!- explotó Rachel.

– Rachel- dije tan calmado como pude.

< Hay posibilidades de que el Alto Mando Andalita recurra a… a medidas extremas>

– ¿Puedo matarle ya?- demandó Rachel. Me faltaba poco para dejarla. Estaba furioso. ¡Traicionado! ¿Ax había estado usando nuestro comunicador limitado para contactar con su gente? ¿A nuestras espaldas?

Cassie intervino. – Ax ya los ha desafiado antes. Le ordenaron detener nuestro ataque al estanque Yeerk. Desobedeció.

< ¿Me has estado espiando?> le preguntó Ax.

– Soy un Animorph, Ax- respondió- Solo una pulga en tu espalda cuando te escaqueabas del campamento.

– ¿Por qué en toda la verde Tierra de Dios iban esos Andalitas a ordenarle detenernos para que no aniquiláramos a sus enemigos?- preguntó la madre de Rachel, y por una vez era una buena pregunta.

Eva tenía la respuesta. – Me lo puedo imaginar: no querían que nadie impidiera que los Yeerks concentraran sus fuerzas aquí. Querían que los Yeerks fluyeran hacia la Tierra.- rió sin alegría.- Los Yeerks son criaturas malvadas, peligrosas y destructivas, lo sé mejor que nadie. Pero los Andalitas tampoco son unos santos. Quieren que los Yeerks se concentren aquí porque los Andalitas han pasado página, decidido que no podemos ganar, y prefieren barrer el planeta de la existencia y llevarse así la carga de la raza Yeerk junto con la humana.

– ¿Es eso cierto, Ax? Otra larga vacilación hasta que: <Si, Príncipe Jake. Es cierto> En pocos segundos había ido desde la más alta esperanza y optimismo hasta las profundidades de la rabia y desesperación. La flota Andalita no venía a nuestro rescate. Venían a destruirnos para así acabar con los Yeerks. En un segundo habíamos perdido un enemigo, los Taxxonitas, y ganado otro mucho más peligroso: nuestros antiguos amigos, nuestros largamente esperados salvadores, los Andalitas.

< ¿Cómo los detenemos, Ax-man?> preguntó Tobias. Él era el mejor amigo de Ax.

– ¿Le estás preguntando a él?- bufó Rachel, apuñalando con un dedo acusador al Andalita. Ax mantuvo la cabeza alta y, por un instante, pensé que se negaría a responder la pregunta de Tobias.

< Debéis comprender que el Alto Mando Andalita no comprende todo el censo Andalita. Esta larga guerra los ha convertido en una parte más importante de la población de lo que deberían ser. El censo Andalita, la gente, no saben de sus planes>

– Entonces, ¿cómo podemos hacérselo saber?- dijo Marco.- Todas las veces que pulsamos el interruptor de ese comunicador que mi padre inventó solo alcanza a la flota Andalita.

-< Cojamos la Nave Nodriza Yeerk> -dijo Ax- <Usaremos su poder para contactar con la red de comunicación no militar. Le diremos al pueblo Andalita que ha pasado, que hemos hecho y que hemos prometido a los Taxxonitas>

< ¿Nos apoyará el pueblo Andalita?> preguntó Tobias.

Ax respondió con severidad. < ¿Lo hará vuestra gente? ¿Permitirán a los Taxxonitas transformarse y vivir en paz en este planeta? ¿Escogerá la confianza por encima del odio y la venganza?> Silenció mi consejo. No tenía una respuesta.

– Arbron quiere que hable con los Taxxonitas esta noche- dije- Sugirió que apareciera transformado… para mostrarles que beneficios tendrían. No saben mucho sobre animales terrestres. Pero piensa que los Taxxonitas preferirán algo no muy diferente a sus formas actuales. Algo fuerte pero sin que sufra el hambre Taxxonita. ¿Cassie?

Se quedó en blanco. – ¿Algo similar a sus formas actuales? ¿Ciempiés? ¿Gusanos? No, al menos querrán una esperanza de vida mayor. Y has dicho fuerte… ah. Creo que tengo una idea. No sé. Quizás… No sé. Solo estoy especulando.

– Cassie- dije -creíste que permitir a Tom llevarse el cubo supondría una debilidad para los Yeerks, no una fuerza. Supusiste que Ax estaba…- detuve la primera y agria palabra que acudió a mi mente-… dividido. Te tendría suponiendo todos los días de la semana.

– Creo que intenta decirte que lamenta haber dudado de ti y haberte tratado como un trozo de chatarra- dijo Rachel con malicia.

– Sep. Eso es exactamente lo que quería decir. Vamos, Cassie, enséñame a donde ir ahora. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 12:[/b]

– ¿Es una pitón?- probé.

– Una anaconda- dijo Cassie. Los Jardines habían sobrevivido a la destrucción de la ciudad puesto que se encontraban fuera del radio de aniquilación. Pero estaba cerrado. Un puñado de personas entregadas se encargaban de mantener vivos a los animales, pero el resto del lugar era una ruina: la brisa empujaba basura sobre los caminos antes prístinos; todo alrededor apestaba a jaulas y hábitats sin limpiar; se había cortado el suministro de agua así que los pintorescos fosos y lagos se habían llenado de verdín. La casa de las serpientes se mantenía tal y como había sido hasta entonces, excepto que algunas áreas de exposición estaban a oscuras. Supuse que las serpientes requerían muy pocos cuidados. La serpiente a la que miraba parecía tener alrededor de un pie de espesor y era tan larga que me resultaba imposible adivinar su tamaño real. Tenía una cabeza claramente delimitada y una especie de patrón adamantino de gruesos bordes como escamas. O bien estaba dormida o muerta. O muy relajada.

– La anaconda forma parte de la familia de las pitones- dijo Cassie- Una de las más grandes, si no la que más, de todas las especies de serpiente en la Tierra. Cazan presas vivas, pero las serpientes están lejos de sentir el tipo de hambre de los Taxxonitas. Poseen un metabolismo muy lento. Pueden pasar mucho tiempo sin comer. Hojeé la placa informativa.

– ¿Nativa de la jungla amazónica?- reí- Si que haces planes de futuro. Cassie pareció avergonzarse, como si la hubiera pillado haciendo algo deshonesto.

– Si aceptamos darles a los Taxxonitas la libertad en un lugar aquí, en la Tierra, para vivir ¿por qué no la selva tropical? El acuerdo detendría la destrucción de la selva en seco. Asentí.

– Si, podría. Pero ¿es esta…?- indiqué con la cabeza a la serpiente- ¿Es esta una forma que gustará a los Taxxonitas?

Cassie se encogió de hombros. – Me parece que los Taxxonitas no tienen una gran imaginación. Creo que preferirán, como dijiste, algo cercano y parecido a lo que son ahora. Pero nada como un gusano o lombriz indefensa: están acostumbrados a tener cierto tamaño.

– Ajam. ¿Estás segura de que la serpiente no está muerta? No la he visto moverse en ningún momento.

– Bueno, así ves lo que te quería decir. Es muy diferente a las implacables demandas de vida de los Taxxonitas. Incluye mucho tiempo tumbado al sol.

– Retiro a Florida para los Taxxonitas.

– Sep.

– Bueno, acabemos con esto- dije de mala gana.

– Es completamente seguro- dijo Cassie, condescendiente.

– Es una serpiente, una serpiente del tamaño de una palmera.

– Vamos- colocó su brazo en torno al mío y me condujo hacia el pasillo de acceso situado tras las jaulas. Ambos entramos y yo me arrodillé y toqué las secas escamas. No eran para nada resbaladizas pero aún así resultaban escalofriantes. Adquirí la serpiente. ¿A cuántos ADN de cuántas especies se uniría ese ADN flotando en mi sangre? Ni siquiera las recordaba todas.

– Cuando te transformes tu mayor problema será mantenerte despierto- dijo Cassie.

Me incorporé y, por un momento, intenté averiguar cómo decir lo que quería decir.

– Cassie, ¿te preguntas a veces que pasará si ganamos? ¿Piensas alguna vez en ello?

– Todo el tiempo. – Nada será lo mismo. La gente sabrá que la galaxia está llena de vida, llena de especies inteligentes. Tendremos esta avalancha enorme de cambios tecnológicos. No habrá nada que nos impida convertirnos en una especie capaz de viajar por el espacio. Humanos en la Luna, en Marte, quizá colonizando planetas a lo largo de toda la galaxia. Y está también la tecnología mórfica. ¿Puedes imaginarte lo que eso significaría?

Cassie asintió.

– La verdad es que no pienso mucho en todo eso. Pienso más en nosotros. En ti y en mí. En todos. La tomé entre mis brazos. Quizá el hábitat de la anaconda no fuera el lugar más romántico de la Tierra pero me sentía seguro.

– Sabes que te quiero.

– Yo también te quiero, Jake.- dijo, apoyando su cabeza sobre mi hombro. – Supongo que si ganamos, si sobrevivimos, quizá debiéramos, ya sabes, casarnos y todo eso. Quiero decir, con el tiempo. Sé que somos jóvenes pero, tío, hemos pasado por tantas cosas, que podrían contar como años extra, ¿no?

No sé que esperaba realmente que respondiera, pero desde luego no esperaba que se pusiera a llorar; y ni siquiera eran lágrimas de alegría.

– Me gustaría… con el tiempo.- dijo. – Pero, ¿pero qué? Suspiró. – Pero, Jake, ¿qué vas a ser? ¿Qué vas a hacer?

– Supongo que volveré al colegio- dije.

– Y estudiar ¿qué? Jake. Yo, yo volveré al colegio y estudiaré medicina. Nunca olvidaré lo que ha ocurrido, ni siquiera lo intentaré, pero podría volver a tener una vida normal. ¿Y tú?

Me encogí de hombros, soltándola y retrocediendo un poco.

– No soy Rachel, ya sabes. No me he enamorado de la lucha. No lo necesito tanto como ella. Lucho, lo intento y lo hago, pero es únicamente un trabajo, el deber.- intenté bromear- Quiero decir, ¿esperas que el Pentágono me llame y me nombre Jefe del Estado mayor del Conjunto de Estados? Ni siquiera tengo la edad necesaria como para alistarme como soldado raso. No rió, solo me miró. – Mira, Cassie, cuando todo esto termine se acabó para siempre. Volveré a la escuela, tendré una educación, volveré a los partidos de baloncesto, conseguiré mi permiso de conducir, iré a la universidad y descubriré lo que realmente quiero hacer. Y estaré contigo. Tú y yo. Forzó una sonrisa.

– Un año cuando esto acabe, si acaba, si ganamos, un año después si aún quieres estar conmigo volveremos a hablar de esto, ¿de acuerdo?

– ¿Tengo que esperar un año? Un poco duro, ¿no?

– ¡Ey! Si nos casamos, no vivirá Marco con nosotros, ¿verdad?- dijo Cassie, intentando sacarnos a ambos de esos negros sentimientos. No funcionó. Por vez primera podía experimentar el sabor de la efímera posibilidad de la victoria, a pesar de la probable traición Andalita. ¡Los Taxxonitas podrían unirse a nosotros! Durante demasiado tiempo había luchado sin ninguna esperanza. Debería estar excitado. Debería ser feliz. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 13:[/b]

Arbron me dio el lugar. Un punto a algo más de una milla del nuevo Estanque Yeerk. No había dicho, de ninguna manera, que tuviera que acudir solo. Así pues, llevé refuerzos, aunque no bajo formas visibles. Volé con pulgas cobijadas entre mis plumas. Únicamente Tobias permanecía en su verdadera forma como cobertura aérea. Encontré el lugar sin complicaciones. Un aparcamiento a las afueras del la zona volatilizada. Abandonado, por supuesto. La mitad de los coches ya habían sido robados por saqueadores y un tercio de los que aún quedaban estaban averiados de una u otra forma. Pero ahí, tal y como indicara Arbron, estaba el Escarabajo VW. Aterricé y recuperé mi forma. Una noche fresca, sobre todo para alguien con tal solo ropa de transformación. Estuve agradecido de subir hasta el VW. Me senté junto a las ruedas directrices y observé mi alrededor sin saber que esperar. El pequeño jarrón estaba vacío.

< ¿Qué estamos haciendo?> preguntó Marce desde alguna parte de mi cuerpo.

– Estamos aquí sentados como sospechosos ladrones de coches- respondí- ¿Dónde estáis vosotros, de todas formas? ¿En qué parte de mi cuerpo habéis acabado tras transformarme? Fue Rachel quien respondió. – Ni idea, primo, no sé donde estamos exactamente ni quiero saberlo realmente.

– Humm. Buen punto.

< Marco acaba de morderte> informó Ax < Si comprendo bien la fisiología de los mordiscos de pulga, deberías experimentar un picazón más tarde, y así sabrías donde estamos>

– Un pensamiento acogedor- dije.

< ¡Ey! Hay una llave en el contacto. Mira a ver si funciona la radio> sugirió Marco. Pulsé el botón de encendido. Estaba situado en un canal de noticias. El presentador parecía cansado. – … dicen que los saqueos están disminuyendo progresivamente. Aún arden numerosos incendios, pero los departamentos de bomberos a cien millas a la redonda están enviando camiones y equipos para… Presioné el botón de programación e intenté encontrar música. Hubo un retumbar. Apagué la radio.

– Hum, ¿habéis sentido eso?

< Somos pulgas, lo sentimos todo> dijo Cassie. < Supongo que sabéis que el suelo se está abriendo, ¿no?> indicó Tobias desde las alturas.

– Abrochaos los cinturones. El suelo vibró bajo el coche y seguí mi propio consejo, cogiendo la cinta del cinturón y abrochándola justo cuando el suelo terminaba de abrirse y el coche comenzó a rodar hacia adelante por un túnel, a las profundidades de la tierra. Muy bien hecho: el túnel tenía un suelo casi liso, con las paredes tan cerca que era innecesario dirigirlo. El coche avanzó sin impedimentos, rozando los muros de vez en cuando. ¿Cuánto hacia abajo? No sabría decirlo. Y miré por el retrovisor; tras de mí el túnel colapsaba sobre sí mismo. Al parecer era una trampa al final, una muy buena trampa. Súbitamente emergí en un enorme espacio abierto. Una caverna, alta y curvada, e iluminada por suaves luces artificiales arriba, sobre mi cabeza. El coche avanzó hasta detenerse. Cerré mis ojos para acostumbrarme a la penumbra. Los abrí de nuevo y tuve la sensación de incesantes movimientos a mí alrededor. Cerré otra vez mis ojos y los abrí y esta vez vi a los Taxxonitas, por todas partes, rodeando el coche, acercándose con sus ojos rojos refulgiendo.

– Hemos llegado- susurré.

< Bien. Necesito mear> dijo Marco.

– Voy a salir- murmuré. Abrí lentamente la puerta. Me levanté. Estaban en todos lados, un muro de Taxxonitas. Más de los que jamás hubieran poblado mis pesadillas. No docenas, sino cientos. Arbron, o eso parecía, danzó sobre sus patas de agujas. Incorporó su tercio superior y se cernió sobre mí. Sabía, o esperaba, que aquella sería una reunión amistosa. Pero eran Taxxonitas después de todo. Taxxonitas, ni siquiera controladores Taxxonitas. En su estado natural se volvían locos por el hambre y yo era comida.

< Por favor, sube al podio> me invitó Arbron y caí en la cuenta, por vez primera, de que había una especie de montón de tierra y polvo de unos diez pies de altura. Lo escalé intentando no asustarme y con mucho, mucho cuidado de no rasparme las rodillas o cortarme un dedo. Arbron me acompañó parte del camino. Entonces extendió esas patas Taxxonitas del tercio superior y se dirigió a la multitud en el dialecto Taxxonita. No entendía ni una sola palabra, pero la multitud Taxxonita si. Sisearon y ondularon y realizaron gorgojos que bien podían significar aprobación o rabia. Desde la cima del montículo, y con los ojos ajustándose a la oscuridad, puede verlos a todos. Un mar de Taxxonitas. Una inmensa caverna que apestaba a amoníaco y hervía con ciempiés superdesarrollados y asesinos. Y entonces Arbron comenzó a hablarles en lenguaje telepático, quizá para beneficiarme a mí. <¡Taxxonitas! Este humano lidera la guerra contra los Yeerks. Sus guerreros y él han matado a muchos de los nuestros> Debí quedarme pálido. Parecía una forma muy rara de presentarme. < Sus guerreros y él han desafiado el poder de Visser Uno, antes conocido como Visser Tres, durante años. Han sido sus guerreros y él quienes destruyeron el estanque y mataron a tantos Yeerks.> A la multitud le gustó eso. Murmuraron a la manera de los Taxxonitas, siseando y escupiendo y retorciéndose. Resultaba imposible no sentirse como si estuviera sentado encima de algún tipo de trozo gigantesco de carne podrida, rodeado de gorgojos enormes. Resultaba imposible no estremecerse al pensarlo.

< Y sus guerreros y él son amigos de los Andalitas, que poseen el poder de la metamorfosis. Este humano…> me señaló con tres brazos< ¡puede transformarse!> La multitud guardó silencio, prestó atención, dejó a un lado la excitación pero se concentraron mucho, mucho. < He traído a este humano aquí para que os hable, pueblo mío> Era mi señal. Estuve a punto de hablar cuando se me ocurrió que un ejemplo visual sería más adecuado. Así que extendí los brazos y busqué en mi interior el ADN que formaba parte del tigre. Me transforme muy, muy lentamente para que todos ellos pudieran verlo. Observaron como las garras crecían de mis dedos, como un pelaje anaranjado y negro cubría mi cuerpo y murmuraron cuando me dejé caer sobre cuatro patas.

< Podrías habernos avisado> se quejó Rachel <Parece que estemos en medio de un terremoto> Y comencé a regresar a mi forma más rápido. Y, una vez humano, concentré otra vez mis pensamientos en la libélula. Me encogí y caí sobre la tierra como un hombre que saltara de un rascacielos. La suciedad y la roca se elevaron hacia mí y la grava se convirtió en piedras. De mi espalda surgieron alas de gasa. De mi pecho salieron las patas articuladas de un insecto. Los colosales ojos se hincharon como globos, sobresaliendo de las cuencas y llenando casi por completo mi cara. De hecho, podía ver las pulgas que colgaban en mi cuerpo.

< Sujetaos todos, vamos a volar>- informé a mis pulgas amistosas. Batí las alas y zigzagueé sobre las cabezas de los Taxxonitas. Regresé y aterricé en la cima del podio. Volví a mi forma. Y, ahora, si Cassie tenía razón, llegaba el truco final. Me formé la imagen de la anaconda en la mente. Los cambios comenzaron. Vi como mi piel se endurecía, se secaba y se rompía en centenares de escalas entrelazadas. Mis ojos se trasladaron en mi cabeza, pero siguieron enfocando al frente. Me cara se alargó y se estrechó siempre, siempre adelante. Mis brazos fueron absorbidos a una velocidad alarmante. Era un criatura extraña, mitad serpiente, mitad humana, que se mantenía erecta, pero sin brazos. Y entonces mis piernas se debilitaron y me dejé caer sobre el estómago antes de que perdiera pie. Mis piernas se derritieron en una única cola que se extendió más y más y más desde mi espina que no paraba de alargarse. Ya tenía diez pies de largo y seguía creciendo. Más, y más, y sin pensarlo, acorté los músculos de un lado de mi cuerpo e incorporé toda esa largura para transformarla en anillos sueltos. Los sentidos de la anaconda reemplazaron los míos. La visión se ensombreció y el color disminuyó, pero la percepción de movimiento se incrementó. Era como cuando hacías que el cursor del ordenador dejara un rastro tras él: todo, todo lo que se moviera, era más interesante que los colores. Mi lengua saboreó el aire y recibí una descarga de información… temperatura, humedad, el aroma de las exhalaciones Taxxonitas. Permití que los Taxxonitas me miraran largo tiempo.

< Esta criatura se llama anaconda> dije < es la más grande de las serpientes, poderosa, peligrosa cuando se la provoca. Pero como siento su mente junto a la mía, puedo decir que es un animal tranquilo, y pacífico, y sosegado. No tiene miedo. Desea comida, pero puede resistir el impulso y controlar el hambre> La cámara estaba en silencio. Los Taxxonitas crearon y crearon agujeros en mí con sus ojos rojos de gelatina.

< Muy bien> me dijo Arbron en privado. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 14:[/b]

Una vez humano de nuevo, me dirigí a la multitud de Taxxonitas.

– Me nombre es Jake. Soy el líder de los Animorphs. Como os ha dicho Arbron, hemos matado a muchos Taxxonitas usando el poder de la transformación. Pero no somos enemigos de los Taxxonitas. Somos enemigos de los Yeerks. Y hemos matados muchos Yeerks.

Eso les pareció bueno.

– Los Andalitas son nuestros amigos.

<Ya, claro>- dijo Rachel por telepatía privada.

– Los Andalitas están vieniendo y, posiblemente, haya una gran batalla. Los Andalitas podrían ganar. Los Yeerks podrían ganar. Pero si ganan los Andalitas, podréis elegir entre permanecer como estáis, o cambiar, encontrar una nueva forma y vivir en paz y felices aquí, en un lugar especial. Un hogar para los Taxxonitas… para Taxxonitas que no son presas ya de su hambre desesperada, ni presas de los Yeerks. Mentía. Al menos, en parte. Arbron era, o había sido, un Andalita: sabría que los Andalitas se negarían a dar el poder de la transformación a los odiados Taxxonitas. Me estremecí un poco mientras hablaba y esperaba que me interrumpiera, que me llamara mentiroso. Pero me dejó continuar. Y les dibujé una imagen a los Taxxonitas, la de una vida sin hambre, una vida de seguridad y confianza donde podrían vivir en paz entre ellos, sin más canibalismo. Y Arbron me dejó hablar.

– La pregunta es, ¿podemos nosotros y nuestros amigos Andalitas derrotar a los Yeerks y construir ese nuevo día?

Esperaron la respuesta. Y se la di, sintiéndome un poco como un candidato presidencia dando un discurso milagroso.

– Podemos derrotar a los Yeerks… si os unís a nosotros. Animorphs, Andalitas y Taxxonitas juntos, podemos ganar.

Los Taxxonitas no vitorearon, exactamanete, pero emitieron una serie de escalofriantes sonidos sibilantes que reverberaron en la cámara. Arbron onduló hasta mí y, para mi sorpresa, los despidió, les dijo que regresaran a sus trabajos. Cientos de obedientes Taxxonitas dieron media vuelta y comenzaron a llenar los túneles laterales como la multitud de un estado de futbol tras el partido. Seguramente parecí perplejo cuando me volví hacia Arbron.

– ¿Y bien?

– Bueno, han accedido. Por ahora. Seguirán mis órdenes. Por ahora

< – Vale, supongo pues que deberíamos especificar las cosas- dije- ya sabes que la Nave Estanque está en la Tierra, en la superficie. Está aquí para alimentar a los Yeerks hasta que…

– ¿Por qué no les dices a tus amigos que se transformen Estoy seguro que se encontrarían más cómodos.

Eso me detuvo en seco. Pero no merecía la pena menor.

< Si, supongo que podrían. >

Las pulgas saltaron de mí, invisibles para cualquier de los dos y, poco después, mis amigos comenzaron a aparecer, agrandándose e hinchándose, unos cuerpos viciosos de pulgas recubiertos por un exoesqueleto blindado.

< Y ahora, mi amigo> dijo Arbron. Escuché pasos y miré hacia la oscuridad del túnel de acceso.

– Bueno, buenas tardes, a todos. Es una hermosísima noche para pasarla en un asqueroso túnel de Taxxonitas.

Conocía la voz. La había escuchado cada día de mi vida. Mi hermano. Tom. Mi hermano, el controlador humano y cabeza de la seguridad Yeerk.

– Oh, tranquilízate, Rachel- dijo afablemente Tom, dedicándole un saludo tranquilo. Había comenzado a transformarse en oso pardo.- No hace falta ponerse agresivos.

– Sigue transformándote, Rachel- le dije

– ¿Ax?

Ax se movió con rapidez hasta situarse al lado de Tom. La cuchilla de su cola se apoyó en su garganta. Tom se mantuvo inmóvil y fingió una mueca de exagerado temor.

– Estoy solo y desarmado- dijo, manteniendo las manos en alto como señal de rendición.

– ¡Ey! Soy capaz de transformarme, ya sabéis. Si quisiera problemas podría usar esa fantástica forma de jaguar que tengo.

– Suéltalo, Ax- dije. Ax removió la cola, pero se mantuvo a distancia de golpe. Una palabra mía y la cabeza de Tom rodaría sobre el suelo de la cueva como una bola de bolos.

– Así pues, este es el equipo completo?¿eh?- Tom asintió. Agitó la cabeza con tristeza- Rachel, mi loca prima. Siempre supe que eras demasiado buena para ti misma. <

Cállate, Yeerk> dijo ella < No eres mi primo. Solo eres un caracol que vive en la cabeza de mi primo>

– ¿Un caracol? Oh, eso me ha dolido- respondió el Yeerk de la cabeza de Tom- Y esa es Cassie. Y Marco. Y vuestra mascota Andalita, claro. ¡Ey! ¿Quién es el pájaro?

– ¿Qué tal si dejamos la charla?- dije.

– Por supuesto, Asesino- sus ojos se endurecieron con hostilidad. Ni siquiera fingía ser el verdadero Tom. Sabía que sabíamos lo que era.

< Tom representa a una facción de Yeerks que quieren en parte de lo que queremos nosotros> dijo Arbron

– ¿En parte?

– Si, parte- concordó Tom.- Perdona, pero no estamos interesados en escondernos en algún bosque perdido de la mano de Dios, o en una reserva. Quizá eso sirva a los Taxxonitas. Yo, yo quiero algo mejor que eso. Pero, en fin, también tengo más que ofrecer que el Hermano Arbron. ¿Queréis la Nave Estanque? ¿Quieres de vuelta a papá y mamá, Gran Jake el Asesino de Yeerks? ¿Quieres a esta criatura?- se señaló a sí mismo- ¿Quieres que vuelva el pobre Tom? Yo puedo dártelo todo.

Tuve que luchar contra el poderoso deseo de lanzarme contra él. Es difícil contener la rabia impotente de ver como alguien querido ha sido reducido a una marioneta sin cerebro.

– ¿A cambio de qué?

– Mi gente también lo quiere: el poder de la transformación.

– Has dicho que podías transformarte.

– Yo sí. Y no solo este cuerpo, ya que estamos, sino yo. Expuse mi verdadero yo, el Yeerk, al cubo. Y, ¿sabes que es lo mejor? Me puedo transformar en Tom. Exacto, puedo transformarme en mi propio huésped. Fantástico, ¿verdad? Pero están esos otros Yeerks que nunca tendrán la oportunidad de ser libres. Marco resopló, burlándose.

– ¿Libres? No queréis ser libres.

Tom rió.

– Marco debe ser el que piensa por ti, Jake. Nunca fuiste tan listo. Tienes razón, Marco, quiero algo más. Quiero que Visser Uno muera. Quiero tener en el bolsillo al Consejo de los Trece. Quiero gobernar todo el imperio. Son prisioneros de su propio pensamiento anticuado. No pueden ver el futuro. Somos una especie parasitaria y no puede ver más allá de eso. Tenemos la gran debilidad de depender de los rayos Kandrona. Pero transformados, transformados permanentemente, no necesitamos esos rayos, y no volveríamos a ser parásitos. Podríamos alcanzar un gran destino. Se acercó. Sus puños se cerraban a sus costados y su mandíbula pareció apretarse tanto que las palabras apenas pasaban entre los dientes descubiertos. Solo había visto a Tom así una vez, solo una vez, cuando fue acusado falsamente de copiar en un examen. Estaba tan enfadado como Tom esa vez, a punto de pegar a alguien.

– Visser Uno solo es capaz de amontonar fuerza sobre fuerza. Está loco, ya sabes. ¡No se pude confiar en él! No puedes aspirar a avanzar, de alcanzar los puestos que deberías. Ya debería ser un sub-visser, y uno de los números más bajos. ¿Qué estoy haciendo en este planeta? Lo he arrastrado durante tres años. Pero hasta que…- se detuvo y forzó una dura sonrisa.- Asuntos de política. No querréis escucharlos.

– ¿Qué quieres?- le preguntó Marco

– Dínoslo, A, B y C. ¿Qué es lo que quieres?

< No le escuchéis> gruñó Rachel < Lo cogemos y esperamos tres días hasta que el Yeerk muera de hambre. Y volveremos a tener a Tom>

El Yeerk de Tom abandonó su postura de chico listo. Ignoró a Rachel y a Marco, incluso a Ax que aún deambulaba por las cercanías, agitándose y preparado.

– Tú coges la Nave Estanque, Jake. Quédatela. Pero yo me quedo con la Nave Espada y un centenar de los míos, todos ellos expuestos al cubo. Y un salvoconducto para salir del sistema.

– ¿Y te marcharías a un lejano e inesperado planeta, para convertir en víctimas a otras especies?- gritó Cassie.

– Hum. Lo he pensado, si.- dijo Tom. Esperó. Sonrió- Pero…

– ¿Si?- pregunté.

– Pero el Imperio Yeerk estará destruido. Acabado. Le he dicho a Visser Uno que tengo información de una flota Andalita que se está reuniendo en las cercanías y usando Júpiter como escudo tras el que esconderse. Ha ordenado a la mayoría de nuestra flota que se mantenga en espacio cero, preparados para emerger una vez los Andalitas se hayan reunido. No es exactamente la verdad. Los Andalitas están mucho más cerca. Eso me interesaba, me interesaba mucho pero, ¿podía confiar en él?

< No podemos dejar que esta criatura de haga con la Nave Espada> dijo Ax < La nave Espada es un arma muy ofensiva. Esa nave de guerra es más poderosa que la Nave Estaque, está mejor armada, es más rápida y más manejable. Nosotros, los Andalitas, no le tememos, pero otras cuantas especies temerosas del especio no tendrían ninguna oportunidad frente a ella>

La cara de Tom sonrió.

– Pequeño hermano, deberías saberlo ya. Las guerras no se ganan con las manos limpias.

– No le escuches- dijo Cassie, en un susurro.

– ¿Qué ofreces?- le pregunté a Tom.

– Las llaves del reino, niño. Puedo darte las claves de acceso al sistema de la Nave Estanque. Si puedes apodérate de ella, Hermano Jake, tú y tus Hork Bajir libres, y tus nuevos aliados Taxxonitas, si puedes apoderarte de ella, os diré como hacerla volar. Y no solo eso, tengo un plan para que podáis introduciros en la Nave Espada. Y, además, tu viejo amigo, Visser Uno, ha sido, temporalmente, transferido a sus aposentos en la Nave Espada. La Nave Espada y Visser Uno… juego, set, partido.- me sonrió y dijo- Esculpirán tu cara santurrona en el Monte Rushmore, Chico-Jake. Serás el salvador de la humanidad.

– Gracias por la oferta- dije- Pero no la acepto. Ax, cógele, ¿Rachel? Ayuda a Ax. ¡Con cuidado! Eso lo sobresaltó un par de segundos. Al final, asintió.

– Ya veo: el Andalita te ha dicho que podría vencer la seguridad.- asintió- Y probablemente pueda, los Andalitas son muy buenos con los ordenadores. Tiene una hora antes de que los códigos cambien. Podría. Excepto que he cambiado el ciclo de cambio de códigos a quince minutos.- miró a Ax- ¿Puedes con quince minutos, Andalita? ¿Puedes hacerlo? [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 15:[/b]

Tenía las llaves en mi mano. Podía ganar. Podíamos ganar. Si el General Doubleday nos daba esa distracción. Si los Taxxonitas nos ayudaban de verdad. Si el Yeerk de Tom nos daba las claves. Si Tom podía meternos en la Nave Estanque y si nosotros podíamos superar a los Yeerks aún a bordo. Y si Ax conseguía encontrar una forma de convencer a su gente para que aceptara las promesas hechas a los Taxxonitas y a los Yeerks disidentes de la facción de Tom. Cinco “si” Muchos. Pero al menos ahora los “si” eran un número finito. Y un sexto “si”: si Tom decía la verdad. No había pedido garantías. ¿Confiaba tanto en que mantendría mi palabra? ¿Arriesgaría todo solo por mi palabra? Vale, me conocía a través de las memorias de mi hermano. Pero aun así… aun así… Mientras volábamos a casa, increíblemente vivos y libres tras pasar una hora con unos pocos centenares de Taxxonitas más uno de los Yeerks de rango más alto, mi mente estaba rebosante de detalles. Cassie me dejó solo durante un tiempo, pero sabía que tenía cosas que decir. Lo sabía. Y también sabía que en el pasado la había ignorado bajo mi cuenta y riesgo. Sabía que debía escucharla, confiar en ella. Pero también sabía lo que diría, y no lo quería escuchar. Como fuera, después de un rato, conforme volábamos en al muerto aire nocturno sobre la destrozada ciudad, la espera pudo conmigo.

< Cassie, simplemente dilo> dije al fin.

< ¿Decir el qué? ¿Esperas que te de alguna lección moral sobre dejar que el Yeerk de Tom y otros cien de los suyos vaguen libres por la galaxia en posesión de una fantásticamente poderosa nave de guerra? ¿Sin saber cuánto dolor podrían provocar?>

< Algo así, si>

< Porque soy yo, ¿verdad? La voz de la gimoteante moralidad> Sonaba enervada. Y no me sorprendía. Pero si me sorprendió lo que vino después. < Yo les di a los Yeerks el cubo mórfico> dijo < Porque los Taxxonitas se volverían una fuerza para la paz. Y Tom, el Tom de verdad, y tus padres, podrían volver con nosotros. Y gracias a ello, el Yeerk de Tom ha encontrado una forma de traicionar a su gente y convertirse en una especie de señor de la guerra> Me tomó cierto tiempo asimilarlo. Se estaba culpando a sí misma.

< Cassie, esas cosas pasan. No puedes predecir siempre los resultados de tus acciones. Intentas hacer lo que crees que es correcto, das tu mejor golpe, y a veces sale bien y, otras veces… no sé, otras veces resulta confuso>

< Brillante, ¿no? Así que yo tomo las decisiones, yo hago la gran llamada, pequeña santurrona de mí, y escojo la moral y la decisión optimista, y ¿a dónde nos ha llevado eso?>

< A un punto mejor que en el que estábamos> dije, pero solo escuchaba a medias. Una alarma sonaba en mi cabeza. ¿Por qué? ¿Cuál era el problema? ¿Qué era?

< Y algunas especies que no conocemos estarán condenadas cuando la nave Espada, llena de Yeerks capaces de transformarse, descienda sobre ellas>

< Nunca es tan fácil de ver, Cassie. No funciona así. Pero haces lo posible para que sí lo sea. El hecho de que sepas que vas a ser arrastrado por ello no significa que no luches como un demonio para evitarlo. No obtienes un montón claro de decisiones buenas o malas. Consigues toda una gama de grises. Me refiero a que comenzamos esta guerra pensando en aguantar lo suficiente hasta que los grandes y gloriosos Andalitas vinieran a rescatarnos. Y ahora hacemos tratos con Taxxonitas y Yeerks para ganar un victoria lo suficientemente rápida como para evitar que los grandes y gloriosos Andalitas tomen sus propias decisiones de color gris>

< ¿Qué vas a hacer?> preguntó Cassie.

< Voy a ganar> dije. Pero no lo creía. ¿Por qué? Todo estaba ahí. Por fin era posible. Claro que el Yeerk de Tom mentía en parte. Estaba seguro de que no tenía ningún interés en convertirse en un nothlit, estaba claro. Con toda seguridad, el cubo mórfico se encontraba a bordo de la nave Espada y la nave Espada tenía su propio y pequeño estanque Yeerk. Así que mentía en eso, al menos. Pero igual de claro estaba que decía la verdad sobre querer controlar la nave Espada e ir libre. Tom. El Yeerk en su cabeza. Tenía que creerle, después de todo, supo dónde íbamos a estar, y también conocía la existencia de Arbron, le hubiera resultado muy fácil llamar a todo controlador Hork Bajir en el planeta y derrotarnos. Nos había tenido en la palma de la mano y nos había dejado ir. Tenía que confiar, ¿no? La confianza engendraba confianza, ¿no? El Yeerk de Tom nos había mostrado que podíamos confiar en él, ¿confiaría él en nosotros? ¿Confiaría en mí para que le diera todo lo que quería, todo lo que habíamos acordado? No. No, era así. El Yeerk de Tom quería que confiáramos en él. No había pedido garantías ni me había interrogado porque no quería que yo hiciera lo mismo. Y, entonces, lo vi: Claro. Solo me había fijado en las tácticas; había dejado a un lado las emociones. El sentimiento de un vengativo Yeerk. Despreciaba a Visser Uno por ser un inútil, por ser un bruto, por negarse a promocionarlo. “Al menos hasta que…” había dicho Tom. Si. Visser Uno no era el único objetivo del odio del Yeerk de Tom. Culpaba a alguien más por obligarle, a un Yeerk tan ambicioso, a tomar esa decisión. Yo. Y mis amigos. Éramos los responsables de que el Yeerk de Tom tomara esa elección. Al frustrar a Visser Uno habíamos condenado al Yeerk de Tom. Y era por eso que no había pedido garantías. Esperaba que muriéramos. Nos mataría a nosotros y a Visser Uno y navegaría por la galaxia en la nave Espada con el cubo mórfico en sus manos. Supe de pronto que podríamos vencerle. Podríamos usarlo y vencerle. Fue uno de esos raros y perfectos momentos en los que una docena de preguntas a medias y detalles infinitos caían, simplemente, en su lugar y formaban una única y clara imagen. Me dejó sin aire. Su perfección. La pura y dura perfección. Y todo lo que tenía que hacer era enviar a mis amigos a la muerte. Cassie continuaba hablándome, pero no escuchaba sus palabras. Había tenido una visión. Veía la pura y recta línea desde A hasta Z.

Y dije: < ¿Marco? Busca a los Chee. Encuéntralos. Tráeme a Erek>

< ¿Cómo voy a hacerlo?> refunfuñó Marco. < El escondite de los Chee se encontraba dentro del área devastada. Le he intentado, pero no hay más que destrucción, ni siquiera puedes decir donde estaban las calles. Y está repleto de Yeerks que disparan a cualquier cosa que se mueve. Sería muy fácil que me mataran si bajo ahí>

< Si, lo sé. Hazlo> dije <Necesito a los Chee> me sentí enfermo. Arriba y hundido a la vez. Exaltado. Dividido. ¿Qué posibilidades de éxito tenía Marco? ¿Qué posibilidades teníamos de sobrevivir? Y lo peor lo reservaba para Rachel. Necesitaba a Tobías y no podía permitirme perder a Ax. ¿Cassie? No. Tenía que ser Rachel. Solo ella lo haría, solo ella podía hacerlo. Tenía unos pequeños cambios que hacer en el plan de Tom. Las órdenes salieron con facilidad, automáticas, conforme las iba diciendo a mis amigos, uno a uno. Solo quedaba Rachel.

< Rachel, tengo un trabajo para ti> Le expliqué lo que quería.

< ¿Estás seguro, Jake?> preguntó con solemnidad cuando hube terminado < Porque si me dices ¡ve!, seguiré tus órdenes. Y sabes lo que eso significa>

< Si, Rachel, lo sé> Aun así dudó.

< No será el Yeerk, Jake. Será Tom. Será él>

< Lo sé> dije

< Y yo… si ocurre, si pasa así, no tengo un plan para sacarte de allí. Estarás sola>

< Así es como más me gusta>

<Muy bien. Hazlo. Y asegúrate de que Cassie no se entere>

< ¿Aún no confías en ella?> dijo Rachel, enfadada.

< Nos quiere a los dos, Rachel> dije < No puedo obligarla a formar parte de esto. No puedo dejar que lo sepa de antemano porque, sabes, si pasa, si pasa, no quiero que se pase el resto de su vida preguntándose si podría haber hecho algo para impedirlo>

Rachel dijo: < Muy bien, Jake. Tienes razón. Y haces bien en usarme para esto. No es algo de lo que me enorgullezca, que conste, pero después, ya sabes, si… No te culpes, ¿vale?> Giró sus alas de águila y se remontó en el aire, alejándose. El plan era algo frágil en mi mente, una construcción de “y si…”, de esperanzas, optimismo y cinismo a partes iguales. Los estaba usando, colocando a cada uno en el camino del peligro. Y sabía, sabía más allá de toda duda… que uno, quizá más de uno, a quien amaba, iba a morir. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 16:[/b]

Llevó todo el día situar mis piezas de ajedrez en su lugar. Y la más dura de todas fue la de Erek el Chee. Marco lo encontró. Lo encontró después de haber sido avistado dos veces y disparado por las fuerzas Yeerks. Pero es difícil matar a un Animorphs. Una forma herida solo tenía que transformarse en un humano completo para volver a estar perfecta. Por supuesto, una forma muerta era un Animoprh muerto, y Marco estuvo muy cerca de no conseguirlo. No estaba contento cuando se arrastró en el campamento más tarde ese mismo día. Casi había perdido la esperanza de verle. Erek es un Chee, un miembro de una raza sensible de robots creados hacía milenios por los Pemalitas. Los Pemalitas habían sido un pueblo amable, sabio e inteligente que fue arrasado, mucho, mucho tiempo atrás, por los Howlers. Vivían en paz. Y los Chee que crearon, a pesar de su extraordinaria fuerza y de estar equipados con un formidable sistema holográfico, eran incapaces de usar la violencia. Eso no quería decir que los Chee no tuvieran bando en la guerra. Eran nuestros aliados. Era los espías perfectos, capaces de hacerse pasar por humanos, tal y como vinieran haciendo desde los tiempos de los faraones, cuando llegaron como refugiados a la Tierra. Los Chee habían espiado por nosotros con la esperanza de que ganáramos, pero no nos ayudaban a matar. No podían ayudar a herir, o provocar que otro matase o dejar que otros fueran heridos. Y contaba con ello. Erek me sonrió con una cara humana que bien podría haber pertenecido a un muchacho de mi edad. Por supuesto, bajo el holograma se ocultaba una máquina construida en algo parecido al metal inoxidable y al marfil, y que se asemejaba a un perro estilizado que caminaba erecto.

– Jake, me alegro de verte vivo- dijo Erek- Me alegra veros a todos.

– Y nos alivia verte a ti, Erek. ¿Cómo van los Chee?

Se encogió de hombros.

– Bueno, ya no tenemos casa. Pero el complejo subterráneo sigue intacto. Toda nuestra gente está a salvo. Lo hemos pasado peor en los quinientos años que hemos estado entre vuestra adorable especie. Quiero decir, sobreviví a los Hunos y eran muy desagradables. Al menos los perros están a salvo. Los Chee perduraban el amor de sus maestros por las formas caninas. Adoptaban perros perdidos o vagabundos siempre que podían.

– Erek, necesitamos tu ayuda.

– Siempre dispuesto a ayudar, dentro de los límites de mi programación.- contestó con cautela.

– Vamos a abordar la Nave Estanque.- dije.

Dudó y pensó sobre ello.

– No sé cómo podría ayudaros. No tenemos mucha información de la Nave Estanque. Nada que no sepáis ya.

– No necesitamos información- dije- Necesitamos tus habilidades. Necesitamos que participes activamente. Te necesitamos allí.

Sus ojos se oscurecieron, una reacción muy real a pesar de ser holográfica.

– No puedo, Jake. Ambos sabemos que habrá peleas. No puedo participar en eso.

Cogí aire porque no quería decir lo que estaba a punto de decir.

– El asunto es el siguiente, Erek, sé lo que puedes y lo que no puedes hacer. Así que voy a usar eso para forzarte a elegir. Lo siento. Pero todo se reduce a esto. Desde luego, todo se reduce a esto.

– ¿Qué planeas?- apagó el holograma de “Erek” y reveló su auténtica forma. Quizá para intimidarme. Quizá para ocultar la ira.

– Sabemos que no puedes enfrentarte a nosotros. Así que vamos a obligarte a venir, llevarte a rastras si es necesario, ponerte en una situación en la que tendrás que colaborar porque negarte a ello nos obligará a nosotros a matar. Tu negación a colaborar será el gatillo de la muerte.

-¿Ax? Trae a nuestro prisionero.

Había enviado a Ax y Cassie a tomar un prisionero, un controlador bien conocido, al controlador humano Chapman. Y no estaba contento.

– Ax, si te digo que mates a este controlador, ¿lo harías?- le pregunté.

< Si> respondió Ax con sinceridad < Es un Yeerk de alto rango, un enemigo que ha causado graves daños a la libertad humana>

– Esto es muy bajo- rechinó Erek- Es caer demasiado bajo, Jake. Resultaba raro chantajear a una criatura que sabes que es capaz de destruirte hasta moléculas individuales. Resultaba raro confiar en que no quería, no podía, hacerlo.

– Perdona- dije de nuevo- Pero te mantendremos en una posición en que, cada vez que te niegues, mataremos. Y te juro lo siguiente: tu ayuda minimizará las bajas. Erek soltó una larga parrafada que no entendí.

– ¿Qué? – Estaba dándote mi opinión sobre tu moral, tu ética y tu sentido de la decencia- escupió Erek- Hablaba en antiguo mesopotámico, un dialecto bien conocido por su gran variedad maldiciones.

Asentí. – Siéndote sincero, enfadarte conmigo es el menor de tus problemas, Erek.

– ¿Marco? Erek es tu propiedad. Si intenta huir, páralo. Si continua intentando huir, Ax, matarás a este controlador.

– Lancé una mirada de reto a Cassie.

– ¿Alguna objeción?-

– No.

– Miré a mis amigos, cada uno de ellos sombríos. Erek había estado de nuestra parte, había sido un aliado, un amigo, durante mucho tiempo.

– ¿Alguien tiene algo que decir?

Ninguno dijo nada.

– Bien. Ahora, ¿Ax? Además de mantener vigilado a nuestro amigo, aquí presente, es hora de que llamemos a la flota Andalita. Les dirás que has impedido que volemos por los aires el estanque Yeerk. Diles que los Yeerks están todos aquí, en la Tierra, sentados como patos. Pero que no pueden atacar todavía porque tú, el aristh Aximili, vas a enviar una nave de guerra Yeerk directa a sus brazos. Vas a llevarles una Nave Estanque enterita e intacta.

< Me pides que mienta a mi gente> dijo Ax <Los Yeerks han dejado de concentrar sus fuerzas en la Tierra. Esperan que se termine de construir el nuevo estanque Yeerk>

– No te pido que mientas a tu gente, Ax, te lo estoy ordenando. Los necesitamos cerca para que sean de ayuda, pero también necesitamos darles una razón para que no hagan estallar la Tierra. Llama a la flota Andalita. Diles lo que te he dicho. Soy tu príncipe, Ax: hazlo.

No esperé a escuchar su respuesta. La sabía. O creía saberla. James y su gente llegaron volando, se posaron y se transformaron.

– ¿Nos has llamado? –

Siempre me incomodaba ver como los Animorphs de apoyo se transformaban. Cuando aún teníamos el cubo mórfico decidimos incrementar nuestro número. Pero era absolutamente complicado y muy laborioso asegurarse de que cada una de las personas estaba libre del influyo Yeerk. Así pensamos a quien nunca infectarían los Yeerk, aquellos a los que apenas habrían mirado: a los discapacitados. Con tantos huéspedes humanos completamente funcionales, ¿por qué molestarse en lidiar con los inconvenientes de una discapacidad? Sabíamos que los niños discapacitados no serían controladores. Y también sabíamos que estarían más dispuestos que otras personas a aceptar el tratamiento que les permitiría la libertad física en el cuerpo de un animal. Los habíamos usado. Y, ahora, yacían ahí más que mantenerse en pie porque la mayoría de ellos no podían incorporarse. O, si podían levantarse, no podían ver.

– Sí, James. Necesitamos a tu gente. Como sabes, vamos tras la Nave Estanque. –

– Si, lo sé. –

– Va a ser tan difícil como suena, y tengo una misión dura para vosotros.-

– Muy bien, de acuerdo, sabes que cuentas conmigo. Pero necesito hablar con los demás, saber que piensan. Creo que algunos quieren acabar con esto. Quiero decir, después de que Ray muriera… Quiero decir, Jake, que alguno de los más jóvenes, algunos están teniendo…-

– James, no os dimos la capacidad de transformaros para que pudierais divertiros volando por ahí. ¿Lo entiendes? Te has erigido como su líder, así que lidera: los quiero a todos. Hasta el último.-

– Jake, algunos son solo niños, quiero decir, son todo lo que tienen sus familias, ¿sabes? Solo comienzan a superar la muerte de Ray. No es como si no hubiésemos luchado. No puedo…-

– Mira, si perdemos esta batalla se acabó, ¿me entiendes?- alcé la voz para que me escucharan todos- Si perdemos, se acabó. Esta es la batalla. Esta es la última oportunidad. Si perdemos esto es lo que pasará: la flota Yeerk combatirá contra la flota Andalita. Si los Yeerks ganan serán libres de esclavizar toda forma humana y matarán a los que no quieran. Si ganan los Andalitas hay muchas posibilidades de que esterilicen la Tierra: mataran a todos para detener la amenaza Yeerk de una vez por todas. Así que, no queréis que os diga lo que tenéis que hacer, no os gusta vuestro trabajo, no me queréis a mí, ¿no es eso? No me importa. Antes de que acabe la noche las bajas se amontonarán y algunos de los que os encontráis aquí, ahora, estaréis muertos y no me importa porque vamos a ganar. ¿Está claro? Vamos a tomar la Nave Estanque y antes de que acabe la noche también tendremos a Visser Uno- levanté mi puño cerrado. Jadeaba, temblaba. Nunca había hecho esto antes. Nunca me había puesto frente a nadie como un imitador de Napoleón. Me sentía como un tonto. Como una especie de memo. Mis amigos pensarían que había perdido la cabeza. Pero nadie dijo nada. Nadie excepto Marco.

– Sabes que te estás convirtiendo en Rachel, ¿No?- frunció el ceño- ¿Dónde está, a todo esto?- [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 17:[/b]

Me hallaba bajo la forma de halcón peregrino, volando muy, muy alto en el aire y elevándome por encima de la ola de calor que aún emanaba de las cenizas del centro de la ciudad. Las noches son, normalmente, un mal momento para los peregrinos. El aire de la noche y el aire frío tendían a ser aires muertos. Pero volar encima de la destrucción me proporcionaba todo sustento que necesitaba. Podía ver la Nave Estanque descansando junto al cráter que una vez fuera el estanque Yeerk. ¿Podrían verme Visser Uno y sus Yeerks? Podrían, si lo intentaban. Pero no atacaron, ni enviaron caza Insectos para que me dispararan con rayos Dragón. ¿Por qué no? Quizá el Yeerk de Tom aún no estaba preparado para matarme. O tal vez Visser Uno me había visto, descubierto que era y esperaba, como una araña en su tela, mientras me veía volar. Me deseaba tan fervientemente como yo le deseaba a él. Cuidado con lo que deseas, Visser. Cuidado con lo que deseas, Jake. Había ido a ver al General Doubleday. Estaba tan conmocionado como todos los demás, pero también determinado. Siguió nuestra sugerencia, aunque reacio al principio. Encerró a tantos hombros como pudo. Pasaron diez horas antes de que el primer controlador alcanzara ese punto tras el cual no podía aguantar más. Intentó escapar.

– ¿Qué hiciste?- le pregunté. . Le avisamos una vez. Le di una orden directa. Y le disparamos.

– Debió ser duro- dije.

– Apuntó a una pierna, pero el soldado resbaló. La bala le alcanzó la cabeza- el general sujetó una botella vacía y me la enseñó- Esta cosa se arrastró de la cabeza del hombre. Salió arrastrándose del agujero de bala.

– Es tu enemigo, General.- dije.

Algunos de los controladores intentaron colaborar para echar abajo la puerta. Otros esperaron tanto como pudieron. Un diecisiete por ciento de los hombres del general habían sido infestados. Pero ahora contaba con una fuerza de choque de al menos unos cien hombres, libres de Yeerks. Libre de Yeerks y, tras ver al enemigo tan de cerca, estaban muy dispuestos y motivados. Le di tantos detalles como me atreví.

– Te atacarán con cazas Insecto… eso pensando en lo mejor. Lo más probable es que la nave Estanque o la nave Espada te ataquen directamente.-

– Tengo lo que equivaldría a un batallón, un par de tanques y helicópteros de batalla. He visto de lo que son capaces esos caza Insectos. Mis hombres lucharán, pero no ganarán.-

– Si, General, no ganarán.- dije- Pero si vuelan, si mantienen la distracción, podemos ganar. Cuento con una docena de los míos que lucharán junto a usted. Estarán justo en la vanguardia.-

– Con todos mis respetos hacia tu gente, hijo, puede que sean buenos en el combate cuerpo a cuerpo, pero sois luchadores de guerrilla por naturaleza. Vuestras habilidades solo sirven para ese tipo de combate. Pero me pides una de esas antiguas y grandes cargas de caballería. Me pides una Carga de la Brigada Ligera.-

– Necesitamos una distracción- dije- Visser uno tiene que creer que el traidor Yeerk le ha contado la verdad. Tenéis que atacar, pero una vez que los Yeerks salgan al encuentro, todo lo que tenéis que hacer será parapetaros y cubrios. Los Yeerks solo combaten de una forma: atacar con todo lo que tienen. Irán directos hacia vosotros. Visser Uno no conoce las tácticas; lucha con un martillo.-

– Si tienes un gran martillo no necesitas más, hijo.-

Escuchaba esas mismas palabras secas y cansadas mientras volaba sobre la nave Estanque. Era algo monstruoso. Más grande que un portaaviones. Y más poderosa que las fuerzas de la humanidad unidas y multiplicadas por cien. Los cañones Dragón de la nave Estanque podrían crear un agujero en un asteroide. Pero era un martillo, una bestia enorme y específica diseñada para la guerra en la gran vastedad del espacio. Y, de cualquier forma, si teníamos éxito, sería nuestro martillo. Vi movimiento abajo. Patrullas de Hork Bajir. Un par de cazas Insecto volaron formando un ocho sobre la desolación. Cerca de la nave Estanque las patrullas de Hork Bajir se incrementaban hasta crear un anillo sólido de figuras hombro con hombro a su alrededor. Los Hork bajir y los controladores francotiradores humanos se situaban sobre las vainas de la maquinaria. Visser Uno no pensaba jugarse sus joyas de la corona. Me pregunté qué hora sería. No había forma de llevar un reloj, claro, y ya no servía de nada mirar los relojes de los bancos. Todos habían sido destruidos. Floté y esperé. Floté y esperé y repasé mi plan una y otra vez. Veía lagunas en él. No veía sino lagunas. Nunca funcionaría. Nunca funcionaría. Más movimiento abajo. Un par de todoterrenos se acercaron a un puesto de control en el anillo exterior con las luces rotas, con trozos de muro rotos y coches carbonizados. Los Hork Bajir y los controladores humanos que estaban de guardia inspeccionaron tarjetas de identidad y los dejaron pasar. No necesitaba ya un reloj. Era la hora. Me lancé en picado, más y más rápido, hasta equiparar la velocidad de los todoterrenos. Pasé a través de una ventana abierta de una casa apagada y salí por el otro lado. Eso debería quitarme de encima cualquier sensor que pudiera estar rastreándome. Usé toda mi velocidad de halcón y apunte hacia la bamboleante ventana trasera del segundo todoterreno. Pasé a través de ella y aterricé duramente sobre el asiento trasero. Un controlador humano que no conocía conducía. Tom se encontraba en el asiento del copiloto. Se volvió para mirarme.

– Resulta perturbador que hagas eso.- dijo.

<Bien> respondí.

Cassie parecía estar tumbada sobre los asientos traseros, maniatada y con las piernas unidas, y un Hork Bajir a su lado apuntaba a su cabeza con una pistola Dragón. Su cara era un desastre. Un ojo a la funerala que casi no podía abrir. Había cortes sangrientos en los brazos. Su traje de transformaciones estaba hecho girones.

– Tuve que encargarme de tu chica- dijo Tom con indiferencia.

– Soportó bien la paliza. Espero no haberme sobrepasado, Chico-Jake, pero no siempre tengo la oportunidad de pegar a un Animorph. No gritó, no dijo una palabra. Casi se divirtió.

< Cállate, escoria Yeerk> gruñí- < Hice un trato contigo, pero no tientes tu suerte. Cassie. Cassie, ¿estás bien?> No respondió. No esperaba que lo hiciera.

– Hasta me hice daño en los puños.

< He dicho que te calles>

– Como quieras. Es hora de hacerse pequeño, Jake el Asesino. Hay puestos de seguridad ahí adelante. Recuperé mi forma, fingí acariciar las supuestas heridas, hice otro comentario furioso al Yeerk de Tom para darle coherencia y me convertí en mosca. Una vez transformado usé la telepatía para comunicarme con una sola persona.

< ¿Rachel?> < Estoy aquí, Jake> Zigzagueé por ahí y me dirigí hacia la magullada y destrozada cara de Cassie. Conforme me acerqué para aterrizar, su ojo a la funerala se abrió un poco. Mis ojos compuestos vieron un centenar de imágenes de un ojo abierto. Y del metal y el marfil de la máquina bajo el holograma. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 18:[/b]

Los todoterrenos se acercaron al muro de Hork Bajir alineados alrededor de la nave Estanque y se detuvieron. Un Hork Bajir y un controlador humano caminaron hasta las ventanas como policías dispuestos a pedirnos los pasaportes. Vieron a Tom y pude oír la frialdad oficial en sus voces.

– Señor, por favor, entienda que debemos realizaron una búsqueda exhaustiva y verificar su identidad.

– Más os vale- gruñó Tom- Aborrezco la seguridad laxa. El controlador humano apuntó una fuerte luz hacia el interior del vehículo. Introdujo un sensor que ante mis sentidos de mosca se me antojó como la fantástica varita de un mago. Podía ver como la energía irradiaba colores, invisibles para el ojo humano.

– Solo registro dos formas de vidas complejas- dijo el guardia- Muestra varias lecturas de insectos, pero solo dos formas de vidas complejas: usted, señor, y el conductor. El prisionero no se muestra como una forma de vida.

Ya iba mal. ¿Qué era ese nuevo sensor? Nunca lo habíamos visto antes. Me preparé, listo para saltar y regresar a mi forma. Pero en el pequeño espacio del todoterreno estábamos atrapados, indefensos. No podríamos recurrir a nuestras fuerzas. Tom habló.

– Bueno, por mucho que respete su nuevo juguete, cuento uno, dos y tres.

– Sí, señor.

– ¿Sabes qué es este prisionero? Es un Animorph. ¿No crees que Visser Uno querrá verla cuanto antes?

– ¡Si, señor!

– Y en cuanto a las formas de vida de insectos, son normales en este planeta. Pero asegúrese de usar el biofiltro Gleet antes de que entre a la nave. El guardia debió quedar satisfecho porque, poco después, nos movimos. Me relajé sobre una barra de titanio que se me antojaba tan gruesa como un roble. Nadie dijo nada durante unos momentos, y podía ver muy poco con mis limitados sentidos de mosca. Entonces, con voz calmada, grave, Tom habló.

– ¿Cómo te va, hermano pequeño? ¿Sigues ahí?-

< Sigo aquí> dije.

– Bien, me alegra saberlo. ¿Y tus pequeños amigos están también aquí?-

< Cállate, Yeerk> gruñí < Trabajamos juntos porque tenemos que hacerlo. No conversamos>

El Yeerk de Tom rio.

– Sois un grupo muy malhumorado, ¿no? Nadie me habla. Nadie excepto Rachel que me ha dicho… bueno, puedes imaginártelo.-

< Lo que diga va por todos nosotros> respondí.

– Malhumorados y antipáticos. Bueno. Es hora de ver al Visser. Mi plan va sobre ruedas, ¿no crees?

– Tom pensaba que Cassie era real. Y pensaba que todos nosotros nos escondíamos en algún lugar de su cuerpo. Su plan iba bien. El nuestro iba mejor. Otra pausa. Y, entonces, por fin, escuché el lenguaje telepático. Visser Uno.

< ¿Qué tenemos aquí?>

– Uno de los Animorphs, Visser. Mi gente la capturó y la interrogó. La interrogó… por la fuerza.

< Eso parece. Felicidades> casi parecía contrariado, como si no estuviera muy feliz de ver cómo Tom tenía éxito en aquello que el tantas veces había fallado

< ¿Has pasado por el biofiltro Gleet? No quiero sorpresas>

– Sí, claro, Visser- mintió el Yeerk de Tom. El biofiltro Gleet eliminaba cualquier forma de vida no primaria… cualquier cosa que “montada” en un cuerpo humano o de Hork Bajir.

< Uno de los autodenominados Animorphs. Debe ser… Cassie, ¿verdad?>

Ahora podía verle, como en mosaico, en mis ojos compuestos. Se alzaba sobre nosotros, mirándonos con su cara sin boca de Andalita y los ojos de las antenas ensanchados. De pronto, agitó la cola y dio un veloz golpe. Rápido. Demasiado rápido como para que mis sentidos de mosca pudieran salvarme. Pero, claro está, el golpe nunca llegó a alcanzarme. Fue detenido por campos de fuerza que cubrían el holograma. Exactamente igual que los golpes de tortura de Tom.

< Debería matarla> rechinó Visser Uno < Por todos los problemas que estas criaturas me han causado>

– Ahora tal vez no, Visser- objetó Tom- Podría resultarnos útil como cebo. ¿Por qué no se la damos a algún Yeerk provechoso y leal como huésped?

< Son difíciles de controlar> dijo Visser Uno < Si te transformas, morirás, Animorph. Aunque vas a morir de todas formas> “Cassie” no dijo nada. < Pero el placer puede esperar> dijo Visser Uno < Informa>

Tom entrelazó las manos a la espalda y adoptó una posición respetuosa pero casual.

– El líder de los Animorphs ha contactado con las fuerzas militares humanas. Una fuerza combinada de soldados humanos y Animorphs nos atacarán pronto. Su misión es servir de distracción para permitir que los Animorphs se infiltren en la nave.

Visser Uno rio. < ¿Van a intentar tomar la nave Estanque? ¿Tan tontos son?>

– No olvidéis que tienen a un Andalita con ellos. Usará sus habilidades para romper los códigos de seguridad. Y hay más, Visser –

<¿Más? ¿Qué más?>

– No… no estoy seguro, Visser, pero creo que mi gente ha descubierto una segunda conspiración, igual de peligrosa.

< Cuéntame…>

– ¡Visser!- una nueva voz. Humana. Apenas percibía al controlador humano. Una mujer.

< ¿Osas interrumpirme?>

– Con su permiso, Visser, podría ser el informe que estaba esperando- dijo, suavemente Tom.

– Visser… siento interrumpirlo- dijo la mujer- pero un grupo de Hork Bajir ha llegado al perímetro con un prisionero Taxxonita.

< ¿Un prisionero Taxxonita? Si hay algún Taxxonita que da problemas, matadlo, no me hagáis perder el tiempo con cuestiones disciplinarias como esa>

Tom intervino de nuevo. – Creo que este es un Taxxonita muy especial, Visser. Deberíais escuchar lo que tiene que decir.

Poco después, el Taxxonita, acompañado por los guardas Hork Bajir, se agitó y hondeó hasta la habitación. En mis ojos compuestos apareció como un centenar de ciempiés enormes. Pero los colores eran diferentes. Veía los ojos gelatinosos como si fueran de un psicodélico violeta.

< ¿Y Bien?> demandó Visser Uno < No soy un Yeerk paciente, explica el gran misterio>

Tom procedió a explicarle su infiltración en la alianza entre Taxxonitas y Animorphs. El Taxxonita, que se empeñaba en crear un discurso coherente con sus partes vocales inadecuadas, confirmó la historia.

– Es cuestión de tiempo, Visser, que ese ataque a tres bandas empiece. Los soldados humanos atacarán, los Taxxonitas destruirán el estanque Yeerk incompleto y los mismos Animorphs usarán la confusión para intentar entrar en la nave. Visser Uno asintió. Pero, ¿era duda eso que había en sus nublados ojos Andalitas? No era un genio, ese Visser Uno, pero tenía instinto de supervivencia. Se balanceaba atrás y adelante, paseando, moviéndose en círculos sobre la cubierta, con los ojos de las antenas observando el alrededor al azar.

Tom habló. – Si somos rápidos acabaremos con todos nuestros enemigos de un solo golpe. La nave Estanque y sus caza Insectos pueden eliminar con rapidez a los soldados humanos, y con despegar podremos evitar el intento de los Animorphs de entrar.

< ¿Y qué pasa con esos Taxxonitas rebeldes?>

– Nos ocuparemos de ellos con rapidez pero con cautela: no queremos dañar el nuevo estanque Yeerk. Sugiero, respetuosamente, Visser, que me dé el control temporal de su nave Espada para tratar personalmente el problema de los Taxxonitas. No tema: solo mataré a cuantos sean necesarios y ordenaré al resto que vuelva al trabajo.

Así que era esto, pensé, El momento de la verdad. Visser se lo tragará o no. El silencio se alargó. Demasiado. Visser Uno había olido el cebo. < No me gusta tanta buena suerte junta> siseó Visser Uno < He luchado por controlar este planeta años, ¡años! Y, ahora, de pronto, ¿todo cae en mis manos? No confío en la buena suerte. Por lo que sé, este Animorph, esta criatura, Cassie, podría haber traído a sus compañeros bandidos con ella>

– Pero, Visser, el biofiltro Gleet…

< Ya han engañado al filtro antes> bramó Visser Uno <¡No! ¡No! Hay algo que está mal, muy, muy mal… Mira cómo se queda ahí, derrotada, azotada, golpeada. No, es demasiado fácil. Y ese Taxxonita, ¿Cómo sé que no es uno de ellos, también? Puede adoptar cualquier forma. ¿Cómo puedo estar seguro?>

– Muy simple- dijo, con calma, Tom- Ordena al Taxxonita que coma a la chica Animorph. Si es un Animorph transformado, se negará. Si no, entonces la chica… y sus amigos infiltrados en su persona… morirán. Así es como estás seguro de ambas cosas.

< ¡Sí!> gritó Visser Uno < Guardias, estad atentos a todas las esquinas de la sala, disparad a cualquier cosa que se mueva, ¿me habéis oído? ¡A cualquier cosa! No esperéis órdenes. Si están aquí, intentarán recuperar su forma y transformarse. ¡Disparad a lo que sea! Y, ahora, hambriento hermano Taxxonita: si eres un Taxxonita de verdad, líbranos de esta chica> El Taxxonita no lo dudó. Se alzó, abrió su boca de lamprea, y se arrojó con ambición, enseñando los dientes. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 19:[/b]

– ¡No! ¡No!- gritó Cassie- ¡NOOO! La boca del Taxxonita destrozó a Cassie, masticó sus brazos y piernas, diseminó sus órganos por la cubierta de la nave Estanque y, por fin, engulló su cabeza con un mordisco mortal. La voz… tan parecida a la de Cassie… gritó, lloro y pidió misericordia. Tom agitó la mano en despedida.

– Si, por algún casual, estás ahí, hermano pequeño Jake, ¡adiós! Lo vi todo desde dentro de la ilusión, pues era una ilusión. “Cassie” era Erek, el Chee. Tom nos había traicionado, como sabía que haría. Creía que estábamos todos escondidos en la verdadera Cassie. Creía que había golpeado a la Cassie de verdad, y que ella lo había soportado para hacer que su captura pareciera más real. Creía que acababa de darnos de comer a ella, a mí y a todos nosotros, a un Taxxonita loco de hambre. Pero el Taxxonita era tan Taxxonita como Cassie era Cassie. Tobías, convertido en Taxxonita, se sació con una ilusión. Y el holograma de Cassie no era sino una películas proyectada por Erek. Poco a poco fue reemplazando imágenes de Cassie con imágenes de espacio vacío. Hasta que, macabro poco a macabro poco, desapareció, consumida por el Taxxonita que continuó hasta que no quedó ni una mancha de sangre en la cubierta de la nave. No hubiera engañado a un Taxxonita de verdad… ni siquiera los hologramas de los Chee y sus campos de fuerza podían reproducir el sabor. Pero Tobías actuó a la perfección y dos Yeerks, Visser Uno y Tom, se tragaron la actuación por completo. Erek, que no mostraba más que cubierta, se apartó rodando, fuera de alcance por si algún movimiento inesperado de Visser Uno revelaba su presencia.

< Bien hecho, Erek> dije. No respondió. No podía. Y, de todas formas, ya sabía que iba a contestar. No le habíamos dejado elección. Cualquier fallo por parte de Erek hubiera provocado que ordenara una carnicería. La programación de los Chee escogía el camino menos violento.

< Muy bien> dijo, riendo, Visser Uno < He vivido para ver, al menos, morir a uno de ellos. Es muy satisfactorio. Ahora, ve, mi buen y leal sirviente. Coge la nave Espada. ¡Mata a los Taxxonitas rebeldes por mí! ¡Indúceles a la sumisión!>

– Sí, Visser- dijo Tom, quien apenas podía ocultar su júbilo. Pensaba que lo tenía todo ganado ya. Su voz no dejó entrever nada, pero sabía que el Yeerk en la cabeza de mi hermano estaba exultante. ¡Extasiado! Me había matado. Nos había matado a todos. Y, ahora, podría poseer la nave Espada. Y, luego, si mis suposiciones eran correctas, esperaría a que Visser Uno aniquilara las tropas del General Doubleday y, después, cuando menos se los esperara Visser Uno, destruiría él mismo la nave Estanque. El Yeerk de Tom se erigiría como comandante de la nave Espada más rápida y mejor armada… casi el lugar más seguro donde se encontraba el cubo mórfico. El Yeerk de Tom llevaría su nueva adquisición al espacio Zero para reaparecer muy, muy lejos con unos pocos de seguidores leales y el poder de la transformación. No tendría que aguardar y enfrentarse a la posible llegada de los Andalitas. Estará a salvo y con el control. Era un plan claro. Y, si hubiera confiado en él estaría muerto, y conmigo mis amigos.

< Tobías, ¿estás bien?> dije

< Creo que he roto algunos dientes de Taxxonita al morder los escudos de fuerza de Erek, pero sí, estoy bien>

< ¿Marco? ¿Cassie? ¿Ax?> llamé.

< Todos estamos bien, Jake> informó Marco < La buena noticia es que la pulga que soy ahora no tiene ningún interés en la sangre del Taxxonita>

< Pero aún no hay señales de Rachel> dijo Cassie < Creí que habías dicho que se uniría a nosotros> < Estoy seguro de que se encuentra bien> dije < Rachel puede cuidar de sí misma. Ahora, al trabajo, chicos. Necesitamos controlar la navegación y necesitamos hacerlo cuanto antes>

Marco habló. < ¿Crees que deberíamos probar los códigos que nos ha dado Tom?>

Ax respondió por mí. < Puesto que, como predijiste, nos ha traicionado, es posible que los así llamados códigos que nos dio no solo no sean útiles, sino que podrían ser códigos de autodestrucción>

< Ax tiene razón> dije < Tendréis que hacerlo a la antigua. En marcha> Visser Uno nos ayudó sin darse cuenta al ordenar a los guardias Hork Bajir. < Llevaos a ese asqueroso Taxxonita y eliminadlo. ¡No os dará ningún problema ahora que está lleno!>

Los Hork Bajir condujeron al Taxxonita afuera. Pero ni Tobías ni mis amigos, ocultos bajo transformaciones, tenían nada que temer. Los guardias Hork Bajir eran Toby y veinte de los suyos. Mi hermano abandonó el puente de la nave Estanque. Los cazas Insecto lo conducirían a la nave Espada en órbita. La nave Estanque se elevó con una suave vibración como la única evidencia. Lejos de la Tierra a la seguridad de los cielos, o eso creía Visser Uno. Cinco Animorphs, veinte Hork Bajir y un Chee se encontraban ya a bordo de la nave Estanque, inesperados. El plan iba sobre ruedas.

< Va bien, ¿eh, Jake?> dijo Rachel y su lenguaje telepático se fue desvaneciendo con la distancia. No pude responder. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 20:[/b]

La nave Estanque despegó de la Tierra, el objeto más grande que los ojos humanos hubieran contemplado en los cielos. Más y más arriba, pero no lo mucho aún. Poco podía ver de la habitación con mis limitados sentidos. Me resultaba imposible comprender espacios grandes con los ojos de mosca. Así que busque algo de oscuridad. Busqué un lugar donde el movimiento del aire fuera mínimo. Había usado tantas veces la forma de mosca antes que era bastante bueno a la hora de interpretar los fragmentados datos que me daban mis sentidos. Aterricé boca abajo en una superficie casi horizontal y me mantuve allí un instante, intentando crear una imagen completa del puente de batalla de la nave Estanque. Parecía ser oval, aunque no podía asegurarlo. Estaba lleno con docenas de controladores, la gran mayoría Hork Bajir, con unos pocos humanos diseminados. Se sentaban o permanecían de pie frente a pantallas visuales y brillantes. Otros permanecían en posición de firmes, aguardando las órdenes del Visser. El Visser caminaba arriba y abajo, nervioso o, simplemente, aquejado por un sentimiento de anticipación. No podía saber qué, exactamente.

– ¡Ya está, Visser- canturreó una voz humana- Las fuerzas humanas se mueven.

< En pantalla principal> ordenó Visser Uno < Magnífico> – Tenemos una estimación preliminar. Setecientos nueve humanos. Veinte de esos vehículos de tracción que los humanos llaman tanques, Visser. Diecinueve vehículos de alas rotatorias. Análisis de amenaza: mínimo. Podía ver la pantalla principal. Estaba al revés y parpadeaba con un montón de extraños colores distorsionados, pero podía entender lo que veía. Podía ver lo que Visser Uno veía: las fuerzas del General Doubleday, avanzando por la quemada basura de abajo, siempre avanzando, siguiendo órdenes a pesar de que su objetivo, su objetivo, la nave Estanque, revoloteaba ahora a unos cien pies sobre sus cabezas. Una voz de Hork Bajir dijo. – Se han desplegado para atacarnos en tierra, Visser. Parecen desconcertados.

< Brillante previsión> dijo el Visser con humor ácido.

– Mostrando ahora los aviones que se aproximan.- dijo con calma otra voz humana- Nueve en total. – Visser, sugiero que los caza Insecto se ocupen de los aviones de combate. Podemos usar los cañones Dragón al máximo de su expansión y acabar con las fuerzas terrestres de un solo disparo.

< Si> dijo Visser Uno. Y, luego, como si se arrepintiera al verse privado de una batalla real, dijo

– < Simples criaturas. ¿De verdad creen que van a conseguir algo?>

¿Dónde estaban Erek y Ax? Ya había pasado tiempo de sobra. El Chee ya habría penetrado en la seguridad Yeerk. Debíamos hacernos con el control de navegación. No quería molestarles, seguramente lo estaban haciendo lo mejor que podían. Pero tampoco podía observar como asesinaban por completo las tropas terrestres sin hacer nada.

– Cañones Dragón configurados, Visser. ¿Permiso para disparar?

Si disparaban el cañón Dragón principal al máximo de su expansión no los mataría rápidamente, lo haría despacio. Se cocerían. Comenzarían a calentarse más y más conforme la diluida energía Dragón los asaba. Cada vez más calientes. Calientes hasta que se pasarían. Algunos se volverían locos mientras se freían sus cerebros. Y luego, los hombres, esos ya muertos y esos que aún se aferraban a la vida, arderían.

– ¡Visser!

< Si, ¿qué pasa?>

– Visser… la imagen… Creo que hay transformaciones ahí abajo con esas tropas de asalto humanas. La imagen de la pantalla cambió drásticamente, acercándose como un video casero. Vi perfectamente una leona que saltaba por ahí con un escuadrón de soldados tras ella, con las armas preparadas. Podía ver las caras que miraban, atemorizados, a la nave Estanque. Algunos se detuvieron para dispararnos. Ora forma, un rinoceronte, apareció tambaleándose en pantalla. Era cómico. Lamentable. Hombres con armas y un puñado de fugitivos de un zoo que intentaban atacar a una nave que podía hacer volar los asteroides del cielo.

< ¡El resto de los Animorphs!> gritó, jubiloso, Visser Uno <¡Ja, ja, ja! Supongo que han encontrado difícil infiltrarse en mi nave, ¿eh?>

Una nerviosa y servicial risa lo inundó todo. Alguien reportó que Tom había llegado a la nave Espada. La nave Espada informaba que estaba preparada para unirse al ataque.

< Si, si, diles que se encarguen de los Taxxonitas. Esto, desde luego, es todo mío> se jactó Visser Uno. Y después, dijo en un tono muy diferente, casi sabio.

< Cuanto tiempo he esperado este momento. Los bandidos al descubierto, como objetivos, en la pantalla, incapaces de escapar…>

– ¿Permiso para disparar el cañón Dragón?

< No, no, cancelad la máxima extensión> ordenó el Visser < Quiero verles arder, uno a uno. Acércanos. Usad rayos de cercanía. Olvidad a los soldados humanos, son irrelevantes. Libradme de esos Animorphs uno a uno. ¡Más cerca! Máximo aumento. ¡Dejad que vea como mueren!>

No podía seguir siendo paciente. < ¿Ax? ¿Marco? ¿Qué os retiene?> grité.

< Una pelea> contestó Marco. Podía notar el dolor en su comunicación telepática. En ese preciso instante llegó al puente un nuevo informe.

– ¡Visser! ¡Perdidas en los motores!- dijo una voz Hork Bajir.

< ¿Qué pasa ahora? ¿Otra explosión de plasma?> preguntó Visser Uno.

– No, Visser, todas las máquinas son nominales. Todos los sistemas son nominales.

< Bien, pues averigua que ha pasado allí> dijo Visser Uno, más petulante que preocupado < Ahora, apuntad a las transformaciones. Comenzad el fuego>

– Disparando- informó una voz neutral. El disparo impactó sobre los cuartos traseros del rinocente. Por un terrorífico momento, sus patas delanteras siguieron corriendo. La criatura… una muchacha llamada Tricia… tropezó, clavó el cuerno en la tierra, cayó y murió.

< ¡Ja, ja! ¡Buen disparo! ¡Arden bien esto Animorphs!> Sentí nauseas. Debía hacer algo. Tenía que pararlo. Eran los Animorphs de apoyo los que estaban muriendo ahí abajo. Ardiendo.

< No, no, tienes que controlarlo un poco. ¡Mira! Puedes disparar a dos… ¡Buen disparo!>

< Marco> supliqué < Marco, están matando a la gente de James>

< Erek está haciendo lo que puede, y también Ax> contestó Marco. Hubo un momento de silencio mientras Marco preguntaba al Chee y al Andalita. < Tres minutos> dijo por fin.

Una sentencia de muerte. Tres minutos. Tiempo más que de sobra para que los tiradores del puente. Demasiado tiempo. Dispararon. Si regresaba a mi forma me verían. No había donde esconderse. Me dispararían. Me matarían. No conseguiría nada. No podía morir. Estaba al cargo. Era mi plan. No había tiempo para reparos. Ganar, eso era todo: ganar. Visser Uno habló.

< Mirad, intenta recuperarse volviendo a su forma. ¡A por él! ¡No, idiota! Ahí. ¡Sí!>

– Nos disparan, Visser. Los aviones de combate han lanzado misiles.

< Destrúyelos> dijo Visser Uno, demasiado distraído con el asesinato de Animorphs como para preocuparse mucho por cuestiones de menor importancia. La voz de Hork Bajir habló otra vez.

– Confirmadas las bajas en los motores, Visser. Un Hork Bajir. Al parecer ha sufrido algún tipo de ataque animal.

Esta nueva información consiguió que el Visser prestara atención. Giró sus antenas para mirar al interlocutor.

< ¿Qué?>

Aproveché el momento para impulsarme y volar hacia abajo. Aterricé entre las antenas. Ax había admitido que ese era el único punto de un cuerpo Andalita que no podían ver con facilidad. Me quedé muy quieto sobre la cabeza de Visser Uno. Las antenas eran como serpientes, imposiblemente gruesas, pero flexibles, doblándose aquí y allá, muy por encima de mi cabeza. Los ojos flotaban ahí arriba, clavando dagas en el tripulante Hork Bajir.

< ¿Un ataque animal?> preguntó Visser Uno. Entonces, otro controlador humano informó.

– Visser, hemos contactado con motores y dicen que todo está normal. Que el Hork Bajir herido es un asunto disciplinario. Por supuesto: algún miembro del equipo de motores, uno de mis amigos, se habría transformado y estaría haciéndose pasar por un miembro de la tripulación Yeerk.

< No me molestéis con más asuntos disciplinarios> dijo Visser Uno < ¡Ahí! ¡Mira! ¡Otra forma! ¡Dale! ¡Dale!>

< ¡Marco!> bramé < ¡Es ahora o nunca!>

< ¡Has fallado! No, espera, ahí, ¡echa humo! ¡Arde!>

– Visser, esa parecía ser la última de las transformaciones

< Ah, bueno, todas las cosas buenas se acaban> dijo Visser Uno < Pero es un final feliz. Aseguras de grabar los datos… Me gustaría volver a verlo una y otra y otra vez. Ahora, poned el cañón Dragón a su máxima extensión y terminemos este juego>

– Cañón Dragón configurado, Visser.

< Fuego>

– Disparando.

< Ah, los humanos han comenzado a darse cuenta, ¿eh? ¡Ja, ja, ja! ¡Mirad como corren!>

– Sufrirán bajas del cien por cien en treinta segundos.

< ¡Marco!> grité

< ¡Lo tenemos!>contestó

< ¡Pues hacedlo! ¡Ya!>

< ¡Arden, arden!> el Visser estaba exultante. Y, al fin.

– Visser, el timón no responde.

< ¿Qué quieres decir con que el timón no responde? ¡Nos estamos alejando del objetivo! ¡Volved hacia el objetivo!>

– ¡Es ingobernable, Visser!

Trotó hasta la posición del timonel y se hizo él mismo con los controles.

< ¡Ingeniería! Ese idiota de ingeniería debe…> Prácticamente podía ver como giraban los engranajes de su cerebro. Casi podía ver el proceso, como una a una las pistas encajaban.

< ¡Están a bordo!> dijo Visser Uno, atónito. < Están aquí. ¡Están a bordo! ¡Sacrificaron a la chica y la usaron como un caballo de Troya!>

Aún no lo había pillado de todo, pero se acercaba. Aún no se daba cuenta de que Tom le había traicionado.

– Visser, parece que nos elevamos hacia la órbita.

< ¡Ya lo veo!> vociferó Visser Uno < ¿Podemos comunicarnos?>

– Si.

< Entonces contacta con la nave Espada. Ordénales que se acerquen. Y, si es necesario, que disparen a nuestros motores>

Era casi perfecto. De verdad estaba Visser Uno invitando a Tom a que se acerca. No hacía sino crear su propia condena. < Quiero a todo Hork Bajir capaz de mantenerse en pie que se reúna conmigo en ingeniería.> dijo Visser Uno. Temblaba. Lo veía tan claro. Saboreé su miedo y su rabia. Lo había mirado, indefenso, mientras mataba a James y los suyos. Mirado mientras se regodeaba. Ahora quería que sintiera miedo.

< Esto se acaba ahora> dijo con dureza, Visser Uno. En silencio, contesté, si, esto acaba ahora. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] Me agaché y me aferré con fuerza mientras Visser Uno cabalgaba a través de la nave Estanque. Los Hork Bajir se congregaban a su alrededor, siguiéndole el paso. A través de pasajes brillantes, por espacios abiertos que parecían hangares, y se abarrotaron lo que parecía ser una escalera interminable. Que descendía, siempre descendía.

< ¡Marco! ¡Cassie! Nos dirigimos hacia allí. Visser Uno tiene consigo a un buen puñado de los suyos>

Comenzaba a comprender que era lo que había retrasado tanto a Marco, Cassie, Tobías, Ax y Erek. La sala de maquinas se encontraba muy lejos del puente de mando. Tres corredores convergían en un par enormes puertas destrozadas. Los Hork Bajir y los controladores humanos se juntaron.

< Pistolas Dragón a media de potencia> ordenó Visser Uno.

< Cuando se abran las puertas, disparad. Disparad hasta que os quedéis sin energía, ¿me habéis entendido?>

– Visser, podría haber algunos de los nuestros… El Visser se dio la vuelta, agitó su cola de Andalita y decapitó al Hork Bajir que le había interrumpido.

< ¡La potencia media no dañará la maquinaria, pero matará cualquier forma de vida ahí dentro! ¡Tú! Todos vosotros, formad dos filas. La primera de Hork Bajir arrodillados, la segunda de humanos de pie, la tercera de Hork Bajir que dispararán por encima de las cabezas humanas. ¿Me he expresado con claridad?>

Muy claro. Y, si no lo había sido, nadie iba a protestar. Vi a Toby, reconocible solo porque era algo más pequeña que el resto de las hembras Hork Bajir. Posiblemente, sus compañeros se encontraran entre la multitud también. Llamé a mis amigos.

< Ey, chicos, van a disparar a ciegas. Van a llenar la habitación con rayos Dragón a media potencia y matar todo lo que encuentren. ¿Estáis preparados?>

< Sep. Estamos listos> informó Marco. Salté, volé bajo y zigzagueé entre las inquietas piernas. Las tropas del Visser estaban formando y recordaban, curiosamente, a ese tipo de movimientos que podrías ver en las Guerras de Independencia. Bien podía llevar casacas rojas y disparar salvas.

< Abrid las puertas> ordenó Visser Uno. Las puertas destrozadas se abrieron a la sala principal de maquínas, un semicírculo no muy diferente al mismo puente. Pero la sala era mucho mayor, tan alta como diez almacenes y dominada por tres enormes pillares que parecían estar hechas de algún tipo de arcilla roja resplandeciente. En cuanto las puertas se abrieron, las tres filas apiñadas de Hork Bajir y humanos comenzaron a disparar. Descargaron la energía en esa habitación. Los gritos de Hork Bajir, humanos y Taxxonitas de adentro fueron rápidamente silenciados.

< ¡Seguid disparando!> urgió Visser Uno < Equipo de asalto, preparado. Tan pronto como dé la orden ¡detened el fuego y entrad en la sala!> Me alejé de la escena, impelido por el cálido aire que provenía de los motores. Por el pasillo, a la izquierda a un salón.

< Aquí> dijo Ax. Una puerta se abrió. Zigzagueé por ella y la puerta se cerró tras de mí. Recuperé mi forma y me quedé mirando a Ax, Marco, Cassie y Tobías.

– ¡Anda! Jake- dijo Marco, alegremente- Quién imaginaría verte aquí.

< Hay un conducto de ventilación muy conveniente que sale de la sala de máquinas> dijo Ax < No hemos tenido problemas para salir. Aunque unos pocos segundos más no hubiera sobrado>

– Si, no os gustaría estar allí ahora.- dije. Luché contra el deseo de sentarme. No había tiempo para descansar. Ni de mostrarles con como me sentía.

– ¿Erek se ha quedado allá?

< No le pasará nada> dijo Tobías < Se necesitaría un rayo Dragón a máxima potencia y continuo para herirle>

– ¿Qué ha pasado en el suelo?- preguntó Cassie.

– No sé si Tom se he enfrentado a los Taxxonitas o no- dije, evasivo.

– No, me refiero a los hombres de tierra. Los soldados. La gente de James- aclaró Cassie, sabiendo perfectamente que había mal interpretado la pregunta a propósito.

– Creo que hemos sido lo suficientemente rápidos como para salvar a la mayoría de los soldados- dije- La gente de James… No creo que muchos lo hayan conseguido. Cassie me aferró del brazo.

– Jake, ¿estaba Rachel con ellos?

– No. – Entonces, ¿dónde está? ¿Por qué no está aquí con nosotros? ¿Por qué no me lo dices? Suspiré. No podía seguir evitándolo mucho más.

– Está con Tom- quise mantener la vista en el suelo. Cassie era la mejor amiga de Rachel. Tobías, su novio, si ese término podía aplicarse a un halcón. No podía mirar a ninguno de los dos.

– Oh, Jake…- gritó Cassie.

< Tú, hijo de…> comenzó Tobías <Tú, arrogante, descarado… ¿Qué has hecho? ¿¡Qué has hecho?>

– No podía dejar que se fuera- dije automáticamente- El Yeerk de Tom… ¿La nave Espada y, posiblemente, el cubo mórfico? Tenías razón, Cassie, no podía dejar que pasara.

– No, no podías- dijo Marco, tranquilo. Mi amigo Marco veía la misma necesidad que yo. No le gustaba más que a mí pero sabía que era necesario, inevitable.

– Tiene que haber otra forma- susurró Cassie.

< Erek no nos ayudará a obtener acceso al sistema de armas> dijo Ax < Ha rebajado el control del timón de forma que esta nave pueda seguir volando, pero no pueda efectuar con éxito ninguna acción. Es como si alguien intentara controlar el vuelo de la nave Estanque con un remo. La nave Estanque se mantendrá en órbita y no saldrás hasta que los Yeerk consigan reparar el sistema, lo que les levará horas. La nave Estanque es inútil como plataforma de combate, excepto para uno o dos disparos rápidos>

– Que no podemos dar porque no podemos acceder al sistema de combate. Nuestro chantaje no llega más lejos.- concordó Marco- No temas, Erek ha trasteado con la programación del núcleo. No soportará un sistema de combate mejor. Desde luego que no. Seremos como patos sentados si Tom vuelve la nave Espada contra nosotros, y todos sabemos que es eso lo que planea. Exploté.

– ¡No es Tom! No es Tom, no lo llames así. Es el Yeerk en su cabeza. Es el Yeerk, ¡no mi hermano! Ninguno se sobresaltó ante mi reacción. Ninguno nos encontrábamos en nuestros cabales en ese momento. Tobías me odiaba, me odiaba, podía sentirlo, y yo me odiaba a mí mismo. Tendría que ser otro día. No podía matar a Rachel. No a mi prima Rachel, no después de que me hubiera salvado la vida tantas veces.

– Solo una oportunidad, solo una oportunidad y nada más- dije- Tú lo has dicho, Ax: uno o dos disparos rápidos, podrían deshabilitar a la nave Espada.

– No tenemos acceso a las armas- señaló Marco. Asentí.

– Si, pero Viseer Uno sí. Respiré un par de vécés. Intenté concentrarme. Había un reloj un me cabeza que hacía tick tock tick tock, el tiempo se acababa. Tenía que delimitar el plan.

– Es la hora- dije- Tengo que llamar a Toby. Comencé a transformarme en tigre. Necesitaba la forma y, lo más importante, necesitaba la comunicación telepática.

< No dejes que muera> dijo Tobías con calma < Encuentra una forma, Jake. No dejes que muera> Una vez listo, me puse en contacto con Toby. < Toby, todo ha salido según lo planeado. La mayor parte de las fuerzas de choque se encuentran en la sala de máquinas, con Visser Uno. Tomad posiciones: cerrad las puertas y disparad a cualquiera que intente salir. Y, Toby, mantened la posición, no importa cómo. Hasta el último de vosotros, Toby>

– Cualquiera que pueda transformarse podrá escapar de esa habitación- señaló Cassie- Y Visser Uno puede transformarse. Puede sobrepasar a Toby y los suyos y atacarles desde atrás.

Asentí. < Si. Pero no irá a por la gente de Toby. Vendrá a por nosotros porque sabe que estamos en su preciado puente>

– Ni siquiera sabe que estamos aquí- dijo.

< Formas de batalla, todos. Informemos a Visser Uno de nuestra presencia> [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Salimos a la carrera de esa habitación y tomamos el pasillo, en dirección contraria a la sala de máquinas . En dirección, de hecho, al mismo estanque. Después de toda la espera reprimida, era un alivio sentir garras y dientes y enemigos a los que enfrentarse. De vez en cuando, conforme avanzábamos, algunos Hork Bajir y controladores humanos solitarios nos vieron. Muchos corrieron y sobrevivieron. Otros no corrieron. Una pequeña patrulla de lo que parecía ser algún tipo de policía Yeerk se detuvo y combatió con nosotros. Solo nos retrasaron unos segundos. Nos movíamos con demasiada facilidad, nos encontramos con muy poca resistencia. Visser Uno tenía que conocer nuestra presencia. Tenía que salir de la batalla de la sala de máquinas para enfrentarse a un peligro mayor. Había guardias a la entrada del estanque, un par de Hork Bajir que hablaban, nerviosos, sobre los distantes disparos de la sala de máquinas. Ya estaba sobre el primero antes de que pudiera gritar. Lo derribé con mi salto y abofeteé con ese tipo de golpe que solo un tigre puede dar. Ax se encargó del otro guardia y, por una vez, nos encontramos en el paraíso de cielo, frente al mismo estanque. Era perfectamente redondo, apenas iluminado bajo un techo. Era un estanque de líquido metal rodeado de jaulas donde los huéspedes menos cooperativos se encerraban mientras los Yeerk absorbían sus nutrientes. Las jaulas contenían, al menos, unos veinte o veinticinco humanos y Hork Bajir, todos temporalmente libre de Yeerks. No había considerado la posibilidad de liberar huéspedes.

< ¡Marco! ¡Las Jaulas!> < Estoy en ello, tío> dijo, alegre.

Una voz Hork Bajir gritó. – ¡Andalita!

Un grupo de controladores humanos desprevenidos cargaron contra nosotros, portando pistolas Dragón pero temerosos de disparar en su santuario. Pasamos a través de ellos antes de que pudieran convencerse. Un par de Taxxonitas, que, evidentemente, no era miembros del grupo de Arbron, aparecieron, ondulándose, para entrar en batalla. Cassie y Tobías hirieron a uno lo suficiente como para que sus hermanos acabaran con él. Más Hork Bajir. Una batalla desgarradora, cuerpo a cuerpo, y volvíamos a estar en camino. Ahora Visser Uno lo sabría. Esperaba. Esperaba. Tenía que venir al puente. Si permanecía en la sala de máquinas volvería las tornas en la batalla con Toby.

Ax habló. < ¡Príncipe Jake! En esa cabina deben estar los controles del estanque>

< ¿Sí?> no lo pillaba.

< A veces reparan el estanque> dijo Ax <Eso significa que lo drenan>

< ¡Vamos!> Un bonus. Otro nuevo elemento. ¿Pero era algo bueno o malo? Bueno. Bueno. Tal vez. Sabía cómo transcurriría el plan, como resultaría. Rachel. Tom. Inevitable. Tal vez los nuevos elementos, tal vez los prisioneros liberados, tal vez esa nueva apertura, tal vez lo inevitable no tenía por qué suceder. Tal vez podría salvarla. La cabina que Ax había atisbado se parecía absurdamente a una de esas de controladores de peaje. Estaba hecha de plástico transparente y se encaramaba por encima del estanque, sobresaliendo ligeramente. Solo había un Hork Bajir en su interior. Había ocho fuera, desarmados pero preparados para dar problemas, preparados para luchar. No había tiempo para pensar, solo para ¡atacar! Ax y yo corrimos directos a ellos. Arañé y abrí en canal a mi enemigo más cercano. La cola de Ax se agitó. Cassie trotó tras nosotros y se arrojó a la batalla. Pero el espacio era demasiado estrecho, estábamos encajonados en él. Como si nos agitaran en una picadora de puré. Los Hork Bajir nos rodeaban, nos golpeaban, cortaban, arañaban, pateaban y destrozaban con sus pies con garras. ¡No había forma de escapar! No podía golpear sin dar a Ax que se apretaba contra mí. Y, entonces, a mi espalda, gruñendo pero indefenso, vi como un Hork Bajir saltaba sobre mi cabeza y aterrizaba como un surfista sobre mis atormentadores. ¡Los prisioneros! Uno de los Hork Bajir prisioneros que Marco había liberado. Marco también se encontraba allí, pero, sobre todo, eran los prisioneros liberados. Ellos volvieron las tornas, atacando a sus torturadores con una inmensa rabia. Ax se encontraba de pie otra vez, sangrante y herido, pero lo suficientemente bien como para ondear la cola y cortar el control de la cabina. Un gorila abrió de un golpe la puerta y dijo.

< ¡Hola! ¿Quiere vivir? ¡Pues fuera de ahí ahora mismo!> agarró al Hork Bajir indefenso y lo arrojo a la melé. Entonces Marco sujetó la puerta como un botones de hotel y sonrió con una sonrisa de goma de gorila.

< ¿Caballeros?> Ax se apresuró a pasar y comenzó a pulsar pantallas activas y a manejar los controles. < Hay una secuencia de expulsión> dijo < Tengo que sobreponerme a los protocolos de seguridad> Volvió sus antenas hacia mí aun cuando sus ojos principales guiaban sus rápidos y habilidosos dedos.

< Podría hacerse> < Muy bien> < El estanque está al máximo. Estos son los Yeerks que rescataron de la base-estanque de la Tierra. Más el grupo de Yeerk sin huésped que han sido trasladados aquí> < ¿Hay alguna razón por la que me estés contando esto, Ax-man?>

< Jake, hay unos diecisiete mil trescientos setenta y dos Yeerks en ese estanque> Eso me paralizó. Visser Uno tenía que saber que estábamos ahí, libres. Tenía que correr hacia el puente de mando y no permanecer en la batalla de ingeniería. Diecisiete mil. Criaturas vivas. Criaturas sapientes. ¿Cómo podía dar la orden? Aún por la victoria. Aún por salvar a Rachel. ¿Cómo podía dar ese tipo de orden? Podrían haberse quedado en casa, pensé, nadie les obligó a venir a la Tierra. No es mi culpa. No es mi culpa, es la suya. No era más de lo que merecían. Alienígenas. Parásitos. Subhumanos. < Expúlsalos> dije. [b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

[b]Capítulo 23:[/b]

El estanque principal de la nave Estanque entró en su ciclo de limpieza y drenó el agua cenagosa y gris hacia el vacío del espacio. El agua, y con ella las criaturas parasitarias, se congelaron al instante. El estanque se convirtió en una nube de hule que se alejaba de la lenta nave Estanque. ¿Cuántos había dicho Ax? Diecisiete mil y… ¿cuántos más? ¿Cuánto Yeerks habían sentido, de pronto, la puñalada del terror al darse cuenta de lo que pasaba? Ahora estaban congelados. Eran cristal. Un cementerio en órbita.

< Vámonos> dije

Huimos de allí, huimos de lo que habíamos hecho. Huimos hacia el puente. Era su culpa, era culpa de Visser Uno, todo. ¿Quién había empezado la guerra? Nosotros no. No la habíamos pedido. Fue él. Él y su asquerosa y subhumana raza parasitaria. Su culpa. No la mía. No la mía. Ya estaba en el puente para cuando llegamos, nuestro viejo enemigo. Visser Uno contaba con un puñado de controladores humanos y Hork Bajir. Pero casi parecía solo. La pantalla principal mostraba una nueve de fragmentos de hielos que brillaban. Visser Uno la observó, casi ajeno a nosotros, aunque seguramente supiera que estábamos ahí. Por fin, se volvió y me miró con sus cuatro ojos Andalitas. < Bien> dijo, casi con suavidad < no habéis muerto aún>

< No, Visser. Aún no estamos muertos>

< Eres al que llaman Jake, ¿no? El hermano del huésped de mi jefe de seguridad>

< Ese soy yo> Asintió ligeramente. Se acercó a las pantallas conforme la imagen cambiaba.

< Como vez, mi nave Espada se acerca>

< No creo que te sea de mucha ayuda, Visser>

< No. Me ha costado un poco darme cuenta de lo que ocurría. Pero ahora lo veo claro. La nave Espada va a atacar y yo estoy indefenso, soy incapaz de controlar esta nave> se rio sin alegría

< Solo un traidor podría vencerme. No vosotros, humanos, ni vuestra mascota Andalita. He sido engañado por uno de mi misma naturaleza>

Marco rio y se detuvo.

< Solo otro Yeerk podría vencerme y solo mediante la más baja traición. No me habéis vencido vosotros. Vosotros no>

< Visser, aún puedes disparar una o dos veces a la nave Espada. Volar sus motores>

< Sí, lo hemos intentado> dijo con sequedad < Pero, veréis, alguien esta drenando el poder de los rayo Dragón. El poder se está desviando. Uno de los traidores, supongo. Podríamos realizar uno o dos disparos, si, pero solo a un cuarto de potencia. ¿Aún sería suficiente? Lo dudo>

< ¡Erek!> bramé en telepatía privada < ¡Deja de drenar la energía de los rayos Dragón> No hubo respuesta. < Erek, sé que piensas que estás haciendo lo correcto, pero solo lo estás empeorando> Visser Uno suspiró. < Mi único consuelo es que cuando ese traidor me asesine con mi propia nave, ¡me libraré por fin de vosotros!>

– Fijado objetivo en el motor de estribor de la nave Espada. Preparados para disparar- informó uno de los humanos.

Visser Uno agitó una mano lánguida.

< Fuego>

Vi en la pantalla como el rayo atravesaba el espacio. Una, dos veces. Ambos fallaron. La nave Espada viró con rapidez para evitar los lentos y retardados cañones Dragón de la nave Estanque. La nave Espada disparó. La explosión reverberó en la nave.

– Motor número uno destruido, Visser. La nave Espada disparo otra vez. Y otra. Dos explosiones más.

– Sin propulsión, Visser.

< Si, ya me he dado cuenta> dijo Visser Uno < Sin motores. Y todos nuestros hermanos del estanque asesinados por estos humanos>

– Nos llaman.

< Por supuesto> murmuró Visser Uno <No importa cómo. Tenemos que hacer la pantomima.>

Fue la cara de Tom la que apareció en la pantalla. Y fue la voz de Tom la que habló. Pero el tono duro, presumido y burlón pertenecía al Yeerk.

– Parece que estás experimentando algunos problemas de motores, Visser- se jactó Tom.

< El Imperio te rastreará y te matará, supongo que comprendes eso, ¿no?>

– Oh, lo dudo: creo que el Impero esta un pelín ocupado- dijo, alegre, el Yeerk de Tom- La flota Andalita está cerca. Es posible que te mintiera respecto a eso. Entonces me vio. Se puso pálido. Sus ojos se abrieron. Y lo supo.

– ¡No estás muerto!

< También me he dado cuenta> dijo con sequedad Visser Uno. Tom ladró órdenes a su tripulación.

– Rodéales para apuntar al puente de la nave Estanque. ¡Hazlo! ¡Ahora, ahora! ¡Rodéales!

< Jake> suplicó Tobías, sabiendo lo que iba a ocurrir y, aun así, suplicando.

< Rachel…> dije < Ve>

[b]©199_ K.A. Applegate 2015 de la traducció,n de Sonia[/b]

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