# Crónicas andalitas

Sinopsis:

     Su nombre es Elfangor-Shirinial-Shamtul. Un príncipe guerrero Andalita. El que otorgó a cinco jóvenes humanos el poder de transformarse en los animales que tocaban. Ellos siguen ahí, combatiendo un mal tan poderoso que no se pueden permitir sentirse realmente a salvo ni un solo momento. Su historia, continúa.

    Pero así es como empezó todo.

Datos del libro:

El libro consta de 323 páginas en su versión original, divididas en 49 capítulos.

 

Narrador

 

Los Animorphs conocen a Elfangor como el gran Príncipe andalita y héroe de guerra que les dio el poder de transformarse poco antes de ser brutalmente asesinado por Visser Tres. Pero antes de recibir toda esa gloria, Elfangor era solo otro niño con sueños, un aristh que acabaría liderando una misión que cambiaría su vida para siempre…

 

El viaje de Elfangor comienza cuando solo es un joven aristh a bordo de la nave Cúpula Starsword. Cumplía con su deber y se entrenaba para ser un guerrero, siempre con la esperanza de convertirse en un honorable Príncipe andalita como lo eran sus superiores. Pero la vida de Elfangor toma un dramático giro cuando, un día, él y otro aristh, Arbron, son seleccionados para abordar una nave Skrit Na. Es ahí donde se encuentran con otros dos jóvenes humanos. Y desde el ordenador de esa misma nave descrubren –junto con el príncipe guerrero Alloran- que otra nave Skrit Na ha logrado escapar con un misterioso y antiquísimo mecanismo conocido como la Matriz del Tiempo.

Antes de que Elfangor pueda darse cuenta de nada, él, Arbron, Alloran y los dos humanos, se ven inmersos en una fántastica aventura que los llevará hasta el planeta taxonita, en el espacio profundo, y a una increíble realidad alternativa creada por la propia Matriz. Una aventura que finalmente le conducirá a la Tierra –y a embarcarse en una relación que desembocará en el nacimiento de uno de los Animorphs…

 

Nuevos personajes

Elfangor asiste a su entrenamiento en la nave Cúpula Starsword junto con el aristh Arbron, siempre incapaz de ponerse serio, y donde aprende a luchar bajo la atenta mirada del condescenciente Sofor. El líder de la nave es el capitán Feyroyan, el oficial táctico es el Príncipe Nescord, y el comandante de los escuadrones de batalla, el Príncipe Breeyar.

Pero pronto Elfangor y Arbron son enviados en una misión junto con el Príncipe caído en desgracia Alloran-Semitur-Corrass, el andalita destinado a convertirse en el huésped de Visser Tres.

Elfangor también se encontrará por primera vez con los humanos. Serán una joven de pelo rubio llamada Loren y un chico de difícil temperamento un par de años mayor que ella, Hedrick Chapman.

Finalmente, Elfangor conocerá al yeerk sub-Visser 7, que pronto será ascendido a Visser 32, tras haber conseguido algo de lo que ningún otro yeerk ha sido capaz jamás –someter un huésped andalita…

 

Nuevas razas

 

Mortron. Los mortron son en realidad dos criaturas en una: una con forma de cuartos traseros sobre ruedas, amarilla con puntos negros; y otra roja con la forma de la parte superior del cuerpo que parece una cabeza larga y afilada hasta que la criatura se separa revelando sus alas. No solo pueden moverse muy rápidamente sobre tierra firme y atacar desde las alturas, sino que además tienen la capacidad de regenerarse. Corta a una por la mitad y se formarán dos nuevos mortrons.

 

Skirt Na. Los Skrit y los Na parecen dos criaturas diferentes, pero de hecho se trata de la misma especie en diferentes fases de su ciclo vital. Los Skrit parecen insectos gigantes. Finalmente se introducen en un capullo del que surgirá la nueva criatura: el Na. El Na tiene el aspecto de los alienígenas que se ven constantemente en Encuentros en la Tercera Fase: cabeza grande, ojos grandes, piel gris y brazos y piernas largos y delgados. Por razones que solo ellos conocen, disfrutan raptando alienígenas y mutilando el ganado. Son los ladrones de la galaxia, y van por ahí –naturalmente- en platillos volantes. No son controladores, pero a menudo los yeerks han llegado a hacer tratos con ellos para obtener nuevas tecnologías alienígenas.

 

Nuevas palabras

La abominación. Término con que los andalitas se refieren al único controlador andalita que existe. Elfangor fue el primero en usar esa expresión sobre Alloran/ Visser Tres.

 

Djabala. Animal pequeño, de seis piernas, trepaárboles, provisto de boca y cola. Vive en el mundo natal andalita, y es el primer animal en que un andalita se transforma tras adquirir los poderes mórficos.

 

Garibah. Un árbol guía andalita.

 

Hala Fala. El nombre del garibah de Elfangor. Es el árbol therant más anciano de los bosques cercanos a su casa.

 

Hirac delest. Testamento final de un andalita. Éste libro es el hirac delest de Elfangor.

 

Hoobers. Pequeñas criaturas de unos cómicos ojos saltones, nativas del planeta andalita. Van por ahí saltando sobre sus patitas elásticas.

 

Jahar. La gloriosa nave andalita de Alloran. Se llama así por su esposa.

 

Pájaro Kafit. Pájaro de seis alas del mundo andalita. Es una de las tres únicas especies de ave que habitan en ese planeta.

 

 

Nuevas formas

 

Elfangor se transforma, como todos los andalitas jóvenes, en djabala (1) y pájaro kafit (2). Durante la misión, adquiere y se transforma en un taxonita (3). Finalmente escoge una forma humana (4).

 

Arbron también se transforma en djabala (1), pájaro kafit (2) y finalmente en taxonita (3).

 

Alloran, por su parte, se transforma en taxonita (1) y hork-bajir (2).

 

[b]Capítulo 0:[/b] Aquella extraña criatura era más baja que yo. Lo que más llamaba la atención de ella, era su capacidad para sostenerse sobre dos piernas. Solo dos. Tenía brazos, sí, pero en ningún momento los usó para caminar. No habría aguantado mucho tiempo caminando sobre ellos. La cara de la criatura era del mismo tamaño que la mía, pero más redonda. Tenía dos ojillos azulados en la parte delantera de la cabeza, y debajo de ésta una hendidura horizontal. Muchas especies la tienen. Se llama boca. Mi nombre es Elfangor. Soy un príncipe Andalita y estoy a punto de morir. Mi caza ha sido dañado. He caído en la superficie de un planeta llamado Tierra. Creo que la nave cúpula, la Domo, ha sido destruída. Temo que mi hermano pequeño Aximili esté muerto. En ningún momento pensamos que los yeerks hubieran llegado a ser tan fuertes. Cometimos un error. Infravaloramos a los yeerks. Y no ha sido la primera vez. Habríamos derrotado a su nave-estanque y sus cazas. Pero tenían también una nave Espada en órbita. La nave Espada de Visser Tres. Dos cazas Insecto yeerks han aterrizado a ambos lados del lugar en el que me encuentro. Y la abominación de Visser Tres también está aquí. Puedo sentirlo. Siento su maldad. No puedo derrotar a Visser en combate. Me encuentro gravemente herido. Demasiado débil para transformarme. Demasiado débil para luchar. Éste es mi [i]hirac delest[/i], mi testamento, el último envío telepático que dejo a mi gente. Voy a grabar mis recuerdos antes de que los yeerks aniquilen todo rastro de mí. Si este mensaje llega algún día al planeta andalita, quiero dar a conocer la verdad. Me consideran un gran guerrero. Un héroe. Pero hay un algo que ningún andalita sabe de mí. Jamás he mentido, pero sí he guardado la verdad en secreto. Ésta no es mi primera visita a la Tierra. Pasé muchos años aquí… aunque me pareció muy poco tiempo. Aterricé en este mismo recinto abandonado con la intención de encontrar un gran arma: la Matriz Temporal. La existencia de éste arma también era un secreto. He guardado tantos secretos a lo largo de mi vida… ha sido un grave error. Cosas que debería haber hecho. Todos los errores de mi vida parecen estar pasándome factura a la vez. Ahora resulta inevitable. Por supuesto, mi muerte será en la Tierra. Por supuesto, el niño está aquí y lo verá todo. Y por supuesto será Visser Tres quien acabe con mi vida. Estoy demasiado débil como para localizar el lugar donde escondí la Matriz Temporal. Yo moriré, pero he dejado mi legado. Visser Tres piensa que ha ganado nuestra guerra personal. Pero le he dejado una pequeña sorpresa. He concedido a cinco humanos el poder de transformarse. Sé que he quebrantado la ley andalita. Sé que esta acción será condenada por mi gente. Pero los yeerks están aquí, en la Tierra. Visser Tres está aquí. Los humanos se merecen la oportunidad de defenderse. La raza humana no debe sucumbir a los yeerks, como les sucedió a los hork-bajir. He alentado a un grupo de cinco jóvenes a utilizar los poderes mórficos contra ellos. Solo son niños, en realidad. Pero a veces los niños pueden llegar a sorprendernos. No me queda otra opción más que tener esperanza. Porque fui yo quién creó a Visser Tres. Yo fui quién originó esta abominación. Voy a morir aquí y él sabe que fui yo quien creó a la criatura que esclavizará a la raza humana. Vine a éste lugar buscando el arma que oculté, buscando el arma cuyo escondite solo yo conozco. Pero no hay tiempo para hablar de ello. No hay tiempo… Visser está aquí. Se ríe de mi estado y me humilla con su victoria. Éste es el [i]hirac delest[/i] de Elfangor-Sirinial-Shamtul, príncipe andalita. Abro mi mente al ritual de la muerte. Abro mi mente y permito que mis recuerdos y mis secretos queden grabados en mi ordenador. No solo va dirigido a mi gente. Espero que algún día los humanos lo lean también. Porque los humanos también son los míos. Loren… y el muchacho al que acabo de encontrarme, aunque no por primera vez… [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 1:[/b] [b]Veintiún años antes[/b] Los yeerks están sueltos. Como una aterradora enfermedad, extienden su mal de planeta en planeta. Toman especie tras especie. Aplastan toda resistencia. Sus naves estanque vagan por toda la galaxia. Se hicieron con ejércitos de taxonitas y hork-bajir, y los doblegaron bajo su mando. Bajo el mando de unos seres que en realidad son gusanos con el poder de matar, de esclavizar. Estaban aniquilando planetas enteros. Solo nosotros, los andalitas, los combatimos. Pero nos cogieron por sorpresa. Nuestras poderosas naves Cúpula, cada una muy por encima de cualquier tecnología que los yeerks poseer, se disemiraron demasiado por la galaxia. Nuestros espías, aunque usaron la tecnología secreta de transformación andalita, fueron incapaces de averiguar los secretos de los yeerks. Durante cinco años nuestros príncipes han luchado contra los vissers del imperio yeerk. Dijeron que la guerra podía continuar otros cincuenta años… otros cien, incluso. Nos superaban en número. Habíamos luchado muchas batallas y perdido también a demasiados de los nuestros. Pero mi arogancia me llevó a pensar que si yo entraba en esa guerra, podía marcar una diferencia. Yo, Elfangor, me convertiría en un gran guerrero, un príncipe, un héroe. Fui destinado a un puesto como [i]aristh[/i], un cadete, de la nave cúpula [i]StarSword[/i]. Pero hasta entonces, seis meses después de estar vagando por el espacio en busca de un escurridizo destacamento yeerk, no había demostrado precisamente ser un gran héroe. De hecho, lo que sí había demostrado era ser torpe, necio y una causa perdida. Al menos, según mis instructores. <¡[i]Aristh[/i] Elfangor! Cuántas veces tengo que decírtelo: ¡un golpe letal debe ser tan elegante como rápido!> Gritó Sofor por telepatía tan estruendosamente que probablemente la mitad de la nave le habría oído. Me coloqué frente a él, intentando permanecer de pie, liviano y tranquilo sobre mis cuatro pezuñas, como se suponía que ebía hacer. Al mismo tiempo tenía que calcular dónde tenía concentrado mi peso, si la inclinación de la parte superior de mi cuerpo indicaba que estaba preparado para atacar, si el terreno bajo mis pezuñas era irregular, si tenía las manos fuera de la trayectoria de mi cola, y cerca de otro millón de cosas que un guerrero ha de tener en cuenta antes de blandir su hoja. Sofor era más grande que yo. Era un guerrero de pleno derecho, mientras que yo solo era un modesto [i]aristh[/i] – un cadete. Si esto hubiera sido una lucha real, Sofor me habría atravesado en veinte sitios diferentes en menos de un segundo. Posiblemente.Porque a veces me daba por pensar que yo sería más rápido y mejor si eso fuera una batalla real, y no solo una clase. Estaba seguro de que si mi vida dependiera de ello, podía ganar. En cualquier caso, Sofor no era mi enemigo.Era mi instructor. <Observa mis ojos, no mi cola,> continuó Sofor. <¡Mis ojos principales, imbécil, no mis antenas oculares! Mantén tus ojos principales sobre los míos y tus antenas oculares en mi cola.> Mantuve su mirada, pero no era fácil. Su ojo izquierdo tenía una enorme cicatriz que lo recorría exactamente de arriba a abajo. Intenté enfocar todos mis pensamientos en la nada, tal y como Sofor me había enseñado. <Tu mente nunca sabrá cuando es el momento para atacar. Solo tu [i]instinto[/i] puede guiarte,> me recordó. De repente…¡FWAPPP! ¡Puse en marcha los músculos en mi cola! La punta de la cuchilla se movió tan rápido que restalló en el aire. Apenas podía seguir mi cola cuando ataqué. La hoja se arqueó sobre mi cabeza hacia la cara de Sofor, y yo pensé, [i]Ey, tal vez el viejo Sofor termine con una nueva cicatriz[/i]. Si conseguía encajar un golpe sobre Sofor habría sido el héroe de todo aquel [i]aristh[/i] que había sufrido bajo su mando. Entonces… ¡SWOOP! ¡FWAPP! ¡FWAPP! ¡FWAPP! Sofor bloqueó la cuchilla con su cola, la redirigió, y en una décima de segundo me lanzó tres golpes como relámpagos. Uno a cada lado de mi cabeza, y un tercero que dejó la afilada cuchilla de su cola presionando mi garganta. Los golpes se detuvieron justo a un pelo de cortar mi piel. Si Sofor hubiera sufrido un temblor en ese momento, podría haberme cercenado la cabeza fácilmente. <No está mal, [i]Aristh[/i] Elfangor,> me dijo Sofor entre risas. <No está mal del todo. Ese ataque tuyo casi podría haberme alcanzado… ¡si me hubiera sorprendido durmiendo!> Volvió a soltar una carcajada y apartó su cola de mí. <Recuerda: no pienses, hazlo. Eres demasiado reflexivo, le das muchas vueltas. Deberías ser científico, no un guerrero. En una batalla no hay tiempo para pararse a meditar. Solo tendrás tiempo para utilizar por instinto lo que has aprendido en los entrenamientos.> <Seguro que incluso usted se ha distraído alguna vez,> murmuré. Deseé tragarme mis palabras tan pronto como salieron de mi cabeza. Sofor volvió una de sus antenas oculares hacia mí. Tenía una expresión peligrosa en el rostro. <¿Qué es lo que has dicho, [i]aristh[/i]?> <Nada… yo solo… um, nada,> tartamudeé. Pero no podía apartar la mirada de la cicatriz que tenía bajo el ojo. <Ah, ya veo. Te has fijado en mi pequeña cicatriz. Sí, un corte bastante desagradable. ¿Sabes cómo me la hice?> Sacudí la cabeza. ¿Qué estaba haciendo, dándomelas de listo con Sofor? ¿Qué demonios me pasaba por la cabeza? ¿Estaba loco? <Me la hizo mi propio maestro. No era tan dulce y comprensivo como yo. No le gustaban los [i]arisths[/i] engreídos.> El viejo guerrero se rió de su propio ingenio, se apartó, y se alejó galopando a través de la hierba, con la cola tan alta como un andalita de la mitad de su edad. Suspiré aliviado. Paseé la mirada por la cúpula a mi alrededor para ver si alguien más había presenciado mi humillación. La bóveda de la nave Cúpula es un área circular de unos quinientos metros de diámetro. Estaba ambientada con hierba, árboles, rocas, y flores. Había un lago en el medio y un arroyo que corría alrededor de la circunferencia. Se parecía a nuestro hogar tanto como era posible. Casi llegabas a pensar que trotabas por la tierra de nuestro mundo. Pero cuando mirabas arriba, veías que estabas en el espacio, protegido solo por una burbuja de plástico transparente, una cúpula. Vi a otros guerreros de mi destacamento corriendo sobre la hierba, comiendo, jugando y practicando sus habilidades. Pero nadie parecía estar observándome. Analicé mi lucha conra Sofor. ¿Cómo había sabido el segundo exacto en el que atacaría? ¿Qué me había delatado? ¿Cuál era mi problema? ¿Me había enfadado solo por que Sofor fuera más rápido que yo? [i]Por supuesto[/i] que él era mejor luchador que yo. Sofor había estado en más batallas de las que yo podía siquiera imaginar. Pero aún así me irritaba. No soportaba que la gente se riera de mí. Y no me gustaba perder. Mis antenas oculares divisaron a alguien acercándose por detrás de mí. Había estado oculto por unos árboles. Le reconocí inmediatamente, claro: Arbron. Éramos los únicos [i]arisths[/i]. Fantástico, más malas noticias. En realidad Arbron no me gustaba demasiado. Era demasiado competitivo conmigo. Y sin embargo nunca parecía tomarse las cosas seriamente. <Ey, hola, Elfangor,> dijo. <¿Divirtiéndote un rato con el viejo asesino de yeerks?> <Hola, [i]aristh[/i] Arbron,> dije, tan secamente que soné como mi padre. <No creo que sea demasiado respetuoso referirse a Sofor como un viejo asesino de yeerks. Es un guerrero completo, después de todo, y nuestro instructor personal de combate.> Ahora fue Arbron quien se rió de mí. <Sí, bueno, Elfangor. Como si tú fueras un ejemplo de respeto. Enséñame a ser tan educado como tú, por favooooor.> Se volvió a reír, e hizo que yo me enfadara aún más. Ya había sido bastante malo aguantar las risas de Sofor, y eso que al menos él estaba por encima de mi rango. Pero Arbron era solo un modesto [i]aristh[/i], igual que yo. Incluso por debajo de mí, porque yo tenía cuatro días más de antigüedad que él. <Esto es una nave Cúpula, no un campo de juegos,> dije. Arbron coceó ligeramente sobre la hierba con la pezuña en un ademán de despreció. Entonces pronunció el insulto que iba con el gesto. <Elfangor, ¿cuándo vas a poner las pezuñas en la tierra?> <A algunos de nosotros nos importa de verdad convertirnos en mejores luchadores. La gente nos necesita. Son tiempos difíciles.> Arbron rió. <A mí no me engañas. No eres ningún poderosos príncipes. Solo eres otro [i]aristh[/i] asustado y confundido en su primera gran misión por la inmensidad del espacio. Y, por si te interesa, cargas todo el peso en tu pierna trasera izquierda cuado estás preparado para atacar. Así es como el viejo Sofor ha sabido cuando ibas a golpear.> Estaba pensando algo que decir que aplastara moralmente a Arbron, cuando oímos un comunicado. Era una llamada de transmisión directa por comunicación mental. <[i]Arisths[/i] Elfangor y Arbron al puente de batalla.> Miré fijamente a Arbron. Él me devolvió la mirada. Ambos nos habíamos quedado congelados en el sitio. Nos olvidamos totalmente de la discusión porque ambos estábamos demasiado ocupados sintiendo la sorpresa y el horror de esa convocatoria. Para que lo entiendas, aquello era [i]inaudito[/i]. Ninguno de nosotros había estado jamás en el puente de batalla. El puente de batalla era donde estaba el capitán. Y el capitán de una nave Cúpula es como uno de esos antiguos dioses. Los capitanes ni siquiera miran a los [i]arisths[/i]. <¿Qué hacemos?> me preguntó Arbron ansioso. <No lo sé,> gemí, <Pero debe de haber pasado algo realmente fuera de lo común.> <Estamos en un lío. Seguro, estamos en un verdadero lío,> dijo Arbron. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Una nave Cúpula está constituida por una bóveda en un extremo y en la otra punta, bien lejos, tres enormes motores. Motores de espacio Zero. Probablemente ya sabes cómo son de potentes. Un largo pasillo conecta la cúpula con los motores. A lo largo de ese pasillo es donde están los barracones de todo el mundo – sus áreas privadas. Para los [i]arisths[/i], los barracones eran minúsculos. Extremadamente minúsculos. Si querías volverte tenías que salirte al pasillo. En mi barracón tenía hologramas de mi padre y mi madre, por supuesto. Además tenía una flor del deseo que representaba al hermano pequeño que tendría dentro de unos pocos años. El Electorado había votado para acceder a que nacieran más niños desde que estábamos en guerra. Dicen que si la guerra continúa durante mucho tiempo y hay muchas bajas, algunas familias pueden tener incluso tres o cuatros niños. Personalmente, no creo que lleguemos a eso. Incluso teniendo solo un hermano es bastante pesado. Ahora, además del ritual de la mañana y el de la tarde, tengo que hacer el ritual de la flor del deseo. Y tienes que hacer el ritual de la flor del deseo ante la flor del deseo, evidentemente, la cual está en mi minúsculo cuarto. ¡Y ya puedes imaginarte lo insoportablemente difícil que es eso! Tenía que sacar mis cuartos traseros por el pasillo y la gente pasaba a mi lado a base de empujones mientras yo realizaba el cántico, <Damos la bienvenida a nuestras esperanzas encarnadas, damos la bienvenida a una nueva rama del árbol, damos la bienvenida a… > Etcétera, etc, etc… No era fácil ser un [i]aristh[/i]. Naturalmente, los guerreros y los príncipes tenían los cuartos más grandes. Y por supuesto el capitán tenía un barracón tan grande que prácticamente podía jugar al driftball dentro. Pero el capitán normalmente no está en los barracones, sino que lo más frecuente es encontrarle en el puente de batalla. A donde Arbron y yo nos estábamos dirigiendo, tan rápido como nuestras pezuñas podían llevarnos a través del largo túnel central. <Estamos muertos,> dije. <No hay forma de que el capitán nos llame al puente de mando a no ser que estemos metidos en algún lío bastante gordo.> <Quizás es alguna otra cosa,> sugirió Arbron. <Quizás quiera decirnos que estamos progresando muy bien con nuestro aprendizaje.> <Sí. Claro. O tal vez quiera que le aconsejemos en algo,> añadí sarcásticamente. <Capitán Feyorn, el héroe que ha estado en mil batallas espaciales, probablemente necesite la opinión de un par de [i]arisths[/i].> Corríamos mientras hablábamos. Pasamos un montón de puertas cerradas de varios barracones privados, despensas y conductos de plasma. Nuestras cascos claqueteaban sobre la dura y tosca textura del suelo. Un príncipe salía de sus aposentos y casi me lo llevo por delante. <¡Perdón!> grité. <¡Nos requieren en el puente de mando!> El príncipe movió los ojos y sacudió la cabeza. Pero él lo sabía tan bien como nosotros: cuando el capitán llama, no pierdas el tiempo. Según nos acercábamos al puente, veíamos más y más gente en la entrada. No éramos lo únicos a los que nos habían ordenado dirigirnos allí. Y entonces comencé a darme cuenta de que algunos pilotos se dirigían hacia la pista de los cazas. Es fácil distinguir a un piloto. Es esa manera de pavonearse que tienen. Es como si irradiaran una luz especial que parece relucir en ellos. Cuando sea un guerrero del todo voy a ser piloto de cazas. <¡Va a haber una batalla!> dijo Arbron. <¡Yeerks!> le respondí. <¡Vamos a hacer explotar a unos cuantos yeerks!> Esperaba que sonara fuerte y fiero. Derrapamos al llegar al puente justo cuando el oficial táctico, el Príncipe Nescord, gritaba, <¿En que sol oscuro están aquellos dos [i]arisths[/i]?> <¡Justo aquí, señor!> dije. <¡Aquí, señor!> repitió Arbron. El oficial táctico –el O.T. – nos miró como si fuéramos dos montones de abono adheridos a sus pezuñas. Luego se volvió hacia el capitán. <Capitán, los dos [i]arisths[/i] está aquí.> Por supuesto, el capitán ya lo sabía. Decían que el Capitán Feyorn podía ver prácticamente a través de las paredes. Sabía todo lo que sucedía a bordo de su nave. El capitán permaneció de pie en el centro de la habitación, con el O.T. a su derecha y el Príncipe Breeyar, comandante de todo el escuadrón de cazas, a su izquierda. La habitación era circular, con monitores intensamente brillantes y las pantallas de las computadoras desencriptando datos. Los monitores holográficos creaban imágenes en el aire, y se oían los sonidos de las instrucciones, informes y mensajes por telepatía de los avisos de los ordenadores. Los guerreros que trabajaban en el puente de mando a menudo utilizaban entre ellos un lenguaje de signos para que el ruido de la telepatía no se convirtiera en un embrollo. Al frente del puente de mando había una gran imagen holográfica que mostraba el espacio a nuestro alrededor. Nos encontrábamos en el espacio normal, no en el espacio Zero, de modo que el fondo era negro, repleto de estrellas brillantes. <Ampliar,> ordenó el O.T. El holograma del espacio se hizo más detallado. De repente fue como si las auténticas estrellas, cada una tan grande como mi puño, estuvieran merodeando dentro del puente. <Aislar el objetivo y ampliar,> dijo el oficial táctico. Ahora el holograma mostró solamente una parte de una única estrella. Ésta era una estrella amarilla de tamaño medio. Eché un vistazo a las palabras que se reproducían sobre el holograma. Éste explicaba que la estrella tenía nueve planetas, grandes dosis de gas en los bordes externos, y algunos pequeños planetas en órbitas cerradas. El sexto planeta se encontraba en el centro de la imagen. Tenía un juego de anillos bastante hermoso. <Es ése de ahí,> aseveró el Príncipe Breeyar. Parecía muy tranquilo, pero estaba calro que se trataba de un depredador observando a su presa. Peiné el espacio en el holograma con el fin de dar con alguna pista. Y entonces la vi, un minúsculo punto brillante que se movía contra la superficie del planeta de los anillos. ¿Era eso una nave yeerk? <Creo que tenemos un invasor Skrit Na,> dijo el capitán. <Sí, Capitán,> afiormó el O.T. <Está acelerando. Saltará al espacio Zero en veinte minutos. Los sensores muestran que proviene del tercer planeta de este sistema.> <Enciende monitores,> dijo el Capitán Feyorn. De pronto el holograma cambió y nos encontramos observando un pequeño planeta con una única y amplia luna. El planeta era azul con espirales de blanco, y masas de tierra marrones y verdes. <¿Qué sabemos sobre este planeta?> <Ahí abajo hay especies sensibles. Han conseguido alcanzar la órbita espacial volando y han alunizado en su luna. Los sensores muestran la presencia de armas nucleares. Y estamos registrando transmisiones en varias partes del espectro electromagnético. Probablemente una Civilización de Nivel Seis. Recomendaría…> El Capitán le cortó con solo alzando el dedo de una mano. A continuación volvió la cabeza y sus ojos principales se dirigieron hacia Arbron y hacia mí. Me miró directamente. A [i]mí[/i]. Sentí que la sangre se volvía lodo en mis venas y mi cerebro se detenía de pronto. <Dime, [i]aristh[/i], la situación es ésta: tenemos un intruso Skrit Na dejando una Civilización de Nivel 6. Quedan veinte minutos hasta que esté a salvo en el espacio Zero. ¿Qué recomendarías que hiciéramos?> No, esto no podía estar pasando. El mismísimo Capitán me estaba pidiendo que lo asesorara. Estaba claro que se trataba de un sueño. <¿Qué recomiendo?> pregunté, sintiendo el borde del cuchillo del pánico. <Um… um, ¿enviar cazas sobre él e interceptarle, verdad?> <¿Es eso una pregunta o una orden?> preguntó el capitán. Tomé aire e intenté no desmayarme. <Enviar cazas para interceptarlo. Enviar dos e interceptarlo, y despachar dos más tras ellos para perseguirlo en caso de que intentase huir al vector Zero.> <¿Y tú?> preguntó el capitán, volviendo su tremenda mirada sobre Arbron. <¿Qué hacemos cuando los interceptemos? ¿Y por qué?> <Los Skrit Na son contrabandistas y renegados. Y a veces sirven a los yeerks. Así pues abordamos la nave Skrit Na y la inspeccionamos por si hubiera alguna quebrantación de la ley.> Lo dijo a la perfección, como si lo hubiera ensayado. Entonces reventó. <Y si nos plantan cara, ¡les echaremos las colas encima!> El capitán, el príncipe, el O.T., todos los guerreros de puente, y yo, todos, nos quedamos mirando fijamente a Arbron como si estuviera loco. Cosa que obviamente era así. ¡No puedes decir “les echaremos las colas encima” delante del capitán! Ese era el tipo de cosas que decían los críos en una pelea en el patio de recreo. El capitán miró al Principe Breeyar y al oficial táctico. Se encogió de hombros. <Supongo que es mejor hacer lo que los [i]aristh[/i] dicen, ¿no? El más grande nos mira como si estuviera a punto de desmayarse. Y el otro piensa que él eres, Breeyar.> Eso hizo reír a todos en el puente. <Lanzad cazas,> dijo el Capitán. <Oh, y esas naves Skrit Na son tan estrechas en el interior que lo mejor es que enviemos a una par de los nuestros que puedan moverse bien ahí. Ahora mismo . ¿A quienes tenemos lo suficientemente pequeños como para encajar dentro de un carguero Skrit Na?> De repente, me di cuenta de que todos en el puente de batalla nos miraban a Arbron y a mí. Y luego me di cuenta también de que ambos éramos más jóvenes y pequeños que cualquiera de los presentes. Y ahí fue cuando casi me desmayé de verdad. El capitán iba a enviarnos a la batalla. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 3:[/b] <Vale, ¿quién maneja el timón, y quién las armas?> preguntó Arbron. <Tengo cuatro días más de antigüedad que tú,> le respondí fríamente. <Yo llevaré el timón.> Arbron parecía deseoso de discutirme. Quería pilotar el caza, por supuesto. Pero de ninguna de las maneras me iba a privar de volar a mí en mi primera misión de batalla. Ni hablar. Yo tenía más antigüedad. <De acuerdo,> accedió Arbron igual de frío. <Tú pilótalo. Yo dispararé. Aunque seguro que no disparamos ni un tiro.> El interior de un caza no es exactamente amplio. Éste era un modelo antiguo, construido para dos, pero no especialmente grande. <Imagínate, nos han prestado para el vuelo una pieza antiquísima de un obsoleto Modelo Catorce,> dije, mirando fijamente los controles como si nunca los hubiera visto antes. <¿Qué esperabas que nos dieran? ¿Un nave nueva del Modelo Veintidós?> Por un segundo había olvidado que éste era mi primer combate oficial. Le lancé una mirada a Arbron, y los dos casi nos echamos a reír. <Esto es fantástico,> exclamé. <Solo desearía que fueran yeerks, en lugar de unos viejos Skrit Na,> dijo Arbron. Cerré mis ojos principales, dejando abiertos solo los ojos de mis antenas oculares. Intentaba concentrarme. Había sido entrenado en el pilotaje de cazas, por supuesto. Era bastante bueno como piloto. Pero aún así, iba a estar volando junto al Príncipe Breeyar con su escuadrón personal. Todos en ese escuadrón eran magníficos pilotos de cazas. Y Breeyar solo podía hacer volar un caza a través de un agujero negro y volver a salir. Respiré profundamente deseando que no pasara nada malo. El solo pensamiento de lo humillado que me sentiría si fallaba en un giro o alguna otra maniobra, era demasiado abrumador. <Energía al máximo,> ordené a los sistemas de la nave. <Prepara el lanzamiento.> Sentía cómo el viejo caza cobraba vida. Los monitores se movieron. El suelo zumbaba y vibraba a través de mis patas. Toqué la pantalla con mis dedos y el monitor que daba hacia el puerto se volvió transparente. Ahora podríamos ver directamente lo que había al otro lado de esa ventana, que no era solo una pantalla. Por supuesto, todavía estábamos dentro de la pista de aterrizaje de la nave Cúpula, así que no había nada que ver. <La secuencia de lanzamiento automático comenzará en diez segundos,> anunció el Príncipe. <Bajad simultáneamente. Comenzad a mi señal. Aceleración estándar.> <Armas a plena potencia,> me dijo Arbron. <Cinco segundos para el lanzamiento,> anunció la computadora. <Por favor, no dejes que lo fastidie allá arriba,> supliqué. Pensé que lo había dicho en silencio hasta que me fijé en que Arbron asentía con la cabeza, de acuerdo conmigo. <Dos segundos,> puntualizó la computadora. <Agárrate,> dije. ¡FWOOOOOOSH! Nos vimos lanzados hacia la escotilla, hacia el oscuro espacio exterior. Delante de nosotros, otros cuatro cazas, todos del modelo veintidós, salían propulsados de la parte inferior de la pista de cazas de la nave Cúpula. <Equipo interceptor, adelante,> dijo el príncipe con total tranquilidad. Dos de los cazas encendieron sus motores. Con un resplandor azul brillante, las dos naves destellaron perdiéndose de vista en la oscuridad del espacio. Esperé con mis dedos a solo unos milímetros sobre el panel de control de los motores. No iba a dejar pasar la señal. <Equipo de persecución, adelante,> dijo el príncipe. Toqué el panel de control y fue como si nos hubieran golpeado en la espalda. ¡SHWWWOOOOOOOOOOOOF! ¡Estábamos fuera! ¡Fuera! ¡Fue! ¡Ra! Desafortunadamente, habíamos despegado tan rápido que adelantamos por la derecha el caza del príncipe. <¡Ahhhh! Oh, ¡no! ¡No!> Ordené a la computadora que redujera la velocidad a la de los otros cazas. Algo que debía haber hecho antes de comenzar. <¡Hola, Elfangor! Hooola-a. Te has olvidado de algo: esos viejos modelos catorce aceleran más rápido que los nuevos cuando despegan en frío,> señaló Arbron. Lo siguiente que oí en mi mente fue al príncipe. <Puede que quieras retroceder un poco, [i]aristh[/i] Elfangor,> me dijo. Me alivió que no me echara una reprimenda. Pero bullía de vergüenza. Ahí estaba: mi gran oportunidad para parecer un veterano. Y había demostrado ser un aficionado. Maniobré el caza hacia atrás, hacia la formación, detrás de los otros cazas de persecución. Arbron atrajo la imagen del Skrit Na invasor sobre el proyector holográfico de imágenes. Era bastante diferente a cualquier nave andalita. Nuestros cazas eran alargados y tenían forma ovalada, con dos largos motores cilíndricos sujetos por unas “alas” a ambos lados. Nuestra principal arma, el rayo láser, se arqueaba sobre el casco de la nave como una cola andalita. La nave Skrit Na era redonda, con lados estrechos que la hacían parecer una especie de disco gordo. A penas podía distinguir siquiera donde estaban los motores, y además la nave Skrit Na tenía luces de colores parpadeantes por todo el casco. Supongo que lo encontrarían bonito o algo así. <Interceptores listos,> nos llegó el informe de las dos naves interceptoras. Se habían acercado peligrosamente a máxima potencia para colocarse delante de los Skrit Na y cortarles la vía de escape. Ahora solo teníamos que acercarnos sigilosamente, con mucha calma, por detrás de ellos. Entoces… <¿Pero qué…? ¡Señor, hay una segunda nave Skrit Na aquí fuera! Estaba escondida de nuestro sensores debido a los anillos de este planeta. Repito, hay una segunda nave invasora de tipo Skrit Na.> El príncipe Breeyar gritó rápidamente las nuevas órdenes. <De acuerdo, los dos interceptores dirigíos a por el [i]nuevo[/i] objetivo. Los demás, conmigo.> Miré a Arbron. Ambos asentimos con la cabeza. Todo se estaba complicando. ¡De hecho podía desencadenarse una lucha! De repente la brillante llama azul de un motor se disparó de la parte inferior de la nave Skrit Na más cercana. <Intenta huir,> afirmó el príncipe. Sonaba tranquilo, pero podías entrever la emoción en sus palabras. No hay piloto de caza con vida que no disfrute de una buena persecución. La nave Skrit Na se movió, y nosotros tras ella Y entonces, para mi auténtica sorpresa, ¡la nave Skrit Na disparó sus armas! <¡Ey, cuidado!> gritó Arbron. Un fino rayo de luz color verdoso se dirigió hacia el caza del príncipe. ¡Pero falló! <Jajaja,> se echó a reír el príncipe. <Eso me ha despertado. Devolved el fuego, pero solo si podéis alcanzar la vaina inferior de los motores. Repito, apuntas solamente a los motores. Puede haber criaturas inocentes en esa nave.> Una fracción de segundo más tarde, el príncipe disparó y falló. Otro compañero disparó y también erró el tiro. Ni siquiera se me había ocurrido que Arbron quisiera correr el riesgo de disparar. Pero en seguida dijo, <Bueno, Elfangor, ¿qué te parece si comprobamos lo rápido que acelera esta vieja tinaja?> No hubo necesidad de que me lo preguntara dos veces. Lo puse a máxima potencia, ¡y nos lanzamos a 30.000 kilómetros por segundo en solo tres segundos! <¡Yaaaaahhhh!> ¡WHAM! <¡Yaaaaahhhh!> ¡WHAM! ¡La velocidad era exorbitante! Los compensadores eran demasiado lentos, así que nos vimos lanzados con fuerza contra la parte trasera de nuestras secciones. Luché por volver a los controles. Recuperé la conexión mental con la computadora. <¡Conecta los compensadores!> El ordenador realizó el ajuste y pudimos ponernos de pie por fin. Arbron alcanzó la estación de armas y apuntó. Escuché el zumbido del rayo láser cargando, seguido del sonido de los disparos. Hmmmm. ¡TSEEEEWWW! <¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!> gritó Arbron. El rayo cortó el espacio e hizo explotar parte de los motores Skrit Na. Las llamas azules del motor se extinguieron en seguida. Era la cosa más maravillosa que había visto en mi vida hasta ese momento. Pero al mismo tiempo sentí una oleada de celos, ya que Albron era el que había llevado a cabo el disparo y no yo. <Buen trabajo,> nos felicitó el Príncipe Breeyar. <Buen vuelo, buen disparo.> Por supuesto solo nos felicitaba porque éramos [i]arisths[/i]. Quiero decir que para un piloto habitual no habría sido un comentario importante. ¿Pero a quién le importaba? El Príncipe Breeyar nos había dicho que habíamos hecho un buen trabajo. <Nos ha dicho “buen trabajo”,> me dijo Arbron. <Lo ha dicho, ¿verdad? ¿No me lo estoy imaginando?> <El Príncipe nos ha dicho “buen trabajo,”> confirmé deleitándome con las palabras. En ese momento solo me importaba estar vivo. Incluso quería a Arbron, tan molesto como resultaba a veces. Ese era el motivo porque el que me había unido al ejército. Ese era el motivo por el que me había convertido en [i]aristh[/i]. Ese era el motivo que lo significaba todo. <De acuerdo, mis pequeños [i]arisths[/i],> dijo el príncipe cariñosamente. <Ahora que nos habéis dado a todos una lección sobre cómo disparar, mostradnos como abordáis una nave enemiga. No olvidéis transferir los datos de su ordenador de abordo. ¿Alguno de los dos sois duchos en exo-datología?> <El [i]aristh[/i] Arbron es un gran exo-datólogo,> dije sinceramente. Arbron me lanzó una mirada desagradable. <Venga, [i]es cierto[/i], Arbron,> me defendí. Verás, es un poco insultante afirmar que un [i]aristh[/i] es bueno con los ordenadores. Es un tema técnico, no algo de guerreros. Aunque se supone que los guerreros son buenos en todas las materias de ciencia y arte tanto como en la lucha. <Bien,> dijo el Príncipe. <Y, ey, no os golpeéis las antenas oculares en el bajo techo de allí.> <Sí, señor,> contesté. <Ningún problema.> Estaba en la cumbre del universo. Era un héroe en potencia. Prácticamente un príncipe ya. La guerra con los yeerks terminaría en cuanto yo pudiera tomar parte en el juego. Era un imbécil. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Supongo que la mayoría de la gente ha oído hablar de los Skrit Na. Pero en caso de que no sea así, te contaré lo que sé. A los Skrit Na no les importa lo que piensan sobre ellos otras especies de la galaxia. No pertenecen al imperio yeerk. No son uno de nuestros aliados. No les preocupan ni las leyes, ni las costumbres ni ninguna otra cosa. A los Skrit Na solo les preocupa acumular y apropiarse de cosas. Los Skrit Na son poco comunes por otra razón: son, de hecho, dos razas diferentes. Los Skrit parecen insectos enormes, casi tan grandes como un andalita. Tienen catorce piernas y seis conjuntos de antenas, y no son especialmente inteligentes. Pero cada Skrit teje un capullo propio y un año más tarde, del Skrits muerto surge un Na. Los Na son otra historia. Los Na tienen cuatro piernas esbeltas. A veces se levantan y caminan solo sobre dos piernas, usando usando las restantes como manos. Tienen una gran cabeza moldeada como la de los andalitas, solo que con solo dos ojos enormes. Los Skrit Na siempre están buscando planetas pacíficos para secuestrar a la especie local. A veces llevan a cabo experimentos médicos con ellos. Otras veces simplemente vuelan un tiempo con ellos y luego les permiten marchar. Pero muy a menudo se llevan a las criaturas locales para añadirlas a los zoos del mundo de los Skrit Na. Como decía: una especie de lo más extraña. Nadie comprende a los Skrit Na. Personalmente, no creo que se comprendan ellos mismos. Atraje nuestro caza hacia el costado de la nave Skrit Na dañada y puse en marcha el rayo tractor para que las dos naves quedaran unidas. Los Skrit Na decidieron hacerlo fácil. Supongo que pensarían ya nos habían hecho enfadar suficiente. Los Skrit Na no son rival contra el poder andalita. Uní mi escotilla a la escotilla de la nave Skrit Na y la reventé. Igualé la gravedad y desfilé tan seguro de mí mismo como fui capaz al interior de la nave capturada, con Arbron pegado a mí. Había humo en la otra nave, y lo que parecían ser cajas de almacenamiento esparcidas aquí y allá. Dos patosos Skrit se abrían camino a través de los escombros. El techo era muy bajo, y tenía que agachar la cabeza para no magullarme las antenas oculares. Había un par de capullos Skrit colgados de una esquina del techo. Uno de ellos parecía a punto de liberar a un Na. Habían tres Na que yo pudiera ver. El capitán Na se encontraba de espaldas contra su consola de mando. Parecía asustado, pero no de mí. Miraba fuera de sí a una extraña criatura que tenía en su mano un arma Skrit Na diseñada especialmente para ellos, un rayo dragón yeerk modificado, apuntando al Capitán Na. La extraña criatura era solo un poco más baja que yo. Y algo de lo más increíble: se sostenía sobre dos piernas. Solo dos. Tenía brazos, pero estaba claro que no los usaba para caminar. No habrían sido lo suficientemente largos para eso. La cara de la criatura era del mismo tamaño que la mía, pero más redonda. Tenía dos pequeños ojos azulados al frente de su cara. Y en la parte inferior de la cara se abría una obertura horizontal. Muchas especies tienen aperturas semejantes. Las llaman bocas. Su cuerpo no tenía pelo, pero poseía una brillante piel de colores que parecían colgar en algunas áreas. La parte superior de su cuerpo estaba cubierta por una piel blanca holgada, casi ondulante, con diminutos dibujos en tonos claros. Sus dos piernas mostraban una piel de textura áspera de color azul que se acababa de repente en sus pezuñas. Las pezuñas eran blancas y adornadas con lo que parecían unos hilos gruesos o unos cables enlazados. Pero lo que captó mi mirada fue el pelo que brotaba de su cabeza. Era largo, ondulado, y tan dorado como un sol amarillo. “No te muevas, chico caballo,” dijo esta extraña criatura, creando los sonidos con la boca y apuntándome con el arma de rayos dragón. “Un solo movimiento y aprieto el gatillo. No sé que puede hacerte esta pistola, pero estoy dispuesta a apostar que no te va a gustar.” Por supuesto, en ese momento lo único que oía era un galimatías sin significado. El chip traductor, el que todos los miembros del ejército andalita tenemos implantado en nuestras cabezas, requería unos pocos minutos antes de comenzar a comprender nuevos lenguajes. Algunos idiomas nunca se llegan a interpretar bien del todo. Afortunadamente, casi todas las especies pueden entender nuestra habla telepática puesto que trabajamos a un nivel más allá del uso de meras palabras. “Cuidado, amigo andalita,” dijo el capitán Na. “Son salvajes, seres humanos violentos. ¡Locos! ¡Fieros! ¡Oh, sí! ¡Esta hembra es una bestia despiadada! ¡Es mejor matarla! O aún mejor, permítenos que la enjaulemos nuevamente. Sí, sí, eso sería lo mejor. En cuanto disparasteis sobre nosotros por error, ella se abalanzó de un salto y me quitó el arma. ¡Violenta y peligrosa es, oh sí! El chip traductor manejaba fácilmente el idioma Na. No iba a tomarme la molestia de contestarle. Todo el mundo sabe que los Skrit Na mienten a cualquiera sobre cualquier cosa. El capitán Na me guiñó uno de sus grandes ojos, como si estuviéramos del mismo bando. Todos sus socios y compañeros Na nos contemplaban asustados. El Skrit continuó con sus sencillas funciones como si nada estuviera pasando. Para ser honesto contigo, no sabía que hacer. Estaba tan confuso como el Skrit Na. La única que parecía tener alguna idea era la extraña criatura de dos piernas. <Háblale a ella,> me aconsejó Arbron. <Usa tu encanto, Elfangor.> <Um… quienquiera que seas… o lo que quiera que seas, no dispares ese arma. Colócala en el suelo.> “Sí, claro. Ey. ¡Ey, espera un minuto! Puedo oírte en mi cabeza, pero en realidad no estás hablando.” De repente el chip traductor había oído suficiente. Éste comenzó a proporcionarme instantáneamente la traducción. Ahora podía entenderla. <Yo soy el que está al mando aquí,> dije estrictamente. <¡Suelta el arma!> “Aha. Ni hablar. De eso nada, chico-caballo. Estoy cansada de que me secuestren y me arrastren contra mi voluntad unas cucarachas gigantes y pequeños hombrecillos verdes de Marte.” <Disculpa, pero hemos venido para rescatarte,> dijo Arbron. <Exacto. Lo que estos Skrit Na te han hecho está mal. Por eso hemos capturado esta nave.> Hablaba como si me comunicara con un niño. Obviamente, esta especie era primitiva. Ni siquiera tenían colas. <¿Qué pequeños hombres verdes?> preguntó Arbron. <Nos son verdes. Los Na son grises.> La hembra estrechó más sus ya entrecerrados ojos. El rayo dragón en su mano tembló. “Yo ya había capturado esta nave antes de que vosotros dos llegarais. Yo y otro chico. Y eso que solo somos unos críos, lo cual demuestra que estos capullos marcianos no son tan duros después de todo. Él está atrás, inconsciente. El otro chico, quiero decir. Pero conseguí quitarle la pistola al Twinkie éste,” nos explicó, sacudiendo la cabeza en dirección del capitán Na. El chip traductor no había encontrado traducción a la palabra “Twinkie.” Evidentemente “Twinkie” era alguna especie de término para decir “alien.” <Bueno, no queremos hacerte daño,> dije con tanta calma como pude. <¿Qué te parece esta idea? Te puedes quedar la pistola de rayos dragón, pero solo si no apuntas a nadie con ella.> La hembra miró el arma. “Esto se llama rayo dragón, ¿eh? ¿Qué es lo que hace?” Arbron contestó antes de que pudiera sugerirle que se callara. <Dispara una descarga de energía y causa una muerte extremadamente dolorosa. Por eso preferiríamos que no dispararas.> “Oh. Un phaser. Como en esa vieja peli de Star Trek . No puedo creer terminara esa serie. Ahora solo hacen reposiciones.” No tenía nada que decir sobre eso porque no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Miré a Arbron, que sacudió la cabeza. No, el no la comprendía tampoco. El chip traductor tenía sus límites. <Si vienes con nosotros, te trataremos bien. Y te devolveremos a tu planeta de origen.> “¿La Tierra?” <¿Es ése el nombre del tercer planeta de este sistema?> “Sí.” <¿Y tú eres una terrícola?> “Humana. Eso es lo que somos: humanos. Yo y el otro chico.” <Y nosotros somos andalitas. Mi nombre es Elfangor. Éste es Arbron.> Arbron se había acercado al panel de control Skrit Na más cercano. Estaba descargando una copia de todos los archivos del ordenador central como el Príncipe Breeyar había ordenado. Es un trámite habitual siempre que abordas una nave alienígena. “Parecéis centauros, solo que con colas de escorpión. Y esos ojos extras en lo alto de vuestra cabeza…” Parecía dudar. De repente le dio la vuelta al rayo dragón y me lo entregó. <Gracias,> dije. Extendí mi mano para coger la pistola de rayos dragón y mis dedos rozaron los suyos. Por algún motivo miré su largo cabello dorado. “Mi nombre es Loren,” dijo ella. “Esto es increíble. La mayoría de los humanos ni siquiera creen en alienígenas. Pero, bueno, aquí estás tú. Real y todo eso. A menos que esté soñando.” <¿Pueden soñar los humanos?> le pregunté, sorprendido. “Yo sí. Cada noche.” <Yo también. Pero supongo que tenemos sueños muy distintos.> Entonces Loren sonrió. Es una cosa que hacen los humanos al torcer los extremos de la boca hacia arriba. “Quizás sí,” dijo ella. “ O quizás no.” [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Llevamos a Loren a nuestro caza, y luego volvimos a por el segundo humano. Estaba inconsciente. Fluía un hilillo de sangre roja y brillante desde un corte que tenía sobre el ojo izquierdo. <¿Sangre roja?> se sorprendió Arbron. <¿Roja? ¡Puaj!> Yo intentaba actuar de forma más madura que Arbron, pero para serte sincero la sangre de ese color también me daba asco. Aún así no pensaba que los humanos tuvieran mal aspecto ni nada de eso. No como los Skrit o los taxonitas, que sí que son especies bastante desagradables. Y tampoco parecían peligrosos, como los hork-bajir. La mayoría son graciosos. Nunca había visto una especie que caminara sobre dos piernas sin ni siquiera una cola para equilibrarse. Arbron dijo lo que yo estaba pensando. <Lo único que hay que hacer es empujarlos un poco y se vienen abajo. ¡La Tierra deber ser una locura de sitio! Humanos cayendo hacia un lado u otro, por todas partes. No me sorprende que sean tan primitivos. Probablemente tengan que invertir todo su tiempo en intentar mantenerse de pie.> Casi habíamos vuelto a la nave Cúpula cuando el segundo humano se despertó. Habíamos dejado a los Skrit Na intentando averiguar cómo reparar su nave. Ese era su problema. “Ey, nadie les habrá dicho que nos disparen, ¿verdad?” “Uhh,”se quejó el humano. El era más grande que Loren. Quizás siete o diez centímetros más alto. Su pelo era marrón, no dorado, y lo llevaba corto. Sus ojos también eran marrones, no azules como los de Loren. Loren fue hacia él y dobló las piernas de tal forma que quedó arrodillada a su lado. Arbron y yo intercambiamos una mirada de asombro. Tenía que ser difícil arrodillarse sin caerse. “Ey, chico, ¿estás bien?” le preguntó Loren. El humano herido abrió los ojos y parpadeó. Me miró fijamente. “¿Qué sucede?” Loren se encogió de hombros. “Ahora estamos con un tipo de alienígenas diferente. ¿Quién iba a imaginar que hay tantos individuos volando por el espacio exterior? ¿Estás bien? Esa gran cucaracha te dio a base de bien.” <No tienes nada que temer,> dije suavemente. <Ahora estás a salvo.> El humano se tocó la herida y miró la sangre roja. Parecía casi tan asqueado como yo. Pero se levantó por su propio pie, lo que implicaba usar las manos, por lo que pude ver. Los humanos parecen tener manos más fuertes que las nuestras. <Me llamo Elfangor. Éste es Arbron. Somos andalitas. Os devolveremos a vuestro planeta de origen.> El humano asintió lentamente con la cabeza. “Telepatía. Usas la telepatía para hablar.” Su mirada recorrió mis antenas oculares, mi cara y luego a mi cola. “Esa cola es un arma, ¿me equivoco? ¿Es venenosa o solo corta?” En ese momento decidí que éste humano no me gustaba tanto como Loren. No me gustaba en absoluto. <Yo ya te he dicho mi nombre, humano,> dije friamente. <Ahora, me gustaría saber el [i]tuyo[/i].> El humano me dirigió una mirada que parecía insolente. Aunque, ¿quién podría saber en realidad lo que significan las expresiones faciales de un alienígena? “Mi nombre es Hedrick. Pero prefiero mi apellido. La mayoría de la gente me conoce por mi apellido: Chapman.” “Creo que estos andalitas son buenos,” le dijo Loren a Chapman. “ Al menos tienen mejor pinta que el grupo anterior. Y han prometido ……” “Cállate,” la cortó Chapman bruscamente. “No me interesa la opinión de una cría.” “¿Cría? Eh, capullo, ¿quién fue la que se hizo el arma cuando se detuvo la nave? [i]Yo[/i]. ¿Y quién se quedó llorando ahí detrás, suplicando clemencia? Tú. Además, no creo que tengas ni un año más que yo.” La cara de Chapman se volvió roja. Algo fascinante de ver. Apretó la mandíbula con fuerza. “ Y ahora parece que tus hazañas heroicas no han servido de nada. Volvemos a ser prisioneros. Y tengo la impresión de que no vamos a poder quitarles ningún arma a estos andalitas.” ¡De repente embistió, lanzándose hacia la pistola de rayos dragón de mi mano! Sin pensar siquiera, fustigué mi cola hacia delante y presioné la cuchilla contra la garganta de Chapman. Él se echó a reír. “¿Has visto eso? ¿Has visto lo rápido que ha sido? Ni siquiera he podido ver el movimiento de la cola.” Volvió a dirigirme esa mirada insolente. “¿Cómo habías dicho que se llamaba tu especie? ¿Andalitas? Bien, Tengo la impresión de que estos tipos son un poco más peligrosos de lo que aparentan, a pesar de tu forma educada de hablar y todas tus promesas.” Me sentí como un imbécil, y no por primera vez en lo que iba de día. El humano Chapman me había estado poniendo a prueba. <Tenemos que preparar el muelle de acoplamiento con la nave Cúpula,> me recordó Arbron. Completamos el procedimiento de embarque, insertando el caza dentro de la estación de la nave Cúpula. Estaba concentrado en la tarea, pero me sentía ofendido. No me agradaba nada el humano llamado Chapman. No me gustaba su recelo hacia mí. Después de todo, le habíamos rescatado de un futuro en el que no habría sido más que un animal de zoo del mundo Skrit Na. Debería estar agradecido. Pero quizás es la forma de ser de los humanos. He oído que hay especies que no son capaces de permitir que nadie les ayude. Han preferido morir antes que ser salvados y quedar en deuda con alguien. Pero por lo que respecta a Loren, no todos los humanos parecían ser iguales. [i]No es tu problema Elfangor[/i], me dije a mí mismo. [i]Limítate a llevar a los humanos ante el capitán. No es en absoluto tu problema.[/i] Pero me equivocaba. Los humanos [i]eran[/i] mi problema. En realidad, estaba a punto de tener montones de problemas. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] <De acuerdo, esta parte es un poco delicada,> les dije a Loren y Chapman. Nos dirigíamos desde el pasillo central hacia la cúpula. Hay unos noventa grados de cambio gravitacional en ese punto. Lo que quiero decir es que la dirección “abajo” en el pasillo central y la dirección “abajo” en la cúpula son diferentes. Al principio resulta confuso. A bordo del [i]StarSword[/i] estábamos a salvo, así que Arbron y yo estábamos ofreciéndoles a los humanos un pequeño tour. Los oficiales estaban demasiado atareados como para atendernos de momento, y no sabíamos que otra cosa hacer con los humanos. <Simplemente caminad con naturalidad a lo largo del suelo curvo,> les expliqué. <Sé que parece que estés andando hacia el borde de un acantilado, pero la gravedad artificial se moverá contigo.> Arbron y yo contuvimos la respiración, observando a las dos desgarbadas criaturas de dos piernas intentando mantenerse en pie. Asombrosamente, lo consiguieron. <Tienen un excelente sentido del equilibrio,> me susurró Arbron. <Tienen que tenerlo.> Salimos del pasillo hacia la extensión de hierba de la cúpula y Loren lanzó un grito. “¡Es enorme! ¡Es como si aquí dentro hubiera un parque entero! Árboles. Hierba. Flores. Guau.” <¿Tenéis este tipo de cosas en vuertro planeta?> le pregunté. “Bueno, parecidas. Nuestros árboles son casi siempre verdes. Y la hierba es toda verde también. Más verde que ésta, quiero decir, no tan azul, y desde luego no hay ninguna roja.” <Si tienes hambre, por favor, toma tanta como quieras,> le ofrecí. “¿Comer qué?” preguntó Chapman. Moví el brazo para abarcar la totalidad de la cúpula. <Tenemos diecisiete tipos de hierba de treinta sabores diferentes.> “¿Hierba? ¿Coméis hierba?” preguntó Loren. Chapman movió la cabeza pensativo. “Por eso tenéis esta cúpula, ¿no? Pastáis. Como los caballos o las vacas. Solo que no tenéis boca… ¿Cómo coméis, entonces?” <Espera un minuto, ¿coméis con vuestra boca?> preguntó Arbron. “¿Cómo si no íbamos a comer?” dijo Chapman. <Con vuestras pezuñas, como cualquier criatura sensible,> le devolvió Arbron. Luego se echó a reír. <¿Estás intentando decir que en la Tierra los humanos van por ahí arrastrando la boca por el suelo para comer?> Me dirigió una mirada. <Vale, incluso tú tienes que admitir que [i]eso[/i] podría sería verdaderamente hilarante.> Chapman comenzó a explicar como comían los humanos pero la verdad es que resultaba difícil de imaginar. Se tratabade meterse en la boca pedazos de animales muertos y calientes. Pero me negué a creer que realmente fuera así como comían. Pensé que Chapman estaba exagerando. Más tarde supe la verdad. En cualquier caso, me tranquilicé cuando Loren interrumpió la horripilante historia de Chapman. “ ¿Te importa si me quito los zapatos? Hemos estado confinados en unos espacios muy estrechos en aquella lata voladora. Sería agradable caminar sobre la hierba.” Por supuesto, no vi ninguna objeción porque no tenia ni idea de lo que era un “zapato”. Y desde luego podía identificarme con la idea de correr sobre la hierba. Yo también estaba hambriento. Pero entonces Loren se sentó sobre la hierba y… ¡comenzó a aarancarse las pezuñas! ¡Se estaba quitando las pezuñas de las piernas! <¡¿Qué estás haciendo?!> grité. <¡Para! ¡Para! ¿Por qué te haces eso?> “¿Qué? ¿Por qué gritas?” <Te vas a hacer daño, y no creo que nuestros doctores sepan como auxiliar humanos,> dije. Loren se me quedó mirando fijamente. Todavía tenía la pezuña agarrada entre las manos. Y entonces explotó en risas. Era un sonido alarmante pero también extrañamente agradable. “Esto no son pezuñas, Elfangor,” me dijo. “ Son zapatos, ¿ves?” se desató las diminutas cuerdas y antes de que pudiera detenerla, se arrancó su blanca pezuña. <¡Noooo!> gemí. <¡Ahhhh!> gritó Arbron. Pero Loren no parecía sentir ningún dolor. Y no había sangre. Se quitó una capa de piel blanca del extremo de su pierna expuesta. De repente, me encontré mirando cinco diminutos dedos rosados. Salían de la terminación de su pierna. “¿Ves? Este es mi pie. No tenemos pezuñas. Y llevamos zapatos sobre los pies. Así. Nos protegen de las piedras o de cualquier cosa que pueda herirnos los pies.” Sentí una ola de intensa piedad. ¿Qué había salido mal en la evolución de esta especie? ¿Toda la especie tenía que cubrirse los “pies” para protegerlos? ¿Toda una raza… lisiada? De pronto la graciosa imagen mental de un planeta en el que los humanos estaban cayéndose constantemente fue sustituida por el triste cuadro de una especie mutilada, que cojeaba sobre sus débiles “pies” heridos y los cubría con pezuñas artificiales. Loren se levantó sobre sus delicados pies rosas con sus ridículos dedos cortos y rosados, y comenzó a correr por la hierba. No era muy rápida, pero resultaba obvio que no estaba coja. Y entonces hizo una cosa increíble. Volvió la cabeza hacia atrás. Giró la cabeza para mirarnos, y gritó “¡Vamos!” Pero no me podía mover. Me di cuenta de que Arbron estaba tan asombrado como yo. <¿Qué… qué está haciendo?> me preguntó. Luego cayó en la cuenta. <¡Es porque solo tienen dos ojos! ¡Giran la cabeza entera para ver lo que tienen detrás!> Reprimí el impulso de reírme. Irrumpí en un delicado y rápido trote para alcanzar a Loren. “Es… bueno… para estirar… los músculos,” dijo ella, hablando entre jadeos por la falta de aire mientras corría. Se detuvo de repente y dio una vuelta. Dio una vuelta entera, y su pelo dorado voló tras ella. Era algo digno de ver. Una criatura de dos piernas podía girar mejor que una persona normal. “Estaba segura de que iba a morir en ese platillo volante,” dijo. “¡Pero aquí estoy! Es increíble.” <Supongo que todo esto te parecerá muy extraño.> “Oh, sí. La palabra “extraño” no empieza ni a describirlo. Ese es un árbol precioso. Hojas rosas. Increíble.” <Se llama árbol [i]therant[/i]. Está en la fase [i]creast[/i]. ¿Ves donde la hierba se vuelve más [i]gelasic[/i] y menos [i]escalic[/i] al crecer? Eso es porque…> Me callé porque Loren se acercó con indiferencia para tocar una rama baja. No había nada malo en ello, por supuesto. ¡Pero entonces envolvió la rama con ambas y se alzó del suelo, quedándose colgada! Eso solo podía considerarse un milagro. Pero al estirarse vi como la piel blanca y de tonos pastel de la parte superior de su cuerpo se desprendía parcialmente. Debajo de ella se entrevía una capa de color rosáceo que hacía juego con la piel de su cara y sus brazos. Arbron se aproximó corriendo, con Chapman esforzándose por alcanzarlo. Loren, suspendida en la rama, nos dirigió una sonrisa. Supongo que todos nos habíamos quedado mirándola fijamente. <¡Qué brazos tan fuertes!> comentó Arbron. <¿Te puedes imaginar alzando todo tu cuerpo solo con la ayuda de tus brazos?> <Esa piel es muy extraña,> dije. < Es como si no es estuviera pegada a su cuerpo.> Loren se dejó caer de nuevo sobre la hierba. Y ni aún así se cayó. “No es piel,” dijo Chapman. “Se llama ropa. Es como las pezuñas, una piel artificial. Es para mantener el calor.” <¿Tienes frío?> “No. Pero por eso nos ponemos ropa. Para mantener el calor en los lugares fríos.” <¿Por qué íbais a estar en lugares fríos?> le pregunté. La curiosidad venció la repulsión que sentía por el humano. Encogió sus grandes hombros; unos hombroscapaces de levantar su cuerpo entero. “Ciertas partes de la tierra son muy frías. Algunas lo son tanto que morirías si no llevaras puestas muchas capas de ropa.” <¿Pero porque vivís en esos sitios?> pregunté. Chapman sonrió. Eso resultó interesante, porque ya estaba teniendo la sensación de que no todas las sonrisas humanas eran agradables. “No vamos a abandonar un lugar solo porque el clima sea malo. Nos adaptamos. Nos aferramos a todo lo que está disponible y lo mejoramos. Al menos ese es mi lema: Coge lo que puedas.” Le habría rpeguntado más cosas, pero justo entonces llamaron a Arbron para que se dirigiera a la sala de mando. Y a mí se me ordenó llevar a los humanos a la sala de control. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] <¿Qué? ¿QUÉ? ¡¿Que dejemos la nave?!> grité. <¡¿Qué quieres decir con que dejemos la nave?!> Arbron no parecía más contento que yo. <Es lo que me han dicho, ¿vale? No me preguntaron mi opinión. El capitán me hizo ir al puente para interrogarme, y me dijo “Usted y el [i]aristh[/i] Elfangor preséntense en el puente de atraque siete en diez minutos”, y yo lo único que le dije fue “Sí, señor.”> Había llevado a los humanos a un cuarto de descanso. Mientras esperaba a que me llamaran también a mí para interrogarme, me había acercado a la cúpula para comer. Tenía mucha hambre. Iba de camino a ver a Loren cuando Arbron me encontró. <Esto no puede ser verdad,> protesté. <La [i]Starsword[/i] es mi casa. ¡Vamos a encontrar a los Yeerks y a destruirlos!> <Sí, sí, ya lo sé. Y tú serás un gran héroe y te nombrarán príncipe antes siquiera de ascenderte a guerrero.> <Eso no es lo que estaba pensando,> mentí. <Bien, olvídalo. Nos vamos inmediatamente. Se supone que tenemos que encontrarnos con el comandante para esta misión.> Algo en el tono de Arbron me hizo detenerme. <¿Nuestro comandante? ¿Quién es nuestro comandante? > <Ningún otro que el príncipe guerrero Alloran-Semitur-Corrass,> contestó. Mis dos corazones se me cayeron hasta los cascos. Alloran. Alloran, el deshonrado. Así que definitivamente esta misión no era un premio del capitán. Alloran había sido una vez un gran guerrero y príncipe. Pero había caído en desgracia. No sé por qué, nadie hablaba de ello. Imagino que habría roto alguna ley o costumbre. Que te envíen a alguna estúpida misión espacial con un príncipe deshonrado no eran buenas noticias. No podía creerlo. Esta nave era mi casa. No quería dejarla, ni siquiera un rato. Tardaríamos bastante antes de poder volver a la [i]Starsword[/i] y para entonces, ¿quién sabe? Quizá por algún milagro la guerra entera habría terminado. Lo cual sería bueno, supongo. <¿Qué hay en el Puente de atraque siete, por cierto?> gruñí cuando llegábamos la puerta. Giró una de sus antenas oculares en un gesto de “¿Quién sabe?” Abrimos la puerta al Puente siete. Y allí, manteniéndose torpemente en pie sobre sus dos patas, estaban Loren y Chapman. Tras ellos se encontraba Alloran. Había visto al príncipe guerrero Alloran por la nave de vez en cuando. Siempre parecía sumido en sus pensamientos. Como si estuviera perdido en alguna parte de su memoria o de su imaginación. No era especialmente grande, pero parecía tallado en acero sólido. Incluso su pelaje era de un azul metálico. Y la piel de su torso mostraba señales de cicatrices de quemaduras. Más allá de Alloran había una nave que yo nunca había visto. Las alas descansaban a solo escasos centímetros del suelo pulido. Era tres veces el tamaño de cualquier caza que yo había visto en mi vida. La sección principal era un oval increíblemente largo, con cañones de guerra en la parte trasera.. ¡Tres cañones, no dos, como es lo típico! Y sobresaliendo hacia arriba, estaba la larga y airosa cola donde se encontraba el puente de mando Oh, realmente era algo muy bello. Nunca me había enamorado de una máquina antes, pero, vaya, esa nave era preciosa. < Ya veo que te gusta mi pequeño juguete, [i]aristh[/i],> dijo Alloran. <Es la cosa más hermosa que jamás haya visto,> respondí. <Es… es como una obra de arte.> <Yo lo diseñé. La llamo Jahar. Es el nombre de mi esposa.> <Príncipe Alloran, ¿cuál es nuestra misión?> le preguntó Arbron. El príncipe suspiró brevemente, pero cuando habló sonó firme y correcto. <Debemos devolver a estos dos forasteros a su planeta, borrar sus recuerdos recientes, y reunirnos con el [i]Starsword[/i] en cuanto podamos.> <Tareas de transporte,> dije. No es que sonriera con desprecio, pero desde luego me sentía con ganas. Íbamos a encargarnos de un simple recado. <¿Perdón? ¿Borrar mi memoria?> dijo Loren <Nadie va a borrarme la memoria.> <Es necesario,> dije con la mayor suavidad y diplomacia que pude. <Tu civilización no está preparada para entender lo que te has encontrado. Si quieres regresar a casa, tendrás que olvidar todo este episodio.> Los dos humanos cruzaron miradas. El llamado Chapman emitió un sonido con la nariz. Loren puso una expresión que parecía mostrar confusión. O por lo menos eso me pareció a mí. <En marcha, [i]arisths[/i],> nos ordenó Alloran. <Subid a los alienígenas. El capitán quiere entrar en espacio Zero en cinco minutos, y para entonces tenemos que estar bien lejos de la nave. Vuestras pertenencias personales ya os han sido trasladadas.> Nadie estaba de buen humor mientras caminábamos por la rampa hacia el Jahar. Los humanos estaban inexpresivos, enfadados, quizás asustados. Arbron y yo nos sentíamos deprimidos, pensando que nos habían mandado a una misión inútil. Y Alloran tampoco podía estar especialmente contento. Había sido un gran príncipe, y aquí estaba, siguiendo órdenes con solo un par de [i]arisths[/i] bajo su mando. Lo único bueno era el Jahar. Era bonito tanto por dentro como por fuera. Las habitaciones eran pequeñas pero lujosas. Bajo nuestros pies crecía hierba de la mejor, verde y azul, no el duro acero de un suelo artificial. Con algún truco en manipulación de la gravedad Alloran había creado en una esquina una pequeña cascada que caía en un estanque, y volvía a fluir hacia arriba después. Alloran tomó el timón, lo cual nos dejó a Arbron y a mí sin nada que hacer. Él maniobró un suave despegue y de pronto estábamos en medio del oscuro espacio, mirando la nave cúpula a través de las ventanas. Entreveíamos el [i]Starsword[/i] silueteado contra los anillos luminosos del sexto planeta. -¡Oh, es Saturno! -exclamó Loren. -¡Fijaos! Mientras lo contemplábamos, los motores del [i]Starsword[/i] brillaron con un color azul, y la nave cúpula aumentó su velocidad. Se movía más y más rápido, hasta que de repente, con una llamarada, se introdujo en el espacio Zero y desapareció. -¿Viajar más rápido que la luz? ¡Es físicamente imposible!- exclamó Chapman. <Cierto. Pero el espacio Z no implica ir rápido. Implica utilizar el anti-espacio, lo que nosotros llamamos espacio Zero, para aparecer en otro lugar,> dijo Arbron. -Pero supongo que los andalitas os guardáis ese secreto solo para vosotros, ¿no? –nos acusó Chapman. <No siempre,> repliqué severamente. <Una vez compartimos nuestros secretos. Pero el resultado fue el Imperio Yeerk que amenaza a todas las especies sensibles. Alégrate de estar a salvo en tu ingenuo planeta, humano. La galaxia no es un lugar feliz.> Alloran introdujo nuestro destino en la computadora. Saltaríamos al espacio Zero para acercarnos a la Tierra. Pero la salida nunca era muy precisa. Aún si tuviésemos suerte, saldríamos a un millón de kilómetros de distancia de la Tierra. Sería un viaje de muchos días para llegar hasta allí. <Poned cómodos a los forasteros, [i]arisths[/i],> nos ordenó Alloran. <¿Príncipe, después podré usar yo el ordenador de la nave?> preguntó Arbron. <Tengo una copia del Skrit Na que revisar y pensé que podría descubrir algo extraño.> <Un exo-datologista, ¿eh?> dijo Alloran son una risita <Tengo el cadete ideal: guerrero, científico y artista. Ya no es suficiente ser solo un luchador, ¿verdad? Hoy en día quieren una clase de guerreros más mansa, más equilibrada, más intelectual.> Arbron me miró implorando ayuda. <Supongo que sí, príncipe guerrero Alloran, pero… bueno, que eso es lo que nos enseñan, supongo.> Durante algún tiempo Alloran no dijo nada. Apenas nos miró. O por lo menos no a nadie en ese cuarto. <Los gobernantes quieren una guerra sin matanza. Quieren algo limpio, justo, una guerra más honorable. Necios.> Me quedé de piedra. Nadie llamaba a los gobernantes necios. Eso no se hacía. <Señor…> le preguntó Arbron tímidamente. <¿La computadora…? > <¿El que? Oh, sí. La computadora. ¿Por qué no? Usadla si queréis,> dijo el príncipe. <Éste va a ser un paseo largo y aburrido.> [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Fue un viaje largo y aburrido. Salimos del espacio Zero a medio camino entre la órbita de la Tierra y la de un planeta al que Loren llamaba Marte. A partir de entonces teníamos que viajar por el espacio convencional. Y debíamos mantener una velocidad reducida para no distorsionar demasiado el tiempo. Si hubiéramos ido a velocidad máxima, habríamos llegado allí en unas horas. Pero en el planeta, habrían pasado años. Eso es la relatividad. Tenía poco que hacer. Alloran manejaba el timón a solas, y el resto del tiempo lo pasaba en su cuarto. Y Arbron parecía haber encontrado algún proyecto con el que mantenerse ocupado. Se pasaba el tiempo delante de la computadora, murmurando. Era un lado de Arbron que nunca había visto. La mayoría del tiempo no parecía tomarse nada muy en serio. Por lo menos [i]a mí[/i] nunca me tomó en serio. Pero ahora pasaba días enteros ante la consola. Siempre que le preguntaba lo que hacía, lo único que me respondía era, <Desvelando un misterio.> Pasé la mayor parte del tiempo con los dos humanos. O al menos con Loren. Chapman era tan solitario como Alloran. Me acerqué a Loren junto a la ventana, y miramos el planeta azul y blanco. Loren hizo una cosa que llamaba “sentarse”. Al principio era muy cómico. Pero, claro, resultaba muy práctico para una criatura de dos piernas. -Las partes marrones y verdes son continentes, -me explicó Loren. -Lo azul es el océano. Agua. ¿Ves eso tan blanco en los polos? Es hielo. Se llama Antártica. Está muy frío. <¿Qué clase de hielo? ¿Dióxido de carbono helado? ¿Metano?> -Agua. Sólo agua helada. <Ah. Por supuesto. Eso tiene sentido. ¿Y dónde vives tú?> -Pues, ¿ves ese continente de allí? ¿El de la parte izquierda superior del planeta? ¿Ves dónde está la línea entre noche y día? Casi por esa línea,- se mordió el labio. Un labio es la porción de carne situada alrededor de la boca. -Mi madre debe de estar muriéndose de preocupación, ya llevo unos días fuera. ¿Muriendo? ¿Los humanos podían morir de preocupación? < Sí, pero pronto estarás en casa. Entonces no se preocupará más. Quizá no tenga que morir.> Loren sonrió. -Era solo una expresión. Entonces noté que le brotaban gotas de los ojos. -¿Tienes una madre esperándote en casa? ¿Se preocupa por ti? Me sentía un poco incómodo hablando sobre mis padres. Un [i]aristh[/i] destinado al espacio no puede sentir nostalgia. Sobre todo porque el príncipe Alloran podría andar por allí cerca, y oírnos por casualidad. <Supongo que sí. Mi padre no tanto, creo. Él estuvo en el ejército, cuando era joven. Aunque entonces estábamos en paz. Puede que después de todo sí que les preocupe que me lastime o cualquier cosa.> -Nosotros acabamos de pasar por una guerra, -dijo Loren. -Eso… eso es lo que le pasó a mi padre. Que fue a la guerra. No es que lo mataran ni nada. Pero es como si él… no sé. Cuando volvió imagino que no supo como enfrentarse a la realidad. Así que se volvió a marchar. Vi que Alloran dirigía sus antenas oculares para mirar a Loren. Prácticamente era la primera vez que reconocía su existencia. <¿También tenéis guerras?> le pregunté <Pero no viajáis por el espacio. ¿Quién lucha entonces?> Entonces se nos unió Chapman, recién levantado de una siesta en su cuarto. -Luchamos unos contra otros, -dijo. Pestañeó con un ojo. –Así que, Loren, a tu padre se le fue la cabeza, ¿eh? ¿Otro veterano fuera de sí? Supongo que algunos tipos no pueden aguantarlo. Loren abrió mucho los ojos y de repente arremetió contra Chapman. Pero fue Alloran quien habló. <¿Has estado alguna vez en una guerra, humano?> le preguntó a Chapman. -¿Yo? No. Por supuesto que no. Esa guerra ha terminado. <Entonces cállate, necio. Aquellos que han luchado lo entienden. Los que no tienen derecho a opinar, se callan,> miró a Loren. <Incluso quienes vuelven de la guerra nunca terminan de regresar del todo a casa.> Alloran se volvió hacia el timón, y no dijo nada más. Chapman se encogió de hombros, pero se le veía intrigado por Alloran. Y yo también lo estaba, para ser sincero. ¿De qué estaba hablando? Yo nunca había oído hablar de un guerrero andalita que regresara de la guerra confundido, como Loren lo había descrito. O “fuera de sí” como había dicho Chapman. ¿Por qué sentiría hacia Alloran tal simpatía? -Cambiando de tema… –continuó Loren, -contéstame a algo. ¿Cuando me borréis la memoria no recordaré nada de esto? ¿Ni siquiera a ti? No contesté. ¿Qué podía decir? -No para nada, no estoy enfadada contigo, -me dijo. -Nos vas a llevar a casa, y nos salvaste de esos Excrementos Napiosos. <Los Skrit Na,> la corregí. -Ya lo sé. Era un chiste. Supongo que uno no muy gracioso. <Ah. Humor. Sí, Arbron lo hace a veces.> -¿Pero tú no? <Supongo que no soy muy divertido.> Loren agitó la cabeza y su largo pelo dorado brilló de forma muy hermosa. -Muy bien. Me gustan los tipos serios. Supongo que si mi memoria me va a ser arrebatada, no pasa nada si hago preguntas. Como por ejemplo: ¿cómo es que no tienes boca? –me preguntó. Parecía que a Chapman acabaran de deslumbrarle y con ello le hubieran vuelto a la realidad. Había estado mirando a Alloran todo el tiempo. Ahora se unió a la conversación. -Loren, ¿cómo puede saber él por qué no tiene boca? Él no tiene una boca. Nosotros sí. ¿Por qué tenemos bocas? Es una pregunta tonta. Yo tengo una mejor. Me miraba severamente y concentró primero su mirada en mis ojos superiores, y luego la desvió hacia mis ojos principales. Como si no supiera exactamente dónde mirarme. -Mira, Elfangor, quizá empezamos mal, tú y yo. No estaba de muy buen humor. ¿Tienes idea de cuanto dinero podríamos hacer con esta tecnología en la Tierra? ¡Podrías tener todo lo que quisieras! Era mi turno de reírme. <¿Qué haríamos nosotros con dinero terrestre? > Él se encogió de hombros. -Vale, olvídate del dinero. ¿Y el poder? Nos podríamos sacar una foto estrechándonos la mano, y todos los presidentes y ministros de la Tierra no tendrían nada que hacer contra nosotros. Podríamos gobernar. <Somos andalitas, no yeerks,> le contesté. <No estamos interesados en gobernar a otras especies.> -Ah, bueno. Eso está muy bien, supongo. Sí, eso es muy civilizado. Pero podríamos traer la paz a la Tierra. No habría más guerras. <Vale. Esto es. Esto es. ¡Elfangor!> Era Arbron. Había estado totalmente concentrado en el ordenador. Apenas había hablado durante los últimos dos días. Me acerque a él. Me aliviaba tener una excusa para librarme de Chapman. Me inquietaba. Era completamente diferente a la humana Loren. <¿Qué pasa?> le pregunté a Arbron cuando estuve a su lado. Miré las imágenes de la computadora. Señaló un campo de fuerza, unas líneas de intensidad en tres dimensiones. Pero también había otras líneas que se adentraban firmemente en el espacio Zero. Era imposible. Una simulación de alguna clase. Una farsa. Arbron me miró con una sola de sus antenas oculares. <Esto es de la nave Skrit Na. De lo que descargué de su navegador. Estaba encriptado, pero he conseguido saltarme el código. He estado echando un vistazo por la memoria de la nave. Inútil, la mayoría. Basura. Pero ayer encontré esto. He estado intentando averiguar qué pasa porque, ¿ves?, no es posible que la lectura del sensor sea correcta. Pero creo que ya lo tengo. Sé lo que es.> Volvió la cabeza hacia mí. <Elfangor, creo que esto es [i]real[/i].> Durante algunos segundos solo nos miramos fijamente. <No puede ser,> dije. <Cualquier estudiante podría decirte que eso es imposible. A menos que …> sentí que un escalofrío me recorría la columna. <¡Alloran! ¡Príncipe Alloran! Señor, debería ver esto.> El príncipe dejó el timón y trotó hacia nosotros. <¿Qué pasa, [i]arisths[/i]?> dijo fatigadamente. Pero entonces sus ojos se concentraron en la pantalla. Un segundo después, dijo: <Computadora. ¡Rastrea archivos visuales relacionados!> nos miró a Arbron y a mí. <¡Deben haber hecho más copias!> Y entonces apareció. Simplemente apareció en la pantalla. Era perfectamente esférico. Una simple esfera blanca. Parecía inofensiva, incluso despreciable. Y aún así era el arma más peligrosa, más mortífera que cualquier raza hubiera creado jamás. Debido a su origen, no podía destruirse físicamente. Pero la habían ocultado. Mientras la observábamos atónitos, la computadora comenzó a reproducir los datos de la nave Skrit Na. La habían escondido en el planeta llamado Tierra. Había sido enterrada a gran profundidad en un área desolada de arena ardiente. Y una enorme pirámide de piedra grande había sido construida encima de él. Había permanecido oculto durante cincuenta mil años. Aislado en un planeta insignificante en un extremo alejado de la galaxia. Y ahora había reaparecido. -Ey, ¿qué es lo que pasa? – nos preguntó Loren. -Os habéis quedado mirando la pantalla como si hubierais visto un fantasma. <¡La Matriz del Tiempo!> exclamamos Arbron y yo a la vez. <¡Pensaba que era un mito!> <La segunda nave de los Skrit Na,> grité tras comprender la verdad. <Los Skrit Na la desenterraron. ¡Lo tenían a bordo de la segunda nave, la que escapó al espacio Zero!> Miré a Alloran que, para mi sorpresa, mostraba ardor en los ojos. <¡La Matriz del Tiempo! Escondido durante cincuenta mil años, y ahora recuperada por los Skrit Na. El arma más mortal en de toda la historia del universo. Y nadie excepto nosotros podemos recuperarla.> Era como si Alloran hubiera rejuvenecido diez años. <¡Elfangor! ¡Arbron! Localizad a los Skrit en esa computadora. ¡Tenemos que averiguar dónde está ahora la segunda nave!> Se volvió hacia Loren y Chapman. <Mis disculpas, forasteros, pero no podemos devolverlos ahora a vuestro planeta. No hay tiempo que perder. ¡La existencia de la galaxia entera está en peligro!> Arbron me miró y me envió un mensaje por telepatía privada. <Creo que todavía tenemos una oportunidad de convertirnos en héroes.> [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Arbron y yo destruimos ese archivo de la base de datos de la nave Skrit Na. Y antes de entrar al espacio Zero, ya teníamos un destino en mente. Uno de los últimos lugares en todo el universo al que un andalita sensato querría ir en su vida. El planeta taxonita.. Mientras atravesábamos la blanca y vacía no-extensión del espacio Zero, Alloran nos llamó a una reunión. Era solo para tres de nosotros, pero el Jahar era demasiado pequeño como para separarnos de los dos humanos. Ellos se quedaron sentados en cuclillas cerca de nuestros cascos. Nosotros nos comunicamos por telepatía privada. <El planeta taxonita es nuestro destino,> dijo Alloran. <Pero los Skrit Na no habrán llevado allí la Matriz del Tiempo. Creo que los Skrit Na no tienen ni idea de lo que tienen en sus manos. Descubrieron los patrones de un poder extraño y decidieron, con su simpleza típica, robarlo primero y estudiarlo después.> <Estoy de acuerdo, señor,> dijo Araron. <Si supieran que tienen en su poder la Matriz del Tiempo, harían una de dos cosas. Ir directos al mundo yeerk para vendérselo, o tratar de usarlo para su propia gente. Pero ahora se dirigen al planeta taxonita.> -¡Ey, Ey! – nos interrumpió Chapman. -Sé que estáis hablando por telepatía privada y nos estáis dejando fuera. No soy idiota. <Esto no os concierne a ninguno de los dos,> dije lacónicamente. Chapman se puso de pie y me agarró bruscamente por el hombro. Lancé mi cola por mero reflejo. Ningún andalita agarraría así a otro andalita jamás. Chapman se rió desmañadamente. -No me asustas. Sé que puedes matarnos a ambos, pero ése no es tu estilo, ¿verdad? Lo tuyo es arrastrarnos por toda la galaxia. <Tenemos una emergencia,> dije. <No podemos devolverlos directamente a vuestro planeta. Sin embargo…> – ¿Sin embargo qué? –me presionó Chapman. -Nada. Este viaje está lleno de peligros, ¿no? Se os nota. Como ya he dicho, no soy idiota. Veo lo tensos que estáis. Veo vuestra angustia. Dondequiera que sea donde vamos, os da miedo. Así que la chica y yo deberíamos estar asustados también, ¿no es cierto? Loren se levantó y me miró directamente a los ojos. -¿Es eso cierto, Elfangor? ¿Nos estás poniendo en peligro? Volví una antena ocular hacia Alloran. Él asintió ligeramente, concediéndome su permiso. <Sí, lo es,> contesté. <Vamos a ponernos en un grave peligro. Si nos cogen, a vosotros os matarán o esclavizarán.> Los ojos de Chapman destellaron de furia. -¿Nos estás arrastrando a una batalla y no podemos saber siquiera lo que está pasando? Esa es la cultura andalita. Empecé a decirle a esa irritante criatura que sería mejor que se mantuviera callado, pero Alloran me interrumpió. <Vosotros dos, humanos, tenéis derecho a saber a qué os “estamos arrastrando”. Vamos a un planeta de criaturas aliadas con los yeerks. Los yeerks son parásitos que toman el mando de los cuerpos y mentes de otras criaturas. Los taxonitas han sido esclavizados así. Voluntariamente. > <Los Skrit Na han descubierto la Matriz del Tiempo hasta ahora perdida. Éste es un dispositivo que permite a la gente desplazarse en el tiempo. Es el arma más peligrosa que podáis imaginar,> expliqué. -¿Por qué una máquina del tiempo iba a ser un arma? -preguntó Loren. Pero Chapman ya había hecho sus propias reflexiones. -Puff, basta con viajar al pasado y limpiar todo lo que no quieres que exista en el presente. Yo podría matar a tus padres antes de que ellos te tuvieran, y tú no existirías… -sonrió. -Es más, podría remontarme mucho más atrás, a los días prehistóricos, encontrar a los antepasados más primitivos de los humanos y darles muerte.- Chapman se echó a reír abiertamente. -¿Ves por qué estos tipos están tan angustiados? Si estos yeerks suyos consiguieran esta cosa, adiós a los andalitas. Ese fue el límite. No me gustaba esa criatura. No me importaba que fuera un alienígena primitivo, no me gustaba. Acerqué mi cara a la suya y coloque mi cola en posición de amenaza. <Más te vale entender esto, humano. Si los andalitas desaparecen, también desaparecerán los humanos, antes o después. ¿Quién crees que impide que los yeerks esclavicen a toda especie sensible de la galaxia? Somos nosotros.> -Quizá yo esté con los alienígenas equivocados,- se burló Chapman. -Es una pena que no me atraparan los yeerks, parecen los ganadores. Para mi sorpresa, Alloran se echó a reír. <Puede que tengas razón. Pero más te vale confiar en que eso no pase. He visto lo que los yeerks hacen con los planetas conquistados. Estaba allí cuando los yeerks conquistaron el mundo de los hork-bajir. Reza a los primitivos dioses que tengas, humano, para que los yeerks no se acerquen a tu mundo.> Lancé una mirada a Arbron. Él estaba tan sorprendido como yo. ¿Había estado Alloran en la batalla que desembocó en la derrota del mundo hork-bajir? La pérdida de los hork-bajir fue el mayor desastre desde nuestra guerra con los yeerks. Los hork-bajir eran ahora esclavos de los yeerks porque nosotros no pudimos detenerlos. <Traslación a espacio normal en un minuto,> dijo la computadora fríamente. <Bien,> dijo Alloran, rompiendo el hechizo que nos acababa de lanzar. <Saldremos del espacio-cero muy cerca del mundo taxonita. El área estará llena de naves yeerks. El Jahar tiene un sistema de camuflaje excelente, pero aún así podrían descubrirnos. De ahora en adelante, estamos en alerta de batalla.> <¿Cuál es el plan?> preguntó Arbron nervioso. <¿Qué hacemos nosotros?> Alloran se rió. <¿Que cuál es el plan? Buscar la nave Skrit Na. Y si ha aterrizado, la seguiremos y recuperaremos la Matriz del Tiempo. Por supuesto, llamaríamos mucho la atención desplazándonos por ahí como andalitas, así que…> <¿Vamos a bajar a la superficie?> pregunté con horror. <Señor, nos está pidiendo que… ¿planea que nos convirtamos en taxonitas?> Alloran nos miró a Arbron y a mí muy seriamente. <[i]Arisths[/i], a partir de ahora vais a tener que madurar muy deprisa. Yo necesito a guerreros a mi lado. ¿Estáis preparados para serlo?> En mis ensoñaciones como joven [i]aristh[/i] siempre había imaginado un momento así. Había soñado con el momento en que me convirtiera en un valiente guerrero y salvara a mi gente. Y en mi imaginación, siempre me había enfrentado a situaciones así, orgulloso y sin miedo. Y ahora, de repente, mi sueño se hacía realidad. Y lo único que yo sentía era un miedo horrible. ¡El mundo taxonita! Era un lugar de pesadilla. <Estamos listos, Príncipe Alloran,> dije tan audazmente como me fue posible. <Estamos listos para convertirnos en guerreros. No tenemos miedo.> Vi la cara de Arbron. Estaba tan aterrado como yo, pero se las arregló para sonreírme con la mirada. Me conocía demasiado bien. Sabía que estaba mintiendo. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] ¡Estábamos bajando al mundo taxonita! Habíamos ocultado el Jahar, escondido a la vista y a la mayoría de los sensores. Pero el mecanismo de detección avanzado de una nave yeerk nos revelaría. Y nunca podríamos aterrizar en el planeta con el Jahar. Necesitábamos una víctima. La encontramos más allá de la tercera luna del mundo taxonita. Era una lenta nave mercante. Acababa de entrar en este sistema, lo que significaba que les estarían esperando en la superficie. Era perfecto para nuestros planes. El truco era atacar la nave para hacer que se detuviera, pero no destruirla. <Necesitamos un buen tirador,> nos dijo Alloran. <¿Quién es mejor de los dos?> Quise decir que yo, pero sabía que Arbron era mejor. Y no podíamos permitirnos el lujo de fallar. <Arbron es el que acertó a la nave Skrit Na.> Alloran asintió. <Veamos lo que puede hacer, [i]aristh[/i] Arbron. Tiene que alcanzar un motor, pero dejar el otro intacto. Y no queremos que haya ninguna explosión desafortunada.> Arbron tomó los mandos del láser. La nave de transporte yeerk estaba unos cinco kilómetros. El objetivo al que debíamos acertar medía como mucho metro y medio. Arbron codificó el objetivo en el sistema de disparo de la computadora mientras todos los demás -Alloran, los dos humanos y yo- nos limitábamos a observar. Se oyó un zumbido cuando el láser disparó. Vimos como el pálido rayo verde atravesaba la oscuridad. Y en la pantalla, con una amplificación de factor cinco a cien, contemplamos como el motor del lado más próximo a nosotros se iluminaba en colores rojo y verde. <¡Buen disparo!> exclamó Alloran. <Pasará media hora antes de que averigüen lo que ha pasado y puedan reconfigurar la nave para que vuele con un solo motor. ¡[i]Aristh[/i] Elfangor, descienda! > Conecté los motores de la nave y avanzamos hacia la nave transportista estropeada. Antes de que se dieran cuenta estábamos encima de ellos. <Bloquea su sistema de comunicación,> me ordenó Alloran y yo comencé a presionar febrilmente el teclado táctico. Era mi segundo abordaje a una nave alienígena. Supongo que debería haberme sentido confiado y experimentado. Pero éste no era un trasto viejo como la nave Skrit Na. Ésta era una nave yeerk. No teníamos manera alguna de saber con qué nos encontraríamos. ¿Habría controladores hork-bajir? ¿Taxonitas? ¿O alguna otra especie feroz, que los yeerks ya controlaban pero que desconocíamos? <Un consejo,> nos dijo Alloran. <Los taxonitas son repulsivos, pero no olvidéis que tiene un yeerk en el cerebro. Vais a tratar con un yeerk, no solo un taxonita.> Alloran, Arbron y yo nos reunimos en la compuerta y esperamos a que se abriera. Íbamos armados con rayos dragón a potencia tres. Hay seis grados en una pistola láser. El nivel uno emite una pequeña descarga que puede aturdir un corto período de tiempo a una criatura pequeña. El nivel seis puede abrir un agujero a través de una pared de tres metros de metal sólido. El nivel tres no mata a la mayoría de las criaturas, pero las discapacita de tal manera que no se serán capaces de ponerse en pie durante horas. En esos momentos de espera antes de lanzarnos sobre un enemigo mortal, me esforcé por recordar todo lo que el viejo Sofor había intentado enseñarme sobre el combate. Pero os juro que no podía recordar una palabra. Quizá el Príncipe Alloran eracapaz de conservar la calma, pero yo desde luego que no. <Recordad, no los matéis,> insistió Alloran. <Tenemos que adquirirlos.> -Buena suerte, -nos deseó Loren. Y entonces la compuerta se abrió con una explosión. ¡BOOM! Tras el estallido, nos lanzamos al interior de la nave yeerk. ¡Taxonitas! Si nunca te has enfrentado a un taxonita, deja que te diga algo: son criaturas horribles como para tenerlas demasiado cerca. Tienen un cuerpo tubular, como una monstruosa y fofa manguera de tres metros de largo. Andan sobre unas hileras de patas con forma cónica, y afiladas como agujas. El tercio superior de su cuerpo está erguido, y allí las filas de piernas se vuelven más pequeñas para poco a poco transformarse en manos. Tienen una hilera de ojos rojo oscuro, que ofrecen el aspecto de un líquido congelado. En la parte más alta de la criatura está la boca, un agujero redondo delineado de rojo oscuro y bordeado con incontables filas de sanguinarios dientes. Media docena de esas criaturas nos rodeaban completamente. Durante un instante demasiado largo, nadie se movió. Creo que los yeerks no podían asimilar la idea de que en aquel momento, allí en plena órbita del planeta taxonita, estuvieran siendo atacados por andalitas. ¡Entonces todos nos lanzamos a la vez! A mi izquierda, un taxonita empuñó una pistola de rayos dragón y me apuntó con ella. <¡Ahhhh!> grité y apreté el gatillo de mi arma. ¡TTTTSSSAAAAAPPPP! El taxonita cayó. ¡Las pistolas dragón dispararon! ¡TTSEEEW! ¡TSEWW! ¡TSEEW! Al instante, el aire se volvió tan caliente como en un horno. El sonido de las armas resonaba en la habitación. Las pantallas estallaron. Las paredes se abollaron. Las chispas explotaban sobre nuestras cabezas en cascadas luminosas desde los cables destrozados. <¡Dejad de disparar!> gritó Alloran <¡Si seguimos destruiremos la nave!> ¡Detrás de mí, un taxonita! ¡Iba armado con una pistola de rayos dragón! No me detuve a pensar, solo moví la cola. La hoja surcó el aire y separé el brazo del taxonita de su cuerpo. La extremidad cayó al suelo junto con la pistola de rayos dragón. -¡SSSSSREEEEE-WAAAAAR! –gritó el taxonita. Ahora sólo quedaban dos, y sabían que habían perdido. Retrocedieron tan rápido como les permitieron sus piernas puntiagudas. Pero incluso entonces, a pesar del yeerk de sus cabezas, los fuertes instintos taxonitas se impusieron. Retrocedieron arrancando trozos de carne de sus compañeros muertos, esparcidos por el suelo. Los taxonitas son caníbales. No son una especie agradable. Y por lo que sabíamos sobre ellos, ni siquiera el yeerk dentro de sus cabezas podía controlar su hambre. <¡Listo!> gritó Arbron <¡Lo hemos conseguido!> <Cállese, idiota inmaduro,> le cortó Alloran. Alloran ya había imaginado por qué los controladores taxonitas se estaban retirando. No querían estar en medio cuando empezase el problema serio. Y ese problema serio se estaba materializando a través del humo y las chispas de los tableros quemados. Medían dos metros. Tenían hoja afiladas como navajas de afeitar en las muñecas. Cuchillas en los codos. Y en las rodillas. Y en la cola. Y dos o tres puntiagudos cuernos en la parte de arriba de sus cabezas reptilianas. ¡Hork-bajirs! < Bien, bien,> dijo Alloran. <No ha pasado tanto tiempo desde mi última lucha contra un hork-bajir. Yo me encargo de los dos de en medio.> Eso dejaba un hork-bajir restante para Arbron y otro para mí Dos hork-bajir adultos, cada uno con un malvado yeerk en su cabeza. <Estoy pensando que quizás deberíamos haber prestado más atención al viejo Sopor,> dijo Arbron, en un chiste malo e innecesario. Vi que el hork-bajir avanzaba hacia mí. Oí la voz de Sofor en mi cabeza. “No pienses, Elfangor. Ahora todo se reduce al instinto y al entrenamiento.” Hice volar mi mente consciente. Simplemente la dejé ir. Y en su lugar, una energía como un hormigueo pareció invadirme. Era como si me cargara de electricidad. Como si me salieran chispas de los cascos y la cola. El hork-bajir avanzó hacia mí. Y yo respondí. ¡Ataqué! Y cuando Alloran fue rodeado por sus enemigos, golpeé de nuevo. Y cuando un hork-bajir derribó a Arbron, volví a golpear. Y golpeé y golpeé y golpeé hasta que la sangre del hork-bajir empapó el suelo. Y cuando mi mente consciente volvió, parecía como si hubieran pasado horas. Arbron estaba mirándome fijamente como si hubiera visto un fantasma. Alloran asentía misteriosamente, como si hubiera visto algo en mí. Los hork-bajirs heridos, y algunos peor que eso, malherido, estaban tendidos por todo el suelo de la cubierta de la nave. <¡No!> susurré. Me volví y atravesé la compuerta corriendo hacia el Jahar. Corrí y resbalé y caí de rodillas, sin saber hacia dónde huir. Fue la humana, Loren, la que corrió hacia mí y rodeó mi pecho con sus extraños brazos alienígenas y escondió mi rostro entre su pelo dorado. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Me aparté de Loren, consternado y avergonzado por mi conducta. ¿Qué me había pasado? Estaba comportándome como un niño, no como un [i]aristh[/i]. Entonces vi a Arbron. Estaba herido. Sangraba por una profunda cuchillada en su brazo izquierdo. Tenía los ojos principales muy abiertos en una expresión que casi podría haber sido de pánico. Alloran estaba ocupado atando al hork-bajir derrotado. Había conducido a los taxonitas malheridos al interior de una bodega. Alloran los encerró soldando la puerta con un disparo de su arma. -¿Estás bien?- me preguntó Loren. <Sí. Por supuesto. Estoy bien,> le contesté bruscamente. Pero tenía el estómago removido. Me carcomía un sentimiento horrible. Me sentía confuso, como si ni siquiera fuera yo mismo. Era como si yo fuera una persona totalmente diferente, de pie a mi lado, observándome desde fuera. Loren me dejó solo y fue hacia Arbron. Rasgó la manga de su camisa y envolvió el brazo sangrante de Arbron. Alloran se acercó finalmente y echó un vistazo al brazo de Arbron. <Te pondrás bien, [i]aristh[/i]> dijo Alloran <Volvamos a la estación de ataque. Solo acabamos de empezar. Tenemos que hacer descender esta nave yeerk sobre el planeta. [i]Aristh[/i] Elfangor, tú lleva el timón. Los mandos son bastante primitivos comparados con nuestras naves, pero-> Ni Arbron ni yo nos movimos. Alloran me miró, furioso por que yo hubiera ignorado su orden. Pero entonces su expresión se suavizó. <Es tu primera vez. Has luchado bien. Los dos. La primera vez siempre es la más dura. Y nunca se vuelve más fácil. Pero los necesito a ambos. Ahora. > Asentí. <Sí, Príncipe Alloran. Tomaré el timón.> <Tú, alienígena,> se dirigió a Loren <Métete en el Jahar. Estaremos fuera un rato. No toques nada.> Loren volvió la cabeza para mirar por encima de su hombro. Los humanos tienen que hacer ese movimiento para ver lo que tienen detrás. Obviamente estaba dudosa. Se mordía el labio inferior con sus blancos dientes. <¿Qué pasa?> le pregunté. Dudaba, pero finalmente habló: -Mira, dime la verdad. Júramelo por algo que sea importante para ti. Júrame que vas a devolvernos a Chapman y a mí a la Tierra. <Por supuesto que lo haremos. En cuanto podamos,> le respondí. Suspiró, un sonido que emiten los humanos cuando soplan el aire desde el interior de la boca hacia fuera. -Verás, es por Chapman. Sé que en el fondo es un buen chico y todo eso, pero… <No confías en él.> – Si nos dejas aquí en el Jahar, seguro que intenta algo. Sé que lo hará. Y sé que crees que somos demasiado primitivos como para poder pilotar tu nave o algo así, pero no le infravalores. A Chapman no le gustas. <Sí. Me dio esa impresión,> dije. <Pero podemos decirle a la computadora de la nave que no le permita hacer nada. Él no podrá volar ni comunicarse. Todo irá bien.> Comprobé que el Príncipe Alloran estaba ocupado con Arbron. <Toma. Cógela. Escóndetela bajo la ropa. Úsala si Chapman te causa problemas. Está preprogramada en grado dos. Simplemente apunta y aprieta el gatillo.> Loren cogió el arma y se la escondió bajo la camisa. -Oye… buena suerte allí abajo. Sea lo que sea que tengas que hacer allí. Entonces se acercó, me miró y apretó sus labios contra un lado de mi cara. Era una cosa muy extraña. Algo que ningún andalita haría en la vida. Pero no me molestó. <¿[i]Aristh[/i] Elfangor? Cuando quiera unirse a nosotros…> me reprendió Alloran ácidamente. <¡Estoy listo, señor! Preparado para cortar la conexión con el Jahar.> La escotilla se cerró y Loren desapareció de mi vista. [i]Estará bien[/i], me dije. El Jahar iba bien protegido. Con los escudos levantados sería casi imposible que los yeerks los descubrieran. Y tenía la pistola en caso de que el otro humano intentara algo. Me concentré en entender los mandos de la nave. Estaban diseñados para la mano taxonita. Pero los fundamentos seguían siendo muy básicos. Calculé un acercamiento sencillo al aeropuerto principal del mundo taxonita. Conecté los motores y, cuando ya nos marchamos e íbamos tomando velocidad, miré atrás y vi el Jahar. <Estos humanos son como un dolor en los cuartos traseros,> dijo Arbron. <Como si no tuviéramos bastantes problemas. Encima tenemos que vigilar a un par de alienígenas salvajes.> <Ella está a un millón de luz-años de su casa, Arbron. Acaba de encontrarse con un montón de especies que nunca pensó que existirían. Y de repente la empujan a una guerra intergaláctica. Yo creo que está siendo muy valiente.> Arbron se concentró en aprender a manejar los controles de la computadora de la extraña nave. Y entonces, de forma algo despreocupada, dijo: <A propósito, gracias. Antes me has salvado la vida. Supongo que pusiste más atención al viejo Sofor que yo, ¿eh?> <Sí, supongo,> dije. <Parecías algo…, Elfangor… Me asustaste. Eh, creo que asustaste incluso a Alloran. Lo hacías realmente… > <Bueno, ya basta, ¿vale?> <Solo te digo que estuviste genial. No se podía ver el movimiento de tu cola. ¿Y cuándo le cortaste la cabeza al hork-bajir? Fue asombroso.> Quería que se callara. No me apetecía pensar en lo que había pasado. No quería recordarlo. Y aún así, esa otra parte de mí se regodeaba con cada palabra. Esta otra parte de mí repetía una y otra vez la lucha en mi cabeza, viéndose como Elfangor, el gran héroe. <¿Has programado el curso?> me preguntó Alloran. <Sí, Príncipe. Llegaremos en treinta minutos.> < Perfecto. Entonces vamos bien de tiempo. Tenemos que adquirir a los taxonitas.> Adquirir es absorber el ADN de una especie. Y te transformas en ella, adoptando la forma de esa criatura. Íbamos a convertirnos en taxonitas. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] Habíamos trasladado a los taxonitas y a los hork-bajir malheridos a la bodega de la nave. Ni siquiera nos habíamos molestado en mirar antes qué más podía haber ahí. Ahora lo íbamos a comprobar. Cuando abrimos la puerta Alloran y Arbron alzaron sus armas, por si algún taxonita superviviente se atreviese a atacarnos. Pero los dos taxonitas tenían otros asuntos entre manos. Intentaban matarse para devorarse el uno al otro. Ya habían terminado con el hork-bajir herido. <¡Deteneos u os mataré a ambos!> gritó Alloran. Pero los taxonitas estaban fuera de control, atrapados en su ansia de sangre. Era algo nauseabundo de ver. Los taxonitas no tienen colas poderosas como nosotros, u hojas como los hork-bajir. Lo único que podían hacer era encabritarse y lanzarse el uno contra el otro mientras intentaban morderse con sus redondas fauces. <Los yeerks los han abandonado,> dijo Alloran. <Así se comportan los taxonitas cuando nadie los controla. Los parásitos yeerks los han dejado para que se maten el uno al otro.> <¿Y a dónde han ido los yeerks?> pregunté. Con mucha calma, Alloran apuntó con su arma a los taxonitas y disparó. Era un disparo de baja potencia, sólo para dejar inconsciente al taxonita. Pasamos entre sus cuerpos, con cuidado de no pisar la carnicería con los cascos. Tras ellos, la bodega de la nave estaba repleta de unos tanques redondos y transparentes. Estaba demasiado oscuro para ver lo que había en los tanques. <Computadora. Luces,> ordenó Alloran. Las luces se encendieron, y al instante deseé que no lo hubieran hecho. La bodega de la nave mediría quizá unos treinta metros de largo, y su anchura era un tercio de su longitud. Y ocupando la mayoría de ese espacio había docenas de tanques que brillaban con una luz verde cenagosa. Nadando en cada uno de esos tanques se veían unos parásitos lentos y grises. <¡Yeerks!> exclamé. <¡Debe de haber miles! ¡Cientos de miles!> corroboró Arbron. <Lo sospechaba,> dijo Alloran. <Están transportando yeerks al mundo taxonita. Necesitan cuerpos. Huéspedes. Cada uno de éstos poseerá un taxonita.> <¿Qué hacemos con ellos?> pregunté. <Sellaremos el puente y después abriremos la compuerta,> dijo Alloran con expresión serena. Me tomó unos segundos comprender lo que estaba diciendo. Si abríamos la compuerta mientras todavía estábamos en el espacio, el vacío absorbería todo el contenido. Lo arrancaría hacia un espacio frío, sin aire. Los yeerks morirían casi al instante. <Príncipe Alloran, no podemos matarlos así,> dije. Lo observé atentamente por si solo había sido una broma. Pero sus ojos eran fríos. <[i]Aristh[/i] Elfangor, yo doy las órdenes. Tú solo obedeces.> <Pero están indefensos,> protesté. <Son yeerks. Y esto es la guerra. ¿Preferirías esperar hasta que tengan cuerpos taxonitas?> No supe qué decir. Miré a Arbron. Su cara era inexpresiva. <Nosotros… no podemos hacer eso,> dije. <Son nuestros prisioneros. No podemos matarlos por las buenas, ¡sería un asesinato!> <Tenga cuidado con lo que dice, [i]aristh[/i] Elfangor,> me reprendió Alloran duramente <Eres un niño, por eso perdono tu impertinencia. Por esta vez. Pero estás aquí para aprender, no para cuestionar órdenes. Y una de las cosas que aprenderás, mi idealista [i]aristh[/i], es que la guerra no consiste sólo en ser valiente y comportarse como un héroe. La guerra consiste en matar.> <Los andalitas no matan prisioneros,> dije. Alloran se echó a reír. <¿Eso es lo que te han enseñado en el colegio?> rió otra vez. <Mira, niño, yo aprendí mi lección en plena batalla en el mundo hork-bajir, no en una aula. Y escúchame bien: lo único que importa es sobrevivir. Además, pequeño [i]aristh[/i] Elfangor, es un poco tarde para hacerse el delicado. No con la sangre de tus enemigos manchándote la cola.> Esto no estaba pasando. No podía ser. Alloran era una Príncipe guerrero. No podía desobedecer a un príncipe-guerrero. Pero esto era monstruoso. <No mataré prisioneros,> dije. <Me da igual que sean yeerks.> <Podría ejecutarte ahora mismo por desobediencia,> me respondió Alloran. Por un momento que pareció alargarse eternamente nos quedamos ahí, de pie, cara a cara. Apenas podía respirar. Estaba arruinando mi vida y probablemente también mi futuro en el ejército, solo por salvar a mis enemigos. ¡Era una locura! Pero no era capaz de imaginarme lanzando a los yeerks al vacío del espacio. No podía hacerlo. <Señor,> dijo Arbron con suavidad. <Estamos tan cerca de la superficie planetaria, que los sensores yeerk podrían detectar el rastro de calor de miles de yeerks lanzados al espacio…Vendrían a investigar.> Era verdad. Posiblemente. ¿Pero era suficiente para conseguir que mi Príncipe olvidase su idea? <Bueno, no querría que sucediera eso,> dijo Alloran sarcásticamente. <Esperaremos hasta haber completado la misión en la superficie. Pero luego, cuando hayamos dejado el sistema, nos desharemos de la basura.> Respiré de nuevo. Pero no me engañaba: me acababa de enemistar con el Príncipe Alloran. Y tampoco estaba seguro de poder contar con el apoyo de Arbron. <Es el momento de adquirir a los taxonitas, siempre que eso se considere correcto según la moral del [i]aristh[/i] Elfangor,> se burló. Lo pasé por alto y retrocedí hasta los dos taxonitas aturdidos. Sin dudar, puse mi mano abierta sobre la carne viscosa de uno de ellos. La tecnología mórfica permite a una persona absorber el ADN de cualquier criatura que toque. Hay que concentrarse al tocarlo, porque la biotecnología mórfica se activada con las órdenes del pensamiento. [i]Concéntrate[/i], me dije. [i]Olvídate de todo lo demás, y deja que el taxonita se convierta en parte de ti[/i]. Y mientras esos eran mis pensamiento, el ADN del taxonita entró en mí. Mi vida, que había caído rápidamente cuesta abajo a una velocidad alarmante, estaba a punto de volverse mucho peor. Y entonces, con la escéptica mirada del Príncipe Alloran y los ojos asustados de Arbron puestos en mí, empecé a cambiar de forma. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Como [i]aristh[/i] andalita, me habían adiestrado para la metamorfosis. En el primer entrenamiento nos traen un [i]djalaba[/i] para adquirir su forma y transformarnos en él. Un [i]djalaba[/i] es un animal pequeño, con seis patas, quizá un tercio del tamaño de un andalita joven. Tiene boca, cola y carece de armas naturales. Se alimenta trepando a los árboles y comiendo las hojas más altas. Has de adoptar la forma del [i]djalaba[/i] para pasar la prueba de habilidad mórfica. Yo lo logré. Y más adelante, como muchos [i]arisths[/i], también adquirí la forma de [i]kafit[/i], un ave. He oído que en algunos planetas tienen muchos tipos de aves. Pero en el nuestro solo hay tres, y ya que el [i]kafit[/i] es la mejor especie de todas, se ha hecho popular entre cadetes que utilizan la metamorfosis para divertirse. Fue una experiencia maravillosa. Siempre había deseado volar. Pero, por supuesto, transformarse por placer está castigado. Así que solo lo hice una vez. Ésas eran todas las formas de las que disponía. La del [i]djalaba[/i] y la del [i]kafit[/i], el ave. Nunca se me había ocurrido pensar que me transformaría en taxonita. Los taxonitas son una especie nauseabunda, incluso en hologramas. Pero créeme, hasta que no tienes a uno cerca, no puedes ni imaginarte lo horribles que llegan a ser. Solo el olor ya resulta insoportablemente enfermizo. Aún así no tenía opción: debía probar a Alloran que todavía era un buen soldado. Demostraría mi valor, sin importarme lo que él pensase de mí. No podía titubear. Me concentré en la forma del taxonita. Y empecé a notar los cambios inmediatamente. Sentí como mi torso superior comenzaba a fundirse con mis cuartos inferiores. Mientras me observaba, mi piel azul y castaña de vellos individuales y se fundió en una carcasa como de plástico. A la carne de mi torso le ocurrió lo mismo y se volvió dura y brillante. Sentí que me caía cuando las piernas empezaron a encoger. Los cambios se extendían como una enfermedad. ¡Demasiado rápido! Mi estómago tocó el suelo con tal sobresalto que me hizo soltar todo el aire. Entonces, casi igual de repentino, me incorporé. Me estaban creciendo de la barriga docenas de conos afilados. Eran las patas del taxonita. Miré hacia atrás con mis antenas oculares para ver como se estiraba mi cuerpo. Me estaba convirtiendo en un gusano gordo a marchas forzadas. Tres metros de segmentos viscosos de insecto empezaron a cubrirme la cola. El proceso emitía un sonido como de tela húmeda que estuvieran arrastrado por la arena. Oía como mis órganos se disolvían en mi interior. Ruidos fangosos y resbaladizos. Oía como algunos órganos, para los que no tenía ni nombre, se desplazaban hasta tomar su sitio. Entonces… ¡me quedé ciego! Mi vista desapareció de pronto. No podía ver nada. Sentí como el miedo crecía dentro de mí, y amenazaba con convertirse en pánico. ¡Estaba ciego! Borrosa al principio, luego más precisa, mi visión volvió lentamente. Pero no me hizo sentirme mejor. El mundo que veía era tenebroso, distorsionado y retorcido. Los taxonitas tienen ojos compuestos. Cada globo rojo son en realidad miles de ojos más pequeños, cada uno encargado de un diminuto fragmento del mundo. Todo lo que veía a mi alrededor estaba dividido en un millón de pequeñas imágenes. Era sobrecogedor. Y entonces noté algo más. Un nuevo sentido… Deslicé unos músculos poco familiares y comprendí que movían mi boca. Mi redonda boca roja. Y esa boca resultó ser la entrada de un aluvión de sensaciones. Era como oler. Y como algo que nunca había experimentado antes. Se llama sentido del sabor, creo. Y entre todo lo que saboreaba… lo que olía… entre todo de lo que mis sentidos captaron… estaba el atrayente olor de la sangre. Nunca había sentido nada parecido a los instintos taxonitas ni en el más maltrecho y recóndito lugar de mi mente andalita. Y de repente, el taxonita estaba en mi cabeza. ¿Cómo podría describir el horror? ¿Has sentido alguna vez una urgencia maligna y terrible? ¿Algún pensamiento fugaz que hayas rechazado instantáneamente? Bien, cuando me convertí en taxonita, yo sí lo sentí. Y no era ninguna voz débil: era un hambre rabiosa, exigente. Hambre de algo vivo Hambre de algo con corazón. Mi yo taxonita vio dos andalitas. ¡Mi propia gente! Deseé devorar a mi propia gente. Pero los taxonitas no son idiotas. Mi parte taxonita vio y entendió las colas de los Andalitas. Supo que eran armas. Sabía que no podía combatir contra ellas. Y esa debilidad dio lugar a una rabia que estallaba como un fuego de nuclear. ¡Yo tenía hambre! Una necesidad tal como no había experimentado nunca ninguna otra criatura. Cuando conseguí controlar mi mente, entendí por qué los taxonitas se habían aliado con los yeerks. Los yeerks tenían armas. Armas con las que alimentar con carne nueva y caliente la rabiosa hambre del taxonita. A cambio, los taxonitas habían perdido su libertad. Pero la libertad no significa nada para un taxonita, comparado con ese hambre. <¿Cómo está yendo, Elfangor?> me preguntó Arbron. <Bien,> mentí. <Solo que…> <¿Qué?> <Cuando te transformes, ten mucho cuidado. Sé fuerte. Tendrás que luchar contra el hambre.> Arbron se echó a reír. <¿Qué, te preocupa que me transforme en taxonita e intente comerte?> <Sí, Arbron. Eso es precisamente lo que me preocupa.> [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] El hambre no desaparecía. La sentía mientras descendíamos al mundo taxonita. Agradecía que Loren estuviera a salvo en el Jahar. No sabía si podría resistirme al apetito del taxonita. De verdad que no lo sabía. Cuando íbamos a proceder a aterrizar, el mando de tierra nos ordenó identificarnos. La computadora de nuestra nave respondió automáticamente. El puesto de control nos informó de que iban con retraso en el puente de descarga. Pasaría al menos mediodía antes de que pudieran descargar los yeerks que transportábamos. No sabía qué pensar respecto a eso. No quería que miles de yeerks llegaran sanos y salvos a su destino. Pero tampoco quería asesinarlos. Y no tenía ninguna duda: si conseguíamos escapar de nuevo a bordo de la nave yeerk, Alloran los mataría sin pensárselo. El puerto era enorme aunque resultaba evidente que todavía estaba en obras. Cuando descendimos para aterrizar, a través de unas nubes de ácidos colores naranjas y verdes, pudimos ver docenas de otras naves que descansaban en sus plataformas. Cientos de taxonitas, gedds y hork-bajir estaban ocupados en la ampliación del edificio. Pero incluso en medio de toda esa actividad, pudimos identificar la nave Skrit Na. Ese era nuestro objetivo. Si estábamos en lo cierto, la Matriz del Tiempo iba a bordo de esa nave. Un rayo de aterrizaje nos guió hasta una plaza en un extremo del complejo. Estábamos lejos, a más de un kilómetro del Skrit Na. Un kilómetro no es mucho en el espacio. Pero en tierra, en un planeta enemigo, atrapado en un cuerpo que hace que quieras gritar a cada segundo, es una distancia muy muy larga. <Hagas lo que hagas, recuerda lo que eres,> me recordó Alloran <Eres un taxonita. Actúa como tal.> Nosotros tres, transformados en taxonitas, abrimos la compuerta y respiramos el aire del mundo taxonita. Lo primero que noté fue que el cielo tenía un color entre gris y castaño pálido. El color del polvo. Las luminosas nubes estaban demasiado altas para verlas. Lo segundo a lo que presté atención fue el olor. Por todas partes había corazones calientes y palpitantes de vida. Corazones de hork-bajirs. Corazones de gedd. Corazones de taxonita. La sangre corriendo por las venas… El complejo del puerto era una inmensa serie de zonas de embarque, clasificadas de manera distinta según los tamaños y las formas. Algunas eran más altas que diez árboles grandes. Algunas eran casi planas y se levantaban solo unos metros de la tierra. Algunas plataformas estaban vacías, pero la mayoría contenían alguna nave. Había naves de transporte siendo descargadas, naves de guerra en reparación, incluso una nave con un estanque yeerk gigantesco. Podía ver las tres patas de araña de la nave-estanque elevándose por encima de su plataforma. Tenía quemaduras de láseres, y una de las patas estaba estropeada. La nave había estado en una batalla. Debajo del laberinto de zonas de aterrizaje solo había tierra naranja desnuda. Ni una hoja, sólo tierra. Los primitivos raíles magnéticos formaban una red que atravesaba el bosque de plataformas del puerto. Sobre esos raíles se desplazaban algunos transportes, en una dirección y en otra a lo largo de las vías. Los gedds cargaban las mercancías de las naves en esas pequeñas locomotoras. Los gedds fueron las primeras víctimas de los yeerks. La primera raza que esclavizaron. Los gedds casi parecen caminar sobre dos piernas, como los humanos, pero en realidad siempre andan encorvados para poder apoyar al menos una mano sobre la tierra y así guardar el equilibrio. Bajamos por un ascensor que iba desde la plaza de aterrizaje hasta tierra firme. Mientras descendíamos, conté dos naves que aterrizaban y una que se marchaba. Las locomotoras magnéticas pasaban silbando de un lado a otro, dejando una estela tras de sí. Por tierra los vehículos arrastraban grandes cargas. Había taxonitas por todas partes, arrogantes hork-bajir y gedds afanosos y torpes. Todos eran esclavos del yeerk que tenían en la cabeza. Era un lugar grande, desagradable, ruidoso, todo acero y polvo, y totalmente cubierto de porquería taxonita. <Animado,> murmuró Alloran <Demasiado animado.> Sabía lo que quería decir. En casa solo nos decían que los yeerks estaban retrocediendo contra nuestras fuerzas. El andalita medio creía que estábamos derrotando al enemigo. Pero este puerto evidenciaba todo lo contrario. Este puerto, solo uno de los muchos que habría en este planeta, estaba rebosante de actividad. De repente… “¡Ssssssssnnnnrreeeeeewaaaaaaaaaa!” Me giré a tiempo para ver a un taxonita resbalarse accidentalmente del andén de la locomotora de carga. Cayó a tierra como una bolsa llena de basura. Sus patas de aguja se quebraron y su cuerpo de gusano se abrió en canal. ¡Se hizo el caos! Los taxonitas comenzaron a llegar de todas partes. ¡WHUMPF! Un taxonita enorme pasó sobre mí y casi me hizo caer. Y cada vez llegaban más, como si les fuera la vida en ello, para lanzarse sobre su amigo caído. Y no para ayudarle, precisamente. Corrían para devorar al taxonita aún vivo. Entonces sentí el hambre. Me sobrecogió. No podía resistirme. ¡Yo mismo avancé, ansioso por alcanzar a ese gusano que no paraba de chillar! Corrí, empujé, busqué desesperado el modo de llegar hasta él… ¡NO! Me sentí salir del trance. Me había dejado llevar por los instintos del taxonita. ¡Pero incluso ahora, incluso con toda mi fuerza de voluntad, no podía resistirme! Era como ser arrastrado por un imán. Como ser absorbido por un agujero negro. El olor del taxonita herido, el latido que emitía su corazón, el… ¡NO! Ya estaba ahí. Ahí, bajando la mirada hasta el taxonita herido con mis ojos compuestos. Eché hacia atrás la parte superior de mi cuerpo, abrí mis mandíbulas mostrando los dientes, preparado para… ¡NO! ¡NO! Conseguí apartarme. Pero la fuerza de ese hambre no me liberaría. Me arrastré sobre mis pequeñas patas y retrocedí mientras los otros taxonitas me empujaban, distraídos. ¿Dónde estaban Alloran y Arbron? Les había perdido en mi furor sangriento. Retrocedí, y retrocedí, cada vez más lejos; cada paso era como mover una tonelada. Pero logré alejarme. El frenetismo de la escena se volvió incluso más intenso. Los taxonitas, obsesionados por comer, continuaban echándose sobre nosotros para llegar a la carne fresca. Me las arreglé para girar mi enorme cuerpo de gusano, y correr en sentido opuesto. Corrí tan rápido como los miembros del taxonita me lo permitieron. Encontré una sombra bajo una de las plataformas flotantes, y me escondí ahí, utilizando toda mi fuerza de voluntad para resistirme. Finalmente, después de un rato, la urgencia cedió. No porque me hubiera vuelto más fuerte. Sino solo porque ya no quedaba carne que oler. La horda de taxonitas se dividió y se dispersaron en varias direcciones, de vuelta a su trabajo. ¿Dónde estaba Arbron? ¿Dónde estaba el Príncipe Alloran? Me encontraba perdido y solo en el mundo taxonita. Solo se me ocurría que se habrían dirigido a la nave Skrit Na. Con suerte, mis dos compañeros andalitas ya estarían allí Tenía que recordar que teníamos una misión: la Matriz del Tiempo. Si los yeerks averiguaban lo que había en esa nave, no tendríamos ninguna esperanza. Entonces, aunque la imagen estaba fragmentada, vi algunos hork-bajir dirigiéndose hacia mí. Seis o siete, avanzando rápidamente. ¡Me estaban rodeando! No había nada que pudiera hacer. No podía correr. Un gusano de tres metros de largo no podía enfrentarse a un hork-bajir. Un controlador hork-bajir se cernió sobre mí. A su señal, apuntaron con sus armas de rayos dragón hacia mí. En realidad no necesitaban pistolas. Un hork-bajir puede reducir a un taxonita a lonchas en cuestión de segundos. <Bienvenido al mundo taxonita,> dijo el hork- bajir líder. <Soy el Subvisser Siete. Me interesas. Sí, de hecho, me interesa cualquier taxonita que no coma carne fresca.> [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] El poder mórfico es una herramienta maravillosa. Permite a los andalitas infiltrarnos entre muy distintas especies. Nos convierte en los mejores espías de la galaxia. Pero tiene un inconveniente horrible. Si permaneces más de dos horas en un cuerpo, te quedas atrapado en él para siempre. Te convierte en un [i]nothlit[/i], un andalita que vive en un cuerpo que no es el suyo. Ése era mi mayor temor mientras el controlador hork-bajir me conducía hasta uno de los vagones de la locomotora. El Subvisser lo requisó y ordenó a todos los viajeros que salieran de él. Y allí estaba yo, de pie, desvalido, rodeado, cuando el vagón de la locomotora salió disparado de la plataforma. Se abrió camino a través del laberinto del puerto, rodeados por la animada muchedumbre que trabajaba por fortalecer el Imperio Yeerk. El Subvisser permaneció en silencio. Casi parecía aburrido. Su cuerpo de hork-bajir estaba relajado y miraba el paisaje que pasaba vertiginosamente a nuestro alrededor. Le observé como pude con mis ojos de taxonita. Un Subvisser es un rango alto. Recordé las clases de entrenamiento básico donde nos lo enseñaban todo acerca de los malignos yeerks. En la cima del Imperio Yeerk está el consejo de los Trece. Uno de esos trece es emperador, pero nadie sabe cuál. Es un secreto fuertemente defendido. Los yeerks temen que le asesinen. Por debajo del Consejo de los Trece están los vissers. Son los generales del ejército yeerk. Se numeran según su poder e importancia. Visser Uno sería el más poderoso, y así sucesivamente hasta Visser Cuarenta o incluso más. Un Subvisser es como un coronel. Y muy poderoso, si tiene un número bajo, como el siete. Pero todavía no era un visser. El Subvisser habló por fin. -Bien, andalita, ¿cuánto tiempo llevas en esa forma? Tenía que controlarme para no echar a llorar. ¡Ya lo sabía! Sabía que era un andalita. No… un momento. Quizá no lo sabía seguro. Quizá era un farol. -Sssstwwweeeshhh, -dije. -Ssssssewwaari. No sabía lo que significaba. El cuerpo de taxonita tiene los instintos del taxonita, pero no sabía nada de su sociedad. No conocía el idioma taxonita. Pero quizá el Subvisser tampoco. Hasta el momento había estado hablando [i]Galard[/i], el idioma del comercio interestelar. Era la lengua que habían aprendido la mayoría de exploradores cuando la galaxia estaba en paz. Se usaba para comunicarse entre diferentes razas. El Subvisser me miró con sus ojos de hork-bajir. -No malgastes esos chillidos conmigo. Si fueras uno de los nuestros, sabrías hablar [i]Galard[/i]. ¿Otra trampa? ¿Sabían hablar [i]Galard[/i] los controladores taxonitas? ¿Era posible con sus extrañas bocas? No lo sabía. No tenía ninguna experiencia comunicándome por sonidos. Y aunque todavía tenía el chip traductor en mi cabeza, no podía aplicarlo sobre mi cerebro de taxonita. ¿Qué iba a hacer? El Subvisser se echó a reír. -Bien. ¿Piensas oponer resistencia? De acuerdo. Lo estaba deseando. Me empezaba a aburrir, ocupándome de la seguridad de este sector. Supongo eres uno de esos rebeldes. Uno de esos taxonitas de montaña que se niegan a unirse al Imperio. Bueno, en seguida averiguaremos la verdad. ¿Taxonitas de montaña? ¿Rebeldes? Me sorprendió tanto que durante un momento me olvidé de estar asustado. ¿Aún había taxonitas que se resistían a los yeerks? Serían grandes noticia para mi gente. Habíamos supuesto que los taxonitas aceptaban la supremacía yeerk a cambio de promesas de carne fresca. El vagón del tren se desplazaba ahora a diez metros de la sombría planicie, prácticamente debajo de las faldas del puerto. A través de la ventana pude ver la nave Skrit Na mientras pasábamos a su lado a toda velocidad. Deseaba que Alloran y Arbron hubieran conseguido llegar. Esperaba que completaran la misión. Porque no parecía que yo pudiera ayudarlos en lo más mínimo. Entonces, de repente, el tren viró bruscamente hacia la izquierda, y vi un montón de tierra, casi una pequeña montaña. Quizá medía doscientos metros. No era más que un gran montón de escombros producidos por las obras. Pero era un hervidero. Había agujeros por todas partes, agujeros del tamaño de un taxonita. Los taxonitas entraban y salían de los agujeros. Sus cuerpos de gusano se deslizaban y revolcaban en el montón de tierra. Otros casi parecían brillar cuando asomaban sus repugnantes bocas rojas por las aberturas de la montaña. -Los rebeldes solo son carne fresca, – dijo el Subvisser fríamente y con calma. -Pero siendo un taxonita, seguro que lo entiendes. Cualquiera que se rebela contra nosotros, se convierte en el alimento de taxonitas leales. Es triste, lo sé. Pero no tengo elección. Es una de las estúpidas reglas que tengo que cumplir. Es parte de nuestro trato con los taxonitas: cualquier sospechoso taxonita es sometido a un interrogatorio por otro taxonita. Por supuesto, lo que hacen los taxonitas no es interrogar. Carecen de la paciencia para eso. Hacen dos preguntas y entonces… bueno, entonces es la hora de cenar. Debí de temblar de terror. El Subvisser sonrió ampliamente con una mueca hork-bajir. -Así son las cosas, -dijo. –Claro que también podrías decirme por qué estás aquí, y cual es tu misión… andalita. Aún así serás ejecutado, es obvio. Pero hacer que sea rápido. Mucho mejor que ser devorado vivo. ¡Sabía lo que era! Había estado jugando conmigo. Lo sabía. Pero supe que decía la verdad: si no confesaba, sufriría una horrible muerte. Aquí terminaba todo. Mis esperanzas de convertirme en un gran héroe. Todo acababa aquí, así de rápido. Me sentí desfallecer. ¿Cómo había salido todo tan mal? Pero no podía decirle nada al yeerk. El Jahar todavía estaba en órbita. Si confesaba, los dos humanos serían capturados por los yeerks. Y también podrían capturar a Alloran y Arbron que probablemente todavía estarían libres. Y estaba la Matriz del Tiempo, en una nave Skrit Na a sólo a un kilómetro y medio de donde estábamos. Y eso podía significar el fin de todos los andalitas. No podía hablar. No lo haría. El Subvisser se inclinó sobre mí. Me susurró. -Hay otra posibilidad. Este cuerpo de hork-bajir que uso está bien, pero ahora hay millones de controladores hork-bajir. ¿Y cuáles son mis otras opciones? ¿Retomar un gedd? ¿Un taxonita? No, gracias. No viviré con ese hambre insaciable. El tren se zambulló en la colmena taxonita. La oscuridad creció a mi alrededor. En esa penumbra, mis ojos de taxonita funcionaban mejor. La cara de hork-bajir del Subvisser aparecía dividida en diminutas imágenes. Podía escuchar el latido de su corazón cada vez más rápido. -Hay otra posibilidad, andalita. No ha habido nunca un controlador de tu especie. Ninguno de nosotros ha tenido éxito nunca capturando a un andalita vivo. Vuestros guerreros usan contra ellos esa pérfida cola andalita vuestra, antes de permitir que os cojan con vida, -sonrió. –Qué desperdicio. De verdad. Confieso que quiero ser el primero en tener un cuerpo andalita. Con ese cuerpo, con el poder de la transformación, no seguiría siendo Subvisser durante mucho tiempo. Podría convertirme en Visser. ¿Controlador andalita? ¿Quería ascender tomando el cuerpo de un andalita? Sentí una oleada de repulsión. Un asco que parecía proceder de otro lugar, de alguna visión mas profunda, como si yo hubiera atisbado una imagen del futuro. No soy místico. Soy un guerrero. Pero aun así, sentí un malestar extraño e inquietante. Miré al Subvisser. Miré en sus ojos ávidos, asesinos. Y lo vi claramente, como si el telón del tiempo se hubiera levantado. Y entonces supe que no moriría. Todavía no, al menos. Lo supe en lo más profundo de mi corazón. Porque supe que estaba mirando a la cara a la criatura, al yeerk, que sería mi verdadero némesis, mi enemigo personal. -Deja que ocupe tu cuerpo andalita, -dijo. -Vivirás. Es la única opción de que sobrevivas. <Mi nombre es Elfangor, yeerk,> le dije <Recuérdalo. Lo oirás muchas veces. Pero nunca me cogerás vivo.> -Qué pena, -dijo el hork-bajir. -¡Parad el vehículo! Gritó a su compañero hork-bajir. -Abre la puerta. El vagón frenó son suavidad. La puerta se abrió. Estábamos en lo más profundo de la colmena taxonita. Era una caverna grande, enorme, como si la montaña estuviera hueca. Y debajo de nosotros, quizás a unos seis metros, había una masa hirviente de taxonitas. – ¿Los ves? –me preguntó el Subvisser. -Taxonitas. No son yeerks. No, ésos son taxonitas en su estado natural. Libres, podrías decir. Salvajes y sanguinarios como ninguna otra criatura de la galaxia. Los taxonitas debajo de nosotros nos vieron. Alzaron sus bocas rojas eternamente hambrientas y las abrieron. Sabían lo que iba a pasar a continuación. Los hork-bajir me rodearon. Quería luchar, pero no tenía ningún arma. No había nada que yo pudiera hacer. -Salta, -dijo el Subvisser. El hork-bajir se me abalanzó. Empujaron sin esfuerzo mi carne fláccida. Yo arañaba el suelo desesperadamente con mis patas de aguja, pero era inútil. Me agarraron, me empujaron y me resbalé, desvalido, al mar taxonita. Y caí… [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Saga[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <¡Transfórmate!> Me grité. Comencé mientras caía. Si iba a morir, lo haría como andalita, no un asqueroso gusano caníbal. WHUUUMMMPPPFFF! Choqué contra el suelo con gran estruendo. Los costados de mi cuerpo de taxonita reventaron con el golpe. Y en un instante, los demás taxonitas se me echaron encima. <¡Transfórmate!> Pero no podía cambiar tan rápido. Las bocas rojas de los taxonitas subían y bajaban, precipitándose sobre mi cuerpo destrozado. El dolor de la caída quedó anulado por la sensación de terror. Pero este dolor, [i]este[/i] dolor sí que lo sentía. Nunca había conocido nada tan horrible. Ni la peor de las pesadillas podría haber imaginado… <¡Ahhhhhhhhh!> aullé, pero gritándome con la misma fuerza, <¡Transfórmate!> Era una carrera. Una carrera para ver si moría antes de poder transformarme. Me desgarraban una y otra vez. Pero mi carne taxonita ya se encogía ante ellos. Estaba cambiando. Convirtiéndome en una carne extraña y nueva. Todo dependía de cómo ocurriese la transformación. Si mi cabeza emergía demasiado pronto, los taxonitas simplemente la destrozarían. No necesitaba la cabeza, ni siquiera necesitaba las piernas. Solo mi cola. Si en toda la historia un andalita ha necesitado su cola con toda urgencia, ese era yo. ¡Ahora MISMO! <Ahhhhhhhhhh!> El dolor era insoportable. Estaba delirando, incapaz siquiera de pensar, de concentrarme, de prestar atención a lo que me estaba ocurriendo. ¡No iba a funcionar! Me había equivocado al conservar la esperanza. Me había equivocado al pensar que podría sobrevivir. Pero entonces… sentí moverse una parte distante de mí. Y también noté el estremecimiento en los hambrientos taxonitas. Con lo que quedaba de mis ojos taxonitas, la vi aparecer al final de mi cuerpo. ¡Una hoja brillante! ¡Mi cola! ¡Ataqué! ¡Fallé! Pero fue suficiente para hacer retroceder a los taxonitas. Y mientras se lo pensaban, mis piernas crecieron y se fortalecieron. El resto de mi cuerpo de gusano ensangrentado encogió y se endureció. Oí como los huesos crecían en mi interior. Y entonces pude ver. ¡Podía ver de nuevo! Los taxonitas venían otra vez a por mí, a todo correr, impulsados por el hambre. Pero ahora la situación había cambiado. Oh, sí, había cambiado del todo. Apuntar, ¡atacar! Apuntar, ¡atacar! Apuntar ¡atacar! <¡Vamos, gusanos asquerosos! ¡Vamos! ¡VAMOS!> Y de pronto, decidieron que no querían comerme. En lugar de eso, se abalanzaron sobre los taxonitas a los que había herido. Con mis antenas oculares vi que el Subvisser y sus guerreros hork-bajir miraban hacia abajo y se reían. La fría voz del Subvisser dijo: “Matadlo. Disparad a esa basura andalita” Los guerreros hork-bajir alzaron sus armas y me apuntaron. ¡TSEEWWW! ¡TSEEWW! Los rayos dragón cruzaron el aire y fundieron la tierra a mi alrededor. No podía dejarlos atrás. ¡Tenía que esconderme! ¿Pero dónde? Oh. Me zambullí entre el frenesí alimenticio de los taxonitas. Sus pringosos cuerpos de babosa me empujaban por todas partes. Era nauseabundo, pero me protegía. -Bajad a por él, –ordenó el Subvisser. – ¡Hacedlo pedazos! Seis grandes hork-bajir saltaron de la vía del tren. No había forma de que pudiera derrotar a seis guerreros hork-bajir. Estaba agotado, al borde del colapso. Pero aún me quedaba una última esperanza. El pájaro [i]kafit[/i]. Una vez que te transformas, el ADN permanece en ti. Cuando ya te has convertido en una criatura, puedes volver a hacerlo. Y necesitaba alas tanto como antes había necesitado mi cola. Me retorcí entre los enormes gusanos, manteniéndome alejado de sus bocas. Tampoco es que quisiesen luchar contra un andalita en ese momento. Y sintiendo la carne taxonita presionándome – casi ahogándome, pero al mismo tiempo, ocultándome de los hork-bajir – volví a transformarme. Encogí. Me hacía más y más pequeño. -¡Atrás, taxonitas [i]hogren kalach[/i]! –gritó un hork-bajir en una mezcla de su lenguaje y [i]Galard[/i]. Los taxonitas empezaron a apartarse, retrocediendo ante las cuchillas de las muñecas y codos de los hork-bajir. Quedé expuesto. Tenía encima a un hork-bajir, mirándome directamente. ¿Había terminado de transformarme? No había tiempo para pensármelo, tenía que volar o morir. Abrí lo que esperaba que fuesen mis seis pares de alas de [i]kafit[/i]. Las abrí del todo. Aleteé con fuerza. Y sí, volé. Dejé atrás el suelo. Dejé atrás la basura. ¡Volaba! Me alcé unos centímetros por encima de las cabezas de los hork-bajir. Volé sobre el Sub-Visser, que gritaba de rabia a sus soldados. -¡Disparadle! ¡Disparadle! -¡Pero podríamos darle a los taxonitas! –protestó uno de los hork-bajir. -¡No me importa en absoluto, dispara! ¡Dispara! ¡Mátalo! ¡¡DISPARAAA!! Pero era demasiado tarde. Estaba en el aire, tan rápido como podían llevarme mis alas, dejando atrás el túnel apestoso, hacia la luz del día. Veía la luz marrón-verdosa encima de mí, y volé hacia ella como si mi vida dependiese de ello. Salí del túnel hacia el exterior, con los gritos coléricos del Subvisser resonando en mis oídos. <¡Lo conseguí!> grité, a nadie salvo a mí mismo. <¡Lo conseguí! ¡Estoy vivo!> Volé lo más rápido que pude hacia el puerto. Allí, en alguna parte, estaban Alloran y Arbron. En alguna parte estaba la Matriz Temporal, esperando a ser descubierta. Aún tenía una misión y la esperanza de volver sano y salvo al [i]Jahar[/i]. Y… ¡estaba vivo! ¡Vivo! Vivir nunca parece tan dulce como cuando te enfrentas directamente a la muerte. Entonces lo vi. Estaba descendiendo los últimos metros hasta un gran compartimento. No se parecía a ninguna otra nave del puerto. No se parecía a nada que los yeerks hubiesen diseñado o construido. ¡El [i]Jahar[/i]! ¡El [i]Jahar[/i] estaba aterrizando! ¡Imposible! No había nadie a bordo excepto los dos humanos, ¿cómo era posible que estuviera aterrizando? ¿[i]Por qué[/i] estaba aterrizando? Planee lo más alto que pude y vi como yeerks de todas las formas y tamaños se apresuraban para acercarse a la impresionante nave. Se congregaron a su alrededor, muchos con las armas preparadas. Detrás de mi, vi acercarse una locomotora a toda velocidad. Sabía en mi corazón, que el Subvisser Siete iba en ese tren. Pasaron unos minutos hasta que las abrazaderas de acoplamiento se engancharon a la nave alienígena. Unos minutos que los yeerks aprovecharon para dirigir cada una de sus armas hacia la pequeña nave. El vagón de la locomotora llegó por fin dando un frenazo sin ningún cuidado sobre dos lentos gedds. El Subvisser Siete bajó de ella. Sólo llevaba con él cuatro de los seis hork-bajir originales. Supongo que los otros dos habían pagado el peor castigo por fallar a su comandante. La escotilla del [i]Jahar[/i] se abrió y del interior salió una criatura que ningún yeerk había visto nunca antes. Caminaba sobre dos piernas. Alzó las manos y dijo, -Ey, ey, calma. Podéis bajar las armas. No estoy aquí para luchar. He venido para comerciar. ¡Chapman! Se dio cuenta de que los yeerks no le entendían. Así que con las manos hizo como que él les daba algo, y ellos le daban algo a él. El Subvisser Siete se adelantó para reunirse con el alienígena. Sonrió cínicamente. -Quiere comerciar,- dijo. -Esta extraña criatura quiere comerciar. Bien… ¿qué tienes para vender, alienígena? Ni el Subvisser Siete ni Champan habían entendido una palabra de lo que el otro había dicho. Y aún así, se comprendían perfectamente. Chapman mantuvo levantadas sus manos y mostró una sonrisa humana. Entonces, muy despacio, volvió hacia el sombrío interior de la nave. Y cuando reapareció, llevaba a empellones a alguien delante de él. Era Loren. Estaba atada con cables. Chapman la empujó despiadadamente y ella cayó al suelo ante Subvisser Siete. -Esto es lo que tengo para comerciar, -dijo Chapman. -Un planeta entero lleno de… esto. [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Pícara[/b]

[b][i]Segunda Parte: La elección de Alloran[/b][/i]

[b]Capítulo 17:[/b] Era una situación insoportable. Estaba solo. Solo en un planeta alienígena. Asustado, angustiado y abrumado. Sobrevolé la zona, flotando con mis seis pares de alas. Estaba transformado. Era un andalita de cuatro patas y dos brazos transformado en un ave [i]kafit[/i] con seis alas. Debajo de mí tenía un puerto espacial en el planeta taxonita que se extendía hasta donde alcanzaba la vista Una impresionante colección de naves descansaban sobre grandes y extraños cubículos de metal. Embarcaciones de todos los rincones del Imperio Yeerk siempre en expansión: transportes y cazas, e incluso una enorme nave Estanque, descansando sobre tierra firme como una araña hinchada de tres patas. A un kilómetro a mi izquierda estaba la nave Skrit Na que habíamos seguido hasta el planeta taxonita. En su interior, sin que los yeerks lo supiesen, estaba la Matriz del Tiempo. A otro kilómetro a mi derecha se encontraba la nave yeerk que habíamos abordado en órbita. Iba llena hasta rebosar de yeerks en sus cuerpos naturales de babosa, confinados en grandes tubos, que yo mismo había salvado cuando Alloran me había ordenado destruirlos. Y justo debajo de mí estaba el [i]Jahar[/i]. Era como una obra de arte en mitad de un montón de basura. Brillaba, hermosa, entre las burdas naves yeerks. Y ahí mismo, saliendo del [i]Jahar[/i], estaban las dos extrañas criaturas llamadas humanos. El que se llamaba Chapman iba empujando a una indefensa Loren, atada de manos, que cayó a los pies de Subvisser Siete, el yeerk encargado de la seguridad del recinto. El Subvisser controlaba un cuerpo hork-bajir. -Esto es lo que tengo para negociar, -decía Chapman. -Un planeta entero, lleno de… esto. Un centenar de yeerks de diferentes formas -en los enormes y brillantes cuerpos de los gusanos taxonitas, peligrosos en sus formas de hork-bajir llenos de cuchillas o en el interior de los torpes gedds – todos se quedaron congelados y contuvieron el aliento. ¿Dónde estaba Arbron, mi compañero [i]aristh[/i]? ¿Dónde estaba el Príncipe de Guerra Alloran? La última vez que los había visto estaban en forma taxonita. Pero el límite de las dos horas ya había pasado. Sólo podía esperar que se hubiesen transformado en alguna parte. <Alloran debería encargarse de todo esto,> me quejé amargamente, a nadie en particular. Alloran era el Príncipe, ya había participado en otras guerras. Había luchado en la guerra hork-bajir. ¡Yo no sabía nada! ¡No era nadie! [i]Está bien Elfangor, cálmate y piensa.[/i] ¿Pero cómo iba a calmarme? Los yeerks habían cogido a Loren y la empujaban sin ningún cuidado. Chapman estaba intentando comunicarse con el Subvisser Siete. Entonces caí en la cuenta: ¡Chapman lo sabía! ¡Sabía lo de la Matriz del Tiempo! Si conseguía explicárselo a los yeerks, estábamos acabados. Vale, vale, tenía que hacer algo. Algo. [i]Algo[/i]. ¿Pero qué? ¿Qué debería hacer? ¡Era una locura! ¿El destino de toda mi gente estaba en mis manos? ¿En mí? Prioridades. Vale, bien, ¿qué era lo más importante? Rescatar a Loren. No, no, eso era absurdo. La Matriz del Tiempo. Todo se reducía a la Matriz del Tiempo. ¿Iría Chapman a hablarle de ella al Subvisser? No, era la mejor baza de Chapman. Este humano era como un Skrit Na – egoísta, codicioso y extraño, muy extraño. Los Skrit Na están formados por dos razas. Los Skrit parecen insectos enormes y sin ninguna inteligencia. Pero llegado el momento, cada Skrit teje un capullo del que un año después surge un Na. Los Na se sostienen sobre cuatro patas delgadas y tienen cabezas similares a las andalitas, pero con solo dos ojos. Lo único que preocupa a los Skrit Na es apoderarse de cosas. Y parecía que así era también para el humano Chapman. Así que pensé que no daría a conocer sin más la Matriz del Tiempo. Tenía tiempo, pero no mucho. El Subvisser estaría ocupado con Chapman, intentando hablar de la Tierra. Como cualquier yeerk, el Subvisser Siete quedaría fascinado ante la posibilidad de un planeta entero lleno de criaturas sensibles para ser esclavizadas por el Imperio Yeerk. [i]Piensa, Elfangor, ¡piensa![/i] No podía contar con localizar a Alloran y Arbron. Pero si aún estaban vivos y libres, llegarían a la misma conclusión que yo: ir a por la nave Skrit Na, y su cargamento, la Matriz. Alcé el vuelo, agité mis múltiples alas lo más fuerte que pude y me dirigí a la nave Skrit Na. Debajo veía a los hork-bajir levantar y poner en pie a Loren. Tiraron de su pelo dorado y oí el grito humano de dolor. [i]Prioridades, Elfangor. [/i] <Loren, soy yo, Elfangor,> la llamé, enviándole solo a ella mi habla telepática. Le vi mover y girar la cabeza como hacen los humanos para ver tras ellos. <¡Para! ¡No te muevas! ¡No les hagas enfadar! No te preocupes, estoy usando telepatía privada. Nadie más puede oírla.> Dejó de girarse y continuó caminando entre sus captores hork-bajir. <Dile a los yeerks todo lo que quieran saber. No te resistas. Solo una cosa: no menciones la Matriz del Tiempo. Si se hacen con ella, todo se acabó. Tienes que confiar en mí. Te salvaré.> Por supuesto, la humana Loren no podía contestarme. Los humanos no tienen telepatía. Como muchas especies, utilizan los sonidos para comunicarse. Yo sólo podía esperar que confiase en mí. Claro que sí. Debería confiar en mí. ¿Peor confiaría yo en un alienígena que me hubiese metido en este lío? Sólo cabía esperar. Tenía que mantener el secreto de la Matriz del Tiempo. Sabía que Chapman lo haría. Volé hacia la nave Skrit Na. Por lo menos, ahora tenía un objetivo. Eso ayudaba. Un poco. Así no pensaría en la locura en la que me había metido. Podía sacarme todo eso de la cabeza. La nave Skrit Na era un hervidero de controladores gedd. Los gedd son criaturas torpes que se mueven trotando. Fueron la primera especie que infestaron los yeerks. Solo los yeerks de rango bajo están aún confinados en cuerpos gedd. En ese momento, los controladores gedd parecían muy ocupados comprobando los daños del casco. Tenía que subir a esa nave. Y tenía que sacarla volando del planeta. Sin problema, Elfangor. Solo tienes que robar la nave en pleno puerto enemigo y salir volando sin que te disparen. Nada importante. Aterricé en la tierra tras el cubículo. Estaba oscuro y mugriento. Habían ido acumulando ahí montones de escombros y basura a lo largo de los años. Parecía que incluso habían vaciado allí las aguas residuales de las plantas de procesado. El olor era insoportable. Recuperé mi cuerpo entre los restos fosilizados de residuos de una docena de especies. No resultaba agradable, pero me alegré de poder recuperar mi cuerpo andalita. Me encogí entre las enormes columnas de soporte mientras se formaban mis cuatro patas a partir de cuatro de las alas del [i]kafit[/i]. Las otras dos alas se convirtieron en manos. Mi elegante cabeza de pájaro creció y de ella crecieron mis antenas oculares, mientras que los ojos del pájaro se transformaban en mis ojos principales. El resto de las alas se encogieron y desaparecieron. Mi larga y grácil cola de pájaro se convirtió en la veloz y poderosa cola andalita. Me alivió mucho recuperar mi cola. El cuerpo de un pájaro puede ser bastante indefenso. Pero, desafortunadamente, no podía quedarme en mi forma andalita. Un andalita paseando por el planeta taxonita, rodeado de varios tipos de yeerks, llamaría un poco la atención. Resultaba tan obvio como para que me desintegraran a disparos diez segundos después de abandonar las sombras. Sólo había una salida. Tenía que retomar la forma taxonita que había adquirido. El ADN del taxonita aún formaba parte de mí. Siempre lo haría. Me tragué mi miedo y aversión y empecé a transformarme. Y mientras sentía crecer el gigantesco cuerpo de gusano, oí crecer y gritar dentro de mí el hambre insaciable. Intenté organizar un plan; un plan para salvar mi mundo, a mis amigos y a Loren. Estaba a medio camino de la forma taxonita cuando oí el sonido de un taxonita deslizándose. Mis antenas oculares ya se habían transformado, pero aún tenía mis ojos principales. Me giré para mirar. Estaba a unos pocos metros. Debía de haber estado acechando en la oscuridad. Sólo tenía que pedir ayuda y sería almuerzo de taxonitas. Entonces, para mi sorpresa, me habló con telepatía andalita. <Elfangor, ¿eres tú?> <¿Arbron?> grité. Me inundó el alivio. ¡No estaba solo! Tenía a Arbron conmigo. No éramos precisamente los mejores amigos, pero al menos era uno de los míos. <Sí, soy yo,> contestó. <¿Qué te ha pasado?> pregunté <Te perdí a ti a y Alloran en esa horrible carnicería.> Arbron no dijo nada durante un rato. Su silencio produjo un escalofrío en mi cuerpo a medio transformar. <Supongo que nos separamos,> dijo, simplemente. <Entonces, ¿vamos a recuperar esa Matriz del Tiempo o qué? Es el momento de convertirse en héroes, ¿no?> <Sí, es el momento, > asentí. Pero algo iba mal. Algo iba muy mal. Podía sentirlo. <¿Dónde está Alloran?> pregunté. <No lo sé. Le perdí entre la multitud. Estamos solo tú y yo, supongo. Vamos. Hagámoslo. ¡Salvemos el mundo, ja ja! Tal y como lo planeaste, ¿eh, Elfangor? ¿El héroe Elfangor?> Parecía alternar entre la frialdad y la falta de emociones hacia repentinas explosiones de energía maníaca. Quizá era la presión. El miedo. Y la maldad espeluznante de la forma taxonita. Tenía que ser eso. Nada de lo que preocuparse. Solo era estrés. <Si acabo convirtiéndome en un héroe, tú también lo serás,> dije. <Además, primero veamos si podemos sobrevivir> <Claro, sobrevivir,> dijo, de nuevo sin ninguna emoción. <Vamos, Elfangor, termina de transformarte.> [b]©1997 K.A. Applegate 2011 de la traducción de Pícara[/b]

  Capítulo 18:

      <¿Tienes un plan?>

      <Seguro> Dije. <Los engañamos. Le diremos a esos controladores Gedd de allí que hemos venido a reparar los computadores. Entonces volaremos en esa pobre nave Skrit Na.>

      Quería sonar causal. Despreocupado. De la manera que los pilotos siempre suenan cuando están describiendo una batalla terrorífica. Como si no fuera gran cosa.

      Arbron me miró fijamente a través de sus gelatinosos ojos rojos de Taxxonita.

      <Bien. Marchémonos,> dijo.

      Arbron y yo nos deslizamos por debajo de la plataforma de la nave y movimos nuestras patas de aguja de Taxxonita por la rampa a la nave. Éramos sólo un par de técnicos taxxonitas ordinarios yendo a trabajar.

      Totalmente en calma.

      O tan en calma como cualquier Taxxonita, incluso un Taxxonita- Controlador, puede llegar a ser. Simplemente no hay manera de explicar la terrible hambre del Taxxonita. Va más allá de cualquier hambre que te puedas imaginar. Es constante.

      Como una voz gritando en tu cabeza. Gritando tan alto que no puedes pensar.

      Cada ser viviente que ves o hueles es sólo carne para ti. Escuchas corazones palpitantes y hueles sangre circulando y el hambre casi se apodera de tu cuerpo.

      Y cuando alguien está herido. . . cuando hay sangre derramada… bueno, como sabía personalmente, el hambre es imposible de resistir.

      Estuve a punto de comerme a un Taxxonita herido yo mismo. No es algo de lo que quiera acordarme.

      Pero es algo que nunca olvidaré.

      <No lo olvides,> Le recomendé a Arbron al tiempo que varios Gedds volvieron a mirarnos con curiosidad. <Que parezca como si estuvieras camino a tu trabajo.>

      <Cállate, Elfangor,> Dijo Arbron ásperamente.

      De nuevo sentí un escalofrío de terror. Algo estaba terriblemente mal. Pero no había salida ahora. Empuje a mi pasó toscamente a un Gedd que estaba en mi camino.

      Los Controladores- Gedd miraban con resentimiento. Pero no tenían ninguna razón para sospechar de nosotros. Éramos Taxxonitas.

      Habían asumido que éramos Controaldores-Taxxonitas.

      Parecía que íbamos a trabajar. No había razón para que ellos fueran suspicaces.

      Excepto por aquel que si lo estaba.

      Uno de los Controladores-Gedd se paró frente a nosotros, no parecía impresionado. Habló en Galard, el idioma del comercio interestelar. Sonaba complicado en la lengua Gedd, pero podía entenderlo.

      “Rrr-qué esssstás haciendo aqqqquí?”

      Si era difícil para un Gedd hacer sonidos en Galard, era casi imposible para mí con una boca y una lengua Taxxonita. Pero no podía usar el habla telepática. Estaría anunciando que era un Andalita. Tenía que intentar hablar Galard con una lengua Taxxonita de tres pies de largo.

      Así que lo intente. “Sreeeee snwwweeeyiiir sreeeyah!”

      Lo que no se acercaba en nada a los sonidos que quería hacer. Lo que había querido decir era “reparación de computadores.” Pero la lengua Taxxonita es tan larga, que hubiera sido difícil incluso si estuviera acostumbrado a usar una lengua para emitir sonidos.

      El Gedd me miro fijamente con sus pequeños ojos amarillos. “Rrr-usa rrr dispositivo!” Apuntó furiosamente a una pequeña computadora atada a su muñeca.

      <Es un tipo de traductor,> Dijo Arbron.

      <Una versión primitiva de nuestros dispositivos de traducción.

      <Deja que lo haga.>

      Alcanzó con uno de sus débiles manos de dos dedos Taxxonita y oprimió varios botones. Del dispositivo llegó una voz incorpórea hablando en Galard.

      “Reparación de computadores.”

      El Gedd resopló con furia. “Rrrustedes guersrerooss Taxxonitas creen que gobriernan el planeta! Arrogantes como Horrrk-Bajir!”

      Arbron y yo lo empujamos al pasar a la nave Skrit Na. Desafortunadamente era tan estrecha y baja que a duras penas podíamos arrastrar nuestros pesados cuerpos adentro.

      El puente de la nave Skrit Na era idéntico al de la nave Skrit Na que habíamos abordado para rescatar a los dos humanos. Había dos capullos Skrit pegados en una esquina. No causarían ningún problema. No parecían listos para incubar un Na todavía. Y había un Skrit activo, lo que Loren había descrito como una cucaracha gigante, corriendo alrededor, casi tontamente, puliendo y limpiando.

      No había ningún Na que pudiera ver. Aparte del Skrit, el puente de la nave estaba vacío.

      <Hasta ahora bien> Murmuré. <Voy a cerrar la escotilla. Nos destransformaremos, despegaremos y estaremos fuera del planeta antes de que sepan que los golpeó.>

      <Sí. bien> Dijo Arbron. <¿Listo?>

      <Sí.> Me concentré en mi respiración, tratando de luchar con la furiosa hambre Taxxonita y mi propio miedo.

      <Bien, ¡Hazlo!>

      Arbron oprimió el dispositivo para cerrar la escotilla. Se cerraron y emitió un sonido de cerrado al vacío

      SHWOOMP!

      Concentré todos mis pensamientos en destránsformarme. Quería salir de ese cuerpo Taxxonita. Los dos apenas podíamos movernos en el estrecho puente, dejamos volar la nave. El idiota Skrit seguía golpeándose contra mí, incapaz de encontrar una salida.

      Me destransformé, me quité ese horrible cuerpo Taxxonita tan rápido como pude. Sentí la horrible hambre debilitarse y a mi propia mente Andalita emerger, liberada de los instintos Taxxonitas.

      THUMP! THUMP! THUMP!

      Los Gedds estaban golpeando el casco.

      “Rrrrque esstan haciendo Abrrranp!”

      Ignoré el ruido y oprimi el botón de encendido. Los motores principales empezaron a sonar mientras se encendían.

      Y entonces me di cuenta. Arbron no se estaba destransformando.

      <Arbron, ¿Qué estás esperando? ¡Transfórmate!>

      Arbron no dijo nada.

      THUMP! THUMP! THUMP!

      “Rrrr-abran! Apaguen motores rrrtontos!”

      <!Arbron! ¿Qué te pasa? ¡Transfórmate!> Grité. Supongo que esperaba que con gritar sucedería. Pero ya lo sabía. Me miró fijamente a través de esos brillantes ojos rojos gelatinosos, y lo supe. Más tranquilamente, casi rogando, dije, <Vamos, Arbron. Transfórmate.>

      <Realmente desearía poder hacerlo, Elfangor,> dijo. <Realmente desearía poder hacerlo.>

      ©1997 K.A. Applegate

      2013 de la traducció,n de Kikisan

 Capítulo 19:

      No había tiempo para hablar. Teníamos que elevar la nave Skrit Na y sacarla de la plataforma antes de que los Yeerks se percataran de que la estábamos robando.

      No había tiempo para hablar. Pero sí para sentir algo del terror que Arbron sentía.

      Había estado en una transformación Taxxonita. Había sentido el hambre. Hubiera preferido morir a estar atrapado en ese cuerpo para siempre. Los débiles “brazos” Taxxonitas de Arbron oprimieron todos los botones correctos, y sentí la suave vibración de los motores alcanzando el máximo poder.

      Los Controladores Gedd afuera debieron haberlo sentido también. De repente dejaron de golpear la nave. Probablemente estaban corriendo por sus vidas. La explosión de radiación de los motores sería recogida y contenida dentro de la plataforma. Pero si estás dando vueltas en la plataforma cuando los motores se encienden, no durarías mucho.

      <¿Listo?> Le pregunté a Arbron.

      <Listo>

      <Entonces ajústate, porque no sé cuántos tiros tiene está nave Skrit Na.> Disparé un fuego y nos elevamos del dispositivo.

      Desafortunadamente, no lo hicimos muy rápido.

      <¿Cuál es el problema con esta cosa?> Grité. Miré al indicador de velocidad del aire. Estábamos haciendo apenas unas miles de millas por hora. Y el nivel de aceleración estaba demasiado lento.

      <¡Nos tomará diez minutos sólo para llegar a la velocidad de escape!> Exclamó Arbron.

      <Las naves Yeerk estarán sobre nosotros antes de que podamos siquiera pensar en ir al espacio Zero> Dije.

      <¡La Matriz del Tiempo!> Dijo Arbron. <¡Podemos usarla! ¡Podemos escapar a través del tiempo!>

      <¡No! No sabemos qué tan rápido funcione. ¡Si probamos la Matriz del Tiempo, su marca avisará a todos los sensores Yeerk en un millón de millas!

      ¿Qué pasaría si toma diez minutos en funcionar?

      <Además. . . no sabemos quién más podría enfadarse si usáramos esa cosa.>

      <¿Qué? ¿Estás preocupado sobre lo que algún príncipe dirá si sobrevivimos?>

      <No. No estoy preocupado por mis superiores. O por lo menos, creo que mi carrera militar ya está destruida.>

      <Entonces qué estás. . . > Arbron guardo silencio.

      Entonces rió. <¿Estás bromeando? ¿Te preocupa los míticos Ellimista?>

      <¿Míticos? Eso era lo que algunos decían sobre la Matriz del Tiempo. Alguien construyó la máquina. ¿Quién más si no fueron los Ellimistas? ¿Y queremos arriesgarnos a enfurecerlos?>

      Me sentía un poco tonto. Mis padres me habían contado las historias de los Ellimistas cuando era un niño. Historias de las creaturas todopoderosas e inexplicables que a veces interferían en los asuntos de las especies más simples. Al menos esperaba un comentario sarcástico de Arbron.

      Pero Arbron no contestó. Estaba mirando su tarjeta de pantalla. Los ojos Taxxonitas no enfocan del todo normal. <¡La nave de patrulla Yeerk está viniendo en un vector de interceptación! ¡Es una nave de combate!>

      <¿Podemos encargarnos de una nave de combate?>

      <¿Bromeas? Todos los Skrit Na siempre han tenido un rayo dragón de segunda mano y de bajo poder que los Yeerks les venden como chatarra. Esa nave tiene un par de Rayos Dragón Penetrantes. ¡No podemos intercambiar disparos con ellos!>

      Tenía razón. Y yo debía haberlo recordado. Pero estaba agitado. Confundido. Mi cerebro giraba a millones de revoluciones por segundo yendo a ninguna parte. Tenía que pensar. Enfocarme. La velocidad de indicación del aire ahora mostraba dos mil veinte millas por hora. El casco era abrasador debido a la resistencia del aire.

      <¡Espera un minuto! ¿Las naves de combate son lentas en la atmosfera, cierto? No pueden soportar el calor. ¡Nosotros sí! Hasta ahora, por lo menos. Estamos haciendo más de dos mil millas por hora. ¡Somos más rápidos de lo que ellos son en la atmosfera!>

      <¿Vas a tratar de correr más que ellos en la atmosfera?>

      <¿Tienes una mejor opción?>

      <¡Tenemos una segunda nave de combate sobre nosotros!> Arbron respondió. <¡Y dos más despegando!>

      <Vamos al césped> Dije, esperando haber sonado más confiado de lo que me sentía. <Necesito visión directa. Tiempo real, aspecto real. Abre una ventana.>

      Arbron usó su dispositivo, y de repente el panel en frente de mí se convirtió en una ventana. Podía ver el muy caliente aire, ardiendo alrededor de la nave. Inspeccionaba la nave achaparrada y redonda descendiendo. A medida que caíamos, aumentaba nuestra velocidad. <¡Sobrepasando tres mil millas por hora!>

      Bajando, bajando a más de tres mil mph!

      El polvo marrón del mundo Taxxonita brotaba ante nosotros.

      Las naves espaciales están diseñadas para casi todas las atmosferas del espacio. Usualmente son apenas funcionales en la atmosfera. Pero los Skrit Na eran carroñeros que iban de planeta en planeta, secuestrando y robando y realizando sus experimentos médicos inexplicables. Así que necesitaban que pudieran manejar la atmosfera.

      Pero no hay nada verdaderamente diseñado para hacer tres mil millas por hora en la atmosfera. Sin mencionar cincuenta pies fuera de la tierra. Habíamos estado siete millas arriba, justo en el borde exterior de la atmosfera Taxxonita. Caímos de nuevo al nivel de la tierra en cinco punto ocho segundos.

      <Yaaaaahhhhhh!>

      <Yaaaaahhhhhh!>

      Ambos gritábamos en una mezcla de total terror y emoción. Déjame decirte algo:

      Millones de millas por hora en el espacio vacío no es nada comparado con tres mil millas por hora yendo directo al suelo.

      <¡Ascender! ¡Ascender! ¡Ascender!>

      Me levanté, mientras las alarmas de colisión vociferaban en el lenguaje Skrit Na. Atravesamos el desierto Taxxonita, dejando a nuestro paso explosiones sónicas que debían sonar como explosiones nucleares siendo de nuestro despegue.

      <¿Puedes ver a las naves de combate en tu campo visual?> Pregunté.

      <¡En la pantalla!>

      Vi a dos naves corriendo tras nosotros, una detrás de la otra. Sus cascos deslumbraban con el brillo del calor de la fricción. Pero no daban marcha atrás.

      <Bien> Murmuré. <Veamos quién es más rápido.> Elevé el fuego y sentí una leve estacada cuando los motores fueron presionados más fuerte.

      <Tres mil doscientas millas por hora,> Arbron informó. <Tres punto tres K. Tres punto cuatro K. La temperatura del casco es. . . ni siquiera quieres saberlo. Tres punto cinco K.>

      Tres mil quinientas millas por hora. El suelo era una mancha. Nosotros éramos un meteorito llameante. Éramos una saeta en llamas a medida que nos disparábamos al mundo Taxxonita a velocidades imposibles. Los arbustos desaliñados y árboles enanos del mundo Taxxonita se quemaban en llamas a medida que pasábamos. ¡Estábamos dibujando una línea de fuego alrededor del planeta!

      <¡Asciende!> Arbron gritó.

      Las montañas se levantaban como paredes. <¡¿De dónde vienen?!> Grité mientras subía, enfocando cada uno de mis átomos en la nave Skrit Na. La nave se resistió como una bestia agonizante en su agonía final. Pero ascendimos. Arriba. .. arriba . .

      <¿Vamos a despejar?>

      Antes de que pudiera responder, disparamos sobre la pared de la montaña. Juro que escuché el chirrido del botón mientras despejábamos la altura. Desafortunadamente, los Yeerks conocían la topografía local.

      Estaban listos para eso. Se habían ajustado fácilmente y nos ganaban ventaja.

      ¡TSSSSEEEEWWWW!

      El disparo de un rayo dragón nos pasó, fallando por pulgadas. Estaban lo suficientemente cerca como para disparar. Nos aproximábamos a la línea que dividía la noche del día. Podía verla aproximarse a mí. De repente, vi de reojo, ¡vi a la nave líder explotar simplemente! La fricción del aire finalmente había destrozado sus compensadores y la nave había ardido en cenizas en unos cuantos segundos.

      <¡Yah-hah! ¡Un Yeerk frito!> Exclamé.

      <Elfangor, seremos los próximos si no reducimos la velocidad> advirtió Arbron.

      <Todavía quedan tres naves sobre nosotros> Dije.

      <Estamos a unos cinco minutos antes de que ardamos> Dijo Arbron. <¿Puedes garantizar que esas naves serán cenizas antes que nosotros?>

      <¿Qué estás pensando?>

      <Disparamos. Una, dos, tres veces. No estarán listos. No lo van a esperar.>

      Giré mis ojos móviles para fijarlos en Arbron. <Nadie puede disparar así.>

      <Yo puedo> dijo él.

      <¿Con ojos Taxxonitas?> No quería echarlo en cara, pero tenía que ser realista. <¿Con los tiempos de reacción Taxxonita?¿ Con tecnología de disparos de Skrit Na?>

      <Puedo hacer ese disparo, Elfangor> dijo calmadamente.

      <Mira, Arbron, quiero salir de esto con vida.>

      <¿¿Y tú crees que no mi importa si vivo o si muero, cierto??> dijo amargamente. <Tal vez tengas razón. Esta hambre. . . Elfangor, la has sentido. Lo sabes. Pero todavía puedo disparar.>

      <Siempre te burlabas de que yo quería hacer del héroe> Dije. <¿Ahora quien hace del héroe?>

      No respondió. Miré la lectura de la temperatura del casco. Tenía razón. Seríamos cenizas en unos minutos.

      ¿Sabes qué es gracioso? Quería preguntarle al capitán qué hacer. Parece ridículo que deba tomar decisiones de vida o muerte como esta. Los príncipes toman ese tipo de decisiones. Los capitanes toman estas decisiones.

      Sólo que yo era el capitán. Y si estaba equivocado, podíamos cavar una tumba en la tierra Taxxonita a tres mil millas por hora.

      <Bien, Arbron,> Dije. <En diez segundos. Diez… nueve. . . ocho. . .>

      ©1997 K.A. Applegate

      2013 de la traducció,n de Kikisan

 Capítulo 20:

      <Tres… dos…>

      Paré el impulso y golpeé los frenos de aire.

      ¡SHHHHHRRRRREEEEEEEKKKK!

      La nave Skrit Na se sacudió; se revolcó; se agitó; vibró; rebotó salvajemente a sólo cincuenta pies fuera del prado.

      Fui lanzado fuera de balance. Resbalé por la cubierta. Pero la hilera de pies Taxxonitas de Arbron absorbieron el daño. Nunca flaqueó. Mantuvo sus garras Taxxonitas en los controles de focalización.

      Nuestra velocidad caía de casi trescientos cincuenta mil millas por hora a la mitad de eso. ¡En apenas segundos! Demasiado rápido para que reaccionaran las Naves Caza.

      Lo que paso después hubiera convertido a Arbron en un héroe.

      Nuestra velocidad reculó; las naves caza subieron y nos sobrepasaron, llegado a mil quinientas mph más rápido que nosotros.

      ¡Arbron disparó! ¡TSSSEEEEEWWW!

      ¡Disparó! ¡TSSSEEEEEWWW!

      ¡Disparó! ¡TSSSEEEEEWWW!

      Tres disparos a tres objetivos con una velocidad relativa de mil quinientas mph. Tres disparos en la atmosfera! Tres disparos desde una vibrante y destrozada nave Skrit Na. Me arrastre y mire fijamente con descredito por la ventana.

      Tres meteoritos oscilantes, tres esferas en llamas, cayendo de golpe al suelo. Crearon cráteres en el suelo Taxxonita antes de extinguirse.

      <¡Buen disparo!> Dije. <En serio, ¡Buen disparo!>

      <Gracias. Resultó que los sentidos y reflejos Taxxonitas son buenos para este tipo de cosas. Supongo que por eso los Yeerks usan controladores-Taxxonitas para pilotear sus naves de asalto. Es bueno saber que hay algo útil en éste cuerpo desagradable.>

      <Vamos a encontrar una forma de sacarte de esa transformación Taxxonita> Dije. Traté de sonar convincente. ¿Qué más podía decir? Hasta el momento había estado muy ocupado tratando de mantenerme con vida como para pensar realmente en lo que le sucedía a Arbron. A lo mejor nunca fuimos mejores amigos, pero seguía siendo horrible ver su asqueroso cuerpo Taxxonita y pensar que así permanecería. Mirar esos ojos rojos gelatinosos, sin emociones y darse cuenta que él estaba ahí, mirándome.

      Y sabía lo que estaba sintiendo, ahora que la batalla había terminado. El terror, La desesperación. La atroz hambre Taxxonita.

      Giré la nave Skrit Na y di la vuelta lanzándome hacía la luz del día.

      <¿Qué estás haciendo?> Arbron preguntó.

      <Necesito sitio para aterrizar y ocultar la nave,> Dije. <Necesito la luz del día. Y necesito estar más cerca del puerto espacial. No podemos dejar a los otros atrás.>

      <¿Otros? ¿Te refieres a Alloran?>

      <Y los humanos> Dije. <Son nuestra responsabilidad.>

      <No vamos a volver al puerto espacial> Dijo Arbron. <Los Yeerks están de vuelta allí. Y los Taxxonitas. Nos atraparán. ¿Sabes qué me harán si me capturan? Me comerán vivo, Elfangor.>

      <Arbron, tienes que aguantar.> Volveremos atravesando las montañas oscuras. De regreso por la línea de salida de la luz del día.

      <¿Aguantar? ¿Aguantar? ¿Estás loco? ¡Si volvemos, me comerán! Devuelve esta nave. ¡Voy a usar la Matriz del Tiempo! Devolveré el tiempo. ¡Voy volver a mi vida!>

      <No puedes accionar esa Matriz del Tiempo. La señal de su energía será visible para cualquiera con una nave en órbita, cualquier satélite, cualquier —>

      <¡No me importa! No me importa si muero, sólo dejar que pare esta hambre. Detenerla. Detenerla. ¡Detenerla! Imbécil, ¿No sabes que podría comerte ahora mismo?>

      Giré mis ojos principales hacia Arbron. Sabía que ahí dentro había un aristh Andalite asustado. Pero lo que realmente veía era un gusano de pesadilla. Lo que veía eran los inyectados ojos rojizos, la redonda, jadeante y eternamente hambrienta boca.

      Por un momento que parecía extenderse por mucho, nos miramos fijamente el uno al otro. No sabía que estaba pasando en la mente de Arbron en ese momento. No sabía a qué conclusión había llegado. Sólo sabía lo que hizo.

      “Sssrrrreeeeyyyyyaaahhh!” Gritó en su voz Taxxonita seseante, y de alto tono. Dio vuelta atrás, prácticamente alzando la tercera parte superior de su cuerpo horizontal. Y luego se lanzó sobre mí.

      Al lanzar su parte superior, su boca rojiza se abrió ampliamente. Podría haberle matado. Lo sabía por supuesto. Sabía que ningún Taxxonita podría derrotar a un Andalita. Pero no lo podía matar. Ni siquiera porque él lo quisiera.

      Lo esquivé en mi derecha. Él se lanzó fuertemente en el panel de instrucciones. ¡Que chispeó! Barrió con su cuerpo hacía mí, esperando lanzarme contra un dique y aturdirme.

      ¡Salté a su alcance y golpeé!

      ¡SLASH! Dos de sus piernas de aguja rodaron por el piso.

      ¡SLASH! AY dos piernas más se habían ido.

      Arbron cayó. La parte frontal de su cuerpo ya no podía sostenerse. Cayó completamente boca abajo como un gusano indefenso.

      <¡Sólo mátame!> gritó.

      Pero estaba ocupado. El panel de control estaba medio averiado. La nave estaba girando y derrapando. Era inestable. Reduje su capacidad. Habíamos atravesado la línea del crepúsculo. Pero no podía ver dentro de las profundas sombras entre las cumbres de las montañas.

      <¡No me puedes dejar así!> Arbron exclamó.

      <Voy a traerte ayuda> Grité. <¡Pero tengo que aterrizar esta nave!>

      <¡Elfangor! ¡Sabes lo que le pasa a los Taxxonitas heridos! ¡Lo sabes!>

      <Te protegeré> Exclamé desesperadamente mientras la nave se sacudía y agitaba cada vez más fuerte. Los dos capullos de Skrit parecían estar a punto de liberarse de sus amarres. Los Skrit activos se habían ido a la bodega de carga. Tal vez, siendo un Skrit que carece de inteligencia, sabía que era mejor estar lejos de un Taxxonita hambriento.

      <No me puedes proteger. ¡Idiota! ¡Nada los puede detener! Nada puede detener el hambre. No pude detenerla. Alloran no pudo detenerla. ¿No lo entiendes? Comí, Elfangor. Me comí a ese Taxxonita herido. ¡No me pude controlar!>

      <¡Cállate!> Grité. <¡Cállate!>

      No quería escuchar más. No podía. Tenía que enfocarme. Tenía que aterrizar la nave o ambos moriríamos. Tenía que hacer callar a Arbron.

      Pasé mis ojos superiores alrededor del puente. ¿Dónde mantendrían los Skrit Na sus armas? Allí. Un panel verde marcado con letra Skrit Na.

      Estiré mi brazo izquierdo para llegar al panel.

      Se abrió. Sí. Un rayo Dragón de mano. Antiguo y polvoriento y probablemente en mal estado, como casi todas las cosas de los Skrit Na.

      Encontré el ajuste de potencia. Lo ajusté a la mínima intensidad.

      <¿Qué haces?> Arbron chilló.

      <Tengo que aterrizar esta nave, Arbron. Quédate callado o te aturdiré.>

      <Si disparas eso, me matarás,> Dijo Arbron. <Tienes los ajustes al revés. Era originalmente un arma Yeerk. El ajuste uno es el más alto, no el más bajo.>

      De repente, supe lo que Arbron haría. No podía subir pero todavía podía arrastrarse.

      Vino directamente hacía mí, arrastrando y deslizándose, como si estuviera dirigiendo su lengua rojiza hacia mí. Intentaba forzarme a dispararle. Dispararle con el rayo Dragón ajustado en el máximo! Pero yo era más rápido que él. Cambié el marcador a diez. Disparé.

      Justo cuando mi dedo se deslizaba por el gatillo. . . Me di cuenta que Arbron me había engañado. Mintió y yo había caído. Arbron siempre había sido un mejor estudiante que yo. Era un exodatologista calificado. Él conocía los sistemas alienígenas mucho mejor que yo.

      Traté de detenerlo. Pero mi dedo había presionado. El rayo Dragón disparó. En el nivel máximo.

      Pero por suerte, o tal vez por algún movimiento desesperado de mi dedo muy tarde, el disparo falló a Arbron por un milímetro.

      En cambio, creo un agujero de dos pies en el casco de la nave.

      Después de eso, todo se tornó ruido y giró en dolor y confusión.

      ©1997 K.A. Applegate

      2013 de la traducció,n de Kikisan

  Capítulo 21:

      Me desperté. Estaba en un lado, tendido en el suelo. Vi un cielo nocturno. Estrellas, galaxias, tres pequeñas lunas.

      ¿Dónde estaba?

      Me levanté. Cada músculo en mi cuerpo dolía. Músculos que ni siquiera sabía que tenía dolían. Mis pesuñas sólo podían probar la suciedad. Mis ojos superiores giraron rápidamente para mirar alrededor, pero me di cuenta que un ojo estaba cegado.

      Entonces vi la nave, el transporte Skrit Na. Seguía estando más o menos en una pieza. Debí ser capaz de aterrizarlo. De algún modo. No podía recordar mucho de aquellos pocos minutos. Todo era caos en mi cerebro.

      Me obligué a recordar los hechos. Estaba en el planeta Taxxonita. Estaba aproximadamente a cuatrocientas millas del puerto espacial. Loren y Chapman estaban en las manos de los Yeerks. Alloran. . . nadie lo sabía.

      Arbron había tratado de engañarme para que lo matara.

      Eso era lo que recordaba mejor.

      <¡Arbron!> Llamé. <¡Arbron!>

      Ninguna respuesta. Caminé penosamente por la nave Skrit Na. Vi el hoyo de dos pies hecho por el Rayo Dragón. Y luego vi la forma cómo los motores se habían desprendido en la mitad. La nave no volaría de nuevo.

      Escalé los destrozos. Mi segundo ojo móvil se estaba empezando a aclarar un poco. Lo sentía y me di cuenta que sólo estaba cubierto de suciedad.

      Dentro de la nave llamé de nuevo. <¡Arbron!> Miré alrededor. Nada funcionaba excepto una pequeña alarma luminosa de emergencia. Por alguna razón los Skrit Na les gustaba que sus luces de emergencia fueran verdes. Quién sabe por qué

      Algo faltaba.

      ¡Por supuesto! Los capullos Skrit. Deberían haber sido expulsados. La puerta de carga estaba completamente abierta. Entré. La misma luz verde de emergencia iluminaba la escena bizarra. En la bodega había cajas y contenedores acumulados con mucho desorden. Muchos estaban rotos, abiertos por el impacto. Derramaron una gran cantidad de objetos de aspecto alienígena. Congelados, animales preservados, manojos de la piel artificial que Loren y Chapman llevaban, objetos de vidrio que parecían contener líquidos, raros y antiguos equipos electrónicos, pequeños objetos que parecían cientos de hojas rectangulares de papel pegadas juntas por un lado y una caja alargada de lo que podría jurar que eran armas primitivas.

      Todas las cosas que los Skrit Na habían saqueado de la Tierra. Loren sabría que eran, sin duda. Pero además de todos los pequeños objetos, había otros dos más largos. Uno era un artefacto brillante pintado de amarillo con cuatro ruedas negras.

      El otro objeto era la cosa más poderosa en la historia de la galaxia. Parecía nada más que una esfera lisa y blancuzca. Medía tal vez diez pies de diámetro.

      Perfectamente liza. Sin marca. Nunca sabrías qué era si no hubieras visto la lectura de poder. Invisible al ojo, propagaba su red a través de los tejidos del espacio-tiempo.

      La Matriz del Tiempo.

      Me di cuenta que había dejado de respirar. Apenas podía imaginar el poder que presenciaba. Mover una nave en el Espacio-cero requería más energía que la de una estrella de tamaño mediano. Mover algo a través del tiempo requería diez veces esa energía. La energía de diez soles. Todo de alguna manera contenido en esta esfera blanquecina.

      <¡Arbron!> Grité.

      Pero sabía que no estaría allí. Debió haber sido lanzado de la nave, de la misma forma que yo. Sólo que no había visto afuera. Y entonces pensé que había algo que también hacía falta. El Skrit activo.

      Ambos capullos de Skrit y el Skrit activo se habían ido. Junto con Arbron.

      Lentamente deje a un lado la Matriz del Tiempo. Me dominaba. Hacía volver mis ojos móviles hacía ella, incluso al alejarme.

      Volví afuera. <¡Arbron!>

      La luz de las lunas y estrellas era demasiado sombría para ver claramente Pero tenía la impresión de estar en un valle estrecho entre altas montañas, casi como acantilados.

      ¿Dónde se pudo haber metido Arbron? ¿Habría caído de la condenada nave Skrit Na antes? Pudo haber terminado rebotando por una de las montañas. Odiaba siquiera pensar eso. Fui al cargamento y recogí un puñado de documentos. Algunos eran más grandes y tenían imágenes. Por la sombría luz verdosa reconocí instantáneamente que eran imágenes de humanos.

      Hojeé imágenes de humanos haciendo cosas que no podía entender. Pero entonces hubo un dibujo que entendí inmediatamente. Mostraba una cascada maravillosamente alta. La cascada chocando contra un estanque rodeado de árboles, todos ellos verdes. Arriba había un cielo azul.

      Dos humanos estaban sonriendo y aferrando pequeños cilindros blancos en sus bocas. Había escritura humana debajo de la foto. No leo humano muy bien. Pero estaba seguro de que era un poema a la belleza revelada en la imágen.

      El prado lucía dulce. Sería agradable correr por allí. Correr con Loren y olvidar todo lo que había pasado. Olvidar que estaba solo en un planeta de maldad, mi único acompañante estaba probablemente muerto, mi príncipe perdido.

      Seguí con otras fotos. Vi pequeñas y extrañas imágenes de humanos haciendo nada más que sonreír. Y había fotos de tecnología humana. Una maquina voladora de algún tipo. Humanos sosteniendo largas barras que escupían fuego. Lo que parecían ciudades espantosas. Y luego, para mi placer, una foto de una nave espacial humana real.

      Me tomó unos pocos segundos entender qué era. Parecía un cohete espacial. ¡Un motor cohete de verdad!

      Pero las imágenes que atrajeron mi mirada fueron las de unas bellas playas bajo mares azules. Y montañas con cimas blancas. Y cascadas de agua cristalina corriendo rodeadas de altos árboles verdes. Los árboles eran todos muy similares. No tan bellos como los árboles que conocía. De todas maneras, las imágenes hablaban de un hermoso mundo, lleno de delicioso pasto verde y agua fresca.

      El paisaje extraterrestre de la tierra me alejó de del horror grisáceo del mundo Taxxonita. Me preguntaba si Chapman a lo mejor venía de las ásperas ciudades humanas. ¿Era por eso que era mucho más cruel que Loren? ¿Era Loren de los bellos campos verdes en los que los humanos sonrientes tomaban cilindros blancos en sus bocas?

      Supongo que me dio sueño al ver la imagen. Me levante con trazos fijos de sueños terribles persiguiéndome a través de mi cerebro. Había una luz… luz natural del sol Taxxonita. Corrí afuera. Como había supuesto, estaba en un valle increíblemente empinado. Y ahora podía ver rastros en la suciedad naranja. Las marcas de docenas de pisadas como agujas. ¡Marcas de Taxxonita!

      Las marcas venían justo hacía la nave. ¿Habían venido mientras estaba dormido? No. Podía ver mis propias huellas de la noche anterior. Mis huellas estaban por encima de las marcas Taxxonitas.

      ¡Arbron! Eran sus marcas. Tenían que serlo. Y sin embargo. . . No, había más de un Taxxonita. Tres. . . cuatro más. Cinco pares todos juntos.

      Y después vi dos signos adicionales. Un par de marcas como de insecto, vagando y la evidencia de algo grande siendo arrastrado.

      <El Skrit> Dije. <Bien. Así que los Taxxonitas llegaron.>

      <Se llevaron a Arbron. Y al Skrit. Y tal vez dos capullos de Skrit.>

      Di un vistazo al lugar en el que yací inconsciente. Tenían que haberme visto, olerme. Y aun así seguía vivo.

      <Tienen a Arbron,> Me di cuenta.

      Me tambaleé y caí. Los Taxxonitas se habían llevado a Arbron. Sabía lo que los Taxxonitas le hacían a los prisioneros.

      <¡No!> ¿Qué había hecho? ¡Había dejado que se llevaran a Arbron vivo!

      Y sin embargo, ¿Por qué no me habían llevado Y la Matriz del Tiempo? Era seguro que los Controladores Taxxonitas no hubieran hecho eso.

      Recordé la mención de Sub-Visser Siete a las montañas de los Taxxonitas. Taxxonitas que se habían resistido a someterse al control Yeerk. Y sentí un pequeño rayo de esperanza. Si estos habían sido los Taxxonitas controlados por Yeerks, hubieran tomado la Matriz del Tiempo. Y a mí.

      <¿Qué se supone que haga ahora?> Le pregunté al cielo vacío y polvoriento.

      ¿Debería tratar de seguir las huellas de Arbron? No. Tenía que ser lógico. Cualquiera fuera el tipo de Taxxonita con el que hubiera caído, era casi seguro que su hambre cavaría su tumba. Y la tumba del pobre Skrit Na, también.

      Alloran podría estar vivo. Fue mi príncipe. Mi deber era volver a él. Contarle acerca de la Matriz del Tiempo y de Arbron. De algún modo. Pero el puerto espacial de los Taxxonitas estaba a cientos de millas, tras arenas ardientes.

      Entonces. . . una de las imágenes humanas que había visto volvió a mi mente. Mostraba a dos humanos sonrientes sentados en algo muy parecido a la brillante maquina amarilla de la bodega de carga.

      Volví a la nave. Sí, esta máquina amarilla brillante tenía cuatro ruedas. Y se podía ver fácilmente como los humanos se podían sentar allí. Tenía un nombre en letras cromáticas: “Mustang.” Naturalmente, no tenía idea de lo que significaba.

      Me puse a trabajar, agrandando el hoyo al lado de la bodega de carga. Entonces quité las sillas en la máquina. Descubrí que podía acomodarme dentro de la máquina si quitaba la débil tela de la parte superior. Miré mucho tiempo y fijamente al panel de control. La computadora era pequeña y tenía botones que podías girar. Pero al principio todo lo que hacía eran ruidos estáticos.

      ¡Entonces descubrí una unidad de cinta! Asombrosamente primitiva. Oprimí los botones en el pequeño teclado y gire los botones de nuevo, y para mi total asombro, la computadora empezó a tocar música.

      “I can’t get no. . . satisfaction!” gritaba.

      Lo apagué de inmediato. ¿Qué tipo de raza usaría una computadora para reproducir sonidos de gritos?

      Me tomó veinte minutos más para darme cuenta que unos botones con muescas podían girarse. Y cuando los gire…

      RRRR RRRRR RRRRRRRR PUH PUH PUH VROOOOM!

      ¡El ruido era maravilloso!

      Era un motor de energía! Algo de hace mil años! Ridículamente primitivo y aún así, me di cuenta al presionar mi casco en un pedal en el piso que el motor rugió.

      VVVRRRRROOOOM! VVVRROOOOOM!

      VVVROOOOO0M!

      Era primitivo, está bien. Pero vibraba de la manera más satisfactoria. Y me gustaba.

      Contenido

      ©199_ K.A. Applegate

      2013 de la traducció,n de Kikisan

Capítulo 22:

      Había conducido naves de tracción

      Había hecho volar Naves de combate

      Había volado invasores Skrit Na a tres mil millas por hora en la atmósfera

      Pero nunca había experimentado nada más estimulante que ir a toda velocidad por el valle atravesando el desierto abierto Taxxonita en mi Mustang. Sólo iba a cien millas por hora, pero con el viento en tu cara, azotando tu piel, doblando tus ojos móviles, era ciertamente una carrera salvaje.

      Pero todo iba mal.

      Estaba atravesando el desierto taxxonita en un vehículo humano probablemente a la muerte. Pero con el viento en mi cara y la música en mis oídos mezclándose con el fuerte rugido del motor, no me sentía tan mal. Había recogido algunos de los otros objetos humanos que los Skrit Na habían tomado. Las hojas escritas con imágenes. Algunas de las maquinas que parecían armas. Y algunas de las botellas de vidrio que contenían líquido.

      Rompí varías de las botellas antes de entender cómo se abrían. Después de eso, determiné rápidamente que contenían líquidos a base de agua. Derramé los líquidos en una bandeja y fui capaz de clavar una pesuña para beber mientras conducía.

      DR. PEPPER, decían las botellas. Supuse que esa era la expresión humana de “agua marrón burbujeante”.”

      Por un solo momento dejé a Arbron fuera de mi cabeza. Dejé a Alloran fuera de mi cabeza. Y me imaginé con Loren, manejando en mi Mustang a través del verde prado de la tierra. El viento en mi cara. Agua marrón burbujeante corriendo por mi pezuña.

      Mientras manejaba, traté de idear un plan. Una cosa era segura: Un andalita en un Mistang iba a ser demasiado obvio. Necesitaría tener cautela. Pero no me iba a transformar en un Taxxonita de nuevo.

      Nunca más.

      En ese momento la tierra debajo de mis ruedas, simplemente se abrió.

      ¡FFFFWWWUUUMMPPP!

      <Aaaaahhhh!>

      ¡BOOM! ¡BOOM! ¡GOLPE GOLPE GOLPE!

      El Mustang cayó y traqueteó por un abismo, justo hasta la pendiente. Un duro desnivel que llevaba justo a la oscuridad.

      <¡Aaaaahhhh!>

      Saqué mi pesuña del pedal del acelerador. Traté de alcanzar la llave para apagar el motor. Pero la vibración era muy fuerte. Me deslicé, golpeé y rodé en mi maquina humana, cada vez más abajo en el suelo. Abajo. Y luego me deslicé por una parada.

      ¡SCRRUUMMPPFFF!

      El único sonido era aquel ruido de la máquina y aquel raro gemido humano que aparentaba ser música.

      . . . gimme, gimme, gimme the honky-tonk blues!”

      Apagué la música.

      Estaba en la oscuridad, pero no en oscuridad absoluta como esperaba. Esta oscuridad me permitía ver. Había suficiente luz para ver con mis ojos principales, después de darles unos segundos para ajustarse.

      Estaba en una amplía caverna subterránea. Dominando el centro de la caverna había un tipo de colina o pequeña montaña. Era esta montaña brillante. Era un brillo sombrío aunque inconfundiblemente rojo.

      De esta rara colina brillante aparecieron unos tentáculos, cada uno tal vez de unos tres o cuatro pies de diámetro. A medida que mis ojos se ajustaban pude ver que había una docena o más de estos tentáculos, y que cada uno se extendía hasta el borde de la caverna y continuaban hasta la roca misma.

      Los tentáculos también tenían un tenue brillo rojo. Me di cuenta que podía ver cosas moverse dentro de los tentáculos. Los tentáculos eran huecos. Eran como trompas. Cada una tan grande como…

      Un Taxxonita!

      Entonces los vi. ¡Mis ojos por fin atravesaron la oscuridad y vieron los Taxxonitas! Docenas… no, ¡Cientos! Pululando alrededor de la brillante montaña roja.

      A medida que miraba, veía agujeros abiertos a los lados de los zarcillos del túnel. Arrastrando más Taxxonitas.

      Tenían que verme. No había otra posibilidad. Pero todavía ninguno se había movido para atacarme.

      En cambio, estaban ocupados poniendo la tierra y las rocas en su lugar para llenar el espacio que mi Mustang había creado.

      <¿ES ESTA LA CRIATURA?>

      <Aaaarrrrggghh!> Grité.

      ¡La voz en mi cabeza era fuerte! ¡Inmensa! Tomé mi cabeza con mis manos. ¡Era como estar escuchando un planeta hablar! Fue entonces, al escalonar por el torrente psicológico que me di cuenta: ¡La montaña roja estaba viva!

      Escuché otra voz telepática. <Sí. Es él,> Dijo Arbron. <Se llama Elfangor.>

      Un Taxxonita vino deslizándose hacía mí, saliendo de la masa de cuerpos alrededor de la base de la montaña roja. Se movía torpemente. Dos hileras de patas eran más pequeñas que las otras.

      <¿Arbron?>

      <Sí, Elfangor. Soy yo.>

      <Tenía miedo de que estuvieras muerto> Dije.

      <Quería estarlo. Pero sigo vivo. Vivo para servir a la Colmena Viviente.>

      <¿La qué?>

      Levantó una de sus zarpas hacia la gran montaña brillante. <La Colmena Viviente. Luz de los Taxxonitas. Madre y Padre de los Taxxonitas.

      La Colmena ha perdido a muchos de sus hijos a manos de los Yeerks. Muchos de sus sirvientes han traicionado a la Colmena y han hecho una alianza con los Yeerks. Pero la Colmena Viviente sigue siendo la Madre y Padre de las especies.>

      <¿Arbron, de qué hablas? ¿Te han hecho algo?>

      Entonces se rio — era el viejo Arbron de nuevo, por un momento. <¿Me han hecho algo ellos?>

      <Bueno, no me han comido, si a eso te refieres.>

      Los Taxxonitas que nos encontraron después de que nos estrellamos querían comernos a los dos. Pero yo les di al Skrit a cambio. ¡No tenía opción! Y luego la Colmena Viviente supo lo que era. Me atrajo hasta aquí.>

       

      <Estamos a cientos de millas de donde aterrizamos. ¿Cómo llegaste hasta aquí? No podrías haber llegado caminado.>

      <Los túneles de la Colmena Viviente se extienden a través de miles de millas, Elfangor. Hay succión en los túneles. Un Taxxonita sólo tiene que doblar sus piernas, y la presión lo succionará suavemente bajo el túnel, al mando de la Colmena.>

      <Las Piernas. Yo. . . . Las piernas que te faltaban. Están creciendo de nuevo.>

      <Sí. Los Taxxonitas pueden regenerar sus piernas.>

      <Arbron. ¿Qué pasa? No fue un accidente que el suelo se abriera debajo de mí… ¿La Colmena Viviente me quería aquí por alguna razón?>

      <Sí, Elfangor. La Colmena está enojada.>

      <¿Conmigo?> Pregunté, sintiendo que mis tripas se volcaba varias veces. Si la montaña brillante rojiza estaba enfadada conmigo, todo lo que tenía que hacer era gritar con su monstruosa voz psíquica y estaría hecho pedazos.

      <La Colmena Viviente está cansada de perder a sus hijos por culpa de los Yeerks. La Colmena Viviente ha buscado una forma de destruir a los invasores Yeerk y eliminarlos de este planeta. Pero la Colmena Viviente no puede entender a los Yeerks y sus máquinas. Ahora. . . ahora, la Colmena tiene a un consejero. Alguien que entiende las maquinas, naves espaciales, rayos Dragón. Alguien que ayudará a la Colmena a destruir a los Yeerks y sus traidores Taxxonitas.>

      Miré fijamente a Arbron.

      <¿Tú?>

      Se rio. Pero en esta ocasión no había alegría.

      <Qué mejor futuro podría tener, Elfangor? Ahora soy un Taxxonita. Y ahora estoy preparando un ataque sorpresa en el puerto espacial. La Colmena enviará mil de sus hijos conmigo. Lideraré una rebelión Taxxonita.>

      No dije nada. ¿Qué podía decir?

      Mis corazones estaban destrozados.

      Arbron se deslizó más cerca, arrastrando sus piernas como agujas. Me miró a través de sus ojos rojos gelatinosos.

      E incluso ahora, sabía que hervía con la rabiosa hambre de un Taxxonta.

      <No me compadezcas, Elfangor. Me alegra no haber muerto. Cualquier vida es mejor que ninguna. Y no importa lo horribles que se vean las cosas, siempre hay un significado y propósito por ser encontrado.>

      <¿Y has encontrado tu propósito?>

      <Atacamos esta noche. La Colmena Viviente está presionando sus túneles hacía el puerto espacial. Mil Taxxonitas emergerán del suelo, sorprendiendo a los Yeerks y a todas sus criaturas.>

      Imaginé ese momento. Mil gusanos enormes y hambrientos emergiendo de en medio de las catedrales tecnológicas de las plataformas de la nave. Emergiendo sobre Controladores-Taxxonitas y Controladores- Hork-Bajir.

      <Perderán,> Dije.

      <Lo sabemos> Dijo Arbron. <Pero incluso los Taxxonitas tienen el derecho de controlar su propio planeta. Incluso los Taxxonitas tienen el derecho de resistirse al invasor.>

      <Pero no pueden ganar> Dije categóricamente.

      <¿No son las causas perdidas las mejores causas, Elfangor?>

      ¿Cómo podía él imaginar que algo que tuviera que ver con los Taxxonitas pudiera ser una buena causa? Estos Taxxonitas no eran menos caníbales. No eran menos asesinos. Sin embargo, ¿Si se oponían a los Yeerks, podría rehusar la oferta de esa ayuda?

      <Dime qué puedo hacer para ayudar, Arbron.>

      <Eso está mejor, Elfangor. Les daremos algunas cuchilladas a esos Yeerks con tu hoja, ¿Cierto? ¿Cierto? Seremos héroes, después de todo.>

      ©199_ K.A. Applegate

      2013 de la traducció,n de Kikisan

Capítulo 23:

      Toda la tarde permanecí en esa horrible, apestosa y sofocantemente oscura caverna.

      Arbron estaba allí a ratos. Pero no muy seguido. La mayor parte del tiempo estaba comunicándose con la Colmena Viviente.

      Haciendo planes.

      Arbron se había convertido en un general. Era justo lo que la Colmena Viviente necesitaba. Podía explicar lo que los Taxxonitas encontrarían cuando emergieran en el puerto espacial. Podría explicar cómo herir a los Yeerks.

      No sé si le dijo a la Colmena las pocas esperanzas que tenía la misión. Sólo sabía que se veía vivo.

      Casi ardiendo de emoción. Al final, se acercó a mí.

      <Elfangor. Hay un problema delicado que tenemos que discutir. Alloran y los humanos. Sabes cómo va a ser esto. Taxxonitas contra Controladores-Taxxonitas. Taxxonitas contra Hork Bajir. Nadie va a estar a salvo. De ningún lado.>

      <¿Qué quieres que haga?>

      <Si puedes, encuentra a Alloran y a los humanos. Sé que es lo que quieres hacer de todos modos. Pero lo que es más importante, pon la Matriz del Tiempo a salvo.

      <La Colmena Viviente no está más a salvo de la Matriz del Tiempo que otra cosa viviente.>

      <Cuidaré de la Matriz del Tiempo> Dije.

      <Necesitarás tomar el Jahar. Te ayudaré con eso.>

      <Y entonces podrás irte conmigo> Dije.

      <No, Elfangor. Me quedaré aquí. Perderemos la batalla. Pero también hay otras oportunidades de hacerle daño a los Yeerks.>

      No sabía que decir. Supongo que sentía que sólo Arbron podía hablar por sí mismo ahora. <Le. . . Le diré a tus padres lo que —>

      <¡No!> dijo ásperamente. <No, Elfangor. Diles que morí en batalla. Deja que me recuerden cómo solía ser, ¿Bien? No quiero que me recuerden así. No quiero que me imaginen así.>

      <Arbron …> Dije con mi mente sumergida por la emoción.

      <Tengo un plan de último minuto. Hemos puesto a esa máquina amarilla tuya en uno de los tubos. Irás de último, después de que toda nuestra gente sea enviada. Maneja hacia abajo del túnel. El túnel es parte de la Colmena. Se asegurará de que llegues al lugar indicado.>

      <Y una última cosa…>

      <¿Sí?>

      <El puerto espacial será un infierno> dijo categóricamente. <No serás capaz de decir la diferencia entre los Taxxonitas y los Controladores-Taxxonitas. Así que no dudes. Haz lo que tengas que hacer.>

      Y entonces se fue. Las piernas que le hacía cortado habían crecido de nuevo a la mitad. Pero podía seguir reconociéndolo entre los otros Taxxonitas.

      El lanzamiento del ataque era terrible para ver. Los Taxxonitas se alinearon junto a los túneles. La Colmena Viviente brilló con un rojo más brillante, más rápido, suavemente, los Taxxonitas se metieron a través de las hendiduras por los túneles y fueron succionados por los tubos.

      Eran lazados a un ritmo de uno cada ocho segundos o casi, abajo por cinco tubos separados. Tomó casi media hora para que los Taxxonitas entraran por los tubos. Y entonces fue mi turno.

      Llevé el Mustang amarillo hasta el hueco viviente en el tubo. Para mi asombro, el tubo se ensancho para mí y la máquina. Se aplanó y ensanchó, dejando sólo unas pulgadas de espacio.

      Sentí el ¡WHOOOOOSH! de la presión de aire.

      Me succionó bajo el tubo. ¡Disparé el motor y fui de cero a doscientas millas por hora en unos segundos!

      No había nada estimulante en esto. Estaba siendo disparado bajo un túnel viviente, encerrado en cada lado, agachando mi cabeza para evitar que mis ojos móviles fueran cortados. La única luz venía de las luces de la máquina — blanca, mirando adelante, rojo, mirando hacia atrás.

      Por unos largos minutos, hice un recorrido debajo de la superficie del mundo Taxxonita. Camino a una masacre.

      Entonces…

      ¡FWOOOOOSH!

      Salí disparado por el aire.

      ¡RrrrrrEEEEEEEEEEEE! El motor gimió cuando las ruedas giraron con furia en medio del aire.

      Salí disparado del suelo, volé por los aires y vi, flashes de una explosión y disparos de Rayos Dragón, una escena que ningún loco hubiera podido imaginar.

      La máquina rodó por el suelo.

      ¡WHHUUUUMPPPFF!

      Las ruedas frontales golpearon, el motor rugió, fui golpeado tan fuerte que mi codo y mi pata izquierda se cortaron de forma sangrienta, y el Mustang se hundió y fue arrastrado lejos por una explosión de polvo.

      ¡De repente, un Taxxonita estaba justo frente a mí!

      ¡SPLOOOMMMP!

      ¡La máquina golpeó de frente al Taxxonita y lo expulsó abierto como una bolsa de basura!

      <¡Aaaahhhh!> Grité con horror puro.

      Pero era sólo una pequeña parte del horror en la escena que se quedaría grabada en mí cerebro por siempre.

      ¡Gritos de Taxxonitas!

      ¡Gruñidos de Hork-Bajir!

      ¡El zumbido TSEEEWW TSEEEWW! ¡De los Rayos Dragón!

      ¡Escenas de violencia nauseabunda en todas partes!

      La batalla había estallado hace media hora. Media hora de Taxxonitas desarmados en contra de Hork-Bajir equipados.

      Era un matadero.

      ¿Cómo se suponía que iba a encontrar a los humanos en medio de esta cruenta batalla? ¿Cómo se suponía siquiera que iba a pensar?

      Un inmenso Hork-Bajir me golpeó y empezó a correr tras el Mustang. Solamente cuando se acercó gritó “Andalita!” con sorpresa y un placer avaricioso.

      Saltó a la máquina en movimiento. Giré la rueda de dirección. El Mustang giró bruscamente. ¡Disparé el motor! WHUUMPF! Golpeé al Hork-Bajir en las piernas. Rodó sobre mi cabeza y aterrizó en el lodo detrás de mí.

      ¡Taxxonitass! ¡Hork-Bajir! ¡Gedds! ¡Todos alrededor mío! Usé el Mustang como un ariete, derribando todo a mi paso.

      El Jahar. Todo lo que podía hacer era dirigirme al Jahar!

      Aquella hermosa nave alzada orgullosa sobre la masacre. Y allí, encima de la plataforma de la nave, claramente las siluetas de dos extrañas formas alienígenas. Dos alíenigenas que caminaban sobre dos piernas, sin cola.

      ¡Los humanos!

      Podía ver alrededor de la base de la plataforma de la nave a una centena de Taxxonitas. Todos empujando para oprimir la estrecha rampa que llevaba a la nave.

      De pie solo en la rampa había un solo Taxxonita.

      Un solo Taxxonita con cuatro piernas más pequeñas que el resto.

      <¡Arbron!> Grité, mientras golpeaba el Mustang con la multitud de furiosos Taxxonitas.

      <¡Elfangor! ¡No puedo contenerlos más!>

      <¿Son Controladores Taxxonitas? ¿O son tus soldados?>

      <¡Ya no hay diferencia, Elfangor! ¿No lo ves? Hay sangre derramada. El hambre. . . ¡el hambre! ¡Detenme, Elfangor! ¡Detenme!>

      Y con eso, Arbron, aristh del domo de la nave StarSword, perdió su última fibra de autocontrol. Pasó de mirar hacía la turba de Taxxonitas. Giró y corrió hacía los humanos, con la boca abierta.

Capítulo 24:

      <¡Nooooooo!> Grité. Salté de la máquina y acuchillé con mi cola disparando a la turba de cuerpos Taxxonitas. ¡Mi cola azotaba el aire! ¡Golpe! Y me abría paso. ¡Golpe! Y me abría el paso. ¡Golpe! ¡Golpe! ¡Golpe golpe golpe! Alcancé la rampa y salté en limpio hacía el último Taxxonita que quedaba en mi camino. <¡Loren! ¡Corre! ¡Arbron! ¡Noooooo!>

      Corrí hasta la rampa. Arbron estaba cerrando el paso a los humanos. El humano Chapman estaba libre. Y era hacía él que Arbron corría. El humano Chapman gritó.

      Arbron se echó para atrás, listo para lanzar la parte superior de su cuerpo sobre el frágil humano. <¡Aristh Arbron!> Grité. <¡Aristh Arbron, alto! ¡Debe cumplir su deber!> No sé qué hizo que dijera eso. No lo sé. Sólo sé que Arbron dudó. Mientras Chapman se acurrucaba, indefenso, Arbron permanecía en suspenso.

      Detrás de mí vi a los Taxxonitas replegándose. Y sobre ellos, trepando y saltando un grupo de guerreros Hork- Bajir. Siete pies de alto. Con sus armas empuñadas y en sus codos y rodillas. Sus cuernos sobresalían sobre sus cabezas de serpiente. Luego, sus colas con púas en movimiento. Rasgando a unos cuantos pies y desgarrando la carne Taxxonita para poder avanzar. Me di cuenta que reconocía a uno de los Hork-Bajir. Era Sub-Visser Siete. “Ah, así que nos vemos de nuevo, ¡Andalita!” dijo sonando encantado. “Elfangor, ¿cierto? Ese fue el nombre que me gritaste tan desafiante mientras escapabas. Temía que los Taxxonitas pudieran haberte tomado. ¡Porque quería tenerte para mí!” Por un momento nadie se movió. Los Taxxonitas heridos se retiraron de la rampa para dar espacio al Hork-Bajir.

      Estaba solo contra una docena de Hork-Bajir. Detrás de mí, Arbron, que seguía mirando a Loren hambriento. Y con ellos, Chapman. ¿De qué lado estaba Chapman ahora? ¿Y de qué lado estaba Arbron? “Ríndete, Elfangor” Sub-Visser Siete lo decía casi en un susurro. “No te mataré. Solamente te… usaré. Dejaré éste tosco cuerpo y viviré en tu cabeza. Me aferraré en tu arrogante y presumido, cerebro Andalita y te haré mi esclavo. Y con tu poder de transformación Andalita, controlaré a la galaxia.”

      ¡Está terminado! Es eso o morir, Andalita. No hay otra opción.” Vi que Arbron dejaba a un lado a Loren. Se levantó y se puso a mi lado, un gusano gigante de diez pies de largo. <Supongo que estamos bastante lejos de la vieja y querida Nave- Espada, eh, ¿Elfangor?> dijo, con un toque de su viejo sentido del humor. <Somos un par de arisths solos y perdidos. Dile a la escoria Yeerk que sueñe, Elfangor. Dile que somos Andalitas. No nos rendimos.> <Escuchaste amigo, Sub-Visser Siete> Dije. <¿Me quieres? Ven por mí.>

      En las grandes historias y leyendas, esa clase de dialogo siempre atemoriza a los tipos malos. En la vida real no funciona de esa forma. “Bien” Dijo Sub-Visser Siete. “Voy a ir por ti. ¡Mátenlo! ¡Mátenlo!” gritó en una furia repentina. Sus Hork-Bajir saltaron por mí. Pero la rampa era estrecha. Sólo había espacio para dos Hork-Bajir al tiempo. Cualquier Andalita entrenado puede aguantar con un Hork-Bajir uno contra uno. Son rápidos. Nosotros más.

      SWOOOOOOSH!

      El primer Hork-Bajir lanzó su brazo-hoja. ¡FWAAAPPPP! La intercepté con mi cola, y él ya no tenía una hoja. O un brazo. Pero el segundo Hork-Bajir pasó sobre éste con un empujón y llegó a mi izquierda. Uno de sus camaradas se lanzó sobre la barandilla y saltó a la plataforma, a nuestra derecha. Y el Hork-Bajir herido seguía siendo peligroso. La situación se ponía peor muy rápido. Más Hork-Bajir estaban abarrotando la rampa, ansiosos por servir a su sub-visser. La batalla de repente explotó en cuchilladas y cortes rápidos. Las cuchillas de los Hork-Bajir hicieron que el aire silbara cuando azotaban sus poderosos brazos y piernas contra mí. Arbron hizo lo que podía, pero un Taxxonita es indefenso en una pelea de cuchillas. El Hork-Bajir simplemente subió sobre él para alcanzarme.

      “¡Elfangor! ¡Cuidado!” gritó Loren.

      “¡Atrápalo! ¿Qué estás esperando?” rugió Sub- Visser Siete.

      “¡Él es sólo un Andalita!”

      Retrocedí bajo la presión. No tenía tiempo para pensar. Nada. Sólo tiempo para reaccionar. Sólo tiempo para bloquear los soplos mortales. Ya había sido cortado terriblemente, y sólo era cuestión de tiempo. Y entonces, un nuevo Hork-Bajir dio un paso adelante.

      <Entonces, ¿Estás disfrutando la guerra, Aristh Elfangor?> me preguntó en habla telepática Andalita. Estaba tan aturdido que casi pierdo la respiración. ¡El príncipe guerrero Alloran!

      ¡Transformado en Hork-Bajir! Alloran giró. Antes que el sub-visser pudiera hacer más que una sacudida, Alloran había puesto la cuchilla de su brazo contra la garganta del Yeerk.

      <No te muevas, Yeerk. Ni siquiera respires> Dijo Alloran.

      <Retira a tus hombres. Hazlo o me reiré cuando tu cabeza esté rodando por el suelo.> “¡Deténganse!” gritó el sub-visser. “¡Atrás!” Los Hork-Bajir obedecieron. Se retiraron. Me quedé sin aliento y jadeé buscando aire. Estaba exhausto. Estaba sangrando. Loren corrió y puso sus manos sobre un corte profundo en mi pecho. La presión ralentizó la pérdida de sangre. “¡Sigues vivo!” dijo. “Estaba tan preocupada.”

      <Ahora, esto es lo que vamos a hacer> Dijo Alloran.

      <Los dos humanos, mis dos amigos y yo, vamos a bordo del Jahar. Y tú, Sub-Visser, vas a ir con nosotros. Una vez que estemos fuera de la plataforma, te vamos a tirar afuera. ¿Cómo te suena ese plan, Yeerk?> preguntó, apretando la presión en el sub-visser.

      “¿Tengo opción?”

      <Siempre hay una opción, Yeerk. Puedo sacarte de una cuchillada de ese Hork-Bajir y alimentar tu impotente cuerpo de babosa con mi amigo el Taxxonita de aquí. Esa es una opción. O puedes ordenarle a tus hombres que se marchen fuera de la rampa. Justo abajo.> “¿Qué pasó con la reputación de los Andalitas por su amabilidad y gentileza?” se burló el Yeerk.

      <¿Qué pasó? Dejamos esa imagen en las cenizas del planeta hogar de los Hork-Bajir.> “¿Estabas allí?”

      <Ahí estaba. Mi nombre es Alloran-Semitur- Corrass. Príncipe Guerrero Alloran.> Por primera vez, el sub-visser parecía aterrorizado. Su actitud burlona y arrogante parecía haberse evaporado. Rápidamente ordenó a sus Hork-Bajir bajar de la rampa. Juntos nos devolvimos cuidadosamente al Jahar. Alloran, con el Yeerk sub-visser en su agarre de acero; Loren, todavía cuidando mi herida; y Chapman, el humano traicionero que nos había llevado a todos a este terrible lío. Sólo Arbron volvió su mirada desde la escotilla abierta del Jahar.

      <Ven con nosotros, Arbron> Dije.

      <Mira alrededor. Los Taxxonitas libres han perdido. La Colmena Viviente será destruida. No hay futuro para ti aquí.>

      <Elfangor, no hay futuro para mí en ningún lugar>

      <Pero no puedes> Dije.

      <¿Quién me va a recordar que no sea tan duro? ¿Quién se va a reír de mí cuando hablé de ser un gran príncipe?>

      <Sigue, Elfangor> Arbron dio suavemente.

      <Ven y salva la galaxia.>

      <Déjalo> Dijo Alloran. <Aristh. . . Quiero decir, El guerrero Arbron es una víctima de guerra.>

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 25:

      Lanzamos el Jahar. No había nadie que nos pudiera detener. La batalla seguía desencadenada y ninguno de los Yeerks tenía la tranquilidad de venir tras nosotros. O eso pensábamos. Alloran se destransformó de su cuerpo de Hork-Bajir. Estaba aliviado. Supongo que vio mi expresión.

      <¿Creías que había terminado como Arbron? ¿Atrapado? ¿En un nothlit? No, Aristh Elfangor. Sigo siendo yo.>

      <Me alegra señor> Dije.

      Sub-Visser Siete se puso en una esquina, mirando a Alloran mientras retomaba su cuerpo normal de Andalita. Loren parecía aturdida. Incluso Chapman parecía inusualmente callado. Sin duda estaba asustado de lo que le haríamos a él. Merecía cualquier cosa que le hiciéramos.

      <Sus órdenes, ¿Señor?> Pregunté al príncipe.

      Alloran se buró. <Ah. Ahora quieres órdenes. Cuando ordené que expulsaras con esos estanques llenos de Yeerks al espacio me desobedeciste. Pero ahora quieres órdenes. Ahora quieres que te diga qué hacer.> Estaba cansado como para estar enfadado. Incluso estaba demasiado cansado como para considerar cómo mi anterior negativa a seguir las órdenes probablemente destrozaría mi carrera.

      ¿Qué iba a hacer? ¿Explicarle a un tribunal militar que yo, un insignificante aristh, había considerado la orden de Alloran inmoral?

      <Señor, la Matriz del tiempo está —>

      <¡Cállate, joven tonto!> Alloran chasqueó con rabia. Me miró enfurecido. <No tenemos tiempo para eso todavía. No, primero tenemos que cuidar de los asuntos que tú me impediste encargarme. Esa nave Taxxonita llena de Yeerks sigue en la plataforma. Todavía está llena de inmundos Yeerk. ¿Qué crees que he estado haciendo el último día y medio? Me he estado escondiendo en las sombras, transformándome y destransformándome, mirando esa nave.>

      <Príncipe Alloran, ¿es realmente la cosa más importante que hacer?> Por primera vez desde que se había destrasformado, se volvió para verme. Me apuntó con sus ojos principales. Y fue entonces que vi esa mirada. Fue entonces que vi la rabia. Una rabia demente.

      <La cosa más importante en la guerra es destruir a tus enemigos, Aristh Elfangor. Nada es más importante que destruir a tus enemigos. ¿Entiendes?>

      Volteó sus ojos secundarios hacía el sub-visser. <Entiendes, ¿Cierto? Los Yeerks entienden.> “¡Dijiste que me dejarías ir!” gritó el sub-visser.

      <Y así será> Dijo Alloran. <Abre la escotilla, Aristh Elfangor. ¡El sub-visser va a ver si el cuerpo de un Hork-Bajir como el suyo puede volar!> El sub-visser se puso tenso. No iba a ser expulsado de una nave espacial sin una batalla. Sus músculos de Hork-Bajir se doblaron y tensaron. Parecía ojear a Chapman. Y juro… pero no, debo estar imaginando cosas. Es sólo que parecía que Chapman asentía con la cabeza, casi imperceptible. La cara del sub-visser estaba vidriosa. Sus ojos estaban muertos. Relajó sus músculos.

      <Desacelera para frenar, para> Alloran ordenó. <¿Altitud?>

      <Quince mil pies> Dije tontamente.

      <Seguimos estando en la atmósfera. La velocidad del aire está ahora en el punto muerto.> <Punto muerto> Dijo Alloran. <Apropiado. Ahora abre la escotilla.>

      ¿Qué podía hacer? Era sólo un aristh. Ya había desafiado a Alloran una vez. Si lo desafiaba de nuevo. . . Estaba furioso. Loco. ¿Qué podía hacer?

      Abrí la escotilla. El caliente aire Taxxonita sopló de forma extraña en el ambiente cerrado. Agitó el cabello dorado de Loren.

      <Sal, Yeerk> Dijo Alloran a Sub-Visser Siete.

      Cerré mis ojos principales. Mantuve mis ojos móviles enfocados en mis instrumentos. No podía ver.

      <Cierra la escotilla> dijo Alloran unos pocos segundos después. Me atreví a mirar. El sub-visser se había ido. Miré abajo a las pantallas exteriores. Una pequeña figura caía a través de las nubes. Miré a otro lado.

      <Ahora nos devolveremos a freír esa nave de transporte> Dijo Alloran con fiereza. <Es bueno ver que has crecido un poco, Aristh Elfangor. Regrésanos al rincón sureste del puerto espacial. Mantén la altitud presente. Entonces iremos a recoger nuestra Matriz del Tiempo pérdida, ¿Eh?> Parecía alegre. Como si por un momento, la locura hubiera pasado. Pero sabía que no había terminado. No necesitábamos destruir a los Yeerks en estos estanques de transporte. Necesitábamos asegurar la Matriz del Tiempo. Pero me había cansado de discutir. Estaba cansado. Estaba asustado. Estaba enfermo de pensar en Arbron. Quería dormir y dormir y dormir, y no levantarme hasta que estuviera en casa, en mi propio prado, bajo mis propios árboles. Vi a Loren mirándome. Parecía preocupada. Inquieta. ¿Quién no lo estaría? Y aun así.

      Chapman estaba mirando también. Parecía tenso. Comprensible. Y aun así…

      <¿Qué te hizo decidir venir con nosotros?> Le pregunté a Chapman. <¿Esperabas compasión de nosotros? Nos traicionaste. Traicionaste a tus compañeros humanos. Les hablaste a los Yeerks sobre la tierra. Podrías haber traicionado a toda tu especie.>

      Él se encogió de hombros. “No es mi culpa, ¿No? Estaba en la tierra, preocupado de mis asuntos. No pedí que me secuestraran los Skrit Na. No pedí ser arrastrado por toda la galaxia por ustedes Andalitas. Sólo estaba tratando de protegerme.”

      <¿Haciendo tratos con los Yeerks?> Alloran río. <Los Yeerks no hacen tratos. Ellos esclavizan.>

      “Sí, creo que me di cuenta de eso después,” Dijo Chapman. “Miren. Lo siento. ¿Está bien? Soy sólo un tonto chico humano, ¿Bien? Déjenme en paz.”

      <Estamos llegando al puerto espacial> Anuncié. <Hay mucho humo. Pero debes ser capaz de tener una buena focalización con la desfibradora.> Alloran no respondió. Simplemente miraba a la pantalla. Con un aumento completo podíamos ver la forma de gusano de los Taxxonitas debajo. Podíamos ver fácilmente las naves, algunas quemándose por la batalla, algunas salvajemente inclinadas. La Colmena Viviente había causado daños a los Yeerks.

      Pero podíamos ver también pelotones de Hork-Bajir rodeando a los Taxxonitas. Y otros Taxxonitas estaban ocupados alimentándose.. Un poco más abajo estaba Arbron. Alloran enfocó la nave. Le apuntó cuidadosamente tomando su tiempo. Enfocó la nave de transporte que contenía miles de babosas Yeerk indefensas.

      <Fuego, Aristh Elfangor> dijo.

      <¿Qué?>

      <Dije fuego. Fría a esos Yeerks. Los dejaste vivos, ahora tendrás que acabarlos. Repara tu error y nadie tendrá que saber nunca acerca de tu cobardía>

      Mi dedo alcanzó el disparador.

      <Hazlo, Elfangor> Susurró Alloran

Capítulo 26:

      Mi dedo se deslizó por el disparador. Era una guerra. En una guerra destruyes a tus enemigos. Alloran era mi príncipe. Obedeces a tu príncipe. ¿Pero diez mil Yeerks indefensos? ¿Con un movimiento de mi dedo? No. Bajé mi mano, y en un instante sentí la espada de la cola de Alloran presionar mi cuello.

      <¿Crees que puedes pelear en una guerra limpia, Elfangor? ¿Es eso lo que piensas? ¿O eres uno de estos que se complacen de que alguien como yo haga el trabajo sucio por ustedes?>

      <Están indefensos> Dije tan calmado como podía.

      <Son el enemigo. ¡Hipócritas! ¡Todos son hipócritas! ¡Perdimos la batalla con los Hork-Bajir por culpa de tontos con moral débiles como tú! Por tontos como tu fui degradado, rechazado y enviado en una misión trivial con nada más que arisths bajo mi mando.>

      <Príncipe guerrero Alloran, lo honro pero —>

      <¿Cuál es la diferencia de cómo destruyes a tu enemigo?> Alloran preguntó.

      No tenía idea de lo que estaba hablando. Estaba perdido en alguna parte en su mente. Perdido en sus propios recuerdos.

      <¿Qué importa si los matas con la espada de tu cola, un disparo o un virus de quantum?>

      ¿Un virus de Quantum? No. No. Incluso después de haber visto todos los horrores, estaba conmocionado.

      <¿Usted… usted usó un virus de quantum? ¿Usó un virus de quantum en el mundo Hork-Bajir?>

      Un virus de quantum es un tipo de enfermedad del espacio tiempo. Ves, lentamente como se rompen la cuerda que mantiene a las partículas subatómicas juntas. Lentamente se desintegra lo que afecta. Las criaturas vivas afectadas por un virus de quantum terminan con sus moléculas rompiéndose. Puede tomar días, semanas de agonía.

      Ese era el secreto de Alloran. Esa fue su desgracia. Los Yeerks nos habían acusado de usar un virus de quantum en contra de ellos. Nosotros lo habíamos negado. Cada Andalita creía que era otra inmunda patraña de los Yeerk.

      Alloran me miró.

      <No puedo tener a alguien débil, tonto y cobarde como tú dando problemas —>

      Lo vi en el rabillo de uno de mis ojos auxiliares. Un movimiento repentino. No fue rápido pero sí inesperado. ¡Chapman!

      Saltó sobre Alloran y le puso una de sus fuertes manos humanas. Con los dedos fuertemente apretados golpeó a Alloran en un lado de su cabeza.

      La cabeza de Alloran se echó para atrás. Con más sorpresa que dolor. Pero fue suficiente. Lo embestí con mi cola fuerte y rápida. Giré mi cola y golpee la cabeza de Alloran con toda la fuerza que tenía.

      Se derrumbó como una piedra. Se derrumbó contra el piso. Y vi la cara triunfal de Chapman. Triunfal.

      Debí haber sabido esto. Debí haberme dado cuenta. Por el contrario fui al equipo médico y con manos temblorosas extraje una dosis de tranquilizante. Lo vacíe en mi príncipe desquiciado. Eso lo mantendría inconsciente por horas.

      “¿Ahora qué?” Preguntó Chapman.

      <¡¿Ahora qué?!> Chillé. <¿Ahora qué? ¡He noqueado a mi propio príncipe!> Estaba enfermo. Enfermo hasta los huesos. Pero no había nadie a quien recurrir. Nadie más que tomara decisiones. A pesar de ser estúpido como había sido, dependía de mí.

      <Tenemos algo que tomar> Dije, obligándome a calmar mi voz telepática. <¡Entonces vamos a ir tan lejos de este lugar infernal como esta nave nos deje ir!>

      Chapman asintió satisfecho. Loren vino. Puso su suave mano humana en mi pecho herido. Empezaba a tener una costra pero el haber noqueado a Alloran había abierto la herida de nuevo.

      Arrancó un pedazo de tela del final de una de sus pieles artificiales. La ató alrededor de mi pecho para proteger la herida.

      <Gracias> Dije.

      “¿La vida es siempre así de loca para los cadetes espaciales?”

      <Oh, sí> Dije con amargura. <Infiltrarse en el mundo Taxxonita, ayudar a iniciar una guerra civil Taxxonita, amotinarme contra mi príncipe, y encontrar la Matriz del Tiempo, todo en compañía de un par de extraños alienígenas de dos piernas… el trabajo usual.>

      Estaba ocupado mirando el suelo, buscando el lugar en que se había estrellado la nave Skrit Na.

      Pero vi la sonrisa de Loren.

      “Hey. Has hecho una broma. No sabía que tenías sentido del humor, Elfangor.”

      <¿Cuando el mundo está loco, qué más puedes hacer?> Pensé en Arbron. Haciendo bromas incluso cuando su vida era un desastre.

      <Me pregunto si Arbron sabía que el mundo estaba loco>

      Loren parecía triste. Pero entonces forzó una sonrisa de nuevo.

      “Hablando de locura… ¿Te vi manejando un Mustang amarillo brillante justo allí?”

      <Era una maquina maravillosa. Primitiva, pero extrañamente divertida.> Me empujé hasta mirar de cerca a la pantalla.

      <Ahí está. Estamos bajando. Tenía que despejar los destrozos para que el rayo tractor pueda agarrar la Matriz del Tiempo.>

      Aterrice el Jahar en el valle estrecho, a unos pasos de los destrozos de la nave Skrit Na. Agarré una trituradora portátil, abrí la escotilla y me di prisa.

      Tomaba varios minutos para arder los destrozos de la nave Skrit Na y revelar la Matriz del Tiempo. Era por esto que tanto horror había ocurrido. Por esta, la más poderosa de todas las armas.

      Reposaba ahí, en medio de los destrozos, luciendo tan indefensa. Si los Yeerks hubieran sabido que estaba ahí, no hubieran escatimado nada para hacerse con ella. Fue una suerte que Loren nunca les dijo mientras estaba cautiva. Una suerte que Chapman nunca les dijo.

      Y era una suerte que hubiera rechazado al Hork-Bajir. Y había sido una suerte que hubiéramos sido capaces de salir del puerto espacial sin ser perseguidos. Más suerte.

      Demasiada suerte. Realmente fui un tonto. Sentí el frio titilante subir por mi espalda.

      Estaba detrás de la Matriz del Tiempo, escondida detrás del Jahar. Y de repente, supe lo que estaba sucediendo dentro del Jahar mientras trabajaba en liberar la Matriz del Tiempo. Y supe lo que vería cuando di la vuelta alrededor de ese globo blanco.

      Temblando con desesperación y cansancio, ajusté el rayo al nivel más bajo. Tendría que repetir la hazaña de Arbron: tres golpes rápidos. Sí. Tres.

      Hice respiraciones profundas y luego me retiré a velocidad máxima.

      Salté detrás de la Matriz del Tiempo.

      ¡Loren, levantaba un Rayo Dragón en su mano!

      ¡Disparé!

      Ella resbaló, tirada por el impulso de energía.

      TSSSEEEWWWW!

      ¡Chapman disparó! Pero él era débil y vacilante para lo que había resistido.

      ¡Disparé! El humano cayó en el suelo.

      Pero quedaba uno más. Lo sabía. Lo supe y sabía que tenía muy poco tiempo.

      ¡Un movimiento repentino! ¡Giré y disparé! ¡Fallé! No, no fue un completo fallo. Había alcanzado su brazo derecho. El brazo que tomaba el Rayo Dragón cayó, inservible.

      Se quedó allí con rabia en su rostro.

      Alloran. El Príncipe Guerrero Alloran-Semitur-Corrass.

      Pero no se trataba de Alloran nunca más.

      Por el resto de mi vida recordaré siempre ese momento. El momento en que vi por primera vez la abominación. Vi que Alloran ya no era más Alloran.

      <Muy bien, Aristh Elfangor. Te tomó un tiempo, pero te diste cuenta al final.>

      <Sub-Visser Siete> Dije.

      <Sí, pero no por mucho tiempo. ¿El Yeerk que se hizo con el primer Controlador-Andalita? ¿El Yeerk que capturó la legendaria Matriz del Tiempo? Diría que puedo contar con un gran ascenso. ¿No crees?>

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 27:

      Levanté mi rayo dragón y apunté a Alloran… no, a Sub-Visser Siete

      <Hiciste a Chapman un controlador. Estabas en su cabeza. El Hork-Bajir que creí que eras tú… solo un truco>

      <Por supuesto. Y otro de mi especie hizo a Loren una de nosotros> Se burló. <Y mientras tu considerablemente limpiabas el camino a la Matriz del Tiempo, yo reviví a Alloran y me transferí dentro de él. ¡El primer y único controlador Andalita! Fue tan amable de tu parte noquear al viejo guerrero por mí. No sabía cómo iba a hacer para tomarlo. Él era una criatura salvaje. Un poco loco, por supuesto, pero sabía de guerra. Has visto que tan despiadado fue al lanzar al pobre Hork-Bajir quien tomo mi papel. Si, Alloran fue un guerrero.>

      La verdad me pego como un muro de ladrillos, ¡Era verdad! Hice posible para el Sub-Visser tomar el control de Alloran!

      ¡Yo cree a la abominación!

      <Chapman nos contó sobre la Matriz del Tiempo, por supuesto. Pero te necesitábamos a ti para mostrarnos donde estaba. El ataque de la montaña de Taxxonitas podría haber arruinado todo, pero ya sabes, al final fue conveniente. Te mantuvo alejado de sospechar. Estabas muy ocupado preocupándote por tu compañero aristh. Ni siquiera tuviste tiempo para preguntarte como los dos humanos estaban esperándote. No te preguntaste como es que mis tropas te dejaron escapar. >

      ¡Yo lo hice! ¡Yo cree a la abominación! ¡Yo hice que la Matriz del Tiempo cayese en las manos de esa vil criatura!

      <¿Pero sabes la mejor parte?> El Sub-Visser se rio. <Yo realmente no podía dejarte quemar aquella nave que transportaba a mi gente. Chapman no sabía sobre los Yeerks en ella, así como no lo sabía yo. Y si seguías a Alloran, tendría que haber intentado detenerte. Como lo habría hecho mi hermano Yeerk en la chica humana. Una cosa era sacrificar al pobre idiota que hacía de mí. ¿Pero diez mil Yeerks? No, tenía que actuar, y entonces Alloran y tu juntos hicieron el trabajo por mí.>

      No podía respirar. Había fallado. ¡Fallado tan enormemente que toda la especie Andalita estaba en riesgo!

      <Pero no, Elfangor es uno de esos buenos Andalitas.> Sub-Visser Siete se burló. <No eres de los que asesinan a los indefensos ¿Verdad? ¡Hah Hah! ¡Genial! Tus escrúpulos me entregaron a Alloran. ¡Alloran y la Matriz del Tiempo son mías!>

      <¿En serio?> Dije débilmente. <Parece que soy el que tiene el Rayo Dragón.>

      <Hay docenas de Caza Insectos acercándose ahora mismo. Perdiste, pequeño.>

      <Serás ceniza en el momento en que lleguen.> Amenacé.

      <No, tu no matarías a un enemigo indefenso.> se burló. <¡No tengo arma! ¡Soy tu prisionero! ¡Hah-hah! Me rindo ante ti, Elfangor. ¡Me rindo! >

      Extendió las manos en un gesto de impotencia mientras se reía de mí. Se reía.

      <Estas en lo cierto, Sub-Visser. No voy a matarte.> Apreté el gatillo. La graduación de aturdir noqueó al controlador Andalita dejándolo en el suelo.

      Corrí hacía Loren. Arrastré su cuerpo inconsciente hacia la rampa dentro del Jahar. Entonces, después de vacilar unos segundos, arrastré también a Chapman.

      Estaba comenzando a intentar arrastrar al Sub-Visser a la nave cuando la primera oleada de Caza-Insectos pasó por nuestras cabezas. Nos pasaron de largo, pero entonces empezaron a describir círculos muy pequeños, volviendo a donde nos encontrábamos.

      Dos Caza-Insectos más. Y luego dos más. El cielo se estaba llenando de Caza-Insectos. Nunca podría sacar el Jahar del planeta.

      A menos que…

      ¿Habría informado Sub-Visser Siete a su gente que tal vez se encontrase en un cuerpo Andalita? Seguro. Seguro que lo habría hecho. Tendría que haberlo hecho, para evitar que su propia gente le disparase accidentalmente.

      ¿Pero podían los Yeerks diferenciar un Andalita de otro?

      Corrí a la nave, Abrí el botiquín y saqué una inyección estimulante. Volvía corriendo hacía el inconsciente Sub-Visser y vacié el estimulante dentro de su torrente sanguíneo. Lo reviviría en menos de un minuto.

      Los Caza-Insectos se cernían encima de nosotros, algunos preparándose para aterrizar. Corrí de vuelta al Jahar, cerré la escotilla y usé la comunicación nave-a-nave.

      La cara de un Controlador Hork-Bajir apareció en mi pantalla de comunicaciones. Me miró con la furia y disgusto que los Yeerks siempre mostraban a los Andalitas.

      Le devolví la mirada. Y en una fuerte, arrogante y dura comunicación telepática dije. <¿Qué? ¿No reconoces a tu Sub-Visser? ¡Hah-hah! Lo hice ¡Idiota! Como dije que lo haría. ¡Adquirí un cuerpo Andalita!>

      Los ojos del Hork-Bajir vacilaron, desconcertados.

      Si yo mostraba alguna vacilación, estaba perdido. Si quería pasar por un Sub-Visser Yeerk no podría mostrar ninguna duda. <¿Ves al Andalita abajo en el suelo?>

      “Si… Sub-Visser Siete.”

      <Bien, no eres tan ciego como estúpido. Quiero verlo correr. ¡Me entiendes! Tan pronto como me haya ido, ¡Hazle correr! Y entonces, cuando este cansado, de rodillas por lo exhausto, lo quiero muerto ¡Muerto! Y si me fallas, alimentare a los Taxxonitas contigo. Sub-Visser Siete fuera>

      Apagué la pantalla sin esperar respuesta. Quizás funcionó, quizás no.

      Introduje los controles, el Jahar se levantó gentilmente de la tierra. Encendí una pantalla exterior panorámica. Engañé al Sub-Visser. Apenas se estaba poniendo de pie.

      Le daré crédito al Sub-Visser por algo: No era un idiota. Instantáneamente supo que estaba pasando. Comenzó a correr justo cuando un Caza-Insecto disparó un rayo dragón cerca de él.

      Deje al Jahar a la deriva, casualmente sobre un naufragio Skrit Na. Concentrando toda mi atención, prendí el rayo tractor del Jahar y lo aseguré en la esfera blanca de la Matriz del Tiempo.

      Sub-Visser Siete estaba corriendo a toda la velocidad que podía un Andalita a través de la arena, perseguido por Caza-Insectos que parecían disfrutar disparar a centímetros de él.

      El Jahar se levantó, con la Matriz de Tiempo en el remolque. Jalé la maquina cada vez más cerca, apretándola en el vientre del Jahar. Asegurándola en su lugar con cuerdas de energía.

      Solo después los Yeerks comenzaron a darse cuenta. La comunicación nave-a-nave se encendió. Una fea y desconfiada cara de un Hork-Bajir se me quedo viendo. “Sub-Visser Siete, el control del planeta el pide respetuosamente que aterrice.”

      Intenté engañarlos una vez más. Pero en cuanto me rehusé a inmediatamente volver, lo sabían.

      La consola táctica mostró un enjambre de Caza-Insectos elevándose desde la superficie del planeta. Pero era muy tarde.

      Hice un arranque fuerte y me prepare para perderme en el Espacio-Zero.

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 28:

      “Así que esto es el espacio-cero” dijo Loren, Mirando a través de la ventanilla. “Estuvimos aquí un día entero y sigo sin entender que es.”

      Dirigí mis ojos antena a la ventanilla. Veía negro, blanco, vacío, total blancura. <El espacio-cero no es nada en realidad.> Dije calmadamente. <Es anti espacio. Ya sabes, ¿Como la antimateria y la anti gravedad? Bueno, el espacio-cero es anti espacio>

      Había explicado eso al menos dos veces el día anterior. Pero supongo que ella estaba intentando hacer algo de conversación.

      Ella había pasado por una de las peores experiencias que una criatura puede soportar: Ser convertida en controlador. No podía creer que ella estaba hablando sin llorar.

      Afortunadamente, el Yeerk dentro de la cabeza de Loren estaba al final de su ciclo de alimentación. Los Yeerks se alimentan de rayos Kandrona. Cada tres días deben salir de su huésped y volver al estanque Yeerk para absorber rayos Kandrona.

      Por lo que hice un trato con el hambriento Yeerk. Podría atar a Loren y esperar que el Yeerk muriese de hambre. O él podría salir voluntariamente. Acordé ponerlo en hibernación profunda. En congelarlo. El Yeerk decidió que la hibernación era mucho mejor que la muerte por hambre de rayos Kandrona.

      Mantuve mi palabra con el Yeerk. Después de que se arrastrarla fuera de la oreja de Loren, le congele. Y entonces lo eyecté de la nave al vacío espacio real. Un día podría ser encontrado y revivido. Muy posiblemente sería arrastrado por la gravedad de una estrella e incinerado.

      Especialmente dado que me asegure que estuviese cerca de un sol.

      Quizá no estaba cumpliendo con el espíritu de mi trato con el Yeerk. Pero de alguna manera, me daba igual. Mis nociones de comportamiento apropiado habían traído el desastre.

      Fui un idiota. Un niño tonto con nociones de un cuento de decencia y justicia.

      No había decencia en la guerra. Alloran había intentado enseñarme eso. Y yo lo aprendí demasiado tarde.

      “¿Has decidido donde vamos Elfangor?” Preguntó Loren gentilmente.

      “No lo sabe” Dijo Chapman. “El pasa su tiempo ahora sentándose en una esquina, mirándonos sombríamente a los dos”. Sub-Visser Siete había estado dentro de la cabeza de Chapman. Si eso le había enseñado al incauto humano una lección, era evidente que no lo demostraba. “Elfangor está confundido. ¿No es cierto? El metió la pata… Arbron Atrapado en uno de esos cuerpos de ciempiés, Alloran convertido en el primer Controlador Andalita. Casi perdió la Matriz del Tiempo. Explicar todo esto a sus camaradas será duro al volver a casa ¿Eh?”

      Le ignore. Volver a casa. ¿Qué era casa de todos modos? ¿Se suponía que debía volver a casa? ¿A casa con mis padres? ¿Correr por el viejo césped familiar? ¿Pasar mis días con mis viejos amigos de la infancia?

      Ya no era un chico. Mi casa aun estaría allí, pero nunca más pertenecería a ella de nuevo.

      Loren vino hacía mí. “Elfangor despabílate. Estamos yendo en círculos dentro del Espacio-Cero”

      <Sí. Lo sé.>

      “Hiciste lo mejor que pudiste. Eres solo un niño, como yo.”

      <Soy un aristh en la armada Andalita. Desobedecí a mi príncipe y cause que fuese esclavizado por los Yeerks. Los Yeerks ahora aprenderán todo lo que Alloran sabe sobre nuestras defensas. Todo incluso las capacidades de nuestras armas. Todo lo que sabe sobre las localizaciones de nuestras naves. Al menos él no era un científico, por lo que no puede darles la tecnología mórfica o software de computadora. Pero aun así será la mayor victoria de inteligencia en la historia de los Yeerks. >

      Chapman negó con su cabeza. “Supongo que estaba en lo correcto al aliarme con los Yeerks ¿Eh? Ustedes los Andalitas van a perder. A menos….”

      Loren le miró. “¿Por qué no te callas?”

      Chapman se limitó a sonreír. “A menos que ustedes los Andalitas usen la Matriz del Tiempo. Vuelvan al pasado, encuentren la primera tribu de babosas Yeerks. Los maten y entonces toda la especie habría desaparecido. Desaparecido y nunca existido. ¿Cómo lo llaman a eso? Oh si, genocidio. ¿Te sumas a un pequeño genocidio, Elfangor?”

      Sacudí la cabeza con cansancio. <No gastes tu tiempo tentándome Chapman. No funcionara.>

      Loren se quedó perpleja. “¿Qué quieres decir?”

      <Está intentando provocarme para utilizar la Matriz del Tiempo. Recuerda, Fue un controlador brevemente. Sub-Visser Siete le dejo instrucciones, por si algo salía mal. Chapman sabe que para usar la Matriz del Tiempo tengo que volver al espacio real. Mi suposición es que los Yeerks colocaron una señal de rastreo en el Jahar. Si volvemos al espacio normal, encenderemos cada sensor Yeerk en un millón de años luz.>

      Pude ver por la furia en la cara de Chapman que mi suposición era correcta.

      Al menos había hecho una cosa bien. No era tan tonto como para caer en

      De repente, fue como si una luz se encendiese en mi cabeza. Dondequiera que el Jahar emergiese al espacio real, los Yeerks irían tras él.

      Sin importar dónde.

      ¡Una trampa! ¡Podía crear una trampa!

      ¿Pero dónde? ¿Dónde debía hacer llegar la flota Yeerk?

      A la StarSword! Mi vieja nave. Estaba fuera persiguiendo una fuerza Yeerk cerca de la Nébula Graysha. Esperaba encontrar una segunda nave domo.

      Dos naves domo. Mas el Jahar. Suficiente poder de fuego para manejar cualquier cosa que los Yeerks pudiesen llevar.

      Fui al panel de control e ingrese las coordenadas.

      “¿Tienes un plan?” Preguntó Loren.

      <Más o menos> Murmuré. Ya estaba teniendo dudas. <Hay un lugar llamado la Nébula Graysha. No sabemos mucho de ella. Pero hay rumores de especies sensibles viviendo en esa área. Y hay rumores de que los Yeerks están explorando esa nébula. Mi vieja nave, la StarSword, fue ahí para ver si podíamos localizar una fuera de combate Yeerk que estamos persiguiendo.>

      “Así que estamos yendo a encontrarnos con tu vieja nave. Esta… ¿Esta nébula está cerca de la tierra?”

      <No>

      “Elfangor… ¿Voy a volver alguna vez a casa?”

      <Loren, hare lo posible.>

      Chapman resopló. “Y veras que es lo mejor que puede hacer Elfangor. Bien podrías darle un beso de despedida a la tierra. “

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 29:

      <Emergeremos dentro del espacio real> Expliqué. <Si tenemos suerte, no estaremos lejos de la StarSword, si tenemos incluso más suerte, habrá naves Andalitas adicionales cerca. Desde ese punto solo tomara una hora o algo así a los Yeerks empezar a aparecerse.>

      “¿Y entonces?” Preguntó Loren.

      <Batalla espacia, supongo. Cazas Andalitas contra los Caza Insectos Yeerk. Nosotros también, por supuesto> “¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?”

      <Si, muéstrame la mejor manera de atar a un humano> Dije, mirando a Chapman. <No quiero ninguna distracción>

      Atamos las manos y pies del humano usando la manguera del conducto de repuesto. Entonces atamos sus manos detrás de la espalda.

      “Una última cosa” Dijo Loren. Tomo un poco de la manguera y la usó para envolver la cara de Chapman, cubriendo su boca. “Ahora no tendremos que escucharlo.”

      Me tomo unos segundos entender. Muchas especies se comunican haciendo sonidos con sus bocas. Pero jamás se me habría ocurrido silenciar a alguien con un trozo de manguera.

      <Para silenciar a un Andalita debes noquearlo> Dije <¿Esto no lo lastimara?>

      “No. Desafortunadamente.” Sonrió para mostrarme que estaba bromeando.

      Después de todo lo que había pasado, desde ser raptada por los Skrit Na a ser convertida en Controlador, aun podía reírse. Me preguntaba si me había equivocado al pensar que el humor era una debilidad. Me preguntaba si Arbron aún podría reír.

      “Elfangor… ¿No estas tentando con lo que dijo Chapman? Es decir, si fuera yo, me gustaría usar la máquina del tiempo para cambiar cosas. ¿Sabes?”

      <¿Cómo volver atrás en el tiempo y evitar ser raptada por los Skrit Na?>

      Ella se rio. “no, No eso. Mira, mi vida fue bastante aburrida antes de todo esto. Sé que cuando me lleves a la tierra borraras mi memoria sobre todo esto. Pero aun así, aun cuando pase por cosas horribles, no creo que no quisiera haberte conocido nunca. Si no fuese por mi madre preocupándose y todo eso…”

      Estaba sorprendido. Y complacido también. <En la nave Skrit Na, donde encontré el Mustang, también encontré imágenes de la Tierra. Lucía muy hermosa. Maravillosa, áreas deliciosas de pasto, arboles altos y corrientes de agua que burbujeaban a través de piedras. ¿Es tu casa de esa manera?>

      “Tenemos lugares así” Dijo Loren, sonriendo tristemente “Hay un lugar donde fuimos una vez, cuando era pequeña y mi padre aún seguía con nosotros. Antes de que fuese a la guerra. Es un lugar llamado Yosemite. Acampamos en una tienda. Yosemite es así”

      <¿Y se ponen pequeños cilindros blancos en su boca y sonríen por la belleza de todo?>

      “¿Pequeños cilindros blancos?” Loren se veía perpleja. Entonces comenzó a reírse en su extraña pero disfrutable risa humana. “¡Estuviste viendo anuncios de cigarrillos! Eso cilindros blancos se llaman cigarrillos. Son malos para ti, en realidad. Muy malos para ti. Te ponen enfermo.”

      <Entonces… ¿Entonces los humanos van a lugares hermosos y usan cilindros que les enferman? ¿Por qué?>

      Pero Loren estaba riendo demasiado fuerte para responder. Y pronto, incluso sin saber que era tan gracioso, yo también comencé a reír. Aunque mi risa solo podía oírse en la cabeza de Loren.

      “Entonces” Dijo ella después de un tiempo. “¿Por qué no quieres usar la cosa esa del tiempo?”

      Moví mis ojos secundarios hacia adelante y hacia atrás en un gesto de incertidumbre. <No puedes simplemente meterte con el tiempo. Dicen que es insanamente complicado. Seguro, quizás podría ir atrás, como dijo Chapman, y aplastar a los primeros Yeerks que evolucionaron. ¿Pero quién sabe cuántas cosas más puede afectar? Además, para ser honesto, supongo que estoy asustado de los Ellimistas.>

      “¿Los que?”

      <Supuestamente es la raza que creó la matriz del Tiempo. Miles y miles de años atrás. La construyeron y de repente, por lo que se sabe, desaparecieron. La raza entera de Ellimistas simplemente desapareció.>

      “¿Crees que es porque usaron la Matriz del Tiempo?”

      <Nadie sabe. Algunos dicen que los Ellimistas siguen existiendo, pero que se movieron más allá de las dimensiones tiempo-espacio normales que conocemos. Hay algunos que incluso dicen que los Ellimistas son casi todo-poderosos.> Me encogí de hombros <Por supuesto hay otros que dicen que se fueron para siempre. O que incluso nunca existieron. Ahora los padres Andalitas le cuentan a sus chicos historias sobre los Ellimistas>

      “Cuentos de hadas.”

      <¿Son las hadas seres mágicos en la mitología humana?>

      “No solo hadas. Tenemos Elfos, Leprechauns, Santa Claus, Hobbits, Hombres Lobo y Vampiros… Incluso tenemos aliens del espacio exterior. “

      A mi pesar, me reí. <Si, esos extraterrestres del espacio exterior son bastante problemáticos>

      “¿No prueba la Matriz del Tiempo que esos Ellimistas son reales?”

      <Bueno… no lo sé. Pero si los Ellimistas son reales, si realmente viven en dimensionas más allá de la nuestra, entonces tienen poderes que no podemos imaginar. Pretende… olvídalo.>

      “No, dime” urgió Loren. “A menos que tengas algo más que hacer.”

      <Ok, bueno, tu sabes que el espacio-tiempo tiene diez dimensiones. Están las dimensiones normales de arriba/abajo, izquierda/derecha y adelante/atrás. Entonces, está la cuarta dimensión, que es tiempo. Entonces, hay otras seis dimensiones, pero se curvan sobre sí mismas, por lo que no las vemos o sentimos. Todo lo que sentimos son las tres dimensiones, más el tiempo>

      Loren asintió con la cabeza. Me preguntaba que significaba ello. Pero no pidió que parase, por lo que continué.

      <Imagina si, en vez de tres dimensiones normales de espacio, solo tuviésemos dos. Imagina que fuésemos planos y no pudiésemos ir arriba o abajo, solo en otras dos direcciones. Nos llamarían Planos ¿Verdad?>

      “Como si viviésemos en una hoja de papel” Dijo Loren.

      <Exacto. Sería como si estuviésemos dibujados en una hoja de papel. Y si alguien viniese y dibujase una caja alrededor nuestro, jamás podríamos salir. Porque las líneas de la caja serían paredes. ¿Pero qué pasa si un ser tridimensional vienes? Una persona tridimensional podría levantar al Plano directo sobre la caja. El Plano no tendría idea de que está pasando, Ya que él nunca había ido arriba o abajo antes. El ni siquiera sabía que arriba y abajo existían.>

      “Estas diciendo que somos como los Planos. Excepto que estamos en tres dimensiones, no solo dos. Entonces somos como Cúbicos o algo así.”

      <Sí. Así que si viniese una criatura que existe en más dimensiones que nosotros, sería capaz de hacer cosas que para nosotros es imposible.>

      “Ellimistas. ¿Eso es lo que son?”

      <Quizás. Como dije, nadie sabe. Pero alguien construyó la Matriz del Tiempo. Alguien real. Alguien que ya no está por aquí.>

      “Wow.”

      <Así que quizás podemos usar la Matriz del Tiempo y salir en otro tiempo. O quizás desaparezcamos como les pudo pasar a los Ellimistas.>

      “O quizás solo haríamos enojar a los Ellimistas.” dijo Loren.

      <Exacto.>

      “Pero si le das la Matriz del Tiempo a tu gente ¿No la usaran de todos modos? ¿Incluso con todos los riesgos?”

      <Hace una semana, habría dicho que no. Habría dicho que los Andalitas no hacen cosas como esa. Ni siquiera en la guerra.>

      “Pero ahora… Lo que Alloran hizo en el planeta Hork-Bajir, estuvo mal ¿Verdad?”

      Le miré con mis ojos principales. <Loren, ya no sé qué está bien y que está mal. Simplemente no lo sé>

      La computadora indico que estábamos cerca del punto de translación.

      <Vamos a volver a espacio normal> Dije. <Y por cierto… si sobrevivimos a todo esto, y te devolvemos a la tierra, ¿Podrías mostrarme el lugar con el pasto, árboles y grandes cascadas?>

      “Es una cita” Dijo Loren.

      <¿Podemos también tener un Mustang?>

      Ella puso su brazo alrededor de mi cintura y me miró a los ojos con sus dos pequeños ojos azules humanos. “Cualquier cosa que quieras, Elfangor. Sólo que sin cilindros blancos.”

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 30:

      <Saliendo del espacio Zero… ahora’>

      El espacio zero es de un blanco muerto. El espacio normal es de un negro profundo, dotado de estrellas que brillan en rojo azulado, y un blanco frío y pálido, pero brillante. Pero este espacio no es como ese.

      -¡Cielos! ¡Increíble!-

      <Nunca has observado una nebulosa> Observé. Pero la verdad es que yo también estaba asombrado.

      La nebulosa era una nube de polvo tan grande que una docena de sistemas solares del tamaño de la Tierra podrían haberse perdido en él con espacio de sobra. Era como una nube raramente torcida. Una nube de purpura y naranja que parecía envolver estrellas brillantes.

      -¡Es tan hermoso!-

      <Si. Y si la Nave Espada está realmente allí afuera, esto será realmente hermoso.>

      Mire a Chapman. El yacía amordazado y atado.

      <Ahora mismo, las naves Yeerk están escuchando el transmisor que nos atribuyeron. Estarán con nosotros en muy poco tiempo. Estoy realizando un barrido a los sensores, buscando algunos buques Andalitas, pero es difícil con la nebulosa alrededor de nosotros. El polvo confunde a los sensores>.

      -¿Estamos muy lejos de la tierra?-

      <Si, según los estándares de este espacio, estamos a cientos de años luz>.

      Loren miro a través de la nebulosa. Mordió un poco sus labios con sus dientes y soltó mi cintura.

      Los humanos disfrutan del tacto. Parece extraño al principio, pero me había acostumbrado a ella.

      <Voy a intentar llamar a la Nave Espada,> Dije. Hice el enlace de telepatía con el sistema de comunicaciones. <Alguna nave Andalita en este sector, Alguna nave Andalita en este sector. Aquí Jahar.>

      Pensé que iba a tener que esperar, me asusté cuando escuche la voz del capitán Feyorn. <¡Jahar! ¡Jahar! ¡Alloran, ¿eres tú? Estamos bajo ataque. Repito. Bajo ataque. ¿Puedes tu ___>

      <Nave Espada, ¡Te pierdo! Nave Espada!> Comprobé la pantalla. Si, ¡había un reajuste en la ubicación! Marque el nuevo rumbo.

      <Loren, siéntate en el suelo. Contra la mampara. Voy a ir a propulsión máxima>

      Ella corrió y se tiro boca abajo en el suelo, justo cuando yo golpeé el quemador, pero la aceleración era apenas perceptible. El Jahar tenía unos increíblemente buenos compensadores. Pero a pesar de que la aceleración no era muy notable, la nave voló velozmente a través del espacio.

      -Elfangor, ¿Qué está pasando?-

      <No lo sé, pero estoy potenciando al máximo todas las armas.>

      A la máxima velocidad, tardó menos de 10 minutos el hecho de que seamos capaces de divisar a la gran nave Dome. Ella apareció en mi pantalla. Magnifica, imponente. Tenía el aspecto de un palo de acero brillante con una media bola, también brillante, en un extremo. Sus motores estaban apagados. En el espacio, había alrededor de una docena o más de guerreros.

      Pero lo que llamó mi atención fueron los asteroides. Ásperas rocas oscuras. La Nave Espada parecía estar en medio de un campo de asteroides, solo que era poco probable. Los asteroides orbitan a las estrellas, pero no había ninguna estrella lo suficientemente cercana como para mantener un campo de asteroides en su gravedad.

      -¡Hey! ¡Se movió!-

      <¿De qué estás hablando?> Exigí. Sonó rudo porque estaba tratando de figurarme que estaba pasando, y no creí que un humano fuese muy útil, realmente.

      -Esas rocas. Esos asteroides. ¡MIRA!, ¡míralos!-

      Posé uno de mis ojos sobre los asteroides. Entonces, en un instante, enfoque con los cuatro ojos.

      <¡Se están moviendo! ¡Están bajo un poder!>

      A medida que mirábamos, paralizados, de uno de los asteroides parecía brotar una cola, pero ¡era una nube de plasma caliente! El asteroide se giró, cambiando su curso, y disparó a uno de los guerreros de la Nave Espada.

      El guerrero disparó a máxima potencia contra el asteroide. El rayo verde atravesó el vacio. En menos de un segundo, el asteroide brilló donde había sido impactado e incrementó su velocidad.

      El guerrero comenzó a correr. Pero para mi asombro, el asteroide acelero. Se mantuvo quieto un momento, hasta que comenzó a girar, acelerando hacia…

      -Elfangor, ¡mira!-

      <¡No! ¡Es imposible! >

      Un pilar de roca viva se extendió desde el asteroide como un brazo primitivo. Este agarro al guerrero. Vi un pequeño soplo de aire, el cual salió de la nave.

      Y luego la roca simplemente creció por encima de la condenada nave. Creció rápido, imparable, hasta que en unos pocos segundos el guerrero fue completamente cubierto por la roca viviente.

      El asteroide había devorado a un guerrero.

      ©199_ K.A. Applegate

 Capítulo 31:

      -¿Qué son esas cosas?- Preguntó Loren, horrorizada.

      <No lo sé. Nunca vi, ni escuche alguna cosa como eso. Quiero decir… ¡son imposibles!>

      -Ellos viven como asteroides o algo así.-

      <Creo que eso es exactamente lo que son…Pero es imposible.>

      Mientras veía con horror, un segundo guerrero fue capturado y devorado por una roca viviente.

      <La Nave Espada está disparando de nuevo> Dije confiado. <Una cúpula de la nave contiene un destructor que podría reventar medio planeta. Van a limpiar estas cosas>

      TSEEEEEEEWWWWW!! TSEEEWWWW!!!

      Nunca antes había visto al destructor de la Nave Espada disparando. Era increíble. Los rayos de luz verde eran tan grandes como arboles. Estallaron a través del espacio y golpearon uno de los asteroides con el poder suficiente como para volar en pedazos cualquier luna.

      El asteroide se infló brillando, pero no explotó. Tampoco se desintegró. Tampoco se fundió.

      Sino que volteó.

      <Esta yendo tras la Nave Espada>

      Docenas de asteroides parecían estar como un enjambre en el espacio, siempre alrededor de la gran Nave Espada. Muy cerca, no a más de 300 millas de distancia, vi a otro guerrero girando y avanzando, intentando perder a una roca.

      <Ve al espacio Zero> Grité. <¡Lo que sean esas cosas, no pueden mantenerse en vuelo en el espacio Zero!>

      Creo que el piloto pensó lo mismo. Vi sus motores brillando como cuando se intenta dar un salto espacial. De repente, tres asteroides más se acercaron a la nave. Estos bloquearon su paso. De repente, un brazo de roca gigante golpeó directamente al guerrero.

      El piloto voló claramente, directo al espacio normal. Pateó inútilmente durante unos segundos, hasta que paró de moverse.

      -Oh, dios mío-

      <¡NO!, ¡NO!, ¡NOOO!>

      La Nave Espada disparo con todos sus destructores, dejando un destello que iluminaba el espacio con brillantes luces, pero esto no funcionó. En efecto, parecía atraer a más asteroides.

      -¡Hey!, Eso solo está atrayéndolos,- Dijo Loren, al borde del llanto. -Los motores y las armas ¡Eso los atrae!-

      <Tienes razón>. No sé qué me sorprendió más. Que los asteroides sean capaces de detectar la energía o que fuera la chica humana la que se dio cuenta.

      Golpeé el tablero de comunicaciones y me comuniqué. <Nave Espada, Nave Espada, aquí Jahar. Los asteroides son atraídos por las descargas de energía. ¡Ustedes están atrayéndolos hacia ustedes mismos!>

      No sé si mi mensaje fue recibido o no, pero justo entonces me di cuenta de que teníamos nuevos problemas. Detrás de nosotros, dos naves Yeerks se materializaron, entrando así al espacio real. A no más de quinientas millas.

      Una Nave Estanque, como una gorda y torpe araña de tres patas. Tan pronto como apareció en el espacio real, comenzaron a salir naves insecto.

      Y junto con la Nave Estanque, algo que nunca había visto antes. Era una nave negra como el azabache, así que era apenas visible. Era más pequeña que la Nave Estanque, pero mucho más grande que un caza-insecto. Lo que parecía ser el puente, se veía como un diamante con bordes duros, unida por un eje triangular largo de dos motores. Los motores eran de una extraña forma, como esas hachas de dos cabezas.

      Toda la nave se veía como una antigua arma. Un hacha de guerra. Era como un Hork-Bajir volando. Una nave espada.

      No pregunten como sabia. No creo en cosas psíquicas como otros, aunque algunos Andalitas lo hacen. Pero aún así, yo sabía quien estaba en la nave espada.

      Sentí un odio frío. El odio a esa nave negra. El odio a esa abominación que yo mismo había ayudado a crear.

      <Así que él está vivo> Susurré. <Esta vez, no tendré misericordia.>

      El espacio se estaba llenando rápidamente. Naves Yeerks, Naves Andalitas y esos mortales e imposibles asteroides. Pero los Yeerks estaban a miles de millas de mí, y yo estaba a miles de millas de la flota Andalita. Si tenía suerte, los Yeerks no serían capaces de ver la nave cúpula con sus sensores todavía.

      Y ellos ni siquiera parecían estar buscando a esos asteroides asesinos.

      El ordenador parpadeó para mostrar una comunicación entrante. Fue visual, al igual que la telepatía. La imagen que apareció en la pantalla fue la de un Andalita.

      La cara familiar de Alloran-Semitur-Corrass. Pero de esa cara familiar, provenía una maldad que no puedo describir.

      <Ah, Elfangor creo>. Dijo Sub-Visser siete <Espero que todavía tengas la matriz del tiempo . Estoy aquí para quitártela.>

      Todavía no había cambiado a mi imagen para que me viera. Tenía que pensar rápido. Agarre un destructor de mano y con mucho cuidado lo puse debajo.

      <¿Loren? Escucha, el Sub-Visser no sabe que todavía no eres un controlador. Toma esto. Mantente detrás de mí, donde pueda verte cuando aparezca en pantalla. Dame unos segundos para hablar. Luego dispara esto, pero no me pegues. ¿Ok?>

      -Lo tengo- dijo ella.

      Cambié a mi pantalla. <Así que, Sub-Visser siete. Sobreviviste… que mal.>

      <Si, sobreviví. Pero casi no lo hago. Y por cierto, ya no es sub-Visser siete. Soy el primer Yeerks en conseguir un cuerpo Andalita. Brinde mas inteligencia sobre los despliegues de inteligencia de flotas Andalitas de los que un año de espionaje podrían haber dado. Así que no es más sub-Visser. Ahora te diriges a Visser Treinta y Dos.

      <Sigues siendo una bala perdida en lo que a mí respecta. ¿Quieres la matriz del tiempo?> Pregunté. <Ven y quítamela. Te prometo…->

      TSEEEEEEEWWWW!!

      Loren disparó con el destructor a baja potencia. Me sacudí de repente, y me desplomé hacia adelante, apagando la pantalla como si hubiera sido derribado.

      Salté para ponerme en pie.

      -¿Lo quieres de nuevo?- Preguntó Loren, dejando el destructor cerca de mí.

      <No, tenla. Lo has hecho bien. Justo a tiempo. El Visser pensara que todavía eres una controladora. Debe pensar que me aturdiste. Estamos ganando poder. Esperaremos a que el sub-Visser venga hacia nosotros.

      -¿Esto va a funcionar? Preguntó Loren, ansiosa.

      <Si esto no funciona, ninguno de los dos podría ir a Yosemite> dije.

      -Haz elegido un buen momento para hacer una broma, Elfangor-

      No tuvimos que esperar mucho tiempo. La nave espada encendió sus motores y dio un salto hacia adelante. Atravesó miles de kilómetros en cuestión de segundos.

      <Ven a mí, Visser-numero-que-sea-ahora. Ven a mí.> Me dije a mi mismo.

      He orientado los destructores en dirección a la nave espada. Estaba calmado. A pesar de saber que la batalla estaba causando estragos en la Nave Espada. A pesar de la aproximación de la nave de Visser. Un disparo. Un disparo era todo lo que necesitaba. Me hubiese gustado esperar a que este encima mío. Y entonces —

      WHAPPP!

      -Ahhhh!-

      ¡Chapman! Había liberado sus piernas y pateado el pie de Loren. Ella cayó con fuerza. El destructor rodó a través del suelo.

      El humano era más lento que yo, pero él estaba más cerca. Sus manos atadas se cerraron en el destructor unos segundos antes de que lo alcance.

      TSSEEEEEEEWW!

      Disparó.

      Esquivé.

      La nave espada me encerró.

      TSSEEEEWWW!

      <¡Arrrrggghhh!> Un impacto superficial. El rayo me impacto el brazo y la pata delantera izquierda. El dolor apareció rápidamente como trozos de vidrio. Mi brazo izquierdo estaba tan entumecido como una roca. Mi pierna estaba inútil. Quería soportarlo, pero apenas podía moverme.

      -¿Cómo te gusta, Andalita? Chapman canturreo mientras se ponía de pie. Apuntó con el destructor hacia mí.

      -Oh, ¡así que! – Gritó Loren.

      Todavía tirada en el suelo, ella pateó hacia arriba. Sus pezuñas artificiales golpearon a Chapman justo en la unión de sus piernas con sus caderas.

      -OOFFF- Jadeo Chapman. Se agarró a sí mismo, todavía con el destructor en la mano.

      Creo que esa patada fue dolorosa para él.

      -Ufff- gimió Loren. Entonces, saltó de la cubierta y le dio una increíble patada, que impactó a Chapman justo en la barbilla. Su cabeza cayó de costado. Loren quitó el destructor de su mano.

      -Sabes Chapman, estás haciendo a la raza humana quedar realmente mal.- Dijo. -Me estás avergonzando.-

      -¿De qué lado estás?- gimió Chapman.

      -No del tuyo,- contestó Loren. Disparó con el destructor y Chapman se sacudió, para luego quedar inerte.

      BUUUMP! BUUUMP!

      El Jahar sufrió un lento impacto. La nave espada se había aferrado. ¡Ellos nos estaban abordando!.

      Mientras observaba, medio paralizado, la escotilla comenzaba a abrirse.

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 32:

      La escotilla abierta.

      <¡Loren! El destructor… ¡DISPARA!>

      La escotilla voló con un ¡boom!. Loren había disparado.

      TSSSEEEWWW!

      Un guerrero Hork-Bajir cayó hacia atrás. Un brazo apareció, llegando más allá del controlador que había colapsado, apuntando con un rayo-dragón.

      ¡Un brazo Andalita!

      ¡TSSSEEEEWWWW!

      El rayo dragón salió en dirección a mí. No me pudo atinar, pero sin embargo golpeó a Loren y la tiró, ya inconsciente, sobre mí. Con solo tres piernas buenas, Caí con fuerza sobre la cubierta con el brazo entumecido. Loren cayó encima de mí.

      Visser estaba dentro. ¡Había abordado el Jahar!

      Tenía una sola chance. Una. Y luego dejar que el Yeerk me mate. Levanté mi cola, cegado por el objetivo. El Visser retrocedió instintivamente, pero yo no estaba apuntando a él.

      La punta de mi cola golpeó la consola. Y oí con placer el disparo de los destructores

      ¡TSSSSSSSWWWWEEEEEWWW!

      El Jahar disparo sus destructores. A quemarropa.

      A quemarropa en el centro de la nave espada.

      <¡NOOOOO!> Gritó Visser.

      ¡KA-BOOOOOM! La nave espada se desprendió del Jahar.

      ¡FWWOOOOOSSSH! La escotilla estaba abierta al espacio. El aire entró en la nave, creando un bucle de succión. Todo aquello que no estaba atornillado voló a través de la apertura.

      El Hork-Bajir voló al espacio. El cuerpo inconsciente de Chapman se deslizo hacia la apertura. El Visser estaba noqueado.

      Pero incluso mientras yacía allí, el Yeerk apuntó su pistola de rayos dragón hacia mí. <Eres una verdadera fuente de agitación, Elfangor. Ahora, ¡muere!>

      Desesperado, lo azoté con mi cola.

      WHUMPF! Algo nos golpeó con fuerza, justo cuando el Yeerk apretaba el gatillo.

      TSSEEEEEEWWW. El rayo dragón pasó cerca mío.

      Me faltaba aire. El oxígeno se había ido y el Jahar daba vueltas a través del espacio.

      Visser golpeó contra las paredes bruscamente, ya que la nave estaba girando salvajemente. El cuerpo de Loren se movió hacia la escotilla, pero ahora los dispositivos automáticos de la nave estaban cerrando la escotilla.

      Giramos, y a través de la escotilla pude ver flashes de guerreros Andalita siendo cubiertos por rocas vivientes. Una nave insecto estaba a punto de sufrir el mismo destino.

      Vi, en un salvaje giro, como la nave espada tenía un gran corte causado por un disparo.

      Y entonces. . . viniendo hacia nosotros… un asteroide.

      FFWWWWUUMMMPPP!

      El asteroide cubrió a la pobre y moribunda Jahar. Destellos por todos lados. Me lancé sin poder hacer nada. Vi la ventana siendo cubierta por oscuridad. Media cubierta ahora. MEDIA NAVE CUBIERTA DE ROCA VIVIENTE.

      ¡El asteroide nos tenía!

      Me golpeé violentamente por la aceleración a medida que el asteroide salía del campo de batalla.

      Los compensadores estaban apagados. La nave estaba muerta. Medio desmayado por la falta de aire, tambaleé hacia arriba. La lucha contra la fuerza insana de aceleración.

      ¡AIRE! ¡NECESITABAMOS AIRE!

      La unidad de energía de emergencia ambiental debería encenderse, pero el poder de la nave había muerto, drenada por el asteroide que se alimentaba de la energía.

      ¡AIRE!

      Mis pulmones gritaron. Mis corazones martilleaban con locura, haciendo circular la sangre inútilmente. Los tanques de emergencia manual… tenía que hacer… te…

      Pero quizás no importaba. . . . Quizas era inútil pelear. Arbron … Se había ido. Alloran … Pero aún. Cosas terribles, visiones terribles…

      Deja terminar todo. Estaba bien sin aire. Bien que mis pulmones se vacién y no sentir nada. Estaba hundiéndome, abajo, abajo, abajo.

      No había porque preocuparse. Nada de que estar asustado. Dejalo terminar, Elfangor.

      Solo déjalo terminar.

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n d

capítulo 33:

      ¡AIRE!

      Mis pulmones se quemaban. Mis corazones latían desesperadamente. Mi mente se perdía por la falta de oxigeno. Como si se hubiera desvanecido, y un cansancio mortal tomó el lugar del terror.

      La gravedad artificial de la nave se había ido. Flotaba, sin peso, lejos del suelo. La nave rodaba salvajemente.

      ¿Por qué debería preocuparme? ¿Por qué debería resistir? ¿Por qué no dejar solamente que el Jahar caiga dentro del hoyo negro monstruoso?

      Mi vida era un desastre. Falle de muchas maneras. . . Fallé al intentar salvar a Arbron de ser atrapado por siempre en un cuerpo Taxxonita. Fallé al intentar parar al Yeerk llamado Visser treinta y dos de robar el cuerpo de mi príncipe, Alloran-Semitur-Corrass. Falle al intentar ayudar a derrotar a los asteroides vivientes. Inclusive había fallado al intentar proteger a dos humanos.

      Y lo peor de todo, fallé al intentar llevar la matriz del tiempo a mi gente. La matriz del tiempo: Un poder más allá del imaginable.

      ¡SIN AIRE! Mi cabeza daba vueltas con pensamientos inconexos e imágenes.

      ¡SIN AIRE! En una nave… impotente, muerto, en el espacio.

      A través de una ventana todavía limpia, vi la clara nube de polvo y escombros que marcaron los accesos al agujero negro. Pero en el centro de ese remolino, ningún ojo podría ver nada. Era una estrella colapsada y tan densa que inclusive atrapaba a su propia gravedad.

      Si, Elfangor, me dijo mi moribunda mente. Déjalo terminar…

      Vi a la abominación, Visser treinta y dos, el único controlador Andalita en el universo. El único Yeerk que pudo tener el control de un cuerpo Andalita. Se desmayó por la falta de oxigeno. Se golpeó contra el suelo. Luego en el techo, casi sin fuerza.

      Cuatro piernas volando, brazos y cola enredados. Una maraña Andalita.

      Me aferré a una protuberancia del panel de control, pero a medida que la nave giraba, ya sin gravedad, sentí algo grande y suave chocar contra mí.

      Era Loren. La humana. Inconsciente. Nunca volvería a ser despertar si yo no alcanzaba el suministro de aire de emergencia.

      Y entonces se me ocurrió, durante un momento de claridad: No tenía opción. Cuando Arbron había caído en la depresión absoluta, el intentó morir y yo lo detuve, porque sin vida no hay desesperación, pero sin vida tampoco habrá esperanza alguna.

      No tenía derecho a borrar la esperanza de Loren, no importaba cual mal me sintiera.

      Busqué entre mi locura, mis pesadillas y encontré el panel que buscaba. Lo enfoqué con mis ojos principales, esforzándome en mantenerlos enfocados.-

      Pero era muy difícil. Girando, subiendo, bajando, de izquierda a derecha, y mi pobre cerebro privado de oxigeno, casi muriendo.

      TENÍA que encontrar ese panel.

      Solo había una chance. Solo una. No tendría tiempo para otra oportunidad. Apunté y me balanceé a través de la cabina. ¡Falle!. Intenté de nuevo y la agarré, pero rápidamente me solté.

      De repente, una mano se me acercó y me empujó hacia el panel. ¡Una mano humana! ¡Imposible!. Loren había recuperado la consciencia. Había visto lo que intentaba hacer. Me impulsó hacia el panel. Esta vez llegué y lo agarré. Me aferré al panel y giré la perilla de liberación mecánica.

      No puedes ver el aire, claro. No puedes realmente sentirlo en tu cara la mayoría del tiempo. Pero cuando está, te enteras.

      Mis pulmones aspiraron, pero no sintieron nada. ¡NADA!. Aspiré de nuevo y esta vez, en efecto, se llenaron de aire.

      Aspire de nuevo y un ligero <¡Aaahhh!> escapó de mi mente.

      Respire hondo luego de una profunda respiración. Dolía, pero no era un dolor como cualquiera.

      Me aferré al panel. Mis pezuñas flotaban, al igual que mi cola. Y por un único momento, sólo respiraba y agradecí al universo por dejarme sentir el aire entrando a mis pulmones de nuevo.

      -¿Estás bien?- Le pregunté a Loren.

      Ella sonrió como lo hacen los humanos, con esa característica alzadura de los bordes de los labios. Era una pequeña, pero satisfactoria sonrisa. Me sentía complacido de verla.

      -Pensé que habíamos sido acabados- dijo.

      <¿Sido acabados? Ah. Muertos. Si, casi lo estuvimos. Pero los humanos nunca se rinden fácilmente, ¿o no?>

      -Ninguno de nosotros- dijo. -¿Ahora qué?-

      Analicé la situación. El Visser parecía estar recuperando la consciencia. El otro humano, Chapman, estaba todavía inconsciente, apretujado en la pared del fondo, como una muñeca de trapo.

      <Bien, tenemos aire, pero no poder. Los asteroides brillantes drenaron el poder de la nave. Estamos siendo atrapados por un agujero negro.>

      -Oh, eso no es bueno- dijo.

      <Si entramos al agujero negro seríamos aplastados hasta tener el tamaño de un átomo de carbono. La nave, completa, convertida en un átomo.>

      -Si, aprendimos sobre agujeros negros en el colegio.- Me sorprendió que los humanos sepan esas cosas.

      <Hay una única manera, Andalita.>

      Visser treinta y dos. El sonido de su voz telepática en mi cabeza me llenó de furia. Sonaba exactamente como Alloran. Pero yo sabía que la mente de Alloran era prisionera de sí misma. El puede escuchar, ver, sentir, pero no controlar.

      El Yeerk en su cerebro era ahora el que controlaba. El Yeerk movía sus piernas, brazos y cola. El Yeerk decidía cuando la respiración podía ser fingida. El Yeerk dirigió sus ojos y formó su pensamiento-imagen.

      Me volví para mirarlo. No tenía idea de quien ganaría en una pelea de cola. El tenía la experiencia de Alloran. Pero nunca había visto que yo era más rápido que Alloran.

      <No seas un idiota, Elfangor,> Se burló Visser. <¿Qué ganaremos raspándonos con estas colas?>

      <¿Tienes una mejor idea? > Pregunté. <Porque puedo pensar muchas buenas razones para pelear cola-a-cola contigo.>

      Visser rio. <¿Me estás culpando por tus propios errores? Yo no soy el que dejó a su amigo atrapado en el mundo Taxxonita, atrapado en ese horrible cuerpo de gusano No soy quien desobedeció las órdenes de su príncipe y dejó escapar a diez mil Yeerks. Un poco de desobediencia que ayudó a causar la caída del pobre Alloran.>

      No quería hacerle caso a sus palabras. Pero era verdad. Y es difícil ignorar la verdad. Tenía razón en lo que me decía.

      <¿Tienes algo que decir, Yeerk?>

      <Si, estamos cayendo directamente en un agujero negro en una nave inutilizable. Pero tenemos una manera para evitarlo. La matriz del tiempo.>

      Lo miré fijamente con mis ojos antena, pero mis ojos principales seguían enfocados en Loren. Sonará extraño, pero ella me daba cierta esperanza.

      <En caso de que no lo hayas notado, Visser, la matriz del tiempo está fuera de la nave. En el exterior. De hecho, probablemente esté a la deriva.>

      <Gravedad,> Dijo el Yeerk. <No hay nada de gravedad allí afuera.>

      Hice los cálculos con mi cabeza. Tenía razón. La matriz del tiempo todavía debía mantenerse allí afuera.

      <¿Cómo piensas conseguirlo?> Pregunté.

      <Tendremos que trabajar juntos, Andalita. Y rápidamente.>

      ©199_ K.A. Applegate

      20

Capítulo 34:

      <¿Trabajar juntos?>

      <Uno de nosotros tiene que salir afuera, atado con una soga o cable. Alguien tiene que sostener esa cuerda. Y alguien más tiene que estar al final de esa soga.>

      <¿Y hacer que? ¿Tirar la matriz del tiempo a través de la escotilla? Eso implicaría perder todo el aire de nuevo. No tenemos mas campos de fuerza.>

      <Si. Es de vida o muerte,> Dijo Visser. <Podemos usar las mascarillas de emergencia durante cinco minutos.>

      Lo miré fijamente. <¿Qué mascarillas? ¿De aire?>

      <Te olvidas que controlo a Alloran. Y esta era su nave. Conozco todos los secretos de esta nave. Hay una pequeña reserva de suministros de emergencia. Alloran los guardaba paran una ocasión como esta.>

      Pensé en eso por unos segundos. Se me hacía enfermo cooperar con un Yeerk. Pero, ¿Qué otra alternativa tenia?

      <Estas son mis condiciones: Yo saldré afuera. Tu sostén la cuerda.>

      El Yeerk rió. <Y cuando tengas la matriz, la activaras y desapareceras, dejándome a la deriva.>

      <No. no puedo dejar a Loren… quiero decir, los humanos. Busca en la mente de Alloran. El sabe. Verás que es verdad.>

      Visser treinta y dos lo consideró un momento. <Si, se ve que estás en lo cierto. Alloran piensa que has desarrollado unos patéticos sentimientos hacia esa humana hembra. Pero en caso de que decidas traicionarme, recuerda que tengo mi cola y que estos humanos se quedarán conmigo. Puedo terminar con tu amiga lentamente mientras vamos al agujero negro.>

      Se tomó unos minutos para poder sacar suficiente cable de la sala de mandos. A pesar de que yo no pesaba casi nada, tenía la masa suficiente como para partir un hilo tan pequeño.

      Fiel a su declaración, Visser treinta y dos consiguió las mascarillas de aire. Eran modelos simples, pero eficaces. Básicamente, no eran mas que bolsas de plástico que se deslizaban en la cabeza y se ataban en el cuello. Había una pequeña botella de oxigeno y otros gases, además de ingredientes que no conocía pero que mantendrían a salvo mi cuerpo de la despresurización en el vacío del espacio.

      Pero después de 5 minutos el aire se acabaría. El oxígeno dentro de mi cuerpo se expandiría, reventando cada vaso, cada vena, explotando mis ojos. Una muerte dolorosa.

      No había explicado esos detalles a Loren.

      Até la mascarilla en su lugar y lo mismo hice con la de Loren. Até también una en el inconsciente Chapman. Luego, cuidadosamente, até el cable a mi cola.

      <¿Preparado?> Me preguntó Visser.

      <Estoy listo,> Dije. <Sólo preocúpate por ti mismo, Yeerk.>

      Visser se rió. <Alloran tiene mucha razón en cuanto a ti. Eres un arrogante, pequeño y débil idiota.>

      <¿Loren?> Dije. <Vamos a abrir la escotilla. El aire saldrá fuera pero lo hará mas lento que antes. Sin embargo, manten tu ojo en tu compañero humano. No queremos que sea succionado al espacio.>

      -¿No queremos?- Preguntó Loren.

      La miré, perplejo.

      -Sarcasmo- explicó. -un tipo de humor-

      Me habría reído, pero estaba demasiado asustado. Baje la mascarilla y llene mis pulmones de oxígeno con aire de la cabina. Luego, acomodé la mascarilla, destape el oxigeno y asentí a visser treinta y dos.

      La compuerta comenzó a abrirse. Todo lo que había sido aspirado, ya estaba afuera así que no pasó mucho. Pero el frío. Era tal el frío que NADIE se lo podría imaginar.

      Me quede en la puerta y miré hacia afuera. Debajo de mí, a una distancia enorme, había un remolino de polvo tan grande como el mismo agujero. Una estrella estaba siendo devorada. Siendo drenada por un agujero negro.

      Tenía la esperanza de que no haya habido planetas alrededor de esa estrella. Esperaba que especies inteligentes no hayan tenido ese destino, siendo devorados por una extraña deformación del universo.

      Me vi a mi mismo, cayendo libremente. Cayendo y cayendo dentro del gran monstruo negro. Agité mi cabeza para apartar esa imagen.

      <Enfocate, Elfangor,> Me susurré a mi mismo. <Preocupate por el agujero negro si fallas. No todavía>.

      Miré hacia atrás, a través del eje del Jahar. Su forma de óvalo alargado y tres motores. Un maravilloso pico largo, destructor, el cual todavía se veía muy potente.

      La nave giró en el espacio. Comenzó a girar y girar en un circuito oscilante. Era desorientador. Inclusive para alguien que había pasado todo el entrenamiento para cosas como esas.

      Busque de nuevo la matriz a través de la nave. Pero no estaba. ¿Se había desviado por completo? ¿Había sido agarrada por uno de los asteroides vivientes?

      Me estabilicé como pude. Salí al espacio. Me acomodé para contrarrestar la fuerza de la nave al girar. Consegui que empiece a girar lentamente. Allí, en un costado de la nave, como una luna asomandose en un planeta, estaba la matriz.

      <¡La veo!> Reporté. <Se encajó en las torres de alta tensión de el motor. Ire tras ella.>

      Si nunca te has intentado mover en gravedad cero, no tendras idea de lo difícil que es. Flotas sin ningún peso, sin subir ni bajar. Nada contra lo que empujarte. Si el cable se cortara, flotaría para siempre a poca distancia de la nave, pero sin embargo jamás podría alcanzarla.

      Pero yo había sido muy bien entrenado en cuanto a los movimientos sin gravedad. Tiré levemente del cable con la cola, enviándome alrededor de la nave. Me aleje cuidadosamente y aproveche para poner dos pezuñas sobre el casco. Lo suficiente para cambiar mi dirección.

      Floté hacia los motores. La matríz seguía allí como un huevo de un ave de proporciones gigantes. Encajaba ajustadamente en el hueco formada por la pila de motores.

      Estuve a la deriva, acercándome cada vez más a ella. Extendí la mano, entumecida por el frío. ¡La toque! La toque y me detuve con ímpetu. Con cuidado, para que no rebotara en mi mano y se alejara.

      Mis manos frías tocaron su superficie. Era dura y lisa. Y de alguna manera, la matriz parecía calentarme. Sentí el calor a través de mis dedos rígidos, corriendo hasta mis torpes brazos.

      Ahora, ¿Cómo podría volver a la escotilla? Me pregunté.

      Era demasiado grande la distancia que nos separaba. Tenía que diseñar una honda. Y tenía exactamente tres minutos para volver. Tres minutos, antes de que todos nosotros –Visser, Loren, Chapman y yo- quedásemos a la deriva.

      Trabaje rápidamente, cortando el cable de mi cola, formando así dos hondas. No era mucho. No era seguro. Pero era todo lo que podía hacer.

      <Okay,> Dije. <Tira>.

      Visser estiró, y lentamente la matríz y yo comenzamos a movernos hacia la escotilla.

      Va a funcionar, me dije a mi mismo. Tiene que funcionar. Vamos a usar la Matriz del tiempo.

      Los primeros seres vivos que han utilizado la máquina del terror por miles y miles de años.

capítulo 35:

      Apretamos la matriz del tiempo contra la escotilla, con el aire escapándose.

      Una vez más dentro del Jahar. Pude ver el sufrimiento que Loren había soportado. El coctel de gases había sido creado para los cuerpos Andalitas, no para humanos. La descompresión la hería gradualmente. Apenas podía mantenerse en pie.

      Visser, sin embargo, seguía parado. O flotaba.

      <Muy bien, Andalita> Dijo. <Treinta segundos restantes para activar esta cosa.>

      <Adelante, Yeerk> Me burlé. <Haz tu movimiento.>

      Vi la frialdad en sus ojos. Más fríos que el espacio inclusive. Supe que había acertado. Tenía la intención de eliminarme. Un impacto de la cola Andalita podía llevarme al fin.

      Pero estaba preparado y él lo sabía. ¿Quién de nosotros ganaría en una pelea cola-con-cola en gravedad cero? El no sabía y yo tampoco. No había tiempo para errores.

      ¿Cómo se puede prender esta cosa? Me pregunte, mirando el globo medio metido en la escotilla. No hay instrumentos o paneles visibles. Debe ser manejado mediante una interfaz psíquica.

      Loren movió sus labios queriendo hablar. Pero no la pude escuchar. Vi a través de la mascarilla de plástico sus labios. Se estaban tornando azul. Sus ojos flaquearon.

      <Tacto> dije. <La matriz responde al tacto. Creo que si la tocamos y formamos un vínculo mental, podríamos___>

      Visser se movió. No para atacar, si no que para presionar la matriz con su mano. ¡Estaba intentando ganar el control antes que yo!

      Apoye mi mano en la matriz y pensé desesperado, intentando recordar alguna conexión.

      Lo que pasó después, es imposible de describir. E imposible de entender si uno nunca lo presencio.

      Al tocar la matriz, buscando ALGO en mi mente, el universo entero simplemente se abrió. Se abrió como un pedazo de fruta, el cual había sido recortado cuidadosamente en segmentos. Pero eso no era ni una millonésima parte del total.

      Todo cambió. ¡TODO! La nave que me rodeaba, el familiar Jahar dejó de ser una nave, si no que era una increíble variedad de fragmentos.

      Todo fue torcido hacia dentro y fuera. Cada pieza conectada a otra de una forma tan increíble que ninguna mente racional podría darle sentido.

      Y de cada pieza, se extendían líneas que daban vueltas, volvían y se extendían a través del espacio. Conectándome de nuevo con el mundo Taxxonita. Conectándome de nuevo a la Nave Espada. Conectándome a un millar de otros lugares. Lo más increíble era que yo podía verlos todos. Era como si esos lugares estuviesen aquí y a la vez a millones de kilómetros.

      Pero las líneas de dentro de la nave fueron tenues, comparadas con el espectáculo de los cuerpos vivos de alrededor mío. Vi el cuerpo de Alloran abriéndose, apartándose, transparente. Acomodado de tal manera que cada parte podía ser vista desde cualquier sitio. Vi los corazones, latiendo. Vi los músculos de la cola. Vi la manera en la que los ojos estaban enganchados al cerebro y no solo desde fuera, sino que también desde dentro.

      Y para mi horror, vi a la babosa Yeerk. Estaba estirada, atrapando completamente el cerebro de Alloran. Hundiéndose en cada hendidura, en cada arruga. Se extendía completamente en los cuatro segmentos. Podía, literalmente, ver el flujo de emociones y pensamientos. Vi dentro de la babosa que era Visser treinta y dos. Vi la manera en la que el Yeerk enviaba órdenes al cerebro de Alloran. Vi su furia mientras estaba indefenso bajo las garras del Yeerk.

      Se lo increíble que es de comprender esto. Pero vi a través, sobre y dentro al mismo tiempo. Vi la historia del Yeerk. Vi la historia del Andalita, su pasado. Y vi cuando estas dos líneas se juntaron, para formar una sola.

      Vi flashes del pasado de Alloran. Vi el terrible momento en el que Alloran se puso de pie en medio de la masacre, dentro del campo de batalla en el planeta de los Hork-Bajir. Pude observar la tierra con Andalitas y hork-bajires muertos.

      Pude ver la decisión de Alloran al liberar al virus Quantum.

      Sentí su amargura cuando se dio cuenta de que ni siquiera esa medida había funcionado, y los Hork-Bajir habían caído ante los Yeerks, también el retrato de los Andalitas forzados a una retirada.

      Casi me ahogo con ese asalto de información. Era como si los datos de todas las computadoras se hubieran enchufado directamente en mi cerebro.

      Inclusive vi la línea del tiempo del agujero negro. Vi como se formo desde la explosión del universo, lo vi condensarse y quemarse junto con una gran estrella. Lo vi colapsar, cavando un gran hoyo en el espacio.

      Pero entonces, en medio de todo el enjambre de información, entre todos los interiores y exteriores, todos los pasados y todas las conexiones, sentí la intención de Visser Treinta y dos.

      Sentí que agarro la matriz del tiempo. Y sentí que esta le “respondió”. En el cerebro del Visser, vi la imagen del mundo de los Yeerks. La imagen estaba bien formada, clara y detallada.

      Vi las piletas donde los Yeerks nacían. También sentí los rayos kandrona impactando bajo el extraño sol del planeta.

      ¡Estaba dirigiendo la matriz hacia allí! ¡Diciéndole que lo llevara allí, a su planeta natal!

      ¡NO!

      Enfoque mi voluntad, y en el universo tan extraño en el que habitaba, vi mi cerebro vivo trabajando en concentrarse en mi planeta.

      Tenía que tomar el control de la matriz. Tenía que luchar, resistir ante Visser. Arme una imagen mental de mi planeta en mi cabeza, pero era confuso. Vi la parte del mundo Andalita donde había nacido. Los árboles, el césped, el cielo… pero mezclado con las imágenes de los otros. Los vi flotando en mi cerebro.

      Los vi en figuras tridimensionales mirando un universo tan plano y extraño como este universo multidimensional.

      Vi mi mundo Andalita, pero mezclado con imágenes de la tierra – las fotos que había visto.

      A lo lejos, me di cuenta de que podía ver mi propio cuerpo comenzando a congelarse. Los sistemas fueron apagándose. Pude ver los dedos que habían sido congelados. Pude ver una cola que colgaba inerte. Toda la tensión se había ido. Mis corazones latían con lentitud.

      Estaba viendo mi propio cuerpo muerto. Me estaba debilitando. Visser también había sido tomado por el frío. Los sistemas estaban cayendo, pero el Yeerk dentro de la cabeza de Alloran todavía estaba alerta y fuerte.

      Lentamente el balance lo comenzó a afectar. Las imágenes eran sobre el mundo Yeerk. Cada vez llegaban más y más. Estaba perdiendo. Estaba cayendo y el frío me arrojaba al suelo en mi mente.

      Y entonces… una nueva mente. Alienígena, pero familiar. Vi al Yeerk alarmado y sorprendido. Esta nueva mente… era más fuerte de lo que esperé.

      ¡LOREN!

      Vi encima y a través de ella. Vi sus pensamientos. Vi como ponía en raya los pensamientos de Visser. No derrotándolo, pero lo mantenía allí.

      Algo más había cambiado. El agujero negro estaba más lejos ahora. El Jahar todavía podía verlo, pero este estaba lejos.

      ¡NOS MOVÍAMOS! La matriz del tiempo había sido programada y nosotros estábamos moviéndonos a través del tiempo.

      El último recuerdo que tengo, antes de que el frío colapse mi conciencia, era de alguien realmente grande e increíble.

      Un ser como ninguna persona hubiese podido imaginar. Me vio. Nos vio a todos nosotros.

      Y se rio.

Capítulo 36:

      Me desperté con esa risa aún rondando en mi cabeza.

      Abrí mis ojos principales y para mi sorpresa, estaba de pie. Abrí mis ojos antena y mire alrededor, en todas las direcciones.

      Arboles. Pasto. Un arroyo cercano. Una suave briza.

      <¿Casa? ¿Estoy en casa?>

      Me quede mirando un árbol Therant. El tronco. Las ramas. Las vides. ¡IMPOSIBLE!. ¡Era Hala Fala! El más viejo de los arboles Therant. Estaba cerca de mi casa. Mi padre me había mostrado este árbol cuando era pequeño. Era mi Garibah. Mi árbol guía.

      Apoye mis pezuñas en el pasto, tomando unas muestras. ¡SI! Era la hierba que había crecido en el patio de mi casa.

      <¿Cómo llegué aquí?> Me pregunte.

      Extendí los brazos, abrí las manos y las puse en la corteza lisa de Hala Fala. Y oí la “voz” del árbol. Simple y poderosa.

      Este no hablaba con palabras, claro. Solo un puñado de árboles lo hacía. Pero a veces les llevaba una hora inclusive decir una única palabra. Pero Hala Fala me habló de la manera en la que siempre lo hacía, haciéndome saber que sentía mi presencia.

      <Estoy en casa,> Le susurré a Hala Fala.

      Y luego, después de todo lo que había pasado, me vine abajo. Lloré. Lloré. Le dije a mi árbol guía todo en un arrebato de emoción inconexo. Por supuesto, ni siquiera un Garibah puede entender las historias de los viajes espaciales, de los extranjeros, de las guerras y las decisiones terribles.

      Pero podría escuchar mi vergüenza. Se podía oír la desesperación del pobre, pobre y condenado Arbron. Podía oír mis gritos de dolor por todo lo que había visto. Se oyó mi miedo.

      El Garibah no podía cambiar lo que había pasado. Tampoco me podía decir que había sido perdonado, ni que todo estaría bien ahora. Yo conocía el ritual del perdón. <Hice bien todo lo que pude haber hecho bien. Aprendí todo lo que pude haber aprendido. Juro no repetir nunca mi error, y ahora, clamo por el perdón.>

      Pero no había hecho bien todo lo que podía. No había aprendido a reconocer mis errores. No estaba preparado para no volver a cometer ESOS errores. Para ser perdonado, todavía me quedaba un largo camino por recorrer.

      Pero el Garibah, el árbol llamado Hala Fala, me escucho, oyó mi vergüenza y mi rabia. Y eso me ayudó.

      Mi llanto calmó. Llevé mis manos lejos de la corteza del árbol.

      Camine alejándome lentamente, la hierba crujía a mis pies e intenté, con mi mente exhausta, darle sentido a lo que había pasado.

      Claramente usé la matriz del tiempo para llevarme a casa a través del espacio y tiempo. Sin experimentar ningún paso del tiempo, estaba en casa. Pero ¿Cuándo? ¿Estaba a miles de años? ¿A cientos? El Garibah ha estado vivo por siete mil años. Podría estar en cualquier época.

      Me recordé intentando usar la matriz del tiempo. Y supongo que había tenido éxito. Todos esos árboles, toda esa hierba exuberante, el ave Kafit que sobrevoló mi cabeza, los pequeños Hoobers que saltaban en tentáculos y me observaban con sus ojos cómicamente saltones, todo esto era casa. Mi casa.

      Y pasando ese rio, luego de esa subida, podría ver mi casa. ¡Justo allí! Rompí a correr. Salté el rio, como siempre lo hice, y rápidamente llegué a mi casa. No me importaba lo que cualquiera diría. No me importaba. Quería ver a mi familia. Quería sentarme de nuevo en la hierba del patio y jugar con mis juguetes. Ser un niño de nuevo.

      Corrí, rápido, y si, ¡todo me era familiar! Todos los arboles estaban donde deberían estar. Corrí hacia la cima de la subida, listo para mirar y poder divisar nuestra casa con forma de cuchara, ovalada y —

      Me detuve.

      Allí estaba: La paleta. El cuenco escavado en la tierra por mis tátara-tátara-abuelos. Plantaron toda la variedad de las más deliciosas flores y hierbas. Y allí estaba la casa de campo, el toldo azul que cubría el lado del sur de la paleta y mantenía nuestras cosas fuera de la lluvia.

      Pero justo detrás de la paleta, en un lugar que no reconocí, había una cascada.

      Era una cascada increíble. Caía a cientos de metros desde el borde de un acantilado. Un acantilado que simplemente estaba allí. No había montañas en ambos lados. Sólo un acantilado que se elevaba muy superior a la hierba.

      Sentí un malestar enfermizo en mi estomago.

      Estaba viendo algo que nunca había visto antes. Era algo que Loren había llamado “anuncio de cigarrillos”. Pero en un lugar en que no debía estar. Violaba las leyes de la física.

      Esta no era casa.

      Aparté mi mirada de la cascada imposible, y miré alrededor. Desde lo alto de la subida podía ver hasta muy lejos.

      Lo que vi fue imposible sobre lo imposible.

      Pero lo que enfoque primero fue el cielo.

      Era un rojo intenso y dorado, como el rojo y el oro de mi propio mundo. También era de color azul claro, con tenues nubes blancas. Y era verde.

      Lo que se extendía sobre mi cabeza era un cielo roto en pedazos. Aquí, un trozo de cielo Andalita. De un azul más claro. Y más allá, de un verde sorprendente desgarrado por voltios de electricidad. Las nubes flotaban en segmentos y desaparecían cuando el cielo se fragmentaba, pasando de color verde brilloso a azul, o viceversa.

      Nunca supe cómo se veía el cielo de la tierra, pero ahora podía saberlo. Era de un azul pálido, con blancas nubes esponjosas.

      Nunca había conocido el cielo del planeta Yeerk, pero ahora, pude hacerlo también. Era verde y desgarrado por rayos de electricidad.

      <¿Qué hemos hecho?> Me pregunté.

      Y recordé la risa de aquel tan extraño ser.

      

Capítulo 37:

      Estaba asombrado, intentando darle sentido a un mundo que no lo tenía.

      Algunas partes eran familiares, pero otras eran extrañas.

      Mi casa estaba allí. Justo donde debía estar. Pero no había nada ni nadie alrededor. Ningún otro Andalita. Ni mi padre ni mi madre.

      <¿Por qué? ¿Dónde estaba? Si este no era mi planeta, ¿Qué era?> Me pregunté.

      Estuve dando vueltas por el bosque a través de campos abiertos que me eran familiares. Pero entonces, a través de un campo que había conocido toda mi vida, encontré una clara línea dibujada. Las hierbas de la casa se detuvieron abruptamente.

      Y del otro lado, todo se había tornado marrón y de un gris fangoso. También de un rojo tan oscuro que se veía como negro.

      De un lado, mi propio mundo. Tal como lo recordaba. Pero del otro, salvaje, alto, hierba de punta y arboles que se elevaban a un pie de altura antes de extenderse por 40 o 50 pies de largo, de manera horizontal, si es que a eso se lo podía llamar -árbol-.

      Me sorprendió algo que salió del suelo con un suave ¡Shloop! Tenía una lengua como la de un Taxxonita. Estaba a tres metros de largo y de color rojo oscuro, se disparó desde un agujero en el suelo. Parecía lamer el aire en un patrón circular lento, como si estuviera buscando a tientas algo. Luego, al cabo de unos segundos, ¡SHLOOP!, de nuevo en el suelo.

      A unos metros de distancia, otra cosa rara. Esta vez, la bestia caminaba en el pasto, de manera encorvada. La bestia tenía cuatro piernas gruesas en la parte posterior y dos más torneadas hacia adelante. Su cabeza era irreconocible.

      Esta criatura torpe vagó hacia adelante en dirección a la bestia que estaba en el suelo y de pronto, rápido como una cola, la criatura extendió una mano y se enrollo a las piernas de la bestia. La bestia soltó un gemido, aunque cuando este sonido salió, ya parecía no tener cabeza. Fue un misterio para mí.

      La criatura arrastró a la bestia a su agujero, pero no pudo succionarlo hacia dentro, así que simplemente lo mantuvo como prisionero cuando la bestia gimió.

      El cielo estaba tan oscuro y desconcertante, era de un verde sucio y veteado, con relámpagos silenciosos. Se veía totalmente como los de las historias que los padres Andalita cuentan a sus niños pequeños.

      Sentí un revoltijo enfermizo dentro de mí. Nunca había estado en el mundo Yeerk, claro. Pero ya estaba empezando a adivinar lo que había sucedido. Y estaba seguro de que este vil, maldito y desolado pasaje de tierra era el planeta natal de los Yeerks.

      O por lo menos, el mundo que Visser Treinta y Dos vio.

      <La matriz del tiempo. ¿¡Donde está la matriz del tiempo!?> Me pregunté. Esta era la llave. La matriz había causado todo esto. La matriz había creado este lugar raro sin lógica o razón. Y solo la matriz podría sacarme de aquí.

      <Loren. ¿Dónde está?>

      Mire hacia el cielo y vi las manchas de azul ligero, azul pálido. El azul del cielo de la tierra. Ella debía estar en uno de esos pedazos azules. Estaba seguro de eso.

      Pero…¿En qué pedazo?

      La cascada. Ese era el lugar para empezar. Era la cosa más alta alrededor.

      Aparte mi visión del despreciable pedazo de tierra Yeerk y corrí de vuelta a lo que era mi casa. Era difícil apreciar un lugar que se me hacía familiar y que no sea realmente lo que parecía.

      ¡Visser treinta y dos! Me di cuenta de repente. Si él estaba aquí, tal vez incluso Loren estaba allí. En algún lado. Lo mismo con Visser. Podría ser en los confines de su mundo Yeerk, ¡pero puede que no!

      Si pudiera ir en busca de Loren, el también podía. Y si la encontraba primero…

      Vi el acantilado imponente del que caía la cascada y corrí hacia él, desesperado por encontrar a Loren. Corrí a toda máquina. Mientras corría, comí. Se sentía tan bien. Cualquier otra cosa podría ser extraña e irreal, pero la hierba era buena y familiar. Y a medida que corría, sentía cada vez más fuertes a mis piernas.

      Llegué a la piscina, donde el agua chocaba dejando espuma blanca. Mientras me acercaba, vi que los arboles de alrededor de la piscina se dividían en tres diferentes secciones. Los árboles familiares Andalitas llenaban un tercio más o menos. Y diferentes, pero aún encantadores, árboles y césped verde, cubriendo otro tercio. Por último, los tristes, oscuros arboles Yeerk.

      Era imposible, por supuesto. Pero todavía estaba de pie, bajo esa imponente cascada, sintiendo el rocío en mi cara, también era hermoso.

      -¡ELFANGOR!-

      Giré mis ojos antena y la vi. El alivio me inundo.

      <¡LOREN!, ¡ESTAS AQUÍ!>

      -Sí. Estoy aquí. Pero… ¿Dónde es AQUÍ?-

      <Espera. Voy a por ti.>

      Fui hacia ella, apartando de mi camino los árboles y arbustos. Ella vino corriendo hacia mí, hecho sus fuertes brazos de humano alrededor de mis hombros y, a pesar de que tocar sea una cosa más humana que Andalita, no se sintió tan mal.

      -Hombre, pensé que estaba sola aquí- Dijo Loren.

      <No. Yo estoy aquí.>

      -Me hubiese gustado que sea la tierra, pero solo mira al cielo. Está dividido. Y algunas de esas divisiones son muy raras.-

      Me di cuenta de que sostenía mi mano, y luego de un segundo o dos, pensé que debería hacer lo mismo.

      <¿Has visto alrededor?>

      Ella ladeó su cabeza. Es la forma de decir que no para los humanos.

      -Me levante por allí, a unos pocos pies de las maderas. Elfangor, esta área es exactamente igual al patio trasero de mi casa. Este es el parque donde jugaba softball.-

      <Sí. Esto debería ser familiar para ti. Además hay otros lugares que podrían parecerte familiares. Lugares que conoces. Tal vez podemos echar un vistazo, ahora que estamos juntos.>

      Ella inclinó su cabeza hacia un costado y me miro. -Todavía te preocupa, ¿verdad?-

      <Tres de nosotros entramos en contacto con la matriz del tiempo. Tú, yo, y Visser Treinta y Dos.>

      Ella torció los labios humanos en una mueca. Luego miró hacia el cielo. -Esos trozos de cielo verdes. Los causo el, ¿no? De alguna manera, nosotros creamos este lugar. Nosotros tres. Nosotros creamos esto-.

      La miré con asombro. No había manera de que conociera sobre la física de la Matriz del Tiempo. Y sin embargo, había llegado a la misma conclusión que yo tenía.

      Me reí. Tal vez Loren no entendía las físicas de la matriz de tiempo. Pero yo tampoco. Tampoco ningún Andalita. Con respecto a la matriz del tiempo, los humanos y los Andalitas éramos igual de primitivos.

      <¿Qué crees que pasó?> Le pregunté a Loren.

      Ella sonrió. -¿Me estas preguntando?- Se encogió de hombros. -Bien, esa máquina del tiempo – la matriz del tiempo o como sea que la llames – no es como un auto que tu manejas a través del tiempo. Creo que para usarla necesitas imaginar el lugar y el tiempo al que quieres ir. Creo que como los tres tuvimos distintas ideas de donde queríamos ir, este es el resultado. Mi parte, tu parte, su…

      Su parte.-

      Vi que sus ojos no me miraban. Redireccioné mis ojos antena y mire a la misma dirección que ella.

      Allí, en el otro lado de la piscina, estaba Visser Treinta y dos. La abominación.

      Pero Visser Treinta y dos no estaba solo.

Capítulo 38:

      Visser Treinta y Dos estaba en el borde del estanque, en la zona Yeerk, bajo su cielo verde.

      Y a su lado, unas criaturas que nunca había visto o imaginado. Tenían como tres pies de altura. Eran mayormente negros, amarillo sucio y manchas irregulares negras. Pero su cabeza y su espalda eran del rojo muerto de las plantas Yeerk.

      Las cabezas eran pequeñas para el cuerpo, irregulares, casi como una aguja afilada. Las bocas eran largas y estrechas. Cientos de pequeños, rojos y brillantes dientes sobresalían de manera irregular, y muy diferentes. Cada uno de distinto tamaño y forma.

      Pero lo que me pareció extraño fue que las criaturas no tenían las piernas en el sentido habitual. Tenían ruedas.

      Si, ruedas. Cuatro de ellas para ser exactos.

      Las ruedas estaban donde deberían estar las piernas. No eran perfectamente como ruedas, ya que tenían irregularidades. Pero era fácil de ver que esas ruedas eran reales. Había lodo y mugre alrededor de estas. Cuando agudice mi mirada, pude ver inclusive que estas criaturas habían dejado sus huellas en la tierra.

      -Elfangor, ¿Qué son esas cosas?-

      <No tengo idea. No puedo imaginar que rama de la evolución pudo concebir un ser con ruedas.>

      Visser Treinta y Dos hizo un gesto de desenfado con su mano. <Así que tú, joven Elfangor, nos encontramos de nuevo. Como puedes ver, traje a mis mascotas: Jarex y Larex. Y tú tienes a tu mascota también. Tu mascota humana.

      Loren me miró. Con voz suficientemente baja como para que Visser Treinta y dos no pudiera oír, ella murmuró: -Sabes, Elfangor, estoy empezando a ver por qué no le gustan los Yeerks a los Andalitas. Sea cual sea el cuerpo que pueden estar, todavía tienen las costumbres de las babosas. –

      <Bravo, pequeña criatura humana,> Se burló el Yeerk. <¿Entiendes que inclusive ahora mi gente está yendo a evaluar su primitivo mundo? ¿Entiendes que en unos pocos años, ustedes, los humanos, serán esclavos del imperio Yeerk?>

      -Blah, blah, blah- dijo Loren.

      No tenía idea sobre lo que quería decir. Visser tampoco.

      -Estás hablando mucho para ser un mísero gusano- dijo Loren. -¿Crees que te tengo miedo?-

      <Sí. Yo sé que me tienes miedo.>

      Por un momento, Loren no dijo nada, pero su labio inferior estaba temblando ligeramente. Así que se arrodilló rápidamente y sumergió su mano en el agua, y la mantuvo allí. Sostenía una roca. Acomodó su brazo hacia atrás, creando un gran ángulo, y soltó la roca en el momento preciso. La roca voló por el aire a una velocidad increíble.

      Y la puntería no era mala, tampoco.

      ¡BONK!

      <¡Aaaahh!> Gritó Visser. La roca había impactado en su cara, justo al lado de su ojo principal derecho.

      No sé quién estaba más asombrado. Si yo o Visser.

      <Que… ¿Cómo le llamas a eso?> Le pregunté.

      -¿Eso? Le decimos softball.-

      <¿Qué es el Softball?>

      -Es un juego que nosotros jugamos-

      <¿y golpean gente en la cara con rocas?>

      -No siempre.-

      Estaba impresionado por la habilidad del humano a la hora de arrojar cosas con fuerza. Estoy seguro de que los científicos Andalitas deberían estudiar a los humanos algún día. Parecen más ridículos y frágiles de lo que son.

      Visser no estaba impresionado. El estaba enojado.

      <Así que… ¡Me lanzas rocas! Tendrías que estar muy arrepentida, humana. ¡JAREX!, ¡LAREX!, ¡ATAQUEN!>

      La situación dejó de ser divertida con mucha rapidez. Las bestias gemelas volvieron sus ruedas, lentamente al principio. Pero luego cogieron velocidad.

      Yo casi no me movía, estaba tan fascinado viendo las ruedas biológicas girando de tal manera. Fue realmente increíble.

      <¿Admiras a mis mascotas, Andalita? Son una especie llamada Mortrons. Cuando era un joven teniente forme parte de un estudio a un mundo que fue destruido más tarde, cuando su sol se renovó. Pensamos que podíamos hacer de estos controladores, pero no funcionó. Sus cerebros eran demasiado simples y pequeños para nosotros. Instantáneamente me traje a dos de ellos como mascotas.>

      Mientras Visser habló (o blah, blah, blah, como dijo Loren), los Mortrons ganaron velocidad y corrieron alrededor de la circunferencia del estanque.

      Hacían un extraño ruido. Un HUF-HUF-HUF-HUF- H U F. Cada vez más rápido.

      <Tienen increíbles capacidades, mi joven amigo Elfangor. Como pronto podrás ver.>

      <¿Cuál es la preocupación, Yeerk?¿Te da miedo pelear cola-con-cola conmigo?> Me burlé. Tenía la esperanza de que si, porque no estaba muy seguro de cuál de los dos ganaría en una batalla cola con cola. Mientras tanto, estaba completamente seguro de poder hacerles frente a esos Mortrons.

      HUF-HUF-HUF-HUF-HUF

      Sus ruedas se esprintaban con fuerza, y la forma torpe de sus cuerpos se acercaba al lado humano del estanque. Me pregunte si llegarían.

      Desafortunadamente, la respuesta fue sí.

      <No te preocupes,> Dije a Loren. <Puedo manejar a esas dos criaturas.>

      HUF-HUF-HUF-HUF-SCRINK-SCHWOOOP!

      La parte inferior, la parte amarilla con las ruedas, se desprendió. La parte superior de color rojo oscuro, simplemente se levantó del cuerpo, desplegó unas alas coriáceas de las que nunca había sospechado, y ¡voló directamente hacia mí!

      -¡Elfangor!- Gritó Loren.

      <¡Hah-hah! Mata, Jarex. Mata, Larex. ¡Maten al Andalita!> Visser Treinta y Dos rio.

      El primer Motron – no sé si era Jarex o Larex – abrió su boca y mostró sus hileras de dientes desiguales pero brutalmente desagradables. Se movía a través del aire como un cohete.

      ¡Esquive hacia la izquierda y ataqué con la cuchilla de mi cola!

      ¡FWAPP!

      ¡SPLEET! FLUMP. FLUMP.

      La cuchilla de mi cola cortó el Mortron en dos trozos.

      Las dos piezas separadas cayeron al suelo con un ¡splat! Que sonó mojado.

      -Elfangor, ¡el otro!-

      El segundo Mortron utilizó la distracción proporcionada por su hermano, entonces apareció detrás mío. Una táctica que habría funcionado en la mayoría de los oponentes. Pero no en un Andalita que puede ver en todas direcciones a la vez.

      Su boca con dientes estaba a centímetros de mi cuello cuando me di cuenta.

      ¡FWAPP!

      ¡Spleet! Flump. Flump.

      Y el segundo pájaro-Mortron cayó en pedazos al suelo.

      Me sentía muy bien, hasta que vi la diversión de Visser en sus ojos.

      -Elfangor, Elfangor, mira. ¡MIRA!- Lloriqueó Loren.

      Volví mis ojos antena hacia el suelo. Con una velocidad increíble, las dos mitades de cada Mortron estaban regenerándose. Una pieza de cada uno fue creciendo para convertirse en una porción-pájaro completa de nuevo. Y el otro pedazo iba aún más lejos. Estaba creciendo en una única pieza. Había rebanado a dos Mortrons para hacer cuatro.

      <¿Estás haciendo las matemáticas en tu cabeza, Elfangor?> Me abucheó Visser. <¡Se regeneran! Corta una parte de un Mortron que esté atacando y de cada pieza saldrá todo lo que sea necesario para obtener un Mortron completo de nuevo. Es la locura asesina. ¡Les da un impulso a su enzima que hace que se regeneren ! Trata de matar a estos cuatro y tendrá

      ocho. ¡Mata a los ocho y tendrá dieciséis ! ¡Treinta y dos ! ¡Sesenta y cuatro! >

      Observé con horror los pedazos de Mortron. Crecían rápidamente. En unos pocos segundos, estarían listos para atacar de nuevo. ¡Y todo lo hiciera para destruirlos sería simplemente para hacer más de ellos!

      <Loren, No sé qué hacer. Si solo tuviera una trituradora…>

      -¿puedes dejarlos atrás?-

      <Si, puedo. ¡Pero tú no! Ellos son más rápidos que tú. Y no te dejaré aquí.>

      -No tienes que hacerlo. Tal vez… ¿Qué tan fuerte es la espalda? No importa, tiene que ser lo suficientemente fuerte. Elfangor, no te ofendas, ¿de acuerdo?-

      <¿Ofenderme por qué?>

      -Mantente quieto. Voy a intentar algo.-

      Ella se acercó y me puso una mano en la parte posterior de mi cuello. Ella puso la otra mano en mi grupa, justo en la base de la cola. Y, de repente, ella apoyó su peso sobre mí, pasó una pierna por arriba y por encima, y fue a parar a horcajadas sobre mi espalda. Se quedó allí sentada con una pierna humana colgando de cada lado de la espalda y alzó las manos entrelazadas alrededor de mi cuello.

      Volví los ojos antena alrededor y me encontré mirando directamente a los ojos azules y pequeños de la humana.

      -Ahora corre.- Dijo ella.

      <¿Contigo en mi espalda?>

      Pero incluso mientras yo estaba parado allí, asombrado, vi un Mortron completamente formado en la tierra. Luego de unos pocos segundos, lanzo su parte de pájaro hacia mí, con unos dientes increíblemente afilados. Directo a mi garganta.

      -Elfangor, no es tiempo de pensar- Gimió Loren. -¡Corre!, ¡COOOOORREEEEEEE!-

      Así que lo hice. Con la mujer en mi espalda, corrí.

      ©199_ K.A. Applegate

capítulo 39:

      Corrimos. O yo corrí, mientras Loren seguía apoyada sobre mi espalda. Rápidamente escapamos de las bestias de Visser. Esas criaturas con ruedas biológicas, suaves, pero no como pezuñas Andalitas.

      Sobre Visser, el decidió no hacernos caso. Al menos no por ahora. Pero sabía que estaría haciendo algo.

      Dejamos la -porción Andalita- de este nuevo universo y corrimos a través de ese extraño paisaje.

      El cielo se alzaba sobre nuestras cabezas de un color azul, oscureciéndose un poco.

      Las maderas se alejaron, dejando paso a un ambiente extraño, con varias cosas manufacturadas. El pasto bajo mis pezuñas se tornó más duro, de un color gris negruzco. Con rayas entrecortadas en el medio.

      <¿Qué es esto en lo que estamos?> Pregunté.

      -Es una calle- Me contestó Loren.

      <¿Y qué hace?>

      -Bien… ¿Recuerdas ese Mustang en el que condujiste en aquel mundo Taxxonita? Bueno, las calles son aquello en lo que deberían ir los Mustangs.-

      Tan pronto como lo dijo, pude ver cuán sensible que era esto. Claro. Eso era lo que los humanos llaman “autos” De la manera, según me había dicho Loren, los humanos normalmente se refieren a esas máquinas.

      De un lado de la calle, había autos frenados. Luego de los autos, había unas grandes construcciones con forma de cajas, decoradas con rectángulos de algún material transparente. Los bordes eran angulados y cubiertos con colores rojizos-naranjas o en escalas de gris oscuro.

      <¿Son esas creaciones humanas?>

      -Sí. Esas son casas. En eso vivimos-

      <¿Viven allí dentro? ¿Cómo hacen?>

      -umm… bien, supongo que tendremos que ir hacia allí. ¿Ves esa puerta frontal? esos rectángulos son la entrada a la casa, pero debes ir a través de estos.-

      <Dentro.>

      -Si, dentro.-

      <Oh, espera, ¿quieres decir que esas estructuras son huecas?

      -Claro que son huecas. Pronto veremos si por casualidad encontramos a mi madre. Luego te la presentare. La conocerás. Podrás ver mi habitación.-

      No sabía que decir a eso. Mi “casa” había estado vacía. Mi madre y mi padre no habían estado allí. Dude que la mama de Loren pudiese estar allí, pero estaba casi seguro de que no estaría.

      <No creo que esté> Le advertí.

      -Ella estará aquí- Dijo Loren forzadamente. -La próxima casa. La que tiene esas fuentes en el patio frontal.-

      Tuve la pequeña sensación de que su voz había cambiado, pero ahora tenía un tono temeroso. Lamentablemente.

      Me paré antes de su casa. Había un espacio verde, con pasto. Obviamente, los humanos hacen su propia comida en unos cuadrados donde cultivan, en el frente de su casa.

      <Debes tener una buena tierra, mira, el pasto se ve bien verde.>

      -¿Qué?- Preguntó Loren.

      Se bajó de mi espalda. Estaba seguro de que ella estaba ansiosa.

      <Te esperare aquí mientras entras a tu casa> Dije.

      -No. Ven conmigo, Elfangor. Agarra mi mano.-

      Agarre su mando y caminamos sobre cuatro cuadrados. Pregunte sobre esos cuadrados, los cuales se llamaban baldosas. Se acercó lentamente, fijándose los alrededores… ¿Por qué no podía uno cargar contra la puerta y entrar directamente?

      Con su mano libre, Loren torció una pequeña bola metálica. La puerta se abrió un poco.

      Ella tenía razón. La casa era ahuecada por dentro. En efecto, ahora podía ver que no era tan grande. Adentro, había más paredes, otras puertas. ¡Era como un laberinto!

      Las luces colgando del techo nos cubrían. Otras luces, que no eran como pelotas, también iluminaban. El suelo estaba cubierto con una suerte de pasto, pero más pálido que el pasto de verdad. Intente probar un poco con mis pezuñas, pero no pude comerlo.

      -¿Mamá?- Pregunto Loren, con una suave voz. -Estoy aquí, cariño-, respondió una voz, un poco más gruesa.

      Sentí que Loren se sorprendió. Me soltó la mano y corrió a través de un pasillo. La seguí lentamente, inseguro por mi vida. No conocía ningún ritual humano. Sabía lo que tenía que hacer si conocía a los padres de algún amigo Andalita, pero no imaginaba como saludar ante un padre humano.

      Escuche a Loren exclamar -¡Mami!-.

      Gire en la esquina de corredor y vi otra puerta con apariencia de laberinto. Esta puerta tenía cosas metálicas en una pared, toda rectangular y blanca. Los humanos parecen devotos a los rectángulos. El suelo estaba despejado allí, y resbaloso para mis pezuñas.

      Loren estaba atrapada en las garras de otro humano. Desde lejos se podía ver que era humana y también mujer, como Loren. Tenía el mismo color de pelo que Loren. Parecía adentrada en edad. A veces, los humanos tienen ojos de color azul. Solo las mujeres podían tener hijos.

      Intenté preguntarle a Loren si yo había tenido razón o no, pero la madre de Loren ya me estaba mirando con sus ojos marrones.

      -Loren, cariño, ¿No deberías presentarme a tu amigo?-

      Loren se despegó de su madre. Me miró y luego miró a su madre. -Mamá, él es Elfangor. No le temas, ¿Ok? Él es mi amigo.-

      La mujer humana sonrió. -Ahora, ¿Por qué debería yo tenerle miedo? Me gusta conocer a tus amigos, tú lo sabes.

      -Pero… mamá… Elfangor no es exactamente uno de mis amigos del colegio.-

      -Me gusta conocer a tus amigos.-

      La cara de Loren se tornó pálida. Me miro nerviosamente y de nuevo a su madre.

      -Mamá, ¿Puedes entender que Elfangor no es un amigo normal del colegio? ¿No puedes entender que él es diferente?-

      -Oh, cariño.- La mujer se rió. -Él es solo un Andalita, como cualquier otro.-

      Loren saltó alejándose como había llegado. Enfoque el cuarto con mis ojos principales, listo para enfrentarme. Preparé mi cola y esperé. Tensada y preparada en el corredor con aquel piso resbaloso.

      -¿A qué te refieres con eso de que es un Andalita? ¡Tú no sabes nada de ellos! Tú no puedes saber que él es Andalita-.

      La mama de Loren hizo un gesto con la cara. -Tu sabes, ¡solo porque sea tu madre no significa que sea anticuada! Yo estoy actualizada. Soy una señorita moderna. -Tu generación piensa que inventaron todo. ¿Tú crees que los Andalitas son nuevos? Teníamos Andalitas cuando yo tenía tu edad.-

      -¿¡Cómo sabes sobre los Andalita!?- Loren gimió. Había agua cayendo de sus ojos. -Oh dios, tú no eres real, ¡TU NO ERES REAL!-

      Puse una mano en la espalda de Loren. Por ahora, sabía que los humanos usaban el tacto cuando estaban raros. <Loren, tienes razón. Ella no es tu madre. Ella es algo que tú creaste con tus pensamientos y recuerdos de tu madre. Ella sabe sobre los Andalitas porque tu pensaste en los Andalitas cuando la imaginaste a ella.>

      Pero Loren no se veía mejor. Ella me sacó la mano de su espalda. Se dio vuelta con su cara roja y con agua cayendo de sus ojos. Y gritó -¡Aléjate de mí! ¡Aléjate de mí! Esto es tu culpa, ¡Déjame sola!-

      Me empujó y Salió corriendo de la casa.

      Estaba solo con esa humana extraña. <Perdón.>

      -¿Te gustaría comer algunas galletas?- Preguntó la mujer.

      <No, gracias> Dije. Me pregunté que tendría que hacer. No sabía cómo confortar a una mujer que estaba atrapada en una pesadilla. <Mamá de Loren, ¿Podría mostrarme donde está el cuarto de Loren?>

      -Escaleras arriba, a la derecha. No rompas la puerta. Es la regla que tenemos cuando Loren trae a los Andalitas a jugar.-

   Capítulo 40:

      Sentí que Loren necesitaba un tiempo a solas. Era peligroso dejarla caminar sola. Pero no podía obligarla a que hablara conmigo cuando estaba furiosa y con miedo.

      Tuve que escalar muchas escaleras para llegar a la habitación de Loren. No entendía todavía la razón de las escaleras. Supongo que a los humanos les gusta cualquier cosa con puntas y forma rectangular. Las escaleras eran definitivamente rectangulares.

      Y les permitían a los humanos ubicar un segundo nivel en sus casas. Esto hacía a la casa un rectángulo más grande. Y supongo que eso es importante de alguna forma.

      Dentro de la habitación de Loren había un rectángulo largo cubierto con piel artificial. Supongo que ella lo usaba para dormir. Había visto que cuando dormía, se tendía plana, estirada y recta. Había otros dos rectángulos, uno principalmente cubierto con papeles encuadernados.

      Los papeles encuadernados se llamaban libros y revistas. Loren me lo había explicado. Un tipo de archivo de computador extremadamente primitivo.

      Abrí uno de ellos. Había palabras impresas en las páginas pero las palabras se detenían abruptamente en la mitad del libro. Claro. Loren no había terminado el libro. Así que no podía recrearlo de su memoria..

      Había una pequeña imagen de Loren con otras dos personas. Todos hacían sonrisas humanas. Uno era su madre. El otro creía que era macho.

      Tal vez su padre.

      Tomé esta imagen y la cogí con mi mano. Mire alrededor de la habitación tratando de entender a esta chica alienígena. Pero las cosas de los aliens son difíciles de comprender..

      Para el momento en que salí de la casa hueca y de vuelta a la calle, Loren se había ido fuera de vista. Me preocupaba encontrarla. Pero tras recorrer la superficie alienígena por un rato, escuché un sonido lejano.

      UN THWACK!

      Corrí a toda velocidad hacia el sonido y encontré a Loren en un campo de césped y barro. Se puso de pie de espaldas a una jaula de alambre alta. En su mano derecha sostenía un tipo de palo largo de forma, más ancho en el extremo más alejado. Con la izquierda arrojó una esfera redonda blanca en el aire. Y luego, apretando rápidamente el palo con ambas manos, movió el palo hasta que le pegó a la esfera blanca que caía.

      El resultado fue fascinante. La esfera se fue volando por el aire.

      Loren miró a la esfera hasta que cayó al césped, tal vez cien pies. Entonces se lanzó hacia un cubo a sus pies, ascendió una segunda esfera identica y repitió el proceso.

      <Loren!>

      Ignoró que me acercaba.

      Lanzamiento… movimiento… THWACK!

      La esfera voló sobre el césped y aterrizó al borde de un grupo estrecho de árboles.

      Lanzamiento… movimiento… THWACK!

      <¿Loren?>

      -Ves, esto es softball- dijo, sin mirarme. -¿Ves ese lugar alto allí? Ese es el montículo del pitcher. El pitcher lanza la pelota a través de esta placa. El bateador se mueve y trata de golpear los puntos fuera de ella.-

      <¿Fuera del?>

      Lanzamiento… movimiento… THWACK!

      -Esa fue mi última bola. Mejor las recojo. Nuestro entrenador se enfurece si perdemos los equipos.-

      Partió alrededor del campo, todavía llevando esta madera con forma.

      <Estás enfadada> Dije.

      -¿Cuál es tu primera idea?-

      <Todo esto parece muy extraño para ti. Para mi también.>

      -¿Extraño? ¿Mi vecindario sin gente? ¿Mi madre sonando como un robot idiota pero sabiendo cosas que no puede saber? ¿El cielo en parches?-

      <¿Eso es humor?>

      -Es sarcasmo- dijo. Alcanzamos una de las pelotas blancas. La recogió y uso el bate para golpearla de vuelta a la alta jaula de alambre.

      Sostuve la pequeña imagen para que la viera.

      <Encontré esto en tu habitación. Pensé que te podría gustar tener algo personal. No sé si seremos capaces de volver a tu casa.>

      -Esa no es mi casa- dijo. Pero tomó la imagen y la miró. Su cara pareció volverse más suave. La comisura de sus labios se pusieron casi al mismo nivel. La piel de su frente se arrugó un poco menos.

      -¿Elfangor, qué está pasando aquí?-

      <Lo que dijiste antes más o menos. Creo que para dirigir la Matriz del Tiempo necesitas formar una imagen mental de a dónde y cuándo quieres ir. No pudimos hacer eso porque los tres estábamos luchando por el control. Cada uno de nosotros — tú, yo, Visser Treinta y Dos teníamos ideas de a dónde ir. Tú querías tu casa. Yo quería la mía. Supongo que el quería la suya. La visión de ninguno estuvo completa. Todos estábamos congelados y sofocados por la falta de aire. La Matriz del Tiempo hizo lo mejor que pudo.>

      -Pensaba que se suponía que era una máquina del tiempo-

      Suspiré. <Algunos creen que no hay sólo un universo, sino que muchos. Tal vez, de alguna forma, en vez de viajar a través del tiempo y espacio de nuestro universo, obligamos a la Matriz del Tiempo a crear todo un nuevo universo. Cuando los tres luchamos por el control, la Matriz del Tiempo no pudo entender lo que pedíamos que hiciera. Así que creo este lugar.>

      Loren continuó caminando por el borde del campo. Se detuvo y recogió otra pelota y la golpeó de vuelta en la dirección en la que había venido.

      -Así que mi madre. Mi madre… sólo está hecha de mis recuerdos.-

      <Incluso, no de todos tus recuerdos. Ella no está completa. Es sólo pedazos y piezas de recuerdos de ella. Creo que entre más complicadas son las cosas, como criaturas sensibles, es más fácil que sean incompletas.>

      Loren hizo un sonido de un ronquido.

      -¿Que genial universo, cierto?-

      <¿Eso también fue sarcasmo?>

      -Sí. Eso también es sarcasmo.-

      Habíamos alcanzado los árboles. Loren cayó.

      -Mira como los árboles están completos. ¿Por qué el prado y los árboles están como deben ser?-

      <Porque una persona… sea Andalita o humana, es miles de veces más complicada que un árbol.>

      Noté que Loren no me miraba. En cambio, estaba mirando con alerta los árboles.

      <¿Ves algo?>

      -No. Yo… tengo un presentimiento, es todo. Tengo que ver.-

      La seguí a través de los árboles. Viajamos no más de cincuenta pies cuando alcanzamos lo que Loren había sentido.

      Los árboles se detuvieron abruptamente. El cielo sobre nosotros se detuvo también. El prado y el césped, todo se detuvo. Simplemente detenido. Y más allá había un vacío en blanco.

      Un blanco puro, blanco de espacio Zero. La nada.

      Me sentí atemorizado y asustado, todo de una vez. Estábamos de pie en el borde de nuestro pequeño universo. Loren llegó hacía la blancura, estirando su mano más allá del borde del suelo y de la vegetación, aire y cielo.

      Su mano alcanzó al borde y se curvó de vuelta sobre sí mismo. Simplemente se dobló en un arco perfecto, así que su mano estaba alcanzando de vuelta a su propia cara.

      -¡NOOOOOOOO!- gritó. -¡No! ¡No! ¡No!-

      <Loren, es solamente…> ¿Solamente qué? ¿Qué podía decir para calmarla cuando sentía que mi propia mente estaba fuera de control?

      Se dio la vuelta hacia mi, con los ojos abiertos y rojizos ahora.

      -Quiero ir a casa, Elfangor. ¡Quiero ir a casa ahora! Este lugar esta mal. ¡Está mal!-

      <Lo se. Yo también lo siento.>

      -Tenemos que salir de aquí. Este lugar no puede existir. Sientelo. ¡Está mal!-

      <Tenemos que encontrar la Matriz del Tiempo,> Dije. <Es la única forma. Pero no sabemos dónde está. Y Visser Treinta y Dos va a tratar de detenernos.>

      Todavía sostenía ese palo. El palo de softball. Me miró con furia fría en sus ojos humanos azules. Y vi algo ahí que casi me asustó.

      Apretó el bate con fuerza. -Dejalo que trate de deternos. Dejalo que lo intente.-

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n de Kikisan

 Capítulo 41:

      Caminamos por el borde de nuestro nuevo universo, manteniendo el vacío blancuzco a nuestra derecha mientras íbamos. Viajamos por el borde exterior de la parte de la tierra del universo. Pero incluso en el borde exterior, este universo no era consistente. Mientras caminábamos encontramos pequeñas áreas, a veces no más de veinte pies, donde de repente encontrábamos formas de vida Andalita o Yeerk. Los parches Andalitas eran difíciles de notar ya que no eran tan diferentes de las áreas terrestres. Pero los parches de ambiente Yeerk eran como úlceras abiertas.

      Dimos la vuelta por los parches Yeerk. La mayoría del ambiente terrestre estaba hecho de madera y áreas de césped. Pero aquí y allí había edificios humanos también. Vimos la calle en la que Loren vivía. Y vimos su escuela — una caja fea y aja hecha de miles de pequeños rectángulos rojizos y marrones llamados ladrillos.

      -No puedo creer que llevé el edificio del colegio a este universo, pero olvidé traer una tienda.-

      <¿Qué es una tienda?>

      -Un lugar para comprar comida.-

      <Aft> Había visto a Loren comer a bordo del Jahar, desde luego. Ella y el otro humano habían comido raciones de emergencia de césped licuificado. Las razones que le dábamos a los Andalitas que estaban muy enfermos o heridos para levantarse y comer normalmente.

      Caminamos por una calle que apareció en medio del camino. La calle apenas empezaba, recorría unos cien pies y terminaba. Puso a Loren, puedo decir Explicó que la calle no debía estar ahí. Pero entonces vio un edificio decorado con dos arcos amarillos.

      -No puede ser!- Jadeó Loren. -Increíble! Es Mickey D! Traje un McDonald’s aquí!-

      Se lanzó a correr y yo la seguí. Entramos al edificio vacío. Dentro había un humano.

      Pero no era como cualquier humano que hubiera visto.

      -Oh, Dios, qué hice?- exclamó Loren. Se llevó la mano a la boca.

      Nunca había visto este gesto humano, pero supe que estaba horrorizada. El humano parecía normal. Excepto que su cara estaba cubierta de manchas y pústulas rojas. Y no tenía ojos. En lo absoluto.

      Pero podía hablar.

      -Bienvenidos a McDonald’s. Puedo tomar su pedido?-

      -Oh, no. No,- se lamentó Loren.

      -Le gustaría acompañarlo con papas fritas? O un pastel de manzana?-

      <Es un humano que conoces?> Pregunté.

      -No. Es decir, sí. Es el chico que trabaja en McDonald’s y atiende siempre cuando vamos por hamburguesas después de un juego. Mi amiga Jennifer dice que le gustó. Pero todo lo que noto es su terrible acné. Pobre chico. Pobre.-

      <La comida que tiene puede ser real,> Sugerí. <Te ayudaría a comer comida humana.>

      Parecía estar lista para salir corriendo. Pero al final el hambre superó al horror. Loren se preparó y fue de vuelta al humano sin ojos.

      -Bienvenido a McDonald’s. Puedo tomar su pedido?-

      -Sí. Es decir . . . sí. Quisiera una Big Mac, papas fritas, y una Coca Cola.-

      -Eso serán cuatro dólares y diecinueve centavos.- Loren dudó. Pero alcanzó una solapa de su piel artificial y sacó unos pedazos de papel arrugado y unos objetos metálicos redondos.

      Se los dio al humano sin ojos. De alguna manera este se las arregló para tomar el papel y metal. Aunque cómo lo hizo sin ojos fue un misterio. El universo que habíamos creado tenía reglas extrañas.

      El humano sin ojos puso diferentes objetos en una bolsa. Olían extraño y asquerosos para mí. Pero Loren miró la bolsa y sonrió.

      -Bien, hice una cosa buena cuando creé este universo. Puse pepinillos extra en los Big Macs. Vamos. Volvamos afuera. No quiero comer con . . . con él.-

      -Disfruten su comida y vuelvan de nuevo!- dijo la triste monstruosidad.

      Volvimos afuera de nuevo y Loren encontró un lugar para sentarse en el césped y devorar su comida. Mirar comer a criaturas con bocas puede ser perturbador. Especialmente cuando descubres algunas de las cosas que comen. Entre enorme tragos, mordiscos con sus brillantes dientes blancos y su mandíbula, Loren me dijo lo que era un -Big Mac-. Preferiría no haberlo sabido. Pero la comida humana revivió a Loren. Tenía energía de nuevo. E incuso su sentido del humor.

      -Al menos no trate de recrear al grupo de porristas en este universo,- dijo. -Me rechazaron y odiaría pensar que tipo de desastre hubiera hecho con ellas.-

      No entendí de qué estaba hablando pero entendí que se estaba sintiendo mejor. Contemplé el extraño e irregular cielo y alrededor por el paisaje desarticulado. Entonces, de repente me golpeó.

      <Es un patrón multidimensional!> Dije.

      -¿Huh?- exclamó Loren, tratando de formar palabras aunque su boca estaba llena de dos pulgadas de astillas largas y pálidas llamadas -papas francesas.-

      <El cielo, la forma en que pequeños pedazos de ambientes Andalita y Yeerk están mezclados con ambientes de la tierra. Y probablemente viceversa también. No me di cuenta al principio Pero hay un patrón. Parece simplemente extraño pero tiene sentido en más altas dimensiones, pero no en tres dimensiones. Pero estoy seguro ahora. Es una híper espiral.>

      Loren trago. -Una qué?-

      <Una espiral. Pero en extra dimensiones. Y si tengo razón… sí! La Matriz del Tiempo estará en el centro de la espiral!>

      -Que es dónde?- Ahora Loren estaba sorbiendo por su boca a través de un tubo que introdujo por un cilindro con agua marrón.

      <NO estoy seguro. Pero creo que puedo encontrarlo. Y si puedo encontrarlo, también puede ese Yeerk!>

      Loren saltó. -Por eso no ha tratado de atraparnos. Busca la Matriz del Tiempo! Vámonos.

      Vamos!-

      <Parece que te has recuperado.>

      Loren apuntó al cilindro con líquido. -Una subida de azúcar, Elfangor. Vamos antes de que se termine.-

      ©199_ 

Capítulo 42:

      Guie el camino a lo que creía era el centro del universo. Los parches de cielo se hacían más diversos sobre nuestras cabezas. Y los parches de diferentes ambientes se hacían más numerosos. Pronto caminábamos por un lugar que era sólo mitad tierra, con el resto dividido en agradables campos Andalitas y áridas tierras Yeerk.

      -Me gusta tu planeta por lo que he visto,- dijo Loren. -Es como la tierra sólo que sin casas y edificios. Pero debes tener ciudades en algún lugar. Es decir, construyen naves espaciales. Tienen tecnología increíble-

      <Hace mucho teníamos ciudades,> Expliqué. <Pero éramos un rebaño itinerante para empezar. Es decir, evolucionamos. Hace millones de años los Andalitas pasamos de vastas manadas que se dividirían en más pequeñas en diferentes estaciones del año. Entonces gradualmente nos acostumbramos a formar pequeñas mandas. Familias realmente.

      Cada familia hace su propia cosecha, y cada uno mantiene sus propias tierras. Todo este ambiente Andalita que ves es parte de los terrenos de mi familia.>

      Llegamos a un parche de territorio Yeerk y bordeamos la vegetación negruzca y los estanques de babosas. Al otro lado había una franja amplia de tierra Andalita por la que pasamos.

      <Cuando evolucionamos a formar familias, empezamos a estudiar ciencia y naturaleza. Y de nuevo, tras millones de años, aprendimos a construir cosas. Sabes —armas y vehículos que nos dejaron despegar de la tierra. Y comunicadores para extender el alcance del habla mental. Los campos se volvieron más grandes. Las familias se unieron con otras familias. Las construcciones crecieron. Pronto tuvimos miles de Andalitas hacinados sin suficiente espacio para pastar. Pero estábamos aprendiendo a viajar por el espacio al mismo tiempo. Sin embargo, no éramos felices. Sabíamos que algo estaba mal. Acabamos nuestras ciudades, dividimos la tierra y volvimos a la vida simple en terrenos familiares. Seguimos construyendo naves espaciales, pero lo hicimos en pequeños pedazos y piezas, aquí y allí, divididos en miles de terrenos. Mi propia familia hace eso. Diseñamos los componentes transmisores de calor para los cazas. Otra familia construye piezas de nuestros diseños. Otra familia transporta las piezas al puerto espacial. Supongo que los tres puertos son lo más cercano a lo que llamarías ciudad ahora.>

      -¿Somos muy diferentes, cierto?- Dijo Loren.

      Sonaba triste.

      <Sí. En cierta manera. Pero no mucho en otras.>

      -Cuando todo esto esté hecho, volverás a tu planeta, yo volveré al mío. Y borraras todos mis recuerdos de esto.-

      Estaba sobresaltado con la idea.

      <Loren, no tenemos el Jahar. O alguna nave. No puedo borrar memorias sin esa tecnología.>

      -¿Pero si pudieras, lo harías?-

      No había pensado en eso. Pero de repente, me di cuenta de la verdad. Me conmocionaba

      <No. No lo haría.>

      -¿Por qué no?-

      <Porque… porque no creo que después de lo que ha pasado pueda soportar ser la única persona viva que sabe la verdad. Y no creo que pueda soportar que me olvides, Loren.>

      Loren Asintió. Sonrió. -Me importas también, Elfangor. Me importas mucho.-

      Estaba desconcertado. ¿Había dicho que me importaba?

      No. No con esas palabras. Pero lo había dicho. Me importaba esta alienígena que no parecía tan alienígena.

      <Seremos capaces de movernos rápido si te subes a mi espalda como hiciste antes,> Sugerí.

      -Supongo que lo haremos.-

      Se subió a mi espalda y yo partí en una carrera. Tenía confianza ahora que sabía el patrón de este universo. Estaba seguro de que encontraríamos la Matriz del Tiempo en el centro del remolino ¿Pero encontraríamos a Visser Treinta y Dos resolviendo el rompecabezas antes que nosotros?

      Los diferentes ambientes se rompían en cada vez más pequeños parches y ahora había una porción más o menos igual de cada uno de los tres planetas.

      Se estaba volviendo más difícil esquivar las áreas Yeerk.

      Llegamos a un área Yeerk que se estiraba directamente a lo largo de nuestro camino.

      <Creo que debemos ir por ahí,> Dije. Pisé con cautela por el área Yeerk. Instantáneamente el aire estaba más cálido, casi asfixiando. La humedad se extendió haciendo que mi piel se me pegara.

      Cerré mis pezuñas a la escasa vegetación Yeerk.

      No confiaba en aquellas plantas rojas oscuro. Una lengua brillante salto de la tierra, que había visto antes. Sorbió el aire buscándonos, pero estas criaturas o plantas — o lo que sea que fueran — estaban acostumbradas a presas más lentas. Fácilmente salí de su alcance.

      Un manto cayó sobre nosotros en cuanto cruzamos una tierra que parecía hecha para ser deprimente. Y entonces, alcanzamos de nuevo un buen prado Andalita. Césped y árboles y el terreno de un amigo que había conocido toda mi vida.

      -¿Es esa tu casa?-

      <No. Es el terreno de la casa de un amigo.> –

      Tal vez tu amigo esté cerca.-

      <Eso es lo que me asusta. Tu madre… esa persona en McDonald… No quiero ver a mi amigo así.>

      De repente tropecé. Mi pezuña delantera derecha había dado con una piedra.

      -Elfangor! Elfangor! ¡Algo está pasando!- gritó Loren. -¡Mis uñas! ¡Están creciendo!-

      Levantó sus manos para que mis ojos móviles pudieran verlos. La parte final de sus manos humanas había crecido media pulgada.

      <Tu pelo está creciendo también,> Dije.

      Lo sintió. -Dios mío, ha crecido una pulgada. ¡Es como si hubiera crecido un par de semanas!-

      <Mis pezuñas están creciendo también. Es por eso que me tropecé. Es algo de lo que tengo miedo. Mientras nos acerquemos al centro de esté universo de remolino, el tiempo se está acelerando.

      Estamos envejeciendo más rápido de lo normal.>

      -¡Entonces mejor nos apuramos!-

      Redoblé mi velocidad, con cuidado para levantar mis pezuñas delanteras claramente en cada paso.

      El falso universo estaba juntándose todo ahora. Ya no había claramente diferentes parches de terreno Andalita, humano o Yeerk. Los árboles y césped, terrenos y casas y material sucio de los estanques Yeerk naturales, todo parecía mezclarse.

      Era como si camináramos por una pesadilla surrealista.

      El cielo mismo parecía calado, recogiendo y arremolinando patrones de azul oscuro, azul claro y verde brillante sacudido.

      -Okay, ahora esto es raro,- Dijo Loren. Pero su voz, también parecía arremolinarse en patrones que la hacían sonar musical y extraña.

      Tropecé y caí adelante, tirando a Loren. Mis pezuñas se habían vuelto totalmente inmanejables. Lancé la espada de mi cola adelante y rápidamente corté mis pezuñas. Era un trabajo tosco y tan pronto como corte el exceso empezaron a crecer de nuevo.

      Miré a Loren y tuve que evitar gritar. ¡Sus uñas eran de dos pulgadas de largo! ¡Las uñas de sus pies estaban traspasando la tela de sus pezuñas artificiales! Y su pelo dorado era tan largo que alcanzaba el suelo.

      Se tropezó, apuntando. -¡Mira! ¡Mira!-

      Ya había visto lo que había notado: el remolino del tornado que era el pleno centro del universo. Era un vórtice, un tornado hecho de la sustancia de tres mundos. Cielo y suelo y cosas vivientes, todas giraban locamente alrededor nuestro.

      -¡Cuidado!- Loren esquivó su cabeza cuando algo que parecía una casa humana, girada y estirada, nos azotó.

      <¡La Matriz del Tiempo! Debe estar allí!> Grité.

      -Allí? Cómo vamos a ir allí? Es imposible!-

      <Es la única manera. La Matriz del Tiempo está allí o . . . o no hay nada más allá del remolino que vacío y estaremos atrapados dentro del vórtice por siempre.>

      -Buena elección,- Dijo Loren. -Y por cierto, eso es sarcasmo también.-

      <Sí. Estoy empezando a reconocerlo,> Dije.

      <Tenemos que cerrar nuestros ojos. Bloquear todo lo que veas o pienses que veas y sumergirse.>

      -Toma mi mano, Elfangor.-

      Lo hice. Y juntos nos impulsamos dentro de un vórtice hecho de toda la sustancia de tiempo y espacio. Un remolino de espacio tiempo en bruto.

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n de Kikisan

Capítulo 43:

      En el vórtice.

      No tenía idea de lo que encontraría dentro de este increíble tornado. Pero para entonces me había rendido a creer que sabía que podía pasar.

      Todo había sido una sorpresa desde aquel día, o hace mucho en que Arbron y yo fuimos llamados por el capitán en el puente de la Nave Cúpula.

      Loren y yo avanzamos. Había un sentimiento de resistencia, como si un fuerte viento estuviera en nuestra contra. Pero al mismo tiempo, sentía que esta resistencia podría imponerse.

      EL viento paró y en cambio fuimos empujados adelante. Profundo dentro del vórtice. Todo giró con vértigo alrededor mío. La vista era salvaje y distorsionada y llena de colores demenciales y partículas de pedazos flotando, de materia formada extrañamente.

      Árboles y edificios y criaturas que parecían sólidas simplemente nos traspasaban como si fueran fantasmas. O como si nosotros fuéramos fantasmas.

      Y entonces atravesamos. En un instante, el remolino se detuvo. Estábamos de pie en un área plana, sin rasgos de no más de cien pies.

      No había vegetación. No había detalles. El cielo estaba en blanco fuera del remolino que rugió sobre y a nuestro alrededor.

      -El ojo del huracán,- Susurró Loren.

      No entendí lo que decía pero entendí lo que ambos sentíamos Habíamos penetrado una tormenta que mezclaba el tiempo y el espacio. Y luego, erguida y prístina, estaba la Matriz del Tiempo. Una simple esfera blancuzca que tenía el poder de crear una serie de universos a partir de nuestros pensamientos imperfectos.

      <Lo hicimos,> Me maraville. <¡La Matriz del Tiempo! Está aquí!>

      -Sí. Qué hacemos con ella ahora? Mira mi cabello. Mira mis uñas. La distorsión es fuerte aquí, bastante.-

      <Sí. Pero estaremos bien una vez contactemos la Matriz del Tiempo y salgamos de aquí.>

      De la pared de remolino vi emerger una cabeza, presionando dentro del campo vacío.

      Una cabeza de Andalita.

      -Es él!-

      El Visser se lanzó conmocionado y con asombro al vernos a los dos aquí. <Qué? El pequeño Andalita y su mascota? Siguen vivos?>

      <Sí, todavía vivos,> Dije.

      Los cuatro Mortrons rodaron dentro del vórtice y llegar jadeando detrás del Visser. El Yeerk miró alrededor, como si buscara un arma. Miró la Matriz del Tiempo mientras mantenía sus ojos auxiliares sobre mí.

      -Elfangor,- Escuché a Loren gemir.

      Giré un ojo auxiliar hacía ella y casi llore. Su cabello ahora estaba tan largo que se amontonaba en el suelo. Y las uñas de sus pies se extendían casi hasta un pie a través de la tela de sus pezuñas artificiales. Sus manos parecían horribles garras.

      <Aguanta todavía,> Dije. <Extiende tus manos y no las muevas.>

      FWAPP! FWAPP! FWAPP! FWAPP!

      Con cuatro sacudidas rápidas de cola corté la mayor parte de sus uñas y las uñas de sus pies. Al mismo tiempo mantuve mis ojos sobre el Visser. Me estaba mirando de cerca. Midiéndome.

      <Supongo que tendremos que aceptar trabajar juntos de nuevo,> dijo.

      <Lo mismo pasaría,> Dije.

      <Otro universo disputado. No mejor que este. Sólo que esta vez seremos más cuidadosos de traer aliado y armas de nuestra memoria.>

      El Yeerk Visser se encogió. <Al menos tendríamos una batalla justa.>

      -Él no quiere que pelees uno contra uno,- dijo Loren.

      <No, él preferiría tener un grupo de aliados y armas,> acepté.

      Pero Loren sacudió su cabeza, lo que causó un rizo en su gran pila de cabello dorado. -No, es más que eso. Tiene miedo de pelear uno contra uno. Lo vi en su cara.-

      La idea parecía ridícula. A Loren le gustaba y suponía que era mejor guerrero. Pero esa no era una forma de juzgar. Visser Treinta y dos tenía el cuerpo y la mente de Alloran. Toda la velocidad y experiencia de Alloran.

      -Tiene miedo, Elfangor,- Loren insistió.

      <Miedo de qué?> se rió el Visser. <De este niño Andalita? Mis Mortrons y yo lo aniquilaremos!>

      -De verdad? Entonces por qué no hacerlo? Por qué hablas de trabajar juntos?- Loren se volteó hacía mí. –

      Alloran ha visto como peleas con tu cola, Elfangor. Ese conocimiento es del Visser ahora, cierto? Por eso tiene miedo.-

      El Yeerk miró con odio a Loren. <Me aseguraré de matarte lentamente, humana.> Miró rápidamente a los cuatro Mortrons. <Maten!> ordenó de repente.

      Los Mortrons lanzaron sus ruedas y vinieron por nosotros. El Visser estaba justo detrás de mí.

      Había descendido a esto. Una pelea de colas a muerte entre mí y Visser Treinta y dos. Traté de recordar todo lo que el Viejo Sofor, mi guerrero entrenador, me había enseñado. Pero no podía recordar nada.

      Los Mortrons lanzaron su porción de aves. Alas de piel amplias y crueles bocas más amplias todavía. Tenía que sacarlas fuera de la batalla sin cortarlas. Si las cortaba en pedazos estos se regenerarían.

      SWOOP!

      FWAPP!

      Golpeé! Pero en el último segundo volteé mi cuchilla de lado y golpeé al Mortron con el lado plano de la cuchilla. THWACK! La porción de ave se fue volando. Cayó al suelo y no se movió. Lo había puesto noqueado. Dos porciones de ave fueron por Loren, con dientes irregulares brillando fuera de sus grandes bocas. Golpeó su bate de softball pero falló. Perdió el bate de sus manos cuando una porción de ave del Mortron la golpeó en la cara con sus alas.

      Uno de los Mortrons seguía tras mí, y mientras se precipitó el Visser atacó.

      El Mortron y la cola del Andalita me golpearon.

      <Aaarrrgghh!> El Mortron hizo una herida al lado de mi cabeza, apenas esquivando mis ojos auxiliares! Mi propia sangre fluyó y la cola del Visser estaba . . .

      Bloqueada! FWAPP! Contuve su golpe.

      FWAPP! Golpeó de nuevo!

      Esquivé debajo del golpe y lancé mi propia cola pero el intento fue contenido por el Mortron, que se regresó y vino contra mí de nuevo.

      -No! No! No, tú no!- Escuché a Loren gritar.

      Estaba siendo atacada por dos Mortrons!

      Vi la rojo brillante sangre humana. Pero si intentaba ayudarla, el Visser me mataría antes de que pudiera hacer un movimiento.

      Era imposible!

      FWAPP! El Visser se lanzó, y esta vez el tiro dio en el blanco. Vi una línea dibujada a través de la piel de mi pecho. La línea se abrió para convertirse en una herida.

      FWAPP! Se lanzó! Apenas pude desviar el ataque.

      <Ah, no eres tan rápido después de todo, Andalita?> el Visser se jactó.

      En segundos la pelea estaría acabada. Lo sabía. Había perdido. Loren probablemente ya estaba muerta. Pero entonces, a través de uno de mis ojos auxiliares, vi a Loren. Para mi asombro, tenía agarrados con sus dos fuertes brazos humanos, alrededor del cuello a una de las partes de ave del Mortron.

      Lo estrangulaba! Y el otro Mortron estaba enredado en su salvaje pelo.

      <Esta pelea no está acabada todavía, Visser!> Dije, y ataqué!

      FWAPP!

      Bloqueó mi golpe. Lancé de nuevo!

      FWAPP! Un golpe!

      <Aaaahhhh!> el Visser gritó de dolor.

      Pero mi propio Mortron me golpeó sin avisar Una rebanada dolorosa de mi cadera derecha.

      Entonces vi algo atemorizante. Lo fuertes brazos de Loren estaban dejando sin vida a la parte de ave del Mortron. Y sus uñas crecían tan rápido que de hecho podía verlas crecer, crecían dentro del Mortron.

      FWAPP! El Visser golpeó.

      Me desvié y pasé del retroceso a una estocada! <Sí!> Dije exultante cuando la cuchilla de mi cola se hundió profundo en el brazo izquierdo del Visser.

      Pero los restos del Mortron estaban volviendo, dirigidos directo a mi cara esta vez. Con desprecio el Visser se lanzó.

      Los dientes del Mortron y la cola Andalita robada del Yeerk volaban hacía mí.

      Sólo podía detener una.

      Pero cualquiera que me golpeara, ave o cuchilla, me acabaría.

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n de Kikisan

   Capítulo 44:

      El Mortron voló hacía mí

      La cuchilla del Visser separó el aire, dirigiéndose a mi cabeza!

      ¡Algo se movió! A mi izquierda, no muy rápido en términos Andalitas, pero suficientemente rápido.

      Loren giró el Mortron muerto en su mano y lo lanzó con todas sus fuerzas. El Mortron se deslizó al final de las garras uñas de Loren. Voló por el aire y golpeó la otra cabeza del Mortron.

      -¡Softball!- Gritó Loren.

      El Mortron que me había estado atacando estaba noqueado. Lancé la cuchilla de mi cola directo a la izquierda y alejé la cuchilla del Visser. Estuvo a un pelo cerca de mi cara.

      Loren tomó calmadamente su bate de softball del lugar en que había caído. Y aniquiló al último Mortron, el que se había enredado en su cabello. Creo que fue en ese momento en que decidí que definitivamente podían llegar a gustarme los humanos. Al principio parecen ridículamente débiles, tambaleantes en sus dos piernas, teniendo que hacer sonidos para comunicarse, faltándoles algo con forma de cola u otras defensas.

      Pero los humanos tenían definitivamente posibilidades.

      <Buen tiro,> Dije.

      -Se llama un pitch,- Dijo Loren. Sonrió. -Gracias.-

      <Tus Mortrones están acabados, Visser,> Le dije. <Ahora es solo tú y yo. Cola contra cola.>

      La escoria Yeerk llamada Visser Treinta y dos emanaba odio de sus ojos robados de Andalita.

      <Crees que has ganado, Andalita? ¿Crees que puedes matarme ahora? Piensa de nuevo. No lo has pensado. Pero de nuevo, tengo la ventaja de tener el conocimiento Andalita de Alloran unido al mío. ¿Qué crees que le pasará al que quede atrás en este universo una vez descompuesto?>

      Tuve que esforzarme para pensar. Un universo artificial… compuesto de recuerdos y pensamientos de tres individuos diferentes…

      <¿Qué? Dentro de tu cabeza, cierto? Una línea colapsada de tiempo nos regresa a cada uno a nuestro propio lugar de espacio tiempo.>

      <Así que vuelves al Jahar. De vuelta a ser succionado dentro de un agujero negro. Puedo vivir con eso, Yeerk. No me importa como mueras. Aquí, con mi cola. O allí, indefenso dentro de un agujero negro. Con tal que mueras. Eres una abominación. El primer Controlador-Andalita. Sólo quiero que seas el último.>

      -Te dije que estaba asustado de pelear,- Dijo Loren.

      <Creo que tenías razón.>

      El Visser dudo. Pero sabía que huiría. Podía oler a su resolución fallas. Pero su malicia, su maldad seguía tan fuerte como siempre.

      <EL día vendrá, Elfangor, en el que te destruiré. Será personal. Lo haré muy personal.>

      Entonces dio la vuelta y volvió a caer dentro de la puerta del vórtice.

      -Es el final de él.-

      <No. No lo creo,> Dije. No diré que tuve una visión. No creo en cosas sobrenaturales.

      Pero sentí fuerte dentro de mí que el Visser y yo encontraríamos nuestras líneas de tiempo entrelazadas de nuevo algún día.

      -Así que ahora qué? Tenemos que salir de aquí rápido. Mi pelo sigue creciendo. Mis uñas están fuera de control. Siento que me hago más vieja. Mi . . . bueno, envejezco, Lo dejaré así. Pero juro que de repente tengo dieciocho!-

      <Sí. Tu rostro está cambiando. Y yo también siento que estoy cambiando. Debemos salir. Pero esta vez sólo puede ser una persona dirigiendo la Matriz del Tiempo. Debemos ir a algún lugar real. Un lugar que sea parte de un universo verdadero.>

      -El mundo Andalita?-

      <No,> Dije fuertemente. <Qué haría si volviera con mi gente? Me sublevé contra Alloran, mi príncipe. Dejé a Arbron atrás viviendo como un Taxxonita. Y sé muchos secretos. Sé que mi pueblo usó un virus de Quantum en la guerra Hork-Bajir. Que harían si de repente tuvieran la Matriz del Tiempo?>

      -Supongo que a veces incluso las personas buenas hacen cosas malas. Es decir, de eso se trata la guerra cierto?- <Si usamos la Matriz del Tiempo para ganar la guerra no seríamos nunca más Andalitas. No lo que creo que son los Andalitas, al menos. Tenemos que ganar esta guerra nosotros. Viviendo según nuestras reglas, no volviéndonos tan brutales y despiadados como los Yeerks.>

      -Quieres decir que cuál es el punto de ganar si al ganar pierdes la razón por la que peleabas.-

      <Sí. Es exactamente lo que pienso. No puedo darle a mi gente la Matriz del Tiempo. Y no puedo dejar que los Yeerks la tengan tampoco. Y no puede ser destruida, solo escondida.>

      Loren me miró extrañamente. -Vas a esconderla en la tierra?-

      <La tierra. Sí. Y esta vez ningún avaricioso Skrit Na entrometido se tropezará.>

      -Qué quieres que haga?-

      <Imagina tu tierra, tú casa, justo como es hoy. Dibuja cada detalle. Tu madre, Tus amigos. Tú casa humana hueca. Dibuja el tiempo justo después de que los Skrit Na te tomaron. Un hora después.>

      -Eso fue como, qué, hace una semana? Todo esto pasó hace una semana?-

      <Sí. Sólo una semana. Y necesitamos devolver el tiempo. De vuelta antes de que tu madre haya notado tu ausencia. Pero no antes de que los Skrit Na te tomaron o deshaceriamos la línea del tiempo completa.>

      -Tal vez deberíamos borrar esta línea temporal. Salvar a Arbron. Salvar a Alloran.-

      <Y que los dos nunca nos hubiéramos encontrado?>

      -No querría eso.-

      <Yo tampoco. Pero más importante, no sabríamos los efectos exactos de reescribir toda la historia. Podría significar que los Skrit Na escaparan con la Matriz del Tiempo y se la llevara a los Yeerks. No. Tenemos que mantener nuestras líneas de tiempo intactas. Y en cuanto a ti, lo que has pasado esta semana no afectará un segundo en ti, estaremos bien.>

      -Hay un problema. Esta yo ha envejecido. Soy más vieja. Debo tener dieciocho ahora, juzgando por la forma como he crecido. La gente lo notaría.-

      <Sí. Pero imagina que no. Imagina que tienes dieciocho y que todos los que has conocido imaginan que tienes dieciocho.>

      -Realmente va a funcionar?-

      <No lo sé, Loren. Nada de lo que he intentado ha funcionado por ahora.>

      Sonrió con su boca humana. -Entonces cuidaré de manejar la Matriz del Tiempo. Vamos.-

      Puso sus manos contra la Matriz del Tiempo y cerró sus ojos.

      El huracán se estrechó alrededor de nosotros y vi imágenes brillar. Imágenes de un planeta que nunca había visitado, pero que ya conocía y que me importaba.

      Y luego estábamos un millón de años luz y una semana lejos.

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la trad

Capítulo 45:

      Tres años después. .

      Hui de la gran guerra de Yeerks contra Andalitas.

      Hui y me escondí en el planeta llamado Tierra. Enterré la Matriz del Tiempo en un lugar del bosque. Realicé una Maniobra Frolis: la mezcla de diferentes ADNs para formar una transformación única. Encontré formas de entrar en contacto con humanos y absorber partes de sus patrones de ADN. Y cuando tuve suficiente, me transformé en humano por primera vez.

      Y por última vez. Estaba hecho para luchar. Había hecho todo lo que podía y había sido un desastre en muchas cosas. Mi pueblo estaría mejor sin mí. Y no había forma de esconderse por mucho tiempo. Tenía que convertirme en humano. Y permanecer como humano.

      Asistí a una universidad humana. Me gradué en física.

      Fue difícil. Difícil pretender que no sabía todas las respuestas instantáneamente. Tenía que pretender esforzarme con ecuaciones que había aprendido desde mi infancia.

      Y era difícil ser humano. Extrañaba mis ojos auxiliares. Echaba mucho de menos mi cola. Pero ya no quería pelear. Estaba cansado de la guerra. Enfermo a muerte de ella.

      Aparte, había cosas buenas de ser un humano. El sentido del gusto humano es maravilloso. Casi abrumador.

      Y también estaba Loren. Había recreado su propia vida para lidiar con el hecho de que había envejecido muchos años. Volvió a una madre que nunca supo que se había ido. De vuelta a unos amigos y familia que esperaban que tuviera la edad que ahora tenía.

      El poder de la Matriz del Tiempo era asombroso. Había visto lo que podía hacer y estaba convencido que nunca podría darse a ningún bando en una guerra terrible y sangrienta. La gente desesperada hace cosas malvadas.

      Terminé la universidad a una velocidad acelerada. No era sorprendente ya que estaba un siglo o dos adelante de todos los profesores. Empecé la escuela de posgrado. Pero me aburría allí también.

      Tenía un trabajo escribiendo software para las primitivas computadoras humanas. Eran los 1980s en la Tierra y los humanos estaban apenas empezando a entender las computadoras.

      Conocí a muchos humanos que estaban trabajando en el campo de la computación. Mi amigo humano Bill solía venir a mi habitación e intercambiar ideas. Era difícil simplificar mi conocimiento lo suficiente para que me siguiera. Todo tenía que ser explicado en simples términos humanos, usando palabras como -ventana- para explicar un simple concepto infantil.

      Y mi amigo humano Steve creía que era un gran progreso usar símbolos icónicos y un simple puntero en vez de un gran lenguaje complejo.

      Un día tuve una sorpresa terrible. Vi a Chapman en la universidad. Estaba con Loren en ese momento. Chapman no la reconoció. No la conocía en lo absoluto.

      No tenía sentido. Habíamos dejado a Chapman de vuelta en el Jahar, cayendo hacía un hoyo negro. Debería haber sido absorbido, aplastado y aniquilado.

      Loren lo puso a prueba. Fue hacía él y dijo, -Hola, Chapman. ¿Has escuchado de tu viejo amigo Visser Treinta y dos últimamente?-

      La miró como si estuviera confundida. Este Chapman no reconocía nada. Su memoria había sido borrada.

      Traté de sacarlo de mi mente. Me dije que Chapman tenía un gemelo o que debía ser una física desconocida de los hoyos negros. Pero me molestaba. Desde entonces tenía la sensación de que alguien me vigilaba. Y me preguntaba si, o cuándo el poder que había reescrito la memoria de Chapman se daría a conocer.

      Pero lo más importante que hice como humano fue casarme con Loren.

      Habíamos llegado a importarnos en nuestra aventura. Y cuando estaba lista para los estándares humanos, me casé con ella.

      Y realmente creí que había dejado todo atrás. Creía que ahora era un humano. Que la Tierra sería mi hogar. Que permanecería lejos de las terribles batallas espaciales desencadenadas en la galaxia, alrededor de estrellas tan distantes que no podría siquiera encontrarlas en el cielo nocturno de la Tierra.

      Dejé a mi pueblo. Mi propia especie. Y era un humano… excepto en los sueños en los que corría a través de prados abiertos y le hablaba a árboles y lanzaba mi cola por el simple gusto de hacerlo.

      Teníamos una casa. Lo que solía llamar una casa hueca. Ahora entendía cosas humanas.

      Manejaba un carro. Un Mustang amarillo como el que había manejado en el mundo Taxxonita. Y sólo pensaba en mi propia gente, mi propia familia y mi propio mundo algunas veces. No cada minuto.

      Incluso tomé un nombre humano. Alan Fangor. Fue la idea de Loren. Los humanos acortan sus nombres como los Andalitas. Así que la mayoría de las personas me llamaban Al Fangor.

      Un día manejé a casa de mi trabajo y me estacioné en la calzada. Podía ver que Loren no estaba en casa. Su carro no estaba en la calzada. Había ido a ver el doctor. ¡Aunque los médicos humanos fueran particularmente bárbaros que no podían eliminar un simple tumor sin cortar pedazos de una persona!

      Salí del auto con mis dos piernas humanas.

      Descendí, para mi sorpresa ya que rara vez caigo incluso con sólo dos piernas.

      Caminé por la calzada hacia la puerta y la abrí como lo había hecho miles de veces antes. Sólo que esta vez alguien estaba de pie en mi sala.

      Era un hombre. Un humano. O eso pensaba. -¿Qué está haciendo aquí?- Le exigí con sonidos de molestia de mi boca.

      El hombre me miró divertido. Era bueno leyendo expresiones humanas ahora. -¿Qué hago aquí? ¿Qué haces aquí?-

      -Vivo aquí. Esta es mi casa.- Estaba un poco temeroso.

      Los brazos humanos son fuertes y pueden ser usados para pelear. Pero siempre que siento peligro, extraño mi cola. Y me sentía vulnerable, siendo incapaz de ver detrás de mí.

      El hombre movió su cabeza tristemente. – Elfangor-Sirinial-Shamtul, esta no es tu casa.-

      Mis rodillas se debilitaron y casi me derrumbé. Llegué al mueble y me senté pesadamente. -¿Qué eres?- Pregunté.

      Se rió. -No preguntas quién soy. Preguntas qué. Eres todavía lo suficientemente sabio para saber que no soy humano.-

      -Sólo dime lo que quieres,- Disparé.

      -No quiero nada. No queremos nada. No interferimos en los problemas de otras especies.-

      -¿Nosotros? ¿Quiénes son nosotros?-

      -Los ‘nosotros’ cuya máquina tú has usado para alterar la dirección del tiempo y espacio.-

      -¿Ellimista?- Susurré con temor.

      -Sí. Soy una de estas criaturas que ustedes llaman Ellimista.-

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n de Kikisan

Capítulo 46:

      No podía creerlo. Nunca había estado seguro de si creer en Ellimistas. Todavía me preguntaba si no era algún truco. Se veía como un humano. Pero desde luego, un Ellimista verdadero, eso era fácil.

      -Realmente soy un Ellimista?- el hombre preguntó, burlándose.

      -Veamos. Sé que Arbron sigue vivo en los túneles de la Colmena Viviente. Sé que hiciste un universo, tú, la humana y el Yeerk llamado Visser Tres.-

      Me sacudí con sorpresa. -¿Visser Tres?-

      -Sí, ha avanzado bastante lejos en la jerarquía Yeerk.-

      -¡Debería estar muerto!-

      -¿Debería estar muerto? ¿De verdad crees que puedes hacer juegos con el tiempo? ¿Crees que puedes cambiar las cosas para que se ajusten a ti y no desordenar todo? Eres tan ingenuo, Andalita, ¿que no puedes entender que el tiempo es un trillón, trillón, trillón de fibras todas entrelazadas e interconectadas? ¿Que si mueves y rompes una podría tener efectos imprevisibles en miles de lugares y tiempos?-

      -Está vivo. El Visser.-

      -Sí. Está vivo. Todavía habita el cuerpo de Alloran.- El Ellimista posó sus ojos grises de humano en mí. Es un terrible enemigo para tu pueblo.-

      Sacudí mi cabeza. -Los humanos son mi pueblo ahora.-

      -Como el humano llamado Chapman? ¿Es uno de tu pueblo?

      -Tú. Fuiste tú. Lo trajiste de vuelta y borraste su memoria.-

      -Corregí un error en la continuidad espacio-tiempo. Chapman juega un rol en lo que está por venir.-

      -No me importa,- Dije con dureza. -No me importan las guerras en el espacio remoto.-

      -¿Remoto? De verdad crees que estás a salvo aquí, Elfangor? ¿Asumes que los Yeerks nunca vendrán?-

      Sentí que mi garganta se encogía. Sucede cuando los humanos están molestos o asustados. -¿Vendrán?-

      -Elfangor, la primera flota de avance Yeerk está en la órbita sobre la Tierra ahora.-

      No dije nada por mucho tiempo. Miré afuera de la ventana, esperando ver el carro de Loren volver en cualquier momento. Pero entonces me di cuenta de lo tonto que había sido. Si el Ellimista no quería ser interrumpido, no lo sería.

      -No hay nada que puedo hacer,- Dije al final. -Trate de ser un héroe. Fallé.-

      -¿Fallaste? Mantuviste la Matriz del Tiempo fuera de las manos de ambos bandos, Yeerk o Andalita. Salvaste la galaxia.-

      -No pude salvar a Arbron. Ayude a destruir a Alloran y llevarlo a los Yeerks para que crearan la abominación en que se convirtió. No fui capaz de destruir esa abominación.

      Fui débil. Fui tonto.-

      -Te negaste a masacrar a prisioneros indefensos. Te negaste a destruirte a ti mismo para ganar una batalla. Eres sabio, para ser una creatura primitiva. Pero también alteraste el curso del tiempo usando la Matriz del Tiempo. Y eso ha creado terribles problemas. Para tu pueblo. Para ambos pueblos. Tu pueblo te necesita.-

      Reí. -Nadie me necesita.-

      -No estás dónde y en el momento que debes estar, Elfangor.-

      -La galaxia se puede arreglar sin mí.-

      El Ellimista se inclinó y puso su cara cerca a la mía. -No lo hará.-

      -¡¿Qué quieres de mí?!- Grité de repente enfurecido.

      -No queremos nada.-

      -¡Mentiroso! ¿Por qué estás aquí si no quieres nada?-

      -No interferimos en los asuntos de otras especies.-

      -¡Entonces vete! ¡Sal! ¡Déjame en paz!-

      -No interferimos. Pero a veces reparamos lo que está destrozado.-

      Me congelé. ¿Qué estúpido juego estaba jugando? ¿No interferiría pero lo haría? ¿Qué era aquello? ¿Qué quería?

      -¿Qué quiero? Nada. Pero te puedo decirte que has retorcido y distorsionado el tiempo. Las cosas no son como deberían. Guerras que deberías haber ganado han sido perdidas. Lo que debería estar a salvo ahora está en peligro.-

      -No puedo volver,- Imploré. -Ya no soy un Andalita. ¡Soy un humano! Tengo una esposa. Tengo un lugar aquí.-

      -Todo producto de tu intromisión,- Dijo el Ellimista. -La chica humana, Loren debía haberse casado con un humano. Debías haber sido un guerrero. Un gran héroe para tu pueblo. Un mentor y guía para tu hermano.-

      -¿Tengo un hermano? ¿Nació? Sabía que mi familia estaba preparando —-

      -No en esta línea del tiempo. Pero deberías. Él tiene un trabajo que hacer. Y también otra persona que ni siquiera sabes que existe. Elfangor, sin ti, tu pueblo, tus dos pueblos serán esclavos de los Yeerks.-

      Salté de vuelta a mis pies. -Estás mintiendo. Manipulándome. Usándome.-

      -No usamos a nadie. No interferimos. Pero si me pides que arregles el desastre que has creado. . . reparar la línea del tiempo para que regreses a tu destino… eso y sólo eso, puedo hacerlo.-

      Quería golpearlo. Quería vomitar. Odiaba la galaxia y todo en ella.

      -Hay una batalla, Elfangor. Un punto de inflexión. Visser Tres está allí. Se supone que estarás allí. Ahora.-

      -No puedo dejar a Loren.-

      -Escúchame, Elfangor. Visser Tres vendrá a la Tierra un día. Él la recuerda. Recuerda que se burló de ella. ¿Sabes lo que hará con ella? ¿Y serás capaz de detenerlo, cuando esté rodeado por miles de sus tropas?-

      Sentí un líquido caliente correr por mis mejillas. Lágrimas. Algo humano.

      -Y si vuelvo… si te pido que repares la línea del tiempo… ¿salvará eso a la Tierra? Salvará a los Andalitas? Y a mí Loren?-

      -No. No por sí solo. Pero lo que es imposible ahora se volverá posible de nuevo.-

      Miré a la criatura que pasaba por humano. La criatura que tenía el poder de hacer sistemas solares enteros desaparecer. -A qué juegas, Ellimista?-

      -Me interrogarás, Andalita? ¿O me pedirás que deshaga el desastre que has hecho?- –

      ¿Loren…?-

      -Nunca sabrá que exististe. Pero tú sabrás. Tú tendrás tus propios recuerdos.-

      Traté de sonreír, pero giró cruelmente en mis labios. –

      Dijiste algo sobre una batalla, Ellimista. .-

      -Ven. Te llevaré allí. Desaceré lo que has hecho, y repararé la fibra de tu destino, Elfangor.-

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n de Kik

Capítulo 47:

      Alguna vez, hace mucho tiempo, le expliqué a Loren cómo debía verse el universo como los Ellimistas lo veían. Y ahora, mientras un Ellimista me levantaba del mundo de todos los días de tres dimensiones de espacio y una de tiempo, vi lo que él veía.

      Cuando había usado la Matriz del Tiempo, vislumbré las líneas de tiempo entrelazadas. Pero ahora veía miles de tiempos más. Estaba más allá de mi visión. Más allá del sonido. Era un nuevo sentido, una nueva consciencia.

      Podía sentir las líneas de tiempo fluyendo a través de mí.

      Vi al Ellimista tal y como realmente era. Un ser indescriptible de luz, tiempo y espacio.

      Inmenso, pero con un lugar. Solo pero no el único de su tipo. Vi y comprendí el inmenso poder que llevaba a su alcance. Sin embargo, a pesar de toda la inmensidad de todo lo que había sido y que sería, vi también sus límites.

      El Ellimista era poderoso. Pero no todopoderoso.

      Vi a un joven Andalita que se parecía a lo que alguna vez fui: tan serio, tan determinado a ponerse a prueba. Escuché su nombre en mi mente: Aximili-Esgarrouth-Isthill.

      Hola, pequeño hermano, dije en silencio.

      Vi a Arbron, todavía vivo en el mundo Taxxonita. Sentí su hambre Taxxonita. Pero también sentí su orgullo Andalita.

      Hola Arbron Te has convertido en el héroe que siempre quise ser.

      Vi a Loren, ahora estaba envuelto en su línea de tiempo otro ser humano que sería su pareja. Había sido borrado de su memoria. Me desgarró mi corazón darme cuenta que ahora era un extraño para ella.

      Y pese a ello, vi que una parte de mi propia línea de tiempo seguía intersectada con la suya. Todavía tocaba su futuro de alguna forma. Mi línea y la suya convergían y entonces de estas dos líneas venía una nueva línea, apenas emergiendo, apenas empezando a crecer.

      <¿Qué significa esto?› Le pregunté al Ellimista.

      TIENES UN HIJO, ELFANGOR.

      En un flash vi la verdad. Esa era la razón por la que Loren había ido a ver al doctor. Habría vuelto a casa a contarme. Teníamos un niño!

      <¡No! ¡No me puedes llevar! ¡Tengo un hijo!> Grité. <¡Eso cambia todo! ¡No me lleves!>

      ESTAS LEJOS, ELFANGOR-SIRINIAL-SHAMTUL. LO QUE ESTABA ROTO SE HA REPARADO. ESTÁS DONDE DEBES ESTAR. EL NIÑO DE OTRO.

      <¡Pero mi hijo! ¿Qué pasará con él? ¿Existirá?>

      Vi la pequeña línea que era mi hijo fluir a través del tiempo. Vi dolor, dificultades y soledad en él.

      Pero luego, como una estrella distante, vi un flash luminoso lejos del margen de un futuro todavía incierto.

      Más allá de la galaxia, la línea de mi hermano llegaba a encontrarse con la de mi hijo. Y otras cuatro líneas brillantes se unían juntas con estas dos.

      Sabía que estaba viendo algo increíble e importante. Sabía que esta unión de seis líneas de tiempo, una Andalita y cinco humanas, eran el punto esencial de la -no interferencia- del Ellimista.

      <¿Así que no interfieren en los asuntos de otras especies?> Le pregunté.

      ESO FUE SARCASMO, ELFANGOR? Preguntó el Ellimista.

      Y luego lanzó una enorme risa que reverberó en todos los zarcillos del espacio y tiempo.

      <Es todo esto un juego para ti?>

      Sí, dijo el Ellimista, sin reír más. PERO NO SOMOS LOS ÚNICOS GRANDES PODERES DE LA GALAXIA. HAY OTRO. MÁS ANTIGUO QUE NOSOTROS INCLUSO. Y ÉL JUEGA UN JUEGO OSCURO, ANDALITA. ES CON ÉL QUE JUGAMOS. ASÍ QUE ESPERA QUE GANEMOS, ELFANGOR-SIRINIAL-SHAMTUL. ESPERA QUE GANEMOS.

      Vi una batalla adelante. Vi mi propio cuerpo girando y cambiando de tamaño.

      Abrí mis ojos auxiliares. Probé mi cola Andalita. Y de inmediato, Estaba en el puente de un caza Andalita.

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n de K

   Capítulo 48:

      Escuché las caóticas voces telepáticas gritando, Andalitas muriendo en mi cabeza.

      <¡Motores principales apagados, perdemos poder de maniobra!>

      <Estamos en punto muerto!>

      <Rompan! Rompan! Está sobre mí!>

      Vi en mi pantalla. La Nave Cúpula yacía indefensa, sin poder moverse. Cazas insecto Yeerk pululaban a su alrededor, disparando Rayos Dragón a máximo poder.

      Las defensas estaban fallando. Mientras miraba, uno de los motores de la Nave Domo estaba completamente arrancado de la nave. Una explosión sin sonido en el vacío del espacio.

      La nave estanque Yeerk se asentaba como una gigantesca araña posándose sobre su presa. La Nave Cúpula estaba acabada. Los Yeerks podrían terminar con ella fácilmente.

      Pero todavía los guerreros a bordo de la Nave Domo peleaban. Escuché los gritos en habla telepática a los cazas Andalitas sobrevivientes.

      <¡Seerian, cuidado! Hay un Caza insecto en tu cola!>

      <Separen el Domo! Denle dos objetivos para pelear!>

      Y entonces, <A todos los cazas. Es el capitán. Estamos iniciando la secuencia de autodestrucción. Limpien el área. Si alguien sigue con vida todavía, despejen la Nave Cúpula. Vamos a implosionar los motores y realizar un hoyo en el espacio. Tal vez podamos llevarnos a algunos de estos Caza insectos con nosotros. Autodestrucción en tres minutos,> dijo pesadamente y luego añadió, <Hemos hecho nuestro deber.>

      Ahora había una nueva nave en la visión de mi pantalla. Completamente oscura. Con forma de una antigua hacha de batalla.

      La Nave espada de un Visser. Se lanzó cerca de la condenada e indefensa Nave Cúpula. Y con sus Rayos Dragón empezó a cortar los dos motores faltantes. La Nave Cúpula no sería capaz de autodestruirse.

      <Cazas! Cualquier caza, traten de vaciar la Nave Cúpula!>

      El llamado del capitán no tuvo respuesta. No quedaban cazas.

      Así que esta era la batalla en la que el Ellimista quería que entrara. Aquí era donde debería estar. Llamé en uno de los comunicadores de las naves.

      <Escuchen, Nave Cúpula. Me haré cargo de la Nave Espada.>

      <Qué día . . . quién es?>

      <Elfangor. Es decir, Aristh Elfangor-Sirinial-Shamtul.>

      <Que estás haciendo por todas las colas de Crangar?>

      <Es una larga historia, Capitán. Espero tener la oportunidad de contársela.> Cambie los canales para emitir en abierto. En una frecuencia que los Yeerks monitorearían.

      Dirigí el caza directo a la Nave espada. Disparé una ráfaga mediana. Y llamé a la nave Espada. <Caza Andalita llamando al Visser Yeerk.>

      La cara de un Hork-Bajir apareció en el monitor.

      -Quién eres para llamar al Visser? Si ruegas por piedad podré reírme tanto como él!-

      <Rogar por piedad? De ninguna manera. Dile al Visser que un viejo amigo quiere verle. Dile que Elfangor ha venido a terminar lo que empezamos en un vórtice hace mucho tiempo.>

      En un flash la pantalla cambió. Y ahí estaba la cara de Andalita que había pertenecido al Príncipe guerrero Alloran.

      <Tú!> gritó.

      <Debo felicitarte por escapar del hoyo negro. Y he escuchado que te han ascendido, Yeerk. Visser Tres. Muy impresionante. Pero debo decirte, Yeerk que estoy apuntando a tu nave.

      Y exactamente en diez segundos dispararé la máxima ráfaga. A esta distancia tomará menos de dos segundos en impactar tu nave.>

      <Estás presumiendo!>

      <Diez . . . Nueve . . .>

      <Estarás muerto como yo.>

      <Sí. Lo estaría. Siete . . . Seis . . .>

      <Todos los Rayos Dragón a ese caza!> Le gritó Visser Tres a su equipo.

      La Nave Espada se volteó para llevar los Rayos Dragón adelante donde me podrían apuntar.

      <No tienes tiempo suficiente, Visser,> Dije.

      <Y una vez pulse al máximo la ráfaga será muy tarde. Cuatro . . . Tres . . .>

      Sus ojos principales destellaban odio hacía mí.

      <Dos . . . Uno . . .>

      <Sácanos de aquí a máxima velocidad!> Gritó Visser Tres a su piloto.

      Los motores de la Nave Espada brillaron y la nave se alejó de la Nave Cúpula.

      <Crees que has ganado Andalita?> Se burló Visser Tres. <Sigues siendo un guerrero. Y tu Domo está dañado. Me daré la vuelta, me iré y te terminaré a su debido tiempo.>

      <No me daría la vuelta todavía, Visser. Ves que me has costado mucho. Y voy a acabarte ahora mismo. Computadora? Ráfaga máxima!>

      FWOOOOOSH!

      Mis motores brillaron y fui arrojado de vuelta a través del puente destruido de los cazas.

      BOOOOOOM!

      Mi caza golpeó el cuello de la Nave espada, separando el puente con forma de diamante del resto de la nave.

      Pero no vi eso. El impacto me derribó y destruyó los motores del caza y el desfibrador completamente.

      Debí haber muerto.

      Pero no lo hice.

      Minutos después de haber destruido la Nave espada, la Nave Domo Andalita Golpe de Cola vino del espacio Zero a menos de un año luz de distancia. Los Yeerks decidieron que era tiempo de irse. Su nave estanque pusieron un área de contención alrededor de las partes destruidas de la Nave Espada y lograron llegar al Espacio Zero.

      Cuando me levante, a bordo de la Nave Cúpula, ya era un héroe. El aristh perdido que había regresado misteriosamente, años después de haber desaparecido y volado en su caza en una misión suicida. Había salvado la Nave Cúpula. Fui nombrado guerrero. El capitán personalmente me dijo que sería príncipe dentro de un par de años.

      Tenía suficiente tiempo, mientras me recuperaba de mis heridas para pensar que decirle al capitán. Consideré todo tipo de mentiras. Pero al final le dije todo. Quería que alguien supiera, ahora que Loren no podía.

      Le conté al capitán todo … excepto la ubicación de la Matriz del Tiempo.

      Cuando acabé, me miró por mucho tiempo en silencio. Al final dijo, <Entiendes Elfangor que tu historia nunca será pública. Eres un gran héroe y nuestro pueblo necesita héroes. Los detalles de tu historia sólo complicarían el asunto.>

      <Pero Capitán, me amotiné en contra de mi príncipe guerrero Alloran. Fracasé en salvar a Arbron. Y . . . y al final, hui.>

      Me miró muy seriamente. <Joven guerrero, crees que no sé qué pasó con Alloran? Crees que no sé acerca del virus de Quantum que desató en la batalla por el mundo Hork-Bajir? Alloran era mi amigo. Cuando ambos éramos arisths era un joven apacible y simpático. Y divertido! Le gustaba bromear y hacer trucos.>

      <Alloran?> Dejé escapar sin pensarlo.

      <Sí. Alloran. Pero la guerra hace cosas terribles a la gente. En algunos aumenta su grandeza. En otros los destruye. No te amotinaste contra Alloran. Defendiste tus convicciones así como el solía mantenerlas. Te plantaste por la gente.>

      Fue extraño. Quería llorar. Pero ya no tenía ojos humanos. Así que lloré de la forma que los Andalitas lo hacen. Dentro. En mis corazones.

      <En cuanto a huir a este lugar llamado tierra . Nadie puede ser valiente cada minuto de cada día. Nadie es valiente todo el tiempo. Y ahora tienes una segunda oportunidad. Necesitamos guerreros como tú, Elfangor.

      Guerreros que no olvidarán por qué están peleando. Te pondrás en pie por tu pueblo en estos tiempos terribles? Pelearás? Serás su héroe?>

      Supongo que sus palabras deberían haberme hecho sentir mejor. Alguna vez había querido ser un héroe. Pero ahora veía lo que significaba. Podía imaginar el precio que tendría que pagar. Las cosas que podría tener que hacer. Podía sentir el peso de esto asentándose en mí como mil libras de roca.

      <Sí, Capitán,> Dije. <Lucharé.>

      ©199_ K.A. Applegate

Capítulo 49:

      Pasaron muchos años antes de ver a la Tierra de nuevo. Había peleado más batallas de las que podía contar. Había ganado y había perdido.

      La guerra con los Yeerks se había prolongado.

      Ningún bando parecía ser capaz de destruir al otro. A veces me preguntaba si así debía ser o si los Ellimistas y sus oponentes desconocidos estaban interfiriendo para mantener la guerra por siempre.

      ¿Quién podía saberlo?

      Una grieta de Espacio Zero se había abierto entre el planeta Tierra y centros ocupados de la galaxia. Sucede a veces. Significaba que la tierra, en vez de estar a días estaba a meses de distancia.

      Tal vez fuera una coincidencia. O tal vez eran estos grandes poderes de la galaxia jugando sus juegos con los hilos del espacio y tiempo.

      Pero finalmente regresamos. Fuimos a la tierra porque teníamos evidencia de lo que ya sabía: Los Yeerks apuntaban a la Tierra.

      Fuimos en la nueva y brillante nave Domo Árbol de la Galaxia. Salimos del Espacio Zero y nos encontramos superados en número. Luchamos pero esta vez no hubo ningún rescate de último minuto.

      El Domo fue separado de la nave y se zambulló dentro del océano terrestre. Mi hermano, Aximili, un joven aristh como había sido yo estaba a bordo. Y yo, suficientemente desesperado como para romper mi juramento, llevé mi caza averiado hacia el planeta, buscando el lugar donde hace mucho había escondido la Matriz del Tiempo.

      Para el momento en que había aterrizado estaba muy débil por mis heridas para siquiera pensar en encontrar la Matriz del Tiempo. Estaba enterrada bajo las bases de concreto de un edificio a medio construir. Lo que había sido un bosque apacible era ahora un lugar de construcción.

      Yacía allí, muriendo, sabiendo que Visser Tres me perseguiría. Sabiendo en ese momento que al final se impondría sobre mí.

      Y fue entonces que cinco niños humanos, no mayores que Loren cuando la conocía por primera vez, aparecieron. Tres chicos y dos chicas. Asustados al verme.

      Pero no tan asustados como para correr.

      Uno de ellos parecía estar dibujado especialmente para mí. Y cuando vi su cara, supe por qué.

      Sólo podía ser el hijo de Loren. Mi hijo.

      -Hola,- me dijo el que se llamaba Tobías.

      Romí la ley Andalita y le di a estos niños el poder de transformarse. Comprendes, supe lo qué los chicos humanos podían hacer.

      Los Yeerks vinieron y les dije a los niños humanos que se escondieran. Pero Tobías se quedó detrás de mí por un corto instante. Solo.

      <Tu madre… cuéntame de tu madre, Tobías. Tu familia.>

      Estaba sorprendido. Contrariado. -Ella… desapareció.

      Cuando era pequeño. No sé qué pasó. Supongo que murió. La gente dice que simplemente se fue porque estaba arruinada. Dicen que nunca se llevó bien con mi padre. No lo sé. Pero sé que tiene que estar muerta porque nunca me habría dejado.

      Sin importar- Pero tal vez es sólo lo que me digo. No tengo exactamente una familia.-

      Fue una puñalada fresca de dolor en mis corazones. Y sin embargo, sabía que no todo estaba perdido.

      <Ve con tus amigos, Tobías. Ahora son tu familia.>

      Fue en ese momento que supe que aún había esperanza para mi pueblo adoptado, los humanos de la tierra. Mi hijo había sobrevivido. Era fuerte de formas que él no podía siquiera sospechar. Él cambiaría el curso de la historia.

      Y oh, mientras yacía ahora, a segundos de la muerte, atrapado bajo el poder de la monstruosa transformación de Visser Tres, puedo ver claramente lo que apenas suponía antes.

      Recuerdo ver la línea del tiempo que se distanciaba de Loren y la mía. Y recuerdo la explosión de luz al encontrarse con cuatro líneas humanas y la línea de mi propio hermano.

      Tobías era esa línea. Y unido con las otras, tenía los poderes que harían temblar a Visser Tres.

      Yo, Elfangor-Sirinial-Shamtul, habiendo transmitido todos mis últimos pensamientos y memorias para ser enviados a través del espacio a mi pueblo, ahora termino mi vida.

      Mí hirac delest está terminado. Voy en paz hacia la muerte. Y dejo como mi último legado una sola palabra para todos los pueblos libres de la galaxia.

      <Esperanza…>

      ©199_ K.A. Applegate

      2014 de la traducció,n d

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