Megamorphs 1: El regalo andalita

Sinopsis:

Nunca debimos haberlo hecho. Pero necesitábamos un respiro. Ya sabes, un tiempo alejados de los asuntos de los superhéroes. Una oportunidad para actuar como chicos normales. Bueno — tan normales como pueden serlo cuatro chicos que pueden transformarse, un halcón y un extraterrestre. Todo debería haber salido genial.

Ahora Rachel ha desaparecido. Y está esa… esa cosa que nos persigue. Pero no me toca a mí contar esta historia. Tobias, Cassie, Marco y Ax también esban ahí. Hasta Rachel tiene algo que añadir. Así que adelante, échale un ojo. Y recuerda no decir a nadie nada de lo que estamos a punto de contarte. Puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. O algo peor…

 

Datos del libro:

El libro original tiene 227 páginas divididas en 43 capítulos.

Narrador

Lo narran todos los Animorphs: Jake, el líder; Rachel, la chica rubia; la atenta Cassie; Marco, el payaso; el alienígena Ax y el solitario Tobias. Ahora, alguien del grupo está perdido y solo, y los Animorphs van a tener que usar todos sus recursos para salvarla –y salvarse- del último proyecto de Visser Tres.

En realidad, se suponía que sólo iba a ser otro aburrido verano. Rachel fuera, en el campamento de gimnasia, Jake y Cassie en una fiesta en la piscina, y Marco ocupado coaccionando a Ax para que le ayude a fastidiar a una chica que lo había dejado en mal lugar. Pero las cosas se ponen feas. Rachel nunca llega al campamento. En lugar de eso, se dedica a vagabundear en medio del bosque, perdida y amnésica a causa de un insólito accidente. Y no sólo eso, sino que además Visser Tres tiene una sorpresa reservada para los “bandidos andalitas” –su mascota Veleek, un terrible tornado monstruoso que es atraído por los Animorphs cada vez que se transforman.
¿Podrán los Animorphs rescatar a Rachel y arreglárselas para deshacerse del mortal Veleek siguiéndoles la pista dondequiera que van? ¿O ha encontrado Visser Tres finalmente la forma de librarse de los Animorphs?

Nuevos personajes

La mujer loca, uno de los primeros personajes de breve aparición en dejar una profunda huella en los fans de todo el mundo. Una vez fue un controlador, pero ahora ya no hay ningún yeerk en su cabeza. Se ha vuelto loca, y vive en las profundidades del bosque en una choza medio destrozada, siempre con la paranoia de que los yeerks intentan deshacerse de ella… y podría estar en lo cierto. Algunos tienen la teoría de que ésta es la misma mujer que los Animorphs liberaron del estanque yeerk en el Animorphs #1, pero la mayoría piensa que su origen será para siempre un misterio. En cualquier caso, ¿cómo no adorar a un personaje que acepta un trozo de corteza como tarjeta de crédito?

Nuevos alienígenas

Veleek: descubierto en Saturno, el Veleek parece un gigantesco tornado cortante, pero en realidad está formado por miles y miles de diminutas criaturas voladoras con aspecto de insectos que actúan como una sola unidad. Individualmente se parecen a las moscas, pero con cientos de alas y una especie de “cuencos del revés” haciendo de antenas. Y dos filamentos semejantes a los del pez gato que se extienden bajo su cuerpo. Juntos, pueden adoptar la forma que deseen.
Visser Tres encontró a estas criaturas, les puso nombre, y las alteró genéticamente para rastrear la energía de las transformaciones. Parecía imparable, hasta que accidentalmente Visser Tres revela el secreto para inutilizarlo…

Nuevas palabras

Ramonita: un tipo de metal alienígena que se abre, se aclara o se oscurece con la realineación molecular.

Veleek: palabra yeerk para “mascota”.

Transformaciones

Los únicos que adquieren nuevas formas son Cassie, que se transforma en una ballena jorobada (13); Marco, en un travieso ratón (11); y Ax, también en ratón (9) para ayudar a Marco, y en una de las molestas pulgas (10) que le acosan para engañar a los yeerks.

Prólogo

Nunca debimos haberlo hecho. Pero necesitábamos un respiro. Ya sabes, un paréntesis en los asuntos de los superhéroes. Una oportunidad para actuar como chicos normales. Bueno – tan normales como pueden llegar a ser cuatro chicos que pueden transformarse, un halcón y un extraterrestre. Podría haber estado bien. Ahora Rachel se ha perdido. Y está esa… esa cosa que va detrás de nosotros. Pero no es mi tarea contaros la historia completa. Tobias, Cassie, Marco y Ax también estuvieron ahí. Incluso Rachel tiene cosas que añadir. Así que sigue adelante y compruébalo. Y recuerda no decirle a nadie lo que estamos a punto de contarte. Podría significar la diferencia entre la vida y la muerte… © 1997 K.A. Applegate 2004 de la transcripción/traducción de Tara

Capítulo 1 Mi nombre es Jake. Sólo Jake. Sin apellido. O, al menos, sin un apellido que pueda decirte. Soy un Animorph. Creo que eso me convierte en una de las especies más buscadas y en peligro de extinción de la Tierra. Los Yeerks me quieren muerto. Quieren a mis amigos muertos. Así que si se enteraran de quién soy, y de cómo encontrarme, no tendría ninguna oportunidad. Es por eso por lo que no te diré mi apellido. Y no te diré en que ciudad o estado vivo. Porque quiero seguir viviendo. Quiero seguir viviendo para poder luchar contra ellos. ¿Eres una de esas personas que miran al cielo nocturno y se pregunta si hay vida allí entre las estrellas? ¿Te haces preguntas sobre los OVNIs? ¿Te preguntas si los extraterrestres vendrán a la Tierra alguna vez? Bueno, deja de preguntártelo. Los Yeerks están aquí. Son especies parasitarias –sólo pequeños gusanos, en realidad. Pequeños gusanos que se meten dentro de tu cabeza y acoplan sus cuerpos a tu cerebro y te hacen hacer cualquier cosa que ellos quieran que hagas. Cuando eso pasa dejas de ser un verdadero ser humano. Te conviertes en un Controlador. Así es como llamamos a un humano bajo el control de un Yeerk. Cuando hablas con un Controlador, puedes estar mirando una cara humana, puedes estar oyendo una voz humana, pero a quien en realidad estás hablando es a un Yeerk. Y están por todas partes. Si crees que nunca has visto alguno, estás equivocado. Los policías en su coche patrulla, el dependiente de la tienda, tu profesor, el cura de tu iglesia, tu doctor: cualquiera de ellos puede ser un Controlador. Tu madre, padre, hermana, o mejor amigo: todos ellos pueden ser Controladores. Yo sé lo que es. Mi hermano Tom es uno de ellos. Me han arrebatado a mi hermano y lo han convertido en un enemigo. Me siento a la mesa ante el desayuno cada mañana y tengo una pequeña charla con él, sabiendo que Tom nunca volverá a ser Tom. Y también se han llevado a la madre de mi mejor amigo. Todo el mundo piensa que la madre de Marco ha muerto. Sólo él y yo sabemos la verdad: ella también es uno de ellos. Están por todas partes. Pueden ser cualquiera. Destrozan vidas. Hacen cosas que no puedo ni mencionar. Y nosotros solos nos enfrentamos a ellos. Únicamente nosotros somos conscientes de la amenaza. Los seis: cinco Animorphs y un Andalita. Cinco chicos humanos con el poder de convertirnos en cualquier animal que toquemos. Y un chico de otro planeta que parece una extraña mezcla entre un ciervo, un humano y un escorpión. Nosotros seis contra todo el poder de los Yeerks, y toda la malvada genialidad de su líder, Visser Tres. Que es por lo que Rachel estaba tan preocupada por tener que irse, aunque sólo fuera un fin de semana. Estábamos todos juntos ese viernes por la tarde -Marco, Cassie, Tobias, Rachel y yo. Ax no estaba porque habría tenido que cambiar a su forma humana. Creo que se siente desnudo sin su letal cola. Así que sólo estábamos los cinco en el granero de Cassie, rodeados por todo el cotorreo, griterío, chillidos, pavoneos (y olores) de los animales en sus jaulas. El granero es también la Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje. Los padres de Cassie son veterinarios. Utilizan el granero para cuidar animales salvajes enfermos o heridos. “Es demasiado estúpido, dos días de campamento gimnástico en los que me inscribí hace un montón de tiempo,” estaba diciendo Rachel. “¡Vaya cosa! Era algo que tenía pensado hacer … ya sabes, antes.” “Rachel, deberías ir,” dijo Cassie. “No podemos organizar nuestra vida entera alrededor de la lucha contra los Yeerks. Tenemos que intentar ser medio-normales. Vamos, no puede ser todo peligro y batallas y miedo, ¿no? Así que ve. Pero por ahora ayúdame a levantar esta jaula de cuervo. Se ha subido a ese estante.” Cassie estaba intentando que la ayudáramos a limpiar el granero. Solemos usar el granero para nuestras reuniones. Era uno de los pocos lugares donde podíamos encontrarnos con Tobias. Él no puede ir al centro comercial, precisamente. <Cuervos,> dijo Tobias, en un lenguaje telepático que sólo oímos en nuestras mentes. <No puedo creer que estés cuidando un cuervo. Odio a los cuervos. ¿Sabes cómo se rompería ese ala? Probablemente intentando asaltar a un respetable halcón, así. Los cuervos son unos auténticos indeseables.> Tobias estaba posado en las vigas más altas del granero. Desde ahí podía volar dentro y fuera a través del desván. Tobias es un ratonero de cola roja. En este momento, en su mente, en su alma, es humano. Pero el poder de la transformación tiene un terrible reverso. Conserva una forma durante más de dos horas y te quedarás en ella para siempre. Tobias estaba atrapado en un cuerpo con largas y poderosas alas, afiladas garras, y ojos fieros y encendidos que te enfocaban por encima de su pico ganchudo. Jamás creerías que una vez fue un agradable chaval. Me pregunto si aún es ese chico. Pero también es un halcón. <Sí, te estoy mirando a ti, cuervo,> dijo Tobias como una burlona amenaza. Obviamente, el cuervo no entendía el habla telepática. Cassie sonrió. “Tobias, prometo que cuando libere a éste, lo llevaré lejos de tu territorio.” “Ya le dije a Melissa Chapman que no iba a ir,” dijo Rachel, volviendo a sus cosas. “Se ha ido al campamento esta tarde, justo después de clase.” Marco, que había estado tirado sobre un gran montón de heno y mirando al techo, se levantó. “Rachel no cree que podamos sobrevivir sin ella durante dos días. Después de todo, ella es la poderosa Xena: la Princesa Guerrera.” Ese era el apodo burlón que Marco le había puesto a Rachel. Rachel tiene tendencia a ser muy audaz. Siempre que hay que hacer algo que roza-la-locura, Rachel es la primera voluntaria. “¿Marco? Tienes heno en el pelo,” dijo Rachel. Él ignoró su observación. “Rachel piensa que si no está aquí y tenemos problemas, saldremos corriendo y gritando como un puñado de críos asustados.” Fingió una expresión seria. “Lo que quiero saber es esto: ¿por qué no te vistes como Xena? Bueno, el traje de cuero y la espada son ideales para ti.” “Vale, cállate, iré,” dijo Rachel. “Iré. Voy a ir. Sólo por alejarme de Marco durante un par de días. Cogeré el autobús mañana por la mañana.” “Piensa en mí cuando estés en las barras paralelas irregulares,” dijo Marco. Pero no era a Marco a quien Rachel miraba. Era a Tobias. “Os mantendréis alejados de los problemas mientras estoy fuera, ¿verdad?” <Estaremos bien, Rachel,> dijo Tobias. Vi a Cassie sonreír, y mi mirada se encontró con la suya. Asintió levemente. Cassie tiene la teoría de que Rachel y Tobias se gustan. No es que Rachel haya dicho nunca nada, aunque Rachel y Cassie son íntimas amigas. Cassie cree que es enternecedor y romántico. Yo simplemente creo que es un poco triste. Bueno, por lo que sabemos, Tobias nunca volverá a ser un humano completo. “Deberíamos disfrutar de un buen fin de semana normal,” dije. “Divertirnos de forma normal. Ya hemos tenido suficiente peligro y emoción.” Marco me lanzó una mirada taimada y resentida. “Algunos se lo van a pasar mejor que otros. Algunos van a ir a fiestas en la piscina a las que algunos otros no hemos sido invitados.” Agitó sus puños hacia el techo de forma melodramática. “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué tiene esa chica contra mí?” Puse los ojos en blanco. “Ya empezamos otra vez.” Cassie me rescató. “Necesito que alguien fuerte venga conmigo, que me ayude a cargar algunas jaulas nuevas del camión. ¿Marco?” “¡Oh! ¡Mi espalda!” chilló Marco. “¡Un dolor repentino e insoportable!” “Ya voy yo, Cassie,” dije. Le di un empujón a Marco, tirándolo sobre el montón de heno. “Eres patético.” “No te canses mucho,” dijo Marco con una sonrisa de superioridad. Fuera, lejos del resplandor dorado del granero, se estaba haciendo de noche. Había aparecido la luna llena, y ya podías ver las primeras estrellas saliendo por el este. El camión de carga estaba repleto hasta los topes de jaulas de metal. Me subí y empecé a desatar la cuerda que las mantenía en su sitio. “Parece raro –lo de Rachel marchándose- aunque sea por un par de días,” dijo Cassie. “Y parece incluso más raro el hecho de que parezca raro. En fin, no es ninguna tragedia.” “Bueno, supongo que cuando la vida se convierte en una completa locura, son las cosas normales las que se empiezan a ver raras.” Cassie asintió lentamente. Durante un rato no dijo nada. Simplemente siguió ahí con los brazos cruzados, mirando a la luna. Bajé del camión. “¿Qué te preocupa?” Se encogió de hombros. “Nada. Sólo… una sensación. No lo sé. Pesadillas, supongo.” “Yo también las tengo”, dije. “Todos las tenemos. No puedes pasar por todo esto y no tener preocupaciones. ¿Sobre qué es el sueño? ¿El asunto de las hormigas?” Una vez nos transformamos en hormigas. Nos metimos en un túnel bajo tierra y fuimos atacados por una colonia de hormigas enemiga. Nadie quería volver a pasar por eso otra vez. Nunca más. “No, las hormigas no,” dijo Cassie. “Al menos, no directamente. Es… es estúpido. Hay… hay algo. Ni siquiera sé lo que es. Pero no es nada bueno. Y me pide que haga una elección. En el sueño tengo que decidir quién vive y quién muere.” Me acerqué a Cassie y pasé un brazo alrededor de su hombro. Tenía la piel de los brazos erizada. “Antes no solía preocuparme, Jake,” dijo Cassie. “No sin motivo. Y ahora es como si estuviera asustada continuamente.” “Encontrarás la solución,” dije. Me inquietaba hablar de sentimientos como ése. Supongo que pienso que si no hablas sobre el miedo, éste desaparecerá. “Siempre encuentras la solución,” repetí. “Eso espero,” dijo Cassie en un susurro. “Eso espero.” © 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara

Capítulo 2 Me llamo Rachel. Vivo con mi madre y mis dos hermanas pequeñas. Vivimos bastante cerca de Jake, que vive bastante cerca de Marco. Cassie es la que está más lejos porque vive en una granja. Supongo que somos un grupo de chicos bastante promediado. Bueno, éramos un grupo de chicos bastante promediado. Marco vive con su padre. Yo vivo con mi madre. Jake y Cassie tienen a sus dos padres cerca. Vamos al colegio. Hacemos los deberes. Nos dejamos caer por el centro comercial. Escuchamos música. Vemos películas el fin de semana. Lo normal. Un aburrido promedio. Hasta una noche en la que nos encontramos todos en el centro comercial y decidimos tomar un atajo a través de un solar abandonado cerca de la autopista. No éramos un ‘grupo’ hasta entonces. Jake era mi primo, pero no nos veíamos mucho, excepto en el colegio. Cassie era mi mejor amiga, y lo había sido desde hacía mucho tiempo. Pero Marco era simplemente el amigo de Jake, no el mío. Y Tobias era ese chico por el que Jake sentía lástima porque venía de un hogar destrozado y se había convertido en el objetivo de los matones. Ése es Jake: cuando ve a un chico con la cabeza metida en un retrete del colegio, va decidido a pararlo. Jake no es precisamente un tipo grande y duro. Es sólo que cuando te dice, con esa voz calmada y razonable, que dejes de molestar a alguien, tú paras. Simplemente lo haces. Jake es algo así como el que está al mando. No es que él quiera. Es sólo que parece natural que sea así. Y no es que Jake no tenga su propio nivel de estupidez. Bueno, él estaba allí con nosotros, caminando a través de un solar desolado y abandonado aquella noche. No es lo más sensato que he hecho nunca. Pero resultó que el verdadero peligro de aquella noche no venía de ningún loco con una navaja. El verdadero peligro venía de una dirección totalmente diferente. Ahí fue donde aterrizó la destrozada nave Andalita. Ahí mismo, en el solar. Ahí es donde vimos nuestro primer extraterrestre. Ahí es donde supimos de la amenaza Yeerk. Y ahí es donde el Andalita, el Príncipe Elfangor, nos dio nuestro poder para transformarnos. También es donde Elfangor murió. Lo vimos todo. Vimos como esa criatura valiente, honrada y respetuosa era asesinada por Visser Tres. Asesinada por intentar proteger a la gente de la Tierra. En fin. Fue entonces cuando nos convertimos en un grupo. Marco se inventó un nombre para lo que éramos. Animorphs. Personas que pueden transformarse en animales. El Andalita nos dejó la misión de tener que combatir a los Yeerks, y nos dio esa única arma: el poder de transformarnos. Como toda arma, supone un peligro incluso para quien la usa por una buena causa. O si no preguntadle a Tobias. Pero es un poder impresionante. Les hemos hecho algún daño a los Yeerks. Y para ser sincera contigo, a veces la habilidad de transformarse es muy divertida. Ahora mismo, sin embargo, mi vida ‘normal’ me llamaba. Empezaba a hacer calor mientras caminaba hacia el colegio a la mañana siguiente. El autobús para el campamento llegaba a las once. Llegué al colegio con una hora de antelación. Me detuve en la acera, delante del colegio y comprobé el reloj. El sol se levantaba rápidamente, y ya podías adivinar que iba a hacer un día realmente caluroso. Sonreí. Sería un buen día para ir a volar. Crucé el campo de atletismo y me dirigí hacia los árboles de detrás de la escuela. Quería estar con Tobias antes de marcharme. Por nada importante. Es sólo que suelo ocuparme de las cosas que Tobias necesita. A veces le llevo libros. Ya sabes — cosas que no puede conseguir en el bosque. Pero Tobias no es siempre un tipo fácil de encontrar. Especialmente por la mañana, cuando está fuera cazando el desayuno. Sabía que necesitaría buena vista y velocidad para encontrarle y volver a tiempo para coger el autobús. Es curioso como nunca se me ocurrió que estaba en una situación muy peligrosa. Verás, mi madre y mis amigos pensaban que yo estaba en el campamento. No esperaban verme durante un par de días. Pero la gente del campamento no sabía que yo iba a ir. Así que tampoco esperaban verme. Pero nada de eso se me ocurrió. Después de todo, ¿por qué tenía que preocuparme? Ni que supiera lo que iba a pasar. Así que me adentré entre los árboles, metí la ropa en mi mochila, la escondí entre unos arbustos bajos, y eché un rápido vistazo a mi alrededor para asegurarme de que estaba sola. Luego empecé a transformarme. Concentré mi mente en uno de los muchos animales cuyo ADN forma parte de mí. Cada transformación es única. Los cambios nunca ocurren de la misma forma dos veces. Esta vez, lo primero en cambiar fue mi boca. Mis labios crecieron, endureciéndose y haciéndose más rígidos. Y cuando miré hacia abajo, pude ver mi boca adquiriendo un color amarillo brillante y sobresaliendo abultada. Mientras eso pasaba, empecé a encoger. La tierra cubierta de agujas de pino se acercaba a mí mientras perdía un pie de altura en cuestión de segundos. Luego otro pie. Lo más extraño, sin embargo, era mi piel. La piel de mis brazos comenzó a derretirse como velas de cera. Se derritió y se separó. Formaba intrincados dibujos, como un tatuaje de plumas. De repente, las plumas dibujadas ya no eran sólo diseños. Empezaron a emerger plumas de verdad. Las plumas eran marrón oscuro, excepto las que sustituyeron mi pelo rubio y la piel de mi cara y mi cuello. Esas plumas eran blancas como la nieve. Cuando la transformación estaba casi completada, sólo medía alrededor de los dos pies de alto. Mis pies se habían escindido y formaban las garras amarillas, cada una de las cuales terminaba en una especie de garfio retorcido y ganchudo. Mis brazos se elevaron, horizontalmente. Largas plumas brotaron de ellos, incluso mientras mis huesos sólidos, pesados, humanos, se ahuecaban y se hacían más ligeros. Me llevó sólo un par de minutos el terminar la transformación. Ya no era humana. Era un águila calva. Me volví para encarar la brisa y abrí las alas. Medían seis pies de punta a punta. Sentí el viento alborotando mis plumas, presionando mis músculos. Aleteé varias veces con gran fuerza, y entonces… ¡Estaba en el aire! Encogí mis garras recogiéndolas contra el cuerpo. Batí las alas y ascendí. Aleteé más, y remonté el vuelo sobre los árboles. Las ramas más altas intentaban alcanzarme, pero no lo conseguían. Aleteé incluso más aún y me encontré con una corriente ascendente agradable y poderosa. Era como un apoyo invisible que me forzaba a subir y subir. ¡Arriba y arriba! Ascendí hasta que estuve bastantes cientos de pies por encima de las copas de los árboles. Podía ver la escuela por debajo. Podía ver el autobús aparcado en el parking vacío. Y, siendo un águila, podía ver muchísimo más. Mirar a través de los ojos de un águila es como tener unos binoculares acoplados. Desde cientos de pies en el aire podía ver a los ratones de campo sacando sus naricillas de las madrigueras. Podía ver hormigas escalando los troncos de los árboles. Podía mirar a través del agua de un arroyo y ver los diminutos peces comiendo. Podía verlo todo, como ningún humano verá nunca. Me dirigí a los frondosos bosques donde vive Tobias. Puede que haya algo mejor que volar libremente, por encima de los árboles, remontar el viento, pero lo dudo. Era la libertad sobre cualquier sueño de libertad. Me encantaba. A pesar de todo el dolor que causa la guerra contra los Yeerks, juro que a veces el simple hecho de poder volar hace que valga la pena. Estaba cerca del territorio de Tobias cuando divisé algo por debajo de mí que llamó mi atención. Era un animal parecido a un ciervo, corriendo velozmente a través de los árboles. Cuando lo enfoqué con mi visión de intensidad-láser de águila, pude ver el torso medio-humano y la cara y la mortífera cola de escorpión. ¡Ax! O Aximili-Esgarrouth-Isthill, usando su nombre completo. Ax es un Andalita. El único Andalita que sobrevivió de la terrible batalla espacial contra los Yeerks. El Príncipe Elfangor era su hermano. Era divertido verlo correr. Nunca he visto nada que pueda parecer tan grácil y delicado un instante –y tan peligroso al siguiente- como un Andalita. Decidí descender hacia Ax y saludarle. Dejé escapar un poco de aire de mis alas y me lancé, estimulada por la sensación de la caída controlada desde cientos de pies de altura. Es como saltar desde un rascacielos, sabiendo que puedes sobrevivir. Bajé hacia los árboles. Tuve tiempo de ver el nido en una de las ramas altas. Justo en el límite de mi campo de visión. Tuve tiempo para pensar, ¿No es mono? Pájaros bebés. Y entonces me golpearon. ¡SWOOP! ¡SWOOP! ¡Más rápidos que yo! ¡Más ágiles! Pequeños pájaros oscuros se precipitaron zumbando contra mí derechos a golpearme. ¡Demasiados! ¡SWOOP! ¡SWOOP! ¡SWOOP! Me volví bruscamente hacia la izquierda. En un segundo supe lo que estaba pasando. Pensaban que estaba atacando su nido. ¡Me estaban ‘asaltando’! Intentando ahuyentarme. Me ladeé en un giro brusco. ¡Demasiado rápido! Aún iba demasiado rápido por haberme lanzado desde lo alto. ¡Demasiado rápido! ¡Giro a la izquierda! ¡Vuelta! ¡WHAM! A penas pude ver el tronco del árbol antes de chocar contra él. De cabeza. Caí. A través de las ramas que me desgarraban, me golpeaban, me herían, me rasgaban las alas. Caí contra el suelo con fuerza. Estaba herida. Sabía que estaba herida. Me apagaba. Mi mente iba a la deriva. Pensamientos humanos… instintos de águila, todos arremolinados, mezclados. Caía, caía dentro de un pozo oscuro. Caía… Transfórmate, me dije. Rachel… ¡TRANSFÓRMATE! Y luego desaparecí. © 1997 K.A. Applegate 2004 de la transcripción/traducción de Tara

[b]Capítulo 3:[/b] “Mira, es fácil,” expliqué pacientemente. “Hay una fiesta. Esa fiesta en la piscina. Y a mí no me han invitado. No sólo no me han invitado, sino que además la chica que da la fiesta me ha evitado abiertamente para no invitarme.” Bueno, hola, mi nombre es Marco. También soy un Animorph. Soy el más listo y el más guapo. No, en serio. Jake es el jefe, Cassie es la simpática, Rachel es la ridículamente valiente, y Tobias es un pájaro. Yo soy el guapo. Todas la chicas lo piensan. Todas excepto Darlene. <Así que no te quieren en esta fiesta. ¿Pero quieres ir de todos modos?> Ese era Ax hablando. Bueno, no exactamente “hablando”. Es un Andalita, y los Andalitas no tienen boca. Hablan ‘a través del pensamiento’. Es una especie de telepatía. Todos podemos hacerlo cuando estamos transformados. Pero para los Andalitas es su lenguaje natural. El verdadero nombre de Ax es Aximili-Esgarrouth-Isthill. La lengua se hace un lío, ¿verdad? Ahora ya sabes por qué le llamamos simplemente Ax. “Ciertamente,” le expliqué. “Bueno, Jake y Cassie han sido invitados los dos. Rachel ha sido invitada, pero va a esa estúpida cosa de gimnasia. Básicamente, han invitado a toda la escuela. Todo lo que digo es que debe haber una razón por la que yo no he sido invitado. Y creo que sé cual es la razón: a Darlene le gusto. No hay ninguna otra explicación.” Ax parecía sorprendido. <¿Eso es normal entre los humanos? ¿Evitas a los que te gustan?> “No gustar. Gustar. Tú me gustas, Ax. Pero no me gustas. Hay un gustar, y hay un gustar.” Ax me miró fijamente con sus ojos principales. En total tiene cuatro ojos. Dos de ellos son bastante normales. Los otros dos están situados en esas antenas acechantes que surgen de la parte de arriba de su cabeza como los pequeños cuernos de la jirafa. Al final de cada antena tiene un ojo que puede enfocar en cualquier dirección. Bastante espeluznante. Pero no puedes acercarte sigilosamente al chico, eso te lo garantizo. <Estoy confundido,> dijo Ax. “No pasa nada. No necesitas entenderlo. Sólo quiero que vengas conmigo.” <¿A la fiesta?> “Eso es. Tenemos que ir a la fiesta para ver lo que Darlene va diciendo de mí. Seguro que ella y sus amigas animadoras se ponen a hablar de mí. Quiero oír lo que dicen.” <¿Y quieres que yo vaya contigo?> “Sí. Tú y yo. Necesito que alguien me cuide las espaldas.” <Pero el Príncipe Jake estará en la fiesta, ¿no?> Puse los ojos en blanco. Ax está convencido de que Jake es un príncipe. Supongo que los Andalitas están obsesionados con lo de la realeza. “Sí, Jake estará. Pero Jake no va a ayudarme a espiar a Darlene, ¿no? Ni tampoco Cassie. Cassie no cuadra demasiado bien con el grupo de animadoras. Hablan sobre ropa y chicos. Cassie habla sobre animales y lo de salvar el mundo y eso.” <Discúlpame si sueno escéptico y, por favor, no te ofendas,> dijo Ax, <pero creo que es una idea deshonrosa.> <Crees bien, Ax.> Tobias. Pasó zumbando a toda velocidad y aterrizó en una rama baja. Llevaba algo en el pico. “Hola, Tobias,” dije. “¿Lo tienes?” <Sí. ¿Y sabes lo duro que es volar por ahí con un ratón vivito y coleando en el pico?> “Acércamelo,” dije. <Eres un ser humano retorcido y taimado, Marco,> dijo Tobias. <Ax, si tienes un poco de sentido común no te meterás en esto.> <Tobias, estoy sufriendo. Tengo pequeños granos que me pican en algunas partes del cuerpo. Marco ha accedido a ayudarme, si yo le ayudo. Tiene una extraña medicina que servirá.> <Marco, ¿estás chantajeando a Ax con insecticida para pulgas? Ax, amigo, sólo tienes un par de pulgas. Es algo normal en los bosques. No dejes que Marco te utilice–> “Dame el ratón y deja de comportarte como mi padre,” le interrumpí. “No estoy chantajeando a nadie. Le traeré a Ax el insecticida. Ugh. Siempre tan escépticos.” Tobias bajó el ratón y lo cogí con una mano. Se retorcía y casi lo dejo caer. Pero cuando empecé a ‘adquirir’ su ADN, se calmó. Mira, si te quieres transformar en un animal, tienes que adquirirlo primero. Tienes que tocarlo. Luego focalizas tu atención en él, te concentras. El animal entra en trance. Y mientras tanto, su ADN va siendo absorbido. No preguntes cómo funciona. Es algún tipo de extraordinaria biotecnología Andalita. Simplemente sé que funciona. Cuando ya hube adquirido el ratón, se lo pasé a Ax. Tuvo que usar ambas manos para sostenerlo. Las manos y los brazos andalitas son bastante enclenques. Por supuesto, tienen también cuatro patas, y esas sí son fuertes. Bueno, Ax puede cargar cosas con los brazos cuando quiere. Y apuesto a que puede correr con ellas a setenta kilómetros / hora. Y luego está la cola. La cola es el motivo por el que los Andalitas nunca podrán ser considerados ‘monos’ de verdad. He visto a Ax utilizar su cola contra enormes guerreros Hork-Bajir. ¿Y la rapidez? Tío, nunca consigues seguir sus movimientos. Es como ¡WHAPP! y de repente el Hork-Bajir sólo tiene una mano. Creo que Ax podría cortar el tronco de un árbol con esa cola si le apeteciera. <Marco, sabes que Jake te quemará vivo después de esto,> dijo Tobias. <¿Transformarse por motivos personales?> “Hey, a Jake le han invitado a la fiesta, ¿vale? Estará tomando el sol en la orilla de la piscina. Se lo estará pasando genial. Mientras tanto, yo, su mejor amigo, ni siquiera he sido invitado. Jake es un tipo justo. Yo te pregunto: ¿esto es justo? No. Evidentemente no.” <Marco, Jake dice que la última vez que te invitaron a una de las fiestas en la piscina de Darlene tiraste una tableta de chocolate Baby Ruth a la piscina y le dijiste a todo el mundo que era… ya sabes. Puede que sea por eso que no has sido invitado.> “Tenía seis años,” protesté. “No sabía muy bien lo que hacía. Además, fue divertido.” <Marco, no tenías seis años. Tenías diez.> “Lo que sea. ¿Quién se acuerda de eso?” <Darlene.> Ignoré a Tobias. “¿Has adquirido el ratón?” le pregunté a Ax. “Si es así, devuélveselo a Tobias para el almuerzo.” <Ya he comido, gracias,> dijo Tobias. <Pero no deberías reírte. Si quieres jugar a los ratones, mejor recuerda esto: hay muchos depredadores a los que les encanta comer ratones. Es un mundo peligroso.> “¿Y quién puede saber eso mejor que tú, Señor Depredador?” Tobias se rió. <Incluso los depredadores nos convertimos en presas a veces. He visto un águila calva asaltada por un puñado de arrendajos esta mañana. Chocó contra un árbol. Creo que el águila iba a por el nido.> “No habrá ningún águila en la fiesta,” dije. “El mundo de los pájaros es tu problema, chico. Tengo una fiesta que atender.” <A Darlene le gusta Marco,> dijo Ax. <Pero no le gusta.> <Eso se parece bastante a lo que todo el mundo siente hacia Marco,> dijo Tobias riendo. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] “Tengo un mal presentimiento sobre esta fiesta,” dije. “Darlene debería haber invitado a Marco. No habría repetido lo de la barrita Baby Ruth otra vez. Ahora es mucho más maduro. Creo.” “Yo también me siento un poco culpable,” dijo Cassie. Bajó su voz hasta convertirla en un susurro y acercó su boca a mi oído. “Pero te recuerdo que dijiste que debíamos tomarnos el fin de semana libre y ser normales. Así que voy a ser normal.” Los dos estábamos en bañador, sentados en las largas sillas de piscina. Ya sabes — esas que puedes ajustar para tumbarte o sentarte. Había cuarenta o cincuenta chicos alrededor de la piscina. La familia de Darlene tiene dinero, supongo, porque es una piscina muy chula. Había una larga mesa cargada de patatas y salsa y companaje. Y neveras llenas de refrescos. Sonaba música rock bastante decente que surgía del estereo. Algunos chicos estaban bailando. Ni siquiera era aún mediodía, pero el sol ya estaba brillando. Iba a hacer calor, eso seguro. Casi envidiaba a Rachel dirigiéndose a las montañas. Probablemente hacía más fresco allí. “Parece raro eso de sentarse por ahí y relajarse,” dije. En cuanto las palabras salieron de mi boca, oí un grito que me heló la sangre. “¡Yaaaaaahhh!” chilló alguien. “¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!” gritó alguien más. Me levanté de golpe. ¡Problemas! Podía sentir la sensación familiar de la inyección de adrenalina. Miré rápidamente a mi alrededor, buscando los modos de escapar, los lugares donde podríamos quedarnos y luchar, los sitios donde podríamos escondernos para transformarnos rápidamente. La gente corría. No… bien mirado, sólo un par de chicas corría. Ellas eran las que habían gritado. “Esa es Darlene,” dijo Cassie. Me lanzó una mirada perpleja y preocupada. “¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Aléjate de mí!” chillaba Darlene. “¡Aléjateeeee!” Darlene corrió hacia nosotros. Corrió como si los perros del infierno la estuvieran persiguiendo. “¡Ayudadme!” gritó. “¡Va detrás de mí!” “¡¿Qué pasa?!” grité, a nadie en particular. “¡Un ratón!” chilló una chica llamada Tracy. “¡Un raaaaatón!” Entonces los vi: dos pequeños ratones diminutos e inofensivos. Dos pequeños ratones, persiguiendo a Darlene como un par de leones intentando cazar un búfalo. Darlene se escabulló hacia la derecha. El ratón se dirigió hacia la derecha detrás de ella. Y entonces pasó algo muy interesante. Ese chico llamado Hans chilló, “¡Darlene! ¡Ven por aquí! ¡Yo los aplastaré!” Darlene se dirigió hacia Hans. Hans levantó el pie, preparado para pisar a los ratones cuando pasaran. Pero de repente el ratón viró bruscamente a la izquierda, rodeó a Hans, y siguió corriendo tras Darlene. Entonces lo supe. El ratón había oído el plan de Hans. Habían girado para ponerse a salvo. “Los ratones de verdad no persiguen a la gente,” dijo Cassie, lanzándome una mirada significativa. “No, no lo hacen,” asentí. “Marco,” susurró Cassie. “Y debe haber arrastrado a Ax con él.” “Lo voy a matar,” dije. “En cuanto lo salvemos.” Corrí alrededor de la piscina. Atravesé un puñado de sillas volcadas y latas de refrescos y platos de plástico. Cassie fue por el otro lado. “¡Ayudadme! ¡Ayudadme!” gritó Darlene, corriendo hacia la puerta del patio. “¡Hey!” chilló Cassie tan alto como pudo. “Sólo son un par de ratones. Nada de lo que asustarse.” Uno de los ratones vaciló. Marco había reconocido la voz de Cassie. “Ya sabes, si esos ratones quieren seguir vivos, deberían ir hacia Cassie,” dije, intentando sonar como si estuviera bromeando. “De otro modo, alguien acabará matándolos.” Entonces, susurrando, añadí, “Alguien como yo”. <Ya lo he oído,> me dijo Marco telepáticamente. Podía oír su habla telepática. Pero mientras no estuviera transformado, no podía contestarle. Probablemente era lo mejor. Habría usado algunas palabras que no debería usar. ¡Era un caos! Cuarenta chicos corriendo por ahí como idiotas. La mitad huyendo de los ratones. La otra mitad detrás de ellos. Todo el mundo armando escándalo. “Ven aquí, pequeño ratoncito,” dijo Cassie suavemente. Estábamos intentando hacer que Marco se diera cuenta de que tenía que dirigirse a Cassie. Sabía que podía oírnos — los ratones tienen un oído excelente. Pero Marco no lo pillaba, o había decidido que no iba a dejar escapar a Darlene. “¡Aaaaahhh!” Darlene tampoco paraba de gritar. Alcanzó la puerta. Aún estaba gritando cuando desapareció dentro de la casa. Marco iba detrás de ella como un rayo, con Ax pegado a él. <No os preocupéis,> oí a Marco decir telepáticamente unos pocos segundos después. <Estamos en el sótano. Transformándonos. Simplemente aseguraos de que nadie baja al sótano buscando ratones.> “Oh, tío,” murmuré. Corrí hacia la puerta.. ¡THUMP! Choqué contra Hans y los dos caímos rodando. Al menos ocho personas más chocaron con nosotros, uno detrás de otro. Era como un partido de fútbol malo, todos hechos un revoltijo, chillando y riéndonos y empujándonos e intentando desenredar nuestros brazos y nuestras piernas. Casualmente, ese accidente me salvó la vida. Tomé aire e intenté levantarme, y el cielo sobre nosotros se oscureció. Miré hacia arriba. El sol se había escondido tras una nube arremolinada de polvo. Como un pequeño tornado. Un tornado en el cielo despejado. Experimenté una espantosa sensación de terror desde lo más profundo de mi interior. El remolino de polvo se volvió más sólido. En cuestión de segundos, formó una silueta. Una silueta distinta a todo lo visto en el planeta Tierra Y entonces se precipitó sobre nosotros. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Vale. Vale, puede que fuera un poco inmaduro lo de colarme en la fiesta de Darlene en forma de ratón. ¡Pero tú no has oído lo que dijo de mí! Ax y yo nos transformarnos en un terreno desocupado una manzana más allá. Luego nos pusimos a caminar sobre nuestras pequeñas patas de ratón hacia la fiesta. Por supuesto, primero teníamos que familiarizarnos con la forma del ratón. Mira, cuando te transformas no adquieres simplemente el cuerpo del animal. También adquieres su cerebro. Y la mayoría de los cerebros de los animales están cargados de instintos diferentes. Normalmente hambre. También miedo. El ratón tenía un buen montón de cada. Estaba realmente obsesionado con la comida. Y era un animal pequeño y asustado. Pasa a menudo cuando te transformas por primera vez en una nueva especie. En cuanto Ax y yo nos volvimos totalmente roedores, sus instintos se abalanzaron de golpe sobre nosotros. ¡CORRE! ¡CORRE! ¡CORRE! ¡CORRE! Así que corrimos. Es como si en un instante fuera un humano normal pensando, Hmmm, ¿no es genial encoger así, que te crezca una cola y grandes bigotes? Y al minuto siguiente irrumpe el cerebro del ratón y de repente te carga con la energía de miles de tazas de café con miles de tazones del Capitán Crunch (*marca de cereales), y te sientes ¡SUPERACTIVADO! <¡No puedo controlar a esta criatura!> gimió Ax. <¡Es una locura!> <Sigue intentándolo,> dije. <Ya se tranquilizará.> Déjame decirte algo: los ratones saben moverse muy bien sobre esas diminutas patas. Era como estar atado al parachoques delantero de un coche Indy 500. ¡ZOOOOM! Movimos nuestro trasero, lanzándonos de puro terror entre hojas de hierba tan grandes como árboles, pedazos de gravilla del tamaño de pelotas de playa, e insectos como perros. Estoy bastante acostumbrado a eso. Ya me he convertido en animales pequeños antes. Pero lo más enfermizo era que lo que de verdad, de verdad deseaba era parar y comerme algunos de esos insectos. Vi un escarabajo, uno de esos negros brillantes, y el cerebro del ratón pensó, ¡Ah, bien, comida! Pero estaba más asustado que hambriento, así que simplemente seguimos corriendo y me perdí el sabor del escarabajo. Parecía que ya podíamos controlarlo un poco. <Ax. ¿Estás bien, tío?> le llamé en habla telepática. <Estoy bien. Pero estos ratones tienen unos instintos muy poderosos.> <Sí. Son pequeños bichos asustadizos, ¿verdad?> <Los animales desarrollan instintos por una buena razón,> dijo Ax oscuramente. <Si el ratón es precavido, probablemente tiene buenos motivos para serlo.> <Bueno, si vemos algún gato, simplemente volveremos a nuestra forma.> <Sí. Si vivimos lo suficiente.> En cualquier caso, nos dirigimos a la fiesta, dos pequeños ratones dispuestos a divertirse. Por suerte, los sentidos del ratón son excelentes. El sentido del olfato es genial. Los ojos son pasables, pero es difícil ver algo cuando mides dos centímetros y medio de altura y tu cara está pegada al suelo. Aún así, fui capaz de localizar a Darlene por el sonido de su voz. Estaba hablando con sus amigas de las cosas habituales: colegio, música, algún chico guapo de la tele. Ax y yo nos escondimos debajo de la silla de Darlene, así que podía oírlo todo bastante bien. Todo lo que podía ver de Darlene era el enorme reverso de su silla sobre mi cabeza — bandas elásticas hechas de plástico entretejido, abultadas como si fueran a reventar y a aplastarme. Un poco más lejos podía ver sus piernas, que parecían dos pilares rosas gigantes. <Esto es muy aburrido,> le dije a Ax. <¿Qué esperabas?> <Esperaba que estuvieran hablando de mí, naturalmente,> dije. Entonces se me ocurrió. ¡Podía hablar telepáticamente a Darlene! Podía decir simplemente la palabra ‘Marco’ en su cabeza. No sabría de dónde había venido. Probablemente pensaría que alguien la había dicho en voz alta. Con el habla telepática, puedes hacer que todo el mundo te oiga o ajustarlo a una sola persona. <Marco,> dije. “¿Qué?” preguntó Darlene. “¿Qué pasa con Marco?” “Nadie ha dicho nada de Marco,” dijo esa chica llamada Kara. “Bien, porque no quiero que nadie mencione su nombre en mi fiesta. Es un auténtico imbécil. ¿Después de lo que hizo? ¿Tirar barritas Baby Ruth en mi piscina? ¿Asustando a todo el mundo?” “Es tan inmaduro,” dijo una chica llamada Ellen. “Ya ves,” dijo Darlene. “Él piensa que es muy guay y muy guapo, pero ni hablar. Hace bromas sobre cosas que ni siquiera son graciosas.” Hasta ahí habíamos llegado. Podía soportar que me llamaran inmaduro. Eso es lo que siempre dicen las chicas. ¿Pero decir que no era gracioso? Les enseñaría un poco de diversión. Oh, sí. Despegué. Corrí tanto como pude. Ax me siguió gritando, <¿¡Qué estás haciendo?!> <Vamos a poner a prueba el sentido del humor de Darlene,> le contesté. Corrí hacia la gran pierna rosa. Vi el pie pisando firmemente sobre la tierra. Pasé su talón, que para mí era como una pared, y me dirigí a los dedos. Déjame decirte algo: Darlene piensa que es perfecta en todo. Pero definitivamente necesita cortarse las uñas de los pies. Fui corriendo hasta su pie. Pasé zumbando por encima, me revolví salvajemente en su tobillo y volví a los dedos. <¡Yee-HAH!> me jacté. <¡Eso le dará algo de lo que quejarse!> “¡Oh! ¡Oh! ¡Ohhhhhhhh!” gritó Darlene. Me lancé fuera del pie. Salté en el momento justo. Y luego ella desapareció, gritando y chillando como una niña. Obviamente, la seguí. Y obviamente, Ax vino detrás de mí. ¡Era total y absolutamente divertidísimo! Lo siento, sé que estuvo mal y todo eso, pero tío, fue genial. Bueno, hasta que oí a Hans chillando algo a cerca de aplastarme. No lo haría. No tenía ninguna intención de ser aplastado por el enorme y apestoso pie de Hans. Oí la poderosa voz de Jake gritando. Y la voz de Cassie más dulce —pero también enfadada. <Oh, tío. Es Jake,> le dije a Ax. <Se acabó.> Corrí a cobijarme, buscando un lugar donde poder volver a mi forma humana. Grandes pisotones aterrizaban a mi alrededor. Eran lentos, pero tío, también eran grandes. Todo el mundo estaba alterado. Vamos, dadme un respiro, ¡sólo medía cinco centímetros de largo! ¿Creéis que no estaba asustado? Entonces se me ocurrió. ¡La casa! Podíamos correr al interior, bajar al sótano donde no hubiera nadie, volver rápidamente a nuestra forma, y luego… Bueno, luego ahí estaríamos, solos yo y un Andalita. Genial. Parecería un poco extraño. <¡Ax! Sígueme. Necesitamos transformarnos. Y luego tendrás que adquirir tu forma humana muy rápidamente, ¿vale?> <Tengo la sensación, Marco, de que esto no ha sido una buena idea.> <Nah. Todo ha salido de acuerdo con el plan.> ¡ZOOM! ¡Bajo el umbral de la puerta! ¡ZOOM! ¡Dentro de la casa! ¡ZOOM! Pasamos a la histérica Darlene, que estaba en el sofá con una almohada sobre la cabeza. ¡ZOOM! A través de la alfombra hasta que llegamos al suelo. De repente, la fragancia de los rincones oscuros. ¡El sitio de los ratones! ¡Sí, funcionaría! Corrimos a lo largo de un escalón y saltamos, caímos… caímos… ¡PLOP! Para aterrizar en el siguiente escalón. Una y otra vez, escalón tras escalón, a una velocidad que hacía que pareciéramos cohetes voladores. ¡Era genial! Si pasabas por alto el hecho de que quizá parecía un poco estúpido. <No os preocupéis,> hablé a Jake a través de la telepatía. <Estamos en el sótano. Transformándonos. Simplemente aseguraos de que nadie baja al sótano buscando ratones.> Perdimos a nuestros perseguidores. Nadie nos siguió bajo las escaleras. E incluso mientras corría, empecé a transformarme. Era medio-humano, una extraña mezcla de cola de ratón y grandes orejas y piernas humanas — una criatura de aspecto aterrador. Como sería Mickey Mouse si lo hubiera inventado Stephen King. Ax parecía incluso peor, medio ratón, medio Andalita. Mientras pensaba, Hey, esto está gracioso, el mundo entero explotó. ¡Crrrrr-RUNCH! ¡La luz del sol entraba a raudales! ¡Habían rebanado el techo entero! ¡El techo entero! Madera, vigas y hormigón fueron destrozados y desgarrados y empezaron a caer en grandes pedazos. No tenía ni idea de lo que pasaba. Quiero decir, el mundo entero a mi alrededor se estaba haciendo trizas. Hecho trizas, como si hubieran metido el universo en una trituradora. En ese momento lo vi. ¡Era gigantesco! ¡Enorme! Una criatura que parecía estar hecha de nada más que dientes y cuchillas y destrucción. Era como veinte Hork-Bajir pegados entre sí y volando como un dragón. ¡B-R-R-A-A-A-K! Estaba desgarrando la casa con una fuerza increíble. El ruido era aterrador. El chirrido de la madera rasgándose. El crujido aplastante del hormigón siendo arrancado –arrancado sin más, ¡como si no fuera nada! Las tuberías se deformaban. Los cables ardían y reventaban y explotaban en lluvias de chispas. “¡Cuidado!” le grité a Ax con mi voz ahora humana. De alguna forma, Ax había mantenido la concentración y adquirido enteramente su forma humana. Estábamos indefensos. Dos chicos sin ningún arma. Sobre nuestras cabezas, donde hacía sólo unos segundos había habido una casa, la bestia se cernía sobre el sol. Miró hacia nosotros con una docena de ojos extraños que parecían haber sido pegados aquí y allá al azar. Nos miró de la forma en que he visto a Tobias mirar a sus presas. Iba a destruirnos. No había duda alguna en mi mente. Ninguna duda que valiera. “Oh, tío,” gruñí. “Esto no me gusta.” Entonces… todos los ojos parpadearon al mismo tiempo. La bestia parecía vacilar. Y para mi total alivio y sorpresa, la cosa empezó a dispersarse. Se convirtió de nuevo en polvo. Una simple nube de polvo que encogió y desapareció. Temblaba tanto que no podía tenerme en pie. Pero estaba vivo. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] Me levanté. Estaba tumbada sobre mi espalda, tendida sobre un colchón de agujas de pino y crujientes hojas secas. Me quedé mirando los árboles. El sol brillaba a través de las ramas. Mi primer pensamiento, ¿Qué estoy haciendo aquí? No tenía ni idea de cómo había llegado al bosque. O siquiera de qué bosque se trataba. “¿Qué estoy haciendo aquí?” empecé a decir en voz alta. Pero las palabras resultaban confusas, incoherentes. Eran más un chillido que palabras reales. Sentí un estremecimiento de miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué no podía hablar? No debería estar aquí. Debería estar… ¿dónde? ¿Dónde debería estar? Intenté concentrarme. ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Dónde había estado antes? ¿A dónde… a dónde pertenecía? Pero no surgió ninguna respuesta. ¡Ninguna! No podía recordar cómo había llegado hasta allí. No podía recordar dónde había estado antes. Dónde había estado nunca. De repente, me invadió como una ola de terror que hizo que mi corazón saltara durante bastantes latidos: no sabía quién era. No conocía mi propio nombre. Intenté levantarme. Y entonces lo vi. “¡Aaaaaaaahhhhhhhh!” grité en un extraño chillido agudo. Mis piernas… estaban cubiertas por unos leotardos negro. Y pude ver que la mitad superior de ambas piernas eran las piernas de un ser humano normal. Pero el final… la mitad inferior estaba cambiando rápidamente. Y del final de los leotardos surgían unas enormes garras. Miré mi mano. Cinco dedos. Cinco dedos humanos, pero estaban cubiertos de plumas. ¡Me salían plumas de la piel! Me toqué la cara. Piel. Piel en las mejillas y el cuello. Pero entonces mis dedos plagados de plumas sintieron la boca. ¡Era un pico! Un pico duro y curvado. ¡Era una pesadilla! Eso era, ¡estaba teniendo una pesadilla! Tenía que despertarme. Tenía que salir de ese sueño. “¡Aaaaaahhhhhh!” grité de nuevo. Y el sonido inhumano de mi propia voz me aterrorizó aún más. Tenía que controlar el miedo. Tenía que hacerlo. Tenía que hacerlo. ¡Pero mis piernas! ¡Mi cara! ¡Mis manos! No te dejes llevar por el pánico, me ordené a mí misma. No te dejes llevar por el pánico. ¡No te dejes llevar por el pánico! Esto no es real. Y aún podía sentir las agujas de pino debajo de mí. Y el calor del sol según se colaba por entre las ramas. Todo eso parecía real. ¿Así era como siempre había sido? ¿Era alguna especie de monstruo? ¿Medio-pájaro, medio-humana? No. Sabía que algo no estaba bien. Y sabía que las personas no se convertían en pájaros. Y ahí estaba yo, con plumas y pico, y sin recuerdos a cerca de quién era. Parecía alguna horrible criatura a medio camino entre pájaro y humana –o al revés. ¿Era eso? ¿Había pasado por el proceso de transformarme de uno a otro? ¿Y cuál de ellos era yo realmente? ¿Quién era yo? ¿Qué era? Venga, me ordené a mí misma. Cálmate. Cálmate. Pero podía sentir los gritos bullendo dentro de mí. Podría gritar y gritar y gritar. No. No. Empieza y nunca podrás parar, pensé. Usa la cabeza. Piensa. Me forcé a recordar, pero era como si la mitad de mi cerebro estuviera envuelto en una espesa niebla. No podía ver a través de ella. No importaba cuanto lo intentara. Eres humana, me dije silenciosamente. Eres humana, no un pájaro. Y si has podido transformarte así, quizá puedas cambiar más. Cerré los ojos. Quería concentrarme, y no quería ver mi cuerpo. El miedo se extendía a través de mí, estremeciendo mis huesos, agitando mi interior. Era humana. Quería ser completamente humana. Humana de nuevo. Entonces… empecé a sentir los cambios. Abrí los ojos. Por lo que veía, las garras se arrugaron y dividieron y se convirtieron en dedos. Mirar era repugnante. Me ponía enferma. Pero me di cuenta de algo. Cuando perdía la concentración, los cambios se detenían. ¡Eso tenía que ser! Debía de haber estado transformándome, y algo había roto mi concentración. No podía seguir con la forma que tenía. Era una pesadilla. ¡Tenía que encontrar una solución! Sentí una sombra tapando el sol. Pensé que era una nube pasajera. No podía dejar que me distrajera. Me concentré de nuevo. Humana. Quería ser humana. Sentí como las plumas se fundían con mi piel. Sentí como mi pico se transformaba en unos suaves labios. Ahora el sol era muy débil. Algo lo estaba bloqueando. Sentí un escalofrío. Miré hacia arriba. Justo encima de los árboles, una nube de polvo se revolvía salvajemente, como un pequeño tornado. Se arremolinaba y concentraba. Una nube de polvo. Pero en realidad no era una nube de polvo. Mientras estaba ahí tendida, tuve un horrible presentimiento. La sensación de que esa nube arremolinada y espesa me estaba observando. Evaluándome. Atenta a mí. Pero no podía permitir que me distrajera. Aún no era del todo humana. Y quería ser humana otra vez. Quizá… quizá cuando fuera humana, podría recordar quién era. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la transcripción/traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] He visto un montón de cosas raras desde aquella primera tarde en la que caminamos a través del solar abandonado cuando el Príncipe Andalita aterrizó con su dañada nave de guerra. Hasta entonces sólo era un niño. Un chico. Un pringado, supongo. Se me hace difícil recordar. Pero sí, supongo que era un pardillo. Recuerdo que conocí a Jake porque se metió para salvarme de unos matones que querían meterme la cabeza en el retrete. Bueno, las cosas han cambiado mucho desde entonces. He conseguido conformarme con lo que soy ahora. He aceptado el hecho de que ya no soy completamente humano. Pero tampoco soy completamente halcón. Como he dicho, he visto muchas cosas raras. Pero nada tan extraño como lo que vi esta mañana cuando flotaba sobre las corrientes de aire cálido, kilómetro y medio por encima de la casa de Darlene. Yo era una ‘fuerza de retaguardia’ voladora. Es una de las formas en que puedo ayudar a mis amigos. Marco no me pidió que les cubriera en esa pequeña misión idiota, pero pensé que sería lo mejor. Además, ya había comido. Una pequeña serpiente, inusual exquisitez para mí. La verdad es que no tenía nada más que hacer, más que aprovechar una corriente ascendente y perderme por ahí. Una corriente térmica es una corriente de aire caliente ascendente. Extiendes las alas y te eleva como un ascensor. Una vez arriba, puedes dedicarte a flotar por ahí tranquilamente. A penas tienes que agitar las alas. Así que volaba bastante alto. Lo suficientemente alto como para verlo todo desde las afueras del bosque al sur, hasta el centro de la ciudad unas pocas millas más allá. Pero volaba lo suficientemente bajo como para poder ver a Marco y a Ax transformarse. Luego empezaron a correr por ahí como idiotas hasta que recuperaron el control de sus cerebros de ratón. Entonces, cuando consiguieron serenarse, se dirigieron a casa de Darlene. Marco es un chico muy inteligente. No sé si Ax es inteligente para ser un Andalita, pero es muy inteligente comparado con los estándares humanos. Pero ninguno de ellos comprendía realmente lo peligroso que es ser un ratón, caminando abiertamente a través de un jardín de la zona residencial bajo la brillante luz del día. Bueno, también podrías atarte unos filetes crudos a las piernas y salir a dar una vuelta con una manada de lobos. Los halcones matan ratones. Los gatos matan ratones. Y déjame decirte algo: los halcones y los gatos son dos tipos de animales que no querrías tener persiguiéndote. Desde el aire observé a un gordo gato atigrado que los divisó mientras pasaban. Pero supuse que ya estaba lleno o simplemente se sentía muy cansado, tirado bajo el sol. El gato los dejó pasar sin problemas. También vi un azor de Cooper (*en inglés “Cooper’s hawk”. También ‘Gavilán de Cooper’, ‘Gavilán Palomero’ y ‘Gavilán Pechirrufo Mayor’) observándolos. Definitivamente estaba pensando en merendar un par de ratones. Hice entender al Cooper que esas eran mis presas y se echó atrás. Afortunadamente, yo era más grande que él, y no tenía suficiente hambre como para luchar. Miré como Marco y Ax llegaban a la fiesta de la piscina de Darlene. Me relajé un poco. Si nadie los pisaba, probablemente estarían a salvo. Aún así, ver la fiesta me hizo sentir un poco triste. La gente parecía estar pasándoselo bien. Los chicos jugueteaban en la piscina y corrían por ahí y chillaban y hablaban. Era un universo totalmente diferente al que yo vivía. Tenía como amigos a Ax y a los otros Animorphs. Pero no tenía amigos como yo. Los halcones no quedan y van a fiestas. Es más, encontrarte con otro halcón significa problemas, una lucha por el territorio. Allá abajo, vi a Marco persiguiendo a una chica. Genial, pensé. ¿Por qué no me sorprende? La chica corrió dentro de la casa. Marco y Ax fueron tras de ella, arrastrando con ellos a un pelotón de gente, uno de los cuáles era claramente Jake. Luego empecé a ver algo raro. Una tormenta de polvo. Como una de esas pequeñas tormentas infernales que agitan el desierto o las llanuras. Se arremolinó en un tornado compacto. Estaba fascinado porque el viento es muy importante para mí. Para mí el viento puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. El tornado se estaba haciendo compacto. Más sólido. Forcé mis ojos de halcón para observar cada detalle. Solté aire de mis alas y descendí un poco para tener una mejor vista. Y entonces… ya no era una nube de polvo. ¡Era una criatura! Una bestia hecha de bocas rechinantes y cuchillas móviles. Se lanzó hacia la casa, desgarrándola como si estuviera fabricada de Legos. Parecía estar abriendo un camino masticando ladrillo y madera y guijarros. Era como un triturador de basura moliendo una zanahoria. Los chicos gritaban. Corrían salvajemente de un lado a otro. De repente, la mitad de la casa desapareció. Simplemente desapareció, y pude verla tirada dentro del sótano. Tirada junto a Marco, humano de nuevo, y Ax en su forma humana. Plegué las alas y me lancé como un cohete. Quizá pudiera distraer a la bestia. Entonces, sin razón aparente, la bestia empezó a disolverse. Me detuve bruscamente, aún a unos cientos de pies del suelo. Pude ver a Marco prácticamente desmayándose de alivio. A Ax no se le veía tan feliz. Pero ambos estaban vivos. ¿Y Cassie y Jake? Los dos miraban al cielo horrorizados. La bestia de polvo se disolvió otra vez en una nube. El ojo humano no habría visto nada después de eso. Pero mis ojos no eran humanos. Vi como se dispersaba la nube de polvo. También vi como las partículas individuales se dirigían hacia el bosque. Se movían a una velocidad increíble. No se las llevaba el viento, de eso estaba seguro. Se movían de forma voluntaria. Muy velozmente, hacia el bosque. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] Humana. ¡Ser humana! Me concentré con toda mi fuerza en ese único pensamiento. Mantuve mis ojos cerrados e intenté recordar quién era. Cómo era físicamente. Sentí mi cuerpo cambiando. Era una sensación horripilante. Podía oír los huesos crujiendo. Podía sentir las repentinas náuseas cuando reapareció mi estómago humano. Me picaba todo el cuerpo mientras la piel absorbía las plumas. ¿Había hecho esto antes? No parecía posible. Era asqueroso. Grotesco. Abrí los ojos. ¡Encima de mí! ¿Qué era? ¡Bocas con dientes afilados de tiburón! ¡Ojos penetrantes! ¡Cuchillas móviles! ¡Iba a por mí! ¿Debería salir volando? ¿Debería correr? ¿Qué era yo? Me levanté de un salto, esperando tener piernas. ¡Sí! Podía correr. ¡Sí! Corrí. ¡Corrí! Veía mis propios pies descalzos moviéndose rápidamente ante mí. Pies humanos. Mis brazos latían, aún los sentía extraños. Los huesos todavía no estaban totalmente formados. ¡Corrí! Sobre agujas de pino que me pinchaban en la delicada planta de lo pies. ¡B-R-R-A-A-A-K-K! ¡Estaba detrás de mí! Destrozó un árbol de cuatro pies de grosor. Lo devoró y dejó astillas y serrín a su paso. “¡NO!” grité, y mi voz era ya casi humana. ¡NO! ¡NO! Iba a por mí. Quería matarme. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué había hecho? ¿Quién era yo, que ese monstruo quería destrozarme? Corrí tan rápido como pude, pero él era más rápido. Arrancaba árboles enteros para hacerse sitio. La tierra misma era desgarrada como por un enorme arado. El estruendo de la destrucción me rodeaba. ¿Qué me estaba pasando? “¡Ayudadme!” grité. Y ahora mi voz era verdaderamente humana. Los últimos cambios habían terminado. Ahora mis manos palpitaban muy tenuemente. Mis ojos entreveían una nariz humana normal. El pico había desaparecido. Pero la bestia… ¡la BESTIA! ¡Iba a por mí! ¡De repente, una carretera! ¡Los coches pasaban zumbando! Corrí hacia la carretera. La bestia me siguió, desgarrando un claro entre los árboles. ¡Los coches iban a toda velocidad! Si me metía en la carretera, me atropellarían. Si me detenía, la bestia me devoraría. Corrí. ¡SWOOOOM! Un coche pasó como un cohete, esquivándome sólo por unos pocos centímetros. ¡Seis carriles! ¡Una autopista! Corrí, con la esperanza de sobrevivir. ¡Bocinas! ¡Bocinas estruendosas! Un camión. La bestia. Golpeó el camión. O el camión golpeó a la bestia. No sé cuál. La cabina del camión estaba estrujada. Entreví una imagen del conductor chillando, girando bruscamente el volante. Luego una parte del camión, la parte que decía BEN Y JERRY, chocó contra la bestia polvorienta. ¡Las ruedas patinaron, chirriando! Y entonces, ¡WHAM! Tropecé y corrí por el suelo hasta el arcén. Rodé por una pequeña pendiente herbosa hacia el agua sucia. Miré hacia arriba a tiempo para ver el camión patinando salvajemente por la autopista, lloviendo chispas por todos lados. La bestia hizo trizas el camión. ¡Lo hizo trizas! Litros de helado salieron volando como granadas de mano. En medio del terror me llené de litros de helado de Cherry Garcia y Wavy Gravy. La bestia se levantó en el aire, cientos de ojos frenéticos buscando a su alrededor. Me vio. No había ninguna duda, me VIO. Pero los ojos parecían confundidos. Parecían perdidos. La bestia me vio, pero no me reconoció. De repente, cuando me encogía de miedo en la acequia del arcén, la bestia sencillamente se disolvió en una nube de polvo. Se disolvió y se marchó. El tráfico se había detenido en todos los carriles, mientras la gente bajaba las ventanillas para contemplar el espectáculo del camión tirado en la autopista. Salí temblorosa de la zanja. Temblaba tanto que casi no me tenía en pie. Estaba llena de barro y mojada y descalza, vestida con unos leotardos negros. Me arrastré a lo largo de la carretera, hacia el bosque protector. Un hombre con una cámara de vídeo salió de su coche y empezó a grabar los destrozos. Desde la lejanía me llegó el sonido de una sirena. Pero yo sólo quería marcharme. Quien quiera que fuese. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] “Tornado mi culo,” dijo Marco enfadado. “Esa cosa estaba viva.” Estábamos viendo la tele en mi sala de estar. Jake, Marco, Ax en su forma humana y yo, Cassie. Era por la tarde. Mis padres aún no llegarían a casa, así que estábamos a salvo, podíamos hablar tranquilamente. El telediario estaba emitiendo un reportaje especial. Habían empezado a debatir de programa en programa sobre lo que ellos describían como un “tornado monstruoso”. Mostraban lo que quedaba de la casa de Darlene. El periodista estaba justo donde había estado la fiesta de la piscina. Podías ver a Darlene al fondo con sus padres, por encima de los destrozos. “La tormenta azuzó bien entrada la mañana, justo antes del mediodía,” dijo el periodista. “Algunos jóvenes estaban disfrutando de una fiesta en la piscina, y describen una especie de nube neblinosa que apareció de repente en el cielo despejado. Algunos de los que estuvieron aquí la describen como un monstruo o una bestia. Pero por supuesto, estaban bastante asustados en ese momento.” “Estaban asustados, vale,” murmuró Marco. “Se mojaron los pantalones. Lo sé.” “La casa ha sido totalmente destruida,” siguió el periodista. “Ha sido un milagro que sólo haya habido algunas heridas menores. Algunos de los chicos sufrieron quemaduras y cortes pequeños. La casa misma estaba totalmente asegurada.” “Eso está bien,” dijo Marco secamente. “Porque estamos hablando de que ahí se necesita más que un poco de pintura.” “Ahora vamos a la autopista donde el mismo tornado –o posiblemente un segundo tornado- destruyó un camión, deteniendo el tráfico durante horas.” La pantalla mostró un camión de helados de Ben y Jerry que parecía haber sido volado por una bomba. De repente vi algo familiar. “¡Hey! ¡Mirad!” dije. “¿Qué?” preguntó Jake. “Se ha ido,” dije. “¿Lo estamos grabando?” “Sí,” dijo Marco. “¿Qué pasa?” “Rebobínalo. Rebobínalo.” Marco rebobinó la cinta. Vi como la cámara tomaba una panorámica de los destrozos. Entonces… “¡Justo ahí! ¡Justo ahí!” dije. “Esa chica. ¿Veis? Sólo se la enfoca durante un segundo. ¿Puedes congelar la imagen?” “¿Por qué?” preguntó Jake. “¿Qué pasa?” Marco rebobinó un poco la película y la pasó hacia delante de fotograma en fotograma. Apareció una figura borrosa. La imagen se congeló. “¿Cuál es el problema?” preguntó Ax. “¿Prob-blema? Ema.” Ax puede ser un poco raro cuando está en su forma humana. Tener una boca y ser capaz de articular sonidos le fascina. “Mirad esa chica,” dije. “Alta. Rubia. Descalza. Vistiendo unos leotardos negros.” Los ojos de Jake se abrieron al reconocerla asombrado. Como Marco. “Oh, Dios,” susurró Marco. “¡Es ella! Es Rachel. Tiene que serlo.” “Debe de haber acabado de transformarse,” dije. “Ese es su uniforme de las transformaciones. ¿Y descalza y todo?” Mira, cuando nos transformamos no podemos llevar mucha ropa –sólo cosas ajustadas. ¿Y zapatos? Olvida los zapatos. Ya he intentado transformar zapatos. Acaban pareciendo como si un puñado de perros a los que les gusta tirar y revolverse hubieran jugado con ellos. “¿Qué está haciendo Rachel ahí?” preguntó Jake. “Se supone que está en las montañas en ese campamento.” “¿Sabes lo que eso significa?” siguió Marco. “Esa cosa. Esa cosa que vino detrás de Ax y de mí fue también a donde estaba Rachel. ¿Coincidencia? No lo creo.” Jake negó con la cabeza. “No. No es una coincidencia.” Miró a Ax. “¿Sabes lo que es?” “No,” dijo Ax. “No lo sé. No es ninguna especie de la que haya oído hablar. Pero estoy de acuerdo: no es una coincidencia. Cidencia. Co-IN-sid-ENCIA.” “Bueno, ¿y qué es?” exigió Marco enfadado. “Tobias nos dijo que se dirigió al bosque a gran velocidad,” dije. “Buscaba a Rachel. La hora encaja. El lugar encaja. Atacó a Marco y a Ax, pero se detuvo y fue corriendo a por Rachel.” “¿Por qué? ¿Cuál es la clave? Si es algún arma de los Yeerks, debería haber acabado con nosotros. Bueno, nos tenía a tiro a Ax y a mí.” “Necesitamos hablar con Rachel,” dijo Jake. “¿Cassie?” “La llamaré.” Me dirigí al teléfono, el de la cocina. Marqué el número de Rachel. Probablemente he marcado ese número una vez al día durante años. Al tercer tono: “¿Hola?” “Hola, Jordan.” Jordan es la hermana pequeña de Rachel. “¿Está Rachel en casa?” “No, Cassie. Está en eso de la gimnasia. El campamento.” Sentí un hormigueo recorriéndome la columna. “Entonces… entonces, ¿al final se fue?” “Claro.” “¿No ha vuelto antes de tiempo ni nada?” “No. ¿Por qué? ¿Pasa algo?” “Nah. Nada. Sólo estaba pensando que quizá… no importa. Llamaré otro día.” Colgué el teléfono y respiré profundamente un par de veces. No quería asustar a los otros. Volví a la sala de estar. Marco aún estaba chillando al tipo de la tele. “¡No ha sido un tornado! ¿La gente está ciega? Los tornados no tienen dientes.” Jake me vio el primero. Intenté reprimir el miedo que sentía en mi interior. Pero no puedo esconderle nada a Jake. Me conoce demasiado bien. “¿Qué pasa?” preguntó. “Rachel. No está en casa. Creen que está en el campamento.” Jake, Marco y Ax me miraron sin inmutarse durante un momento. Entonces Marco rebobinó y volvió a poner la cinta. Alta, rubia, cuerpo de modelo, vistiendo unos leotardos negros y sin zapatos. Era Rachel. Y definitivamente no estaba en el campamento. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] Pasé horas caminando entre los árboles. Caminando y tratando de recordar. ¿Quién era? ¿Qué era? No lo sabía. Mi mente no me respondía. Recordaba como hablar. Sabía que el cielo era azul, y que la luna era blanca, y que el océano era profundo, y que el invierno era más frío que el verano. Conocía las cosas generales de la vida. Era como seguir un programa de televisión donde puedes ver todos los decorados, pero los actores son invisibles. A cerca de mí –de quién era y de qué era- no sabía nada. O no lo suficiente. Sabía que era una especie de monstruo. Sabía que podía tener las plumas y el pico y las piernas de un pájaro. Y sabía que tenía un terrible enemigo. Las agujas de pino y las ramas rotas hacían que me costara caminar. ¿Pero qué más podía hacer? ¿Dónde se suponía que iba a ir? Una bestia terrible me estaba buscando. ¿En quién podía confiar? “¡Contéstame!” chillé a nadie en particular más que a los árboles. “¿Quién soy?” El sonido de mi propia voz me recordó que tenía que ser cautelosa. La bestia del cielo estaría por ahí fuera. Puede que me estuviera buscando. Caminé, siempre esperando que las nubes despertaran mis recuerdos. Sabía que tenía amnesia. Recordé la palabra “amnesia”. ¿Pero cómo había pasado? Eso no podía recordarlo. Me detuve bastante cerca de la autopista que atravesaba el bosque. Podía ver las luces de los coches a través de los árboles, unos pocos cientos de metros a mi derecha. Pero me quedé lo suficientemente oculta en el bosque para que nadie de la carretera pudiera verme. No podía permitir que me vieran. No hasta que supiera en qué peligro estaba metida. Entonces, entre los verdes y marrones del bosque, vi algo amarillo brillante. Estaba adentrado en el bosque. A otros pocos cientos de metros. Me agaché un poco y caminé acuclillada hasta la mancha amarilla. Me moví tan cautelosamente como pude, colocando con cuidado mis pies descalzos. Era una cabaña. Lo amarillo era un jersey de algodón. De The Limited, probablemente. Me quedé congelada. ¿Qué? ¿The Limited? ¿Qué significaba eso? Agucé mis ojos y me concentré ¡FLASH! Una tienda. Era una tienda. Ropa. Estantes cubiertos de camisetas dobladas de brillantes colores. Estuve ahí. Estuve ahí comprando con… sabía que había alguien conmigo. Podía sentir que había alguien conmigo. Pero no podía ver a nadie más. El fragmento de memoria era sólo un breve lapso de tiempo. No me dijo nada. Miré de nuevo a la cabaña. Se veía como si hubiera sido construida hace mucho tiempo. Estaba hecha de troncos, algunos de los cuales se habían podrido. ¿Había estado ahí antes? Sentía que era familiar. Ese lugar… un lugar como ese… pero no. Probablemente estaba imaginando cosas. El jersey amarillo estaba colgado de una cuerda de tender la ropa. Agaché la cabeza a la izquierda para ver a través de la puerta. Estaba abierta. No había luz dentro. ¿Debía? ¿Podía asumir el riesgo? “Si quieres devolver la compra necesitas un recibo,” dijo una voz. “¡Yaaahhh!” chillé, y me di la vuelta. Una mujer. Vieja. No, no tan vieja. Sólo desaliñada. Vestida con tantas capas de ropa que parecía gorda. Pero no lo era. Estaba delgada. Arrastraba una bolsa de lona. No era una amenaza. Me forcé a calmarme. Intenté hacer que la adrenalina bajara, pero mi corazón latía con fuerza y mis músculos estaban en tensión. “Necesitas un recibo,” repitió la mujer. Me miró de un modo desafiante y tendió su mano. “¿Qué?” pregunté. “¿Me conoces?” “Si quieres devolver la compra necesitas un recibo,” dijo de nuevo. Lo dijo exactamente de la misma forma en que lo hizo la primera vez. Con idéntica inflexión. Estaba loca. “No tengo recibo,” dije. Miró algo detrás de mí. O nada. Luego se dirigió a la cabaña. No sé por qué, pero la seguí. Estaba mentalmente enferma, pero no parecía peligrosa. Y yo misma no era precisamente normal. No sé que esperaba encontrar, pero fue una sorpresa: ropa. Pilas de tres pies de alto. En cada esquina, ropa. La mayor parte estaba sucia. Mugrienta. Alguna manchada o quemada. Otra estaba bien. La mujer loca me ignoró completamente. Abrió la sucia bolsa de lona y empezó a colocar más piezas de ropa. Camisetas manchadas. Vaqueros rasgados. Unas viejas deportivas. “Perdone,” dije. “¿Señora?” “¿Puede decirme su nombre?” Dejó de ordenar la ropa. Me dirigió una sonrisa astuta. “¿Mi nombre? ¿O su nombre? Somos dos, no una. Sí. Sí. Si quieres devolver la compra—” “Tu nombre, por favor,” dije. “Se han ido,” dijo pícaramente. “Pero volverá. Oh sí, volverán. Nunca se van para siempre.” Supongo que en una situación normal me habría sentido frustrada. Puede que incluso me hubiera enfadado. Pero ahora sabía lo que era que tu cerebro te traicionara. “¿A quién pertenece toda esta ropa?” pregunté. “¡MÍA!” chilló de repente. “¡MÍA! ¡Es MÍA!” “¡Vale, vale! Vale. Es tuya.” “Yo la encontré toda. La gente la tira. Es mía.” “Sí, es tuya. Pero me estaba preguntando… No tengo ningunos zapatos. Pensé que quizá podría dejarme prestados un par.” “¿Pagará al contado, con cheque o con tarjeta de crédito?” “¡Yo… um…!” Tuve una idea. Puede que fuera estúpido. Puede que incluso fuera un poco cruel. Me agaché y cogí un pedazo de corteza de pino del suelo. Se lo tendí a la mujer. “Tarjeta de crédito.” Lo cogió. Lo miró confusa. Luego me miró a mí. Había algo perdido y desesperado en sus ojos. “¿Es esta la tienda?” preguntó. “Es tu tienda,” dije. Forzó una sonrisa agitada. “Dime si puedo ayudarte a encontrar algo.” “Yo lo haré,” dije. Empecé a remover la pila de ropa más cercana. Los zapatos estaban enterrados aquí y allá. Saqué cada uno de ellos, uno por uno, y los coloqué en una pila en el suelo. Necesitaba la talla cinco. La mayoría de zapatos eran de hombre. “¿Eres uno de ellos?” me preguntó la mujer. “¿Uno de quién, señora?” repliqué. “Los otros. Los que viven en tu cabeza.” “No lo creo,” dije. Estaba concentrada en la búsqueda. “Sólo hay una manera de saberlo con seguridad,” dijo con una voz dulce y sedosa. ¡Éxito! Un Reebok de la talla seis, y un Converse de la talla cinco. No pegaban muy bien juntos, pero eran mejor que ir descalza. Oí un crujido de bisagras oxidadas detrás de mí. Me volví para mirar. La mujer había abierto una trampilla en el suelo de la cabaña. Empecé a levantarme del suelo, con los zapatos en la mano. ¡WHUMPF! Algo me golpeó desde detrás. Intenté respirar, pero no me quedaba aire en los pulmones. La mujer estaba detrás de mí, empujando, arañando, rasgando, y gritando. “¡YEERK! ¡YEERK! ¡YEERK!” Me encogí para esquivarla, pero era fuerte y estaba dominada por su loca visión. Me caí. A través del agujero del suelo. “¡YEERK! ¡YEERK!” gritó. Aterricé sobre el suelo. Me recuperé rápidamente y me precipité de un salto hacia la obertura. La trampilla se cerró encima de mí. Me agaché justo a tiempo. “¡YEERK! ¡YEERK! ¡YEERK!” ¡FLASH! Un estanque gris, fangoso. Una caverna subterránea. Algo en el estanque, nadando. Muchos algo. Justo debajo de la superficie de la piscina. Como peces. No… gusanos. Gusanos grises. “¡YEERK!” Mi cabeza se descolocó con la repentina visión. Pero no podía preocuparme por eso. Tenía que salir. Golpeé la astillada madera de la trampilla. “¡Señora, déjeme salir de aquí! ¡Déjeme salir de aquí! No quiero hacerle daño.” No hubo respuesta. Miré a mi alrededor. No era un sótano. Sólo era un hueco bajo la cabaña. Quizá hace mucho, mucho tiempo fuera algún tipo de refugio. O quizá era un lugar donde almacenar comida para el invierno. Pero parecía tener muchos años. Había suciedad acumulada en tres de los lados. El cuarto lado era una pared de troncos verticales. Podía ver a través de los huecos de los leños. Pero no distinguía ninguna salida. “Señora, déjeme salir. No voy a hacerle daño.” Ahora habló con una voz mucho más tranquila. “No, no. No quieres hacerme daño. Sólo quieres arrastrarte dentro de mi cabeza. Como hiciste entonces. Arrastrarte dentro de mi cabeza… hacerme… hacerme darte a mi marido. Hacerme dártelo. Mis hijos. Todos para ti. Todos para TI. Controlándome. En mi cabeza. Pero ya moriste, ¿no es cierto, Yeerk?” Sentí un frío terrible. Estaba loca. Loca. Y aún así… ¿significaba su delirio algo para mí? Esa palabra… Yeerk. Significaba algo. Algo malo. ¿Estaba loca yo también? ¿Era esa la verdad que se escondía dentro de mí? [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Marco y yo cogimos el autobús hacia un lugar cercano a donde la bestia de polvo había atacado a Rachel y destruido el camión de helados. El autobús se detuvo y nos bajamos. Nos encontramos con un lugar que era la combinación entre una gasolinera y una tienda de oportunidades al lado de la autopista. Había un Denny’s* al otro lado de la calle y un Dairy Queen* no muy lejos. [i]NdT: Denny’s: Hamburguesería. Dairy Queen: Heladería[/i] Los restos del camión Ben y Jerry estaban en la gasolinera. Lo habían trasladado hasta allí para sacarlo de la autopista. No quedaba mucho del camión. Lo habían desgarrado y reducido a pedazos. “Bueno,” dijo Marco secamente, “seguro que es cosa de la misma criatura que ventiló la casa de Darlene.” “Sabes que, en primer lugar, tú no deberías haber estado allí,” dije. “Alguien podría haber muerto.” “Como si supiera que una bestia malvada iba detrás de mí,” replicó Marco. Lo dejé correr. Marco sabía que estaba enfadado. Al menos, esperé que lo supiera. “Venga,” dije. “¿Tienes la bolsa?” “Por supuesto que tengo la bolsa,” gruñó Marco. Nos dirigimos al bosque. Cuando estuvimos entre los árboles nos pusimos a observar entre ramas. <Aquí arriba,> dijo Tobias telepáticamente. Estaba en una rama, colocándose las plumas. Utilizaba su pico a modo de peine. “¿Crees que es el momento de preocuparte sobre de tu aspecto?” preguntó Marco. <Lo de colocarse las plumas no es por el aspecto,> dijo Tobias pacientemente. <Estoy limpiando y ordenándome las plumas. Las plumas limpias vuelan mejor.> “¿Y cómo te las ensucias?” indagó Marco. “Bueno, volando todo el rato…” <Tenía hambre y que me he comido un ratón. Un ratón igualito al que tú eras esta mañana,> dijo Tobias. <Fue una caza muy limpia. ¿Alguna otra pregunta?> Sonreí cuando Marco se puso visiblemente verde. “¿Dónde está Ax?” pregunté. <Ya viene. Está a un par de kilómetros. Es rápido, pero viene corriendo, mientras que yo vuelo.> “¿Has…?” <No,> respondió Tobias. <No he visto nada. Ningún humano caminando por esta zona, por lo que he podido ver. Excepto por la mujer loca que vive en una cabaña cerca de aquí. Rachel no.> “Vale,” dije. “Marco y yo vamos a transformarnos. ¿Puedes subir y asegurarte de que podamos hacerlo?” Tobias abrió las alas y pasó por encima de nuestras cabezas antes de tomar una corriente de aire y remontarse sobre las copas de los árboles. “¿Preparado, Marco?” le pregunté. “Claro. Me encanta esta forma. Es genial. Así es como siempre deberían ser las transformaciones.” Pretendíamos usar nuestras formas de lobo. Por una razón: los lobos corren por el bosque, así que no estaríamos totalmente fuera de nuestro ecosistema. Pero más importante aún, los lobos tienen un magnífico olfato. “Abre la bolsa.” Marco abrió la bolsa y sacó una camiseta de chica. Pertenecía a Rachel. Se la había dejado en casa de Cassie. Esperábamos que aún oliera a ella. Íbamos a jugar a los sabuesos. Metimos nuestra ropa en la bolsa y nos quedamos ahí con nuestro uniforme de las transformaciones –pantalones de ciclista y camisetas ajustadas. Ni que decir tiene que estábamos un poco fuera de lugar. <Todo despejado,> dijo Tobias desde algún lugar en lo alto. “Bueno, vamos a hacerlo,” le dije a Marco. “Te pareces a Ah-nold cuando pones esa cara,” bromeó Marco. “¿A quién?” “A Arnold. Schwarzenegger.” Sonreí. “Oh, cállate.” “De acuerdo entonces, vamos allá,” dijo Marco, imitando bastante bien el acento de Arnold. Me concentré en el lobo. Había adquirido su forma por primera vez hacía bastante tiempo, cuando estábamos en una misión para destruir una nave Yeerk. Lobo, me dije. El primer cambio fue la piel, grisácea y peluda y tan áspera como una alfombra. Brotó de mi piel humana en una ola que empezó débilmente en mi cuello y recorrió todo mi cuerpo. Podía ver mi cara abultándose, creciendo en un largo hocico. Es muy raro, porque siendo humano no puedes ver tu propia nariz. Así que se hace realmente extraño tener esa larga cosa saliendo de tu cara. Obviamente, esa no es precisamente la única cosa extraña en las transformaciones. La transformación parece que debería doler. Quiero decir que hay órganos enteros dentro de tu cuerpo que están cambiando. Incluso células individuales, todo lo que tienes se transforma en un par de minutos. Sin embargo, no duele. Supongo que los científicos Andalitas que descubrieron el proceso se aseguraron de eso. Si hubiera dolido, habría sido un dolor demasiado insoportable como para sobrevivir a él. Especialmente cuando tomas una forma extraña, como una langosta o una hormiga, que casi no te deja nada ligeramente humano. No duele. Pero definitivamente pone la carne de gallina. Podía oír mis huesos moviéndose y crujiendo y estirándose y estrujándose. Oí un ruido seco cuando de repente mi rodilla se dobló en dirección contraria. “Hey, ¿Jake?” dijo Marco. Aún conservaba la mayor parte de su boca humana. Empecé a responderle. Pero el sonido que surgió de mi boca fue más como un “Yowwrrllrow.” Marco sonrió y en ese momento su boca se abultó en un hocico. Sus dientes crecieron y se multiplicaron y se convirtieron en las temibles armas del lobo. <No puedo creerlo. ¡Se está acercando!> chilló Tobias. <¡Está viniendo!> No necesité preguntarle a Tobias que quería decir. Miré al cielo. Una tormenta de polvo flotaba justo encima de los árboles. <¡Se está acercando!> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] “¡Déjame salir, vieja loca!” chillé. Estaba aprendiendo algo sobre mí misma. Aún no conocía mi nombre, pero sabía algo. Quien quiera que fuese, tenía mal genio. Pero la mujer ya no me prestaba atención. Podía oírla en la habitación por encima de mí, clasificando ropa y murmurando para sí. La furia que sentía era muy apropiada. Me di cuenta de que me mantenía alejada de la preocupación. Había algo a cerca de esa palabra… “Yeerk”… significaba algo. Algo malo. ¡FLASH! Miraba a través de unos ojos extraños. Veía demasiado bien. Pero sin verlo todo. Entonces… ¡un ciempiés! Más grande que un humano, ¡enorme! Más criaturas. Algunas reales, algunas… algunas que no podían ser reales. Un elefante… un enorme oso desbocado… hormigas tan grandes como yo… una criatura mortífera que agitaba brazos armados con cuchillas y pies como de Tiranosaurio y… ¡FLASH!… y una criatura muriendo. Como un caballo. No, como un ciervo. Pero no era un ciervo. Una cola rapidísima. Ojos… demasiados ojos. ¡Y pensamientos! Pensamientos que estallaban en mi cabeza. “¡Sal de mi cabeza!” chillé de repente. Jadeé. Había sido muy poderoso. Mi mente se había abierto y había dejado escapar imágenes horribles. Ya se había cerrado otra vez. Todo había vuelto a esconderse tras un manto gris. Olí humo. Y el olor era fuerte. Fuerte y cercano. ¿Estaba cocinando la vieja? Haciendo una hoguera. ¿Estaba…? ¡La cabaña! ¡Estaba ardiendo! “¡Sácame de aquí!” grité. “¡La cabaña está ardiendo!” El fuego se propagó con una velocidad sorprendente. En menos de un minuto las lenguas de llamas bailaban sobre las hendiduras del suelo por encima de mí. Podía oírlas chasqueando y crepitando. El humo se colaba en ráfagas y volvía a salir, sólo para volver aún con más fuerza. “¡Déjame salir!” chillé de nuevo. Pero no hubo respuesta. ¡Iba a quemarme viva! Tosí cuando el humo empezó a escocerme en la garganta. Corrí hacia los troncos que formaban la trampilla. Los empujé —los empujé y golpeé, pero no se movieron. ¡Estaba atrapada! Intenté gritar otra vez, pero en vez de eso empecé a toser. Casi no podía respirar. Ya sentía mi cabeza más ligera. Fuerza. Necesitaba fuerza para salir. ¡Suficiente fuerza para hacer saltar los troncos podridos! Me arrodillé, obligada por el calor. Las chispas saltaban a mi alrededor e intentaba apartarlas cuando me quemaban las piernas o la espalda. Era demasiado débil. No podía hacerlo. Pero dentro de mí… algo dentro de mí… Y entonces empezó. Al principio ni siquiera lo noté. Estaba muerta de miedo. Esperaba que la cabaña consumida por el fuego se derrumbara sobre mí en cualquier momento. De repente, empecé a cambiar. Me estaba haciendo más grande. Tan grande, tan rápidamente, que mi cabeza rozaba las llamas. Pelo áspero y parduzco me estaba creciendo en los brazos y las piernas. Pero lo que más sentía era la fuerza. De mis brazos y piernas surgieron sólidos músculos y se hincharon en mi cuello. Era una sensación increíble, vertiginosa. En un instante, estaba débil e impotente y casi muerta. Al siguiente… ¡la fuerza! ¡La sorprendente, opresiva, sobresaliente, explosiva FUERZA! [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] Tobias vino a toda velocidad hacia nosotros. Quería asegurarse de que lo habíamos entendido. <¡Se acerca!> Yo estaba a medio transformar. ¿Podía usar ya el habla telepática? Decidí intentarlo. <Te hemos oído Tobias. Puedo verlo.> <Termina de transformarte,> chilló Jake en mi cabeza. <Mejor enfrentarse a eso como lobos.> Estaba temblando de miedo. Ya me había enfrentado a esa cosa una vez en aquel día. No tenía ningún interés en hacerlo por segunda vez. Pero Jake tenía razón —mejor luchar como lobo que como humano. Y ahora Jake estaba conmigo. Me sostenía sobre mis cuatro patas. Podía sentir la fuerza del lobo. Podía sentir la inteligencia y los instintos de su cerebro. Y los increíbles sentidos del lobo eran míos. Pero cuando miré hacia arriba para ver la forma de la bestia, supe que el lobo no sería suficiente. ¡Ninguna forma animal podría luchar contra esa cosa! <¡Míralo!> grité. <Sí,> dijo Jake. Estaba intentando sonar valiente. Pero Jake ha sido amigo mío durante muchos años. Sé cuando tiene miedo. Estaba absolutamente aterrorizado. <¡Aquí viene!> La bestia de cientos de bocas y cientos de cuchillas móviles vino a por nosotros. En su camino se interponían las copas de los árboles. La bestia los arrancó. ¡B-R-R-R-A-A-A-A-K! Corrimos. Habría sido estúpido hacer ninguna otra cosa. Mis poderosas patas de lobo no eran nada contra esa bestia. Corrí, y corrí a gran velocidad. Los lobos son bastante buenos con la rapidez, e increíblemente resistentes. Un lobo puede correr durante horas, todo un día, si es necesario. Pero no creí que tuviera la oportunidad de correr durante tanto tiempo. La bestia se detuvo a tan sólo unos pocos pies sobre el suelo, se estabilizó, y vino tras nosotros. Los árboles estaban bastante juntos unos de otros. Demasiado estrecho para que la bestia pasara por en medio, así que simplemente destrozaba todo lo que se interponía en su camino. ¡B-R-R-R-A-A-A-A-K! El sonido era aterrador. Corría. Saltaba sobre troncos caídos. Esquivaba los árboles. Utilizaba mi áspero pelaje gris para protegerme cuando atravesaba arbustos llenos de espinas. ¡B-R-R-R-A-A-A-A-K! La bestia destrozó una llanura de cincuenta pies de ancho que atravesaba el bosque. Era como la pesadilla de un leñador. Reducía los árboles a serrín y a astillas en segundos. La madera volaba por todos lados. <¡Se está alejando!> dije a Jake. <¡Poco a poco, se está alejando!> <Los árboles. Los destroza, pero la retienen. Lo suficiente.> <Más árboles. ¡Árboles gruesos!> Miré salvajemente a mi alrededor a un mundo de colores pálidos debido a la pobre visión de color del lobo. Había árboles por todas partes. ¡Demasiados! No sabía hacia qué lado el bosque se hacía más denso y hacia qué lado se despejaba. Pero el lobo sí lo sabía. Los propios instintos del lobo marcaban el camino. Jake y yo lo sentimos, supongo, porque empezamos a correr hacia el norte. ¡B-R-R-R-A-A-A-A-K! Los árboles se hacían más gruesos y aumentaban en número. La bestia siguió abriendo un camino detrás de nosotros, pero ya no iba ganando terreno. Tampoco se alejaba. <¡Jake! ¡Marco! ¿Qué estáis haciendo?> chilló Tobias. <Buscando la profundidad del bosque,> dijo Jake. <¡Quizá retenga a esta cosa!> <Por ahí se hace más denso,> asintió Tobias. <Pero mejor rezáis para que se canse pronto.> <¿Por qué?> dije. <Porque tenéis un cuarto de milla de bosque. Y luego se abre en un prado,> dijo Tobias. <Un prado de hierba abierto.> Jake y yo no dijimos nada. No teníamos que hacerlo. Ambos sabíamos que si la bestia no se cansaba antes de meternos en terreno abierto, nos cogería. Y no parecía cansada. Justo entonces, cuando más asustado estaba, olí algo que hizo sonar la alarma en el cerebro del lobo. Humo. Había fuego no muy lejos. Y a mis precisos oídos de lobo llegó el tenue sonido de una voz humana gritando. <¡Jake! ¡Mira!> La bestia vaciló y disminuyó la velocidad. Podía ver el prado a través de los árboles. El prado en el que seguramente moriríamos. Excepto porque ahora la bestia estaba dudando. De pronto, se dio la vuelta. Se volvió hacia el lugar que olía a fuego y a humo. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] “¡Aaaaarrrrgghh!” grité. Estaba en medio de una lluvia de fuego, y los trozos de madera y tejido caían a mi alrededor. No podía respirar. No podía ver. Pero podía oír el delirante sonido seco de dentro de mi propio cuerpo. Y sabía que estaba cambiando. A pesar de toda mi desesperación podía sentir la fuerza fluyendo dentro de mí. Una fuerza impresionante. ¿Pero era suficiente? Esperé tanto como pude. Aún no había terminado de cambiar. Pero el calor era demasiado sofocante. Y la cosa en la que me estaba convirtiendo odiaba el fuego. ¡Una repentina oleada de fuerza! ¡La necesidad de actuar! Me precipité contra los troncos medio podridos. ¡Crrr-RUNCH! Se rompieron bajo la fuerza de mi enorme cuerpo. Los troncos que me aprisionaban ahora no eran más que meros palillos. Pasé a través de ellos y me alejé de la cabaña ardiente. En ese momento, la cabaña se desplomó sobre sí misma en una explosión de chispas. Me quedé allí, jadeante. Sobre cuatro patas. Miré hacia abajo y vi patas delanteras donde deberían estar mis manos. Mis patas estaban cubiertas de áspera piel marrón, muy peludas. Y tenía largas garras negras afiladas. ¡FLASH! Un oso sobre sus patas traseras, rugiendo, manteniendo el equilibrio sobre sus poderosas patas. Un montón de criaturas a su alrededor. Como cuchillas de afeitar ambulantes. Venían a por el oso… venían a por mí. ¡Sí! Pensé. Oso pardo. Eso era. Me había transformado en oso pardo. Aún me estaba transformando en oso, porque el cambio todavía no se había completado. “¿Qué soy?” grité. Pero el sonido que salió de mi boca no era humano. “HhhhhuuuuRORW!” ¿Qué tipo de criatura era? ¿Cómo podía hacer eso? ¿Cómo podía convertirme en un animal diferente? Era una locura. Una locura. Puede que fuera así de simple. Puede que yo fuera la mujer loca que había quemado su cabaña para matarme por ser un Yeerk. ¿Era eso? ¿Era yo un Yeerk? ¿Qué era un Yeerk? De repente, oí un salvaje silbido de viento. No de la cabaña ardiente y crepitante — desde arriba. Desde el aire. Miré hacia arriba, pero mis ojos humanos estaban transformándose en ojos de oso y no podía ver muy bien. Sólo vi una enorme sombra cerniéndose sobre mí. ¡Un destello de movimientos rápidos! ¡Estaba atacando! Lo último de mi cuerpo humano había desaparecido. Y ahora sentía la fuerza completa de la mente del propio oso pardo. No estaba preocupado. Y lo que es más, estaba enfadado. Nadie ataca a un oso pardo. No si quieren seguir viviendo. Me levanté sobre mis patas traseras. Debía medir diez pies de alto. Y yo sabía que era grande. “¡HhhhuuRRRROOOOWWWWRRRR!” rugí. Lancé mi sólida pata contra la bestia inminente. Pero entonces, un segundo destello de movimiento. Otro animal, acercándose rápidamente hacia mí. <¡Rachel! Rachel, ¿eres tú?> preguntó una voz. Una voz que realmente no oí, sino dentro de mi cabeza. Miré a la nueva criatura. Se había detenido a una docena de pasos de mí. Lo miré fijamente con mi débil visión de oso. Tenía cuatro patas, como un caballo o un ciervo. Pero parecía tener una cabeza y un torso casi humanos. Y había una cola, de eso estaba segura. La cola estaba alzada como un arma dispuesta para utilizarse. Durante un instante en el que pareció paralizarse el tiempo, los tres nos quedamos esperando: yo, la bestia del aire, y esa nueva aparición. <Rachel. Rachel. ¿Eres tú transformada? Soy yo, Ax.> <¿Rachel?> dije silenciosamente. <¿Es ese mi nombre?> Y entonces la bestia hecha de polvo atacó. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Mi nombre es Aximili-Esgarrouth-Isthill. Soy un Andalita. Fue mi hermano, el Príncipe Elfangor, quien concedió a los humanos el poder para transformarse. Había sido herido intentando alejar a los Yeerks de la Tierra. Y, cuando se estrelló en su nave de guerra, fueron Jake, Rachel, Tobias, Cassie y Marco quienes lo encontraron. Fue Visser Tres quien mató a mi hermano, según me han dicho mis amigos humanos. Algún día vengaré su muerte. Debo matar a Visser Tres o caerá sobre mí la deshonra. Después de eso, Jake y los otros me encontraron. Era el último Andalita superviviente de nuestra gran nave cúpula. Yo no soy uno de los Animorphs. Pero lucho a su lado contra nuestro común enemigo, los Yeerks. Y mientras esté en la Tierra, tengo a Jake por príncipe. Había seguido a Marco en su estúpida aventura a la casa de la humana llamada Darlene. Sabía que era una tontería, pero pensé que sería mejor para Marco tener a alguien con él. Marco es bastante inteligente. Pero también está muy afectado por una condición que los humanos llaman ‘sentido del humor’. Me he dado cuenta de que el sentido del humor de Marco a veces le hace hacer cosas raras. Pero cuando apareció la enorme bestia del cielo, yo estaba indefenso. Después, los humanos me pidieron respuestas. ¿Sabía yo lo que era esa bestia? Los humanos han asumido que yo debo conocer a todas las terribles criaturas que habitan esta vasta galaxia. Pero no conocía a esta criatura. Y me daba miedo. Cuando salí a buscar a Rachel, corrí atravesando del bosque. Ahora vivo en él. Es mi nueva casa. Corrí a un ritmo constante para llegar al lugar donde tenía que encontrarme con Tobias, Jake y Marco. Pero detecté el humo. Miré hacia arriba y vi una columna de humo emergiendo a través de los árboles. Mis ojos escrutaron mi alrededor, observando cada dirección. Siempre debo tener cuidado de que no me vean los humanos. Uno de mis ojos móviles siguió la columna de humo que se remontaba en el cielo. Y entonces, no vi humo, sino polvo. Un polvo que se movía más rápido que cualquier viento. ¡La bestia! Venía de nuevo. ¡Corrí! Más rápido que antes, con toda mi velocidad. Tenía que estar buscándome. Venía a darme caza, estaba seguro. ¿Hacia dónde debería correr? No hacia donde se suponía que estaban Jake y Marco. No podía entregarlos a la bestia. Pero el fuego… quizá el humo me escondiera. ¡Sí! Corrí hacia el olor a humo. Mis pezuñas volaban, mi cola pegada estrechamente a mi espalda para ganar velocidad. Vi un pequeño claro. Y en el claro, una columna de humo. Una construcción de algún tipo. Se quemaba rápidamente. El calor me azotaba. Podía oír el sonido de la madera seca quebrándose y crepitando, las llamas lamiendo el aire. Pero había un sonido mayor. ¡La bestia! Sobre mí, sobre el fuego, se arremolinaba y rugía como una tormenta. Cuando vi otra criatura. Era un animal terrestre llamado oso pardo. Se levantó sobre sus patas traseras y bramó desafiante. Pero esa tremenda voz fue tragada por el huracán de aullidos de la bestia de polvo. Un oso pardo. Rachel tenía la forma de oso pardo. La había visto utilizarla. Tenía que ser ella. <¡Rachel! ¿Rachel, eres tú?> El enorme oso giró su sólida cabeza para mirarme. Pero no hubo respuesta telepática. <Rachel. Rachel. ¿Estás transformada? Soy yo, Ax.> <¿Rachel? ¿Es ese mi nombre?> De repente, la bestia atacó. En un remolino de vientos huracanados, se precipitó sobre Rachel. No sobre mí, ¡sobre Rachel! Era a ella a quien buscaba la bestia. Ella se mantuvo firme, sin preocuparse. <¡Rachel!> chillé. <¡Corre, no puedes luchar contra eso!> La bestia de los cientos de bocas rechinantes descendió hacia el oso. El oso lanzó una poderosa pata. Era un golpe que podría haber separado la cabeza de mis hombros. Un golpe que podría haber atravesado el acero. Las garras se toparon con la boca más cercana de la bestia de polvo. “¡ROOOWWWWRRR!” rugió el oso por el repentino dolor. ¡Su pata había desparecido! Sencillamente desaparecida. En su lugar quedaba un muñón destrozado y sangriento. ¿Qué podía hacer? Estaba desesperado. Mi cola era mi única arma. Pero la criatura simplemente la destrozaría como había hecho con la garra de Rachel. Rachel bramó de agonía por su espantosa herida, pero golpeó de nuevo. Aún manteniéndose derecha y desafiante, golpeó otra vez con su otra garra. “HhhhhRRROOOOAAAARR!” ¡Esta vez desapareció la pata entera! Y ahora podía ver el terror humano brillando a través de los ojos del oso. <¡Rachel!> grité desesperado. Mi cola Andalita era inútil. Necesitaba algo más. ¡Cualquier cosa! Busqué en mi memoria. ¿Qué forma podría luchar contra este monstruo? Nada. Nada. El oso de Rachel era una de la formas más poderosas que ella tenía. Y estaba perdida. No podíamos hacer nada más que escapar. ¡No! Escapar no. Seguir a la criatura. Encontrar el lugar donde se escondía. Saber de donde venía. Tenía una forma voladora terrestre. La llamaban aguilucho. Era muy rápido. Podría transformarme y seguir al monstruo. Porque una cosa era cierta: no podía salvar a Rachel. La bestia de polvo se abalanzó sobre Rachel. La envolvió completamente. Ya no podía verla. Era como si una nube se la estuviera tragando. La bestia se movía y fluía y se reformaba para engullir al rugiente oso que era mi amiga humana, Rachel. Temblando de furia y horror, empecé a transformarme. Y de repente, con una velocidad que era asombrosa, la bestia de polvo se detuvo. Dejó a Rachel. Se precipitó hacia arriba, lejos de ella, ¡y vino a por mí! ¡A por mí! Y en los pocos segundos que me quedaban, me di cuenta… ¡la transformación! ¡Era la transformación! Eso era lo que buscaba. Reaccionaba a las transformaciones. Era la propia energía de la transformación la que atraía a la bestia. Dejó a Rachel. Vi una imagen de su cuerpo de oso, envuelto en cuerdas vivientes. La bestia no la había matado. La había atado, como un regalo envuelto. Las cuerdas vivientes de disolvieron para regresar a la bestia de polvo y convertirse en parte de ella. Cientos de bocas y cientos de cuchillas móviles se me acercaron. ¡Ahora iba a por mí! Y sabía que si la atacaba con mi cola, me dejaría con un muñón sangriento. No podía luchar contra ella. Luchar significaba ser despedazado. Me quedé allí. Revertí la transformación y recuperé mi forma Andalita completa. Sentí a la bestia a mi alrededor. Me asfixiaba. Me ahogaba. Me envolvió estrechamente en un capullo hasta que no pude moverme ni un centímetro. Sentí como me levantaba del suelo. Arriba y arriba, más y más rápido, incapaz de ver, capaz sólo de oír los salvajes sonidos de la propia bestia. Pero ahora lo entendía. Sabía a dónde me llevaba. Conocía sus intenciones. Y mientras el miedo calaba mis huesos, me di cuenta de que conocía el nombre de su dueño. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] Mi olfato de lobo me contó una historia. El hedor de la madera ardiendo estaba por todas partes, pero también podía oler la sangre. Algo había rociado de sangre una extensa zona. Un oso. Olía el poderoso aroma del oso. Olfateé la tierra de nuevo. Humano. Dos humanos distintos. Y algo más… un olor raro, extraño. Un olor como nada que yo pudiera imaginar. Hasta que vi las huellas: marcas de pezuñas puntiagudas. Ax. Ax había estado ahí. Dos humanos. Uno llevaba zapatos. Otro iba descalzo. Un oso. Ax. Sangre. Fuego, aún encendido. <¿Qué sacas de todo esto?> pregunté a Marco. <La persona descalza tiene que ser Rachel. Así que ahí está el oso. Tiene que ser ella. No hay osos pardos por los bosques. Y la sangre también es suya. O del oso, en todo caso. Está herida.> Me tragué la rabia y el miedo. Tenía que concentrarme. <¿Qué puede herir a un oso pardo?> pregunté, sabiendo de antemano la respuesta. <Un hombre armado,> dijo Marco. <Otro oso pardo. O algún animal que no sea de la Tierra. Ningún animal terrestre puede medirse con el oso pardo.> <Ha sido esa cosa.> dije. Tobias descendió y disminuyó la velocidad. <Las huellas del oso se dirigen al norte. Veo huellas, pero son extrañas. Sólo las patas traseras. Como si el oso estuviera caminando sobre dos patas. Y sangre.> <Así que Rachel en su forma de oso se enfrentó a la bestia de polvo,> dije. <Ha salido de eso con vida, pero no puede usar sus patas delanteras.> <Eso parece,> dijo Tobias. <Las huellas de oso se detienen a la orilla de un arroyo a unos mil metros de aquí. Después de eso, no he visto nada. Debe de haber vuelto a su forma humana.> <¿Hacia dónde se ha ido?> preguntó Marco. <¿Hacia arriba? ¿Hacia abajo?> Tobias se paró a descansar en una rama. <No lo sé. He buscado. No la he visto. Debería haber llegado antes. Debería haber sabido cuando eso os dejó escapar que iba a por ella.> <Tobias, nadie entiende a ese monstruo. No podías haber sabido lo que iba a hacer. Ninguno de nosotros puede,> dije. Sonaba razonable. Pero mi mente me decía que yo debería haberlo sabido. Debería haberlo supuesto. <¿Cuál es el papel de Ax en todo esto?> pregunté. Culparme no era lo más importante ahora. <Ax venía a encontrarse con nosotros. Ve el fuego, va a investigar. ¿Puede que entonces viera a Rachel? ¿O a Rachel en su forma de oso? ¿Estuvieron los dos ahí al mismo tiempo?> <No lo sé,> dijo Marco. <Quizá. Hay un montón de huellas andalitas por aquí. Y luego, mira — se detienen. Justo aquí. No hay más olor andalita pasado este punto. Es como si sencillamente lo hubieran levantado y se lo hubieran llevado.> Tobias dijo, <Así que llega aquí, ve a Rachel y a la bestia lanzándose sobre ella. Ax es un tipo valiente. Va a por él. Rachel se va. Está sangrando, pero se va. ¿Y Ax? ¿Por qué ya no está aquí? ¿O por qué no vemos un tramo de huellas de Andalita que se alejan? ¿O al menos su cuerpo?> Nadie dijo nada. Todos pensábamos lo peor. Recordé lo que la bestia le había hecho a la casa de Darlene. Y a los árboles. Quizá no deja cuerpos tras de sí. Quizá no dejaba cuerpos cuando ya se había terminado. <Los Andalitas son más fuertes de lo que parecen,> dijo Tobias. <Paso mucho tiempo con Ax, aquí fuera, en el bosque. No lo deis por muerto.> <Sí,> asentí, intentado sonar esperanzado. <Hemos estado transformados demasiado tiempo. Tenemos que usar el tiempo que nos queda para volver a la civilización y recuperar nuestra forma humana. Al menos tengo que dejarme ver en casa o mandarán a la policía a buscarme.> <No podemos dejar de buscar,> dijo Marco. <A Tobias sólo le queda una hora de buena luz. Después de eso no habrá nadie intentando encontrar a Rachel. O a Ax.> <Utilizaré esa hora,> dijo Tobias. Abrió las alas y voló cansadamente de vuelta al cielo. <Volveremos esta noche,> le dije a Marco. <Cena con tu padre. Luego nos encontraremos en el granero de Cassie.> <Jake, ¿qué está pasando?> me preguntó Marco mientras trotábamos cansados de vuelta a la carretera. <¿Es cosa de los Yeerks?> <¿Qué más podría ser?> <Bueno mira, si son ellos, entonces saben quiénes somos. Quiero decir que esa cosa vino directamente a por mí y por Ax. Fue a por Rachel. Fue a por ti y a por mí. Sabe quiénes somos. Así que, ¿por qué los Yeerks no se abalanzan sobre nosotros? ¿Por qué no irrumpen en nuestra casa?> <Esa es la cuestión,> asentí. Ya habíamos llegado a la carretera. El autobús vendría pronto. Era hora de transformarse. <Esa es precisamente la cuestión que tenemos que resolver.> <Sí, esa y la cuestión de dónde está Rachel, y por qué no vuelve a casa.> <Y una pregunta más,> añadí, conforme sentía mi cuerpo humano emerger del lobo. <¿Cómo seguir con vida?> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] Radio Shack. August Woman. Godiva. The Gap. Mrs. Field’s. Casual Corner. B. Dalton. Kiney Shoes. Banana Republic. Luces brillantes. Color. Letreros. El olor de los bollos de canela. El centro comercial. Puaj. Y peor aún, el centro comercial un sábado por la tarde. Estaba lleno. Era agobiante. Pero el centro comercial era el lugar indicado para buscar a Rachel. Jake, Marco, Tobias y Ax se habían ido al sitio donde habían atacado al camión de helado. Jake me había pedido que buscara en otros lugares donde Rachel podría haber ido. Me había dicho que yo sabía mejor que nadie donde podría estar. Quizá fuera cierto, pero me molestaba un poco. Era un poco machista por parte de Jake. O puede que sólo tratara de protegerme. De cualquier forma, me molestaba. No quería ningún tratamiento especial por el hecho de ser una chica. Jake jamás habría pensado hacer nada parecido con Rachel. También me molestaba por otra razón. Me molestaba porque una parte de mí estaba un poco aliviada. Estaba a salvo en el centro comercial. ¿Quién sabe con qué se iban a topar Jake y los otros ahí en el bosque? Me dije a mí misma que no estaba contenta de estar a salvo. Me dije que sólo estaba haciendo lo que tenía que hacer. Pero la posibilidad de que Jake estuviera en peligro, mientras yo me mantenía segura, me atormentaba. Es por haberle hablado a Jake de ese estúpido sueño, me di cuenta. Ahora piensa que estás perdiendo la cabeza. No es una sorpresa, ¿no? Dile a un chico que estás teniendo pesadillas donde te enfrentas al mal y eliges a quién mata, y él pensará que estás perdiendo la cabeza. Pero Jake tenía razón: yo conocía los sitios a los que iría Rachel. Ya había buscado en el gimnasio donde Rachel practicaba gimnasia, y la heladería donde siempre pedía tarta de sabor lima. Ya había buscado en el colegio, porque allí es donde debió haber cogido el autobús. Y había buscado también en su casa, aunque su hermana decía que no estaba allí. Sólo quedaba el centro comercial. “Espera. ¿Es esa?” murmuré para mí misma. Me puse de puntillas para ver mejor. No. Era otra chica rubia. No soy una amante de las compras. Para mí, comprar es algo que haces cuando te hace falta. Para Rachel, es una forma de arte. Si no estaba en casa, debería estar aquí. “¿Rachel?” grité cuando pasaba una chica. Pero mientras lo hacía, sabía que no era ella. “Lo siento. Creí que eras otra persona.” Entonces, de repente, alguien que conocía. Alguien a quien definitivamente conocía. Chapman. Apareció de repente delante de mí, cargando una bolsa de compra de una de las tiendas, y dirigiéndose hacia la librería B. Dalton. ¡Chapman! Si la criatura de polvo estaba relacionada con los Yeerks, él debía saberlo. Chapman era el subdirector del colegio. También era un Controlador de alto rango. El gusano que vivía dentro de su cerebro era un Yeerk importante. Chapman lo sabría. Seguirle resultaría más útil que deambular por el centro comercial. ¿Pero cómo? Transformarse en un centro comercial atestado sería peligroso. ¿Entonces qué? me reproché. Entonces no hagas nada estúpido sólo para probar que no estás asustada, discutí conmigo misma. Mientras debatía en mi interior, me encontré siguiendo a Chapman a pocos pasos. Ya lo había dispuesto en mi mente. Sólo tenía que decidir cómo espiarle. Mosca. Sí. Eso era. Una transformación rápida, me pegaba a Chapman, y me quedaba con él tanto tiempo como pudiera seguir transformada. Chapman estaba en la librería, manoseando las revistas. ¿Cuánto tiempo se quedaría en la librería? ¿Lo suficiente? Quizá. ¿Y dónde podría transformarme sin que me vieran? Me dirigí al fondo de la tienda. Había una trastienda con la puerta entreabierta. Un baño para los empleados. Bingo. Miré a Chapman. Se había movido a la sección de historia. ¿Qué narices le importa a un Controlador la historia? Tragué con dificultad y me deslicé dentro de la trastienda, actuando con naturalidad, pero con presteza. No había nadie cerca. Me dirigí al pequeño baño de los empleados y cerré la puerta. Me quité los zapatos y la ropa y los escondí en la basura debajo de un montón de toallitas de papel. Luego tendría que volver a por ellos. Me concentré. No era fácil, porque me latía la cabeza. Y no me gustan demasiado las formas de los insectos. Me concentré en la mosca y recé para que nadie entrara de repente en el baño. Me sentía mareada. Por lo demás, no estaba preocupada. No demasiado preocupada, de todos modos. Incluso Rachel quedaría impresionada. Empecé a encoger. Es muy extraño transformarse en algo pequeño. En un momento tu cabeza está a cuatro pies del suelo. Luego, de repente, sólo está a dos. Luego a uno. Seis centímetros. Un centímetro. Es como caer. Y es como si el suelo se precipitara para golpearte. Quiero decir que es como si el linóleo estuviera vivo, por la forma en la que se te acerca. Era como ser un surfista espacial acercándose a la tierra a bandazos. Pero también pasaban otras cosas inquietantes. No hay nada humano en una mosca. Todo tiene que cambiar. Todo. Mis manos empezaron a abrirse. Dos de mis dedos crecieron y se convirtieron en garras puntiagudas. Dos de mis otros dedos y mi pulgar florecieron, dividiéndose en miles de pequeños pelos pegajosos. Es el tipo de cosa que me da un miedo terrible cuando empiezo a transformarme. Déjame decirte algo: la película de miedo más terrorífica que has visto en tu vida es una comedia comparada con la sensación de ver tu propio cuerpo transformándose. La transformación casi nunca es agradable. Los otros dicen que yo soy la mejor transformándome, que puedo hacer que el proceso quede bien. Pero nada puede hacer que una mosca sea bonita. No hay moscas Brad Pitt. Las moscas son criaturas grotescas –criaturas desagradables, feas, asquerosas y repugnantes. Mis piernas se arrugaron y se convirtieron en patas. ¡Sploot! Dos nuevas patas me salieron del pecho, justo donde habían estado mis costillas. Las piernas me salieron como enormes gusanos negros. Crecieron como pelos puntiagudos y se articularon, y se hicieron tan duras como el plástico. Y mi cara… bueno, definitivamente no era agradable. Mi nariz se partió, dividiéndose en dos mitades. De cada mitad empezaron a emerger unos pelos largos y sensibles. Mi boca y mi lengua se fundieron, crecieron, formando un largo tubo con un agujero en la punta que escupía y succionaba. Mis ojos parecían romperse en pedazos, como un espejo partido en miles de fragmentos. La visión desapareció durante un momento, y me quedé ciega. Luego volvió, pero era tan diferente que casi no me di cuenta de que podía volver a ver. Los ojos compuestos habían sustituido a los ojos humanos. Donde antes mi visión creaba una imagen única, ahora había cientos de imágenes fragmentadas. Era como ver la tele con la nariz pegada a la pantalla mientras cambias los comandos de control de color. Los fragmentos formaban imágenes, pero los colores estaban equivocados. Al fin, terminé de transformarme. Era una mosca. Es verdad, supongo, que soy un poco más rápida transformándome que los demás —incluso que Ax. Sé que es una estupidez estar orgullosa de algo así, pero lo estoy. Batí mis poderosas alas, me despegué del suelo, y escapé del baño pasando cuidadosamente a través de una grieta de la puerta. Una vez fuera, tomé altura y me puse a salvo. Y me dirigí hacia Chapman. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] La bestia de polvo me llevó más y más arriba. Podía sentir la gravedad tirando de mí. Podía sentir su fuerza conforme nos movíamos a mayor velocidad. No veía nada. Sólo podía oír el sonido del torbellino. Comenzamos a descender lentamente. Muy despacio, muy despacio. Nos detuvimos. La bestia de polvo planeaba. ¿Cuán alto habíamos llegado? ¿Dónde estábamos? Entonces… se abrió un hueco en la clamorosa pared de polvo que me envolvía. Vi la tierra por debajo. Pero no desde el espacio. Aún estábamos dentro de la atmósfera. Eso me sorprendió. Lo que vi después no. No era una nave más grande de lo normal. Era bastante más pequeña que la nave cúpula Andalita. Bastante más pequeña que la nave nodriza Yeerk. Era toda negra, con dos alas en forma de hacha y el puente de mando largo, afilado, con la silueta de un diamante al frente. Conocía la nave. Era la nave Espada. La nave de comando privada de Visser Tres. Había desconectado sigilosamente su escudo hacía unos instantes. En silencio, apareció un agujero en la punta del puente. La bestia de polvo se metió por ahí. De repente, ¡caía! ¡SLAM! Me golpeé contra una superficie dura. Mis pezuñas se revolvieron para levantarme, pero estaba tirado sobre un lado. La bestia de polvo me había lanzado sobre un pulido suelo metálico. Me levanté. La bestia de polvo se cernió sobre mí. Y por todos lados a mi alrededor aparecieron guerreros Hork-Bajir. Cada uno empuñando un arma de rayos Dragón y dispuestos para disparar. Debía de haber unos diez. Dos o tres habrían sido suficientes. Una vez, los Hork-Bajir fueron una raza honrada y pacífica. Luego fueron esclavizados por los Yeerks. Los Hork-Bajir son increíblemente peligrosos y muy fuertes. Se alzan sobre dos piernas, equilibrados por la cola. Cada pierna termina en un pie parecido al de un pájaro de presa terrestre. Tienen dos brazos. En sus rodillas, codos, y muñecas llevan engarzadas cuchillas curvadas. Cuchillas parecidas a mi propia cola. Sobre sus cabezas reptilianas tienen dos cuchillas más, curvadas hacia delante. Y sus colas terminan en unas largas púas afiladas. No son una especie con la que quisieras ponerte a luchar. Además, eran una de esas especies pacíficas e incluso sensibles. No tenían nada que temer. Hasta que los Yeerks empezaron a transformarlos en Controladores. Ahora ya no queda ningún Hork-Bajir libre. Todos son esclavos de los Yeerks. Todos son Controladores, con un Yeerk viviendo dentro de sus cabezas. Dos o tres habrían sido más que suficientes para tenerme controlado. El hecho de que fueran diez era un halago. <Bien, bien,> dijo una voz en mi cabeza. <Así que aquí tenemos nuestra primera captura.> Era él. Como sabía que ocurriría. Visser Tres. El tercero más poderoso de los caudillos Yeerks. El líder de la invasión Yeerk en la Tierra. ¡Una abominación! Visser Tres es único en toda la galaxia: el primer y único Controlador-Andalita. Él solo, de entre todos los Yeerks, ha conseguido tomar y esclavizar un cuerpo Andalita. Su sola presencia me llenaba de odio. ¡El asesino de mi hermano! La criatura que sabía que tenía que destruir. Si no lo hacía, nunca tendría el honor de convertirme en un verdadero guerrero. Ya me había enfrentado a él antes. Pero siempre junto a mis amigos humanos. Haber atacado a Visser tres habría significado ponerlos en peligro. Pero ahora ya no tenía esa excusa. Visser Tres estaba ante mí. El asesino de mi hermano. Visser Tres me miró con sus ojos principales. Sus ojos móviles vigilaban a la bestia de polvo mientras se movía inquieta sobre nuestras cabezas. Me avergüenza confesarlo, pero me aterrorizaba su presencia. El mal irradiaba de él. Y la fuerza. Una inmensa y aterradora fuerza. <Ni siquiera has crecido aún, Andalita,> dijo Visser con desdén. <¿Mi Veleek me trae a un niño?> <¿Veleek?> dije. <Sí. Yo mismo le he puesto el nombre. En lenguaje Yeerk significa ‘mascota’. Es una extraña forma de vida de este sistema solar. Del enorme planeta de gas, el único con anillos prominentes.> Saturno. Así es como los humanos lo llamaban. Pero no le dije nada a Visser. Responderle le habría revelado que yo estaba en contacto con humanos. Visser Tres me analizó. <Así que eres un Andalita después de todo. Algunos de mis consejeros me han sugerido que vosotros los terroristas erais humanos, no Andalitas. Pero aquí tenemos un espécimen Andalita en toda regla.> Los Yeerks creían que los Animorphs eran un grupo de Andalitas que sobrevivieron a la batalla espacial y llegaron a la Tierra. Era importante que siguieran creyéndolo. <¡Basura Yeerk!> grité repentinamente. <¡Los míos te destruirán!> Visser Tres rompió a reír. <Tú y ‘los tuyos’ me habéis causado algunas molestias, es cierto. Destruisteis la nave de carga que usábamos para trasladar oxígeno y agua. Fue muy poco oportuno. Y destruisteis nuestra kandrona base. Eso fue incluso más inoportuno.> Se acercó a mí, mostrando su absoluta confianza. Mostrando que no me tenía miedo. <Por eso, te proporcionaré una muerte muy, muy larga y lenta, Andalita.> Quise golpearle. Mi hermano… el Príncipe Elfangor… él habría tenido el valor de hacerlo. Pero yo no. Los Hork-Bajir me habrían desintegrado antes de haber podido levantar mi cola. Y la prodigiosa fuerza de Visser me tenía hipnotizado. <Sí, hicisteis que os persiguiera, bandidos Andalitas,> dijo Visser. <Pero mi Veleek os capturará, un por uno, y os traerá hasta mí.> Si no tenía valor para atacar y morir, al menos intentaría saber más. Si sobrevivía… si de alguna forma conseguía escapar, por algún milagro… <¿Cómo conviertes en un Controlador a alguien hecho de polvo? ¿Dónde metes el asqueroso cuerpo de gusano?> <Oh, el Veleek no es uno de nosotros,> dijo Visser Tres. <No es un Controlador. No es realmente un ‘él’. No hay inteligencia ahí dentro —o al menos no mucha. Una forma de vida fascinante, la verdad. No se parece a nada que haya encontrado antes. Se difunde por la atmósfera como el polvo. Cada partícula puede sentir la energía de los seres vivos —cualquier ser vivo. Cuando una partícula localiza una presa, las millones de partículas se unen para atacar al ser vivo y lo reducen a pedazos. Luego la energía del proceso es absorbida por la propias partículas.> Visser Tres se rió otra vez, estruendoso, pero repugnante en mi mente. <Perdimos un montón de guerreros antes de entender cómo funcionaba la criatura. Oh, sí. Destrozó Hork-Bajir y Taxxonitas en un número alarmante. Pero entonces nos dimos cuenta de algo —podía ser modificado. Podíamos usar a la cosa. Podría programarlo para servirme.> Asentí, entendiendo la verdad. <Lo modificaste para que detectara sólo la energía de la transformación.> <Muy bien. Pero vosotros los Andalitas siempre habéis sido inteligentes cuando se trata de ciencia. Sí, ahora detecta sólo el específico tipo de energía que se libera durante la transformación. Pero no puede alimentarse de esa energía. Oh, no, no. No quiero que os destroce, Andalitas. No quiero que os coma. Quiero teneros aquí. Conmigo. Así que programé a mi Veleek para alimentarse sólo de la energía que le proporcionamos con los mecanismos de esta nave. Inteligente, ¿verdad? El Veleek siente la transformación, ataca, pero me trae al sujeto para obtener su verdadera comida.> <Sólo un Yeerk encontraría inteligente el forzar la mutación en otra forma de vida,> dije, tan desdeñosamente como pude. ¿Debería atacar? ¿Podría atacar? ¿Sería lo suficientemente rápido? Visser Tres asintió. <Sí, sí. Nosotros los humildes Yeerks sabemos cuán superiores sois los Andalitas. Vos-los-sagrados. Los entrometidos moralistas de la galaxia. Los gloriosos y virtuoso príncipes Andalitas, salvando a la galaxia de los despreciables Yeerks. Bueno. Aquí estás, niño Andalita. Y pronto el resto de tu grupo de bandidos también estará aquí. ¿Cuántos sois es total?> <No te diré nada,> dije. <No importa,> dijo Visser Tres con frío desdén. <El Veleek nunca se cansa. Lo mandaré de vuelta e irá a cazar. Tus amigos pueden ser listos. Algunas veces escaparán —por un tiempo. Pero tarde o temprano, mi Veleek los encontrará y, uno por uno, los traerá junto a mí.> Agitó las manos haciendo una señal a sus soldados. <Tiradlo a la jaula. Vigiladlo. Si escapa, todos moriréis. Oh, y servidle la comida al Veleek y luego soltadlo. Dejadlo ir para encontrar a los Andalitas. No queremos que nuestro joven Andalita se quede solo.> Los Hork-Bajir me cogieron con brusquedad. Visser Tres se dio la vuelta y se alejó. No le había atacado. Había estado cara-a-cara con el asesino de mi hermano, y le había dejado marchar. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] ¡ZOOOOM! Batí mis alas de mosca y pasé a toda velocidad por debajo de la puerta. Para mí, la parte de debajo de la puerta era como un techo, y una vez atravesado estaba fuera. ¡ZOOOOM! Volé hacia arriba. Y digo hacia arriba. Como un cohete. <¡Genial!> chillé sin dirigirme a nadie en particular. ¡ZOOOOM! Di volteretas por el aire y luego me posé en el techo con mis seis pies. Las largas patas se adherían a las diminutas grietas del techo. Las almohadillas pegajosas añadían mayor sujeción. Me quedé boca-abajo, colgada del techo. Convertirse en una mosca es absolutamente asqueroso. Pero ser una mosca es estupendo. Bueno, ¡ninguna otra cosa vuela como una mosca! Puedes volar hacia delante, o de pronto puedes dispararte hacia arriba, o puedes detenerte y simplemente dedicarte a planear. No existe absolutamente nada que las alas de mosca no puedan hacer. La mejor avioneta de combate, conducida por el mejor piloto que pudiera haber, es un cerdo grande, lento y perezoso comparado con una mosca. Tobias en su mejor día no podría ni aproximarse a las maniobras que puede hacer una mosca. Me quedé en el techo, directamente sobre la cabeza de Chapman. Debía de haber unos cinco pies entre mí y su cabeza calva. Al menos, pensé que era él. Es difícil usar la vista de la mosca. Muy difícil. Afortunadamente él —o al menos el tipo que yo pensaba que era Chapman— había pisado antes alguna caca de perro. Mi sorprendentes ojos compuestos de mosca no estaban seguros. Pero nada puede rastrear los excrementos como una mosca. Estaba totalmente concentrada en el zapato de Chapman. Sólo había un problema: Chapman no hacía nada más que mirar libros. Mi cerebro de mosca se estaba hartando de tener que estar quieta en un sitio, así que me dejé caer del techo, giré en el aire, lancé mis alas, y vi una vuelta rápida y salvaje alrededor de su cabeza. Sí. Era Chapman. Casi seguro. Durante los siguientes veinte minutos simplemente observé sus escasos movimientos a lo largo de la librería. Volé a su alrededor, siempre fuera de su alcance, descansando ocasionalmente en el lomo de un libro o disparándome de vuelta al techo. Después de veinte minutos de lo mismo, empezaba a verlo como una idea bastante estúpida. Se suponía que tenía que estar buscando a Rachel, que probablemente estaba metida en algún tipo de lío. Y sin embargo estaba revoloteando alrededor del cuero cabelludo de Chapman. Y entonces… ¡sí! Un hombre y una mujer se pusieron a hablar con Chapman. Entender las conversaciones es difícil con la disposición de los oídos de la mosca. Por suerte, ya había sido mosca antes. Así que sabía como traducir las vibraciones que la mosca sentía como ‘sonidos’. “Llegáis tarde”, soltó Chapman. El hombre dijo, “Eso no ayuda. Nuestro trabajo no es fácil con todo lo que está pasando.” “Aquí no,” dijo Chapman. “Venid conmigo.” Se alejó, y los dos desconocidos le siguieron . Me solté del techo y salí zumbando rápidamente detrás de ellos. Era fácil seguirlos. Tenía la cabeza de Chapman a tan sólo unos pasos en frente de mí. Lo que se hacía difícil era oír todo lo que decían. Fuera del propio centro comercial había un gran estruendo. Docenas de voces, música, pisadas —todas vibraciones iguales para mis antenas y pelos. Para enterarme, tenía que correr un riesgo. Me lancé a toda velocidad, dando vueltas, y aterricé sobre el cuello de Chapman. Los hilos del tejido de su camisa parecían cuerdas enormes. Era fácil agarrarse. Pero mantuve superalerta mis sentidos de mosca por si una gran mano humana se acercaba dispuesta a aplastarme. “No sé por qué nos reunimos así,” dijo la mujer. “Es un poco melodramático, ¿no? Como una estúpida novela humana de espías.” “Visser Tres no confía en nuestros contactos últimamente. Visser Uno tiene seguidores entre algunos de los nuestros. No lo olvidéis —nuestro líder atrapó a esos Andalitas una vez, y fueron liberados por Visser Uno para avergonzarnos.” “¿Puedes probarlo?” preguntó el hombre. Chapman resopló burlonamente. “Si pudiera probarse, Visser Uno estaría gritando en la cámara de tortura del Concilio de los Trece. Pero lo sabemos, sencillamente. Esta vez, Visser Tres no va a dejar que nada se interponga en su camino. Esta nueva criatura suya, ese Veleek, acabará con los terroristas de una vez por todas.” Veleek, pensé. El enemigo tiene un nombre. “Y ha armado un buen lío intentándolo,” gruñó la mujer. “He estado corriendo de un lado a otro todo el día, intentando mantener esta historia encubierta.” “Para eso te han colocado en el cuerpo de policía,” dijo Chapman fríamente. “Es tu trabajo controlar las investigaciones de la policía que pudieran ser… difíciles… para nosotros.” “Sólo soy una,” dijo la mujer, sin intimidarse ante el tono de Chapman. “El diez por ciento del cuerpo de policía es de los nuestros. Pero eso deja un noventa por ciento de humanos. Y los humanos no son totalmente idiotas. Tenemos testigos que hablan sobre monstruos de polvo, no tornados.” “Pasa lo mismo en el periódico,” dijo el hombre. “Aún así la historia está bajo control. La gente se cree la tontería del tornado. Pero tienes que decirle a Visser Tres que no—” En un instante, yo ya estaba revoloteando salvajemente por ahí. Dejé el cuello y volé hacia lo alto. Chapman se había detenido, se dio la vuelta y cogió la mano del hombre. Chapman acercó su cara a un centímetro de la del hombre. “¿Decirle a Visser Tres? ¿Decirle a Visser Tres? Nadie le dice nada a Visser Tres. La gente que le dice a Visser algo que no quiere oír acaba alejada de los rayos Kandrona, muriéndose lentamente de hambre, dentro de sus huéspedes. Desde que los bandidos destruyeron la base de Kandrona en la Tierra, el Visser ha estado buscando excusas para eliminar Yeerks hambrientos. Ahora, si queréis ir a decirle al Visser que no use a su Veleek, hacedlo.” Soltó al hombre y siguieron caminando otra vez. “Veleek,” gruñó la mujer. “¿Tenemos que contar con esa cosa para encontrar a un puñado de Andalitas terroristas?” “Sí,” dijo Chapman. “Y puedes estar contenta de que Visser tenga a su ‘cazador-de-transformaciones’. Le distrae de preguntar por qué no habéis cogido ya a los Andalitas. Haréis mejor deseando que esta criatura de polvo tenga éxito. Visser Tres está siendo presionado para solucionar los problemas con la Tierra. Se dice que puede ser relegado a Visser Cuatro. Incluso Cinco. Si Visser Tres baja de rango debido a tu incompetencia, ten en cuenta mi consejo: mataos. No esperéis a que Visser lo haga por vosotros.” Los dos desconocidos se callaron después de eso. Chapman les dio algunas instrucciones. La mayoría sobre la historia del tornado, no importa qué pasara. Les dijo que los humanos eran unos estúpidos que se creerían cualquier tipo de tontería. Y si algún testigo daba demasiados problemas, debían eliminarlo o convertirlo en Controlador. Era una conversación escalofriante. Y no decía nada a cerca de Rachel. Pero de todos modos, ahora sabía algo importante. El Veleek era un instrumento de Visser Tres. Y lo habían llamado ‘cazador-de-transformaciones’. Era hora de dirigirse al pequeño baño y volver a cambiar. Necesitaba hablar con Jake y los otros. Inmediatamente. Cazador-de-transformaciones. Había atacado a Marco y a Ax cuando volvían a su forma humana en el sótano de la casa de Darlene. Casi los mata. ¿Era eso lo que le había pasado a Rachel? [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] Creo que el dolor me habría matado si hubiera sido humana. Pero no era sólo humana. Era un oso. Y gracias a la fuerza del oso, resistí. Mis patas delanteras habían desaparecido. Arrancadas por el terrible monstruo de polvo. La sangre estaba por todas partes. No podía caminar como un oso. Pero podía moverme sobre dos patas, hasta estar lo suficientemente lejos de la terrible criatura. Encontré un arroyo, de no más de un pie de profundidad y tres pies de ancho. Me hundí en el agua e intenté cambiar. No sabía si podría. No sabía cómo me había convertido en oso. Así que no estaba segura de si podría convertirme otra vez en humana. Y si lo hiciera… ¿qué pasaría con mis manos?¿Esa terrible herida en mi cuerpo de oso significaba que mis manos humanas también habían desaparecido? Rachel. Así era como la otra criatura me había llamado. La criatura que parecía un ciervo, un escorpión y un chico. No hizo ningún ruido, pero oí su voz en mi cabeza. Me había llamado ‘Rachel’. ¿Yo era Rachel? Me concentré en volver a ser humana. Pero todo el rato me preparaba para sufrir un dolor insoportable. Me tendí en el arroyo. El agua fría burbujeaba y corría a mi alrededor. Mantuve los muñones de mis patas dentro del agua entumecedora. Y lentamente me hice más pequeña. Más pequeña y más débil. Levanté los muñones sangrientos para poder verlos. Habría llorado, si hubiera podido disponer de lágrimas humanas. Dedos… dedos humanos… estaban creciendo de entre la sangre. Mis manos crecieron. La capa de piel áspera fue sustituida por piel humana y el tejido negro de mis leotardos. Las enormes patas del oso se convirtieron en mis propias piernas. Mi sentido del olfato disminuyó, al mismo tiempo que mi vista se hacía más precisa. Me levanté. Temblando. Débil. Pero sin dolor. Y lo más extraño era que todos los arañazos y rasguños de haber caminado descalza a través del bosque habían desaparecido. Estaba como nueva. Miré asustada buscando a la bestia de polvo, pero no vi nada. Se estaba haciendo oscuro. ¿Me protegería la oscuridad? ¿O ayudaría a mi enemigo? Miré más de cerca, buscando al extraterrestre que sabía mi nombre. ¿Extraterrestre? La palabra apareció en mi mente. ¡Sí! Sí, esa criatura no podía haber venido de la Tierra. Eso lo sabía. Esos recuerdos aún estaban intactos. No sabía de qué conocía al extraterrestre, o si era bueno o malo, pero tenía que ser un extraterrestre. Como la bestia de polvo. Sí. Sí, claro. La vieja habló de Yeerks. Ellos también eran extraterrestres, ¿no? ¡FLASH! Un solar abandonado. Edificios a medio construir por todos lados. Maquinaria pesada. Noche cerrada. Una luz en el cielo. Algo… aterrizando. Algo… alienígena. Gente a mi alrededor. Caras. Caras que conocía… “¿Qué caras?” grité. Pero la visión se había extinguido. “¡Arrrrgggghhh!” chillé frustrada. Quería golpear algo. Quería meterme en mi propia cabeza y arrancar la cortina gris que me escondía la verdad. Cálmate, Rachel, me dije. Al menos sabes tu nombre. Y sabes que tienes algún tipo de poderes sorprendentes. Y sabes que tienes enemigos muy serios. Eso no me tranquilizaba. La bestia de polvo podría haberme aniquilado. Pero algo había llamado su atención. El extraterrestre. ¿Era el extraterrestre un amigo? ¿Había intentado ayudarme? Las respuestas no están en el bosque, me dije. Necesitas volver a la civilización. Allí es donde están las respuestas. Volver al mundo. ¿Pero en qué dirección? El oso lo sabría. Sería capaz de sentirlo. ¿Podría yo hacer lo mismo? Me quedé allí. Escuchando. El viento movía las hojas. Las ardillas parloteaban. Cosas que no podía ver rozaban los arbustos. Los pájaros cantaban canciones de amor y amenaza. El arroyo chocaba contra las rocas y las ramas caídas. El arroyo. Por supuesto. Sigue el arroyo, me dije. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] <No he visto nada, ¿vale?> dijo Tobias enfadado. <No hay oso. Ni Rachel. Ni Ax. ¿Cuántas veces más pensáis preguntarme? No los he visto.> Estaba en las vigas del granero de Cassie. Los demás permanecíamos sentados sobre fardos de heno o andando de un lado a otro, feroces, enfadados y, lo peor de todo, preocupados. Jake, Cassie, yo y Tobias. Cuatro de los seis que deberían haber. “Vale, cálmate Tobias,” dijo Jake. “Nadie te culpa. Nadie está culpando a nadie. Sólo necesitamos tranquilizarnos.” “Se suponía que Ax iba a encontrarse con nosotros en el bosque,” dije. “Nunca lo hizo. Si no pudo reunirse con nosotros, sabrá que estamos preocupados. Sabe que debería volver a su forma humana y venir a decirnos que está bien.” “Así que no está bien,” concluyó Jake. “Ax no está bien y Rachel no está bien,” añadí. “Y creo que sabemos por qué. Esa cosa.” Me volví hacia Cassie. “¿Cómo lo llamó Chapman?” “Un Veleek. Un cazador-de-transformaciones.” “Por eso han desaparecido Rachel y Ax,” dije. “Casi nos pilla a mí y a Ax en casa de Darlene. Casi vuelve a pillarnos otra vez esta tarde.” Cassie me miró, con expresión preocupada. “¿Por qué ‘casi’?” “¿Qué quieres decir?” “¿Por qué no os atrapó?” preguntó Cassie. Tenía el ceño fruncido. “En casa de Darlene te tenía a tiro. Hoy, dices que lo dejasteis atrás. Pero la verdad es que fue él el que dejó de perseguiros, ¿no? Se marchó a toda prisa hacia la cabaña en la que pensamos que estuvieron Ax y Rachel. ¿Por qué? ¿Por qué dejar de buscaros a vosotros dos e ir a por ellos?” “¡No lo sé!” chillé. Estaba tan frustrado y asustado como los demás. No estaba de humor para adivinanzas. “Pregúntale a Tobias. Él es el depredador. Debería saberlo.” Intenté sonar cruel. Me sentí mal en cuanto lo dije. Pero Tobias ni me miró. En lugar de eso dijo, <Movimiento.> “¿Qué se supone que quiere decir eso?” preguntó Jake. <Marco lo ha dicho: yo soy un depredador. Cuando cazo busco movimiento. Busco lo que se mueve. Igual que un gato. Si la presa se queda quieta, es difícil verla. Aunque escuche, tampoco oigo sus movimientos. El cerebro del halcón está preparado para prestar atención a la visión o el sonido del movimiento.> “¡Eso es!” chilló Cassie. Salté unos dos pies en el aire. Cassie no suele gritar. “¡Eso es! Me ha estado reconcomiendo desde el primer ataque. ¿Cómo sabía el Veleek donde estábamos? ¿Cómo decidió que Marco y Ax eran presas? Marco, ¿qué estabas haciendo cuando la bestia atacó?” Me encogí de hombros. “Me estaba transformando.” “¡Sí!” dijo Cassie. “¿Coincidencia? La bestia sólo parece atacar cuando os estáis transformando. Y hoy, ¿cuándo fuisteis atacados en el bosque?” “Estábamos transformándonos,” dijo Jake. “Nos estábamos transformando en lobos.” “Ambos ataques cuando os estais transformando,” dijo Cassie. “Justo en ese momento. Interesante coincidencia.” Ninguno dijo nada durante unos segundos. Estaba pensando lo que eso significaba: mientras no me transformara, estaría a salvo. Tan a salvo como un ratón que se queda congelado. “Rachel no lo sabe,” dije lentamente. “Si aún está viva.” “¿Por qué el Veleek nos dejó y se dirigió a la cabaña?” preguntó Jake. Luego contestó a su propia pregunta. “Porque ya nos habíamos transformado, así que ya no éramos tan interesantes como antes. Sintió a otra criatura transformándose.” <Dos ratones en un campo. Yo escojo a uno y éste se pone a correr. Pero entonces se para. No hay movimiento. Y en ese momento veo un destello de otro ratón corriendo. Yo… o al menos el halcón, iría a por el segundo ratón. El cerebro del halcón creería que se trata del mismo ratón. Lo que importa es el movimiento.> “Y para este cazador-de-transformaciones lo que cuenta es la transformación. Eso es lo que lo mueve,” dijo Jake. “¿Entonces por qué no vino a por mí cuando me transformé en el centro comercial?” se preguntó Cassie. “Porque no podía estar en dos sitios a la vez,” dije. “Debe haber límites en cuanto a lo rápido que puede propagarse. Estaba demasiado lejos.” “Estamos a salvo mientras no nos transformemos,” aclaré. “Quieres decir que mientras no luchemos contra los Yeerks, estamos a salvo,” dijo Jake. “¿Es lo que crees que deberíamos hacer, Marco?” Todos me miraron. Me encogí de hombros. “Rachel no está aquí para dar su voto. Así que, en su lugar, diré lo que ella diría: lo que tenemos que hacer es encontrar la forma de patearle el culo a ese Veleek.” Cassie sonrió. “¿Y que diría a eso el verdadero Marco?” “Probablemente haría alguna observación estúpida pero muy divertida,” admití. “Y luego empezaría a pensar en cómo hacerlo: patear ese enorme culo de polvo escandaloso.” [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Llegué a la civilización. O al menos, llegué a una urbanización de las afueras. Quizá me fuera familiar, no lo sabía. Quizá hubiera estado antes ahí. Tampoco lo sabía. Lo que sí sabía era que mis pies estaban arañados y desgarrados. Las piernas me pesaban y me dolían. Me dolía el cuerpo entero. Estaba hambrienta y sedienta y asustada. E increíblemente cansada. Necesitaba dormir. Podía ver luces en el interior de la mayoría de las casas por las que pasaba. Por un momento consideré la posibilidad de caminar hasta la puerta de cualquier casa y decir, “Mira, no sé quién soy. ¿Puedo dormir en tu sofá?” Pero alguien o algo me buscaba. No sabía en quién podía confiar. Y hasta que volvieran mis recuerdos, tenía que ser cautelosa. Además, estaba sucia, despeinada, descalza, y llevaba unos estúpidos leotardos negros. Nadie iba a dejarme entrar. Entonces vi una casa sin luces en el interior. Había un letrero en el césped de la entrada que decía VENDIDA. Crucé el césped húmedo, que me venía genial para mis pies doloridos. Miré a través de la ventana delantera. No había muebles. Estaba vacía. Me dirigí rápidamente a la parte de atrás. La casa tenía una piscina. Y vi un grifo detrás de los arbustos. Me puse de rodillas y lo abrí hasta que empezó a fluir la refrescante agua fría. Bebí hasta estar llena. “Bueno, una cosa menos de la que preocuparme,” susurré para mí misma. Observé las casas de ese lado. Había una valla alta alrededor. Nadie podía verme. Probé la puerta de atrás: cerrada. Probé la puerta del garaje: cerrada. Luego probé una ventana. ¡Sí! Me levanté y me deslicé dentro. Estaba oscuro. La casa olía a pintura fresca. “¿Hay alguien ahí?” llamé con voz temblorosa. Mi voz se apagó en el vacío. Fui a la cocina y abrí el frigo. La luz me sorprendió. No había nada dentro. Comprobé los armarios. Vacío. Vacío. Vacío. ¡Ah-hah! Ahí en la bancada: una caja de galletas Nilla. Debía de ser de los pintores. Había huellas de pintura en la caja. Estaba abierta, y faltaban la mitad de las galletas, pero no importaba. Engullí las galletas mientras merodeaba por el resto de la casa vacía. El lugar estaba vacío, pero tenía agua y galletas, y con lo cansada que estaba la moqueta era lo suficientemente mullida para dormir sobre ella. Me senté en una esquina de la sala de estar abandonada y terminé de comerme las galletas. Me pregunté quién había vivido ahí. Y quién se trasladaría. Pero sobre todo, me pregunté cosas a cerca de mí. Quién era. Qué era. Y por qué una aterradora criatura extraterrestre había intentado matarme dos veces. No recuerdo haberme quedado dormida. Pero después recordé los sueños. Las pesadillas. ¡FLASH! Estaba en el solar abandonado. Oscuridad. Una luz viniendo del cielo. Otros conmigo. ¿Había una chica? Sí. Pero no veía su cara. Ni las caras de los otros. Sólo uno… un chico. Se volvió para mirarme. ¡Un pájaro! Tenía la cara de un pájaro de presa. ¡FLASH! Estaba intentando mantener el equilibrio. Ponía cuidadosamente un pie delante del otro. Estaba en una barra. De cuatro centímetros de ancho. Me sentía torpe. Pero cuando me miré los pies, habían cambiado. Ya no eran mis pies, sino las delicadas patas de un gato. Gente aplaudiendo. No, no todos. Alguien me odiaba. Quería matarme. Pasaba algo malo con ellos. ¡Algo terriblemente malo! ¡Gusanos! ¡Gusanos en su cabeza! ¡FLASH! Estaba bajo tierra. Un enorme foso abierto, pero cubierto por una cúpula de roca y cemento. Un estanque de espesa agua gris. ¡Los gusanos! Estaban en el agua. Y a mi alrededor… cuchillas por todos lados, cabezas de reptil. ¡Hormigas gigantes! No, no, yo también era una hormiga. Olor a hedor ácido. Cientos de ellas juntas, atacando. Hormigas tan grandes como yo. Grandes pinzas atravesándome. ¡Transfórmate! grité en mi sueño ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! “¡ANIMORPH!” me levanté gritando. Me levanté del suelo de un salto. Me recorrí frenéticamente el cuerpo con las manos. ¿Qué era yo? ¿Qué era? ¿Qué era para haber tenido esos sueños? Los humanos no sueñan que son hormigas. Sueños tan reales que puedes sentir los enormes granos de arena bajo tus pies, la falta de aire, el terror, la sobrecogedora visión de un enjambre de hormigas arrastrándose hacia ti, destrozándote. Respiraba con dificultad. Mis corazón latía dos veces más rápido de lo normal. Tenía la frente empapada de sudor, aunque hacía frío en la habitación vacía. Animorph. Eso era lo que había gritado. ¿Qué significaba? Entonces… ¡BAM BAM BAM! “Quien quiera que esté ahí, salga. ¡Es la policía!” “¡Ahh!” solté un chillido, y me cubrí la boca. Rayos de luz partían la oscuridad a mi alrededor. Ráfagas de luz me buscaban. Me arrastré rápidamente hasta una esquina. “¡No nos hagas entrar a por ti!” dijo un policía. “Los vecinos han dicho que alguien se ha colado. Así que sal.” ¡Atrapada! Debería… Debería entregarme. ¡No! ¡No! Había enemigos. Enemigos por todos lados. No podía… no podía… “Voy a contar hasta tres y mejor que salgas con las manos sobre la cabeza,” gritó un policía. ¡Tenía que escapar! Tenía que pensar. Tenía que averiguar quién era. Qué era. Pero estaba rodeada. ¡Transformarme! Como cuando me convertí en oso. Pero no en oso. No sabía si el oso de mi interior estaba herido. Busqué en los parciales recuerdos de mis sueños. ¿Qué había visto? ¿Qué imágenes había visto? ¿La hormiga? ¡NO! Nunca la hormiga. Nunca más. Lo sentía en los huesos. Más grande. Más poderoso. ¡Sí! Los policías daban portazos y gritaban. Mi piel aún estaba erizada por la aterradoras pesadillas. Pero me calmé. Me concentré en la imagen de mis sueños. Grande. Muy grande. Demasiado grande para que la policía me cogiera. “¡Ohhh!” grité cuando mi nariz y mi labio superior se abultaron de repente. Explotaron en una larga y poderosa trompa que llegaba al suelo. Estaba creciendo. Más grande. ¡Rozaba el techo! “¡Sal de ahí ahora, o entraremos!” No se preocupe, oficial, pensé. Pronto saldré. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Fue sólo casualidad que viéramos lo que pasó. La reunión terminó con todos nosotros enfadados, asustados y alterados. Nadie quería creer que Rachel y Ax pudieran estar muertos. Ax era un amigo más o menos reciente. Y un extraterrestre, no alguien con quien hubiéramos crecido. Pero Rachel era mi prima. Era la mejor amiga de Cassie. Y todos nos apoyábamos en Rachel. Ella no tenía miedo. Nos daba a los demás un valor que no hubiéramos tenido sin ella. Salimos hacia la noche, los cuatro. Tobias voló en dirección al bosque. Lo vimos alejarse, batiendo las alas con dificultad en el frío aire nocturno. Marco y yo cogimos nuestras bicis. “¿Cassie? ¿Estás ahí?” Era su madre, bajo el marco de la puerta de su casa. “Sí, mamá. Aquí.” “Están poniendo ese programa que te gusta. ¿Quieres que lo grabe?” “Voy en un minuto,” dijo Cassie. “Estoy hablando con Jake y Marco.” “Hola, Jake. Hola, Marco.” La saludamos. “Bueno, no estéis fuera hasta tan tarde,” dijo la madre de Cassie. “Son casi las nueve,” Se volvió hacia el interior de la casa. “¿Las nueve? Tío, mejor me voy a casa,” dijo Marco. “Me van a matar.” “Os acompaño hasta la carretera,” dijo Cassie. Caminamos en silencio atravesando la larga entrada y luego hacia la descuidada carretera que conectaba la granja con la autopista. Marco y yo empujábamos nuestras bicicletas y el único sonido era el de nuestras pisadas y el traqueteo de la cadena de la bici de Marco. “Puede que ya esté en casa. Puede que ya no tengamos que preocuparnos”, dije. “Y Ax probablemente está bien. Bueno, ¿quién sabe de lo que es capaz un Andalita?” “Al menos es una noche cálida,” dijo Cassie. “Si Rachel está ahí fuera, al menos es una noche cálida. Y hay una luna brillante que puede ayudarla a encontrar su camino a casa,” añadió dulcemente. Seguí su mirada. La luna llena se elevaba en el cielo, rodeada de millones de estrellas. Siempre puedes ver muchas más estrellas cerca de la granja de Cassie. “¡Mirad!” chilló Marco. Algo había oscurecido la luna. Pasó sigilosamente y la luna volvió a brillar de nuevo. Vi lo que parecía brillante polvo de hadas. Un torbellino que se dirigía hacia la urbanización cuyas luces eran visibles a través de la distancia. “¿Qué es eso? ¿Es una nube?” preguntó Cassie. La miré. “No creo.” “Ya sabéis lo que es,” cortó Marco. “¿Qué vamos a hacer?” “El cazador-de-transformaciones,” dijo Cassie. “Va detrás de alguien. Ax. O Rachel.” “Dos alternativas,” dije. “No hacer nada. O intentar distraerlo.” “¿Distraerlo?” repitió Marco. “¿Cómo?” “Manteniéndolo alejado,” dije. “Busca transformaciones, ¿no? Pues le daremos algo que buscar.” “Tenemos que alejarlo de las casas,” dijo Cassie. “¡Esa bestia destroza todo lo que se pone en su camino!” Marco asintió. “Le damos un objetivo transformándose. Lo mantenemos interesado. ¡Oh, tío! ¡Esto va a ser muy desagradable!” “¿Cómo lo atraemos hasta nosotros?” preguntó Cassie. “No podemos transformarnos aquí y salir volando. ¡Si nos transformamos aquí destrozará mi casa!” Tenía razón. Y las casas a donde el Veleek se dirigía estaban a media milla de distancia. “¿Están las llaves puestas?” preguntó Marco. Cassie y yo miramos hacia donde señalaba. El viejo y destrozado camión de carga del padre de Cassie. El camión que solía usar por los alrededores de la granja. “No,” dijo Cassie. “Sí,” dijo Marco. Lo que me dejaba a mí para decidir. “Hagámoslo.” [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Me había hecho muy, muy grande. Los policías aún estaban fuera golpeando la puerta y chillando y ordenándome que saliera. Así que decidí que mejor hacía lo que me decían. Me dirigí hacia la puerta. Y no es que la puerta fuera a ser lo suficientemente grande. Pero supuse que la pared sí lo sería. Podía sentir la transformación desarrollándose. En un minuto, cuando la transformación estuviera completa — ¡B-R-R-A-A-A-A-A-K-K! ¡Un terrible estruendo detrás de mí! ¡Un ruido como el de una sierra atravesando acero! “¡HhhhREEEEEuuuhhh!” bramé llena de terror y furia. ¡B-R-R-A-A-A-A-A-K-K! ¡De repente, la pared de atrás de la casa había desaparecido! ¡La bestia! ¡La bestia! Con la cabeza agachada, la trompa curvada hacia abajo, cargué contra la puerta. ¡KaaaaaRUNCH! Golpeé. La puerta salió volando como el corcho de una botella de champán. El marco explotó en astillas. Y luego la pared a su alrededor se abultó y estalló como un grano. Y salí al exterior. Con todas mis toneladas de peso. Una demente y horrorosa combinación de humana y elefante africano. La impredecibilidad de la transformación incompleta había resultado en una enorme criatura con larga trompa, pequeñas orejas humanas, grandes piernas de elefante y pelo rubio. Los policías estaban anonadados. “¡HhhhRRRRRRuuuhhh!” bramé otra vez. Levanté mi enorme trompa en el aire. Cuatro policías me miraron con idéntica expresión de total y absoluta incredulidad. Cuatro bocas abiertas. Pestañeaban. Uno de ellos se frotaba los ojos. Luego tuvieron algo incluso más sorprendente para ver. La criatura de polvo atravesó la casa, a pocos pasos detrás de mí, dejando un rastro de astillas. Salí corriendo. Al ver a un elefante, no dirías que pudieran correr en absoluto. Pero créeme, un elefante puede moverse cuando necesita hacerlo. Los elefantes pueden correr a 40 kilómetros por hora, más rápido que el atleta humano más veloz. Pero también hay un inconveniente con los elefantes. Son grandes. Demasiado grandes para esquivar y girarse. Demasiado grandes para esconderse. Corrí a lo largo de esa tranquila calle residencial, completando la transformación mientras corría. Pero sabía que no podía escapar. ¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM! ¡La policía estaba disparando! ¿A mí? ¿Al monstruo de polvo? No lo sabía. No me importaba. Las balas no me hacían nada, ni a mí, ni al monstruo que me perseguía. ¡Me perseguía! Unos cien pasos por detrás, una enorme pared voladora de dientes rechinantes y cuchillas móviles. ¡Me estaba alcanzando! Me metí en el jardín de alguien, pisoteé las flores que se ponían bajo mis enormes pies redondos, y eché abajo una valla. Me dirigí hacia un callejón entre dos casas. Una Winnebago (*marca de caravanas) aparcada se interponía entre la bestia y yo. ¡B-R-R-A-A-A-A-K-K! ¡La Winnebago había desaparecido! En la esquina de mi campo de visión, entreví un único neumático rebotando calle abajo. El resto de la caravana estaba hecha trizas. Justo entonces supe que se había acabado. Si seguía corriendo, la bestia se abriría camino entre las casas en las que dormía gente inocente. No podía dejar que eso pasara. Ya está, me di cuenta. Ya está. No puedo correr. No puedo ganar. Me di la vuelta para enfrentarme a la bestia. Vi cómo reducía la marcha. Se levantó en el aire por encima de mí. Una pesadilla de dientes rechinantes y ojos salvajes y cuchillas móviles. Completé la transformación cuando dos colmillos de marfil gigantes me salieron de la boca. De la bestia surgieron unas manecillas. Eran como cuerdas. Cuerdas vivientes que envolvieron mi enorme cuerpo. Me sentí asfixiada. ¡No podía respirar! Me revolví, pero las cuerdas simplemente me apretaron con más fuerza. La bestia de polvo giraba a mi alrededor, envolviéndome. No podía ver. Casi no podía respirar. Entonces la bestia me levantó. O… lo intentó. Sentí cómo me elevaba, arriba, arriba,… puede que un paso sobre el suelo. Luego me devolvió a la Tierra. Una vez más, la bestia intentó levantarme. Esta vez alcanzamos los dos pies, puede que tres. Y volvió a dejarme en la Tierra. En ese momento, despertó un pequeño destello de esperanza. Lo vi una vez en un libro —el elefante más grande jamás encontrado pesaba más de 40 toneladas. La mayoría pesa entre 13 y 25 toneladas. No tenía ni idea de cuánto pesaba yo en mi cuerpo de elefante. Probablemente no 40 toneladas. Pero era grande. Muy grande. Demasiado grande para que la bestia de polvo me levantara. <Heh, heh, heh. ¿Demasiado para ti, bicho?> A través de los arremolinados y furiosos rugidos de la bestia de polvo mientras intentaba alzarme me llegó un repentino ¡SCCRREEEEECHH!. Sonó como unos neumáticos derrapando. Como si un pésimo conductor se dirigiera hacia nosotros. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] “¡Aaaaaaaaaahhhhhh!” gritó Cassie. “¡Cuidado! ¡Cuidadocuidadocuidadocuidadocuidado!” chilló Jake “¿Queréis callaros los dos?” pedí. “¡Estoy intentando conducir!” “¡Un coche! ¡Un coche! ¡Un coche!” chilló Jake. Tiré del volante hacia la izquierda. El coche corría a toda velocidad, con el claxon sonando estruendosamente. El conductor sacó la mano por la ventanilla e hizo un gesto con los dedos. “Eso ha sido muy grosero,” dije. “Y totalmente injustificado.” ¡BAM! “¡Aaaaaaaahhhhhhhh!” “Oh, sólo ha sido un cubo de basura tirado por ahí,” dije. “Tranquilízate.” ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM! “Vale, han sido cuatro cubos de basura,” dije. “¡Bájate de la acera, pedazo de loco!” dijo Jake. Tiré del volante hacia la derecha. Saltó de la acera, rozó un coche aparcado y… ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM! “¿Tienes algo contra los cubos de basura?” preguntó Jake. “¿Es ese el problema? ¡¡¿ODIAS los cubos de basura?!!” “No puedo conducir si me estás gritando en la oreja,” dije. “¡No puedes conducir en absoluto!” dijo Jake. “¡Izquierda! ¡Gira a la izquierda! ¡Allí, allí! ¡A la izquierda! Es por ahí,” dijo Cassie, tomándose tiempo suficiente para gritar. Giré a la izquierda. Me salí de la calle por la que iba, pero por suerte la gente que vivía en esa esquina no tenía ningún arbolillo en la puerta de casa. ¡BUMP! Encima del bordillo. ¡BUMP! Las ruedas de atrás sobre del bordillo. Me metí por la hierba y pasé a toda velocidad por el patio. “Mola,” dije. “Voy a matarte, Marco,” dijo Jake con una voz extrañamente serena. “Si sobrevivo, te mato.” “¡Decías que sabías conducir!” me acusó Cassie. Me encogí de hombros. En realidad lo que había dicho era que había ganado millones de puntos jugando al Wipeout, un excelente videojuego. “Vale, no es exactamente como el Wipeout. Lo hago lo mejor que puedo.” BUMP. BUMP. Estaba de vuelta en la carretera. De repente, un elefante pasó corriendo calle abajo una manzana más allá. Un elefante con pequeñas orejas rosas. El Veleek iba a por él. “¡Es Rachel!” chilló Cassie. “¡Está viva!” “Puede que no por mucho tiempo,” dijo Jake gravemente. “Voy a transformarme. ¿Marco? ¡Sigue a ese elefante!” El elefante corrió detrás de una Winnebago. El Veleek redujo la Winnebago a serrín. El elefante se volvió para enfrentarse al animal. Plantó sus pies con firmeza, levantó la trompa desafiante, y se enfrentó a la bestia de mil bocas. “Sí, esa es Rachel, no hay duda,” dije. Pisé el acelerador del camión. Quemé las ruedas y salí disparado hacia ellos. “Ven, bola de basura, ¡estoy aquí!” chilló Jake. Ya empezaba a salirle del cuerpo piel naranja y negra. Los dientes del tigre estaban creciendo, abultando su labio superior. De repente, cuerdas vivientes, como tentáculos, ciñeron el enorme cuerpo de Rachel. La bestia de polvo la envolvió. La cubrió. “¡NO!” gritó Cassie. “¡Rachel! ¡NO!” El Veleek empezó a levantarse del suelo. Y volvió a bajar. “¡Oh! ¡Tío!” dije con voz entrecortada. “¡No intenta matarnos! ¡Quiere capturarnos! Está intentando llevarse a Rachel.” “No puede levantarla,” dijo Cassie. “Es demasiado pesada.” Justo entonces, el Veleek sintió nuestra presencia. O al menos la de Jake, que se estaba transformando en tigre. El Veleek dejó a Rachel. Calló desde la altura de un pie o así, pero aún así rompió la superficie de la carretera. “Voy con Rachel,” chilló Cassie. Empezó a subirse a Jake para salir. Pero no podía porque Jake era aún mitad tigre, y estaba enlatado en el asiento. “Jake, mejor continúa en la parte de atrás, tío. Te estás haciendo enorme,” dije, y pisé el freno. Jake abrió la puerta y subió al camión. Era torpe porque tenía piernas que no eran ni humanas ni de tigre, sino una extraña mezcla. Sus manos eran garras tan cubiertas de piel animal que casi no podían usar la manivela de la puerta. Pero saltó a la parte de atrás del camión. Cassie salió detrás de él. “Buena suerte, chicos,” dijo Cassie. Cerró la puerta. Con un zumbido de viento, el Veleek vino a por nosotros. Puse la marcha atrás y salí disparado. ¡WHAM! Gruñí. Alguien había aparcado un coche justo por donde yo tenía que ir. <¡Gira!> chilló Jake en lenguaje telepático. Giré el volante y al mismo tiempo solté el embrague. ¡Era como en Hollywood! Las ruedas chirriando, el humo saliendo de ellas, y luego ¡ZOOOOM! Tenía un tigre en la parte de atrás de un camión de carga que casi no podía conducir, y nos perseguía el monstruo más fuerte que he visto nunca. Después estaría muerto de miedo. Pero en ese momento, justo entonces, pensé, Esto mola un montón. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] La buena noticia era que Marco ya había salido de la zona residencial, así que no podía destrozar más cubos de basura. La mala noticia era que había llegado a la autopista. <Pasa por la izquierda, ¡pasa por la izquierda! ¡No por la derecha!> “Hey, ya voy bien,” chilló Macro a través de la ventanilla abierta del camión. “Ahora es como en el juego. No hay problema.” <En el juego no está oscuro.> “Sí. La parte del túnel.” <¿Te refieres a la parte en la que siempre te estrellas y sales ardiendo?> Corríamos por la autopista a más de 100 kilómetros por hora, circulando en medio de una corriente de brillantes luces rojas traseras. Estaba a la mitad de la transformación en tigre. La estaba alargando a propósito, manteniendo el interés del Veleek. Funcionaba. El Veleek estaba interesado. Me movía a gran velocidad, balanceándome en el fondo de un viejo camión de carga, y sólo a cinco coches detrás tenía a una bestia de cincuenta pies de ancha que no era más que pura destrucción. De vez en cuando, los otros conductores de la carretera nos ofrecían su consejo. Podía oír retazos y fragmentos mientras los pasábamos. “¡… idiotas! ¿Por qué no…?” “¿Qué clase de imbécil…?” “¿Dónde aprendiste a conducir? ¿En Jersey? Estúpido…” <¡Nos está alcanzando!> le dije a Marco. “¡Esta cosa no puede ir más rápido!” <Genial,> dije. “¡Fuera de la carretera! ¡Tenemos que salirnos de la carretera!” <¡Nooooo!> Pero era demasiado tarde. ¡Ka-BUMPH! ¡Bump! ¡Bumpbumpbumpbumpbumpbump! El camión saltó de la carretera, atravesó la cuneta, echó abajo una cerca de alambre, y se dirigió directamente hacia los árboles. ¡Árbol a la izquierda! ¡Árbol a la derecha! ¡Árbol! ¡Árbol! ¡Árbol! ¡Árbol! Las ramas arañaban los lados del camión. Y detrás de nosotros, destrozando árboles, venía el Veleek. ¡B-R-R-A-A-A-A-A-K-K! <Marco, casi he terminado. Voy a bajar. Dame cinco minutos y empieza tú.> “Sí,” chilló Marco. “¿Jake? ¡Ten cuidado, tío!” <Intenta no destrozar el camión del padre de Cassie, ¿vale?> “Prepárate. Freno…” Pisó los frenos. ¡WHAM! Un lado del camión se empotró en un árbol. Salí del fondo del camión. Marco aceleró y ganó velocidad a través de los arbustos, con el motor rugiendo. Aterricé como el gato que era. El tigre de mi interior sabía donde estábamos. Lo notaba en los huesos. Era un gato que había nacido y crecido para las oscuras noches en la densidad de los bosques. En un destello de información sensorial, oí-olí-vi la naturaleza a mi alrededor. Ojos que ven en la oscuridad. Oídos sensibilizados ante cualquier pequeño sonido. Un sentido del olfato que me contaba historias de ciervos y lobos y jabalíes que habían pasado por ahí. Pero lo que más necesitaba era la agilidad y la velocidad del gato. Había completado la transformación. Mientras nadie se transformara y lo distrajera, el Veleek me perseguiría. Al menos, eso esperaba. ¡B-R-R-A-A-A-A-A-K-K! ¡Lo tenía encima! Me volví con líquida agilidad e hice la única cosa que el Veleek no esperaba: me lancé hacia él. La bestia de polvo vaciló, y luego se detuvo. “¡RRRROOOOOWWWWRRR!” solté un rugido que haría que un hombre adulto se meara en los pantalones. Desencadené la increíble fuerza de mis poderosos músculos. Me lancé atravesando el aire, con las garras por delante. Era un ataque que podría matar casi a cualquier animal del planeta. Pero no habría tenido efecto alguno sobre el Veleek. En el último segundo, antes de que mis patas se encontraran con esas filas de dientes rechinantes y cuchillas afiladas, encogí la cabeza, retraí las patas, y caí al suelo directamente debajo de la bestia de polvo. ¡SHWOOOM! ¡Por debajo! Por debajo del Veleek y lejos de su alcance. Arrastré mi cola naranja-rayada a la máxima velocidad. <¡Veamos cómo de rápido puedes llegar a ser, monstruo!> Hah. No mucho. Le llevó bastantes segundos darse la vuelta. Y yo pensé, Bien, bien. Así que tiene un punto débil, después de todo. Una debilidad. Pero no lo suficiente. ¡B-R-R-A-A-A-A-A-K-K! Desgarraba árboles y tierra como la monstruosa máquina fuera de control que era. Los tigres son rápidos. Muy fuertes. Pero no tienen mucha resistencia. Yo era un velocista, no un corredor de maratón. Huía, corriendo desesperadamente a través de los árboles, girando bruscamente a la izquierda, después a la derecha. Dándome la vuelta. Y ese torpe Veleek no podría cogerme. Pero no podía continuar así. Estaba cegado. Cansado. Con la lengua fuera. Exhausto. Era el momento de que le distrajeran. Esperé que Marco pudiera hacerlo a tiempo. El plan era hacer correr al Veleek de una transformación a otra. ¿Quería cazar transformaciones? Le daríamos transformaciones que cazar. No era un plan muy bueno. Sólo funcionaría si la criatura se cansaba. Pero el problema era que nosotros nos habíamos cansado primero. Me subí a un árbol. Las patas se hundieron fuertemente en la corteza. Mis músculos cansados me propulsaron hacia arriba, a través de las ramas. ¡B-R-R-A-A-A-K! ¡El Veleek cargó contra el árbol en el que me encontraba! Miré hacia abajo y lo vi debajo de mí. El árbol aún estaba en pie, pero el Veleek había destrozado la base. Y se estaba abriendo camino hacia arriba. Salté en la oscuridad. Caí, con las garras por delante, atravesando el aire nocturno. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] La bestia de polvo me soltó. Caí contra la carretera. Caí con fuerza. El asfalto crujió y se abrió, revelando la tierra que había debajo. ¡FLASH! Estaba volando. Era un pájaro. Un águila. Iba a ver a Tobias. Iba a decirle que iba… ¿a qué? Algo. ¡Pájaros! ¡De pronto salían de la nada! Agolpándose a mi alrededor. Atacando, por delante, por los lados. ¡Gírate, gírate e intenta alejarte! ¡Un árbol! ¡WHAM! ¿Qué? ¿Qué significaba? ¡Tobias! ¡Había recordado un nombre! Vi a la bestia reformándose para lanzarse sobre un camión que corría a toda velocidad calle arriba. Que corría derecho hacia un coche aparcado. Entonces, ¡un tigre! No, no un tigre entero. Medio-humano. Medio-tigre. ¡Un monstruo! Saltó a la parte de atrás del camión. Y alguien más había salido. Una chica. Baja. Vestida con un mono. ¡FLASH! El solar. Aquel en el que había aterrizado el extraterrestre. ¡Ella estaba allí! ¡Estaba allí! Conocía a esa chica. Pero… ¿era una amiga? ¿O uno de ellos? ¿Uno de los enemigos? “¡Rachel!” chilló la chica. “¿Estás bien?” Rachel. Sí. Así era como el ciervo-escorpión-extraterrestre me había llamado en la cabaña ardiendo. Rachel. Sí. Ese era mi nombre. ¡SÍ! ¡Era mi nombre! ¡FLASH! Una mujer diciendo “Rachel, ya sé que no te gustan las judías verdes, pero comételas, son buenas para ti.” ¡FLASH! Una chica, más pequeña que yo, diciendo, “¡Rachel, Rachel, Rachel! ¡Todo gira siempre alrededor de Rachel!” ¡FLASH! Una voz de hombre, que no salía de ninguna parte en particular. “Y ahora, la siguiente en la barra de equilibrios, Rachel…” ¡SÍ! Lo recordaba. Yo era Rachel. ¿Pero quién era esta chica bajita que me llamaba? ¿Y qué era yo? “¿Rachel? ¿Puedes oírme?” <¿Quién eres?> le pregunté. “¿Qué quieres decir, con quién soy?” <¿¡Quién eres!?> chillé en lenguaje telepático. <¡Dímelo! ¡Dímelo o te aplasto!> “Rachel, soy yo. Cassie.” ¿Cassie? “¿Estás bien?” <No. No lo estoy. ¿Eres mi amiga?> “Rachel, he sido tu amiga durante años,” dijo la chica que se hacía llamar Cassie. <Mi memoria… no lo recuerdo. ¿Cassie? ¿Qué soy?> La chica me miró durante un momento. Podía ver la duda en sus ojos. Miró a su alrededor. Los primeros policías se habían marchado después de lo del camión desbocado. Pero se oían más sirenas, cada vez más y más cerca. “Eres humana, Rachel.” <No. Bueno, sí. Lo sé. Pero también soy algo más. Mírame. ¿Cómo puedo hacer esto? ¿Qué soy?> Cassie buscó mi mirada. Humana y elefante. Supuse que a la gente asustada y medio dormida que nos espiaba a través de sus ventanas les parecería extraño. “Eres un Animorph, Rachel. Un Animorph. Y supongo que te tiene que haber pasado algo para que hayas perdido la memoria. Pero ahora mismo, amiga, tienes que confiar en mí. Tienes que confiar en mí.” ¡Animorph! La palabra de mi sueño. ¿Confiar en ella? ¿Confiar en esta chica que se hacía llamar Cassie y decía ser mi amiga? La miré a través de los ojos del elefante. ¿Podría confiar en ella? ¿Cómo? ¿Cómo podría estar segura? <¿Cassie?> dije. “Sí.” <Dime que hago.> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 28:[/b] Los Yeerks me metieron en una caja. No en una jaula, en una caja Ramonite sin uniones entre los lados de las paredes. Estuve en esa caja durante un intervalo de tiempo que se extendió durante varias horas terrestres. Y sentí la desesperación. La específica desesperación que surge de la deshonra. Visser Tres mató a mi hermano. Para las leyes y tradiciones de mi gente, se suponía que yo tenía que vengar esa muerte. Estaba obligado a matar a Visser Tres, si alguna vez tenía la oportunidad. Acababa de estar cara a cara con él. Y no había hecho nada. Sí, estaba rodeado de Hork-Bajir. Y como era un guerrero Andalita aún joven e inexperto, podía decir que la carga de la venganza todavía no había caído sobre mí. Pero era un sentimiento amargo. Un sentimiento amargo y aterrador, saber que había estado frente a Visser Tres y no le había atacado. ¿Había perdido la única oportunidad que tendría de vengarme? Dibujé otra vez la escena en mi mente. Estaba rodeado de Hork-Bajir, pero con Visser Tres dentro del alcance de mi cola. ¿Podría haberle atacado? ¿Podría haberle alcanzado antes de que los Hork-Bajir dispararan y me desintegraran? No. La lógica decía que no. Pero en mi interior sentía una duda enfermiza y retorcida. La deshonra es una cosa terrible. Peor que la muerte para un guerrero Andalita. De repente, una de las paredes de la caja brilló y se hizo transparente. El Ramonite es un metal que puede abrirse o hacerse más translúcido u opaco mediante un reordenamiento molecular. Podía ver la habitación de más allá de la caja: el puente de la nave-espada de Visser Tres. Visser estaba en pie sobre una plataforma elevada en el centro de la habitación triangular. Alineados en los tres lados del puente de mando había varias terminales de trabajo tripuladas por Taxxonitas y controladores humanos. Los Taxxonitas son criaturas parecidas a los gusanos. Tienen filas de pies como agujas afiladas, similares a los ciempiés terrestres. Mantienen erecta la tercera parte de su cuerpo, y a lo largo de la parte superior de su cuerpo las filas de pies se convierten en pares de manos, débiles pero ágiles. Una serie de ojos redondos de color rojo rodean la parte de arriba del gusano. Y al final tienen una boca circular, siempre abierta. Los Hork-Bajir eran una raza de criaturas amantes-de-la-paz que los Yeerks esclavizaron. Pero los Taxxonitas escogieron aliarse con los Yeerks. Cada Taxxonita tiene ahora un Yeerk dentro de su miserable cabeza, sumando la inteligencia Yeerk a la crueldad natural del Taxxonita. Los Taxxonitas normalmente se ocupan de las tareas más mecánicas. Los Hork-Bajir se usan como soldados. El imperio Yeerk sólo acaba de empezar a integrar en sus filas a los nuevos esclavos humanos. Suspendido ante Visser Tres había un holograma. Se veía claramente que estaba siendo enviado desde una gran distancia. La escena estaba distorsionada y demasiado clara, lo que le daba un aspecto estremecedor, como si se tratara de un sueño. <Pensé que disfrutarías viendo esto,> me dijo Visser Tres. <Tenemos suerte de poder conseguir un contacto visual. Mi Veleek se está acercando a otro de tu grupo. Pronto tendrás compañía.> El holograma parpadeaba y temblaba, pero podía ver al Veleek corriendo a través de los árboles del bosque. Y luego un repentino destello de naranja y negro. Un tigre. ¡El Príncipe Jake! <Hay animales magníficos en este planeta,> dijo Visser Tres. <Tengo que adquirir uno de esos. ¡Mira como se mueve! Pero está agotado. Es un asesino especialista en la velocidad. No puede alargar más la batalla.> De repente, el tigre de Jake se subió a un árbol. El Veleek se abría camino hacia la copa. El Príncipe Jake saltó atravesando el aire. A penas pude ver al tigre cayendo al suelo. Enseñó los colmillos, pero ya estaba demasiado cansado como para seguir corriendo. En un segundo se habría acabado. El Veleek envolvería al tigre y lo traería ante Visser Tres. Justo en ese momento, el Veleek vaciló. Visser Tres se puso tenso. El Veleek se desintegró y, como un tornado, se alejó a una velocidad extraordinaria. <¡¿Qué está pasando?!> gritó Visser Tres. Cada uno de los Taxxonitas, Hork-Bajir y controladores humanos del puente de mando se estremecieron. Uno de los Controladores humanos se acercó tímidamente. “Visser, el Veleek debe haber sentido otra transformación.” <¿Por qué no me trae éste primero?> “Visser, como sabes, nuestro conocimiento a cerca de este Veleek no es perfecto. Sólo podemos especular. Yo—” De pronto, Visser Tres lanzó su cola contra el acobardado Controlador. La cuchilla se posó en la garganta del humano. <Especulad rápido,> dijo Visser Tres. “E… eso… eso…Visser, se alimenta de energía. Siente la energía. Lo hemos hecho sensible al campo de energía creado durante las transformaciones. Pero este bandido… esta criatura llamada tigre ha terminado la transformación. Así que la atracción se debilita. El Veleek habría capturado a ese tigre, sólo… sólo que debe haberse creado algún otro campo de energía. El Veleek ha sentido este nuevo campo y se dirige hacia la fuente.” Visser Tres retiró su cola del cuello del hombre. El Controlador humano se derrumbó sobre sus rodillas, sudando y temblando. <Vosotros dos, guerreros Gusanos,> dijo Visser Tres. <Conseguid una captura visual del Veleek.> Un Taxxonita habló en su extraña lengua. “Sreen yit seewee srinyee sree—” Tan rápido que el ojo no podía seguirlo, Visser Tres arremetió con su cola Andalita. “¡Skkkrreeeee!” gritó el Taxxonita. ¡El Taxxonita estaba abierto en canal! Sus tripas yacían esparcidas por todo el suelo. El Taxxonita murió en la agonía de su propio cuerpo destrozado. <Esta criatura dice que es difícil lograr la conexión visual con el Veleek. ¿Alguien más cree que es difícil obedecer mis órdenes?> Nadie dijo nada. <Limpiad esta basura incompetente. Vosotros, los guerreros Gusano. Buscad una captura visual del Veleek.> Lo dijo todo con mucha calma. Dos Taxxonitas adelantaron y empezaron a comerse a su compañero Taxxonita. Los demás estaban totalmente concentrados en su trabajo. Muy, muy concentrados. <Parece que no te va muy bien, Visser,> me burlé. Volvió sus ojos principales hacia mí, mientras sus ojos móviles recorrían la habitación, vigilando cualquier debilidad en sus criaturas. <Sí, tus hermanos Andalitas han encontrado un punto débil en mi Veleek,> dijo Visser Tres. <Están jugando. Transformándose aquí, transformándose allí, atrayéndolo de un lado a otro. Pero lo has olvidado, mi pequeño amigo Andalita: yo controlo un cuerpo Andalita con todo el poder de la transformación. También conozco vuestra debilidad. No pueden jugar durante mucho tiempo a este juego. Y ahora mismo voy a añadirles unos cuantos problemas.> Volvió hacia mí todos sus ojos en una mirada amenazadora y letal. <Querría capturarlos vivos, por mis propios motivos. Pero si no puedo, lo haré con sus cuerpos sin vida.> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 29:[/b] ¡CRRRRUUUUNCHHH! ¡SCRRRREEECH! ¡BAM! ¡WHAM! ¡BUMP! ¡Squuueeeeaall! Una vez lejos de los árboles empecé a hacer rugir el motor, en lo que quedaba del camión de carga. Atravesé la cuneta y me metí en la carretera, levantando suciedad y barro y gravilla. Era una carretera oscura y estrecha que circulaba por detrás de la urbanización de casas. Había vuelto al punto de partida. No me importaba lo que los demás dijeran —yo conducía bien. O, al menos, estaba mejorando. Ahora atropellaba menos cosas. Empecé a transformarme. Pero no quería dejar el camión. Después de todo, se suponía que tenía que devolverlo a la granja de Cassie cuando hubiéramos terminado con él. Así que escogí la única forma de mi arsenal capaz de conducir. “Es la hora del disfraz de mono,” murmuré mientras me lanzaba calle abajo, golpeando sólo ocasionalmente algún buzón. Me concentré. Me concentré tanto como pude. Por suerte, era una transformación que ya había usado antes. Me era familiar. Pero aún así, esa primera sensación de mis hombros doblando su tamaño… triplicándolo… cuadruplicándolo… ¡Era una pasada! Bueno, no soy el tipo más grande del mundo. Soy más o menos bajo. Bastante bajo. Pero cuando me transformo en esto me hago tan masivamente fuerte que resulta increíble. Con esta forma he levantado a gente y los he lanzado por los aires. Con esta forma le he dado un puñetazo a un Hork-Bajir y lo ha sentido. Con esta forma puedo patearles el culo a todos los Dallas Cowboys a la vez. Doscientos kilos, kilo arriba, kilo abajo. Pero no doscientos kilos de grasa. No. Me estaba convirtiendo en doscientos kilos de corazón-oscuro, tan-malo-como-se-puede-ser, ni-me-mires-a-los-ojos, hombros como un camión de cemento, cuello como una boca de incendios, puños como martillos, el gorila macho dominante de espalda plateada. Animales tiernos y cariñosos… a menos que insistas en hacerlos enfadar. En ese punto son capaces de arrancar un árbol pequeño de raíz y jugar al béisbol —contigo de pelota. Me miré en el espejo retrovisor. Mis ojos se habían convertido en los pequeños ojos del gorila. Mi boca se estaba hinchando y volviéndose negra. Y aún así estaba asustado. Mira, por muy fuerte que fuera mi gorila, no era nada comparado con ese monstruo de polvo. No me estaba transformando en gorila para luchar contra esa cosa. Me estaba transformando en gorila para atraerlo. Yo era el anzuelo. Yo era el anzuelo y la criatura el tiburón. Y eso no me hacía muy feliz. Oí el rugido de un tornado detrás de mí. Presioné mi pie cada vez más grande sobre el acelerador. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 30:[/b] Cargué con la trompa bien levantada, bramando desafiante. Corrí hacia la línea de árboles que rodeaban la urbanización de casas. Atravesé despreocupadamente patios y jardines. Tenía prisa. Y los jardines podían replantarse. “Tu nombre es Rachel. Eres un Animorph. Fuimos creados por un príncipe Andalita moribundo. Nos dio el poder de transformarnos en cualquier animal que pudiéramos tocar.” Estábamos corriendo. Bueno, yo estaba corriendo, con esa chica montada sobre mi espalda. Me dijo que teníamos que alejarnos de las casas. Teníamos que llegar al bosque. La bestia de polvo mataría a gente inocente si no nos alejábamos. Eso tenía sentido. El resto de lo que me estaba contando parecía una auténtica locura. “Yo soy Cassie. Somos muy buenas amigas, Rachel. Está Jake. Es tu primo. Está Marco. Y Tobias. Tobias se quedó atrapado en su forma. Vive como un—” ¡FLASH! Un lugar terrible, muy muy adentrado en las entrañas de la tierra. Una caverna oscura tan grande como un campo de deporte. En el centro, un estanque. Un estanque que parecía de plomo derretido. Algunos muelles llegaban a él. Jaulas alrededor de los bordes. ¡Los gritos! ¡Los aterradores gritos de terror y desesperación! Estalló una batalla. Yo estaba allí. Estaba allí. Estaba… ¡Un elefante! Como ahora. Sí, una batalla contra los monstruos. Y un pájaro chillando desde lo alto de la cueva. Chillaba, las alas replegadas, el pico ganchudo y las terribles garras a punto. <Un halcón,> le dije a Cassie. “¡Sí! ¡Sí! Eso es. Ese es Tobias.” Atravesé una endeble valla hacia el jardín trasero de alguien. Y volví a atravesarla para salir. ¡Campo abierto! Estábamos fuera del recinto, y corriendo hacia el refugio del bosque. Recordé lo que había pasado en el bosque. <La vieja estaba delirando a cerca de los Yeerks,> dije. <Estaba loca. Gritaba que los Yeerks iban a por ella.> “Los Yeerks son reales,” dijo Cassie. “Mira, Rachel, no tienes que recordarlo todo de golpe. Pero ahora estamos metidos en una terrible pelea. Necesitamos tu ayuda.” <¿Qué ayuda?> pregunté con recelo. “Estamos intentado tener al Veleek distraído. Persigue la energía de las transformaciones. Se siente atraído cuando alguien se transforma. Así que nos estamos transformando cada cinco minutos o así, con la esperanza de agotarlo.” <¿Cómo sabes que puede agotarse?> “No lo sabemos.” <Eso no es precisamente un plan,> dije. <¿Siempre sois tan confiados los Animorphs?> “Casi siempre,” dijo Cassie tristemente. “Los tipos malos tienen toda la fuerza. A veces pensamos que nuestra lucha se basa sólo en la esperanza.” <¿Una lucha basada en la esperanza?> pregunté. <¿No son esas las mejores?> Cassie se echó a reír. “Puede que hayas perdido la memoria, pero aún eres Rachel. Es hora de que me transforme. Deja que me baje.” <No,> dije. <La bestia no ha podido levantarme. Era demasiado grande. Quédate encima de mí y transfórmate ahí. Vendrá a por nosotras, pero si no puede levantarme a mí, puede que no pueda cogerte a ti.> Sentí una palmadita detrás de mi enorme cabeza. “Mi chica, Rachel,” dijo afectuosamente. “¿Qué haríamos sin ti?” <¿En qué te vas a transformar?> “En algo lo suficientemente pequeño para que la bestia de polvo no pueda separarme de ti. Una ardilla.” <¿Podemos transformarnos en animales pequeños?> “A veces ser pequeño es mejor.” Sentí una extraña sensación chirriante y cosquillosa en la espalda, mientras la chica que decía ser mi amiga se hacía más pequeña. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 31:[/b] ¡Aaaaaahhhhh! Pensé cuando el Veleek empezó a abrirse camino hacia mí. “¡Huh huhh huhhhrrr hurrr HURRRHH!” chillé. Tenía un terrible deseo de golpearme el pecho con los puños. Pero seguí conduciendo. Oía el tornado detrás de mí. Eché un vistazo al espejo retrovisor. ¡El espejo estaba repleto de bocas rechinantes! El camión se movía tan rápido como podía. Destellos repentinos de brillantes luces rojas. Venían del cielo. ¡Rayos Dragón! Luego, ante mí: ¡un elefante! ¿QUÉ? Pisé los frenos. Demasiado tarde. Sccrreeeeeech… ¡WHAMPF! Todo estaba del revés. Rodando. Rodando. Dolor. ¡De repente volaba! Me azotaban. Los arbustos me arañaban. ¡SLAM! Caí al suelo con fuerza. Estaba en una zanja medio llena de agua. El camión yacía boca abajo a unos pocos pasos más allá. Las ruedas todavía giraban. Las luces delanteras seguían encendidas. ¡TSEEWW! ¡TSEEEW! ¡TSEEEW! Los rayos Dragón desintegraron la tierra a unos pocos pasos de mi cabeza. ¡Cazas insecto! Intenté moverme. El dolor me atravesó la cabeza. Moví los brazos. Aún estaba de una pieza. Si hubiese estado en mi forma humana, habría muerto. Pero se necesita algo más que estrellarse a ciento veinte kilómetros por hora para matar a un gorila. Desde algún lugar oí un bramido de agonía. La bestia de polvo estaba encima de mí, un tornado de bocas y cuchillas. Pero no me quería a mí. Iba detrás de algún otro. Podía sentir cómo se debilitaba mi conciencia. Tenía que transformarme. Dejar que me cogiera, si quería. Dejar que me cogiera… [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 32:[/b] Sentí cómo iba encogiendo. La espalda de elefante de Rachel empezó a crecer y crecer, extendiéndose ante mí como una pesada y tambaleante manta gris. Surgió una cola de detrás de mí. Mi cara se abultó y sobresalió. Piel de un pálido gris empezó a cubrir mi cuerpo. Ya me había transformado antes en ardilla, claro. Sabía qué esperar. El cuerpo era maravilloso. Los sentidos vívidos y agudos. Pero la mente vivía en un estado de perpetuo terror, siempre buscando a los depredadores. La única otra emoción era el hambre. Pero podría controlar el miedo de la ardilla… si pudiera controlar el mío propio. Más fácil de decir que de hacer. Estaba atrayendo al monstruo hacia nosotras. La energía que me permitía convertirme en ardilla era el cebo para la bestia de polvo. En el límite de mi visión, distinguí las luces de un coche. Algo grande se movía en el aire detrás de las luces, una sombra oscura que ocultaba las estrellas. ¡La bestia! ¡El Veleek! Detuve la transformación. Podía sentir mi propio miedo. Y si mi miedo se encontraba con el miedo de la ardilla, nunca podría volver a recuperar el control. De repente… ¡DEPREDADOR! El terror de la ardilla me atravesó. Algo arriba. ¡Como un pájaro gigante! El cerebro de la ardilla gritaba ¡CORRE! ¡CORRE! ¡CORRE! ¡TSEEEW! ¡TSEEEW! ¡TSEEEW! ¡Se disparaban rayos de luces brillantes! Rayos Dragón. Un caza-insecto acercándose a nosotros. Sentí una oleada cuando Rachel se esforzó en ir más rápido. <¿Qué está pasando?> gritó Rachel mediante el habla telepática. Pero yo aún no estaba lo suficientemente transformada como para usar el lenguaje telepático. Y mi boca ya no era humana. Los gruñidos que saldrían de ella no significarían nada para Rachel. ¡TSEEEW! ¡Luces tan brillantes que me cegaban! “¡HhhrrrOOOOWWWuuhh!” gritó Rachel. Me llegó el olor de carne quemada. Pestañeé, intentando enfocar mis ojos medio-humanos, medio-ardilla. ¡Distinguí una línea chamuscada de carne carbonizada en uno de lo costados de Rachel, provocada por el rayo Dragón! Luces de coche. ¡Demasiado cerca! ¡BAM! Caí, dando volteretas por el aire, una criatura retorcida y a medio formar. Aterricé con dureza. Pero los densos matorrales amortiguaron mi caída. “¡HhhhRRRUUuuHHUUH!” A través de los ojos medio-humanos, medio-ardilla, vi una escena horrorosa. Rachel yacía sobre un costado, bramando de dolor y rabia. Un camión de carga estaba sobre su espalda, con las ruedas girando. Justo detrás del camión, un gorila intentaba levantarse. ¡Marco! Un caza-insecto pasó zumbando por delante. Dejé de transformarme. Me congelé. Era una criatura de dos pies de alta con cola y manos humanas y desigual piel grisácea surgiéndome de la piel y la carne. La bestia de polvo se cernió sobre nosotros. Se desplegó sobre los tres —Rachel, Marco y yo. Miré dentro de ese asesino de dientes rechinantes y cuchillas móviles y ojos estremecedores y acechantes. Podría llevarse cualquier cosa que atrajera su atención mediante la transformación. Me llevaría… si me transformaba. Y si no hacía nada… si simplemente cerraba los ojos y me abrazaba a la tierra y no hacía nada… ¡El sueño! El mal había venido, para elegir entre mí y otro. Como en el sueño. Oí el rugido de tornado del Veleek. Había encontrado su presa. Cerré los ojos. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 33:[/b] Observé el holograma parpadeante y oscilante. El elefante corriendo. El camión a toda velocidad, con el Veleek siguiéndole de cerca. La imagen se volvió repentinamente muy nítida. Ahora veíamos la escena a través de la cámara de uno de los cazas-insecto. Surgió una luz cegadora, una señal de que el caza-insecto estaba preparándose para disparar sus rayos Dragón. Rayos rojos se dispararon contra el elefante. El elefante corrió aterrorizado. El camión chocó con él. En un instante, todo había acabado. El elefante yacía tumbado a un lado de la carretera. El camión estaba del revés. El Veleek se cernía sobre la escena. Descendió sigilosamente, envolviendo la zanja entera. Se levantó con algo oculto en su interior. El Veleek se arqueó suavemente hacia el cielo, fuera del objetivo de las cámaras de los caza-insecto. <Ven a mí, mi pequeña mascota,> se jactó Visser Tres. <Tráeme mi segundo bandido Andalita.> Visser Tres volvió sus ojos móviles hacia mí. <Pronto tendrás compañía.> Sentí una sensación de desazón. ¿A quién había cogido el Veleek? ¿A Rachel? ¿A Cassie? ¿A Marco? <Llamad a los caza-insecto,> dijo Visser Tres. <Decidles que aterricen. Que cojan a esa enorme criatura. El Veleek no puede cargar con ella a menos que se transforme en algo más pequeño.> “Visser…” dijo tímidamente uno de los Controladores humanos. “El caza-insecto está tripulado por un Taxxonita y un Hork-Bajir. ¿Puedo sugerir que contactemos con algunos de nuestros Controladores humanos con base en la Tierra? Serán menos… ah, llamativos… que un Hork-Bajir.” <Hazlo,> ordenó Visser Tres. <Pero decidles a la tripulación de esos caza-insectos que deben vigilar a esa bestia. No la dejarán escapar. O veré como se convierten en el plato principal de la próxima comida de los Taxxonitas. Me retiro a mis dependencias. Avisadme cuando llegue el Veleek con mi trofeo. Volved a aislar la jaula del Andalita.> La pared de mi jaula se volvió opaca. Otra vez estaba solo, incapaz de ver lo que ocurría fuera. Lo único que me quedaba era imaginar el destino de mis amigos humanos. Nunca me había sentido tan inútil. Tan impotente. Sentí un dolor repentino y agudo en el brazo. ¿Qué había dicho Marco que eran? ¿Pulgas? Las aplasté ausente. ¡Espera! ¿Una pulga? ¿No había oído a Jake decir que él lo había hecho antes? Sí. Estaba seguro de que era una pulga. ¡Se había transformado en pulga! Y él era, después de todo, sólo un humano. Seguro que… Busqué una pulga. Era más fácil decirlo que hacerlo. Saltaban. La encontré otra vez. Volvió a escaparse. Al tercer intento, la atrapé. Sostuve la pulga con cuidado entre mis dedos. Me concentré en ella. ¡Sí! Puede que funcionara. En mi propio planeta había muy pocos animales tan pequeños. Quizá en el de los Yeerks también. Visser no esperaría que me transformara en algo tan diminuto. En cuyo caso, aún podía tener una pequeña oportunidad. Me había transformado en mosca. Y en hormiga. Pero aunque eran muy pequeñas, no lo eran lo suficiente. Una hormiga es mucho más grande que una pulga. Muchas veces mayor. Pero una pulga es casi invisible. Era hora de hacerse muy muy pequeño. Hora de transformarse. Empecé a encogerme a una velocidad alarmante. Cada transformación es única. Las cosas no se suceden de forma lógica. Algunas partes de tu cuerpo cambian de forma cuando aún son demasiado grandes en tamaño. Otras veces las partes de tu cuerpo encogen, haciéndose muy pequeñas y cambiando de forma sólo en el último minuto. Esto explica por qué, aunque aún tenía un par de pies de altura, sentí de repente dos largos colmillos saliendo de mi boca. Dos largos dientes. Y supe inmediatamente para qué servían: eran lo que la pulga utilizaba para perforar mi piel y beber de mi sangre. El por qué a una pulga le gusta el sabor a sangre Andalita es un misterio. Pero hora sabía como trabajaba el pequeño monstruo. Y realmente no quería vivir con esa imagen. Mis brazos y piernas empezaron a segmentarse. Aparecieron articulaciones donde no debería haber habido ninguna. Primitivas articulaciones que chirriaban cuando me movía. Mi cola se marchitó y mi cuerpo se infló. Estaba hinchándome. Al mismo tiempo, mi piel azulada y curtida dio lugar a un exoesqueleto –un escudo. Podía oír cómo mis huesos se disolvían. Podía sentir enfermizas sacudidas conforme mis órganos internos desaparecían. Mis complejos corazones andalita se convirtieron en algo que a penas podía considerarse una válvula. De las artucilaciones de mis piernas surgieron largos pelos puntiagudos. Una especie de casco protector cubrió con púas en forma de rastrillo lo que antes había sido mi cara. Y mientras todo eso pasaba, el suelo de mi jaula creció inmensamente a mi alrededor. Y se acercó más y más. Sentía que estaba sobre un interminable paisaje de terso cristal negro. Mis ojos móviles se volvieron ciegos mientras se convertían en antenas cortas y achaparradas. La visión de mis ojos principales se volvió tenue y se dividió en mil puntos de luz grisácea. Estaba casi ciego. Lo único que podía ver eran sombras grises. Puntos, no sombras. No podía oír de la forma en que entendemos lo que es oír, pero podía percibir sutiles vibraciones a través de mis antenas y de los pelos de mi minúsculo cuerpo. Me mantuve sobre mis seis pequeñas piernas invisibles, protegido por láminas de una armadura protectora. Casi ciego. Casi incapaz de oír. Asustado. El siguiente movimiento les tocaba a los Yeerks. Esperé y registré los minutos. El cerebro de la pulga a penas era un cerebro. Casi no contenía nada. La suma total de lo que la pulga sabía era esto: salta hacia el calor y el olor a vida. Mientras no hubiera calor ni olor a vida, el cerebro de la pulga no tenía mucho que decir. Esperaba. Y confiaba. Y temía. Y escuché el habla telepática de Visser. Hay dos tipos de habla telepática: abierta y cerrada. El habla telepática abierta puede ser ‘oída’ por cualquiera. El habla telepática cerrada es como cuando los humanos cuchichean con una sola persona. Visser comunicaba sus órdenes en habla telepática abierta, así que todos podíamos oírlo. Así fue como supe que había vuelto. Oí desde la lejanía, <Tú y tú. Y vosotros dos. Seguidme hasta el puente.> Intenté controlar el miedo que manaba de su presencia. Lo odiaba. Sabía que tenía que sobreponerme a ese odio y procurar no dejar que el miedo me dominara. Llegaría mi momento, me dije. Vengaría a Elfangor. Salvaría mi honor. <¿Dónde está el Veleek? ¡Entonces abre la escotilla, idiota, y déjalo entrar! Sí, aquí en el puente. Y haced que el Andalita vea a través de la jaula. Quiero ver el encuentro entre los dos amigos.> Vi luz, que sólo significaba un incremento en el número de puntos grises. Hubo un silencio en Visser que duró unos dos segundos. Y luego una explosión de rabiosa habla telepática. <¡IDIOTAS! ¿Dónde está? ¿Dónde está? ¡Os mataré a todos si ha escapado!> De repente, ¡una ráfaga de aire! Lo sentí erizar mis pelos y antenas. Luego, el olor de una respiración exhalada. La sensación de un objeto cálido. ¡El olor de una criatura viva! <¡NO! ¡No abráis la jaula!> chilló Visser Tres. Demasiado tarde, pensé. ¡SALTO! Mis patas traseras estaban equipadas con un resorte biológico. Se dispararon. La energía se transmitió a mis piernas y salí volando. He visto saltar a los humanos. No pueden saltar su propia altura. Incluso nosotros los Andalitas casi no podemos hacerlo. Pero la pulga… bueno, la pulga puede saltar cien veces su propia altura. Es como si un ser humano pudiera subirse sin más a un edificio de sesenta plantas. Volé atravesando el aire. Y mientras volaba, di una voltereta para preparar mis patas. Choqué contra algo y me detuve de repente. <¡Cerrad la jaula!> gritó Visser Tres. Sentí un suave movimiento en el aire justo por encima de mí. La cosa a la que estaba pegado cayó. Y mientras caía me di cuenta de que ya no olía a vida. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 34:[/b] A pesar del hecho de que ya habíamos supuesto más o menos que la criatura de polvo no estaba en realidad intentando comernos, aún me sentía bastante preocupado cuando me levantó del suelo y me alejó de allí. “Bastante preocupado”, es una forma de decir que estaba gritando como un bebé. Podía sentir que nos elevábamos. Pero estaba más concentrado en el simple hecho de respirar, que ya era bastante duro. La bestia de polvo se había arremolinado a mi alrededor, ahogándome, sujetándome, aprisionándome. De repente, sentí que habíamos dejado de movernos. Unos pocos instantes después, la bestia de polvo me bajó. No sé qué esperaba ver, pero seguro que no aquello. Estaba sobre algo que parecía el puente de mando de la nave Enterprise, sólo que triangular. En vez de Data o Sulu o Worf o Spock, había un puñado de Taxxonitas y un círculo de Hork-Bajir con las armas dispuestas. También vi una caja abierta y vacía que parecía ser una jaula. Y justo en frente de la caja había un Hork-Bajir muerto. Finalmente -y esta era la peor parte- en vez de el Capitán Kirk o el Capitán Picard, estaba Visser Tres. Visser Tres, con la cola llena de sangre de Hork-Bajir. Visser Tres, y no se le veía feliz. Aunque no creo que alguna vez se le haya visto feliz, la verdad. Visser Tres. La bestia de polvo cerniéndose sobre nosotros, llenando el techo de la habitación como una nube tormentosa. Taxxonitas ante las pantallas de los ordenadores. Un círculo de Hork-Bajir armados con rayos Dragón. Y yo, un gorila, en medio de todo. Podría haber sido gracioso. Si le hubiera pasado a algún otro. <Sal de esa estúpida forma,> me ordenó Visser Tres. No dije nada. Nos hemos enfrentado a Visser Tres antes. Nunca hablamos, por miedo a que pueda averiguar que somos humanos, no Andalitas. <Que alguien mueva esta basura,> dijo Visser Tres, señalando al Hork-Bajir muerto. <¡Y encontrad al Andalita! Traed los bio-escáneres. No ha desaparecido, sólo se ha transformado en algo muy pequeño.> ¿Andalita? Tenía que referirse a Ax. Lo que significaba que Ax aún estaba vivo. ¡Y que había escapado! Lo que explica lo del pobre Hork-Bajir. Visser Tres es un tipo difícil como jefe. Sentí un destello de esperanza. ¡Ax estaba vivo! <¿Marco?> pegué un brinco. No muy alto, porque los gorilas no son buenos saltadores. Sólo me sacudí un poco por la sorpresa. Todos los Hork-Bajir apretaron con más fuerza las armas. <¿Marco? ¿Eres tú? Soy Ax.> <¡Ax! Soy yo. ¿Estás seguro de que Visser no pude ‘oírnos’?> <Simplemente dirige el habla telepática hacia mí.> <¿Dónde estás?> <Me he transformado en pulga.> <Bien. Quizá puedas escapar. Eres prácticamente invisible. Yo estoy en forma de gorila. Soy bastante llamativo.> <Tengo un plan.> <Oh, dios,> dije. <Todos nuestros planes están saliendo bastante bien. ¿Dónde estás?> <En el lugar más seguro que se me ha ocurrido,> dijo Ax. <Estoy en Visser Tres.> Miré a Visser Tres. En algún lugar de esa piel Andalita, estaba escondido Ax. Visser Tres se me quedó mirando. <Te he dicho que salgas de esa absurda forma,> me dijo Visser Tres. <No me obligues a tomar medidas dolorosas.> <¿Has oído eso?> le pregunté a Ax. <Sí. Está hablando en abierto. No te transformes. No digas nada. Sólo dime -¿ves un panel de control por ahí cerca? Probablemente debe haber un Taxxonita trabajando en él.> <Veo un montón de panales de control. Y un montón de Taxxonitas. Y a Visser Tres como si estuviera a punto de carbonizarme.> <Cualquier panel de control servirá. ¿Ves un pequeño botón cuadrado que esté tocando algún Taxxonita?> <Sí. Todos los Taxxonitas tienen una mano -si a eso se le puede llamar mano- sobre esos pequeños cuadrados.> <¿¡Por qué me desafías, Andalita?!> exclamó Visser Tres. <¿Con qué propósito? Tarde o temprano tendrás que transformarte.> <Son interfaces,> dijo Ax. <Como los teclados humanos. Cuando lo tocas, puedes transmitir comandos directamente al ordenador. Es parecido al habla telepática, aunque el principio científico básico es en realidad—> <¿Ax? No necesito una clase de ciencias. Visser Tres me está mirando como si yo fuera su filete a la pimienta, así que si tienes un plan, ¡hazlo!> <Vale. Todo se volverá un poco caótico en unos pocos minutos. Sólo ve hacia la consola. Pon tu manos sobre ella y piensa “abrir la escotilla”. Simplemente piensa “abrir la escotilla”.> <¿Qué vas a hacer tú?> Ax se echó a reír. Casi nunca se ríe. Me sorprendió. <Heh-heh-heh. Este Veleek persigue la energía de las transformaciones. Así que voy a darle un poco de energía que perseguir.> Visser Tres aún me estaba mirando. Prácticamente podía ver los engranajes de su malvado cerebro intentando unir cabos. <¿Por qué? ¿Por qué no quieres transformarte? ¿Por qué no hablas? El otro Andalita hablaba. ¿Por qué tú no?> Y entonces… Por encima de todas las cabezas, el monstruo de polvo empezó a dar vueltas. Más rápido. Más rápido. “¡Visser gullhadrash es muragg Veleek!” exclamó un Hork-Bajir, en su extraña mezcla de inglés (*español en la traducción) y su propia lengua materna. Pero Visser Tres ya se había dado cuenta. Habría sido imposible pasarlo por alto. ¡El Veleek se estaba transformando en un tornado! Un tornado de dientes punzantes y cuchillas afiladas. Todo lo que no estaba atado salía volando alrededor del puente. De pronto, surgieron cuerdas de polvo de la bestia arremolinada. ¡Cuerdas que envolvieron a Visser Tres como un paquete! Vislumbré una imagen de algo en la espalda de Visser Tres. Era un insecto, creciendo lentamente, ya de dos centímetros y medio de largo. ¡Ax! Todos los Hork-Bajir se abalanzaron instintivamente sobre Visser, intentando salvarlo de la criatura de polvo. Gran error. El primer Hork-Bajir intentó cortar a la revuelta nube de polvo con las cuchillas de su brazo. En una décima de segundo, ya no tenía brazo. “¡Aaaarrrggg!” gritó el Hork-Bajir. Era mi oportunidad. Me abalancé sobre el panel de control más cercano. Un Hork-Bajir, medio pendiente del monstruo de polvo y medio pendiente de mí, se metió por en medio. Le golpeé con la cabeza con toda la fuerza que pude, como un toro cargando. El Hork-Bajir se tambaleó y cayó sobre un Taxxonita. Las débiles patas del Taxxonita no resistieron. No esperé a que se levantaran. Solté un puñetazo a un segundo Taxxonita. Se derrumbó por tierra. ¡Tenía el camino libre! <¡Agua!> gritó Visser Tres desde dentro del remolino de la nube de polvo. <¡Agua!> ¿Tenía sed? ¿En un momento como ese tenía sed? Puse la mano sobre el panel de control. Abrir la escotilla, pensé. Abrir la escotilla. Ahora. Para mi total sorpresa, funcionó. A penas podía ver a través de los jirones de los límites de la tormenta de la bestia de polvo, pero el techo del puente parecía partirse por la mitad. Empezó a abrirse. Podía ver las estrellas fuera. ¿Ese era el plan de Ax? ¿Abrir el puente de mando en medio del vacío del espacio? Seríamos absorbidos instantáneamente y moriríamos todos. Consideré la idea de cambiar la orden del panel. No estaba preparado para morir. Pero entonces noté algo: no estábamos siendo absorbidos hacia el espacio. Y vi algo más: una nube. Sobre nosotros. ¡Estábamos en la atmósfera! <¡Idiotas!> gritó Visser Tres. <¡Están intentando escapar! Cogedlos. ¡Cogedlos! ¡Coged a ese mono!> ¿Mono? ¿Mono? ¡Les enseñaría que clase de mono era! Me volví. Seis guerreros Hork-Bajir avanzaban hacia mí, con las cuchillas de las muñecas y los tobillos preparadas. <¿Ax? Um… ya he abierto la escotilla. Y lo que sea que hayas planeado que hagamos después, ahora sería un buen momento para llevarlo a cabo. Ahora mismo.> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 35:[/b] Empecé a recuperar a mi forma lentamente. No tenía ninguna intención de transformarme del todo. Mi plan dependía de que siguiera siendo una pulga. Mientras empezaba a transformarme podía sentir el aire arremolinándose salvajemente a mi alrededor. ¡Funcionaba! Mi transformación había atraído al Veleek. Había sentido la energía de la transformación y ahora hacía lo que Visser Tres le había programado para hacer. Capturar al que se transformaba. Por supuesto, para capturarme tenía que capturar también a Visser Tres. Oí gritar a Visser Tres pidiendo agua. ¿Por qué? ¿Cuál era su propósito? Entonces, oí a Marco decir, <¿Ax? Um… ya he abierto la escotilla. Y lo que sea que hayas planeado que hagamos después, ahora sería un buen momento para llevarlo a cabo. Ahora mismo.> Revertí la transformación. De vuelta a la forma de la pulga. Los pelos en la espalda de Visser Tres, que habían crecido hasta alcanzar el tamaño de altos árboles, ahora volvían a ascender a mi alrededor, más altos que el más alto de los edificios. Sentí cómo mis láminas-escudo de pulga volvían a su lugar correspondiente. De nuevo, no era más grande que una coma de esta página. Era hora de moverse. Concentré toda la extraordinaria fuerza de mis patas traseras y me disparé lejos del cuerpo de Visser. Me golpeé contra una pared de viento. Fui atrapado por una tormentosa masa de viento. Cada partícula era más o menos de mi mismo tamaño. Pasaban a mi alrededor a una velocidad increíble. ¡SLAM! ¡Una partícula me había golpeado! Se me enganchó. Se quedó pegada en mis propios pelos ‘peine’, las púas que protegen las articulaciones de mi coraza. Estaba pegada a mí. Y sólo entonces, enganchado a ella, fui capaz de verla a través de mi débiles ojos de pulga. ¡Estaba viva! Era una criatura de mi propio tamaño, pero con cientos de minúsculas alas que se batían en el aire. Tenía antenas, pero diferentes de cualesquiera que haya visto en la Tierra. Estas antenas estaban cubiertas de diminutas bolitas respingonas. Como las antenas parabólicas de los primitivos radio telescopios humanos. Esa era la estructura que utilizaban para sentir las fuentes de energía. No tenían ojos. Ni boca. Pero de en medio de la criatura surgían dos largos filamentos, como hebras de alambre. Así debía ser como comía: transformando la energía a través de los alambres. El Veleek no era una criatura. ¡Era billones! Era un enjambre de billones de esas diminutas criaturas. Habían evolucionado en un enjambre que podía moverse a la vez y convertirse en un ente destructivo de dientes rechinantes y cuchillas afiladas. Pero en realidad eran criaturas individuales parecidas a los insectos que se alimentaban de energía. Puse en acción mis diminutas patas delanteras y me empujé lejos del Veleek. Sus alas se sacudieron, y en un instante había desaparecido. De repente… un enorme glóbulo plateado del tamaño de una casa humana pasó a mi lado a toda velocidad. Golpeó a bastantes de las criaturas de polvo y las hizo salir volando. Y luego más. ¡Más! Un glóbulo rodante me golpeó. Me envolvió. Estaba atrapado. Atrapado, cayendo, ¡cayendo! Una extraña sustancia me recubrió, cercándome, asfixiándome. ¡Agua! ¡Los Yeerks habían traído una manguera! Eso era lo que Visser había estado pidiendo. ¡Agua! La gota de agua que me había cercado explotó contra el suelo. No podía salir. Estaba pegado a ella. Era como pegamento para mi cuerpo de pulga. Entonces… ¡estaba fuera! Estaba sobre tierra firme. Pero las gotas de agua que aterrizaban con impotentes monstruos de polvo caían a mi alrededor como una tormenta de meteoritos. <¡Marco! ¡Patea el suelo! ¡Necesito encontrarte!> <Estoy un poco ocupado,> gritó Marco. <¡Estoy rodeado de Hork-Bajir con ganas de pelea! Y alguien ha encendido los aspersores.> <¡Patea el suelo!> Sentí una nueva vibración de ruidos sordos a través del suelo. Sabía de dónde venía. Salté. Atravesé el aire. Aterricé en un bosque de gigantescos pelos, cada uno de ellos tan grueso como el árbol más grande. <¿Dónde estás?> chilló Marco. <¡En ti!> dije. <¡Tenemos que salir de aquí!> <¿Cómo?> <¡Salta por la escotilla!> <Soy un gorila no un… ¡espera! ¡Tengo una idea!> Sentí una repentina vibración como de un terremoto que se expandió a través del cuerpo de gorila de Marco. Luego, movimiento. Y luego, el viento pasando a mi alrededor a una velocidad increíble. <¿Dónde estamos ahora?> pregunté. <La buena noticia es que estamos fuera de la nave. ¡Utilicé a un par de Hork-Bajir como escalera y me subía a ellos! Esa es la buena noticia.> <Pareces estar insinuando que debe haber también malas noticias,> dije. <Oh, sí,> dijo Marco. <La mala noticia es que estamos a unos cuatro kilómetros en el aire y caemos en picado hacia la Tierra.> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 36:[/b] El camión me golpeó en el parte de atrás de la pata derecha. Debía de haber destrozado el hueso, porque el dolor era increíble. El impacto me desplazó bastantes pasos. Caí y mi cabeza chocó contra el suelo. Quizá fue eso lo que lo provocó. Estaba ahí tendida sobre un costado, respirando con dificultad. Mis ojos estaban cerrados. ¡FLASH! Un solar en construcción, ya entrada la noche. La luz en el cielo se había apagado. Ahora estaba delante de mí, descansando sobre el suelo. ¡Una nave espacial! Había aterrizado. Había una voz en mi cabeza. No venía de ninguna parte. No, ¿venía de él? ¡El extraterrestre! Podía verlo, tendido ahí lleno de heridas. Los Yeerks. Los Yeerks, dijo. Habían venido a destruirnos. ¡FLASH! Un granero lleno de animales enjaulados. Pájaros. Zorros. Ardillas. Mapaches. Murciélagos. Y Cassie estaba allí. Sí, Cassie. Mi amiga. Y los demás. Ahora sí podía verlos. Habían estado conmigo en el solar en construcción. Y desde aquella noche habíamos estado juntos. Animorphs. Esa era la palabra. Era la palabra de Marco. ¡FLASH! Estaba volando. Volaba con unas alas que parecían extenderse hasta el infinito. Planeando por encima de las corrientes de aire caliente. Un águila, eso es lo que era -un águila calva. Y luego… ¡sí! Me habían rodeado. Un puñado de pequeños pájaros negros. Me habían rodeado, y yo había chocado contra el árbol y entonces… <¡Rachel! ¡Se ha llevado a Marco!> Abrí mis ojos de elefante. Tenía delante una ardilla nerviosa que no paraba de dar saltitos, con la cola crispada, y la boca murmurando casi como si estuviera hablando. <Cassie,> dije. <Se ha llevado a Marco,> dijo Cassie otra vez. <Se ha llevado a Marco y yo no he hecho nada.> <Marco. Me acuerdo de Marco.> <¿Sí? ¿Has recuperado la memoria?> <Sí. La mayor parte. Aún está débil.> Sobre nuestras cabezas empezaron a descender dos cazas-insecto. Cazas-insecto. ¡Las palabras aparecían en mi cerebro! Sabía lo que eran. Cazas-insecto. Tripulación: un Hork-Bajir, un Taxxonita. Podía ver la imagen mental del Hork-Bajir. La del Taxxonita aún estaba neblinosa. Pero ambos eran Yeerks. Eso era lo importante. Cada uno tenía un Yeerk en la cabeza. <No puedo levantarme,> le dije a Cassie. <La pata del elefante está rota. Voy a volver a mi forma humana.> <Yo también. Se ha ido por ahora. El Veleek se ha ido,> dijo Cassie. <Rachel, debí haberme transformado mientras la bestia de polvo estaba aquí. Podría haberla alejado de Marco. Estaba asustada.> <Claro que estabas asustada. Igual que yo,> dije. Sentía cómo encogía. Mis piernas, tan grandes como postes de teléfono , se estaban convirtiendo en piernas humanas normales. Los colmillos fueron absorbidos por mi boca y se dividieron para formar los dientes principales. La cola se marchitó, perdió sus músculos, y se arrugó para formar mi nariz y mi boca. “¿Por qué no nos ha atacado la bestia de polvo?” me pregunté, tan pronto como mi boca pudo hablar. “Se ha ido, llevándose a Marco. Quizá para matarlo,” gimió Cassie. “Yo debería haber—” “Mira, Cassie,” dije con dureza. “Eso ya ha ocurrido, ¿vale? Es el pasado. Tenemos que preocuparnos por el presente.” Señalé a los dos cazas-insecto que habían descendido sobre nuestras cabezas y se acercaban a nosotros mucho más despacio. “Cassie, no lo recuerdo,” dije. “¿Podemos volver a transformarnos en seguida?” “Sí. Sí, podemos. Aunque es agotador. Pero no tenemos otra opción. No podemos dejar que nos cojan en nuestra forma humana. ¡Eso arruinaría nuestra tapadera para siempre!” “Cassie, necesitamos formas que puedan moverse rápido y no recuerdo todo lo que tenemos disponible,” dije con urgencia. Cassie se concentró. “Es de noche. El bosque. Vayamos por el aire. Las dos hemos adquirido la forma del búho. Los usamos para vigilar a Jake cuando fue capturado por un Yeerk. El búho de Virginia.” Cerré los ojos. ¿Un búho? ¿Me había convertido en búho? Sí. Sí, lo recordaba. Podía sentirlo. Los cazas-insecto tomaron posiciones, manteniéndose en el aire a unos cientos de metros a cada lado de nosotras. A lo lejos oía sirenas silbando en plena noche -los coches de policía se acercaban. Probablemente Controladores, no policías de verdad. Concentré todos mis pensamientos en hacer el cambio. Mantuve los ojos cerrados y alerta. Cuando abrí otra vez los ojos, estaba ante la clara luz del día. No. No del día. veía el mundo a través de los ojos de un búho. Podría haber sido mediodía. ¡Podía verlo todo! Veía cada uno de los detalles de los cazas-insecto. Podía ver en la densidad del bosque. Podía ver las brillantes luces azules de los coches de policía como si los tuviera delante de la cara. <¿Preparada?> preguntó Cassie. <Sí. Eso creo.> <Sígueme,> dijo Cassie. Agitó las alas. Yo agité las mías. Nos alzamos un paso sobre el suelo. De repente, una enorme criatura saltó del caza-insecto volante. Saltó desde más de cincuenta pies, cayó al suelo, rodó sobre sí mismo, ¡y se puso en pie! Mi visión de búho lo veía como si estuviera bañado por la luz de unos focos. <¡Hork-Bajir!> chillé. <Justo delante.> Un segundo después, otro Hork-Bajir saltó desde lo alto. Con una velocidad sorprendente, estaban levantados y corrían hacia nosotras. Las cuchillas de sus brazos centelleaban bajo la luz de la luna. Volábamos directamente hacia ellos. ¡Demasiado bajo! ¡Demasiado bajo, y no con suficiente tiempo como para ascender más! Si nos volvíamos, perderíamos altitud. Nos cogerían antes de que pudiéramos escapar. <Vamos a por ellos,> dije. <Esa es mi chica, Rachel,> dijo Cassie gravemente. Luego, <¡A por los ojos!> Agité las alas con desesperada energía. Preparé las garras. Los Hork-Bajir corrieron hacia nosotras. Nosotras corríamos hacia ellos. Justo entonces supe que mi destino no estaba en mis manos. Si sus órdenes eran las de matarnos, moriríamos. Podía medir la distancia, conocía mi propia velocidad, y podía ver la velocidad sobrehumana del Hork-Bajir, con las rapidísimas cuchillas de sus brazos. ¡RRRROOOOAAAWWWRRR! Algo grande atravesó el aire. Vislumbré un destello naranja y negro. Mi Hork-Bajir retrocedió con un enorme tigre sobre su espalda, que lo tiró al suelo. El Hork-Bajir frente a Cassie se volvió para verlo, durante una décima de segundo. Cassie pasó volando a su lado. El tigre saltó lejos del Hork-Bajir caído. Me alcé sobre ellos, batiendo mis alas para salvar la vida. <¡Salgamos de aquí!> dijo Jake. <Definitivamente,> asentí. <¿Qué hay de Marco?> preguntó Jake. <¿Habéis visto a Marco?> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 37:[/b] <¡Aaaaaaaaahhhhhhh!> No creo que en toda la historia del planeta Tierra ningún gorila se haya precipitado nunca contra el suelo en medio de la noche desde una altura de cuatro kilómetros. Así que era la primera vez para ‘ambos’. Giraba salvajemente, hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo a través del frío aire de la noche. A gran distancia por debajo de mí… muy muy lejos por debajo de mí… veía las luces de las farolas. Y de los coches. Y las luces de neon de las tiendas. Y justo a mi lado, casi rodeándome, nubes. Era un gorila de doscientos kilos que simplemente había decidido hacer paracaidismo sin paracaídas. <¡Aaaaaaaaahhhhhhh!> <Marco, ¿por qué gritas? Me duele la cabeza.> <¡Vamos a morir, extraterrestre lunático!> <No, no vamos a morir. No seas tonto,> dijo Ax. <Quizá tú no. ¡Eres una pulga! Rebotas. ¡Yo caeré al suelo como una roca!> <Marco, transfórmate en pájaro.> <Oh. Claro,> dije, sintiéndome un poco idiota. <¿Hay tiempo suficiente?> <No lo sé. Quizá deberíamos darnos prisa,> dijo Ax con su calmado e irritante tono Andalita. Ahora el problema que teníamos era una pequeñez: no puedes transformarte de un animal a otro. Tienes que volver primero a tu forma. Así que tenía que transformarme en humano. Y luego podría transformarme en pájaro. Un minuto después ya no éramos un gorila y una pulga cayendo. Éramos un humano y un Andalita cayendo. Y ahora el suelo no estaba tan lejos de nosotros. ¡Estaba demasiado cerca! “¡Aaaaaaahhhhh!” chillé <¡Aaaaaaahhhhh!> gritó Ax telepáticamente. Me sentí aliviado de que al menos también él gritara. Pero sobre todo estaba ocupado notando que podía distinguir casas individuales, rodeadas por una luz tenue. Podía ver las luces delanteras y traseras de coches individuales. Y podía ver el parking del centro comercial, que estaba casi vacío excepto por un equipo pintando nuevas rayas en el tejado. “¡Aaaaaaahhhhh!” Me concentré tanto como pude. Hacía algún tiempo me había transformado en un águila pescadora. Es un tipo de halcón. Es casi totalmente de un color marrón-grisáceo oscuro, con la parte inferior de un blanco moteado y el pico oscuro. Es un pájaro genial. Pero, ¿sabes qué? En ese mismo instante, no me importaba en qué tipo de pájaro me convertía, siempre que tuviera alas. “Creced, alas, ¡CRECED!” chillé, y el viento que zumbaba al pasar junto a mi cara se llevó las palabras en cuanto salieron de mi boca. En mi piel comenzaron a formarse las plumas. Sentí cómo empezaba a encoger. Sentí cómo mis huesos se hacían más ligeros, se ahuecaban. Podía oír un sonido seco mientras los huesos de mi cráneo se remodelaban para acoger a un cerebro mucho más pequeño. Demasiado lento. Demasiado lento. Ahora podía ver a la gente. Los tipos que trabajaban en el parking del centro comercial. ¡Podía ver a la gente! Y aún estaba cayendo. ¡No había forma de que pudiera transformarme a tiempo! ¡No había tiempo! ¡El suelo! ¡Iba a estrellarme! ¡Se acercaba para que me estrellara contra él! Vi a uno de los del equipo de trabajo levantar la vista para mirarme. ¡Podía ver sus ojos! Agité mis brazos salvajemente. ¡No! Brazos no. ¡ALAS! ¡AAALAAAAASS! ¡SWOOOOOOSH! El viento arrastró mis alas, tensando cada músculo, y yo remonté el vuelo a 140 kilómetros por hora, a sólo algunos centímetros del recién pintado tejado. <¡Yah-HAH!> chillé. Giré a la izquierda. Ax iba detrás de mí, en su forma de halcón peregrino. <Eso ha sido muy emocionante,> dijo Ax. <Sí, lo ha sido. No lo repitamos nunca jamás en la vida.> <Jamás,> asintió Ax. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 38:[/b] Pasamos una mala noche, Cassie y Rachel y yo. Cassie y yo nos fuimos a casa. Rachel pasó la noche en casa de Cassie, porque de otro modo habría tenido que explicarle a su madre porque no estaba en el campamento de gimnasia. Rachel aún estaba débil, pero su memoria había vuelto casi completamente a la normalidad. Supuse que lo mejor para ella era pasar algún tiempo con Cassie. Y en cuanto a mí, llegué a casa casi a media noche. No había duda: estaba castigado. Ni siquiera protesté. Nada de tele. Nada de Sega. En casa a las cinco en punto. Fregar todos los platos sucios. Sacar la basura. Durante dos semanas. Y oh, ya puestos, limpiar el garaje. No dije nada más que “Sí, señor,” y “Sí, mamá,” y “Siento muchísimo haberos preocupado.” Luego subí a mi habitación e intenté no imaginarme lo que Visser Tres les estaría haciendo a Marco y a Ax. Nunca me había sentido tan cansado y tan hecho polvo. Me dormí con la ropa puesta, cabeza abajo sobre la cama deshecha. Nos habían derrotado. Eso es lo que pensé cuando caí dormido. Estábamos hundidos. El monstruo de polvo volvería. Habíamos sobrevivido -la mayoría de nosotros- pero nunca podríamos transformarnos con seguridad. Los Animorphs estábamos acabados. La batalla había terminado. Nada se interponía ahora entre los Yeerks y el control absoluto sobre la Tierra. ¿Y sabes qué? Ese pensamiento me hizo sentir aliviado. Estaba tan cansado de luchar… tan cansado. Lo siguiente que supe fue… “¡Booga booga booga boooga!” “¿¡Queeeeé?!” Me levanté, miré a mi alrededor, revolviéndome entre las sábanas, y de repente me caí de la cama. Marco se rió tan fuerte que empezó a llorar. “¿Cómo has llegado hasta aquí?” le pregunté. Luego, “¿estás vivo?” “No, soy el fantasma de Marco. ¡Témeme!” “¿Qué hora es?” “Sobre las diez de la mañana,” dijo Marco. Se acercó a la ventana y abrió las persianas. Retrocedí ante la brillante luz. “Cassie dijo que el Veleek se fue contigo.” “Sí, lo hizo. Y ahora somos novios formales. Mira, mejor déjalo. Levántate, valeroso líder. Estamos todos vivos y esperando que vengas a liderar el contraataque.” “¿Contraataque?” miré a la puerta. “No te preocupes,” dijo Marco. “Tom está fuera. Lo he comprobado.” “No puedo ir a ningún sitio,” dije. “Estoy castigado por llegar tarde.” “Um… sí. He hablado con tu padre antes de subir. Ha mencionado ese pequeño inconveniente. Ha dicho que si limpias el garaje puedes salir un rato. Parece muy importante para él. Creo que si limpiaras el garaje sería el hombre más feliz del mundo.” “Claro. ¿Por qué no? Mi madre lleva un mes detrás de él para que lo limpie. Así que ahora me lo deja mí. ¿Por qué no iba a estar contento? ¿Vas a ayudarme?” “¿Yo? ¿Ayudar a limpiar garajes? ¿Tú que crees?” Sonreí. “Me alegro de que no estés muerto, Marco.” “Yo también.” “Reunámonos. Dadme tres horas para enfrentarme a lo del garaje. Nos encontraremos en el límite del bosque. Que nadie se transforme. ¿Entiendes? Que nadie se transforme.” [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 39:[/b] <¡No puedo creer que hayáis hecho todo eso mientras yo estaba durmiendo!> protestó Tobias enfadado. <¿Jugando al pilla-pilla con una especie de monstruo de polvo de Saturno? ¿Rachel con amnesia mientras Marco la atropellaba con un camión? ¿Escapando de la nave Espada de Visser Tres? ¿Y yo durmiendo todo el rato? ¡No hay derecho! Me he perdido toda la diversión.> “Eres el único que no se puede transformar,” dijo Jake poniendo de manifiesto la realidad. “Así que el Veleek no estaba interesado en ti. Suerte la tuya.” “Es la transformación lo que persigue el Veleek,” dijo Marco, agrandando su sonrisa burlona. “Él –o ellos, debo decir- se alimentan de energía. No está interesado en patas de halcón fritas.” <Ven aquí, Marco,> dijo Tobias. <Ponte bajo mi rama.> Todos se echaron a reír. Excepto yo. No había dormido mucho. Esta vez no fue por culpa del sueño. El sueño se había hecho realidad. Y lo que me traía el dormir eran imágenes de mí misma, asustada y temblorosa mientras el Veleek se cernía sobre nosotros y finalmente se llevaba a Marco. No me gustaba ese recuerdo. No me importaba estar asustada. Todos lo estábamos. Pero no me gustaba saber que yo me había mantenido a salvo a expensas de Marco. Sólo había una palabra para una persona que hacía eso: cobarde. No me gustaba esa palabra. Me agitaba interiormente. “Vale, esto es lo que sabemos,” dijo Jake. “Uno: El Veleek es una especie de enjambre de insectos. Las partículas individuales se dispersan hasta que sienten algún tipo de energía de la que puedan alimentarse, momento en el que se reúnen en un enjambre. El enjambre forma esa bestia que acaba con todo lo que se pone en su camino. Dos: Visser Tres ha modificado a esa criatura para servirle a sus propios propósitos.” <Sí,> dijo Ax. <Es bastante sencillo, la verdad. Los Yeerks han reprogramado a la bestia para cazar la energía de las transformaciones, y comer un tipo diferente de energía: la de las máquinas de su nave espacial.> Rachel asintió con la cabeza. “Como un perro de caza entrenado. Un perro de caza persigue al zorro o lo que sea, pero sólo porque su dueño le da comida de otro tipo. El Veleek busca la energía de las transformaciones, le trae a la criatura que se ha transformado a su dueño, y le recompensan con la energía de la nave.” “Exacto,” dijo Jake. “El Veleek es el perro de Visser Tres. Y, desgraciadamente, es abrumador. Puede que invencible.” “No,” dije tranquilamente. “No es invencible. No pudo levantar a Rachel cuando estaba en forma de elefante. Era demasiado pesada. Tiene límites. Además, a bordo de la nave Espada los Yeerks usaron agua para controlar al Veleek.” Ahora todos me estaba mirando. Jake dijo, “Entonces, ¿qué hacemos con esa información?” “Yo.. tengo un plan,” dije. Tomé aliento. “Pero tengo una condición: tengo que hacerlo yo.” Les conté mi plan. “Cassie, eso es muy peligroso,” dijo Jake cuando hube terminado. “¿Por qué tienes que hacerlo tú?” “Porque,” miré a Marco y me encontré con su mirada, “dejé que el Veleek se llevara a Marco. Podría haberme transformado. Podría haberlo atraído hacia mí. Le dejé llevarse a Marco.” Marco sonrió con una mueca. “Cassie, no es ninguna tragedia. Aquí estoy, sano y salvo. Y tan guapo como siempre.” “Ese no es el problema,” dije. “Fui una cobarde.” Rachel puso los ojos en blanco. “¡Vaya cosa! Cassie, tú has estado en todas las batallas en las que hemos estado nosotros. ¡Eres la menos indicada en el mundo para llamarte cobarde!” “Es fácil para ti decirlo, Xena: la Princesa Guerrera.” “¿Qué?” “¿No lo recuerdas? Así es como Marco te llama.” Rachel hizo una mueca. “Supongo que aún hay un par de vacíos en mi memoria.” Miró a Marco con recelo. “¿Se supone que me gusta que me llames así? ¿O suelo patearte el trasero?” “Buen intento, Rachel. Pero no puedes distraerme. Voy a hacerlo,” dije rotundamente. “Es mi plan. Voy a hacerlo.” “Cassie,” dijo Jake, suplicando con la mirada. Tomé su mano entre las mías y la apreté. “Sabes que es un buen plan, Jake. Y sabes que soy la persona indicada para llevarlo a cabo. Es una nueva forma, sin ocasión para probarla primero. Y yo soy la mejor transformándome.” Nadie dijo nada. Podía ver la preocupación en los ojos de Jake. Rachel puso su mano en mi hombro. “Vale,” dijo Jake con pesar. “Vamos a la playa.” [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 40:[/b] Tomé una buena corriente termal que ascendía desde los acantilados que rodeaban el océano. ¡Simplemente perfecto! Extendí mis alas y sentí como el aire cálido me transportaba. Era como ser disparado por un tirachinas. Me elevaba y me elevaba y volaba en círculos sobre el océano. Necesitaba toda la altitud que pudiera alcanzar. No podía creer que Cassie se sintiera como la más cobarde del grupo. ¡Después de todo era yo el que se había quedado durmiendo en medio de todo lo que había pasado! Era vergonzoso. Frustrante. Lo único bueno es que al menos tenía un papel en el plan de Cassie. Normalmente, un halcón de cola roja no es un pájaro acuático. No volamos muy bien sobre el agua porque no hay corrientes termales. Pero estaba ganando altura, y con un poco de suerte podría mantenerla lo suficiente para encontrar lo que andaba buscando. Me dirigí hacia el mar. En cuanto estuve sobre el agua azul grisácea, sentí como las corrientes de aire se debilitaban. Batí con fuerza las alas para compensar la falta de corrientes de aire y conseguí mantener una buena altitud. Mientras tanto, observaba el océano por debajo de mí. Tengo una vista sorprendente, pero no está adaptada para ver a través del agua, como la del águila calva o el halcón peregrino. Aún así, si lo que buscaba estaba ahí abajo, lo vería suficientemente bien. Ya me estaba empezando a cansar cuando vi el chorro. En realidad estaba de espaldas, más cerca de la orilla que yo. Fue pura suerte. Me volví un poco hacia el sur, y viré en un ángulo que me llevó cerca de la orilla, aunque aún había más de tres kilómetros para llegar a la playa. Y la tuve justo debajo de mí. Podía verla nadando majestuosamente a través de las olas. Ascendió y llenó sus pulmones, y volvió a sumergirse. Reapareció unos cien metros más al sur. Siempre al sur. Giré a la izquierda y me dirigí a la orilla. Estaba cansado, y me alegró ver tierra firme. Pero sólo podría descansar un poco. La verdadera prueba aún no había empezado. Barrí la playa con mis ojos de halcón. No estaba muy abarrotada, pero aún así me llevó algunos minutos encontrarlos. Solté un poco de aire y descendí para encontrarme con mis amigos. <Tengo una para ti, Cassie,> dije. <He encontrado una ballena.> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 41:[/b] “Sólo estoy diciendo que hay gente que debería estar tendida en la playa, y hay gente que no debería,” dijo Marco. “¿Veis algún tipo viejo, gordo y peludo en bañador en Los vigilantes de la playa? No. No. En Los vigilantes de la playa tienen una ley contra ellos. David Hasselhoff echa de la playa a patadas a los que no son guapos. Necesitamos la ley de Hasselhoff por aquí. Eso es lo que digo.” “Entonces, ¿no te importaría no poder ir nunca a la playa, Marco?” dijo Rachel lánguidamente, sin estar realmente interesada en jugar a humillar a Marco. Caminamos a lo largo de la playa, fingiendo que éramos normales. Fingiendo que no estábamos preocupados. Fingiendo que todo iba bien. Rachel aún estaba silenciosa. Creo que la experiencia de perder la memoria la ha conmocionado. Rachel es una persona que siempre se controla. Es muy valiente a la hora de enfrentarse a los desafíos. Pero esto era algo nuevo para ella: un desafío que venía de su interior. Marco intentaba con dificultad bromear un poco y hacer que todo el mundo se relajara. Sentía que de alguna forma era responsable de que yo me sintiera mal. Intentaba decirme que no me culpara. Pero ya lo había dicho, y yo le había dado las gracias y me seguía sintiendo mal. Marco no sabía como luchar contra eso. Así que intentaba hacer que todos nos riéramos. Jake era simplemente una gran máquina de nervios. Lo oculta bien, pero le conozco. Sé cuando está molesto. Lo notas en la forma que tiene de juntar los labios un poco demasiado fuerte. Y un cierto brillo en sus ojos. Y entonces… Tobias estaba de vuelta. <Tengo una para ti, Cassie,> dijo. <He encontrado una ballena.> Le hice una señal. Tobias nos dijo dónde estaba la ballena. Jake dejó de caminar. “No tienes que hacer esto, Cassie. La fuerza del impacto… si te golpeas demasiado fuerte… además, puede que el Veleek ya no nos moleste más…” No podía mirarle a los ojos. Me estaba ofreciendo una forma sencilla de escapar. No quería sentirme tentada. “Voy a hacerlo,” dije tan tranquilamente como pude. “Yo puedo hacerlo, Cassie,” dijo Rachel. “¿Transformarte tres veces, seis cambios, incluyendo uno que es totalmente nuevo, con la suficiente rapidez?” le pregunté. “Todos decís que soy la que se transforma más rápido. La que recupera el control de las formas nuevas más fácilmente. Soy la indicada para esta misión.” Para mi sorpresa, Jake asintió. “Cassie tiene razón. Es su misión.” Me tomó la mano. “Pero estaremos contigo.” Los cuatro caminamos hasta la orilla del agua. Ax se había quedado fuera esta vez. Habría tenido que volver a su forma original, y probablemente eso no habría ido muy bien en plena playa. Habíamos elegido un lugar alejado de los socorristas. No queríamos que nadie decidiera que necesitábamos ser rescatados. Me metí en la fría espuma. El agua burbujeaba alrededor de mis tobillos, luego mis piernas, mi cintura. Me sumergí y nadé en dirección contraria a la orilla. Los otros iban justo detrás de mí. Tobias había volado hasta el pico del acantilado para descansar durante unos pocos segundos. Nadé mar adentro, y mientras nadaba, me concentré en la primera forma. Algunas formas son aterradoras. Otras asquerosas. Algunas te abruman con los instintos del animal de miedo o hambre. Otras formas te hacen sentir una fuerza invencible. Y algunas transformaciones… no muchas, pero algunas, son simplemente maravillosas. Mientras me transformaba sentí como mi cara sobresalía más y más y más. Sentí como mis piernas empezaban a fusionarse juntas. Sentí como mi piel se hacía más dura y gomosa. Pude sentir incluso como mis pulmones se cerraron por un instante, y un segundo después respiraba por un agujero que tenía sobre la cabeza. Desde la lejanía, oí el habla telepática de Tobias, tenue pero inconfundible. <¡Viene hacia aquí! ¡El Veleek! ¡Viene hacia aquí!> Yo era una criatura con pies pero sin piernas, manos amplias y grises, y sin brazos. Tenía ojos humanos que aún me picaban por el agua salada, y un agujero en la parte de detrás del cuello. Era medio-humana medio-delfín de nariz de botella. Me giré sobre un costado para mirar hacia arriba. Y allí estaba: el perro de caza de Visser Tres. El Veleek. El monstruo de polvo. Un tornado de partículas hambrientas de energía que se arremolinaban como un pequeño huracán. Me sumergí bajo las olas. Y cuando surgí a la superficie, aún seguía ahí. Pero no se había acercado. <No le gusta el agua,> dijo Marco. <Supongo que no,> asentí. <Tenías razón, Cassie,> dijo Rachel. <Esperemos que sí.> Sentí los últimos cambios según me convertía en un auténtico delfín. ¡El júbilo! Había olvidado lo feliz que era el delfín. Parecía extraño, dada la situación. Pero aún así, con toda nuestra preocupación, la felicidad del delfín era difícil de contener. <¡Vayamos a encontrar a esa ballena!> dijo Rachel. Nos pusimos en marcha con la extrema rapidez del delfín. Disparé una serie de chasquidos con el órgano de mi cabeza. Los chasquidos resonaron a través del agua, y volvieron a mí convertidos en ecos. Estos dibujaron una imagen de lo que había en el agua a mi alrededor. <Lo tengo en la ecolocación,> les dije a los otros. <Sí,> asintió Jake. <Un poco a la izquierda. No muy lejos.> Pronto pude oír a la ballena atravesando el agua. Corrimos a lo largo de ella, más rápidos, pero insignificantes comparados con su enorme corpulencia. Era como correr al lado de un camión o un tren. Su costado era una pared gris, surcada y moteada por costras de percebes. Pequeños, dijo la ballena en una voz que no era una voz, en palabras que en realidad no eran palabras en absoluto. Una nube extraña en lo alto. Siguió avanzando, sin importarle realmente si nosotros estábamos allí o no. El Veleek estaba detenido por encima de nosotros, incapaz de atacar, pero tampoco abandonaba. <Vale, chicos. Es la hora,> dije. <Preparaos.> Empecé a cambiar. Es más fácil de decir que de hacer. Me movía a la velocidad de la ballena, mucho más rápido de lo que podía nadar como humana. Grande, no te sumerjas, le pedí a la ballena. Si me oyó o me comprendió, o me respondió de alguna forma, no lo sabía. Es difícil explicar la forma en que las ballenas se comunican. Los delfines pueden oír su habla telepática, pero eso no son realmente palabras. Son más como imágenes extrañas y hermosas que simplemente aparecen en tu mente. Jake y Rachel se acercaron a mí. Me empujaron con sus hocicos y me impulsaron a través del agua. Empecé a cambiar a mi forma humana, y lentamente mi cola de delfín se dividió para formar las piernas. Mis aletas se escindieron en dedos. Era enteramente humana de nuevo y luchaba por respirar, con sólo mi cara fuera del agua. A sólo dos pies del agua, se encontraba el Veleek –hambriento, esperando una oportunidad. Presioné con mis manos humanas un costado de la ballena. Me concentré en el proceso de ‘adquisición’. Me sentía… mal, por alguna razón. Como si debiera haberle pedido permiso primero a la ballena. Pero la lenta y vaga comunicación de las ballenas no está hecha para las explicaciones. Necesitaba ese ADN. Disminuimos la velocidad y casi nos detuvimos. Era el trance de la adquisición. Todos los animales entran en un estado de calma cuando están siendo adquiridos. Pero era difícil pensar que la ballena era sólo un animal más. Me había topado con ballenas antes. No son inteligentes de la forma en que lo son los seres humanos, pero tienen mente, y, créeme, también alma. Cuando terminé de adquirir el ADN de la Grande, retiré las manos. “¡Ya está!” dije, tragando una bocanada de agua salada. Mis amigos se detuvieron y la ballena se alejó. Ahora mismo yo estaba en una de las situaciones más peligrosas del mundo: un ser humano en medio del océano. No tenía miedo de ahogarme, porque mis amigos estaban a mi alrededor en forma de delfín. Pero con el Veleek por encima de nosotros, como un techo bajo de dientes rechinantes, era espeluznante. “¿Está preparado Tobias?” pregunté. <Está encima del Veleek,> dijo Jake. <¿Cómo lo llevas?> “De momento —glublub— pah! Pah!” escupí el agua salada. “De momento bien. Estoy lista.” [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 42:[/b] No era mi forma de volar favorita. Los halcones no son como los gansos. No tenemos mucha resistencia volando, hora tras hora. Personalmente, no sé como lo hacen los gansos. Un halcón agradece un poco de corriente termal para elevarse en el despegue. Al menos eso lo tenía. Pero al mayoría del tiempo cazamos desde los árboles, lanzándonos en picado a por incautos ratones o conejos. No buscamos las alturas importantes a menos que podamos alcanzar alguna buena corriente termal. De otro modo, es un duro esfuerzo, batir y batir las alas para conseguir altura. Pero no podía quejarme. La parte de Cassie era peor. Se montó a mi espalda en forma de cucaracha. Tenía que completar la transformación literalmente bajo el agua, para mantenerse a salvo del Veleek. Ya había pasado de humana a delfín a humana y a cucaracha. Y aún quedaba más. <¿Va todo bien por ahí?> le pregunté. <Sí. Estoy bien. ¿Nos está siguiendo el Veleek?> <No, los otros le tienen distraído. Se están transformando parcialmente, manteniéndose bajo la superficie.> <Bien. ¿Cómo lo llevas tú?> <Sin problema,> dije. Era mentira. Me costaba un gran esfuerzo cada pie de altura que pudiera conseguir, y estaba agotado. Tenía que mantenerme tan alto como fuera posible. Cassie necesitaría cada centímetro que pudiera darle. Estábamos progresando. Sobre los cien pies, alcancé una agradable brisa de viento que aproveché a lo largo de unos mil pies. Pero luego volvió a ser aire apagado durante un rato. Aire totalmente apagado, y yo empezaba a tener problemas. <¿Tobias?> <Sí, Cassie.> <¿Crees que funcionará?> <Si te elevo a la suficiente altitud, funcionará.> <¿Alguna vez estás asustado?> me preguntó. <¿Quién, yo? Me asusta todo. Sé que soy un depredador, ¿pero sabes cuántos depredadores tengo por encima de mí? Cada águila dorada, cada halcón. ¿Sabes cómo son de rápidos? Es como si te disparan una bala. Hacen que yo parezca un zeppelín. Y luego están los mapaches y los zorros y las serpientes e incluso algún descarado gato casero ocasional. Y ese es sólo mi medio ambiente natural. Añade a eso los Yeerks, y el hecho de que a veces me despierto y no recuerdo exactamente qué soy, chico o pájaro… sí, Cassie, estoy asustado la mayor parte del tiempo.> <¿Y cómo lo superas?> <¿Quién dice que lo supere? Sólo hay una forma de enfrentarse al miedo: tener miedo. Tener miedo, y seguir adelante y hacer lo que tienes que hacer.> <Sí. Supongo que es verdad. Escucha, Tobias, si no lo consigo…> <Oh, calla. Vas a conseguirlo.> <Si no… si no lo consigo, dile a Jake que algún día tiene que decírselo a mis padres, ¿vale? Algún día, si es seguro. Decidles lo que me pasó. ¿Me lo prometes?> <Claro, Cassie. Lo prometo.> <Pero no decidle a mi padre lo que pasó con su camión,> añadió, forzándose a reír. <Piensa que se lo robaron. Mejor dejamos que lo siga creyendo.> <¿Cassie? Ya está, muchacha. No puedo ir más alto.> <Vale, Tobias. Gracias por el paseo.> Sentí sus pasos deslizándose por mi ala. Y un segundo después la vi caer, dando vueltas. Una chica que se había convertido en cucaracha, cayendo desde kilómetro y medio de altura, intentando atraer a un monstruo para que la atacara. Una chica que pensaba que era una cobarde. Es sorprendente cómo las personas no se conocen en absoluto. Con mis ojos de halcón la vi crecer y crecer, conforme el ADN humano se reafirmaba en ella. Y vi al Veleek volver sus numerosas bocas hacia el cielo. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 43:[/b] Caía. Casi ciega, con los ojos de cucaracha. Caía. Me concentré en una cosa: la transformación. No había tiempo de preguntarse dónde estaba la superficie del océano. No había tiempo para preocuparse del Veleek. Transformarse. Transformarse. Transformarse. Manos. Piernas. Brazos. Ojos. ¡Ojos! ¡Podía ver! Por debajo de mí, tan lejos como alcanzaba a ver en cualquier dirección, agua. Diminutas olas salpicadas de blanco. Olas que reflejaban la luz del sol. Era hermoso. El cielo azul por encima. El agua azul por debajo. Agua que podía ser tan dura como el cemento si me golpeaba demasiado fuerte. Podía ver a Tobias volando en círculos por encima de mí. Y en el agua, los diminutos cilindros gris pálido de Jake y Rachel y Marco. Y entonces, acercándose a mi encuentro como un tornado: el Veleek. Había sentido la energía de la transformación cuando estaba cambiado a humana. ¿Era humana del todo? Sí. Debía serlo. Pero el cansancio que me había golpeado como una onda hizo que mis ojos palpitaran y que mis extremidades se debilitaran. Demasiadas transformaciones. Demasiado seguidas. Y ahora… ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! ¡Transfórmate! Me ordené. ¡Concéntrate! ¡Concéntrate! ¡Confía! Pero los cambios eran lentos. Demasiado lentos. Me concentré. Pero estaba muy cansada. Y era demasiado fácil dejarse caer y caer y caer. ¡Transfórmate, Cassie! ¡Hazlo! Sentí los cambios. Sentí como crecía… Y entonces, ¡estaba encima de mí! El Veleek lanzó las cuerdas de polvo hacia mí. Me envolvieron como los tentáculos de un pulpo. Rodeando mis manos que se habían convertido en aletas. Alrededor de mis piernas que se estaban fundiendo. ¡Ignóralo! ¡Transfórmate! Es tu única oportunidad. Sentí al Veleek intentando levantarme. Mi impulso se había ralentizado, pero aún caíamos, yo y el Veleek juntos. A través de la tormenta de polvo vi un destello del océano por debajo de mí. La silueta de mis amigos era demasiado grande. ¡Demasiado cerca! Transfórmate, Cassie. Una vez más. Transfórmate. Pero no me quedaban fuerzas. Me había vencido. Y entonces… en ese momento, sentí una parte del cerebro de la ballena acariciando el mío. Sus instintos, la memoria del ADN. Ayúdame, le rogué. En un sueño en el que caía y caía, alcancé a un ser oscuro y enorme que no puedo describir. Alcancé la fuerza de la ballena. ¡Transfórmate! ¡Termina de transformarte! Termina, y podrás descansar. [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b][b]Capítulo 44:[/b] Al principio no podía verla. Pero luego, la cucaracha creció y se hizo más grande. Podía verla como un punto, muy, muy arriba en el cielo. <Aquí viene,> dije. El Veleek se estremeció, sintiendo la nueva presa. <¿Seguimos intentando mantener la atención del Veleek?> pregunté. <No,> dijo Jake. <Ahora todo depende de Cassie.> Algún día Jake será un general o un presidente. Tiene la habilidad de tomar decisiones difíciles, incluso sobre la gente que le importa. Ella caía y crecía, y se convertía en humana de nuevo. <¡Está demasiado cerca! ¡No queda tiempo!> chillé. <El Veleek. ¡La ralentizará!> dijo Marco. Ninguno de nosotros se había transformado tantas veces en tan poco tiempo. Era alucinante. Era imposible. Y aún así, cuando el Veleek la envolvió, ya surgía de ella la piel de la ballena jorobada. Ahora lo único que podíamos ver era al Veleek. La tormenta de polvo había rodeado a Cassie. Más lento. Más lento. Y entonces… <¿Estoy loco, o está cayendo más rápido?> preguntó Marco. <Sí, ¡y SÍ!> grité. <¡Lo ha conseguido!> Como una roca, el Veleek caía. Rápido. Más rápido. No podía con el peso creciente de la ballena. No había sido capaz de levantar a un elefante, y lo que sostenía ahora era mucho más grande. Estaba envolviendo una enorme ballena jorobada. Y caía hacia el océano. En el último segundo, el Veleek intentó liberarse. Pero se había pegado demasiado estrechamente a una presa que ya no era una presa. Me sumergí bajo la superficie, justo a tiempo para ver… ¡Spuh-LOOOOOOSSSHHH! El tornado golpeó el agua. Todos los billones de partículas se estrellaron contra las aguas del océano. En una décima de segundo, se había acabado. Enjuagado. Y estallando lejos del condenado Veleek, emergiendo del consumido tornado, había una enorme criatura lustrosa que media de lejos unos cincuenta pies. <¡Cassie! ¡Cassie! ¡Cassie! ¿Estás bien?> No hubo respuesta. La ballena atravesó el agua. <¡Cassie! ¡Contesta!> Y entonces esa masiva cola de ballena lanzó una patada. <¡Hah HAH!> chilló Cassie. <¡Toma eso, enorme bolsa de viento!> Cassie se propulsó hacia la superficie y se dejó ver sobre el agua. <¡Hey, Visser Tres!> se jactó Cassie. <¡Te he lavado el perro!> Se lanzó hacia atrás con un tremendo chapoteo. Y corrimos para alcanzarla. <¡Buen trabajo, Cassie!> dijo Jake. <El Veleek a raya.> <No puedo creerlo,> dijo Marco. <Hemos ganado de verdad. Hemos ganado. Le hemos pateado el trasero.> <Cassie, tienes que estar cansada,> dijo Tobias, acercándose lentamente hacia nosotros. <Ya no,> dijo Cassie. <Me siento genial. Pensaba que nos habían vencido. Y adivina qué. No lo estamos. Aún no. No en mucho tiempo.> Y entonces, para mi total sorpresa, empezó a entonar la profunda, extraña y evocadora canción de las ballenas jorobadas. Las ondas de sonido me emocionaban, no se muy bien por qué. <¿Qué estás cantando?> le preguntó Jake. <¿Cuál es la letra?> <No hay una letra exactamente,> dijo Cassie. <Pero si la hubiera, sería sólo una palabra: esperanza.> [b]© 1997 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

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