Megamorphs 2: En el tiempo de los dinosaurios

Sinopsis:

Realmente fue un accidente extrañísimo: Los Animorphs, investigando algo que Marco había descubierto, terminaron en una explosión nuclear. Poco después, se encontraban en el pasado. Sesenta y cinco millones de años atrás, para ser exactos. Ahora los Animorphs están perdidos en un mundo prehistórico sin ninguna idéa de como volver a casa. Pero también están a punto de descubrir algo muy interesante. Los dinosaurios y los Animorphs no son los únicos que andan por allí. Hay dos asentamientos alienígenas, y están envueltos en una lucha que tal vez ni los Animorphs puedan estabilizar.

Datos del libro:

El libro tiene 238 páginas de texto divididas en 37 capítulos.

Como sabéis Megamorphs es una serie paralela a Animorphs, que narra momentos “que se salen” de la trama. Aun que es verdad que hay libros, como el de los Elmacrones, que poco tienen que ver con la invasión Yeerk y están metidos en la serie central… bueno, de todos modos Megamorphs sigue siendo lo que se supone que es.

Como ya es costumbre, lo narran todos los personajes. En este caso K.A nos trata de mostrar todos los puntos de vista de los personajes y así poder ofrecer todos los puntos de desarrollo de la trama (todos colaboran en la historia, así que todos mueven alguna pieza para tratar de volver a casa), algo bastante complejo, pero juzgar vosotros mismo si lo ha conseguido… para eso traducimos….

Como nuevas especies, conoceremos a:

Los Korla: Poco se sabe de ellos… pero aún así los Andalitas han oído hablar de esta especie.

Los Mercora: Es una pacífica especie herbívora que vive en grandes cúpulas y en ellas cultiva cosechas de su propio planeta, como el Brécol. Tienen aspectos de cangrejos multicolor gigantes y son ayudados y protegidos por los animorphs durante su estancia en el periodo cretácico

[b]Contraportada[/b] Podríamos culpar a Marco de todo lo que pasó. Fue él quien oyó acerca del submarino hundido, fue él quien pensó que deberíamos echarle un vistazo. Y, como sabéis, si Marco se enfrenta a un reto, yo estoy allí sin pensármelo dos veces. Todo estaba yendo bien, hasta la explosión. Una explosión que nos llevó millones de años atrás en el tiempo, a la era de los dinosaurios. Ahora, Tobias, Cassie, Marco, Ax, y yo estamos luchando por nuestras vidas en cada paso que damos. Pero ese no es nuestro mayor problema. Nuestro mayor problema es que no tenemos ni idea de cómo volver a nuestro tiempo. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Pícara[/b]

[b]Capítulo 1:[/b] Me llamo Marco. Y soy el idiota que se preocupó de ver las noticias en la TV, y le llamó la antención la historia sobre el submarino nuclear hundido. ¿Has deseado alguna vez aprender a mantener el pico cerrado? Yo sí. Al menos en este caso lo hice. Porque si hubiera mantenido mi boca cerrada, no habría acabado intentando respirar a través de una boquilla, en medio de una enfurecida tormenta, que lanzaba olas de 30 pies [unos 10 metros], sobre mi cabeza. Pero quizás debería empezar desde el principio. Debería explicar en primer lugar porqué tenía una boquilla para respirar. Están sucediendo cosas aquí en el bueno y viejo planeta Tierra. Cosas que mucha gente jamás podría imaginar. Cosas que si se las dijeras a la gente, dirían “Sí, claro. ¿Quieres probarte esta camisa de fuerza?. Estamos siendo invadidos. No por naves espaciales de otra galaxia disparando rayos láser. Quiero decir, sí por naves espaciales, pero los Yeerks por lo general no usan muchas armas de rayos. Los yeerks son una especie parásita, como la tenia o los piojos, o ciertos entrenadores que piensan que no puedes jugar al baloncesto solo porque no eres bastante alto. La diferencia es que los Yeerks no infectan tu cabeza como los piojos, éstos reptan hasta el interior de tu cráneo. Una babosa como un caracol enorme se desliza dentro de tu oreja, en dirección al cerebro, se aplanan, penetran en todos los pliegues de tu cerebro, y desde ese momento, tienen control sobre tí. Incluso pueden forzarte a escuchar a Kenny G. Realmente, no es divertido. Tiendo a hacer chistes, especialmente sobre cosas que me preocupan, y los yeerks lo hacen. Una de esas personas, que han sido esclavizadas por los yeerks es mi madre. Pensamos que estaba muerta, pero no, al menos creo que no lo está. La última vez que la vi aún estaba viva, intentando destruirnos a mi y mis amigos, de hecho, algo que es mucho peor que ser simplemente destruido. De cualquier forma, son los yeerks, esta especie parásita que recorren toda la galaxia en busca de nuevos cuerpos. Controlan a los Gedds, una especie de su propio planeta. Controlan a los hork-bajir y los taxonitas, y su objetivo es ahora la Tierra, y los humanos. ¿Qué tiene esto que ver con que yo tenga una boquilla para respirar? Bien, hay otra raza en esto, que están con nosotros, consiguen a duras penas resistir a los yeerks. Un destacamento andalita fue golpeado hacia una órbita sobre la Tierra. Uno de ellos, el Príncipe Elfangor, se estrelló frente a mis amigos y a mi. Nos dio el poder de adquirir el ADN de cualquier animal, y entonces, empezar a ser ese animal. Usamos ese poder para resistir a los Yeerks. Nosotros, somos, Jake, nuestro adulto prematuro, nuestro más o menos, intrépido líder; Cassie, nuestra experta en animales y abraza-árboles, protectora del medioambiente; Rachel, la guapísima pero completamente loca prima de Jake; Tobias, quien es un pájaro come-ratones; el engulle bollos de canela, Andalita, el chico-escorpión al que llamamos Ax; y yo, Marco, el sensible, sensato, inteligente y atractivo. También modesto y honesto. ¿He mencionado guapo? Bueno, alrededor del medio día, estaba holgazaneando con mi padre, hundido en el sillón, mirando fijamente la televisión, preguntándome si tendría la energía suficiente para ir a la cocina para coger más Doritos, cuando empezaron las noticias. Un submarino nuclear había informado de que habían surgido problemas con el reactor. Temían hundirse. Barcos de rescate y submarinistas estaban allí, pero la tormenta les hacía difícil el trabajo. No podían encontrar el submarino, que podía estar rociando a todos con radiación.. -¡No hombre!- gemí -Sí – asintió mi padre. Estaba hundido en el sofá preguntándose si tenía la fuerza de ir a la cocina a coger sus “Cheez Puffs” [esto también lo comen en South Park. Son como bolitas de queso]. -Um… – dije -¿Vas a la cocina? – preguntó esperanzado. Suspiré- En realidad, acabo de recordar que se suponía que iba a ayudar a Jake en algún trabajo en casa. -Oh, te perderás el partido- dijo – Pero, antes de irte, ¿Podrías traerme la bolsa de “Cheez Puffs”?¿Y una soda? ¿Y una almohada? Y dame el mando a distancia. Le llevé como unas veinticuatro cosas a mi padre, entonces, salí a la lluvia, para andar hacia la casa de Jake. Tenía que hablar con él acerca del submarino, no sabía porqué, simplemente tenía que hacerlo. Supuse y creía que podríamos ayudar. Treinta minutos después, los seis estábamos reunidos en una playa mojada. No había absolutamente nadie a la vista, ni salvavidas, ni pequeñas señoras mayores cogiendo conchas. Me explico, estaba lloviendo muchísimo. Estábamos todos empapados y teníamos arena mojada embarrándonos las zapatillas. Todos excepto Rachel, quien juro que tiene alguna habilidad mágica para repeler suciedad, barro y agua de lluvia. – Bueno, tenemos intimidad, eso está claro- dijo Jake mirando a su alrededor – ¿Qué vamos a hacer con nuestra ropa exterior?- preguntó Cassie Veras, no podemos transformar ropa o zapatos solo cosas que estén muy ceñidas a la piel. Yo llevaba unos pantalones de ciclista, y una camiseta poco estética y demasiado pequeña, debajo de mi ropa, que si que podía tranformar. – Lo he dicho antes, y lo diré ahora- dije – tenemos que hacer algo con estos uniformes. Somos una deshonra para los superhéroes. ¿Podéis imaginarnos alguna vez en un cómic al lado de Spiderman? Pareceríamos los Clampetts – ¿Los qué? – preguntó Cassie – Ya sabes, los Beverly Hillbillies [no preguntéis, no se quienes son O.o] – Marco, ¿Tu te das cuenta de que Spider-man no es real, verdad?- preguntó Rachel- y si lo fuera, no sé de qué clase de tejido estará hecho un uniforme como el suyo, nunca tiene agujeros en las rodillas o en los codos, quiero decir. Vamos. -Será mejor que nos movamos antes de que alguien nos vea- interrumpió Jake sombríamente. Jake odia la oscuridad, los días nublados lo hacen un gruñón. Nos quitamos la ropa y los zapatos, y las guardamos en una mochila y metimos la mochila en uno de los barriles azules para basura, que estaban a lo largo de toda la playa. -Quizá tengamos suerte y no recojan hoy la basura- comentó Cassie. -Oh sí, sería una pena perder estos vaqueros tuyos – exclamó Rachel- si tus piernas midieran 12 centímetros menos serían casi adecuados. Rachel es la mejor amiga de Cassie, y viceversa, pero no se ponen de acuerdo en la importancia de la vestimenta. <Vamos> Tobías llamó desde arriba. <Hay gente ahí fuera que pueden estar muriéndose> Flotando sobre nuestras cabezas estaba Tobías, un halcón ratonero de cola roja, un ratonero mojado. Oíamos sus palabras en nuestras cabezas. Sabíamos por que estaba tan ansioso, a Tobías no le gusta el agua. Pero estaba intentando hacerse el fuerte. Entramos en el agua. Jake, Cassie, Rachel y yo. Y Ax, que estaba en su desconcertante y atractiva forma humana, opuesta a su perturbadora auténtico cuerpo Andalita. Tenía que volver a su propio cuerpo antes de poder transformarse de nuevo. Había adquirido su última forma en “Los Jardines”- con la ayuda de Cassie por supuesto. Tobías tenía que cambiar directamente desde su forma de halcón, lo que como puedes suponer no es muy divertido, un halcón en el oleaje, está bastante indefenso. Nadé con los demás. Tobías echó un último vistazo con sus ojos de halcón y declaró la playa definitivamente vacía, después suspiró pesadamente y se zambulló en el agua. Me concentré en el ADN que estaba dentro de mi, formando la imagen del delfín en mi cabeza, y comencé a cambiar. Ahora ya sabes como es que tengo una boquilla para respirar. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Pícara [Supervisado por Santiago Ruiz][/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Me encantaba ser un delfín. ¿Como no iba a gustarme? No me vuelve loca transformarme en insecto. Especialmente los minúsculos autómatas como las termitas o las hormigas. Sin embargo, yo estoy convencida de que los delfines tienen alma. Quizás solo sea algunas bases genéticas que los hacen tan parecidos a los humanos. Pero sea lo que sea, sea algo místico o algo real, me encantan. Estábamos surfeando, rompiendo las olas contra el pecho y nadando contra la corriente. Cuando el agua fría tocaba mi pecho, yo me zambullía y nadaba. No era nada fácil luchar contra las olas. Los humanos no son fuertes en el agua. Tan pronto como pude, empecé a transformarme. Mis dedos se hacían más y más largos. Una tela creció entre ellos, como la de un pie de pato. Los huesos de mi brazo se contrajeron y dibujaron esas enormes redes que tenia por manos, saliendo de mi cuerpo, hasta transformarse claramente en una aleta, no mas ancha que una mano. Mis piernas se escurrieron, como unos spaguetti demasiado hechos, se mezclaron entre ellas y se derritieron con la forma de la larga cola del delfín. Al mismo tiempo, mis pies se enredaron hacia fuera y se encogieron hasta formar el final de la cola. Después, tan pronto como grité y escupí agua salada de mi boca, mi delgada boca humana y cara empezaron a bombearse hacia fuera. Era algo que parecía ser sacado de unos dibujos animados. Como si fuera de plastelina y alguien estuviera moldeándome. Los ojos se trasladaron a los lados. Ahora mi campo de visión era mucho más amplio, y se combinaba con mis resonancias. Más delfín que humano ya, succioné una gran cantidad de aire a través de mi boca. Cuando exhalé, se fue por el recién aparecido agujero que salía de mi nuca. Me zambullí entre las agitadas olas, tan al fondo que pude diferenciar la grava de la arena del fondo del mar, y como era arrastrada hacia adelante y hacia atrás. Quizás los humanos prefieran el fondo del mar, pero para los delfines les es algo mas complicado. Piensa como te sentirías en un soleado día, sin tener que ir a la escuela ni sin nada que hacer, con dinero extra en la cartera, y con alguna cosa muy interesante que estuviera esperándote. Eso es exactamente lo que se sentía al ser un delfín. Así pues, con todas esas sensaciones recorriendo mi mente, esa sensación de poder, me sentía una criatura perfectamente adaptada a su entorno. <¡Adelante chicos!> -chillé, lanzándome con esa alegría vertiginosa de ser un delfín en el mar. Y ahí fuimos, rápidamente contra las olas que se levantaban unas tras otras, saltando a través de ellas. Estábamos preocupados pero jugábamos al mismo tiempo. Y entonces empezamos a ver los helicópteros dando vueltas alrededor y los barcos patrullando la zona, a través del mar. Las olas eran altas; los vientos, fuertes. Cuando lo atravesamos, parecía una gran explanada de olas, expiramos todo el aire que teníamos, y aspiramos aire fresco, permitiendo a las grises olas que nos dejaran tan arriba como pudiéramos llegar. <Debemos estar cerca de donde ellos creen> -dijo Jake- <¿Alguien mas esta aspirando agua salada cada vez que intenta respirar?-pregunto Marco-¿Sabéis si es buena señal?> <Estamos en el océano>Apuntó Rachel <Es normal que haya agua en el océano> <Bueno, pero ¿tenemos que respirar en medio de esta tormenta?> añadió Marco <Vamos> dijo Jake <Volvamos abajo> Utilizé mi ecolocación y aletee con la cola. Todo estaba más calmado y tranquilo ahí debajo del agua. Estábamos en unos 60 metros de profundidad. Es difícil de contar, pero de todas formas. Parecía esa profundidad. Estuve nadando 15 metros más de profundidad y frió. Apenas pude ver al fantasma translucido por debajo de mí, en la arena. Vi algo azul que se movía vergonzosamente. No como ningún pez. Lance una onda de ecolocalización a través de mi cabeza, la onda se separo de mi cabeza y volvió despedida hacia ella. Mi cerebro de delfín dibujo mentalmente el fondo del mar, unas cicatrices producidas por una serie de profundas fisuras. También “vi” zambullirse en el agua buzos con sensores que eran sujetados por unos largos cables desde las barcas encima de nosotros. <Para usar nuestro sistema de ecolocalización necesitamos coger aire>Dijo Tobias <El tamaño de estas fisuras son tan grandes como descampados. El submarino podría estar dentro de cualquiera de estos.> <Vale> dijo <Pero que todo el mundo este en contacto telepático con la persona de su izquierda y derecha> Mas fácil de decir que de hacer. Habéis probado alguna vez a bucear en línea aguardando con un delfín a derecha y uno a izquierda? Además de tener que salir a la superficie a respirar, para al mismo tiempo que echáis ondas que rebotaran contra vosotros, analizarlas. Rachel estaba a mi derecha, Ax a mi izquierda. Avanzábamos por del suelo del océano, analizándolo con nuestras potentes ondas. Nos llevó 45 minutos de esforzado nadar para encontrar el sitio. No podiamos estar mas de dos horas transformados. No si queríamos evitar pasar el resto de nuestras vidas en el cuerpo de un delfín. 45 minutos para llegar, 45 para volver, y solo 30 minutos para buscar. No era suficiente. Pero 20 minutos antes vi, o mejor dicho “sentí” un dibujo extraño en mi mente.<¡Hey! ¡Ax! ¡Rachel! Creo que he encontrado algo!> Eché otra onda para analizarlo mejor. Si algo importante. Algo muy duro. <Si, tengo algo> Dije <Rachel proyecta una honda hacia tu izquierda, Ax, una hacia tu derecha.> A los pocos segundos Rachel dijo <Nada, no tengo nada> <Yo si>dijo Ax <Un grueso y angular objeto que parece salir de una de las fisuras > <Echaré un vistazo> dije <Podría ser un trozo de metal o de basura> Salí disparada hacia la superficie del objeto, dirigiéndome hacia abajo, hacia el objeto angular. Nadé y nadé hasta donde incluso mi cuerpo de delfín sentía la presión. Continué lanzando ondas de ecolocación. Al final acerté. Estaba a pocos metros de la fisura. Pero si no recordaba mal las películas que había visto sobre submarinos, eso era un periscopio. El subcomandante debía haberlo sacado en un intento desesperado por que alguien les viera. Alguien lo habían hecho. Pero no precisamente quien ellos esperaban. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Hak [Supervisado por Santiago Ruiz García][/b]

[b]Capítulo 3:[/b] Encontramos el submarino. La pregunta ahora era: ¿Cómo podríamos conseguir que los “buzos navales” lo encontrasen? <Secuestrar a uno de ellos> sugirió Rachel A Rachel casi siempre le gustaba tomar iniciativa. En este caso, tenía razón. Necesitábamos hacer esto y rápido. Necesitábamos terminarlo y salir corriendo. <Muy bien> dije <¿Secuestramos un buzo?> <¿Qué?> dijo Marco <¿Estás escuchando a Rachel? < Resulta que tiene razón> dije <Vamos. Pero no dañemos a la persona, vale?> Era fácil encontrar un buzo. Sus cuerpos mojados y el arroyo de burbujas marcaba claramente su localización. El buzo nos ignoró mientras nos acercábamos. No éramos más que un grupo de delfines nadando por ahí. No éramos nada en lo que ella estuviera interesada. Nadé alrededor de ella y los demás me siguieron. <Vale. Ahora no podemos hacer más que asustar a la pobre mujer, pero sed tan amables como podáis> dije. <Agarrar una pierna o un brazo. Rachel ayúdame a empujar> Una cosa que puedes decir sobre los delfines: no hay nada que no puedan hacer en el agua. Nosotros seis nos movimos como un buen equipo ejercitado acrobático o algo. Mano, pierna, mano, pierna, tuvimos al buzo antes de que se pudiera dar cuenta de lo que estaba pasando. Los otros suavemente la agarraron con sus dientes de delfín. “Mblo, blo blm blomo!! – Gritó. Por lo menos así es como sonó. Rachel hundió su nariz en la región lumbar de la mujer. Yo puse la nariz en su cuello y juntos, la propulsamos a través del agua, casi manteniéndola recta, y a una velocidad que le debía de haber parecido bastante alucinante para ella. Ella luchó, de acuerdo. Creí por un momento que ella pensó que éramos tiburones. Podía ver lejanamente ojos miedosos a través de su escafandra cuando ella se giró. Pero quizá ella hubiera oído historias sobre delfines ayudando a gente ahogándose. O puede que a ella solo le gustaran los delfines. O simplemente era tan obvio que nosotros estuviéramos en una misión. Después de unos segundos se relajó, la dejamos ir y nadé hacia arriba y le ofrecí una aleta dorsal. La cogió. Cassie subió sobre su otro lado. Ahora, ella cooperó con nosotros cogiéndose a nuestras aletas dorsales mientras nadábamos más fácilmente. Paramos directamente sobre el submarino. El buzo no podía verlo porque estaba debajo nuestro. Pero hicimos un bonito espectáculo de cómo bajar, entonces subimos y así supimos lo que teníamos que hacer. Desgraciadamente todo esto necesitaba demasiado tiempo. No teníamos más elección que transformarnos en el mar abierto. Nadamos un kilómetro desde el área de búsqueda y nos transformamos. Malo para la mayoría de nosotros. Peor para Tobías revolcándose con las dos alas empapadas de agua salada. Ax, con su propio cuerpo podía nadar bastante bien. Nos transformamos tan pronto como pudimos. Y ahora con todo el tiempo, volvimos al lugar. Teníamos que asegurarnos que los buzos estaban allí <Hey! Esos hombres trabajan rápido> dijo Tobías cuando volvimos al área. Un pequeño sumergible estaba ya alejándose del submarino. Adiviné que era un tipo de vehículo de rescate para transportar víctimas de los submarinos hundidos. Rondamos sobre el submarino hundido. Estaba acuñado profundamente en la fisura. Era difícil ver como lo iban a sacar. <¿Puedo hacer una pregunta?> dijo Ax <¿Cual es el propósito de esos submarinos, ¿Es una simple nave alargada para observar el fondo marino?> A continuación, otro pequeño sumergible estaba de camino. Estaba pasando y los buzos estaban asomándose a la superficie. Hice una mueca. El propósito de estos submarinos era un poco difícil de explicar a un alienígena. <En realidad es un submarino militar>. <¿Ves esas filas de hachas por detrás? Eso es un submarino de misiles nucleares. Hay un misil detrás de cada una de las hachas armadas con una cabeza nuclear. <Ah, ya veo> <Es un disuasivo. Ya sabes, en caso que los enemigos nos ataquen con armas nucleares, tenemos seguridad en nuestros submarinos> Explicó Marco <¿Qué enemigo?> <Bien…OK, ahora mismo no tenemos ninguno> dije sintiéndome ligeramente idiota. < Pero tuvimos y tendremos otra vez> <Compramos todas las rebajas> dijo Marco inteligentemente. <Los enemigos somos nosotros, Los marcianos, los enemigos de J.C. No os preocupéis, que encontraremos alguno.> <¿Esos chicos tienen prisa o qué? Preguntó Rachel. <Me preguntaba lo mismo> dijo Cassie <Mira, justo arriba. Los barcos están dejando el área. Se van en todas direcciones> Miré. El vehículo de rescate se estaba alejando del submarino pero en vez de dirigirse a la superficie, simplemente se iba. Como si estuviera desesperado en poner una distancia entre él y el submarino. <De repente tengo un mal presentimiento sobre esto> dijo Tobías. <Fuera de aquí > grité. Nos dimos media vuelta y nos fuimos. Impulsamos nuestras colas y desgarramos el agua como torpedos. El vehículo de rescate estaba a medio kilómetro de nosotros. Lo perdí de vista cuando salimos a la superficie para respirar. Arriba, habiendo respirado, bajamos y nadamos, y salimos, respiramos, bajamos y nadamos. Era más lento que subir a la superficie pero necesitábamos respirar porqué teníamos que emplear muchos músculos. <Probablemente, esto sea una estupidez> dijo Rachel <Quiero decir, que pensamos que va a…> FLASH!! Una luz muy brillante que parecía ir a quemarme. WHAAAAAAM!!! La onda expansiva nos golpeó. Me caí a un mundo que se iba tornando como una dimensión diferente. Y entonces ese mundo, se volvió negro. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Xavi con la supervisión de Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 4:[/b] No se cuando tiempo estuve inconsciente. Pero cuando recobré el conocimiento, estaba sobre las olas del mar. Y allí estaba yo, tumbada sobre las olas como cualquier tipo de pescado muerto El primer pensamiento que cruzo mí mente fue: ¿Donde estaban los otros? A continuación llego el segundo: ¿Cuándo tiempo llevaba en esta forma? <¡Cassie! ¡Tobias! ¡Jake!> grite telepáticamente. No obtuve respuesta. Sin perder tiempo, me puse en movimiento usando mi cola y mis aletas. Vale, al menos no estaba herida. Me sumergí por debajo de las olas y empecé a buscarlos en todas direcciones. El agua estaba clara y pude verlo sin dificultad. Era extraño, daba la impresión de que estaba exactamente donde había explotado una cabeza nuclear. <¡Marco! ¡Ax!> <Me estaba preguntando que cuando dejarías de moverte en todas direcciones, y me llamarías a mí> respondió Marco. El se deslizo hacia arriba, hasta colocarse a mi lado. <¿Has podido ver a alguno de los otros?> <No. Pero les he estado llamando> Lance unas cuantas ecolocaciones para poder ver mejor la zona. Peces. Un par de ballenas distantes. Ningún delfín. Aunque ellos estuvieran flotando sobre las olas no estarían encima de nosotros. <Tengo una idea> dijo Marco. <Ya hemos mirado por abajo, deberíamos buscarles por arriba. Quizás podamos ver sus siluetas reflejadas por el sol> <Buena idea. Solamente sino estuviera lloviendo. Parece que no…> Deje de hablar justo antes de decir que no había sol. Pero los dorados rayos atravesaban el agua a mi alrededor. <Parece que arriba hace buen tiempo. Hombre, estamos en mayo, es lógico que dure bastante el buen tiempo> Volvimos a sumergirnos, ahora aun mas profundo. Y seguimos buscando mientras subíamos. Y por fin, arriba, vimos unos contornos reflejados por el sol; se trataba de cuatro figuras. <¡Vamos allá!> dije y fuimos disparados hacia ellos. Frote mi nariz contra uno de ellos. <¡Hey! ¿Qué? ¿Qué?> grito Tobias < ¡Jesús! me diste un susto de muerte. Dios santo, pensé que eras uno de esos gatos salvajes> <Tobias, solo tu te despertarías y de golpe, te preocuparías por los gatos salvajes> dijo Marco. <Prueba a dormir en las ramas de un árbol> gruño él. <También te preocuparías tu por ellos> Nosotros chocamos nuestros cuerpos contra los otros. Ax y Jake se despertaron. Cassie despertó, también. Pero en cuanto ella se levanto se puso a gritar aterrada. <¡Ahhh! ¡Ahhh!> Entonces es cuando nos dimos cuenta de que la sangre goteaba por sus ojos y por su boquilla para respirar <Oh, Oh, ¡Esto duele mucho!> <¡Destransformate!> grito Jake <Lo intento… Lo intento… ¡oh, oh!> Gradualmente, su piel que parecía echa de goma, fue derritiéndose dejando sitio a carne y pelo; cada vez, mas partes de su cuerpo de chica emergían del cuerpo del delfín. Como ella se había destransformando ya, el dolor del delfín fue dejado atrás. Me acerque a ella y le ofrecí mi aleta dorsal para que se pudiera agarrar y subir. “Valla, eso fue realmente doloroso”- dijo Cassie mas calmada, con su boca humana desde mi espalda. Ella se dispuso a mirar en todas direcciones- “¿Por qué el agua esta tan calmada? ¿Por qué hace sol?” Ella se levanto medio metro fuera del agua usándonos a Jake y a mi para sostener su peso. Entonces ella diviso algo a lo lejos. “Um… ¿Estoy despierta?” <Por supuesto> “¿Y esto no es ningún sueño?” <Esto no es un sueño> dijo Marco. <No veo por ningún lado a ninguna chica de Los vigilantes de la playa. Carmen siempre aparece cuando sueño> “¿Estas seguro de que esto es real?”- preguntó Cassie, antes de que yo dejara aplastado a Marco mencionando que, era totalmente imposible que Carmen Electra le buscase a él. <Cassie, esto no es un sueño> -dijo Jake. “Vale. ¿Entonces por qué hay un volcán en erupción allí?” No entendí lo que dijo hasta pasados algunos segundos. Entonces nosotros nos sumergimos, dejando a Cassie flotando y gritando “¡Hey!” Estaba sumergida siete metros por debajo del nivel del mar, dando vueltas y compartiendo mi camino mientras bajaba casi en línea recta. Hubo una explosión en el agua, y yo me sentía como un liso y lustroso misil. Salí dispara a través del aire hacia arriba, donde pude ver algo pequeño, moverse y agitarse a lo lejos. Eché una mirada rápida. Entonces, me desplome con una tripada sobre el agua en la franja que separaba el mar del aire. Era el primer delfín de la historia que se pegaba una tripada. <¡Ese volcán esta en erupción! Nosotros no tenemos un volcán. Es la primera noticia que tengo sobre él>- dije. <No hay ninguna duda, eso es definitivamente un volcán> -agrego Tobias. <¿Será un efecto de esa misteriosa explosión?> – pregunto Jake. <¿Puede ser que esa explosión halla creado alguna clase de fisura, y que halla formado esta repentina erupción?> “¡Tenemos que regresa! La gente podría estar herida” <Algo malo esta apunto de suceder> dije. <Los volcanes no aparecen de pronto en erupción. Tiene que pasar mucho tiempo y ciertas cosas. Se tardan cientos de años en crearse la lava para que pueda arder y ascender> <¿Desde cuando sabes tanto sobre volcanes?> exigió saber Jake <¿Hemos dado los volcanes en la escuela?> <No fue allí… fue en otro sitio> murmure. Pero ellos esperaban mas. Querían saber exactamente como sabia tanto sobre volcanes de repente. <De acuerdo. Me monte en el Mágico autobús escolar ¿Vale? Ellos fueron al interior de un en volcán> <Perdonadme> dijo Ax educadamente <Pero algo se acerca hacia aquí y es muy grande. Son un par de criaturas. Acabo de usar la ecolocación exactamente hacia ellas> <Son un par de ballenas> dije desechándolo <Las vi antes. Ahora tenemos que pensar qué camino usamos para volver a tierra, veo que…> <No son ballenas> dijo Ax. <¿Quién me presta atención? Quizás no estés en lo correcto, Ax; pero nosotros tenemos un volcán- ¡Un volcán!- a la derecha, ¡Donde están todas las casas! Tenemos que ir hacia allí. Cassie necesito que…> “Uh… ¿Qué es eso?” preguntó Cassie. Ella parecía hacerse la dura, pero había comenzado a transformase en delfín. <¿Qué?> “Eso” Me gire en la dirección hacia donde ella miraba. Todos nos giramos. Algo subía tres metros por encima del agua. Tenia un cuello realmente largo. Se parecía al de una jirafa, pero de un color verde-grisáceo. Al final de su cuello, tenia esculpida una aerodinámica cabeza de medio metro de largo. Y correctamente erguido; detrás de él se veía otro enrome cuello y otra gran cabeza. <No hay escapatoria> susurro Tobias. <¡¿Qué es esto, el monstruo del Lago Ness?!> grito Marco. <¡Es Visser Tres transformado!> dije <No, esperad, no puede ser. Hay dos diferentes> <No hay escapatoria> dijo Tobias de nuevo. <¡Están viniendo hacia nosotros!> dijo Cassie. <Os lo había dicho> dijo Ax engreído <No son ballenas> [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de David Usón Peña[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] Sabia lo que era. O al menos sabia que era lo que estaba mirando. Pero no podía decir nada. Si me equivocaba, Marco bromearía sobre ello hasta el día que muriera. Además, era imposible. Totalmente imposible. No podía decir nada. Pero oh, Señor, use mi cola de delfín para salir de allí. <Que todo el mundo salga de aquí rápido> dijo Jake. <¡Madre mía, salid de aquí deprisa!> Todos nosotros nos abrimos paso por la, ahora, placida agua. Nosotros nos quedamos flotando fuera del agua. Pero las criaturas subieron con nosotros. Y en todo ese tiempo, en mi cabeza solo quería escapar. No había escapatoria, no había escapatoria. Las criaturas estaban a poco mas de treinta metros de nosotros. <No podemos escapar fuera de su alcance> dijo Jake. <Tenemos que dividirnos y alejarnos de los dos, o sino luchar> <¡Luchemos!> dijo Rachel. <Ellos son seguramente algún tipo de calamar gigante, o lo serán, probablemente. ¡Vamos a por ellos!> Me gusta Rachel desde antes de que me convirtiera en halcón. Pero ahora me gusta tal y como es. Ella podía ser un ave de presa. Y también podía ser normal. Pero ella estaba equivocada esta vez. <Alejémonos de aquí> dije. <No pienso que podamos golpearles> <No lo hemos intentado aún> dijo ella. <No lo entiendes. Mira, sé que esto parece una locura, pero…> ¡SHWOOOOSH! Algo subió desde abajo. Como una especie de delfín de gran tamaño. Quince… ¡Veinte metros de largo! Y tenia abierta su mandíbula que era extremadamente enrome. Nos habíamos quedado mirando a las criaturas que nos perseguían tanto tiempo que solo tuve, para ver que era esta nueva amenaza, un momento en el que vi el destello de unos dientes. <¡Aaaaahhhh!> esto era superior a mi. No había tenido tiempo para moverme. ¡Arriba, arriba, iba hacia arriba! Alto en el aire, atrapado en aquellas mandíbulas hasta que se golpeo en la superficie del agua. Esto me sacudió. Justo como yo había visto a aves marinas hacer con los pescados. Se sacudió, y abrió sus mandíbulas a mi alrededor. Yo estaba inconsciente, recupere la conciencia; y me volví a desmayar. Me desperté. Golpeé el agua ¡No, no era agua! Demasiado caliente ¡Demasiado caliente! ¡Mi piel se quemaba! Yo estaba ciego. Y sordo, excepto por un sonido estable como el latido de un corazón. Entonces note algo mas al lado de mi. Mi sentido de delfín sabia lo que era. Era otro delfín. <¿Quién esta hay?> <¡Soy yo!> grito una voz enfurecida. <¡Rachel!> <¿A quien esperabas? ¿A Jonah? Tenemos que escapar de esta cosa. ¡Aaahh! Mi piel me pica y quema> <Ácido estomacal> dije. <Nos esta digiriendo> <¡Esto no me digiere a mí!> dijo Rachel. <¡Me voy a transformar! Haré un agujero hacia fuera desde aquí> <Tienes que pasar por humana antes de transformarte> dije. <¡Y hay ácido estomacal> <No hay otra opción> Yo ya podía sentir que estaba cambiando. Sentí sus dedos humanos presionar contra mi, rechinando; incluyeron el espacio. Ella tenia razón, no había otra opción. Y no iba a dejar que lo hiciera ella sola. Yo tenia muy pocas transformaciones disponibles. Y solo una que seria útil aquí. Pero primero tenia que volver a mi cuerpo de ave. Algo como una roca estaba en el estomago. Esto chocaba contra mi a causa de los movimientos de la pared del estomago. Y como perdí el resistente cuerpo de delfín y recupere los huesos frágiles de mi halcón, el golpe se hacia mortal. Hasta el cuerpo de Rachel me aplastaba, ya que sus codos, puños y rodillas me empujaron muchísimas veces. Pero todo eso no era nada comparado con un hecho simple: No podía respirar. ¡Asfixiado! <¡Aire!> gemí. Rachel no podía responderme. Ella era humana otra vez. Pero yo sabia que ella debía estar asfixiándose también. Mi pierna izquierda se había retorcido y roto. Mi cola era un lió. Estaba siendo sacudido por el dolor. Pero esto ya no importo, porque yo estaba ahora disminuyendo. Me hundía y arremolinaba hacia abajo. Muy tarde volví a transformarme otra vez. Lo sabia. Era un hecho. Y mi pensamiento volvió al pasado, era consciente de que aquello era un destello de mí, años antes, cuando yo era todavía completamente humano. Me vi jugar con una pequeña estatuilla de plástico… Un juguete de plástico de un animal, en cuyo vientre me encontraba yo ahora. Un folleto había venido con la figura. Yo había memorizado todos los datos de aquel folleto. <Ellos se equivocaban> Pensé como mi mente cerrada. < Esto es más grande de lo que ellos decían > [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de David Usón Peña[/b]

[b]Capítulo 6:[/b] <¡Tiene a Rachel y a Tobias!> grito Cassie. Lo sabia. Yo también había estado sobre la superficie del mar, cuando ese monstruo los elevo, sacudió e introdujo en su garganta. Pero no debía de pensar en eso. Todavía había tres personas conmigo. Tenia que salvarlos. Las criaturas de cuello largo estaban detrás de nosotros, la mas grande enfrente. ¿Cuál nos comería? <¡Todos hacia abajo!> dije. <¿En cuanto a…?> comenzó Marco. <¡Hazlo!> rugí. Todos nos dirigimos hacia abajo. Sumergidos a quince, veinte, veinticinco metros. Los monstruos parecían barcos en lo alto. Los dos del cuello largo comenzaron a zambullirse después de nosotros. La criatura grande, la que tenia a Rachel y Tobias, se acercaba. <¡Ahora! Mientras ellos discuten sobre quien debe comernos> dije <¡Vamos a salir de aquí!> <No podemos a Rachel y a Tobias> dijo Cassie. <¿Puedes golpear a aquella cosa, Cassie?> exigí <¿Quieres quedarte aquí a intentarlo? Tarde o temprano las criaturas decidirán a quien pertenecemos. Tenemos que correr mientras ellos luchan por nosotros> <¡Rachel!> grito Cassie con toda su potencia telepática <¡Rachel! ¿Puedes oírme? ¡Rachel!> <¡Ahora Cassie! ¡Marco, Ax, lleváosla!> Marco y Ax colocaron bajo ella una de sus aletas y arrastraron a Cassie lejos de allí. <¡Dejadme! ¡Rachel! ¡Rachel! ¡RACHEL!> Me sentía m al por dentro. Mal por Cassie, asustado, golpeado, y por alguna razón mal por Rachel y Tobias. Pero sobre todo me sentía enfermo ¿Qué pasaba? Nadamos lejos de allí tan rápido como podíamos movernos. Oí un rugido que chillaba de rabia que se oía por el agua. Los monstruos luchaban. Nadamos hacia la orilla. Y al cabo de un rato Cassie nadaba por si sola. El suelo del mar se inclino bajo nosotros hacia arriba, hacia la orilla. Cuando estábamos en no mas de dos metros de agua, comenzamos a destransformarnos. Esperaba que todos pudiéramos hacerlo. No sabia cuando tiempo llevábamos en esa forma. Con alivio, recupere mi propio cuerpo. Me levante instintivamente y me asome sobre la playa. Caí cara abajo, como derribado. Cassie y Marco aparecieron unos segundos mas tarde. Ax tardo unos minutos mas y apareció en forma humana. “Algo no es correcto, Príncipe Jake” dijo Ax. No conteste. Desde luego que algo no estaba bien. Rachel y Tobias estaban probablemente muertos. Entonces algo siempre estaría mal desde ahora. Para siempre. “Jake, Ax tiene razón” dijo Marco. “¡Levántate y mira esto!” Me levante. Marco, Ax y Cassie miraban fijamente a través de la playa al paseo entablado, con la boca abierta. No había ningún paseo entablado. Ninguna tienda de perritos calientes, ninguna noria gigante, ninguna sala con maquinas recreativas. Ningún edificio en absoluto. Ninguna persona. Solamente una línea de árboles rígidos estaban contra la arena. Y encima de los árboles, la abertura del volcán, echando humo hacia lo alto. “No estamos en casa” dijo Marco. “¿Qué es lo que pasa aquí?” pregunté. Camine por encima de la playa hacia los árboles. Esperaba ver algo detrás de los árboles. Pero detrás de la primera fila, solamente había mas árboles. Muy lejos, entre los huecos de los árboles, logre vislumbrar un espacio abierto. Pero veía que estaba lleno de hierba y flores, no era una ciudad. Marco y Cassie se colocaron detrás de mi. “Escuchar” dijo Marco. “¿Escuchar el que?” “El silencio. Solamente se oye la brisa en los árboles” dijo Cassie “Ninguna gaviota. Siempre hay gaviotas” Yo había notado algo mas. “No hay basura. Ninguna lata de bebida vieja, ninguna envoltura de dulces. Nada” Nada. “¿Qué paso?” pregunto Marco “¿Qué la explosión nos hizo volar alrededor del planeta, a alguna isla desierta, en algún sitio en medio de la anda?” Me encogí. Mi cerebro estaba todavía enfocado hacia Rachel y Tobias. Yo no rastreaba. Y abandone un fastidioso sentimiento de urgencia. Una pequeña voz me decía que debíamos reunirnos. La pequeña voz me decía que no estábamos seguros. Me di la vuelta. “¡Ax! ¿Qué estas haciendo?” El estaba a unos cien metros abajo, en la playa. “Intento entender algo, Príncipe Jake” Me dirigí hacia él. La arena era mas oscura y áspera de lo que recordaba. ¿Pero entonces, quien sabia donde estábamos? Vi unas señales. Las señales que vi en la arena, parecían haber sido hechas por pájaros grandes. Conseguí esta prisa repentina, ilógica, pensando que tal vez habían sido hechas por Tobias. Parecían haber sido hechas por garras. Pero desde luego era imposible. Yo sabia que habían matado a Rachel y Tobias. Con que solamente yo hubiera mirado adelante en vez de atrás, habría visto la amenaza. Yo debería haber dicho a todos que se transformaran en tiburón. Entonces podríamos haber luchando. Debería haberlo hecho, debería haberlo hecho. “No son huellas” dijo Cassie. “Al menos no son huellas humanas” Alcanzamos a Ax. El miraba atentamente hacia los árboles. Seguí la dirección de su mirada. Había una especie de callejón entre los árboles. Algunos habían sido doblados a un lado. Unos tenían ramas sobre un lado; colgando y con sus hojas cayendo. Otros simplemente habían sido rotos. Rotos. Y a todo lo largo de ese “callejón” el tercio superior de los árboles había sido despojado de sus hojas. Marco miro también fijamente. Él se me acerco y me empujo a un agujero en la arena. Yo iba a empujarle por detrás, pero no era momento de juguetear. “Todavía no conozco a todas las criaturas de la Tierra” dijo Ax. “Cri-atu-ras. ¿Podéis decirme que tipo de criaturas pueden hacer esto?” “Probablemente un tornado” dije vagamente “Vi cosas asi por la televisión cuando hubo un tornado” “Ah” dijo Ax. “¿Un tornado tiene pies?” Casi me reí. “No. Un tornado es una tormenta de viento” “Ya veo. Entonces esto no ha sido causado por un tornado, independientemente de lo que sea, tiene pies” “¿Cómo lo sabes?” pregunto Cassie. “Porque el Príncipe Jake esta de pie, en una de las huellas” Mire hacia abajo. Podría haber sido la huella de un elefante. Pero parecía mas una garra. Además la huella estaba hundida al menos quince centímetros en la arena. Y ah, si: Era de un metro y medio de largo. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de David Usón Peña[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] Jake salió de un salto de aquella huella como si estuviera llena de serpientes de cascabel. Todos miramos fijamente la huella. Entonces alzamos la vista y miramos fijamente al callejón que algo había hecho entre los árboles. Miramos con mas detenimiento el camino, y vimos que las hojas habían sido arrancadas de las ramas mas altas. “Jake, algo se ha comido esas hojas” indique. “Aquellos árboles miden diez metros” dijo Jake. “Hay estas mismas huellas allí” señalo Ax a unos tres metros “Y en todo ese trayecto es como si la arena hubiera sido barrida. Barr-ida. Bariiiiiiiiiiida. Jake me miro “Cassie, ¿Sabes de algo que halla podido dejar esta huella?” Jake piensa que soy una experta en todo tipo de animales. Sacudí mi cabeza. “Según creo, un animal muy muy grande atravesó esos árboles y se comió las hojas. Al llegar aquí se dio la vuelta, por eso hay un camino de huellas por aquí. Tiene una cola inmensamente larga ya que esta zona ha sido barrida. Una vez hecho esto, volvió por el camino por el que vino” “¿Una jirafa?” preguntó Jake. “No ha sido una jirafa” dije. Jake me miro un poco confuso. Todos nosotros lo estábamos, pero era él quien tomaba las decisiones. Sentí pena por él. Había hecho lo correcto al arrastrarme lejos de esos monstruos marinos. Debería habérselo dicho. Pero pobre Rachel. Pobre Tobias. ¿Qué iba a hacer yo sin Rachel? Rachel había sido mi mejor amiga, y lo seria para siempre. No podía imaginarme no verla cada día. Comprendí que estaba llorando. Supongo que estaba deseando hacerlo desde que nos arrastramos por el mar. Sentí los brazos de Jake alrededor de mis hombros “No llores Cassie. No des por perdidos a Rachel y a Tobias. Tú la conoces bien. Si había un modo de sobrevivir, ella lo habrá encontrado” Limpie mis lagrimas “Tienes razón. Tenemos que tener ese punto de vista” Él retiro sus brazos de una forma un poco torpe. Seguramente esperaba que Marco hiciera alguna observación, pero Marco tiene buen corazón. Sabe cuando debe dejar pasar las cosas. Además, yo sabia que Marco había estado casi tan triste como yo. “¿Qué deberíamos hacer ahora, Príncipe Jake?” preguntó Ax. “¿No te he dicho que no me llames Príncipe?” dijo Jake automáticamente. “Si Príncipe Jake” Jake miro alrededor “Supongo que deberíamos ir a aquel bosque” dijo él señalando el bosque “pero no a lo largo de aquel camino; sea lo que sea; lo que halla aplastado esos árboles, no queremos correr hacia ello. Pero obviamente, estemos donde estemos; ya sea en una isla de África, Sudamérica u otra parte, tiene que haber gente ¿verdad? Solamente no están en esta playa. Vallamos a buscarlos” Me gire y mire al mar, el oleaje chocaba suavemente contra la oscura arena ¿Estaría ella de algún modo viva? Jake tenia razón: Si alguien pudiera ser tragado por esa ballena (ó lo que fuera aquella) y sobrevivir; esa es Rachel. “Vi un camino despejado tras los árboles” dije. “Quizás allí allá un pueblo” Jake nos guió el camino entre los árboles. Las ramas se extendían sobre nosotros y tapaban el sol. Había troncos por el suelo, y tuvimos que reducir la marcha y pasar sobre ellos. Y había helechos tan grandes, que podíamos incluso ocultarnos. Nos topamos con una corriente de agua, de unos cinco metros de ancha. Ambas orillas del rió estaban llenas de magnolias, conejos e higueras masivas. “Esto no esta para nada cerca de casa” dije. “Esto es vegetación tropical” “Hace demasiada humedad” se quejo Marco. “¿Servirá esta agua para beber?” se preguntó Jake. Entonces se agacho, introdujo su mano en el agua. Y la llevo a su boca. Bebió unos sorbos. “Supongo que podemos arriesgarnos a pillar alguna enfermedad en esta agua” dije. Me agache a su lado y probé el agua. La humedad no había parecido tan mala bajo el océano. Pero ahora me deshidrataba. Tenia una sed enorme. “Probablemente sea potable” dije. “Por lo general el agua corriente…” ¡FWOOOSH! Una cabeza enrome surgió del agua. ¡CHAS! Una mandíbula de dos metros de largo se cerro de golpe con un sonido que aprecia acero. La mandíbula se cerro tan cerca de mi cara, que rozo mi nariz. Salte hacia atrás. Los demás, como yo, se levantaron de un salto y se alejaron. “¡Es un cocodrilo gigante!” grito Marco corriendo a mi lado. Nos detuvimos debajo de un enorme árbol. Los cuatro estábamos jadeando. “Esto no tiene sentido” jadeé. “No ha tenido ni pizca de gracia” dijo Marco. “No. Lo que pasa, es que era demasiado grande. Y su mandíbula era demasiado larga y delgada” “Esto no me gusta” refunfuño Jake “¿Qué eran aquellos monstruos del océano? ¿Qué hizo aquella huella? ¿Dónde, de entre toda la Tierra, hay cocodrilos de ese tamaño? Ya hemos visto cocodrilos. Y pienso que de alguna manera, ese era uno enorme” “Príncipe Jake, voy a destransformarme” dijo Ax. “¿Has estado ya mucho tiempo en esa forma?” preguntó Jake frunciendo el ceño. “No. Pero estoy asustado” contesto Ax “No quiero tener que luchar con este débil cuerpo humano” “Si, adelante” dijo Jake “Cassie, no quiero abrumarte con esto, pero eres la que mas entiende de animales de todos nosotros. Donde… ¿En que parte de la Tierra estamos?” “No lose” admití “Cocodrilos enormes, ballenas agresivas, o lo que fuera aquello; y algo lo bastante grande como para dejar una huella del tamaño suficiente como para que quepamos dentro… Simplemente no lo se” “¡Vale! Genial” dijo él, obviamente frustrado “Vamos a intentar otra cosa. Ax, tu sabes mas física y esas cosas que nosotros…” “Mas que cualquier humano” dijo Ax. Se estaba transformando, pero todavía era mas humano. “Entonces… Podrías decirme como una explosión podría habernos hecho volar, por ejemplo a Madagascar, sin matarnos” “¿Madagascar?” preguntó Marco. “No podría” dijo Ax simplemente. “Bien. Bien. Esto no tiene sentido. Es de chiflados” suspiro. Me miro y se encogió de hombros. “No se” dije “Quizás cuando nos crucemos con gente puedan decirnos donde estamos” Anduvimos hacia el claro. El bosque se había convertido en un lugar espantoso para nosotros. Todo estaba equivocado. Estaba todo fuera de su sitio, de una manera que no se explicar. ¿Cómo la lluvia y la tormenta se convierten de pronto en sol y humedad? ¿Cómo era posible que hubiéramos entrado en una playa por un embarcadero y hubiéramos salido por una playa que daba a un bosque? “Tal vez esto no sea mas que un sueño” dijo Marco como si me hubiera leído la mente “El caso es que me gustaría soñar con algo mas agradable; como una coca-cola fría” estiro la mano y agarro una botella imaginaria “¡Umm! Un tanto para la teoría del sueño” Estábamos casi en el calor. Yo podría ver el caluroso sol por encima de los árboles, pero unos helechos bloqueaban mi vista del claro. “Vamos a pasar de estos árboles” dije. “Pensaremos mejor en el claro, y quizás halla alguien” “A lo peor; ellos hablaran madagasquense” dijo Marco. “¡Shhh!” me paralice. “¿Qué?” “¡Shhh! ¡Escuchad!” algo gruño como si se hubiera soñado los mocos a nuestra izquierda. Entonces el sonido de la vegetación empezó a crujir. Se oyó otra sorbida de mocos. El sonido parecía mas de… ¿Comer? “Algo esta comiendo hojas” dije. “Espero que haya mascado suficientes cosas por el camino” murmuro Marco. “Sigamos” dije “Si esto come plantas, no nos comerá. Podría ser una vaca. Si es una vaca, seguro que pertenece a alguien” “Y si no es de nadie podremos comerlo, sea lo que sea. Tengo hambre” Fuimos de manera cautelosa hacia el sonido. Yo estaba mas cerca que los otros, así que preste atención. Si, algo pastaba ¿Pero las vacas comen hojas? ¿Un ciervo tal vez? Aparte una hoja de helechos. Y allí estaba. Mediría unos siete metros de largo, desde la cabeza a la cola. Estaba en pie sobre cuatro piernas parecidas a elefantes. Tenia el cuello muy largo, de un tercio de su altura; y era equilibrado por una cola del mismo tamaño. Por detrás era desigual, parecía huesos, como si fuera una armadura. Pasaron dos minutos en los cuales me quede sin aliento contemplándolo. Lo único que podíamos hacer era contemplarlo. “Pienso que es un bebe” dije. “¿Un bebe” dijo Marco “Cassie, eso es un dinosaurio” De pronto. ¡Crash! ¡Crash! ¡CRASH! ¡CRASH! ¡Venia hacia nosotros! “¡HuuuuRROOOOAAARR!” La tierra tembló bajo el impacto de sus enromes pies. La ráfaga de su rugido hizo moverse las hojas; y mis rodillas se tambalearon. Me gire justo a tiempo para verlo saltar. Salto sobre nosotros, pero nosotros aun no estábamos allí. Había saltado sobre nosotros con sus horribles garras. Aterrizo sobre la tierra cerca del “pequeño” dinosaurio. Bajo su cabeza hacia nosotros. Aquella enorme cabeza, me era familiar. El tiranosaurio abrió sus mandíbulas gigantes y las cerró en el cuello del dinosaurio bebe. No sabia que pasaba. Mi mente se había ido. El estado de terror y pánico me controlaba. Corrimos. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de David Usón Peña[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] ¡Era humana! Una humana intentando respirar dentro del abdomen de aquella criatura. Mis pulmones estaban a punto de estallar. Estaba ciega. Mis pulmones se estaban colapsando y me ahogaba. Me ardía la piel. Estaba siendo aplastada, aporreada, golpeada, destrozada. Me estaba volviendo loca. Sabía que Tobias estaba allí también, pero no sabía dónde. No me hablaba por telepatía. ¡Transfórmate! Me dije a mi misma. Pero ya me estaba debilitando. El cuerpo humano no dura mucho sin aire. Intenté concentrarme. Pero la cabeza me daba vueltas. Quería dejarlo. ¿Por qué seguir luchando? Había llegado mi hora. Aún no, no ha llegado, Rachel, me dije a mí misma. Aún no. Quizás no sobreviva, pero juro por Dios, que me las vería con ese ser antes de venirme abajo. Desde muy lejos pude notar que los cambios comenzaban a suceder. Sabía que estaba creciendo. Pero demasiado débil… demasiado débil…no hay tiempo…no hay tiempo. Y una vez saliera fuera encontraría agua. No aire. Aire. Necesitaba aire. Alguna parte molesta de mi cerebro seguía diciendo, “¡Pulmones!” Me sentía como diciendo, “Sí, lo sé. Me estoy asfixiando. Lo sé todo sobre mis pulmones. Duelen. Están clamando, gritando, llorando por un poco de aire.” Y juro, que mientras me hundía dando vueltas en la oscuridad, escuché una voz, tan clara como una campana en mi sien. Era mi propia voz, pero desde fuera de mi cabeza. “No, idiota,” dijo. “No son tus pulmones. Oh.” Era muy extraño. Pero de pronto lo vi todo claro. Sabía que estaba a la mitad de la transformación. Tenía mi pelo rubio en la cabeza y una gruesa piel parda en la cara. Estaba aplastada dentro del estómago de aquella bestia. Un minúsculo y arrugado montón de plumas estaba estrujado junto a mí. Lo veía todo claro. Pero mejor que eso, veía lo que significaba la voz. Estaba encerrada en una jaula formada por un sinfín de costillas. Pero justo allí, sólo a treinta centímetros, había aire. Eché atrás mi enorme zarpa. La pata de un oso pardo. Una zarpa que podría destrozar a un hombre con un simple manotazo. Retiré aquella pata y extendí mis peligrosas y afiladas garras y lancé aquella zarpa directamente hacia fuera. La retorcí y empujé. El giro la desgarró y la fuerza del empujón hizo que mi garra se hundiera profundamente en el interior de la criatura. “¡HREEEEEE-UH!” Escuché sus gritos. Rebotaban en la carne que me rodeaba presionandome. “¡HREEEEEE-UH!” Otro grito. Un espasmo que sacudió tan fuerte su cuerpo que casi me deja fuera de combate. Pero ahora ya no estaba tan asustada. Ya no era humana. Había terminado de transformarme en oso pardo. Y ni siquiera semejante monstruo marino podría digerir un oso pardo. Con mis últimas fuerzas golpeé y me retorcí. ¡SHWOOOOOSH! ¡Aire! El aire entró. Yo lo respiré jadeando. ¡Aire! Lo había logrado. Había hecho un agujero en el estomago y penetrado en los pulmones del animal. <¡Tobias! ¡Respira! ¡Hay aire!> Volví al trabajo, agujereando está vez con mis dos grandes zarpas. Hundiendo hacia abajo para evitar las costillas. De repente entró agua. Agua salada. Fría y maravillosa. Pateé y arañe la salida hasta hacerla mayor. Entonces me dejé caer hacia fuera. Toqué fondo. Miré hacia arriba, aturdida y desorientada. El animal había llegado a la playa solo. Estaba a a no más de dos metros de profundidad. Me incorporé, mi enorme cabeza de oso irrumpió en la superficie, y me puse sobre mis patas traseras. Tobias estaba dando aletazos débiles en el agua. Lo recogí tan cuidadosamente como pude con mis zarpas de oso. Fui hacia la orilla y le dejé echado en tierra seca. <Tobias, ¿estas bien?> <¿Tengo pintas de estar bien?> <Bien…> <Un ala rota. Las plumas echas un desastre. La mitad de las plumas de mi cola arrancadas o comidas por ácido de su estomago. Definitivamente estoy echo polvo. Por otro lado, estoy vivo> <Sí,> Dije yo. Me puse a dos patas para alcanzar mi mayor altura y eche un vistazo alrededor. Podría decirse que habíamos llegado a la desembocadura de un río. Las riberas estaban en nuestro lado del río. Mi patética y débil visión de oso apenas podía apreciar unas vagas sombras en la ribera más alejada. Olisqueé el aire. El sentido del olfato del oso pardo es excelente. Lo que olía me dejo perpleja. <Estoy oliendo… No se lo que es. Es como si faltara algo. Como si hubieran limpiado el aire. Olfateo algunos árboles y varias plantas, pero…> Me di en mi enorme cabeza. <No sé. Debería estar oliendo algo, sólo que no lo huelo.> Tobias se levantó como pudo sobre sus talones. <¿El humo de los coches? ¿El olor de combustibles fósiles quemándose? ¿El débil olor de piscinas y grasientos restaurantes de comida rápida? ¿El dulce olor humano, perfume, basura? En otras palabras. ¿Todos los olores de la civilización?> <Sí. Exacto. Esos mismo.>Le fulminé con la mirada. <Demasiado exacto. ¿Cómo lo sabías? ¿Qué está pasando, Tobias?> <Bien, mis alas y mi cola están destrozadas, pero mis ojos aún funcionan. Puedo ver lo que tu no puedes> <No puedes ver los olores> <No. Pero puedo ver esa pequeña manada cruzando el río. Esa pequeña manada de hadrosaurios ahí.> <¿Qué es un hadrosaurio?> Le pregunté. Me estaba preocupando por la forma en que Tobias lo había dicho. Como si estuviera a punto de decir algo importante, sólo que no pudiera soltarlo. <Los hadrosaurios eran un grupo de dinosaurios parecidos a los patos> <Tobias, ¿te importaría decir algo con solo un poco de lógica? ¿Dinosaurios?> <Sí. Y veamos, si recuerdo bien mis viejos libros de dinosaurios, aquellas cosas largas como cuellos en el agua eran Elasmosaurios y la cosa que tú agujereaste era probablemente un Cronosaurio.> <Sí. Claro.> Esperé a que se riera de su propio chiste. Sólo que no lo hizo. <¿Dinosaurios?> <Sí. Dinosaurios> <Oh, tío. Tobias, vamos a necesitar mejores transformaciones.> [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Juan José Segura Sampedro “Leonudio”[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] Me dolía todo. Aunque no quería mencionarlo. ¿Cuál era el problema? Tenía muy pocas formas para transformarme, no como los otros. Estabamos en tierra ahora. La forma de delfín no servía para nada. La única forma útil que tenía era mi forma humana. Pero de alguna forma un cuerpo humano se veía pateticamente indefenso en un mundo de dinosaurios. Al menos en mi propio cuerpo de ratonero podía volar fuera de peligro. Desafortunadamente. Mi cuerpo de ratonero estaba hecho un desastre. <¿Ahora qué hacemos?> Preguntó Rachel. <¿Qué hay de los otros? ¿Crees que lo consiguieron?> <No lo sé.> Traté de extender mi ala rota. <¡Ahh!> <¿Te duele?> <No mucho> Mentí. Muy por encima de mí, la enorme cabeza de oso me miraba. <¿Por qué no te transformas en humano, y luego recuperas tu cuerpo de pájaro? El nuevo cuerpo de ratonero se formará a partir del ADN y estará en buenas condiciones. Como pasa cuando dañamos un cuerpo en el que nos hemos transformado.> <OK.> Se me hacía raro hacerme humano. Sólo lo había hecho unas pocas veces desde que el Ellimista me devolviera el poder de la transformación. Ahora sentía el picor que provocaban mis plumas al derretirse para formar carne. Mi vista empeoró, mi oído se hizo muy confuso. Me elevé, alto, grande, patoso, torpe … humano. “Al menos el dolor se había ido ahora”, Dije. “Ahora a emplumarse de nuevo.” Unos minutos después, tenía mi esta normal – OK, más bien anormal -. Desafortunadamente… <¡Aaaaahh! ¡Ayy! ¡Dolía más aún!> <¡Esto no tiene sentido!> Dijo Rachel, con voz temblorosa. Me reí en tono grave. <Rachel, no se si te has dado cuenta, pero nuestras vidas dejaron de tener sentido aquel día que cruzamos aquel solar en construcción y había una nave aparcada enfrente nuestra. Quizás es algún efecto debido a que hemos viajado por el tiempo – si eso fuera lo que nos ha pasado. Me aseguraré y le preguntaré a Ax, si volvemos a verlo algún día. O quizás el Ellimista me estropeó algo cuando me devolvió mis poderes. Sería un alivio pensar que ese tío es capaz de arreglarlo.> <Entonces transformate en húmano. Tenemos que continuar caminando. No me preguntes adonde.> <No, necesito curarme. Tomará tiempo. Tengo que estar en mi propio cuerpo para curarlo. Pero primero, necesito que me vendes el ala rota.> <¿Qué? ¡Yo no soy Cassie!> <La has visto hacerlo mil veces. Como la he visto yo.> <Joder, tío,> se quejó Rachel. <¿Qué puedo usar para los vendajes?> <Un trozo de tu uniforme para las transformaciones. Eso y algunas ramitas.> <Joder, tío,> Dijo de nuevo. <Ojalá Cassie estuviera aquí.> Ella comenzo a recuperar su cuerpo. Sus gigantescos hombros y su enorme cabeza, sus cortas patas, su gran pelaje, sus grandes y poderosas garras, todo se encogió y se derritió. Poco a poco un chica humana preciosa apareció ante mis ojos. Rachel miró hacia su uniforme de transformación. Era negro y ajustado de una sóla pieza. “Vale, habrá que ir con el ombligo al aire,” dijo. Intentó cortar un agujero de la tela. “Tengo las uñas demasiado cortas.” <Aquí. Inclinaté un poco.> Ella se acerco y utilizó mi pico para romper un poco la tela. De esta primera rotura Rachel rapidamente arrancó tres tiras de nylon negro. “Sólo tengo una cosa que decirte, Tobias. No te rompas otra ala. Quiero decir que esto así no queda mal – podría incluso ser algun tipo de reivindicación de la moda – pero un poco más y esto se volverá un poco embarazoso.” <Hey, soy un ratonero, ¿recuerdas? Ni siquiera miraría.> “De acuerdo, está bien.” Ella juntó unas cuantas ramitas que había a lo largo de la orilla del río. “¿Qué te parece? ¿Estas serviran?” <Servirán. Ahora, mira, todo lo que tienes que hacer es enderezarme el ala. Asegurate de que el hueso queda alineado y recto. Si no curará torcido y me pegaré el resto de mi vida volando en círculos.> Rachel se asustó. <Era sólo un chiste, Rachel,> dije. Pero en voz baja añadí, eso espero. Ella cogió mi ala rota con mucho cuidado. “Ya veo por donde esta rota. La enderezaré, luego pondré un palo a cada lado y lo ataré, ¿no?”. <Sí, nada más.> Rachel cogió una gran bocanada de aire. “A la de tres. Uno … dos …” <¡Aaaahhh!> Grité, mientras un dolor agudisimo sacudía mi ala. “¡Perdón! ¡Perdón!” Sollozó ella. <¡Simplemente acaba ya con eso!> Grité yo. Agarró los dos palos con su mano izquierda y consiguió alinearlos contra el hueso. Transfirió la presión a su mano izquierda y ahí vino una nueva ola de dolor, tan fuerte que me hizo enfermar por dentro. Anudo rapidamente una de las tiras alrededor de mi ala. <Aprieta,> dije. “Te dolerá.” <Me dolerá más si mi ala no se cura.> Ella apretó con fuerza e intenté no gritar. Las otras dos tiras me las puso más facilmente. Comprobó que estuvieran bien anudadas, después se recostó y se limpió la cara con el dorso de la mano. Estaba sudando y un poco pálida. “No sé como Cassie es capaz de hacer estas cosas,” dijo ella. <Lo hiciste genial. Sin haberlo hecho antes, sin experiencia. Venga ya, lo hiciste genial.> Se levantó, y por primera vez con unos ojos más o menos decentes, miró más allá del río a la pequeña manada de hadrosaurios. “Dios mío. ¿Qué es esto, Parque Jurásico?” <Más bien algo así como Parque Cretácico. Creo que los hadrosaurios eran más comunes en el Periodo Cretácico.> Rachel me fulminó con la mirada. “Te conozco desde hace bastante tiempo, Tobias. No recuerdo haberte oído hablar nunca sobre dinosaurios.” <Estaba muy metido en ese mundillo cuando era pequeño,> Dije. <Vivía con mi tío en aquella época. Le gustaba beber. Se sentaba en su butacón y empezaba a gritar a la tele y a maldecir, y luego me gritaba a mi si hacía algún ruido. Así que solía ir a mi habitación y me sentaba allí, jugando a dinosaurios.> Comenzamos a subir la orilla del río. O para ser más exactos, Rachel lo hacía, y yo colgaba de ella como algo muerto, un inútil peso sobre sus hombros. Era una autentica pelea el mantenerse sujeto sin hundir mis garras en su piel. Estoy seguro de que le hice daño. Pero Rachel, es Rachel, no dijo nada. Llegamos a la parte mas alta de la orilla. Estabamos sobre un mar de hierba que se extendía a lo largo de toda la orilla del río. Más allá de la hierba había una línea de oscuridad, los árboles no dejaban ver. Aquí y allá. Vi destellos de color: flores. Y después allí estaba el volcán. <Flores,> Dije. <Periodo Cretácico.> “¿Pero cúal es la diferencia entre el Jurásico y el Cretácico?” <Bien, muchas cosas. El Cretácico fue la última época de los dinosaurios. Murieron de repente al final de este periodo, hace sesenta y cinco millones de años. Quiero decir, bueno … sesenta y cinco millones de años antes de nuestro tiempo.> “Así que en la Era Cretácica probablemente sólo quedarán los supervivientes. No como aquellos de Parque Jurásico.” <No exactamente,> Dije. <Verás, Parque Jurásico no era muy exacto que digamos. Quiero decir , que algunos de los dinosaurios que salían eran de esta época, del Cretácico.> Me miro fijamente a los ojos. “¿No vas a contarme lo que espero que que no vayas a contarme verdad? <Me temo que no. Sí estoy en lo cierto y estamos en el periodo Cretácico, entonces, esta es la era del más implacable, poderiso, peligroso y despiado depredador de toda la historia. Esta es la era del Tiranosaurus Rex.> [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Juan José Segura Sampedro “Leonudio”[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] ¡Crash! ¡Crash! ¡Crash! ¡La tierra tembló! “HrrrrRRROOOOAAAARRR-unh!” Sonaba demasiado fuerte ¡tenía que estar detrás de mí! Me puse a gritar. Gritaba y lloriqueaba mientras corría. Cundió el pánico, puro pánico. Las hojas me golpeaban la cara. Las ramas me arañaban los brazos. Eché un vistazo atrás. Con mis ojos llorosos lo ví avanzando, saltando, corriendo detrás de nosotros. Trece metros de largo, desde la cabeza a la cola. Seis mil kilos. Quince centímetros de diente, afilados como cuchillas. Pero sus ojos eran lo peor. Eran inteligentes, ojos impacientes. Ojos hambrientos. Ojos que parecía que iban a echarse a reír de la indefensa criatura que yo era. ¿Podría transformarme? ¿Transformarme en qué? ¿En qué? No había nada que pudiera hacer frente a un Tyranosaurus Rex. ¡Nada! ¿Mi gorila? El Tyranosaurus se lo comería en dos bocados. Veía a los otros como destellos, en nuestra confusa carrera hacia el pánico. Nos cogería a todos. Ninguno de nosotros podría luchar contra él. Ni siquiera Ax, que iba por delante de los torpes humanos. ¡No! ¡Espera! ¡Había una forma! “¡Haceos pequeños!” Grité. “Transformaros en algo pequeño!” Las palabras me hicieron daño en la garganta de gritarlas. ¡Wham! La raíz parecía haber salido a la superficie sólo para agarrarme el pié. Me golpeé fuerte. Traté de coger aire, pero no lo conseguía. Mis pulmones estaban vacíos. El corazón me latía con fuerza. Los otros seguían corriendo. No se habían dado cuenta de que me había caído. ¡Rueda! Eché a rodar justo cuando aquella garra descomunal pasara rozandome. ¡WHAMMM! La pata del Tyranosaurus pisó como si hubieran dejado caer una caja fuerte. Me libré del golpe. Su cabeza bajaba hacia mí, sus dientes centelleaban y sus ojos estaban hambrientos de mi carne. Cogí aire. Rodé, me revolqué, me arrastré, salté y aterricé en unos arbustos debajo de un árbol. El tronco del árbol no tenía mas de medio metro de diámetro. Me puse detrás. No me tapaba entero ni de coña. El dinosaurio lanzó su pata contra mí. La esquivé. “¡Transformate idiota!” Me gritó alguien. Reconocí mi propia voz, pero no podía imaginarme diciendo aquellas palabras. ¿Qué? ¿En qué podía transformarme? ¿Qué era suficientemente pequeño? ¡SCRRRRRAACK! ¡WHAAAMMM! Una garra venía hacia abajo y arrancaba toda la corteza del árbol antes de golpearme. Aparté la pierna de allí medio segundo antes de que me la hubiera partido en dos. ¿Una garra? Sí, unas enormes patas de pájaro. Un pájaro, esa era la solución. ¡Veamos si este enorme bichejo puede volar! Me concentré en esa imagen que guardo en mi cabeza del águila pescadora. Pequeña, demasiado pequeña para que el T-rex se fije en ella. Y podría volar. Sentí como comenzaban los cambios, pero el Tyranosaurus no había pasado a ser el mayor carnívoro que ha existido por ser tonto. Rodeó el árbol y se dirigió hacia mí. Y ahora mi cuerpo se hacía cada vez más torpe, mientras mis manos se encogían y mis piernas se estrechaban. No te puedes imaginar lo fuerte que era el Tyranosaurus. Ni si quiera puedes empezar a entenderlo hasta que estás agachado justo debajo de él, meandote encima y deseando cavar un hoyo en la tierra para tener donde esconderte. Le di la vuelta al árbol. Sus mandibulas se abrieron a metro y medio de donde yo estaba y se cerraron de golpé a centímetros de mi cabeza. ¡Aaaahhhh! Grité dominado por el terror. El gran lagarto había escogido el otro lado del árbol y había fallado el mordisco. Rugió frustrado. Estaba tan cerca que note las ondas de su rugido. Ví la cuarteada piel de su garganta vibrar. Y aún peor, miré dentro de su boca. Una boca brillante con dientes como cuchillos de carnicero, manchados con la sangre de sus últimas víctimas. Rodee el árbol de nuevo, rígido, incapaz de moverme apenas. ¡CRUNCH! El Tyranosaurus cerro sus mandíbulas sobre el mismo árbol. Empezó a destrozar y arañar el árbol, como un perro con un hueso. Desgarrando, arañando, corteza volando, el interior del árbol masticado como patatas fritas… En pocos segundos el árbol ya no estaba entre nosotros. Y ya estaba demasiado transformado como para correr hacia otro árbol. “¡Grrr-UNCH! ¡Grrr-UNCH! ¡Scree-EEEE-EEEE-crrUNCH! ¡RrrrOOOAAAARRR!” El tyranosaurus se había vuelto loco de rabia. Gritaba enfadado, desgarrando, aplastando, lanzando su enorme peso hacia delante y atrás. Moviendo la tierra. Atravesando el aire con sus locos rugidos. Sólo unos segundos más y … ¡Crrr-SNAP! El árbol cayo lentamente hacia un lado, ataravesando y rompiendo capas de lianas y arbustos. El Tyranosaurus cogió aire, con la boca abierta, su lengua rojiza fuera y dientes húmedecidos con sus propios babeos. Traté de saltar hacia atrás. Me caí. Rodé. Di vueltas y vueltas fuera de control. ¡Alas! ¡Tenía alas! ¡Demasiado tarde! Su boca venía hacia mí como una especie de bulldozer, como una excavadora diesel. Una prisión de dientes a mi alrededor. Sus mandíbulas se clavaron en la tierra. ¡Una raíz! Sus dientes se engancharon en una raíz. Aleteé, corrí, rodé, me retorcí, salí de allí como pude. ¡Justo entre sus dientes! Corriendo con las patas del aguila pescadora, corriendo, alas abiertas, aleteando. ¡SNAP! Sus mandíbula a un centímetro de mi cola. ¡Vuela, vuela, vuela idiota! Pom Nunca llegué a ver el tronco del árbol. Me de lleno, con toda la cabeza. Me quedé atontado, desorientado, indefenso. El tyranosaurus rugió triunfante. Se dirigió hacia mí, enorme, imparable. Pura destrucción. ¿Por qué me había perseguido? Me preguntaba. ¿Por qué? Era demasiado pequeño, ¿no? Pero claro, yo había estado transformado en otros depredadores. Sabía porqué. Porque matar era lo que hacía. Matar era lo que era. Había ido más alla de la comida o el hambre ahora. Simplemente quería hacer lo que mejor sabía hacer. Aleteé debilmente, demasiado aturdido para moverme. Ahí venía su cabeza. Hacía abajo desde tan arriba. Ahí venía. Un rápido movimiento a mi derecha. ¿Qué era eso? ¡Fwapp! ¡Fwapp! ¡Fwapp! Una cola andalita, demasiado rápida para ser vista, golpeó tres veces. El dinosaurio movió su cabeza bruscamente. Ax vino volando y rodó dos veces mientras el dinosaurio golpeaba polvo. El T-rex debilitado. Intento rugir. Y cayó. Unas manos humanas me cogieron mientras 6 toneladas de maldad caían sobre la tierra. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Leonudio[/b][b]Capítulo 11:[/b] Limpié mi cola-espada en alguna especie de hojas enormes. Desafortunadamente, la mayor parte de mi cola estaba manchada. Mis amigos humanos miraban a la inmensa criatura. Marco se estaba convirtiendo de nuevo en humano. Yo estaba más ocupado temblando. “Buen trabajo, Ax”, dijo el Príncipe Jake. Me dio una palmadita en el hombro. Eso es algo que los humanos hacen para indicar amistad o agradecimiento. A veces lo hacen para aplastar pequeños insectos llamados mosquitos. <Estaba petrificado> dijo Marco, aún más águila pescadora que humano. <Me has salvado la vida, tío>. <He sido afortunado> contesté. “No puedo creer que derribaras a ese monstruo” dijo el Príncipe Jake. <Príncipe Jake, por favor, no creas que puedo enfrentarme y vencer a estas criaturas. Este animal estaba ocupado persiguiendo a Marco. Estaba distraído. No está acostumbrado a ser atacado.> “Sólo estás siendo modesto”, dijo Cassie. <¡No!>, dije, más bruscamente de lo que había intentado. <Escuchadme: conozco mis capacidades. En un cara-a-cara, en un uno-contra-uno, esta criatura me habría exterminado. En un uno-contra-uno perdería el 90 % de las veces.> “Oh”, dijo el Príncipe Jake. “Sí, bueno, has pasado un momento difícil en este asalto”, dijo Marco. Se agarró las manos con fuerza. Estaban temblando. “No puedo parar de temblar”. “Esto es una locura”, dijo Cassie. Miró detenidamente a su alrededor. Escudriñando con cautela, buscando, sin duda, más de esas grandes criaturas. “¿Qué está pasando? ¿Por qué están aquí los dinosaurios? ¿Dónde es aquí?” <¿No hay ningún emplazamiento en vuestro planeta donde habiten estas criaturas?> Ella negó rotundamente con la cabeza. “No. No en millones de años, de todos modos. Decenas de millones, probablemente. No, no hay ningún lugar en la Tierra donde los Tyrannosauruss se dediquen a caminar tranquilamente entre los árboles.” “Sí, me parece que habríamos oído hablar de ello en la escuela.”, dijo Marco. Creo que ese tono de voz indicaba algo que los humanos llaman ‘humor seco’. Nunca he oído nada de ‘humor mojado’ así que se me hace difícil apreciar la diferencia. Mi terror repentino estaba perdiendo intensidad. Lo estaba sustituyendo un profundo pesimismo. Era fácil ver que los humanos –o andalitas- privados del poder de la civilización son patéticamente débiles en este entorno. “¿Algún tipo de Parque Jurásico en el mundo real?”, especuló el Príncipe Jake. “Quizá alguien lo ha hecho. Ya sabéis, clonar ADN de los huesos de antiguos dinosaurios.” <Eso es científicamente posible,> dije <Pero he estado sintiendo una extraña distorsión en mi sensibilidad temporal. Este planeta no rota a la misma velocidad que antes. Creo que la explicación más adecuada es que hemos viajado un muy, muy largo camino en el tiempo.> El Príncipe Jake enarcó una ceja y me miró. “¿Millones de años?” <Una vez que el Sario Rip -una ruptura en el tiempo- aparece, no hay diferencia entre un año o un millón de años. La energía requerida es la misma. Creo que recuerdo las fórmulas… En una ecuación donde t es el tiempo, z es el espacio-cero, w inversamente elevado al cubo representa el nexo de—> “Oh, oh,” dijo Marco, levantando la mano. “Me has salvado la vida. No lo estropees matándome con el álgebra.” <No soy un experto, por supuesto. Estudiamos el efecto Sario en la escuela. Pero no debí haber prestado demasiada atención. ¿Quién hubiera pensado que alguna vez me iba a hacer falta entender las rupturas-temporales?> “¿Cómo volvemos?” preguntó Cassie. <No lo sé. No hay forma de repetir el evento que creó el Sario Rip. La explosión en el submarino.> “¿Qué? ¿No puedes montar una sencilla bomba de fusión?” <¿Bomba de fusión?>, pregunté. Entonces me reí. Sabía que no debía, pero tienes que admitir que tenía gracia. <¿Un explosivo de fusión? ¿Eso es lo que era? Había supuesto que sería al menos una pequeña arma de alternamiento de protones. La fusión sólo se usa en juguetes para niños. Ya sabéis, para hacer hablar y moverse a las muñecas.> Mis amigos humanos me miraron fijamente. “Así que los Toys ‘R’ Us andalitas deben de ser una tierra salvaje, ¿eh?” “Concentrémonos aquí”, dijo el Príncipe Jake impaciente. “Rachel y Tobias pueden haber muerto. En cualquier caso no hay nada que podamos hacer. Hemos viajado millones de años en nuestro pasado, y no hay nada que podamos hacer. Estamos en la era de los dinosaurios, y ninguna de nuestras formas podría intentar enfrentarse a algo como…” apuntó con el pulgar al poderoso cuerpo. “… como esto. Así que la pregunta es, ¿qué hacemos?” El Príncipe Jake había hecho un buen resumen de la situación. Estábamos atrapados en un mundo extremadamente peligroso donde a penas podíamos hacer nada para defendernos. Volví mis ojos móviles hacia la cabeza del Tyrannosaurus. Su boca estaba un poco abierta. Un vistazo a esos dientes hizo que mi interior se deshiciera de nuevo. Pude ver la forma serrada de la parte de atrás de los dientes. Como los dientes de los tiburones, sólo que mucho, mucho más grandes. Me vino una clara imagen mental de lo que habría pasado si la criatura se hubiera vuelto un poco más rápido para enfrentarse a mí. Sus fauces cerrándose sobre mi tronco… una violenta sacudida de la cabeza para desgarrarme en fragmentos más fáciles de engullir… . “Nos adaptaremos”, dijo Cassie gravemente. “Eso es lo que los animales tienen que hacer para sobrevivir. Nuestro medio es sumamente diferente. Ninguna civilización en la que apoyarnos, rodeados de brutales depredadores. Así que nos adaptaremos. O seremos comidos.” “Genial. Robinson Crusoe se topa con Parque Jurásico. Míranos. No tenemos nada,” dijo Marco. “Ni casa. Ni comida. Ni herramientas. Ni armas. ¡Ni siquiera tenemos zapatos!” “Bueno, tendremos que fabricar todas esas cosas,” dijo el Príncipe Jake. “Y sí tenemos una gran arma: aún podemos transformarnos. Puede que no podamos luchar contra un T-rex, pero podemos volar, y podemos escapar.” “Tenemos comida y zapatos justo aquí,” dijo Cassie. Estaba mirando al Tyrannosaurus muerto. “Ax tiene su cola. Podemos usar la piel para hacer sandalias. La de las patas traseras parece fuerte y gruesa. Cortaremos un poco, sacaremos la carne y nos la comeremos. Luego usaremos los ligamentos y los tendones para atar las sandalias.” Creo que el Príncipe Jake y Marco estaban en estado de shock. A veces los humanos son extrañamente escrupulosos. Nunca puedo predecir cuando. “Wow,” dijo Marco. “Wow, te estás adaptando a esto, ¿eh, Cassie?” Cassie caminó hacia el dinosaurio y puso una mano sobre su pata. Examinó su piel con la punta de los dedos. “Mira, Marco. Mi mejor amiga se ha ido. Tobias se ha ido. No quiero que se añada a la lista ningún nombre más. Necesitamos comida. No hay ningún Burger King cerca de aquí, ¿vale? No somos lo suficientemente grandes o malvados para ser depredadores en este entorno. Hemos descendido en la cadena alimentaria. Lo mejor que podemos hacer es convertirnos en carroñeros. Aquí hay miles de kilos de proteínas. Comeremos algo ahora y cocinaremos algo para que podamos comer más tarde.” Si era posible, el Príncipe Jake y Marco parecían aún más sorprendidos ahora. Y yo sentía lo mismo. Este era un aspecto de Cassie que nunca había visto. Pero claro, Cassie está más desenvuelta que los otros en la cuestión del medio ambiente. Había evaluado la situación y se había dado cuenta de que en este mundo ella y sus compañeros humanos no podían seguir siendo los líderes. Empecé a sentirme un poco mejor acerca de nuestras posibilidades. Los humanos pueden ser primitivos tecnológicamente, sin mencionar su debilidad física, tambaleándose sobre dos escuálidas piernas. Pero si estás en una situación que requiere adaptarse rápidamente al cambio, deberías tener siempre a un par de humanos contigo. Cassie me miró, encontrando el contacto visual con mis ojos principales. “¿Ax, estás de acuerdo en hacer esto? Tu cola es todo lo que tenemos.” <Sí, haré todo lo que pueda.> “Vale, entonces. Jake, quizá tú y Marco podáis recoger algunas ramas y hierba secas que encontréis por los alrededores. Tenemos que trabajar rápido. No somos los únicos animales que querrán encargarse de tanta carne. ¿Ax? Necesito que cortes esta parte de la pata en cuadrados, cada uno sobre los 30 centímetros.” Miré al Príncipe Jake. El Príncipe Jake sonrió y se encogió de hombros. “Cassie es la jefa ahora,” dijo. “Ella tiene más idea. Yo no. Y todos sabemos que Marco tampoco.” “Tienes toda la razón”, asintió Marco. Volví todos mis ojos hacia la cadera de la criatura muerta. Apunté cuidadosamente, y comencé el trabajo. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] Me sangraban los pies. Iba dejando manchas rojas en las altas briznas de hierba. Las perneras de mis leotardos estaban desgarradas y hechas trizas. No tenía buen aspecto. El estómago vacío, quizá. ¿El que tuviera un aspecto horrible?. No. Estaba llevando a Tobias en brazos. Él no podía volar y era demasiado lento andando. Y si lo llevaba posado en mi hombro, no importa cuan cuidadoso fuera, las sacudidas y bamboleos le forzarían a clavar sus garras en mi piel. No era divertido. No lo era especialmente porque todo el tiempo estaba esperando que algún dinosaurio apareciese de repente del bosque de nuestra izquierda. <¿Todo Bien?> – preguntó Tobias. “Claro. Ningún problema. – dije, tratando de sonar alentadora.- Podría soportar algo menos de humedad quizá” <Sí.. es…unh… húmedo.> Su gemido de dolor me hizo sentir culpable por pensar en mis propios problemas. “Tobias, quizá deberías transformarte en humano por un rato” <Lo siento, debes estar cansándote de llevarme.> “No, no es eso. Es simplemente porque te duele el ala. Si te transformaras en humano, no habría ningún dolor.” <Sólo puedo estar en una forma dos horas, Rachel. Entonces tengo que volver a transformarme y volvería estar exactamente dónde empecé. Sumando que no puedo continuar curándome durante ese tiempo. Y sin mencionar el hecho de que tendrías que re-hacer mi entablillado. Y eso no sería divertido para ninguno de los nosotros.> “Podrías permanecer humano. Permanentemente. Hay cosas peores” No dijo nada durante un rato. Cuando habló no era sobre transformaciones. <¿Puedes levantarme un minuto? Creo que he visto algo.> Lo elevé sobre mi cabeza. “¿Qué es?” <¡Humo! Veo una columna de humo.> “¿Cómo un incendio forestal? ¿O de un volcán?” <No, ¡como un fuego de campamento!> Le volví a bajar. “Quizá sean los otros. Quizá han hecho una hoguera. Quiero decir, ¿No hay humanos aquí, cierto?.” <No por otros sesenta u ochenta millones de años> dijo Tobias <Nisiquiera monos. Nisiquiera nuestros parientes más lejanos. Los únicos mamíferos son versiones tempranas de ratas y musarañas.> Sonreí. “Si Marco estuviera aquí haría algún comentario sarcástico sobre que al menos tienes suficiente comida” Tobias se rió <Sí. Y hablando de eso…> “Al menos tenemos agua siempre y cuando nos quedemos estemos junto al río. Por otro lado, ¿Y si ese humo es de Cassie y Jake?. Tenemos que ir a encontrarlos. Además el sol se está poniendo Podríamos usar un fuego. <Ve tú> dijo Tobias <Parece estar como a dos o tres millas. Puedes transformarte en águila calva, volar hacia allí, echar un vistazo y volver a por mi.> “Sí, claro. Como que voy a irme aquí en medio de ninguna parte,indefenso” Discutió conmigo un poco. Dijo que estaría bien and so on. Pero no hubo manera. Decidimos beber del río . Entonces nos desviamos de él para ir hacia el humo. Ya era difícil de ver con la débil luz solar. Las altas briznas de hierba fueron dejando paso gradualmente a hierba más corta y el bosque que había estado a nuestra izquierda todo el tiempo disminuyó. Ahora estábamos andando a través de un claro donde esperarías ver leones rondando. Pero estábamos a decenas de millones de años de los leones. “Leones que podríamos soportar “-murmuré <¿Qué?> “Nada. Sólo estaba pensando en voz alta. ¡Oh, dios!” <¿Cómo?> “Tengo que dejarte un segundo” – dije – “Le dejé de nuevo sobre las doradas y altas briznas. Empecé a quitarme los insectos de mis pies. Varias especies de bichos habían sido atraídos a los cortes de mis pies.” <Rachel, ¿Por qué no me dijiste que tus pies estaban así?> gritó Tobias . Me encogí de hombros. “Se ve peor de lo que es. Además la hierba en la que estamos ahora no es mala” <Tienes que descansar un rato Rachel. Vas a terminar como–> Se quedó en silencio, Ladeó su cabeza de halcón de izquierda a derecha. “¿Qué es?” <Oigo algo. Algo grande.> Además de su extraordinario sentido de la vista, las aves rapaces también oyen muy, muy bien. Me puse en pie de un salto. Le cogí y lo levanté por encima de mi cabeza para darle la mejor vista posible. Pero la verdad es que podía ver lo que había que ver bastante bien. Casi me caigo encima de él. Cuatro… no, cinco criaturas que parecían un poco como rinocerontes. Sólo que en lugar de un cuerno, tenían dos cuernos enormes que sobresaliendo de un grueso y recubierto armazón que rodeaba sus cabezas. “Hasta yo conozco ese dinosaurio” – dije – “Esos son triceratops. Pero son come-plantas ¿cierto? ¿No son peligrosos?. <No, no son peligrosos,>convino Tobias <pero lo que tú no puedes ver es el grupo de Deinonychus acercándose para atacarlos. Son peligrosos. Pero no creo que haya suficientes para ir tras un triceratops. Los Tri’s podrían correr hacia el río y meterse dentro, y los Deinonychus no estarían de suerte.> No le pregunté cómo podía evaluar la situación. Probablemente porque es un depredador. Realmente, dos tipos de depredador: halcón y humano. La combinación de los instintos del halcón y la inteligencia humana le da mucha perspicacia en la batalla para sobrevivir. <Extraño. Se suponía que los Deinonychus han sido un grupo inteligente de caza. Pero estos chicos han metido la pata. A no ser…> Giró la cabeza para mirar detrás de nosotros y dejó escapar un quejido telepático. <Un punto para los Deinonychus. Estamos fastidiados. Están detrás de nosotros. Avanzando despacio en un movimiento pinza para atrapar a los triceratops.> “¿Cómo de grandes crees que son?” <No son grandes. Puede que cinco pies de alto, diez de la nariz a la cola> “Vaya cosa. Ese tamaños es más o menos como el de un chico grande o un hombre pequeño.” <Comparación equivocada. Esa es solo la medida de un lobo. Estamos hablando de lobos muy rápidos y muy inteligentes. Ahora estaban lo bastante cerca y podía verlos, incluso con mis ojos humanos debilitados por el sol. Lagartos del tamaño de hombres pegando saltos con sus poderosas patas. Su piel escamosa era del color de la sopa de espárragos y helado de café mezclados juntos. Y no es porque tuviese verdadera hambre. Una ráfaga de viento me despeinó. El viento llevó nuestro olor a los deinonychus. Vi parar a uno de ellos, movió su cabeza y la giró hacia nosotros. Sentí sus ojos buscándome. Y juro que sentí el momento cuando esos ojos fríos y amarillos me miraron. “Hroooooo! Hroooooo” – gritó el dinosaurio. Rompió a correr. “Uh-oh”. Recogí a Tobias y empecé a correr, olvidando el dolor de mis ensangrentados pies. Estúpida. Estaba intentando dejar atrás a un lobo. <¡El otro grupo está viniendo tras nosotros también!> chilló Tobias. De repente no era el gran triceratops atrapado en la trampa de los deinonychus. Era una víctima, mucho, mucho más fácil. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Pícara[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] “Más rápido…vale, más hierba…vale, huuuuf, huuuuf!” Soplé suavemente la hierba seca. Jake movió el tendón del arco detrás y adelante lo más rápido que podía. Marco sujetó el extremo del palo. Nos había llevado un tiempo juntar viejos trozos olvidados de supervivencia Boy Scout y escenas que habíamos visto en la televisión o en películas, o sobre las que habíamos leído en libros. Pero finalmente lo conseguimos resolver, empezando por un trozo plano de madera como base. Ax cortó en él una pequeña muesca. Entonces cogimos un palo largo alrededor de un pie de largo, que manteníamos recto, usando trozos de corteza para proteger las manos del que lo cogiera, de la fricción. Hicimos un arco empalmando trozos de tendón de tiranosaurio cortados del pie del animal. Pusimos medio lazo de la cuerda del arco alrededor del palo recto. Entonces todos tuvimos que hacer que se moviera el arco rápidamente atrás ya delante. El palo vertical giraba en la ranura de la base plana. Y despacio pero seguro, el calor de la fricción empezó a emerger. Agarré un diminuto puñado de hierba seca. Me incliné, mi cara sólo a unas pulgadas de la base. Añadí un poco más de hierba y soplé de nuevo suavemente, suavemente. Un trozo de hierba ardió y se torció. Más hierba marrón torcida. Empecé a desesperarme. “¡Llama!”- gritó Marco. Era verdad. Una llama diminuta. Muy diminuta. La alimenté con más hierba. Más hierba. Ahora las ramas más pequeñas. ¡La rama cogió el fuego!. Levanté la vista hacia Jake y Marco. Sus caras estaban brillando. “Guau”- susurré – “Éste es el primer fuego hecho deliberadamente. En la historia. Acabamos de inventar el fuego” Ax se inclinó para ayudar amontonando palos más largos en la llama. Estaba fascinado La llama crecía y crecía. Se comió la hierba y ascendió a los pelos. Yo sólo estaba ahí sentada, sintiéndome rara e importante e incluso tonta. Era como un ritual religioso sagrado. El hombre creando fuego. O en este caso, mujer, pensé con una sonrisa. Rachel lo habría apreciado…Pero no, Rachel ya no estaba. Marco se alejó y volvió con un palo largo. Ensartó media docena de tiras de carne de tiranosaurio en el palo. Las mantuvo sobre el fuego. Crujieron y chisporrotearon y olían de maravilla. Crucé las piernas y mis poco prácticas sandalias de tiranosaurio. Empezaba a oscurecer bajo los árboles. Pero teníamos fuego. Nosotros solos, en todo el planeta, teníamos fuego. Tuvimos que alejarnos del dinosaurio muerto justo cuando montón de pequeñísimos, rápidos, dinosaurios bípedos aparecieron buscando una comida tardía. Ahora estábamos acampados en el borde de la llanura, con los carboles de 50 yardas (91’44cm) a nuestras espaldas. Habíamos elegido el lugar porque había un riachuelo. Y porque simplemente no sabíamos qué era más seguro: campo abierto o bosques. “Vale, ¿quién va a ser el primero?” preguntó Marco ofreciendo una tira de carne caliente. “Tenemos medio hecho y bien hecho”. Jake alcanzó el trozo y tomó un bocado prudente. “Sólo no digas que sabe a pollo” dijo Marco. Jake se lo pensó. “Sabe a pescado, realmente. Como pescado frío. Quizá como el pez espada. Podría llevar algo de sal. Marco alzó una ceja hacia mí. “¿Ahora es un experto en comida?” Me reí suavemente. Cogí un trozo. Estaba delicioso. Pero entonces estaba hambrienta de nuevo. “La primera comida cocinada en toda la historia” observó Marco. “Además la primera queja sobre comida en toda la historia. Ax-man, ¿quieres pulverizar con la pezuña un trozo de esto? O quizá podrías transformarte en humano para comerla”. Los andalitas comen absorbiendo la hierba a través de sus pezuñas al correr o andar. <No, gracias. He pastado muy bien.> Ax estaba mirando el herboso claro. Estaba usando los ojos de las antenas para observar cuidadosamente en todas direcciones. El cielo se estaba sombreando de azul a rojo brillante y naranja, con el atardecer llegando rápidamente. Un sol enorme, distorsionado y rojo se deslizó bajo una capa de nubes altas y cayó detrás del volcán. “Bonito” dije, sobretodo para mí misma. “La primera persona de la historia en apreciar un atardecer” dijo Marco. “¿Cuanto tiempo más crees que estarás haciendo eso, Marco? preguntó Jake tolerantemente. Marco sonrió abiertamente. Su cara estaba roja por el resplandor del atardecer. “La primera persona en la historia que se queja de que alguien habla demasiado”. “¿Qué vamos a hacer cuando oscurezca?” pregunté. Jake pareció sorprendido. “No lo sé. Has estado tan bien en todo esto de volver a la naturaleza que supongo que estaba esperando a que tu nos lo dijeras.” ¿Estaba resentido de que yo estuviera tomando un papel más activo? No, seguro que no. “No tengo ninguna idea brillante” “¿El fuego no mantiene alejados a los animales?” preguntó Marco. “No siempre” dije. “No a los depredadores. En África, los leones come-hombres y leopardos van directos a los pueblos, entran en las chozas y se llevan a la gente. En praderas como esta, encuentras fuegos encendidos todo el tiempo. Algunos depredadores quizá han aprendido a reducir el fuego lanzando las presas hacia él.” “El primer ejemplo realmente depresivo de que hay demasiada información en toda la historia” dijo Marco. “Tenemos nuestras armas” dije. Jake dijo “Sí. Tres palos afilados. Más la cola de Ax. Saca algunas antorchas encendidas y probablemente podamos manejar algunos de los depredadores más pequeños.” Sentí un escalofrío y me acerqué al fuego, que ahora brillaba bastante bien. La imagen de un enorme T-Rex apareciendo de repente, dorado y rojo de la luz del fuego, con su inmensa boca abierta, sus ojos codiciosos… respiré profundamente un par de veces. No soy Rachel. No puedo apagar el miedo y ya está. Si Rachele estuviera aquí, diría algo valiente sobre patear el trasero del Tiranosaurio. Todos sabíamos que sólo era palabrería, pero nos sentiríamos mejor de todas formas. “Vale” dijo Jake. Dormiremos por turnos. El sentido medidor de tiempo de Ax está hecho un lío, pero podemos acercarnos a las dos horas y despertarnos. Dos de nosotros despiertos cada vez. La gente que está despierta, se sentará de frente, lejos del fuego. De esta forma sus ojos se acostumbrarán a ver en la oscuridad.” “Si un depredador se deja ver, ¿qué hacemos?” pregunté. Jake lo consideró un momento. “Creo que nuestra forma más peligrosa es mi tigre, si somos atacados, me transformaré. Ax usará su cola. Cassie y Marco cogeréis vuestras armas. Los tres intentaréis contener…lo que sea… hasta que me transformé. Un andalita y un tigre juntos deberían ser suficiente. Entonces Marco y Cassie, os transformaréis. Pero en algo para escapar, no luchar.” “Cassie y yo blandiremos palos con un gran rex?” preguntó escépticamente Marco.”mientras tu estás indefenso a medio transformar.” “¿Tienes un plan mejor? preguntó Jake poniéndole a prueba. “Claro. Si el Gran Mister T aparece, gritaremos, lloraremos y lloriquearemos como bebés hasta que nos coma.” Jake sonrió abiertamente, entonces se rió. Entonces yo le imité. Ni siquiera era un poco gracioso, por supuesto, pero a veces el miedo y el agotamiento pueden combinarse para hacerte caer mareado.. “Vale, Cassie y Ax harán la primera guardia. Marco, tú y yo tenemos que intentar dormir.” “Al menos no tendré ningún mal sueño.” Dijo Marco” ya estoy en uno.” Jake y Marco se callaron. No sé si durmieron al fin y al cabo. Me aparté del fuego y miré hacia la oscuridad que se estaba profundizando a una velocidad escandalosa. La noche ya se estaba dando prisa hacia nosotros desde el este, apartando a un lado los últimos rasgos de roja luz solar. Entonces lo ví. Como si alguien hubiera pintado con una brocha polvo de hadas cruzando el cielo. “Ax” susurré. “¿Eso es un cometa?” <Sí. Es muy bonito> “¿Incluso para ti? Debes de haber visto cometas en el espacio.” <Son más bonitos cuando están cerca de una estrella. La estrella, el sol, es lo que provoca la extensión de la cola.> “Oh, parece cerca” <Puede que lo esté,>dijo Ax <O está demasiado cerca o es muy grande. Mi gente- hace mucho tiempo por supuesto- solía creer que los cometas eran presagios de cosas malas que podían ocurrir.> Estaba sorprendida. “¿De verdad? Los humanos pensaban lo mismo” La oscuridad cayó. No había luna en el cielo. La luz de las estrellas no tocaba nunca el mar de hierba a nuestro alrededor. La luz del fuego era muy débil. “¿Estás asustado, Ax?” <Sí.> “Yo también” Sentía el palo en mi mano. Sentía el fuego a mi espalda. Pequeña, frágil, indefensa Homo Sapiens, me enfrentaba a una noche llena de horrores. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Pícara[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Deinonychus. Eso es lo que eran, estaba bastante seguro. Por lo menos, eso creía. No podía recordar. Pero aprender sobre dinosaurios en los libros no es como verlos frente a frente. Estaban buscándonos. Como una manada de lobos. Se estaban tomando su tiempo porque éramos una presa desconocida. Una extraña criatura que corría sobre dos patas mientras llevaba un gran pájaro. Sí, éramos algo nuevo. Nueva carne. Rachel corrió hacia el lugar donde el campo de fuego había estado antes de que la débil luz volviera el humo invisible. Había parecido que estaba viniendo del borde de la llanura. Cuando ella corrió, observé la manada de Deinonychus. Los observé como el depredador profesional que está en mí. ¿Había comunicación entre ellos? Parecía que las dos bandas de Deinonychus estuvieran moviéndose en un concierto. Básicamente, aquello era un triángulo. Un grupo detrás y al oeste. El segundo con nosotros pero al este. Estábamos corriendo al norte. Si torcíamos un poco a la izquierda, tendríamos que chocar con ellos al borde del bosque. ¿Cuál era el movimiento correcto? <Rachel, dirígete a los árboles> – ¿Por qué? – logró jadear. Rachel está en forma, pero correr descalzo mientras se lleva un halcón no es fácil. <Son cazadores en manada. Creo que los dos grupos pueden verse uno al otro y ajustarse. Incluso con esa luz. En los árboles perderán la línea de vista. > Rachel no dijo nada. Pero torció a la izquierda un poquito. Hacia los árboles. Fijé la mirada con mis ojos de halcón en el grupo del oeste. ¡Estaban yendo más rápido! Un rápido vistazo al este. Estaban acelerando, también, pero sólo después de que el primer grupo lo hiciera. <Lo sabía> Dije. <El líder de la manada está en el grupo del oeste. Creo que sé cuál de ellos es. Tiene como medio metro de cola perdida> Los Deinonychus estaban corriendo ahora. Corrían bastante rápido. Entonces, estando así cerca, pude ver detalles de su líder: la escamosa piel de lagarto, la manera de la que ponía la cola dura como una tabla para mantener el equilibrio, la plácida expresión en esa inteligente cara. Sus armas eran formidables. Él puesto de pie, no era más alto que un hombre bajo o un chico alto. Pero su mandíbula podía cerrarse sobre una cabeza humana. Sus manos eran relativamente más largas y fuertes que las de un Tyrannosaurus, con malvadas y curvadas zarpas. Pero el pie era el arma principal. Eran garras, pero no muy diferentes de las mías. Aunque en cada pie había una afilada garra, quizá de veinte centímetros. Me recordaba a la hoja de la cola de Ax. Esa garra podría rebanar la puerta de un coche completamente. <Llegaremos a los árboles antes que ellos, > dije <pero luego tendremos que actuar rápido. Tenemos que separarnos> – ¡Ni hablar! Ella supuso que estaba sacrificándome. <Mira, Rachel. Van a por ti, no a por mí. Tengo un plan. > No dijo nada. Simplemente siguió jadeando. Pude oír su corazón latiendo como loco. ¡Árboles! Chocamos contra la fila de árboles y de repente me di cuenta de lo tarde que era. El sol estaba en su máximo esplendor en la llanura, pero bajo los árboles ya era de noche. <Para aquí> Rachel paró. Me depositó en las hojas muertas. Se dobló, con las manos en las rodillas, vomitando por el cansancio. El depredador en mí estaba contento. Perfecto. El poderoso, desconocido rastro me llevaría derecho al punto del Deinonychus. <Vale, no puedo volar, pero puedo agarrarme. Quiero que me lances. Derecho a arriba. A lo alto de este árbol. A esa rama. > – Qu… que… <Rachel, no discutas. Lánzame. Luego corre y conviértete en oso. Probablemente puedas ganar tiempo. Además, añadí en silencio, tú no quieres morir como una presa indefensa. Como una humana, sencillamente te destrozarían. Serías comida viva. Como un oso, al menos ellos tendrán que luchar primero. Rachel se puso de pie. Luego se dobló, encogida en su lado derecho, e hizo una mueca de dolor. Pude ver que su pie estaba arañado. Estaba exhausta. Pero no vencida, aún. Cuando me encontré con su mirada, todavía pude ver fiereza en sus ojos. <Tenemos que hacer esto ahora. > dije. <Ellos estarán aquí en menos de un minuto. > – Vale. Ella se agachó y me levantó. Como si alguien estuviera lanzando una pelota de baloncesto, me lanzó arriba. ¡Demasiado alto! Pasé la rama. Batí las alas, por instinto. Un doloroso, ardiente y doloroso instinto. Choqué contra el suelo. – No puedo hacerlo. <¡Hazlo!> Ella me agarró otra vez. Esta vez ella lo hizo poniendo el cuerpo entero. ¡Arriba! La rama. Batí mi ala buena, dando vueltas en el aire, agarrándome. Sí, me agarré con mi segunda garra y me sostuve fuerte. <¡Ahora corre! ¡Corre!> Ella corrió. Al menos, cojeó y se tambaleó por entre los árboles a lo lejos. Y esperé. Esperé e intenté no pensar que pasaría con Rachel si yo lo estropeaba todo. Mi rama estaba justo a dos metros sobre el suelo. Me sentía totalmente indefenso. Era un pájaro que no podía volar. Y allí no había nada más débil que un pájaro que no pudiera volar. Me agarré mi rama. Ruidos. Muchos pies desgarrados corriendo. Un Deinonychus apareció. Su cola era menos de treinta centímetros de largo. El líder de la manada. – ¡Heeeeessss! Se quedó inmóvil. Miró al sitio donde Rachel había salido. Pero no caminó bajo mi rama. Luego otro Deinonychus. Éste giró a la derecha y olió con curiosidad. Tenía una irregular cicatriz de sesenta centímetros de largo en su espalda. Pude verla claramente. Cola-Corta se fue lejos. El de la cicatriz caminó bajo mí. Su cabeza estaba justo treinta centímetros debajo de mí. ¡Ahora! Me tiré. Abrí mis garras. Las hundí en la piel del reptil, a lo largo de la vieja cicatriz. -¡Hrroooohhh! El Deinonychus giró su cabeza para mirarme enfurecidamente con sólo un ojo. Abrió una boca llena de ridículos dientes grandes. Casi lo pierdo. Tuve que reprimir las ganas de huir, perdiendo el ala y lo demás. Enfócalo, Tobias, me dije. Saqué el temor de mi mente. Me sostuve fuerte con mis garras. Y enfoqué el dinosaurio. Estábamos sesenta y cinco, setenta u ochenta millones de años antes de Cristo, pero ADN seguía siendo ADN. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Rubén de Alarcón Gómez “Erik”[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Adquirí el Deinonychus. Absorbí su ADN. Y él se volvió más pasivo, se tranquilizó, como muchos animales hacen cuando son adquiridos. Cuando estuve listo, dio vueltas sin parar, como si hubiera olvidado que había venido a hacer. Estuve allí, completamente vulnerable en el suelo del bosque. Y luego escuché un rugido. No un rugido de dinosaurio, sino el profundo rugido de un gran mamífero. ¡Rachel! Lo enfoqué en mi mente otra vez. Dibujé la imagen del Deinonychus en mi mente. Y lentamente primero, luego rápido, los cambios comenzaron. Bien, Tobias, ¡sé fuerte!, me advertí. Era una nueva forma. Tendría que tratar con los instintos del Deinonychus. Mis plumas empezaron a ponerse rígidas y se endurecieron. Era como si alguien estuviera abrigándolas con cemento de goma o algo parecido. Las plumas principales permanecieron primero, pero estaban despegándose. Y luego comenzaron a derretirse juntas. Mi pico empezó a extenderse, fuera y fuera, y al mismo tiempo el borde fue dentellado, casi como una sierra. Y cada diente de sierra creció y se expandió, más largo y más largo, para formar el principio de los dientes del Deinonychus. Mientras, yo crecía. Estando desde treinta centímetros a cinco veces esa altura. Las plumas de mi cola se enroscaron y se dieron la vuelta, y después mi cola se endureció y creció. Hacia fuera y fuera, ¡era demasiado larga! Por todas partes pude sentir los músculos sobresaliendo y creciendo. Capas de músculo sobre gruesos huesos. Aumenté la altitud en mis piernas como muelles de acero. Mis garras se volvieron menos elegantes y más mortíferas. Descubrí que había mejorado la enorme y mortal garra. Sí, eso es lo que quería hacer, con esa garra mejorada, esa cuchilla afilada, nada sería aburrido. Me encantaba esa garra. La imaginé desgarrando… ¡No! Los instintos del dinosaurio ya estaban forcejeando por aumentar en mi propia mente Pero eso no iba a pasar. No podía pasar. Rachel me necesitaba. ¡Pero el poder! ¡La energía, vívida y eléctrica, en todas las partes de mi cuerpo! Mi vista se volvió borrosa. Pero no mucho peor que los ojos de los humanos, y mejor que eso ellos podían ver bastante bien en la oscuridad. Mi oído disminuyó, pero otra vez, no mucho. Y para compensar esas pérdidas, el sentido del olfato inundó mi conciencia. ¿Qué? ¿Qué olor era ése? Me puse de pie y olfateé el viento. – ¡Roooooaaarrrr! – bramó una profunda y ronca voz. – ¡Heeeesss! ¡Heeeesss! – Un grito más familiar. ¡Comenzó la caza! La manada había acorralado a su presa. Tuve que apresurarme. De prisa, o todos los mejores bocados serían cogidos. No tenía nada, pero sería fría carroña. Con la boca haciéndoseme agua, me dirigí lejos, cortando el aire para entrar en la manada. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Rubén de Alarcón Gómez “Erik” [/b]

[b]Capítulo 16:[/b] Me desperté. Estaba totalmente oscuro. Por suerte estaba cerca del fuego, así que estaba caliente, aunque la parte que tenia lejos de la hoguera la tenia helada. Oía el murmullo de la corriente. Había soñado que estaba en casa. En mi sueño, estaba desayunando con mis padres en la cocina esos cereales con forma de dinosaurio. No quería pensar en mis padres. El simple pensamiento de lo preocupados que se pondrían cuando no apareciera me producía dolor de estomago. -¿Has visto algo? -¡Aaaahh!- Grito Cassie. Me vio y se relajo- Me has pegado un susto de muerte. Marco gimió en sueños. Me frote los ojos con furia. No podía creerme que finalmente me hubiera quedado dormido. Pero obviamente lo había hecho. -¿Ax, como lo llevas? -<Bien. Mi sentido del tiempo vuelve a funcionar totalmente. Suele tardar un rato en calibrar la rotación del planeta. Ahora el planeta gira de manera diferente que en nuestro tiempo.> -¿Cuánto tiempo he dormido? -<Una de vuestras horas y cincuenta y dos minutos aproximadamente> Se acerco y sacudió un trozo de madera para que le diera mejor el fuego. Estire mi pie y golpee a Marco con el. Gimió de nuevo y entonces se despertó de golpe y se sentó. -Ah. Entonces esto no es un sueño. Definitivamente es demasiado malo para ser un sueño. -Cassie, tu y Ax podeis…- Me detuve. Habia levantado la vista al cielo.- ¿Qué es eso? -Es un cometa- dijo Cassie- ¿No es realmente hermoso? -Si. Es muy bonito- mire fijamente justo encima de la estela que dejaba la brillante cabeza. -<Lo es. En las ultimas tres horas se a hecho perceptiblemente mas grande.> Eche un vistazo a Ax. Estaba mirando las estrellas, y vi una oscura sombra en su rostro y se dio la vuelta agitadamente. -No vendrá hacia nosotros ¿verdad?- me reí mientras lo preguntaba. -<No lo creo. Aun así, las probabilidades de que un cometa cualquiera golpee a un planeta cualquiera son mínimas. Millones contra uno. Además, la Tierra aun tiene menos, ya que no es lo bastante grande como para ejercer una gran fuerza de la gravedad. Además, el cometa se esta acercando y va muy deprisa, y he sido capaz de prever su trayectoria. Pasara muy cerca. No más lejos que una o dos veces vuestra Tierra. Aun así, quizás me equivoque.> -Bien, eso es un alivio- dijo Marco- No quería morir a manos de un cometa, casi iba a buscar a un dinosaurio para convencerle de que se me zampara. -Vosotros dos dormir un poco- les dijo a Ax y Cassie- Marco y yo vigilaremos. Pero primero tengo que… Um… Tengo que dar un pequeño paseo. Abandone el brillo acogedor del fuego y me adentre en la oscuridad. Siete metros el fuego ya parecía estar en otro mundo. Estaba increíblemente oscuro. Mire hacia atrás, y era como si el fuego y el cometa flotaran juntos en el espacio. Hice lo que había ido a hacer, y fue cuando lo vi. ¡Un destello! Un repentino destello de luz. Sobre el horizonte al norte. ¿Era un meteorito? ¿Una estrella cayendo? No. Allí estaba pasando otra vez. Se apago. Una débil luz rojiza. Otra vez. Otra vez. Me apresure a volver con los otros. -Mirad al norte. Hay unos tipos de… ¡Un destello como la luz del sol! Arriba, muy arriba. El destello ilumino todo el paisaje pero solamente un instante. Pero en aquel instante los vi: Una manada de criaturas enormes. Estaba de pie sobre cuatro piernas del tamaño de árboles. Tenían unos cuellos y colas increíblemente largos, como era normal en su época. Me era imposible saber su tamaño real, pero medirán al menos cuatro o cinco veces mi altura. Y de su cabeza a la cola había por lo menos catorce metros. Había visto al menos a diez de ellos corriendo hacia nosotros a lo largo de una enorme fila. Y en ese mismo destello los dinosaurios gigantes también habían visto algo. Yendo tras su rastro, como un monstruo en la noche, un tiranosaurio. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Los dinosaurios grandes empezaron a correr como una estampida. ¡Directamente hacia donde estábamos nosotros! -¿Qué ha sido este destello?- me grito Cassie cuando llegue cerca del fuego. -¡Corred todos!- grite con todas mis fuerzas- -Es una estampida! -¿Una estampida? Donde crees que estamos ¿En una película del oeste?- preguntó Marco incrédulo. -¡MOVEOS! ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! Era como estar en medio de la peor tormenta de la historia. Criaturas cinco veces mas grandes que un elefante estaban en plena estampida. Cada uno de sus pasos hacia retumbar el suelo. -¡Atravesad la corriente!- grite. -¿Qué corriente? -¡Seguidme y punto! Corrí, asegurándome de que Cassie y Marco me seguían. No tuve tiempo de preocuparme de Ax. Él es mas rápido que nosotros. Los truenos eran cada vez mas frecuentes. Todos a nuestro alrededor. Entonces vi que un bulto me tapaba las estrellas. La manada asustada estaba a nuestro alrededor. -¡HrrrrooooAAAARRRR! Mis rodillas se giraron. Caí. Me golpee con fuerza. El viento me había golpeado. Una enorme planta de pie aterrizo a escasos centímetros de mi cabeza. Rodé y me agarre en un tronco de árbol. No, era la pierna del dinosaurio de cuello largo. -¡ScreeeEEEE!- grito aterrorizado el animal mientras el tiranosaurio se abalanzaba sobre él- Vi unos dientes brillar a la luz de la luna. Vi un enorme ojo amarillo. Oí el ruido de las mandíbulas del tiranosaurio cuando cogieron a su presa. Yo estaba debajo del dinosaurio de cuello largo mientras luchaba. Si me hubiera levantado y estirado completamente habría tocado su vientre. El dinosaurio aporreaba sus enormes piernas a mi alrededor fuera de control. Y en todo el tiempo, los dos animales no pararon de rugir, bramar y gritar con terror y rabia. Me tape los oídos y grite. Se estaban enfrentado dos gigantes encima de mi cabeza. No podía distinguir nada en aquella oscuridad que ocultaba las estrellas, solo era capaza de ver un débil contorno de una criatura del tamaño de un ballena. Yo era como una cucaracha siendo cazada por un enorme buldózer. La tierra saltaba y me golpeaba a cada impacto. Yo no vislumbraba las enormes piernas agitándose y arrastrándose. En cualquier momento me aplastaría. Me enrosque en forma de pelota, metí la cabeza entre las piernas y temblé. ¿Qué transformación tenia que pudiera hacer frente a esos titanes? Ninguna. Este no era mi mundo. Yo no era nada en este mundo. Mis transformaciones mas poderosas no eran nada en este mundo. -¡ScreeEEEEEE-uh. ScreeEEEEEE-uh! -¡Huh-Huh-RoooAAARRRR! Oí el grito final del dinosaurio grande que acabo en un jadeo, para después derrumbarse. El tiranosaurio había vencido. El dinosaurio del cuello largo ya no era nada. No era nada, pero cayo. No era nada, pero cayó justo sobre mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de David Usón Peña[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] Me rodeaban. Puede que fueran diez. Deinonychus los había llamado Tobias. Como lobos, me habían rodeado como lobos. No eran muy grandes, desde luego más pequeños que mi forma de oso pardo. Quizá diez pies desde su casi sonriente boca hasta su rígida cola. Pero eran peligrosos. Incluso con mi tenue vista de oso, podía ver que estaban atestados de armas. Sus manos con garras como guadañas; la enorme garra desgarradora; los dientes afilados como navajas. Yo tenía armas propias. Tenía fuerza suficiente en brazos y hombros para volcar un Toyota. Tenía mis propias garras malvadas. Tenía dientes. Pero no era tonta. Sabía que mi única esperanza era que el Deinonychus se acobardara por el hecho de que yo era una presa desconocida. Quizá el grupo se asustaría. Quizá no les gustara el olor del oso. Deseé que Tobias estuviera a salvo en su árbol. Lo esperaba. “¡HhhooorrRAAWWWRR!” Rugí, y me erguí en mis impresionantes más de siete pies. En mi época, no había ningún depredador terrestre tan grande o con tal poder puro como el oso pardo. Pero este era un tiempo totalmente diferente. Y todo se hacía de una forma muy distinta a la habitual. Sabía que esos Deinonychus compartían un entorno cono Tiranosaurios y probablemente una docena de otros bien grandes y muy peligrosos lagartos. Y habían prosperado en ese entorno. ¿Cómo iba yo a asustarlos? El líder alzó su cabeza y escuchó mi rugido. Me miró directamente, considerando, preguntándose. Entonces dos de ellos saltaron “¡RROOAAARRR!” bramé. Moví mi garra con el filo cubierto por la carne con todas mis fuerzas. Fue un golpe afortunado. Pillé al Deinonychus más cercano por el cuello. Se desplomó. Sin una señal que yo pudiera ver, todos retrocedieron. El líder me olió. Olió a su camarada, que no se movería por mucho tiempo. Ojos inteligentes consideraban. Esta ves, oí la señal. Era casi el piar de un pájaro cantor. “¡Niiiip!”. El grupo de deinonychus se colocaron a nuestro alrededor. Era demasiado preciso. Demasiado planeado, casi ensayado. No estaban huyendo. No se estaban rindiendo. En lugar de eso, estaban preparando un ataque más organizado. Estaban dispuestos a tener bajas. Eso significaba que presionarían más en el ataque esta vez. Presionarían hasta que cayera, hasta que fuera comida. Pero algo no iba bien. Pude verlo en los ojos del líder. Miraba ferozmente a un deinonychus que acababa de llegar. Este nuevo dinosaurio caminó hacia delante. Me olió desde una distancia segura. Y entonces, sin advertencia, ¡saltó!. Un corte de la garra de su pie izquierdo, rasgó una línea de dos pies de larga en mi pecho. “¡HhhhRROOOAAARRR!” rugí. Pero hubo un rugido aún más alto. El líder del grupo gritó al nuevo impertinente. El nuevo dinosaurio saltó hacia atrás, lejos de mí y se giró para encarar al enfurecido líder. Los dos deinonychus pasaron a una posición de alerta, cara a cara. ¡Un desafío! El nuevo había ignorado al líder. Y eso era un ataque al dominio del líder. El líder silbó. Era un sonido grave y siniestro. Él estiró su cola hacia atrás. El competidor elevó sus garras, preparado para la batalla. Y sólo entonces percibí los trozos enrollados de tejido, alrededor de su brazo. Tejido rasgado de mis propios leotardos, que envolvían el entablillado de Tobias. <¡Tobias!> grité. Era Tobias. Tenía que serlo. Pero me había abierto una brecha… Me di cuenta de lo que pasaba. Tobias había adquirido de alguna manera el ADN de ese deinonychus y se había transformado. Pero haciéndolo, había perdido el control. Los instintos del deinonychus habían empujado a un lado la mente de Tobias y habían tomado el control. Y ahora Tobias estaba en un enfrentamiento con el líder del grupo. Un enfrentamiento para determinar quién sería el jefe. Y quién estaría encargado de destruirme. Tobias y el líder formaron un círculo, lentamente, con cautela. <¡Tobias! Escúchame. Te has transformado en un dinosaurio. Has perdido el control. Pasa a veces. Necesitas…> ¡El líder saltó! Aterrizó con sus mortíferos pies, cerrando su boca, justo dónde Tobias había estado una fracción de segundo antes. Pero lo había esquivado, entonces se agazapó para estar bajo la guardia del líder. ¡Chomp! “¡ScrrEEEEE!” El líder retrocedió, conmocionado. Había perdido parte de su costado izquierdo. Tobias giró de nuevo, con la cola tiesa, como un palo detrás de él. Ahora el líder era más cauteloso. Esperó a que Tobias hiciera el primer movimiento. Tobias cargó. En una fracción de segundo, el otro dinosaurio saltó ene la iré. Se encontró con la cara de Tobias con sus malvados talones. ¡Slash! “¡ScrrrEEE-uh!” Un gritó de triunfo vino del líder del grupo. Saltó. ¡Demasiado pronto! Tobias estaba debajo de él, haciéndolo pedazos con sus garras delanteras. Cerró sus garras ene el pecho del otro deinonychus. El líder gritó y se revolvió. Pero no podía quitarse los dientes de Tobias. Estaba acabado. Tobias se levantó. Y dio un alto grito de desafío. “¡Hreee-YAH! Hreee-hrEEE-YAH!” Miró al resto del grupo. Ellos miraron a su líder caído. Entonces miraron a Tobias. Y uno a uno, como caballeros derrotados ofreciendo sus espadas al vencedor, cada uno bajó su nariz al suelo en sumisión. Tobias se volvió. Se volvió hacia mí. <Tobias, soy yo, Rachel. Escúchame, soy Rachel.> Yo estaba usando una pata para mantener mi propia herida cerrada. El dolor era intenso. Pero el miedo era mayor. Miré a los ojos de Tobias. <Tobias, eres humano. Eres humano. ¡Toma el control de la transformación!> Avanzó hacia mí. Estaba hambriento. Los otros avanzaban sólo a un paso tras él. <¡Tobias! Escúchame. Eres un ser humano. Soy yo, Rachel. Tu amiga. Eres humano, eres….> No, me di cuenta. Me estaba equivocando. <Tobias, eres un halcón. Eres un ratonero de cola roja. ¿Recuerdas tus alas? ¿Recuerdas volar?¿Volar alto en las corrientes termales?> Su garra mortal estaba a unas pulgadas. Paró. Inclinó su cabeza. Y de repente, todo su cuerpo pareció empezar a estremecerse. <¿Rachel?> dijo. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Pícara [Revisada por Santiago Ruiz][/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Venía hacía abajo. Como el pavo de nochebuena dejándose caer encima de ti. Sólo que mucho, mucho más pesado. No podía verlo, sólo sentir el aire correteando alrededor de la bestia que caía. Rodé. ¡WHUUUUUMP! -¡Aaahhh! –grité. Estaba pegado. Mis piernas estaban atrapadas bajo el largo vientre del dinosaurio de cuello largo. Sólo mis piernas, y nada se había roto. Pero cuando intenté moverme, me di cuenta de que estaba atrapado. – ¡Jake! –lloró Cassie. -¿Dónde estás? Quería decirle que se callara y se salvara. Otra parte de mí quería pedirle que me ayudara. Me estaba sacudiendo. Literalmente. Como si tuviera fiebre, y no pudiera parar las convulsiones. ¡CHOMP! La enorme cabeza vino y rasgó violentamente el cuello del dinosaurio cuello largo. ¡CHOMP! EL Tyranosaurio comía con ávidamente. Justo a un metro, y sobre mi cabeza. Luego esperé a que masticara algo resistente, porque tiraría del trozo. Y ese tirón levantó el gran peso del dinosaurio de mí por un segundo. ¡Estaba fuera! Rodé. Salté con mi pie. – ¡Ouuf! –me fui abajo. Mis piernas habían ido entumecidas desde que estuvieron atrapadas. Podía moverlas, pero… ¡Venía hacia abajo! Un destello de dientes alrededor de mí. No había salida. Me enrollé en una bola. – ¡Oh, Dios! –lloré. La mandíbula del Tyranosaurio se cerró alrededor de mí. Apreté mis brazos y piernas con fuerza juntos. Aún así, aquellos dientes abrían surcos en mi hombro derecho. ¡No había sitio! La boca era demasiado estrecha. Puse mis entumecidas piernas fuera antes de mí, colgando de la garganta del Tyranosaurio. Estaba en la boca del Tyranosaurio. No había sitio para moverse. Apestando a aire fétido. Toda la pegajosa saliva sobre mí. Una gran lengua intentó poner el resto de mí que estaba esperando, en la glotona garganta. Él cerró su boca y aplastó el aire, fuera de mis pulmones. Me agarré a la lengua. Cerré mis dedos en torno a la áspera, húmeda cosa y enfoqué con todo lo que podía de mi aterrado, rehusado cerebro. No estaba muy seguro de haber adquirido el ADN cuando empecé a intentar cambiar. Lo estaba haciendo enseguida. Estaba adquiriendo y transformándome y gritando de terror. Pero empecé a crecer. No podía estar cerca de los dientes cuando empecé a crecer. Me habrían lacerado. Me deslicé por la rugiente garganta del Tyranosaurio. Lejos de los dientes. Sus poderosos músculos de la garganta estaban aporreando mis piernas ahora, pero me estaba transformando. El Tyranosaurio hizo algo mal. Se había tragado la cosa equivocada. Tosió y se amordazó. Luego, una enorme oleada de espasmos musculares, y estaba cayendo. ¡Flump! Me golpeé con el blando costado del caído dinosaurio cuello largo. Intenté agarrarme, pero fallé. Mis manos ya no eran mis manos, eran algo más. Rodé por el suelo hasta el pie del Tyranosaurio. Estaba a su merced. Completamente. Pero e gran monstruo no era capaz de atacar. Algo había pasado dentro de él. No sé si rompí algo, o qué. Pero el lagarto tirano dio tres, cuatro, cinco pasos y se derrumbó. Se sentó encima de su cola, y luego cayó de lado, gimiendo. Me tumbé allí y jadeé, sin saber que cuerpo tenía, sin importarme. Estaba vivo. Intenté mover la boca. No, no podía hablar. Me destransformé. Luego lo intenté otra vez. – ¡Cassie! ¡Marco! ¡Ax! – ¿Jake? – La voz de Cassie lloró en la oscuridad. Nos tomamos unos segundos para encontrarnos uno al otro en las brillantes ascuas del campo de fuego. Cassie puso sus brazos alrededor de mí, con fango y todo, y me abrazó. Estaba demasiado tembloroso para devolverle el abrazo, pero me sentí bien. – ¿Esta muerto? –preguntó Marco. – No –dije. –Pero creo que le herí. Esta en el otro lado, creo. – Sabes lo que deberíamos hacer –dijo Marco severamente. –Todos deberíamos adquirir el Tyranosaurio. Necesitamos uno vivo para adquirir. Esta vivo. Hasta que adquiramos al Gran Rex estaremos siendo perseguidos hasta que tarde o temprano nos coman. – Yo ya lo he hecho. –dije. –Pero estás en lo correcto. Ninguno de ellos estaba ansioso de andar hasta allí y empezar a tocar la criatura. Encima gimiendo en esa orilla, sería aterrorizador. Fuimos lenta, cuidadosa, vacilantemente bajo la cola. Llevábamos pequeñas antorchas para iluminar el camino. Marco fue el primero. Presionó su mano sobre la piel como de cocodrilo. Y luego Ax. Y por último Cassie. Era extraño. Como una especie de ritual. Tres humanos y un alienígena, todos llevando antorchas que se estaban quedando carbonizadas en el final de la oscuridad. Nos encogimos antes de que el monstruo gruñendo, resollando, nos dejara tocarlo. – Es algo extraño. –dijo Cassie. –Somos humanos en un tiempo millones de años antes de los primeros humanos. En nuestro tiempo, el Homo Sapiens gobierna el planeta. En este tiempo es el Tyranosaurio. Siempre te preguntas quién habría ganado, si humanos y dinosaurios hubieran vivido al mismo tiempo. ¿Quién habría sobrevivido? – Nos habrían cazado como los gatos cazan ratones. –dijo Marco –¿Humanos primitivos con palos afilados y quizás un par de antorchas? No hay competición. <Sí, pero vosotros no sois exactamente humanos primitivos.> dijo Ax. <Sois humanos primitivos humanos con Tecnología de transformamiento andalita> Sin ser la primera vez, me pregunté si Ax había desarrollado sentido del humor. Y luego la adrenalina y la falta de sueño y el agotamiento físico vinieron juntas a la vez. Mis ojos se cerraron. Mis piernas se encogieron. Caí, y unos brazos reaccionaron para cogerme. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Erik [Revisada por Santiago Ruiz][/b]

[b]Capítulo 19:[/b] Después de dejar a Jake echando una cabezada, decidimos que dormir entre un cuello-largo muerto del tamaño de Nebraska y entre un Tyrannosaurus gimiente y enfermo no era probablemente una buena idea. Así que, a pesar de que estaba tan oscuro que ni siquiera podíamos ver nuestros propios pies, nos mantuvimos en pie. Al menos no estaba lloviendo. Después de ese enorme y gigantesco destello, supuse que estaba a punto de llover. Pero a lo mejor no funcionan así las cosas en este milenio. “Bueno, básicamente nos va todo bien”, dije, cambiando de mano la tenue y patética antorcha. “Somos adolescentes en un pasado hace millones de años. No tenemos comida excepto los pedazo churruscados del dinosaurio-pinchito. Hay un río ahí al lado, pero si vamos y echamos un trago, algún monstruoso cocodrilo se abalanzará sobre nosotros y nos zampará. Estamos perdidos, lo cual está bien porque, afrontémoslo, no estamos buscando exactamente el Taco Bell más cercano, así que, ¿a quién le importa dónde estamos? Además, para acabar de mejorar las cosas, llevamos sandalias de piel de Tyrannosaurus, lo que de verdad, de verdad, nos va hacer ganar la simpatía del próximo Gran Rex que veamos”. “Ojalá Rachel estuviera aquí”, dijo Cassie. “Sí,” dije, entristeciéndome de pronto. “Ella diría algo como ‘Puedo soportar a los dinosaurios, Marco, lo que no puedo soportar es escuchar tus lloriqueos’” Jake rió entre dientes. “Imitas a Rachel bastante bien”. Oí a Cassie sollozar. “Ya sabes lo que pasa conmigo,” dije. “Sobreviviremos, ¿eh? Quiero decir, hemos sido atacados dos veces por tyrannosaurus o tirannosauri, lo que quieras. Aún estoy aquí y no soy el Capitán Heroico. Y Jake aún está aquí, aunque es un enorme, patoso y torpe zoquete, incluso peor que eso.” “Gracias,” dijo Jake. “A donde quería llegar es, si nosotros podemos sobrevivir, ¿vas a decirme que Rachel y Tobias –Xena, la Princesa Guerrera, y un Chico-Pájaro que tiene que cazar su almuerzo cada mañana- no van a conseguirlo? Vamos, cualquier cosa que quisiera matar a Rachel tendría que ser más temible que ella. Y tú sabes que eso es imposible.” Cassie soltó una risita. También sollozó. La verdad es que me estaba haciendo el valiente pero, ¿quién sabe? Quizá, de alguna forma, Rachel y Tobias lo habían conseguido. Era más fácil creer eso. Yo siempre he dicho que hay dos alternativas en el mundo. Puedes ver el mundo en plan trágico, o puedes verlo en plan divertido. Algunas cosas simple y llanamente no son divertidas, por supuesto. Pero con muy pocas excepciones, normalmente puedes ver la parte humorística de las cosas y las personas. Supongo que si quieres ver el mundo en plan triste, terrible, injusto, boo-hoo, boo-hoo, está bien, allá tú. Pero tío, ¿qué clase de vida es esa? Continuamos la marcha. Nos detuvimos y dormimos. Nos despertamos y seguimos caminando algo más. Y gradualmente ese supercometa del cielo empezó a crecer débilmente según se iba iluminando el cielo con el incipiente sol. Entonces, con un rapidez sorprendente, ¡pop! El sol pareció saltar sobre el horizonte. Tiré el palo carbonizado de la antorcha, cerré los ojos, y extendí los brazos dando la bienvenida a la ancestral y buena Mamá Sol. Se iluminó una escena sacada de algún programa de museo. La llanura se extendió justo detrás de nosotros, moteada ahora con grupos de árboles, e incluso rocas sobresalientes. El riachuelo seguía corriendo por detrás nuestro. El bosque se había quedado a un lado. El volcán aún expulsaba humo a lo lejos, viéndose imponente al destacarse sobre la llanura. Y dispersos sobre esa sabana de aspecto africano, donde esperabas encontrar gacelas, o insectos salvajes, o leones, había una pequeña manada de Triceratops. Se paseaban de un lado a otro tranquilamente, quizá un centenar de ellos. Como una manada de búfalos del lejano-oeste, supongo. Sólo que Buffalo Bill habría colgado el sombrero en lugar de ir tras estos chicos malos. <¿Cuándo sale el sol hace que los humanos se sientan más optimistas?>, preguntó Ax. “Sí, a menos que sea día de colegio”, contesté. <A nosotros también nos pasa. No tiene mucha lógica, pero me hace sentir mejor. Puedo ver. Ver es útil.> “Además, así desaparece ese cometa, que estaba empezando a fastidiarme. Por otro lado, estoy viendo un puñado de dinosaurios del tamaño de camiones de cemento, así que —” <¿El cometa te molestaba? ¿Y no el flash de luz?> “Relámpago. ¿Y qué?” <No, no. Relámpago no. Suponía que lo sabíais. Era algo artificial, no natural.> Me llevó al menos cinco pasos más antes de poder decir “¿Qué?” y detenerme. Jake se detuvo. Cassie se detuvo. “¿Artificial?” preguntó Jake. “¿Qué quieres decir con artificial? ¿Quieres decir hecho-por-humanos? ¿O al menos hecho?” <Sí, por supuesto. El flash no ha sido un fenómeno natural. Tenía demasiados errores como para ser un relámpago. Mis ojos móviles son capaces de distinguir un poco más del espectro de luz de los ultra-violeta y los infra-rojos y— ” “¡Sólo dinos que era!” le chilló Cassie impaciente. Nos sorprendió a todos. Cassie nunca chilla. Pero bueno, quizá no sea una persona mañanera. <Creo que era una explosión. Habría pensado que era un rayo Dragón disparado a un blanco, sólo que era demasiado azul.> Jake respiró profundamente. “¿Ax? Hazme un favor. Nunca supongas que sabemos ese tipo de cosas, ¿vale?” <Sí, Príncipe Jake> Jake me miró. “¿Crees que los Yeerks habrán sido transportados de alguna forma a esta era junto con nosotros?” <Príncipe Jake, no—> “No me llames Príncipe”, contestó él automáticamente. “No había Yeerks por ninguna parte en ese submarino cuando estalló”, dije. “Especialmente, ninguna nave yeerk. Quiero decir, vamos, lo habríamos notado.” <No son los Yeerks,> dijo Ax. <Supongo que debe haber algún tipo de especie altamente avanzada entre estos dinosaurios. Pero no son los Yeerks>. “¿Dinosaurios altamente avanzados?” dije. “¿Profesor T-Rex? No lo creo.” “La pasada noche vi algunos destellos extraños a lo lejos,” dijo Jake. “Yo también”, asintió Cassie. “Pensé que eran relámpagos o algo así”. Seguimos andando. “Ax-man, creo que a lo mejor se te ha ido la cabeza.” <¿Yo? ¿Equivocado? Es posible,> dijo poco convencido. <Pero el aspecto de esa luz ciertamente parecía… > Estuvo parloteando un rato sobre la longitud de las ondas y las pautas de impacto retinal y la percepción de la distancia y muchas otras historias andalitas que los humanos puede que comprendamos algún día. Yo desconecté. Estaba observando la manada de Triceratops, que ahora estaba a nuestro lado. Me refiero a que, vamos, todos los niños pequeños tienen un juguete de plástico de un Triceratops alguna vez en su vida. Y aquí estaban. Reales. Dinosaurios auténticos moviéndose por ahí, comiendo hierba, utilizando de vez en cuando sus enormes y largos cuernos para arrancar las sabrosas plantas. Era genial. Dejando a parte el hecho de que habíamos pegado un gran bajón de al menos diez niveles en la cadena alimenticia. Aún así era genial. “Oh, tío, mira. Creo que hemos ido a parar a una especie de barranco o algo así.” dijo Jake. La pradera ante nosotros parecía terminar abruptamente. La hierba no se agitaba por detrás de un cierto punto. “Tenemos que rodearlo” dijo Cassie. “¿Por qué?,” pregunté. “¿Dónde vamos exactamente?” “¿Qué quieres que hagamos?” replicó Jake irritado. “¿Sentarnos aquí y empezar a construir una nueva civilización?” “Me refiero a que no es que hayamos quedado para ir a alguna parte” Continuamos avanzando, incapaces de ver la extensión del barranco hasta que no estuviéramos más cerca. Y de pronto pudimos ver. Era increíble. Como subir al Gran Cañón por primera vez. Estábamos en el borde de un valle con 300 metros de profundidad y algunos kilómetros de largo. Me dio tanto vértigo estar plantado ahí, que casi me caigo. Y habría sido una caída muy larga, con tiempo suficiente para gritar por el camino. Pero no fue exactamente eso lo que de verdad nos cortó la respiración. Por lo que veíamos, el valle no estaba vacío. Ahí abajo, repartidos en los dos kilómetros de extensión del valle, había edificios brillantes, relucientes. Edificios. Y rodeando como protección a esos edificios había algo que se parecía terriblemente a un platillo volante. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara [Revisada por Santiago Ruiz][/b]

[b]Capítulo 20:[/b] “¿Cómo va el ala?” me preguntó Rachel. <Me pica un poco. ¿Cómo van tus pies?> “Me duelen otra vez.” <¿Te estoy haciendo daño en el hombro?> “No. No como el que me hiciste en el estómago cuando me abriste como si estuvieras destripando un pez.” <He dicho que lo siento. Lo he dicho una y otra vez.> “Lo sé. Estoy de mal humor. No he dormido precisamente bien esta noche. Recuerdo haberme tenido que transformar en oso pardo, sólo para que tú vinieras y me rebanaras como si fuera una pizza de pepperoni. Cortarme como si fuera un trozo de queso.” Suspiré. Intenté cambiar de posición sobre el hombro de Rachel sin clavarle mis garras. Habíamos cortado un trozo de la piel del Deinonychus muerto para cubrirle los hombros, pero no se mantenía bien. “Cortarme como si fuera una hamburguesa,” murmuró Rachel. “Como si fuera bacon. Y huevos. Y granos de café molidos. Denny’s. Abandonaría las compras por un desayuno en Denny’s Grand Slam ahora mismo. El de las tortitas. Deja el café para después. Dos salchichas, dos trozos de bacon, dos huevos cocidos, ya sabes. No demasiado blandos y poco hechos. Sirope de arce en las tortitas. Tiene que ser de arce. ¿Qué clase de gente pone sirope de mora a las tortitas?” <¿Así que supongo que tienes hambre?> Volvió sus gélidos ojos azules hacia mí. “Como una barra de pan. Así me cortaste. Como una barra de pan que acabas de sacar de la panadería, crujiente y dura y dorada por la parte de fuera y esponjosa y blanca y aún caliente por dentro. Y mermelada de frambuesa. Tiene que ser de frambuesas. Me gusta la de Smuckers. Un gran tarro de mermelada de frambuesa con trocitos. Bueno, ¿qué tipo de crío exige mermelada sin trocitos?” La miré con mis ojos de halcón. Estaba a pocos centímetros de ella. Era prácticamente como mirarla a través de un microscopio. Ella no había dormido, no se había peinado, y estaba de mal humor. Pero tenía un aspecto estupendo. Miré para otro lado. ¿Cuál era el objetivo? Jeez, mi propio cansancio y hambre debían estar afectándome. Estaba muerto de hambre. Podía ver pequeños mamíferos parecidos a las musarañas correteando entre las raíces de los árboles y cobijándose entre los helechos, pero con un ala inutilizada no había nada que hacer. Lo único que podía hacer era mirar a los árboles mientras caminábamos. Habíamos dejado atrás a la manada de Deinonychus por la noche. Como líder de la manada, les estuve gruñendo hasta que se alejaron. Les dejé desorientados y sin saber qué hacer. Pero muy pronto se reunirían para escoger un nuevo líder. Rachel había adquirido uno. No había sido fácil, pero pude sujetar a la letal criatura el tiempo suficiente para que ella lo tocara. Ahora deambulábamos por el bosque. Buscando comida. Buscando a Jake y a los otros. Buscando una señal a cerca de qué hacer. Estábamos entrando en un área con más vegetación. Había grupos de palmeras aquí y allí. Grupos de cinco a diez árboles con algunos arbustos rodeando la base. Me puso nervioso. Bloqueaban mi visión. Por otro lado… <Hey, ¿los dátiles no crecen en esos árboles?> “No, según mi madre. Está pensando en volver a tener citas. Ya sabes, ya hace mucho de lo del divorcio y… oh. ¿Te refieres a los dátiles que se comen? Supongo que crecen en árboles. (*date significa tanto ‘cita’ como ‘dátil’, de ahí la confusión de Rachel).” <En las palmeras, ¿no?> “¿Y me lo preguntas a mí? Como si me fuera a comprar en medio de la jungla. Recogiendo dátiles de los árboles y tomates de las parras y cereales de, no sé, ¿el árbol de los cereales?” <¿El árbol de los cereales? ¿El árbol de los cereales?> “Oh, vale. Yo hambrienta y tú metiéndote conmigo porque no soy una chica de granja como Cassie.” <Podemos acercarnos a mirar esas palmeras. Puede que tengan dátiles o cocos. Algo que puedas comer.> “Me vendría bien un descanso. Y un poco de sombra.” Nos dirigimos al segundo grupo de árboles más cercano. Dos Triceratops monstruosamente grandes estaban tendidos a la sombra del primer grupo de árboles. Supuestamente son pacíficos come-plantas. Pero eran tan grandes como elefantes, con cuernos de un metro de largo. Así que no importa lo pacíficos que fueran, no quería compartir la sombra con ellos. <Definitivamente hay algo en esos árboles,> dije. Podía ver vainas de algún tipo de racimo entre el ramaje semejante a colmillos. Alcanzamos la sombra del árbol. Rachel me dejó en el suelo y empezó a tirar piedras hasta que cayó una de las vainas. Era marrón, del tamaño de un coco. Utilizó otra roca para abrirla. Dentro había una pulpa blanquecina. “¿Bueno? ¿Qué piensas?” <No sé. No parece que pueda matarte.> Rachel puso los ojos en blanco. Acercó un trozo de pulpa a su nariz. “Huele bien.” Luego se encogió de hombros, se metió un poco en la boca y se lo tragó. “Hmm. No está mal.” <¿A qué sabe?> pregunté. Miré la fruta con envidia. Yo estaba en el suelo, no podía ver mucho más que los imponentes árboles. Pero algo me llamó la atención. A través de los troncos lisos y los alborotados matorrales, vi algo curvado. Se parecía ridículamente a un abanico. Sólo que mucho más grande. Tenía púas o radios con tejidos estampados de brillantes verdes y rojos entre ellos. No, tejidos no. Piel. Pero tenía que ser de algo muerto. No se movía. Estaba totalmente quieto. <Rachel. Creo que hay algo justo al otro lado de este grupo de árboles. Mira —¡yaahhh!> El abanico se había movido. Rachel se quedó congelada. “Por favor, no me digas que es otro de tus dinosaurios.” <¿Cuándo han empezado a ser mis dinosaurios? Sólo tenemos que alejarnos lentamente.> Rachel se agachó para levantarme. “¿Qué es?” <No puedo ver lo bastante como para decírtelo.> Dimos marcha atrás, con nuestra mirada firmemente concentrada en el abanico moteado o aspa. Pero mientras dábamos marcha atrás me di cuenta de que el hombro de Rachel se estaba haciendo más duro como para sostenerme. <¿Qué estás haciendo?> “Me estoy transformando,” dijo. “Yo tengo hambre, tú tienes hambre. Puede que podamos cargarnos a este chico y disfrutar de un excelente desayuno de dinosaurio.” <¿Qué? ¿Qué?> “Me estoy transformando en ese dannynockorus.” <¿Deinonychus?> Ya no podía responderme. Su lengua no era humana. Su piel estaba dura y áspera. Sus hombros se deformaron y salté para aterrizar sobre la hierba. No estaba precisamente contento con Rachel. Pero al mismo tiempo me pregunté si tendría razón. Teníamos la forma del Deinonychus. ¿Por qué no utilizarla? Empecé a transformarme yo mismo. Genial, significaba que tendría que ajustarme la tablilla otra vez. Así no me iba a curar. Aunque bien mirado, pasar hambre tampoco es muy bueno para la salud. La brisa cambió. La piel y el hueso de aspa se movió. Se movió para sentir la brisa. Había algo reconcomiéndome en el fondo de la cabeza. ¿Qué se me estaba olvidando? Dibujé en mi mente mis muñecos de dinosaurios. Tyrannosaurus rex, Brachiosaurus, Stegosaurus, Allosaurus, Spinosaurus. ¿Spinosaurus? Una gran aspa en su espalda. ¿Qué pasaba con él? ¿Cómo era? ¿Qué hacía? ¿Era un herbívoro? ¡Se movía! ¡CRASH! ¡CRASH! ¡Crrrrr-UNCH! El aspa se levantó cuando el Spinosaurus se puso en pie. CRASH cuando quebraba los arbustos mientras se volvía para mirarnos. CRUNCH con el tronco de un árbol cuando metió la cabeza entre ellos para mirarnos más de cerca. La cabeza era más grande que Rachel entera. Ella estaba completando ya su forma de Deinonychus. ¿Sería capaz de controlar los instintos activos del dinosaurio? Tenía más experiencia transformándose que yo. El Spinosaurus nos miró. O a Rachel, al menos. <Nos tiene miedo,> dijo. <Es grande, pero probablemente sólo se trata de alguna enorme vaca prehistórica, ¿no?> <Rachel. Mírale los dientes. ¿Son cómo los dientes de los herbívoros?> <Oh.> El Spinosaurus se levantó hasta su tamaño completo, apareciendo inmenso a través de los árboles. El aspa curvada de su espalda era casi dos metros de alta. De la cola al hocico tenía dieciocho metros de largo. Se mantenía sobre dos patas –patas más pequeñas y débiles que las de un Tyrannosaurus, pero perfectamente capaces de correr. El Spinosaurus se mantenía en silencio. Simplemente observaba como dos Deinonychus surgían de un pájaro y una chica. <Aún podemos cogerlo.> Esa era Rachel, por supuesto. Yo nunca diría nada tan estúpido. <¿Estás loca? Eso pesa toneladas. Nosotros pesamos kilos.> <Somos dos. Él sólo es uno.> <¡Uno es suficiente!> <Vale. Salgamos corriendo.> <Ahora sí hablas con sensatez.> Nos giramos. Corrimos. Corrimos directos hacia otro amigo Spinosaurus. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] ¿Qué podía hacer? Tenía que atacar. El cuerpo del Deinonychus hervía de fuerza y energía letal. Por otro lado, el Spinosaurus era muy muy grande. Para hacerte una idea, si ambos fuéramos perros, el Spinosaurus sería un pastor alemán y yo un chihuahua. No había alternativa. No podíamos escapar también del segundo Spinosaurus. <¡Al ataque!> chillé. Salté. Las piernas como resortes de hierro me levantaron del suelo y volé atravesando el aire, con las letales garras afiladas preparadas para atacar. Apunté a la barriga expuesta del Spinosaurus. ¡SLASH! Con mis descomunales garras. ¡Dos brillantes líneas rojas en la barriga del Spinosaurus! Dos pequeñas líneas en las que parecía que el Spinosaurus debía ponerse una tirita. El Spinosaurus estaba perplejo. Y luego pareció enfadarse. Sacudió la extraña aleta de su espalda y abrió las mandíbulas y me miró como si tuviera la palabra “Oscar Mayer” impresa en la espalda. <Vale, olvida el ataque. Volvemos al plan “B”. ¡Correr!> Y fue entonces cuando me di cuenta de otra criatura surgía sigilosamente de entre los arbustos. Se movía sobre dos patas. Estaba recubierta de una textura áspera como si en realidad su piel estuviera agrietada. Era rojiza. Tenía dos ojos enormes y una boca pequeña, todos del mismo matiz rojo-oxidado. Se levantaba sobre unos tres metros de altura. E iba armada. No era un dinosaurio. La criatura levantó el arma y apuntó con ella al Spinosaurus herido y enfadado. No vi ningún destello. No oí ninguna explosión. Pero el Spinosaurus se derrumbó. Como una secoya cayendo en medio del bosque, se derrumbó. ¡WHAMMM! El segundo Spinosaurus pareció entenderlo y decidió volver a dormir. Tobias y yo nos quedamos ante la criatura rojo-oxidado que empuñaba el arma. <¿Qué narices… qué es eso?> <No lo sé,> dijo Tobias. <Pero puedo asegurarte que ninguno de mis juguetes de dinosaurios llevaba armas.> La criatura se nos quedó mirando con curiosidad con lo que parecían ser sus ojos, aunque no eran más que meras hendiduras en su cara. Desde su cabeza surgieron un par de antenas, flexibles como látigos, y empezaron a agitarse hacia nosotros. Satisfechas después de unos segundos, las antenas se retiraron. “No podéis matar a esas criaturas. Quedan muy pocas. Son nuestras. Todas las criaturas son nuestras. Todo es nuestro. ¿Qué sois?” preguntó con una voz áspera, chirriante, zumbante. Hablaba inglés (*español en la traducción). Bueno, en Star Treck ves a los extraterrestres hablando inglés todo el tiempo. Como si fuera normal. Pero en la vida real, cuando te encuentras a un extraterrestre hablando inglés, queda simplemente extraño. Como mucho supones que deberían hablar ruso o japonés o algo así. “Responded.” <Somos… dinosaurios,> dije, sintiéndome bastante idiota. “Habláis sin pronunciar sonidos. Explicaos.” <¿Por qué no te explicas tú?> dije. <¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y cómo es que hablas nuestro idioma?> “Os escuchamos mientras hablabais. Os escuchamos durante mucho tiempo. Desde la noche.” <¿Cómo ha conseguido este tipo seguirnos y escucharnos?> pregunté a Tobias. <No lo sé. Lo habría visto.> “Cambiad a vuestra otra forma.” <Nos ha visto transformarnos.> <¿Qué eres?> preguntó Tobias. “Somos los Nesk. Este es nuestro planeta. Cambiad a vuestra otra forma.” <Qué prepotente, ¿no?> dije. <Tiene un arma.> <No me gusta. Huele, a algo. Y el olor… hay algo familiar en él. Algo malo. No puedo recordar el qué. No puedo situarlo. Pero algo va mal.> “Este arma puede dejar inconscientes a las criaturas. Eso es lo que le ha pasado a la enorme bestia que habéis atacado. Pero también puede matar. Cambiad a vuestra otra forma. U os mataré.” El Nesk levantó el arma y nos apuntó con ella. Quizá tendría que rendirme para no acabar como el Spinosaurus de dieciocho metros de largo. Pero me he enfrentado a un buen puñado de extraterrestres prepotentes con armas de rayos. Sabía que este personaje Nesk con su problema de ego esperaría que me abalanzara contra él, como un dinosaurio. Pero soy humana. Mejor aún, soy una gimnasta. Así que, como en la barra de equilibrios, me mantuve sobre una pierna y batí mi fuerte cola contra el Nesk. <¡Toma eso!> Mi cola le golpeó con fuerza. Se estampó contra la parte baja del pecho del Nesk. Mi cola lo partió por la mitad. La parte de arriba simplemente se cayó. Como si hubiera talado un árbol. <¡Oh, dios mío!> grité horrorizada. Sólo intentaba derribarlo. Pero mi horror cambió de tono. La parte de abajo del cuerpo parecía estar disolviéndose. ¡Dividiéndose en miles de decenas de miles que diminutas y retorcidas piezas! Y la parte caída del cuerpo aún parecía estar sujetando el arma. ¡Apuntándome a mí! No había tiempo para la compasión. Embestí, con la boca totalmente abierta. Le di un bocado en esa mano levantada. Se disolvió. Se desmigajó. Sentí un cosquilleo en mi boca. Luego unas punzadas, quemaduras. Escupí el arma. Cayó contra el sueño. Y una oleada de partes del cuerpo del Nesk se abalanzaron para alcanzarla. Mi boca seguía sintiendo las punzadas y quemaduras. Las diminutas partes del cuerpo rojizo empezaron a arrastrarse fuera de mi boca, hacia mi hocico. Hacia donde mis ojos podían verlas con claridad. Luego recordé ese olor. El olor acre de una galería, el hedor de letales autómatas que intentaban hacerme pedazos. ¡Hormigas! El Nesk estaba hecho de millones y millones de hormigas. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] -Vale, estos edificios no han sido construidos por dinosaurios- dijo Marco. Jake miró a Ax. -Ax, ¿tienes idea de lo que está pasando aquí? Ax miraba tan confundido cómo era capaz de hacerlo. -< ¿Estáis seguros de que este no es un capítulo desconocido de la historia del ser humano?> -Ax, en esta época, los humanos son un destello en los ojos de algún pequeño mamífero. Estamos lejos de ver el primer primate. Lejos del humano actual. ¿Podrían ser andalitas? (En EE.UU. “destello en los ojos” es una forma bonita de decir espermatozoides) -<No son andalitas>- dijo Ax- Nosotros no habíamos evolucionado aún hasta este punto. De hecho, creo que nuestro planeta sigue estando localizado en dos estrellas diferentes, una de las cuales se convertirá en una supernova y explotará, pero de una forma que la onda expansiva no…> -Un simple “no” hubiera bastado –interrumpió Marco. -<Desde luego no son Taxxonitas, Hork-Bajirs o incluso Yeerks. Ninguna de estas especies existe todavía> -¿Los Pemalitas? –sugerí. Nosotros sabíamos de los Pemalitas gracias a Erek. Erek parece y actúa como un chico normal, pero en realidad es un androide, un Chee, construido por una raza alienígena extinta conocida cómo los Pemalitas. Marco sacudió la cabeza. -Erek nos dijo que cuando los Chee llegaron a la Tierra, el último Pemalita ya estaba muerto. Luego, añadieron su esencia o lo que quiera que sea a los lobos. Y aquí no hay lobos. Seguramente estamos unos diez millones de años atrás en el tiempo antes de que aparecieran los lobos. -Entonces, ¿quién está rondando por la Tierra en esta era, que es capaz de construir ciudades y platillos volantes? –preguntó Jake impaciente. -¿Por qué no se lo preguntamos a ellos? -dije señalando a la pequeña ciudad del valle –o al menos, vamos a echar un vistazo. Mi forma de águila pescadora sería perfecta. Hay pájaros en esta era, de modo que no resultare demasiado evidente. Jake asintió. -De acuerdo, eso será lo que haremos. Iremos todos. Pero esto no para de ponerse cada vez más extraño. -Sabes que sólo uno de nosotros tiene que ir –sugerí -¿Por qué no lo hago yo?, vosotros podéis esperarme aquí. Jake arqueó una ceja. -¿Qué quieres decir? -Bueno, ¿no se supone que debemos asumir el mínimo riesgo posible? Jake sacudió la cabeza y se quedó mirándome como si no pudiera imaginarme fuera. “Mira, hemos perdido a Rachel y a Tobías –dije de golpe –He perdido a mi mejor amiga y no quiero perder…, ya sabes, a nadie más. Marco me miró como si estuviera a punto de hacer un chiste, pero paró. De todas formas creo que no pudo contenerse del todo y por eso dijo: -¿Por qué no voy con Cassie? Alguien quien creo, no está preocupada por perderme a mí, precisamente. Miró a Jake con una amplia sonrisa de satisfacción. Jake giró los ojos. -No vamos a perder a nadie, ¿vale? Seguramente estaremos todos más seguros si permanecemos juntos en el aire. Aquí en el suelo tenemos un enorme Tyranosaurio del que preocuparnos. Tenía sentido. Pero no me hacía sentir mejor. Sólo habían pasado veinticuatro horas desde que vi por última vez a Rachel. No había tenido mucho tiempo de pensar en ella. Había estado ocupada permaneciendo viva. Y la verdad es que no quería pensar que ella realmente se había ido. Pero la última noche, en ese terrible y negro caos ciego, incapaz de decir de donde venían los gritos de terror de Jake, yo sólo seguía pensando “No, no puede ocurrir otra vez. No puedo perder a Jake” Ahora, aquí estábamos, mirando abajo fijamente a lo que podía ser nuestra única salvación en este mundo tan peligroso. Pero estaba más preocupada que antes. Quizás confíe más en los animales que en la civilización. -De acuerdo –dije- Pero tengo un mal presentimiento con esto. Mirad, esto no puede estar bien. No puede haber una ciudad aquí abajo. No tiene sentido. No hay ciudades en la era de los dinosaurios. Tampoco hay platillos volantes. Sé que tenemos que explorarlo, pero necesitamos ser muy precavidos. Comencé a concentrarme en mi forma de águila pescadora. Un águila pescadora es un tipo de rapaz que vive cerca del agua y se alimenta de peces. Los patrones de las plumas grises comenzaron a dibujarse en mi piel. Vi como mis talones se alargaban y mis brazos giraban hasta tomar la forma de un ala. Era una transformación que había hecho muchas veces. Pero era una transformación en un mundo distinto, en donde los pájaros existían en un número muy reducido. Soplaba un agradable viento helado y cabía esperar que habría unas excelentes corrientes termales que nos elevaban rodando por encima de las escarpadas paredes del valle. -< ¿Todo el mundo preparado?>-preguntó Jake. -< ¡Mirad!>-chilló Marco. Media docena de pequeños dinosaurios, los cuales se sostenían sobre dos patas y no medían más de un metro y medio de alto, nos miraron con unos enormes ojos amarillos. -<Seguid volando>-dijo Jake. Los dinosaurios atacaron y corrieron. Fue una carrera muy rápida. -<Estoy empezando a cogerle asco a este lugar>-dijo Marco cuando agitamos las alas en la brisa mientras nos pisaban los talones. Alcancé el borde de la roca. Abrí mis alas y me lancé al vacío. Los pequeños dinosaurios se detuvieron en el borde y observaron como nos íbamos. -<Este parece ser un periodo peligroso en la historia de la Tierra>-dijo Ax-<Es una maravilla pensar que los humanos hayan podido evolucionar en un mundo tan peligroso.> -<Los dinosaurios desaparecieron antes de que los humanos evolucionaran>-señalé. -< ¿Todos?>-preguntó Ax, confuso. -Si. No hubo dinosaurios en la era en la que los humanos comenzaron a aparecer. Todos habían sido borrados del mapa hacía tiempo.> -<Eso si no contamos a los Picapiedra> -dijo Marco-<”Flintstones, meet the Flintstones, they’re the modern stone age family”.> Había tenido razón en cuanto a las corrientes termales. Te sientes bien cuando flotas sobre aire caliente. Sé que es una locura, pero me sentia más en casa con mi forma de águila pescadora que con mi propio cuerpo humano. Los humanos sólo parecían estar completamente fuera de esta era. Volamos hasta la luminosa ciudad del valle. Con mis ojos de águila pude verlo todo con mayor claridad. Había edificios a ras de suelo que se formaban en la roca como si fueran parte de la corteza terrestre. Las ventanas estaban colocadas en lugares extraños. Algunas apuntando hacia afuera y otras a modo de tragaluces. Y habían plantado campos de cultivo en elegantes círculos perfectos en lugar de en filas. -<From the town of Bedrock, they’re a page right out histo-ree>-cantó Marco. Cuando nos acercamos más, pudimos ver a una clase de criatura. Parecían como unos cangrejos altos…muy altos. Sólo con una concha de múltiples colores de aspecto salvaje: azul profundo, verde primavera, naranja. Y si en uno de los lados tenían algo parecido a una pinza muy larga, en el otro tenían un par de manos. -<Definitivamente, esta es una especie que no conozco>-se ofreció a decir Ax. -<No parecen amistosos>-dijo Marco. -<Marco, ¿Cómo puedes saber si…? ¡BAM! ¡Algo me alcanzó! Estaba dando vueltas en el aire. Caí tres metros, abrí mis alas y me impulsé hacia la brisa. No me había roto nada. < ¡Jake!>-grité. < ¡Atentos, aquí viene otra vez!-gritó Jake. Giré la cabeza justo a tiempo de ver como ocupaba todo mi campo de visión. Como un murciélago monstruoso. Alas de cuero verde amarillentas de siete metros de longitud. Una larguísima e imposible cabeza huesuda. -<No puedo creer que algo tan grande se haya movido sobre mí>-dije. -<Hay más>-dijo Ax concisamente. Estaban saliendo de las cuevas en las paredes del valle. Habría cuatro, seis de ellos. Abrieron sus amplias alas de cuero y cayeron en picado hacia nosotros. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Leyenda_Personal Revisado por Elfangor[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Se abalanzaron hacia Rachel. Millones de hormigas. Y un grupo de ellas ya se estaba reagrupando sobre el arma, formando una especie de mano para alzarla y apuntar. Tenía una idea bastante precisa de cómo enfrentarme a eso. Salté. Aterricé con ambos pies sobre las hormigas que rodeaban el arma. Y empecé a pisotearlas. Las pisoteé como un loco con los enormes pies del Deinonychus. No eran pies especialmente buenos para pisotear porque tenían básicamente la misma forma que los pies de las aves. Pero eran rápidos. Me movía a una velocidad de bastantes pisotones por segundo. Y cualquiera que fuera el tipo de super-extraterrestres que fueran estas criaturas, no podrían soportar que un dinosaurio del tamaño de un hombre las pisoteara. El Nesk se dividió y salió corriendo. Rugí triunfante y me volví hacia Rachel. Estaba quitándose de encima a las hormigas con los lametazos ávidos de su larga lengua. <De entre toda la Tierra o fuera de ella, ¿qué narices era eso?> dije. <No quiero ni saberlo,> dijo Rachel. <Aunque te diré algo a cerca de este Parque Cretácico tuyo. No me gusta. Me está crispando hasta el último nervio. No es suficiente que estemos rodeados por todos lados de dinosaurios asesinos. ¡Noooo, tiene que haber también criaturas-hormiga del planeta Zeptron!> <¿Zeptron?> <Es la primera palabra que me ha venido a la mente, ¿vale? ¿También tú quieres crisparme los nervios?> <No. Definitivamente no. Pero quizá deberíamos—> ¡Ch-ch-ch-CHEEEEEW! ¡Ch-ch-ch-CHEEEEEW! ¡Ch-ch-ch-CHEEEEEW! La tierra tras de mí explotó, como si la hubiera cortado un arado invisible. Salté. ¡Otra marca de arado detrás de mí! Vi movimiento. Y allí, corriendo hacia nosotros a través de la llanura, se encontraba una nave reluciente y plateada. Quizá el doble de grande que un caza-Insecto. Pero construida como una larga pirámide, con una prolongada terminación. ¡Ch-ch-ch-CHEEEEEW! ¡Ch-ch-ch-CHEEEEEW! La nave volvió a disparar y abrió dos surcos más sobre la tierra. <¡Corre!> dijo Rachel. <¡Corre!> asentí. Corrimos. Los Deinonychus pueden correr cuando quieren. Y muy rápido. Puede que a unos treinta kilómetros hora. Por desgracia la pirámide plateada era unas cien veces más rápida. Pero vaciló. Eché un vistazo y la vi disminuir la velocidad sobre el lugar en el que antes habíamos estado. Dejó bajar hasta el suelo una especie de tubo con una pala en la punta. Y juro que hizo subir a las hormigas que habíamos estado pisoteando. Luego volvió a por nosotros. Lo esquivamos y la nave disparó, abriendo un surco detrás de otro en el suelo que nos rodeaba. <¡Están jugando con nosotros!> grité. <No me gusta este juego,> dijo Rachel. <No, me refiero a algo como lo del gato y el ratón. Pueden alcanzarnos con un disparo en cualquier momento. Fallan a propósito. Están disfrutando con esto.> <O nos están conduciendo a donde ellos quieren,> dijo Rachel gravemente. <Quieren que sigamos este camino.> Justo delante de nosotros había una pequeña manada de Triceratops. Por supuesto, con lo de pequeña me refería al número de animales de la manada. Cada uno era del tamaño de un elefante. <Tengo que ver qué es lo que hay ahí delante, detrás de la manada,> dije. <¡Voy a saltar por encima!> <¿Qué?> No tenía tiempo de explicarme. Llegamos a donde estaban los Triceratops. Uno de esos enormes toros preparó sus cuernos de un metro de largo para cargar contra nosotros. Me hice a un lado y salté sobre la espalda de una hembra igualmente grande pero menos alerta que éste. ¡Salté! Me elevé en el aire, encogí las patas justo a tiempo para descargarlas sobre la espalda del Triceratops, reboté sobre ella, y me precipité otros tres metros por encima. Desde ahí arriba podía ver la trampa. Y luego caí. ¡WHUMPF! Me golpeé contra el suelo, rodé, me puse en pie y grité, <¡Tienes razón, es una trampa! Hay un ejército entero de ellos. ¡Un ejército de hormigas! ¡Billones! La única escapatoria es a la izquierda, pero hay una caída escarpada. No sé lo profunda que es.> <¡Genial! ¡Una caída escarpada o un ejército de hormigas! Buenas alternativas.> <Cuando cuente hasta tres, giramos a la izquierda y seguimos corriendo no importa qué pase. Uno… dos…> <¡Tres!> gritó Rachel. Nos precipitamos hacia la izquierda. ¡Ch-ch-ch-CHEEEEEW! Las explosiones de tierra y rocas atravesaron la llanura, pero no me importaba. Ya había visto lo que teníamos delante. Esto era mejor. Corrimos, jadeando y resollando, hacia lo que parecía el final del mundo. Un repentino agujero. Un vacío. <¿Qué es eso que siempre dicen los paracaidistas antes de saltar?> pregunté. <¡Jerónimo!> chilló Rachel. <Sí, eso era,> dije y salté hacia el vacío. Rachel iba tres segundos por detrás de mí. Podrían haber sido dos metros de caída. Podrían haber sido tres. Por desgracia, eran unos trescientos metros. <¡Aaaaaaahhhhhhhhh!> chillé. <¡Aaaaaaahhhhhhhhh!> repitió Rachel. Caímos, caímos, rodando fuera de control, sin tiempo para transformarnos. Iba a morir. Me estrellaría contra la tierra por debajo de nosotros y moriría. Pero incluso mientras me retorcía gritando por el aire, juro que vi edificios brillantes. Y luego, mucho más cerca, un pájaro. Un pájaro muy familiar. En mi propio mundo tengo que vigilar a los halcones peregrinos. Mira, cualquiera de ellos intentaría siempre deshacerse de un halcón. Era como una broma delirante. Como si el destino estuviera riéndose de mí. Dinosaurios, extraterrestres y ahora mi viejo némesis, un halcón peregrino. Entonces vi el otro par de alas. Las alas de ocho metros de largo y cinceladas de forma huesuda de una criatura no humana que nunca había visto antes. ¡Pteranodonte! pensé. Solía jugar contigo. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Los dinosaurios voladores también estaban en el cielo. Ese era el problema. Nosotros éramos mucho mas ágiles, pero ellos contaban con la altitud Y aunque seguramente iban despacio, estaban dando vueltas en círculos sobre nosotros, lo que nos obligaba a ir abajo. Abajo hacia la ciudad que brillaba tenuemente debajo de nosotros. Miré en todas direcciones. ¿Cómo podíamos escapar? ¿Cómo podíamos escapar de esa trampa? El platillo volante plateado estaba aun a unos siete u ocho metros debajo de nosotros, las agujas más altas de la ciudad alienígena estaban tan tolo a diez metros más abajo. Estábamos atrapados. Si subíamos, los dinosaurios voladores. Si bajábamos, una ciudad llena de cangrejos brillantes y extraños. <Detrás, hacia la pared rocosa> dije. <Las corrientes térmicas serán mas fuertes allí. ¡Tal vez consigamos elevarnos lo suficiente para pasar directamente encima de ellos!> Giramos atrás hacia la pared rocosa. Cuatro de nosotros. Cassie y Marco convertidos en águila pescadora, Ax en un aguilucho del norte, y yo en un halcón peregrino. Volamos a toda velocidad hacia las rocas. Yo podía ver las colonias de dinosaurios voladores que anidaban allí, sobre los ricos en las cuevas bajas. Y como agitaban sus alas. ¡Estúpido! Estaba conduciéndonos directamente hacia más de esas horribles criaturas. Solamente les estaba ahorrando el trabajo. <¡Preparaos todos! ¡Pasad rozando la pared rocosa!> Estaba a diez segundos de chocarme de lleno contra la pared rocosa. Cinco. ¡Tres! ¡Algo caía hacia mí! La cosa veloz se marchó. Dos dinosaurios parecidos a un tiranosaurio en miniatura caían, dando patadas y escarbando. ¡Saltaron de la roca! Mientras caían un montón de rocas se desprendieron detrás de ellos. Ellos se cayeron. Uno de los dinosaurios voladores que tenía alas que parecían cuero se acerco a nosotros. ¡En un rápido movimiento, uno de los dinosaurios que bajaba hacia al vació extendió su pequeña pata delantera y la clavo en una de las alas de cuero! Mi asombro era total, y entonces el dinosaurio logró alcanzar con su otra garra la otra ala. El dinosaurio extendió las alas todo lo que podía. Siete metros de ala a ala. Como un planeador. Pero simplemente podía deslizarse con el dinosaurio que se le había enganchado. El segundo dinosaurio se logro agarrar con una de sus piernas a una roca saliente. Esto redujo la marcha de su caída, pero sólo durante un segundo, entonces el dinosaurio volvió a caer alejándose. Pero ahora había bastante tiempo. El dinosaurio que estaba sobre el que parecía un planeador logró que el volador fuera hacia donde caía el otro. <¡Rachel, prepárate!> grito el primer dinosaurio. <¿Tobias?> <¿Jake?> ¡WHAW! Tobias saltó sobre Rachel y la golpeó de lleno. Rachel fue golpeada contra la pared rocosa. Tobias fue capaz de agarrarse a una repisa. Rachel escarbó desesperadamente, pero siguió cayendo sin remedio. Hasta que cayo en una zona que estaba en los dominios de los dinosaurios voladores. La caída fue brutal, la agitación y los gritos de la pelea levantaban suciedad mientras rodaba por la roca, pero cuando el polvo se levantó, Rachel estaba… O al menos un dinosaurio… apretando una de sus garras contra una de las alas de cuero y la otra la tenía en el cuello. Ella lo arrastró hacia el borde de aquella abertura en la roca, mientras los dos se agitaban como locos. Y cayeron. Fui tras ella, mientras llamaba a los otros. Abajo, Abajo, Abajo. Y entonces… ¡WHAM! Ella aterrizó. Pero no sobre el suelo del valle. Ella aterrizó en el aire. Fue arrugada sobre lo que parecía un conjunto de corrientes de aire. Y las dos alas andrajosas de cuero estaban a su lado. También en la colisión del aire. <¡Un campo de fuerza!> grito Ax. Me lancé encima del campo de fuerza, y mi esternón rozó algo pareció una azotea de cristal. Los demás cayeron abruptamente y aterrizaron sobre el campo de fuerza. <¿Rachel?> gritó Cassie <¡¿Eres tú?!> <Por supuesto. Soy yo> dijo Rachel, como si el hecho de que ella fuera un pequeño dinosaurio que acababa de saltar de una roca, teniendo agarrado a un dinosaurio volador de alas de cuero gigantescas para acabar aterrizando en un campo de fuerza alienígena fuera lo más normal del mundo. <¿Quién iba a ser sino?> Todos nos quedamos mirando la extraña visión que teníamos delante: Un águila pescadora intentaba abrazar a un dinosaurio. <Obviamente eso ha sido demasiado amistoso> comenzó Marco <¡Pero vosotros dos estáis vivos de verdad!> <Desde luego> Tobias dijo. <¿Pensabas que el hecho de haber sido ingeridos por un Cronosaurio nos iba a matar? Nah. ¿O por el hecho de haber sido perseguidos por una manada de Deinonychus?> <¿Qué eres tú, el chico dinosaurio?> preguntó Marco. <Ahora ya sabes lo que he estado oyendo desde ayer cuando nos separamos> dijo Rachel <Que si esto es un dinosaurio no-se-que; que si ese de allí es un no-se-cuantos. Tobias los recita todos, como cualquier persona normal recitaría a toda velocidad los nombres de los mejores diseñadores de moda> <¿Cómo se llama la forma en la que estáis convertidos?> pregunte. < Deinonychus. Y aquellos reptiles volantes de allí Pterodáctilos> dijo Tobias. <¿Acaso soy la única persona que jugaba de vez en cuando con dinosaurios cuando era pequeño? > <¡Eh! Allí abajo hay edificios> dijo Rachel <¿Nos habrán seguido? Nosotros estábamos siendo perseguidos por esos alienígenas que son como hormigas, pero que pueden unirse para formar cuerpos y llevar armas. Él… o ellos… dijeron que se llamaban los Korla> Todos nuestros ojos se giraron hacia Ax. El parecía un poco exasperado. <No se nada. Nunca he oído hablar de ellos. Estamos millones de años en el pasado, como sabéis. No podéis esperar que me sepa todas las especies de la historia de la galaxia> <Al menos sesenta y cinco millones de años en el pasado> dijo Tobias <En la Era Cretácica. La ultima época de los dinosaurios.> Marco gimió. <Que mala suerte. ¡Sesenta y cinco millones de años! Pensaba que solamente estaríamos a seis o siete millones de años. Tenía la esperanza de encontrarnos a algunos humanos primitivos. Ya sabéis, como en esa película antigua La búsqueda del fuego. Solo la tribu de bebe, no la tribu cabelluda. Si estuviera esa tribu primitiva, debido a mi conocimiento superior yo me habría convertido en su jefe> <¿Tu conocimiento superior en que, Marco? ¿Tu conocimiento superior en los poderes de Spider-Man?> preguntó Rachel con desdén <Si tu entraras en una tribu de Neardentales acabarías siendo su mascota favorita> Todos nos reímos. Incluso Marco. Era agradable tener de nuevo a todo el grupo reunido otra vez. Pero tenía que pensar que haríamos ahora. <Siento interrumpir, pero por lo que parece estamos de pie sobre un campo de fuerza a treinta metros más o menos del suelo de un valle lleno de alienígenas. Pienso que deberíamos irnos de aquí. Lamentablemente, hay todavía demasiados Pterodáctilos locos encima de nosotros.> <Y tal vez un pequeño barco de esos Korla fusionadores> advirtió Tobias <¿Son los mismo alienígenas que hay en el valle?> <No> dijo una voz <Los Korla y los Mercora no son los mismos> Miré a Ax. Él me miró. Todos los demás se miraron entre ellos. Ninguno de nosotros hablo. Ninguno de nosotros conocía aun la palabra “mercora” Fuera del campo de fuerza, ellos fueron apareciendo gradualmente. Al principio solo había una ondulación en el aire, entonces una especie de imagen de televisión apareció en el aire. La imagen era clara, real, y tridimensional. <¡Un localizador , tienen un sensor de fuerza en el escudo!> dijo Ax entusiasmado <¡Excelente!> Estábamos cara a cara con los alienígenas. No, para ser ciertos no, debido a que nosotros no sabíamos exactamente donde tenían la cara. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Lender Revisado por Elfangor[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] Los andalitas sabemos más que nadie en toda la galaxia sobre razas alienígenas. Hemos estado muy lejos en el espacio y hemos viajado mucho. Además, somos científicos aparte de guerreros, así que cuando descubrimos una nueva raza, la estudiamos. Nosotros los observamos a distancia, sin interferir y sin esclavizarlos, lo contrario a lo que hacen los yeerks. Sabemos de los gedds, de los hork-bajir y los taxxonitas, de los Korla, los Skirt Na y los humanos, y muchas, muchas otras. Pero esta raza, los Mercora, eran muy extraños. Para empezar, ellos no eran nada simétricos. Había tres de esas criaturas. Tenían siete piernas cada una. Cuatro a un lado y tres al otro. Para empeorar el asunto, las cuatro piernas eran mas largas que las otras tres. Ellos correteaban cayéndose un poco hacia la dirección en la que tenían las tres piernas pequeñas. Median aproximadamente la mitad que un ser humano y unos tres metros de ancho debido a sus piernas. Sobre las piernas del lado en el que tenia cuatro, se veía una garra con tres uñas. Parecía muy poderosa. No me hacia ninguna gracia pensar en tener que enfrentarme a esa cosa. En el otro lado, el lado débil, tenia dos brazos similares a los míos pero que tenían mas fuerza que los brazos de los humanos. Los brazos acababan en dedos afilados y delicados. Tenían muchos ojos. Y no paraban de abrir y cerrar uno, dos y hasta tres ojos a la vez. Los ojos eran ocultados por trampillas diminutas dentro del exoesqueleto de los Mercora. Los ojos no paraban de aparecer y desaparecer. Era algo muy entretenido. <Finalmente,> refunfuño Marco <hemos encontrado a alguien que ganaría una competición de aguantar la mirada con Ax.> <Somos los Mercora> dijo uno de ellos telepáticamente. <Somos inmigrantes en este planeta. Pensábamos que conocíamos a todas las especies de este planeta. Pero nunca nos habíamos encontrado con una especie inteligente, hasta ahora.> <Ellos creen que somos inteligentes> susurro Rachel >Marco, estate callado. No queremos que descubran la verdad.> Es extraña la facilidad con la que los humanos recurren a lo que llaman humor cuando están asustados. Supongo que lo hacen para dominar el ambiente peligroso al que están acostumbrados en la Tierra. Me preguntó como habrían sido ellos si hubieran coexistido con los dinosaurios. <¿Puedo preguntar lo que sois?> preguntó el portavoz de los Mercora. <¿Es seguro decirles la verdad?> preguntó Cassie en privado solo a nosotros. <Estamos sesenta y cinco millones de años antes de que el primer yeerk llegue a la Tierra> dijo el Príncipe Jake <Además, quizás estos Mercora puedan ayudarnos a volver a casa> El príncipe Jake dio paso al frente. Todo lo bien que puede dar un paso al frente un halcón sobre un campo de fuerza. <Somos humanos. Excepto él…> tras decir eso inclino su cabeza hacia mí <Él es un andalita> El mercora nos miro confuso. Creo. Es difícil se asegurar. Apenas se identificar correctamente las expresiones faciales humanas. Pero en todo caso, el mercora abrió y cerro mucho mas rápido sus numerosos ojos. <¿Vivís en este continente?> <Bien…> dijo el Príncipe Jake <Es una historia largar. ¿Um, Ax? Probablemente tú puedes explicárselo mejor que yo.> <Si, Príncipe Jake. Venimos del futuro.>- dije. <¡Eh! Esta explicación es mucho mejor que cualquiera que habría podido dar Jake> dijo Marco <”Venimos del futuro.” Tenemos que dar gracias por tener a un chico-espacial extraterrestre que es capaz de explicar cualquier cosa.> <¿Del futuro?> dijo el mercora <¿De cuanto tiempo en el futuro?> <De… de muy, muy lejos> respondí. <No es momento para ponerse técnicos.> dijo Marco secamente. <Mire, señor, aunque bueno, no sé si eres señor o señora mercora. Nosotros no somos lo que parecemos. Si usted nos promete no contar nada a unos seres que vendrán dentro de sesenta y cinco millones de años se lo mostramos. ¿Vale?> <Si, hay que hacerlo> dijo el Príncipe Jake. <¿Qué podemos perder?> <Aparte de nuestras vidas> añadió Rachel secamente. <Es mi decisión> dijo el Príncipe Jake pesadamente. <Pienso que deberíamos destransformarnos.> Empecé a hacerlo. Eso debió ser sin duda una extraña visión para los mercora. Cada uno de ellos tenia abierto un numero alarmante de ojos. Tobias paso de dinosaurio a Halcón. Rachel de dinosaurio a humana. Cassie, Marco y el Príncipe Jake de aves a humanos. Y yo de ave pase a andalita. <Como podéis ver> explique <somos de dos especies distintas. Ellos son humanos. Yo soy andalita> <¿Y que es él?> preguntó el mercora señalando a Tobias con ambas manos. <Él es humano, pero sufrió un accidente y quedo atrapado en esa transformación.> <Sois unas especies muy raras> dijo el mercora. <Pero sois bienvenidos, mientras vengáis en son de paz y no sirváis a los Korla.> -Fueron los Korla los que nos persiguieron hasta aquí –dijo Rachel. <¡Ahora esto habla con sonidos!> comento el mercora. -Sí, esto solo habla telepáticamente cuando esta transformada –dijo Rachel- Cuéntanos porque los Korla y vosotros no os ponéis de acuerdo. <Ellos quieren destruirnos. Quieren el planeta para ellos solos. Pero no queremos marcharnos. Este es nuestro mundo ahora. Nuestro planeta original fue destruido cuando nuestro sol desapareció dentro de un agujero negro. Somos todo lo que queda de los mercora. Y no podemos dejar este planeta. No queremos. Es mejor de lo que jamás habíamos deseamos. Es maravilloso. Maravilloso. Y este será siempre nuestro hogar.> Un segundo mercora se dispuso a hablar. <¿De que planeta del futuro venís vosotros, humanos y andalitas?> Cassie comenzó a contestar. -En realidad somos de la Tierra. Es el nombre que le damos a… De pronto ella se callo y miro impresionada. Tobias tenia la mirada fijamente clavada en ella. Y luego el me hablo, con telepatía privada, un susurro que había hecho callar a Cassie. Un susurro que los mercora no podían oír. <Que nadie les diga que somos de este planeta> dijo Tobias. <¿Me oís? Que nadie les diga que este es nuestro planeta.> Durante un momento estuve sorprendido. Despacio, comprendí lo que quería decir. El mercora estaba equivocado: ellos no iban a ser una parte del futuro de la Tierra. O habían a sido obligados a dejar el planeta… o habían sido destruidos. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de David Usón Peña [Lender][/b]

[b]Capítulo 26:[/b] “¿Sabes?, para ser enormes cangrejos torcidos, con demasiados globos oculares, estos tipos están realmente bien,” dije mientras me reclinaba contra una campo de fuerza con la forma de una cómoda silla y teñido de un atrayente azul. Había pasado un día. Los Mecora habían curado rápidamente el ala rota de Tobias, nos habían dado de comer, nos habían proporcionado un lugar donde alojarnos, e incluso intentaron hacernos algo de ropa. Me sentía bastante relajado, mirando por la ventana a los Mecora que estaban ocupados trabajando para cuidar de su brécol. Sí, brécol. Parece que el brécol no es originario de la Tierra. Los Mecora lo importaron de su planeta. Lo cuál explica muchas cosas, en mi opinión. “Tenemos un apartamento estupendo. Tenemos comida. Por desgracia, son todo verduras, pero, hey, luego podríamos introducir el concepto de McRex: carne de auténtico Tyrannosaurus, salsa especial, lechuga, queso, pepinillos, cebolla en un panecillo con semillas de sésamo por encima. El McRex, el Cuarto de Tonelada con queso. Y no es por ser desagradecido con nuestros nuevos colegas, pero apuesto a que estos Mecora estarían bastante sabrosos con un poco de manteca fundida.” “¿Qué estamos haciendo aquí?” preguntó Rachel. “¿Qué vamos a hacer, dedicarnos a sentarnos por ahí en estos cómodos campos de fuerza, comer brécol, y oír balbucear a Marco como un idiota?” Fue entonces cuando Ax entró en la habitación. Había estado hablando con los Mecora. Encontraban más fácil comunicarse con él porque usaba la comunicación telepática igual que ellos. <He interrogado a los Mecora,> anunció Ax. <Para reparar el Sario Rip, y devolvernos a nuestro tiempo, dicen –y yo estoy de acuerdo- que necesitaríamos una explosión de gran envergadura. Al menos igual de poderosa que el arma de fusión del submarino. Los Mecora señalan que semejante explosión aniquilaría este asentamiento completamente.> “¿Y? Provocaremos la explosión en campo abierto,” dijo Rachel. “¿Y exterminar a unos pocos cientos de dinosaurios?” dijo Cassie. “Además,” señaló Jake, “los Mecora ya nos han dicho que ellos no controlan el campo exterior. Ahí fuera, detrás del campo de fuerza, los Nesk son más poderosos.” Me incliné y cogí un trozo de zanahoria de un pequeño cuenco de hielo. Al menos las zanahorias eran de la Tierra. La mastiqué, pensé en hacer alguna broma sobre Bugs Bunny, decidí que el chiste que tenía en mente no era demasiado divertido, y entonces dije: “Mirad, todos queremos regresar, ¿no? Nuestras familias. Mi padre. Pero puede que podamos o que no podamos. Si no podemos, si rotundamente no podemos, deberíamos intentar poner al mal tiempo buena cara.” Ax se acercó para quedarse al lado de la ventana. Miró hacia fuera con sus ojos principales. Uno de sus ojos móviles estaba fijo en mí. El otro estaba dirigido hacia el resto del grupo. <De todos modos, los Mecora no utilizan armas explosivas. No tendrían nada lo suficientemente poderoso. Sin embargo…> Observé como Rachel acercaba la cabeza expectante. <Sin embargo dicen que los Nesk tienen enormes armas explosivas. Dicen que disponen de una base a treinta kilómetros. Está muy bien defendida. Ninguna nave Mecora puede esperar siquiera poder acercarse. Tienen un sistema de alarma. Los Nesk no pueden penetrar en este valle atravesando el campo de fuerza. Los Mecora no pueden eliminar la base de los Nesk.> “¿Estás sugiriendo algo?” preguntó Jake a Ax. <No. Sólo informo de lo que he averiguado hablando con los Mecora.> Me senté. Miré a Ax directamente a su ojo –el ojo fijo en mí, para ser exactos. “Vale, ¿qué es lo que no has mencionado?” Ax se volvió hacia el grupo pero mantuvo su globo ocular fijo en mí. <Los Nesk son carroñeros. Las naves que pilotan, las armas que usan, están basados en las herramientas de las razas que han derrotado. Los Nesk han aprendido a copiar los cuerpos y las formas de esas otras razas para poder usar las armas y pilotar las naves. Los Nesk creen que los dinosaurios les pertenecen. Como si fueran de su propiedad. Piensan que este planeta les pertenece. Pero no pueden tolerar la existencia de otras especies sensibles e inteligentes. Están decididos a exterminar a los Mecora.> “¿Sabes? No importa si son hormigas del espacio o las viejas y sencillas hormigas de la Tierra, simplemente las hormigas no son buena gente,” dije, y mordí una segunda zanahoria. Rachel puso los ojos en blanco. “¿Que las hormigas no son buena gente? Ese ha sido una comentario brillante.” “Vale,” dijo Jake. “Entonces tenemos dos razas alienígenas luchando por controlar la Tierra. Los Mecora parecen básicamente inofensivos. Sólo quieren plantar brécol—” “Eso no es ser inofensivo,” murmuré. “—y vivir aquí en el valle. Los Nesk, por otro lado, son agresivos y peligrosos. Los Mecora no pueden ayudarnos. Los Nesk podrían ayudarnos, pero no lo harán porque, después de todo, nosotros también somos una especie inteligente y no les gusta la competencia.” “Mandemos a Marco a hablar con los Nesk,” sugirió Rachel radiante. “Con él no tendrán problema.” “Ha. Haha y también ha,” dije. “Escucha, pensándolo seriamente, los Nesk no se cargaron a ese Spinosaurus que iba a comerse a Rachel y a Tobias, ¿verdad?” Tobias dejó de limpiarse las plumas. Estaba posado en un campo de fuerza con forma de mesa después de haber disfrutado de una deliciosa rata prehistórica que le habían traído los atentos Mecora. <Lo dejaron sin sentido. Pero estaba vivo, creo.> “Exactamente. Por lo que supongo que a los Nesk no les preocupan los dinosaurios. Bueno, vale, si un platillo volante de los Mecora aparece en la hogareña base de los Nesk, le disparan. ¿Pero qué pasaría si se presentara un tipo de arma completamente diferente?” Rachel me cogió del hombro de repente con tanto entusiasmo que me hizo daño. “¡Es un milagro! Marco es capaz de tener una buena idea. Podemos transformarnos en dinosaurios y colarnos, desencadenamos una enorme explosión ¡y quizá deshagamos el Sario Rip de Ax!” <No es mi Sario—> empezó Ax. “Espera un minuto, ¿por qué vamos a atacar a los Nesk?” preguntó Cassie. “Sólo porque no nos gusten no quiere decir que tengamos que escoger bando en la guerra entre los Mecora y los Nesk.” “Mirad,” dije, mirando de reojo los fuertes dedos de gimnasta de Rachel sobre el hueso de mi cuello. “Necesitamos una gran explosión para tener la posibilidad de acercarnos a la del Sario Rip. Los Nesk tienen cosas que hacen ‘booom”. Y no esperan que un puñado de dinosaurios aparezcan pidiendo una tacita de plutonio, ¿no? Pues no es tan complicado.” <¿Plutonio?> resopló Ax como si yo hubiera hecho una broma. <Oh, lo dices en serio. Pero quizá los Nesk tengan explosivos mucho más avanzados.> “¿De qué estáis hablando?” gritó Cassie. “No podemos ir por ahí provocando peleas así. Todos queremos volver a casa. Pero estamos a sesenta millones de años en el pasado. Y se supone que no deberíamos estar aquí. Cualquier cosa que hagamos podría acabar cambiando el curso de la historia de un modo terrible.” “Ax,” dijo Jake asintiendo con la cabeza. “Podríamos hacer algo que terminara alterando totalmente el futuro sin ni siquiera saberlo,” dijo Cassie. “Podríamos… no sé, ¡podríamos hacer algo! Algo malo.” “Podríamos cambiar el futuro de modo que Hanson nunca hubiera existido,” dije. “¡Yo digo que lo intentemos!” “¿Vas a intentar acabar con cada chico que sea más guapo que tú, Marco?” preguntó Rachel. “Eso sería la mitad de la raza humana.” “Mirad, no podemos jugar con el futuro,” dijo Cassie. “Es demasiado complicado. Demasiadas consecuencias.” <Demasiado tarde,> dijo Tobias, hablando por primera vez. <Hay Homo sapiens vivos en este tiempo. Sin mencionarme a mí. Lo que quiera que yo sea. ¿Has visto esta rata que me acabo de comer? Podría haber sido la rata que portara el material genético que algún día evolucionaría en una rata más adaptada. Y a cincuenta millones de años de ahora, quizá fuera éste ADN lo que se necesitaba para empujar al primate más básico hasta la cima. Puede que yo haya acabado con la raza humana.> Bajó la vista hacia la piel y los huesos. <Y ni siquiera era una rata muy buena. Demasiado delgada y huesuda.> Uno por uno, miramos todos a Jake. “¡Oh, venga! ¿Se supone que tengo que decidir algo que tal vez acabe con la raza humana?” “Tú eres Batman,” dije. “Yo sólo soy Robin. El chico fantástico,” añadí mirando a Rachel con malicia. Jake se encogió de hombros. “¿Qué se supone que vamos a hacer? ¿Quedarnos aquí y hacernos mayores comiendo brécol con la gente cangrejo? ¿Sin intentar siquiera volver a casa?” <Hay otra consideración,> dijo Ax. <Estamos aquí. Lo que significa que estuvimos aquí, sesenta millones de años en el pasado de la Tierra. En otras palabras, quizá nuestra presencia aquí sea vital para el futuro. Quizá hicimos algo que causó que el futuro ocurriera como ocurrió.> “¿Alguien siente que le va a explotar la cabeza?” pregunté. “Genial,” dijo Jake, avanzando con fuerza un par de pasos, y volviéndose después. “Así que si sugiero que ataquemos a los Nesk, quizá eso acabe con el futuro. Y si sugiero que no ataquemos a los Nesk, también puedo acabar con el futuro. Estupendo. Perfecto. Como es todo tan claro y tan fácil.” <Esta decisión puede no ser clara,> dijo Tobias con calma. <Pero otra decisión puede ser tan obvia que no podamos ignorarla.> Nadie le preguntó a qué se refería, porque en ese momento aparecieron algunos Mecora con más comida. Pero yo memoricé sus palabras. Las almacené en mi cabeza y tuve el claro presentimiento de que utilizaría ese archivo en otra ocasión. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] A menudo me sorprende la capacidad del Príncipe Jake para tomar decisiones. Le llamo mi príncipe porque un guerrero andalita necesita un príncipe a quien servir. Pero sé que sólo es un joven humano, como yo soy un joven andalita. Y aún así, es impresionante para ser un joven humano. Entiende instintivamente que no tomar decisiones es también una decisión. Así que acepta la responsabilidad. Si fuera un andalita, no tengo dudas de que llegaría a ser un verdadero príncipe. Al final, decidimos “ir a por ello”. Que es una expresión humana. Según la he entendido, la expresión significa que sin tener una idea clara de porqué deberíamos hacer algo, lo haríamos de todas formas. Atacaríamos al amanecer. Pregunté porque al amanecer. “Tradición” dijo Marco “Haces tiroteos al mediodía, te estiras en el séptimo turno y atacas al atardecer” Como gran parte del pensamiento humano, esto es un misterio para mí. “También eres ejecutado al amanecer” dijo Cassie. “Gracias, Cassie, por ese pequeño optimismo” Habíamos explicado nuestro plan a los Mercora. Lo aprobaron. Atacaríamos la guarida de los Nesk y nos apoderaríamos de un arma explosiva. Una bomba. Un “nuke” como lo llamaban mis amigos humanos. Entonces volveríamos al océano intentaríamos explotar este “nuke” de forma que cerraría el Sario Rip y nos devolvería a nuestro propio tiempo. Esperaba que los Mercora tuvieran alguna idea sobre como hacer esto. Yo no tenía. Aprendimos sobre Sario Rips en el colegio. Pero yo no prestaba atención realmente aquel día, y no puedo esperar recordar todas las cosas que aprendí en el colegio, ¿Puedo? Estaba seguro de que mis amigos humanos entenderían esto. Pero para estar absolutamente seguro, lo mencioné mientras corríamos a través de la noche hacia la Base Nesk a bordo de un enorme transporte terrestre Mercora. <Príncipe Jake, ¿Entendéis que no tengo una idea precisa de cómo, donde, o cuando provocar una explosión que sellé el Sario Rip?> “¿Qué? ¿¡Qué!?” Estaba equivocado. Estaba claro por la expresión que hizo con su boca humana, y la forma en que su voz se alzó hasta finalizar en una especie de grito agudo, y también por la forma en que sus ojos se estrechaban y ampliaban alternativamente, que el Príncipe Jake no había tenido muy claro ese punto. <Sé que probablemente tendríamos que provocar una explosión. No sé exactamente dónde ni cuando. Aunque debe ser cerca del punto donde aparecimos en este mundo, Estoy seguro de eso. Casi.> “¿No crees que quizá deberías haberlo mencionado antes?” dijo Marco “Como antes de que aceptásemos esta misión suicida.” “Mira, necesitamos el nuke, ¿vale?” dijo Rachel “De una manera o de otra, necesitamos el nuke. Así que hagámoslo.” “Oh, odio cuando dice “hagámoslo” gimió Marco “ He cambiado de opinión. Puedo aprender a que me guste el brócoli” Uno de los tres Mercoras que iban con nosotros echaba ojeadas para mirarnos, abrió media docena de ojos en un rápido parpadeo. <Estamos cerca del lugar donde os dejaremos. Está en las afueras de la barrera defensiva nesk. Es lo más cerca que podemos acercar. Aproximadamente un punto a cero cero cero cero dos seis ocho ocho segundos de la base> “¿Cual sería…?” me preguntó el Príncipe Jake. <Cinco millas de las vuestras aproximadamente> traduje. “¿Cinco millas? ¿En la oscuridad? ¿Aquí en Parque Cretácico?” dijo Marco “Es un tipo de excursión, ¿no?” Pero los Mercoras se mantuvieron firmes. Un poco más cerca y el transporte sería descubierto y dispararían. El éxito dependía de la sorpresa. Íbamos a aparecer siendo un grupo de dinosaurios deambulando. Inofensivos para la base. El transporte se detuvo en medio de un montón de rocas revueltas. Los Mercoras estaban muy avanzados en lo que a evitar barreras de defensa se refiere. Pero sus naves eran patosas y lentas, comparadas con la tecnología andalita. O con como sería la tecnología andalita en sesenta y cinco millones de años. El exterior estaba muy oscuro. Los Mercora mantuvieron bajas las luces exteriores de la nave. Y mientras trotaba rampa abajo, lo más brillante a mi alrededor era el cometa. Ahora estaba pasmosamente cerca. Sin duda alguna, la cola tocaría el planeta a su paso. Aún faltaban dos horas para el amanecer. Teníamos que atravesar las cinco millas hasta la base Nesk en ese tiempo y estar preparados para entrar tan pronto como el sol subiera en el horizonte. <Coge esto, Andalita> dijo el copiloto Mercora. Con una de sus manos, me dio un pequeño comunicador. <¿Un comunicador de telepatía?> <Sí. Los humanos no podrán utilizarlo, pero tú sí.> <¿Cuál es su propósito?> <Podrás informarnos sobre cómo va la misión> dijo el Mercora. <¿Os estáis ofreciendo a ayudar?> <No. No podemos arriesgar nuestras escasas naves y equipamiento.> Asentí como si hubiera entendido. Pero estaba perplejo. El Mercora pegó un salto hacia atrás subiendo a bordo de su nave. Se alzó silenciosamente del suelo con un intrigante resplandor violeta, entonces, se alejó velozmente en la oscuridad. No sé los humanos, pero me sentí extremadamente solo. Siempre estoy solo, siendo el único andalita en el planeta Tierra. Pero ahora estaba mucho más solo que eso. Mi propia gente no existiría en decenas de millones de años. Estábamos en la oscuridad, una oscuridad muy profunda, bajo el resplandeciente cometa, en un pasado que no era el mío, en un pasado lleno de monstruos destructivos. A lo lejos escuché. “Hunh-huhnroooaaarrr” Entonces el Príncipe Jake dijo, “Vale, transformémonos” [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Pícara 2004 Corrección por Santiago Ruiz García[/b]

[b]Capítulo 28:[/b] No quería estar aquí. No quería estar haciendo esto. Realmente no teníamos un plan. No sabíamos verdaderamente qué estábamos haciendo. Pero no podía no participar, no mientras mis amigos se enfrentaban al peligro. Alcé la mirada. El cometa era espantosamente grande en el cielo. La cola ocupaba un cuarto de la distancia de horizonte a horizonte. Era bonito. Pero me asustó. Delante, en la dirección de la base Nesk, había un pequeño resplandor rojizo que parecía planear en el aire. Me di cuenta de que era la cima del volcán. “Vale, transformémonos” dijo Jake. No había ninguna duda sobre a qué forma se refería. No era un lugar para mi quebrantahuesos o mi delfín, mi mofeta o mi lobo. Este era el país del dinosaurio. Sólo tenía una forma que fuera útil en esta situación. Tiranosaurio Rex. El tirano rey lagarto. En toda la historia de la Tierra, los millones de años y billones de animales que han venido y se han ido, esta única criatura era el depredador más poderoso. “No puedo creer que esté atascada en una malísima y pequeña forma de Deynonychus” se quejó Rachel. “Vosotros tenéis que hacer de Gran Papi, y Tobias y yo tenemos que ser Bebesaurios”. “Desearía no estar haciéndolo” dije. “Sí, claro” bufó Rachel. Hay algunas cosas sobre Rachel que aún no entiendo. Y cosas de mí que deben desconcertarla, supongo. Rachel adora las grandes formas de depredadores. Yo no. Yo nunca quiero herir a nada ni a nadie. Incluso cuando tengo que hacerlo. Incluso cuando no hay elección. “Te diré una cosa” dijo Marco “Si vas a pasearte en la oscuridad, aquí en el mundo cretácico, tienes que llevar las armas grandes. Y el Gran Rex es la más grande.” “Supongo que preferiría tener los escudos de fuerza Mercora” dije “Me gusta cómo hacen las cosas: se protegen sin tener que ser tan violentos.” <No parecen oponerse a nuestro comportamiento violento, por ellos> dijo Tobias. Le miré en la oscuridad. Ya se estaba transformando. Un dinosaurio del tamaño de un hombre estaba creciendo de un pájaro. “Simplemente hazlo, ¿vale?” dijo marco impacientemente “He vivido el terrible final de una lucha con un Tiranosaurio, ¿vale? No quiero quedarme aquí discutiendo en la oscuridad cuando otro aparezca buscando un desayuno temprano. Jake dijo: “Rachel, Tobias, echadnos un ojo” Estas son formas nuevas para los cuatro. Quizá tengamos algún problema de adaptación.” Respiré profundamente. Supongo que había esperado, que de alguna manera, cambiáramos de idea. Pero el momento había llegado. Me concentré en el Tiranosaurio, cuyo ADN estaba dentro de mi. Y dejé que comenzaran los cambios. Esperaba crecer rápidamente. Pero los primeros cambios fueron más sutiles. Mi piel se volvió rugosa y ligeramente floja. Como si no encajase. Piel de lagarto. Piel de cocodrilo. Mis manos se dividieron en dos partes. Mi pulgar y los dos dedos siguientes se fundieron juntos. Los dos más pequeños hicieron lo mismo. Y entonces los huesos crecieron a través de la carne de lagarto. Los huesos de los dedos crecieron, formando dos puntiagudas, pequeñas pero malvadas garras. Sentí mis huesos crecer gruesos y enormes. El hueso de la pelvis se hinchó contra mi carne. Pensé que la rompería. Pero entonces me di cuenta de que el crecimiento había empezado. Estaba creciendo. Mis piernas estaban creciendo, engordando. Músculo sobre músculo. Músculos más grandes que mi propio cuerpo humano. Hueso y músculo, hueso y músculo. Mi columna empezó a estirarse, con un chirrido que partía a través de mi cabeza. La base de mi columna se estiró más y más, más largo, más largo, cinco pies, seis, siete, ocho, ¡diez pies!. Y aún más larga. Mis pies crecieron, dividiéndose en tres enormes dedos, cada uno acabado en una garra cortante pero que podría dejarte inconsciente de un golpe. Sentí mi peso asentarse en esos pies, sentí mis garras hundirse en la tierra húmeda según crecía por toneladas con cada momento que pasaba. Pero de todo esto, fue la cabeza del Tiranosaurio lo que más me impactó. Mi mandíbula pasó de medirse en pulgadas a medirse en pies. Los huesos crecieron, densos y pesados. Los músculos se rizaron bajo la piel de grava. La cara se abultó hacia fuera y fuera, fuera y fuera. Mis ojos se expandieron separándose, volviendo borroso todo hasta que alcanzaron su localización adecuada, hacia delante. Mi cabeza se expandió, creciendo en todas direcciones. ¡Más grande! ¡Siempre más grande!. Ahora estaba muy alto sobre el suelo. ¡Enorme! Me equilibré sobre mis poderosas patas, la cola tras de mí, cuerpo hacia delante, sereno. Y entonces, al final, vinieron mis dientes. Sentí el picor en mi boca mientras mis patéticamente pequeños, mis ridículos dientes humanos, crecían. De un cuarto de pulgada, a una pulgada, a tres pulgadas, seis, ¡Siete! (Pulgada = 2’54cm). Aparecieron nuevos dientes. El doble de mi número normal. Brotaron de los huesos de mis enormes mandíbulas. Estaba completa. Más de cuarenta pies de la cola a la cabeza: el largo de un autobús. Dieciocho pies de alto: la altura de una casa de dos pisos. Siete toneladas de hueso y músculo: el peso de cinco coches. Poder y velocidad y destrucción hechos carne. Poder que el mundo no había visto antes y nunca volvería a ver. Me había transformado en un Tiranosaurio Rex. Rey de los dinosaurios. [b]© 1999 K.A. Applegate 2003 de la traducción de Pícara [Revisado por Santiago Ruiz][/b]

[b]Capítulo 29:[/b] ¡Rodeado! ¡Estaba rodeado de enemigos! Podía verlos rodeándome amenazadoramente. Lucharían conmigo para comer, me robarían la presa. ¡Habían entrado en mi territorio! “¡RRRRROOOAAARRR!” bramé furioso. “¡HeeeRRRROOOOAAAARRR!” contestaron uno a uno. Cuatro de nosotros juntos en un sitio. ¡Imposible! Mi territorio. ¡Mío! “¡HeeeRRRROOOOAAAARRR!” rugí Pero no huyeron. Me devolvieron el rugido. Cuatro fuertes voces gritaron “¡Ultraje!”. Rugimos y bramamos nuestras amenazas. Pero ninguno se marchó. Moví mis pies, uno detrás de otro. Hice oscilar mi cola hacia delante y hacia detrás. Los otros hicieron lo mismo, acercándose a mí. Las colas restallaban locamente, arrancando del suelo arbustos y pequeños árboles. La exhibición de amenazas estaba clara. Alguno cedería. La única alternativa era pelear. “¡HeeeRRRROOOOAAAARRR!” gritamos cada uno, balanceándonos, pateando con fuerza el suelo, restallando nuestras colas, sacudiendo la cabeza, abriendo las bocas tanto como para enseñar nuestros mortíferos dientes. Entonces, un aroma. Todos lo percibimos al mismo tiempo. Los rugidos cesaron. Giré mi cabeza hacia el olor. Oscuridad. Pero el aroma estaba allí: carne fresca. Presa. <Chicos, ¡Lo estáis perdiendo! Jake, Cassie, Marco ¡Lo estáis perdiendo!> Había una presa a solo unos metros. Dos criaturas pequeñas. Sólo dos de ellas, y cuatro de nosotros. Presas insuficientes. Los otros intentarían cogerlos. ¡Salté! Los pequeños dinosaurios se giraron y corrieron. ¡Estaba detrás de ellos! <¡Jake! ¡Ax! ¡Marco, idiota! Estáis atrapados por la forma. ¡Nos estáis persiguiendo a nosotros!> Ruidos en mi cabeza. Insignificantes. Correr ahora, la caza había comenzado. Pero los otros como yo aún estaban allí. ¡Intentando robar mis presas! <¡Estáis destrozándome los nervios! ¡Nos estáis cazando!> <Rachel, ¡no podemos dejarlos atrás! Pero apuesto a que podemos confundirlos> <¡Oh!¡Esto no es divertido! Voy a acabar siendo el desayuno de Marco. Es humillante. Cuando diga “¡Ahora!” nos giramos. <Sí> Más sonidos en mi cabeza. Extraño. Molesto. <¡Ahora!> Las dos pequeñas y veloces criaturas pararon de pronto y corrieron hacia mí. Como un rayo, pasaron. Paré. Pestañeé. Estaba confuso. Pero entonces olí una nueva presa. ¡Esta vez más! Cerca. El viento en mi cara. Sabía que eso era algo bueno. Cuando el viento estaba en mi cara, la presa no podría huir tan rápido. Olvidé rápidamente las dos pequeñas criaturas y avancé hacia la manada que había olido hacia delante, en la oscuridad. <Nunca había visto que una forma tomara el control totalmente> <Lo sé. Empiezo a preocuparme.> <¡Jake! Soy yo, Rachel. ¡Espabila! Cassie, amiga. Soy yo, Rachel. La forma te está controlando.> Ahora las presas estaban más cerca. Sí, podía olerles. Eché un vistazo a los otros como yo. Marchaban a mi lado a través de la oscuridad. Muchas presas esta vez. Suficientes para todos. Más cerca…más cerca… ¡Ataqué! Me lancé hacia delante a toda velocidad. ¡Ataque! Levantando la cola, bajando la cabeza, aceleré hacia la presa desprotegida. Una sombra en la oscuridad. ¡Presa!.Vi la mole, la espalda curva. Vi los cuernos. Dos muy largos y uno más corto. Los cuernos me molestaban. ¡Pero era demasiado tarde para hacer cualquier cosa, excepto atacar! Nada podía pararme. Nada podía escapar. Los cuernos se giraron hacia mí. Hmmm Esquivé por la derecha. Los cuernos se volvieron. Hmmm Deceleré. Paré. “¡Shnorf! ¡Shnorf!” dijo la criatura astada Vi a los otros como yo. Todos miraban fijamente a las criaturas con cuernos. Todos habían frenado su ataque. <Igual ahora están más calmados> dijo la voz en mi cabeza <Um, chicos, esos son Triceratops> ¿Huh? <Jake, Ax, Cassie, Marco, calmaos. Estáis transformados.> ¿Transformado? ¿Yo? ¿Marco? ¡Yaaahhhh! Mi mente volvió bruscamente. Instantáneamente, era yo otra vez. Vale, yo otra vez en un cuerpo que podría pesar sin problemas siete toneladas. Pero en ese preciso momento, uno de nosotros atacó. “¡ROOOOAAAARRR!” un tiranosaurio saltó de pronto hacia la derecha, sacudiendo su cabeza a la izquierda, y hundió sus enormes garras en la arqueada columna de un triceratops. “¡Rrr-EEEEE, Rrr-EEEEE!” chilló el triceratops. Entonces todo enloqueció. El triceratops que estaba frente a mi, embistió. Cuernos mortales de un metro se dirigían hacia mi vientre, propulsados por seis toneladas de peso. Salté hacia atrás, centímetros antes de ser corneado. Otro Gran Rex – no sé si era Jake, Cassie o Ax – entró rugiendo en la batalla. Una garra intentó atrapar un cuerno y pararlo. La batalla comenzó. Tiranosaurios contra triceratops. La pelea que todo niño con dinosaurios de juguete imagina. Era una total y estridente locura. <¡Idiotas!> rugió Rachel <¡Atrás! ¡Atrás!> Pero entonces ella y Tobias se unieron a la pelea, intentando ayudar. Eran pequeños, pero podían atacar a los Triceratops del tamaño de elefantes con más agilidad que nosotros. Mi oponente “shnorfeo” un par de veces, entonces vino a por mi de nuevo. Me retiré, no necesitaba esta lucha. <¡Aaaaaah!> tropecé, tambaleándome sobre una rodilla, y comenzando a caer. Alcancé a usar las manos, pero fue inútil. Caí sobre el lodo. ¡El Triceratops estaba encima de mí! <¡Aaarrrgghhh!> noventa centímetros de asta se clavaron en mí, pasando entre dos costillas. Fue un dolor intenso e inmediato. Pero ahora el Triceratops era vulnerable. Sus peligrosas astas estaban atrapadas y su pata delantera a mi alcance. Abrí la mandíbula, lanzando hacia delante mi enorme cabeza y lo atrapé con todas mis fuerzas. El Triceratops retrocedió. Solté su pata, intenté morderle el costado pero fallé. Volvió a abalanzarse. Yo aún estaba en el suelo, sobre mi costado, sangrando. Balanceé las patas hacia delante y le golpeé en la cara con mis garras. Cogí el asta más cercana entre los dedos y empujé con todas mis fuerzas. Me deslicé hacia atrás por el impacto de la carga del Triceratops, pero sus cuernos no me cogieron. Esta vez no. Rodé contra algo que se astilló y rompió. ¡Un árbol! Me acababa de golpear con un árbol. Gateé, algo nada fácil e hacer cuando eres un Tiranosaurio. Me puse en pie cuando el triceratops volvía a cargar. Retrocedí, pero ahora estaba rodeado de árboles, encerrándome como una jaula. Entonces, en la oscuridad, la inesperada visión de otro Gran Rex. ¡Brincó sobre mi triceratops! Abrió mucho su boca, y entonces hundió tres docenas o más dientes de más de diecisiete centímetros de largo en el cuello del triceratops. “¡HoooRRROOOOAAARRR!” “¡Rrrr-IIIIIIII! ¡Rrrr-IIIIIIII!” Con furia y rabia, el gran depredador levantó al líder de los Triceratops del suelo. Un animal del tamaño de un elefante, levantado simplemente. El Tiranosaurio sacudió su cabeza, moviendo al aullante Triceratops como un perro comiéndose un hueso. Y entonces, el Triceratops dejó de emitir sonidos. Colgaba lánguidamente. El Tiranosaurio lo dejó caer y se plantó sobre la criatura caída. “¡Huh-huh-huh-RRRRRROOOOOAAAARRR!” bramó triunfante. El sonido hizo temblar las hojas de los árboles. Mi vientre herido vibró. “¡Huh-huh-huh-RRRRRROOOOOAAAARRR!” gritó de nuevo. Era toda la violencia de la naturaleza, toda la crueldad de la supervivencia del más fuerte, todo el poder de músculo, hueso, garras y dientes, toda la eterna e interminable ansia de conquista reunidos en un impresionante rugido. Me abracé a mi mismo, asustado por si me atacaría a mí después. <¿Jake? ¿Eres tú?> pregunté <No> contestó una voz telepática. [b]© 1999 K.A. Applegate ©2005 Traducción de Pícara y Elfangor[/b]

[b]Capítulo 30:[/b] Cassie se quedó rugiendo encima del triceratops. Era la única que seguía atrapada en la mente del tiranosaurio. Tuve miedo. Tuve miedo por ella. Nunca quiso hacer esta transformación. Y ahora la mente del dinosaurio la tenía dominada. La dulce Cassie estaba atrapada en la mente de un asesino. Movió su cabeza, inspeccionando los alrededores y sus ojos, presos de locura y furia, se posaron en mí. < ¿Qué hacemos?> Preguntó Rachel. También estaba asustada. Y el que Rachel estuviese asustada me hizo asustarme mucho más. Rachel no es de las que se asustan con facilidad. < ¡Cassie!> Chilló Marco< ¡Domínate!> Cassie se inclinó sobre el triceratops y empezó a devorarlo. Era una escena increíblemente brutal. El sol estaba empezando a salir, y en el resplandor rosado, una criatura tan alta como un árbol estaba devorando otra del tamaño de un elefante. Di un paso con mi enorme pie hacia ella. Cassie giró su cabeza y rugió una advertencia: <Aléjate. ¡Es mío!> <Jake, debes quedarte atrás.> Dijo Tobias. <Estas invadiendo su territorio. Es su presa. No tiene más opción que defenderla. Te aniquilaría.> <No. Aniquilaría a la forma de dinosaurio.> dije< pero a mi no me hará ningún daño.> Sabía lo que debía hacer. Empecé a recuperar mi cuerpo. < ¡Príncipe Jake! ¡Es una locura! ¡Para ella solo serás una presa más! > <No, no quiere herirme. Me reconocerá.> ya estaba encogiendo. <Jake, escucha,> Dijo Marco< ¿No estas exagerando un poco tu encanto? Además, si ella te ataca, significara que tendremos que intentar pararla.> Asentí. Marco tenia razón. ¿Y si Cassie me atacaba? Pero continué destransformándome, encogiendo, haciéndome cada vez más pequeño y débil. El tyranosaurio parecía cada vez más y más grande encima de mí. Me miraba como Tobias miraba a los ratones. Pronto el triceratops pareció tan enorme como una ballena varada. Cassie me miró, curiosa. Posó sus amarillos ojos en mí, después en su presa, después en los otros dinosaurios. Y entonces, lenta, lentamente, mientras mi propia carne emergía, mientras en mis manos crecieron dedos humanos, mientras surgía mi cara y me crecía el pelo negro y los dedos sustituyeron a las garras, ella reaccionó. < Oh, Dios mío. ¿Qué he hecho?> Preguntó. Se apartó del triceratops. “Esta bien, Cassie,” dije “es tan solo un dinosaurio.” Eso era todo lo que se me ocurrió en decir. Supe que no ayudaría. No se le puede decir “tan solo un animal” a Cassie. < Quedaste atrapada en la mente del animal,> Dijo Rachel. < Estas cosas pasan. A todos nos a ocurrido.> < ¡Oh Dios mío! > Gimió Cassie. < Escucha, Cassie, no ha sido tu culpa,> continuó Rachel. < Fue el tiranosaurio. Estaba simplemente actuando como el es ¿lo entiendes?> < ¡Os lo dije chicos, no quería hacer esta transformación! >Sollozó. Y comenzó a destransformarse. Pero al mismo tiempo yo volvía a la forma del tiranosaurio. “Cassie, debes seguir en esa forma,” le dije. “tenemos una misión.” < ¡No! ¡No debo seguir siendo este…este…asesino!> < Si, debes, porque necesitamos ir a patear algunos traseros de esas hormigas espaciales ¿De acuerdo? > dijo Marco. < Cassie, tranquilízate> Dijo Rachel. <Te necesitamos.> < He matado a un ser vivo. A un fantástico ser vivo,> Se quejo Cassie. <Cassie, olvídate. Estamos en el cretácico tardío según el chico-pájaro,> Dijo marco cordialmente. <No hay humanos. No hay civilización humana. No hay ninguna moral o religión o filosofía humana. Es la naturaleza la que manda. Tenemos que sobrevivir aquí. Sobrevivir. Es todo lo que cuenta.> < Sobrevivir y volver a casa,> Recordó Rachel. < Hay humanos aquí,> Dijo Cassie. <Nosotros. Nosotros somos una civilización humana. Tenemos toda esa filosofía dentro de nosotros. No importa que año sea.> < De acuerdo, tienes razón,> Le espetó Marco. < No importa. Que mas da si es 1998 o 2000 o 2121, todo sigue siendo cuestión de sobrevivir. Y cuando depende de matar o que te maten, toda esa moralidad y culpabilidad es inútil> Cassie dejo de cambiar. Durante un rato nadie dijo nada. Al final, Cassie dijo < ¿sabes algo, Marco? Eres mi amigo y haría cualquier cosa por ti. Pero estás equivocado. Si, al fin y al cabo somos animales. Pero somos animales que podemos pensar. Somos animales que podemos imaginar algo mejor que matar o que te maten. No creo que los predadores sean inmorales. No soy una idiota, aunque tu creas que si. Pero soy una humana ¿vale? Y tengo que pensar y sentir. Tengo que sentir cosas. Si no seriamos como gangsters, como nazis, ó, ó…> < Como yeerks> Añadió Ax. Terminé de volver a transformarme en tiranosaurio. Estuve esperando alguna respuesta inteligente de Marco. Nunca llegó. Mas tarde, cuando estábamos cerca del campamento Nesk, le oí susurrar algo que solo yo pude escuchar. < ¿Sabes, Jake? Ya entiendo por que te gusta esta chica.> [b]© 1999 K.A. Applegate ©2005 Traducción de Sheol-Pelotos[/b]

[b]Capítulo 31:[/b] El sol ya se había levantado completamente para cuando llegamos a la base Nesk. Estaba cerca de las faldas del volcán, en un lugar donde un veloz arroyo bajaba a través de las grisáceas rocas irregulares y daba lugar a un poco vegetación. Era claramente una base militar, no como la pacífica ciudad agrícola que habían construido los Mecora. El perímetro estaba defendido por torres robóticas de diez metros de altura. Las torres estaban plagadas de muchos tipos diferentes de armas de energía. Podía ver que usaban tecnologías totalmente distintas. Obviamente los Mecora tenían razón: los Nesk eran carroñeros. Habían robado esas armas de una gran variedad de razas. Lo mismo pasaba con la nave espacial aparcada en el campamento. Había dos de las pequeñas naves piramidales que Rachel y Tobias habían descrito. Pero también había una nave de un diseño más clásicamente aerodinámico, como también una nave con una curiosa forma ovalada. Se desarrollaba poca actividad manifiesta en el campamento. Pero los Nesk son una raza extraña. Esencialmente insectos sociales con la habilidad de unirse y cooperar hasta un punto asombroso. Los ‘cuerpos’ que formaban se utilizaban sólo para manipular las armas y naves que habían robado. El resto del tiempo, supuse, se comportaban como insectos. <Vale, que todo el mundo siga andando. Con naturalidad. Como si hubiéramos salido a dar un agradable paseo matutino. Ax, ¿qué piensas de esto?> me preguntó el Príncipe Jake. <Creo que los Mecora tenían razón y los Nesk no están interesados en los dinosaurios,> dije. <Aquellas dos criaturas de allí pueden haber caminado atravesando la base, a juzgar por su localización actual.> <Iguanodontes,> dijo Tobias. <¿Ves el montículo?> preguntó Cassie. <Parece un montón de tierra, excepto porque es demasiado alto y estrecho. Eso puede ser su hormiguero. Como el hormiguero de las termitas. Ahí es donde vive su reina.> Había visto el montículo. Pero no le había prestado atención. Ahora miré más detenidamente. <El montículo está protegido. Detectores de movimiento unidos a lo que probablemente sean armas aturdidoras. Puede que los dinosaurios caminen tranquilamente por la base, pero los Nesk protegen su hormiguero.> <¿Entonces cómo encontramos a estos presuntos terroristas?> preguntó Rachel impaciente. <Hay almacenes y depósitos por ahí,> dijo Marco. <Tres de ellos en fila. Si fuera yo, pondría lo más valioso que tuviera en el del medio. Está más protegido. Por otro lado, no veo ningún guarda.> <Estoy de acuerdo,> dije. <Pero probablemente hay cientos de guardas. Recuerda, los Nesk sólo se transforman en criaturas grandes cuando tienen que empuñar armas. Pero los insectos individuales se extienden por todos lados a lo largo del campamento.> <Vale,> dijo el Príncipe Jake. <Esto es lo que haremos. Ax y Rachel, dirigios al almacén central. Ax para localizar el arma nuclear, Rachel para cogerla, porque las manos del Deinonychus funcionan mejor que las del Gran Rex. Marco y Tobias, flanqueadlo por la izquierda. Yo y Cassie por la derecha. Destrozamos el almacén, nos hacemos con aquello para lo que hemos venido y nos dirigimos hacia esos árboles de allí.> Me puse nervioso. No por la posible batalla. Bueno, sí, por eso también. Pero sobre todo, me puso nervioso lo de identificar el ‘arma nuclear’. Las armas explosivas se aparecen en miles de diferentes formas y tamaños. Algunas son tan grandes como automóviles humanos, la mayoría son mucho más pequeñas. Los explosivos andalitas no suelen ser más grandes que una pelota de béisbol humana. <¿Preparados?> preguntó el Príncipe Jake. <Ya estaba preparada,> gruñó Rachel. <Vale, que todo el mundo se siga moviendo como si fuéramos dinosaurios.> <Lo que, gracias al hecho de que nuestras vidas son una total y completa LOCURA, somos en realidad,> dijo Marco. <Quiero decir, ¿alguien más piensa que es bastante raro que seamos dinosaurios, preparados para robar un arma nuclear de un puñado de extraterrestres con forma de hormiga, sesenta y cinco millones de años antes de que el primer ser humano diga siquiera ‘Hey, ¿sabes qué? Vamos a intentar cocinar la carne esta vez’? ¿Alguien más lo encuentra ligeramente delirante?> <No,> dijo Rachel. Avanzamos hacia la base, no muy sigilosamente. Sonaba un claro impacto cada vez que mi pie de Tyrannosaurus se posaba sobre la tierra. Me concentré en el almacén central. Miré hacia los árboles. Las naves Nesk lo pasarían mal siguiéndonos a través de los árboles. Pero llegar a ellos sería difícil. Especialmente si me llevaba un tiempo encontrar lo que estábamos buscando. La base parecía vacía, desierta. Pero cuando enfoqué mis ojos de Tyrannosaurus, pude ver columnas estrechas de las criaturas con forma de hormiga dispersándose como una red a través de toda el área. Cuando bajé mi pie cerca de una de las columnas, ésta simplemente viró hacia un lado. Pasamos cerca de la pequeña nave oval. Quizá era el doble de grande que un caza andalita, pero estaba hecho de tres tubos ovales entrelazados. Deseé tener tiempo de estudiarla. El almacén, justo delante. Parecía estar construido de un metal rudimentario. Pero cuando me acerqué más, pude ver que en realidad era tierra. Había sido construido de la misma forma que el hormiguero, por la labor de millones de diminutas criaturas. Luego, lo habían cubierto con una especie de residuo y lo habían pulido hasta que se quedó brillante. <Una raza extraña, estos Nesk,> dije. <Han robado y utilizado tecnología increíblemente sofisticada. Pero al mismo tiempo—> Scrr-EEEEE-eeeee-EEEEEE-eeee-eeee. ¡Scrr-EEEEE-eeeee-EEEEEE-eeee-eeee! ¡Una sirena atronando! ¡Luces enceguecedoras! Las torres robóticas de defensa se encendieron en luces verdes y azules. La nave empezó a ponerse en marcha. La base entera había revivido de repente. ¡Muy peligrosamente activa! <¡Un detector de habla telepática!> grité. <¡Saben que los Mecora usan el habla telepática y tienen un detector de habla telepática!> <¿Qué, estás bromeando?> preguntó Marco. <¿Cómo es posible?> <En realidad, nuestros propios científicos Andalitas han intentado desarrollar semejante sistema durante años. Debería funcionar según el principio de —> Scrr-EEEEE-eeeee-EEEEEE-eeee-eeee. ¡Scrr-EEEEE-eeeee-EEEEEE-eeee-eeee! <¡Aquí vienen!> chilló Cassie. <¡Del hormiguero! ¡Aquí vienen!> Un río rojo-negruzco de Nesk se vertió desde el hormiguero. La mayoría escupidos por la tierra que había entre nosotros. ¡Hacían parecer que el suelo estaba vivo! Millones, millones de ellos. <¡Vamos allá!> gritó Rachel. Salté hacia el almacén. Le di una patada con mi poderoso pie de Tyrannosaurus y abrí un pequeño agujero en la pared. Golpeé de nuevo. El agujero creció sólo un poco. <¡Marco! ¡Ve a ayudar a Ax!> dijo el Príncipe Jake. Pronto hubo dos Tyrannosaurus atacando la pared de lodo. <¡Esto es muy a lo Godzilla!> dijo Marco con una risa vertiginosa. <Después de esto, ¡a por Tokyo!> De repente, la

pared cayó. Estaba dentro. ¡Pero era demasiado grande! Mi cabeza emergió por encima del techo de la construcción. Tendría que derrumbar también el techo. Y cada pedazo de techo que caía golpeaba más cosas dentro del almacén. Rachel saltó por delante de mí, y empezó a escarbar por las cajas y las jaulas, los restos robados de una docena de civilizaciones extraterrestres. Usaba sus garras para abrirlas, esparciendo su contenido, incluso cuando los trozos de techo caían sobre ella. <¡Las naves están empezando a despegar!> chilló Tobias. <Príncipe Jake,> dije con urgencia. <¡Podéis atacar a las naves más fácilmente antes de que se eleven en el aire!> <Sí, ya he pensado en eso,> dijo gravemente. <Ax, tú y Rachel seguid con eso, tío. Todos los demás, veamos cuanto daño pueden hacer estos dinosaurios.> [b]© 1999 K.A. Applegate ©2005 Traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 32:[/b] En un momento estábamos en una ciudad fantasma. Un minuto después era como estar atrapado en mitad de un videojuego fuera de control. ¡Luces! ¡Sirenas! Naves espaciales poniéndose en marcha. Las torres de seguridad mecánicas haciendo brillar los amplios espectros de los focos por todos lados. Y lo peor de todo, ¡millones de Nesk por todas partes! Pero no nos atacaban. <Aún no saben que somos nosotros,> dije. <No saben de donde viene el habla telepática. Todavía no se imaginan que viene de nosotros.> <Lo harán, pronto,> dijo Rachel. <Ax y yo estamos destrozando el almacén. Lo supondrán.> <Esa extraña nave ovalada es la que más rápido se está activando,> dijo Jake. <Vamos a por ella.> Tres enormes Tyrannosaurus empezaron a estamparse contra la nave. Corrí hasta ellos, más rápido y ágil con mi forma de Deinonychus. No había mucho que pudiera hacer para destrozar la nave. Excepto… Salté, aterricé sobre el casco exterior, justo cuando la nave empezaba a despegar del suelo. ¡Crunch! Mi peso hizo inclinarse la nave hacia los lados, haciendo chocar una parte contra el suelo. Y entonces… ¡WHAMMM! Era como si al otro lado de tu balancín alguien dejara caer una casa. Volé atravesando el aire, di una voltereta, aterricé sobre mi culo de dinosaurio y rodé hasta ponerme en pie. Cassie me había imitado. Sólo que cuando ella saltó, lo hizo de una forma mucho, mucho más radical. Su masivo tonelaje destrozó el casco de acero, deformándolo como papel de aluminio y quebrándolo en parte. <Genial,> dijo. <¿Ves? No me importa destrozar máquinas. ¿Estás bien, Tobias?> <Bueno, mi dignidad está herida,> dije. <¡La nave con forma de pirámide!> Nos volvimos y corrimos hacia la segunda nave. <¡Uno encontrado!> gritó Ax de repente. <¡No conozco sus efectos, pero definitivamente es un mecanismo explosivo!> <¡Entonces sácalo!> gritó Jake. <Rachel, ¿puedes cargarlo?> <¡Ya lo llevo!> <¿Nos encargamos de la nave piramidal o corremos?> preguntó Cassie. <Ax y Rachel, sacad el arma nuclear fuera de aquí, el resto nos quedamos a hacer un poco más de daño. Quizá les ponga las cosas difíciles para seguirnos.> Corrí hacia el caza con forma de pirámide. Pero los Nesk ya habían supuesto que eso pasaría. Habían identificado el habla mental: eran los dinosaurios los que se habían convertido en el enemigo. Cuando lo averiguaron, los Nesk se volvieron muy desagradables. ¡TSAAAAPPPPPPPP! Un rayo de energía de la torre mecánica más cercana abrió un agujero en la tierra, justo donde estaba yo una décima de segundo antes. Sentí una sacudida de dolor. ¡La parte posterior de mi pierna izquierda estaba quemada! Me tambaleé, pero ahora el caza piramidal iba a por nosotros, preparando las armas. Corrí a toda velocidad, pero la herida me retenía. Jake pasó por mi lado y saltó por los aires, toneladas de músculo y hueso convertidas en un gran proyectil. Golpeó el caza piramidal como un cohete. ¡CH-CH-CH—! ¡WHUMPF! El caza salió volando, fuera de control. Y en ese momento una segunda torre mecánica disparó. ¡TSAAAAPPPPPPP! ¡KUH-BLOOOOOOOM! El rayo de energía golpeó el caza. Éste explotó, convirtiéndose en un pequeño sol de brillantes luces naranjas y amarillas. El impacto me alcanzó en un costado. Antes de saber qué había pasado ya estaba en el suelo. Me levanté de un salto, pero mi pierna estaba débil porque la primera herida ya la había dejado casi inutilizada. ¡Me ardía! Los Nesk me tenían rodeado, mordiendo, rasgando, atacando del modo más primitivo. Era realmente extraño. Los Nesk estaban friendo todo lo que se movía con armas de tecnología altamente avanzada y, al mismo tiempo, mordiendo. <Vale, ¡eso es! ¡Dirigios a los árboles!> gritó Jake. No tuvo que decírmelo dos veces. Vi la línea de árboles, iluminada por la temprana luz del amanecer y las brillantes explosiones, y salí corriendo. Doliera o no doliera, corrí hacia cubierto. Pero entonces mi pierna herida simplemente dejó de funcionar. ¡Me caí! Dos Tyrannosaurus gigantes me adelantaron pesadamente. Debía gritar, decírselo. Pero si lo hubiera hecho, ellos habrían muerto intentando salvarme. Como un salvador foul-breathed apareció una enorme cabeza cuadrada. Se acercó a mí con las fauces abiertas. Sus mandíbulas se cerraron con cuidado a mi alrededor. Cincuenta centímetros de diente se agarraron a mi piel, pero no penetraron en el músculo. El Tyrannosaurus me alzó más y más y más. Cada paso despertaba una oleada de dolor a través de mi cuerpo. Pero al menos me habían levantado del suelo, lejos de los Nesk. <Si te muerdo muy fuerte me avisas,> dijo Cassie. ¡CH-CH-CH-CHEEEEW! La tierra estalló a mi lado. Cassie me llevaba de modo que yo podía mirar hacia atrás. Vi la segunda nave piramidal levantarse y abrir fuego. Por detrás venía la otra nave que no había sido dañada. Volví mi cabeza hacia delante. Quedaba un largo, largo paseo hasta los árboles. Y entre nosotros y los árboles, una de las letales torres mecánicas. Cassie corrió. Los cazas nos siguieron. Imposible. Imposible que lo consiguiéramos. <Voy a contactar con los Mecora,> dijo Ax. Casi no tuve tiempo de pensar ¿qué? cuando la torre abrió fuego. Los otros ya la habían pasado. Pero Cassie y yo estábamos atrapados entre el fuego letal de la torre y los cazas que se acercaban. <Esto no pinta bien,> dije. <No. No pinta bien.> De repente, Jake y Marco se volvieron. Vinieron corriendo hacia la torre desde donde estaban. La torre tenía más de diez metros de altura. Los dos Tyrannosaurus se estrellaron contra una de las esquinas de su base. ¡CRRR-UNCH! La torre no cayó. Pero se tambaleó. Y se combó hacia un lado. Lo suficiente para que el siguiente golpe fuera más lejos. Jake y Marco golpearon de nuevo, y ahora Cassie y yo les alcanzamos. Cassie le propinó una patada devastadora. Lentamente, lentamente, luego más y más rápido, la torre mecánica empezó a caer. Parecía una secoya, cayendo sobre el hormiguero de los Nesk. Ayudó, pero no lo suficiente. Habíamos sido demasiado lentos. Cuando corrimos hacia los árboles, los cazas nos cerraron el paso. No había forma de dejarlos atrás. No había forma de superarlos. Nos tenían paralizados. Íbamos a morir todos, sesenta y cinco millones de años antes de que ninguno de nosotros naciera. [b]© 1999 K.A. Applegate ©2005 Traducción de Erik[/b]

[b]Capítulo 33:[/b] Nos golpeamos con la línea de árboles, yo y Ax. En mis garras delanteras tenia un tubo blanco, pequeño y oblogono. Según Ax, un explosivo nuclear. Dejadme que os diga: ¿ir por ahí con un arma nuclear? Eso te pone nervioso. Miré hacia atrás. Y vi lo que iba a pasar. Tres Tyrannosaurus Rex bien grandes – Jake, Marco, y Cassie – corrían. Cabeza por delante, la cola atrás, corriendo como el Correcaminos. Un Deinonychus estaba en la boca de uno de los Tyrannosaurus. Y dos cazas espaciales prácticamente encima suyo. Sería una carnicería. <La situación es poco esperanzadora,> Dijo Ax. <¿Que quieres decir con poco esperanzadora?> Pedí. <Estoy hablando con los Mercora,> Explicó. Recordé que había dicho algo similar antes. Pero me pareció irrelevante. <Me voy con ellos,> Dije. <No seas loca, Rachel. Todo lo que podrías hacer es darle otro objetivo a los Nesk.> <Exactamente,> añadí con severidad. <A lo mejor si me están disparando, alguno de los demás pueda huir.> Empecé a volver a la entrada. Oí a Ax venir cortando detrás de mi. ¡CH-CH-CH-CHEEEEW! La nave pirámide disparó. <¡Aaaaahhhhhh!> Gritó Jake. Cayó hacia delante, medio dinosaurio. <¡DESTRANSFORMAOS!> Grité. La nave pirámide se giró lentamente, sobrevolando totalmente monstruo retorcido, zarandeado y desamparado que era Jake. ¡CH-CH-CH-CHEEEEW! La nave pirámide Nesk disparó a quemarropa. <¡Nooooo!> Chilló Cassie. El rayo fue cegador. Pero cuando la llamarada desapareció, ¡Jake seguía ahí! Una chispa eléctrica iluminó una especie de campo invisible alrededor suyo. <¡Un campo de fuerza!> Dijo Ax. <¡Los Mercora!> Entonces vimos las dos naves Mercora. Clavaditas a platillos volantes. Una de ellas estaba justo encima de la nave pirámide. Era la que había proyectado el campo de fuerza para proteger a Jake. El caza pirámide Nesk también lo vio. Disparó. A la vez, los Mercora dispararon. ¡BOO-BOOOOM! Las explosiones gemelas fueron prácticamente simultáneas. La nave pirámide y el platillo Mercora salieron disparadas separándose. El platillo Mercora que quedaba sobrevoló a Jake y los demás. La nave Nesk que quedaba parecía dudar. Y mientras lo hacía, Jake y los demás empezaron a destransformarse. <Van a intentar subirnos a todos abordo,> dijo Ax. <Deberíamos destransformarnos. No tienen espacio para estos cuerpos.> Empecé a destransformarme, pero fue una espera agónica mientras los Nesk consideraban si atacar o retirarse. El platillo nos sobrevoló. Los Nesk nos sobrevolaron. Alejándose. Jake, Cassie, Marco y Tobias se habían destransformado. Ax y yo salimos de detrás de los árboles, pendiéndonos a la vista. Los Nesk veían a humanos solo por segunda vez, y a un Andalita por primera. -¿Que crees que van a pensar de ti? -Le pregunté a Ax. <A lo mejor pensarán que los Mercora han conseguido unos nuevos y poderosos aliados,> Dijo Ax. Como si los Nesk le hubiesen oído, su nave viró de repente y se retiró a los restos de su base. Me reí. -Creo que tienes razón, Ax. Parece que los Nesk han tenido suficiente. En la época actual o en el Cretaceo, nadie puede con un grupo de humanos y Andalitas. El platillo Mercora nos recogió, a nosotros y a nuestra bomba nuclear. Pero eran un grupo de aliens austero y deprimido. Era difícil de ver al principio. Pero entonces me di cuenta que cada uno de ellos tenía una pierna de las cortas menos. Solo tenían un muñón sangrante. -¿Qué les ha pasado a vuestras piernas?- Pregunté, Pero mientras las palabras salían de mi boca, vi los miembros en un rincón. Los habían puesto en una tela de colores brillantes con la que los habían envuelto para ponerlos en una estantería. Había algo de ceremonial en eso. Por lo menos religioso. <¿Podéis explicarnos el significado de esto?> Preguntó Ax educadamente. <Tenemos que hacer un sacrificio de dolor. Las piernas se regenerarán, pero a los que honoramos no,> dijo el piloto Mercora. <Es un símbolo. Explica el dolor de nuestro espirito, siendo equivalente con nuestro dolor físico.> -¿Habéis echo esto por los Mercora que estaban en la otra nave? – Preguntó Jake. <Por los de ambas naves,> dijo el piloto. <Ser asesinado es algo triste. Matar es un pecado.> -Encajarías perfectamente con estos tíos, Cassie – Dijo Marco. Cassie le ignoró. -Nuestras piernas y brazos no se regeneran.- le dijo al Mercora. El piloto respondió: <Entonces tendríais que llevar el dolor por dentro.> -Sí – dijo Cassie- Lo haré. -Gracias por salvarnos. Sentimos lo de los Mercora de la otra nave – dijo Jake. -Os debemos una. Una de muy grande. -Eso cuenta para todos nosotros,- añadí.- Cualquier cosa que podamos hacer pos vosotros… quiero decir, hasta que volvamos a nuestro propio tiempo. Lo que sea. <No hagas promesas que no puedas mantener, Rachel,> Dijo Tobias en un susurro privado que solo yo pude oír. <Solo empeorará las cosas luego.> Le miré pidiendo una explicación. Pero los ojos de un águila no dan nada. [b]© 1999 K.A. Applegate ©2005 Traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 34:[/b] Volar bajo el campo de fuerza era una experiencia extraña. Emanaba suficiente calor del pueblo de Mercora y de los campos alrededor de él, donde había corrientes termales estupendas. Pero el campo de fuerza creó un techo de cristal sobre mí que yo no podía golpear sin romperme otra ala. Una experiencia rara. Pero era bueno estar volando de nuevo. Y me sentía como si tuviera una clase de misión. Yo sentía que alguien debía ver la colonia de Mercora. Alguien debe ver todos lo que se podría perder, y recordarlo. Estaba asombrando, realmente. El universo tenía tantos secretos. ¿Quién habría supuesto que mucho antes de que los humanos y los Andalitas, y Yeerks hubiesen aparecido en el tablero para jugar su propia lucha a vida o muerte, había habido una guerra más temprana para la Tierra A través de la distorsión ligera del campo de fuerza yo podría ver el Pteranodons en sus nidos del acantilado. Me pregunté cómo cazan y lo que habían cazado en aquella situación un tanto extraña ¿Quién podría decir? Como todo ser vivo, ellos estaban haciendo lo mejor en aquel momento por adaptarse. Estaban intentando comer sin ser comidos. Se asemeja a mi vida como un halcón. El mismo viejo ciclo: El ser vivo que intenta por cualquier medio seguir vivo mediante cualquier cosa que podría encontrar; que intenta sobrevivir a los enemigos, de enfermedad, hambre, fuego, diluvio, y todos los animales que son más grandes y perversos. Yo sentía el calor del viento en mis alas. Yo me volví y ascendí en círculos hasta que podría ver el valle entero y sentí el campo de fuerza justo a unos centímetros encima de mí. De algún modo el Mercora había deducido cómo permitir el paso aéreo creciente a través del campo. Ellos eran una raza inteligente, avanzada, y decente. Sinceramente esperé que en alguna parte, fuera, en la galaxia, hubiese otras colonias de Mercora. Miré hacia abajo, en lo que podría ser casi una calle, y ví a mis amigos que hablaban con algún Mercora entusiasmado. Yo corté el aire y bajé en picado. A veces no hay nada más relajante que caer en picado lanzándome a través del aire. Me emperché en un vehículo de la tierra que se habían estacionado cerca de los otros. <¿Qué ocurre?> pregunté. “Los Nesk están saliendo!” Cassie lloró de alegría. “¡Los Mercora dicen que los Nesk han dejado la Tierra ! Sus naves orbitales descendieron y se hiciendo con todo lo de la base.” “Parece que ganan los chicos buenos,” dijo Rachel. “Creo que los Nesk vieron que los Mecora tenían nuevos amigos, importantes amigos pateadores de traseros.” Se echó a reír, mofándose de su propia bravuconada. <Sí. eso supongo, huh? Dije. Los Mercora celebraron su victoria desde la tarde hasta la noche. Lo celebraron arando cientos de acres al borde de la colonia y plantando semillas. Los otros y yo fuimos a los cuartos que nos habían puesto para nosotros. Comimos la comida que ellos nos habían proporcionado, y descansamos en los campos de fuerza formados que pasaron para el mobiliario. La noche llegó, y a través de la ventana el cometa parecía llenar el cielo. Me emperché en algún sitio donde pudiera mirarlo. “Así… OK, ahora tenemos que decidir dónde y cuándo usar este arma nuclear”, Jake dijo. <Los Mercora han estado de acuerdo en permitirnos usar sus computadoras,> dijo Ax. <Con su ayuda, probablemente puedo recrear la teoría que hay detrás de los Sario Rips, y entonces proponer un plan exacto.> Jake cabeceó. “Bueno. Fabuloso. Tomate tu tiempo, Ax. Hazlo bien.” “Sí, ¿Por qué apresurarse? Nosotros tenemos todo el bróculi que posiblemente podríamos necesitar”, dijo Marco, mientras ponía una cara de aversión absoluta. Yo miré la oscura noche. Observé la cabeza del cometa. Y entonces, lo vi: una puñalada de llama que se disparó hacia el lado de la cabeza, blanca e iluminada, del cometa. La llama azul, iba en un ángulo recto a la trayectoria del cometa. Yo me sentía que mi corazón salta un golpe. El Mercora lo notó, también. Desde las calles de fuera, oímos una sirena de alarma transformada en gemidos. “Qué es esp? ” Marco preguntó. “Parecen los policía.” Jake se encogió de hombros. “¿Quién sabe con el Mercora? Son unos extraterrestres extraños. Quizá es la “música” de Mercora. Varios minutos después, dos Mercora irrumpieron a golpes en el cuarto. Sus ojos se abrían y cerraban en un escalofrío de unas proporciones alarmantes. Sus dos débiles manos parecían estar estrujándose ferozmente. <Los Nesk! Ellos no pueden aceptar su derrota. Han decidido que si ellos no pueden tener este planeta, nosotros tampoco.> “¿Qué quieres decir? ” preguntó Cassie. <Ellos han desviado el cometa. El cometa está ahora en una trayectoria directa a impactar contra este planeta. Aquí, en este mismo lugar. En menos de un día, el cometa estallará.> “Nosotros no podemos permitir que eso pase! ” Cassie dijo. “Simplemente no pueden rendirse. No hay algo que ustedes puedan… no sé, empujarlo en otra dirección? ” El Mercora respondió, <Incluso proyectando nuestro campo de fuerza más poderoso el cometa no se movería. Sólo una oportunidad. El dispositivo explosivo que tomó del Nesk… Nosotros podríamos usar nuestra última nave, podríamos llevarlo al cometa y podríamos explotar el dispositivo. Podría fragmentar la cabeza del cometa. Sin embargo. ..> “Ellos no quieren pedirnos el arma nuclear”, Jake dijo. “La cortesía está llegando muy lejos” dijo Marco. “Si por mi fuera, les diría ‘Pásame eso tío’ ” “Si entregamos la cabeza nuclear no tendremos ningún modo de regresar a casa”, Rachel señaló. “Nosotros tenemos ningún selecto! ” Cassie dijo. ¿Nosotros seis somos mas importantes que esta comunidad entera? Se supone que nosotros los condenamos a la muerte sólo porque queremos conseguir llegar a casa de nuevo? ” “Espera un minuto, ¿estas hablando en serio?” Marco exigió. “¿Vamos a entregarles nuestro único boleto para salir de aquí? Yo pienso que no. “Ax, si esto golpea el cometa, ¿cuánto daño hará? ” Jake preguntó. Pero Ax no podría contestar. Él estaba distraído por lo que yo estaba diciéndole en privado. Distraído por lo que yo estaba pidiéndole que hiciera. Le dije al Mercora, <Por favor dénos un par de minutos para considerarlo. Regrese entonces.> Ellos salieron. Yo me encontré la mirada de Ax. Él estaba mirándome con sus dos ojos principales. Sus ojos del tallo estaban mirando fijamente abajo al pequeño, pero devastando, que estaba agarrando en sus manos. [b]© 1999 K.A. Applegate Traducción de Films (mis gracias a Tara por su ayuda xD, luego de enviarte el mails me di cuenta del sentido de la frase y me di de cabezazos xD)[/b]

[b]Capítulo 35:[/b] Los Mercora se fueron. Y cuando volvieron, tuvimos la respuesta. Me sorprendió el voto final. Eran cuatro a dos, con Rachel y Marco en contra. Esperaba que Jake tuviera en cuenta que le debía la vida a los Mercora. Lo mismo que yo. Pero me sorprendió la tranquilidad en cómo Ax y Tobias se fueron. Ninguno de los dos dijo nada. Sólo votaron con Jake y conmigo. Los Mercora cogieron el arma y corrieron hacia los restos de su platillo. Observé desde la ventana cómo empezaba a encenderse. <Necesitamos salir de aquí>, dijo Tobias, hablando por fin. – ¿Por qué? <Tenemos que estar lejos, lejos de aquí cuando ese cometa choque.> – ¿Qué quieres decir con “cuando ese cometa choque”? –inquirí–. Los Mercora creen que esto funcionará. Creen que pueden romperlo en pequeños pedacitos que arderán al entrar en contacto con la atmósfera. Tobias me miró fijamente con sus fríos ojos de halcón. <El dispositivo no estallará. Ax lo colocó, así que estará estropeado. Y él lo planeó, así que los Mercora no lo sabrán hasta que sea demasiado tarde.> Le traspasé con la mirada. Todos lo hicimos. – Espera un minuto –dijo Marco–. ¡Si no lo estamos usando, mejor que esperemos que los Mercora sí puedan! ¡Eh, genio, estamos aquí abajo también! Ese cometa chocará y seremos lanzados diez kilómetros hasta que topemos con sólida roca. Eso va a doler. <No hay tiempo de explicarlo ahora –dijo Tobias–. Todos, transformaos en pájaros. Necesitamos salir de aquí en un par de minutos.> – Tobias, ¿qué has hecho? – pregunté. <Hice lo que tenía que hacerse, ¿¿vale?? –gritó Tobias en una explosión de súbito enfado–. Hice lo que tenía que hacerse. Hice la llamada, así que ninguno de vosotros debería sentirse mal al respecto. – Tienes que explicarnos esto ahora mismo –dijo Jake por lo bajo, esa voz suave que usa cuando está realmente furioso. <Empezad a transformaros o no explicaré nada –dijo Tobias–. ¡Hacedlo!> Rachel empezó a transformarse en águila. Jake vaciló, pero había una fuerza en Tobias que nunca antes había notado. Jake empezó a cambiar. Luego Marco. Ax. ¿Qué podía hacer? Tenía que ir con ellos. Tenía que transformarme. <Es la Era Cretácica –explicó Tobias–. El Cretácico Tardío, la última era de los dinosaurios.> – ¿Así que…? –inquirí mientras aún conservaba una boca humana. <Así que, ¿qué crees que les pasó a todos ellos, Cassie? Los dinosaurios dominaron la tierra durante ciento cuarenta millones de años. Has visto lo débiles y vulnerables que somos en esta era. Has visto que los únicos mamíferos son ratas diminutas, suficientemente pequeñas para evitar atraer la atención de grandes dinosaurios. Así que, ¿cómo crees que los dinosaurios cayeron y los mamíferos se alzaron?> <Ellos… ellos evolucionaron>, dije. <Sí, evolucionaron. Pero la evolución tuvo una gran mano ayudándola. Mira, hace más o menos sesenta y cinco millones de años… alrededor de ahora… algo –ellos no sabían si era un asteroide o un cometa, pero algo– chocó contra la Tierra. Algo muy duro. Suficientemente duro para llenar la atmósfera de polvo, bloquear el sol y traernos un clima más frío. Y así es como los dinosaurios murieron.> <¡¡No sabes si es este cometa!! –grité– ¡No lo sabes!> <Sí, lo sé –dijo él–. Nadie en nuestro tiempo ha encontrado un fósil de los Mercora. Eso significa que nunca prosperaron, nunca poblaron el planeta, nunca crecieron más allá de este puñado de gente, de este poblado. Éste es el cometa. Éste es el tiempo. Hoy es el fin de los Mercora. Y hoy… hoy es el fin de los dinosaurios.> Quería decirle que estaba equivocado. Pero sabía que no lo estaba. Quería llorar. Pero me había convertido en un quebrantahuesos. Los pájaros no lloran. Era monstruoso, horrible. Inevitable. <¿Vamos a dejar a esta gente, a estos Mercora, vamos a dejarles morir?>, pregunté. <Estoy sorprendido de que tú, de entre toda la gente, no lo entienda, Cassie –dijo Tobias–. Se trata de algo más que estos Mercora. El planeta entero cambiará hoy. Un millon de especies empezarán a morir. Unas semanas, meses o tal vez unos años a partir de ahora, el último Tyranosaurio va a morir, Y por eso, otras criaturas empezarán a evolucionar. Incluyendo…> <Nosotros –dije–. Homo Sapiens. Homo Sapiens, quien nunca podría haber evolucionado a no ser que los dinosaurios estuviesen todos muertos.> <Así que este cometa tiene que chocar>, dijo Rachel <Sí. Este cometa tiene que chocar>, dije. Odiaba decirlo. Odiaba pensar que la pequeña y feliz colonia de los Mercora iba a ser destruida. Pero este estaba destinado a ser un día de aniquilación, y supe desde el principio que no podíamos cambiar la historia. Todo esto ya había pasado. Sesenta y cinco millones antes de que naciera. Ax dijo: <Ellos tendrán que soltar la fuerza terrestre cuando su nave despegue. Necesitaremos estar en el aire, preparados para escabullirnos.> Estaba en lo cierto. Tobias estaba en lo cierto. Lo sabía. Pero aquello me enfermó por dentro. Y no era la única. <Sabes, estos tíos nos salvaron. Me salvaron –dijo Jake–. No me gusta esto, irse corriendo así. Tal vez podamos avisarles. Tal vez ellos puedan irse, escapar del planeta> <Carecen de naves –dijo Ax–. Su lucha con los Nesk les ha dejado con sólo esa única nave. Además, ¿qué pasará si encuentran una manera de sobrevivir? Habríamos alterado la historia de una forma muy considerable.> <Esto apesta –dijo Jake amargamente–. No huiré de la gente que me ha salvado la vida.> <No tienes elección, Jake>, dijo Tobias. <La nave ya esta lista para ser lanzada>, dijo Ax. Había estado vigilando con sus antenas. <Ahora o nunca>, dijo Tobias. <Ahora>, dijo Marco. <Sí>, confirmó Ax. <No hay elección>, dijo Rachel, sonando más afligida de lo que esperaba. <Sí –dijo Jake–. No es asunto nuestro cambiar la historia> Quise reírme. Actuábamos como si estuviéramos tomando una decisión. Pero Tobias ya había hecho la decisión difícil. El cometa no iba a parar. La única pregunta era, ¿escaparíamos y saldríamos con vida? Sabíamos la respuesta. <Gracias, Tobias>, dije. No sé si pensó que estaba siendo sincera o sarcástica. Yo misma tampoco estaba segura. Abrí mis alas y volé. [b]© 1999 KA Applegate 2005 de la traducción de Erik[/b]

[b]Capítulo 36:[/b] Volamos atravesando el campo de fuerza justo cuando el platillo condenado despegó. Todos los Mercora habían salido para ver despegar la nave. La nave que llevaba con ella todas sus esperanzas. No nos vieron en la oscuridad. Estaba enfadado con Tobias. Estaba enfadado con Ax por ayudarle. Pero sabía que habían hecho lo correcto. Mi enfado era la prueba de ello. Veréis, incluso sabiendo que Tobias tenía razón, podía enfadarme con él. Podía juzgarle y culparle por la tragedia que estaba apunto de ocurrir. Lo que significaba no tener que culparme a mí mismo. Volamos, más y más arriba. Estaba oscuro y salimos tan rápidamente que ni los Pteranodons nos vieron. Eran cazadores diurnos. Realmente, nosotros también, en nuestras formas de aves de presas nuestra vista no era mucho mejor que la humana en la oscuridad. Ascendimos y salimos de aquel valle donde divertidas criaturas cangrejo cultivaban su brócoli. Hacia el cielo intacto, sin ninguna luz artificial y hacia el océano. El cometa era increíble y supuse que habría sido bonito, si no hubiésemos sabido lo que era. Si no hubiésemos sabido lo que significaba. Volamos hasta acercarnos a nuestras dos horas de tiempo límite. Nos destransformamos y volvimos a transformar lo más rápido que pudimos. Esta vez Rachel y Cassie usaron sus formas de lechuza, para así poder guiarnos en la oscuridad. <¿Cómo será de grande el estallido que hará esa cosa cuando llegue?> preguntó Rachel <Depende de la velocidad y el tamaño del cometa> dijo Ax. <Los Mercora lo han estudiado. Dicen que es de unas cinco de vuestras millas de diámetro. Se está acercando a una velocidad de 15 millas por segundo> <¿Por segundo?> preguntó Marco <Sí. Cuado impacte, liberará tanta energía como un millón de armas nucleares de ese submarino> <¿Perdón? ¿Un millón de armas nucleares?>* <Bueno, suponiendo que esas “armas” sean ejemplos razonables de tecnología nuclear primitiva, me aproximo bastante,> dijo Ax. < Habrá ondas expansivas. Una onda irá hacia dentro y atravesará la tierra. Comprimirá la roca bajo ella, la cual liberará todo el dióxido de carbono atrapado. Se formará una gran bola de fuego a partir de los gases inflamables y del mismo cometa vaporizado. Todo a unas cien millas, animales, plantas, todo, será incinerado. Habrá un enorme cráter de diez o quizá veinte millas de profundidad. La segunda onda expansiva rebotará en su impacto. Levantará grandes cantidades de rocas ardientes hacia el espacio, en todas direcciones. Esas rocas caerán a través de una gran área y en su reentrada en la atmósfera probablemente provocarán una gran ola de calor, tan caliente que prendera fuego a árboles y hierba, quemándolos. Cualquier cosa viva será cocinada como….> <¡Es suficiente!> chilló Cassie. <Sí, esa ha sido suficiente información,> asentí. <La cuestión es, ¿cómo vamos a sobrevivir a eso?> <¿Y estamos seguros de que queremos?> dijo Tobias sombríamente <Los próximos años en la Tierra no van a ser divertidos. Primero fuego, luego oscuridad. Oscuridad y frío y muerte por todas partes.> <Mira, estoy interesada en sobrevivir,> dijo Rachel. <Punto.> <La onda expansiva es la primera amenaza, luego vendrá el calor intenso,> dijo Ax. <Cuando el cometa caiga, deberíamos estar en el agua.> <Será mejor que volemos hasta el último momento,> dije <Haremos más distancia. Seguiremos la costa Norte, entonces en el último minuto, nos dirigiremos al mar.> Volamos. Durante toda esa noche, parando sólo para transformarnos cada dos horas. El sol salió sobre un paisaje que cortaba la respiración. Estábamos sobre el delta de un río, cientos de corrientes brillantes se dirigían al mar. Y entre tanta exhuberancia, los dinosaurios. Los lentos triceratops y manadas de enormes Saltassaurus, los de cuello y cola larga con los que nos encontramos antes. Había hadrosaurios y cocodrilos gigantescos y pteranodons buceando para pescar. Genial, viejos gigantes. Era un mundo en el que los elefantes parecerían de tamaño medio. Cientos de especies de dinosaurios, cada uno un milagro de la naturaleza. Y sí, aquí y allí, mientras volábamos, veíamos a los tiranosaurios y otros grandes depredadores. Por alguna razón, aunque los tiranosaurios habían intentado matarnos repetidas veces, el Gran Rex era el que más me apenaba. Estaban tan seguros de su poder. Tan confiados. Este era su planeta, y ellos eran los reyes. Me preguntaba si mirarían hacia arriba y notarían algo diferente en el cielo. Me preguntaba si ellos también, veían el cometa y se sentían temblar de miedo. Ahora el cometa era visible incluso a la brillante luz diurna. Volábamos bajo el cometa y sobre la abarrotada vida en el Cretácico. Al final descansamos en las ramas altas de un árbol. Todos menos Ax, que se quedó abajo. Tobias estaba como en casa en los árboles. Y nosotros, los humanos, podíamos resguardarnos y sentirnos, de alguna forma, a salvo. Cassie soltó una risita. “Bien, aquí estamos, sólo a unas decenas de millones de años atrás. Los primates evolucionarán y aprenderán a vivir en los árboles, huyendo de los gatos dientes de sable y otros depredadores. Y ahora estamos aquí, sólo un poco temprano.” “Pero ahora lo saben” dijo Rachel, mirando hacia la dirección de la que habíamos venido. “¿Quiénes?” le preguntó Marco “Los Mercora. Saben que la bomba no explotará. Saben que todo se ha acabado para ellos.” Marco asintió. “Sí. Me pregunto si saben por qué, quiero decir, que lo hicimos nosotros. Me pregunto si se han imaginado que no venimos de un lugar lejano, si no de un tiempo lejano de este planeta. Y si se figuran por qué lo hemos… ya sabéis, el porqué.” Un Saltasaurus se acercó y alzó su cabeza hacia el árbol, ignorándonos, y mascó ruidosamente algunas hojas. Volvió a anochecer, y volamos apresuradamente, desesperados por cada última milla. Y por fin, Ax dijo que era el momento. Torcimos hacia el mar. Aterrizamos en el agua, esperando poder evitar ser comidos en los últimos minutos que quedaban. Nos transformamos en delfines y esperamos el fin del mundo. *N.d.T. : En la versión original, Marco dice “nukes”, que quiere decir “armas nucleares” en argot. E decir, no repite la palabra “armas nucleares” al interrumpir a Ax. [b]© 1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Pícara[/b]

[b]Capítulo 37:[/b] Me quedé en la superficie para ver el final. El cometa era una antorcha incendiada del tamaño de una montaña. Se estrelló, y el planeta entero se estremeció con el impacto. Casi podías imaginar a la Madre Tierra gritando de dolor. Pero ya sabes, la Tierra es sólo una enorme bola de tierra y agua y aire y vida, rodando por el espacio. Sólo es importante porque es nuestra. Al resto del universo no le importaba que la órbita de la Tierra y la trayectoria de un cometa se cruzaran en este momento y en este lugar. Y aún así, en mi mente, en mi corazón, lloré por la Tierra. El poder explosivo de un millón de armas nucleares estalló a la vez. Era como si un gigante hubiera golpeado con un martillo del tamaño de la luna sobre nuestro planeta. Sentí el impacto en mis adentros. La explosión parecía haber resquebrajado el universo. Pero no llegué a sentir nunca la conmoción. Porque de pronto, ya no estaba en el océano observando el fin de los dinosaurios. Flotaba sobre todo ello. Flotaba en el aire, pero no exactamente. En el espacio, sólo que podía respirar. <¡El Sario Rip!> Oí gritar a Ax. <¡El impacto del cometa lo está poniendo en marcha!> Pero está vez el viaje a través del tiempo fue diferente. No volvimos de repente a dónde habíamos empezado. Nos precipitábamos por el vacío, nos precipitábamos como si estuviéramos en una cinta de vídeo rebobinándose hacia delante en modo rápido. Vi el cráter. Era una agujero lo suficientemente grande como para que pudieran perderse dentro docenas de ciudades. Escombros en llamas explotaban a nuestro alrededor. Una bola de fuego rodaba por el paisaje, quemándolo todo, como un soplete sobre la hierba seca. Los árboles explotaban en llamas. Los dinosaurios se arrugaban y se ennegrecían, y caían muertos en el mismo lugar en que estaban, sin tiempo siquiera para gritar. Los gases ardientes se expandían a nuestro alrededor. ¡El mismo cielo parecía arder en llamas! Pero entonces la bola de fuego se debilitó y de los restos empezó a surgir humo y polvo. La Tierra quedó escondida detrás de un manto de humo y polvo. El sol se veía distorsionado. La Tierra empezó a congelarse, y murieron aún más criaturas. Todo ocurría ahora bajo mis ojos. El cielo se clareaba conforme caía lluvia ácida, desintegrando numerosas plantas y matando de hambre al resto de dinosaurios. Los vegetarianos eran muy pocos ahora. Vi, en un destello, al último Tyrannosaurus, vagando hambriento, esquelético, debilitado y solo, a lo largo de un paisaje maldito. Buscaba una presa que ya no existía. Y finalmente cayó. El tiempo se aceleró, y los continentes empezaron a desplazarse por la superficie del planeta. Vi como la Antártida se separaba de la parte de debajo del planeta y se llenaba de hielo. Vi aparecer el Océano Atlántico donde antes sólo había habido un mar interior. La India se desprendió y chocó violentamente con la parte de debajo de Asia, levantando las montañas del Himalaya con el impacto. La extensión de hielo avanzaba y retrocedía. Los bosques proliferaban, se retiraban y surgían de nuevo. Las montañas se alzaban afiladas y escarpadas, y luego se desmenuzaban hasta alcanzar formas más suaves y lisas. Y por todos lados, las criaturas pequeñas, marrones, cubiertas de pelo, incrementaban su número. Ocuparon la Tierra como antes habían hecho los dinosaurios. Emigraron hacia el mar. Se convirtieron en vegetarianos y carnívoros. Grandes y pequeños, agradables y mortíferos, lentos y rápidos. Y de repente, estaban en los árboles, saltando de rama en rama. Y un instante después, algunos golpeaban piedras entre sí, y construían herramientas con huesos y madera. Empezaron a caminar erectos, sobre dos piernas. Construyeron cabañas, y villas y ciudades. Pero todo esto pasó en un instante. Porque en la larguísima historia de la Tierra, la historia entera del Homo Sapiens ni siquiera ocupa el parpadeo de un ojo. Los dinosaurios gobernaron durante ciento cuarenta millones de años. Los humanos habíamos existido durante menos de un millón de años. Estaba de nuevo en el agua. Mis amigos también estaban ahí. Lancé mis chasqueos de ecolocación y “vi” barcos en el agua. Y sentí apagarse los últimos ecos de la explosión nuclear sub-oceánica que había abierto la primera vez el Sario Rip. <Acabamos de volver a donde empezamos,> dijo Ax. Nos transformamos cerca de la playa y cuando salimos, ahí estaba el paseo marítimo. Aún llovía. Fuimos a nuestras casas, aturdidos, sobrecogidos, y vimos las noticias del terrible desastre marino. Un desastre del que, afortunadamente, no había resultado ningún muerto. La buceadora de la Marina que había sido la heroína juró que unos delfines eran los que la habían guiado al submarino. Algunas personas sugirieron que sufría alucinaciones debido a la profundidad y por respirar un preparado extraño en sus bombas de buceo. Yo volví a mi vida, sintiéndome extraña y fuera de lugar. Esa noche vino Jake. Salimos fuera. “Intenté convertirme en Tyrannosaurus,” dijo. “Nada, no funcionó.” “Puedes preguntárselo a Ax. Él sabrá por qué.” Jake se echó a reír. “Sí, pero aunque me lo explique, seguiré sin entenderlo.” “Quizá todo ha sido sólo un sueño,” dije. “No, no ha sido un sueño,” dijo Jake. “Pero todo pasó hace muchísimo tiempo.” “¿Estamos aún allí? Bueno, ¿se supone que debíamos estar allí? ¿Para hacer lo que hicimos? ¿Se supone que debía haber pasado de un modo diferente? ¿Este planeta debería estar gobernado hoy por los Mercora? ¿O por los Nesk? ¿Debería haber todavía dinosaurios caminando por ahí? ¿Hicimos lo correcto o lo estropeamos todo?” Jake no tenía una respuesta, así que dejé caer disimuladamente mi mano sobre la suya. Nos quedamos mirando al cielo durante un rato. “No hay cometas,” dijo Jake. “Al menos, hoy no,” dije. Nota: <Hola, soy yo, Tobias. Después de haber vuelto de nuestra aventura en el Cretáceo tardío, busqué algunos de los dinosaurios que habíamos encontrado: Tyrannosaurus, Deinonnychus, Saltasaurus, Spinosaurus, Elasmosaurus, Kronosaurus, y Triceratops. Todos ellos estaban por ahí durante el Cretáceo. Pero los paleontólogos parecen pensar que algunos de ellos, como el Spinosaurus, ya estaban extintos por la mitad del Cretáceo, aunque nosotros estábamos en el Cretáceo tardío. Todo lo que puedo decir es que casi me come un dinosaurio que se supone que estaba extinto. Así que, ¿a quién vais a creer? ¿A mí, o a un puñado de científicos con un par de huesos viejos?> [b]© 1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

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