Megamorphs 3 El secreto de Elfangor

Hemos descubierto quien es Visser Cuatro. El mismo que ha encontrado la Matriz del Tiempo, la máquina que Elfangor escondió en el recinto abandonado donde le encontramos esa noche. La noche que ninguno de nosotros olvidará jamás, especialmente yo. Ahora Visser Cuatro tiene la Matriz del Tiempo, y está planeando usarla para convertirse en Visser Uno.

Pero Jake, Rachel, Cassie, Marco, Ax y yo no podemos permitir que eso suceda. No podemos dejar que altere el tiempo y que de ese modo los yeerk ganen la invasión. Por eso mismo nos hemos preparado para hacer un último sacrificio. Y, al final, uno de nosotros perderá esta lucha…

Datos del libro:

El libro tiene 208 páginas de texto divididas en 43 capítulos.

Como sabéis Megamorphs es una serie paralela a Animorphs, que narra momentos “que se salen” de la trama, aunque guardan relación con toda la historia y sirven de complemento. Así comprenderemos muchas cosas que suceden en la serie central.

Narrador

Como ya es costumbre, lo narran todos los personajes. Estos seis jóvenes ya han luchado en muchas batallas y contra todo tipo de enemigos. Pero ahora van a empezar una carrera contra el tiempo, haciendo lo que pueden para evitar cambiar el curso de la historia –e impedir que un Visser desesperado lo haga a su vez. Sólo hay un problema: a cambio de la oportunidad de parar al Visser los Animorphs tendrán que pagar un precio. Uno de ellos debe morir…

Visser Cuatro, humillado tras haber perdido Leera, ha venido a la Tierra para hacerse con un huésped humano. Ahora está desesperado –y ha encontrado la Matriz del Tiempo. Visser Cuatro va a hacer lo que ningún otro yeerk ha soñado jamás: viajar atrás en el tiempo y contribuir a moldear una Tierra más débil, una Tierra fácil de conquistar para cuando los yeerks la invadan en el futuro. Los Animorphs deben detenerlo, y una fuente insospechada les concede una oportunidad: el Drode. Y el amo de Drode, Crayak, quiere que un Animorphs muera a cambio de su “regalo”. ¿Podrán los Animorphs detener a Visser Cuatro antes de que cambie el devenir de todas las guerras de la historia? ¿O la inminente muerte de uno de sus miembros, y el agotador viaje a través del tiempo van a ser demasiado para los Animorphs?

Nuevos personajes

Visser Cuatro: Por fin ha entrado en escena. Tras ser desacreditado durante el conflicto de Leera, ha venido a la Tierra y ha tomado como huésped a John Berryman, un viejo actor retirado.

Doce de Septiembre: la chica esclava de Cassie en la realidad horriblemente alterada por las maquinaciones de Visser Cuatro.

Nuevas palabras

Patriota del Imperio: título otorgado a aquellos que han probado su lealtad hacia el Imperio U.S. en la realidad alternativa de Visser Cuatro.

Primitivos: nombre con el que conocen a los habitantes del tercer mundo en la realidad alternativa de Visser Cuatro.

Triple S: grupo político-militar creado por el Imperio U.S. y mayoritariamente controlado por yeerks, también perteneciente a la realidad alternativa de Visser Cuatro.

Transformaciones

Sólo Jake se transforma en caballo de guerra (37) aunque los Animorphs no suelen conservar sus formas nuevas después de este tipo de… viajes. ¿Será éste el caso?

[b]Contraportada:[/b] Como pasa el tiempo… “Dijiste algo de un trato,” dijo Marco. “Sí,” dijo el Drode. “Un trato. Y aquí lo tienes: los seis tendréis la oportunidad de seguir la Matriz del Tiempo. El primero, el que Visser Cuatro dejó hace dos días.”… “¿Es ese el trato?” preguntó Jake. “¿Es eso todo?” “Hay algo más ¿No?” pregunté al Drode. El Drode se echó a reír. “Oh, sí. Sí que lo hay, pequeña Cassie. Cassie, la asesina a conciencia. Los mato, y luego los lloro. ¡Esa es nuestra Cassie.” “¿Cuál es la otra parte?” repetí, sin demostrar que sus hirientes palabras habían echo mella. “Mi señor Crayak ha requerido un precio. Un pago.” “Un pago.” “Uh-huh,” dijo el Drode con un coqueteo. “¿Y cuál es?” “Uno de vosotros.” Dijo el Drode… “La vida de uno de vosotros. Ese es el precio impuesto por el Señor Crayak: Uno de vosotros ha de morir.” [b]© 1999 K.A. Applegate 2005 Traducción de Santiago Ruiz [dolarsrg][/b] [b]Prólogo[/b] El aristh Elfangor-Sirinial-Shamtul fue criado en la guerra. Hasta hartarse de muertes. Causó la infestación Yeerk de su propio príncipe creando así la abominación ahora conocida como Visser Tres. Él había sido incapaz de salvar a su amigo y compañero aristh Arbron, ahora atrapado para siempre en el cuerpo de un taxxonita. Desastre tras desastre. Fracaso tras fracaso. Había aprendido con todo ello. Había escapado al planeta llamado Tierra junto con Loren, la humana a la cual amaba. Se transformaría en humano. Viviría como tal. Se perdería entre ellos. Y quizás de alguna manera encontraría la felicidad. Pero él seguía teniendo posesión del arma más poderosa conocida en toda la Galaxia: la Matriz del Tiempo. La Matriz del Tiempo podía viajar atrás en el tiempo de la misma manera que un caza de espacio-Z podía hacerlo a través del espacio. Ésta otorgaba a la persona que lo controlaba un poder más allá de lo imaginable. Una persona que viajaba atrás en el tiempo podía reescribir la historia. Usando la Matriz del Tiempo, especies enteras podían ser exterminadas. Más aún que estar exterminadas: se podía conseguir que nunca hubieran existido. Era demasiado poder para pertenecer a alguien. Especialmente, pensaba Elfangor con amargura, para un fracasado como él. La Matriz del Tiempo era una esfera más grande que un humano, por lo que destruirla era virtualmente imposible. Pero podía ser escondido. Al menos por un tiempo. Él encontró un lugar vacío. Nada excepto árboles. Usando únicamente las herramientas disponibles para un humano, excavó un hoyo e hizo rodar el artefacto en él. Después lo tapó. Y entonces se transformó en humano. Al cabo de dos horas, dejó de ser un Andalita. Estaba atrapado. Humano. Humano para siempre, nunca más una parte de la vasta guerra existente entre los Andalitas y los Yeerks. Era por fin libre. O eso creyó. Pocos años después, volvió al mismo lugar. Suficientemente desesperado para intentar usar la Matriz del Tiempo. Pero el sitio en el que la escondió era ahora un lugar en construcción. Esta vez, podría no haber escapatoria. Su tiempo se terminaba. A tan sólo unos pocos metros de la máquina que podría darle todo el tiempo del mundo. [b]© 1999 Katherine Applegate 2004 Traductor desconocido – [Que el autor postee en el foro pertinente][/b]

[b]Capítulo 1:[/b] Mi nombre es Tobias. En la historia de la Tierra debo haber sido la criatura más extraña que jamás haya existido. Me explico. Deberíais observar la mitología para encontrar algo tan raro como yo. Quizás los grifos, los cuales son mitad león y mitad águila, o los centauros, mitad hombre y mitad caballo, o algo por el estilo. Pero ellos son mitos. Yo soy real. Soy mitad humano, mitad halcón. Halcón ratonero, de hecho. [i]Buteo jamaicensis[/i], lo cual os dice un poco más. [i]Homo sapiens[/i], te presento a [i]Buteo jamaicensis[/i] Pero éste no es aún el fin de la historia. Porque además hay lo siguiente: mi padre fue un Andalita que se transformó en humano. Por lo tanto podríais decir que soy un [i]Homo sapiens[/i], [i]Buteo jamaicensis[/i] y Andalita. ¿Cómo sería el nombre en latín para un Andalita? Ni idea. ¿Cómo está el vaso, medio lleno o medio vacío? Es lo que siempre te preguntan para ver si eres optimista o pesimista. ¿Soy un tipo de aberración de la naturaleza, una mezcla de trozos diferentes que no encajan? ¿O algo nuevo y maravilloso? Depende del día. Depende de si estoy con Melissa, queriendo hacerla feliz, queriendo cogerla de la mano, queriendo ser capaz de llevarla al cine y luego a una hamburguesería, como cualquier otro chico puede hacer en una cita, quizás incluso cogerla de la mano, quizás besarla, quizás… Sí, hay momentos como ése, en el que el vaso está medio vacío. Pero hay otros momentos. Momentos en los que el Sol está alto y cálido. Momentos en que las nubes son como montañas gigantes flotando a través del cielo azul. Momentos en que el aire templado ondea por debajo de mis alas y apenas debo batirlas y de repente encontrarme tan alto, tan lleno, tan libre, de un modo que nunca pude ser como humano, libre para elevarme más y más, sólo, nada excepto el sonido del viento erizando mis plumas… y en esos días el vaso se derrama. Éste era un día en el que el vaso estaba lleno. Me encontraba a una altitud considerable, quizás a mil pies del suelo, la playa justo enfrente de mí y con una brisa llevándome arriba. Podía ver el océano, y toda la extensión de gente en la playa. En un día como ése, era difícil ser pesimista. Sí, la Tierra estaba siendo invadida por los Yeerks. Sí, todos los que se enfrentaban contra ellos eran cinco chicos y un Andalita con el útil poder de absorber la esencia –así es como Ax llama al “ADN”– de los animales para luego transformarse en ellos. Y sí, probablemente estábamos perdiendo la última batalla que la humanidad podría luchar como especie libre. Pero en un día tan estupendo como ése, la extensión que veía debajo de mí no eran posibles controladores, sino personas pasando un buen día en la playa, amando el Sol, amando el calor, relajándose. Incluso los esclavos, esperando a atender a sus maestros y maestras, parecían pasar un buen rato. [b]© 1999 K.A. Applegate 2004 Traductor desconocido – [Que el autor postee en el foro pertinente][/b]

[b]Capítulo 2:[/b] Tobias vino bajando en picado a través del hueco del techo. <Está despejado>, informó. Asentí ligeramente con la cabeza. Pero no reconocí su presencia más allá de eso. La esclava de Cassie seguía en la habitación, limpiando la jaula de un ganso herido y muy ruidoso. Y como siempre nos recordaba Cassie, el hecho de que una esclava pueda no ser tan brillante como una persona normal no quiere decir que no pueda hacer algunas cosillas. Esta esclava en particular era mayormente sorda, lo que por supuesto explicaba en parte su estado. Pero Cassie afirmaba que por lo demás era razonablemente inteligente. Cassie cogió el brazo de la chica para llamar su atención, y, hablando bien claro, dijo: -Puedes irte, Doce de Septiembre. -Sí, señora –murmuró la chica en su gutural y apenas comprensible habla. En realidad fue “Zí, zeñora”. Se giró y marchó. Melissa miró a Tobias y le guiñó el ojo. -¿Volando ahí fuera? <Ya sabes. ¿Con el tiempo que hay últimamente? No me perdería un día como éste>. Ax llegó un momento después. Marco estaba con él. -Bueno, ¿qué pasa? –reclamó Marco –¿De qué va este encuentro? ¿No os dais cuenta de la cantidad de cosas importantes que debo hacer? Dirijo una ocupada, ocupada vida. -¿De verdad? –preguntó Melissa ingenuamente. Ella nunca había cogido realmente su sentido del humor. <Marco, ¿vas a volver a salir con tus amigos imaginarios otra vez?> Preguntó Tobias. -Perdona, pero yo ya no necesito amigos, reales o imaginarios. Estaba jugando al Pong. Mi padre compró uno para nosotros. Está muy chulo. Incluso mi madre juega con ello, lo cual es muy triste, porque, en serio, ¿quién quiere hacer cosas con su madre? <Sé amable con tu madre>, dijo Tobias. <Probablemente acabará siendo tu pareja en el baile de fin de curso algún día.> Todo el mundo rió. Excepto Ax, por supuesto, quien no tenía idea de qué era un prom. O porqué sería divertido tener a tu madre como fecha. Él no es uno de nosotros. ¿Qué se podría esperar entonces? -Tenemos información de los Chee –dije. Eso hizo a Marco gruñir. -Fenomenal. Problemas. Siempre es así. Ya sabéis, Erek nunca contactaría con nosotros para decir “Ey! Vamos a divertirnos!”. Siempre es “Ey, ¿a dónde os gustaría ir a que os maten?” -¿Qué tiene Erek? –preguntó Melissa. -Dice que los Yeerks están haciendo una nueva organización. Ésta, a diferencia de La Alianza, apunta a un objetivo muy concreto. <¿Qué objetivo?>, preguntó Ax. -Nuestras tropas- contesté. –Especialmente tropas que estén siendo enviadas a la guerra en Brasil. Cassie puso cara escéptica. -¿Porqué querrían los Yeerks infestar las tropas que se dirigen a la jungla? ¿Qué les importa a ellos si aniquilamos a un grupo de primitivos? – No es la guerra lo que les importa –dije. –Son esas cosas tan duras para nuestros hombres ahí abajo, y supongo que esas crueles condiciones hacen fácil la tarea de conseguir reclutas. Me refiero a, tú estás en la jungla, ¿vale?. Te preguntas cuánto peor podría ser tu vida. Pero la mayoría de las tropas sobreviven a la guerra, vuelven a casa, y el Imperio los recompensan con mayordomos, esclavos, coches y demás. Muchas veces consiguen trabajos en el Gobierno o permanecen en la armada. De repente los Yeerks tienen a otro en una posición de poder. -¿Qué se supone que debemos hacer? –preguntó Melissa. –Eso está a miles de kilómetros de aquí. Me encogí de hombros. – No lo sé, ¿pero qué deberíamos hacer? ¿Sentarnos de brazos cruzados mientras los Yeerks destruyen todas las resistencias? ¿Dejar que esas ratas continúen quitándonos terreno tan valioso que necesitamos? – Sí, sería una lástima si alguno de los Primitivos escapase con vida –dijo Cassie. La miré. ¿Acaso fue eso sarcasmo? Ella sonrió sosamente. Ya llevaba tiempo pensando que Cassie tendría tendencias un poco radicales. Muchos negros las tienen. Muchos negros y muchos Judíos, aunque no en mi familia. Mi padre era un reconocido PDI – Patriota del Imperio. Sin embargo, si tú no tenías en absoluto una pizca de sangre judía en tus venas, debías ser más cauteloso para que nadie pensase que eras un radical. Sabía que Cassie era muy blanda con sus propios esclavos. Pero yo nunca había oído hacer ese tipo de comentarios acerca de la guerra. Yo siempre había asumido que ella era muy sentimental. Incluso ahora, era imposible estar seguro de qué significaba su tono de voz. No soy muy bueno en ese tipo de cosas. Soy principalmente una persona franca. Eso podría haber sido un inocente comentario. O quizás no. Sentí mi estómago revolverse. No podíamos pensar en Cassie como una perturbada. Sabíamos por hecho que la Triple S estaba duramente infiltrada por los Yeerks. Denunciar eso a la Triple S y sería meterla de lleno en las fauces de los Yeerks, y entonces todo estaría perdido. ¿Qué se supone que debía hacer? Miré a Marco. Dio un ligero movimiento de cabeza. Un movimiento de “te lo dije”. La cuestión era, ¿En qué posición quedaría Melissa si determináramos eliminar a Cassie?. Sabía que Melissa no era radical. Pero sabía que era la mejor amiga de Cassie, aún siendo blanca. Agité mi cabeza, tratando de centrarme. Los Yeerks. Ellos eran mi problema. No los radicales. Si la raza humana sobrevivía a los Yeerks nosotros podríamos tener todo el tiempo del mundo para acorralar a los radicales y cuidar de ellos. Mientras tanto… Le hice a Cassie una mirada en blanco, sin admitir lo que ella había podido querer decir. –Debemos ocuparnos de esto. Personalmente no deseo un mundo lleno de Primitivos no más de lo que quiero un mundo lleno de Yeerks. – Ratas de jungla y babosas –dijo Marco riendo. –Ahora hay un bonito planeta para que viva la gente decente. – ¡Maravilloso! ¡Maravilloso! ¡Lo quiero! No conocía esa voz. Me di la vuelta, listo para luchar. Encontrándose allí, como si hubiese aparecido del aire, había una criatura que probablemente no era terrestre. Al primer vistazo parecía como el resultado del apareamiento entre un dinosaurio pequeño y una larga ciruela. Tenía dos piernas y se balanceaba con una cola rechoncha. Sus manos eran débiles, finas, con demasiadas articulaciones. La cabeza no encajaba con su cuerpo de pájaro. Tenía forma humanoide, con una mandíbula estrecha y con unos ojos grandes y simulados. La piel era arrugada, como una ciruela. La carne era oscura, casi negra, alegrada únicamente por el verde que bordeaba a sus ojos y boca. – ¿Quién eres? –dije cabreado. – ¿Yo? Oh, estoy herido. ¡Devastado! ¿No os acordáis de vuestro viejo amigo el Drode? [b] © 1999 K.A. Applegate 2004 Traductor desconocido – [Que el autor postee en el foro pertinente][/b]

[b]Capítulo 3:[/b] – No te había visto en mi vida –dije. – Bueno… no. Quizás no en esta vida. – Yeerk –dijo Melissa. –Una nueva especie de controlador. – Marco –dije. Movió la cabeza. Empezó a transformarse lentamente en oso pardo, su morph favorito. <¿Quién eres?> pidió Ax. <¿O debería decir, qué?> La criatura sonrió. – Tú, al menos, no has cambiado, Aximili-Esgarouth-Isthill. Sigues siendo ese arrogante andalita. – Cállate, Ax –dije cabreado. –Soy el Líder Supremo aquí. Yo haré las preguntas. –Habiendo puesto un insistente alien en su lugar, yo me moví al otro. -¿Qué es lo que quieres? –exigí. En la esquina de mi ojo vi a Marco transformándose. La criatura suspiró. -Bueno, aún siendo tan divertido veros a todos de esta manera, supongo que que deberíamos ir a dónde os debo devolver, temporalmente al menos, a vuestras condiciones normales: santurrones, altivos y completamente aburridos. No hubo ni un destello de luz. Ni una explosión. Nada cambió. Excepto que todo cambió. Yo cambié. De repente, instantáneamente, era una persona diferente. Fije la vista en Drode. Ahora sabía quién era. Qué era. A quién servía. Lancé una mirada a Cassie. Después a la chica que se encontraba a su lado. Melissa se había ido. Rachel se hallaba allí. -Encantado de que hayas vuelto, Rachel. –Drode la miró con lascivia. –Sabes que sigues siendo mi animorph favorita. -¿Qué fue todo eso? –pidió Marco medio transformado. –¿Algún tipo de alucinación? -No, no, no! –dijo Drode. –Era la pura realidad. El Gran Jake, Jake el líder perfecto, Jake el compasivo, ¡nada más que un pequeño listillo dictador con delirios de grandeza que insiste en ser llamado Líder Supremo! -No, eso no era real, –se quejó Cassie –¡Yo no tengo un esclavo! ¡Eso es repugnante! ¿De qué estás hablando? -¿Y Yo dónde estaba? –preguntó Rachel. – Yo estaba pensando cómo debería entregar a Cassie a la policía por no aprobar la guerra en Brasil. .Admití. –Eso no es real. – Voy a contaros acerca de la realidad. –dijo Drode con ganas. –Vuestra tierra es un imperio, dominado por el terror y la tortura. Ha hecho la guerra en los países del sur. Ha masacrado a la gente a la que llama “Primitivos”. Ha esclavizado a cualquiera con un coeficiente intelectual inferior a 80, así como a cualquiera nacido con lo que vosotros llamáis defectos. All in all, es mi tipo de lugar. – ¡Esto es de locos!-dijo Marco calentado. – Os aseguro que es todo cierto. Los Yeerks están a meses del control absoluto. La falta de libertad en los humanos ha hecho su conquista mucho más fácil. Vuestros pocos libros, vuestras dos emisoras de radio, vuestro único canal de televisión está todo censurado. Vuestra tecnología está a 50 años de donde debería estar. La pobreza está generalizada, las enfermedades curables corren incontroladas, algunas mujeres son obligadas a reproducirse para repoblar la dominante raza blanca cuando al mismo tiempo, en las ciudades mayores la pobreza y la vida sin techo están a la orden del día… – Jake, deja que me encargue de este pequeño gusano –dijo Rachel. – ¿De qué va todo esto, Drode? –pregunté. No estaba seguro del todo de si debía ocuparme de Rachel en su oferta. – De la Matriz del Tiempo –dijo Drode. <¿Qué?> Las antenas de Ax se movieron hasta que clavaron la vista en Drode. <¡Eso es un mito! Nunca ha existido semejante artilugio.> – Oh, sí existió. –dijo Drode. –[i]Existe[/i]. Fue encontrado por un modesto controlador humano, que usa el nombre de John Berryman. Es un actor. Uno no muy exitoso. Un modesto controlador el Yeerk el cual fue, hasta que perdió la batalla en Leera, Visser Cuatro. ¿Y porqué perdió la batalla en Leera? Por todos vosotros. Irónico, ¿no? – ¿Qué es lo que tiene que hacer con todas las otras cosas? – El Yeerk, anteriormente Visser Cuatro, ha usado la Matrizdel Tiempo. Ha viajado atrás en el tiempo y está cambiando hechos históricos. Está reescribiendo el pasado en un intento de traer la victoria Yeerk y para conseguir él más poder. Vosotros… los otros vosotros… ignoráis que la vida fue distinta en otro momento. Todos vosotros habéis sido educados en un ambiente de opresión de una encantadora ferocidad. ¡Todo es completamente maravilloso! – ¿Pero la esclavitud? ¿Algunas guerras genocidas? –dijo Cassie, con voz rota. -¿Por qué has venido? –preguntó Rachel El Drode suspiró. – Lamentablemente estoy aquí para ofreceros la oportunidad de cambiarlo todo. –extendió sus brazos anchamente y sonrió con una inmensa sonrisa. –Quiero ayudar. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 Traductor desconocido – [Que el autor postee en el foro pertinente][/b]

[b]Capítulo 4:[/b] Me reí. “Queréis ayudarnos. Vosotros. Quiero decir, Crayak” “Sí, es bastante curioso, ¿no?” se burló el Drode. <¿Por qué querríais ayudarnos?> le preguntó Ax. “Es parte de un trato. Mi maestro, el gran y glorioso Crayak, y tu amigo, el simple y entrometido estúpido llamado Ellimista tienen un trato. Ninguno de ellos aprueba que los Yeerks tengan en su poder, así sin más, el dispositivo más poderoso en la historia de la galaxia.” “En otras palabras, esta Matriz del Tiempo puede poner en peligro al propio Crayak”, tradujo Marco. El Drode se rió. “No seas idiota. Nada puede amenazar al gran Crayak. Sin embargo… uno no quiere que esas simples babosas metan la pata con la Matriz del Tiempo, ¿no? ¿Quién sabe qué catástrofes pueden hacer? Oh, seguro que será todo diversión y juegos cuando terminen por provocar guerras genocidas o engendrando una raza llena de odio…” “Sí, ¿qué hay más divertido que eso?” dijo Rachel secamente. “¿… pero quién sabe que otro daño puede causar un idiota con semejante poder?” “Crayak podría hacerse él mismo con la Matriz del Tiempo” dijo Jake. “Tiene poder suficiente”. “Mmm, bueno… ” dijo el Drode. Crayak y el Ellimista eran para los humanos lo que los humanos eran para las hormigas. Criaturas casi omnipotentes. Uno malo. Otro bueno. Pero, ¿quién sabe?. Nunca podremos estar totalmente seguros de eso. <Las Reglas.> dijo Tobias. <Ese es el problema. Las reglas del juego entre Crayak y el Ellimista. Ninguno confía en el otro en lo que respecta a la Máquina del Tiempo. Ellos no las necesitan para sí mismos, pero les vendría bien dársela a sus aliados.> El Drode se tapó las orejas con las manos. “¿Acabo de oír a un pájaro chillando?” “Mencionaste un trato”, dijo Marco. “Sí”, dijo el Drode. “Un trato. El siguiente: se os dará permiso a los seis para ir tras la Matriz del Tiempo. El antiguo Visser Cuatro salió de viaje hace dos días. Seréis trasladados en el pasado hasta ese día y entonces los cuánticos que forman vuestros átomos serán… sintonizados. Sí, esa es una buena palabra para que la entiendan vuestras mentes simples. Seréis sintonizados a nivel subatómico para resonar con los movimientos de la Matriz del Tiempo según viaja a través del tiempo. Por supuesto, vuestra memoria y personalidad serán preservadas. Protegidas contra los cambios.” <¿Cuál será el resultado?> pidió Ax. “El resultado será que, como un eco, seguiréis a la Matriz del Tiempo. Se pulsarán los acordes del tiempo y seréis ‘resonados’.” Se calló y sacudió la cabeza admirando sus propias palabras. “Una brillante explicación, ¿eh?” “¿Cuál es el trato?” preguntó Jake. “¿Sólo eso?” “Hay algo más, ¿no?” pregunté al Drode. El Drode se rió. “Oh, sí. Hay algo más, pequeña Cassie. Cassie, la asesina con conciencia. Mátalos y luego llóralos. Esa es nuestra Cassie.” “¿Qué más hay?” repetí, sin dejar que aquel pequeño pelota malvado viera que sus palabras me habían hecho daño. “Mi maestro Crayak pide un precio. Un pago.” “Un pago” “A-ha”, contestó el Drode en una parodia de coquetería. “¿Qué?” “Uno de vosotros”, dijo. “Podéis intentar salvar vuestra realidad, devolverlo todo a donde pertenece, terminar con la esclavitud, reemplazar la tiranía por la democracia, salvar millones de vidas, hacer sonar las campanas de la libertad, un glorioso aleluya, a cambio… a cambio de una simple y única vida”. “¿Una vida?”, pregunté. “La vida de uno de vosotros. Ese es el precio que pone mi maestro Crayak: uno de vosotros debe morir.” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 5:[/b] – ¡Esto es una locura! –dijo Marco. –Quiero decir, he dicho muchas veces cosas que eran una locura, ¡pero esto es totalmente y vilmente una locura! –señaló al Drode. –Ya te puedes ir y decirle a ese montón de estiércol Crayak, y al ellimista también: esto no va con nosotros. Ya se pueden apañar ellos y dejarnos tranquilos. – Si no hacemos nada volveremos a esa otra realidad, no? –dije al Drode. –Jake era una especie de pequeño nazi, yo dueña de una esclava, ¿Seguiríamos de esa manera? – ¿Porqué yo no estaba en el grupo? – preguntó Rachel. – ¿Tú? ¿Una persona tan propensa a la violencia como tú, Rachel? –dijo el Drode riéndose alegremente. –Estabas en un campo de reeducación. Este mundo tiene una pequeña habitación para las hembras atrevidas y agresivas. Estaban colocándote en tu sitio. – ¿El qué? ¿Mi qué? De repente, alrededor de la muñeca del Drode, apareció un reloj de tamaño desmesurado. – Debéis decidir –dijo, manteniendo bien alto el reloj. –Dos minutos. Tic Toc, Tic Toc. Después todo volverá a como era. Tic. Toc. Se marchó tan repentinamente como había aparecido. – ¿Mi sitio? –refunfuñó Rachel, sin creer completamente la palabra. –Nadie tiene que colocarme en mi sitio. – De acuerdo. Dos minutos. Visser Cuatro está viajando por el pasado estropeando el futuro. No creo que nos lo tengamos que cuestionar mucho para entender que debemos hacerlo. –dijo Jake. <Príncipe Jake> dijo Ax, <¿acaso has olvidado que habrá un precio a pagar? ¿La vida de uno de nosotros?> Jake movió la cabeza. – No hay alternativa. Demasiadas personas pendientes de esto. ¿Millones de personas contra una? Ni siquiera deberíamos preguntárnoslo. – Idiota. –dijo Marco. –ésta no es nuestra batalla. Esta deberíamos dejarla a un lado. Rachel se dio la vuelta hacia él. – ¿Qué? ¿Y yo vuelvo a algún campo de reeducación? ¿Y la esclavitud de vuelta? ¿Y nosotros vamos a seguir masacrando a los nativos de la jungla? Yo no pienso así. ¡No puedo creer que puedas llegar a ser tan rastrero! Pero Rachel estaba equivocada. Ella aún no había caído en la cuenta, o quizás ninguno. Pero yo conozco a Jake. Sólo había una vida con la que Jake comercializaría. Marco también lo sabía. Hubo una historia entre Jake y el demonio conocido como Crayak. Fue Jake, más que ninguno de nosotros, quién destruyó a los Howlers y salvó a los Iskoort, dos terribles golpes contra Crayak. Jake asumió que él sería el que moriría. Marco lo vio al instante. Él no estaba discutiendo a favor de ese horrible futuro que habíamos visto. Él estaba discutiendo por la vida de su mejor amigo. – ¿Vamos sencillamente a dejar que todo eso ocurra? –insistió Rachel, atropelladamente. –¿Todo lo que acabamos de experimentar? ¿Esclavitud? ¿Censura? ¿Guerra? Policía secreta reuniendo a los sintecho y… – ¿…Y el Pong? –interrumpió Marco, rompiendo su momento. –Mira, no seas estúpida. Podría ser sólo una trampa bien elaborada. De todas formas, ¿cómo vamos a fijar el pasado exacto? Quiero decir, ¿exacto? ¿Tiene alguno de vosotros un libro en la cabeza con toda la historia escrita en ella? ¿Cómo fijamos la historia si incluso no sabemos cómo se rompió? Fue Ax quién contestó. <Cualquier cosa que Visser Cuatro intente hacer, nosotros lo deshacemos.> – Ey, no es así de simple. ¿Dónde crees que Visser Cuatro va a ir para cambiar la historia? Va a ir a las guerras, eso te lo garantizo. Matando y muriendo. ¿Y cómo sabremos si fueron nuestras propias acciones del pasado las que causaron todo esto? <Viajes en el tiempo> refunfuñó Tobias. <Demasiado para una mente humana. Demasiado complejo. Demasiadas posibilidades> – A ver chicos, tenemos poco tiempo. Vamos a votar. –dijo Jake. – ¿Qué? ¿El “Líder Supremo” quiere una votación? –se mofó Marco. Se estaba andando con rodeos. Quería agotar los dos minutos. <Por muy mal presentimiento que tenga sobre esto, no veo cómo podemos olvidarlo y ya está> dijo Tobias reacio. – Prefiero morir antes que ser una propietaria de un esclavo. –dije. –Pero… -dejé la frase a medias. No podía mirar a Jake. Me ponía enferma. Noté que Marco me estaba observando. Él quería saber si yo lo había comprendido. Me encontré con su mirada. Moví la cabeza levemente. Quería explicarlo. Jake significa para mí mucho más que cualquier otra cosa en el mundo. Significaba para mí tanto como mis propios padres. Pero no podía apartarme de esto. ¿La sociedad que acabábamos de vislumbrar? No. Sea cual fuere el precio a pagar debíamos impedir eso. Marco hizo una pequeña y triste sonrisa, aceptando mi veredicto. <Yo iré allí dónde el Príncipe Jake nos dirija> dijo Ax. <También me encantaría ver la Matriz del Tiempo>. – ¿Alguien va a ponerme mi lugar? No, gracias. Hagámoslo. –dijo Rachel, riéndose de su propioa gracia. – ¿Marco? –preguntó Jake. – Yo voto por ir a casa y ver la tele. Cincuenta canales, seguro que ponen algo interesante. Jake se agitó el pelo – No creo. El Drode dijo que sólo había un canal en esa realidad. – ¿Uno? –dijo Marco, pareciendo agitado. – Uno. – Entonces Visser Cuatro es carne de cañón. – Por unanimidad. –dijo Jake, sonriendo agradecido a Marco. Marco se giró lejos de Jake. La sonrisa desapareció. Parecía que quería llorar. Nuestros ojos se volvieron a encontrar. Y no por primera vez me di cuenta de lo inteligente que es Marco detrás de todas esas bromas. Él sabía que lo íbamos a hacer. Sabía que la vida de su mejor amigo podría ser el precio a pagar. También sabía que no podíamos ir a esa batalla desesperada pensando en nada excepto en ese hecho. Me acerqué a Marco, de modo que sólo él podría oírme, y puse su mano junto a la mía. – Crayak no se lo llevará. Marco movió la cabeza. Apretó mi mano. – Veo que lo has cogido. – Bien, por unanimidad –estaba diciendo Rachel mientras. –Pero no nos vamos hasta que no haya tenido oportunidad de empaquetar algo de ropa y coger algunas cosas, ¿vale? En otras palabras, Tú, pedazo de basura, Dodre, aún no, ¿de acuerdo? ¡Aún no! ¡Aún no! –gritó. Pero le estaba gritando a una enorme criatura que parecía estar hecha totalmente de acero. [b]©1999 K.A. Applegate 2004 Traductor desconocido – [Que el autor postee en el foro pertinente][/b]

[b]Capítulo 6:[/b] “¡No tan deprisa!” Estaba oscuro. Llovía. Y allí había un hombre realmente enorme, en un caballo realmente enorme, cubierto con una armadura, justo delante de mí. “¡Rrr-EEE-hhhuhhuhhu! ¡Rrr-EEE-hhhuhhuhhu!” El caballo se encabritó y comenzó a brincar de la sorpresa. Se puso a agitar pezuñas tan grandes como platos de comida. Yo acababa de aparecer justo en frente de él. Ambas lo habíamos hecho. Cassie estaba justo detrás de mí. “¡Oh, tío!”, dije. “¡Sabía que haría eso!” Miré a mi alrededor entre la oscuridad. No veía a los otros. No me sorprendió. A penas había podido ver al caballero en su caballo. Una antorcha que escupía fuego a través de los árboles proyectó la suficiente luz amarillenta para iluminar la casi delicada bota de metal en el ornamentado estribo, la larga pieza de acero de su pierna, el guante de cota de malla que asía las riendas, la articulación de la armadura del codo, el casco con la visera puntiaguda decorado con elaboradas filigranas. El símbolo rojo y dorado de su escudo. Y, por supuesto, la espada que sostenía a su lado en una vaina roja. “¿El Hombre de Hojalata?” susurré. “Oh-oh. No lo creo, Toto.” dijo Cassie. Mis pies se estaban hundiendo en el barro. Y se me ocurrió que sentado en un caballo bajo la lluvia torrencial posiblemente no lo pillaríamos en buen momento. Es probable que el caballero rojo estuviera de mal humor. El hombre de la armadura sostuvo su caballo bajo control. Por los pelos. Entonces, desenvainó su espada. ¡SCHWOOF! Definitivamente, estaba de mal humor. “¡Sorcières!” rugió, su poderosa voz algo apagada por la visera del casco. “¿Qué?”, pregunté. “No sé”, dijo Cassie nerviosa. “No hablo francés, precisamente” “¿Francés? ¿Está hablando francés?” “¿Por lo que yo sé?”, dijo Cassie, con la voz un poco estridente. “Sólo di medio año. Saqué una B- en mi último examen.” El caballero recitó de un tirón una parrafada de francés. Y luego me apuntó directamente con su espada. Levanté las manos con las palmas hacia arriba. “Frío”, dije. “No hay ningún problema. Sólo una pareja de chicas del futuro empapadas dando una vuelta por aquí. Encantada de conocerte, ahora seguiremos nuestro camino. No-hay-problema.” “¿Dónde estarán los otros?” preguntó Cassie. “¿Anglaises?” gritó el caballero. “¡Hey! Conozco esa palabra. Significa ‘ingleses’” dijo Cassie, en un tono bastante complacido. “¡Anglaises! ¡Espionnes!” “¡Espías!” tradujo Cassie, agitando la cabeza como si se sintiera muy orgullosa. “Espionnes. Espionaje. Espías. Espías ingleses. Eso es lo que ha dicho.” Me di un golpecito en la frente para quitarme algo de agua de los ojos. No sabía que hacer. Miré a Cassie. “¿Sabes, Cassie, que cuando se refiere a ‘espías ingleses’, no creo que sea precisamente como un cumplido?”. “À moi! À moi!” clamó el caballero rojo, aún sosteniendo su espada frente a mí. De repente se oyeron los sonidos de cascos pisando en el barro. Miré a mi espalda y vi una vaga figura alzándose frente de nosotras. Distinguí un destello de armadura de acero y tejido verde. Y en un momento, de todo nuestro alrededor aparecieron hombres corriendo, chapoteando, caminando firmemente sobre el barro. “Esto se está poniendo feo”, dije. Estábamos rodeadas. Cada vez más y más atrapadas. Y a pesar de la oscuridad de la noche alcancé a ver espadas de destellos llameantes, y hachas y lanzas. “No sé ni dónde ni cuándo estamos”, dijo Cassie. “¿Qué se supone que vamos a hacer?” “¿Qué tal seguir vivas?” “¿Nos transformamos? Por lo que sabemos, uno de estos tipos es Visser Cuatro. ¡No podemos transformarnos!” “¿Tienes alguna otra idea?” Un nuevo jinete se acercó como un trueno. Chapoteó un poco y tiró de las riendas. Los cascos de su caballo salpicaron barro y retazos de hierba empapada. Y ahora había una larguísima y muy afilada lanza apuntándonos desde detrás. “Si nos ven transformarnos, ¡nos matarán!”, susurró Cassie. “Está oscuro”, le contesté. “Además, ya piensan que somos algo sobrenatural. Probablemente salgan corriendo.” No tenía ninguna confianza en que mis palabras estuvieran en lo cierto. Pero no iba a quedarme ahí quieta para ser emparedada sin luchar. El nuevo caballero, el único con ligeros trazos de verde en su escudo magullado y salpicado de barro, se encargó de interrogarnos. Su visera estaba levantada, revelando un oscuro agujero donde podríamos haber visto dos ojos y una boca si hubiera habido suficiente luz. El caballero de verde soltó una rápida sarta de preguntas. Nosotras nos encogimos de hombros. No sé si notó que cuando yo me encogí de hombros, estos ya eran más grandes de lo normal. O que mi piel se estaba volviendo más curtida y gris. “Ce sont des sorcières anglaises” explicó el tipo de rojo. “Somos inglesas”, tradujo Cassie. “Creo que quizá ‘brujas’. Brujas inglesas. Brujas inglesas espías.” “¿Inglesas?” preguntó el nuevo caballero. “Bueno… americanas, realmente”, dije. “Sí, somos inglesas”, saltó Cassie, hablando directamente hacia mí. “Totalmente inglesas, Rachel, porque, ¿qué estarían haciendo una pareja de americanas en la Francia del pasado, eh? ¿En el pasado cuando la gente aún vestía armadura y esas cosas? Creo que no cuadra.” “Ah. Sí. Inglesas”, afirmé, aunque mi voz se estaba espesando conforme mi lengua empezaba a crecer en mi boca y el labio superior se juntaba con mi nariz y también empezaba a crecer. “¡Rachel!”, dijo Cassie. “¿No estarás…?” Pero lo estaba. Y justo entonces los tipos franceses se dieron cuenta. El caballero de verde gritó algo que no creo que Cassie fuera capaz de traducir y entonces, apuntó con su lanza al horizonte, y cargó. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 7:[/b] -¡Ves con cuidado! Rachel trató de apartarse, pero estaba creciendo rápido y sus piernas no encajaban exactamente con su cuerpo. Era un enredado y horripilante desorden de partes del cuerpo que no encajaban. Salté hacia la lanza. ¡Fallé! Caí en el barro al lado de las patas del caballo. Era enorme, alzándose ante mí, cubierto con telas adornadas, su cabeza estaba protegida con una armadura de metal. En parte por accidente, en parte por instinto le di una patada en la abultada rodilla izquierda del caballo. – ¡Ahhhhh!- ¡Creí que se me había roto el pie! El caballo tropezó. La punta de la lanza no le dio a Rachel por milímetros. El caballero verde volvió a la carga, ¡esta vez contra mí! Las pezuñas golpearon con fuerza el suelo y me cubrí de barro. -¡Rachel! El pecho del caballo golpeó duramente a Rachel. Pero ahora ella era más grande. No tanto como el caballo, pero tampoco tan pequeña como para ser arrollada. El caballero verde retrocedió, maldiciendo y dando alaridos. El caballero rojo espoleó su montura. Levantó su espada bien alto por encima de la cabeza llena debultos de Rachel. ¡Sproot! ¡Sproot! Dos inmensamente largos, curvados y blancos colmillos estallaron de la cabeza de Rachel. La espada silbó al pasar dibujando un arco hacia abajo. ¡CHASK! ¡La hoja de la espada golpeó el colmillo! <!Hah!> dijo Rachel regocijándose. <¡Ahora vamos a ver lo chicos malos que sois! ¡quizás querrías enseñarme mi lugar!> Volví atrás, tropecé, caí de culo en montones de fango, me levanté y me escabullí hacia la oscuridad, lejos de toda esa melee de gente. Fuera de la línea de fuego. No era de utilidad para Rachel. No como una chica humana. Ya me estaba transformando en mi forma de lobo tan rápido cómo podía. ¿Dónde estaba Jake? ¿Dónde estaban los demás? ¿Por qué estábamos Rachel y yo enfrentándonos a esto solas? ¿Seguía Jake vivo? <Vamos, chicos duros. Qué, ¿tenéis miedo?> dijo Rachel enfurecida. Los dos caballeros se estaban tomando su tiempo para intentar controlar a los caballos. El barro manchaba sus pezuñas. El extraño nuevo olor de elefante hacía que los cerebros de los caballos diesen vueltas. Los soldados de a pie se habían mantenido fuera de la batalla a cierta distancia, lo cual fue lo único que salvó a Rachel. Si hubiesen cargado, la habrían cortado a trozos. Y supongo que el concepto de iniciativa para muchos se encontraba a unos cuantos siglos en el futuro. El incendio aumentó repentinamente. ¡Pezuñas machacantes! Un destello de acero cayendo a gran velocidad! <¡Ahhhh!> lloraba Rachel después de que un cuchillo de 3 pies aparecía en su hombro. Los dos caballeros se alejaron de Rachel y giraron de vuelta hacia ella. Uno iba con una espada ahora sangrante bien alzada. El otro iba con una lanza apuntando hacia abajo. – ¡Rrrrachhhlllllrrrr!- traté de gritar para avisarla, pero mi boca hacia presión hacia el exterior, llenándose de largos dientes. Sólo estaba medio transformada. Daba igual. ¡No había tiempo! Di un bote hacia delante pero caí de cara en el lodo al mismo tiempo que mis piernas se torcieron y se encogieron. Me levanté tambaleándome, pero mis brazos se estaban transformando en patas delanteras. Los dedos desaparecieron y fueron reemplazadas por garras. ¡El tiempo se agotaba! Los caballeros cargaron. Rachel bramó. Los caballos relincharon de miedo pero continuaron corriendo. Los caballeros pasaron a Rachel por los dos lados. Ocurrió en un instante. <¡Arghhhh!> Rachel lloró de dolor, incluso al torcerse y lanzar su trompa de lado. Podía ver la lanza sobresaliendo de su flanco. Debía haber dos pies de afilada hoja de acero y estaca de madera en el lado de Rachel. Vi un caballo, sin jinete, desaparecer en la oscuridad. Entonces vi el caballero rojo. Estaba sosteniendo en el aire una gruesa y poderosa trompa envolviéndolo como un pitón. Los guantes de cota de malla agarraban inútilmente la trompa. Gritó algo al hombre detrás de él. -¡Hreeee-EEEEEEE-uh! –bramó Rachel llena de rabia. El caballero verde estaba girando de vuelta. Tiró de la espada de su vaina. Alrededor de la mitad de los soldados estaban huyendo como locos y gritando. Pero la otra mitad estaban yendo en ayuda del caballero, cargando a Rachel. Traté de levantarme pero de repente me tambaleé a causa de un golpe en mi nuca. El instinto de lobo me dominó, casi tan rápidamente como un gato. ¡THUNK! Una lanza empaló el suelo a mi lado. Vi una mirada salvaje en la cara del soldado encima de mí. Él trató de tirar de la lanza. Ahora estaba totalmente transformada. Y el hombre de dio cuenta de que no conseguiría arrancar la lanza a tiempo. Mostré mis dientes y gruñí. El soldado se giró y huyó, gritando algo acerca de su hombro. No sabía qué, pero estoy bastante segura de que incluía la palabra francesa para “hombre lobo”. -¡Hreeee-EEEEEEE-uh! –bramó Rachel. Reaccioné. Ahora tenía todos los sentidos incrementados por mi forma de lobo. Podía oler el elefante. Podía oler el caballo. Podía oler sudor, suciedad, musgo y barro. Podía oler miedo. Y como un relámpago vi una escena de una pesadilla medieval. El caballero restante con una armadura mojada y llena de barro, sin escudo, a horcajadas sobre un enorme caballo cubierto de un verde sucio, estaba cargando, espada en mano. Hacia lo que él debió pensar que era un dragón. Y el dragón –el elefante africano –estaba cargando derecho a él, alzando los colmillos, con la trompa alzada sosteniendo el retorcido, indefenso y gritón caballero rojo. Eso no era una lucha. Quizás con una lanza el caballero verde podría haber tenido alguna oportunidad. No con una espada. Y no contra Rachel, que iba a aplastar a su caballero con la fuerza de una caja fuerte en caida. Salí del barro y corrí a toda velocidad hacia el caballero. ¡Mis pezuñas volaban! Un soldado apareció detrás de mí, haciendo el símbolo de la cruz desesperadamente al mismo tiempo que efectuaba una estocada ineficaz. Gruñí. Él cayó de rodillas. Brinqué y aterricé suavemente en la cabeza inclinada del hombre, lo pateé y navegué por el cielo. Golpeé el caballero verde. Se cayó, golpeándose con el suelo, el hombro primeramente, bocabajo en el lodo. Salté encima de él. Varias toneladas de carne gris se acercaban, piernas tipo troncos de árboles se movían fácilmente por el lodo. El caballero trató de levantarse. Pero el lodo lo mantenía cautivo. <¡Quédate quieto, idiota!> dije frustada. <¿Quieres ser aplastado?> Oí nuevos pisadas corriendo. Y mis sentidos de lobo detectaron un nuevo olor. Uno que estaba totalmente fuera de lugar en esta era. Estaba muy segura que era salsa. Levanté la vista y vi a Jake y a Marco. Jake. Aún vivo. <¿Quién de vosotros ha comido Taco Bell hoy?> [b]©1999 K.A. Applegate 2004 de la traducción de Xavi Pernau (Manik)[/b]

[b]Capítulo 8:[/b] No estábamos en buena situación. Me sentía seriamente irritado. Uno de los caballeros estaba metido en el fango. Un soldado estaba de rodillas rezando y suplicando. La trompa de Rachel había alzado al otro caballero unos seis pies en el aire. <Oh. Hola, Jake. Hola, Marco,> dijo Rachel. <Hola,> dijo Cassie. <Estábamos… uhhh… bueno.> “Ahí estábamos, aparecimos de repente en medio de un puñado de tiendas llenas de tipos con armaduras,” dije como conversando. “Naturalmente, supusimos que lo mejor sería mentir. No atraer la atención. No causar problemas.” <¿Estás muy enfadado?> preguntó Rachel. Me incliné y cogí del brazo al caballero de verde. Marco cogió la otra y tiramos con fueza, intentando sacarle del fango mientras nos maldecía en francés. “Pensé que lo mejor sería intentar una aproximación sutil,” dije. “Pero, claro, esa es mi opinión. No se me había ocurrido que lo que debería hacer sería transformarme en elefante ¡y PISOTEAR A LA GENTE EN EL FANGO!” <Estás enfadado.> “¿Por qué tendría que estar enfadado? ¿Sólo porque durante un momento pensé ‘Genial, nos hemos librado de los guardias’, ¡y de repente oigo un ELEFANTE?!” Marco se echó a reír. “La mitad de los tipos de las tiendas se están meando encima y balbuceando cosas sobre dragones y demonios.” <Hey, ellos son los que han empezado esto,> dijo Rachel. Suspiré y me froté la frente. “¿Rachel?” <¿Sí, Jake?> “¿Crees que podría bajar a ese tipo y volver a tu forma para que podamos salir de aquí sin acabar de golpe con los diez mil futuros franceses que podrían ser descendientes de estos dos?” <Es que me ha pinchado con una lanza,> gruñó Rachel. Ayudé al caballero verde a ponerse de pie. “Lo siento,” dije. “¿Cómo se dice ‘lo siento’ en francés?” “¿Lo sientuuuu?” intentó Marco. “Lo sientuuuu muuuuuch.” “Eso ha sido de mucha ayuda, Marco,” dije. Cassie había vuelto a su forma humana. Rachel bajó con ciudado al caballero rojo y empezó a transformarse también. Vi que el caballero rojo se dirigía a una espada caída. “¡Hey! Uh-uh,” dije. “No no no.” Se detuvo. Justo entonces Tobias apareció atravesando los árboles. Con él estaba otro pájaro de presa. Ax, en forma de aguilucho. <¿Ves, Ax? Te dije que era Rachel. Si oyes gritos y ves a la gente corriendo, es que vas a encontrar a nuestra chiquilla Rachel cerca.> “Muy gracioso,” dijo Rachel. “Han empezado ellos. Cassie: ¡diles quién ha empezado!” “Vale, mirad, estamos todos juntos. Salgamos de aquí antes de que atraigamos a toda la armada francesa hacia nosotros,” dije. “Debe de haber un par de cientos de tipos en ese campo de ahí arriba.” <¿Dos ejércitos?> sugirió Ax. “Y nosotros en medio,” dijo Marco. “Genial.” “¿Dos ejércitos? ¿Qué guerra? ¿Qué año?” preguntó Cassie. Me encogí de hombros. “El tipo verde de ahí habla inglés, creo,” dijo Rachel. Miré al caballero. A pesar de la armadura no era mucho más grande que yo. Parado en el fango y sin armas no intimidaba mucho. “Perdóneme, señor, ¿puede decirme en qué año estamos? ¿Y quién lucha en esta guerra?” “Yo no habro con brgujas,” dijo el caballero en un inglés altivo y con mucho acento. Marco ahogó una risita tonta. “Yo no soy una brguja,” señalé a Rachel. “Esas dos son las brujas. Yo te he salvado la vida.” “¡Hey!” protestó Cassie. El caballero lo pensó durante un momento. “Es el anio de nuestrgo señorr mil cuatrgocientoss quince. Las fuersas del Roi de France, ssu altesa rreal Charles VI, bajo el mando du Constable de France y los Prgíncipes de sangrge rreal, están aquí [i]unis pour[/i]… para lucharr [i]l’envahisseur[/i], Roi Henri V de Inglaterra, que ha rreclamado injustamente el trgono de Frgancia.” “¿Franceses e Ingleses? ¿De que lado estamos nosotros?” preguntó Rachel. “No estamos del lado de nadie,” dije. “Sólo estamos aquí para asegurarnos de que Visser Cuatro no se mete en lo que sea que se supone que está pasando aquí.” “Pero no sabemos lo que se supone que está pasando,” señaló Cassie. <Eso es, definitivamente, un problema,> dijo Tobias. “Vale. Lo primero: no haremos nada hasta que encontremos a Visser Cuatro. Y cuando digo no hacer nada eso incluye estrujar a caballeros franceses con nuestras trompas hasta que exploten como un perrito caliente en el microondas.” “¡Tiene armadura! ¡Casi ni lo ha notado!” dijo Rachel con vehemencia. “Larguémonos,” dije. “Lo que estamos buscando es alguien que no pertenece aquí. También buscamos la Matriz del Tiempo. ¿Ax?” <Sí, mi Príncipe.> “¿Qué aspecto tiene una Matriz del Tiempo?” <No lo sé.> “Cada vez se pone mejor,” murmuró Marco sombríamente. “Vale, buscad el… simplemente buscad. Y recordad algo: Nosotros tenemos tantas probabilidades como Visser Cuatro de cambiar el futuro. Así que tened cuidado. Cubramos esta área entera. Si somos una especie de eco cuántico o lo que sea entonces Visser Cuatro debe de estar cerca. Si alguien le ve, necesitamos actuar rápidamente y con fuerza.” Miré a mis amigos. Intenté buscar la mirada de cada uno mientras lo repetía. “Rápidamente y con fuerza. ¿Entendéis? Este tipo tiene el arma más poderosa jamás creada. No podemos dejar que escape. Su historia termina aquí.” [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 9:[/b] El sol a penas había salido. Un amanecer gris. Volamos. Miramos a nuestro alrededor. Nos trasformamos en humanos. Nos volvimos a transformar. Volamos un poco más. El sol se estaba elevando y aún no habíamos visto a nadie que pensáramos que fuera Visser Cuatro. Sin embargo, vi armaduras muy chulas. La mayoría del bando francés. Los tipos ingleses se veían bastante andrajosos. Y casi la mitad de ellos parecía tener serios problemas digestivos. Cada cinco minutos veías a uno de los soldados ingleses corriendo hacia los arbustos y… bueno, déjame decirlo de esta manera: no querrías ver lo que hacían, especialmente con los poderosos ojos de un águila. Estaba sobrevolando el campamento inglés por vigésima vez. Los tipos importantes, incluyendo uno que pensé que debía ser el rey, acudían a una antigua y fascinante misa. Ya sabes, en latín. Su tercera misa. Lo que me hacía preguntarme si tenían alguna esperanza de ganar. Quiero decir, una misa, vale. ¿Pero tres? Esa no es una señal de confianza. Es más como “Estaré allí en un minuto, Señor, así que dile a San Pedro que me prepare la cama”. Los tipos, caballeros, soldados, arqueros, y los otros, eran un puñado de humanos desagradables. No parecía que nadie se hubiera lavado la ropa ni una vez en este siglo. Tenían la cara sucia. Los dientes estaban podridos -y quiero decir amarillos y negros, nudosos y podridos. Eran caballeros, o lo que sea, pretenciosos y fanfarrones, que tenían literalmente cuatro dientes y medio en toda la cabeza. Y hablando de cabezas, ahí va una advertencia: de verdad que no querrías tener una buena vista para ver el pelo de esos tipos. No sólo estamos hablando de moscas. Estamos hablando de piojos. Y no uno o dos. Cada cabeza era como un Manhattan para los piojos. Un Hong Kong para las moscas. Había bichos babosos apiñados sobre algunos de esos tipos como fans en un concierto de Phish. ¿Y la piel? Costras, erupciones, chichones, forúnculos, verrugas, cosas que piensas que deben ser escarabajos pegados en su cara, pero que resulta que son lunares. Las caras parecían una ciudad marcada de hoyos. Prácticamente todas se veían como si alguien les hubiera disparado. Profundos agujeros donde casi podías meter un dedo. Viruela, por supuesto. No era una multitud atractiva. Ingleses o franceses, no había diferencia, excepto que los franceses tenían más caballos y armaduras más chulas. Ax revoloteba por el cielo, veinte pies por encima de mí, más cerca de las líneas francesas. <No pretendo insultar a vuestros antecesores, Marco, pero si los Yeerks hubieran llegado en esta era se hubieran marchado para buscar otras especies a las que infectar. Estos humanos ya tienen todos los parásitos posibles que pueden aguantar.> <Oh, ¿sí? ¿Cómo eran los andalitas hace trescientos o cuatrocientos años?> <Estábamos relativamente retrasados tecnológicamente> dijo Ax desdeñoso <pero nos las habíamos arreglado para descubrir los agentes desinfectantes. Estos humanos son universalmente asquerosos.> <Son… ¡Hey! ¡Eso es! ¡Jake! ¡Rachel! ¡Todos! ¡Estos tipos estan tan sucios y llenos de piojos y hendiduras!> <¿Te ha costado tres horas notar eso?> preguntó Rachel. <Eres un genio, Marco.> <Bueno, Rachel, ¿adivinas quién no estaría tan repugnante?> <¡Visser Cuatro! ¡Por supuesto!> dijo Cassie. <¡Él tiene un cuerpo del siglo XX! Siglo XXI, quiero decir. ¡Él no tendrá viruela, o piojos, o dientes podridos!> <Eso es> asintió Jake. <¡Buscad a alguien limpio! Ese será nuestro tipo.> Él sol emergía ahora del horizonte. La masa se estaba disgregando. No parecía que fueran a tener otra misa. Supuse que tres eran suficientes. El tipo que pensé que probablemente fuera el rey inglés, se estaba entreteniendo con algunos de sus muchachos, riendo escandalosamente como hace la gente de la calle cuando son como pellejos asustados pero quieren parecer guays. Le eché un vistazo. No, él no tenía un cuerpo del siglo XXI. Estaba casi tan asqueroso como los demás. Comprobé a sus muchachos, un puñado de grandotes busca-problemas. Supuse que eran sus caballeros principales, pero de no ser por la cota de malla y las espadas pensarías que eran un grupo de matones de la Mafia. No estaban tan hinchados como algún héroe de acción tipo Schwarzenegger. La mayoría estaba entrada en carnes, incluso gordos. Dudaba que ninguno de esos tipos hubiera escuchado nunca la palabra ensalada. Pero no estaban gordos gordos, eran como ‘¡Ah-hah! ¡Tu espada sólo ha penetrado mi gorda barriga y un riñón! ¡Una herida superficial! ¡En guardia caballero!. Estos tipos eran problemas. Y ahora el rey estaba hablando a sus tropas. Saltó sobre un árbol caído y empezó a gesticular con las manos como si fuera un político o un entrenador de fútbol. No podía oír todo lo que decía, pero la idea básica era ‘Hombres, estamos en inferioridad numérica, pero hemos venido aquí por una buena razón, la de que quiero ser el rey de Francia, así que ir a patear algunos culos franceses y todos estaremos enormemente orgullosos de nosotros mismos si da la casualidad de que sobrevivimos.’ Básicamente el mismo tipo de heroicas tonterías que nosotros los Animorphs nos decimos antes de entrar en una batalla. Entonces, de repente, le vi. No era un caballero. Uno de los arqueros. Llevaba un arco y un carcaj lleno de flechas. Su ropa era igual que el uniforme del resto de los arqueros: una chaqueta de piel sin mangas decorada con corchetes de acero sobre una camisa de cota de malla; y unos calzones que parecía que hubieran sido cosidos por costureras con sólo tres dedos y un bolígrafo en vez de aguja. Estaba junto a un puñado de arqueros que se acercaban a las líneas francesas. <¡Lo tengo!> avisé a los otros. <Cerca de la tercera línea. Es un arquero inglés.> <En nuestro camino> dijo Jake, <Manteneos. Necesitamos el momento oportuno.> <Creo que esta batalla está a punto de comenzar. Si queréis comprar algunas palomitas y Raisinets mejor os dais prisa.> Definitivamente, los ingleses se estaban movilizando. Los franceses, que les superaban en número cuatro-contra-uno, esperaban bastante tranquilos. De hecho, muchos de ellos estaban cabalgando por los alrededores, charlando entre ellos, bebiendo, tomando un tentempié, coqueteado con las mujeres, y jugando. Entre las dos fuerzas, un campo estrecho y embarrado cercado de árboles por los dos lados. <Van a pisotear a los ingleses> dijo Rachel. Podía ver a su águila calva descendiendo hacia mí en amplios círculos. <Quizá no> dijo Jake esperanzador. <El campo es demasiado estrecho. Los franceses no podrán poner a todos sus hombres en acción.> <¿Quieres apostar algo?> preguntó Rachel. <No creo que estemos aquí para eso> nos recordó Cassie. <Probablemente la idea no sea hacer apuestas.> <¿Por qué estamos aquí? Esa es la cuestión.> dijo Ax. <¿Cuál es el significado de este evento histórico en particular? ¿Cómo un cambio en este punto del continuo tiempo-espacio podría haber causado los cambios que observamos?> <No lo sé> admitió Jake. <Ni Visser Cuatro tampoco> dijo Cassie. <Todo lo que sabe acerca de los humanos viene de la mente de su huésped.> <Genial,> dije. <Es como un ciego llevando a un grupo de ciegos atrás en el tiempo…> Paré de hablar porque vi algo que ningún pájaro nunca nunca querría ver. Nunca. Vi a unos dos mil tipos sacar sus flechas, tensar los arcos y alzarlos de repente. Alzarlos hacia mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 10:[/b] Bajo mío veía unas dos mil flechas, y unos dos mil tipos apuntando hacia mí con sus arcos. <Oh-oh.> ¡Fiu! ¡Fiu! ¡Fiu! ¡FiuFiuFiuFiuFiuFiu! El aire se llenó de flechas. Era como una granizada marcha atrás. ¡Era un muro de flechas! ¡Fiu! <¡Aaaahhhh!.> Una flecha pasó a trabes de mi ala. Giré brutalmente. ¡Fiu! <¡Me están disparando!> Chillé. Sentí un dolor repentino en el ala, y la sangré manchó mis plumas. El viento se volvió más débil, pero aún podía volar. <¡Salgamos de aquí!> Chilló Rachel. <¡Ostia! ¡¿Tú crees?!> Dije frenéticamente. Batí las alas, pero parecía como si todos los idiotas del suelo intentaban matarme. Vale, estaban recargando. Pero yo me movía. No muy recto ya que un ala la llevaba arrastrando, pero me movía. Avancé más o menos al frente de las líneas inglesas, intentando no acabar en manos de nadie. Una cosa estaba seguro: No quería intentar cruzar directamente las tropas inglesas. Desgraciadamente, era una mala visión. Los arqueros estaban en ambos lados de la línea, ¡en el bosque! ¡Me dirija hacia otro grupo de dos mil arqueros! ¡Ahhh! Intenté correr. Intenté arrancar. Habría corrido en el aire si fuese necesario. Las flechas chasquearon en sus posiciones, bien tensados los arcos, y… ¡FiuFiuFiuFiuFiuFiu! ¡Fallaron! Yo me había apartado y ahora podía ver donde se dirigían las flechas. Caían. Las flechas cayeron en una columna de franceses montados en caballo. Tal vez tres mil tíos, la mayoría vestidos con guapísimas armaduras. Algunos con no-tan-guapísimas armaduras. Pero todos gritaban desde dentro de sus cascos, todos con largas lanzas elevadas. La caballería francesa envistió a los arqueros. Los arqueros estaban detrás de un débil muro de púas apuntando hacia los caballos. Desgraciadamente para los ingleses, sus púas no se aguantaban en el barro. Pero las púas no eran lo importante Lo importante eran las flechas. ¡FiuFiuFiuFiuFiuFiu! Miles de flechas, todas disparándose, todas inclinándose, todas parecían caer en el aire. Miles de estas flechas aún esperaban ser disparadas, sujetas en la punta de su arco. Una mosca no podría haber atravesado ese muro de flechas. Cayeron y cayeron para clavarse en los brazos y cuellos y hombros y cabezas y piernas y caras francesas y de repente lo que pasaba por debajo de mí ya no me parecía una broma. ¡FiuFiuFiuFiuFiuFiu! Las flechas volaron de nuevo, buscando a la próxima columna de ruda, desorganizada caballería. Los caballeros parecían casi invulnerables al principio con toda esa armadura. Incluso los caballos estaban armados por la parte trasera de sus cuellos y por encima de sus cabezas. Pero las flechas eran tan jodidas que encontraban un camino a trabes de los agujeros en los visores de los caballeros. Los hombres caían. Los caballos caían. Si me hubiese quedado un segundo mas, esquivar las flechas habría sido como esquivar las gotas de lluvia en una tormenta. Si me hubiese quedado un segundo mas no me habrían disparado. Habría sido un colador. Y entonces empezaron los gritos. Tíos con flechas clavadas en sus cuellos, en sus estómagos, en sus costados, todos caían y se arrastraban y se levantaban y volvían a caer. Y eso eran solo los hombres. Los caballos gritaban, también. Y no es un sonido que queda llegar a olvidar. La caballería se retiró. No tenían buena pinta. Regresaron a sus propias líneas, prácticamente montando por encima de su propia gente. Los ingleses seguían llegando. Parecían algo más seguros de ellos mismos, además. Parecía que dos masas habían sido suficiente. Intenté encontrar a Visser Cuatro de nuevo. Busqué a esa exageradamente limpia cara, los exageradamente limpios dientes. Y eso me salvó la vida. Porque vi que los arqueros se habían adelantado, la mitad en los bosques, y que habían cambiado su objetivo. De repente, la barrera de flechas había cambiado de dirección. <¡Aaahhh!> Chillé, exhalé, y caí como una piedra. Vi a los arqueros ingleses descargar sus arcos. ¡Vi las flechas volar! Directas. A. ¡MI! ¡FiuFiuFiuFiuFiuFiuFiu! Miles de flechas viraron hacia a mi mientras yo caía hacia el suelo. Miles de flechas, algunas tan cerca que sentí sus vientos, soplando sobre mi. Rastrillé, abriendo mis alas para coger aire. Pero ahora mi ala herida me falló, se colapsó, como si se fuese a romper por la mitad, y caí con una velocidad imposible. ¡Flump! Caí en el barro, con el pico por delante. Me quedé inconsciente durante medio segundo. Desmayado. Me desperté al oír a Jake chillando, <¡Marco!¡Marco!¡Levántate!> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 11:[/b] Marco cayó. Lo vi clavarse, literalmente [i]clavarse[/i], en el fango. Yo estaba en lo alto y a la derecha, sobre el campo principal. Estaba en forma de águila de cabeza blanca –la única de nosotros lo suficientemente grande como para sacar a un águila pescadora del fango. Me lancé. <¡Rachel! ¡No!> gritó Jake. <¡Puedo sacarlo!> Veía a Marco claramente. Una bolita arrugada de sucias plumas grises y blancas en medio de lo que era, para los estándares del 1415 el pedazo más peligroso de suelo de la Tierra. Caí como una piedra. No, como un misil, porque lo tenía bajo control, dirigido, apuntando con una docena de imperceptibles movimientos de la cola y las alas. <¡Apártate!> gritó Jake. <¡Las flechas! ¡Las flechas!> ¡FlitFlitFlitFlitFlitFlit! ¡Las flechas! Abrí las alas ampliamente, extendí las plumas de mi cola, replegué mis garras, e imité a Wile E. Coyote intentando detenerse en mitad del aire cuando acaba de caerse de una montaña. No me fue mucho mejor de cómo le va a Wile E. Voló un aluvión de flechas. Dos o tres no me alcanzaron por milímetros, pero la mayoría cayeron muy por debajo de mí. En cuanto las flechas pasaron, plegué las alas, convirtiéndome en un blanco lo más pequeño posible, y me lancé otra vez hacia Marco. <¡Marco! ¡Levántate!> gritó Jake. Barrí el suelo, evitando a duras penas quedar atrapada en el fango y clavé las garras en la espalda de Marco. <¡Hey! ¡Ow!> <¡Quéjate después, ahora vamos a salir de aquí!> Sólo que no salimos de ahí. Aleteé con toda mi fuerza y fui capaz de sacar a Marco unos tres pies del fango. Pero no había forma de elevarse. ¡FlitFlitFlitFlitFlitFlit! Las flechas volaron de nuevo, esta vez mucho más altas. Y luego oí un sonido que helaba la sangre. El sonido del ansia de la batalla desde cientos de gargantas. O quizá no tanto del ansia por la batalla como por puro terror. Eché un vistazo a mi izquierda. Los ingleses habían echado a correr de repente. Directos hacia nosotros. A la derecha: los franceses, corriendo, galopando, y lanzando algunos gritos. Estábamos a punto de ser aplastados por varios miles de poco atractivos zapatos. <¿Qué hacemos?> le pregunté a Marco. <¿Cómo quieres que lo sepa? ¡Pensaba que eras tú la que me estaba rescatando!> <¿Nos transformamos?> <¿Y qué les decimos a esos? ¿Que somos neutrales?> La primera ola de tropas inglesas estaba a diez segundos, aún gritando, blandiendo lanzas y espadas, sus botas haciendo sonidos aspirantes al pisar el fango. Los franceses a unos doce segundos. Entonces, de repente, desde los árboles más cercanos, un caballo se lanzó a la carrera, dirigiéndose hacia nosotros. Conocía ese caballo. Al menos, así lo esperaba. <¿Cassie? ¡Dime que eres tú!> <¡Preparaos!> dijo Cassie. <¿Para hacer qué? ¡Los pájaros no montan sin silla!> gritó Marco. Los ingleses a la izquierda. Los franceses a la derecha. Las flechas aún llenaban el aire por encima de nosotros. Y un sólo caballo levantando nubes de polvo y salpicando los charcos de fango según se acercaba. <¡Demasiado lento!> dijo Marco secamente. <Y no tiene exactamente manos. ¿Cómo va a recogernos?> <Oh, tío,> dije, preparándome para el ataque. De repente, los soldados ingleses estaban a nuestro alrededor, gritando algo de Harry y de Ingletarra y simplemente gritando en general. Pies calzados en grueso fieltro y envueltos en harapos se estampaban a nuestro alrededor. Entonces, cascos. ¡Pies! ¡Cascos! Alguien tropezó, cayendo bocabajo al lado de Marco y de mí. Al menos pensé que había tropezado. Hasta que vi la corta flecha sobresaliendo de su espalda. Era el caballero verde. Yacía sobre su escudo e intentaba respirar. Me quedé mirándole, incapaz de apartar la mirada. Incapaz de dejar de pensar que al menos no viviría para contar la historia de la bruja que se convertía en elefante. <¡Cogeos a mis piernas!> gritó Cassie. <¿Qué?> <¡Cogeos a mis piernas!> Las patas marrones del caballo eran largas en medio de un bosque de extremidades cortas. Clavé mis garras profundamente en el hueso y la piel. Tenía que doler. Pero Cassie no se quejó. Marco hizo lo mismo, y salimos corriendo. Dos enormes pájaros de presa incrustados en el fango cogidos a las piernas delanteras de un caballo intentaba abrirse paso en el tumulto. Y el tumulto simplemente había empeorado radicalmente. Cassie, y nosotros, fuimos empujados por la fuerza de la multitud que nos rodeaba, hacia los franceses. Ahora, los dos bandos se unían. No había salida. Clavé mis garras con fuerza. Un caballo podía sobrevivir en ese infierno de gritos, cortes, aullidos, empujones, gruñidos, locura asesina, pero un pájaro es un animal frágil. <¡Arrgghh!> oí gritar a Cassie. Supuse que era el dolor de las garras de Marco y mías. Pero era mucho más probable que el dolor viniera de la lanza que se había clavado profundamente en su lomo. Cassie tropezó. Cayó, bocabajo. Me desenganché justo a tiempo para evitar ser aplastada. Entonces, un pie bajó hasta mí. Oí partirse los diminutos huesos de mi espalda y mi ala. Me alcanzó entonces ese pensamiento: iba a morir. No Jake, sino yo. La mía era la vida que Crayak tomaría como pago. Iba a morir al menos unos 600 años antes de haber nacido. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 12:[/b] <¡Cassie!> Lloró el príncipe Jake. <¡Les han abatido!> Gritó Tobias <¡Voy a ir!> <¡No!> Ordenó el príncipe Jake. <¡No necesitamos ningún otro cuerpo ahí abajo!> Los dos grupos de humanos corrieron a juntarse y empezaron a intentar matarse los unos a los otros usando piezas de metal afilado de distintos tamaños y formas. Algunos de los humanos montaban en caballos. Algunos aparecieron vistiendo pieles artificiales formadas de piezas delgadas de metal. Este fue uno de los pocos casos de piel artificial que tuviese un sentido lógico. Pero no tuve tiempo para plantearme el asunto de las armaduras. Cassie, Rachel, y Marco estaban heridos y muy posiblemente muertos. Volando por encima de la batalla, solo les veía durante cortos instantes. Un caballo tumbado de lado. Dos pájaros. Todos ellos ignorados por los asesinos humanos de su alrededor. Al mismo tiempo, estaba intentando seguir los movimientos de Visser Cuarto. Havia lanzado gran cantidad de flechas con un arco que era casi tan alto como el. Disparaba más despacio y con menos habilidad que el resto de los arqueros, pero nadie parecía haberse dado cuenta. Y ahora, se movía. Muchos de los arqueros ingleses de ambos lados de la batalla habían dejado sus arcos y empuñaban espadas y dagas. Ahora veía la desventaja de la piel artificial de acero: los arqueros, vestidos solo con ropas, y llevando armas ligeras, podían moverse mas fácilmente a trabes del barro. Podían incluso saltar y herir gravemente a los caballeros con armadura a trabes de sus visores. Pero Visser Cuatro no tomó parte de esa matanza. El había huido de la batalla hacia los árboles. Y ahora pretendía escalar un árbol muy alto. <¡Píncipe Jake!> Grité. <Visser Cuatro está en un árbol. Creo que se está preparando para usar su arco.> <¡Oblidate de Visser Cuatro!> Dijo acaloradamente Tobias. <¡Rachel está ahí abajo! ¡Rachel! ¡Transfórmate!> <Se tendría que destransformar primero,> Dije yo. <Como humana seguramente la matarían.> <¡Callate!> Tobias lloró de angustia. <¡No puede estar pasando esto! ¡Ellimista! ¡Crayak! ¡Sacadnos de aquí! [i]¡¡Sacadnos de aquí!![/i] Estaba preocupado por la posibilidad que nuestros amigos pudieran morir. Pero no había nada que hacer por ellos. Y nuestra misión era detener a Visser Cuatro. Me fijé en su cara. Era una cara humana normal. Tal vez con un poco mas de mofletes. Aparentaba una edad adulta, pero joven para esa categoría. Estimé que estaba alrededor de los 25 años. <¡Osos polares!> Suplicó Tobias. <¡Transformémonos en osos polares y metámonos en este embrollo de ahí abajo! ¡No podemos quedarnos sin hacer nada!> <Cassie también esta ahí abajo> Chasqueó Jake. <Y mi mejor amigo.> <¡Tenemos que hacer algo!> <¿Como que? ¿Matar a un puñado de tíos inocentes que tendrían que haber vivido? Estos de ahí abajo no son Controladores. ¡Son totalmente humanos!> Intenté concentrarme en Visser Cuatro. Volé en un círculo cerrado por encima del campo de batalla, fijé mis ojos de águila en sus ojos azules de humano. Esos buscaron entre la multitud. Entonces, encontraron lo que estaban escudriñando. Intenté extrapolar, siguiendo la dirección de su mirada. Era un cálculo aproximado al máximo. Pero creí haber visto lo que el miraba. En medio de las líneas inglesas había un guerrero con un anillo de oro dentado en la parte superior de su yelmo. Muchos hombres con armaduras estaban cerca de el. Habían también muchas banderas de color claro cerca suyo. <El humano con el circulo de oro en su cabeza,> Pregunté. <¿Es importante?> <¿Círculo de oro?> Preguntó el príncipe Jake con una voz cansada y distraída. <¿Te refieres a una corona?> <Seguramente. Es de oro i está decorada en lo que podría ser un diseño floral abstracto.> <¡Es el rey! ¡El rey de Inglaterra!> <Le dispararán una flecha muy pronto,> Dije. <Visser Cuatro está empuñando su arco y creo que apunta a este rey> <¡Párale!> Chilló el príncipe Jake. <Estoy demasiado lejos,> Dije. <Sólo Tobias…> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 13:[/b] <¡Rachel!> Grité. <¡Tobias! ¡Este tío se está preparando para disparar!> Dijo Jake. <Le estoy viendo.> <Tobias, no puedo llegar ahí a tiempo,> Ax dijo con una calma llena de furia. ¡Ninguno de los dos! Ni Jake ni Ax se preocuparon por como de estúpida era la misión. Yo podía ver a Rachel y a Marco, medio aplastados por el cuerpo de caballo de Cassie. ¡No! ¡Espera! No estaban aplastados. Se estaban protegiendo bajo ella. Podían estar aplastados, si, pero tal vez no estaban muertos. Si podía llegar al bosque, transformarme en oso polar, volver, irrumpir… ¡Loco! Jake tenía razón. ¿A cuantos aterrorizados soldados de ambos bandos tendría que matar? ¿Y cuanto aguantaría? <¡Tobias!> Dijo Ax. <¡Es ahora o seguramente nunca!> Miré hacia abajo. Pude ver a Visser Cuatro a través de una grieta entre los árboles. Ya le había visto antes. Estaba apuntando hacia abajo. Listo para… ¡Fiu! ¡Demasiado tarde! El arco disparó. En dirección al Rey Henry. Se clavó en la espalda de un soldado francés que sintió como si alguien le hubiese cortado sus piernas. ¡Falló! ¡Por supuesto! Visser Cuatro no era un arquero experto. Y eso era un objetivo descarado. El rostro del rey estaba al descubierto. Tenía que ser el objetivo. Un arquero profesional lo habría conseguido desde su posición, pero no un novato. De momento… Visser Cuatro apuntó de nuevo. Apuntaba con mucho cuidado. Y ahora el rey se encontraba en el mismo lugar donde estaban Rachel y los otros. Visser Cuatro no solo podía herir a Henry. Podía fallar y herir a Cassie o a Marco o a Rachel. “¡Tseeeeeer!” Saqué aire de mis alas, echándolas hacia atrás, la cola para equilibrarme, y volé hacia abajo. Caí como una roca. Vi los dedos de Visser Cuatro relajándose. Vi apartarse los dedos. ¡La flecha salió disparada! Saqué mis garras y las torcí para ponerlas en línea. ¡Fiu! ¡Fwapp! Las garras golpearon la flecha. La garra derecha la tocó pero no se agarró. Caí hacia abajo, con la velocidad adquirida del instante que había sujetado la flecha, cancelando parte de la suya. ¡La garra izquierda se agarró! Sentía como la parte de madera estaba a trabes de mi sujeción. ¡Thunk! Mis garras se cerraron alrededor de los alerones de plumas. Todo eso sucedió en una décima de segundo. Después, llevaba la flecha. <¡Ve, Tobias!> Lloró Jake. Me giré y vi a Visser Cuatro. Me miraba con una mezcla de asombro y escepticismo. Y entonces, lenta, lentamente su rostro mostró reconocimiento. Literalmente pude ver sus labios formar la palabra. ¡La palabra [i]Andalita[/i]! <No exactamente,> Pensé, <pero has pillado el concepto básico. ¿Jake? Creo que nos ha pillado.> [i]<¿Qué?>[/i] <Visser Cuatro. Creo que ha pensado que las águilas normales no van por ahí cogiendo flechas en medio del aire. Y ahora, me voy a por Rachel y los otros. Visser Cuatro es vuestro problema ahora.> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 14:[/b] Era una agonía. Estaba tumbada de lado, con Marco y Rachel medio escondidos bajo mío. La lanza se havia clavado muy honda en mi costado y todo lo que podía hacer era intentar recordar mi anatomía de caballo. ¿Dónde había dado la lanza? No en el corazón, o ya estaría muerta. ¿En mi estomago? ¿Intestinos? ¿Hígado? Quien sabría decirlo. Pero sabía que me estaba debilitando. Y sabia que si me destransformava, dejaría a Marco y a Rachel expuestos y desvalidos. Sin mencionar la alta posibilidad que un soldado supersticioso del siglo seguramente mataría a la extraña y retorcida abominación que parecería mientras estuviese a medio transformar. ¡Tenía que huir! ¿Pero como? La batalla se intensificaba alrededor nuestro. El ruido era horrendo en mis orejas de caballo. Acero resonando con acero. El clank-clank-clank de las ballestas se me clavaba. Los cascos y pies que golpeaban el barro, y aterrizaban, demasiado a menudo, en cuerpos. Hombres gruñendo por el esfuerzo de mover sus pesadas espadas y mazas y hachas. Hombres gritando o gimiendo cuando les herían. Se tambaleaban y caían, por sus heridas o de puro agotamiento. Todo eso pasaba alrededor mío. ¡Encima mío! Esa, como sabría mas tarde, fue la batalla de Agincourt. Una de las mayores batallas de la historia. Gloriosa. Así la llamaba la gente: gloriosa. Shakespeare escribió una obra acerca suyo. Pero estoy aquí para deciros que no hubo nada glorioso. Era tan glorioso como un asesinato. <Tenemos que salir de aquí,> dijo Rachel. <¿Cómo?> Preguntó Marco. <¡Si nos movemos nos matan!> <Cassie está sangrando,> dijo Rachel. <Está sangrando encima mío> <Casie, ¿puedes levantarte?> Era la voz de Jake. Venía de muy encima mío. <Creo. Tal vez. No lo se.> Ese no era mi cuerpo. No estaba segura de que podía hacer. No sabia de que gravedad estaba herida. <Bueno, estad listos. La caballería está en camino,> dijo. Entonces añadió. <Creemos.> Intenté levantarme. Mis piernas funcionaban. Pero estaba débil. No podía moverme bastante como para levantarme. No sin aplastar a Rachel y Marco. <¿Que estáis haciendo tíos? Preguntó Marco a Jake. <Bueno, esa es la época de las supersticiones, ¿no? ¿Brujas y duendes y demonios y demás?> <Sip,> Dijo Rachel. <Les vamo’ a dar un demonio,> dijo Jake. <¿Un demonio? ¿Qué quieres decir con un demonio?> Entonces, por encima de los golpes, chillidos y los horrorosos sonidos de la batalla, oí una nueva nota. Chillidos de puro terror. Gritos como los de alguien atrapado en una pesadilla. Una estampida de pies. El mismísimo rey estaba encima mío, se le reconocía por la corona de oro dentado que llevaba en la cabeza. Miraba fijamente a su derecha. Pasmado, con la boca abierta, olvidando la batalla temporalmente. Los caballeros que estaban luchando se arrodillaron y empezaron a hacer cruces y a rezar. Las líneas de batalla cayeron. El rey se lo pensó unos segundos y decidió que no quería hacer un uno-contra-uno con lo que venía, tampoco. Y el demonio- o lo que seguramente parecía un demonio para esos hombres del siglo XV- irrumpió en el campo a lomos de un magnifico caballo de guerra. <¿Veo a un Hork-Bajir montando a caballo?> preguntó Marco. El Hork-Bajir – Tobias, en realidad – vino en línea recta hacia nosotros. Los bravos guerreros, guerreros que estaban cara a cara en esta batalla, vida por vida, de repente dieron la vuelta. El bosque de piernas de mi alrededor se fue. Rachel y Marco se arrastraron de debajo de mí. Yo giré sobre mi y esforcé a mis pies, temblorosos, débiles, medio muertos, pero no tan muertos como para no poder correr unos cuantos cientos de yardas. <¡Vamos!> Chilló Tobias, girando su caballo y tomando el camino de salida del campo. El caballo dijo, <¡Hey! Cuidado con las cuchillas, ¡Tobias!> Marco y Rachel se cogieron de mis deviluchas y sangrantes piernas y cruzamos el horrible campo. Por encima de los cuerpos de los muertos y heridos, de los caballeros y campesinos. <¿Visser Cuatro?> Preguntó Rachel. <Ax le está manteniendo ocupado,> dijo Jake. <Pero tenemos que darnos prisa. O se nos escapará.> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 15:[/b] Visser Cuatro corría. Pero el tan solo era un controlador humano. Tenía muy pocas oportunidades de perderme. Yo seguía en mi forma de ave. Crucé a través de los árboles mientras el corría. Subí por encima del bosque y pude ver el borde de un pequeño pueblo delante de los árboles. Si Visser Cuatro se dirigía al pueblo podría serme difícil detenerle. Podrían haber humanos inocentes involucrados. Pero como ave podría hacer muy poco para detenerle. Decisión: Mantenerme con Visser y estar desvalido, o parar, destransformarme, ¿y poder atacar? El pueblo, una colección de primitivos humanos con moradas, hechas aparentemente de hierba, estaba muy cerca. Primero: alejarlo del poblado. Aleteé con mis alas mas fuerte y fácilmente atrapé al Yeerk que corría, jadeaba y se asustaba. Me giré en medio del aire y me avalancé hacia el, con las garras bajadas y hacia delante. Miró hacia arriba, se apartó. No suficientemente rápido. Sentí como mi garra izquierda tocaba el lateral de su cabeza. -¡Aaaahhh! – gritó. Pegué un barrido y me giré para volver a por el. -¡Sucio Andalita! – chilló. Verdaderamente chilló. El odio se filtraba puro a través de sus azules ojos humanos. Dudó. Fui a por el. Rompió a correr. Pero ahora había otros humanos surgiendo alrededor nuestro. Una columna de hombres a caballo desorientados en el bosque, que aparentemente venían de los finales de las líneas inglesas. Pero había otros humanos, también. Venían de la batalla. Iban hacia el pueblo. No podía destransformarme ahí. El Yeerk debía saberlo. Se paró y puso una flecha en el simplón arco que usaba. Apuntó con la flecha y la dejo volar. Mis ojos de águila pudieron ver que no tenía suficiente fuerza. Voló por debajo y no tuve ni que ajustar mi vuelo. Corrió de nuevo, y le seguí. De repente salimos del bosque. Había un espacio abierto entre el bosque y el pueblo. Parecía que había alguna cosecha plantada ahí. Los pueblerinos estaban labrando tranquilamente, demasiado ocupados en su trabajo como para darse cuenta de lo que estaba pasando. Posiblemente les preocupaba mas que la batalla o los fugitivos de ella les pisotearan los campos. Esos humanos apenas levantaban la mirada de sus trabajos mientras soldados, arqueros y caballeros montados en caballos pasaban corriendo. En realidad no se habían fijado en Visser Cuatro. O en mí. Barrí a Visser Cuatro y arañé su cabeza otra vez, dejándole el cuero cabelludo al descubierto. Intentó cogerme, pero falló. -¡Te mataré! – rabiaba. <Ríndete, te tenemos rodeado> Le mentí. Pero un Yeerk no llega al rango de Visser por ser un completo loco. Se rió de mi entupido truco. Era una batalla inútil, lo sabía. En esta forma podía herirle pero no detenerle. Y si me parava para transformarle podría perderle. Habían dos grandes estructuras en el pueblo. Una parecía ser esencialmente militar. Un fuerte de alguna clase. La otra tenia una larga estructura principal con una alta torre al final. Fue hacia ese edificio donde Visser Cuatro huyó. A través de una puerta muy alta. La puerta había estado abierta. El la cerró de un portazo tras de si. Extendí las alas y me impulsé hacia arriba, a pocas pulgadas de estrellarme contra la puerta de madera maciza. <¡Príncipe Jake!> Le llamé frustrado. <¡Tobias! ¡Marco! ¡Rachel! ¡Cassie! Quien quiera que me pueda oír, por favor, que responda.> Pero no hubo respuesta. Estabamos lejos del campo de batalla. Estaba solo. ¿Como entrar en la gran estructura? Como… Y entonces, en un destello, supe porque Visser Cuatro había vuelto ahí. <¡La Matriz del Tiempo!> ¡Había escondido la Matriz del Tiempo en esa estructura! Tenía minutos, tal vez ni eso. Aterricé en las escaleras que llevaban a la puerta. Empecé a destransformarme. Mis ojos móviles de andalita empezaron a salir de mi emplumada cabeza. A mis piernas de ave les crecieron carne y músculos y auténticos huesos. Crecí, haciéndome más alto por segundos. ¡Pero demasiado lento! ¡Manos! ¡Necesitaba manos! Pequeñas y flácidas pronunciaciones empezaron a crecer en mi pecho. Mis piernas delanteras. Pero mis alas seguían siendo alas. No apareció ningún dedo. <¡Príncipe Jake!> Chillé de nuevo. Visser Cuatro se iva a escapar. <¡Príncipe Jake! ¡Rachel! ¡Casse!> Ahora, al fin, ¡dedos! Pero demasiado débiles, demasiado delicados y poco formados para mover la pesada manecilla de la puerta. -¡Aiiiieeee! – gritó alguien. Un humano. Seguramente horrorizado al ver a un Andalita intentando emerger de la forma de… -[i]Tuez-le! Tuez-le![/i]- Gritó una nueva voz. (N.d.T.: Tuez-le significa “Matadlo” en francés) -[i]Tuez-le![/i]- Ahora era un coro. Giré uno de mis ojos móviles, solo que ahora empezaba a funcionar. Había media docena de humanos. Algunos eran soldados. Otros no. Los que eran soldados brandaban espadas. Los otros llevaban unos tenedores enormes hechos de madera afilada. Estaba bastante seguro que ellos no me estaban dando la bienvenida a su pueblo. <¡Príncipe Jake!> Grité. Me tambalee con mis piernas medio-formadas en un intento de llegar a la puerta. Mis débiles dedos se cerraron alrededor de la manecilla. Los furiosos pueblerinos atacaron. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 16:[/b] <¡Príncipe Jake!> Jake todavía estaba corriendo, ambos habíamos oído un débil lamento de Ax. Este otro fue más fuerte, mas claro. Seguramente íbamos en la dirección correcta. <¡Cassie! ¡Rachel! ¡Marco! ¡Aclaraos, destransformaros, poneos unas alas y seguid!> Dijo Jake. <Vamos Tobías, volvemos a ser la caballería.> Me agarré por debajo de la crin de Jake, dejando espacio libre para mi cola llena de cuchillas. La forma de caballo era enorme. La había adquirido de uno que llevaba a un caballero Francés muerto. Podía aguantar el peso de mi Hork-Bajir. Probablemente no muy diferente del de un hombre con una armadura completa. Corrimos a través de los árboles. Detrás nuestro la batalla volvió a empezar. Supongo que en 1415 que un demonio se mostrase era un suceso bastante normal. Nada que pudiese detener una batalla. No por mucho rato, al menos. Salimos de repente al descubierto. Delante nuestro, un pueblo. Los campesinos se apartaron mientras cruzábamos la sucia calle, derribando carretillas y mandando a los inadvertidos transeúntes al suelo. No era un gran pueblo, supuse. Una espacie de fuerte simplón y una iglesia. En la iglesia había una peregrinación. La peregrinación estaba llena de soldados desertores, de heridos, de asustados y algunos pueblerinos corrientes. Todos se estaban congregando en las escaleras de la iglesia. Media docena tenían sujeto a un animal que podría haber sido un ciervo azul con una cola de escorpión, pero en realidad estaba medio-cubierto de plumas grises. <¿Ax?> Preguntó Jake. <Sip,> dije. <¡Vamos allá!> Jake dobló su velocidad y fue corriendo directamente hacia la multitud. Monté en el hasta que la apretujada multitud no le dejó avanzar, entonces me puse de pie encima suyo y salté. Los Hork-Bajir son por naturaleza arbóreos. Significa que viven gran parte de su vida en los árboles. Así que pueden saltar bastante bien. Salté. Volé por encima de las cabezas de los ultrajados campesinos y golpee contra una puerta de madera tan gruesa y dura que podría haber sido un muro. ¡WHAM! Aterricé encima de Ax. <¡Ahhh!> chilló. <¡Lo siento!> <¡Visser cuatro está dentro!> Dijo Ax, preocupado por la misión a pesar del echo que el pueblerino mas cercano estaba intentando clavarle una horca de madera. Salí de encima de Ax y le quité la horca de las manos del tío. Si no se havia creído que yo era un demonio, seguro que ahora si. <¡Vamos!> chillé. Agarré la manecilla de la puerta, girándola con facilidad, y empujé la puerta. Ax y yo entramos juntos. Cerré la puerta detrás nuestro, cogí un tronco enrome y lo puse en las hendiduras de hierro, bloqueando la puerta. Estábamos en una iglesia. Yo era una criatura de siete pies de alto con cuernos y una cola con púas y una horca en las manos. Y estaba en una iglesia. Miré al altar. Miré al aterrorizado sacerdote que estaba temblando de tal manera que no podía ni formar una cruz. <Lo siento,> le dije al sacerdote. <No es lo que parece. Lo siento,> Añadí, mirando al altar. <Tío, esta es la peor forma en el peor lugar.> Ax era totalmente andalita ahora. Que no ayudaba a nuestra aparición ni una pizca. <¡Visser Cuatro!> dijo Ax. <No le veo.> <Yo tampoco.> <¡La Matriz del Tiempo! Seguro que la ha escondido aquí. Si la alcanza, se escapará.> Entonces… ¡Bonnnnnng! Un zumbido distante. <¡El campanar!> Gritó Jake desde fuera. <Está en el campanar.> Miré a los alrededores. Escaleras. Tenían que estar… <¡Por aquí!> Corrimos. Corrimos por las escaleras saltándonoslas de dos en dos, de tres en tres. Las escaleras se torcían en un circulo estrecho. Mis enormes pies de Hork-Bajir eran veinte tallas demasiado grandes. Rascaba y pulía mis cuchillas en la piedra. Ax saltó por encima de mí y corrió delante. Encima nuestro, una plataforma de madera bloqueaba nuestro camino. Era una trampilla. ¡FWAPP! La cola de Ax chasqueó y cortó un círculo en la trampilla. Le aparté a un lado. <Permíteme,> Le dije. Eché para atrás mi puño de Hork-Bajir y lo lancé hacia arriba. La trampilla se rompió por las bisagras. La empujé y salí por ahí. Ax no habría podido. Y ahí, delante mío, estaba la cosa más mortífera jamás creada. Era un globo sin ninguna marca con un ligero brillo. Por lo menos era tan grande como yo. Y Visser Cuatro tenía sus manos presionándolo, con una mirada de concentración en su cara. Me sonrió. -Así que los Andalitas todavía me persiguen, – sonrió con desprecio – He sido un descuidado, no pensé que me pudiesen seguir. Pero ahora si que seré cuidadoso. Si. ¿Y sabéis que? Es mejor así. Ahora tengo el poder. ¡Yo tengo el PODER! Arremetí. El globo brilló, Visser Cuatro sonrió. Mis cuchillas cortaron. En el vacío. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 17:[/b] -¿De donde ha salido este caballo? -No cuentes con que lo sepa, Tom. -Es [i]Sargento[/i], patán. ¿Cuantas veces te lo tengo que decir? Debe pertenecer a uno de los oficiales. Es una hermosura, si que lo es. El caballo era yo. Estaba esperando afuera de la iglesia mientras Ax y Tobias se apresuraron a coger a Visser Cuatro. Por supuesto habían fallado porque ya no estaba afuera de la iglesia. Ahora estaba en medio de un montón de hombres, todos avanzando más o menos hacia delante. Delante estaba la pantanosa orilla de un río. Estaba oscuro. Noche. Frío. El cuerpo de caballo estaba diseñado para los inviernos del norte de Europa así que no estaba sufriendo mucho. Eso no cambiaba el hecho que hacía frío. El cielo estaba oscuro. Ese tipo de oscuridad que no ves en un mundo lleno de calles con farolas y luces en los porches. Las nubes ocultaban a la Luna y las estrellas. Estaba tan oscuro que apenas podía ver a los dos o tres tipos que estaban más cerca de mí. Solo veía el río porque la orilla estaba perfilada en blanco. Tozos de hielo rozaban la orilla. Oí el sonido de madera en madera. Un sonido que no llegué a reconocer en la lejanía. Barcos balanceándose juntos en la corriente del río. El suelo seguramente había estado cubierto de nieve. Pero ahora era barro triturado por cientos, posiblemente miles de pies. Una cosa era segura, al menos: Esto ya no era Francia. El hombre cerca de mi hablaba Ingles. Con un acento extraño, como si tuvieses un puñado de campesinos intentando hablar con acento británico. -No seria mucho favor el mirar por encima de esos árboles – dijo un hombre. – Una tropa entera de Hesianos podría estarse ahí detrás. -Si son Hesianos supongo que el general debería saberlo, – respondió otro hombre – Sides, algunos de nuestros chicos ya lo han travesado. Hesianos. La palabra significaba para mí. Algo. ¿El que? Ya lo había oído eso antes, estaba seguro. A lo mejor los tíos alrededor mío eran ingleses o a lo mejor americanos, pero de cualquier modo nunca había oído de ninguna guerra con Hessia. Hessland. Lo que fuera. ¿Donde estaban los demás? <¿Marco? ¿Cassie? ¿Alguien?> Les llamé con una cautelosa telepatía. -¡Que alguien quite a este caballo de aquí fuera del camino! Una mano buscó mis riendas en la oscuridad. Yo no llevaba ninguna. Solté una coz, noqueando al hombre de detrás. Me giré y me abrí camino a través de los hombres. Quien fuese que intentaba agarrarme había perdido el interés. <¡Rachel! ¡Tobias! ¿Alguien puede oírme?> Ninguna respuesta. A lo mejor no estaban lo suficientemente cerca. A lo mejor no habían sido arrastrados a través del tiempo, todavía. A lo mejor ya no estaban vivos. ¿Dónde estaba? Había un murmuro de anticipación entre los hombres de mi alrededor. -El general viene. Haced como que estamos trabajando, ahora. Dicen que llegamos tarde y que los Hesianos nos están esperando. Dicen que hay un ejercito entero de ’llos en Treton. Lo se. El marido de mi hermana es de Trenton. Dice que ellos Hesianos es exacto como tigres en una pelea. -Que sabes acerca de ningún tigre, Elias, tú nunca has visto un tigre, ¿o sí? -Cerrad vuestros agujeros de pastel, vosotros, – soltó una autoritaria voz. Deje de moverme. No podía ir muy lejos con los hombres aplastándome alrededor mío, haciendo espacio al general. Caminó rápidamente con media docena de hombres bien vestidos acarreándolo. Nunca le habría reconocido. No por ninguno de los retratos que había visto. Sin duda no por la cara que aparecía en los billetes de un dólar. Pero los hombres susurraban su nombre. -Washington. El era el tío grande. Llevaba una larga capa brillante por encima de unos prietos pantalones blancos que acababan por debajo de la rodilla. Su pelo era blanco. [i]“Por supuesto”[/i] pensé [i]“eso es una peluca”[/i] La gente rica o la gente importante llevaba pelucas esos tiempos. Estos tiempos. George Washington. El padre de la nación. -¿Sabes quién es? – preguntó Marco. Andaba al lado mío, como si hubiese salido de la nada. <Joder, Marco. ¿Cuánto rato llevas aquí?> -Llegué aquí hace unos cinco minutos, creo. Te oí llamarnos. No pude responder, entonces. Estaba ya destransformado. Giré mi gran cabeza de caballo para mirarle con un ojo. <¿De donde has sacado las ropas?> -No son exactamente ropas – murmuró Marco – una manta con un agujero para pasar la cabeza. Las botas son guapas, creo. <¿Donde has encontrado estas botas?> Se encogió de hombros -¿Crees que cambiara mucho el curso de la historia si George Washington perdió su par extra de botas? <¿Has robado los zapatos de George Washington?> -Hey, está helado, ¿vale? No todos nosotros somos caballos ahora mismo. Oí a alguien haciendo un comentario no-demasiado-sutil sobre locos uniéndose a las tropas. <Marco, para de hablar conmigo. La gente se da cuenta. Creen que estás loco.> Marco se quedó en silencio. Y entonces, <¿Jake? ¿Cassie?> <¿Rachel? ¿Eres tu?> <Sip, estoy en el cuerpo de búho volando por encima de una armada que baja por algún río en unos barcos. Los tíos llevan unos rifles pasados de moda.> <Lo se. Marco y yo estamos aquí abajo en medio de todo. Soy el caballo. Marco es el que lleva las botas de Washington> <Ni hablar. ¿George Washington? -Jake, dile “No, [i]Guido[/i] Washington.” <Marco quiere que te pase un comentario sarcástico,> dije. <Wow. Washington. ¿Es este el Delaware? ¿Está cruzando el Delaware?> <Creo. Quiero decir, he oído que Washington cruzó el Delaware, pero no se que significa.> <Este río es el Delaware. El Río Delaware,> Dijo Rachel. <Quiero decir, vamos, ¡hasta yo se eso!> <¿Por qué está cruzando el Delaware?> -Para llegar al otro lado y ver a la gallina,- susurró Marco. <¿Solo estamos nosotros?> Preguntó Rachel. <Llevo unos tres minutos aquí. Me destransformé y transformé, y ahora no veo a Cassie o a Ax o a Tobias en ningún sitio.> -Oh Dios, está empezando a llover,- se quejó Marco. <¿Rachel? No pierdas el tiempo buscando a los otros, busca a Visser Cuatro.> <Cogido.> Desde debajo del agua vinieron unas fuertes voces. Alguien que no estaba gritando exactamente, pero sin duda enfadado. Una risa discreta parecía viajar a través del ejército. -El general le enviará al infierno. -¿Qué por? -¿Qué por? ¿Eres simple? Llegamos tarde, por eso. Se supone que tendríamos que habe’ cruza’o y llegado a Trenton antes de la primera luz. Trenton. Hesianos. Washington cruzando el Delaware. <Visser Cuatro va tras Washington,> dije. -Sip, – agregó Marco. <Tenemos que salir de aquí. Tengo que destransformarme. ¿Rachel? Encuentra a Washington. Debe ser el objetivo. Quédate con el. Hagas lo que hagas: Protege a George Washington.> -He aquí tres palabras que nunca pensaste que dirías, – dijo Marco con una risita. Notas del traductor: los Hesianos son Hessians en la versión original; si os parece que los soldados hablan raro, he intentado que suene tan raro como en la versión original… y ni me he acercado; ah, en ingles Jake dice “Protege a George Washington” con solo 3 palabras. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 18:[/b] Protege a George Washington. Vale. No hay problema. Yo era un búho. El ejército estaba cargando los barcos. No los suficientes, a simple vista. Debían de haber cruzado el río ya una vez; había un grupo de unas cien personas allí. Lo que había comenzado como una lluvia se había convertido rápidamente en aguanieve. El tiempo era deprimente. Y estaba claro que los hombres de abajo también pensaban eso. La mayoría vestía poco más que harapos. Jirones de tela envolvían sus pies. No eran tan repugnantes como los franceses y los ingleses de Agincourt pero estaban cerca. Que tuvieran menos pulgas y piojos tenía que ver probablemente con el hecho de que hacía demasiado frío para las pulgas y los piojos. Yo volaba por encima de ellos, con mis alas cubriéndose de aguanieve cada vez que dejaba de agitarlas durante demasiado tiempo. Tenía a Washington a la vista. Tenía que ser el objetivo de Visser Cuatro, como lo había sido el Rey Henry. Tenía sentido. El plan de Visser Cuatro era el de eliminar de la historia a la gente influyente. Era lo obvio: si no había Washington, probablemente no había Estados Unidos. Quizá la Revolución fracasara y todo cambiaría. ¿Pero por qué el Rey Henry y Agincourt? ¿Qué habría pasado si Visser Cuatro hubiera conseguido matar al Rey Henry? <No importa,> murmuré. Un rey inglés era una cosa. Éste era el Padre de nuestro País. El primer presidente de los Estados Unidos. Nadie iba a derrotarle. Pero me percaté de que [i]nos vendría bien[/i] algo de ayuda. Marco y Jake estaban abajo, atrapados entre la masa de hombres. Jake aún estaba en forma de caballo aunque vi a Marco llevándoselo hacia los árboles, presumiblemente para transformarse. Aún éramos tres. ¿Dónde estaba…? <¡Yah!> grité por la sorpresa. Era pura casualidad que yo estuviera mirando cuando Cassie apareció de la nada a unos cincuenta metros de la orilla del río. Sólo poco más allá del alcance de los soldados. Era humana. Debía de haberse quedado en 1415 el tiempo suficiente como para transformarse. <¡Cassie! Te estoy viendo. Estoy en forma de búho. Aquí va el resumen: Washington está cruzando el Delaware, y sí, me refiero a ese Washington.> La vi mirar hacia arriba. La noche no supone un problema para un búho. Incluso semejante noche. Vi cómo su boca formaba las palabras “¿George Washington?” Ella no podía verme, claro. <Sí. George. El Papá de la Nación, soy-yo-el-del-billete-de-dólar-con-una-ciudad-y-un-estado-llamado-por-mí-Washington,> dije. <Jake supone que Visser Cuatro va a intentar eliminarlo. Se están preparando para embarcarle, creo. A George, quiero decir. Sí, se dirige a un barco.> Cassie hizo un sinuoso movimiento con las manos. Un movimiento de nado. <¿Delfín? Sí, buena idea.> Cassie en el río, sí, eso ayudaría, quizá. Pero Visser Cuatro podía estar debajo de cualquiera de los cientos de sombreros que veía por debajo de mí. Lo unico que necesitaba era un mosquete y un tiro limpio. Ya podría estar apuntando… Jake y Marco resurgieron de entre los árboles. Ambos humanos. Y de alguna forma Jake tenía ahora una capa sobre los hombros y algunos harapos envolviendo sus pies. No sabía como había ocurrido eso. Pero suponía que si Marco hubiera podido encontrar una forma de quitarle unas botas extra al Gran George… Aun así, tenían que tener frío mientras se habrían camino a través de la multitud de hombres, corriendo para alcanzar un bote. <¿Jake? ¿Rachel? ¿Hay alguien ahí o soy el único que está viendo como George Inesperado Washington sube a un barco?> ¡Tobias! <¿Le has reconocido?> pregunté. <Claro que le he reconocido,> dijo Tobias. <¡Ese es El Hombre! ¿Estás de broma?> <¿Está Ax contigo?> <Sí, acabamos de aparecer los dos. Estamos al otro lado del río. Aún estoy en forma de Hork-Bajir. Creo que lo mejor será que me transforme. ¿Cuál es la situación?> <Jake y Marco humanos colándose en un barco. Cassie, medio covertida en delfín, a punto de meterse en el agua. Yo, volando por ahí y disfrutando del delicioso clima.> <Hay hombres armados a este lado,> se incluyó Ax. <No los veo,> dijo Tobias. <Ojos de Hork-Bajir.> <Esos son buenos tipos,> dije. <Llevan cruzando un buen rato. No creo que tengan barcos suficientes.> <Ah,> dijo Ax. <Parecen estar muy alerta.> <Supongo que tienen que estarlo. Van de camino a patear traseros en Trenton.> <Ah,> dijo Ax otra vez. <Pero…> vaciló, como si algo le preocupara. <Está bien, Ax, es bueno que tengan ya tipos allí,> dije, tranquilizándole. <Nada de que preocuparse.> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 19:[/b] Nos metimos en un barco. No resultó ser tan difícil. Nadie estaba demasiado ansioso por subir a bordo para un viaje a través del río helado y embravecido, en medio de una tormenta de nieve. No puedo ni imaginarme por qué. “Ah, sí,” murmuré para Jake. “El Barco del Amor toma un desvío al infierno.” “Tengo los pies congelados,” respondió, mirando de reojo mis pies. Mis pies calentitos y secos. “Que pena que el tipo no tuviera un tercer par de botas.” “No te vendrían bien,” dije. “No son de tu talla.” “Uh-huh.” Hay una pintura muy famosa de Washington cruzando el Delaware. Muestra a George de pie en medio del barco como uno de los salvavidas de [i]Titanic[/i] y con aspecto determinado y de Padre-del-País. Dos errores. Uno, los barcos tenían los lados bajos, el fondo plano, se balanceaban, giraban, se inundaban, eran pedazos de basura en los que te llegaba el agua a los tobillos. Y eso que no podías sentir los tobillos. A menos que llevaras botas. Había demasiados hombres y chicos mojados, enfadados, deprimidos, agitados y asustados, apiñados en los escasos botes en medio de un huracán de aguanieve sobre un río que era una carretera express de trozos de hielo gigantes en hora punta. La nieve se estaba amontonando en mi cabeza. Había nieve sobre mis hombros. Nieve en los ojos, nieve congelándose en un trozo de hielo en mis rodillas, nieve en mis dedos desnudos, entumecidos dedos, rígidos hasta el punto de no poder a penas moverlos y tener que dedicarte a relajarlos. Y por encima de todo, los tipos no pensaban mucho en que se trataba de una misión para crear una gran nación democrática. Estaban más preocupados por el hecho de que la nieve se estaba colando en los barriles de las armas y en las pistolas, y que la pólvora mojada podía no ser muy útil. Ese era el primer fallo de la pintura. La segunda cosa es que si George hubiera sido lo suficientemente idiota como para querer quedarse de pie en medio de todo esto, sus hombres habrían supuesto que era un lunático y se habrían dado la vuelta y dedicado a comer bollos. Si te hubieras esforzado, no habrías podido crear un viajecito en barco más miserable. Tipos remando como locos. Usando palos para evitar que los icebergs nos convirtieran en un puñado de Leonardo DiCaprios mal vestidos. “Ese es el tipo,” dijo Jake. Miraba hacia el barco que seguía la corriente alrededor de una docena de pies más allá a nuestra derecha. O a estribor, creo. El barco de Washington. Al principio pensé que se refería a que había visto a Visser Cuatro. Pero estaba mirando al Gran George. Ya sabes, es estúpido, supongo. Yo no soy ningún gran “agitador de la bandera”, ¿sabes? Pero ese hombre de allí, acurrucado en su abrigo mientras el hielo cubría su sombrero, ese era George Washington. Era difícil de digerir. Giré la cabeza, quitándome de encima algo de nieve. “Como dijo Tobias: [i]El Hombre[/i],” dijo Jake. “No él, no nosotros, quizá.” “Sí, Y Visser Cuatro podría estar ahora mismo en su barco.” Jake asintió. “Rachel está en ello.” “Hey, ya casi estamos ahí. Gee, odio ver cómo este crucero de placer llega—” ¡Ka-PopPopPopPopPopPop! Estalló una línea horizontal de llamas, cegadora en la oscuridad. Veinte, treinta, quién sabe cuandos mosquetes, todos disparando a la vez, una escuadra disciplinada. No pude ver el daño. Pero oí los gritos. “¡Media vuelta!” gritó alguien. ¡Una segunda descarga! ¡Ka-PopPopPopPopPopPop! Otra vez, la pólvora al explotar dibujó una terrible línea horizontal. “¡Nos han traicionado!” “¡Media vuelta!” “¡No! ¡Adelante!” Nuestro barco empezó a volverse, pero perdimos el rumbo y simplemente nos agitamos en el mismo sitio mientras los hombres daban bandazos atrás y adelante llevados por el pánico. En la otra orilla, ya no tan lejana, los mosquetes volvieron a abrir fuego. Los dedos se apretaban contra el gatillo. El martillo, de piedra, golpeaba el acero. Las chispas encendían la pólvora. Tosí levemente. La carga de pólvora principal ardió. ¡Pop! Voló una bola de plomo del tamaño de una canica. Pero no de una única arma. Un ejército de armas. Todas disparando a la vez. ¡Cincuenta, sesenta, cien explosiones! Cientos de balas volando, silbando al atravesar el aire. ¡Thunk! El hombre sentado delante de mí cayó hacia atrás. Su cabeza cayó sobre mi regazo. “¡Aaaahhh!” grité. ¡Thunk! Un remo se partió en dos. ¡Thunk! Un agujero apareció en la frente de Jake. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 20:[/b] <¡Nooooo!> Jake cayó directamente de espaldas sin ningún tirón o movimiento. Simplemente se desplomó. Una marioneta a la que le han cortado los hilos. Marco se lanzó a través del barco para cogerle. Vi el agujero. Estaba en el centro de la frente de Jake. La parte de atrás de la cabeza había desaparecido. No había duda posible. Estaba muerto. De pronto, lo comprendí. Lo que Ax había visto en la otra orilla no era a los más adelantados del ejército colonial. Eran los hessianos, preparándose para tender una emboscada. Visser Cuatro había reclutado aliados en este asesinato. Otro enorme estrépito cuando los hessianos dispararon otra carga. Más hombres murieron. La mitad de los hombres del barco de Jake y Marco estaban muertos o heridos. Podía ver a los hessianos. Hileras ordenadas y metódicas de soldados de ropas verdes. Hessianos. Mercenarios alemanes trabajando, luchando para los ingleses. Ni siquiera era su guerra. Los hombres estaban intentando darle la vuelta al barco de Marco y Jake. Intentando llevarlo de vuelta, alejarlo de las armas. Una descarga. Y ahora, explosiones más fuertes, más rotundas, con un cañón añadiendo su voz. ¡BOOOM! Un bote estalló por los aires. Era una carnicería. Otro bote volcó, lanzando a los hombres al agua. Los botes chocaban unos con otros. Los cuerpos se balanceaban hasta la borda para perderse en las negras aguas. La tripulación intentaba empujar a Jake. Aligerar el bote. Marco intentó impedirlo, pero se lo quitaron de encima. <¡Cassie!> grité. <¿Qué?> estaba alarmada, había oído los disparos. Pero no lo sabía. <Cassie… Jake… ¡su cuerpo! Tienes que recuperarlo. No puedes dejar que…> <¡Oh, Dios!> gimió. Vi su piel. Estaba río abajo. Se lanzó con fuerza contracorriente. Encontraría a Jake. Lo haría. Pero habría tantos cuerpos a través de los que buscar. Lo vi sumergirse, hundirse. Un trozo de hielo se deslizó por encima de él. Vi a Marco. Gritando. Llorando. Vi cómo el brazo de Washington era herido por una bala. No vi a Visser Cuatro. Pero sabía que estaba ahí. Así no había ocurrido. Los hombres de Washington habían pillado desprevenidos a los hessianos. La batalla la habían ganado los americanos. Alguien había advertido a los hessianos. Alguien les había indicado dónde esperar. Mi cabeza estaba echa un lío. Todo tan imposible. Jake. ¡Imposible! <¡Salvad a Washington!> dije. <¿Qué hacemos?> preguntó Tobias. ¿Hacer? ¡Y yo qué sabía! <¡Atacad!> estallé. <¡Los hessianos! ¡Atacadles!> <Rachel,> dijo Ax, <estos humanos hessianos sólo están haciendo lo que—> Pero mis dudas ya habían desaparecido. Atacar. Sí. <Han matado a Jake,> solté. <E intentan acabar con Washington. Pueden matar a Marco. ¡Van a morir! ¿Me has oído, andalita? Han matado a tu príncipe. [i]Cumple con tu deber[/i].> [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 21:[/b] Tobias estaba en su cuerpo de halcón. Yo en mi cuerpo de Andalita. Cassie estaba en el agua. Rachel en el aire. Marco estaba en un barco ardiendo. Y Jake, mi Príncipe, estaba muerto. Sólo yo me encontraba en posición de atacar a las tropas que disparaban. Sólo yo podía vengar la muerte de Jake. Corrí a través de los árboles sobre el suelo enfangado, resbaladizo debido al hielo. Los árboles estaban oscuros. Las espinas y zarzas me arañaban. Crayak se había cobrado su precio. Pero eso no significaba que las muertes fueran a terminar. ¿Tenía razón Rachel? ¿Debía atacar a esos humanos? Sólo mi forma haría ya cundir el pánico entre ellos. Pero eran soldados profesionales. Algunos echarían a correr. Otros no. Podría usar mi cola para dejar inconscientes a algunos. Pero volverían a agruparse. Sus oficiales dirigirían el fuego hacia mí. A menos que pudiera deshacerme de sus oficiales lo suficientemente rápido… Tendría que matar. Matar a hombres que deberían haber vivido. No sólo llevarme vidas, sino causar estragos en la historia humana. ¿Pero no había ocurrido ya eso? Esa batalla nunca debería haber tenido lugar. Estaban muriendo hombres que deberían haber vivido. ¿Qué debía hacer? ¡Ka-PopPopPopPopPopPop! Otra descarga. La línea izquierda de hessianos estaba a tan sólo unos segundos. Marco podía haber muerto en esa última descarga. O, si aún vivía, podía morir en la próxima. Corrí hacia el soldado más cercano. No me vio. Lancé mi cola. ¡FWAPP! La parte plana de mi cola golpeó un lado de la cabeza del soldado. El soldado cayó. ¡FWAPP! Otro menos, inconsciente. Se volvió un tercero, me vio, se quedó congelado, incapaz de apretar el gatillo de su primitiva arma de fuego. Le quité el arma de la mano. Pero ahora un oficial estaba gritando y más soldados se volvían, se volvían hacia mí, levantando las armas, con los dedos sobre el gatillo… Corrí. Me impulsé con mis patas traseras. ¡Ka-Pop! Salté. Volé sobre las cabezas de los hessianos mientras su fuego explosivo desgarraba el aire por debajo de mí. Aterricé con violencia, tropecé, me tambaleé, me recobré y me dirigí hacia el oficial. Sacó su espada. Era valiente. Pero ningún humano es lo suficientemente rápido como para esquivar una cola andalita. Su espada no me detendría. Mi cuchilla le separaría la cabeza de los hombros. No había elección. La matanza tenía que parar. Marco… el humano llamado Washington… no había elección. Mis ojos móviles observaron la oscura y húmeda ladera hacia el río. La mayoría de los hessianos aún disparaban. La gente de los barcos gritaba. Eché la cola hacia atrás. ¡FWAPP! [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 22:[/b] Cuerpos hundidos. Cuerpos flotando. Cuerpos que caían, atrapados en el fuego cruzado. Ojos vacíos y fijos blanquecían, muertos. Sangre. En todas partes. <¡Jake!> Lloré su nombre. A lo mejor, de alguna manera. De alguna manera el podría oírme. De algún modo Marco estaba equivocado. Subí a la superficie para aspirar aire, subí para escapar del horror bajo los barcos. Pero la superficie era peor incluso. Balas, dispararan en horripilantes descargas, continuaban atravesando barcos y huesos. Los hombres chillaban. Los hombres caían al agua. Era una matanza. No podía ver a Marco. O a Washington. ¿Estaban vivos? <¡Jake!> Ecolocalicé, las vibraciones rebotaron en grietas y témpanos de hielo y brazos y piernas. <¡Jake!> Golpee un cuerpo. Se giró. <Oh, Dios mío. Oh, Dios mío, Jake. ¡Jake! ¡Jake!> Me puse debajo de él y empecé a empujar su cuerpo a lo largo de la ribera. <Ven, Jake, ven conmigo. Te sacaré de aquí, ¡Oh, Dios!, ¡Oh Dios!> Las balas atravesaban el agua. Nadé hacia delante, obviamente, a través del agua helada. Podía sentir la ribera ante mí. Solo unos cuantos pies más. Solo… ¡Fuera! El peso de Jake ya no estaba en mi espalda. La ribera se havia ido. Los barcos… se habían ido. La luz del sol brillaba a través del agua. ¡Era luz diurna! <¡Jake! ¡Jake!> Ecolocalizé. No, ahí no había ningún cuerpo. Nada excepto un banco de peces. ¡No! ¡Un salto temporal! Salté por encima del agua. El sol estaba tras unas nubes. Una suave brisa soplaba. Y, moviéndose con esa brisa, naves marineras. ¡Docenas! Tal vez más. Llenaban mi horizonte en todas direcciones, sobresaliendo, altísimos, naves de madera con tres palos mayores, con enormes velas blancas ondulando, banderas ondeando. Jake no estaba ahí. Ya no. Me sentí enferma. Jake. Muerto. Pero no ahí, ni entonces. Visser Cuatro se había escapado otra vez. Y nosotros, como la cola de un cometa, lo habíamos seguido, desamparados. <¡Jake!> Lloré. No. El no podría responderme. El no podría responderme nunca más. Y ahora, otra batalla se preparaba. Otro lugar donde Visser Cuatro podría torcer la historia humana. Quizás la raza humana se lo merecía. Mi mente no sentía ningún dolor ya. Nada excepto culpa. Marco y yo íbamos a salvarle de Crayak. Íbamos a mantenerle vivo. Pero en un flash, en una batalla que nunca debería haber sucedido, en una guerra en la que nunca había prestado atención en la escuela, el había muerto. No podía sentir ese dolor. No podía. Era un agujero dentro de mí. Era un cuchillo retorciéndose. Pero bajo mis propias lamentaciones, de la mente humana, había otra. El delfín… si, el delfín solo sabía que el mar estaba lleno de peces, y eso era bueno. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 23:[/b] Volaba tras de Ax, con el corazón martilleándome, batiendo las alas arriba y abajo, arriba y abajo. Corriendo, acelerando salvajemente, sin descanso a través de ramas de árboles que a penas podía ver. Mi mente había desaparecido, había desaparecido ante la conciencia de lo que había pasado. Jake. No podía ser. No me cabía en la cabeza. ¡Era imposible! Divisé a Ax. Se precipitaba sobre un puñado de hessianos. Cayó uno. Otro. ¡Dio un salto! Les pasó por encima, aterrizó, y se dirigió hacia el oficial. Iba a matarle. Rachel le había dicho que lo hiciera. ¡No, estaba mal! Este oficial hessiano no era el responsable. Crayak. Él era el que había matado a Jake. Él era quien les había tendido una trampa a estos idiotas desesperados. <¡Sácanos de aquí!> grité. <¡Crayak, Ellimista, quien sea, sacadnos de aquí! ¡Lo dejamos!> No hubo respuesta. Ax se dirigió hacia el oficial. El hombre tenía una espada en la mano. Podía gritarle a Ax que parara. Podía… <¡Aaahhhh!> Una pared blanca se precipitó sobre mí, levantando una ola, enorme, ¡cubriendo el cielo! Me giré violentamente. No, no cubría todo el cielo. Podía ver el cielo. Me llevó unos pocos segundos comprenderlo. ¡Un barco! Un gran barco, y debajo de él, otro. Encima, también otro. El viento los dirigía hacia mí. Me cortaban la brisa, bloqueándola. Tenía que agitar las alas con fuerza para mantenerme arriba. Giré, fuera del camino el barco, y recuperé la corriente. Un salto temporal. Visser Cuatro se había movido otra vez. Había hecho todo el daño que podía hacer. Debajo de mí estaba el óvalo estrecho de un barco de madera. Tres mástiles, cada uno más alto que un árbol. Cuerdas, algunas tan anchas como la pierna de alguien, se extendían por todas partes, de mástil a mástil, de mástil a cubierta. Hombres uniformados con galones de oro y botas vigilaban a otros con monos blancos descoloridos, pecho desnudo y pies descalzos. Miré a mi alrededor. Había barcos en todas direcciones, aparentemente formando dos grandes líneas. Dos líneas tendidas a lo largo de kilómetros de océano en calma. Ambas se movían sin prisa, con majestuosa elegancia hacia una intersección. Cada barco amenazaba con sus cañones. <¿Marco? ¿Rachel? ¿Ax? ¿Cassie?> No hubo respuesta. Podían estar a millas y años de distancia. Vi a un solitario delfín moviéndose al ritmo del gran barco que había por debajo de mí. <¿Eres alguno de nosotros? ¿Marco? ¿Eres tú? ¿Cassie?> Estaba hablándole a un delfín. Estaba solo. Bajé en círculo hacia el barco. Me movía a su ritmo, yo y un puñado de gaviotas. El barco estaba muy adornado. La popa era un poco inclinada, con ventanas de marco dorado abriéndose a una habitación con una mesa. Volé para aproximarme. Me acerqué hasta que pude ver la mayor parte, sino toda la cabina. Entonces, con un par de aleteos rápidos, estaba dentro, súbitamente en aire estable. Aterricé sobre la mesa cubierta de cartas de navegación, mapas y papeles. Mis garras desgarraron el frágil papel. Había una pluma para escribir. Un bote de tinta. Libros con cubiertas de cuero. En inglés. Podía leer las palabras de la carta de navegación. Y podía darle sentido al mapa que mostraba la posición del barco. Estábamos en el Océano Atlántico. Cerca de España. Había un punto de tierra. Se llamaba Trafalgar. Salté de la mesa y empecé a transformarme. Si quería encontrar a Visser Cuatro tenía que poder moverme por el barco. E iba a encontrar a Visser Cuatro. Crayak podía ser el gran malvado, pero era este yeerk quien había matado a Jake. Y yo iba a encontrarle y ver lo bien que sabía nadar. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 24:[/b] Ax estaba a mi lado. Andalita, pero a mi lado. Estaba oscuro en el lugar en el que estábamos. Quizá era de noche, quizá no. Se entreveían velas turbias por algún lugar, lejos de la vista. Estábamos en un mundo hecho en madera. Un techo bajo de madera construido con enormes tablas, vigas como patas de elefante. Había un suelo de madera bajo mis pies descalzos, una rejilla, en realidad. Los cascos de Ax se tropezaban con los agujeros. El suelo estaba inclinado, cambiando progresivamente desde una superficie semi-plana a una definitivamente nada plana. A nuestro alrededor, formando una especie de pared, y ocupando un espacio oval, había cuerdas, apiladas en altas columnas casi hasta el techo. Cuerdas tan gruesas como los bíceps de Mark McGwire. <¿Dónde estamos?> se preguntó Ax. “Un bote. Un barco de alguna clase,” dije. “Abajo del todo. Transfórmate en humano, tío.” <Mejor todavía no,> dijo Ax. <Parece que estamos atrapados. Encerrados detrás de esta barrera de cuerdas.> Tenía razón. Estábamos atrapados. Intenté empujar un rollo de cuerda. Mis dedos temblaban. “Lo siento,” dije. <¿Que lo sientes por qué?> Me dirigí hacia la pared de cuerdas y vomité. Jake había caído al agua. Al agua. Le habían empujado y yo no había podido detenerlos. Un agujero en su cabeza. Como si alguien se lo hubiera hecho con un taladro. Le dije a Cassie que lo protegeríamos. Lo habíamos acordado: Crayak no le tendría. Pero había ocurrido tan rápido. Un minuto, nada. Al siguiente minuto, muerte por todos lados. Sin discusión., sin acciones heroicas, nada. Había sido cosa de un milisegundo. Y ahora… ¿qué podía hacer ahora por él? Nada. Nadie podía ayudarle. Sus padres… nunca volvería a casa. ¿Qué podía decirles? ¿Qué podía decirles nadie? Subí por las cuerdas y eché un vistazo por el estrecho hueco. Vi dos hombres, ambos de espaldas a nosotros. Llevaban puestos rudos monos que parecían hechos de lona. Más rígidos que los vaqueros sin estrenar. Uno era un tipo asiático. El otro, blanco. El hombre de piel más oscura llevaba un pequeño barril. El hombre blanco caminaba a hurtadillas detrás de él, llevaba una especie de porra corta de madera, y con ella golpeó con fuerza al otro hombre en la cabeza. Volvió a golpear al hombre asiático mientras caía. Mi boca se abrió para gritar. Pero la mano andalita de Ax estaba sobre mi cara. <Es él,> dijo Ax. Se las había arreglado para levantar sus ojos móviles lo suficiente como para ver. El tipo blanco –Visser Cuatro- cogió el barril y se lo llevó lejos de nuestra vista. “¡Tenemos que salir de aquí!” siseé, quitándome de encima la mano de Ax. “Transfórmate en algo lo suficientemente pequeño como para—” ¡FWAPP! ¡TWANG! Ax lanzó su cola, una vez y otra y otra, y en cada ocasión otro rollo de cuerda se partía. <Esto es más rápido. Estoy cansado de llegar demasiado tarde,> dijo Ax. “Tienes toda la razón, tío.” Visser Cuatro ya no estaba a la vista. Ax empezó a transformarse en humano. “Alcánzame cuando puedas,” dije. Me marché en la dirección en que había ido Visser Cuatro. Un pasillo que iba a izquierda y derecha. Una escalera hacia abajo. ¿Qué camino? Miré hacia abajo. Una huella parcial, dibujada en rojo. Sangre. Del hombre al que Visser Cuatro había golpeado. Seguí las huellas hacia abajo, hacia un piso aún más oscuro y tétrico. Y apestoso. Lo vi de pronto. Andaba inclinado, torpemente, cargando con algo pesado, arrastrándolo por el suelo. El barril. Algo salía del barril. Parecía líquido. No. Un polvo negro. ¡Pólvora! El Controlador estaba tendiendo un reguero de pólvora para poder encender la mecha, correr y volar por los aires el barril. Pero aún no estaba listo. Ni yo tampoco. Empecé a transformarme. Era una forma en la que ya me había transformado antes un montón de veces. Así que estaba acostumbrado a que mi cara se volviera de goma. A que el áspero pelo negro surgiera de cada centímetro de mi cuerpo excepto de mi cara. A que mis hombros y mi cuello se agrandaran hasta proporciones absurdas. A que creciera músculo sobre músculo. Ya he sido gorila antes. Pero ahora era diferente. Saboreé el poder de cada uno de mis músculos y nervios, y huesos de acero. Iba a disfrutar usándolos. <Hey,> dije. El Controlador que era Visser Cuatro se volvió. Lancé un puño del tamaño de una pelota de fútbol. ¡BOOOM! ¡La cubierta se agitó! Algo extraordinariamente poderoso había golpeado el barco. Mi puñetazo erró el blanco. Visser Cuatro salió corriendo. <¡Esta vez no!> grité y corrí en su busca. No sabía dónde estaba, o cuándo estaba, o quién dirigía el barco. Así que no sabía quién iba a ver a un gorila corriendo por ahí, y no me importaba. Visser Cuatro había cometido un error fatal. Esto era un barco. Sólo había dos formas de escapar: nadar, o usar la Matriz del Tiempo. Podía llevarme hasta la Matriz del Tiempo, o podía morir intentando huir de mí. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 25:[/b] “¡Teniente, señor!” “¡Silencio! ¡Preparad las armas!” “Pero, señor: ¡mire!” Lo que habían invitado al teniente a mirar era yo. Era humana, con unas ropas que definitivamente no eran las apropiadas, y plantada en medio de la cubierta superior de un enorme barco de vela. Simplemente había aparecido ahí. Hacía un minuto estaba en el bosque tras los hessianos, volviendo a mi forma, dispuesta a convertirme en oso pardo. Y entonces… El teniente era un hombre relativamente joven, de unos veinticinco años. A su lado había otra persona de uniforme, probablemente de no más de trece. A cada lado de nosotros había grupos de hombres inquietos alrededor de enormes cañones antiguos. Los cañones apuntaban en la dirección de otro barco que se acercaba más y más. El teniente, el chico y unos veinte hombres que había cerca de mí, estaban boquiabiertos. “¡Dios santo! ¡Es una chica!” explotó el teniente. “¡Un polizón!” dijo un hombre con una cicatriz. “Se va a morir con esa ropa.” El chico se quitó el sombrero e hizo una reverencia. “¿Me permitís escoltar a la joven abajo?” canturreó alegremente. “No, señor, no podéis. Presentadle mis respetos al capitán y al almirante, e informadles de que tenemos un polizón a bordo.” “Un polizón de infrecuente belleza,” dijo el joven, observándome y sonrojándose. Salió corriendo, mirando por encima de su hombro mientras se abría camino a trompicones hacia una plataforma elevada a lo lejos. Un puente de algún tipo. “De acuerdo, hombres, habéis visto mujeres antes que ésta. ¡Los franceses están ahí delante! Disponed las armas. Preparaos, hombres, esperad a mi orden.” Los hombres volvieron a sus cañones, pero mirando frecuentemente por encima de su hombro. Les ignoré. Estaba buscando una cara que hubiera perdido menos dientes y no tuviera cicatrices. Estaba buscando a— “¡FUEGO!” ¡BOOOOM! Una enorme explosión. Sólo el sonido podría haber matado a una persona de corazón débil. Era como si todos los cañones de la Tierra hubieran disparado a la vez. Los cañones retrocedieron violentamente en sus desastrados recintos de madera y les detuvieron con firmeza las gruesas cuerdas que los mantenían en su sitio. El humo formaba nubes ascendentes a ese lado del barco. No sabía cuántos cañones habían disparado, pero habían sido muchos. Treinta, cuarenta, cincuenta, no sé, pero sentía la conmoción como un puñetazo en la cabeza. El ruido me dejó medio sorda, con los oídos pitándome. Segundos más tarde… ¡BOOOOM! Esta vez el humo venía de los franceses. La barandilla, que no estaba ni a dos pies de mí, estalló en pedazos. Saltaron enormes trozos de madera. Un hombre había caído al suelo, gritando. La tripulación encargada de las armas ya se había puesto en marcha, introduciendo las escobilla, echando hacia atrás los cañones con brutal fuerza, trayendo redondas balas de cañón de acero, e introduciéndolas en la boca del cañón. A penas me fijé en el hombre que salió disparado a través de una escotilla detrás de mí. Pero definitivamente sí me fijé en el gorila que tenía detrás. “¡Marco!” Visser Cuatro echó a correr. Marco le siguió. No vacilé. Corrí tras ellos. Se oían gritos de consternación y asombro entre la tripulación. Los oficiales rugían órdenes. Un soldado con chaqueta roja, un marine, creo, intentó cortarle el paso a Marco. Marco lo apartó a un lado con suficiente fuerza para mandarle volando. Pero dos marinos de chaqueta roja más y un marinero arremetieron contra Marco y lo agarraron, haciéndole bajar el ritmo. Entonces se detuvo. Repentinamente. Una ráfaga de plumas rojizas, un destello de garras. Visser Cuatro retrocedió tambaleándose, agarrándose la cara. ¡BOOOOM! Los cañones volvieron a disparar. ¡BOOOOM! La respuesta de los franceses. Una bala de cañón pasó tan cerca de mi cara, que sentí el aire que levantaba. Caían más hombres. ¡Era un pandemonium! Un gorila, un halcón, una chica en leotardos, corriendo, persiguiendo a un hombre de piel demasiado clara, y dientes demasiado blancos mientras los oficiales de chaquetas azules rugían, rojos de rabia, y los marines de chaquetas rojas y los marineros con monos interpretaban una monstruosa escena de persecución. Visser Cuatro saltó y se cogió a un puñado de cuerdas. Era fuerte y ágil. Su cuerpo humano robado había pertenecido a un joven actor sin éxito. Se balanceó hacia una especie de compleja escalera de cuerda. Había sido un movimiento astuto. Tobias no podía acercarse por el riesgo a quedarse enganchado en el amasijo de cuerdas. Y a pesar de lo fuerte que era Marco, los gorilas no destacan por ser rápidos trepadores de árboles. <¡Estás muerto!> rugió Marco, quitándose de encima a un par de marines. Visser Cuatro echó un vistazo hacia abajo y siguió trepando. Ahora los cañones ya no disparaban en descargas regulares. Ingleses y franceses por igual disparaban tan rápido como podían. Era una loca carrera hacia la muerte. ¿Qué tripulación, ingleses o franceses, devolvería más rápido una tonelada de munición de cañón? ¿Quién aplicaría las escobillas al cuello del cañón, quién traería la bolsa de pólvora, el tejido protector del proyectil, la bala del cañón, quién empujaría el cañón contra la barandilla, quién apuntaría, y todo mientras te disparaban con cañón y mosquetes? No era mi problema. No era mi guerra. Mi guerra era contra Visser Cuatro. Empecé a transformarme. Oso no. Ni elefante. Marco había elegido el arma incorrecta. Este no era un trabajo para la fuerza bruta. Empezó a crecerme espeso pelo marrón. No esperé a que la forma se hubiera completado; empecé a avanzar. “¡Tú, vuelve aquí!” gritó alguien. Corrí. Mis pies descalzos sobre la cubierta de madera irregular, que había sido cubierta de arena para absorber la sangre. ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! Los cañones dispararon. Los sudorosos miembros de la tripulación trabajaban febrilmente. El humo me obstruía la garganta y hacía que me escocieran los ojos. Los barcos estaban ahora a unos pocos pies el uno del otro. Era simple violencia. Golpes de martillo, golpeando, golpeando, golpeando, mientras la madera iba quedando destrozada, y soltaban los cañones de sus amarres, y las velas y los mástiles y los amarres caían, y los hombres eran hechos trizas. El viento abrió un rasgón en la pared de humo. ¡Tobias! Lo vi claramente, agitando las alas con fuerza para salir de debajo de la trayectoria de caída de un enorme mástil. Apiñados en las plataformas de los mástiles, los marines disparaban febrilmente a los franceses. Visser Cuatro se introdujo y se perdió entre ellos, sin que se dieran cuenta. Cogí una cuerda. Los marineros eran increíblemente ágiles, subiendo y bajando de los mástiles y las cuerdas para girar el velamen, para sustituir las cuerdas que se habían roto. Al propio Visser Cuatro no se le daba mal. Pero ahora yo era un chimpancé. No ha nacido un humano capaz de alcanzar a un chimpancé en un árbol. ¡Ka-Pop! ¡Ka-Pop! ¡Ka-Pop! Disparaban los mosquetes. Me balanceé agarrada a las cuerdas y salí disparada a una velocidad y con una facilidad que hacían que incluso el marinero más habilidoso pareciera un viejo buey. Arriba y arriba, manos y pies, manos y pies, si ningún esfuerzo. Visser Cuatro estaba por encima de mí, y seguía subiendo. Entonces miró hacia abajo y me vio. Disfruté del miedo de sus ojos azules. Me encantó el miedo de sus ojos. <Efectivamente: Eres mío.> Repentino silencio. El cañón había dejado de disparar. ¡CRUUUUUNCCCHHH! Los barcos chocaron entre sí. Hubo un forcejeo de garfios volando, enganchándose a las cuerdas, los palos y la barandilla. Los dos barcos quedaron amarrados el uno al otro. Los soldados ingleses empezaron a saltar, lanzándose con gritos salvajes hacia el barco francés. ¡BOOM! Los franceses habían preparado un pequeño cañón para enfrentarse a la avalancha de ingleses. Media docena de hombres cayeron como bolos. Y peor aún, al menos para mí, los franceses tenían un par de pequeños cañones montados sobre pivotes en una de las plataformas del mástil de en medio. Estaban disparando a los amarres. ¡Ping! La cuerda a la que estaba sujeta se partió. ¡Caí! Mi mano izquierda salió disparada y se agarró a otra cuerda. Sin ningún esfuerzo. Éste era mi mundo. ¡Éste era mi ambiente! Visser Cuatro había subido tanto como podía, al punto en que el palo más alto cruza el mástil. Se agarraba al mástil. <¿Ahora a dónde piensas ir, yeerk?> le pregunté. “¡Márchate!” gritó con voz estridente. <No creo,> dije. <Tu historia termina aquí, ahora mismo.> “¡No! Déjame vivir y… y… ¡la Matriz del Tiempo! ¡Sabes que la quieres!” <¿Dónde está?> “¡Nunca la encontrarás sin mi ayuda!” dijo. Me echó a reír. <Es un barco. No es tan grande. La encontraré.> “No puedes matarme, andalita,” suplicó. <Oh, sí que puedo,> dije. <Tú has matado a alguien a quien quería.> Me lancé hacia el mástil, una mano tras otra. Tres segundos y yo— ¡Estaba cayendo! Caía, directa hacia el suelo, de cabeza, de modo que pude ver medio chimpancé colgado aún del mástil. Caía, dando vueltas, la comprensión filtrándose lentamente en mi cerebro moribundo: me habían partido por la mitad. Mi visión oscurecida aún vio a Visser Cuatro alardeando, riendo y— [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Tara[/b]

[b]Capítulo 26:[/b] El Chimpancé cayó a la cubierta. Fue una caída de 100 pies. La bala de cañón había separado la cabeza y el hombro y el brazo izquierdos del resto del cuerpo. <¡Rachel! ¡Transfórmate! ¡Transfórmate!> No hubo respuesta. Nunca habría una respuesta. Visser Cuatro se deslizó por el mástil, se aferró a una cuerda que conectaba con el trinquete (NdT: Mástil de menor importancia situado a popa), y se deslizó, gritando por el dolor que le causaban las quemaduras por el roce de la cuerda. <¡NOOO!> Grité otra vez. <¡Tobias!> chilló Marco desde más abajo. <¡Se está dirigiendo hacia la Matriz del Tiempo! ¡Conseguirá huir!> <¡Ella está muerta!> lloré. ¡Ka-BLAM!. <¿Qué? ¿Quién esta muerta? ¡¿Cassie?!> <Rachel,> grité. <¿No lo has visto? ¡Rachel!> <¡Oh, Dios, oh, Dios!> gimoteó Marco. <¡No es solo Jake! ¡Todos moriremos!> <¡Cassie! ¡Ax! ¿Donde estáis?> llamé. Descendí para interceptar a Visser Cuatro. Había alcanzado el trinquete. Marco empujaba a cualquiera que se cruzara en su camino, intentando cortarle el paso. Descendí, esquivando cuerdas, entre velas, mástiles y hombres. Visser Cuatro se agarró a una cuerda vertical y se deslizó. Pude ver el rastro de sangre que dejaba en la cuerda. Su pie golpeó la cubierta. Reajusté mi cola y mostré mis garras y rasgué su oreja derecha. “¡Aaahhh!” Capté un viento de cara y volví hacia atrás en un estrecho giro. Él dio un mal paso en el borde de una escotilla abierta y cayó a la cubierta inferior. Se levantó y salió corriendo. Le seguí, zambulléndome en la oscuridad. Ahora estaba en desventaja. Estaba apretujado, entre bajos techos y con hombres heridos siendo transportados por debajo de mí. Agité las alas furiosa y salvajemente, pero no pude alcanzar a la figura, que nunca retrocedía. <¡Marco! ¡Necesito ayuda! ¡Se dirige hacia delante!> Tomé una brusca curva. ¡Blam! Un muro. Golpeé la cubierta, aturdido pero no inconsciente. ¡Izquierda, derecha! ¡Desaparecido! <¡Lo he perdido!> <¡Lo veo!> gritó Ax. <¡Ax! ¿Dónde has estado?> <Me transformé en humano, y me hirieron. Ahora estoy en mi forma, y sigo al controlador.> Me elevé con gran dificultad. Sin viento de cara, ni de cola, ni una corriente, y un techo bajo sobre mí. No era lugar para un pájaro. Me elevé y aterricé, me elevé y aterricé. Entonces dencedí, bajé por una escalera, giré a la izquierda y… Un andalita corriendo. Le seguí. Irrumpimos en un cuarto pequeño. Un barril que solo podía contener pólvora yacía apoyado en un muro curvo. El casco. Un rastro de pólvora surgía del barril y atravesaba una puerta. Ax y yo corrimos hacia la puerta. Y ahí, dentro, brillando y flotando, estaba el gran globo. Y Visser Cuatro. Empuñaba una pistola de yesca. Amartillada. Pero no nos apuntaba a nosotros. Apuntaba al rastro de pólvora. Sonrió, con una sonrisa que se tornaba desagradable por el hecho de que pareciera continuar en una línea roja hasta sus orejas. “Buen intento, andalitas.” Disparó. La pólvora ardió. La Matriz del tiempo desapareció. Visser Cuatro había huido. El rastro de pólvora ardió y crepitó mientras doblaba la esquina. Miré a Ax. Giró una de sus antenas oculares hacia mí, y dijo una palabra que seguramente había aprendido de los humanos. <¡Coge el barril!> grité <¿Qué?> <Es una bomba, Ax-man. El rastro de pólvora llega hasta el barril explosivo. ¡Si lo alcanza, BOOM!> Ax dudó sólo un segundo. Entonces corrió. Yo revoloteé tras él. Marco llego entonces a la habitación. Ax chasqueó su cola. ¡FWAPP! La cuchilla cortó el rastro de polvora cuando la llama apenas estaba a unos centímetros del barril. Desgraciadamente, la cuchilla de la cola de Ax provocó una chispa. La pólvora que restaba ardió de nuevo. <Oh-> Empezó a decir Marco. [b]©1999 K.A. Applegate 2005 de la traducción de Sheol-pelotos[/b]

[b]Capítulo 27:[/b] Calma. Eso fue lo que noté primero. Todo estaba tan calmado. Sin cañones. Sin mosquetes. Sin gritos. Abrí mis ojos. Estaba en la base de un árbol. Un árbol caído. El árbol era rojo y dorado. Magnífico. Me tambaleé sobre mis garras. Habíamos dado un salto en el tiempo. ¡Lo logré! ¿Y los demás? Miré los alrededores. Ninguna batalla. Ningún ejército. Vi grandes edificios. Edificios antiguos hechos de piedra. Lo primero que pensé fue que era un campus universitario. Nadie más. Sin Marco. Sin Ax. Sin Cassie. Sin Rachel o Jake. ¿Era yo el único que había quedado con vida? Después vi a unos chicos caminando, vistiendo chaquetas deportivas, todo llevaban libros en sus brazos. Miré más allá de ellos, usando mis ojos de halcón para ver a través de las ventanas, para ver los salones de clases. Tenía que ser una universidad. Los chicos parecían demasiado “mayores” como para ser de bachillerato. A pesar de que todos ellos parecían raros: cabello corto, incluso como el corte de cabello que usan los militares. Y algo más: casi todos eran hombres. Los profesores eran exclusivamente hombres. Aquí y allá había una chica estudiante. Pero no demasiadas. Y después me di cuenta de algo que me costó más tiempo reconocer: todos eran de tez blanca. TODOS. No sería fácil localizar a Visser Cuatro aquí. El cuerpo de su portador era de tez blanca. Y casi del mismo corte de pelo que el de estas personas. Hablé por telepatía <Ja…> No. No a Jake. Tampoco a Rachel, a menos que hubiese ocurrido un milagro. <Marco. Ax. Cassie> ¿Eso era todo? ¿Cuatro con vida? Quizá no. Quizá menos. Quizá sólo yo. Me sentí enfermo. Rachel no había sobrevivido. Había muerto antes de caer a la plataforma. Ax y Marco estaban a punto de salir volando en pedazos. ¿Y Cassie? ¡No la había visto! ¡No sabía nada de ella! <¡Ax! ¡Marco! ¡Cassie!> Nos habíamos estado separando cada vez más en el tiempo y el espacio. La resonancia, este rastreo extraño de la Matriz del Tiempo nos ha separado. Como un eco que crece cada vez más débil. Me posé en un árbol y comencé a transformarme. Necesitaba ser humano para.. Mejor no. Me detuve porque al transformarme sería un humano con estúpidas ropas de transformación. Primero, necesitaba poder pasar. Si ésta era una universidad, debería haber dormitorios, y una ventana abierta. Diez minutos después, me transformé en humano vistiendo pantalones flojos con bolsas, una camisa blanca y un suéter con cuello en forma de V. No pude hacer nada con mi cabello desgreñado y rebelde. Todos tendrían que aceptarlo. Bajé las escaleras del dormitorio, cargando algunos libros. Sólo podía esperar que nadie reconociera la ropa que traía puesta como suya. Pero, todos tenían pinta de Los Estudiantes de Stepford [i](NdT: Stepford Students: Obra de teatro y/o programa de TV)[/i], vistiendo la misma ropas. ¿Cómo podrían asegurar que eran sus prendas? Abrí uno de los libros. Estaba marcado: Universidad de Princeton. La fecha de publicación era 1932. No quería decir que estaba en el año 1932, pero sí que no era ninguna fecha anterior a 1932. Era un libro de historia. Le eché un vistazo. Revolucionaria guerra. Guerra revolucionaria. No ninguna lista. Pero sí había un listado debajo de las palabras “Rebelión, colonial.” Rápidamente cambié de página. Encontré lo que estaba buscando. “La rebelión fue sofocada después del desastroso intento organizado por el rebelde George Washington de atacar tropas aliadas a Gran Bretaña procedentes de Hesse [i](NdT: Hesse, Estado en el sur de Alemania)[/i]. Al tratar de cruzar el río Delaware, tropas rebeldes fueron emboscados por los aliados de Hesse, quiénes habían sido alertados por un residente local. Washington fue fatalmente herido, muriendo tres días después bajo custodia de Gran Bretaña” “Residente local”. Visser Cuatro. Lo comprendí todo. Yo estuve ahí. ¿Cuánto tiempo hacía de eso? ¿Ciento cincuenta años o más? ¿O sólo una hora? No mencionaban la muerte de un rebelde desconocido. Un chico con una bala en la cabeza. Volví a la página de contenidos. Otra palabra llegó a mi mente “Trafalgar.” Ninguna mención de Rachel. Ninguna mención de gorilas, chimpancés o halcones. El texto solamente explicaba que la Marina Británica fue derrotada por una flota compuesta por barcos españoles y franceses. El Almirante Lord Nelson fue asesinado cuando su barco “Victoria” fue hundido por una explosión en el mar. Sacudí la cabeza. No sabía cómo se suponía que tenía que salir. Nunca había oído nada de Trafalgar. No sabía ni que guerra era esa. Cerré el libro. Alcé mi vista y vi una bandera pequeña ondeando en un mástil. Era un azul pálido con el escudo de Gran Bretaña en una esquina. La Universidad de Princeton no tenía ondeando la bandera americana. Nadie tenía ondeando la bandera de los Estados Unidos. No existían los Estados Unidos. Lo que había en su lugar, no lo sabía. Excepto que los Estados Unidos de América murieron en la noche tormentosa en el río Delaware. De repente, abajo en un camino entre dos edificios, apareció un delfín. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Mariel “chiclez”[/b]

[b]Capítulo 28:[/b] La batalla tenía lugar a mi alrededor, por encima de mí, en la superficie. No me importaba. Yo era un delfín. Era feliz siéndolo. Pude meterme en su mente, su alegría natural, su sensación de aventura, y escapar del terrible dolor. Jake se había ido. No podía pensar en eso. No podía aceptarlo. Era como una hirviente brasa encendida que no podía tocar. Algo estalló a mi alrededor. Era estúpido. Todo esto, tan estúpido. Las batallas cósmicas entre Crayak y el Ellimista, toda esta batalla, esta estupidez, esta estúpida forma de desperdiciar la vida. Sacudí la cabeza para olvidarme de eso. Solo olvidar… Olvidarme del dolor y la estupidez de todo esto. Escapa, Cassie. Huye. No. No podía. Ya lo había intentado, había tratado de olvidarme de la guerra. Y no lo había logrado. Traté de convencerme, me impulsé con fuerza en el agua intentando encontrar un camino libre entre las líneas del lento movimiento de los barcos. <No puedes dejarlo,> me dije a mí misma. <Allí todavía están Rachel y Marco, y Tobias y Ax.> Pero regresar significaba aceptar el hecho de que ya no volveríamos a ser seis. Volver significaba admitir que Jake se había ido. Entonces, de repente, me encontré tirada en unas rocas, seca. Por supuesto. Que tonta había sido. No podía escapar. Seguía unida a la matriz del tiempo. Y ahora me encontraba atrapada, sin ayuda, sin poder resistirme, sin poder escapar. Tal vez solamente podía engañarme. Un delfín, tirado en alguna parte, por algún tiempo, probablemente algunos nuevos puntos en la guerra… Yo no quería volver a ser humana. Quería permanecer dentro de la mente del delfín. Pero, por supuesto, eso no podía pasar, ¿no? El delfín no sería feliz por siempre. Sus instintos empezaban a recibir señales de pánico. ¡Varada! ¡Sin agua! ¡Sin ayuda! Tenía que recuperar mi forma. Alguien me estaba mirando. Se arrodilló junto a mí. “¡Vamos! ¡Deprisa! ¡Transfórmate!” dijo Tobias. “¡Está viniendo gente!” Demasiado tarde. Mi ojo izquierdo alcanzó a ver un grupo de gente acercándose a nosotros. Tres muchachos, tendrían 19 o 20 años… <¿Dónde estamos?> pregunté “En la universidad de Princeton. No me preguntes por qué.” <¿Y los otros? > “No los he visto por ninguna parte,” dijo Tobias. “No sé… Ax y Marco estaban conmigo hasta hace un rato. Tal vez ellos provocaran esto. No lo sé. Pero Rachel… Ella…” No necesitaba decirlo. <No, no, no,> exclamé. “Yo no terminé con Jake,” dijo. “Todos… Mira, tenemos que terminar con esto. Tenemos que atrapar a este tipo. Así que, transfórmate, hay trabajo que hacer.” Mi hocico desapareció, mis dientes se encogieron formando los míos propios. Lo hice todo automáticamente. ¡Rachel! Yo debía haber estado allí con ella. Había huido para protegerme a mí misma. La había abandonado cuando más me necesitaba. “¿Qué es eso?” dijo un chico de acento sureño, y echó a trotar hacia nosotros. “Es un delfín convertido en chica,” dijo Tobias. “Te lo explicaría, pero no lo ibas a entender…” “¡Dios mío!” Otro estudiante, no muy alto y de cabello oscuro, susurró, “¡Tenemos que ver a un médico!” Sus ojos estaban blancos del terror. No podía culparlos, yo era una masa de carne, goma y huesos que cambiaban de lugar. Las piernas me estaban creciendo de la espalda de delfín y los brazos de las aletas. “Sólo sigue transformándote,” me decía Tobias. “Tenemos que atrapar a Visser Cuatro, olvídate de la seguridad, no tenemos tiempo para preocuparnos por eso. ¡Hey!, ¿alguno de vosotros sabe en que año estamos?” “¿Por qué? ¡Es una chica de color!” dijo uno de los muchachos. Me miró con sus preocupados ojos azules. “Nunca he visto nada como esto.” “Hey, chicos, ayudadnos, ¿vale? ¿En qué año estamos? ¿En qué país?” “No le respondáis, ¡puede que el sea un espía!” Yo ya era casi totalmente humana. Me levanté sacudiéndome. “Disculpad,” dije. “Sé que esto es algo impresionante.” “¿Cómo has hecho eso?” me encaró el tipo del acento sureño. Y luego, con ese mismo acento, añadió algo que no puedo repetir… [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Erek[/b]

[b]Capítulo 29:[/b] Fue como una bofetada. No podía contestar. Simplemente le miré boquiabierta. “¿Cómo la has llamado?” preguntó Tobias. El estudiante empujó a Tobias por el pecho y lo tumbó. “No te hablo a ti, pequeño. Estoy hablándole a esta criatura, la de aquí,” me agarró por el hombro y me sacudió. “Habla más alto cuando un hombre blanco te hace una pregunta.” “Ey, esto no es Alabama, Davis,” protestó el estudiante bajo. Davis le ignoró. “No me digas cómo tengo que tratar con negros, Friedman. La mayoría son esclavos fugados.” Eché un vistazo a Tobias. En su forma humana podía hacer poco. Y tendría que pasar por su forma de ratonero antes de llegar a lo que Marco llamaba “artillería pesada”. Pero eso estaba bien. Esa pequeña batalla era toda mía. No quería ninguna ayuda. “¿No le gusta la gente negra, señor Davis?” dije amablemente. “No importa. Puedo volverme blanca. Míreme.” La mayoría de las veces, probablemente le hubiera dejado ir. Me habían llamado así antes. Ya había tratado con racistas. Sabíaque la mayoría de la gente así sólo eran tristes idiotas de mente débil. Así normalmente evitaba a gente así. Pero había estado en tres guerras desde el desayuno. Había visto cómo disparaban a Jake. Acababa de digerir que Rachel, mi mejor amiga, se había ido. Estaba triste y avergonzada y llena de furia, todo a la vez. Así que esto no era “la mayoría de las veces”. El pelaje blanco comenzó a crecer en mi cara. En realidad, estaba llena de pelaje, grandes huecos de pelaje que estaban destinados a mantener al oso polar cálido. Ya parecía blanca por completo. Mis manos se hincharon, grandes como platos. Grandes y afiladas garras se extendieron por las puntas de mis dedos. Me estaba volviendo blanca. Y grande. Muy, muy grande. “¡Es algún tipo de truco vudú!” gritó Davis. Tobias estaba de pie, con los brazos cruzados sobre su pecho, observando calmadamente. “Vosotros dos, puede que queráis marcharos, porque no creo que Davis vaya a tener un buen día. Me hacía más y más grande. Davis empezó a retroceder, chocando contra la pared de un callejón. Pero el más absoluto asombro e incredulidad le impidieron correr hasta que fue demasiado tarde. Finalmente, echó a correr. Planté mi pata delantera en la pared como un martinete, y bloqueé su camino. <¿No te gusto?> pregunté. Se giró hacia el otro lado. Planté mi otra pata y volví a bloquear su salida. “¡N-n-no me m-mates! ¡No me mates!” se giró hacia Tobias. “No dejes que me mate.” Tobias se encogió de hombros. Con un repentino movimiento, abrí mis garras, torcí la cabeza y sujeté la cabeza de aquel tipo con la boca. “¡HhhhRROOAARRR!” Las mejillas de Davis vibraron con aquel sonido. Su cabello se encrespó. “Personalmente, si yo fuera tú, me disculparía,” sugirió Tobias. Davis balbuceó su disculpa dentro de mi boca. Aún siguió pidiendo perdón después de que le dejara tirado en la hierba. “¡Oh, Cassie! ¡Eso es [i]tan[/i] Rachel!” dijo Marco. Reconocí la voz de inmediato. Venía de detrás de nosotros. Y eso era suficientemente sorprendente. Pero entonces… “Cierto,” dijo Rachel. “¿Qué estáis haciendo? ¿Suplantarme?” “¡Rachel!” gritó Tobias. “Y al milisegundo la había rodeado con sus brazos, la había agarrado y la había besado. Luego la abrazó hasta donde le llegaron los brazos. “¡Estás muerta!” <¡Rachel! ¡Estás muerta!> repetí. “No, no lo estoy,” dijo Rachel. “Sí, si lo estás. ¡Yo lo vi!” gritó Tobias. “De verdad que [i]no[/i] estoy muerta.” <Estoy convencido de que no está muerta> dijo Ax. Estaba en su forma andalita, en el adoquinado de un frondoso campus. Ojos Azules dejó escapar un gemido. “¿Quiénes sois vosotros? ¡No sois humanos!” <Correcto. Yo soy un andalita,> dijo Ax. “Vamos a centrarnos,” interrumpió Marco. “Rachel recuerda haberse transformado en chimpancé. Recuerda haber trepado al aparejo. Luego, nada. De repente ella está aquí, y aquí estoy yo, y de paso, no me quejo, porque al menos nadie está disparando, pero ¿dónde es [i]aquí[/i]?” “La Universidad de Princeton,” dijo Tobias. “¿Qué? ¿Por qué?” “Buena pregunta. Ahora, queremos algunas respuestas,” dijo Tobias, asiendo a Friedman y al chico de compasivos ojos azules. “Empecemos por las fáciles: ¿En qué año estamos?” [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Rubén de Alarcón [Erik][/b]

[b]Capítulo 30:[/b] “Estamos en mil novecientos treinta y cuatro,” dijo Ojos Azules. Luego añadió: “Señor.” Miré a los otros, perplejo. Sacudí la cabeza. ¿1934? ¿Universidad de Princeton? ¿Por qué? <¿Está pasando algo aquí? ¿Algo inusual?> preguntó Cassie a los estudiantes. <Quiero decir, aparte de él y yo.> Sacudieron la cabeza. “Hay algo extraño en todo esto,” dije. “Agincourt, una guerra, Washington cruzando el Delaware, una guerra, Trafalgar, una guerra, ¿y luego esto?” “¿Qué es Trafalgar?” preguntó Marco. Los estudiantes debieron pensar que se lo preguntaba a ellos. “Fue una batalla naval entre Bretaña y Francia. Los británicos perdieron, los franceses vencieron. Nos llevó a tener que firmar la paz con Napoleón.” Cassie me miró otra vez, como si yo entendiera. Me encogí de hombros. “No sé, es un lío. Lo que fuera que tenía que pasar en Agincourt, creo que pasó. Salvamos al rey y todo. Pero Washington no tenía que morir, y lo hizo. Y creo que los ingleses tenían que ganar, pero no lo hicieron. Así que… ¡así que no sé!” <Puede que tenga una idea,> dijo Cassie. <Quizás Visser Cuatro se ha buscado su propia ruina. Está aquí esperando algo, ¿no? Pero a lo mejor lo que sea que está esperando ha sido alterado por lo que él ya ha hecho. Cambió el pasado, así que lo que fuera que se supone que debía pasar aquí y ahora, no está pasando.> “Me va a explotar la cabeza,” dijo Marco. “Necesitas ser Einstein para entenderlo…” “¿Einstein?” interrumpió Friedman. “¿Te refieres a Albert Einstein, el físico alemán?” “Sí. Albert Einstein. ¿Es que hay otro?” dijo Marco. “Pero está en Alemania.” “Sabéis,” interrumpió Ojos Azules, “había un pirado en la oficina de Dean gritando algo sobre Einstein. Vestía con ropas antiguas, de marinero, quizás. Al principio pensé que era miembro de la facultad de filosofía, pero…” “¿Con una herida grande en un lado de la cara?” “Pues sí.” Marco chasqueó los dedos. “Eso es. ¡Visser Cuatro vino aquí para matar a Einstein!” “Pero no está aquí,” dijo Rachel. “Exacto. Pero se [i]suponía[/i] que tenía que estar. Visser Cuatro no se dio cuenta de que ya había cambiado el tiempo. Algo que pasó en Agincourt, Delaware o Trafalgar llevó a esto.” “Tío,” le espeté a Friedman. “¿A qué es ‘e’ igual?” “¿Qué?” “’E’ es igual a…” “¿Con ‘e’ te refieres a energía?” dijo Friedman. <No lo saben,> dijo Cassie. <No saben que ‘e’ es igual a ‘mc’ al cuadrado.> “Quizás Einstein no lo sabe aún.” <Sin “e” igual a “mc” al cuadrado, no hay bomba atómica.> “Sí. La pregunta es: ¿eso es algo bueno, o malo?” [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Rubén de Alarcón [Erik][/b]

[b]Capítulo 31:[/b] Cassie dejó que Davis se fuera. También dejamos ir a los demás chicos. No nos preocupamos acerca de lo que podrían hacer. Suponíamos que no íbamos a estar en la Universidad de Princeton por mucho tiempo. ¿Qué iban a hacernos? ¿Arrestarnos? Habíamos estado con personas armadas con mosquetes, espadas, lanzas, flechas y cañones. Los policías de un campus universitario no representaban un gran problema. “Mirad, Visser Cuatro ya ha descubierto que Einstein no está aquí,” dijo Rachel. “Va a volver a viajar en el tiempo de nuevo. Quizás ya lo ha hecho. Necesitamos un plan. Rápido.” “O al menos una pista,” murmuró Cassie. Había vuelto a su forma normal. Miró a Rachel de manera extraña. “Tobías vio como te partieron en dos, Rachel. ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué estas viva? ¿Y por qué no… por qué no Jake?” “No lo sé,” admitió Rachel <El Drode dijo que Crayak sólo pedía una vida como pago,> indicó Ax. <Las condiciones fueron negociadas entre el Ellimista y Crayak. Quizás el Ellimista tenía sus propias demandas: Que sea [i]sólo[/i] una vida> Tobias dijo… “Espera, ¿estás diciendo que el resto de nosotros [i]no puede[/i] morir? <Sólo estoy especulando. No quiero poner a prueba mi teoría.> “Sí, mejor no,” aceptó Cassie. Rachel golpeó con el puño la palma de su mano. “Tenemos que atrapar a Visser Cuatro. Es lo principal.” “De acuerdo,” dijo Tobias. “Visser Cuatro es el punto central.” “No.” Todos clavaron sus ojos en mí. “No,” repetí. “Ese no es nuestro propósito principal. No es Visser Cuatro. Es la Matriz del Tiempo. Mirad, Washington ya está muerto. Los ingleses ya perdieron en… ¡no importa qué! Einstein… No sé, no está donde debería estar, no está haciendo lo que debería estar haciendo.” “Entonces, debemos seguir luchando contra Visser Cuatro.” “No. No. ¿Chicos, no lo entendéis? No es suficiente con atraparlo. Necesitamos la Matriz del Tiempo para que usarla nosotros. Porque Washington debe cruzar el río Delaware. Y el Almirante Nelson probablemente deba derrotar a los franceses. No es solamente detener a Visser Cuatro. Debemos regresar en el tiempo y re-escribir la historia.” Todos se quedaron mirándome, otra vez. La boca de Cassie estaba abierta. Rachel estaba empezaba a sonreír. Me quedé frustrado. “¿Seguís sin entenderlo? Tenemos que conseguir esa estúpida Matriz y regresar en el – ¡Oh, Dios!” Entonces lo entendí. Lo que habían entendido los demás. “Jake,” dijo Cassie. Ax se veía indeciso. <Crayak pedía una muerte.> “Y tuvo una muerte,” dijo Tobias. “Jake murió. ¿Habrá una ley en la que se diga que deba permanecer así?” Intercepté la mirada de Cassie y ambos apartamos la vista. Habíamos sido ingenuos y tontos. Habíamos pensado que podíamos salvarlo, que podíamos detener la muerte. No habíamos tenido oportunidad de alertarlo. Hubo un ruido en el final del pasillo. Dos oficiales de policía estaban paseándose, aburridos, hasta que notaron la presencia de Ax. Sacaron sus pistolas. “¡Que n-n-n-adie se mueva!” “Todo está bien oficial, no hay nada de – “ De repente, yo estaba en el centro comercial. Gente corriendo. Oí que alguien hablaba. “Simplemente apareció esa bola enorme. Justo en frente de –“ Entonces, de pronto, estaba en un vacío desierto, abierto, a media luz o como un amanecer, era imposible de describir. “¿Qué rayos…?” Vi a Rachel saltar. Estaba tan confundida como yo. También Ax. Instantáneamente estaba en el punto más bajo de una montaña, había gente amontonada a mi alrededor. Algunos llevaban puestas togas. No era una fiesta social. Ni una fiesta de vamos-a-beber-cerveza-con-togas. Eran las togas originales. Y el edificio que estaba en la cima de la montaña tenía largas columnas blancas. Lo he visto antes. ¿Cómo se llamaba? ¿El- el… Coliseo? No. <¡El Partenón!> exclamó Tobias, bajando en picado, un poco por encima de mi cabeza. “¿Qué está pasando?” Le grité <Visser Cuatro,> dijo Ax, y de repente ya no estaba a cinco pies, estaba a punto de ocasionar un alboroto entre los griegos. <Está intentando extender el efecto de difusión> “¿Quieres decir que está tratando de perdernos?” <Exactamente. Está saltando muy rápido en el tiempo, para retrasarnos. Evidentemente, lo que él está planeando requiere – > Estaba en una ladera llena de pastos. El lugar era cálido. Pero se iba a poner más cálido aún porque arriba de la ladera, detrás de una barricada llena de basura, trozos de madera y fajos de heno, había un hombre. Barriles largos de pistolas estaba insertados al otro lado de la barricada. Ladera abajo había un ejército vestido de color gris. Llevaban pistolas, espadas y sostenían grandes banderas en lo alto. Caminaban resueltamente hacia la montaña. “Vale, saltemos otra vez en el tiempo,” murmuré. “No hay que quedarse aquí. Mejor nos vamos a otro lugar – “ Una ola de agua congelada me golpeó en la cara. Sabía a sal. Me tambaleaba otra vez sobre un bote. Pero éste era más pequeño, abierto. Acero. Acero gris al lado mío. Una caja gris abierta. Algunos hombres me empujaron. Vestían ropas de color verde oscuro. Cascos abrochados sobre las cejas. Hombros encorvados, sobresaltados, caras blancas del susto, dientes al descubierto, ojos abiertos. Ba-¡WHUMPF! Una explosión me empapó como alguna especie de spray. Movió el bote como un golpe de martillo. “¿Quién rayos eres tú?” me preguntó un sargento. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Mariel “chiclez”[/b]

[b]Capítulo 32:[/b] “¿Dónde estamos?” pregunté, escupiendo las palabras. El miedo era contagioso. ¡Ba-WHUMPF! ¡Ba-WHUMPF! Explosiones por todas partes. “¿Eres algo así como un polizón, niño?” dijo el sargento, riendo desganado. “Has elegido un lugar horrible al que escaparte”. “Sí, bueno, no sé si me quedo o no. ¿Dónde estamos?” pregunté otra vez. “Estamos en el Canal de la Mancha, hijo, pero pronto llegaremos a Francia. Normandía.” Normandía. Incluso yo sabía lo que eso significaba. Había visto las pelis. El Día-D. La Segunda Guerra Mundial. La invasión a Europa de las fuerzas americanas y británicas. Sólo que no había ningún sitio conocido como ‘América’. “Oh, no” susurré. El sargento se rió. “Sí: ‘¡Oh, no!’ Aquí vamos, señoritas. Mantened las cabezas bajas, y las armas altas y secas.” ¡Scrrrunch! El bote sufrió una sacudida y se detuvo. La rampa bajó. ¡RAT-TAT-TAT-TAT-TAT-TAT-TAT! El sargento cayó con dos agujeros en el pecho. Todos los hombres caían a mi alrededor. Era como lo del Delaware otra vez, sólo que ahora la muerte era más rápida. Eché un fugaz vistazo a la playa arenosa. Hombres tendidos boca abajo, vivos o muertos, quién podría decirlo. Un risco cubierto con alambre de púas, bajo un amenazador búnker de hormigón. Me dejé caer sobre el trasero, miré alrededor, y me eché al suelo. Los hombres cayeron encima de mí. Empecé a transformarme. ¡RAT-TAT-TAT-TAT-TAT-TAT! No tenía una forma suficientemente fuerte para esto. Era una masacre hecha con artillería. Necesitaba volverme pequeño. Demasiado pequeño para que las balas me encontraran. Iba a volar, e iba a hacerlo rápido. La sangre de los otros me caía encima. Estaba gritando. Ya no me importaba. Simplemente me marchaba de allí, con vida. Me encogí. Los cuerpos que me cubrían se hundieron. ¡RAT-TAT-TAT-TAT-TAT-TAT! Las balas de las armas continuaban alcanzando a la gente por encima de mí. Los que aún seguían vivos no lo seguirían estando mucho tiempo. Y yo mismo habría muerto, de no ser por aquellos hombres cuyos cuerpos me protegían. Encogí. Mis huesos crujieron y se arrugaron y finalmente se disolvieron y desaparecieron. Mis ojos se hincharon mucho, se fraccionaron, brillantes, y luego encogieron como el resto de mi cuerpo. Las piernas salieron de mi pecho. Mis propios brazos y piernas se alargaron, segmentados. Pelos afilados como cuchillas sobresalieron más de lo normal. Pero yo no me estaba enterando mucho. De hecho, de lo que me enteraba era de que mi cabeza estaba a punto de estallar. Demasiada muerte, y destrucción, y terror. Por muy mala que mi vida haya sido a veces como Animorph, ahora había visto un combate duro de verdad, y era peor. Los hombres que habían muerto en esta batalla habían sido como Jake: No habían tenido elección. Aquí, en Agincourt, antes en el Río Delaware, o en los preciosos y lentos barcos de vela. No había ninguna diferencia. Se quedaron de pie, frente al enemigo, y fueron masacrados. Las flechas encontraron gargantas. Las espadas encontraron carne vulnerable. Los cañones mutilaron miembros. Las balas penetraron limpiamente en los órganos, en una ronda de agujeros, y salieron entre un asqueroso revoltijo. Hombres muertos sin tener nunca la oportunidad de resistirse, de luchar, de correr, de gritar, de prepararse, de asombrarse. Durante un segundo, estaban asustados, eran valientes y estaban vivos. Al siguiente, estaban muertos. Como Jake. Cassie y yo habíamos jurado protegerle. Pero aun así, nunca había habido ninguna posibilidad. Me encogí y me transformé, cada vez menos y menos humano. Unas alas membranosas me salieron de la espalda. Mi cara, mi lengua, mi boca y mis dientes se fundieron, se unieron, prolongándose en una trompa hueca a través de la cual podría producir saliva y succionar comida líquida. Mis ojos de mosca vieron un mundo de imágenes fragmentadas, partidas, un espejo roto. Los espejos rotos se llenaron de enormes extremidades que estaban ordenadas en torno a mí, como una jaula. Abrí mis alas y me elevé entre el laberinto de brazos, piernas y cabezas, en el aire. Las explosiones me sacudieron. Pero no me tocaron. Las balas no me tocarían, como no fuera en el más remoto de los casos. El aire aún estaba tan denso que seguía teniendo miedo de volar muy rápido. Arriba, fuera del bote, que ahora iba a la deriva, su timonel yacía muerto junto con cada hombre que había intentado desembarcar. La visión de mosca no era buena para ver de lejos. Sólo podía ver lo que tenía cerca. Y encima, no muy bien. Me alegré. No quería ver lo que me rodeaba. Pero no podía bloquear el sentido del olfato de la mosca. Olí, saboreé la sangre derramada y los fluidos vertidos de los cuerpos. No podía ayudar, pero los olía. El Día-D. El olor que me obsesionaría el resto de mi vida. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Rubén de Alarcón [Erik][/b]

[b]Capítulo 33:[/b] Di un salto en el tiempo y caí en el agua. Mis pezuñas absorbieron un poco de esa agua. Tenía un alto contenido de sal. Pataleé salvajemente, buscando el fondo. Mis pezuñas tocaron la arena. Me impulsé a través del oleaje, sobre la playa arenosa. ¡Ka-WHUMPF! Volé en el aire. Vi un cielo gris por encima de mi cabeza. Vi humanos alrededor de mí, corriendo, tumbados, cayendo. Me caí en la arena. Me quedé acostado ahí. Aturdido. Mis ojos principales se quedaron mirando hacia arriba. Al cielo. La atmósfera azul de la Tierra, y más allá de ella la negrura del espacio, los ahora no-invisibles puntos de las estrellas, los desaparecidos pequeños planetas. Uno de ellos, en algún lugar allá muy muy lejos, era mi planeta. No quería estar más aquí. Creía que entendía a los humanos. Ahora no entendía nada. ¡Están locos! Son lunáticos. Criaturas llenas de odio, malvadas, violentas, destructivas. <¡Ax-man! ¿Estás herido?> Era Tobias. Lo vi, volando sin rumbo, con las alas extendidas, por encima del humo de la guerra. <No estoy herido,> dije. <Pero debo decirte algo: Estoy profundamente cansado de tu gente.> <Yo tampoco estoy muy contento con ellos,> dijo Tobias. <Pero debes transformarte. Nada está saliendo con vida de esa playa. Acabo de hablar con Marco, que está transformado en mosca. No es una mala idea tener alas.> ¡Chnth-chnth-chnth! Las balas penetraron en la arena al lado de mi cabeza. Corrí justo cuando otro disparo penetraba en la arena donde antes estaba mi cabeza. Comencé a transformarme. Tobias y Marco tenían razón: alas. Estaban brotando las plumas cuando otra explosión impactó en la playa, cerca de mí, y me llenó de arena. <¿Hay alguien por aquí?> Era la voz de Cassie. <Sí, yo estoy aquí. También Marco y Tobias,> respondí. <¿Estás bien?> <Tan bien como cualquiera pueda estarlo,> dijo ella. <Aparecí de repente justo en la parte más baja de la playa, en unos arbustos. Me transformé en águila pescadora. Ahora estoy en el cielo.> Mi transformación estaba casi terminada. Tenía alas y garras. Mis piernas delanteras eran pequeñas, como apéndices encogidos. Mis antenas oculares desaparecieron. Mis ojos principales comenzaron a adquirir la penetrante intensidad del aguilucho. Mi cara era una perfecta combinación de andalita y aguilucho. Plumas grises y pelaje azul. Una abertura apareció en la parte inferior de mi cara, el principio de una boca, de un pico. ¡Ka-WHUMPF! La basura me cubrió. Todo era oscuridad a mi alrededor. Cegado por el pánico golpeé con mis pequeñas patas y flexioné mis patas delanteras. Pero la arena mojada se me quedó pegada, sin modo alguno de quitármela de encima. ¡Detén la transformación! Tenía que volver a mi forma. No había otra manera de – ¡Ka-WHUMPF! Algo cayó encima de mí. Un peso enorme. Pero ya no tenía la cara llena de arena. Veía la luz del día. Empujé y empujé y me moví de un lado a otro, con un cuerpo que era casi inservible. Comencé a recuperar mi forma, el pánico estaba bajo control y eché un vistazo al cielo. “¡Estoy herido! ¡Estoy herido! ¡Un médico!” La voz provenía de un lugar extremadamente cerca. En ese momento me di cuenta de lo que me había caído encima. De lo que había hecho que se me pegara la arena aún más. Un humano estaba acostado encima de mí, inconsciente. Forcejeé, reduciendo el peso que tenía sobre mí. “¡No, nonononono!” Se quejó y retrocedió. Tenía que salir de debajo de él. Tenía que escapar. Lo único que tenía que hacer era alejarme de la tierra y alcanzar el cielo. Primero tenía que volver a ser andalita, empujar para tener mi camino libre. Pero el humano estaba gritando. Estaba llorando. Estaba llamando a su madre. No era algo que me importase. La locura de los humanos no es asunto mío. Otro humano cayó de golpe en la arena, justo a mi lado. “Estoy aquí, amigo,” dijo este humano. Mis antenas oculares emergieron de la cabeza del ave. Empujé al humano y lo eché sobre la arena. Vi al humano herido. No soy un experto en fisiología humana, pero creo que la herida que tenía era mortal. El segundo humano estaba tendido con él. Rasgó con energía la ropa del soldado herido. Inyectó algo en el brazo del hombre. “Doctor. Doctor. ¿Es malo? Duele. Duelee. ¡Ohhhhh!” “Estarás bien, soldado. La morfina hará – “ ¡Chnth-chnth-chnth! Las balas alcanzaron la arena. El doctor se sobresaltó. Volvió a ponerse el caso sobre la cabeza. Pero no se fue. ¡BOOM! Una explosión. Ni a diez metros de distancia, llenándonos otra vez de arena. “No me dejes morir, no me dejes morir.” “Estarás bien soldado. Yo sólo voy a – “ El doctor cayó sobre el soldado herido. Una bala había atravesado su garganta. Había muerto. Mientras trataba de salvar a un hombre que ya sabía que estaba condenado. ¿Qué estaba haciendo Visser Cuatro? ¿O era esto simplemente una parte de la historia humana? Tuve una desesperada necesidad de pensar, de reflexionar sobre todo eso. Una cosa sí sabía: la batalla en el río no era parte de la historia humana. Mis amigos estaban seguros de ello. Hasta ese punto había retorcido Visser Cuatro las líneas de la historia. ¿La batalla en el mar? Nadie parecía saber cómo debía haber ocurrido. ¿Estaba la batalla ocurriendo en el lugar original? Una cosa era segura: Visser Cuatro había cometido un error en la Universidad. Las cosas no iban como él esperaba que ocurrieran. Y si estábamos en una época posterior, esta batalla tampoco estaba siendo como él esperaba. Visser Cuatro puede que estuviera tan confundido como nosotros. Y ahora, al fin, como hemos visto, Visser Cuatro había alterado la historia para crear una Tierra de brutal represión. Pero por otro lado, estaba el ‘antes’ de que nos involucráramos. Antes de esta nueva versión de la historia donde habíamos detenido a Visser Cuatro en Agincourt. ¿Qué significaba todo esto? ¿Qué estaba olvidando? Seguramente había un modo de entender todo esto, de abarcar esta matanza irreflexiva, esta violencia, este miedo en un paquete de sentido, de lógica… Estaba asustado. Darme cuenta de ello me sorprendió. Estaba ocultándome debajo de dos cuerpos muertos, poniendo a trabajar mi mente, tratando de entender lo que ocurría. Pensar era mucho más fácil que escapar de esa protección y enfrentarse a la matanza a mi alrededor. ¡Era un cobarde! No, esta no era mi guerra. Mi guerra era combatir a los yeerks. Esta era una matanza humana en algún pasado distante y oscuro. ¡Era una locura! ¡Una locura! ¡Cobarde! ¡No! No tenía otra opción. Todo en esa playa estaba muriendo. Todos iban a morir. ¡Todos! Esta no era mi playa. Esta no era mi guerra. No era mi lugar para morir. No era mi lugar para matar. Como maté al oficial de Hessen. <¡Marco! ¡Rachel! ¡Ax!> Era Cassie por telepatía. Una telepatía débil. Desde muy lejos. No respondas, me dije a mí mismo. ¡Escóndete! ¡No respondas! <¡Visser Cuatro! Tobias y yo lo hemos visto. ¡Está en un jeep, dirigiendo una fila de tanques! Necesitamos ayuda.> No es mi guerra, me dije de nuevo. Entonces comencé a transformarme y me quité la arena de encima. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Mariel “chiclez”[/b]

[b]Capítulo 34:[/b] Se movió debajo de mí una siniestra serpiente gris. Estrepitosamente, moviéndose de forma inestable, lanzando bruscamente intestinos de humo negro de diesel. La columna de tanques llegó a la playa por un camino estrecho y curvo. A la cabeza de la columna había un Jeep descubierto, arrastrando un trailer. En el trailer había una pelota dorada, brillante, tan grande como una persona. Un arma mucho más poderosa que todos los tanques de todos los ejércitos del mundo juntos. La Matriz del Tiempo. La Matriz del Tiempo había permitido a Visser Cuatro alcanzar a los tanques alemanes y decir a los generales que esto era una invasión real. Que ya era hora de atacar a los Aliados. En el asiento de pasajero del Jeep, con tres soldados alemanes cargados de ametralladoras detrás de él, iba sentado Visser Cuatro. Tenía una herida ensangrentada en un lado de la cara, apenas oculta por unos vendajes colocados rápidamente. La columna de tanques se estendía tan lejos como alcanzaba a ver del camino. Más tanques se habían estacionado en los campos cubiertos por altos e impenetrables cercos de protección. Directamente debajo de mí estaba la agradable e ignorada playa. Llena de fortines de hormigón, trincheras y alambre de púas. Docenas de ametralladoras, cañones, lanzabombas, todo apuntando a los indefensos hombres que estaban allá abajo en la playa. Más allá de la sangrienta playa había una gran estación grisácea con bombas que flanqueaban los fortines y explotaban inofensivamente en los campos de atrás. En diez minutos, los primeros tanques llegarían a la playa. Y entonces, toda la esperanza de una victoria de los Aliados moriría. Los alemanes ganarían. Y en poco tiempo el mundo sería como lo habíamos visto. <¡Os necesitamos a todos!> grité, agitando mis alas para recuperar la altura perdida. Tobias volaba cerca de mí. <Si nadie más llega, nosotros nos encargaremos de esto.> <¿Qué se supone que debemos hacer? Todos esos alemanes en los tanques no nos van a dejar que ataquemos a Visser Cuatro y que robemos la Matriz del Tiempo. Además, ¿sabes cómo usar la estúpida Matriz del Tiempo?> <¿Yo? Ni siquiera puedo programar la llamada rápida en el teléfono,> admitió Tobias. <Pero esos tanques no pueden llegar hasta la playa. Este es el día-D, y si los alemanes ganan, los estadounidenses y los ingleses perderán la guerra más grande de la historia.> [i]NdT: El día-D, 6 de Junio de 1944, es la fecha en la que las tropas aliadas invaden las playas de Normandía (Francia) y entablan sangrientos combates con las tropas Nazis.[/i] <Pero no hay estadounidenses,> dije. <Cómo se llamen, ¿qué más da? ¡Este es el día-D! Es Normandía. Esto decide si los nazis siguen o son detenidos.> <¿Dónde están los demás?> le pregunté. No era que tuviera ningún derecho a preguntar. ¿Dónde estaba yo en Trafalgar? Escondiéndome. Escapando. <No podemos hacer esto como pájaros,> dijo Tobias. <No. Ya lo sé. El camino forma una curva en esos árboles. Ese es el sitio más apropiado.> <Debemos darnos prisa,> dijo Tobias. Dejó escapar algo de aire de sus alas y se deslizó hacia los árboles. Giré y lo seguí. Aterrizamos entre troncos ardiendo. La artillería había hecho explotar la mayoría de ellos, pero unos pocos mantenían desesperadamente unas cuantas hojas verdes. <¿Qué crees que harán los nazis con un hork-bajir?> se preguntó Tobias. Empezó a transformarse tan pronto como tocó tierra. Los cuernos de Hork-Bajir brotaron de su frente. Me concentré en el ADN de lobo que tenía dentro de mí. El lobo era rápido, fuerte. Sin problemas con las ametralladoras. Podía alcanzar a Visser Cuatro antes de que me dispararan. O quizá no. De cualquier manera, no hubiera sobrevivido. A menos que, claro, Ax estuviera en lo cierto y Jake fuera el único que podía morir. Me sentí enferma. <¿Estás pensando en cómo es que Rachel pudo volver?> preguntó Tobias. <Sí.> <Yo también.> <No lo hace más fácil, ¿verdad?> “No,” dije cuando terminé de transformarme en humana. Inmediatamente comencé a transformarme en lobo. Podía oír el clank-clank-clank del paso de un tanque. Podía oír el ruido de sus motores. Los alemanes. Los nazis. El mal extremo. Valía la pena morir para detenerlos. Sí, valía la pena entregar mi única e insignificante vida. Pero no quería morir. No importaba lo grande que fuera la causa. No importaba la razón. <¿Lista?> preguntó Tobias. Ya era completamente hork-bajir. Olfateé el aire. Mi nariz de lobo me contó cosas e historias más allá de las de esta batalla. Me dijo que había vacas y becerros pastando tranquilamente en los campos. Pollos. Era una granja de ganado. Probablemente no muy diferente de la mía. Pero mi nariz olió también cordita, madera achicharrada, diesel usado, y sangre. [i]NdT: La cordita es una mezcla de polvos explosivos usados mayormente por los ingleses en la I Guerra Mundial.[/i] Podía oírlo todo muy bien. Oía los motores de los tanques. Podía oír el rechinamiento de los engranajes de los tanques. Oía cómo avanzaban en cuanto tocaban la tierra. Oía las explosiones, las pequeñas y las grandes. Los lamentos se oían distantes, pero eran intensos. <Sabes, quizás si conseguimos la Matriz del Tiempo… quizá podríamos hacer algo más que poner todo en orden.> <¿Qué quieres decir?> <La Historia no es nada más que matanzas. Quizá podríamos cambiar eso.> <Mejor vamos solamente a por Visser Cuatro,> dijo Tobias. <Por Jake.> <Por Jake,> dije. Las palabras salieron de mí sin haberlas pensado. Por Jake. Venganza. Matar al asesino. Cobrar venganza del crimen. ¿Y tenía que volver a escribir la historia? El jeep estaba cerca. Podía verlo claramente a través de los árboles. Y podía ver a Visser Cuatro. Podía ver a los soldados sosteniendo firmemente las ametralladoras. <Ahora,> dijo Tobias suavemente. Comenzamos a correr. ¡Rápido! ¡Más rápido! Haciendo acrobacias, corrí a gran velocidad, pisando sobre los árboles destrozados. Nos lanzamos a través de los arbustos silvestres. El aire me daba en la cara, el aire de mi propia velocidad. Tobias, hork-bajir, corría a mi lado, con sus cuchillas brillando. Vi a Visser. Vi la Matriz del Tiempo. Vi el tanque principal con su insignia decorando un costado. ¡Salté! ¡Error! ¡Demasiado tarde! Ya estaba volando. Los huesos de mi mandíbula estaban bien abiertos, listos para cerrarse sobre el cuello del enemigo. “[i]¡Mon dieu![/i]” gritó el soldado francés. [i]NdT: ¡Dios mío! (Del francés)[/i] ¡BapBapBapBapBapBapBapBapBapBap! Tobias tropezó y cayó. Una línea de agujeros hechos por balas pintaron círculos rojos en su pecho. Golpeé a Visser Cuatro y cerré mi mandíbula en su brazo. Caímos del jeep al suelo. Hasta entonces no había visto las esposas que sujetaban las muñecas de Visser Cuatro. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Mariel “chiclez”[/b]

[b]Capítulo 35:[/b] Yo me había reunido con Marco y Rachel. Íbamos por aire. Estábamos todavía lejos cuando vimos a Tobias y a Cassie transformándose en el bosque. Mis ojos de aguilucho los divisaron fácilmente. Pero no fue hasta después de haber visto la Matriz del Tiempo. Era algo sorprendente de contemplar. Esto no pondría a un andalita o a un humano al mismo nivel de poder que un Ellimista. Pero representaba un poder mucho más destructivo que los andalitas y el imperio yeerk juntos. Me preguntaba cómo un arma tan poderosa había llegado a la Tierra. Y me preguntaba cómo mi hermano, Elfangor, se había enterado de ello. Porque, seguramente, mi hermano lo sabía. Visser Cuatro tenía razón: Elfangor había elegido el sitio deliberadamente. No era coincidencia que él hubiera aterrizado, y hubiera muerto, a tan pocos pasos del arma. Tal vez, si llegásemos a salir con vida, podríamos pedirle una explicación al Ellimista. Era tan cierto que mi hermano estaba involucrado, como que el Ellimista también lo estaba. Todo esto estaba relacionado con la temprana estancia de Elfangor en la Tierra. El tiempo perdido que había resultado en el nacimiento de su hijo, Tobias. Todo conducía hacia allí. <Allí está,> dijo Rachel. <Y allá está él: Visser Cuatro.> <Día-D, amigos,> dijo Marco. Sonaba algo abrumado. No sé lo que había encontrado en aquella playa, pero seguramente no había sido muy diferente a lo que yo mismo había hallado allí. Todavía estaba temblando de terror. Tenía miedo de ese terror. De las imágenes que nunca más podría sacarme de la cabeza. Volamos para encontrarnos con Tobias y Cassie. La brisa nos ayudó. No fue un camino muy largo. Pero… ¿podríamos llegar hasta Visser Cuatro y detener su intervención? Ésa era la pregunta. <Lo tengo, Marco, lo que tiene de familiar esta guerra…> dije. <Esto es lo máximo,> dijo Marco. <La segunda guerra mundial. Los nazis tratan de tomar el control del mundo, y casi lo logran. Los japoneses atacan Pearl Harbor. Día D. La batalla de Bulge, John Wayne en Hiroshima.> <¿Y el holocausto?> dijo Rachel <¿Holocausto?> <Los alemanes, los nazis bajo el mando de Hitler, asesinaron a 6 millones de judíos. Hombres, mujeres y niños.> Obviamente Rachel permaneció en silencio después de eso. <¿Estos judíos estaban en un ejército enemigo?> <No, los judíos son una religión, o una raza, supongo. Mi padre es judío. La mayoría de los judíos del holocausto eran alemanes y polacos. Ya sabes, civiles. Gente común. Otros, también: gitanos, homosexuales, o discapacitados (personas con capacidades especiales). Se los llevaban a campos de concentración, donde los fusilaban, los hacían morir de hambre, o los mataban con gases venenosos. Los niños morían en los brazos de sus madres.> Ella hablaba sin ningún énfasis especial. Sin odio. Las emociones humanas a menudo son confusas. Rachel se enoja fácilmente por pequeñeces. Las cosas más comprometidas la vuelven fría y aparentemente desapasionada. Pero, [i]¿qué emociones deberían sentirse ante el tipo de crímenes que ella describía?[/i] Humanos. No era la primera vez que me sorprendían. Pero ahora con renovada intensidad. Si los yeerks tuvieran noción de la especie que se proponían conquistar… Los humanos eran demasiado diferentes unos de otros como para ser considerados una sola especie. La misma especie que había engendrado a mis amigos, Jake, Cassie, Marco, Rachel y mi [i]shorm[/i] y ‘sobrino’ Tobias, se rebelaban y se mataban unos a otros, hundiéndose en una crueldad tan profunda en la que ningún yeerk se atrevería a hundirse. Una crueldad tan terrible que sería inimaginable para un andalita. <Seres humanos uniformes…> empecé a decir, pero me detuve. No podía insultar a los humanos. No era el lugar ni el momento. Íbamos contrarreloj para interceptar al yeerk, para salvar al futuro, para… pero mi mente hervía demasiado. El guerrero humano era capaz de enfrentarse y matar a otro guerrero humano, y eso estaba mal, y era tonto y estúpido. Pero los humanos, la especie por la cual yo estaba arriesgando mi vida, se atrevía a algo tan repugnante y cobarde como matar deliberadamente a gente inocente. No todas las cosas habían sido como las que yo había hecho en combate. No era todo como luchar contra controladores hork-bajir ni contra taxonitas o… Saqué de mi mente esos recuerdos. Los actos que había cometido con la cuchilla de mi cola. <Nosotros los andalitas nos enfrentamos entre nosotros en el pasado. Pero nunca matamos niños. No sería posible concebir un mal tan grande como quitarle la vida a un pequeño.> <Sí, qué bien, ya lo sabemos, Ax,> dijo Marco con resentimiento. <¿Por qué crees que los tipos de la playa están muriendo?> <Aquellos tanques que vienen por la carretera, son tanques nazis,> dijo Rachel. <¡Vamos a detenerlos!> <Hey, estamos aquí por la Matriz del Tiempo,> le recordó Marco. <Tal vez tu lo estés. Tú y Ax id a por la Matriz. Yo voy a por un nazi.> [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Erek[/b]

[b]Capítulo 36:[/b] Rodé a un lado. El Visser gritó de dolor. Intentó levantarse, pero no podía usar las manos; las tenía sujetas por las esposas. Tobias estaba tumbado sangrando. <¡Tobias! ¡Vuelve a tu forma!> Pero entonces, ante mi asombro, simplemente se levantó. ¡Los agujeros de bala en su pecho habían desaparecido! <Es cierto,> susurró, tocándose el pecho con una garra de hork-bajir. <Sólo Jake. El resto de nosotros… no podemos morir.> ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! Sentí las balas alcanzándome. Cuello. Cabeza. Hombro. Cabeza. Sentí el impacto, las ondas de potencia. Sentí el afilado y aplastante dolor. Y entonces… Seguía viva. La columna de tanques dio la vuelta. La infantería se colocó a los lados de los tanques, rodeándonos. Apuntaron sus armas a un lobo y un monstruo, asustados de ambos, indecisos sobre qué hacer. Visser Cuatro intentó alejarse gateando pero uno de los soldados le dio una patada en el estomago que tumbó al controlador de cara al suelo. Un oficial sacó su pistola de la funda, caminó cautelosamente hacia a mí, apuntó el cañón contra mi cabeza, y… ¡BLAM! ¡BLAM! Caí de costado. Me levanté. “[i]C’est pas possible![/i]” – exclamó el oficial en Francés. [i]NdT: “No es posible”[/i] “[i]Es ist ein wolfman[/i],” – dijo uno de los soldados en alemán. [i]NdT: “Es un hombre-lobo”[/i] Franceses y alemanes juntos. No los alemanes solos. Miré la insignia en el epaulet del oficial. Era un escudo, partido por la mitad en un ángulo, la mitad con el tricolor francés, azul, blanco y rojo, y la otra mitad un águila negra estilizada. [i]NdT: el Ephaulet es un adorno militar que se pone en los hombros, parecido a una insignia con cuerdecitas colgado de ella, buscad en google imágenes para entenderlo mejor.[/i] <¿Qué está pasando?> preguntó Tobias, tan confuso como yo. <¡Esto no es como tendría que pasar! ¡Esto no va bien!> Los soldados, los soldados alemanes y franceses, mantenían sus armas apuntándonos. Estaban confusos y asustados. Podía verlo con claridad. Miré a los soldados. Eran una mezcla de hombres viejos y niños, uno que no parecía tener más de quince años. Otro de los más mayores podría haber sido mi abuelo. El oficial francés dijo algo acerca de “le capitaine.” El capitán. Los alemanes estuvieron de acuerdo con lo que fuese que había dicho. Creo que habían dicho que deberían esperar todos a que el capitán llegase ahí. Muchos de los soldados encendieron cigarros. Algunos bebieron de sus cantimploras. Los tanques se apartaron lentamente. Visser Cuatro se levantó y se sentó. El jeep que cargaba con la Matriz del Tiempo se había apartado del camino. Él se acercaba al coche, tan lentamente… <No le dejes llegar a esa cosa,> dijo Tobias telepáticamente. Los oficiales franceses lo entendieron inmediatamente. Hizo un gesto con la cabeza y dos de sus hombres agarraron al controlador y lo devolvieron donde nos encontrábamos nosotros en nuestra pequeña y extraña reunión. “Sólo quiero saber una cosa, andalitas: ¿Cómo me habéis seguido? ¡Tengo la Matriz del Tiempo! ¿Cómo me habéis seguido? ¿Y por qué? ¿Por qué? ¿Por qué no os morís?” <Visser Tres ha estado intentando matarnos desde hace bastante tiempo> dijo Tobias. <Somos duros de matar.> El controlador puso cara de odio y resentimiento. “Tendría que haber usado la Matriz del Tiempo para destruir a Visser Tres. ¡Ese chapucero idiota!” <Te habríamos ayudado,> dijo Tobias con una risa. Luego, en privado, me dijo, <Cassie, si no nos pueden matar, no tenemos que preocuparnos por esos soldados. Podemos coger la Matriz del Tiempo ahora mismo.> <Sí, creo… creo que sí. Pero, no sé, es extraño. Quiero decir, diría que ahora somos algo así como inmortales, ¿pero quién sabe? Una pistola sigue siendo una pistola. ¿Estás cien por cien seguro?> Tobias formó una sonrisa de Hork-Bajir. <Noventa y nueve por ciento. El uno por ciento restante dice que si lo forzamos estamos fritos.> De repente otro coche como el jeep llegó rugiendo entre la línea de tanques. Un oficial, un alemán, saltó fuera y trotó hacia nosotros. En una mezcla de francés y alemán los soldados y su oficial explicaron esa extremadamente inusual situación. El capitán era un hombre de media edad con la cara rallada de cicatrices y los ojos cansados. Evidentemente el sabía algo sobre la esfera grande y brillante. Y parecía saber algo también acerca del prisionero, Visser Cuatro. Pero ver a un hork-bajir sentado al lado de un aparentemente entrenado –e inmortal – lobo era nuevo. Se acercó a Tobias y cautelosamente tocó la cuchilla de su muñeca. <No te haré daño,> dijo Tobias. El capitán respondió en alemán. Luego lo intentó en francés. Finalmente en un excelente inglés. –¿Entiendes el inglés? <Sí, lo entendemos,> dije. Chasqueó la cabeza a un lado. Hubo una rápida palabrería en alemán que incluía una palabra que sonaba como “lobo” y otra fácilmente reconocible: “Frankenstein.” [i]NdT: En realidad tanto en alemán como en Ingles, lobo es wolf y se pronuncia igual.[/i] <Cree que eres un monstruo, Tobias.> Entonces, en inglés de nuevo, dijo, “No sé cómo un monstruo y un lobo parlante han llegado hasta aquí. Explicaos.” Empecé a responder. No a explicar, porque explicarlo habría sido absolutamente imposible. O al menos habríamos tardado una semana entera. Pero entonces, vi que el hombre que había estado conduciendo el jeep del capitán bajó por detrás de la rueda. Tenía unos cincuenta, al menos, aunque su uniforme indicaba un rango bajo. Era rechoncho, no muy alto. Su pelo negro estaba tieso en lo alto de su cabeza. Sus ojos eran negros e intensos. Llevaba un pequeño bigote. El tipo de bigote conocido en todas partes como el bigote de Hitler. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Lizarman[/b]

[b]Capítulo 37:[/b] Debajo de nosotros, Tobias y Cassie parecían estar charlando con soldados nazis de la guardia de Visser Cuatro. Ese era nuestro problema número dos. ¿El problema número uno? Los tanques que se dirigían hacia la playa. Enormes monstruos ruidosos preparados para resistir un ataque directo de un cañón. Teníamos varias transformaciones poderosas. Pero ninguna lo es tanto como un tanque. De todos modos, la escotilla de los tanques estaba abierta. Sus oficiales, o conductores, o lo que fueren asomaban la cabeza. Nadie les disparaba. Aún no había llegado a la batalla. Cuando lo hicieran, la invasión de Normandía terminaría siendo un completo desastre para los invasores. <Tenemos que detenerlos,> dije. Marco gruñó irritado. <¿Cómo? ¿Transformándonos en elefante, y yendo uno por tanque para terminar arrollados?> <El poder de la transformación es un arma poderosa, pero inútil en esta situación,> dijo Ax. <Estamos aquí para detenerlos,> dije tajantemente. <Este camino es estrecho. Profundo. Derribaremos un tanque, y los demás estarán un buen rato a su alrededor. Pronto los habremos retrasado.> <Sí, y después uno de nosotros se meterá en un barco mar adentro, y les dirá dónde disparar,> dijo Marco. <Gran idea. Sólo un problema: ¿Qué puede hacer un puñado de aves para derribar un tanque? <¡No lo sé! ¿De acuerdo?> admití. <¡Solo sé qué es lo que debemos hacer!> <Creo que tengo una idea,> dijo Ax. <He estado observando sus primitivas armas humanas. Algunas son fascinantes. La mayoría se podría mejorar fácilmente, y —> <¡Ve al grano!> grité. <Los pequeños dispositivos explosivos que se sostienen con las manos. Presentan un aspecto esférico con un dispositivo absurdamente tosco. Deben ser lanzados y — > Marco dijo <¿Granadas?> <Son explosivos débiles,> dijo Ax. <Sin embargo, confinados en el pequeño espacio de un tanque podrían —> <¡Si tuviera labios, y tú una boca te besaría! > dije. <¡Granadas! ¡Eso es! Lanzaremos las granadas por la escotilla del tanque.> <¿Y cómo las llevamos hasta allí? ¿Cómo le quitamos la anilla?> <Detalles, Marco. Detalles menores. Vamos a buscar algunas granadas.> Volamos de regreso sobre el peñasco. No iba a bajar a la playa si podía evitarlo. Los cuerpos allá abajo estaban tan amontonados en el suelo que en algunos lugares podríamos haber caminado de un cuerpo a otro sin tocar la arena. El fuego continuaba tronando desde los puestos protegidos del peñasco. En la lancha continuaban desembarcando hombres. Una segunda tanda, supuse yo. Un nuevo asalto completo, agregando más víctimas. Como ganado, bajando por la rampa hacia el suelo de los mataderos. Pero, por supuesto, las vacas no saben lo que les espera. Los humanos sí. Ellos ven los cuerpos de sus soldados caídos. Escuchan las explosiones. Huelen la muerte. Y ésta llega. La guerra es obscena. La peor cosa que los hombres pueden hacer. Pero los guerreros, los individuos que luchan, son lo mejor que hay en la humanidad. No porque van dispuestos a morir, sino porque desafían a la muerte, y se sacrifican a sí mismos por otros. Yo estaba en lo alto, no totalmente a salvo, pero lo suficiente. Me sentía una cobarde. <¡Allí!> dijo Marco. <Están repartiendo granadas a algunos tipos ahí abajo, en la base del peñasco. Hay una caja abierta.> <De acuerdo. Yo soy la más grande,> dije. <Yo iré.> <¿Estás segura de que puedes cargar con ese peso?> preguntó Ax. <No lo sé. Las águilas calvas cogen salmones del agua. ¿Cuánto podría pesar una granada?> <¿Cuánto podría pesar un salmón?> respondió Marco retóricamente. Floté en una brisa alta que provenía del agua. Mis alas estaban llenas con la corriente cálida de Junio. Me preguntaba si las corrientes de aire caliente provenían de los cañones de las armas. Una docena de tipos se reunieron en la base del peñasco. Americanos. O por lo menos, me dije a mí misma, seguramente lo fueron. Tenían un aspecto confundido, asustados y exhaustos. Su sargento tenía una caja de municiones de acero entre las rodillas. Estaba repartiendo granadas. Dos cada vez. Esto iba a necesitar velocidad y precisión. Y distracción. <¿Marco? ¿Ax? Necesito que ese tipo mire para otro lado.> <De acuerdo. Ya estamos en eso.> Marco y Ax, un águila pescadora y un aguilucho, formaron a mi lado. Debíamos de parecer muy raros y fuera de lugar. Si es que alguien tenía tiempo de observar aves. <¡Ahora!> Ax y Marco soltaron aire, tensaron su cola, y se lanzaron en picado. ¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo! Fui tras ellos, diez metros por detrás. Podía sentir las turbulencias de aire que provenían de sus alas. No hay problema, me dije a mí misma. Marco y Ax descendían en picado, el sargento miró hacia allí, yo le quité las granadas de la manos, y — ¡CRUMPF! El proyectil mortal aterrizó en medio de los hombres. La onda de choque golpeó a Ax y a Marco como si hubieran sido alcanzados por un matamoscas gigante. [b]©1999 K.A. Applegate 2006 de la traducción de Mir[/b]

[b]Capítulo 38:[/b] <Ese es…> <Sí, eso creo,> dije. <¡Oh, dios mío!> <Estamos muy lejos de Dios,> murmuré. Adolf Hitler. El hombre más malvado en la larga historia de los hombres malvados. Tobias estaba en pie. Se lanzó como un rayo. El hombre rechoncho del bigote extraño saltó hacia atrás, se dio la vuelta, y se encontró con el cuerpo de hork-bajir de Tobias. Tobias le puso la cuchilla de su muñeca contra la garganta. <¡No!> grité. Los soldados soltaron los cigarros y las cantimploras, se pusieron bruscamente en posición y apuntaron con sus armas a Tobias. <¿Sabes quién es? ¿Sabes lo que es?> <No. ¡Ni tú tampoco! Mírale. ¡Si parece un viejo calvo!> <Es Hitler. Él muere. Fin de la historia,> dijo Tobias en tono lúgubre. Hitler temblaba de miedo. Temblaba con la cuchilla de un hork-bajir presionando su yugular. <Tobias, todo es distinto>, dije. <Visser Cuatro lo ha cambiado. Lo ha cambiado todo. Nadie está donde debería, haciendo lo que harían en nuestra realidad. Ni siquiera sabemos si estos tíos son malos o buenos en esta realidad.> <¡Sigue siendo Hitler!> dijo Tobias. <¿Lo es? No lo sé. Jake, en la otra realidad, la realidad que surgió de todo esto, ¿seguía siendo Jake? ¿Marco seguía siendo Marco?> <¡Tienes que estar de broma! ¿Vas a comparar a Jake con esta escoria andante?> <Él no es malvado por ser quien es, nadie lo es. No puedes ser malvado por ser alguien. Es por lo que haces. ¡Y este tío es sólo un conductor!> Detrás de nosotros, un nuevo y repentino estruendo. ¡BOOM! ¡BOOM! Los primeros tanques estaban atacando la playa. <Tobias, no puedes hacer esto,> dije. <No puedes matar a alguien por lo que podría haber hecho o por lo que podría hacer.> “Por favor, suelta a mi conductor,” le dijo severamente el capitán alemán a Tobias. Visser Cuatro saltó, con las manos extendidas hacia la Matriz del Tiempo. Yo me lancé a por él. Él dio tres pasos. Yo dos. Cerré la mandíbula sobre su pierna. ¡Pop! ¡Pop! ¡Pop! El capitán abrió fuego. Apuntando a Tobias. Tobias se sacudió por puro instinto. Su cuchilla se hundió en la carne. El conductor –Hitler– cayó al suelo. Visser Cuatro rodó conmigo sobre él. Rodó, empujándome con él a una profunda zanja. Y encima de nuestras cabezas, divisé la imagen surrealista de un águila clava, con dos metros de envergadura en sus alas desplegadas. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Sidhe[/b]

[b]Capítulo 39:[/b] Ax y Marco estaban fuera de combate. Pero no por mucho tiempo. Salieron de entre la arena batiendo las alas, sacudiéndose las plumas, con todos los daños reparados. Era cierto. No podíamos morir. No se podía decir lo mismo de los soldados. Dos yacían en el suelo gritando de dolor. Los otros estaban en silencio. Me lancé en picado para aterrizar al lado de mis amigos. Supongo que debíamos de parecer buitres llegando a la escena de muerte. Cerré mi garra derecha alrededor de una granada. La levanté. Era pesada. Aunque no tanto como un salmón. Podría volar con ella. Marco y Ax trataron de levantar también una, pero ellos eran pájaros mucho más pequeños. <Sólo hará falta una,> dije. <O al menos, una cada vez.> Agarré la granada firmemente y emprendí el vuelo. Despegar era difícil, no imposible, pero sí difícil. Corrí rápidamente sobre la sangrienta arena, aleteé con fuerza, giré en la dirección del viento, y a duras penas conseguí elevarme. Pero una vez tuve el viento bajo mis alas, una vez tuve espacio libre, alcé el vuelo. La brisa me elevó. Por encima de los muertos. Por encima de la masacre de esa playa. Fuera de la línea de tiro del zumbar de las balas. Demasiado alto para las destructoras explosiones de artillería. Me elevé. Más y más arriba, siguiendo la línea de la orilla. Los primeros tanques formaban una línea de ataque, bajando sus cañones principales para disparar. <Olvídalos,> nos aconsejó Marco. <Tenemos bloquear el camino. Mantén a los otros abajo.> <Gracias, General,> dije riendo. <Creo que lo tengo. Sólo hay que quitar la anilla <No tan rápido,> señaló Marco. <¿Cómo la quitamos?> Ax dijo, <Puedo invertir la dirección. Si regreso hacia ti y cojo la anilla entre mis garras, creo que la velocidad combinada será suficiente para quitarlo.> <Buen plan,> dije. Giré en un círculo cerrado, un ala abajo, la otra arriba, la cola extendida de par en par para proporcionarme todo el ascenso que pudiera conseguir. El cuerpo de aguilucho de Ax se alejó volando, veinte, cuarenta metros más allá de mi trayectoria de vuelo. <Esto tiene buena pinta,> dije. <Rachel, ¿cómo sabes cuánto tiempo tarda esta cosa en explotar?> me preguntó Marco. <¡Podrías volarte a ti misma!> <¡Ja-ja!> me reí. <Somos inmortales, Marco. Jake fue el que murió. ¡No podemos morir!> <Eso no es una bala, es una granada. ¡Si te explota no quedará nada de ti para volver a juntarte!> Ax regresó volando directo hacia mí. Yo volé directa hacia él. Sostuve la granada tan abajo y lejos de mi cuerpo como pude. La giré cuidadosamente, colocando la anilla redonda bien hacia fuera. <Sólo coge el anillo, Ax. Sólo coge el anillo mágico.> La distancia se acortaba a una velocidad impactante. El aguilucho, el águila, volando hacia la colisión. Más cerca… más cerca… Ax giró sobre su espalda, extendió las garras, un agudo tirón en las mías y un fuerte “¡Pop!” La parte de arriba de la granada cayó hacia el suelo. Eché un vistazo hacia atrás y vi el anillo colgado de la garra de Ax. Miré hacia delante. Un tanque circulando más allá de Cassie. Tenía quizá unos tres segundos. Estaba aturdida. Llena de euforia desbordante. Quería gritar y reír, todo a la vez. Quizás lo hice porque en la distancia escuché decir a Marco, <Está loca, Ax-man. Mírala. Adora estas cosas.> Miré hacia mi objetivo. La escotilla estaba abierta. El joven soldado engreído estaba asomado hasta los hombros, casi fuera del seguro armazón. Giraba una palanca de la ametralladora hacia el otro lado del camino. Apuntando a – Sólo entonces me di cuenta de que Tobias había agarrado a un soldado alemán. Lo tenía agarrado y— Un movimiento repentino. Visser Cuatro, Cassie, un oficial disparando. ¡Pop! ¡Pop! ¡Pop! La sangre manó de la garganta del rehén de Tobias. El dedo del hombre del tanque apretó el gatillo de la ametralladora. Yo lo vi todo, cada detalle, cada matiz de movimiento como si se desarrollara a centímetros de distancia, no a metros. La escotilla. El gatillo. Solté la granada. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Misty[/b]

[b]Capítulo 40:[/b] Las balas me alcanzaron en la cara. Me tambaleé. Sentí que mi muñeca cortaba. Se hundía profundamente. Un destello de movimiento en lo alto. En mi mente yo seguía siendo halcón y conocía ese movimiento bastante bien. ¡Un águila! Volando bajo y despacio, descendiendo. ¡FWUMP! Una explosión sin sonido. El oficial alemán se sobresaltó. Pero ya las municiones que estaban dentro del tanque comenzaron a explotar. ¡Pop! ¡Pop! ¡Pop! ¡Pop! ¡BOOOM! Las llamas explosionaban por la escotilla del tanque. Y por el cañón. Al final cesó. Pero en ese momento el motor de la parte de atrás explotó violentamente. Me levanté. Un destello de Cassie con su mandíbula cerrada sobre Visser Cuatro, sujetándolo mientras él se revolvía inútilmente para alcanzar la Matriz del Tiempo. Y entonces, otra explosión más. ¡BOOOM! La torrecilla del tanque explotó. Voló por los aires y cayó a tierra. Todo ocurrió en una fracción de segundo. Tiempo suficiente para que un lobo reaccione, para retroceder. Tiempo insuficiente para un humano. O para un yeerk. La torrecilla cayó. Aplastó a Visser Cuatro desde la cintura hacia abajo. El conductor… el hombre que hubiera sido, en otra línea del tiempo, la criatura más vil en la historia de la humanidad, estaba muerto. Los soldados caían muertos o heridos, alcanzados por las explosiones. Rachel bajó haciendo círculos a través del humo. Se posó en la rama de un árbol muerto. Yo esperaba que se mostrase contenta. No lo estaba. No decía nada. Marco y Ax aterrizaron segundos después que Rachel. Estábamos casi solos, nosotros cinco. Vivos, ilesos, rodeados por la muerte y la destrucción que nosotros mismos provocamos. Un soldado herido gemió. Cassie comenzó a transformarse. Tan pronto como le salieron manos fue a auxiliar a los soldados heridos. Uno era francés y otro era alemán. “Vas a estar bien”, le dijo al soldado francés. “No está mal,” Cassie rasgó unas tiras del uniforme del soldado, tomó una rama e hizo un torniquete. El otro hombre, el alemán, murió antes de que ella pudiera consolarlo. “¿Humanos?” dijo Visser Cuatro, boquiabierto al ver a Cassie. “¿Todo este tiempo, humanos?” <Ese tipo, ese tipo muerto, el que tiene la garganta… se parece a…> tartamudeó Marco. <Es él,> respondió Cassie. <O lo era. O no. No lo sé.> <Estos tipos no están usando esvásticas ni nada pareciado,> dijo Rachel. Tenía sangre por todo el brazo. Comencé a transformarme. Era la única manera de limpiar toda la sangre de mis cuchillas de hork-bajir. <Todo es diferente,> dije <Es el Día-D, pero no lo es.> <Pero ellos son los malos, ¿verdad?> preguntó Rachel. <Ellos son los malos, ¿verdad? ¿Verdad?> <No lo sé, Rachel.> <¿Franceses y alemanes aliados? ¿Hitler es sólo un viejo soldado ordinario? Así no es como debe ser,> dijo Marco. <Todo está revuelto. Los alemanes derrotaron a los franceses, y los ingleses y los americanos lucharon en el Día-D.> <Ya no hay americanos,> dije. <Nunca existieron los Estados Unidos. Y Adolf Hitler era sólo un viejo conduciendo un jeep.> <Ahora hemos sido nosotros quienes hemos alterado la historia,> dijo Ax. <De formas que no podemos comprender.> Abandoné el cuerpo de hork-bajir. Las cuchillas dieron lugar a unas plumas. Las garras de T-Rex volvieron a ser mis pequeñas garras. Me encogí, me encogí y las manchas de sangre se escurrieron porque había menos lugar donde aferrarse. <La Matriz del Tiempo,> dijo Ax. <Ya la tenemos.> Él ya era mitad andalita. Mis ojos de halcón volvieron, muchísimo más potentes que los del hork-bajir. Me volví para mirar a Visser Cuatro. Su cabeza se movió. Seguía vivo. Después observé un leve movimiento. Agité mis alas y salté. Me lancé y atrapé a la babosa gris que se arrastraba por la mejilla del pobre hombre. <El yeerk,> dije. Los demás se acercaron. Cassie ya era humana. Rachel casi. Marco igual. Ahroa eran sólo niños en una zanja, detrás de un tanque quemándose, rodeados de cuerpos. <¿Qué hago con él?> pregunté. Marco ofreció la mano. Cogió al yeerk. “No podemos dejar que consiga un nuevo huésped. No podemos llevarlo de regreso a nuestro tiempo. Él sabe que somos humanos. Lo dejamos aquí y morirá de hambre lentamente.” “Dicen que es una forma horrible de morir,” dijo Cassie. Marco le mostró el yeerk a Ax. <No,> dijo el andalita. <Ya tengo suficiente de lo que sentirme responsable,> Ax miró a Rachel, y después apartó la mirada. “No,” dijo Rachel mientras Marco le ofrecía el yeerk. <Yo tampoco,> dije. “Ya veo,” dijo Marco, asintiendo ligeramente. “¿Nadie está deseoso por agregar otra mancha a su conciencia? ¿Habéis tenido ya suficiente?” Lanzó el yeerk al aire despreocupadamente. Lo lanzó hacia el casco en llamas del tanque. “Matarlo de hambre o quemarlo,” dijo Marco, tratando en vano de parecer duro e indiferente. “Sus únicas opciones. Esto es más rápido.” “Tenemos que acabar con esto,” dijo Rachel, con aspecto triste y harto. “No, aún no,” dijo Cassie. “Todavía está lo de la Matriz del Tiempo. Y aún está pendiente lo de Jake.” <¿Cómo lo hacemos?> pregunté. <Regresar a cada lugar que fuimos y…> <Hay que cortar la cadena de causalidad más antigua,> dijo Ax. <Si pudiéramos impedir que este controlador encontrara la Matriz del Tiempo en primera lugar…> Nadie dijo nada. Seguíamos escuchando la masacre en la playa. El rugido de los tanques tratando de abrirse un camino por el lado más alejado de la zanja quemada. ¿Buenos o malos? ¿Hemos cambiado la batalla para bien o para mal? “Mi turno, creo,” dijo Cassie suavemente. “Creo que ninguno de nosotros va a terminar esto sin cometer un pecado terrible. Este será mío.” <¿Qué vas a hacer?> le pregunté. Ella caminó hacia el ex-controlador. Ahora sólo era un humano. “¿Cuál es tu nombre? Alguien nos lo dijo, pero lo he olvidado. ¿Quién eres?” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Mariel “chiclez”[/b]

[b]Capítulo 41:[/b] “John,” jadeó. “John Berryman. ¿Estoy…? ¿Está muerto? ¿El yeerk? ¿Está muerto?” “No te volverá a molestar,” dije. Me arrodillé y le limpié el sudor de la frente. Se le iba a meter en los ojos. “Sois humanos,” dijo John Berryman. “Los yeerks no lo saben.” Asentí. “Lo sabemos. Sí, somos humanos. La mayoría.” “Niños.” Asentí otra vez. “Voy a morir aquí.” No era una pregunta. No lo negué. Probablemente no podría soportarlo. “Señor Berryman…” “John. Niños. Sois héroes, ¿lo sabíais? Los yeerks os odian con todas sus fuerzas.” Se echó a reír. Tosió y se atragantó con la sangre. “No sé cómo lo hicisteis,” continuó ásperamente. “Siguiéndole a través del tiempo. Estaba intentando cambiar el mundo. Jodido, muy jodido. Cambiar el tiempo, hacer a los humanos más débiles, más fáciles de conquistar, y luego reemplazar a Visser Tres. Pero era demasiado complicado para él. No podía entenderlo. Aterrizó aquí. Esperó a los nazis. Le contó a los alemanes que ésta era la invasión principal, y les metió prisa a los tanques más avanzados. Sólo que… eran alemanes diferentes. Lo arrestaron. Demasiado complicado, ¿veis?” “También era demasiado complicado para nosotros.” “Quería matar a Washington. Quería cambiar lo de Trafalgar. Matar a Einstein. Devolver a los americanos al mar en el Día-D. También tenía aún más planes, pero vosotros le hicisteis huir. Lo asustasteis.” <¿Por qué Agincourt?> preguntó Tobias. John Berryman se rió. “Eso fue por mí. Fue para que me callara. Pero nunca abandoné. Luché contra él. Le daría vueltas durante toda la noche. No me lo sacaría de la cabeza.” “¿Sacarte el qué?” preguntó Marco. “Shakespeare. Hice de Exeter en la obra. Pero memoricé todas las frases.” Sacudí la cabeza. “No lo cojo.” “Enrique V.” Lo entendí. “Shakespeare escribió una obra sobre Enrique en Agincourt. Visser Cuatro no podía saber cómo o cuándo parar a Shakespeare. No había una fecha exacta. Así que pretendía matar a Enrique para silenciar a Shakespeare, para silenciarme a mí.” “¡Eso es una locura!” Berryman asintió débilmente. “Locura. Eso es lo que él solía sentir: que yo le estaba volviendo loco. No iba a abandonar.” “Nuestro pequeño ejército, nuestro pequeño y feliz ejército, nuestro grupo de hermanos. Porque quien vierta hoy su sangre conmigo, será mi hermano; por muy–” [i]NdT: El discurso de Enrique V retratado por Shakespeare en la obra homónima es un puente de unión entre los saltos en el tiempo. El rey Enrique lo citó en su día en Agincourt, así como el almirante Horatio Nelson se refirió a él en la batalla de Trafalgar. Además, de una parte en concreto (“band of brothers”) salió la miniserie “Hermanos de Sangre” que cuenta las vivencias de unos soldados en la Segunda Guerra Mundial, Día-D incluido.[/i] “Oh, Dios. No voy a ser libre. Me muero. Oh, Dios.” “Señor… John. Yo…” Levantó la mirada hacia mí, exhausto. Más allá de todo, salvo del dolor. “¿Qué pasa? Dime.” Me limpié las lágrimas de los ojos. “John. Lo siento mucho. Pero… John, ¿sabes, te contaron tus padres alguna vez… cómo se conocieron? ¿Cuándo y dónde?” Vi perplejidad. Confusión. Conmoción. Y finalmente, la triste resignación. “San Francisco. 1967. Mi padre se llamaba John, también. Mi madre es Theresa. Era Theresa Knowlton.” Pude sentir cómo mis amigos se apartaban de mí. Cassie, la asesina con conciencia, a la que el Drode había desdeñado. Mátalos y luego llóralos. No iba a matar a John Berryman. John Berryman nunca habría existido. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Rubén de Alarcón [Erik] [/b]

[b]Capítulo 42:[/b] La Matriz del Tiempo fue sorprendentemente fácil de programar. Podía ser controlada por orden telepática. No había códigos que descifrar, nada que tener que resolver. Cassie me dijo la hora, el lugar y la fecha. Me transformé en humano, establecí contacto físico con la Matriz del Tiempo y luego mis amigos, dejando la mente en blanco tanto como les fue posible. Y luego, de repente, emergimos bajo la brillante luz del sol en medio de una calle llena de gente. Dos humanos, un hombre y una mujer, nos miraban fijamente. No parecían estar alarmados. “¡Woo! Genial,” dijo uno. Tenía mucho pelo en la cara y la cabeza. Llevaba cuentas de colores alrededor del cuello. En la cara tenía un dispositivo de aumento de visión con micas azules. “¿Has visto eso, hermano? Parece súper real.” La mujer tenía el cabello muy largo, e iba también adornada con coloridas cuentas. “¿Y qué es real, hermano?” preguntó la mujer. “Lo real es como… como… ya sabes, como las cosas normales, ¿no?” “El amor, hermano. El amor es… sí. El amor es real.” “¿Eh?” preguntó el hombre. “Um, ¿qué?” preguntó la mujer. Los dos asintieron con la cabeza al unísono. “Asombroso,” dijo Marco. “Los Estados Unidos desaparecen, o por lo menos nacen de manera diferente; los nazis nunca existieron; Einstein, ¿quién sabe? ¿Pero los hippies están exactamente cuándo y dónde se suponen que deben estar?” “¿Qué son hippies?” pregunté. “Hip. Piis.” “Amigo, estos son hippies,” dijo Marco. “¡Mira este lugar!” Obedecí su orden y miré a mi alrededor. Había un gran número de humanos con pintorescas cuentas. “El Drode dijo que nuestras líneas de vida fueron preservadas, protegidas. Quizás la Matriz del Tiempo hizo lo mismo con John,” sugirió Cassie. “Quiero decir, quizá mientras él estaba usándola no podía romper su propia línea de vida. Quizá esto sea parte de su línea de vida.” Marco se encogió de hombros. “O quizás los hippies tenían que aparecer, ¿quién sabe? De otra manera ¿de dónde abríamos sacado los pantalones de campana?” “Ahí,” dijo Rachel, asintiendo con la cabeza hacia una tienda. “Ése es el lugar. Los padres de John Berryman, John Senior y Theresa Knowlton, se conocerán justo ahí, hoy. Todo lo que tenemos que hacer es separarlos. Ellos no se conocen, no se juntan, no tienen un hijo llamado John, y Visser Cuatro termina en algún otro huésped, en otro lugar. Nunca encontrará la Matriz del Tiempo. Y nada de esto sucede. El tiempo no es alterado.” “Nosotros nunca llegamos a viajamos atrás en el tiempo,” dijo Cassie. “Jake no muere.” “Tampoco un oficial hessano,” dije. “O un tanque lleno de soldados.” “O un yeerk.” “O Hitler,” añadió Tobias. “¿Cómo vamos a hacerlo?” “¿Qué quieres decir?” demandó Marco. “¡Oh, hermano, los colores, hermano!” Un ‘hippie’ se había acercado para admirar el tenue brillo de la esférica Matriz del Tiempo. “Sí, los colores. ¡Wow! ¡Genial! Vete. Estamos tratando de reflexionar sobre la continuidad del espacio-tiempo,” dijo Marco irritado. “¿A qué te referías, Tobias?” “Mira, Visser Cuatro cambió la historia. Quizá para mal. Pero quizás no. Hitler no era nadie. ¡No hay Holocausto! ¿Queremos cambiar la historia para que sí ocurra?” “Ya has visto cómo era nuestro futuro,” indicó Cassie. “Todavía había esclavitud. No teníamos libertad. El Drode dijo que a la gente sin hogar se la asesinaba. ¡No podemos dejar que eso pase!” “Pero ¿podemos permitir que el Holocausto suceda?” se planteó Rachel. “Tobias tiene razón. Ése futuro que vimos, ése futuro en el que estábamos, tuvo lugar cuando Visser Cuatro había hecho todo lo que hizo, pero sin nosotros intercediendo en sus planes. Ése fue el resultado sin nuestra intervención. Quizá en esa línea de tiempo él hizo diez cosas más. Ahora no sabemos cuál va a ser el resultado, después de habernos metido de por medio. Quizás ahora el futuro es mejor. Quizás salvando a Henry, y sacando a ese oficial hessano… ¡no lo sé! Quizá…” “Difícil, hermano. Eso es difícil,” dijo una mujer hippie. “Podríamos usar la Matriz del Tiempo, regresar a nuestra época y ver que ha pasado. Ver si las cosas están bien,” dijo Tobias. “¿No parece absurdo ahora que vemos cuán compleja es la historia?” “Yo sólo estoy diciendo que echemos un vistazo,” dijo Tobias. “Ver como ha terminado todo.” “Hey, la historia nunca se ‘termina’,” dijo Marco exasperadamente. “Empezamos metiéndonos con el pasado, nos metemos con el futuro. Quizás nos guste la manera en que se ven las cosas regresando a nuestro tiempo, pero quizás hemos metido la pata por arriba o por debajo de esa línea temporal” “Eso es lo que hacemos todos los días,” dijo Rachel. “Cada vez que hacemos algo, o que no hacemos nada, cambiamos el futuro. ¿Por qué es esto diferente? Mira, vayamos sólo a ver. Quizá nuestro tiempo ahora es genial. Puede ser, ¿no?” “¿Por qué estamos aquí?” dijo una voz. [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Mitsy[/b]

[b]Capítulo 43:[/b] Cuatro cabezas se giraron a la vez. Seis pares de ojos se quedaron mirando anonadados. Cuatro bocas y una voz telepática pronunciaron la misma palabra. “¿Jake?” Él parecía irritado. “Bueno, sí. Como si no os acordarais de mí. Hey, ¿cómo es que hemos vuelto aquí?” Con ese aquí, se refería a mi granero. “Estás vivo,” le dijo Rachel. Se nos quedó mirando. “No me gusta nada cómo me estáis mirando. Me dais escalofríos.” <¿Qué ha pasado?> se preguntó Tobias. <¿Cómo narices…? Oh, tío. ¡La chica hippie!> “¿Qué? ¿Qué chica hippie?” preguntó Jake. “Era Theresa Knowlton,” dije. “Nosotros no teníamos ni que tomar la decisión. Ella nos vio. Se distrajo. No se encontró con el padre de Berryman. Berryman nunca llegó a nacer. Nada de esto ha llegado a suceder.” “¡Disculpad!” nos interrumpió Jake. “¿Por qué estoy cruzando el Delaware al lado de George Washington, y al instante siguiente me encuentro aquí mientras vosotros balbuceáis cosas sobre hippies?” Berryman nunca había existido. La Matriz del Tiempo estaba donde la habíamos encontrado. Enterrada. Nunca volvimos a viajar atrás en el tiempo, excepto en nuestros recuerdos. Enrique V [i]nunca[/i] llegó a ver un hork-bajir en medio del campo. Washington [i]cruzó[/i] el Delaware y sorprendió a las tropas hessianas. Nelson y los británicos [ì]derrotaron[/i] a la flota de Napoleón. Einstein [i]dejó[/i] la Alemania nazi buscando la liberación de esa opresión en la universidad de Princetown, donde asentó las bases para la creación de la bomba atómica. Y el 6 de junio de 1944, soldados de los EEUU, Gran Bretaña y Francia, comenzaron con la destrucción final del malvado que, en otra realidad, no había sido más que un viejo soldado indefenso. “Te moriste, Jake,” dije. “Te mataron cruzando el Delaware con Washington.” Pude ver la sacudida del shock en la cara de Jake. “Oh, Dios,” susurró. “¿Significa eso que… que al final lo conseguimos? ¿Lo devolvimos todo a su sitio? ¿Lo arreglamos todo?” Me acerqué a él y le besé en la mejilla. “No. No lo arreglamos todo. Pero volvimos aquí, Jake. Dejémoslo ahí. Lo devolvimos todo a su sitio.” [b]©1999 K.A. Applegate 2007 de la traducción de Tara[/b]

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